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    <title><![CDATA[elDiario.es - Piedras de papel]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Piedras de papel]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Por qué se dice que ganará la derecha?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dice-ganara-derecha_132_13623256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72e6a710-1005-4002-a656-7baad0be725a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué se dice que ganará la derecha?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor analiza por qué la derecha parte como favorita en las próximas elecciones. Analizando datos de encuestas, observa que la desunión de la izquierda, las transferencias de voto del PSOE hacia la derecha y la desmovilización del electorado progresista explicarían por qué muchas casas de encuestas dan como gobierno más probable la suma de PP y Vox  </p></div><p class="article-text">
        Si nos fiamos de los sondeos de las &uacute;ltimas semanas, la conclusi&oacute;n es clara: Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o ser&aacute; el pr&oacute;ximo presidente del Gobierno. La victoria de la derecha se estima adem&aacute;s holgada, muy por encima de esos 176 esca&ntilde;os que marcan la mayor&iacute;a absoluta. En los anteriores comicios, los de 2023, la derecha ya estuvo a punto de lograrlo. Su derrota fue muy ajustada: se qued&oacute; a apenas 5 esca&ntilde;os. Bastaba con que algo menos de 300.000 votos se pasaran de la izquierda a la derecha (1,2 puntos) para que a Feij&oacute;o le dieran los n&uacute;meros.
    </p><p class="article-text">
        Si en 2023 la derecha se qued&oacute; a las puertas de gobernar, hoy parece que las tiene abiertas de par en par. &iquest;Por qu&eacute; los expertos estiman que esto es as&iacute;? Detr&aacute;s de estos augurios existen tres grandes explicaciones: los costes de la desuni&oacute;n de la izquierda, las fugas de votantes entre los bloques y la mayor desmovilizaci&oacute;n del votante progresista.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;jenme que desmenuce los fundamentos de cada una de ellas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Primero. Los costes de la desuni&oacute;n de la izquierda</strong>. Si en las elecciones de 2023 Sumar y Podemos hubieran ido por separado, hoy seguramente ya estar&iacute;a gobernando la derecha. La divisi&oacute;n habr&iacute;a dejado f&aacute;cilmente a la izquierda sin cinco esca&ntilde;os (los de C&oacute;rdoba, Girona, Murcia, Pontevedra y uno de Sevilla) que habr&iacute;an pasado a manos de la derecha. Con ello, PP y Vox (junto con UPN) ya habr&iacute;an alcanzado los 176 diputados que necesitaba Feij&oacute;o para ser presidente.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; son las reglas de juego de nuestro sistema electoral. La mayor&iacute;a de las provincias reparten pocos esca&ntilde;os, por lo que para poder optar a un esca&ntilde;o hay que tener un tama&ntilde;o considerable, de media alrededor del 13% del voto. Se trata de cotas ciertamente dif&iacute;ciles de alcanzar si la izquierda decide ir por separado. Y aun con ello, han decidido la desuni&oacute;n en una porci&oacute;n importante del territorio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Costar&aacute; la divisi&oacute;n de la izquierda esca&ntilde;os a la izquierda? Muy probablemente. &iquest;Cu&aacute;ntos? Depende de hasta qu&eacute; punto los votantes de izquierda sean capaces de coordinarse. Cuanto m&aacute;s se reparta el voto entre las distintas formaciones de izquierdas, mayor ser&aacute; ese coste. La pregunta, por lo tanto, es hasta qu&eacute; punto tienen claro los espa&ntilde;oles progresistas qu&eacute; formaci&oacute;n es la m&aacute;s viable: &iquest;Frente Amplio o Podemos? &iquest;O incluso solo el PSOE? La respuesta, imagino que no ser&aacute; evidente para muchos votantes y menos tras el acuerdo entre Rufi&aacute;n y Podemos que ha dado visibilidad a la formaci&oacute;n que, a priori, part&iacute;a en una posici&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Segundo. Existen fugas de izquierda a derecha.</strong> En las elecciones de 2023, el PP se qued&oacute; a las puertas de la mayor&iacute;a absoluta con Vox. Como coment&eacute; antes, le falt&oacute; arrebatar a la izquierda apenas 1,2 puntos (unos 300.000 votos) para lograrlo. Es una cifra que los sondeos indican que hoy superar&iacute;a con holgura. Si nos centramos en los bar&oacute;metros del CIS, de media un 6% de quienes votaron a partidos de izquierda en 2023 se pasar&iacute;an ahora al PP, Vox u otras fuerzas de derecha. Sin embargo, apenas hay votantes de la derecha que hagan el camino contrario. Como la izquierda pesaba casi la mitad del voto, ese 6% equivaldr&iacute;a a unos 3 puntos del voto total y, descontado lo que entra desde la derecha, el saldo neto es claramente favorable a la derecha. &iquest;Cu&aacute;nto? En el gr&aacute;fico 1 estimo las transferencias netas, en puntos porcentuales de voto de 2023, que recibir&iacute;a la derecha a costa de la izquierda seg&uacute;n los microdatos del CIS (intenci&oacute;n de voto directa, ponderada para corregir el sesgo del recuerdo de voto): han oscilado a lo largo de 2026 sin tendencia clara. En el &uacute;ltimo bar&oacute;metro se sit&uacute;an en 2,2 puntos, el valor m&aacute;s bajo de la serie, pero muy por encima de ese 1,2 que necesitaba en 2023.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Figura 1                            </span>
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        En definitiva: hace tres a&ntilde;os la derecha necesitaba algo m&aacute;s de un punto para alcanzar la mayor&iacute;a. Las encuestas del CIS apuntan desde enero a unas fugas netas de casi el doble de esa cifra. Las encuestas pueden calibrar mal estas fugas, pero para que la derecha no le dieran los n&uacute;meros tendr&iacute;an que estar realmente sobreestimadas, en torno a la mitad. El margen es lo bastante holgado como para que muchos sostengan la expectativa de que la derecha parte como gran favorita.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y tercero. La izquierda parece m&aacute;s desmovilizada.</strong> Este argumento es quiz&aacute;s el m&aacute;s comentado en el debate p&uacute;blico &uacute;ltimamente, y probablemente sea el m&aacute;s endeble de todos. Quienes afirman que la izquierda est&aacute; desanimada no lo hacen sin fundamento: basta observar c&oacute;mo los votantes de izquierda tienen hoy una mayor propensi&oacute;n a expresar que bien est&aacute;n indecisos, o han optado por la abstenci&oacute;n o el voto en blanco o nulo.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la serie de bar&oacute;metros del CIS, el diferencial de desmovilizaci&oacute;n e indecisi&oacute;n entre izquierda y derecha a lo largo de este a&ntilde;o ha sido de unos cinco puntos (un 18% frente a un 13%), aunque oscila mucho de un mes a otro y -&iexcl;atenci&oacute;n!- se reduce a la mitad en el bar&oacute;metro m&aacute;s reciente, no tanto porque la izquierda se activa sino porque la indecisi&oacute;n sube en la derecha.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Figura 2                            </span>
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        Existen, pues, indicios de que la izquierda se encuentra m&aacute;s desanimada. Si esto se mantiene, puede ser un factor a&ntilde;adido a los anteriores (que ya eran suficientes para explicar el vuelco electoral). Sin embargo, de todos los motivos quiz&aacute;s este es el m&aacute;s moldeable. Una campa&ntilde;a electoral el&eacute;ctrica y polarizada, con la sensaci&oacute;n de que hay mucho en juego puede animar a la gente a votar al final. El factor movilizador puede ser el miedo a un Vox que parece imparable. Si finalmente lograra situarse c&oacute;modamente por encima del 20% del voto podr&iacute;a incluso provocar que 4 de cada 10 sillas de un eventual Consejo de Ministros estuvieran en manos de la derecha radical.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda parte con un mayor des&aacute;nimo. Pero esta campa&ntilde;a le podr&iacute;a funcionar tan bien al PSOE. As&iacute; fue en 2023. Otra cuesti&oacute;n es que esto pueda compensar los dos efectos anteriores. Para neutralizar solo las fugas, la izquierda tendr&iacute;a que movilizarse bastante m&aacute;s que la derecha: con una participaci&oacute;n de por ejemplo 75%, 7 de cada 10 de los nuevos votantes tendr&iacute;an que ser de izquierdas. Y si adem&aacute;s hubiera que compensar la divisi&oacute;n de la izquierda, ni siquiera eso bastar&iacute;a. &iquest;Posible? S&iacute;, pero ser&iacute;a una gesta muy destacable.
    </p><p class="article-text">
        En suma: estos son los motivos por los que se considera que el PP lo tiene a tocar. Hace tres a&ntilde;os a la derecha le faltaron 300.000 votos. Hoy, las encuestas auguran fugas netas a favor del PP y Vox que casi doblan esa cifra. A ello se suman los posibles costes de la divisi&oacute;n de la izquierda y un electorado progresista que parte de mayores cotas de indecisi&oacute;n. Pero es importante recordar que las encuestas son solo herramientas imperfectas para pulsar el estado de &aacute;nimo. La belleza de la democracia es precisamente que los resultados no pueden saberse de antemano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Orriols]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dice-ganara-derecha_132_13623256.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Oct 2026 05:02:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué se dice que ganará la derecha?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La digitalización como cuestión distributiva: estructura ocupacional y relaciones laborales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/digitalizacion-cuestion-distributiva-estructura-ocupacional-relaciones-laborales_132_13603397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/270c75cd-f503-4151-8702-98544b433982_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x752y354.jpg" width="1200" height="675" alt="La digitalización como cuestión distributiva: estructura ocupacional y relaciones laborales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El impacto de la digitalización en la estructura ocupacional se encuentra asociado al desplazamiento de las tareas cognitivas rutinarias por la automatización, provocando polarización en el empleo. La tecnología puede reforzar la segmentación laboral, por lo que su impacto distributivo depende de la capacidad de la regulación y la negociación colectiva para proteger los derechos de los trabajadores.</p></div><p class="article-text">
        A lo largo de la historia econ&oacute;mica moderna, determinadas oleadas de inversi&oacute;n han reconfigurado de manera radical los paradigmas tecnoecon&oacute;micos que definen la l&oacute;gica de la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de bienes y servicios. Hoy, la inversi&oacute;n en digitalizaci&oacute;n rivaliza tanto con los grandes proyectos del pasado, desde el tendido de la red ferroviaria hasta la exploraci&oacute;n espacial, como con la transici&oacute;n energ&eacute;tica; que constituye el otro gran vector de transformaci&oacute;n econ&oacute;mica contempor&aacute;nea. 
    </p><p class="article-text">
        Dada la magnitud de recursos dedicados al desarrollo de software (como los modelos estad&iacute;sticos detr&aacute;s de la inteligencia artificial), y de hardware (p. ej. microchips, tarjetas gr&aacute;ficas o centros de datos), es de esperar que se redefina los procesos de trabajo en la mayor&iacute;a de las ocupaciones. En este sentido, la literatura especializada en los efectos sobre el mercado laboral del cambio tecnol&oacute;gico sostiene dos grandes tesis: (a) el aumento de la productividad (unidades de producto por unidad de trabajo) es inferior al aumento del producto y, por lo tanto, no se destruye empleo en t&eacute;rminos generales; (b) las ocupaciones cuyas tareas son m&aacute;s f&aacute;cilmente automatizables (o &ldquo;rutinarias&rdquo;) se ver&aacute;n desplazadas en la estructura ocupacional del empleo y, por lo tanto, se perder&aacute;n y/o dejar&aacute;n de crear estos puestos de trabajo. El efecto combinado de ambas tesis implica que las transiciones laborales en las ocupaciones con mayor grado de automatizaci&oacute;n se ver&aacute;n afectadas por dos v&iacute;as: por un lado, habr&aacute; personas que cambiar&aacute;n de ocupaci&oacute;n (mayor flujo de salida hacia el resto) y, por otro lado, se reducir&aacute;n las nuevas incorporaciones (menor flujo de entrada). Por ello, las implicaciones para las trayectorias laborales individuales son de una gravedad que no debe ser subestimada. 
    </p><p class="article-text">
        La evidencia sobre estos fen&oacute;menos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas es bastante clara, particularmente si se toman los datos de <a href="https://www.census.gov/programs-surveys/cps/data/datasets.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE. UU.</a>, dado que ofrecen una mayor calidad y homogeneidad. All&iacute;, <a href="https://doi.org/10.1093/soceco/1.3.289" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios previos</a> han hallado un patr&oacute;n de polarizaci&oacute;n o, al menos, de creaci&oacute;n de empleo sesgado. En el primer cuarto del siglo XXI, se observa una ca&iacute;da intensa en categor&iacute;as &ldquo;cognitivas rutinarias&rdquo; como trabajadores de apoyo administrativo y de oficina (-4 millones) y ventas (-1,5 millones). Los primeros se encargan principalmente de registrar y controlar informaci&oacute;n y documento o atender y comunicarse con el p&uacute;blico, mientras que los segundos incluyen ventas minoristas, mayoristas y sector inmobiliario; tareas que pudieron automatizarse mediante la inform&aacute;tica. En el otro extremo se sit&uacute;an los puestos de direcci&oacute;n y profesionales, cient&iacute;ficos y t&eacute;cnicos; juntos suponen aproximadamente 25 de los 26 millones de puestos que se han creado desde el a&ntilde;o 2000. Este colectivo engloba, l&oacute;gicamente, actividades muy diferentes que abarcan desde finanzas, hasta inform&aacute;tica, arquitectura, ingenier&iacute;a, distintas ramas cient&iacute;ficas (ciencias de la vida, f&iacute;sicas, naturales y sociales), el &aacute;mbito jur&iacute;dico, junto con las artes y la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que surge ante la nueva ola de digitalizaci&oacute;n es si algunas de estas ocupaciones &ldquo;cognitivas no rutinarias&rdquo;, que han liderado la creaci&oacute;n de empleo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, mostrar&aacute;n el mismo declive que hemos observado en las ocupaciones &ldquo;cognitivas rutinarias&rdquo; y, con ello, generar&aacute;n nuevos procesos de polarizaci&oacute;n ocupacional.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta cuesti&oacute;n, no conviene olvidar que los mercados de trabajo no son simples mecanismos de asignaci&oacute;n eficiente de habilidades, sino <a href="https://doi.org/10.1177/000312240907400101" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estructuras segmentadas</a> en las que el acceso a empleos estables, bien remunerados y con posibilidades de ascenso (segmento primario) est&aacute; condicionado por un conjunto de factores institucionales de relaciones laborales que la digitalizaci&oacute;n no disuelve, sino que frecuentemente refuerza. Esto se debe a que la incorporaci&oacute;n de una nueva tecnolog&iacute;a al entorno laboral es un proceso de construcci&oacute;n social en el que distintos grupos luchan por definir los l&iacute;mites e implicaciones de su uso. 
    </p><p class="article-text">
        La <a href="https://doi.org/10.1177/09500170231199404" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">experiencia</a> del trabajo en plataformas digitales muestra precisamente que mediante la externalizaci&oacute;n se puede profundizar la brecha entre el segmento primario (trabajadores con autonom&iacute;a y capacidad de adaptaci&oacute;n, que pueden decidir su relaci&oacute;n con la tecnolog&iacute;a) y un segmento secundario (trabajadores sometidos a vigilancia algor&iacute;tmica, estandarizaci&oacute;n de tareas y p&eacute;rdida de control sobre su ritmo y condiciones). La tecnolog&iacute;a, en este sentido, act&uacute;a como un mecanismo que naturaliza la segmentaci&oacute;n: convierte una divisi&oacute;n social del trabajo en una necesidad t&eacute;cnica.
    </p><p class="article-text">
        En consecuencia, la regulaci&oacute;n de los efectos laborales de la digitalizaci&oacute;n, tanto a nivel general por ley o como a nivel especifico mediante la negociaci&oacute;n colectiva, puede entenderse como un mecanismo que impide que el marco tecnol&oacute;gico empresarial se imponga sin contrapeso, permitiendo que otros grupos tengan capacidad de redefinir el problema y de exigir que la tecnolog&iacute;a se adapte a sus necesidades y derechos. Es en este contexto donde cobran especial relevancia la participaci&oacute;n de los trabajadores en la organizaci&oacute;n del trabajo para canalizar los efectos del cambio tecnol&oacute;gico. 
    </p><p class="article-text">
        Los convenios colectivos deber&iacute;an incorporar la obligaci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a de comunicar de forma previa a los trabajadores y sus representantes los proyectos de introducci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as que suponga una modificaci&oacute;n sustancial de las condiciones laborales o que exija un periodo de formaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n t&eacute;cnica. Deben analizarse espec&iacute;ficamente los efectos en los salarios, en el empleo, con cl&aacute;usulas de salvaguarda, la salud laboral, especialmente en t&eacute;rminos de desconexi&oacute;n, la formaci&oacute;n, con cursos de adaptaci&oacute;n espec&iacute;ficos, y en la organizaci&oacute;n del tiempo de trabajo. 
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, la envergadura de la inversi&oacute;n en digitalizaci&oacute;n obliga a tomar en serio sus implicaciones econ&oacute;micas y sociales. Ello exige examinar qui&eacute;n controla la adopci&oacute;n de las tecnolog&iacute;as, qui&eacute;n se apropia de sus beneficios, sobre qu&eacute; estructuras laborales preexistentes se despliegan y qu&eacute; mecanismos de regulaci&oacute;n, representaci&oacute;n colectiva y redistribuci&oacute;n ser&iacute;an necesarios para que su impacto resulte socialmente leg&iacute;timo. La historia de las grandes transformaciones t&eacute;cnicas ense&ntilde;a que la forma concreta que adopte esta reorganizaci&oacute;n del trabajo, junto con sus efectos distributivos, est&aacute; determinada por las decisiones institucionales y los equilibrios de poder que enmarcan su adopci&oacute;n. La digitalizaci&oacute;n no es una excepci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Cárdenas del Rey]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/digitalizacion-cuestion-distributiva-estructura-ocupacional-relaciones-laborales_132_13603397.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Oct 2026 04:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La digitalización como cuestión distributiva: estructura ocupacional y relaciones laborales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mandamos 3.500 solicitudes de alquiler con nombres falsos, y esto fue lo que pasó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mandamos-3-500-solicitudes-alquiler-nombres-falsos-paso_132_13585440.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e835ca7f-f4f6-43b8-b24f-49aa14382dbe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mandamos 3.500 solicitudes de alquiler con nombres falsos, y esto fue lo que pasó"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mercado del alquiler tiene una barrera previa de la que se habla menos: ¿a quién se considera como potencial inquilino cuando un propietario saca su vivienda al mercado? Este post analiza cómo el origen étnico condiciona la posibilidad de alquilar una vivienda en España </p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a, como otros pa&iacute;ses de nuestro entorno, vive una crisis de vivienda que ya ha llevado a mucha gente a la calle. Desde 2015, el alquiler medio ha subido un 40% y uno de cada cuatro inquilinos (casi tres millones de personas) dedica m&aacute;s del 30% de sus ingresos a pagarlo. Pero hay otro obst&aacute;culo menos visible que determina el riesgo de que el propietario no te responda o que lo haga con inter&eacute;s. Para medirlo, enviamos a lo largo de varios meses de 2025-2026 m&aacute;s de 3.500 solicitudes a anuncios de alquiler, id&eacute;nticas salvo por el nombre del candidato. Quien firmaba con un nombre espa&ntilde;ol recibi&oacute; una respuesta positiva en el 54% de los casos. Quien lo hac&iacute;a con un nombre MENAP (pa&iacute;ses del norte de &Aacute;frica, Oriente medio y Pakist&aacute;n), en el 37%. En pocas palabras, por cada 10 respuestas positivas que recib&iacute;a el primero, el segundo recib&iacute;a 7.
    </p><p class="article-text">
        Esto divide el mercado del alquiler entre <em>insiders</em>, que pueden entrar m&aacute;s f&aacute;cilmente y solo compiten por el precio, y <em>outsiders</em>, que antes tienen que conseguir que alguien les deje alquilar. Es una frontera poco visible en un debate centrado en cu&aacute;nto cuesta alquilar y no en qui&eacute;n puede hacerlo. Para explorarla, desde el Instituto de Demograf&iacute;a del CSIC (IEGD) y con fondos europeos del proyecto europeo <a href="http://www.EqualStrength.eu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.EqualStrength.eu</a>, variamos aleatoriamente el origen &eacute;tnico percibido de los candidatos mediante sus nombres. Usamos una selecci&oacute;n de nombres comunes entre los inmigrantes procedentes de &Aacute;frica Subsahariana y de los pa&iacute;ses MENAP que est&aacute;n en Espa&ntilde;a, adem&aacute;s de nombres aut&oacute;ctonos (castellano o catal&aacute;n, seg&uacute;n la regi&oacute;n desde la que se publicaba el anuncio), distinguiendo entre los m&aacute;s prevalentes en la poblaci&oacute;n mayoritaria y los de los gitanos espa&ntilde;oles<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Tras recibir respuestas a nuestra solicitud ficticia de informaci&oacute;n sobre los pisos que aparec&iacute;an en alquiler en una plataforma inmobiliaria, clasificamos las respuestas seg&uacute;n fuesen positivas (invitaciones para ver la propiedad, peticiones de informaci&oacute;n, propuestas para hablar por tel&eacute;fono&hellip;) o negativas (rechazo del candidato o ausencia de respuesta). A continuaci&oacute;n, analizamos, mediante modelos lineales de probabilidad, si exist&iacute;an diferencias significativas en las respuestas de los propietarios seg&uacute;n el origen &eacute;tnico de los solicitantes. Mostramos los resultados descriptivos en el siguiente gr&aacute;fico. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gráfico 1                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Frente a ese 54% de la mayor&iacute;a (candidatos con nombres y apellidos aut&oacute;ctonos), los solicitantes de &Aacute;frica Subsahariana ten&iacute;an 9 puntos porcentuales menos de probabilidades de recibir una respuesta positiva, los gitanos 5 puntos menos y los del grupo MENAP 18 puntos menos.
    </p><p class="article-text">
        La brecha entre los aut&oacute;ctonos no gitanos y gitanos parece peque&ntilde;a. No obstante, nuestro trabajo puede infraestimar la discriminaci&oacute;n contra los segundos por la dificultad que representa se&ntilde;alar esta identidad &eacute;tnica a trav&eacute;s de los nombres. Para seleccionar aquellos que pudieran enviar esta se&ntilde;al, contactamos con la Fundaci&oacute;n Secretariado Gitano para validar una preselecci&oacute;n, que posteriormente se someti&oacute; a una encuesta y a grupos de discusi&oacute;n. Aun as&iacute;, los nombres no siempre permiten distinguir con claridad entre personas gitanas y no gitanas, lo que puede reducir la diferencia observada en las respuestas. 
    </p><p class="article-text">
        La mayor discriminaci&oacute;n en el acceso al mercado de la vivienda parece concentrarse en los nombres que env&iacute;an la se&ntilde;al de ser musulmanes. Aqu&iacute;, la distancia con los aut&oacute;ctonos no gitanos es de 18 puntos porcentuales. Esta jerarqu&iacute;a en la brecha de acceso parece replicar la que emerge de muchos los estudios cl&aacute;sicos en Espa&ntilde;a sobre la preferencia hacia ciertos grupos de inmigrantes. 
    </p><p class="article-text">
        Estas cifras reflejan las diferencias promedio estimadas para el conjunto de Espa&ntilde;a, teniendo en cuenta la provincia en la que se encuentra cada vivienda. Tampoco observamos diferencias significativas en la magnitud de la discriminaci&oacute;n seg&uacute;n el grado de tensi&oacute;n del mercado del alquiler, distinguiendo, por ejemplo grandes ciudades versus zonas menos pobladas. 
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, llevamos a cabo experimentos similares en el mercado laboral y en el acceso a la educaci&oacute;n infantil, dos mercados que junto con el de la vivienda son cruciales para la formaci&oacute;n de hogares y familias. No detectamos casi ninguna diferencia por origen &eacute;tnico al solicitar plazas de educaci&oacute;n infantil. En el mercado laboral, en cambio, si observamos una cierta discriminaci&oacute;n, aunque menor de lo que cabr&iacute;a esperar. En concreto, los solicitantes de &Aacute;frica Subsahariana ten&iacute;an un 8% menos de probabilidades de recibir una respuesta positiva y los MENAP, un 6% menos (comparado con la mayor&iacute;a, cuya tasa de respuesta positiva era de un 15%). Esto sugiere que la discriminaci&oacute;n se manifiesta con m&aacute;s fuerza en los mercados m&aacute;s tensionados, como el de la vivienda, que en los que lo est&aacute;n menos, como el de la educaci&oacute;n infantil.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto en el que se produjeron estos experimentos de campo se llev&oacute; a cabo de manera simult&aacute;nea en otros siete pa&iacute;ses europeos (Irlanda, Reino Unido, B&eacute;lgica, Holanda, Hungr&iacute;a, la Rep&uacute;blica Checa y Suiza). Espa&ntilde;a se sit&uacute;a en t&eacute;rminos relativos en el grupo de los pa&iacute;ses que menos discriminan. No obstante, estas sencillas cifras transmiten una informaci&oacute;n fundamental para entender las dificultades para la incorporaci&oacute;n de los inmigrantes en Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a la vivienda y para cerrar esta nota, conviene declararse prudentes con la interpretaci&oacute;n de estos resultados. A la hora de atribuir una causa a las diferencias en la reacci&oacute;n de caseros a los nombres de sus potenciales inquilinos, hay una importante brecha generacional entre nosotros que opera en la direcci&oacute;n que muchos lectores podr&aacute;n f&aacute;cilmente anticipar. Puede ser una expresi&oacute;n de prejuicios hacia determinados grupos. Tambi&eacute;n podr&iacute;a ser una reacci&oacute;n defensiva de algunos propietarios ante las medidas de protecci&oacute;n de los inquilinos vulnerables: las dificultades que anticipan para recuperar un piso si algo sale mal podr&iacute;an llevarlos a filtrar m&aacute;s, utilizando el nombre como se&ntilde;al de un supuesto riesgo econ&oacute;mico. Otra explicaci&oacute;n pondr&iacute;a el foco en las din&aacute;micas de un mercado marcado por la escasez y la especulaci&oacute;n, donde la b&uacute;squeda de rentabilidad podr&iacute;a reforzar la exclusi&oacute;n de quienes son percibidos como inquilinos menos deseables.
    </p><p class="article-text">
        Estas explicaciones pueden coexistir, y nuestro experimento no permite determinar qu&eacute; peso tiene cada una. Esclarecerlas resulta fundamental para dise&ntilde;ar respuestas eficaces. Mientras tanto, los resultados muestran que las dificultades para acceder a una vivienda comienzan antes de pagar el alquiler: para algunos candidatos, la primera barrera es conseguir que alguien les responda.
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> El origen &eacute;tnico se indic&oacute; a trav&eacute;s del nombre. Los nombres se seleccionaron a trav&eacute;s de una encuesta de nombres, en la que se estudi&oacute; qu&eacute; nombres eran percibidos con m&aacute;s frecuencia, por parte de la sociedad espa&ntilde;ola, como caracter&iacute;sticos de los colectivos de inter&eacute;s: <a href="https://www.nature.com/articles/s41597-025-06153-8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.nature.com/articles/s41597-025-06153-8</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro Suárez Vergne, Isabel Lázaro, Héctor Cebolla Boado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/mandamos-3-500-solicitudes-alquiler-nombres-falsos-paso_132_13585440.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 20:33:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mandamos 3.500 solicitudes de alquiler con nombres falsos, y esto fue lo que pasó]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[¿Debilitan los robots a los sindicatos? Depende de dónde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/debilitan-robots-sindicatos-depende_132_13568919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb64561e-553a-425b-8959-96ee111fa3b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x788y332.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Debilitan los robots a los sindicatos? Depende de dónde"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los robots a menudo reducen la afiliación sindical, pero no en todas partes. Con datos de 667 mercados laborales de Estados Unidos, mostramos que el efecto varía mucho: en algunas regiones, los robots fortalecen a los sindicatos.</p></div><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea y Espa&ntilde;a est&aacute;n invirtiendo fuertemente en rob&oacute;tica e inteligencia artificial (IA) para no quedarse atr&aacute;s frente a Estados Unidos (EE. UU.) y China. Pero &iquest;qu&eacute; consecuencias tiene ello para la organizaci&oacute;n colectiva de los trabajadores? A lo largo de nuestra historia reciente, los sindicatos han sido una herramienta clave para repartir los frutos del crecimiento econ&oacute;mico, un <a href="https://doi.org/10.1017/S153759272000208X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">contrapeso</a> frente a las &eacute;lites econ&oacute;micas y un baluarte contra la dictadura. El n&uacute;mero de robots en las f&aacute;bricas de todo el mundo se ha <a href="https://ifr.org/ifr-press-releases/news/global-robot-demand-in-factories-doubles-over-10-years" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">duplicado</a> en la &uacute;ltima d&eacute;cada. La irrupci&oacute;n de la IA ha ampliado el uso potencial de los robots m&aacute;s all&aacute; de las f&aacute;bricas, por ejemplo, en almacenes, residencias de mayores, explotaciones agr&iacute;colas o el sector del transporte.
    </p><p class="article-text">
        Los robots impulsan el crecimiento econ&oacute;mico. Aumentan la productividad de los trabajadores y pueden contribuir a crear nuevos empleos. Realizan tareas arduas y peligrosas. Al mismo tiempo, la investigaci&oacute;n del premio Nobel de econom&iacute;a <a href="https://www.journals.uchicago.edu/doi/abs/10.1086/705716" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Daron Acemoglu</a> muestra con datos de EE. UU. que la robotizaci&oacute;n ha provocado un descenso del empleo industrial, base hist&oacute;rica de una prosperidad compartida. Muchos trabajadores temen que los robots puedan desplazar empleos sindicalizados. La mera amenaza de una automatizaci&oacute;n puede socavar la negociaci&oacute;n colectiva entre sindicatos y empresas. De hecho, algunos <a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=5234638" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> muestran que la robotizaci&oacute;n tiende a reducir la afiliaci&oacute;n sindical en Europa y EE. UU. Pero &iquest;es esto inevitable?
    </p><h2 class="article-text">M&aacute;s all&aacute; de los efectos promedio</h2><p class="article-text">
        En un <a href="http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.6847898" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio reciente</a>, analizamos el efecto de la robotizaci&oacute;n sobre los sindicatos en EE. UU. A diferencia de la literatura existente, nuestro objetivo no es ofrecer una &uacute;nica estimaci&oacute;n promedio del impacto de la robotizaci&oacute;n. Queremos conocer la distribuci&oacute;n de los efectos en las distintas regiones del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Trabajamos con base de datos desagregados en 667 mercados laborales regionales de Estados Unidos entre 2000 y 2007, antes el auge de la IA. Nuestra muestra incluye indicadores de afiliaci&oacute;n sindical, el crecimiento en el uso de robots industriales y muchas otras caracter&iacute;sticas, como educaci&oacute;n, composici&oacute;n &eacute;tnica, inmigraci&oacute;n, estructura industrial o exposici&oacute;n al comercio internacional. A partir de estos datos, estimamos un modelo estad&iacute;stico para establecer c&oacute;mo afecta el crecimiento de los robots al declive o al aumento de la afiliaci&oacute;n sindical, permitiendo que el efecto var&iacute;e entre mercados laborales.
    </p><p class="article-text">
        Estudiar el efecto causal de los robots sobre los sindicatos no es sencillo: los mismos factores que atraen robots a una regi&oacute;n pueden debilitar de forma independiente a los sindicatos de esa misma regi&oacute;n. Para separar causa y efecto, utilizamos una t&eacute;cnica conocida como variables instrumentales. La idea b&aacute;sica es centrarse &uacute;nicamente en aquel crecimiento de robots que se ve impulsado por innovaciones tecnol&oacute;gicas en la industria rob&oacute;tica que son comunes a varios pa&iacute;ses &mdash;por ejemplo, avances en brazos rob&oacute;ticos que abaratan su uso en la industria del autom&oacute;vil en todo el mundo&mdash; y no por las condiciones espec&iacute;ficas de cada mercado laboral local. Adem&aacute;s, empleamos t&eacute;cnicas estad&iacute;sticas recientes que nos permiten estimar no solo el efecto promedio, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo var&iacute;a a lo largo del rango de regiones.
    </p><h2 class="article-text">Los efectos de la robotizaci&oacute;n var&iacute;an entre regiones</h2><p class="article-text">
        Nuestros resultados indican que la robotizaci&oacute;n no tiene un efecto uniforme sobre la fuerza de los sindicatos. El gr&aacute;fico, que sigue a continuaci&oacute;n, resume nuestros resultados. La l&iacute;nea de puntos fina en el panel grande muestra el efecto promedio estimado mediante variables instrumentales. El efecto estimado es negativo, en l&iacute;nea con investigaciones anteriores, e implica que un aumento sustancial de la exposici&oacute;n a la robotizaci&oacute;n reduce la afiliaci&oacute;n sindical en aproximadamente 3,6 puntos porcentuales.
    </p><p class="article-text">
        Pero el efecto promedio oculta una variaci&oacute;n considerable. La gruesa l&iacute;nea azul muestra la distribuci&oacute;n de los efectos. Cada punto de la l&iacute;nea azul representa el efecto estimado para un tipo distinto de regi&oacute;n. Las regiones est&aacute;n ordenadas seg&uacute;n su potencial de crecimiento sindical, para un nivel dado de exposici&oacute;n a la robotizaci&oacute;n. En la parte izquierda del gr&aacute;fico, el efecto de la exposici&oacute;n a robots sobre la afiliaci&oacute;n sindical regional es positivo. En el percentil 10, un aumento de la exposici&oacute;n a la robotizaci&oacute;n incrementa la afiliaci&oacute;n sindical en unos 2,6 puntos porcentuales. Este resultado se obtiene comparando regiones con la misma trayectoria de crecimiento sindical pero diferente exposici&oacute;n a la robotizaci&oacute;n. En el centro de la distribuci&oacute;n, el efecto es negativo y cercano al promedio antes mencionado. A la derecha, en el percentil 90, el efecto negativo es casi el doble de fuerte. El segundo panel muestra que los resultados no cambian al excluir el sector automovil&iacute;stico, l&iacute;der en la adopci&oacute;n de robots. El tercer panel controla por perturbaciones econ&oacute;micas asociadas a la globalizaci&oacute;n. En el estudio presentamos varias pruebas adicionales. Todas arrojan las mismas conclusiones.
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        Nuestros resultados ponen de manifiesto que el impacto de la robotizaci&oacute;n sobre los sindicatos no est&aacute; escrito de antemano. Aunque a menudo reduce la afiliaci&oacute;n sindical, tambi&eacute;n puede impulsarla. Creemos que la teor&iacute;a de la negociaci&oacute;n permite entender mejor estos resultados. Los robots industriales son inversiones costosas. En determinadas condiciones, reducen el poder de negociaci&oacute;n de la empresa frente a los sindicatos. Una raz&oacute;n directa es que trasladar robots industriales conlleva un coste. Otra menos evidente es que las ganancias de productividad derivadas de los robots y de otra maquinaria automatizada dependen a menudo de trabajadores cualificados y servicios proporcionados por otras empresas locales. En consecuencia, cuando a las empresas les resulta m&aacute;s dif&iacute;cil trasladarse, los trabajadores tienen m&aacute;s poder de negociaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; lecciones sacamos de cara al debate sobre la automatizaci&oacute;n?</h2><p class="article-text">
        Nuestro estudio se basa en datos de EE. UU. y en m&eacute;todos observacionales, no experimentales, por lo que es necesaria cierta cautela. Y EE. UU. no es Espa&ntilde;a, donde la cobertura de la negociaci&oacute;n colectiva es m&aacute;s amplia y los convenios sectoriales desempe&ntilde;an un mayor papel. Pero la idea fundamental se aplica tambi&eacute;n aqu&iacute;: la automatizaci&oacute;n reconfigura el poder de negociaci&oacute;n. Si los robots hacen dif&iacute;cil que las empresas amenacen de forma cre&iacute;ble con deslocalizar la producci&oacute;n, los trabajadores pueden encontrarse en una posici&oacute;n negociadora m&aacute;s fuerte. El debate sobre la automatizaci&oacute;n tiende a asumir una &uacute;nica direcci&oacute;n: las m&aacute;quinas sustituyen a los trabajadores, los sindicatos pierden peso, la desigualdad aumenta. Nuestros resultados sugieren un escenario m&aacute;s complejo. La pregunta clave es en qu&eacute; condiciones las inversiones en tecnolog&iacute;a se traducen en una mayor voz de los trabajadores y en una menor desigualdad de poder de negociaci&oacute;n laboral. En EE. UU., la respuesta var&iacute;a dr&aacute;sticamente entre regiones. En Espa&ntilde;a y Europa, donde las instituciones de negociaci&oacute;n colectiva son m&aacute;s fuertes y la ola de IA industrial apenas est&aacute; comenzando, esa pregunta sigue abierta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Michael Becher, Daniel Stegmueller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/debilitan-robots-sindicatos-depende_132_13568919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2026 20:40:24 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Ceuta, ¿una crisis humanitaria evitable? Algunas respuestas desde la gestión de crisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ceuta-crisis-humanitaria-evitable-respuestas-gestion-crisis_132_13549036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b42851b8-9425-4112-a19f-adac8dd2685f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1177y755.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta, ¿una crisis humanitaria evitable? Algunas respuestas desde la gestión de crisis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de la llegada masiva a Ceuta, la verdadera crisis es la incapacidad institucional para responder con agilidad.
Estar preparado no exige recursos ilimitados, sino capacidades latentes, coordinación multinivel y espacios técnicos protegidos de la política.</p></div><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de la llegada masiva de personas migrantes desde Marruecos a Ceuta los d&iacute;as 30 y 31 de julio de 2026 se han asociado a la palabra &ldquo;crisis.&rdquo; La tragedia de los fallecimientos en el mar, las tensiones por la permanencia en la ciudad de los reci&eacute;n llegados y la percepci&oacute;n de inmovilismo estatal proyectaron un marco de aparente incapacidad y falta de preparaci&oacute;n. Al examinar la situaci&oacute;n, emergen preguntas sobre la construcci&oacute;n de este suceso como una crisis: &iquest;hablamos de una crisis migratoria por el volumen de llegadas, de acogida por la respuesta institucional, o del modelo de gesti&oacute;n de las fronteras? &iquest;De una crisis geopol&iacute;tica que aviva la pugna partidista espa&ntilde;ola? &iquest;O de la incapacidad de coordinar una respuesta cuyo propio contenido y modelo est&aacute;n en disputa?
    </p><p class="article-text">
        Una crisis es, por definici&oacute;n, la construcci&oacute;n social de una amenaza que genera un sentido de urgencia respecto a su resoluci&oacute;n. En este contexto, la ciudadan&iacute;a mira especialmente al Estado y a sus representantes como los gestores de la soluci&oacute;n. En el &aacute;mbito de la migraci&oacute;n, la crisis ha estado presente casi de forma permanente. Basta con revisar la hemeroteca para encontrar la &ldquo;Crisis Europea de los Refugiados de 2015&rdquo;, la &ldquo;Crisis de la Valla de Melilla&rdquo; o la &ldquo;Crisis de los Cayucos&rdquo;, entre otras. Gestionar este escenario sit&uacute;a la migraci&oacute;n en lo que estudiosos de la pol&iacute;tica p&uacute;blica denominan una <em>controversia pol&iacute;tica intratable</em>: un problema cuya definici&oacute;n y soluci&oacute;n generan un intenso conflicto que dificulta la cooperaci&oacute;n entre actores gubernamentales, pol&iacute;ticos, y sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Hablar de la crisis de Ceuta conlleva un componente de intratabilidad. Sin embargo, cabe preguntarse: &iquest;puede una ciudad como Ceuta estar preparada ante un escenario de esta magnitud? La respuesta abarca cuatro ejes: la definici&oacute;n de la crisis, la construcci&oacute;n y movilizaci&oacute;n de capacidades, la coordinaci&oacute;n vertebradora y la delimitaci&oacute;n entre la arena pol&iacute;tica y la operativa.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, &iquest;de qu&eacute; tipo de crisis hablamos? Pese a su naturaleza multicausal, la realidad para Ceuta es que este episodio desencaden&oacute; una crisis humanitaria de grandes proporciones. M&aacute;s all&aacute; del ruido pol&iacute;tico y medi&aacute;tico, calificar el suceso as&iacute; obliga a definir con claridad la amenaza ante la que deb&iacute;amos prepararnos: no la constituyen las personas que llegan &mdash;tras trayectorias de alto riesgo vital&mdash;, sino la incapacidad institucional para responder con agilidad a una llegada masiva. Es esta falta de respuesta la que tensiona la capacidad local para acoger, proteger, prestar servicios y garantizar tanto el debido proceso como el derecho de asilo. A esto se suma una dimensi&oacute;n temporal ineludible: sabemos cu&aacute;ndo inicia una crisis, pero no cu&aacute;ndo concluye.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, es imposible estar completamente preparado ante una crisis dif&iacute;cil de predecir en magnitud y momento. Esto plantea un interrogante clave: &iquest;qu&eacute; significa estar preparado ante futuros episodios? El estudio del proyecto <a href="https://munmigraproject.weebly.com/inicio.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>MunMigra</em></a> &mdash;financiado por el Plan Nacional de R+D+i&mdash; analiz&oacute; las respuestas municipales hacia la poblaci&oacute;n migrante durante la COVID-19. Los hallazgos mostraron que contar con infraestructuras asistenciales previas (planes, programas y presupuestos), experiencia acumulada y redes consolidadas en el territorio facilit&oacute; respuestas m&aacute;s proactivas y cercanas a la poblaci&oacute;n migrante. En definitiva, la preparaci&oacute;n no exige disponer de un sinn&uacute;mero de recursos en espera; implica contar con capacidades latentes que puedan activarse, reorganizarse y escalarse con rapidez cuando la situaci&oacute;n lo exija.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, la preparaci&oacute;n exige <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/1369183X.2024.2350599" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coordinaci&oacute;n</a>: la capacidad de actores centrales, como las administraciones p&uacute;blicas, para articular acciones conjuntas, complementarias y diferenciadas. Esto implica movilizar recursos, intercambiar informaci&oacute;n y crear espacios de cooperaci&oacute;n que gestionen conflictos. En definitiva, coordinar responde a dos preguntas: &iquest;qui&eacute;n hace qu&eacute; y c&oacute;mo? En Ceuta, responderlas es complejo por el reparto competencial: el Gobierno central gestiona fronteras, extranjer&iacute;a y asilo, mientras que la Ciudad Aut&oacute;noma asume servicios sociales y protecci&oacute;n de menores. Las primeras semanas de la crisis evidenciaron la necesidad de articulaci&oacute;n multinivel: Ceuta reclam&oacute; mayor presencia estatal, mientras el Estado despleg&oacute; recursos de diversos ministerios. Si bien el 25 de agosto el Gobierno cre&oacute; un &ldquo;mando &uacute;nico&rdquo; para coordinar las actuaciones, este se hizo principalmente bajo una l&oacute;gica de control y contenci&oacute;n fronteriza al declarar la situaci&oacute;n de inter&eacute;s para la Seguridad Nacional.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia de la COVID-19 ilustra los retos que plantea la coordinaci&oacute;n. El proyecto MunMigra mostr&oacute; que, durante los dos primeros a&ntilde;os de la pandemia, los ayuntamientos percibieron que la cooperaci&oacute;n con los gobiernos auton&oacute;micos y, especialmente, con el Gobierno central para atender a personas migrantes fue moderada. En cambio, destacaron una alta colaboraci&oacute;n con la sociedad civil local producto de un papel complementario en momentos de crisis. La lecci&oacute;n es clara: no basta con conocer formalmente qui&eacute;n tiene cada competencia; prepararse implica disponer de relaciones de colaboraci&oacute;n que permitan saber qui&eacute;n hace qu&eacute; sobre el terreno, qu&eacute; recursos se movilizan y con qui&eacute;n colaborar.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, la preparaci&oacute;n debe considerar el entorno pol&iacute;tico en el que la respuesta se desarrolla. Estudios sobre la denominada &ldquo;crisis de los refugiados&rdquo; de 2015 ya nos indicaban que, en el caso de la Uni&oacute;n Europea, la capacidad de implementar respuestas sobre el terreno depend&iacute;a del <a href="https://doi.org/10.1111/padm.12652" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">espacio pol&iacute;tico existente</a> para desarrollarlas. Prepararse implica asumir que la migraci&oacute;n suele sufrir una intensa politizaci&oacute;n e instrumentalizaci&oacute;n. Esto no significa pretender eliminar el conflicto, sino distinguir entre la discusi&oacute;n pol&iacute;tica y los espacios t&eacute;cnicos de coordinaci&oacute;n, los cuales necesitan protecci&oacute;n institucional para funcionar. La preparaci&oacute;n no elimina la discrepancia pol&iacute;tica, pero debe tenerla en cuenta para construir un nivel operativo que permita desplegar la respuesta cuando sea necesario. 
    </p><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n, este episodio nos ense&ntilde;a que los distintos actores &ndash;estatales y no estatales &ndash; de la gobernanza migratoria no tienen por qu&eacute; predecir la pr&oacute;xima crisis. Sin embargo, s&iacute; deben construir capacidades locales que permitan responder de forma &aacute;gil y humanitaria cuando las previsiones fallen: un proceso gradual y acumulativo que requiere tiempo y continuidad institucional.
    </p><p class="article-text">
        <sup>[1] Nota: Este texto forma parte de las actividades de difusi&oacute;n de los proyectos de investigaci&oacute;n MUNMIGRA (PID2021-129092OA-I00/MICIU/AEI/10.13039/501100011033/FEDER,UE) y GLOCALMIC (CNS2024-154755), financiados por el Ministerio de Ciencia e Innovaci&oacute;n, la Agencia Estatal de Investigaci&oacute;n (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER,UE).</sup>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Triviño Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ceuta-crisis-humanitaria-evitable-respuestas-gestion-crisis_132_13549036.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Oct 2026 04:01:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ceuta, ¿una crisis humanitaria evitable? Algunas respuestas desde la gestión de crisis]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[La dieta mediática de Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dieta-mediatica-vox_132_13531882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a39a3bb7-102d-4e59-aa63-40c04bc61c0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1200y536.jpg" width="1200" height="675" alt="La dieta mediática de Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los votantes de Vox confían más en las redes que los de PP y PSOE. Su uso para informarse también es mayor, incluso entre quienes tienen 55 años o más</p></div><p class="article-text">
        En crisis recientes, como la DANA de Valencia o la crisis migratoria en Ceuta, Vox ha ganado protagonismo a trav&eacute;s de las redes sociales y los medios digitales. No es algo nuevo: algunos estudios ya hab&iacute;an se&ntilde;alado la importancia de estos canales en las primeras etapas del partido (<a href="https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-030-71815-2_4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> y <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/2474736X.2020.1781543" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Pero su crecimiento electoral plantea una pregunta: &iquest;hasta qu&eacute; punto se informan sus votantes de manera distinta a los de otros partidos?
    </p><p class="article-text">
        Para responder a esta pregunta contamos con datos especialmente &uacute;tiles. El CIS realiz&oacute; dos macroencuestas sobre audiencias de medios de comunicaci&oacute;n social en 2023 y 2025. En la primera entrevist&oacute; a m&aacute;s de 27.000 personas; en la segunda, a 15.000. Estas muestras nos permiten comparar con bastante precisi&oacute;n la &laquo;dieta medi&aacute;tica&raquo; de los votantes de Vox, PP y PSOE: el conjunto de medios y fuentes, tradicionales y digitales, que utilizan habitualmente para informarse. La expresi&oacute;n evoca una dieta alimentaria: podemos combinar fuentes diversas o concentrar nuestro consumo en unas pocas.
    </p><p class="article-text">
        Los votantes de los dos grandes partidos siguen habitando, en lo esencial, el mismo ecosistema medi&aacute;tico. Conf&iacute;an en la prensa escrita en proporciones muy similares &mdash;un 66% de los del PP y un 64% de los del PSOE dicen tener mucha o bastante confianza&mdash; y lo mismo ocurre con la radio, donde ambos porcentajes superan el 70%. Sus lecturas tambi&eacute;n se cruzan: <em>El Pa&iacute;s</em> es el segundo peri&oacute;dico m&aacute;s citado entre los votantes del PP, y <em>El Mundo</em> ocupa ese mismo lugar entre los del PSOE. En televisi&oacute;n sucede algo parecido: <em>La 1</em> tiene m&aacute;s tir&oacute;n entre el electorado socialista, pero llega tambi&eacute;n a buena parte del popular, mientras que <em>Telecinco</em> atrae a votantes de ambos partidos.
    </p><p class="article-text">
        Entre los votantes de Vox, el patr&oacute;n cambia, como muestra el gr&aacute;fico 1. Su confianza en la televisi&oacute;n no llega a la mitad de la que expresan los votantes de PP y PSOE: un 23%, frente al 55-58%. En las redes sociales ocurre lo inverso: un 41% de los votantes de Vox expresa mucha o bastante confianza, frente al 16% de los del PSOE y el 17% de los del PP. La proporci&oacute;n supera, por tanto, el doble y ha crecido diez puntos desde 2023, cuando se situaba en el 31%. El contraste es claro: en prensa, televisi&oacute;n y radio, los votantes de PSOE y PP muestran niveles de confianza similares, mientras que los de Vox quedan sistem&aacute;ticamente por debajo. En las redes sociales, la relaci&oacute;n se invierte. Esto no significa que los votantes de Vox conf&iacute;en m&aacute;s en las redes que en cualquier medio tradicional: la radio sigue por delante, con un 48%. Lo distintivo es la distancia respecto a los otros dos electorados.
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        Una explicaci&oacute;n tentadora es atribuir estas diferencias a una brecha generacional: si los votantes de Vox son m&aacute;s j&oacute;venes, su mayor familiaridad con las redes podr&iacute;a explicar su relaci&oacute;n con estos medios. Pero las diferencias persisten cuando distinguimos entre menores de 55 a&ntilde;os y personas de 55 a&ntilde;os o m&aacute;s. Los datos sobre el uso de redes para informarse, recogidos en el gr&aacute;fico 2, lo muestran. Entre los votantes del PP y del PSOE, ese uso cae del 64-70% entre los menores de 55 a&ntilde;os al 31-35% entre quienes tienen 55 a&ntilde;os o m&aacute;s: pr&aacute;cticamente a la mitad. Entre los votantes de Vox tambi&eacute;n disminuye, pero menos: pasa del 82% al 63%. Es decir, los votantes de Vox de m&aacute;s edad recurren a las redes casi el doble que sus coet&aacute;neos de PP y PSOE. Su uso pr&aacute;cticamente iguala, adem&aacute;s, el de los menores de 55 a&ntilde;os del PP, situado en el 64%, y se acerca al 70% de los del PSOE. Estos grupos de edad son amplios, pero la diferencia aparece dentro de ambos.
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                Gráfico 2. La diferencia en el uso informativo de redes persiste entre los mayores de 55 años (2025)                            </span>
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        Las diferencias se extienden a las plataformas que utilizan. Entre quienes se informan a trav&eacute;s de redes sociales, el uso de <em>YouTube</em> ronda el doble entre los votantes de Vox (24%) que entre los de PSOE y PP (entre el 12% y el 13%), un patr&oacute;n que ya se apreciaba en la oleada de 2023. Esta plataforma permite, adem&aacute;s, consumir contenido pol&iacute;tico en formatos largos, como mon&oacute;logos y entrevistas extensas. Queda por saber qu&eacute; contenidos concretos elige cada electorado: compartir plataforma no implica compartir una misma dieta medi&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El panorama medi&aacute;tico espa&ntilde;ol, visto as&iacute;, es m&aacute;s complejo que la divisi&oacute;n entre medios progresistas que apoyan al Gobierno y medios conservadores que se oponen a &eacute;l. Las diferencias entre los votantes de Vox y los de PP y PSOE van m&aacute;s all&aacute; de las cabeceras que prefieren: afectan a c&oacute;mo se informan y a las fuentes en las que conf&iacute;an. Comparados con los votantes de PP y PSOE, los de Vox conf&iacute;an menos en los medios tradicionales y m&aacute;s en las redes sociales. Su mayor uso de estas &uacute;ltimas para informarse aparece tanto entre los menores de 55 a&ntilde;os como entre quienes superan ese umbral.
    </p><p class="article-text">
        Esto plantea un reto para el debate democr&aacute;tico. En las redes conviven contenidos period&iacute;sticos sujetos a controles editoriales con mensajes que circulan sin verificaci&oacute;n. Si la desconfianza hacia los medios tradicionales lleva a una parte del electorado a depender de fuentes que no comparten esos controles, puede resultar m&aacute;s dif&iacute;cil mantener una base com&uacute;n de hechos sobre la que discutir. Las encuestas no demuestran que los votantes de cada partido vivan en mundos informativos separados, pero s&iacute; muestran importantes diferencias a las que debemos prestar atenci&oacute;n. El riesgo es que cada crisis nos encuentre discrepando no solo sobre lo que deber&iacute;a hacerse, sino tambi&eacute;n sobre lo que ha ocurrido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dieta-mediatica-vox_132_13531882.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 04:02:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La dieta mediática de Vox]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La paradoja de la “democratización” en el ecosistema cripto: ¿Una forma de repartir el poder o de invisibilizarlo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/paradoja-democratizacion-ecosistema-cripto-forma-repartir-invisibilizarlo_132_13515022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0579848e-50b7-4d9e-93fe-32f3ce93292f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La paradoja de la “democratización” en el ecosistema cripto: ¿Una forma de repartir el poder o de invisibilizarlo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las criptomonedas prometían repartir el poder; pero los datos muestran que solo lo ha cambiado de manos. Tal y como acaba concluyendo este artículo, descentralizar no siempre implica democratizar, también puede volver el poder más invisible

</p></div><p class="article-text">
        Cuando alguien afirma que la tokenizaci&oacute;n de activos y, en particular, las criptomonedas, favorecen la &ldquo;democratizaci&oacute;n&rdquo; de las finanzas, est&aacute; usando el t&eacute;rmino en un sentido muy concreto: lo equipara a la falta de un control centralizado, y a la imposibilidad de que nadie excluya o censure. Identifica, as&iacute;, la democracia con la ausencia de poder coercitivo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando el mismo t&eacute;rmino se emplea para describir la organizaci&oacute;n de una sociedad dotada de mecanismos de representaci&oacute;n, se apunta casi siempre a algo muy diferente: a que sea el conjunto de los individuos quien decida colectivamente, seg&uacute;n la voluntad de la mayor&iacute;a. Y el Estado, en las sociedades democr&aacute;ticas contempor&aacute;neas, aparece como la instituci&oacute;n que canaliza esa voluntad colectiva, bajo mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas. Sin embargo, parte de la narrativa construida alrededor de las finanzas descentralizadas lo presenta como una amenaza para la libertad. &iquest;Se trata de un mero juego de palabras o subyace una contradicci&oacute;n de fondo? Probablemente, existe un equ&iacute;voco sem&aacute;ntico deliberado, pero detr&aacute;s de &eacute;l se esconde una tensi&oacute;n muy antigua: la que enfrenta la libertad del individuo con la soberan&iacute;a de la comunidad. Esta tensi&oacute;n no la ha creado la tecnolog&iacute;a: s&oacute;lo le ha proporcionado un nuevo vestuario. 
    </p><p class="article-text">
        Tras el entusiasmo cripto hacia las ventajas de los mercados descentralizados existe una s&oacute;lida tradici&oacute;n intelectual, cuyo autor de referencia es probablemente Friedrich Hayek. En &ldquo;The Use of Knowledge in Society&rdquo; (1945), el pensador austr&iacute;aco sostiene que el conocimiento econ&oacute;mico relevante no est&aacute; al alcande de un individuo o un reducido n&uacute;mero de personas, sino disperso entre millones de ellas, y que los mecanismos de fijaci&oacute;n de precios son capaces de agregar y gestionar esos enormes vol&uacute;menes de informaci&oacute;n heterog&eacute;nea y diseminada mejor que una autoridad central. De acuerdo con esta lectura, el mercado, por su car&aacute;cter descentralizado, es preferible como procesador de datos. La conexi&oacute;n con el relato cripto es inmediata: el conocimiento disperso se puede coordinar mejor en un sistema monetario descentralizado que en uno gestionado por un banco central. 
    </p><p class="article-text">
        A Hayek se sumaron otros destacados intelectuales, como Ludwig von Mises, Robert Nozick y otros, que insistieron, desde perspectivas diferentes, en la idea de que s&oacute;lo un Estado m&iacute;nimo, limitado a proteger a la ciudadan&iacute;a frente a la fuerza, el robo o el fraude, puede puede justificar la violaci&oacute;n de los derechos individuales. Mucho antes de que se escribiera la primera l&iacute;nea de c&oacute;digo de Bitcoin, ya exist&iacute;a la arquitectura conceptual que le dar&iacute;a soporte. De hecho, Milton Friedman ya especulaba a finales de los noventa con un dinero electr&oacute;nico ajeno a la voluntad de quienes gestionan la oferta monetaria. 
    </p><p class="article-text">
        El nacimiento de las criptomonedas se benefici&oacute; tambi&eacute;n de un catalizador cultural, cuyo origen analiz&oacute; Fred Turner en &ldquo;From Counterculture to Cyberculture&rdquo; (2006), situ&aacute;ndolo en la fusi&oacute;n entre el comunalismo de la bah&iacute;a de San Francisco y la cultura inform&aacute;tica. De esa coincidencia surgi&oacute; una mezcla de antiautoritarismo, individualismo radical y utopismo tecnol&oacute;gico, donde la emancipaci&oacute;n personal se presentaba como alternativa a las instituciones tradicionales. En 1988, Timothy May ya hab&iacute;a alumbrado un incipiente &ldquo;ciberlibertarismo&rdquo; en su &ldquo;Crypto Anarchist Manifesto&rdquo;, secundado por James Dale Davidson y William Rees-Mogg en &ldquo;The Sovereign Individual&rdquo; (1997), donde se profetizaba el debilitamiento del Estado del bienestar ante una cibermoneda capaz de sustraer a los gobiernos el control sobre el dinero.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Bitcoin fue presentado en 2008, recogi&oacute; impl&iacute;citamente esta herencia intelectual: Wei Dai, cuyo ensayo sobre el &ldquo;b-money&rdquo; aparece citado al comienzo del <em>whitepaper</em> de Satoshi Nakamoto (el an&oacute;nimo desarrollador de la criptomoneda), hab&iacute;a declarado su fascinaci&oacute;n por la criptoanarqu&iacute;a de May. La fecha de su aparici&oacute;n resulta significativa: el &ldquo;bloque g&eacute;nesis&rdquo; de Bitcoin fue minado tras el colapso de Lehman Brothers, y en medio de la pol&eacute;mica sobre el coste de los rescates bancarios (en su c&oacute;digo est&aacute; incrustado el titular de la portada de The Times del 3 de enero de 2009: &ldquo;Chancellor on brink of second bailout for banks&rdquo;). El mensaje subyacente era muy claro: Bitcoin nac&iacute;a para refundar la confianza monetaria, sin la mediaci&oacute;n de ninguna instituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, con todo, introducir aqu&iacute; una nota cr&iacute;tica, porque, como se&ntilde;al&oacute; David Golumbia en &ldquo;The Politics of Bitcoin&rdquo; (2016), esta genealog&iacute;a no es intelectualmente neutral. A su juicio, tales ideas arrastran, a menudo sin que sus divulgadores lo perciban, premisas coincidentes con los planteamientos de algunos grupos extremistas de la pol&iacute;tica estadounidense: la inflaci&oacute;n como un expolio premeditado, orquestado por las &eacute;lites pol&iacute;ticas; la caracterizaci&oacute;n de la Reserva Federal como una instituci&oacute;n manipuladora; o la asimilaci&oacute;n de cualquier tipo de impuesto a un atraco. Estas opiniones han generado intensas pol&eacute;micas: por ejemplo, William J. Luther, de la Universidad de Florida, acus&oacute; a Golumbia de simplificar excesivamente lo que no es m&aacute;s que teor&iacute;a monetaria convencional (aunque tambi&eacute;n ha se&ntilde;alado que los defensores de las criptomonedas pecan de lo mismo). En cualquier caso, la controversia evidencia que la afirmaci&oacute;n de que la descentralizaci&oacute;n es &ldquo;democr&aacute;tica&rdquo; no cae del cielo, hunde sus ra&iacute;ces en una tradici&oacute;n intelectual que lleva d&eacute;cadas asociando la autonom&iacute;a individual con la reducci&oacute;n del poder estatal.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esa tradici&oacute;n, se han alzado las ideas de quienes han defendido que no se debe confundir libertad con ausencia de poder, como Jean-Jacques Rousseau, para quien la libertad exige que cada individuo cumpla la ley que, como parte del cuerpo soberano, se ha dado a s&iacute; mismo (configurando la llamada &ldquo;voluntad general&rdquo;). Pero Rousseau llev&oacute; esta idea hasta el extremo de afirmar &mdash;en &ldquo;El contrato social&rdquo; (1762)&mdash; que quien se niegue a obedecer la voluntad general debe ser obligado a ello por todos, &ldquo;lo que no significa otra cosa sino que se le forzar&aacute; a ser libre&rdquo;. En esa frase late ya la tensi&oacute;n que el discurso cripto aprovecha: &iquest;qu&eacute; ocurre con el individuo cuya voluntad particular discrepa de la colectiva? &iquest;D&oacute;nde termina la autodeterminaci&oacute;n democr&aacute;tica y empieza la coacci&oacute;n estatal?
    </p><p class="article-text">
        John Stuart Mill ofreci&oacute; en &ldquo;On Liberty&rdquo; (1859) una respuesta liberal a Rousseau, apoy&aacute;ndose en la preocupaci&oacute;n por la &ldquo;tiran&iacute;a de la mayor&iacute;a&rdquo;, que hab&iacute;a adquirido especial relevancia en el pensamiento de Alexis de Tocqueville. Mill defiende que el poder solo puede ejercerse leg&iacute;timamente sobre un miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, para evitar que da&ntilde;e a otro. Locke, antes que ambos, hab&iacute;a fundado la legitimidad del gobierno en el consentimiento y la protecci&oacute;n de los derechos naturales, asentando la idea de que el poder pol&iacute;tico es un fideicomiso revocable, no un dominio irreversible. El discurso cripto no inventa esta tensi&oacute;n: se adentra en una disputa centenaria, apostando por la descentralizaci&oacute;n como una &ldquo;forma superior de democracia&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sus promesas llegaron a concretarse en metas muy concretas: facilitar el acceso al sistema financiero, proporcionando servicios bancarios a los 1.400 millones de adultos que, seg&uacute;n el Banco Mundial, carecen de los mismos; eliminar a los intermediarios que se limitan a cobrar un margen; y colocar el poder de decisi&oacute;n manos de los usuarios. 
    </p><p class="article-text">
        Al menos, en lo que se refiere al reparto del poder, la evidencia acumulada no es muy favorable. El estudio de referencia sobre la concentraci&oacute;n de la propiedad en Bitcoin es el desarrollado por los economistas Igor Makarov y Antoinette Schoar para el National Bureau of Economic Research en 2021, aplicando algoritmos de agrupaci&oacute;n de datos (<em>clustering</em>) sobre la totalidad del registro de transacciones para aislar las cuentas individuales. Sus hallazgos revelaron que, al cierre de 2020, la propiedad se encontraba altamente concentrada: los mil mayores inversores individuales dispon&iacute;an de aproximadamente 3 millones de bitcoins (BTC), mientras que los diez mil principales controlaban cerca de 5 millones. Asimismo, los intermediarios acumulaban unos 5,5 millones de BTC, equivalentes a un tercio del circulante de la &eacute;poca. Los autores concluyeron que el ecosistema operaba bajo una din&aacute;mica asim&eacute;trica donde los grandes mineros, los principales tenedores (<em>whales</em>) y las plataformas de intercambio (<em>exchanges</em>) absorb&iacute;an la mayor parte de los flujos de la red, acumulando los retornos de la adopci&oacute;n en una franja minoritaria de participantes. 
    </p><p class="article-text">
        Este diagn&oacute;stico exige una actualizaci&oacute;n, impulsada por la maduraci&oacute;n institucional y el viraje del activo hacia las finanzas tradicionales. El an&aacute;lisis de los datos suministrados por las firmas de an&aacute;lisis <em>on-chain</em>, como Glassnode, muestran que la concentraci&oacute;n contin&uacute;a siendo elevada, aunque su composici&oacute;n ha cambiado. La preeminencia de los grandes <em>exchanges</em> minoristas ha sido mitigada por la irrupci&oacute;n de grandes veh&iacute;culos institucionales (como, por ejemplo, los ETF de Bitcoin al contado). Este fen&oacute;meno matiza, pero no invalida, la tesis impl&iacute;cita en el estudio del NBER: la concentraci&oacute;n en la custodia ya no equivale a una acumulaci&oacute;n de la riqueza patrimonial en unos pocos individuos criptonativos, sino a una delegaci&oacute;n institucional donde millones de inversores minoristas provenientes de las finanzas tradicionales acceden de forma indirecta a los rendimientos de la red a trav&eacute;s de instrumentos convencionales. En 2021, una direcci&oacute;n con 50.000 BTC pod&iacute;a representar a una sola &ldquo;ballena&rdquo; o a un &ldquo;exchange&rdquo;; en 2026 puede pertenecer a un custodio de ETF tras el que pueden estar cientos de miles de minoristas. La conclusi&oacute;n no es que la concentraci&oacute;n se haya disuelto, sino que se ha institucionalizado: contin&uacute;a siendo asim&eacute;trica, pero se ha fragmentado a trav&eacute;s de veh&iacute;culos colectivos.
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a es la colonizaci&oacute;n de Bitcoin por el mismo <em>establishment</em> financiero que ven&iacute;a a combatir. En enero de 2024, la SEC aprob&oacute; los ETF de Bitcoin al contado, y el iShares Bitcoin Trust de BlackRock protagoniz&oacute; lo que Bloomberg calific&oacute; como el mayor lanzamiento de la historia de los fondos cotizados: alcanz&oacute; los 50.000 millones de d&oacute;lares en activos en apenas once meses, convirti&eacute;ndose en el ETF con un crecimiento m&aacute;s r&aacute;pido hasta entonces. El dinero que iba a liberar al individuo del &ldquo;c&aacute;rtel&rdquo; de las finanzas tradicionales es ahora custodiado, empaquetado y vendido por Wall Street. La paradoja dif&iacute;cilmente podr&iacute;a ser mayor: la desintermediaci&oacute;n prometida ha dado lugar a una nueva intermediaci&oacute;n institucional.
    </p><p class="article-text">
        Las finanzas descentralizadas ofrecen un ejemplo a&uacute;n m&aacute;s n&iacute;tido de lo que el Banco Internacional de Pagos ha llamado &ldquo;ilusi&oacute;n de descentralizaci&oacute;n&rdquo;. Su an&aacute;lisis constat&oacute; que algunas entidades de capital riesgo, como la firma Andreessen Horowitz, dispon&iacute;an de una capacidad de voto y de veto f&aacute;ctico sobre las propuestas sometidas a votaci&oacute;n en Uniswap, uno de los principales protocolos de intercambio descentralizado, donde la participaci&oacute;n efectiva de los usuarios en las votaciones es muy reducida, lo que permite que los grandes poseedores de tokens ejerzan una influencia desproporcionada sobre las decisiones del protocolo. La descentralizaci&oacute;n, por tanto, no elimina el poder: puede limitar su concentraci&oacute;n en una instituci&oacute;n formal y, al mismo tiempo, trasladarlo hacia quienes controlan los activos que permiten ejercerlo.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los reproches centrales del pensamiento criptolibertario es que el Estado no representa a todos por igual, sino que suele ser capturado por &eacute;lites organizadas, y en este argumento tiene a su favor aportaciones acad&eacute;micas muy s&oacute;lidas, como las desarrolladas a partir de los trabajos de George Stigler sobre &ldquo;captura regulatoria&rdquo; (1971). Desde entonces, diversos trabajos han mostrado que, incluso en las democracias avanzadas, la traducci&oacute;n de las preferencias mayoritarias en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas puede verse condicionada por la capacidad de influencia de las &eacute;lites econ&oacute;micas. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien: si el problema del Estado es que puede ser capturado, la pregunta decisiva es: &iquest;qu&eacute; ocurre en los sistemas descentralizados? Y la respuesta emp&iacute;rica, como se ha comprobado con Bitcoin, resulta muy clarificadora: pueden ser capturados por los mismos actores, a menudo de forma m&aacute;s opaca y con menos mecanismos de correcci&oacute;n. La diferencia crucial entre ambos casos no es t&eacute;cnica sino institucional: un Estado democr&aacute;tico capturado dispone, al menos, de mecanismos de correcci&oacute;n (elecciones, tribunales constitucionales, prensa libre, reglas sobre financiaci&oacute;n de partidos, transparencia presupuestaria), mientras que un protocolo descentralizado capturado por fondos de capital riesgo o ETF carece de mecanismos de control equivalentes. La descentralizaci&oacute;n no democratiza el poder: lo vuelve invisible. 
    </p><p class="article-text">
        La narrativa cripto descansa, por tanto, sobre un equ&iacute;voco en torno a la palabra &ldquo;democr&aacute;tico&rdquo; y, una vez desmontado, se aprecia con claridad que tras ella opera fundamentalmente una respuesta individualista al problema de la decisi&oacute;n colectiva, no una forma superior de resolverlo. Calificar como democr&aacute;tico un sistema en el que una fracci&oacute;n reducida de los participantes concentra una parte sustancial del poder computacional, mientras grandes tenedores e inversores pueden ejercer una influencia desproporcionada sobre las votaciones de gobernanza, constituye, en el mejor de los casos, un abuso del lenguaje. Pero, al mismo tiempo, existe una paradoja real, porque bajo ese equ&iacute;voco late una realidad que los defensores de los principios democr&aacute;ticos no han de ignorar: la desconfianza hacia el Estado no brota de la nada, sino de su captura recurrente por intereses particulares que traicionan su promesa de representaci&oacute;n universal. El debate entre Rousseau y Mill sobre d&oacute;nde termina la libertad individual y empieza la coacci&oacute;n colectiva sigue abierto, y la tokenizaci&oacute;n no parece capaz de cerrarlo. Ninguna tecnolog&iacute;a puede hacerlo, porque la democracia no es una arquitectura t&eacute;cnica, sino un conjunto de reglas y pr&aacute;cticas institucionales, siempre imperfectas, que requieren un permanente proceso de mejora y mantenimiento. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julián López Milla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/paradoja-democratizacion-ecosistema-cripto-forma-repartir-invisibilizarlo_132_13515022.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Sep 2026 04:02:50 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[¿Por qué una parte de la izquierda necesita justificar su apoyo a la selección?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/parte-izquierda-necesita-justificar-apoyo-seleccion_132_13498337.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af09a63a-0302-4afd-9df3-64330eeffbe3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1185y487.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué una parte de la izquierda necesita justificar su apoyo a la selección?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este post explora las relaciones entre los ciudadanos de izquierdas y la identidad nacional. Utilizando datos de las encuestas del CIS, descubrimos que los votantes progresistas tiene una mayor relación entre el contexto político y su identificación con la identidad española. </p></div><p class="article-text">
        Tras la victoria de Espa&ntilde;a en el Mundial, el coportavoz de Podemos, Pablo Fern&aacute;ndez, apareci&oacute; en rueda de prensa con la camiseta de la selecci&oacute;n. Subray&oacute; que Trump hab&iacute;a tenido que entregar el trofeo a uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s comprometidos con Palestina y elogi&oacute; a la selecci&oacute;n como un equipo &ldquo;diverso, multirracial, integrador y unido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La escena resume bien una pauta recurrente: una parte de la izquierda espa&ntilde;ola a menudo siente la necesidad de explicar qu&eacute; idea de Espa&ntilde;a est&aacute; celebrando y por qu&eacute;, cuando anima a la selecci&oacute;n. La derecha, en cambio, rara vez siente esa necesidad. &iquest;A qu&eacute; se debe esta diferencia?
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n m&aacute;s habitual remite a la historia. Como ha se&ntilde;alado Xos&eacute; M. N&uacute;&ntilde;ez Seixas (2010), la identificaci&oacute;n de la bandera, el himno y la idea de Espa&ntilde;a por parte del franquismo dej&oacute; una huella profunda en la izquierda democr&aacute;tica. Tras la dictadura, la izquierda tuvo dificultades para articular un nacionalismo espa&ntilde;ol propio, claramente diferenciado del nacionalismo conservador. Esa herencia ayudar&iacute;a a entender por qu&eacute; una parte de la izquierda sigue relacion&aacute;ndose con los s&iacute;mbolos espa&ntilde;oles de forma m&aacute;s cautelosa.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;hasta qu&eacute; punto esta herencia contin&uacute;a pesando hoy? Para explorarlo, analizamos varias encuestas del CIS sobre orgullo nacional, que si bien es cierto que quedan un poco atr&aacute;s las &uacute;ltimas veces que se ha preguntado al respecto, precisamente por ello puede resultarnos &uacute;til. Animar a la selecci&oacute;n no equivale exactamente a expresar orgullo nacional, pero ambos fen&oacute;menos est&aacute;n estrechamente relacionados. Si la hip&oacute;tesis es correcta, deber&iacute;amos encontrar un patr&oacute;n similar en las actitudes hacia Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El primer resultado es poco sorprendente. La asociaci&oacute;n entre orgullo nacional y preferencia partidista se mantiene durante d&eacute;cadas: los votantes del PP se concentran sistem&aacute;ticamente m&aacute;s en la categor&iacute;a de m&aacute;ximo orgullo, mientras que entre los del PSOE predomina una expresi&oacute;n m&aacute;s moderada de ese orgullo, a pesar de ser mayoritaria la opci&oacute;n del m&aacute;ximo orgullo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
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        Pero hay un segundo resultado menos evidente. Entre los votantes socialistas, cuanto mejor valoran al presidente del Gobierno, m&aacute;s probable es que se declaren muy orgullosos de ser espa&ntilde;oles. Para analizar este fen&oacute;meno hemos analizado tres CIS situados entre el 2008 y el 2015. Esto efecto se produce cuando el PSOE gobierna, pero tambi&eacute;n cuando est&aacute; en la oposici&oacute;n, aunque la relaci&oacute;n es m&aacute;s clara durante el Gobierno de Zapatero. Entre los votantes del PP, en cambio, no se observa este patr&oacute;n, tanto cuando est&aacute;n en el gobierno como en la oposici&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Gráfico 2                            </span>
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        El tercer resultado, ampliando a diez encuestas equiponderadas, muestra que el partido votado no lo explica todo. Controlando por diferentes factores entre los cuales est&aacute;n recuerdo de voto, qui&eacute;nes se sit&uacute;an m&aacute;s a la derecha tienen una mayor probabilidad de expresar un mayor orgullo nacional.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gráfico 3                            </span>
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                Gráfico 4                            </span>
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        Naturalmente, esto no demuestra que un Gobierno convierta en m&aacute;s patriotas a sus votantes. La relaci&oacute;n podr&iacute;a deberse a otros factores y las encuestas no permiten resolver esta cuesti&oacute;n. Pero el patr&oacute;n s&iacute; apunta a algo relevante: entre los votantes de izquierdas, el orgullo nacional declarado parece m&aacute;s sensible al contexto pol&iacute;tico y al proyecto pol&iacute;tico que se identifica con Espa&ntilde;a en cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, por tanto, la diferencia entre izquierda y derecha no sea &uacute;nicamente de intensidad, sino tambi&eacute;n de condiciones de expresi&oacute;n. Para una parte de la izquierda, la espa&ntilde;olidad no desaparece, pero resulta m&aacute;s f&aacute;cil hacerla p&uacute;blica cuando puede asociarse a una Espa&ntilde;a democr&aacute;tica, plural, moderna o inclusiva. Lo que cambia no es el sentimiento de pertenencia sino la comodidad con la que este se declara y se exhibe.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es algo nuevo. Ya ocurri&oacute; durante los &eacute;xitos de la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola entre 2008 y 2012. Alejandro Quiroga (2014) ha mostrado c&oacute;mo los &eacute;xitos de la selecci&oacute;n permitieron sustituir la antigua narrativa de la &ldquo;furia y el fracaso&rdquo; por otra asociada al &eacute;xito, la modernidad, el trabajo en equipo y el orgullo colectivo. En una l&iacute;nea similar, Pablo Batalla (2021) sostiene que contribuyeron a renovar el repertorio simb&oacute;lico del nacionalismo espa&ntilde;ol y a popularizar una imagen m&aacute;s desacomplejada del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Volvemos as&iacute; al problema se&ntilde;alado por N&uacute;&ntilde;ez Seixas. La dificultad hist&oacute;rica de una parte de la izquierda no ha sido necesariamente sentirse espa&ntilde;ola, sino construir y reconocer como propia una forma de espa&ntilde;olidad distinta de la heredada del franquismo y posteriormente asociada a la derecha. Cuando Pablo Fern&aacute;ndez celebra a la selecci&oacute;n como un equipo &ldquo;diverso, multirracial, integrador y unido&rdquo;, no solo explica por qu&eacute; esa Espa&ntilde;a puede ser la suya. Al celebrarla, tambi&eacute;n contribuye a construirla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Referencias </strong>
    </p><p class="article-text">
        Batalla Cueto, Pablo. 2021. Los nuevos odres del nacionalismo espa&ntilde;ol. Gij&oacute;n: Trea.
    </p><p class="article-text">
        Quiroga Fern&aacute;ndez de Soto, Alejandro. 2014. Goles y banderas: f&uacute;tbol e identidades nacionales en Espa&ntilde;a. Madrid: Marcial Pons Historia.
    </p><p class="article-text">
        N&uacute;&ntilde;ez Seixas, Xos&eacute; M. 2010. Patriotas y dem&oacute;cratas. El discurso nacionalista espa&ntilde;ol despu&eacute;s de Franco. Madrid: Los Libros de la Catarata.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Harrison Parpillon, Daniel Cetrà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/parte-izquierda-necesita-justificar-apoyo-seleccion_132_13498337.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Sep 2026 04:02:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué una parte de la izquierda necesita justificar su apoyo a la selección?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La IA no decidirá por sí sola quién gana y quién pierde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ia-no-decidira-si-sola-gana-pierde_132_13483199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d1c1541-8f53-4e27-9f9d-e02cf493090b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150246.jpg" width="1159" height="652" alt="La IA no decidirá por sí sola quién gana y quién pierde"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La IA puede elevar la productividad, pero los primeros datos apuntan a menos oportunidades laborales para los jóvenes y a una posible erosión de los ingresos públicos</p></div><p class="article-text">
        La IA generativa y los agentes de IA han ampliado enormemente el n&uacute;mero de ocupaciones expuestas a la transformaci&oacute;n por la introducci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as. Sin embargo, exposici&oacute;n no equivale necesariamente a sustituci&oacute;n. En algunos casos, la IA reemplazar&aacute; tareas realizadas por trabajadores; en otros, los complementar&aacute; y aumentar&aacute; su productividad. La cuesti&oacute;n decisiva es qu&eacute; combinaci&oacute;n acaba predominando y c&oacute;mo se distribuyen los beneficios del incremento de productividad que se genere.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros estudios emp&iacute;ricos encuentran aumentos de productividad despu&eacute;s de que las empresas adoptan sistemas de IA. En el desarrollo de software, por ejemplo, se reducen los tiempos necesarios para completar algunas tareas. En otros &aacute;mbitos, la IA permite producir un primer borrador, detectar errores o procesar informaci&oacute;n con mayor rapidez.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, m&aacute;s productividad no implica autom&aacute;ticamente m&aacute;s empleo. Los datos recientes apuntan a una din&aacute;mica dual. En empresas estadounidenses y brit&aacute;nicas m&aacute;s expuestas a los grandes modelos de lenguaje ha aumentado la remuneraci&oacute;n media, mientras que se ha reducido la publicaci&oacute;n de nuevas vacantes. Los trabajadores que conservan su puesto pueden ser m&aacute;s productivos y recibir mejores salarios, al tiempo que las empresas necesitan contratar a menos nuevos trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Esta combinaci&oacute;n perjudica especialmente a quienes intentan entrar en el mercado laboral. Los trabajadores con experiencia tienen conocimientos sobre la empresa, el sector y los clientes que la IA todav&iacute;a no puede reproducir f&aacute;cilmente. En cambio, muchas de las tareas asignadas tradicionalmente a los j&oacute;venes &mdash;buscar informaci&oacute;n, preparar documentos, realizar an&aacute;lisis preliminares o escribir c&oacute;digo sencillo&mdash; son precisamente las que estos sistemas pueden ejecutar mejor.
    </p><p class="article-text">
        Datos de Estados Unidos muestran que el empleo de los trabajadores de entre 22 y 25 a&ntilde;os ha evolucionado peor en las ocupaciones m&aacute;s expuestas. Seg&uacute;n el Stanford Digital Economy Lab, su tasa de empleo ser&iacute;a aproximadamente un 16% en 2025 y ha pasado al 19% en 2026. Otros estudios confirman una creciente divergencia entre la contrataci&oacute;n de perfiles s&eacute;nior y j&uacute;nior y una reducci&oacute;n de los salarios ofrecidos para nuevas posiciones en las ocupaciones m&aacute;s expuestas.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a es pronto para saber si estos efectos ser&aacute;n permanentes y si ser&aacute;n iguales en todos los pa&iacute;ses. No obstante, se&ntilde;alan un riesgo concreto: la desaparici&oacute;n de una parte de la escalera laboral que permite adquirir experiencia. Si las empresas automatizan las tareas de entrada, &iquest;c&oacute;mo se formar&aacute;n los profesionales que dentro de diez a&ntilde;os deber&iacute;an ocupar las posiciones s&eacute;nior?
    </p><p class="article-text">
        Esta transformaci&oacute;n tiene otra consecuencia menos visible: puede erosionar la base fiscal de los estados. Una parte importante de los ingresos p&uacute;blicos procede del trabajo, mediante el impuesto sobre la renta y las cotizaciones sociales. Si la IA reduce el n&uacute;mero de trabajadores necesarios para producir la misma cantidad de bienes y servicios, las administraciones pueden recaudar menos. Al mismo tiempo, podr&iacute;a aumentar el gasto en prestaciones, formaci&oacute;n y garant&iacute;as de ingresos.
    </p><p class="article-text">
        El resultado depender&aacute; de qui&eacute;n reciba las rentas generadas por la IA. Si el aumento de productividad se traduce en mejores salarios y beneficios empresariales declarados dentro del pa&iacute;s, parte de la p&eacute;rdida fiscal puede compensarse. Pero si las ganancias se concentran en pocas empresas tecnol&oacute;gicas o se desplazan hacia jurisdicciones con impuestos bajos, la recaudaci&oacute;n disminuir&aacute; incluso aunque la econom&iacute;a produzca m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En escenarios de desplazamiento laboral elevado y baja captura dom&eacute;stica del valor, la ca&iacute;da de la recaudaci&oacute;n podr&iacute;a ser considerable. La advertencia es clara: un sistema fiscal construido alrededor del empleo asalariado puede tener dificultades para financiar el Estado del bienestar en una econom&iacute;a donde una parte creciente del valor procede del capital tecnol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo gobernar esta transici&oacute;n? Una primera medida ser&iacute;a dar a los trabajadores capacidad real para participar en las decisiones de automatizaci&oacute;n. Las empresas podr&iacute;an tener que negociar con los comit&eacute;s de empresa antes de introducir sistemas que afecten significativamente al empleo, la supervisi&oacute;n o la evaluaci&oacute;n del rendimiento. Los despliegues m&aacute;s importantes podr&iacute;an requerir evaluaciones de impacto laboral de la IA con participaci&oacute;n sindical.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n convendr&iacute;a orientar la innovaci&oacute;n hacia la complementariedad. La contrataci&oacute;n p&uacute;blica puede utilizarse para exigir que los sistemas adquiridos mejoren el trabajo humano, en vez de limitarse a reducir plantillas. En sectores con alto riesgo de sustituci&oacute;n podr&iacute;an exigirse planes de transici&oacute;n; en &aacute;mbitos como la sanidad o la educaci&oacute;n, la adopci&oacute;n podr&iacute;a facilitarse siempre que se mantengan la supervisi&oacute;n y la responsabilidad humanas.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n, por su parte, deber&aacute; convertirse realmente en una pol&iacute;tica para toda la vida. Los cursos breves y las microcredenciales pueden ayudar, pero algunas personas necesitar&aacute;n m&aacute;s tiempo y apoyo. Los permisos o &ldquo;sab&aacute;ticos de transici&oacute;n&rdquo;, acompa&ntilde;ados de ingresos suficientes, ofrecer&iacute;an una respuesta m&aacute;s realista para quienes deban aprender una nueva profesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, ser&aacute; necesario adaptar la fiscalidad. Una posibilidad es gravar los <em>tokens</em> o unidades computacionales procesadas por los sistemas de IA y destinar los ingresos a formaci&oacute;n, protecci&oacute;n social e infraestructura p&uacute;blica. Otra opci&oacute;n ser&iacute;a crear un fondo de soberan&iacute;a tecnol&oacute;gica financiado por las grandes empresas del sector, de modo que la ciudadan&iacute;a participe en la propiedad y los dividendos del capital tecnol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        La IA puede producir m&aacute;s riqueza con menos trabajo. Esto podr&iacute;a permitir reducir las jornadas y mejorar los servicios p&uacute;blicos, pero tambi&eacute;n podr&iacute;a concentrar la propiedad, cerrar las puertas de entrada al empleo y debilitar la financiaci&oacute;n del Estado del bienestar. Como en otras oleadas de innovaci&oacute;n, los ganadores y perdedores no los decidir&aacute;n &uacute;nicamente los algoritmos, sino tambi&eacute;n las instituciones laborales, el sistema fiscal y las pol&iacute;ticas que adoptemos para repartir los beneficios de la nueva econom&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Aina Gallego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ia-no-decidira-si-sola-gana-pierde_132_13483199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2026 20:23:35 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién gana cuando los inmigrantes pueden votar? Nadie en particular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/gana-inmigrantes-votar-nadie-particular_132_13402056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d5bff6f-220c-4e98-9a27-daaa91eb6b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién gana cuando los inmigrantes pueden votar? Nadie en particular"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El miedo a que ampliar el electorado decida las elecciones vuelve a dominar el debate español. Lo pusimos a prueba con dos experimentos naturales y el resultado es un cero claro y repetido</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a lleva semanas discutiendo qui&eacute;n tiene derecho a votar. La llamada ley de nietos, incluida en la Ley de Memoria Democr&aacute;tica de 2022, ha permitido que cientos de miles de descendientes de espa&ntilde;oles obtengan la nacionalidad: 544.722 solicitudes aprobadas a 31 de marzo de 2026, la gran mayor&iacute;a en Am&eacute;rica Latina. Con ellas, el censo de espa&ntilde;oles residentes en el extranjero rozar&aacute; los tres millones de electores en las pr&oacute;ximas generales, unos 600.000 m&aacute;s que en 2023. En la oposici&oacute;n han saltado las alarmas. Feij&oacute;o habl&oacute; de una operaci&oacute;n de &ldquo;ingenier&iacute;a electoral&rdquo; para &ldquo;fabricar votantes&rdquo;, Ayuso avis&oacute; de que &ldquo;Argentina ser&aacute; la tercera provincia de Espa&ntilde;a&rdquo; y Vox ha pedido directamente suspender el voto por correo desde el exterior. El Gobierno defiende la medida como una reparaci&oacute;n hist&oacute;rica y acusa a la oposici&oacute;n de sembrar sospechas sin pruebas.
    </p><p class="article-text">
        El argumento no es nuevo. Es la versi&oacute;n m&aacute;s reciente de un miedo que acompa&ntilde;a a cada ampliaci&oacute;n del electorado: que los nuevos votantes decidir&aacute;n las elecciones y que quien los &ldquo;trae&rdquo; lo hace por inter&eacute;s. Detr&aacute;s hay una misma predicci&oacute;n: incorporar nuevos votantes beneficia a unos partidos a costa de otros.
    </p><p class="article-text">
        Esa predicci&oacute;n puede ponerse a prueba. En un <a href="https://osf.io/preprints/socarxiv/cvpx5_v1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo reciente con Simon Hix</a> la contrastamos con dos experimentos naturales: reformas que, por c&oacute;mo y d&oacute;nde ocurrieron, permiten estudiarlas casi como si fueran un experimento. Son las dos ampliaciones del derecho a voto municipal para residentes extranjeros que Espa&ntilde;a puso en marcha en 2007 y 2011. No es exactamente el caso de la ley de nietos, que crea ciudadanos con derecho a voto en todas las elecciones; nuestro estudio se centra en residentes extranjeros que votan en las municipales. Pero el miedo de fondo es el mismo en ambas pol&eacute;micas: que los nuevos votantes cambian qui&eacute;n gana. Sobre la gesti&oacute;n administrativa del censo, nuestros datos no dicen nada; sobre esa predicci&oacute;n de fondo, s&iacute;.
    </p><h2 class="article-text">El derecho a voto y la integraci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Hay buenos motivos para dar el voto a los inmigrantes, y poco tienen que ver con el inter&eacute;s electoral de ning&uacute;n partido. Lo que sabemos hasta ahora indica que los derechos pol&iacute;ticos aceleran la integraci&oacute;n. <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/british-journal-of-political-science/article/abs/voting-rights-and-immigrant-incorporation-evidence-from-norway/D434088784D77D4F1E18DED9C2FD2268" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un estudio</a><a href="https://www.cambridge.org/core/journals/british-journal-of-political-science/article/abs/voting-rights-and-immigrant-incorporation-evidence-from-norway/D434088784D77D4F1E18DED9C2FD2268" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>encuentra que el derecho al voto local aument&oacute; la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de los inmigrantes. <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/1369183X.2023.2193863" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Otro apunta en la misma direcci&oacute;n</a><a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/1369183X.2023.2193863" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>por otra v&iacute;a: los inmigrantes que ganaron voz en la democracia local tomaron despu&eacute;s decisiones distintas sobre si nacionalizarse. La evidencia sobre el estatus legal completa el cuadro: <a href="http://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.aay1610" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obtener la nacionalidad mejora los salarios a largo plazo</a>, y <a href="https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.20150355" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">regularizar la situaci&oacute;n administrativa reduce la delincuencia</a>. Conviene, eso s&iacute;, no mezclar categor&iacute;as que el debate confunde a menudo: la regularizaci&oacute;n da papeles, no papeletas. Un extranjero regularizado no puede votar; solo votan en las municipales los residentes de la UE y de los pa&iacute;ses con acuerdo que se registran y, en todas las elecciones, quienes llegan a nacionalizarse.
    </p><p class="article-text">
        La objeci&oacute;n es igual de persistente: que dar el voto a los inmigrantes cambiar&iacute;a los resultados electorales. Y no es una intuici&oacute;n descabellada: cada gran ampliaci&oacute;n del sufragio, a la clase trabajadora, a las mujeres, movi&oacute; al votante decisivo, y las pol&iacute;ticas se movieron con &eacute;l. &iquest;Pasar&iacute;a lo mismo con los inmigrantes? La teor&iacute;a puede argumentar en ambos sentidos: podr&iacute;an inclinarse a la izquierda por inter&eacute;s de grupo o por su posici&oacute;n en la distribuci&oacute;n de la renta, o podr&iacute;an votar como los nativos comparables; al fin y al cabo, provienen de pa&iacute;ses muy distintos y tiran en direcciones diferentes. La pregunta hay que resolverla con datos. Y apenas hab&iacute;a evidencia causal disponible.
    </p><h2 class="article-text">Dos experimentos naturales en Espa&ntilde;a</h2><p class="article-text">
        Los dos casos nos permiten distinguir entre causa y coincidencia. En enero de 2007, Ruman&iacute;a y Bulgaria entraron en la UE, lo que otorg&oacute; autom&aacute;ticamente a sus ciudadanos el derecho a votar en las elecciones municipales espa&ntilde;olas; los rumanos ya eran entonces el mayor grupo inmigrante no occidental en Espa&ntilde;a. Despu&eacute;s, en 2010 y 2011, Espa&ntilde;a firm&oacute; acuerdos rec&iacute;procos que ampliaron el derecho al voto municipal a los inmigrantes de seis pa&iacute;ses latinoamericanos. Dos mecanismos distintos y dos poblaciones inmigrantes que no se parecen en nada.
    </p><p class="article-text">
        El dise&ntilde;o se apoya en algo que se observa en cualquier ciudad espa&ntilde;ola: los inmigrantes no se distribuyen de manera uniforme entre los barrios. Con datos a nivel de secci&oacute;n censal (la unidad electoral m&aacute;s peque&ntilde;a de Espa&ntilde;a, un vecindario de entre 500 y 2.000 residentes), comparamos secciones que recibieron nuevos votantes con secciones que no, dentro del mismo municipio y en la misma elecci&oacute;n. Esa comparaci&oacute;n elimina todo lo que ocurre a nivel municipal: candidatos, esc&aacute;ndalos, vaivenes. Lo que queda es el efecto de tener vecinos con un nuevo derecho al voto calle abajo.
    </p><h2 class="article-text">No encontramos ning&uacute;n efecto</h2><p class="article-text">
        En los dos experimentos, dar el voto a los inmigrantes no movi&oacute; el porcentaje de ning&uacute;n partido: ni el centroderecha (PP), ni el centroizquierda (PSOE), ni la izquierda radical. Y no son ceros ruidosos que puedan ocultar algo. El cero decepciona a ambos lados: ni se confirma el temor de la derecha ni, en la izquierda, la esperanza de un r&eacute;dito electoral, si alguien la ten&iacute;a. Los intervalos de confianza, el margen de error de nuestras estimaciones, son estrechos alrededor del cero, y el resultado sobrevive a todas las pruebas de robustez que le lanzamos: comparar cada barrio consigo mismo a lo largo del tiempo, dar m&aacute;s peso a los barrios de control m&aacute;s parecidos a los tratados y, para el experimento de 2007, apoyarnos en la geograf&iacute;a previa del asentamiento rumano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Figura 1                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Cada panel corresponde a un partido en un experimento. La l&iacute;nea representa la diferencia estimada en votos entre el barrio tratado t&iacute;pico y sus vecinos sin nuevos votantes, y la banda representa el intervalo de confianza del 95%. Dos cosas merecen atenci&oacute;n: la l&iacute;nea sigue plana al cruzar la reforma (l&iacute;nea discontinua), y ya lo era antes, lo que indica que la comparaci&oacute;n es limpia.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s nos hicimos una pregunta m&aacute;s exigente: aunque los efectos verdaderos estuvieran en el borde de nuestros intervalos de confianza, &iquest;ser&iacute;an lo bastante grandes como para importar? Los ayuntamientos espa&ntilde;oles reparten los concejales mediante el m&eacute;todo de D&rsquo;Hondt. Calculamos, para cada municipio, el cambio exacto de votos que mover&iacute;a un solo concejal y contrastamos nuestras estimaciones con dicho umbral. Todas las estimaciones, en todas las especificaciones, quedan estad&iacute;sticamente por debajo. En el municipio mediano, mover a un concejal exige un vuelco de 3,8 puntos porcentuales en el voto. El mayor efecto que nuestros datos pueden sustentar es de 0,23 puntos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Figura 2                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Cada histograma muestra el efecto asociado a cada uno de los 24.424 barrios tratados en Espa&ntilde;a: el efecto estimado de cada partido, multiplicado por los nuevos votantes de esa secci&oacute;n. La l&iacute;nea discontinua de la derecha representa el vuelco que un concejal en un municipio mediano mover&iacute;a. Ning&uacute;n barrio, para ning&uacute;n partido, se acerca: la secci&oacute;n m&aacute;s tratada del pa&iacute;s llega a 2,1 puntos.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; significa esto para el debate</h2><p class="article-text">
        Nuestros resultados tienen l&iacute;mites claros: estudiamos electorados inmigrantes peque&ntilde;os y diversos, en parte sujetos a barreras de registro, condiciones t&iacute;picas de estas reformas. No podemos decir qu&eacute; pasar&iacute;a con un electorado nuevo mucho mayor, ni si los partidos empezaran a movilizarlo activamente.
    </p><p class="article-text">
        Pero dentro de esos l&iacute;mites, la evidencia apunta en una sola direcci&oacute;n. Hay motivos razonables para pensar que el voto ayuda a los inmigrantes a integrarse; el miedo a los resultados electorales, all&iacute; donde podemos medirlo, no se materializa. La conclusi&oacute;n reparte deberes a ambos lados: quien se oponga a estas reformas tendr&aacute; que apoyarse en otros argumentos, porque el electoral no encuentra respaldo en los datos; y quien las defienda no deber&iacute;a prometer, ni temer, r&eacute;ditos partidistas. Buena parte del debate sobre el voto inmigrante, ayer con las municipales y hoy con la ley de nietos, descansa en una predicci&oacute;n sobre qui&eacute;n ganar&iacute;a. En Espa&ntilde;a, a lo largo de dos reformas y cuatro ciclos electorales, la respuesta es: nadie en particular.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tarek Jaziri Arjona]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/gana-inmigrantes-votar-nadie-particular_132_13402056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 04:02:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién gana cuando los inmigrantes pueden votar? Nadie en particular]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La casa y la urna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/casa-urna_132_13383309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54174a3f-4cbf-4b26-8afe-e65a7cc7d406_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La casa y la urna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vivienda es una política pública donde la intervención del estado no es tan sencilla, especialmente en una sociedad donde hay propietarios, hipotecados, inquilinos, excluidos... España no es el único país donde existe este problema. El autor de este post analiza el caso de Australia, donde el gobierno laborista se está enfrentando a problemas similares  </p></div><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, comprar una vivienda fue una expectativa razonable para amplios sectores de la sociedad. La casa o el piso era una forma de seguridad, acumulaci&oacute;n patrimonial y estabilidad familiar. Hoy, en cambio, el aumento sostenido de los precios, el encarecimiento de las hipotecas, la presi&oacute;n sobre los alquileres y la creciente dificultad para ahorrar han convertido el acceso a la vivienda en una fuente central de desigualdad econ&oacute;mica. La vivienda es uno de los grandes problemas de nuestras sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Australia permite observar con especial claridad esta transformaci&oacute;n. Su evoluci&oacute;n resulta familiar a la espa&ntilde;ola: una sociedad tradicionalmente organizada alrededor de la propiedad; un fuerte apego cultural a la casa propia; una expansi&oacute;n del alquiler entre las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes; y una creciente politizaci&oacute;n de la vivienda. No es solo cu&aacute;nto cuesta comprar o alquilar. Los problemas son qui&eacute;n puede acumular patrimonio inmobiliario, qui&eacute;n queda atrapado en el alquiler y c&oacute;mo esas posiciones empiezan a moldear las preferencias pol&iacute;ticas. En otras palabras, la vivienda ha dejado de ser solo un mercado. Se ha convertido en una divisi&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Durante buena parte del siglo XX, la propiedad de la vivienda ocup&oacute; un lugar central en el llamado &ldquo;sue&ntilde;o australiano&rdquo;. La idea de una sociedad de propietarios formaba parte del imaginario nacional y tambi&eacute;n del discurso conservador. El Primer Ministro Robert Menzies lo expres&oacute; con claridad en 1942: ahorrar para comprar una casa propia no era solo una decisi&oacute;n econ&oacute;mica, sino una muestra de frugalidad, responsabilidad y arraigo. Su ideal era el de una familia con &ldquo;un peque&ntilde;o pedazo de tierra con una casa y un jard&iacute;n&rdquo; propios. Era una imagen pol&iacute;tica potente: vivienda, familia, estabilidad y respetabilidad de clase media conformaban el horizonte moral. Y tambi&eacute;n cumpl&iacute;a una funci&oacute;n ideol&oacute;gica: una forma de reducir cualquier tentaci&oacute;n revolucionaria y contener las demandas m&aacute;s radicales que pod&iacute;an asociarse, en el imaginario conservador de la &eacute;poca, con algunas de las nuevas olas de inmigraci&oacute;n europea. Como escrib&iacute;a un refugiado en un art&iacute;culo conmemorativo del cincuentenario del pa&iacute;s: &ldquo;una persona que tiene una casa, un jard&iacute;n, un coche y un empleo estable rara vez es un extremista o revolucionario&rdquo;*.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje funcion&oacute;. La coalici&oacute;n de centro-derecha formada por liberales y nacionales -el LNP- domin&oacute; la pol&iacute;tica australiana de posguerra y gobern&oacute; casi ininterrumpidamente entre 1949 y 1983. D&eacute;cadas despu&eacute;s, los siguientes l&iacute;deres conservadores John Howard, Tony Abbott, Malcolm Turnbull o Scott Morrison, mantuvieron una visi&oacute;n similar: la propiedad de la vivienda como pilar de una sociedad pr&oacute;spera, responsable y ordenada.
    </p><p class="article-text">
        Pero el sue&ntilde;o australiano no solo se sosten&iacute;a en discursos. Las decisiones pol&iacute;ticas iban de la mano. El sistema fiscal australiano ha favorecido hist&oacute;ricamente tanto la propiedad de la vivienda como la inversi&oacute;n inmobiliaria. Dos mecanismos han sido especialmente relevantes: el tratamiento fiscal de las ganancias de capital y el llamado <em>negative gearing</em>.
    </p><p class="article-text">
        El primero consiste en gravar los beneficios obtenidos cuando se vende una vivienda por un precio superior al de compra. Desde 1999, quienes venden una casa mantenida durante m&aacute;s de un a&ntilde;o pueden aplicar un descuento del 50% en los impuestos sobre la ganancia de capital. Esto reduce la carga fiscal sobre las plusval&iacute;as inmobiliarias y hace m&aacute;s atractiva la inversi&oacute;n inmobiliaria.
    </p><p class="article-text">
        El segundo, el <em>negative gearing</em>, permite que los propietarios que alquilan una vivienda deduzcan de su renta imponible las p&eacute;rdidas derivadas de esa inversi&oacute;n cuando los ingresos del alquiler no cubren todos los costes, incluida la hipoteca, el mantenimiento y otros gastos asociados. Dicho de forma sencilla: si una vivienda alquilada genera p&eacute;rdidas, esas p&eacute;rdidas pueden utilizarse para reducir el impuesto sobre la renta. En conjunto, ambos mecanismos han incentivado que muchos hogares con capacidad econ&oacute;mica compren segundas o terceras viviendas como inversi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La magnitud del fen&oacute;meno es notable. Seg&uacute;n datos de la Oficina Tributaria Australiana, el n&uacute;mero de personas que utilizaban <em>negative gearing</em> pas&oacute; de 890.000 en 2000 a 1,62 millones en 2022. Del mismo modo, el n&uacute;mero de personas con una o m&aacute;s viviendas de inversi&oacute;n aument&oacute; de 1,16 millones a 2,27 millones durante el mismo periodo. As&iacute;, la vivienda se convierte cada vez m&aacute;s en un activo financiero.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, las tasas de propiedad parecieron confirmar el &eacute;xito del modelo. Entre 1947 y 1961, la proporci&oacute;n de hogares propietarios pas&oacute; del 53% al 70%, una de las m&aacute;s altas del mundo. Pero el modelo empez&oacute; a mostrar signos de agotamiento. En 2020, la tasa de propiedad hab&iacute;a ca&iacute;do al 66%, mientras que el porcentaje de hogares en alquiler aument&oacute; del 18% en 1995 al 33% en 2023.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda tambi&eacute;n se ha encarecido. Entre 2000 y 2020, los costes aumentaron un 40% para los hogares con hipoteca y un 50% para los inquilinos, superando ampliamente el crecimiento medio de los salarios. En 2022, un hogar australiano con ingresos medianos pod&iacute;a permitirse el 43% de las viviendas disponibles. A finales de 2024, esa proporci&oacute;n hab&iacute;a ca&iacute;do al 14%. El discurso tambi&eacute;n cambi&oacute;: lo que se describ&iacute;a como un problema de &ldquo;asequibilidad&rdquo; pas&oacute; a formularse cada vez m&aacute;s como una &ldquo;crisis de vivienda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta mediados de la d&eacute;cada de 2010, los dos grandes partidos australianos -el LNP y el Partido Laborista Australiano, ALP- coincid&iacute;an en una premisa b&aacute;sica: facilitar el acceso al mercado inmobiliario mediante la expansi&oacute;n del cr&eacute;dito. La diferencia era ret&oacute;rica. Para la derecha, la propiedad proteg&iacute;a la riqueza privada y premiaba el esfuerzo. Para el laborismo, permit&iacute;a avanzar en equidad, seguridad y oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        En 2016, por primera vez, los grandes partidos ofrecen visiones claramente distintas sobre el tratamiento de la vivienda. El ALP propone restringir el <em>negative gearing</em> a las viviendas nuevas y reducir el descuento fiscal sobre ganancias de capital. En 2019, esta propuesta ocupa un lugar m&aacute;s visible en la campa&ntilde;a. Pero al cuestionar ventajas fiscales asociadas a la inversi&oacute;n inmobiliaria, el partido no solo hablaba de vivienda asequible, sino tambi&eacute;n del valor de los activos de millones de propietarios e inversores. El LNP present&oacute; la reforma como una amenaza al patrimonio de las familias. Contra todo pron&oacute;stico, el LNP vuelve a ganar las elecciones de 2019. A&uacute;n hoy, se atribuyen a dichas propuestas como uno de los principales factores que no permitieron al ALP ganar aquella elecci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En 2022, el contexto era muy distinto. Australia acude a las urnas tras a&ntilde;os con bajos tipos de inter&eacute;s, la vivienda en el centro del debate y el Banco Central subiendo los tipos apenas dos semanas antes de las elecciones. La vivienda fue uno de los temas de campa&ntilde;a. El ALP present&oacute; una visi&oacute;n reparadora: m&aacute;s intervenci&oacute;n p&uacute;blica y pol&iacute;ticas distributivas (pero abandonando la propuesta de 2019). El LNP defendi&oacute; una estrategia de contenci&oacute;n: pr&eacute;stamos, rebajas fiscales, incentivos a largo plazo y desregulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El avance de Los Verdes es el tercer factor clave para entender el cambio. Frente a los dos grandes partidos, Los Verdes se dirigieron directamente a los inquilinos como grupo pol&iacute;tico con intereses propios y no solo como personas temporalmente excluidas de la propiedad. Los Verdes propon&iacute;an m&aacute;s intervenci&oacute;n y m&aacute;s protecci&oacute;n al alquiler. En 2022 consiguieron su mejor resultado hasta la fecha: cuatro esca&ntilde;os en la C&aacute;mara de Representantes. Su principal logro no fue solo parlamentario: tambi&eacute;n contribuyeron a convertir a los inquilinos en un sujeto visible del debate pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Propietarios sin hipoteca, hipotecados, inversores e inquilinos no experimentan la econom&iacute;a del mismo modo. Para unos, la subida del precio de la vivienda aumenta su riqueza. Para otros, encarece su vida, retrasa su emancipaci&oacute;n o bloquea su acceso a la propiedad. La misma evoluci&oacute;n del mercado produce ganadores y perdedores dentro de la clase media. Esa es la nueva realidad electoral que empieza a dibujarse: la vivienda ya no separa solo a ricos y pobres, sino tambi&eacute;n a propietarios, hipotecados, inversores, herederos e inquilinos.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno laborista parece haber entendido que la vivienda es una cuesti&oacute;n central. Su respuesta es ambiciosa, pero tambi&eacute;n arriesgada: promete intervenir en uno de los mercados m&aacute;s sensibles para los votantes, precisamente porque afecta tanto a quienes no pueden acceder a una vivienda como a quienes ya han construido su seguridad econ&oacute;mica alrededor de ella. Parte de su &eacute;xito depender&aacute; de si logra aliviar la presi&oacute;n sobre los primeros sin activar una reacci&oacute;n defensiva entre los segundos.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a deber&iacute;a mirar este proceso con atenci&oacute;n. Ha sido una sociedad de propietarios, donde la propiedad se asocia con seguridad, estabilidad y &eacute;xito. Pero esa promesa convive hoy con un mercado del alquiler en expansi&oacute;n, una oferta insuficiente, el peso del alquiler tur&iacute;stico, un parque limitado de vivienda social y crecientes dificultades de emancipaci&oacute;n juvenil. La cuesti&oacute;n espa&ntilde;ola, como la australiana, ya no es solo cu&aacute;nto suben los alquileres o qui&eacute;n puede comprar una casa. Es tambi&eacute;n qu&eacute; ocurre pol&iacute;ticamente cuando una parte creciente de la poblaci&oacute;n deja de creer que la propiedad est&aacute; a su alcance.
    </p><p class="article-text">
        Australia no es un espejo de Espa&ntilde;a, pero muestra una tensi&oacute;n muy similar: cuando la vivienda deja de ser una promesa compartida y se convierte en una frontera patrimonial, la pol&iacute;tica cambia.
    </p><p class="article-text">
        *La cita es de Stuart Macintyre <em>A Concise History of Australia</em> 5&ordf; edici&oacute;n. Cambridge University Press, p. 234. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ferran Martínez i Coma]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/casa-urna_132_13383309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jul 2026 04:01:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La casa y la urna]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué papel juega ETA en la memoria de la sociedad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/papel-juega-eta-memoria-sociedad_132_13366717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b76aff7-4aff-462a-8685-32ab0c48bc09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué papel juega ETA en la memoria de la sociedad?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando han pasado 15 años del cese definitivo de la actividad armada de ETA, ya comienza a aparecer una nueva generación que dice de forma mayoritaria no conocer la historia de esta organización armada, así como desconoce profundamente a algunas de sus víctimas más visibles. 
</p></div><p class="article-text">
        Este viernes se cumplen 29 a&ntilde;os del secuestro de Miguel &Aacute;ngel Blanco. Es una de esas fechas en las que todos recordamos d&oacute;nde est&aacute;bamos y qu&eacute; est&aacute;bamos haciendo. Es por ello que no es una fecha cualquiera en nuestras vidas. El secuestro y posterior asesinato del joven concejal de Ermua marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en la historia de la lucha c&iacute;vica contra el terrorismo. Pero, &iquest;qu&eacute; recordamos de todo aquello? &iquest;Qu&eacute; parte de nuestra memoria ocupa hoy ETA? 
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2020, <a href="https://www.gad3.com/solo-cuatro-de-cada-10-jovenes-saben-identificar-a-miguel-angel-blanco/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">GAD3 hizo una encuesta para una plataforma digital</a> donde preguntaba por el grado de conocimiento de algunas v&iacute;ctimas de ETA: un 60 por ciento de los j&oacute;venes dec&iacute;a desconocer a Miguel &Aacute;ngel Blanco o un 80 por ciento de estos mismos j&oacute;venes tampoco conoc&iacute;an a Ernest Lluch. Recientemente, Metroscopia ha preguntado por esta misma cuesti&oacute;n y las cifras, unos a&ntilde;os despu&eacute;s, no parecen mejorar: aunque un 65 por ciento de la poblaci&oacute;n dice que conoce mucho o bastante la historia de ETA, un 56 por ciento de los menores de 35 a&ntilde;os reconoce su profundo desconocimiento. Estamos, por lo tanto, ante la primera generaci&oacute;n que admite abiertamente ignorar qu&eacute; era ETA. 
    </p><p class="article-text">
        Si la memoria, poco a poco, se va debilitando y nuestros recuerdos parecen difuminarse, especialmente entre los m&aacute;s j&oacute;venes, sobre lo que s&iacute; que hay un profundo consenso es sobre lo injustificable de la violencia terrorista. En la misma encuesta de Metroscopia, un 83 por ciento de la ciudadan&iacute;a dice que la violencia de ETA estaba totalmente injustificada o simplemente injustificada, mientras que solo el 3 por ciento encuentra una justificaci&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; papel jug&oacute; la sociedad vasca en todo ello? Aqu&iacute; aparece la primera controversia: el 67 por ciento de la poblaci&oacute;n considera que, en cierta medida, ETA cont&oacute; con el apoyo de la sociedad vasca. Pero no es solo una cuesti&oacute;n de los votantes de derechas. El 72 por ciento de los votantes del PSOE y el 60 por ciento del electorado de Sumar comparten esta percepci&oacute;n. En cambio, sobre lo que no hay consenso, es sobre la desvinculaci&oacute;n de los herederos de ETA respecto de lo que supuso la violencia: el 53 por ciento de la ciudadan&iacute;a, seg&uacute;n Metroscopia, cree que los partidos herederos de ETA no se han desvinculado lo suficiente de lo que supusieron seis d&eacute;cadas de violencia y asesinatos. Esta idea est&aacute; ampliamente extendida entre los votantes de PP y VOX. En cambio, solo un 26 por ciento de los votantes del PSOE y un 14 por ciento del electorado de Sumar consideran que los herederos de ETA no se han desvinculado del pasado violento. 
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la lucha antiterrorista tambi&eacute;n es otra de las grandes desconocidas: menos del 20 por ciento de la ciudadan&iacute;a dice conocer adecuadamente todo lo que supuso la lucha contra el terrorismo. Incluso en la encuesta antes citada de GAD3, m&aacute;s de la mitad de los espa&ntilde;oles y un 73 por ciento de los j&oacute;venes dijeron en 2020 que no ten&iacute;an ning&uacute;n tipo de conocimiento sobre el episodio de Lasa y Zabala. 
    </p><p class="article-text">
        Todas estas cifras empiezan a se&ntilde;alar que estamos construyendo el futuro sobre una cierta desmemoria, algo que nos deber&iacute;a hacer reflexionar. No podemos olvidar que ETA dej&oacute; 853 v&iacute;ctimas mortales entre 1968 y 2010. Aunque no hay una cifra exacta, el <a href="https://fundacionvt.org/publicacion/heridos-y-olvidados/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ministerio del Interior calcula</a> que a estos muertos, habr&iacute;a que sumar unos 2.600 heridos. Las personas secuestradas fueron 86 y se estima que en torno a 10.000 personas sufrieron la extorsi&oacute;n econ&oacute;mica, especialmente empresarios vascos y navarros. Diferentes instituciones como el Centro Memorial de las V&iacute;ctimas del Terrorismo y la Fundaci&oacute;n Fernando Buesa Blanco han estimado en 900 el n&uacute;mero de hu&eacute;rfanos. Baste recordar, por ejemplo, que solo el atentado contra la Casa Cuartel de Zaragoza dej&oacute; cinco ni&ntilde;as entre tres y 17 a&ntilde;os hu&eacute;rfanas. 
    </p><p class="article-text">
        La democracia espa&ntilde;ola ha sido tan generosa, que ha permitido a los herederos pol&iacute;ticos de esta violencia, participar de la vida pol&iacute;tica sin que hayan reconocido sus errores, ni hayan deslegitimado la violencia de ETA. Tuvieron que pasar 10 a&ntilde;os desde el fin de ETA para que e<a href="https://elpais.com/espana/2021-10-18/arnaldo-otegi-realiza-una-declaracion-solemne-con-motivo-de-la-decimo-aniversario-del-fin-de-eta.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">l portavoz de la izquierda abertzale reconociera por primera vez el sufrimiento causado a las v&iacute;ctimas</a>. Pero el riesgo al que se enfrenta nuestra democracia es la desmemoria. Si tan necesaria fue la Ley de Memoria Hist&oacute;rica para que las v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n franquista no cayeran en el olvido, es igual de necesario recordar que hay miles de familias que vieron sus vidas destrozadas por una violencia que nunca debi&oacute; existir. Y lo que dicen los datos de las encuestas es que esa memoria cada vez es m&aacute;s d&eacute;bil.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Urquizu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/papel-juega-eta-memoria-sociedad_132_13366717.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 04:01:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué papel juega ETA en la memoria de la sociedad?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los ciudadanos quieren que los gobiernos tengan un papel central en la regulación de la IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ciudadanos-quieren-gobiernos-tengan-papel-central-regulacion-ia_132_13348997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/923dd36a-ce36-44d0-ace8-c28d8c05a9ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x405y158.jpg" width="1200" height="675" alt="Los ciudadanos quieren que los gobiernos tengan un papel central en la regulación de la IA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cambio tecnológico están teniendo numerosas consecuencias para nuestras vidas. Es por ello que existe una fuerte demanda para que se establezca una legislación específica. Pero, ¿quiénes apooyan en la opinión pública la necesidad de regular la IA? Usando datos de una encuesta novedosa, este post arroja luz sobre esta cuestión </p></div><p class="article-text">
        La inteligencia artificial (IA) est&aacute; adquiriendo un papel cada vez m&aacute;s relevante en los procesos de toma de decisiones de los gobiernos y en la prestaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos en distintos &aacute;mbitos como la seguridad, la educaci&oacute;n o los servicios de cuidados. Aunque estas tecnolog&iacute;as tienen un potencial importante para mejorar la eficiencia de los servicios, estudios emp&iacute;ricos tambi&eacute;n han mostrado diversos riesgos, como los relacionados con la privacidad de las personas, la (falta de) transparencia y rendici&oacute;n de cuentas de los sistemas algor&iacute;tmicos, as&iacute; como el riesgo de generar o reforzar pr&aacute;cticas discriminatorias hacia determinados grupos sociales. Por estudios previos tambi&eacute;n sabemos que la inteligencia artificial y la digitalizaci&oacute;n no afectan por igual a toda la poblaci&oacute;n, sino que generan ganadores y perdedores. Los individuos -y organizaciones- con mayores capacidades para adoptar e integrar estas tecnolog&iacute;as pueden beneficiarse de sus ventajas, mientras que otros colectivos -especialmente los m&aacute;s vulnerables- corren el riesgo de quedar excluidos o de verse desproporcionadamente afectados por sus posibles sesgos y limitaciones.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, el debate sobre la regulaci&oacute;n de la inteligencia artificial ha adquirido una creciente relevancia. Mientras algunas empresas tecnol&oacute;gicas, muy cercanas a las &eacute;lites pol&iacute;ticas, defienden marcos regulatorios m&aacute;s flexibles bajo la premisa de favorecer la innovaci&oacute;n, diversos actores sociales reclaman mecanismos de supervisi&oacute;n y control m&aacute;s estrictos que garanticen la protecci&oacute;n de los derechos de la ciudadan&iacute;a. Aunque el debate sobre la regulaci&oacute;n de la inteligencia artificial ocupa un lugar cada vez m&aacute;s destacado en la agenda pol&iacute;tica y acad&eacute;mica, todav&iacute;a sabemos poco sobre las preferencias de la ciudadan&iacute;a. &iquest;Qui&eacute;n deber&iacute;a regular la IA?, &iquest;Qu&eacute; principios deber&iacute;an guiar esa regulaci&oacute;n?, &iquest;Y hasta qu&eacute; punto deber&iacute;a intervenir el Estado para minimizar sus riesgos?
    </p><p class="article-text">
        Para responder a estas preguntas, en el marco de nuestra investigaci&oacute;n hemos realizado una encuesta a 1.200 personas residentes en Espa&ntilde;a durante el mes de julio de 2025. La muestra se dise&ntilde;&oacute; mediante cuotas representativas de la poblaci&oacute;n residente en Espa&ntilde;a en t&eacute;rminos de las principales variables sociodemogr&aacute;ficas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los ciudadanos quieren que el Gobierno de Espa&ntilde;a y la Uni&oacute;n Europea regulen la IA</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las primeras cuestiones que analizamos fue hasta qu&eacute; punto los ciudadanos consideran necesario regular algunos de los principales riesgos asociados al uso de la inteligencia artificial en los servicios p&uacute;blicos, como la discriminaci&oacute;n algor&iacute;tmica, la protecci&oacute;n de la privacidad o la transparencia en la toma de decisiones automatizadas. Adem&aacute;s, preguntamos qu&eacute; papel debe tener el gobierno de Espa&ntilde;a y la Uni&oacute;n Europea. 
    </p><p class="article-text">
        Los resultados muestran un amplio consenso a favor de la intervenci&oacute;n p&uacute;blica. El 78 % de los encuestados considera que el gobierno de Espa&ntilde;a deber&iacute;a desempe&ntilde;ar un papel muy importante en la regulaci&oacute;n de la privacidad de la informaci&oacute;n personal, mientras que alrededor del 75 % opina lo mismo respecto a la regulaci&oacute;n de la discriminaci&oacute;n algor&iacute;tmica y de la transparencia en el uso de la IA. Asimismo, existe un amplio consenso en que dicha regulaci&oacute;n debe sustentarse en principios &eacute;ticos y orientarse a la protecci&oacute;n de los ciudadanos en general. Los porcentajes son pr&aacute;cticamente id&eacute;nticos cuando se pregunta por el papel de la Uni&oacute;n Europea, lo que indica que la ciudadan&iacute;a percibe ambos niveles de gobierno como instituciones complementarias en la regulaci&oacute;n de estas tecnolog&iacute;as. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Figura 1. Percepción de regulación de la IA en servicios públicos según regulador: el Gobierno de España y la Unión Europea"
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            <span class="title">
                Figura 1. Percepción de regulación de la IA en servicios públicos según regulador: el Gobierno de España y la Unión Europea                            </span>
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        <strong>&iquest;Qui&eacute;n pide una mayor regulaci&oacute;n? Edad, ingresos e ideolog&iacute;a marcan la diferencia</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque el respaldo a la regulaci&oacute;n de la inteligencia artificial es elevado entre pr&aacute;cticamente toda la poblaci&oacute;n, encontramos algunas diferencias interesantes. Para comprender mejor estas diferencias, analizamos c&oacute;mo var&iacute;a el apoyo a la regulaci&oacute;n seg&uacute;n distintas caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas, como el g&eacute;nero, la edad, el nivel educativo, los ingresos del hogar y la ideolog&iacute;a pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos generales, tanto mujeres como hombres comparten las mismas preferencias.&nbsp;En cuanto al nivel educativo, se observa&nbsp;un matiz importante con respecto a las personas con estudios superiores: estas muestran un mayor apoyo a que el gobierno incorpore principios &eacute;ticos y los intereses de los ciudadanos en la regulaci&oacute;n de la IA. En este grupo, el porcentaje de apoyo es aproximadamente 12 puntos porcentuales superior al de quienes tienen un nivel educativo inferior.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las personas mayores son quienes m&aacute;s reclaman la regulaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        La edad constituye el principal factor diferenciador. Las personas de mayor edad (mayores de 60 a&ntilde;os) muestran un apoyo significativamente mayor a la intervenci&oacute;n p&uacute;blica que los j&oacute;venes. En promedio, la diferencia alcanza los 18,5 puntos porcentuales entre quienes consideran que el gobierno deber&iacute;a regular, &ldquo;en gran o bastante medida&rdquo;, el uso de la IA en los servicios p&uacute;blicos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Figura 2. Percepción de regulación del Gobierno de España del uso de la IA en servicios públicos según tramos de edad                            </span>
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        <strong>Las personas con mayores ingresos tambi&eacute;n muestran un mayor apoyo</strong>
    </p><p class="article-text">
        El nivel de ingresos tambi&eacute;n presenta diferencias. El mayor contraste se observa entre quienes viven en hogares con ingresos mensuales inferiores a 1.500 euros y aquellos cuyos hogares superan los 3.500 euros al mes. Estos &uacute;ltimos muestran un apoyo a la regulaci&oacute;n aproximadamente 11 puntos porcentuales superior al del grupo con menores ingresos.
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                Figura 3. Percepción de regulación del Gobierno de España del uso de la IA en servicios públicos según nivel de ingresos                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>La ideolog&iacute;a tambi&eacute;n importa</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las preferencias regulatorias tambi&eacute;n tienen un componente ideol&oacute;gico. En t&eacute;rminos generales, las personas que se identifican con posiciones de izquierda atribuyen una mayor importancia a la regulaci&oacute;n de la IA que quienes se sit&uacute;an en el centro o en la derecha del espectro pol&iacute;tico. A su vez, los ciudadanos de centro muestran un apoyo superior al de quienes se identifican con posiciones de derecha. 
    </p><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n, los resultados de esta encuesta muestran una clara preferencia ciudadana por una fuerte regulaci&oacute;n de la IA, tanto por parte del Gobierno de Espa&ntilde;a como de la Uni&oacute;n Europea. Frente a la narrativa seg&uacute;n la cual la regulaci&oacute;n puede obstaculizar la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, nuestros resultados muestran que la ciudadan&iacute;a considera que la innovaci&oacute;n debe ir acompa&ntilde;ada de mecanismos de supervisi&oacute;n capaces de proteger derechos fundamentales como la privacidad, la no discriminaci&oacute;n y la transparencia. Por investigaciones previas sabemos que para que una regulaci&oacute;n genere confianza, no basta con responder a las demandas de los mercados, sino tambi&eacute;n las de la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En nuestra actual investigaci&oacute;n estamos identificando un interesante punto de convergencia. Por un lado, las personas mayores muestran un apoyo significativamente mayor a la regulaci&oacute;n de la IA, ya que son uno de los colectivos m&aacute;s vulnerables a los riesgos derivados de estas tecnolog&iacute;as. Por otro lado, aunque suele identificarse a las rentas m&aacute;s altas con unas preferencias por una mayor liberalizaci&oacute;n y una menor intervenci&oacute;n del Estado, nuestra investigaci&oacute;n muestra que las personas con mayores ingresos tambi&eacute;n apoyan en mayor medida la regulaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Esta convergencia resulta especialmente relevante desde el punto de vista del dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. A diferencia de otros &aacute;mbitos en los que las preferencias sociales aparecen fuertemente polarizadas, nuestra investigaci&oacute;n apunta a que la regulaci&oacute;n de la IA parece generar consensos entre grupos sociales muy distintos. Tanto sectores potencialmente m&aacute;s vulnerables frente a la digitalizaci&oacute;n como colectivos con mayores recursos coinciden en reclamar una mayor intervenci&oacute;n p&uacute;blica. Esto es una oportunidad para que el gobierno de Espa&ntilde;a y la Uni&oacute;n Europea dise&ntilde;en marcos regulatorios que no solo busquen reducir los riesgos tecnol&oacute;gicos, sino tambi&eacute;n fortalecer la confianza ciudadana en la transformaci&oacute;n digital de los servicios p&uacute;blicos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ixchel Pérez-Durán, Joaquín Rozas-Bugueño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ciudadanos-quieren-gobiernos-tengan-papel-central-regulacion-ia_132_13348997.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 04:02:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los ciudadanos quieren que los gobiernos tengan un papel central en la regulación de la IA]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El Orgullo después de la batalla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/orgullo-despues-batalla_132_13330005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0826b9a-a5e7-47f4-a2f7-8d549f180a60_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Orgullo después de la batalla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la conquista del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005, las personas homosexuales llevan décadas intentado tener proyectos de vida similares a los demás. Los autores de este post han realizado un experimento y han analizado hasta qué punto hay discriminación por ser homosexual en España en algunos ámbitos laborales, de alquiler de vivienda o de cuidado de hijos. </p></div><p class="article-text">
        Cuando Espa&ntilde;a aprob&oacute; el matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005, el debate p&uacute;blico giraba alrededor de la cuesti&oacute;n fundamental de la igualdad de derechos. Dos d&eacute;cadas despu&eacute;s, esa conquista forma parte de la normalidad democr&aacute;tica. Sin embargo, los cambios m&aacute;s profundos no siempre son los que aparecen en las leyes.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, la homofobia no solo limit&oacute; derechos, sino que tambi&eacute;n limit&oacute; biograf&iacute;as. Formar una pareja estable, vivir abiertamente la propia orientaci&oacute;n sexual o construir un proyecto familiar eran opciones dif&iacute;ciles o directamente inaccesibles para muchos homosexuales. Quienes decid&iacute;an hacerlo sol&iacute;an concentrarse en espacios relativamente reducidos donde encontraban protecci&oacute;n, reconocimiento y un cierto sentido de comunidad. Aquellos entornos fueron una primera conquista de libertad. Pero tambi&eacute;n reflejaban una realidad menos amable, ya que las trayectorias vitales posibles eran mucho m&aacute;s estrechas de lo que son hoy.
    </p><p class="article-text">
        Una de las transformaciones m&aacute;s importantes de la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea ha sido precisamente la ampliaci&oacute;n de esas opciones. La poblaci&oacute;n homosexual, como la que no lo es, ha diversificado sus cursos de vida. Aunque poco a poco, hoy encontramos parejas del mismo sexo con hijos, parejas sin hijos, personas que viven solas, hogares reconstituidos y proyectos familiares muy distintos entre s&iacute;. La diversidad que observamos en el conjunto de la sociedad tambi&eacute;n se observa entre gais y lesbianas. Por eso, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s del matrimonio igualitario, la pregunta ya no es &uacute;nicamente si existen derechos formales, sino tambi&eacute;n si los homosexuales pueden desarrollar los proyectos de vida que libremente elijan en condiciones de igualdad. Dicho de otra forma, si las parejas del mismo sexo pueden acceder con normalidad a los mercados y las instituciones que hacen posible la vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Desde la demograf&iacute;a, las familias homoparentales representan uno de los ejemplos m&aacute;s interesantes de este cambio hist&oacute;rico. Durante mucho tiempo fueron una realidad estad&iacute;sticamente poco visible. Hoy forman parte del paisaje familiar de algunas sociedades occidentales. Cada vez m&aacute;s parejas del mismo sexo tienen hijos, y cada vez m&aacute;s investigadores intentan comprender cu&aacute;les son las condiciones sociales que favorecen o dificultan esa transici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con financiaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea, dentro del proyecto EqualStrength, hemos estudiado esta cuesti&oacute;n mediante varios experimentos de campo realizados en Espa&ntilde;a. El objetivo era observar c&oacute;mo responden algunas instituciones fundamentales cuando quienes llaman a su puerta son parejas del mismo sexo o parejas heterosexuales. Para ello enviamos m&aacute;s de 10.000 solicitudes ficticias a escuelas infantiles, viviendas de alquiler y ofertas de empleo reales utilizando perfiles equivalentes que &uacute;nicamente variaban en algunos rasgos familiares como, por ejemplo, su orientaci&oacute;n sexual.
    </p><p class="article-text">
        En el mercado laboral es donde detectamos el &uacute;nico patr&oacute;n consistente de discriminaci&oacute;n. Los hombres gais sin hijos fueron el &uacute;nico grupo que, en media, recibi&oacute; menos respuestas positivas (invitaci&oacute;n a una entrevista, petici&oacute;n de m&aacute;s informaci&oacute;n respecto al curr&iacute;culum&hellip;) cuando solicitan empleo, pero solo en ocupaciones tradicionalmente masculinizadas (electricista, desarrollador de software y carretillero). Pero incluso esta diferencia desaparece cuando el candidato se&ntilde;ala que es padre. No encontramos resultados equivalentes entre mujeres lesbianas, ni tampoco entre parejas del mismo sexo con hijos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
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        El segundo &aacute;mbito que analizamos fue el acceso al mercado de viviendas de alquiler. Los resultados desafiaron algunas ideas preconcebidas. No encontramos una penalizaci&oacute;n sistem&aacute;tica asociada a la orientaci&oacute;n sexual. En un mercado tan tensionado como el espa&ntilde;ol, donde millones de hogares compiten por una oferta insuficiente de viviendas, las parejas del mismo sexo recibieron respuestas muy similares a las del resto de solicitantes. La principal fuente de desigualdad observada no estaba relacionada con la orientaci&oacute;n sexual sino con otros factores vinculados a la composici&oacute;n familiar.
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        Por &uacute;ltimo, estudiamos el acceso a las escuelas infantiles privadas. Tampoco aqu&iacute; encontramos discriminaci&oacute;n. Las familias formadas por parejas del mismo sexo recib&iacute;an respuestas pr&aacute;cticamente id&eacute;nticas a las obtenidas por las familias heterosexuales. En uno de los servicios m&aacute;s importantes para la conciliaci&oacute;n y el bienestar infantil, la orientaci&oacute;n sexual de los progenitores apenas parec&iacute;a influir en el comportamiento de los centros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gráfico 3                            </span>
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        Si durante d&eacute;cadas el reto fue reconocer derechos, el desaf&iacute;o actual es que las distintas formas de construir una vida adulta sean percibidas como igualmente leg&iacute;timas. Tener hijos o no tenerlos, vivir solo o en pareja, formar una familia homoparental o heterosexual. Tambi&eacute;n en este &aacute;mbito la experiencia espa&ntilde;ola parece notablemente positiva. Nuestro esfuerzo emp&iacute;rico apunta precisamente en esa direcci&oacute;n. Lejos de la imagen de una sociedad dividida o reticente a la diversidad sexual, los resultados sugieren que las parejas del mismo sexo est&aacute;n alcanzando un elevado grado de integraci&oacute;n en el acceso a mercados fundamentales para poder gestionar vida cotidiana. Las familias homoparentales no constituyen hoy el principal objetivo de la discriminaci&oacute;n en los mercados que hemos estudiado. All&iacute; donde persisten diferencias, estas parecen concentrarse en perfiles mucho m&aacute;s espec&iacute;ficos. M&aacute;s que un rechazo generalizado hacia las parejas del mismo sexo o hacia quienes forman familias homoparentales, los resultados apuntan a la persistencia de determinados estereotipos sobre la masculinidad y sobre c&oacute;mo deber&iacute;a desarrollarse la vida de un hombre adulto.
    </p><p class="article-text">
        La verdadera normalizaci&oacute;n consiste en que las diferencias dejen de determinar el destino de las personas y que una pareja del mismo sexo pueda decidir tener hijos o no tenerlos, vivir en una gran ciudad o en una peque&ntilde;a localidad, construir una familia o desarrollar otro proyecto vital, sin encontrar barreras institucionales sistem&aacute;ticas por ello. Vista desde esta perspectiva, la historia de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas no es &uacute;nicamente la historia de una ampliaci&oacute;n de derechos. Es tambi&eacute;n la historia de una ampliaci&oacute;n de posibilidades. Y quiz&aacute; el mejor indicador de ese cambio sea precisamente que la poblaci&oacute;n homosexual se parece cada vez m&aacute;s al resto de la sociedad espa&ntilde;ola en algo fundamental, la libertad para construir vidas diversas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Cebolla Boado, Álvaro Suárez Vergne, Isabel Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/orgullo-despues-batalla_132_13330005.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2026 04:01:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Orgullo después de la batalla]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cuando la prensa habla de inteligencia artificial, los sindicatos no están en la conversación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/prensa-habla-inteligencia-artificial-sindicatos-no-conversacion_132_13313375.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25b98989-1302-40fb-8485-f65bf2bd10da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la prensa habla de inteligencia artificial, los sindicatos no están en la conversación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hemos analizado 37.954 artículos sobre IA publicados en ocho periódicos de España, Italia, Reino Unido y Estados Unidos.

Las empresas aparecen en casi nueve de cada diez noticias; los sindicatos, en menos del 4%.
</p></div><p class="article-text">
        La inteligencia artificial est&aacute; empezando a transformar el mercado de trabajo. La automatizaci&oacute;n y los modelos de lenguaje ya reconfiguran sectores como la traducci&oacute;n profesional, el periodismo o el desarrollo de software, mientras gobiernos, empresas y organismos internacionales discuten c&oacute;mo regularla, aprovechar sus beneficios y limitar sus riesgos.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, importa saber qui&eacute;n consigue visibilidad p&uacute;blica. Los medios no solo informan sobre debates pol&iacute;ticos y tecnol&oacute;gicos: tambi&eacute;n contribuyen a definir qu&eacute; actores son percibidos como leg&iacute;timos y qu&eacute; intereses llegan a la ciudadan&iacute;a. Estudiar qui&eacute;n aparece en las noticias sobre IA permite entender c&oacute;mo se construye el debate sobre una tecnolog&iacute;a de gran alcance econ&oacute;mico y social.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro trabajo parte de una pregunta sencilla: &iquest;qu&eacute; actores aparecen cuando los peri&oacute;dicos hablan de inteligencia artificial? Para responderla analizamos 37.954 piezas period&iacute;sticas sobre IA publicadas entre 2018 y 2024 en ocho diarios de cuatro pa&iacute;ses. Identificamos las organizaciones mencionadas, las clasificamos en cuatro grupos (actores econ&oacute;micos, instituciones acad&eacute;micas, organizaciones sociales y sindicatos) y analizamos el tono de su aparici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El resultado m&aacute;s contundente es que los actores econ&oacute;micos (empresas y patronales) dominan la conversaci&oacute;n: aparecen en cerca del 90% de los art&iacute;culos y concentran alrededor del 85% de las menciones a organizaciones. Las instituciones acad&eacute;micas aparecen aproximadamente en la mitad de las noticias; las organizaciones sociales (ONGs y asociaciones de consumidores) en una de cada tres; y los sindicatos en menos del 4%.
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                Figura 1. Porcentaje de noticias sobre IA que mencionan a cada tipo de actor.                            </span>
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        La desigualdad no afecta solo a cu&aacute;ntas menciones recibe cada actor, sino tambi&eacute;n a c&oacute;mo entra en la conversaci&oacute;n. Las organizaciones no empresariales suelen aparecer junto a empresas: ocurre en el 90% de las noticias que mencionan a una organizaci&oacute;n social y en el 95% de las que mencionan a un sindicato. En cambio, solo una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de las noticias centradas en empresas incorpora voces sindicales, sociales o acad&eacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a pensarse que este patr&oacute;n es inevitable en un &aacute;mbito tan dependiente de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica y la inversi&oacute;n privada. Sin embargo, nuestros resultados muestran que la representaci&oacute;n de intereses (qu&eacute; grupos consiguen visibilidad) no depende solo de la tecnolog&iacute;a, sino tambi&eacute;n de c&oacute;mo funcionan los sistemas medi&aacute;ticos. Los medios brit&aacute;nicos y estadounidenses ofrecen una mayor diversidad de voces que los espa&ntilde;oles e italianos: incorporan con m&aacute;s frecuencia organizaciones sociales, acad&eacute;micos o sindicatos junto a las empresas. En Espa&ntilde;a e Italia, por el contrario, la conversaci&oacute;n aparece m&aacute;s concentrada alrededor de estas &uacute;ltimas.
    </p><p class="article-text">
        Esa mayor diversidad no se debe a que cada noticia incluya una distribuci&oacute;n m&aacute;s equilibrada de voces, sino a que los medios brit&aacute;nicos y estadounidenses publican m&aacute;s art&iacute;culos con varios tipos de actores en una misma informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El tercer resultado matiza una expectativa habitual: que peri&oacute;dicos ideol&oacute;gicamente distintos ofrecieran perspectivas diferentes sobre la IA. Sin embargo, en Espa&ntilde;a e Italia observamos una notable convergencia. <em>El Pa&iacute;s</em> y <em>El Mundo</em>, o <em>La Repubblica</em> y <em>Corriere della Sera</em>, recurren a perfiles de actores muy similares cuando informan sobre IA. En cambio, las diferencias son mayores entre <em>The Guardian</em> y <em>The Times</em> o entre <em>The Washington Post</em> y <em>The New York Times</em>. En este &aacute;mbito, la diferenciaci&oacute;n editorial parece depender m&aacute;s de la competencia y el posicionamiento de cada peri&oacute;dico que de la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica cl&aacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        La desigualdad tambi&eacute;n aparece en el tono. Academia y organizaciones sociales reciben, en general, un tratamiento positivo; las empresas, uno neutro o ligeramente positivo. Los sindicatos son la excepci&oacute;n: son el &uacute;nico tipo de actor que llega a recibir un tono netamente negativo en algunos diarios. Resulta parad&oacute;jico que precisamente las organizaciones que representan a los trabajadores tengan esta cobertura en un debate que afecta directamente al futuro del empleo.
    </p><p class="article-text">
        Esto no significa que las empresas no deban ocupar un lugar central en la conversaci&oacute;n sobre esta tecnolog&iacute;a, ni que los medios determinen por s&iacute; solos las actitudes ciudadanas. Lo que observamos es que el debate p&uacute;blico se construye a partir de una distribuci&oacute;n desigual de la atenci&oacute;n, variable seg&uacute;n el sistema medi&aacute;tico. Nuestros resultados no permiten determinar a qu&eacute; se debe dicha escasa presencia sindical. S&iacute; muestran, en cambio, que la ciudadan&iacute;a recibe una conversaci&oacute;n p&uacute;blica donde las empresas ocupan una posici&oacute;n claramente dominante.
    </p><p class="article-text">
        La IA no solo plantea un debate sobre innovaci&oacute;n o productividad, sino tambi&eacute;n sobre desigualdad, derechos laborales, privacidad o discriminaci&oacute;n. Si algunas de estas perspectivas apenas acceden a la conversaci&oacute;n p&uacute;blica, la ciudadan&iacute;a recibe una imagen parcial de los problemas en juego. En un momento en que la IA empieza a redefinir el empleo y las relaciones laborales, los actores del trabajo deber&iacute;an ocupar m&aacute;s espacio en esa conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este post resume los resultados del art&iacute;culo </em><a href="https://doi.org/10.1017/s0143814x26101159" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>&ldquo;Echoes of influence: Media Systems and the Representation of Interest Groups in Artificial Intelligence Policy Debates&rdquo;</em></a><em>, publicado recientemente en el Journal of Public Policy.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David García García, Laura Chaqués Bonafont, Xavier Fernández i Marín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/prensa-habla-inteligencia-artificial-sindicatos-no-conversacion_132_13313375.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 20:28:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la prensa habla de inteligencia artificial, los sindicatos no están en la conversación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hiperproductivos, hipermediocres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/hiperproductivos-hipermediocres_132_13290401.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd0fc1de-e818-46a7-9317-e7eb69e1a45b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hiperproductivos, hipermediocres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Habéis notado que algunos colegas que, de manera consistente, publicaban cada año dos o tres buenos artículos científicos de repente publican más de diez? No es magia, es la IA </p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas, los cient&iacute;ficos sociales <a href="https://perengzell.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Per Engzell </a>y <a href="https://www.nathanwilmers.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nathan Wilmers</a> decidieron automatizar completamente el proceso de producci&oacute;n de art&iacute;culos cient&iacute;ficos en su campo de especializaci&oacute;n, usando Large Language Models (LLM) de principio a fin. Para hacerlo, dise&ntilde;aron un flujo de trabajo completo y agentes especializados en las diversas tareas, un peque&ntilde;o ej&eacute;rcito de minions investigadores en una cadena de montaje. A partir de una instrucci&oacute;n inicial sencilla para cada art&iacute;culo, la m&aacute;quina dise&ntilde;&oacute; y ejecut&oacute; 33 trabajos a lo largo de una semana. Literalmente una f&aacute;brica de papers. Los resultados del ejercicio se difundieron en un <a href="https://osf.io/preprints/socarxiv/24xfq_v2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">documento </a>de gran profundidad y que ha generado mucho debate entre los colegas del &aacute;rea. En esta entrada, hago referencia a algunas de sus principales conclusiones y a otras evidencias recientes sobre c&oacute;mo el uso de la IA est&aacute; transformando la calidad de la producci&oacute;n cient&iacute;fica. Dejo para otra ocasi&oacute;n otras consideraciones de tipo medioambiental, &eacute;tico o pol&iacute;tico que el uso generalizado de la IA, en la ciencia y fuera, pueda tener.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo de buenos son los art&iacute;culos que produce la f&aacute;brica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La f&aacute;brica produjo c&oacute;digo limpio y bien anotado, lo que aumenta la transparencia y la reproducibilidad, sin duda buenas pr&aacute;cticas hacia las que la ciencia lleva ya a&ntilde;os gravitando. El c&oacute;digo, no obstante, ten&iacute;a errores, pero estos se iban corrigiendo gracias a las m&uacute;ltiples comprobaciones cruzadas de varios agentes, incluidas en el flujo de trabajo dise&ntilde;ado por los autores. Los errores no eran muy distintos de aquellos en los que puede incurrir un investigador humano. Los minions tomaron decisiones anal&iacute;ticas que probablemente difieren de las que hubiera tomado un cient&iacute;fico humano que conozca los matices de la literatura y de los datos que se usan, pero que llevaron a caminos en general valiosos. Los art&iacute;culos generados por la f&aacute;brica consiguieron hacer una contribuci&oacute;n, aunque fuera peque&ntilde;a, al conocimiento acumulado sobre el tema y dieron lugar a unos an&aacute;lisis, unas explicaciones de los resultados y una narrativa en general coherentes.
    </p><p class="article-text">
        Ahora los problemas. Los agentes que trabajaron en la f&aacute;brica eleg&iacute;an de manera sistem&aacute;tica las versiones m&aacute;s conservadoras, con menos riesgo, tambi&eacute;n m&aacute;s d&eacute;biles, de cada posible paper. Se aferraban a menudo a ciertas especificaciones e interpretaciones, incluso cuando las alternativas eran igualmente razonables y sustantivamente m&aacute;s interesantes. Adem&aacute;s, tuvieron dificultades para hacer conexiones entre literaturas o enfoques diferentes. A los trabajos les faltaba ambici&oacute;n y vuelo cient&iacute;fico, seg&uacute;n Engzell y Wilmers. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mediocridad a gran escala</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los autores de The paper factory son cient&iacute;ficos sociales excepcionales y valoran la calidad de las contribuciones, humanas o no, con sus gafas excepcionales. Aunque por suerte en algunas convocatorias se valoran y premian los proyectos de alto riesgo pero que puedan dar lugar a ciencia ambiciosa, que pueda hacer contribuciones rupturistas, los incentivos para el cient&iacute;fico social mediano, el com&uacute;n de los mortales en el ecosistema cient&iacute;fico, al menos en ciencias sociales, son otros. Sabemos que se publica m&aacute;s y con mucha m&aacute;s facilidad si se hacen contribuciones peque&ntilde;as, marginales, a temas de investigaci&oacute;n sobre los que ya hay teor&iacute;as asentadas y consensos emp&iacute;ricos bien establecidos. La misma hip&oacute;tesis de siempre con nuevos datos, una peque&ntilde;a sofisticaci&oacute;n t&eacute;cnica que matiza poco los resultados ya conocidos, un caso de estudio adicional que confirma los resultados ya sabidos... Microcontribuciones de inter&eacute;s, pero con poco valor a&ntilde;adido real. La hiperespecializaci&oacute;n en un &aacute;mbito muy reducido y bien trillado es mucho m&aacute;s rentable, a efectos curriculares, que la exploraci&oacute;n de ideas nuevas, incluyendo las que surgen en di&aacute;logo con otras disciplinas.
    </p><p class="article-text">
        El uso de los LLM reduce los costes asociados a explorar nuevos temas, a adoptar enfoques alternativos, a generar hip&oacute;tesis arriesgadas y a desarrollar programas de investigaci&oacute;n ambiciosos. Permite tirar de hilos a priori poco rentables que, en su versi&oacute;n humana, consumir&iacute;an muchos recursos de un equipo investigador y podr&iacute;an llevar a callejones sin salida, resultados nulos (que tienen menor probabilidad de publicarse) o contribuciones &ldquo;exc&eacute;ntricas&rdquo;, que sabemos que se penalizan en los procesos de evaluaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En principio es muy positivo para la ciencia que no est&eacute; castigado explorar caminos poco transitados y la IA permite hacerlo con muy poco esfuerzo. Pero una pregunta pertinente es si estamos dando a los LLM ese uso y fin &ndash;que nuestras contribuciones superen nuestras propias limitaciones de tiempo, recursos o capacidad cognitiva y nos ayuden a producir ciencia arriesgada, con potencial para hacer descubrimientos cruciales o inesperados. La sensaci&oacute;n, a la vista de las primeras valoraciones que estamos leyendo sobre esta nueva oleada de producci&oacute;n es m&aacute;s bien la contraria, que tal vez est&eacute; fomentando producir en masa contribuciones poco ambiciosas, lo que Engzell y Wilmers llaman &ldquo;mediocridad a gran escala&rdquo;. Tal vez esta medianidad es un simple reflejo de lo infrecuente y extraordinario que es hacer contribuciones revolucionarias en las ciencias sociales, o tal vez de un sistema de incentivos en ciencia que necesita ajustes adaptados a esta nueva &eacute;poca. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Consecuencias de la inflaci&oacute;n de papers para el sistema de evaluaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los art&iacute;culos que produjo la f&aacute;brica son suficientemente s&oacute;lidos y convincentes como para que un equipo editorial de una revista internacional de nivel medio o medio-alto decida que pasen el filtro previo y se active la maquinaria de la evaluaci&oacute;n por pares. Se han disparado, en general, los env&iacute;os a revistas cient&iacute;ficas, generando tapones y otras disfuncionalidades, como la cada vez mayor dificultad para encontrar evaluadores comprometidos con la tarea. En otros estudios muy recientes (por ejemplo, <a href="https://www.nature.com/articles/d41586-026-01726-y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute; </a>o <a href="https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2605754123" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">aqu&iacute;)</a> se ha mostrado que, efectivamente, adem&aacute;s, cada vez son m&aacute;s los art&iacute;culos que est&aacute;n escritos (posiblemente producidos) casi en su totalidad por inteligencia artificial. Aunque no tengo datos al respecto, sospecho que la proporci&oacute;n de evaluaciones que se producen ya con mucha ayuda de la IA est&aacute; aumentando considerablemente.
    </p><p class="article-text">
        Preocupa tambi&eacute;n en las revistas &ndash;y en la comunidad cient&iacute;fica en general&ndash; el deterioro de la calidad de los datos de encuesta (en el que se basan un gran n&uacute;mero de contribuciones en las ciencias sociales) al haberse identificado pr&aacute;cticas fraudulentas (respuestas a encuestas asistidas o directamente generadas por IA o bots que suplantan completamente la identidad de la persona encuestada). Tambi&eacute;n hay <a href="https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S0140-6736%2826%2900603-3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">evidencia</a> del aumento disparatado del n&uacute;mero de referencias inventadas en algunas &aacute;reas, con contenidos ficticios que en ocasiones afectan a cuestiones sustantivamente cruciales, como gu&iacute;as cl&iacute;nicas. Nada es indetectable, claro, pero identificar estas pr&aacute;cticas requiere controles cada vez m&aacute;s exigentes t&eacute;cnicamente, que consumen m&aacute;s recursos y que adem&aacute;s pueden alimentar cierta sensaci&oacute;n de desconfianza generalizada en el sistema. 
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, se ha se&ntilde;alado la facilidad con la que los LLM optan por resultados que tengan m&aacute;s opciones de ser publicados, por ejemplo porque confirman una hip&oacute;tesis preferida, o que directamente implementan m&uacute;ltiples especificaciones y seleccionan las m&aacute;s significativas, ajustando las hip&oacute;tesis y la narrativa te&oacute;rica ex post. Por supuesto estas pr&aacute;cticas las hemos visto innumerables veces en trabajo netamente humano &ndash;y el registro previo de objetivos e hip&oacute;tesis puede ser un remedio parcial&ndash;, pero la capacidad de computaci&oacute;n de la IA y sus propios procesos de toma de decisi&oacute;n hace m&aacute;s probable ir tomando caminos que conduzcan a ellas. Recientemente se ha mostrado (aqu&iacute;) que delegar las decisiones a la IA promueve el comportamiento deshonesto y que los individuos somos m&aacute;s propensos a inducir comportamientos de este tipo en la IA que a acometerlos nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        En un contexto saturado de trabajos t&eacute;cnicamente correctos, al menos en apariencia, y aseados estil&iacute;sticamente, los evaluadores y editores de revistas pueden empezar a desconfiar de las tradicionales se&ntilde;ales del m&eacute;rito de una contribuci&oacute;n, de su calidad objetiva, y empezar a confiar cada vez m&aacute;s en se&ntilde;ales de estatus. No es que antes no recurrieran, expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente, a indicadores indirectos (e imperfectos) de m&eacute;rito, como la instituci&oacute;n de procedencia o la reputaci&oacute;n de los autores, pero con la masificaci&oacute;n y estandarizaci&oacute;n de la producci&oacute;n este riesgo se vuelve m&aacute;s acuciante. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Deben las contribuciones a partir de ahora aportar algo que no pueda hacer un LLM que use datos y m&eacute;todos est&aacute;ndar? &iquest;C&oacute;mo se debe tratar la coautor&iacute;a de la inteligencia artificial? &iquest;C&oacute;mo deben las revistas &ndash;y los organismos que financian ciencia y eval&uacute;an propuestas de investigaci&oacute;n, cada vez tambi&eacute;n m&aacute;s producidas por LLM&ndash; actuar cuando identifiquen el uso (sobre todo no declarado) de IA? La calidad de la producci&oacute;n cient&iacute;fica en el futuro inmediato depender&aacute; de c&oacute;mo se regule el uso de estas herramientas y de c&oacute;mo redefinamos qu&eacute; es una contribuci&oacute;n y qu&eacute; valor real tiene. En definitiva, de si queremos mediocridad a gran escala o ambici&oacute;n a gran escala.
    </p><p class="article-text">
        * Nota: El flujo de trabajo dise&ntilde;ado por Engzell y Wilmers (The paper factory, por Per Engzell y Nathan Wilmers, https://osf.io/preprints/socarxiv/24xfq_v2) est&aacute; basado en sus propias pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas y en el tipo de art&iacute;culos emp&iacute;ricos que suelen producir. Refleja, por tanto, sus criterios sobre lo que es buena ciencia social e invitan a otros acad&eacute;micos a hacer una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre qu&eacute; es una buena contribuci&oacute;n cient&iacute;fica en su campo y mediante qu&eacute; caminos se llega a ella, algo que a menudo no se hace expl&iacute;cito en el trabajo emp&iacute;rico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leire Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/hiperproductivos-hipermediocres_132_13290401.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 10:53:04 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[¿Déjà vu a la peruana? Reflexiones hacia la segunda vuelta del 7 de junio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/deja-vu-peruana-reflexiones-segunda-vuelta-7-junio_132_13272798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7810c92-d990-49c8-93f5-98402d058879_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Déjà vu a la peruana? Reflexiones hacia la segunda vuelta del 7 de junio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las elecciones del próximo domingo en Perú se presentan en un escenario muy abierto, donde el fujimorismo puede volver al poder de la mano de Keiko Fujimori. ¿Qué va a suceder? Este post analiza los apoyos electorales de las dos fuerzas políticas que se disputan el poder. </p></div><p class="article-text">
        En pocos d&iacute;as los peruanos volver&aacute;n a las urnas para resolver, una vez m&aacute;s en segunda vuelta, qui&eacute;n ocupar&aacute; la Casa de Pizarro. La contienda enfrenta a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y a Roberto S&aacute;nchez (Juntos por el Per&uacute;), los dos candidatos que encabezaron una primera vuelta tan fragmentada como las anteriores. Fujimori afronta su cuarto intento por la presidencia luego de tres derrotas consecutivas en balotaje, aunque con resultados cada vez m&aacute;s ajustados. Es la heredera natural del fujimorismo, no solo por ser hija del &uacute;ltimo gobernante autoritario del siglo XX peruano (1990-2000) sino porque reivindica abiertamente ese legado.<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> S&aacute;nchez, a su vez, pretende ser el heredero de Pedro Castillo (2021-2022),<a href="//#_ftn2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[2]</a> el expresidente encarcelado tras su intento de cerrar el Congreso, pero percibido por amplios sectores de la poblaci&oacute;n como alguien que debi&oacute; hacerlo.<a href="//#_ftn3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[3]</a>
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n guarda reminiscencias del 2021, cuando Castillo y Fujimori alcanzaron los primeros lugares en la primera vuelta con menos del 20% de votos cada uno y el resto de votos se desperdig&oacute; entre casi una veintena de candidaturas a&uacute;n m&aacute;s &iacute;nfimas. Sin embargo, tambi&eacute;n hay diferencias que invitan a esperar un escenario distinto al de hace cinco a&ntilde;os. A partir del desempe&ntilde;o hist&oacute;rico del fujimorismo y de sus principales contendientes, en esta nota describimos las continuidades y las rupturas del mapa electoral peruano e identificamos los votos que a&uacute;n permanecen en disputa.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que ordena nuestro an&aacute;lisis es la siguiente: &iquest;qu&eacute; clivaje prevalecer&aacute; el 7 de junio, el de izquierda/derecha o el de fujimorismo/antifujimorismo? Sostenemos que si predomina el primero, la balanza tender&iacute;a a inclinarse hacia Fujimori; si predomina el segundo, el beneficiado ser&aacute; S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        <em>Comportamiento electoral peruano </em>
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas cuatro elecciones presidenciales (2011, 2016, 2021 y 2026) una enorme variedad de sellos partidarios y de nombres compitieron entre s&iacute; con una &uacute;nica certeza: la principal aspirante a un balotaje ser&iacute;a Keiko Fujimori. Por eso el naranja de Fuerza Popular es el &uacute;nico color constante en los cuatro mapas del gr&aacute;fico siguiente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gráfico 1                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Estos colores distribuidos a lo largo del territorio se entienden mejor si dividimos el pa&iacute;s en cuatro grandes zonas: la costa, el sur, el oriente y el centro. As&iacute;, puede verse que hay &aacute;reas m&aacute;s estables que otras. La costa, que abarca gran parte del litoral, apost&oacute; en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os por el fujimorismo, fuerza identificada con la defensa del modelo econ&oacute;mico neoliberal consagrado en la Constituci&oacute;n de 1993. El sur, en cambio, respald&oacute; de manera consistente a candidaturas de izquierda que se opusieron a ese mismo modelo: Gana Per&uacute; (2011), el Frente Amplio (2016), Per&uacute; Libre (2021) y Juntos por el Per&uacute; (2026) son expresiones de esa tendencia.
    </p><p class="article-text">
        El oriente y el centro, por el contrario, muestran patrones m&aacute;s vol&aacute;tiles. El oriente (que agrupa regiones como Loreto, San Mart&iacute;n, Ucayali y Madre de Dios y alberga a la mayor&iacute;a de los pueblos amaz&oacute;nicos, como los shipibo-conibo y los awaj&uacute;n) se inclin&oacute; en general por Fuerza Popular, aunque con intensidades variables. Tras un 2011 repartido entre Per&uacute; Posible, Gana Per&uacute; y Fuerza Popular, Fujimori se fortaleci&oacute; en 2016 y ti&ntilde;&oacute; de naranja casi toda la regi&oacute;n. En 2021 y 2026 retuvo una parte importante de esos votos, aunque ya no en todos los distritos. El centro, salvo en las exitosas elecciones de Keiko en 2016, fue siempre una regi&oacute;n disputada e incluso inclinada hacia sus contrincantes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Lima Metropolitana, el basti&oacute;n y el tal&oacute;n de Aquiles</em>
    </p><p class="article-text">
        Para entender la competitividad de Fujimori conviene poner el foco en Lima Metropolitana, que re&uacute;ne a cerca de un tercio de la poblaci&oacute;n peruana (m&aacute;s de diez millones de habitantes) en un &aacute;rea algo mayor que el Gran Ducado de Luxemburgo.
    </p><p class="article-text">
        Como muestra el siguiente conjunto de mapas, el electorado lime&ntilde;o es fundamentalmente de derecha. Al tratarse del &aacute;rea que concentra la mayor parte de la riqueza del pa&iacute;s, resulta previsible que sus electores defiendan el modelo vigente. Pero Lima es, adem&aacute;s, una ciudad profundamente desigual que se refleja en los distintos &ldquo;tipos&rdquo; de derecha que conviven en ella. Los distritos menos acaudalados han respaldado hist&oacute;ricamente al fujimorismo, mientras que los m&aacute;s ricos (situados en el centro de la ciudad) optaron por candidaturas de derecha liberal que tomaron distancia, al menos en el discurso, del autoritarismo fujimorista. Esta l&oacute;gica se confirma en 2026: Renovaci&oacute;n Popular, de Rafael L&oacute;pez-Aliaga, fue la fuerza m&aacute;s votada en Lima Metropolitana (20,68%) por delante de la propia Fuerza Popular (17,41%).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Gráfico 2                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Ese basti&oacute;n de la derecha es, al mismo tiempo, el tal&oacute;n de Aquiles de la izquierda. La siguiente tabla lo pone en evidencia: S&aacute;nchez fue, por amplio margen, el candidato menos votado entre las fuerzas relevantes de Lima Metropolitana (2,83%) y Castillo tambi&eacute;n tuvo all&iacute; un desempe&ntilde;o pobre en el 2021 (7,29%). Del mismo modo, vale la pena reparar en lo ocurrido en el balotaje de 2021: aunque Castillo trep&oacute; del 7,29% al 34,32%, un crecimiento del 27%, qued&oacute; bastante lejos del incremento de 52% (del 14% al 66%) que obtuvo Fujimori. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Tabla 1                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El voto en el extranjero muestra patrones similares a los de Lima Metropolitana. Los candidatos m&aacute;s atractivos en las primeras vueltas del 2021 y del 2026 fueron L&oacute;pez-Aliaga y Fujimori, mientras que los candidatos de izquierda no pasaban del 8%. Y, de igual manera, la capacidad de ganar m&aacute;s votos en la segunda vuelta fue m&aacute;s alta para Keiko Fujimori. En el 2021, Fujimori pas&oacute; del 14% al 66% en segunda vuelta, mientras que Per&uacute; Libre pas&oacute; de un 7% a un 34%. La brecha en la primera vuelta se increment&oacute; en 2026: Fujimori obtuvo un 17%, mientras que S&aacute;nchez no alcanz&oacute; el 3%.
    </p><p class="article-text">
        <em>La segunda vuelta: votos en disputa</em>
    </p><p class="article-text">
        Las tendencias muestran una gran divisi&oacute;n territorial que se mantiene estable a lo largo de los a&ntilde;os y que mantiene bastante parejos a los contendientes de la segunda vuelta. En ese sentido, la clave est&aacute; en atraer a todos aquellos votantes que en primera vuelta no apoyaron a ninguna de las dos fuerzas que protagonizar&aacute;n la pr&oacute;xima contienda.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la participaci&oacute;n electoral introduce una inc&oacute;gnita considerable. Luego de las elecciones de 2016, se inaugura un per&iacute;odo de fuerte inestabilidad institucional y la participaci&oacute;n se ha visto reducida a&ntilde;o tras a&ntilde;o (pese a que en el Per&uacute; el voto es obligatorio bajo pena de multa econ&oacute;mica). Como se muestra en la tabla siguiente, esta se ha reducido en m&aacute;s del 10% en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        De modo similar, los votos nulos y en blanco se mantienen alrededor del 15% aunque estos suelen reducirse considerablemente para la segunda vuelta. Por ejemplo, en el 2021 m&aacute;s de 2 millones de electores se decidieron por alguna de las dos opciones. Cabr&iacute;a esperar el mismo comportamiento este fin de semana.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Tabla 2"
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            <span class="title">
                Tabla 2                            </span>
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        En segundo lugar, est&aacute;n los casi 12 millones de votos que en primera vuelta quedaron en manos de las otras 33 candidaturas presidenciales. Si nos gui&aacute;ramos por las orientaciones ideol&oacute;gicas, Keiko Fujimori tendr&iacute;a mayor ventaja pues el electorado peruano, en su mayor&iacute;a, se identifica a s&iacute; mismo como de derecha.<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> As&iacute;, los votantes de Rafael L&oacute;pez-Aliaga (11.9%) y de Carlos &Aacute;lvarez (7.9%) deber&iacute;an orientarse &ldquo;naturalmente&rdquo; hacia Keiko; mientras que los de Ricardo Belmont (10.2%) y L&oacute;pez-Chau (7.3%) hacia S&aacute;nchez. Sin embargo, el alineamiento no surge de forma natural porque muchos electores no se sienten representados por dichas candidaturas y el surgimiento de campa&ntilde;as por el voto en blanco por parte de algunos ex-candidatos<a href="//#_ftn2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[2]</a> dejan m&aacute;s grande la inc&oacute;gnita de qu&eacute; agrupaci&oacute;n ser&aacute; capaz de atraer a m&aacute;s votantes. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la lectura ideol&oacute;gica para el Per&uacute; es insuficiente, pues lo que ha decidido los resultados de los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido el &ldquo;antifujimorismo&rdquo;, una anti-identidad basada en la oposici&oacute;n a lo que representa el gobierno autoritario de Alberto Fujimori. A ello se debe, en buena medida, que Keiko no ganara las &uacute;ltimas contiendas electorales. El antifujimorismo se suele organizar en momentos clave de las competencias electorales. De hecho, en los &uacute;ltimos d&iacute;as al ver que Fujimori lidera las encuestas, se han organizado manifestaciones en la capital.<a href="//#_ftn3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[3]</a>
    </p><p class="article-text">
        Como &uacute;ltimo ejercicio, entonces, nos queda observar la capacidad de los competidores para mantener bastiones electorales que nos ayuden a pensar posibles desenlaces. Los siguientes dos gr&aacute;ficos muestran los espacios geogr&aacute;ficos en los que la izquierda y el fujimorismo, respectivamente, han tenido apoyos concentrados. Utilizando el &iacute;ndice LISA de autocorrelaci&oacute;n espacial podemos ver d&oacute;nde se concentran los bastiones de cada candidatura. Esta t&eacute;cnica estad&iacute;stica muestra las &aacute;reas geogr&aacute;ficas donde distritos contiguos tienen altos apoyos electorales hacia una candidatura (zonas rojas) que sugieren bastiones electorales y donde, por el contrario, los votos son sistem&aacute;ticamente bajos (zonas azules) sugiriendo la presencia de oposici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, al comparar el voto a Castillo (2021) en ambas elecciones con el de S&aacute;nchez (2026) se revela un dato sugerente: S&aacute;nchez no ha logrado retener el voto del sur que hab&iacute;a cosechado Per&uacute; Libre (desvanecimiento de &aacute;reas rojas), pero lo compens&oacute; con regiones del norte como Cajamarca y Amazonas. Esto sugiere que si Roberto S&aacute;nchez logra articular tanto el voto de izquierda como el antifujimorismo en el sur, podr&iacute;a obtener incluso mayor apoyo que Castillo el 2021 si es que logra mantener Cajamarca y Amazonas al mismo tiempo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gráfico 3                            </span>
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        El siguiente gr&aacute;fico, en cambio, compara la autocorrelaci&oacute;n espacial del voto a Fujimori en 2021 y 2026 y muestra una estructura territorial estable de su apoyo en las &uacute;ltimas tres elecciones. Loreto y Ucayali en la frontera amaz&oacute;nica fueron regiones que Fujimori consolid&oacute; respecto a la primera vuelta de 2021. Adem&aacute;s, mantuvo Lima y la costa del Pac&iacute;fico en el norte. As&iacute;, el apoyo electoral de Fujimori no parece haber cambiado mucho en estos &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os por lo que no parece que tuviese bolsones electorales que recuperar de cara a la segunda vuelta. Su estrategia, por tanto, parece enfocarse en evitar que S&aacute;nchez recupere el sur y poder atraer algunos votos de all&iacute;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Gráfico 4                            </span>
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        <em>Comentarios finales</em>
    </p><p class="article-text">
        El escenario del 7 de junio permanece eminentemente abierto. Por su trayectoria, Fujimori llega como favorita y mejor posicionada que en ocasiones anteriores, aunque con varios flancos descubiertos: el centro y, sobre todo, el sur. S&aacute;nchez, por su parte, re&uacute;ne caracter&iacute;sticas que lo emparentan con Castillo, pero con intensidades menores: parte de pisos m&aacute;s bajos en el sur, en Lima Metropolitana y en el exterior, y solo se muestra competitivo en el centro del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A esa fotograf&iacute;a de base se suman tres fuentes de incertidumbre que pueden alterar el resultado: la direcci&oacute;n que tome la participaci&oacute;n, la reasignaci&oacute;n de los votos nulos y en blanco que tienden a definirse en el balotaje, y la ambig&uuml;edad ideol&oacute;gica de buena parte de las candidaturas derrotadas. En definitiva, la elecci&oacute;n parece reducirse a dos preguntas espejo. La medida en que S&aacute;nchez logre trascender a la izquierda para erigirse en candidato del antifujimorismo y la medida en que Fujimori consiga trascender su apellido para presentarse como una candidata de la derecha ser&aacute;n, muy probablemente, el terreno donde se dirima la presidencia del Per&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> V&eacute;ase los datos del Latin American Public Opinion Project (LAPOP) para Per&uacute; (2006&ndash;2023).
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[2]</a> https://www.infobae.com/peru/2026/05/14/tercer-candidato-de-la-segunda-vuelta-promueven-voto-viciado-para-anular-elecciones-y-frenar-a-keiko-fujimori-o-roberto-sanchez/
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[3]</a> https://www.infobae.com/america/agencias/2026/05/31/marcha-contra-la-candidata-presidencial-keiko-fujimori-toma-las-calles-del-centro-de-lima/ 
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> <span class="highlight" style="--color:white;">Keiko Fujimori: &ldquo;QUIERO SER PRESIDENTA PARA GOBERNAR, como lo hizo mi padre&rdquo;</span> <a href="https://youtube.com/shorts/eTkjwQFct8Y?si=XiIToMGdwZS_sI4w" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://youtube.com/shorts/eTkjwQFct8Y?si=XiIToMGdwZS_sI4w</a>
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[2]</a>https://www.infobae.com/peru/2026/03/25/roberto-sanchez-explica-por-que-usa-el-mismo-sombrero-de-pedro-castillo-durante-su-campana/
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[3]</a> https://estudiosdeopinion.iep.org.pe/informe/diciembre-2022/
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jair Alva-Mendoza, Alejo E Andreade, Facundo Meneses]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/deja-vu-peruana-reflexiones-segunda-vuelta-7-junio_132_13272798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 14:58:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Déjà vu a la peruana? Reflexiones hacia la segunda vuelta del 7 de junio]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Los apoyos de Vox en Andalucía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/apoyos-vox-andalucia_132_13258279.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0408541-c177-404f-ac3b-65591ac0224f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los apoyos de Vox en Andalucía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de este post analiza por qué ha aumentado el apoyo al partido de extrema derecha en las últimas elecciones andaluzas. Observa que sus mejores resultados se han producido en municipios donde hay economías intensivas en mano de obra de baja cualificación, una fuerte presencia de inmigrantes y donde los niveles educativos son más bajos</p></div><p class="article-text">
        Las elecciones andaluzas del pasado 17 de mayo han dejado varios resultados relevantes. El obvio, y m&aacute;s comentado estos d&iacute;as, es la p&eacute;rdida de la mayor&iacute;a absoluta del PP y el escalabro electoral del PSOE a pesar de una participaci&oacute;n casi nueve puntos porcentuales superior al observado en las elecciones de 2022. Adem&aacute;s, de generar estos perdedores, la alta participaci&oacute;n ha dejado tambi&eacute;n a dos claros ganadores. En primer lugar, el partido de izquierda regional &ldquo;Adelante Andaluc&iacute;a&rdquo; ha multiplicado por 4 su presencia en el Parlamento y ha aumentado sus apoyos electorales por casi 2,4. En segundo lugar, el partido de ultraderecha Vox ha aumentado su apoyo parlamentario en 1 esca&ntilde;o, aumentando su base electoral en 80.000 nuevos votantes.
    </p><p class="article-text">
        En este post, me quiero centrar en algunos factores que explican la popularidad de Vox en Andaluc&iacute;a. La pregunta es relevante precisamente porque, como mencionaba antes, Vox es uno de los dos partidos que tiene un balance positivo tanto en n&uacute;mero de votos como de esca&ntilde;os. El mapa de m&aacute;s abajo muestra la distribuci&oacute;n de las ganancias electorales de Vox en todos los municipios de Andaluc&iacute;a. Como se puede apreciar, la diferencia de votos entre los resultados obtenidos en 2022 y los del domingo 17 de mayo es positiva de manera generalizada en todas las provincias. Vox aument&oacute; su apoyo electoral en el 54% de los municipios, que equivale a un n&uacute;mero ligeramente por encima de los 400. La provincia donde Vox lo hizo mejor fue Almer&iacute;a. All&iacute; el partido de extrema derecha increment&oacute; sus apoyos en el 70% de los municipios. La provincia donde lo hizo peor fue en Sevilla: solo aument&oacute; sus votos en el 36% de las poblaciones.
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            <span class="title">
                Figura 1. Variaciones de voto a VOX, Andalucía 2022-2026                            </span>
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        &iquest;Qu&eacute; factores explican estas variaciones? En un <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/00323217261423322" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> reciente analizo la importancia de los contextos socio-econ&oacute;micos en el apoyo a los partidos de extrema derecha. Uno de los estudios emp&iacute;ricos que uso en el art&iacute;culo se centra, precisamente, en el apoyo a Vox.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que la investigaci&oacute;n muestra es que el apoyo a la extrema derecha se magnifica en municipios donde las econom&iacute;as est&aacute;n dominadas por industrias de econom&iacute;a intensiva: aquellas industrias que necesitan mucha mano de obra, normalmente poco cualificada, para producir un bien. En estos contextos el apoyo a la extrema derecha se explica con dos mecanismos.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, los mercados laborales t&iacute;picos de estas econom&iacute;as se caracterizan por tener un alto grado de vulnerabilidad laboral. En estos escenarios, las ocupaciones manuales y rutinarias est&aacute;n expuestas a los procesos de automatizaci&oacute;n y robotizaci&oacute;n. Y los trabajadores expuestos a estos riesgos tienen incentivos para apoyar agendas proteccionistas que se alinean con los discursos de la extrema derecha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo, sin embargo, no es suficiente para explicar el apoyo a partidos como Vox. Municipios con econom&iacute;as intensivas no solo se caracterizan por tener ocupaciones vulnerables sino tambi&eacute;n por dos rasgos muy particulares. En primer lugar, son lugares con una alta concentraci&oacute;n de mano de obra inmigrante que se siente atra&iacute;da por la demanda de trabajo poco cualificado propia de estas econom&iacute;as. En segundo lugar, estos municipios concentran una poblaci&oacute;n local con bajos niveles educativos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se concentran estos elementos en un mismo lugar, la extrema derecha encuentra condiciones muy favorables para su expansi&oacute;n: por un lado, los conflictos culturales en comunidades tan heterog&eacute;neas favorecen el desarrollo de actitudes nativistas; por otro, la concentraci&oacute;n de individuos con bajos niveles educativos favorece la formaci&oacute;n y, sobre todo, expresi&oacute;n de actitudes antinmigrantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo de econom&iacute;a intensiva es el empleo de grandes invernaderos para la producci&oacute;n de frutas y verduras que luego se venden en los mercados interior y exterior. Cuando se cruzan el apoyo electoral a Vox con el porcentaje de terreno agr&iacute;cola destinado a esta actividad econ&oacute;mica, aparece una relaci&oacute;n muy estrecha entre los dos. En las elecciones de 2026, los cinco municipios donde Vox obtuvo los mejores resultados con V&iacute;car (32,2%), La Mojonera (32,1%), Adra (31,8%), El Ejido (31,4%) y Rioja (30.5%). Todos estos municipios son Almerienses y su extensi&oacute;n de invernaderos es del 73%, 78,%, 34%, 76% y 6% respectivamente.&nbsp;Fuera de Almer&iacute;a destaca Lucena del Puerto en Huelva (28,7% apoyo a Vox y 29% invernaderos) o Albu&ntilde;ol en Granada (27,8% de votos a VOX y 23% de invernaderos).
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de estos datos anecd&oacute;ticos, la relaci&oacute;n entre apoyo electoral a Vox y terreno dedicado a invernaderos se observa de manera generalizada. En mi segundo mapa muestro las variaciones en los apoyos a Vox junto con el porcentaje de terreno agr&iacute;cola destinado a invernaderos. Como se puede observar, Vox obtuvo ventajas electorales all&iacute; donde el predominio de econom&iacute;as intensivas fue mayor. De hecho, el coeficiente de regresi&oacute;n entre las dos variables es de 0,06 que, adem&aacute;s, tiene una alta significatividad estad&iacute;stica (p&amp;lt;0.001).
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            <span class="title">
                Gráfico 2. Variaciones de voto a VOX y cobertura de invernaderos, Andalucía 2022-2026                            </span>
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        Por supuesto, el incremento de voto a Vox se observa tambi&eacute;n en municipios donde no hay una alta exposici&oacute;n a la industria de los invernaderos. Vox obtuvo el mayor porcentaje de votos (30,5%) en Rioja, una poblaci&oacute;n almeriense donde apenas el 6% del terreno est&aacute; destinado al uso de invernaderos. Rioja, sin embargo, es una localidad predominantemente agr&iacute;cola donde se pueden observar din&aacute;micas muy parecidas a las observadas en el poniente almeriense. De hecho, Rioja est&aacute; muy pr&oacute;xima a esa zona por lo que no es descartable que los efectos que se observan en el llamado &ldquo;Mar de pl&aacute;stico&rdquo; se trasladen tambi&eacute;n a ese municipio. Un segundo factor, analizado tambi&eacute;n en mi art&iacute;culo es la exposici&oacute;n a otras formas de econom&iacute;a intensiva como los servicios tur&iacute;sticos, sobre todo los hoteleros y restauraci&oacute;n. Esta explicaci&oacute;n tiene confirmaci&oacute;n visual en el primer mapa que mencionaba m&aacute;s arriba: Vox aumenta su voto en la mayor&iacute;a de provincias costeras, excepto en C&aacute;diz.
    </p><p class="article-text">
        Vox ha sabido movilizar a su electorado y ha conseguido convencer a nuevos votantes. Sus llamadas a la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; han servido de refuerzo a electorados convencidos pero tambi&eacute;n a nuevos electores, sobre todo en contextos con econom&iacute;as intensivas, fuerte presencia de mano de obra extranjera y bajos niveles educativos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Ruiz-Rufino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/apoyos-vox-andalucia_132_13258279.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 15:58:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los apoyos de Vox en Andalucía]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pistoletazo de salida hacia las generales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pistoletazo-salida-generales_132_13241266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7aab185-23d0-48c9-9b20-48a74fed1ed4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pistoletazo de salida hacia las generales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras las elecciones andaluzas damos la salida a la carrera electoral hacia las próximas generales. Entramos en ella con el espacio de la derecha despejado y con la izquierda desmovilizada y debilitada.</p></div><p class="article-text">
        Con las elecciones andaluzas, no solo cerramos un ciclo electoral, sino que arrancamos el que nos llevar&aacute; hasta las pr&oacute;ximas elecciones generales. Si no hay adelantos, tenemos por delante un a&ntilde;o de campa&ntilde;a constante: en mayo de 2027 habr&aacute; elecciones auton&oacute;micas en diez regiones y locales en toda Espa&ntilde;a, y las generales vendr&aacute;n inmediatamente despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Merece la pena, pues, repasar cu&aacute;l es el balance de este ciclo electoral que comenzamos en Extremadura hace cinco meses y ha pasado por Arag&oacute;n y Castilla y Le&oacute;n para llegar a Andaluc&iacute;a. El PP forz&oacute; este per&iacute;odo de urnas con el objetivo de erosionar al gobierno y visualizar con claridad que la alternativa.
    </p><p class="article-text">
        Si atendemos &uacute;nicamente a las encuestas de las generales, no parece que el PP haya subido en intenci&oacute;n de voto en los &uacute;ltimos cinco meses. La tendencia es pr&aacute;cticamente plana, tanto para el PP como el PSOE y, si acaso, observamos que ha habido un liger&iacute;simo retroceso de los populares. No obstante, creo que eso ser&iacute;a una conclusi&oacute;n demasiado miope.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, creo que al final de este per&iacute;odo el PP ha conseguido proyectar una sensaci&oacute;n de cambio de ciclo con cuatro elecciones seguidas siendo la fuerza m&aacute;s votada. Es cierto que los objetivos mayores no se han conseguido. No ha habido mayor&iacute;a absoluta ni en Extremadura ni en Andaluc&iacute;a, pero en las cuatro ha sido el claro ganador. Ha rondado o superado el 40% de los votos (salvo en Arag&oacute;n) y ha mantenido al menos diez puntos de ventaja frente al PSOE (salvo en Castilla y Le&oacute;n). En todas ellas, adem&aacute;s, el bloque de la derecha ha superado claramente el 50% de los votos.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de esto, una de las consecuencias de este ciclo electoral que nos arroja luz sobre lo que viene es que ha servido para aclarar el espacio de la derecha. Y aqu&iacute; nuestras conclusiones hoy son distintas de las que extra&iacute;amos en febrero, con las elecciones aragonesas. Entonces parec&iacute;a que forzando elecciones el PP hab&iacute;a abierto la puerta a un ascenso de Vox que, adem&aacute;s, pretend&iacute;a disputarle la primera posici&oacute;n en la derecha. Esa volatilidad estaba imposibilitando cualquier acuerdo entre ambos partidos y dejando las investiduras auton&oacute;micas en el aire. Hoy entramos en la recta final hacia las generales con ese espacio m&aacute;s despejado. Vox se ha frenado en las encuestas y las aspiraciones de ser primera fuerza parecen olvidadas. El ciclo deja claro que, de momento, el rol del PP es el de fuerza que lidera el espacio y el de Vox el de socio minoritario. 
    </p><p class="article-text">
        Esto ya se ha traducido en un cambio de estrategia. Por un lado, entramos en el nuevo ciclo con Vox permitiendo investiduras y formaci&oacute;n de gobiernos. La l&oacute;gica es clara: Vox no tiene incentivos para mantener una postura insurreccional que le impide superar su techo del 20%. Para crecer, necesita mostrarse como fuerza de gobierno. Por otro lado, que se despeje este espacio tiene consecuencias. Por si a alguien le quedaban dudas, los gobiernos del PP pasan por Vox. Ambos est&aacute;n atados el uno al otro. Y un Vox dispuesto a gobernar se centra en exigir pocas medidas, pero muy claras. Entre ellas, destaca la inmigraci&oacute;n como prioridad central. Podemos anticipar que un gobierno de la derecha que saliera de las pr&oacute;ximas elecciones llevar&iacute;a a Vox dentro, con la pol&iacute;tica migratoria como elemento vertebrador del acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda entra en la carrera hacia las generales en una posici&oacute;n mucho peor, agravada esta semana con la imputaci&oacute;n de Zapatero. Este ciclo electoral nos ha servido para comprobar no solo la debilidad del PSOE, sino tambi&eacute;n la escasa capacidad de movilizaci&oacute;n de Sumar y Podemos. En el &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS, el PSOE tiene una fidelidad de voto del 67,5% y Sumar, incluso incluyendo a Podemos, la tiene por debajo del 50%.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el bar&oacute;metro de Ipsos para La Vanguardia de abril, la derecha superar&iacute;a en estos momentos los 12 millones de votos, el r&eacute;cord hist&oacute;rico solo alcanzado antes en 2011, mientras que la izquierda se quedar&iacute;a en torno a 8,5 millones, una cifra que solo se hab&iacute;a registrado en los dos momentos en que la derecha obtuvo mayor&iacute;a absoluta: en 2000 y en 2011. Dicho de otro modo: si las generales fueran hoy, la izquierda movilizar&iacute;a el mismo volumen de voto que cuando perdi&oacute; por mayor&iacute;a absoluta. Y lo har&iacute;a no porque sus votantes se hayan ido a la derecha en masa, sino porque no logra compensar sus p&eacute;rdidas con nuevas incorporaciones. La fuga tambi&eacute;n va hacia la abstenci&oacute;n y otras fuerzas m&aacute;s peque&ntilde;as. La izquierda necesita, por tanto, un acicate de ilusi&oacute;n para tener opciones en las pr&oacute;ximas generales.
    </p><p class="article-text">
        Y en estas, una de las mayores novedades de este ciclo electoral ha sido la fuerza que han mostrado la Chunta y Adelante Andaluc&iacute;a. En ambos casos, las encuestas nos muestran que su ascenso se ha asentado en parte en votos que vienen tanto del PSOE como del espacio Sumar/Podemos. Esta tendencia apunta a que puede repetirse en unas elecciones generales, donde la fragmentaci&oacute;n y el debilitamiento del voto de izquierda puede beneficiar a las opciones regionalistas o soberanistas de izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        Con ello se da una de las conclusiones m&aacute;s parad&oacute;jicas de este ciclo. La estrategia seguida por la izquierda en el Parlamento durante esta legislatura tambi&eacute;n siembra las semillas de su propio problema electoral. S&aacute;nchez ha conseguido algo in&eacute;dito: forjar una coalici&oacute;n parlamentaria resistente con pr&aacute;cticamente todas las fuerzas de &aacute;mbito auton&oacute;mico, desde el PNV hasta Bildu, pasando por ERC o Junts. Ese acuerdo ha sido su principal activo de gobernabilidad. Pero al hacerlo, ha contribuido a consolidar en el imaginario de una parte del electorado la idea de que para parar a la derecha radical no es necesario votar al PSOE ni a Sumar. Votar a la Chunta, a Adelante Andaluc&iacute;a o a Bildu puede tener el mismo efecto de bloqueo. 
    </p><p class="article-text">
        Entramos pues, en este &uacute;ltimo a&ntilde;o de legislatura con una izquierda con dudas acumuladas tras un ciclo adverso, una fidelidad de voto en m&iacute;nimos, un flanco regional cada vez m&aacute;s poroso y, ahora, el peso de la imputaci&oacute;n de Zapatero como ruido de fondo. Y, sin embargo, un a&ntilde;o es mucho tiempo en pol&iacute;tica. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Jurado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pistoletazo-salida-generales_132_13241266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 22:39:43 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El consentimiento paterno y el aborto adolescente: qué nos dice la geografía y la religiosidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consentimiento-paterno-aborto-adolescente-dice-geografia-religiosidad_132_13220920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/408666b8-b1ec-4380-9832-a39a6505c51d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El consentimiento paterno y el aborto adolescente: qué nos dice la geografía y la religiosidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2015, España exigió el consentimiento parental para que las menores de 18 años pudieran abortar. La reforma redujo las tasas de aborto entre las adolescentes afectadas, pero el efecto no fue igual en todas partes. El lugar donde vive una joven y los valores de su entorno determinaron en gran medida cómo reaccionó ante la ley</p></div><p class="article-text">
        El acceso al aborto es una de las cuestiones m&aacute;s debatidas en pol&iacute;tica sanitaria y de g&eacute;nero. Pero m&aacute;s all&aacute; del debate sobre si debe estar permitido o no, hay una pregunta muy relevante: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando el acceso existe formalmente, pero en la pr&aacute;ctica no es igual para todas? 
    </p><p class="article-text">
        La modificaci&oacute;n en la ley del aborto exig&iacute;a que las adolescentes de 16 y 17 a&ntilde;os obtuvieran el consentimiento de sus progenitores para poder interrumpir un embarazo. La reforma de 2015 redujo la autonom&iacute;a para las menores de 18. (Esta modificaci&oacute;n fue derogada en 2023, aunque el debate sobre el acceso al aborto para adolescentes sigue abierto.)
    </p><p class="article-text">
        Utilizando datos administrativos sobre todos los abortos y nacimientos registrados en Espa&ntilde;a entre 2012 y 2019, se compara lo que ocurri&oacute; con las adolescentes de 16 y 17 a&ntilde;os &ndash; a quienes afect&oacute; la reforma &ndash; respecto a las de 18 y 19 a&ntilde;os. De este modo, sese a&iacute;slal efecto de la ley frente a otros factores que pueden estar cambiando al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qu&eacute; encontr&eacute;: menos abortos, pero no m&aacute;s nacimientos</strong>
    </p><p class="article-text">
        El primer resultado es claro: la tasa de aborto entre las menores de 18 a&ntilde;os cay&oacute; aproximadamente un 11% tras la entrada en vigor de la ley, en comparaci&oacute;n con las adolescentes de mayor edad. Sin embargo, lo m&aacute;s llamativo es que ese descenso no vino acompa&ntilde;ado de un aumento equivalente en los nacimientos. Esto sugiere que la ley cambi&oacute; el comportamiento de las adolescentes antes de que hubiera un embarazo que interrumpir. Cuando abortar se vuelve m&aacute;s dif&iacute;cil, algunas j&oacute;venes no esperan a estar embarazadas para reaccionar: se anticipan.
    </p><p class="article-text">
        El efecto de la ley, por tanto, opera en dos momentos distintos: en la decisi&oacute;n de abortar una vez embarazada, pero tambi&eacute;n en la decisi&oacute;n de prevenir el embarazo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El papel de la distancia: la geograf&iacute;a como barrera</strong>
    </p><p class="article-text">
        Obtener un aborto en Espa&ntilde;a requiere acudir a un centro autorizado. Estos centros no est&aacute;n distribuidos uniformemente por el territorio. Hay provincias con varios; otras, con uno solo, generalmente en la capital; y otras, sin ninguno. Como muestra el mapa de accesibilidad geogr&aacute;fica en 2015, muchos municipios espa&ntilde;oles se encontraban a m&aacute;s de 50 o incluso 100 kil&oacute;metros del centro m&aacute;s cercano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Figura 1. Mapa de distancia a centros de aborto en 2015                            </span>
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        Esta variaci&oacute;n geogr&aacute;fica importa, y mucho. Cuando una adolescente vive lejos de un centro, obtener un aborto ya requer&iacute;a, en la pr&aacute;ctica, alg&uacute;n tipo de ayuda de un adulto: para desplazarse, por ejemplo. La ley de consentimiento parental formaliz&oacute; algo que, para muchas j&oacute;venes en zonas rurales o semirrurales, ya ocurr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La predicci&oacute;n te&oacute;rica es clara: si antes de la ley las j&oacute;venes que viv&iacute;an lejos ya necesitaban involucrar a sus padres para abortar, la nueva exigencia legal no a&ntilde;adi&oacute; nada sustancial para ellas. En cambio, para quienes viv&iacute;an cerca de un centro y, por tanto, ten&iacute;an m&aacute;s autonom&iacute;a, la ley s&iacute; introdujo una barrera nueva y real.
    </p><p class="article-text">
        Los datos confirman exactamente esto. Las adolescentes que resid&iacute;an en municipios m&aacute;s pr&oacute;ximos a un centro de aborto redujeron sus tasas de aborto de forma notable tras la reforma. En cambio, las que viv&iacute;an m&aacute;s lejos pr&aacute;cticamente no cambiaron su comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El papel del entorno: no solo importa si puedes, sino qu&eacute; piensan tus padres</strong>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la distancia, el entorno cultural y religioso del municipio donde vive una adolescente afecta c&oacute;mo reacciona ante la ley. Para medirlo, se utiliza el porcentaje de bodas cat&oacute;licas en cada municipio como indicador de arraigo religioso local.
    </p><p class="article-text">
        El patr&oacute;n descriptivo es claro: en los municipios m&aacute;s religiosos, las tasas de aborto son menores. Esto sugiere que el entorno puede desempe&ntilde;ar un papel importante en la decisi&oacute;n de abortar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Figura 2. Tasa de aborto según religiosidad municipal                            </span>
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        &iquest;Pero c&oacute;mo interact&uacute;a con la ley de consentimiento? En los municipios m&aacute;s laicos, el efecto de la ley se traduce de nuevo en una reducci&oacute;n de los embarazos: menos abortos, pero no m&aacute;s nacimientos. En los municipios m&aacute;s religiosos, en cambio, el patr&oacute;n es distinto: los embarazos no caen, pero m&aacute;s de ellos acaban en nacimiento en lugar de en aborto.
    </p><p class="article-text">
        La interpretaci&oacute;n es coherente con la idea de que, en entornos m&aacute;s tradicionales, el valor atribuido a la maternidad es mayor. Cuando la ley eleva el coste de abortar y adem&aacute;s implica la participaci&oacute;n de los padres, el resultado es que m&aacute;s embarazos llegan a t&eacute;rmino. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un efecto no deseado: indicios de abortos no seguros</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de los resultados m&aacute;s preocupantes del an&aacute;lisis tiene que ver con lo que ocurre cuando el acceso formal al aborto se restringe, pero la demanda no desaparece. Todos los datos usados en el an&aacute;lisis proceden de registros administrativos. Por lo tanto, puede haber respuestas en el comportamiento de las adolescentes que no est&eacute;n capturadas en los datos. Usando datos de altas hospitalarias, se construye una medida de complicaciones relacionadas con interrupciones del embarazo &mdash; un indicador que pretende reflejar, entre otras cosas, el uso de m&eacute;todos no seguros.
    </p><p class="article-text">
        Los datos muestran un aumento de estas complicaciones entre las adolescentes de 16 y 17 a&ntilde;os tras la reforma, en comparaci&oacute;n con las de 18 y 19 a&ntilde;os. La prensa ya recog&iacute;a casos de j&oacute;venes que buscaban p&iacute;ldoras abortivas en internet, y los datos sugieren que algunas adolescentes, ante la barrera que supuso la ley, optaron por v&iacute;as alternativas con mayores riesgos para su salud. Las cifras absolutas son bajas, ya que es un fen&oacute;meno poco frecuente, pero la se&ntilde;al es preocupante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qu&eacute; nos dice todo esto</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta investigaci&oacute;n ilustra algo que a veces se pierde en los debates sobre pol&iacute;tica de salud reproductiva: las leyes no operan en el vac&iacute;o. Su efecto real depende del contexto en el que se aplican, en este caso, la geograf&iacute;a o las normas sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Una ley que exige consentimiento parental afecta de forma muy distinta a una adolescente que vive a cinco minutos de una cl&iacute;nica y a otra que vive a 100 kil&oacute;metros. Del mismo modo, el entorno religioso y cultural en el que vive una joven juega un papel importante en la forma en la que ella y su familia reaccionan ante la nueva situaci&oacute;n. Las respuestas no son uniformes, sino que dependen de qu&eacute; margen de decisi&oacute;n tienen y de qu&eacute; valores gu&iacute;an esa decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esto tiene implicaciones directas para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas. Cuando se eval&uacute;a una reforma sobre el aborto, es necesario considerar las condiciones de partida: qui&eacute;nes tienen acceso efectivo y qui&eacute;nes no, qu&eacute; barreras ya existen antes de que entre en vigor la nueva norma, y c&oacute;mo distribuir&aacute; sus efectos entre distintos grupos de mujeres. Esta reforma fue derogada en 2023, pero el acceso al aborto en Espa&ntilde;a sigue siendo desigual. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Sanjuán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consentimiento-paterno-aborto-adolescente-dice-geografia-religiosidad_132_13220920.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 04:02:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El consentimiento paterno y el aborto adolescente: qué nos dice la geografía y la religiosidad]]></media:title>
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