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    <title><![CDATA[elDiario.es - Cántabros con historia]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Cántabros con historia]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Rafael Barrett, el anarquista errante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/rafael-barrett-anarquista-errante_132_1947666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8129838c-e248-42ec-8aec-551b3469cf4d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Rafael Barrett nació en Torrelavega, de padre inglés y madre española. Se educó en Francia y en Madrid, donde fue conocido por su carácter pendenciero y bohemio."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y periodista Rafael Barrett (Torrelavega, 1876 - Arcachón, 1910) se convirtió, a pesar de su escasa producción literaria, en una de las figuras de referencia de las letras sudamericanas de principios del siglo XX.</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">Yo sé que huiré al confín de la tierra, buscando corazones sencillos y nobles, y que allí, como siempre, habrá una mano sin cuerpo que me apuñale por la espalda.<br/><br/>(Rafael Barrett)<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Contrajo la tuberculosis en 1906 y muri&oacute; en 1910. En ese breve lapso de cuatro a&ntilde;os compuso la mayor parte de una obra fecunda en muertes imprevistas y asumidas. En sus cuentos breves traz&oacute; biograf&iacute;as completas de seres prendidos a una prosa como la atm&oacute;sfera de un sue&ntilde;o. En di&aacute;logos de fiebre alta hizo conversar a reyes y a desheredados, a enamorados y a hu&eacute;rfanos. Fue el primer modernista del Cono Sur y qui&eacute;n sabe si tambi&eacute;n el primer anarquista. O quiz&aacute; el &uacute;ltimo.
    </p><p class="article-text">
        Rafael Barrett naci&oacute; en Torrelavega en 1876, mestizo de padre ingl&eacute;s y madre espa&ntilde;ola, con dos nacionalidades, ojos expresivos y rictus de pasmo. Fue joven a la moda y bohemio duelista en el Madrid del desastre del 98, estudiante en el Par&iacute;s que cambiaba de siglo y presencia habitual en los salones de la alta burgues&iacute;a, en los casinos y en los callejones.
    </p><p class="article-text">
        En Madrid, donde se hizo ingeniero, conoci&oacute; a Valle Incl&aacute;n y a Ramiro de Maetzu, a tantos y tantos j&oacute;venes envarados que quer&iacute;an ser artistas y so&ntilde;aban con seducir duquesas. Ten&iacute;a apenas veinticinco a&ntilde;os y fama de pendenciero, de vitalista feroz y fil&oacute;sofo a la madrugada. Era todo cuanto se pod&iacute;a ser, un guapo provocador educado en Francia, noct&iacute;vago bebedor de absenta, de di&aacute;logo f&aacute;cil, encantador de serpientes, amante de todas, un hu&eacute;rfano de barba bien cuidada que se divert&iacute;a apostando la herencia de sus padres muertos mientras aprend&iacute;a la geograf&iacute;a sinuosa de la suerte.
    </p><p class="article-text">
        Barrett actuaba como un enfant terrible en una sociedad superficial que le permit&iacute;an sus arrebatos en atenci&oacute;n a su buena cuna, un divertimento m&aacute;s, un esc&aacute;ndalo inofensivo. Pero su sangre caliente no estaba hecha para los disimulos. Hab&iacute;a algo verdadero en aquel hombre de mirada de vidrio que en 1902, en una funci&oacute;n del Circo Parish, apale&oacute; al duque de Ari&oacute;n, presidente del Tribunal del Honor que le hab&iacute;a impedido batirse en duelo con el abogado Jos&eacute; Mar&iacute;a Azopardo. El esc&aacute;ndalo fue inasumible. Barrett apareci&oacute; en los peri&oacute;dicos y los esp&iacute;ritus velados que lo hab&iacute;an acogido con condescendencia le dieron la espalda horrorizados. En aquel ambiente fingido e hip&oacute;crita Barrett era un <em>outsider</em> que med&iacute;a el peso de cada palabra que pronunciaba. Como una estrella del rock ca&iacute;da en desgracia perdi&oacute; la entrada a los salones y a las tertulias. La prensa public&oacute; su suicidio.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os m&aacute;s tarde, en Am&eacute;rica, recordaba: &ldquo;Cuando mi alma era una herida sola y los hombres moscas cobardes que me chupaban la sangre, empec&eacute; a comprender la vida&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Lleg&oacute; a Argentina navegando sobre su fama de dandi europeo en decadencia. En Buenos Aires fue por primera vez periodista, un oficio que le acarrear&iacute;a la c&aacute;rcel y el destierro. Pero eso llegar&iacute;a despu&eacute;s, con la militancia y el compromiso. Am&eacute;rica acogi&oacute; a Barrett con desconfianza y Barrett entr&oacute; en Am&eacute;rica con la guardia alta de un boxeador a la defensiva. En el Hotel Imperial de Buenos Aires le dio una paliza a un tal se&ntilde;or Pom&eacute;s al que confundi&oacute; con un periodista llamado Juan de Urqu&iacute;a que le hab&iacute;a rechazado un duelo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De nuevo el esc&aacute;ndalo y la huida. Barrett era un hombre perdido que en 1904 se traslad&oacute; a Paraguay como corresponsal de guerra. No ten&iacute;a expectativas, carec&iacute;a de futuro. Se intern&oacute; tierra adentro, confes&oacute; m&aacute;s tarde, buscando una bala que lo matara, una bala que no encontr&oacute;. Y en Paraguay, un pa&iacute;s joven que renac&iacute;a de la guerra, renaci&oacute; Rafael Barrett. De las cenizas del bohemio que le&iacute;a a Nietzsche se levant&oacute; el anarquista que escrib&iacute;a cuentos. Se cas&oacute;, tuvo un hijo. Su trabajo de agrimensor le acerc&oacute; al sufrimiento de los que hab&iacute;an nacido sin suerte, hombres y mujeres que se deb&iacute;an a la tierra que trabajaban y perec&iacute;an bajo las suelas de los grandes propietarios.
    </p><p class="article-text">
        En julio de 1908, en Asunci&oacute;n, Barrett organiz&oacute; la atenci&oacute;n a los heridos durante el golpe militar del mayor Albino Jara. En octubre lo detuvieron por denunciar p&uacute;blicamente los abusos y torturas del r&eacute;gimen en el peri&oacute;dico anarquista Germinal, que &eacute;l mismo hab&iacute;a fundado. Lo liberaron gracias a las gestiones del c&oacute;nsul ingl&eacute;s y lo desterraron en el Matto Grosso brasile&ntilde;o, donde permaneci&oacute; hasta febrero de 1909, cuando la situaci&oacute;n pol&iacute;tica en Paraguay - se levant&oacute; el estado de sitio y Barrett recibi&oacute; garant&iacute;as de que no ser&iacute;a detenido- permiti&oacute; su regreso al pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Bajo la acci&oacute;n pol&iacute;tica del periodista rebelde lat&iacute;a la amenaza de la enfermedad que lo consum&iacute;a. Barrett fue siempre consciente de que su tiempo se terminaba y escribi&oacute;, con la fiebre y la tos como compa&ntilde;eros, peque&ntilde;os relatos de orfebre, di&aacute;logos, aforismos a los que denominaba epifonemas -&ldquo;Si el cielo no tiene fin, la imbecilidad humana no tiene fondo&rdquo;- y art&iacute;culos de opini&oacute;n en los que defini&oacute; sus ideas pol&iacute;ticas y filos&oacute;ficas. Toda su obra literaria apareci&oacute; en revistas y peri&oacute;dicos, en Asunci&oacute;n, Buenos Aires y Montevideo. Sus cuentos mezclan g&eacute;neros y transitan por la tenue frontera entre lo real y lo on&iacute;rico. Consciente del valor de las palabras su estilo es preciso, sus l&iacute;neas evocadoras. En los relatos de Barrett late un coraz&oacute;n f&uacute;nebre que contempla la vida con iron&iacute;a y no desprecia el valor narrativo de la muerte. T&iacute;sicos, bohemios, pr&iacute;ncipes destronados, campesinos, v&iacute;rgenes, amantes, ni&ntilde;os condenados, todos transitan por el espacio que el peri&oacute;dico asigna a Barrett con un aliento de verdad profunda. D&eacute;cadas despu&eacute;s de su muerte j&oacute;venes escritores como Augusto Roa Bastos o Jorge Luis Borges reclamar&aacute;n el valor de su obra y extraer&aacute;n del olvido al gran anarquista p&oacute;stumo.
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        &ldquo;Tengo el final delante. Veo la cortadura del camino&hellip; pero me quedan todav&iacute;a algunos pasos. &iquest;Y en qu&eacute; me diferencio del hombre robusto? En que &eacute;l puede dar unos poquitos pasos m&aacute;s que yo, eso es todo. La negra cortadura es la misma, un poco m&aacute;s all&aacute;, un poco m&aacute;s ac&aacute;&hellip; y caminamos siempre, nos empujan&rdquo;. En 1909 Rafael Barrett es un hombre que sabe que ya ha encontrado la bala que lo va a matar. Animado por el doctor Quinton emprende el camino a Francia en busca de un tratamiento que le aplace un tiempo la muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Montevideo, donde hace escala, conoce por primera y &uacute;nica vez el &eacute;xito. Su &uacute;nico libro publicado en vida, una colecci&oacute;n de relatos titulada 'Moralidades actuales', tiene un &ldquo;&eacute;xito loco&rdquo;. Decenas de lectores acuden al hotel donde se hospeda y Barrett escribe a su esposa entre la sorpresa y el entusiasmo: &ldquo;Hubo que habilitar dos cuartos (...) para recibir a la gente que acud&iacute;a toda la tarde. Vi a Frugoni, a Falco, a Bertani -que me ha pedido originales para otro libro- a Herrerita, a reporters de toda laya, directores de revistas, fot&oacute;grafos (&iexcl;me retrataron dos veces!), un escultor me quiere hacer el busto, los melenudos del Polo Bamba, y los que m&aacute;s me agradaron, obreros, tip&oacute;grafos, jornaleros que me estrujaban las manos entre las suyas callosas y me llamaban maestro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue el ep&iacute;logo de una vida salvaje, la redenci&oacute;n del antiguo mis&aacute;ntropo, el &uacute;ltimo d&iacute;a feliz del escritor fracasado. A Barrett le alcanzar&iacute;a el tiempo para cruzar el oc&eacute;ano de vuelta a Europa y morir en Francia el 17 de diciembre de 1910, en el hotel Regina F&oacute;ret de Arcachon. Ten&iacute;a 34 a&ntilde;os. Desde la ventana de su habitaci&oacute;n ve&iacute;a el mar que lo separaba de Am&eacute;rica. Hab&iacute;a dejado preparada una nueva colecci&oacute;n de relatos, 'Dolor paraguayo'. El resto de su producci&oacute;n literaria se public&oacute; durante la d&eacute;cada posterior a su muerte. Sus obras completas aparecieron en Argentina en 1943, en Paraguay en 1990 y en Espa&ntilde;a en 2010, en una edici&oacute;n a cargo de Francisco Corral.
    </p><p class="article-text">
        Postdata. De Barrett queda el recuerdo de un hombre que atraves&oacute; la existencia con la violencia de un incendio s&uacute;bito. Que muriera en una habitaci&oacute;n de hotel hace justicia a su condici&oacute;n errante. Sus libros, m&aacute;s apreciados en Sudam&eacute;rica que en Espa&ntilde;a, donde nunca ha terminado de ser descubierto, han sobrevivido un siglo a su autor que, ya al final de su vida, en alg&uacute;n lugar de Paraguay, escribi&oacute;: &ldquo;Desde que soy desgraciado, amo a los desgraciados, a los ca&iacute;dos, a los pisados&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/rafael-barrett-anarquista-errante_132_1947666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Sep 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rafael Barrett, el anarquista errante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elena Quiroga, de la piel para dentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/elena-quiroga-piel-dentro_132_1966996.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9ebdf61-d85a-4b69-8ef6-e8beb50b5a34_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Retrato de Elena Quiroga. | Ana Hoyos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora Elena Quiroga (Santander, 1921 - Madrid, 1995) fue la segunda mujer en entrar en la Real Academia Española de la Lengua</p><p class="subtitle">Autora de una extensa obra narrativa, la autora cántabra perteneció a la generación de los cincuenta junto a nombres como Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite o Ana María Matute</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">«Elena Quiroga llega a la Academia con el precioso bagaje de una producción novelesca extensa y de muy subido valor. Con un arte muy consciente de sí mismo. Con una generosidad humana vertida con preferencia sobre los humildes. Con un dominio del idioma que garantiza su eficacia como colaboradora en los trabajos de la Academia».<br/><br/>Rafael Lapesa<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        &nbsp;El 8 de abril de 1984 Elena Quiroga entr&oacute; en el edificio de la Real Academia Espa&ntilde;ola de la Lengua para ocupar el sill&oacute;n a min&uacute;scula. Fue la segunda mujer en atravesar el espinoso camino hacia la instituci&oacute;n. Antes que ella, en 1979, lo hab&iacute;a hecho Carmen Conde. Despu&eacute;s lo hicieron otras. Quiroga recibi&oacute; las felicitaciones de los acad&eacute;micos y ley&oacute; un discurso sobre &Aacute;lvaro Cunqueiro. A medida que le&iacute;a erosionaba un muro de prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        Quiroga naci&oacute; en Santander en 1921. A los dos a&ntilde;os perdi&oacute; a su madre y la familia emigr&oacute; a Galicia, a la tierra de su padre. El recuerdo de Santander persisti&oacute; en el recuerdo de la madre muerta. Siempre dijo que ten&iacute;a una patria, Galicia, y una matria, Cantabria. En el espacio de sus obras, delimitado por valles y monta&ntilde;as, late una corriente oce&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Fue la pen&uacute;ltima de diecisiete hermanos, una hu&eacute;rfana criada por su abuela en un peque&ntilde;o pueblo de Orense. El peso de una infancia y una juventud parasitadas por el sentimiento de p&eacute;rdida inclin&oacute; a la joven hacia la literatura. Fue adolescente en un pa&iacute;s en guerra, madur&oacute; en un pa&iacute;s devastado. Su familia, bien situada, le permiti&oacute; acceder a una educaci&oacute;n que no era frecuente en las mujeres de la posguerra.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En su juventud desarroll&oacute; una disciplina que explot&oacute; m&aacute;s tarde para convertirse en una de las escritoras m&aacute;s prol&iacute;ficas de su generaci&oacute;n. Asist&iacute;a como oyente a la universidad y dedicaba tres horas diarias a escribir. En 1949 public&oacute; La soledad sonora, su primera novela, una obra con tintes autobiogr&aacute;ficos que le permiti&oacute; romper el silencio que encierra a los escritores primerizos.
    </p><p class="article-text">
        La soledad sonora le permiti&oacute; entrar en los c&iacute;rculos intelectuales locales. Una mujer que todav&iacute;a no hab&iacute;a cumplidos los treinta, hija de un conde, escritora de corte intimista, un valor al alza en los ambientes reducidos de provincias. En aquel espacio exclusivo conoci&oacute; a Dalmiro de V&aacute;lgoma, historiador y futuro secretario perpetuo de la Academia de la Historia, con el que se cas&oacute; a principios de los a&ntilde;os cincuenta.
    </p><p class="article-text">
        Tras el matrimonio y durante el resto de su vida Quiroga vivi&oacute; entre Madrid y Galicia. En la capital entr&oacute; en contacto con un grupo de j&oacute;venes escritores que en aquel momento empezaba a experimentar nuevas formas de acometer la novela social que caracteriz&oacute; a la literatura espa&ntilde;ola de los cincuenta y sesenta: Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ignacio Aldecoa, Ana Mar&iacute;a Matute, Juan Garc&iacute;a Hortelano. En manos de aquellos autores de infancia partida en la guerra la literatura espa&ntilde;ola se revisti&oacute; de una insolencia nueva que revitaliz&oacute; formas en crisis.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que todos nos caracteriz&aacute;bamos por la sensaci&oacute;n de incomunicaci&oacute;n, insolidaridad y soledad. M&aacute;s exactamente: falta de libertad&rdquo;, record&oacute; Quiroga a&ntilde;os despu&eacute;s en una entrevista. Durante la d&eacute;cada de los cincuenta la escritora se impuso un ritmo de trabajo demoledor: public&oacute; ocho novelas en diez a&ntilde;os. Aquel impulso creativo fructific&oacute; en obras como La sangre, Viento del norte - que gan&oacute; el premio Nadal - o Algo pasa en la calle.
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        En una &eacute;poca dominada por el realismo social Quiroga se alej&oacute; de la tendencia dominante para elaborar una literatura que se adentraba en las intimidades humanas. Con un lenguaje elaborado y una prosa con efectos renovadores retrat&oacute; un pa&iacute;s de posguerra y escarb&oacute; en la psicolog&iacute;a de sus personajes heridos. Siempre defendi&oacute; la libertad de creaci&oacute;n como el &uacute;nico refugio posible del escritor en una &eacute;poca en la que la censura limitada los espacios posibles del arte.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la relaci&oacute;n enfermiza del escritor con las trabas del r&eacute;gimen recordaba: &ldquo;la censura la pas&eacute;, y no la pas&eacute;, porque ten&iacute;a un amigo en censura lo bastante noble para decirme &lsquo;ven ma&ntilde;ana, tr&aacute;eme el libro&rsquo;. Y me daba la tarjeta de censura y pon&iacute;a los sellos, y se acab&oacute;. He escrito siempre desde mi libertad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A partir de los a&ntilde;os sesenta decay&oacute; el ritmo de trabajo inhumano que se hab&iacute;a impuesto hasta entonces. En 1960 public&oacute; Tristura, que recibi&oacute; el Premio de la Cr&iacute;tica Catalana y cierra la primera etapa de su producci&oacute;n literaria. Siguieron cinco a&ntilde;os de silencio que terminaron con la publicaci&oacute;n de Escribo tu nombre, premio R&oacute;mulo Gallegos de 1965.
    </p><p class="article-text">
        En 1970 apareci&oacute; Presente profundo, considerada por la cr&iacute;tica como su gran obra de madurez. No hab&iacute;a cumplido cincuenta a&ntilde;os y sumaba una bibliograf&iacute;a de diecis&eacute;is novelas. Presente profundo marca un antes y un despu&eacute;s, casi una renuncia: Quiroga no volver&iacute;a a publicar un libro en los trece a&ntilde;os siguientes. Grandes soledades apareci&oacute; en 1983 para cerrar de manera definitiva la carrera de la autora, que un a&ntilde;o despu&eacute;s pronunci&oacute; su discurso de ingreso en la RAE y se centr&oacute; en su trabajo como acad&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Rafael Lapesa, Carmen Conde y Gonzalo Torrente Ballester promovieron su ingreso en la instituci&oacute;n. Se sent&oacute; durante once a&ntilde;os en el sill&oacute;n que previamente hab&iacute;an ocupado dos novelistas tan prol&iacute;ficos como ella: P&iacute;o Baroja y Juan Antonio de Zunzunegui. Quiroga, que nunca se conform&oacute; con el lenguaje disponible y busc&oacute; ampliarlo a trav&eacute;s de nuevos significados encontr&oacute; en la academia el espacio perfecto para continuar su labor de exploraci&oacute;n literaria, esa que ella misma defini&oacute; de manera exacta con un pu&ntilde;ado de palabras justas: ahondar en la &ldquo;interioridad del hombre, en el hombre de piel para adentro&rdquo;. Muri&oacute; de un fallo hep&aacute;tico en La Coru&ntilde;a en 1995, a los 74 a&ntilde;os de edad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/elena-quiroga-piel-dentro_132_1966996.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Aug 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elena Quiroga, de la piel para dentro]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[María Luisa Gómez Pelayo, la aristócrata que dirigió un hospital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/maria-luisa-gomez-pelayo-aristocrata_132_1982452.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa04ccb9-a9c3-4bf3-8d10-4b62e52e066f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de María Luisa López de Pelayo | Alexandra San Juan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tuvo un papel importante en la fundación de la Casa de Salud Valdecilla, antecedente del actual Hospital Universitario Marqués de Valdecilla.</p><p class="subtitle">Tras la muerte de su tío, el marqués de Valdecilla, accedió a la presidencia del patronato directivo, un cargo que desempeñó durante veinte años.</p></div><p class="article-text">
        <em>Despu&eacute;s de penosa y larga enfermedad, sobrellevada con ejemplar resignaci&oacute;n cristiana, ha muerto en Madrid, como consecuencia de un colapso, la ilustre dama monta&ntilde;esa do&ntilde;a Mar&iacute;a Luisa G&oacute;mez Pelayo, marquesa de Valdecilla. En el momento de morir le acompa&ntilde;aba su marido, D. Eugenio Rodr&iacute;guez Pascual. Con su desaparici&oacute;n pierde la sociedad espa&ntilde;ola una figura caracter&iacute;stica por su caridad escondida y generosa. Su nombre est&aacute; ligado a una de las mejores instituciones ben&eacute;ficas: la Casa de Salud Valdecilla, de la que&hellip; </em>
    </p><p class="article-text">
        La cursiva pertenece a la necrol&oacute;gica publicada por el diario ABC el mi&eacute;rcoles 4 de abril de 1951. Como todo obituario utiliza eufemismos -penosa y larga enfermedad- y sintagmas de molde -ejemplar resignaci&oacute;n cristiana- para apuntar los motivos por los que la sociedad debe sentir la p&eacute;rdida de la difunta -su caridad escondida y generosa- y se&ntilde;alar a continuaci&oacute;n su obra magna: la Casa de Salud Valdecilla de Santander, un hospital que se adelant&oacute; en varias d&eacute;cadas a su pa&iacute;s.
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         La vida de Mar&iacute;a Luis G&oacute;mez Pelayo Zubeldio y de la Torriente, nacida en Santander en 1870, no puede entenderse sin el centro m&eacute;dico que contribuy&oacute; a fundar junto a su t&iacute;o, el marqu&eacute;s de Valdecilla, a principios de los a&ntilde;os 30 del siglo XX. La historia est&aacute; ligada a una fortuna de indiano en Am&eacute;rica pero tambi&eacute;n a la epidemia de gripe espa&ntilde;ola de 1918 que evidenci&oacute; las carencias del antiguo hospital de San Rafael. La sociedad santanderina exig&iacute;a un nuevo hospital y en esa tierra de nadie que son las demandas populares insatisfechas -ni la diputaci&oacute;n ni la burgues&iacute;a local encontraban fondos para acometer la empresa- emergi&oacute; Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez de la Torriente, que se ofreci&oacute; a financiar el proyecto a cambio del control sobre el mismo.
    </p><p class="article-text">
        La idea era ambiciosa y el marqu&eacute;s, que se intu&iacute;a en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida, confi&oacute; en su sobrina para crear un hospital moderno homologable en Europa que deb&iacute;a ser, al mismo tiempo, un centro de investigaci&oacute;n y de formaci&oacute;n de profesionales. El marqu&eacute;s encarg&oacute; la construcci&oacute;n del complejo al arquitecto Gonzalo Bringas, que dise&ntilde;&oacute; un conjunto de pabellones comunicados en superficie y a trav&eacute;s de un t&uacute;nel subterr&aacute;neo. Cost&oacute; 16.628.582 pesetas y se inaugur&oacute; el 24 de octubre de 1929.
    </p><p class="article-text">
        El patronato encargado de la gesti&oacute;n del centro contaba con figuras de prestigio como Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n y estaba presidido por Gonz&aacute;lez de la Torriente. Desde la constituci&oacute;n del hospital Mar&iacute;a Luisa G&oacute;mez Pelayo figur&oacute; como vocal y tras la muerte de su t&iacute;o, en 1932, se puso al frente de la instituci&oacute;n.
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                </figure><p class="article-text">
        <em>Descendiente de hidalga familia monta&ntilde;esa, do&ntilde;a Mar&iacute;a Luisa G&oacute;mez Pelayo, tuvo como &uacute;nico af&aacute;n proteger al desvalido y dedic&oacute; todas sus actividades a remediar las necesidades de los humildes, con real sacrificio y austeridad personal. Su Majestad el Rey don Alfonso XII concedi&oacute; a su t&iacute;o el t&iacute;tulo de marqu&eacute;s de Valdecilla y a su muerte le fue otorgado a do&ntilde;a Mar&iacute;a Luisa el de marquesa de Pelayo. Complement&oacute; sus...</em>
    </p><p class="article-text">
        La Casa de Salud Valdecilla se hizo cargo de los pacientes que correspond&iacute;an por ley al hospital de San Rafael sin renunciar la atenci&oacute;n a enfermos privados o procedentes de contratos con mutuas, el Ej&eacute;rcito y otras instituciones seleccionadas por el patronato. Fue el primer hospital espa&ntilde;ol que integr&oacute; asistencia, investigaci&oacute;n y docencia, algo com&uacute;n en otros pa&iacute;ses europeos.
    </p><p class="article-text">
        El programa para m&eacute;dicos postgraduados atrajo a los mejores profesionales del pa&iacute;s y confirm&oacute; las idea inicial de los fundadores, plasmada a&ntilde;os antes en un editorial de la <em>Revista M&eacute;dica de Barcelona</em>: &ldquo;All&aacute; donde mejor se ense&ntilde;e y m&aacute;s se investigue, all&aacute; ser&aacute; donde mejor se trate a los enfermos y se obtengan mejores estad&iacute;sticas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La biblioteca fue un empe&ntilde;o personal de Wenceslao L&oacute;pez Albo, primer director m&eacute;dico de la Casa de Salud, que la consideraba imprescindible para el desarrollo de los internos y las investigaciones. La marquesa accedi&oacute; a la petici&oacute;n y financi&oacute; una de las colecciones de literatura m&eacute;dica m&aacute;s completas del pa&iacute;s. Sin embargo, el intervencionismo creciente de G&oacute;mez Pelayo en los asuntos m&eacute;dicos pronto empez&oacute; a afectar al funcionamiento del hospital.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El gran giro en la relaci&oacute;n entre el patronato y el personal m&eacute;dico tuvo lugar en marzo de 1930 a cuenta de la Escuela de Enfermeras. Tras varias dimisiones en la direcci&oacute;n de la escuela, la marquesa impuso a una enfermera de la Cruz Roja como instructora contra el criterio de L&oacute;pez Albo y la direcci&oacute;n m&eacute;dica. Fue el inicio de una reestructuraci&oacute;n que termin&oacute; con las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Pa&uacute;l al frente de la escuela.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto del marqu&eacute;s, de corte progresista y regenerador vir&oacute; hacia el conservadurismo en manos de su sobrina. A pesar de poner en marcha el Rinc&oacute;n de Ni&ntilde;os, donde los hijos de los trabajadores del hospital recib&iacute;an educaci&oacute;n y alimento, y promover los viajes de formaci&oacute;n en el extranjero para el personal m&eacute;dico, la marquesa fue disminuyendo sus aportaciones financieras al centro. La guerra civil, la posguerra y una gesti&oacute;n cada vez m&aacute;s austera frenaron las expectativas de un hospital que hab&iacute;a nacido en un contexto muy diferente, en una &eacute;poca en la que la ciencia espa&ntilde;ola parec&iacute;a capaz de mirar de frente a Europa.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Luisa G&oacute;mez Pelayo, arist&oacute;crata por una fortuna cubana, sigui&oacute; al frente del hospital hasta su muerte en 1951. La Casa de Salud que fund&oacute; junto a su t&iacute;o es hoy el Hospital Universitario Marqu&eacute;s de Valdecilla que, casi un siglo despu&eacute;s, mantiene el esp&iacute;ritu de asistencia, investigaci&oacute;n y docencia con el que fue fundado en 1929.
    </p><p class="article-text">
        <em>La finada estaba en posesi&oacute;n de la Gran Cruz de Alfonso XIII, que le fue concedida con motivo de una donaci&oacute;n singular&iacute;sima a la Universidad de Madrid para la creaci&oacute;n de la C&aacute;tedra Valdecilla en la Facultad de Medicina. Con la sencillez que corresponde a su vida se verificar&aacute; hoy el traslado de los restos a Valdecilla (Santander), donde&hellip;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/maria-luisa-gomez-pelayo-aristocrata_132_1982452.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Aug 2018 17:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Luisa Gómez Pelayo, la aristócrata que dirigió un hospital]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cántabros con historia,Valdecilla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todas las vidas de Buenaventura Rodríguez Parets]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/todas-vidas-buenaventura-rodriguez-parets_132_2000113.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5ab83ce7-37dc-4d47-a02c-99cdd6f896ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Buenaventura Rodríguez Parets. | MAC MAGEX"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue un jurista, empresario, periodista y escritor responsable de la fundación de El Cantábrico, el periódico más influyente de Cantabria a principios del siglo XX</p><p class="subtitle">Promovió y difundió la cultura cántabra en decenas de artículos y libros, convirtiéndose así en uno de los pioneros del folclorismo y el regionalismo</p></div><p class="article-text">
        A ciertas personas no les basta una vida. Ciertas personas son como un eclipse: se ocultan, reaparecen, y cuando reaparecen no son del todo las mismas personas, un velo los opaca y entonces nos preguntamos si no fueron siempre una m&aacute;scara. Buenaventura Rodr&iacute;guez Parets naci&oacute; en Cienfuegos, Cuba, en 1860. Cuba era entonces una colonia espa&ntilde;ola, una isla de ma&iacute;z, tabaco y ca&ntilde;a de az&uacute;car en posesi&oacute;n de unas pocas familias de la metr&oacute;poli.
    </p><p class="article-text">
        Rodr&iacute;guez Parets pertenec&iacute;a a una de aquellas familias de emigrantes que se establecieron en Am&eacute;rica dejando al otro lado del oc&eacute;ano una vida sin incentivos, hombres y mujeres que cruzaron el Atl&aacute;ntico requeridos por la ambici&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; lleva a un hombre, a una mujer, a navegar durante meses hacia el oeste, lejos de la tierra donde ha sepultado a sus muertos? El dinero, los sue&ntilde;os, la apuesta contra la fortuna para ser como aquellos que se marcharon y regresaron ricos y satisfechos. Los llamaban indianos. Se convirtieron en arquetipo. Casi h&eacute;roes literarios. Negociantes de &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        El padre de Buenaventura Rodr&iacute;guez Parets regentaba en Cienfuegos un comercio al por menor. Era una vida c&oacute;moda, feliz, una de esas vidas que en las novelas decimon&oacute;nicas rompen en tragedia en el cap&iacute;tulo cuarto cuando un suceso imprevisto altera para siempre la vida de los protagonistas. En la familia Rodr&iacute;guez Parets sucedi&oacute; el c&oacute;lera, que se llev&oacute; a la madre en 1870. Buenaventura ten&iacute;a diez a&ntilde;os. Su padre, demasiado viudo para ocuparse al mismo tiempo de sus hijos y sus negocios lo envi&oacute; a Espa&ntilde;a junto a su hermano Manuel.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        As&iacute; lleg&oacute; Buenaventura a Cantabria, donde comenzaba otra vida. Estudi&oacute; primero en Torrelavega y despu&eacute;s en Villacarriedo. Es posible que lejos de la isla la orfandad fuera doble. Qui&eacute;n sabe. Las vidas son instantes y en ellas todo es posible. En la Universidad de Oviedo estudi&oacute; Derecho. Se licenci&oacute; en 1883. Ten&iacute;a 23 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Cuba, como la infancia, era un recuerdo lejano. Regres&oacute; a Cantabria. Se instal&oacute; primero en Torrelavega y despu&eacute;s en Santander, donde iba a morir, muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1946, en otro siglo, despu&eacute;s de una guerra, anciano y cansado. Como todos los j&oacute;venes quiso hacer tanto como fuera posible. Fue jurista, escritor, periodista y empresario. Investig&oacute; en las ra&iacute;ces de su familia para recuperar el folclore y las tradiciones de una tierra en la que no hab&iacute;a nacido pero que le pertenec&iacute;a por herencia.
    </p><p class="article-text">
        Santander lo recibi&oacute; como a una visita largo tiempo esperada. La ciudad fue amable con Rodr&iacute;guez Parets y le permiti&oacute; tener &eacute;xito en todas las profesiones que escogi&oacute;. Fue decano del Colegio de Abogados, se carteaba con Men&eacute;ndez Pelayo y Francesc Camb&oacute; y siempre encontr&oacute; apoyos con los que llevar adelante sus proyectos. Fue un regeneracionista seg&uacute;n los usos de la &eacute;poca que particip&oacute; en la fundaci&oacute;n de la Biblioteca Municipal y el Ateneo de Santander y de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega.
    </p><p class="article-text">
        En 1888 abri&oacute; otra vida, quiz&aacute;s porque la abogac&iacute;a no era suficiente, compr&oacute; una imprenta y fund&oacute; el peri&oacute;dico <em>El Dobra</em>, una toma de contacto primeriza con el periodismo, un negocio pero tambi&eacute;n un aprendizaje que cristaliz&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1895, en <em>El Cant&aacute;brico</em>, el peri&oacute;dico m&aacute;s le&iacute;do e influyente de la regi&oacute;n entre finales de un siglo y principios de otro.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Cant&aacute;brico </em>fue la Opus Magna de Rodr&iacute;guez Parets, el trabajo que lo conserva en la memoria de la tierra donde no eligi&oacute; vivir pero donde quiso, en cambio, permanecer y morir. Su hermano Manuel y su hermanastro Mauricio Rodr&iacute;guez Lasso de Vega intervinieron como cofundadores. Jos&eacute; Estra&ntilde;i y Grau fue el primer director. Buenaventura se reserv&oacute; el puesto de redactor jefe. A los seis meses de su fundaci&oacute;n <em>El Cant&aacute;brico </em>vend&iacute;a 4.500 ejemplares diarios.
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        Era un peri&oacute;dico de informaci&oacute;n general, de tendencia liberal y republicana que muy pronto tuvo que dar cuenta del desastre del 98, de la p&eacute;rdida de Cuba, de que Cienfuegos ya no era espa&ntilde;ol. &iquest;Qu&eacute; sinti&oacute; entonces Rodr&iacute;guez Parets? Como tantos otros noventayochistas quiz&aacute;s la amargura de comprobar que los pa&iacute;ses tambi&eacute;n mueren, que un pa&iacute;s, en realidad, no es nada, y que una vida humana puede sobrevivir a un imperio.
    </p><p class="article-text">
        En 1903 <em>El Cant&aacute;brico </em>inaugur&oacute; una nueva redacci&oacute;n y unos nuevos talleres. En 1905, una nueva rotativa. Aunque siempre se consider&oacute; el peri&oacute;dico de la izquierda santanderina, Estra&ntilde;i insist&iacute;a en que <em>El Cant&aacute;brico </em>era &ldquo;un peri&oacute;dico de informaci&oacute;n, no de combate, ni de propaganda, ni &oacute;rgano de ning&uacute;n partido&rdquo;. En 1916 vend&iacute;a 13.000 ejemplares diarios. En sus p&aacute;ginas se incluyeron siempre art&iacute;culos relacionados con la cultura, la historia y el folclore de Cantabria. Muchos de ellos aparec&iacute;an firmados por V&iacute;ctor Rovira, seud&oacute;nimo de Buenaventura Rodr&iacute;guez Parets, que con el tiempo se convertir&iacute;a en uno de los primeros recopiladores de la identidad y las tradiciones c&aacute;ntabras en libros de t&iacute;tulos inequ&iacute;vocos: <em>Cuentos de la Monta&ntilde;a</em>, <em>Mitos y supersticiones de la Monta&ntilde;a</em>, <em>Biograf&iacute;as de monta&ntilde;eses ilustres</em>, <em>Estudios sobre los refranes y el refranero</em>, <em>Poes&iacute;as populares</em>, <em>Cantares y marzas</em>.
    </p><p class="article-text">
        Francisco Cubr&iacute;a S&aacute;inz, que fue su disc&iacute;pulo, lo llam&oacute; en una ocasi&oacute;n &ldquo;el abuelo de los folcloristas regionales&rdquo;. &iquest;D&oacute;nde encontr&oacute; Rodr&iacute;guez Parets el apego desmedido a la tierra de su padre? Quiz&aacute;s en la p&eacute;rdida de la tierra de su infancia. Quiz&aacute;s, como otros indianos, en la perplejidad que provoca en los hombres que no son de ning&uacute;n sitio el deseo de ser aceptado. O quiz&aacute;s un impulso feliz y sencillo, el descubrimiento del gozo de preservar y compartir.
    </p><p class="article-text">
        Rodr&iacute;guez Parets, que hab&iacute;a sido concejal, juez de paz y abogado, se vio absorbido cada vez m&aacute;s por el periodismo y la literatura. Public&oacute; una novela, <em>Quien mal anda, mal acaba</em>, y un drama, <em>Desenlace de Montiel</em>, y atraves&oacute; sobre <em>El Cant&aacute;brico </em>la monarqu&iacute;a de Alfonso XIII, la primera Guerra Mundial, la dictadura de Primo de Rivera y la II Rep&uacute;blica.
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                </figure><p class="article-text">
        El 28 de mayo de 1936 Antonio Orallo anunci&oacute; en <em>El Cant&aacute;brico </em>la redacci&oacute;n del Estatuto C&aacute;ntabro-Castellano, un primer intento de autonom&iacute;a abortado por la Guerra Civil. Durante la contienda el peri&oacute;dico sigui&oacute; public&aacute;ndose pero debido a la excepcionalidad de la situaci&oacute;n la redacci&oacute;n qued&oacute; bajo control del gobierno republicano, que el 27 de junio de 1937 decret&oacute; el cierre de todos los peri&oacute;dicos salvo <em>La Rep&uacute;blica </em>por la escasez de papel y tinta.
    </p><p class="article-text">
        Fue el final de <em>El Cant&aacute;brico</em>,&nbsp;41 a&ntilde;os despu&eacute;s. El ep&iacute;logo es triste. Cuando el ej&eacute;rcito franquista tom&oacute; Santander en septiembre de 1937 los talleres del peri&oacute;dico fueron incautados. La Delegaci&oacute;n Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS utiliz&oacute; las rotativas para editar el diario <em>Alerta. </em>Rodr&iacute;guez Parets sobrevivi&oacute; a la guerra y continu&oacute; ejerciendo la abogac&iacute;a. Le qued&oacute; la experiencia amarga de la p&eacute;rdida del periodismo, quiz&aacute;s la m&aacute;s querida de todas las vidas que vivi&oacute;. Muri&oacute; a los 86 a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/todas-vidas-buenaventura-rodriguez-parets_132_2000113.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Jul 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todas las vidas de Buenaventura Rodríguez Parets]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cántabros con historia,Cuba]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leonardo Rucabado, arquitecto de la Montaña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/leonardo-rucabado-arquitecto-montana_132_2022785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/01bad080-3845-45bc-b729-cc68d6fff9a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración del arquitecto Leonardo Rucabado. | EDGAR MIRONES FERNÁNDEZ"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Leonardo Rucabado (Castro Urdiales, 1875 - Castro Urdiales, 1918) fue uno de los arquitectos españoles más destacados de la primera mitad del siglo XX. Evolucionó desde el modernismo hacia un historicismo con gran influencia de la arquitectura tradicional cántabra.</p><p class="subtitle">Responsable de buena parte del ensanche de Indautxu de Bilbao, diseñó la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander y el edificio Allende de la plaza de Canalejas de Madrid.</p></div><p class="article-text">
        La gripe espa&ntilde;ola mat&oacute; a casi 40 millones de personas en 1918. Fue la pandemia m&aacute;s mort&iacute;fera de la historia de la humanidad. Y no se origin&oacute; en Espa&ntilde;a. Pero en plena I Guerra Mundial los peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles fueron los &uacute;nicos que publicaron informes sobre la enfermedad y sus consecuencias, de ah&iacute; el nombre con el que pas&oacute; a la historia en los registros internacionales. Se cree que se propag&oacute; desde China y toc&oacute; Europa en Francia, desde donde pas&oacute; a Espa&ntilde;a, uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s afectados, con ocho millones de infectados y cerca de 300.000 muertes. Una de las v&iacute;ctimas fue el arquitecto c&aacute;ntabro Leonardo Rucabado, que sucumbi&oacute; el 11 de noviembre de 1918.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se encontr&oacute; con la enfermedad Rucabado ten&iacute;a 43 a&ntilde;os y un buen n&uacute;mero de proyectos entre manos. Nunca lleg&oacute; a ver terminada, por ejemplo, la Biblioteca Men&eacute;ndez Pelayo de Santander, su obra m&aacute;s representativa, finalizada en 1923. En la inauguraci&oacute;n, presidida por Alfonso XIII, falt&oacute; el hombre que para dise&ntilde;ar el edificio hab&iacute;a buscado inspiraci&oacute;n en los trabajos de otro c&aacute;ntabro, Juan de Herrera, jefe de obras y arquitecto de El Escorial, y en la arquitectura tradicional de Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        Rucabado pas&oacute; meses recorriendo la geograf&iacute;a de Cantabria, dibujando casonas, torres, viviendas rurales, caligrafiando con letra r&aacute;pida de estudiante, inventariando ornamentos, detalles, matices en la piedra. En su juventud, reci&eacute;n salido de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, hab&iacute;a apostado por el modernismo y el estilo ingl&eacute;s, deslumbrado por las obras de Gaud&iacute; y Berenguer. Pero un art&iacute;culo de Dom&egrave;nech i Montaner titulado 'En busca de una arquitectura nacional' le hizo replantearse sus principios est&eacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Las ideas de aquel texto maceraron durante a&ntilde;os en el pensamiento de Rucabado, que una vez obtenido el t&iacute;tulo de arquitecto, en el a&ntilde;o 1900, se instal&oacute; en Bilbao para trabajar bajo la tutela de Severino Ach&uacute;carro. La Barcelona que Rucabado dej&oacute; atr&aacute;s era una ciudad fascinada con las teor&iacute;as medievalistas y rom&aacute;nticas de Violet Le Duc, el arquitecto y restaurador franc&eacute;s famoso por sus reinterpretaciones de edificios medievales. En sus restauraciones - Notre Dame o la Sainte Chapelle, entre muchas otras - Le Duc no dudada en a&ntilde;adir elementos de su autor&iacute;a que en ocasiones romp&iacute;an con el esp&iacute;ritu original de la obra y eliminaban elementos originales de valor arqueol&oacute;gico: cuando trabaj&oacute; en la Ciudadela de Carcasona, por ejemplo, Le Duc construy&oacute; tejados de pizarra sobre las torres de la muralla.
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        Todas las corrientes de la &eacute;poca parec&iacute;an confluir en el joven Rucabado, que en sus primeros a&ntilde;os en Bilbao apostaba de manera natural por un estilo ecl&eacute;ctico, heredero de un modernismo catal&aacute;n que miraba con curiosidad hacia las ideas historicistas que empezaban a abrirse paso en el panorama arquitect&oacute;nico europeo.
    </p><p class="article-text">
        En 1905 obtuvo el t&iacute;tulo de ingeniero industrial. Durante sus a&ntilde;os en Bilbao a las &oacute;rdenes de Ach&uacute;carro construy&oacute; principalmente viviendas en el barrio de Indautxu. Cuando le lleg&oacute; el encargo de la casa de Escauriaza, una de sus obras m&aacute;s relevantes de sus a&ntilde;os de aprendizaje, combin&oacute; los estilos europeos de moda. Buena parte de los edificios del ensanche de Indautxu llevan la firma de Rucabado. Sus clientes eran familias burguesas a las que se adaptaba como un guante el estilo ecl&eacute;ctico del arquitecto c&aacute;ntabro.
    </p><p class="article-text">
        En 1911 la familia Allende le encarg&oacute; la construcci&oacute;n de una iglesia en Indautxu. Rucabado dise&ntilde;&oacute; la Iglesia de Nuestra Se&ntilde;ora del Carmen, mezcla de rom&aacute;nico y g&oacute;tico. La iglesia, demasiado peque&ntilde;a, fue demolida en 1967 para construir un nuevo templo que pudiera dar cabida al n&uacute;mero creciente de feligreses. El edificio marca una frontera en la producci&oacute;n art&iacute;stica de Rucabado, que en adelante dejar&iacute;a atr&aacute;s el modernismo y las influencias inglesas para centrarse en la arquitectura historicista en busca del estilo nacional que defend&iacute;a Dom&egrave;nech i Montaner en aquel art&iacute;culo que nunca le abandon&oacute; del todo.
    </p><p class="article-text">
        El arquitecto ecl&eacute;ctico que hab&iacute;a defendido las corrientes modernistas en el VIII Congreso Internacional de Arquitectos de 1908, abraz&oacute; la corriente nacionalista promovida por Rovira i Rabassa, Dom&egrave;nech i Montaner y Puig i Cadafalch. La premisa era simple: huir de cualquier influencia extranjera. En su segunda y definitiva etapa Rucabado apost&oacute; por un estilo n&oacute;rdico depurado por la influencia de la arquitectura tradicional c&aacute;ntabra, que tomaba elementos de Herrera y sirvi&oacute; de inspiraci&oacute;n para arquitectos como Gonz&aacute;lez de Riancho, que construy&oacute; el palacio de La Magdalena.
    </p><p class="article-text">
        El estilo monta&ntilde;&eacute;s de Rucabado qued&oacute; definido en su Proyecto de Palacio para un Noble en la Monta&ntilde;a, premiado en el I Sal&oacute;n Nacional de Arquitectura de Madrid de 1911. Sus edificios se basan en formas rectangulares, con arcadas, torres cuadradas, grandes entradas y abundantes elementos decorativos como parrillas y escudos de armas. Uno de los dise&ntilde;os que mejor representan la &uacute;ltima etapa de Rucabado es la casa de Allende en la plaza de Canalejas de Madrid, de 1916. El edificio muestra al arquitecto en su mejor momento creativo, en una madurez espl&eacute;ndida que ser&iacute;a tempranamente oscurecida por la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Fue enterrado en Castro Urdiales - donde hab&iacute;a construido entre otros, el Edificio de los Chelines y el chalet de Sotileza - en el cementerio de La Ballena, en el pante&oacute;n de su esposa, Enma del Sel, que &eacute;l mismo hab&iacute;a dise&ntilde;ado.
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      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/leonardo-rucabado-arquitecto-montana_132_2022785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Jul 2018 18:11:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Leonardo Rucabado, arquitecto de la Montaña]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isabel Torres Salas, la farmacéutica que cambió para siempre los hospitales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/isabel-torres-salas-farmaceutica-hospitales_132_2046187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b6d794b-6a6e-4821-8875-ede5ab27b85f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Isabel Torres Salas. | MARINA REVILLA ÁLVAREZ"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue la primera mujer en la plantilla de la Casa de Salud de Valdecilla y formó parte de una generación de científicas pioneras en la historia de España</p><p class="subtitle">Su enorme capacidad de trabajo, su inteligencia y su precisión cambiaron para siempre la forma de entender la alimentación en los hospitales españoles</p><p class="subtitle">Estudió el valor nutricional de los alimentos y los clasificó según su contenido en hidratos de carbono, grasas y proteínas para ofrecer una dieta personalizada</p></div><p class="article-text">
        <em>En los a&ntilde;os treinta del siglo XX la Casa de Salud de Valdecilla era uno de los hospitales m&aacute;s avanzados de Espa&ntilde;a. La historia de su construcci&oacute;n est&aacute; ligada a Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez de la Torriente, marqu&eacute;s de Valdecilla, un indiano que hizo su fortuna en Cuba con la venta de az&uacute;car y regres&oacute; a Cantabria poco despu&eacute;s de que la isla obtuviera su independencia. Como otros indianos, el marqu&eacute;s invirti&oacute; parte de su dinero en proyectos filantr&oacute;picos, fundamentalmente colegios y bibliotecas, siguiendo los principios regeneracionistas de la &eacute;poca.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En Santander la epidemia de gripe de 1918 hab&iacute;a dejado en evidencia las carencias del antiguo hospital de San Rafael -hoy sede del Parlamento auton&oacute;mico- y la necesidad de un nuevo hospital. En esa necesidad apareci&oacute; el marqu&eacute;s, que aport&oacute; el capital necesario a cambio de hacerse con la direcci&oacute;n del proyecto. El arquitecto Gonz&aacute;lez Bringas dise&ntilde;&oacute; el centro constre&ntilde;ido por los planos de un proyecto previo de 1918. Siguiendo el modelo europeo de principios de siglo construy&oacute; un edificio funcional mediante pabellones conectados entre s&iacute; en superficie y unidos a trav&eacute;s de un t&uacute;nel subterr&aacute;neo. El doctor Wenceslao L&oacute;pez Albo fue el primer director del centro, que se inaugur&oacute; en 1929. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El proyecto naci&oacute; sobre tres l&iacute;neas maestras: la Escuela de Enfermer&iacute;a, la Biblioteca Marquesa de Pelayo y el Instituto M&eacute;dico de Posgraduados, el coraz&oacute;n del hospital, un centro de vanguardia dise&ntilde;ado para cubrir dos frentes, investigaci&oacute;n y docencia, que atrajo desde su puesta en marcha a los mejores profesionales en sus respectivos campos. La plantilla m&eacute;dica ofrec&iacute;a diecisiete servicios y contaba con una &uacute;nica mujer, Isabel Torres Salas, doctora en Farmacia.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Torres Salas naci&oacute; en Cuenca en 1905 y form&oacute; parte de una generaci&oacute;n de cient&iacute;ficos que tom&oacute; Europa como modelo y vio sus expectativas frustradas por la Guerra Civil. Estudi&oacute; en la Residencia de Se&ntilde;oritas siguiendo el programa de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza y de la Junta para la Ampliaci&oacute;n de Estudios, un proyecto que pretend&iacute;a formar -por primera vez, en un marco igualitario- a una &eacute;lite intelectual capaz de situar a Espa&ntilde;a en el primer nivel cient&iacute;fico y cultural de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        En 1928 se licenci&oacute; en Farmacia en la Universidad Central de Madrid y un a&ntilde;o despu&eacute;s se instal&oacute; en Santander para formar parte del proyecto de Valdecilla. Era la &uacute;nica mujer en una promoci&oacute;n de setenta m&eacute;dicos y alumnos de posgrado, lo que le impidi&oacute; obtener el t&iacute;tulo de alumna interna, que requer&iacute;a dormir en el hospital, y le proporcion&oacute; en cambio el de m&eacute;dico externo de guardia. Se incorpor&oacute; al departamento de Qu&iacute;mica, donde se le asignaron funciones de investigaci&oacute;n aplicada. Su tarea consist&iacute;a en analizar el valor nutricional de la comida del hospital para asignar a cada paciente una dieta personalizada seg&uacute;n sus necesidades.
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        Aunque Torres Salas nunca ocult&oacute; su inter&eacute;s por la investigaci&oacute;n b&aacute;sica se dedic&oacute; con profesionalidad al encargo recibido. Quienes la conocieron destacaron siempre su enorme capacidad de trabajo, su inteligencia y su precisi&oacute;n. Todo ello lo aplic&oacute; en Valdecilla para desarrollar el Esquema Diet&eacute;tico Puyal-Torres, un sistema pionero en la &eacute;poca que clasificaba los alimentos por su contenido en hidratos de carbono, grasas y prote&iacute;nas -hasta entonces la comida de los enfermos se med&iacute;a simplemente en gramos- y que supuso una revoluci&oacute;n en el tratamiento de la alimentaci&oacute;n hospitalaria.
    </p><p class="article-text">
        Los trabajos de Torres Salas en Valdecilla sirvieron de base a su tesis doctoral de 1932, titulada <em>Contribuci&oacute;n al estudio de la composici&oacute;n qu&iacute;mica de los alimentos espa&ntilde;oles</em>, que fue publicada en la Gaceta M&eacute;dica Espa&ntilde;ola, la revista especializada de mayor tirada de la &eacute;poca. Los resultados de la tesis de Torres Salas sirvieron para corregir un problema end&eacute;mico de los hospitales espa&ntilde;oles que hasta entonces utilizaban tablas nutricionales extranjeras, lo que provocaba desajustes por las diferencias entre alimentos de los distintos pa&iacute;ses.
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         La tesis de Torres Salas y su labor en Valdecilla llamaron la atenci&oacute;n de Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, el gran nombre de la medicina espa&ntilde;ola en los a&ntilde;os treinta, que la incorpor&oacute; al Instituto de Patolog&iacute;a M&eacute;dica de Madrid. All&iacute; se dedic&oacute; al estudio de la estructura de las vitaminas junto al doctor Jos&eacute; Collazo.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s solicit&oacute; y obtuvo una beca para ampliar sus estudios en Alemania. Entre 1934 y 1936 trabaj&oacute; con el Premio Nobel de Medicina Otto Meyerhoff en el Kaiser Wilhelm Institut de Heidelberg. Se especializ&oacute; en fisiolog&iacute;a del m&uacute;sculo y metabolismo de los hidratos de carbono. Durante su estancia en Alemania estall&oacute; la Guerra Civil en Espa&ntilde;a. Incapaz de regresar, obtuvo un empleo en el Pathologisches Institut de la Universidad de M&uacute;nich, donde se dedic&oacute; al estudio de la vitamina K a las &oacute;rdenes del doctor H. Dyckerhoff.
    </p><p class="article-text">
        Cuando termin&oacute; la guerra, en 1939, Torres Salas regres&oacute; a Santander para trabajar como investigadora en la Industrial Farmac&eacute;utica C&aacute;ntabra. Ten&iacute;a treinta y cuatro a&ntilde;os y nunca m&aacute;s volver&iacute;a a la investigaci&oacute;n b&aacute;sica, su aut&eacute;ntica vocaci&oacute;n, impracticable en un pa&iacute;s devastado por la guerra que hab&iacute;a perdido en tres a&ntilde;os el esfuerzo de varias generaciones de cient&iacute;ficos. Lleg&oacute; a ser directora t&eacute;cnica del laboratorio, algo inusual para una mujer de la &eacute;poca. All&iacute;, entre formulaciones, controles de calidad y revistas alemanas m&eacute;dicas, se jubil&oacute; en el a&ntilde;o 1966.
    </p><p class="article-text">
        Muri&oacute; en Granada, en 1998. Su trabajo como dietista, farmac&eacute;utica e investigadora fue reconocido en el a&ntilde;o 2004 con la creaci&oacute;n del Aula Interdisciplinar Isabel Torres de Estudio de las Mujeres y del G&eacute;nero de la Universidad de Cantabria. El aula entrega cada dos a&ntilde;os el Premio Isabel Torres a investigaciones relevantes sobre ambas materias. Una calle lleva su nombre en el Parque Cient&iacute;fico y Tecnol&oacute;gico de Cantabria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/isabel-torres-salas-farmaceutica-hospitales_132_2046187.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Jun 2018 18:59:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isabel Torres Salas, la farmacéutica que cambió para siempre los hospitales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Farmacias,Medicina,Ciencia,Cántabros con historia,Valdecilla,Salud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jesús Otero, el secreto arrancado a la piedra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/jesus-otero-secreto-arrancado-piedra_132_2765727.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/32ba9170-0578-46af-9262-f79c41cc5925_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Jesús Otero. | ANA ARRIOLA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue un artista de talento precoz, autor de esculturas inspiradas en la naturaleza ubicadas en ciudades como Santander, Madrid, Miami o Cartagena de Indias</p><p class="subtitle">Durante el franquismo fue encarcelado y condenado a muerte dos veces. Aunque se salvó, su vida nunca fue fácil bajo el régimen de los vencedores</p><p class="subtitle">Poco antes de morir donó más de cincuenta piezas y todo su archivo a la villa de Santillana del Mar, donde hoy puede visitarse un museo con su nombre</p></div><p class="article-text">
        Jes&uacute;s Otero muri&oacute; c&eacute;libe el 23 de agosto de 1994 en la casa donde hab&iacute;a vivido la mayor parte de los d&iacute;as de una vida de 86 a&ntilde;os. La comitiva f&uacute;nebre solo tuvo que recorrer unas pocas calles para llegar a la Colegiata de Santillana del Mar, donde se celebr&oacute; el funeral. Desde su viejo taller, con sus ojos sin pupilas, las esculturas lo vieron partir en silencio.
    </p><p class="article-text">
        Renunci&oacute; a Par&iacute;s y a Madrid y se qued&oacute; en Santillana del Mar, donde encontr&oacute; una cantera de piedra arenisca que le alej&oacute; de la tentaci&oacute;n de alejarse. En los escudos her&aacute;ldicos que adornaban las fachadas de sus vecinos aprendi&oacute; que la piedra puede retorcerse como la rama de un &aacute;rbol o gotear como un grifo abierto. Era un ni&ntilde;o cuando sostuvo por primera vez un cincel contra la piedra sin forma. La escultura, dijo, fue siempre su &uacute;nica compa&ntilde;era.
    </p><p class="article-text">
        En 1920 retrat&oacute; a su familia siguiendo las ense&ntilde;anzas de los capiteles de la Colegiata que tantas veces visit&oacute; con los ojos despiertos del estudiante autodidacta. Ten&iacute;a 12 a&ntilde;os -cuando unos meses antes de morir le preguntaron cu&aacute;l era su pieza m&aacute;s querida se&ntilde;al&oacute; sin dudar a aquel relieve que conserv&oacute; durante toda su vida y que conten&iacute;a los rostros de sus padres, sus abuelos y sus hermanos- y una vocaci&oacute;n que no lo abandonar&iacute;a nunca.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Trabajaba como cantero en el Banco de Espa&ntilde;a de Santander cuando entr&oacute; en contacto con otro escultor joven, Daniel Alegre, y con dos pintores, Gerardo de Alvear y Ricardo Bernardo, con los que expuso por primera vez en una muestra colectiva en el Ateneo de Santander. Era 1924. Un muchacho de 16 a&ntilde;os y un talento para extraer la luz que se esconde dentro de una roca com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las esculturas de Otero, entonces y hasta el final de su vida, dieron vida en piedra a&nbsp; caballos y toros, osos y bisontes, carneros y cristos redentores. Trabajaba con t&eacute;cnicas cl&aacute;sicas porque intu&iacute;a que la &uacute;ltima palabra la tienen siempre las manos del artista. &ldquo;Escultura es lo que se talla a punterazo limpio, como bien sab&iacute;a Miguel &Aacute;ngel&rdquo;, dijo.
    </p><p class="article-text">
        Convencido de que hab&iacute;a futuro -y secretos a los que todav&iacute;a no pod&iacute;a acceder- en la escultura se inscribi&oacute; en la Escuela de Artes y Oficios. Poco despu&eacute;s de terminar sus estudios, en 1929, la Diputaci&oacute;n de Santander le concedi&oacute; una beca para completar su formaci&oacute;n en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; dos a&ntilde;os en Madrid y regres&oacute; a Cantabria en 1931. Para entonces se hab&iacute;a proclamado la II Rep&uacute;blica y Jes&uacute;s Otero frecuentaba los ambientes art&iacute;sticos de Santander y Torrelavega. De Madrid trajo encargos y la influencia de dos escultores que pueden rastrearse en sus trabajos posteriores: Emiliano Barral y Victorio Macho.
    </p><p class="article-text">
        Otero bocetaba cuidadosamente antes de empezar a trabajar y, aunque siempre prioriz&oacute; la piedra, no renunci&oacute; a otros materiales como el bronce y la madera. Se acercaba a ellos con una devoci&oacute;n casi religiosa. La obra nac&iacute;a en el papel y desde el papel se trasladaba a las tres dimensiones. En ese camino del dise&ntilde;o a la realidad el escultor impone su voluntad al material, que solo se doblega cuando la mano renuncia a la perfecci&oacute;n imposible. Otero trabaj&oacute; hasta el final de su vida. Su &uacute;ltimo proyecto, que no cruz&oacute; la frontera del papel, se titulaba <em>Altruismo, paz y ternura a manos llenas. </em>
    </p><p class="article-text">
        Tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936 se alist&oacute; como soldado voluntario para defender la Rep&uacute;blica. Fue nombrado delegado de Bellas Artes de Santillana del Mar con la misi&oacute;n de defender el patrimonio art&iacute;stico de la ciudad y cuando la Rep&uacute;blica cay&oacute; lo condenaron a muerte dos veces. Pas&oacute; m&aacute;s de dos a&ntilde;os de c&aacute;rcel en c&aacute;rcel -Burgos, Santo&ntilde;a, Bilbao, Alcal&aacute; de Henares y Santander- esperando una sentencia que nunca lleg&oacute;. Cuando fue puesto en libertad, en 1941, regres&oacute; a Santillana, a su casa de siempre, con la convicci&oacute;n de que todo hab&iacute;a terminado.
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         La vida no fue f&aacute;cil para Otero bajo el r&eacute;gimen de los vencedores. Como tantos otros republicanos que no marcharon al exilio vivi&oacute; dentro de un espacio de sospecha y desconfianza. Trabaj&oacute;, como hab&iacute;a hecho siempre, con las piedras de la cantera de Santillana y en la hostilidad encontr&oacute; la ayuda inesperada del gobernador civil de Santander, Joaqu&iacute;n Reguera de la Sevilla, que le encarg&oacute; cinco relieves para el pabell&oacute;n de Santander en la Feria de Campo de Madrid y un Cristo para el Ministerio de la Vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Consigui&oacute; reincorporarse a la vida art&iacute;stica. A finales de los a&ntilde;os cuarenta se aproxim&oacute; a la escuela de Altamira y al grupo Proel. Recibi&oacute; encargos p&uacute;blicos, como el monumento al nacimiento del Ebro en Fontibre de 1951, pero nunca lleg&oacute; a liberarse de la vigilancia de sus antiguos carceleros. En 1955, mientras realizaba unas excavaciones arqueol&oacute;gicas, fue acusado de cavar refugios para los maquis y obligado a abandonar los trabajos.
    </p><p class="article-text">
        En 1957 gan&oacute; una medalla de la Exposici&oacute;n Nacional de Bellas Artes con su obra <em>Toro</em> y se le permiti&oacute; exponer con mayor frecuencia. Aumentaron los encargos, casi siempre de tem&aacute;tica religiosa. Los relieves <em>Dejad que los ni&ntilde;os se acerquen a m&iacute; </em>-realizado en 1954 para la Iglesia de la Virgen Grande- y <em>Beato de Li&eacute;bana</em> -de 1973, para el Monasterio de Santo Toribio- son los trabajos m&aacute;s representativos de su madurez.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Con la democracia llegaron los reconocimientos y las retrospectivas. Otero sigui&oacute; trabajando, con su piedra y sus herramientas de siempre. En diciembre de 1993 don&oacute; la totalidad de sus archivos y m&aacute;s de cincuenta piezas al municipio de Santillana del Mar. Para entonces era un anciano con barba de ermita&ntilde;o que sab&iacute;a que el final se acercaba. Tras su muerte un grupo de amigos y admiradores crearon la Fundaci&oacute;n Jes&uacute;s Otero y, a trav&eacute;s de ella, un museo con las piezas donadas a la villa en el antiguo cuartel de la Guardia Civil.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del museo, sus obras, con rasgos del rom&aacute;nico, del renacimiento y del arte de los primeros hombres -sus bisontes son los bisontes de Altamira- se encuentran hoy repartidas en ciudades como Santander, Madrid, Miami o Cartagena de Indias. En ellas se guardan los secretos que Otero consigui&oacute; arrancarle a la piedra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/jesus-otero-secreto-arrancado-piedra_132_2765727.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Jun 2018 16:33:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jesús Otero, el secreto arrancado a la piedra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Esculturas,Cántabros con historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Alonso, que el arte prescinda del arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/angel-alonso-arte-prescinda_132_2113942.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aaac24c2-a907-40f0-9a8d-8580ce808aed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ángel Alonso. | MARTA LÓPEZ"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue un pintor vanguardista que experimentó con materiales de todo tipo para crear una obra que desafía al espectador. Se mantuvo por voluntad propia lejos de los circuitos comerciales y rechazó ofertas de importantes galerías.</p><p class="subtitle">Después de la Guerra Civil fue condenado a muerte y deportado a Fuerteventura, de donde escapó en 1947 para exiliarse en Francia. Vivió en París durante el resto de su vida y solo tras su muerte su obra empezó a ser reconocida en España.</p></div><p class="article-text">
        Es la historia de un hombre que quer&iacute;a estar solo. Que buscaba la soledad, que se alimentaba de ella. Pintaba el color y la luz, en una casa en el campo adonde no llegaban noticias del pa&iacute;s del que hab&iacute;a desistido mucho tiempo atr&aacute;s, cuando cruz&oacute; la frontera. &Aacute;ngel Alonso era un artista emparentado con la filosof&iacute;a. En una ocasi&oacute;n dijo: &ldquo;Haz de la fealdad tu desaf&iacute;o&rdquo;. Y tambi&eacute;n: &ldquo;Necesitamos otros sentimientos que no sean el miedo, el amor, la violencia y la belleza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De ese abanico se sentimientos posibles donde el arte deb&iacute;a encontrar un camino Alonso escogi&oacute; la soledad. Se lo explic&oacute; a Mar&iacute;a Zambrano en una carta en la que expon&iacute;a su deseo de renunciar a la nacionalidad espa&ntilde;ola. La fil&oacute;sofa le contest&oacute;: &ldquo;Quieres abrazarte a la soledad, apurar la soledad en que Espa&ntilde;a nos deja, sin mezcla, sin paliativos. Soledad es amor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;ngel Alonso, nacido en Laredo en 1923, se encontr&oacute; con la guerra siendo un adolescente. En el orden roto de los frentes de batalla, las trincheras, la retaguardia, los h&eacute;roes, los traidores y los esp&iacute;as, fue detenido tras la ca&iacute;da de Bilbao y condenado a muerte por el ej&eacute;rcito franquista. Su familia present&oacute; una petici&oacute;n de clemencia -Alonso ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os- que fue aceptada. Regres&oacute; a casa pero unos meses despu&eacute;s fue arrestado por negarse a cumplir el servicio militar. Lo acusaron de desertor y lo deportaron a Fuerteventura.
    </p><p class="article-text">
        En las playas batidas por el Atl&aacute;ntico reeduc&oacute; su vocaci&oacute;n por la pintura. Aprendi&oacute; de los distintos tonos de la tierra y de la textura de las rocas volc&aacute;nicas. Se acerc&oacute; por primera vez y para siempre a la soledad -la soledad que conoce un muchacho preso en una isla a&nbsp;2.000 kil&oacute;metros del pueblo donde naci&oacute;- y refund&oacute; su futuro de huido del pat&iacute;bulo a partir de un principio que cumplir&iacute;a con devoci&oacute;n religiosa: no pertenecer a nada ni a nadie.
    </p><p class="article-text">
        Escap&oacute; en 1947.
    </p><p class="article-text">
        Se instal&oacute; en Par&iacute;s. Se convirti&oacute; en un pintor -Par&iacute;s estaba lleno de pintores- exiliado -Par&iacute;s estaba lleno de exiliados- y se prometi&oacute; a s&iacute; mismo que nunca volver&iacute;a a Espa&ntilde;a. Estuvo a punto de romper su promesa varias veces, ya al final de su vida, cuando sobre la costra de las heridas de la guerra hab&iacute;a crecido una piel nueva, pero una y otra vez declin&oacute; subir a un tren que lo devolviera a casa.
    </p><p class="article-text">
        En 1950 el Gobierno espa&ntilde;ol reclam&oacute; su entrega a las autoridades francesas.
    </p><p class="article-text">
        Se entablaron negociaciones.
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         Para Alonso el regreso supon&iacute;a el fin de todas las cosas que ya no ser&iacute;an posibles. Fueron sus amigos pintores -Henri Calet, Michel Leiris, Pierre Descargues- quienes impidieron la entrega a trav&eacute;s de un comit&eacute; que consigui&oacute; influir en la decisi&oacute;n del Gobierno franc&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En aquel grupo de rom&aacute;nticos antifascistas, exiliados y artistas se encontraba Mar&iacute;a Zambrano, con la que Alonso mantuvo una estrecha relaci&oacute;n de correspondencia, visitas y amigos comunes. Con la ayuda de Zambrano, Emil Cioran, Viera da Silva y Pierre Tal-Coat, de poetas, pintores y galeristas, Alonso encontr&oacute; un espacio entre los artistas del Par&iacute;s de los a&ntilde;os cincuenta.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de que el Gobierno franc&eacute;s rompiera las conversaciones con el r&eacute;gimen de Franco para su entrega Alonso se instal&oacute; en un estudio de Genainvilliers, a las afueras de Par&iacute;s, y consagr&oacute; el resto de su vida al aislamiento y la soledad.
    </p><p class="article-text">
        Ley&oacute; y ley&oacute; la <em>Carta sobre el Exilio</em> de Mar&iacute;a Zambrano. Muchas veces se detuvo en l&iacute;neas como esta: &ldquo;El exiliado est&aacute; ah&iacute; como si naciera, sin m&aacute;s &uacute;ltima, metaf&iacute;sica, justificaci&oacute;n que esa: tener que nacer como rechazado de la muerte, como superviviente: se siente, pues, casi del todo inocente, puesto que, &iquest;qu&eacute; remedio tiene sino nacer?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su obra y su vida transcurrieron en un silencio apenas quebrado en apariciones espor&aacute;dicas. Dijo: &ldquo;El sentido de la pintura es la crisis&rdquo;. Por voluntad propia se mantuvo al margen de los circuitos comerciales y rechaz&oacute; ofertas de importantes galer&iacute;as que quisieron mostrar sus cuadros. Otro de sus aforismos: &ldquo;No hay buenos ni malos pintores, solo hay ineptos e imb&eacute;ciles que aplauden&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Genainvilliers era entonces un pueblo con vistas a un paisaje sin urbanizar que espole&oacute; el talento autodidacta de Alonso. Con materiales recogidos en los alrededores de su estudio creaba los colores que despu&eacute;s utilizaba en sus cuadros. Cioran lo describi&oacute; una vez como un &ldquo;monje her&eacute;tico que se matar&iacute;a al instante si lo mandaran exiliado al para&iacute;so&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Experimentaba.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         En 1982 Pierre Tal-Coat le cedi&oacute; su estudio de Par&iacute;s. Desde entonces, Alonso altern&oacute; Genainvilliers con la ciudad. Pint&oacute; mientras su salud se lo permiti&oacute; y cuando enferm&oacute; sigui&oacute; pintando. Durante sus &uacute;ltimos a&ntilde;os permiti&oacute; exposiciones puntuales. Su obra evolucion&oacute; hacia la juventud. Recuper&oacute; el color de sus primeros a&ntilde;os y dej&oacute; de lado el blanco y negro de su madurez. Para entonces se hab&iacute;a resignado a abandonar Genainvilliers y se hab&iacute;a instalado de forma definitiva en Par&iacute;s, donde muri&oacute; en 1994, lejos del pa&iacute;s al que hab&iacute;a jurado no regresar nunca.
    </p><p class="article-text">
        Su obra es la obra de un pintor sin escuela, un provocador que desaf&iacute;a al espectador con explosiones de color que abandonan el lienzo y manchan el marco, con simetr&iacute;as &aacute;speras y texturas imposibles. En sus cuadros hay tierra, piedras, madera, carb&oacute;n, cualquier material es susceptible de ser incorporado a la pintura, que crece y multiplica sus significados.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a se le apreci&oacute; tarde. La Fundaci&oacute;n Marcelino Bot&iacute;n fue la primera en organizar, en 1996, una retrospectiva de su obra. En 2009 el Centro de Arte Reina Sof&iacute;a adquiri&oacute; buena parte de sus obras y sus archivos -escritos, correspondencia- pasaron a custodia del Estado espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Era, seg&uacute;n quienes le conocieron, un hombre de car&aacute;cter fuerte, introspectivo, con un punto c&iacute;nico y vocaci&oacute;n de alquimista. &ldquo;Que el arte prescinda del arte, que la pintura prescinda del color, un poco de soledad le vendr&aacute; muy bien&rdquo;, dijo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/angel-alonso-arte-prescinda_132_2113942.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 May 2018 19:29:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ángel Alonso, que el arte prescinda del arte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cántabros con historia,Pintura,Guerra Civil Española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leonora Carrington, la última surrealista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/leonora-carrington-ultima-surrealista_132_2137576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15a5dede-9fa2-41cb-b2bc-1353694dbb56_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Leonora Carrington. | CLAUDIA BARROS"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los cuadros de la pintora británica, con una traumática estancia en Cantabria, transportan a un mundo tenebroso de símbolos y significados ocultos</p><p class="subtitle">Durante la II Guerra Mundial estuvo internada en un centro psiquiátrico de Santander, una experiencia que le marcó y quedó reflejada en su obra</p></div><p class="article-text">
        En las pinturas de Leonora Carrington hay figuras grotescas, aquelarres, animales antropomorfos, laberintos, lic&aacute;ntropos, cad&aacute;veres, sombras, cielos estrellados, magnetismo. Tomemos, por ejemplo, <em>The Temptation of St. Anthony,</em> su obra m&aacute;s cara, subastada por la casa Sothebys en 2014 por 2.629.000 euros. La pintura se basa en un cuadro del mismo t&iacute;tulo de Hyeronimus Bosch, El Bosco, y muestra en primer t&eacute;rmino a una figura envuelta en ropajes blancos, con manos y pies diminutos, sin cabeza; en el regazo c&oacute;ncavo de la figura tres ancianos de larga barba contenidos dentro de s&iacute; mismos como mu&ntilde;ecas rusas observan el curso de un r&iacute;o que un hombre arrodillado vierte desde un &aacute;nfora romana. La escena se completa con un reba&ntilde;o de ovejas, un cerdo tendido a los pies del santo, cinco mujeres que extienden el velo de una sexta mujer que toca una trompeta retorcida y una misteriosa figura vestida de rojo que remueve un caldero que burbujea.
    </p><p class="article-text">
        En una &eacute;poca, los a&ntilde;os treinta del siglo XX, en la que el surrealismo se convirti&oacute; en una corriente de vanguardia reconocible  -relojes fundidos, hombres con cabeza de manzana, cosmolog&iacute;as delirantes- muchos se preguntaban de d&oacute;nde sacaba Carrington unas im&aacute;genes tan perturbadoras. Andr&eacute; Bret&oacute;n ten&iacute;a una teor&iacute;a: consideraba a Carrington una embajadora de otro mundo, una bruja y una profetisa, alguien que hab&iacute;a estado al otro lado y regresaba para desvelar paisajes secretos y criaturas terribles.
    </p><p class="article-text">
        Leonora Carrington naci&oacute; en Lancashire en 1917, un a&ntilde;o antes de la firma del armisticio de la Primera Guerra Mundial. De su familia dijo, en una entrevista publicada en <em>El Pa&iacute;s</em> en 1993: &ldquo;Mi padre, protestante, era un hombre de negocios, y mi madre, cat&oacute;lica, era hija de un m&eacute;dico rural y pintaba cajas de galletas para el ropero de la iglesia. En ese ambiente me cri&eacute;. Yo ya dibujaba caballos de ni&ntilde;a, y me sal&iacute;, pese a la oposici&oacute;n de mi casa, con la m&iacute;a. Al final estudi&eacute; arte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1937 conoci&oacute; en Londres a Max Ernst, maestro alem&aacute;n del surrealismo, por entonces uno de los pintores m&aacute;s cotizados del mundo. De aquel primer encuentro surgi&oacute; un segundo, esta vez en Par&iacute;s, definitivo. Ernst, de 47 a&ntilde;os, y Carrington, de 20, se enamoraron y se instalaron juntos en una casa de campo en Saint Martin d&rsquo;Ardeche que todav&iacute;a conserva en la fachada un relieve en el que Ernst aparece representado como un Loplop - un animal mitol&oacute;gico recurrente en su obra - y Carrington como una novia del viento.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Todo termin&oacute; meses despu&eacute;s cuando el r&eacute;gimen de Vichy detuvo a Ernst por su participaci&oacute;n en el movimiento <em>Freier</em> <em>K&uuml;nstlerbund</em>, un grupo de intelectuales antifascistas. Era el a&ntilde;o 1939. Ernst fue internado en el campo de concentraci&oacute;n de Les Milles y Carrington, sola y sobrepasada, viaj&oacute; hasta Espa&ntilde;a en coche a trav&eacute;s de Andorra con la esperanza de conseguir un salvoconducto para su amante en Madrid. Para entonces sufr&iacute;a lo que ella calific&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s como s&iacute;ndrome de guerra: era una joven de 22 a&ntilde;os consumida f&iacute;sicamente, agotada y al borde de la depresi&oacute;n. Las gestiones de Carrington no obtuvieron resultados y en 1940, mientras intentaba dejar Espa&ntilde;a, su padre coordin&oacute; con el c&oacute;nsul brit&aacute;nico en Madrid su internamiento en un centro psiqui&aacute;trico de Santander.
    </p><p class="article-text">
        Carrington fue sedada con luminal y trasladada en coche hasta el sanatorio que dirig&iacute;a el doctor Luis Morales en las inmediaciones de El Sardinero. La artista cont&oacute; sus experiencias en un libro cat&aacute;rtico titulado <em>Memorias de abajo</em>: &ldquo;No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo permanec&iacute; atada y desnuda. Yac&iacute; varios d&iacute;as y noches sobre mis propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos, cuyas picaduras me pusieron un cuerpo horrible; cre&iacute; que eran los esp&iacute;ritus de todos los espa&ntilde;oles aplastados, que me echaban en cara mi internamiento, mi falta de inteligencia y mi sumisi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En aquella ciudad que no conoc&iacute;a Carrington recibi&oacute; un tratamiento brutal durante medio a&ntilde;o. Pas&oacute; por tres sesiones de terapia mediante <em>cardiazol</em>, un estimulante card&iacute;aco que provocaba convulsiones similares a las de un ataque epil&eacute;ptico. El m&eacute;todo, desarrollado por el m&eacute;dico h&uacute;ngaro Ladislaus von Meduna en 1933, se utilizaba para tratar a pacientes esquizofr&eacute;nicos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
         La estancia de pesadilla en el sanatorio de Morales permaneci&oacute; en la memoria de la artista como ese &ldquo;otro lado&rdquo; del que, seg&uacute;n Bret&oacute;n, Carrington hab&iacute;a tra&iacute;do las im&aacute;genes que plasm&oacute; en sus pinturas. En <em>Memorias de abajo </em>habl&oacute; de abusos sexuales, condiciones insalubres y drogas alucin&oacute;genas. Se ha argumentado que, debido al estado en que la artista se encontraba en el momento de su internamiento, no todas las afirmaciones del libro deben tomarse por ciertas. Hay afirmaciones que se contradicen y los bi&oacute;grafos han encontrado siempre dificultades para trazar una l&iacute;nea clara entre la realidad y el surrealismo, entre verdad y s&iacute;mbolo.
    </p><p class="article-text">
        En 1993, en una tribuna en <em>El Pa&iacute;s</em>, el doctor Morales justificaba el tratamiento de Carrington en su sanatorio. &ldquo;En 1941 Leonora era una paciente de un f&aacute;cil diagn&oacute;stico de psicosis de Kleist o marginal; mas esta enfermedad pod&iacute;a ser sintom&aacute;tica, como protesta de su arte surrealista&rdquo;. Casi sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s de tratarla el doctor segu&iacute;a achacando la &ldquo;enfermedad&rdquo; de Carrington a &ldquo;la ansiedad con la que defend&iacute;a su surrealismo&rdquo;. Y conclu&iacute;a: &ldquo;Leonora san&oacute; al adaptarse a la sociedad de entonces&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;sociedad de entonces&rdquo; que juzg&oacute; enferma a Leonora Carrington, encontraba perturbadora la rebeld&iacute;a de una mujer que no concordaba con los roles que se le hab&iacute;an reservado. En la Europa de 1940 una mujer independiente capaz de destacar en una disciplina, el arte, reservada a los hombres, era una anomal&iacute;a que necesitaba ser reintegrada. 
    </p><p class="article-text">
        Escap&oacute; de la pesadilla durante un viaje a Lisboa, donde su padre pretend&iacute;a embarcarla hacia una nueva cl&iacute;nica en Sud&aacute;frica. En un descuido de su acompa&ntilde;ante subi&oacute; a un taxi y pidi&oacute; que la llevaran a la embajada de M&eacute;xico, donde la esperaba el poeta Renato Laduc. Se casaron por mediaci&oacute;n de Picasso para que Carrington pudiera escapar de la tutela de su padre y aprovechar el pasaporte diplom&aacute;tico de Laduc, que trabajaba como secretario en la embajada.
    </p><p class="article-text">
        En Lisboa volvi&oacute; a encontrarse con Ernst, reci&eacute;n escapado de Les Milles y acompa&ntilde;ado por la millonaria estadounidense Peggy Guggenheim, con la que se casar&iacute;a poco despu&eacute;s. Ernst y Guggenheim viajaban acompa&ntilde;ados por sus exparejas y sus hijos y esperaban un barco hacia Estados Unidos. Para entonces la casa compartida en Saint Martin d&rsquo;Ardeche quedaba demasiado lejos, en otra vida. Carrington y Laduc dejaron Lisboa para trasladarse a M&eacute;xico y disolvieron el matrimonio una vez cumplido el objetivo de escapar de Europa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Andr&eacute; Bret&oacute;n sosten&iacute;a que M&eacute;xico era &ldquo;la patria natural del surrealismo&rdquo;. Si Bret&oacute;n estaba en lo cierto Carrington no pudo encontrar un lugar mejor para su exilio. En M&eacute;xico se cas&oacute; con el artista h&uacute;ngaro Chiki Weisz, con el que tuvo dos hijos y frecuent&oacute; la compa&ntilde;&iacute;a de exiliados espa&ntilde;oles y de artistas e intelectuales mexicanos. Su amistad con Remedios Varo, tambi&eacute;n pintora y tambi&eacute;n surrealista, le ayud&oacute; a encontrar nuevos caminos en su obra.
    </p><p class="article-text">
        Salvo un breve periodo de tiempo en los a&ntilde;os 60 durante el que se traslad&oacute; a Nueva York -el grupo de los surrealistas hab&iacute;a vuelto a reunirse para descubrir que hab&iacute;an envejecido mientras el mundo, acabada la guerra, volv&iacute;a a ser joven- Carrington vivi&oacute; el resto de su vida en el pa&iacute;s azteca, donde muri&oacute; el 25 de mayo de 2011 a los 94 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Siempre asegur&oacute; que pintaba para ella misma porque no conceb&iacute;a que otros pudieran interesarse en sus obras y fue una de las pocas integrantes del surrealismo que escap&oacute; del influjo del psicoan&aacute;lisis porque nunca quiso leer a Freud. En sus cuadros abundan los s&iacute;mbolos, la magia y el ocultismo. Sus pinturas -sus figuras misteriosas, sus rostros expresivos, su luz y su tenebrismo- contienen la clave de una vida intensa marcada por una estancia de pesadilla en un sanatorio de Santander. Fue la &uacute;ltima surrealista. En cierta ocasi&oacute;n dijo: &ldquo;Nunca tuve tiempo para ser la musa de nadie. Estaba demasiado ocupada rebel&aacute;ndome contra mi familia y aprendiendo a ser una artista&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/leonora-carrington-ultima-surrealista_132_2137576.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 May 2018 20:04:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Leonora Carrington, la última surrealista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pintura,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Quintanilla, el republicano que pintó los otros Guernicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/luis-quintanilla-pinturas-guerra_132_2161939.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a17d16a-95bf-4d07-8ca6-4577a8a410f4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración del artista Luis Quintanilla. | Dani Fernández."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Quintanilla (Santander, 1893 - Madrid, 1978) fue uno de los pintores españoles más destacados de la primera mitad del siglo XX</p><p class="subtitle">Su obra 'Ama la paz y odia la guerra', encargada por el Gobierno de la República para la Exposición Universal de 1939, muestra los horrores de la Guerra Civil</p><p class="subtitle">La obra, perdida en los años 40, apareció en 1990 en un cine porno de Nueva York y se expone actualmente en el Paraninfo de la Universidad de Cantabria</p></div><p class="article-text">
        En 1912 se instal&oacute; en Montmartre para hacerse pintor. Alquil&oacute; un estudio y se present&oacute; a los vecinos: Luis Quintanilla Isasi, de Santander. Ten&iacute;a 19 a&ntilde;os. Miraba a su alrededor y ve&iacute;a el lugar exacto en el momento adecuado. Hab&iacute;a llegado a Francia escapando de una vida que no le pertenec&iacute;a: era un ni&ntilde;o de 1893 nacido en una familia acomodada que lo quer&iacute;a abogado y respetable; para esquivar los estudios de Derecho se matricul&oacute; en la Escuela de Na&uacute;tica, que no termin&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Par&iacute;s, entonces, era una fiesta que hac&iacute;a justicia a los recuerdos de juventud de quienes sobrevivieron para escribir sus memorias. En los callejones bull&iacute;a una ciudad despreocupada y alegre que nunca frunc&iacute;a el ce&ntilde;o. Era el Par&iacute;s cubista que preparaba una revoluci&oacute;n en v&iacute;speras de la Gran Guerra. En los caf&eacute;s los pintores alternaban con esp&iacute;as, prostitutas y escritores modernistas. Quintanilla se infiltr&oacute; en el ambiente de la mano de Juan Gris y durante un tiempo sobrevivi&oacute; como boxeador, hasta que alguien le convenci&oacute; de que los golpes en la cabeza afectan al pulso y desorientan el pincel.
    </p><p class="article-text">
        Conoci&oacute; a Modigliani, a Degas, a Chagall. Aprendi&oacute; nuevas formas de mirar. Viaj&oacute; a Alemania para estudiar la obra de los maestros expresionistas y complet&oacute; una formaci&oacute;n s&oacute;lida que le ayudar&iacute;a a cruzar las siguientes d&eacute;cadas como un pintor cotizado. Pero entonces mataron a un archiduque en Sarajevo y se abrieron las trincheras. Los soldados marchaban al frente, Europa se preparaba para la guerra. Quintanilla regres&oacute; a Espa&ntilde;a. Hab&iacute;a civilizado su talento natural, se hab&iacute;a convertido en pintor.
    </p><p class="article-text">
        Viaj&oacute; durante meses con un cuaderno de dibujo por el pa&iacute;s que hab&iacute;a perdido para ilustrar un libro que nunca fue publicado. Frecuent&oacute; tertulias art&iacute;sticas y trabaj&oacute; en los decorados de una pel&iacute;cula sobre una obra de Jacinto Benavente. En 1920 regres&oacute; a Par&iacute;s. Altern&oacute; con Hemingway en tardes de caf&eacute; con sabor a ep&iacute;logo. Por el barrio de los pintores, despu&eacute;s de la guerra, planeaban sombras densas. Volvi&oacute; a Berl&iacute;n, al expresionismo pendiente. Aprendi&oacute; nuevas t&eacute;cnicas: el repujado en cuero y el grabado con buril. En 1924 obtuvo una beca para viajar a Italia. En el pa&iacute;s del Renacimiento estudi&oacute; el arte de la pintura al fresco. En aquellas paredes viejas de monasterios, iglesias y palacios Quintanilla encontr&oacute; algo decisivo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Pero Europa parec&iacute;a incapaz de aguantar sin resquebrajarse. Mussolini y los camisas negras marchaban hacia Roma prefigurando climas hostiles, anunciando las guerras que vendr&iacute;an. Del asalto fascista a las instituciones italianas aprendi&oacute; Quintanilla que una sociedad justa, como la felicidad, se construye con esfuerzo y se defiende con las propias manos. Que los enemigos no descansan.
    </p><p class="article-text">
        A su vuelta a Espa&ntilde;a pint&oacute; frescos por encargo en el Palacio de Liria, en el Pabell&oacute;n de la Naci&oacute;n de Buenos Aires en la Exposici&oacute;n de Colonia, en el Consulado de Hendaya y en la Ciudad Universitaria de Madrid. En 1934 expuso su colecci&oacute;n de grabados en la Biblioteca Nacional. Son a&ntilde;os de reconocimiento y consagraci&oacute;n. Tambi&eacute;n de lucha pol&iacute;tica. La experiencia italiana lo mantiene alerta. Comprende que los tiempos requieren acciones concretas.
    </p><p class="article-text">
        En los meses previos a la revuelta de octubre, la polic&iacute;a encontr&oacute; un Comit&eacute; Revolucionario al completo en el estudio de Quintanilla. Durante su estancia en la c&aacute;rcel bocet&oacute; a sus compa&ntilde;eros de celda y cuando recuper&oacute; la libertad public&oacute; el resultado en un libro, <em>La c&aacute;rcel por dentro</em>, que cruz&oacute; la frontera para avisar al mundo de la tensa situaci&oacute;n espa&ntilde;ola. En Nueva York Hemingway y Dos Passos consiguieron exponer parte de los grabados en la galer&iacute;a Pierre Matisse. Lleg&oacute; el a&ntilde;o 1936. Lleg&oacute; julio, lleg&oacute; el verano y lleg&oacute; la guerra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue soldado y esp&iacute;a en defensa de la Rep&uacute;blica, particip&oacute; en el asalto al cuartel de la Monta&ntilde;a y en el asedio del alc&aacute;zar de Toledo y organiz&oacute; la red Quintanilla, una telara&ntilde;a de esp&iacute;as que oper&oacute; en el Pa&iacute;s Vasco franc&eacute;s. En 1937, siguiendo &oacute;rdenes de Negr&iacute;n, recorri&oacute; el frente atrapando im&aacute;genes. Un a&ntilde;o despu&eacute;s recibi&oacute; el encargo que ejerce como frontera en su biograf&iacute;a: cinco frescos para la Exposici&oacute;n Universal de 1939 en Nueva York.
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        Cuando Quintanilla titul&oacute; la obra <em>Ama la paz, odia la guerra</em> era consciente del peso de las palabras que escog&iacute;a. Viaj&oacute; a Estados Unidos para crear un conjunto que deb&iacute;a denunciar la intromisi&oacute;n fascista en la democracia espa&ntilde;ola. Prepar&oacute; cinco grandes paneles m&oacute;viles sobre los que aplic&oacute; dos estratos a base de cal y polvo de m&aacute;rmol. Eligi&oacute; cinco nombres: hambre, soldados, dolor, destrucci&oacute;n y huida. Y pint&oacute;, durante meses, bas&aacute;ndose en su propia experiencia, la experiencia universal de la humanidad en guerra.
    </p><p class="article-text">
        Pint&oacute; madres desesperadas, ni&ntilde;os detenidos en el tiempo, soldados tristes. Pint&oacute; sobre fondos de color pastel a los muertos desnudos. Pint&oacute; rostros espectrales, ojos cerrados, ciudades rotas. Pint&oacute; el desamparo, el miedo, la angustia y la dignidad de las v&iacute;ctimas, el dolor invencible de los derrotados.
    </p><p class="article-text">
        Era una obra que no pod&iacute;a contemplarse con impunidad. Cuando la guerra termin&oacute; en 1939 los frescos de Quintanilla fueron inutilizados por el Gobierno de Franco, que impidi&oacute; su exhibici&oacute;n en la Exposici&oacute;n Universal para la que hab&iacute;an sido concebidos. Los frescos pasaron al territorio de la memoria y de la memoria al olvido. Quintanilla asegur&oacute; que se hab&iacute;an perdido en una inundaci&oacute;n que derrumb&oacute; el techo del almac&eacute;n donde los guardaba.
    </p><p class="article-text">
        El mundo crey&oacute; la versi&oacute;n del pintor. Comenzaba la Segunda Guerra Mundial y los recuerdos eran un art&iacute;culo de lujo. Quintanilla encontr&oacute; trabajo en Hollywood como escen&oacute;grafo y retratista de estrellas de cine. Durante a&ntilde;os vivi&oacute; de su trabajo en un apartamento de la calle ocho de Nueva York con su esposa y su hijo. El declive empez&oacute; sin hacer ruido, casi imperceptible, hasta que un d&iacute;a dejaron de llegar encargos. La decisi&oacute;n fue dr&aacute;stica, como todas las decisiones meditadas: en 1958, con 65 a&ntilde;os, Quintanilla dio por terminado su matrimonio y se traslad&oacute; a Par&iacute;s en un intento desesperado de recuperar el cr&eacute;dito y la juventud. Pero ni Par&iacute;s ni Quintanilla eran ya los mismos de 1912.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo que duele en el hombre casi anciano que se resiste a su destino que nos obliga a seguir mirando. En una escena veros&iacute;mil y por tanto tan real como cualquier otro apunte biogr&aacute;fico Quintanilla recorre el barrio de sus a&ntilde;os de formaci&oacute;n con Ernest Hemingway. El pintor y el escritor, afectados por el mismo tumor de nostalgia, exigen al mundo que se detenga, al tiempo que retroceda. Fuman, recuerdan, se emborrachan, infantiles y vivarachos. Hemingway se pegar&aacute; un tiro pocos meses despu&eacute;s, Quintanilla vivir&aacute; lo suficiente para morir en Madrid en 1978, en el 40 aniversario de su marcha al exilio.
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        Queda el ep&iacute;logo, el destino de cinco frescos olvidados que aparecieron en 1990 en los pasillos de un cine porno en el 144 de Bleeker Street, en el Village de Nueva York. Quintanilla minti&oacute;, por supuesto. No hubo inundaci&oacute;n, ning&uacute;n derrumbe arruin&oacute; las pinturas. El artista las hab&iacute;a cedido a la Free World House, una organizaci&oacute;n antifascista que cerr&oacute; en 1946 dejando paso a un restaurante. El nuevo due&ntilde;o del local hered&oacute; los frescos y pidi&oacute; al artista Sydney Simon que los repintara. Simon reconoci&oacute; la mano de Quintanilla y se neg&oacute; a cumplir el encargo.
    </p><p class="article-text">
        Las pinturas fueron arrinconadas en un pasillo de emergencias. El restaurante cerr&oacute; en 1962 para mutar en un cine de arte y ensayo que quebr&oacute; sin hacer ruido. Fue adquirido por un empresario llamado John Souto que lo convirti&oacute; en un cine porno gay. Los frescos siguieron acumulando polvo e insectos, ajenos a los movimientos en el registro de la propiedad del inmueble. Cuando el cine cerr&oacute; un periodista de <em>The&nbsp;New York Times</em> encontr&oacute; <em>Ama la paz y odia la guerra</em> entre los despojos de medio siglo de negocios fallidos.
    </p><p class="article-text">
        Los frescos fueron autentificados y adquiridos en 2006 por la Universidad de Cantabria tras a&ntilde;os de negociaciones con Souto y desde el a&ntilde;o 2007 pueden&nbsp; visitarse en el Paraninfo de la Universidad en Santander. Lejos de Nueva York y de 1939 las pinturas de guerra de Luis Quintanilla siguen vivas, tan vigentes como su mensaje de paz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/luis-quintanilla-pinturas-guerra_132_2161939.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Apr 2018 18:42:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Luis Quintanilla, el republicano que pintó los otros Guernicas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cántabros con historia,Cantabria,Pintura,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juanín, el guerrillero antifranquista que resistió en el monte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/juanin-persistencia-memoria_132_2856626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3639e5a1-02f6-474d-858d-09a4a041adad_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Juan Fernández Ayala. | MIGUEL MENOCAL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Juan Fernández Ayala fue uno de los últimos maquis emboscados durante la dictadura franquista. Junto a su compañero Paco Bedoya se convirtió en un mito de la resistencia antifascista</p><p class="subtitle">Juanín pasó a la historia por su increíble capacidad de resistencia, que le permitió sobrevivir en el monte durante más de una década. Su muerte en 1957, abatido por la Guardia Civil, marcó el final del maquis en Cantabria</p></div><p class="article-text">
        Naci&oacute; en Potes, en 1917, un ni&ntilde;o como tantos, un ni&ntilde;o de la pobreza, empez&oacute; a trabajar a los once a&ntilde;os, la vida entonces era un lugar desapacible, se afili&oacute; a las Juventudes Socialistas Unificadas en 1934, que no fue un a&ntilde;o cualquiera, y en julio de 1936, d&iacute;as despu&eacute;s del alzamiento militar, se inscribi&oacute; como voluntario en el ej&eacute;rcito de la Rep&uacute;blica. Lo enviaron al frente, form&oacute; parte del Batall&oacute;n Ochand&iacute;a, se le recuerda valeroso, insistente, hay muchas formas de pelear las guerras y &eacute;l supo siempre cu&aacute;l era la suya, y en agosto de 1937, cuando Santander fue vencida, tambi&eacute;n &eacute;l cay&oacute;, lo apresaron los enemigos victoriosos, que lo sentaron frente a un tribunal militar y lo condenaron a muerte. Se salv&oacute; porque su hermano era un camisa vieja de la Falange con los contactos necesarios para conmutar sentencias. Le cambiaron la muerte por doce a&ntilde;os de prisi&oacute;n, cumpli&oacute; cuatro y qued&oacute; en libertad con la condici&oacute;n de presentarse todas las semanas en el cuartel de la Guardia Civil para que le dieran una paliza, escap&oacute;, se ech&oacute; al monte, se convirti&oacute; en algo parecido a un ser mitol&oacute;gico, una de esas criaturas extra&ntilde;as que acechan en los bosques, que sobreviven desollando conejos y cuidan de los ni&ntilde;os perdidos. Bastaba su nombre, y a los vencidos les brillaban los ojos, como si su nombre fuera una puerta de acceso al pasado, donde se segu&iacute;a librando la guerra, donde la Rep&uacute;blica iba ganando. Se llamaba Juan Fern&aacute;ndez Ayala, pero nadie le llamaba Juan. Era y fue siempre Juan&iacute;n, el &uacute;ltimo guerrillero, abatido por la Guardia Civil un mi&eacute;rcoles de abril de 1957. En una escaramuza qued&oacute; convertido en memoria.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Yo, Juan&iacute;n, tengo el honor...&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En el pa&iacute;s franquista que fue Espa&ntilde;a despu&eacute;s de la Guerra Civil hab&iacute;a tres opciones para los derrotados: la c&aacute;rcel, el exilio o el monte. Juan&iacute;n no dud&oacute;. No lo hab&iacute;a hecho en 1936, cuando se enrol&oacute; en el ej&eacute;rcito republicano, y no lo hizo cuando sali&oacute; de la c&aacute;rcel. A trav&eacute;s de un hombre llamado Pepe el Falangista, bien colocado en el r&eacute;gimen y, por los extra&ntilde;os caminos de la vida, tambi&eacute;n su hermano, consigui&oacute; trabajo en el Patronato de Regiones Devastadas. Se instal&oacute; en Potes. La Guardia Civil sospechaba que estaba en contacto con miembros del Socorro Internacional y aprovechando que las condiciones de su puesta en libertad le obligaban a presentarse en el cuartel una vez a la semana, lo torturaban un d&iacute;a de cada siete para sacarle informaci&oacute;n. Pero aquel hombre testarudo no daba nombres y un d&iacute;a de julio de 1943 se perdi&oacute; en el bosque y cruz&oacute; las monta&ntilde;as hacia Asturias para unirse a la Brigada Machado, que no se llamaba as&iacute; en honor del poeta sino en recuerdo de su impulsor, Ceferino Roiz alias Machado. Eran un grupo de hombres que se resist&iacute;a a perder la guerra. En Europa todav&iacute;a se luchaba y estaban convencidos de que una victoria aliada provocar&iacute;a un cambio pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a. Cre&iacute;an que la suerte de Franco estaba unida a la de Hitler y que una vez que las potencias del Eje fueran derrotadas las democracias europeas restaurar&iacute;an la Rep&uacute;blica. En aquellos monta&ntilde;eros feroces hab&iacute;a estrategia: hab&iacute;a que mantener encendida la llama que prender&iacute;a el fuego llegado el momento.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo pas&oacute;, pesado, caducifolio, termin&oacute; la Segunda Guerra Mundial y Franco segu&iacute;a en El Pardo. En alg&uacute;n momento fantasearon con matarlo aprovechando las estancias del dictador en los Picos de Europa para pescar el campanu. Franco viajaba acompa&ntilde;ado por las c&aacute;maras del No-Do mientras los hombres de la Machado trazaban posibles atentados. Pero la desgracia, cuando llega, llega para quedarse. Franco volv&iacute;a ileso una y otra vez a Madrid y aquellos guerrilleros emboscados fueron cayendo uno a uno, en redadas, disparos por la espalda, algunos, con mejor estrella, consiguieron cruzar a Francia. Juan&iacute;n regres&oacute; a Potes, a los bosques conocidos, el mundo empezaba a cambiar, la geopol&iacute;tica se hab&iacute;a vuelto pragm&aacute;tica, las democracias europeas, con un ojo en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, no parec&iacute;an inc&oacute;modas con un dictador fascista en Madrid. Ya no hab&iacute;a pol&iacute;tica, ni estrategia, solo quedaba la resistencia. Y eso hizo Juan&iacute;n, resistir. Cambiaron los t&eacute;rminos. Los guerrilleros se convirtieron en maquis. La palabra convocaba al silencio. Cortaba conversaciones, agitaba la respiraci&oacute;n. Juan&iacute;n fue en Potes mucho m&aacute;s que un nombre. La Guardia Civil, incapaz de capturarlo, recurr&iacute;a a la guerra sucia. Cualquier sospechoso de ayudar al maquis pasaba por los cuarteles. La habilidad para sobrevivir de Juan&iacute;n se hizo legendaria. Catorce veces fue cercado y catorce veces escap&oacute; del cerco. Cuando bajaba al pueblo, de inc&oacute;gnito, dejaba pagado en el bar un caf&eacute; para la Guardia Civil con una nota: &ldquo;Yo, Juan&iacute;n, tengo el honor de invitar a caf&eacute; al capit&aacute;n de la Guardia Civil de Potes, y que le aproveche, como a los pajaritos los perdigones&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Los hombres del monte</h3><p class="article-text">
        Los guerrilleros no estaban solos. En los pueblos hab&iacute;a redes clandestinas de ayuda. Se entregaban v&iacute;veres, armas, municiones. Eran tan arriesgado como puede imaginarse. La resignaci&oacute;n, sin embargo, tampoco es una compa&ntilde;&iacute;a llevadera. En aquellas rondas en busca de apoyos Juan&iacute;n conoci&oacute; a Paco Bedoya, un muchacho doce a&ntilde;os m&aacute;s joven, corpulento, con fisonom&iacute;a de h&eacute;roe de la antig&uuml;edad, aficionado a la m&uacute;sica, con un hijo reci&eacute;n nacido, incapaz como &eacute;l de resignarse. La madre de Bedoya sol&iacute;a acoger a los maquis en su casa y el muchacho, que apenas ten&iacute;a siete a&ntilde;os cuando empez&oacute; la guerra, se acomod&oacute; desde ni&ntilde;o a la presencia de los hombres del monte. Bedoya fue detenido en 1948 y condenado a doce a&ntilde;os de c&aacute;rcel. Fue trasladado al Destacamento Penitenciario de Fuencarral. Escap&oacute; en 1952, cuando se enter&oacute; que su mujer y su hija hab&iacute;an emigrado a Argentina y su casa hab&iacute;a sido consumida por el fuego. Regres&oacute; a Potes y march&oacute; directo a las monta&ntilde;as, con Juan&iacute;n. Hay simbolismo en su acci&oacute;n: Bedoya fue uno de los &uacute;ltimos, quiz&aacute; el &uacute;ltimo guerrillero en echarse al monte. La dictadura, doce a&ntilde;os despu&eacute;s del 1 de abril de la victoria, estaba tan asentada como el cielo sobre las cabezas de los hombres que todav&iacute;a se resist&iacute;an a entregar las armas.
    </p><p class="article-text">
        En los pueblos con emboscados los ni&ntilde;os jugaban a guardias civiles y maquis. Lo que quedaba era el ep&iacute;logo de una derrota postergada durante m&aacute;s de una d&eacute;cada. Aquellos soldados sin ej&eacute;rcito que se hab&iacute;an resistido a perder la guerra en 1939 se encontraban cada vez m&aacute;s acorralados. La pol&iacute;tica de terror impuesta en los pueblos por la Guardia Civil hac&iacute;a cada vez m&aacute;s complicada su subsistencia. Juan&iacute;n, Bedoya y los que quedaban sobreviv&iacute;an a base de peque&ntilde;os robos y secuestros. En un momento dado el r&eacute;gimen intent&oacute; romper la resistencia del bosque atacando a los familiares de los emboscados. La madre y la hermana de Juan&iacute;n fueron encarceladas, como las madres y las hermanas de tantos otros. Juan&iacute;n y Bedoya se quedaron solos en el monte, convencidos de que solo la resistencia ten&iacute;a salida. La Guardia Civil mont&oacute; entonces un cerco como no se hab&iacute;a visto desde los tiempos de la guerra, una operaci&oacute;n militar que abarcaba Cantabria, Asturias y las provincias de Le&oacute;n, Palencia y Burgos.
    </p><p class="article-text">
        Fue entonces cuando los nombres de Juan&iacute;n y Bedoya se hicieron m&aacute;s grandes que los hombres que los conten&iacute;an. Tardaron a&ntilde;os en dar con ellos. Lo consiguieron en 1957. Se ha especulado durante a&ntilde;os con la posibilidad de que Bedoya traicionara a Juan&iacute;n. La teor&iacute;a es descabellada y hoy, gracias al trabajo de distintos investigadores -Isidro C&iacute;cero, 'Los que se echaron al monte'; Antonio Brevers, 'Juan&iacute;n y Bedoya'- sabemos que es falsa. Los hechos ocurrieron en un lugar conocido como la Curva del Molino. Era mi&eacute;rcoles, un 24 de abril. Juan&iacute;n y Bedoya ven acercarse a la pareja de la Guardia Civil formada por el cabo Leopoldo Roll&aacute;n Arenales y el n&uacute;mero &Aacute;ngel Ag&uuml;eros Rodr&iacute;guez. Atardece. Los guerrilleros descienden en silencio hasta el cementerio. Esperan el momento preciso para cruzar la carretera y escapar en direcci&oacute;n a Vega de Li&eacute;bana. Anochece. Juan&iacute;n se adelanta. La sombra que le pertenece y que est&aacute; a punto de abandonarlo salta la tapia del cementerio y llega a la carretera. A su espalda, el cabo Leopoldo Roll&aacute;n Arenales le apunta con una pistola y tras un seco &ldquo;alto a la Guardia Civil&rdquo; abre fuego sobre el hombre que escapa. Juan&iacute;n muere sobre la carretera con la yugular seccionada por una bala. Bedoya logra huir pero es abatido meses m&aacute;s tarde, en diciembre, en una emboscada en Castro Urdiales. Sus dos muertes pasaron a formar parte del patrimonio de la resistencia contra la dictadura. Naci&oacute; hace 100 a&ntilde;os, Juan Fern&aacute;ndez Ayala, Juan&iacute;n en el monte, y su memoria pervive.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/juanin-persistencia-memoria_132_2856626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Feb 2018 18:40:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Juanín, el guerrillero antifranquista que resistió en el monte]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Sanz de Sautuola, la niña que descubrió Altamira]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/maria-sanz-sautuola-descubrio-altamira_132_2834419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1575366-5f4a-41af-a0ed-1b498a6cb80d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de María Sanz de Sautuola | ANDREA FERNÁNDEZ DIEZ"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">María Sanz de Sautuola (Santander, 1871 - Santander, 1946) pasó a la historia un día de verano de 1879, cuando se convirtió en la primera persona en contemplar las pinturas de Altamira desde que la entrada de la cueva se derrumbó hace 13.000 años</p><p class="subtitle">María, que tenía ocho años cuando descubrió las pinturas, acompañaba a su padre, Marcelino Sanz de Sautuola, paleontólogo aficionado que catalogó el hallazgo y lo defendió durante años de la incredulidad de la comunidad científica</p></div><p class="article-text">
        <em>Un d&iacute;a acompa&ntilde;a a Marcelino Sanz de Sautuola su hija Mar&iacute;a, chiquilla de nueve a&ntilde;os. Mientras el padre examina unos utensilios que acaba de desenterrar, la ni&ntilde;a corretea por la gruta. De pronto, levanta la mirada hacia lo alto de la cueva y grita: </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;&iexcl;Pap&aacute;, mira, toros pintados!&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> (K&uuml;hn, H. 'El arte de la &eacute;poca glacial')</em>
    </p><p class="article-text">
        Ocurri&oacute; hace 35.000 a&ntilde;os: un ser humano de aspecto tosco entr&oacute; en la cueva de Altamira. As&iacute; comenz&oacute; una historia fascinante. Aquel homo sapiens errante, del que por supuesto lo ignoramos todo, fue el primer residente de un lugar que permaneci&oacute; habitado de manera ininterrumpida durante los siguientes 20.000 a&ntilde;os. Altamira fue durante doscientos siglos el espacio central de diversas culturas prehist&oacute;ricas que se desarrollaron en las cercan&iacute;as de lo que hoy es Santillana del Mar. Aquellos hombres dejaron de su paso, como testigos mudos, los despojos de su d&iacute;a a d&iacute;a: puntas de flecha, huesos tallados, buriles, raspadores, cuentas y colgantes. Sobre las paredes y el techo de la cueva dejaron algo m&aacute;s, algo que permanecer&iacute;a oculto durante casi 13.000 a&ntilde;os. Algo que asombrar&iacute;a al mundo moderno.
    </p><p class="article-text">
        En 1868 un hombre llamado Modesto Cubillas buscaba a un perro extraviado por los alrededores de Altamira. Cubillas proced&iacute;a de Asturias y se ganaba la vida como labrador y tejero. Como todo el mundo en la zona desconoc&iacute;a la existencia de la cueva. Hemos dicho que el tesoro de Altamira fue ignorado por el mundo durante 13.000 a&ntilde;os y todo tiene una explicaci&oacute;n: la entrada principal de la cueva hab&iacute;a quedado sellada por un derrumbe y durante 130 siglos a nadie se le ocurri&oacute; que en aquel lugar inofensivo lat&iacute;a el coraz&oacute;n adormecido de un descubrimiento deslumbrante.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n, despu&eacute;s de tanto tiempo de espera, es la siguiente: Cubillas encuentra a su perro atrapado entre las grietas de una pared de roca. Al intentar liberarlo las piedras ceden, la entrada queda al descubierto y Altamira se muestra a unos ojos humanos por primera vez desde el Paleol&iacute;tico Superior.
    </p><p class="article-text">
        Cubillas vio oscuridad y polvo. Quiz&aacute;s intuy&oacute; a vislumbrar tambi&eacute;n, sin reconocerlo, el peso de los milenios amontonados. Viera lo que viera, no se tom&oacute; la molestia de entrar. S&iacute; se tom&oacute; el tiempo, en cambio, de llevar la noticia del descubrimiento a Marcelino Sanz de Sautuola, un rico propietario local para el que hab&iacute;a realizado trabajos espor&aacute;dicos de poda en sus fincas. Sanz de Sautuola escuch&oacute; al labrador, le agradeci&oacute; la informaci&oacute;n, y lo despidi&oacute;, indiferente. Sanz de Sautuola, aficionado a la paleontolog&iacute;a, sab&iacute;a que la zona se encontraba sobre un terreno k&aacute;rstico en el que las grutas se contaban por miles. &iquest;Qu&eacute; diferencia hac&iacute;a una m&aacute;s?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Sanz de Sautuola no visit&oacute; la cueva hasta 1875. Cuando lo hizo recorri&oacute; una de las galer&iacute;as principales y descubri&oacute; signos que se repet&iacute;an en un patr&oacute;n definido. Rayas laterales que parec&iacute;an hendiduras en la piedra y que pas&oacute; por alto, convencido de que no ten&iacute;an un origen humano. Altamira, que hab&iacute;a esperado 13.000 a&ntilde;os, esper&oacute; un poco m&aacute;s, hasta 1879. Un d&iacute;a de verano de aquel a&ntilde;o Sanz de Sautuola regres&oacute; a Altamira con la idea de excavar la entrada de la cueva en busca de restos de presencia humana. Lo acompa&ntilde;aba una ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os, su hija Mar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Casi todo lo que se sabe de Mar&iacute;a Sanz de Sautuola est&aacute; contenido en ese d&iacute;a de verano de 1879. Hab&iacute;a nacido en 1871, en Santander, y muri&oacute; en la misma ciudad 75 a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1946. Creci&oacute; en Puente San Miguel, en la finca de 300 hect&aacute;reas que pose&iacute;a la familia. En 1898 se cas&oacute; con Emilio Bot&iacute;n L&oacute;pez, un matrimonio que puso la primera piedra de una de las dinast&iacute;as familiares m&aacute;s conocidas de Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Sanz de Sautuola fue la primera persona que vio las pinturas de Altamira en 13.000 a&ntilde;os. Mientras su padre excavaba la entrada de la cueva, la ni&ntilde;a se adentr&oacute; por una gruta lateral y mir&oacute; hacia el techo. Por las rocas ondulaban bisontes de piernas delgadas y gibas macizas, caballos, figuras que recordaban a hombres de aspecto geom&eacute;trico, huellas de manos humanas. La ni&ntilde;a corri&oacute; al lado de su padre. Le dijo que dentro hab&iacute;a visto vacas pintadas. As&iacute; termin&oacute; una historia que hab&iacute;a comenzado 35.000 a&ntilde;os antes.
    </p><p class="article-text">
        Marcelino Sanz de Sautuola supo interpretar la importancia del hallazgo. En menos de un a&ntilde;o redact&oacute; un informe titulado <em>Breves apuntes sobre algunos objetos prehist&oacute;ricos de la provincia de Santander</em> y present&oacute; las pinturas en p&uacute;blico. El debate no se hizo esperar. La mayor&iacute;a de los expertos desacreditaron el descubrimiento y la dataci&oacute;n de Sanz de Sautuola. Consideraron que unas pinturas tan evolucionadas no pod&iacute;an haber salido de la mano de un sapiens del Paleol&iacute;tico. Los arque&oacute;logos franceses Gabriel de Mortillet y &Eacute;mile Cartailhac, m&aacute;ximas autoridades de la &eacute;poca en la materia, llegaron a insinuar en el Congreso Internacional de Lisboa de 1880 que las pinturas eran falsas.
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         Tampoco a nivel nacional el descubrimiento tuvo recorrido. Despu&eacute;s de todo, Sanz de Sautuola era un abogado demasiado rico para ejercer que se dedicaba a la paleontolog&iacute;a por afici&oacute;n. Los expertos del pa&iacute;s rechazaron sus hip&oacute;tesis. La Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza concluy&oacute; que las pinturas hab&iacute;an sido realizadas por legionarios romanos. Solo el catedr&aacute;tico de Paleontolog&iacute;a de la Universidad de Madrid Juan Vilanova y Piera y el periodista de la Ilustraci&oacute;n Espa&ntilde;ola y Americana Miguel Rodr&iacute;guez Perrer defendieron la veracidad de las pinturas. Marcelino Sanz de Sautuola muri&oacute; en 1888, con sus trabajos sobre Altamira ampliamente rechazados por la comunidad cient&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        Hoy sabemos que los bisontes que Mar&iacute;a Sanz de Sautuola confundi&oacute; con vacas fueron pintados hace alrededor de 15.000 a&ntilde;os, durante el periodo magaleniense, por los &uacute;ltimos hombres y mujeres que vivieron en Altamira. Sabemos que los trazos uniformes que Marcelino Sanz de Sautuola confundi&oacute; con grietas hab&iacute;an sido realizados durante el periodo a&ntilde;uriense, hace m&aacute;s de 35.000 a&ntilde;os. Sabemos que hubo hombres y mujeres habitando Altamira durante 20.000 a&ntilde;os y que durante 20.000 a&ntilde;os aquellos hombres y mujeres dejaron rastros de su cultura en las paredes de la cueva.
    </p><p class="article-text">
        En 1895 se descubrieron los grabados de la Mouthe, en Francia. Henri Breuil public&oacute; en 1902, un estudio basado en la Mouthe en el que confirmaba el descubrimiento de Altamira. El principal cr&iacute;tico de las pinturas, &Eacute;mile Cartailhac, visit&oacute; la cueva en 1902 acompa&ntilde;ado de Breuil y admiti&oacute; su error. Cartailhac se acerc&oacute; hasta la finca familiar de los Sanz de Sautuola en Puente San Miguel y pidi&oacute; disculpas a Mar&iacute;a por haber desacreditado su descubrimiento. En un art&iacute;culo publicado poco despu&eacute;s y titulado de manera directa <em>Mea Culpa d'un sceptique</em> reconoci&oacute; la autenticidad de Altamira y la exactitud del trabajo de Marcelino Sanz de Sautuola.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad la cueva de Altamira est&aacute; catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Tras permanecer cerrada al p&uacute;blico durante a&ntilde;os por el desgaste que las visitas produjeron en los pigmentos de las pinturas a lo largo del siglo XX la cueva se reabri&oacute; con pol&eacute;mica y contra la opini&oacute;n de los conservadores en 2014: a d&iacute;a de hoy cinco personas a la semana pueden visitar la gruta original durante 37 minutos. En 2001 se inaugur&oacute; el Museo Nacional y Centro de Investigaci&oacute;n de Altamira, en el que se puede acceder a la Neocueva, una r&eacute;plica de la cueva con sus pinturas que recibe m&aacute;s de 250.000 visitantes al a&ntilde;o. El conjunto que descubri&oacute; Mar&iacute;a Sanz de Sautuola est&aacute; considerado una de las muestras m&aacute;s importantes del arte prehist&oacute;rico. La historia empez&oacute; hace 35.000 a&ntilde;os, en un valle donde pac&iacute;an los bisontes y se desperezaba la humanidad, cuando un hombre de aspecto tosco entr&oacute; por primera vez en una cueva que ofrec&iacute;a buenas perspectivas de asentamiento para una comunidad vagabunda. 
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      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/maria-sanz-sautuola-descubrio-altamira_132_2834419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jan 2018 09:58:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Sanz de Sautuola, la niña que descubrió Altamira]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eulalio Ferrer, vivir para recordarlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/eulalio-ferrer-vivir-recordarlo_132_2933984.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/472ee6ac-22f1-49da-91db-8a36deaef985_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Eulalio Ferrer. | INMA VÍNEZ"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Eulalio Ferrer (Santander, 1920 - Ciudad de México, 2009) fue el capitán más joven de la República durante la Guerra Civil Española y uno de los empresarios de la comunicación más importantes de México, país que lo acogió en el exilio.</p><p class="subtitle">Escribió cerca de 40 obras, la mayoría dedicadas a la publicidad, y fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en 1991. Destacó por sus actividades de mecenazgo en el ámbito de la cultura.</p></div><p class="article-text">
        <strong>1939</strong>. Eulalio Ferrer, a los 19 a&ntilde;os, viste un uniforme de capit&aacute;n del ej&eacute;rcito de la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola. Es el uniforme de un capit&aacute;n derrotado. Un capit&aacute;n imberbe y menudo. Su ciudad, Santander, ha sido tomada por las tropas franquistas. Madrid est&aacute; a punto de caer. La Rep&uacute;blica es un animal moribundo. Ferrer cruza la frontera. Atr&aacute;s queda todo. Delante hay una carretera que se adentra en Francia. A trav&eacute;s de ella marchan miles de republicanos espa&ntilde;oles. La mayor&iacute;a no volver&aacute; nunca.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1940</strong>. En M&eacute;xico no hay guerra. En M&eacute;xico no hay campos de prisioneros. En M&eacute;xico los exiliados espa&ntilde;oles recuperan el tiempo arrebatado, el pulso tranquilo de una tierra sin violencia. Eulalio Ferrer se instala en Oaxaca con sus padres y sus hermanas. Para ganarse la vida recita poemas de Machado y Garc&iacute;a Lorca. Le quedan los recuerdos de tres a&ntilde;os de guerra, de un viaje en barco a trav&eacute;s del oc&eacute;ano intentando adivinar que hay detr&aacute;s del futuro. En M&eacute;xico no hay guerra, a partir de ah&iacute; se puede empezar a construir una vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1935</strong>. El peri&oacute;dico <em>La Regi&oacute;n</em> publica el primer art&iacute;culo de Eulalio Ferrer, un adolescente de 14 a&ntilde;os. Su padre trabaja como tip&oacute;grafo y corrector, de ah&iacute; que el periodismo no le resulte ajeno. Tambi&eacute;n el socialismo le viene de familia. Ferrer se compromete con la Rep&uacute;blica y sella su destino. A los 16 a&ntilde;os es nombrado secretario local de las Juventudes Socialistas de Santander, la secci&oacute;n del partido fundada por <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/cantabrosconhistoria/Bruno-Alonso-sindicalista-proclamo-Republica_6_716088394.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bruno Alonso</a>, diputado en Madrid. Sus &uacute;ltimos art&iacute;culos en prensa publicados en Espa&ntilde;a est&aacute;n escritos desde el frente de Burgos, a vista de trinchera de la derrota.
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        <strong>1946</strong>. Seis a&ntilde;os de exilio. Ferrer dirige la revista <em>El Mercurio</em>, en la que empez&oacute; a trabajar como redactor poco despu&eacute;s de su llegada a M&eacute;xico. Hace tiempo que se interesa por la publicidad y prepara un proyecto que terminar&aacute; de cambiarle la vida, la agencia Anuncios Modernos. La apuesta es arriesgada, pero sale bien. En 1960 Anuncios Modernos se convierte en Publicidad Ferrer, una firma con proyecci&oacute;n internacional que liderar&aacute; durante d&eacute;cadas el mercado de la publicidad en M&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1939</strong>. La carretera se adentra en Francia. Los que caminan, vestidos con ropa de muchos d&iacute;as, sobre suelas de zapatos desgastados, no saben que avanzan hacia el campo de prisioneros de Argel&egrave;s sur Mer. En la cuneta van quedando los mutilados y los enfermos. En el pueblo de Banyuls la columna se detiene a descansar. Eulalio Ferrer repara en un hombre y en una anciana que tiemblan de fr&iacute;o en un banco. Hay algo familiar en la figura del hombre: el sombrero, la forma de apoyarse en el bast&oacute;n mientras estrecha a la mujer contra su hombro. Ferrer se acerca. Descubre que el hombre que tiembla de fr&iacute;o es Antonio Machado. La anciana es su madre. Ferrer le entrega su capote militar. &ldquo;Si ven a mi hermano, d&iacute;ganle que venga, que ya me cans&eacute; de esperarlo&rdquo;, les pide el poeta, que morir&aacute; poco despu&eacute;s, en Colliure.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1960</strong>. Publicidad Ferrer convierte a su fundador en un hombre rico. Cuando Ferrer se compra un coche su padre, enfurecido, le hace entregar el carnet del PSOE. &ldquo;T&uacute; eres un burgu&eacute;s, no se te ocurra volver por el partido&rdquo;. Esas son las palabras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1964</strong>. La editorial Diana publica <em>Enfoques sobre la publicidad</em>, con pr&oacute;logo de Salvador Novo. Es el primer libro de Ferrer. El tiempo le permitir&aacute; escribir cerca de cuarenta libros m&aacute;s, casi todos ellos relacionados con la comunicaci&oacute;n y la publicidad. Obras destacadas: <em>El lenguaje de la publicidad</em>, <em>De la lucha de clases a la lucha de frases</em>, <em>Informaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n</em>. Ferrer esper&oacute; hasta 1987 para publicar <em>Entre alambradas</em>, una rareza en su bibliograf&iacute;a, una memoria personal del desastre donde narra sus experiencias en la guerra y en el campo de prisioneros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1991</strong>. El 11 de abril la Academia Mexicana de la Lengua elige a Eulalio Ferrer para ocupar el sill&oacute;n XXII que hab&iacute;a dejado vacante el catedr&aacute;tico Alfonso Noriega Cant&uacute;. Su discurso de ingreso se titul&oacute; <em>Aportaci&oacute;n a un estudio del lenguaje publicitario</em>. Fue miembro correspondiente de la Real Academia Espa&ntilde;ola y de la Academia Norteamericana de la Lengua Espa&ntilde;ola. En 1992, a petici&oacute;n suya, la RAE introdujo en el diccionario el verbo <em>cantinflear</em>, con la definici&oacute;n de <em>hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada o actuar de la misma manera</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1969</strong>. Eulalio Ferrer vuelve a Santander por primera vez desde que cruz&oacute; la frontera de Francia 30 a&ntilde;os atr&aacute;s. El r&eacute;gimen franquista parece dispuesto a tolerar a un exiliado que ha hecho fortuna en M&eacute;xico. Un periodista de la Falange le ha prometido que nadie intentar&aacute; detenerle durante su visita. Ferrer se dirige al cementerio de Ciriego con un ramo de claveles. Pasea entre las tumbas, hasta espacio abierto donde arroja, una a una, las flores sobre la tierra. Un vigilante se detiene ante la escena.
    </p><p class="article-text">
        <em>- &iquest;Qu&eacute; hace usted?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- Echo claveles sobre mi tumba - responde Ferrer.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- &iexcl;Pero usted est&aacute; vivo!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- S&iacute;, pero si no llego a irme estar&iacute;a enterrado aqu&iacute;.</em>
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        <strong>1939</strong>. Un miliciano recorre el campo de prisioneros de Argel&egrave;s sur Mer intentado cambiar un libro por un paquete de cigarrillos. Silencio, una atm&oacute;sfera cargada, miedo e incertidumbre. Eulalio Ferrer, que no fuma, recuerda que alguien le ha entregado un paquete de tabaco al cruzar la frontera. Llama al miliciano, le da los cigarrillos y se queda con el libro. Lo guarda en la mochila que utiliza de almohada, sin detenerse a mirar la portada. Por la ma&ntilde;ana descubre que el libro es una edici&oacute;n de <em>El Quijote</em> de 1912 de la editorial Calleja. En Argel&egrave;s los exiliados se agarran a cualquier objeto material -cigarrillos, fotograf&iacute;as- o inmaterial -planes de fuga, esperanza- para sobrevivir a los d&iacute;as in&uacute;tiles. Eulalio Ferrer se sostiene leyendo a Cervantes.
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        <strong>2009</strong>. Solo queda recordar. Recordar, por ejemplo, la apertura en 1987 del Museo Iconogr&aacute;fico del Quijote en la ciudad de Guajanato, para el que Ferrer don&oacute; su colecci&oacute;n privada de cerca de 850 piezas de artistas internacionales relacionadas con el personaje: pinturas, cer&aacute;micas, esculturas, grabados. Recordar, tambi&eacute;n, las distinciones, los homenajes: Orden al M&eacute;rito Civil de Espa&ntilde;a, Medalla de Plata de Santander, Hijo Predilecto de Cantabria. Recordar los mecenazgos, el Premio Men&eacute;ndez Pelayo que le permit&iacute;a regresar en verano a Santander, donde no hab&iacute;a muerto durante la guerra, donde no fue enterrado en una fosa com&uacute;n. Lleg&oacute; a decir: &ldquo;A veces me preguntan cu&aacute;nto he gastado en el Museo Iconogr&aacute;fico del Quijote, o en patrocinar premios, por ejemplo. Les digo: una casa en Nueva York, otra en Par&iacute;s, otra en Madrid, y un yate en el puerto de Santander. No tengo eso, pero me siento bien pagado&rdquo;. Muri&oacute; en Ciudad de M&eacute;xico a los 88 a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/eulalio-ferrer-vivir-recordarlo_132_2933984.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jan 2018 17:17:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eulalio Ferrer, vivir para recordarlo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cántabros con historia,México,Exilio,Guerra Civil Española,Publicidad,Don Quijote de la Mancha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vicente Trueba, la pulga contra la montaña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/vicente-trueba-pulga-montana_132_2963970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa44d463-1080-473b-9f21-f79eef6b243d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración del ciclista cántabro Vicente Trueba. | Stéfano Obregón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vicente Trueba (Sierrapando, 1901 - Riotuerto, 1986) fue el ciclista español más destacado de los años 30 del siglo XX. En 1933 se convirtió en el primer corredor en ganar el Premio de la Montaña del Tour de Francia.</p><p class="subtitle">Su habilidad para ascender los puertos de montaña marcó a una generación de aficionados al ciclismo y lo convirtieron en uno de los mayores héroes deportivos de su generación.</p></div><p class="article-text">
        Cuando los hombres no cargan sobre s&iacute; el peso de las expectativas se permiten hacer cosas incre&iacute;bles. El a&ntilde;o que Vicente Trueba gan&oacute; el premio de la Monta&ntilde;a del Tour de Francia nadie esperaba gran cosa de aquel c&aacute;ntabro diminuto que iba a hacer historia por las carreteras sinuosas que suben a las cumbres de los Alpes y los Pirineos. El ciclismo era entonces un deporte artesanal que indagaba en los l&iacute;mites de la resistencia humana. El Tour deten&iacute;a Francia durante tres semanas. El p&uacute;blico quer&iacute;a haza&ntilde;as. Gloria, s&iacute;, pero arrancada con sufrimiento. El a&ntilde;o era 1933. Los buscadores de gestas que siguieron la carrera durante aquel verano nunca olvidar&iacute;an el nombre de Vicente Trueba.
    </p><p class="article-text">
        Era hijo de labradores y hab&iacute;a aprendido a montar en bicicleta con sus hermanos mayores. El ciclismo en su casa era natural, casi un paisaje: en Cantabria, a finales de los a&ntilde;os veinte, no se disputaba una carrera sin un Trueba en el pelot&oacute;n. La afici&oacute;n pasaba de un hermano al siguiente. Vicente naci&oacute; en Sierrapando en 1905. Si una vida puede descomponerse en momentos tambi&eacute;n puede descomponerse en objetos: una bicicleta que cost&oacute; quince duros, maciza, sin marca, que los hermanos utilizaban por turnos para ganar carreras y que pronto pas&oacute; a ser propiedad com&uacute;n del vecindario hasta que se fue desgastando y un d&iacute;a desapareci&oacute; para siempre. Fue la primera bicicleta de muchas, el punto de partida de tanto.
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        El hombre que llev&oacute; a Vicente Trueba al Tour de Francia de 1933 se llamaba Clemente L&oacute;pez D&oacute;riga, un ser hambriento de deporte y espect&aacute;culo que unos a&ntilde;os antes hab&iacute;a organizado la primera Vuelta a Espa&ntilde;a. Trueba ya hab&iacute;a disputado dos veces la carrera francesa y no hab&iacute;a quedado demasiado contento con los resultados. En 1930 termin&oacute; en el puesto veinticuatro de la general y dej&oacute; el recuerdo de un hombre que se adher&iacute;a a la carretera para escalar los puertos de monta&ntilde;a sin esfuerzo aparente. Recibi&oacute; una invitaci&oacute;n para volver al a&ntilde;o siguiente pero la rechaz&oacute;. En realidad nunca se tom&oacute; demasiado en serio el ciclismo. &iquest;C&oacute;mo iba a hacerlo? Vicente Trueba no era un ciclista en el sentido que hoy damos al t&eacute;rmino, era un hombre sobre una bicicleta que nunca consider&oacute; una herramienta de trabajo, sino una extensi&oacute;n de su propio cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Volvi&oacute; al Tour en 1932. En t&eacute;rminos generales le fue peor que en su primera participaci&oacute;n: acab&oacute; en el puesto veintisiete. Los n&uacute;meros, por supuesto, no cuentan la verdad. Trueba volvi&oacute; a causar sensaci&oacute;n con su estilo nunca visto de afrontar las carreteras en cuesta, tanto que al a&ntilde;o siguiente la organizaci&oacute;n decidi&oacute; crear un premio especial para el mejor saqueador de monta&ntilde;as. L&oacute;pez D&oacute;riga convenci&oacute; a Trueba de que deb&iacute;a regresar a Francia para ganar ese premio.
    </p><p class="article-text">
        1933. Trueba se inscribi&oacute; en la prueba como tourista routier. Son los tiempos del ciclismo rom&aacute;ntico, casi amateur. Hombres sobre ingenios mec&aacute;nicos, forzando piernas y corazones. Era todo cuanto se necesitaba. Uno pod&iacute;a participar en la mayor carrera ciclista del mundo por su cuenta y riesgo. Sin equipo, sin apoyo log&iacute;stico. Trueba y D&oacute;riga, dos rom&aacute;nticos en Francia. La realidad, como siempre, resulta mucho menos vistosa. Trueba estaba solo frente a la carrera, los pinchazos, las aver&iacute;as y los imprevistos. D&oacute;riga segu&iacute;a las etapas en trenes y autobuses de l&iacute;nea, esperaba a Trueba en la meta, revisaba la bicicleta y buscaba un hotel para pasar la noche.
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        Fue as&iacute; como Vicente Trueba se conviriti&oacute; en uno de los primeros mitos deportivos de Espa&ntilde;a. Su imagen en blanco y negro - el rostro contra&iacute;do, los m&uacute;sculos en tensi&oacute;n, la bicicleta detenida en el tiempo inm&oacute;vil de la fotograf&iacute;a - se hizo habitual en los peri&oacute;dicos junto a titulares que citaban haza&ntilde;as nunca imaginadas hasta entonces. Francia de un extremo al otro, pensiones, dificultades y el recuerdo de una bicicleta sin marca, las monta&ntilde;as c&aacute;ntabras, el vel&oacute;dromo de Torrelavega, el largo invierno de la puesta a punto y el coraz&oacute;n bombeando sangre, hacia la cumbre, el hombre empeque&ntilde;ecido por el paisaje que arranca el secreto de la monta&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La monta&ntilde;a cede y Vicente Trueba asombra a Francia. La opini&oacute;n es un&aacute;nime: nunca se ha visto nada parecido. Oh la la. &iquest;C&oacute;mo es posible? Los aficionados disfrutan. No saben c&oacute;mo lo hace, pero no se cuestionan el milagro. El ciclista c&aacute;ntabro coron&oacute; en primer lugar nueve de la diecis&eacute;is grandes cumbres del trazado de aquel a&ntilde;o. Henri Desgrange, ciclista, reportero, creador y Sumo Pont&iacute;fice del Tour escribi&oacute; en una cr&oacute;nica asombrada: como las pulgas salta otra vez del pelot&oacute;n que, de un manotazo, lo aleja, pero vuelve a la carga una tercera, cuarta, quinta y sexta vez, la pulga contin&uacute;a saltando del pelot&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Trueba tiene la narraci&oacute;n, el aura y, en adelante, tambi&eacute;n el nombre: la Pulga de Torrelavega. De todas las tardes de aquel verano ninguna se recuerda tanto como la ascensi&oacute;n al puerto del Galibier. La carretera sube hasta los 2.642 metros. Alrededor solo hay Alpes. Llegar hasta arriba, en una bicicleta de 1933, requiere un esfuerzo terrible. El ox&iacute;geno escasea, el coraz&oacute;n late como un man&iacute;aco, las piernas se endurecen, la vista se nubla. Cada pedalada requiere negar del instinto de supervivencia, que suplica bajar de la bicicleta y dejar de sufrir. El pelot&oacute;n se vuelve lento, pesado. Por delante avanza en solitario Vicente Trueba, hacia la cumbre &aacute;rida, donde establece un nuevo r&eacute;cord. Nadie, hasta entonces, ha conseguido doblar la resistencia del Galibier en tan poco tiempo.
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        Trueba termin&oacute; el Tour en sexta posici&oacute;n. Los cinco corredores que lo precedieron tuvieron que ser rescatados por la organizaci&oacute;n porque entraron fuera de tiempo, precisamente, en la etapa del Galibier. Con otras reglas quiz&aacute; hubiera podido convertirse en el primer espa&ntilde;ol en ganar la carrera. Pero eran otros tiempos y los organizadores se vieron ante un dilema dif&iacute;cil de resolver: en aquella edici&oacute;n solo cuatro corredores, entre los que se encontraba Vicente Trueba, consiguieron entrar dentro de tiempo en todas las etapas de la carrera.
    </p><p class="article-text">
        Le qued&oacute; el consuelo de un verano inolvidable y unas hechuras de h&eacute;roe que conserv&oacute; a su llegada de Espa&ntilde;a, donde se convirti&oacute; en un &iacute;dolo recibido por multiudes. En cuanto al Premio de la Monta&ntilde;a que la organizaci&oacute;n hab&iacute;a decidido conceder por primera vez aquel a&ntilde;o, Trueba lo gan&oacute; por aplastamiento. Aquel a&ntilde;o en Francia nadie pudo seguir el ritmo del c&aacute;ntabro, del ciclista sin equipo que dorm&iacute;a en pensiones y perdi&oacute; cerca de diez kilos durante las semanas que dur&oacute; la carrera, apulg&aacute;ndose todav&iacute;a m&aacute;s, si aquello era posible, convenciendo a los que se resist&iacute;an a creer.
    </p><p class="article-text">
        El verano de 1933 fue el c&eacute;nit de la carrera de Vicente Trueba, que se retir&oacute; dos a&ntilde;os despu&eacute;s. En 1934 volvi&oacute; a Francia para quedar segundo en la general de la monta&ntilde;a. En 1935 hab&iacute;a criado una solitaria y la medicaci&oacute;n lo dej&oacute; tan d&eacute;bil que solo pudo disputar dos etapas de la carrera francesa. Recibi&oacute; una invitaci&oacute;n al a&ntilde;o siguiente, pero la Guerra y la enfermedad le obligaron a renunciar. Poco despu&eacute;s anunci&oacute; su retirada. El Tour no solo le dio fama, tambi&eacute;n le proporcion&oacute; ingresos que invirti&oacute; para vivir con comodidad durante el resto de su vida. Muri&oacute; en Riotuerto, rodeado de monta&ntilde;as, a los 81 a&ntilde;os de edad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/vicente-trueba-pulga-montana_132_2963970.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jan 2018 19:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vicente Trueba, la pulga contra la montaña]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cántabros con historia,Ciclismo,Miguel Ángel Chica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marcelino Menéndez Pelayo, contra la heterodoxia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/marcelino-menendez-pelayo-heterodoxia_132_2978660.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb2c4529-2284-45bb-9322-e14b0c0ccea5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Marcelino Menéndez Pelayo. | JAIME SARDIÑAS"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue uno de los intelectuales más importantes del siglo XIX en España. Dejó una obra monumental que tuvo una influencia decisiva durante la primera mitad del siglo XX.</p><p class="subtitle">En sus escritos analizó la literatura, la historia, la filosofía y la ciencia. Aunque muchas de sus ideas han ido perdiendo vigencia con el tiempo, sus aportaciones a la cultura son reconocidas de manera unánime.</p></div><p class="article-text">
        Pose&iacute;a una capacidad de trabajo inveros&iacute;mil y una memoria extraordinaria. Cuando era ni&ntilde;o los adultos le le&iacute;an en voz alta las novelas por entregas del peri&oacute;dico y &eacute;l repet&iacute;a la lectura sin tropezar en una palabra. Con el tiempo lleg&oacute; a poseer una biblioteca con m&aacute;s de&nbsp;40.000 libros. Prefer&iacute;a a los poetas cl&aacute;sicos de Grecia y Roma y sufr&iacute;a porque aquellos hombres de la antig&uuml;edad hab&iacute;an muerto sin poder convertirse al cristianismo. Su padre lo sorprendi&oacute; en una ocasi&oacute;n rezando por las almas de Horacio y Virgilio. Le&iacute;a a todas horas.
    </p><p class="article-text">
        Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo naci&oacute; en la calle Alta de Santander en 1856 y fue tantas cosas que resulta temerario reducir su actividad a un &uacute;nico oficio. Fue historiador, traductor, fil&oacute;logo, poeta, cr&iacute;tico literario, profesor, bibliotecario y pol&iacute;tico. Sus obras completas, publicadas en 1940, suman 65 vol&uacute;menes. Fue un hombre conservador. Un solitario con cierta inclinaci&oacute;n a la misantrop&iacute;a que ocup&oacute; un lugar central en el pensamiento de su &eacute;poca y ejerci&oacute; una profunda influencia en las posteriores.
    </p><p class="article-text">
        La imagen del ermita&ntilde;o recluido en una biblioteca con la que se asocia com&uacute;nmente a Men&eacute;ndez Pelayo corresponde a sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida. En su juventud fue un estudiante de curr&iacute;culum impecable que no dud&oacute; en abandonar la ciudad donde hab&iacute;a crecido para completar su formaci&oacute;n en Barcelona y Madrid. Frecuent&oacute; tertulias, hizo amistades. Era un muchacho de provincias de aspecto t&iacute;mido y formaci&oacute;n liberal. No tardar&iacute;a en abandonar aquellas ideas para unirse al movimiento neocat&oacute;lico, una corriente ideol&oacute;gica conservadora y tradicionalista.
    </p><p class="article-text">
        El incidente que cambi&oacute; la percepci&oacute;n pol&iacute;tica de Men&eacute;ndez Pelayo tuvo lugar en 1874 en la Universidad Central de Madrid. Nicol&aacute;s Salmer&oacute;n, que solo unos meses antes hab&iacute;a sido presidente de la Rep&uacute;blica, ense&ntilde;aba Metaf&iacute;sica y aquel a&ntilde;o anunci&oacute; que ninguno de sus alumnos aprobar&iacute;a la asignatura. &ldquo;No basta un curso, ni tampoco veinte para aprender la Metaf&iacute;sica. Todav&iacute;a no han llegado ustedes a tocar los umbrales del templo de la ciencia&rdquo;, dijo Salmer&oacute;n. Men&eacute;ndez Pelayo abandon&oacute; el aula espantando y se declar&oacute; enemigo de Salmer&oacute;n, del krausismo que este representaba y, por extensi&oacute;n, del liberalismo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El escritor y fil&oacute;sofo Gumersindo Laverde se encarg&oacute; de introducirlo en los c&iacute;rculos conservadores. Laverde ense&ntilde;aba Metaf&iacute;sica en Valladolid -donde Men&eacute;ndez Pelayo aprob&oacute; finalmente la asignatura- y tuvo una influencia decisiva en la vida del erudito c&aacute;ntabro. No solo contribuy&oacute; a determinar su posici&oacute;n ideol&oacute;gica, tambi&eacute;n fue el promotor de sus primeras obras. La 'Historia de los Heterodoxos Espa&ntilde;oles' -ocho tomos de 500 p&aacute;ginas cada uno, una cr&oacute;nica del pensamiento a contracorriente en Espa&ntilde;a y uno de los logros m&aacute;s destacados de Men&eacute;ndez Pelayo- era inicialmente un proyecto de Laverde que este deriv&oacute; a su disc&iacute;pulo. El frenes&iacute; graf&oacute;mano de Men&eacute;ndez Pelayo convert&iacute;a los esbozos de Laverde en obras monumentales. 'La Ciencia Espa&ntilde;ola' naci&oacute; como una respuesta del d&uacute;o Laverde-Men&eacute;ndez a la afirmaci&oacute;n krausista de que Espa&ntilde;a era un erial cient&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Su animadversi&oacute;n al krausismo le hizo apoyar sin reservas la cuesti&oacute;n universitaria de 1875 planteada por C&aacute;novas del Castillo que termin&oacute; con la expulsi&oacute;n de Salmer&oacute;n, Giner de los&nbsp; R&iacute;os y Azc&aacute;rate de la universidad. Men&eacute;ndez Pelayo ten&iacute;a 20 a&ntilde;os y ya era un personaje central en el microcosmos intelectual de la &eacute;poca. Se convirti&oacute; en un habitual en la prensa. Sus libros y art&iacute;culos contribuyeron a extender su fama. Aquel joven que parec&iacute;a saberlo todo y que trabajaba a un ritmo fren&eacute;tico despert&oacute; de manera instant&aacute;nea la curiosidad de sus contempor&aacute;neos. El Ayuntamiento de Santander le concedi&oacute; una beca de&nbsp;3.000 pesetas para que pudiera realizaci&oacute;n sus investigaciones. La diputaci&oacute;n a&ntilde;adi&oacute; 4.000. Men&eacute;ndez Pelayo utiliz&oacute; el dinero para viajar durante un a&ntilde;o por las bibliotecas mejor surtidas de Europa para completar 'La Ciencia Espa&ntilde;ola'.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Amador de los R&iacute;os muri&oacute; en 1878 la c&aacute;tedra de Literatura de la Universidad Central de Madrid qued&oacute; vacante. Men&eacute;ndez Pelayo no pod&iacute;a optar a la oposici&oacute;n debido a su juventud, pero una protesta formal y el esc&aacute;ndalo subsiguiente en la prensa obligaron al Congreso a rebajar hasta los 20 a&ntilde;os la edad m&iacute;nima para acceder a la plaza. Men&eacute;ndez Pelayo compiti&oacute; con tres aspirantes, todos mayores y con m&aacute;s experiencia. El examen fue p&uacute;blico. Durante varios d&iacute;as los contendientes respondieron a las preguntas formuladas por un tribunal. La expectaci&oacute;n era grande por la pol&eacute;mica previa y se desbord&oacute; con la presencia de Men&eacute;ndez Pelayo. En su primera aparici&oacute;n ante el tribunal, seg&uacute;n un testigos, &ldquo;los claustros de la Universidad no pod&iacute;an contener la inmensa concurrencia&rdquo;. Men&eacute;ndez Pelayo gan&oacute; la oposici&oacute;n y se convirti&oacute; en el catedr&aacute;tico m&aacute;s joven de Espa&ntilde;a a los 22 a&ntilde;os.
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        Ten&iacute;a por delante una vida sin sobresaltos, de intelectual reconocido. Ense&ntilde;&oacute; durante dos d&eacute;cadas&nbsp;y cuando dej&oacute; el cargo fue nombrado director de la Biblioteca Nacional. Durante dos breves etapas (1884-86 y 1891-93) ocup&oacute; de manera tranquila un esca&ntilde;o como diputado en el Congreso. Su paso por la primera l&iacute;nea pol&iacute;tica result&oacute; inofensivo e intrascendente. En 1905 fue propuesto como candidato para el Premio Nobel. Vivi&oacute; hasta el final entre libros, sin pasiones reconocidas m&aacute;s all&aacute; del trabajo, el estudio y unas pocas cartas de amor que se consumieron en los cajones de su escritorio. Muri&oacute; en Santander en 1912, a los 56 a&ntilde;os de edad.
    </p><p class="article-text">
        Su legado es complejo. La enormidad de su obra y la cantidad de disciplinas que abarc&oacute; lo acercan m&aacute;s a los grandes pensadores medievales que a sus contempor&aacute;neos. Sus juicios est&eacute;ticos fueron superados por las vanguardias. Sus obras sobre la literatura medieval y sus antolog&iacute;as de poetas espa&ntilde;oles e hispanoamericanos, en cambio, han mantenido cierta vigencia a lo largo del tiempo. Su pensamiento se articul&oacute; en torno a la religi&oacute;n cat&oacute;lica, que identific&oacute; como la columna central que sosten&iacute;a su idea de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de sus ideas fueron recogidas durante la II Rep&uacute;blica por sectores conservadores que tejieron en torno a ellas una suerte de nacionalcatolicismo que se impuso como paradigma tras la guerra civil.&nbsp;Dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de su muerte, Men&eacute;ndez Pelayo alumbr&oacute; con sus escritos hist&oacute;ricos un nacionalismo espa&ntilde;ol religioso y tradicionalista que permanece ligado a su figura y sigue marcando el juicio de las generaciones posteriores sobre su obra. Su nombre sigue provocando cierta incomodidad, como si la posteridad no supiera muy bien qu&eacute; hacer con &eacute;l.
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                    alt="La influencia de Menéndez Pelayo se incrementó de manera póstuma y alcanzó su cénit durante el franquismo. La derecha utilizó sus escritos históricos y sus ideas para elaborar un sistema ideológico que mezclaba nacionalismo, religión y conservadurismo. En la fotografía, estatua de Menéndez Pelayo en la Biblioteca Nacional."
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            <span class="title">
                La influencia de Menéndez Pelayo se incrementó de manera póstuma y alcanzó su cénit durante el franquismo. La derecha utilizó sus escritos históricos y sus ideas para elaborar un sistema ideológico que mezclaba nacionalismo, religión y conservadurismo. En la fotografía, estatua de Menéndez Pelayo en la Biblioteca Nacional.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/marcelino-menendez-pelayo-heterodoxia_132_2978660.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Dec 2017 17:44:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marcelino Menéndez Pelayo, contra la heterodoxia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Concepción Arenal, una revolucionaria feminista nacida en 1820]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/concepcion-arenal-comienzo-revolucion_132_2988282.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/931ed4ce-4f37-46f1-95c1-2d68618b47c1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Concepción Arenal. | INMA VINEZ"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue una escritora, periodista y activista pionera de los movimientos feministas por la igualdad de género a lo largo del siglo XIX</p><p class="subtitle">Siempre se enfrentó a las normas establecidas y consiguió que su revolución le sobreviviera en las vidas de otras mujeres que tampoco se resignaron</p><p class="subtitle">Concepción Arenal pasó su infancia y parte de su vida adulta en el valle de Liébana y siempre mantuvo una estrecha relación con Cantabria</p></div><p class="article-text">
        Concepci&oacute;n Arenal ten&iacute;a nueve a&ntilde;os. Su padre acababa de morir en prisi&oacute;n. Cumpl&iacute;a condena por sus ideas liberales. &Aacute;ngel del Arenal, miembro de una ilustre familia de Santander, fue un militar sobrevenido en la guerra contra los franceses. Como muchos de sus compa&ntilde;eros se opuso al absolutismo de Fernando VII y lo combati&oacute; con las armas. Fue derrotado. Sufri&oacute; la venganza del rey. Muri&oacute; enfermo, solo, olvidado. Su familia abandon&oacute; Ferrol, donde Concepci&oacute;n hab&iacute;a nacido en 1820, y se traslad&oacute; a Cantabria. Mar&iacute;a Concepci&oacute;n de Ponte era una viuda reciente, estricta, perteneciente a una influyente familia gallega. Se instal&oacute; con sus tres hijas en Arma&ntilde;o. Una aldea peque&ntilde;a, en el valle de Li&eacute;bana. Tierra de adolescencia para Concepci&oacute;n Arenal, que sufre otra p&eacute;rdida: su hermana menor muere en 1830. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s la familia abandona la aldea y se traslada a Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Concepci&oacute;n Arenal no olvidar&aacute; a su padre, no olvidar&aacute; el valle de Li&eacute;bana. Es una joven inquieta. La ciudad le asfixia. Vuelve la vista atr&aacute;s. Quiere regresar. Pero ya ha aprendido que las p&eacute;rdidas son permanentes. Tiene quince a&ntilde;os. Una curiosidad interminable. Devoci&oacute;n por los libros. Aprende franc&eacute;s e italiano por su cuenta. Quiere estudiar. Su madre est&aacute; de acuerdo. Pero sus ideas divergen. Mar&iacute;a Concepci&oacute;n de Ponte matricula a sus hijas como externas en el colegio de Tepa. El programa de estudios del centro es sencillo: consiste en ense&ntilde;ar a ni&ntilde;as de familias bien a comportarse en sociedad. Concepci&oacute;n Arenal, decepcionada, aprende filosof&iacute;a y ciencias a solas en libros que rescata de bibliotecas familiares perdidas. La distancia que la&nbsp;separa de su madre es inmensa. No solo forman parte de generaciones distintas, est&aacute;n situadas en siglos opuestos.
    </p><p class="article-text">
        En 1840 Concepci&oacute;n Arenal regresa a Li&eacute;bana para cuidar a su abuela enferma, que agoniza. En Cantabria recupera el recuerdo del padre. La opresi&oacute;n materna se alivia. Toma una decisi&oacute;n. Preconfigura su legado: en adelante seguir&aacute; el camino que ha elegido, a pesar de todo y de todos. La fatalidad, o el destino, dan el visto bueno a su decisi&oacute;n. Su abuela muere dej&aacute;ndole en herencia todos los bienes de la familia. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, de manera repentina, muere su madre. Concepci&oacute;n Arenal tiene 21 a&ntilde;os, una resoluci&oacute;n en mente, los medios necesarios, la voluntad.
    </p><h3 class="article-text">Una mujer en la universidad</h3><p class="article-text">
        En la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, en el a&ntilde;o 1841, un alumno al que nadie recuerda acude cada d&iacute;a puntual a clase. Su aspecto resulta peculiar, incluso para los est&aacute;ndares de una ciudad tan grande. Pelo corto, levita, capa y sombrero de copa. Un exc&eacute;ntrico, se&ntilde;alan sus compa&ntilde;eros. Un proviciano, aseguran otros. Es un alumno silencioso. Toma notas, concentrado. Presta toda la atenci&oacute;n posible. Es consciente de que asume riesgos. Su identidad no debe ser revelada. Se llama Concepci&oacute;n Arenal y las leyes no le permiten asistir a la universidad. Ninguna mujer puede hacerlo.
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         Ocurre que un d&iacute;a es descubierta. El rector se ocupa del asunto. Parece un mero tr&aacute;mite burocr&aacute;tico. Desde su punto de vista no hay mucho que discutir. Pero Concepci&oacute;n Arenal se empe&ntilde;a en seguir aprendiendo. Discute, razona, exige. En alg&uacute;n momento de la discusi&oacute;n el rector y la alumna llegan a un acuerdo. Concepci&oacute;n Arenal tendr&aacute; que hacer un examen para demostrar sus conocimientos. Despu&eacute;s, el claustro decidir&aacute;. A veces las revoluciones ocurren as&iacute;, en una habitaci&oacute;n cerrada, y nadie sospecha, ni siquiera los implicados, que se han puesto en marcha mecanismos complejos que terminar&aacute;n transformando la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados del examen fueron tan di&aacute;fanos que el rector se vio obligado a aceptar a Concepci&oacute;n Arenal en el centro. Pero las revoluciones, a veces, son lentas. Concepci&oacute;n Arenal tuvo que aprender en los t&eacute;rminos de una comunidad educativa que negaba la ense&ntilde;anza a las mujeres. Nunca pudo matricularse. Asisti&oacute; como oyente. No realiz&oacute; m&aacute;s ex&aacute;menes. Y, por supuesto, no recibi&oacute; ning&uacute;n t&iacute;tulo. Tampoco le fue permitido interactuar con el resto de alumnos. A cambio, no tuvo que volver a disfrazarse de hombre. Cada ma&ntilde;ana un bedel la recog&iacute;a en la puerta del centro y la conduc&iacute;a hasta una habitaci&oacute;n dispuesta al efecto. All&iacute;, Concepci&oacute;n Arenal, a solas, esperaba el comienzo de la clase. El profesor la recog&iacute;a, la conduc&iacute;a al aula, la sentaba en una zona apartada y, al concluir, la devolv&iacute;a a la habitaci&oacute;n, donde Arenal esperaba al siguiente profesor y a la siguiente clase. Su estancia en universidad dur&oacute; cuatro a&ntilde;os, hasta 1845.
    </p><h3 class="article-text">Una mujer entre intelectuales</h3><p class="article-text">
        En la universidad Concepci&oacute;n Arenal conoci&oacute; a Fernando Garc&iacute;a Carrasco, un hombre 15 a&ntilde;os mayor que ella, con el que se cas&oacute; en 1848. Establecieron un matrimonio igualitario. Arenal recuper&oacute; sus ropas de hombre para poder acompa&ntilde;ar a su marido a las tertulias pol&iacute;ticas y literarias de Madrid. Tuvieron dos hijos: Ram&oacute;n y Fernando. Arenal, licenciada en Derecho sin t&iacute;tulo, resuelve hacerse escritora. Publica sus primeras obras: teatro, poemas, zarzuelas, una novela perdida. En 1855 aparecen sus primeros art&iacute;culos en <em>La Iberia</em>, un influyente peri&oacute;dico liberal. Su prosa es clara, expositiva. Su marido escribe los editoriales. Cuando Garc&iacute;a Carrasco muere a causa de una tuberculosis en 1857, Concepci&oacute;n Arenal recoge el testigo y se hace editorialista. En mayo de ese a&ntilde;o el Gobierno de Nocedal promulga una ley que obliga a firmar todos los art&iacute;culos en prensa y Concepci&oacute;n Arenal se queda sin trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Vuelve a Cantabria. Deja Madrid acompa&ntilde;ada de sus dos hijos y se instala en Potes. Tiene 37 a&ntilde;os. Ha perdido la resoluci&oacute;n, la energ&iacute;a. Demasiados obst&aacute;culos. Alquila una casa que pertenece a la madre del violinista <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/cantabrosconhistoria/Jesus-Monasterio-maestro-violinistas_6_640495976.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jes&uacute;s de Monasterio</a>. El m&uacute;sico se convertir&aacute; en uno de sus amigos m&aacute;s cercanos. Establecen una relaci&oacute;n c&oacute;mplice. Se comprenden, se ayudan. Monasterio es un hombre religioso que acaba de fundar las Conferencias de San Vicente de Pa&uacute;l. Consigue convencer a Arenal para que funde una secci&oacute;n femenina de la sociedad. El a&ntilde;o es 1859. Durante el resto de su vida el trabajo humanitario a trav&eacute;s de organizaciones sociales ocupar&aacute; la mayor parte del tiempo de Concepci&oacute;n Arenal.
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         En 1860 public&oacute; el ensayo <em>La beneficencia, la filantrop&iacute;a y la caridad</em>, que obtuvo el premio de la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas. Arenal public&oacute; el libro ocultando su verdadera identidad. Utiliz&oacute; el nombre de su hijo Fernando, que ten&iacute;a diez a&ntilde;os. Cuando la Academia descubri&oacute; el enga&ntilde;o dej&oacute; el premio en suspenso. Se abri&oacute;: &iquest;Pod&iacute;a premiarse a una mujer? No exist&iacute;an precedentes. Concepci&oacute;n Arenal obligaba a crearlos. Finalmente, a la vista de los m&eacute;ritos de la obra, los acad&eacute;micos no tuvieron opciones. Concepci&oacute;n Arenal recibi&oacute; el premio. Otra peque&ntilde;a revoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En 1863 Arenal se convirti&oacute; en la primera mujer que recibi&oacute; el cargo de visitadora de c&aacute;rceles femeninas. Hasta entonces un puesto ocupado en exclusiva por hombres. Conserv&oacute; el trabajo hasta 1865. Fue cesada por publicar un ensayo titulado <em>Cartas a los delincuentes</em> en el que defend&iacute;a una reforma del C&oacute;digo Penal desde posiciones cercanas al krausismo. Utiliz&oacute; su experiencia para analizar el sistema penitenciario en ensayos como <em>El reo, el pueblo y el verdugo </em>o <em>La ejecuci&oacute;n de la pena de muerte</em>. Su <em>Oda a la esclavitud</em>, de 1866, fue premiada por la Sociedad Abolicionista de Madrid.
    </p><h3 class="article-text">Una mujer entre mujeres</h3><p class="article-text">
        Con la Revoluci&oacute;n de 1868 la sociedad desplaza su eje hacia posiciones progresistas. Concepci&oacute;n Arenal se interesa cada vez m&aacute;s por el krausismo y entabla amistad con sus principales te&oacute;ricos: Francisco Giner de los R&iacute;os, Fernando de Castro y Gumersindo de Azc&aacute;rate. Focaliza su inter&eacute;s por la educaci&oacute;n en la educaci&oacute;n de la mujer. Dicta las <em>Conferencias Dominicales para la Mujer</em> en el paraninfo de la Universidad Central de Madrid. Participa en la creaci&oacute;n de la Asociaci&oacute;n para la Ense&ntilde;anza de la Mujer y la Escuela de Institutrices.
    </p><p class="article-text">
        En 1869 publica <em>La mujer del porvenir</em>, un ensayo escrito en 1861. El libro ha permanecido encerrado en un caj&oacute;n durante ocho a&ntilde;os, esperando un clima propicio. Es un libro feminista, que defiende el libre acceso de la mujer a la educaci&oacute;n y tira por tierra las teor&iacute;as que promueven la superioridad del hombre en funci&oacute;n de criterios biol&oacute;gicos. Tras <em>La Mujer del porvenir </em>llegar&aacute;n otras obras como <em>Estado actual de la mujer en Espa&ntilde;a </em>o <em>La mujer trabajadora. </em>Critica la disparidad de sueldos de las trabajadoras de la industria con respecto a sus hom&oacute;logos masculinos, abre debates silenciados. En <em>La Educaci&oacute;n de la Mujer</em> escribe: <em>Es un error grave y de los m&aacute;s perjudiciales, inculcar a la mujer que su misi&oacute;n &uacute;nica es la de esposa y madre [...]. Lo primero que necesita la mujer es afirmar su personalidad, independientemente de su estado, y persuadirse de que, soltera, casada o viuda, tiene derechos que cumplir, derechos que reclamar, dignidad que no depende de nadie.</em>
    </p><p class="article-text">
        Concepci&oacute;n Arenal muri&oacute; en Vigo, en 1893, a los 73 a&ntilde;os de edad. La revoluci&oacute;n que puso en marcha le sobrevivi&oacute;. Fue recogida por otras mujeres que tampoco se resignaron.
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      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/concepcion-arenal-comienzo-revolucion_132_2988282.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Dec 2017 18:54:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Concepción Arenal, una revolucionaria feminista nacida en 1820]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cántabros con historia,Memoria Histórica,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Hierro, poeta del Cantábrico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/jose-hierro-poeta-cantabrico_132_3005617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e6bfe0c-9438-4086-98e1-627a27846ae2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de José Hierro. | JONATHAN PUENTE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue uno de los poetas fundamentales del siglo XX en España. Pasó su infancia en Santander y siempre estuvo vinculado a Cantabria, que lo nombró hijo adoptivo en 1982.</p><p class="subtitle">Es considerado uno de los máximos exponentes de la poesía social de posguerra. Fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias en 1981 y el Premio Cervantes en 1995.</p></div><p class="article-text">
        <em>Ramos frescos de espuma... Barcas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>so&ntilde;olientas y vagas... Ni&ntilde;os</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>reba&ntilde;ando la miel poniente</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>del sol...&nbsp;&iexcl;Qu&eacute; nuevo y fresco y limpio</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el mundo...!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>(Despedida del mar)</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Hierro naci&oacute; en Madrid en 1922. Ten&iacute;a dos a&ntilde;os cuando su familia se mud&oacute; a Santander. Su padre era empleado de tel&eacute;grafos. Hierro aprend&iacute;a a caminar. En Santander pas&oacute; la infancia, el bachillerato y la guerra. Conoci&oacute; el mar. El mar, visto desde los ojos de un ni&ntilde;o que m&aacute;s tarde escribir&aacute; poemas, es una masa interminable de sue&ntilde;os. En el mar comienzan las aventuras del ni&ntilde;o, desde el mar parte, cada tarde, en su imaginaci&oacute;n, a bordo de un barco de papel, hacia mundos estrafalarios. En el mar el ni&ntilde;o intuye algo m&aacute;s que un espacio inmenso: un s&iacute;mbolo, un refugio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         En julio de 1936 un funcionario de tel&eacute;grafos intercept&oacute; un cable enviado desde la Capitan&iacute;a de Burgos con intenci&oacute;n de sublevar a la guarnici&oacute;n de Santander. Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con la Rep&uacute;blica derrotada y Franco en el poder, los vencedores encontraron y encarcelaron al funcionario que hab&iacute;a frustrado el golpe de estado en Cantabria. Jos&eacute; Hierro conoc&iacute;a bien a aquel funcionario: era su padre. Muchas veces lo fue a visitar a la c&aacute;rcel, tantas que tambi&eacute;n &eacute;l termin&oacute; en prisi&oacute;n, acusado de difundir informaci&oacute;n subversiva.
    </p><p class="article-text">
        Los que sobrevivieron a la guerra y a los juicios sumarios se toparon, despu&eacute;s de la c&aacute;rcel, con la muerte civil. Muchos perdieron el derecho a ejercer su profesi&oacute;n. Los funcionarios fueron depurados. Represi&oacute;n era todo cuando los ganadores ten&iacute;an que ofrecer a los derrotados. Los exiliados comprendieron que pasar&iacute;an a&ntilde;os antes de que pudieran volver a poner un pie en el pa&iacute;s que hab&iacute;an abandonado para escapar de la ejecuci&oacute;n y la c&aacute;rcel. Jos&eacute; Hierro permaneci&oacute; en prisi&oacute;n hasta 1944. Ten&iacute;a 22 a&ntilde;os cuando fue excarcelado en Alcal&aacute; de Henares. Era un republicano con todas las puertas cerradas. Se traslad&oacute; a Valencia. Recuper&oacute; el mar y descubri&oacute; la literatura.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Toqu&eacute; la creaci&oacute;n con mi frente. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Sent&iacute; la creaci&oacute;n en mi alma. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Las olas me llamaron a lo hondo. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y luego se cerraron las aguas. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>(Epitafio para la tumba de un poeta)</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la tertulia de <em>El Gato Negro </em>se re&uacute;nen los escritores de Valencia con la pobre nocturnidad que permiten las circunstancias. En una mesa se sientan Angelina Gatell, Ricardo Blasco, Pedro Caba Landa y los hermanos Alejandro y Vicente Gaos. Entre ellos Jos&eacute; Hierro parece un muchacho envejecido. La experiencia de la c&aacute;rcel le ha dejado un rostro afilado y sombr&iacute;o. Terminan los a&ntilde;os cuarenta. Todos quieren ser poetas. Casi todos publicar&aacute;n libros, ganar&aacute;n premios. Hierro ya sabe lo que es ser le&iacute;do: public&oacute; algunos poemas en revistas republicanas que viajaban al frente durante la guerra, poemas con signos de exclamaci&oacute;n para soldados que ya no ganaban batallas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Tierra sin nosotros</em> apareci&oacute; en 1947. Es un libro &aacute;rido, con trazos filos&oacute;ficos, escrito para nadie y a la vez para todos, desolado y amargo. Los poemas predican silencio, los versos se recogen en im&aacute;genes de paisajes indiferentes al destino de los hombres. Hierro ha vuelto a Cantabria. El libro se publica a trav&eacute;s de la revista santanderina <em>Proel</em>, con la que colabora desde su fundaci&oacute;n en 1944 hasta su cierre en 1950.
    </p><p class="article-text">
        Su segundo libro, <em>Alegr&iacute;a</em>, recibi&oacute; el Premio Adon&aacute;is y se convirti&oacute; en el punto de partida de un viaje de&nbsp;55 a&ntilde;os que concluy&oacute; en 2002 con <em>Guardados en la sombra</em>. A Jos&eacute; Hierro, Premio Cervantes en 1998, los manuales de literatura de bachillerato lo encuadran dentro de la generaci&oacute;n de los a&ntilde;os cuarenta y lo describen como uno de los&nbsp; m&aacute;ximos exponentes de la <em>poes&iacute;a desarraigada</em>, una generaci&oacute;n perdida que desconfiaba de artificios y defend&iacute;a un verso social, limpio y austero, poetas atropellados por la guerra y refugiados en el existencialismo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Llegu&eacute; por el dolor a la alegr&iacute;a. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Supe por el dolor que el alma existe. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>(Alegr&iacute;a)</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A principios de los a&ntilde;os&nbsp;cincuenta&nbsp;Hierro se instala en Madrid. Est&aacute; a punto de cumplir 40 a&ntilde;os. Vuelve la vista atr&aacute;s: ha publicado cuatro libros, se ha casado, su nombre ya no es el de un desconocido reci&eacute;n salido de la c&aacute;rcel, decenas de revistas literarias le solicitan poemas. A ra&iacute;z de la aparici&oacute;n en el diario <em>Alerta </em>de una cr&iacute;tica de la obra pict&oacute;rica de su amigo Modesto Ciruelos comienza a recibir encargos para ejercer la cr&iacute;tica de arte en diversos peri&oacute;dicos y emisoras de radio.
    </p><p class="article-text">
        Por una superstici&oacute;n extra&ntilde;a Jos&eacute; Hierro es incapaz de escribir en casa. El poeta necesita cafeter&iacute;as, bares, bibliotecas. Hacia esos espacios p&uacute;blicos se dirige cada d&iacute;a, escoge una mesa y escribe, seguro de que la maldici&oacute;n ya no podr&aacute; alcanzarlo. Se necesita un cuaderno, un l&aacute;piz y la determinaci&oacute;n de atrapar los fragmentos fugaces de realidad que se ven al otro de la ventana. En una entrevista publicada en <em>El Pa&iacute;s </em>en 1991, asegura: &ldquo;Es poeta aquel que intenta que aquello que iba a perderse no se pierda&rdquo;.
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        Sus obras de los a&ntilde;os cincuenta van dejando atr&aacute;s el realismo social severo que hasta entonces ha dominado su poes&iacute;a. <em>Cuanto s&eacute; de m&iacute;</em>, publicado en 1957, es el libro que marca la ruptura. En adelante el poeta se permitir&aacute; caprichos de lenguaje y se adentrar&aacute; por caminos po&eacute;ticos menos constre&ntilde;idos. Hierro abandona la austeridad y encuentra la sencillez, se desprende del desarraigo y se entrega a una melancol&iacute;a reposada.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Qu&eacute; m&aacute;s da que la nada fuera nada</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> si m&aacute;s nada ser&aacute;, despu&eacute;s de todo, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>despu&eacute;s de tanto todo para nada. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>(Vida)</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Hierro veneraba la pintura y escrib&iacute;a con la fluidez de un maestro renacentista. En sus cuadernos, en los que alternaba versos con peque&ntilde;os esbozos de paisaje a bol&iacute;grafo, Hierro reescrib&iacute;a una y otra vez sus poemas, aportando en cada nueva reescritura una pincelada distinta, un color nuevo. Como todos los perfeccionistas, su obra nunca termin&oacute; de dejarle satisfecho. &ldquo;Me considero un poeta de segunda, siempre tengo la sensaci&oacute;n de que los premios que me dan los merecen otros&rdquo;, dijo durante una visita a la Universidad Internacional Men&eacute;ndez Pelayo en el a&ntilde;o 2000.
    </p><p class="article-text">
        Se declar&oacute; disc&iacute;pulo de Antonio Machado, de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y de Gerardo Diego. Repet&iacute;a una y otra vez que la poes&iacute;a no pod&iacute;a permitirse del lujo de alejarse de la sociedad, que ninguna obra art&iacute;stica pod&iacute;a sobrevivir separada de su tiempo y espacio. En 1998, el a&ntilde;o en que recibi&oacute; el Premio Cervantes, public&oacute; <em>Cuaderno de Nueva York</em>, un conjunto de poemas &aacute;gil y moderno, la obra de un maestro de&nbsp;76 a&ntilde;os decidido a entrar sin titubeos en el nuevo milenio. Fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua en 1999, pero no tuvo tiempo de pronunciar su discurso de ingreso y tomar posesi&oacute;n de su silla.
    </p><p class="article-text">
        En el Palacio de La Magdalena, donde hab&iacute;a sido nombrado doctor honoris causa en 1995, Hierro posaba ante los fot&oacute;grafos con el Cant&aacute;brico a la espalda. Regres&oacute; una y otra vez a Santander, la ciudad de su infancia, que siempre tuvo espacio en sus poemas. Escribi&oacute;: &ldquo;Si muero, que me pongan desnudo, desnudo junto al mar. Ser&aacute;n las aguas grises mi escudo y no habr&aacute; que luchar&rdquo;. Muri&oacute; en Madrid, en 2002, a los 80 a&ntilde;os. En 1982 hab&iacute;a sido nombrado hijo adoptivo de Cantabria. Sus cenizas se guardan en el cementerio de Ciriego, en el Pabell&oacute;n de Santanderinos Ilustres. El mar lo recuerda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/jose-hierro-poeta-cantabrico_132_3005617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Dec 2017 20:01:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Hierro, poeta del Cantábrico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Cántabros con historia,Santander]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bruno Alonso, el sindicalista que proclamó la República]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/bruno-alonso-sindicalista-proclamo-republica_132_3017882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bb87880-88c3-4f70-b127-8cb0f9f0855f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Bruno Alonso. | SARA PÉREZ"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen cuarenta años de la muerte del líder del movimiento obrero cántabro. El 14 de abril de 1931 fue el encargado de proclamar la República en Santander en su condición de presidente del Comité Revolucionario Provincial creado tras las elecciones del 12 de abril de 1931.</p><p class="subtitle">Durante las tres legislaturas de la II República ocupó un escaño en el Congreso de los Diputados representando a la minoría socialista. Fue Comisario General de la Flota republicana durante la Guerra Civil y murió en México, a los 90 años de edad, tras pasar la mitad de su vida en el exilio.</p></div><p class="article-text">
        En 1942 el vapor <em>Nyassa </em>zarp&oacute; desde Or&aacute;n con destino a M&eacute;xico cargado de republicanos espa&ntilde;oles. Entre los miles de hombres y mujeres derrotados en la guerra viajaba Bruno Alonso, obrero y sindicalista, miembro de la UGT y del PSOE, fundador de las Juventudes Socialistas de Cantabria, el hombre que en abril de 1931, desde un balc&oacute;n del edificio del Gobierno Civil, hab&iacute;a proclamado en Santander la II Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Como todos los exiliados, cargaba con un pasado desgarrador y afrontaba un futuro incierto. Ten&iacute;a&nbsp;55 a&ntilde;os cuando se instal&oacute; en Ciudad de M&eacute;xico, donde encontr&oacute; empleo como lavaplatos. Cuando el patr&oacute;n conoci&oacute; su verdadera identidad le ofreci&oacute; un trabajo menos penoso y un aumento de sueldo, pero Alonso se neg&oacute; alegando que no pod&iacute;a aceptar ning&uacute;n privilegio que no hubiera ganado con su propio esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Por este y otros motivos Bruno Alonso tuvo siempre, incluso entre sus enemigos, fama de hombre incorrompible. Se le consideraba un pol&iacute;tico honesto, con un profundo sentido de la &eacute;tica que no perdi&oacute; nunca. Hab&iacute;a nacido en Siete Villas, Arnuero, en 1887. Su padre era un campesino que alternaba el campo con trabajos espor&aacute;dicos como herrero. Cuando Alonso ten&iacute;a dos&nbsp;a&ntilde;os la familia se traslad&oacute; a Santander. Con 12 a&ntilde;os entr&oacute; como aprendiz en un taller metal&uacute;rgico. Ejercer&iacute;a el oficio durante&nbsp;40&nbsp; a&ntilde;os en empresas como Corcho, Solvay y la Compa&ntilde;&iacute;a de Ferrocarril del Norte.
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         Bruno Alonso era entonces, hab&iacute;a sido siempre, un hombre delgado y miope, en&eacute;rgico y severo. Durante su &eacute;poca de diputado en Madrid destac&oacute; por sus intervenciones directas y desnudas de ret&oacute;rica. Su discurso, siempre pol&eacute;mico, no conoc&iacute;a otro recurso que la franqueza y causaba estupor en unas Cortes acostumbradas a sutiles figuras literarias. Alonso sol&iacute;a acudir al Congreso con boina, y pronto empez&oacute; a ser conocido como &ldquo;el diputado sin corbata&rdquo;. En cierta ocasi&oacute;n no tuvo reparos en abofetear en p&uacute;blico a un marqu&eacute;s que se lamentaba de la bajeza que comet&iacute;a el pa&iacute;s d&aacute;ndole un esca&ntilde;o a un obrero de la metalurgia.
    </p><p class="article-text">
        Alonso conoc&iacute;a de manera instintiva el valor pol&iacute;tico de las acciones y quiz&aacute;s por eso nunca dej&oacute; su trabajo en la f&aacute;brica, que compagin&oacute; con sus tareas como diputado. Cuando la empresa para la que trabajaba recibi&oacute; el encargo de construir un barco guardacostas atribuy&oacute; el pedido a la influencia de Alonso en Madrid y recompens&oacute; a su empleado con una prima en met&aacute;lico. Alonso ni siquiera abri&oacute; para comprobar cu&aacute;nto dinero hab&iacute;a dentro, lo entreg&oacute; en la Casa del Pueblo de Santander y sugiri&oacute; que se utilizara el contenido para comprar una biblioteca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No eran gestos emparentados con la propaganda. Alonso conoc&iacute;a de primera mano la situaci&oacute;n de los trabajadores c&aacute;ntabros porque hab&iacute;a sido durante toda su vida un trabajador c&aacute;ntabro. A principios del siglo XX las empresas utilizaban t&aacute;cticas de guerra sucia contra sus empleados para mantener los beneficios. Los obreros que se organizaban para exigir mejoras laborales recib&iacute;an palizas o acababan muertos en un callej&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto se fragu&oacute; el esp&iacute;ritu reivindicativo de Alonso, en aquellas luchas que parec&iacute;an condenadas al fracaso se afil&oacute; su sentido de la oportunidad. Era un adolescente cuando se uni&oacute; a la Sociedad de Metal&uacute;rgicos de Santander, integrada en la Uni&oacute;n General de Trabajadores (UGT) y posteriormente en el Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol (PSOE) y algo debieron de ver en &eacute;l sus compa&ntilde;eros porque en 1904, con solo 17 a&ntilde;os, lo eligieron presidente de la organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su labor al frente del sindicato top&oacute; con los obst&aacute;culos de costumbre. Alonso sufri&oacute; represalias patronales, amenazas y persecuciones que le obligaron a dejar Santander e instalarse en Bilbao durante dos a&ntilde;os. Poco despu&eacute;s de su regreso, en 1917, fue encarcelado durante 70 d&iacute;as por participar en una huelga general. Ese mismo a&ntilde;o se cre&oacute; el Sindicato Metal&uacute;rgico Monta&ntilde;&eacute;s, del que fue elegido presidente. Cuando cinco despu&eacute;s, en 1922, se constituy&oacute; la Federaci&oacute;n Obrera Monta&ntilde;esa de la UGT los trabajadores volvieron a recurrir a Alonso para ocupar la presidencia de la organizaci&oacute;n. El nombramiento lo confirmaba, de facto, como el l&iacute;der indiscutible del movimiento obrero en Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        En virtud de su posici&oacute;n el r&eacute;gimen de Primo de Rivera intent&oacute; atraerlo a la causa de la dictadura. En un principio la UGT se avino a colaborar con el dictador y Alonso fue designado diputado provincial en 1924, un cargo que rechaz&oacute; alegando que las instituciones del Estado hab&iacute;an dejado de ser democr&aacute;ticas. Durante los a&ntilde;os siguientes las tensiones entre el sindicato y el gobernador civil, el general Andr&eacute;s Saliquet, fueron en aumento. En 1928 Alonso fue encarcelado durante seis meses en Potes. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, con el PSOE y la UGT posicionados ya de manera abierta a favor de la Rep&uacute;blica, Alonso volvi&oacute; a prisi&oacute;n por participar en la organizaci&oacute;n de la huelga revolucionaria de diciembre de 1930.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica, que tiempo atr&aacute;s parec&iacute;a inalcanzable, se alcanz&oacute; en el plazo de un a&ntilde;o. El 14 de abril de 1931, como presidente del Comit&eacute; Revolucionario Provincial, Bruno Alonso se hizo cargo del Ayuntamiento y proclam&oacute; la Rep&uacute;blica desde el Gobierno Civil. Desde ese momento su destino qued&oacute; unido al de una Rep&uacute;blica fr&aacute;gil a la que acechaban enemigos poderosos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Durante los a&ntilde;os que pas&oacute; como diputado en Madrid representando a la minor&iacute;a socialista, con boina y sin corbata, Bruno Alonso nunca dej&oacute; de ser un sindicalista. Se dedic&oacute; a defender los derechos y las condiciones de vida de los trabajadores c&aacute;ntabros, reclamando medidas para hacer frente al paro provocado por la crisis de la industria regional. Obtuvo, adem&aacute;s, fondos para mejorar el puerto de Santander y la Estaci&oacute;n Biol&oacute;gica Marina. Gracias a sus gestiones se aprob&oacute; la tra&iacute;da de aguas a Camargo, que lo nombr&oacute; hijo adoptivo, se subvencion&oacute; la Universidad Internacional de Verano de Santander y se reformaron las instalaciones de las c&aacute;rceles c&aacute;ntabras, donde tantas veces hab&iacute;a estado preso por reclamar los derechos de una mayor&iacute;a frente a los privilegios de unos pocos.
    </p><p class="article-text">
        Alonso fue durante la II Rep&uacute;blica el socialista m&aacute;s influyente de Cantabria. Fund&oacute; las Juventudes del partido y tuvo un papel destacado en los debates sobre la orientaci&oacute;n y las pol&iacute;ticas de la organizaci&oacute;n. Defendi&oacute; las tesis de Besteiro, contrario a formar coaliciones con el resto de partidos republicanos, que fueron apoyadas por una amplia mayor&iacute;a de la militancia gracias a su ascendencia dentro del partido. Form&oacute; parte del Comit&eacute; Revolucionario Provincial durante la huelga revolucionaria de 1934 aprovechando su inmunidad parlamentaria, que imped&iacute;a que pudiera ser juzgado.
    </p><p class="article-text">
        El 18 de julio de 1936 Bruno Alonso recibi&oacute; en Madrid las noticias del alzamiento militar. Indiferente al peligro que supon&iacute;a cruzar un pa&iacute;s que empezaba a dividirse en dos bandos y se precipitaba a la guerra, Alonso viaj&oacute; en tren hasta Santander convencido de que su presencia pod&iacute;a inclinar la balanza y asegurar la fidelidad de las instituciones c&aacute;ntabras a la Rep&uacute;blica. Cantabria se mantuvo leal, pero la guerra se mostr&oacute; inflexible.
    </p><p class="article-text">
        Bruno Alonso no era un intelectual, era un obrero de la metalurgia con un sentido estricto del deber que nunca, desde sus primeros a&ntilde;os en los sindicatos obreros, eludi&oacute; sus responsabilidades cuando la situaci&oacute;n exig&iacute;a acciones, no manifiestos. Form&oacute; parte del Comit&eacute; de Guerra constituido por el Frente Popular y poco despu&eacute;s fue nombrado Comisario de Guerra en la Junta de Defensa de Santander. En septiembre de 1936 recibi&oacute; el cargo de Comisario General de la Flota Republicana. Para cumplir su tarea se traslad&oacute; a Cartagena. Desde all&iacute; luch&oacute; y perdi&oacute; la guerra y desde all&iacute; parti&oacute; hacia el exilio en 1939.
    </p><p class="article-text">
        En el exilio lo encontramos en 1942, al principio de este texto, en la Ciudad de M&eacute;xico. En esa ciudad ruidosa y alegre, que nunca fue del todo un lugar extra&ntilde;o para los republicanos espa&ntilde;oles, Bruno Alonso vivi&oacute; durante 35 a&ntilde;os hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a de su vida. Cuando era un anciano de casi 90 a&ntilde;os los dirigentes del nuevo PSOE nacido en Suresnes le hicieron una visita para ofrecerle la presidencia de honor del partido. La oferta ven&iacute;a acompa&ntilde;ada de un cheque. Franco hab&iacute;a muerto, la guerra parec&iacute;a olvidada, el socialismo que hab&iacute;a sido minoritario durante la Rep&uacute;blica se preparaba para ganar elecciones. Bruno Alonso rechaz&oacute; el cargo y el cheque. Muri&oacute; poco despu&eacute;s, en 1977, hace 40 a&ntilde;os, con la nostalgia del derrotado que nunca ha sido vencido.
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      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/bruno-alonso-sindicalista-proclamo-republica_132_3017882.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bruno Alonso, el sindicalista que proclamó la República]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cántabros con historia,Sindicalismo,República,Exilio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ataúlfo Argenta, una historia sobre el talento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/ataulfo-argenta-historia-talento_132_3035105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79ac7b05-9ff7-47f7-b4e7-6bdeaafc6c52_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Ataúlfo Argenta. | Jennifer Conde Rojo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue el director de orquesta español más importante de la primera mitad del siglo XX. Dirigió la Orquesta Nacional de España durante doce años y contribuyó al desarrollo de la música de cámara española durante la posguerra.</p><p class="subtitle">Cuando murió, a los 44 años, era reconocido por sus compañeros de profesión como uno de los músicos más importantes de Europa.</p></div><p class="article-text">
        Ata&uacute;lfo Argenta (Castro Urdiales, 1913 - Los Molinos, 1958) era uno de los directores de orquesta m&aacute;s respetados de Europa en 1958. Dirig&iacute;a la Orquesta Nacional de Espa&ntilde;a y estaba a punto de trasladarse a Suiza para dirigir la Orquesta Suisse Romande, cuyo director, Ernest Ansermet, hab&iacute;a propuesto personalmente a Argenta como su sustituto. Argenta estaba dispuesto a aceptar, cansado del aire triste de Espa&ntilde;a, donde su figura resultaba inc&oacute;moda. Se le acusaba de socialista y no se le perdonaban unas declaraciones en las que hab&iacute;a afirmado que despu&eacute;s de Falla ning&uacute;n m&uacute;sico espa&ntilde;ol hab&iacute;a compuesto nada de inter&eacute;s. El 21 de enero Argenta plane&oacute; una cita con una de sus alumnas, la pianista Sylvie Mercier, en su casa de Los Molinos, en la sierra de Madrid. Argenta estaba casado, ten&iacute;a cinco hijos y vocaci&oacute;n de mujeriego. El invierno, en la monta&ntilde;a, es fr&iacute;o. Argenta y Mercer encendieron la estufa de la casa y se refugiaron en el garaje, dentro de un Austin A90 propiedad del m&uacute;sico, a la espera de que el fuego caldeara la casa. Dejaron el motor del coche en marcha y no tardaron en quedarse dormidos.
    </p><p class="article-text">
        Argenta naci&oacute; en Castro Urdiales en 1913. Su padre era el jefe de la estaci&oacute;n de tren del pueblo. Una familia humilde, unos tiempos convulsos. En el C&iacute;rculo Cat&oacute;lico de Castro Urdiales entendieron r&aacute;pidamente que el ni&ntilde;o Argenta ten&iacute;a una facilidad especial para la m&uacute;sica. Fue un alumno precoz y brillante. Recibi&oacute; clases de solfeo, de viol&iacute;n y piano, y ofreci&oacute; sus primeros conciertos en salones repletos de pescadores, para los que sigui&oacute; tocando y dirigiendo durante toda su vida, cuando regresaba al pueblo de su infancia.
    </p><p class="article-text">
        En 1925 la familia se traslad&oacute; a Madrid. Argenta se matricul&oacute; en el Real Conservatorio, donde estudi&oacute; bajo la supervisi&oacute;n del compositor Manuel Fern&aacute;ndez Alberdi. El talento de Argenta se hizo visible en Madrid y no tard&oacute; en convertirse en el pianista m&aacute;s prometedor del conservatorio. La carrera del hijo del ferroviario marchaba en l&iacute;nea recta, sin desv&iacute;os a la vista. Entonces el ferroviario muri&oacute;. Argenta era hijo &uacute;nico, ten&iacute;a 17 a&ntilde;os y se convirti&oacute; en la cabeza de una familia cuyo &uacute;nico miembro era una madre viuda.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Argenta estudiaba de d&iacute;a y tocaba el piano de noche en los bares. Escenas de la vida heroica del artista que lucha por su vocaci&oacute;n. Escenas de derrota. Argenta tuvo que abandonar el conservatorio y empez&oacute; a trabajar en una oficina de los Ferrocarriles del Estado: en circunstancias m&aacute;s favorables han terminado carreras menos brillantes. Deber&iacute;a haber sido el final del m&uacute;sico y el comienzo del oficinista, pero la m&uacute;sica se resisti&oacute; a abandonar a Argenta. El suyo era un talento puro, espont&aacute;neo, imposible de esconder.
    </p><p class="article-text">
        El conservatorio de Lieja le ofreci&oacute; la posibilidad de continuar sus estudios en B&eacute;lgica. Argenta dej&oacute; Espa&ntilde;a y se puso a las &oacute;rdenes del maestro Armand Marsick, que termin&oacute; de pulir el diamante. El contacto con los m&uacute;sicos del continente asent&oacute; de manera definitiva su vocaci&oacute;n. Descubri&oacute; a compositores entonces controvertidos -Mahler, Bartok...- a los que a&ntilde;os m&aacute;s tarde, program&oacute; en Espa&ntilde;a contra la opini&oacute;n de una escena musical infectada de conservadurismo.
    </p><p class="article-text">
        El regreso a Espa&ntilde;a es la guerra. El golpe del 18 de julio sorprendi&oacute; a Ata&uacute;lfo Argenta en Galicia. Intent&oacute; trasladarse a Madrid pero se vio obligado a hacer escala en Segovia. All&iacute; sobrevivi&oacute; dando clases. Entre sus alumnas se encontraba Ana Arambarri, que m&aacute;s tarde publicar&iacute;a una extensa biograf&iacute;a del m&uacute;sico. En Segovia fue movilizado a la fuerza por el bando nacional. Lo destinaron al Batall&oacute;n de Transmisiones. Su actuaci&oacute;n en la guerra fue contradictoria. Los mandos a los que serv&iacute;a lo acusaron de esp&iacute;a y estuvo a punto de ser fusilado. M&aacute;s tarde, durante el franquismo, se le colgar&iacute;a una y otra vez la etiqueta de republicano. Es probable que a Argenta solo le interesara la m&uacute;sica y que viera la pol&iacute;tica como un cuerpo extra&ntilde;o que obstaculizaba su carrera. El r&eacute;gimen toler&oacute; su talento pero nunca lo vio como un aliado.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la guerra Argenta sobrevivi&oacute; en Madrid tocando en orquestas menores. Para entonces ya se hab&iacute;a casado con Juana Pallar&eacute;s, a la que quiso a la manera de los hombres infieles, con pasi&oacute;n y debilidad, mentiras y arrojo. La carrera de Argenta no fue un camino recto, fue una lucha de talento contra una realidad negadora. Con 28 a&ntilde;os, en 1941 obtuvo una beca para estudiar en el conservatorio de Kassel. Otro pa&iacute;s y otra guerra. En Kassel, bajo la supervisi&oacute;n de Carl Schuricht, perfil&oacute; su destino como director de orquesta. Alemania enloquec&iacute;a y Argenta tocaba el piano. Conciertos y bombardeos. Lleg&oacute; a ser profesor y catedr&aacute;tico del conservatorio que lo acogi&oacute; durante dos a&ntilde;os, hasta 1943, cuando regres&oacute; a Espa&ntilde;a.
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         Cre&oacute; la Orquesta de Radio Nacional, que utiliz&oacute; para aprender el oficio de director con conciertos diarios. La orquesta se disolvi&oacute; pocos meses despu&eacute;s, cuando Argenta se neg&oacute; a colaborar con el r&eacute;gimen, que exig&iacute;a la depuraci&oacute;n de los m&uacute;sicos que hab&iacute;an perdido la guerra. A Argenta se le acusaba, por entonces, de silbar el himno de Riego mientras dirig&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En 1940 se fund&oacute; la Orquesta Nacional de Espa&ntilde;a. Su primer director titular fue Bartolom&eacute; P&eacute;rez Casas. En 1947, para integrar a Argenta en la organizaci&oacute;n, se cre&oacute; un segundo puesto de director titular. Durante su primer a&ntilde;o a los mandos Argenta ofreci&oacute; m&aacute;s de 100 conciertos. En 1948 dirigi&oacute; como invitado la Orquesta Sinf&oacute;nica de Londres. Quienes lo vieron trabajar destacaban su carisma, que seduc&iacute;a a los m&uacute;sicos y al p&uacute;blico, y su valent&iacute;a para afrontar todo tipo de repertorios. Cuando ocup&oacute; de manera temporal el puesto de director invitado en la Orquesta Nacional de Francia program&oacute; a m&uacute;sicos represaliados en Espa&ntilde;a, como Salvador Bacarisse, miembro del Partido Comunista.
    </p><p class="article-text">
        Sent&iacute;a predilecci&oacute;n por Manuel de Falla y consideraba a Joaqu&iacute;n Rodrigo un compositor sobrevalorado. &ldquo;Reun&iacute;a el potencial arquet&iacute;pico del director perfecto para muchos&rdquo;, asegur&oacute; su bi&oacute;grafa, Ana Arambarri, en una entrevista en el diario El Pa&iacute;s. Argenta ten&iacute;a el aire de una estrella de Hollywood y una facilidad para la direcci&oacute;n musical nunca antes vista en Espa&ntilde;a. Citando de nuevo a Arambarri: &ldquo;Lo que le defin&iacute;a era su pasi&oacute;n y su independencia&rdquo;. Los directores m&aacute;s c&eacute;lebres del momento -Herbert von Karajan, Carlo Maria Giulini, Sergiu Celebidache- segu&iacute;an su carrera con admiraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se cree que fueron las secuelas de una tuberculosis reciente las que condenaron a Argenta la noche del 21 de enero, cuando el mon&oacute;xido de carbono producido por la combusti&oacute;n del motor llen&oacute; el garaje de la casa de Los Molinos. Sylvie Mercier, que entonces ten&iacute;a 23 a&ntilde;os, consigui&oacute; sobrevivir al desastre. Regres&oacute; a Francia, se retir&oacute; de la m&uacute;sica y no volvi&oacute; a recordar aquella noche hasta muchos a&ntilde;os despu&eacute;s. La muerte de Argenta, consecuencia indirecta de una infidelidad, se convirti&oacute; en un tab&uacute; en la Espa&ntilde;a de Franco. La figura del director c&aacute;ntabro, controvertida en vida, se volvi&oacute; m&aacute;s turbia. Su esposa luch&oacute; durante a&ntilde;os para obtener la pensi&oacute;n que le correspond&iacute;a como viuda del director de la Orquesta Nacional. Nunca la obtuvo. La familia consigui&oacute; sobrevivir gracias a los derechos generados por los cerca de cincuenta discos de zarzuelas que Argenta dej&oacute; grabados. La Orquesta Romande Suisse, que perdi&oacute; de manera abrupta a quien iba a ser su nuevo director, ofreci&oacute; una beca de estudios a uno de sus hijos, Fernando, que tambi&eacute;n fue m&uacute;sico y destac&oacute; como divulgador en diversos programas de Radio Nacional y Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola. Ata&uacute;lfo Argenta ten&iacute;a 44 a&ntilde;os en el momento de su muerte. La m&uacute;sica espa&ntilde;ola tard&oacute; d&eacute;cadas en recuperarse.
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      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/ataulfo-argenta-historia-talento_132_3035105.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Dec 2017 19:10:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ataúlfo Argenta, una historia sobre el talento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cántabros con historia,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salvador Hedilla, una aventura en el cielo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cantabros-con-historia/salvador-hedilla-aventura-cielo_132_3055180.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/68c8d8dd-052b-42a1-a711-ebb999b76ba7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Salvador Hedilla. | SARA FUENTES"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Salvador Hedilla (Castillo Siete Villas, 1882 - Barcelona, 1917) fue un pionero de la aviación en España. En 1916 se convirtió en el primer piloto en llegar desde la península a las Islas Baleares</p><p class="subtitle">Como piloto, instructor y mecánico contribuyó de manera decisiva al desarrollo de la industria aeronáutica española de principios del siglo XX.  Sus viajes y exhibiciones lo convirtieron en una figura popular en su época</p></div><p class="article-text">
        En 1903 todav&iacute;a no hab&iacute;a a&ntilde;adido la hache a su apellido. Las fotograf&iacute;as de la &eacute;poca muestran a un hombre de ojos peque&ntilde;os y bigote retorcido en las puntas que conduce coches que parecen animales prehist&oacute;ricos. Se llamaba Salvador Edilla, viv&iacute;a en Buenos Aires, trabajaba como mec&aacute;nico en una compa&ntilde;&iacute;a de ferrocarriles y acababa de abrir por su cuenta y riesgo uno de los primeros talleres de autom&oacute;viles de Argentina.
    </p><p class="article-text">
        En aquellos veh&iacute;culos primitivos los neum&aacute;ticos estallaban, los ejes cruj&iacute;an, los motores se deten&iacute;an de repente y se negaban a arrancar de nuevo. Quienes se arriesgaban a subir a un coche a principios del siglo XX necesitaban paciencia, habilidad y muchas horas de mec&aacute;nica. Salvador Edilla reun&iacute;a todos los requisitos. En 1910, al volante de un Thames de seis cilindros y motor de ochenta caballos, recorri&oacute; en diez horas los 850 kil&oacute;metros que separan Buenos Aires de Mar del Plata. Las cr&oacute;nicas de la &eacute;poca aseguran que lleg&oacute; a alcanzar los&nbsp;150 kil&oacute;metros por hora.
    </p><p class="article-text">
        Edilla hab&iacute;a nacido en Arnuero en 1882, solo dos a&ntilde;os antes de que Karl Benz construyera en Mannheim el Benz Patent-Motorwagen. Hab&iacute;a trabajado durante su juventud en una f&aacute;brica de salazones de Santander, hab&iacute;a cruzado el oc&eacute;ano en 1901 y parec&iacute;a destinado a pasar el resto de su vida entre coches de carreras. Pero entonces aparecieron los aviones. Y con los aviones, la promesa del cielo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es Salvador Hedilla un hombre alto, rubio, en cuya cabeza el tiempo ha empezado ya a actuar de segador, con bigote rubio claro y ojos azules de mirar tranquilo y reposado, como de quien est&aacute; acostumbrado a ver lo que no vemos aun la generalidad de los dem&aacute;s hombres...&rdquo;. La descripci&oacute;n pertenece a la cr&oacute;nica de una exhibici&oacute;n a&eacute;rea que Hedilla, que ya hab&iacute;a a&ntilde;adido la hache a su apellido, realiz&oacute; en Palma de Mallorca el 23 de abril de 1916.
    </p><p class="article-text">
        El espect&aacute;culo se celebr&oacute; en el estadio de f&uacute;tbol Alfonso XIII. Las gradas estaban repletas. Para entonces Hedilla era ya un piloto reconocido, h&aacute;bil en las exhibiciones y certero en los vuelos de larga distancia. Su nombre aparec&iacute;a en la prensa con frecuencia. La expectaci&oacute;n en el estadio era enorme. Alrededor de las cinco de la tarde los mec&aacute;nicos revisaron por &uacute;ltima vez el avi&oacute;n, construido por el propio Hedilla con un motor de 150 caballos, mientras el publico conten&iacute;a la respiraci&oacute;n esperando el despegue.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A una se&ntilde;al del se&ntilde;or Hedilla soltaron la gran cola del enorme pajarraco que ten&iacute;an sujeta varias personas, y el monoplano se desliz&oacute; a gran velocidad por el campo, abandon&aacute;ndolo a poco m&aacute;s de la mitad en que fue remont&aacute;ndose, con velocidad pasmosa&rdquo;, escribe el cronista. Hedilla realiz&oacute; una primer vuelo sobre el estadio a 500 metros de altura, desapareci&oacute; en el horizonte y regres&oacute; para repetir la maniobra, esta vez a 200 metros de altura. Los espectadores aplaud&iacute;an entusiasmados. La mayor&iacute;a experimentaba por primera vez el influjo on&iacute;rico de los aviones y las cosas imposibles. Hedilla realiz&oacute; un &uacute;ltimo giro y aterriz&oacute; a gran velocidad. No tard&oacute; en darse cuenta de que algo iba mal.
    </p><p class="article-text">
        El piloto c&aacute;ntabro hab&iacute;a calculado con demasiado optimismo las dimensiones del estadio. Los espectadores comprobaron con espanto que el avi&oacute;n no iba a ser capaz de frenar a tiempo. Hedilla intent&oacute; remontar el vuelo pero el motor no respondi&oacute; y el aeroplano se estrell&oacute; contra el muro norte del estadio. El choque fue tan violento que se encontraron fragmentos de pared a diez metros del lugar del impacto. El avi&oacute;n qued&oacute; empotrado en el muro. Hedilla sali&oacute; de la cabina por su propio pie, saludando al p&uacute;blico. Solo hab&iacute;a sufrido una contusi&oacute;n en el hombro.
    </p><h3 class="article-text">El hechizo de la aviaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        En 1913, cuando Salvador Hedilla dej&oacute; Argentina y se traslad&oacute; a Francia para convertirse en piloto el mundo no ten&iacute;a demasiado inter&eacute;s en los aviones. Fue la I Guerra Mundial la que permiti&oacute; el desarrollo de la aeron&aacute;utica: los mandos militares advirtieron que aquellos artilugios, ligeros e inestables, pod&iacute;an resultar muy &uacute;tiles para espiar los movimientos del enemigo y bombardear sus posiciones. Antes de la Guerra el ej&eacute;rcito de Estados Unidos dispon&iacute;a de dos aviones; cuando se firm&oacute; el armisticio ten&iacute;a 17.000.
    </p><p class="article-text">
        Para responder a un aumento de esa magnitud en el n&uacute;mero de aeronaves se necesitaban muchos pilotos. Las Fuerzas Armadas de los pa&iacute;ses beligerantes formaron de manera urgente a miles de j&oacute;venes que tomaron los cielos de Europa. En los pa&iacute;ses neutrales, sin embargo, la situaci&oacute;n era muy diferente y la mayor&iacute;a de los pilotos sobreviv&iacute;an realizando exhibiciones acrob&aacute;ticas, repartiendo el correo o fumigando los campos. Algunos, como Hedilla, consiguieron un ingreso extra utilizando sus aviones como soportes publicitarios.
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        Volar era un asunto arriesgado a comienzos del siglo XX. Los aviones estaban fabricados de madera, metal y lona. Deb&iacute;an ser ligeros pero al mismo tiempo necesitaban cargar con al menos un motor y un dep&oacute;sito de combustible. El piloto dispon&iacute;a de un espacio m&iacute;nimo desde el que ten&iacute;a que manejar el avi&oacute;n mientras controlaba la altura, el combustible y la ruta utilizando los instrumentos instalados en la cabina y los mapas que llevaba consigo. Los fallos en los motores eran habituales. Un peque&ntilde;o error de c&aacute;lculo en el peso de la carga conduc&iacute;a de manera inevitable al desastre. Se necesitaba mucha habilidad y sangre fr&iacute;a para responder a todos los problemas que pod&iacute;an surgir durante un vuelo. Y a veces ni siquiera la habilidad y la sangre fr&iacute;a consegu&iacute;an evitar la tragedia.
    </p><p class="article-text">
        Salvador Hedilla aprendi&oacute; muy r&aacute;pido que manejar un avi&oacute;n era muy distinto a conducir un coche de carreras por las carreteras argentinas. Se form&oacute; como piloto en la escuela de aviaci&oacute;n de Issy-les-Moulineaux, bajo la tutela del aviador franc&eacute;s Robert Morane. Realiz&oacute; sus primeros vuelos en un Morane-Borel con motor Gnome de 50 caballos. Consigui&oacute; la licencia de piloto en el aeropuerto de Juvisy-sur-Orge. Antes de regresar a Espa&ntilde;a reuni&oacute; los ahorros de 15 a&ntilde;os en Sudam&eacute;rica y compr&oacute; el avi&oacute;n con el que hab&iacute;a aprendido a volar.
    </p><h3 class="article-text">Un trabajo arriesgado</h3><p class="article-text">
        El 5 de agosto de 1913 Hedilla homolog&oacute; su t&iacute;tulo de piloto en Espa&ntilde;a. Se convirti&oacute; en el poseedor de la licencia n&uacute;mero 41 del pa&iacute;s, se instal&oacute; en Santander y empez&oacute; a realizar vuelos de exhibici&oacute;n que no tardaron en llamar la atenci&oacute;n del p&uacute;blico. Viaj&oacute; desde Burdeos a San Sebasti&aacute;n, aterrizando en la playa de la Concha. Poco despu&eacute;s, mientras sobrevolaba Gij&oacute;n, el motor de su avi&oacute;n se detuvo en pleno vuelo pero Hedilla, con habilidad, consigui&oacute; planear y aterrizar sin contratiempos.
    </p><p class="article-text">
        Hedilla fue piloto durante cuatro a&ntilde;os en los que se mantuvo en el aire tanto tiempo como le fue posible. Ning&uacute;n imprevisto trunc&oacute; su voluntad de volar. El 2 de noviembre, mientras sobrevolaba la bah&iacute;a de Santander, el motor de su avi&oacute;n se detuvo de nuevo y Hedilla tuvo que efectuar un aterrizaje forzoso en Correcaballos. Al d&iacute;a siguiente, con el motor reparado, volvi&oacute; a subirse al avi&oacute;n para arrojar flores sobre el monumento a las v&iacute;ctimas del vapor Cabo Machichaco.
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        El 31 de julio de 1914 gan&oacute; la I Copa Monta&ntilde;esa de Aviaci&oacute;n despu&eacute;s de recorrer en cinco horas los 560 kil&oacute;metros entre Santander y Ch&acirc;teauneuf-sur-Charent, cerca de Angoul&ecirc;me. Vol&oacute; en un monoplano Vend&ocirc;me, a una velocidad promedio de 112 kil&oacute;metros por hora y recibi&oacute; un premio en met&aacute;lico de 8.000 pesetas. En 1915 fue nombrado instructor de la Escuela Nacional de Pilotos de Getafe. Por entonces Hedilla trabajaba ya en la construcci&oacute;n de su propio avi&oacute;n, al que llam&oacute; Salvador, un monoplano de estructura monocasco con un motor Gnome de 80 caballos que efectu&oacute; su primer vuelo el 7 de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        Con una versi&oacute;n revisada de ese avi&oacute;n, el Salvador II, Hedilla realiz&oacute; en la madrugada del 2 de junio de 1916 el vuelo m&aacute;s recordado de su carrera. Despeg&oacute; de La Volater&iacute;a de El Prat de Llobregat, en Barcelona, se adentr&oacute; en el Mediterr&aacute;neo y dos horas m&aacute;s tarde aterriz&oacute; en el aer&oacute;dromo de Son Su&ntilde;er, en Mallorca. Hedilla tuvo que hacer frente a una niebla intensa y a varias corrientes de aire que estuvieron a punto de desestabilizar el avi&oacute;n. Recorri&oacute; 252 kil&oacute;metros a una media de 108 kil&oacute;metros por hora e inscribi&oacute; su nombre en la historia como el primer piloto en alcanzar las Islas Baleares desde la pen&iacute;nsula. Un pay&eacute;s que trabajaba en un campo de trigo aleda&ntilde;o al aer&oacute;dromo fue el primero en recibir al aviador c&aacute;ntabro.
    </p><h3 class="article-text">El &uacute;ltimo vuelo</h3><p class="article-text">
        La fama de Hedilla y su habilidad indiscutible le sirvieron para obtener el puesto de jefe de los servicios aeron&aacute;uticos de la f&aacute;brica de aviones Pujol i Comabella, en Barcelona. El aviador c&aacute;ntabro ejerci&oacute; como piloto de pruebas de los prototipos desarrollados por la compa&ntilde;&iacute;a y poco despu&eacute;s fue nombrado director de la Escuela de Aviaci&oacute;n Civil que la empresa puso en marcha para formar a los primeros pilotos catalanes.
    </p><p class="article-text">
        El 30 de octubre de 1917 Hedilla despeg&oacute; desde el a&eacute;rodromo de El Prat a bordo de un Bl&eacute;riot XI-2 propulsado por un LeRh&ocirc;ne 9J de 110 caballos para impartir una clase pr&aacute;ctica al piloto de autom&oacute;viles Jos&eacute; Mar&iacute;a Amangu&eacute;. Hedilla sobrevol&oacute; sin contratiempos el prado contiguo a La Volater&iacute;a y realiz&oacute; dos giros con normalidad. En el tercer giro el motor del avi&oacute;n se detuvo y el aparato cay&oacute; en barrena.
    </p><p class="article-text">
        No era la primera vez que Hedilla se enfrentaba a una situaci&oacute;n de peligro. Lo hab&iacute;a hecho en Gij&oacute;n, en Santander y en Palma de Mallorca. Esta vez, sin embargo, el piloto c&aacute;ntabro fue incapaz de controlar el avi&oacute;n. Amagu&eacute; sali&oacute; despedido de la cabina y muri&oacute; en el acto. Hedilla fue aplastado por el fuselaje del avi&oacute;n, que se estrell&oacute; en posici&oacute;n invertida. Ten&iacute;a 34 a&ntilde;os. En el cementerio de Ciriego, sobre su tumba, se levant&oacute; un monumento de piedra coronado por un globo terr&aacute;queo. Por encima del globo planea un peque&ntilde;o avi&oacute;n de bronce. En ese avi&oacute;n, un siglo exacto despu&eacute;s de su muerte, vuela en direcci&oacute;n contraria al olvido el aviador Salvador Hedilla.
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      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Chica]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Nov 2017 19:19:53 +0000]]></pubDate>
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