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    <title><![CDATA[elDiario.es - Obsolescencia programada]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Obsolescencia programada]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El thriller navarro, como el pensamiento ídem, ¿existe?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/thriller-navarro-pensamiento-idem-existe_1_5565892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Si existe, lo cierto es que exist&iacute;a antes de que la donostiarra Dolores Redondo publicara su novela <em>El guardi&aacute;n invisible</em> (Destino 2013), gran &eacute;xito internacional y de cr&iacute;tica antes de que nadie la haya le&iacute;do. Lo que ocurre es que (&iexcl;ay!) a los autores que hab&iacute;an escrito con anterioridad <em>thrillers</em> navarros jam&aacute;s se les ha ocurrido pillarse a un agente, irse a Frankfurt y vender una trilog&iacute;a que a&uacute;n no han escrito; tampoco han contado con el apoyo de un gran grupo editorial y, adem&aacute;s (peque&ntilde;o detalle), publicaron sus libros en la lengua de Mordor, perd&oacute;n, en euskera.
    </p><p class="article-text">
        Pero haberlos, haylos. Y algunos, adem&aacute;s, est&aacute;n vertidos al &eacute;lfico y todo (perd&oacute;n, al espa&ntilde;ol). En editoriales peque&ntilde;as e ignotas, claro est&aacute;. As&iacute; de memoria, y a bote pronto: Jon Alonso public&oacute; en 1995 <em>Katebegi galdua</em>, novela detectivesca sobre un manuscrito eusqu&eacute;rico del siglo XVI extraviado por los poderes f&aacute;cticos navarros; la tradujo en 2003, bajo el t&iacute;tulo <em>El eslab&oacute;n perdido</em>, Hiru, la editorial de Alfonso Sastre. De hecho, Alonso acaba de publicar otro <em>thriller</em> vasco-navarro, <em>Zintzoen saldoan</em>, en el que, seg&uacute;n la editorial Txalaparta, &ldquo;Lanbas, exmilitante de ETA, ex-preso (&hellip;) y actual ladr&oacute;n, se dedica a robar en los mejores restaurantes vascos junto con su banda&rdquo;. <em>Thriller</em>, ETA y gastronom&iacute;a vasca, qu&eacute; m&aacute;s queremos.
    </p><p class="article-text">
        Aingeru Epaltza se marc&oacute; <em>Rock&rsquo;n&rsquo;roll</em>, un thriller humor&iacute;stico m&aacute;s pamplon&eacute;s que un San Ferm&iacute;n, en el a&ntilde;o 2000, y ten&iacute;a de todo: periodista-detective divorciado, asesinatos supuestamente rituales, corrupci&oacute;n auton&oacute;mico-empresarial, una vasqu&iacute;sima (o navarr&iacute;sima) cuadrilla de amigos que (la erosi&oacute;n del tiempo) ya no lo son tanto&hellip;; Ttarttalo lo edit&oacute; en castellano, bajo el mismo t&iacute;tulo, tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Ya puestos, su novela <em>Ur uherrak</em>, de 1993, tambi&eacute;n tiene algo de <em>thriller</em>, no s&eacute; si baztan&eacute;s, pero s&iacute; por lo menos navarro-pirenaico: la public&oacute; Hiru en 1996 como <em>Agua turbia</em>.
    </p><p class="article-text">
        Por mencionar dos nombres (y no traigo a colaci&oacute;n, por no liarla m&aacute;s, a gente como Miguel S&aacute;nchez-Ostiz y novelas suyas como <em>Zarabanda</em>, con quien ni siquiera cabe la disculpa de la lengua).
    </p><p class="article-text">
        Y, de acuerdo, a estos autores se les puede achacar que, utilizando los mimbres del g&eacute;nero negro, intentan escribir una novela, como suele decirse, m&aacute;s literaria (sea lo que sea eso). Pero es que el tambi&eacute;n navarro Alberto Ladr&oacute;n Arana casi no ha producido otra cosa que <em>thrillers</em> desde que empez&oacute; su carrera. Alguno, como <em>Arotzaren eskuak</em> (Elkar 2006) contiene caser&iacute;os navarros, oscuras historias de la &eacute;poca de la II Guerra Mundial, nazis y asesinatos en serie (&iquest;a qu&eacute; suena todo esto?). En su &uacute;ltimo, <em>Piztiaren begiak</em> (Elkar 2012) aparte de los consabidos asesinatos que parecen accidentes, hay ni&ntilde;os desaparecidos, parados y ex-presos metidos a labores detectivescas y un antiguo comisario de la polic&iacute;a nacional que ha montado una empresa de seguridad y que se lleva muy bien con las autoridades forales. Y todo ocurre en Pamplona y sus alrededores, f&iacute;jate. Pero, anda l&iacute;o, no se ha traducido nada suyo al espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute;das en la red las primeras p&aacute;ginas de <em>El guardi&aacute;n invisible</em> (que, por cierto, tambi&eacute;n puede adquirirse en euskera, en la editorial Erein), puedo declarar y declaro que no me impulsan a continuar la lectura ni m&aacute;s ni menos que los comienzos de las novelas de Ladr&oacute;n Arana. Los de Jon Alonso y Aingeru Epaltza, qu&eacute; duda cabe, mucho m&aacute;s. Tanto, que hasta me suelo terminar sus obras.
    </p><p class="article-text">
        Invisibilidades hay muchas. Y guardianes, tambi&eacute;n: el m&aacute;s eficaz, el del mercado mundial del libro, que, aparte de propulsar un libro hacia el &eacute;xito global, nos quiere hacer creer no s&oacute;lo que existe, sino que acaba de nacer algo tan absurdo como el <em>thriller </em>navarro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iban Zaldua]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/thriller-navarro-pensamiento-idem-existe_1_5565892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jan 2013 22:04:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El thriller navarro, como el pensamiento ídem, ¿existe?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Nuestra constitución lleva el chip de la obsolescencia programada"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/constitucion-lleva-chip-obsolescencia-programada_1_5565836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Ahora que hasta los acad&eacute;micos confiesan ver la televisi&oacute;n, el f&uacute;tbol, cuesta creer que durante d&eacute;cadas Juan Cueto, asturiano de braveza, fuera el &uacute;nico intelectual espa&ntilde;ol al que le gustara la televisi&oacute;n, esa infamia con la que naci&oacute;. Eso explica la actualidad de su &uacute;ltimo libro: <em>Yo nac&iacute; con la infamia. La mirada vagabunda </em>(Anagrama), una brillante colecci&oacute;n de art&iacute;culos. Casi todo, Cueto ya lo hab&iacute;a dicho hace tiempo, aunque entonces nadie lo entendiera ni le diera importancia. Este asturiano chung&oacute;n, que se adelant&oacute; a todos, se expresa con irreverencia, sin dogmatismo, como si hablara a la ligera y medio en broma. Sin embargo, desde su provincia arrinconada contra el Cant&aacute;brico, Cueto siempre ha sido el m&aacute;s cosmopolita, el mejor informado y el m&aacute;s agudo analista de nuestro mundo. Merece la pena volver a sus art&iacute;culos, pero m&aacute;s a&uacute;n escucharle; este maestro socr&aacute;tico prefiere una tertulia reposada o incluso la ense&ntilde;anza peripat&eacute;tica de ca&ntilde;as o sidras por Gij&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka</strong>: [<em>Manuel Fern&aacute;ndez-Cuesta</em>] <strong>Querido Juan, hace diez a&ntilde;os te ped&iacute; que escribieras un libro y me dijiste que no, que estabas liado con una cosa para Anagrama. Veo que por fin has publicado&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Juan Cueto:</strong> Mucha prisa no me di, la verdad, despu&eacute;s de diez a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Nos pregunt&aacute;bamos si t&uacute; eres &aacute;grafo o socr&aacute;tico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Socr&aacute;tico con marcada tendencia a la agrafia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Hablemos de historia y pol&iacute;tica, Juan. Ahora que se especula sobre el fin del modelo constitucional de 1978, &iquest;t&uacute; crees que cuando se hizo esta Constituci&oacute;n se program&oacute; ya su obsolescencia? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Est&aacute; Constituci&oacute;n llevaba desde el principio incorporado el chip de la obsolescencia programada, porque quienes la urdieron ten&iacute;an pensado que nunca iba a durar tanto. Lo &uacute;nico que quer&iacute;an era garantizar la continuidad por medio de la ideolog&iacute;a de la Transici&oacute;n y, en ese sentido les sali&oacute; redondo. Intentaron, y lograron, perpetuar los temas que en aquel momento eran fundamentales para Espa&ntilde;a, o eso cre&iacute;amos, pero que no resultaron m&aacute;s que puramente coyunturales. Yo creo que era gente manipulada por el Opus Dei y que lo &uacute;nico que hicieron fue garantizar la continuidad de esa l&iacute;nea ideol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Y en esta obsolescencia de la que t&uacute; hablas &iquest;estaba incluida la monarqu&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Lo que estaba incluido era legitimar la monarqu&iacute;a que, en aquel momento, no ten&iacute;a ning&uacute;n futuro, tratando de conseguir que fuera un r&eacute;gimen constituyente. La monarqu&iacute;a tambi&eacute;n formaba parte de esa obsolescencia programada. En realidad se trataba de legitimar la monarqu&iacute;a por todos los medios, y los &uacute;nicos medios que se encontraron fueron legitimar a una serie de personas que estaban en el poder entonces.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Esta monarqu&iacute;a, que t&uacute; tienes tan cerca con Letizia, la restaur&oacute; Franco&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Absolutamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Proviene de una ley que redact&oacute; Carrero Blanco en 1947.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Como no pod&iacute;a ser de otra forma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Har&iacute;a el Rey un favor al Estado espa&ntilde;ol impidiendo la sucesi&oacute;n de su hijo y dando por cerrada la monarqu&iacute;a con su propio mandato?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> S&iacute;, pero me parece una utop&iacute;a. Eso es lo que deseamos todos, porque consideramos que este es un r&eacute;gimen bastardo, porque bastardo fue en su origen y en todo. Por eso dec&iacute;a antes que fue el Opus Dei el que realmente llev&oacute; a cabo la legitimaci&oacute;n de la monarqu&iacute;a. Fue el Opus Dei concretamente. Y realmente la transici&oacute;n no se desvi&oacute; un mil&iacute;metro de las palabras de monse&ntilde;or Escriv&aacute; de Balaguer. Todas aquellas personas que formaban parte entonces de la Espa&ntilde;a que decid&iacute;a, pertenecieran o no al Opus, estaban manipulados por La Obra. A m&iacute; no me quitar&aacute; nadie de la cabeza que esta monarqu&iacute;a le debe tanto al Opus como a Carrero Blanco que, por cierto, tambi&eacute;n era del Opus. Todo viene de aquel atado y bien atado con el que Franco pretendi&oacute; mantener un orden constitucional que no jodiera el invento y lo m&aacute;s parecido que entonces encontr&oacute; para lograrlo fue la instauraci&oacute;n de una monarqu&iacute;a.
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        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; te parece que la derecha ultramontana considere traidores al Rey y a Su&aacute;rez, ya que ambos juraron los principios generales del movimiento en los a&ntilde;os sesenta y luego acabaron cambiando de camisa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> S&iacute;, claro. Aunque lo diga la derecha ultramontana, es verdad, eran un par de traidores como la copa de un pino. Cuando se escriba la historia de la infamia, estos dos p&aacute;jaros figurar&aacute;n como elementos fundamentales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Bueno, quiz&aacute; en el fondo no sean tan traidores ahora que parece que el Opus est&aacute; m&aacute;s fuerte que nunca. Igual sirvieron bien a su causa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Eso tambi&eacute;n es verdad y sin embargo nadie habla en estos momentos del Opus.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Esa es su fuerza, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Claro que s&iacute;, pero es que no se puede entender ni un mil&iacute;metro de la llamada transici&oacute;n sin hablar del Opus. Eso me parece una aberraci&oacute;n por parte de ciertos historiadores, que ni mencionan al Opus. A m&iacute; me escandaliza verdaderamente, porque no se puede pensar en el origen de todo esto que tenemos ahora sin pensar ni un momento en los dise&ntilde;os de monse&ntilde;or Escriv&aacute; de Balaguer y compa&ntilde;&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Tu art&iacute;culo &lsquo;Una vida en re menor&rsquo; arranca diciendo: &ldquo;No pertenezco a la ideolog&iacute;a dominante, sino a algo bastante m&aacute;s bochornoso: soy de la quinta dominante&rdquo;. &iquest;Podemos decir que el Opus dirigi&oacute; Espa&ntilde;a, desde el Plan de Estabilizaci&oacute;n del 59 hasta el 82, cuando aparec&eacute;is vosotros para dominar el pa&iacute;s los siguientes treinta a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Eso fue as&iacute;. Cuando escrib&iacute; ese art&iacute;culo, en el 83, estaba pensando en que la quinta dominante &eacute;ramos los nacidos en el 42, los hijos de los Planes de Desarrollo de L&oacute;pez Rod&oacute; y compa&ntilde;&iacute;a. &Eacute;ramos hijos del Opus, algunos insumisos, como yo pretend&iacute; ser, y otros completamente sumisos. Hay que entender la quinta dominante como el origen de una bifurcaci&oacute;n que hubo en este pa&iacute;s: cuando la quinta dominante pas&oacute; del izquierdismo al progresismo. El giro fundamental de esa quinta dominante fue cuando pas&oacute; de ser de izquierdas a pertenecer, con todas las de la ley, por culpa de la posmodernidad y esas cosas, a la progres&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Una claudicaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Por un lado es una claudicaci&oacute;n mental y, por otro, un modo de adaptarse a las circunstancias. Pero esto lo digo cr&iacute;ticamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Tras el famoso Congreso de Suresnes &mdash;algunos asistentes dicen que hab&iacute;a m&aacute;s polic&iacute;as que delegados&mdash;, la gente de Felipe Gonz&aacute;lez, vuestra quinta, se hizo con el mando del PSOE, y el partido pas&oacute; del izquierdismo a la progres&iacute;a. &iquest;Ha pasado, con el tiempo, de la progres&iacute;a al conservadurismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> S&iacute;, cuando Felipe declar&oacute; que hay que ser socialista antes que marxista, que lo he vuelto a ver estos d&iacute;as en televisi&oacute;n. Se ve&iacute;a en Felipe una firmeza que se notaba que no iba en broma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: No, qu&eacute; va, era la firmeza t&iacute;pica del chantajista, como de Los Soprano.</strong><em>Los Soprano.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Exactamente, de <em>Los Soprano</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Esta evoluci&oacute;n que est&aacute;s describiendo, del izquierdismo a la progres&iacute;a, &iquest;tiene su</strong> <strong>reflejo en la cultura espa&ntilde;ola, tanto en la denominada alta cultura como en la de masas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> En la cultura burguesa, sin ninguna duda, y en la cultura bancaria y financiera, absolutamente. No se puede entender ninguna cultura bancaria de este tiempo sin que el Opus haya anidado en sus consejos de administraci&oacute;n. En la cultura popular, por decirlo as&iacute;, menos. Menos, por una sencilla raz&oacute;n: el Opus siempre fue muy poco pop, esa es mi teor&iacute;a. Por eso odiaba la cultura de masas, la cultura pop de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK. El Opus era m&aacute;s de cultura baturra, esa de Camino: hermana, me preguntas c&oacute;mo ser casta y te dir&eacute;&hellip;</strong><em>Camino</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Claro, pero es que el pop es todo lo contrario a la <em>baturrer&iacute;a</em>. Y realmente esta generaci&oacute;n nuestra, y lo digo como autocr&iacute;tica, nunca asimil&oacute; la cultura de masas, la cultura pop, como un factor evidente de progreso, o por lo menos, capaz de hacer avanzar las cosas, como s&iacute; ocurri&oacute; con la cultura juvenil norteamericana, que la incorpor&oacute; a su discurso. Aqu&iacute; no se incorpor&oacute; al discurso de la progres&iacute;a en general. Lo que sucede entonces es que no se puede pasar a lo pop, sin romperlo ni mancharlo. Hace poco le&iacute; un art&iacute;culo, que tard&eacute; no s&eacute; cu&aacute;nto tiempo en entender, y que era un art&iacute;culo sobre Mourinho, pero el cretino lo titulaba: &iquest;Por qu&eacute; los entrenadores son partidarios de Cedric, Cebelius o algo as&iacute;? Y es que resulta que el tal Cedric es un personaje de <em>Harry Potter</em>, pero es que eso no es cultura pop. El chico intentaba escribir con gracia, pero no se daba cuenta de que eso no forma parte de la cultura pop, sino de la cultura rancia. Es muy dif&iacute;cil ser pop. Yo digo pop y autom&aacute;ticamente se me dibujan una serie de puntos de referencia que se reconocen inmediatamente. Y al contrario, en cuanto usan t&eacute;rminos que no me suenan a m&iacute;, los delato, creo que son unos impostores.
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        <strong>DK: Cueto, &iquest;esto no ser&aacute; una cuesti&oacute;n de edad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> S&iacute;, es una cuesti&oacute;n de esa quinta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Has estado muy cerca del felipismo. &iquest;Qu&eacute; piensas, ahora, cuando ves l&iacute;deres como Rubalcaba o Carme Chac&oacute;n y, en la derecha, personajes como Soraya? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Perm&iacute;teme que me r&iacute;a [<em>responde entre carcajadas</em>], pero es que esos ejemplos, tanto Rubalbaca como Chac&oacute;n, como los dem&aacute;s, cuando los veo al lado de <em>Felip&oacute;n</em>, como le llam&aacute;bamos nosotros, pues&hellip; pierden muchos enteros. No los veo yo capaces de estar a la altura de Felip&oacute;n. Para nada. Y no creo que sean sus herederos. El PSOE entr&oacute; en una decadencia generacional enorme precisamente porque fue traidor a su generaci&oacute;n, y no estuvo de acuerdo con los principios que pod&iacute;an haberlo salvado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: El PSOE es el gran partido modernizador de Espa&ntilde;a&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Bueno, esa es la pretensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; se qued&oacute; fuera en esta modernizaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; es lo que el PSOE tuvo que entregar a cambio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Interesante pregunta. Realmente el problema es que se confunde modernizaci&oacute;n con posmodernidad. Cuando se lleg&oacute; a la modernizaci&oacute;n por la v&iacute;a de la posmodernidad se jodi&oacute; el invento. &iexcl;Se jodi&oacute; el invento! Porque realmente la posmodernidad es todo lo contrario a la modernizaci&oacute;n. La modernizaci&oacute;n es un esfuerzo serio, notable, de una generaci&oacute;n o de un grupo que ten&iacute;a un proyecto en el que no se renegaba ni del marxismo por un lado ni del progreso por otro. Pero aqu&iacute; esa modernizaci&oacute;n de Felipe y compa&ntilde;&iacute;a se quiso cargar el progreso y la historia. No nos olvidemos de d&oacute;nde ven&iacute;an todos aquellos asuntos del &ldquo;fin de la historia&rdquo;, de Fukuyama, que se adopt&oacute; de inmediato en el discurso espa&ntilde;ol. Por eso digo que fue una modernizaci&oacute;n coja, muy coja, que olvid&oacute; elementos fundamentales que se remontan a la Ilustraci&oacute;n. Aqu&iacute; se hicieron en seguida funerales por el progreso: como no se puede progresar siempre, liquidemos el progreso. Pero renunciamos tambi&eacute;n a un concepto de progreso m&aacute;s riguroso, m&aacute;s serio y tambi&eacute;n m&aacute;s divertido. Es como aquello que dec&iacute;a Felip&oacute;n, hag&aacute;monos todos ricos, yo quiero que en Espa&ntilde;a haya muchos Rockefellers: esa es la idea de progreso que tuvieron los chicos de Suresnes. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Cu&aacute;l es la diferencia entre la cultura pop y la popular? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Yo creo que la cultura popular de masas es cr&iacute;tica. Y la cultura pop, solo a veces. Cuando se enfoca de una manera divertida, gamberra, y no tiene en cuenta los t&oacute;tems culturales, puede ser tambi&eacute;n progresista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Da nombres, como en la Comisi&oacute;n McCarthy.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Ninguno de los personajes del Opus Dei es gente pop, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En el fondo eres un gamberro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Eso espero. Siempre lo fui. Desde peque&ntilde;o me gust&oacute; el gamberrismo. Encontraba que la cultura y la intelectualidad eran, en general, demasiado severas. Pensaba que le vendr&iacute;an muy bien un poco de alegr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: T&uacute; que has estado en el vientre de la televisi&oacute;n, dirigiste Canal Plus, y tambi&eacute;n en la cr&iacute;tica period&iacute;stica, &iquest;c&oacute;mo crees que ha cambiado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> De una manera muy curiosa. Creo que los mejores productos de la tele actual son productos definitivos. Para ponerte un ejemplo, la serie que acabo de ver y ten&iacute;a grabada, <em>Homeland</em>. Los productos buenos son las series ahora: Hollywood est&aacute; jodido. Las series le dan mil y una vueltas a cualquier producto de televisi&oacute;n. El cine independiente est&aacute; intentando atrapar a las series y a sus guionistas, llev&aacute;rselos a sus estudios. Os recomiendo <em>Homeland</em>, si no la hab&eacute;is visto. Realmente es la mejor serie que veo sobre el terrorismo, la CIA&hellip;
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        <strong>DK: &iquest;Homeland o Don DeLillo?</strong><em>Homeland</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> <em>Homeland</em>, totalmente. Deber&iacute;ais precipitaros ahora mismo a verla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Lo haremos. Llevamos un buen rato hablando y no hemos pronunciado la palabra crisis. &iquest;T&uacute; crees que, como dicen, estamos en una crisis sist&eacute;mica del modelo capitalista?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Pues no s&eacute; qu&eacute; quieren decir por sist&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Que no es coyuntural, c&iacute;clica, sino una crisis del modelo, de agotamiento del sistema: que es el capitalismo el que ya huele mal.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Creo que esto empieza a oler mal y a tener una repercusi&oacute;n social cada d&iacute;a mayor. Estoy convencido de que los movimientos sociales que est&aacute;n apareciendo en Europa, airados contra los Gobiernos, indignados, son muy dif&iacute;ciles de explicar en otro contexto. Y en ese sentido creo que s&iacute;, puede ser una crisis sist&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Dir&iacute;as que el capitalismo tiene tambi&eacute;n obsolescencia programada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Yo s&iacute;, pero ya lo dijo antes Marx. Dec&iacute;a que cuando el capitalismo cumpl&iacute;a con su proyecto se acababa. Es quiz&aacute; la primera obsolescencia programada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;T&uacute; crees que la democracia sobrevivir&aacute; al capitalismo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> &iexcl;Vaya pregunta para las cinco de la tarde y despu&eacute;s de ver <em>Homeland</em>, qu&eacute; dif&iacute;cil me lo pon&eacute;is!
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pues anda que t&uacute;, que tus art&iacute;culos parecen escritos ayer, y resulta que tienen veinte a&ntilde;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> La mayor parte de ellos los escrib&iacute; para la revista <em>Triunfo</em> y rezuman la ideolog&iacute;a de esa revista. Se nota que hay por mi parte una voluntad beligerante y por eso pueden tener una cierta actualidad, al menos si se leen con benevolencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: [Rafael Reig] </strong><em>Rafael Reig</em><strong>Hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os te entrevist&eacute;, cuando dirig&iacute;as Canal Plus y empezabas a programar pel&iacute;culas pornogr&aacute;ficas. Recuerdo que me diste un titular muy bueno: &ldquo;Vamos a ense&ntilde;ar a follar a los espa&ntilde;oles&rdquo;. &iquest;Hemos aprendido ya por fin, despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> Si, s&iacute;. Yo por lo menos. Y creo que los espa&ntilde;olitos supieron entonces que la postura del misionero no es la &uacute;nica posible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK. &iquest;Crees que la cultura es did&aacute;ctica, que nos ense&ntilde;a c&oacute;mo vivir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JC:</strong> S&iacute;, te&oacute;ricamente s&iacute;. Ense&ntilde;a posturas, <em>ja, ja, ja</em>. Esta s&iacute;, esta no, esta para los fines de semana&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Cueto, mejor no entremos en detalles. </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[DK]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/constitucion-lleva-chip-obsolescencia-programada_1_5565836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jan 2013 13:42:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA["Nuestra constitución lleva el chip de la obsolescencia programada"]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anuncios vascos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/anuncios-vascos_1_5565884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <em>Diario Kafka</em> me ha pedido que, de vez en cuando, d&eacute; cuenta aqu&iacute; de lo que se cuece en el &aacute;mbito cultural vasco. Bueno, de eso, o de lo que me venga en gana, pero puesto que eso es acerca de lo que mejor (o menos mal) puedo predicar en el desierto ib&eacute;rico, me imagino que buena parte de mis colaboraciones tirar&aacute;n por ah&iacute;. Este es, por lo tanto, el primer anuncio de esta columna de opini&oacute;n, mi primer anuncio (vasco).
    </p><p class="article-text">
        El segundo es que llevo m&aacute;s de dos meses enfermo, con problemas de respiraci&oacute;n, y los m&eacute;dicos todav&iacute;a no le han encontrado una soluci&oacute;n clara a mi enfermedad. No se ponen de acuerdo en el diagn&oacute;stico. Me encantar&iacute;a echarle la culpa de mi incierta situaci&oacute;n a los recortes de la Sanidad y todo eso, pero hay que reconocer que en el &aacute;mbito de la Comunidad Aut&oacute;noma Vasca (que es donde vivo), aunque ya se noten, no han llegado a&uacute;n a los (alarmantes) niveles de otras comunidades espa&ntilde;olas. Pero tranquilos, que enseguida llega I&ntilde;igo Urkullu, el nuevo lehendakari (que es como Artur Mas pero con la mand&iacute;bula menos cuadrada), y nos proporciona un buen nuevo mont&oacute;n de viejos motivos para quejarnos, jibarizando a&uacute;n m&aacute;s el raqu&iacute;tico estado del bienestar que, en alegre <em>biribilketa</em>, nos legaron la Transici&oacute;n Democr&aacute;tica y el Concierto Econ&oacute;mico (esos monumentos hist&oacute;ricos). Total, que no s&eacute; c&oacute;mo me va a salir mi primera colaboraci&oacute;n, pese al vasazo de leche con miel y Torres 5 que hoy me acompa&ntilde;a al teclearla.
    </p><p class="article-text">
        Y ya que llevamos dos anuncios (m&aacute;s o menos) vascos, &iquest;por qu&eacute; no dedicar esta columna a algunos anuncios vascos? Me estoy refiriendo, desde luego, a anuncios publicitarios. Ya s&eacute; que los anuncios vascos m&aacute;s conocidos, hasta fechas recientes, eran los que peri&oacute;dicamente hac&iacute;a llegar ETA, v&iacute;a comunicado o plano secuencia, al pueblo trabajador vasco y, de paso, al resto del mundo mundial. Pero hay que reconocer que, desde la tregua definitiva, aunque siguen repiti&eacute;ndose cada tanto, la atenci&oacute;n que concitan se ha ido devaluando sin remedio. No es de extra&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Anuncios publicitarios, en una secci&oacute;n de cultura? Reconozco que yo tambi&eacute;n tengo mis reparos. Pero me han dicho que procure no escribir s&oacute;lo de literatura (que es, se supone, lo m&iacute;o). Y adem&aacute;s cada vez tengo menos claro si la publicidad no es el g&eacute;nero m&aacute;s sincero de &eacute;ste nuestro capitalismo tard&iacute;o: el &uacute;nico que, mintiendo (como todos los g&eacute;neros art&iacute;sticos), es veraz sobre los motivos que lo mueven. Los motivos, o el motivo, que el plural igual sobra. Con un poeta, un cineasta, un bailar&iacute;n o un escultor nunca lo acabas de tener del todo claro; con un cocinero, menos a&uacute;n (de eso sabemos algo en el Pa&iacute;s Vasco). Con un publicista, por lo menos, no caben las dudas. El motivo es el que es. El Motivo. Y punto.
    </p><p class="article-text">
        Y es que hay anuncios que, presumo, s&oacute;lo vemos al norte de la l&iacute;nea del Ebro: anuncios vascos, que apelan a nuestra supuesta idiosincrasia y que, por lo tanto, no se muestran al com&uacute;n de los espa&ntilde;oles. De unos pocos de esos me gustar&iacute;a hablar en este art&iacute;culo. Por ejemplo, de aquella campa&ntilde;a, tan digl&oacute;sica, de la empresa vizca&iacute;na Caf&eacute;s Baqu&eacute;, que proclamaba (entre otras) cosas como &ldquo;<em>Aqu&iacute; campe&oacute;n, se dice txapeldun; aqu&iacute; tapa, se dice pintxo; aqu&iacute; caf&eacute;, se dice Baqu&eacute;</em>&rdquo; y que, por lo tanto, resultaba casi imposible de traducir al euskera, si no se quer&iacute;a caer en la m&aacute;s absoluta de las tautolog&iacute;as. Dio lugar, como es obvio, a un buen n&uacute;mero de chistes y parodias, algunos de m&aacute;s que dudoso gusto (que no voy a reproducir aqu&iacute;).
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                </figure><p class="article-text">
        O esta otra, m&aacute;s reciente, de la Caja Laboral-Euskadiko Kutxa, la entidad ligada al grupo cooperativo y multinacional Mondrag&oacute;n (s&iacute;, ambos conceptos, cooperativismo y multinacional, han llegado a ser compatibles, aunque no me pregunten a m&iacute; c&oacute;mo&hellip;) que, a rebufo de la crisis bancaria espa&ntilde;ola, nos cuenta que <a href="http://www.youtube.com/watch?v=UoMMix9KM-E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hay otra forma de hacer las cosas</em></a>, se supone que no tan rapaz como la de los malvados capitalistas (espa&ntilde;oles). Aunque en cuestiones como las preferentes, el crecimiento v&iacute;a fusiones (en este caso, con otra caja de ahorros, Ipar Kutxa) o los desahucios no parece que la manera de hacer las cosas sea muy otra. S&iacute;, ya s&eacute; que despu&eacute;s del suicidio de Amaia Ega&ntilde;a fue la Caja Laboral, junto a la Kutxa (una entidad tambi&eacute;n vasca) la primera en suspender cautelarmente los &ldquo;lanzamientos&rdquo; de sus hipotecados insolventes&hellip; pero eso quiere decir que antes desahuciaban como el que m&aacute;s, &iquest;no? En fin, reconozco que siento un placer culpable cuando me veo asaltado por la publicidad de bancos, entidades financieras y empresas energ&eacute;ticas: hay pocas cosas que les superen en cinismo, sobre la faz de la tierra (&iquest;<em>Sabes qu&eacute; es lo que hace que un pa&iacute;s funcione? La confianza</em>: Banco de Santander).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el anuncio vasco que m&aacute;s me ha impactado, &uacute;ltimamente, ha sido el &uacute;ltimo de cervezas Keler, empresa que lleva bastantes a&ntilde;os d&aacute;ndole al anuncio con &ldquo;toque euskald&uacute;n&rdquo;. Quiz&aacute; porque, aun siendo la empresa de cerveza de San Sebasti&aacute;n &ldquo;de toda la vida&rdquo; (fundada por los hermanos Kutz en 1890 etc., etc.), fue absorbida hace a&ntilde;os por el grupo de origen catal&aacute;n (pero con inversores multinacionales) Damm: nada activa mejor el patriotismo que un capital difuso y transnacionalizado (Marx se equivoc&oacute; en aquello: los verdaderos internacionalistas no eran los proletarios, sino los otros&hellip;). En el <a href="http://www.youtube.com/watch?v=cA8K5wqbF_s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">anuncio de Keler, &ldquo;la cerveza vasca&rdquo;</a>, que es muy vistoso, el protagonista es el <em>zarauztarra</em> Axi Muniain, surfista profesional, cuyo texto, entre otras, contiene frases tan impagables como &eacute;stas (los comentarios entre corchetes son m&iacute;os): <em>Es nuestra  forma de ser </em>[aqu&iacute; se escucha, c&oacute;mo no, el sonido de la tradicional txalaparta]<em>. No somos de estar sentados</em> [menos en los partidos de f&uacute;tbol, de pelota, en los restaurantes, en las sociedades gastron&oacute;micas&hellip; Los bertsolaris, nuestros poetas-improvisadores, se pasan la mayor parte del tiempo sentados&hellip;]. <em>No sabemos echarnos atr&aacute;s, y no nos esforzamos en gustar</em> [&iquest;que no? Llevamos a&ntilde;os, quiz&aacute; siglos intentando gustar: no en vano fueron vascos los pilares de la burocracia de la Monarqu&iacute;a Hispana, all&aacute; en la Edad Moderna, campeones adulando a Habsburgos y Borbones. O, por acercarnos a tiempos m&aacute;s recientes, ah&iacute; est&aacute; la campa&ntilde;a &ldquo;Ven y cu&eacute;ntalo&rdquo;, de Rosa D&iacute;ez &mdash;cuando era consejera de Turismo del Gobierno Vasco&mdash;. O al exdirigente del PNV, hoy directivo de Petronor, Josu Jon Imaz, que solt&oacute; aquello de que hab&iacute;a que &ldquo;seducir a Espa&ntilde;a&rdquo;. Etc.]. <em>Nos cuesta exteriorizar lo que sentimos. Nosotros no somos de muchas palabras</em> [que se lo digan a Unamuno, a los Baroja, a Atxaga, a Juaristi, a Saizarbitoria&hellip;]. <em>No nos va llamar la atenci&oacute;n</em> [&iacute;dem a Argui&ntilde;ano]. <em>No somos de tener miles de amigos en internet, ni de dos cuadrillas</em> [Xabi Alonso: 3.541.491 seguidores en Twitter]. <em>No somos de club</em> [&iquest;qu&eacute; es el Athletic? Ah, no, que eso tambi&eacute;n es m&aacute;s que un club], <em>de lounge ni de chill out</em> [si yo os contara&hellip;]. <em>Y no, no somos de fast food</em> [qu&eacute; va: pero, &iquest;qu&eacute; otra cosa son los pintxos, adem&aacute;s de car&iacute;simos?]. <em>Dicen que no nos gusta seguir el camino marcado</em> [por eso vamos en masa al Kilometroak &mdash;la m&aacute;s famosa de las macrofiestas organizadas por las ikastolas&mdash;, a la Feria del Libro y Disco Vasco de Durango, a las etapas pirenaicas del Tour, a las regatas de La Concha&hellip; en fin, a todo aquello que represente el viejo esp&iacute;ritu de la romer&iacute;a vasca, aunque secularizado]. T&oacute;picos vascos, uno detr&aacute;s de otro, que ni siquiera s&eacute; si tuvieron alg&uacute;n viso de realidad en el pasado. Ni en el pasado real, ni en esos tan m&iacute;ticos que nos suele encantar recrear (vale, esto tambi&eacute;n es un t&oacute;pico).
    </p><p class="article-text">
        De hecho, una de las pretensiones de estos art&iacute;culos en <em>Diario Kafka</em> ser&aacute;, precisamente, combatir algunos de los t&oacute;picos que, en el &aacute;mbito de la cultura, suelen acompa&ntilde;ar al tratamiento de &ldquo;lo vasco&rdquo;. Ya veremos si lo consigo.
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                </figure><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo anuncio que voy a traer hoy aqu&iacute; es de publicidad institucional: el de la campa&ntilde;a en favor de la vacunaci&oacute;n contra la gripe realizada por Osakidetza, el servicio de salud vasco. El de este oto&ntilde;o mostraba <a href="http://sphotos-a.xx.fbcdn.net/hphotos-ash4/c0.0.403.403/p403x403/408692_439431452764983_2126830551_n.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una imagen</a> inspirada en el cuadro <em>Guernica</em>, de Pablo Picasso: el rostro de una mujer que, en vez de llorar a causa del bombardeo de la Legi&oacute;n C&oacute;ndor en 1937, moquea como consecuencia de los efectos del pertinaz virus. Tengo que confesar que cuando vi la imagen, en una pancarta de gran tama&ntilde;o colgada de una de las fachadas de un hospital de Vitoria, me produjo cierto estupor. No es que est&eacute; en contra de desacralizar algunos s&iacute;mbolos, ni del uso de la iron&iacute;a como agitadora de conciencias. Pero, no s&eacute;, el <em>Guernica</em> es el <em>Guernica</em>, y tiene un significado muy concreto, para una buena parte de los vascos (para otra no: en la inauguraci&oacute;n de una reciente exposici&oacute;n conmemorativa en el museo Artium, el diputado general de &Aacute;lava, del PP, c&oacute;mo no, peror&oacute; sobre la simbolog&iacute;a antibelicista del <em>Guernica</em>, la concordia entre todos los seres humanos etc., sin mencionar en ning&uacute;n momento que se pint&oacute; como denuncia contra el fascismo. Casualidad).
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a, me incomodaba aquel cartel de Osakidetza, pero me dije a m&iacute; mismo: Iban, no seas antiguo, los tiempos cambian; todo se deconstruye, hasta la tortilla de patata y el gazpacho, por qu&eacute; no el <em>Guernica</em>; a fin de cuentas, la intenci&oacute;n del servicio de salud es buena, que los jubilados no pasen un mal invierno y los trabajadores (los que seguimos teniendo empleo) perdamos menos horas laborales; los publicitarios son unos muchachos ocurrentes que lo &uacute;nico que han hecho es expresar su respeto hacia la obra de uno de los maestros de la pintura de todos los tiempos, un <em>homenaje</em>. No hagas caso a tu coraz&oacute;n y vac&uacute;nate, como llevas haciendo desde peque&ntilde;o (mi madre era practicante y siempre lo ha considerado indispensable). No te resistas, vac&uacute;nate, es por tu bien y el de tu pa&iacute;s. No es para tanto. No es m&aacute;s que un cuadro. Un lienzo, muy grande, de acuerdo, pero una tela al fin y al cabo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que lo hice: me vacun&eacute;. Y a los cuatro d&iacute;as empezaron las molestias respiratorias que ya duran m&aacute;s de dos meses y sobre las que no se ponen de acuerdo los m&eacute;dicos, que me han examinado, auscultado, hecho an&aacute;lisis y laringoscopias y broncoscopias: de todo. Y yo les cuento lo de la vacuna de la gripe, y lo del mal fario que me daba el cartel de la campa&ntilde;a, pero no me hacen ni caso, claro.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que estoy obsesionado con los anuncios vascos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iban Zaldua]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/anuncios-vascos_1_5565884.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jan 2013 13:23:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Anuncios vascos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ahora arreglaré las cosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/ahora-arreglare-cosas_1_5565863.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        He rele&iacute;do estas navidades la novela de David Vann <em>Sukkwan Island,</em> publicada por primera vez en 2008 (Alfabia, Barcelona, 2010, 4&ordf; ed., trad. de Daniel Gasc&oacute;n; sobre la defectuosa edici&oacute;n v&eacute;ase <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/verbos-comodin_0_88891211.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el L&amp;L de la semana pasada</a>); ya me hab&iacute;a gustado en su d&iacute;a y me ha vuelto a gustar. En su planteamiento hay dos cosas que me encantan: su tema es la relaci&oacute;n entre un padre y un hijo, y es adem&aacute;s una historia abruptamente cortada en dos partes. Las dos cosas me afectan y me fascinan, la primera por mi experiencia, la segunda seguramente por mi hor&oacute;scopo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de esta exposici&oacute;n cient&iacute;fica de mis motivos personales, debo advertir tambi&eacute;n, a quien le moleste que le destripen las tramas y los finales de las novelas, de que lo que viene a continuaci&oacute;n es puro Jack el Destripador.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sukkwan Island</em> cuenta la historia de un dentista en horas bajas (muy bajas) que se lleva a su hijo de trece a&ntilde;os, al que hace tiempo que no ve, a una isla de Alaska, boscosa y sin caminos, para pasar &ldquo;un a&ntilde;o de educaci&oacute;n&rdquo;. Los vecinos m&aacute;s cercanos est&aacute;n a 30 km., &ldquo;en otra isla, y ahora no me acuerdo de cu&aacute;l es&rdquo; (p. 22). De hecho, no solo de eso no se acuerda el dentista: no se acuerda de llevar &ldquo;las herramientas adecuadas&rdquo; (p.35) para cortar madera, ni una escalera para subir la antena de radio al tejado de la caba&ntilde;a, ni semillas para &ldquo;plantar algo&rdquo; (p. 38), ni comida de sobra antes de que puedan cazar y pescar en serio&hellip; y al tercer d&iacute;a ya entra un oso en la caba&ntilde;a y lo destroza todo. Al hijo le parece que &ldquo;su padre descubr&iacute;a cosas sobre la marcha&rdquo; (p. 24), pero para el padre toda esta improvisaci&oacute;n sirve a un prop&oacute;sito mayor: &ldquo;no me siento parte de ning&uacute;n lugar [&hellip;]. Me faltaba algo, pero tengo la sensaci&oacute;n de que estar aqu&iacute;, contigo, va a arreglar todo eso&rdquo; (p. 28). El hijo, pues, se pone al servicio de la reconstrucci&oacute;n del padre, elegido para suplir sus carencias. El padre a eso lo llama &ldquo;educaci&oacute;n&rdquo;. Tambi&eacute;n se parece a una explotaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta novela es la cr&oacute;nica del fracaso de dos fantas&iacute;as burguesas modernas: la fantas&iacute;a del viaje de aventura (hoy al alcance de varios bolsillos v&iacute;a agencias de turismo e incluso <em>reality shows</em>) y la fantas&iacute;a de la paternidad responsable (hoy tambi&eacute;n al alcance de varios bolsillos v&iacute;a psic&oacute;logos y libros de <em>parenting</em> y autoayuda). Ambas fantas&iacute;as se combinan aqu&iacute; para inscribir la condici&oacute;n de padre responsable en el &aacute;mbito de la naturaleza... M&aacute;s que naturaleza, obviamente, se trata de un parque nacional, donde &ldquo;sobrevivir&rdquo; es producto de la previsi&oacute;n y el entrenamiento, cosas que la naturaleza por s&iacute; misma no considera. Aun as&iacute;, el hombre solo que &ldquo;sobrevive&rdquo; en un parque nacional, y m&aacute;s con un hijo, y m&aacute;s sin &ldquo;acordarse&rdquo;, parece que se &ldquo;naturaliza&rdquo; y encuentra el secreto de la vida. Este deseo de enfrentarse al caos (aunque sea parque nacional) y dominarlo est&aacute; por supuesto ligado a una sarta de tonter&iacute;as masculinas: &ldquo;Hay que ser un hombre para aguantar esto&rdquo; (p. 92); y si el hijo pone alguna pega: &ldquo;No hagas pucheros. &Eacute;ste no es lugar para cr&iacute;os&rdquo; (p. 67), o: &ldquo;Solo sabes discutir como una mujer&rdquo; (p.119).
    </p><p class="article-text">
        No es preciso extenderse m&aacute;s sobre el asunto. Hay que ser un hombre y hacer de tu hijo un hombre tambi&eacute;n. Debemos admitir que este programa de formaci&oacute;n es demasiado sangrante para lo que ense&ntilde;a el <em>parenting</em>, siempre tan comprensivo y corresponsable. (Es inquietante ver c&oacute;mo la madre, totalmente <em>parentizada</em>, inculca sentido de la responsabilidad en su hijo de trece a&ntilde;os, que duda y realmente no quiere emprender ese viaje: &ldquo;quiero que est&eacute;s seguro de que es la mejor decisi&oacute;n que puedes tomar en este momento&rdquo;, p. 115.) Pero la utilidad del hijo para que los padres est&eacute;n contentos de s&iacute; mismos es una de las caracter&iacute;sticas de este tipo de gu&iacute;as, que sirven a los padres para sentirse bien, buenos padres arreglacosas, gracias a un hijo que de alg&uacute;n modo siempre es como un actor secundario, el pie para los mon&oacute;logos e intervenciones del actor principal, el garante de su moral &ldquo;responsable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Sukkwan Island</em> lo dram&aacute;tico es que tanto el padre como el hijo est&aacute;n al tanto, calladamente, de este reparto de papeles. El padre, aparte de llorar por la noche, se cae &mdash;o se tira&mdash; por un barranco, y no tarda en reconocer sus flaquezas e irresponsabilidades y decir cosas horribles como &ldquo;Tienes que darme otra oportunidad&rdquo; (p. 79) o &ldquo;Y no voy a dejar que vuelva a pasar algo as&iacute;, te lo prometo&rdquo; (p. 81). Y el hijo, que de hecho hab&iacute;a accedido a acompa&ntilde;ar a su padre en esta aventura porque lo ve&iacute;a enajenado y al borde del suicidio, y que hab&iacute;a comprendido que su tarea era garantizar la integridad de ese hombre incompetente y tarado, a mitad de novela no puede m&aacute;s, ve que solo de una forma evitar&aacute; que se mate, y se pega un tiro.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; fuerte!
    </p><p class="article-text">
        La novela habr&iacute;a podido terminar aqu&iacute;, con este suicidio tan descabellado como la situaci&oacute;n misma, con este corte de respiraci&oacute;n que cerraba muy bien la historia de falseamiento y corrupci&oacute;n de la naturaleza. Pero en este libro hay un narrador que toma decisiones de narrador y sigue adelante, precisamente con un trozo de naturaleza corrupta, un cad&aacute;ver. Hasta entonces toda la acci&oacute;n hab&iacute;a estado supeditada al punto de vista del hijo, y el padre no ten&iacute;a ni nombre. Ahora el padre de repente se llama Jim y tiene que cargar con la segunda parte.
    </p><p class="article-text">
        Una de las cosas que m&aacute;s me gustan de esos relatos en dos partes, con protagonistas eliminados o desaparecidos en la mitad, como en <em>Psicosis</em> (1960), <em>Carretera perdida</em> (1997) o m&aacute;s recientemente <em>El padre de mis hijos</em> (2009), es la p&eacute;rdida de estatus que infligen al h&eacute;roe. De pronto nadie es centro de nada y la historia de uno se revela incompleta porque es siempre tambi&eacute;n la historia de otros, y porque cuando se nos cuenta algo siempre se nos est&aacute; contando adem&aacute;s otra cosa. Intuimos que el mismo hecho de que una historia tenga un protagonista es una enga&ntilde;ifa. <em>Sukkwan Island</em> tiene adem&aacute;s la originalidad de matar la conciencia del protagonista, pero no su cuerpo, que sigue arrastrando casi cien p&aacute;ginas m&aacute;s. La muerte del hijo puede que sea un sacrificio, pero la segunda parte est&aacute; destinada a mostrar que los cuerpos sacrificados no son aleg&oacute;ricos: se pudren.
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s cosas originales: si la presencia de un cad&aacute;ver tra&iacute;do y llevado suele ser en una ficci&oacute;n motivo de risa, por esa tantas veces ingeniosa falta de respeto que parad&oacute;jicamente es inherente al culto de la muerte, aqu&iacute; tenemos todo lo contrario a una comedia con cad&aacute;ver. Aqu&iacute; hay sangre, malos olores, moscas y mosquitos. Hay un entierro y a la ma&ntilde;ana siguiente una exhumaci&oacute;n. Jim envuelve a su hijo en un saco de dormir, se lo lleva en un bote, le quita el saco para dormir &eacute;l y no morirse de fr&iacute;o, y por la ma&ntilde;ana las gaviotas est&aacute;n ya mordisqueando el cad&aacute;ver. Vuelve a ponerlo en el saco de dormir, encuentra una caba&ntilde;a en otra isla, rompe una ventana: cuando mete el cuerpo de su hijo por ella los cristales rotos rasgan la tela del saco. Lo sienta en una silla de la cocina pero, como no se sostiene, lo cuelga de un gancho, y as&iacute; puede comer en compa&ntilde;&iacute;a. Habla con &eacute;l (&ldquo;Ahora arreglar&eacute; las cosas&rdquo;, p. 153) y, cuando por fin, semanas despu&eacute;s, la putrefacci&oacute;n es insoportable, se resigna a enterrarlo de nuevo, no sin que antes &ldquo;parte de Roy [se salga] por los agujeros del saco&rdquo; (p. 163). Sigue hablando con &eacute;l en su tumba.
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                </figure><p class="article-text">
        Nada de esto resulta c&oacute;mico (incluyo el <em>gore</em> en lo c&oacute;mico), ni siquiera pat&eacute;tico. Jim, en una de sus peripecias con el cad&aacute;ver, se dice a s&iacute; mismo con sarcasmo: &ldquo;Eres un padre genial y tambi&eacute;n un c&oacute;mico&rdquo; (p. 142). Pero el estilo<em> matter-of-fact </em>de la tradici&oacute;n norteamericana no visionaria acompa&ntilde;a las improvisaciones de este hombre irremediable sin forzar nada. El autor no es demasiado bueno en lo introspectivo (&ldquo;estaba sollozando de nuevo, de forma incontrolable, como si otra fuerza desgarrara su cuerpo por dentro&rdquo;, p. 134) ni en la humanizaci&oacute;n de la naturaleza (&ldquo;Los &aacute;rboles ten&iacute;an un aspecto fantasmal&rdquo;, p. 129), pero tampoco presume de conocer el lenguaje del dolor y es muy cauto en eso. En cambio, es buen&iacute;simo en los saberes t&eacute;cnicos, tantas veces errados: en cortar le&ntilde;a, en pescar, en serrar tablillas que nunca salen del mismo tama&ntilde;o, en construir con detalle ahumadores y cobertizos con goteras, en cavar en la tierra un dep&oacute;sito para provisiones que se hunde una y otra vez, en amontonar nieve para hacer una cueva y no conseguirlo. Tambi&eacute;n es bueno en no nombrar &mdash;marca de la casa del minimalismo&mdash; las emociones que expresan peque&ntilde;as acciones, como preparar cereales fr&iacute;os con leche en polvo o patear radios rotas. La tragedia se construye a base de actos, torpezas, idas y venidas, no de s&iacute;mbolos ni de destinos. Todo lo que se describe y narra parece observado, documentado, practicado por el autor. Tiene esa credibilidad &mdash;esa relaci&oacute;n genuina entre el autor y lo que ha elegido contar&mdash; que tanto echamos de menos en muchas novelas.
    </p><p class="article-text">
        Al final el padre es rescatado y conducido a la civilizaci&oacute;n, donde su relato no se lo cree nadie. Lo acusan de asesinato, los abogados piden dinero y los jueces una fianza. La madre y la hermana de Roy van a verlo a un hotelucho de Ketchikan, pero la cosa no sale bien. Entonces decide huir a M&eacute;xico y contrata por 20.000 d&oacute;lares a dos marinos patibularios que tienen &laquo;una mierda de barco&raquo; (p. 200). Dos noches despu&eacute;s, decide volver y declarar que mat&oacute; a su hijo. Los dos siniestros lo atan y lo arrojan al agua.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me habr&iacute;a gustado m&aacute;s que esta segunda parte, como la primera, tampoco cerrara la historia, y que el autor hubiera urdido un final algo menos rotundo, y m&aacute;s innoble, que la muerte. O que al menos el padre fuera tambi&eacute;n cad&aacute;ver y que, en su hundimiento, lo contemplaran y toquetearan un banco de peces y un tibur&oacute;n, como en <em>G&uacute;siev</em> de Ch&eacute;jov: as&iacute; habr&iacute;amos aclarado al fin en qu&eacute; consiste esa cosa nefasta e indiferente, la naturaleza. Pero esto es cosa m&iacute;a y comprendo que no puedo pedir a la carta<em>. </em>El desenlace formal de<em> Sukkwan Island</em> recuerda m&aacute;s bien al de <em>Martin Eden</em>, porque, al fin y al cabo, es una novela cl&aacute;sica norteamericana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/ahora-arreglare-cosas_1_5565863.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jan 2013 12:15:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ahora arreglaré las cosas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esperanza Aguirre y la ópera de tres peniques]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/esperanza-aguirre-opera-peniques_1_5564793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En el mundo de la empresa, hace unos a&ntilde;os, se recurr&iacute;a a una figura, &ldquo;el principio de Peter&rdquo;, una teor&iacute;a que suger&iacute;a que toda persona asciende en una estructura laboral hasta topar con su propio nivel de incompetencia. Hoy esta descripci&oacute;n se podr&iacute;a encarar como una suerte de obsolescencia programada: es decir, se avanza hasta ese punto donde se espera el fallo. Pero como todo tiene soluci&oacute;n en esta vida podr&iacute;amos revertirlo, catalizarlo a trav&eacute;s de la liquidez imperante y encuadrarlo dentro del marco del emprendimiento.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es un emprendedor? Un sujeto que, arropado con la supuesta solidez adquirida durante una formaci&oacute;n y un trabajo posterior, se ve despojado &mdash;por la raz&oacute;n que sea&mdash; de su plataforma laboral y debe resolver esa situaci&oacute;n. No es imaginable que el ej&eacute;rcito de parados protagonicen una revoluci&oacute;n que modifique las estructuras sociales y siembren el territorio nacional con seis millones de emprendimientos. De ser posible, estar&iacute;amos enredados en la trama de una comedia ligera, de un vodevil en el que los desencuentros se manifiestan con situaciones risibles en las que un personaje entra por una puerta al tiempo que su antagonista sale por otra y finalmente convergen para alcanzar un final feliz. &iquest;Imaginan al emprendedor y al comercial del banco jugando al gato y al rat&oacute;n para que todo acabe con un cr&eacute;dito conciliador? Lo explica mejor el teatro del absurdo, como en las obras de Ionesco, en el que el tiempo no existe y las situaciones se repiten hasta alcanzar el colapso. Esto, aunque absurdo, suena m&aacute;s cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Pero el emprendimiento, entendido como superaci&oacute;n de una obsolescencia existencial, tiene referentes que sirven como espejo para promover el modelo. Uno de ellos podr&iacute;a ser el &ldquo;efecto Alicia&rdquo; que permite vislumbrar la posibilidad de atravesar el espejo y pasar del otro lado para alcanzar el reflejo anhelado. En la famosa entrevista que Jordi &Eacute;vole le hizo a Felipe Gonz&aacute;lez, una de las cuestiones que el periodista le plante&oacute; al expresidente fue su condici&oacute;n de consejero de Gas Natural o de poseer un fondo de capital de riesgo. &ldquo;Es que tengo alternativas vitales&rdquo;, respondi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Gonz&aacute;lez, que maneja como pocos el car&aacute;cter l&iacute;quido &mdash;tanto que llev&oacute; al PSOE del idealismo al pragmatismo&mdash;, fue capaz de asumir el fracaso de su derrota electoral de 1996 y desacralizar la supuesta incompetencia alcanzada seg&uacute;n &ldquo;el principio de Peter&rdquo;, ridiculiz&aacute;ndose a s&iacute; mismo: &ldquo;Un expresidente es como un gran jarr&oacute;n chino: donde lo pongas, molesta&rdquo;. Devino entonces en actor principal en el campo privado disolviendo para siempre la obsolescencia laboral, ya que al contar con &ldquo;alternativas vitales&rdquo; elimina &eacute;sta de la escena laboral y la circunscribe al campo biol&oacute;gico en el que perecen los yogures y el resto de los mortales.
    </p><p class="article-text">
        Sin pericia intelectual pero capaz de infinitas peripecias para alcanzar sus objetivos, Esperanza Aguirre es otro paradigma del emprendimiento permanente capaz de disolver toda obsolescencia. Pero Aguirre no muta como Gonz&aacute;lez: disuelve los paisajes y confunde los escenarios. En este sentido se ha equivocado &mdash;o lo ha hecho ex profeso&mdash;Luis Conde, el presidente de Seeliger y Conde, empresa que acaba de fichar a Esperanza Aguirre para presidir su consejo asesor. Conde, de quien se aprecia que intenta hacer bien su trabajo, valora el fichaje declarando que Aguirre &ldquo;es m&aacute;s Guardiola que Mourinho, [porque] de entrada ha dejado un sustituto. Usa la cantera&rdquo;. Es curioso que una noticia que deber&iacute;a estar editada en la secci&oacute;n econ&oacute;mica de la prensa acapare los titulares de pol&iacute;tica y su ejecutor utilice el campo sem&aacute;ntico del deporte.
    </p><p class="article-text">
        Si hay un rasgo que define a Jos&eacute; Mourinho, al igual que a Esperanza Aguirre, son sus comparecencias en las salas de prensa, sitio al que el t&eacute;cnico ha intentado desplazar el sujeto del futbol: el juego. Mourinho juega sus partidos frente a los periodistas y no frente al equipo rival.
    </p><p class="article-text">
        Las <em>performances</em> que Mourinho ha ofrecido van desde el silencio radical hasta la c&eacute;lebre noche en la que, recuerden, despu&eacute;s de que su equipo perdiera la semifinal de la <em>Champions League</em> frente al Barcelona, planteara una duda que el periodista John Carlin encuadr&oacute;, no sin sarcasmo, dentro de la tragedia shakesperiana. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute;?&rdquo;, repet&iacute;a una y otra vez el t&eacute;cnico frente a las c&aacute;maras de televisi&oacute;n del mundo. Carlin se&ntilde;al&oacute; la desproporci&oacute;n entre causa y efecto en el grito que esa noche repiti&oacute; una y otra vez Mourinho, quien lejos de descubrir que sus hijas le hab&iacute;an usurpado el poder como al rey Lear, simplemente hab&iacute;a perdido un partido de f&uacute;tbol. Ya que de una actuaci&oacute;n se trata, Mourinho distingue, al igual que ocurre en el teatro, una cuarta pared y a ella se dirige. Pero no la ignora como establece la convenci&oacute;n sino que la derriba en los mismos t&eacute;rminos que hizo Bertolt Brecht para desarrollar su propuesta del distanciamiento. No se trata de escenificar una tragedia, se impone romper el gui&oacute;n tradicional para que el p&uacute;blico tome conciencia de una revelaci&oacute;n que oscurezca la evidencia de la derrota. As&iacute; como los actores de Brecht bajaban del escenario y portaban carteles con consignas para distanciar al p&uacute;blico de la ficci&oacute;n, Mourinho convierte su comparecencia en una <em>mise en sc&egrave;ne</em>, ya sea a trav&eacute;s del silencio &mdash;y la furia&mdash; o bien alzando la pancarta de la duda que le transfiere a la afici&oacute;n para que en un ejercicio dial&eacute;ctico inusual la asimile. La perversi&oacute;n del procedimiento estriba en que consigue eludir su responsabilidad (a &eacute;l le corresponde explicar por qu&eacute;) y adem&aacute;s, neutralizar la derrota.
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        Pep Guardiola es, a diferencia de Mourinho, un aparente estamento s&oacute;lido, un &uacute;ltimo eslab&oacute;n, el remanente de un pasado con certezas que se expresa con sus ra&iacute;ces en un discurso sin dobleces: su sistema de juego invariable. &ldquo;El f&uacute;tbol es de los futbolistas&rdquo;, repite incansablemente. No se sabe qu&eacute; juego desplegar&aacute; Mourinho en el campo ni en la sala de prensa, pero s&iacute; era previsible el despliegue de magia habitual del Barcelona en el campo, y en sus comparecencias Guardiola hablaba ratificando su singularidad con afirmaciones tan contundentes como que su equipo reten&iacute;a el bal&oacute;n en siete de cada diez minutos. Tanta solidez da v&eacute;rtigo. Tanta liquidez de Mourinho, p&aacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Mourinho es el referente de Aguirre y no Guardiola. Adem&aacute;s, la expresidenta de la Comunidad de Madrid lo dijo varias veces de viva voz. Aguirre, como Mourinho, ha secuestrado el juego pol&iacute;tico quit&aacute;ndolo de la arena donde se desarrolla para llev&aacute;rselo al campo privado. No ahora: desde que lleg&oacute;, hace ya a&ntilde;os, en el entorno inicial de unos tr&aacute;nsfugas que, como en <em>La &oacute;pera de tres peniques</em> de Brecht, conspiraban en los m&aacute;rgenes de lo aceptable. As&iacute; como los actores de Brecht bajan del escenario rompiendo reglas, as&iacute; como Mourinho abre juego en la sala de prensa, Aguirre pod&iacute;a salir en calcetines ante los periodistas, pedir que maten a los arquitectos o que una final de la Copa del Rey se juegue a puerta cerrada. Todo es posible en aras de desviar la atenci&oacute;n. Cuando Aguirre se&ntilde;ala la luna, pretende que se mire hacia el cielo y no su dedo. Por eso, es posible que ahora espere que miremos al sector privado donde supuestamente inmola su carrera pol&iacute;tica. Puede que como a Mac <em>El Navaja</em>, el protagonista de <em>La &oacute;pera de tres peniques</em>, cuando ya todo indica que est&aacute; fuera de escena, le llegue el indulto y vuelva al ruedo.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez Aguirre no tenga que volver por la sencilla raz&oacute;n que nunca se ha ido. Como el yogur, aunque lleva un par de d&iacute;as caducado, se puede seguir comiendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/esperanza-aguirre-opera-peniques_1_5564793.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jan 2013 18:06:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Esperanza Aguirre y la ópera de tres peniques]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Afro-Tarantino y la mutación del arquetipo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/afro-tarantino-mutacion-arquetipo_1_5564815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        A menudo me viene a la cabeza una escena que Todd Solondz decidi&oacute; eliminar del montaje final de <em>Storytelling</em> (2001), esa pel&iacute;cula que aqu&iacute; llev&oacute; el inapropiado t&iacute;tulo de <em>Cosas que no se olvidan</em>. Se trataba de un ep&iacute;logo que el cineasta elimin&oacute; para no sobrecargar de ofensas pol&iacute;ticamente incorrectas un conjunto que ya iba sobrado de ellas. Al igual que ese pr&oacute;logo, carne de leyenda, en el que aparec&iacute;a (se supone) James Van Der Beek efectu&aacute;ndole una felaci&oacute;n a un compa&ntilde;ero de instituto.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos al ep&iacute;logo: en &eacute;l, dos chicas salen del United States Holocaust Memorial Museum de Washington D.C. y discuten sobre lo que han visto. A una de ellas, la visita le ha afectado much&iacute;simo. La otra se muestra mucho m&aacute;s esc&eacute;ptica y argumenta que la explotaci&oacute;n del Holocausto como paradigma del dolor se ha convertido en un clich&eacute; que diluye en la memoria colectiva otras masacres no menos brutales. Ya en la calle, reconocen a un actor de raza negra que est&aacute; sentado en un banco. Es un gesto metaling&uuml;&iacute;stico: reconocen al actor que protagoniza el primer segmento de la misma pel&iacute;cula cuyo ep&iacute;logo (que acabar&aacute; en el limbo) est&aacute;n recorriendo y habitando ellas mismas. S&iacute;, el actor es Robert Wisdom, el int&eacute;rprete que da vida a Mr. Scott, el profesor de Escritura Creativa que, al principio de <em>Storytelling</em>, sodomiza y humilla a una de sus alumnas en una pintoresca interpretaci&oacute;n de las estrategias did&aacute;cticas.
    </p><p class="article-text">
        La chica esc&eacute;ptica saluda a Robert Wisdom y le felicita por su interpretaci&oacute;n de Mr. Scott en <em>Storytelling</em>. Acto seguido, los tres hablan de manera informal de la visita al Museo del Holocausto&hellip; hasta que la esc&eacute;ptica lanza su pregunta bomba: &ldquo;&iquest;Y usted sabe por qu&eacute; en Estados Unidos no hay ning&uacute;n museo dedicado a la Historia de la Esclavitud?&rdquo;. &ldquo;Todo es cuesti&oacute;n de <em>marketing</em>&rdquo;, responde el actor. Solondz, que se autodefine como un jud&iacute;o que sali&oacute; rana, elimin&oacute; la escena para no reincidir en el impulso de seguir toc&aacute;ndoles las narices &mdash;y la memoria hist&oacute;rica&mdash; a los suyos: en la pel&iacute;cula, una familia jud&iacute;a acomodada era gaseada por la empleada del hogar de origen latino que encarnaba la otredad en ese microcosmos del confort.
    </p><p class="article-text">
        El Holocausto y la esclavitud han sido &mdash;e imagino que no por casualidad&mdash; los dos traumas alrededor de los cuales Quentin Tarantino ha levantado sus &uacute;ltimos circos de tres pistas. Los dos trabajos responden a la misma estrategia y casi podr&iacute;amos contemplarlos como un d&iacute;ptico: en ambos casos, la referencia m&aacute;s o menos central es un t&iacute;tulo concreto del cine de g&eacute;nero (o subg&eacute;nero) italiano de los sesenta y setenta que naci&oacute; bastardo y, a su vez, fue objeto de posteriores procesos de adaptaci&oacute;n y bastardizaci&oacute;n; <em>Aquel maldito tren blindado</em> (1978), de Enzo G. Castellari &mdash;que, en su carrera internacional, hab&iacute;a recibido el t&iacute;tulo de <em>The Inglorious Bastards</em>&mdash; y <em>Django</em> (1966), de Sergio Corbucci, un producto derivado de <em>Por un pu&ntilde;ado de d&oacute;lares</em> (1964) que cont&oacute; con la aprobaci&oacute;n de Sergio Leone y que, poco despu&eacute;s, se convertir&iacute;a en inspirador de numerosas versiones corsarias, previas al estricto control de la propiedad intelectual.
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         Tanto en <em>Malditos bastardos</em> &mdash;que, en su t&iacute;tulo original, introduc&iacute;a un elocuente error ortogr&aacute;fico&mdash; como en <em>Django desencadenado</em>, Tarantino parece recoger entre los escombros de la cultura popular productos aparentemente desvalidos &mdash;aunque s&oacute;lo a los ojos de una percepci&oacute;n jer&aacute;rquica y excluyente de lo cultural&mdash; para alimentarlos, muscularlos y, finalmente, darles otros usos (pol&iacute;ticos), sin olvidar sus usos fundamentales (l&uacute;dicos). Para Tarantino, el cine popular es el territorio del deseo, de la utop&iacute;a: de ah&iacute; que, en sus &uacute;ltimos trabajos, le proporcione incluso el poder de transformar y corregir la Historia, de revisar el pasado sobre el principio del placer.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Black Super Power</em>, un libro de Daniel Ausente incluido en la espectacular <em>Black Pulp Box</em> que edit&oacute; el pasado a&ntilde;o la editorial independiente Aristas Mart&iacute;nez, el autor repasa las mutaciones de un arquetipo &mdash;el H&eacute;roe Negro&mdash; en la cultura popular, atendiendo tanto a la historieta como a la literatura de g&eacute;nero o al cine. El cap&iacute;tulo &lsquo;Bad ass mother fucker&rsquo;, que analiza el desarrollo y las contradicciones del cine <em>blaxploitation</em> de los setenta, funciona hoy como un manual de uso &mdash;inconsciente de serlo&mdash;, perfecto para detectar todos los ecos y discursos que confluyen en <em>Django desencadenado</em>, una pel&iacute;cula que, por cierto, no es el primer <em>western</em> con protagonista negro: ah&iacute; est&aacute;n el irreverente <em>spoof</em> <em>Sillas de montar calientes</em>, de Mel Brooks, la agresiva <em>Boss Nigger</em> (1975), de Jack Arnold &mdash;con gui&oacute;n de una de las estrellas clave del fen&oacute;meno, Fred Williamson, que tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde saldr&iacute;a en <em>Aquel maldito tren blindado</em> y acabar&iacute;a siendo reciclado por el tarantismo en <em>Abierto hasta el amanecer</em> (1996)&mdash; o <em>Posse</em> (1993), de Mario van Peebles, hijo del Melvin van Peebles que dirigi&oacute; &ldquo;Sweet Sweetbacks&rsquo;s Baadasssss Song&rdquo; (1971), pel&iacute;cula fundacional que, seg&uacute;n recuerda Ausente, se abr&iacute;a con la siguiente dedicatoria: &ldquo;A todos los hermanos y hermanas que no soportan m&aacute;s al hombre blanco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pensar en un Django negro no est&aacute; tan lejos de pensar en, pongamos, una Emanuelle negra y, por tanto, el gesto no supone ninguna autom&aacute;tica garant&iacute;a de sensibilidad racial por parte de Tarantino. Entre el cat&aacute;logo de referencias que maneja el cineasta no faltan, en este caso, algunos trabajos que se movieron con mayor, menor o inexistente elegancia en la cuerda floja que separa la voluntad de mensaje (concienciado) con el morbo (irrefrenable o no): junto a la forja de un H&eacute;roe Negro &mdash;aqu&iacute; la supuesta paradoja hist&oacute;rica consiste en imaginar un Mes&iacute;as <em>Black Panther</em> antes de que el <em>Ku Klux Klan</em> aprenda a agujerear sus capuchas&mdash;, Tarantino tambi&eacute;n parece tener en cuenta las miradas sensacionalistas del <em>Mandingo</em> (1975) de Richard Fleischer y de ese inenarrable &mdash;y poderos&iacute;simo&mdash; <em>Adi&oacute;s, t&iacute;o Tom</em> (1971) de Gulatiero Jacopetti y Franco Prosperi, el <em>mockumentary</em> que los autores de <em>Este perro mundo</em> (1962) realizaron para quitarse de encima las acusaciones de racismo generadas por <em>Adi&oacute;s, &Aacute;frica</em> (1966) &mdash;aunque consiguieron todo lo contrario&mdash;.
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                </figure><p class="article-text">
        <em>Django desencadenado</em>, el <em>western</em> con m&aacute;s frases subordinadas de la historia del g&eacute;nero, es una pel&iacute;cula obsesionada con el lenguaje y, en esos nexos de uni&oacute;n con las obras de Fleischer y Jacopetti&amp;Prosperi, juega a liberar todo ese imaginario del sadismo esclavista de su sustrato (ideol&oacute;gico o l&uacute;brico) reprobable. Tambi&eacute;n es una pel&iacute;cula que habla insistentemente sobre la representaci&oacute;n: en este sentido, la caracterizaci&oacute;n &mdash;y el destino final&mdash; del personaje encarnado por Samuel L. Jackson deja bien clara la opini&oacute;n del cineasta sobre la tradicional representaci&oacute;n del t&iacute;o Tom en el cine norteamericano &mdash;el negro servil es una rata para el negro, m&aacute;s o menos&mdash;: el criado servil era un arquetipo que necesitaba un sacrificio cat&aacute;rtico, porque nadie hab&iacute;a programado su obsolescencia.
    </p><p class="article-text">
        Si alguien dudaba de la eficacia de <em>Django desencadenado</em> como agente provocador, la reacci&oacute;n de Spike Lee aclara todas las dudas: Tarantino no ha topado con la Iglesia, sino con algo peor&hellip; un afroamericano pose&iacute;do por la correcci&oacute;n pol&iacute;tica. Aunque tambi&eacute;n es precipitado atribuir capacidades heroicas al autor de <em>Django desencadenado</em>: las cifras de taquilla y el entusiasmo que la pel&iacute;cula ha generado entre el p&uacute;blico afroamericano quiz&aacute; no hagan otra cosa que darle la raz&oacute;n a Robert Wisdom. S&iacute;, quiz&aacute;, en el fondo, todo era tan s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de <em>marketing</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Costa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/afro-tarantino-mutacion-arquetipo_1_5564815.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jan 2013 17:40:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Afro-Tarantino y la mutación del arquetipo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ale Hop!!!*]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/ale-hop_1_5564860.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        *Expresi&oacute;n ritual utilizada en el circo para jalear los n&uacute;meros art&iacute;sticos presenciados.
    </p><p class="article-text">
        Claramente el circo es hoy por hoy una causa perdida; acaso por eso merece la pena militar en la defensa de un espect&aacute;culo menor, perdido en la periferia de las artes esc&eacute;nicas, err&aacute;tico en los meandros de la memoria y con perversas lecturas sicoanal&iacute;ticas para sus escasos defensores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El circo moderno es una manifestaci&oacute;n relativamente reciente, tiene solo cien a&ntilde;os m&aacute;s que el cine. Fue Astley, un caballista brit&aacute;nico, quien reinvent&oacute; por vez primera el circo en pista circular, quiz&aacute;s con un origen militar nacido de los caballeros que adiestraban caballos en los ej&eacute;rcitos europeos. As&iacute; se fue consolidando el circo ecuestre, e itinerante. Con compa&ntilde;&iacute;as que actuaban en los grandes coliseos estables de las grandes ciudades europeas, los Kursaal, Tivoli, Uni&oacute;n, D&acute;hiver, Central, o Price tejieron una importante red en las capitales europeas, y convirtieron el circo en un popular espect&aacute;culo de adultos alejado de los circos del otro lado del Atl&aacute;ntico m&aacute;s cercanos a las ferias y a los enga&ntilde;osos pabellones que presentaban monstruos humanos o fen&oacute;menos malformados de la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a el circo tiene dos momentos estelares: el circo de origen c&iacute;ngaro, procedente de centro Europa, con adiestradores de osos haciendo el camino, del periodo anterior a la guerra civil, y el circo de la escuela del hambre, que hac&iacute;a volatines en las plazas de los pueblos y en los gimnasios de las ciudades. Era un circo tan &eacute;pico como cutre, ejemplar en muchos aspectos, un circo genuinamente espa&ntilde;ol con payasos musicales interpretando pasodobles. Payasos de la escuela zaragata, con entradas &mdash;as&iacute; se llama a los n&uacute;meros de augustos y cara blanca&mdash; de doble sentido y sal gorda que crearon una escuela clonesca singular, netamente celtib&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Aquel era un circo m&iacute;nimo, esencial, &ldquo;povero&rdquo;, con contorsionistas y funambulistas con las mallas remendadas, no menos que los chapit&oacute;s &mdash;lease carpas&mdash;, que enamoraron con sus vuelos circulares a miles de adolescentes de la Espa&ntilde;a gris del franquismo.
    </p><p class="article-text">
        Yo me afili&eacute; al viejo espect&aacute;culo al descubrir en la tapia de mi casa en un pueblo del norte un cartel multicolor de un circo viajero, cuando cre&iacute;a que mi pa&iacute;s era solo en blanco y negro.
    </p><p class="article-text">
        No hay que confundir el circo con ese <em>mix</em> musical que a&uacute;na el teatro, el <em>cabaret </em>y los musicales con un muy atractivo m&aacute;rquetin empresarial que convirti&oacute; al Cirque du Soleil en una propuesta esc&eacute;nica muy rentable.
    </p><p class="article-text">
        El circo es endog&aacute;mico, alejado del mundo real, una aut&eacute;ntica ciudad ambulante; el circo es tan promiscuo como conservador. Yo, ante el buen ismo animalista, defiendo el circo con animales artistas, aut&eacute;nticos trabajadores y soporte econ&oacute;mico de muchas familias que miman y cuidan a elefantes y leones nacidos en cautividad y que se reproducen con frecuencia, al contrario de sus cong&eacute;neres, en zoos estables.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el circo con fieras est&aacute; perseguido, pero curiosamente, concebido como una propuesta infantil, son los n&uacute;meros que despiertan m&aacute;s curiosidad e inter&eacute;s entre la rep&uacute;blica de los m&aacute;s peque&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        No caben otras l&iacute;neas en este texto solicitado. El circo merece un serial, el circo de las gentes del camino, itinerante, ecuestre y europeo, y en v&iacute;speras de su ag&oacute;nica desaparici&oacute;n anunciada tengo que subrayar un viva el circo, y a&ntilde;adir un gloria al circo espa&ntilde;ol. Ale Hop!!!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramón Pernas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/ale-hop_1_5564860.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jan 2013 17:12:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ale Hop!!!*]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El thriller navarro y la gran novela americana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/thriller-navarro-gran-novela-americana_1_5564875.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Siempre hemos tenido la sensaci&oacute;n de que la cultura es lo que saben los dem&aacute;s. Lo que nosotros mismos sabemos nos parece muy poca cosa, pero los otros en cambio no dejan de ilustrarnos. Esta semana hemos aprendido, como siempre, varias cosas de las que no ten&iacute;amos noticia. Con decir que acaba de descubrirse un nuevo g&eacute;nero literario, est&aacute; todo dicho.
    </p><p class="article-text">
        Es necesario reconocer con humildad que <em>La Vanguardia</em> nos ha asombrado con su espectacular <em>scoop</em>, una exclusiva que sin duda le envidiamos el resto de la prensa y que aparece con el prometedor titular: &ldquo;<a href="http://www.lavanguardia.com/libros/20130116/54361947248/nace-thriller-navarro.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nace el thriller navarro</a>&rdquo;. &iexcl;Por fin! &iexcl;A alguien ten&iacute;a que ocurr&iacute;rsele! Ese alguien es la donostiarra Dolores Redondo, autora del sensacional descubrimiento que al parecer &ldquo;funde la novela negra con la mitolog&iacute;a vasca&rdquo;, bajo el t&iacute;tulo <em>El guardi&aacute;n invisible</em>. Le deseamos suerte a ese nuevo g&eacute;nero literario, el <em>thriller navarro</em>, que sin duda es el que todos est&aacute;bamos esperando con impaciencia, ya que, incluso antes de publicarse, se ha vendido en 15 pa&iacute;ses y tambi&eacute;n para su adaptaci&oacute;n al cine.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Cultural </em>de <em>El mundo</em>, sin embargo, ven&iacute;a bastante cargadito de impugnaciones. Ignacio Echevarr&iacute;a impugnaba las listas de m&aacute;s vendidos y, en general, la molicie, pereza y previsibilidad de los rese&ntilde;istas. No es una cuesti&oacute;n de n&uacute;meros, pero los n&uacute;meros son elocuentes: &ldquo;En una lista de las diez &lsquo;mejores obras de ficci&oacute;n publicadas los &uacute;ltimos doce meses por autores espa&ntilde;oles e hispanoamericanos&rsquo; no aparece ning&uacute;n autor hispanoamericano. &iexcl;Ninguno!&rdquo; &Iacute;tem m&aacute;s: &ldquo;Algo semejante cabe decir respecto a la presencia de escritoras en la lista de los &lsquo;mejores&rsquo;. Una sobre diez&rdquo;. Otros&iacute;: &ldquo;El m&aacute;s joven, entre los autores seleccionados, es Men&eacute;ndez Salm&oacute;n, nacido en el a&ntilde;o 1971. Le siguen Clara Us&oacute;n, nacida en 1961, y Javier Cercas, nacido en 1962. Todos los dem&aacute;s son autores nacidos en las d&eacute;cadas de los cincuenta o cuarenta&rdquo;. Vale la pena leer <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/32122/Impugnacion" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el art&iacute;culo entero</a>.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, F&eacute;lix de Az&uacute;a, sin timideces, impugnaba el resto, lo que se hab&iacute;a dejado Echevarr&iacute;a por impugnar y el arte contempor&aacute;neo en su conjunto: &ldquo;Estamos en un momento muerto, que llevamos mucho tiempo, desde los 80 del siglo pasado, es decir, 30 o 40 a&ntilde;os, sin arte, en el sentido de que no hay ninguna manifestaci&oacute;n art&iacute;stica que encarne un pensamiento interesante&rdquo;. La entrevista completa <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/32126/Felix_de_Azua" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Diario Kafka</em> no pod&iacute;amos dejar de leer con atenci&oacute;n la propuesta de Fernando Bermejo Rubio, en <em>Babelia</em>, titulada &ldquo;<a href="http://blogs.elpais.com/tormenta-de-ideas/2013/01/kafka-la-solucion-a-un-enigma.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Kafka, la soluci&oacute;n a un enigma</a>&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; le sucedi&oacute; en realidad a Gregor Samsa? La respuesta de Bermejo Rubio no es entomol&oacute;gica, como la de Nabokov, que lleg&oacute; a dibujar con precisi&oacute;n el tipo de insecto en que se transform&oacute; el viajante de comercio. Bermejo Rubio se dirige m&aacute;s bien al aspecto sanitario de la novela&hellip; &iexcl;y hasta ah&iacute; podemos leer! 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Leontxo Garc&iacute;a, en <em>El Pa&iacute;s</em>, &ldquo;Anand produjo ayer [por el lunes 15 de enero] la obra de arte m&aacute;s bella de su carrera&rdquo;. &iexcl;Y eso que parec&iacute;a que el campe&oacute;n hab&iacute;a empezado a aflojar el paso! Pues para Leontxo, acaba de &ldquo;crear su <em>Gioconda</em>&rdquo;, una de esas partidas inmortales, jugando con negras y con la Defensa Semieslava contra el armenio L. Aroni&aacute;n. Se puede ver <a href="http://www.elpais.com/misc/ajedrez/16enero13.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         M&aacute;s sorpresas. Ni <em>Moby Dick</em>, ni <em>El gran Gatsby</em>, ni <em>Libertad</em>. Ahora resulta que: &ldquo;<a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/15/actualidad/1358283784_853936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La gran novela americana es una foto</a>&rdquo;. Con este t&iacute;tulo resplandeciente comenta Elsa Fern&aacute;ndez-Santos en <em>El Pa&iacute;s</em> la retrospectiva del fot&oacute;grafo norteamericano Robert Adams en el Reina Sof&iacute;a. Sin duda es una de las grandes atracciones culturales del nuevo a&ntilde;o, porque tambi&eacute;n ha despertado inter&eacute;s en <em>Abc</em>, donde Francisco Carpio la analiza con el t&iacute;tulo (menos afortunado, a nuestro juicio): &ldquo;Adams: ver para cre(e)r&rdquo;. Con raz&oacute;n afirma el comisario de la exposici&oacute;n, Joshua Chuang: &ldquo;Las fotograf&iacute;as de Adams se leen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En teatro es noticia la adaptaci&oacute;n que <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/ESCENARIOS/32154/Rigola_se_atreve_con_Woody_Allen" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alex Rigola</a> ha realizado de la pel&iacute;cula <em>Maridos y mujeres</em>, de Woody Allen, y que <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/11/actualidad/1357932602_232447.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se estrena</a> en el teatro de La Abad&iacute;a de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Entre las novedades y los descubrimientos, nos ha llamado la atenci&oacute;n un rescate al margen de la actualidad y del espect&aacute;culo cultural, el del poeta asturiano V&iacute;ctor Botas, al que evoca el n&uacute;mero de diciembre de <em>El cuaderno</em>. Sobre el autor de <em>Las cosas que me acechan</em>, fallecido en 1994, escriben Rafael Su&aacute;rez Pl&aacute;cido, Jos&eacute; Havel, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Jorge S&aacute;enz Herrero y Juan Carlos Su&ntilde;&eacute;n, adem&aacute;s de una entrevista que Jaime Priede le hace a Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n, que ha reeditado la poes&iacute;a completa de Botas. Para quien no conozca a V&iacute;ctor Botas, como era nuestro caso (todo hay que decirlo), los comentarios y la tentadora <a href="http://issuu.com/elcuadernocultural/docs/elcuaderno40" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">selecci&oacute;n de sus poemas</a> en esta revista constituyen una irresistible invitaci&oacute;n a su lectura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[DK]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/thriller-navarro-gran-novela-americana_1_5564875.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jan 2013 17:01:45 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El thriller navarro y la gran novela americana]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Obsolescencia moral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia-moral_1_5564213.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Y dijo Steve Jobs: &ldquo;Si dese&aacute;is siempre el producto m&aacute;s reciente y con m&aacute;s aplicaciones, entonces deb&eacute;is comprar un iPod al menos una vez al a&ntilde;o&rdquo;. As&iacute; es. En el mundo de la inform&aacute;tica, no solo es habitual fabricar algo nuevo para crear de rebote algo pasado de moda, tambi&eacute;n lo es fabricar algo programado para estropearse.
    </p><p class="article-text">
        Si todav&iacute;a no has visto el estupendo documental <em>Comprar, tirar, comprar</em>, dirigido por Cosima Dannoritzer (<a href="http://www.eldiario.es/kafka/fecha-caducidad_0_89241172.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevistada</a> por Lilian Neuman para DK),<strong> </strong>corre a hacerlo. Lo tienes <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-comprar-tirar-comprar/1382261/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>. Mientras vuelvo a verlo pienso en las cosas que no se estropean y que no pasan de moda: los documentales bien hechos, por ejemplo. En este sentido los reportajes son como una tabla de n&aacute;ufrago en el oc&eacute;ano del paso del tiempo (perd&oacute;n por la met&aacute;fora), una tabla desde la que poder acceder a otra: ver documentales compulsivamente te permite empezar en <em>Los secretos de la cobra real</em>, por ejemplo, pasar despu&eacute;s por <em>Carl Jung: el mundo interior</em> y acabar en <em>La revoluci&oacute;n cu&aacute;ntica</em>. Recorres la historia de la humanidad en una tarde (perd&oacute;n por la hip&eacute;rbole).
    </p><p class="article-text">
        El caso es que saltando del psicoan&aacute;lisis a los reptiles de sangre fr&iacute;a llegu&eacute; &mdash;no s&eacute; c&oacute;mo. Esto es la Red&mdash; a la pel&iacute;cula <em>The queen of Versailles</em>, de la directora estadounidense Lauren Greenfield. Se trata de un documental sobre David Siegel, el magnate inmobiliario, y su singular esposa Jackeline Salomon, a los que el <em>crash</em> de 2008 sorprendi&oacute; construy&eacute;ndose una casa tipo Versalles (en la que ten&iacute;an, de 3.000 metros cuadrados, no les cab&iacute;an ya las nuevas compras). La futura casa se inspiraba en el palacio de Versalles, tendr&iacute;a un ala para los ni&ntilde;os, una pista de patinaje sobre hielo, un par de <em>spas</em>, tres piscinas, sal&oacute;n de baile, cinco cocinas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Jackie &iquest;es esta tu habitaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, ese es mi armario.
    </p><p class="article-text">
        No es un chiste, es un di&aacute;logo entre entrevistadora y entrevistada mientras recorren la casa en construcci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         La pel&iacute;cula no se diferenciar&iacute;a de otras grabaciones menores en las que famosos o millonarios ense&ntilde;an sus posesiones si no fuera porque registra el hundimiento de la pareja tras la debacle econ&oacute;mica. S&iacute;, como en toda buena obra de ficci&oacute;n, los protagonistas no son los mismos cuando la historia termina. Aqu&iacute;, el tipo que fanfarronea ante la c&aacute;mara de haber contribuido a la elecci&oacute;n de George Bush con m&eacute;todos &ldquo;quiz&aacute;s ilegales&rdquo;, termina encerrado en un cuartucho gritando que apaguen las luces para no gastar m&aacute;s dinero. Pero adem&aacute;s, desde el principio, la mirada inteligente tras la c&aacute;mara sabe d&oacute;nde enfocar o a qu&eacute; detalle atender. El retrato de los personajes no se construye con los grandes rasgos f&aacute;cilmente caricaturizables sino con los peque&ntilde;os detalles y los gestos casi inadvertidos (esa incomodidad del hombre porque los sesenta kilos de su mujer sentada encima le est&aacute;n machacando las piernas). El filme muestra el hundimiento moral, la decrepitud que ning&uacute;n objeto por muy ostentoso y dorado que sea puede ocultar: en el sal&oacute;n versallesco un lagarto se ha muerto por falta de alimento y empieza a descomponerse, los cad&aacute;veres de los peces flotan en el agua sucia de una pecera y los excrementos de perro se encuentran diseminados sobre todas las alfombras car&iacute;simas. La suciedad y la desidia van minando a unos personajes que dan vueltas en su propio hast&iacute;o, en su propia locura. El conjunto es grotesco. El espectador no da cr&eacute;dito, y es tanta la retah&iacute;la de desprop&oacute;sitos que cuesta destacar uno.
    </p><p class="article-text">
        En el documental <em>Comprar tirar comprar</em> compart&iacute;amos con el protagonista la desesperaci&oacute;n de quien ha manejado alguna vez una impresora, esos artefactos que antes de obedecer al bot&oacute;n cancelar imprimen dieciocho p&aacute;ginas para luego romperse. En <em>The queen of Versailles</em> estamos a otro nivel. Aqu&iacute; da igual que las cosas se rompan o no, el mecanismo va m&aacute;s all&aacute; de eso, se compra en cualquier caso, de todo, y compulsivamente. La acumulaci&oacute;n por la acumulaci&oacute;n es una bulimia consumista en la que sin embargo al final no hay arrepentimiento ni expulsi&oacute;n de lo ingerido. Los ricos no tienen remordimientos ni necesitan excusa. Las decenas de peque&ntilde;as bicicletas que se acumulan en el garaje porque no sirven a nadie no provocan ni el m&iacute;nimo pensamiento. La obsolescencia programada es cosa de las clases medias, la excusa que necesita gran parte de los consumidores para no sentirse culpables. Pero en el universo de <em>The queen of Versailles</em> nadie se siente culpable, &iquest;por qu&eacute; iban a hacerlo? Compran como respiran, a un ritmo en el que la obsolescencia programada no puede cumplirse. La obsolescencia no est&aacute; ya en los objetos sino en ellos mismos. El deterioro es el de los personajes y la descomposici&oacute;n es moral.
    </p><p class="article-text">
        (El documental, estrenado este verano en USA, ha ganado varios premios, entre ellos el de mejor direcci&oacute;n en el Sundance Film Festival 2012. Tambi&eacute;n fue elegido por <em>The Guardian</em> como uno de los diez mejores films del 2012. A ver si RTVE se anima a emitirlo.) 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Begoña Huertas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia-moral_1_5564213.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Jan 2013 18:52:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Obsolescencia moral]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fragua de Vulcano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/acerca-cabeza_1_5564072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Acerca la cabeza, escucha esta voz:
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo he visto cosas que vosotros no creer&iacute;ais: atacar naves en llamas m&aacute;s all&aacute; de Ori&oacute;n. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannh&auml;user. Todos esos momentos se perder&aacute;n en el tiempo como 	l&aacute;grimas en la lluvia. Es hora de morir.</em>
    </p><p class="article-text">
        Son las &uacute;ltimas palabras que pronuncia el replicante Roy Batty en <em>Blade Runner</em>, antes de morir bajo la lluvia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Este mon&oacute;logo no figuraba en la novela de Philip K. Dick en la que (de forma muy libre) se inspir&oacute; la pel&iacute;cula, <em>&iquest;Sue&ntilde;an los androides con ovejas el&eacute;ctricas?</em> Tampoco estaba en el gui&oacute;n. Al parecer, se le ocurri&oacute; sobre la marcha al actor Rutger Hauer. Primero decidi&oacute; suprimir varias l&iacute;neas del texto y, como en la escena llov&iacute;a, se puso a improvisar por su cuenta y le sali&oacute; nada menos que esto: &ldquo;<em>All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al terminar la escena, el equipo de rodaje rompi&oacute; en aplausos y a m&aacute;s de uno se le saltaron las l&aacute;grimas.
    </p><p class="article-text">
        No me sorprende.
    </p><p class="article-text">
        De lo que no cabe duda es de que Rutger Hauer es lo m&aacute;s parecido a un artista que ha pisado un plat&oacute; de cine. No s&oacute;lo le meti&oacute; la tijera, con la precisi&oacute;n de un poeta, a la lacrim&oacute;gena perorata del gui&oacute;n original, sino que la afil&oacute; hasta darle la contundencia de un cl&aacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Todos estamos, como los replicantes de <em>Blade Runner</em>, destinados a morir, tenemos instalado en nuestro interior un chip de obsolescencia programada.
    </p><p class="article-text">
        Pero nos sublevamos; en vano, pero nos rebelamos igual que un Nexus-6, esa &uacute;ltima generaci&oacute;n de humanoides fabricada por la Tyrell Corporation para que fueran &ldquo;m&aacute;s humanos que los humanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los de la Tyrell consiguieron su prop&oacute;sito: los Nexus-6 protagonizaron una insurrecci&oacute;n en Marte, no quer&iacute;an morirse, y hasta se enfrentaron a su creador.
    </p><p class="article-text">
        Como nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Al menos en general, pues en la novela de Philip K. Dick, el propio Deckard llega a la sombr&iacute;a conclusi&oacute;n de que &ldquo;<em>most androids I've known have more vitality and desire to live than my wife</em>&rdquo;, es decir: la mayor&iacute;a de los androides que he conocido tienen m&aacute;s energ&iacute;a y m&aacute;s ganas de vivir que mi mujer.
    </p><p class="article-text">
        Deckard es un cazador de recompensas (en la novela) o un polic&iacute;a del cuerpo de <em>Blade Runners</em> (en la pel&iacute;cula); su cometido es detectar a los Nexus-6 fugitivos, los replicantes, y retirarlos de la circulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el dudoso caso de que alguien (de mi edad) no haya visto la pel&iacute;cula, no creo que haga falta decir que Deckard se enamora de una replicante, Rachel, y en lugar de retirarla, huyen juntos, sin saber a d&oacute;nde ni de cu&aacute;nto tiempo disponen todav&iacute;a o, como dir&iacute;a el Tenorio, cu&aacute;ntos granos quedan en el reloj de su vida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En otras palabras, tienen que aprender a vivir como vivimos todos, sin saber cu&aacute;nto nos queda por delante.
    </p><p class="article-text">
        <em>Ven y ver&aacute;s al alto fin que aspiro</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>antes que el tiempo muera en nuestros brazos.</em>
    </p><p class="article-text">
        Como supon&iacute;a el (ya no tan an&oacute;nimo) poeta sevillano de la <em>Ep&iacute;stola moral a Fabio</em> (Fern&aacute;ndez de Adrada), el chip de obsolescencia lo llevamos instalado en las mu&ntilde;ecas, tic-tac, tic-tac, tic-tac, hasta que se nos pare el pulso y &ldquo;el tiempo muera en nuestros brazos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, &iquest;a qu&eacute; apodemos aspirar, a qu&eacute; alto fin o no tan elevado? &iquest;Qu&eacute; se le puede decir a Roy Batty? &iquest;Para qu&eacute; vivir o c&oacute;mo vivir? O como preguntar&iacute;a Vicente Aleixandre: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; besar tus labios, si se sabe que la muerte est&aacute; pr&oacute;xima?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Pues precisamente por eso: para convertir la muerte en injusticia.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Unamuno que hay que vivir de tal modo que nuestra muerte parezca una injusticia.
    </p><p class="article-text">
        Morirse no es ni justo ni injusto, es la naturaleza. Como no es ni justo ni injusto que las mandarinas tengan pepitas o que las hojas caigan en oto&ntilde;o. Sin embargo, hay quien vive y hace que sea injusto que se muera. No me refiero a la injusticia de la forma de morir: es injusto que le cayera una teja en la cabeza, es injusto que le atropellara un coche, etc. Me refiero al hecho mismo de que alguien que ha vivido as&iacute; tenga que morir.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que consigue la insurrecci&oacute;n del replicante y por eso el equipo de rodaje no pod&iacute;a contener el llanto: era tan injusto.
    </p><p class="article-text">
        En mi cabeza, el soliloquio de Roy Batty siempre aparece enredado, como las cerezas, con un poeta al que ni el bachillerato ni Alfonso Guerra han conseguido hacerme antip&aacute;tico: Antonio Machado, que me parece que ofrece una respuesta.
    </p><p class="article-text">
        En una de sus &ldquo;Galer&iacute;as&rdquo;, la LXXVIII, escribi&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Y ha de morir contigo el mundo mago</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>donde guarda el recuerdo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>los h&aacute;litos m&aacute;s puros de la vida,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la blanca sombra del amor primero,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la voz que fue a tu coraz&oacute;n, la mano</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que t&uacute; quer&iacute;as retener en sue&ntilde;os,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y todos los amores</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que llegaron al alma, al hondo cielo?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Y ha de morir contigo el mundo tuyo,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la vieja vida en orden tuyo y nuevo?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Los yunques y crisoles de tu alma</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>trabajan para el polvo y para el viento?</em>
    </p><p class="article-text">
        Sab&iacute;amos ya que la muerte de otro destruye una parte de nuestro mundo, hace m&aacute;s peque&ntilde;a nuestra vida, como expres&oacute; John Donne en su &ldquo;Meditaci&oacute;n XVII&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        <em>No man is an island, entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main; if a clod be 	washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend's or of thine own were; any man's death diminishes me, because I am involved in mankind, and 	therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee.</em>
    </p><p class="article-text">
        (Como si dijera, poco m&aacute;s o menos: Ning&uacute;n hombre es una isla, completo por s&iacute; solo; cada hombre es una parte del continente, un fragmento de la totalidad; si el mar se llevara un pedazo de tierra, Europa ser&iacute;a menor, como si desapareciera un promontorio, como si se llevara la casa de uno de tus amigos o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque formo parte de la humanidad, y por lo tanto nunca preguntes por qui&eacute;n doblan las campanas; doblan por ti).
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos dice Machado es que, cada vez que muere una persona, desaparece un mundo entero: el suyo.
    </p><p class="article-text">
        Quien ha vivido, siempre que lo haya hecho con m&aacute;s ganas que la mujer de Deckard, ha creado un mundo. Por eso su muerte es una injusticia. No importa tanto haber tripulado naves en llamas m&aacute;s all&aacute; de Ori&oacute;n, a veces basta con haber querido &ldquo;retener en sue&ntilde;os&rdquo; una mano.
    </p><p class="article-text">
        Vista desde el otro lado, la queja de Roy (&iquest;Y ha de morir conmigo un mundo entero, el m&iacute;o?) da testimonio de que ha vivido: ha valido la pena y es injusto que muera.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; es un mundo propio, un mundo tuyo?
    </p><p class="article-text">
        Machado lo define as&iacute;: &ldquo;la vieja vida en orden tuyo y nuevo&rdquo;. La vieja vida, la que todos tenemos disponible, hay que hacerla nuestra: ordenar el mundo, la experiencia de la realidad, con nuestro propio criterio (en orden tuyo), para convertirlo en algo distinto, y por eso la vieja vida se vuelve nueva con cada persona que la vive, como el agua que adopta la forma del recipiente que la contiene.
    </p><p class="article-text">
        Unamuno sol&iacute;a decir tambi&eacute;n que la finalidad de la vida es &ldquo;hacerse un alma&rdquo;: no venimos con ella de f&aacute;brica, no est&aacute; all&iacute; de antemano, lista para protagonizar nuestra existencia, sino que es el resultado de nuestro propio esfuerzo: lo que hacemos nos hace.
    </p><p class="article-text">
        Para Machado, un alma haci&eacute;ndose a s&iacute; misma es una tarea muy complicada, casi metal&uacute;rgica: al parecer hay yunques y crisoles; se trabaja el acero a martillo en el yunque, se funde en el crisol a temperatura muy elevada. El alma es una fragua. Tal vez en ella nos empe&ntilde;amos en vano, como el herrero cojo y cornudo, al que la diosa del amor enga&ntilde;a con el dios de la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Y luego todo eso, esos momentos, ese mundo, &iquest;tiene que ser entregado al polvo y al viento, se pierde como l&aacute;grimas en la lluvia? &iquest;No es injusto?
    </p><p class="article-text">
        Para el dolor de Roy y para el nuestro no hay otra respuesta que la de los poetas: vivir para convertir la muerte en una injusticia, crear un mundo.
    </p><p class="article-text">
        El replicante, al morir, suelta una paloma que sujetaba en sus manos.
    </p><p class="article-text">
        La paloma vuela hacia el oscuro cielo y Deckard contempla en silencio c&oacute;mo se deshace un mundo entero ante sus ojos.
    </p><p class="article-text">
        Su compa&ntilde;ero Gaff aparece poco despu&eacute;s y le dice: &ldquo;<em>L&aacute;stima que ella no pueda vivir, pero &iquest;qui&eacute;n vive</em>?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pues quiz&aacute;, como dir&iacute;a Machado, vive quien ha sido capaz de forjar un mundo propio, suyo, &ldquo;la vieja vida en orden tuyo y nuevo&rdquo;, quien ha conseguido convertir la muerte en una injustica, &ldquo;antes que el tiempo muera en nuestros brazos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Vive quien quiere vivir, como Roy, porque inventar el mundo entero es una tarea que hay que llevar a cabo a martillazos sobre el yunque y, para eso, hay que tener m&aacute;s ganas de vivir que la mujer de Deckard, al que al final de la pel&iacute;cula nadie culpar&aacute; de haberse ido con otra.
    </p><p class="article-text">
        En <em>L&rsquo;&Acirc;ge d&rsquo;or</em>, de Luis Bu&ntilde;uel, se oyen los susurros de una pareja, entre otros este verso: &ldquo;<em>Approche ta t&ecirc;te: ici, l'oreiller est plus frais</em>&rdquo;. Acerca la cabeza: aqu&iacute; est&aacute; m&aacute;s fresca la almohada.
    </p><p class="article-text">
        Acerca la cabeza, escucha esa voz: ahora vamos a demostrar que es muy injusto tener que morirse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Posdata: me ha dado envidia Antonio Orejudo, as&iacute; que pongo tambi&eacute;n deberes. &iquest;De qui&eacute;n es ese verso en franc&eacute;s? Yo siempre he cre&iacute;do que es de Paul &Eacute;luard. Suena a Paul &Eacute;luard, pero &iexcl;que me aspen si he sido capaz de encontrarlo en sus libros! &iquest;De d&oacute;nde lo sac&oacute; entonces Luis Bu&ntilde;uel?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Reig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/acerca-cabeza_1_5564072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Jan 2013 18:39:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La fragua de Vulcano]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[The great pretender]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/the-great-pretender_1_5563234.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La obsolescencia literaria es tan cruel como la obsolescencia deportiva. Hay muchos autores que tras gozar durante siglos del favor de los lectores, caen en desgracia y son sepultados en el olvido. Y no porque dejen de jugar, como los futbolistas, sino porque su juego, lo que escriben, deja de seducir a los lectores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Las novelas pastoriles, de las que habl&eacute; las semana pasada, fueron tan populares durante el siglo XVI como lo son hoy las novelas polic&iacute;acas. Pero un buen d&iacute;a los lectores empezaron a preferir libros m&aacute;s realistas y dejaron de disfrutar con los lamentos de aquellos pastores tan delicados como irreales.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Suceder&aacute; lo mismo con la novela negra? &iquest;Quedar&aacute; un d&iacute;a obsoleta? &iquest;Esos libros que narran la comisi&oacute;n de un delito y su resoluci&oacute;n resultar&aacute;n tan incomprensibles para los lectores del futuro como lo son para nosotros los libros de pastores?
    </p><p class="article-text">
        Imposible decirlo. Al contrario que en el deporte, donde la obsolescencia est&aacute; programada por la biolog&iacute;a y se puede predecir, la obsolescencia en la literatura es impredecible y s&oacute;lo se puede hablar de ella a toro pasado.
    </p><p class="article-text">
        El fraile franciscano Antonio de Guevara es un buen ejemplo de escritor que tras gozar durante unos cuantos a&ntilde;os de fama y prestigio internacional  deja un buen d&iacute;a de resultar interesante y acaba siendo olvidado.
    </p><p class="article-text">
        Guevara lo ten&iacute;a todo para gustar. Sus libros eran ensayitos que ofrec&iacute;an algo m&aacute;s que mero entretenimiento y que estaban adem&aacute;s plagados de citas antiguas, algo que a la gente le encantaba. Lo moderno entonces era ser antiguo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un revival llamado Renacimiento</strong><em>revival</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         All&aacute; por 1500 lo que se llevaba en literatura era la imitaci&oacute;n de los escritores cl&aacute;sicos, principalmente de los que hab&iacute;an escrito en lat&iacute;n. Se imitaba su sintaxis y se cultivaban sus temas en una especie de <em>revival</em> de la Grecia cl&aacute;sica y de Roma, que nosotros hemos llamado Renacimiento.<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        Hagamos un poco de memoria.
    </p><p class="article-text">
        Todo hab&iacute;a empezado cien a&ntilde;os atr&aacute;s, en el siglo XIV, cuando un pu&ntilde;ado de ricos notarios italianos insatisfechos con el mundo que les hab&iacute;a tocado vivir volvieron sus ojos a la vieja civilizaci&oacute;n romana, que conoc&iacute;an algo y admiraban mucho a trav&eacute;s de los pocos restos que se hab&iacute;an conservado. Tanto se identificaban con aquella manera de vivir que dedicaron todo su tiempo y todo su dinero a conocerla mejor.
    </p><p class="article-text">
        Pulieron su lat&iacute;n y durante a&ntilde;os buscaron entre los polvorientos legajos que yac&iacute;an olvidados en las bibliotecas catedralicias los textos perdidos de sus escritores favoritos: Virgilio, Horacio, Cicer&oacute;n...
    </p><p class="article-text">
        Y encontraron cosas, ya lo creo: muchos de los textos cl&aacute;sicos que hoy podemos comprar c&oacute;modamente en cualquier librer&iacute;a fueron descubiertos y reconstruidos por aquellos aficionados.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, reconstruidos, porque muchas veces lo que encontraban era diferentes versiones del mismo texto, y entonces ten&iacute;an que aplicar una t&eacute;cnica para deducir cu&aacute;l era la versi&oacute;n m&aacute;s fidedigna.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; naci&oacute; la filolog&iacute;a, una disciplina prestigiosa entre otras razones porque requer&iacute;a tener mucho dinero para poder dedicarse a ella. No todo el mundo pod&iacute;a encerrarse d&iacute;as y d&iacute;as en la Biblioteca Capitular de Verona, examinar legajos polvorientos hasta encontrar por ejemplo las cartas personales de Cicer&oacute;n, leerlas, examinar las diferentes copias, hacer una lista de las variaciones que presentaban, decidir en cada caso cu&aacute;l era la m&aacute;s fidedigna, reconstruir el texto original y explicarlo con anotaciones.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a que tener la vida resuelta para poder perder el tiempo de esta manera. Y eso era lo que quer&iacute;a el p&uacute;blico del siglo XVI, la legi&oacute;n de nuevos lectores que trajo consigo la invenci&oacute;n de la imprenta: quer&iacute;an parecer humanistas. Les fascinaba la imagen culta, adinerada y sensible de aquellos fil&oacute;logos, que todav&iacute;a no se llamaban as&iacute;. Les fascinaba, pero no ten&iacute;an el dinero suficiente para dedicarse a expurgar manuscritos, ni ten&iacute;an los conocimientos para hacerlo. Por no saber, no sab&iacute;an ni lat&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; es donde aparece Guevara.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sermones y performances</strong><em>performances</em>
    </p><p class="article-text">
        Guevara ofrec&iacute;a cultura humanista sin dolor, erudici&oacute;n sin bibliotecas y citas cl&aacute;sicas sin conocimientos de paleograf&iacute;a. Los libros de Guevara daban a sus lectores un barniz de cultura cl&aacute;sica para el que no se necesitaba haber le&iacute;do mucho. Ese fue el secreto de su &eacute;xito. Literatura para <em>nuevos cultos</em>, un producto que ha vuelto a ponerse de moda.
    </p><p class="article-text">
        Con esta informaci&oacute;n &mdash;y con <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/Dichosos-hippies_0_87841254.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta</a>&mdash; se comprende mejor que Guevara decidiera dedicar un libro a un tema de tanto prestigio como el <em>beatus ille</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay que dejarse enga&ntilde;ar por el t&iacute;tulo: <em>Menosprecio de corte y alabanza de aldea</em>, publicado en 1539, no es una sucesi&oacute;n de escenas buc&oacute;licas como las que Hefesto grab&oacute; en el escudo de Aquiles. Es casi todo lo contrario. En este libro de Guevara el mundo rural no est&aacute; idealizado. S&iacute;, se reconoce que es mejor vivir en la aldea que en la corte, pero no se oculta la dureza de la vida campestre ni el riesgo de fracaso que tiene para un cortesano &mdash;para un urbanita, dir&iacute;amos hoy&mdash; dejarlo todo y retirarse del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Vale, es mejor vivir en la aldea. Pero &iquest;mejor para qu&eacute;? Mejor para el desarrollo de las virtudes cristianas y mejor en definitiva para la salvaci&oacute;n del alma. Antes que escritor, fray Antonio de Guevara es fraile, no hay que olvidarlo. Fraile predicador. Y su obra, un serm&oacute;n de veinte cap&iacute;tulos donde tanto la corte como la aldea han dejado de ser lugares f&iacute;sicos para convertirse en estados mentales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Pero, ojo, que nadie crea que <em>serm&oacute;n</em> significa aqu&iacute; <em>aburrimiento</em>. Hab&iacute;a pocas cosas m&aacute;s entretenidas que un buen serm&oacute;n. Es l&oacute;gico que fuera as&iacute;: los sermones serv&iacute;an para ense&ntilde;ar, s&iacute;, pero para ense&ntilde;ar deleitando. Y adem&aacute;s eran propaganda, herramientas para captar fieles, publicidad. As&iacute; que ten&iacute;an que hipnotizar desde el principio. Quiz&aacute;s ahora, al lado del cine, de la televisi&oacute;n, de los videojuegos y de las instalaciones de algunos artistas conceptuales, un serm&oacute;n &mdash;sobre todo si ha sido compuesto por Rouco Varela&mdash; sea una pieza insoportable. Pero hacia 1539 los sermones eran las &uacute;nicas piezas &mdash;audiovisuales, por cierto&mdash; que ten&iacute;a la Iglesia para hacer proselitismo.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, piezas audiovisuales: los predicadores no s&oacute;lo clamaban desde el p&uacute;lpito, sino que se ayudaban en su argumentaci&oacute;n de todas las pinturas, s&iacute;mbolos e im&aacute;genes que decoraban las paredes de la iglesia donde ejecutaban su <em>performance</em>.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los oyentes, los fieles, sol&iacute;an ser gente sin demasiada cultura, gente normal y corriente, de gustos y costumbres no especialmente refinados, cuya atenci&oacute;n se esfumaba en cuanto aparec&iacute;a el aburrimiento. La manera m&aacute;s sencilla de met&eacute;rselos en el bolsillo era trufar el serm&oacute;n de an&eacute;cdotas, historietas y chascarrillos. Eso manten&iacute;a vivo el inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a manuales que ense&ntilde;aban a componer buenos sermones. Y hab&iacute;a tambi&eacute;n compilaciones de an&eacute;cdotas, de cuentos y citas para uso exclusivo de los predicadores. No hay duda de que el fraile Antonio de Guevara hab&iacute;a recibido este tipo de adiestramiento y de que estaba familiarizado con esas colecciones para su trabajo. Para su trabajo como predicador y para su trabajo como escritor, porque no es tan f&aacute;cil separar el uno del otro.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, <em>Menosprecio de corte y alabanza de aldea </em>est&aacute; salteado de citas, de cuentecillos, de an&eacute;cdotas y chistes. Nada por otra parte que no encontremos en las obras de otros cl&eacute;rigos metidos tambi&eacute;n a escritores.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo que las citas de Guevara y los episodios protagonizados por personajes hist&oacute;ricos con los que hacen m&aacute;s digerible su discurso eran en muchos casos completamente inventados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>The Great Pretender</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero a los primeros lectores del siglo XVI eso les daba igual. No es que les diera igual: es que no se les pasaba por la cabeza que Guevara les estuviera dando gato por liebre. Lo que dec&iacute;an los libros era siempre verdad, punto. Tendr&iacute;an que pasar todav&iacute;a algunos a&ntilde;os y tendr&iacute;an que escribirse ciertos libros para que los lectores se habituaran a algo que para nosotros es natural: la verosimilitud, el realismo, las mentiras literarias contadas como si fueran verdad.
    </p><p class="article-text">
        A esos nuevos cultos les bastaba con saber que hubo un gran poeta llamado Homero<em>, el cual fue en la vida tan famoso y en la muerte tan llorado, que pelearon entre s&iacute; siete muy grandes pueblos sobre qui&eacute;n guardar&iacute;a sus huesos.</em> Que la an&eacute;cdota &mdash;&eacute;sta y otras muchas, casi todas&mdash; fuera falsa era algo en lo que no entraban, en lo que no pod&iacute;an entrar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Salvo excepciones: un contempor&aacute;neo de Guevara, un profesor de lengua y literatura llamado Pedro de R&uacute;a, se oli&oacute; el pastel y &eacute;l s&iacute; se tom&oacute; la molestia de rastrear todas las falsedades y de publicarlas una a una en varias piezas que hoy llamar&iacute;amos <em>cartas al director</em>.
    </p><p class="article-text">
        Guevara se defendi&oacute; record&aacute;ndole al maestrillo De R&uacute;a que <em>hubo tambi&eacute;n otro g&eacute;nero de escritores</em> <em>que aunque publicaron sus obras con t&iacute;tulo de Historias, se pueden llamar fabulosas narraciones m&aacute;s que Historias; y ellos se pueden llamar fabuladores o poetas, pero no historiadores, porque intentan complacer a los o&iacute;dos con graciosas maneras de decir y con nuevos o inopinados casos m&aacute;s que con verdadero hechos.</em>
    </p><p class="article-text">
        Pese a su posmodernidad <em>avant la lettre</em>, Guevara es hoy un escritor desconocido para el lector com&uacute;n y obsoleto para muchos especialistas, que lo consideran un quiero y no puedo, un escritor de segunda que hizo esfuerzos por parecer uno de los grandes.
    </p><p class="article-text">
        Frente a ellos hay otros lectores, entre los que me incluyo, que, sin desmentir tajantemente la opini&oacute;n anterior, consideran que el <em>Menosprecio de corte</em> y el resto de las obras guevarianas son las primeras piedras de un edificio que con el tiempo se acab&oacute; llamando <em>novela moderna</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero eso es motivo de otro viaje.
    </p><p class="article-text">
        (TAREA:  &iquest;Existe en nuestra &eacute;poca un p&uacute;blico lector semejante a los <em>nuevos cultos</em> del Renacimiento? &iquest;Qui&eacute;nes ser&iacute;an hoy los escritores en activo encargados de satisfacer esa demanda de cultura <em>light </em>a base de libros trufados de an&eacute;cdotas, citas y gui&ntilde;os culturalistas?).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Orejudo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/the-great-pretender_1_5563234.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Jan 2013 17:23:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[The great pretender]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Editoras oportunistas, homenajes navideños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/editoras-oportunistas-homenajes-navidenos_1_5563527.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>2011</strong>
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2011, y [es de suponer que] aprovechando que el A&ntilde;o Ruso llega a su fin, se public&oacute; en la editorial Nevsky Prospects, especializada en la cosa rusa, un recopilatorio de relatos llamado <em>Rusia Imaginada</em> que ven&iacute;a a ser algo as&iacute; como una colecci&oacute;n de relatos de m&aacute;s o menos grandes escritores tipo Care Santos, Oscar Esquivias, Pilar Ad&oacute;n (escritora y editora de Impedimenta) y Marian Womack (editora de Nevsky Prospects) entre otros. Lo editaba Care Santos.
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        Pues bien, este recopilatorio me interesa sobre todo como ejemplo del oportunismo de publicar algo tan ruso en un a&ntilde;o tan ruso en una editorial tan rusa. Menci&oacute;n aparte el inter&eacute;s que suscitan unos relatos que plantean un acercamiento a la realidad rusa sin ideas preconcebidas, o lo que es lo mismo, escribir sobre Rusia aunque no se tenga ni pajolera idea. Cualquier excusa para hacerse el ruso es buena. Si total s&oacute;lo es por aparentar, y la verosimilitud, si acaso importa, visitando el Google Maps y leyendo un cuento de Tolstoi se arregla en cinco minutos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2012</strong>
    </p><p class="article-text">
        En noviembre de 2012, y [es de suponer que] aprovechando que el A&ntilde;o Dickens llega a su fin, se public&oacute; en la editorial Nevsky Prospects, especializada en la cosa rusa, un recopilatorio de relatos llamado <em>Bleak house Inn</em> que ven&iacute;a a ser algo as&iacute; como una colecci&oacute;n de relatos de m&aacute;s o menos grandes escritores tipo Care Santos, Oscar Esquivias, Pilar Ad&oacute;n (escritora y editora de Impedimenta) y Marian Womack (editora de Nevsky Prospects) entre otros. Lo editaba Care Santos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Les suena el p&aacute;rrafo anterior?  Bien, esa es la idea.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que antes, tampoco en esta ocasi&oacute;n me interesa tanto hablar sobre esa costumbre de unos pocos de juntar a cuatro conocidos y aprovechar su supuesto prestigio para fingirse <em>editor </em>como destacar el oportunismo de hablar de algo tan <em>Dickens</em> como son unos relatos-homenaje a <em>Bleak House</em> (<em>Casa Desolada</em>) aunque sea en una editorial tan rusa como Nevsky Prospects. Demuestra cierta gente una querencia por el homenaje digna de admiraci&oacute;n. Admiraci&oacute;n y suspicacia.
    </p><p class="article-text">
        El blog <a href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">latormentaenunvaso.blogspot.com.es</a>, gestionado con brazo de gelatina por (adivinen) la siempre estupenda Care Santos (a la saz&oacute;n tambi&eacute;n editora de los mencionados libros), hace gala de un buenismo en sus cr&iacute;ticas literarias que roza lo vomitivo. Se tiende a lo goloso, digamos, y al exceso de az&uacute;car en sangre. Pues bien, el 24 de diciembre, apenas un mes despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de <em>Bleak House Inn</em>, el mismo blog (su blog) recoge una cr&iacute;tica escrita por un tal Arcardio Garc&iacute;a que no tiene desperdicio. De la labor cr&iacute;tica de Care Santos hablaremos pronto. Pront&iacute;simo. Arcadio Garc&iacute;a no tendr&aacute; tanta suerte. Le toca hoy. A &eacute;l y a Pepe. Pepe Rodriguez, quiero decir. S&iacute;, a m&iacute; tampoco me suena. Sonaba. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>LOS HECHOS Y LOS COHECHOS</strong>
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        Ignoro si <em>Rusia Imaginada</em> fue un &eacute;xito de ventas o no (ya supongo que mucho no) pero s&iacute; s&eacute; que las dos o tres rese&ntilde;as que le&iacute; eran bastante bobas, especialmente la que Pepe Rodr&iacute;guez escribe, espero que bajo amenaza (de otro modo no se entiende), para <em>El placer de la lectura</em>. En ella destaca, de entre todas las nimiedades, el <em>placer</em><strong> </strong>que ha proporcionado a los autores la <em>escritura</em> del libro en cuesti&oacute;n, sin llegar a explicar por qu&eacute; esto ha de a&ntilde;adir valor al libro, ni c&oacute;mo lo sabe, ni argumento alguno. Inmediatamente despu&eacute;s, sin venir a cuento de nada, elogios desmedidos para Pilar Ad&oacute;n, de quien llega a decir que su cuento &ldquo;contiene el vocabulario <em>m&aacute;s exquisito</em> que se le puede <em>exigir</em> a un relato corto, todo un modelo a seguir&rdquo;. Raz&oacute;n: ni aqu&iacute;, ni all&iacute;. Ni un triste ejemplo. Nada. A m&iacute; no me gustar pensar mal de la gente pero alguno parece que est&eacute; buscando editora, novia o qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute;. En general no se da ni una sola raz&oacute;n que justifique la &ldquo;excelente decisi&oacute;n&rdquo; de comprar un libro escrito con los &ldquo;sinceros esfuerzos&rdquo; (&iquest;<em>sinceros</em>? &iquest;En serio?) de tan &ldquo;magn&iacute;fica edici&oacute;n&rdquo;. No da, Pepe, ni una sola pista de las razones de la excelencia, de lo sincero o de lo magn&iacute;fico de la obra. Ni una. Cre&iacute;a yo en mi supina ignorancia que ser&iacute;a dif&iacute;cil encontrar una rese&ntilde;a m&aacute;s in&uacute;til que esta de Pepe hasta que le&iacute; otra que &eacute;l mismo escribi&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s. La capacidad de superaci&oacute;n de algunos no tiene l&iacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Pues exactamente un a&ntilde;o despu&eacute;s &mdash;ya supongo que por casualidad&mdash; escribe Pepe Rodr&iacute;guez otra rese&ntilde;a que vuelve a llenar de tontadas. Se trata de <em>Bleak House Inn</em>, claro; no pod&iacute;a ser otra. Asegura que son, todos, relatos &ldquo;agradables, amables, gratificantes, originales y frescos&rdquo;, a reventar de &ldquo;oficio y talento&rdquo;. Y todo esto porque s&iacute;, porque ante la falta de argumentaci&oacute;n lo mismo pod&iacute;a haber dicho lo contrario y resultar que no. Hay relatos para todos los gustos: uno es una joya (como aquel de Pilar Ad&oacute;n) &ldquo;maravillosa, sensual, rom&aacute;ntica e imaginativa&rdquo;. Oh. Otro es desternillante y &ldquo;hace las <em>delicias</em> (?) por su gran sentido del humor&rdquo;. El &uacute;ltimo que se cita &ldquo;representa bien el tono dram&aacute;tico&rdquo;, as&iacute;, en abstracto, signifique eso lo que signifique. Hay algo en todo esto que me suena y por eso vuelvo atr&aacute;s, recupero su rese&ntilde;a de <em>Rusia Imaginada</em> y encuentro una referencia a uno de los cuentos que seg&uacute;n Pepe es: &ldquo;un agradable cuento con un buen sentido del humor combinado con un peso dram&aacute;tico&rdquo;. As&iacute;, &ldquo;un peso dram&aacute;tico&rdquo;, como si fuera una bolsa de agua caliente.
    </p><p class="article-text">
        El libro, concluye, &ldquo;es un lugar de encuentro ameno, intrigante, divertido y fecundo&rdquo;. Han o&iacute;do bien: fecundo. Y que &ldquo;no deja indiferente&rdquo;. Resumiendo, una buena follada de libro.
    </p><p class="article-text">
        Me ensa&ntilde;o con Pepe un poco injustamente y otro poco no, al fin y al cabo la rese&ntilde;a que escribe para <em>El placer de la lectura</em> no es muy diferente (quiero decir que no es &ldquo;peor que&rdquo;) a muchas otras que se hacen en ese y otros blogs. Si ya los suplementos culturales tienden al buenismo, blogs como los gestionados por Care Santos caen directamente en el amiguismo y el baboseo m&aacute;s repugnante. No digo que haya que insultar a los escritores en las rese&ntilde;as (sin descartarlo, tampoco) pero pod&iacute;an probar, estos cr&iacute;ticos, a adjetivar de una forma algo m&aacute;s comedida, al menos los <em>adjetivos exagerativos</em>. Hay que tener en cuenta que estos dos blogs de los que hablo tienen bastante visibilidad y no es dif&iacute;cil encontrarlos hasta en la sopa cada vez que uno tira de Google para consultar alg&uacute;n libro.
    </p><p class="article-text">
        Con su permiso, terminar&eacute; d&aacute;ndome la raz&oacute;n con un ejemplo:
    </p><p class="article-text">
        Arcardio Garc&iacute;a escribe para <em>La tormenta en un vaso</em> (un vaso medio lleno, se entiende) una rese&ntilde;a del libro de Care Santos sin entrar en ning&uacute;n momento en detalles acerca de los favores o conflictos de intereses que supone rese&ntilde;ar al jefe, por llamarlo de alguna manera. Total, &iquest;para qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        La cosa empieza con un insulto a la masa pensante: &ldquo;No me voy a andar con rodeos: si de verdad fuesen ustedes inteligentes dejar&iacute;an lo que tienen entre manos, por importante que sea [&hellip;] y saldr&iacute;a a la carrera en busca de un ejemplar de <em>Bleak House Inn</em>, y acto seguido me refugiar&iacute;a en casa y no ver&iacute;a la luz del d&iacute;a hasta acabar de leerlo&rdquo;(sic). As&iacute; de tanto. Tengo que reconocer que como elogio indirecto a un libro resulta interesante este herir el orgullo del lector.
    </p><p class="article-text">
        Es divertido ver defender el libro por ser &ldquo;un maravilloso acto de justicia literaria&rdquo; y &ldquo;un intento feliz de saldar una deuda contra&iacute;da con el autor de <em>Grandes Esperanzas</em>&rdquo; porque se ve que en alg&uacute;n momento se ha decidido que Dickens no estaba siendo reconocido ni era ya suficiente recompensa regalarle un a&ntilde;o enterito para &eacute;l o las miles de millones de reediciones de sus libros o cientos de pel&iacute;culas que adaptan sus novelas o todos esos se&ntilde;ores tan serios que lo citan cada dos putos minutos o todos esos blogs dando la paliza con los detalles de sus lecturas. 
    </p><p class="article-text">
        El resto de la, digamos, cr&iacute;tica de Arcadio es una <em>arcada</em> queriendo salir y un exceso tras otro y todo por culpa de dar por ciertas demasiadas cosas. Dice que el elenco de &ldquo;once narradores talentosos<em>&rdquo;</em> reunidos por Care Santos escribe los relatos &ldquo;en estado de gracia&rdquo;. Tal cual: talentosos en estado de gracia. &laquo;Obviamente se manejan con estilos distintos pero poniendo de relieve en todo momento <em>un control absoluto</em> de la narraci&oacute;n y un dominio del oficio y del lenguaje <em>m&aacute;s que suficiente</em> para salir airosos con &eacute;xito de la empresa&ldquo;. Narraciones que se controlan, oficios que se dominan&hellip; se dir&iacute;a que la literatura viv&iacute;a hasta ahora en estado salvaje. Y yo me pregunto: &iquest;es tener <em>un lenguaje suficiente para salir airosos </em>de la empresa lo mismo que <em>escribir en estado de gracia</em>?
    </p><p class="article-text">
        <strong>CONTINUAR&Aacute;&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Debo confesar algo: todo esto empez&oacute; por una cr&iacute;tica que Care Santos hizo a una novela y que public&oacute; <em>El Cultural</em> no hace mucho. Tirando de un hilo me encontr&eacute; un caballo, lo mont&eacute; y me trajo hasta aqu&iacute;. He querido compartir la experiencia. Como introducci&oacute;n a una rese&ntilde;a de Care Santos puede parecer excesivo, estoy completamente de acuerdo, pero espero que sepan valorar la mala intenci&oacute;n con que lo he escrito. La semana que viene, o la siguiente, o cuando sea, hablaremos de Care, claro, de sus <em>cr&iacute;ticas</em> y lo misterioso de su permanencia en el mundo editorial a pesar de todo, siento <em>todo</em> ella misma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos González Peón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/editoras-oportunistas-homenajes-navidenos_1_5563527.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Jan 2013 16:24:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Editoras oportunistas, homenajes navideños]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Es importante que la vida de un futbolista no dure mucho"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/importante-vida-futbolista-dure_1_5563324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Esteban Granero, <em>El Pirata</em>,  es un futbolista at&iacute;pico: lector &aacute;vido y escritor aficionado, confiesa que su proyecto vital no pasa por ser el mejor jugador del mundo, sino por hacer feliz a su familia con su juego, especialmente a su madre. Pese a que el f&uacute;tbol es su vida, no teme que la edad o las lesiones le obliguen a dejar de jugar: tiene planes para el futuro. Criado en la cantera del Real Madrid, pas&oacute; por el Getafe antes de jugar en el primer equipo en tiempos de Pellegrini. Con Mourinho en el banquillo, decidi&oacute; marcharse a la <em>Premier</em>, a Londres, fichado por el Queens Park Rangers, donde juega actualmente. Aprovechando la concentraci&oacute;n del equipo en un hotel de New Castle, Diario Kafka mantuvo con &eacute;l la siguiente conversaci&oacute;n por Skype.
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka: &iquest;Qu&eacute; sientes al tener una fecha de caducidad profesional?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esteban Granero</strong>: En el f&uacute;tbol cuando llegas a los 32, 33, 34 hay muchos prejuicios para que te contraten. Mucha gente no sabe que aunque el f&uacute;tbol es un deporte, tambi&eacute;n influyen muchas cosas extradeportivas que mejoran con la edad, como por ejemplo la experiencia, saber leer los partidos, el conocimiento t&aacute;ctico, incluso la resistencia. Hay un prejuicio de que en el f&uacute;tbol, al ser un deporte, cuanto m&aacute;s viejo te haces eres peor. S&iacute;, pero no tan radical como en otros deportes, como en el atletismo o ciclismo. Por otra parte es importante que la vida de un futbolista tampoco dure mucho porque cuando est&aacute;s en la &eacute;lite es un deporte psicol&oacute;gicamente duro. Para muchos jugadores el retiro es casi un alivio. Yo de momento no estoy cansado de jugar, y me cuesta pensar que me canse, pero es verdad que es un deporte duro psicol&oacute;gicamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero &iquest;t&uacute; no vives con angustia la certeza de que dentro de cinco, diez a&ntilde;os, muchos menos que en cualquier otro caso, tu vida profesional se ha acabado? &iquest;Tienes que aprender a vivir con eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> La mayor&iacute;a de los futbolistas lo ven as&iacute;. Por lo tanto, el principal objetivo de su carrera es conseguir buenos contratos y amontonar dinero. En mi caso no es as&iacute; por varias razones. En primer lugar porque nunca he visto el f&uacute;tbol como mi trabajo aunque me dedique a ello. Ha sido mi pasi&oacute;n desde peque&ntilde;o y el d&iacute;a que deje de jugar profesionalmente seguir&eacute; jugando al f&uacute;tbol con los amigos tanto o m&aacute;s. Es como si a un escritor le dijeran que a partir de los cuarenta le dejan de publicar los libros... Pero no te obligan a dejar de escribir, nadie te va a quitar el ordenador o las ideas para que dejes de escribir. Si no lo ves como un trabajo o si tienes algo m&aacute;s aparte del f&uacute;tbol, pues se ve con naturalidad y normalidad. En mi caso, voy a intentar hacer una carrera lo mejor posible, mi objetivo principal no es ganar el m&aacute;ximo de dinero, sino disfrutar del f&uacute;tbol y sobre todo tener la oportunidad de que el f&uacute;tbol me lleve a muchos sitios. Tengo la suerte de que soy un jugador <em>importante</em>, entre comillas; que ha jugado en equipos grandes, y que tiene buen cartel. Eso te hace tener la posibilidad de poder elegir tus destinos y poder hacer que el f&uacute;tbol te lleve a diferentes pa&iacute;ses, a diferentes culturas, y eso es una gozada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: La obsolescencia es una particularidad del f&uacute;tbol o es consustancial a todos los deportes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Es m&aacute;s radical en otros deportes. Las gimnastas, la gimnasia r&iacute;tmica o art&iacute;stica, estas chicas a los 20 tienen que dejarlo y ni siquiera son conscientes de lo que est&aacute;n haciendo. Eso s&iacute; que es radical, porque dedicas toda tu vida hasta llegar a eso, y lo tienes que dejar a los 22 a&ntilde;os sin tener pr&aacute;cticamente nada. Adem&aacute;s son deportes que no te generan muchos ingresos, de modo que es empezar de cero otra vez tu vida, dedicarle tu vida a un deporte muy poco agradecido. Y en ese caso la obsolescencia es mucho m&aacute;s radical y mucho m&aacute;s cruel.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En el f&uacute;tbol hay dos ejes que compiten con los que vemos en el terreno de juego. Uno es el palco, donde se hacen negocios y se hace tr&aacute;fico de influencias; y el otro es la sala de prensa, donde muchos entrenadores parece que han jugado un partido diferente al que todos hemos visto. &iquest;Eres consciente de esta realidad del f&uacute;tbol?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Afortunada o desafortunadamente, el f&uacute;tbol es un deporte extremadamente medi&aacute;tico y expone a los futbolistas y a los clubes a una atenci&oacute;n desmesurada. Los futbolistas tenemos que estar agradecidos porque es lo que nos hace poder vivir de esto, pero s&iacute; es verdad que tenemos un foco potente. Teniendo en cuenta que el f&uacute;tbol es as&iacute;, los palcos parecen un buen lugar para hacer buenos negocios. Luego el control medi&aacute;tico del f&uacute;tbol, las declaraciones de los futbolistas, de los entrenadores, de los propios directivos... Bueno, esto es un circo, en el cual unos se mueven mejor que otros. Hoy en d&iacute;a la prensa crea opini&oacute;n de forma extrema, pero en el futbol mucho m&aacute;s. La gente cree que lo que lee en el <em>Marca</em> o en el <em>As</em> es la verdad, pero se sorprender&iacute;a de la cantidad de veces que lo que lee no tiene nada que ver con la realidad. Incluso buenos periodistas, con buena pluma, que escriben en medios serios, escriben cosas totalmente inventadas y crean opini&oacute;n partiendo de falsedades. Nosotros en ese mundo nos tenemos que desenvolver como podamos. Los entrenadores, igual. Ese juego hay que jugarlo y hay que jugarlo lo mejor que uno sepa. Si lo sabes jugar, si tienes condiciones para ello, te puedes aprovechar. Si no las tienes, lo mejor es estar lo m&aacute;s calladito que puedas e intentar sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;El f&uacute;tbol es cultura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Para m&iacute; el f&uacute;tbol tiene mucho de cultura. Tiene muchos valores. Un chaval que quiere ser escritor y un chaval que quiere ser futbolista en realidad llevan caminos paralelos, lo que pasa es que la materia es diferente. Y luego el f&uacute;tbol, al ser algo con tanta atracci&oacute;n, crea su propia cultura. Hay estudiosos del f&uacute;tbol, hay que gente que vive solamente de ser culto futbol&iacute;sticamente, de conocer la historia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Te parece pertinente distinguir entre cultura y entretenimiento, donde incluir&iacute;amos el f&uacute;tbol?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Estamos d&aacute;ndole al entretenimiento un car&aacute;cter muy despectivo. Hay gente que se entretiene yendo al Museo del Prado. &iquest;Por qu&eacute; no va a ser entretenimiento estar escribiendo poemas en su casa? Pues tambi&eacute;n es un entretenimiento. Entretenimiento a trav&eacute;s de la cultura o incluso cultura a trav&eacute;s del entretenimiento. Eso para m&iacute; no deber&iacute;a estar tan separado. Obviamente, si se pretende llamar entretenimiento a la desconexi&oacute;n cerebral, a ver <em>S&aacute;lvame</em> en la tele, si eso es entretenimiento, pues obviamente debe estar separado, pero es s&oacute;lo si lo quieres decir en un tono muy despectivo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK: Valdano, Guardiola, Pellegrini, Bielsa pertenecen a una escuela que hace un planteamiento futbol&iacute;stico muy distinto al de Mourinho o Javier Clemente. M&aacute;s all&aacute; de las diferencias de estilo, &iquest;crees que hay contrastes ideol&oacute;gicos? &iquest;Se podr&iacute;a decir que hay un f&uacute;tbol de izquierdas y otro de derechas? &iquest;Un f&uacute;tbol conservador y un f&uacute;tbol progresista?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Absolutamente. Yo soy muy fan de Bielsa o de Pellegrini, a quien he tenido la suerte de tener de entrenador. Son radicalmente opuestos a otro tipo de entrenador. Y esa oposici&oacute;n es una oposici&oacute;n bastante similar a la que puedan tener las ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas. No digo que unos sean de izquierdas y otros de derechas, no, pero s&iacute; que la contraposici&oacute;n es muy similar a la contraposici&oacute;n pol&iacute;tica. Y lo bueno del f&uacute;tbol es que siguiendo los dos m&eacute;todos la gente ha triunfado y al final el que es buen entrenador, triunfa. Y ha triunfado Guardiola siendo el polo opuesto de Mourinho, y Mourinho tambi&eacute;n ha triunfado siendo el polo opuesto de Guardiola. Es decir que hay muchas formas de alcanzar la excelencia, y en el f&uacute;tbol la excelencia se traduce en ganar trofeos por el camino recto o dando vueltas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;T&uacute; siempre estuviste seguro de que val&iacute;as para esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Yo siempre estuve seguro de que no val&iacute;a para esto. Sin embargo, yo ten&iacute;a un hermano mayor que s&iacute; estaba seguro. Creo que si no lo hubiera tenido a &eacute;l, no habr&iacute;a ido a ning&uacute;n sitio. Pero creo que si yo no hubiese pensado como he pensado, tampoco habr&iacute;a llegado a ning&uacute;n sitio. Primero porque yo no soy un talento innato, desmesurado, que ha nacido con un don para el f&uacute;tbol. Soy un chaval normal que ha entrenado. Tengo cierto talento, pero he entrado m&aacute;s que mis compa&ntilde;eros, de eso estoy seguro. Porque si no, habr&iacute;an llegado ellos y no yo. Pero durante mi proceso yo siempre me he ido sorprendiendo de los pasos hacia delante que he ido dando. Cuando llegu&eacute; al segundo equipo del Real Madrid para m&iacute; fue una sorpresa. Dije: mira, tanto entrenamiento ha merecido la pena. Despu&eacute;s me fui al Getafe y jugu&eacute; en primera divisi&oacute;n y dije: pues mira, objetivo cumplido. Jam&aacute;s pens&eacute; que pudiera llegar a primera divisi&oacute;n. Despu&eacute;s llegu&eacute; al Real Madrid y segu&iacute;a sin cre&eacute;rmelo, y jugu&eacute; 40 partidos en un a&ntilde;o y met&iacute; no s&eacute; cu&aacute;ntos goles. Y todo me ha ido sorprendiendo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: T&uacute; cuando eras ni&ntilde;o hac&iacute;as colecci&oacute;n de cromos, es decir, eras lector de una &eacute;pica, de la &eacute;pica futbol&iacute;stica. &iquest;Que impresi&oacute;n te produce mirar atr&aacute;s y ver a ese ni&ntilde;o que le&iacute;a las gestas &eacute;picas ahora que eres t&uacute; el personaje? &iquest;Qu&eacute; sientes al verte en los cromos, en los videojuegos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Lo de los cromos y lo de los videojuegos es de los mayores guantazos que te da la profesi&oacute;n para decirte: oye, mira d&oacute;nde est&aacute;s. Y dices qu&eacute; hago yo aqu&iacute;. A m&iacute; siempre me ha pasado. El futbolista por definici&oacute;n tiene un ego bastante grande, es un t&iacute;o echado para delante, es un t&iacute;o con mucha confianza, un tibur&oacute;n. Yo soy bastante poco prototipo de futbolista en ese sentido, porque soy bastante introvertido, bastante inseguro. A m&iacute; siempre que me ha pasado esto me he preguntado qu&eacute; he hecho yo para estar aqu&iacute;. Seguramente haya hecho m&aacute;s que los dem&aacute;s porque me ha costado m&aacute;s que a los dem&aacute;s, pero siempre me he sentido as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: El f&uacute;tbol al fin y al cabo trata de dar patadas a un bal&oacute;n. &iquest;Se corre el riesgo de creer, estando dentro, que lo m&aacute;s importante del mundo es el f&uacute;tbol?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Para m&iacute; es una de las cosas m&aacute;s importantes, pero como pasi&oacute;n, no para llegar a ning&uacute;n sitio, sino porque me hace feliz. Yo nunca he aspirado a ser el mejor del mundo. He aspirado a ser mejor que mi compa&ntilde;ero, o a ser el mejor del entrenamiento, pero como forma para mejorar yo mismo, no como forma para colocarme por encima de nadie. Mi pelea es otra. Yo s&eacute; que si llego a casa despu&eacute;s de hacer un partido bueno, mi madre est&aacute; casi llorando de alegr&iacute;a. Y si llego despu&eacute;s de un partido malo, mi madre est&aacute; triste porque sabe que yo estoy triste. Ese es el motor que a m&iacute; me mueve.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: </strong><strong>Hay ajedrecistas de primera l&iacute;nea, o lanzadores de martillo, que viven con penurias, gracias a becas y sin juntar dos mil euros al mes, pero entregan su vida a eso. &iquest;Crees que ser&iacute;a tu caso con el f&uacute;tbol si no diera pasta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> S&iacute;, absolutamente. Yo siempre comparo el f&uacute;tbol con el rugby, porque son deportes muy similares. Los jugadores de rugby no ganan un duro y sin embargo salen a jugar, se parten las piernas, se lesionan, se dan golpes... Parece imposible que haya gente capaz de hacer eso solo por pasi&oacute;n a un deporte. Ves la relaci&oacute;n que tienen los jugadores de rugby entre ellos, incluso con los del otro equipo, con el &aacute;rbitro... Y eso es admirable. Es un deporte mucho m&aacute;s puro, mucho m&aacute;s humano. En el f&uacute;tbol no pasa eso, en el f&uacute;tbol es todo muy macarra. Y a lo mejor el rugby es as&iacute; porque no mueve dinero. A m&iacute; me gusta jugar al ajedrez, y si a m&iacute; desde peque&ntilde;o me hubieran criado jugando al ajedrez, yo estar&iacute;a jugando al ajedrez feliz. Y habr&iacute;a peleado por ser un buen jugador de ajedrez. El deporte te ofrece entrar en una carrera por superarte y por ser mejor cada d&iacute;a. Pero todos los deportes te ofrecen esa carrera, y t&uacute; de peque&ntilde;o escoges cu&aacute;l quieres practicar. Y una vez que est&aacute;s dentro el dinero es casi lo de menos. Yo he renunciado muchas veces a contratos mejores que el que ten&iacute;a. Yo jugar&iacute;a gratis. Sin un duro. Jugar&iacute;a con la misma intensidad, con la misma alegr&iacute;a y con el mismo gusto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Esa entrada desorbitada de dinero a la que te refer&iacute;as antes ha estropeado el f&uacute;tbol o simplemente lo ha hecho evolucionar hacia un lugar diferente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Ha permitido que el f&uacute;tbol sea lo que es y que nosotros nos podamos dedicar a eso. Si no, el f&uacute;tbol ser&iacute;a otro deporte y habr&iacute;a otro deporte ocupando el lugar del f&uacute;tbol, porque la gente lo necesita. Y en cuanto la gente necesita algo hay dinero de por medio. En cierto modo lo ha estropeado por lo que he dicho antes: cuando entra el dinero se pierden otras cosas, muchos valores, mucho compa&ntilde;erismo. Y yo personalmente miro con envidia al rugby, a esa manera que tienen de vivirlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Hay alguna emoci&oacute;n en el campo de la cultura comparable a lo que sentiste cuando marcaste el primer gol con el primer equipo del Real Madrid en el Bernabeu?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Para m&iacute; no. O por lo menos no la he descubierto todav&iacute;a. Es que los sue&ntilde;os de la infancia son demasiado fuertes y est&aacute;n demasiado dentro. Es lo que has so&ntilde;ado desde peque&ntilde;ito. Y una vez se cumple. Un sue&ntilde;o de la infancia es imposible que se cumpla. Por eso es un sue&ntilde;o. Y por eso so&ntilde;amos los ni&ntilde;os. Porque no tenemos medida. Y si tienes la suerte de que se te cumple, pues eso no tiene comparaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Los jugadores de f&uacute;tbol no tienen fama de ser muy lectores ni muy cultos. &iquest;Te sientes un friki en este mundo o s&iacute; hay compa&ntilde;eros con inquietud cultural, lectores&hellip;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Hay de todo. Hay poco futbolistas a los que le guste leer como hay pocos tintoreros a la que les guste leer. Lo que pasa es que los futbolistas estamos muy estereotipados en ese sentido, aunque tengo que decir que con raz&oacute;n porque estamos muy expuestos a los medios y porque nuestra incultura se ve con un foco de muchos vatios en la cara. Yo tengo mis aficiones, como cada uno tiene las suyas,  y no me creo mejor ni peor que nadie por leer en vez de coger un videojuego o en vez dedicar mi tiempo a comprar relojes, no s&eacute;... A m&iacute; lo que me parece mal es que un futbolista o quien sea coja un libro solamente por que no le llamen inculto. Pero si te gusta leer, pues lees. Y hay muchos futbolista que leen, eh, no muchos, pero hay m&aacute;s de los que la gente piensa.
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        <strong>DK: &iquest;T&uacute; por qu&eacute; lees?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Yo leo desde muy peque&ntilde;o porque a m&iacute; leer me ha cambiado la vida.  Personajes como Holden Caulfield eran mis h&eacute;roes, yo quer&iacute;a ser como ellos, quer&iacute;a comportarme como ellos. Lo que lees de joven es lo que te marca. Mis personajes de novela, que eran mis h&eacute;roes, se comportaban como me gustaba a m&iacute; comportarme, y ellos tambi&eacute;n le&iacute;an mucho. Yo era muy &aacute;vido para leer. Y eso que al principio yo le&iacute;a casi por obligaci&oacute;n, pero bendita obligaci&oacute;n. Mi hermano, que es muy buen lector tambi&eacute;n, me dec&iacute;a: tienes que leer. Y a m&iacute; me parec&iacute;a muy aburrido. Yo era muy inquieto y sentarme en un sof&aacute; a leer me parec&iacute;a muy aburrido, pero me obligaba a leer media hora todos los d&iacute;as. Y a las dos semanas me ten&iacute;a que quitar el libro para mandarme a entrenar. Paso tanto tiempo jugando al f&uacute;tbol como leyendo. Yo tengo que salir de casa con un libro por si tengo que esperar en el coche o tengo que esperar en una cola o tengo que esperar a alguien que se va a retrasar en la cita, tenerlo ah&iacute;. Y el d&iacute;a que no leo un poquito, aunque sean dos cuentitos, me siento mal, pero igual que el d&iacute;a que no juego al f&uacute;tbol me siento mal. El d&iacute;a que por la ma&ntilde;ana no voy a entrenar tengo un d&iacute;a pesado, estoy cansado, estoy de peor humor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s leyendo ahora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Pues estoy alternando cuentos de Twain con Poe con Chejov. Los cuentos son muy f&aacute;ciles de alternar. He le&iacute;do un libro que se titula <em>Cambios</em>, del Premio Nobel chino, que es como su biograf&iacute;a, una novelita muy peque&ntilde;a. Y acabo de leer <em>El l&aacute;piz del carpintero</em>, de Manuel Rivas, que me ha parecido un libro precioso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Por qu&eacute; te matriculaste en una escuela de escritura creativa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> A m&iacute; siempre me ha gustado escribir. De peque&ntilde;o escrib&iacute;a las jugadas. Ten&iacute;a una libretita y pon&iacute;a: &ldquo;Butrague&ntilde;o se la pasa a no s&eacute; qui&eacute;n, este juega con Mart&iacute;n V&aacute;zquez...&rdquo;. Ten&iacute;a afici&oacute;n por escribir. Cuando empec&eacute; a leer c&oacute;mics, empec&eacute; a escribir c&oacute;mics. Y mis profesores del colegio me han animado siempre a escribir, a que investigara sobre eso... Matricularme en una escuela de escritura fue una manera de probarme. Yo soy muy inseguro y me da mucha verg&uuml;enza, pero yo sab&iacute;a que si me apuntaba a una cosa de estas me iba a obligar a hacer ejercicios y afortunadamente me apunt&eacute;. Vi un anuncio en el peri&oacute;dico y me apunt&eacute;. Fue una experiencia buen&iacute;sima. Me trataron genial. Es un sitio precioso. Pas&eacute; un a&ntilde;o genial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Admiras a alg&uacute;n periodista deportivo no por su an&aacute;lisis del juego, sino por su prosa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Hay muchos. Tambi&eacute;n hay much&iacute;simos muy malos, horribles. Hay plumas bastante buenas que se dedican exclusivamente al deporte. Y verdaderamente da gusto leerles. Normalmente no est&aacute;n en los peri&oacute;dicos de mayor venta deportiva, pero s&iacute; en otros sitios, en portales independientes o en revistas independientes o en peri&oacute;dicos m&aacute;s culturales. Hab&iacute;a un periodista que nos pon&iacute;a siempre a parir, pero que escrib&iacute;a muy bien. No voy a decir qui&eacute;n es para no hacerle publicidad. Nos pon&iacute;a siempre a parir, pero lo hac&iacute;a de una forma tan bonita que daba gusto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y t&uacute; de mayor qu&eacute; quieres ser, Esteban?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> Pues me ha preguntado eso hoy un compa&ntilde;ero en el autob&uacute;s. Estoy ahora en New Castle, porque tenemos ma&ntilde;ana un partido aqu&iacute;. Y ven&iacute;amos en el autob&uacute;s y me ha preguntado un compa&ntilde;ero: &iquest;t&uacute; qu&eacute; quieres ser de mayor? Algunas veces pienso que algo muy alejado del f&uacute;tbol y otras veces pienso que por qu&eacute; si es algo que me gusta y que conozco bien. Y luego uno tiene pasiones dentro: la lectura, la escritura y pienso que a lo mejor puedo ir por ah&iacute;. Tengo otra pasi&oacute;n que es la educaci&oacute;n. Entonces a lo mejor la vida me va a llevar por ah&iacute;. Si tienes pasiones, al final es la propia vida la que te lleva donde te tiene que llevar... A lo mejor es educaci&oacute;n unida con f&uacute;tbol&hellip; Puedes llevar la cantera de f&uacute;tbol del Madrid, que es algo que me gustar&iacute;a...
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: La otra posibilidad es convertirse en abuelo cebolleta prematuro, dado lo pronto que qued&aacute;is obsoletos, contando una y otra vez las viejas glorias.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EG:</strong> El hecho de que se pueda vivir de esto hace que muchos cuando dejan el f&uacute;tbol se planteen la vida de una forma m&aacute;s c&oacute;moda entre comillas, que es: &ldquo;El f&uacute;tbol me ha solucionado la vida y a partir de ahora a vivir&rdquo;. Pero &iquest;qu&eacute; es vivir? Vivir no es no hacer nada. Al contrario, vivir es hacer todo. Todo lo dem&aacute;s. Aprovechar que ya no tienes que ir a entrenar todos los d&iacute;as o que ya no tienes que concentrarte para los partidos para tener la libertad de encontrarte a ti mismo y de hacer lo que quieres. El problema es cuando t&uacute; intentas encontrarte una vez que has terminado de jugar al f&uacute;tbol, porque mientras estabas activo te has dedicado exclusivamente a jugar. Entonces est&aacute; dif&iacute;cil, porque te encuentras muy perdido. Pero yo creo que voy a ir encontrando mi camino conforme vaya terminando mi carrera. De hecho, si ahora mismo dejara el f&uacute;tbol no tendr&iacute;a problema para dedicarme a muchas cosas. Yo si ma&ntilde;ana, ojal&aacute; que no, me rompiera la rodilla y no pudiera volver a jugar, me pondr&iacute;a muy triste porque me encanta el f&uacute;tbol, pero no porque me fuera a aburrir o porque no tuviera nada que hacer.
    </p><p class="article-text">
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Jan 2013 16:08:12 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Los encantos de la caducidad]]></title>
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        Apesadumbrada por la noticia, mi vecina me comunic&oacute; esta ma&ntilde;ana el fallecimiento de su nevera, heredada de su madre. Tras casi sesenta a&ntilde;os de generoso servicio, el aparato exhal&oacute; su &uacute;ltimo aliento fr&iacute;o, dejando a mi vecina en la orfandad del mercado de consumo contempor&aacute;neo, que a partir de ahora la obligar&aacute; a adquirir un promedio de dos neveras por d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        Si el dicho de que todo tiempo pasado fue mejor es una falacia que repetimos como una letan&iacute;a est&uacute;pida, no lo es tanto afirmar que, en la mayor&iacute;a de los casos, los productos fabricados en &eacute;pocas pret&eacute;ritas duraban varias veces m&aacute;s que los actuales. Esta moderna fatalidad, que los ingenuos explic&aacute;bamos con la socorrida afirmaci&oacute;n: &ldquo;<em>Todoloquesefabricaenchinaesunaporquer&iacute;a</em>&rdquo;, encontr&oacute; al fin su raz&oacute;n en el concepto de &ldquo;obsolescencia programada&rdquo;. El objeto de calidad, cuya principal virtud resid&iacute;a en el duradero uso que habr&iacute;a de garantizarnos, pertenece a la &eacute;poca en la que el capitalista era un gordo ignorante de su elevada tasa de colesterol, luc&iacute;a bomb&iacute;n, y fumaba gruesos puros que echaban volutas de humo tan densas como las orgullosas chimeneas de las f&aacute;bricas. A pesar de su car&aacute;cter grotesco, la imagen se corresponde con la era de un paradigma socioecon&oacute;mico basado en valores s&oacute;lidos y duraderos. De all&iacute; que el producto lanzado al mercado deb&iacute;a reflejar, como si se tratase del signo portador de un mensaje, el incuestionable dogma de la solidez, la confianza, y la certidumbre prometidas por el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, esa imagen ha caducado definitivamente. El capitalista es ahora vegetariano, practica <em>jogging</em>, desde luego no fuma, y prefiere las gorras de visera Paul Shark o Hugo Boss. Aprovecha las caracter&iacute;sticas de una &eacute;poca en la que, junto con los hielos de Groenlandia, todos los valores que se asentaban sobre el firme suelo de los estados nacionales se disuelven, y los vapores resultantes ascienden hacia el cielo ilimitado donde la compa&ntilde;&iacute;a Apple los almacena en la nube.
    </p><p class="article-text">
        Estas nuevas condiciones son excelentes para la prosperidad de la &ldquo;obsolescencia programada&rdquo;, que ahora sabemos se refiere al hecho de que el dise&ntilde;o y la fabricaci&oacute;n de un producto debe optimizarse con el fin de asegurar su corta vida, obligando al consumidor a empe&ntilde;arse en un ciclo de gasto encadenado. Pero nos quedar&iacute;amos cortos si solo vi&eacute;semos en la obsolescencia programada un fen&oacute;meno meramente t&eacute;cnico, al servicio de una pol&iacute;tica de mercado. Desde luego, es mucho m&aacute;s que eso. La obsolescencia programada es un concepto filos&oacute;fico, tal vez uno de los m&aacute;s importantes de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, una met&aacute;fora del tiempo en la modernidad tard&iacute;a, un aut&eacute;ntico reflejo de c&oacute;mo el capitalismo actual se nutre de algunos elementos claves de la subjetividad humana, soborn&aacute;ndolos en su beneficio.
    </p><p class="article-text">
        El deseo humano es constante en su insistencia, pero su satisfacci&oacute;n es siempre parad&oacute;jica. So&ntilde;amos con una satisfacci&oacute;n que nos colme, y si acaso la alcanzamos es solo para descubrir lo ef&iacute;mero de su duraci&oacute;n. Deseamos &ldquo;eso&rdquo; y a la vez sentimos que en verdad esperamos &ldquo;otra cosa&rdquo;. El deseo no se contenta jam&aacute;s con su objeto. Se afana en su b&uacute;squeda, siempre frustrante, roza tangencialmente su meta, y se empecina en avistar un m&aacute;s all&aacute; por lo general disperso e innombrable. De all&iacute; que el objeto de consumo actual, programado no solo para caducar en su materialidad f&iacute;sica sino fundamentalmente en su valor imaginario de fetiche, es el se&ntilde;uelo ideal para ofrecerle al deseo, puesto que posee la propiedad m&aacute;gica indispensable:  una exacta mezcla de placer y decepci&oacute;n que garantice la fidelizaci&oacute;n del sujeto al espejismo del consumo. &iexcl;Qu&eacute; dulce dolor causa en el alma comprar el nuevo <em>smartphone</em> y enterarnos, ese mismo d&iacute;a, que la marca acaba de anunciar la salida del siguiente modelo para los pr&oacute;ximos meses! Cre&iacute;amos haber tocado el cielo con las manos, pero el encanto fue fugaz. No obstante, debemos estar agradecidos de que nuestra vida encuentre as&iacute; una renovaci&oacute;n de su sentido, y que el deseo recargue su movimiento eterno hacia la nada.
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        La obsolescencia programada es un estilo de vida, correspondiente con la forma en la que hoy se hacen y deshacen los lazos sociales. La pareja (a excepci&oacute;n por ahora de aquella constituida entre la madre y su hijo) tambi&eacute;n est&aacute; condicionada por la l&oacute;gica de la obsolescencia programada. Los famosos ya est&aacute;n advertidos, y someten sus uniones a cl&aacute;usulas contractuales cada vez m&aacute;s afinadas, puesto que la producci&oacute;n sobre la durabilidad del amor est&aacute; a punto de ser tan fiable como la de un lavavajillas.
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco, la O.P. extiende su finalidad primaria hasta convertirse en el nuevo paradigma social. La advertencia &ldquo;<em>Best before</em>...&rdquo; (&ldquo;Consumir antes de...&rdquo;) es casi lo mejor que define nuestra realidad contempor&aacute;nea. Todo debe ser sacrificado en el sagrado altar de la caducidad, y no hay mejor objeto de consumo, ya sean personas o cosas, que aquel que se consume en el fuego fatuo de la fugacidad.
    </p><p class="article-text">
        Qui&eacute;n sabe, tal vez la O.P. constituya un nuevo orden social, capaz de administrar y regir la ontolog&iacute;a moderna. Por ahora, solo un objeto parece escapar a ese lecho de Procusto: la duraci&oacute;n de la vida. El ideal tecnocient&iacute;fico, en vez de buscar el modo de acortarla, la prolonga m&aacute;s de lo debido, y al final las cuentas de sanidad y pensiones descuadran los presupuestos y complican los proyectos biopol&iacute;ticos. Hace unos a&ntilde;os vi en Londres un corto en el que los seres humanos al nacer eran programados con su fecha de caducidad en funci&oacute;n de los par&aacute;metros que contemplaban la extracci&oacute;n social y la dotaci&oacute;n gen&eacute;tica. Podr&iacute;a ser una soluci&oacute;n limpia, ordenada y eficaz para restablecer las cuentas de la Comunidad Europea. Los alemanes, que en estas pr&aacute;cticas son muy habilidosos y disciplinados, deber&iacute;an inspirarse en la idea y elaborar un plan con fondos del BCE. Seg&uacute;n su juicio, los del sur somos proclives a despilfarrarlo todo, con lo cual quiz&aacute;s nos convenga una obsolescencia algo m&aacute;s anticipada que la de los ciudadanos de pa&iacute;ses austeros. 
    </p><p class="article-text">
        Y ya que estamos inspirados, &iquest;por qu&eacute; no proponer una obsolescencia programada para pol&iacute;ticos? La mayor&iacute;a de los nuestros ha caducado hace varios a&ntilde;os, y nadie parece querer darse cuenta. Bien vista, la filosof&iacute;a de la O.P. podr&iacute;a ofrecer posibilidades hasta ahora insuficientemente exploradas.
    </p><p class="article-text">
        A veces el neoliberalismo se vuelve sentimental, y no acaba de sacarle todo el partido posible a sus propios ingenios... 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gustavo Dessal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/encantos-caducidad_1_5560965.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jan 2013 18:45:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los encantos de la caducidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arte efímero y revolución permanente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/arte-efimero-revolucion-permanente_1_5561020.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Qu&eacute; ox&iacute;moron nos inquieta m&aacute;s: el que propone un &ldquo;arte ef&iacute;mero&rdquo; o el que ambiciona una &ldquo;revoluci&oacute;n permanente&rdquo;? Tanto uno como otro, aunque dis&iacute;miles, exhiben en su gusto por lo paradojal una clave de nuestro tiempo, la tensi&oacute;n entre la duraci&oacute;n y el instante. La sola idea de un arte ef&iacute;mero perturba la presunci&oacute;n de que no existe empresa est&eacute;tica que no anhele persistencias, ya se trate de tradici&oacute;n, de canon, de volverse cl&aacute;sico, o lisa y llanamente de eternidad. La sola idea de un arte ef&iacute;mero, al hacer de la volatilizaci&oacute;n un deseo, va m&aacute;s all&aacute; de la admisi&oacute;n de un destino de muerte para el arte en general: le ofrece a cada obra en particular la opci&oacute;n preferencial de un suicidio. No dice que la transitoriedad es fatal; la elige, la promueve, la produce, la fabrica.
    </p><p class="article-text">
        La idea de la revoluci&oacute;n permanente podr&iacute;a en cambio situarse justamente en las ant&iacute;podas; pero sugiere, por ser ox&iacute;moron, una fricci&oacute;n de la misma especie. &iquest;C&oacute;mo hacer que lo instant&aacute;neo perdure? Reservamos a la revoluci&oacute;n un arsenal de met&aacute;foras elocuentes sobre mechas encendidas, chispazos, estallidos, explosiones. Es decir, el imaginario de una irrupci&oacute;n fulminante y expansiva que, para ser eficaz, se hace fuerte en la prontitud (en la aceleraci&oacute;n, en la sorpresa, en el v&eacute;rtigo). &iquest;Qu&eacute; clase de permanencia es concebible para una pol&iacute;tica de la desestabilizaci&oacute;n total? La que hace de la transformaci&oacute;n radical un modo o, si se prefiere, tanto m&aacute;s: un estilo. En el sentido est&eacute;tico del t&eacute;rmino.
    </p><p class="article-text">
        Al prolongado examen de las relaciones entre arte y revoluci&oacute;n podr&iacute;a caberle tal vez esta especificaci&oacute;n: el examen de las relaciones entre arte ef&iacute;mero y revoluci&oacute;n permanente. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a aproximadamente su tiempo? &iquest;Cu&aacute;l su forma de transcurrir y de quedarse? Probablemente los de una secuencia o, por qu&eacute; no, un fotograma, de <em>Octubre</em> de Serguei Eisenstein por ejemplo. Porque no se trata de arte ef&iacute;mero en sentido estricto, por supuesto, pero no por nada Walter Benjamin muy bien subrayaba, tan luego en 1936, que lo propio de la imagen cinematogr&aacute;fica, por oposici&oacute;n a la imagen pict&oacute;rica, era no mantenerse ni durar ante el ojo que la registra, sustray&eacute;ndose por definici&oacute;n al mero &eacute;xtasis contemplativo, al estado de recogimiento pasivo, a la condici&oacute;n de la veneraci&oacute;n cultual. Pero que a la vez, aunque moment&aacute;nea, no va a borrarse nunca m&aacute;s del archivo de las memorias personales, fijada en esa dimensi&oacute;n del recuerdo que, por su tremenda intensidad, emula la dimensi&oacute;n que es propia de las experiencias vividas. La imagen de la revoluci&oacute;n, si es que no la revoluci&oacute;n misma, encuentra ah&iacute; una v&iacute;a hacia la permanencia posible.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire&rdquo;, sabemos que dijo Marx: se ha vuelto ya consigna. Pero en la fijaci&oacute;n citable de toda consigna persiste como verdad de provecho una lecci&oacute;n de evanescencia que a su vez se solidifica. Porque hay palabras que solidifican el aire, y son las que no se lleva el viento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/arte-efimero-revolucion-permanente_1_5561020.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jan 2013 18:44:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Arte efímero y revolución permanente]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desesperación programada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/desesperacion-programada_1_5561036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No tiene el suicidio nada que ver con lo que llaman obsolescencia programada, es decir, ese recurso que, por amor al dinero, logra que las cosas se rompan en un plazo determinado de tiempo y nos obliga a comprar cosas nuevas. La aver&iacute;a no es ya un accidente o un fallo del producto, sino parte del plan de fabricaci&oacute;n y garant&iacute;a del &eacute;xito econ&oacute;mico del fabricante. Los t&eacute;cnicos no investigan para que el producto sea m&aacute;s fuerte, sino para que sea m&aacute;s fr&aacute;gil. Pensar en matarse es programar una fractura total, y matarse es romperse absolutamente, sin reparaci&oacute;n posible, pero el suicidio no deja beneficio al que lo planea, y, si lo deja, el suicida ya no est&aacute; para recogerlo.
    </p><p class="article-text">
        El suicidio me parece una cuesti&oacute;n personal que, como casi todas las cuestiones personales, tiene repercusiones sobre quienes rodean al protagonista. As&iacute; que la comunidad ha perseguido a los suicidas con sa&ntilde;a. En Londres segu&iacute;an ahorcando en el siglo XIX a los suicidas fallidos, condenados a muerte por haberse condenado a muerte sin contar con los tribunales. Cuando hace muchos a&ntilde;os acompa&ntilde;aba a mis padres al cementerio, hab&iacute;a un momento misterioso en que mi padre, solo, iba a visitar la tumba de su padre, que, Dios m&iacute;o, no estaba enterrado en tierra santa. Nadie ha sabido nunca por qu&eacute; se mat&oacute; mi abuelo, pr&oacute;spero y en la plenitud de la vida. En el <em>Biathanatos</em> he le&iacute;do el caso del cortesano que se mat&oacute; porque el emperador Ner&oacute;n le puso un d&iacute;a mala cara, o el de Homero, que habr&iacute;a elegido la muerte como soluci&oacute;n por no saber la respuesta a una adivinanza.
    </p><p class="article-text">
        Hay quien se mata no por obsolescencia programada, sino por temor a la obsolescencia. Pienso en esos individuos que se matan para evitar la vejez o no sufrir sus humillaciones y consecuencias extremas, e incluso fijan una edad tope, los setenta a&ntilde;os, por ejemplo, como fue el caso de Paul Lafargue y Laura Marx, matrimonio. Y el del poeta Gabriel Ferrater, que a los treinta y cinco a&ntilde;os prometi&oacute; matarse antes de cumplir los cincuenta, porque a esa edad ya ha dado uno lo mejor de s&iacute;, o eso pensaba Ferrater. Pero no estoy seguro de que Ferrater se quitara la vida para cumplir lo que hab&iacute;a anunciado quince a&ntilde;os antes. Una falacia muy com&uacute;n es creer que lo que sucedi&oacute; en primer lugar caus&oacute; lo que vino m&aacute;s tarde, cuando puede ser que una cosa y otra no guarden ninguna relaci&oacute;n entre s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que si digo, joven, que me matar&eacute; antes de llegar a viejo, cuando me mate ni me acuerde de lo que proclam&eacute; en un momento de especial vitalidad, incluso de euforia suicida. Ferrater pensaba que la muerte era un tema literario para adolescentes, y un poco adolescente me siento hablando de estas cosas en estos d&iacute;as de obsolescencia programada de todas las cosas fabricadas en serie, pero tambi&eacute;n de todos los derechos. La incomodidad econ&oacute;mica, la sensaci&oacute;n de fatalidad y ruina, acompa&ntilde;a a la &uacute;ltima consigna pol&iacute;tica, plagiada de un verso del Infierno dantesco: &ldquo;Dejad toda esperanza&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Justo Navarro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/desesperacion-programada_1_5561036.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jan 2013 18:43:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Desesperación programada]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fecha de caducidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/fecha-caducidad_1_5561092.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Cosima Dannoritzer.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Cosima Dannoritzer mira un momento la peque&ntilde;a grabadora digital que recoge sus palabras durante esta entrevista: &ldquo;Si a este chisme tuyo, por ejemplo, se le muere algo dentro, todo lo que tengas ah&iacute; ya no podr&aacute;s recuperarlo&rdquo;. De eso trat&oacute; su documental del a&ntilde;o 2006, que t&eacute;cnicamente podr&iacute;a calificarse &ldquo;sobre los formatos electr&oacute;nicos&rdquo;. Mejor decir sobre la precariedad de nuestra memoria y su caducidad anunciada: dentro de muchos a&ntilde;os, abriremos un viejo &aacute;lbum de fotograf&iacute;as. Pero hoy mismo es dif&iacute;cil recuperar lo que alguna vez grabamos en un casete. El disquete es un artefacto prehist&oacute;rico, el CD-ROM suena a flor de un d&iacute;a. &iquest;Y qu&eacute; hay entonces de lo que se nos qued&oacute; all&iacute; dentro? &iquest;D&oacute;nde y c&oacute;mo lo recuperaremos?
    </p><p class="article-text">
        Y en ese a&ntilde;o 2006, esta joven alemana que vive entre Barcelona y Berl&iacute;n se encontr&oacute; en medio de una inmensa monta&ntilde;a de cacharros. Era un vertedero de artefactos electr&oacute;nicos. &ldquo;Hab&iacute;a un mont&oacute;n de monitores, televisores&hellip; y yo pensaba: no parecen <em>muy </em>rotos. Parec&iacute;an nuevos, s&oacute;lo que en alguna empresa hab&iacute;an decidido cambiarlos por una serie nueva. Y yo me preguntaba: pero si no est&aacute;n muy rotos, no entiendo qu&eacute; pasa aqu&iacute;. Tal vez s&oacute;lo ten&iacute;an alguna peque&ntilde;a aver&iacute;a, una tonter&iacute;a all&iacute; dentro, pero nosotros ya no sabemos arreglar nada... Y luego pensaba en lo que siempre dice la gente mayor, que antes se arreglaba todo. O eso es nostalgia o en verdad es as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; comenz&oacute; lo que ser&iacute;a un exhaustivo trabajo de documentaci&oacute;n, viajes, producci&oacute;n. &ldquo;Un documental es un proceso muy largo. Y &eacute;ste no es, como habr&aacute;s visto, un documental barato. No es uno de esos que vas con la c&aacute;mara por la calle y coges a alguien y lo filmas. No, aqu&iacute; se trataba de viajes,  material de archivo, y yo quer&iacute;a poner los documentos en  pantalla, no quer&iacute;a que pareciera que me basaba en rumores. Esto signific&oacute;, por ejemplo, viajar a Nueva York, buscar los documentos, luego pedir el acceso, luego la copia. Yo estaba all&iacute; buscando informaci&oacute;n. Mientras, el productor buscaba dinero y tambi&eacute;n im&aacute;genes de archivo. Luego, cuando empezamos a rodar hab&iacute;a una productora organizando. C&aacute;mara, sonido&hellip; Fueron unos tres a&ntilde;os en total, a veces con momentos algo tensos, o tristes, porque no sab&iacute;a si podr&iacute;a seguir adelante. Por otro lado, esa espera, esa morosidad fue buena para la investigaci&oacute;n, porque cuando escribes a un archivo digital tardan tres meses en contestarte. Nada aqu&iacute; fue en plan r&aacute;pido&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La obsolescencia programada</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Comprar, tirar, comprar</em> merece ser visto m&aacute;s de una vez. Es narrativamente poderoso y parte de nuestra relaci&oacute;n con los objetos para llevarnos, sin empujarnos, a nuestra relaci&oacute;n con la vida. Fue un suceso creciente desde su primera emisi&oacute;n, y hay profesores de secundaria que lo han convertido en un trabajo de alt&iacute;simo inter&eacute;s para sus alumnos adolescentes. 
    </p><p class="article-text">
        Puede contarse de muchas maneras, incluso como una novela de intriga y espionaje en la que un chico de Barcelona llamado Marcos intenta arreglar su impresora. Pero all&iacute; donde va a Marcos siempre le dicen lo mismo: &ldquo;La reparaci&oacute;n ser&aacute; muy cara, te conviene comprarte una nueva&rdquo;. Como buen h&eacute;roe de relatos de intriga, Marcos es un curioso tenaz. Al igual que Cosima: &ldquo;Yo conoc&iacute;a ciertas leyendas, la de un inventor que fabric&oacute; una bombilla no perecedera (y lo quer&iacute;an matar), o leyendas urbanas  con coches, con medias irrompibles o con neveras. Quer&iacute;a saber qu&eacute; hab&iacute;a de cierto en todo ello&rdquo;.   
    </p><p class="article-text">
        Entre otros temas, el documental de Cosima llega a los antepasados de los fabricantes de nuestras bombillas actuales, un grupo de empresarios que, definitivamente, no consideraron aceptable &mdash;ni rentable&mdash; que una bombilla durase diez, quince o veinte a&ntilde;os. As&iacute;, formaron &ldquo;el c&aacute;rtel de la bombilla&rdquo;. En el documental se ven sus documentos firmados &mdash;tal como quer&iacute;a Cosima&mdash;, en donde acordaban que se prohib&iacute;a la fabricaci&oacute;n de bombillas de larga duraci&oacute;n. Ya en el siglo XXI,  un heredero de la familia Philips (que hoy se dedica a un modo de fabricaci&oacute;n razonable), reflexiona de interesante modo: a principios del siglo XX, dice, estos antepasados suyos pensaban que el planeta era un territorio de recursos ilimitados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hab&iacute;a algo b&iacute;blico en ellos&rdquo;, afirma Cosima. &ldquo;No les importaba decidir la corta vida de sus productos para vender m&aacute;s, ni se les ocurr&iacute;a que eso podr&iacute;a traer graves consecuencias en el ecosistema. Porque en ese entonces ellos sent&iacute;an que el mundo era de ellos, que los recursos no se agotar&iacute;an nunca. Era algo b&iacute;blico, acerca de la tierra y el hombre como due&ntilde;o de la tierra y de lo que de ella puede obtenerse. Pensaban que habr&iacute;a recursos para siempre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Comprar, tirar, comprar</em> aparece un vertedero de artefactos electr&oacute;nicos en Ghana, uno de los lugares m&aacute;s t&oacute;xicos de la tierra. Hasta all&iacute; llegan esos artefactos electr&oacute;nicos que en la India, tal como lo ha visto Cosima, dos muchachos con unas pocas herramientas arreglan en una hora, pero que en los pa&iacute;ses desarrollados eran el objeto que sal&iacute;a caro arreglar, el &ldquo;mejor comprar otro&rdquo;. Nuestro comprar y tirar genera a diario una cantidad desmesurada de residuos, esos que los pa&iacute;ses desarrollados transportan a lugares que cada vez est&aacute;n m&aacute;s cerca. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>&iquest;Y qu&eacute; pas&oacute; con Marcos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Su relato de intriga lo llev&oacute; a las entra&ntilde;as de su impresora, y al mismo tiempo a perderse en la red, hasta dar con un ciudadano de alg&uacute;n lugar de Rusia que ten&iacute;a en su poder la respuesta a esa caducidad anunciada &mdash;esa obsolescencia programada&mdash; que se escond&iacute;a en ese y en otros tantos artefactos, desde neveras a televisores, ordenadores e impresoras. Todos ellos venidos al mundo con una secreta memoria a corto plazo, tal vez un chip, tal vez un truco que, sin que el comprador lo sepa, matar&aacute; a su flamante electrodom&eacute;stico. Quienes nacieron en los sesenta recordar&aacute;n la serie televisiva <em>Misi&oacute;n imposible</em>, en la que los agentes escuchaban una grabaci&oacute;n de cinta abierta &mdash;otro de los formatos que ya no pueden recuperarse&mdash; que les daba las instrucciones y terminaba con &ldquo;esta grabaci&oacute;n se autodestruir&aacute; en breves momentos&rdquo;. Como esa grabadora que estallaba y lanzaba humo: eso es la obsolescencia. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mira: ese chico ruso, el que tiene el tiene el <em>software</em> para arreglar la impresora&hellip; Si &eacute;ste hubiese sido un documental r&aacute;pido &eacute;l no aparecer&iacute;a en &eacute;l. Porque&hellip; yo no s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;. Hay una  web, pero no puedo ir m&aacute;s all&aacute;. Le he escrito varias veces, durante meses no me ha contestado. Y luego se ha entrevistado a s&iacute; mismo. Est&aacute; en Rusia, no sabemos d&oacute;nde, y su <em>software</em> est&aacute; por todas partes, y traducido; hay una versi&oacute;n espa&ntilde;ola, otra alemana. Tambi&eacute;n alguien de HP ha subido las instrucciones para arreglar las impresoras. No se sabe qui&eacute;n. La cuesti&oacute;n es que ahora se sabe que si bajas los puntos en el chip oculto el aparato deja de funcionar. Si lo subes funciona. Ya no puede hablarse de fallo mec&aacute;nico. Est&aacute; hecho a prop&oacute;sito&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La obsolescencia humana</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Este usar y tirar &mdash;y nunca reparar&mdash;, &iquest;es extensible a nuestras relaciones? Cosima reflexiona, y empieza a hablar: &ldquo;Seguro. Por ejemplo: en Alemania, en el mercado laboral, si tienes m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os ya ni te leen el curr&iacute;culo. Piensan que est&aacute;s obsoleta, o que no tienes los conocimientos modernos, o eres incapaz de aprender, o eres de otra generaci&oacute;n. De modo que la gente estudia hasta los veinticinco o treinta a&ntilde;os, trabaja hasta los cincuenta&hellip; y luego a la basura. Cuando en realidad hay mucha experiencia. Si has trabajado con un tema durante tantos a&ntilde;os, sabes mucho, y tambi&eacute;n eres capaz de aprender algo nuevo si toca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Adem&aacute;s, tambi&eacute;n los empleadores se creen con derecho a moverte de lugar cuando lo desean. Dan por supuesto que estamos disponibles, y dan por sentado que iremos a sitios nuevos para tener nuevos amigos. Todo lo que has hecho hasta ahora es algo reemplazable. Pero si t&uacute; tienes tus amigos de siempre en una ciudad, en un pa&iacute;s&hellip; Claro que puedes tener otros nuevos en una nueva ciudad. Pero aquellos no los puedes usar y tirar, son importantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay una profesora en Australia que est&aacute; haciendo un interesante trabajo sobre los juguetes. Los ni&ntilde;os ya no tienen un juguete que siempre les acompa&ntilde;a, el t&iacute;pico peluche que se va gastando con los a&ntilde;os, pero que ellos quieren y cuidan. No, ahora son cosas de pl&aacute;stico que se rompen r&aacute;pido. Entonces, claro, se pueden reemplazar; todo es r&aacute;pido y barato. Pero ya no existe ese enlace emocional con algo que t&uacute; quieres, que lo cuidas durante a&ntilde;os. Esta profesora piensa que a largo plazo esto va a hacer mucho da&ntilde;o&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>&iquest;Y en la vida de pareja?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cosima se r&iacute;e: &ldquo;Bueno&hellip; ya se ve, &iquest;no? Esos hombres que llegan a una cierta edad y se buscan una mujer que es el mismo modelo que la otra, m&aacute;s joven. Y piensas: podr&iacute;a ser la hermana de la primera mujer, quince o veinte a&ntilde;os menos. La gente mayor cree que hoy hay m&aacute;s divorcios por esta idea de no reparar. He estado en la boda de una amiga, y el sacerdote les ha pedido una y otra vez que no tiraran a la primera la relaci&oacute;n, que la hicieran durar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En verdad, somos ruedas peque&ntilde;as del engranaje: nos dicen que compremos, nos dicen que salir de compras es divertido. Pero tampoco es que haya un diablo que nos corrompa. A muchos les gusta ser as&iacute;. A m&iacute;, en cambio, me gusta lo que sostienen los defensores del decrecimiento &mdash;<em>Sociedad del decrecimiento</em>, Serge Latouche&mdash;: si compras menos entonces podr&aacute;s trabajar menos. Y tendr&aacute;s tiempo para cosas m&aacute;s importantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El piso de Cosima es alegre, con objetos distintos que pueden observarse con una curiosidad no material: su silla en donde se sienta a trabajar, por ejemplo, toda una c&oacute;moda y mullida antig&uuml;edad a la que &mdash;tal como me se&ntilde;ala&mdash; tendr&aacute; que repararle los mimbres del respaldo. Y sin duda lo har&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lilian Neuman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/fecha-caducidad_1_5561092.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jan 2013 18:43:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Fecha de caducidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Obsolescencia programada]]></media:keywords>
    </item>
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