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    <title><![CDATA[elDiario.es - Fósiles]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Fósiles]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Descubren una nueva especie de T. rex en las antiguas aguas de Texas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/descubren-nueva-especie-t-rex-antiguas-aguas-texas-pm_1_13247022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3579f5ac-536b-493b-88cb-33c08ec203c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Descubren una nueva especie de T. rex en las antiguas aguas de Texas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un estudio del Museo Americano de Historia Natural identifica una nueva especie de mosasaurio de hasta 13 metros de longitud que habitó el gran mar interior de Norteamérica hace unos 80 millones de años</p><p class="subtitle">Descubren una nueva especie de pingüino en la Antártida por primera vez en un siglo
</p></div><p class="article-text">
        Un equipo de paleont&oacute;logos ha identificado una <strong>nueva especie gigante de mosasaurio</strong> que habit&oacute; los mares que cubr&iacute;an parte de Norteam&eacute;rica durante el Cret&aacute;cico. Bautizado como <em>Tylosaurus rex</em>, el animal ha sido descrito en un extenso <a href="https://digitallibrary.amnh.org/items/dbbf9dc2-f0cb-40fc-87b2-a92791f3c3cc" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio publicado</a> en el <em>Bulletin of the American Museum of Natural History</em> y destaca tanto por su enorme tama&ntilde;o como por una anatom&iacute;a que sugiere una mordida especialmente poderosa. Los investigadores consideran que se trataba de <strong>uno de los grandes depredadores del llamado Western Interior Seaway,</strong> el enorme mar interior que divid&iacute;a el continente hace unos 80 millones de a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo, firmado por Amelia R. Zietlow, Michael J. Polcyn y Ronald S. Tykoski, sostiene que numerosos <a href="https://www.eldiario.es/temas/fosiles/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">f&oacute;siles</a> atribuidos durante d&eacute;cadas a otras especies de <em>Tylosaurus</em> pertenec&iacute;an en realidad a este nuevo tax&oacute;n. El estudio revisa <strong>ejemplares hallados principalmente en Texas</strong> y concluye que compart&iacute;an una combinaci&oacute;n de rasgos anat&oacute;micos &uacute;nicos, algunos relacionados con una musculatura mandibular y cervical especialmente desarrollada. Los autores destacan adem&aacute;s que varios de esos f&oacute;siles hab&iacute;an sido clasificados anteriormente como individuos envejecidos de otras especies, <strong>algo que ahora consideran incorrecto</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Mapa de Texas que muestra las localidades del holotipo y de algunos ejemplares a los que se hace referencia."
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                Mapa de Texas que muestra las localidades del holotipo y de algunos ejemplares a los que se hace referencia.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un mosasaurio gigante de hasta 13 metros</h2><p class="article-text">
        La nueva especie recibe el nombre de <em>Tylosaurus rex</em>, utilizando el t&eacute;rmino latino <em>rex</em> &mdash;&ldquo;rey&rdquo;&mdash; como referencia a su <strong>tama&ntilde;o descomunal y a su posici&oacute;n como gran depredador marino</strong>. Seg&uacute;n el estudio, algunos ejemplares pudieron alcanzar entre 1<strong>2 y 13 metros de longitud</strong>, claramente por encima de muchos ejemplares conocidos de otras especies de <em>Tylosaurus</em>. Las estimaciones de tama&ntilde;o incluidas en el trabajo sit&uacute;an a algunos individuos muy por encima de los grandes ejemplares de <em><strong>Tylosaurus proriger</strong></em><strong>, una de las especies m&aacute;s emblem&aacute;ticas del g&eacute;nero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los mosasaurios fueron reptiles marinos emparentados con los actuales lagartos y serpientes que dominaron los oc&eacute;anos durante el final del Cret&aacute;cico, antes de extinguirse junto a los dinosaurios no avianos hace unos 66 millones de a&ntilde;os. Dentro de ese grupo, los tilosaurinos se distingu&iacute;an por sus cuerpos hidrodin&aacute;micos, largas colas y hocicos alargados sin dientes en la punta. El nuevo estudio recuerda que <strong>fueron tambi&eacute;n los primeros mosasaurios en alcanzar tama&ntilde;os gigantescos superiores a los ocho metros</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Parietal de Tylosaurus rex SMU 77679 en vistas A, B (dorsal), C (ventral) y D (posterior). Las puntas de flecha señalan la parte anterior. Abreviaturas: ff, carilla frontal; Mpts, origen del músculo pseudotemporal superficial; nuf, fosa nucal; paf, agujero parietal; pat, tabla parietal; poff, carilla postorbitofrontal; sof, carilla supraoccipital; stf, carilla supratemporal; vlc, cresta ventrolateral; vmr, cresta ventromedial. Escala: 5 cm."
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                Parietal de Tylosaurus rex SMU 77679 en vistas A, B (dorsal), C (ventral) y D (posterior). Las puntas de flecha señalan la parte anterior. Abreviaturas: ff, carilla frontal; Mpts, origen del músculo pseudotemporal superficial; nuf, fosa nucal; paf, agujero parietal; pat, tabla parietal; poff, carilla postorbitofrontal; sof, carilla supraoccipital; stf, carilla supratemporal; vlc, cresta ventrolateral; vmr, cresta ventromedial. Escala: 5 cm.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El holotipo &mdash;el f&oacute;sil de referencia utilizado para definir oficialmente la especie&mdash; <strong>fue descubierto en 1979 cerca del lago Ray Hubbard, al este de Dallas</strong>, y durante d&eacute;cadas fue conocido informalmente como el &ldquo;Heath Mosasaur&rdquo;. El esp&eacute;cimen conserva un cr&aacute;neo pr&aacute;cticamente completo junto a parte del esqueleto postcraneal, lo que permiti&oacute; a los investigadores realizar un an&aacute;lisis anat&oacute;mico extremadamente detallado. El trabajo incluye adem&aacute;s numerosos f&oacute;siles adicionales hallados en distintas formaciones geol&oacute;gicas de Texas y Kansas.
    </p><h2 class="article-text">El debate sobre las especies mal clasificadas</h2><p class="article-text">
        Uno de los aspectos m&aacute;s importantes del estudio es que cuestiona c&oacute;mo se han clasificado hist&oacute;ricamente muchos mosasaurios norteamericanos. Los autores sostienen que la tendencia a interpretar diferencias anat&oacute;micas como simples cambios relacionados con la edad pudo ocultar durante d&eacute;cadas la existencia de nuevas especies. En el caso de <em>Tylosaurus rex</em>, argumentan que ejemplares de tama&ntilde;os similares a los de <em>Tylosaurus</em> proriger muestran rasgos diagn&oacute;sticos claramente distintos, lo que <strong>descarta que se trate &uacute;nicamente de fases distintas de crecimiento</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n tambi&eacute;n revisa la evoluci&oacute;n interna de los tilosaurinos y presenta una nueva lista de caracteres anat&oacute;micos para reconstruir el &aacute;rbol evolutivo de los mosasaurios. Entre otros cambios, el estudio <strong>defiende nuevamente la separaci&oacute;n entre los g&eacute;neros </strong><em><strong>Hainosaurus</strong></em><strong> y </strong><em><strong>Tylosaurus</strong></em><strong>,</strong> que algunos trabajos recientes hab&iacute;an llegado a considerar equivalentes. Los autores sostienen que existen diferencias morfol&oacute;gicas suficientes para mantener ambos grupos diferenciados.
    </p><p class="article-text">
        Los f&oacute;siles de <em>Tylosaurus</em> rex proceden sobre todo de sedimentos marinos del Campaniense inferior y medio, una etapa del Cret&aacute;cico Superior comprendida aproximadamente entre hace 83 y 72 millones de a&ntilde;os. Seg&uacute;n los datos estratigr&aacute;ficos analizados en el estudio, la mayor&iacute;a de ejemplares conocidos tendr&iacute;an entre 81 y 79 millones de a&ntilde;os de antig&uuml;edad. Los investigadores creen que el animal habit&oacute; la parte sur del gran mar interior norteamericano, en un ecosistema marino dominado por ammonites y otros grandes reptiles marinos. El trabajo concluye que la diversidad real de mosasaurios gigantes en Norteam&eacute;rica <strong>podr&iacute;a haber sido mucho mayor de lo que se pensaba</strong>. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ada Sanuy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/descubren-nueva-especie-t-rex-antiguas-aguas-texas-pm_1_13247022.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 06:11:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Descubren una nueva especie de T. rex en las antiguas aguas de Texas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fósiles,Paleoantropología,Dinosaurios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Edward Dolnick, escritor: "Los humanos apenas somos una especie rara de mono sin pelo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/edward-dolnick-escritor-humanos-apenas-especie-rara-mono-pelo_128_13233760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df4d3eb9-8c3b-48b7-b8eb-c8cb23461806_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Edward Dolnick, escritor: &quot;Los humanos apenas somos una especie rara de mono sin pelo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor estadounidense reconstruye en ‘Dinosaurios en la cena’ el momento en que unos fósiles gigantes alteraron la visión que Occidente tenía de sí mismo</p><p class="subtitle">El cuadro de 1562 que desató una teoría sobre humanos y dinosaurios viviendo juntos por un detalle minúsculo escondido</p></div><p class="article-text">
        Parece imposible de creer hoy en d&iacute;a cuando cualquier ni&ntilde;o sabe reconocer a un <em>Tyrannosaurus rex</em> antes incluso de aprender los nombres de los p&aacute;jaros, los &aacute;rboles o las constelaciones, pero a comienzos del siglo XIX los huesos gigantescos petrificados que aparec&iacute;an de vez en cuando en la naturaleza segu&iacute;an siendo un misterio sin nombre. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos opinaban que, sin duda, eran restos de dragones. Otros, pruebas de la existencia de antiguos gigantes. Esta historia, tan desconocida, fue la que impuls&oacute; al periodista y divulgador Edward Dolnick a escribir <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-dinosaurios-en-la-cena/448607" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Dinosaurios en la cena</em></a><em> </em>(Pen&iacute;nsula, 2026), un libro que reconstruye c&oacute;mo un grupo de cient&iacute;ficos exc&eacute;ntricos, coleccionistas obsesivos y buscadores de f&oacute;siles termin&oacute; cambiando para siempre la manera en que la humanidad entend&iacute;a el pasado de nuestro planeta.
    </p><p class="article-text">
        El libro arranca con la historia de un ni&ntilde;o de doce a&ntilde;os llamado Pliny Moody, que en 1802 encontr&oacute; unas enormes huellas fosilizadas mientras araba un campo en Massachusetts. Nadie supo interpretarlas. La palabra &ldquo;dinosaurio&rdquo; ni siquiera existir&iacute;a hasta cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Dolnick reconoce que ese instante de desconcierto colectivo, cuando el mundo empez&oacute; a descubrir que hab&iacute;a una historia anterior a los humanos, le fascina profundamente. Hasta entonces la teor&iacute;a predominante sobre el origen del mundo era la que se cuenta en la Biblia. &ldquo;Los victorianos viv&iacute;an en un universo c&oacute;modo y ordenado&rdquo;, explica. &ldquo;La mejor analog&iacute;a sobre el descubrimiento de los dinosaurios es que fue como descubrir vida inteligente en otro planeta. Incluso, dir&iacute;a que esa comparaci&oacute;n se queda corta, porque muchos de nosotros hemos cre&iacute;do siempre que los extraterrestres existen. Ellos jam&aacute;s hab&iacute;an imaginado un mundo anterior a los humanos y menos a&uacute;n tan rebosante de una vida completamente diferente a la actual&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Mary Anning y los olvidados de la ciencia</h2><p class="article-text">
        Dolnick rinde homenaje en el libro a Mary Anning, la joven que encontr&oacute; algunos de los f&oacute;siles m&aacute;s importantes del siglo XIX mientras recorr&iacute;a los acantilados de Lyme Regis, un municipio costero brit&aacute;nico situado en el oeste de Dorset, buscando piezas para vender. 
    </p><p class="article-text">
        Hija de una familia pobre y pr&aacute;cticamente autodidacta, Anning descubri&oacute; ictiosaurios y plesiosaurios completos cuando la paleontolog&iacute;a todav&iacute;a ni siquiera exist&iacute;a como disciplina consolidada.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, nadie le hizo mucho caso en un mundo cient&iacute;fico totalmente masculinizado y perteneciente a otra clase social. &ldquo;Mary Anning fue una pionera que nunca recibi&oacute; el reconocimiento que merec&iacute;a por ser mujer y, adem&aacute;s, pobre y sin educaci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala. &ldquo;Es cierto que, tarde o temprano, alguien habr&iacute;a encontrado los f&oacute;siles que encontr&oacute; ella, la ciencia no es como el arte o la literatura, donde si, por ejemplo, Rembrandt nunca hubiera nacido, nos habr&iacute;amos perdido su obra para siempre. Pero est&aacute; claro que sin los hallazgos de Mary, se habr&iacute;a producido un retraso importante en el avance cient&iacute;fico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo cierto es que muchos de los hombres que construyeron su prestigio cient&iacute;fico gracias a los hallazgos de la inglesa apenas la mencionaron en sus obras. La Sociedad Geol&oacute;gica de Londres ni siquiera admiti&oacute; mujeres hasta 1919. Mientras tanto, Anning sigui&oacute; desenterrando esqueletos de animales imposibles en las playas azotadas por las mareas y los desprendimientos de la regi&oacute;n en la que viv&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Dolnick califica aquella primera paleontolog&iacute;a como un territorio similar al salvaje oeste, sin reglas claras ni instituciones s&oacute;lidas. Se trataba, b&aacute;sicamente, de agarrar lo que pudieras, explica. Y Mary Anning simplemente intentaba sobrevivir vendiendo f&oacute;siles a coleccionistas. No hab&iacute;a regulaci&oacute;n sobre qui&eacute;n pod&iacute;a excavar, encontrar, vender o exhibir restos paleontol&oacute;gicos. Y quienes descubr&iacute;an las piezas, sobre todo si eran mujeres y sin formaci&oacute;n acad&eacute;mica, quedaban f&aacute;cilmente invisibilizados.
    </p><h2 class="article-text">Un rompecabezas armado con huesos</h2><p class="article-text">
        Parte del v&eacute;rtigo cient&iacute;fico que se produjo en aquella &eacute;poca ten&iacute;a que ver con el hecho de que los cient&iacute;ficos deb&iacute;an reconstruir criaturas enteras a partir de fragmentos m&iacute;nimos. Un diente, una mand&iacute;bula o un trozo de v&eacute;rtebra. El resto era intuici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los primeros paleont&oacute;logos se dedicaban a intentar armar un rompecabezas con unas pocas piezas que llegaban a sus laboratorios en cajas sin identificar y con el material mezclado. Todo esto sin haber visto nunca un dibujo de un dinosaurio&rdquo;, resume Dolnick. &ldquo;Era ciencia apoyada por la conjetura, la intuici&oacute;n y una larga experiencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esta tesitura se encontraron figuras de la ciencia como Gideon Mantell, que imagin&oacute; el iguanodonte a partir de unos dientes fosilizados, o William Buckland, capaz de reconstruir ecosistemas enteros observando restos dispersos en cuevas y canteras. Aunque tambi&eacute;n se equivocaron mucho. 
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco, los cient&iacute;ficos tuvieron m&aacute;s y m&aacute;s restos en los que apoyarse. &ldquo;Los f&oacute;siles aparecieron masivamente en el siglo XIX como resultado de una oleada de construcci&oacute;n de carreteras y ferrocarriles junto con la excavaci&oacute;n de minas y canales&rdquo;, explica Dolnick. &ldquo;Pero igual de importante, o m&aacute;s, fue el cambio de mentalidad que se produjo. Durante siglos, los huesos de dinosaurio hab&iacute;an aparecido ocasionalmente, pero siempre se hab&iacute;an interpretado de acuerdo con los mitos locales. &iquest;Quiz&aacute;s eran huesos de gigantes o dragones? Con el auge de la ciencia, tales explicaciones dejaron de considerarse adecuadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De pronto, la Tierra dejaba de tener unos pocos miles de a&ntilde;os y empezaba a convertirse en un territorio inmensamente m&aacute;s antiguo, poblado por criaturas extinguidas y ajenas a cualquier experiencia humana.
    </p><h2 class="article-text">La batalla contra Darwin</h2><p class="article-text">
        Uno de los personajes centrales del libro es Richard Owen por motivos obvios: fue el cient&iacute;fico que acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;dinosaurio&rdquo; en 1842 y uno de sus principales expertos en esa primera &eacute;poca. 
    </p><p class="article-text">
        Owen fue tambi&eacute;n uno de los grandes adversarios de Charles Darwin y utiliz&oacute; a los propios dinosaurios para intentar combatir la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n que este acababa de presentar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Owen odiaba la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n porque para &eacute;l encarnaba la aleatoriedad y el azar en la historia de la vida, en lugar del dise&ntilde;o y el prop&oacute;sito divino&rdquo;, explica Dolnick. &ldquo;Cre&iacute;a que los dinosaurios reforzaban su postura porque hab&iacute;an vivido en un pasado remoto y &eacute;l entend&iacute;a la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n como una teor&iacute;a que describ&iacute;a la vida primitiva como algo rudimentario y poco desarrollado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a es que aquellos mismos f&oacute;siles acabaron apuntando justamente en la direcci&oacute;n contraria. Los dinosaurios mostraban un mundo en transformaci&oacute;n permanente, lleno de especies que desaparec&iacute;an y cambios imprevisibles. Tambi&eacute;n que la especie humana no ocupaba ni mucho menos el centro de la historia natural.
    </p><p class="article-text">
        Dolnick cree que ah&iacute; comenz&oacute; una larga secuencia de heridas que impactaron en el ego de la humanidad con toda crudeza. &ldquo;Los seres humanos hemos sufrido un golpe tras otro en nuestra autoestima a partir de entonces&rdquo;, comenta, divertido, Dolnick. &ldquo;Hubo un tiempo en que la Tierra era el centro del universo y nosotros sus amos, ahora sabemos que nuestro planeta es solo una mota insignificante en un suburbio anodino de una galaxia m&aacute;s entre millones de ellas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hubo un tiempo&rdquo;, recuerda el experto, &ldquo;en el que los humanos nos consider&aacute;bamos la c&uacute;spide de la creaci&oacute;n. Ahora apenas somos una especie rara de mono sin pelo. Nuestros d&iacute;as como peque&ntilde;os mam&iacute;feros correteando entre los arbustos intentando que los dinosaurios no nos comieran, son un recordatorio m&aacute;s de que, tal vez, no somos tan excelsos despu&eacute;s de todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De no ser por un accidente c&oacute;smico&rdquo;, escribe Dolnick en su libro, &ldquo;nuestros antepasados, que eran del tama&ntilde;o de roedores, seguramente, seguir&iacute;an ah&iacute;, temblando a la d&eacute;bil luz de la luna, y los seres humanos nunca habr&iacute;amos llegado a existir&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">La gran cena victoriana</h2><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; se pregunten los lectores a qu&eacute; se refiere la cena del t&iacute;tulo del libro. Lo cierto es que hace referencia a uno de los episodios m&aacute;s extravagantes de toda esta historia y resulta imposible acabar esta pieza sin hacer referencia a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        En la Nochevieja de 1853, el artista Benjamin Waterhouse Hawkins y el cient&iacute;fico Richard Owen organizaron un gran evento para celebrar los avances de la paleontolog&iacute;a victoriana y presentar al p&uacute;blico las primeras esculturas de dinosaurios del mundo.
    </p><p class="article-text">
        A la cena, celebrada en el Crystal Palace de Londres, acudieron un grupo de unos veinte cient&iacute;ficos y arist&oacute;cratas brit&aacute;nicos. Lo especial de la misma es que se celebr&oacute; dentro de una gigantesca escultura de iguanodonte. Una imagen que parece una caricatura chusca y victoriana del triunfo humano sobre aquellas bestias prehist&oacute;ricas.
    </p><p class="article-text">
        Fue una demostraci&oacute;n absoluta de poder, parecida a esas fotograf&iacute;as de cazadores posando con el pie sobre el animal abatido. Aquella cena marc&oacute; simb&oacute;licamente el momento en que los victorianos sintieron que hab&iacute;an domesticado el misterio. Los dinosaurios ya ten&iacute;an nombre, forma (aunque todav&iacute;a bastante incorrecta) y lugar dentro del relato cient&iacute;fico. El caos al que se hab&iacute;an enfrentado, empezaba a ordenarse.
    </p><p class="article-text">
        Aunque eso, obviamente, tambi&eacute;n fue una mentira. Dolnick est&aacute; convencido de que toda &eacute;poca comparte esa misma ilusi&oacute;n de comprensi&oacute;n definitiva. &ldquo;Nunca podemos saber cu&aacute;les son nuestros propios puntos ciegos&rdquo;, afirma. &ldquo;De lo &uacute;nico que podemos estar seguros es de que nuestros descendientes nos mirar&aacute;n y se&ntilde;alar&aacute;n algo, todav&iacute;a no sabemos qu&eacute;, y dir&aacute;n: &lsquo;&iquest;C&oacute;mo pudieron ser tan necios?&rsquo;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/edward-dolnick-escritor-humanos-apenas-especie-rara-mono-pelo_128_13233760.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 21:12:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinosaurios,Libros,Historia,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mujer que buscaba fósiles para sobrevivir en los acantilados británicos y se convirtió en la primera paleontóloga de la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mujer-buscaba-fosiles-sobrevivir-acantilados-britanicos-primera-paleontologa-historia-mary-anning-pm_1_13240314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ebad75a-9de2-41fc-915f-e2f26a326e1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143514.jpg" width="1280" height="720" alt="La mujer que buscaba fósiles para sobrevivir en los acantilados británicos y se convirtió en la primera paleontóloga de la historia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue siempre vista como una “intrusa por la comunidad científica” que solo la veía como una mujer, pobre y de clase trabajadora</p><p class="subtitle">En este museo puedes visitar el mayor esqueleto de dinosaurio del mundo y una de las colecciones de investigación más modernas</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con tan solo 24 a&ntilde;os descubri&oacute; un esqueleto completo de lo que se bautiz&oacute; como &ldquo;plesiosaurio&rdquo;, que significaba &ldquo;casi reptil&rdquo;. No la creyeron y se lleg&oacute; a decir que era falso, pero lejos de eso, se convirti&oacute; en el primer gran descubrimiento de una prol&iacute;fica buscadora de f&oacute;siles en la llamada &lsquo;Costa Jur&aacute;sica&rsquo;, actualmente </span><a href="https://www.eldiario.es/temas/patrimonio-de-la-humanidad/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> en Reino Unido.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hablamos de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Mary Anning</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, la considerada primera mujer paleont&oacute;loga que naci&oacute; un 21 de mayo de 1799, y que, pese a sus hallazgos y su trabajo, fue siempre vista como una &ldquo;intrusa por la comunidad cient&iacute;fica&rdquo; que solo la ve&iacute;a como una mujer, pobre y de clase trabajadora, adem&aacute;s proveniente de una familia disidente religiosa. </span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;">B&uacute;squeda y venta de f&oacute;siles por subsistencia</span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mary Anning vino al mundo en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Lyme Regis</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, un pueblo costero al oeste de Dorset, en Inglaterra, en el seno de una familia protestante pobre que pertenec&iacute;a a un grupo religioso de un grupo protestante diferente al establecido, lo que complicaba todav&iacute;a m&aacute;s la situaci&oacute;n, ya de por si con muchas dificultades.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde peque&ntilde;a acompa&ntilde;&oacute; a su padre en su afici&oacute;n por la b&uacute;squeda de f&oacute;siles, que se convirti&oacute; tambi&eacute;n en un m&eacute;todo de subsistencia porque luego los vend&iacute;an a los turistas de la zona. De hecho, en 1810, su fallecimiento repentino obliga a la familia a continuar esta fuente de ingresos al vivir de la caridad entonces y la joven junto a su hermano Joseph montaron un puesto en el que vend&iacute;an lo que encontraban, como lo que fue uno de los primeros hallazgos, el cr&aacute;neo de un &lsquo;ictiosauro&rsquo;.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;">El esqueleto que lo cambi&oacute; todo</span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esto sucedi&oacute; en un contexto en el que el conocido como el padre de la paleontolog&iacute;a, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Georges Cuvier</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, acababa de presentar su teor&iacute;a de la extinci&oacute;n y todav&iacute;a faltaban 48 a&ntilde;os para que </span><a href="https://www.eldiario.es/spin/misterio-evolutivo-obsesiono-darwin-humana-expresiones-explicacion-cientifica-origen-ruborizarse-pm_1_13160918.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">Charles Darwin</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> publicara el origen de las especies. De ese &lsquo;ictiosauro&rsquo;, tan solo un a&ntilde;o despu&eacute;s, Mary Anning descubri&oacute; el resto del esqueleto, que fue visto al principio como un &ldquo;monstruo&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El cr&aacute;neo de este ejemplar se puede ver actualmente en el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Museo de Historia Natural de Londres</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, donde finalmente acab&oacute;, pero que fue primero comprado por el coleccionista de f&oacute;siles </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Thomas Birch </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">en 1818 por tan solo 23 libras. De este gran hallazgo de la joven, sin embargo, habl&oacute; el cirujano Everard Home en varios art&iacute;culos, pero sin mencionarla y atribuyendo su limpieza y preparaci&oacute;n al personal del museo y al naturalista, viajero y anticuario, William Bullock.  </span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;">No par&oacute; su b&uacute;squeda de f&oacute;siles</span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">As&iacute; llegamos al a&ntilde;o 1823, en el que Anning volvi&oacute; a encontrar otro esqueleto, en este caso completo, el de un grande reptil marino, el &lsquo;plesiosaurio&rsquo;, un esp&eacute;cimen enorme y en tan buen estado que llam&oacute; la atenci&oacute;n del zo&oacute;logo Georges Cuvier, que dud&oacute; al principio de su hallazgo, pero cambi&oacute; su idea cuando vio los dibujos que hizo del ejemplar </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>William Daniel Conybeare</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, paleont&oacute;logo.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Duria Antiquior – Un Dorset más antiguo&quot; es una acuarela pintada en 1830 por el geólogo Henry De la Beche, basada en fósiles encontrados por Mary Anning, y fue la primera representación pictórica de una escena de tiempos remotos basada en evidencia fósil."
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            <span class="title">
                &quot;Duria Antiquior – Un Dorset más antiguo&quot; es una acuarela pintada en 1830 por el geólogo Henry De la Beche, basada en fósiles encontrados por Mary Anning, y fue la primera representación pictórica de una escena de tiempos remotos basada en evidencia fósil.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Su trabajo siempre fue as&iacute;, en continua duda y poca valoraci&oacute;n, aunque se dieron algunas excepciones como cuando el diario Bristol Mirror public&oacute;: &ldquo;Esta perseverante mujer ha ido d&iacute;a s&iacute; d&iacute;a tambi&eacute;n durante a&ntilde;os en busca de restos f&oacute;siles de importancia cada marea, durante varios kil&oacute;metros sobre los acantilados de Lyme, que arroja masas que son su objetivo inmediato, ya que s&oacute;lo &eacute;stas contienen las valiosas reliquias de un mundo antiguo, que debe ser arrebatado en el momento de su ca&iacute;da, con el riesgo continuo de ser aplastadas por los fragmentos que ca&iacute;an de vez en cuando o ser destruidas por el flujo de la marea: a su esfuerzo debemos casi todos los excelentes espec&iacute;menes de ictiosauro de las grandes colecciones&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Compa&ntilde;eros como </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>William Buckland </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">o el ge&oacute;logo y amigo,</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> Henry De la Beche </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">le dieron su papel de descubridora. De hecho, este &uacute;ltimo encontr&oacute; su inspiraci&oacute;n en ella para el &lsquo;Duria Antiquior &ndash; A More Ancient Dorset&rsquo; en 1830, una litograf&iacute;a con la que recaudaba fondos para ella, y que dio lugar a lo que se conoce como &lsquo;paleoarte&rsquo;. Y es que tuvo tambi&eacute;n cierta reputaci&oacute;n por su conocimiento del terreno y habilidad para la clasificaci&oacute;n f&oacute;siles que completaban su falta de formaci&oacute;n acad&eacute;mica, pero que ella supli&oacute; siendo autodidacta en varias materias.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Sigui&oacute; trabajando hasta el final de sus d&iacute;as. En 1828 descubri&oacute; un esqueleto de &lsquo;pterosaurio&rsquo;, reptil volador, y m&aacute;s especies extintas, especialmente marinas. Dos a&ntilde;os antes tan solo hab&iacute;a comprado una casa y abierto all&iacute; una tienda de f&oacute;siles que se conoci&oacute; como &lsquo;Almac&eacute;n de f&oacute;siles Anning&rsquo;. Continu&oacute; luchando por su reconocimiento, a pesar del rechazo, porque compa&ntilde;eros publicaban descripciones cient&iacute;ficas de lo que ella encontraba sin mencionarla. Falleci&oacute; en marzo de 1847 a los 48 a&ntilde;os debido a un c&aacute;ncer de mama, y sumida todav&iacute;a en una complicada situaci&oacute;n econ&oacute;mica. En 2020 se estren&oacute; la pel&iacute;cula &lsquo;Ammonite&rsquo;, dirigida por Francis Lee, protagonizada por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Kate Winslet y Saoirse Ronan</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que se bas&oacute; en su biograf&iacute;a.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Blez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mujer-buscaba-fosiles-sobrevivir-acantilados-britanicos-primera-paleontologa-historia-mary-anning-pm_1_13240314.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 15:30:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mujer que buscaba fósiles para sobrevivir en los acantilados británicos y se convirtió en la primera paleontóloga de la historia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Biografías,Ciencia,Mujeres científicas,Biología,Fósiles,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Científicos descubren el posible “kraken” que cazaba en los océanos hace 100 millones de años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/cientificos-descubren-posible-kraken-cazaba-oceanos-100-millones-anos-pm_1_13229104.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b4063df-7dc6-4e0b-9621-e6ef02face37_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143204.jpg" width="2028" height="1141" alt="Científicos descubren el posible “kraken” que cazaba en los océanos hace 100 millones de años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El estudio analiza fósiles hallados en Japón y Canadá que apuntan a la existencia de enormes cefalópodos con mandíbulas capaces de triturar estructuras duras y posibles conductas avanzadas</p><p class="subtitle">Científicos españoles reconstruyen la evolución del lobo ibérico a partir de fósiles de más de un millón de años
</p></div><p class="article-text">
        Los oc&eacute;anos del Cret&aacute;cico no estaban dominados &uacute;nicamente por mosasaurios, plesiosaurios o tiburones gigantes. Un nuevo estudio <a href="https://www.science.org/doi/10.1126/science.aea6285" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicado</a> en la revista <em>Science</em> plantea ahora que algunos de los mayores depredadores marinos de hace 100 millones de a&ntilde;os pudieron ser pulpos gigantescos emparentados con los actuales oct&oacute;podos cirrados; <strong>una especie de &ldquo;kraken&rdquo; prehist&oacute;rico capaz de alcanzar hasta 19 metros de longitud</strong> y posiblemente ocupar algunos de los niveles m&aacute;s altos de la cadena alimentaria marina. Los investigadores sostienen que estos animales habr&iacute;an desarrollado mand&iacute;bulas extremadamente potentes y comportamientos complejos mucho antes de lo que se cre&iacute;a para la evoluci&oacute;n de los pulpos.
    </p><p class="article-text">
        El estudio describe varios <a href="https://www.eldiario.es/temas/fosiles/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">f&oacute;siles</a> de mand&iacute;bulas excepcionalmente conservadas halladas en sedimentos del Cret&aacute;cico tard&iacute;o de <a href="https://www.eldiario.es/temas/japon/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jap&oacute;n</a> y de la isla de Vancouver, en <a href="https://www.eldiario.es/temas/canada/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Canad&aacute;</a>. Los restos pertenecen a dos especies de pulpos con aletas del g&eacute;nero <em>Nanaimoteuthis</em>, reinterpretadas ahora como algunos de los primeros representantes conocidos del suborden Cirrata, el grupo de pulpos de aguas profundas que todav&iacute;a existe en la actualidad. Seg&uacute;n la investigaci&oacute;n,<strong> estos animales vivieron entre hace unos 100 y 72 millones de a&ntilde;os</strong>, ampliando adem&aacute;s el registro f&oacute;sil conocido de los pulpos m&aacute;s antiguos.
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            <span class="title">
                Boceto del pulpo gigante. (Imagen: Yohei Utsuki, Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias, Universidad de Hokkaido)                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Cefal&oacute;podos gigantes en los mares del Cret&aacute;cico</h2><p class="article-text">
        El hallazgo m&aacute;s llamativo del trabajo es el tama&ntilde;o estimado de estos cefal&oacute;podos. A partir de las proporciones de las mand&iacute;bulas f&oacute;siles y de comparaciones con especies actuales, los autores calculan que <em>Nanaimoteuthis jeletzkyi</em> <strong>pudo medir entre 2,8 y 7,7 metros de longitud total</strong>, mientras que <em>Nanaimoteuthis haggarti</em> habr&iacute;a <strong>alcanzado entre 6,6 y 18,6 metros</strong>. Estas dimensiones sit&uacute;an a esta &uacute;ltima especie en un rango comparable al del calamar gigante moderno y al de algunos grandes reptiles marinos del Cret&aacute;cico.
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores consideran adem&aacute;s que estos animales no eran simples carro&ntilde;eros o depredadores secundarios. El an&aacute;lisis microsc&oacute;pico de las mand&iacute;bulas revela un desgaste extremo, con fracturas, ara&ntilde;azos, pulidos y p&eacute;rdida de material en las zonas de mordida, se&ntilde;ales compatibles con la trituraci&oacute;n frecuente de conchas, huesos y esqueletos duros. El trabajo interpreta estas marcas como evidencia de una <strong>alimentaci&oacute;n basada en presas grandes y resistentes</strong>, similar a la de los actuales depredadores durof&aacute;gos especializados en romper estructuras duras.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los aspectos m&aacute;s llamativos del estudio es que el <strong>desgaste aparece de forma asim&eacute;trica en las mand&iacute;bulas</strong>, m&aacute;s pronunciado en el lado derecho que en el izquierdo. Los autores relacionan este patr&oacute;n con posibles conductas lateralizadas, un <strong>comportamiento asociado en animales modernos a un mayor desarrollo cerebral y cognitivo</strong>. Seg&uacute;n el trabajo, esto podr&iacute;a indicar que estos primeros pulpos gigantes ya pose&iacute;an formas avanzadas de comportamiento complejo comparables, en algunos aspectos, a las observadas en los pulpos actuales.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h2 class="article-text">Un papel inesperado en la cadena alimentaria</h2><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n tambi&eacute;n plantea que estos cefal&oacute;podos gigantes ocuparon un <strong>nicho ecol&oacute;gico muy distinto al que tradicionalmente se atribu&iacute;a a los invertebrados del Cret&aacute;cico</strong>. Hasta ahora, gran parte de la paleontolog&iacute;a hab&iacute;a interpretado que los grandes depredadores marinos de aquella &eacute;poca eran exclusivamente vertebrados, mientras que los invertebrados actuaban sobre todo como presas protegidas por conchas y estructuras mineralizadas. El nuevo estudio sostiene, sin embargo, que algunos pulpos<strong> evolucionaron hasta competir con grandes reptiles marinos y tiburones dentro de las redes tr&oacute;ficas oce&aacute;nicas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para reconstruir estos f&oacute;siles, el equipo utiliz&oacute; t&eacute;cnicas de tomograf&iacute;a de alta resoluci&oacute;n y modelos de inteligencia artificial capaces de detectar estructuras ocultas dentro de rocas sedimentarias. Gracias a este sistema, los investigadores localizaron nuevas mand&iacute;bulas fosilizadas y pudieron analizar con detalle las marcas de desgaste sin da&ntilde;ar los ejemplares. El estudio considera que estas tecnolog&iacute;as permitir&aacute;n revisar otros f&oacute;siles de cefal&oacute;podos del Mesozoico y <strong>reconstruir mejor la evoluci&oacute;n temprana de los pulpos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los autores sostienen finalmente que la evoluci&oacute;n de estos pulpos gigantes refleja un proceso convergente con el de los grandes vertebrados marinos. Tanto los cefal&oacute;podos como muchos depredadores vertebrados<strong> redujeron progresivamente sus estructuras externas r&iacute;gidas para ganar movilidad, velocidad y capacidad cognitiva</strong>. En el caso de estos antiguos pulpos, esa combinaci&oacute;n de cuerpo blando, mand&iacute;bulas robustas y gran tama&ntilde;o habr&iacute;a favorecido la aparici&oacute;n de algunos de los depredadores m&aacute;s singulares y gigantescos conocidos hasta ahora en los oc&eacute;anos del Cret&aacute;cico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ada Sanuy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/cientificos-descubren-posible-kraken-cazaba-oceanos-100-millones-anos-pm_1_13229104.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 10:03:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Científicos descubren el posible “kraken” que cazaba en los océanos hace 100 millones de años]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fósiles,Arqueología,Animales,Japón,Canadá]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué la extinción de megafauna hace 10.000 años aún condiciona quién prospera en los ecosistemas actuales?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/extincion-megafauna-10-000-anos-condiciona-prospera-ecosistemas-actuales-pm_1_13214324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6054f53d-7e1b-4dde-bd57-18c029e51cb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué la extinción de megafauna hace 10.000 años aún condiciona quién prospera en los ecosistemas actuales?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ecosistemas condicionados - Los autores del trabajo avisaron de que otra caída de mamíferos pesados dejaría ecosistemas todavía más débiles y reduciría otra vez las presas disponibles para depredadores</p></div><p class="article-text">
        Las mordeduras del tigre de Tasmania desaparecieron hace d&eacute;cadas, pero su ausencia todav&iacute;a altera la cantidad de peque&ntilde;os depredadores en Australia. Algo parecido ocurri&oacute; con el mamut lanudo en el norte o con los grandes perezosos terrestres en Am&eacute;rica, animales que dejaron huecos enormes dentro de las cadenas alimentarias y cambiaron la relaci&oacute;n entre las especies que sobrevivieron. 
    </p><p class="article-text">
        La<strong> desaparici&oacute;n de animales</strong> sigue teniendo consecuencias miles de a&ntilde;os despu&eacute;s porque cada gran herb&iacute;voro o gran carn&iacute;voro ocupaba una funci&oacute;n dif&iacute;cil de sustituir. Cuando esas especies desaparecen, cambian las presas disponibles, cambian los territorios y tambi&eacute;n la presi&oacute;n sobre otros animales m&aacute;s peque&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la <strong>megafauna</strong>, la comunidad cient&iacute;fica sigue discutiendo qu&eacute; provoc&oacute; aquellas extinciones masivas ocurridas entre hace 50.000 y 10.000 a&ntilde;os. Algunos investigadores apuntan a cambios clim&aacute;ticos bruscos, mientras otros consideran que la expansi&oacute;n humana fuera de &Aacute;frica aument&oacute; la caza y aceler&oacute; el declive de muchos mam&iacute;feros gigantes.
    </p><h2 class="article-text">La megafauna desaparecida sigue afectando a otras especies</h2><p class="article-text">
        Un estudio publicado en<em><strong> Proceedings of the National Academy of Sciences </strong></em>concluye que aquellas desapariciones siguen alterando hoy las redes alimentarias de numerosos ecosistemas, seg&uacute;n explic&oacute; <em>Popular Science </em>al recoger los resultados del trabajo liderado por investigadores de la Universidad Estatal de M&iacute;chigan. 
    </p><p class="article-text">
        Los cient&iacute;ficos analizaron 389 regiones tropicales y subtropicales repartidas entre Am&eacute;rica, &Aacute;frica y Asia para<strong> reconstruir las relaciones entre depredadores y presas </strong>dentro de las comunidades actuales de mam&iacute;feros. El trabajo detect&oacute; que los ecosistemas americanos conservan <strong>menos variedad de presas y muestran redes alimentarias m&aacute;s fr&aacute;giles</strong> debido a la fuerte p&eacute;rdida de grandes mam&iacute;feros ocurrida hace miles de a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores tambi&eacute;n observaron que <strong>muchos depredadores actuales dependen de menos opciones para alimentarse </strong>y cazan animales con tama&ntilde;os m&aacute;s parecidos entre s&iacute;.
    </p><h2 class="article-text">Am&eacute;rica perdi&oacute; tres cuartos de sus grandes mam&iacute;feros</h2><p class="article-text">
        Las diferencias entre continentes aparecen incluso en ecosistemas que hoy parecen similares. En &Aacute;frica, donde sobrevivieron m&aacute;s mam&iacute;feros gigantes, los depredadores todav&iacute;a mantienen dietas mucho m&aacute;s amplias y pueden cazar especies de tama&ntilde;os distintos. Esa variedad hace que las redes alimentarias soporten mejor los cambios ambientales y mantengan m&aacute;s conexiones entre animales. 
    </p><p class="article-text">
        En Am&eacute;rica, en cambio, los cient&iacute;ficos encontraron sistemas m&aacute;s reducidos y con menos margen para adaptarse cuando desaparece una presa o cambia el entorno. El estudio se&ntilde;ala que estas diferencias no dependen solo del clima actual ni de la vegetaci&oacute;n, porque la importancia de las extinciones antiguas todav&iacute;a condiciona la estructura de las comunidades animales.Los investigadores destacan que en <strong>Am&eacute;rica del Norte y Am&eacute;rica del Sur desaparecieron m&aacute;s de tres cuartos de los grandes mam&iacute;feros</strong> durante los &uacute;ltimos 50.000 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Esa p&eacute;rdida redujo de forma dr&aacute;stica la cantidad de presas disponibles para depredadores como el tigre dientes de sable Smilodon o el lobo terrible. El trabajo menciona tambi&eacute;n al ciervo gigante<em> Morenelaphus brachyceros</em>, un herb&iacute;voro sudamericano que alcanzaba unos 200 kilos y desapareci&oacute; hace entre 10.000 y 12.000 a&ntilde;os. Cuando esos animales dejaron de existir, las redes alimentarias perdieron conexiones y muchas especies quedaron con menos recursos para sobrevivir.
    </p><h2 class="article-text">El mamut lanudo transform&oacute; las tundras tras desaparecer</h2><p class="article-text">
        El caso del<strong> mamut lanudo</strong> muestra hasta qu&eacute; punto estos cambios alteraron ecosistemas enteros. La desaparici&oacute;n de ese herb&iacute;voro modific&oacute; las relaciones entre depredadores en las tundras del norte y cambi&oacute; la organizaci&oacute;n de las comunidades animales que existen hoy en esas regiones. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Chia Hsieh</strong>, ec&oacute;loga y coautora del estudio citada por <em>Popular Science</em>, explic&oacute; que &ldquo;gran parte del nivel inferior de la red alimentaria se perdi&oacute;&rdquo;. Esa reducci&oacute;n <strong>afect&oacute; a carn&iacute;voros, carro&ntilde;eros y tambi&eacute;n a especies peque&ntilde;as</strong> que depend&iacute;an de los grandes mam&iacute;feros para encontrar alimento o refugio.
    </p><h2 class="article-text">La Uni&oacute;n Internacional teme nuevas desapariciones masivas</h2><p class="article-text">
        Las causas de aquellas extinciones siguen abiertas al debate cient&iacute;fico. Algunos especialistas consideran que los cambios clim&aacute;ticos del final del Pleistoceno alteraron los h&aacute;bitats y redujeron los recursos disponibles para muchos animales gigantes. Otros investigadores creen que la <strong>expansi&oacute;n humana tuvo un papel decisivo</strong> porque aument&oacute; la presi&oacute;n de caza y ocup&oacute; territorios donde antes dominaban esos grandes herb&iacute;voros y depredadores. 
    </p><p class="article-text">
        El estudio recuerda que <strong>todav&iacute;a no existe una explicaci&oacute;n &uacute;nica aceptada </strong>por toda la comunidad cient&iacute;fica, aunque muchos trabajos apuntan a una suma de factores ambientales y humanos desarrollados durante miles de a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La preocupaci&oacute;n actual tiene relaci&oacute;n con ese pasado. La Uni&oacute;n Internacional para la Conservaci&oacute;n de la Naturaleza calcula que<strong> cerca de la mitad de los animales con m&aacute;s de 20 kilos se encuentra amenazada, bajo riesgo o en peligro cr&iacute;tico de extinci&oacute;n</strong>. Los investigadores advierten de que una nueva p&eacute;rdida masiva de grandes mam&iacute;feros podr&iacute;a repetir parte de los cambios detectados tras la desaparici&oacute;n de la megafauna. Eso<strong> reducir&iacute;a todav&iacute;a m&aacute;s la variedad de presas disponibles y har&iacute;a m&aacute;s fr&aacute;giles las redes alimentarias </strong>en numerosos ecosistemas.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo tambi&eacute;n incorpor&oacute; datos sobre historia evolutiva, cambios clim&aacute;ticos antiguos y transformaciones geogr&aacute;ficas para explicar por qu&eacute; las redes alimentarias actuales son distintas seg&uacute;n el continente. Los cient&iacute;ficos comprobaron que las p&eacute;rdidas hist&oacute;ricas dejaron <strong>efectos que todav&iacute;a pueden medirse hoy </strong>en la amplitud de las dietas de los depredadores y en la organizaci&oacute;n de las comunidades animales. 
    </p><p class="article-text">
        Miles de a&ntilde;os despu&eacute;s de la desaparici&oacute;n de los mamuts, de los perezosos gigantes o de los grandes ciervos americanos, los ecosistemas todav&iacute;a funcionan con menos especies y con menos conexiones de las que ten&iacute;an antes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/extincion-megafauna-10-000-anos-condiciona-prospera-ecosistemas-actuales-pm_1_13214324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 11:15:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué la extinción de megafauna hace 10.000 años aún condiciona quién prospera en los ecosistemas actuales?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fósiles,Fauna,Fauna Salvaje,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuadro de 1562 que desató una teoría sobre humanos y dinosaurios viviendo juntos por un detalle minúsculo escondido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/cuadro-1562-desato-teoria-humanos-dinosaurios-detalle-escondido-esquina-pm_1_13224495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/925f99ea-8c1c-41bf-acd0-91d84cc9f312_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cuadro de 1562 que desató una teoría sobre humanos y dinosaurios viviendo juntos por un detalle minúsculo escondido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Bulo - Algunos usuarios lanzaron bromas sobre gigantes montando criaturas enormes mientras otras publicaciones defendían una supuesta ocultación histórica</p></div><p class="article-text">
        La <strong>desaparici&oacute;n de los dinosaurios</strong> ocurri&oacute; tanto tiempo antes de la aparici&oacute;n humana que ni siquiera los primeros antepasados del <em>Homo sapiens</em> llegaron a acercarse a ese mundo. Los dinosaurios dominaron la Tierra hasta hace unos 66 millones de a&ntilde;os y los<strong> humanos modernos aparecieron hace alrededor de 300.000 a&ntilde;os</strong>, una diferencia temporal enorme que la paleontolog&iacute;a lleva d&eacute;cadas documentando con f&oacute;siles, capas geol&oacute;gicas y dataciones muy precisas. 
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, internet mantiene viva la tentaci&oacute;n de encontrar excepciones, sobre todo cuando alguna imagen antigua parece mostrar animales extra&ntilde;os o figuras dif&iacute;ciles de identificar. Esa b&uacute;squeda suele apoyarse en parecidos visuales y en interpretaciones r&aacute;pidas antes que en pruebas cient&iacute;ficas. Tambi&eacute;n influye otro detalle importante. El <strong>cerebro humano reconoce formas conocidas</strong> incluso cuando la informaci&oacute;n es incompleta o confusa, y eso empuja a muchas personas a ver criaturas prehist&oacute;ricas, tecnolog&iacute;a moderna o fen&oacute;menos extraterrestres en obras creadas siglos antes.
    </p><h2 class="article-text">Internet convirti&oacute; un cuadro flamenco en una supuesta prueba prehist&oacute;rica</h2><p class="article-text">
        <em>IFLScience </em>recogi&oacute; uno de los casos m&aacute;s recientes despu&eacute;s de que varias cuentas en redes sociales difundieran una pintura de 1562 atribuida falsamente a <strong>Peter Bruce Gale</strong>. El cuadro era en realidad <em><strong>El suicidio de Sa&uacute;l</strong></em>, obra del pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo conservada en el <em>Kunsthistorisches Museum</em> de Viena. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos internautas aseguraban que<strong> tres figuras del fondo parec&iacute;an saur&oacute;podos de cuello largo </strong>y usaban ese detalle para afirmar que los humanos convivieron con dinosaurios. Los especialistas ofrecieron otra explicaci&oacute;n mucho m&aacute;s terrenal. Las figuras probablemente representan <strong>camellos pintados por un artista que nunca vio uno en persona</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Ese tipo de errores apareci&oacute; con frecuencia en el arte medieval y renacentista. Muchos pintores europeos trabajaban a partir de relatos de comerciantes, textos religiosos o dibujos muy deformados que hab&iacute;an pasado por varias manos. <em>ABC Australia </em>compar&oacute; ese proceso con el<strong> juego del tel&eacute;fono</strong>, donde cada transmisi&oacute;n alejaba m&aacute;s la imagen final del animal real. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Los artistas europeos pintaban animales extraños con relatos ajenos                            </span>
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        Los leones medievales acababan con caras extra&ntilde;as y cuerpos poco naturales. Los camellos sufr&iacute;an algo parecido porque casi ning&uacute;n artista europeo ten&iacute;a acceso a ejemplares vivos. El resultado pod&iacute;a parecer convincente a simple vista y, al mismo tiempo, bastante raro para cualquiera acostumbrado a fotograf&iacute;as actuales.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s conocido es el <strong>rinoceronte atribuido a Alberto Durero</strong>. El grabado naci&oacute; despu&eacute;s de que el artista leyera descripciones ajenas del animal y recibiera bocetos incompletos. El resultado mantiene rasgos reconocibles, aunque incorpora placas y formas que un rinoceronte real nunca tuvo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Julia Perratore</strong>, conservadora de arte medieval en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, explic&oacute; a <em>ABC Australia</em> que &ldquo;no es que carecieran de habilidad, sino que<strong> tomaban decisiones art&iacute;sticas basadas en la informaci&oacute;n de la que dispon&iacute;an</strong>&rdquo;. Esa falta de referencias directas ayuda a entender por qu&eacute; algunos animales antiguos terminaban pareci&eacute;ndose a criaturas fant&aacute;sticas.
    </p><h2 class="article-text">Reddit aliment&oacute; mensajes conspirativos alrededor del cuadro de Brueghel</h2><p class="article-text">
        Las reacciones en redes sociales empujaron todav&iacute;a m&aacute;s la teor&iacute;a sobre el cuadro de Brueghel. En Reddit aparecieron mensajes ir&oacute;nicos y otros bastante m&aacute;s conspirativos. Un usuario escribi&oacute; que &ldquo;si eso son dinosaurios, entonces los que los montan son gigantes&rdquo;. Otro respondi&oacute; que &ldquo;son del tama&ntilde;o de una persona, probablemente solo un camello mal dibujado&rdquo;. Las bromas convivieron con publicaciones que defend&iacute;an una supuesta ocultaci&oacute;n hist&oacute;rica sobre la convivencia entre dinosaurios y humanos.
    </p><p class="article-text">
        DW record&oacute; que no es la primera vez que internet interpreta objetos modernos en obras antiguas. El cuadro <em><strong>Die Erwartete</strong></em>, pintado en 1860 por<strong> Ferdinand Georg Waldm&uuml;ller,</strong> gener&oacute; comentarios de usuarios que aseguraban ver un smartphone en manos de una mujer. El objeto era un libro de oraciones. 
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                Varias pinturas antiguas acabaron relacionadas con móviles y ovnis                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Tim Cook, que pronto dejar&aacute; de ser el CEO de Apple, tambi&eacute;n particip&oacute; en un episodio parecido durante una visita al Rijksmuseum de &Aacute;msterdam. El director ejecutivo de Apple crey&oacute; ver un iPhone en una pintura holandesa de 1670 realizada por Pieter de Hooch. El museo aclar&oacute; despu&eacute;s que el personaje sujetaba una carta.
    </p><p class="article-text">
        Algo parecido ocurri&oacute; con una obra de alrededor de 1710 pintada por<strong> Aert de Gelder</strong>, disc&iacute;pulo de Rembrandt. El cuadro mostraba el bautismo de Jes&uacute;s bajo un disco luminoso del que sal&iacute;an rayos. Algunos usuarios interpretaron la imagen como una nave extraterrestre. Los historiadores del arte se&ntilde;alaron que representaba al Esp&iacute;ritu Santo descendiendo seg&uacute;n el Evangelio de Mateo.
    </p><h2 class="article-text">El cerebro convierte formas dudosas en im&aacute;genes conocidas muy r&aacute;pido</h2><p class="article-text">
        Ese patr&oacute;n se repite porque el cerebro intenta reconocer formas familiares incluso cuando faltan pruebas s&oacute;lidas. Una silueta alargada puede terminar convertida en un dinosaurio. Un rect&aacute;ngulo oscuro acaba interpretado como un tel&eacute;fono m&oacute;vil. La imaginaci&oacute;n rellena los huecos mucho antes de que entren en juego los datos hist&oacute;ricos o cient&iacute;ficos. Por eso las teor&iacute;as sobreviven incluso despu&eacute;s de que aparezcan explicaciones documentadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Alberto Durero dibujó un rinoceronte sin haber visto ninguno jamás                            </span>
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        La propia identidad del supuesto artista demuestra hasta qu&eacute; punto la historia viral naci&oacute; sobre bases falsas. Peter Bruce Gale no existe en registros art&iacute;sticos ni en archivos hist&oacute;ricos. La obra pertenece a Pieter Brueghel el Viejo, uno de los pintores flamencos m&aacute;s conocidos del Renacimiento. El cuadro representa el suicidio del rey Sa&uacute;l despu&eacute;s de la derrota frente a los filisteos en el monte Gilboa y lleva d&eacute;cadas catalogado en el museo vien&eacute;s. Aun as&iacute;, las figuras del fondo siguen alimentando publicaciones virales porque un camello mal interpretado todav&iacute;a funciona muy bien en internet.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/cuadro-1562-desato-teoria-humanos-dinosaurios-detalle-escondido-esquina-pm_1_13224495.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 13:00:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cuadro de 1562 que desató una teoría sobre humanos y dinosaurios viviendo juntos por un detalle minúsculo escondido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Dinosaurios,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Se rompe la idea clásica: un pterosaurio pudo cazar corriendo y no solo desde el aire]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/rompe-idea-clasica-pterosaurio-pudo-cazar-corriendo-no-aire-pm_1_13201901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7fa9a781-e11d-4043-9bf2-06a1b0a1c39a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Se rompe la idea clásica: un pterosaurio pudo cazar corriendo y no solo desde el aire"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Huellas fósiles - Las marcas encontradas en Jinju permiten revisar cómo se movían aquellos reptiles cuando abandonaban el aire mientras varios recorridos cercanos alimentan la idea de un encuentro entre especies</p></div><p class="article-text">
        Las alas dominaban el cielo mucho antes de que cualquier ave moderna existiera, pero<strong> no eran de dinosaurios</strong> como suele pensarse. La imagen de que esos animales gobernaban el aire simplifica una realidad m&aacute;s compleja, porque los grandes voladores del Mesozoico pertenec&iacute;an a otro grupo emparentado: los <strong>pterosaurios</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Estos reptiles voladores desarrollaron estructuras adaptadas al vuelo activo, con membranas y huesos ligeros que les permit&iacute;an recorrer grandes distancias. Aun as&iacute;, esa capacidad no los defin&iacute;a por completo, ya que muchas especies tambi&eacute;n bajaban al suelo y se mov&iacute;an con soltura. Esa doble vida, entre aire y tierra, abre preguntas sobre <strong>c&oacute;mo cazaban, c&oacute;mo se desplazaban fuera del vuelo y qu&eacute; papel ocupaban en los ecosistemas</strong>. La cuesti&oacute;n no es solo qui&eacute;n dominaba el aire, sino qu&eacute; hac&iacute;an cuando dejaban de volar.
    </p><h2 class="article-text">La formaci&oacute;n Jinju guardaba trayectorias cruzadas en una roca</h2><p class="article-text">
        Un estudio publicado en <em><strong>Scientific Reports</strong></em> describe unas huellas que podr&iacute;an indicar que<strong> un pterosaurio interactu&oacute; con otro animal terrestre</strong>, seg&uacute;n el equipo que lidera Jongyun Jung, investigador de la<em> University of Texas at Austin</em> y del <em>Korea Dinosaur Research Center</em>. El trabajo analiza un rastro fosilizado que sugiere un posible episodio de movimiento coordinado entre dos animales, con cambios en la trayectoria y en la velocidad. 
    </p><p class="article-text">
        El hallazgo<strong> no prueba una caza</strong>, pero aporta una evidencia que hasta ahora no exist&iacute;a de forma tan clara: no solo muestra que algunos pterosaurios pod&iacute;an moverse por tierra, sino que pudieron<strong> hacerlo deprisa y cerca de otros animales</strong>. Esa observaci&oacute;n permite revisar c&oacute;mo se interpreta el comportamiento de estos reptiles cuando estaban fuera del aire.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Los pterosaurios ocupaban muchos papeles en el Mesozoico"
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                Los pterosaurios ocupaban muchos papeles en el Mesozoico                            </span>
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        Las huellas aparecieron en una <strong>roca de 106 millones de a&ntilde;os </strong>dentro de la formaci&oacute;n Jinju. Ese soporte conserva varias marcas en una misma superficie, lo que facilita comparar trayectorias distintas en un mismo momento geol&oacute;gico. 
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores encontraron un conjunto de rastros grandes junto a otros m&aacute;s peque&ntilde;os que pertenecen a un vertebrado terrestre. La proximidad entre ambos no es casual desde el punto de vista geom&eacute;trico, porque<strong> las l&iacute;neas se cruzan en zonas cercanas y siguen direcciones</strong> que se relacionan entre s&iacute;.
    </p><h2 class="article-text"><em>Jinjuichnus procerus</em> pertenec&iacute;a a un grupo adaptado para caminar</h2><p class="article-text">
        El rastro principal se atribuye a una nueva especie llamada <em><strong>Jinjuichnus procerus</strong></em>. Sus marcas presentan dedos alargados y una forma asim&eacute;trica que encaja con los pterosaurios del grupo neoazd&aacute;rquido. Este tipo de animales ten&iacute;a <strong>proporciones corporales que favorec&iacute;an el movimiento en tierra</strong>, con patas adaptadas a caminar y no solo a despegar. La identificaci&oacute;n del rastro, por lo tanto, permite vincular esas huellas con un tipo concreto de pterosaurio y no con otro animal.
    </p><p class="article-text">
        El detalle m&aacute;s llamativo aparece en el <strong>patr&oacute;n de movimiento</strong>. El peque&ntilde;o vertebrado muestra un cambio brusco de direcci&oacute;n junto con un aumento claro en la longitud de la zancada, un indicio de que <strong>aceler&oacute;</strong> en un momento concreto. Al mismo tiempo, el pterosaurio se desplazaba a una velocidad estimada de unos 0,8 metros por segundo, una cifra alta para su tama&ntilde;o cuando est&aacute; en tierra. 
    </p><p class="article-text">
        Esa coincidencia sugiere una <strong>posible persecuci&oacute;n</strong>, aunque no puede afirmarse con seguridad porque tambi&eacute;n podr&iacute;a tratarse de dos trayectorias independientes que coincidieron en el mismo lugar.
    </p><h2 class="article-text">Algunos reptiles alados ya se asociaban a cacer&iacute;as terrestres</h2><p class="article-text">
        La posibilidad de que estos animales cazaran en tierra no es nueva. Durante a&ntilde;os, varios estudios han propuesto que algunos <strong>pterosaurios se comportaban como cazadores terrestres</strong>, comparables a aves actuales que caminan y capturan presas con movimientos r&aacute;pidos. 
    </p><p class="article-text">
        Esa interpretaci&oacute;n se apoya en la forma del cuerpo, en la estructura de las extremidades y en otros f&oacute;siles relacionados con su alimentaci&oacute;n. Los <strong>neoazd&aacute;rquidos</strong>, en particular, se han asociado a este tipo de comportamiento por su anatom&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Los huesos permitían deducir movimientos posibles, pero los rastros guardaban un momento concreto y dejaban dudas sobre la relación real entre animales"
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                Los huesos permitían deducir movimientos posibles, pero los rastros guardaban un momento concreto y dejaban dudas sobre la relación real entre animales                            </span>
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        El problema siempre ha sido la falta de pruebas claras. Los f&oacute;siles de huesos permiten inferir c&oacute;mo pod&iacute;a moverse un animal, pero no muestran una acci&oacute;n concreta en el momento en que ocurri&oacute;. Por eso, las<strong> huellas tienen un valor especial</strong>, ya que registran un instante de actividad. Aun as&iacute;, interpretar ese instante no resulta sencillo porque una <strong>coincidencia espacial no garantiza que exista interacci&oacute;n real </strong>entre los animales implicados.
    </p><h2 class="article-text">Los pterosaurios ocuparon distintos modos de vida durante millones de a&ntilde;os</h2><p class="article-text">
        Los pterosaurios formaron parte esencial de los ecosistemas del Mesozoico, desde finales del Tri&aacute;sico hasta el final del Cret&aacute;cico. Ocupaban distintos nichos y presentaban dietas variadas, lo que indica una <strong>gran diversidad de comportamientos</strong>. Algunos se especializaron en capturar peces, otros en aprovechar recursos terrestres, y esa variedad complica cualquier intento de generalizar su conducta.
    </p><p class="article-text">
        El propio equipo advierte de que el hallazgo no cierra el debate.<strong> Jongyun Jung</strong> explic&oacute; en <em>Scientific Reports </em>que &ldquo;esta asociaci&oacute;n proporciona una posible evidencia de interacci&oacute;n entre un pterosaurio y un vertebrado terrestre&rdquo;. Tambi&eacute;n a&ntilde;adi&oacute; que &ldquo;<strong>sigue siendo posible una interpretaci&oacute;n alternativa</strong>, lo que dificulta confirmar una interacci&oacute;n directa&rdquo;. Esa cautela refleja el l&iacute;mite de lo que pueden decir las huellas, que muestran movimientos pero no permiten ver el resultado final de la acci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/rompe-idea-clasica-pterosaurio-pudo-cazar-corriendo-no-aire-pm_1_13201901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 10:49:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Se rompe la idea clásica: un pterosaurio pudo cazar corriendo y no solo desde el aire]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinosaurios,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hallan en un ámbar el fósil de un raro insecto con garras parecidas a las de un cangrejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/hallan-ambar-fosil-raro-insecto-garras-parecidas-cangrejo-pm_1_13169574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d261473-dccf-4f98-a824-b10338ccfe39_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141588.jpg" width="1280" height="720" alt="Hallan en un ámbar el fósil de un raro insecto con garras parecidas a las de un cangrejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este es el último de una larga lista de especies que habitaron durante el Cretácico, el último y más largo período de la Era Mesozoica</p><p class="subtitle">La Antártida entra en terreno incierto: el hielo se rompe antes y pone contra las cuerdas a tres especies esenciales
</p></div><p class="article-text">
        El <strong>&aacute;mbar</strong> de la regi&oacute;n de Kachin, extra&iacute;do del valle de Hukawng (norte de Myanmar), no deja de dar sorpresas a los cient&iacute;ficos. En d&eacute;cadas de investigaci&oacute;n, ha revelado <strong>especies hasta ahora desconocidas</strong>, ofreciendo informaci&oacute;n valiosa sobre la diversidad de la fauna del Cret&aacute;cico, el &uacute;ltimo y m&aacute;s largo per&iacute;odo de la Era Mesozoica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ahora suma una nueva. Investigadores de la Universidad Ludwig Maximilian de M&uacute;nich (LMU) han descubierto el <strong>f&oacute;sil de un heter&oacute;ptero </strong>con una caracter&iacute;stica morfol&oacute;gica extremadamente rara para los insectos: se trata de un ejemplar con grandes garras en sus patas delanteras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n describen los cient&iacute;ficos en su <a href="https://www.mdpi.com/2075-4450/17/4/431" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>, publicado en la revista <em>Insects</em>, estas garras recuerdan a los ap&eacute;ndices prensiles de los cangrejos, conocidas como quelas y cuya funci&oacute;n es actuar como pinzas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Anteriormente, este tipo de quelas solo se conoc&iacute;an en tres grupos de insectos. Por lo tanto, este f&oacute;sil representa el <strong>cuarto caso conocido </strong>de estas estructuras que evolucionaron de forma independiente en los insectos&rdquo;, explica en un comunicado la profesora de la Facultad de Biolog&iacute;a de la LMU, Carolin Haug.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Garras como las de un cangrejo</strong></h2><p class="article-text">
        Para dar con este raro insecto, Haug y su equipo, en colaboraci&oacute;n con investigadores de la Universidad de Rostock y la Universidad de Oulu en Finlandia, utilizaron la<strong> microtomograf&iacute;a computarizada </strong>para examinar el f&oacute;sil y visualizar todas las estructuras de su anatom&iacute;a en 3D. Esta tecnolog&iacute;a se ajustaba al objetivo que persegu&iacute;an: escanear, visualizar y modelar estructuras internas del &aacute;mbar en 3D, sin perjuicio alguno para la pieza.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Tomografía computarizada de la especie de insecto recién descubierta con sus características garras                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        As&iacute; es como dieron con este heter&oacute;ptero, aunque ten&iacute;a poco de com&uacute;n, como despu&eacute;s pudieron comprobar. Un an&aacute;lisis morfol&oacute;gico cuantitativo de la forma de m&aacute;s de dos mil quelas y estructuras prensiles similares de diversas especies extintas y vivas revel&oacute; que <strong>las quelas del f&oacute;sil </strong>difer&iacute;an notablemente de las estructuras correspondientes en otras especies de insectos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, estas quelas son m&aacute;s comunes en artr&oacute;podos con un parentesco m&aacute;s distante, como los dec&aacute;podos (<strong>cangrejos, langostas o camarones</strong>) y los tanaid&aacute;ceos. De ah&iacute;, entre otros motivos, la importancia del hallazgo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un nombre por un grupo de k-pop</strong></h2><p class="article-text">
        Debido a esta caracter&iacute;stica distintiva, los investigadores clasificaron el f&oacute;sil en un nuevo g&eacute;nero y le dieron el nombre cient&iacute;fico de <em>Carcinonepa libererrantes</em>, con una ra&iacute;z que hace referencia precisamente a la palabra &ldquo;cangrejo&rdquo; en griego. El nombre de la especie est&aacute; inspirado en un grupo de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/bts-blando-k-pop-herramienta-geopolitica-corea-sur_1_13008089.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">k-pop</a>. &ldquo;Es una latinizaci&oacute;n del nombre del <strong>exitoso grupo de k-pop Stray Kids</strong>&rdquo;, explica Haug, que lo justifica porque la postura de las quelas del f&oacute;sil se asemeja mucho a la pose caracter&iacute;stica del grupo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raquel Sáez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/hallan-ambar-fosil-raro-insecto-garras-parecidas-cangrejo-pm_1_13169574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 10:41:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hallan en un ámbar el fósil de un raro insecto con garras parecidas a las de un cangrejo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿De dónde vienen los mamíferos? Un fósil apunta a huevos en sus ancestros y abre un nuevo escenario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/vienen-mamiferos-fosil-apunta-huevos-ancestros-abre-nuevo-escenario-pm_1_13159332.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10c8f57e-faa1-46ed-933d-a834bc346790_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿De dónde vienen los mamíferos? Un fósil apunta a huevos en sus ancestros y abre un nuevo escenario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adiós a lo que sabíamos - El pequeño resto encontrado en 2008 en la región del Karoo reveló su verdadero valor tras un análisis prolongado que permitió reconocer la forma encogida de la cría</p></div><p class="article-text">
        Las <strong>cr&iacute;as de la mayor&iacute;a de los mam&iacute;feros salen al mundo ya formadas </strong>dentro del cuerpo de la madre, no desde un cascar&oacute;n que se rompe en el exterior. En los mam&iacute;feros actuales, la gestaci&oacute;n ocurre en el &uacute;tero, donde el embri&oacute;n recibe nutrientes a trav&eacute;s de la placenta, lo que permite un desarrollo interno prolongado antes del nacimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Este sistema define a casi todo el grupo y marca una <strong>diferencia clara frente a reptiles o aves</strong>, que s&iacute; depositan huevos en el entorno. Sin embargo, existen excepciones como el ornitorrinco y el equidna, que siguen poniendo huevos y muestran una etapa evolutiva m&aacute;s antigua dentro de los mam&iacute;feros. 
    </p><p class="article-text">
        Ese contraste obliga a explicar c&oacute;mo se produjo el cambio desde una reproducci&oacute;n basada en huevos hasta el modelo de gestaci&oacute;n interna que domina hoy, ya que ese paso no fue inmediato ni uniforme en todos los linajes.
    </p><h2 class="article-text">Un f&oacute;sil de <em>Lystrosaurus</em> confirma la reproducci&oacute;n con huevos</h2><p class="article-text">
        Un estudio publicado en<em><strong> PLOS One</strong></em>, recogido por medios como <em>CNN</em> y <em>The Conversation</em>, describe el hallazgo de un huevo con un embri&oacute;n de <em><strong>Lystrosaurus</strong></em> que aporta la primera prueba evidente de que los <strong>ancestros de los mam&iacute;feros pon&iacute;an huevos</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        El trabajo, desarrollado por la Universidad de Witwatersrand, sit&uacute;a ese f&oacute;sil en torno a 250 millones de a&ntilde;os y lo convierte en una pieza que resuelve una inc&oacute;gnita mantenida durante d&eacute;cadas. La investigaci&oacute;n fija adem&aacute;s un punto de referencia claro para<strong> entender c&oacute;mo se organizaba la reproducci&oacute;n</strong> en esos organismos anteriores a los mam&iacute;feros actuales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Un hallazgo en rocas antiguas muestra una cría dentro de una estructura cerrada"
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                Un hallazgo en rocas antiguas muestra una cría dentro de una estructura cerrada                            </span>
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        La investigaci&oacute;n arranca con un ejemplar descubierto en 2008 en la regi&oacute;n del Karoo, en Sud&aacute;frica, por John Nyaphuli. En ese momento solo se ve&iacute;a un<strong> peque&ntilde;o n&oacute;dulo con fragmentos &oacute;seos</strong>, pero la preparaci&oacute;n posterior permiti&oacute; identificar una cr&iacute;a de <em>Lystrosaurus</em> en posici&oacute;n encogida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jennifer Botha</strong>, paleont&oacute;loga de la Universidad de Witwatersrand, explic&oacute; que ya entonces sospechaba el origen del f&oacute;sil y se&ntilde;al&oacute; que &ldquo;sab&iacute;a que era una cr&iacute;a de <em>Lystrosaurus</em> perfectamente acurrucada&rdquo;. La confirmaci&oacute;n lleg&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s con t&eacute;cnicas m&aacute;s avanzadas, tras un largo periodo en el que el <strong>esp&eacute;cimen permaneci&oacute; sin una interpretaci&oacute;n completa</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El estudio indica que este animal <strong>produc&iacute;a huevos grandes </strong>en relaci&oacute;n con su tama&ntilde;o corporal, un rasgo que influye de forma proprocional en el desarrollo del embri&oacute;n. Esos huevos conten&iacute;an suficiente reserva de nutrientes para mantener al organismo hasta una fase avanzada, lo que permite que las <strong>cr&iacute;as nazcan con capacidad para moverse y alimentarse</strong>. Este tipo de reproducci&oacute;n elimina la necesidad de cuidado inmediato tras la eclosi&oacute;n y acelera el paso hacia la autonom&iacute;a, algo que resulta decisivo en entornos exigentes.
    </p><h2 class="article-text">El escaneo confirma que el embri&oacute;n muri&oacute; antes de salir</h2><p class="article-text">
        El hallazgo del huevo con embri&oacute;n representa un punto de inflexi&oacute;n porque muestra de forma directa ese tipo de reproducci&oacute;n en los ancestros de los mam&iacute;feros. <strong>Julien Benoit</strong>, profesor del Instituto de Estudios Evolutivos, afirm&oacute; en declaraciones recogidas por <em>CNN</em> que &ldquo;es la primera vez que podemos decir con seguridad que los <strong>ancestros de los mam&iacute;feros pon&iacute;an huevos</strong>&rdquo;. Adem&aacute;s, los investigadores indican que la <strong>c&aacute;scara era blanda</strong>, lo que explica la escasez de f&oacute;siles de este tipo en el registro geol&oacute;gico.
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                    alt="Las estructuras contenían reservas suficientes para que el organismo alcanzara una fase madura"
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                Las estructuras contenían reservas suficientes para que el organismo alcanzara una fase madura                            </span>
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        Las pruebas obtenidas mediante tomograf&iacute;a aportan un dato determinante sobre el estado del embri&oacute;n. <strong>Vincent Fernandez</strong>, del ESRF Sincrotr&oacute;n Europeo, explic&oacute; que el escaneo permiti&oacute; observar detalles muy peque&ntilde;os y comprobar el desarrollo de los huesos. 
    </p><p class="article-text">
        La<strong> mand&iacute;bula inferior aparec&iacute;a dividida </strong>en dos partes que a&uacute;n no se hab&iacute;an unido, una condici&oacute;n que impide la alimentaci&oacute;n aut&oacute;noma. Ese rasgo confirma que el animal <strong>muri&oacute; antes de salir del huevo </strong>y refuerza la identificaci&oacute;n del f&oacute;sil como embri&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text"><em>Lystrosaurus</em> sobrevivi&oacute; a una extinci&oacute;n masiva hace 252 millones</h2><p class="article-text">
        El <em>Lystrosaurus</em> vivi&oacute; en un momento marcado por la <strong>mayor extinci&oacute;n registrada en la Tierra</strong>, ocurrida hace unos 252 millones de a&ntilde;os. En ese periodo desapareci&oacute; cerca del 90% de las especies y el planeta sufri&oacute; cambios extremos, con temperaturas altas y sequ&iacute;as prolongadas. A pesar de ese contexto, este herb&iacute;voro <strong>logr&oacute; sobrevivir y expandirse en diferentes regiones</strong>, lo que lo convirti&oacute; en uno de los animales dominantes tras la crisis biol&oacute;gica.
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                    alt="Este herbívoro logró expandirse tras una crisis global que eliminó a la mayoría de especies, en un planeta con calor extremo y largos periodos sin lluvias"
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            <span class="title">
                Este herbívoro logró expandirse tras una crisis global que eliminó a la mayoría de especies, en un planeta con calor extremo y largos periodos sin lluvias                            </span>
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        La estrategia reproductiva aparece como uno de los factores que explican ese &eacute;xito. Los<strong> huevos grandes reten&iacute;an mejor el agua y proteg&iacute;an al embri&oacute;n</strong> frente a la desecaci&oacute;n, algo relevante en un entorno seco. Adem&aacute;s, las cr&iacute;as nac&iacute;an con un desarrollo avanzado que les permit&iacute;a<strong> escapar de depredadores y alimentarse por s&iacute; mismas</strong> desde el inicio. Esa rapidez en el crecimiento y en la reproducci&oacute;n aumentaba las probabilidades de supervivencia en un escenario inestable.
    </p><h2 class="article-text">El estudio plantea que la leche apareci&oacute; tras esta etapa evolutiva</h2><p class="article-text">
        El estudio tambi&eacute;n abre una l&iacute;nea de interpretaci&oacute;n sobre el <strong>origen de la lactancia en los mam&iacute;feros</strong>. Los investigadores plantean que las primeras secreciones similares a la leche no surgieron para alimentar cr&iacute;as, sino par<strong>a mantener h&uacute;medos los huevos y protegerlos de infecciones</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Benoit explic&oacute; que &ldquo;la capacidad de producir leche probablemente apareci&oacute; despu&eacute;s de este periodo&rdquo;, lo que sit&uacute;a ese rasgo en una fase posterior de la evoluci&oacute;n. Esa secuencia encaja con la <strong>transici&oacute;n desde organismos que pon&iacute;an huevos hacia mam&iacute;feros que gestan a sus cr&iacute;as </strong>en el interior del cuerpo, un cambio que acab&oacute; definiendo la reproducci&oacute;n tal como se conoce hoy.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/vienen-mamiferos-fosil-apunta-huevos-ancestros-abre-nuevo-escenario-pm_1_13159332.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Apr 2026 13:10:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿De dónde vienen los mamíferos? Un fósil apunta a huevos en sus ancestros y abre un nuevo escenario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Investigación científica,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un fósil 'olvidado' revela una nueva especie de cocodrilo de hace 200 millones de años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/fosil-olvidado-revela-nueva-especie-cocodrilo-200-millones-anos-pm_1_13150943.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e29ee38e-6f60-4b52-839b-079088c15843_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un fósil &#039;olvidado&#039; revela una nueva especie de cocodrilo de hace 200 millones de años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 'Eosphorosuchus lacrimosa' vivió hace aproximadamente 200 millones de años</p><p class="subtitle">¿Podían los cocodrilos de hace 55 millones de años trepar árboles para lanzarse sobre sus presas? El hallazgo de unos huevos fosilizados en Queensland ofrece la primera prueba de que sí
</p></div><p class="article-text">
        Un f&oacute;sil que llevaba m&aacute;s de siete d&eacute;cadas almacenado en un museo ha resultado ser mucho m&aacute;s importante de lo que se pensaba. Un estudio publicado en <a href="https://royalsocietypublishing.org/rspb/article/293/2069/20260130/481353/A-short-snouted-sphenosuchian-with-unusual-feeding" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Royal Socierty</a> ha identificado una especie desconocida de reptil prehist&oacute;rico,&nbsp;<em><strong>Eosphorosuchus lacrimosa</strong></em>, un antiguo pariente de los cocodrilos modernos que <strong>vivi&oacute; hace aproximadamente 200 millones de a&ntilde;os</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los restos fueron descubiertos en 1948</strong> <strong>en Ghost Ranch</strong>, en el estado de Nuevo M&eacute;xico, una zona conocida por su riqueza paleontol&oacute;gica. Durante d&eacute;cadas, el f&oacute;sil <strong>fue clasificado como&nbsp;</strong><em><strong>Hesperosuchus agilis</strong></em>, un peque&ntilde;o reptil emparentado con los primeros cocodrilos. Sin embargo, <strong>nunca se estudi&oacute; en profundidad</strong>, lo que permiti&oacute; que pasara desapercibido durante generaciones.
    </p><h2 class="article-text">Tecnolog&iacute;a para mirar dentro de la roca</h2><p class="article-text">
        La clave para solucionar el misterio sobre este f&oacute;sil 'olvidado' ha sido el uso de tecnolog&iacute;a avanzada. El f&oacute;sil estaba <strong>parcialmente incrustado en roca</strong>, lo que dificultaba su an&aacute;lisis sin da&ntilde;arlo. Para evitarlo, los investigadores recurrieron a <strong>esc&aacute;neres microCT</strong>, una t&eacute;cnica que permite obtener miles de im&aacute;genes de rayos X y reconstruir digitalmente el interior del f&oacute;sil.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a este proceso, los cient&iacute;ficos han creado un modelo tridimensional del cr&aacute;neo separando virtualmente los huesos, pudiendo observar asi detalles que hab&iacute;an permanecido ocultos durante d&eacute;cadas y que han resultado esenciales para identificar la nueva especie.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fósil del &#039;Eosphorosuchus lacrimosa&#039; que llevaba más de 7 décadas almacenado                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un depredador con una mordida poderosa</h2><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis tambi&eacute;n ha revelado caracter&iacute;sticas &uacute;nicas que diferencian a&nbsp;<em>Eosphorosuchus lacrimosa</em>&nbsp;de otros reptiles de su grupo. A diferencia de muchos de sus parientes, que ten&iacute;an hocicos largos y estrechos, este animal <strong>ten&iacute;a un hocico corto y reforzado</strong>, una estructura poco habitual entre los primeros crocodylomorfos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, <strong>su mand&iacute;bula mostraba una cresta prominente</strong> y <strong>el cr&aacute;neo una estructura robusta</strong>, lo que sugiere que pose&iacute;a m&uacute;sculos mandibulares especialmente desarrollados. Seg&uacute;n los investigadores, estas caracter&iacute;sticas indican <strong>una mordida m&aacute;s potente que la de otros reptiles similares</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los modelos digitales confirmaron esta hip&oacute;tesis al demostrar que <strong>el hocico era capaz de resistir fuerzas mayores sin deformarse</strong>. Esto deja entrever que el animal era especialista en capturar presas diferentes o, al menos, m&aacute;s resistentes que las de otros depredadores de su &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Otro rasgo distintivo es <strong>una abertura en el cr&aacute;neo</strong>, situada delante de los ojos, que en este caso es m&aacute;s peque&ntilde;a y estrecha de lo habitual. Este detalle anat&oacute;mico refuerza la idea de que se trata de una especie con <strong>caracter&iacute;sticas &uacute;nicas dentro de su grupo de r&eacute;ptiles</strong>.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la identificaci&oacute;n de una nueva especie, el estudio tiene implicaciones m&aacute;s amplias. Los investigadores destacan que este hallazgo demuestra que los primeros antepasados de los cocodrilos eran m&aacute;s diversos de lo que se cre&iacute;a porque m&aacute;s all&aacute; de compartir una &uacute;nica forma de caza, ya estaban desarrollando distintas estrategias adaptativas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Àlex Gonzàlez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/fosil-olvidado-revela-nueva-especie-cocodrilo-200-millones-anos-pm_1_13150943.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 08:00:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un fósil 'olvidado' revela una nueva especie de cocodrilo de hace 200 millones de años]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Animales,Prehistoria,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aparece el Jirahgorgon en Sudáfrica y obliga a rehacer cómo se movían y cazaban los primeros depredadores terrestres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/aparece-jirahgorgon-sudafrica-obliga-rehacer-movian-cazaban-primeros-depredadores-terrestres-pm_1_13133691.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/188119f6-ef84-4367-8ba9-764c68ad53bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aparece el Jirahgorgon en Sudáfrica y obliga a rehacer cómo se movían y cazaban los primeros depredadores terrestres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Especie desconocida - Expertos explican que eran parientes lejanos de los mamíferos y que vivían en un paisaje cálido con ríos y llanuras abiertas hace unos 260 millones de años</p></div><p class="article-text">
        El cuerpo del animal se tens&oacute; antes de lanzarse, y el <em><strong>Jirahgorgon</strong></em> avanz&oacute; con la mand&iacute;bula abierta mientras la presa intentaba girar sobre s&iacute; misma. El golpe lleg&oacute; de lado, con los dientes clav&aacute;ndose en el cuello y arrastrando carne en un movimiento seco que dej&oacute; el suelo manchado al instante. 
    </p><p class="article-text">
        El animal sacudi&oacute; la cabeza varias veces mientras manten&iacute;a la mordida, y la<strong> resistencia de la presa se fue apagando </strong>a medida que perd&iacute;a fuerza bajo esa presi&oacute;n. Cuando dej&oacute; de moverse, el depredador ajust&oacute; la posici&oacute;n de la mand&iacute;bula y empez&oacute; a <strong>desgarrar el tejido en tirones cortos</strong>, con un ritmo que no se deten&iacute;a y que dejaba restos esparcidos alrededor.
    </p><h2 class="article-text">El hallazgo en Sud&aacute;frica permiti&oacute; reconocer una especie desconocida</h2><p class="article-text">
        Un estudio publicado en <em><strong>The Anatomical Record</strong></em> describe <em>Jirahgorgon ceto</em>, del que no se ten&iacute;a constancia hasta ahora, y <strong>adelanta el origen de grandes depredadores</strong> en la Tierra. El trabajo indica que este gorgonopsio ya presentaba rasgos propios de <strong>animales de gran tama&ntilde;o </strong>mucho antes de lo que se pensaba, lo que obliga a<strong> revisar la secuencia cl&aacute;sica de su evoluci&oacute;n</strong>. La investigaci&oacute;n muestra que estas formas no aparecieron de manera tard&iacute;a, sino que algunas ya exist&iacute;an millones de a&ntilde;os antes dentro del mismo grupo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El tamaño surgió varias veces y la mordida se volvió más fuerte                            </span>
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        El nombre <em>Jirahgorgon ceto </em>procede del apellido Jirah, en reconocimiento a <strong>Sifelani Jirah</strong>, conservador de colecciones del Karoo, y del t&eacute;rmino <em>gorgon</em>, ligado al grupo al que pertenece. El f&oacute;sil se encontr&oacute; en la<strong> formaci&oacute;n Abrahamskraal</strong>, dentro de la cuenca del Karoo en Sud&aacute;frica, en la granja Wilgerbos del distrito de Lainsburg, durante una campa&ntilde;a de 2019 en la que participaron Julien Benoit y Michael Day. Ese hallazgo permiti&oacute; identificar una nueva especie dentro de estos depredadores antiguos.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis posterior incluy&oacute; t&eacute;cnicas avanzadas para estudiar el cr&aacute;neo sin da&ntilde;arlo, entre ellas una tomograf&iacute;a con radiaci&oacute;n sincrotr&oacute;n realizada en Grenoble. Este procedimiento permiti&oacute; <strong>reconstruir en tres dimensiones tanto la forma externa como la estructura interna</strong> del cr&aacute;neo, con un nivel de detalle que alcanza la microestructura &oacute;sea. 
    </p><p class="article-text">
        La dataci&oacute;n de las rocas cercanas situ&oacute; el yacimiento en el l&iacute;mite entre el Wordiense y el Capitaniense, lo que convierte a este ejemplar en <strong>uno de los m&aacute;s antiguos</strong> dentro de su grupo.
    </p><h2 class="article-text">Estos animales ya ocupaban la cima como cazadores en tierra firme</h2><p class="article-text">
        Los gorgonopsios eran carn&iacute;voros antiguos, emparentados de forma lejana con los mam&iacute;feros a pesar de tener aspecto reptiliano, que ya actuaban como depredadores principales en tierra firme. <strong>Zanildo Macungo</strong> explic&oacute; que &ldquo;eran animales carn&iacute;voros antiguos, parientes tempranos de los mam&iacute;feros, que estaban entre los primeros cazadores terrestres con dientes afilados&rdquo;. Estos animales vivieron hace unos 260 millones de a&ntilde;os en un entorno c&aacute;lido y seco dentro del<strong> supercontinente Pangea</strong>, con llanuras abiertas y sistemas fluviales.
    </p><p class="article-text">
        Los registros f&oacute;siles muestran que muchos ejemplares tempranos <strong>proceden de Rusia y Sud&aacute;frica</strong>, aunque su relaci&oacute;n evolutiva sigue siendo discutida. En Rusia, los restos m&aacute;s antiguos corresponden a <strong>individuos peque&ntilde;os o medianos</strong>, y las formas grandes aparecen m&aacute;s tarde. Esa secuencia llev&oacute; a pensar que el aumento de tama&ntilde;o segu&iacute;a una progresi&oacute;n clara, pero el hallazgo africano introduce una excepci&oacute;n que rompe ese patr&oacute;n.
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                Los hallazgos obligan a replantear la evolución de estos carnívoros                            </span>
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        El descubrimiento de <em><strong>Phorcys dubei</strong></em>, otro gorgonopsio, ya hab&iacute;a cuestionado esa idea en Sud&aacute;frica, y ahora<em> Jirahgorgon ceto </em>refuerza ese cambio. Ambos forman una nueva familia, <em>Phorcyidae</em>, y muestran rasgos que antes se asociaban solo a especies m&aacute;s recientes. Esa coincidencia indica que<strong> algunas caracter&iacute;sticas aparecieron antes de lo previsto</strong> y que coexistieron distintas formas dentro del mismo periodo.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis del tama&ntilde;o corporal muestra que no hubo una progresi&oacute;n lineal. Los investigadores concluyen que el aumento de tama&ntilde;o surgi&oacute; varias veces de manera independiente dentro del grupo, con influencias heredadas entre linajes. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la estructura del cr&aacute;neo, en especial la disposici&oacute;n de los huesos del paladar, indica una<strong> mordida m&aacute;s potente orientada a presas grandes</strong>, lo que confirma que esta especializaci&oacute;n ya estaba en marcha en etapas tempranas y encaja con un tipo de ataque letal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/aparece-jirahgorgon-sudafrica-obliga-rehacer-movian-cazaban-primeros-depredadores-terrestres-pm_1_13133691.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 13:06:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aparece el Jirahgorgon en Sudáfrica y obliga a rehacer cómo se movían y cazaban los primeros depredadores terrestres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fósiles,Fauna,Investigación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entran a explorar una cueva en Texas y salen con pruebas que no encajan con la Edad de Hielo: todas las criaturas posibles estaban allí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/entran-explorar-cueva-texas-salen-pruebas-no-encajan-edad-hielo-criaturas-posibles-estaban-pm_1_13116741.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/341dfece-8651-4c93-80cc-30aa0d6f06be_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140039.jpg" width="835" height="470" alt="Entran a explorar una cueva en Texas y salen con pruebas que no encajan con la Edad de Hielo: todas las criaturas posibles estaban allí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Depósito natural - Entre las piezas aparecen fragmentos de especies que requieren calor o zonas arboladas, lo que rompe con la imagen de una región abierta y árida en aquel momento</p></div><p class="article-text">
        Un grupo de animales grandes necesita comida abundante y temperaturas suaves para mantenerse activo durante todo el a&ntilde;o. La<strong> megafauna del pasado</strong> incluye especies como tortugas gigantes, perezosos de gran tama&ntilde;o o armadillos del tama&ntilde;o de un le&oacute;n, animales que dependen d<strong>e climas c&aacute;lidos y de ambientes boscosos</strong> donde hay vegetaci&oacute;n densa, sombra y agua cercana. 
    </p><p class="article-text">
        Un entorno boscoso se reconoce porque hay &aacute;rboles juntos, suelo h&uacute;medo y capas de hojas que se acumulan, lo que permite que estos animales encuentren<strong> alimento sin desplazarse grandes distancias</strong>. Cuando ese tipo de animales aparece en un lugar, indica que el terreno no era seco ni abierto, sino cubierto por <strong>vegetaci&oacute;n suficiente</strong> para mantenerlos.
    </p><h2 class="article-text">Un hallazgo en Texas cambia la idea del paisaje antiguo</h2><p class="article-text">
        Un estudio publicado en la revista <em><strong>Quaternary Research</strong></em>, seg&uacute;n <em>Live Science</em>, describe f&oacute;siles hallados en la<strong> cueva Bender </strong>de Texas que obligan a replantear c&oacute;mo era el entorno durante la &uacute;ltima glaciaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Texas en Austin, muestra restos de <strong>animales que no encajan con un paisaje seco</strong>. Los datos indican que en ciertos periodos el &aacute;rea tuvo condiciones m&aacute;s h&uacute;medas y con m&aacute;s vegetaci&oacute;n de lo que se pensaba.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La cueva actúa como un archivo natural de miles de años                            </span>
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        Entre los restos aparecen fragmentos de tortuga gigante, placas de armadura de pampaterio y huesos de perezosos terrestres de gran tama&ntilde;o. Tambi&eacute;n hay dientes de mamut, restos de camellos antiguos y huesos de felinos con colmillos largos. Ese conjunto re&uacute;ne animales que necesitan calor o zonas con &aacute;rboles, y por eso no encajan con un terreno abierto y seco.
    </p><h2 class="article-text">El agua arrastr&oacute; y transform&oacute; los huesos durante miles de a&ntilde;os</h2><p class="article-text">
        Los huesos no estaban incrustados en roca ni ordenados por capas, sino <strong>dispersos en el fondo de un arroyo</strong> dentro de la cueva. El agua los arrastr&oacute; desde la superficie a trav&eacute;s de sumideros durante inundaciones que se repitieron durante miles de a&ntilde;os. Al moverse dentro del agua, los restos se <strong>redondearon y adquirieron una capa de minerales</strong> que los ti&ntilde;&oacute; de tonos rojizos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>John Moretti</strong>, paleont&oacute;logo de la Jackson School of Geosciences de la Universidad de Texas en Austin, recorri&oacute; esos pasajes con gafas y tubo junto a <strong>John Young</strong>. Ambos avanzaban por el cauce y recog&iacute;an los restos con bolsas atadas a la cintura. Moretti explic&oacute; que &ldquo;hab&iacute;a f&oacute;siles por todas partes, de una forma que no hab&iacute;a visto en ninguna otra cueva&rdquo;. En seis visitas entre 2023 y 2024 reunieron<strong> piezas procedentes de 21 zonas distintas</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Todos los fósiles están pulidos, tienen forma redondeada y presentan un grado similar de mineralización de color rojo óxido                            </span>
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        La dataci&oacute;n presenta dificultades porque <strong>el agua cargada de minerales alter&oacute; los huesos</strong>. El carbono y otras sustancias penetraron en el material, lo que impide obtener edades fiables con m&eacute;todos habituales. El equipo intenta ahora medir las<strong> capas de calcita</strong> que cubren los restos para establecer una edad m&iacute;nima de dep&oacute;sito.
    </p><p class="article-text">
        Al comparar estos f&oacute;siles con m&aacute;s de 40 yacimientos de Texas, los investigadores detectaron que este conjunt<strong>o no coincide con los registros habituales</strong> del centro del estado. Tortugas gigantes y pampaterios no se hab&iacute;an documentado en esa zona, y los perezosos o mastodontes apenas aparecen en otros puntos cercanos. En cambio, los restos se parecen a los de <strong>&aacute;reas m&aacute;s c&aacute;lidas como la costa del Golfo</strong>.
    </p><h2 class="article-text">La comparaci&oacute;n con otros yacimientos muestra diferencias claras</h2><p class="article-text">
        Esa diferencia obliga a cambiar la imagen del paisaje en determinados momentos. Los animales encontrados necesitan calor o zonas con &aacute;rboles, y eso indica periodos con m&aacute;s humedad y vegetaci&oacute;n.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>David Ledesma</strong>, profesor de la Universidad St. Edwards, se&ntilde;al&oacute; que &ldquo;algunas de las especies que ha encontrado John no se esperaban en esta parte de Texas&rdquo;. Esto apunta a fases en las que el<strong> territorio alternaba </strong>entre praderas secas y zonas con &aacute;rboles.
    </p><p class="article-text">
        La cueva de Bender, situada en el condado de Comal, re&uacute;ne estos restos en un solo lugar porque act&uacute;a como <strong>dep&oacute;sito natural</strong>. Durante a&ntilde;os pas&oacute; desapercibida por su dif&iacute;cil acceso y por la presencia de agua en su interior, pero ahora ofrece un registro que no aparece en excavaciones de superficie. 
    </p><p class="article-text">
        Ese conjunto permite reconstruir momentos en los que el terreno ten&iacute;a &aacute;rboles y humedad suficientes como para mantener a esos grandes y desaparecidos animales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/entran-explorar-cueva-texas-salen-pruebas-no-encajan-edad-hielo-criaturas-posibles-estaban-pm_1_13116741.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 09:46:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Investigación,Fauna,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descubiertos en León nuevos fósiles de arácnidos del Carbonífero superior]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/descubiertos-leon-nuevos-fosiles-aracnidos-carbonifero-superior-pm_1_13097355.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/694ad1db-c71c-45e3-b9b1-655a76fc7eb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Descubiertos en León nuevos fósiles de arácnidos del Carbonífero superior"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estos precursores de las actuales arañas existieron en el noroeste de la península ibérica hace unos 300 millones de años</p><p class="subtitle">Un fósil hallado en China muestra que algunos dinosaurios tenían espinas huecas en la piel hace 125 millones de años y obliga a replantear su evolución
</p></div><p class="article-text">
        El hallazgo de <strong>dos nuevos f&oacute;siles de trigonot&aacute;rbidos</strong> (un&nbsp;orden extinto de ar&aacute;cnidos) en la provincia de Le&oacute;n ha permitido avanzar en el conocimiento de los ecosistemas que existieron en el noroeste de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica hace unos 300 millones de a&ntilde;os. Estos antiguos ar&aacute;cnidos, ya extinguidos, <strong>vivieron durante el Carbon&iacute;fero superior</strong> y son considerados <strong>precursores de las actuales ara&ntilde;as</strong>, aunque presentaban importantes diferencias anat&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Los f&oacute;siles han sido localizados en dos zonas distintas: <strong>la comarca de El Bierzo y el valle del r&iacute;o Valderrueda</strong>, en la cuenca de Sabero. El estudio, publicado en la revista cient&iacute;fica&nbsp;<em>PalZ</em>, supone un hito relevante, ya que duplica el n&uacute;mero de registros conocidos de este grupo en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, donde hasta ahora solo se hab&iacute;an documentado dos ejemplares.
    </p><h2 class="article-text">Ejemplares poco documentados en Espa&ntilde;a</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los investigadores, este incremento en el registro f&oacute;sil sugiere que los trigonot&aacute;rbidos no eran tan raros como se pensaba, sino que su escasa presencia en estudios anteriores podr&iacute;a deberse a la falta de una b&uacute;squeda espec&iacute;fica de este tipo de organismos. Este nuevo trabajo permite as&iacute; reconsiderar su <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/viajarahora/destino_espana/espana-jurasica-mejores-lugares-pais-ver-dinosaurios_1_10834204.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">abundancia en los ecosistemas del pasado</a>.
    </p><p class="article-text">
        Los dos ejemplares <strong>pertenecen al g&eacute;nero extinto&nbsp;</strong><em><strong>Aphantomartus</strong></em>, relativamente <strong>com&uacute;n en otras zonas de Europa</strong> como el Reino Unido o Europa central, pero poco documentado en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica. Uno de los f&oacute;siles, hallado en Santa Marina de Torre (El Bierzo), conserva parte de la cara ventral del animal, incluyendo restos de patas, pedipalpos y abdomen, aunque no ha sido posible identificar la especie con precisi&oacute;n.
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                Antigua mina a cielo abierto Boisán en Santa Marina de Torre                            </span>
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        El segundo f&oacute;sil, procedente de la cuenca de Valderrueda, presenta un mejor estado de conservaci&oacute;n y ha podido ser asignado a la <strong>especie&nbsp;</strong><em><strong>Aphantomartus areolatus</strong></em>, descrita por primera vez en 1911 y ya documentada anteriormente en la provincia de Le&oacute;n durante la d&eacute;cada de 1980.
    </p><p class="article-text">
        Los trigonot&aacute;rbidos se asemejaban superficialmente a las ara&ntilde;as, pero carec&iacute;an de gl&aacute;ndulas productoras de seda y presentaban un abdomen segmentado cubierto por placas. Se extinguieron durante el P&eacute;rmico, lo que los convierte en un grupo clave para entender la evoluci&oacute;n temprana de los ar&aacute;cnidos.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los aspectos m&aacute;s destacados del hallazgo es la presencia de <strong>una espina en la base de una de las patas posteriores</strong> de uno de los ejemplares, una estructura que no hab&iacute;a sido descrita previamente en este grupo. Los investigadores consideran que podr&iacute;a haber tenido una funci&oacute;n relacionada con la captura de presas o con el comportamiento reproductivo.
    </p><h2 class="article-text">Tambi&eacute;n se encontraron plantas f&oacute;siles</h2><p class="article-text">
        Los f&oacute;siles de estos ar&aacute;cnidos aparecieron asociados a restos de plantas f&oacute;siles excepcionalmente bien conservadas, lo que ha permitido reconstruir con detalle el entorno en el que viv&iacute;an estos animales. Se trataba de bosques tropicales h&uacute;medos, dominados por helechos, pteridospermas y grandes lic&oacute;psidas, en un paisaje caracterizado por pantanos, lagunas y llanuras de inundaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre las especies vegetales identificadas se encuentran&nbsp;<em><strong>Neuropteris ovata</strong></em><strong>,&nbsp;</strong><em><strong>Nemejcopteris eminaeformis</strong></em><strong>,&nbsp;</strong><em><strong>Polymorphopteris polymorpha</strong></em><strong>&nbsp;o&nbsp;</strong><em><strong>Cyperites bicarinatus</strong></em>, todas ellas propias de ambientes h&uacute;medos y c&aacute;lidos. La presencia de estos restos permite confirmar que el h&aacute;bitat de estos ar&aacute;cnidos era muy diferente al actual en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la coexistencia con una fauna diversa de insectos, como protolib&eacute;lulas, cucarachas primitivas y ort&oacute;pteros ancestrales, sugiere que&nbsp;<em>Aphantomartus</em>&nbsp;<strong>desempe&ntilde;aba un papel como peque&ntilde;o depredador dentro de un ecosistema complejo y din&aacute;mico</strong>, influido por cambios clim&aacute;ticos y tect&oacute;nicos al final de la era Paleozoica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Àlex Gonzàlez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/descubiertos-leon-nuevos-fosiles-aracnidos-carbonifero-superior-pm_1_13097355.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 09:30:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Descubiertos en León nuevos fósiles de arácnidos del Carbonífero superior]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Insectos,Prehistoria,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los huevos de dinosaurio parecían bien protegidos, pero su sistema de incubación fallaba frente al de las aves actuales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/huevos-dinosaurio-parecian-protegidos-sistema-incubacion-fallaba-frente-aves-actuales-pm_1_13090825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fbe25890-ef44-460a-94e8-b2f2b70a3b4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los huevos de dinosaurio parecían bien protegidos, pero su sistema de incubación fallaba frente al de las aves actuales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reparto térmico torpe - La distribución irregular provocaba partes más cálidas y otras más frías dentro del conjunto, lo que abría una incógnita sobre cómo evolucionaban los embriones bajo esas diferencias</p><p class="subtitle">Un nuevo estudio sugiere que los dinosaurios no estaban en declive justo antes del asteroide que acabó con ellos</p></div><p class="article-text">
        El cuerpo del animal se inclin&oacute; sobre el nido y se retir&oacute; despu&eacute;s de unos segundos, repitiendo ese movimiento una y otra vez mientras ajustaba su posici&oacute;n sobre la tierra. El <strong>oviraptor</strong> se desplazaba alrededor de los huevos y volv&iacute;a al centro, donde apenas pod&iacute;a apoyar el peso sin tocar todos a la vez. El dinosaurio incubaba los huevos sin quedarse quieto, iba y ven&iacute;a, probando distintos apoyos para repartir el calor. 
    </p><p class="article-text">
        Cada cambio <strong>dejaba partes del nido fuera de su alcance</strong>, con zonas que recib&iacute;an contacto y otras que quedaban aisladas. Esa forma irregular de cubrirlos dejaba abierta una duda que exig&iacute;a comprobar c&oacute;mo se distribu&iacute;a el calor en un nido as&iacute;.
    </p><h2 class="article-text">El modelo confirmaba una incubaci&oacute;n desigual en toda la puesta</h2><p class="article-text">
        Esa duda sobre c&oacute;mo se repart&iacute;a el calor dentro del nido llev&oacute; a un equipo a recrear la situaci&oacute;n en condiciones controladas. Un estudio publicado en <em><strong>Frontiers in Ecology and Evolution </strong></em>reconstruy&oacute; un oviraptor y su nido y mostr&oacute; que su incubaci&oacute;n combinaba calor corporal y ambiental con <strong>menor eficiencia y efectos</strong> en el desarrollo de los embriones. 
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores no se limitaron a interpretar f&oacute;siles, sino que levantaron un modelo completo del animal y su puesta para medir qu&eacute; ocurr&iacute;a en cada punto. El trabajo confirm&oacute; que el adulto <strong>no lograba mantener una temperatura uniforme</strong> en todos los huevos. Tambi&eacute;n dej&oacute; claro que el entorno ten&iacute;a un papel fundamental en ese proceso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El equipo utilizaba materiales que imitaban tejidos y sensores internos para registrar cambios térmicos"
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                El equipo utilizaba materiales que imitaban tejidos y sensores internos para registrar cambios térmicos                            </span>
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        El problema aparec&iacute;a en la forma en que el adulto se colocaba sobre el nido, ya que su cuerpo no cubr&iacute;a toda la superficie al mismo tiempo. El espacio central quedaba vac&iacute;o y el peso del animal se apoyaba sobre los huevos m&aacute;s externos, mientras que los del interior permanec&iacute;an rodeados de sedimento y parcialmente protegidos por otros huevos.
    </p><p class="article-text">
        Esa disposici&oacute;n<strong> limitaba el contacto directo con parte de la puesta</strong>, lo que imped&iacute;a una transferencia uniforme de calor. La posici&oacute;n elevada del cuerpo hac&iacute;a que algunas zonas quedaran m&aacute;s expuestas que otras. Esa diferencia marcaba el punto de partida de un sistema de incubaci&oacute;n desigual.
    </p><h2 class="article-text">El sistema se situaba entre aves y reptiles actuales</h2><p class="article-text">
        Ese funcionamiento encaja con un<strong> modelo que no reproduce el de las aves actuales ni el de los reptiles de forma pura</strong>. Las aves mantienen todos los huevos dentro de un rango t&eacute;rmico muy estrecho gracias al contacto continuo, algo que aqu&iacute; no se cumpl&iacute;a. Tampoco se trataba de una simple dependencia del ambiente, como ocurre en muchos reptiles.
    </p><p class="article-text">
        El sistema funcionaba como una<strong> soluci&oacute;n en la que el adulto aportaba calor, pero no lo controlaba </strong>por completo. El entorno, sobre todo la radiaci&oacute;n solar, compensaba parte de esa falta de contacto continuo. Ese equilibrio sit&uacute;a a los oviraptores en una posici&oacute;n intermedia dentro de la evoluci&oacute;n de la incubaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La disposición en anillos con piezas inclinadas y parcialmente cubiertas condicionaba la transmisión térmica                            </span>
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        El caso concreto de <em><strong>Heyuannia huangi </strong></em>ayuda a entender c&oacute;mo funcionaba ese sistema, ya que sus nidos se han conservado en varios yacimientos de China y Mongolia. Este oviraptor, de alrededor de un metro y medio de longitud, organizaba los huevos en<strong> anillos conc&eacute;ntricos </strong>alrededor de un hueco central. 
    </p><p class="article-text">
        Los huevos no estaban amontonados, sino colocados con cierta inclinaci&oacute;n y parcialmente enterrados. Esa estructura no respond&iacute;a solo a una cuesti&oacute;n de espacio, sino que<strong> condicionaba la forma en que el calor llegaba a cada punto</strong>. Por lo tanto, el dise&ntilde;o del nido influ&iacute;a en el desarrollo de los embriones.
    </p><h2 class="article-text">Las diferencias t&eacute;rmicas alteraban el momento de nacimiento</h2><p class="article-text">
        Cuando los investigadores midieron la temperatura dentro de esos nidos recreados, detectaron <strong>diferencias claras entre unos huevos y otros</strong>. En ambientes fr&iacute;os, esas variaciones pod&iacute;an alcanzar varios grados dentro de la misma puesta, lo que hac&iacute;a que algunos embriones avanzaran m&aacute;s r&aacute;pido que otros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La distribución irregular provocaba partes más cálidas y otras más frías dentro del conjunto, lo que abría una incógnita sobre cómo evolucionaban los embriones bajo esas diferencias                            </span>
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        Ese desfase llevaba a una <strong>eclosi&oacute;n asincr&oacute;nica</strong>, con nacimientos separados en el tiempo dentro del mismo nido. En aves actuales este fen&oacute;meno se regula con el comportamiento de los adultos, pero aqu&iacute; parec&iacute;a surgir como <strong>consecuencia del sistema</strong>. En entornos m&aacute;s c&aacute;lidos, en cambio, la diferencia t&eacute;rmica se reduc&iacute;a porque el calor ambiental equilibraba el conjunto.
    </p><h2 class="article-text">La recreaci&oacute;n f&iacute;sica permit&iacute;a observar cada detalle del proceso</h2><p class="article-text">
        Para llegar a estas conclusiones, el equipo construy&oacute; un <strong>modelo a tama&ntilde;o real del dinosaurio utilizando espuma, madera y tejidos </strong>que imitaban su estructura corporal. A&ntilde;adieron una fuente de calor que reproduc&iacute;a la temperatura del animal y fabricaron huevos de resina rellenos de agua para replicar su comportamiento t&eacute;rmico. Sensores colocados en el interior permitieron registrar los cambios de temperatura durante las pruebas. 
    </p><p class="article-text">
        El nido se dise&ntilde;&oacute; siguiendo la disposici&oacute;n observada en los f&oacute;siles, con dos anillos de huevos superpuestos. Esa recreaci&oacute;n permiti&oacute; observar con detalle c&oacute;mo circulaba el calor dentro de la puesta y c&oacute;mo cada zona respond&iacute;a de forma distinta a las condiciones externas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/huevos-dinosaurio-parecian-protegidos-sistema-incubacion-fallaba-frente-aves-actuales-pm_1_13090825.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 15:47:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los huevos de dinosaurio parecían bien protegidos, pero su sistema de incubación fallaba frente al de las aves actuales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fósiles,Arqueología,Dinosaurios,Aves]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los mamuts pudieron desaparecer por algo tan simple como demasiado polen alterando su olfato y su reproducción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mamuts-pudieron-desaparecer-simple-polen-alterando-olfato-reproduccion-pm_1_13057511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0ca8a3c-0d68-407f-8679-f4c9241f1a7c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los mamuts pudieron desaparecer por algo tan simple como demasiado polen alterando su olfato y su reproducción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Trastorno prolongado - Un trabajo firmado por especialistas de varios países describe cómo partículas liberadas por vegetación con flor habrían provocado respuestas defensivas persistentes capaces de alterar la percepción química utilizada durante la reproducción</p><p class="subtitle">Más cerca de 'resucitar' un mamut: recuperan por primera vez cromosomas en un fósil de 52.000 años
</p></div><p class="article-text">
        Los animales de gran tama&ntilde;o no viven protegidos solo por su masa. Un cuerpo enorme exige alimento abundante, desplazamientos largos y un sistema biol&oacute;gico que funcione con precisi&oacute;n para localizar agua, comida y pareja. Por eso, la <strong>desaparici&oacute;n de grandes especies</strong> siempre plantea la misma pregunta.
    </p><p class="article-text">
        Si eran tan robustos, por qu&eacute; dejaron de existir. En el caso de los <strong>mamuts</strong> y de otros grandes mam&iacute;feros del final de la &uacute;ltima glaciaci&oacute;n, varios investigadores plantean que e<strong>l tama&ntilde;o no bast&oacute; para compensar un problema m&aacute;s sutil </strong>relacionado con su percepci&oacute;n del entorno.
    </p><h2 class="article-text">Cient&iacute;ficos sugieren una explicaci&oacute;n biol&oacute;gica poco explorada</h2><p class="article-text">
        Un estudio publicado en la revista<strong> </strong><em><strong>Earth History and Biodiversity</strong></em> plantea que reacciones del sistema inmunitario provocadas por <strong>part&iacute;culas liberadas por plantas en flor </strong>pudieron alterar el olfato de los mamuts lanudos y dificultar que encontraran pareja. El trabajo lo firma un grupo de qu&iacute;micos y zo&oacute;logos de Israel, Italia y Rusia.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta apunta a un<strong> proceso concreto durante un periodo de calentamiento </strong>del planeta en el que la vegetaci&oacute;n aument&oacute; en regiones donde viv&iacute;an estos animales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El gran volumen corporal plantea exigencias que terminan pasando factura                            </span>
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        Para explorar esa idea, el equipo analiz&oacute; restos de ejemplares congelados hallados en Siberia. En esas muestras aparecieron sustancias biol&oacute;gicas que el organismo produce cuando combate infecciones o irritaciones. Tambi&eacute;n detectaron compuestos org&aacute;nicos asociados a material vegetal que habr&iacute;a estado presente en el aire que respiraban aquellos animales.
    </p><p class="article-text">
        La coincidencia de ambos indicios llev&oacute; a los investigadores a plantear que los <strong>mamuts pod&iacute;an haber sufrido reacciones f&iacute;sicas persistentes </strong>que afectaban a su respiraci&oacute;n y a su capacidad para detectar olores.
    </p><h2 class="article-text">El sentido olfativo regula muchas funciones b&aacute;sicas en mam&iacute;feros</h2><p class="article-text">
        El olfato desempe&ntilde;a un papel fundamental en la vida de muchos mam&iacute;feros. Permite localizar comida y agua, orientarse durante desplazamientos largos y reconocer a otros individuos. Adem&aacute;s, <strong>durante la &eacute;poca reproductiva funciona como una se&ntilde;al qu&iacute;mica </strong>que facilita el encuentro entre machos y hembras.
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores escribieron en el estudio que &ldquo;uno de los posibles mecanismos de extinci&oacute;n durante los cambios clim&aacute;ticos podr&iacute;a ser la alteraci&oacute;n del sentido del olfato debido al desarrollo de reacciones al&eacute;rgicas cuando cambia la flora&rdquo;. La p&eacute;rdida de sensibilidad frente a se&ntilde;ales olorosas habr&iacute;a <strong>reducido la probabilidad de encontrar pareja</strong> en el momento reproductivo.
    </p><h2 class="article-text">Los autores proponen varias v&iacute;as para poner a prueba la idea</h2><p class="article-text">
        El equipo tambi&eacute;n propuso formas de comprobar esa hip&oacute;tesis en el futuro. Una posibilidad consiste en <strong>examinar el contenido del est&oacute;mago de ejemplares conservados </strong>y estudiar qu&eacute; plantas estaban presentes en su dieta. Otra opci&oacute;n ser&iacute;a <strong>analizar sedimentos y tejidos </strong>asociados a los restos para identificar sustancias vegetales capaces de provocar respuestas inmunes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Los autores interpretan que esas señales químicas sugieren episodios repetidos que afectaban vías respiratorias                            </span>
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        Los investigadores tambi&eacute;n plantean buscar <strong>prote&iacute;nas producidas por el organismo </strong>durante ese tipo de reacci&oacute;n defensiva. Una de ellas es la <strong>inmunoglobulina E</strong>, que se genera en el intestino y puede acabar en los excrementos. Si esa prote&iacute;na apareciera en restos f&oacute;siles de heces, podr&iacute;a indicar que aquellos animales sufr&iacute;an <strong>episodios comparables a la fiebre del heno</strong>.
    </p><h2 class="article-text">La historia de estos probosc&iacute;deos incluye una larga retirada geogr&aacute;fica</h2><p class="article-text">
        Los mamuts lanudos, parientes de los elefantes actuales, habitaron amplias regiones de Am&eacute;rica del Norte, Asia y el norte de Europa durante el Pleistoceno. La mayor parte de sus poblaciones desapareci&oacute; hace unos 10.000 a&ntilde;os. Sin embargo, un <a href="https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/aislados-mutados-agua-dulce-extinguieron-ultimos-mamuts-tierra-pm_1_12538926.html" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">grupo peque&ntilde;o sobrevivi&oacute; durante m&aacute;s tiempo en la isla de Wrangel</a>, situada al noreste de Rusia, donde resisti&oacute; hasta hace unos 4.000 a&ntilde;os.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Restos congelados revelan indicios químicos en ejemplares siberianos                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n m&aacute;s aceptada para esa desaparici&oacute;n apunta a <strong>varios factores</strong> que actuaron al mismo tiempo. Entre ellos aparecen el calentamiento clim&aacute;tico, los cambios en la vegetaci&oacute;n y la presi&oacute;n de la caza humana.
    </p><p class="article-text">
        La nueva propuesta<strong> no descarta esos elementos</strong>, pero plantea que pudo existir un mecanismo adicional relacionado con el funcionamiento del olfato. Los autores escribieron que el objetivo de su trabajo era &ldquo;<strong>proponer un nuevo mecanismo evolutivo para la desaparici&oacute;n de mamuts y otros animales basado en la alteraci&oacute;n de la comunicaci&oacute;n</strong>&rdquo;. Si los animales no pod&iacute;an detectar correctamente las se&ntilde;ales qu&iacute;micas emitidas por otros individuos, la reproducci&oacute;n habr&iacute;a disminuido poco a poco.
    </p><h2 class="article-text">Otros especialistas reciben la hip&oacute;tesis con cautela</h2><p class="article-text">
        No todos los especialistas consideran convincente esa explicaci&oacute;n. <strong>Vincent Lynch</strong>, bi&oacute;logo evolutivo y profesor asociado en la University at Buffalo de Nueva York, explic&oacute; en un correo enviado a <em>Live Science </em>que &ldquo;<strong>esta idea parece bastante extra&ntilde;a y no estoy seguro de c&oacute;mo podr&iacute;a demostrarse</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lynch recuerda que los datos gen&eacute;ticos de los &uacute;ltimos mamuts tambi&eacute;n revelan otros problemas. El genoma reconstruido de un ejemplar de la isla de Wrangel mostr&oacute; mutaciones en genes relacionados con la detecci&oacute;n de aromas de plantas en flor, lo que indica que<strong> esos animales ya hab&iacute;an perdido parte de esa capacidad</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, el propio investigador se&ntilde;ala que la desaparici&oacute;n de estos gigantes probablemente se debi&oacute; a una<strong> suma de factores ambientales y humanos</strong>. La hip&oacute;tesis sobre reacciones inmunes asociadas a la expansi&oacute;n de la vegetaci&oacute;n <strong>a&ntilde;ade otra posibilidad a esa lista </strong>y abre una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n que todav&iacute;a necesita pruebas experimentales. Mientras tanto, la pregunta sobre por qu&eacute; desaparecieron animales tan enormes <strong>sigue sin una &uacute;nica respuesta definitiva</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mamuts-pudieron-desaparecer-simple-polen-alterando-olfato-reproduccion-pm_1_13057511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 19:36:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los mamuts pudieron desaparecer por algo tan simple como demasiado polen alterando su olfato y su reproducción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fósiles,Investigación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arizona revela un pariente del cocodrilo del tamaño de un gato que de joven caminaba a cuatro patas y luego pasó a dos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/arizona-revela-pariente-cocodrilo-tamano-gato-joven-caminaba-cuatro-patas-luego-paso-pm_1_13056836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c7347855-a0d8-4440-9f68-295974ba83f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Arizona revela un pariente del cocodrilo del tamaño de un gato que de joven caminaba a cuatro patas y luego pasó a dos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fósil - Los huesos muestran que las extremidades delanteras empiezan siendo largas durante etapas tempranas y luego quedan más cortas frente a las traseras, lo que desplaza el peso hacia atrás</p><p class="subtitle">El T-Rex no pisaba plano, corría sobre los dedos y esa forma de moverse disparaba su capacidad para alcanzar grandes velocidades</p></div><p class="article-text">
        Los<strong> grandes reptiles del pasado</strong> siguieron caminos evolutivos muy distintos, y algunos linajes desarrollaron formas corporales sorprendentes mucho antes de que otros grupos hicieran algo parecido. El <strong>cocodrilo</strong> suele describirse como un dinosaurio que logr&oacute; mantenerse hasta hoy, aunque en realidad pertenece a otra rama cercana del &aacute;rbol evolutivo.
    </p><p class="article-text">
        Esa relaci&oacute;n cercana explica que<strong> muchos rasgos recuerden a los dinosaurios</strong>, mientras otros siguen un camino propio. Adem&aacute;s, el linaje del cocodrilo no estuvo formado por un &uacute;nico tipo de animal. En su historia aparecen<strong> parientes con cuerpos muy distintos</strong> que ocuparon funciones variadas en los ecosistemas antiguos.
    </p><h2 class="article-text"><em>Sonselasuchus</em> cambia su postura al crecer</h2><p class="article-text">
        Un trabajo publicado en <em><strong>Journal of Vertebrate Paleontology</strong></em><strong> </strong>describe a <em><strong>Sonselasuchus cedrus</strong></em>, un reptil antiguo relacionado con los cocodrilos que presentaba un cambio llamativo en su forma de desplazarse a medida que crec&iacute;a. El estudio explica que los<strong> individuos j&oacute;venes avanzaban apoyados en cuatro patas</strong>. Sin embargo, al alcanzar mayor tama&ntilde;o, el animal pod&iacute;a <strong>desplazarse sobre las dos traseras</strong>. Ese cambio de postura aparece ligado al desarrollo progresivo de su esqueleto y se observa al comparar restos de diferentes edades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Investigadores explican que el parecido surge por desarrollo paralelo                            </span>
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        El aspecto general del animal resultaba curioso porque recordaba al de algunos dinosaurios corredores. Ten&iacute;a patas largas, huesos ligeros y una cabeza con pico sin dientes. A primera vista el cuerpo evocaba el de ciertos reptiles del Cret&aacute;cico con forma parecida a un avestruz. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Elliott Armour Smith</strong>, investigador de la Universidad de Washington en Seattle, explic&oacute; que ese parecido no indica parentesco directo y se&ntilde;al&oacute; que &ldquo;estas similitudes<strong> surgieron por separado en linajes distintos </strong>que viv&iacute;an en ambientes parecidos&rdquo;. La explicaci&oacute;n apunta a un fen&oacute;meno evolutivo en el que animales de grupos diferentes adoptan estructuras parecidas al ocupar funciones similares dentro de un mismo ecosistema.
    </p><h2 class="article-text">El crecimiento altera proporciones del cuerpo</h2><p class="article-text">
        El cambio en la forma de caminar se detect&oacute; al estudiar el crecimiento de las extremidades. Los restos indican que las <strong>patas delanteras eran relativamente largas</strong> en individuos j&oacute;venes, aunque esa proporci&oacute;n cambiaba con la edad.
    </p><p class="article-text">
        Armour Smith explic&oacute; que &ldquo;la pata delantera empieza midiendo cerca del 75% de la trasera y termina alrededor del 50%&rdquo;. Esa diferencia<strong> alteraba el equilibrio corporal</strong>. Con patas traseras m&aacute;s largas y robustas, el peso del cuerpo se concentraba en la parte posterior y permit&iacute;a <strong>caminar erguido </strong>cuando el animal alcanzaba la madurez.
    </p><h2 class="article-text">Un yacimiento de Arizona re&uacute;ne miles de restos</h2><p class="article-text">
        Los f&oacute;siles proceden del Parque Nacional Petrified Forest, en el estado de Arizona. All&iacute; se encuentra una de las zonas con m&aacute;s restos del periodo Tri&aacute;sico en Am&eacute;rica del Norte. Las excavaciones comenzaron en 2014 en un lugar conocido como Kaye Quarry. Desde entonces los investigadores han<strong> recuperado m&aacute;s de 3.000 huesos </strong>pertenecientes a distintos vertebrados. Entre ellos aparecen peces, anfibios, dinosaurios y varios reptiles.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las campañas en Petrified Forest recuperan miles de piezas óseas                            </span>
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        Aproximadamente<strong> 950 restos corresponden al nuevo animal</strong> descrito. <strong>Christian Sidor</strong>, tambi&eacute;n de la Universidad de Washington, se&ntilde;al&oacute; que &ldquo;el yacimiento sigue produciendo f&oacute;siles nuevos y resulta emocionante ver lo que todav&iacute;a puede aparecer&rdquo;. En total se calcula que los huesos <strong>pertenecen al menos a 36 individuos</strong>.
    </p><h2 class="article-text">Los hallazgos ampl&iacute;an la diversidad del Tri&aacute;sico</h2><p class="article-text">
        El conjunto de hallazgos tambi&eacute;n ayuda a entender la<strong> variedad de reptiles cercanos a los cocodrilos </strong>durante el Tri&aacute;sico. Durante mucho tiempo se pens&oacute; que estos animales apenas cambiaron a lo largo de su historia. Sin embargo, algunos grupos desarrollaron<strong> formas corporales muy distintas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Michelle Stocker,</strong> investigadora de Virginia Tech, explic&oacute; que &ldquo;estos animales ya estaban probando formas corporales muy extra&ntilde;as antes de que los dinosaurios adoptaran rasgos parecidos&rdquo;. Esa diversidad muestra que los ecosistemas donde vivieron los primeros dinosaurios <strong>inclu&iacute;an muchos otros reptiles con estilos de vida variados</strong>, algunos de ellos con aspecto sorprendentemente parecido al de animales que aparecer&iacute;an millones de a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/arizona-revela-pariente-cocodrilo-tamano-gato-joven-caminaba-cuatro-patas-luego-paso-pm_1_13056836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 15:51:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Arizona revela un pariente del cocodrilo del tamaño de un gato que de joven caminaba a cuatro patas y luego pasó a dos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinosaurios,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El T-Rex no pisaba plano, corría sobre los dedos y esa forma de moverse disparaba su capacidad para alcanzar grandes velocidades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/t-rex-no-pisaba-plano-corria-dedos-forma-moverse-disparaba-capacidad-alcanzar-grandes-velocidades-pm_1_13041771.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea541138-f444-41e4-adce-6f891438b6fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El T-Rex no pisaba plano, corría sobre los dedos y esa forma de moverse disparaba su capacidad para alcanzar grandes velocidades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Locomoción - El equipo de Adrian Tussel Boeye midió partes de la pierna y del pie en cuatro esqueletos completos y utilizó fórmulas biomecánicas para calcular desplazamientos posibles en grandes bípedos prehistóricos</p></div><p class="article-text">
        Las patas enormes avanzaban primero con cuidado y luego con un ritmo cada vez m&aacute;s r&aacute;pido mientras el terreno lleno de ra&iacute;ces obligaba a zigzaguear entre troncos ca&iacute;dos. El <strong>Tyrannosaurus rex </strong>comenz&oacute; as&iacute; la persecuci&oacute;n con un movimiento contenido que pronto se transform&oacute; en una carrera.
    </p><p class="article-text">
        El animal <strong>aceler&oacute; en pocos segundos</strong> mientras la presa cambiaba de direcci&oacute;n y trataba de ganar terreno sobre ra&iacute;ces y suelo irregular. Ese contraste entre un inicio contenido y un avance cada vez m&aacute;s veloz explica por qu&eacute; la forma real de caminar de este depredador se ha convertido en una pregunta esencial para los investigadores que estudian su locomoci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Un an&aacute;lisis con huesos bien conservados permiti&oacute; reconstruir c&oacute;mo apoyaba el pie el animal</h2><p class="article-text">
        Un estudio publicado en la revista <em><strong>Royal Society Open Science</strong></em> examin&oacute; precisamente <strong>c&oacute;mo apoyaba el pie Tyrannosaurus rex </strong>cuando se desplazaba. El trabajo analiz&oacute; varios ejemplares bien conservados y concluy&oacute; que el dinosaurio<strong> cargaba el peso sobre los dedos </strong>en lugar de apoyar todo el pie.
    </p><p class="article-text">
        Esa forma de pisada modifica el c&aacute;lculo de velocidad y tambi&eacute;n la forma en que el cuerpo absorbe el impacto del movimiento. La investigaci&oacute;n ofrece un <strong>marco nuevo para estimar c&oacute;mo corr&iacute;a el mayor depredador terrestre </strong>de su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El equipo dirigido por <strong>Adrian Tussel Boeye</strong> en el College of the Atlantic en Maine parti&oacute; de un problema simple pero dif&iacute;cil de resolver con f&oacute;siles. Los investigadores midieron con precisi&oacute;n huesos de la pierna y del pie en cuatro ejemplares distintos. Esos valores se introdujeron en <strong>tres ecuaciones biomec&aacute;nicas </strong>utilizadas para calcular la velocidad de animales b&iacute;pedos.
    </p><p class="article-text">
        A partir de esos datos se<strong> simularon tres formas posibles de pisada</strong>. Una opci&oacute;n supon&iacute;a que el tal&oacute;n tocaba primero el suelo, otra situaba el apoyo en la parte media del pie y la &uacute;ltima colocaba el primer contacto en los dedos.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados cambiaron la imagen cl&aacute;sica del dinosaurio. El modelo en el que el pie tocaba el suelo con los dedos permiti&oacute; que el animal realizara <strong>m&aacute;s pasos en el mismo intervalo de tiempo</strong>. Ese patr&oacute;n aument&oacute; la velocidad estimada alrededor de un 20% frente a los c&aacute;lculos basados en una pisada plana.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los c&aacute;lculos del estudio, el<strong> Tyrannosaurus rex pod&iacute;a alcanzar entre 5 y 11 metros por segundo</strong>. Incluso ejemplares de gran tama&ntilde;o pod&iacute;an desplazarse con rapidez. Un individuo de unas 6,5 toneladas podr&iacute;a recorrer 100 metros en poco m&aacute;s de diez segundos, pr&aacute;cticamente como Usain Bolt, seg&uacute;n el modelo biomec&aacute;nico utilizado.
    </p><h2 class="article-text">Las marcas fosilizadas del suelo confirman que el peso reca&iacute;a sobre los dedos</h2><p class="article-text">
        Las huellas f&oacute;siles aportaron otra pista decisiva. Los investigadores revisaron rastros atribuidos a tiranos&aacute;uridos y observaron un patr&oacute;n repetido en la profundidad de las impresiones. Las <strong>marcas m&aacute;s profundas aparecen bajo los dedos y no bajo la parte posterior del pie</strong>. Esa distribuci&oacute;n indica que el peso del cuerpo se concentraba hacia la parte delantera durante el paso. Algunos rastros conservados en Nuevo M&eacute;xico muestran esta caracter&iacute;stica con claridad, con dedos hundidos en el sedimento mientras la <strong>parte trasera del pie apenas deja se&ntilde;al</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El estudio tambi&eacute;n compara este patr&oacute;n con animales actuales que caminan sobre dos patas. Los humanos utilizan una pisada con el tal&oacute;n como primer punto de contacto. Las aves terrestres presentan el comportamiento contrario y apoyan la zona delantera del pie. El Tyrannosaurus rex parece encajar mejor en este segundo modelo.
    </p><p class="article-text">
        Los autores escribieron en el art&iacute;culo que &ldquo;nuestro estudio representa el primer an&aacute;lisis biomec&aacute;nico cuantitativo del efecto de los patrones de pisada en la marcha de Tyrannosaurus&rdquo;. En el mismo trabajo a&ntilde;adieron que &ldquo;el pie de T. rex funcionaba de forma similar al de un ave&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Los cient&iacute;ficos comparan este desplazamiento con el que utilizan hoy muchas aves</h2><p class="article-text">
        La<strong> postura del cuerpo tambi&eacute;n se adapta </strong>a ese estilo de movimiento. El dinosaurio habr&iacute;a avanzado con las <strong>patas flexionadas y con una sucesi&oacute;n de pasos r&aacute;pidos </strong>que ayudaban a mantener la estabilidad. Ese sistema convert&iacute;a las extremidades en <strong>amortiguadores</strong> capaces de gestionar el enorme peso del animal sobre terreno irregular. El resultado era un desplazamiento menos pesado de lo que suele mostrarse en reconstrucciones populares.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Steve Brusatte</strong>, paleont&oacute;logo de la University of Edinburgh que no particip&oacute; en el estudio, resumi&oacute; esa idea al explicar al peri&oacute;dico<em> The New York Times </em>que &ldquo;este trabajo muestra que incluso el ic&oacute;nico T. rex caminaba de una forma muy parecida a las aves&rdquo;. En la misma entrevista a&ntilde;adi&oacute; una comparaci&oacute;n gr&aacute;fica al decir que el animal habr&iacute;a sido &ldquo;<strong>algo as&iacute; como una gallina de ocho toneladas caminando por el corral</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estas conclusiones obligan a revisar muchas representaciones del dinosaurio en museos, documentales y animaciones. La imagen tradicional mostraba pasos pesados con el pie plano golpeando el suelo. Los nuevos modelos describen un desplazamiento m&aacute;s r&aacute;pido y con apoyo adelantado en los dedos. Ese cambio<strong> altera las estimaciones de velocidad, la forma de cazar y tambi&eacute;n la manera en que el cuerpo del depredador se manten&iacute;a estable </strong>mientras corr&iacute;a detr&aacute;s de su presa entre &aacute;rboles, ra&iacute;ces y terreno irregular.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/t-rex-no-pisaba-plano-corria-dedos-forma-moverse-disparaba-capacidad-alcanzar-grandes-velocidades-pm_1_13041771.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 14:44:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinosaurios,Fósiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Taiwán saca a la luz un pequeño hueso que certifica la presencia de un gran depredador del Pleistoceno ya desaparecido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/taiwan-saca-luz-pequeno-hueso-certifica-presencia-gran-depredador-pleistoceno-desaparecido-pm_1_13006551.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/878bdd9a-9f72-424d-b336-ab75a7589a01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Taiwán saca a la luz un pequeño hueso que certifica la presencia de un gran depredador del Pleistoceno ya desaparecido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fauna antigua - Investigadores de National Taiwan University describieron en Historical Biology una pieza ósea encontrada en la Formación Chiting que sitúa a este ejemplar entre 800.000 y 400.000 años atrás y lo coloca por encima de las especies actuales en tamaño</p><p class="subtitle">Un fósil hallado en China muestra que algunos dinosaurios tenían espinas huecas en la piel hace 125 millones de años y obliga a replantear su evolución</p></div><p class="article-text">
        Una silueta gruesa se desliz&oacute; entre la vegetaci&oacute;n baja y qued&oacute; inm&oacute;vil junto al borde del agua. La <strong>pit&oacute;n</strong> avanz&oacute; despacio, con el cuerpo pegado al suelo h&uacute;medo, mientras segu&iacute;a el rastro de un peque&ntilde;o ungulado que hab&iacute;a bajado a beber y que a&uacute;n no hab&iacute;a notado la presi&oacute;n del peligro.
    </p><p class="article-text">
        El reptil tens&oacute; los m&uacute;sculos y lanz&oacute; el ataque, rodeando el torso del animal y apretando con fuerza hasta cortar su resistencia. El crujido de ramas anunci&oacute; la llegada de <strong>otro cazador de gran tama&ntilde;o </strong>y la serpiente levant&oacute; la cabeza, solt&oacute; parte del agarre y midi&oacute; la distancia con el reci&eacute;n llegado, consciente de que una lucha abierta pod&iacute;a costarle la presa y la vida.
    </p><h2 class="article-text">Un hallazgo en Tainan confirm&oacute; que en la isla habit&oacute; un reptil gigantesco hace cientos de miles de a&ntilde;os</h2><p class="article-text">
        Ese tipo de tensi&oacute;n entre grandes depredadores encaja con la imagen que ofrecen los<strong> f&oacute;siles del Pleistoceno medio en Taiw&aacute;n</strong>. Investigadores de National Taiwan University publicaron en la revista<em><strong> Historical Biology </strong></em>el hallazgo de una<strong> v&eacute;rtebra hallada en la Formaci&oacute;n Chiting</strong>, en Tainan, que demuestra que en la isla vivi&oacute; un gran Python entre hace 800.000 y 400.000 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        El equipo identific&oacute; el <strong>hueso como parte del tronco de una serpiente</strong> de al menos cuatro metros de longitud, una talla superior a la de las especies actuales de Taiw&aacute;n, que rara vez superan los tres metros. El estudio sit&uacute;a as&iacute; a este reptil en un <strong>ecosistema con depredadores de primer nivel</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La identificaci&oacute;n no se bas&oacute; en una intuici&oacute;n general, sino en rasgos anat&oacute;micos concretos. Los cient&iacute;ficos analizaron la forma de la <strong>zig&oacute;sfena</strong>, una estructura &oacute;sea que encaja las v&eacute;rtebras y limita la torsi&oacute;n del cuerpo. En los pitones esa pieza adopta una forma ancha y en cu&ntilde;a que permite distinguirlos de otras serpientes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La ausencia previa de pruebas había dejado un vacío difícil de explicar en la fauna antigua de la isla                            </span>
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        A partir de las medidas de esa v&eacute;rtebra y de modelos estad&iacute;sticos basados en ejemplares actuales, el equipo calcul&oacute; la longitud aproximada del animal. Los autores escribieron en<em> Historical Biology </em>que &ldquo;este f&oacute;sil representa la <strong>serpiente f&oacute;sil m&aacute;s grande y m&aacute;s inesperada de Taiw&aacute;n</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El registro paleontol&oacute;gico de la isla ya hab&iacute;a proporcionado restos de mam&iacute;feros, tortugas, cocodrilos y aves, pero nunca hab&iacute;a ofrecido pruebas de la presencia de pitones. La ausencia de estos constrictores en la isla principal resultaba llamativa si se tiene en cuenta que en buena parte del sudeste asi&aacute;tico abundan en selvas y humedales. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora no hab&iacute;a evidencias de que hubieran llegado cuando el nivel del mar era m&aacute;s bajo o de que hubieran desaparecido despu&eacute;s. La nueva pieza modifica esa imagen y obliga a revisar la historia ecol&oacute;gica del territorio.
    </p><h2 class="article-text">La coincidencia con otros grandes cazadores dibuj&oacute; un escenario muy distinto al actual</h2><p class="article-text">
        El gran reptil no viv&iacute;a aislado. En el mismo periodo coincidi&oacute; con <strong>otros depredadores de gran tama&ntilde;o</strong> como el felino de dientes de sable <em><strong>Homotherium</strong></em> y el cocodrilo de hocico alargado <em><strong>Toyotamaphimeia</strong></em>. Ambos desaparecieron hacia el final del Pleistoceno, en un proceso de extinci&oacute;n que afect&oacute; a numerosos animales de gran talla.
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores sugieren que el<strong> mismo episodio pudo acabar tambi&eacute;n con las serpientes gigantes</strong>. En el estudio se afirma que &ldquo;proponemos que el nicho de los superdepredadores en el ecosistema moderno puede haber permanecido vac&iacute;o desde la extinci&oacute;n del Pleistoceno&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Actualmente solo hay un gran depredador en Taiwán                            </span>
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        Esa hip&oacute;tesis parte de una comparaci&oacute;n entre el pasado y la fauna actual. Hoy la isla carece de grandes cazadores terrestres, salvo el oso negro de Formosa que es omn&iacute;voro, y su cadena tr&oacute;fica est&aacute; dominada por especies de menor tama&ntilde;o. El trabajo se&ntilde;ala que la desaparici&oacute;n de estos depredadores superiores produjo una <strong>renovaci&oacute;n profunda de la fauna</strong> y que el ecosistema terrestre quiz&aacute; no recuper&oacute; el equilibrio previo tras aquellas p&eacute;rdidas. Los autores hablan de un relevo dr&aacute;stico en la composici&oacute;n de especies y plantean que la estructura actual puede ser consecuencia directa de aquel episodio.
    </p><p class="article-text">
        La pieza que ha permitido abrir esta discusi&oacute;n es &uacute;nica y procede de un &uacute;nico hueso, pero su valor radica en el contexto en el que apareci&oacute;. La v&eacute;rtebra se recuper&oacute; en una formaci&oacute;n rica en f&oacute;siles y aporta una prueba concreta de la presencia de pitones en la isla durante el Pleistoceno medio. Los investigadores insisten en que nuevas campa&ntilde;as de excavaci&oacute;n y an&aacute;lisis a gran escala podr&aacute;n<strong> aclarar mejor c&oacute;mo se produjo ese cambio faun&iacute;stico</strong> y qu&eacute; factores influyeron en la desaparici&oacute;n de estos grandes cazadores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/taiwan-saca-luz-pequeno-hueso-certifica-presencia-gran-depredador-pleistoceno-desaparecido-pm_1_13006551.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 13:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Taiwán saca a la luz un pequeño hueso que certifica la presencia de un gran depredador del Pleistoceno ya desaparecido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Taiwán,Fósiles,Investigación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un nuevo dinosaurio aparece en Burgos con apenas 30 centímetros de altura y un cráneo del tamaño de una nuez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/nuevo-dinosaurio-aparece-burgos-apenas-30-centimetros-altura-craneo-tamano-nuez-pm_1_12960397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fca83b03-4f08-42bc-a6e0-ba165d08e61d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un nuevo dinosaurio aparece en Burgos con apenas 30 centímetros de altura y un cráneo del tamaño de una nuez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De bolsillo - El estudio de estos huesos minúsculos cambia la mirada sobre los dinosaurios de menor tamaño, hasta ahora poco valorados</p><p class="subtitle">¿Qué criatura marina pudo dejar una vértebra tan grande en Misisipi? Su fósil apunta a un depredador sin precedentes</p></div><p class="article-text">
        El suelo estaba cubierto de agujas secas que cruj&iacute;an bajo los pasos de las peque&ntilde;as criaturas. Entre las ra&iacute;ces retorcidas de los &aacute;rboles, cinco cuerpos &aacute;giles se mov&iacute;an con cuidado, levantando el hocico para olfatear el aire antes de arrancar un trozo de brote tierno. Los<strong> </strong><em><strong>Foskeia pelendonum</strong></em><strong> </strong>avanzaban en grupo, atentos a cada ruido que romp&iacute;a el silencio del bosque. Uno de ellos, el m&aacute;s joven, se detuvo al o&iacute;r el chasquido de una rama, y los dem&aacute;s giraron de golpe, tensos y quietos, hasta que el peligro se disip&oacute;. Despu&eacute;s reanudaron la b&uacute;squeda de hojas blandas entre las sombras, con los ojos fijos en los claros donde la luz se filtraba a trav&eacute;s de las copas.
    </p><h2 class="article-text">Un cuerpo &aacute;gil y una mand&iacute;bula preparada para sobrevivir en bosques densos</h2><p class="article-text">
        El equipo internacional dirigido por el paleont&oacute;logo<strong> Paul-&Eacute;mile Dieudonn&eacute; </strong>ha identificado en <strong>Burgos</strong> una nueva especie de dinosaurio herb&iacute;voro, <em>Foskeia pelendonum</em>, descrita en la revista <em><strong>Papers in Palaeontology</strong></em> como el ejemplar m&aacute;s peque&ntilde;o de su grupo y una pieza fundamental para entender c&oacute;mo evolucionaron los ornitisquios europeos durante el Cret&aacute;cico. El estudio sit&uacute;a a este animal en la familia <em>Rhabdodontidae</em>, lo que<strong> ampl&iacute;a el mapa de la evoluci&oacute;n de los herb&iacute;voros</strong> en el continente.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/2018388549964321024?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        El <strong>Colectivo Arqueol&oacute;gico y Paleontol&oacute;gico de Salas (CAS) </strong>present&oacute; el hallazgo como una de las mayores aportaciones de los &uacute;ltimos a&ntilde;os a la paleontolog&iacute;a europea. El descubrimiento tuvo lugar en el <strong>yacimiento de Vegagete</strong>, cerca de Villanueva de Carazo, donde se recuperaron cerca de<strong> 800 f&oacute;siles</strong>. De ellos, unos 350 pertenecen a seis individuos distintos, desde cr&iacute;as hasta adultos, seg&uacute;n detall&oacute; el propio Dieudonn&eacute;. &ldquo;La investigaci&oacute;n ha sido un desaf&iacute;o, ya que tuvimos que ensamblar varios fragmentos diminutos para reconstruir la mayor parte de su anatom&iacute;a&rdquo;, explic&oacute; el paleont&oacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        Los restos revelaron un <strong>cr&aacute;neo de 5,5 cent&iacute;metros</strong>, con una mand&iacute;bula adaptada a triturar vegetaci&oacute;n dura y dientes de estructura compleja. Este diminuto dinosaurio, que med&iacute;a entre 50 y 60 cent&iacute;metros de longitud y no superaba los 30 de altura, presenta un <strong>grado de desarrollo anat&oacute;mico </strong>que lo distingue de cualquier otro miembro conocido de su familia.
    </p><h2 class="article-text">Los f&oacute;siles revelan cambios en la forma de andar a lo largo de su crecimiento</h2><p class="article-text">
        Los estudios permitieron deducir que viv&iacute;a entre bosques cerrados y zonas h&uacute;medas donde pod&iacute;a <strong>ocultarse de los depredadores</strong>. Su cuerpo ligero y sus patas largas le daban agilidad para moverse con rapidez. Seg&uacute;n el an&aacute;lisis histol&oacute;gico, los ejemplares j&oacute;venes se desplazaban sobre dos patas y los adultos, con el tiempo, pasaban a hacerlo en cuatro, lo que revela un <strong>cambio de locomoci&oacute;n ligado al crecimiento</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados filogen&eacute;ticos situaron a <em>Foskeia pelendonum</em> en una posici&oacute;n singular dentro del linaje <em>Rhabdodontomorpha</em>, junto al <em>Muttaburrasaurus</em> australiano, lo que sugiere la existencia de v&iacute;nculos evolutivos entre continentes. Este hallazgo reaviv&oacute; el debate sobre la hip&oacute;tesis de <em>Phytodinosauria</em>, que propone <strong>agrupar a todos los dinosaurios herb&iacute;voros en un mismo linaje natural</strong>. Los autores del estudio consideran que las conexiones detectadas justifican revisar ese modelo.
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                Un equipo internacional identifica una nueva especie de dinosaurio en Burgos                            </span>
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        La provincia de Burgos acumula as&iacute; tres especies &uacute;nicas: el <em>Europatitan eastwoodi</em>, el <em>Demandasaurus darwini</em> y, ahora, el <em>Foskeia pelendonum</em>, que ampl&iacute;a la historia evolutiva de los dinosaurios ib&eacute;ricos. Cada nuevo hallazgo en esta regi&oacute;n a&ntilde;ade piezas valiosas al estudio de la fauna del Cret&aacute;cico temprano y apuntala la importancia cient&iacute;fica de sus yacimientos.
    </p><h2 class="article-text">Un descubrimiento peque&ntilde;o en tama&ntilde;o pero enorme en valor cient&iacute;fico</h2><p class="article-text">
        Los f&oacute;siles de <em>Foskeia</em> son, en apariencia, peque&ntilde;os fragmentos de hueso, pero su estudio ha <strong>cambiado la visi&oacute;n sobre los dinosaurios de menor tama&ntilde;o</strong>. Este grupo, antes considerado marginal, se revela ahora como una parte fundamental del rompecabezas evolutivo. Los investigadores apuntan que la diversidad de formas en miniatura, lejos de ser anecd&oacute;tica, fue esencial para el equilibrio de los ecosistemas del Cret&aacute;cico.
    </p><p class="article-text">
        El hallazgo demuestra que el tama&ntilde;o no determina la relevancia cient&iacute;fica. En este caso, un cr&aacute;neo del tama&ntilde;o de una nuez y un cuerpo que apenas llegaba al medio metro han bastado para<strong> replantear las teor&iacute;as sobre la evoluci&oacute;n de los herb&iacute;voros europeos</strong>. La historia de <em>Foskeia pelendonum</em> ejemplifica que incluso los restos m&aacute;s peque&ntilde;os pueden abrir grandes preguntas sobre el pasado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/nuevo-dinosaurio-aparece-burgos-apenas-30-centimetros-altura-craneo-tamano-nuez-pm_1_12960397.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Feb 2026 17:55:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un nuevo dinosaurio aparece en Burgos con apenas 30 centímetros de altura y un cráneo del tamaño de una nuez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinosaurios,Fósiles,España,Burgos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los animales que inauguraron la era de los vertebrados tenían cuatro ojos capaces de abarcar todo el horizonte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/animales-inauguraron-vertebrados-tenian-cuatro-ojos-capaces-abarcar-horizonte-pm_1_12959723.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/260614f7-dd87-4017-8b74-19c2b70b69f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los animales que inauguraron la era de los vertebrados tenían cuatro ojos capaces de abarcar todo el horizonte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fósiles - Un estudio publicado en Nature analizó fósiles de vertebrados primitivos y concluyó que los primeros representantes de este grupo pudieron contar con cuatro ojos funcionales</p></div><p class="article-text">
        El cuerpo de muchos animales actuales funciona con una norma sencilla que casi nadie cuestiona. Los mam&iacute;feros, los peces y el resto de vertebrados tienen <strong>dos ojos colocados a los lados de la cabeza</strong>, conectados al cerebro y coordinados para formar im&aacute;genes. Ese patr&oacute;n parece estable y repetido hasta el cansancio, aunque no siempre fue as&iacute;. Los vertebrados m&aacute;s antiguos conocidos no encajaban en ese esquema y mostraban una <strong>organizaci&oacute;n visual m&aacute;s amplia</strong>. Esa diferencia oblig&oacute; a revisar c&oacute;mo empez&oacute; realmente la visi&oacute;n en este grupo.
    </p><p class="article-text">
        Un trabajo publicado en la revista <em><strong>Nature</strong></em> analiz&oacute; f&oacute;siles del C&aacute;mbrico y concluy&oacute; que los primeros vertebrados contaban con<strong> cuatro ojos de tipo c&aacute;mara</strong>, no con dos. El estudio se centr&oacute; en restos bien conservados de animales sin mand&iacute;bulas que vivieron hace m&aacute;s de 500 millones de a&ntilde;os. Esos ejemplares pertenec&iacute;an a un<strong> grupo primitivo que ocupaba mares llenos de depredadores y competencia</strong> continuada. El hallazgo, por lo tanto, cambia la idea habitual sobre el origen del sistema visual vertebrado.
    </p><h2 class="article-text">Las estructuras del <em>Haikouichthys</em> muestran restos de pigmentos oculares</h2><p class="article-text">
        El equipo examin&oacute; f&oacute;siles de <em><strong>Haikouichthys ercaicunensis </strong></em>y de otra especie emparentada que no tiene nombre formal. Entre los dos ojos laterales aparec&iacute;an <strong>dos manchas oscuras </strong>que durante a&ntilde;os se interpretaron como sacos nasales. El an&aacute;lisis con microscop&iacute;a electr&oacute;nica y mapas elementales mostr&oacute; otra cosa. Esas estructuras conten&iacute;an <strong>melanosomas</strong>, los mismos org&aacute;nulos que aparecen en las retinas actuales y que gestionan la absorci&oacute;n de luz. Adem&aacute;s, cada una ten&iacute;a una forma redondeada regular que encajaba con la presencia de una lente.
    </p><p class="article-text">
        Los vertebrados actuales, desde peces hasta humanos, usan <strong>ojos de tipo c&aacute;mara con una sola lente que enfoca la luz sobre la retina</strong>. Encontrar ese dise&ntilde;o en los ojos laterales de un animal del C&aacute;mbrico no resulta extra&ntilde;o. Lo llamativo fue detectar el mismo sistema en un <strong>segundo par situado en la parte superior </strong>de la cabeza. Esa disposici&oacute;n permit&iacute;a cubrir casi todo el entorno sin girar el cuerpo. En un oc&eacute;ano dominado por grandes depredadores, ver alrededor pod&iacute;a marcar la diferencia entre escapar o desaparecer en las fauces de cualquier criatura.
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                Los cuatro ojos de aquellos peces primitivos ofrecían una vista panorámica capaz de detectar movimientos a ambos lados                            </span>
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        El estudio sugiere que esos <strong>cuatro ojos funcionaban al mismo nivel</strong> y no como simples sensores de luz. <strong>Jakob Vinther</strong>, paleont&oacute;logo de la Universidad de Bristol, explic&oacute; a<em> New Scientist </em>que &ldquo;probablemente pod&iacute;an distinguir bien los objetos, su forma y cierto grado de profundidad&rdquo;. Esa capacidad ofrec&iacute;a una visi&oacute;n amplia del entorno inmediato. No se trataba de detectar sombras, sino de <strong>formar im&aacute;genes &uacute;tiles </strong>para moverse y reaccionar.
    </p><h2 class="article-text">Los ojos adicionales terminaron convertidos en una gl&aacute;ndula cerebral</h2><p class="article-text">
        Con el tiempo,<strong> ese sistema dej&oacute; de existir</strong>. Mantener cuatro canales visuales exig&iacute;a un gasto energ&eacute;tico alto y un cerebro capaz de procesar mucha informaci&oacute;n al mismo tiempo. A medida que algunos de estos animales pasaron de ser presas a ocupar posiciones m&aacute;s activas como cazadores, la necesidad de vigilar todo el entorno se redujo. Dos ojos bien coordinados<strong> resultaban suficientes </strong>para seguir presas y orientarse. El segundo par, una vez en este escenario m&aacute;s c&oacute;modo, empez&oacute; a perder su funci&oacute;n original.
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores plantean que esos ojos medianos no desaparecieron sin dejar rastro. Con el paso de millones de a&ntilde;os se transformaron en la <strong>gl&aacute;ndula pineal</strong>, una peque&ntilde;a estructura situada en el cerebro de la mayor&iacute;a de los vertebrados. Hoy regula<strong> ritmos de sue&ntilde;o a trav&eacute;s de la melatonina </strong>y responde a ciclos de luz y oscuridad. En algunos animales mantiene una relaci&oacute;n con la percepci&oacute;n luminosa y recibe el apodo de <em>tercer ojo</em>.
    </p><p class="article-text">
        El estudio, firmado por<strong> Xiangtong Lei </strong>y publicado en 2026, no altera c&oacute;mo ven los animales actuales, pero s&iacute; aclara<strong> de d&oacute;nde procede ese dise&ntilde;o</strong>. La visi&oacute;n con dos ojos no fue el &uacute;nico camino posible, sino el resultado de una reducci&oacute;n funcional tras una etapa m&aacute;s compleja documentada ahora en el registro f&oacute;sil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/mundo-animal/animales-inauguraron-vertebrados-tenian-cuatro-ojos-capaces-abarcar-horizonte-pm_1_12959723.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Feb 2026 16:18:40 +0000]]></pubDate>
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