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    <title><![CDATA[elDiario.es - Madres]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/madres/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Madres]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Amigos con y sin hijos: cómo encontrar la fórmula para seguir quedando sin distanciarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/amigos-hijos-encontrar-formula-seguir-quedando-distanciarse_1_13578883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9873e10a-03eb-4e64-b442-db59d8bee5dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1153114.jpg" width="1020" height="574" alt="Amigos con y sin hijos: cómo encontrar la fórmula para seguir quedando sin distanciarse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Padres y no padres analizan los roces en la amistad cuando cambian los planes, los horarios y la disponibilidad</p><p class="subtitle">Ser madre a los 30: entre la prisa por el reloj biológico y la soledad ante la falta de amigas con hijos</p></div><p class="article-text">
        Un mensaje de WhatsApp que llegaba al grupo un viernes por la tarde sol&iacute;a bastar para organizar una cena o una salida improvisada el fin de semana, pero con la llegada del primer beb&eacute;, esa sencillez tiende a transformarse en un rompecabezas que exige tener en cuenta multitud de variables y puede terminar frustrando el plan.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Recuerdo una vez que me fui de viaje con mis amigas, el ni&ntilde;o ten&iacute;a tres meses y decid&iacute; llev&aacute;rmelo porque le daba el pecho, pero lo pas&eacute; fatal. Ellas no pensaban que hab&iacute;a un ni&ntilde;o y que hab&iacute;a que adaptar los planes, decidieron hacer una ruta por el campo por donde era imposible ir con un carro porque era complicada, ni siquiera pod&iacute;a ir yo con el ni&ntilde;o; por las noches quer&iacute;an salir a cenar a la calle y me ten&iacute;a que llevar al ni&ntilde;o; y, sobre todo, me vi saturada sin la ayuda de mi pareja, todo el d&iacute;a liada con el pecho y las cacas&rdquo;, cuenta &Aacute;ngela, de 32 a&ntilde;os, que trata de integrar a su hijo en sus planes, aunque reconoce que esa escapada rural le sirvi&oacute; de aprendizaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga Cristina Polo Sevilla, de la plataforma <a href="https://yees.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">yees!,</a> este tipo de choques son una experiencia com&uacute;n: &ldquo;Hay ciertas din&aacute;micas dentro de las relaciones de amistad que es normal que cambien cuando llega un beb&eacute;, ya no puede haber tanta espontaneidad a la hora de quedar, por ejemplo, hay que cuadrar mucho m&aacute;s todos los planes&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recuerdo una vez que me fui de viaje con mis amigas, el niño tenía tres meses y decidí llevármelo porque le daba el pecho, pero lo pasé fatal. Ellas no pensaban que había un niño y que había que adaptar los planes</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ángela</span>
                                        <span>—</span> 32 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La vida da un vuelco</h2><p class="article-text">
        La maternidad o paternidad modifica el espacio temporal y el mapa mental de quien la asume, asegura Polo Sevilla. &ldquo;Incluso cambian las prioridades, porque el foco pasa a estar en el hijo, sobre todo cuando es muy peque&ntilde;o, porque ocupa todo el espacio, tanto el temporal como el mental. Entonces da la sensaci&oacute;n de que la amistad pasa a un segundo plano, pero la realidad es que no es necesario establecer un orden de prioridades en cuanto al cari&ntilde;o, sino en cuanto a las necesidades y lo que necesita una y otra parte&rdquo;, desarrolla la psic&oacute;loga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los pocos meses que lleva siendo padre, Alberto, de 30 a&ntilde;os, cree que es dif&iacute;cil entender la situaci&oacute;n si no se vive: &ldquo;Te cambia la vida. Incluso a nivel mental, se te mete un sentimiento de hogar en el cuerpo y estar lejos de &eacute;l es un suplicio&rdquo;. &ldquo;Echo de menos salir alguna noche de fiesta y hacer alg&uacute;n plan m&aacute;s, pero ves al peque y se te pasa&rdquo;, admite.
    </p><p class="article-text">
        Helena, de 41 a&ntilde;os y madre por partida triple, coincide en que &ldquo;es algo dif&iacute;cil de entender si no lo has vivido, muchas mujeres <a href="https://www.eldiario.es/nidos/madre-30-prisa-reloj-biologico-soledad-falta-amigas-hijos_1_12204936.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se sienten solas despu&eacute;s de ser madres</a> porque su c&iacute;rculo m&aacute;s cercano no entiende por lo que est&aacute; pasando&rdquo;. &ldquo;La maternidad lo cambia todo: desde la relaci&oacute;n de pareja hasta la forma en que te ves a ti misma y las relaciones de amistad&rdquo;, resume.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quedar era dificilísimo, todo tenía que ser cerca de su casa, me parecía una exagerada con todo y aburridísimo que el único tema de conversación fueran sus niños. No supe acompañarla y nos alejamos bastante</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Helena</span>
                                        <span>—</span> 41 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">D&oacute;nde est&aacute; mi amiga</h2><p class="article-text">
        Ella misma reconoce haber vivido la perspectiva opuesta a los 28 a&ntilde;os, cuando su mejor amiga tuvo mellizos y ella no supo encajar el giro. &ldquo;Mi vida era otra, yo no ten&iacute;a ni trabajo estable ni planes de familia y no entend&iacute;a absolutamente nada. Quedar era dificil&iacute;simo, todo ten&iacute;a que ser cerca de su casa, me parec&iacute;a una exagerada con todo y aburrid&iacute;simo que el &uacute;nico tema de conversaci&oacute;n fueran sus ni&ntilde;os. No supe acompa&ntilde;arla y nos alejamos bastante&rdquo;, recuerda, solo a&ntilde;os despu&eacute;s &ldquo;cuando me convert&iacute; en madre lo entend&iacute;&rdquo;, confirma.
    </p><p class="article-text">
        Para quienes permanecen sin hijos dentro de grupos formados mayoritariamente por padres, el reto consiste en reubicar el espacio com&uacute;n. &ldquo;Hac&iacute;amos siempre un viaje anual y lo hemos adaptado a una escapada de tres d&iacute;as. Algunas hacen m&aacute;s sacrificios por no perd&eacute;rselo y otras no hacen tanto esfuerzo con la excusa del cansancio y de los ni&ntilde;os y prefieren quedarse en casa muchas veces&rdquo;, relata Cristina, de 32 a&ntilde;os, que valora que la relaci&oacute;n con sus amigas no ha cambiado cuando se han convertido en madres, aunque s&iacute; lo han hecho sus din&aacute;micas y comportamientos. &ldquo;No son las t&iacute;picas pesadas que solo hablan de los ni&ntilde;os; cuando quedamos siempre vienen con ellos, pero te adaptas, ya est&aacute;n superintegrados&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Laura, de 38 a&ntilde;os, ha acompa&ntilde;ado a muchas de sus amigas en la maternidad desde ese plano de integraci&oacute;n. &ldquo;Los hijos de mis amigas <a href="https://www.eldiario.es/nidos/tia-favorita-figura-importante-ninos-adolescentes_1_12950375.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">son para m&iacute; de mi familia</a> y disfruto mucho vi&eacute;ndolas como mam&aacute;s. S&iacute; es cierto que en momentos concretos echas de menos que est&eacute;n en un festival, pero entiendo que las circunstancias y las responsabilidades cambian y las relaciones evolucionan&rdquo;, comparte.
    </p><h2 class="article-text">Incomprendidos vs. desplazados</h2><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil que quien ha tenido un hijo sienta que sus amigos no comprenden sus limitaciones, como tener que cancelar varios planes en el &uacute;ltimo momento porque el beb&eacute; est&aacute; indispuesto, mientras que los amigos sin hijos sienten que la amistad ha pasado a un segundo plano o que la conversaci&oacute;n gira exclusivamente en torno a la crianza. &ldquo;Aparece cierta asimetr&iacute;a porque los planes empiezan a girar en torno a la disponibilidad de quienes son padres, y quienes no lo son sienten que tienen que estar adapt&aacute;ndose continuamente&rdquo;, se&ntilde;ala la psic&oacute;loga Polo Sevilla.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aparece cierta asimetría porque los planes empiezan a girar en torno a la disponibilidad de quienes son padres, y quienes no lo son sienten que tienen que estar adaptándose continuamente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cristina Polo Sevilla</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para evitar caer en esa grieta, la empat&iacute;a debe ser mutua. &ldquo;Las personas que tenemos hijos podemos ser un poco acaparadoras con las conversaciones de hijos, porque al final necesitas desahogarte y sentir que lo que te est&aacute; pasando tambi&eacute;n le est&aacute; pasando a m&aacute;s gente&rdquo;, reconoce &Aacute;ngela. &ldquo;Yo intento siempre tener un poquito de cuidado y ver si hay personas que pueden sentirse fuera de la conversaci&oacute;n y se est&aacute;n aburriendo. A las madres tambi&eacute;n nos viene bien hablar de cultura, de pol&iacute;tica o de los ligues de tu amiga soltera&rdquo;, alega.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; me pasa mucho que cuando quedo con amigas o amigos que no tienen hijos y mis hijos est&aacute;n presentes me sabe mal. Hay una sensaci&oacute;n de que los ni&ntilde;os molestan y pienso que no van a entender algunas cosas o que mis hijos pueden llegar a molestarles&rdquo;, confiesa Helena, lo que a veces le complica la log&iacute;stica de quedar con ellos al tener tres hijos. &ldquo;La experiencia me dice todo lo contrario, que los amigos entienden mi situaci&oacute;n y se amoldan bastante a ella, pero es m&aacute;s por m&iacute;, como una especie de autocensura&rdquo;, matiza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de mantener intactas las rutinas para que la relaci&oacute;n siga siendo sostenible, sino de acordar nuevas formas de encuentro. &ldquo;Una buena parte del sufrimiento psicol&oacute;gico aparece cuando la realidad no encaja con nuestras expectativas. Aceptar esto significa entender que, durante un tiempo, la relaci&oacute;n puede necesitar m&aacute;s flexibilidad y menos exigencia&rdquo;, apunta <a href="https://www.ikfamily.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Iker Burutxaga</a>, padre y psic&oacute;logo cl&iacute;nico especializado en el &aacute;mbito de la familia y el apego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una amistad no depende &uacute;nicamente de la frecuencia con la que nos vemos, de la cantidad de planes que hacemos juntos o de la facilidad con la que podemos quedar. Depende tambi&eacute;n de sentir que seguimos siendo importantes para el otro, de que existe inter&eacute;s, cari&ntilde;o, confianza y una historia compartida que contin&uacute;a teniendo un lugar en nuestras vidas&rdquo;, destaca el psic&oacute;logo, que propone que sean los amigos sin hijos quienes faciliten el contacto en lo pr&aacute;ctico. &ldquo;Quiz&aacute; ya no pueda quedar un viernes por la noche, pero s&iacute; pueda dar un paseo un s&aacute;bado por la ma&ntilde;ana o mantener una conversaci&oacute;n por tel&eacute;fono mientras pasea con el ni&ntilde;o. No se trata de insistir constantemente ni de exigir atenci&oacute;n, sino de mantener el v&iacute;nculo sin esperar siempre una respuesta inmediata y transmitir que sigo aqu&iacute;&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Desde la perspectiva de quien no tiene hijos, Laura enfatiza que la disposici&oacute;n afectiva es la clave: &ldquo;No hay ning&uacute;n truco de magia, es querer y empatizar con los nuevos ritmos de vida&rdquo;. &ldquo;A veces damos por hecho que estamos ah&iacute; simplemente porque seguimos estando, pero ahora me planteo si mis amigas se sintieron solas en el posparto. Hacernos esa pregunta es importante para acompa&ntilde;ar de la mejor manera&rdquo;, plantea.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Una amistad no depende únicamente de la frecuencia con la que nos vemos, de la cantidad de planes que hacemos juntos o de la facilidad con la que podemos quedar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Iker Burutxaga</span>
                                        <span>—</span> psicólogo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los padres, por su parte, tambi&eacute;n pueden tomar la iniciativa a la hora de proponer alternativas. &ldquo;Yo suelo ser bastante proactiva a la hora de proponer planes y pienso en sitios donde el ni&ntilde;o vaya a estar bien, que no sea el t&iacute;pico bar cerrado de taburetes donde yo vaya a tener que estar todo el rato corriendo detr&aacute;s de &eacute;l&rdquo;, asegura &Aacute;ngela.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La evoluci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        La llegada de los hijos tiene tambi&eacute;n el poder de actuar como filtro en la reordenaci&oacute;n de las amistades. &ldquo;Hay amistades que se refuerzan mucho, otras que siguen igual y otras que desaparecen, depende del momento vital que viva cada uno&rdquo;, reflexiona Alberto en primera persona.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las relaciones s&oacute;lidas van a encontrar nuevas formas de encontrarse. La amistad evoluciona hacia un entorno m&aacute;s maduro, flexible y capaz de adaptarse al contexto de cada uno&rdquo;, concuerda la psic&oacute;loga Polo Sevilla. &ldquo;Aquellas amistades que sean m&aacute;s superficiales, que est&eacute;n relacionadas con un &aacute;mbito en concreto o que dependan mucho de la disponibilidad, s&iacute; que se pueden ver m&aacute;s delimitadas. Tambi&eacute;n es una oportunidad para conocer m&aacute;s a la otra persona, nos puede ayudar a profundizar&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los v&iacute;nculos mutan y los afectos genuinos pueden reencontrarse tiempo despu&eacute;s. &ldquo;Con los a&ntilde;os, algunas amigas me han dicho 'siento no haber estado a la altura cuando fuiste madre, no ten&iacute;a ni idea de lo que significaba esto'. Son gestos muy bonitos que demuestran que las relaciones se transforman si ambas partes participan en la adaptaci&oacute;n&rdquo;, subraya Helena, que tras ser madre por primera vez se sinti&oacute; sola y busc&oacute; apoyo en otros padres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No interpretar los cambios como una falta de inter&eacute;s y entender que la adaptaci&oacute;n no puede recaer siempre en la misma persona son algunas de las claves en las que unos y otros parecen estar de acuerdo. Habr&aacute; planes que desaparezcan y otros nuevos por inventar, pero si la amistad est&aacute; por encima de conciertos, cenas tard&iacute;as o viajes improvisados, no tiene por qu&eacute; dejar de ser una amistad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/amigos-hijos-encontrar-formula-seguir-quedando-distanciarse_1_13578883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Oct 2026 20:35:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amigos con y sin hijos: cómo encontrar la fórmula para seguir quedando sin distanciarse]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Amistad,Padres,Madres,Maternidad,familia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quién compra los calcetines: cuando el cambio de armario se convierte en una trampa (también sentimental) para las madres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/compra-calcetines-cambio-armario-convierte-trampa-sentimental-madres_129_13572058.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/069d297b-ca52-4b38-9e11-0cef907e2285_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién compra los calcetines: cuando el cambio de armario se convierte en una trampa (también sentimental) para las madres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Comprar ropa para las criaturas no parece una gran tarea doméstica. Nadie llega a la cena anunciando que ha dedicado dos horas y media a asegurarse de que tienen ropa de su talla: sencillamente, una mañana abren un cajón y allí están los calcetines, los calzoncillos, las camisetas y los pantalones de deporte</p><p class="subtitle">¿Quién contesta los mensajes en los chats de padres?</p></div><p class="article-text">
        Cada vez que mis criaturas han necesitado ropa interior o calcetines, he sabido que me esperaba una peque&ntilde;a y muy poco apetecible expedici&oacute;n por una de esas tiendas de moda pantagru&eacute;licas, de varias plantas, en las que una puede recorrer varios kil&oacute;metros sin abandonar el edificio y donde todo cuesta tan poco que resulta inevitable preguntarse, en alg&uacute;n momento del trayecto entre la secci&oacute;n de pijamas y las cajas, qui&eacute;n est&aacute; pagando realmente el precio de esa fiesta.
    </p><p class="article-text">
        He tenido que prepararme f&iacute;sica y an&iacute;micamente para entrar en ellas y he salido, finalizada la misi&oacute;n, sinti&eacute;ndome una hero&iacute;na que ha concluido con &eacute;xito una labor tit&aacute;nica, una cazadora que regresa con las presas que alimentar&aacute;n a su familia, una diosa sin altar capaz de encontrar, entre cinco plantas, cuarenta percheros y una multitud de andar err&aacute;tico, seis pares de calcetines de la talla correcta, un <em>pack</em> de cinco calzoncillos con el&aacute;sticos que no aprieten y los pantalones de ch&aacute;ndal con los colores y superh&eacute;roes que el ni&ntilde;o est&aacute; dispuesto a lucir.
    </p><p class="article-text">
        Parece una lista sencilla hasta que est&aacute;s all&iacute; y descubres que hay cola para subir en el ascensor, turistas que compran maletas en las que meter toda la ropa que acaban de comprar tirada de precio &mdash;porque s&iacute;: es obscenamente barato&mdash; y personas que avanzan por los pasillos con una docena de perchas colgadas de un brazo. La secci&oacute;n de ropa infantil parece estar siempre en el lugar contrario a aquel por el que has entrado, as&iacute; que caminas por una planta circular y das varias vueltas hasta encontrar los pantalones; compruebas que quede talla. Ya que est&aacute;s, te haces con un par de sudaderas y, cuando por fin tienes todo, vuelves a hacer cola para pagar y tambi&eacute;n para volver a pisar la calle. Sales, entonces, cargada de ropa &mdash;compras m&aacute;s de la que necesitas para evitar repetir el mismo plan durante al menos cuatro meses&mdash; y con la sensaci&oacute;n &mdash;triste y desproporcionada&mdash; de haber vencido al sistema. Ja.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El cambio de armario tiene, además, una trampa sentimental. No toda la ropa que se queda pequeña puede meterse sin más en una bolsa. Hay prendas que han perdido cualquier utilidad y que, sin embargo, una se queda mirando unos segundos de más</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Comprar ropa para las criaturas no parece una gran tarea dom&eacute;stica. Nadie llega a la cena anunciando que ha dedicado dos horas y media a asegurarse de que tienen ropa de su talla: sencillamente, una ma&ntilde;ana abren un caj&oacute;n y all&iacute; est&aacute;n los calcetines, los calzoncillos, las camisetas y los pantalones de deporte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dos veces al a&ntilde;o llega, adem&aacute;s, el cambio de armario, una operaci&oacute;n que consiste en revisar la ropa, comprobar qu&eacute; sigue sirviendo, separar lo que se ha quedado peque&ntilde;o, decidir qu&eacute; se guarda para un hermano, primo o amigo m&aacute;s peque&ntilde;o, qu&eacute; se tira y qu&eacute; habr&aacute; que volver a comprar. Es el momento en el que empiezan a circular las bolsas de rafia de supermercado entre amigas y familiares.
    </p><p class="article-text">
        El cambio de armario tiene, adem&aacute;s, una trampa sentimental. No toda la ropa que se queda peque&ntilde;a puede meterse sin m&aacute;s en una bolsa. Hay prendas que han perdido cualquier utilidad y que, sin embargo, una se queda mirando unos segundos de m&aacute;s: varios pares de patucos de ganchillo, el primer <em>body</em> con el osito bordado, la funda con forma de pez para la sillita de paseo, la camiseta de los Rolling Stones talla seis meses, la camiseta del <em>Yellow Submarine</em> de los Beatles en talla nueve, el jerseicito azul que guardaste para el futuro hijo de una amiga que nunca fue madre.
    </p><p class="article-text">
        Utilic&eacute; las primeras Converse de mi hija como llavero hasta que se descosi&oacute; la leng&uuml;eta. Sabes que no puedes conservarlo todo &mdash;a menos que quieras legar a tus hijos veinte cajas de ropa que ellos tirar&aacute;n sin contemplaciones dentro de treinta a&ntilde;os&mdash;, pero tampoco resulta tan sencillo decidir qu&eacute; parte de su infancia cabe en una bolsa para donar. As&iacute; que algunas cosas vuelven al armario, no porque vayan a servirle a nadie, sino porque todav&iacute;a no est&aacute;s preparada para que se vayan.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Por fortuna, la ropa infantil tiene una segunda vida sorprendentemente bien organizada. Pasa de una prima a otra, de los hijos mayores de unas amigas a los pequeños de otras, de una casa a la siguiente, en una red informal que atraviesa ciudades, grupos de WhatsApp y generaciones</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por fortuna, la ropa infantil tiene una segunda vida sorprendentemente bien organizada. Pasa de una prima a otra, de los hijos mayores de unas amigas a los peque&ntilde;os de otras, de una casa a la siguiente, en una red informal que atraviesa ciudades, grupos de WhatsApp y generaciones. Las bolsas, al menos en mi entorno, parecen saber perfectamente a qu&eacute; manos deben llegar. En casa ocurr&iacute;a as&iacute;: el mejor amigo de mi entonces pareja estaba separado. Se conoc&iacute;an desde los doce a&ntilde;os: hab&iacute;an viajado juntos, se hab&iacute;an emborrachado juntos, iban al cine juntos, tomaban juntos las ca&ntilde;as de los domingos mientras comentaban la actualidad pol&iacute;tica con la convicci&oacute;n de dos tertulianos de La Sexta a los que &uacute;nicamente les faltaba que alguien les pusiera un micr&oacute;fono delante. Este amigo tiene dos hijos mayores que los nuestros y, cuando llegaba el momento de su cambio de armario, aparec&iacute;a en nuestra casa cargado con enormes bolsas de ropa en muy buen estado que mi hijo podr&iacute;a aprovechar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquellos dos hombres hab&iacute;an compartido colegio, adolescencia, vacaciones, novias, resacas, pel&iacute;culas, entierros, media vida. Pero cuando llegaba con los bolsones de pantalones y cazadoras de invierno, abrazaba a su amigo con sonoras palmadas en la espalda y a m&iacute; me daba dos besos y las consabidas bolsas. Era yo, pues, quien sacaba las prendas de las bolsas, comprobaba las tallas, separaba lo que pod&iacute;a servir, lavaba lo necesario o guardaba lo que todav&iacute;a era demasiado grande al fondo del armario para la siguiente temporada.
    </p><p class="article-text">
        No creo que ninguno de ellos se hubiera sentado jam&aacute;s a decidir que aquello era responsabilidad m&iacute;a; probablemente, ni siquiera se les hab&iacute;a ocurrido que hubiese una responsabilidad que asignar. La bolsa, simplemente, encontraba su destino, como otras tantas cosas, porque algunas tareas se repiten tantas veces en las mismas manos que dejan de parecer tareas y empiezan a confundirse con virtudes de la persona que las ejerce: ella sabe mejor qu&eacute; talla usan. Ella sabe d&oacute;nde comprar lo necesario. Ella se fija m&aacute;s en esas cosas&hellip; o lleva diez a&ntilde;os haci&eacute;ndolo casi en exclusiva.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; conviene a&ntilde;adir una de esas advertencias que aparecen al pie de algunos correos electr&oacute;nicos que recibo, sobre todo por parte de personas aut&oacute;nomas: &ldquo;Mis horas de trabajo pueden no ser las tuyas. Por favor, no sientas la obligaci&oacute;n de responder a este email fuera de tu horario laboral&rdquo;. Que nadie sienta que lo que cuento aqu&iacute; es extrapolable a todas las familias. Esta es mi burbuja y mi intuici&oacute;n dice que tambi&eacute;n la de muchas de las personas que me rodean, pero no quiero generalizar y, sobre todo, no quiero desmerecer el trabajo de quienes ejercen una crianza corresponsable.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La bolsa, simplemente, encontraba su destino, como otras tantas cosas, porque algunas tareas se repiten tantas veces en las mismas manos que dejan de parecer tareas y empiezan a confundirse con virtudes de la persona que las ejerce: ella sabe mejor qué talla usan</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los datos, con todas las cautelas que exige cualquier encuesta, indican, sin embargo, que mi colecci&oacute;n de bolsas, cambios de armario y calcetines tampoco ocurre en un completo vac&iacute;o estad&iacute;stico. <a href="https://yonorenuncio.com/nuestra-lucha/estudio-el-peso-invisible-de-la-maternidad-2025/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El peso invisible de la maternidad</em></a>, publicado en 2025 por la Asociaci&oacute;n Yo No Renuncio a partir de m&aacute;s de 20.000 respuestas de mujeres de toda Espa&ntilde;a, recoge que el 86% de las que conviven en pareja asume la responsabilidad principal de la <a href="https://www.eldiario.es/nidos/experiencia-criando-nina-hombre-14-anos-mayor-recae-agotada_129_12093881.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">organizaci&oacute;n familiar</a> y la carga mental: pensar, anticipar, coordinar. No preguntaron qui&eacute;n compra los calcetines, pero cuesta encontrar una definici&oacute;n m&aacute;s exacta de todo lo que sucede antes de llegar a la tienda.
    </p><p class="article-text">
        El informe <a href="https://www.cepaim.org/publicacion/estado-de-las-paternidades-en-espana-2026" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Estado de las Paternidades en Espa&ntilde;a 2026</em></a> de CONVIVE Fundaci&oacute;n Cepaim aporta un matiz necesario: las paternidades avanzan hacia modelos m&aacute;s implicados, afectivos y presentes, y m&aacute;s del 70% de las parejas considera que las tareas est&aacute;n justamente repartidas. La percepci&oacute;n, sin embargo, es m&aacute;s frecuente entre los padres que entre las madres y la brecha persiste especialmente en la <a href="https://www.eldiario.es/nidos/psicologa-carga-fisica-mental-maternidad-google-calendar-humano-no-descansa-xp_1_13189474.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">carga mental</a>. Ah&iacute; cabe perfectamente una pareja convencida de que cr&iacute;a al cincuenta por ciento en la que solo una de las dos personas sabe que quedan calcetines suficientes en el caj&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La convivencia permite mantener esas especializaciones sin prestarles demasiada atenci&oacute;n. Una separaci&oacute;n, en cambio, convierte una casa en dos y obliga a aprender cosas que hasta entonces sab&iacute;a el otro. Para algunos padres, la primera vez que tienen que renovar por su cuenta deportivas o pijamas llega entonces, no porque antes fueran incapaces de hacerla ni porque no cuidaran de sus hijos, sino porque otra persona sab&iacute;a qu&eacute; talla usaban, cu&aacute;ntos necesitaban y cu&aacute;ndo tocaba renovarlos.
    </p><p class="article-text">
        La carga mental tiene precisamente esa cualidad: cuesta verla porque buena parte de su trabajo sucede antes de que suceda nada. Antes de comprar las prendas necesarias, alguien ha tenido que darse cuenta de qu&eacute; falta. Antes de que una bolsa de ropa pueda seguir circulando, alguien ha decidido qu&eacute; se queda, qu&eacute; se guarda y qu&eacute; sale de casa. Qui&eacute;n cocina, qui&eacute;n limpia o qui&eacute;n lleva a los ni&ntilde;os a los partidos de baloncesto son preguntas f&aacute;ciles. Luego est&aacute;n las otras, las que nadie llega a hacer porque, antes de que falten los calcetines, alguien ya ha ido a comprarlos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/compra-calcetines-cambio-armario-convierte-trampa-sentimental-madres_129_13572058.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 20:10:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quién compra los calcetines: cuando el cambio de armario se convierte en una trampa (también sentimental) para las madres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Madres,Padres,familias,Igualdad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“No puedo ser la madre que me gustaría”: por qué la maternidad resulta tan imposible para las 'millennials']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-madre-gustaria-maternidad-resulta-imposible-millennials_1_13566820.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82074118-c704-438d-a409-e2e4d2c92882_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x433y161.jpg" width="1200" height="675" alt="“No puedo ser la madre que me gustaría”: por qué la maternidad resulta tan imposible para las &#039;millennials&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En comparación con generaciones anteriores, las mujeres de hoy en día tienen un mayor nivel de estudios, trabajan y participan más en el cuidado de los hijos. ¿Hay alguna forma de evitar sentirse completamente abrumada?</p><p class="subtitle">La trampa del “tiempo confeti”: pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa</p></div><p class="article-text">
        Una ma&ntilde;ana temprano, desesperada, Katherine cogi&oacute; el m&oacute;vil y le pregunt&oacute; a <a href="https://www.theguardian.com/technology/chatgpt" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ChatGPT</a> c&oacute;mo hacer que su vida funcionara. Introdujo su horario de trabajo, el horario laboral de su marido, los d&iacute;as en que su hija de tres a&ntilde;os ten&iacute;a escuela infantil, el horario escolar &mdash;adem&aacute;s de los horarios de antes y despu&eacute;s del colegio&mdash; de su hija de seis a&ntilde;os; la flexibilidad que le ofrec&iacute;a su trabajo y el apoyo que recib&iacute;a de los abuelos, y le pregunt&oacute; a la IA si pod&iacute;a ayudarla a que las cosas le resultaran un poco m&aacute;s llevaderas.
    </p><p class="article-text">
        Le cont&oacute; al <em>chatbot </em>que se levanta entre las 5:00 o las 5:30 de la ma&ntilde;ana, para poder &ldquo;adelantarse a los ni&ntilde;os&rdquo;. Aprovecha ese tiempo para ducharse tranquilamente, empezar a preparar la fiambrera de su hija o, si le va muy bien, hacer un poco de ejercicio. Las ni&ntilde;as se despiertan entre las 5:30 y las 6:00 de la ma&ntilde;ana y, a partir de ese momento, empieza una fren&eacute;tica carrera para tenerlas listas para salir hacia el colegio y la guarder&iacute;a a las 7:00 horas. No es precisamente el comienzo tranquilo del d&iacute;a que a ninguna de ellas le gustar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Bajan y quieren un abrazo en el sof&aacute;, y yo no paro de decirles: 'Lo siento mucho, tengo que preparar las fiambreras'&rdquo;, cuenta Katherine.
    </p><p class="article-text">
        Tras el fren&eacute;tico <em>sprint</em> dom&eacute;stico, las ni&ntilde;as salen por la puerta con su padre, que las deja de camino al trabajo y las recoge al final del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Entonces tengo muy poco tiempo para prepararme y salgo corriendo por la puerta; el trayecto en autob&uacute;s me sirve para bajar las revoluciones un poco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al final del d&iacute;a, vuelven a hacer lo mismo, pero al rev&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Katherine describe su dilema junto a una piscina cubierta con exceso de calefacci&oacute;n en S&iacute;dney, donde nuestras hijas tienen clases la misma tarde entre semana.
    </p><p class="article-text">
        Ella y yo no nos conocemos fuera del contexto de las clases de nataci&oacute;n, pero ambas tenemos hijas de seis a&ntilde;os que han empezado este a&ntilde;o en colegios de primaria locales y otras de tres que se turnan para intentar escaparse de la piscina cuando las clases ya no les divierten, as&iacute; que hemos acabado charlando.
    </p><p class="article-text">
        Y surge el tema del malabarismo imposible de las madres <em>millennials</em> &mdash;en t&eacute;rminos generales, las nacidas entre 1980 y 1994&mdash;, como ocurre casi inevitablemente cuando las mujeres de nuestra edad y etapa de la vida nos reunimos. Porque, aunque las preguntas de Katherine a ChatGPT puedan parecer gritos desesperados de ayuda de una mujer al l&iacute;mite, la realidad es que no es un caso aislado.
    </p><p class="article-text">
        A los pocos minutos de conocernos en las gradas de los partidos de f&uacute;tbol, al dejar a los ni&ntilde;os en la escuela o al recogerlos de las extraescolares, las mujeres nos bombardeamos con preguntas. &iquest;C&oacute;mo lo haces? &iquest;Qu&eacute; cosas se te escapan de las manos? &iquest;Por qu&eacute; te sientes as&iacute;?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A los pocos minutos de conocernos en las gradas de los partidos de fútbol, al dejar a los niños en la escuela o al recogerlos de las extraescolares, las mujeres nos bombardeamos con preguntas. ¿Cómo lo haces? ¿Qué cosas se te escapan de las manos? ¿Por qué te sientes así?</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">&ldquo;No est&aacute;s criando a tus hijos como quer&iacute;as&rdquo;</h2><p class="article-text">
        La semana pasada se puso de relieve el impacto econ&oacute;mico que supone para los padres de hoy en d&iacute;a el malabarismo diario, con <a href="https://www.theguardian.com/australia-news/2026/sep/23/cost-of-raising-two-children-in-australia-has-risen-134-in-two-decades-study-says" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un nuevo estudio</a> que revela que el coste que supone para las familias australianas criar a dos o m&aacute;s hijos ha aumentado hasta al menos 36.500 d&oacute;lares al a&ntilde;o. El coste de mantener a flote a una familia ha aumentado un 134% en dos d&eacute;cadas, mientras que los ingresos familiares solo han crecido un 102% en el mismo periodo. [En Espa&ntilde;a, el gasto medio por ni&ntilde;o al mes en 2024 era de 758 euros, seg&uacute;n recoge un <a href="https://www.savethechildren.es/coste-de-la-crianza" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> Save The Children. Y este aument&oacute; en un 15% entre 2022 y 2024 mientras que el IPC subi&oacute; un 9,5%].
    </p><p class="article-text">
        Georgie Dent, directora ejecutiva de The Parenthood, organizaci&oacute;n que public&oacute; el estudio, afirma que tener hijos reduce los ingresos de las mujeres australianas en una media del 55% durante los primeros cinco a&ntilde;os y que las familias australianas necesitan ahora dos fuentes de ingresos para salir adelante. No es una exageraci&oacute;n. En un cambio bastante radical para la estructura laboral del pa&iacute;s, en 2024 se convirti&oacute; por primera vez en la situaci&oacute;n m&aacute;s habitual que ambos padres trabajaran a tiempo completo en los hogares con hijos menores de 15 a&ntilde;os. A pesar de ello, afirma Dent, hay menos margen de maniobra en los presupuestos familiares. Mientras tanto, el &uacute;ltimo <a href="https://www.theguardian.com/australia-news/2026/sep/21/jim-chalmers-intergenerational-report-2026-deaths-outnumber-births-australia2060s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe intergeneracional</a> del Gobierno federal advierte de que se prev&eacute; que cada vez menos australianos tengan hijos en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Katherine siente esta realidad econ&oacute;mica de forma aguda, como un gran peso opresivo.
    </p><p class="article-text">
        Tras introducir todas las variables de su vida en ChatGPT, las sugerencias que le dio el chatbot resultaban imposibles. Le sugiri&oacute; que trabajara desde casa &mdash;algo que no es una opci&oacute;n&mdash; o a tiempo parcial.
    </p><p class="article-text">
        Katherine ya trabaja cuatro d&iacute;as a la semana; trabajar menos d&iacute;as remunerados significar&iacute;a que la familia tendr&iacute;a dificultades econ&oacute;micas. Todo su sueldo se destina a la hipoteca. Antes cubr&iacute;a los gastos, pero, tras las m&uacute;ltiples subidas de los tipos de inter&eacute;s, ya no es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si pudiera pasar a cinco d&iacute;as, supondr&iacute;a un aumento del 20%, lo cual no es poca cosa. He estado muy tentada de hacerlo&rdquo;. Sin embargo, eso significar&iacute;a pasar a&uacute;n menos tiempo con sus hijas.
    </p><p class="article-text">
        Bajar de los cuatro d&iacute;as a la semana no solo ser&iacute;a una imposibilidad econ&oacute;mica, sino que significar&iacute;a que ya no podr&iacute;a desempe&ntilde;ar su trabajo como ella quiere, ni de una forma que le permitiera que la tomaran en serio. &ldquo;Me ahogar&iacute;a y no valdr&iacute;a la pena contratarme&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Al final, lo m&aacute;s importante que ChatGPT le ofreci&oacute; a Katherine fue empat&iacute;a y un espejo sin concesiones ante el que se reflejaba su vida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;ChatGPT me dijo algo as&iacute; como: 'Vaya, qu&eacute; interesante, lo que acabas de decir es que no est&aacute;s pudiendo ejercer la maternidad como siempre has querido y&hellip; te sientes limitada, y creo que esa es una experiencia muy com&uacute;n'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que una m&aacute;quina dise&ntilde;ada para rastrear los confines m&aacute;s rec&oacute;nditos del conocimiento humano publicado, sintetizar toda esa informaci&oacute;n y ofrecer diagn&oacute;sticos y soluciones solo pudiera ofrecerle una valoraci&oacute;n cruda de su vida y ninguna respuesta real la dej&oacute; destrozada. &ldquo;Me qued&eacute; all&iacute; sentada con los ojos encharcados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es que quiera estar en casa cinco d&iacute;as a la semana. No quiero ser exactamente como era mi madre. Pero quiero recogerlos del colegio y llevarlos a casa, y terminar el d&iacute;a tranquilamente con ellos. No hay forma alguna de que pueda hacer eso&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es como si no pararas de quejarte de lo mismo a tus amigas una y otra vez y nadie tuviera ni idea de cómo solucionarlo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Katherine</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Una cuesti&oacute;n de tiempo</h2><p class="article-text">
        Aunque el creciente coste econ&oacute;mico de tener hijos subyace en todo ello como unos cimientos podridos, para muchos es solo una parte de las dificultades de la paternidad. Para numerosos padres, cuyas vidas parecen una goma el&aacute;stica tan estirada que se vuelve transl&uacute;cida, esa tensi&oacute;n se extiende tambi&eacute;n al tiempo y al bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un importante estudio realizado por la Oficina Australiana de Estad&iacute;stica, el grupo con mayor estr&eacute;s por falta de tiempo en el pa&iacute;s eran las madres solteras con hijos menores de 15 a&ntilde;os, de las cuales el 56% afirmaba sentirse &ldquo;siempre o a menudo&rdquo; con prisas o presionadas por el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Tener pareja apenas parece marcar la diferencia en cuanto a la sensaci&oacute;n de presi&oacute;n por la falta de tiempo que experimentan las madres: el 54,6% de las mujeres con hijos menores de 15 a&ntilde;os que tienen pareja afirman sufrir estr&eacute;s por falta de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Los hombres con hijos peque&ntilde;os presentan la tasa m&aacute;s alta de estr&eacute;s por falta de tiempo (46,6%) de entre todos los grupos de hombres del pa&iacute;s. En las parejas sin hijos, el n&uacute;mero de personas que se sienten muy presionadas por la falta de tiempo es aproximadamente la mitad que el de sus amigos con hijos.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, a pesar del enorme aumento del trabajo remunerado de las mujeres en los &uacute;ltimos 60 a&ntilde;os, las madres de hoy en d&iacute;a no dedican menos tiempo al cuidado de los hijos. Una de las conclusiones que se repite una y otra vez en las investigaciones sociol&oacute;gicas a nivel mundial es que los padres de hoy en d&iacute;a &mdash;sean del g&eacute;nero que sean&mdash; dedican m&aacute;s tiempo al cuidado de los hijos que los padres de mediados del siglo pasado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las investigaciones sociológicas a nivel mundial demuestran una y otra vez que los padres de hoy en día —sean del género que sean— dedican más tiempo al cuidado de los hijos que los padres de mediados del siglo pasado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En uno de los estudios m&aacute;s exhaustivos sobre el tema, los investigadores analizaron datos de 11 pa&iacute;ses a lo largo de casi 50 a&ntilde;os y descubrieron que, en todos y cada uno de ellos, la cantidad de tiempo dedicado diariamente al cuidado directo de los hijos aument&oacute; de forma espectacular, duplic&aacute;ndose de media para las madres entre 1965 y 2012 y triplic&aacute;ndose para los padres (aunque partiendo de una base mucho m&aacute;s baja).
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://melbourneinstitute.unimelb.edu.au/hilda/publications/hilda-statistical-reports" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En Australia</a>, los hombres (y estos datos se refieren a todos los hombres, no solo a los padres) han aumentado el tiempo que dedican al cuidado &mdash;de los hijos y de familiares discapacitados o mayores&mdash; en media hora a la semana durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os: 5,5 horas a la semana en 2022, frente a las cinco horas de 2002. Sin embargo, las mujeres siguen dedicando casi el doble de horas al cuidado que los hombres, y su trabajo de cuidados tambi&eacute;n ha aumentado: dedican 10,7 horas a la semana a este fin en 2022, frente a las 10,1 horas de 2002. La carga de trabajo de todo el mundo ha aumentado &mdash;la de las mujeres en el sector del trabajo remunerado, la de los hombres en el hogar y la de las mujeres en el hogar&mdash; y no se ha producido una disminuci&oacute;n compensatoria ni en el trabajo remunerado de los hombres ni en las tareas de cuidado de las mujeres.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;El mundo laboral es demasiado exigente&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Me da la sensaci&oacute;n de que se han ido retirando muchas de las piezas del Jenga, una a una, y la torre se est&aacute; tambaleando&rdquo;, afirma la profesora Lyn Craig, investigadora destacada en din&aacute;micas de g&eacute;nero y trabajo dom&eacute;stico de la Universidad de Melbourne. &ldquo;Creo que las presiones sobre las mujeres j&oacute;venes en particular, pero sobre los j&oacute;venes en general, son cada vez mayores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay menos margen econ&oacute;mico, lo que ofrece a las personas menos opciones para reducir el trabajo remunerado cuando aumentan las necesidades de cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque es m&aacute;s habitual que las parejas den por hecho que habr&aacute; un reparto m&aacute;s equitativo de las tareas dom&eacute;sticas, el mundo no ha cambiado lo suficiente como para que eso sea posible. &ldquo;Creo que no se ha prestado suficiente atenci&oacute;n, en el &aacute;mbito pol&iacute;tico, a c&oacute;mo reducir la cantidad de tiempo que se espera que los hogares dediquen actualmente al mercado laboral&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Craig afirma que mucha gente esperaba que, como consecuencia de que las mujeres dedicaran m&aacute;s horas al trabajo remunerado, los hombres dedicaran m&aacute;s tiempo a las tareas dom&eacute;sticas. Pero, aunque m&aacute;s de la mitad de las mujeres australianas de entre 25 y 44 a&ntilde;os tienen ahora estudios universitarios, y muchas m&aacute;s ocupan puestos de trabajo remunerado en cargos cada vez m&aacute;s altos, eso no es lo que ha ocurrido. Los cambios en el &aacute;mbito dom&eacute;stico han sido mucho m&aacute;s lentos que los cambios en el &aacute;mbito laboral.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Simplemente creo que el mundo laboral es demasiado codicioso&rdquo;, afirma Craig.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres realizan menos tareas dom&eacute;sticas que antes, pero no menos tareas de cuidado, incluso aunque tengan m&aacute;s trabajo remunerado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente simplemente hace m&aacute;s cosas al mismo tiempo&rdquo;, explica Craig. &ldquo;Se duplican las tareas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto se debe a que, como escribe Craig en un art&iacute;culo de 2006: &ldquo;Delegar el cuidado de los hijos es potencialmente m&aacute;s problem&aacute;tico que externalizar otras tareas dom&eacute;sticas. El cuidado de los hijos es una complicada mezcla de trabajo y amor. Equilibrar las necesidades de los ni&ntilde;os de recibir cuidados y las necesidades de las mujeres de independencia sin sobrecargarlas es el reto pendiente del feminismo'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de que escribiera esas palabras, le pregunto si sigue considerando que este es el principal reto pendiente del feminismo. &ldquo;Creo que s&iacute;&rdquo;, responde.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n dise&ntilde;&oacute; esto?&rdquo;</h2><p class="article-text">
        En 1963, Betty Friedan identific&oacute; &ldquo;el problema que no tiene nombre&rdquo;: una desesperaci&oacute;n generalizada entre las amas de casa blancas de clase media estadounidenses que se ve&iacute;an atrapadas por la expectativa de que su vida dom&eacute;stica les proporcionar&iacute;a una plenitud total. Pero, sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s, la &ldquo;m&iacute;stica femenina&rdquo; ha dado un giro.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres de la generaci&oacute;n <em>millennial,</em> al parecer, no est&aacute;n atrapadas por sus hogares, sino por la expectativa imposible de mantener todo &mdash;carrera profesional, maternidad, relaci&oacute;n de pareja, cuidado personal&mdash; al mismo tiempo y sin quejarse.
    </p><p class="article-text">
        Una de las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles de este problema para esta generaci&oacute;n de mujeres no es que no tenga nombre, sino que parece un problema sin soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una amiga que ocupa un alto cargo en la administraci&oacute;n p&uacute;blica, tiene un marido que viaja con frecuencia por trabajo y un hijo de un a&ntilde;o que ha estado enfermo y sin dormir, me env&iacute;a un mensaje a las siete y media de la tarde para contarme que su hijo de cinco a&ntilde;os ha tenido &ldquo;una crisis de nervios monumental esta tarde&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me solidarizo con ella y le pregunto si el ni&ntilde;o de cinco a&ntilde;os ya est&aacute; en la cama y si ella puede tirarse en el sof&aacute; con un helado o un vino y ver algo de telebasura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Debería estar, por así decirlo, en mi mejor momento, como en la cima de mi carrera profesional. Y, sin embargo, me siento atascada</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Annie</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me responde: &ldquo;En serio, pero &iquest;cu&aacute;ndo hace eso la gente? Cu&eacute;ntame tu secreto. Miro a mi alrededor despu&eacute;s de acostar a los ni&ntilde;os y la casa est&aacute; completamente destrozada, y para cuando hemos terminado de ocuparnos de ello &mdash;desde luego, no la hemos LIMPIADO ni nada por el estilo, literalmente solo hemos recogido la comida y los restos de lo que se ha derramado&mdash;, &iexcl;ya es hora de irse a la cama!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Le respondo con una foto de mi sal&oacute;n, que parece como si alguien hubiera cogido el contenido de una cesta de la ropa sucia, una caja de juguetes y una bolsa de pa&ntilde;ales y hubiera salpicado el suelo al estilo de Jackson Pollock. &ldquo;As&iacute; est&aacute;n las cosas ahora mismo&rdquo; &mdash;le respondo por mensaje&mdash;. &ldquo;No hay secretos&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ese es el problema&rdquo;, dice Katherine mientras damos por terminada nuestra charla junto a la piscina, porque un ni&ntilde;o de tres a&ntilde;os, al que quiz&aacute; le est&eacute; goteando pis por una pierna o quiz&aacute; no, ha salido del agua y est&aacute; temblando sobre el hormig&oacute;n frente a nosotras. &ldquo;Es como si no pararas de quejarte de lo mismo a tus amigas una y otra vez, y nadie tiene ni idea de c&oacute;mo lidiar con ello, aparte de ganar la loter&iacute;a y luego echar por la borda por completo tu carrera, que tambi&eacute;n te importa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Llevo meses recopilando historias de madres de todo el pa&iacute;s y hay algo que se repite en todas ellas: un sentimiento com&uacute;n de agobio total, de no tener margen alguno, de que la casa es un castillo de naipes que se ha construido demasiado alto y la m&aacute;s m&iacute;nima r&aacute;faga podr&iacute;a tumbarlo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora me encuentro en un momento de mi carrera en el que deber&iacute;a estar, en cierto modo, en mi m&aacute;ximo nivel, como en mi momento profesional m&aacute;s &aacute;lgido&rdquo;, dice Annie (nombre ficticio), madre de dos ni&ntilde;os peque&ntilde;os. &ldquo;Y simplemente me siento atascada. Me siento dividida&hellip; No puedo dedicar el tiempo y la energ&iacute;a necesarios para ofrecer el resultado profesional que quiero ofrecer y ser la madre que quiero ser. Es demasiado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a c&oacute;mo resolver el problema, Annie afirma que es necesario corregir lo que ella denomina &ldquo;desastres estructurales&rdquo;: el horario escolar, que va de las 9:00 a las 15:00 horas, o las semanas de vacaciones escolares que eclipsan con creces las vacaciones pagadas de cualquier padre o madre.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Por el amor de Dios! &iquest;Qui&eacute;n dise&ntilde;&oacute; eso?&rdquo;, pregunta. &ldquo;Lo dise&ntilde;aron hombres que trabajaban y ten&iacute;an esposas que se quedaban en casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dent y su organizaci&oacute;n, The Parenthood, proponen soluciones pol&iacute;ticas que incluyen un permiso parental m&aacute;s largo y que incentive a los hombres a disfrutarlo, junto con un mejor acceso a servicios de escuela infantil asequibles y de calidad.
    </p><p class="article-text">
        Annie afirma: &ldquo;De hecho, creo que la otra cuesti&oacute;n &mdash;que es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil&mdash; es reducir las horas que trabaja la gente y las expectativas sobre lo que significa ser un buen profesional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su sector, el &ldquo;&eacute;xito&rdquo; viene marcado por una cultura de jornadas largas y ajetreo visible. Tener una agenda repleta y estar ocupada m&aacute;s all&aacute; de lo que se puede contar. Mantener una carga de trabajo completa pero sostenible y hacer bien tu trabajo, pero estar en casa por las tardes para pasar tiempo con la familia, no lo es.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute; c&oacute;mo se cambia ese tipo de presi&oacute;n cultural&rdquo;. A pesar del agotamiento, la presi&oacute;n econ&oacute;mica y la sensaci&oacute;n de que todos estamos girando fren&eacute;ticamente nuestras ruedas para mantener nuestras vidas en movimiento, las mujeres con las que he hablado no odian sus vidas. No se arrepienten de ser madres.
    </p><p class="article-text">
        Soy una madre<em> millennial</em>. Adoro a mis hijas. Si alguien hubiera podido hacerme sentir la realidad de lo que ser&iacute;a la maternidad antes de quedarme embarazada, volver&iacute;a a elegir tener a estas encantadoras agentes del caos sin dudarlo.
    </p><p class="article-text">
        Muchos padres y madres <em>millennials</em> estamos viviendo la vida con la que so&ntilde;&aacute;bamos: con trabajos y familias que amamos y por las que hemos luchado con u&ntilde;as y dientes. Estamos agradecidos por ello, pero todo resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de lo que imagin&aacute;bamos.
    </p><p class="article-text">
        Porque, del mismo modo, si antes de quedarme embarazada alguien hubiera podido hacerme sentir la realidad de lo que ser&iacute;a la maternidad, habr&iacute;a dicho: &ldquo;Seguro que podemos hacerlo mejor que esto&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kate Lyons]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-madre-gustaria-maternidad-resulta-imposible-millennials_1_13566820.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Oct 2026 20:02:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“No puedo ser la madre que me gustaría”: por qué la maternidad resulta tan imposible para las 'millennials']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madres,Millennials,Padres,Crianza,Conciliación,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Mi suegro me mira raro mientras doy la teta, ¿qué puedo hacer?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/suegro-mira-raro-doy-teta_1_13544701.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a243e7e-20b4-45f3-8072-0ffffca31edb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Mi suegro me mira raro mientras doy la teta, ¿qué puedo hacer?”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las miradas sexualizadas o invasivas por parte del entorno a una madre que está dando el pecho son habituales. En este consultorio respondemos al mensaje que nos envía Virginia, que se sintió incómoda ante una actitud “rara” de su suegro</p><p class="subtitle">Ms. Rachel: la estrella de YouTube para bebés se convirtió en una de las voces más valientes de Estados Unidos</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi suegro me mira rarísimo cuando doy la teta, una mirada entre lasciva e inquisitoria. Además se acerca mucho a mí: una vez, poco más y me toca la teta para ver cómo comía el niño. Fue súperdesagradable. Cuando le dije que no hacía falta que se acercara tanto, la miradita de odio suya y la de flipar de su hijo fueron tremendas. Tampoco le dije nada raro, solo quería dar el pecho a mi hijo en mi sofá tranquilamente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Virginia</span>
                                        <span>—</span> madre de dos niños
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n que cuenta Virginia a trav&eacute;s del consultorio no es ni mucho menos una excepci&oacute;n. Aunque no existen estad&iacute;sticas oficiales, las miradas lascivas, sexualizadas o invasivas por parte del entorno a una madre que est&aacute; dando el pecho son habituales. Madres lactantes de distintas edades y procedencias cuentan situaciones parecidas. Y diferentes organizaciones relacionadas con la lactancia, como LactApp o El Parto Es Nuestro, han alertado sobre los entornos hostiles a la hora de dar la teta. Las tres expertas consultadas para este art&iacute;culo tambi&eacute;n coinciden en que han recibido numerosos testimonios parecidos a lo largo de su trayectoria profesional.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He sido testigo de situaciones muy parecidas vividas por mujeres que est&aacute;n dando de lactar a sus beb&eacute;s, siempre por parte de cu&ntilde;ados o suegros&rdquo;, se&ntilde;ala la psic&oacute;loga perinatal Diana Crego. Tambi&eacute;n da fe de ello M&ordf; &Aacute;ngeles Rodr&iacute;guez, psic&oacute;loga y sex&oacute;loga en la Uni&oacute;n de Asociaciones Familiares (UNAF): &ldquo;Por desgracia es habitual que las mujeres nos encontremos dentro y fuera de la familia en situaciones inc&oacute;modas y violentas&rdquo;. Rodr&iacute;guez no duda en calificarlo como &ldquo;una forma de violencia sexual&rdquo;. Sonia Encinas, sex&oacute;loga, reconoce que la situaci&oacute;n descrita por Virginia es &ldquo;especialmente grave&rdquo;, y, por lo tanto, no tan habitual, aunque s&iacute; lo son otro tipo de vivencias inc&oacute;modas dando la teta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es uno de los escenarios que nunca dejar&aacute;n de sorprenderme&rdquo;, dice la psic&oacute;loga perinatal Diana Crego, a pesar de se&ntilde;alar que ha visto en consulta muchos casos parecidos. &ldquo;Me resulta una circunstancia muy violenta para la madre y tambi&eacute;n para el beb&eacute;, porque tiene mucho que ver con la sexualizaci&oacute;n del cuerpo de las mujeres y la invasi&oacute;n del cuerpo y de la intimidad. Es deleznable objetualizar el cuerpo de las mujeres de ese modo&rdquo;, asegura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&ordf; &Aacute;ngeles Rodr&iacute;guez, que coordina el &aacute;rea de Culturas, G&eacute;neros y Sexualidades de UNAF, contextualiza la situaci&oacute;n en un marco m&aacute;s amplio: &ldquo;Es el patriarcado el que no puede mirar un pecho sin convertirlo en algo er&oacute;tico&rdquo;, denuncia. &ldquo;Esa mirada no ve a una madre alimentando a su beb&eacute;, sino una teta que atrae la atenci&oacute;n, que es observada sin ning&uacute;n respeto ni consentimiento, porque como est&aacute; visible o expuesta, se puede mirar y tocar&rdquo;, explica la experta.
    </p><p class="article-text">
        Analizando la escena descrita por Virginia, la sex&oacute;loga Sonia Encinas se&ntilde;ala las dos dimensiones que la atraviesan: &ldquo;Hay dos cuestiones graves. La primera, la falta de respeto del suegro, que sobrepasa los l&iacute;mites personales de una forma que, con lactancia o sin ella, resultan violentos. A eso hay que sumarle una situaci&oacute;n de vulnerabilidad como lo es estar dando el pecho a tu beb&eacute;. Y la segunda, la desprotecci&oacute;n por parte de la pareja, cuya funci&oacute;n es precisamente la de cuidar a la d&iacute;ada mam&aacute;-beb&eacute; y garantizar su bienestar&rdquo;, analiza la experta. Para ella, se trata de &ldquo;una desprotecci&oacute;n doble&rdquo;, ya que adem&aacute;s, &ldquo;cuando la madre pone un l&iacute;mite y expresa su incomodidad, se la invalida&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Decir de modo conciso y claro que es un comportamiento inapropiado y violento para la madre pone sobre la mesa los sentimientos de ella al mismo tiempo que se establece un mensaje de rechazo hacia esa conducta</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Diana Crego</span>
                                        <span>—</span> psicóloga perinatal
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La necesidad de poner l&iacute;mites y respetarlos</h2><p class="article-text">
        Cuenta Diana Crego que, en los casos que ella ha acompa&ntilde;ado, esas actitudes invasivas ven&iacute;an siempre de parte &ldquo;del suegro o del cu&ntilde;ado&rdquo;, no de familiares directos de la madre. Por eso invita a que sea en un primer momento la pareja quien se encargue de marcar claramente los l&iacute;mites, &ldquo;por parentesco y porque suelen ser mejor acogidos cuando hay un lazo m&aacute;s estrecho&rdquo;. La psic&oacute;loga perinatal propone hacerlo as&iacute;: &ldquo;Decir de modo conciso y claro que es un comportamiento inapropiado y violento para la madre pone sobre la mesa los sentimientos de ella al mismo tiempo que se establece un mensaje de rechazo hacia esa conducta&rdquo;, explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Coinciden en la necesidad de poner l&iacute;mites desde UNAF, donde trabajan a diario con situaciones familiares complejas que pueden requerir mediaci&oacute;n. En su caso, sugieren que sea la madre lactante quien exprese ese rechazo. &ldquo;Ante cualquier situaci&oacute;n que le haga sentir mal o inc&oacute;moda, [la mujer] tiene todo el derecho de decirlo abiertamente. Tambi&eacute;n tiene derecho a alejarse de esa persona y pedirle que se vaya a otro lugar o irse ella&rdquo;, asegura M&ordf; &Aacute;ngeles Rodr&iacute;guez. Y aporta algunos ejemplos pr&aacute;cticos que pueden servir en una situaci&oacute;n as&iacute;: &ldquo;Puede utilizar f&oacute;rmulas del tipo: &lsquo;Perdona, esta situaci&oacute;n me hace sentir inc&oacute;moda, preferir&iacute;a que&hellip;&rsquo; en vez de confrontar directamente, si cree que eso puede aumentar la violencia o simplemente no le apetece&rdquo;. Por &uacute;ltimo, recomienda hablar con la pareja para explicarle c&oacute;mo se siente y lo que necesita, &ldquo;aunque al principio no la entienda&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sex&oacute;loga Sonia Encinas no cree que haya que dar ning&uacute;n consejo espec&iacute;fico a esa madre, ya que en el caso de Virginia &ldquo;ella ya est&aacute; poniendo un l&iacute;mite de forma asertiva&rdquo;. Se trata m&aacute;s bien de validarla y acompa&ntilde;arla. &ldquo;Es normal sentirse inc&oacute;moda y violentada, no tiene por qu&eacute; aceptar ni callar o hacer como si nada&rdquo;, expone Encinas. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala que el simple hecho de poner el l&iacute;mite &ldquo;ya es un esfuerzo importante en una situaci&oacute;n de vulnerabilidad, y no siempre se tiene la capacidad de hacerlo&rdquo;. De ah&iacute; que proponga poner el foco sobre quien intimida: &ldquo;Aqu&iacute; el problema no es, ni mucho menos, la reacci&oacute;n de la madre en lactancia. El&nbsp;problema y la responsabilidad es de ese se&ntilde;or al que no le importa incomodar y que despu&eacute;s invalida, junto al resto del entorno que no interviene en una situaci&oacute;n as&iacute;&rdquo;, denuncia Encinas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ante cualquier situación que le haga sentir mal o incómoda, [la mujer] tiene todo el derecho de decirlo abiertamente. También tiene derecho a alejarse de esa persona y pedirle que se vaya a otro lugar o irse ella</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mª Ángeles Rodríguez</span>
                                        <span>—</span> psicóloga y sexóloga en UNAF
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero, una vez puesto el l&iacute;mite, &iquest;qu&eacute; ocurre si no se respeta? &ldquo;Si con ese aviso el familiar no hace caso, que puede suceder, la madre puede preguntarse qu&eacute; hacer si sigue ocurriendo. Y ah&iacute; hay varias opciones diferentes: no dar de mamar delante de esa persona, distanciarse del familiar, utilizar como mediador a otra persona de la familia o denunciar ante las autoridades. Cada contexto requerir&aacute; de una medida u otra&rdquo;, enumera la psic&oacute;loga perinatal Diana Crego. Tambi&eacute;n Sonia Encinas propone a las mujeres en esa situaci&oacute;n &ldquo;que hagan lo que m&aacute;s las cuide&rdquo;: &ldquo;Tanto si quieren protegerse no dando de mamar en seg&uacute;n qu&eacute; entornos, como si quieren ocupar el espacio y que se incomode quien se tenga que incomodar. No todas podemos sostener lo mismo, as&iacute; que, quiz&aacute;, para cuidarnos, nos tenemos que preguntar qu&eacute; podemos sostener y qu&eacute; no, en pro de nuestro bienestar y el de nuestras criaturas&rdquo;, propone la sex&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Abriendo el foco al resto del entorno, desde UNAF M&ordf; &Aacute;ngeles Rodr&iacute;guez invita a respetar los l&iacute;mites y cuidar a la madre y al beb&eacute;. &ldquo;El entorno cercano tiene que atender las necesidades de las mujeres: escuchar y aceptar sus emociones y respetar sus decisiones en las crianzas. Formar parte del entorno familiar no da derecho a ignorar o a infantilizar a las mujeres, tomando decisiones por ellas o invalidando sus opiniones y sentimientos. La sociedad en su totalidad necesita seguir avanzando en igualdad, el buen trato y la erradicaci&oacute;n de la violencia hacia las mujeres&rdquo;, se&ntilde;ala Rodr&iacute;guez. Tambi&eacute;n Sonia Encinas propone mirar m&aacute;s all&aacute;: &ldquo;El resto de la sociedad debe velar por cuidar a una madre que amamanta, una labor &iacute;ntima y tit&aacute;nica a la vez&rdquo;, concluye.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01JSMC6YJSZACG48VBPGK17J6X"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/suegro-mira-raro-doy-teta_1_13544701.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2026 20:50:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Mi suegro me mira raro mientras doy la teta, ¿qué puedo hacer?”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lactancia,Lactancia materna,Madres,familias,Relaciones,Consultorio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El calor no da tregua en las aulas de Toledo y arrecian las protestas de padres y alumnos: "Climatizar no es un lujo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/provincias/toledo/calor-no-da-tregua-otono-ampa-toledo-salen-calle-pedir-climatizacion-aulas_1_13532090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/759610e0-4a22-4323-9a8d-978e2a8dfd2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x731y453.jpg" width="1200" height="675" alt="El calor no da tregua en las aulas de Toledo y arrecian las protestas de padres y alumnos: &quot;Climatizar no es un lujo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más de 200 personas de nueve colegios públicos de la ciudad han repetido su protesta, como ya hicieran en junio, contra la falta de climatización y las altas temperaturas que sufren los estudiantes en clase, con veranos cada vez más largos y sin soluciones. Piden al Ayuntamiento y a la Junta que paren "el conflicto de competencias"</p><p class="subtitle">Castilla-La Mancha invertirá 23 millones más para combatir las “escuelas de calor”, donde han llegado a los 30 grados</p></div><p class="article-text">
        El oto&ntilde;o ya est&aacute; aqu&iacute;, pero los term&oacute;metros parecen no haberse enterado. Todas las capitales de Castilla-La Mancha presentan este mi&eacute;rcoles temperaturas por encima de los 30 grados, que en el caso de Toledo llegan hasta los 35.
    </p><p class="article-text">
        Una t&oacute;nica que ha sido la habitual desde que comenzase el curso escolar all&aacute; por el 8 de septiembre (jornada en la que se alcanzaron 39 grados de m&aacute;xima en la capital de Castilla-La Mancha). Y la Agencia Estatal de Meteorolog&iacute;a (Aemet) ya avisa de que el reci&eacute;n estrenado oto&ntilde;o ser&aacute; &ldquo;muy probablemente&rdquo; m&aacute;s c&aacute;lido de lo normal en toda Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Con este panorama, los escolares de Toledo tienen que acudir cada d&iacute;a a unas aulas que contin&uacute;an sin climatizar y en cuyo interior los padres y madres aseguran que han llegado a registrar m&aacute;s 30 grados a las 9 de la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Por este motivo, las AMPA de nueve colegios p&uacute;blicos toledanos -&Aacute;ngel del Alc&aacute;zar, Nara, Valpara&iacute;so, G&oacute;mez Manrique, Santa Teresa, F&aacute;brica de Armas, Garcilaso, Alfonso VI y San Lucas y Mar&iacute;a-, han salido a la calle este mi&eacute;rcoles para reclamar &ldquo;un plan integral de climatizaci&oacute;n real y urgente para todos los centros educativos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta protesta que ha reunido a m&aacute;s de doscientos padres, madres y escolares, y contin&uacute;a <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/historica-concentracion-16-ampa-toledo-pedir-climatizar-aulas-registros-termicos-30-grados_1_13310526.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la movilizaci&oacute;n que hubo al finalizar el pasado curso</a> ante las puertas de 16 centros, cuando sus AMPA denunciaron que los menores sufrieron mareos, lipotimias y diferentes afecciones a la salud.
    </p><h2 class="article-text">Los menores &ldquo;tienen calor&rdquo; y &ldquo;quieren aire&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Marta, madre del AMPA del CEIP F&aacute;brica de Armas, tiene un hijo de 5 a&ntilde;os y otra de 8. Asegura que el peque&ntilde;o, &ldquo;que en su vida se hab&iacute;a quejado de este tipo de cosas&rdquo;, no deja de repetir &ldquo;que hace mucho calor en el cole&rdquo;. &ldquo;Cuando les recojo a mediod&iacute;a salen sudad&iacute;simos y acalorados, salen mal&rdquo;, lamenta.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta que este problema ya suced&iacute;a a final del curso pasado, por lo que desde el AMPA decidieron comprar dos aparatos de aire acondicionado port&aacute;tiles para el campamento urbano que se desarroll&oacute; en este centro durante el verano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Basta de calor en las aulas&quot;"
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                &quot;Basta de calor en las aulas&quot;                            </span>
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        No es la &uacute;nica AMPA que ha decidido tomar medidas de su propio bolsillo: en declaraciones a este medio, los manifestantes aseguraban que el AMPA del CEIP Valpara&iacute;so ha puesto ventiladores de techo en algunas aulas, mientras que en el CEIP Rosa Parks permiten a los peque&ntilde;os llevar ventiladores de mano para encontrar alivio. 
    </p><p class="article-text">
        Un hartazgo por las altas temperaturas del que los numerosos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as presentes dejaban constancia al grito de &ldquo;&iexcl;Tenemos calor!&rdquo; a la par que tambi&eacute;n dejaban clara qu&eacute; salida ven al problema: &ldquo;&iexcl;Queremos aire!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, los manifestantes reclaman a las administraciones un &ldquo;acondicionamiento t&eacute;rmico adecuado&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Salud p&uacute;blica, protecci&oacute;n a la infancia y sentido com&uacute;n&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Un nuevo curso acaba de empezar y las aulas de nuestros colegios siguen sufriendo las consecuencias de no disponer de un acondicionamiento t&eacute;rmico adecuado. Durante los meses de calor, alumnos y personal docente soportan de forma sistem&aacute;tica temperaturas que vulneran los l&iacute;mites m&aacute;ximos establecidos para la seguridad y salud laboral, llegando a registrarse cifras insostenibles que provocan mareos, lipotimias e impiden por completo la concentraci&oacute;n de los menores. En invierno, la situaci&oacute;n no mejora: el fr&iacute;o extremo obliga a muchos estudiantes a dar clase y comer en los comedores con los abrigos puestos. Esta realidad es incompatible con una educaci&oacute;n p&uacute;blica digna, de calidad y segura&rdquo;, aseguraba el manifiesto, le&iacute;do durante la convocatoria.
    </p><p class="article-text">
        Aseguran que climatizar las aulas &ldquo;no es un lujo ni un capricho; es una cuesti&oacute;n de salud p&uacute;blica, de protecci&oacute;n a la infancia y de estricto sentido com&uacute;n&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Los manifestantes aseguran que en las aulas se superan los 30 grados de temperatura                            </span>
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        Y tambi&eacute;n ven necesario que los trabajadores y trabajadoras de estos centros cuenten con un &ldquo;entorno de trabajo y aprendizaje protegido del estr&eacute;s t&eacute;rmico&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No es un lujo ni un capricho; es una cuestión de salud pública, de protección a la infancia y de estricto sentido común</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Prueba de ello son <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/regreso-escuela-calor-sancionan-castilla-mancha-temperaturas-30-grados-centros-educativos_1_13484612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las dos sanciones que la Inspecci&oacute;n de Trabajo ha interpuesto</a> recientemente a la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n de Castilla-La Mancha en materia de seguridad y salud laboral por no haber planificado medidas preventivas contra el calor y por permitir que en los centros educativos se hayan superado los 27 grados, el l&iacute;mite m&aacute;ximo de temperatura que establece la normativa de riesgos laborales para trabajos sedentarios.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Conflicto de competencias&rdquo; entre Junta y Ayuntamiento</h2><p class="article-text">
        Los convocantes han pedido tambi&eacute;n al Ayuntamiento de Toledo y al Ejecutivo auton&oacute;mico que &ldquo;cesen los conflictos de competencias&rdquo; y alcances acuerdos &ldquo;de forma inmediata&rdquo; para asumir la instalaci&oacute;n y mantenimiento de sistemas de climatizaci&oacute;n &ldquo;eficientes y sostenibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este &ldquo;conflicto de competencias&rdquo; al que aluden se da por las convocatorias de inversiones destinadas a ayuntamientos que lleva a cabo la Junta de Comunidades -financiadas con fondos europeos- para climatizar institutos, escuelas de artes o centros de educaci&oacute;n especial, est&aacute; promoviendo varias convocatorias destinadas a los ayuntamientos que quieran llevar a cabo este tipo de actuaciones en los colegios. Actualmente, est&aacute;n resolviendo la tercera de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; es donde viene la pol&eacute;mica. El Gobierno de Emiliano Garc&iacute;a-Page defend&iacute;a estas convocatorias de subvenciones, que llegan a cubrir hasta el 80% de la inversi&oacute;n, e instaba a los ayuntamientos de &ldquo;ciudades importantes&rdquo; a acogerse a estas ayudas. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, el delegado de la Junta en Toledo, &Aacute;lvaro Guti&eacute;rrez, aludi&oacute; directamente al Ayuntamiento toledano y a su alcalde, Carlos Vel&aacute;zquez (PP), asegurando que &ldquo;el mantenimiento de los colegios es de competencia municipal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero desde el consistorio toledano, gobernado en coalici&oacute;n por PP y Vox, considera que no basta con que el Gobierno auton&oacute;mico ayude con la inversi&oacute;n, sino que es esta administraci&oacute;n la que deber&iacute;a hacerse cargo de toda la labor.
    </p><p class="article-text">
        El portavoz municipal, Juan Jos&eacute; Alcalde, ha afirmado hoy que la competencia en materia de climatizaci&oacute;n de los colegios corresponde a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, al igual que se encarga de los sistemas de calefacci&oacute;n de los centros educativos. &ldquo;No hay ninguna diferencia entre poner una caldera para dar calor y poner un sistema para dar fr&iacute;o, la competencia es climatizar, y climatizar significa fr&iacute;o y calor&rdquo;, ha se&ntilde;alado.
    </p><p class="article-text">
        Alcalde tambi&eacute;n se ha referido a la concentraci&oacute;n de este mi&eacute;rcoles, sobre la que ha asegurado que &ldquo;sabemos que el PSOE quiere politizarla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por el momento, el Consistorio ha solicitado ayudas para llevar a cabo actuaciones en dos colegios, apostando por el sistema de aerotermia -m&aacute;s costoso y complejo de instalar, pero m&aacute;s sostenible y eficiente que los 'split'-.
    </p><p class="article-text">
        El presupuesto para instalar aparatos de aire acondicionado en todos los colegios de Toledo rondar&iacute;a los 2,5 millones de euros, seg&uacute;n los c&aacute;lculos del Ayuntamiento, que alude a la convocatoria que ha hecho la Comunidad de Madrid para instar a la Junta a hacer lo propio con fondos del presupuesto regional. <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/pelea-familias-calor-aulas-negacionismo-climatico-ayuso-arranca-inversion-historica_1_13494451.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Claro que all&iacute;, la promesa del Gobierno de Isabel D&iacute;az Ayuso de un plan para mejorar las condiciones en los centros educativos ha provocado el recelo de padres y madres</a> que han pedido saber qu&eacute; presupuesto se destinar&aacute; y qu&eacute; calendario habr&aacute; para ejecutar las obras. 
    </p><p class="article-text">
        El portavoz municipal defiende la posici&oacute;n de PP y Vox en Toledo, asegurando que el alcalde convocar&aacute; el Consejo Escolar para tratar este asunto, pero sin dar fechas. Tampoco la previsi&oacute;n de la Aemet ofrece, de momento, una fecha en la que Toledo dejar&aacute; de estar por encima de los 30 grados de temperatura m&aacute;xima.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muñoz de la Torre Granados]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/provincias/toledo/calor-no-da-tregua-otono-ampa-toledo-salen-calle-pedir-climatizacion-aulas_1_13532090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2026 18:30:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El calor no da tregua en las aulas de Toledo y arrecian las protestas de padres y alumnos: "Climatizar no es un lujo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colegios,Padres,Madres,Menores,Escuelas de calor,Emergencia climática]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Me he dado cuenta de que ya no me apetece jugar con mi hijo: confesiones de una madre que se siente incapaz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/he-dado-cuenta-no-apetece-jugar-hijo-confesiones-madre-siente-incapaz_129_13518804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c64331a8-67a0-4d73-9076-8df75e0f51b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="­Me he dado cuenta de que ya no me apetece jugar con mi hijo: confesiones de una madre que se siente incapaz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">He negociado partidas de cartas a cambio de no tener que coger un muñeco. He preferido hacer un puzle, construir un Lego, cualquier actividad que tuviera unas instrucciones, un principio y, sobre todo, un final</p><p class="subtitle">Sí, es normal que te aburras con tus hijos: por qué liberarse de la culpa de no disfrutar siempre la crianza</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No quiero jugar contigo&rdquo;. Se lo he dicho muchas veces, aunque seguramente nunca con esas palabras. Le he dicho &ldquo;ahora voy&rdquo;, &ldquo;d&eacute;jame terminar esto&rdquo;, &ldquo;espera, que estoy trabajando&rdquo; o &ldquo;&iquest;por qu&eacute; no mejor me ayudas a cocinar, que tenemos que hacer la cena?&rdquo;. He negociado partidas de cartas a cambio de no tener que coger un mu&ntilde;eco. He preferido hacer un puzle, construir un Lego, cualquier actividad que tuviera unas instrucciones, un principio y, sobre todo, un final.
    </p><p class="article-text">
        Lo que nunca me ha gustado es que me pongan en las manos un se&ntilde;or de pl&aacute;stico y me digan que se llama Juan, que esta es su casa y que ahora tenemos que imaginar qu&eacute; le pasa. No s&eacute; qu&eacute; hacer con Juan. Y cuando, despu&eacute;s de esforzarme, consigo que diga algo, mi hijo me corrige: eso es algo que Juan jam&aacute;s dir&iacute;a. Pocas cosas me hacen sentir tan vieja como no saber qu&eacute; decir con un mu&ntilde;eco que acaba de inventar un ni&ntilde;o de siete a&ntilde;os. Pensaba que sencillamente no me gustaba jugar, pero empiezo a sospechar que lo que me pasa es que he olvidado c&oacute;mo se hac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Yo tambi&eacute;n supe jugar. Pod&iacute;a pasar una tarde entera montando un pueblo con construcciones, pinipones y mu&ntilde;ecos de goma de las series de dibujos animados que ve&iacute;a. Hab&iacute;a una plaza mayor, casas, calles, familias. Inventaba parentescos, amor&iacute;os, jerarqu&iacute;as y argumentos con una facilidad pasmosa. Una cosa llevaba a la otra y las horas pasaban sin pesar. En el colegio, ni siquiera nos hac&iacute;an falta juguetes. El patio y sus terrazas ajardinadas eran un edificio entero de vecinas con sus plantas, sus cocinas, sus cuartos de estar, sus ba&ntilde;eras, sus dormitorios. No estaban dibujados en ninguna parte; si acaso, un palo en la tierra levantaba un tabique imaginario, pero nosotras sab&iacute;amos perfectamente d&oacute;nde terminaba una habitaci&oacute;n y empezaba la siguiente. Desde fuera, las mujeres que vigilaban los recreos solo deb&iacute;an ver a unas ni&ntilde;as dando vueltas por un patio de colegio. Nosotras ve&iacute;amos nuestras casas futuras.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No me refiero a ser una madre más entregada, ni a organizar los mejores planes; me refiero a que me entren las ganas de sentarme en el suelo y meterme, de verdad, en una historia que no existe</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tengo una buena amiga a la que envidio mucho porque nunca ha dejado de jugar. Cuando nos conocimos, acab&aacute;bamos de cumplir veinte a&ntilde;os. El sal&oacute;n de su casa estaba lleno de juegos de mesa y, con otros vecinos, jugaban al ping-pong en la mesa del patio com&uacute;n todas las semanas. Ahora tiene un hijo de ocho a&ntilde;os y juega con &eacute;l a diario sin que parezca costarle un esfuerzo; es m&aacute;s, hasta parece pas&aacute;rselo bien: inventan cosas, se disfrazan, van al parque, convierten cualquier tarde en otra cosa. Me gusta mucho ir a su casa y que juguemos todos juntos, porque as&iacute; pienso que mi hijo recordar&aacute; que yo tambi&eacute;n jugaba con &eacute;l. A m&iacute; me encantar&iacute;a parecerme un poco m&aacute;s a ella. No me refiero a ser una madre m&aacute;s entregada, ni a organizar los mejores planes, ni a preparar una aventura incre&iacute;ble cada viernes a la salida del cole; me refiero a que me entren las ganas de sentarme en el suelo y meterme, de verdad, en una historia que no existe.
    </p><p class="article-text">
        No aspiro a ello porque algunos d&iacute;as me conformo solo con respirar.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, la consola. Hace tiempo que no echamos una partida de tenis, de golf o de voleibol. No juego con mi hijo a la consola: ella juega con &eacute;l por m&iacute;. Me ha sustituido muchas tardes con una eficacia admirable. &Eacute;l tiene algo que hacer, se divierte, y yo puedo terminar de trabajar, poner la lavadora o leer un ratito sin que nadie necesite nada de m&iacute;. No voy a ser hip&oacute;crita: hay d&iacute;as en los que doy gracias porque exista. Podr&iacute;a convertir esto en una discusi&oacute;n sobre <a href="https://www.eldiario.es/nidos/experta-bienestar-digital-comprension-lectora-pantallas-familia-debe-referente-xp_1_13497114.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el uso de las pantallas,</a> calcular cu&aacute;nto tiempo pasa delante de ellas o preguntarme si deber&iacute;a estar haciendo algo m&aacute;s creativo con su tiempo &mdash;y flagelarme por ello&mdash;, pero ser&iacute;a hacer trampa. Muchas veces soy yo la que necesita que la maquinita est&eacute; ah&iacute;, con &eacute;l.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No juego con mi hijo a la consola: ella juega con él por mí. Me ha sustituido muchas tardes con una eficacia admirable. Él tiene algo que hacer, se divierte, y yo puedo terminar de trabajar, poner la lavadora o leer un ratito sin que nadie necesite nada de mí</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No quiero construir ahora un relato de su infancia que me convierta en una madre agotada que no tuvo elecci&oacute;n; claro que la tuve, muchas veces. Podr&iacute;a haber cerrado el ordenador. Podr&iacute;amos haber cenado m&aacute;s tarde. Podr&iacute;a haber cogido a Juan e inventado una voz para &eacute;l, pero la mayor&iacute;a de las veces estaba tan cansada que imaginar la vida de un mu&ntilde;eco me parec&iacute;a una exigencia desproporcionada. No hace falta que nuestra vida sea especialmente complicada para llegar agotados al final del d&iacute;a. A menudo, el trabajo no termina cuando termina nuestra jornada y viaja con nosotros en el bolso o en el bolsillo. Hay quien encadena dos empleos porque uno solo no alcanza, quien trabaja por su cuenta y contesta mensajes un domingo porque no sabe cu&aacute;ndo llegar&aacute; el siguiente encargo, quien sale de la oficina y sigue leyendo cadenas de mails en el metro. Despu&eacute;s hay que comprar, cocinar, limpiar, llevar, recoger, pedir citas m&eacute;dicas y acordarse de la cartulina que hay que llevar al colegio al d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Para muchas personas de mi entorno, adem&aacute;s, la lista contin&uacute;a en direcci&oacute;n ascendente. Mientras cr&iacute;an a sus hijos, sus padres empiezan a necesitar cuidados. A esta generaci&oacute;n se la llama &ldquo;generaci&oacute;n s&aacute;ndwich&rdquo;: la que sale de una tutor&iacute;a en el colegio para acompa&ntilde;ar a su padre al m&eacute;dico. No es mi caso, pero lo veo a mi alrededor y me pregunto de d&oacute;nde sale todo: el tiempo, la paciencia, la cabeza necesaria para recordar qui&eacute;n tiene una cita en el centro de salud el martes y qui&eacute;n examen el jueves.
    </p><p class="article-text">
        Y en mitad de cualquier mi&eacute;rcoles, aparece mi hijo con un mu&ntilde;eco que se llama Juan y me pregunta si jugamos. Entonces, miro la hora y le digo: es la hora del ba&ntilde;o, hay que hacer la cena, ma&ntilde;ana necesitas una cartulina, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la cartulina?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No solo pienso en jugar con los niños; me pregunto si puedo incorporar el juego a mi vida. Hacer algo sin calcular cuánto va a durar, qué tengo pendiente o para qué sirve. Que el juego sea el plan, que no mande el sonido de una notificación en mi teléfono</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Siempre me ha resultado m&aacute;s f&aacute;cil y placentero hacer otras cosas juntos: ir al cine, un plan con m&aacute;s amigos, un paseo en bici. A &eacute;l le serv&iacute;a el suelo del sal&oacute;n de nuestra casa para inventar un mundo nuevo. Ahora ya casi nunca me pide que juguemos. Quiero pensar que es porque ha crecido. El sal&oacute;n est&aacute; m&aacute;s ordenado. La mesa del sal&oacute;n, de la que cuelgan mantas y s&aacute;banas, ya no es una tienda de campa&ntilde;a, un refugio, un castillo. Puedo caminar descalza sin miedo a clavarme una pieza. Ahora prefiere pasar el rato con un bal&oacute;n y sus amigos en la calle. No me necesita para sus juegos, aunque alguna Jenga nos echamos de vez en cuando.
    </p><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente, me pregunto si podr&iacute;a volver a jugar. Y no solo pienso en jugar con los ni&ntilde;os; me pregunto si puedo incorporar el juego a mi vida. Hacer algo sin calcular cu&aacute;nto va a durar, qu&eacute; tengo pendiente o para qu&eacute; sirve. Que el juego sea el plan, que no mande el sonido de una notificaci&oacute;n en mi tel&eacute;fono. Quiero jugar. Pero no s&eacute; si s&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mi amiga sabe. Quiero aprender de ella, que ha llegado a la edad adulta conservando eso que yo dej&eacute; por el camino. No s&eacute; si jugar se olvida de la misma manera que se olvida un idioma. A veces queda m&aacute;s de lo que creemos. Lo entiendes cuando lo escuchas, reconoces palabras, alguna vez incluso consigues decir una frase.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; un d&iacute;a mire una mesa y consiga que no sea una mesa. De peque&ntilde;a lo hac&iacute;a todo el rato.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/he-dado-cuenta-no-apetece-jugar-hijo-confesiones-madre-siente-incapaz_129_13518804.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Sep 2026 20:09:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Me he dado cuenta de que ya no me apetece jugar con mi hijo: confesiones de una madre que se siente incapaz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madres,Padres,Niños,Juego,Ocio,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Empiezan a separarse, pero nos necesitan mucho": por qué el cambio al instituto es crucial para los adolescentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/empiezan-separarse-necesitan-cambio-instituto-crucial-adolescentes_1_13517389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e74647c-a1ae-4412-932a-99ece2897253_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x268y118.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Empiezan a separarse, pero nos necesitan mucho&quot;: por qué el cambio al instituto es crucial para los adolescentes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El paso del colegio al instituto es un momento de cambio clave para los adolescentes. Es importante que las familias les acompañen sin que se sientan invadidos y comprendiendo lo que necesitan en esta nueva etapa
</p><p class="subtitle">Adolescencia y sexualidad: ¿dejo que mi hijo traiga a su pareja a dormir a casa?</p></div><p class="article-text">
        Acaba de terminar la primera semana de curso escolar y Paula sale del instituto tras su segundo d&iacute;a de clase. Tiene 12 a&ntilde;os y est&aacute; estren&aacute;ndose en la educaci&oacute;n secundaria. A la pregunta de qu&eacute; tal le ha ido, la respuesta es escueta: &ldquo;Bueno&hellip;&rdquo;. Al repreguntar, a&ntilde;ade m&aacute;s informaci&oacute;n. &ldquo;Regular. Es que est&aacute; siendo dif&iacute;cil porque es un cambio muy grande. Llevaba en el mismo colegio desde los tres a&ntilde;os y me est&aacute; costando sobre todo la parte social, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/son-importantes-primeros-amigos-establecen-valores-sentaran-bases-vincularse_1_12653675.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hacer amigos</a>&rdquo;, reconoce.
    </p><p class="article-text">
        El cambio de la Educaci&oacute;n Primaria a la Secundaria suele suponer un momento importante para los y las adolescentes. Nuevo centro, profesores desconocidos, nuevos compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras, m&aacute;s exigencia acad&eacute;mica&hellip; Adem&aacute;s, esta transici&oacute;n coincide con cambios profundos a nivel personal, tanto desde un punto de vista f&iacute;sico como psicol&oacute;gico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para ellos es un cambio muy fuerte. Cuando son m&aacute;s peque&ntilde;os, le damos mucha importancia a los cambios de etapa, por ejemplo de Infantil a Primaria, pero cuando son adolescentes a veces les ponemos la etiqueta de &lsquo;mayores&rsquo; y no pensamos tanto en c&oacute;mo acompa&ntilde;arles&rdquo;, reflexiona la pedagoga Alejandra Mel&uacute;s. &ldquo;Puede que ya no pidan tanta ayuda como antes, pero lo cierto es que s&iacute; la necesitan, aunque de manera diferente. En estos d&iacute;as tenemos que ofrecerles tranquilidad, calma y presencia; olvidarnos de nuestro ego como padres y madres y centrarnos en lo que necesitan ellos&rdquo;, se&ntilde;ala la experta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un criterio con el que coincide Luc&iacute;a Gal&aacute;n, m&aacute;s conocida como &ldquo;Luc&iacute;a mi pediatra&rdquo;<em>, </em>sanitaria y divulgadora que acaba de publicar precisamente el libro <a href="https://www.luciamipediatra.com/producto/libro-adolescencia/?gad_source=1&amp;gad_campaignid=21422597947&amp;gclid=Cj0KCQjwzY7VBhDwARIsAFtPvBR3qZBIeF8tfqLTw2oKWiRvdYo82YoX26yJosduhW_RYtsMtSQbbH0aAgAREALw_wcB" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Adolescencia</em></a> (Planeta, 2026). &ldquo;El inicio del instituto suele coincidir con uno de los momentos de mayor transformaci&oacute;n de toda su vida. No solo cambian de centro, de profesores o de compa&ntilde;eros; al mismo tiempo est&aacute; cambiando su cuerpo, su cerebro, su manera de relacionarse, su identidad y, sobre todo, la importancia que adquiere la mirada de los dem&aacute;s&rdquo;, se&ntilde;ala. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando son más pequeños, le damos mucha importancia a los cambios de etapa, por ejemplo de infantil a primaria, pero cuando son adolescentes a veces les ponemos la etiqueta de ‘mayores’ y no pensamos tanto en cómo acompañarles</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alejandra Melús</span>
                                        <span>—</span> pedagoga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La clave para acompa&ntilde;arles sin invadirles es, seg&uacute;n Gal&aacute;n, entender su momento vital y sus necesidades reales. &ldquo;Esta es una de las grandes paradojas de la adolescencia: empiezan a separarse de nosotros justo cuando todav&iacute;a nos necesitan much&iacute;simo. Pero nos necesitan de otra manera&rdquo;, asegura. Y elabora esa idea: &ldquo;Quiz&aacute; ya no quieren que los llevemos hasta la puerta del instituto, que les preguntemos absolutamente todo o que intervengamos inmediatamente ante cada problema. Eso es sano: est&aacute;n construyendo su autonom&iacute;a. Acompa&ntilde;ar ahora significa respetar sus silencios, asegur&aacute;ndonos de que ellos sepan que pueden cont&aacute;rnoslo todo si alg&uacute;n d&iacute;a lo necesitan&rdquo;, afirma. 
    </p><p class="article-text">
        Justo eso es lo que hacen los padres de Paula. &ldquo;Yo s&iacute; siento que mi madre y mi padre me est&aacute;n apoyando. Pero a veces salgo de clase cansada o enfadada y no me apetece hablar, y les pido que me dejen tranquila. Me gusta que en ese momento me den espacio y privacidad sabiendo que podemos hablar en otro momento que me apetezca m&aacute;s&rdquo;, explica la adolescente. Tambi&eacute;n reconoce que a veces le gusta que le vuelvan a preguntar: &ldquo;Significa que se preocupan por m&iacute; y eso me hace sentir bien&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esta es una de las grandes paradojas de la adolescencia: empiezan a separarse de nosotros justo cuando todavía nos necesitan muchísimo. Pero nos necesitan de otra manera</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Lucía Galán</span>
                                        <span>—</span> (Lucía mi pediatra)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El cambio como oportunidad</h2><p class="article-text">
        El psic&oacute;logo Fran J&oacute;dar, experto en adolescencia, tambi&eacute;n pone el foco en la importancia del entorno y la necesidad de ayudarles desde otro lugar. &ldquo;Si les preguntamos si necesitan algo, siempre nos dir&aacute;n que no, pero la realidad es que nos necesitan m&aacute;s que nunca porque ya pueden dar pasos importantes, pero a&uacute;n tienen la br&uacute;jula existencial descalibrada&rdquo;, asegura. Para &eacute;l, este cambio de etapa puede vivirse desde un enfoque m&aacute;s positivo. Si se afronta bien, puede ser &ldquo;una nueva oportunidad para encontrar su lugar en el mundo, encontrar sentido a su vida y ver un horizonte en el que imaginarse formando parte de esta sociedad, aportando algo &uacute;til&rdquo;, afirma este experto. 
    </p><p class="article-text">
        Iv&aacute;n es padre de un adolescente que empez&oacute; el a&ntilde;o pasado la secundaria, por lo que recuerda perfectamente c&oacute;mo fue ese momento. &ldquo;&iexcl;Vaya cambio!&rdquo;, comienza este padre. Su hijo consigui&oacute; plaza en el centro de referencia del barrio, por lo que empez&oacute; la nueva etapa junto a sus amigos del colegio. &ldquo;Eso te da tranquilidad, porque iban todos juntos en el autob&uacute;s y de alguna manera estaban m&aacute;s arropados&rdquo;. En su familia intentaron acompa&ntilde;ar la transici&oacute;n de la mejor manera posible. &ldquo;Le apoyamos como intentamos hacer con todo: d&aacute;ndole confianza, haci&eacute;ndole saber que estamos para lo bueno y para lo malo y pregunt&aacute;ndole poquito a poco, intentando no invadir su espacio&rdquo;. Tambi&eacute;n recuerda el primer d&iacute;a de instituto, cuando le acompa&ntilde;aron al centro, y c&oacute;mo a partir de ah&iacute; empez&oacute; a desplazarse &eacute;l solo en autob&uacute;s: &ldquo;Los nervios no se te pasan, pero poco a poco te vas acostumbrando a la situaci&oacute;n y dando espacio a lo nuevo&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Puede ser una nueva oportunidad para encontrar su lugar en el mundo, encontrar sentido a su vida y ver un horizonte en el que imaginarse formando parte de esta sociedad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fran Jódar</span>
                                        <span>—</span> psicólogo especializado en adolescencia
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mar&iacute;a, madre de un chico y una chica adolescentes, tambi&eacute;n recuerda con nitidez el cambio de etapa. &ldquo;Los dos han tenido muchas ganas de ir al instituto; estaban muy ilusionados y a la vez muy nerviosos. Pero lo vivieron de formas diferentes: mi hijo se sinti&oacute; muy mayor, el hecho de ir solo hasta all&iacute; y poder desenvolverse en un entorno nuevo le hizo sentirse capaz. Pero a mi hija le cost&oacute; mucho m&aacute;s adaptarse, se sent&iacute;a muy peque&ntilde;a. Cuando llegaba a casa me dec&iacute;a: &lsquo;Mam&aacute;, &iexcl;hay gente con barba!&rsquo;&rdquo;, recuerda entre risas. A d&iacute;a de hoy, superada la etapa de adaptaci&oacute;n, cree que el cambio ha sido para ellos &ldquo;muy beneficioso&rdquo;. &ldquo;Les ha venido fenomenal, tanto a nivel acad&eacute;mico como relacional, han madurado mucho. Se libraron de la etiqueta que tra&iacute;an asignada del colegio (el gracioso, la problem&aacute;tica, el chulo&hellip;) y pudieron elegir qui&eacute;nes quer&iacute;an ser en el instituto&rdquo;, reflexiona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pediatra Luc&iacute;a Gal&aacute;n propone buscar nuevos puntos de encuentro con ellos y ellas: &ldquo;Yo insisto mucho a las familias en cuidar los peque&ntilde;os espacios cotidianos: comer juntos, llevarlos en coche, interesarnos por sus amigos sin interrogarlos&hellip; Muchas de las conversaciones trascendentales con un adolescente no empiezan con un &lsquo;tenemos que hablar&rsquo;, sino que aparecen cuando hemos construido previamente un lugar seguro al que pueden volver&rdquo;, explica. Seg&uacute;n van creciendo, los amigos van ganando espacio en su vida y los padres pueden sentirse desplazados. &ldquo;Pero no nos sustituyen, nos recolocan. Dejamos de ser el centro para convertirnos en la base&rdquo;, afirma la pediatra.
    </p><p class="article-text">
        Tras su primer contacto con el instituto, dos d&iacute;as despu&eacute;s de empezar las clases, Paula siente que todav&iacute;a no ha conseguido hacer amigos, lo que a ella m&aacute;s le preocupaba. Echa de menos a sus compa&ntilde;eros del colegio. Lo que s&iacute; le gusta: &ldquo;El centro, las instalaciones y los profesores&rdquo;. &ldquo;S&eacute; que cuando pasen unos d&iacute;as todo ir&aacute; mejor. Pero poco a poco&rdquo;, concluye la adolescente. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/empiezan-separarse-necesitan-cambio-instituto-crucial-adolescentes_1_13517389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Sep 2026 10:33:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Adolescentes,familias,Padres,Madres,Institutos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué no conviene adaptar nuestra vida social a la de nuestros hijos: “Si podemos conseguir un equilibrio, estaremos mejor”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-conviene-adaptar-vida-social-hijos-si-equilibrio-estaremos-mejor-xp_1_13487762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/741056b9-3b83-4e5a-8ecd-c283b3bf2dad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1575y479.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué no conviene adaptar nuestra vida social a la de nuestros hijos: “Si podemos conseguir un equilibrio, estaremos mejor”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El psicólogo Alberto Soler indica que incluso cuando pasan los años y los hijos cada año son un poco más independientes, a veces "se sigue en el ‘modo bebé’ durante más tiempo del necesario"</p><p class="subtitle">Una psicóloga indica cómo elegir las actividades extraescolares: “No todo lo que hacen nuestros hijos tiene que servir para algo”</p></div><p class="article-text">
        Es inevitable. Cuando nace un hijo las preferencias, tiempo y disponibilidad cambian por completo. Muchos padres se ven presionados a hacer una apuesta arriesgada: sacrificar sus aficiones, intereses e incluso amistades para dedicar el mayor tiempo a la crianza de los hijos. &ldquo;Tener hijos implica, necesariamente, adaptar nuestra vida a ellos, y el grado en el que haya que adaptarla depender&aacute; naturalmente de la edad y circunstancias que tengan&rdquo;, admite el psic&oacute;logo <a href="https://www.albertosoler.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alberto Soler</a>.
    </p><p class="article-text">
        Esto significa que, cuanto m&aacute;s peque&ntilde;os, m&aacute;s adaptaci&oacute;n. Agendar un encuentro para tomar un caf&eacute; se convierte en muchos casos en toda una aventura. Sin embargo, los ni&ntilde;os crecen y, a medida que lo hacen, &ldquo;podemos ir recuperando de forma progresiva parte del espacio que ten&iacute;amos antes, pero esto va a depender de muchos factores, sobre todo del apoyo del entorno&rdquo;, afirma Soler. 
    </p><p class="article-text">
        Es decir, no es lo mismo una familia que cuente con el apoyo de abuelos, t&iacute;os y amigos, que una que no: las primeras &ldquo;tienen m&aacute;s margen para encontrar tiempo personal y de pareja&rdquo;, reconoce el especialista.
    </p><h2 class="article-text">Desconexi&oacute;n social por los hijos: la trampa en la que caen algunos padres</h2><p class="article-text">
        En algunos casos puede suceder que, pese a los a&ntilde;os y a que los hijos cada a&ntilde;o son un poco m&aacute;s independientes, &ldquo;hay cierta dificultad para entender este cambio y se sigue en el &lsquo;modo beb&eacute;&rsquo; durante m&aacute;s tiempo del necesario&rdquo;, admite Soler, aunque reconoce que no es algo que sea generalizado. 
    </p><p class="article-text">
        Que los padres renuncien a su vida social y se centren en la crianza en exclusividad, aunque pueda parecer el mayor acto de amor, no lo es. Anular la vida social, las aficiones y el espacio personal para ser un padre o una madre &lsquo;perfectos&rsquo; puede convertirse en una trampa que perjudica a todo el entorno familiar. 
    </p><p class="article-text">
        Podemos perder el contacto con amigos que no son padres porque parecen estar en un mundo totalmente distinto al nuestro. Y perdemos el contacto con amigos que s&iacute; lo son porque est&aacute;n tan o m&aacute;s ocupados que nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Pero esto afecta a muchos niveles, como &ldquo;el estado de &aacute;nimo, ansiedad, estr&eacute;s, sue&ntilde;o&hellip;&rdquo;, afirma Soler, para el que, si hay algo que de verdad puede afectar es conocer de d&oacute;nde viene esa exclusividad y si se trata m&aacute;s bien de algo elegido o, por el contrario, aceptado. 
    </p><h2 class="article-text">Los factores detr&aacute;s del aislamiento social de madres y padres</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Posiblemente, lo que m&aacute;s pesa a nivel psicol&oacute;gico son los factores que empujan hacia la soledad social y el aislamiento de las madres, ya que muchas, una vez han tenido a su criatura, perciben el abandono y la falta de apoyo de su entorno: pareja, familia, amistades y, por supuesto, la sociedad en su conjunto&rdquo;, advierte Soler.
    </p><p class="article-text">
        Para el experto, &ldquo;cuando adem&aacute;s ha habido una renuncia laboral, lo de &lsquo;criar en exclusividad&rsquo; no es tanto una elecci&oacute;n sino simplemente &lsquo;lo que hay&rsquo;&rdquo;, lo que lleva muchas veces a la idea de que &ldquo;hacen demasiado por los hijos y est&aacute;n descuidando otras &aacute;reas de su vida&rdquo;, afirma Soler. 
    </p><p class="article-text">
        La renuncia a los espacios propios y el aislamiento social son los predictores m&aacute;s r&aacute;pidos del agotamiento cr&oacute;nico parental. Seg&uacute;n este <a href="https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2018.00886/full" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>, los padres que se a&iacute;slan sufren un triple s&iacute;ntoma: agotamiento emocional extremo, distanciamiento afectivo de sus hijos y la sensaci&oacute;n de haber perdido su identidad.
    </p><p class="article-text">
        En otra <a href="https://psycnet.apa.org/record/2019-69444-011" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> que analiz&oacute; madres y padres que sacrificaron su vida social y laboral para centrarse en la crianza, los expertos descubrieron que los padres reportaron niveles m&aacute;s altos de depresi&oacute;n y menor satisfacci&oacute;n con la vida que aquellos que manten&iacute;an un equilibrio. Cuando los hijos lo absorben pr&aacute;cticamente todo, la pareja tambi&eacute;n paga un alto precio, porque renunciar a los amigos individuales y a los momentos a solas implica perder esa red de apoyo tan importante para compartir aficiones o, incluso, desahogarse.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, seg&uacute;n Soler, &ldquo;muchas familias recuperar&iacute;an encantadas estas parcelas personales, de pareja o de amistades, pero no se lo pueden permitir por falta de apoyo&rdquo;. Una falta de tiempo que a menudo muchas madres compensan &ldquo;con la relaci&oacute;n con otras madres, ya sea a nivel pr&aacute;ctico o emocional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero las consecuencias no son solo para los padres. Porque no es posible ser un referente de bienestar y equilibrio sin reservar tiempo para uno mismo. &ldquo;Los ni&ntilde;os aprenden m&aacute;s de nuestro ejemplo que de nuestros sermones o lecciones te&oacute;ricas, por lo que si somos capaces de conseguir un equilibrio en el que quepamos tambi&eacute;n los adultos con nuestras necesidades, probablemente estaremos todos mejor y, adem&aacute;s, les estamos dando un buen ejemplo&rdquo;, reconoce Soler.
    </p><p class="article-text">
        Y es que los ni&ntilde;os son sensibles al estado emocional de sus padres, son aut&eacute;nticas esponjas emocionales y, cuando estos renuncian a su felicidad personal, los hijos pueden percibir la frustraci&oacute;n inconsciente de sus padres y, adem&aacute;s, frena su autonom&iacute;a y puede hacer que sean ni&ntilde;os m&aacute;s inseguros.
    </p><h2 class="article-text">Convivencia entre vida social y las necesidades de la crianza</h2><p class="article-text">
        Mantener las amistades, tomarse un caf&eacute; a solas o salir en pareja no solo es necesario, sino que es hacer salud. Lo m&aacute;s probable es que unos padres con vida propia puedan criar hijos m&aacute;s felices. &ldquo;Es necesario que el entorno comprenda y normalice el cambio de necesidades de la pareja cuando tienen hijos y que los padres tambi&eacute;n entiendan la perspectiva de las amistades en otras circunstancias&rdquo;, admite Soler. 
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, el psic&oacute;logo afirma que si los padres tienen un grupo de amigos con hijos de edades similares, &ldquo;la adaptaci&oacute;n ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil y los planes se ajustar&aacute;n a las nuevas necesidades&rdquo;. Sin embargo, esto no siempre ocurre y las &ldquo;familias se van descolgando si los planes no tienen en cuenta a los peque&ntilde;os&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ante todo, y sobre todo a medida que los hijos van creciendo, es importante &ldquo;el apoyo del entorno, que ser&aacute; esencial para que la pareja pueda tener espacio, de forma individual tambi&eacute;n&rdquo;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01KXJQY241N57RNW0SRW1GQ7HK"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>

    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-conviene-adaptar-vida-social-hijos-si-equilibrio-estaremos-mejor-xp_1_13487762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Sep 2026 06:59:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué no conviene adaptar nuestra vida social a la de nuestros hijos: “Si podemos conseguir un equilibrio, estaremos mejor”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,familia,Psicología,Bienestar emocional,Padres,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una investigación de la EHU determina que ser madre afecta más a la salud mental y física que ser padre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/investigacion-ehu-determina-madre-afecta-salud-mental-fisica-padre_1_13418919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb27e79c-eee8-4f0a-91e0-9326848683a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una investigación de la EHU determina que ser madre afecta más a la salud mental y física que ser padre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No es suficiente con facilitar la conciliación entre el empleo y la familia. También es necesario garantizar que las madres dispongan de tiempo para cuidar de su propia salud y bienestar", destaca la doctora en Sociología e investigadora Anna Barbuscia</p><p class="subtitle">Ser madre tras sufrir violencia sexual en la infancia: “Muchas ven al hijo como espejo y se reactiva su historia personal”
</p></div><p class="article-text">
         &ldquo;Tener hijos tiene m&aacute;s consecuencias para la salud de las madres, a corto y largo plazo. No solo por los cambios biol&oacute;gicos derivados del embarazo y el parto, sino tambi&eacute;n por sus consecuencias psicol&oacute;gicas. Nuestros resultados muestran una importante brecha de g&eacute;nero&rdquo;, es una de las principales conclusiones a las que ha llegado la doctora en Sociolog&iacute;a e investigadora del grupo <a href="https://www.ehu.eus/es/web/opik/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>OPIK</strong></a><a href="https://www.ehu.eus/es/web/opik/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a> de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) Anna Barbuscia tras analizar los efectos de tener hijos en 9.533 mujeres y 9.637 hombres de entre 18 y 55 a&ntilde;os. &ldquo;Se observa que, en los hombres, ni el hecho de ser padres ni las caracter&iacute;sticas familiares modifican los indicadores de salud. Todos los par&aacute;metros se mantienen pr&aacute;cticamente igual&rdquo;, resume Barbuscia.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las mujeres muestran una sensibilidad sustancial al n&uacute;mero y edad de los hijos que tienen. Las madres con un solo hijo y las madres de adolescentes reportan los niveles m&aacute;s altos de s&iacute;ntomas depresivos y peor salud percibida general. Por el contrario, convivir con dos o m&aacute;s hijos peque&ntilde;os se asocia con mejores indicadores de salud mental y percibida en comparaci&oacute;n con mujeres sin hijos. &ldquo;El cuidado de los m&aacute;s peque&ntilde;os suele exigir un mayor esfuerzo f&iacute;sico y eso puede traducirse en m&aacute;s cansancio o peor descanso. En cambio, la adolescencia se ha se&ntilde;alado tradicionalmente como la etapa m&aacute;s estresante para madres y padres&rdquo;, explica la investigadora.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los comportamientos de salud, la investigaci&oacute;n identifica otra diferencia relevante en la pr&aacute;ctica de ejercicio f&iacute;sico. Los resultados confirman que, en general, las mujeres realizan menos actividad f&iacute;sica regular que los hombres y revelan que la brecha aumenta cuando tienen hijos e hijas. &ldquo;Solo el 16% de las madres con ni&ntilde;os y ni&ntilde;as peque&ntilde;as practica ejercicio de forma habitual, frente al 30% de las mujeres sin descendencia. En los hombres, en cambio, de nuevo, apenas se observan diferencias entre quienes son padres y quienes no&rdquo;, destaca Barbuscia. &ldquo;Todo apunta a que la maternidad reduce el tiempo disponible para el cuidado personal, y eso repercute en un h&aacute;bito tan importante para la salud como la actividad f&iacute;sica&rdquo;, incide. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mientras que la salud de los padres se mantiene insensible a las demandas de la crianza, la de las madres var&iacute;a notablemente. La mayor carga mental, las responsabilidades dom&eacute;sticas no compartidas y las expectativas de la maternidad intensiva hacen a las mujeres m&aacute;s vulnerables a los estresores de la crianza en el contexto espa&ntilde;ol. La adolescencia de los hijos supone el mayor impacto negativo en la salud mental de las madres, asociado a los conflictos emocionales y supervisi&oacute;n en esta etapa. Por el contrario, los a&ntilde;os de infancia temprana, aunque f&iacute;sicamente agotadores, conllevan recompensas emocionales que amortiguan el impacto en la salud mental. La dr&aacute;stica ca&iacute;da en la pr&aacute;ctica de actividad f&iacute;sica entre las madres visibiliza c&oacute;mo la escasez de tiempo y la postergaci&oacute;n del autocuidado afectan desproporcionadamente a las mujeres&rdquo;, recoge el estudio, que destaca que &ldquo;Espa&ntilde;a, al carecer de una red p&uacute;blica de cuidados infantiles suficientemente universal y accesible, traslada el coste de la crianza a las familias y, dentro de ellas, a las mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados subrayan la necesidad de &ldquo;dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas orientadas a promover la corresponsabilidad en el trabajo no remunerado, expandir los servicios de atenci&oacute;n a la primera infancia y ofrecer apoyos psicol&oacute;gicos y sociales espec&iacute;ficos para madres solteras y madres de adolescentes, evitando que la crianza siga profundizando las desigualdades de g&eacute;nero en salud&rdquo;. A juicio de la investigadora de la EHU, estos resultados deber&iacute;an tenerse en cuenta tanto en el dise&ntilde;o de las pol&iacute;ticas familiares como en la planificaci&oacute;n de los servicios sanitarios. &ldquo;No es suficiente con facilitar la conciliaci&oacute;n entre el empleo y la familia. Tambi&eacute;n es necesario garantizar que las madres dispongan de tiempo para cuidar de su propia salud y bienestar. Invertir en ese tiempo es invertir en salud. Una mayor corresponsabilidad entre madres y padres contribuir&iacute;a a reducir las desigualdades observadas. Si queremos construir familias saludables y favorecer la natalidad, empecemos porque la crianza no siga teniendo un impacto tan desigual sobre mujeres y hombres&rdquo;, concluye. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maialen Ferreira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/investigacion-ehu-determina-madre-afecta-salud-mental-fisica-padre_1_13418919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 19:46:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una investigación de la EHU determina que ser madre afecta más a la salud mental y física que ser padre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Bizkaia,Gipuzkoa,Álava,Maternidad,Madres,Padres,EHU - Universidad del País Vasco,Universidad,Investigadores,Investigación científica,Investigación,Sociosanitaria,Sociología,Salud mental,Salud,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quizás no debí tirar más fotos: por qué documentamos constantemente la vida de los niños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-debi-tirar-fotos-documentamos-constantemente-vida-ninos_129_13380391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77e71978-d62f-4a88-8877-4272ac01e43d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quizás no debí tirar más fotos: por qué documentamos constantemente la vida de los niños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez vivimos más pendientes de que la vida pueda ordenarse después en una buena historia. Elegimos el restaurante por la terraza, el hotel por las vistas, el rincón desde el que mejor se ve el concierto. La infancia es, probablemente, el territorio donde esa lógica se manifiesta con más claridad</p><p class="subtitle">“Ojalá mi madre no hubiese subido mi foto”: los primeros niños de Facebook ya son adultos</p></div><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de un mes, mientras disfrut&aacute;bamos de un cumplea&ntilde;os infantil colectivo, observ&eacute; de cerca una escena que me dio que pensar. El escenario: un trozo de parque, c&eacute;sped, varios &aacute;rboles, una fuente cercana, una cancha de baloncesto. Un poco m&aacute;s de cerca: tres mesas con distintos manteles decorados con motivos florales, varias guirnaldas, una estaci&oacute;n casi profesional de preparaci&oacute;n de perritos calientes, tres tartas, cada una al gusto de su cumplea&ntilde;ero, y un altavoz esparciendo cumbia a un volumen aceptable y agradable.
    </p><p class="article-text">
        Llega la hora de soplar las velas y los cumplea&ntilde;eros se colocan delante de sus tartas, dispuestos a soplarlas. Sus compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de clase los rodean y se preparan para cantar el cumplea&ntilde;os feliz. Una segunda fila de madres, padres y otros familiares levanta sus tel&eacute;fonos m&oacute;viles casi al mismo tiempo. Los ni&ntilde;os soplan las velas, comienzan los primeros aplausos tras el c&aacute;ntico cuando, de repente, alguien exclama: &ldquo;&iexcl;No! Repetidlo, por favor, que no le he dado a grabar&rdquo;. Las velas vuelven a encenderse. Los ni&ntilde;os se recolocan. Se canta otra vez. Los homenajeados vuelven a soplar. El cumplea&ntilde;os ocurre por segunda vez para que pueda existir la primera.
    </p><p class="article-text">
        La escena tiene algo c&oacute;mico, incluso entra&ntilde;able, y dice mucho de nosotros. No solo porque hagamos muchas m&aacute;s fotograf&iacute;as, en general, sino porque cada vez nos cuesta m&aacute;s aceptar que una experiencia pueda ocurrir sin dejar de inmediato una prueba de que ha ocurrido. O, peor todav&iacute;a, como si ninguno de los m&aacute;s de doce adultos alrededor pudiera pasarte su v&iacute;deo o su foto por WhatsApp. Hab&iacute;a que tener el propio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Existe un momento si nadie lo fotograf&iacute;a? &iquest;Si nadie lo publica? La respuesta es evidente: claro que s&iacute;, pero nuestro comportamiento cotidiano parece decir otra cosa. Repetimos el soplido de las velas porque la c&aacute;mara no estaba grabando. Buscamos el &aacute;ngulo perfecto antes que el acontecimiento. A veces incluso interrumpimos la experiencia para asegurarnos de que, m&aacute;s adelante, podremos demostrar que estuvimos all&iacute;. Piensa en los conciertos a los que has ido, en ese <em>spot</em> tan<em> instagrameable</em> en tus vacaciones o en la puesta de sol alrededor de la cual se congregan decenas de personas haciendo exactamente la misma fotograf&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada vez nos cuesta más aceptar que una experiencia pueda ocurrir sin dejar de inmediato una prueba de que ha ocurrido</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cada vez vivimos m&aacute;s pendientes de que la vida pueda ordenarse despu&eacute;s en una buena historia. Elegimos el restaurante por la terraza, el hotel por las vistas, el rinc&oacute;n desde el que mejor se ve el concierto o el banco desde el que la foto quedar&aacute; mejor encuadrada. El relato empieza a condicionar la experiencia antes incluso de que esta tenga lugar.
    </p><p class="article-text">
        La infancia es, probablemente, el territorio donde esa l&oacute;gica se manifiesta con m&aacute;s claridad. Antes incluso de que nazca un beb&eacute;, se empieza a producir archivo: la prueba de embarazo, la primera ecograf&iacute;a, el v&iacute;deo en el que se comunica la noticia a los abuelos. &Uacute;ltimamente, las redes est&aacute;n llenas de v&iacute;deos de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/nina-nino-fiestas-revelar-sexo-bebe-reproducir-patriarcado-tartas-regalos_1_10642007.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fiestas de </a><a href="https://www.eldiario.es/nidos/nina-nino-fiestas-revelar-sexo-bebe-reproducir-patriarcado-tartas-regalos_1_10642007.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>gender reveal</em></a> en las que se pincha un globo y se descubre el g&eacute;nero del beb&eacute;: azul si es ni&ntilde;o, rosa si es ni&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en la evoluci&oacute;n de los ec&oacute;grafos, por ejemplo. Las ecograf&iacute;as 3D y 4D no nacen de una necesidad m&eacute;dica: los ec&oacute;grafos convencionales ya cumplen esa funci&oacute;n en la inmensa mayor&iacute;a de los casos. Estas versiones existen, sobre todo, para ofrecer una experiencia emocional: permiten distinguir un rostro que todav&iacute;a pertenece al futuro. &iquest;Qu&eacute; dice de nosotros el deseo de ver con nitidez la cara de alguien que a&uacute;n no ha nacido? &iquest;No nos hace cierta ilusi&oacute;n la sorpresa en el momento del nacimiento? Despu&eacute;s llegar&aacute;n el primer ba&ntilde;o, el primer diente, el primer dibujo, el primer cumplea&ntilde;os, el primer d&iacute;a de colegio. Vivimos rodeados de primeros momentos y cada uno reclama su fotograf&iacute;a, su v&iacute;deo, su carpeta, su copia de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        Nunca una generaci&oacute;n hab&iacute;a producido <a href="https://www.eldiario.es/nidos/facebook-adultos-familias-redes-sociales_1_12108293.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un archivo tan exhaustivo de la infancia</a>. Y, sin embargo, no estoy segura de que estemos hablando de memoria, sino de relato. La infiltraci&oacute;n de las redes sociales en nuestras vidas ha cambiado nuestra forma de contarnos, de recordarnos, de construir nuestra propia identidad. Vivimos en una cultura obsesionada con narrarse a s&iacute; misma. Las marcas ya no venden productos: cuentan historias. Los pol&iacute;ticos hablan continuamente del relato y nosotros tambi&eacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nunca una generación había producido un archivo tan exhaustivo de la infancia. Y, sin embargo, no estoy segura de que estemos hablando de memoria, sino de relato. La infiltración de las redes sociales en nuestras vidas ha cambiado nuestra forma de contarnos, de recordarnos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; por eso que fotografiamos los cumplea&ntilde;os y no un martes cualquiera? &iquest;Por eso guardamos el primer dibujo, pero no los doscientos siguientes? Filmamos el primer chapuz&oacute;n del verano, pero no la tarde cualquiera en la que una criatura pasa dos horas invent&aacute;ndose un mundo con cuatro palos y una manta. No archivamos la vida, sino aquello que encaja en una narraci&oacute;n que nos satisfaga. Una narraci&oacute;n necesita un principio, un conflicto, momentos decisivos y un desenlace.<strong> </strong>La vida, en realidad, est&aacute; hecha de repeticiones; de martes cualesquiera, de conversaciones que olvidamos, de tardes que parec&iacute;an iguales y que solo muchos a&ntilde;os despu&eacute;s comprendemos que significaron algo. Quiz&aacute; por eso fotografiamos los hitos: porque son los &uacute;nicos momentos que parecen dejarse convertir f&aacute;cilmente en un relato.
    </p><p class="article-text">
        Esa obsesi&oacute;n por convertir la vida en archivo me acompa&ntilde;&oacute; durante d&iacute;as. Volv&iacute; a encontrarla, de otra manera, leyendo <a href="https://www.eldiario.es/era/carlota-visier-escritora-madre-archivo-recuerdos-claro-hija-querida_1_13189551.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hija &uacute;nica</em></a><em> </em>(Temas de Hoy, 2026), la novela de la escritora y editora Carlota Visier, en la que Irasema, una ni&ntilde;a nacida en Cuenca en los a&ntilde;os noventa, descubre que su infancia hab&iacute;a empezado a escribirse mucho antes de que ella misma pudiera contarla. No porque hubiera una cantidad ingente, casi obscena, de fotograf&iacute;as o recuerdos, sino porque alguien &mdash;su madre&mdash; hab&iacute;a decidido qu&eacute; conservar, qu&eacute; ordenar y qu&eacute; merec&iacute;a formar parte de la historia familiar. Al fin y al cabo, un archivo nunca es inocente: tambi&eacute;n es una forma de editar una vida. Para muestra, un bot&oacute;n del texto:
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;Objeto N&ordm;. 001: Cuaderno de vida titulado &ldquo;Proyecto Irasema Alcalde Mu&ntilde;oz&rdquo; hecho por la madre. Cuaderno de tapa dura que incluye textos de los primeros sonidos, construcciones sint&aacute;cticas, pasos y experiencias de la ni&ntilde;a Irasema a lo largo de sus primeros diez a&ntilde;os. Tambi&eacute;n se observan recortes de revistas y documentos m&eacute;dicos, entre otros&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La madre de Irasema en <em>Hija &uacute;nica</em> no solo retrataba a su hija: tambi&eacute;n hac&iacute;a fotograf&iacute;as de los ni&ntilde;os que celebraban sus cumplea&ntilde;os en el negocio familiar, un <em>Party Fan</em> &mdash;una sala de juegos infantiles con piscina de bolas donde se celebraban muchos de los eventos de la infancia de la ni&ntilde;a y sus coet&aacute;neos&mdash;. Ese podr&iacute;a ser un extremo, pero no era lo normal. Generalmente, los recuerdos de nuestras familias caben en unos cuantos &aacute;lbumes de fotos. Las im&aacute;genes se eleg&iacute;an antes de ser tomadas, pasaban por un proceso de revelado, se sujetaban a las p&aacute;ginas de unos &aacute;lbumes que se abr&iacute;an una y otra vez cuando ven&iacute;an visitas o cuando alguien quer&iacute;a recordar un viaje. Alrededor del &aacute;lbum se amontonaban las an&eacute;cdotas y las historias.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quizá el problema no sea que hagamos demasiadas fotografías. No hacemos una foto para recordar mañana, la hacemos para convencernos hoy de que el momento merece ser vivido</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de madres y padres tenemos, ahora, decenas de miles de fotograf&iacute;as repartidas entre tel&eacute;fonos m&oacute;viles, discos duros y nubes digitales. &iquest;Cu&aacute;ntas volvemos a mirar? &iquest;Qui&eacute;n abre hoy la carpeta de fotos de 2019? &iquest;Qui&eacute;n recorre las siete mil fotograf&iacute;as de unas vacaciones? Nunca hab&iacute;amos almacenado tanto y, sin embargo, nunca hab&iacute;amos dejado tantos relatos para m&aacute;s adelante. El &aacute;lbum de fotos ya era un relato. La nube, la galer&iacute;a de fotos o el disco duro son la promesa de un relato futuro.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el problema no sea que hagamos demasiadas fotograf&iacute;as. No hacemos una foto para recordar ma&ntilde;ana, la hacemos para convencernos hoy de que el momento merece ser vivido. Quiz&aacute; el problema sea que hemos empezado a conceder m&aacute;s realidad a aquello que puede convertirse en un recuerdo o una historia. Y me pregunto si esa segunda fila de madres y padres, tel&eacute;fonos en alto, no estaba intentando conservar un cumplea&ntilde;os, sino asegurarse de que el cumplea&ntilde;os hab&iacute;a existido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-debi-tirar-fotos-documentamos-constantemente-vida-ninos_129_13380391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jul 2026 20:23:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quizás no debí tirar más fotos: por qué documentamos constantemente la vida de los niños]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Padres,Madres,Fotografía,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Piden más de tres años de cárcel para una madre por llevar cocaína y heroína a su hijo encarcelado en la prisión de Logroño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/piden-tres-anos-carcel-madre-llevar-cocaina-heroina-hijo-encarcelado-prision-logrono_1_13373236.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b125fafb-ce6d-453f-9eae-448c5416b054_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Piden más de tres años de cárcel para una madre por llevar cocaína y heroína a su hijo encarcelado en la prisión de Logroño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">📌 La mujer llevó, de forma consciente y voluntaria, diversas sustancias para entregárselas a su hijo: cocaína, heroína y pasta de cannabis
</p></div><p class="article-text">
        El Ministerio Fiscal pide tres a&ntilde;os y medio de c&aacute;rcel para una mujer de 67 a&ntilde;os, por un delito tr&aacute;fico de drogas al llevar coca&iacute;na y hero&iacute;na a su hijo a la prisi&oacute;n de Logro&ntilde;o. Adem&aacute;s, le exige una multa de 1.000 euros.
    </p><p class="article-text">
        Los hechos, a los que ha tenido acceso Europa Press, se juzgar&aacute;n este lunes 13 de julio, a las 11,15 horas, si bien se desarrollar&aacute; previamente una 'vistilla' para ver si se puede llegar a un acuerdo de conformidad, que en caso de no ser as&iacute; derivar&iacute;a en se&ntilde;alamiento de juicio.
    </p><p class="article-text">
        Se juzga como la acusada el 21 de febrero de 2025 acudi&oacute; a Centro Penitenciario de Logro&ntilde;o para visitar en r&eacute;gimen de 'comunicaci&oacute;n especial' a su hijo interno, portando de forma consciente y voluntaria diversas sustancias para entregarlas al mismo, que tras ser analizadas resultaron ser coca&iacute;na, hero&iacute;na y pasta de cannabis.
    </p><p class="article-text">
        El precio medio en el mercado il&iacute;cito de un gramo de coca&iacute;na era de 60 euros el gramo, un gramo de hach&iacute;s era de 6,82 y un gramo de hero&iacute;na era de 58,35 euros el total intervenido valorado en venta por kilogramos asciende a 485,69 euros.
    </p><p class="article-text">
        Para el fiscal la acusada, es responsable en concepto de autora de un delito de tr&aacute;fico de drogas (sustancia que causa grave da&ntilde;o a la salud), por el que le pide tres a&ntilde;os y medio de c&aacute;rcel y una multa de 1.000 euros. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Europa Press]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/piden-tres-anos-carcel-madre-llevar-cocaina-heroina-hijo-encarcelado-prision-logrono_1_13373236.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 08:57:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Piden más de tres años de cárcel para una madre por llevar cocaína y heroína a su hijo encarcelado en la prisión de Logroño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juicios,La Rioja,Drogas,Cárceles,Logroño,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Supremo admite el recurso de una madre de Tenerife para cambiar el orden de los apellidos de su hijo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tribunales/tribunal-supremo-madre-hijo-cambiar-apellidos-tenerife_1_13357436.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ba4ab58-264b-419e-b47f-f6212842370d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Supremo admite el recurso de una madre de Tenerife para cambiar el orden de los apellidos de su hijo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Juzgado de Primera Instancia de Icod de los Vinos dio la razón al padre cuando este se opuso a modificar la filiación registral del menor, nacido fuera del matrimonio. Posteriormente, la progenitora recurrió ante la Audiencia Provincial de Santa Cruz, aunque, según recoge la resolución judicial, no planteó un motivo concreto más allá de esa pretensión</p></div><p class="article-text">
        La Sala de lo Civil del <strong>Tribunal Supremo</strong> (TS) ha admitido a tr&aacute;mite el recurso de una <strong>madre</strong> del norte de Tenerife que solicita que su <strong>hijo </strong>nacido fuera del matrimonio lleve primero su <strong>apellido</strong> y despu&eacute;s el del <strong>padre</strong>, tras las resoluciones desfavorables del Juzgado de Icod de los Vinos y de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.
    </p><p class="article-text">
        El Juzgado de Primera Instancia de Icod de los Vinos dio la raz&oacute;n al padre cuando este se opuso a modificar la filiaci&oacute;n registral del menor, en la que figura en primer lugar el apellido paterno y, en segundo, el materno.
    </p><p class="article-text">
        La madre recurri&oacute; posteriormente ante la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife para solicitar el cambio del orden de los apellidos, al no estar conforme con el vigente, aunque, seg&uacute;n recoge la resoluci&oacute;n judicial, no plante&oacute; un motivo concreto m&aacute;s all&aacute; de esa pretensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La Audiencia confirm&oacute; la sentencia de primera instancia al recordar que el recurso de apelaci&oacute;n no constituye un nuevo juicio ni permite resolver cuestiones distintas de las ya analizadas por el juzgado.
    </p><p class="article-text">
        En su resoluci&oacute;n, el tribunal se&ntilde;al&oacute; que, cuando la filiaci&oacute;n est&aacute; determinada por ambos progenitores, estos pueden decidir de com&uacute;n acuerdo el orden de los apellidos en el momento de la inscripci&oacute;n en el Registro Civil.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;ade que, cuando ese acuerdo no se produce en el momento de la inscripci&oacute;n, debe aplicarse la legislaci&oacute;n vigente en el momento de los hechos, por la que el menor figura con el apellido del padre en primer lugar y el de la madre en segundo.
    </p><p class="article-text">
        Disconforme con esa decisi&oacute;n, la madre interpuso recurso de casaci&oacute;n ante el Tribunal Supremo, que ha decidido admitirlo a tr&aacute;mite al apreciar que la cuesti&oacute;n presenta inter&eacute;s casacional para la formaci&oacute;n de jurisprudencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[EFE]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tribunales/tribunal-supremo-madre-hijo-cambiar-apellidos-tenerife_1_13357436.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jul 2026 09:48:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Supremo admite el recurso de una madre de Tenerife para cambiar el orden de los apellidos de su hijo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tribunal Supremo,Tenerife,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quién consigue teletrabajar con niños en casa durante el verano: “No paro en todo el día y tampoco rindo como querría”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/teletrabajar-ninos-casa-durante-verano-no-paro-dia-rindo-querria_1_13345095.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a947e4a1-8569-4767-859e-857985a2bec5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146420.jpg" width="1838" height="1034" alt="Quién consigue teletrabajar con niños en casa durante el verano: “No paro en todo el día y tampoco rindo como querría”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Compatibilizar trabajo y cuidados durante las vacaciones escolares puede convertirse en un desafío. Muchas familias describen estas semanas como un periodo de cansancio, interrupciones y sensación de no llegar a todo</p><p class="subtitle">Pedir una excedencia en verano para cuidar de tus hijos: “Me sale más barato no trabajar que pagar campamentos”</p></div><p class="article-text">
        La falta de clases, las reuniones desde casa y los ni&ntilde;os sin rutina convierten el verano en una etapa especialmente dif&iacute;cil para muchas familias. Padres y madres describen jornadas marcadas por interrupciones constantes, una atenci&oacute;n dividida entre varias tareas y el esfuerzo de intentar responder al mismo tiempo a las exigencias laborales y familiares.
    </p><p class="article-text">
        El verano altera el equilibrio que muchas familias consiguen mantener durante el curso. Sin horarios escolares ni estructuras diarias claras, muchos padres afrontan julio y agosto intentando reorganizar horarios, actividades y cuidados para sacar adelante el d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Marta, de 39 a&ntilde;os y madre de una ni&ntilde;a de seis, teletrabaja como administrativa desde un piso peque&ntilde;o. &ldquo;Cuando se va el calor, salimos a pasear por la tarde, pero las ma&ntilde;anas son un caos. A veces no s&eacute; si estoy en una reuni&oacute;n o hablando como una Barbie&rdquo;, comenta. Reconoce que muchas veces termina el d&iacute;a con la percepci&oacute;n de no haber estado realmente centrada ni en el trabajo ni en su hija.<strong> </strong>&ldquo;S&eacute; que ella se aburre y, al mismo tiempo, siento que yo tampoco hago las cosas igual que normalmente en el trabajo&rdquo;, admite.
    </p><p class="article-text">
        En otras familias, el verano obliga a reorganizar horarios constantemente. Valentina, de 41 a&ntilde;os y madre de un ni&ntilde;o de siete a&ntilde;os, teletrabaja desde hace dos y reconoce que julio y agosto resultan especialmente intensos. No quiere <a href="https://www.eldiario.es/nidos/entradas-concierto-odisea-encontrar-plaza-campamentos-verano-ninos_1_13301540.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llevar a su hijo a campamentos</a> y buena parte de la jornada gira en torno a organizarse para atender el trabajo y las necesidades de su hijo. &ldquo;Lo dejar&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/nidos/abuelos-ponen-limites-cuidado-nietos-disfruto-no-quiero-volver-dia-marcado-horarios_1_13134312.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s tiempo con los abuelos</a>, pero no quiere. Est&aacute; acostumbrado a estar con nosotros, m&aacute;s conmigo, porque su padre trabaja fuera de la ciudad y no quiero obligarlo&rdquo;, explica. Mientras trabaja, intenta buscar actividades para entretenerlo con cuentos, dibujos para colorear o ratos de juego aut&oacute;nomo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sé que ella se aburre y, al mismo tiempo, siento que yo tampoco hago las cosas igual que normalmente en el trabajo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta, 39 años</span>
                                        <span>—</span> madre de una niña de seis
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pablo, de 36 a&ntilde;os y padre de un ni&ntilde;o de tres, describe jornadas marcadas por interrupciones constantes. &ldquo;Tengo que parar todo el rato cuando necesita algo. Es muy peque&ntilde;o e inquieto&rdquo;, asegura. Cuando coincide con su pareja en casa, la situaci&oacute;n mejora porque ella puede salir a pasear o hacer recados con el ni&ntilde;o. &ldquo;Si estoy solo, muchas veces termino poniendo dibujos en la televisi&oacute;n para poder acabar el trabajo&rdquo;, comparte.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Esther, de 43 a&ntilde;os y madre de dos gemelas de nueve a&ntilde;os, parte de la conciliaci&oacute;n depende de ir encajando horarios, campamentos y ayuda familiar. &ldquo;Est&aacute;n juntas y eso me ayuda a que hagan actividades y se diviertan la una con la otra, aunque tambi&eacute;n tienen discusiones y tengo que intervenir&rdquo;, dice. Como otros a&ntilde;os, este verano recurrir&aacute; durante algunas semanas a un campamento de ma&ntilde;ana, aunque reconoce que este recurso no siempre resuelve las dificultades de las familias con jornadas largas fuera de casa. &ldquo;Para los que teletrabajamos, la sensaci&oacute;n es no parar en todo el d&iacute;a y no rendir como quisi&eacute;ramos. Durante el curso todo est&aacute; m&aacute;s ordenado&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        La dificultad para conciliar durante las vacaciones escolares no es una percepci&oacute;n aislada. Seg&uacute;n una encuesta de la Plataforma de Infancia publicada en 2024, <a href="https://www.plataformadeinfancia.org/el-50-de-las-familias-ayuda-a-conciliar-en-vacaciones-campamentos-14-no-puede-permitirselo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la mitad de las familias espa&ntilde;olas</a> se&ntilde;ala los campamentos de verano como la medida que m&aacute;s les ayuda a organizar el cuidado de los hijos durante este periodo. Sin embargo, un 14% reconoce que no puede permitirse econ&oacute;micamente este recurso.
    </p><h2 class="article-text">Un equilibrio dif&iacute;cil de mantener</h2><p class="article-text">
        Sof&iacute;a Gil Guerrero, psic&oacute;loga y directora del Centro de Psicolog&iacute;a MindUp Psic&oacute;logos, detalla que el verano suele vivirse de forma m&aacute;s intensa debido a la desaparici&oacute;n de muchas de las rutinas que organizan la vida cotidiana durante el curso escolar. Seg&uacute;n observa, la ausencia de apoyos habituales, como el colegio, hace que compatibilizar el trabajo con el cuidado de los hijos resulte especialmente complejo para numerosos hogares.
    </p><p class="article-text">
        La profesional apunta adem&aacute;s que durante estos meses aparece una presi&oacute;n a&ntilde;adida relacionada con las expectativas. Muchas personas sienten que deber&iacute;an aprovechar el verano para descansar, desconectar o realizar actividades especiales con sus hijos, algo que no siempre encaja con las exigencias laborales del d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si estoy solo, muchas veces termino poniendo dibujos en la televisión para poder acabar el trabajo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pablo, 36 años</span>
                                        <span>—</span> padre de un niño de tres
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Gil recuerda que el teletrabajo puede facilitar la conciliaci&oacute;n durante el curso cuando existen apoyos claros, como el centro educativo, el comedor o las actividades extraescolares. Sin embargo, expone que durante las vacaciones ese equilibrio se vuelve m&aacute;s dif&iacute;cil de mantener porque desaparecen muchas de esas ayudas y los ni&ntilde;os permanecen m&aacute;s tiempo en casa.
    </p><p class="article-text">
        A su juicio, esta situaci&oacute;n favorece que muchas madres y padres sientan que no pueden atender todas las demandas del d&iacute;a como desear&iacute;an. La presi&oacute;n por responder al mismo tiempo a las responsabilidades laborales y familiares puede generar culpa y desgaste emocional. La psic&oacute;loga subraya que esa sensaci&oacute;n no implica ser peor padre o madre e insiste en la importancia de cuidar tambi&eacute;n la salud mental y reservar espacios de descanso y disfrute durante este periodo.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;ade que no todos los ni&ntilde;os afrontan el verano de la misma manera ni cuentan con el mismo grado de autonom&iacute;a. Mientras algunos pueden entretenerse solos durante largos periodos, otros necesitan m&aacute;s acompa&ntilde;amiento. Por ello aconseja ajustar las expectativas, flexibilizar horarios y recurrir a la ayuda de familiares, amigos, escuelas de verano u otros recursos disponibles.
    </p><h2 class="article-text">Corresponsabilidad, organizaci&oacute;n y salud mental</h2><p class="article-text">
        Aunque el teletrabajo puede facilitar la organizaci&oacute;n familiar, la psic&oacute;loga Marina Ortega Otero advierte de que esta medida no evita por s&iacute; sola que la carga familiar aumente.
    </p><p class="article-text">
        La especialista considera que uno de los aspectos clave es el reparto real de responsabilidades dentro del hogar. Indica que cuando las tareas de cuidado no se distribuyen de forma equilibrada entre los progenitores pueden aparecer agotamiento, sobrecarga y problemas relacionados con la salud mental.
    </p><p class="article-text">
        Ortega precisa que, aunque muchas familias esperan con ganas la llegada del verano, mantener cierto grado de organizaci&oacute;n sigue siendo importante para el bienestar familiar. En este sentido, destaca que la rutina aporta estabilidad emocional y ayuda a desenvolverse mejor en el d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aunque el teletrabajo puede facilitar la organización familiar, la psicóloga Marina Ortega Otero advierte de que esta medida no evita por sí sola que la carga familiar aumente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por ello recomienda organizarse sin expectativas excesivamente r&iacute;gidas y tratar de disfrutar de los peque&ntilde;os momentos cotidianos. De igual modo, defiende que es positivo que los menores participen en tareas dom&eacute;sticas adaptadas a su edad. Colaborar en actividades sencillas del hogar favorece la autonom&iacute;a, el compromiso y la corresponsabilidad familiar.
    </p><p class="article-text">
        Esta psic&oacute;loga aclara que los ni&ntilde;os m&aacute;s peque&ntilde;os suelen tener m&aacute;s dificultades para comprender que sus padres necesitan momentos de concentraci&oacute;n o trabajo. Esa capacidad de comprensi&oacute;n aumenta con la edad, aunque insiste en la importancia de establecer l&iacute;mites claros desde el respeto y el cari&ntilde;o, ya que aportan seguridad y autoestima.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, muchas familias contin&uacute;an adapt&aacute;ndose a unas semanas en las que trabajo, cuidados y vacaciones conviven bajo el mismo techo. Una realidad que obliga a reorganizar rutinas y responder a las necesidades de cada d&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/teletrabajar-ninos-casa-durante-verano-no-paro-dia-rindo-querria_1_13345095.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2026 19:57:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quién consigue teletrabajar con niños en casa durante el verano: “No paro en todo el día y tampoco rindo como querría”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teletrabajo,Niños,Vacaciones,Verano,Padres,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/hijo-proyecto-personal-inmersos-ninos-cosa_129_13291982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5daf653-6716-4264-8123-995b85bf324a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Somos una generación que ha hecho de la crianza una actividad cada vez más consciente, informada y exigente. Hemos conseguido convertir cualquier rincón de la infancia en una oportunidad de aprendizaje. Pero, ¿qué ocurre cuando desaparecen los espacios que no sirven para nada?</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        Hace poco, mientras buscaba algunos regalos de cumplea&ntilde;os en la secci&oacute;n infantil de una librer&iacute;a, me llam&oacute; la atenci&oacute;n la cantidad de libros que sirven para algo: reconocer las emociones, entrenar la paciencia, fortalecer la autoestima o aprender a compartir. Para afrontar el divorcio de los padres, entender la muerte de los abuelos, detectar relaciones t&oacute;xicas o tolerar la frustraci&oacute;n. A veces tengo la sensaci&oacute;n de que, si busco lo suficiente, podr&iacute;a incluso encontrar alg&uacute;n cuento para aprender a leer cuentos. No es que cuestione la utilidad de estos t&iacute;tulos, pues muchos de ellos responden a necesidades reales de las familias; lo que me pregunto es en qu&eacute; momento los libros dejaron de ser &uacute;nicamente una invitaci&oacute;n a dejar volar la imaginaci&oacute;n para convertirse tambi&eacute;n en herramientas de autoayuda e intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta me vino a la cabeza leyendo <em>En la era de los ni&ntilde;os cosa. Ensayos contra la crianza como emprendimiento</em>, el conjunto de ensayos de Santiago Gerchunoff recientemente publicado por Lengua de Trapo-C&iacute;rculo de Bellas Artes. Me fascin&oacute; su lectura, a la vez que me provoc&oacute; cierta incomodidad, porque no habla de padres negligentes ni de madres obsesivas: habla de nosotras y de nosotros, de una generaci&oacute;n que ha hecho de la crianza una actividad cada vez m&aacute;s consciente, informada y exigente. Una generaci&oacute;n que lee, se documenta, dialoga, consulta a expertos y se preocupa sinceramente por ofrecer a sus hijos la mejor vida posible. Quiz&aacute; el libro resulta tan perturbador porque no cuestiona nuestras intenciones, sino nuestra mirada.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el pr&oacute;logo, Gerchunoff escribe que vivimos una &eacute;poca marcada por &ldquo;la paternidad como emprendimiento, los hijos como obras, proyectos o extensiones del yo&rdquo;. Una vez le&iacute;da la frase, resulta dif&iacute;cil dejar de pensar en ella. La vemos en la obsesi&oacute;n por elegir correctamente <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninos-hiperocupados-poner-limite-extraescolares-espera-sigan-ritmo-propio-adultos_1_12681996.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cada actividad extraescolar</a>, en la b&uacute;squeda del cuento adecuado para cada conflicto, del deporte adecuado para cada personalidad y del colegio adecuado para cada talento &mdash;he conocido a familias que dedicaron m&aacute;s de seis meses a <a href="https://www.eldiario.es/nidos/24-horas-grupo-whatsapp-buscar-colegio-ninos-proceso-locura_1_12153447.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">buscar el mejor colegio</a>, haciendo tablas de Excel con pros y contras despu&eacute;s de acudir, religiosamente y con libretas, a cada jornada de puertas abiertas&mdash;. En la idea de que cada experiencia infantil debe aportar algo medible y futurible.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Santiago Gerchunoff escribe que vivimos una época marcada por &quot;la paternidad como emprendimiento, los hijos como obras, proyectos o extensiones del yo&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Hablando ingl&eacute;s en un parque de Madrid</h2><p class="article-text">
        No es casual que una de las im&aacute;genes m&aacute;s potentes del libro sea la del padre que habla en ingl&eacute;s a su hijo en un parque de Madrid &mdash;&ldquo;padres espa&ntilde;oles que se vuelven angloparlantes circunstancialmente al hablar con sus hijos&rdquo;&mdash;. Gerchunoff no critica el aprendizaje de idiomas, sino la l&oacute;gica que se esconde detr&aacute;s de esa decisi&oacute;n: la idea de que siempre es posible a&ntilde;adir una capa m&aacute;s, una competencia m&aacute;s, una ventaja m&aacute;s. Lo que observa en esa escena es &ldquo;la fantas&iacute;a misma de estar haci&eacute;ndolos, fabric&aacute;ndolos con m&aacute;s o menos prestaciones. Es la idea del hijo como obra la que rige en el padre que decide no hablar al hijo en su lengua (la que usa con todo el mundo, en el trabajo, en la calle, en la mesa y en la cama), sino aprovechar todo el tiempo que pueda para 'agregarle' otra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gerchunoff escribe la palabra &ldquo;prestaciones&rdquo; y esto merece una reflexi&oacute;n. Hablamos de prestaciones cuando describimos un coche, un tel&eacute;fono m&oacute;vil o un electrodom&eacute;stico. Sin embargo, cada vez parece m&aacute;s f&aacute;cil trasladar ese lenguaje al territorio de la crianza. Queremos que nuestras criaturas aprendan varios idiomas a la vez, desarrollen inteligencia emocional, practiquen deportes, adquieran h&aacute;bitos saludables, descubran sus talentos, gestionen adecuadamente la frustraci&oacute;n y construyan una autoestima s&oacute;lida. Nada de ello es malo; al contrario: son deseos comprensibles y, en muchos casos, admirables. El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos qui&eacute;nes son para empezar a preguntarnos en qui&eacute;nes podr&iacute;an convertirse, porque entonces la infancia deja de ser una experiencia y se transforma en un proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Lo vemos tambi&eacute;n en la literatura infantil. Gerchunoff, que trabaj&oacute; como librero, dedica algunas p&aacute;ginas brillantes a esa tendencia cada vez m&aacute;s extendida de buscar cuentos para &ldquo;trabajar&rdquo; emociones, conflictos o situaciones concretas &mdash;&ldquo;&iquest;Me recomiendas alguno para trabajar el duelo? &iquest;Qu&eacute; cuento chulo tienes para trabajar la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero?&rdquo;&mdash;. La expresi&oacute;n, de nuevo, me parece reveladora: trabajar los celos, el duelo, la llegada de un hermano o la diversidad, como si la ficci&oacute;n necesitara justificar su existencia mediante una utilidad externa o como si ya no bastara con que una historia emocione o entretenga.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica es siempre la misma: leer, jugar o hacer deporte son actividades que tienen que servir para algo. Hemos conseguido convertir cualquier rinc&oacute;n de la infancia en una oportunidad de aprendizaje. Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre cuando desaparecen los espacios que no sirven para nada?
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos quiénes son para empezar a preguntarnos en quiénes podrían convertirse, porque entonces la infancia deja de ser una experiencia y se transforma en un proyecto</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Una Stasi acaramelada</h2><p class="article-text">
        Gerchunoff describe los grupos de WhatsApp de padres como una &ldquo;Stasi acaramelada&rdquo;. La expresi&oacute;n puede provocarte una sonrisa, pero se&ntilde;ala algo importante: nunca hab&iacute;amos estado tan presentes en la vida de nuestras criaturas. Nunca hab&iacute;amos estado tan implicados en las decisiones que se toman en las aulas, en las extraescolares, en los cumplea&ntilde;os o en sus relaciones personales. Vigilamos, acompa&ntilde;amos, supervisamos, intervenimos y lo hacemos porque la infancia nos importa, por protecci&oacute;n y por amor hacia nuestros hijos e hijas.
    </p><p class="article-text">
        No dejo de preguntarme si, en medio de esa vigilancia permanente que ejercemos, no estaremos eliminando precisamente aquello que la infancia necesita para convertirse en una experiencia propia. Quiz&aacute; no estemos dejando hueco para ese espacio opaco donde ocurren cosas que los adultos no ven, no controlan y no comprenden del todo; ese territorio donde construimos nuestras primeras amistades, secretos, conflictos, reconciliaciones y peque&ntilde;as formas de autonom&iacute;a. &ldquo;Para ayudarlos a ser sujetos no hay m&aacute;s remedio que dejarlos de tratar como nuestros objetos&rdquo;, escribe Gerchunoff.
    </p><h2 class="article-text">Todo para los ni&ntilde;os, pero sin los ni&ntilde;os</h2><p class="article-text">
        En <em>El problema de los hoteles sin ni&ntilde;os</em>, ensayo dedicado a los hoteles, restaurantes y otros espacios p&uacute;blicos <em>childfree,</em> encontramos otra frase que resume toda esta preocupaci&oacute;n: &ldquo;Confundimos, de hecho, criarlos con hacerlos. Los dos bandos, antini&ntilde;os y proni&ntilde;os, coinciden entonces en realidad en considerar a los ni&ntilde;os como cosas. Solo que unos los ven como cosas molestas y los otros, como cosas m&aacute;gicas&rdquo;. Quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; el n&uacute;cleo de la cuesti&oacute;n. &ldquo;Criar&rdquo; y &ldquo;hacer&rdquo; no son sin&oacute;nimos. Criar implica acompa&ntilde;ar el desarrollo de alguien que nunca terminaremos de comprender del todo. Hacer implica proyectar un resultado y trabajar para alcanzarlo. A las personas las criamos. Los objetos, los hacemos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; esa la verdadera paradoja de nuestro tiempo? Nunca hemos prestado tanta atenci&oacute;n a la infancia y, sin embargo, cada vez parece costarnos m&aacute;s aceptar aquello que tiene de impredecible. Vivimos frecuentemente angustiados por la sensaci&oacute;n de no estar haciendo lo suficiente. En uno de los textos m&aacute;s inquietantes del volumen, <em>El beb&eacute; Tamagotchi</em>, Gerchunoff describe a una pareja que <a href="https://www.eldiario.es/nidos/graficas-bebe-partes-buena-idea-medir-aspecto-crianza-app_1_12034787.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">monitoriza el sue&ntilde;o, la temperatura y los ritmos de su beb&eacute;</a> en vacaciones mediante sensores y dispositivos electr&oacute;nicos. La imagen que le viene a la cabeza es la de aquella mascota virtual de los noventa que exig&iacute;a atenci&oacute;n constante y pod&iacute;a morir si uno se equivocaba. Lo interesante es que no identifica en esa escena una falta de amor, sino exactamente lo contrario: un amor tan informado, tan atento y tan responsable que aspira a eliminar cualquier experiencia no controlada. Un amor que no quiere equivocarse.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Criar implica acompañar el desarrollo de alguien que nunca terminaremos de comprender del todo. Hacer implica proyectar un resultado y trabajar para alcanzarlo. A las personas las criamos. Los objetos, los hacemos</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La infancia improductiva</h2><p class="article-text">
        Cada vez resulta m&aacute;s dif&iacute;cil encontrar espacios verdaderamente improductivos en la infancia. Nuestras criaturas leen, pero nos gusta que la lectura les ense&ntilde;e algo. Juegan, pero preferimos que el juego estimule determinadas capacidades. Hacen deporte, pero esperamos que aprendan disciplina, esfuerzo o trabajo en equipo. Incluso el aburrimiento, que en cualquier tiempo pasado fue simplemente aburrimiento, ha sido rebautizado como una herramienta pedag&oacute;gica capaz de fomentar la creatividad. Parece que ya no nos basta con que las cosas sucedan; necesitamos que produzcan alg&uacute;n tipo de beneficio.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una cultura obsesionada con el conocimiento experto y con la mejora continua. Somos una sociedad incapaz de tolerar lo improductivo. <a href="https://www.eldiario.es/viajes/resenas-restaurantes-internet_1_10653850.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consultamos rese&ntilde;as</a> antes de reservar un hotel, escuchamos podcasts para aprender a optimizar nuestro tiempo y descargamos aplicaciones que monitorizan lo que comemos, <a href="https://www.eldiario.es/era/contar-pasos-calorias-apps-monitorizacion_1_10794929.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cu&aacute;nto caminamos</a> o lo que dormimos. Era casi inevitable que esa l&oacute;gica terminara entrando tambi&eacute;n en la crianza. Si todo puede aprenderse, perfeccionarse y optimizarse, &iquest;por qu&eacute; no iba a ocurrir lo mismo con la maternidad y la paternidad?
    </p><p class="article-text">
        El problema es que las criaturas no son un proyecto profesional, aunque a veces hablemos de ellas como si lo fueran. No son una versi&oacute;n inacabada de algo que debe alcanzar su m&aacute;ximo potencial ni una especie de curr&iacute;culum sobre el que vamos incorporando mejoras sucesivas. Sin embargo, basta con asomarse a cualquier conversaci&oacute;n entre padres y madres para comprobar hasta qu&eacute; punto hemos asumido esa mirada. Quiz&aacute; la pregunta que deja flotando Gerchunoff no sea c&oacute;mo criar mejor, sino c&oacute;mo seguir criando sin convertir la infancia en un proyecto de mejora continua. C&oacute;mo seguir acompa&ntilde;ando sin gestionar, cuidando sin optimizar y educando sin olvidar que algunas de las experiencias m&aacute;s valiosas de la infancia &mdash;y de la vida&mdash; ocurren, precisamente, cuando dejan de servir para algo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/hijo-proyecto-personal-inmersos-ninos-cosa_129_13291982.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 20:13:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Madres,Padres,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi madre migró a España y yo crecí viéndola a través de una pantalla: ahora nos hemos reencontrado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/madre-migro-espana-creci-viendola-traves-pantalla-ahora-hemos-reencontrado_1_13279907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/131b7a8c-6be9-4af6-831d-0561967241af_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144681.jpg" width="1071" height="603" alt="Mi madre migró a España y yo crecí viéndola a través de una pantalla: ahora nos hemos reencontrado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay una parte de la migración que casi nunca se nombra: la de las hijas e hijos que se quedan. Detrás de muchas mujeres migrantes, hay una generación de niños creciendo con miedo, incertidumbre y una sensación constante de espera</p><p class="subtitle">Este joven peruano ya ha empezado a cotizar gracias a la regularización: “Tardé solo tres días en encontrar trabajo”</p></div><p class="article-text">
        Cuando ten&iacute;a 15 a&ntilde;os, mi madre migr&oacute; a este pa&iacute;s buscando una oportunidad para sostener nuestra vida. Durante siete a&ntilde;os no pudimos abrazarnos ni compartir una comida ni acompa&ntilde;arnos en los momentos dif&iacute;ciles ni vivir juntas lo cotidiano. Crec&iacute; vi&eacute;ndola a trav&eacute;s de una pantalla, escuch&aacute;ndola por llamadas o audios, aprendiendo a extra&ntilde;arla mientras intent&aacute;bamos sobrevivir cada una desde lugares distintos.
    </p><p class="article-text">
        Hace apenas seis meses pudimos reencontrarnos nuevamente. Y creo que fue ah&iacute; donde entend&iacute; una realidad de la que casi no se habla. Cuando hablamos de migraci&oacute;n, muchas veces hablamos de fronteras, de papeles, de empleo, de racismo, de pobreza o de violencia institucional. Y est&aacute; bien hacerlo. Pero hoy quiero hablar de una parte de la migraci&oacute;n que casi nunca se nombra: de las hijas e hijos que se quedan. De quienes crecimos viendo a nuestras madres marcharse para intentar sostener la vida desde otro pa&iacute;s. Porque detr&aacute;s de muchas mujeres migrantes hay tambi&eacute;n una generaci&oacute;n de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os creciendo con miedo, incertidumbre y una sensaci&oacute;n constante de espera.
    </p><p class="article-text">
        Esperar a que mam&aacute; consiga trabajo, que consiga papeles, que encuentre un alquiler, que pueda enviarnos dinero, que pueda traernos. Y mientras tanto, una aprende a vivir con dudas demasiado grandes para la edad que tiene. 
    </p><p class="article-text">
        Muchas hijas e hijos de mujeres migrantes crecimos con una ansiedad silenciosa que nadie nombraba. Viv&iacute;amos pendientes del tel&eacute;fono. Con miedo a que le pasara algo a nuestra madre. Con miedo a que la deportaran. Con miedo a que enfermara sola. Con miedo a que no pudiera m&aacute;s. Y muchas veces intentando ser &ldquo;perfectos&rdquo; para no darle m&aacute;s preocupaciones.
    </p><p class="article-text">
        Nos dec&iacute;an: &ldquo;Estudia&rdquo;; &ldquo;comp&oacute;rtate&rdquo;; &ldquo;si vienes con estudios, todo ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil&rdquo;. Y entonces muchas ni&ntilde;as y ni&ntilde;os crecieron sintiendo que ten&iacute;an que &ldquo;merecer&rdquo; el reencuentro. 
    </p><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga Arlie Hochschild habla de las &ldquo;cadenas globales de cuidados&rdquo;, explicando c&oacute;mo las mujeres migrantes sostienen econom&iacute;as enteras cuidando a otras personas mientras sus propias familias quedan fragmentadas por la distancia. Y creo que ah&iacute; hay una gran verdad inc&oacute;moda: el mundo se sostiene muchas veces sobre el sacrificio emocional de las mujeres migrantes y de sus hijos e hijas. Porque no solamente migran las madres. Tambi&eacute;n migran los afectos, las maternidades y las infancias.
    </p><h2 class="article-text">Educar desde un m&oacute;vil</h2><p class="article-text">
        Hay algo muy duro de las maternidades transnacionales: tener que educar desde un tel&eacute;fono m&oacute;vil. Muchas madres atienden situaciones grav&iacute;simas a miles de kil&oacute;metros: casos de <em>bullying</em>, depresi&oacute;n adolescente, violencia, abandono escolar, problemas de salud mental. Est&aacute;n intentando sostenerlo todo a trav&eacute;s de audios de WhatsApp despu&eacute;s de jornadas agotadoras limpiando casas, cuidando personas mayores o trabajando en empleos profundamente precarizados.
    </p><p class="article-text">
        Y uno se hace las preguntas: &iquest;C&oacute;mo se pone un l&iacute;mite desde otro continente? &iquest;C&oacute;mo se acompa&ntilde;a un duelo adolescente desde una videollamada? &iquest;C&oacute;mo se calma el miedo de una hija o hijo cuando la propia madre tambi&eacute;n est&aacute; sobreviviendo?
    </p><p class="article-text">
        La antrop&oacute;loga Rita Segato dice algo muy importante: el sistema necesita romper v&iacute;nculos comunitarios y afectivos para sostener determinadas formas de explotaci&oacute;n. Yo creo que las pol&iacute;ticas migratorias hacen exactamente eso: fragmentan familias, rompen tiempos afectivos, y convierten el derecho a vivir juntas en un privilegio burocr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        A veces se habla de la migraci&oacute;n como una oportunidad. Y claro que muchas madres migran para abrir oportunidades. Pero hay una parte del relato que suele ocultarse:<strong> </strong>el coste emocional.
    </p><h2 class="article-text">La culpa</h2><p class="article-text">
        Porque muchas hijas e hijos crecimos sintiendo culpa por extra&ntilde;ar. Culpa por necesitar. Culpa por llorar. Culpa por reclamar presencia. Y entonces aprendimos a callarnos.
    </p><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga Saskia Sassen explica c&oacute;mo las migraciones actuales est&aacute;n profundamente vinculadas a desigualdades econ&oacute;micas globales y a sistemas que expulsan vidas del Sur global para sostener econom&iacute;as del Norte.
    </p><p class="article-text">
        Pero detr&aacute;s de esos macroan&aacute;lisis existen historias concretas. Ni&ntilde;as que se dorm&iacute;an abrazadas a una camiseta de su madre. Adolescentes que crecieron viendo cumplea&ntilde;os por videollamada. J&oacute;venes que aprendieron a hacerse adultos demasiado pronto.
    </p><p class="article-text">
        Luego llega el reencuentro... y casi nadie habla tampoco de eso. Porque reencontrarse no siempre significa recuperar el tiempo perdido. A veces significa convivir con una madre a la que amas profundamente, pero a quien apenas conoces despu&eacute;s de a&ntilde;os separadas. A veces tambi&eacute;n significa migrar siendo adolescente, cambiar de idioma, de escuela, de cultura y de identidad de golpe.
    </p><p class="article-text">
        Muchas hijas e hijos migrantes vivimos entre dos duelos. El duelo por el pa&iacute;s que dejamos y el duelo por la infancia que no pudimos vivir junto a nuestras madres. Por eso creo que necesitamos empezar a hablar m&aacute;s de las infancias transnacionales. Necesitamos escuchar sus voces. Necesitamos pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que entiendan que la reunificaci&oacute;n familiar no es un tr&aacute;mite administrativo: es salud mental, es protecci&oacute;n emocional, es derecho al cuidado, es infancia digna.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n necesitamos una mirada feminista que deje de romantizar el sacrificio infinito de las mujeres migrantes, porque ninguna madre deber&iacute;a tener que elegir entre alimentar a sus hijos o abrazarlos.
    </p><p class="article-text">
        La migraci&oacute;n no solamente mueve cuerpos; tambi&eacute;n reorganiza afectos, miedos y formas de crecer. Deja atr&aacute;s a miles de hijas e hijos que crecieron esperando tantos a&ntilde;os, que aprendieron a hacerse fuertes antes de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota: Laura Valentina Castillo es psic&oacute;loga voluntaria en  la organizaci&oacute;n vasca Ahurralde Fundazioa. Escribi&oacute; este texto para el encuentro </em><a href="https://www.eldiario.es/euskadi/comunicar-desplazamientos-forzados-click-bait-odio-migrantes-son-actores-politicos_1_13261293.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>'Desplazamientos forzados y derechos humanos'</em></a><em>, organizado por la ONG Salvamento Mar&iacute;timo Humanitario (SMH) - Aita Mari el pasado 29 de mayo en Donostia, donde lo comparti&oacute; con los asistentes por primera vez. Castillo es colombiana y vive en Euskadi. Lleg&oacute; hace seis meses a Espa&ntilde;a, donde se reencontr&oacute; con su madre, y se encuentra a la espera de la respuesta de su petici&oacute;n de regularizaci&oacute;n extraordinaria. Sus intereses se centran en la salud mental, los derechos humanos, los v&iacute;nculos afectivos y el bienestar de las personas. Participa en iniciativas comunitarias y espacios de sensibilizaci&oacute;n social, convencida del valor de la empat&iacute;a, la escucha y el compromiso colectivo como herramientas de transformaci&oacute;n. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Valentina Castillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/madre-migro-espana-creci-viendola-traves-pantalla-ahora-hemos-reencontrado_1_13279907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 20:30:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi madre migró a España y yo crecí viéndola a través de una pantalla: ahora nos hemos reencontrado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Regularización extraordinaria,Migrantes,Maternidad,Infancia,Madres,Emigración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: "El riesgo es que se convierta en un patrón"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/frenar-rivalidad-hermanos-no-da-tregua-casa-riesgo-convierta-patron_1_13257512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3d6ae03-9239-401e-b66c-b8075d4a7e84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: &quot;El riesgo es que se convierta en un patrón&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
En algunas familias, las discusiones entre hermanos terminan ocupando gran parte del día a día. Lo que empieza con pequeños roces cotidianos puede acabar influyendo también en el ambiente en casa y en la manera en que padres e hijos se relacionan entre sí</p><p class="subtitle">Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Se pelean desde que se levantan&rdquo;. Ang&eacute;lica, madre de dos ni&ntilde;os de diez y ocho a&ntilde;os, reconoce que en su casa hay d&iacute;as en los que cualquier desacuerdo vuelve a enfrentarles. Competir por qui&eacute;n se sienta delante en el coche, qui&eacute;n habla primero o qui&eacute;n recibe m&aacute;s atenci&oacute;n por parte de los padres termina desgastando tambi&eacute;n a los adultos. &ldquo;Hay d&iacute;as en los que todo acaba en bronca. Si uno tiene algo, el otro lo quiere. Y si uno recibe un elogio, el otro se enfada&rdquo;. Hay tardes &mdash;cuenta&mdash; en las que es imposible tener un rato tranquilo en casa.
    </p><p class="article-text">
        En otras familias, la tensi&oacute;n aparece sobre todo al final del d&iacute;a, cuando el cansancio de toda la jornada hace que todo estalle m&aacute;s r&aacute;pido. Isabel, madre de tres hijos, explica que durante mucho tiempo intent&oacute; intervenir inmediatamente cada vez que surg&iacute;a un problema entre ellos. &ldquo;Entr&aacute;bamos constantemente a mediar y termin&aacute;bamos agotados. Tuvo que pasar un tiempo hasta que entendimos que no pod&iacute;amos resolverles todo nosotros&rdquo;, revela. Comenta que, en muchas ocasiones, por mucho que lo intentaran, no consegu&iacute;an calmar la situaci&oacute;n entre ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La convivencia familiar suele incluir roces y desacuerdos, pero algunos terminan repercutiendo en el funcionamiento familiar. Algunos estudios han analizado qu&eacute; ocurre cuando esos conflictos se vuelven especialmente frecuentes o intensos. Una <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16402870/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> publicada en <em>Journal of Family Psychology</em> en 2014 observ&oacute; que las relaciones entre hermanos marcadas por discusiones frecuentes, agresividad o din&aacute;micas muy hostiles pod&iacute;an relacionarse con m&aacute;s dificultades emocionales y mayor malestar dentro de la familia.
    </p><p class="article-text">
        Otra <a href="https://srcd.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1467-8624.2007.01033.x" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> publicada en <em>Child Development</em> en 2007 analiz&oacute; c&oacute;mo la forma en que los adultos intervienen en los desacuerdos entre hermanos puede influir en la manera en que los ni&ntilde;os aprenden a negociar y manejar desacuerdos cotidianos.
    </p><h2 class="article-text">Comparaciones, roles y competencia dentro de casa</h2><p class="article-text">
        La rivalidad entre hermanos no es un problema en s&iacute; misma, explica la psic&oacute;loga cl&iacute;nica Silvia Sanz Garc&iacute;a. &ldquo;El verdadero riesgo aparece cuando deja de ser algo puntual y evolutivo, para convertirse en un patr&oacute;n relacional sostenido que deteriora el clima familiar&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Sanz, esas rivalidades no se mantienen solas, sino por la forma en que la familia se organiza alrededor de ellas. Uno de los factores que m&aacute;s alimenta la competencia son las comparaciones frecuentes, incluso cuando no se hacen con mala intenci&oacute;n. Frases como &ldquo;aprende de tu hermano&rdquo; o elogios vividos como desiguales pueden llevar a que los ni&ntilde;os busquen m&aacute;s reconocimiento dentro de la familia compitiendo entre ellos. &ldquo;Ah&iacute; es donde empiezan a percibirse como rivales en lugar de iguales&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        La especialista tambi&eacute;n percibe que muchos ni&ntilde;os sienten que al otro se le permite m&aacute;s, recibe m&aacute;s atenci&oacute;n o se le reconoce m&aacute;s dentro de casa. En otros casos, a&ntilde;ade, los adultos asignan sin darse cuenta determinados papeles a cada hijo: &ldquo;el responsable&rdquo;, &ldquo;el sensible&rdquo; o &ldquo;el problem&aacute;tico&rdquo;. Esas etiquetas pueden acabar reforzando las tensiones entre ellos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Frases como &#039;aprende de tu hermano&#039; o elogios vividos como desiguales pueden llevar a que los niños busquen más reconocimiento dentro de la familia compitiendo entre ellos, explica la psicóloga Silvia Sanz García</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La manera en la que los adultos reaccionan durante las peleas tambi&eacute;n influye en c&oacute;mo evolucionan esos conflictos. Para Sanz, cuando los padres intervienen &uacute;nicamente para averiguar qui&eacute;n empez&oacute; o qui&eacute;n tiene la culpa, los hijos pueden terminar aprendiendo m&aacute;s a defender posiciones que a gestionar desacuerdos o reparar lo ocurrido.
    </p><p class="article-text">
        Sanz insiste en que el objetivo no pasa por eliminar cualquier discusi&oacute;n entre hermanos, sino por evitar que esas peleas terminen convirti&eacute;ndose en la principal forma de relacionarse entre ellos.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga recuerda, adem&aacute;s, que las tensiones no siempre aparecen de forma aislada. Los desacuerdos entre los propios adultos tambi&eacute;n pueden colarse en la relaci&oacute;n entre los hijos. &ldquo;Los hijos reflejan lo que ven en casa&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        En casa de Milagros, madre de dos hermanas de nueve y seis a&ntilde;os, las discusiones llegaron a convertirse en algo pr&aacute;cticamente diario durante una &eacute;poca. &ldquo;La peque&ntilde;a sent&iacute;a que la mayor hac&iacute;a todo mejor y se enfadaba much&iacute;simo cuando la compar&aacute;bamos sin querer. Nosotros no nos d&aacute;bamos cuenta de hasta qu&eacute; punto ciertos comentarios les afectaban&rdquo;, resalta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pequeña sentía que la mayor hacía todo mejor y se enfadaba muchísimo cuando la comparábamos sin querer. Nosotros no nos dábamos cuenta de hasta qué punto ciertos comentarios les afectaban</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Milagros</span>
                                        <span>—</span> madre de dos niñas de seis y nueve años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante, reconoce que empezaron a cambiar algunas din&aacute;micas en casa y procuraron mirar m&aacute;s las necesidades de cada una por separado. Tambi&eacute;n intentaban dar m&aacute;s espacio a algunos choques y evitar comentarios que pudieran alimentar comparaciones entre ellas. &ldquo;Poco a poco el ambiente empez&oacute; a relajarse&rdquo;, comparte. &ldquo;Las peleas siguen existiendo, pero ya no todo llega al punto de antes&rdquo;. Aclara que tambi&eacute;n tratan de intervenir menos en algunos desacuerdos puntuales.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; ocurre cuando los padres act&uacute;an como &aacute;rbitros</h2><p class="article-text">
        Antonio Ortu&ntilde;o Terriza, psic&oacute;logo cl&iacute;nico del centro AdCom Madrid del Hospital General Universitario Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, insiste en la importancia de no &ldquo;patologizar&rdquo; autom&aacute;ticamente las peleas entre hermanos y recuerda que la respuesta de los adultos influye directamente en c&oacute;mo evolucionan esos conflictos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n observa en consulta el tambi&eacute;n autor de <em>Familias inteligentes: claves pr&aacute;cticas para educar </em>(Autoedici&oacute;n, 2012), muchos padres adoptan primero un papel de &ldquo;detectives&rdquo;, intentando reconstruir qu&eacute; es lo que ha pasado y escuchando las distintas versiones de cada uno de los hijos. Despu&eacute;s, a&ntilde;ade, terminan actuando como &ldquo;jueces&rdquo; y deciden qui&eacute;n tiene raz&oacute;n y qui&eacute;n ha actuado peor. &ldquo;El problema es que uno gana y otro pierde&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        Este profesional explica que, cuando un adulto decide directamente qui&eacute;n se queda con el mando de la televisi&oacute;n o un juguete, los ni&ntilde;os pueden terminar viviendo la discusi&oacute;n como una competici&oacute;n o intentando &ldquo;ganar&rdquo;, en lugar de aprender a resolver ese desacuerdo de otra manera.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El psicólogo Antonio Ortuño explica que, cuando un adulto decide directamente quién se queda con el mando de la televisión o un juguete, los niños pueden vivirlo como una competición en lugar de aprender a resolver ese desacuerdo de otra manera</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por eso, plantea que, en determinadas situaciones, los propios ni&ntilde;os tengan m&aacute;s margen para intentar resolver algunas diferencias cotidianas antes de que los adultos intervengan directamente. &ldquo;Que sean m&aacute;s protagonistas a la hora de resolver sus conflictos desde el inicio&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        Marce, madre de dos ni&ntilde;os de once y siete a&ntilde;os, reconoce que durante mucho tiempo las peleas estaban demasiado presentes en casa. &ldquo;Al final la pelea segu&iacute;a igual al d&iacute;a siguiente&rdquo;, admite. Subraya que hab&iacute;a &eacute;pocas en las que cualquier comentario terminaba en discusi&oacute;n y que todo aquello alteraba la rutina familiar. Y que incluso las comidas o los ratos tranquilos en casa, terminaban muchas veces tens&aacute;ndose por peque&ntilde;as discusiones.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las tensiones segu&iacute;an apareciendo, se iban resolviendo de otra forma. &ldquo;Al principio costaba much&iacute;simo y muchas discusiones segu&iacute;an terminando en gritos y enfados, pero poco a poco empezaron a negociar m&aacute;s entre ellos&rdquo;, relata. Dice que ahora las peleas duran menos tiempo y que hacen por favorecer m&aacute;s momentos en los que consiguen entenderse mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/frenar-rivalidad-hermanos-no-da-tregua-casa-riesgo-convierta-patron_1_13257512.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 19:54:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: "El riesgo es que se convierta en un patrón"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,familias,Padres,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La trampa del "tiempo confeti": pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/trampa-tiempo-confeti-pasamos-horas-hijos-culpa_1_13229157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dad329c1-6a37-404d-b4c6-ab911c5d0db8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La trampa del &quot;tiempo confeti&quot;: pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crianza ocupa hoy más tiempo y energía emocional que nunca, pero la sensación de no llegar a todo se ha convertido en una experiencia compartida por muchas familias</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        A las siete y media de la tarde, una madre contesta el &uacute;ltimo WhatsApp de trabajo del d&iacute;a con una mano mientras remueve una sart&eacute;n con la otra y responde con monos&iacute;labos a la historia que su hijo intenta contarle desde hace diez minutos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ni&ntilde;o habla de una pelea absurda por un bal&oacute;n que ha ocurrido en el recreo y de un amigo que ha llorado en clase. Ella asiente, vuelve a mirar el m&oacute;vil, consulta el correo, va poniendo la mesa, recuerda que ma&ntilde;ana hay excursi&oacute;n y que todav&iacute;a no ha firmado la autorizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El padre llega justo para la cena porque hace horario partido y hab&iacute;a atasco. M&aacute;s tarde los tres leer&aacute;n un cuento antes de dormir. Quiz&aacute; incluso jueguen un rato. Cuando el ni&ntilde;o se duerme, ambos est&aacute;n agotados y con cierta sensaci&oacute;n de no haber estado realmente ah&iacute; en ning&uacute;n momento del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Escenas parecidas se repiten en miles de casas. Madres y padres que viven con la sensaci&oacute;n de que nunca pasan el suficiente tiempo con sus hijos, aunque las estad&iacute;sticas digan lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <a href="https://academic.oup.com/esr/article-abstract/35/5/616/5497817?redirectedFrom=fulltext&amp;login=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> realizados por el profesor Tom&aacute;s Cano de la Universidad Goethe de Fr&aacute;ncfort y la Universitat Pompeu Fabra, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha producido un significativo aumento del tiempo que las madres y, m&aacute;s a&uacute;n, los padres han dedicado a sus hijos. Adem&aacute;s, con un foco especial en la vida emocional y educativa de sus hijos. Entonces, &iquest;por qu&eacute; la sensaci&oacute;n dominante es la de estar siempre llegando tarde a todo?
    </p><p class="article-text">
        Parte de la respuesta est&aacute; en un concepto que cada vez aparece m&aacute;s en ensayos sobre trabajo y vida familiar: &ldquo;tiempo confeti&rdquo;. El t&eacute;rmino, popularizado por la periodista <a href="https://www.eldiario.es/era/existe-forma-trabajo-compatible-vida-investigadora-dispuesta-demostrar-si_1_12054046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Brigid Schulte en su libro </a><a href="https://www.eldiario.es/era/existe-forma-trabajo-compatible-vida-investigadora-dispuesta-demostrar-si_1_12054046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Overwhelmed:</em></a><em> How to Work, Love, and Play When No One Has the Time</em> ('Abrumados: C&oacute;mo trabajar, amar y jugar cuando nadie tiene tiempo'), describe una experiencia muy contempor&aacute;nea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tiempo no como un bloque continuo, reconocible y habitable, sino como una sucesi&oacute;n de fragmentos diminutos interrumpidos por notificaciones, correos, tareas dom&eacute;sticas, mensajes del colegio y obligaciones laborales que nunca terminan de desaparecer. Trocitos de atenci&oacute;n dispersos que dejan una sensaci&oacute;n de cansancio permanente.
    </p><h2 class="article-text">La crianza como proyecto total</h2><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga Teresa Jurado, catedr&aacute;tica de Sociolog&iacute;a en la UNED, cree que esta sensaci&oacute;n tiene mucho que ver con la transformaci&oacute;n radical de la idea misma de criar. &ldquo;Efectivamente,<strong> </strong>pasamos m&aacute;s tiempo con nuestras hijas e hijos, pero ahora se le da m&aacute;s importancia a la crianza y a la educaci&oacute;n desde la primera infancia porque queremos conseguir un desarrollo &oacute;ptimo de nuestra descendencia y que as&iacute; alcancen un est&aacute;ndar de vida igual o superior al nuestro&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Durante buena parte del siglo XX, los ni&ntilde;os conviv&iacute;an con los adultos en una estructura mucho menos dirigida. Estaban &lsquo;por ah&iacute;&rsquo;. Jugaban solos en la calle, acompa&ntilde;aban a hacer recados, compart&iacute;an largas sobremesas o tardes enteras sin supervisi&oacute;n constante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy la crianza se ha convertido en una tarea de enorme intensidad emocional y organizativa. Hay que estimular, acompa&ntilde;ar, detectar talentos, reforzar habilidades sociales, gestionar emociones y construir experiencias que los ni&ntilde;os recuerden toda la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pasamos más tiempo con nuestras hijas e hijos, pero ahora se le da más importancia a la crianza y a la educación desde la primera infancia porque queremos conseguir un desarrollo óptimo de nuestra descendencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Teresa Jurado</span>
                                        <span>—</span> catedrática de Sociología (UNED)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;La mayor&iacute;a de las familias no tienen un gran patrimonio que heredar directamente a sus hijas e hijos, sino que la herencia pasa necesariamente por conseguir las m&aacute;ximas credenciales educativas posibles, distinguirse de otras personas e intentar aprovechar las redes sociales para que la pr&oacute;xima generaci&oacute;n pueda reproducir nuestro estatus social&rdquo;, se&ntilde;ala Jurado.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una crianza atravesada por la l&oacute;gica del rendimiento. <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninos-hiperocupados-poner-limite-extraescolares-espera-sigan-ritmo-propio-adultos_1_12681996.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Extraescolares</a>, deportes, actividades culturales, cumplea&ntilde;os tematizados, planes de fin de semana, talleres de cocina o campamentos urbanos. La infancia se llena de est&iacute;mulos mientras los adultos intentan sostenerlo todo sin dejar caer el trabajo, la pareja, el cuerpo ni la econom&iacute;a dom&eacute;stica.
    </p><h2 class="article-text">El trabajo entra en casa</h2><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de pobreza de tiempo no nace &uacute;nicamente de la autoexigencia. Tambi&eacute;n tiene una dimensi&oacute;n material muy concreta. &ldquo;En Espa&ntilde;a tenemos un problema a&ntilde;adido que son las largas jornadas en muchos empleos, la difusi&oacute;n de la larga jornada interrumpida por una pausa de una a dos horas de tiempo para comer y horarios comerciales muy amplios y con cierre tard&iacute;o&rdquo;, explica Jurado. &ldquo;A esto se une en las grandes ciudades largos tiempos de desplazamiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga recuerda adem&aacute;s que muchas personas encadenan empleos parciales involuntarios o realizan horas extra constantes. &ldquo;En definitiva, de promedio en Espa&ntilde;a se trabajan m&aacute;s horas que en otros pa&iacute;ses europeos y los horarios no favorecen la conciliaci&oacute;n del empleo con la vida personal y familiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, el tiempo compartido con los hijos acaba contaminado por la sensaci&oacute;n de urgencia. El trabajo ya no se queda en la oficina; vibra en el bolsillo, aparece en una notificaci&oacute;n de Slack durante el ba&ntilde;o de los ni&ntilde;os o se cuela en la mente mientras se prepara la ba&ntilde;era.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La necesidad de <a href="https://www.eldiario.es/economia/empresas-saltan-desconexion-digital-han-llamado-tanatorio_1_11366279.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desconexi&oacute;n digital</a> es patente y afecta a madres y padres, pero estos se sienten imprescindibles en las empresas&rdquo;, afirma Jurado. &ldquo;Para construir un v&iacute;nculo emocional y un apego seguro con sus criaturas los padres necesitan pasar tiempo con ellos, pero un tiempo de escucha atenta a sus necesidades y deseos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La disponibilidad absoluta que exige el mercado laboral termina chocando directamente con la vida familiar. &ldquo;La disponibilidad total para la empresa es el mayor enemigo de la crianza y tambi&eacute;n de una vida equilibrada y sana cuando no se est&aacute; criando&rdquo;, resume la soci&oacute;loga.
    </p><h2 class="article-text">Presencia en las cosas peque&ntilde;as</h2><p class="article-text">
        La psiquiatra y psicoterapeuta Mar&iacute;a Velasco, autora de<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-criar-con-salud-mental/375986" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-criar-con-salud-mental/375986" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Criar en salud mental</em></a><em> </em>(Paid&oacute;s, 2023), cree que el problema no es &uacute;nicamente la cantidad de tiempo, sino tambi&eacute;n la calidad de la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El tema est&aacute; en que como estamos tan pendientes de tantas cosas, estamos en la multitarea, los padres y las madres no nos fijamos en los detalles, no podemos disfrutar y conocer bien a nuestros hijos y a las personas se las conoce en los detalles&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las relaciones de confianza se construyen con tiempo y con la presencia en las cosas pequeñas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Velasco</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra y autora de &#039;Criar en salud mental&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Velasco habla de una crianza donde faltan los espacios de tiempo vac&iacute;os. &ldquo;Ver c&oacute;mo juegan, qu&eacute; les gusta, tener tiempo para que surjan las conversaciones importantes, pero lo que no puede ser es que tengamos cinco minutos en el coche, mientras vamos a una extraescolar, para que el ni&ntilde;o nos cuente su vida, los problemas que tiene y ya est&aacute;. Es decir,<strong> </strong>las relaciones de confianza se construyen con tiempo y con la presencia en las cosas peque&ntilde;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la psiquiatra, la multitarea permanente tiene consecuencias emocionales visibles. &ldquo;El trabajo se nos mete en casa y estamos en una multitarea y una exigencia muy grande que impide que podamos tener la cabeza lo suficientemente vac&iacute;a como para poder conectar con nuestros hijos&rdquo;. El resultado, a&ntilde;ade, son &ldquo;ni&ntilde;os m&aacute;s fr&aacute;giles, con un sentimiento de seguridad menor y tambi&eacute;n muy invadidos por el mundo adulto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No podemos construir un v&iacute;nculo seguro si nuestra presencia solamente es f&iacute;sica&rdquo;, advierte Velasco. &ldquo;Porque el v&iacute;nculo necesita de conexi&oacute;n, de que yo te vea, de que interprete tus caras, tus miradas, tus juegos y tu tono de voz&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La trampa de querer hacerlo todo bien</h2><p class="article-text">
        A esta fragmentaci&oacute;n se suma otro elemento especialmente contempor&aacute;neo: la obsesi&oacute;n por la felicidad infantil. Durante d&eacute;cadas bastaba con alimentar, cuidar y sacar adelante a los hijos. Ahora parece necesario garantizarles bienestar emocional permanente, autoestima alta, experiencias enriquecedoras y una infancia &lsquo;perfecta&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Velasco, esa idea se ha convertido en una fuente constante de ansiedad. &ldquo;La obsesi&oacute;n por la felicidad, por la de nuestros hijos y por la nuestra, es un eslogan de marketing&rdquo;, afirma. &ldquo;Realmente lo que hace es vender productos, crearnos necesidades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia de esta idea es una sensaci&oacute;n de culpa imposible de satisfacer. Siempre falta algo. M&aacute;s tiempo, m&aacute;s paciencia, m&aacute;s actividades, m&aacute;s presencia. &ldquo;La culpa es una emoci&oacute;n muy tramposa que realmente no sirve de mucho porque nos bloquea&rdquo;, se&ntilde;ala la psiquiatra. &ldquo;Nos aumenta una exigencia que en estos tiempos como padres y madres ya tenemos disparada porque queremos llegar a todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Velasco insiste en que la crianza necesita renunciar a determinadas cosas. &ldquo;Tenemos que poder saber que el estar al 100% con nuestros hijos no es una realidad posible. Que lo importante es estar <em>suficientemente</em> con nuestros hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;suficientemente&rdquo; incluye aceptar que muchas veces el v&iacute;nculo se construye en espacios aparentemente insignificantes: cocinar juntos, caminar al colegio, doblar ropa mientras un ni&ntilde;o cuenta una historia interminable, comer sin pantallas de por medio&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando pasas tiempo con tus hijos, tiempo de enfados, de comidas, de recetas, de acompa&ntilde;arles, de escucharles, de no estar de acuerdo&hellip; Todo ese tiempo vale&rdquo;, explica Velasco. &ldquo;Porque en todo ese tiempo pasa lo que pasa de verdad en una relaci&oacute;n humana&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando estamos cansados entramos en modo de supervivencia. Funcionamos con un piloto automático que nos aleja mucho de poder observar los matices de nuestros hijos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Velasco</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra y autora de &#039;Criar en salud mental&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La atenci&oacute;n como &uacute;ltimo refugio</h2><p class="article-text">
        Quiz&aacute; es aqu&iacute; donde est&aacute; la gran paradoja del tiempo confeti. Nunca hab&iacute;amos organizado tanto la vida alrededor de nuestros hijos y, al mismo tiempo, nunca hab&iacute;a resultado tan dif&iacute;cil estar verdaderamente presentes.
    </p><p class="article-text">
        El agotamiento tampoco ayuda. &ldquo;Cuando estamos cansados entramos en modo de supervivencia&rdquo;, apunta Velasco. &ldquo;Funcionamos con un piloto autom&aacute;tico que nos aleja mucho de poder observar los matices de nuestros hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra cree que proteger la atenci&oacute;n deber&iacute;a convertirse en una prioridad colectiva, no solo individual. &ldquo;Deber&iacute;amos empezar a considerar la desconexi&oacute;n digital como una medida de salud mental generalizada&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Jurado coincide en que el problema no se resolver&aacute; &uacute;nicamente con consejos de organizaci&oacute;n personal o aplicaciones de bienestar. Hace falta una transformaci&oacute;n estructural. Jornadas laborales m&aacute;s cortas, horarios racionales, derecho efectivo a la conciliaci&oacute;n y l&iacute;mites claros a la hiperdisponibilidad digital. &ldquo;Hay que reivindicar en los puestos de trabajo horarios racionales y desconexi&oacute;n digital fuera del horario laboral&rdquo;, resume la soci&oacute;loga con una llamada a la acci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/trampa-tiempo-confeti-pasamos-horas-hijos-culpa_1_13229157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 19:34:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La trampa del "tiempo confeti": pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Madres,Padres,Conciliación,familias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/efecto-veces-desgarro-maternidad-precaria-identifican-mujeres_1_13222245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21b28b78-2d20-4482-b3a1-7836b6ddc685_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143032.jpg" width="849" height="477" alt="El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La serie escrita por Marta Bassols y Marta Loza para Movistar Plus+ pone a la vista y en la conversación las distintas realidades con las que tropiezan hoy las madres</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Chica conoce a chico, se enamoran en la noche barcelonesa y, en un arrebato de pasi&oacute;n, deciden tener un hijo. As&iacute; empieza <a href="https://www.eldiario.es/vertele/analisis/critica-yo-siempre-a-veces-serie-movistar-plus-los-javis-precariedad-madre-soltera-sostiene-series-humanas_1_13162860.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Yo siempre a veces</em></a>, la serie escrita por Marta Bassols y Marta Loza y producida por Suma Content (los Javis) para Movistar Plus+ que acaba de hacerse con el premio al mejor guion en Cannes.
    </p><p class="article-text">
        En el segundo cap&iacute;tulo, el romanticismo, igual que el ciego, bajan. Y Laura se ve sola cuidando a su beb&eacute;, lejos del empleo que ha dejado, por amor, en Berl&iacute;n. Rub&eacute;n, sin embargo, no ha abandonado sus costumbres: sigue viviendo como si ahora no tuviese una familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es en ese punto donde la trama se tensa: la protagonista, una madre joven y precaria, ir&aacute;<strong> </strong>de casa en casa, de trabajo en trabajo, tratando de sostenerse a ella y a su beb&eacute; en una ficci&oacute;n que tiene mucho de verdad. Tanto que son numerosas las mujeres que se sienten identificadas con ella: &ldquo;Una piensa que ya no puede leer m&aacute;s sobre maternidad ni ver m&aacute;s pel&iacute;culas ni saber nada m&aacute;s porque ahora est&aacute; en otra cosa (las citas, todas terribles, por cierto, el pilates, el cuerpo, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el despuerperio</a>), pero viene Laura con su soledad y su precariedad tan parecidas a la m&iacute;a y recuerdo, as&iacute; de repente, que soy una madre criando sola a mi hijo 24/7 y sin sueldo estable&rdquo;, escrib&iacute;a la escritora Carmen G. de la Cueva en <a href="https://www.instagram.com/p/DXrlf2bDOxV/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su perfil de Instagram</a>.
    </p><p class="article-text">
        Ella, que se separ&oacute; cuando su criatura ten&iacute;a dos a&ntilde;os, cuenta que vivi&oacute; una situaci&oacute;n muy parecida a la de Laura. Pero es que incluso quienes han tenido a su hijo con una pareja corresponsable han sentido esa sensaci&oacute;n de &ldquo;soy yo&rdquo; mirando la televisi&oacute;n: &ldquo;Nunca me hab&iacute;a sentido tan identificada con el v&iacute;nculo que se muestra en pantalla entre el beb&eacute; y esa mam&aacute; hecha un l&iacute;o que siente que ella tambi&eacute;n es todav&iacute;a una ni&ntilde;a que necesita que la cuiden. Nunca hab&iacute;a visto escenas tan naturales y exactas sobre c&oacute;mo funciona de verdad la lactancia materna y c&oacute;mo son las tetas de una mujer que est&aacute; dando de mamar, c&oacute;mo es compartir cama y todo tu cuerpo con un ser vulnerable que depende por entero de tu calor&rdquo;, escribe por su parte la periodista Carmen G. Magdaleno en <a href="https://www.instagram.com/p/DXkWZDDDNLm/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un </a><a href="https://www.instagram.com/p/DXkWZDDDNLm/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>post</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        Esa exactitud proviene de la experiencia de Bassols, que tambi&eacute;n fue madre joven; de Ana Boga, la actriz que, en su propio posparto, interpreta a Laura (es su primer papel). E incluso de Ginesta Guindal, una de las directoras, que rod&oacute; la serie con su beb&eacute; de meses &ldquo;colgando de la teta&rdquo;, como ella misma afirma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El rodaje, de hecho, estaba repleto de criaturas gracias a la voluntad de Suma Content: &ldquo;La productora asum&iacute;a que, a menudo, tambi&eacute;n ten&iacute;an que transportar a mi hija y a su acompa&ntilde;ante (padre, abuelos&hellip;). Los espacios de trabajo eran <em>babyfriendly</em>: llantos bienvenidos, pausas para cambiar una caca, pecho en lecturas de guion. Manos y miradas amigas siempre. Me permitieron hacer <em>online </em>todas las cosas que realmente se pueden hacer <em>online</em>. Los horarios de la pre nunca fueron una locura. Pero sobre todo me hicieron sentir menos desbordada, m&aacute;s acompa&ntilde;ada y comprendida, y sin tener que ir pidiendo perd&oacute;n por tener una beb&eacute; lactante y dependiente&rdquo;, <a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuenta</a>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Ginesta (@ginesta)</a></p></div></blockquote>
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><h2 class="article-text">&iquest;Tener un beb&eacute; solo por amor, en esta econom&iacute;a?</h2><p class="article-text">
        Todo eso es justo lo que le falta a Laura en la serie, y a tantas madres en la realidad. A su empleo en una tienda de electrodom&eacute;sticos no puede llevar a su hijo, claro; m&aacute;s tarde, cuando una amiga la contrata como camarera, se ve obligada a tenerlo con ella algunas veces, pero r&aacute;pidamente le advierten de que aquello no puede durar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final <em>(spoiler), </em>la protagonista se ve obligada a mudarse de vuelta a Berl&iacute;n. A alejarse de familia y amigos, esos que (especialmente, en la cultura mediterr&aacute;nea) se da por hecho que ser&aacute;n sost&eacute;n. Se dirige hacia el &uacute;nico lugar donde su hijo no estorba, sino todo lo contrario: la misma empresa, adem&aacute;s de un sueldo decente, le ofrece una guarder&iacute;a en la que dejar a Mario mientras desempe&ntilde;a su cargo en un festival de m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo all&iacute; fui all&iacute; a pedir trabajo con la ni&ntilde;a puesta y en lugar de pensar &lsquo;bueno, si no la puede dejar ni para venir a buscar curro, &iquest;c&oacute;mo se lo vamos a dar?'. Pues enseguida me emplearon&rdquo;, recuerda Bassols. &ldquo;Es un estado mental. Los alemanes, en lugar de considerar que el hecho de que tengas hijos va a ser un problema para la empresa, lo que consideran es que mejor te emplean a ti que los tienes, que te har&aacute; m&aacute;s falta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a esta concepci&oacute;n y a las ayudas p&uacute;blicas destinadas a apoyar el bienestar de las familias, durante los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os aproximadamente, el &iacute;ndice de fecundidad en el pa&iacute;s se mantuvo en alrededor de 1,5 hijos por mujer. Es una tasa, eso s&iacute;, que est&aacute; cayendo desde 2022 por causas que las autoridades atribuyen al envejecimiento de la poblaci&oacute;n, al retraso de la maternidad y a la creciente inseguridad econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, de hecho, la tasa de natalidad lleva desde la crisis de 2008 siendo una de las m&aacute;s bajas de Europa, y desde 2020 se sit&uacute;a directamente a la cola, solo por detr&aacute;s de Malta. La imposibilidad de acceder al mercado de alquiler y compra de viviendas, la precariedad laboral y la falta de incentivos a la natalidad se suelen mencionar como las razones m&aacute;s poderosas detr&aacute;s de esta cifra. Un ejemplo ilustrativo: en 2023, Alemania fue el pa&iacute;s que m&aacute;s gast&oacute; en ayudas a las familias (un 3,5% del PIB). El mismo a&ntilde;o, Espa&ntilde;a <a href="https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Social_protection_statistics_-_family_and_children_benefits" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">invirti&oacute; el 1,4%</a>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es un estado mental. Los alemanes, en lugar de considerar que el hecho de que tengas hijos va a ser un problema para la empresa, lo que consideran es que mejor te emplean a ti que los tienes, que te hará más falta</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Bassols</span>
                                        <span>—</span> cocreadora de &#039;Yo siempre a veces&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Loza y Bassols, no es porque nos falten ganas de maternar. De hecho, ellas conocen a muchas parejas que han sido padres sencillamente porque les apetec&iacute;a, sin esperar a que se diera toda esa bater&iacute;a de exigencias que parece ineludible cumplir antes de hacerlo: tener un empleo estable, una casa, una pareja con un v&iacute;nculo fuerte. Frente a esto, que se podr&iacute;a decir que es la norma, el beb&eacute; que tienen Rub&eacute;n y Laura solo por amor durante su juventud se siente no solo anacr&oacute;nico, sino casi irresponsable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En realidad, nunca se re&uacute;nen las condiciones materiales, morales o sociales perfectas. La maternidad es una sacudida; la vida, en realidad, lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento. Por eso la serie se llama <em>Yo siempre a veces</em>. No est&aacute;s m&aacute;s preparado si tienes las condiciones que se supone que tienes que tener. A Laura, por ejemplo, le faltan los recursos materiales, pero nunca las ganas de estar con su criatura. Y a otras personas que quiz&aacute;s tienen los recursos materiales, les sobran sus criaturas; las intentan colocar todo el rato en mil actividades porque no tienen tiempo de estar con ellas o porque todav&iacute;a no est&aacute;n preparadas para dejar de hacer cosas que corresponden a su vida individual anterior. Nos parec&iacute;a interesante esta contradicci&oacute;n&rdquo;, explica Bassols.
    </p><h2 class="article-text">El problema de ser madre joven, y de no serlo</h2><p class="article-text">
        En el segundo cap&iacute;tulo de la d&eacute;cima temporada de <em>La vida secreta de las madres</em>, el p&oacute;dcast de Pao Roig y Andrea Ros, esta &uacute;ltima confiesa que, cuando se qued&oacute; embarazada con 24 a&ntilde;os, la gente no sab&iacute;a c&oacute;mo tom&aacute;rselo: si darle la enhorabuena o el p&eacute;same.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ibone Olza, probablemente la psiquiatra infantil y perinatal m&aacute;s conocida del pa&iacute;s, abundaba en esta idea como invitada del cap&iacute;tulo: la experta considera un aut&eacute;ntico fracaso social que las mujeres que quieren ser madres no puedan hacerlo cuando en realidad son f&eacute;rtiles, teniendo luego que enfrentarse a problemas de esterilidad (y, con ello, a las pr&aacute;cticas poco transparentes, y poco asequibles, de muchas cl&iacute;nicas de fertilidad).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tendencia se agudiza cada vez m&aacute;s, hasta el punto de que en Espa&ntilde;a ya se producen <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/MNP2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s partos de madres de 40 a&ntilde;os</a> o m&aacute;s que de mujeres menores de 25. A principios de la d&eacute;cada pasada, sin embargo, la maternidad a partir de los 40 era minoritaria.
    </p><h2 class="article-text">En busca de la pareja perfecta</h2><p class="article-text">
        Aunque a Laura le basta un flechazo para poner su familia en marcha, en t&eacute;rminos generales, el acceso en mayor medida de la mujer al mercado de trabajo y una creciente conciencia feminista aplicada a las relaciones hace que ellas se piensen muy bien con qui&eacute;n tener un hijo. Basta un <a href="https://www.inmujeres.gob.es/actualidad/noticias/2025/MapaDeCuidados.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dato del Ministerio de Igualdad</a> para entender por qu&eacute;: &ldquo;Las mujeres dedican, de media, el doble de horas semanales que los hombres al trabajo de cuidados y tareas del hogar, lo que limita su acceso al mercado laboral, al ocio y al tiempo libre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante este panorama, hay incluso quienes deciden no procrear. O, m&aacute;s ampliamente, no verse envueltas en relaciones heterosexuales, como defienden las <em>femcel</em> o quienes se adscriben al movimiento 4B en Corea: no matrimonio, no citas, no sexo y no hijos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay f&oacute;rmulas m&aacute;gicas: como explica Bassols, incluso cuando una pareja est&aacute; bien establecida, la maternidad puede pasarle por encima: &ldquo;Tanto en la crianza de mi hija mayor como en la de mi hija peque&ntilde;a, v&iacute;nculos muy s&oacute;lidos, de mucha duraci&oacute;n, se han tambaleado y se han roto, o no, pero han tenido que superar crisis muy severas que han implicado precariedades, consideraciones que no hab&iacute;an tenido antes. La maternidad es un terremoto importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Laura, ese terremoto la deja sola a nivel operativo: en una de las escenas m&aacute;s duras de la serie, desesperada, va a buscar alg&uacute;n tipo de ayuda social por ser madre soltera, pero como el padre de la criatura tiene una casa en propiedad &ndash;aunque ella y el ni&ntilde;o no vivan en ella y &eacute;l no le pase dinero alguno para la manutenci&oacute;n&ndash;, no le corresponde nada. El desamparo a nivel estatal es absoluto.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                “En realidad, nunca se reúnen las condiciones materiales, morales o sociales perfectas. La maternidad es una sacudida; la vida, en realidad, lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento&quot;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Amigas y crianza colectiva</h2><p class="article-text">
        Pese a que lo intenta, tampoco la familia de Laura puede ayudarla: mientras que en Espa&ntilde;a <a href="https://cms.aldeasinfantiles.es/uploads/2023/07/Abuelos-y-crianza.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 35% de las personas</a> mayores de 65 a&ntilde;os cuida de sus nietos varios d&iacute;as por semana, sus padres a&uacute;n trabajan y no pueden ocuparse del ni&ntilde;o mientras ella hace lo propio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es otro aspecto de la precariedad a la que se enfrenta la joven: en pa&iacute;ses como el nuestro, en los que el Estado invierte poco en las familias, <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/ageing-and-society/article/abs/patterns-of-grandparental-child-care-across-europe-the-role-of-the-policy-context-and-working-mothers-need/FD999CE0803BE444D37D1A9CD69C7175" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los cuidados recaen directamente en los abuelos</a>. Por si fuera poco, vivir con ellos deviene en imposible, debido, entre otras cosas, a que la protagonista y sus padres (como suele suceder hoy en d&iacute;a) tienen formas muy distintas de criar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando sus amigas le ofrecen un peque&ntilde;o espacio en su casa, apelando al concepto de &lsquo;crianza comunitaria&rsquo;, muy en boga en ambientes progresistas, la cosa tampoco sale bien. Porque en una sociedad en la que ya rara vez se convive con ni&ntilde;os, en la que los grupos de amigas apenas coinciden a la hora de tener hijos (mientras que antes, llegada cierta edad, la mayor&iacute;a se dedicaba a la tarea de la reproducci&oacute;n), casi nadie sabe en realidad lo que implica convivir con una criatura.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La realidad de las madres es que, aun estando acompa&ntilde;adas y sostenidas y sobre todo en los primeros a&ntilde;os, nos sentimos muy solas. Vivimos en una sociedad en la que cada vez hay menos ni&ntilde;os: el 80% de mis amigas no tiene hijes. Para m&iacute; ha sido dur&iacute;simo&rdquo;, reconoce Gela, dj y profesora.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La realidad de las madres es que, aun estando acompañadas y sostenidas y sobre todo en los primeros años, nos sentimos muy solas. Vivimos en una sociedad en la que cada vez hay menos niños: el 80% de mis amigas no tiene hijes. Para mí ha sido durísimo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gela</span>
                                        <span>—</span> dj y profesora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Tuve a mi hijo poco antes de cumplir 29 a&ntilde;os. En ese momento <a href="https://www.eldiario.es/nidos/madre-30-prisa-reloj-biologico-soledad-falta-amigas-hijos_1_12204936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ninguna de mis amigas estaba en algo parecido</a>. Ellas sal&iacute;an, viajaban, estudiaban, cambiaban de trabajo, de pareja&hellip; Desde el embarazo ya me sent&iacute; un poco fuera, pero al nacer el beb&eacute; todo se me vino encima. Sent&iacute;a un amor inmenso y, al mismo tiempo, un miedo aterrador. Miedo a no saber criar a mi hijo, a fallar, a no volver a recuperar mi vida. No pod&iacute;a seguir haciendo lo que me gustaba (ir al cine, teatro, conciertos, tener una hora en silencio para escribir). Mis amigas estaban mucho al principio, pero luego no era capaz de seguirles el ritmo, evidentemente. Era como si, de repente, hubiera dejado de ser una mujer para ser una madre&rdquo;, cuenta la escritora Mar&iacute;a Guivernau.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se siente tambi&eacute;n Laura, pese a las buenas intenciones de sus amigas. Al final, se ve obligada a abandonar tambi&eacute;n ese hogar por no ser adecuado para criar a un ni&ntilde;o. &ldquo;Todo el mundo en esta serie se est&aacute; enfrentando a un primer beb&eacute;. Todo el mundo est&aacute; aprendiendo a hacer las cosas. Est&aacute; aprendiendo Rub&eacute;n, est&aacute; aprendiendo Laura, est&aacute;n aprendiendo las amigas, los padres. Entonces, s&iacute;, las amigas se equivocan. Pero, en mi cabeza, despu&eacute;s de tres a&ntilde;os, ellas han aprendido a hacerlo mejor&rdquo;, reflexiona Bassols.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo s&iacute; veo a mi alrededor casos de crianza colectiva&rdquo;, explica Loza por su parte. &ldquo;No en plan esta idea tan romantizada de cuatro amigas viviendo con un beb&eacute;, pero s&iacute; que veo, especialmente entre personas separadas, familias extendidas, con amigas o familiares que est&aacute;n muy presentes. Sobre todo, si no tienen sus propios hijos y les apetece disfrutar de lo que es vivir en un entorno con ni&ntilde;os, que tiene sus cosas, pero que tambi&eacute;n tiene aspectos maravillosos&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La culpa de la mala madre</h2><p class="article-text">
        A las soledades de Laura se le suma una com&uacute;n a todas las madres: la de sentir que est&aacute; andando por una cuerda floja. En los brazos lleva el beb&eacute;, la casa, las relaciones, la econom&iacute;a, la exigencia enorme de ser madre en el siglo XXI. A ella, como a todas, le basta con un traspi&eacute; para ahogarse en culpa.
    </p><p class="article-text">
        Se ejemplifica en una escena sofocante, en la que la protagonista baja a tirar la basura y comprar una pizza, dejando al ni&ntilde;o unos minutos solo. A la vuelta, se da cuenta de que ha cogido las llaves incorrectas; el beb&eacute; est&aacute; en casa y ella no tiene forma de entrar.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Es un terror com&uacute;n: &ldquo;Tengo varias amigas que son madres y, tras ver la serie, me han contado que ese es uno de sus mayores miedos: dejar al ni&ntilde;o solo un segundo y que pase algo as&iacute;&rdquo;, comenta Loza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo por el horror real de que le suceda algo a la criatura: tambi&eacute;n a que se las juzgue como &ldquo;malas madres&rdquo;. Dice Bassols: &ldquo;El nivel de culpabilidad es tal que esa escena est&aacute; basada en algo que me pas&oacute; a m&iacute;, pero apenas he contado. Al padre de mi hija, de hecho, solo se lo he dicho ahora que ha visto la serie, casi 14 a&ntilde;os despu&eacute;s. Me daba terror que pudieran acusarme de mala madre y quitarme la custodia&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un relato de la precariedad que va m&aacute;s all&aacute; de la maternidad</h2><p class="article-text">
        Frente a las creaciones culturales del hombre blanco cis, consideradas como lo global, lo hegem&oacute;nico, todo lo dem&aacute;s tiende a ser catalogado como &lsquo;lo ajeno&rsquo;: la literatura <em>queer</em>, el cine para mujeres. Pero ya hace tiempo que autoras tan relevantes como Rachel Cusk, Sheila Heti o Jenny Offill se revuelven contra estas etiquetas, considerando que lo femenino es tambi&eacute;n general. Que la maternidad es tambi&eacute;n uno de los grandes temas de la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo siempre a veces </em>es un relato poderoso que trasciende (o deber&iacute;a trascender) esas categor&iacute;as artificiales. De hecho, como cualquier buena historia, consigue emocionar tambi&eacute;n a quien no ha vivido exactamente la realidad que describe, como la periodista Susana Pedreira: &ldquo;Yo no soy madre y agradezco un relato de la maternidad como el que ofrece la serie, un relato real como el que conozco de cerca en amigas que me rodean. Un relato de la maternidad en el que los v&iacute;nculos con los dem&aacute;s (al margen del hijo/a que llega a tu vida) son absolutamente determinantes para tu bienestar. Y ese relato de los v&iacute;nculos complejos con los nuestros tambi&eacute;n me interpela a m&iacute;. Sin compartir casi nada con Laura, he sentido en mi interior muchos de sus sentimientos.<strong> </strong>Al final, la serie va de buscar estabilidad y felicidad en entornos cada vez m&aacute;s precarios cuando las cargas propias van aumentando (sean hijos, sean mayores a nuestro cargo). Tener que renunciar a la vida que ten&iacute;amos y encontrar un nuevo camino es tan duro como vemos en la serie&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Sader]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/efecto-veces-desgarro-maternidad-precaria-identifican-mujeres_1_13222245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2026 20:01:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Madres,Precariedad,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/custodia-compartida-custodia-dividida-compartir-calendario-no-significa-repartir-crianza_129_13207157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0d7f2fb-b74e-40a4-9da4-9321ff1a553e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Quién podría estar en contra de compartir? ¿Quién querría, a priori, que un hijo no tuviera a sus dos progenitores presentes? Y, sin embargo, basta con acercarse un poco para que la palabra empiece a agrietarse</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Hay algo en la expresi&oacute;n &ldquo;custodia compartida&rdquo; que suena bien incluso antes de pensarla. Como &ldquo;comida casera&rdquo; o &ldquo;aire limpio&rdquo;, es una de esas f&oacute;rmulas que parecen inmunes a la cr&iacute;tica. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a estar en contra de compartir? &iquest;Qui&eacute;n querr&iacute;a, a priori, que un hijo no tuviera a sus dos progenitores presentes? Y, sin embargo, basta con acercarse un poco para que la palabra empiece a agrietarse.
    </p><p class="article-text">
        La custodia de los hijos tras un divorcio o separaci&oacute;n ha cambiado profundamente en Espa&ntilde;a durante la &uacute;ltima d&eacute;cada. <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/ENSD2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los datos m&aacute;s recientes del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica</a> (INE) confirman un giro hist&oacute;rico: en 2024, la custodia compartida fue otorgada en el 49,7% de los casos de divorcio con hijos, superando por primera vez a la custodia exclusiva materna, que descendi&oacute; al 46,6%. Hace apenas diez a&ntilde;os, la custodia compartida representaba alrededor de una cuarta parte de las resoluciones; hoy roza la mitad. Ese cambio puede leerse como una transformaci&oacute;n jur&iacute;dica y tambi&eacute;n como un s&iacute;ntoma cultural. Es, sin duda, un cambio hist&oacute;rico. Y probablemente tambi&eacute;n un reflejo de algo positivo: padres m&aacute;s presentes en la crianza, nuevas formas de entender la paternidad y una creciente idea de que los hijos deben mantener v&iacute;nculos estrechos con ambos progenitores tras la separaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La custodia compartida puede ser un avance hacia la equidad, por supuesto. Pero de ah&iacute; surge una pregunta importante: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando compartir el tiempo no implica haber compartido antes el cuidado? Porque hay una diferencia enorme entre repartir el calendario y sostener una vida com&uacute;n, entre alternar estancias y sostener la memoria pr&aacute;ctica de una casa, entre repartir la responsabilidad y dividir la log&iacute;stica. Y no siempre ese reparto sobre el papel coincide con el trabajo real que hace posible la crianza.
    </p><p class="article-text">
        Hay custodias compartidas que son, en efecto, un ejercicio de corresponsabilidad: padres y madres que ya estaban ah&iacute; antes de la ruptura, que conocen los ritmos, las rutinas, los miedos nocturnos, las alergias, los cumplea&ntilde;os o los nombres de los amigos del colegio. Que no aterrizan en la vida de sus hijos a partir de la separaci&oacute;n, sino que contin&uacute;an algo que ya exist&iacute;a. En esos casos, compartir no es un reparto: es una continuidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">La custodia compartida puede ser un avance hacia la equidad, por supuesto. Pero de ahí surge una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando compartir el tiempo no implica haber compartido antes el cuidado?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hay custodias que llegan como una enmienda tard&iacute;a, como un gesto que intenta corregir una desigualdad previa. En esos casos, lo que se divide no es solo el tiempo: se fragmenta la experiencia. Dos casas, dos normas, dos formas de estar. Dos versiones de una misma infancia que no siempre encajan entre s&iacute;. <a href="https://www.academia.edu/93792805/La_custodia_compartida_un_paso_m%25C3%25A1s_hacia_la_igualdad_de_g%25C3%25A9nero" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Distintos estudios sobre coparentalidad y divorcio</a> llevan a&ntilde;os advirtiendo que la sostenibilidad de las custodias compartidas depende, en gran medida, de que exista una corresponsabilidad previa real. Cuando eso sucede, la custodia compartida puede consolidar din&aacute;micas m&aacute;s igualitarias. Cuando no, la igualdad formal puede acabar funcionando como una escena que parece resolver, pero no resuelve. El problema aparece cuando la igualdad se convierte en una f&oacute;rmula autom&aacute;tica porque la igualdad formal no siempre produce igualdad real. A veces solo la simula.
    </p><p class="article-text">
        Imponer custodias compartidas sin tener en cuenta las din&aacute;micas anteriores, la historia concreta de cada familia o las desigualdades todav&iacute;a existentes entre hombres y mujeres puede intensificar el conflicto entre progenitores e incluso agravar tensiones previas. No se trata de cuestionar la custodia compartida en s&iacute;. Ser&iacute;a simplista, y probablemente injusto. Se trata de preguntarse cu&aacute;ndo es realmente compartida y cu&aacute;ndo es, en realidad, dividida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo ped&iacute; la custodia compartida porque me parec&iacute;a lo justo&rdquo;, me cuenta J., un padre separado con dos hijos desde hace cuatro a&ntilde;os, &ldquo;y porque quer&iacute;a estar con mis hijos, claro. Tampoco quer&iacute;a convertirme en ese padre de fines de semana&rdquo;. Al principio pens&oacute; que lo m&aacute;s dif&iacute;cil ser&iacute;an los horarios: &ldquo;Luego te das cuenta de que no, de que lo dif&iacute;cil es acordarte de todo, de cosas que no ten&iacute;a tan interiorizadas porque <a href="https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no atend&iacute;a tanto al chat de padres y madres</a> del cole y no estaba tan al tanto de los cumplea&ntilde;os, del ch&aacute;ndal del jueves, de qui&eacute;n necesita una cartulina para ma&ntilde;ana o de cu&aacute;ndo les toca cambiar de zapatillas&rdquo;. Me cont&oacute; tambi&eacute;n que sus hijos siguen llamando a su madre cuando no encuentran algo, incluso estando con &eacute;l. &ldquo;A veces me molesta, pero luego ella sabe cosas que a m&iacute; ni se me ocurren&rdquo;. En ning&uacute;n momento, durante nuestra conversaci&oacute;n, dijo que se arrepintiera de compartir la custodia de sus&nbsp;hijos; al contrario: &ldquo;Ahora estoy mucho m&aacute;s unido a ellos&rdquo;, repiti&oacute; varias veces. Pero hab&iacute;a algo revelador en otra frase: &ldquo;Antes no me daba cuenta de todo lo que hac&iacute;a ella&rdquo;. No parec&iacute;a culpa ni admiraci&oacute;n, m&aacute;s bien la sorpresa tard&iacute;a de descubrir que la crianza no era solo pasar tiempo con los hijos, sino sostener una maquinaria invisible que alguien llevaba a&ntilde;os haciendo funcionar sin que apenas se notase.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, para muchas mujeres, la custodia compartida tambi&eacute;n ha supuesto una forma de alivio. E., que tiene una hija de seis a&ntilde;os y lleva dos a&ntilde;os separada, me dijo esto: &ldquo;Separarme me devolvi&oacute; algo que ya ni siquiera sab&iacute;a que hab&iacute;a perdido: tiempo. Para trabajar sin correr, para dormir una noche entera, para ir al m&eacute;dico sin hacer malabares, para sentarme sola en casa sin que eso significara abandono&rdquo;. Me hablaba tambi&eacute;n de la culpa que sinti&oacute; al reconocer ese descanso. &ldquo;Como si una buena madre tuviera que querer estar disponible siempre. Como si descansar estuviera mal&rdquo;, confiesa. La custodia compartida no hab&iacute;a resuelto todas las desigualdades de su relaci&oacute;n anterior, pero s&iacute; hab&iacute;a frenado algo que la estaba consumiendo: la idea de que cuidar significaba desaparecer una misma.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Qué sucede cuando los hijos no solo transitan entre dos casas, sino entre dos maneras radicalmente distintas de entender las emociones, el cuidado, la vulnerabilidad o incluso lo que significa ser niño, porque los hijos no viven dentro de los porcentajes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y, en medio de todo eso, est&aacute;n los hijos. V., separada desde hace un a&ntilde;o y con un hijo en com&uacute;n con su expareja, me cuenta su caso: &ldquo;Hace pocos d&iacute;as nos despedimos de un ser querido. Cuando estaba bajando con mi hijo en el ascensor &mdash;su padre estaba esper&aacute;ndole abajo&mdash;, mi hijo lloraba de tristeza. Antes de salir del portal, en el rellano, corri&oacute; a secarse las l&aacute;grimas. Incluso se mir&oacute; en el espejo para comprobar que no se le notase que hab&iacute;a llorado&rdquo;. Ella le pregunt&oacute; por qu&eacute; hac&iacute;a eso y el ni&ntilde;o respondi&oacute; que a su padre no le gustaba verle llorar. A V. le sorprendi&oacute; el cambio de actitud porque su hijo llora con frecuencia cuando est&aacute; con ella, y no necesariamente por tristeza. &ldquo;Me da la impresi&oacute;n de que ha entendido que en casa de mam&aacute; puede rendirse, de alguna manera, pero que en casa de pap&aacute; llorar es una debilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ah&iacute; aparece una de las preguntas m&aacute;s complejas de todas: qu&eacute; sucede cuando los hijos no solo transitan entre dos casas, sino entre dos maneras radicalmente distintas de entender las emociones, el cuidado, la vulnerabilidad o incluso lo que significa ser ni&ntilde;o, porque los hijos no viven dentro de los porcentajes. Viven dentro de las rutinas sostenidas durante a&ntilde;os, de los cuidados invisibles &mdash;o indemostrables&mdash; que rara vez aparecen en una sentencia. Dentro de esa carga mental hecha de citas m&eacute;dicas, mochilas preparadas, cumplea&ntilde;os recordados, profesoras contestadas, fiebre nocturna y ropa que de pronto ya no les vale.
    </p><p class="article-text">
        En medio de todo est&aacute;n ellos: ni&ntilde;os que aprenden pronto a adaptarse. A cambiar de habitaci&oacute;n, de normas, de tono. A no dejarse cosas importantes en la otra casa. A gestionar una especie de doble vida que a veces funciona y a veces pesa. Hay ni&ntilde;os que lo transitan con naturalidad. Otros no tanto. No existe una &uacute;nica experiencia, como tampoco existe una &uacute;nica forma de familia. Pero conviene no romantizar lo que, en muchos casos, es tambi&eacute;n un esfuerzo constante de ajuste.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra cuesti&oacute;n de la que se habla menos: qu&eacute; sucede cuando la custodia compartida no organiza &uacute;nicamente el cuidado, sino tambi&eacute;n el conflicto, porque no todas las separaciones terminan en una convivencia parental razonablemente sana. Existen relaciones judicializadas, atravesadas por resentimientos, hostilidades, din&aacute;micas de control o violencias que no desaparecen cuando se firma una sentencia. A veces, incluso, se intensifican. En esos casos, la custodia compartida puede convertir a los hijos en mediadores involuntarios de las tensiones entre los adultos. Ni&ntilde;os que aprenden demasiado pronto qu&eacute; cosas pueden decir en una casa y cu&aacute;les es mejor callar en la otra. Que viven pendientes del tono de los mensajes, de los cambios de horario, de las discusiones y los desacuerdos. En esos casos, la pregunta deja de ser &uacute;nicamente c&oacute;mo se reparte el tiempo. La pregunta es qu&eacute; tipo de infancia produce una vida partida entre dos mundos que apenas logran sostenerse entre s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En un momento en el que la custodia compartida se presenta casi como la soluci&oacute;n deseable por defecto, no est&aacute; de m&aacute;s pedir una mirada m&aacute;s profunda a cada historia en su singularidad y desconfiar un poco de las f&oacute;rmulas que sirven para todo. Y recordar que cuidar no es solo estar, ni siquiera es estar la mitad del tiempo. Cuidar es saber c&oacute;mo y eso, por suerte o por desgracia, no se puede dividir sin m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/custodia-compartida-custodia-dividida-compartir-calendario-no-significa-repartir-crianza_129_13207157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 20:07:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Divorcios,familias,Niños,Madres,Padres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["¡Disfruta! Solo tienes 18 veranos con tus hijos": los mensajes culpabilizadores contra padres y madres que plagan las redes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/disfruta-tienes-18-veranos-hijos-mensajes-culpabilizadores-padres-plagan-redes_1_13202611.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45ab1d95-ab98-4241-93c1-d5efb34bc5db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;¡Disfruta! Solo tienes 18 veranos con tus hijos&quot;: los mensajes culpabilizadores contra padres y madres que plagan las redes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez son más habituales en entornos digitales los discursos simplificados y descontextualizados que invitan a disfrutar del tiempo de crianza sin tener en cuenta el contexto</p><p class="subtitle">Pedir una excedencia en verano para cuidar de tus hijos: “Me sale más barato no trabajar que pagar campamentos”</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas, Marina estaba reincorpor&aacute;ndose a su trabajo con un beb&eacute; lactante y una ni&ntilde;a peque&ntilde;a. Hab&iacute;a gastado todos los permisos posibles e incluso las vacaciones de este a&ntilde;o para alargar el tiempo en casa. Empezaba adem&aacute;s a pensar <a href="https://www.eldiario.es/nidos/pedir-excedencia-verano-cuidar-hijos-sale-barato-no-trabajar-pagar-campamentos_1_12428427.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;mo se organizar&iacute;a en verano</a>, sin colegio y sin d&iacute;as libres para cuidar. &ldquo;Y entonces, un d&iacute;a, de camino al trabajo, abro Instagram y me encuentro con <a href="https://www.instagram.com/reels/DUxmqCYDOVn/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una publicaci&oacute;n</a> que dice: 'Disfruta, solo tienes nosecu&aacute;ntos veranos con tus hijos, el tiempo pasa r&aacute;pido&rsquo;. Pero, &iquest;c&oacute;mo se puede pensar en disfrutar en estas condiciones? Cerr&eacute; la 'aplicaci&oacute;n sinti&eacute;ndome culpable y enfadada&rdquo;, recuerda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dicen que cuando tu hijo cumple 12 a&ntilde;os ya has pasado con &eacute;l el 75% del tiempo que pasar&aacute;s en tu vida&rdquo;. <a href="https://www.instagram.com/reels/DUxmqCYDOVn/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Este</a> es otro de los mensajes que, de tanto en tanto y con ligeras variaciones, viralizan en redes sociales y acaban llegando a madres y padres. Tambi&eacute;n hay <a href="https://www.instagram.com/reels/CvNkhgstr0B/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">versi&oacute;n navide&ntilde;a</a>: &ldquo;Recuerda que solo tenemos diez Navidades para ser Pap&aacute; Noel&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DUxmqCYDOVn/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/reel/DUxmqCYDOVn/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a><p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/reel/DUxmqCYDOVn/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Adam Strand (@adamnstrand)</a></p></div></blockquote>
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    </figure><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Mar&iacute;a Huertas Vieco cree que este tipo de mensajes pueden tener consecuencias negativas para las familias. &ldquo;Es posible que generen cierta ansiedad ya que, aunque apelan a algo valioso &mdash;el v&iacute;nculo con los hijos&mdash;, introducen la exigencia. Y cuando el disfrute se convierte en obligatorio, pasa a ser una tarea m&aacute;s que cumplir, en lugar de una vivencia espont&aacute;nea&rdquo;, explica. Tambi&eacute;n se&ntilde;ala que son ideas que &ldquo;tienden a simplificar la realidad&rdquo;: &ldquo;Frases como &lsquo;solo tienes 15 veranos con ellos, disfr&uacute;talos&rsquo; o &lsquo;el tiempo pasa muy r&aacute;pido, aprov&eacute;chalo&rsquo; no contemplan que esos veranos pueden estar atravesados por realidades muy diversas, y que no todo lo que ocurre en ellos es disfrutable de la misma manera&rdquo;, asegura la experta.
    </p><p class="article-text">
        En su consulta en <a href="http://www.psinergia.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espacio Psinergia</a> se ha encontrado con muchas familias con este problema, &ldquo;especialmente en terapia individual con madres, en muchos casos sobrecargadas, abrumadas, con niveles importantes de culpa y ambivalencia&rdquo;, se&ntilde;ala la tambi&eacute;n terapeuta familiar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es posible que generen cierta ansiedad ya que, aunque apelan a algo valioso —el vínculo con los hijos—, introducen la exigencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Huertas Vieco</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Una situaci&oacute;n de este tipo la est&aacute; viviendo ahora mismo Ana Roche, actriz y madre reciente. &ldquo;Recibo muchos mensajes de este tipo, que me generan culpa, ansiedad y miedo. Inevitablemente te comparas, pero las redes marcan unos niveles de perfecci&oacute;n a los que es imposible llegar. Y acabas pensando en qu&eacute; est&aacute;s haciendo mal para no disfrutar en la medida que te marcan esas <em>influencers</em> o madres perfectas. Parece que para maternar tuvi&eacute;ramos que ser <a href="https://www.eldiario.es/nidos/criar-tiempos-consejos-millennials-sienten-presion-madre-impecable_1_12801140.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">expertas en todo</a>, pero yo no s&eacute; si voy a conseguir hacerlo todo tan bien como veo en las redes&rdquo;, se pregunta Ana.
    </p><p class="article-text">
        Irene Ferradas es periodista, formadora y madre. Ella tambi&eacute;n recibe a diario este tipo de publicaciones y cree que los mensajes que urgen a exprimir la maternidad son &ldquo;frases hechas que se dicen sin pensar demasiado ni en su origen ni en sus posibles repercusiones para quien las escucha&rdquo;. &ldquo;No tengo claro qu&eacute; es ser buena madre, pero s&eacute; que no tiene que ver con disfrutar todo el rato. No se me ocurre nada, de hecho, que siempre, siempre, siempre me haga disfrutar. Exig&iacute;rselo a mi hija ser&iacute;a un disparate&rdquo;, reflexiona.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Estos mensajes que aparecen en redes llevan &quot;frases hechas que se dicen sin pensar demasiado ni en su origen ni en sus posibles repercusiones para quien las escucha&quot;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Mandatos, idealizaci&oacute;n y ansiedad</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/nidos/flor-sichel-filosofa-sentimos-culpa-no-felices-dicen-deberiamos-madres_128_12126360.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Florencia Sichel</a>, fil&oacute;sofa, escritora y docente argentina, denuncia que este tipo de mensajes &ldquo;aparecen como una especie de mandato&rdquo;: &ldquo;Ten&eacute;s que estar con tu hijo porque nada es para siempre. Y eso en alg&uacute;n punto es cierto. Es verdad que no van a ser chicos toda la vida. Pero tambi&eacute;n es cierto que nosotros, como adultos, tampoco vamos a estar de la misma manera toda nuestra vida. Eso tiene que ver con el paso del tiempo. Entonces hay algo que hay que asumir: s&iacute;, nos vamos a perder algunas cosas con nuestros hijos, porque es parte de la vida y de la conciliaci&oacute;n&rdquo;, asegura Sichel.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No tengo claro qué es ser buena madre, pero sé que no tiene que ver con disfrutar todo el rato. No se me ocurre nada, de hecho, que siempre, siempre, siempre me haga disfrutar. Exigírselo a mi hija sería un disparate</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Irene Ferradas</span>
                                        <span>—</span> periodista, formadora y madre
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Coincide en este an&aacute;lisis Mar&iacute;a Huertas: &ldquo;No se puede desligar el bienestar en la crianza de factores como el apoyo social, la conciliaci&oacute;n, la carga mental o los recursos disponibles&rdquo;, explica. Y a&ntilde;ade que este tipo de simplificaciones &ldquo;tienen que ver con una narrativa bastante descontextualizada e idealizada de la crianza&rdquo;: &ldquo;Ese &lsquo;disfruta ahora, que pasa r&aacute;pido&rsquo; construye una imagen dulcificada y, en ocasiones, romantizada de la maternidad, centrada en los momentos bonitos o significativos, pero que deja fuera una parte esencial de la experiencia cotidiana: rabietas intensas, noches sin dormir, enfermedades, cansancio acumulado o momentos de irritabilidad. Y eso tambi&eacute;n es crianza. No todo es disfrutable, y reconocerlo no le resta valor a la experiencia, sino que la hace m&aacute;s realista y habitable&rdquo;, asegura la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Florencia Sichel apunta las consecuencias que puede tener recibir este tipo de contenidos &ldquo;sacados de contexto&rdquo;: &ldquo;Cuando no tienen un enmarque situado, terminan generando mucha culpa o la sensaci&oacute;n de que uno no est&aacute; haciendo las cosas como deber&iacute;a. Y en ese sentido hay algo bastante <em>naif</em>, porque la crianza es mucho m&aacute;s compleja y excede cualquier consejo que, desde la mejor de las voluntades, alguien pueda dar&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Relativizar y desconectar</h2><p class="article-text">
        En su libro <a href="https://www.audible.es/pd/Todas-las-exigencias-del-mundo-Audiolibro/B0GX7J2TTB?qid=1778058026&amp;sr=1-1&amp;ref_pageloadid=not_applicable&amp;pf_rd_p=edc39886-a4e3-4991-8ce5-effa92157a44&amp;pf_rd_r=5SWMT4KS4SWC17BANF89&amp;plink=HZGjPDocd5XkwQEh&amp;pageLoadId=G2fm38HEUuEZ72w8&amp;creativeId=41e85e98-10b8-40e2-907d-6b663f04a42d&amp;ref=a_search_c3_lProduct_1_1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Todas las exigencias del mundo</em></a>, la fil&oacute;sofa invita a aplicar una mirada diferente a la experiencia materna y paterna, a la vida adulta, libre de exigencias. &ldquo;Los padres tendemos a poner muchas expectativas, a idealizar, y a creer que por adoptar cierto consejo, incluso de alguien experto, eso va a funcionar de esa manera con un hijo. Y la mayor&iacute;a de las veces no pasa&rdquo;, explica. Su propuesta para evitar estos discursos simplificantes pasa por construir redes: &ldquo;Necesitamos m&aacute;s intercambio real, en lugar de buscar respuestas f&aacute;ciles a problemas que son, en verdad, mucho m&aacute;s complejos&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Hay algo que hay que asumir: sí, nos vamos a perder algunas cosas con nuestros hijos, porque es parte de la vida y de la conciliación</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Flor Sichel</span>
                                        <span>—</span> filósofa y escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Conviene no asumir estos mensajes como un dogma ni como una verdad absoluta, sino mantener una lectura cr&iacute;tica que permita situarlos como lo que son: mensajes consumibles de redes sociales&rdquo;, propone la psic&oacute;loga Mar&iacute;a Huertas Vieco. Ella tambi&eacute;n se&ntilde;ala la necesidad de no abordar estas problem&aacute;ticas desde lo individual, sino desde lo estructural: &ldquo;[Estos discursos] se apoyan en una idea muy extendida de que, con actitud, todo es posible, y que todo depende del esfuerzo o de factores individuales, pero la capacidad de disfrutar no depende &uacute;nicamente de una decisi&oacute;n personal, sino del contexto: del tiempo disponible, de la carga mental, de la red de apoyo o de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Ana Roche reconoce que su posparto est&aacute; siendo &ldquo;complicado&rdquo;, por lo que en ocasiones recibir este tipo de impactos la ha llevado a dudar de s&iacute; misma. &ldquo;Si ya es dif&iacute;cil cuidar a una beb&eacute;, encima el algoritmo te hace desconfiar de ti misma&rdquo;, explica. As&iacute; que ella ha optado por reducir el tiempo de uso de redes sociales y dejar de compararse. &ldquo;Ahora apenas entro en las aplicaciones, y aunque no he conseguido desinstal&aacute;rmelas, he reducido la exposici&oacute;n y la ansiedad tambi&eacute;n ha bajado&rdquo;. Marina, madre de un beb&eacute; y una ni&ntilde;a peque&ntilde;a, ha tomado una soluci&oacute;n m&aacute;s dr&aacute;stica: &ldquo;Directamente me he desinstalado Instagram. Paso de que me sigan bombardeando con este tipo de discursos que solo hacen da&ntilde;o&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/disfruta-tienes-18-veranos-hijos-mensajes-culpabilizadores-padres-plagan-redes_1_13202611.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 20:03:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["¡Disfruta! Solo tienes 18 veranos con tus hijos": los mensajes culpabilizadores contra padres y madres que plagan las redes]]></media:title>
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