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    <title><![CDATA[elDiario.es - Madres]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/madres/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Madres]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f712534-e870-4477-ad9a-3f915e134c96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es posible que este movimiento se dé sin que haya una conciencia clara de que está pasando. Simplemente, un día te das cuenta de que ya no estás completamente dentro de aquello que te desbordaba</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        De mi boca ha salido muchas veces ese &ldquo;tranquila, que de esto tambi&eacute;n se sale&rdquo; cuando me cruzo con una mujer con su beb&eacute; pegado al cuerpo como si no hubiera terminado de nacer del todo. Lo he dicho en portales, en parques, en conversaciones interrumpidas por un llanto que hay que atender. Lo he dicho mirando a los ojos a esa madre que encadena noches partidas en tres, que suspira por cinco minutos de ducha sin interrupciones y que vuelve al trabajo con la sensaci&oacute;n de estar siempre a punto de fallar, porque el virus que entra por la puerta de la escuelita infantil no entiende de contratos ni de bajas maternas a todas luces insuficientes. Una semana en casa, dos en la escuelita, otra vez en casa. Y, en medio, el cuerpo que no reconoces, la conversaci&oacute;n que se estrecha hasta quedarse en los bodies y los horarios de sue&ntilde;o, la pareja recoloc&aacute;ndose como puede en un territorio en el que, a veces, no hay energ&iacute;a ni para mirarse sin que eso mismo se convierta en otra tarea.
    </p><p class="article-text">
        Es ah&iacute; donde aparece la frase. Funciona, en parte, porque promete un final, porque sugiere que esto &mdash;lo que sea exactamente ese &ldquo;esto&rdquo;&mdash; tiene una duraci&oacute;n limitada y que, si se aguanta lo suficiente, se sale del t&uacute;nel y se comienza a ver la luz. En su momento, yo tambi&eacute;n entend&iacute; esa salida como un regreso: volver a ser la que era, recuperar el cuerpo, el deseo, una cierta continuidad con mi vida anterior. En mis dos cuarentenas sent&iacute; cierta autopresi&oacute;n, tambi&eacute;n en el sexo. Tuve prisa por mantener mi primera relaci&oacute;n sexual posparto, como si ah&iacute; me jugara algo importante, como si recuperar el deseo antes de que acabasen esos cuarenta d&iacute;as fuese un logro que confirmaba que todo iba en la direcci&oacute;n correcta.
    </p><p class="article-text">
        Pero no era eso. No hay un momento claro que marque tu vuelta. No hay un d&iacute;a en el que algo encaja de repente y te devuelve, intacta, a la mujer que eras. Durante bastante tiempo, tienes la sensaci&oacute;n de estar viviendo en una versi&oacute;n provisional de tu vida, de moverte en un lugar que no termina de asentarse, de no reconocerte del todo en lo que haces ni en c&oacute;mo lo haces. Y, sin embargo, aunque no haya un corte claro, algo empieza a cambiar.
    </p><p class="article-text">
        No sucede de golpe, es m&aacute;s bien un movimiento lento que se va adentrando en lo cotidiano. Un d&iacute;a te das cuenta de que puedes leer m&aacute;s de dos p&aacute;ginas seguidas de un libro sin tener que volver atr&aacute;s porque has perdido el hilo. Otro d&iacute;a, que has quedado con tus amigas y, sin daros cuenta, hab&eacute;is pasado horas hablando de vosotras, de lo que os pasa, de lo que quer&eacute;is, y no de vuestras criaturas. Que os re&iacute;s con muchas ganas escuchando las aventuras de la &uacute;ltima amiga separada en Tinder, como si esa conversaci&oacute;n perteneciera a otra vida y, al mismo tiempo, siguiera siendo vuestra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En mis dos cuarentenas sentí cierta autopresión, también en el sexo. Tuve prisa por mantener mi primera relación sexual posparto, como si ahí me jugara algo importante</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Empiezas a salir de casa sin calcular cada minuto en funci&oacute;n de otra persona. A alargar un caf&eacute;. A acudir a la presentaci&oacute;n de un libro y, despu&eacute;s, quedarte a tomar un vino y comentar. A tener una idea y poder seguirla hasta el final sin interrupciones constantes. A notar que el silencio ya no es un lujo inalcanzable, sino algo que vuelve, poco a poco, a estar disponible. Puedes volver al gimnasio en horario escolar y no sentir que le est&aacute;s robando tiempo a nadie. Tu criatura se queda a dormir en casa de un amigo y no pasas la noche pendiente del m&oacute;vil. Te atreves a dejarle un fin de semana con sus abuelos y descubres que no solo no pasa nada, sino que vuelve mejor. Sientes que puedes descargar un poco la presi&oacute;n, que ya no todo depende de ti en cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n el deseo regresa, pero ya no como una meta que hay que alcanzar, ni como una se&ntilde;al que confirme que todo est&aacute; bien, sino como algo que aparece cuando puede, cuando encuentra espacio, cuando deja de estar sometido a esa l&oacute;gica de rendimiento que convierte incluso lo &iacute;ntimo en una tarea m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A ese momento, la psic&oacute;loga perinatal Paola Roig lo llama &ldquo;despuerperio&rdquo;, explic&aacute;ndolo de una forma muy sencilla: &ldquo;Es algo que nos pasa a las madres cuando salimos del postparto; no del postparto inmediato &mdash;el puerperio de los primeros meses&mdash;, sino de esta crianza intensiva. Es lo que pasa m&aacute;s all&aacute; de los dos a&ntilde;os de nuestra criatura, cuando finaliza esa 'fusi&oacute;n' y empieza a separarse de nosotras. En ese momento, nosotras tambi&eacute;n nos tenemos que separar y descubrir qui&eacute;nes somos ahora despu&eacute;s de todo esto&rdquo;. No es una etiqueta m&aacute;s, ni una etapa que se pueda marcar en el calendario, sino una manera de nombrar ese desplazamiento en el que la maternidad deja de ocuparlo todo y empieza a convivir con otras partes de ti que vuelven a hacerse visibles.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No sucede de golpe, es más bien un movimiento lento que se va adentrando en lo cotidiano. Un día te das cuenta de que puedes leer más de dos páginas seguidas de un libro sin tener que volver atrás porque has perdido el hilo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Porque, &iquest;de qu&eacute; se sale exactamente? &iquest;De las noches sin dormir? &iquest;De los virus encadenados? &iquest;De la sensaci&oacute;n de no llegar? S&iacute;, en parte. Lo que voces como la de Roig est&aacute;n poniendo sobre la mesa es que lo m&aacute;s decisivo sucede en otro plano, menos visible, m&aacute;s dif&iacute;cil de medir y que tiene que ver con la manera en que una se reconoce &mdash;o deja de reconocerse&mdash; en lo que hace, en c&oacute;mo se vincula, en c&oacute;mo se piensa. Tiene que ver con esa experiencia que Roig describe como un aprendizaje acumulado que, pasado un tiempo, exige ser integrado: &ldquo;No soy la de antes, no soy la que era solo madre, soy una Paola nueva. Obviamente, tengo muchas cosas de las que era antes, pero he incorporado much&iacute;simo aprendizaje despu&eacute;s de este crecimiento tan grande&rdquo;. Es posible que este movimiento se d&eacute; sin que haya una conciencia clara de que est&aacute; pasando. Simplemente, un d&iacute;a te das cuenta de que ya no est&aacute;s completamente dentro de aquello que te desbordaba, de que puedes tomar cierta distancia y empezar a soltar.
    </p><p class="article-text">
        Si vuelvo a esa frase que repito &mdash;&ldquo;de esto tambi&eacute;n se sale&rdquo;&mdash;, entiendo mejor qu&eacute; deja fuera. Porque s&iacute;, se sale, pero no dando por cerrada una etapa y volviendo a una versi&oacute;n intacta de una misma. Se sale cuando dejas de intentar ser la que eras y empiezas, con m&aacute;s o menos torpeza, a hacerte cargo de la que eres ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 19:34:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de los chats de padres, a pesar de su mala fama: "Sabes que hay alguien ahí las 24 horas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/mala-reputacion-gran-apoyo-defiendo-chats-padres_1_13148602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6e318cc-0f9d-492c-a42d-1a6d1d8014a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En defensa de los chats de padres, a pesar de su mala fama: &quot;Sabes que hay alguien ahí las 24 horas&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los grupos de WhatsApp para padres pueden ser espacios estresantes para las madres primerizas. Pero a veces también un refugio digital durante la madrugada</p><p class="subtitle">Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: “Puede favorecer el apego seguro”</p></div><p class="article-text">
        Durante los primeros d&iacute;as despu&eacute;s de traer a mi hija del hospital, mi casa estuvo m&aacute;s concurrida que nunca. Familiares, amigos, vecinos e incluso conocidos de pasada se agolpaban en la puerta, colm&aacute;ndome de comida, regalos, ropa de segunda mano y <a href="https://www.eldiario.es/nidos/criar-tiempos-consejos-millennials-sienten-presion-madre-impecable_1_12801140.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">consejos</a>.
    </p><p class="article-text">
        Pero al ponerse el sol, la multitud se dispersaba. Mi hija se despertaba y pasaba la noche sin dormir; yo me retiraba a mi dormitorio y, la verdad sea dicha, a mi tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Las incursiones nocturnas en el abismo digital rara vez me han resultado provechosas. Sol&iacute;a caer en un vac&iacute;o paranoico de contenidos, compras o teor&iacute;as conspirativas, para salir, horas m&aacute;s tarde, agotada y ansiosa.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tras el nacimiento de mi hija, descubr&iacute; un santuario digital oculto: los <a href="https://www.eldiario.es/nidos/24-horas-grupo-whatsapp-buscar-colegio-ninos-proceso-locura_1_12153447.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">chats de WhatsApp para padres</a>.
    </p><p class="article-text">
        Durante el embarazo, me hab&iacute;an a&ntilde;adido a varios grupos de madres y a los hilos de debate correspondientes. Estaba el de mis amigas embarazadas, el grupo de mi ayuntamiento, otro para madres de mi zona, un grupo de pago para padres hippies y, por &uacute;ltimo, el hilo de la familia, donde se gestionaba toda la organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ya entonces sab&iacute;a que internet pod&iacute;a ser un espacio tenso para las madres primerizas, repleto de simulacros t&oacute;xicos del tipo de madre que se supone que uno debe ser. Los chats de WhatsApp para padres suelen constituir el lado oscuro de esta cultura. A principios de este a&ntilde;o, la actriz Ashley French (antes Tisdale) escribi&oacute; un art&iacute;culo que se hizo viral en el que detallaba su decisi&oacute;n de <a href="https://www.thecut.com/article/ashley-tisdale-french-mom-group-mean-girls-parenting.html" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&laquo;romper&raquo; con su t&oacute;xico grupo de madres</a> &mdash;y el <a href="https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">chat grupal</a> que lo acompa&ntilde;aba&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo revolucion&oacute; Internet, ya que los lectores especularon sobre qu&eacute; famosas estaban involucradas y compartieron sus propias historias de juicios y acoso en estos espacios. Cuando empec&eacute; a preguntar por ah&iacute; mientras investigaba para este art&iacute;culo, tambi&eacute;n recib&iacute; docenas de mensajes que, en esencia, dec&iacute;an: &laquo;He bloqueado todos mis chats de madres porque eran horribles y muy cr&iacute;ticos&raquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando empecé a preguntar por ahí mientras investigaba para este artículo, también recibí docenas de mensajes que, en esencia, decían: &#039;He bloqueado todos mis chats de madres porque eran horribles y muy críticos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y, sin embargo, en lo que quiz&aacute; sea el primer respiro que me ha dado Internet, mis conversaciones nunca se volvieron t&oacute;xicas. Al contrario, se convirtieron en espacios abiertos las 24 horas del d&iacute;a, libres de juicios, donde pod&iacute;a pedir consejo, celebrar peque&ntilde;as victorias o simplemente desahogarme.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Jessica, profesora, supo que iba a tener gemelos, no conoc&iacute;a a nadie que hubiera pasado por lo que ella estaba a punto de afrontar. Entonces, mientras compraba un cochecito en Facebook Marketplace, conoci&oacute; a otra madre de la zona que la invit&oacute; a unirse a un chat grupal para familias con gemelos.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Los padres de un solo hijo no pueden entender realmente lo que es ser padre de gemelos&raquo;, dice Jessica, que ha pedido figurar solo con su nombre de pila. &laquo;Necesitas tener en tu vida a padres de gemelos para que te apoyen&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Gracias al chat, siempre sent&iacute; que ten&iacute;a un equipo de animadoras. Nunca me sent&iacute; sola, aunque estuviera criando a gemelos lejos de mis amigos y mi familia&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando nacieron sus hijos, la conexi&oacute;n en l&iacute;nea cobr&oacute; a&uacute;n m&aacute;s importancia. Los beb&eacute;s pasaron diez semanas en el hospital y, una vez que llegaron a casa, le resultaba casi imposible salir de ella.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La asociaci&oacute;n de padres de gemelos organiza grupos de juego, pero es muy dif&iacute;cil asistir a ellos cuando est&aacute;s en plena lucha con unos gemelos reci&eacute;n nacidos&raquo;, explica. &laquo;Poder hablar con otras madres de gemelos en el chat me hizo sentir integrada en mi vida cotidiana&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, Louella admite que tiene suerte de contar con un gran apoyo presencial. Pero, incluso teniendo una buena comunidad en la vida real, su grupo de madres en WhatsApp &mdash;creado por una amiga&mdash; le ofrece un tipo de conexi&oacute;n diferente.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;He descubierto que la maternidad es realmente maravillosa, pero tambi&eacute;n, a veces, bastante aislante&raquo;, dice. &laquo;Es agradable que alguien te env&iacute;e un mensaje y te diga: &ldquo;Estoy despierta dando de comer a las tres de la madrugada, &iquest;alguien m&aacute;s est&aacute; despierto?&rdquo;&raquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es agradable que alguien te envíe un mensaje y te diga: &#039;Estoy despierta dando de comer a las tres de la madrugada, ¿alguien más está despierto?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La directora de arte Annie Portelli conoci&oacute; a las integrantes de su chat &mdash;acertadamente llamado 'Terapia gratuita para el club de las mam&aacute;s'&mdash; a trav&eacute;s de las sesiones para ni&ntilde;os peque&ntilde;os de su biblioteca local. El grupo sigue reuni&eacute;ndose en persona, pero, al igual que Louella, ella se beneficia de la cercan&iacute;a constante que ofrece el chat.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El chat de WhatsApp, en concreto, es realmente reconfortante porque sabes que hay alguien ah&iacute; las 24 horas del d&iacute;a, los 7 d&iacute;as de la semana, lo cual es muy importante en la oscuridad de la noche&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La franqueza del grupo tambi&eacute;n es importante. &laquo;Puedes decir literalmente cualquier cosa &mdash;relacionada con el beb&eacute; o no&mdash; y nadie te juzgar&aacute;&raquo;, afirma. &laquo;Recibir un mensaje para ver c&oacute;mo est&aacute;s a la ma&ntilde;ana siguiente de una mala noche lo es todo cuando est&aacute;s sola en casa con tu beb&eacute; y te sientes un fracaso&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la proliferaci&oacute;n de los grupos de WhatsApp pueda parecer un fen&oacute;meno pospand&eacute;mico, los padres llevan d&eacute;cadas buscando estos espacios.
    </p><p class="article-text">
        Kiri, cuyos hijos son ahora adolescentes, recuerda el grupo de madres de su ayuntamiento como un espacio mucho m&aacute;s teatral.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Sent&iacute;a una enorme presi&oacute;n por dar la impresi&oacute;n de que lo estaba llevando bien&raquo;, afirma. &laquo;Cuando la gente hablaba de entrenar el sue&ntilde;o o del destete dirigido por el beb&eacute;, fing&iacute;a que yo tambi&eacute;n lo hab&iacute;a investigado. Me sent&iacute;a incre&iacute;blemente insegura de m&iacute; misma, pero no quer&iacute;a que lo supieran&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En lugar de abrirse en persona, se sinti&oacute; atra&iacute;da por foros an&oacute;nimos en l&iacute;nea con nombres como &laquo;Birth Club&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Compartir cosas en Internet era otra historia&raquo;, dice. &laquo;No hab&iacute;a preguntas demasiado tontas ni desahogos demasiado &iacute;ntimos. Nadie sab&iacute;a qui&eacute;n era yo, as&iacute; que pod&iacute;a decir lo que realmente sent&iacute;a. Desconocidos de otros pa&iacute;ses se compadec&iacute;an de m&iacute; o me enviaban &ldquo;abrazos virtuales&rdquo;. La verdad es que era una gozada&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de mis buenos recuerdos de esos chats grupales, quiz&aacute; sea mejor que ya no me pase noches enteras mirando el m&oacute;vil. Aun as&iacute;, cuando uno de esos hilos antiguos cobra vida con una actualizaci&oacute;n inesperada o una invitaci&oacute;n de cumplea&ntilde;os, siento una punzada de nostalgia.
    </p><p class="article-text">
        De repente, vuelvo a estar en mi habitaci&oacute;n a oscuras, mirando una calle vac&iacute;a y sinti&eacute;ndome como la &uacute;nica persona despierta en la Tierra. En esos momentos, mi tel&eacute;fono no me parec&iacute;a un vac&iacute;o, sino una ventana por la que pod&iacute;a arrastrarme para encontrar a otra persona.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; en otra vida, en otra d&eacute;cada, en otro pa&iacute;s, estas mujeres y yo no hubi&eacute;ramos necesitado chats grupales. Quiz&aacute; nuestras familias hubieran vivido cerca. Quiz&aacute; no hubi&eacute;ramos tenido que apresurarnos a acostar a los beb&eacute;s para poder volver al trabajo. Quiz&aacute; hubi&eacute;ramos pasado largas tardes con otros padres, navegando juntos y sin prisas por los primeros a&ntilde;os de la crianza.
    </p><p class="article-text">
        El mundo ha cambiado, pero las exigencias de la crianza siguen siendo las mismas. Sigue haciendo falta un pueblo para criar a un ni&ntilde;o. Pero, para bien o para mal, hoy en d&iacute;a ese pueblo suele vivir dentro de nuestros tel&eacute;fonos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Wendy Syfret]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/mala-reputacion-gran-apoyo-defiendo-chats-padres_1_13148602.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 20:06:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En defensa de los chats de padres, a pesar de su mala fama: "Sabes que hay alguien ahí las 24 horas"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,Padres,Madres,Whatsapp,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/abuelos-ponen-limites-cuidado-nietos-disfruto-no-quiero-volver-dia-marcado-horarios_1_13134312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b736029-8ee6-42b7-8459-fc880eff98f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En muchos hogares, contar con los abuelos se ha convertido en algo que se da por sentado. Recoger a los niños, cubrir imprevistos o ayudar algunas tardes se integra en la organización diaria, a veces, sin hablarlo previamente</p><p class="subtitle">Consultorio - “Me siento juzgada como abuela cuando cuido a mis nietos, ¿cómo lo hablo con mi hija para evitar conflictos?”</p></div><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, la implicaci&oacute;n de los abuelos en el cuidado de los nietos ha sido algo habitual. Sin embargo, no ocurre igual en todos los casos. Hay abuelos que siguen en activo, otros que tienen problemas de salud o que viven lejos, y tambi&eacute;n quienes prefieren dedicar esta etapa vital a proyectos propios.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estas formas de entender ese apoyo no coinciden con lo que los hijos esperan, aparecen fricciones que no siempre se han abordado previamente: incomodidad, malentendidos o la sensaci&oacute;n de que las responsabilidades no est&aacute;n claras dentro del entorno familiar.
    </p><h2 class="article-text">Una ayuda muy presente en la organizaci&oacute;n familiar</h2><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n de los abuelos en la crianza sigue siendo habitual en Europa. Un <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10519902/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> publicado en 2023 por la revista <em>European Journal of Ageing</em>, a partir de datos de personas mayores de distintos pa&iacute;ses europeos, se&ntilde;ala que una proporci&oacute;n relevante colabora en el d&iacute;a a d&iacute;a con sus nietos. Seg&uacute;n este trabajo, cerca de la mitad lo hace de forma ocasional, mientras que aproximadamente uno de cada cuatro asume un papel m&aacute;s continuado. Este tipo de apoyo es especialmente frecuente en los pa&iacute;ses del sur de Europa, donde las redes familiares siguen teniendo un peso importante en la organizaci&oacute;n cotidiana. Otro <a href="https://cms.aldeasinfantiles.es/uploads/2023/07/Abuelos-y-crianza.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> sobre abuelos y crianza de Aldeas Infantiles, publicado en 2023, indica que en Espa&ntilde;a el 35% de los mayores de 65 se encarga del cuidado de los nietos varias veces por semana (muy por encima de la media europea del 14,9%).
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Durante muchos años viví pendiente del trabajo y de la familia, y ahora necesito que esta etapa sea un poco diferente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cándida</span>
                                        <span>—</span> 67 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n no se da siempre de la misma manera ni se vive igual en todos los hogares. En algunos casos se limita a momentos puntuales, mientras que en otros adopta formas m&aacute;s estables o se descarta por completo.
    </p><p class="article-text">
        C&aacute;ndida, de 67 a&ntilde;os, decidi&oacute; desde el principio no asumir una rutina fija con sus dos nietos. &ldquo;Estoy con ellos y disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el d&iacute;a marcado por horarios. Durante muchos a&ntilde;os viv&iacute; pendiente del trabajo y de la familia, y ahora necesito que esta etapa sea un poco diferente&rdquo;, explica. Aunque lo habl&oacute; en casa, sinti&oacute; que se daba por hecho que estar&iacute;a m&aacute;s disponible y que no fue f&aacute;cil cambiar esa idea.
    </p><h2 class="article-text">Lo que se espera de los abuelos</h2><p class="article-text">
        Lo que empieza de forma puntual puede ir convirti&eacute;ndose en una responsabilidad m&aacute;s regular. Y ah&iacute; suelen aparecer los primeros roces. Antonio, de 70 a&ntilde;os, se encontr&oacute; con esa situaci&oacute;n cuando su hija le propuso encargarse de recoger a los ni&ntilde;os del colegio todos los d&iacute;as. &ldquo;Para ella era algo normal, pero para m&iacute; no lo era. Sigo trabajando algunas ma&ntilde;anas y tengo mis propios horarios. No pod&iacute;a reorganizar todo mi d&iacute;a para asumir ese compromiso fijo&rdquo;, recuerda. Durante un tiempo se interpret&oacute; as&iacute;, como si no quisiera ayudar. 
    </p><p class="article-text">
        El papel de los abuelos en la crianza ha ido cambiando en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Como afirma Gerardo Meil, catedr&aacute;tico de Sociolog&iacute;a en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid y especialista en sociolog&iacute;a de la familia, este papel est&aacute; relacionado con la transformaci&oacute;n del modelo familiar y con la incorporaci&oacute;n de las mujeres al trabajo en un contexto de familias m&aacute;s peque&ntilde;as. &ldquo;Muchas abuelas, en su mayor&iacute;a no empleadas y relativamente j&oacute;venes, asumieron un rol activo en el cuidado&rdquo;, comenta.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchas abuelas, en su mayoría no empleadas y relativamente jóvenes, asumieron un rol activo en el cuidado</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gerardo Meil</span>
                                        <span>—</span> catedrático de Sociología en la UAM
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con el tiempo, ese rol tambi&eacute;n ha cambiado. Meil subraya que se ha pasado de un modelo de &ldquo;cuidado sustitutivo&rdquo; a otro de &ldquo;cuidado complementario&rdquo; o &ldquo;cuidado de emergencia&rdquo;, m&aacute;s ocasional y limitado a determinadas tareas o momentos, como cuando est&aacute;n enfermos o para recogerlos del colegio.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, no en todos los hogares se cuenta con esa ayuda. Seg&uacute;n datos de la <a href="https://quidan-project.com/resultados-list" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta QUIDAN</a> 2 (2025), elaborada por Meil a familias con hijos menores de siete a&ntilde;os, &ldquo;el n&uacute;mero de familias que no recibe ning&uacute;n tipo de ayuda puede estimarse en alrededor de una de cada cuatro&rdquo;. Adem&aacute;s, en ese mismo estudio se observa que ha aumentado la proporci&oacute;n de padres que perciben que los abuelos no muestran demasiada disposici&oacute;n para cuidar. 
    </p><p class="article-text">
        En la mayor&iacute;a de los casos, esta ausencia de apoyo no responde a una negativa directa. Tal y como apunta Meil, &ldquo;las razones en la gran mayor&iacute;a de los casos son objetivas&rdquo;, y est&aacute;n relacionadas con factores como la distancia, problemas de salud, la situaci&oacute;n laboral o el cuidado de otros nietos.
    </p><p class="article-text">
        Esa evoluci&oacute;n tambi&eacute;n se refleja en c&oacute;mo algunos abuelos deciden estar presentes. Eladio, de 69 a&ntilde;os, no participa en el cuidado diario de su nieta, pero mantiene un v&iacute;nculo regular en su vida. &ldquo;No estoy para el d&iacute;a a d&iacute;a ni para asumir responsabilidades fijas, pero s&iacute; para verla cuando surge&rdquo;, expresa. &ldquo;Nos vemos los fines de semana, en momentos concretos, y as&iacute; lo disfrutamos m&aacute;s. Para m&iacute; es importante que ese tiempo no est&eacute; ligado a una obligaci&oacute;n&rdquo;, remata.
    </p><h2 class="article-text">Negociar l&iacute;mites sin romper la relaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s que la falta de apoyo, lo que suele tensar estas situaciones es el desajuste entre lo que cada uno espera y lo que realmente ocurre.
    </p><p class="article-text">
        Desde la mediaci&oacute;n familiar, este tipo de conflictos suele estar relacionado con un desajuste entre lo que cada generaci&oacute;n espera de la otra. Seg&uacute;n la mediadora familiar y abogada especializada en conflictos familiares Ana Criado Inchausp&eacute;, los hijos tienden a mirar a sus padres desde sus propias necesidades (la conciliaci&oacute;n, el trabajo o la crianza) sin atender a que ellos tambi&eacute;n se encuentran en una etapa vital distinta, con proyectos propios.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La mediadora familiar Ana Criado insiste en que una de las claves es &#039;transformar expectativas implícitas en acuerdos claros&#039;, ya que muchas tensiones nacen de lo que nunca se ha hablado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En ese sentido, sostiene que no se trata tanto de ego&iacute;smo como de una falta de conciencia sobre las diferencias entre generaciones. Criado habla de la aparici&oacute;n de &ldquo;un nuevo modelo de tercera edad, m&aacute;s activo y aut&oacute;nomo&rdquo;, en el que muchas personas mayores priorizan su tiempo y no necesariamente desean asumir un cuidado continuado de sus nietos.
    </p><p class="article-text">
        Si estas expectativas no se ponen en com&uacute;n, aclara, pueden surgir sentimientos de decepci&oacute;n en los hijos y, al mismo tiempo, presi&oacute;n o p&eacute;rdida de libertad en los abuelos. Asimismo, indica que esto suele dar lugar a malentendidos sobre si ese cuidado es una ayuda puntual o una obligaci&oacute;n familiar.
    </p><p class="article-text">
        Desde su experiencia, Criado insiste en que una de las claves es &ldquo;transformar expectativas impl&iacute;citas en acuerdos claros&rdquo;, ya que muchas tensiones nacen de lo que nunca se ha hablado. Para evitarlo, propone exponer abiertamente lo que cada parte espera, delimitar responsabilidades (recordando que el cuidado corresponde a los padres) y concretar cu&aacute;ndo y c&oacute;mo puede darse la colaboraci&oacute;n de los abuelos. Tambi&eacute;n subraya la importancia de tener en cuenta las necesidades de ambas generaciones: la conciliaci&oacute;n de los hijos y la autonom&iacute;a de los mayores.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, la especialista en conciliaci&oacute;n familiar concluye que &ldquo;el reto no es decidir si los abuelos deben cuidar o no a los nietos&rdquo;, sino abrir un di&aacute;logo que permita ajustar esas expectativas para que la colaboraci&oacute;n sea una elecci&oacute;n y no una imposici&oacute;n, sin deteriorar el v&iacute;nculo familiar.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces, el problema no est&aacute; tanto en la falta de ayuda como en lo que no se llega a decir a tiempo. Isabel, de 68 a&ntilde;os, reconoce que durante un tiempo asumi&oacute; que deb&iacute;a estar disponible para cuidar de sus nietas sin plantearse si realmente pod&iacute;a o quer&iacute;a hacerlo en esas condiciones. Con el paso de los meses, esa disponibilidad empez&oacute; a resultarle inc&oacute;moda, como si tuviera poco margen para decidir por s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al principio no dije nada, porque parec&iacute;a lo normal, pero cada vez me sent&iacute;a m&aacute;s inc&oacute;moda, como si no pudiera elegir&rdquo;, asegura. Eso, relata, cambi&oacute; cuando lo hablaron en familia. &ldquo;Cuando lo compartimos, result&oacute; un alivio para todos. Pudimos recolocar las cosas y empezar a entendernos mejor. Ahora s&eacute; que ayudar tambi&eacute;n implica poder decidir&rdquo;, declara.
    </p><p class="article-text">
        A medida que cambian las formas de vida, tambi&eacute;n se reordenan los acuerdos dentro de las familias. Lo que durante d&eacute;cadas se dio por hecho empieza a dejar paso a decisiones m&aacute;s habladas y menos asumidas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/abuelos-ponen-limites-cuidado-nietos-disfruto-no-quiero-volver-dia-marcado-horarios_1_13134312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 20:20:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Abuelos,Padres,Madres,Crianza,Cuidados familiares,Niños]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Los bebés no caducan a los dos días”: por qué hay padres que no quieren visitas en el hospital después del parto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/bebes-no-caducan-dias-hay-padres-no-quieren-visitas-hospital-despues-parto_1_13108635.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7745d3af-dc60-4ed7-9efd-fdb6fb16567e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Los bebés no caducan a los dos días”: por qué hay padres que no quieren visitas en el hospital después del parto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez son más las madres recientes o parejas que deciden pasar en la intimidad la estancia en el hospital tras el nacimiento del bebé, e incluso la llegada a casa. Las visitas durante los primeros días, que han sido durante años la norma social más extendida, empiezan a ponerse en cuestión, también por parte del personal sanitario</p><p class="subtitle">Razones para visitar (o no) a un recién nacido en el hospital, según una obstetra: “Debemos saber que el riesgo existe”</p></div><p class="article-text">
        Laura tiene dos hijas y en ambos pospartos prefiri&oacute; que no hubiese visitas en el hospital cuando ellas nacieron. &ldquo;Lo hicimos para priorizarnos a nosotras como familia, para proteger a las beb&eacute;s y a m&iacute; tambi&eacute;n, que estaba reventada&rdquo;, explica. La conversaci&oacute;n con su familia extensa para explic&aacute;rselo no fue f&aacute;cil:  &ldquo;Siempre hemos sido los raritos porque ponemos l&iacute;mites, as&iacute; que en este caso lo mismo: lo respetaron porque se lo pedimos pero no les sent&oacute; nada bien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Paula, sus dos pospartos inmediatos fueron completamente diferentes, marcados por la pandemia del covid. &ldquo;Con mi primer hijo tuve la habitaci&oacute;n como si fuese una caseta de la feria de abril. No supe ponerle freno y lo pas&eacute; fatal. As&iacute; que lo mejor que me pudo pasar con mi segunda hija es que naciera en plena pandemia, con las visitas prohibidas, y tengo un recuerdo precioso de estar los tres conoci&eacute;ndonos en calma&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez son m&aacute;s las madres recientes o parejas que deciden pasar en la intimidad la estancia en el hospital tras el nacimiento del beb&eacute;, e incluso la llegada a casa. Las visitas durante los primeros d&iacute;as (e incluso las primeras horas), que han sido durante a&ntilde;os la norma social m&aacute;s extendida, empiezan a ponerse en cuesti&oacute;n, tambi&eacute;n por parte del personal sanitario. La tranquilidad de la madre y el beb&eacute; para conocerse, la necesidad de recuperarse ambos del parto y el riesgo de contagios son los factores principales para desaconsejar este uso social.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con mi primer hijo tuve la habitación como si fuese una caseta de la feria de abril. No supe ponerle freno y lo pasé fatal. Así que lo mejor que me pudo pasar con mi segunda hija es que naciera en plena pandemia, con las visitas prohibidas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Paula</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Visitas cero o muy limitadas</h2><p class="article-text">
        La pediatra Teresa Escudero recomienda insistentemente limitar los contactos en los primeros d&iacute;as: &ldquo;Lo ideal ser&iacute;a que no viniese nadie al hospital&rdquo;, afirma tajante. Incluso ha llegado a ofrecerles a las madres recientes servirles de &ldquo;excusa&rdquo; ante su entorno: &ldquo;A veces les digo que les pidan que no vengan porque lo dice la pediatra&rdquo;, asegura entre risas. Pero se pone seria para hablar de los riesgos que pueden acarrear esas visitas: &ldquo;Las primeras horas de un beb&eacute; en el mundo son delicadas. El sistema inmune es a&uacute;n inmaduro y el contacto con virus y bacterias de desconocidos es peligroso&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Un criterio en el que coincide la matrona Yulema Cochete: &ldquo;Nosotras insistimos en que cuantas menos visitas mejor, y si las hay, que sean cortas y responsables. Es muy importante el agarre del beb&eacute; a la lactancia, la recuperaci&oacute;n de la madre y evitar contagios. Un beb&eacute; nace con muy pocas defensas, as&iacute; que hay un riesgo real de contagio&rdquo;, asegura. Ella invita a las familias a posponer las visitas y a &ldquo;darse un paseo&rdquo; o &ldquo;tomarse un caf&eacute;&rdquo; una vez que ya est&eacute;n asentados en casa.
    </p><p class="article-text">
        La ginec&oacute;loga Patricia Pinto trabaja en la planta de maternidad de un hospital y adem&aacute;s est&aacute; embarazada de su segundo beb&eacute;. &ldquo;Es un tema al que doy muchas vueltas &uacute;ltimamente, tanto por mi trabajo como por mi implicaci&oacute;n personal&rdquo;, comienza. Como profesional, ha visto habitaciones &ldquo;atestadas de gente, con visitas largu&iacute;simas de hasta dos y tres horas&rdquo;, afirma. &ldquo;Eso no es para nada beneficioso, porque las visitas no siempre llegan en el momento oportuno y hay muchas cosas importantes que atender en las primeras horas. Adem&aacute;s, la planta de maternidad deber&iacute;a ser un lugar tranquilo para todas las mam&aacute;s y beb&eacute;s, libre de ruidos y de posibles contagios&rdquo;, expone. Y lanza una reflexi&oacute;n: &ldquo;Las mujeres suelen estar ingresadas 48 o 72 horas, &iquest;hasta qu&eacute; punto es necesario visitar a la madre en esos dos d&iacute;as?&rdquo;, se pregunta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo ideal sería que no viniese nadie al hospital</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Teresa Escudero</span>
                                        <span>—</span> pediatra
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para la ginec&oacute;loga Pinto, este tema deber&iacute;a ser regulado desde los propios hospitales, y utiliza tambi&eacute;n como ejemplo la pandemia del covid: &ldquo;Muchas madres me han contado que la pandemia fue maravillosa, al blindarse las 48 horas de posparto inmediato, sin visitas, lo que les permiti&oacute; cuidar mucho la conexi&oacute;n familiar&rdquo;. &ldquo;Personalmente creo que deber&iacute;a haber una pol&iacute;tica de visitas cero las primeras horas, y luego ya en casa que cada uno haga lo que quiera. Pero como quiz&aacute;s esto sea demasiado tajante, como medida intermedia se podr&iacute;an restringir las visitas a un m&aacute;ximo dos personas, muy allegadas, y en franjas horarias determinadas&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de que haya visitas, la pediatra Teresa Escudero tambi&eacute;n propone regularlas y establecer una serie de normas con las personas que vengan: &ldquo;Si vas a ver a un beb&eacute; de menos de un mes, l&aacute;vate bien las manos y, si has fumado, tambi&eacute;n hay que lavarse la boca y enjuagarse la lengua. Y algo muy importante: no se besa a los beb&eacute;s. Ni en la cara, ni en las manos, ni en los pies. Solo se les toca con las manos bien limpias y solo despu&eacute;s de que mam&aacute; nos d&eacute; permiso. Y solo se les coge en brazos si mam&aacute; da su permiso expl&iacute;cito, pero vuelve con mam&aacute; si ella lo pide, ni un segundo despu&eacute;s&rdquo;. Otra de las recomendaciones que hace Escudero a las madres a las que acompa&ntilde;a es que hagan un plan de posparto &ldquo;en el que se establezca qui&eacute;n quiere que la acompa&ntilde;e, qui&eacute;n se encarga de la log&iacute;stica y qui&eacute;n echa a la gente de la habitaci&oacute;n o de casa si la madre no quiere visitas&rdquo;, afirma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nosotras insistimos en que cuantas menos visitas mejor, y si las hay, que sean cortas y responsables. Es muy importante el agarre del bebé a la lactancia, la recuperación de la madre y evitar contagios</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Yulema Cochete</span>
                                        <span>—</span> matrona
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">&iquest;C&oacute;mo hablarlo con el entorno?</h2><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Marta Fern&aacute;ndez coincide en recomendar a las madres que, antes de que nazca el beb&eacute;, piensen qu&eacute; querr&aacute;n hacer despu&eacute;s: &ldquo;Es importante hacer un plan antes del nacimiento. Que pensemos qu&eacute; creemos que vamos a necesitar y que en la medida de lo posible lo comuniquemos antes a nuestra familia y amigos, porque en ese posparto inmediato la asertividad y la gesti&oacute;n de estas cosas no van a ser nuestra prioridad&rdquo;, empieza. Tambi&eacute;n recomienda buscar aliados: &ldquo;Por ejemplo, la pareja, si la hay, puede ser el encargado de gestionar estas visitas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga cree que la gesti&oacute;n de los primeros d&iacute;as puede impactar en la salud mental de la mam&aacute; y el beb&eacute;: &ldquo;Si pensamos en el beb&eacute;, su &uacute;nico h&aacute;bitat es su madre, y cuantos m&aacute;s est&iacute;mulos y m&aacute;s ruidos, m&aacute;s dificultades puede tener para adaptarse a esta transici&oacute;n que ya de por s&iacute; es dif&iacute;cil. Si pensamos en la madre, debemos pensar realmente en ella, olvid&aacute;ndonos del deseo que podemos tener de participar en esos d&iacute;as&rdquo;, asegura. Por eso Fern&aacute;ndez invita a despojarse de la culpa: &ldquo;Nadie tiene derecho sobre esos momentos y no se los debemos a nadie. Hay mucho tiempo en la vida de los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as para ser cuidados y visitados, no caducan a los dos d&iacute;as&rdquo;, afirma tajante.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nadie tiene derecho sobre esos momentos y no se los debemos a nadie. Hay mucho tiempo en la vida de los niños y las niñas para ser cuidados y visitados, no caducan a los dos días</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Fernández</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lorena (pseud&oacute;nimo) sab&iacute;a que no quer&iacute;a visitas en los primeros d&iacute;as, as&iacute; que tuvo una conversaci&oacute;n &ldquo;tranquila&rdquo; con sus padres, que la comprendieron y respetaron. No sucedi&oacute; lo mismo con el resto de la familia, tal y como recuerda ella: &ldquo;Tuve un parto inducido con fecha programada, as&iacute; que mis padres, que viven en otra ciudad, me preguntaron qu&eacute; quer&iacute;a que hiciesen ellos. Les expliqu&eacute; que los primeros d&iacute;as prefer&iacute;a que fuesen sin visitas, porque quer&iacute;a tener margen para recuperarme tranquilamente y atender bien al beb&eacute; sin otras preocupaciones&rdquo;. As&iacute; lo hicieron los abuelos maternos, pero la familia de su marido no respet&oacute; la decisi&oacute;n: &ldquo;Ellos no contemplan los l&iacute;mites, estuvieron en la habitaci&oacute;n durante todo el tiempo de visitas. Incluso llegaron a comentar que hab&iacute;an le&iacute;do un art&iacute;culo en prensa con recomendaciones para las visitas &ndash;no m&aacute;s de 30 minutos, no besar al beb&eacute;, no usar perfume, etc&ndash;, pero dijeron que eso no aplicaba a los abuelos&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        Sof&iacute;a tiene dos ni&ntilde;as que nacieron hace cuatro y dos a&ntilde;os. En ambos casos, pidi&oacute; con anterioridad que nadie fuese a verles: &ldquo;Lo tuvimos claro desde el primer momento: no quer&iacute;amos visitas en el hospital. De hecho a mis padres ni siquiera les avis&eacute; hasta que ya hab&iacute;a dado a luz. El primer parto fue regular, tuve much&iacute;simo dolor y prefer&iacute;a estar tranquila, no me apetec&iacute;a tener a nadie en la habitaci&oacute;n. En el segundo, lo mismo: como no sab&iacute;a c&oacute;mo iba a ir, no quer&iacute;a que viniese nadie&rdquo;, reflexiona. A&ntilde;os despu&eacute;s, cree que tom&oacute; la decisi&oacute;n correcta: &ldquo;Esa fue nuestra opci&oacute;n, muy pensada, y estamos contentos de haberla tomado&rdquo;, concluye. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/bebes-no-caducan-dias-hay-padres-no-quieren-visitas-hospital-despues-parto_1_13108635.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 20:07:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Los bebés no caducan a los dos días”: por qué hay padres que no quieren visitas en el hospital después del parto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bebés,Parto,Madres,Padres,Pediatría,familias,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/fantasia-fuga-piensan-madres-arrepentidas-madres-suenan-desaparecer_129_13101034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ea2170f-fdca-478f-a18a-be5c80109f73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Lo que imagino se parece más bien a un gesto administrativo, casi burocrático: dimitir de mis cargos y de mis cargas, entregar las llaves simbólicas de la casa, del calendario y de esa organización invisible que sostiene la vida cotidiana"</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        Tenemos que hablar de esto. Y &ldquo;esto&rdquo; es algo que, hasta ahora, solo he verbalizado con mis amigas m&aacute;s cercanas. Al principio, de manera t&iacute;mida y, de un tiempo a esta parte, con mayor elocuencia y frecuencia. No es f&aacute;cil de decir, pero se desliza entre risas cansadas y confesiones en voz baja. Supongo que es porque pensaba que ese era su lugar natural: el territorio protegido de las conversaciones entre mujeres que se entienden sin necesidad de explicarse demasiado. Sin embargo, &uacute;ltimamente me pregunto si quiz&aacute; merezca la pena sacarlo de ah&iacute; y decirlo en p&uacute;blico y en voz alta, no porque sea algo extraordinario &mdash;sospecho que es m&aacute;s com&uacute;n de lo que parece&mdash; sino precisamente porque no se dice: a veces, fantaseo con desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        No hablo de una huida dram&aacute;tica ni de esas historias en las que alguien decide marcharse sin vuelta y deja detr&aacute;s una vida convertida en enigma; lo que imagino se parece m&aacute;s bien a un gesto administrativo, casi burocr&aacute;tico: dimitir de mis cargos y de mis cargas, entregar las llaves simb&oacute;licas de la casa, del calendario y de esa organizaci&oacute;n invisible que sostiene la vida cotidiana, y salir por la puerta sin dar demasiadas explicaciones. En esta fantas&iacute;a no ocurre nada extraordinario: camino sin rumbo por una ciudad cualquiera, me siento en un banco a leer, debajo de un magnolio, paso la noche en una habitaci&oacute;n de hotel donde nadie me reclama. Nadie me pregunta nada urgente, nadie depende de m&iacute; para que el mundo siga funcionando. No se trata de abandonar nada, ni de romper nada; se trata simplemente de suspender durante unas horas la expectativa de presencia que articula mi vida.
    </p><p class="article-text">
        La fantas&iacute;a aparece m&aacute;s a menudo de lo que me gustar&iacute;a admitir. Algunas semanas varias veces, casi siempre al final del d&iacute;a, cuando cierro el ordenador y todav&iacute;a queda todo lo dem&aacute;s: la cena que preparar, los deberes, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/charla-cinco-minutos-cambiar-educacion-sexual-casa_1_12763963.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las conversaciones que hay que tener</a>, esa sensaci&oacute;n tan conocida de que la jornada laboral no termina realmente cuando se apaga la pantalla, sino que contin&uacute;a en otra forma dentro de la casa. Otras veces aparece cuando todo se ha calmado por fin y el silencio entra en el sal&oacute;n como una r&aacute;faga de aire suave, ese momento breve en el que una se da cuenta de que ha estado disponible para todo el mundo durante horas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La fantasía aparece más a menudo de lo que me gustaría admitir. Algunas semanas varias veces, casi siempre al final del día, cuando cierro el ordenador y todavía queda todo lo demás</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        S&eacute; perfectamente c&oacute;mo suena todo esto y por eso conviene decirlo con claridad: las dos personas a las que m&aacute;s quiero en el mundo viven en mi casa y son mi hija y&nbsp;mi hijo. No es una frase ret&oacute;rica ni una concesi&oacute;n obligada al discurso maternal; es una constataci&oacute;n simple. Dar&iacute;a mi vida por ellos sin pensarlo dos veces y, en muchos sentidos, ellos son la forma perfecta y concreta que ha tomado el amor en mi vida adulta. Precisamente por eso la fantas&iacute;a no consiste en imaginar mi vida sin mis hijos; ese pensamiento no aparece. No me detengo a preguntarme c&oacute;mo habr&iacute;a sido todo si no los hubiera tenido, ni me entretengo demasiado en esos escenarios paralelos tan novelescos, tan de pel&iacute;cula; los &ldquo;y si&rdquo; me interesan poco, quiz&aacute; porque la vida siempre es una sola y se construye sobre decisiones que rara vez admiten revisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La fantas&iacute;a, por tanto, no tiene que ver con borrar a mis hijos de la historia, sino con borrarme a m&iacute; durante un rato. Desaparecer unas horas, un d&iacute;a, quiz&aacute; un fin de semana entero; no ser necesaria para nadie durante ese tiempo, no responder a nadie, no sostener nada. Dicho as&iacute; suena casi infantil, como cuando de peque&ntilde;a so&ntilde;aba con escaparme de casa tras una bronca con mi madre, pero en realidad lo que revela esa fantas&iacute;a es algo mucho m&aacute;s estructural: la intensidad con la que la maternidad contempor&aacute;nea organiza el tiempo, la atenci&oacute;n y, en muchos casos, incluso <a href="https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestra identidad</a>.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha empezado a hablarse de algo todav&iacute;a m&aacute;s inc&oacute;modo: las madres que se arrepienten de haber tenido hijos. La soci&oacute;loga <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/orna-donath-madre-arrepentido_128_3824315.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Orna Donath</a> ahond&oacute; sobre ello en el magn&iacute;fico ensayo <em>Madres arrepentidas: Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales</em> (Reservoir Books, 2016), donde recog&iacute;a testimonios de mujeres que afirmaban amar profundamente a sus hijos y, aun as&iacute;, reconocer que, si pudieran volver atr&aacute;s, no elegir&iacute;an la maternidad. No es un sentimiento mayoritario, pero tampoco inexistente, y quiz&aacute; por eso provoca tanta incomodidad cultural, porque desaf&iacute;a una de las promesas m&aacute;s persistentes de nuestra &eacute;poca: la idea de que la maternidad es siempre la decisi&oacute;n correcta, la que ordena la vida, la que otorga sentido definitivo a todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No me reconozco en ese arrepentimiento, pero tampoco me tranquiliza despacharlo con facilidad. A las mujeres se nos advierte con frecuencia de que nos arrepentiremos de no tener hijos, como si esa fuera la gran amenaza biogr&aacute;fica que pesa sobre nosotras. Lo que casi nunca se contempla es la posibilidad inversa: que algunas mujeres descubran demasiado tarde que la maternidad no era el lugar en el que quer&iacute;an vivir su vida. Quiz&aacute; por eso el libro de Donath produjo tanto revuelo cuando se public&oacute;. No porque revelara un fen&oacute;meno masivo, sino porque se atrev&iacute;a a mentar&nbsp;algo que la cultura prefiere no mirar de frente: que la maternidad no es una experiencia homog&eacute;nea ni garantiza autom&aacute;ticamente la felicidad o el sentido de la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A las mujeres se nos advierte con frecuencia de que nos arrepentiremos de no tener hijos (...) Lo que casi nunca se contempla es la posibilidad inversa: que algunas mujeres descubran demasiado tarde que la maternidad no era el lugar en el que querían vivir su vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Reconocer esa posibilidad no significa abrazarla ni desearla. Significa aceptar algo m&aacute;s simple y m&aacute;s engorroso: que la maternidad, como casi todas las decisiones irreversibles de la vida adulta, tambi&eacute;n contiene zonas de ambivalencia. Entiendo bien la pregunta que rodea al arrepentimiento, no porque desee otra vida, sino porque s&eacute; hasta qu&eacute; punto la maternidad contempor&aacute;nea descansa sobre una expectativa de presencia constante. Una madre no solo ama a sus hijos; tambi&eacute;n est&aacute; siempre ah&iacute;, f&iacute;sica, mental y emocionalmente disponible, anticipando necesidades, organizando tiempos, sosteniendo el delicado equilibrio dom&eacute;stico que permite que la vida cotidiana avance sin demasiados sobresaltos. Esa presencia continua, que a menudo se vive como una forma de amor, tambi&eacute;n puede sentirse en ocasiones como una forma de presi&oacute;n silenciosa. Muy silenciosa y muy invisible.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la fantas&iacute;a de fuga aparece, ahora s&iacute;, con tanta naturalidad en nuestras conversaciones. La periodista <a href="https://www.eldiario.es/nidos/clase-madre-abandona-hijo-mujeres-sienten-veces-necesidad-huir_129_9132004.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bego&ntilde;a G&oacute;mez Urzaiz escribi&oacute; en</a><a href="https://www.eldiario.es/nidos/clase-madre-abandona-hijo-mujeres-sienten-veces-necesidad-huir_129_9132004.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> Las abandonadoras</em></a><em> </em>(Destino, 2022) sobre mujeres que se marcharon de verdad, mujeres que vivieron maternidades turbulentas como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/merce-ibarz-retrata-merce-rodoreda-escritora-punk-cruel-acusaron-cursi_1_11253865.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Merc&egrave; Rodoreda</a>, Joni Mitchell, Muriel Spark, Doris Lessing, Ingrid Bergman, Maria Montessori o Gala Dal&iacute;, entre otras. Todas ellas tienen en com&uacute;n haberse separado de sus hijos y lo interesante de este ensayo no es solo la galer&iacute;a de casos extremos que re&uacute;ne, sino el malestar cultural que provocan. El abandono paterno forma parte de la historia social sin despertar demasiados juicios morales; sin embargo, cuando es una madre la que se va, el gesto adquiere de inmediato una dimensi&oacute;n casi m&iacute;tica, como si en &eacute;l se pusiera en cuesti&oacute;n algo m&aacute;s profundo que una simple decisi&oacute;n personal.
    </p><p class="article-text">
        Entre esa figura radical &mdash;la madre que abandona, la madre que se arrepiente de serlo&mdash; y la madre abnegada existe, sin embargo, un territorio mucho m&aacute;s amplio y cotidiano que rara vez se nombra: el de las madres que se quedan, que aman a sus hijos sin reservas y que, aun as&iacute;, imaginan a veces lo que significar&iacute;a salir por la puerta durante un rato largo.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tal vez la pregunta importante no sea qué dice esa fantasía sobre las madres, sino qué dice sobre las condiciones en las que hoy se ejerce la maternidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tal vez la pregunta importante no sea qu&eacute; dice esa fantas&iacute;a sobre las madres, sino qu&eacute; dice sobre las condiciones en las que hoy se ejerce la maternidad. No dejo de reflexionar sobre la creciente soledad de la crianza en nuestros d&iacute;as y sobre la desaparici&oacute;n de muchas de las redes informales que durante siglos han sostenido y siguen sosteniendo los cuidados <em>&mdash;spoiler:</em> esas redes est&aacute;n formadas, en una mayor&iacute;a abrumadora, por mujeres&mdash;. Cuando esa red desaparece y el cuidado se concentra casi exclusivamente en el n&uacute;cleo familiar &mdash;y dentro de &eacute;l, muy a menudo, en la madre&mdash;, la presencia se vuelve m&aacute;s intensa, m&aacute;s continua, m&aacute;s exigente.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, quiz&aacute; la fantas&iacute;a de fuga no sea el s&iacute;ntoma de una mala maternidad ni una se&ntilde;al de arrepentimiento oculto, sino algo mucho m&aacute;s sencillo: una forma de respirar dentro de una vida que exige demasiado, un peque&ntilde;o gesto imaginario que permite recordar que, incluso dentro del amor m&aacute;s profundo, sigue existiendo una puerta y que saber que est&aacute; ah&iacute; &mdash;aunque no tengamos ninguna intenci&oacute;n de cruzarla&mdash; tambi&eacute;n forma parte de la libertad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a mis amigas. Mientras escrib&iacute;a este art&iacute;culo, les he preguntado si alguna vez se han arrepentido de ser madres. Una de ellas me dice: &ldquo;Pues yo, arrepentirme, no. Si no, no ser&iacute;a quien soy hoy en d&iacute;a. Pero imaginarme otra vida y sonre&iacute;r&hellip; s&iacute;&rdquo;. Otra me contesta a la salida del cole, tras una reuni&oacute;n en la que se ha activado un protocolo <em>antibullying:</em> &ldquo;Ahora mismo de lo que me arrepiento es de no haber sido madre en un lugar m&aacute;s amable, con rastas y rodeada de otras mujeres&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/fantasia-fuga-piensan-madres-arrepentidas-madres-suenan-desaparecer_129_13101034.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 21:30:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madres,Maternidad,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La paternidad no termina a los 18: ¿cómo cultivar la relación entre padres e hijos adultos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/paternidad-no-termina-18-cultivar-relacion-padres-e-hijos-adultos_1_13097845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f51c03f-131f-4c2c-909a-538f8824950f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La paternidad no termina a los 18: ¿cómo cultivar la relación entre padres e hijos adultos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay muchas guías para padres de niños pequeños, pero ¿qué ocurre cuando tus hijos llegan a la edad adulta? Una psicoterapeuta comparte sus principios básicos para criar a adultos</p><p class="subtitle">“La precariedad infantiliza”: por qué la generación de quienes rondan la treintena no termina de sentirse adulta</p></div><p class="article-text">
        Cuando una de mis hijas cumpli&oacute; 18 a&ntilde;os, nuestra relaci&oacute;n atraves&oacute; una crisis tan dolorosa que se prolong&oacute; m&aacute;s de lo que pude soportar. Yo era psicoterapeuta, con formaci&oacute;n en desarrollo infantil y adulto y, sin embargo, me sent&iacute; completamente desorientada. Han pasado d&eacute;cadas desde entonces, pero cuando hace poco habl&eacute; con ella sobre esa &eacute;poca, me invadi&oacute; la misma sensaci&oacute;n de angustia.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es como mi hija, que ahora es madre, lo expres&oacute; cuando le ped&iacute; que describiera aquella &eacute;poca:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estaba furiosa, desesperada y sola. Me pele&eacute; contigo y con pap&aacute; de una forma en que nadie en la familia se hab&iacute;a peleado contigo antes. Recuerdo gritarte mientras d&aacute;bamos un paseo, mientras t&uacute; me suplicabas desesperadamente que me callara porque la gente pod&iacute;a o&iacute;rnos. Yo quer&iacute;a que nos oyeran. Quer&iacute;a hacer a&ntilde;icos nuestra imagen de familia feliz, y lo consegu&iacute; con creces&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Record&eacute; que hab&iacute;a estado observando a otras familias y me preguntaba qu&eacute; hab&iacute;an hecho bien ellos y qu&eacute; hab&iacute;a hecho yo tan mal. No sab&iacute;a c&oacute;mo manejar la relaci&oacute;n ahora que ella era t&eacute;cnicamente una adulta, pero para m&iacute; segu&iacute;a siendo tan joven y vulnerable. Ten&iacute;a miedo por ella, estaba enfadada con ella (una emoci&oacute;n que no quer&iacute;a sentir) y furiosa conmigo misma. Bajo todo eso se escond&iacute;a la verg&uuml;enza: le hab&iacute;a fallado a ella y a nuestra familia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pasar de ser gestora ansiosa a testigo respetuosa es una tarea difícil en la educación de los hijos adultos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las preguntas me abrumaban. &iquest;Por qu&eacute; no lo vi venir? &iquest;Qu&eacute; hice mal? &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a arreglarlo? Busqu&eacute; orientaci&oacute;n y no encontr&eacute; casi nada. Pr&aacute;cticamente no hab&iacute;a informaci&oacute;n que me ayudara a entender este nuevo terreno. Ojal&aacute; hubiera sabido lo que sugieren las recientes <a href="https://www.cam.ac.uk/stories/five-ages-human-brain" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaciones en neurociencia</a> de la Universidad de Cambridge: que la fase adolescente del cerebro se prolonga hasta la avanzada edad de 32 a&ntilde;os. Estos hallazgos, publicados en <a href="https://www.nature.com/articles/s41467-025-65974-8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Nature Communications</em></a>, cuestionan las suposiciones tradicionales de que la maduraci&oacute;n termina a los 18 o 25 a&ntilde;os y ponen de relieve por qu&eacute; este per&iacute;odo prolongado de la &lsquo;no del todo adultez&rsquo; supone tanto una vulnerabilidad como una oportunidad para nuestros hijos.
    </p><p class="article-text">
        La crianza de los hijos no termina cuando estos cumplen 18 a&ntilde;os: simplemente cambia de forma. Sin embargo, la educaci&oacute;n de los hijos adultos sigue siendo uno de los aspectos menos comentados y menos comprendidos de la vida familiar.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo y la terapia, mi hija y yo superamos esas peleas y reconstruimos una relaci&oacute;n cercana. Estoy profundamente agradecida por ello. Vi&eacute;ndolo en perspectiva, la ruptura se convirti&oacute; en un avance: una reconfiguraci&oacute;n necesaria de nuestro sistema familiar. Restableci&oacute; los l&iacute;mites, abri&oacute; una comunicaci&oacute;n m&aacute;s honesta y nos ense&ntilde;&oacute; a discutir de forma constructiva. Suena a final feliz, pero el proceso fue ca&oacute;tico y duro. Aqu&iacute; van algunos consejos clave para construir una buena relaci&oacute;n con tus hijos ya adultos.
    </p><p class="article-text">
        En generaciones anteriores, llegar a la edad adulta implicaba cortar lazos a los 18 a&ntilde;os: uno se marchaba de casa, consegu&iacute;a un trabajo, se casaba joven y rara vez miraba atr&aacute;s. Hoy en d&iacute;a, la situaci&oacute;n es diferente. Muchos padres observan a sus hijos adultos y se preguntan qu&eacute; ha salido mal. En comparaci&oacute;n con lo que ellos hicieron a esa edad, el camino m&aacute;s lento de sus hijos hacia la independencia puede interpretarse como un retraso en el desarrollo.
    </p><p class="article-text">
        El psic&oacute;logo Jeffrey Arnett acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;adultez emergente&rdquo; para referirse a los a&ntilde;os comprendidos entre los 18 y los 25, una fase de exploraci&oacute;n e incertidumbre en la que los j&oacute;venes se encuentran &ldquo;a medio camino&rdquo; entre la adolescencia y la edad adulta. Es un momento para probar, experimentar y descubrir qui&eacute;nes son. Esto no es una prueba de decadencia moral, sino un cambio en el desarrollo que refleja un mundo radicalmente diferente. La tecnolog&iacute;a, el movimiento feminista y el cambio social han transformado lo que significa crecer.
    </p><p class="article-text">
        Las estad&iacute;sticas lo reflejan con crudeza: alrededor de <a href="https://www.theguardian.com/society/2025/jul/23/men-women-society-uk-housing-parents-women" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un tercio de los j&oacute;venes adultos</a> de entre 18 y 34 a&ntilde;os viven con sus padres en Reino Unido [En Espa&ntilde;a, <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/siete-diez-jovenes-siguen-viviendo-padres_1_11584190.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">siete de cada diez j&oacute;venes que trabajan</a> siguen viviendo con ellos, y la edad media de emancipaci&oacute;n supera los 30 a&ntilde;os]. Casi <a href="https://www.pewresearch.org/social-trends/2024/01/25/financial-help-and-independence-in-young-adulthood/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 60% de los padres mantienen</a> econ&oacute;micamente a un hijo adulto. Por dif&iacute;cil que pueda resultar, se trata de una adaptaci&oacute;n necesaria a una realidad econ&oacute;mica y social profundamente alterada. Los padres rara vez hablan de lo agotados que se sienten o de c&oacute;mo afrontar la situaci&oacute;n de forma coherente.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en Sarah, una paciente de unos 55 a&ntilde;os, que acudi&oacute; a terapia sinti&eacute;ndose completamente agotada. Tres a&ntilde;os antes, su hijo Tom, de 26 a&ntilde;os, hab&iacute;a vuelto a casa tras terminar la universidad. Lo que comenz&oacute; como un arreglo temporal &ldquo;solo hasta que se estabilizara&rdquo; se hab&iacute;a convertido en algo que ninguno de los dos sab&iacute;a c&oacute;mo definir. Tom trabajaba a tiempo parcial en una cafeter&iacute;a, se pasaba las tardes jugando a videojuegos, no contribu&iacute;a en absoluto a los gastos de la casa y se enfadaba ante cualquier sugerencia de que hiciera algo diferente.
    </p><p class="article-text">
        Sarah se sent&iacute;a atrapada entre el amor y el resentimiento. Le preparaba la comida, le lavaba la ropa y andaba de puntillas para no alterar su estado de &aacute;nimo. Su matrimonio se resinti&oacute;; su marido empez&oacute; a llegar tarde a casa para evitar la tensi&oacute;n. Sarah no entend&iacute;a por qu&eacute; Tom parec&iacute;a tan estancado cuando ella le hab&iacute;a dado todo. &ldquo;Le he fallado&rdquo;, dec&iacute;a entre l&aacute;grimas. &ldquo;No es capaz de afrontar la vida adulta&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A algunos padres les cuesta más dejar que sus hijos se independicen, a otros les cuesta más que ya no los necesiten; en ambos casos se necesitan límites claros y afectuosos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero a medida que trabajamos juntas, fue surgiendo una realidad diferente. La propia madre de Sarah hab&iacute;a sido fr&iacute;a y cr&iacute;tica. Sarah se hab&iacute;a prometido a s&iacute; misma ser diferente: m&aacute;s cari&ntilde;osa, m&aacute;s presente. Sin embargo, hab&iacute;a compensado en exceso y hab&iacute;a protegido a Tom de las dificultades. Le resolv&iacute;a los problemas y lo libraba de las consecuencias. Ahora, a sus 26 a&ntilde;os, Tom no ten&iacute;a confianza en sus propias capacidades porque nunca hab&iacute;a tenido que desarrollarlas. Y Sarah, agotada tras a&ntilde;os de hipervigilancia, se sent&iacute;a enfadada con la misma persona a la que hab&iacute;a intentado proteger con tanto empe&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        El avance se produjo cuando Sarah comenz&oacute; a darse cuenta de que era su ansiedad, y no la necesidad real de Tom, lo que impulsaba su comportamiento. Trabajamos en lo que realmente le aterrorizaba: que si no controlaba la vida de su hijo, ocurrir&iacute;a algo terrible. Debajo de eso se escond&iacute;a un miedo m&aacute;s antiguo: que ella no era lo suficientemente buena, que el amor desaparecer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Sarah empez&oacute; poco a poco. Dej&oacute; de lavarle la ropa a Tom. Le dijo, con calma, que ten&iacute;a que contribuir mensualmente a los gastos de la casa. Se resisti&oacute; al impulso de salir al rescate cuando &eacute;l se quejaba o se enfadaba. Fue una tortura. Tom estaba furioso. La acus&oacute; de no preocuparse por &eacute;l, de cambiar las reglas de repente.
    </p><p class="article-text">
        Pero, poco a poco, se fueron adaptando. &Eacute;l empez&oacute; a hacer m&aacute;s turnos. Comenz&oacute;, con cautela, a hablar de mudarse. El ambiente en casa se relaj&oacute;. El marido de Sarah empez&oacute; a llegar a casa m&aacute;s temprano. Y, en una sesi&oacute;n, Sarah me dijo: &ldquo;La semana pasada, Tom me dio las gracias por la cena. Era la primera vez en tres a&ntilde;os que se hab&iacute;a dado cuenta de que hab&iacute;a cocinado. Me di cuenta de que hab&iacute;a estado tan ocupada dando, que nunca le hab&iacute;a dejado devolverme el favor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las investigaciones confirman lo que Sarah descubri&oacute;: cuando los hijos adultos vuelven a casa, la calidad de vida y el bienestar de los padres suelen disminuir significativamente, independientemente del motivo por el que el hijo haya regresado. Sin embargo, no lo admitimos abiertamente, porque nos parece una traici&oacute;n. El silencio nos mantiene a todos atrapados.
    </p><p class="article-text">
        Lo que cambi&oacute; para Sarah y Tom no fue que ella lo quisiera menos, sino que lo quer&iacute;a de otra manera. Empez&oacute; a confiar en &eacute;l para que se las arreglara en la vida. Ese cambio, de gestora ansiosa a testigo respetuosa, es una tarea dif&iacute;cil de la paternidad de hijos adultos.
    </p><p class="article-text">
        La misma din&aacute;mica se repite en lo que respecta al dinero, las elecciones profesionales y las relaciones. Los padres ven a sus hijos pasar apuros y se apresuran a arreglar las cosas, aconsejarles o rescatarlos. Lo hacen por amor, pero a menudo les sale el tiro por la culata. Los estudios demuestran que la implicaci&oacute;n excesiva de los padres, lo que los investigadores denominan &ldquo;crianza helic&oacute;ptero&rdquo;, se asocia con problemas de salud mental en los j&oacute;venes adultos, una menor confianza en s&iacute; mismos y dificultades en el desarrollo de la identidad. Justo lo que hacemos para ayudar puede resultar un obst&aacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Esta cercan&iacute;a prolongada puede ser entra&ntilde;able y necesaria, pero tambi&eacute;n problem&aacute;tica. Los padres pueden sentirse resentidos; los hijos pueden sentirse infantilizados. La clave es la claridad, no el control. Hay que mantener conversaciones expl&iacute;citas sobre el dinero, las tareas dom&eacute;sticas, la privacidad y las expectativas. Los l&iacute;mites son importantes. Son las suposiciones t&aacute;citas &mdash;esos viejos patrones heredados&mdash; las que con mayor frecuencia conducen al conflicto.
    </p><p class="article-text">
        Los propios j&oacute;venes adultos identifican aspectos que favorecen su regreso a casa: expectativas claras discutidas abiertamente, contribuciones significativas al hogar, ser tratados como adultos en lugar de como adolescentes y un plan de salida con plazos. Ejemplos de esto incluyen que gestionen sus propias relaciones. Tienen privacidad en lo que respecta a su tel&eacute;fono, sus finanzas y su vida social.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A veces es el padre o la madre, y no el hijo, quien no ha madurado. Los hijos adultos con padres inmaduros o narcisistas suelen acabar asumiendo el papel de cuidadores</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n no radica en si tu hijo de 28 a&ntilde;os vive en casa. Se trata de si la relaci&oacute;n ha evolucionado para adaptarse a su etapa de desarrollo o si todos repiten los patrones de cuando eran adolescentes.
    </p><p class="article-text">
        Este cambio es una tarea dif&iacute;cil. Durante a&ntilde;os, nuestro papel fue proteger y guiar; mantener a nuestros hijos con vida y ayudarles a crecer. Luego, la tarea cambia: dar un paso atr&aacute;s y dejar que tomen sus propias decisiones y cometan sus propios errores. Esa transici&oacute;n puede resultar desconcertante; pues, en cierto modo, siguen siendo ese beb&eacute; diminuto que llevamos dentro. Se necesita un profundo trabajo psicol&oacute;gico para amar al hijo que tenemos, no al que imaginamos o elegir&iacute;amos; para escuchar con atenci&oacute;n, respetar su autonom&iacute;a y ofrecer sabidur&iacute;a solo cuando se nos pida. Como dijo Anna Freud: &ldquo;El trabajo de una madre es estar ah&iacute; para que la dejen ir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para ejercer una crianza &ldquo;suficientemente buena&rdquo; con los hijos adultos se requiere un delicado equilibrio: no abandonarlos ni sobreprotegerlos, no limitarse siempre al papel de padre, sino compartir m&aacute;s, y mantener el v&iacute;nculo sin caer en la dependencia. La verdadera tarea consiste en soltar el control sin perder el v&iacute;nculo.
    </p><p class="article-text">
        Existe un modelo de crianza llamado &ldquo;C&iacute;rculo de Seguridad&rdquo; dise&ntilde;ado para mejorar las relaciones entre cuidadores e hijos, ayudando a los adultos a comprender y satisfacer las necesidades emocionales de los ni&ntilde;os en la primera infancia. Esto tambi&eacute;n se aplica aqu&iacute;. Quieres ser los brazos en los que tus hijos adultos puedan refugiarse, pero tambi&eacute;n el apoyo que les ayude a dar el paso hacia la independencia. A algunos padres les cuesta m&aacute;s soltar las riendas, a otros les cuesta m&aacute;s sentirse necesarios; ambos casos requieren l&iacute;mites claros y afectuosos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hay del cambio cuando tu hijo encuentra relaciones amorosas? Al ver a sus hijos adultos salir con otras personas y divertirse, los padres pueden sentir envidia de su juventud &mdash;la frescura de sus cuerpos, la vida que a&uacute;n tienen por delante&mdash; incluso mientras sienten orgullo y amor. Reconocer estas emociones, en lugar de enterrar la verg&uuml;enza, nos mantiene aut&eacute;nticos y generosos. Cuanto m&aacute;s aceptamos la realidad de nuestra propia edad y nuestros l&iacute;mites, m&aacute;s libres son nuestros hijos para vivir plenamente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuanto más aceptamos la realidad de nuestra propia edad y nuestros límites, más libres son nuestros hijos para vivir plenamente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n pueden surgir otras dificultades debido a los cambios en los roles de padres e hijos. El trauma no superado de una generaci&oacute;n puede transmitirse a la siguiente. Cuando el dolor se entierra en lugar de afrontarse, se transmite a trav&eacute;s del comportamiento, la respuesta emocional e incluso de forma epigen&eacute;tica en lo m&aacute;s profundo de nuestro ser. El trauma no superado nos hace m&aacute;s reactivos: los padres pueden volverse impredecibles o poco fiables, lo que provoca que los hijos se sientan ansiosos o hipervigilantes. Estos patrones se repiten a lo largo de d&eacute;cadas hasta que alguien est&aacute; preparado para sentir el dolor y empezar a sanarlo. Cuando el trauma o el abandono han marcado a una familia, el distanciamiento entre generaciones se vuelve m&aacute;s probable, no porque falte el amor, sino porque ha resultado demasiado doloroso expresarlo con seguridad. Es &uacute;til que los padres reconozcan el trauma que arrastran de su pasado y se propongan procesarlo no solo por ellos mismos, sino por todo el sistema familiar.
    </p><p class="article-text">
        A veces es el padre, y no el hijo, quien no ha madurado. Los hijos adultos con padres inmaduros o narcisistas suelen acabar como cuidadores, que intentan, y normalmente fracasan, manejar o apaciguar a las mismas personas que se supone que deben protegerlos. La tarea aqu&iacute; &mdash;en este caso para los hijos m&aacute;s que para los padres&mdash; es diferente, pero igualmente vital: establecer l&iacute;mites sin culpa, ver claramente las limitaciones de los padres y dejar de intentar ganarse un amor que era condicional o inconsistente. El amor a&uacute;n puede ser posible, pero solo desde una distancia emocional segura. Los l&iacute;mites se convierten en la forma que debe adoptar el amor.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si sois capaces de hablar con sinceridad, discrepar con respeto y reíros juntos, habéis logrado algo extraordinario</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tu influencia perdura, pero no a trav&eacute;s de tus opiniones. Reside en c&oacute;mo encarnas el amor, el respeto, la integridad y la bondad. Has contribuido a trazar el mapa relacional que llevan dentro tus hijos: conf&iacute;a en eso y conf&iacute;a en ellos.
    </p><p class="article-text">
        Las mayores tensiones surgen en los momentos de transici&oacute;n: cuando un hijo se va de casa o regresa, cuando una nueva pareja se une a la familia, cuando fallece un abuelo o cuando alguien pierde el trabajo. Estos momentos ponen de manifiesto las fisuras de una familia, pero tambi&eacute;n crean oportunidades para crecer y recomponerse.
    </p><p class="article-text">
        Incluso las familias m&aacute;s unidas atraviesan tormentas. Los conflictos con los hijos adultos pueden herir profundamente porque tocan la identidad, no solo como padre, sino como alguien que lo dio todo. La tentaci&oacute;n es intentar arreglarlo o retirarse. Es mejor hacer una pausa, reconocer tu parte de responsabilidad, pedir perd&oacute;n cuando sea necesario y escuchar con empat&iacute;a. La reconciliaci&oacute;n tras un conflicto no solo cura, sino que fortalece la seguridad emocional y la resiliencia en ambas partes.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su complejidad, esta etapa puede reportar grandes satisfacciones. Las conversaciones se vuelven m&aacute;s enriquecedoras; el sentido del humor se hace m&aacute;s profundo. Puedes disfrutar de tus hijos ya adultos como personas por derecho propio: con sus peculiaridades, sus pasiones y su sabidur&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Como me dijo recientemente una madre: &ldquo;Es como ver a tu coraz&oacute;n caminar fuera de tu cuerpo, pero ahora camina con confianza&rdquo;. Eso captura la belleza agridulce de todo esto. Si puedes hablar con sinceridad, discrepar con respeto y re&iacute;ros juntos, has logrado algo extraordinario. Has convertido un v&iacute;nculo de dependencia en una relaci&oacute;n de respeto mutuo, una que evoluciona a medida que ambos lo hac&eacute;is.
    </p><p class="article-text">
        La crianza de los hijos no termina: madura. Y, como todo amor maduro, requiere valor: para aprender continuamente, para perdonar una y otra vez y para estar siempre presente, no como el padre que lo sabe todo, sino como un ser humano m&aacute;s que tambi&eacute;n sigue creciendo.
    </p><p class="article-text">
        A mi hija le ayud&oacute; much&iacute;simo sentirse escuchada. &ldquo;Con el tiempo, mi rabia fue disminuyendo a medida que me sent&iacute;a lo suficientemente escuchada&rdquo;, dice ahora. &ldquo;Parte de la tarea de desarrollo que supone la separaci&oacute;n consist&iacute;a en demostrar que lo que siempre hab&iacute;a temido era err&oacute;neo: que si mostraba mi yo aut&eacute;ntico, ca&oacute;tico y en conflicto, no ser&iacute;a digna de ser amada. Que el amor era condicional. Al final, de una forma muy desordenada, aprend&iacute; que me quer&iacute;an tal y como soy&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las familias no son est&aacute;ticas: son sistemas vivos que se adaptan constantemente. Lo mejor que podemos hacer, como padres, como hijos, como seres humanos, es mantenernos abiertos: escuchar, crecer y amar, incluso cuando es dif&iacute;cil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julia Samuel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/paternidad-no-termina-18-cultivar-relacion-padres-e-hijos-adultos_1_13097845.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 21:07:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La paternidad no termina a los 18: ¿cómo cultivar la relación entre padres e hijos adultos?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Paternidad,Maternidad,familias,Psicología,Bienestar,Relaciones,Padres,Madres,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["¿Y no vais a tener otro?": por qué la decisión de tener un solo hijo sigue generando juicios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-decision-hijo-sigue-generando-juicios_1_13085501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5c4545c5-83c3-4418-94f8-6768232b132f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;¿Y no vais a tener otro?&quot;: por qué la decisión de tener un solo hijo sigue generando juicios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los cuestionamientos sobre ampliar la familia continúan presentes en la experiencia de muchas madres y padres con un único hijo, incluso cuando la decisión ya está tomada</p><p class="subtitle">“Ser hijo único no debería considerarse un problema”: mitos y realidades de crecer sin hermanos</p></div><p class="article-text">
        En reuniones familiares, entre amigos o incluso en el parque, la pregunta es directa: &ldquo;&iquest;Y no vais a tener otro?&rdquo;. Nuria tiene 39 a&ntilde;os y es madre de un ni&ntilde;o de siete. En su caso, tener un solo hijo fue una decisi&oacute;n meditada. &ldquo;Siempre pensamos que quer&iacute;amos una familia peque&ntilde;a&rdquo;, cuenta. Sin embargo, reconoce que desde que su hijo naci&oacute; hay una cuesti&oacute;n que aparece con frecuencia: si tendr&aacute; un hermano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Asegura que aprendi&oacute; a responder con naturalidad. &ldquo;Al principio me incomodaba, porque daba la sensaci&oacute;n de que nuestra decisi&oacute;n estaba abierta o incompleta&rdquo;, explica. Con los a&ntilde;os, dice, ha dejado de sentirse obligada a justificarse: &ldquo;Cada familia tiene sus circunstancias y eso tambi&eacute;n forma parte de c&oacute;mo construimos la crianza&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de comentarios se repite en muchas familias con un &uacute;nico hijo. M&aacute;s que cuestionar la elecci&oacute;n en s&iacute;, reflejan expectativas sociales sobre c&oacute;mo se espera que sea una familia. Las estad&iacute;sticas evidencian que el tama&ntilde;o medio de las familias en Espa&ntilde;a se ha reducido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Seg&uacute;n la <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/MNP2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estad&iacute;stica de nacimientos del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica</a><a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/MNP2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/MNP2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">(INE)</a>, correspondiente a 2024, el n&uacute;mero medio de hijos por mujer se sit&uacute;a en torno a 1,1, una de las cifras m&aacute;s bajas de Europa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito europeo, el informe <a href="https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Fertility_statistics" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Fertility statistics </em></a><a href="https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Fertility_statistics" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Eurostat</a> (actualizaci&oacute;n de 2024) apunta en la misma direcci&oacute;n: en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses se ha consolidado una tendencia hacia familias m&aacute;s peque&ntilde;as. Estos datos muestran que la decisi&oacute;n sobre el n&uacute;mero de hijos est&aacute; influida no solo por preferencias individuales, sino tambi&eacute;n por factores sociales, econ&oacute;micos y culturales.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La presi&oacute;n de la familia ideal&nbsp;</h2><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, el modelo de familia ha estado durante d&eacute;cadas ligado a estructuras m&aacute;s amplias, en las que tener varios hijos formaba parte de lo esperado. Esta idea se ha visto influida por factores culturales y tambi&eacute;n por una tradici&oacute;n de ra&iacute;ces religiosas que asociaba la familia numerosa a un ideal social. Aunque la realidad ha cambiado, esa idea colectiva sigue influyendo en la forma en que se interpretan hoy algunas decisiones familiares.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explica Pau Miret Gamundi, soci&oacute;logo y dem&oacute;grafo e investigador del Centre d&rsquo;Estudis Demogr&agrave;fics (CERCA) de la Universitat Aut&ograve;noma de Barcelona (UAB), algunas ideas culturales sobre el n&uacute;mero de hijos siguen muy presentes en la sociedad. Entre ellas, la creencia de que los hijos &uacute;nicos pueden crecer m&aacute;s mimados. &ldquo;Sigue vigente la idea de que tener un solo hijo condena al descendiente a ser un malcriado y que este problema se solventa con la llegada de un segundo hijo&rdquo;, comenta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sigue vigente la idea de que tener un solo hijo condena al descendiente a ser un malcriado y que este problema se solventa con la llegada de un segundo hijo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pau Miret Gamundi</span>
                                        <span>—</span> sociólogo, demógrafo e investigador (UAB)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En este contexto, Miret apunta que ese cuestionamiento no responde tanto a criterios racionales como a referentes sociales interiorizados. Seg&uacute;n<strong> </strong>explica, se trata de una percepci&oacute;n sostenida m&aacute;s por la emotividad y la escala de valores predominante que por evidencia objetiva. En ese sentido, a&ntilde;ade que la herencia religiosa tambi&eacute;n ha contribuido a consolidar esta concepci&oacute;n: &ldquo;En el G&eacute;nesis se explicita &lsquo;creced y multiplicaos&rdquo;, subraya, una referencia que, durante d&eacute;cadas, ha reforzado la asociaci&oacute;n entre familia numerosa y modelo deseable. Esto ayuda a entender por qu&eacute; estas elecciones siguen generando juicio social.
    </p><p class="article-text">
        Estos estereotipos han contribuido a construir una imagen social del <a href="https://www.eldiario.es/nidos/hijo-unico-no-deberia-considerarse-problema-mitos-realidades-crecer-hermanos_1_12609382.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hijo &uacute;nico</a> que no siempre se corresponde con la evidencia, pero que sigue influyendo en la percepci&oacute;n de muchas familias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, el experto explica que se trata de una creencia muy arraigada que carece de base cient&iacute;fica, pero que ha alimentado durante d&eacute;cadas la idea de que una familia &ldquo;responsable&rdquo; es aquella que tiene &ldquo;la parejita&rdquo;, idealmente un ni&ntilde;o y una ni&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa creencia ha resistido el paso del tiempo y sigue generando expectativas sobre las personas con un &uacute;nico hijo. Seg&uacute;n se&ntilde;ala, incluso puede llevar a culpabilizarlas por cualquier dificultad que pueda tener el menor. &ldquo;Con uno es m&aacute;s que suficiente, por lo que la presi&oacute;n no existe para tener un tercer hijo, que se considera excesivo con los tiempos que corren&rdquo;, asegura.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La idea de cu&aacute;ntos hijos forman una familia adecuada tambi&eacute;n ha ido cambiando con el tiempo. &ldquo;Desde que se dispone de encuestas sobre el n&uacute;mero de hijos que se consideran adecuados, se ha visto c&oacute;mo ha ido descendiendo el arquetipo de &lsquo;familia&rdquo;, expone. A mediados del siglo XX, recuerda, se consideraba que una familia deb&iacute;a tener al menos tres hijos para estar completa. Ese modelo dio lugar en muchos pa&iacute;ses occidentales al fen&oacute;meno del <em>baby boom</em>. &ldquo;En Europa lleg&oacute; tras el final de la Segunda Guerra Mundial y, en Espa&ntilde;a, una d&eacute;cada m&aacute;s tarde&rdquo;, apunta Miret.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de las d&eacute;cadas, la percepci&oacute;n social tambi&eacute;n ha ido cambiando. &ldquo;La mirada a las familias con dos hijos se ha normalizado, aunque persisten los prejuicios contra las de hijo &uacute;nico&rdquo;, concluye.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Las dudas que aparecen tras la decisi&oacute;n&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Esa presi&oacute;n social tambi&eacute;n aparece en la experiencia de otras familias. Diana, de 42 a&ntilde;os y madre de una ni&ntilde;a de diez, cuenta que durante un tiempo pens&oacute; que tendr&iacute;a m&aacute;s hijos. &ldquo;Entre el trabajo, la conciliaci&oacute;n y la edad, lleg&oacute; un momento en que sentimos que nuestra familia ya estaba completa&rdquo;, comparte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, reconoce que las preguntas siguen apareciendo. &ldquo;A veces parece que la gente espera que des explicaciones, como si tener un solo hijo fuera una decisi&oacute;n que todav&iacute;a pudiese cambiar&rdquo;, indica. Durante un tiempo, esa sensaci&oacute;n le hizo replantearse su elecci&oacute;n. Hoy, sin embargo, asegura que ha dejado de cuestion&aacute;rselo y que vive su elecci&oacute;n con m&aacute;s tranquilidad.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creo que hay una percepción muy extendida de cómo debe ser una familia, pero cada uno se organiza como puede y como quiere</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Daniel 45 años</span>
                                        <span>—</span> padre de un niño de 12
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Daniel, de 45 a&ntilde;os y padre de un ni&ntilde;o de doce, explica que en su caso la decisi&oacute;n de tener un solo hijo fue algo que se fue asentando con el tiempo. &ldquo;Nunca lo hablamos como una decisi&oacute;n cerrada, simplemente fuimos viendo que est&aacute;bamos bien as&iacute;&rdquo;, expresa.&nbsp;Y revela que, aunque en su entorno han surgido opiniones, no los ha vivido como una presi&oacute;n directa. &ldquo;Creo que hay una percepci&oacute;n muy extendida de c&oacute;mo debe ser una familia, pero cada uno se organiza como puede y como quiere&rdquo;, se&ntilde;ala. En su caso, a&ntilde;ade, priorizan el equilibrio familiar y el tiempo compartido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al margen de los comentarios del entorno, la decisi&oacute;n tambi&eacute;n puede generar dudas internas, especialmente cuando entra en conflicto con la idea extendida de lo que se espera de una familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el plano psicol&oacute;gico, Mireia Orgil&eacute;s, catedr&aacute;tica de psicolog&iacute;a y experta en salud mental infantil, aclara que tener un solo hijo contin&uacute;a cuestion&aacute;ndose en parte por creencias muy arraigadas. &ldquo;Durante d&eacute;cadas, el modelo ideal inclu&iacute;a varios hijos y todav&iacute;a hoy se presiona a quienes no siguen ese patr&oacute;n&rdquo;, afirma. A&ntilde;ade: &ldquo;Las familias con hijos &uacute;nicos siguen expuestas a comentarios o preguntas sobre si van a ampliar la familia&rdquo;, expresa. Esa presi&oacute;n, refiere, puede generar inseguridad y dudas en torno a una decisi&oacute;n muy personal.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La estabilidad en casa y compartir tiempo de calidad influyen más en el bienestar que ser hijo único o tener hermanos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mireia Orgilés</span>
                                        <span>—</span> catedrática de psicología y experta en salud mental infantil
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde el punto de vista psicol&oacute;gico, el n&uacute;mero de hermanos no es un factor determinante en el bienestar infantil. Orgil&eacute;s subraya que lo m&aacute;s importante es la calidad de las relaciones familiares. &ldquo;La estabilidad en casa y compartir tiempo de calidad influyen m&aacute;s en el bienestar que ser hijo &uacute;nico o tener hermanos&rdquo;, subraya.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, refiere que los ni&ntilde;os pueden desarrollar habilidades sociales adecuadas en distintos contextos. &ldquo;El colegio, los amigos, el barrio o la familia extensa son tambi&eacute;n una oportunidad para favorecer el desarrollo social&rdquo;, destaca. &ldquo;Los ni&ntilde;os necesitan relaciones sociales significativas&rdquo;, a&ntilde;ade la experta. Cuando no hay hermanos, sostiene, esos v&iacute;nculos pueden desarrollarse igualmente en otros entornos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A medida que los modelos familiares se diversifican, las decisiones sobre la maternidad o paternidad responden cada vez m&aacute;s a trayectorias personales. Sin embargo, en el caso de las familias con un solo hijo, esa elecci&oacute;n sigue sin percibirse siempre como completamente libre.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-decision-hijo-sigue-generando-juicios_1_13085501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 21:21:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["¿Y no vais a tener otro?": por qué la decisión de tener un solo hijo sigue generando juicios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,familias,Padres,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La asociación 'Malasmadres' exige un Pacto de Estado por la Conciliación: “No es un problema privado"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/asociacion-malasmadres-exige-pacto-conciliacion-no-problema-privado_1_13078364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/954cb69c-c964-488e-8bf1-00be2a32eb46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La asociación &#039;Malasmadres&#039; exige un Pacto de Estado por la Conciliación: “No es un problema privado&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Laura Baena y su comunidad llevan más de 10 años luchando por esta reforma. Este mércoles han presentado su campaña de incidencia política junto a la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego</p></div><p class="article-text">
        Laura Baena, creadora del <a href="https://clubdemalasmadres.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Club de las Malasmadres</a>, una comunidad que une a casi un mill&oacute;n de mujeres que luchan por no renunciar ni a su carrera laboral ni a su conciliaci&oacute;n, ha vuelto a alzar la voz este mi&eacute;rcoles para reivindicar la necesidad de crear un Pacto de Estado por la Conciliaci&oacute;n.&nbsp;La reivindicaci&oacute;n surge tras la publicaci&oacute;n de su &uacute;ltimo informe, <em>El peso invisible de la maternidad </em>(2025), en el que identifican y ponen nombre al peso no siempre visible de los cuidados y la no conciliaci&oacute;n que lleva a las madres al agotamiento.&nbsp;Entre los datos que incluye se encuentra que, al convertirse en madres, el 82% de las mujeres ha tomado decisiones que han afectado a su trayectoria laboral. 
    </p><p class="article-text">
        Baena, presidenta de Malasmadres y de la Asociaci&oacute;n Yo No Renuncio, ya ha entregado este informe a todas las fuerzas pol&iacute;ticas, y asegura que es el momento de pasar de la palabra a la acci&oacute;n. &ldquo;3 de cada 4 mujeres nos dicen que su salud se ha resentido por la falta de conciliaci&oacute;n&rdquo;, explica. &ldquo;Eso ya no es un problema privado, es una cuesti&oacute;n de salud p&uacute;blica y nuestros representantes se han comprometido con nosotras a implementar pol&iacute;ticas que frenen esta situaci&oacute;n que afecta de manera transversal a todas las familias&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Baena explica a <a href="http://eldiario.es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> que el principal objetivo de este pacto es &ldquo;frenar la renuncia de las madres&rdquo;, y que la maternidad se reconozca social y econ&oacute;micamente: &ldquo;Hay medidas que llevamos impulsando mucho tiempo y que vemos que son claves, como la reducci&oacute;n de jornadas sin p&eacute;rdida salarial&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Desde Malasmadres tambi&eacute;n llevan a&ntilde;os reivindicando que el permiso parental de ocho semanas sea retribuido. &ldquo;Las familias espa&ntilde;olas no pueden cuidar sin cobrar&rdquo;, afirma Baena. &ldquo;Al final quien usa el permiso son familias que tienen recursos para estar cuidando sin cobrar&rdquo;, se&ntilde;ala, dejando fuera de la ecuaci&oacute;n a las familias m&aacute;s vulnerables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Baena, el permiso de maternidad deber&iacute;a empezar tras la recuperaci&oacute;n del parto. &ldquo;Es muy importante reconocer el valor que tiene el cambio, no s&oacute;lo emocional sino f&iacute;sico, del cuerpo de la mujer cuando llega a la maternidad&rdquo;. Entre los puntos &ldquo;no negociables&rdquo; del Pacto tambi&eacute;n se encuentra la necesidad de aprobar la prestaci&oacute;n universal de crianza por hijo o hija, que tambi&eacute;n ayudar&iacute;a a frenar la pobreza infantil y que existe en muchos pa&iacute;ses europeos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La maternidad necesita acompa&ntilde;amiento m&aacute;s all&aacute; de los primeros meses, porque si no, no vamos a conseguir que haya una sociedad con futuro&rdquo;, asegura Baena. &ldquo;Porque la situaci&oacute;n actual del pa&iacute;s es que no hay madres, no hay hijos&rdquo;. Bajo el lema &ldquo;Las Malasmadres no conciliamos, sobrevivimos&rdquo;, el evento ha contado con la presencia de Sira Rego, ministra de Juventud e Infancia, que ha conversado con Baena sobre la conciliaci&oacute;n y la necesidad de cambiar la sociedad y el asentado sistema patriarcal. &ldquo;El cuidado tiene que ser pol&iacute;tica de Estado, no puede quedar relegado al &aacute;mbito de la familia&rdquo;, ha asegurado Rego.
    </p><p class="article-text">
        La ministra ha puesto el foco en los derechos de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, y ha asegurado que &ldquo;la prestaci&oacute;n por crianza es un elemento de cuidado e igualador de derechos de ciudadan&iacute;a para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, que tienen derecho a ser cuidados con dignidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rego ha afirmado que el &aacute;mbito reproductivo debe tener mayor presencia en la sociedad, y que &ldquo;la democracia en las empresas se hace a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas de cuidado&rdquo;, apelando a la necesidad de la reducci&oacute;n de la jornada laboral para asegurar la conciliaci&oacute;n. &ldquo;La pol&iacute;tica institucional tiene que mirar m&aacute;s all&aacute; para que estos cambios a nivel social se terminen de concretar&rdquo;, ha concluido la ministra.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La historia de Mar</h2><p class="article-text">
        Mar, madre de dos hijos de 22 y 21 a&ntilde;os, uno de ellos con discapacidad, tuvo que dejar su trabajo por la imposibilidad de compaginarlo con los cuidados. &ldquo;Me cost&oacute; mucho tomar la decisi&oacute;n&rdquo;, explica. &ldquo;Porque da la sensaci&oacute;n de que no sirves para otra cosa, nada m&aacute;s que para cuidar&rdquo;. Para ella, el &ldquo;peso invisible de la maternidad&rdquo; recae principalmente en las tareas administrativas a las que hace frente debido a la discapacidad de su hijo. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de haber recibido un gran apoyo por parte de profesionales, reconoce haber sentido una gran ausencia &ldquo;para poder conciliar un trabajo y mi agotamiento, porque en mi caso, adem&aacute;s, el padre est&aacute; ausente&rdquo;. &ldquo;Tuve que tomar la decisi&oacute;n de no trabajar, porque era imposible compatibilizarlo, sobre todo para preservar mi salud f&iacute;sica y mental&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        El evento ha contado tambi&eacute;n con una mesa de expertas moderada por Baena con el Catedr&aacute;tico de Derecho Constitucional Octavio Salazar, la periodista y emprendedora social Mar Cabra, y la actriz y guionista Pilar G&oacute;mez. Todos han puesto el foco de la conversaci&oacute;n en cambiar el modelo de productividad de Espa&ntilde;a y a cuestionar las razones por las que&nbsp;el sistema patriarcal funciona.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Mesa de debate                            </span>
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        &ldquo;La masculinidad es lo que define nuestra estructura social&rdquo;, ha explicado Salazar. &ldquo;Los hombres tenemos que revisar los poderes que hemos tenido naturalmente nuestros&rdquo;. Por otro lado, Cabra ha resaltado la importancia de &ldquo;poner el cuidado en el centro de la empresa&rdquo;: &ldquo;Hay que reorganizar el modelo laboral para incluir a las madres, porque la manera de trabajar est&aacute; rota&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se ha proyectado un fragmento del cortometraje <em>La loca y el feminista</em>, escrito y protagonizado por Pilar G&oacute;mez, que trata la desigualdad en el reparto de los cuidados. Se ha resaltado la importancia de llevar la lucha por la igualdad de g&eacute;nero al &aacute;mbito audiovisual y de que muchos m&aacute;s hombres vean y lean contenido de este tipo para autoevaluar su rol dentro de la estructura familiar y la sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, se les ha dado voz a ellas: las madres. Baena ha charlado con tres de ellas sobre su conciliaci&oacute;n de la vida laboral con los cuidados. Mireia, Mar y Elisa han puesto voz y rostro al malestar y agotamiento materno. &ldquo;Las madres estamos sosteniendo el futuro de la sociedad&rdquo;, han coincidido. Cada una ha formulado una exigencia para mejorar la calidad de vida de las madres. 
    </p><p class="article-text">
        Mireia ha pedido un cambio de modelo para que la familia sea lo m&aacute;s importante de la sociedad. Mar ha exigido m&aacute;s empat&iacute;a y humanidad hacia las madres y m&aacute;s apoyos a las que cuidan solas. Y Elisa ha pedido que &ldquo;los pol&iacute;ticos se pongan de acuerdo y dejen de pelear&rdquo;. &ldquo;Todos tienen madres y deben ayudarnos para tener una vida m&aacute;s f&aacute;cil&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Irene Martínez Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/asociacion-malasmadres-exige-pacto-conciliacion-no-problema-privado_1_13078364.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 15:10:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La asociación 'Malasmadres' exige un Pacto de Estado por la Conciliación: “No es un problema privado"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Madres,Maternidad,Conciliación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["¿Por qué no tengo un papá?": qué responder cuando un niño con dos madres hace esta pregunta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-papa-responder-nino-madres-pregunta_1_13072751.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5d1013a-1685-4ff1-838f-acfbe73f2b7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;¿Por qué no tengo un papá?&quot;: qué responder cuando un niño con dos madres hace esta pregunta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el hijo de tres años de esta pareja les lanzó la pregunta, al principio no supieron cómo contestar. Expertas explican en este consultorio cómo abordarla</p><p class="subtitle">‘Matrescencia' o cómo ser madre transforma a las mujeres: “Lo pintan rosa pastel, pero para mí fue marrón mierda”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; yo no tengo un pap&aacute;?&rdquo;. As&iacute; de clara y directa fue la pregunta que, hace unas semanas, lanz&oacute; un ni&ntilde;o de tres a&ntilde;os a sus dos madres. Una de ellas cuenta que, al principio, les cost&oacute; un poco encajarla. &ldquo;Nosotras no tenemos todav&iacute;a recorrido en la maternidad porque nuestro hijo est&aacute; empezando a comparar y a entender su situaci&oacute;n familiar, mientras que nosotras, sus dos madres, estamos aprendiendo a gestionar esto con &eacute;l&rdquo;, reconoce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La duda surgi&oacute; tras una din&aacute;mica en el colegio en la que ni&ntilde;os y ni&ntilde;as ense&ntilde;aban fotos de sus familias. As&iacute; que su hijo repar&oacute; en que su entorno familiar era diferente al del resto y traslad&oacute; la pregunta a sus madres. &ldquo;Nos cost&oacute; un poco encajarlo, quiz&aacute;s no est&aacute;bamos preparadas para gestionarlo, pero habl&aacute;ndolo con nuestra psic&oacute;loga hemos ido avanzando&rdquo;, reflexiona esta madre.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una pregunta habitual en familias diversas&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n que describe esta pareja de dos madres es, seg&uacute;n las expertas, muy habitual en familias homoparentales. Ana Murillo y Sandra Cendal, madres bolleras, activistas y libreras, aseguran que es una duda &ldquo;bastante recurrente en hijes de lesbianas&rdquo;. Iv&aacute;n Hern&aacute;n, coordinador del grupo de Familias de FELGTBI+, tambi&eacute;n:<strong> </strong>&ldquo;&#8288;Por supuesto que es una cosa que ocurre habitualmente. Los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as se comparan entre ellos buscando similitudes, tambi&eacute;n en [lo que respecta a] las familias&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Coincide con ellas Andrea Mezquida Ortega, psic&oacute;loga y formadora experta en psicolog&iacute;a <em>queer,</em> que aporta un poco m&aacute;s de contexto para entender estas situaciones: &ldquo;Dado que todav&iacute;a no vivimos en un pa&iacute;s donde los colectivos vulnerables estemos a salvo de discriminaciones y agresiones, es entendible que haya familias LGTBIQA+ que se encuentren en estas tesituras, porque en el colegio de sus hijes no se eduque en diversidad sexual y de g&eacute;nero, o no de la manera m&aacute;s adecuada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <a href="https://www.ine.es/dynt3/inebase/index.htm?padre=1684&amp;capsel=1670" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos del INE</a>, desde que se aprob&oacute; la ley del matrimonio igualitario, en el a&ntilde;o 2005, se celebraron 76.101 matrimonios entre personas del mismo sexo. Sigue habiendo mayor&iacute;a de hombres: son el 54% frente al 46% de matrimonios entre dos mujeres. Aun as&iacute;, esto no abarca la diversidad de familias en su conjunto, ya que muchas mujeres que forman juntas una familia no llegan a formalizar su uni&oacute;n. Un <a href="https://felgtbi.org/wp-content/uploads/2025/06/Informe-matrimonio_25.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> de la Federaci&oacute;n Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y m&aacute;s (FELGTBI+) profundiza en las estad&iacute;sticas y se&ntilde;ala que &ldquo;si&nbsp;bien en un inicio el porcentaje de uniones formadas por hombres era mayor, desde 2016 se registra un n&uacute;mero mayor de matrimonios formados por mujeres&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es una cosa que ocurre habitualmente. Los niños y las niñas se comparan entre ellos buscando similitudes, también en [lo que respecta a] las familias</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Iván Hernán</span>
                                        <span>—</span> coordinador del grupo de Familias de FELGTBI+
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Validar y repreguntar&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Aun sabiendo que se trata de una situaci&oacute;n com&uacute;n y que es normal que las infancias pregunten sobre este tema, a veces puede ser un momento complicado para las parejas de mujeres lesbianas. Ana Murillo y Sandra Cendal, que son madres bolleras juntas, reflexionan conjuntamente y aportan ideas sobre qu&eacute; hacer en ese momento concreto: &ldquo;Creemos que lo primero es no entrar en p&aacute;nico, ser conscientes de que a esa edad las criaturas est&aacute;n creando su identidad y eso se hace en comparaci&oacute;n con lo que tienen a su alrededor. Y eso significa estar en contacto permanente y constante con la cisheteronorma. Creemos que elles necesitan ubicarse en el mundo y que esa pregunta no necesariamente habla de una carencia real, sino de una necesidad de entender su lugar en el mundo&rdquo;, explican.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ellas ya tienen pensado qu&eacute; har&aacute;n si reciben esa pregunta: &ldquo;Alguna vez hemos hablado de que cuando ese momento llegue respondamos sin dramas y sin ponernos a la defensiva, que es importante validar su curiosidad y las emociones que surgen. Explicar con claridad y sencillez que hay muchos tipos de familia y que la suya es una de ellas&rdquo;, afirman estas dos madres. Tambi&eacute;n aconsejan devolver la pregunta para saber exactamente qu&eacute; est&aacute; expresando: &ldquo;Si le ni&ntilde;e dice &lsquo;quiero tener un pap&aacute;&rsquo;, es importante explorar qu&eacute; significa eso para &eacute;l. A veces no est&aacute; pidiendo una figura paterna como tal, sino algo mucho m&aacute;s concreto: un modelo que ha visto en sus compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de clase o una actividad que alguna criatura de clase ha contado que ha hecho con su padre. Creemos que nuestra labor como adultas es acompa&ntilde;ar la diferencia de nuestro hijo, dando espacio a las dudas y creando un clima de confianza con &eacute;l para que pueda acudir a nosotras y sienta que pueda expresar sus preocupaciones&rdquo;, exponen Ana y Sandra.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga y formadora experta en psicolog&iacute;a <em>queer</em> Andrea Mezquida Ortega trabaja a diario con familias diversas, por lo que propone una estrategia de validaci&oacute;n y di&aacute;logo:&nbsp;&ldquo;Ante una pregunta tan directa y tan cargada de incomprensi&oacute;n, seguramente, por parte de la criatura, lo primero es validar sus emociones y el deseo de querer saber la respuesta; es decir, aplicar la empat&iacute;a y la validaci&oacute;n emocional por parte de sus mam&aacute;s&rdquo;. A continuaci&oacute;n propone dar referentes: &ldquo;Tambi&eacute;n ser&iacute;a importante poder nombrar ejemplos reales de otres ni&ntilde;es que tampoco tengan pap&aacute; y mam&aacute; (quiz&aacute; alguna familia m&aacute;s del barrio, de la ciudad, amistades...) o, en caso de no encontrar esos ejemplos en un entorno cercano e inmediato, poder comentar ejemplos audiovisuales que hayan podido ver juntes (series, pelis, v&iacute;deos,<em> tiktoks...)</em>, con la idea de que entienda que no solo es una situaci&oacute;n que viven en su casa y en su familia, sino que es algo natural y generalizado en muchos hogares&rdquo;, cuenta la psic&oacute;loga.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si dice ‘quiero tener un papá’, es importante explorar qué significa eso para él. A veces no está pidiendo una figura paterna como tal, sino algo mucho más concreto: un modelo que ha visto en sus compañeros y compañeras de clase o una actividad que alguna criatura de clase ha contado que ha hecho con su padre</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana Murillo y Sandra Cendal</span>
                                        <span>—</span> madres bolleras, activistas y libreras
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mezquida sugiere aprovechar la pregunta para abrir un di&aacute;logo familiar: &ldquo;Adapt&aacute;ndonos a su edad, podemos plantear preguntas y generar una especie de di&aacute;logo en el que podamos concluir por qu&eacute; cree que &lsquo;necesita&rsquo; tener un pap&aacute;.., qu&eacute; puede ofrecerle un pap&aacute; que no puedan ofrecerle dos mam&aacute;s, si tiene alg&uacute;n tipo de carencia o de falta al tener dos mam&aacute;s y ning&uacute;n pap&aacute;, si esto le genera infelicidad, etc.&rdquo;. Y, si todo esto no funciona, o si aparecen sentimientos de rechazo a la diversidad o de cuestionamiento del modelo familiar, recomienda solicitar ayuda especializada o consultar recursos de apoyo.
    </p><h2 class="article-text">Acudir a especialistas y buscar recursos</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Existen recursos espec&iacute;ficos para todo tipo de realidades LGTBIQA+, aunque podr&iacute;an existir muchos m&aacute;s, pero s&iacute; que van aumentando poco a poco y se van actualizando&rdquo;, asegura la psic&oacute;loga Andrea Mezquida Ortega. Para ella, uno de los espacios m&aacute;s completos se encuentra en la <a href="https://felgtbi.org/que-hacemos/recursos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">web de la FELGTBI+</a>: &ldquo;Tienen un apartado de recursos de todo tipo, organizado seg&uacute;n orientaciones sexuales o identidad de g&eacute;nero&rdquo;, explica Mezquida. Desde la propia FELGTBI+ recomiendan un contenido en concreto para este caso: &ldquo;Sin ir m&aacute;s lejos, el a&ntilde;o pasado, desde el grupo de familias de la Federaci&oacute;n, hicimos un <a href="https://www.instagram.com/p/DH0pdIWMarf/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">webinar sobre la historia familiar</a>&rdquo;, cuenta Iv&aacute;n Hern&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de los materiales de la asociaci&oacute;n, Hern&aacute;n tambi&eacute;n recomienda una serie de cuentos sobre diversidad familiar: <a href="https://kalandraka.com/con-tango-son-tres-castellano.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Con tango somos tres</em></a>, <a href="https://www.casadellibro.com/libro-martin-y-la-tarta-de-chocolate-ibd/9788416179398/4073164?srsltid=AfmBOoqgsp9Xm84XGCAcjChmIpsF81YVbGEhSyEfWfmVzb_QoEIVt4S9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mart&iacute;n y la tarta de chocolate</em></a>, <a href="https://loscuentosdecoco.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Coc&oacute; y el baile m&aacute;gico</em></a>, o <a href="https://tripantu.cl/products/emilia-descubre-las-familias?srsltid=AfmBOoqPy-n8IgDH8QhoYHxHFaXTwyxehEpjhU-s83NjMDs6zZEVe0ch" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Emilia descubre las familias</em></a>. Ana Murillo y Sandra Cendal, que adem&aacute;s de ser madres dirigen la librer&iacute;a LGTBIAQ+ transfeminista <a href="https://www.instagram.com/maryreadlibre/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mary Read</a>, reconocen que todav&iacute;a faltan t&iacute;tulos especializados. &ldquo;Hemos buscado mucho y a la librer&iacute;a vienen muchas madres lesbianas pidi&eacute;ndolo, pero seguimos hu&eacute;rfanas de referencias y modelos de familias diversas&rdquo;, explican. Ellas recomiendan algunos t&iacute;tulos, tanto infantiles como para adultas: &ldquo;Para peques, los cuentos <a href="https://editorialkokinos.com/album-ilustrado/la-boda" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La boda</em></a>, <a href="https://www.editorialegales.com/libros/pronto-por-la-manana/9788417319359/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pronto por la ma&ntilde;ana</em></a>, <a href="https://www.editoriallacalle.com/libros/clara-mami-y-mama/?srsltid=AfmBOoq5wWm7HMdpFMPYxrvrVIpUBFzeMaCZcQurVJhqyoE9gnD1mnH4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Clara, mami y mam&aacute;</em></a>, <a href="https://palabrasdeaguaeditorial.com/libro/mis-mamas-molan-atencion-preventa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mis mam&aacute;s molan</em></a>, y <a href="https://www.elreydeharlem.es/maria-pies-de-zanahoria" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mar&iacute;a, pies de zanahoria</em></a>; para adultas, <a href="https://katakrak.net/cas/lib/la-tribu-de-las-amatxus-bollo-amatxo-bolloen" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La tribu de las amatxus bollo</em></a>, <a href="https://leseditorial.com/libro/no-ficcion/tambien-soy-su-mama/?srsltid=AfmBOoqPWerzqBbLUoQL8bEKAlZpdTbfHt3uPW9fSejN2PSx4DvqQ9v9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tambi&eacute;n soy su mam&aacute;</em></a> o <a href="https://www.editorialegales.com/libros/maternidades-cuir/9788417319922/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Maternidades cuir</em></a>&rdquo;, enumeran.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sería importante poder nombrar ejemplos reales de otres niñes que tampoco tengan papá y mamá (quizá alguna familia más del barrio, de la ciudad, amistades...)</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Andrea Mezquida</span>
                                        <span>—</span> psicóloga especializada en realidades queer
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Si persisten las dificultades para gestionar la situaci&oacute;n con las infancias, y las madres consideran que no pueden abordarlo solas, las expertas recomiendan buscar ayuda profesional. &ldquo;El apoyo y acompa&ntilde;amiento terap&eacute;utico siempre ser&aacute; una opci&oacute;n y una v&iacute;a disponible. Por suerte, existen asociaciones, terapias de grupo y terapeutas especialistas en realidades<em> queer,</em> que trabajan con familias LGTBIQA+ abordando este tipo de casu&iacute;sticas y cualquier otra que pueda surgir&rdquo;, se&ntilde;ala la psic&oacute;loga Andrea Mezquida Ortega.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, todas ellas insisten en la necesidad de normalizar la conversaci&oacute;n y mantener abierto el di&aacute;logo. As&iacute; lo expresan Ana Murillo y Sandra Cendal, que lanzan esta reflexi&oacute;n final: &ldquo;No queremos que nuestro hijo sienta que tiene que protegernos a nosotras de sus dudas, no le corresponde eso. Preferimos que pueda decir lo que siente, incluso si es inc&oacute;modo. Porque si puede hablarlo en casa, no tendr&aacute; que gestionarlo solo fuera&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01JSMC6YJSZACG48VBPGK17J6X"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-papa-responder-nino-madres-pregunta_1_13072751.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["¿Por qué no tengo un papá?": qué responder cuando un niño con dos madres hace esta pregunta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Madres,familias,LGTBI,Crianza,Consultorio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La justicia condena a la Seguridad Social por denegar una ayuda para madres a una autónoma que tuvo su hijo con otra mujer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/justicia-condena-seguridad-social-denegar-ayuda-madres-autonoma-tuvo-hijo-mujer_1_13071074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1dc0baaf-e82b-4f77-adcf-4792f30b0e97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La justicia condena a la Seguridad Social por denegar una ayuda para madres a una autónoma que tuvo su hijo con otra mujer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La trabajadora, que calcula que recuperará unos 4.000 euros, celebra la sentencia y espera que ahora se trate en igualdad a las madres lesbianas: “Esa es la mayor victoria”
</p><p class="subtitle"> Una autónoma denuncia a la Seguridad Social por negarle una ayuda para madres al tener su hijo con otra mujer </p></div><p class="article-text">
        Sof&iacute;a ha tardado dos a&ntilde;os, pero finalmente ha conseguido que la Seguridad Social le reconozca una ayuda para madres aut&oacute;nomas. <a href="https://www.eldiario.es/economia/autonoma-denuncia-seguridad-social-negarle-ayuda-madres-hijo-mujer_1_12921770.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El organismo se la negaba porque la catalog&oacute; autom&aacute;ticamente como &ldquo;padre&rdquo; en su sistema al tener su hijo con otra mujer</a>, Nuria. Un &ldquo;error inform&aacute;tico&rdquo;, como reconoc&iacute;a la propia Seguridad Social, pero que no solvent&oacute; pese a los innumerables intentos de las afectadas. Hasta que as&iacute; lo ha exigido un juez. Su empe&ntilde;o no solo le beneficiar&aacute; a ella, sino que deber&iacute;a alcanzar a otras madres lesbianas. &ldquo;Esa es la mayor victoria&rdquo;, sostiene la aut&oacute;noma.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sof&iacute;a y Nuria no se llaman as&iacute;, pero pidieron guardar su anonimato para contar su historia a elDiario.es. Como explicaron a este medio d&iacute;as antes del juicio, las madres decidieron denunciar a la Seguridad Social despu&eacute;s de reclamar sin &eacute;xito en numerosas ocasiones que el organismo p&uacute;blico corrigiera su error &ndash;en la propia Seguridad Social y a trav&eacute;s del Defensor del Pueblo&ndash; y le reconociera la ayuda para madres aut&oacute;nomas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una bonificaci&oacute;n del 80% de la cuota de aut&oacute;nomos durante dos a&ntilde;os, que est&aacute; destinada a las mujeres que se incorporan a la actividad en los dos a&ntilde;os posteriores al cese por nacimiento, adopci&oacute;n o acogimiento de sus hijos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es el caso de Sof&iacute;a, pero la Seguridad Social no le aplic&oacute; la bonificaci&oacute;n. Al reclamarla, la trabajadora fue consciente de la existencia de sesgos internos en el sistema inform&aacute;tico de la Seguridad Social, que sigue asignando el c&oacute;digo &ldquo;PA&rdquo; &ndash;del anterior permiso de paternidad&ndash; a los progenitores distintos de la madre biol&oacute;gica, aunque sean mujeres. Por este c&oacute;digo, la Tesorer&iacute;a del organismo catalog&oacute; a Sof&iacute;a como padre y no le abon&oacute; la ayuda en cuesti&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, aunque Sof&iacute;a les advirti&oacute; de la equivocaci&oacute;n en m&uacute;ltiples intentos a trav&eacute;s de la v&iacute;a administrativa, ni la Tesorer&iacute;a ni el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) corrigieron la situaci&oacute;n, se&ntilde;al&aacute;ndose mutuamente como los responsables del error. Esto oblig&oacute; a Sof&iacute;a a acudir a los tribunales para reclamar la ayuda.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;Falta de diligencia&rdquo;: dos a&ntilde;os para solucionar un error</strong></h2><p class="article-text">
        Finalmente, hace unos d&iacute;as la justicia ha dado la raz&oacute;n a Sof&iacute;a. En el juicio, la Tesorer&iacute;a responsabiliz&oacute; de nuevo al INSS del error, por mantener el c&oacute;digo &ldquo;PA&rdquo; en el sistema, y aleg&oacute; que la adjudicaci&oacute;n de la ayuda es &ldquo;autom&aacute;tica&rdquo;, por lo que no pod&iacute;a concederla partiendo de este c&oacute;digo. Argumentos que ha rechazado el magistrado del juzgado de lo Contencioso Administrativo que ha estudiado el caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El juez se hace eco de un escrito del INSS a Sof&iacute;a de principios de febrero en el que el organismo sostiene que la Tesorer&iacute;a &ldquo;realizar&aacute; los desarrollos necesarios en su programa para aplicar las bonificaciones&rdquo; en los casos en los que el c&oacute;digo sea PA, &ldquo;pero el sexo del beneficiario sea mujer&rdquo;. Y para el caso concreto de Sof&iacute;a, indic&oacute; que &ldquo;manualmente&rdquo; podr&iacute;a aplicar la ayuda.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, en cualquier caso y m&aacute;s all&aacute; de esta respuesta, el magistrado reprende a la Seguridad Social por su actuaci&oacute;n. Sostiene que &ldquo;evidentemente no puede hacerse recaer sobre la actora la falta de diligencia de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica a la hora de corregir y adaptar sus sistemas inform&aacute;ticos&rdquo;, con independencia de que ello implique &ldquo;a uno o varios organismos integrantes de dicha Administraci&oacute;n&rdquo;, subraya.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sentencia estima as&iacute; el recurso de Sof&iacute;a, obliga a la Seguridad Social a aplicarle la ayuda, con intereses, y le condena al pago de costas, que est&aacute;n limitadas a mil euros.
    </p><p class="article-text">
        Apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s, Sof&iacute;a recibi&oacute; los escritos de la Seguridad Social reconoci&eacute;ndole la bonificaci&oacute;n de este comienzo de a&ntilde;o y de 2025, mientras que la de 2024 est&aacute; pendiente de la regularizaci&oacute;n de cuotas que est&aacute; realizando el organismo. En total, y a falta de las cifras oficiales, la trabajadora estima que la ayuda alcanzar&aacute; &ldquo;unos 4.000 euros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuria reconoce que el resultado le ha provocado alegr&iacute;a, pero tambi&eacute;n &ldquo;enfado&rdquo;. &ldquo;No puede ser que dos instituciones que dependen del mismo Ministerio est&eacute;n ech&aacute;ndose las culpas y no resolviendo un problema que se ha visto que en tres d&iacute;as se podr&iacute;a haber solucionado&rdquo;, critica la pareja de Sof&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tener que estar casi dos a&ntilde;os pleiteando es bastante descorazonador. Al final la gente se cansa&rdquo;, lamenta el abogado de las madres, Jos&eacute; Luis Calder&oacute;n, del bufete Sifer Legal, que celebra por fin el resultado favorable de la sentencia. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una victoria para ellas y la igualdad de madres lesbianas</strong></h2><p class="article-text">
        Aunque el dinero de la ayuda sea bienvenido para estas madres, ambas destacan que su pelea iba m&aacute;s all&aacute; de su caso concreto. A ra&iacute;z de sus denuncias, la Seguridad Social ha afirmado que cambiar&aacute; su sistema para que la ayuda llegue autom&aacute;ticamente a madres lesbianas como Sof&iacute;a, que tienen sus hijos con otras mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es la mayor victoria de esta historia&rdquo;, dice la aut&oacute;noma con una sonrisa. &ldquo;No le deseo a nadie la frustraci&oacute;n de todo este proceso, de tener que pelear sin saber muy bien con qui&eacute;n... Ha sido agotador. As&iacute; que, quien se pueda beneficiar de esto, ha merecido la pena&rdquo;, celebra Sof&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Nuria considera, no obstante, que la Seguridad Social internamente deber&iacute;a cambiar la nomenclatura de &ldquo;PA&rdquo; para el otro progenitor, por una cuesti&oacute;n de igualdad, pero tambi&eacute;n de derechos efectivos. &ldquo;No puede ser que en 2026 el INSS siga asignando PA a madres. Hay madres lesbianas, ya no es una cosa anecd&oacute;tica en la sociedad y que sigan internamente llamando esas bajas como paternidad es lo que nos ha llevado a esta situaci&oacute;n&rdquo;, considera esta madre.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Olías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/justicia-condena-seguridad-social-denegar-ayuda-madres-autonoma-tuvo-hijo-mujer_1_13071074.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La justicia condena a la Seguridad Social por denegar una ayuda para madres a una autónoma que tuvo su hijo con otra mujer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Seguridad Social,Autónomos,Madres,Ayudas,Justicia,Derechos laborales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Matrescencia' o cómo ser madre transforma a las mujeres: “Lo pintan rosa pastel, pero para mí fue marrón mierda”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/matrescencia-madre-transforma-mujeres-pintan-rosa-pastel-marron-mierda_1_13059261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a51eafa2-938e-4b3a-8c64-65c883e97a61_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138448.jpg" width="1536" height="864" alt="‘Matrescencia&#039; o cómo ser madre transforma a las mujeres: “Lo pintan rosa pastel, pero para mí fue marrón mierda”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La periodista británica Lucy Jones ha publicado un ensayo que combina evidencia científica y experiencia personal sobre los cambios físicos, psicológicos y neurológicos que atraviesan las mujeres al convertirse en madres</p><p class="subtitle">El auge de la fórmula Fafo: ¿ha llegado el fin de la “crianza respetuosa”?</p></div><p class="article-text">
        Lucy Jones es una periodista brit&aacute;nica especializada en la cobertura de temas cient&iacute;ficos. Ha trabajado para medios como The Guardian, The New York Times y la BBC. Despu&eacute;s de ser madre, su visi&oacute;n sobre la realidad cambi&oacute;, lo que la llev&oacute; a investigar sobre el tema. En 2023 public&oacute; su libro <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-matrescencia/442408" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Matrescencia</em></a><em>,</em> que acaba de ser traducido al espa&ntilde;ol (Lunwerg, 2026). Un ensayo que combina la evidencia cient&iacute;fica disponible sobre los cambios f&iacute;sicos, psicol&oacute;gicos y neurol&oacute;gicos de la maternidad con su propia experiencia como madre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Empecemos por la palabra que da t&iacute;tulo al libro: 'matrescencia'. &iquest;Por qu&eacute; es tan importante nombrar fen&oacute;menos como este?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Convertirse en madre es una etapa de desarrollo significativa en la vida de una persona. Tendemos a centrarnos en el beb&eacute;, pero tambi&eacute;n es un gran cambio para la mujer o persona gestante: f&iacute;sica, mental, neurobiol&oacute;gicamente, social y existencialmente. La palabra 'matrescencia', acu&ntilde;ada por Dana Raphael en los a&ntilde;os 70, nos da una forma de hablar y pensar sobre esta experiencia. Podemos decir: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo va tu matrescencia?&rdquo;. Esto aporta luz a aquello que es socialmente invisible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La palabra 'matrescencia' traza un paralelismo entre la maternidad y la adolescencia. &iquest;Es el cambio realmente tan profundo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, gracias al trabajo de Susana Carmona, Magdalena Mart&iacute;nez-Garc&iacute;a, Erika Barba-M&uuml;ller, Elseline Hoekzema y otras neurocient&iacute;ficas, sabemos que los cambios neuronales durante la maternidad son similares a los de la adolescencia. Todo el mundo sabe que la adolescencia es una transici&oacute;n importante, pero la experiencia de la matrescencia ha sido subestimada y descuidada hasta ahora, con graves consecuencias<strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ya que la cita, la neuropsic&oacute;loga espa&ntilde;ola Susana Carmona explica en su libro</strong><em><strong> Neuromaternal </strong></em><strong>que algunas personas presionan a las mujeres que se han convertido en madres para que vuelvan a su estado anterior, pero no se les ocurrir&iacute;a pedirle a un adolescente que vuelva a la infancia. &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que esto se da por la ambivalencia social que existe en torno a la figura de la madre: nuestra cultura prefiere a alguien que est&aacute; sexualmente disponible para la mirada masculina, adem&aacute;s de un sujeto econ&oacute;micamente productivo. El mundo est&aacute; creado por y para los hombres, as&iacute; que es dif&iacute;cil entender la vida como un proceso de cambio y metamorfosis, algo que es mucho m&aacute;s natural para las mujeres o personas con &uacute;tero.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sabemos que los cambios neuronales durante la maternidad son similares a los de la adolescencia (...) pero la experiencia de la matrescencia ha sido subestimada y descuidada hasta ahora, con graves consecuencias</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hasta qu&eacute; punto es profundo el cambio que implica la maternidad? &iquest;Qu&eacute; factores involucra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que es una experiencia individual y, al mismo tiempo, tiene aspectos comunes compartidos, uno de los cuales es que, probablemente, todo va a cambiar de una u otra manera. Biol&oacute;gicamente, el cambio es enorme, sobre todo si una madre ha gestado y parido al beb&eacute;. Tambi&eacute;n para los padres o madres no gestantes, cuyos cerebros cambiar&aacute;n por el cuidado y por el apego de criar. En mi caso personal, lo viv&iacute; como un despertar en el que me di cuenta de cu&aacute;nto deval&uacute;a el orden capitalista actual el trabajo de cuidados, y cu&aacute;n inadecuadas son nuestras ideas filos&oacute;ficas, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas. Mi maternidad ha modificado la relaci&oacute;n que tengo con mis padres, con mis amigos, conmigo misma, con el trabajo, con la creatividad, con el tiempo, con la idea de la muerte. Lo ha cambiado todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica sobre la matrescencia comenz&oacute; en los a&ntilde;os 70, y tras cinco d&eacute;cadas sin apenas abordarse, hace unos a&ntilde;os se ha reabierto la conversaci&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l es la raz&oacute;n del silencio y por qu&eacute; hemos empezado a hablar de ello otra vez?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las nuevas investigaciones cient&iacute;ficas sobre el cerebro materno nos est&aacute;n mostrando lo dram&aacute;tica que es la experiencia, tanto como la adolescencia. El embarazo provoca cambios profundos y consistentes en la estructura del cerebro. Esta nueva frontera de descubrimiento podr&iacute;a tener un gran impacto en la salud y el bienestar. Adem&aacute;s, la era del neoliberalismo &mdash;el capitalismo acelerado de los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os&mdash; ha llevado a la gente al l&iacute;mite, y las grietas se manifiestan en las personas m&aacute;s vulnerables, como pueden ser las madres recientes.<strong> </strong>Las altas tasas de problemas de salud mental, estr&eacute;s, agotamiento y soledad en este segmento de la poblaci&oacute;n no pueden seguir ignor&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En su libro recuerda que, al quedarse embarazada, se dio cuenta de que la idea social sobre la maternidad no coincid&iacute;a con lo que estaba viviendo. Usted hace esta reflexi&oacute;n en primera persona: &ldquo;Mi maternidad no era de color rosa pastel, era marr&oacute;n mierda y rojo sangre&rdquo;. &iquest;Cree que la narrativa dominante sobre la maternidad est&aacute; distorsionada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin duda la narrativa sobre maternidad es limitada, se ha escrito poco sobre ello. Hay tantas formas de convertirse en madre que resulta extra&ntilde;o lo poco interesadas que han estado la cultura y la filosof&iacute;a occidentales en la experiencia materna. As&iacute; que creo que hay una narrativa muy superficial debido a la falta de representaciones culturales. Pero tambi&eacute;n la representaci&oacute;n dominante es muy unidimensional, romantizada, naturalizada e idealista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi maternidad ha modificado la relación que tengo con mis padres, con mis amigos, conmigo misma, con el trabajo, con la creatividad, con el tiempo, con la idea de la muerte. Lo ha cambiado todo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La obra es muy cr&iacute;tica con el patriarcado y el capitalismo. &iquest;Cree que deber&iacute;amos luchar por una maternidad feminista y anticapitalista? &iquest;El feminismo deber&iacute;a hablar de y con las madres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Por supuesto! Me gusta la idea de Andrea O'Reilly de un &ldquo;feminismo matric&eacute;ntrico&rdquo;; necesitamos seguir construyendo un feminismo para las madres. Mucha gente est&aacute; haciendo esto de diferentes maneras, pero creo que hay muchas razones culturales por las que todav&iacute;a es tab&uacute; quejarse de la maternidad, y esto impide la acci&oacute;n y el cambio necesarios para llevar a cabo una revoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Analiza la salud mental desde una perspectiva interseccional: cuantos m&aacute;s factores tengas &ndash;por ejemplo, una madre trans, racializada, pobre, migrante, etc.&ndash;, m&aacute;s discriminaci&oacute;n enfrentar&aacute;s. &iquest;Cree que, a veces, la gente se olvida de esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, y la maternidad moderna muestra las injusticias estructurales como la opresi&oacute;n racial o el sesgo de clase. Se puede aprender mucho sobre el poder en la sociedad observando c&oacute;mo se trata a los vulnerables. Los factores ambientales y sociales son componentes importantes en la salud y la enfermedad mental materna. Las desigualdades de ingresos, las condiciones de vida, el estr&eacute;s vital, la violencia dom&eacute;stica, el racismo sist&eacute;mico y la ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica tienen grandes efectos en la prevalencia de la depresi&oacute;n posparto.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las altas tasas de problemas de salud mental, estrés, agotamiento y soledad en este segmento de la población no pueden seguir ignorándose</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n habla de ambivalencia. &iquest;Cree que es el sentimiento m&aacute;s universal de la maternidad, tal vez junto con la culpa? &iquest;Que todas nos sentimos felices y tristes, cansadas y llenas, todo al mismo tiempo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Al mismo tiempo! Yo no sab&iacute;a que se pod&iacute;an sentir tantas cosas diferentes simult&aacute;neamente hasta que tuve hijos. Nunca he experimentado una monta&ntilde;a rusa de emociones tan grande. &Eacute;xtasis absoluto y profunda satisfacci&oacute;n, y luego terror, rabia. Todo ello incluso en la misma ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su libro ya ha recibido varios premios. &iquest;Cree que esto implica una validaci&oacute;n social de su investigaci&oacute;n? &iquest;Que es relevante hablar de la matrescencia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que, aunque mi libro es una historia de mi propia matrescencia, solo una historia, muchas mujeres han sentido que hay algo realmente malo en c&oacute;mo tratamos a las madres en nuestra sociedad, con atenci&oacute;n m&eacute;dica inadecuada, expectativas sociales opresivas, el choque del cuidado con el capitalismo, el aislamiento y la soledad de la vida moderna. La cultura y la historia occidentales, e incluso, hasta cierto punto, el feminismo liberal, nos dicen que la maternidad es aburrida, pasiva, mundana, que no merece atenci&oacute;n y que el trabajo de la madre es una tarea ingrata y sin cualificaci&oacute;n. Esto no es verdad. La matrescencia est&aacute; llena de drama, terror, poder, conflicto, riesgo. Tambi&eacute;n es una oportunidad para el aprendizaje, la pausa, el juego, el crecimiento personal, la posibilidad imaginativa y el potencial de la <em>matrirreforma</em>, un movimiento progresista de maternidad revolucionaria y reivindicaci&oacute;n de poder.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/matrescencia-madre-transforma-mujeres-pintan-rosa-pastel-marron-mierda_1_13059261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 21:08:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Matrescencia' o cómo ser madre transforma a las mujeres: “Lo pintan rosa pastel, pero para mí fue marrón mierda”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Madres,Libros,Ensayos,Salud psicológica,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Críticas por la falta de ejecución de la Ley de Familias Monoparentales en La Rioja tres años después de aprobarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/criticas-falta-ejecucion-ley-familias-monoparentales-rioja-tres-anos-despues-aprobarse_1_13052666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc58ca8b-6763-41c0-b4fb-f154b76cdb4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Críticas por la falta de ejecución de la Ley de Familias Monoparentales en La Rioja tres años después de aprobarse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Asociación Madres Solteras por Elección en La Rioja ha realtado: "Una norma que no se ejecuta no garantiza derechos, solo genera frustración y desigualdad"</p><p class="subtitle">La Rioja, una de las primeras comunidades en contar con una Ley de Familias Monoparentales
</p></div><p class="article-text">
        Tres a&ntilde;os despu&eacute;s la aprobaci&oacute;n por unanimidad de la Ley de Familias Monoparentales en La Rioja, la Asociaci&oacute;n Madres Solteras por Elecci&oacute;n en La Rioja ha denunciado que &ldquo;la norma sigue sin tener efectos reales en la vida de las familias a las que deb&iacute;a proteger&rdquo;. La Ley 3/2023 reconoce oficialmente la existencia de las familias monoparentales, su vulnerabilidad y prev&eacute; medidas de apoyo espec&iacute;ficas. &ldquo;Sin embargo, a d&iacute;a de hoy<strong> </strong>no se ha desarrollado reglamentariamente ni se han activado los mecanismos necesarios para su aplicaci&oacute;n efectiva, lo que deja a las monoparentales riojanas en una situaci&oacute;n de desprotecci&oacute;n institucional y de discriminaci&oacute;n real&rdquo;, han advertido.
    </p><p class="article-text">
        Resaltan que &ldquo;las familias monoparentales constituyen uno de los colectivos con mayor riesgo de pobreza y exclusi&oacute;n social&rdquo;. En Espa&ntilde;a, m&aacute;s del 50 % de estos hogares se encuentran en riesgo de pobreza, y m&aacute;s del 80 % est&aacute;n encabezados por mujeres. En La Rioja, seg&uacute;n resaltan las afectadas, &ldquo;cientos de madres afrontan en solitario la crianza, el sostenimiento econ&oacute;mico y la conciliaci&oacute;n, sin que la ley aprobada para apoyarles est&eacute; operativa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras otras comunidades aut&oacute;nomas han avanzado en el reconocimiento administrativo y en la puesta en marcha de ayudas espec&iacute;ficas, como Euskadi, que ya cuenta con un decreto espec&iacute;fico, &ldquo;en La Rioja la inacci&oacute;n pol&iacute;tica mantiene una ley aprobada convertida en papel mojado&rdquo;. &ldquo;Una norma que no se ejecuta no garantiza derechos, solo genera frustraci&oacute;n y desigualdad&rdquo;, subrayan.
    </p><p class="article-text">
        Desde la Asociaci&oacute;n Madres Solteras por Elecci&oacute;n, con dos a&ntilde;os de implantaci&oacute;n en La Rioja, exigen a las fuerzas pol&iacute;ticas de La Rioja que &ldquo;de una vez por todas asuman su responsabilidad y ejecuten el mandato legal para iniciar el desarrollo inmediato de la ley aprobada y en vigor, con plazos claros, dotaci&oacute;n presupuestaria suficiente y medidas concretas que respondan a la realidad social de este colectivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo se van a convertir los derechos reconocidos en derechos efectivos? &iquest;Cu&aacute;ndo van a actuar para erradicar la discriminaci&oacute;n que sufren nuestros hijos e hijas?&rdquo;, se preguntan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rioja2]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/criticas-falta-ejecucion-ley-familias-monoparentales-rioja-tres-anos-despues-aprobarse_1_13052666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 12:17:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Críticas por la falta de ejecución de la Ley de Familias Monoparentales en La Rioja tres años después de aprobarse]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madres,familias,Leyes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la violencia machista y la crisis inmobiliaria se suman: “El alquiler te ata al maltratador”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/violencia-machista-crisis-inmobiliaria-suman-alquiler-ata-maltratador_1_12983076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/813e2e32-5a26-43d1-bf01-0cfa898a141d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2629y904.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la violencia machista y la crisis inmobiliaria se suman: “El alquiler te ata al maltratador”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Valentina y Montse son dos madres solteras que, después tener que rehacer sus vidas tras separarse de sus parejas, están a las puertas de un desahucio</p><p class="subtitle">Madres solas frente a la crisis de la vivienda: “Es comer o pagar el alquiler”
</p></div><p class="article-text">
        Valentina lleg&oacute; de M&eacute;xico en 2019 huyendo de la violencia de su pa&iacute;s. Aqu&iacute; conoci&oacute; al que luego se convertir&iacute;a en el padre de su hijo, que hoy tiene tres a&ntilde;os. Pero la relaci&oacute;n no acab&oacute; bien y, aunque quer&iacute;a cortar por lo sano, tem&iacute;a qu&eacute; ser&iacute;a de una mujer migrante y soltera con un peque&ntilde;o a cargo. Lo mismo le pas&oacute; a Montse que, despu&eacute;s de a&ntilde;os de violencia, reuni&oacute; el valor para separarse. Pero entre los juicios y que su ex se negaba a pasarle la pensi&oacute;n, su econom&iacute;a se derrumb&oacute;. Estos miedos hicieron que ambas estuvieran m&aacute;s tiempo en sus relaciones del que hubieran querido.
    </p><p class="article-text">
        Porque, al dolor de la separaci&oacute;n, las secuelas de la violencia y al peso de criar a un hijo en solitario, estas mujeres deben sumar la inseguridad habitacional. Ambas resisten en pisos de los cuales la propiedad quiere echarlas, someti&eacute;ndolas a <em>mobbing </em>y con amenazas de desahucio pr&oacute;ximas. Ninguna, a pesar de ser profesionales formadas y con carrera, tiene el dinero suficiente como para hacer frente a una mudanza ni a un alquiler que, de bien seguro, ser&aacute; mayor que el que tienen ahora.
    </p><p class="article-text">
        Montse paga 600 euros por un piso de 60m2 con dos habitaciones; una de ellas, la de su hijo, sin ventilaci&oacute;n y da directamente a la de su madre. &ldquo;No puedo permitirme nada que no sea eso&rdquo;, resume esta mujer, que es maestra de primaria. Antes era fil&oacute;loga &aacute;rabe, ten&iacute;a carrera y dos m&aacute;sters, pero tuvo que estudiar magisterio cuando se separ&oacute; porque vio que el que era su oficio y su pasi&oacute;n no le iba a pagar las facturas una vez sola.
    </p><p class="article-text">
        Vive en un piso de la calle del Tigre, en el Raval de Barcelona, del que desahuciaron a principios de enero a siete familias porque, seg&uacute;n un informe encargado por la propiedad, el inmueble tiene &ldquo;riesgo inminente de derrumbe&rdquo;. Por otro lado, hay inspecciones de los Bomberos que descartan el riesgo. Los casos de los vecinos han ca&iacute;do en Juzgados de Instrucci&oacute;n diferentes &mdash;cosa que, seg&uacute;n los sindicatos de vivienda es totalmente excepcional. Uno, el 22, orden&oacute; el desahucio. Y otro, el 56 y el que le toc&oacute; a Montse, ha decidido que puede quedarse en su casa. Pero no sabe hasta cu&aacute;ndo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando me separé, tuve que entregarle una copia de las llaves de casa a mi ex. Al tiempo acabó aceptando que tenía que irse, pero alquiló una habitación en el mismo edificio y empezó a perseguirme y a acosarme</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Montse</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy agotada, es una carrera de fondo. Despu&eacute;s de todo lo que ha pasado&hellip;&rdquo;, se lamenta Montse. Lleva 19 a&ntilde;os en ese piso y es la segunda vez que tiene que luchar para quedarse all&iacute;. La primera fue cuando se separ&oacute;, despu&eacute;s de un largo maltrato. Su exmarido lleg&oacute; a entrar en la casa por la fuerza y la denunci&oacute; porque, argument&oacute;, ella quer&iacute;a echarle y separarle de su hijo &mdash;del que luego nunca se hizo cargo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me toc&oacute; pagar una multa y entregarle una copia de las llaves de casa. Al tiempo acab&oacute; aceptando que ten&iacute;a que irse, pero alquil&oacute; una habitaci&oacute;n en el mismo edificio y empez&oacute; a perseguirme y a acosarme&rdquo;, recuerda Montse. Por suerte, sus vecinos se dieron cuenta y, en cuanto pudieron, rompieron el contrato de subarrendamiento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pens&eacute; en irme, pero no ten&iacute;a c&oacute;mo hacerlo&rdquo;, explica. Su marido se negaba a pasarle la pensi&oacute;n, lo que inici&oacute; otro proceso judicial y el consecuente gasto en abogados. Adem&aacute;s, se hab&iacute;a quedado en paro y no encontraba trabajo debido a la depresi&oacute;n. Y todo ello, con un hijo de tres a&ntilde;os. Hoy, ese ni&ntilde;o ya tiene casi 18 a&ntilde;os y ha salido adelante: estudia m&uacute;sica y toca cuatro instrumentos. &ldquo;Su educaci&oacute;n es muy cara, pero no quer&iacute;a quitarle ese sue&ntilde;o. Vamos justos y tener que irnos ahora ser&iacute;a desastroso. Y, aunque intento mantenerle al margen, &eacute;l nota todo ese estr&eacute;s, las noches sin dormir&rdquo;, lamenta Montse.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un motivo para no romper</strong></h2><p class="article-text">
        Montse reconoce que tard&oacute; en separarse &ldquo;mucho m&aacute;s&rdquo; de lo que le hubiera gustado. Primero, como a muchas otras v&iacute;ctimas, le cost&oacute; darse cuenta de lo que pasaba en su casa. Luego vino la verg&uuml;enza. Y ya, despu&eacute;s, la presi&oacute;n econ&oacute;mica. &ldquo;Si me quedaba sola, no sab&iacute;a si iba a poder pagar el piso. Y si me echaban, &iquest;d&oacute;nde iba a encontrar otro?&rdquo;, expresa.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la <a href="https://violenciagenero.igualdad.gob.es/wp-content/uploads/Macroencuesta_2019_estudio_investigacion.pdf?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Macroencuesta de Violencia contra la Mujer del Ministerio de Igualdad</a>, las v&iacute;ctimas tardan unos 2,5 a&ntilde;os en identificarse como tal y les suele costar entre 5 y 7 a&ntilde;os formalizar la ruptura. Seg&uacute;n el estudio, las causas son varias, siendo el bienestar de los hijos y la inestabilidad econ&oacute;mica las mayores preocupaciones.
    </p><p class="article-text">
        Estos miedos est&aacute;n respaldados por <a href="https://www.inmujeres.gob.es/publicacioneselectronicas/documentacion/Documentos/DE2060.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro informe del Ministerio</a> que apunta que quedarse solas es uno de los principales motivos para los impagos del alquiler. Concretamente, el 6,05% de las que presentan problemas son v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero; el 3,72 tienen dificultades despu&eacute;s de la ruptura con su pareja y el 2,33% desde que enviudaron. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay muchos factores que retrasan la salida de situaciones que no son buenas. No todo el mundo se puede permitir el lujo de salir de una relación</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Valentina</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Las mujeres somos un sujeto devaluado&rdquo;, apunta Marina Par&eacute;s, portavoz del Sindicat d&rsquo;Habitatge Socialista de Catalunya, que acompa&ntilde;a el caso de Montse. La mayor&iacute;a de personas que se acercan a sus asambleas, aseguran, son mujeres y &ldquo;en no pocos casos&rdquo; se detecta a v&iacute;ctimas de violencia machista. &ldquo;Mujeres que no estar&iacute;an con sus parejas si no dependieran de un segundo sueldo para pagar. El alquiler te ata al maltratador&rdquo;, remacha. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay muchos factores que retrasan la salida de situaciones que no son buenas. No todo el mundo se puede permitir el lujo de salir de una relaci&oacute;n&rdquo;, argumenta Valentina. Esta mexicana es m&eacute;dica y, cuando empez&oacute; a pensar en separarse, se encontraba en medio del proceso para obtener su residencia, homologar su t&iacute;tulo, colegiarse y sacarse el MIR. &ldquo;Yo hab&iacute;a dejado el trabajo que ten&iacute;a para poder dedicarme plenamente a eso y volver a ejercer r&aacute;pido, pero claro, si me separaba, iba a ser mucho m&aacute;s dif&iacute;cil&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        A todo ello se suma que, tras la separaci&oacute;n, ella se qued&oacute; con la custodia total del ni&ntilde;o, al que su ex s&oacute;lo ve en visitas puntuales, lo que le resta mucho tiempo para estudiar y hacer tr&aacute;mites &mdash;que, a veces implican viajes a Madrid o incluso a M&eacute;xico. Adem&aacute;s, Valentina apunta que, por ser migrante, tiene una red de apoyo &ldquo;muy limitada&rdquo; que no puede hacerse cargo del beb&eacute; si ella necesita ir a una entrevista de trabajo o a un examen. 
    </p><p class="article-text">
        Con todo, decidi&oacute; dar el paso. Hizo c&aacute;lculos y vio que, gracias al IMV, a la manutenci&oacute;n y a los ahorros podr&iacute;a aguantar un a&ntilde;o m&aacute;s sin trabajar y acabar de homologar su t&iacute;tulo. La vivienda no era un problema porque su ex le dej&oacute; quedarse en el piso, sabiendo que para ella iba a ser muy dif&iacute;cil encontrar un alquiler siendo madre soltera.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo cambi&oacute; con un burofax en el que la propiedad le informaba que habr&iacute;a una actualizaci&oacute;n del IPC en el contrato. Y no solo del presente a&ntilde;o, sino que el documento tambi&eacute;n le exig&iacute;a al pago retroactivo de los a&ntilde;os anteriores, lo que sumaba una deuda acumulada de 3.000 euros. Ese gesto, que es ilegal, fue le&iacute;do por Valentina y su abogado como un &ldquo;acoso inmobiliario&rdquo; que lleg&oacute; justo cuando inform&oacute; a la propiedad de que se hab&iacute;a separado y, a partir de entonces, en el contrato constar&iacute;a s&oacute;lo ella.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi hijo no va a saber lo que es el sentimiento de barrio. Tiene derecho a jugar en su parque y yo, siendo madre soltera, tengo derecho a pedir ayuda a una vecina, a cuidarnos a los niños mutuamente y a echarnos una mano</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Valentina</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Quer&iacute;an crearme una situaci&oacute;n hostil para que me fuera&rdquo;, resume la mujer, que reconoce que se lo lleg&oacute; a pensar. &ldquo;Pero no estaba preparada para lo complicado que es. Cuando iba a un piso, eran visitas que duraban 15 minutos, junto a otras ocho personas &rdquo;, recuerda. En su situaci&oacute;n, s&oacute;lo se le ofrec&iacute;a alquiler de habitaciones y no estaba dispuesta a vivir con su hijo en una peque&ntilde;a pieza junto a desconocidos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que decidi&oacute; quedarse en su piso por el tiempo que pudiera. Pero a finales de 2025, y contraviniendo el m&iacute;nimo de cuatro meses de preaviso, la propiedad dio la estocada final y le inform&oacute; de que no le iba a renovar, argumentando que hab&iacute;a una deuda impagada. Valentina pidi&oacute; la pr&oacute;rroga por vulnerabilidad (de hasta un a&ntilde;o), pero su casera se la deneg&oacute;. As&iacute; que, a pesar de que el contrato acab&oacute; el pasado 9 de febrero, ella sigue en el piso. &ldquo;Estar&eacute; aqu&iacute; hasta que encuentre una alternativa, al menos&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Valentina explica que supuso &ldquo;mucho trabajo&rdquo; reconstruir su vida tras la separaci&oacute;n. Y ahora ve que tendr&aacute; que volver a empezar. Seguramente, en un barrio nuevo. El suyo, el del Born, es uno de los m&aacute;s gentrificados de la ciudad. Cuando se mud&oacute; a su edificio, durante la COVID, estaba lleno de familias y personas locales. Pero, a la que se han ido acabando los contratos, esos vecinos se han ido sustituyendo por <em>expats </em>y alquileres de temporada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi hijo no va a saber lo que es el sentimiento de barrio. Tiene derecho a jugar en el parque con sus vecinos y yo, sobre todo siendo madre soltera, tengo derecho a pedir ayuda a una vecina, a cuidarnos a los ni&ntilde;os mutuamente y a echarnos una mano&rdquo;, lamenta. Ella, igual que Montse, siente que la expulsi&oacute;n de su casa es el &uacute;ltimo golpe tras una separaci&oacute;n traum&aacute;tica. Algo que sus exparejas no han tenido que soportar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sandra Vicente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/violencia-machista-crisis-inmobiliaria-suman-alquiler-ata-maltratador_1_12983076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Mar 2026 21:08:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la violencia machista y la crisis inmobiliaria se suman: “El alquiler te ata al maltratador”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,8M,Violencia,Violencia doméstica,Violència Masclista,Violencia de género,Violencia machista,Alquiler,Desahucios,Madres,Familias monoparentales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El auge de la fórmula Fafo: ¿ha llegado el fin de la "crianza respetuosa"?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/auge-formula-fafo-llegado-crianza-respetuosa_1_13026919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23fde901-990a-43d2-b330-b0d717d0fddc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El auge de la fórmula Fafo: ¿ha llegado el fin de la &quot;crianza respetuosa&quot;?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay madres en redes sociales que defiende un enfoque estricto y pragmático de la crianza. ¿Esto enseña a los niños lecciones importantes o solo les hace sentir aislados y avergonzados?</p><p class="subtitle">La presión invisible de los niños que se exigen demasiado: “Nos preocupamos cuando lloró por sacar un ocho”</p></div><p class="article-text">
        En enero, un v&iacute;deo publicado en TikTok por Paige Carter, una madre de Florida, se hizo viral. Carter explicaba que hab&iacute;a tirado por la ventana el iPad de su hija cuando esta se hab&iacute;a portado mal de camino al colegio, y se grababa a s&iacute; misma recuperando la tableta, ya con la pantalla rota. El v&iacute;deo tiene m&aacute;s de 4,9 millones de reproducciones y Carter ha recibido felicitaciones en los comentarios, entre ellas uno que dice: &ldquo;Aprender Fafo a una edad temprana: la mejor forma de criar a los hijos&rdquo;. Bienvenidos a la tendencia parental que no parece desaparecer: &ldquo;Hazlo y enfr&eacute;ntate a las consecuencias&rdquo; [por sus siglas del ingl&eacute;s Fuck Around and Find Out].
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://www.tiktok.com/@jbarrera404/video/7491488152532569375?lang=en-GB" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro v&iacute;deo</a>, cuando un ni&ntilde;o peque&ntilde;o anuncia que se va a ir de casa, su madre le dice &ldquo;hasta luego&rdquo;, cierra la puerta principal detr&aacute;s de &eacute;l y apaga la luz exterior, y luego le abre la puerta cuando &eacute;l grita y golpea para que le dejen entrar (tiene m&aacute;s de 1,5 millones de &ldquo;me gusta&rdquo;). Seg&uacute;n su madre, el ni&ntilde;o habr&iacute;a aprendido &ldquo;el significado de Fafo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El verano pasado, un art&iacute;culo publicado en The Wall Street Journal anunciaba el auge de la crianza Fafo y el fin de la &ldquo;crianza respetuosa&rdquo;, una tendencia que comenz&oacute; hace unos diez a&ntilde;os como respuesta a la crianza m&aacute;s autoritaria de principios de la d&eacute;cada de 2000, a la que se ha culpado de todo, desde los j&oacute;venes adultos con derecho a todo abocados a la decepci&oacute;n por las crueles realidades de la vida hasta el propio colapso de la sociedad. Los padres &ldquo;suaves&rdquo; afirmaban estar agotados de seguir el ejemplo de sus hijos, explicar cuidadosamente cada decisi&oacute;n, vigilar cada uno de sus movimientos y nombrar cada emoci&oacute;n que sus hijos pudieran sentir, de una manera tranquila y tierna.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n contra la crianza respetuosa se ha estado gestando desde hace tiempo. &ldquo;Se puede pasar todo el d&iacute;a viendo Instagram y ver c&oacute;mo la gente se burla de ella&rdquo;, dice la profesora Ellie Lee, directora del Centro de Estudios de la Cultura Parental de la Universidad de Kent. Lee afirma que &ldquo;la crianza de los hijos se ha vuelto muy intensa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los defensores de Fafo dicen que ense&ntilde;a a sus hijos la independencia y las consecuencias de sus actos, incluso si esas consecuencias son inc&oacute;modas o, en caso extremo, duras. Sus detractores argumentan que se basa demasiado en el miedo y la humillaci&oacute;n y que, aunque los ni&ntilde;os puedan obedecer como resultado, da&ntilde;a la confianza. Sin embargo, si se hace correctamente, no hay mucha diferencia entre ambos estilos: la verdadera crianza respetuosa acepta los l&iacute;mites y las consecuencias, y el Fafo no tiene por qu&eacute; ser punitivo. Pero se trata de una crianza influenciada por Internet, donde se potencian los extremos, se eliminan los matices y se fomenta la polarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Soy partidaria de que los ni&ntilde;os experimenten las consecuencias naturales, en el sentido de que no voy a estar peleando constantemente con mi hijo para que se ponga el abrigo&rdquo;, afirma la Dra. Maryhan Munt, psic&oacute;loga y presentadora del podcast How Not to Screw Up Your Kids [C&oacute;mo no arruinar a tus hijos]. &ldquo;Si no recogen sus juguetes y alguien pisa uno, se rompe. Creo que eso puede ser una buena lecci&oacute;n. Lo que me preocupa m&aacute;s es decirles: 'Vale, prueba esa bebida gaseosa de la que tanto hablas'. Como padres, nuestra funci&oacute;n es establecer l&iacute;mites y proporcionar apoyo a nuestros hijos. Cuando sea pertinente, puede haber consecuencias naturales. Pero cuando nos pasamos de la raya y llegamos a decir algo como: 'No me importa, si eso es lo que quieres hacer, hazlo', entonces creo que es ah&iacute; donde se env&iacute;a un mensaje equivocado&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si la crianza Fafo se vuelve emocionalmente distante —&#039;aprenderás por las malas, yo no voy a intervenir&#039;—, los niños pueden interiorizar la vergüenza, sentirse desamparados o tener dificultades para dar sentido a experiencias que superan su capacidad de desarrollo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Emma Svanberg</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los m&eacute;todos de crianza respetuosos, o al menos lo que la gente suele pensar que implican, pueden hacer que los padres se sientan agotados, afirma la Dra. Emma Svanberg, psic&oacute;loga y autora de<em> Parenting for Humans</em> (<em>Crianza para humanos</em>). &ldquo;Para m&iacute;, se trata de que los padres sienten que se les ha dicho que deben validar, empatizar, explicar y absorber la desregulaci&oacute;n sin haberlo experimentado nunca ellos mismos en su propia infancia y con muy poco apoyo estructural. Creo que la crianza Fafo podr&iacute;a ser una reacci&oacute;n a eso, un cambio radical de algo que puede interpretarse como permisivo a algo que puede parecer m&aacute;s autoritario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La f&oacute;rmula Fafo resulta atractiva, afirma Svanberg, porque &ldquo;a un nivel inmediato y expl&iacute;cito, da permiso a los padres para relajarse y aplicar consecuencias naturales en lugar de negociar sin cesar con un ni&ntilde;o rebelde y desobediente&rdquo;. Los padres que crecieron en los a&ntilde;os 90 saben c&oacute;mo es criarse con un estilo de amor duro. La aparici&oacute;n de Fafo, afirma, &ldquo;se produjo al mismo tiempo que la nostalgia por la crianza de los hijos en la d&eacute;cada de 1990, y tendemos a encontrar m&aacute;s f&aacute;cil repetir patrones que nos son familiares. Despu&eacute;s de mucha presi&oacute;n sobre los padres para que criaran a sus hijos de manera espec&iacute;fica y centrada en ellos en el contexto de la crianza intensiva, es casi inevitable que se produzca un cambio a nivel social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, a&ntilde;ade Munt, los nuevos padres que observan a ni&ntilde;os mayores que han sido criados &ldquo;con suavidad&rdquo; pueden llegar a pensar que este m&eacute;todo no ha sido tan bueno para ellos: &ldquo;Las pruebas parecen indicar que cada vez tenemos ni&ntilde;os m&aacute;s ansiosos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero llevar el m&eacute;todo Fafo al extremo tambi&eacute;n entra&ntilde;a un peligro. Svanberg dice que &ldquo;los ni&ntilde;os no solo aprenden de las consecuencias, sino tambi&eacute;n de c&oacute;mo los adultos les acompa&ntilde;an a trav&eacute;s de esas consecuencias. Si la crianza Fafo se vuelve emocionalmente distante &mdash;'aprender&aacute;s por las malas, yo no voy a intervenir'&mdash;, los ni&ntilde;os pueden interiorizar la verg&uuml;enza, sentirse desamparados o tener dificultades para dar sentido a experiencias que superan su capacidad de desarrollo. El riesgo no es la independencia, sino el aislamiento emocional y la verg&uuml;enza&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El acrónimo suena duro, pero se trata de permitir una consecuencia segura y adecuada a la edad en lugar de una intervención constante</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gaby González</span>
                                        <span>—</span> madre
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando Gaby Gonz&aacute;lez se convirti&oacute; en madre y se incorpor&oacute; a grupos con otros ni&ntilde;os peque&ntilde;os, observ&oacute; diferentes estilos entre las dem&aacute;s madres: &ldquo;Hay madres helic&oacute;ptero y otras que intervienen cada dos minutos&rdquo;. La crianza Fafo le atrajo: &ldquo;El acr&oacute;nimo suena duro, pero se trata de permitir una consecuencia segura y adecuada a la edad en lugar de una intervenci&oacute;n constante&rdquo;. Dada la corta edad de sus hijos, son consecuencias a peque&ntilde;a escala. Si su hijo de tres a&ntilde;os quiere saltar en un charco en el parque, Gonz&aacute;lez le deja, aunque eso signifique quitarle la ropa mojada en el coche de camino a casa. &ldquo;Tenemos una charla sencilla. Le pregunto: 'Oh, &iquest;qu&eacute; ha pasado? Tienes fr&iacute;o. &iquest;Por qu&eacute; tienes fr&iacute;o?'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gonz&aacute;lez, de 41 a&ntilde;os, es de Los &Aacute;ngeles y fue criada por padres mexicanos: &ldquo;Al estilo Fafo, ahora que lo pienso&rdquo;. A los 12 a&ntilde;os, se esperaba que contribuyera al negocio familiar, y a los 13, mientras viv&iacute;a en M&eacute;xico durante un tiempo, aprendi&oacute; a conducir, sent&aacute;ndose sobre cojines para poder ver. &ldquo;Ten&iacute;a a mi padre all&iacute; para apoyarme, porque ten&iacute;a una din&aacute;mica clara y segura con ellos, [pero] nunca experiment&eacute; una 'crianza suave' con ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gonz&aacute;lez vive ahora en Reino Unido y est&aacute; creando una comunidad <em>online </em>de madres. Cree que la f&oacute;rmula Fafo est&aacute; tardando en despegar all&iacute;. &ldquo;La gente es m&aacute;s cautelosa&rdquo;, afirma. &ldquo;En cambio, en Estados Unidos y otros lugares de Europa, veo que la gente lo acepta&rdquo;. Es un estilo que, espera, dar&aacute; forma a: &ldquo;Los hijos que quiero criar, y no quiero que sean malcriados. Necesito asegurarme de que [mi hijo] sea un ciudadano del mundo estupendo y productivo, que sea inclusivo, cosmopolita y abierto a nuevas experiencias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a argumentar que ese es un objetivo bastante universal de la crianza de los hijos, igualmente importante en la crianza respetuosa, solo que se ha malinterpretado. &ldquo;Lo que mucha gente ha practicado bajo el pretexto de la 'crianza respetuosa' es, en realidad, una crianza permisiva, centrada en el ni&ntilde;o y de alta intensidad, que presta muy poca atenci&oacute;n a los l&iacute;mites, el poder o el contexto de los adultos&rdquo;, afirma Svanberg. &ldquo;Muchos padres han encontrado esto incre&iacute;blemente abrumador porque, cuando los ni&ntilde;os no tienen l&iacute;mites claros ni expectativas, y los padres est&aacute;n estresados al m&aacute;ximo por la falta de apoyo, los ni&ntilde;os tienden a intensificar su comportamiento. Fafo se opone a la idea de que los padres deben evitar todo malestar o angustia. El riesgo es que se pase de una implicaci&oacute;n excesiva a una falta de respuesta, e incluso a un alejamiento punitivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El extremo permisivo de la crianza respetuosa corre el riesgo de criar ni&ntilde;os &ldquo;desagradables&rdquo;? &ldquo;Por supuesto&rdquo;, afirma Gonz&aacute;lez con una sonrisa. Lo ha observado en su carrera como especialista en primera infancia. &ldquo;Si no se cuenta con las herramientas y los conocimientos adecuados, puede resultar contraproducente. Los ni&ntilde;os prosperan con reglas, orientaci&oacute;n y l&iacute;mites claros. Esa es mi opini&oacute;n&rdquo;. El estilo Fafo, afirma, no es &ldquo;una crianza sin l&iacute;mites&rdquo;. &ldquo;Hay que asegurarse de saber en qu&eacute; consiste y actuar con seguridad&rdquo;. Tampoco es una crianza para perezosos: tal y como Gonz&aacute;lez describe su enfoque, parece tan laboriosa como la crianza suave o respetuosa, ya sea ayudando al ni&ntilde;o a comprender las consecuencias de sus actos o recogiendo los platos rotos cuando las cosas le salen mal.
    </p><p class="article-text">
        Algunos ejemplos t&iacute;picos de Fafo que han surgido en Internet incluyen renunciar a la batalla para que un ni&ntilde;o se ponga el abrigo y dejar que pase fr&iacute;o, o dejar que se vaya a la cama con hambre si se niega a cenar. Escenarios como estos no parecer&aacute;n tan extraordinarios para cualquiera que haya crecido en el siglo pasado, pero es el tipo de l&iacute;nea divisoria que se ha abierto, especialmente en las redes sociales, entre padres en cada extremo. Las discusiones sobre los estilos de crianza, dice Lee, &ldquo;ahora est&aacute;n muy ligadas a la expresi&oacute;n de la identidad&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Algunos ejemplos típicos de Fafo que han surgido en Internet incluyen renunciar a la batalla para que un niño se ponga el abrigo y dejar que pase frío, o dejar que se vaya a la cama con hambre si se niega a cenar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La idea de los &ldquo;estilos de crianza&rdquo; surgi&oacute; en la d&eacute;cada de 1960, con los tres tipos identificados por la psic&oacute;loga e investigadora estadounidense Diana Baumrind: autoritario, permisivo y, tomando lo mejor de ambos, autoritativo. &ldquo;[Baumrind] intentaba encontrar una salida a los conflictos que estaban surgiendo entre una visi&oacute;n tradicionalista de las relaciones entre generaciones y todas las cosas que empezaban a caracterizar a los a&ntilde;os 60&rdquo;, afirma Lee. La crianza autoritativa &mdash;que muchos padres y madres 'suaves' y Fafo dir&iacute;an que practican&mdash; &ldquo;tiene, en esencia, una combinaci&oacute;n de lo que ella denomina calidez y exigencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Requiere un sentido de autoridad adulta o parental, lo que a su vez exige una clara distinci&oacute;n entre adultos y ni&ntilde;os. &ldquo;Lo que ha ocurrido con el tiempo es que toda la frontera entre la edad adulta y la infancia se ha fragmentado mucho&rdquo;, afirma Lee. En t&eacute;rminos generales, la infancia ya no es lo que era: el tiempo de los ni&ntilde;os est&aacute; regimentado y lleno de actividades impuestas por sus padres; carecen de espacios f&iacute;sicos para jugar; est&aacute;n expuestos a los medios de comunicaci&oacute;n para adultos y son sometidos a pruebas acad&eacute;micas implacables en la escuela, pero tampoco lo es la edad adulta. Los hijos adultos permanecen en casa durante m&aacute;s tiempo, la vivienda es inasequible y los puestos de trabajo son inestables. A esto hay que a&ntilde;adir el ruido generalizado de Internet y los mensajes contradictorios, as&iacute; como la polarizaci&oacute;n de todo, incluida la crianza de los hijos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente est&aacute; tratando de resolverlo de una manera bastante individualizada&rdquo;, dice Lee. &ldquo;Oscilan entre mensajes que les dicen que deben prestar una atenci&oacute;n intensa y continua a cada uno de los sentimientos que tiene su hijo sobre cualquier cosa, y mensajes que les dicen que dejen a su hijo en paz. Creo que ambas cosas son horribles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hay una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica en cada una de ellas? Como dice el art&iacute;culo de The Wall Street Journal: &ldquo;El paradigma de los padres indulgentes frente a los padres Fafo no es exactamente lo mismo que el de los ni&ntilde;os copo de nieve frente a los ni&ntilde;os Maga, pero hay un aire parecido&rdquo;. Lee opina que &ldquo;puede que haya algo de eso&rdquo;. El t&eacute;rmino Fafo tiene un matiz de derecha: en las redes sociales, es m&aacute;s probable que se utilice no en un contexto de crianza, sino en publicaciones que aprueban las acciones del ICE en Estados Unidos. Hay una dimensi&oacute;n general &ldquo;anti-woke&rdquo; en &ldquo;algunas de las reacciones a la crianza suave&rdquo;, dice Lee. &ldquo;No ser&iacute;a de extra&ntilde;ar que se haya vinculado a una guerra cultural&rdquo;. (Para que conste, Gonz&aacute;lez definitivamente no se describir&iacute;a a s&iacute; misma como de derechas).
    </p><p class="article-text">
        Pero Lee a&ntilde;ade que es dif&iacute;cil hacer afirmaciones generales sobre la crianza de los hijos y la inclinaci&oacute;n pol&iacute;tica. F&iacute;jese en el debate sobre la vacunaci&oacute;n en Estados Unidos, se&ntilde;ala. El secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., cr&iacute;tico con las vacunas, ha recortado las vacunas infantiles rutinarias. &ldquo;Se podr&iacute;a pensar que eso forma parte del trumpismo y del MAGA, pero tiene un gran atractivo entre las llamadas madres <em>crunchy </em>[que favorecen un estilo de vida natural], las madres apegadas y el mundo de la medicina alternativa. Es bastante dif&iacute;cil relacionar la pol&iacute;tica con algunos de estos fen&oacute;menos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si hay una reacci&oacute;n contra la crianza respetuosa, no es nada nuevo. Han pasado casi 30 a&ntilde;os desde que la soci&oacute;loga Sharon Hays escribi&oacute; <em>The Cultural Contradictions of Motherhood</em> (<em>Las contradicciones culturales de la maternidad</em>) sobre la intensificaci&oacute;n de la crianza de los hijos, que recae principalmente en las madres. &ldquo;Ha habido un aumento de las exigencias que dicen a las madres, en particular, que tienen que pasar m&aacute;s tiempo con sus hijos, porque si no, los van a estropear y la sociedad va a fracasar&rdquo;, afirma Lee.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que la popularidad de Fafo nos dice menos sobre si los padres se est&aacute;n volviendo m&aacute;s estrictos o m&aacute;s relajados, y m&aacute;s sobre lo poco apoyadas que est&aacute;n las familias&rdquo;, afirma Svanberg. &ldquo;Cuando los consejos sobre la crianza de los hijos oscilan entre extremos, a menudo reflejan un fallo estructural: muy poca comunidad, muy poco descanso, demasiada presi&oacute;n sobre los padres individualmente para que lo hagan 'bien'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La crianza Fafo es solo la &uacute;ltima moda en llamar la atenci&oacute;n en Internet. &ldquo;Luego ser&aacute; otra cosa, pero ser&aacute; otra forma de lo mismo&rdquo;, afirma Lee. Por supuesto, ya hay indicios de ello. Al navegar por TikTok, descubr&iacute; un estilo de crianza que no est&aacute; dirigido a los ni&ntilde;os y en el que se aplican consecuencias por las acciones, pero sin la humillaci&oacute;n o la postura de &ldquo;te lo dije&rdquo; que algunos padres parecen disfrutar en Internet. &iquest;Su nombre? Gentle Fafo [Fafo suave].
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emine Saner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/auge-formula-fafo-llegado-crianza-respetuosa_1_13026919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 21:18:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El auge de la fórmula Fafo: ¿ha llegado el fin de la "crianza respetuosa"?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,Padres,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La presión invisible de los niños que se exigen demasiado: "Nos preocupamos cuando lloró por sacar un ocho"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/presion-invisible-ninos-exigen-preocupamos-lloro-sacar-ocho_1_13015821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/496330a1-b542-412f-9afa-de11ee64ecd7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La presión invisible de los niños que se exigen demasiado: &quot;Nos preocupamos cuando lloró por sacar un ocho&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cumplen, se esfuerzan y rara vez dan problemas. Sin embargo, algunos niños viven con una autoimposición constante por hacerlo todo bien. Especialistas explican cómo detectar esa autoexigencia y acompañarla sin convertir el esfuerzo en una carga</p><p class="subtitle">Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El ni&ntilde;o no es un proyecto de persona, es una persona&rdquo;, escribi&oacute; el pedagogo Janusz Korczak. Sin embargo, en el imaginario colectivo el malestar infantil suele asociarse a conflictos visibles: rabietas, desobediencia o bajo rendimiento. Existe, no obstante, otra manifestaci&oacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de detectar. Son menores que cumplen con lo esperado, que parecen adaptados y resolutivos, pero que sostienen internamente un nivel de autoexigencia dif&iacute;cil de percibir.
    </p><p class="article-text">
        Esta forma de funcionamiento puede pasar desapercibida durante a&ntilde;os porque no interrumpe la din&aacute;mica familiar ni escolar. Precisamente por eso resulta m&aacute;s compleja de identificar. Al no generar conflictos abiertos, muchas veces se interpreta como un rasgo positivo del car&aacute;cter y no como una posible se&ntilde;al de alerta. Solo cuando esa presi&oacute;n empieza a pasar factura en el bienestar del ni&ntilde;o, algunas familias se preguntan si detr&aacute;s de ese comportamiento ejemplar puede haber algo m&aacute;s. No siempre resulta f&aacute;cil ponerle nombre a esa inquietud cuando, en apariencia, todo funciona como se espera.
    </p><p class="article-text">
        Esa exigencia, adem&aacute;s, no aparece de la nada. El informe divulgativo del <a href="https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/entornosSaludables/escuela/estudioHBSC/2022/docs/HBSC2022_DivulgativoEstudio.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estudio HBSC 2022</a> en Espa&ntilde;a, publicado por el Ministerio de Sanidad en 2025, muestra que casi un tercio del alumnado de entre 11 y 18 a&ntilde;os confirma sentirse muy agobiado por el trabajo escolar. El aumento se produce pronto, especialmente en el paso de Primaria a Secundaria, y tiende a intensificarse con la edad. En este contexto, algunos menores no expresan el malestar con conflictos visibles: lo canalizan hacia dentro, intentando hacerlo todo perfecto y evitando fallar.
    </p><p class="article-text">
        Con frecuencia, ese nivel de autoexigencia aparece en perfiles que, desde fuera, parecen mod&eacute;licos. &ldquo;Siempre fue muy responsable. No ten&iacute;amos que recordarle nada, y si algo sal&iacute;a regular, se enfadaba consigo mismo&rdquo;, comparte Bel&eacute;n, 42 a&ntilde;os, madre de Mat&iacute;as, de nueve. &ldquo;Pens&aacute;bamos que simplemente era perfeccionista. La primera vez que nos preocupamos fue cuando empez&oacute; a llorar por sacar un ocho en un examen&rdquo;, cuenta. Y a&ntilde;ade que no era un sentimiento de tristeza: &ldquo;Era como si sintiera que hab&iacute;a fallado como persona o que nos hab&iacute;a fallado a nosotros&rdquo;, detalla. Con el tiempo, la familia empez&oacute; a ver que esa reacci&oacute;n iba m&aacute;s all&aacute; de la simple presi&oacute;n escolar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pensábamos que simplemente era perfeccionista. La primera vez que nos preocupamos fue cuando empezó a llorar por sacar un ocho en un examen</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Belén</span>
                                        <span>—</span> madre de un niño de nueve años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Una incomodidad que suele pasar inadvertida</h2><p class="article-text">
        La psiquiatra Ana G&aacute;lvez Andr&eacute;s, colaboradora en el centro menteAmente, advierte que mantener durante a&ntilde;os un nivel alto de exigencia puede tener consecuencias en el desarrollo emocional. En el contexto social actual, explica, priman valores como la competitividad o la productividad. &ldquo;Una educaci&oacute;n centrada en el rendimiento o los resultados impide que algunos ni&ntilde;os disfruten del proceso de aprendizaje y sientan que no son queridos por lo que son, sino &uacute;nicamente por lo que consiguen&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        En otras ocasiones, dice la psiquiatra, &ldquo;la hiperresponsabilidad puede nacer de que los adultos se apoyan emocionalmente en el ni&ntilde;o, invirti&eacute;ndose los roles de cuidado&rdquo;. A este fen&oacute;meno, apunta, se le denomina parentalizaci&oacute;n emocional del menor.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explica la experta, otra clase de parentalizaci&oacute;n es la instrumental, en la que el ni&ntilde;o tiene que hacerse cargo de tareas dom&eacute;sticas que no corresponden a su edad. &ldquo;Este ser&iacute;a el caso de los denominados &lsquo;ni&ntilde;os de la llave&rsquo;: menores que llevan la llave de casa colgada al cuello o en la mochila, regresando solos del colegio&rdquo;, describe.
    </p><p class="article-text">
        G&aacute;lvez aclara que las se&ntilde;ales que pueden indicar que un ni&ntilde;o muy responsable est&aacute; sometido a una presi&oacute;n excesiva aparecen en distintos planos. Y alerta de que &ldquo;aunque suelen ser ni&ntilde;os que pasan desapercibidos o incluso son reforzados positivamente por tener un comportamiento modelo&rdquo;, pueden estar sosteniendo un nivel de tensi&oacute;n interna elevado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Una educación centrada en el rendimiento o los resultados impide que algunos niños disfruten del proceso de aprendizaje y sientan que no son queridos por lo que son, sino únicamente por lo que consiguen</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana Gálvez Andrés</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Menciona posibles dificultades para conciliar el sue&ntilde;o, pesadillas o miedos nocturnos exacerbados; preocupaciones intensas en relaci&oacute;n con problemas del entorno; un inter&eacute;s excesivo por el estado emocional de los dem&aacute;s, asumiendo responsabilidades que no le corresponden; el deseo de sacar notas perfectas con poca tolerancia a los errores o fracasos; una actitud hipermadura que da la impresi&oacute;n de ser mayor de lo que es y la inhibici&oacute;n de actividades propias de la infancia, como jugar con otros ni&ntilde;os de su edad.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a lo que ocurre cuando esta din&aacute;mica de autoexigencia se mantiene en el tiempo, la especialista explica que son ni&ntilde;os que pueden expresar sentimientos de soledad, culpa e insuficiencia, adem&aacute;s de mantenerse en un estado de alerta y estr&eacute;s persistente.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra revela adem&aacute;s que ese estado de tensi&oacute;n mantenido puede dificultar que el menor identifique y exprese sus propias necesidades emocionales: &ldquo;En ocasiones, no saben identificar sus propias emociones, necesidades y deseos, anteponen el bienestar de los dem&aacute;s al suyo propio y pueden tener dificultades para pedir ayuda&rdquo;, confirma.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, indica, la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os desarrolla recursos y capacidad de adaptaci&oacute;n incluso en contextos desfavorables. &ldquo;No obstante, si la hiperresponsabilidad excesiva y mantenida en el tiempo se suma a otros factores de riesgo biopsicosociales, pueden aparecer trastornos de ansiedad y depresi&oacute;n ya en la infancia&rdquo;, declara G&aacute;lvez.
    </p><h2 class="article-text">Por qu&eacute; algunos ni&ntilde;os cargan con m&aacute;s de la cuenta</h2><p class="article-text">
        En otros casos, la sobrecarga emocional se hace visible de forma m&aacute;s gradual. &ldquo;Estaba pendiente de todo: de que su hermano hiciera los deberes, de que en casa no hubiera discusiones, de que nadie se enfadara con ella&rdquo;, explica Borja, 44 a&ntilde;os, padre de Mara, de 11. &ldquo;No daba problemas, pero viv&iacute;a en tensi&oacute;n&rdquo;, comenta. &ldquo;Cuando le dec&iacute;amos &lsquo;no pasa nada&rsquo;, asent&iacute;a, pero se le notaba que no consegu&iacute;a relajarse&rdquo;, refiere. Con el tiempo empezaron a entender que esa aparente madurez ten&iacute;a un coste que hasta entonces hab&iacute;a pasado desapercibido.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga cl&iacute;nica Elena Anto&ntilde;ano Nieto se&ntilde;ala que la autoexigencia no siempre es problem&aacute;tica. &ldquo;Cuando dicha exigencia deja de ser una herramienta positiva para el desarrollo y se convierte en disfuncional conviene revisar qu&eacute; la est&aacute; respaldando&rdquo;, resalta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los estilos de crianza autoritarios y rígidos, con el refuerzo centrado casi exclusivamente en el logro, pueden empujar a los niños hacia el perfeccionismo como vía para sentirse valorados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n a c&oacute;mo se configura este patr&oacute;n en algunos menores, expone que uno de los factores m&aacute;s relevantes son los estilos de crianza autoritarios y r&iacute;gidos, en los que el refuerzo centrado casi exclusivamente en el logro puede empujar a los ni&ntilde;os hacia el perfeccionismo como v&iacute;a para sentirse valorados. La profesional a&ntilde;ade que, en este proceso, el valor personal del ni&ntilde;o puede quedar vinculado a expectativas adultas muy elevadas.
    </p><p class="article-text">
        Anto&ntilde;ano manifiesta tambi&eacute;n la necesidad de centrar la atenci&oacute;n en el proceso, el bienestar emocional y el esfuerzo, evitando otorgar un peso excesivo al resultado final: &ldquo;Debemos normalizar el error para que los ni&ntilde;os puedan vivirlo como una parte natural del aprendizaje&rdquo;. Y subraya la importancia de que el peque&ntilde;o se sienta valorado por quien es y no por lo que logra.
    </p><p class="article-text">
        Mirar m&aacute;s all&aacute; del comportamiento ejemplar implica preguntarse c&oacute;mo se siente ese ni&ntilde;o cuando nadie lo est&aacute; evaluando. El reto no pasa por reducir sus capacidades ni por frenar su compromiso, sino por asegurar que pueda crecer sin un miedo constante a fallar. Educar en este contexto tambi&eacute;n supone dejar espacio a la imperfecci&oacute;n y recordarles, con hechos, que su valor no depende de hacerlo todo correctamente. Porque detr&aacute;s de muchos comportamientos impecables puede esconderse una presi&oacute;n que merece ser observada de cerca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/presion-invisible-ninos-exigen-preocupamos-lloro-sacar-ocho_1_13015821.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Feb 2026 21:20:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La presión invisible de los niños que se exigen demasiado: "Nos preocupamos cuando lloró por sacar un ocho"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,Padres,Madres,Bienestar,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Cuando brillan las manzanas', la historia de las mujeres que por "honor" se vieron obligadas a abandonar a sus hijos en el orfanato Fraisoro de Gipuzkoa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/brillan-manzanas-historia-mujeres-honor-vieron-obligadas-abandonar-hijos-orfanato-fraisoro-gipuzkoa_1_13010304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97a24b60-51ea-4d71-9a67-adabbec0496d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Cuando brillan las manzanas&#039;, la historia de las mujeres que por &quot;honor&quot; se vieron obligadas a abandonar a sus hijos en el orfanato Fraisoro de Gipuzkoa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La última novela de la periodista y escritora Rosa Díez-Urrestarazu narra algunas de las trágicas historias que ocurrían en la Casa Cuna de Fraisoro en las que, por mucho tiempo que pase, las madres nunca olvidan a los hijos que tuvieron que abandonar por la doble moral de la sociedad de la época </p><p class="subtitle">Rosa Díez-Urrestarazu, periodista y escritora: “La historia olvida a las mujeres anónimas que salieron adelante solas en la Guerra Civil”
</p></div><p class="article-text">
        La Casa Cuna de Fraisoro, en Zizurkil, fue un centro tutelado por la&nbsp;Diputaci&oacute;n Foral de Gipuzkoa&nbsp;que entre el 1903 y el 1994 acogi&oacute; a m&aacute;s de 12.000 ni&ntilde;os abandonados y a sus madres, que por no perder el &ldquo;honor&rdquo; al ser&nbsp;madres solteras o por motivos econ&oacute;micos optaban por dar a sus beb&eacute;s en adopci&oacute;n. El centro se cre&oacute; debido al gran n&uacute;mero de ni&ntilde;os abandonados que mor&iacute;an en la zona durante el siglo XIX. Con la creaci&oacute;n de Fraisoro, los &iacute;ndices de mortalidad de los ni&ntilde;os abandonados disminuyeron hasta alcanzar el 1%, siendo un centro de referencia en Espa&ntilde;a. Muchas de estas mujeres, cuando se quedaban embarazadas sin esperarlo o desearlo, se ausentaban por un tiempo de sus pueblos y ciudades para ocultar su embarazo y permanec&iacute;an en Fraisoro hasta que nac&iacute;a el beb&eacute;, para despu&eacute;s volver a su vida cotidiana. 'Cuando brillan las manzanas', la &uacute;ltima novela de la periodista y escritora Rosa D&iacute;ez- Urrestarazu, narra algunas de esas tr&aacute;gicas historias en las que, por mucho tiempo que pase, las madres nunca olvidan a los hijos que tuvieron que abandonar por la doble moral de la sociedad de la &eacute;poca. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando era peque&ntilde;a, siempre me llam&oacute; la atenci&oacute;n el hecho de que cuando escuchaba la palabra Fraisoro, siempre era entre susurros. Los adultos bajaban la voz, como queriendo ocultar algo. Por eso empec&eacute; a indagar hasta que termin&eacute; contando historias reales de mujeres que pasaron por all&iacute;&rdquo;, reconoce la periodista y escritora a este peri&oacute;dico. As&iacute;, en su novela se entrelazan las historias de Alejandra, Luciana y Jimena, tres mujeres de estratos sociales diferentes que se ven obligadas a abandonar a sus hijos en el centro guipuzcoano. &ldquo;He escogido a mujeres distintas porque considero que el dolor que pasaron las mujeres en Fraisoro no entiende de dinero ni de estratos sociales. El sufrimiento de tener que abandonar a un hijo es algo que iguala a todo el mundo&rdquo;, lamenta. 
    </p><p class="article-text">
        Para poder crear la novela, la periodista se ha documentado a trav&eacute;s de archivos, biblioteca y fotograf&iacute;as, pero tambi&eacute;n se ha reunido con la familia de Jes&uacute;s Alustiza, la familia del &uacute;ltimo pediatra que pas&oacute; por Fraisoro. Alustiza atendi&oacute; a pr&aacute;acticamente la mitad de las madres y ni&ntilde;os que pasaron por Fraisoro en toda su historia. Durante su paso por el centro se ocup&oacute; de entre 1.500 y 2.000 partos y cuid&oacute; de 6.000 ni&ntilde;os acogidos. En 1930 introdujo la vacunaci&oacute;n antituberculosa en la Casa Cuna. Aquellas fueron las primeras vacunaciones antituberculosas en Gipuzkoa junto con las realizadas a otros ni&ntilde;os en Donostia. Por iniciativa suya, en 1931, la&nbsp;Diputaci&oacute;n de Gipuzkoa&nbsp;concedi&oacute; un sueldo temporal de dos a&ntilde;os a las madres que no abandonaban a sus hijos, con lo que disminuy&oacute; el n&uacute;mero de abandonos. Adem&aacute;s, junto con otros directores de inclusas y casas cuna, era partidario de la identificaci&oacute;n paternal del ni&ntilde;o abandonado que facilitar&iacute;a ayuda a la madre y al ni&ntilde;o, pero no fructific&oacute; esta medida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El trato que las mujeres recibieron en aquel centro era muy bueno. Aunque hay casos de mujeres que cuentan historias aterradoras. Quedar embarazada en aquella &eacute;poca era un deshonor y, adem&aacute;s, ese hijo quedaba marcado. Ellas daban a luz en Fraisoro porque estaban aterradas. No se ve&iacute;an capaces de sacar adelante a un hijo solas con 20 a&ntilde;os y las familias lo consideraban algo muy negativo, aunque el ni&ntilde;o fuera del novio de la chica. Lo que me llama la atenci&oacute;n es que muchas de ellas, por mucho que hagan su vida y sigan adelante, tras el paso del tiempo buscan conocer a ese hijo o hija que abandonaron. El pasado vuelve a ellas&rdquo;, explica D&iacute;ez-Urrestarazu. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las cuestiones que la periodista y escritora busca destacar con la novela es que, lejos de la imagen de &ldquo;mujer sucia y pecadora&rdquo; que en la &eacute;poca sosten&iacute;an que pasaban por centros como el de Fraisoro, tanto en su novela como en la realidad, las mujeres que por all&iacute; pasaban eran de todo tipo. &ldquo;Se suele tener una imagen l&uacute;gubre, oscura y sucia de estas mujeres o estos centros, pero lo cierto es que se trataba de una instituci&oacute;n reglada por la Diputaci&oacute;n de Gipuzkoa, con un consejo rector y con el mismo equipo m&eacute;dico y sanitario que se pod&iacute;a encontrar en una cl&iacute;nica privada. Las mujeres que daban a luz, lo hac&iacute;an en condiciones &oacute;ptimas y hab&iacute;a mujeres de todo tipo, tambi&eacute;n de clases altas&rdquo;, detalla. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en 2014, la Sociedad de Ciencias Aranzadi elabor&iacute; un informe en 2014 que apunta que la Diputaci&oacute;n de Gipuzkoa respet&oacute; &ldquo;con rigor&rdquo; los requisitos legales de cada momento en los procesos de adopci&oacute;n de menores entre 1940 y 1990, de manera que descarta posibles &ldquo;irregularidades&rdquo;. El documento sostiene que la mitad de los menores abandonados en Fraisoro fueron devueltos tiempo despu&eacute;s a sus familias biol&oacute;gicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la presentaci&oacute;n de la novela en distintos lugares y a trav&eacute;s de las redes sociales, familiares de personas que pasaron por Fraisoro e incluso alguno de los beb&eacute;s nacidos all&iacute;, se han puesto en contacto con la periodista, identificados con la historia, dispuestos a contarle la suya. &ldquo;Est&aacute; siendo algo muy gratificante y a la vez muy duro. Hay muchas mujeres que morir&aacute;n sin saber qu&eacute; pas&oacute; con el hijo que tuvieron que abandonar en Fraisoro. Y muchos hijos que no saben qui&eacute;nes fueron sus padres biol&oacute;gicos. Se habla de ni&ntilde;os robados, pero hay muchos centros como el que hubo en Gipuzkoa, que dio una segunda oportunidad a miles de ni&ntilde;os, pero supuso un cap&iacute;tulo terrible para todas esas mujeres. Lo que busco con la novela es que se conozca esta realidad silenciada&rdquo;, sentencia la escritora y periodista. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maialen Ferreira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/brillan-manzanas-historia-mujeres-honor-vieron-obligadas-abandonar-hijos-orfanato-fraisoro-gipuzkoa_1_13010304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 20:45:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Cuando brillan las manzanas', la historia de las mujeres que por "honor" se vieron obligadas a abandonar a sus hijos en el orfanato Fraisoro de Gipuzkoa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Gipuzkoa,Niños,Menores,Novela,Cultura,Libros,Madres,Mujer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Educar en tiempos de pantallas y respuestas inmediatas: cómo acompañar a los niños en lo que los padres aún no controlamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/educar-tiempos-pantallas-respuestas-inmediatas-acompanar-ninos-padres-no-controlamos_129_12981463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4da50b2e-e423-49d2-868c-7edcbd08f377_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Educar en tiempos de pantallas y respuestas inmediatas: cómo acompañar a los niños en lo que los padres aún no controlamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchas preguntas infantiles ya no pasan por la conversación doméstica: se resuelven en una pantalla</p><p class="subtitle">Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”</p></div><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, el acceso al conocimiento ha estado mediado por las personas adultas del entorno cercano. Padres, madres y docentes explic&aacute;bamos, filtr&aacute;bamos, traduc&iacute;amos el mundo. No siempre bien, no siempre completo, pero desde un lugar reconocible. Hoy, ese esquema se ha movido. Muchas preguntas infantiles ya no pasan por la conversaci&oacute;n dom&eacute;stica: se resuelven en una pantalla. Una criatura puede averiguar qui&eacute;n fue Marie Curie, c&oacute;mo funciona un volc&aacute;n o qu&eacute; es la ansiedad con solo teclear una frase o escuchar una voz que responde sin cansancio ni espera.
    </p><p class="article-text">
        A esta convivencia con una fuente de informaci&oacute;n siempre disponible todav&iacute;a le estamos poniendo nombre. Sabemos que no se trata de demonizar las pantallas &mdash;ese discurso est&aacute; agotado&mdash;, pero tampoco sirve el elogio ingenuo del acceso ilimitado al conocimiento. Estamos ante algo m&aacute;s profundo: la p&eacute;rdida del monopolio parental sobre el relato. La tecnolog&iacute;a no solo informa; interpreta. Ordena, prioriza, decide qu&eacute; aparece primero y qu&eacute; se pierde tras dos segundos de <em>scroll</em>. Su autoridad no proviene de su verdad, sino de su disponibilidad y velocidad.
    </p><p class="article-text">
        Este cambio no siempre se percibe como una transformaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, sino como una sensaci&oacute;n &iacute;ntima y, a veces, inc&oacute;moda: la de no llegar a tiempo. La de descubrir que una conversaci&oacute;n importante ya ha empezado sin nosotros. No es una p&eacute;rdida de autoridad en el sentido cl&aacute;sico, sino un desplazamiento m&aacute;s sutil: seguimos ah&iacute;, pero entramos m&aacute;s tarde, cuando el proceso ya est&aacute; en marcha. En muchos casos, la educaci&oacute;n digital ocurre sin gesto humano, sin tono de voz ni matiz emocional.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La tecnología no solo informa; interpreta. Ordena, prioriza, decide qué aparece primero y qué se pierde tras dos segundos de &#039;scroll&#039;. Su autoridad no proviene de su verdad, sino de su disponibilidad y velocidad.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La alfabetizaci&oacute;n actual ya no se limita a leer y escribir: incluye aprender a orientarse en medio de flujos de informaci&oacute;n constantes, contradictorios y, a veces, abrumadores.<strong> </strong>Ni&ntilde;os y adolescentes acceden a contenidos complejos &mdash;salud mental, relaciones afectivas, sexualidad, consumo&mdash; con una rapidez que ninguna conversaci&oacute;n dom&eacute;stica puede igualar. En muchas casas, los deberes ya no son una mesa despejada, un cuaderno y una pregunta lanzada al aire. Son un ordenador encendido, varias pesta&ntilde;as abiertas, un v&iacute;deo explicativo, una consulta a la IA. Hay ni&ntilde;os que llegan a casa, encienden la <em>tablet</em> y avanzan solos durante un buen rato. No porque no necesiten ayuda, sino porque han aprendido que el primer paso es buscar. La persona adulta entra despu&eacute;s, para revisar, para poner orden, para saber si han entendido lo que acaban de hacer. Otras veces no entra. Y no siempre eso es un problema. Para algunas familias, este modo de trabajar alivia: menos dependencia, m&aacute;s autonom&iacute;a. Para otras, desconcierta: cuesta saber qu&eacute; se ha aprendido de verdad, qu&eacute; se ha copiado, qu&eacute; se ha entendido a medias.<strong> </strong>La escena no es id&eacute;ntica en todas las casas, pero el desplazamiento es com&uacute;n: el aprendizaje empieza sin nosotros, aunque no necesariamente termina sin nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto obliga a revisar qu&eacute; entendemos hoy por educar en casa. Si antes consist&iacute;a, en gran medida, en transmitir lo que una sab&iacute;a, ahora implica algo distinto: aprender a acompa&ntilde;ar lo que una todav&iacute;a no sabe. La autoridad basada en el conocimiento se debilita, y la basada en el v&iacute;nculo gana peso. No porque sepamos menos, sino porque ya no somos los &uacute;nicos que saben.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; aparece un desajuste generacional que no siempre sabemos nombrar. Muchas personas adultas fuimos educadas para producir verdades: saber era poder y equivocarse era fallar. En cambio, nuestras hijas e hijos crecen en un entorno donde las respuestas abundan y el criterio escasea. Pueden encontrar miles de explicaciones; lo dif&iacute;cil es aprender cu&aacute;les merecen confianza.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todo esto obliga a revisar qué entendemos hoy por educar en casa. Si antes consistía, en gran medida, en transmitir lo que una sabía, ahora implica algo distinto: aprender a acompañar lo que una todavía no sabe</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La crianza en la era digital no consiste en controlarlo todo &mdash;eso es imposible&mdash; ni en mirar hacia otro lado &mdash;eso s&iacute; tiene consecuencias&mdash;. Quiz&aacute; la &uacute;nica v&iacute;a posible sea una m&aacute;s fr&aacute;gil y exigente: la conversaci&oacute;n. No como serm&oacute;n, sino como pr&aacute;ctica cotidiana. Si un ni&ntilde;o aprende a preguntarse qui&eacute;n publica un v&iacute;deo, qu&eacute; inter&eacute;s hay detr&aacute;s de un clic o de d&oacute;nde sale un dato, ya est&aacute; entrenando el m&uacute;sculo que la inteligencia artificial todav&iacute;a no tiene: la duda reflexiva.
    </p><p class="article-text">
        Para llegar ah&iacute; hay que aceptar una verdad inc&oacute;moda: que la tecnolog&iacute;a educa con nosotros. No despu&eacute;s, no contra, no a pesar. Est&aacute; disponible cuando nosotros no estamos disponibles. Es paciente cuando vamos justos de tiempo y no exige reciprocidad emocional. Y eso, en el d&iacute;a a d&iacute;a, pesa. A diferencia de un padre, una pantalla no se frustra. A diferencia de una madre, no siente culpa. Es muy f&aacute;cil confundir esa disponibilidad constante con la autoridad, pero detr&aacute;s no hay &eacute;tica ni biograf&iacute;a, sino patrones estad&iacute;sticos. La tecnolog&iacute;a no educa peor; educa sin cuerpo, sin memoria, sin contradicci&oacute;n. Y criar, como vivir, tiene mucho que ver con aprender a convivir con la contradicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En ese escenario, la familia conserva, quiz&aacute; m&aacute;s que nunca, un papel insustituible. No como fuente principal de datos, sino como espacio donde el dato se vuelve experiencia. Un v&iacute;deo explica qu&eacute; es el <em>bullying</em>; un profesor puede contar c&oacute;mo fue vivirlo o presenciarlo. Una IA describe la depresi&oacute;n; una madre puede hablar de un d&iacute;a en el que levantarse de la cama result&oacute; imposible. Ese traspaso no se encuentra en un tutorial. El reto no es competir con el algoritmo, sino ocupar el terreno que no puede replicar: el de la vulnerabilidad. El de decir &laquo;no s&eacute;, pero lo vemos juntos&raquo;. El de sostener el silencio cuando no existe la respuesta inmediata. Pensar m&aacute;s lento, pero m&aacute;s profundo. Compartir contenidos con nuestras hijas e hijos abre el di&aacute;logo. Preguntar qu&eacute; piensan ellos antes de decir qu&eacute; pensamos nosotros desarma evidencias prefabricadas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Igual que no evaluamos la alimentación solo por la cantidad, sino por los nutrientes, la tecnología no debería evaluarse únicamente por duración, sino por calidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conviene asumir que la educaci&oacute;n tecnol&oacute;gica no se mide solo en minutos. El problema no es cuesti&oacute;n de tiempo de pantalla, sino de lo que ocurre en ese tiempo. Una hora viendo c&oacute;mo construir un cohete casero no equivale a una hora deslizando contenido dise&ntilde;ado para retener atenci&oacute;n.<strong> </strong>Igual que no evaluamos la alimentaci&oacute;n solo por la cantidad, sino por los nutrientes, la tecnolog&iacute;a no deber&iacute;a evaluarse &uacute;nicamente por duraci&oacute;n, sino por calidad.
    </p><p class="article-text">
        No hay recetas cerradas; como mucho, una orientaci&oacute;n clara: m&aacute;s acompa&ntilde;amiento y menos delegaci&oacute;n; m&aacute;s conversaci&oacute;n y menos instrucci&oacute;n. La tecnolog&iacute;a seguir&aacute; ah&iacute;, cada vez m&aacute;s integrada. El desaf&iacute;o no es expulsarla, sino domesticarla. Convertirla en herramienta y no en tutor.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; nuestros hijos recuerden menos lo que les explicamos y m&aacute;s la manera en que pensamos junto a ellos. No se trata de transmitir certezas, sino de ofrecer un m&eacute;todo para sobrevivir al exceso de ellas. Un algoritmo puede responder en un segundo, pero necesita que alguien &mdash;un padre, una madre, una maestra, un adulto que le cuide&mdash; ense&ntilde;e a un ni&ntilde;o a preguntarse por qu&eacute; esa respuesta merece ser cre&iacute;da.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/educar-tiempos-pantallas-respuestas-inmediatas-acompanar-ninos-padres-no-controlamos_129_12981463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 21:22:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Educar en tiempos de pantallas y respuestas inmediatas: cómo acompañar a los niños en lo que los padres aún no controlamos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,Adolescentes,Padres,Madres,Tecnología,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Jugamos al aire libre, pero no hay pediatra y necesitamos coche para todo”: así es criar en entornos rurales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/jugamos-aire-libre-no-hay-pediatra-necesitamos-coche-criar-entornos-rurales_1_12971025.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2357841-db1f-424f-b7c6-8867163e4c86_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136041.jpg" width="4277" height="2406" alt="“Jugamos al aire libre, pero no hay pediatra y necesitamos coche para todo”: así es criar en entornos rurales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo se organizan las familias que viven en zonas rurales o pueblos pequeños? ¿Existen diferencias entre las personas que han nacido allí y quienes se mudan desde la ciudad? Familias y expertas explican las ventajas e inconvenientes de criar en el ámbito rural</p><p class="subtitle">Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Para m&iacute; tiene muchas m&aacute;s ventajas criar en el rural que en una ciudad. Aqu&iacute; nos cuidamos todas a todos. No s&eacute; si esto es as&iacute; o si es mi visi&oacute;n condicionada porque a m&iacute; me gusta esto y es donde he vivido siempre&rdquo;. As&iacute; empieza su reflexi&oacute;n Eva Rodr&iacute;guez, ganadera en Cesuras (A Coru&ntilde;a) y madre monomarental de una ni&ntilde;a de 11 a&ntilde;os. &ldquo;Al estar yo sola con mi hija, necesito much&iacute;sima m&aacute;s ayuda para poder conciliar, pero tengo la suerte de tener apoyo tanto a nivel de familia extensa como con otras amigas y vecinas. Y al contrario de lo que se pueda pensar, ser ganadera me da much&iacute;sima flexibilidad, porque aunque los animales marcan los horarios, he conseguido montar un sistema en el que si falto un rato, no pasa nada&rdquo;, explica Rodr&iacute;guez, responsable de la granja de leche ecol&oacute;gica <a href="https://www.campogalego.es/granxa-ameixeira-paso-de-intensivo-ecologico-y-proyecto-para-comercializacion-directa-de-la-leche/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ameixeira</a>.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <a href="https://www.mapa.gob.es/es/dam/jcr:e4eeb732-aa4d-43af-ad55-2d722c7b7960/Resumen%201.1.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos</a> del padr&oacute;n municipal del INE y del Ministerio de Agricultura, m&aacute;s de siete millones y medio de personas viven en municipios considerados rurales &mdash;con menos de 30.000 habitantes y una densidad inferior a 100 habitantes por km2&mdash;. Esto supone aproximadamente un 15,5% de la poblaci&oacute;n total en Espa&ntilde;a. El INE apunta tambi&eacute;n que la poblaci&oacute;n rural ha aumentado en nuestro pa&iacute;s en los &uacute;ltimos siete a&ntilde;os, debido fundamentalmente a la llegada de nuevos residentes.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Ruralidades distintas y ambivalentes</h2><p class="article-text">
        Las fuentes consultadas para este reportaje coinciden en se&ntilde;alar que, para hablar del entorno rural, hay que hacerlo necesariamente en plural, abarcando realidades muy diferentes. As&iacute; lo explica Rosa Otero, psic&oacute;loga general sanitaria del proyecto <a href="https://enlamatriz.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En La Matriz</a> y residente en Cabranes, un concejo de Asturias con poco m&aacute;s de 1.000 habitantes en censo. &ldquo;Hablar de &lsquo;lo rural&rsquo; en singular es simplificar una realidad que es mucho m&aacute;s diversa. No es lo mismo criar en una aldea de Soria que hacerlo en las Alpujarras o en determinadas zonas de Asturias. El grado de aislamiento, la distancia a n&uacute;cleos urbanos con servicios, la llegada de nuevas familias o la presencia de turismo son factores que moderan de manera directa c&oacute;mo se vive la crianza en el contexto rural. Adem&aacute;s, la vivencia de cada persona situada en un n&uacute;cleo rural es muy diversa&rdquo;, aclara Otero.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El grado de aislamiento, la distancia a núcleos urbanos con servicios, la llegada de nuevas familias o la presencia de turismo son factores que moderan de manera directa cómo se vive la crianza en el contexto rural</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Rosa Otero</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Un criterio en el que coincide la tambi&eacute;n asturiana Elena Plaza, periodista especializada en proyectos de desarrollo rural y reto demogr&aacute;fico: &ldquo;Existen diferentes tipolog&iacute;as en lo rural; hay muchas ruralidades diferentes y cada territorio tiene sus particularidades. Aqu&iacute; en Asturias, por ejemplo, hay poblaciones dispersas, concejos y cabeceras de comarca o villas donde est&aacute; la concentraci&oacute;n de servicios. Tambi&eacute;n hay zonas periurbanas, cercanas a las grandes ciudades, y espacios m&aacute;s perif&eacute;ricos, m&aacute;s alejados de las ciudades. Eso marca mucho las ventajas y desventajas de los diferentes territorios&rdquo;, expone.
    </p><p class="article-text">
        Plaza vive con dos adolescentes en la zona rural de Oviedo, a cinco kil&oacute;metros de la ciudad. &ldquo;Las zonas rurales o zonas no masificadas dan ventajas por ejemplo en las crianzas con apego o crianzas alternativas. Las relaciones sociales aqu&iacute; permiten a &lsquo;la guajada&rsquo; [los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as] aprender de sus iguales y se dan aprendizajes intergeneracionales. Tienen espacio para aburrirse e inventar y mucho m&aacute;s contacto con la naturaleza&rdquo;, explica. Y pone un ejemplo reciente: &ldquo;Este fin de semana mi hijo se fue al pueblo de la familia de un amigo y volvi&oacute; contando que fueron al bosque, estuvieron picando le&ntilde;a, con el ganado. En las ciudades todo esto se pierde&rdquo;, reflexiona Elena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ganadera gallega Eva Rodr&iacute;guez tambi&eacute;n cree que vivir en una granja en medio del campo aporta beneficios a su familia: &ldquo;La naturaleza y los animales son un parque enorme, para los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as criarse as&iacute; es una pasada. Adem&aacute;s, creo que aqu&iacute; hay m&aacute;s solidaridad entre vecinos, m&aacute;s tranquilidad para vivir&rdquo;, expone. Ejemplo de esto para ella fue su forma de organizarse durante la pandemia: &ldquo;Aunque fue dura, como para todo el mundo, nosotros pod&iacute;amos salir al aire libre a diario y casi no ten&iacute;amos que utilizar mascarillas porque no nos encontr&aacute;bamos con nadie&rdquo;, explica. Pero tambi&eacute;n se&ntilde;ala algunos inconvenientes, que tienen que ver sobre todo con la carencia de servicios p&uacute;blicos y con las distancias: &ldquo;Tenemos colegio, pero no instituto, y para ir al pediatra tenemos que desplazarnos a otro ayuntamiento o incluso al hospital provincial. Tampoco tenemos matrona, nos falta un servicio de continuidad&rdquo;, reconoce. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Tienes que disponer de coche privado, porque transporte p&uacute;blico tampoco hay, y muchas veces hay que desplazarse a la ciudad para encontrar cosas que no tenemos aqu&iacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las relaciones sociales aquí permiten a ‘la guajada’ [los niños y niñas] aprender de sus iguales y se dan aprendizajes intergeneracionales. Tienen espacio para aburrirse e inventar y mucho más contacto con la naturaleza</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elena Plaza</span>
                                        <span>—</span> periodista especializada en desarrollo rural y reto demográfico
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para Elena Plaza, las principales limitaciones tambi&eacute;n se relacionan con los servicios de educaci&oacute;n y sanitarios, a los que ella a&ntilde;ade un tercer elemento: &ldquo;La falta de oferta de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninos-hiperocupados-poner-limite-extraescolares-espera-sigan-ritmo-propio-adultos_1_12681996.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">actividades extraescolares</a> penaliza sobre todo a las madres &mdash;que somos las que nos seguimos encargando m&aacute;s de las tareas de cuidado&mdash;; incide en la falta de medidas de conciliaci&oacute;n&rdquo;. Sin embargo, esto puede compensarse con las &ldquo;redes extensas de cuidados&rdquo;, tanto con circuitos alternativos como sus &ldquo;matrifocos&rdquo;, espacios de reuni&oacute;n para madres donde se comparten cuidados y charlas, como a trav&eacute;s de apoyo mutuo en el vecindario: &ldquo;Siempre hay la t&iacute;pica vecina que te echa un cable cuando lo necesitas y se queda con los cr&iacute;os si tienes que ir a hacer la compra&rdquo;, asegura.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Familias neorrurales y &ldquo;de toda la vida&rdquo;</h2><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Rosa Otero pone sobre la mesa un fen&oacute;meno en auge: el de las familias que se van al campo o al pueblo desde una ciudad y conviven con las vecinas &ldquo;de toda la vida&rdquo;. &ldquo;Conviene tener en cuenta a la hora de analizar estas realidades el fen&oacute;meno del neorruralismo: familias procedentes de grandes ciudades que deciden asentarse en el medio rural. En algunos territorios este proceso se integra con relativa facilidad y genera comunidad; en otros, no tanto&rdquo;, explica Otero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para ella, es clave huir de visiones idealizadas o estereotipadas de la vida en el campo. Aunque existen ventajas &ldquo;evidentes&rdquo;, como el contacto con la naturaleza o la libertad de movimientos, &ldquo;vivir en el rural tambi&eacute;n tiene sus l&iacute;mites&rdquo;. &ldquo;En comunidades peque&ntilde;as la privacidad es menor y la informaci&oacute;n circula r&aacute;pido. El acceso a recursos y servicios no siempre es sencillo y, en determinadas zonas, las inclemencias meteorol&oacute;gicas pueden implicar periodos de aislamiento real. Esto, cuando eres una persona adulta y aut&oacute;noma, puede parecer sencillo de gestionar, pero cuando tienes una criatura con fiebre de madrugada y el hospital m&aacute;s cercano est&aacute; a m&aacute;s de media hora, cambia la perspectiva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otero a&ntilde;ade algunas otras variables a tener en cuenta, como la gesti&oacute;n del tiempo o el aislamiento: &ldquo;La vida rural suele exigir dedicar muchas horas a tareas b&aacute;sicas de mantenimiento &mdash;cortar le&ntilde;a, cuidar la huerta, arreglar la casa&mdash; y eso afecta, inevitablemente, al tiempo disponible para compartir con las criaturas. A esto se suma una carga mental y emocional que no siempre se ve. El aislamiento no pesa igual en todas las etapas: en momentos como el posparto, los primeros a&ntilde;os de crianza o la adolescencia, el contexto rural puede amplificar tanto el sost&eacute;n como la soledad. Cuando hay comunidad, el acompa&ntilde;amiento puede ser muy profundo; cuando no la hay, la sensaci&oacute;n de estar sola puede intensificarse&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        La familia de Abel es un ejemplo claro de habitantes &ldquo;neorrurales&rdquo;. &Eacute;l es padre de dos ni&ntilde;os peque&ntilde;os, y junto a su expareja abandonaron Madrid hace ya cinco a&ntilde;os &ldquo;escapando de la vida acelerada&rdquo; de la gran ciudad. Ahora Abel vive en un peque&ntilde;o pueblo de &Aacute;vila. &ldquo;Nos mudamos en 2020 para estar m&aacute;s presentes en la crianza, porque ve&iacute;amos que el ritmo de la gran ciudad no nos permit&iacute;a disfrutar con los ni&ntilde;os. Personalmente, yo no quer&iacute;a ser un padre ausente, quer&iacute;a estar presente con mis hijos. As&iacute; que nos fuimos buscando la calma pero nos movimos por varios pueblos hasta encontrar un lugar adecuado&rdquo;, cuenta. Al principio no les result&oacute; f&aacute;cil: no encontraban su sitio y la pareja termin&oacute; separ&aacute;ndose. &ldquo;Tampoco es todo precioso, no nos vamos a enga&ntilde;ar. Ahora nos organizamos como podemos con los ni&ntilde;os. Su madre y yo nos llevamos bien pero vivimos en pueblos distintos y eso complica un poco la log&iacute;stica&rdquo;, explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La familia de Esther tambi&eacute;n se asent&oacute; en el medio rural procedente de un &aacute;mbito urbano; en su caso, de una ciudad m&aacute;s peque&ntilde;a, Ciudad Real, a una localidad de la misma provincia, Pic&oacute;n, que no llega a los 700 habitantes. &ldquo;Vivimos en mitad del campo literalmente, estamos solas, no hay casas alrededor&rdquo;, explica Esther. Ella misma se hace una pregunta a la que responde a continuaci&oacute;n: &ldquo;&iquest;Es todo perfecto? Ni mucho menos&rdquo;, reflexiona esta madre de cuatro criaturas en una familia &ldquo;no normativa&rdquo;. &ldquo;Nuestras hijes van al colegio a la ciudad, ya que aunque en el pueblo hay escuelita, no coincid&iacute;a con nuestros valores. Nosotras somos veganas y todas las decisiones que tomamos en la vida tienen una parte pol&iacute;tica y de activismo, de hecho nuestra forma de vivir lo es&rdquo;, asegura. Ella afirma que no se ha sentido especialmente juzgada por aplicar m&eacute;todos de crianza alternativos,&nbsp;&ldquo;aunque siempre seremos forasteras&rdquo;, comenta entre risas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchas familias valoran que criar en el rural les permite sostener proyectos de vida más coherentes con sus valores, aunque eso implique asumir retos adicionales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jose Herrero</span>
                                        <span>—</span> portavoz de la cooperativa de salud COS
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Jose Herrero es portavoz de la Cooperativa de Salud COS, un proyecto catal&aacute;n que, entre otras iniciativas, trata de impulsar un programa sobre crianza y tribu en &aacute;mbitos rurales. Herrero explica que &ldquo;muchas familias valoran que criar en el rural les permite sostener proyectos de vida m&aacute;s coherentes con sus valores, aunque eso implique asumir retos adicionales&rdquo;. Esos retos, seg&uacute;n &eacute;l, pasan por &ldquo;generar espacios de encuentro, confianza y aprendizaje compartido entre familias que viven en territorios rurales o remotos&rdquo;. &ldquo;Nos interesa especialmente pensar en la importancia de favorecer din&aacute;micas en red, crear sensaci&oacute;n de tribu, aunque sea mediada por la tecnolog&iacute;a, y fortalecer la capacidad de agencia de las familias en la gesti&oacute;n cotidiana de la crianza y la salud&rdquo;, asegura Herrero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es en este &uacute;ltimo &aacute;mbito, el sanitario, donde inciden muchas de las medidas de su cooperativa, una de las carencias que coinciden en se&ntilde;alar las madres y padres que participan en este reportaje. Un ejemplo concreto: las formaciones en primeros auxilios. &ldquo;Muchas familias quieren contar con unos m&iacute;nimos conocimientos y recursos para saber c&oacute;mo actuar ante situaciones cotidianas: primeros auxilios, gesti&oacute;n de fiebre, accidentes dom&eacute;sticos, lactancia, etc. Por eso hay mucho inter&eacute;s en talleres de primeros auxilios en pueblos donde el hospital m&aacute;s cercano est&aacute; a m&aacute;s de una hora&rdquo;, asegura Herrero.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Apenas tenemos propuestas de ocio para los niños ni para los mayores. Y tampoco servicios: no tenemos ni pediatra ni urgencias, necesitamos el coche para todo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Nadia</span>
                                        <span>—</span> madre de tres niñas
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde un peque&ntilde;o pueblo en la provincia de Almer&iacute;a, Nadia, madre de tres hijas, separada, reconoce que su situaci&oacute;n criando sola &ldquo;tiene pocas ventajas&rdquo;. En 2012, ella y sus hijas huyeron de Siria por la guerra, pasaron por Emiratos &Aacute;rabes y finalmente acabaron en Almer&iacute;a, de donde Nadia y su madre son originarias. La vuelta al pueblo le ha simplificado la vida, seg&uacute;n reconoce: &ldquo;Mi madre vive cerca, que es la que m&aacute;s me ayuda, y tambi&eacute;n algunas amigas. Aqu&iacute; nos conocemos todos, as&iacute; que si llego tarde al trabajo o al colegio puedo avisar y me echan una mano&rdquo;, asegura. Tambi&eacute;n encuentra algunas ventajas en la autonom&iacute;a de las ni&ntilde;as: &ldquo;La mayor, de 14 a&ntilde;os, ya puede ir sola al colegio o a la tienda&rdquo;. En cuanto a carencias, nota que en el pueblo hay &ldquo;poca vida&rdquo;. &ldquo;Apenas tenemos propuestas de ocio para los ni&ntilde;os ni para los mayores. Y tampoco servicios: no tenemos ni pediatra ni urgencias, necesitamos el coche para todo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga perinatal Rosa Otero sostiene que es importante saber reconocer las ventajas y las limitaciones de los entornos rurales para evitar caer en idealizaciones que, a la larga, pueden generar frustraci&oacute;n. &ldquo;Desde la salud mental es importante considerar esta ambivalencia. El rural puede ser profundamente enriquecedor y, al mismo tiempo, exigente. Ambas cosas conviven. Entenderlo as&iacute; permite una mirada m&aacute;s realista, menos idealizada, donde el bienestar no depende solo del lugar en el que se cr&iacute;a, sino de c&oacute;mo se entrelazan las condiciones externas con los recursos personales y relacionales de cada familia&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/jugamos-aire-libre-no-hay-pediatra-necesitamos-coche-criar-entornos-rurales_1_12971025.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 21:03:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Jugamos al aire libre, pero no hay pediatra y necesitamos coche para todo”: así es criar en entornos rurales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Pueblos,Niños,Adolescentes,Padres,Madres,familias,Desarrollo rural,Despoblación rural,Medio rural,Zonas rurales,familia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Iratxe López, psicóloga: “Hablar con un adolescente implica escuchar más y corregir menos”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/iratxe-lopez-psicologa-hablar-adolescente-implica-escuchar-corregir-xp_1_12954801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98c31b04-ddaf-4661-a0d7-94a126d65b58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Iratxe López, psicóloga: “Hablar con un adolescente implica escuchar más y corregir menos”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una de las principales preocupaciones que muestran las familias es que “su hijo se muestra distante”, pero según esta psicóloga, en la mayoría de los casos el problema había empezado mucho antes</p><p class="subtitle">Cuando estar rodeado de gente no es suficiente para no sentirnos solos: “Compartimos espacios pero no vínculos profundos”
</p></div><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os de la adolescencia traen consigo cambios significativos que afectan a nuestra forma de pensar, de sentir y de interactuar con el mundo. Tambi&eacute;n con los padres. Cada adolescente es &uacute;nico y, por tanto, es fundamental ver esta etapa como un periodo de transformaci&oacute;n que puede beneficiarse enormemente de la orientaci&oacute;n, la paciencia y el apoyo positivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El paso de ni&ntilde;o a adulto implica, a nivel psicol&oacute;gico, &ldquo;la necesidad de separarse progresivamente de los padres para construir una identidad propia&rdquo;, afirma Iratxe L&oacute;pez, psic&oacute;loga y directora del <a href="https://iratxelopezpsicologia.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centro de Psicolog&iacute;a Iratxe L&oacute;pez</a>. Durante esta fase, el adolescente est&aacute; atravesando una de las etapas m&aacute;s transformadoras de su vida. Son a&ntilde;os marcados por importantes cambios f&iacute;sicos, emocionales y psicol&oacute;gicos que pueden resultar confusos o incluso abrumadores, tanto para los adolescentes como para sus padres.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; le pasa a nuestro hijo adolescente</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Empiezan a cuestionar, a discrepar y a explorar qui&eacute;n es m&aacute;s all&aacute; de la familia. Aparecen opiniones propias, gustos distintos, una mayor importancia del grupo de iguales y una necesidad clara de autonom&iacute;a&rdquo;, explica L&oacute;pez. Todo esto, aunque cueste de llevar, es normal y necesario para que haya un desarrollo sano, forma parte de una fase evolutiva en la que es f&aacute;cil tener que hacer frente al &ldquo;conflicto, la distancia emocional o el choque con la autoridad, que indican que el adolescente est&aacute; intentando diferenciarse&rdquo;, reconoce L&oacute;pez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta etapa, la especialista habla m&aacute;s de una transformaci&oacute;n que no de una rotura. Y &ldquo;acompa&ntilde;ar este cambio sin invadir y sin desentenderse es clave para que el adolescente pueda desarrollarse con seguridad emocional y para mantener, en un futuro, una relaci&oacute;n sana con sus figuras de referencia&rdquo;, afirma L&oacute;pez.
    </p><h2 class="article-text">Un trabajo que empieza en la infancia</h2><p class="article-text">
        Si somos un poco observadores, habremos visto que, cuanto m&aacute;s presionamos a un adolescente, m&aacute;s se ponen a la defensiva y se obstinan. Se vuelven reactivos, con ataques explosivos o cerr&aacute;ndose e ignor&aacute;ndonos. &iquest;Qu&eacute; podemos hacer ante esta actitud? Gran parte del trabajo lo tendremos que haber hecho mucho tiempo atr&aacute;s, cuando todav&iacute;a eran ni&ntilde;os. &ldquo;Desde nuestra experiencia trabajando con familias, uno de los aspectos m&aacute;s importantes es revisar c&oacute;mo se ha hablado con ese hijo antes de la adolescencia&rdquo;, reconoce L&oacute;pez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una buena comunicaci&oacute;n presente en todo el proceso de crecimiento de un ni&ntilde;o permite que este &ldquo;haya crecido sintiendo que lo que piensa, siente y le interesa tiene valor. Si no ha sido as&iacute;, es dif&iacute;cil que en la adolescencia aparezca de forma espont&aacute;nea una comunicaci&oacute;n fluida&rdquo;, admite L&oacute;pez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con esto por delante, la experta da algunos consejos m&aacute;s para tener una relaci&oacute;n m&aacute;s amable con nuestro hijo adolescente:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Evitar la invalidaci&oacute;n emocional: &iquest;qu&eacute; significa esto? No hacer comentarios del tipo &ldquo;no es para tanto&rdquo;, &ldquo;est&aacute;s exagerando&rdquo; o &ldquo;yo estoy peor que t&uacute;&rdquo;. Estas frases suelen ser muy comunes y, a pesar de que no se dicen con mala intenci&oacute;n, s&iacute; hacen que &ldquo;el ni&ntilde;o aprenda que expresar lo que siente no sirve o no es bien recibido&rdquo;, reconoce L&oacute;pez. En muchos casos, cuando un adolescente no habla es porque &ldquo;ha aprendido que hacerlo no es seguro&rdquo;.</li>
                                    <li>Escuchar m&aacute;s y corregir menos: &ldquo;muchas veces basta con estar disponibles, mostrar inter&eacute;s real por su mundo y sostener conversaciones sin interrogatorios ni juicios&rdquo;, admite L&oacute;pez, y aceptar que &ldquo;habr&aacute; momentos de silencio y distancia&rdquo;.&nbsp;</li>
                                    <li>No forzar la comunicaci&oacute;n: si la forzamos, podemos conseguir justo todo lo contrario, es decir, que a&uacute;n se distancie m&aacute;s. &ldquo;La confianza se construye con paciencia, coherencia y respeto, no con presi&oacute;n&rdquo;, advierte L&oacute;pez. Y, si el adolescente se siente respetado, la comunicaci&oacute;n aparecer&aacute; de forma natural.</li>
                                    <li>Mantener una jerarqu&iacute;a clara para que el sistema familiar funcione: la relaci&oacute;n entre padres e hijos &ldquo;no es equilibrada en t&eacute;rminos de poder o responsabilidad&rdquo;, aclara L&oacute;pez, ya que &ldquo;los adultos tienen la responsabilidad, la autoridad y la funci&oacute;n de sostener el marco, mientras que los hijos ocupan otro lugar. Por tanto, en una familia sana debe existir una jerarqu&iacute;a clara&rdquo;. Cuando esto no es as&iacute;, y esta jerarqu&iacute;a queda borrosa y se intercambian los papeles, &ldquo;esto genera mucha inseguridad en los adolescentes&rdquo;, explica L&oacute;pez.</li>
                                    <li>Priorizar la idea de la coherencia por la de ser estrictos: en cuanto a si es necesario ser m&aacute;s o menos estrictos, L&oacute;pez habla m&aacute;s bien de coherencia porque &ldquo;un l&iacute;mite solo es &uacute;til si se mantiene en el tiempo&rdquo;. De nada sirve poner normas que despu&eacute;s se van a retirar, por cansancio o por no querer entrar en conflicto. Seg&uacute;n L&oacute;pez, &ldquo;esta incoherencia debilita la autoridad y confunde al adolescente&rdquo;.</li>
                                    <li>Adoptar l&iacute;mites que se adapten al momento y evitar la rigidez: para la especialista, &ldquo;no tiene sentido mantener las mismas normas a los 12 a&ntilde;os que a los 16 si el adolescente est&aacute; mostrando responsabilidad. Si hay conductas de riesgo o dificultades claras, es l&oacute;gico ajustar los l&iacute;mites de otra manera&rdquo;.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Una de las principales preocupaciones, y tambi&eacute;n errores, que muestran las familias desde la experiencia de L&oacute;pez, es que &ldquo;su hijo adolescente &lsquo;no habla&rsquo; y se muestra distante&rdquo;. Un problema que, en la mayor&iacute;a de los casos, no empieza en esta etapa, sino que lo que hace es &ldquo;amplificar din&aacute;micas que ya estaban presentes mucho antes&rdquo;, reconoce la psic&oacute;loga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;amos antes, si durante la infancia no ha habido esta comunicaci&oacute;n emocional ni inter&eacute;s por lo que le interesa al ni&ntilde;o, es dif&iacute;cil que durante la adolescencia esto se solucione. &ldquo;La comunicaci&oacute;n con un adolescente no se construye de la noche a la ma&ntilde;ana&rdquo;, reconoce L&oacute;pez.
    </p><p class="article-text">
        No servir&aacute; de nada acercarnos a &eacute;l si lo hacemos desde &ldquo;el control o la exigencia&rdquo;, uno de los errores que m&aacute;s se cometen. Si solo nos interesamos para controlar, corregir o supervisar, esto genera m&aacute;s rechazo. &ldquo;El adolescente percibe r&aacute;pidamente cu&aacute;ndo una pregunta nace del inter&eacute;s genuino y cu&aacute;ndo tiene como objetivo fiscalizar su comportamiento&rdquo;, reconoce L&oacute;pez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/iratxe-lopez-psicologa-hablar-adolescente-implica-escuchar-corregir-xp_1_12954801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 09:07:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Iratxe López, psicóloga: “Hablar con un adolescente implica escuchar más y corregir menos”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salud,Psicología,Adolescentes,Padres,Madres,familias,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/microbatallas-diarias-desgastan-padres-e-hijos-no-ducha-si-cansancio-acumulado_1_12943631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf08f39f-27a9-4c41-a442-303bae2a0579_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En muchas familias, el desgaste no viene de grandes conflictos, sino de pequeñas fricciones constantes. Aparecen en las rutinas y se acumulan hasta marcar la convivencia. ¿Por qué estas tiranteces cotidianas pesan más de lo que parece?</p><p class="subtitle">El caso de Brooklyn Beckham o cómo se está rompiendo el estigma de los hijos que cortan la relación con sus padres</p></div><p class="article-text">
        Son las ocho y media de la tarde y aunque Andrea (41 a&ntilde;os) ya ha pedido en dos ocasiones a su hijo de ocho a&ntilde;os que vaya a la ducha, &eacute;l vuelve a pedir m&aacute;s tiempo. La mujer insiste que es tarde y ma&ntilde;ana hay colegio. La conversaci&oacute;n sube de tono sin que ninguno de los dos tenga claro en qu&eacute; instante dej&oacute; de ser un h&aacute;bito para ser algo inc&oacute;modo. &ldquo;No es la ducha en s&iacute;&rdquo;, comenta ella, &ldquo;es el cansancio acumulado y la sensaci&oacute;n de estar todo el d&iacute;a negociando&rdquo;. Para su hijo, solo era cuesti&oacute;n de unos minutos m&aacute;s; para ella, era el en&eacute;simo recordatorio de lo dif&iacute;cil que puede ser sostener el d&iacute;a a d&iacute;a sin que todo acabe en choque.
    </p><h2 class="article-text">Momentos del d&iacute;a donde todo se atasca</h2><p class="article-text">
        A lo largo de las jornadas, estas microbatallas adoptan formas distintas, pero comparten una sensaci&oacute;n com&uacute;n de bloqueo: una secuencia m&iacute;nima que acaba ocup&aacute;ndolo todo. En algunos hogares, la tensi&oacute;n aparece en cuanto todos se sientan a la mesa. Es lo que ocurre en la familia de Estela, de 38 a&ntilde;os, madre de una ni&ntilde;a de seis. Lo que lo complica es todo lo que ocurre alrededor: levantarse, retrasar, repetir. &ldquo;Empiezo tranquila, con paciencia, pero muchas veces acabo alzando la voz, cuando ya no encuentro la manera de reconducir la situaci&oacute;n&rdquo;, afirma. Al d&iacute;a siguiente, la escena suele repetirse.
    </p><p class="article-text">
        Para otros n&uacute;cleos familiares, el punto de fricci&oacute;n no est&aacute; en empezar, sino en terminar. En el caso de David, 39 a&ntilde;os y padre de un ni&ntilde;o de nueve, el instante m&aacute;s tenso llega cuando toca apagar la tableta. Aunque marcan tiempos y avisan con antelaci&oacute;n, el final del uso suele acabar en un pulso que se da de nuevo. &ldquo;Lo m&aacute;s agotador es anticipar que cada tarde acabamos en un tira y afloja que ya sabes c&oacute;mo empieza y c&oacute;mo va a acabar&rdquo;, cuenta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo más agotador es anticipar que cada tarde acabamos en un tira y afloja que ya sabes cómo empieza y cómo va a acabar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">David, 39 años</span>
                                        <span>—</span> padre de un niño de nueve
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay roces frecuentes cada d&iacute;a sin importar el contenido. Es el caso de Irene, 44 a&ntilde;os, madre de un ni&ntilde;o de diez, para quien los deberes se han convertido en el principal foco de malestar. Su hijo se bloquea con facilidad y ella intenta ayudar sin intervenir demasiado, pero ese tramo de la jornada suele terminar con ambos frustrados. Como dice, los ejercicios no suelen ser el origen de la tensi&oacute;n: &ldquo;Lo que pesa es c&oacute;mo nos hablamos cuando el hartazgo ya se ha instalado&rdquo;, confirma.
    </p><p class="article-text">
        En muchas familias, el d&iacute;a no se cierra sin una &uacute;ltima negociaci&oacute;n. En casa de Almudena, 36 a&ntilde;os, madre de dos ni&ntilde;os de cuatro y seis a&ntilde;os, la hora de dormir se alarga cada noche. Siempre hay algo pendiente antes de irse a la cama y la incomodidad va creciendo poco a poco. &ldquo;No puedo decir que se trate de problemas serios, sino de una tirantez constante que se va alimentando de la recurrencia diaria&rdquo;, destaca.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; hay detr&aacute;s de estos roces repetidos?</h2><p class="article-text">
        Cuando se discute todos los d&iacute;as por lo mismo (comer, ducharse o acostarse), a nivel emocional suelen confluir varios factores, explica Nerea Larumbe, psic&oacute;loga sanitaria. Uno de los m&aacute;s habituales es la dificultad para diferenciar el mundo adulto del mundo del ni&ntilde;o o del adolescente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas conductas que los adultos viven como provocaci&oacute;n, desobediencia o falta de respeto responden, en realidad, a procesos evolutivos normales: la dificultad para cortar el juego, para hacer transiciones, para tolerar la frustraci&oacute;n o para autorregularse&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que vive Andrea cada noche. No se trata de que su hijo tenga que ir a la ducha, se trata del choque entre su agotamiento f&iacute;sico y mental y la dificultad de su hijo para frenar lo que estaba haciendo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No puedo decir que se trate de problemas serios, sino de una tirantez constante que se va alimentando de la recurrencia diaria</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Almudena, 36 años</span>
                                        <span>—</span> madre de dos niños
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Larumbe se&ntilde;ala que la escena donde el menor no quiere ducharse porque est&aacute; jugando o haciendo otra cosa puede comprenderse, pero si el trasfondo en el adulto es el de &ldquo;no me respetan&rdquo;, &ldquo;nunca me hacen caso&rdquo;, puede resultar dif&iacute;cil de gestionar. &ldquo;Como eso no se revisa ni se regula, el patr&oacute;n tiende a consolidarse casi de forma autom&aacute;tica&rdquo;, asevera.
    </p><p class="article-text">
        En episodios como los de Estela o David, lo que subyace suele aparecer cuando la situaci&oacute;n deja de ser puntual y se convierte en algo c&iacute;clico sin cambios. Para la profesional, cuando eso sucede, cambia la relaci&oacute;n. &ldquo;El adulto deja de estar verdaderamente presente y deja de ver al ni&ntilde;o real que tiene delante; empieza a relacionarse desde lo que esa situaci&oacute;n le despierta internamente. Se instala una sensaci&oacute;n constante de lucha, cansancio y desconexi&oacute;n emocional&rdquo;, indica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es importante elegir las batallas y d&oacute;nde ponemos la energ&iacute;a para que esos hechos no desgasten. Eso permite centrarnos en lo verdaderamente importante: acompa&ntilde;ar la gesti&oacute;n emocional, ayudar en la regulaci&oacute;n y sostener el proceso evolutivo del ni&ntilde;o&rdquo;, refiere.
    </p><p class="article-text">
        Alicia Banderas, psic&oacute;loga y autora de <em>Habla con ellos de pantallas y redes sociales</em> (Lunwerg Editores, 2021), resalta que a menudo a los ni&ntilde;os se les exige rapidez, eficiencia y productividad como si pudiesen adaptarse a las rutinas con los mismos tiempos y expectativas que un adulto. Esto mismo ocurre en familias como la de Irene o Almudena, donde no solo tiene que ver con irse a dormir o hacer sus tareas escolares, sino con la percepci&oacute;n de no llegar nunca a tiempo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchas conductas que los adultos viven como provocación, desobediencia o falta de respeto responden, en realidad, a procesos evolutivos normales: la dificultad para cortar el juego, para hacer transiciones, para tolerar la frustración o para autorregularse</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Nerea Larumbe</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;A menudo no tenemos en cuenta sus necesidades. No nos percatamos de que incorporar rutinas forma parte de un camino de aprendizaje&rdquo;, subraya. Y a&ntilde;ade que ese tipo de pretensiones pueden generar frustraci&oacute;n en el ni&ntilde;o y que esas demandas no siempre deben ser sobre las bases de nuestras expectativas.
    </p><p class="article-text">
        Respecto a las pantallas expresa que a veces los padres las usan como un recurso para poder hacer otras cosas con tranquilidad, y que en ese uso conviven una parte de negociaci&oacute;n con otra que implica establecer l&iacute;mites y ofrecer alternativas, como el juego libre. Es el pulso que describe David cada tarde cuando llega el momento de apagar el dispositivo.
    </p><p class="article-text">
        Puede suceder que el adulto se centre m&aacute;s en imponer el control que en acompa&ntilde;ar la construcci&oacute;n o fomentar aprendizaje en sus hijos, lo que lleva a que el ni&ntilde;o sienta que debe luchar por su autonom&iacute;a mientras el adulto intenta imponer su autoridad.
    </p><p class="article-text">
        Banderas considera que habr&iacute;a que abordar los conflictos desde la empat&iacute;a y no verlo como algo negativo. &ldquo;Lo que fortalece el desarrollo del ni&ntilde;o es la capacidad de reparar esos desajustes en la relaci&oacute;n&rdquo;, recalca. Atendiendo a los l&iacute;mites, que recuerda &ldquo;son important&iacute;simos&rdquo;, admite que se puede flexibilizar. Otra idea que subraya es la importancia de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/importante-ensenar-ninos-decir-no-poner-fronteras-personales-no-les-egoistas_1_12797699.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">respetar el &ldquo;no&rdquo;</a> y el l&iacute;mite de los hijos. &ldquo;Nunca nos han ense&ntilde;ado a ponernos l&iacute;mites a nosotros mismos. Sin embargo, esto lo hacen genuinamente los ni&ntilde;os&rdquo;, remarca. Irene tambi&eacute;n se reconoce en ese aprendizaje: poner l&iacute;mites empieza por uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga un gesto adulto peque&ntilde;o muy actual y normalizado que hoy en d&iacute;a dispara estas tensiones cotidianas es que mientras el ni&ntilde;o est&aacute; hablando al adulto mira el m&oacute;vil. &ldquo;Mirar el m&oacute;vil mientras tu hijo te habla tiene consecuencias a largo plazo. Va acumulando una falta de conexi&oacute;n emocional que acaba escalando muchas microbatallas evitables y favorece que el adolescente, entre otras cosas, se cierre cada vez m&aacute;s al no sentirse escuchado&rdquo;, opina.
    </p><p class="article-text">
        Las fricciones frecuentes no desaparecen por completo, ni se trata de evitarlas todas. Pero cuando dejan de vivirse como una amenaza constante, pierden peso en la din&aacute;mica familiar. En ocasiones no es cuesti&oacute;n de imponerse, sino de reconocer lo que est&aacute; pasando y elegir no convertirlo en otro frente m&aacute;s del d&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/microbatallas-diarias-desgastan-padres-e-hijos-no-ducha-si-cansancio-acumulado_1_12943631.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Jan 2026 20:58:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Padres,Madres,familias,Niños,Adolescentes,Paternidad,Educación]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
