<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - El Bosco]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/el-bosco/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - El Bosco]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1012168" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La exposición que lleva al Bosco a convivir con David Lynch o la IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/exposicion-lleva-bosco-convivir-david-lynch-ia_1_13022843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4615039e-1823-4c4e-853a-cd4b378333f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La exposición que lleva al Bosco a convivir con David Lynch o la IA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La muestra 'A la manera del Bosco', que la Fundación Juan March presenta junto a Solo Contemporary, propone un diálogo entre obras como 'El jardín de las delicias' y problemas del presente como la sobrecarga de información</p><p class="subtitle">Los enigmáticos orígenes del Bosco: quién era antes de convertirse en el pintor del infierno por excelencia</p></div><p class="article-text">
        El cielo o el infierno: representando tanto el para&iacute;so como el abismo en sus paneles laterales, y enmarcando la vida terrenal en el centro, <em>El jard&iacute;n de las delicias</em> del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/enigmaticos-origenes-bosco-convertirse-pintor-infierno-excelencia_1_6144996.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pintor neerland&eacute;s el Bosco</a> ha servido durante d&eacute;cadas para retratar algo desconocido para el ser humano. Nadie sabe qu&eacute; hay m&aacute;s all&aacute; de la muerte, pero <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/bosco-exposicion-prado_1_3982838.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su famosa obra</a> logr&oacute; dar una interpretaci&oacute;n que ya forma parte del imaginario colectivo. Sin embargo, el legado del artista no solo ayuda a dar explicaci&oacute;n a aquello que no conocemos, sino que tambi&eacute;n da luz desde el pasado a lo que nos preocupa en la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Aunque haya 500 a&ntilde;os de distancia, la exposici&oacute;n<em> A la manera del Bosco </em>de la Fundaci&oacute;n Juan March y Solo Contemporary explora el eco del Bosco en el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/ternura-convertir-museos-espacios-amables_1_12739127.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">arte contempor&aacute;neo</a>. Lo hace, adem&aacute;s, enfoc&aacute;ndose en aquello que m&aacute;s nos ata&ntilde;e y dialogando desde la visi&oacute;n que el autor plasm&oacute; en sus cuadros. Si alguien pensaba que<em> El jard&iacute;n de las delicias</em> no ten&iacute;a nada que decir sobre la inteligencia artificial, el artista Mario Klingemann juega con la l&oacute;gica generativa de la IA a trav&eacute;s de la reconocida obra para crear <em>El jard&iacute;n de los detalles ef&iacute;meros</em> (2020). &ldquo;La inteligencia artificial cambia tan r&aacute;pido que este trabajo es prehistoria, la gente ahora lo considerar&iacute;a IA <em>early</em>&rdquo;, cuenta Rebekah Rhodes, responsable de Investigaci&oacute;n de Solo Contemporary, a elDiario.es.
    </p><p class="article-text">
        De esta forma, la muestra presenta una reproducci&oacute;n digital de<em> El jard&iacute;n de las delicias</em> del Bosco que se transforma en tiempo real por un modelo IA, analizando, modificando y restaurando la imagen de manera que el resultado final siempre es diferente ante los ojos del visitante. Es as&iacute; c&oacute;mo el alem&aacute;n Klingemann investiga nuestra relaci&oacute;n con las tecnolog&iacute;as emergentes, y utiliza los datos, los sistemas y el c&oacute;digo como v&iacute;a de expresi&oacute;n. &ldquo;Un pintor utiliza su pincel y pinta. Lo que hace Mario es escribir c&oacute;digo. Ha dise&ntilde;ado todo el conjunto de algoritmos, que son limitados, espec&iacute;ficamente para esta obra&rdquo;, comenta Rebekah Rhodes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a84fd797-e087-476e-bec2-8bbfd8cf3ce6_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a84fd797-e087-476e-bec2-8bbfd8cf3ce6_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a84fd797-e087-476e-bec2-8bbfd8cf3ce6_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a84fd797-e087-476e-bec2-8bbfd8cf3ce6_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a84fd797-e087-476e-bec2-8bbfd8cf3ce6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a84fd797-e087-476e-bec2-8bbfd8cf3ce6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a84fd797-e087-476e-bec2-8bbfd8cf3ce6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra &#039;El jardín de los detalles efímeros&#039; de Mario Klingemann"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;El jardín de los detalles efímeros&#039; de Mario Klingemann                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n directa entre el Bosco y el modelo de IA es la que ha llevado a Klingemann a utilizar esta tecnolog&iacute;a para viajar a trav&eacute;s del cuadro del pintor, como detalla sobre su proyecto: &ldquo;El Bosco combina elementos que nos resultan familiares y crea estos extra&ntilde;os h&iacute;bridos de animales, humanos y plantas. Eso es lo que hace la IA. Establece conexiones a nivel sem&aacute;ntico para crear cosas que nunca antes hab&iacute;amos visto&rdquo;. Rhodes, por su parte, resalta que &ldquo;todas las obras que vemos aqu&iacute; est&aacute;n pensadas para empezar una conversaci&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Mario est&aacute; hablando de eso, de la percepci&oacute;n, de c&oacute;mo va cambiando la tecnolog&iacute;a y de c&oacute;mo nos encontramos en el presente&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La exposici&oacute;n re&uacute;ne el punto en com&uacute;n de utilizar la figura y las m&uacute;ltiples narrativas que ocurren para enfrentarnos al presente y reflexionar sobre qu&eacute; est&aacute; pasando aqu&iacute; y c&oacute;mo debemos comportarnos. Es la misma pregunta que hace El Bosco hace 500 a&ntilde;os&rdquo;, se&ntilde;ala Rebekah Rhodes. Es lo que ocurre en <em>Mundo al rev&eacute;s</em> (2015) de AES+F, un colectivo formado en Mosc&uacute;, donde se puede contemplar un cielo repleto de criaturas h&iacute;bridas, desde perros pulpo con alas de insecto hasta cr&iacute;as de foca con patas palmeadas. La interpretaci&oacute;n de la pintura es una secuencia de v&iacute;deo en la que se producen encuentros extra&ntilde;os que invierten las convenciones sociales. 
    </p><p class="article-text">
        En un momento en el que los bulos y la desinformaci&oacute;n inundan las redes sociales, el Bosco tambi&eacute;n ha dado lugar al trabajo <em>Estudio psicogeogr&aacute;fico 79</em> de Dustin Yellin, una figura construida con recortes de papel encapsulados en cristal, cuyo concepto se emparenta con el arte del pintor neerland&eacute;s. Yellin da vida a una alegor&iacute;a pictogr&aacute;fica, un retrato de la existencia humana en nuestra era, que est&aacute; caracterizada por la sobrecarga de informaci&oacute;n. Este es, no obstante, el cielo de la muestra. Tambi&eacute;n existe el para&iacute;so, con obras distintas a todas las ya mencionadas, pues, al entrar, el visitante debe elegir entre el para&iacute;so y el infierno con el fin de recorrer todos los proyectos
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1c11253b-0b6b-45e4-9c4a-13b28f73834d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1c11253b-0b6b-45e4-9c4a-13b28f73834d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1c11253b-0b6b-45e4-9c4a-13b28f73834d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1c11253b-0b6b-45e4-9c4a-13b28f73834d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1c11253b-0b6b-45e4-9c4a-13b28f73834d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1c11253b-0b6b-45e4-9c4a-13b28f73834d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1c11253b-0b6b-45e4-9c4a-13b28f73834d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La exposición &#039;A la manera del Bosco&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La exposición &#039;A la manera del Bosco&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Hay dos colores, dos rutas, pero realmente cada uno puede explorar el espacio como quiera y cada uno puede entender la colocaci&oacute;n de esas obras como vea conveniente&rdquo;, indica Rhodes. Dentro del infierno destacan dos fotograbados de la serie <em>Distorted Nudes </em>de David Lynch, en el que cuerpos amputados y escenas inquietantes remiten tanto al surrealismo como a los cuerpos transformados del Bosco. De hecho, la obra alude al t&eacute;rmino &ldquo;lynchiano&rdquo;, que se utiliza cuando una escena es sutilmente inquietante y escapa a toda explicaci&oacute;n. La capacidad de los dos artistas llega al subconsciente del visitante para sumergirse en la imaginaci&oacute;n de Lynch entendi&eacute;ndola desde la perspectiva del pintor.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, otro de los trabajos clave de la muestra es <em>Afterlife</em> (2024) de Smack. Este tr&iacute;o art&iacute;stico formado por Ton Meijdam, Thom Snels y B&eacute;la Zsigmond retrata las creencias antiguas, los iconos de la cultura popular y la fascinaci&oacute;n de la humanidad por la inmortalidad. Utiliza animaci&oacute;n por ordenador, motores de videojuegos y herramientas de inteligencia artifical para crear v&iacute;deos y obras de arte generativas. Adem&aacute;s, se representa la identidad <em>online</em>, la sociedad de consumo y el comportamiento de masas, que son temas recurrentes en los mundos alternativos del tr&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        Para Rhodes, &ldquo;estas no son historias cerradas: &rdquo;Por supuesto, en su momento el Bosco y sus seguidores nos presentaban historias muy moralistas, muy de su momento, pero tambi&eacute;n son puntos de empiece de conversaci&oacute;n y eso es lo que se encuentra en la selecci&oacute;n. La peque&ntilde;a selecci&oacute;n de obras invita a cuestionar, a seguir hablando, a tomarse el tiempo de reflexionar, que es importante en una exposici&oacute;n de este formato tan peque&ntilde;o&ldquo;. La exposici&oacute;n podr&aacute; visitarse en la sede madrile&ntilde;a de la Fundaci&oacute;n Juan March entre el 27 de febrero y el 12 de abril, y es el resultado de la colaboraci&oacute;n entre Rebekah Rhodes y Manuel Font&aacute;n del Junco, director de Museos y Exposiciones de la Fundaci&oacute;n Juan March. Servir&aacute; para volver a poner el foco en un artista que, aunque dice mucho del pasado, ahora tambi&eacute;n dialoga sobre el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Gámiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/exposicion-lleva-bosco-convivir-david-lynch-ia_1_13022843.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 14:09:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4615039e-1823-4c4e-853a-cd4b378333f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4664448" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4615039e-1823-4c4e-853a-cd4b378333f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4664448" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La exposición que lleva al Bosco a convivir con David Lynch o la IA]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4615039e-1823-4c4e-853a-cd4b378333f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[El Bosco,Cultura,Arte,Pintura,Inteligencia artificial,David Lynch]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bosquiano: qué significa este término y por qué el Museo del Prado propone a la RAE que lo incluya en el diccionario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/bosquiano-significa-termino-museo-prado-propone-rae-incluya-diccionario-pm_1_12208494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95e33f2c-cdc9-458f-b031-1ec0679b7e51_16-9-discover-aspect-ratio_default_1115349.jpg" width="926" height="521" alt="Bosquiano: qué significa este término y por qué el Museo del Prado propone a la RAE que lo incluya en el diccionario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El museo quiere que se reconozca la genialidad y singularidad del pintor con un adjetivo que sirva para describir todo aquello relacionado con su obra</p><p class="subtitle">Las palabras ‘dana’, ‘espóiler’, 'sérum' y ‘teletrabajo’ entran en el diccionario de la RAE
</p></div><p class="article-text">
        La<a href="https://www.eldiario.es/temas/real-academia-espanola/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Real Academia Espa&ntilde;ola </a>(RAE) se ha rendido al arte de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/tribunal-supremo-confirma-sentencia-previa-retrato-clerigo-atribuido-velazquez-no-podra-vendido-extranjero_1_12035445.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Diego Velazquez</a> y <a href="https://www.eldiario.es/spin/dora-maar-mujer-sombra-picasso-influencia-guernica-pm_1_12203089.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pablo Picasso</a> aceptando t&eacute;rminos en el diccionario como &ldquo;velazque&ntilde;o&rdquo; y &ldquo;picassiano&rdquo;, que hacen referencia a la obra y todo lo relacionado con estos pintores espa&ntilde;oles. Pero el <strong>Museo del Prado</strong> no quiere que el neerland&eacute;s Jheronimus van Aken, conocido popularmente como <strong>El Bosco</strong>, sea menos.
    </p><p class="article-text">
        El museo quiere que se reconozca la genialidad y singularidad del Bosco a trav&eacute;s de la inclusi&oacute;n del<strong> t&eacute;rmino &ldquo;bosquiano&rdquo;</strong> en el diccionario de la lengua espa&ntilde;ola para&nbsp; describir todo aquello relacionado con el pintor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los impulsores de esta petici&oacute;n explican que, si finalmente se acepta, se trata de un<strong> adjetivo de uso com&uacute;n </strong>que se emplear&iacute;a para aludir a todo lo relacionado con este excepcional pintor, considerado como el creador de un singular repertorio de paisajes y personajes, observable en sus obras.&nbsp;
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es" data-conversation="none"><a href="https://twitter.com/X/status/1908093528707621016?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Para que la academia espa&ntilde;ola de la lengua reconozca el t&eacute;rmino &ldquo;bosquiano&rdquo;, el Museo del Prado ha realizado un rastreo de esta palabra, en el que se acredita la menci&oacute;n del t&eacute;rmino <strong>tanto en la literatura hist&oacute;rica como en art&iacute;culos de prensa</strong> y en las redes sociales. Ahora, la decisi&oacute;n est&aacute; en manos de los acad&eacute;micos de la RAE, que tendr&aacute;n que valorar la petici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Museo del Prado viene reivindicando la figura del Bosco con diferentes iniciativas, m&aacute;s all&aacute; de esta propuesta a la RAE para la inclusi&oacute;n del t&eacute;rmino &ldquo;bosquiano&rdquo;. Junto al Kunsthistorisches Museum de Viena, el Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa y el Museum Boijmans Van Beuningen de R&oacute;terdam, se estableci&oacute; el <strong>5 de abril como fecha para difundir su legado</strong>, porque es la primera referencia en la que se tiene constancia de su existencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, durante esa jornada se invit&oacute; a sus seguidores a celebrar el D&iacute;a del Bosco, animando a los usuarios a compartir en redes sociales referencias al t&eacute;rmino &ldquo;bosquiano&rdquo; en textos y art&iacute;culos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>El Museo del Prado, la casa del Bosco</strong></h2><p class="article-text">
        El Museo del Prado alberga la colecci&oacute;n m&aacute;s numerosa del mundo de este artista, entre las que se puede visitar obras maestras como el indescifrable <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/detalles-jardin-delicias-bosco_1_1638678.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El jard&iacute;n de las delicias</a>, la <em>Adoraci&oacute;n de los Magos </em>o el <em>Carro del Heno</em>. En el caso de Lisboa, Viena y Rotterdam custodian obras tan relevantes como <em>Cristo camino del Calvario</em>, <em>Tr&iacute;ptico de las tentaciones de san Antonio Abad </em>y S<em>an Crist&oacute;bal con el Ni&ntilde;o Jes&uacute;s a cuestas</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raquel Sáez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/bosquiano-significa-termino-museo-prado-propone-rae-incluya-diccionario-pm_1_12208494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Apr 2025 06:59:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/95e33f2c-cdc9-458f-b031-1ec0679b7e51_16-9-discover-aspect-ratio_default_1115349.jpg" length="181115" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/95e33f2c-cdc9-458f-b031-1ec0679b7e51_16-9-discover-aspect-ratio_default_1115349.jpg" type="image/jpeg" fileSize="181115" width="926" height="521"/>
      <media:title><![CDATA[Bosquiano: qué significa este término y por qué el Museo del Prado propone a la RAE que lo incluya en el diccionario]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/95e33f2c-cdc9-458f-b031-1ec0679b7e51_16-9-discover-aspect-ratio_default_1115349.jpg" width="926" height="521"/>
      <media:keywords><![CDATA[Pintura,Arte,El Bosco,RAE - Real Academia Española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Bosquianos', la exposición en Albacete en la que 13 artistas de distintas disciplinas rinden homenaje a El Bosco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/bosquianos-exposicion-albacete-13-artistas-distintas-disciplinas-rinden-homenaje-bosco_1_11802153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c03dda26-c196-452e-8b6e-37733fdd0bbe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Bosquianos&#039;, la exposición en Albacete en la que 13 artistas de distintas disciplinas rinden homenaje a El Bosco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se podrá visitar hasta el próximo 8 de diciembre en el Museo Municipal de Albacete y ofrece más de 100 obras</p><p class="subtitle">La Bicha de Balazote, una oveja del siglo XI o un botón milenario: joyas de Albacete en el Museo Arqueológico Nacional
</p></div><p class="article-text">
        El Museo Municipal de albacete acoge hasta el d&iacute;a 8 de diciembre la exposici&oacute;n 'Bosquianos', en la que 13 artistas de diversas disciplinas rinden homenaje a El Bosco. A trav&eacute;s de m&aacute;s de cien obras, Clara Lozano, Fernando L&oacute;pez, Francis Morell, Jos&eacute; Antonio Bernad, Jos&eacute; Luis Serzo, Jos&eacute; Luis Torrente, Mari Luz Avil&eacute;s, Miguel &Aacute;ngel L&oacute;pez, Pablo Alfaro, Pepe Cortijo, Pepe Engu&iacute;danos, Ram&oacute;n Torres y Joan Castej&oacute;n ofrecen su di&aacute;logo propio con la obra del holand&eacute;s, que ha dejado su huella en la historia del arte con obras como 'El Jard&iacute;n de las Delicias', que se puede visitar en el Museo del Prado. 
    </p><p class="article-text">
        El alcalde de Albacete, Manuel Serrano, ha agradecido a los artistas y tambi&eacute;n a los comisarios de esta exposici&oacute;n, Ram&oacute;n Torres y Jos&eacute; Luis Torrente, por su &ldquo;dedicaci&oacute;n y esfuerzo&rdquo;  para una experiencia &uacute;nica y multidisciplinar, asegurando que &ldquo;esta exposici&oacute;n representa un espacio de libertad y de respeto a la diversidad, donde cada artista ha encontrado su forma de dialogar con la obra de El Bosco, sin limitaciones ni t&eacute;cnicas definidas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/537be828-3377-43f4-8e8d-5a80952b335e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/537be828-3377-43f4-8e8d-5a80952b335e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/537be828-3377-43f4-8e8d-5a80952b335e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/537be828-3377-43f4-8e8d-5a80952b335e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/537be828-3377-43f4-8e8d-5a80952b335e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/537be828-3377-43f4-8e8d-5a80952b335e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/537be828-3377-43f4-8e8d-5a80952b335e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;Bosquianos&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;Bosquianos&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Acompa&ntilde;ado por la concejala de Cultura, Elena Serrall&eacute;, y el concejal del Equipo de Gobierno, Carlos Calero, el alcalde ha puesto en valor esta ambiciosa muestra, se&ntilde;alando que &ldquo;es un ejemplo perfecto de c&oacute;mo el arte puede ser un puente entre &eacute;pocas, entre miradas y entre estilos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Manuel Serrano ha destacado la figura de El Bosco, se&ntilde;alando que la influencia de este artista que marc&oacute; una transici&oacute;n entre dos momentos cruciales de la historia del arte, la Edad Media y el Renacimiento, sigue viva en la actualidad, inspirando a creadores contempor&aacute;neos con una diversidad de t&eacute;cnicas y enfoques fascinante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Culturas de Castilla-La Mancha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/bosquianos-exposicion-albacete-13-artistas-distintas-disciplinas-rinden-homenaje-bosco_1_11802153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2024 10:12:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c03dda26-c196-452e-8b6e-37733fdd0bbe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="132413" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c03dda26-c196-452e-8b6e-37733fdd0bbe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="132413" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Bosquianos', la exposición en Albacete en la que 13 artistas de distintas disciplinas rinden homenaje a El Bosco]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c03dda26-c196-452e-8b6e-37733fdd0bbe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Albacete,Museos,Castilla-La Mancha,El Bosco]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La estirpe de Brueghel el Viejo: la gran familia del 'segundo Bosco' que revolucionó el arte flamenco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/dinastia-brueghel-cuadros_1_1323847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Abre sus puertas</p><p class="subtitle">Brueghel: Maravillas del arte flamenco</p><p class="subtitle">, una exposición que repasa la obra de una familia de artistas y su influencia en la pintura de los siglos XVI y XVII</p><p class="subtitle">Se podrá ver en el madrileño Palacio de Gaviria del 7 de octubre al 12 de abril</p><p class="subtitle">La estirpe de Brueghel el Viejo, el'segundo Bosco', y la gran familia que cambió el arte flamenco</p></div><p class="article-text">
        En 1567, dos a&ntilde;os antes de su muerte, Pieter Brueghel el Viejo fue descrito por primera vez como 'el segundo Bosco'. El sambenito se lo colg&oacute; el comerciante florentino Ludovico Guicciardini en un escrito tan influyente que llega hasta nuestros d&iacute;as. Y lo cierto es que, durante a&ntilde;os, este pintor flamenco se sirvi&oacute; del imaginario de quien pintase <em>El jard&iacute;n de las delicias</em> para cultivar su arte.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de la sombra de El Bosco, Pieter Brueghel el Viejo fue uno de los m&aacute;s grandes artistas del XVI, exponente imprescindible de la pintura flamenca. Es m&aacute;s, fue el patriarca de una estirpe de artistas que cambiar&iacute;a, por siempre, la historia del arte.
    </p><p class="article-text">
        Brueghel el Viejo tuvo tres hijos, dos de los cuales -los varones- se dedicaron a la pintura. Uno de ellos tendr&iacute;a otros siete sucesores, el primog&eacute;nito se hizo pintor. Al otro le sobrevivi&oacute; un v&aacute;stago que tambi&eacute;n se dedic&oacute; al arte bajo el auspicio de Rubens. Y este fue, a su vez, padre de once criaturas m&aacute;s, de las cuales cuatro se dedicar&iacute;an tambi&eacute;n a la pintura.
    </p><p class="article-text">
        Todo un linaje de artistas responsables de una ingente obra de la cual se puede ver un centenar de excelentes ejemplos en <em>Brueghel: Maravillas del arte flamenco</em>. Una exposici&oacute;n que acaba de abrir sus puertas y que se podr&aacute; visitar hasta el 12 de abril en el Palacio de Gaviria del centro de Madrid.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/530196e7-d47d-4751-acd6-bb667ad11042_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/530196e7-d47d-4751-acd6-bb667ad11042_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/530196e7-d47d-4751-acd6-bb667ad11042_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/530196e7-d47d-4751-acd6-bb667ad11042_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/530196e7-d47d-4751-acd6-bb667ad11042_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/530196e7-d47d-4751-acd6-bb667ad11042_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/530196e7-d47d-4751-acd6-bb667ad11042_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Pieter Brueghel el Joven: el primero de su nombre</h3><p class="article-text">
        Son escasos los documentos de archivo concernientes a la vida de Pieter Brueghel el Joven, el primer hijo de Mayken Coecke y Pieter Brueghel el Viejo-la originalidad en los apodos no era lo suyo, aunque tambi&eacute;n se le conoci&oacute; como Pieter II-. Se sabe que naci&oacute; en Bruselas en 1564 y que se form&oacute; en la Guilda de San Lucas, prestigioso gremio de pintores presente en ciudades como Amberes, Delft o Amsterdam y por el que pasar&iacute;an personajes como Rembrandt o Vermeer.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no ser&iacute;a osado afirmar que hoy conocemos la obra del 'segundo Bosco', gracias a la labor de este primog&eacute;nito esforzado. Seg&uacute;n Klaus Ertz, historiador del arte alem&aacute;n especialista del linaje Brueghel, &ldquo;su fama se debi&oacute; en gran medida a las copias elaboradas por su hijo, Pieter el Joven&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo afirma en un art&iacute;culo que forma parte de los textos acad&eacute;micos del cat&aacute;logo de <em>Brueghel: Maravillas del arte flamenco</em>, editado por Arthemisia Books. Seg&uacute;n el especialista, el hijo mayor se esforz&oacute; en imitar el estilo de su padre, que se volvi&oacute; popular entre la burgues&iacute;a flamenca de principios de 1600. Fue el responsable de la mayor parte de adaptaciones tradicionales de las composiciones de su padre.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e73c029b-dc68-4347-8aea-70dbe8f75120_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e73c029b-dc68-4347-8aea-70dbe8f75120_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e73c029b-dc68-4347-8aea-70dbe8f75120_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e73c029b-dc68-4347-8aea-70dbe8f75120_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e73c029b-dc68-4347-8aea-70dbe8f75120_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e73c029b-dc68-4347-8aea-70dbe8f75120_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e73c029b-dc68-4347-8aea-70dbe8f75120_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Si el padre era el visionario y el moralista, su hijo fue el cronista de su &eacute;poca&rdquo;, escribe Ertz. &ldquo;Es cr&iacute;tico, pero sin ser evidente, como su padre, sin ser moralizante. El hijo es un narrador de los m&aacute;s &iacute;nfimos detalles y representa a la gente tal y como es&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la exposici&oacute;n del Palacio de Gaviria podemos observar, eso s&iacute;, algunas obras que muestran su excepcional oficio. <em>La trampa de los p&aacute;jaros</em>, estampa invernal de incre&iacute;ble composici&oacute;n, ser&iacute;a un buen ejemplo de sus capacidades para divulgar el estilo de su padre, que contaba con bocetos de esta.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n lo ser&iacute;an obras como <em>Paisaje de colinas con campesinos en un camino rural.</em> De su habilidad para volar sin las ataduras de su padre, tambi&eacute;n encontramos varias obras tales como la que abre este art&iacute;culo <em>Baile de boda campesina al aire libre,</em> la moralista<em> Las siete obras de la misericordia</em> o la comedida pero maravillosa <em>Un gaitero y un caminante en una aldea</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5214ea9-bf19-47b6-b914-40e90811e138_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5214ea9-bf19-47b6-b914-40e90811e138_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5214ea9-bf19-47b6-b914-40e90811e138_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5214ea9-bf19-47b6-b914-40e90811e138_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5214ea9-bf19-47b6-b914-40e90811e138_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5214ea9-bf19-47b6-b914-40e90811e138_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f5214ea9-bf19-47b6-b914-40e90811e138_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Jan Brueghel el Viejo: el genio de la familia</h3><p class="article-text">
        La obra de Pieter II populariz&oacute; el estilo del padre y proporcion&oacute; un nombre a la familia de artistas, m&aacute;s preocupado por el legado del apellido que por su carrera particular. Por eso, tal vez, &ldquo;nunca goz&oacute; de tanto &eacute;xito econ&oacute;mico como su hermano Jan I&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jan Brueghel el Viejo -tambi&eacute;n conocido como Jan I- era cuatro a&ntilde;os menor que su pr&oacute;jimo, pero su carrera goz&oacute; de mejor fortuna. Recibi&oacute; formaci&oacute;n desde muy peque&ntilde;o, cuando viv&iacute;a en Amberes y su abuela -la miniaturista Mayken Verhulst Bessemers- le ense&ntilde;aba los fundamentos del dibujo.
    </p><p class="article-text">
        A los 21 a&ntilde;os viaj&oacute; a Italia, donde se empap&oacute; de determinadas corrientes del arte europeo, conoci&oacute; a artistas e hizo amistades que le situar&iacute;an entre los ambientes en los que deb&iacute;a triunfar en Roma, N&aacute;poles y Mil&aacute;n. Estaba en el sitio adecuado en el momento preciso.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El mayor logro de Jan I en la pintura del siglo XVI es el pausado cambio que ejerci&oacute; de un siglo al siguiente, de lo viejo a lo nuevo&rdquo;, explica Kertz. No reneg&oacute; del apellido pues tambi&eacute;n se dedic&oacute; a copiar durante a&ntilde;os a su padre as&iacute; como se preocup&oacute; por preservar su legado. Sin embargo, su idoneidad y su t&eacute;cnica le proporcionaron la fama que nunca tuvo su hermano mayor.
    </p><p class="article-text">
        Destac&oacute; en el paisajismo, el relato de &eacute;poca, la tem&aacute;tica b&iacute;blica y en su excepcional trazo para las naturalezas muertas. En la exposici&oacute;n <em>Brueghel: Maravillas del arte flamenco</em> se pueden observar diversas expresiones de su arte que van desde los paisajes con car&aacute;cter espiritual como <em>San Jer&oacute;nimo en la naturaleza</em> o <em>Descanso en la huida a Egipto</em>, hasta su visi&oacute;n de lo cotidiano de <em>Vista de la ciudad costera con un puente</em> o <em>Viajeros con coches en una carretera de campo.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/27151af7-9b79-49a3-974f-87e3e7e609c3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/27151af7-9b79-49a3-974f-87e3e7e609c3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/27151af7-9b79-49a3-974f-87e3e7e609c3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/27151af7-9b79-49a3-974f-87e3e7e609c3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/27151af7-9b79-49a3-974f-87e3e7e609c3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/27151af7-9b79-49a3-974f-87e3e7e609c3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/27151af7-9b79-49a3-974f-87e3e7e609c3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Jan Brueghel el joven, el heredero del trono</h3><p class="article-text">
        Antes de su fallecimiento, Jan I hab&iacute;a establecido una fruct&iacute;fera amistad con Rubens -uno de los m&aacute;s grandes pintores barrocos de la historia-. Este se convirti&oacute; en albacea del patrimonio de su amigo a su fallecimiento, v&iacute;ctima de c&oacute;lera, en 1625. El genio tuvo, no obstante, dos hijos con su primer matrimonio: Pascasia Brueghel y Jan Brueghel el Joven -conocido como Jan II-. Ella no se pudo dedicar a la pintura. &Eacute;l, sin embargo, llegar&iacute;a m&aacute;s lejos a&uacute;n que sus antecesores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La popularidad del 'estilo Brueghel' alcanz&oacute; su m&aacute;ximo apogeo despu&eacute;s de la muerte de su padre, y Jan II cosech&oacute; un enorme &eacute;xito vendiendo los cuadros que este hab&iacute;a dejado, completando aquellos que estaban sin terminar y creando nuevas obras con su estilo&rdquo;, explica el historiador del arte Klaus Ertz.
    </p><p class="article-text">
        Naci&oacute; en 1601 y se inici&oacute; en el taller de su padre cuando a&uacute;n no levantaba mucho m&aacute;s de cuatro palmos y contaba con diez a&ntilde;os. Pronto se march&oacute; a Italia, como hizo su padre, y no volvi&oacute; a Amberes hasta que este falleci&oacute;. Entonces se hizo cargo de su estudio, se uni&oacute; a la Guilda de San Lucas -como su t&iacute;o-, se cas&oacute; y tuvo once hijos. Once.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sus mejores obras son extensos paisajes&rdquo;, afirma Kertz. No obstante, &ldquo;a pesar de que empleaba los mismos vivos colores puros, Jan II nunca lleg&oacute; a igualar la destreza de su padre. All&iacute; donde la obra de Jan I tiene una clara y coherente interconexi&oacute;n [...], los cuadros de Jan II parece que son menos densos&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dd4add0e-e7b3-4495-8bdf-511b548fa894_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dd4add0e-e7b3-4495-8bdf-511b548fa894_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dd4add0e-e7b3-4495-8bdf-511b548fa894_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dd4add0e-e7b3-4495-8bdf-511b548fa894_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dd4add0e-e7b3-4495-8bdf-511b548fa894_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dd4add0e-e7b3-4495-8bdf-511b548fa894_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dd4add0e-e7b3-4495-8bdf-511b548fa894_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Abraham, Philips, Ferdinand y Ambrosio: los Stark del arte flamenco</h3><p class="article-text">
        Sin embargo, el talento de Jan II poco o nada afect&oacute; a su extensa y su fulgurante carrera. De hecho, consigui&oacute; que su progenie defendiese y ampliase durante a&ntilde;os el poder del 'estilo Brueghel'.
    </p><p class="article-text">
        De los once reto&ntilde;os de Jan II, cuatro -de nuevo todos varones- se conviertieron en pintores profesionales. El mayor de estos -que tambi&eacute;n fue bautizado como Jan Pieter Brueghel-, se especializ&oacute; en pinturas florales.
    </p><p class="article-text">
        Su hermano, Abraham Brueghel fue adem&aacute;s un c&eacute;lebre paisajista y pintor de de naturalezas muertas. A ambos les intentaron seguir la pista Philips Brueghel, grabador profesional y maestro del gremio de San Lucas, y Ferdinand Brueghel -el menor y del que menos se sabe-.
    </p><p class="article-text">
        Y por si la historia del linaje no fuera suficientemente complicada, Jan II tambi&eacute;n tuvo hermanastros y hermanastras. Del segundo matrimonio de Jan I con Catharina Van Marienberghe nacieron cuatro hijos. Solo el var&oacute;n -de nuevo- se dedic&oacute; a la pintura: Ambrosio Brueghel, especializado en paisajes y naturalezas muertas.
    </p><p class="article-text">
        De todos y cada uno se pueden ver muestras en <em>Brueghel: Maravillas del arte flamenco. </em>Una exposici&oacute;n que a&uacute;na didactismo y ambici&oacute;n. Una aproximaci&oacute;n a uno de los linajes m&aacute;s brillantes e influyentes de la historia del arte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96448b31-02ae-4156-aa4c-45b73358bed8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96448b31-02ae-4156-aa4c-45b73358bed8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96448b31-02ae-4156-aa4c-45b73358bed8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96448b31-02ae-4156-aa4c-45b73358bed8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96448b31-02ae-4156-aa4c-45b73358bed8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96448b31-02ae-4156-aa4c-45b73358bed8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/96448b31-02ae-4156-aa4c-45b73358bed8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/24c8f3b2-5890-48b8-91ad-b68ee775dbe5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/24c8f3b2-5890-48b8-91ad-b68ee775dbe5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/24c8f3b2-5890-48b8-91ad-b68ee775dbe5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/24c8f3b2-5890-48b8-91ad-b68ee775dbe5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/24c8f3b2-5890-48b8-91ad-b68ee775dbe5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/24c8f3b2-5890-48b8-91ad-b68ee775dbe5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/24c8f3b2-5890-48b8-91ad-b68ee775dbe5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f1048e-51da-4159-9376-39c3f17eb08f_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f1048e-51da-4159-9376-39c3f17eb08f_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f1048e-51da-4159-9376-39c3f17eb08f_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f1048e-51da-4159-9376-39c3f17eb08f_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f1048e-51da-4159-9376-39c3f17eb08f_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/08f1048e-51da-4159-9376-39c3f17eb08f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/08f1048e-51da-4159-9376-39c3f17eb08f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francesc Miró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/dinastia-brueghel-cuadros_1_1323847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Oct 2019 19:29:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La estirpe de Brueghel el Viejo: la gran familia del 'segundo Bosco' que revolucionó el arte flamenco]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El Bosco,Pintura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nueve detalles diseccionados con bisturí de "la piedra de la locura", la demente cirugía que El Bosco convirtió en arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/bosco-prado-analisis-explicacion-piedra-locura_1_1491582.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;La extracción de la piedra de la locura&#039; (1501 – 1505)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Analizamos dos cuadros flamencos con ayuda de un experto del Museo del Prado para comprender cómo surgió la pintura de género, aquella que se basa en representar escenas cotidianas</p><p class="subtitle">Se tratan dos pinturas, la primera de El Bosco y la segunda de Jan Sanders, que representan un mismo motivo: la extracción de la "piedra de la locura" por un pseudocirujano que curaba los pecados abriendo la cabeza de sus pacientes</p></div><p class="article-text">
        La sala de El Bosco en el Museo del Prado es de las m&aacute;s concurridas. En ella, decenas de personas se agrupan en torno a los grandes tr&iacute;pticos y la <em>Mesa de los Pecados Capitales</em>, obras magnas del pintor holand&eacute;s que conquist&oacute; al rey Felipe II. Pero <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/detalles-Jardin-delicias-bosco_0_880162810.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no solo de El Jard&iacute;n de las delicias y sus cientos de grotescos detalles</a> se nutre su obra. A la izquierda de este cuadro, en un rinc&oacute;n alejado de la multitud que aguarda para recorrer de cerca el g&eacute;nesis, el para&iacute;so y el infierno, se encuentra otro notablemente m&aacute;s peque&ntilde;o que suele pasar desapercibido a pesar de su significativa importancia.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de <em>La extracci&oacute;n de la piedra de la locura</em>, un &oacute;leo fechado a principios del siglo XVI que supone un antes y un despu&eacute;s en la historia de la pintura. &ldquo;Este cuadro fue de los primeros en contar una historia, una narraci&oacute;n popular con personajes comunes que se salen de lo religioso y lo mitol&oacute;gico&rdquo;, explica a eldiario.es Enrique P&eacute;rez, t&eacute;cnico del &aacute;rea de educaci&oacute;n del Museo del Prado. Es as&iacute; como nace la llamada pintura de g&eacute;nero, aquella que deja de lado lo divino para centrarse en lo cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Lo hace adem&aacute;s centr&aacute;ndose en una pr&aacute;ctica m&eacute;dica habitual a lo largo de la historia, tan frecuente como ir al dentista: la de una trepanaci&oacute;n. Consist&iacute;a en abrir un agujero en el cr&aacute;neo para eliminar bultos que se pod&iacute;an producir por la acumulaci&oacute;n de piedras minerales, similar a lo que ocurre con un c&aacute;lculo biliar. Mediante la extracci&oacute;n se cre&iacute;a que no solo se acababan las dolencias mentales, sino que tambi&eacute;n se eliminaba el rastro de todo mal.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la raz&oacute;n por la que el cuadro de El Bosco es algo m&aacute;s que el reflejo de una escena cotidiana: es la cr&iacute;tica de una medicina ingenua y aprovechada, una senda marcada por el holand&eacute;s a la que luego se sumar&aacute;n otros pintores. Pero &iquest;qu&eacute; historias se esconden tras los detalles de estas obras? Con ayuda de Enrique P&eacute;rez, ponemos la lupa en las dos &ldquo;piedras de la locura&rdquo; que se encuentra en El Prado: la de El Bosco y la de Jan Sanders van Hemessen.
    </p><h3 class="article-text">'La extracci&oacute;n de la piedra de la locura' (1501 &ndash; 1505), de El Bosco</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/98993200-7274-477d-9908-04b2ed37ac14_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/98993200-7274-477d-9908-04b2ed37ac14_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/98993200-7274-477d-9908-04b2ed37ac14_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/98993200-7274-477d-9908-04b2ed37ac14_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/98993200-7274-477d-9908-04b2ed37ac14_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/98993200-7274-477d-9908-04b2ed37ac14_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/98993200-7274-477d-9908-04b2ed37ac14_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Sin esta pintura no podr&iacute;amos entender la&nbsp;<em>Mesa de los Pecados Capitales</em>&nbsp;ni los cuadros del artista holand&eacute;s Pieter Brueghel el Viejo, que llegaron despu&eacute;s&rdquo;, explica el experto en arte. Las inscripciones, los personajes e incluso los objetos extra&ntilde;os forman parte de un cuadro burlesco que va m&aacute;s all&aacute; de su valor est&eacute;tico o t&eacute;cnico. Como se ha mencionado,&nbsp;consigui&oacute; crear todo un g&eacute;nero. Explor&eacute;moslo de cerca.
    </p><h4 class="article-text">La&nbsp;flor de mi secreto</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;La cuesti&oacute;n de la extracci&oacute;n de la piedra de la locura no era m&eacute;dica, y no debemos entenderlo as&iacute;. Se utiliza como una met&aacute;fora sobre arrancar y extraer la flor, en este caso una flor del mal&rdquo;, apunta P&eacute;rez. La extracci&oacute;n, por lo tanto, no es de un bulto, sino del &ldquo;demonio&rdquo; que habita en el cuerpo del protagonista del cuadro y que queda de esta forma reducido a unos p&eacute;talos. Se saca la lujuria, pero tambi&eacute;n la ira, la soberbia y el resto de pecados capitales.
    </p><p class="article-text">
        Otro aspecto que analizar es el detalle de la flor. &iquest;Es un tulip&aacute;n? &ldquo;No puede serlo de ninguna manera. El primer motivo es que no tenemos ninguna referencia de que existieran tulipanes en libros para ser copiados, como El Bosco hizo con los animales de <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>. El segundo, que el tulip&aacute;n no llega a Europa hasta 1545 procedente de Turqu&iacute;a y no se empieza a plantar en Leiden (Holanda) hasta el 1595&rdquo;, afirma el historiador. La flor, por tanto, es una variante pr&oacute;xima, pero no un tulip&aacute;n.
    </p><h4 class="article-text">La cotidianidad que huele a pies</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2432b97-b5fe-49e6-a122-fad53922586b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2432b97-b5fe-49e6-a122-fad53922586b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2432b97-b5fe-49e6-a122-fad53922586b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2432b97-b5fe-49e6-a122-fad53922586b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2432b97-b5fe-49e6-a122-fad53922586b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2432b97-b5fe-49e6-a122-fad53922586b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a2432b97-b5fe-49e6-a122-fad53922586b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Esta es la m&aacute;xima expresi&oacute;n de la representaci&oacute;n de la cotidianeidad. El Bosco muestra una escena campesina con m&uacute;ltiples detalles que lo enfatizan, como los zuecos que est&aacute;n escondidos debajo de la silla del campesino. El objetivo entonces era hacer que el espectador se viera reflejado en una imagen corriente, una que pod&iacute;a ver en su d&iacute;a a d&iacute;a y que era trasladada a un cuadro. Pretend&iacute;a ser un &ldquo;reflejo&rdquo; de la realidad, como se acent&uacute;a desde la propia forma redondeada. &ldquo;Remite al c&iacute;rculo con inscripciones y unos lazos, como si fuera un espejo. Es como si estuviera reflejando la realidad para jugar con las sensaciones de quien lo contempla&rdquo;.
    </p><h4 class="article-text">El gorro-embudo y la jarra colgandera</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e491fe6-c3ab-49d5-9c94-20343a78dfdf_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e491fe6-c3ab-49d5-9c94-20343a78dfdf_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e491fe6-c3ab-49d5-9c94-20343a78dfdf_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e491fe6-c3ab-49d5-9c94-20343a78dfdf_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e491fe6-c3ab-49d5-9c94-20343a78dfdf_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e491fe6-c3ab-49d5-9c94-20343a78dfdf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1e491fe6-c3ab-49d5-9c94-20343a78dfdf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El &ldquo;cirujano&rdquo;, si es que se le puede llamara as&iacute;, es el ejemplo de la mala praxis y de la ignorancia. &ldquo;Le pone un embudo en la cabeza, porque ese es un lenguaje que entendemos antes y hoy: est&aacute; diciendo que es tonto&rdquo;, aprecia P&eacute;rez. Hasta la jarra de su cintur&oacute;n apoya su necedad. &ldquo;No se suele llevar ah&iacute;, porque no tiene sentido: se caer&iacute;a el l&iacute;quido. Lo que s&iacute; se sol&iacute;a llevar en la cintura es la bolsa del dinero, algo que este no tiene. Esto apoyar&iacute;a la tesis de que quien hace la operaci&oacute;n es bobo como m&iacute;nimo&rdquo;, a&ntilde;ade el especialista.
    </p><h4 class="article-text">Bobo con todas las letras</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f097b18c-ad66-462b-baf9-b5149274f5ec_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f097b18c-ad66-462b-baf9-b5149274f5ec_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f097b18c-ad66-462b-baf9-b5149274f5ec_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f097b18c-ad66-462b-baf9-b5149274f5ec_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f097b18c-ad66-462b-baf9-b5149274f5ec_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f097b18c-ad66-462b-baf9-b5149274f5ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f097b18c-ad66-462b-baf9-b5149274f5ec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La escritura g&oacute;tica flamenca no sirve solo de elemento decorativo: narra la historia dibujada. En la parte superior dice &ldquo;maestro qu&iacute;tame pronto esta piedra&rdquo;, mientras que en la inferior contin&uacute;a con &ldquo;mi nombre es Lubbert Das&rdquo;. &ldquo;Si nos remitimos al flamenco en el cual est&aacute; escrito, Lubbert es un nombre despectivo. Es como llamarte &rdquo;bobito&ldquo;. No es un insulto grave, pero es despectivo&rdquo;, explica P&eacute;rez.
    </p><h4 class="article-text">Para qu&eacute; leer cuando se puede posar</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b239420-9c77-4c75-9424-cae5f981ece9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b239420-9c77-4c75-9424-cae5f981ece9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b239420-9c77-4c75-9424-cae5f981ece9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b239420-9c77-4c75-9424-cae5f981ece9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b239420-9c77-4c75-9424-cae5f981ece9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b239420-9c77-4c75-9424-cae5f981ece9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3b239420-9c77-4c75-9424-cae5f981ece9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La mujer con actitud meditativa tambi&eacute;n habla de la ignorancia del pueblo. &ldquo;Le pone un libro cerrado en la cabeza, el peor sitio en el que se puede sostener. Supone la anulaci&oacute;n de la raz&oacute;n, atributo que representan el conocimiento real y cient&iacute;fico&rdquo;, observa el especialista. No se sabe con exactitud si el personaje acompa&ntilde;a al campesino o forma parte del equipo m&eacute;dico, pero igualmente es alguien que consiente y apoya la operaci&oacute;n como el fraile que se encuentra a su lado.
    </p><h3 class="article-text">'El cirujano o La extracci&oacute;n de la piedra de la locura' (1550 - 1555), de&nbsp;Jan Sanders van Hemessen</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e400a849-754f-4e48-beef-9635c3de3e33_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e400a849-754f-4e48-beef-9635c3de3e33_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e400a849-754f-4e48-beef-9635c3de3e33_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e400a849-754f-4e48-beef-9635c3de3e33_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e400a849-754f-4e48-beef-9635c3de3e33_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e400a849-754f-4e48-beef-9635c3de3e33_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e400a849-754f-4e48-beef-9635c3de3e33_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        50 a&ntilde;os despu&eacute;s del cuadro de El Bosco, el pintor belga Jan Sanders van Hemessen decidi&oacute; representar el mismo motivo con alguna que otra diferencia. El cuadro, adem&aacute;s, se encuentra curiosamente en una sala colindante a la del anterior, por lo que es muy f&aacute;cil hacer una r&aacute;pida comparaci&oacute;n entre ambos. La tem&aacute;tica presentada es la misma, pero en los detalles est&aacute; la clave. De nuevo, hagamos zoom.
    </p><h4 class="article-text">La mirada que te hace c&oacute;mplice</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/872b0842-8487-4cfe-84f4-aa0faa6a7c5c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/872b0842-8487-4cfe-84f4-aa0faa6a7c5c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/872b0842-8487-4cfe-84f4-aa0faa6a7c5c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/872b0842-8487-4cfe-84f4-aa0faa6a7c5c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/872b0842-8487-4cfe-84f4-aa0faa6a7c5c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/872b0842-8487-4cfe-84f4-aa0faa6a7c5c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/872b0842-8487-4cfe-84f4-aa0faa6a7c5c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Lo primero que llama la atenci&oacute;n es la cercan&iacute;a de la acci&oacute;n. &ldquo;Mientras que en el otro ten&iacute;amos una composici&oacute;n alejada, cuidada y mucho m&aacute;s t&iacute;mida, aqu&iacute; el impacto adquiere gran importancia. Gana movimiento e incluso agresividad&rdquo;, valora P&eacute;rez. Esto se contempla desde la propia mirada del protagonista, que observa directamente a los espectadores mientras llora de dolor y se ven sus l&aacute;grimas en detalle. &ldquo;Aqu&iacute; el personaje te mira directamente y te invade. Est&aacute; tan encima de ti que ya formas parte de la pintura&rdquo;, considera el t&eacute;cnico de educaci&oacute;n.
    </p><h4 class="article-text">El gabinete del doctor Caligari</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6f9db6e-6e88-4c4d-a158-389cc69d2ad6_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6f9db6e-6e88-4c4d-a158-389cc69d2ad6_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6f9db6e-6e88-4c4d-a158-389cc69d2ad6_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6f9db6e-6e88-4c4d-a158-389cc69d2ad6_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6f9db6e-6e88-4c4d-a158-389cc69d2ad6_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6f9db6e-6e88-4c4d-a158-389cc69d2ad6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e6f9db6e-6e88-4c4d-a158-389cc69d2ad6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Un aspecto que se mantiene es el de la ignorancia de quien realiza la operaci&oacute;n. &ldquo;Con todo el da&ntilde;o y el sufrimiento que muestra el paciente, el curandero sonr&iacute;e pensando que no va a pasar nada&rdquo;, advierte P&eacute;rez, que contin&uacute;a destacando c&oacute;mo el resto de los personajes colaboran impasibles al igual que ocurr&iacute;a en el cuadro de El Bosco. De hecho, en la parte derecha se puede ver a otro paciente que realiza estiramientos prepar&aacute;ndose para sentarse en la silla, como si esperara su turno en una peluquer&iacute;a.
    </p><h4 class="article-text">Se recomiendan cinco rocas de experiencia previa</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48687dde-5a13-4580-afc1-b5176c7afe8a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48687dde-5a13-4580-afc1-b5176c7afe8a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48687dde-5a13-4580-afc1-b5176c7afe8a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48687dde-5a13-4580-afc1-b5176c7afe8a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48687dde-5a13-4580-afc1-b5176c7afe8a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48687dde-5a13-4580-afc1-b5176c7afe8a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/48687dde-5a13-4580-afc1-b5176c7afe8a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La flor desaparece y lo que se ve aqu&iacute; es una piedra de forma literal, tanto en la cabeza del enfermo como en la zona superior del puesto. Es un s&iacute;mbolo reputaci&oacute;n m&eacute;dica, como &ldquo;diplomas&rdquo; que corroboran la buena maniobra de aquel doctor quitando eliminando estas dolencias. &ldquo;Aqu&iacute; son piedras de verdad y la flor ha desaparecido. Esa met&aacute;fora del bien y el mal se va diluyendo con el paso del tiempo y tambi&eacute;n con el desarrollo del conocimiento en el siglo XVI&rdquo;, contextualiza el historiador.
    </p><h4 class="article-text">El&nbsp;Jan Sanders de marca blanca</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/168b8390-1bda-4df0-a1ec-201a135745fd_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/168b8390-1bda-4df0-a1ec-201a135745fd_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/168b8390-1bda-4df0-a1ec-201a135745fd_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/168b8390-1bda-4df0-a1ec-201a135745fd_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/168b8390-1bda-4df0-a1ec-201a135745fd_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/168b8390-1bda-4df0-a1ec-201a135745fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/168b8390-1bda-4df0-a1ec-201a135745fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En este caso se abandona el escenario rural y se sustituye por el urbano. Adem&aacute;s, se aprecia una gran diferencia entre los sujetos en primer plano y los que est&aacute;n al fondo, lo que responde a algo muy probable: que el cuadro est&aacute; dibujado por varios autores. &ldquo;Esto es algo habitual en la &eacute;poca, porque los pintores maestros hac&iacute;an las partes dif&iacute;ciles y los ayudantes se encargaban de las secundarias&rdquo;, se&ntilde;ala P&eacute;rez.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que los bodegones del primer plano presentan un alto nivel de detalle propio de la pintura flamenca, la pincelada del fondo es m&aacute;s r&aacute;pida y muestra unos contrastes de luces m&aacute;s violentos. &ldquo;No tiene una lectura tan grande como la pintura de El Bosco, ya que esta abre el camino y aqu&iacute; lo que se hace es recrear con variedades ese tema&rdquo;, concluye Enrique P&eacute;rez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Antonio Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/bosco-prado-analisis-explicacion-piedra-locura_1_1491582.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Jun 2019 19:48:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="962352" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="962352" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Nueve detalles diseccionados con bisturí de "la piedra de la locura", la demente cirugía que El Bosco convirtió en arte]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f0af1386-92e2-4bdb-8605-28168de2a8b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[El Bosco,Museo Nacional del Prado,Pintura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ponemos la lupa sobre siete grotescos detalles en la inmensidad de 'El Jardín de las delicias']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/detalles-jardin-delicias-bosco_1_1638678.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/902d8702-a0f7-4372-8eb9-93025a9e8b9f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El jardín de las delicias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Museo del Prado lanza un curso online gratuito que ahonda en la figura de El Bosco y los elementos significativos de cada uno de sus cuadros</p><p class="subtitle">Recorremos el génesis, el paraíso y el infierno de su famoso tríptico para explicar algunos de los incontables detalles que pueden pasar desapercibidos a simple vista</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cinco siglos, <em>El Jard&iacute;n de las delicias</em>&nbsp;(1500-1505) contin&uacute;a levantando pasiones. Miles de miradas han paseado por el tr&iacute;ptico dividido entre el g&eacute;nesis, el para&iacute;so y el infierno intentando desentra&ntilde;ar algunos de los surrealistas detalles plasmados por El Bosco, pero su fantas&iacute;a parece incombustible. Escasos lienzos han provocado tantas preguntas y tan pocas respuestas. Quiz&aacute;, ese es justo su principal encanto.
    </p><p class="article-text">
        Sobre El Bosco se desconoce gran parte de su biograf&iacute;a y de sus impulsos creativos, lagunas que no han sido impedimento para&nbsp;admirar&nbsp;su trabajo. Mir&oacute; con lupa a la maldad, la locura y los excesos propios de la Edad Media para representarlos a trav&eacute;s del pincel. Lo grotesco ascendi&oacute; al nivel de arte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por ello,&nbsp;<a href="https://www.museodelprado.es/recurso/el-bosco-en-el-museo-del-prado/fedfbf7f-966c-44d4-a16b-900518b9b51c" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Museo del Prado ha lanzado un curso online gratuito</a> que ahonda en la figura del gran pintor neerland&eacute;s y los elementos significativos de cada uno de sus cuadros. Y no solo est&aacute; destinado a expertos de la materia, sino tambi&eacute;n a todos aquellos que quieran iniciarse en la vida y obra del artista. Adem&aacute;s, es una forma de acercarse a trav&eacute;s de v&iacute;deos en alta resoluci&oacute;n e im&aacute;genes interactivas para&nbsp;quienes no pueden desplazarse hasta la capital para contemplarlo con sus propios ojos.
    </p><p class="article-text">
        Aprovechando la ocasi&oacute;n, hemos puesto el foco sobre <em>El Jard&iacute;n de las Delicias</em> para explicar con ayuda de Enrique P&eacute;rez, t&eacute;cnico del &aacute;rea de educaci&oacute;n del Museo del Prado, algunos de los incontables detalles que pueden pasar desapercibidos a simple vista. No son todos (ser&iacute;a casi imposible), pero sirve para contemplar el impresionante nivel de precisi&oacute;n en elementos m&iacute;nimos dentro de todo el enorme conjunto.
    </p><h3 class="article-text">La canci&oacute;n del trasero del infierno</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd41b071-266e-4f1a-a64b-dc81e923838e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd41b071-266e-4f1a-a64b-dc81e923838e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd41b071-266e-4f1a-a64b-dc81e923838e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd41b071-266e-4f1a-a64b-dc81e923838e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd41b071-266e-4f1a-a64b-dc81e923838e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cd41b071-266e-4f1a-a64b-dc81e923838e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cd41b071-266e-4f1a-a64b-dc81e923838e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El vasto tr&iacute;ptico no escatima en minuciosidad. Uno de los mejores ejemplos es este recorte, en el que se aprecia c&oacute;mo lo que aparece en el trasero no es simplemente un dibujo anecd&oacute;tico, sino una partitura real que ha llegado a <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140225_el_bosco_trasero_infierno_lp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ser interpretada por m&uacute;sicos.</a>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La m&uacute;sica, algo delicioso y arm&oacute;nico que siempre relacionamos con el relax y el disfrute, tambi&eacute;n se puede convertir en atronadora y terror&iacute;fica. Eso es lo que hace El Bosco: le da la vuelta a todo lo que es amable y lo convierte en una aut&eacute;ntica tortura&rdquo;, explica P&eacute;rez sobre las razones que podr&iacute;a tener el artista para unir filarmon&iacute;a con el averno.
    </p><h3 class="article-text">La perdici&oacute;n de los dados y el backgammon (pu&ntilde;alada trapera incluida)&nbsp;</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f70fda54-f772-4116-b362-6f92f441bcc4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f70fda54-f772-4116-b362-6f92f441bcc4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f70fda54-f772-4116-b362-6f92f441bcc4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f70fda54-f772-4116-b362-6f92f441bcc4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f70fda54-f772-4116-b362-6f92f441bcc4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f70fda54-f772-4116-b362-6f92f441bcc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f70fda54-f772-4116-b362-6f92f441bcc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En el infierno, que ocupa el panel derecho, se representan principalmente los siete pecados capitales. Pero no solo eso, sino todo tipo de castigos y elementos perniciosos de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos, como se aprecia, ser&iacute;a el juego y todo lo que conlleva. &ldquo;En esa parte los cuchillos atraviesan las manos y se clavan en los tah&uacute;res. La mesa de juego es expuesta como pecado rodeada por pecadores que sufren las consecuencias. Incluso podemos reconocer juegos que nos han llegado hasta hoy, como el Backgammon&rdquo;, apunta el experto en arte.
    </p><h3 class="article-text">El mejill&oacute;n de la lujuria</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbfb6962-ce0d-4bec-8eec-32e6787bdc2b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbfb6962-ce0d-4bec-8eec-32e6787bdc2b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbfb6962-ce0d-4bec-8eec-32e6787bdc2b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbfb6962-ce0d-4bec-8eec-32e6787bdc2b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbfb6962-ce0d-4bec-8eec-32e6787bdc2b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbfb6962-ce0d-4bec-8eec-32e6787bdc2b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fbfb6962-ce0d-4bec-8eec-32e6787bdc2b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La parte central de la obra est&aacute; dominada por la lujuria. En ella se desatan toda clase de placeres carnales, el sexo como pecado en todas sus manifestaciones. Tampoco es gratuito que las fresas y los madro&ntilde;os dominen la escena, ya que son frutos muy carnosos que invitan a lo lascivo. De hecho, como apunta el especialista, hasta el siglo XIX ha sido conocido como &ldquo;el cuadro del madro&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta es una de las cosas que m&aacute;s atrae al p&uacute;blico, porque es de las m&aacute;s expresivas y atrevidas. Especialmente, teniendo en cuenta que es una pintura de finales del siglo XV&rdquo;, recalca el portavoz del museo.
    </p><p class="article-text">
        En el recorte&nbsp;superior, concretamente, se alude a un tipo de sexualidad muy penada en la Edad Media: la homosexualidad. As&iacute; se ve dentro del mejill&oacute;n, donde se atisban las piernas entrelazadas de dos hombres desnudos aludiendo claramente al sexo entre varones.
    </p><h3 class="article-text">En la oquedad del&nbsp;diablo-&aacute;rbol</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3027b186-7979-4749-80b4-4f8053f572a4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3027b186-7979-4749-80b4-4f8053f572a4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3027b186-7979-4749-80b4-4f8053f572a4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3027b186-7979-4749-80b4-4f8053f572a4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3027b186-7979-4749-80b4-4f8053f572a4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3027b186-7979-4749-80b4-4f8053f572a4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3027b186-7979-4749-80b4-4f8053f572a4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Este hombre-&aacute;rbol es una estructura habitual en otras obras del pintor. Y, aunque parezca algo s&oacute;lido y robusto, en realidad est&aacute; apoyado sobre dos barcas a la deriva que denotan su evidente inestabilidad. Existen diversas interpretaciones de esta siniestra figura.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n P&eacute;rez, los expertos apuntan a dos posibles v&iacute;as: la de que pueda ser un autorretrato de El Bosco y la de que sea una interpretaci&oacute;n del demonio. Sin embargo, la segunda tiene mayor peso. &ldquo;Se tiende a pensar m&aacute;s que sea una interpretaci&oacute;n personalizada del diablo, que est&aacute; presente en todo el mal y triunfa como eje central de toda la composici&oacute;n&rdquo;. De hecho, el interior del personaje es la esencia pecaminosa en estado puro: una bodega con prostitutas y juegos de mesa.
    </p><h3 class="article-text">El beso de la muerte del cerdo que quiere heredar</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/caa9cd45-0225-48ea-94e3-9778b894984d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/caa9cd45-0225-48ea-94e3-9778b894984d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/caa9cd45-0225-48ea-94e3-9778b894984d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/caa9cd45-0225-48ea-94e3-9778b894984d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/caa9cd45-0225-48ea-94e3-9778b894984d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/caa9cd45-0225-48ea-94e3-9778b894984d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/caa9cd45-0225-48ea-94e3-9778b894984d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Volvemos al infierno. Aqu&iacute; vemos a un cerdo que intenta besar o dar una pluma a un pobre que, como revela su piel blanca, est&aacute; a punto de morir. La intenci&oacute;n es que firme los papeles que sostiene sobre sus piernas, una acci&oacute;n apoyada por un casco militar con patas que amenaza con clavarle una flecha de acero. Tampoco se puede obviar al personaje que se sit&uacute;a tras estos, un hombre de letras vestido con una t&uacute;nica color salm&oacute;n y un sapo en el pecho que simboliza el mal. Por supuesto, tambi&eacute;n quiere la firma del moribundo.
    </p><p class="article-text">
        La toga del cerdo no debe confundirse con el h&aacute;bito de una monja, ya que, como se&ntilde;ala el especialista, &ldquo;en esa &eacute;poca era una prenda habitual en las mujeres respetuosas y ricas&rdquo;. A&ntilde;ade que esta escena se interpreta como &ldquo;la costumbre de la &eacute;poca en la que personas ricas con conocimientos jur&iacute;dicos hac&iacute;an firmar documentos a los moribundos para que les cediesen sus posesiones y quedarse con ellas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&iexcl;Qu&eacute; le corten las orejas!</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/209ee5ee-803c-45ea-8f1f-5edf3aaacb02_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/209ee5ee-803c-45ea-8f1f-5edf3aaacb02_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/209ee5ee-803c-45ea-8f1f-5edf3aaacb02_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/209ee5ee-803c-45ea-8f1f-5edf3aaacb02_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/209ee5ee-803c-45ea-8f1f-5edf3aaacb02_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/209ee5ee-803c-45ea-8f1f-5edf3aaacb02_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/209ee5ee-803c-45ea-8f1f-5edf3aaacb02_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Otra costumbre de la Edad Media resumida en una figura. Como detalla P&eacute;rez, en la &eacute;poca medieval era habitual cortar las manos o las orejas a quienes comet&iacute;an un delito menor, como un hurto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se interpreta como un castigo producto del pecado, pero tambi&eacute;n para hacer justicia contra aquel que no quiere o&iacute;r la verdad. Adem&aacute;s, f&iacute;jate que el cuchillo tiene una marca con una M&nbsp;de Mundis, que es la marca de los cuchillos que se fabricaban en Bolduque, la ciudad de El Bosco&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Fuentes de las que mana de todo un poco</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa568d89-1c97-49f7-89ff-4f89e69ba635_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa568d89-1c97-49f7-89ff-4f89e69ba635_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa568d89-1c97-49f7-89ff-4f89e69ba635_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa568d89-1c97-49f7-89ff-4f89e69ba635_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa568d89-1c97-49f7-89ff-4f89e69ba635_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aa568d89-1c97-49f7-89ff-4f89e69ba635_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/aa568d89-1c97-49f7-89ff-4f89e69ba635_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En el cuadro se pueden encontrar dos fuentes. La primera, en la tabla izquierda, es llamada la fuente de la vida. Es peculiar porque si la miramos de frente vemos una notable diferencia en los animales del fondo: a la izquierda nacen las criaturas afables y elegantes, como los elefantes o los unicornios; mientras a la derecha emergen seres deformes y malignos, como perros con dos patas o jabal&iacute;es furiosos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3086efe6-e0c1-4114-b3c9-118ee5db6bf8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3086efe6-e0c1-4114-b3c9-118ee5db6bf8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3086efe6-e0c1-4114-b3c9-118ee5db6bf8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3086efe6-e0c1-4114-b3c9-118ee5db6bf8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3086efe6-e0c1-4114-b3c9-118ee5db6bf8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3086efe6-e0c1-4114-b3c9-118ee5db6bf8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3086efe6-e0c1-4114-b3c9-118ee5db6bf8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La otra fuente, en la parte central, es una gran bola azul con personas desnudas revoloteando alrededor. &ldquo;Representa la juventud, que es pasajera y fr&aacute;gil, por eso su estructura est&aacute; craquelada. Es la fugacidad de esta etapa de la vida frente a la robustez que s&iacute; tiene la fuente de la vida en el jard&iacute;n del Ed&eacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Antonio Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/detalles-jardin-delicias-bosco_1_1638678.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Mar 2019 20:44:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/902d8702-a0f7-4372-8eb9-93025a9e8b9f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="838539" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/902d8702-a0f7-4372-8eb9-93025a9e8b9f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="838539" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Ponemos la lupa sobre siete grotescos detalles en la inmensidad de 'El Jardín de las delicias']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/902d8702-a0f7-4372-8eb9-93025a9e8b9f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[El Bosco,Museo Nacional del Prado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Bosco: "Hace falta más mística y conciencia para disfrutar de las bondades del ser humano"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/david-moretti-bosco-jose-perello_1_2777862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f113f24e-861b-4330-ba99-17ed84213c85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Bosco: &quot;Hace falta más mística y conciencia para disfrutar de las bondades del ser humano&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Bosco vuelve a poner en la escena del Teatro Circo el sábado 24 de febrero su aquelarre y "psicodelia renacentista".</p><p class="subtitle">Bajo la guía de Dante Aliguieri, el grupo murciano presentará `Paradiso´, el primer disco de la trilogía inspirada en `La Divina Comedia´</p></div><p class="article-text">
        <strong>Contando con que vuestra m&uacute;sica es inclasificable, &iquest;hacia qu&eacute; genero musical tiende `Paradiso&acute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>David Moretti</strong>: Dentro de la mezcla estil&iacute;stica, nuestras canciones son un viaje musical poli&eacute;drico, caleidosc&oacute;pico, m&iacute;tico, treatral y po&eacute;tico. Un viaje al origen, un retorno a lo cl&aacute;sico, a todo lo que siempre permanece... Se podr&iacute;a llegar a definir como &ldquo;Psicodelia Renacentista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gon Navarro</strong>: Todos los sentidos abiertos para una vez m&aacute;s disfrutar de una amalgama musical amplia. Hasta en el sonido se puedo disfrutar la variedad sonoro al haber sido grabado en diferentes estudios tanto en digital como en anal&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; hab&eacute;is encontrado en la obra de Dante Aliguieri para inspirar vuestra trilog&iacute;a? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>David Moretti</strong>:  En Bosco hemos trabajado ya adaptando los textos de algunos poetas como William Blake, Alberti, Leopardi. Me gusta la posibilidad que te dan las canciones de compartir con el p&uacute;blico mensajes de grandes autores, dar la oportunidad a la gente de descubrir nombres y obras que no son muy accesibles, as&iacute; que me tomo la libertad de cantar y contar sus versos. Con Dante, el proceso parti&oacute; a trav&eacute;s de la banda sonora que hicimos para el V Festival de Cine Fant&aacute;stico de Murcia, musicando la pel&iacute;cula de 1911 &ldquo;L'Inferno de Dante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jos&eacute; Perell&oacute;</strong>: A trav&eacute;s de ese trabajo, nos fuimos introduciendo en esa magna obra que tomamos como paleta para ir componiendo una obra musical inspirada en ese texto. Nos ha servido para ir compilando las canciones que tenian un marco est&eacute;tico o emocional que pod&iacute;a tener relaci&oacute;n con cada uno de los estadios del viaje de Virgilio. Comenzamos por `Paradiso&acute; porque nos parec&iacute;a un poco duro meter al oyente en el `Inferno&acute; tras varios a&ntilde;os sin publicar musica nueva, as&iacute; que decidimos hacer el viaje a la inversa. En cada una de las partes de la trilog&iacute;a habr&aacute; una canci&oacute;n compuesta con los textos de Dante Alighieri, pero el resto de canciones como comentaba, son composiciones de Bosco que estar&aacute;n relacionadas con este espacio arquet&iacute;pico que nos muestra `La Divina Comedia&acute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Habr&aacute; espect&aacute;culo teatral en el TCM o ser&aacute; una experiencia fundamentalmente musical?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gon Navarro</strong>: Principalmente la m&uacute;sica ser&aacute; el foco principal aunque la poes&iacute;a tambi&eacute;n va a ocupar un papel importante. En Bosco siempre hay sorpresas y ser&aacute; un aquelarre para el disfrute.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jose Perell&oacute;</strong>: A pesar de volver al Teatro Circo de Murcia, donde hicimos por primera vez nuestro espect&aacute;culo musico-teatral `El Circo de las Delicias&acute;, esta presentaci&oacute;n la hemos planteado desde un nivel puramente musical. La idea original era darle el papel principal a las canciones, enriqueci&eacute;ndolas con colaboradores que aportar&aacute;n nuevas sonoridades y arreglos que creemos pueden darle al espect&aacute;culo un caracter m&aacute;s festivo y de celebraci&oacute;n musical. Entre las colaboraciones musicales podremos contar con Luis G&oacute;mez  (Maldita Nerea) a la guitarra, Doudou Nganga a la voz, el duo de violinistas Komorebi, Jose Manuel Lucas (Nunatak, Jamones con tacones) a la trompeta, Miguel Gallego (Super8) a la guitarra y Elisa
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es la segunda vez que hac&eacute;is uso del crowdfunding para la producci&oacute;n del disco, &iquest;por qu&eacute; esa opci&oacute;n de nuevo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jose Perell&oacute;</strong>: Bosco naci&oacute; de una manera muy aut&oacute;noma y hasta hace bien poco, ni siquiera teniamos oficina de contrataci&oacute;n. A pesar de todo sal&iacute;amos adelante, editabamos los discos, mont&aacute;bamos las giras&hellip; Lo cierto es que es un arma de doble filo. Ser due&ntilde;o y se&ntilde;or de todo tu producto te hace no depender de nadie, pero es much&iacute;simo trabajo. En realidad nosotros nunca nos hemos cerrado las puertas a trabajar con oficinas de producci&oacute;n o discogr&aacute;ficas. El crowdfunding nos da la oportunidad de seguir editando nosotros el disco de manera aut&oacute;noma, contando con la confianza que nos aportan nuestros seguidores. Es duro y complicado hacer estas campa&ntilde;as, pero es muy reconfortante saber que tus seguidores te apoyan y que puedes contar con ellos para seguir adelante.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8d532a4-f586-4bdd-bc84-893400759e94_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8d532a4-f586-4bdd-bc84-893400759e94_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8d532a4-f586-4bdd-bc84-893400759e94_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8d532a4-f586-4bdd-bc84-893400759e94_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8d532a4-f586-4bdd-bc84-893400759e94_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8d532a4-f586-4bdd-bc84-893400759e94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b8d532a4-f586-4bdd-bc84-893400759e94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>David Moretti</strong>: Por el momento no hemos tenido ning&uacute;n tipo de oferta discogr&aacute;fica, as&iacute; que seguimos optando por el formato de la autoedici&oacute;n. Personalmente valoro mucho la figura del productor, labor que realizamos entre todos y que de alg&uacute;n modo trato de arbitrar yo para facilitar la toma de decisiones y avanzar. 
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por esta &uacute;ltima raz&oacute;n es interesante una mirada objetiva, desde fuera de la banda, que aporte dinamismo y mayor riqueza creativa al conjunto. No tendr&iacute;a por qu&eacute; peligrar la esencia del grupo si tanto discogr&aacute;fica como productor entran de lleno en la secta [risas]. La clave es que entiendan lo que queremos contar y c&oacute;mo nos gusta hacerlo. Otra cosa es que a d&iacute;a de hoy no se encuentren f&aacute;cilmente esas combinaciones o de momento est&eacute;n muy lejos de nuestro alcance.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hace poco tiempo estuvisteis en M&eacute;xico, &iquest;c&oacute;mo fue la gira por el pa&iacute;s latinoamericano? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gon Navarro</strong>: Eternamente agradecidos, la acogida fue ni so&ntilde;ada. Muchos de los asistentes se conoc&iacute;an las canciones y desde la primera nota estaban muy conectados con nuestra m&uacute;sica. Tambi&eacute;n intenso ya que fueron 8 conciertos casi en 10 dias y la afluencia de personas por actuaci&oacute;n iba creciendo en cada actuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jos&eacute; Perell&oacute;</strong>:  Ha sido una aventura maravillosa. Tambien en el origen, puesto que comenzaron a llegarnos mensajes de seguidores de all&aacute; desde que lanzamos el v&iacute;deo del poema de Alberti `El jard&iacute;n de las delicias&acute; con la interpretaci&oacute;n en directo que hicimos para un programa de Radio3 y que David Moretti mont&oacute; con im&aacute;genes del cuadro de El Bosco. Ese video se hizo viral por Latinoam&eacute;rica y mucha gente comenz&oacute; a seguirnos de M&eacute;xico. Llegar all&aacute; y sentir que hab&iacute;a gente que te estaba esperando, que hac&iacute;a muchos kil&oacute;metros para asistir a los conciertos o que se sent&iacute;an muy agradecidos cuando les firm&aacute;bamos el disco fue una experiencia inolvidable que esperamos repetir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Entra&ntilde;a una dificultad extra crear m&uacute;sica entre cinco personas de la banda m&aacute;s los colaboradores con los que trabaj&aacute;is?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jose Perell&oacute;</strong>: Todo trabajo en equipo es dificultoso. Hay que cuidar mucho las relaciones, la comunicaci&oacute;n, el respeto por la opini&oacute;n del otro, los roles de trabajo. Tener un grupo es como formar una familia en la que se unen amistad, trabajo, esperanzas y frustraciones. Todo ello es un c&oacute;ctel de d&iacute;ficil digesti&oacute;n en el que hay que mezclar muy bien los ingredientes para que todo fluya y el proyecto siga adelante. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora estamos en una etapa de madurez en la que los roles y las relaciones entre nosotros funcionan de una manera m&aacute;s fluida. Todos somos part&iacute;cipes y nos gusta contar con amigos y colaboradores que creen en este loco proyecto y que nos ayudan, muchas veces de manera desinteresada. A veces nos parece incre&iacute;ble que haya tant&iacute;sima gente que ha pasado por nuestro mundo y nos ha ayudado en las diferentes aventuras que hemos llevado a cabo. No hay palabras para agradecer a todos ellos su implicaci&oacute;n y ayuda desinteresada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>David Moretti</strong>: De alg&uacute;n modo nos uni&oacute; una forma de entender la m&uacute;sica que al mismo tiempo puede ser una forma de entender la vida. Nos convertimos en una especie de familia desde el primer momento. Cada uno de nosotros manifiesta una tendencia musical diversa, compartimos ciertos gustos pero no las mismas pasiones, tenemos unos pilares sonoros y vitales muy diversos, somos personalidades muy dispares, pero hay algo en el fondo que tiene una misma mirada. Es lo que proporciona la consistencia que necesita un proyecto tan peculiar. A veces pareciera que la causalidad c&oacute;smica nos uni&oacute; para hacer lo que hacemos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Falta algo de m&iacute;stica en nuestra sociedad?</strong><strong>Jos&eacute; Perell&oacute;</strong>: Los mitos se han perdido en el olvido del tiempo. Una de las cualidades esenciales de los seres humanos, la b&uacute;squeda interior, la fe, la conexi&oacute;n con `lo divino&acute; se la han apropiado las religiones. En nuestras tierras, dos mil a&ntilde;os de catolicismo han hecho mucho da&ntilde;o. Nosotros tenemos cierta tendencia a jugar con la magia, los hechizos o s&iacute;mbolos de una manera m&aacute;s o menos seria. Muchas veces, dentro del juego se esconde una intenci&oacute;n. No tratamos de dar lecciones ni mostrar nada que no somos, aunque tampoco hay que darle mucha mas importancia de la que tiene. No deja de ser nuestra interpretaci&oacute;n de unas emociones que todas las personas, en mayor o menor medida, tienen en alg&uacute;n momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gon Navarro</strong>: El mal se esta apoderando de nuestra sociedad y hace falta m&aacute;s m&iacute;stica y conciencia para disfrutar de las bondades que el ser humano tiene: el amor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elisa Reche]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/david-moretti-bosco-jose-perello_1_2777862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 17:38:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f113f24e-861b-4330-ba99-17ed84213c85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="433450" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f113f24e-861b-4330-ba99-17ed84213c85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="433450" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Bosco: "Hace falta más mística y conciencia para disfrutar de las bondades del ser humano"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f113f24e-861b-4330-ba99-17ed84213c85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[El Bosco,Teatro,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De El Bosco al bioarte: un recorrido insólito por la naturaleza en el arte en seis momentos clave]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bosco-bioarte-recorrido-insolito-naturaleza_1_3339429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/244784d8-98bc-4bd7-82c8-54cbbc15ef74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="C:\fakepath\Naturalezas Mutantes.jpeg"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llega a nuestras librerías</p><p class="subtitle">Naturalezas Mutantes</p><p class="subtitle">, una colección de textos que ofrece un viaje por un matrimonio de cinco siglos entre arte y naturaleza</p></div><p class="article-text">
        En un c&eacute;lebre di&aacute;logo de aquellos que le encantaba escribir -que no mantener- a Voltaire, el fil&oacute;sofo parisino planteaba c&oacute;mo ser&iacute;a <a href="http://www.e-torredebabel.com/Biblioteca/Voltaire/naturaleza-Diccionario-Filosofico.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tener una conversaci&oacute;n con la naturaleza</a>. &Eacute;l, siempre intenso, preguntaba a la naturaleza c&oacute;mo era posible que fuera tan bruta creando monta&ntilde;as y mares, pero tan minuciosa y detallada dando vida a animales y plantas. A tal cuesti&oacute;n, la naturaleza contestaba: &ldquo;&iquest;Quieres que te diga la verdad? Me han dado un nombre impropio; me llaman Naturaleza, y soy toda arte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n entre arte y naturaleza es tan antigua que no se puede explicar la una sin la otra: en el mismo gen del arte radica cierto &iacute;mpetu por retratar o capturar lo que tenemos a bien considerar naturaleza, desde la Venus de Willendorf a las pinturas rupestres de la Cueva de Altamira. Y hablar de este complicado pero fuerte v&iacute;nculo suele terminar en arduas discusiones sobre la evoluci&oacute;n de la concepci&oacute;n de arte o de la imposibilidad de definir qu&eacute; es la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Lejos del tono sesudo que suele echar hacia atr&aacute;s a cualquier lector que no sea licenciado en Historia del Arte,&nbsp;<a href="https://www.sanssoleil.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sans Soleil Ediciones</a> acaba de publicar uno de esos libros que bien merecer&iacute;a una exposici&oacute;n: <a href="https://www.sanssoleil.es/tienda/naturalezas-mutantes-daniel-lopez-del-rincon/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Naturalezas Mutantes</a> plantea una lectura posible en base a momentos clave que dan muestra de lo peliagudo del idilio. De sus excepciones y fisuras. Un recorrido que nos reta a pensar, &iquest;y si antes de llegar a ning&uacute;n sitio descubri&eacute;semos que ambos t&eacute;rminos, en realidad, son lo mismo? Con esta idea empezamos el viaje.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc7c5f64-6bc1-4628-9c66-e814668c8814_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc7c5f64-6bc1-4628-9c66-e814668c8814_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc7c5f64-6bc1-4628-9c66-e814668c8814_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc7c5f64-6bc1-4628-9c66-e814668c8814_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc7c5f64-6bc1-4628-9c66-e814668c8814_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc7c5f64-6bc1-4628-9c66-e814668c8814_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dc7c5f64-6bc1-4628-9c66-e814668c8814_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">El Bosco: una forma de imaginar la naturaleza</h3><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado se cumpl&iacute;an 500 a&ntilde;os de la muerte de Hieronymus Bosch, tambi&eacute;n conocido como El Bosco. Una efem&eacute;ride que el&nbsp;<a href="https://www.museodelprado.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo del Prado</a> aprovech&oacute;&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/cultura/arte/Bosco-exposicion-Prado_0_520048202.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para realizar una exposici&oacute;n</a> que mereci&oacute; ser la&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/cultura/Bosco-protagonista-mundo-multiples-eventos_0_469653220.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s vista de su historia</a>&nbsp;y que volvi&oacute; a sacar al pintor de Bolduque a la palestra con los consiguientes r&iacute;os de tinta que analizaban el asombrosamente original halo que rodea sus im&aacute;genes.
    </p><p class="article-text">
        Lo que puede que pasara desapercibido fue lo que M. Rosa Ter&eacute;s defiende como la raz&oacute;n de este car&aacute;cter fant&aacute;stico. Por eso empezamos este recorrido con &eacute;l: una grieta en la representaci&oacute;n de la naturaleza en el arte. Seg&uacute;n la catedr&aacute;tica de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona, &ldquo;esta originalidad y el car&aacute;cter, a menudo desconcertante y terrible, de sus im&aacute;genes tiene su concretizaci&oacute;n m&aacute;xima en la representaci&oacute;n de la Naturaleza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Conocedor de las obras de los flamencos y su dominio para captarla con total precisi&oacute;n, &eacute;l tambi&eacute;n llev&oacute; siempre a cabo una traslaci&oacute;n realista de la misma. Pero esta representaci&oacute;n &ldquo;adquiere en El Bosco un car&aacute;cter singular e irrepetible: la naturaleza lo es todo menos naturalista, puesto que en ella se mezcla la realidad m&aacute;s precisa con la fantas&iacute;a m&aacute;s ins&oacute;lita&rdquo;. Buena prueba es <em>El Jard&iacute;n de las delicias</em>, una obra inabarcable en todos los sentidos que muestra su capacidad para mezclar realidad y fantas&iacute;a cuando observa la naturaleza. Y fecha el inicio de lo mutante de esta relaci&oacute;n a finales de la Edad Media.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/472f471b-52d0-4cd8-8ef0-db29bacc1f95_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/472f471b-52d0-4cd8-8ef0-db29bacc1f95_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/472f471b-52d0-4cd8-8ef0-db29bacc1f95_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/472f471b-52d0-4cd8-8ef0-db29bacc1f95_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/472f471b-52d0-4cd8-8ef0-db29bacc1f95_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/472f471b-52d0-4cd8-8ef0-db29bacc1f95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/472f471b-52d0-4cd8-8ef0-db29bacc1f95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">La naturaleza muerta</h3><p class="article-text">
        La siguiente parada de este extra&ntilde;o recorrido nos lleva hasta el Siglo de Oro espa&ntilde;ol para estudiar dos de los g&eacute;neros naturales por excelencia: el bodeg&oacute;n y el paisaje. Ambos t&eacute;rminos, cabe decir, creados a posteriori por la impuesta necesidad de catalogaci&oacute;n de nuestro entorno acad&eacute;mico, que sin embargo fueron tremendamente populares all&aacute; por el siglo XVII.
    </p><p class="article-text">
        Los pintores de esta &eacute;poca -tales como El Greco, Zurbar&aacute;n o Antonio de Pereda- dejaban atr&aacute;s la naturaleza como terreno de f&eacute;rtil imaginaci&oacute;n y prefer&iacute;an &ldquo;deleitar los sentidos del gran p&uacute;blico, a seducir al espectador mediante su contemplaci&oacute;n&rdquo;, explican Sara Caredda y Ram&oacute;n Dilla Mart&iacute; en <em>Naturalezas Mutantes</em>.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n ambos Doctores en Historia del Arte en&nbsp;la Universidad de Barcelona, la visi&oacute;n del siglo XVII de la naturaleza pod&iacute;a ofrecer distintos niveles de lectura. Su popularidad no los hac&iacute;a menos dignos de estudio. &ldquo;Un observador com&uacute;n pod&iacute;a maravillarse ante la habilidad t&eacute;cnica de un paisaje o de una naturaleza muerta donde, adem&aacute;s, era capaz de reconocer los objetos cotidianos representados&rdquo;, afirman. &ldquo;En cambio otro p&uacute;blico m&aacute;s erudito pod&iacute;a percibir otros significados en clave religiosa o aleg&oacute;rica&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bd0cce9a-8c37-4966-a945-6001a87fa9b5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bd0cce9a-8c37-4966-a945-6001a87fa9b5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bd0cce9a-8c37-4966-a945-6001a87fa9b5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bd0cce9a-8c37-4966-a945-6001a87fa9b5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bd0cce9a-8c37-4966-a945-6001a87fa9b5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bd0cce9a-8c37-4966-a945-6001a87fa9b5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bd0cce9a-8c37-4966-a945-6001a87fa9b5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Una utop&iacute;a natural</h3><p class="article-text">
        Otra mirada particular a la relaci&oacute;n m&aacute;s antigua que ha mantenido el arte con cualquier cosa que no fuera &eacute;l mismo, nos lleva hasta el siglo XVIII, ese que se considera el paso de la Edad Moderna a la Edad Contempor&aacute;nea. La Francia del Rococ&oacute; nos presenta un imaginario natural que acoge los cambios profundos de una sociedad en crisis: la materializaci&oacute;n de sus utop&iacute;as y anhelos. La naturaleza puede ser, tambi&eacute;n, un espacio en el que so&ntilde;ar un futuro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El arte Rococ&oacute; afirmaba por un lado los ideales del Antiguo R&eacute;gimen&rdquo;, cuenta Tobias Locker. Aunque la representaci&oacute;n de la naturaleza tambi&eacute;n &ldquo;fue utilizada con distintos prop&oacute;sitos, creando espacios donde la utop&iacute;a y la realidad se mezclaban, llegando a difuminarse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Doctor en Historia del Arte en la Technische Universit&auml;t Berlin, en esta etapa &ldquo;a trav&eacute;s de la naturaleza se reforzaba el lujo y la exclusividad de las clases elevadas, recordando los modos de ostentaci&oacute;n del Barroco y endulzando la despedida de los a&ntilde;os del Antiguo R&eacute;gimen&rdquo;. &ldquo;Una &eacute;poca de cambios que mostraba una imagen de un para&iacute;so pr&aacute;cticamente perdido&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7546ed34-033a-4bec-a09e-3bf7f851eeb9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7546ed34-033a-4bec-a09e-3bf7f851eeb9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7546ed34-033a-4bec-a09e-3bf7f851eeb9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7546ed34-033a-4bec-a09e-3bf7f851eeb9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7546ed34-033a-4bec-a09e-3bf7f851eeb9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7546ed34-033a-4bec-a09e-3bf7f851eeb9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7546ed34-033a-4bec-a09e-3bf7f851eeb9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h2 class="article-text">Metamorfosis creativas</h2><p class="article-text">
        En el siglo XIX, las evocaciones de la naturaleza en el arte son, de repente, m&aacute;s transdisciplinares que nunca. La imagen que de la naturaleza se transmite desde la literatura transita con facilidad a la pintura, y esta lo hace a su vez hacia la m&uacute;sica e incluso hacia la ciencia.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la&nbsp;Profesora Titular de Arte en la Universidad de Barcelona Teresa-M.Sala, en este momento se producen una serie de transformaciones del imaginario popular &ldquo;cuando la idea de metamorfosis estaba en el aire&rdquo;. De tal manera que empiezan a ser muy habituales &ldquo;las representaciones art&iacute;sticas de figuras h&iacute;bridas -plantas, flores y animales- que se vertebran misteriosamente y se mezclan con lo imprevisible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta tendencia est&eacute;tica fue durante este siglo desde las pinturas de&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/cultura/CaixaForum-propone-artistico-Phillips-Collection_0_536846992.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Odilon Redon</a> -<a href="https://www.wikiart.org/en/odilon-redon/ophelia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inolvidable su Ofelia</a>- hasta la mism&iacute;sima <a href="http://www.eldiario.es/cultura/metamorfosis-Kafka-cumple-nuevas-reediciones_0_446555634.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Metamorfosis de Kafka</a>, demostrando c&oacute;mo se contaminaban unas y otras artes. La prueba, como demuestra Teresa-M. Sala, radica en que la concepci&oacute;n de la naturaleza cambia considerablemente desde la ciencia gracias a la publicaci&oacute;n de <em>El origen de las especies</em> de Darwin all&aacute; por 1859. Desde entonces -<a href="http://www.eldiario.es/cultura/entrevistas/Siento-creacionismo-pierden-fascinante-realidad_0_565893496.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aunque a&uacute;n parece que hay quien no ha aceptado la idea</a>-, se comprende la naturaleza, los animales y vegetales, como consecuencia de un proceso de adaptaci&oacute;n. Es decir, de transformaci&oacute;n. Algo que el arte supo entender.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/20db679a-5bf6-4179-8a7e-70bd1ae70850_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/20db679a-5bf6-4179-8a7e-70bd1ae70850_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/20db679a-5bf6-4179-8a7e-70bd1ae70850_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/20db679a-5bf6-4179-8a7e-70bd1ae70850_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/20db679a-5bf6-4179-8a7e-70bd1ae70850_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/20db679a-5bf6-4179-8a7e-70bd1ae70850_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/20db679a-5bf6-4179-8a7e-70bd1ae70850_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Naturalezas surrealistas</h3><p class="article-text">
        El convulso siglo XX convirti&oacute; la idea de naturaleza en el arte en algo m&aacute;s oscuro. De las naturalezas muertas a las cambiantes llegamos, sin saber muy bien c&oacute;mo, a una representaci&oacute;n directamente delirante. La herida de una Guerra Mundial y el clima de otra en ciernes hizo del Surrealismo el estilo que consolidar&iacute;a un imaginario natural lleno organicidades abyectas y sucias. Las de Dal&iacute;, Max Ernst o Andr&eacute; Masson.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n V&iacute;ctor Ram&iacute;rez Tur, Licenciado en Comunicaci&oacute;n Audiovisual en la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona, &ldquo;a una &eacute;poca degenerada debe corresponderle un arte degenerado, tambaleante, repulsivo&rdquo;. Para &eacute;l, &ldquo;la naturaleza ser&aacute; refugio y espacio de fusiones pero no podemos esperar que ese lugar de encuentro disidente sea na&iacute;f&rdquo;. La naturaleza cobra pues, el in&eacute;dito sentido de refugio de libertad por contraponer lo repulsivo a los valores de un fallido pensamiento ilustrado. Adi&oacute;s a la mitolog&iacute;a salvadora de la Madre Tierra, hola a las fusiones informes de tierras y cuerpos de madres.
    </p><p class="article-text">
        <span id="2257611_1497571235260"></span>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe id="2257611_1497571235260" src="//widget.smartycenter.com/webservice/embed/9349/2257611/643/362/0/0/0/100/1/1" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" width="643" height="362" frameborder="0"></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">Bioarte: naturalezas que viven y mueren</h3><p class="article-text">
        Ya en los albores de este siglo en el que nos ha tocado vivir, el arte encontr&oacute; una nueva manera de referirse a la naturaleza: el bioarte. Una disciplina que usa t&eacute;cnicas de modificaci&oacute;n de organismos vivos que ha suscitado no pocas pol&eacute;micas, puesto que al leer sobre ello&nbsp;era f&aacute;cil preguntarse si era realmente una pr&aacute;ctica novedosa o se llevaba a cabo desde hac&iacute;a siglos mediante la manipulaci&oacute;n de la naturaleza a manos del hombre. Lo que estaba claro era que la relaci&oacute;n hab&iacute;a cambiado hasta tal punto que llegaba a poner en tensi&oacute;n el concepto tradicional de obra de arte. &iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Para Natalia Matewcki &ldquo;ya no estamos hablando de una obra fija y permanente, como una pintura en un caballete, sino que la obra del bioarte cambia, muto e incluso muere&rdquo;. Seg&uacute;n la Doctora en Artes por la Universidad Nacional de La Plata, el arte vivo como nueva representaci&oacute;n art&iacute;stica de la naturaleza &ldquo;produce un quiebro con aspectos fundamentales de la obra moderna y pone en crisis todo intento de demarcarla o establecer con ella distinciones disciplinares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Algo que viene a significar que hoy, naturaleza y arte mantienen una relaci&oacute;n mucho m&aacute;s &iacute;ntima pero tambi&eacute;n m&aacute;s an&aacute;rquica y difusa. Muchas veces, de hecho, son lo mismo. As&iacute; que tal vez no se equivocase Voltaire: la naturaleza siempre ha tenido un nombre impropio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/006ffaf7-6fa1-40ad-83f8-7822015e90e8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/006ffaf7-6fa1-40ad-83f8-7822015e90e8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/006ffaf7-6fa1-40ad-83f8-7822015e90e8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/006ffaf7-6fa1-40ad-83f8-7822015e90e8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/006ffaf7-6fa1-40ad-83f8-7822015e90e8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/006ffaf7-6fa1-40ad-83f8-7822015e90e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/006ffaf7-6fa1-40ad-83f8-7822015e90e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francesc Miró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/bosco-bioarte-recorrido-insolito-naturaleza_1_3339429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Jul 2017 18:55:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/244784d8-98bc-4bd7-82c8-54cbbc15ef74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="364435" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/244784d8-98bc-4bd7-82c8-54cbbc15ef74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="364435" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[De El Bosco al bioarte: un recorrido insólito por la naturaleza en el arte en seis momentos clave]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/244784d8-98bc-4bd7-82c8-54cbbc15ef74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[El Bosco,Naturaleza,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Bosco: un mundo que nunca se fue del todo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/bosco-exposicion-prado_1_3982838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bfd118b9-4f45-4bf0-85ac-2ce57169f061_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El jardin de las delicias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aprovechando la exposición en el Museo del Prado sobre el pintor, que empieza el martes, hacemos un repaso por la vida y la obra de uno de los artistas más trascendentales de la historia</p></div><p class="article-text">
        El Bosco, aquel pintor de muchos nombres, muri&oacute; hace 500 a&ntilde;os. Y tal y como se preve&iacute;a, varios lugares celebran la efem&eacute;ride por todo lo alto. El primero fue s'Hertogenbosch (Holanda), su ciudad natal y de residencia. El segundo es El Escorial, donde en &eacute;poca de Felipe II se reuni&oacute; la mayor concentraci&oacute;n de cuadros del pintor. Ahora le toca el turno al Prado, el museo donde se encuentran obras tan fundamentales como <em>El carro del heno</em> o <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>. La exposici&oacute;n de s'Hertogenbosch (en castellano, Bolduque) atrajo casi 500.000 visitantes. La de Madrid, entre el 31 de mayo y el 11 de septiembre, ser&aacute; hist&oacute;rica.
    </p><h3 class="article-text">El Bosco y su circunstancia</h3><p class="article-text">
        Jheronimus Bosch (tambi&eacute;n Hieronymus o Jeroen) naci&oacute; en realidad como van Aken (o Aaken), apellido procedente de Aquisgr&aacute;n, la antigua ciudad palatina. Su bisabuelo era un pintor conocido en Nimega y su abuelo, igualmente pintor, ya se traslad&oacute; a s'Hertogenbosch, donde a la familia le debi&oacute; de ir bien. Prueba de ello es que el padre de Jheronimus, Anthonius, pudo comprar una casa de piedra, signo de alto nivel, en plena plaza de la ciudad. Es decir, artesanos de lujo bien establecidos entre la burgues&iacute;a, bien relacionados y bien casados, como el mismo Jheronimus.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/286f4a8c-9d81-43ea-bcbd-222c8c1dfab1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/286f4a8c-9d81-43ea-bcbd-222c8c1dfab1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/286f4a8c-9d81-43ea-bcbd-222c8c1dfab1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/286f4a8c-9d81-43ea-bcbd-222c8c1dfab1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/286f4a8c-9d81-43ea-bcbd-222c8c1dfab1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/286f4a8c-9d81-43ea-bcbd-222c8c1dfab1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/286f4a8c-9d81-43ea-bcbd-222c8c1dfab1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No se conoce su fecha de nacimiento a ciencia cierta. En torno a 1450. Tampoco se sabe demasiado de su vida, aunque trabajos historiogr&aacute;ficos como el escrito para esta muestra por la comisaria Pilar Silva Maroto, aporten un sinn&uacute;mero de pistas. En 1481 contrajo matrimonio con la hija de patricios Aleyt Goyaert. Un salto en la escala social. Otro dato muy significativo es su entrada en 1488 en la Ilustre Hermandad de Nuestra Se&ntilde;ora y m&aacute;s tarde en su c&iacute;rculo m&aacute;s interno, compuesto sobre todo por curas seglares, patricios (burgueses ennoblecidos), profesionales como m&eacute;dicos o abogados y algunos artistas. Entre 60 y 80 personas con una gran influencia en la religi&oacute;n y la nobleza del ducado de Brabante. Lo que se llama un lobby religioso-burgu&eacute;s que hablaba en nombre de los m&aacute;s o menos 10.000 miembros de la Hermandad.
    </p><p class="article-text">
        Esta era una &eacute;poca de especial agitaci&oacute;n en la Europa Central, desde Bohemia hasta Flandes. En lo religioso estaban surgiendo todo tipo de movimientos espirituales que acabar&iacute;an en el protestantismo pero ahora se centraban en la <em>Devotio Moderna</em> de Thomas a Kempis o en Erasmus de Rotterdam, contempor&aacute;neo de El Bosco, a quien seguramente conoci&oacute; porque consta que el a&uacute;n joven Erasmus estudio tres a&ntilde;os en s'Hertogenbosch.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d8bb57e-6edc-4daa-a519-4ca373729015_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d8bb57e-6edc-4daa-a519-4ca373729015_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d8bb57e-6edc-4daa-a519-4ca373729015_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d8bb57e-6edc-4daa-a519-4ca373729015_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d8bb57e-6edc-4daa-a519-4ca373729015_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d8bb57e-6edc-4daa-a519-4ca373729015_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1d8bb57e-6edc-4daa-a519-4ca373729015_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Por otro lado, se acumulaban las tensiones pol&iacute;ticas que conducir&iacute;an a las guerras de religi&oacute;n y en general a un enfrentamiento europeo que continuar&iacute;a hasta el siglo XX. En la &eacute;poca de El Bosco, Brabante formaba parte del Gran Ducado de Borgo&ntilde;a, antagonista del rey de Francia, de quien era vasallo, para pasar luego a la casa de Habsburgo con el emperador Maximiliano I. Los espa&ntilde;oles conocemos bien la historia posterior de Flandes.
    </p><p class="article-text">
        En lo art&iacute;stico, en Italia ya est&aacute;bamos en el Renacimiento maduro. Que en realidad fue cuando el Renacimiento lleg&oacute; a las artes centroeuropeas, flamencas y alemanas. Esa dilatada influencia del g&oacute;tico o de no considerar necesaria la emulaci&oacute;n de la antig&uuml;edad cl&aacute;sica, condujo a otro tipo de pintura y de im&aacute;genes. Una pintura con rasgos que pod&iacute;an parecer arcaicos pero muy evolucionada y bien informada a trav&eacute;s de grabados, en los que Centroeuropa ya era una potencia.
    </p><p class="article-text">
        Entre los pintores flamencos coet&aacute;neos de El Bosco estaban Petrus Christus (c.1410-75), Dieric Bouts (1420-75), Memling (c. 1430&ndash;1494), Van Der Goes (1440-82) o Brueghel el Viejo (c.1525-1569) y en la hoy Alemania Schongauer (post 1455-91), Grunewald (1470-1528), Durero (1471-1528) o Cranach el Viejo (1472-1553).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Sus correspondientes italianos? Mantegna (1431-1506), Leonardo (1452-1519), Miguel &Aacute;ngel (1475-1564), Rafael (1483-1520). Tradiciones muy distintas pero m&aacute;s interrelacionadas de lo que aparentan: Vasari (1511-1574) comenta c&oacute;mo un casi ni&ntilde;o Miguel &Aacute;ngel copi&oacute; al &oacute;leo el famos&iacute;simo grabado <em>La Tentaci&oacute;n de San Antonio,</em> de Schongauer, una obra muy en la imaginer&iacute;a infernal de El Bosco, por otra parte.
    </p><h3 class="article-text">El Bosco y su obra</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6338149e-ede9-4a5d-a21e-4d187e834203_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6338149e-ede9-4a5d-a21e-4d187e834203_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6338149e-ede9-4a5d-a21e-4d187e834203_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6338149e-ede9-4a5d-a21e-4d187e834203_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6338149e-ede9-4a5d-a21e-4d187e834203_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6338149e-ede9-4a5d-a21e-4d187e834203_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6338149e-ede9-4a5d-a21e-4d187e834203_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Antes de iniciar un repaso por su obra, hay que advertir un par de cuestiones. Como sucede con muchos grandes cl&aacute;sicos (todav&iacute;a est&aacute; el Prado La Tour, un caso extremo), la cuesti&oacute;n de la atribuci&oacute;n de obra es muy entretenida pero siempre al albur de descubrimientos/ocurrencias ocasionales de uno u otro estudioso. Por ejemplo, <em>El carro del heno</em> siempre ha despertado alg&uacute;n escepticismo (fuera de Espa&ntilde;a, bien entendido) y tanto los <a href="https://news.artnet.com/art-world/hieronymus-bosch-attribution-paintings-353804" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Siete pecados capitales (Prado) como Cristo con la cruz a cuestas (Gante)</a> han ca&iacute;do hace unos pocos meses bajo la sospecha de ser trabajos de taller. Lo mejor es conformarse con lo que nos cuenten pero seguir creyendo candorosamente que el <em>Hombre del casco de oro</em> es de Rembrandt y <em>El coloso</em> de Goya, por mucho que lo niegue alg&uacute;n experto.
    </p><p class="article-text">
        Otra dificultad es la de la dataci&oacute;n. No hay cuadros de El Bosco datados y estil&iacute;sticamente no es f&aacute;cil percibir una evoluci&oacute;n lineal. Lo m&aacute;s aproximado, dado que todos son &oacute;leos sobre tabla, son an&aacute;lisis dendrol&oacute;gicos de los soportes. Lo cual ofrece cierta orientaci&oacute;n, pero tampoco precisa. Entre que la madera fuera cortada, curada y despu&eacute;s fuera utilizada pod&iacute;an pasar muchos a&ntilde;os. Nos movemos en plazos de una d&eacute;cada. En cualquier caso, no hay obra acreditada y eso con dudas, de antes de 1485.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82cd6698-8dfa-484d-b12d-c90d9771112a_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82cd6698-8dfa-484d-b12d-c90d9771112a_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82cd6698-8dfa-484d-b12d-c90d9771112a_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82cd6698-8dfa-484d-b12d-c90d9771112a_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82cd6698-8dfa-484d-b12d-c90d9771112a_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82cd6698-8dfa-484d-b12d-c90d9771112a_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/82cd6698-8dfa-484d-b12d-c90d9771112a_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        De las 59 obras que se muestran, unas 29 son atribuidas a El Bosco. De ellas, 10 son dibujos a tinta y 19 son &oacute;leos sobre tabla. Teniendo en cuenta que apenas hay 30 obras por el momento fuera de duda, no est&aacute; nada mal. Las otras 30 obras o bien est&aacute;n atribuidas a seguidores, a su taller o pertenecen a otros artistas que trabajaban en su ciudad como Alart du Hameel, compa&ntilde;ero en el c&iacute;rculo rector de la Hermandad de Nuestra Se&ntilde;ora. O el escultor de altares Adriaen van Wesel, quien recibi&oacute; el encargo de la Hermandad para que realizara el altar de la nueva iglesia de Nuestra Se&ntilde;ora.
    </p><p class="article-text">
        Son trabajos que est&aacute; bien ver, pero quiz&aacute; inciden demasiado en el ambiente lugare&ntilde;o de El Bosco, cuando una de las pocas cosas documentadas sobre su peripecia es que recibi&oacute; un encargo de Felipe el Hermoso para pintar un <em>Juicio Final</em>. Es decir, que tan local no era. Tampoco se entiende que no est&eacute; presente su compa&ntilde;ero del Prado, Brueghel el Viejo, uno de sus m&aacute;s evidentes continuadores. Y ya puestos, hay que anotar que un grabador como Pieter van der Heyden (1530-1572) grab&oacute; dibujos de Brueghel como por ejemplo <a href="https://www.pubhist.com/works/21/large/pieter_van_der_heyden_lust.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Lujuria</em></a>, que a su vez beb&iacute;an directamente de El Bosco.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, est&aacute; muy bien que haya tantas obras de taller o de seguidores. En primer lugar, hay algunas estupendas y en segundo, pasado ma&ntilde;ana alguna puede ser reconocida como de la mano del maestro. Y eso que se lleva adelantado.
    </p><p class="article-text">
        Comentado esto, esta exposici&oacute;n es tremenda. A los tres grandes tr&iacute;pticos del Prado, el <em>jard&iacute;n de las delicias</em> (terrenales), el <em>carro del heno</em> y la <em>Adoraci&oacute;n de los Magos</em> se une el tr&iacute;ptico de las <em>Tentaciones de San Antonio Abad</em> de Lisboa y el de <em>Santa Wilgefortis</em> (antes Santa Julia) de Venecia. Asimismo vienen de all&iacute; cuatro tablas de lo que se supone fue un pol&iacute;ptico tradicionalmente adjudicado a El Bosco aunque de forma un poco l&aacute;bil, como reconocen los mismos venecianos. De Brujas viene su <em>Juicio Final</em>, inferior al de mayor tama&ntilde;o, m&aacute;s complejo y mejor conservado de la Academia de Viena.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; es una ocasi&oacute;n &uacute;nica es ver reunidos los cuatro fragmentos de un tr&iacute;ptico o d&iacute;ptico desmantelado, conocido como el <em>Camino de la vida</em> y cuyas secciones, provenientes de Rotterdam, Par&iacute;s, New Haven y Washington D.C. pueden verse reunidas casi por primera vez en siglos.
    </p><p class="article-text">
        Aparte de estas grandes obras han venido otras menores en foco pero impresionantes, como la <em>Coronaci&oacute;n de espinas</em> de Londres, el <em>Ecce Homo</em> de Frankfurt o el <em>San Jer&oacute;nimo en oraci&oacute;n</em> de Gante. Si a esto se le suma una buena selecci&oacute;n de dibujos a tinta, incluido el retrato que Cornelis Cort realizo sobre El Bosco (aunque medio siglo tras la muerte de este), el proceso creativo queda algo m&aacute;s claro y se agradece. Desde el punto de vista de las obras y aun teniendo en cuenta que el mismo Prado, junto a piezas del Escorial (en cuya exposici&oacute;n, por cierto, se mostraron los tapices realizados sobre obras de El Bosco), Madrid o Valencia aporta el contingente m&aacute;s notable, la exposici&oacute;n es brutal y permite entender mucho mejor la obra de este enorme y peculiar artista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/337dc602-bda9-4fd9-8115-29a5637cb1b0_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/337dc602-bda9-4fd9-8115-29a5637cb1b0_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/337dc602-bda9-4fd9-8115-29a5637cb1b0_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/337dc602-bda9-4fd9-8115-29a5637cb1b0_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/337dc602-bda9-4fd9-8115-29a5637cb1b0_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/337dc602-bda9-4fd9-8115-29a5637cb1b0_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/337dc602-bda9-4fd9-8115-29a5637cb1b0_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">El Bosco y su significado</h3><p class="article-text">
        El Bosco es uno de los pintores m&aacute;s interpretados de la historia. Podr&iacute;a decirse que sobreinterpretado. Su obra ha sido analizada desde puntos de vista m&eacute;dico, filos&oacute;fico, alquimista, ocultista, psicol&oacute;gico o religioso, por mencionar solo las l&iacute;neas m&aacute;s comunes. Es cierto que El Bosco no lo pon&iacute;a f&aacute;cil, al lado suyo la <em>Torre de Babel</em> o los <em>Proverbios</em> de Brueghel el Viejo parecen casi obvios.
    </p><p class="article-text">
        La interpretaci&oacute;n dominante durante cierto tiempo ha sido la simb&oacute;lica. No es de extra&ntilde;ar. El Bosco viv&iacute;a en aquel ambiente simb&oacute;lico de la corte tardo-medieval de Borgo&ntilde;a muy bien descrito por Johan Huizinga para su estudio sobre los hermanos Van Eyck (<em>El oto&ntilde;o de la Edad Media</em>). Seg&uacute;n el gran especialista en el periodo, el alem&aacute;n Wilhelm Fraengen (1890-1964), todos y cada uno de los detalles de estas pinturas tendr&iacute;an ese car&aacute;cter. Fraengen acab&oacute; concluyendo en su obra tard&iacute;a y m&aacute;s que cuestionable que El Bosco pertenec&iacute;a a una secta her&eacute;tica llamada Hermandad del Esp&iacute;ritu Libre. Punto desde el cual se ha ido desarrollando con los a&ntilde;os una especie de conspiracionismo alrededor de su figura.
    </p><p class="article-text">
        Todo es posible, pero resulta un poco extra&ntilde;o que a los comisionistas de sus obras, muchas destinadas a iglesias, no les resultara raro lo que ve&iacute;an o que Felipe II pr&aacute;cticamente llenara de boscos el Escorial (todo un monasterio) sin que los cuadros hubieran pasado por una dura criba de ortodoxia religiosa y pol&iacute;tica, que tambi&eacute;n se ha interpretado en El Bosco la resistencia de Flandes del Norte a los Habsburgo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec9eb8eb-b48e-4df6-ad42-c260bbf5f916_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec9eb8eb-b48e-4df6-ad42-c260bbf5f916_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec9eb8eb-b48e-4df6-ad42-c260bbf5f916_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec9eb8eb-b48e-4df6-ad42-c260bbf5f916_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec9eb8eb-b48e-4df6-ad42-c260bbf5f916_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec9eb8eb-b48e-4df6-ad42-c260bbf5f916_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ec9eb8eb-b48e-4df6-ad42-c260bbf5f916_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No parece una rese&ntilde;a el lugar adecuado para entrar en el detalle. Cada cuadro es un mundo y reconstruir el pensamiento simb&oacute;lico de la &eacute;poca parece misi&oacute;n imposible desde nuestra perspectiva racionalista. Porque de la misma forma que los conceptos son fluidos y se van generando ex-novo, los s&iacute;mbolos tambi&eacute;n formaban un sistema din&aacute;mico susceptible de innovaci&oacute;n. No hay m&aacute;s que ver los dibujos sobre <em>Monstruos</em> del Ashmolean de Oxford o alguno presente en esta exposici&oacute;n para comprobar que, simb&oacute;licas o no, El Bosco inventaba cosas. Monstruos, caricaturas humanas o serenos rostros de Cristo.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo ello con un m&eacute;todo. El artista Jos&eacute; Manuel Ballester presentaba hace unos d&iacute;as sus nuevos <em>Espacios Ocultos</em> en el museo L&aacute;zaro Galdiano, tambi&eacute;n en Madrid. Los <em>Espacios Ocultos</em> consisten en eliminar las figuras animadas de cuadros famosos. Es bastante m&aacute;s que una ocurrencia feliz, sino un trabajo digital que Ballester realiza de forma virtuosa y que, aparte de poner de manifiesto la estructura subyacente en los cuadros, genera una experiencia muy extra&ntilde;a. Ballester ha trabajado sobre la <em>Meninas</em>, la <em>Primavera</em> de Boticelli, la <em>&Uacute;ltima cena</em> de Leonardo, la <em>Balsa de la Medusa</em> de Gericault , el <em>Cristo</em> de Vel&aacute;zquez...
    </p><p class="article-text">
        En el L&aacute;zaro Galdiano, lo hace sobre el Greco, Goya y El Bosco, todos ellos en la colecci&oacute;n del museo. Sobre su trabajo habitual en esta serie, en esta ocasi&oacute;n desnuda de figuras el <em>San Juan Bautista en meditaci&oacute;n</em> pero en un trabajo paralelo y seguramente por primera vez, en vez de sustraer, a&ntilde;ade un elemento al cuadro, la figura de un donante que exist&iacute;a pero se repint&oacute; (no es el &uacute;nico caso en El Bosco).
    </p><p class="article-text">
        Con todo, lo m&aacute;s fascinante y que ata&ntilde;e de forma directa a la exposici&oacute;n del Prado es un v&iacute;deo donde Ballester traza las mil geometr&iacute;as posibles de <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>. &iquest;Habl&aacute;bamos de interpretaciones? Aqu&iacute; una absolutamente actual sobre la geometr&iacute;a trascendente.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9349/1755905/643/362/0/0/0/100/1" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" frameborder="0" height="362" width="643"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        El Bosco vivi&oacute; muy bien en vida y goz&oacute; de gran fama inmediatamente tras su muerte. Al menos hasta que lleg&oacute; la Ilustraci&oacute;n y los mundos imaginarios quedaron relegados a lo que no tiene sentido racional. A <em>Alicia a trav&eacute;s del espejo</em> o Jan Svankjsmayer, por as&iacute; decir. Sin embargo al Romanticismo, sobre todo al n&oacute;rdico, ya le iba bien este tipo de representaci&oacute;n truculenta, muy bien representada en sus cuentos tradicionales y que en cierta forma deb&iacute;a resultar bastante asumible en la tradici&oacute;n del esperpento hispano.
    </p><p class="article-text">
        Tras Freud, El Bosco volvi&oacute; a ponerse en boga, los surrealistas encontraron en &eacute;l una verdadera mina y la psicodelia de los 60 lo puso definitivamente en &oacute;rbita popular. De todas formas, lo que hoy se exhibe en el Prado como una gloria de la colecci&oacute;n, el <em>jard&iacute;n de las delicias</em>, se expon&iacute;a hace unas d&eacute;cadas junto a una puerta en una de las grandes salas y con bastante mala iluminaci&oacute;n. El Bosco no era tan apreciado, por mucho que se diga, sobre todo porque las dificultades inherentes a su obra y trayectoria le hac&iacute;an aparecer un poco como una especie de bicho raro e inclasificable. Eso s&iacute;, avalado desde siempre por un emperador coleccionista.
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora, 500 a&ntilde;os tras su muerte, seguramente ha llegado el momento para volver a apreciar su trabajo en el contexto en que se produjo. El racionalismo sigue dominando nuestro pensamiento pero hoy sabemos y sentimos que las im&aacute;genes de El Bosco pertenec&iacute;an a un mundo que nunca se fue del todo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.M. Costa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/bosco-exposicion-prado_1_3982838.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 May 2016 17:12:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bfd118b9-4f45-4bf0-85ac-2ce57169f061_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="252325" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bfd118b9-4f45-4bf0-85ac-2ce57169f061_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="252325" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[El Bosco: un mundo que nunca se fue del todo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bfd118b9-4f45-4bf0-85ac-2ce57169f061_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[El Bosco,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo ver el Museo del Prado con otros ojos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/mirar-museo-prado-ojos_1_2351788.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e24dc115-1c0e-4ec3-9a3f-c240a6fc34dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La Gioconda o La Mona Lisa (copia)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Oftalmología en el Museo del Prado</p><p class="subtitle">es un libro que recorre, a través de 34 cuadros, varias patologías oculares presentes en los personajes de las obras</p><p class="subtitle">Aunque de momento no está a la venta, la idea de su autor, Enrique Santos, es que el propio Museo del Prado lo comercialice</p></div><p class="article-text">
        En el Museo del Prado, desde el pasado martes&nbsp;est&aacute; <a href="http://www.eldiario.es/cultura/arte/Ingres-conservador-rebelde_0_455304604.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ingres</a>. Pero desde siempre han estado Peter Brueghel, El Bosco, Diego Vel&aacute;zquez o Francisco de Goya, entre otros muchos. Enrique Santos Bueso (C&aacute;ceres) es oftalm&oacute;logo y amante de la pintura. Una idea en su cabeza desde finales de los a&ntilde;os 90 ha cristalizado este 2015 en forma de libro. Editado por laboratorios Thea, ha desgranado con la ayuda de dos colegas de profesi&oacute;n y a lo largo de 80 p&aacute;ginas varias patolog&iacute;as oculares presentes en algunos de los cuadros de El Prado. &ldquo;Lo que he intentado ha sido intentar diagnosticar la enfermedad que yo creo que hay en los personajes de estos cuadros&rdquo;, dice el m&eacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        La futura marquesa de Marguini, retratada de ni&ntilde;a en el cuadro de Francisco de Goya <em>Los Duques de Osuna y sus hijos</em>, posee <a href="http://parpado.com/243/epicanto_epicanthus.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">epicanto</a>, asimetr&iacute;a ocular y un posible <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Exoforia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estrabismo</a>&nbsp;en su ojo derecho. <em>San Jer&oacute;nimo</em>&nbsp;seg&uacute;n Marinus van Reymerswaele usa gafas. Hay ciegos presentes en <em>El vino de la fiesta de san Mart&iacute;n</em>, de Brueghel. Y as&iacute; hasta 34 obras, donde cada uno de los pasajes del libro est&aacute; acompa&ntilde;ado de la historia del cuadro, con la explicaci&oacute;n pertinente para cada patolog&iacute;a. &ldquo;Es un recorrido por el Museo del Prado con la disculpa de la patolog&iacute;a ocular&rdquo;, dice Enrique.
    </p><p class="article-text">
        El oftalm&oacute;logo cacere&ntilde;o lleva m&aacute;s de 15 a&ntilde;os en Madrid. Actualmente trabaja en la Unidad de Glaucoma y Neurooftalmolog&iacute;a del Hospital Cl&iacute;nico San Carlos y, aunque el libro no vaya a ser distribuido &ndash;en principio&ndash; en tiendas, est&aacute; intentando que El Prado acceda a venderlo en el propio museo. Se han editado 3.000 ejemplares, que est&aacute;n destinados en su totalidad a la comunidad cient&iacute;fica. La funci&oacute;n es puramente divulgativa. Seg&uacute;n Enrique, &ldquo;ahora mismo, la gente no tiene acceso al libro. Por eso queremos que se venda en el museo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e7d1dcc-05b2-474e-a684-6b8388c6dd09_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e7d1dcc-05b2-474e-a684-6b8388c6dd09_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e7d1dcc-05b2-474e-a684-6b8388c6dd09_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e7d1dcc-05b2-474e-a684-6b8388c6dd09_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e7d1dcc-05b2-474e-a684-6b8388c6dd09_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e7d1dcc-05b2-474e-a684-6b8388c6dd09_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6e7d1dcc-05b2-474e-a684-6b8388c6dd09_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La entidad presidida por Miguel Zugaza ha facilitado todas las im&aacute;genes de <em>Oftalmolog&iacute;a en el Museo del Prado</em>, como lleva por t&iacute;tulo la obra. &ldquo;Han puesto un precio simb&oacute;lico para que usemos las fotos, que no s&eacute; cu&aacute;l es ahora mismo. Pero es menor que si se tratase de otro caso. El Museo ha facilitado much&iacute;simo la edici&oacute;n del libro&rdquo;, cuenta&nbsp;Enrique.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A priori ten&iacute;a m&aacute;s de 100 cuadros, pero el profesor Juli&aacute;n Garc&iacute;a S&aacute;nchez y la doctora Mar&iacute;a Jos&eacute; Vinuesa me han ayudado a elegir los lienzos y a hacer el recorrido lo m&aacute;s din&aacute;mico posible&rdquo;, dice Enrique. El libro, adem&aacute;s de contar con la pintura en cuesti&oacute;n y explicar su historia, tambi&eacute;n incluye una foto del detalle de cada patolog&iacute;a ocular de cada obra y, en la esquina superior derecha, un plano en el que se marca su situaci&oacute;n en el Museo.
    </p><h3 class="article-text">La Mona Lisa&nbsp;no tiene cejas ni pesta&ntilde;as</h3><p class="article-text">
        Enrique se ha encargado de recopilar algunos de los trabajos cient&iacute;ficos que ya ha publicado en una revista de oftalmolog&iacute;a. Podr&iacute;a decirse que se trata de pura y dura deformaci&oacute;n profesional lo que contiene <em>Oftalmolog&iacute;a en el Museo del Prado</em>. Aunque al principio fueran 100, pod&iacute;an haber sido muchos m&aacute;s cuadros y el libro haber contado con el doble o el triple de p&aacute;ginas. Pero lo indispensable era encontrar obras&nbsp;en las que &ldquo;existiese alguna patolog&iacute;a ocular, alg&uacute;n detalle relacionado con la oftalmolog&iacute;a&rdquo;, dice el m&eacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n &ldquo;la presencia de gafas, f&aacute;rmacos o alguna imagen de Santa Luc&iacute;a, que es la patrona de los oftalm&oacute;logos&rdquo; han sido factores claves para hacer la selecci&oacute;n. &ldquo;Hay un par de referencias a Santa Luc&iacute;a: una que habla de Santo Domingo y otra que es el <em>Retablo de la Virgen</em>, del Maestro de Torralba&rdquo;. La copia de La Gioconda encontrada en el taller de Leonardo Da Vinci tampoco se salva. &ldquo;Todo lo que aparecen en el libro son diagn&oacute;sticos de aproximaci&oacute;n. Hay que tener en cuenta que para poder hacer un diagn&oacute;stico real hay que explorar al paciente y de estos &rdquo;pacientes&ldquo; solo tenemos una imagen&rdquo;, dice Enrique.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00190e48-8bf9-46a1-8b83-92c9ddab2bbc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00190e48-8bf9-46a1-8b83-92c9ddab2bbc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00190e48-8bf9-46a1-8b83-92c9ddab2bbc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00190e48-8bf9-46a1-8b83-92c9ddab2bbc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00190e48-8bf9-46a1-8b83-92c9ddab2bbc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00190e48-8bf9-46a1-8b83-92c9ddab2bbc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/00190e48-8bf9-46a1-8b83-92c9ddab2bbc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El oftalm&oacute;logo ha diagnosticado varias patolog&iacute;as oculares a la Mona Lisa. Al menos, a la copia de ella. &ldquo;La original del Louvre de Par&iacute;s, como ha sufrido tantas remodelaciones y se encuentra en un estado muy delicado tiene muchos defectos por las restauraciones tan agresivas que ha sufrido&rdquo;, cuenta Enrique. Pero tampoco tiene cejas ni pesta&ntilde;as. &iquest;Retrat&oacute; el ayudante de da Vinci estos problemas previa comunicaci&oacute;n a la Mona Lisa? &ldquo;Los pintores hac&iacute;an los retratos lo m&aacute;s fielmente posibles&rdquo;, dice Enrique.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; sea necesario un itinerario marcado de antemano antes de entrar a El Prado. Es por eso que Enrique habla de c&oacute;mo surgi&oacute; la idea de la obra: &ldquo;Al final solo se ve lo m&aacute;s importante. Este libro est&aacute; pensando como una peque&ntilde;a gu&iacute;a para recorrer el museo en una hora y media aproximadamente, con la excusa de la patolog&iacute;a ocular&rdquo;. Comienza en la puerta de Goya y acaba ah&iacute;. &ldquo;Es un ir y venir en zig-zag&rdquo;, concluye&nbsp;el m&eacute;dico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Sarabia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/mirar-museo-prado-ojos_1_2351788.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Nov 2015 19:41:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e24dc115-1c0e-4ec3-9a3f-c240a6fc34dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="117818" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e24dc115-1c0e-4ec3-9a3f-c240a6fc34dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="117818" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Cómo ver el Museo del Prado con otros ojos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e24dc115-1c0e-4ec3-9a3f-c240a6fc34dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Museo Nacional del Prado,El Bosco]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
