<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Mad Men]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/mad-men/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Mad Men]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1022888/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Los sociópatas reinan en las series de televisión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sociopatas-reinan-series-television_1_3875132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e725d23b-c7e6-4f50-8ba8-a3f7f828f380_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Breaking Bad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Adam Kotsko analiza a los protagonistas de series como</p><p class="subtitle">The Wire</p><p class="subtitle">Mad men</p><p class="subtitle">en el libro</p><p class="subtitle">Por qué nos encantan los sociópatas</p><p class="subtitle">El autor clasifica a este tipo de personajes según tres arquetipos: maquinadores, arribistas y justicieros</p></div><p class="article-text">
        Un fantasma recorre la televisi&oacute;n estadounidense: el fantasma de la sociopat&iacute;a como camino de &eacute;xito. Se dir&iacute;a que los hijos culturales del individualismo desaforado de Ronald Reagan y Margaret Thatcher se han hecho mayores y copan el mundo de las series. La antigua primera ministra brit&aacute;nica afirm&oacute; en una ocasi&oacute;n que &ldquo;no existe la sociedad, s&oacute;lo individuos y familias&rdquo;. Personajes como Don Draper (<em>Mad Men</em>) o Gregory House (<em>House</em>) ejemplifican ese individualismo sin l&iacute;mites &eacute;ticos. Tambi&eacute;n carecen de empat&iacute;a o la reservan para un n&uacute;mero muy reducido de allegados.
    </p><p class="article-text">
        Algunos de estos protagonistas se encuentran entre las creaciones m&aacute;s carism&aacute;ticas de la cultura popular reciente. Para el ensayista Adam Kotsko, los soci&oacute;patas &ldquo;son las figuras dominantes de la televisi&oacute;n&rdquo;. En su libro <em>Por qu&eacute; nos encantan los soci&oacute;patas</em> (Melusina, 2016), los aficionados pueden buscar las consideraciones del autor sobre los protagonistas de decenas de series. A lo largo de este repaso, <em>Mad Men</em> y <em>The Wire</em> parecen recibir una especial atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El autor trata el fen&oacute;meno de una manera ambivalente: analiza el magnetismo del soci&oacute;pata televisivo, pero tambi&eacute;n se muestra preocupado ante la posibilidad de que genere modelos de conducta. De manera coloquial, resume un mensaje posible: &ldquo;Si no me preocupara una mierda por nada ni nadie, entonces ser&iacute;a poderoso y libre&rdquo;. Seg&uacute;n Kotsko, &ldquo;de ah&iacute; a pensar que 'solo' triunfa gente de esta cala&ntilde;a no hay m&aacute;s que un paso&rdquo;. En este aspecto, recuerda que los guionistas televisivos escogen los rasgos m&aacute;s convenientes del trastorno de personalidad antisocial, como la carencia de empat&iacute;a, y los usan de manera fantasiosa: &ldquo;Lejos de ser los obst&aacute;culos que ser&iacute;an en la vida real, estos rasgos son precisamente los que permiten al soci&oacute;pata fant&aacute;stico conocer las mieles del &eacute;xito&rdquo;, afirma.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/585a53a1-caae-4ca5-b211-3710855f0b59_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/585a53a1-caae-4ca5-b211-3710855f0b59_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/585a53a1-caae-4ca5-b211-3710855f0b59_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/585a53a1-caae-4ca5-b211-3710855f0b59_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/585a53a1-caae-4ca5-b211-3710855f0b59_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/585a53a1-caae-4ca5-b211-3710855f0b59_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/585a53a1-caae-4ca5-b211-3710855f0b59_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, algunos de los personajes m&aacute;s brillantes y capaces de la televisi&oacute;n reciente manifiestan una gran indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Es una especie de variaci&oacute;n triunfalista de ese Homer Simpson que, a pesar de su irresponsabilidad e inconsciencia, pod&iacute;a cumplir todo tipo de sue&ntilde;os (desde convertirse en astronauta a tocar con estrellas del rock).
    </p><p class="article-text">
        El doctor House no s&oacute;lo es un m&eacute;dico brillante, sino que manipula astutamente a todo su entorno, toca el piano e incluso se adapta r&aacute;pidamente a la vida en presidio. El Patrick Jane de <em>El mentalista</em> resuelve casos de asesinato, engatusa a todo aquel que le rodea y puede ganar el dinero que le plazca con juegos de azar o timos. El punto d&eacute;bil de la mayor&iacute;a de esos personajes es su dificultad para entablar relaciones afectivas. Y ese es, a veces, el &uacute;nico castigo que reciben: una cierta soledad.
    </p><p class="article-text">
        En su ensayo, Kotsko clasifica a los soci&oacute;patas televisivos en tres categor&iacute;as. A pesar de que se&ntilde;ala casos intermedios o que integran caracter&iacute;sticas de diversos arquetipos, distingue entre maquinadores, arribistas y justicieros. Los triunfos de estos personajes destacan en unas ficciones que, seg&uacute;n el autor, suelen transmitir un pesimismo paralizante. &ldquo;Hasta los mundos de fantas&iacute;a de las m&aacute;s vulgares series de animaci&oacute;n dan por descontado que el mundo se va al garete&rdquo;, afirma.
    </p><h3 class="article-text">Las telecomedias, territorio de maquinadores</h3><p class="article-text">
        Kotsko repasa una colecci&oacute;n de soci&oacute;patas infantiloides que manipulan, mienten y se comportan de manera temeraria para conseguir objetivos algo rid&iacute;culos. El referente es Homer Simpson, un ni&ntilde;o caprichoso en el cuerpo de un hombre, con el poder de un adulto... y la libertad de un dibujo animado. Su figura ha generado otros protagonistas casi cl&oacute;nicos (el a&uacute;n m&aacute;s irresponsable Peter Griffin de <em>Padre de familia</em>) y variaciones (Cartman de <em>South Park</em>, un adulto en el cuerpo de un ni&ntilde;o).
    </p><p class="article-text">
        En el apartado de los maquinadores tambi&eacute;n aparecen Jack Donaghy (<em>Rockefeller Plaza</em>) o los protagonistas de <em>Colgados en Filadelfia</em> y <em>Seinfeld</em>. Jerry Seinfeld o George Costanza sufrir&iacute;an un cierto s&iacute;ndrome de Peter Pan: invierten esfuerzos en objetivos pueriles mientras abandonan f&aacute;cilmente los caminos que podr&iacute;an conducirles a una vida m&aacute;s madura. Seg&uacute;n el autor, son caricaturas que proporcionan un placer culpable, pero que dif&iacute;cilmente resultan modelos a seguir.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                                        <div class="gif__wrapper gif__wrapper--halign">
                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b06e2e54-e65a-4f6d-bb79-5c5f1dc78c8e_16-9-aspect-ratio_default_0.gif"
                    alt=""
                >
            </div>

            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Escalar a cualquier precio</h3><p class="article-text">
        Los soci&oacute;patas arribistas son mucho m&aacute;s met&oacute;dicos y buscan recompensas (como el dinero, el ascenso socio-laboral o el poder) que tienen que ver con la vida real. Por ello, seg&uacute;n Kotsko, hay que tomarles muy en serio. La audiencia puede identificarse con ellos, pero sus malas acciones son m&aacute;s dif&iacute;ciles de disculpar. No son maquinadores inconscientes de sus actos. Y tampoco apelan a un bien superior, como hacen los justicieros.
    </p><p class="article-text">
        El Don Draper de <em>Mad Men</em> es un ejemplo paradigm&aacute;tico del tibur&oacute;n que parte de la nada. Su progreso y el de otros arribistas de ficci&oacute;n pueden enviar un mensaje preocupante: solo los m&aacute;s despiadados tienen &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo del libro, Kotsko est&aacute; atento a las contradicciones de creadores y personajes, y tambi&eacute;n a las paradojas que pueden surgir en su an&aacute;lisis. El arribismo tambi&eacute;n puede traer consigo consecuencias positivas, aunque sean involuntarias. Ser&iacute;a el caso del Stringer Bell de <em>The Wire</em>: desea un narcotr&aacute;fico sin asesinatos para no atraer la atenci&oacute;n policial, pero as&iacute; tambi&eacute;n preserva vidas humanas. Su ambici&oacute;n tambi&eacute;n pacifica temporalmente el crimen organizado. Y su fracaso encaja dentro del fatalismo que caracteriza a <em>The Wire</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1071c735-df13-41ad-9706-1889b609fc70_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1071c735-df13-41ad-9706-1889b609fc70_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1071c735-df13-41ad-9706-1889b609fc70_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1071c735-df13-41ad-9706-1889b609fc70_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1071c735-df13-41ad-9706-1889b609fc70_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1071c735-df13-41ad-9706-1889b609fc70_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1071c735-df13-41ad-9706-1889b609fc70_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">El poco discreto encanto de los justicieros</h3><p class="article-text">
        Jack Bauer, el agente antiterrorista que protagoniz&oacute; <em>24</em>, supone un fuerte embrutecimiento del h&eacute;roe cl&aacute;sico y un ejemplo de <em>justicierismo</em> extremo. Le mueven motivaciones como el deseo de proteger a sus conciudadanos, pero tortura y mata repetidamente para conseguirlo. Lo hace, adem&aacute;s, sin remordimientos.
    </p><p class="article-text">
        Bauer, como el detective McNulty de <em>The Wire</em>, encarna un <em>modus operandi</em> atractivo para una sociedad que se siente vulnerable. En opini&oacute;n de Kotsko, representan &ldquo;la fantas&iacute;a de dejar a un lado las normas morales para hacer 'lo que haga falta'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El personaje que da nombre a <em>Dexter</em> es una variante de este arquetipo: un asesino en serie que mata a criminales para encauzar su pulsi&oacute;n homicida. Su deseo homicida, sociop&aacute;tico e individualista, acaba estando al servicio de una sociedad que, a su vez, tiene tics antisociales. Cuando la ciudadan&iacute;a de ficci&oacute;n de <em>Dexter</em> aplaude esos asesinatos, pone un espejo inc&oacute;modo ante ese p&uacute;blico real que desea que el protagonista de la serie se salga con la suya.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/75ce238f-c0de-4193-b4a8-d340be7f6a67_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/75ce238f-c0de-4193-b4a8-d340be7f6a67_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/75ce238f-c0de-4193-b4a8-d340be7f6a67_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/75ce238f-c0de-4193-b4a8-d340be7f6a67_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/75ce238f-c0de-4193-b4a8-d340be7f6a67_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/75ce238f-c0de-4193-b4a8-d340be7f6a67_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/75ce238f-c0de-4193-b4a8-d340be7f6a67_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Franch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sociopatas-reinan-series-television_1_3875132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Aug 2016 17:31:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e725d23b-c7e6-4f50-8ba8-a3f7f828f380_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="800048" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e725d23b-c7e6-4f50-8ba8-a3f7f828f380_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="800048" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Los sociópatas reinan en las series de televisión]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e725d23b-c7e6-4f50-8ba8-a3f7f828f380_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[The Wire,Mad Men]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nadie es perfecto: seis anuncios de Volkswagen que hoy te harán reír]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fenomenos/nadie-perfecto-anuncios-volkswagen-haran_1_2460868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5633de88-cf21-40b8-bec4-692334be221f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Volkwagen, reyes del humor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estas campañas fueron pioneras en la era dorada de la publicidad. Lamentablemente, hoy parecen un intento freudiano de confesar el fraude.</p></div><p class="article-text">
        Era bien dif&iacute;cil vender un coche alem&aacute;n en Am&eacute;rica despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. La agencia DDB no solo consigui&oacute; colocar la palabra Volkswagen en los garajes norteamericanos; tambi&eacute;n <a href="http://www.historygraphicdesign.com/the-age-of-information/the-new-york-school/483-doyle-dane-bernbach" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cambiaron para siempre el mundo de la publicidad</a>.
    </p><p class="article-text">
        Eran los Mad Men originales. Bill Bernbach y Ned Doyleworked trabajaban en una agencia tradicional de Nueva York hasta que se fugaron con el independiente Mac Dane en 1949 para montar Doyle Dane Bernbach, DDB. Bernbach, el Don Draper del grupo, es responsable de las ir&oacute;nicas pero autoritarias campa&ntilde;as para el fabricante alem&aacute;n, que con mucho morro y mucho genio convirti&oacute; todas las caracter&iacute;sticas que los americanos despreciaban en un signo de car&aacute;cter, autoconfianza y el valor <em>yankee</em> por excelencia: sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        DDB fue la agencia de Volkswagen hasta 2013, una relaci&oacute;n productiva que ha colocado escarabajos en todas las biblias de la gran publicidad. Hoy, sin embargo, algunos de esos esl&oacute;ganes parecen un esfuerzo malcontenido por confesar su fraude. Empezando por la frase que le robaron a Billy Wilder en 1960: &ldquo;Nadie es perfecto&rdquo;. Ni siquiera un ingeniero alem&aacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a4256bf1-1587-44be-9886-bae09577e69b_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a4256bf1-1587-44be-9886-bae09577e69b_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a4256bf1-1587-44be-9886-bae09577e69b_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a4256bf1-1587-44be-9886-bae09577e69b_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a4256bf1-1587-44be-9886-bae09577e69b_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a4256bf1-1587-44be-9886-bae09577e69b_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a4256bf1-1587-44be-9886-bae09577e69b_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">1963 &ldquo;Treinta y tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se llev&oacute; el bicho&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El se&ntilde;or de la foto es Albert Gillis y su historia es que tuvo un Modelo A Ford desde 1929 pero que, en 1963, escogi&oacute; un VW Bug (en Espa&ntilde;a, escarabajo). Entra&ntilde;able, pero el simp&aacute;tico juego de palabras que esconde el slogan acaba de dar un nuevo giro de tuerca. El verbo &ldquo;to get&rdquo; es coger y pillar, pero tambi&eacute;n darse cuenta, y la palabra &ldquo;bug&rdquo; significa bicho pero tambi&eacute;n es virus y error inform&aacute;tico. Otras interpretaciones posibles son que Mr. Gillis pill&oacute; el virus de los VW o que &ldquo;tard&oacute; 33 a&ntilde;os en encontrar el error&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb7d8d73-da54-4e79-8275-48ded2d26012_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb7d8d73-da54-4e79-8275-48ded2d26012_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb7d8d73-da54-4e79-8275-48ded2d26012_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb7d8d73-da54-4e79-8275-48ded2d26012_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb7d8d73-da54-4e79-8275-48ded2d26012_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cb7d8d73-da54-4e79-8275-48ded2d26012_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cb7d8d73-da54-4e79-8275-48ded2d26012_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">1966. &ldquo;Te pierdes muchas cosas cuando conduces un Volkswagen&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Se refieren al eje de transmisi&oacute;n, radiador y el manguito, que estos Volkswagen no tienen. O al menos eso dicen, pero entonces estas cosas eran f&aacute;ciles de comprobar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6caafa28-3d15-4da2-8c85-11d5518dd608_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6caafa28-3d15-4da2-8c85-11d5518dd608_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6caafa28-3d15-4da2-8c85-11d5518dd608_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6caafa28-3d15-4da2-8c85-11d5518dd608_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6caafa28-3d15-4da2-8c85-11d5518dd608_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6caafa28-3d15-4da2-8c85-11d5518dd608_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6caafa28-3d15-4da2-8c85-11d5518dd608_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">1967. &ldquo;Hicimos que el coche vaya m&aacute;s deprisa. Y el motor m&aacute;s despacio&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos a&ntilde;adido 3 m.p.h. a la velocidad m&aacute;xima del Volkswagen. Si te parece mucho es porque no lo es. Y no pretend&iacute;amos que lo fuera. Hemos puesto la mayor parte del incremento de potencia (de 50 caballos a 353) en las marchas cortas as&iacute; podr&aacute;s subir cuestas con m&aacute;s facilidad. Y acelerar m&aacute;s deprisa. Pero no lo hemos hecho a costa del motor. De hecho, hemos hecho que el motor vaya m&aacute;s despacio. Para que dure m&aacute;s.&rdquo; No dice cu&aacute;nto contamina. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de9cb867-a7ef-4a02-9457-8ca3db35eb5f_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de9cb867-a7ef-4a02-9457-8ca3db35eb5f_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de9cb867-a7ef-4a02-9457-8ca3db35eb5f_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de9cb867-a7ef-4a02-9457-8ca3db35eb5f_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de9cb867-a7ef-4a02-9457-8ca3db35eb5f_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de9cb867-a7ef-4a02-9457-8ca3db35eb5f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/de9cb867-a7ef-4a02-9457-8ca3db35eb5f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">1967. &ldquo;Cuando dise&ntilde;amos esta belleza, conservamos unas cuantas cosas feas&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &iexcl;Y tanto! Pero no se refiere a un posible motor trucado sino a piezas de reemplazo para el bello Volkswagen Fastback Sedan: &ldquo;Reemplazar el guardabarros: unos 37 d&oacute;lares sin incluir mano de obra&rdquo;. Fue el primer anuncio en incluir un ejemplar abollado de su propio producto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a23536c-5afb-4dcb-aa9e-be1b72d84f7d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a23536c-5afb-4dcb-aa9e-be1b72d84f7d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a23536c-5afb-4dcb-aa9e-be1b72d84f7d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a23536c-5afb-4dcb-aa9e-be1b72d84f7d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a23536c-5afb-4dcb-aa9e-be1b72d84f7d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5a23536c-5afb-4dcb-aa9e-be1b72d84f7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5a23536c-5afb-4dcb-aa9e-be1b72d84f7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">2011. &ldquo;Una sola parte mala afecta a todo el sistema&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Y once millones de partes malas es una buena indigesti&oacute;n. Tanto el anuncio como la frase podr&iacute;an ser de Steve Jobs, pero son de Marcello Serpa y Luiz Sanches para la agencia <a href="http://www.almapbbdo.com.br/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">AlmapBBDO</a> de Sao Paulo. Los pr&oacute;ximos publicistas de la casa tienen un reto casi m&aacute;s grande que el de DDB despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioes Cultura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fenomenos/nadie-perfecto-anuncios-volkswagen-haran_1_2460868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2015 16:07:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5633de88-cf21-40b8-bec4-692334be221f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="65212" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5633de88-cf21-40b8-bec4-692334be221f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="65212" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Nadie es perfecto: seis anuncios de Volkswagen que hoy te harán reír]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5633de88-cf21-40b8-bec4-692334be221f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Volkswagen,Publicidad,Mad Men]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Mad Men’ y el abismo de Madison Avenue]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/los-lunes-seriefilos/mad-men-abismo-madison-avenue_132_2621123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0d0d2f3-2c29-4f0f-a4ec-e9ca1a641d1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Mad Men’ y el abismo de Madison Avenue"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La serie evoca una crisis de identidad de toda una generación a la que se le fracturó el idealizado sueño americano.</p><p class="subtitle">‘Mad Men’ nos propone un relato nostálgico hacia el pasado sin perder de vista los problemas del hombre contemporáneo.</p></div><p class="article-text">
        Tras siete temporadas &iexcl;vaya <strong>obra maestra</strong>! Sin duda, <strong>Matthew Weiner</strong>, su creador, ha dejado para los anales de la televisi&oacute;n una serie que es un aut&eacute;ntico <strong>poema audiovisual</strong>. &lsquo;<strong>Mad Men</strong>&rsquo; es su hija y &eacute;l, gracias a ella, se ha convertido en el autor en may&uacute;sculas; como ya lo har&iacute;an antes David Simon, Alan Ball o David Chase. Desde que HBO, entre otras, declinaran aquel primer gui&oacute;n que al final caer&iacute;a en manos de la cadena AMC, esta ficci&oacute;n lo &uacute;nico que ha hecho es rellenar hojas y hojas -virtuales y f&iacute;sicas- de miles de blogueros, cr&iacute;ticos, catedr&aacute;ticos y profesores universitarios, analizando un producto cuidado al detalle que <strong>invita a reflexionar y a so&ntilde;ar</strong>, con miles y millones de caracteres hablando de esta <strong>gran y sofisticada estructura narrativa</strong>. Porque Weiner es un exquisito contador de historias con gusto por el fragmento peque&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        La serie nos contextualiza en los <strong>convulsos a&ntilde;os 60</strong> y m&aacute;s concretamente en el mundo de la <strong>publicidad</strong> &ndash;la profesi&oacute;n con m&aacute;s glamour de la &eacute;poca-, donde la historia se centra en <strong>Don Draper </strong>(Jon Hamm) que es uno de los creativos con m&aacute;s &eacute;xito del momento. &lsquo;Mad Men&rsquo; es un <strong>recorrido</strong> por una de las <strong>&eacute;pocas m&aacute;s bulliciosas</strong> de la conciencia estadounidense: contracultura, Vietnam, crisis moral y &eacute;tica, movimiento por los derechos civiles, etc. As&iacute;, a trav&eacute;s de los ojos de algunos de los hombres y mujeres que trabajan en la agencia publicitaria Sterling Cooper Advertising, seremos <strong>testigos de los cambios</strong> que sufri&oacute; Estados Unidos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe width="600" height="338" src="http://widget.smartycenter.com/webservice/directYoutube/9378/WcRr-Fb5xQo/600/338/50?ap=0&amp;erv=0" frameborder="0" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        El suelo literalmente desaparece y una silueta negra -Don Draper- se precipita a trav&eacute;s de los rascacielos de Madison Avenue hasta que vuelve a estar sentada fum&aacute;ndose un cigarrillo. Unos <strong>t&iacute;tulos de cr&eacute;dito</strong> tremendamente <strong>simb&oacute;licos</strong> que evocan la <strong>crisis de identidad</strong> de toda una generaci&oacute;n a la que se le fractur&oacute; el idealizado <strong>sue&ntilde;o americano</strong>, convirti&eacute;ndose en una <strong>verdadera pesadilla</strong>. Por eso no es casualidad que se use el universo publicitario para escenificar el <strong>conflicto</strong> entre el <strong>deber ser</strong> -lo que los dem&aacute;s esperan de ellos- y el <strong>querer ser</strong>. As&iacute;, todos los personajes que recorren las siete temporadas pagan un <strong>alto precio</strong> por mantener esa m&aacute;scara continua. Pero tambi&eacute;n se plantea un escenario del <strong>fin de una era de hombres como Draper</strong>; y por lo tanto de una generaci&oacute;n enclaustrada en la <strong>cultura dominante</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Entre los a&ntilde;os 60 y 70 el &lsquo;<strong>Estilo de vida americano</strong>&rsquo; se hace <strong>a&ntilde;icos</strong>, estamos en un clima de cambio social y pol&iacute;tico. El <strong>sue&ntilde;o americano</strong> deja de ser algo positivo para convertirse en una <strong>carga existencial</strong> que provoca en el ser humano una <strong>infelicidad perpetua</strong>. Tambi&eacute;n se derrumba por completo del mito del <strong>hogar americano, </strong>ya que se convierte en una <strong>c&aacute;rcel</strong> -sobre todo para las mujeres- donde la abundancia econ&oacute;mica es una pantalla de <strong>problemas m&aacute;s profundos</strong>. El <strong>mundo de las apariencias</strong> tambi&eacute;n se traslada a la esfera m&aacute;s <strong>privada</strong>. As&iacute;, las nuevas generaciones emergentes -contracultura- se revelar&aacute;n contra una forma de entender la vida que provoca un inmenso <strong>hast&iacute;o personal</strong>. &lsquo;Mad Men&rsquo; como gran texto autorreferencial beber&aacute; de mucha de la <strong>literatura de la &eacute;poca</strong>, que de alguna manera es se&ntilde;a de esta crisis interior.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5eb5dc01-46a8-4b1d-8246-b9dcd265ed0e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5eb5dc01-46a8-4b1d-8246-b9dcd265ed0e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5eb5dc01-46a8-4b1d-8246-b9dcd265ed0e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5eb5dc01-46a8-4b1d-8246-b9dcd265ed0e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5eb5dc01-46a8-4b1d-8246-b9dcd265ed0e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5eb5dc01-46a8-4b1d-8246-b9dcd265ed0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5eb5dc01-46a8-4b1d-8246-b9dcd265ed0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Esta crisis es sobre todo una ruptura moral contra una <strong>cultura dominante</strong> que bien se ejemplifica en el mismo entorno laboral y en los clientes de la agencia: <strong>machista</strong>, <strong>elitista</strong>, religiosa, <strong>xen&oacute;foba</strong> y <strong>alcoh&oacute;lica,</strong> entre otras cosas. Contra ello se levantan unas nuevas formas de pensamiento que toman forma con diferentes movimientos: derechos civiles, hippies, estudiantiles, feministas... o lo que se denomina com&uacute;nmente como la <strong>contracultura</strong>, que aboga por un <strong>cambio social y pol&iacute;tico</strong> en Estados Unidos. Durante estas siete temporadas en &lsquo;Mad Men&rsquo; veremos a trav&eacute;s de los ojos de los personajes estos<strong> cambios</strong> y c&oacute;mo se <strong>experimentan</strong> en el seno de la oficina.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;Mad Men&rsquo; es una <strong>ventana al pasado,</strong> a aquellos hechos que marcaron Estados Unidos, y en la serie los personajes -y nosotros- son testigos gracias a la <strong>televisi&oacute;n</strong>: <strong>asesinato de Kennedy</strong>, crisis de la bah&iacute;a de cochinos, contracultura, <strong>llegada a la luna</strong>, movimientos de los derechos humanos o la Guerra de <strong>Vietnam</strong>. Ese aparatito que emite im&aacute;genes se empieza a convertir en el<strong> pilar central</strong>. Pero la <strong>agencia tambi&eacute;n ser&aacute; actor principal</strong> en los cambios que lentamente se ir&aacute;n estableciendo en la sociedad: gente de color en las oficinas, liberaci&oacute;n de la mujer, etc. Por lo tanto, gracias a Don, Peggy, Peter, o Joan. seremos <strong>muy part&iacute;cipes </strong>de estos hechos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la serie nos propone un relato nost&aacute;lgico hacia el pasado no pierde de vista los <strong>problemas del hombre contempor&aacute;neo</strong>: <strong>cr&iacute;tica al capitalismo</strong> voraz y hambriento, d&oacute;nde el dinero es moneda de cambio incluso para necesidades emocionales, produciendo en el ser humano una desaz&oacute;n existencial. Refleja tambi&eacute;n la <strong>lucha</strong> entre las <strong>viejas jerarqu&iacute;as y las nuevas</strong>; y por &uacute;ltimo, una <strong>reflexi&oacute;n</strong> sobre la <strong>relaci&oacute;n en el ambiente laboral</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3343dd50-b979-4f9e-95a3-3cff70c74f74_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3343dd50-b979-4f9e-95a3-3cff70c74f74_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3343dd50-b979-4f9e-95a3-3cff70c74f74_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3343dd50-b979-4f9e-95a3-3cff70c74f74_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3343dd50-b979-4f9e-95a3-3cff70c74f74_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3343dd50-b979-4f9e-95a3-3cff70c74f74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3343dd50-b979-4f9e-95a3-3cff70c74f74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La enigm&aacute;tica personalidad de <strong>Don Draper</strong> es el motor principal que propulsa &lsquo;Mad Men&rsquo;. &Eacute;l encarna la <strong>figura</strong> por excelencia del <strong>sue&ntilde;o americano</strong>: una persona hecha a s&iacute; misma, con or&iacute;genes humildes y que con esfuerzo consigue el &eacute;xito. Pero ante todo Don es una <strong>personalidad herm&eacute;tica</strong> y enigm&aacute;tica que encierra una gran <strong>lucha contra s&iacute; mismo,</strong> con el consecuente vac&iacute;o existencial. La gloria le ha tra&iacute;do <strong>sacrificios personales</strong> incalculables, ya que el mismo es un producto o sue&ntilde;o que vende a los dem&aacute;s. Tenemos una persona cuya &uacute;nica manera de seguir viviendo es una constante huida hacia delante -reiniciarse- que le causar&aacute; traumas y un perpetuo hast&iacute;o vital. Por eso la historia tiene ese toque de <strong>espiral</strong>, ya que seremos testigos de las constantes <strong>muertes y resurrecciones</strong> de <strong>Draper</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La ant&iacute;tesis de este personaje gran personaje masculino es la formidable <strong>Peggy Olson </strong>(Elisabeth Moss). Ella representa la <strong>transgresi&oacute;n</strong> en un mundo de hombres, es la Don Draper de su g&eacute;nero, sin perder su <strong>identidad femenina</strong>. Es, sin lugar a dudas, uno de los personajes <strong>m&aacute;s carism&aacute;ticos</strong> de &lsquo;Mad Men&rsquo; reflejando sobre todo la <strong>lucha</strong> de la mujer en un <strong>espacio machista </strong>-junto con Joan y otras-. Nos dar&aacute; escenas y secuencias m&iacute;ticas que eclipsar&aacute; al mismo Draper.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc84aaf-b7f9-4167-ac24-3cf8bcee145f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc84aaf-b7f9-4167-ac24-3cf8bcee145f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc84aaf-b7f9-4167-ac24-3cf8bcee145f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc84aaf-b7f9-4167-ac24-3cf8bcee145f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc84aaf-b7f9-4167-ac24-3cf8bcee145f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc84aaf-b7f9-4167-ac24-3cf8bcee145f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2cc84aaf-b7f9-4167-ac24-3cf8bcee145f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero &lsquo;Mad Men&rsquo; no es solo Don y Peggy sino que es un <strong>mar de personajes</strong> con distintas y crom&aacute;ticas personalidades que se aferran a nuestro subconsciente. Todos ellos se encuentran al <strong>borde del precipicio</strong> y con ciertas disfuncionalidades, que provocar&aacute;n en ellos diferentes problemas y <strong>pagar&aacute;n distintos precios</strong> para alcanzar la <strong>supuesta felicidad</strong>: <strong>Peter Campbell</strong> (Vincent Kartheiser), <strong>Joan Holloway</strong> (Christina Hendricks), <strong>Roger Sterling</strong> (John Slattery), <strong>&ldquo;Betty&rdquo; Francis</strong> (January Jones) o <strong>Sally Beth Draper</strong> (Kiernan Shipka).
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;Mad Men&rsquo; seguir&aacute; dando mucho que hablar y mucho que escribir de aqu&iacute; en adelante, ya que es innegable la complejidad del texto narrativo que se presenta ante nuestros ojos. Al ser un producto <strong>realizado al detalle</strong> se abre un marem&aacute;gnum de <strong>distintos significados</strong> que est&aacute;n <strong>soterrados</strong> tras la capa principal. El arte de la serie viene sin duda de esos momentos que parecen poco significativos. Por eso se exige que el <strong>espectador</strong> est&eacute; muy <strong>activo</strong>, ya que dentro de ese <strong>ritmo piano</strong> se encuentran las <strong>miles de peque&ntilde;as de esencias</strong> -miradas, silencios, gestos, movimientos, objetos- que dan el pleno <strong>entendimiento de la obra</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Esta es mi <strong>humilde y peque&ntilde;o homenaje</strong> a esta obra maestra de la televisi&oacute;n, que sin duda, espero, haya servido para que alguien le d&eacute; una oportunidad a &lsquo;<strong>Mad Men</strong>&rsquo;; y disfrute de uno de los mayores <strong>placeres seri&eacute;filos</strong> de la historia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7eb97b57-e52b-40d6-af29-bf1743ea4cd2_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7eb97b57-e52b-40d6-af29-bf1743ea4cd2_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7eb97b57-e52b-40d6-af29-bf1743ea4cd2_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7eb97b57-e52b-40d6-af29-bf1743ea4cd2_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7eb97b57-e52b-40d6-af29-bf1743ea4cd2_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7eb97b57-e52b-40d6-af29-bf1743ea4cd2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7eb97b57-e52b-40d6-af29-bf1743ea4cd2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Cerdeño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/los-lunes-seriefilos/mad-men-abismo-madison-avenue_132_2621123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2015 09:24:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d0d0d2f3-2c29-4f0f-a4ec-e9ca1a641d1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="41132" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d0d0d2f3-2c29-4f0f-a4ec-e9ca1a641d1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41132" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Mad Men’ y el abismo de Madison Avenue]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d0d0d2f3-2c29-4f0f-a4ec-e9ca1a641d1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mad Men,Series,Nueva York,Publicidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las hijas de 'Mad Men']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/hijas-mad-men_132_2661618.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43b984b7-026c-427a-bc0c-859f9a239ecb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las hijas de &#039;Mad Men&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Mad Men' ha dejado un hueco difícil de llenar pero repasamos algunas series que pueden ayudar a sobrellevar el síndrome de abstinencia</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El fin de una era&rdquo; ha sido el eslogan que ha acompa&ntilde;ado a <em>Mad Men</em> en su tramo final y es tambi&eacute;n el que mejor resume c&oacute;mo se sienten sus seguidores tras la emisi&oacute;n del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo. La despedida ha sido redonda: anticlim&aacute;tica, inesperada en el destino de algunos personajes, llena de silencios, miradas y despedidas por tel&eacute;fono y con un Don reinventado por en&eacute;sima vez. El objetivo de este post no es analizar ese cap&iacute;tulo sino dar unas cuantas opciones a sus hu&eacute;rfanos con algunas alternativas que demuestran por qu&eacute; <a href="http://series.movistar.es/serie/mad-men/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mad Men (Canal Plus, Movistar Series)</a> realmente ha marcado una &eacute;poca en la historia de la televisi&oacute;n&hellip; adem&aacute;s de haber culminado una entrada triunfal en el olimpo de las series.
    </p><p class="article-text">
        El origen: antes de un hacer un repaso por la series que nacieron gracias al &eacute;xito de <em>Mad Men</em> es justo acordarse de <em><strong>Los Soprano</strong></em>, la serie que la hizo posible. Matthew Weiner era uno de los principales guionistas de la serie de HBO cuando empez&oacute; a darle vueltas a una serie r&iacute;o sobre EE UU en una de las etapas m&aacute;s importantes de su historia. Weiner se la present&oacute; a HBO pero finalmente recal&oacute; en AMC, una cadena de cable que estaba buscando su primer proyecto de serie.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-MRf0dEzq82k-5167', 'youtube', 'MRf0dEzq82k', document.getElementById('yt-MRf0dEzq82k-5167'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-MRf0dEzq82k-5167 src="https://www.youtube.com/embed/MRf0dEzq82k?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Hasta el 2007 AMC era una cadena dedicada al cine cl&aacute;sico estadounidense. <em><strong>Mad Men</strong></em> lleg&oacute; y triunf&oacute;: aplauso casi un&aacute;nime de la cr&iacute;tica, buena acogida entre los espectadores, teniendo en cuenta el gran cambio que representaba para AMC, y primer a&ntilde;o triunfal en los Emmy con seis galardones, entre ellos el de mejor drama. Solo unos pocos meses despu&eacute;s de su estreno, aterriz&oacute; en la parrilla de AMC <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Better-Call-Saul-Breaking-Bad_6_375572440.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Breaking Bad</a>. Sus comienzos fueron m&aacute;s modestos pero el paso de las temporadas la fue convirtiendo en un fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de fen&oacute;meno y sin movernos de AMC, hay considerar tambi&eacute;n como hija de <em>Mad Men</em> a <em><strong>The Walking Dead</strong></em>. Est&aacute; en los ant&iacute;podas pero su aterrizaje fue mucho m&aacute;s f&aacute;cil gracias al &eacute;xito que ya ten&iacute;an en 2010 la serie de Matthew Weiner y la serie de Vince Gilligan. No tuvo tanta suerte <em><strong>Rubicon</strong></em>, una serie que no funcion&oacute; en audiencia lo esperado, pero que por la calidad de su primera temporada y &uacute;nica temporada, ritmo narrativo y atenci&oacute;n a los detalles se merece una nueva recomendaci&oacute;n tras el final de <em><strong>Mad Men</strong></em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-M92_Z2pSuFA-5983', 'youtube', 'M92_Z2pSuFA', document.getElementById('yt-M92_Z2pSuFA-5983'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-M92_Z2pSuFA-5983 src="https://www.youtube.com/embed/M92_Z2pSuFA?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Uno de los hitos de <em>Mad Men</em> fue poner de moda la est&eacute;tica de los a&ntilde;os sesenta. Tambi&eacute;n el estilo de recrear una &eacute;poca a partir de una historia basada o inspirada en hechos reales. Los personajes de <em><strong>Mad Men</strong></em> son inventados, aunque tiene muchos paralelismos reales, pero en el caso de <a href="http://series.movistar.es/serie/masters-of-sex/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Masters of Sex (Canal Plus, Movistar Series)</a> su historia s&iacute; que es real, con las suficientes licencias para adaptarla al relato televisivo. Tras la irrupci&oacute;n de AMC y el &eacute;xito de <em>Mad Men</em>, Showtime no quiso descolgarse de la lucha por el trono de HBO y apost&oacute; por la <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/manual-maestros-sexo_6_293330667.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adaptaci&oacute;n de la biograf&iacute;a escrita por Thomas Maier </a>sobre la vida y las investigaciones de Wiliam H. Masters y Virginia Johnson, un ginec&oacute;logo y una psic&oacute;loga que con sus estudios a finales de los 50 sentaron la bases de la revoluci&oacute;n sexual que llegar&iacute;a a Estados Unidos en los a&ntilde;os 60.
    </p><p class="article-text">
        Las &uacute;ltimas series en llegar son tres que sit&uacute;an 20 a&ntilde;os antes y despu&eacute;s de <em><strong>Mad Men</strong></em> pero apuestan por un tratamiento est&eacute;tico similar y sobre todo por contar una parte poco explotada de la historia de EE UU a trav&eacute;s de un grupo de personajes.
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Manhattan-Pioneros-pesar_6_358424170.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Manhattan</a> (Movistar Series) viaja hasta los a&ntilde;os 40 para abordar la II Guerra Mundial, pero desde un lugar que estaba muy lejos de los principales frentes de batalla. Los protagonistas son <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Manhattan-Pioneros-pesar_6_358424170.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los cient&iacute;ficos que trabajaron en el ultrasecreto 'Proyecto Manhattan'</a>, con el que el Gobierno de Estados Unidos quer&iacute;a desarrollar la primera bomba at&oacute;mica. A las dudas &eacute;ticas y morales sobre lo que estaban construyendo, se unen las tensiones pol&iacute;ticas de la &eacute;poca y los sacrificios que tuvieron que hacer los familiares que los acompa&ntilde;aron a una base militar de Nuevo M&eacute;xico mientras trabajar contrarreloj para tener lista la bomba antes que los alemanes. Una curiosidad: otro de los puntos que une a <em>Mad Men</em> y <em>Manhattan</em> es el estudio <a href="http://www.imaginaryforces.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Imaginary Forces</a>, responsable de los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito de las dos series.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-zXuTZYkZSa4-8311', 'youtube', 'zXuTZYkZSa4', document.getElementById('yt-zXuTZYkZSa4-8311'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-zXuTZYkZSa4-8311 src="https://www.youtube.com/embed/zXuTZYkZSa4?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os 80 son un protagonista m&aacute;s de <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Halt-Catch-Fire-Pioneros-futuro_6_320977940.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Halt and Catch Fire (AMC Espa&ntilde;a)</a> y <em><strong>The Americans (Fox)</strong></em>. La primera es un viaje hasta los inicios del ordenador personal de la mano de unos protagonistas, un tibur&oacute;n empresarial, dos genios de la inform&aacute;tica y una estudiante inconformista, que se proponen desafiar el dominio de Apple e IBM creando un ordenador m&aacute;s r&aacute;pido y m&aacute;s barato. La segunda temporada regresa a AMC Espa&ntilde;a el 1 de junio.
    </p><p class="article-text">
        <em>The Americans </em><strong>The Americans</strong>tambi&eacute;n es una mirada a la historia de Estados Unidos pero a trav&eacute;s de sus enemigos m&aacute;s ac&eacute;rrimos. Elizabeth y Philip Jennings, junto con sus dos hijos adolescentes, pasan por la t&iacute;pica familia americana pero en realidad son dos agentes del KGB que esp&iacute;an y asesinan a muy pocos metros de la Casa Blanca. En sus tres a&ntilde;os en antena, <em>The Americans</em> no ha dejado de crecer y <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Series-cenicienta_6_378022218.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ahora mismo es una serie imprescindible</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam Lagoa Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/hijas-mad-men_132_2661618.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2015 18:49:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/43b984b7-026c-427a-bc0c-859f9a239ecb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="132246" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/43b984b7-026c-427a-bc0c-859f9a239ecb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="132246" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las hijas de 'Mad Men']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/43b984b7-026c-427a-bc0c-859f9a239ecb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mad Men]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La marca y el deseo, no hay nada más]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/marca-anhelo_1_2667025.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/173414b1-b476-44e1-9a39-c980741c5a73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Mad Men: Betty"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Termina</p><p class="subtitle">Mad Men</p><p class="subtitle">despues de 92 episodios y ocho años de emisión</p></div><p class="article-text">
        Toda construcci&oacute;n se inicia con una corazonada. Todas las corazonadas tienen una fecha de caducidad. Esto no es tan grave porque las corazonadas se consumen en un abrir y cerrar de ojos, y tienen la capacidad de reciclarse sin cesar. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre esta premisa se instal&oacute; la mec&aacute;nica del deseo, la hoja de ruta por la que se institucionaliz&oacute; el capitalismo. De repente, la sociedad era una encrucijada indescifrable donde no quedaba otra que quedar embobado ante una bola de cristal. Y despu&eacute;s saltar al vac&iacute;o. Esto es lo que ha hecho Don Draper durante los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito de <em>Mad Men</em> durante los 92 episodios que ha durado el drama, que comenz&oacute; a emitirse en el verano de 2007.
    </p><p class="article-text">
        Por ir&oacute;nico que parezca, el vuelo sin red de Don entre los rascacielos del Upper West Side nos transmiten una revelaci&oacute;n desagradable, pero tambi&eacute;n salvaje: la aut&eacute;ntica bajada a los infiernos es un viaje tenaz al desconcierto. La duda entre pasar p&aacute;gina o explorar las orillas. Es decir, el pan nuestro de cada d&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8f9d4387-2d3b-43e3-a19d-749d5aac9cfc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8f9d4387-2d3b-43e3-a19d-749d5aac9cfc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8f9d4387-2d3b-43e3-a19d-749d5aac9cfc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8f9d4387-2d3b-43e3-a19d-749d5aac9cfc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8f9d4387-2d3b-43e3-a19d-749d5aac9cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8f9d4387-2d3b-43e3-a19d-749d5aac9cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8f9d4387-2d3b-43e3-a19d-749d5aac9cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Admiramos de Don su capacidad de generar corazonadas, aunque sepamos que ninguna resolver&aacute; la ra&iacute;z sus contradicciones ni sus necesidades. La distancia que el personaje tiene de s&iacute; mismo le permite enfocar los huecos que deben ser rellenados en las relaciones y en la sociedad. Aunque luego, es verdad que todo acaba siendo ung&uuml;ento. Porque no hay ant&iacute;doto contra el anhelo. Por mucho que la serie sea un intento recurrente por organizar la dial&eacute;ctica entre materialismo y significado, como explicaban Megan Garber y Lenika Cruz en The Atlantic.
    </p><p class="article-text">
        De esa b&uacute;squeda por completar el puzzle surge el motor de la creatividad. El problema no es si fumar es perjudicial para la salud, sino saber que los cigarrillos Lucky Strike son &ldquo;tostados&rdquo;. El truco es convertir todo en una gran evocaci&oacute;n. El producto no es relevante, acaso una necesidad de quince minutos. Pero la marca s&iacute;. La marca completa las esperanzas, las define y les da rango.
    </p><p class="article-text">
        Este fue el triunfo de un sistema: la m&aacute;quina de generar deseos inconcebibles. Deseos fuera de cualquier alcance. Porque son vapor y son bruma. Porque no hay l&iacute;mite en el desconcierto. Y Don Draper, y los publicistas de Madison Avenue lo sab&iacute;an, o al menos lo intu&iacute;an. Y sobre estas premisas generaron el concepto de la marca como la tenemos concebida; como extensi&oacute;n de lo inabarcable, de lo que tenemos en la punta de la lengua, de lo que no podemos tocar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f715e5a0-e78c-4b46-87c6-1e7552cad248_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f715e5a0-e78c-4b46-87c6-1e7552cad248_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f715e5a0-e78c-4b46-87c6-1e7552cad248_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f715e5a0-e78c-4b46-87c6-1e7552cad248_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f715e5a0-e78c-4b46-87c6-1e7552cad248_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f715e5a0-e78c-4b46-87c6-1e7552cad248_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f715e5a0-e78c-4b46-87c6-1e7552cad248_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Lo mismo pasa con los personajes de la serie. Todos ellos tienen sue&ntilde;os indefinidos, como son la mayor&iacute;a de los sue&ntilde;os. No importa cu&aacute;l sea el camino que se tome. La derrota ya est&aacute; anticipada. Aunque la lucha sea incasable. La b&uacute;squeda del &eacute;xito, la conformaci&oacute;n de la identidad y la definici&oacute;n del amor y el compromiso acaban por ser un &eacute;xodo lleno de s&iacute;mbolos en la pasarela de <em>Mad Men</em>.
    </p><h3 class="article-text">El refugio es estar callado</h3><p class="article-text">
        En sus muchas recensiones en los &uacute;ltimos d&iacute;as sobre la serie, The New Yorker ha definido a Don Draper como &ldquo;un hombre capaz de leer los s&iacute;mbolos, pero no de leerse a s&iacute; mismo&rdquo;. Aunque esto no est&aacute; muy claro. Un tipo que asume que &ldquo;el universo es indiferente&rdquo; ya se ha le&iacute;do lo suficiente para tomar toda la distancia del mundo con la realidad, mientras la vida se construye como un mecano y suenan las m&aacute;quinas de escribir en la oficina.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/937c6cf7-8383-486a-86fa-46407fa3d98c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/937c6cf7-8383-486a-86fa-46407fa3d98c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/937c6cf7-8383-486a-86fa-46407fa3d98c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/937c6cf7-8383-486a-86fa-46407fa3d98c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/937c6cf7-8383-486a-86fa-46407fa3d98c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/937c6cf7-8383-486a-86fa-46407fa3d98c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/937c6cf7-8383-486a-86fa-46407fa3d98c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Seguramente esa cualidad esc&eacute;ptica sea uno de los grandes milagros del personaje de Draper. Mirar todo como si no fuera con &eacute;l. Esta cualidad inoculada por Matthew Weiner, creador de la serie, para homenajear a su propio padre, que como Don &ldquo;nunca se sab&iacute;a en qu&eacute; estaba pensando&rdquo;. Da igual la coyuntura y las circunstancias: el desvelo es siempre el mismo.  
    </p><p class="article-text">
        La distancia de Don o el cinismo de Roger son la ejecuci&oacute;n personal de la marca. Y ninguna ciudad mejor que Nueva York para enmarcar esa voracidad. Una ciudad que ha sido el set espacial y emocional de un show televisivo hasta tal punto, que la propia ciudad se ha redescubierto, iniciando una redefinici&oacute;n  2.0 del discurso pop, que ha hecho que los neoyorquinos incluso vuelvan a detenerse, por ejemplo, enfrente del escaparate de los almacenes Bloomingdale para mirar las colecciones de temporada con una mezcla de zozobra y redescubrimiento. Y todo se convierta en una m&aacute;quina del tiempo.    
    </p><p class="article-text">
        Mad Men termina como un 2666 televisivo. Una narraci&oacute;n global e insaciable, basada en la premisa de que vivir una vida solo &ldquo;es muy poco&rdquo;, como dice Vila Matas. Una serie sobre la construcci&oacute;n del capitalismo, la instrumentalizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, el desenfreno del paso del tiempo y la anatom&iacute;a del deseo. Una serie sobre las mujeres, sobre la construcci&oacute;n de la voz p&uacute;blica de la mujer y de su evoluci&oacute;n expansiva. Un On the road existencialista, con una narraci&oacute;n siempre t&aacute;cita y el&iacute;ptica, como los libros que no se olvidan, donde el espectador tiene que completar todos los vac&iacute;os de la propuesta. Para tomar partido, s&iacute;, pero tambi&eacute;n para entender que en el universo de la indiferencia tambi&eacute;n tenemos un lugar para estar tranquilos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eugenio Blanco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/marca-anhelo_1_2667025.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2015 19:55:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/173414b1-b476-44e1-9a39-c980741c5a73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="58154" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/173414b1-b476-44e1-9a39-c980741c5a73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58154" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[La marca y el deseo, no hay nada más]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/173414b1-b476-44e1-9a39-c980741c5a73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mad Men,Televisión,Series]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abril es el mes más cruel (si estas enganchado a las series)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/primavera-listas-serie-altera_1_4293032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03d35bc6-8a39-4158-b431-51c66cf94f95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Juego de Tronos: 13 de abril"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este mes nos reencontramos con Don Draper, Louie, Sarah Manning  y las siete casas de 'Juego de tronos', entre otras muchas y jugosas ofertas que no te dejarán salir del sofá</p></div><p class="article-text">
        Este mes no hay tiempo para dormir: series que vuelven, otras que se van, otras para desbancar y liar, a&uacute;n m&aacute;s, las teor&iacute;as conspiranoicas de sus seguidores. Tambi&eacute;n hay otras nuevas que vienen para quedarse y llenar el vac&iacute;o que dejan las m&aacute;s veteranas. A los seri&eacute;filos se les acumulan los cap&iacute;tulos en sus listas de &ldquo;qu&eacute; ver&rdquo; y muchos temen ya por sus ojeras y vida social.
    </p><p class="article-text">
        Estas son las series de las que todo el mundo hablar&aacute; durante las pr&oacute;ximas semanas: 
    </p><h3 class="article-text">Mad Men</h3><p class="article-text">
        <strong>Mad Men</strong>El lunes 6 de abril se emiti&oacute; el primer cap&iacute;tulo de la segunda parte de la s&eacute;ptima y &uacute;ltima temporada de esta serie estadounidense que lleva emiti&eacute;ndose desde el verano de 2007. El exitoso, a la par que irritante, Don Draper y su equipo de publicistas de Madison Avenue se despiden de sus seguidores en estos &uacute;ltimos siete cap&iacute;tulos que prometen pasar a la historia. &iquest;Morir&aacute; Don, triunfar&aacute; Betty, sobrevivir&aacute;n la agencia y sus alcoh&oacute;licos trabajadores? Llevamos tanto tiempo pendientes que su decadencia no impedir&aacute; que se dispare la audiencia en su salida triunfal. Pronto sabremos si todo este dolor ha merecido la pena.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9339/805842/643/362/0/0/0/50" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" frameborder="0" height="362" width="643"></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">Juego de tronos</h3><p class="article-text">
        <strong>Juego de tronos</strong>Este domingo vuelve la quinta temporada de GOT y se presenta con una novedad: los fans espa&ntilde;oles podr&aacute;n ver la serie al mismo tiempo que los fans estadounidenses. La mala noticia es que la lucha por el trono de hierro tendr&aacute; lugar a su hora y no a la nuestra; a las tres de la madrugada del 12 al 13 de abril, en Canal+. Los productores de la serie han afirmado que &eacute;sta adelantar&aacute; a los libros de George R. R. Martin, qui&eacute;n no parece tener mucha prisa en ir adelantando y atando los cabos de esta <em>Canci&oacute;n de hielo y fuego</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9339/805860/643/362/0/0/0/50" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" frameborder="0" height="362" width="643"></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">The Americans</h3><p class="article-text">
        <strong>The Americans</strong>La tercera temporada de esta serie de esp&iacute;as ambientada en la Guerra Fr&iacute;a ya fue televisada por la Fox este pasado febrero en horario de madrugada y en versi&oacute;n original. El 5 de abril empez&oacute; a emitirse otra vez, pero esta vez adaptada al espa&ntilde;ol. Dos esp&iacute;as sovi&eacute;ticos del KGB fingen tener una relaci&oacute;n e interpretan a la perfecci&oacute;n el papel de matrimonio perfecto t&iacute;pico estadounidense a la vez que cumplen varias misiones, pero esto &uacute;ltimo no lo saben sus vecinos, claro. Al final de la segunda temporada, la noticia de que sus superiores estaban valorando la posibilidad de que su hija Paige se convirtiera tambi&eacute;n en esp&iacute;a en un futuro cercano, lleg&oacute; a o&iacute;dos de la pareja, tema que parece ser motivo de la existencia de un conflicto constante entre ambos esta temporada.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9339/805863/643/362/0/0/0/50" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" frameborder="0" height="362" width="643"></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">Sons Of Anarchy</h3><p class="article-text">
        <strong>Sons Of Anarchy</strong>El 25 abril se estrena la s&eacute;ptima y &uacute;ltima temporada que constar&aacute; de trece cap&iacute;tulos y en la que se decidir&aacute; el destino final de Jax Teller. Las &uacute;ltimas hora de la serie girar&aacute;n en torno a las emociones del protagonista, a quien invaden los sentimientos de venganza. Teller deber&aacute; decidir entre proteger a sus hijos y limpiar el honor de su club o llevar a cabo esta venganza, a pesar de no tener muy claro qui&eacute;n debe pagar los da&ntilde;os causados.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9339/805868/643/362/0/0/0/50" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" frameborder="0" height="362" width="643"></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">The Game</h3><p class="article-text">
        <strong>The Game</strong>Esta miniserie de seis cap&iacute;tulos llega a la BBC el 30 de abril y acercar&aacute; al espectador a las misiones del servicio secreto brit&aacute;nico. Con la Guerra Fr&iacute;a como tel&oacute;n de fondo, los asuntos de pol&iacute;tica internacional se mezclan con los asuntos personales de los protagonistas, en esta &eacute;poca en la que la proliferaci&oacute;n del espionaje estaba en su punto m&aacute;s alto.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9339/805856/643/362/0/0/0/50" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" frameborder="0" height="362" width="643"></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">Silicon Valley</h3><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/revolucion-geeks_6_271282874.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Silicon Valley</a>Silicon Valley tiene un encanto que no tiene ninguna otra serie en antena: para los que no conocen el absurdo mundo del emprendedor tecnol&oacute;gico, es una comedia surrealista disparatada y divertid&iacute;sima; para los que han sobrevivido a &eacute;l, es un retrato naturalista de la tercera revoluci&oacute;n industrial. La serie de Mike Judge es una s&aacute;tira hiperrealista sobre la burbuja tecnol&oacute;gica y el culto de sus gigantes, Google y Facebook y un ser m&iacute;tico llamado Steve Jobs.
    </p><p class="article-text">
        El final de la primera temporada nos dej&oacute; a las puertas de un nivel de juego con los chicos de Pied Piper demostrando un algoritmo de compresi&oacute;n imbatible. Sabremos c&oacute;mo lo han aprovechado a partir del 12 de abril.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9349/806113/643/362/0/0/0/50" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" frameborder="0" height="362" width="643"></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">Louie</h3><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/humor-escuece_6_263933607.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Louie</a>Heredero y renovador del humor dif&iacute;cil, de Jerry Seinfeld y Larry David y de Ricky Gervais, la sitcom m&aacute;s descorazonadora e irreverente de la televisi&oacute;n empez&oacute; como un peque&ntilde;o experimento de un comediante dif&iacute;cil. Louis C.K. hace chistes sobre lo indecible, desde sus ganas de asesinar a sus dos hijas hasta la posibilidad de implantarse los genitales de negro.
    </p><p class="article-text">
        Pero su retrato del padre divorciado que lucha contra sus peores instintos de autosabotaje para ser mejor persona es capaz de desarmar a un cardenal. La &uacute;ltima temporada fue la m&aacute;s madura y melanc&oacute;lica, con un romance agridulce que revela sus vulnerabilidades. La quinta se estrena el 9 de abril en la cadena FX y dos d&iacute;as despu&eacute;s en Canal+.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9349/806110/643/362/0/0/0/50" allowfullscreen="true" webkitallowfullscreen="true" mozallowfullscreen="true" scrolling="no" frameborder="0" height="362" width="643"></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Mª Egea, Marta Peirano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/primavera-listas-serie-altera_1_4293032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2015 18:24:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/03d35bc6-8a39-4158-b431-51c66cf94f95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="327213" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/03d35bc6-8a39-4158-b431-51c66cf94f95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="327213" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Abril es el mes más cruel (si estas enganchado a las series)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/03d35bc6-8a39-4158-b431-51c66cf94f95_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mad Men,Juego de Tronos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una temporada de escenas espectaculares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/temporada-series-escenas-espectaculares_132_4809196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6cb2c054-385b-4673-b952-939165ed5fe6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una temporada de escenas espectaculares"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De 'Juego de Tronos' a 'Hannibal', pasando por 'Mad Men' o 'Louie'. La genialidad de una serie se mide también por las emociones que consiguen crear sus secuencias.</p></div><p class="article-text">
        En menos de un mes l<a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/vale-Emmy_6_269533066.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">os premios Emmy cerrar&aacute;n la temporada en EE UU</a> dando la lista de series que aspiran a coronarse como las mejores de la cosecha 2013-2014. Ser&aacute; la manera m&aacute;s tradicional de reconocer el gran momento que est&aacute; atravesando la ficci&oacute;n televisiva, pero por supuesto que no ser&aacute; la &uacute;nica. Al final de a&ntilde;o se volver&aacute; a repetir el ritual con las listas de las series revelaci&oacute;n, los mejores personajes y tambi&eacute;n los mejores dramas y comedias con los estrenos que llegar&aacute;n tras el verano. Este post est&aacute; dedicado a recordar las escenas m&aacute;s memorables del curso televisivo, uno de los m&aacute;s trepidantes, m&aacute;s mortales y tambi&eacute;n uno de los mejores a nivel t&eacute;cnico. A continuaci&oacute;n va una selecci&oacute;n de siete momentos, de una lista mucho m&aacute;s larga que pod&eacute;is completar en los comentarios .
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Juego de Tronos.</strong></em> Es dif&iacute;cil elegir un solo momento de la cuarta temporada. Los lectores de la obra de George R.R. Martin estaban impacientes por ver el torrente de acontecimientos de <em>Tormenta de espadas</em> en la pantalla y la serie de HBO (en Movistar TV en Canal +1, dial 30) no ha defraudado. Muertes, traiciones y discursos de Tyrion aparte, por calidad t&eacute;cnica las dos escenas m&aacute;s espectaculares son la lucha entre Oberyn y la Monta&ntilde;a (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=qyOw7ScY4F4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con esa fren&eacute;tica sucesi&oacute;n de planos</a>) y la secuencia casi circular de la batalla a los pies del Muro en el 4x09.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-2c3ZNQPWxvk-5616', 'youtube', '2c3ZNQPWxvk', document.getElementById('yt-2c3ZNQPWxvk-5616'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-2c3ZNQPWxvk-5616 src="https://www.youtube.com/embed/2c3ZNQPWxvk?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Mad Men</strong></em> mima al m&aacute;ximo su puesta en escena y aunque muchas de sus secuencias no destacan por su despliege t&eacute;cnico s&iacute; que l<a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/locas-teorias-Mad-Men_6_261483852.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">o hacen por su valor simb&oacute;lico</a>. La primera parte de la s&eacute;ptima temporada ser&aacute; recordada sobre todo por dos momentos musicales: el baile de Don y Peggy al son de <em>My way</em> y el n&uacute;mero final de Bertram Cooper. Pura magia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-FKgPTkIulEI-9676', 'youtube', 'FKgPTkIulEI', document.getElementById('yt-FKgPTkIulEI-9676'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-FKgPTkIulEI-9676 src="https://www.youtube.com/embed/FKgPTkIulEI?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <em><strong>True Detective.</strong></em> Una de las series del a&ntilde;o se marc&oacute; <a href="https://www.youtube.com/watch?v=b2r5L4tzVUY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una de las secuencias que m&aacute;s ha dado que hablar</a> y que m&aacute;s se ha (sobre)analizado: el famoso plano secuencia de 6 minutos que cerraba el cap&iacute;tulo <em>&iquest;Qui&eacute;n anda ah&iacute;?</em> (1x04). Poco despu&eacute;s <a href="http://www.tumblr.com/dashboard" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fargo tuvo un plano secuencia con un tiroteo</a>, que tambi&eacute;n se ha ganado ser recordada como muestra de la calidad de su primera temporada. 
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Louie</strong></em> se ha marcado otro de los plano secuencia m&aacute;s comentados. No es tan espectacular a nivel t&eacute;cnico como lo es por <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/humor-escuece_6_263933607.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su valent&iacute;a al abordar</a> el rechazo que sufren las mujeres gordas por parte de la sociedad.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-KFdWcNJ17YY-1636', 'youtube', 'KFdWcNJ17YY', document.getElementById('yt-KFdWcNJ17YY-1636'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-KFdWcNJ17YY-1636 src="https://www.youtube.com/embed/KFdWcNJ17YY?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <em><strong>The Good Wife</strong></em> es otra de las series que ponen muy dif&iacute;cil elegir un solo momento de su quinta temporada. Antes de dejar desolados a sus fans con una de <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/muerte-esperaba_6_257984212.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las muertes m&aacute;s inesperadas de la temporada</a>, ya hab&iacute;a puesto a prueba sus nervios con el comienzo de la guerra entre Will y Alicia, entre Lockhart &amp; Gardner y Florrick, Agos and Associates, en <em>Hitting the fan.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-TD5s2Rue4vw-8223', 'youtube', 'TD5s2Rue4vw', document.getElementById('yt-TD5s2Rue4vw-8223'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-TD5s2Rue4vw-8223 src="https://www.youtube.com/embed/TD5s2Rue4vw?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Breaking Bad </strong></em>pas&oacute; con nota el reto de despedirse con un grand&iacute;simo final despu&eacute;s de la colecci&oacute;n de escenas memorables que sirvi&oacute; a sus fans durante cinco a&ntilde;os y sobre todo despu&eacute;s de la cima que alcanz&oacute; en <em>Ozymandias</em>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-XLlkQYzkjH8-5272', 'youtube', 'XLlkQYzkjH8', document.getElementById('yt-XLlkQYzkjH8-5272'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-XLlkQYzkjH8-5272 src="https://www.youtube.com/embed/XLlkQYzkjH8?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        En<em><strong> Hannibal</strong></em> la <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/cadaveres-exquisitos-Hannibal_6_254834528.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">belleza de sus planos es cruel y enfermiza</a>. La reinvenci&oacute;n de las novelas de Thomas Harris est&aacute; apoyada por una direcci&oacute;n, fotograf&iacute;a y direcci&oacute;n art&iacute;stica que perturban casi tanto como los men&uacute;s que prepara el Doctor Lecter, sobre todo ese que no se sirvi&oacute; en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=7vwHATDeJhU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la particular cena roja</a> de la segunda temporada, que acab&oacute; hace unas semanas en AXN.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam Lagoa Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/temporada-series-escenas-espectaculares_132_4809196.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Jun 2014 10:06:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6cb2c054-385b-4673-b952-939165ed5fe6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="33322" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6cb2c054-385b-4673-b952-939165ed5fe6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="33322" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una temporada de escenas espectaculares]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6cb2c054-385b-4673-b952-939165ed5fe6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Series,Televisión,Seriéfilos,Mad Men,Juego de Tronos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las locas, locas teorías sobre 'Mad Men']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/locas-teorias-mad-men_132_4875527.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8117b1f9-8962-490c-a002-392b33cf70f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las locas, locas teorías sobre &#039;Mad Men&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La serie afronta sus capítulos finales rodeada de todo tipo de teorías conspirativas sobre cuál será el futuro que le espera a Don Draper</p></div><p class="article-text">
        <em>Mad Men</em> se acaba y ya no hay vuelta atr&aacute;s. Lo hace con una s&eacute;ptima temporada dividida en dos partes de siete cap&iacute;tulos cada una: la primera se est&aacute; emitiendo este a&ntilde;o (desde este martes en <a href="https://go.tv.movistar.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Canal + 1, dial 30 de Movistar TV</a>) y la segunda llegar&aacute; en primavera de 2015. Una forma de concederles a los fans m&aacute;s tiempo para hacerse a la idea de que Don Draper y compa&ntilde;&iacute;a tienen los cap&iacute;tulos contados y de dar a su cadena en EE UU (AMC) un tiempo extra para seguir rentabilizando el prestigio que le ha dado una serie que convirti&oacute; en bandera de su programaci&oacute;n junto a <a href="http://entretenimiento.terra.es/en-terra-de-series/blog/2013/10/01/breaking-bad-los-10-capitulos-que-definen-a-walter-y-jesse/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Breaking Bad,</a> cuya &uacute;ltima temporada tambi&eacute;n se dividi&oacute; en dos partes, y <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Zombis-culpa-efectos-especiales_6_260433962.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Walking Dead</a>.
    </p><p class="article-text">
        Al margen de su calidad, <em>Mad Men</em> se ha labrado un tipo de fama con la que sus creadores seguro que no contaban. Hay series como <a href="http://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/Juego-Tronos-crear-fenomeno-pasos_6_254134587.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juego de Tronos</a> que calientan su regreso con una promoci&oacute;n previa llena de tr&aacute;ilers, fotos in&eacute;ditas, publicidad imaginativa, noticias sobre el rodaje... y luego est&aacute; <em>Mad Men</em>, que hace todo lo contario. Sus fans se han acostumbrado a no saber pr&aacute;cticamente nada de lo que va a pasar en cada nueva temporada y se entretienen elaborando teor&iacute;as conspirativas y sobrean&aacute;lisis de cada detalle que hacen que <em>Mad Men</em> parezca pose&iacute;da por el esp&iacute;ritu de <em>Perdidos</em>, en un caso muy parecido al que vivi&oacute; <a href="http://www.hbo.com/true-detective" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">True Detective</a> hace unos meses. Estas son algunas de las teor&iacute;as m&aacute;s locas que siguen dando vueltas por las redes sociales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f88a183-9cdb-49aa-83b1-1b7e1f807260_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f88a183-9cdb-49aa-83b1-1b7e1f807260_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f88a183-9cdb-49aa-83b1-1b7e1f807260_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f88a183-9cdb-49aa-83b1-1b7e1f807260_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f88a183-9cdb-49aa-83b1-1b7e1f807260_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2f88a183-9cdb-49aa-83b1-1b7e1f807260_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2f88a183-9cdb-49aa-83b1-1b7e1f807260_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Megan Draper es Sharon Tate</strong>. Pocas veces una camiseta ha dado tanto que hablar como la que luci&oacute; la tercera se&ntilde;ora Draper en la sexta temporada. Es la misma que llevaba Sharon Tate en unas fotos publicadas por <a href="http://www.esquire.com/the-side/sharon-tate-photos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la revista Esquire en 1967</a>, un a&ntilde;o antes de que fuera asesinada, junto a cuatro amigos, por Charles Manson y su 'Familia'. Megan consigui&oacute; acabar la sexta temporada viva, a pesar de los malos augurios, pero su traslado a Los &Aacute;ngeles para triunfar como actriz y su crisis permanente con Don siguen acortando su esperanza de vida en <em>Mad Men</em>.    
    </p><p class="article-text">
        <strong>Don Draper acabar&aacute; muerto o huido. </strong>La primera entra dentro de lo posible, aunque <a href="http://www.eldiario.es/cultura/series/sabemos-ultima-temporada-Mad-Men_0_237976595.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el creador de la serie</a> y varios guionistas ya han dicho que nos preparemos para un final sorprendente.  La segunda es una forma de explicar la obsesi&oacute;n de <em>Mad Men</em> por los aviones.  Algunos medios en Estados Unidos han estado especulando, de forma muy loca eso s&iacute;, con la posibilidad de que el <a href="http://www.eldiario.es/cultura/series/Mad-Men-Auge-caida-narcisista_0_249875587.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">narcisista Don Draper</a> sea en realidad <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/D._B._Cooper" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">DB Cooper</a> un hombre trajeado y de buenos modales que en 1971 secuestr&oacute; un avi&oacute;n y huy&oacute; con un bot&iacute;n millonario. En <em>Prison Break</em> tambi&eacute;n sacaron punta a la posibilidad de que uno de los compa&ntilde;eros de prisi&oacute;n de Michael Scofield fuera el legendario ladr&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/37000772-aeac-4a9e-adcb-4f8e51f52d14_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/37000772-aeac-4a9e-adcb-4f8e51f52d14_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/37000772-aeac-4a9e-adcb-4f8e51f52d14_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/37000772-aeac-4a9e-adcb-4f8e51f52d14_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/37000772-aeac-4a9e-adcb-4f8e51f52d14_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/37000772-aeac-4a9e-adcb-4f8e51f52d14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/37000772-aeac-4a9e-adcb-4f8e51f52d14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Pr&oacute;ximo destino: &iquest;Woodstock?</strong> El personaje que tiene todas las papeletas para ir al m&iacute;tico festival es Sally Draper. La s&eacute;ptima temporada arranca en febrero de 1969, Woodstock se celebr&oacute; en agosto, y la hija de Don Draper est&aacute; m&aacute;s cerca de unirse a una comuna hippie que de seguir los estirados pasos de su madre Betty. No se descarta la posibilidad de que se cruce con otros integrantes de la serie aficionados a las drogas como Roger, Stan o una Peggy que no acaba de encontrar su sitio. El <a href="https://zap2it.com/blogs/mad_men_gets_a_groovy_season_7_poster_from_graphic_artist_milton_glaser-2014-03" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">poster oficial de la s&eacute;ptima temporada</a> refuerza la v&iacute;a festivo-psicod&eacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El futuro de Joan y Peggy</strong>. Las cosas pintan un poco mejor en la s&eacute;ptima temporada para Peggy. Vuelve a hacerse con un puesto de poder en la agencia pero ya sabemos que nunca le salen las cosas bien a la primera. Otra que tampoco est&aacute; pasando una buena racha en Joan, socia de la agencia sobre el papel pero con poca influencia en la pr&aacute;ctica. Que se vayan y monten su propia agencia parece una muy buena idea.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9359/469557/643/362/0/0" _mce_src="http://widget.smartycenter.com/webservice/embed/9359/469557/643/362/0/0" frameborder="0" height="362" scrolling="no" width="643"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Bola extra: Bob Benson. </strong>Fue la gran inc&oacute;gnita de la sexta temporada. Apareci&oacute; de la nada y tuvo a los fans durante semanas especulando sobre cu&aacute;les eran sus verdaderas intenciones y dando pie a teor&iacute;as cada vez m&aacute;s rocambolescas. Comienza la s&eacute;ptima en Detroit y de azote de Pete Campbell podr&iacute;a pasar a ser el Godot particular de <em>Mad Men</em>&hellip; hasta que se vuelvan a reactivar las especulaciones sobre su verdadera identidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam Lagoa Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/locas-teorias-mad-men_132_4875527.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 May 2014 07:24:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8117b1f9-8962-490c-a002-392b33cf70f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="272421" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8117b1f9-8962-490c-a002-392b33cf70f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="272421" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las locas, locas teorías sobre 'Mad Men']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8117b1f9-8962-490c-a002-392b33cf70f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Series,Seriéfilos,Mad Men]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[IBM S/360, la computadora que revolucionó la oficina de Mad Men]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/diario-turing/ibm-s360-revoluciono-mad-men_1_4891782.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4dbcf731-cdf6-4461-9dbe-ab1893e2fe01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="IBM S/360 en Mad Men. Imagen: AMC"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el capítulo cuatro de la séptima temporada de Mad Men, la agencia de publicidad vive su particular revolución tecnológica: la llegada de un computador</p><p class="subtitle">La familia de</p><p class="subtitle">mainframes</p><p class="subtitle">IBM S/360 fue una de las más importantes del sector, marcó el inicio de la tercera generación de computadores y fue uno de los sistemas más extendidos entre las empresas en los años 60 y 70</p></div><p class="article-text">
        En su s&eacute;ptima temporada Mad Men nos transporta al a&ntilde;o 1969, un a&ntilde;o despu&eacute;s del estreno de una de las grandes maravillas del cine: <a href="http://www.imdb.com/title/tt0062622/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>2001: A Space Odyssey</em></a>, del genial Stanley Kubrick. Precisamente, el gui&ntilde;o a Kubrick lo encontramos en el &uacute;ltimo episodio que se ha emitido de esta serie; bajo el t&iacute;tulo de <em>&ldquo;The Monolith&rdquo;</em> (en una clara alusi&oacute;n al misterioso &ldquo;monolito&rdquo; de 2001), el cuarto cap&iacute;tulo de la s&eacute;ptima temporada nos transporta a un punto de inflexi&oacute;n que vivieron muchas empresas en los a&ntilde;os 60: <strong>la llegada de los computadores</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En <em>The Monolith</em>, Mad Men incorpora a un &ldquo;nuevo personaje&rdquo; a la trama: un computador; concretamente, la agencia de publicidad adquiere un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Computadora_central" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mainframe</a> (ordenador central) IBM de la familia System/360. Aunque la introducci&oacute;n del IBM S/360 en Mad Men pueda parecer un detalle menor o vinculado al espacio temporal en el que se desarrolla esta temporada, <strong>este ordenador tuvo much&iacute;simo impacto</strong> dentro del sector tecnol&oacute;gico durante la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 60 y marc&oacute; el inicio de los <strong>computadores de tercera generaci&oacute;n</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e26e73c-9e18-4761-90a5-308a4909561e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e26e73c-9e18-4761-90a5-308a4909561e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e26e73c-9e18-4761-90a5-308a4909561e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e26e73c-9e18-4761-90a5-308a4909561e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e26e73c-9e18-4761-90a5-308a4909561e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0e26e73c-9e18-4761-90a5-308a4909561e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0e26e73c-9e18-4761-90a5-308a4909561e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">IBM S/360</h3><p class="article-text">
        La familia <strong>IBM System/360</strong> fue presentada el <a href="http://www-03.ibm.com/ibm/history/exhibits/mainframe/mainframe_PR360.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">7 de abril de 1964</a> y, seg&uacute;n el presidente de IBM por aquel entonces, Thomas J. Watson Jr., era <strong>el producto m&aacute;s importante </strong>que la compa&ntilde;&iacute;a hab&iacute;a lanzado hasta el momento. 
    </p><p class="article-text">
        Para que nos hagamos una idea de la dimensi&oacute;n de la campa&ntilde;a de lanzamiento del IBM S/360, el &ldquo;gigante azul&rdquo; organiz&oacute; eventos de presentaci&oacute;n simult&aacute;neos en 165 ciudades de Estados Unidos e invit&oacute; alrededor de 100.000 ejecutivos al lanzamiento de su nuevo computador empresarial; un proyecto para el que <strong>se hab&iacute;an invertido 5.000 millones de d&oacute;lares</strong>, es decir, 38.500 millones de d&oacute;lares de hoy d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva generaci&oacute;n de computadores que inaugur&oacute; el IBM S/360 se caracterizaba por cubrir un amplio espectro de nichos objetivo; no eran computadoras dise&ntilde;adas para centros de investigaci&oacute;n o las empresas, el objetivo era crear <strong>productos polivalentes y modulares</strong> que pudiesen encajar en una oficina (como la que sirve de escenario principal a los protagonistas de Mad Men) como en un centro de tecnolog&iacute;a avanzada como los de la NASA (que tambi&eacute;n fueron usuarios de este <em>mainframe</em> de IBM); una arquitectura que fue desarrollada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gene_Amdahl" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gene Amdahl</a> y que fue la base del proyecto que dirigi&oacute; <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Frederick_Brooks" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fred Brooks</a> (Premio Turing en 1999).
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos de <em>mainframe</em> nos referimos a un <strong>computador central</strong>, un servidor al que se acced&iacute;a mediante terminales ligeros o consolas de operaci&oacute;n; un esquema bastante distinto al que estamos acostumbrados a ver hoy en d&iacute;a donde contamos con ordenadores personales plenamente funcionales en nuestras mesas. Estos grandes <em>mainframes</em> <strong>pod&iacute;an llegar a ocupar una sala completa</strong> entre la consola de operaci&oacute;n, el propio computador o los perif&eacute;ricos, im&aacute;genes m&iacute;ticas que podemos ver en el cap&iacute;tulo de Mad Men con la preparaci&oacute;n de la sala que se destina en la oficina para alojar la computadora.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72ad2f27-a5b6-4dd3-9cc2-ac0165b5a97f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72ad2f27-a5b6-4dd3-9cc2-ac0165b5a97f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72ad2f27-a5b6-4dd3-9cc2-ac0165b5a97f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72ad2f27-a5b6-4dd3-9cc2-ac0165b5a97f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72ad2f27-a5b6-4dd3-9cc2-ac0165b5a97f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72ad2f27-a5b6-4dd3-9cc2-ac0165b5a97f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/72ad2f27-a5b6-4dd3-9cc2-ac0165b5a97f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La familia IBM S/360 <strong>estuvo en el mercado entre los a&ntilde;os 1965 y 1978</strong> con el objetivo de satisfacer las necesidades de gobiernos, centros de investigaci&oacute;n y empresas; por tanto, no nos encontramos ante un computador sino ante <strong>una familia de computadoras cuya arquitectura era com&uacute;n</strong> pero que, sin embargo, variaban sus especificaciones y prestaciones para adaptarse a las necesidades del cliente (el hecho de llamar a esta familia 360 buscaba poner el &eacute;nfasis en su &ldquo;polivalencia&rdquo;). 
    </p><p class="article-text">
        IBM desarroll&oacute; 6 modelos de computadora que usaban el mismo software y tambi&eacute;n pod&iacute;an usar los mismos perif&eacute;ricos y, adem&aacute;s, supuso toda una revoluci&oacute;n para el sector porque fue <strong>uno de los primeros computadores en construirse mediante circuitos integrados</strong> (lo cual supuso un importante abaratamiento de los costes de producci&oacute;n y una reducci&oacute;n del precio de venta al p&uacute;blico).
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a es com&uacute;n encontrar varias versiones de un mismo dispositivo, no nos resulta raro encontrar un <em>smartphone</em> con varias opciones de capacidad de almacenamiento o un ordenador port&aacute;til que tiene varias opciones de procesador. Sin embargo, en 1964, los fabricantes apostaban por un &ldquo;modelo &uacute;nico&rdquo; pensando en nichos concretos; una tendencia que IBM rompi&oacute; por completo y con la que consigui&oacute; desmarcarse de la competencia. 
    </p><p class="article-text">
        Empezaron con 6 modelos en la familia y hasta 20 perif&eacute;ricos (unidades de disco externa, un esc&aacute;ner con reconocimiento de caracteres, lectores de tarjetas perforadas, <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/IBM_1403" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">impresoras de papel continuo</a>, <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/IBM_729" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">unidades de cinta magn&eacute;tica</a> o, incluso, un <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/IBM_2321_Data_Cell" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">robot de cintas</a> que permit&iacute;a almacenar hasta 400 millones de <em>bytes</em> de informaci&oacute;n) pero, con el paso de los a&ntilde;os, <strong>IBM terminar&iacute;a desarrollando 14 modelos</strong> de computador de la serie 360 (incluyendo algunos <strong>modelos espec&iacute;ficos para la NASA</strong>).
    </p><p class="article-text">
        Las empresas pod&iacute;an adaptar el <em>mainframe</em> a sus necesidades y pod&iacute;an partir de un modelo b&aacute;sico o de uno m&aacute;s avanzado y luego complementarlo con los perif&eacute;ricos adicionales. De hecho, una empresa pod&iacute;a empezar con un modelo b&aacute;sico y luego evolucionar a un modelo avanzado sin necesidad de tener que renovar los perif&eacute;ricos o adaptar la informaci&oacute;n o el software. La familia de computadores era compatible entre s&iacute; y ese detalle, que ahora nos puede parecer simple, era una funcionalidad muy demandada por las empresas de la &eacute;poca (que ve&iacute;an c&oacute;mo no pod&iacute;an portar programas de una computadora a otra distinta).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97117ebb-e615-4ae4-86d2-9b497fa3899d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97117ebb-e615-4ae4-86d2-9b497fa3899d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97117ebb-e615-4ae4-86d2-9b497fa3899d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97117ebb-e615-4ae4-86d2-9b497fa3899d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97117ebb-e615-4ae4-86d2-9b497fa3899d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97117ebb-e615-4ae4-86d2-9b497fa3899d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/97117ebb-e615-4ae4-86d2-9b497fa3899d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h2 class="article-text">El impacto de la familia IBM S/360</h2><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la revoluci&oacute;n que supuso para el sector, la familia IBM S/360 fue <strong>uno de los primeros sistemas que permit&iacute;an el &ldquo;acceso remoto&rdquo;</strong> a trav&eacute;s de m&oacute;dem y, por tanto, a trav&eacute;s de la red telef&oacute;nica conmutada. Los operadores de estos sistemas pod&iacute;an usar terminales conectados a la red telef&oacute;nica para acceder en remoto al servidor de su empresa y trabajar, por ejemplo, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=aJ6SbvrjxZA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desde su casa</a>.
    </p><p class="article-text">
        Para facilitar la migraci&oacute;n hacia este sistema, IBM introdujo el concepto de <strong>retrocompatibilidad</strong> y permit&iacute;a la ejecuci&oacute;n de aplicaciones desarrolladas para computadores de segunda generaci&oacute;n (como la serie IBM 1400) en la serie 360; aunque no era una ejecuci&oacute;n real y hab&iacute;a que iniciar el sistema en &ldquo;modo emulador&rdquo;, IBM permit&iacute;a que las empresas pudiesen reutilizar c&oacute;digo desarrollado y ahorrarles tiempo y dinero. 
    </p><p class="article-text">
        Si a esto le sumamos la compatibilidad entre computadores de la misma serie y la apuesta por los circuitos integrados para aumentar la fiabilidad y minimizar fallos de <em>hardware</em>, la serie IBM S/360 se convirti&oacute; en la referencia absoluta para universidades, empresas y centros de investigaci&oacute;n (y convirtieron a IBM en el proveedor de referencia) porque ofrec&iacute;an un producto <strong>flexible y altamente competitivo</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aae289c1-c7d2-46dc-8e64-0652e29cba18_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aae289c1-c7d2-46dc-8e64-0652e29cba18_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aae289c1-c7d2-46dc-8e64-0652e29cba18_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aae289c1-c7d2-46dc-8e64-0652e29cba18_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/aae289c1-c7d2-46dc-8e64-0652e29cba18_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/aae289c1-c7d2-46dc-8e64-0652e29cba18_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/aae289c1-c7d2-46dc-8e64-0652e29cba18_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La <strong>NASA</strong>, universidades como la de <strong>Viena</strong> o la de <strong>Stanford</strong> (que tuvo funcionando un IBM S/360 hasta 1993) o multinacionales como <strong>Volkswagen</strong> fueron algunos de los usuarios de esta familia de computadoras; <strong>en el primer mes tras su lanzamiento, IBM recibi&oacute; m&aacute;s de 1.000 pedidos</strong> y para 1966, seg&uacute;n public&oacute; la revista Fortune por aquel entonces, hab&iacute;a m&aacute;s de 35.000 computadoras IBM S/360 instaladas en empresas de Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy no queda ninguno de estos computadores en funcionamiento; no obstante, se han convertido en &ldquo;piezas de museo&rdquo; que hoy en d&iacute;a se exponen en universidades o en museos especializados como el <a href="http://www.computerhistory.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Computer History Museum</strong></a> de Mountain View (California).
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la inclusi&oacute;n del IBM S/360 en <strong>Mad Men</strong> pueda parecer un detalle de <em>atrezzo</em> o un simple gui&ntilde;o a la &eacute;poca en la que se desarrolla la serie; sea cual sea la intenci&oacute;n, la verdad es que <strong>no podr&iacute;an haber elegido un computador mejor</strong> para mostrar el punto de inflexi&oacute;n que marc&oacute; <strong>la llegada de los computadores a las empresas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Im&aacute;genes: <a href="http://www.amctv.com/full-episodes/mad-men" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">AMC</a>, <a href="http://www.bild.bundesarchiv.de/archives/barchpic/search/_1399577087/?search%5Bform%5D%5BSIGNATUR%5D=B+145+Bild-F038812-0014" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Archivo Federal de Alemania</a>, <a href="https://www.flickr.com/photos/24205142@N00/2370873167" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Erik Pitti</a> (Flickr), <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/File:360-91-panel.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">NASA</a> y <a href="https://www.flickr.com/photos/24205142@N00/2371715992/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Erik Pitti</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Jesús Velasco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/diario-turing/ibm-s360-revoluciono-mad-men_1_4891782.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 May 2014 19:01:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4dbcf731-cdf6-4461-9dbe-ab1893e2fe01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="77615" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4dbcf731-cdf6-4461-9dbe-ab1893e2fe01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="77615" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[IBM S/360, la computadora que revolucionó la oficina de Mad Men]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4dbcf731-cdf6-4461-9dbe-ab1893e2fe01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ibm,Mad Men]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mad Men: auge y caída de un narcisista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/mad-men-auge-caida-narcisista_1_4929575.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3dc88c4-c869-40a0-b9fb-ec89694da221_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Como ser Jon Hamm y no convertirse en Don Draper"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mitómano irredento, autoindulgente, nada empático y en estado de fuga permanente, Don Draper es un narcisista de libro. Si crees que sales con uno o te sientes identificado con él, te hace falta leer este artículo</p></div><p class="article-text">
        Tener un trastorno narcisista de la personalidad no es s&oacute;lo ten&eacute;rselo muy cre&iacute;do, es similar a una sociopat&iacute;a. Los narcisistas y los psic&oacute;patas comparten m&aacute;s rasgos que diferencias pero rechazamos a unos y admiramos a los otros. Esto es porque, mientras que al psic&oacute;pata no le importa lo m&aacute;s m&iacute;nimo lo que piensan de &eacute;l los dem&aacute;s, el narcisista necesita ser amado, admirado o, al menos, temido para sentirse bien consigo mismo. Por eso suelen ser encantadores, atractivos y carism&aacute;ticos. Si no sabes de qu&eacute; estamos hablando f&iacute;jate en Don Draper, el ejemplo m&aacute;s perfecto que nos ha ofrecido la televisi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Es un encantador de serpientes.</strong> El narcisista es adicto a la atenci&oacute;n ajena -lo que los psic&oacute;logos llaman &ldquo;suministro narcisista&rdquo;- y, al igual que los drogadictos y los alcoh&oacute;licos, invierte mucho esfuerzo en camelar a los dem&aacute;s. Son maestros de la apertura y brillan en la distancia media, donde pueden deslumbrar sin arriesgarse a perder comba. Como le dice una de sus novias en  la segunda temporada, a Don s&oacute;lo le gustan los principios de las cosas porque, como todos los narcisistas, est&aacute; condenado a herir y decepcionar a todo aquel que se acerque demasiado a su peque&ntilde;o coraz&oacute;n de piedra. 
    </p><p class="article-text">
        Antes o despu&eacute;s, las personas cercanas descubren al hombrecillo operando detr&aacute;s de la cortina. La &uacute;ltima en soltarse la venda de los ojos fue su hija Sally, que le pilla en pa&ntilde;os menores consolando a la vecina y entra en una espiral de disgusto y decepci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Es un controlador.</strong> T&iacute;picamente, el narcisista es capaz de decir cualquier cosa para conseguir lo que quiere y suele cultivar su perfil m&aacute;s heroico o esot&eacute;rico para ejercer control sobre los dem&aacute;s. Hay profesiones que atraen poderosamente al narcisista porque ofrecen un contexto donde pueden ser el centro de atenci&oacute;n y ejercer poder sobre otros: cura, artista, l&iacute;der espiritual, pol&iacute;tico, psiquiatra... o publicista. La mirada embelesada de sus novias, clientes y jefes le hace a Don sentirse como un triunfador, pero su verdadera naturaleza se revela con especial desnudez cuando encierra a su vecina en la habitaci&oacute;n del hotel. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Es un mit&oacute;mano.</strong> Su principal caracter&iacute;stica es la  grandiosidad, aunque algunos lo llaman arrogancia. El narcisista no hace cola, no reserva, no pide favores y  no da explicaciones. Cuando tiene talento, como Don, su grandiosidad se suele  confundir con arrojo o idiosincrasia, pero es simple desprecio por los dem&aacute;s. &iquest;Recuerdan cuando se queda encerrado con un grupo de hipsters durante una redada y le acusan de ser un agente del mal? El  narcisista desprecia abiertamente a todos los que no reconocen su  superioridad y secretamente a todo el mundo, porque prefiere rechazar  antes de que le rechacen. Su sentido de superioridad es en realidad un complejo de inferioridad sublimado a la millon&eacute;sima potencia. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. No tiene personalidad</strong>. El narcisista es una c&aacute;scara vac&iacute;a, no tiene sustancia, pero construye cuidadosamente su personalidad para proyectar la imagen que le hace sentirse seguro, poderoso y en control. Tienen fantas&iacute;as de &eacute;xito ilimitado, poder, ingenio, belleza o amor imaginarios. Por eso se parecen tanto a un personaje de novela, de pel&iacute;cula y hasta de un anuncio publicitario, porque han adoptado los signos de esos lugares comunes y no tienen los rasgos t&iacute;picamente contradictorios de una verdadera personalidad. Se pone y se quita valores como quien se pone un traje y muda de piel  varias veces en su vida. En el caso de Don Draper ni siquiera es  metaf&oacute;rico: no es Don Draper sino Dick Whitman, pero vio la oportunidad  de escapar de su propia vida y adoptar la de otro y no dud&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Es incapaz de empatizar</strong>. Aunque esta condici&oacute;n se revela  en todas y cada una de sus relaciones, desde su mujer a sus hijos  pasando por sus subalternos, Don hizo especial gala de su incapacidad  para conectar con sus cong&eacute;neres cuando su hermano vino a pedirle ayuda y  &eacute;l le ech&oacute; de su vida sin contemplaciones. Sus momentos de ternura son siempre momentos de identificaci&oacute;n, que es exactamente lo contrario. La empat&iacute;a es tener la capacidad de sentir lo que siente otro y entender su punto de vista o, como se dice vulgarmente, ponerte en sus zapatos. La identificaci&oacute;n es ponerle al otro los tuyos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Es un escapista.</strong> El narcisista contruye una vida artificial y se queda atrapado en ella, un castillo de naipes que depende de su habilidad para seguir contando mentiras. Antes o despu&eacute;s, la fr&aacute;gil estructura se tambalea y el narcisista intenta espapar. Don se busca una rubia g&eacute;lida que le proporcione una familia perfecta en una casa perfecta a juego con su trabajo perfecto pero, cuando por fin tiene el <em>pack</em>, empieza a buscarse novias y a querer escaparse con ellas y dejarlo todo atr&aacute;s. Su anuncio de la playa, donde un hombre se quita el traje y desaparece en el mar, fue interpretado por todos como una met&aacute;fora del sucidio, porque no son narcisistas. Para Don, es una v&iacute;a de escape porque est&aacute; atrapado en la vida de Don Draper y quiere abandonar ese cuerpo, igual que dej&oacute; atr&aacute;s el de Dick. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. Es un explotador.</strong> No le duele ni le averg&uuml;enza manipular a los dem&aacute;s, por eso es el publicitario perfecto. A pesar de su falta de empat&iacute;a, es  capaz de simular y manipular emociones verdaderas para conseguir sus metas. Es el protagonista de su propio melodrama y las personas que hay a su alrededor son siempre extras a su servicio, instrumentos en su entorno que no tienen categor&iacute;a propia. En ese sentido, su relaci&oacute;n con Peggy es ejemplar: cuando ella se cansa de ser explotada, manipulada y maltratada, y amenaza con irse, Don la camela sugiriendo que siente por ella las cosas que ella quiere o&iacute;r. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Es autodestructivo.</strong> El narcisista se odia a s&iacute; mismo, lo suyo no es un exceso de autoestima sino una falta de ella. Es un trastorno habitual entre los ni&ntilde;os maltratados, el narcisista suele ser hijo de narcisistas -que son padres espantosos incluso cuando no son violentos f&iacute;sicamente-, y acaba imit&aacute;ndolos para sobrevivir a ellos. Don tuvo una infancia especialmente dif&iacute;cil, que la serie nos ha mostrado con <em>flashbacks</em> para documentar la desintegraci&oacute;n de su personalidad y el germen de todos sus males. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. No tiene cura.</strong> El ni&ntilde;o que construye un &ldquo;superyo&rdquo; para sobrevivir a una infancia dif&iacute;cil acaba encerrado en esa construcci&oacute;n y nunca crece ni cambia. Los narcisistas piensan genuinamente que sin su coraza de mentiras nadie los querr&aacute;, o que ser&aacute;n aplastados o que desaparecer&aacute;n en la nada o que morir&aacute;n, incapaces de respirar el mismo aire que los dem&aacute;s sin la protecci&oacute;n de su supercoraza. Dependen del narcisismo, pero prefieren llamarlo voluntad, ambici&oacute;n o ego&iacute;smo, que son valores heroicos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. Es irresistible.</strong> Porque, como dijo Gore Vidal, narcisista em&eacute;rito por la Universidad de Washington, un narcisista es siempre alguien m&aacute;s guapo que t&uacute;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Peirano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/mad-men-auge-caida-narcisista_1_4929575.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Apr 2014 18:12:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e3dc88c4-c869-40a0-b9fb-ec89694da221_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="75998" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e3dc88c4-c869-40a0-b9fb-ec89694da221_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="75998" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Mad Men: auge y caída de un narcisista]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e3dc88c4-c869-40a0-b9fb-ec89694da221_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mad Men,Series,Televisión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mad Men cierra su historia con el trepidante 1969]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/sabemos-ultima-temporada-mad-men_1_4990295.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d919d04-d47d-4abf-9024-144a6ee1ea44_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Avance de la séptima temporada de Mad Men"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las últimas 14 horas de la serie se emitirán en dos bloques de siete capítulos cada uno</p><p class="subtitle">Las pistas de Mathew Wiener sugieren un final complejo, satisfactorio y castigador</p></div><p class="article-text">
        Retomamos la conexi&oacute;n con Sterling Cooper Draper Pryce dentro de exactamente un mes. El 13 de abril <a href="http://www.amctv.com/shows/mad-men" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">AMC emite el primer episodio de la s&eacute;ptima temporada de Mad Men</a>, y la van a estirar hasta el l&iacute;mite porque tambi&eacute;n ser&aacute; la &uacute;ltima; su director Mathew Weiner ya ha explicado que se emitir&aacute;n dos bloques de siete episodios cada uno. Los primeros siete se podr&aacute;n ver a lo largo de esta primavera y los &uacute;ltimos siete, en 2015.
    </p><p class="article-text">
        Weiner es naturalmente discreto pero, sabiendo lo mucho que gustan los guionistas de mezclar el drama personal con los grandes acontecimientos pol&iacute;ticos y culturales de la &eacute;poca, podemos anticipar parte de la ambientaci&oacute;n. La &uacute;ltima temporada transcurre en 1969, el a&ntilde;o que empez&oacute; el movimiento gay en <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Stonewall_riots" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stonewall, </a>la cumbre de los Panteras Negras, el sangriento final de la primavera de Praga y la masacre brutal de <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/My_Lai" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">My Lai</a>. Ese a&ntilde;o se estren&oacute; <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Led_Zeppelin" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Led Zeppelin</a>, Elvis se fue a grabar a Memphis y una extra&ntilde;a canci&oacute;n llamada <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Space_Oddity_%28song%29" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Space Oddity</em></a> catapult&oacute; a David Bowie y a sus ara&ntilde;as de Marte al estrellato de la nueva histeria de las fans.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s interesante todav&iacute;a: es <a href="http://www.unix.org/what_is_unix/history_timeline.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el a&ntilde;o de Unix</a>, del <a href="http://www.historylink.org/index.cfm?DisplayPage=output.cfm&amp;File_Id=1181" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primer Boeing 747</a> y del proyecto Apollo <a href="http://www.youtube.com/watch?v=kFDlJrPAnCA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que puso a Neil Armstrong sobre la superficie lunar delante de millones de televidentes hipnotizados</a>. Un poco m&aacute;s tarde y con m&aacute;s discreci&oacute;n nace algo que s&iacute; cambia el mundo para siempre, cuando el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/21_de_noviembre" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">21 de noviembre</a> se unen los ordenadores de la universidad de Stanford y la UCLA en un proyecto llamado <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/ARPANET" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Arpanet</a>. Es el a&ntilde;o que John Lennon y Yoko Ono <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/File:Bed-In_for_Peace,_Amsterdam_1969_-_John_Lennon_%26_Yoko_Ono_17.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reciben a la prensa en la cama en favor la paz</a> y del primer coraz&oacute;n artificial, pero tambi&eacute;n el a&ntilde;o que Brian Jones se ahog&oacute; en su propia piscina y <a href="http://www.nickelinthemachine.com/2009/12/the-marriage-and-death-of-judy-garland-chelsea-1969/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Judy Garland muri&oacute; de sobredosis</a> en su casa de Londres. Es el a&ntilde;o que <a href="http://www.eldiario.es/cultura/Charles-Manson_y_su_novia_0_203329823.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la familia Manson entr&oacute; en la casa de Sharon Tate</a>. Es el a&ntilde;o del <a href="http://www.historylink.org/index.cfm?DisplayPage=output.cfm&amp;File_Id=1181" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Concorde</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Todas o al menos muchas de estas efem&eacute;rides cumplir&aacute;n un papel en la serie, como lo hicieron anteriormente los asesinatos de JFK y Martin Luther King. M&aacute;s complicado es saber qu&eacute; va a pasar con su protagonista, Don Draper, al que la &uacute;ltima temporada deja abandonado por su mujer, apartado de su trabajo y despreciado por su hija, que le pilla con las manos en la vecina. La &uacute;ltima escena nos muestra a Don ense&ntilde;&aacute;ndole a sus hijos la casa en la que creci&oacute;, revelando a su familia su pasado como Dick Whitman. &iquest;Est&aacute; Don a punto de renunciar a su identidad robada, ahora que todo lo que ha constru&iacute;do se desmorona a su alrededor? &iquest;Ha perdido la capacidad de mantener la fachada? &iquest;O es otro de sus trucos de feria para recuperar el afecto de su familia sin tener que cambiar?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que todo esto le ha afectado -explic&oacute; Weiner en una entrevista- pero hay muchas otras consecuencias que est&aacute;n suspendidas en la balanza. Podemos decir que es un superviviente, que va a empezar de nuevo, pero &iquest;qu&eacute; significa eso?&rdquo;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-fwkk0uxqfGw-8269', 'youtube', 'fwkk0uxqfGw', document.getElementById('yt-fwkk0uxqfGw-8269'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-fwkk0uxqfGw-8269 src="https://www.youtube.com/embed/fwkk0uxqfGw?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Probablemente lo que dice El Busc&oacute;n, que<em> nunca mejora  su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres. </em>Porque Don ser&aacute; un superviviente pero del tipo escapista, no del tipo redentor. En la &uacute;ltima temporada fantasea con empezar de nuevo en la costa oeste y tanto las soleadas fotos de la promo como el extra&ntilde;amente hipn&oacute;tico trailer donde sale baj&aacute;ndose de un avi&oacute;n, parecen gritar California. &iquest;Qu&eacute; guionista resistir&iacute;a una visita al <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/10050_Cielo_Drive_%28Los_Angeles%29" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">10050 de Cielo Drive</a>? Dicen que con los asesinatos de la familia Manson se acabaron los hippies, el<em> flower power</em> y la inocencia de un pa&iacute;s que pens&oacute; que las buenas vibraciones podr&iacute;an  cambiar el mundo. No ser&iacute;a extra&ntilde;o que cerraran tambi&eacute;n una serie cuya  l&iacute;nea argumental es la transformaci&oacute;n del sue&ntilde;o americano de la  conformista era Eisenhower al caos y la conciencia civil de la Am&eacute;rica  postVietnam.
    </p><p class="article-text">
        Las pistas de Weiner <a href="http://www.eldiario.es/cultura/series/Breaking_Bad-FeLiNa-Walter_White-Vincent_Gillian_0_181282667.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recuerdan un poco a las de  Breaking Bad</a>. &ldquo;Quer&iacute;a investigar las consecuencias de las acciones y c&oacute;mo se te pegan, que es un poco el gran tema del final de la serie. Y tambi&eacute;n quer&iacute;a hablar un poco del mundo material y del mundo inmaterial -explica el director. - El programa siempre ha sido, o bien una exploraci&oacute;n de lo que pasa por la cabeza de Don o de c&oacute;mo Don interact&uacute;a con el mundo. En esta temporada he intentado incorporar las dos cosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y las chicas? El a&ntilde;o pasado nos dej&oacute; con Megan -la tercera se&ntilde;ora Draper- haciendo las maletas para irse a trabajar a California, pero es improbable que desaparezca del mapa porque es uno de los tres personajes que aparece en las promos y que no es Don. La proliferac&oacute;n de aviones podr&iacute;a indicar que Draper vivir&aacute; esta temporada a caballo entre Los &Aacute;ngeles y Manhattan. Y la &uacute;ltima vez que vemos a Betty est&aacute; poni&eacute;ndose los pantalones de Don, sentada c&oacute;modamente en su silla y asumiendo su trabajo en Sterling Cooper. 
    </p><p class="article-text">
        El resto de los detalles que ha adelantado su creador es que el argumento ser&aacute; especialmente denso -incluso para el est&aacute;ndar a los que nos tiene acostumbrados- y que girar&aacute; en torno a los personajes principales. Y que, pase lo que pase, &ldquo;no vamos a encontrar a Don vistiendo una chaqueta de cuello Mao&rdquo;. Sea lo que sea que signifique <a href="https://www.gentlemansgazette.com/nehru-jacket-guide-mao-suit/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">eso</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Peirano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/sabemos-ultima-temporada-mad-men_1_4990295.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Mar 2014 20:01:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1d919d04-d47d-4abf-9024-144a6ee1ea44_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="134758" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1d919d04-d47d-4abf-9024-144a6ee1ea44_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="134758" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Mad Men cierra su historia con el trepidante 1969]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1d919d04-d47d-4abf-9024-144a6ee1ea44_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mad Men,Series,Televisión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regresa Espoiler, la obsesión de ver tele]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/espoiler-hernan-casciari-la-obsesion-de-ver-tele_1_5040161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1568011-0ef3-4767-876b-4b9b84f16cc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un fotograma del primer episodio de &#039;The 7.39&#039; (BBC One), protagonizado por Sheridan Smith y David Morrissey."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El espacio de Hernán Casciari sobre series de televisión debuta hoy en eldiario.es, tres años después de su primera temporada.</p><p class="subtitle">Según el escritor, las costumbres de los que ven series han cambiado: ya no son ni coleccionistas ni espectadores. Pero sí cada vez más obsesivos.</p></div><p class="article-text">
        Hace tres a&ntilde;os (el 28 de enero de 2011) dej&eacute; mi blog <em><strong>Espoiler</strong></em> en ElPais.com para centrarme en un proyecto personal que dur&oacute; otros tres a&ntilde;os exactos, la revista <strong>Orsai</strong>. No dej&eacute; de descargar ni de ver series en este tiempo: las recomend&eacute; en privado, para mis amigos, y tom&eacute; nota de los cambios en las costumbres audiovisuales; pero no p&uacute;blicamente.
    </p><p class="article-text">
        A principios de enero de 2014, cuando cerr&eacute; el ciclo de la revista Orsai, me descubr&iacute; tuiteando mucho sobre series de televisi&oacute;n... otra vez. Ten&iacute;a m&aacute;s tiempo libre y, sin saberlo, me empezaban a picar de nuevo las ganas de compartir ideas. Supe, un poco tarde porque soy lerdo, que ten&iacute;a ganas de volver a hacer <em>Espoiler</em>. &iquest;Pero d&oacute;nde?
    </p><p class="article-text">
        Busqu&eacute;, en el abanico de medios espa&ntilde;oles, una cabecera que no se escandalizara con consejos de descarga, que mantuviera el perfil de lectores que a&ntilde;os atr&aacute;s disfrutaban Espoiler, que defendiera una mirada &eacute;tica sobre el periodismo y, obviamente, que me pagara por escribir. No me cost&oacute; nada entender que quedan pocos lugares as&iacute;. Entre ellos, eldiario.es y JotDown son mis preferidos.
    </p><p class="article-text">
        Escojo el primero para el regreso de Espoiler porque aqu&iacute; trabaja <a href="http://www.eldiario.es/autores/david_bravo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">David Bravo</a> y siempre es bueno tener cerca a un abogado experto en descargas; y porque donde est&eacute; <a href="http://www.eldiario.es/autores/manel_fontdevila/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Manel Fontdevila</a> yo siempre ser&eacute; feliz.
    </p><h3 class="article-text">Ya no somos coleccionistas</h3><p class="article-text">
        Pero acabemos con el pr&oacute;logo y hablemos un poco de tele. Nuestras rutinas evolucionaron en estos &uacute;ltimos tres a&ntilde;os; <a href="http://www.eldiario.es/temas/series/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los que vemos muchas series por semana</a> lo sabemos bien. Ya no acopiamos, por ejemplo. A m&iacute; me cost&oacute; much&iacute;simo dejar de coleccionar temporadas completas en mis discos extra&iacute;bles. &Uacute;ltimamente no sab&iacute;a ni para qu&eacute; guardaba tantos gigas, pero me costaba hacer limpieza.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a le mostr&eacute; a mi hija todos los extra&iacute;bles que ten&iacute;a en los cajones y los estantes: &ldquo;Este tiene &uacute;nicamente dramas brit&aacute;nicos, este todas las temporadas de Showtime, este series argentinas, este...&rdquo; y ella me pregunt&oacute; para qu&eacute;, si estaba todo en la nube. Me sent&iacute; como una abuela que, despu&eacute;s de darle una natilla Danone a su nieto, le muestra con orgullo docenas de frascos con compotas conservadas desde 1963.
    </p><p class="article-text">
        Era verdad, todo estaba ya en la nube. Si yo quer&iacute;a mirar de nuevo el primer cap&iacute;tulo de la segunda temporada de <em><strong>Los Soprano</strong></em>, por ejemplo, tardaba pocos minutos en bajarlo por torrent o buscarlo en <em>streaming</em>, y bastante m&aacute;s de media hora en revisar todos mis discos extra&iacute;bles, dar con el adecuado, encontrar un cable para enchufarlo a la tele, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        En estos tres a&ntilde;os aprendimos a dejar de coleccionar archivos .avi con sus peque&ntilde;os gemelos ciegos .srt al lado. Empezamos a echar a la basura temporadas completas para liberar espacio en los discos, o para arrumbar tambi&eacute;n los discos. Y lo hicimos al principio con culpa, porque nos hab&iacute;a costado mucho tiempo y amor dar con ese material en el pasado. Yo empec&eacute; a hacer esta purga dolorosa en 2011, y sent&iacute; un <em>d&eacute;j&agrave; vu</em> de otras renuncias tristes: echar al contenedor todos mis LP en 1991, o todos mis VHS inservibles en 2002.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, creo que esta vez fue la definitiva. Me parece que dejamos de ser para siempre <em>humanus coleccionisticum</em>. Queri&eacute;ndolo o sin quererlo, ya confiamos en la Nube y en el Wifi, como los antiguos ten&iacute;an fe ciega en la Luna y en el Sol. All&iacute; est&aacute; todo y es veloz recuperarlo. Adi&oacute;s estanter&iacute;as llenas de discos extra&iacute;bles, adi&oacute;s cajones con cables, &iexcl;adi&oacute;s!
    </p><h3 class="article-text">Ya no somos espectadores</h3><p class="article-text">
        El segundo gran cambio en nuestras costumbres lo percib&iacute; el a&ntilde;o pasado, justo antes de que se emitiera el &uacute;ltimo episodio de <a href="http://www.eldiario.es/temas/breaking_bad/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Breaking Bad</a>. Era el 30 de septiembre de 2013 y, junto a otros diez millones de dedos en todo el mundo, mi dedo &iacute;ndice pulsaba F5 en la web Subtitulos.es para ver si la traducci&oacute;n del cap&iacute;tulo al espa&ntilde;ol llegaba por fin al cien por ciento.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la traducci&oacute;n estaba ya al 97% pens&eacute; esto: si ahora viniera el genio de la l&aacute;mpara y me invitara a una sala de cine a ver el &uacute;ltimo episodio de <em>Breaking Bad</em>, en pantalla supergigante, en versi&oacute;n original subtitulada, con cocacola y palomitas, yo le dir&iacute;a al genio que no, que muchas gracias, que me quedo en casa esperando el subt&iacute;tulo. Ese episodio final era demasiado importante: hab&iacute;a que verlo con deleite, con la opci&oacute;n de pausar, de rebobinar y de congelar cada escena.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Brutal cambio de costumbres!, sospech&eacute;. &iexcl;Nuestra cabeza ya no soporta el visionado lineal sin pausas! Esa es la raz&oacute;n final por la que las salas de cine se desmoronan: nos hemos acostumbrado a adue&ntilde;arnos de la pausa.
    </p><p class="article-text">
        En estos a&ntilde;os, cuando un espect&aacute;culo audiovisual nos interesa mucho, desarrollamos una sucesi&oacute;n de tics que en las salas de cine no se permiten: volver a ver un gesto sutil durante un parlamento (es inevitable hacerlo en <em><strong>Mad Men</strong></em>, por ejemplo); poner en pausa una escena para buscar en la Wikipedia si tal m&uacute;sico existe realmente o es un actor (lo hice much&iacute;simo en <em><strong>Treme</strong></em>); utilizar el cuadro a cuadro en una secuencia de acci&oacute;n magistral (me pasa con <a href="http://www.eldiario.es/temas/homeland/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Homeland</a>); y congelar el fotograma para respirar, o fumar, o preparar caf&eacute;, o caminar alrededor del sof&aacute; lleno de angustia y persistir en el goce de la suspensi&oacute;n el tiempo necesario (esto me pas&oacute; en el &uacute;ltimo episodio de <em>Breaking Bad</em>).
    </p><p class="article-text">
        Conclusi&oacute;n: en los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os dejamos de ser coleccionistas (ya no acopiamos) y dejamos de ser espectadores (ya no esperamos que algo nos sea emitido p&uacute;blicamente). Ser espectador significa &ldquo;mirar fijamente un espect&aacute;culo p&uacute;blico&rdquo;. Es decir, observar algo que ocurre al mismo tiempo para todos. Nuestro cerebro ya no es espectador ni es acopiador. Ya no espera a que algo pase: primero lo va a buscar, y despu&eacute;s lo disfruta con pausas tan personales y &uacute;nicas como una huella digital.
    </p><h3 class="article-text">Pero seguimos igual de obsesivos</h3><p class="article-text">
        Con estos cambios a la vista, que son dos pero tremendos, inicio hoy la segunda temporada de <em>Espoiler</em> en eldiario.es. Y lo har&eacute; aprovech&aacute;ndome vilmente de la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una de las ventajas que m&aacute;s ech&eacute; de menos en este tiempo de silencio fue no poder incidir en el subtitulado de series peculiares. Me explico. La comunidad de subtituladores es muy amplia, pero a veces se les escapan joyas. Se tiende a subtitular series hijas de la ansiedad popular, pero hay perlas que se quedan en el camino y sin subt&iacute;tulo. Cuando tuve el blog <em>Espoiler</em> solo me bastaba hacer una recomendaci&oacute;n efusiva de una rara avis, y los subtituladores acababan su trabajo a la velocidad de la luz. &iexcl;Ah, qu&eacute; felicidad perdida!
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que cerrar&eacute; mi primera entrada del nuevo <em>Espoiler</em> con una recomendaci&oacute;n efusiva: no pueden dejar de ver una peque&ntilde;a miniserie de la BBC en dos episodios. Es peque&ntilde;ita, hermosa, una de esas producciones brit&aacute;nicas que son casi todo di&aacute;logo y ademanes vaporosos. La miniserie se llama <a href="http://www.bbc.co.uk/programmes/b03pn0v6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The 7.39</a> y fue emitida por BBC One las noches del 6 y 7 de enero de este a&ntilde;o. Vi la primera mitad, y fue una experiencia hermosa.
    </p><p class="article-text">
        La trama es sencilla: un hombre felizmente casado (David Morrissey, el tuerto malo de <em>The Walking Dead</em>) coge el tren hacia su trabajo todas las ma&ntilde;anas a la misma hora. Una mujer felizmente casada (Sheridan Smith, la rubia t&iacute;mida de <em>Dates</em>) se sube al mismo tren a la misma hora. Todos los d&iacute;as viajan sin verse. Hasta que una ma&ntilde;ana se pelean por el &uacute;nico asiento libre del vag&oacute;n. Y flechazo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-ZYUmgBEA8XU-6113', 'youtube', 'ZYUmgBEA8XU', document.getElementById('yt-ZYUmgBEA8XU-6113'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-ZYUmgBEA8XU-6113 src="https://www.youtube.com/embed/ZYUmgBEA8XU?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        No les cuento m&aacute;s, para que vean ya mismo el primer episodio, que est&aacute; perfectamente traducido al espa&ntilde;ol. En cambio el subt&iacute;tulo de la segunda mitad hace casi un mes <a href="http://www.subtitulos.es/the-7.39/1x02" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se plant&oacute; caprichoso en el 10,33% en la p&aacute;gina de subtitulos.es</a>. Quiero que vean ya mismo la primera parte y sufran la abstinencia final como yo, as&iacute; despu&eacute;s entre todos podremos gritar y patalear la siguiente s&uacute;plica:
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Por el amor del Wifi y la sant&iacute;sima Nube... &iexcl;&aacute;ngeles de la traducci&oacute;n, tengan piedad de nosotros!</em>
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; bien que ya no seamos ni coleccionistas mezquinos ni espectadores sumisos, pero mantenemos los mismos trastornos obsesivos de siempre. Sobre todo cuando alguien nos deja una buena historia por la mitad. Bienvenidos a Espoiler, entonces; volvemos a la obsesi&oacute;n de ver tele.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hernán Casciari]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/series/espoiler-hernan-casciari-la-obsesion-de-ver-tele_1_5040161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Feb 2014 19:55:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c1568011-0ef3-4767-876b-4b9b84f16cc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="62776" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c1568011-0ef3-4767-876b-4b9b84f16cc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="62776" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Regresa Espoiler, la obsesión de ver tele]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c1568011-0ef3-4767-876b-4b9b84f16cc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Series,Televisión,Mad Men,Breaking Bad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No tan héroes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/kulturo/heroes_132_5190380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73154b2f-3cb2-4a96-91b0-87c736a3cac3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No tan héroes"></p><p class="article-text">
        <a href="http://www.ojocritico.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">OjoCr&iacute;tico.com</a>
    </p><p class="article-text">
        La evoluci&oacute;n en el mundo de las series ha tra&iacute;do consigo nuevos estereotipos. La progresi&oacute;n en la profundidad de las historias y consecuentemente de sus personajes ha hecho que los productores cuiden m&aacute;s la psicolog&iacute;a, la historia, las virtudes, etc.
    </p><p class="article-text">
        Si hace unos a&ntilde;os hubiesen dicho que triunfar&iacute;a una serie en la que el protagonista era una persona sin un atisbo de sentimientos que disfruta asesinando a sus v&iacute;ctimas, me hubiera echado las manos a la cabeza. Lo que es totalmente cierto es que m&aacute;s que excepciones se ha convertido en una especie de propensi&oacute;n a que los protagonistas sean personajes con un lado muy oscuro.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los menos conocidos es Tom Kane, alcalde de Chicago, protagonista de la serie &ndash;tristemente cancelada- 'Boss'. A pesar de que el personaje se adentra totalmente en la pol&iacute;tica, nos recuerda bastante a alguno de los que trataremos m&aacute;s adelante. Quien se aferra al poder utiliza toda clase de estrategias para mantenerse en su trono, blandiendo espadas, teniendo ojos en sus espaldas, sacrificando su familia y su inocencia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-RLxSUKA--Dg-4028', 'youtube', 'RLxSUKA--Dg', document.getElementById('yt-RLxSUKA--Dg-4028'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-RLxSUKA--Dg-4028 src="https://www.youtube.com/embed/RLxSUKA--Dg?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Si hay alguien que es capaz de unificar un traje de chaqueta con grandes inseguridades ese es Don Draper. A la vista se presenta como una persona infalible en su trabajo, un Don Juan con las mujeres y casi el prototipo de cada hombre. Sin embargo sus actividades extramatrimoniales, su pasado turbulento y su visi&oacute;n confusa sobre la vida le convierten en una persona inestable. Estos ingredientes unidos al gran contexto en el que se sit&uacute;a 'Mad Men', convierten a Don Draper en un personaje para la historia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, el m&aacute;s comercial y conocido sea el gran Gregory House. Protagonista de la serie 'Dr. House MD', no s&oacute;lo se define por su comportamiento mis&aacute;ntropo y su gusto por la soledad, sino que a esto se le a&ntilde;ade dos aspectos/dolencias algo atrevidas para una serie de la Fox: su adicci&oacute;n a las drogas y una cojera permanente. Estos factores, unidos a la gran inteligencia y capacidad de intuici&oacute;n de House le convierten en un profesional que no se deja llevar por los sentimientos, es m&aacute;s, su gran mente &ldquo;asesina&rdquo; a esos sentimientos analizando a sus pacientes &uacute;nicamente como unos enigmas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la joya de la corona de esta serie de personajes es el interpretado por el desaparecido James Gandolfini. Por supuesto no requiere presentaci&oacute;n, pero por si hay alg&uacute;n despistado que sepa que hablamos de Tony Soprano, protagonista de una de las series m&aacute;s aclamadas de la historia: 'Los Soprano'. Si hay quien se ha sorprendido de c&oacute;mo un protagonista puede sufrir una cojera, de ser un mujeriego o de hacer lo que tiene que hacer en cada momento, Tony va m&aacute;s all&aacute;. Capo de la mafia, soci&oacute;pata, asesino, ad&uacute;ltero; es decir, una persona que nunca querr&iacute;amos tener de compa&ntilde;ero. El gran dibujo del personaje, la majestuosa interpretaci&oacute;n de James Gandolfini y la historia donde se ubica hace que sea, posiblemente, el mejor personaje que se ha hecho en televisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es, &iquest;c&oacute;mo amamos a estos protagonistas dotados de caracteres contrarios a lo que creemos que tiene que existir en una sociedad? Lo que est&aacute; claro es que el espectador, cada vez m&aacute;s, exige m&aacute;s a la hora de disfrutar con el personaje: no s&oacute;lo en sus virtudes, si no en sus fallos. Nos preguntamos el porqu&eacute; de sus actuaciones, cu&aacute;l es su historia, qu&eacute; es lo que quiere realmente y si puede cambiar. En resumidas cuentas, es un triunfo de los creadores de estos personajes.
    </p><p class="article-text">
        Benjam&iacute;n Obiang
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[OjoCrítico.com]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/kulturo/heroes_132_5190380.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jan 2014 17:55:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/73154b2f-3cb2-4a96-91b0-87c736a3cac3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="64898" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/73154b2f-3cb2-4a96-91b0-87c736a3cac3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="64898" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No tan héroes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/73154b2f-3cb2-4a96-91b0-87c736a3cac3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Series,Mad Men]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
