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    <title><![CDATA[elDiario.es - El grito de la España interior]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/el-grito-de-la-espana-interior/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - El grito de la España interior]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Una nueva revisión entierra el bulo de Trump: el paracetamol en el embarazo no aumenta el riesgo de autismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/nueva-revision-entierra-bulo-trump-paracetamol-embarazo-no-aumenta-riesgo-autismo_1_12913806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c99e2f4a-b652-4cc7-be4f-44062ba62de9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una nueva revisión entierra el bulo de Trump: el paracetamol en el embarazo no aumenta el riesgo de autismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El estudio subraya que las pocas asociaciones previamente reportadas entre el paracetamol durante el embarazo y el autismo, el TDAH o la discapacidad intelectual podrían deberse a otros factores</p><p class="subtitle">Hemeroteca - No, no hay pruebas de que el paracetamol sea la causa del autismo ni se cura con un medicamento: “Es una patochada”
</p></div><p class="article-text">
        No hay evidencia de que el uso de paracetamol durante el embarazo aumente el riesgo de autismo,&nbsp;trastorno por d&eacute;ficit de atenci&oacute;n e hiperactividad (TDAH) o discapacidad intelectual entre los ni&ntilde;os, seg&uacute;n la s&iacute;ntesis m&aacute;s rigurosa de la evidencia actual publicada hasta la fecha en la revista&nbsp;<a href="https://www.thelancet.com/journals/lanogw/article/PIIS3050-5038(25)00211-0/fulltext" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Lancet Obstetrics,&nbsp;Gynaecology &amp; Women's Health</em></a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp;septiembre de 2025,&nbsp;la administraci&oacute;n estadounidense sugiri&oacute; que <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/no-no-hay-pruebas-paracetamol-sea-causa-autismo-cura-medicamento-patochada_1_12622910.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tomar paracetamol durante el embarazo podr&iacute;a aumentar el riesgo de autismo</a> entre los ni&ntilde;os. Los metaan&aacute;lisis anteriores sugirieron peque&ntilde;as asociaciones entre el paracetamol en el embarazo y un mayor riesgo de autismo y TDAH, pero a menudo se basaban en estudios propensos a sesgos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva revisi&oacute;n sistem&aacute;tica y metaan&aacute;lisis analiz&oacute; 43 estudios y hall&oacute; que los estudios m&aacute;s amplios y metodol&oacute;gicamente rigurosos, como los que comparan a hermanos, aportan&nbsp;evidencia s&oacute;lida&nbsp;de que el paracetamol durante el embarazo no causa autismo,&nbsp;TDAH&nbsp;ni discapacidad intelectual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los autores afirman que los hallazgos de las comparaciones entre hermanos y los resultados agrupados de m&uacute;ltiples estudios sugieren que las asociaciones previamente reportadas entre el paracetamol durante el embarazo y el autismo, el TDAH o la discapacidad intelectual podr&iacute;an deberse a otros factores maternos, como dolor subyacente, malestar, fiebre o predisposici&oacute;n gen&eacute;tica, m&aacute;s que a un efecto directo del paracetamol.&nbsp;<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.lshtm.ac.uk/aboutus/people/douglas.ian" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ian Douglas</a>, profesor de Farmacoepidemiolog&iacute;a en la London School of Hygiene &amp; Tropical Medicine (LSHTM), cree que los investigadores han sido minuciosos. &ldquo;Tras excluir los estudios de menor calidad que no tienen en cuenta las diferencias importantes entre las madres que usan o no paracetamol durante el embarazo, de forma tranquilizadora, los estudios restantes no sugieren que el uso de paracetamol en el embarazo est&eacute; asociado con un mayor riesgo de ninguna de las condiciones del neurodesarrollo consideradas&rdquo;, explica al <a href="https://www.sciencemediacentre.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">SMC</a>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los padres de niños con discapacidad pueden ser más propensos a tomar paracetamol debido a dolores relacionados con el estrés de la crianza o con sus propias afecciones crónicas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name"> Steven Kapp</span>
                                        <span>—</span> Profesor titular de Psicología en la Universidad de Portsmouth (Reino Unido)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Su rigor cient&iacute;fico incluy&oacute; el control de factores de confusi&oacute;n, como tener un hermano con la condici&oacute;n, ya que estas neurodivergencias se dan en familias&rdquo;, a&ntilde;ade <a href="https://www.port.ac.uk/about-us/structure-and-governance/our-people/our-staff/steven-kapp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Steven Kapp</a>, profesor titular de Psicolog&iacute;a en la Universidad de Portsmouth (Reino Unido). &ldquo;Los padres de ni&ntilde;os con discapacidad pueden ser m&aacute;s propensos a tomar paracetamol debido a dolores relacionados con el estr&eacute;s de la crianza o con sus propias afecciones cr&oacute;nicas (que es m&aacute;s probable que tengan los padres neurodivergentes). El control entre hermanos en estos estudios demuestra que el medicamento no causa la discapacidad del ni&ntilde;o&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las mujeres embarazadas no necesitan el estr&eacute;s de cuestionarse si el medicamento m&aacute;s com&uacute;nmente utilizado para un dolor de cabeza podr&iacute;a tener efectos de gran alcance en la salud de su hijo&rdquo;, recalca <a href="https://www.kcl.ac.uk/people/professor-grainne-mcalonan" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Grainne McAlonan</a>, catedr&aacute;tica de Neurociencia Traslacional del King&rsquo;s College London (Reino Unido), tambi&eacute;n al SMC. &ldquo;Este estudio, exhaustivo y claro, abord&oacute; la cuesti&oacute;n realizando tanto una amplia revisi&oacute;n sistem&aacute;tica de la literatura como un metaan&aacute;lisis de los estudios elegibles&rdquo;, concluye. &ldquo;Aunque el impacto del anuncio del a&ntilde;o pasado ha sido considerable, espero que los hallazgos de este estudio den por zanjado el asunto&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/nueva-revision-entierra-bulo-trump-paracetamol-embarazo-no-aumenta-riesgo-autismo_1_12913806.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 08:09:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciencia,Salud,Paracetamol,Autismo,Donald Trump,Bulos,Fake News,Salud pública,Medicamentos,El grito de la España interior]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Navia retrata la España interior: memoria y olvido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/navia-retrata-espana-interior-memoria-olvido_3_9237681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa1f3efc-b1a5-4e92-a00e-964d0f6c4900_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Navia retrata la España interior: memoria y olvido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Ojalá con vosotros yo yaciese y mi sangre regara esta Alma tierra". Leopardi</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        'Alma tierra', al que pertenecen estas fotograf&iacute;as, es un libro y una exposici&oacute;n itinerante realizados por Jos&eacute; Manuel Navia en 2018-2019, producidos por Acci&oacute;n Cultural Espa&ntilde;ola (AC/E) y coeditado por Ediciones An&oacute;malas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Navia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/navia-retrata-espana-interior-memoria-olvido_3_9237681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Aug 2022 19:47:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior,España vaciada,Fotogalería]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reescribir el rural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/reescribir-rural_130_9206710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fd71d16-a346-4dc8-8be7-c705e41d3ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reescribir el rural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El campo subsistirá mientras haya personas dispuestas a vivirlo... aunque los elementos que componen su historia cambien con los tiempos; estas cinco crónicas de emprendimiento y creatividad nos hablan de ese nuevo relato</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        El rural necesita personas que hablen su idioma. Ya lo dijo la escritora Mar&iacute;a S&aacute;nchez: &ldquo;Nuestro medio rural necesita otras manos que lo escriban, unas que no pretendan rescatarlo ni ubicarlo. Unas que sepan de la solana y de la umbr&iacute;a, de la luz y la sombra. De lo que se escucha y lo que se intuye. De lo que tiembla y lo que no se nombra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con esta &uacute;ltima imagen &ndash;temible, fascinante&ndash;, Mar&iacute;a S&aacute;nchez culminaba uno de los p&aacute;rrafos m&aacute;s l&uacute;cidos de su &lsquo;Tierra de mujeres&rsquo; (editorial Seix Barral), publicado en 2019, el mismo a&ntilde;o en el que apareci&oacute; &lsquo;Revista salvaje&rsquo;, una publicaci&oacute;n trimestral nacida para mostrar lo que ocurre en el medio rural sin filtros, modas ni <a href="https://www.eldiario.es/cienciacritica/sensacionalismo-cientifico-amplifica-negacionismos-bulos-pseudoverdades_132_8780290.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sensacionalismo</a>. Ambos surgieron como dos reclamos, dos gritos de celulosa impresa que inciden en la misma clave: hay que cambiar el relato y eliminar frases como &ldquo;rescatar el rural&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque el rural no se rescata (eso les sucede a los bancos) ni se ubica (para eso ya existen los mapas): se vive, se trabaja, se siente con las manos y, en cualquier caso, se replantea y se reclama desde el conocimiento &iacute;ntimo de su lenguaje. Por fortuna, hoy d&iacute;a hay muchas manos que conocen ese lenguaje y saben que &ldquo;lo que tiembla y lo que no se nombra&rdquo; puede ser el ojo miope de un anciano de un pueblo de Valladolid o un olivo colonizado de &lsquo;chitos&rsquo; en mitad del campo turolense. De eso trata este texto, de hablar de (y con) emprendedores que saben dar respuestas a lo que tiembla. As&iacute;, vamos a encontrar una empresa que revitaliza el patrimonio con literatura; una &oacute;ptica que ayuda a recuperar la vista a quienes no pueden desplazarse; un proyecto que amadrina olivos, restaura cultivos y crea &lsquo;despertadores&rsquo; para emprendedores extraviados; una empresa que crea simuladores para que practiquen los sanitarios del futuro y una f&aacute;brica-taller de juegos de mesa que hace vibrar a una aldea diminuta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta es la tribu de los traductores del rural.
    </p><h3 class="article-text">Gafasvan: el sue&ntilde;o hecho realidad de una &oacute;ptica itinerante</h3><p class="article-text">
        Daniel Paniagua se dio cuenta de que hab&iacute;a un problema que era necesario resolver cuando supo que su abuelo Constancio pagaba todos los caf&eacute;s que se apostaba en las partidas de cartas. Con una vista apedreada por los a&ntilde;os, a Constancio le costaba distinguir una sota de oros de un caballo de copas. Incapaz de conducir por s&iacute; mismo y afectado por un transporte p&uacute;blico cada vez m&aacute;s mermado en la zona, acudir a una &oacute;ptica desde el peque&ntilde;o pueblo de Mayorga (Valladolid) se hab&iacute;a convertido en algo inviable para &eacute;l.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Daniel quería crear una óptica móvil para los pueblos de la zona, pero la normativa no lo permite. &quot;Habría que adaptar la ley al entorno rural&quot;, dice</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Daniel hab&iacute;a estudiado &Oacute;ptica, aunque nunca lleg&oacute; a ejercer el oficio. Despu&eacute;s de vivir en Per&uacute; y en Valladolid, y de trabajar como comercial de una empresa de alquiler de veh&iacute;culos industriales, decidi&oacute; regresar a su Mayorga natal, en la Tierra de Campos vallisoletana. Aguijoneado por la a&ntilde;oranza y por la necesidad vital que ve&iacute;a en su abuelo, Daniel vio claro que ten&iacute;a que montar una &oacute;ptica para cubrir un doble objetivo: crear un proyecto de vida con futuro para s&iacute; mismo y solventar el problema social con el que se hab&iacute;a encontrado. As&iacute; es como naci&oacute; Gafasvan a finales de 2020, un proyecto de &oacute;ptica itinerante con Mayorga como epicentro.
    </p><p class="article-text">
        Como &eacute;l mismo explica en su p&aacute;gina web, existe el pensamiento generalizado de que &ldquo;los problemas de visi&oacute;n, que afectan al 98% de las personas mayores de 65 a&ntilde;os, son una necesidad b&aacute;sica resuelta, pero no es as&iacute; para todos&rdquo;. Y es que, en algunas regiones, las &oacute;pticas solo se encuentran en los n&uacute;cleos principales de poblaci&oacute;n, lo cual complica su acceso para muchas personas con problemas de movilidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Daniel Paniagua, óptico ambulante en la comarca de Tierra de Campos (Valladolid).                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La idea original de Daniel era crear una &oacute;ptica m&oacute;vil utilizando su veh&iacute;culo. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que eso no era viable, pues la normativa actual no permite realizar servicios de forma itinerante. Obligado a reconfigurar su idea, Daniel abri&oacute; una &oacute;ptica tradicional en Mayorga y solicit&oacute; licencia en diferentes locales de pueblos de los alrededores, a los que se trasladar&iacute;a de forma ambulatoria transportando su equipo.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n ha supuesto un gran avance para la zona, pero para Daniel a&uacute;n est&aacute; lejos de ser lo ideal, debido a una normativa que solicita los mismos requisitos en Madrid que en pueblos que cuentan con unos 300 habitantes. Como &eacute;l mismo explica. &ldquo;En lugar de una &oacute;ptica itinerante lo que tengo ahora son cinco &oacute;pticas&rdquo;, lo cual le supone un mayor coste econ&oacute;mico porque en cada lugar donde se instala debe &ldquo;pagar la licencia sanitaria, las tasas de la Junta y a un arquitecto para que firme la memoria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si t&uacute; &ndash;contin&uacute;a Daniel&ndash;, como Administraci&oacute;n P&uacute;blica, no puedes ofrecer tus servicios a todo el mundo y un se&ntilde;or que tiene 85 a&ntilde;os en un pueblo de tan solo 200 habitantes se ve impedido, facilita que alguien, desde una iniciativa privada, pueda cubrir esa necesidad, no seas tan estricto en ese sentido y adapta la normativa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que la situaci&oacute;n presenta sus problemas, Daniel explica que ha sacado un balance muy positivo de su primer a&ntilde;o y anima a que la gente emprenda en el rural porque &ldquo;cualquier servicio que se ofrece y que no existe siempre se encuentra con una acogida incre&iacute;ble&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Apadrinaunolivo.org, cuando un &aacute;rbol se convierte en incubadora</h3><p class="article-text">
        Para Alberto Pardomingo no existe diferencia entre estar en Oliete, su pueblo turolense de 350 habitantes, y Madrid, el lugar donde tiene sede la empresa para la que (tele)trabaja. Y es que, desde su punto de vista, el tiempo en que pueblo y ciudad estaban separados ha llegado a su fin. Es lo que &eacute;l llama (recurriendo al t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por Juan Carlos Casco) &lsquo;virtuceno&rsquo;, la era en la que &ldquo;no importa donde est&eacute;s, lo que importa es lo que hagas&rdquo;.
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                Olivo y madrina de Apadrinaunolivo.org, en la provincia de Teruel.                            </span>
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        Ese es el concepto en el que se bas&oacute;, junto a otros socios como Sira Plana y Jos&eacute; Alfredo Mart&iacute;n, para crear en 2014 <a href="https://apadrinaunolivo.org/es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Apadrinaunolivo.org</a>, un proyecto con el que buscan recuperar los 100.000 &aacute;rboles del olivar centenario de Oliete, que qued&oacute; abandonado por el descenso poblacional de la localidad (en 1910 el pueblo contaba con 2.500 habitantes).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La parte visible del proyecto era recuperar el olivar, pero su clave te&oacute;rica part&iacute;a de un an&aacute;lisis profundo de las necesidades de Oliete: generar un triple impacto a nivel social, medioambiental y econ&oacute;mico con el fin &uacute;ltimo de evitar que se cerrasen puertas (de casas, de tiendas, de servicios b&aacute;sicos como la escuela) y perder poblaci&oacute;n. Para ello, como explica Alberto, hac&iacute;a falta &ldquo;aplicar nuevas l&oacute;gicas a los procesos tradicionales, cambiar la forma de actuar para obtener resultados diferentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De esta forma, el equipo de Apadrinaunolivo.org recurri&oacute; a la creatividad y a las herramientas digitales para alcanzar su objetivo, que, seg&uacute;n Alberto, se basa en &ldquo;valorar las oportunidades del territorio, generando una conexi&oacute;n emocional entre medio urbano y rural y poniendo en valor una experiencia que, al final, hemos derivado en algo tangible&rdquo;. Esta conexi&oacute;n y experiencia tangible las encontraron en el apadrinamiento: mediante la aportaci&oacute;n de una cuota anual, los padrinos y madrinas ayudan a mantener los olivos de Oliete (que, adem&aacute;s, pueden visitar); a cambio, reciben dos litros anuales de aceite de oliva virgen extra. De momento, han conseguido apadrinar 15.000 olivos, crear 12 puestos de trabajo en jornada completa, un aumento del padr&oacute;n de habitantes y que la escuela pase de cuatro alumnos a 13.
    </p><p class="article-text">
        Pero Apadrinaunolivo.org no solo ha generado impacto en Oliete. Del proyecto inicial han surgido diferentes ramas, como Apadrinaunolivo.org Educa (talleres con los que han recorrido medio Arag&oacute;n para extender los valores de custodia del territorio y desarrollo rural); las l&iacute;neas comerciales de aceite Mi Olivo y de conservas Mi Huerto, esta &uacute;ltima asociada con el pueblo vecino de Alac&oacute;n, donde tambi&eacute;n han conseguido mantener abierta la escuela; o los reci&eacute;n creados Despertadores Rurales Inteligentes (DRI), un centro multidisciplinar para apoyar iniciativas rurales que se ubicar&aacute; en el antiguo cuartel de la Guardia Civil. Estos DRI servir&aacute;n para incubar cinco ideas de forma presencial y 10 de forma virtual, con el fin de convertirlas en proyectos sostenibles en un plazo de tres a cinco a&ntilde;os. Aparte, contar&aacute;n con un espacio dedicado al &lsquo;coworking&rsquo; y el &lsquo;coliving&rsquo; para teletrabajadores y n&oacute;madas digitales que quieran probar la experiencia del rural antes de dar el siguiente paso.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&Aacute;gora Petricor, regenerar con cultura&nbsp;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;En las aceras de las calles toman el sol viejas y ni&ntilde;os. Las casas son graves, unas con escudo de piedra sobre el portal, otras m&aacute;s nuevas tienen casi todas las ventanas cerradas, algunas flores en los alf&eacute;izares; los portales son mudos y sombr&iacute;os&rdquo;. As&iacute; es la frase que se lee en el primer muro que caligrafi&oacute; Carmen Iglesias en su pueblo natal, Sig&uuml;enza. Eligi&oacute; esa frase, escrita por P&iacute;o Baroja en 1901 para el peri&oacute;dico &lsquo;El Imparcial&rsquo;, porque en &eacute;l relata sus andanzas por el pueblo castellanomanchego; pero, sobre todo, para intentar solventar el problema que ya describi&oacute; Baroja hace 120 a&ntilde;os y que da miedo, por lo actual: &ldquo;En varios sitios se ven casas desplomadas, hundidas, que se han abandonado sin pensar, indudablemente, en edificarlas de nuevo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esto, precisamente, se bas&oacute; el proyecto que Carmen, aparejadora de formaci&oacute;n, inici&oacute; en Sig&uuml;enza en 2016, despu&eacute;s de una aventura madrile&ntilde;a en el mundo de la construcci&oacute;n. De vuelta a su pueblo, decidi&oacute; continuar el camino de emprendimiento que hab&iacute;a iniciado en la capital apoy&aacute;ndose en otro mundo que conoc&iacute;a bien: el de la cultura. As&iacute; es como naci&oacute; &Aacute;gora Petricor, un nombre que conjuga el encuentro entre seres humanos y el valor intangible y abstracto del aroma que desprende la tierra despu&eacute;s de un aguacero.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Alberto Pardomingo, creador de Apadrinaunolivo.org, cree que pueblo y ciudad ya no son entidades separadas: hemos llegado al &#039;virtuceno&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Carmen se bas&oacute; en la tierra, en lo intangible, para enfocar el objetivo de su proyecto, analizando las caracter&iacute;sticas del territorio guadalajare&ntilde;o y extrayendo sus particularidades. Una de las primeras que percibi&oacute; fue la misma que mencion&oacute; Baroja: la del patrimonio deteriorado. Como explica Carmen, este es &ldquo;un problema que sucede en muchos pueblos castellanos, que poseen zonas de gran valor pero con numerosos edificios en ruinas&rdquo;. Esto, seg&uacute;n Carmen, sucede &ldquo;porque son construcciones privadas sobre las que poco se puede hacer; las opciones de las Administraciones son complicadas, caras y con una importante carga legal&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es como tuvo la idea de recurrir a la caligraf&iacute;a mural para &ldquo;embellecer, en la medida de lo posible, esos inmuebles, aportar belleza y cultura a algo que solo muestra decrepitud&rdquo;. Aparte de la caligraf&iacute;a mural, otras actividades que Carmen comenz&oacute; a llevar a cabo a ra&iacute;z del an&aacute;lisis del entorno fueron el astroturismo, aprovechando la escasa contaminaci&oacute;n lum&iacute;nica, y el necroturismo &ndash; la visita a cementerios&ndash; para mostrar &ldquo;c&oacute;mo es la vivencia de la muerte en nuestra cultura, que encierra mucha espiritualidad y belleza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y pese a que el emprendimiento rural le ha generado muchas satisfacciones, Carmen explica que en el medio rural existe &ldquo;una realidad que es distinta al &aacute;mbito urbano y que no se tiene en cuenta&rdquo;. Carmen pone como ejemplo los tr&aacute;mites administrativos, que deben ser formalizados en Guadalajara, a 50 minutos en coche de Sig&uuml;enza. Explica que, pese a la digitalizaci&oacute;n, a&uacute;n sigue habiendo mucha dependencia de lo presencial y &ldquo;basta que falte un papel y no te quieran atender para perder toda una ma&ntilde;ana&rdquo;. Otros problemas que cita son el transporte p&uacute;blico o los suministros energ&eacute;ticos, como los diversos fallos de conexi&oacute;n el&eacute;ctrica que, seg&uacute;n explica, sufre Sig&uuml;enza con relativa frecuencia. Pese a todo, ella se muestra firme en un pensamiento: no se ve como una sufridora sino como una &ldquo;disfrutadora&rdquo; del rural.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">BIOTME, alta tecnolog&iacute;a extreme&ntilde;a</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Como est&aacute;s en un pueblo tampoco puede ser muy bueno&rdquo;. Ese es el pensamiento que subyace en la mente de Jacinto Salas cada vez que tiene que presentarse frente a un cliente para demostrarle que el producto que desarrollan en BIOTME (la &lsquo;start-up&rsquo; con sede en Zafra de la que es CEO y CTO) es tan bueno como dicen los informes. Y es que, hoy d&iacute;a, algunas personas a&uacute;n muestran reticencias ante todo aquello que provenga del medio rural, aunque se trate de un producto de tecnolog&iacute;a tan avanzada como son los simuladores anat&oacute;micos de entrenamiento m&eacute;dico que crea <a href="https://biotme.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">BIOTME</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Un simulador anat&oacute;mico es una herramienta utilizada para el entrenamiento de profesionales sanitarios y tiene como gran ventaja que evita el uso de cad&aacute;veres y animales. Sin embargo, es necesario que tenga las condiciones necesarias para que reaccione como el cuerpo humano ante las diferentes t&eacute;cnicas diagn&oacute;sticas y manuales que se desarrollan en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica. Es decir: necesita mucho estudio, inversi&oacute;n y tecnolog&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso es, precisamente, lo que ha logrado Jacinto junto a sus dos socios, Cristina Salas y Alberto Moreno, a trav&eacute;s de una gelatina sint&eacute;tica de elaboraci&oacute;n propia; algo que es &uacute;nico en Espa&ntilde;a: como BIOTME solo hay otras tres empresas en Europa, una en Jap&oacute;n y otras tres en Estados Unidos, todas ellas multinacionales. Gigantescos Goliats frente a un peque&ntilde;o David extreme&ntilde;o que cuenta con un as en la manga: la alta especificidad de su producto y un precio m&aacute;s asequible que los de las superempresas competidoras.
    </p><p class="article-text">
        En los tres a&ntilde;os que llevan trabajando con su gel bal&iacute;stico, BIOTME ha conseguido crear simuladores personalizados para diferentes patolog&iacute;as y con la consistencia de distintas partes del cuerpo. Esto les permite reaccionar tanto al tacto como a los equipos m&eacute;dicos como si se realizaran sobre un cuerpo humano.
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                BIOTME, tecnología biosanitaria de última generación en Zafra (Badajoz)                            </span>
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        Seg&uacute;n explica Jacinto, que pas&oacute; de la ingenier&iacute;a industrial a la biom&eacute;dica con BIOTME, la empresa se encuentra actualmente en fase de difusi&oacute;n y b&uacute;squeda de inversores, algo que les resulta de especial urgencia pues, tras tres a&ntilde;os de desarrollo con fondos propios, sus reservas se est&aacute;n agotando. Esa esperada llegada de fondos (sobre la que se muestran optimistas gracias a las ayudas europeas por la crisis de la COVID-19) har&aacute; posible dar el siguiente paso: la realidad aumentada, que permitir&iacute;a hacer m&aacute;s completa la experiencia cl&iacute;nica y para la cual establecer&iacute;an sinergias con alguna empresa especializada en el sector.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El Troquel: la Apple de los juegos de mesa&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez es el Steve Jobs gallego de los juegos de mesa. Esta comparaci&oacute;n, pese a lo llamativa, no es en absoluto descabellada: ambos estudiaron inform&aacute;tica, ambos comenzaron sus proyectos en el garaje de una casa y ambos consiguieron desmarcarse en su sector gracias a su pasi&oacute;n y creatividad. Pero empecemos por el principio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n, nacido en la isla de Arousa, se dio cuenta de que quer&iacute;a darle otro rumbo a su vida despu&eacute;s de trabajar en grandes empresas del sector tecnol&oacute;gico en ciudades como A Coru&ntilde;a, Madrid o Vitoria. Cansado del ritmo de las grandes urbes, lo que &eacute;l deseaba era vivir en un pueblo y dedicarse a lo que m&aacute;s le apasionaba: los juegos de mesa.
    </p><p class="article-text">
        Reconvertido en aut&oacute;nomo, Ram&oacute;n fund&oacute; El Troquel en el a&ntilde;o 2015 y comenz&oacute; a dise&ntilde;ar y fabricar juegos de forma autodidacta en una peque&ntilde;a caba&ntilde;a ubicada en el terreno de su casa, en un pueblo al sur de Santiago de Compostela. Su proyect&oacute; empez&oacute; a tener &eacute;xito y, con ello, aumentaron las exigencias: m&aacute;s pedidos, m&aacute;s maquinaria, m&aacute;s necesidad de personal cualificado. Esto oblig&oacute; a Ram&oacute;n a dar el paso de formar una sociedad limitada en 2019 y a cambiarse de ubicaci&oacute;n a un taller m&aacute;s grande, el que ocupa hoy d&iacute;a en la peque&ntilde;a parroquia gallega de Calo.
    </p><p class="article-text">
        Pese a su crecimiento, Ram&oacute;n explica que &ldquo;no es f&aacute;cil emprender en este pa&iacute;s, menos a&uacute;n si est&aacute;s en el medio rural&rdquo;. Para &eacute;l, desarrollar un proyecto en un pueblo conlleva una serie de dificultades como &ldquo;el acceso a proveedores, la conexi&oacute;n a internet, el transporte y servicio de paqueter&iacute;a o encontrar personal cualificado que quiera venir a trabajar donde te encuentras&rdquo;. Aun as&iacute;, matiza que si se logran vencer esas dificultades, trabajar en el rural tiene muchos m&aacute;s pros que contras, como &ldquo;el ambiente saludable, la flexibilidad o los alquileres m&aacute;s baratos&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ramón González fundó la empresa de juegos de mesa El Troquel en Teo (A Coruña)."
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                Ramón González fundó la empresa de juegos de mesa El Troquel en Teo (A Coruña).                            </span>
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        Respecto a su proyecto, El Troquel, que se centra en el desarrollo de juegos de mesa con fines educativos, no solo tiene de peculiar que sea una &lsquo;rara avis&rsquo; en la zona donde se encuentra, dedicada fundamentalmente a la agricultura. Su singularidad est&aacute; en su enfoque sostenible (con el uso de t&eacute;cnicas y materiales que generen el m&iacute;nimo impacto ambiental, la eliminaci&oacute;n de pl&aacute;sticos de un solo uso o el mantenimiento de una plantilla fija de 12 personas durante todo el a&ntilde;o, pese al car&aacute;cter estacional de la empresa), y en que, como explica el propio Ram&oacute;n, es la &ldquo;&uacute;nica editorial espa&ntilde;ola que tiene fabrica propia en Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El creador de El Troquel explica que no solo se puede emprender desde el rural con una empresa como la suya, sino tambi&eacute;n ser transgresor y fabricar, comercializar y generar cultura de juegos de mesa en Espa&ntilde;a. De momento se ha hecho un hueco en el sector, pero su objetivo es poder llegar al gran p&uacute;blico. Es decir, a la mayor&iacute;a de las estanter&iacute;as, algo que se ha complicado con la crisis de la Covid-19, que ha llevado a los tenderos a apostar &uacute;nicamente por los juegos de mayor &eacute;xito. Aun as&iacute;, Ram&oacute;n no se rinde. A fin de cuentas, ya ha logrado lo m&aacute;s dif&iacute;cil: llegar hasta donde est&aacute; despu&eacute;s de haber empezado en un garaje
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dani Keral]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/reescribir-rural_130_9206710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Aug 2022 20:51:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reescribir el rural]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior,Zonas rurales,Desarrollo rural,Medio rural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La España vaciada, más allá de una moda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espana-vaciada-moda_129_9186999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90c60b83-ae96-4827-9d36-a98fbaf59aaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La España vaciada, más allá de una moda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La despoblación es uno de los temas del momento. Pero más allá de recetas mágicas o gurús oportunistas, lo que piden los habitantes de nuestros pueblos moribundos es una reflexión seria y sosegada sobre sus necesidades y sobre la solución que buscamos (¿más habitantes en la España rural o una mejor calidad de vida?). Se imponen una mirada a largo plazo... y un cambio cultural</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos, la despoblaci&oacute;n se ha puesto de moda. Es dif&iacute;cil abrir un peri&oacute;dico o una revista, o escuchar una tertulia, y no encontrarse alguna referencia a la p&eacute;rdida de poblaci&oacute;n de algunos territorios. Los municipios de la Espa&ntilde;a interior, tan olvidados en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, ahora centran nuestra atenci&oacute;n. Desde hace un par de a&ntilde;os, una mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n acaba de descubrir con cierta sorpresa que los pueblos donde nacieron nuestros padres o nuestros abuelos se est&aacute;n quedando sin gente. Aquellos lugares donde pasaban una o dos semanas del verano de su infancia est&aacute;n dejando de existir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que la pandemia tambi&eacute;n ha permitido dirigir nuestra mirada hacia ellos. En un tiempo en el cual la distancia social es un valor, hemos visto que hay un amplio territorio de nuestro pa&iacute;s donde la gente vive muy distanciada entre s&iacute;. De hecho, encontrarse con alguien por la calle puede resultar muy improbable durante el invierno. Como dec&iacute;a al principio, la despoblaci&oacute;n se ha puesto de moda.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando se habla mucho de algo, no solo aparecen las posibles soluciones, sino que tambi&eacute;n emergen los oportunistas. Si en Espa&ntilde;a hay millones de entrenadores de f&uacute;tbol, ahora tambi&eacute;n nos encontramos con un amplio n&uacute;mero de personas que saben c&oacute;mo acabar con la despoblaci&oacute;n. Se organizan seminarios, brotan los gur&uacute;s, las consultoras mandan propuestas para hacer informes&hellip; As&iacute;, se va generando una gran cantidad de papel que, en el mejor de los casos, es la lista a los Reyes Magos. En otras ocasiones no deja de ser un copia y pega de lugares comunes y obviedades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ello, se est&aacute; haciendo cada vez m&aacute;s necesario un debate p&uacute;blico serio y sosegado, fundamentado en argumentos rigurosos. La primera cuesti&oacute;n a resolver es: &iquest;d&oacute;nde radica el problema con la despoblaci&oacute;n? Porque tan preocupante es una zona sin gente como un espacio superpoblado. De hecho, la alta densidad de poblaci&oacute;n tambi&eacute;n merece una atenci&oacute;n sosegada. Por lo tanto, la dificultad radica en los extremos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La siguiente pregunta que emerge es: &iquest;qu&eacute; buscamos: que viva m&aacute;s gente en estas zonas o que tengan calidad de vida? Desde luego que, dependiendo de lo que persigamos, las medidas a adoptar cambian. De hecho, algunas personas, con toda su buena intenci&oacute;n, acaban proponiendo soluciones que muchas veces tienen el efecto contrario al esperado. Vayamos por partes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si lo que perseguimos es que la gente de los peque&ntilde;os municipios viva mejor, habr&aacute; que proveerles de servicios p&uacute;blicos de calidad. As&iacute;, la educaci&oacute;n, la sanidad o la atenci&oacute;n a la dependencia deben estar lo m&aacute;s cercanas posibles y con una calidad similar a la de las grandes poblaciones. Esto significa que en lugares como Arag&oacute;n se mantienen abiertas escuelas con tres alumnos, con todo el debate que ello conlleva. Pero si los padres est&aacute;n de acuerdo, los ni&ntilde;os disfrutan de una escuela rural en su pueblo en el momento en que haya un total de tres alumnos. Para la Administraci&oacute;n estamos hablando de un esfuerzo presupuestario enorme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema que nos encontramos es que en muchas ocasiones los puestos de trabajo, especialmente los m&aacute;s cualificados, no acaban de cubrirse. As&iacute;, los m&eacute;dicos suelen vivir en las capitales de la regi&oacute;n y se desplazan diariamente a los centros de salud y hospitales de todo el territorio. Y en el momento en que logran una plaza en la capital, dejan de prestar el servicio en el peque&ntilde;o municipio. De hecho, hay ocasiones en que un profesional cualificado prefiere trabajos m&aacute;s precarios y peor remunerados a tener que desplazarse diariamente a las zonas despobladas. Y esto sucede tanto con los servicios p&uacute;blicos como con las empresas privadas. Por lo tanto, unas buenas comunicaciones (autov&iacute;a, tren...) permiten acercar a las personas cualificadas a las peque&ntilde;as poblaciones. Pero no para que vivan en ellas, sino para que trabajen. Dicho en otras palabras: las infraestructuras proporcionan mejores prestaciones de servicios, una cuesti&oacute;n que no es nada menor, pero no asientan poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima idea, un tanto provocadora, merece un ejemplo. En Calatayud (Zaragoza), una ciudad con una poblaci&oacute;n de 20.000 habitantes en estos momentos, hace a&ntilde;os que disfrutan de un AVE y una autov&iacute;a. En los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os han perdido casi 1.900 habitantes. En cambio, en Alca&ntilde;iz (Teruel) no disfrutamos de ninguna de las grandes infraestructuras. Cuenta en estos momentos con poco m&aacute;s de 16.000 habitantes. En el mismo periodo de tiempo que Calatayud hemos perdido poco m&aacute;s de 200 habitantes. La diferencia en t&eacute;rminos de despoblaci&oacute;n es notable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tal y como se&ntilde;alan todos los estudios acad&eacute;micos, la llegada de las grandes infraestructuras contribuye a que los profesionales cualificados, con mejores salarios que la media, opten por vivir en las grandes ciudades y puedan desplazarse c&oacute;modamente a trabajar a los n&uacute;cleos m&aacute;s rurales. As&iacute;, el efecto de una autov&iacute;a o de un AVE es la mejora de los servicios p&uacute;blicos (m&eacute;dicos, profesores, maestros&hellip;), pero no el aumento de poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si lo que queremos es que la gente viva en los peque&ntilde;os pueblos, adem&aacute;s de prestar unos buenos servicios p&uacute;blicos e invertir en cuestiones como la conectividad, que permite trabajar a una gran distancia, debemos trabajar en el medio plazo para cambiar algunos valores de nuestra sociedad. Las personas que optamos por el medio rural valoramos con una mayor intensidad la naturaleza, el aire libre, la calidad de vida... Es decir, buscamos en nuestra vida todo aquello que ofrece un espacio con baja densidad de poblaci&oacute;n, especialmente en nuestro tiempo de ocio. Y esto tiene mucho que ver con estilos de vida. Se tratar&iacute;a, por lo tanto, de cambiar nuestra cultura, algo que exige de mucho tiempo y que no observaremos de forma inmediata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y entre los grupos sociales que m&aacute;s necesita la Espa&ntilde;a interior se encuentran aquellos que atesoran el talento y la formaci&oacute;n. Son estos profesionales los m&aacute;s preciados. Ellos no solo contribuyen a mejorar los servicios p&uacute;blicos. Adem&aacute;s, si alguna empresa puede estar pensando en instalarse en una zona despoblada, sabe que podr&aacute; contar con personal cualificado. Pero no se trata solo de eso: es este grupo de personas el que m&aacute;s emprende, el que m&aacute;s ideas tiene y quien mejor puede desarrollar un proyecto econ&oacute;mico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, el combate de la despoblaci&oacute;n, entendido como un esfuerzo por aumentar el n&uacute;mero de habitantes de un territorio, necesita de pol&iacute;ticas a medio y largo plazo donde se transformen algunos de los valores de nuestra sociedad. Pero si no cambiamos nuestros valores y nuestra cultura, el aumento de poblaci&oacute;n ser&aacute; muy dif&iacute;cil. El resto de las recetas podr&aacute;n mejorar m&aacute;s o menos nuestros servicios p&uacute;blicos, aunque se sigan prestando por personas que viven en las grandes urbes. Y por estas razones, el debate es mucho m&aacute;s complejo de lo que algunos plantean. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Urquizu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espana-vaciada-moda_129_9186999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Aug 2022 20:37:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La España vaciada, más allá de una moda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro salado de Añana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/futuro-salado-anana_130_9206978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e09b15d5-16b5-47f1-82c8-5889b3a53f23_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro salado de Añana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las salinas de Añana (Álava) muestran una arquitectura asombrosa, sobre todo porque revelan un entramado social: las construyeron cientos de generaciones de salineros que dependían unos de otros, en las tareas comunes y en el reparto minucioso del agua salada</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia para recibir en casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        Edorta Loma trabajaba en una de las f&aacute;bricas m&aacute;s antiguas del mundo: las salinas de A&ntilde;ana, activas durante los &uacute;ltimos siete mil a&ntilde;os, desde los albores del <a href="https://www.eldiario.es/politica/ganaderos-neolitico-modificaban-ciclo-reproductivo-ovejas_1_7391860.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Neol&iacute;tico</a>. Y crey&oacute; que le iba a tocar a &eacute;l, justo a &eacute;l, asistir a la extinci&oacute;n del oficio. Cuando naci&oacute;, en 1959, el valle a&uacute;n herv&iacute;a con la actividad de docenas de familias que produc&iacute;an sal en m&aacute;s de 5.600 eras, pero a finales del siglo XX ya solo quedaban un par de salineros: Andr&eacute;s Angulo y &eacute;l: &ldquo;El valle estaba hundido, las eras desmoronadas, mucha gente se hab&iacute;a marchado a Vitoria, a Bilbao, a trabajar en las f&aacute;bricas. El pueblo se vaciaba y a m&iacute; eso me dol&iacute;a en el alma &ndash;dice Loma&ndash;. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que se iba todo al carajo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El valle de A&ntilde;ana parece una colmena: 120.000 m2 de terrazas, canales, pozos y caminos, una inmensa obra construida sin un solo clavo, todo un encaje prodigioso de piedra, madera y arcilla. Parece obra de insectos, tambi&eacute;n porque la arquitectura revela una trama social: durante siglos, las familias salineras dependieron unas de otras, organizaron las tareas comunales de mantenimiento, se repartieron el caudal de agua salada con horarios minuciosos, la dejadez de uno perjudicaba a todos, el trabajo bien acompasado multiplicaba la producci&oacute;n. Este puzle de eras es el sedimento arquitect&oacute;nico que dejaron generaciones de salineros con su trabajo. Hace 20 a&ntilde;os, estaba a punto de desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Loma es un maestro salinero de 62 a&ntilde;os, con los ojos achinados de quien se ha pasado la vida entre las reverberaciones de la salina, nariz fina y larga, sonrisa ir&oacute;nica, siempre una pulla r&aacute;pida para tomar el pelo a sus colegas, siempre ali&ntilde;ada con cari&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Habla de sus mayores con admiraci&oacute;n y de los j&oacute;venes con entusiasmo. Y es emotivo hasta el temblor cuando recuerda la recuperaci&oacute;n de su valle, de su historia, de su oficio: &ldquo;El otro d&iacute;a vino Mari Gor, una compa&ntilde;era m&iacute;a en las salinas desde que yo era ni&ntilde;o. Ahora tiene 92 a&ntilde;os, pero c&oacute;mo est&aacute;, si me pega una paliza me deja seco. Iba por ah&iacute; mir&aacute;ndolo todo. Me dec&iacute;a: '&iexcl;Eduardito, qui&eacute;n trabaja en esta era!'. Cog&iacute;a el trabuquete, lo examinaba, &rdquo;esta lata no est&aacute; bien, es cuadrada y tiene que ser redonda. Se me pon&iacute;an los pelos como escarpias. Alguna lagrimilla ya se me escap&oacute;&ldquo;.
    </p><h3 class="article-text">Resurgir de las cenizas&nbsp;</h3><p class="article-text">
        A las tres y media de la tarde, cuando los visitantes de agosto recorren las salinas con parasoles blancos y alguno se desmaya por el calor, Edorta pasa el rodillo por la era con la agilidad de un chaval, para remover la sal h&uacute;meda y que no se rechine, que no se pegue al suelo. 
    </p><p class="article-text">
        Viste como todos los salineros con camiseta blanca, pantal&oacute;n blanco, botas de goma blancas y sombrero de paja. Hacia 1999 pens&oacute; que Andr&eacute;s y &eacute;l ser&iacute;an los &uacute;ltimos, que, en cuanto metieran las manos en los bolsillos, desaparecer&iacute;a un oficio de siete mil a&ntilde;os. Quiz&aacute; por eso sigue pasando el rodillo con ese garbo, porque a&uacute;n le dura la alegr&iacute;a inesperada: &ldquo;En aquellos a&ntilde;os yo me iba por las ma&ntilde;anas a Nanclares, a trabajar en una empresa de depuradoras, y por las tardes volv&iacute;a a las salinas. Ni daban dinero ni ten&iacute;an futuro, pero yo no quer&iacute;a dejarlas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Loma quer&iacute;a salvar las salinas y revitalizar el pueblo. Por eso fue alcalde entre 1995 y 1999. &ldquo;Metimos mucha, mucha ca&ntilde;a. Creamos la sociedad Gatzagak para agrupar a los propietarios de las granjas salineras, hablamos con las instituciones...&rdquo;, dice.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En 1999, Añana agonizaba: quedaban dos salineros. Ahora, el valle recibe a unos 96.000 visitantes al año</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La Diputaci&oacute;n de &Aacute;lava elabor&oacute; un plan de rehabilitaci&oacute;n ambicioso, dirigido por arquitectos, arque&oacute;logos, bi&oacute;logos y economistas. En el a&ntilde;o 2009, los salineros cedieron sus propiedades a la Fundaci&oacute;n Valle Salado, una organizaci&oacute;n sin &aacute;nimo de lucro, a cambio de cobrar un dinero todos los a&ntilde;os por la salmuera, por sus derechos sobre el agua salada que brota de los manantiales. Y as&iacute; empez&oacute; la recuperaci&oacute;n: restauraron buena parte del valle en ruinas, relanzaron la producci&oacute;n artesanal, ahora venden unas 170 toneladas anuales de sal exquisita y en el a&ntilde;o 2019, antes de la pandemia, atra&iacute;an ya a unos 96.000 visitantes anuales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Canales de reparto de sal.                            </span>
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        Las salinas sostienen unos 50 puestos de trabajo, la mayor&iacute;a temporales, entre salineros, envasadoras, vendedoras, gu&iacute;as, gestoras o administradores. El canon que cobran los salineros por su salmuera y los beneficios de la fundaci&oacute;n deben reinvertirse en el pueblo: por eso hemos tomado el caf&eacute; en el bar de la plaza, inaugurado cuatro d&iacute;as antes. 
    </p><p class="article-text">
        La poblaci&oacute;n sigue siendo escasa, 156 habitantes censados, pero han taponado la hemorragia y Alberto Plata, historiador y arque&oacute;logo de 47 a&ntilde;os y responsable de Cultura de la Fundaci&oacute;n Valle Salado, cree que el pueblo ir&aacute; recuperando vigor. Ahora hay otro par de bares, dos casas rurales y algunas tiendas, donde hace 20 a&ntilde;os solo hab&iacute;a puertas cerradas, penumbra y eco.
    </p><p class="article-text">
        Es un d&iacute;a de mediados de agosto y el valle se cuece al sol. &ldquo;El sol es el mejor obrero del valle &ndash;asegura, sin embargo, Edorta Loma&ndash;. Evapora el agua y nos deja la sal, es el sistema m&aacute;s limpio, el de siempre. Aqu&iacute; hemos salido adelante haciendo lo que hemos hecho toda la vida&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El viejo reparto de la riqueza</h3><p class="article-text">
        Al principio lo hac&iacute;an diferente. Nos lo cuenta Alberto Plata, uno de los descubridores de las huellas m&aacute;s antiguas de la actividad salinera. Debajo de las actuales estructuras hallaron una gruesa capa de cenizas y miles de fragmentos de cer&aacute;mica con restos de sal, de hace siete mil a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Dedujeron, entonces, un valle negro: aquellos humanos, los primeros sedentarios, recog&iacute;an el agua salada en recipientes de cer&aacute;mica, los pon&iacute;an al fuego, evaporaban el l&iacute;quido y obten&iacute;an los bloques de sal para conservar alimentos y completar su dieta. Era un valle de hogueras, humo y cenizas, una comarca deforestada para alimentar esta primer&iacute;sima industria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las excavaciones tambi&eacute;n revelaron que hace dos mil a&ntilde;os alguien aplan&oacute; esas monta&ntilde;as de ceniza y las recubri&oacute; con arcilla impermeable: los romanos, claro, como confirman sus cer&aacute;micas. Crearon las primeras eras, las primeras terrazas de evaporaci&oacute;n, a las que conduc&iacute;an la salmuera mediante acueductos y canales. &ldquo;Los romanos se pasaron a las energ&iacute;as renovables: sol y viento &ndash;sonr&iacute;e Plata&ndash;. Ellos crearon el paisaje actual del valle aterrazado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Alfonso I, rey de Arag&oacute;n y Pamplona, otorg&oacute; fueros a A&ntilde;ana en 1114, antes incluso que a Vitoria, se&ntilde;al de la importancia de las salinas. Impuls&oacute; la construcci&oacute;n de una villa amurallada con privilegios fiscales, para atraer habitantes y controlar as&iacute; el enclave. 
    </p><p class="article-text">
        Otro documento anterior, la primera menci&oacute;n escrita a las salinas en el a&ntilde;o 822, revela un detalle que marca hasta hoy el car&aacute;cter de esta comunidad. En el documento de fundaci&oacute;n del monasterio de San Rom&aacute;n de Tobillas, el abad Avito menciona las 23 eras y el pozo que poseen en las salinas de A&ntilde;ana. Y algo m&aacute;s: las raciones de salmuera que les corresponden. Esto significa que entonces ya trabajaban muchos propietarios y que hab&iacute;an organizado el reparto del agua salada.
    </p><p class="article-text">
        Porque no abunda. Del manantial de Santa Engracia &ndash;hay otras fuentes menores&ndash; brota un caudal constante de dos litros por segundo, con una concentraci&oacute;n de sal extraordinaria (alrededor de 230 gramos por litro, siete veces m&aacute;s que el oc&eacute;ano). Esto se debe a que las aguas subterr&aacute;neas atraviesan el diapiro de A&ntilde;ana, un gigantesco bloque salino de seis kil&oacute;metros de largo, tres de ancho y cuatro de profundidad, sedimento del antiqu&iacute;simo mar de Tetis. 
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                Recogida de flor de sal, en Álava.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La salmuera brota en el manantial y se distribuye por el valle a trav&eacute;s de cuatro kil&oacute;metros de canales que se bifurcan, que vuelan sobre entramados de madera para salvar hondonadas, que alcanzan todos los rincones. Est&aacute;n construidos con troncos de pino ahuecados a mano, con azuela y hacha, tienen las juntas selladas con arcilla, est&aacute;n encajados sin un solo clavo, porque la sal arruinar&iacute;a los metales pero reboza la madera y la refuerza.
    </p><p class="article-text">
        El agua se acumula en los pozos y de ah&iacute; los salineros la van vertiendo a las eras, plataformas de unos 20 metros cuadrados que los trabajadores inundan con dos o tres cent&iacute;metros de altura. Al cabo de unas horas al sol, empiezan a formarse cristales en la superficie: es la flor de sal, muy estimada, que recogen con una especie de espumadera. Siguen removiendo la sal para que no se pegue y al d&iacute;a siguiente, cuando ya se ha evaporado el agua, la amontonan y la cargan en cestos de mimbre, donde seguir&aacute; escurri&eacute;ndose.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No podían competir en cantidad, pero sí en calidad. Su sal se usa en Mugaritz o en El Celler de Can Roca</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El sistema funciona con precisi&oacute;n porque existe el libro maestro: un reglamento minucioso de los trabajos comunales y del reparto de la salmuera. Lo pusieron por escrito en el siglo XVI, pero el reparto ya constaba en aquel documento de 822: &ldquo;Eso es sagrado &ndash;dice Edorta&ndash;. Es un libro muy severo y muy respetado, porque el reparto de la salmuera es el reparto de los ingresos de cada familia. Ha habido ri&ntilde;as, ha habido peleas... El libro maestro est&aacute; para regular los conflictos&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Una industria con reglas propias</h3><p class="article-text">
        Al principio, cuando no exist&iacute;an los relojes mec&aacute;nicos, cada granja (cada conjunto de eras de un mismo propietario) ten&iacute;a derecho a desviar la salmuera para llenar sus pozos con un volumen determinado. Despu&eacute;s deb&iacute;a cerrar su paso y dejar que el agua corriera hasta la siguiente granja. En el siglo XVI construyeron una torre en el pueblo con el primer reloj, para que las campanas anunciaran los turnos. 
    </p><p class="article-text">
        A un propietario le tocaba los viernes de cuatro a seis de la madrugada, por ejemplo, y ah&iacute; estaba, vigilado por el siguiente. Hab&iacute;a picaresca, como la de quienes ampliaban sus pozos o abr&iacute;an en los canales espitas mayores de lo que les correspond&iacute;a. &ldquo;Para eso estaba el guardia fontanero &ndash;explica Plata&ndash;, para controlar el volumen de los pozos y el tama&ntilde;o de los agujeros&rdquo;. Loma a&ntilde;ade: &ldquo;Cada salinero tiene su propiedad, pero debe respetar a los dem&aacute;s y debe participar en los trabajos comunitarios: mantener los manantiales, los canales, las sendas, los pozos... Si no cuidamos lo de todos, lo m&iacute;o no funciona&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Recogida de flor de sal y pozos vistos debajo de una era.                            </span>
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        Eso son las salinas de A&ntilde;ana: un entramado de vecinos comprometidos durante siglos. &ldquo;Mis padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos... Ninguno vivi&oacute; del cereal ni del ganado. Todos hemos vivido de la sal&rdquo;, dice Edorta Loma. De mayo a septiembre, en los meses de mayor insolaci&oacute;n, las familias se pasaban los d&iacute;as en las salinas. Llenaban los pozos, remov&iacute;an las eras, recog&iacute;an la sal, la cargaban en sacos a la espalda: &ldquo;Con seis o siete a&ntilde;os, ya estaba todo el d&iacute;a en el valle, enganchado a la falda de mi madre o al pantal&oacute;n de mi padre&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Trabajaba toda la familia, porque hac&iacute;an falta todos los brazos posibles, as&iacute; que a los cr&iacute;os nos ten&iacute;an por ah&iacute; dando vueltas. Jug&aacute;bamos con los rodillos, las carretillas de madera, las cestas. Crec&iacute;as en el valle, te ibas integrando. Con ocho o nueve a&ntilde;os ya eras campe&oacute;n: sab&iacute;as cuidar el canal, abrirlo, cerrarlo, los adultos te iban corrigiendo: &ldquo;&iexcl;Oye, chiquito!&rdquo;. Y te ibas haciendo un peque&ntilde;o profesional&ldquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se pensaron muchos planes para el valle y al final les salvó el más revolucionario: seguir haciendo lo de siempre</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Edorta creci&oacute; en la d&eacute;cada de 1960, cuando A&ntilde;ana contaba con m&aacute;s eras que nunca: unas 5.600, que produc&iacute;an una tonelada anual cada una. Alberto Plata explica que era un crecimiento a la desesperada: &ldquo;Las salinas industriales de la costa, como la de Torrevieja, produc&iacute;an en un d&iacute;a lo que A&ntilde;ana produc&iacute;a en todo un a&ntilde;o, y cuando se abarataron los transportes, con los trenes y las carreteras, inundaron el mercado&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;ana intent&oacute; competir aumentando la producci&oacute;n. Construyeron eras por todas partes, encima de los pozos, encima del r&iacute;o, ocupando todo el valle. A las eras les cambiaron el suelo tradicional de cantos rodados por otro de cemento, porque parec&iacute;a m&aacute;s barato y m&aacute;s r&aacute;pido; pero aquel material necesitaba mucho m&aacute;s mantenimiento porque se agrietaba r&aacute;pido con la sal. Construyeron much&iacute;simas eras, pero luego no las pudieron mantener. Las fueron abandonando, las estructuras se cayeron, el valle se colaps&oacute;. Y en la d&eacute;cada de 1970 mucha gente acab&oacute; march&aacute;ndose a las ciudades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si en 1950 A&ntilde;ana ten&iacute;a 670 habitantes, para 1980 ya solo quedaban 200. Y muy pocos se dedicaban a la sal: algunos hombres y sobre todo las mujeres &ndash;Irene Arauco, Gloria Iturralde, Asunci&oacute;n Iturralde, Arantza Mard&oacute;nez, Mari Gor, Agripina P&eacute;rez, Saturnina Garc&iacute;a, Natividad Berge&minus;, que manten&iacute;an las salinas de lunes a viernes, mientras los hombres trabajaban en la f&aacute;brica y se sumaban el fin de semana.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde ni&ntilde;as ya ech&aacute;bamos una mano a nuestros padres despu&eacute;s de salir del colegio &ndash;cuentan las mujeres en un v&iacute;deo de la Fundaci&oacute;n Valle Salado&ndash;. Con 14 o 15 a&ntilde;os sac&aacute;bamos la sal de los terrazos, carg&aacute;bamos media fanega y hac&iacute;amos 20 viajes al d&iacute;a. Era muy duro, pero con la cuadrilla lo pas&aacute;bamos muy bien. Cant&aacute;bamos, habl&aacute;bamos, se nos pasaba el tiempo hasta que alguien dec&iacute;a: &rdquo;&iexcl;Vamos, que se nos rechinan las eras!&ldquo;. Despu&eacute;s de casarnos, pasamos unos cuantos a&ntilde;os sin trabajar en la salina, cuidando a los hijos, pero enseguida volvimos a trabajar&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A finales del siglo XX apenas quedaban unas pocas eras en funcionamiento, mientras el abandono y la ruina devoraban las dem&aacute;s. Se plantearon proyectos para demolerlo todo y abrir canteras, minas, f&aacute;bricas, balnearios, incluso para convertir el valle en un dep&oacute;sito de gas o en un cementerio de residuos nucleares. En el &uacute;ltimo suspiro, el empe&ntilde;o de un pu&ntilde;ado de salineros y la apuesta de las instituciones p&uacute;blicas lograron salvar A&ntilde;ana con este plan revolucionario: seguir haciendo lo que siempre hab&iacute;an hecho.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He tenido otros empleos y he estado a gusto, pero la salina... la salina es mi vida &ndash;asegura Loma&ndash;. Desde que era un cr&iacute;o, he conocido los ruidos de la saliner&iacute;a y del almac&eacute;n, la administraci&oacute;n de la sal, el comercio de la sal, la tienda de la sal, el envase de la sal. He trabajado con la gente mayor, con los padres, con los abuelos, que te ense&ntilde;aban el oficio y un d&iacute;a dec&iacute;an: este chaval vale. Eso era la hostia. Hac&iacute;an las cuentas los s&aacute;bados en el bar y luego de all&iacute; no se iba ni dios, daba igual que tuvieras 15 a&ntilde;os, te quedabas a cenar y a cantar igual, eso lo he vivido desde cr&iacute;o y solo de recordarlo se me pone la carne de gallina. Lo que yo s&eacute; hacer mejor, aparte de cantar en el bar, es hacer sal, &iexcl;la hostia!&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La recuperaci&oacute;n no consist&iacute;a en montar un parque tem&aacute;tico. &ldquo;Lo m&aacute;s importante era seguir produciendo sal, porque es el &uacute;nico modo de mantener las salinas &ndash;explica Plata&ndash;. La soluci&oacute;n de la Espa&ntilde;a vaciada no puede ser la Espa&ntilde;a subvencionada. Yo entiendo que un pueblo se agarre como un clavo ardiendo a tener por ejemplo un almac&eacute;n nuclear, cuando ya no queda ninguna otra opci&oacute;n de supervivencia, pero nosotros busc&aacute;bamos revivir A&ntilde;ana con sus oficios, sus conocimientos, su historia. Una manera digna de vivir, haciendo lo que siempre hab&iacute;an hecho de maravilla: una sal muy buena&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Escurrido del rastrillo con flor de sal.                            </span>
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        Esta sal artesana no puede competir en cantidad pero s&iacute; en calidad. En A&ntilde;ana elaboran una de las mejores sales del mundo, porque es sal pura que lleva millones de a&ntilde;os en el subsuelo, sin contaminaciones, sin micropl&aacute;sticos, obtenida con el sol y el viento, con m&aacute;s de 80 minerales y oligoelementos que las dem&aacute;s sales suelen perder cuando las lavan con tratamientos industriales.... Al final de la visita, los turistas se asoman a la peque&ntilde;a planta de envasado en la que tres mujeres retiran a mano cualquier mota, cualquier mosquito, cualquier impureza que traiga la sal, con una delicadeza que no estropea ninguna de sus cualidades. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso la aprecian en tantos restaurantes de prestigio, que tienen sus carteles clavados en algunas de las eras de A&ntilde;ana: Mugaritz, Mart&iacute;n Berasategui, el Celler de Can Roca, el Basque Culinary Center... &ldquo;A la producci&oacute;n le a&ntilde;adimos la parte cultural y tur&iacute;stica &ndash;dice Alberto Plata&ndash;. Queremos que los visitantes conozcan la historia del valle. Que aprecien lo que cuesta producir esta sal, que entiendan por qu&eacute; es tan buena y que la compren entendiendo que de esta manera apoyan la revitalizaci&oacute;n de un pueblo&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una nueva generaci&oacute;n de salineros</h3><p class="article-text">
        La recuperaci&oacute;n del Valle Salado de A&ntilde;ana mereci&oacute; el premio Europa Nostra en 2015, el t&iacute;tulo de Patrimonio Agr&iacute;cola Mundial de la Unesco en 2017, la inclusi&oacute;n en la Red Europea del Patrimonio Industrial en 2019... pero sirvi&oacute;, sobre todo, para mejorar la vida de los habitantes de la comarca. En 2012, en plena crisis econ&oacute;mica, algunos salineros que hab&iacute;an emigrado d&eacute;cadas atr&aacute;s a las ciudades volvieron a la renacida A&ntilde;ana, despu&eacute;s de que les cerraran las f&aacute;bricas. Es el caso de Clemente, quien volvi&oacute; de Vitoria a A&ntilde;ana precisamente en 2012, a los 56 a&ntilde;os, para retomar el oficio de sus antepasados. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s emociona a Edorta es que con &eacute;l tambi&eacute;n se incorpor&oacute; su hijo: Adri&aacute;n empez&oacute; a trabajar en la salina con 19 a&ntilde;os, aprovechando unos cursos de dos meses que organiz&oacute; la Fundaci&oacute;n Valle Salado para los hijos de los salineros. &ldquo;A los pobres les toc&oacute; el verano m&aacute;s caluroso posible &ndash;cuenta Plata&ndash;. No estaban acostumbrados a trabajar con las manos, se les hicieron llagas y t&uacute; imag&iacute;nate, con las llagas y el agua salada&hellip; Aguantaron todos, &iquest;eh? Claro, ten&iacute;an a todo el pueblo vigil&aacute;ndolos &ndash;se r&iacute;e&ndash;, a ver c&oacute;mo se portaban...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; se me ca&iacute;an las l&aacute;grimas cuando ve&iacute;a a los chavales en las eras &ndash;recuerda Edorta&ndash;. Hac&iacute;a tanto calor que les compr&eacute; un botijo a cada uno, y le pegaban unos tragos... &iexcl;Gluglugl&uacute;! &iexcl;Gluglugl&uacute;!... Se les hinchaba la tripa, se pusieron colorados, les dieron unas cagaleras&hellip; Les tuve que ense&ntilde;ar a beber. No com&aacute;is mucho antes de trabajar, no beb&aacute;is de golpe, bebed a sorbos. Y les tuve que ense&ntilde;ar a aguantar el sol: poneos el sombrero de paja, meteos un rato a la sombra&hellip; Una tarde vine y no estaba ninguno de los chavales. Se hab&iacute;an metido todos en el r&iacute;o, amorrados como las ovejas. &iexcl;Mecag&uuml;ens&oacute;s, cabrones, que este mes no cobr&aacute;is! Pero una vez que cogieron marcha&hellip; Buah, daba gusto verlos trabajar. Los abuelos se pasaban la tarde mir&aacute;ndolos desde ah&iacute; arriba. Se pegaban unas lloreras&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Edorta, que ahora dirige un equipo de cinco salineros y dos trabajadores de mantenimiento, no oculta que este trabajo es muy duro: &ldquo;Si vienes con la idea de un empleo normal de ocho horas, al segundo d&iacute;a coges el macuto y te vas. La salina est&aacute; viva, el valle se mueve, los manantiales siguen corriendo, tienes que remover la sal, no puedes dejarla. Si lo has vivido desde ni&ntilde;o, no puedes marcharte&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p style="text-align: center;"><a href="https://telegram.me/eldiarioeus" target="_blank"><img src="https://static.eldiario.es/eldiario/public/content/file/original/2021/0118/13/siguenos-en-telegram-lideres-entre-los-medios-espanoles-78ba19d.png" alt="síguenos en Telegram" /></a></p>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ander Izaguirre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/futuro-salado-anana_130_9206978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Aug 2022 19:46:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El futuro salado de Añana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior,Euskadi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sinfonía de las puertas que se abren]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sinfonia-puertas-abren_129_9186940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a8acd98f-2e14-4b74-ac3a-897c189ee44d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sinfonía de las puertas que se abren"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se acerca el otoño. Los chopos han comenzado a perder sus hojas secas y muestran sus vergüenzas. Los altos árboles custodian un río que baja poco caudaloso y que solo crece después de las tormentas</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        El romero y las zarzas lo invaden todo. Las higueras crecen libres en medio de un patio de colegio o justo en el centro de lo que un d&iacute;a fue un jard&iacute;n y ahora es un mont&oacute;n de escombros. Un l&iacute;o de cemento mezclado con recuerdos. Cuesta imaginar a ni&ntilde;os jugando y gritando al borde de los caminos, haciendo equilibrios por no caerse o perder la pelota. La maleza se enreda con la arcilla, que es roja y lo cubre todo, como si acabase de pasar una tormenta de verano por toda la superficie. Las casas no son blancas o azules. Son rojas, como las monta&ntilde;as, la sangre y los caminos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se acerca el oto&ntilde;o. Los chopos han comenzado a perder sus hojas secas y muestran sus verg&uuml;enzas. Los altos &aacute;rboles custodian un r&iacute;o que baja poco caudaloso y que solo crece despu&eacute;s de las tormentas. Ah&iacute; s&iacute;, la corriente se muestra fiera mientras arranca flores y ra&iacute;ces y amenaza con arramblar los puentes enclenques levantados con ladrillos hace m&aacute;s de 50 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un p&aacute;jaro carpintero huye de un almendro al o&iacute;r a un coche aproximarse. Cuando llegue el invierno el lugar amanecer&aacute; con temperaturas g&eacute;lidas y alcanzar&aacute; a duras penas los 10 o 15 grados por la tarde. Se suceder&aacute;n las heladas acompa&ntilde;adas del cierzo y de los d&iacute;as cortos que hace tiempo ya agriaron el car&aacute;cter de sus pobladores. &iquest;Por qu&eacute; se fueron todos? &iquest;Por qu&eacute; no qued&oacute; nadie?
    </p><p class="article-text">
        La caseta alta y rectangular donde antes hab&iacute;a un transformador de la luz est&aacute; vac&iacute;a y de su interior no entran ni salen cables. Nada. Es posible que el alumbrado no funcione y que el cableado que recorre el pueblo sea un mero ornamento, como unas luces navide&ntilde;as fundidas sobre un abeto de pl&aacute;stico. Los postes de madera oscura dibujan diagonales siniestras sobre el suelo y luchan por no caer de manera definitiva. &iquest;Y si un d&iacute;a todo volviera a encenderse? &iquest;Y si las bombillas que faltan lucieran de nuevo? Las farolas y los murci&eacute;lagos siguen en sus puestos, pero faltan los paseos nocturnos.
    </p><p class="article-text">
        Los pasos resuenan y las palabras producen un profundo eco que rebota en las monta&ntilde;as del fondo y regresa hasta los visitantes. Los cuervos vuelan al tiempo que graznan. Tambi&eacute;n se distingue el chirriar de varias puertas que se abren y se cierran sobre sus bisagras oxidadas. Sus cerrojos no funcionan, de modo que, accionadas por el viento, retumban incesantes en el valle diminuto. Son como un quejido, como una llamada de atenci&oacute;n. &iexcl;Estamos aqu&iacute;, miradnos!
    </p><p class="article-text">
        Como si de una orquesta se tratase, tres, cinco o diez puertas de todos los colores y tama&ntilde;os se despegan de su marco para mostrar el interior de casas vac&iacute;as, que un d&iacute;a fueron el hogar de una familia, la escuela de varias generaciones, el teleclub en el que juntarse para jugar al parch&iacute;s o tomar el primer trago.
    </p><p class="article-text">
        Dentro no hay casi nada. Un peri&oacute;dico de los 90 con noticias sobre ETA, un cuadernillo de tareas para Lengua con un dictado fechado en 1986, una monta&ntilde;a de ropa sucia y ra&iacute;da que nadie quiso en su hatillo, un sal&oacute;n con dos sof&aacute;s y una chimenea llena de holl&iacute;n. Todo amenazado por un inminente peligro de derrumbe.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los antiguos pobladores cerraron todas las puertas al salir, eso seguro, sin embargo las piezas de madera, aburridas y astilladas, volvieron a abrirse poco despu&eacute;s. Desde entonces, resuenan como en una sinfon&iacute;a, acompa&ntilde;adas del canto de chicharras, lobas y tordos. Mientras los edificios sigan en pie, la m&uacute;sica seguir&aacute; sonando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Armunia Berges]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sinfonia-puertas-abren_129_9186940.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Aug 2022 20:28:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La sinfonía de las puertas que se abren]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España vaciada,El grito de la España interior]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sueños en el campo de centeno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/suenos-campo-centeno_129_9187877.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d83a1743-af72-4584-81f7-3ac7c56ee253_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sueños en el campo de centeno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para los urbanitas, la vida en el entorno rural siempre ha estado envuelta en un aura de romanticismo y armonía con la naturaleza. Pero el campo español –intolerante, cerril y pobre de solemnidad– nunca ha sido ese paraíso que algunos ‘happy hippies’ imaginan... y, por lo tanto, es imposible regresar a él</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        La idea de huir de la ciudad al campo, de la agitaci&oacute;n urbana a la paz solo turbada por cigarras, es tan antigua como la propia ciudad. El Eclesiast&eacute;s ya predic&oacute; que la urbe era sede de iniquidad y de injusticia, y en Grecia, a partir del siglo IV a.C., las escuelas filos&oacute;ficas de apartamiento relajan o directamente rompen los v&iacute;nculos con la polis. Entre los primeros cristianos aparecieron los hesicastas, eremitas que encontraban su ideal de perfecci&oacute;n moral en las cuevas del desierto y a los que la sociedad, tanto civil como eclesi&aacute;stica, aturd&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Nada nuevo, pues. La ciudad, ya sea antigua o moderna, es una selva de intereses, la lucha por la supervivencia es la estructura de sus encuentros, las relaciones son utilitarias y su ruptura con la naturaleza se ha vuelto definitiva.
    </p><p class="article-text">
        Pero la humanidad ha seguido ese rumbo y seguramente lo ha hecho con motivos. No todo es alienaci&oacute;n y tr&aacute;fico. Ahora bien, ese rumbo ha ido adquiriendo cualidades y caracter&iacute;sticas nuevas a lo largo del tiempo. Por ejemplo, a mediados del siglo XX en Espa&ntilde;a los grandes movimientos de migraci&oacute;n interior se produjeron entre los pueblos y las capitales de provincia, donde se asentaba la industria de los a&ntilde;os del desarrollismo. Eso fue as&iacute; hasta los a&ntilde;os 90, en que el movimiento se reorient&oacute; a las grandes ciudades, cuando los hijos de los antiguos emigrantes de provincia decidieron hacer lo mismo que sus padres, pero con un objetivo mayor.&nbsp; De la urbanizaci&oacute;n de los siglos XIX y XX hemos pasado a lo que se conoce como metropolizaci&oacute;n. En 2018, seg&uacute;n el Instituto Nacional de Estad&iacute;stica, estas migraciones ya hab&iacute;an doblado en n&uacute;mero a las que se produjeron en la d&eacute;cada de los 90.
    </p><p class="article-text">
        Mencion&aacute;bamos los motivos de que la humanidad, equivocada o no, haya seguido el rumbo de la urbanizaci&oacute;n y ahora de la metropolizaci&oacute;n. No se desprecian ni mucho menos los atractivos econ&oacute;micos y de orden material &ndash;seguridad, sanidad, educaci&oacute;n&ndash; que indudablemente contribuyen siempre a las elecciones. Pero no son los &uacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        En una cultura donde el desarrollo personal, la educaci&oacute;n y la b&uacute;squeda del talento y la transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n se han convertido en factores de identidad individual y colectiva, as&iacute; como en factores de riqueza para la consideraci&oacute;n que los sujetos tienen de s&iacute; mismos, la ciudad o, mejor dicho, la metr&oacute;poli dispone de una oferta incomparable, tanto si se coteja con la cultura rural como si se hace con las capitales de provincia.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, las desigualdades que produce la metr&oacute;poli y la dificultad de supervivencia para los escalones econ&oacute;micos bajos son obst&aacute;culos en el camino hacia esos u otros prop&oacute;sitos. La ciudad es dura e implica la aceptaci&oacute;n de unas reglas del juego sintetizadas en la polaridad ganador/perdedor, tan estadounidense y tan repugnante. Dicho de otro modo, la ciudad es habitable, pero solo si tienes dinero. Sin dinero, lo que se habita es un limbo de trabajo y aislamiento (o hacinamiento).
    </p><p class="article-text">
        Esta dureza es la que explica los movimientos &ndash;por otro lado, bastante residuales y hasta ahora poco significativos&ndash; de migraci&oacute;n en sentido contrario, de la metr&oacute;poli al campo. Si bien son cuantitativamente marginales, han reforzado no obstante un sentimiento, y una ideolog&iacute;a bastante generalizada &ndash;incluso entre los que viven en la metr&oacute;poli&ndash;, de la pobreza existencial de la vida en la ciudad. Este valor ideol&oacute;gico, y no tanto pol&iacute;tico, pues la pol&iacute;tica permanece indiferente a tales propuestas, es el que parece no solo discutible, sino tambi&eacute;n extremadamente reactivo. La ciudad es el objeto de odio y la alternativa es solo su consecuencia. Pero ese es otro tema.
    </p><p class="article-text">
        A los defectos existenciales y sociales que tiene la ciudad, la ideolog&iacute;a rural, por llamarla de alguna manera, opone la relaci&oacute;n con la naturaleza, una vida liberada de las cadenas de la producci&oacute;n y de la jerarqu&iacute;a productiva, as&iacute; como del bombardeo consumista que ha hecho de los ciudadanos simples consumidores &ndash;o mejor dicho, ciudadanos en cuanto consumidores&ndash;, un ajuste entre las necesidades y el esfuerzo necesario para satisfacerlas, y en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, una vida en comunidad, es decir, dentro de un grupo social cognoscible, con v&iacute;nculos palpables, cargados de autenticidad humana.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, se pretende una liberaci&oacute;n de la presi&oacute;n social y econ&oacute;mica que el h&aacute;bitat urbano ejerce sistem&aacute;ticamente, sustituido por un sistema en que el individuo es m&aacute;s libre y puede elegir de manera menos coactiva.
    </p><p class="article-text">
        Para decirlo sin m&aacute;s demora, eso no existe en el mundo rural espa&ntilde;ol. Ni puede conseguirse en las actuales circunstancias. La presi&oacute;n social en ese medio se rige por una moral religiosa &ndash;independientemente de que los individuos sean practicantes o no&ndash; y por un sistema de h&aacute;bitos y costumbres que aspira a ser inmutable en el tiempo. La novedad, incluidos los seres humanos novedosos, con toda su panoplia de variantes, no cabe dentro de un modelo antimoderno, completamente de espaldas a lo que constituye la esencia de la civilidad: el movimiento y el despliegue de energ&iacute;a, cuyo objetivo es la trasformaci&oacute;n de la materia en posibilidad.
    </p><p class="article-text">
        El campo espa&ntilde;ol es el producto de varios ingredientes que, en distintas proporciones, se han mezclado a lo largo de su existencia, entre los que destacan la extrema pobreza, un catolicismo ultramontano acompa&ntilde;ado de una ideolog&iacute;a reaccionaria y la cerrilidad ante un progreso que no fuera meramente econ&oacute;mico. El resultado es que ese mundo, como ya sentenci&oacute; Machado, &ldquo;desprecia cuanto ignora&rdquo;. Y se comporta con toda beligerancia contra cualquier apertura en su sistema de valores o a la novedad. Es, sencillamente, cerril.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia del medio rural franc&eacute;s, ocupado hist&oacute;ricamente por la burgues&iacute;a y su modus operandi liberal, que produjo una ruralidad ilustrada y una alternativa hist&oacute;rica y real a la vida en la ciudad, el espa&ntilde;ol ha sido un lugar endurecido en la miseria, de la moral a la pol&iacute;tica, pasando por la cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        La Espa&ntilde;a vaciada es la Espa&ntilde;a que se vaci&oacute; no solo por motivos econ&oacute;micos y materiales, sino porque su ambiente era irrespirable y la presi&oacute;n social, insostenible para cualquiera con un m&iacute;nimo de sensibilidad o de curiosidad. Nadie ha intentado reconstruir el campo espa&ntilde;ol sencillamente porque nadie quiere reconstruirlo, ya que nadie quiere volver a aquello. A aquello o a esto, pues nada ha cambiado, excepto unos cuantos cachivaches electr&oacute;nicos que brillan entre las ruinas.
    </p><p class="article-text">
        Una de las modalidades del poco significativo regreso al campo en nuestro pa&iacute;s son los llamados grupos de <em>happy hippies</em>, que funcionan con distintos grados de comunidad dentro de un colectivo de amigos o conocidos que se dotan de sus propios recursos, como los escolares o los sanitarios. Quitando que viven dentro de territorio hostil, la ciudad se lleva, como escrib&iacute;a Kavafis, adonde quiera que vayas. Como sucedi&oacute; con las comunas de los a&ntilde;os 60, el peligro de implosi&oacute;n es alto. Tambi&eacute;n este es otro tema.
    </p><p class="article-text">
        En fin, todo esto recuerda aquel sue&ntilde;o de Holden Caulfield en <em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em>, en que se ve&iacute;a intentando salvar a unos ni&ntilde;os que jugaban en un campo de centeno que en su borde ocultaba un precipicio.
    </p><p class="article-text">
        No creo yo que este art&iacute;culo vaya a salvar a nadie del precipicio rural espa&ntilde;ol. Como mucho, espero que aliente el convencimiento de que la lucha contra la injusticia social, si la hay, se librar&aacute; sobre el asfalto y no sobre las eras en barbecho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Gándara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/suenos-campo-centeno_129_9187877.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Aug 2022 20:34:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sueños en el campo de centeno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diccionario del interior]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/diccionario-interior_129_9187864.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70d15731-416e-48ba-8162-7a0a72371260_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diccionario del interior"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un itinerario alfabético, a modo de carretera (secundaria, por supuesto), recorre los hitos de la España vacía y se detiene a reflexionar sobre las variadas facetas del sentir rural</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio antes del lunes y te enviamos de regalo dos de nuestras revistas monográficas</p></div><h3 class="article-text">a</h3><p class="article-text">
        <strong>Am&eacute;rica.</strong> Las llaman &lsquo;blue highways&rsquo;: carreteras azules. Con ese color aparec&iacute;an trazadas en los mapas viejos de Estados Unidos cuando a&uacute;n se usaban mapas y alguien quer&iacute;a desviarse del camino. William Least Heat-Moon lo hizo. Estaba reci&eacute;n divorciado y acababa de perder su empleo de profesor. Una noche tuvo una idea. Y la cumpli&oacute;: cogi&oacute; su camioneta y recorri&oacute; 20.000 kil&oacute;metros por la otra Am&eacute;rica. La rural, la interior, la invisible. La Am&eacute;rica de las carreteras azules. Borde&oacute; todo el per&iacute;metro de los Estados Unidos entrando en esos lugares en los que, al pasar cerca, uno piensa c&oacute;mo debe de ser vivir aqu&iacute; dando un vistazo de curiosidad y temor. Por la noche, William dorm&iacute;a en la parte trasera de la furgoneta. Durante el d&iacute;a, conduc&iacute;a y entraba en pueblos con nombres po&eacute;ticos como Remote (Oreg&oacute;n), Simplicity (Virginia), New Hope (Tennessee) o Whynot (Misisipi). Acodado en la barra de bares en penumbra, respond&iacute;a a la pregunta b&aacute;sica en aquel mundo perdido: &lsquo;What is your story?&rsquo;. Es decir: de d&oacute;nde vienes, a qu&eacute; te dedicas, qui&eacute;n eres. Cu&aacute;l es tu historia. William lleg&oacute;, vio y escuch&oacute;. Aquel viaje dio como fruto un libro cl&aacute;sico: &lsquo;Carreteras azules. Un viaje por Estados Unidos&rsquo; (editado en Espa&ntilde;a por Capit&aacute;n Swing). Cuarenta a&ntilde;os antes del trumpismo, alguien ya detect&oacute; que la Am&eacute;rica interior hab&iacute;a sido olvidada. Subrayo una frase: La cuarta dimensi&oacute;n del viajero no es el tiempo, sino el cambio. Conclusi&oacute;n: Para entender, ver.
    </p><h3 class="article-text">b</h3><p class="article-text">
        <strong>Bucolismo.</strong> Con &lsquo;Walden&rsquo;, Thoreau hizo mucho bien: contribuy&oacute; a elevar la imagen de la vida sencilla en la naturaleza. Cuando somos pausados y sabios &ndash;escribe Thoreau&ndash; percibimos que solo las cosas grandes y dignas tienen una existencia permanente y absoluta, que los temores mezquinos y los placeres mezquinos no son sino la sombra de la realidad. Muy evocador. Con &lsquo;Walden&rsquo;, Thoreau, y sus ap&oacute;stoles epigonales, tambi&eacute;n hicieron mucho da&ntilde;o: impregnaron de bucolismo la vida en los pueblos poco habitados. Es un error estereotipar el interior despoblado con las bondades de un &lsquo;locus amoenus&rsquo;: naturaleza, libertad, calma. Tambi&eacute;n lo es dibujarlo como un lugar inh&oacute;spito, anacr&oacute;nico, condenado. &iquest;Entonces? Simplemente, ser honestos: mostrar que esta tierra surcada por el silencio atesora enormes valores, pero que tambi&eacute;n encierra un conflicto latente.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">c</h3><p class="article-text">
        <strong>Campesinos. </strong>Hay una confusi&oacute;n que chirr&iacute;a, que ya cansa. No todo aquello que no es ciudad es campo ni est&aacute; despoblado. Hay ciudades, pueblos grandes, pueblos peque&ntilde;os, pueblos en proceso de despoblaci&oacute;n y pueblos ya deshabitados. Y no todos tienen campo o &ndash;mejor dicho&ndash; viven del campo. Hay un libro profundo, culto y bellamente escrito: &lsquo;Vidas a la intemperie&rsquo; (Pepitas), de Marc Badal. Disecciona una historia, no necesariamente amarga siempre: la desaparici&oacute;n del campesinado. Lleva raz&oacute;n Badal: La mirada urbana ha escrito la historia. Ha determinado lo relevante y lo memorable. Tambi&eacute;n sobre el campesinado. Tambi&eacute;n con su raci&oacute;n de Ed&eacute;n y nostalgia &lsquo;post mortem&rsquo;. Tambi&eacute;n con im&aacute;genes distorsionadas de sus difamadores y sus falsos aduladores.
    </p><h3 class="article-text">d</h3><p class="article-text">
        <strong>Despoblaci&oacute;n.</strong> Eso pensaba yo: escribir un libro period&iacute;stico con las voces de la despoblaci&oacute;n europea m&aacute;s extrema. El resultado fue algo distinto. Porque el m&iacute;o no fue solo un viaje de 2.500 kil&oacute;metros por las tierras espa&ntilde;olas m&aacute;s deshabitadas. Eso pensaba yo. Pero no. Fue tambi&eacute;n un descenso a la soledad, al silencio, a la capacidad de lucha y resistencia, al poder de la utop&iacute;a, al anarquismo &eacute;tico, al anticapitalismo sin pancarta. Todo eso lo vi en un monasterio burgal&eacute;s apartado, en un campo de f&uacute;tbol regional conquense, en una aldea riojana sin electricidad, en un aula rural aragonesa. Siempre en min&uacute;sculas, sin teor&iacute;as.
    </p><h3 class="article-text">e</h3><p class="article-text">
        <strong>Espa&ntilde;a. </strong>Preocupa Catalunya. Se rompe Espa&ntilde;a. Pulseras rojigualdas. Odio para zurcir un pa&iacute;s. Y mientras, el dinosaurio sigue ah&iacute;: un pa&iacute;s fracturado por su interior. La investigadora Pilar Burillo lo llam&oacute; &lsquo;demotanasia&rsquo;: la desaparici&oacute;n lenta y silenciosa de la poblaci&oacute;n de un territorio. Con mapas, excels y paciencia, Burillo la ha ido radiografiando. El 54% del territorio espa&ntilde;ol &ndash;4.375 municipios en total&ndash; tiene una densidad de poblaci&oacute;n inferior a 12,5 habitantes por kil&oacute;metro cuadrado. Por debajo de 10 ya se considera desierto demogr&aacute;fico. Madrid tiene 5.266 hab/km2. La mancha de la Serran&iacute;a Celtib&eacute;rica &ndash;la Laponia del sur&ndash; sigue erizando la piel: 1.311 municipios repartidos entre las provincias de Teruel, Zaragoza, Cuenca, Guadalajara, Burgos, Segovia, Soria, Castell&oacute;, Val&egrave;ncia y la Rioja. De esos 1.311 municipios unidos, solo cuatro superan los 10.000 habitantes (Teruel, Soria, Cuenca y Calatayud). En un territorio que dobla en extensi&oacute;n a Catalunya o a B&eacute;lgica, solo hay empadronadas 460.000 personas. Que vivan all&iacute; todo el a&ntilde;o, quiz&aacute; ser&aacute;n la mitad. En cambio, de los balcones cuelgan banderas. Y lo que preocupa es Catalunya. A por ellos. &iquest;Espa&ntilde;a? Mejor que lo llamen dinero. O bilis.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">f</h3><p class="article-text">
        <strong>Futuro.</strong> Hay un giro copernicano. Sucede cuando la mirada deja de centrarse en el futuro &ndash;cu&aacute;ntos pueblos desaparecer&aacute;n, cu&aacute;ntos habitantes perder&aacute;n, cu&aacute;ndo se ir&aacute; el &uacute;ltimo vecino, qu&eacute; porvenir aguarda al interior&ndash; para fijarse en el presente &ndash;qu&eacute; desigualdades sufren hoy estas poblaciones, qu&eacute; derechos constitucionales son incumplidos all&iacute;, c&oacute;mo puede mejorarse la vida de sus gentes. No es el futuro; es, sobre todo, el presente. Que un pueblo desaparezca dentro de 30 a&ntilde;os es un drama. Que un pueblo y sus gentes agonicen hoy es un drama mayor. Hay otro giro copernicano: no hablar del padr&oacute;n de Bubierca; hablar de Antonio Monreal.
    </p><h3 class="article-text">g</h3><p class="article-text">
        <strong>Gancedo.</strong> Prudencia, Progreso, Juana, Higinio, Rafel, Babil, Txantxa, Crisp&iacute;n, Exuperio. Los nombres que desfilan por &lsquo;Palabras mayores&rsquo; (Pepitas) son una declaraci&oacute;n de intenciones de esta joya de papel. El periodista leon&eacute;s Emilio Gancedo a&uacute;na los cinco sentidos del buen cronista: o&iacute;do paciente, mirada noble, piernas incansables, lengua exquisita y gran coraz&oacute;n. Su largo viaje por la memoria rural de este pa&iacute;s diverso, &uacute;nica Espa&ntilde;a real, es una lumbre, d&eacute;bil pero viva, entre tanta oscuridad. Un filand&oacute;n itinerante escrito para perdurar, no para retuitear. Quedar&aacute;.
    </p><h3 class="article-text">h</h3><p class="article-text">
        <strong>&lsquo;Highlands&rsquo;.</strong> Son las Tierras Altas de Escocia, uno de los pocos lugares donde el invierno demogr&aacute;fico no solo se ha frenado, sino que se ha revertido. M&aacute;s habitantes, m&aacute;s servicios, m&aacute;s futuro. Lo han hecho a trav&eacute;s de una Agencia de Desarrollo Territorial, activa desde 1965, que est&aacute; financiada con fondos p&uacute;blicos pero que es aut&oacute;noma, est&aacute; despolitizada, trasciende legislaturas y funciona alejada de las capitales e implantada en el territorio despoblado. Sin despotismos ilustrados.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">i</h3><p class="article-text">
        <strong>Ind&iacute;genas.</strong> Que Joe Sacco es uno de los grandes reporteros del presente est&aacute; fuera de discusi&oacute;n. Su trabajo tiene una virtud: invita a una lectura lenta y envolvente, no la fugaz y epid&eacute;rmica que hoy abunda. Su &uacute;ltimo libro se titula &lsquo;Un tributo a la tierra&rsquo; (Reservoir books). Es la cr&oacute;nica dibujada del genocidio de la cultura ind&iacute;gena del noreste de Canad&aacute; y de la tierra que habitan los denes. P&aacute;gina 69: se recuerda la propuesta en los a&ntilde;os 70 de hacer un gaseoducto que atravesara el valle del r&iacute;o Mackenzie. Hubo una investigaci&oacute;n y prestaron declaraci&oacute;n algunos representantes nativos. Declara Frank T&rsquo;Seleie, del Fort Good Hope: Estamos despertando y descubriendo que, dejando a un lado los folletos vistosos y las promesas, dejando a un lado las sonrisas y las palmaditas en la espalda, dejando a un lado la palabrer&iacute;a amable, lo que en realidad est&aacute; haciendo su naci&oacute;n es destruirnos. Declara Richard Nerysoo, del Fort McPherson: Para nosotros el progreso implica ser personas m&aacute;s sabias. Implica estar en contacto estrecho con la tierra y la naturaleza. En cambio, el gaseoducto implica la llegada de m&aacute;s blancos seguidos todav&iacute;a de m&aacute;s blancos. Apartan a los indios y luego se lo quedan todo.
    </p><h3 class="article-text">j</h3><p class="article-text">
        <strong>Juanito.</strong> Setenta y siete a&ntilde;os, estatura corta, muleta en el brazo derecho, gorra vieja, zapatones gruesos para un paso lento, dedos encorvados, manos trabajadas, barba cana de tres d&iacute;as y ojos acuosos que mojan una mirada humilde, libre, an&aacute;rquica; de quien sabe m&aacute;s de lo que aparenta. Sus abuelos vivieron en Sesga. Sus padres vivieron en Sesga. &Eacute;l ha vivido en Sesga, una aldea en el conf&iacute;n interior de Val&egrave;ncia. Dice: Yo no soy para estar bajo amo. No soy para trabajar en un sitio del que te despachen por llegar tarde y adonde no puedas ni hacer la siesta. No, en amo no. Yo aqu&iacute; he estado siempre libre. Para m&iacute; s&iacute; que son esclavos en las ciudades, dice. A muchos les parece que viven mejor. Pero yo, de criado, cuanto m&aacute;s lejos mejor. No he sido rico, pero no he pasado hambre ni me ha faltado nada. Y si a otros les gustan las hipotecas, a m&iacute; no. Yo nunca he tenido ninguna ni me ha gustado deber. Si no tienes dinero, vale m&aacute;s aguantarse en casa y no contender con nadie. A m&iacute; no me cogen. Dice todo eso. Y sonr&iacute;e.
    </p><h3 class="article-text">k</h3><p class="article-text">
        <strong>Kapu&#347;ci&#324;ski.</strong> &lsquo;&Eacute;bano&rsquo; (Anagrama), el gran libro del reportero polaco sobre las tierras y las gentes africanas, se abre con una reflexi&oacute;n. Solo por una convenci&oacute;n reduccionista, por comodidad, decimos &ldquo;&Aacute;frica&rdquo;. En la realidad, salvo por el continente geogr&aacute;fico, &Aacute;frica no existe, escribe Kapu&#347;ci&#324;ski. Es demasiado grande y heterog&eacute;nea como para que haya una &Aacute;frica. Lo mismo con el interior.
    </p><h3 class="article-text">l</h3><p class="article-text">
        <strong>Literatura.</strong> Hay libros que no viajan por el interior, sino que penetran en el interior. Destaco dos novelas magistrales en espa&ntilde;ol. Una es previsible: &lsquo;La lluvia amarilla&rsquo; (Seix Barral), de Julio Llamazares, el libro que m&aacute;s ha concienciado sobre el sentimiento de desolaci&oacute;n que deja tras de s&iacute; la despoblaci&oacute;n. La otra es la trilog&iacute;a &lsquo;El reino de Celama&rsquo; (C&aacute;tedra), de Luis Mateo D&iacute;ez. Especialmente, su primer volumen: &lsquo;El esp&iacute;ritu del p&aacute;ramo&rsquo;. Las completo con dos obras de pa&iacute;ses vecinos. La primera es &lsquo;Humus&rsquo; (Luis Revenga Ediciones), del portugu&eacute;s Raul Brand&atilde;o: una exigente cima literaria&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;fragmentaria, densa, l&iacute;rica&ndash; que sumerge al lector en la peor cara de los ambientes rurales cerrados. La segunda es &lsquo;Un poco de azul en el paisaje&rsquo; (Min&uacute;scula), del franc&eacute;s Pierre Bergounioux: un libro brev&iacute;simo que jam&aacute;s me canso de recomendar por su car&aacute;cter introspectivo, su luz oto&ntilde;al y esa po&eacute;tica sinest&eacute;sica que envuelve sombras y silencios. Todas ellas guardan en com&uacute;n un lenguaje exquisito, una enorme sensibilidad y la esencia del humanismo: esa necesidad de saber del otro, de sentir con el otro.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">m</h3><p class="article-text">
        <strong>Mineros</strong>. Hubo una Espa&ntilde;a negra en el interior: la de las minas de carb&oacute;n. Ya no la hay. Solo un pozo sigue abierto en todo el pa&iacute;s: la Nicolasa, en Mieres (Asturias). La periodista Noem&iacute; Sabugal, biznieta, nieta e hija de mineros de coraz&oacute;n tiznado, dice que es miope. Sin embargo, ha tenido una vista literaria de lince. En el fondo de esos pozos mineros clausurados quedaba algo que nadie hab&iacute;a visto: una gran historia. Ella la ha sabido rescatar. &lsquo;Hijos del carb&oacute;n&rsquo; (Alfaguara) mezcla la cr&oacute;nica period&iacute;stica, el ensayo documentado, las conversaciones con viejos mineros y una autobiograf&iacute;a sentimental que emociona. Su viaje por Asturias, Le&oacute;n, Galicia, Palencia, C&oacute;rdoba o Teruel, donde el pico y la pala dejaron de percutir en s&iacute;stole y di&aacute;stole, refleja el fin de otro mundo acechado por la desmemoria.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">n</h3><p class="article-text">
        <strong>Nostalgia. </strong>Cuando no es de uno, sino prestada &ndash;y eso es la nostalgia rural en muchos casos&ndash;, es que la melancol&iacute;a es cultural, civilizacional.
    </p><h3 class="article-text">&ntilde;</h3><p class="article-text">
        <strong>&Ntilde;us</strong>. Al comienzo del verano, un mill&oacute;n y medio de &ntilde;us protagonizan la migraci&oacute;n m&aacute;s grandiosa de &Aacute;frica. Son viajes de mil kil&oacute;metros en busca de pastos m&aacute;s verdes. Recuerda a los urbanitas que, con las vacaciones, buscan el sosiego del pueblo. Lo rural y natural como clich&eacute; de la calma. Como si all&iacute; nadie trabajara el doble por la mitad. Pobres &ntilde;us viajeros.
    </p><h3 class="article-text">o</h3><p class="article-text">
        <strong>Otredad.</strong> Concepto b&aacute;sico en antropolog&iacute;a: reconocer al otro como un individuo diferente y ajeno a la propia comunidad. Al asumir la existencia de un otro, uno asume su identidad. Pregunta: &iquest;sigue habiendo una identidad rural en este mundo de TikTok y Amazon? &iquest;Hay otredad en el interior?
    </p><h3 class="article-text">p</h3><p class="article-text">
        <strong>Poetas.</strong> Ah&iacute; va un doble sacrilegio: traducir a Vicent Andr&eacute;s Estell&eacute;s, el mayor poeta valenciano del siglo XX, y desversificar un fragmento de su extraordinario &lsquo;Coral romput&rsquo; (Tresiquatre): Hay poetas que cuando se disponen a escribir colocan encima de la mesa el cenicero, las tijeras, el tintero, el secante y muchas cosas m&aacute;s. Calculan las distancias de la cabeza al papel. Discretamente ensayan poco despu&eacute;s el posado. Al final escriben, y escriben cosas pulcras, tal vez renacentistas, perfectamente in&uacute;tiles, sin las cuales los hombres trabajan, aman, mueren. Hay poetas que, cuando escriben, en un lugar dejan coraz&oacute;n y reloj&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;molesta su tic-tac de carcoma que roe la pobre madera humana&ndash;; se aseguran antes de que los hijos duermen y de que duerme su mujer, y entonces sacan los versos como si fueran fotos de una vedette &ndash;cada verso tiene una imb&eacute;cil vanidad de vedette. Esto dice Estell&eacute;s. Para escribir del interior, algo tiene que doler en el interior. Sin posados de vedette.
    </p><h3 class="article-text">q</h3><p class="article-text">
        <strong>Quijotes.</strong> Es dif&iacute;cil explicar la sensaci&oacute;n. Si existe algo parecido al fin del mundo, posiblemente se parezca a la cuesta asfaltada de 12 kil&oacute;metros que se encarama a la aldea riojana del Collado. Cuando la visit&eacute;, solo cuatro habitantes desafiaban la falta de electricidad y un olvido enquistado. Si existe algo parecido a un ideal hecho carne, a la energ&iacute;a convertida en persona, quiz&aacute; se parezca a Marcos, uno de los cuatro quijotes del Collado. Fue inolvidable la tarde que pas&eacute; con &eacute;l, con Auspi, con Luc&iacute;a y con Vicente, mientras el sol declinaba y la oscuridad y el fr&iacute;o del invierno iban acechando los contornos de esta aldea sin electricidad en pleno valle del Jubera. Quijotes. Eso dijo Marcos. &lsquo;Les Quichottes&rsquo;: as&iacute; quiso mi editora francesa que se titulara &lsquo;Los &uacute;ltimos&rsquo; (Pepitas) en franc&eacute;s. Por idealistas, por resistentes. Para m&iacute;, por Marcos.
    </p><h3 class="article-text">r</h3><p class="article-text">
        <strong>Raya.</strong> &lsquo;De costas&rsquo;. De espaldas. As&iacute; viven Portugal y Espa&ntilde;a, tan lejos de aquella Iberia cultural que el tiempo, los recelos y las banderas frustraron. A los dos pa&iacute;ses los parte la Raya, la frontera m&aacute;s despoblada de toda Europa. M&aacute;s de 1.200 kil&oacute;metros con despoblaci&oacute;n a lado y lado de la cicatriz. Un nuevo libro la recorre: &lsquo;Un viaje por la Raya&rsquo; (El Paseo), de Jos&eacute; Ram&oacute;n Alonso de la Torre. Pueblo a pueblo, paisaje a paisaje. Desde Ayamonte hasta Caminha. Boa viagem.
    </p><h3 class="article-text">s</h3><p class="article-text">
        <strong>Silencio.</strong> El grito mudo del interior.
    </p><h3 class="article-text">t</h3><p class="article-text">
        <strong>Tierra.</strong> Patria humilde, min&uacute;scula.
    </p><h3 class="article-text">u</h3><p class="article-text">
        <strong>Unidad.</strong> Ficci&oacute;n absoluta en lo territorial. Quimera. Entelequia. Constructo mental. Lean, si no, &lsquo;El interior&rsquo; (Malpaso), de Mart&iacute;n Caparr&oacute;s, un largo viaje en R-21 desde Buenos Aires a la cordillera por 14 provincias del norte de Argentina. O mejor: de las Argentinas. Hay una frase. En Caparr&oacute;s a cada poco hay una frase. Dice: Yo no pienso en buscar lo aut&eacute;ntico. No creo que lo &ldquo;puro&rdquo; sea m&aacute;s aut&eacute;ntico que la mezcla &ndash;y adem&aacute;s lo puro argentino es, como todos, una mezcla apenas anterior.
    </p><h3 class="article-text">v</h3><p class="article-text">
        <strong>Viaje.</strong> Emigraron desde la Irlanda rural hasta los campos y las f&aacute;bricas de Inglaterra en la segunda mitad del siglo XX. Su experiencia &ndash;una vida de lejan&iacute;a, p&eacute;rdida y soledad&ndash; es narrada por Timothy O&rsquo;Grady en &lsquo;Sab&iacute;a leer el cielo&rsquo; (Pepitas). Fragmento 9: Lo que sab&iacute;a hacer. Sab&iacute;a remendar redes. Techar con paja. Construir escaleras. Tejer una cesta con juncos. Entablillar la pata de una vaca. Cortar turba. Levantar un muro. Pelear tres asaltos con Joe en el ring que pap&aacute; instal&oacute; en el granero. Sab&iacute;a bailar. Leer el cielo. La lista de O&rsquo;Grady contin&uacute;a. Avanzamos p&aacute;ginas. Fragmento 16: Lo que no sab&iacute;a hacer. Tomar comidas sin patatas. Confiar en los bancos. Llevar reloj. Invitar a pasear a una mujer. Sentirme c&oacute;modo con el cuello de la camisa. Ahorrar dinero. Disfrutar del trabajo en una f&aacute;brica. Comprender sus bromas. Matar un domingo. Dejar de recordar. Esa &uacute;ltima frase hiere. Como un rejonazo. Ya lo advierte John Berger en el pr&oacute;logo del libro: El silencio de lo no dicho siempre funciona subrepticiamente junto con otro silencio, que es el de lo indecible. Una bella observaci&oacute;n. El interior est&aacute; lleno de ese otro silencio, espiritual, metaf&iacute;sico.
    </p><h3 class="article-text">w</h3><p class="article-text">
        <strong>West.</strong> El Oeste es el mito fundacional que forj&oacute; el car&aacute;cter americano. Son curiosos los ep&iacute;tetos utilizados: &lsquo;Old West&rsquo;, &lsquo;Wild West&rsquo;, &lsquo;Far West&rsquo;. Viejo, salvaje, lejano. Todo obedece a la perspectiva de quien escribe la historia. El mito de la frontera era la aventura por ganarse la vida en &lsquo;terra ignota&rsquo;. El &lsquo;western&rsquo; es el relato manipulado, la visi&oacute;n de parte, de aquella operaci&oacute;n pol&iacute;tica a gran escala impulsada por el presidente Jefferson a principios del siglo XIX. En Espa&ntilde;a, en los a&ntilde;os 60, se produjo el fen&oacute;meno contrario: el &eacute;xodo rural que abandonaba tierras y emigraba a los salvajes y lejanos centros de trabajo: Madrid, Barcelona, Val&egrave;ncia, Bilbao. Una fiebre del oro de f&aacute;brica, morri&ntilde;a y piso suburbial sin relato &eacute;pico. Nadie lo escribi&oacute;. Pobres pioneros sin derecho a &lsquo;saloon&rsquo; ni a &lsquo;western&rsquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">x</h3><p class="article-text">
        <strong>X.</strong> El interrogante. Saber en qu&eacute; desembocar&aacute; el inter&eacute;s sobrevenido de las instituciones y que ha estado motivado &ndash;sin duda&ndash; por el boom literario y period&iacute;stico sobre la despoblaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Los fondos europeos son la &uacute;ltima gran oportunidad. Veremos.
    </p><h3 class="article-text">y</h3><p class="article-text">
        <strong>Yo. </strong>La ant&iacute;tesis a mostrar el lado humano de la despoblaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">z</h3><p class="article-text">
        <strong>Zarzas.</strong> Soplaba un viento g&eacute;lido en Les Alberedes, una aldea deshabitada en Castell&ograve; desde hac&iacute;a un cuarto de siglo. &Uacute;nicamente me acompa&ntilde;aba una antigua habitante, Luc&iacute;a, h&uacute;medos los ojos y apartando a cada poco la mirada de aquella desolaci&oacute;n que a m&iacute; me impresionaba y que a ella le hend&iacute;a el alma. Esto escrib&iacute;: Nadie deber&iacute;a gozar de la cat&aacute;strofe etnol&oacute;gica, de la muerte de un pueblo y de su reducci&oacute;n a evocadoras ruinas. No deber&iacute;a uno permitirse el lujo inhumano de sentir regocijo visual de un silencio que es enmudecimiento forzoso, de una paz que es el resultado de una guerra perdida, de una melancol&iacute;a ajena que no fue m&aacute;s que bilis negra sin &aacute;pice de encanto ni atractivo sensorial en quien la padeci&oacute; en sus entra&ntilde;as. Nunca la fascinaci&oacute;n rom&aacute;ntica por el &lsquo;tempus fugit&rsquo; de un pueblo, jam&aacute;s la decadencia con rastro de muerte civilizatoria deber&iacute;a&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;por muchas teor&iacute;as sobre lo bello y lo sublime&ndash; conmover nuestro esp&iacute;ritu con fruici&oacute;n y deleite. Uno no deber&iacute;a. Y sin embargo resulta imposible detraerse a la contemplaci&oacute;n de esta cruda belleza. Esto escrib&iacute;. El recuerdo de aquella ma&ntilde;ana de febrero sigue imborrable. Las zarzas, las ruinas. La chaqueta de Sim&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Cerdá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/diccionario-interior_129_9187864.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Aug 2022 20:48:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diccionario del interior]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior,España vaciada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En busca de una movilidad rural digna que sirva a sus vecinos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/busca-movilidad-rural-digna-sirva-vecinos_1_9206897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1317aaff-f07a-4e2a-ab02-10252145dfdf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1054069.jpg" width="1480" height="833" alt="En busca de una movilidad rural digna que sirva a sus vecinos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La decadencia de los servicios de transporte en las zonas de baja población acelera el éxodo rural. ¿Qué soluciones sostenibles, accesibles y que ayuden a afianzar a los residentes existen?</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        Movilidad y despoblaci&oacute;n son como el pez que se muerde la cola. El progresivo desabastecimiento de servicios en los pueblos comenz&oacute; entre los 50 y los 60, con el &eacute;xodo rural, y se ha acentuado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, acelerado adem&aacute;s por la pandemia; y con &eacute;l, ir al m&eacute;dico, a la escuela o hacer la compra pueden ser una odisea si no se tiene acceso a un veh&iacute;culo privado. A finales de 2019, Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias) declaraba que 585 estaciones de tren dejaban de ser estrat&eacute;gicas para su servicio. 
    </p><p class="article-text">
        Arranc&oacute; 2020 cerrando los puntos de venta de billetes en m&aacute;s de 150 estaciones del medio rural. &ldquo;Ante la ca&iacute;da de usuarios de autob&uacute;s y tren, la soluci&oacute;n por la que tradicionalmente optan las empresas ha sido reducir el n&uacute;mero de servicios, circular menos d&iacute;as o directamente quitarlos&rdquo;, dice Pablo Marco Dols, historiador especializado en transporte y profesor de Geograf&iacute;a en la UNED. &ldquo;Sin servicios b&aacute;sicos &ndash;o incluso no b&aacute;sicos, como ocio y cultura&ndash; ni un sistema de transporte que facilite llegar a ellos, muchas personas optan por abandonar los pueblos&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En un medio rural como el espa&ntilde;ol, con peque&ntilde;os n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n dispersos que ocupan el 84,1% de la superficie y una poblaci&oacute;n cada vez m&aacute;s envejecida &ndash;las personas de 65 a&ntilde;os o m&aacute;s son un 23,8% en los territorios rurales frente al 18,4% en los urbanos, seg&uacute;n el informe anual de indicadores del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentaci&oacute;n de 2019&ndash;, esta escasez de servicios perjudica especialmente a j&oacute;venes y a personas mayores que no gozan de autonom&iacute;a. Dependen en exclusiva de un autob&uacute;s que cada vez pasa menos, del tren que ya no para en el pueblo o de la solidaridad de sus vecinos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La brecha afecta especialmente a las mujeres, que hasta 1975 precisaban de un permiso paternal o conyugal para sacarse el carnet de conducir. Por ello, la mujer mayor de 65 a&ntilde;os que vive sola en el medio rural constituye el perfil m&aacute;s susceptible a padecer por esta dependencia del autom&oacute;vil, seg&uacute;n datos del estudio 'La poblaci&oacute;n rural en Espa&ntilde;a. De los desequilibrios a la sostenibilidad social', publicado por Obra Social La Caixa en 2009.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hace poco recibimos una llamada muy triste &ndash;relata Lidia D&iacute;az, portavoz de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola Contra la Despoblaci&oacute;n (AECD)&ndash;. Un vecino bastante mayor de un pueblo cercano a San Mill&aacute;n, en La Rioja, que nos cont&oacute; que el autob&uacute;s llega a San Mill&aacute;n, pero no hasta su pueblo, que est&aacute; a cinco kil&oacute;metros. Es una localidad peque&ntilde;ita, compuesta pr&aacute;cticamente de personas mayores, en la que llevan ya un par de a&ntilde;os reclamando a la Diputaci&oacute;n y al Gobierno auton&oacute;mico que el autob&uacute;s cubra esa distancia. Y no reciben respuesta&rdquo;. Esta situaci&oacute;n se extiende a otros muchos pueblos, seg&uacute;n cuenta D&iacute;az, por experiencia propia como vecina de Sili&oacute; (Cantabria), de 548 habitantes, y a trav&eacute;s de los casos de quienes llaman a la asociaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No podemos hablar de sostenibilidad social ni clim&aacute;tica cuando hay personas mayores que, por solo cinco kil&oacute;metros, se ven obligados a coger el coche &ndash;en el caso de que a&uacute;n se valgan&ndash;, que dependen de familiares que les lleven o que, en la peor de las circunstancias, quedan incomunicados&rdquo;. Una traba que, reflexionan desde esta asociaci&oacute;n dedicada a impulsar proyectos de desarrollo rural, tiene que ver con la &ldquo;falta de visi&oacute;n a largo plazo&rdquo; en materia de movilidad. &ldquo;Se toman medidas sin conversar entre las Administraciones y de manera lineal, desde los despachos &ndash; dice D&iacute;az, mencionando algo en lo que coinciden el resto de los entrevistados para este reportaje&ndash;. Las soluciones no pueden ser generalistas, sino generales y luego adaptadas a cada territorio y comunidad&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Punto de partida: una ley transversal</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos del Observatorio de Transporte y Log&iacute;stica del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (MITMA), la inversi&oacute;n realizada en infraestructuras de transportes por el total de las Administraciones para el a&ntilde;o 2019 se reparti&oacute; as&iacute;: 3.179 millones de euros se destinaron a carreteras, 2.295 al medio ferroviario, 593 al a&eacute;reo y 444 millones al mar&iacute;timo. 
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                Parada de autobús en la Alcarria (Cuenca)                            </span>
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        Desde AIReF, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal espa&ntilde;ola, se hizo p&uacute;bica la revisi&oacute;n de estos gastos de inversi&oacute;n en transportes para el curso 2019/2020, se&ntilde;alando sus &ldquo;desigualdades interregionales de capital de infraestructuras&rdquo; y una &ldquo;fuerte ca&iacute;da de las inversiones producida desde 2012 que ha provocado que la inversi&oacute;n bruta anual no cubra la depreciaci&oacute;n del stock&rdquo;. Si esta situaci&oacute;n se mantiene en los mismos niveles durante la pr&oacute;xima d&eacute;cada, auguran, &ldquo;reducir&aacute; de forma relevante la capacidad de prestar servicios de las infraestructuras&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El tren se ha visto ignorado por la Administración; menos el AVE, que se lleva el 92,5% de las
inversiones ferroviarias... y solo el 4,2% de los pasajeros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La propuesta de AIReF para regular esta inversi&oacute;n de una forma equitativa, responsable y rentable pasa por &ldquo;aprobar una nueva legislaci&oacute;n integral de movilidad e infraestructuras de transporte, que defina criterios y objetivos comunes para todos los modos de transporte, y alinee su planificaci&oacute;n y gesti&oacute;n con los compromisos internacionales suscritos en materia de movilidad sostenible [la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU de 2015]&rdquo;, seg&uacute;n recoge el documento. Una propuesta que coincide con la que lanzan desde el Think Tank Movilidad de la Fundaci&oacute;n Corell. Javier Carbajo, su vicepresidente, explica por qu&eacute; este enfoque supondr&iacute;a un punto de partida en la b&uacute;squeda de soluciones al problema de la movilidad rural. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las medidas que se toman en materia de transporte est&aacute;n muy segmentadas por administraciones, no existen planes globales ni pol&iacute;ticas comunes que permitan estructurarlo de manera eficiente. Defendemos que la movilidad, que es un servicio p&uacute;blico esencial, tiene que estar regulada. No es una cuesti&oacute;n, como se ha hecho con los trenes de alta velocidad, de liberalizar el servicio; creemos que el transporte y el transporte rural deben ser gestionados desde un punto de vista de Obligaci&oacute;n de Servicio P&uacute;blico (OPS)&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Transportes a demanda (y a medida)&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Javier Carbajo subraya adem&aacute;s que el sistema de transportes por carreteras, en el que fijan su investigaci&oacute;n desde el Think Tank, se ha quedado &ldquo;arcaico&rdquo;. &ldquo;La regulaci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s ordenada hacia los servicios concesionales concebidos de una manera muy antigua, todos lineales y con el mismo tipo de veh&iacute;culo en uso. Se pone un autob&uacute;s con la misma cantidad de plazas para una ciudad de 100.000 habitantes que para una l&iacute;nea que llega a pueblos de 20&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su apuesta pasa por &ldquo;insertar la movilidad rural dentro de la movilidad regional pero con herramientas distintas de gesti&oacute;n&rdquo;, facilitando &ldquo;distintos tipos de veh&iacute;culos adaptados a la oferta&rdquo;, como podr&iacute;an ser m&aacute;s microbuses o turismos. &ldquo;Abogamos por que dentro de las concesiones haya m&aacute;s flexibilidad y dentro de los contratos se puedan prestar servicios con veh&iacute;culos de 'carsharing' (coche compartido) o de otro tipo que resulten m&aacute;s eficientes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esta l&iacute;nea, buscando adaptarse de manera realista al uso y a las necesidades de los ciudadanos rurales, se ha experimentado en varias autonom&iacute;as con los servicios de transporte a demanda. Y se han obtenido resultados tan dispares como la idiosincrasia de cada municipio. Sobre el papel, este modelo ofrece servicios mejor adaptados y que suponen un menor gasto, tanto energ&eacute;tico como econ&oacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se gasta mucho dinero del contribuyente en autobuses de l&iacute;nea que van pr&aacute;cticamente vac&iacute;os &ndash;dice Carbajo&ndash;. El servicio tiene que cambiar porque la forma de vivir ha cambiado. Es un gasto para los presupuestos y no resulta de utilidad para los vecinos. Tenemos que mirar la realidad sobre el terreno: si en un pueblo con personas en su mayor&iacute;a mayores pasa un autob&uacute;s de l&iacute;nea a las 7 o a las 8 de la ma&ntilde;ana y luego no puedes volver hasta mediod&iacute;a o ya entrada la tarde, no resulta pr&aacute;ctico y no se usa. Adaptar la movilidad a las necesidades no requiere mayor presupuesto, muchas veces puede ser lo contrario: si el servicio se adapta, las personas lo utilizaremos, ir&aacute; lleno y resultar&aacute; m&aacute;s rentable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pueden usarse estas f&oacute;rmulas a demanda bien estudiadas y pueden ponerse tambi&eacute;n las l&iacute;neas de autob&uacute;s al servicio de los escolares y viceversa&rdquo;, sugiere, adem&aacute;s, Pablo Marco Dols. Un ejemplo de este enfoque lo encontramos en la comunidad aut&oacute;noma andaluza, en la que est&aacute; en funcionamiento el programa de taxis a demanda Andaluc&iacute;a Rural Conectada: 44 rutas que cubren 95 municipios con una red de conexi&oacute;n de 1.215 kil&oacute;metros. Los viajes, con horarios predeterminados, pueden reservarse 24 horas antes a trav&eacute;s de una llamada. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En estos casos ser&iacute;a interesante tambi&eacute;n aprovechar las ventajas que las nuevas tecnolog&iacute;as prestan y combinar las llamadas, m&aacute;s accesibles para las personas mayores, con reservas mediante aplicaci&oacute;n m&oacute;vil que puedan realizarse a cualquier hora&rdquo;, contempla Marco Dols.
    </p><p class="article-text">
        En pleno A&ntilde;o Europeo del Ferrocarril y bajo el paraguas del compromiso con la sostenibilidad que marca la Agenda 2030 para los pa&iacute;ses miembros de la UE, la Coordinadora Estatal por un Tren P&uacute;blico, Social y Sostenible se est&aacute; movilizando por diferentes puntos del territorio espa&ntilde;ol para concienciar sobre el papel que este medio de transporte puede jugar en el escenario de la despoblaci&oacute;n y la crisis clim&aacute;tica.
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            <span class="title">
                Esta línea aún presta servicio a distintos pueblos entre Aranjuez y Cuenca.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El ferrocarril, pese a ser el medio de transporte menos contaminante, ha sido progresivamente dado de lado en las inversiones estatales con la excepci&oacute;n del AVE. &ldquo;El 'todo AVE' de &Aacute;lvarez Cascos en 2002 marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s para nuestra red ferroviaria &ndash;cuenta Jos&eacute; Luis Ord&oacute;&ntilde;ez, portavoz de la Coordinadora&ndash;. No fue hasta 2014 cuando el Gobierno se empez&oacute; a retractar al respecto, tras la cr&iacute;tica que hizo la Uni&oacute;n Europea a este modelo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta priorizaci&oacute;n de la inversi&oacute;n sobre la alta velocidad, sin embargo, se ha mantenido, dando lugar a la siguiente paradoja: entre 2014 y 2018, el 92,5% de las inversiones ferroviarias de Espa&ntilde;a se destinaron al AVE, seg&uacute;n el Informe Anual de Servicios Ferroviarios de 2018, elaborado por la Comisi&oacute;n Nacional de los Mercados y la Competencia. Un servicio que, en datos de Renfe, usan el 4,2% del total de viajeros de tren, frente al 86,9% que son usuario de cercan&iacute;as, el 6,5% que va en regional y el 2,4% que se mueve en larga distancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Proponemos que se revitalice el concepto de red b&aacute;sica ferroviaria que se dise&ntilde;a a nivel europeo y que busca vertebrar todo el terreno aplic&aacute;ndolo a nuestro territorio, tratando de optimizar la infraestructura ya existente &ndash;plantea Ord&oacute;&ntilde;ez&ndash;. Una red b&aacute;sica, de doble v&iacute;a [que circule en ambos sentidos, como en carretera], dotada del sistema de gesti&oacute;n de tr&aacute;fico europeo (ERTMS), que favorece la interoperabilidad de las redes ferroviarias y que permitir&iacute;a cada d&iacute;a la circulaci&oacute;n de 350 trenes en cada sentido; adem&aacute;s de un modelo de tr&aacute;fico mixto de viajeros y mercanc&iacute;as&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El usuario en el centro</h3><p class="article-text">
        La f&oacute;rmula, que optimizar&iacute;a el viaje y reducir&iacute;a las emisiones contaminantes, contrasta con la realidad: en 2019 el transporte interior de mercanc&iacute;as por carreteras alcanz&oacute; los 299.687 millones de toneladas/km, frente a los 10.459 millones de toneladas/km netas que fueron transportadas el mismo a&ntilde;o en ferrocarril, seg&uacute;n datos del Observatorio de Transporte y Log&iacute;stica de Espa&ntilde;a del MITMA. 
    </p><p class="article-text">
        Tanto la Coordinadora Estatal por un Tren P&uacute;blico, Social y Sostenible como el informe de revisi&oacute;n de gastos de AIReF llaman a mirar los casos internacionales de &eacute;xito en materia ferroviaria para elaborar nuevos modelos. De todos los pa&iacute;ses con una red significativa de trenes de alta velocidad, la espa&ntilde;ola es la segunda m&aacute;s extensa del mundo, por detr&aacute;s de China. Sin embargo, es la de menor intensidad de uso. Desde la Coordinadora Estatal, Jos&eacute; Luis Ord&oacute;&ntilde;ez sugiere posibilidades como la suiza o la austr&iacute;aca, donde el tren y el autob&uacute;s, en vez de hacerse competencia, son servicios complementarios: el autob&uacute;s facilita el acceso desde los pueblos a las estaciones de tren m&aacute;s cercanas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el consenso legislativo llega &ndash;el Gobierno hizo en su web una consulta previa a los ciudadanos para el anteproyecto de su Ley de Movilidad Sostenible y Financiaci&oacute;n del Transporte, de julio de 2020&ndash;, los vecinos de los pueblos y algunos ayuntamientos buscan otras alternativas. Del esp&iacute;ritu al que apela el t&eacute;rmino 'auzolan' &ndash;que en euskera significa &ldquo;trabajo vecinal&rdquo; y que hace referencia a la tradici&oacute;n navarra de cooperar por la mejora del entorno y la comunidad&ndash;, surgi&oacute; en Aizarotz, en el Valle de Basaburua en la misma provincia, la plataforma digital de movilidad compartida Kudea. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchos pueblos transfronterizos (sin transporte al núcleo más cercano, en otra provincia) recurren
al &#039;carsharing&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hace siete a&ntilde;os, Patxi Miranda cre&oacute; un grupo de WhatsApp para que aquellos vecinos que necesitaran desplazarse en coche pudieran solicitar a otros con veh&iacute;culo que les llevaran. 3.200 trayectos efectivos despu&eacute;s, con los que, en c&aacute;lculos del fundador, se han dejado de emitir a la atm&oacute;sfera m&aacute;s de 4.700 kilos de CO2, naci&oacute; la aplicaci&oacute;n m&oacute;vil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La idea es que quien tenga una necesidad la lance y otro responda. El servicio funciona sin transacci&oacute;n econ&oacute;mica y nunca en sentido inverso: yo no puedo ofrecer llevar a alguien, solo puedo responder a quien lo solicita en el chat de la comunidad&rdquo;. Esa es la diferencia con el tipo de servicio que ofrecen plataformas como BlaBlaCar. &ldquo;El usuario personaliza su zona, seleccionando las localidades de alrededor con las que habitualmente interact&uacute;a o le pillan de paso&rdquo;, explica. Es una f&oacute;rmula especialmente pr&aacute;ctica para un problema recurrente en el medio rural como es el de las fronteras administrativas: pueblos cuya cabecera de comarca o de provincia, a la que est&aacute;n ligados sus centros de salud o sedes administrativas, quedan m&aacute;s lejos que otros municipios vecinos en los que hacen vida o recurren a servicios del d&iacute;a a d&iacute;a; pero que pertenecen a la provincia fronteriza y por ello est&aacute;n desprovistos de acceso a trav&eacute;s del transporte p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">De los ciudadanos a las instituciones</h3><p class="article-text">
        Sin intercambio monetario entre los usuarios, son los ayuntamientos, a quienes Kudea les ha vendido el servicio, los que facilitan de manera gratuita el acceso. El proyecto, en funcionamiento desde principios de 2020 aunque naci&oacute; en un clima de crisis sanitaria en el que se ha desaconsejado la movilidad compartida, ya funciona en 91 municipios de Navarra y tiene previsto hacerlo en 20 m&aacute;s. El siguiente paso ser&aacute; aunar dentro de la propia plataforma toda la informaci&oacute;n de horarios y servicios de transporte p&uacute;blico y, en el futuro, mediar tambi&eacute;n en la solicitud del transporte a demanda. &ldquo;El objetivo de la plataforma es incidir en tres cuestiones que nos afectan en el mundo rural: el medioambiente, la despoblaci&oacute;n y la desigualdad en la movilidad&rdquo;, apunta su creador. Por ello, quiere realizar formaciones de uso orientadas a los usuarios m&aacute;s mayores.
    </p><p class="article-text">
        Otras f&oacute;rmulas que van en esta misma l&iacute;nea, como el 'carsharing' rural de alquiler, tambi&eacute;n ganan adeptos, bajo la promoci&oacute;n de una movilidad sostenible y el&eacute;ctrica que libere a su vez a los vecinos del gasto de mantenimiento de los autom&oacute;viles. Un ejemplo a destacar es el de Hyundai VIVe, que a trav&eacute;s de los ayuntamientos ha puesto al servicio de los vecinos coches el&eacute;ctricos que pueden compartir, solicit&aacute;ndolos a trav&eacute;s de una aplicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son f&oacute;rmulas que no se encuentran reguladas, pero que implican a la Administraci&oacute;n local en la toma de soluciones y que responden a un requerimiento a las instituciones por una movilidad accesible para el bolsillo del ciudadano. &ldquo;Quienes viven en ciudades medianas tienen autobuses, metros o tranv&iacute;as. Nosotros sabemos que al vivir en un pueblo el coche es clave, renunciamos a ciertas cosas para ganar otras &ndash;dice Lidia D&iacute;az, de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola Contra la Despoblaci&oacute;n&ndash;. Sin embargo, esa renuncia no implica que perdamos el derecho a una movilidad digna&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María López Villodres]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/busca-movilidad-rural-digna-sirva-vecinos_1_9206897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Aug 2022 20:41:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En busca de una movilidad rural digna que sirva a sus vecinos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Festival Agrocuir, redes por la diversidad en el rural gallego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/festival-agrocuir-redes-diversidad-rural-gallego_1_9209364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eba17869-cdf4-44c3-b2e1-6b53a96b8fca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1171y390.jpg" width="1200" height="675" alt="Festival Agrocuir, redes por la diversidad en el rural gallego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El colectivo impulsor de este evento, que nació en 2015 en la comarca de A Ulloa, en la Galicia
interior, reflexiona sobre los efectos y consecuencias de una iniciativa que se extiende en múltiples
direcciones</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        La vida de Cristal en la prisi&oacute;n de Monterroso (Lugo) no era f&aacute;cil. No hab&iacute;a m&oacute;dulo de mujeres y ella, una transexual, sobreviv&iacute;a como pod&iacute;a entre los hombres. Adem&aacute;s, el jefe de los servicios m&eacute;dicos le hac&iacute;a la vida imposible. No le administraba su tratamiento, pese a que ella misma se lo pagaba trabajando en la lavander&iacute;a de la c&aacute;rcel. Gracias a una sanitaria que se comunic&oacute; con un militante LGTBI en el exterior, consigui&oacute; que la trasladasen a otra prisi&oacute;n, A Lama (Pontevedra), con m&oacute;dulo de mujeres y m&eacute;dicos &ldquo;m&aacute;s emp&aacute;ticos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La historia la relata un veterinario de profesi&oacute;n implicado en el rescate de Cristal y se puede escuchar en el proyecto 'Fac&eacute;monos escoitar?&rsquo; (&iquest;Nos hacemos escuchar?). Este &ldquo;mapa sonoro de la memoria colectiva lucense vinculada a la realidad LGTBIQA+&rdquo; lo ha publicado la Diputaci&oacute;n de Lugo, pero el trabajo de campo corresponde a la cooperativa Indaga y al Colectivo Agrocuir da Ulloa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La cosa cost&oacute; mucho y fue muy, muy dura &ndash;cuenta el veterinario&ndash;; plantear apoyo psicol&oacute;gico y endocrin&oacute;logo a una persona que estaba en prisi&oacute;n era como marciano&rdquo;. Pero la red de apoyo mutuo funcion&oacute;. No pasaron muchos meses y Cristal pudo regresar a Lugo, su ciudad, bajo permiso del juez de vigilancia penitenciaria. 'Fac&eacute;monos escoitar?&rsquo; recoge medio centenar de testimonios relativos a la experiencia, individual y colectiva, de personas <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/colectivo-violetas-lgtbi-presenta-i-encuentro-jovenes-lgtbi-la-palma_1_8902006.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">LGTBI</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Es una de las &uacute;ltimas iniciativas derivadas de un acontecimiento singular, de inicio incluso excepcional: el Festival Agrocuir en la comarca de A Ulloa. Su asociaci&oacute;n impulsora se encuentra detr&aacute;s de esa cartograf&iacute;a subalterna que instaura lugares y hechos fundamentales de la memoria LGTBI en una provincia eminentemente rural.
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                Reportaje sobre los organizadores de el festival Agrocuir en la comarca de A Ulloa. Gina Gisbert                            </span>
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        &ldquo;Hab&iacute;a una ausencia, tambi&eacute;n de la propia academia, de esta memoria. Y exist&iacute;a una demanda para atender esas necesidades&rdquo;, asegura el investigador Fran Quiroga, asistente y colaborador del Festival Agrocuir desde su primera edici&oacute;n en el a&ntilde;o 2015. Escribir la propia historia para que no la escriban otros. Identificar referentes. Trazar genealog&iacute;as. El espejo, explica Fran Quiroga, no es &ldquo;&uacute;nicamente [la fil&oacute;sofa] Judith Butler, tambi&eacute;n puede ser una abuela. O una vecina que no ten&iacute;a tetas ni le ven&iacute;a la regla, porque era intersexual, pero lo era hace 100 a&ntilde;os&rdquo;. O los espect&aacute;culos de transformismo que, desde por lo menos 1899, ocupaban caf&eacute;s y teatros de la ciudad de Lugo. Esta arqueolog&iacute;a del movimiento en defensa de la diversidad afectivo sexual, por ahora materializada en 'Fac&eacute;monos escoitar?&rsquo;, es producto de &ldquo;una palanca&rdquo;. La que activ&oacute; el Festival Agrocuir al conectar personas, ideas y acciones. Y todo en un contexto rural.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El festival, que se concibió como una pequeña fiesta entre amigos, ha convertido A Ulloa en el escaparate de la diversidad rural</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>El Orgullo en el lugar donde vives</strong></h3><p class="article-text">
        A Ulloa es una comarca del interior de Galicia, tan del interior que en uno de los tres ayuntamientos que la conforman &ndash;Antas de Ulla&ndash; se encuentra el centro geogr&aacute;fico de la comunidad/ la aldea de Nugall&aacute;s. Un porcentaje sensiblemente elevado de su poblaci&oacute;n, que no alcanza los 9.000 habitantes, todav&iacute;a vive del sector primario: agricultura y ganader&iacute;a. Con frondosos bosques aut&oacute;ctonos y estructurada por el cauce primero del r&iacute;o Ulla, all&iacute; coincidi&oacute; un grupo de personas LGTBI preocupadas por reivindicar la diversidad sexual y de g&eacute;nero en el rural. &ldquo;En 2015 est&aacute;bamos discutiendo entre nosotras sobre d&oacute;nde celebrar&iacute;amos el D&iacute;a del Orgullo, a qu&eacute; manifestaciones ir&iacute;amos y, de repente, nos dijimos: hagamos un acto aqu&iacute;, donde vivimos&rdquo;, cuenta Gina Gisbert, alicantina que se instal&oacute; en la zona hace ya 12 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue el m&uacute;sico Davide Salvado, entonces reci&eacute;n llegado a la comarca, quien aport&oacute; el nombre inicial, Festival Agrogay, que en 2017 evolucion&oacute; a Agrocuir. &ldquo;De entrada, no pretend&iacute;a ser m&aacute;s que una peque&ntilde;a fiesta entre amigas y amigos&rdquo;, dice Gisbert. Su emplazamiento inicial respond&iacute;a a esa idea: la granxa Maruxa, en la parroquia de Cumbraos, en el municipio de Monterroso, propiedad de Marta &Aacute;lvarez Quintero. Ella es, junto a Braulio Vilari&ntilde;o o Cristina Varela, una de las personas oriundas del lugar que el Colectivo Agrocuir considera determinantes para responder a la recurrente pregunta: &iquest;por qu&eacute; algo as&iacute; sucede en A Ulloa? &ldquo;Marta, Braulio, Cristina o Luisa fueron referentes muy potentes &ndash;a&ntilde;ade Gisbert&ndash;, que de alguna manera abrieron camino&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Personas que viv&iacute;an en peque&ntilde;os pueblos y que, pese a ello, nunca ocultaron sus opciones sexuales fuera de lo normativo. Y, por ese camino abierto por pioneros y pioneras, transit&oacute; un festival que, desde sus comienzos, alcanz&oacute; repercusi&oacute;n. De p&uacute;blico y cr&iacute;tica, pero tambi&eacute;n medi&aacute;tica. &ldquo;Incluso nosotros ten&iacute;amos cierto prejuicio. Pensamos que, en el mejor de los casos, nuestros vecinos y vecinas no mostrar&iacute;an mucho inter&eacute;s. Nos equivocamos. Fue todo un aprendizaje&rdquo;, explica Adri&aacute;n Gallero, junto a Gina Gisbert, uno de los baluartes del Colectivo Agrocuir da Ulloa. Lugare&ntilde;os y visitantes se volcaron con una cita que enseguida salt&oacute; a la prensa no solo gallega, sino estatal e incluso internacional. Y que el resto de la vecindad no tard&oacute; en asumir como propia. &ldquo;Monterroso se convirti&oacute; en escaparate de la diversidad rural. Si alguien no lo ve con buenos ojos, no lo dice. Jam&aacute;s nadie dijo nada, ni obstaculiz&oacute; nuestro trabajo&rdquo;, se extiende Gallero.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Reportaje sobre los organizadores de el festival Agrocuir en la comarca de A Ulloa. Braulio Vilariño"
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                Reportaje sobre los organizadores de el festival Agrocuir en la comarca de A Ulloa. Braulio Vilariño                            </span>
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        El escenario Agrocuir recibi&oacute; as&iacute; m&uacute;sicas intensas, que combinan el folclore con la vanguardia y cuyos int&eacute;rpretes desaf&iacute;an toda adscripci&oacute;n de g&eacute;nero: del cabar&eacute; folk del asturiano Rodrigo Cuevas a la electr&oacute;nica enraizada por la que se ha adentrado la gallega Mercedes Pe&oacute;n. Tambi&eacute;n hay valores &uacute;ltimos del panorama pop gallego como Monqup o Laura LaMontagne y Picoamperio. La oferta se fue enriqueciendo con el paso de las ediciones y se abri&oacute; a grupos de debate te&oacute;rico, talleres o proyecciones cinematogr&aacute;ficas. Y, sobre todo, a la involucraci&oacute;n del pueblo en la organizaci&oacute;n y en las actividades. &ldquo;Al principio colaboramos m&aacute;s con gente de fuera, establecimos alianzas con Pem&aacute;n (Programa de Estudos en Man Com&uacute;n), el Cineclube de Compostela o el grupo art&iacute;stico Matrioska &ndash;se&ntilde;ala Adri&aacute;n Gallero&ndash;; pero, al pasar los a&ntilde;os, nos fuimos acercando a iniciativas de la zona, como la agrupaci&oacute;n folcl&oacute;rica Falcatrueiros de Monterroso o el equipo femenino de f&uacute;tbol&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Efectos no solo te&oacute;ricos: fuera prejuicios&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        El car&aacute;cter del Festival Agrocuir se lo otorga sobre todo ese cruce peculiar entre romer&iacute;a popular y evento modernista. As&iacute; lo percibe, por ejemplo, Xiao Campelo Coego, un vecino de Monterroso de 35 a&ntilde;os, que trabaja como operario en una granja av&iacute;cola y participa en el colectivo impulsor. &ldquo;Lo que me atrajo fue que me recordaba a las viejas romer&iacute;as, a los verm&uacute;s de aldea&rdquo;, explica. Antes de integrarse en el n&uacute;cleo, ech&oacute; una mano durante los d&iacute;as de la celebraci&oacute;n, normalmente a finales de agosto: montar y atender en las barras, ir a recoger a los artistas, reponer bebida, cobrar entrada (siempre un precio reducido, menos de 10 euros). Y comprob&oacute; c&oacute;mo el festival contribu&iacute;a a transformar la realidad. 
    </p><p class="article-text">
        Sus efectos no eran &uacute;nicamente te&oacute;ricos, tampoco solamente l&uacute;dicos. Iban m&aacute;s all&aacute;. &ldquo;Hubo j&oacute;venes de 20 a&ntilde;os que, gracias a esto, se sintieron legitimados para salir del armario, y que dejaron de torturarse ante sus familias &ndash;dice&ndash;; el festival empuj&oacute; a eliminar prejuicios&rdquo;. 
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                Reportaje sobre los organizadores de el festival Agrocuir en la comarca de A Ulloa. Laura Halçague.                            </span>
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        La &uacute;ltima edici&oacute;n del Festival Agrocuir &ndash;2019, el &uacute;ltimo a&ntilde;o antes de la pandemia&ndash; cambi&oacute; de paisaje. La granxa Maruxa se hab&iacute;a quedado peque&ntilde;a y la organizaci&oacute;n busc&oacute; alternativas. La encontr&oacute; en el campo de Caracacho, la ladera de un castro arbolada con carballos (robles) y casta&ntilde;os centenarios, pegada al pueblo de Monterroso. &ldquo;Supuso una apertura &ndash;considera Campelo&ndash; a otro tipo de p&uacute;blico que antes, a lo mejor, no se acercaba a Cumbraos [a unos cuatro kil&oacute;metros de Monterroso]&rdquo;. Por ejemplo, dice, los miembros de Protecci&oacute;n Civil, &ldquo;que, adem&aacute;s de ayudar, luego los ves tomando algo y felicitando al colectivo por la fiesta&rdquo;. El medio sigue siendo rural, por supuesto, y esa sigue siendo una caracter&iacute;stica determinante, quiz&aacute;s la m&aacute;s llamativa para los for&aacute;neos.
    </p><p class="article-text">
        Gina Gisbert considera que la decisi&oacute;n de organizar el festival en el lugar donde viv&iacute;an es &ldquo;de por s&iacute;, un acto muy pol&iacute;tico&rdquo;. La t&oacute;pica contraposici&oacute;n entre el entorno rural atrasado y la narrativa de progreso asociada gen&eacute;ricamente a la ciudad, dice, queda invertida. &ldquo;Para nosotros era importante mostrar una forma de habitar y estar en el rural que no era 'mainstream&rsquo;&rdquo;, entiende. Y, al mismo tiempo, quer&iacute;an trascender tambi&eacute;n la reivindicaci&oacute;n LGTBI. El Festival Agrocuir se convirti&oacute; en un nudo de proyectos emancipadores y visiones distintas del entorno y lo real. La vida en com&uacute;n, la soberan&iacute;a alimentaria, la protecci&oacute;n del patrimonio forestal o el modelo cooperativo enriquecen los contenidos del festival &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de la defensa de la diversidad afectivo sexual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo creo que el punto de inflexi&oacute;n fue el paso de Agrogay a Agrocuir. Lo gay se identificaba con el capitalismo rosa y el heteropatriarcado. En la propia organizaci&oacute;n sent&iacute;amos reticencias hacia el t&eacute;rmino. Se hab&iacute;a convertido en un lastre en vez de en un aerostato que nos ayudase a despegar&rdquo;. Quien as&iacute; se explica es Braulio Vilari&ntilde;o, natural de Palas de Rei &ndash;el tercer ayuntamiento de los que componen A Ulloa&ndash;, veterano militante LGTBI y uno de los referentes a los que remiten todos los consultados para este reportaje. No le resulta f&aacute;cil calibrar el impacto de la iniciativa, pero s&iacute; algunas de las consecuencias directas que ha ido viendo: &ldquo;Al asistir mucha gente, la zona se fue haciendo m&aacute;s conocida. Y nuestro paisaje suave, f&aacute;cil de asimilar, atrajo a personas que se quedaron a vivir&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a la despoblaci&oacute;n que padece el interior gallego desde la entrada en la Comunidad Econ&oacute;mica Europea, las maneras de fijar habitantes pueden ser, en ocasiones, insospechadas. De hecho, Vilari&ntilde;o tambi&eacute;n menciona la pandemia de coronavirus entre las razones por las que amigas y simpatizantes del Agrocuir acabaron por mudarse a A Ulloa. Eso s&iacute;, se cuida mucho de idealizar nada. &ldquo;El rural es igual que la ciudad, pero con menos gente &ndash;r&iacute;e&ndash;; quiz&aacute;s haya una percepci&oacute;n m&aacute;s humana del vecino debido a la proximidad y eso habilite cierta permisividad social con las conductas individuales. Nos enorgullecemos de eso. Pero el sustrato franquista est&aacute; ah&iacute;, es todav&iacute;a muy reciente&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para el colectivo, organizar el festival en el sitio donde viven es, en sí, un acto político: invierte el tópico del rural atrasado y la ciudad progresista</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El festival y la actividad desplegada por los miembros del colectivo organizador y las personas pr&oacute;ximas a &eacute;l contribuye, en cualquier caso, a erosionar esa herencia autoritaria. El ejemplo que elige Vilari&ntilde;o resulta significativo. &ldquo;Este a&ntilde;o, durante la Semana del Orgullo [en el mes de junio] hubo m&aacute;s acciones e iniciativas en la comarca que durante el D&iacute;a das Letras Galegas y sus alrededores&rdquo;, afirma. Esta &uacute;ltima efem&eacute;rides es un popular festejo alrededor de la literatura gallega que se celebra cada 17 de mayo, la fecha en que se public&oacute;, en 1863, 'Cantares gallegos&rsquo;, libro fundacional de la escritora Rosal&iacute;a de Castro.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Reportaje sobre los organizadores de el festival Agrocuir en la comarca de A Ulloa. Adrian Gallero"
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            <span class="title">
                Reportaje sobre los organizadores de el festival Agrocuir en la comarca de A Ulloa. Adrian Gallero                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">La clave: no volver atr&aacute;s</h3><p class="article-text">
        Sin embargo, retener los territorios conquistados exige un esfuerzo constante. No bajar la guardia. Vilari&ntilde;o alerta de la reaparici&oacute;n de &ldquo;discursos tradicionalistas&rdquo; y de &ldquo;ataques hom&oacute;fobos&rdquo; durante los &uacute;ltimos tiempos. El Colectivo Agrocuir lo vivi&oacute; en primera persona: durante las jornadas que rodearon el asesinato en A Coru&ntilde;a de Samuel Luiz, un crimen que levant&oacute; a Galicia contra la homofobia, en el Caracacho &ndash;donde se hab&iacute;a celebrado el &uacute;ltimo Agrocuir&ndash; aparecieron pintadas hom&oacute;fobas. Ahora planean convocar a las vecinas a un acto de restauraci&oacute;n del lugar: ser&aacute; el sustituto simb&oacute;lico del festival de este a&ntilde;o, que todav&iacute;a se encuentra marcado, como ya pas&oacute; en 2020, por las limitaciones pand&eacute;micas. &ldquo;Es que un Agrocuir con distancia no es un Agrocuir&rdquo;, dice divertida Marta &Aacute;lvarez.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lvarez, la propietaria de la granja donde transcurrieron las primeras ediciones del festival, coincide con las preocupaciones de Vilari&ntilde;o y nos habla de otra experiencia, vivida en primera persona. &ldquo;Durante la Semana del Orgullo, particip&eacute; en una ruta de la memoria LGTBI [organizada por la Diputaci&oacute;n de Lugo y el Colectivo Agrocuir] en la ciudad de Lugo &ndash;cuenta&ndash;. Est&aacute;bamos en la calle N&oacute;reas, donde estaba el pub Emo, en los a&ntilde;os 90 un lugar de referencia para nuestra comunidad, una zona de libertades. Pasaron dos chicos y gritaron: 'Menuda panda de in&uacute;tiles'. Nos quedamos heladas. Est&aacute; habiendo un retroceso, la ultraderecha est&aacute; por ah&iacute;. Suceden cosas que yo nunca hab&iacute;a visto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es contra esa nueva reacci&oacute;n, la de aquellos que no aceptan la libertad de los dem&aacute;s, contra lo que tambi&eacute;n se pens&oacute; el Festival Agrocuir. La manifestaci&oacute;n en protesta por el asesinato de Samuel Luiz en Monterroso fue una de las primeras en convocarse de toda Galicia. Y la afluencia fue numeros&iacute;sima. Los efectos del Agrocuir no son a veces f&aacute;ciles de medir, pero existen; vaya si existen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Salgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/festival-agrocuir-redes-diversidad-rural-gallego_1_9209364.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Aug 2022 20:13:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Festival Agrocuir, redes por la diversidad en el rural gallego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior,Orgullo LGTBI,Galicia,Festivales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Laponia está en la España interior: anatomía de un desierto demográfico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/laponia-espana-interior-anatomia-desierto-demografico_129_9206614.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0158b7f6-4510-46b4-af5a-83ed6a739117_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x737y339.jpg" width="1200" height="675" alt="Laponia está en la España interior: anatomía de un desierto demográfico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más del 50% del territorio español sufre graves problemas de despoblación, especialmente la Serranía Celtibérica y la Franja con Portugal, que tienen menos habitantes por kilómetro cuadrado que Laponia. Sin embargo, hace apenas 15 años que empezamos a ser conscientes de esta situación crítica</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio antes del 15 de agosto y te enviamos de regalo dos de nuestras revistas monográficas</p></div><p class="article-text">
        Una parte importante de la sociedad espa&ntilde;ola considera que la despoblaci&oacute;n es un tema de Estado, por lo que ha ido ganando presencia en la agenda pol&iacute;tico-institucional de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Esto es el claro reflejo de la grave situaci&oacute;n demogr&aacute;fica en la que se encuentra actualmente Espa&ntilde;a y de la cual poco a poco se est&aacute; tomando conciencia. 
    </p><p class="article-text">
        Podemos considerar que un territorio tiene problemas de despoblaci&oacute;n cuando ha perdido gran parte de sus habitantes hasta llegar a una situaci&oacute;n cr&iacute;tica. A esto se ha llegado en dos grandes fases: una primera de migraci&oacute;n &ndash;la poblaci&oacute;n se marcha del territorio por las pocas oportunidades laborales&ndash; y una segunda, por defunciones y falta de relevo generacional.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Las etiquetas importan</h3><p class="article-text">
        La baja densidad de habitantes es un problema que ata&ntilde;e a la UE a la hora de reforzar la cohesi&oacute;n econ&oacute;mica, social y territorial. As&iacute; lo establece el art&iacute;culo 174 del Tratado de Funcionamiento de la Uni&oacute;n Europea (2007): &ldquo;A fin de promover un desarrollo armonioso del conjunto de la Uni&oacute;n, esta [...] se propondr&aacute;, en particular, reducir las diferencias entre los niveles de desarrollo de las diversas regiones y el retraso de las regiones menos favorecidas. Entre regiones afectadas se prestar&aacute; especial atenci&oacute;n a las zonas rurales, a las zonas afectadas por una transici&oacute;n industrial y a las regiones que padecen desventajas naturales o demogr&aacute;ficas graves y permanentes, como, por ejemplo, las regiones m&aacute;s septentrionales con una escasa densidad de poblaci&oacute;n y las regiones insulares, transfronterizas y de monta&ntilde;a&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Menos de 10 habitantes por km² se considera desierto demográfico: la Serranía Celtibérica tiene 6,99</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En este texto figuran como regiones menos favorecidas las que tienen desventajas demogr&aacute;ficas graves. Efectivamente, en el tratado de adhesi&oacute;n de Finlandia y Suecia, en el a&ntilde;o 1994, se indic&oacute; que las regiones que tuvieran menos de 8 hab/km2 (NUTS 2 seg&uacute;n la terminolog&iacute;a europea) se considerar&iacute;an zonas poco favorecidas. As&iacute; se identific&oacute; a Laponia &ndash;a trav&eacute;s de la agrupaci&oacute;n de NUTS 2 de ambos pa&iacute;ses&ndash;, un territorio &aacute;rtico con una densidad de menos de 8 hab/km2 debida a su climatolog&iacute;a extrema. En geograf&iacute;a humana, una zona con menos de 10 hab/km2 se considera desierto demogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        En 2006 se introdujo la denominaci&oacute;n de &ldquo;zonas escasamente pobladas&rdquo; para las provincias que tienen menos de 12,5 hab/km2 (NUTS 3), dejando en &ldquo;muy escasamente pobladas&rdquo; las de menos de ocho. En esta nueva categor&iacute;a entraron Teruel, Soria y Cuenca, y por primera vez se vio que algunas zonas dentro del territorio espa&ntilde;ol ten&iacute;an problemas demogr&aacute;ficos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Casa do maestro&#039;, en Outeiro (Lugo).                            </span>
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        Pero los estudios siguieron evolucionando y se observ&oacute; que el an&aacute;lisis por regiones o por provincias no serv&iacute;a para reflejar la realidad del territorio; las ciudades densamente pobladas &ldquo;ocultaban&rdquo; las zonas con pocos habitantes. El informe GEOPECS, elaborado por los profesores Alexandre Dubois y Johanna Roto en 2012, delimit&oacute; nuestras zonas escasamente pobladas, agrupando las entidades locales (LAU) &ndash;los municipios en el caso de Espa&ntilde;a&ndash; seg&uacute;n su densidad, inferior a 12,5 hab/km2, y su acceso, de m&aacute;s de 45 minutos o 50 km, a n&uacute;cleos de 50.000 habitantes o m&aacute;s.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">España ha ganado 20 millones de habitantes en 70 años, pero ha perdido mucha población rural</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 2021 se introdujo por primera vez el concepto de &ldquo;p&eacute;rdida de poblaci&oacute;n&rdquo; como criterio para recibir ayudas. Seg&uacute;n las Directrices de Ayudas Estatales de Finalidad Regional, las empresas de NUTS 3 que hayan perdido m&aacute;s del 10% de su poblaci&oacute;n desde 2009 hasta 2018 podr&aacute;n beneficiarse de una exenci&oacute;n fiscal de un 15%, igual que las zonas escasamente pobladas.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente al informe GEOPECS, desde el Instituto para el Desarrollo de la Serran&iacute;a Celtib&eacute;rica realizamos la investigaci&oacute;n que dio lugar a la delimitaci&oacute;n de esta zona. Agrupamos por medio del SIG (Sistema de Informaci&oacute;n Geogr&aacute;fica) las entidades locales, lo que dio lugar a la delimitaci&oacute;n de la Serran&iacute;a Celtib&eacute;rica: un territorio de 65.823 km2, el doble del tama&ntilde;o de B&eacute;lgica, con 460.613 habitantes y una densidad de 6,99 hab/km2 seg&uacute;n los datos de 2019. Es conocida como &lsquo;la Laponia espa&ntilde;ola&rsquo;, ya que fue el segundo territorio descubierto en Europa con menos de 8 hab/km2, pero su caso es mucho m&aacute;s grave, ya que no es una situaci&oacute;n estructural, sino un problema de despoblaci&oacute;n. Al estudiar el resto de Espa&ntilde;a a nivel municipal se descubri&oacute; que, aunque la poblaci&oacute;n hab&iacute;a aumentado en casi 20 millones de habitantes desde mediados del siglo XX (de 27.976.755 en 1950 a 47.332.614 en 2019), se hab&iacute;a producido un despoblamiento muy marcado en las zonas rurales, que pasaba desapercibido cuando se analizaba a nivel provincial. El &uacute;nico lugar que ha evolucionado en sentido contrario, pasando de ser un territorio con problemas demogr&aacute;ficos a poblarse, es la isla de Fuerteventura, en Canarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Reglamento de Ejecuci&oacute;n (UE) 2019/1130 de la Comisi&oacute;n de 2 de julio de 2019 indica que las entidades locales (LAU) son las unidades territoriales utilizadas para el an&aacute;lisis de las zonas escasamente pobladas. Tambi&eacute;n es de especial inter&eacute;s el Reglamento (CE) 1059/2003, por el que se definen los tipos de NUTS, donde adem&aacute;s de las correspondientes unidades administrativas, como las regiones (NUTS 2) o provincias (NUTS 3), se encuentran las denominadas &ldquo;unidades no administrativas&rdquo;, que deben reflejar &ldquo;circunstancias econ&oacute;micas, sociales, hist&oacute;ricas, culturales, geogr&aacute;ficas o medioambientales&rdquo;. Estos reglamentos se aplican a la definici&oacute;n de las &Aacute;reas Urbanas Funcionales (AUF), reconocidas por la UE, que engloban las zonas urbanas y las franjas periurbanas colindantes, agrupando entidades locales sin tener en cuenta los l&iacute;mites administrativos tradicionales. De esta forma, el &aacute;rea urbana funcional de Madrid engloba el corredor del Henares en Guadalajara y llega hasta Toledo.
    </p><h3 class="article-text">Las 10 zonas despobladas</h3><p class="article-text">
        Los mismos criterios se han seguido para delimitar territorios que tienen problemas demogr&aacute;ficos dentro de Espa&ntilde;a. Agrupando los municipios, se han definido 10 zonas escasamente pobladas. Dos de ellas cuentan con menos de 8 hab/km2: la Serran&iacute;a Celtib&eacute;rica, desde Burgos hasta Castell&oacute;n, y la Franja con Portugal. Seg&uacute;n los resultados, el 54,89% del territorio espa&ntilde;ol tiene graves problemas demogr&aacute;ficos. Es un caso muy diferente al de Laponia: all&iacute; siempre han tenido una baja densidad de poblaci&oacute;n debido a su clima extremo; en cambio, las zonas espa&ntilde;olas sufren una importante despoblaci&oacute;n, que se acent&uacute;a cada vez m&aacute;s, ya que los municipios colindantes van tambi&eacute;n perdiendo habitantes. Se trata de 277.761,387 km2 en los que, en 1950, viv&iacute;an 5.759.154 personas. La densidad de poblaci&oacute;n era de 20,73 hab/km2. En 2019, el n&uacute;mero de habitantes se hab&iacute;a reducido a la mitad: 2.390.918, lo que supone que la densidad de poblaci&oacute;n es ahora de 8,61 hab/km2.
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">España ha sufrido una continua &#039;demotanasia&#039;: se ha obligado a la gente a dejar su lugar de origen</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y lo peor a&uacute;n est&aacute; por venir. Hasta 2001, la disminuci&oacute;n del n&uacute;mero de habitantes se deb&iacute;a sobre todo a la migraci&oacute;n; ahora estamos en la segunda fase de la despoblaci&oacute;n: la poca gente que quedaba en esos territorios est&aacute; muriendo sin tener relevo generacional. De hecho, el elevado n&uacute;mero de personas mayores es uno de los grandes problemas de estas zonas, especialmente en la Franja con Portugal, que en 2019 sufr&iacute;a un envejecimiento del 481,14%, cuando la media en Espa&ntilde;a es del 125%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta delimitaci&oacute;n del 54,89% del territorio espa&ntilde;ol como escasamente poblado, siguiendo criterios europeos, ha hecho posible que se hable de despoblaci&oacute;n, ya que ahora tenemos una medida que se puede comparar con el resto de los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea. Y ha logrado que dejemos de considerar lo que ocurre en Espa&ntilde;a como normal y en l&iacute;nea con la nueva distribuci&oacute;n del poblamiento (concentrarse en las ciudades y abandonar el mundo rural). Entre los pa&iacute;ses del sur de Europa, lideramos los territorios con problemas demogr&aacute;ficos, seguidos por Portugal, con un 35% de geograf&iacute;a escasamente poblada, y Francia, que tiene ese problema en un 20% de su territorio.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ha sufrido Espa&ntilde;a ha sido un acto continuo de &lsquo;demotanasia&rsquo;: tanto por acciones directas o indirectas como por la omisi&oacute;n de las mismas, se ha obligado a la gente a abandonar su lugar de origen, buscando un futuro mejor y dando lugar a la p&eacute;rdida de la custodia del territorio. No hay que olvidar que las zonas del mundo rural son ricas: son las que tienen los recursos ambientales o agropecuarios, el agua dulce o los minerales. Que se encuentren despobladas quiere decir que se pueden volver a repoblar. Y para hacerlo hay que volverlas atractivas, tanto para generar empleo como para que se viva en ellas.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        <strong>Estrategias de la Uni&oacute;n Europea aplicadas para las zonas escasamente pobladas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las Directrices de Ayudas Estatales de Finalidad Regional presentadas el 19 de abril de 2021 se&ntilde;alan que los Estados miembros deber&aacute;n designar un &ldquo;mapa de ayudas regionales&rdquo; y presentarlo a la Comisi&oacute;n para su aprobaci&oacute;n antes del 1 de enero de 2022. Dan la posibilidad de que el mapa de las zonas escasamente pobladas se haga por agrupaci&oacute;n de municipios, para reflejar la realidad del territorio. Optan a una desgravaci&oacute;n fiscal empresarial del 15%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En lo que respecta a los Fondos Estructurales y de Inversi&oacute;n Europeos para el periodo 2021-2027, las zonas desfavorecidas deben tenerse en cuenta en el reparto de los Fondos de Cohesi&oacute;n, con una suma anunciada de 41.349 mil millones de euros; del Fondo Social Europeo, con 88.646 mil millones de euros; y de los fondos de las regiones menos desarrolladas, que suponen una suma de 198.621 mil millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Se debe aplicar a las zonas escasamente pobladas de Espa&ntilde;a la misma fiscalidad diferenciada que disfrutan las zonas insulares ultraperif&eacute;ricas. En el archipi&eacute;lago canario, con una extensi&oacute;n de 7.493 km2, se benefician 2.237.390 personas de un IVA reducido al 7%, de un impuesto de sociedades del 4%, de una reducci&oacute;n a los residentes del 50% del IRPF, de una bonificaci&oacute;n del 80% en el sueldo de administrativos, m&eacute;dicos y profesores o de una PAC especial. Y se ha demostrado que estas medidas funcionan, ya que las Islas Canarias han crecido de forma espectacular: 578.328 personas en lo que va de siglo, 117.716 personas m&aacute;s que las censadas en la Serran&iacute;a Celtib&eacute;rica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pilar Burillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/laponia-espana-interior-anatomia-desierto-demografico_129_9206614.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Aug 2022 20:32:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Laponia está en la España interior: anatomía de un desierto demográfico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior,Escuelas rurales,Desarrollo rural,Despoblación,España vaciada]]></media:keywords>
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