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    <title><![CDATA[elDiario.es - La revolución de los viejos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/la-revolucion-de-los-viejos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - La revolución de los viejos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La Fiscalía avala el archivo de la primera causa de los contratos sanitarios a dedo en Andalucía y PSOE y Podemos recurren]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/recurre-audiencia-archivo-primera-causa-contratos-sanitarios-dedo-andalucia-fiscalia-psoe_1_12959817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/380b3618-49a9-4509-8861-6b939a943e8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135717.jpg" width="4695" height="2641" alt="El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, junto a su consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias, Antonio Sanz."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La portavoz del Gobierno andaluz adelantó que el fiscal no recurriría el sobreseimiento de la investigación abierta por un juez de Sevilla, mientras que las acusaciones, PSOE y Podemos, lo impugnan y piden a la Audiencia de Sevilla que continúe la instrucción al existir "sólidos indicios de criminalidad" </p><p class="subtitle">Claves del carpetazo y la reapertura exprés de la causa judicial de los contratos sanitarios a dedo en Andalucía
</p></div><p class="article-text">
        La Fiscal&iacute;a Anticorrupci&oacute;n de Sevilla ha renunciado a recurrir <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/tribunales-juzgado-investiga-contratos-emergencia-sas-archiva-denuncias-psoe_1_12934710.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el archivo de la causa de los contratos de emergencia del Servicio Andaluz de Salud (SAS) con cl&iacute;nicas privadas</a> que instru&iacute;a un Juzgado de Sevilla, confirman a este peri&oacute;dico fuentes del Ministerio P&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        El plazo para interponer un recurso ante la Audiencia Provincial expiraba este martes a mediod&iacute;a, pero la decisi&oacute;n del fiscal fue anunciada antes por la portavoz de la Junta de Andaluc&iacute;a, Carolina Espa&ntilde;a, que asegur&oacute; ante la prensa que el Ministerio P&uacute;blico &ldquo;no recurrir&aacute; el archivo de la causa&rdquo; judicial de Sevilla, la primera de las tres investigaciones que salpican al Gobierno de Juan Manuel Moreno por irregularidades en la contrataci&oacute;n a dedo del SAS entre 2020 y 2024. 
    </p><p class="article-text">
        Quienes s&iacute; han impugnado el auto del juez Jos&eacute; Antonio G&oacute;mez son las acusaciones populares, PSOE y Podemos, al considerar que el sobreseimiento del caso tras 15 meses de instrucci&oacute;n ha sido &ldquo;prematura e improcedente&rdquo;. Ambos partidos, en sendos escritos de 110 y nueve p&aacute;ginas respectivamente, solicitan a la Audiencia de Sevilla que &ldquo;revoque&rdquo; el auto provisional del juez y contin&uacute;e con la instrucci&oacute;n, porque existen &ldquo;indicios racionales y plurales de la comisi&oacute;n de un delito continuado de prevaricaci&oacute;n administrativa, de malversaci&oacute;n y de administraci&oacute;n desleal de fondos p&uacute;blicos&rdquo;, reza uno de los recursos.
    </p><p class="article-text">
        El Juzgado de Instrucci&oacute;n n&uacute;mero 13 fue el primero en abrir diligencias para investigar un posible supuesto de prevaricaci&oacute;n en la contrataci&oacute;n a dedo del SAS con cl&iacute;nicas privadas, amparada en un Real Decreto que estaba derogado.
    </p><p class="article-text">
        El magistrado que abri&oacute; la instrucci&oacute;n llam&oacute; a declarar como imputada a la gerente del SAS, Valle Garc&iacute;a, y a sus dos predecesores, Miguel &Aacute;ngel Guzm&aacute;n y Diego Vargas, adem&aacute;s de interrogar como testigos a otros altos cargos del Gobierno andaluz, como la n&uacute;mero dos de Hacienda y exinterventora general de la Junta, Amelia Mart&iacute;nez, o la exconsejera de Salud, actual titular de Medio Ambiente, Catalina Garc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El auto de sobreseimiento de la causa en Sevilla, celebrado por el Gobierno de Moreno y recurrido por sus rivales pol&iacute;ticos (Podemos y PSOE), conclu&iacute;a que no existen &ldquo;principios de prueba que avalen razonablemente la posible existencia de delito&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El juez reconoc&iacute;a las irregularidades detectadas y denunciadas en una docena de informes desfavorables elaborados a posteriori por los interventores del SAS -base de las querellas-, y admit&iacute;a que los contratos de emergencia, a dedo, sin publicidad ni concurrencia competitiva, se prolongaron dos a&ntilde;os y medio ampar&aacute;ndose en un Real Decreto habilitado por el Gobierno central en pandemia, a pesar de que ya estaba derogado. 
    </p><p class="article-text">
        Pero descartaba de plano &ldquo;que la finalidad de las pr&oacute;rrogas fuera la elusi&oacute;n de las normas de Orden P&uacute;blico de la contrataci&oacute;n&rdquo;, y defend&iacute;a, en consonancia con la Junta de Andaluc&iacute;a, que estos respond&iacute;an &ldquo;a necesidades perentorias derivadas de la necesidad de la continuidad de la prestaci&oacute;n, sin modificaci&oacute;n de lo contratado, dado el grave retraso generado por la crisis sanitaria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tan contundente es el auto de archivo de la causa como los recuros de PSOE y Podemos. El juez G&oacute;mez admiti&oacute; las &ldquo;irregularidades administrativas&rdquo; denunciadas por la Intervenci&oacute;n del SAS, pero argument&oacute; que la suma de estas y su prolongaci&oacute;n en el tiempo no convert&iacute;a en prevaricaci&oacute;n algo que aisladamente no lo era.
    </p><p class="article-text">
        El abogado de Podemos defiende que no eran errores formales ni aislados, sino &ldquo;un modus operandi instaurado en el seno del SAS que, bajo el pretexto de la emergencia sanitaria, eludi&oacute; de forma deliberada y persistente los principios de publicidad, concurrencia y transparencia que rigen la contrataci&oacute;n p&uacute;blica, lo que adem&aacute;s de suponer una irregularidad generalizada, puede haber presuntamente producido una merma en las arcas p&uacute;blicas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n de los contratos del SAS con cl&iacute;nicas privadas en un juzgado de Sevilla era la m&aacute;s avanzada de las tres que estaban en curso (otras dos siguen vivas, una en C&aacute;diz y otra en C&oacute;rdoba). La primera, y la que m&aacute;s profundiz&oacute; en la instrucci&oacute;n, nace de una querella colectiva de 30 diputados del PSOE andaluz, a la que luego se suma Podemos como acusaci&oacute;n popular. 
    </p><p class="article-text">
        Los abogados del PSOE-A han remitido a la Audiencia de Sevilla un voluminoso argumentario a favor de la reapertura de la causa judicial, que contiene expedientes de gasto de la investigaci&oacute;n y enlaces directos a miles de contratos bajo sospecha, para facilitar as&iacute; la labor de los magistrados. &ldquo;En lugar de ser deducido testimonio de particulares concretos, solicitamos sea elevada al tribunal de apelaci&oacute;n la causa completa, en la integridad de sus Folios, CDs unidos y grabaci&oacute;n de declaraciones&rdquo;, concluyen.
    </p><p class="article-text">
        En su recurso, defienden la &ldquo;absoluta improcedencia del sobreseimiento y archivo de la causa, al existir una patente e indudable concurrencia de indicios racionales de criminalidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El escrito carga contra el juez G&oacute;mez, al que reprocha la &ldquo;vulneraci&oacute;n de la doctrina jurisprudencial y el principio <em>in dubio proiudicio</em> -&rdquo;en caso de duda, a favor del juicio&ldquo;-, subrayando que el magistrado ha dado carpetazo al asunto sin esperar a las diligencias solicitadas por las partes, incluida la Fiscal&iacute;a, que inclu&iacute;a la petici&oacute;n de m&aacute;s documentaci&oacute;n y correos electr&oacute;nicos a la Junta.
    </p><p class="article-text">
        Los abogados del PSOE denuncian la &ldquo;vulneraci&oacute;n del derecho fundamental de tutela judicial efectiva en su vertiente de acceso al proceso, por existir una base indiciaria objetivable&rdquo;, y acusan la &ldquo;prematuridad y la extemporaneidad&rdquo; de la resoluci&oacute;n al no haber esperado a recibir la documentaci&oacute;n pendiente. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hacen una especial menci&oacute;n a la &ldquo;flagrante y continuada vulneraci&oacute;n de la legalidad aplicable sobre la pr&oacute;rroga de la contrataci&oacute;n de emergencia&rdquo;, y denuncian la &ldquo;err&oacute;nea valoraci&oacute;n e ignorancia de las reales causas, finalidades y efectos del acuerdo del Consejo de Gobierno, del 6 de octubre de 2020, que elimin&oacute; los controles previos a los contratos de emergencia del SAS para sustituirlos por auditor&iacute;as a posteriori (estas &uacute;ltimas ser&iacute;an las que destaparon las irregularidades dos a&ntilde;os despu&eacute;s).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sin el acuerdo del Consejo de Gobierno, no hubiera sido posible la consumaci&oacute;n de los hechos objeto de investigaci&oacute;n&rdquo;, concluye el recurso del PSOE, que subraya una relaci&oacute;n causa-efecto entre la retirada de los controles previos y las &ldquo;muy graves irregularidades&rdquo; detectadas a posteriori por la Intervenci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Sin personaci&oacute;n de la Junta</h2><p class="article-text">
        La Junta de Andaluc&iacute;a no estaba personada en esta causa, aunque s&iacute; lo est&aacute; en la instrucci&oacute;n de C&aacute;diz, que a&uacute;na ahora la investigaci&oacute;n por malversaci&oacute;n en el abuso de contratos menores del SAS (fraccionamiento masivo de contrratos millonarios con la misma empresa y por el mismo servicio) y la de los contratos de emergencia.
    </p><p class="article-text">
        En su recurso, Podemos acusa al SAS en su recurso del &ldquo;apartamiento consciente, sistem&aacute;tico y grosero de la legalidad en materia de contrataci&oacute;n p&uacute;blica&rdquo; y afea al juez G&oacute;mez que haya &ldquo;relativizado la importancia de los reparos&rdquo; que plantearon reiteradamente los interventores en sus informes sobre los ejercicios de contabilidad 2020, 2021, 2022 y 2023.
    </p><p class="article-text">
        El partido morado impugna el auto de sobreseimiento del juez porque subraya, uno a uno, los &ldquo;demoledores&rdquo; informes de la Intervenci&oacute;n, que alertaron sin &eacute;xito a la Consejer&iacute;a de Salud y al departamento de Hacienda de la continuidad en el tiempo de &ldquo;graves salvedades&rdquo; en la contrataci&oacute;n a dedo y la &ldquo;falta de motivaci&oacute;n para volver a la v&iacute;a ordinaria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El recurso se&ntilde;ala tambi&eacute;n la trascendencia de la sustituci&oacute;n del control previo por el control financiero permanente mediante acuerdo del Consejo de Gobierno de 6 de octubre de 2020, un cambio en el sistema de fiscalizaci&oacute;n al que el juez instructor &ldquo;rest&oacute; importancia&rdquo;, dando por buena la versi&oacute;n de sus responsables, a saber, que era un m&eacute;todo de vigilancia &ldquo;m&aacute;s eficaz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, Podemos defiende la necesidad de continuar la instrucci&oacute;n para calcular el &ldquo;posible perjuicio econ&oacute;mico derivado del conjunto de las irregularidades&rdquo; y pide para ello, en consonancia con el PSOE, que la Audiencia pida &ldquo;auxilio pericial&rdquo; a la Intervenci&oacute;n General del Estado. &ldquo;Descartar la relevancia penal de los hechos sin haber practicado diligencias encaminadas a cuantificar este posible perjuicio y a esclarecer, visto que existen indicios racionales de criminalidad, si existi&oacute; un favorecimiento deliberado a determinadas empresas, supone un cierre prematuro de la instrucci&oacute;n, por lo que el sobreseimiento acordado vulnera el derecho a la tutela judicial efectiva de esta parte (art. 24.2 de la Constituci&oacute;n), impidiendo que los hechos sean debidamente investigados y, en su caso, enjuiciados&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Cela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/recurre-audiencia-archivo-primera-causa-contratos-sanitarios-dedo-andalucia-fiscalia-psoe_1_12959817.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Feb 2026 15:52:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Fiscalía avala el archivo de la primera causa de los contratos sanitarios a dedo en Andalucía y PSOE y Podemos recurren]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Contratos,Sanidad privada,Audiencia Provincial,Podemos,La revolución de los viejos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anna Freixas: “La menopausia puede ser el mejor momento de la vida de las mujeres”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/anna-freixas-estigmatizar-menopausia-da-libertad-sexual-hombres-dejarnos-20_128_10965409.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0b9806c-337a-47e8-bf78-d9a620978c05_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anna Freixas: “La menopausia puede ser el mejor momento de la vida de las mujeres”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La doctora en psicología reedita un libro en el que explica qué sucede realmente en el cuerpo de las mujeres tras la menstruación y por qué al patriarcado le interesa que se afronte esta etapa con miedo y rechazo</p><p class="subtitle">Las señoras ya no se esconden: la menopausia gozosa también sale del armario
</p></div><p class="article-text">
        Anna Freixas (Barcelona, 1946) se ha ganado el t&iacute;tulo de portavoz de las mujeres viejas. De todas esas personas que son la mitad de la mitad de la poblaci&oacute;n, pero de las que no se oye a hablar. Que, despu&eacute;s de la primera arruga, han quedado silenciadas. Y ya, cuando llegan a la menopausia &ldquo;casi parece que hayan muerto socialmente&rdquo;, dice Freixas.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de diversos libros publicados sobre la vejez (algunos tan comentados como <a href="https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/vieja-vejez-libres_132_10126150.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Yo, vieja' </a>o 'Sin reglas'), la doctora en psicolog&iacute;a ha reeditado un manuscrito suyo, publicado en 2007, que dedic&oacute; a lo que sucede tras la &uacute;ltima menstruaci&oacute;n. 'Nuestra menopausia. Una versi&oacute;n no oficial' (Capit&aacute;n Swing, 2023) es un libro que, a partir del testimonio de decenas de mujeres, habla sin tapujos sobre las ventajas de no tener la regla y, en definitiva, de hacerse vieja. A pesar de lo que diga el patriarcado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Este texto es una revisi&oacute;n del mismo libro, que public&oacute; en 2007, &iquest;qu&eacute; ha cambiado desde entonces?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las propias mujeres. En estos 17 a&ntilde;os, hemos pasado de ser cr&eacute;dulas y atemorizadas a tener m&aacute;s valent&iacute;a. Nos estamos intentando alejar de la idea de la menopausia como una enfermedad y la empezamos a ver como un proceso natural.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Critica mucho la medicalizaci&oacute;n del cuerpo de las mujeres. &iquest;A qui&eacute;n le interesa que la menopausia sea vista como una enfermedad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo de las mujeres siempre ha interesado a mucha gente. Somos las pobres del planeta porque todo el mundo se nutre de nosotras. Presentar a las mujeres como enfermas y decr&eacute;pitas beneficia a la clase m&eacute;dica, farmac&eacute;utica y est&eacute;tica. Piensa que los &uacute;ltimos tratamientos [<a href="https://www.eldiario.es/edcreativo/diario-salud/mala-terapia-hormonal-durante-menopausia_1_10337723.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de reemplazo hormonal</a>] con pellets se hacen en cl&iacute;nicas de est&eacute;tica. Si esto no sirve para ponernos las gafas, apaga y v&aacute;monos. Durante los &uacute;ltimos 70 a&ntilde;os hemos perdido el mundo de vista: hemos dejado de nacer y morir en casa para hacerlo en el hospital y, todo todo el tiempo que separa esos dos hechos, lo pasamos regalando nuestro cuerpo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si medicáramos a los hombres en la andropausia, seguramente tendríamos menos guerras</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La medicalizaci&oacute;n afecta m&aacute;s a las mujeres que a los hombres, a pesar de que ellos tambi&eacute;n tienen achaques y ciclos hormonales. &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El patriarcado, que tiene la sart&eacute;n por el mango, es quien decide, pero si medic&aacute;ramos a los hombres en la andropausia, seguramente tendr&iacute;amos menos guerras. Herzog dec&iacute;a que, por &eacute;l, pondr&iacute;a a todos los hombres en una isla y dejar&iacute;a que el mundo lo dirigieran las mujeres, que ellos ya hab&iacute;an hecho suficientes desastres. Todas las decisiones catastr&oacute;ficas las toman androp&aacute;usicos en crisis [risas]. Obviamente esto es una broma, pero creo que uno de los principales or&iacute;genes del estigma de la menopausia reside en la consideraci&oacute;n de las mujeres &uacute;nicamente como seres reproductivos.
    </p><p class="article-text">
        Si ya no tienes la regla, no puedes tener hijos y, por tanto, ya no sirves. Pero eso no es verdad, somos m&aacute;s que seres reproductivos. Sobre todo las mujeres espa&ntilde;olas, que <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/mapa-minimo-historico-natalidad-espana-desplome-nacimientos-municipio-municipio_1_10708578.html#:~:text=En%20Espa%C3%B1a%20cada%20vez%20nacen,registrada%20desde%20que%20existen%20registros." target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tenemos un hijo de promedio</a> y no somos grandes aficionadas a lo del parir. Desde que nos incorporamos al mercado laboral y tenemos dinero propio, esta historia ya no va con nosotras, pero el estigma de la menopausia como el inicio del fin de la vida de una mujer perdura porque interesa a los hombres y les otorga libertad sexual para dejarnos por una de 20.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sostiene que las mujeres no estamos enfermas, sino &ldquo;heridas por la estigmatizaci&oacute;n social&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La menopausia, en s&iacute; misma, es un gran estigma. Preguntas a las mujeres j&oacute;venes y les entran los siete males. Desde el momento en que ya no somos f&eacute;rtiles, nos pueden intercambiar por otras. Pero que no te enga&ntilde;en, no se aparejan con una de 20 a los 50 para tener cinco ni&ntilde;os, sino porque creen que su sexualidad androp&aacute;usica se va a animar, aunque sigan necesitando Viagra. Lo que nos dice la sociedad sobre la menopausia es que nuestra vida deja de tener sentido y por eso nos venden todos estos tratamientos hormonales, para retrasar un ocaso que en realidad no es tal. En cambio, ellos al envejecer, se resignifican como interesantes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De hecho, uno de los reclamos de la terapia de sustituci&oacute;n hormonal es que permite retrasar el envejecimiento y mantener la belleza, dejando claro que las mujeres mayores no pueden ser atractivas. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La belleza es salud. Es sentirte bien en tu propia piel. Cuando veo mujeres tan operadas y torturadas, me da pena. Pienso. &ldquo;&iexcl;Caramba, lo que sufre esta mujer!&rdquo;. Ese proceso implica un coste econ&oacute;mico, f&iacute;sico y psicol&oacute;gico. Y todo por la presi&oacute;n que supone que alguien te diga que no eres v&aacute;lida. Por eso escribo este libro sobre la menopausia, para que las chicas j&oacute;venes la conozcan sin miedo y les llegue llenas de luz, tranquilidad y seguridad. &iquest;Te imaginas lo que supondr&iacute;a en nuestra cultura que vi&eacute;ramos la menopausia como un buen momento?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La doctora en psicología Anna Freixas, durante la entrevista en su casa"
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            <span class="title">
                La doctora en psicología Anna Freixas, durante la entrevista en su casa                            </span>
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        <strong>&iquest;Qu&eacute; efectos tiene una terapia hormonal cuando el cuerpo te est&aacute; diciendo que no quiere hormonarse m&aacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que dice es que ya no lo necesita. El problema del tratamiento hormonal es que retrasa un ciclo vital necesario y natural y sus signos. Es decir, te puede quitar los sofocos ahora, si es que los tienes, pero cuando dejes la medicaci&oacute;n, volver&aacute;n. El cuerpo debe acostumbrarse a los cambios, igual que lo hizo cuando nos baj&oacute; la regla y vino el dolor por el crecimiento del pecho. En ese momento de la vida tambi&eacute;n lo pasamos muy mal, pero por lo que sea, nadie se empe&ntilde;&oacute; en retrasar esos signos.
    </p><p class="article-text">
        Siempre hay que entender todo seg&uacute;n la mirada masculina: a los t&iacute;os les encanta que sangremos, por todo lo que supone. Es cuando ya no sangramos que nos deshacemos de la presi&oacute;n del heteropatriarcado. Por eso, estigmatizar la menopausia sirve para quitarse a las mujeres de enfrente, sobre todo a las que ya no temen.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Asegura que la menopausia tiene beneficios. &iquest;Cu&aacute;les son?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 2021, un diccionario &aacute;rabe cambi&oacute; la definici&oacute;n de la palabra menopausia de &ldquo;edad de la desesperaci&oacute;n&rdquo; a &ldquo;edad de la renovaci&oacute;n&rdquo;. La menopausia puede ser el mejor momento de la vida de las mujeres. Tienes libertad sexual porque no te puedes quedar embarazada (&iexcl;Ancha es Castilla!). Adem&aacute;s, las afectaciones al estado de &aacute;nimo por el ciclo hormonal desaparecen, igual que los dolores asociados a la regla. Y dejas de pagar el 18% del IVA por los productos higi&eacute;nicos, como si fueran joyas.
    </p><p class="article-text">
        Pero para m&iacute;, lo m&aacute;s importante es el bienestar personal. La libertad. Como dice la Northup [la ginec&oacute;loga Christiane Northrup], con la ca&iacute;da del velo de las hormonas, es cuando ves la vida con m&aacute;s claridad. Est&aacute;s para menos tonter&iacute;as y te libras del mandato de la feminidad heterosexual. Empiezas a ser t&uacute; y vuelves a ser la ni&ntilde;a que eras antes de que te sexualizaran. Pero para llegar a este punto debemos deshacernos de todo lo que el patriarcado nos ha intentado inculcar durante toda la vida y no dejar que, al llegar a la vejez, nos depriman una a una.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con la menopausia, empiezas a ser tú y vuelves a ser la niña que eras antes de que te sexualizaran</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Eso ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil para las mujeres que lleguen a la menopausia a partir de ahora, pero seguramente usted no tuvo referentes que la ayudaran a enfocar esta etapa de una manera positiva. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues creo que lo pasaron peor las mujeres que ahora tienen cincuenta que nosotras, que ahora tenemos 70 y pico. Nuestras madres no se hab&iacute;an medicado y no vivieron esta etapa como una enfermedad, as&iacute; que nosotras nunca hab&iacute;amos recibido ese mensaje estigmatizador de la menopausia. Nuestra generaci&oacute;n es a la primera a la que se intenta medicar en masa, pero muchas todav&iacute;a dijimos que no. El problema lo ten&eacute;is las mujeres menores de sesenta, que sois a las que se os ha dicho por activa y por pasiva que cuando llegu&eacute;is a la menopausia os tendr&eacute;is que hormonar para frenar el desastre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo vivi&oacute; usted su menopausia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo hab&iacute;a le&iacute;do mucho sobre el tema, lo hab&iacute;a hablado mucho con mis amigas y lo estaba deseando. Era algo que me parec&iacute;a estupendo que me sucediera. Y por eso decid&iacute; escribir este libro: quer&iacute;a escuchar y hacer o&iacute;r la voz de todas las mujeres posibles porque toda la literatura que hay sobre el tema est&aacute; escrita por ginec&oacute;logos, que s&oacute;lo conocen casos de mujeres que van a visitarse porque tienen problemas con la menopausia. Sobre las que lo pasan sin problemas no hay registros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El deseo de la mujer siempre ha sido un tab&uacute;. &iquest;C&oacute;mo es el sexo en una edad de la que tampoco se habla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera que no hay una sola menopausia, tampoco hay una sola sexualidad. Es verdad que muchas mujeres aseguran que su deseo baja o desaparece despu&eacute;s de la menopausia, y aprovechan para cerrar el chiringuito. Pero hay que entender que la sexualidad de las mujeres heterosexuales se ve muy afectada por la de los hombres, que es la que realmente disminuye cuando llegan a una edad. Adem&aacute;s, puede ser una excusa para liberarte de un tipo de sexo que, a lo mejor, nunca te ha gustado y que ten&iacute;as s&oacute;lo para cumplir con tu pareja.
    </p><p class="article-text">
        Pero en la otra cara de la moneda tenemos a un n&uacute;mero no poco significativo de mujeres que afirman que su deseo aumenta tras la menopausia. Adem&aacute;s, nosotras tenemos la ventaja de que, como tenemos el aparatito del placer incorporado, podemos resolvernos la vida como queramos y cuando queramos, sin necesidad de medicaci&oacute;n o ayuda externa, hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a de nuestras vidas. Y de manera aut&oacute;noma. Cuando entendemos eso y vemos que nos podemos satisfacer solas, sin necesidad de ser amables con nadie, nos cambia la vida. Porque las mujeres somos las reinas de la amabilidad en el sexo. Y de la condescendencia tambi&eacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sandra Vicente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/anna-freixas-estigmatizar-menopausia-da-libertad-sexual-hombres-dejarnos-20_128_10965409.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Mar 2024 21:36:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Anna Freixas: “La menopausia puede ser el mejor momento de la vida de las mujeres”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Menopausia,mujeres,Feminismo,Mujer,La revolución de los viejos,Tercera edad,Personas mayores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El legado de las abuelas contra la droga, una vida en pie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/legado-abuelas-droga-vida-pie_1_9208581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c84158cb-5845-4b68-acf5-bd7681a5e6e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El legado de las abuelas contra la droga, una vida en pie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los 80 y 90 lucharon con uñas y dientes para salvar a sus hijos de la heroína y el sida. Hoy, ayudan a inmigrantes, protestan contra las casas de apuestas y tienden la mano a los más desprotegidos de la sociedad. Activistas desde antes de que existiera la palabra ‘activista’, abrazan la madurez vital desde la solidaridad. Es, dicen, el único camino</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        Ni Manuela Ramajo, ni Emiliana Garc&iacute;a, ni Paquita Sanju&aacute;n aparecen en los libros de historia de nuestro pa&iacute;s, pero deber&iacute;an. Estas tres mujeres, que ya han superado los 80 a&ntilde;os, son memoria viva de nuestra historia reciente. Tres madres, hoy abuelas, unidas contra la droga, el veneno que inund&oacute; barrios y ciudades de toda la geograf&iacute;a espa&ntilde;ola, que dej&oacute; la puerta abierta a otra pandemia, la del sida, y que gener&oacute; una importante alarma social.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En mi casa entr&oacute; de lleno esta problem&aacute;tica. Mi hermano peque&ntilde;o, mi hija y mi hijo acabaron en la droga&rdquo;, rompe el hielo Manuela, sentada junto a sus compa&ntilde;eras para empezar a recordar esos a&ntilde;os oscuros de dolor, pero tambi&eacute;n de lucha contra esta lacra. &ldquo;Est&aacute;bamos muy unidas y organizadas&rdquo;, destaca, orgullosa, para dejar siempre patente ese esp&iacute;ritu de grupo en el que colectivizan sus problemas y comparten sus &eacute;xitos, y que tanto las caracteriza.
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                &quot;Las fronteras solo sirven para separar un mundo pobre de otro&quot;, Manuela Ramajo.                            </span>
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        Seg&uacute;n datos del estudio &lsquo;M&aacute;s de 30 a&ntilde;os de drogas ilegales en Espa&ntilde;a: una amarga historia con algunos consejos para el futuro&rsquo;, publicado en la Revista Espa&ntilde;ola de Salud P&uacute;bica, la sobredosis de hero&iacute;na provoc&oacute; un importante aumento de la mortalidad juvenil durante las d&eacute;cadas de los 80 y 90, alcanzando su punto &aacute;lgido entre 1991 y 1993, con m&aacute;s de 1.700 muertes.
    </p><p class="article-text">
        Pero detr&aacute;s de estas cifras hay nombres como, por ejemplo, Marif&eacute; y F&eacute;lix, los hijos de Manuela y Emiliana. Tambi&eacute;n hay historias: las de estas y tantas otras madres (y padres) que se levantaron contra el narco, las c&aacute;rceles, el estigma social y el abandono institucional. Ellas lo hicieron encerr&aacute;ndose en el Banco Popular, en la Catedral de la Almudena, acampando frente al Ministerio de Sanidad, protestando en las inmediaciones de los juzgados o plant&aacute;ndose a las puertas de distintos centros penitenciarios. En uno de esos viajes, de camino a la c&aacute;rcel de Zamora, Emiliana compuso una canci&oacute;n que, aunque hoy se disculpa porque dice que ya no puede entonar, Manuela le anima a compartir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las madres desde los cerros a voces se oyen gritar / Carcelero, carcelero, que no son unos bandidos / Que ha sido la maldita droga que aqu&iacute; los ha tra&iacute;do / Carcelero, carcelero, no les quit&eacute;is de escuchar / A las voces de las madres que vienen a apoyar&rdquo;. As&iacute; rezan esos versos tantas veces cantados a coro entre mujeres coraje, que defendieron una forma de lucha que ha sentado precedente para otros movimientos sociales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Mi hijo murió por la droga. Aún me sigo diciendo que algo hice mal&quot;, Emiliana García."
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                &quot;Mi hijo murió por la droga. Aún me sigo diciendo que algo hice mal&quot;, Emiliana García.                            </span>
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        Luciendo canas y haciendo gala de un humor particular que sirve de balsa en un mar de desgracias, rememoran un tiempo pasado que sigue estando muy presente. Lo hacen sentadas en un banco de la parroquia madrile&ntilde;a de San Carlos Borromeo, punto de encuentro, trinchera y refugio, desde hace d&eacute;cadas, para estas se&ntilde;oras en pie contra la droga y en favor de tantas otras causas justas. 
    </p><p class="article-text">
        En todos estos a&ntilde;os no han bajado los brazos. Precisamente, en 2007 defendieron con fervor a la parroquia madrile&ntilde;a para evitar el cierre que hab&iacute;a anunciado el arzobispo Antonio Mar&iacute;a Rouco Varela. Entre las luchas m&aacute;s recientes a las que se han sumado est&aacute;n las protestas contra las casas de apuestas desplegadas en los barrios m&aacute;s humildes y que tanto les recuerdan a los a&ntilde;os en los que la droga se col&oacute; en sus hogares. Tampoco es extra&ntilde;o encontrarlas alzando la voz en las puertas de los centros de internamiento de extranjeros o recordando con dignidad a los muertos en el mar Mediterr&aacute;neo, en su huida a una vida mejor, a las puertas de las instituciones c&oacute;mplices de las pol&iacute;ticas migratorias actuales.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">En todos estos años no han bajado los brazos: en 2007 evitaron el cierre de la parroquia San Carlos Borromeo, que es su trinchera y refugio</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Los seres humanos somos todos iguales ante mi ley. Todos iguales. Blancos, negros, sean de aqu&iacute; o sean de all&aacute;. Las fronteras y las c&aacute;rceles solo sirven para separar a un mundo pobre de otro mundo pobre. Todo lo que est&aacute; pasando en las fronteras me duele tanto como los muertos en la c&aacute;rcel y la droga&rdquo;, dice Manuela en&eacute;rgicamente y conteniendo las l&aacute;grimas, mientras se&ntilde;ala las fotos de un joven exhausto encaramado a la valla de Melilla y otra donde se observa a una madre con su hija reci&eacute;n rescatadas en el mar, que lucen junto al Cristo de este templo.
    </p><p class="article-text">
        Manuela, que se define como una mujer que siempre ha estado muy activa e involucrada en los movimientos sociales, reconoce que empez&oacute; su andadura en este grupo de madres coraje, ahora ya abuelas, cuando su Marif&eacute; &ldquo;estaba hecha polvo&rdquo;. Perdi&oacute; a su hija en 1992; llevaba enganchada a las drogas desde los 17 a&ntilde;os. Pas&oacute; por la c&aacute;rcel, estuvo en un centro de desintoxicaci&oacute;n y enferm&oacute; de sida. Han transcurrido ya tres d&eacute;cadas desde que Manuela enterr&oacute; a Marif&eacute; y sigue record&aacute;ndola con dolor, pero tambi&eacute;n con dignidad y mucho amor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el 86 muri&oacute; mi hijo, se muri&oacute; solito&rdquo;, cuenta Emiliana emocionada y con cierto sentimiento de derrota despu&eacute;s de pelear hasta el &uacute;ltimo aliento para que F&eacute;lix pudiera ingresar en un hospital penitenciario. &ldquo;Fueron a&ntilde;os en los que mi marido y yo estuvimos venga a luchar y luchar&rdquo;, dice con la voz rota. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vine aqu&iacute; [al grupo de Madres Unidas contra la Droga que se juntaba en Entrev&iacute;as] porque ellos eran los &uacute;nicos que me entend&iacute;an; por aquel entonces la gente, los vecinos, la familia... te culpaban&rdquo;, lamenta al tiempo que su compa&ntilde;era Manuela le da la raz&oacute;n: &ldquo;No solo te culpas t&uacute;, sino que adem&aacute;s te culpaba la gente&rdquo;. A lo que Emiliana responde: &ldquo;&iquest;Sabes lo que me dec&iacute;a yo y lo que me sigo diciendo? Algo tengo que haber hecho mal&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es en ese momento cuando Paquita, que hasta el momento las escuchaba atentamente sin interrumpir, rompe su silencio. &ldquo;No, eso es lo &uacute;ltimo que tienes que pensar&rdquo;, contesta con mucho cari&ntilde;o y total rotundidad. De las tres, Paquita es la &uacute;nica que, como dice Manoli, &ldquo;no ha vivido esta problem&aacute;tica&rdquo; entre sus hijos o familiares. Sin embargo, su lucha ha sido incansable. Por eso ha repetido hasta la saciedad ese mensaje que busca arrancar la culpa y el estigma que pesan sobre las familias de afectados por la droga, un problema que todav&iacute;a hoy perdura.
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                &quot;Esos chicos toxicómanos eran como mis hijos, aún tengo sus cartas&quot;, Paquita Sanjuán.                            </span>
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        El apoyo incondicional de Paquita se fragu&oacute; cuando enviud&oacute;, en el a&ntilde;o 1981, y se involucr&oacute; en la asociaci&oacute;n de vecinos de La Elipa, donde comenz&oacute; atendiendo a personas drogodependientes. De esta manera conoci&oacute; a su gran amiga Manuela, que se deshace en elogios hacia esta hermana que, dice, le ha dado la vida. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La droga es un tema que en ese momento desconoc&iacute;a por completo, pero pronto me di cuenta de que el mismo desconocimiento que ten&iacute;a yo tambi&eacute;n lo ten&iacute;an los afectados, y tambi&eacute;n la Administraci&oacute;n. No hab&iacute;a profesionales formados; los trabajadores sociales, psic&oacute;logos e incluso m&eacute;dicos, todos han aprendido con la experiencia de nuestros chicos&rdquo;, apunta. 
    </p><p class="article-text">
        Paquita se&ntilde;ala as&iacute; a un momento hist&oacute;rico en el que la desinformaci&oacute;n era la primera barrera que resultaba necesario saltar para plantar cara a los horrores que dejaron la droga y la enfermedad del sida.
    </p><p class="article-text">
        Y ese fue uno de sus cometidos: documentarse, aprender y compartir sus conocimientos con el resto de la sociedad. Otro cometido fue mucho m&aacute;s humano, en primera l&iacute;nea, acompa&ntilde;ando a familiares, pero tambi&eacute;n a esos j&oacute;venes que se bat&iacute;an entre la vida y la muerte, deambulando por los m&aacute;rgenes de la sociedad. &ldquo;Son como mis hijos&rdquo;, asegura orgullosa. 
    </p><p class="article-text">
        Paquita cuenta que todav&iacute;a guarda como un tesoro muchas de las cartas que intercambiaba con j&oacute;venes toxic&oacute;manos, que le escrib&iacute;an desde las c&aacute;rceles o bien desde los centros de desintoxicaci&oacute;n. &ldquo;Hab&iacute;a chicos que me dec&iacute;an: &lsquo;Paqui, que mi compa&ntilde;ero de chabolo no tiene a nadie que le escriba&rsquo;, y entonces yo les empezaba a escribir. Cuando sal&iacute;an de la c&aacute;rcel quer&iacute;an conocerme. Las guardo como oro en pa&ntilde;o; eso s&iacute;, ya he avisado de que el d&iacute;a que yo falte las quemen porque esas cartas forman parte de sus memorias, de sus miedos, de su intimidad&rdquo;. Con estas palabras, Paquita defiende hasta en el &uacute;ltimo detalle la dignidad de esa generaci&oacute;n tristemente perdida.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, entre un sinf&iacute;n de an&eacute;cdotas y mucha humildad, Manuela, Emiliana y Paquita comparten en primera persona el camino recorrido. Son incombustibles, pero tambi&eacute;n son conscientes del peso de los a&ntilde;os. Adem&aacute;s, la pandemia de la COVID-19 las ha alejado m&aacute;s de lo que les gustar&iacute;a de su activismo y, como hijas de la posguerra, no toleran que esta crisis sanitaria y social se compare con una guerra. Ya est&aacute;n curtidas, vivieron la epidemia de la hero&iacute;na y el sida. Pero siguen en pie y guardan un mensaje para las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. &ldquo;El apoyo mutuo es el &uacute;nico camino que tiene el mundo para prosperar&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabiola Barranco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/legado-abuelas-droga-vida-pie_1_9208581.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Aug 2022 19:38:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El legado de las abuelas contra la droga, una vida en pie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La revolución de los viejos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tinder también funciona a los 60]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/tinder-funciona-60_1_9208303.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60bd2c3f-d9d4-4ab1-84b5-b415d82288f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tinder también funciona a los 60"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué pasa en la cama a partir de los 60? Aunque el aumento de la esperanza y calidad de vida ha agrandado el espacio vital en el que se puede vivir con plenitud, en el imaginario social esa barrera es el inicio de una vejez en la que el amor y el sexo no parecen centrales. Pero lo son</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        Elba cumpli&oacute; 60 a&ntilde;os en 2021. Con la cifra redonda lleg&oacute; la crisis. &ldquo;Fue como decir: &lsquo;Soy vieja&rsquo; aunque no me sienta vieja. Lo estoy llevando fatal&rdquo;, resume. Uno de los aspectos que contribuyen a esa crisis tiene que ver con el amor y el sexo. Separada por primera vez a los 40 y con tres hijos, nunca hab&iacute;a tenido problema para ligar y encontrar relaciones, espor&aacute;dicas y estables. Pero los 60 han llegado para romper la tendencia: &ldquo;Ahora conoces a alguien, todo bien, despu&eacute;s dices que tienes 60 a&ntilde;os y ya no te vuelven a llamar&rdquo;, dice. Aunque desde su &uacute;ltima separaci&oacute;n ha tenido varias relaciones, Elba siente que los estereotipos le pesan, tambi&eacute;n en lo que a afectos y cuerpos se refiere. &ldquo;Yo quiero seguir activa sexualmente. Y tambi&eacute;n me apetece tener una pareja&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No son frases nada extravagantes, aunque a partir de los 60 tienden a parecerlo. A pesar de que el aumento de la esperanza y de la calidad de vida ha agrandado el espacio vital en el que se puede vivir con plenitud, en el imaginario social la barrera de los 60 es el inicio de una vejez en la que el amor y el sexo no parecen centrales. Aunque lo son, claro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para la gente joven, ver im&aacute;genes de sexo de personas adultas, ya no viejas, de 58 a&ntilde;os, por ejemplo, o verlas morrearse en la calle... les parece una porquer&iacute;a. La sociedad est&aacute; construida como si la sexualidad fuera un asunto estrictamente de gente joven y en periodo reproductivo, todo lo dem&aacute;s se encuentra fuera de foco y de valoraci&oacute;n. Esa construcci&oacute;n no muestra una realidad que, ahora que vivimos tantos a&ntilde;os, existe&rdquo;, se&ntilde;ala la escritora Anna Freixas, autora de &lsquo;Yo, vieja&rsquo; (Capit&aacute;n Swing).
    </p><p class="article-text">
        Los datos avalan esa realidad. En Espa&ntilde;a cada vez hay m&aacute;s gente que se divorcia pasados los 50 a&ntilde;os: en 2013, las separaciones a partir de esa edad supon&iacute;an el 17,9% del total, seg&uacute;n el Instituto Nacional de Estad&iacute;stica (INE); en 2018 ya eran el 27,2%. La media de edad de las personas que deciden disolver su matrimonio tambi&eacute;n ha ido creciendo. En 2006 era de 40,2 a&ntilde;os para las mujeres y de 42,8 para los hombres; en 2018, hab&iacute;a subido a 45,2 y 50,1, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        La Encuesta Continua de Hogares muestra que la proporci&oacute;n de hogares unipersonales en los que la persona est&aacute; divorciada ha aumentado un 94% entre 2013 y 2020, y los de quienes se separan sin pasar por el juzgado, un 83%.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por un lado, la idea de que el matrimonio debe durar toda la vida se ha ido erosionando. Por otro, las bases econ&oacute;micas de los miembros de la pareja han cambiado radicalmente &ndash;explica el soci&oacute;logo y profesor de la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid Gerardo Meil&ndash;. Antes, las mujeres no ten&iacute;an casi independencia econ&oacute;mica; ahora, incluso a edades por encima de los 50 a&ntilde;os est&aacute;n empleadas. Eso implica un empoderamiento para poder definir tu proyecto de vida o dejar una relaci&oacute;n si est&aacute;s insatisfecha. Ahora hay m&aacute;s posibilidades, se han abierto m&aacute;s horizontes&rdquo;. 
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                Riki Blanco                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">La resignaci&oacute;n ya no es un valor</h3><p class="article-text">
        Los cambios en los valores y las ideas, los avances en igualdad &ndash;la anticoncepci&oacute;n, el aborto, el divorcio, o la reivindicaci&oacute;n feminista de la sexualidad y la emancipaci&oacute;n&ndash;, la incorporaci&oacute;n formal de las mujeres al mercado laboral o la paulatina p&eacute;rdida de influencia de la Iglesia cat&oacute;lica son factores que han contribuido a que la vida afectiva y sexual haya cambiado para todas las generaciones, tambi&eacute;n para quienes se educaron en un contexto social muy distinto. 
    </p><p class="article-text">
        La resignaci&oacute;n, prosigue Meil, ha dejado de ser un valor social. En su lugar, en la actualidad se reconoce a los individuos &ldquo;la capacidad de reconstruir sus proyectos de vida&rdquo; y se pone m&aacute;s &eacute;nfasis &ldquo;en la satisfacci&oacute;n con el proyecto vital&rdquo; y no en el control social, como suced&iacute;a antes. Eso incluye la satisfacci&oacute;n en las relaciones. &ldquo;La concepci&oacute;n de las relaciones ahora es que est&aacute;s con alguien para que te aporte felicidad y satisfacci&oacute;n. El matrimonio era una instituci&oacute;n sagrada, incluso para aquellos que no estaban especialmente ligados a la Iglesia&rdquo;, dice el soci&oacute;logo. 
    </p><p class="article-text">
        Anna Freixas ironiza: &ldquo;Si la cadena perpetua son 30 a&ntilde;os, vivir m&aacute;s de 30 a&ntilde;os con una persona tambi&eacute;n puede ser una cadena perpetua. Quiz&aacute;s esa persona estaba genial para un momento de tu trayectoria, pero vivir tanto tiempo con alguien que ha cambiado mientras t&uacute; tambi&eacute;n has cambiado igual ya no es tan divertido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Elba se separ&oacute; del padre de sus hijos cuando ten&iacute;a poco m&aacute;s de 40 a&ntilde;os, despu&eacute;s de 20 de relaci&oacute;n. &ldquo;Esa primera separaci&oacute;n fue tremenda. Somos una generaci&oacute;n que, quieras que no, a&uacute;n fuimos educadas en que el hombre estuviera contento y en ocultar lo que pasaba de puertas para adentro. En ese momento viv&iacute; la vida loca que no hab&iacute;a tenido a los 20 y ligu&eacute; todo lo que quise&rdquo;, recuerda. Su &uacute;ltima relaci&oacute;n, de seis a&ntilde;os, termin&oacute; hace no mucho y la ruptura la ha afectado de una manera diferente: &ldquo;De alguna manera, pens&eacute; que era mi &uacute;ltima pareja, que &iacute;bamos a envejecer juntos. Es algo que tengo medio superado&rdquo;. Fue su hijo quien la anim&oacute; a apuntarse a una red social para ligar. Conoci&oacute; a varios hombres, pero decidi&oacute; salir de la plataforma, que no le convenci&oacute;. &ldquo;Tengo a varias amigas en Tinder, pero dir&iacute;a que ninguna ha encontrado lo que busca&rdquo;, dice. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En España cada vez hay más gente que se divorcia pasados los 50 años: son el 27,2% de las separaciones, cuando en 2013 eran solo el 17,9%</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Rafa, de 59 a&ntilde;os, ha utilizado las redes para conocer mujeres, desde que su pareja muri&oacute; hace casi 11 a&ntilde;os. Ha tenido varias relaciones, la m&aacute;s reciente de cinco a&ntilde;os. Algunas de estas relaciones surgieron a trav&eacute;s de esas plataformas para ligar; pero otras le llegaron a trav&eacute;s de amigos o de su entorno de trabajo. &ldquo;Durante estos a&ntilde;os he tenido relaciones cortas y largas &ndash;relata&ndash;. Yo buscaba parejas estables, ellas en general tambi&eacute;n, pero no es f&aacute;cil. A estas edades ya se tienen h&aacute;bitos y una mochila grande que cada uno llevamos a cuestas; las vivencias que hemos tenido nos afectan&rdquo;. Las complicaciones son diversas: &ldquo;Hab&iacute;a mujeres que no confiaban mucho en los hombres por las experiencias que hab&iacute;an tenido. Yo al principio ten&iacute;a a mi hija de nueve a&ntilde;os y eso absorbe mucho tiempo, claro. Y luego tambi&eacute;n te acostumbras a vivir solo, a hacer lo que te viene en gana, sin dar explicaciones a nadie. Y coartar esa libertad o que te la coarten a ti pues afecta&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Sexo sin convivencia</h3><p class="article-text">
        Para su anterior libro, la escritora Anna Freixas hizo una peque&ntilde;a investigaci&oacute;n con varios cientos de mujeres de entre 50 y 80 a&ntilde;os. &ldquo;Las de 50 y 60 todav&iacute;a cre&iacute;an que pod&iacute;an encontrar relaciones, construir v&iacute;nculos como los que tuvieron en el pasado, aunque estaban un poco enfadadas con lo que la vida les ofrec&iacute;a o lo que la sociedad esperaba de ellas, la dificultad que el mercado heterosexual les planteaba&rdquo;, detalla. Por encima de los 70, las mujeres quer&iacute;an sexo pero de ninguna manera deseaban la convivencia. &ldquo;Lo ideal me parece no convivir &ndash;coincide Rafa&ndash;. Compartir los buenos ratos pero sin necesidad de vivir en la misma casa, que es cuando te tienes que estar adaptando m&aacute;s a otra persona y la otra persona a ti; te evita esos roces&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Otra de las preguntas que Freixas inclu&iacute;a en su cuestionario era si las mujeres deseaban una relaci&oacute;n, y si prefer&iacute;an, en ese caso, tenerla con un hombre o con una mujer. Un porcentaje significativo de las encuestadas respondi&oacute; que preferir&iacute;a a una mujer. &ldquo;15 a&ntilde;os antes no habr&iacute;a obtenido estos resultados, igual que dentro de otros cinco tambi&eacute;n ser&aacute;n diferentes &ndash;afirma Freixas&ndash;. La cuesti&oacute;n es que las mujeres de estas generaciones piensan que se les abre una esperanza de mayor satisfacci&oacute;n er&oacute;tica con otras mujeres. Muchas han vivido en la represi&oacute;n y en la no educaci&oacute;n sexual, en la privaci&oacute;n de un conocimiento acerca de la sexualidad, y ahora se plantean que podr&iacute;an permitirse explorar algo que de j&oacute;venes no pod&iacute;an&rdquo;. Esa apertura mental no sucede en todos los casos, admite Anna Freixas. Resulta imposible para un grupo de mujeres que ha vivido en contextos especialmente encorsetados por la religi&oacute;n y el estigma. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada vez más mujeres redescubren el placer a partir de los 60 años; muchos hombres, por el contrario, sienten temor o desconcierto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El sex&oacute;logo Erick Pescador identifica un aumento de las mujeres que, m&aacute;s all&aacute; de los 60, redescubren su sexualidad y lo hacen por puro placer. &ldquo;Hay m&aacute;s que nunca: son mujeres separadas o viudas que retoman el sexo&rdquo;, confirma el experto. La mayor proximidad con el deseo y el aumento de las ganas de sexo hace que est&eacute;n m&aacute;s dispuestas a variar y a probar pr&aacute;cticas y relaciones.
    </p><p class="article-text">
        En el otro lado de la moneda, el sex&oacute;logo cree que muchos hombres sienten temor o est&aacute;n desconcertados, &ldquo;quiz&aacute; frente al cambio de las mujeres y al reclamo de una sexualidad m&aacute;s consciente &ndash;apunta&ndash;. Hay mujeres de entre 50 y 70 a&ntilde;os que quedan con hombres por Tinder y tienen citas agradables; pero luego, en el sexo, encuentran lo mismo de siempre: hombres muy centrados en el meter y sacar y sin mirada hacia su placer&rdquo;. La viagra, que irrumpi&oacute; a finales de los 90, vino a calmar la inquietud por los problemas de erecci&oacute;n de muchos hombres, pero tambi&eacute;n reforz&oacute; esa idea del coito como parte central del sexo, &ldquo;algo de lo que precisamente muchas mujeres est&aacute;n hartas&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, Pescador apunta tambi&eacute;n a un grupo de hombres que por encima de los 60 a&ntilde;os responde a la p&eacute;rdida de libido o a la disfunci&oacute;n er&eacute;ctil coloc&aacute;ndose de otra manera ante la sexualidad. &ldquo;He tenido en consulta a hombres que estaban preocupad&iacute;simos con el tema de la penetraci&oacute;n y que han empezado a hacer otras cosas, a probar otras pr&aacute;cticas, a introducir juguetes sexuales, a entender que el placer no tiene que ser simult&aacute;neo, a relajarse&hellip;&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Los hijos, m&aacute;s conservadores</h3><p class="article-text">
        Las dificultades para construir la vida afectiva y sexual vienen a veces de los propios hijos, una vez que sus padres se separan. &ldquo;Siempre han visto juntos a los padres y han olvidado que son dos personas que tienen una relaci&oacute;n que puede o no avanzar satisfactoriamente&rdquo;, apunta la profesora de psicolog&iacute;a de la Universidad Oberta de Catalunya Montserrat Lacalle. Aunque las separaciones de amigos y conocidos las viven dentro de la normalidad, no sucede lo mismo cuando se trata de sus propios padres, a los que no perciben como &ldquo;legitimados para cambiar&rdquo;, al menos en el caso de las parejas que aparentemente no han tenido desavenencias graves. 
    </p><p class="article-text">
        Toda separaci&oacute;n comporta una p&eacute;rdida, pero no necesariamente aislamiento. &ldquo;Si la persona cuenta con el apoyo de otros miembros de la familia o tiene una red social con la que relacionarse, no tiene por qu&eacute; aumentar el aislamiento. Pero si estos v&iacute;nculos sociales no han existido o no se fomentan, el riesgo se incrementa&rdquo;, apunta la psic&oacute;loga. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A esa edad, o a cualquier otra, un divorcio ser&aacute; positivo si implica ser consecuente con uno mismo &ndash;asegura Montserrat Lacalle&ndash;, si responde al deseo de la persona, si representa el inicio de una nueva etapa que afronta con ilusi&oacute;n, a pesar de la incertidumbre que siempre puede haber ante una situaci&oacute;n nueva y desconocida&rdquo;. 
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                Riki Blanco                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Ana Requena Aguilar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/tinder-funciona-60_1_9208303.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Aug 2022 19:39:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tinder también funciona a los 60]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La revolución de los viejos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eliminar los estereotipos para reivindicar la vejez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/eliminar-estereotipos-reivindicar-vejez_129_9205376.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b0d7ab9-6517-454b-a7a0-7ca9f00e9e39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eliminar los estereotipos para reivindicar la vejez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha hecho que las personas mayores se convirtieran en foco mediático, revelando así la existencia no solamente de los estereotipos, sino de un lenguaje edadista que se ha naturalizado y normalizado</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        El diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola define &ldquo;vejez&rdquo; de la siguiente manera:
    </p><p class="article-text">
        1. f. Cualidad de viejo. 2. f. Edad senil, senectud. 3. f. Achaques, man&iacute;as, actitudes propias de la edad de los viejos. 4. f. Dicho o narraci&oacute;n de algo muy sabido y vulgar.
    </p><p class="article-text">
        Claramente, esta definici&oacute;n determina una concepci&oacute;n negativa de la vejez, la cual ha penetrado en los discursos sociales y culturales. Si este concepto negativo se repite una y otra vez en el &aacute;mbito p&uacute;blico, lo que se produce y perpet&uacute;a es la discriminaci&oacute;n por edad. De hecho, la edad es la tercera causa de discriminaci&oacute;n en Espa&ntilde;a, &uacute;nicamente superada por la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero y la racial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la discriminaci&oacute;n por edad se la denomina &lsquo;edadismo&rsquo;, un t&eacute;rmino que fue acu&ntilde;ado por Robert Butler en 1969, quien lo defini&oacute; como &ldquo;un proceso de estereotipos y discriminaci&oacute;n sistem&aacute;tico contra las personas por ser mayores&rdquo;. El edadismo se considera parte del sistema social cuyos miembros desarrollan desde una edad temprana un concepto negativo del envejecimiento; es decir, un edadismo interiorizado. Asimismo, los discursos sociales hegem&oacute;nicos han retratado la vida tras la jubilaci&oacute;n como un tiempo de decrepitud, fragilidad, dependencia, p&eacute;rdida de vigor sexual, aislamiento social, pasividad, falta de atractivo f&iacute;sico e improductividad. Esta homogeneizaci&oacute;n negativa del envejecimiento es la que resulta necesario eliminar para evitar la discriminaci&oacute;n de las personas mayores.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es necesario tambi&eacute;n indicar que existe un edadismo interiorizado, el cual se produce cuando los estereotipos por edad contribuyen a una discriminaci&oacute;n tanto hacia uno mismo como hacia los dem&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este edadismo tambi&eacute;n es intergeneracional y afecta a la percepci&oacute;n que las personas mayores tienen de los/las j&oacute;venes y ni&ntilde;os/as y viceversa. Por ejemplo, a los j&oacute;venes tambi&eacute;n se los homogeneiza con caracter&iacute;sticas tales como que son irresponsables, incultos, conflictivos o vagos, entre otras. De la misma manera, las personas j&oacute;venes interiorizan los estereotipos sobre la vejez de tal modo que cuando llegan a ser mayores suelen tener una percepci&oacute;n negativa de aquellas personas que son m&aacute;s mayores, de m&aacute;s edad. En vez de avivar el conflicto generacional (por ejemplo, el que resulta de culpar a los &lsquo;baby boomers&rsquo; de la precariedad laboral que sufren los j&oacute;venes y de la hucha de pensiones, o a los j&oacute;venes de los repuntes en contagios durante las &uacute;ltimas olas de la COVID-19), se deber&iacute;a fomentar la solidaridad entre las distintas generaciones y as&iacute; ayudar a eliminar este edadismo interiorizado y resolver el conflicto intergeneracional que crea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como la definici&oacute;n de la RAE pone de manifiesto, el lenguaje tanto escrito como visual tiene el poder de fijar los estereotipos, los prejuicios y la discriminaci&oacute;n de las personas mayores. Este edadismo emerge en el &aacute;mbito social de muchas maneras; por ejemplo, en la forma en que nos dirigimos a las personas mayores: llamarles viejos/viejas, ancianos/ancianas, abuelos/abuelas o yayos/yayas es edadismo. Hablar de residencias de ancianos o asilos es tambi&eacute;n edadismo; como tambi&eacute;n lo es dirigirnos a las personas mayores usando diminutivos o infantiliz&aacute;ndoles. Dar por hecho que las personas mayores no entienden de lo que hablamos es edadismo, as&iacute; como pensar que no pueden aprender cosas nuevas ni enfrentarse a las nuevas tecnolog&iacute;as. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha hecho que las personas mayores se convirtieran en foco medi&aacute;tico, revelando as&iacute; la existencia no solamente de los estereotipos, sino de un lenguaje edadista que se ha naturalizado y normalizado. Es m&aacute;s, a pesar de que existe una gu&iacute;a, &lsquo;El uso del lenguaje frente al edadismo y los estereotipos&rsquo;, respaldada por el Imserso, durante la pandemia no hemos dejado de o&iacute;r y leer una y mil veces palabras como viejos/viejas, ancianos/ancianas, abuelos/abuelas, yayos/yayas, dependientes, jubilados/jubiladas, pensionistas, nuestros mayores, etc&eacute;tera. Incluso las fotograf&iacute;as que acompa&ntilde;aban a las noticias revelan la deshumanizaci&oacute;n a la que se ven sometidas las personas mayores al mostrar una parte de su cuerpo, generalmente las manos (y normalmente de mujer), sosteniendo en muchas ocasiones un bast&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; las manos para mostrar a las personas mayores? &iquest;Es que la vejez no es digna de ser mirada? &iquest;Solamente lo joven puede ser retratado? &iquest;Es que todas las personas mayores necesitan un bast&oacute;n?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las agendas neoliberales de austeridad han puesto de relieve una pol&iacute;tica de envejecimiento activo o exitoso con el objetivo de, por una parte, retrasar los costes m&eacute;dicos que para las arcas estatales pueda suponer el envejecimiento de la poblaci&oacute;n, y de, por otra, abrir un sinn&uacute;mero de espacios de mercado para el consumo de las personas mayores. En este sentido, la actividad f&iacute;sica (gimnasios), la actividad sexual (Viagra), el turismo, el ocio, los cosm&eacute;ticos, las cirug&iacute;as est&eacute;ticas... se convierten en productos de consumo que favorecen y apoyan tanto un envejecimiento saludable como la concepci&oacute;n de la vejez como un espacio de consumo. Sin embargo, este envejecimiento activo lo que hace es enfatizar que envejecer de manera positiva se circunscribe a las clases con poder adquisitivo medianamente alto.
    </p><p class="article-text">
        La importancia dada al envejecimiento positivo ha llevado a una distinci&oacute;n entre la tercera edad y la cuarta edad. La tercera edad del neoliberalismo se caracteriza como la edad de la jubilaci&oacute;n en la que destacan el ocio, la autorrealizaci&oacute;n, la salud y el compromiso social. En la tercera edad somos mayores, pero no &lsquo;viejos&rsquo;, con lo que la independencia se mantiene. Por el contrario, la cuarta edad implica la falta de autonom&iacute;a e individualidad y la presencia de una muerte inminente. En la cuarta edad las personas mayores son despojadas del capital social y cultural y desplazadas a las residencias de mayores o relegadas a la reclusi&oacute;n en el espacio de la casa. Obviamente, este &eacute;nfasis que se pone en la productividad y en el envejecimiento exitoso deja a los enfermos cr&oacute;nicos, a las personas discapacitadas o a las que prefieren no ser activas o no pueden serlo por cuestiones econ&oacute;micas como un problema para la sociedad, debido a su complacencia con ser &lsquo;viejos&rsquo;; de ah&iacute; que se les aparte y discrimine.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La soledad no deseada de las personas mayores es un gran problema social en Espa&ntilde;a. Seg&uacute;n el INE, en 2020 2.131.400 personas mayores de 65 a&ntilde;os viv&iacute;an solas, de las cuales 1.511.000 eran mujeres. Por edad, el 44,1% de las mujeres mayores de 85 a&ntilde;os viv&iacute;an solas, frente al 24,2% de los hombres. La soledad no deseada se produce cuando no se escoge, sino que se impone, pudiendo afectar a nuestro bienestar y estado de salud. La discriminaci&oacute;n, los prejuicios y los estereotipos son factores determinantes de la soledad no deseada, de ah&iacute; la urgencia en cambiar la percepci&oacute;n de la vejez y del envejecimiento. La labor que diversas ONG (Amigos de los Mayores, Fundaci&oacute;n Pilares, Envejecimiento en Red o Matia Fundazioa) est&aacute;n llevando a cabo para acompa&ntilde;ar a personas mayores, desarrollar su capacidad creativa y propiciar su participaci&oacute;n social es fundamental. Tal y como reivindican estas ONG, es necesario un nuevo modelo de acompa&ntilde;amiento y de cuidados en el que se reconozcan y se prioricen el empoderamiento, la identidad individual y la autonom&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, las personas mayores tienen derecho a tomar decisiones por s&iacute; mismas, a potenciar sus relaciones sociales y a obtener prestaciones m&eacute;dicas no discriminatorias que afirmen su dignidad como seres humanos. Por esos motivos, lograr que los derechos humanos de las personas mayores sean respetados debe ser un objetivo primordial de cualquier pol&iacute;tica social.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raquel Medina Bañón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/eliminar-estereotipos-reivindicar-vejez_129_9205376.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Aug 2022 20:03:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[La revolución de los viejos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gran reto de extender la vida humana: una historia de avances y decepciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/gran-reto-extender-vida-humana-historia-avances-decepciones_1_9208529.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a5c669b-c1ed-4436-8b1d-5cd8b4e90e55_16-9-discover-aspect-ratio_default_1053787.jpg" width="4961" height="2791" alt="Por ahora, nada indica que el aumento constante en la esperanza de vida mundial tenga un límite, ¿pero podría tenerlo en un futuro próximo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En pocos siglos, la esperanza de vida del ser humano ha saltado de los 40 años a los 73, y algunos supercentenarios han alcanzado la cota (al parecer) máxima de nuestra longevidad: 120 años. ¿Podríamos llegar más allá? La ciencia trabaja para encontrar respuestas</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a que el coraz&oacute;n de Jeanne Calment dej&oacute; de latir, esta mujer francesa marc&oacute; un hito extremadamente dif&iacute;cil de superar. Jeanne, la persona m&aacute;s longeva (documentada) de la historia de la humanidad, fallec&iacute;a con 122 a&ntilde;os y 164 d&iacute;as en 1997. No se trataba exclusivamente de un logro individual y aislado, sino que era la c&uacute;spide de una tendencia colectiva. Desde hace m&aacute;s de medio siglo, el n&uacute;mero de supercentenarios, aquellos que han superado la barrera biol&oacute;gica de los 110 a&ntilde;os, se ha multiplicado en el mundo. Este fen&oacute;meno no responde solo al aumento de la poblaci&oacute;n humana global, sino que est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado con el progresivo aumento de la esperanza de vida del ser humano en todo el planeta. As&iacute;, se estima que en este momento existen cientos de supercentenarios pis&aacute;ndole los talones a Calment.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Jeanne Calment, que murió en 1997 con 122 años, es la persona más longeva documentada. Pero cientos de supercentenarios le pisan los talones</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hoy podr&iacute;a resultarnos una idea dif&iacute;cil de concebir pero, hace apenas unos pocos siglos, lo normal para cualquier persona era no llegar a los 40 a&ntilde;os. En la actualidad, sin embargo, la esperanza de vida global se sit&uacute;a en torno a los 73, con grandes diferencias entre naciones (desde los 86 a&ntilde;os de Singapur hasta los 51 de Lesoto). Este feliz y dr&aacute;stico cambio en la demograf&iacute;a humana no habr&iacute;a sido posible sin la ayuda de numerosos avances que fueron apareciendo a partir del siglo XIX.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la mortalidad por multitud de enfermedades infecciosas cay&oacute; en picado gracias a la higiene conseguida por el alcantarillado o la potabilizaci&oacute;n de las aguas. M&aacute;s tarde, la aparici&oacute;n de las vacunas supuso el principio del fin de epidemias que hab&iacute;an azotado a los humanos durante milenios (como la viruela) y los antibi&oacute;ticos evitaron que multitud de infecciones bacterianas se convirtieran en sentencias de muerte. Las mejoras en diversas facetas de la vida diaria, como la alimentaci&oacute;n, las estrategias de salud p&uacute;blica para la prevenci&oacute;n de diversas enfermedades o la atenci&oacute;n sanitaria contribuyeron a&uacute;n m&aacute;s a extender la esperanza de vida por el mundo.
    </p><h3 class="article-text">La ruta hacia la longevidad</h3><p class="article-text">
        Por ahora, nada indica que el aumento constante en la esperanza de vida mundial tenga un l&iacute;mite (aunque la pandemia de COVID-19 haya supuesto un bache en el camino), &iquest;pero podr&iacute;a tenerlo en un futuro pr&oacute;ximo? &iquest;Existe una barrera biol&oacute;gica infranqueable que nos impida superar cierta edad? Esta pregunta se ha repetido en innumerables ocasiones entre los cient&iacute;ficos y a&uacute;n hoy sigue dando lugar a un intenso debate: no hay todav&iacute;a una respuesta clara y contundente, debido a los limitados datos con los que contamos. A un lado, est&aacute;n los investigadores que defienden que existe un l&iacute;mite en la edad que puede alcanzar una persona (que se situar&iacute;a en torno a los 120 a&ntilde;os). En el otro, se encuentran aquellos que afirman que no existe una barrera biol&oacute;gica concreta.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo que sabemos con certeza en este asunto es que la persona m&aacute;s longeva documentada vivi&oacute; 122 a&ntilde;os y 164 d&iacute;as y que desde 1997 nadie ha conseguido batir este r&eacute;cord biol&oacute;gico, por ahora. M&aacute;s all&aacute; de este dato clave, la investigaci&oacute;n de centenarios y supercentenarios nos ha dado pistas interesantes sobre qu&eacute; factores son importantes en el proceso de envejecer.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, las mujeres cuentan con una ventaja indiscutible en el terreno de la longevidad extrema. El 80% de las personas centenarias y el 90% de las supercentenarias son mujeres. Este fen&oacute;meno no se debe solo a diferencias en estilos de vida (por ejemplo: los hombres suelen consumir m&aacute;s alcohol y tabaco), sino tambi&eacute;n a factores gen&eacute;ticos (presencia de doble cromosoma X) y hormonales (estr&oacute;genos). M&aacute;s all&aacute; del sexo biol&oacute;gico, los supercentenarios parecen tener pocos rasgos en com&uacute;n exceptuando dos detalles importantes: ninguno de ellos hab&iacute;a sido obeso y la absoluta mayor&iacute;a no era fumadora o fumaba muy poco.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, las investigaciones m&aacute;s recientes indican que hay dos factores esenciales que tienen un gran peso a la hora de determinar nuestra potencial longevidad: los genes y los estilos de vida. As&iacute;, alcanzar los 70-75 a&ntilde;os depende en un 70% de nuestros h&aacute;bitos relacionados con la salud: pr&aacute;ctica de ejercicio f&iacute;sico, dieta, estr&eacute;s, calidad del sue&ntilde;o, consumo de sustancias t&oacute;xicas... Sin embargo, conforme se van cumpliendo m&aacute;s a&ntilde;os, el peso de los estilos de vida va siendo cada vez menor. De esta forma, sobrepasar los 100 a&ntilde;os de edad es una haza&ntilde;a que pasa a depender principalmente de los genes (en un 70%). Es decir, en la &ldquo;loter&iacute;a&rdquo; de la longevidad humana hay ciertas personas que cuentan con muchas m&aacute;s papeletas, desde el nacimiento, para convertirse en centenarias o supercentenarias.
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                    alt="Todo lo que sabemos con certeza en este asunto es que la persona más longeva documentada vivió 122 años y 164 días y que desde 1997 nadie ha conseguido batir este récord biológico."
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                Todo lo que sabemos con certeza en este asunto es que la persona más longeva documentada vivió 122 años y 164 días y que desde 1997 nadie ha conseguido batir este récord biológico.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">La clave est&aacute; en el ADN</h3><p class="article-text">
        En cualquier caso, a&uacute;n queda mucho por descubrir en el terreno de la gen&eacute;tica de las personas m&aacute;s ancianas, pero vamos poco a poco aprendiendo m&aacute;s detalles. Por ejemplo, parece que los individuos que poseen ciertas variantes de genes encargados de la reparaci&oacute;n de da&ntilde;os del ADN est&aacute;n m&aacute;s protegidos frente a enfermedades asociadas al envejecimiento. Esto probablemente se debe a que las mutaciones en sus c&eacute;lulas se reparan de forma m&aacute;s efectiva, retrasando los efectos del envejecimiento.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, varios multimillonarios de Silicon Valley, entre los que destacan Larry Page (cofundador de Google), Jeff Bezos (fundador de Amazon) o Peter Thiel (cofundador de Paypal), se han decidido a invertir parte de su fortuna en la investigaci&oacute;n de la extensi&oacute;n de la vida humana. Estas acciones suponen un gran impulso financiero a un campo de la ciencia que ha tenido hasta hace poco escasa relevancia, a pesar de que las sociedades occidentales con un envejecimiento progresivo lo miran cada vez con mayor inter&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Conseguir tratamientos que logren no solo sumar a&ntilde;os a la vida sino tambi&eacute;n a&ntilde;adir vida saludable a los a&ntilde;os ser&iacute;a un gran alivio para las poblaciones que en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas sufrir&aacute;n el gran impacto de las enfermedades asociadas a la edad como el alzh&eacute;imer, el c&aacute;ncer, la artrosis, los ictus e infartos, la osteoporosis...
    </p><h3 class="article-text">El sue&ntilde;o: vivir lo m&aacute;ximo posible</h3><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hemos aprendido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas sobre la longevidad? La moraleja del conjunto de investigaciones cient&iacute;ficas podr&iacute;a resumirse de la siguiente manera: Ahora sabemos mucho m&aacute;s sobre los complejos procesos moleculares que est&aacute;n detr&aacute;s del envejecimiento, hasta tal punto que podemos extender de forma considerable la vida de multitud de animales de laboratorio, incluyendo a gusanos, moscas, ratones, ratas... Sin embargo, este &eacute;xito es, por ahora, esquivo en los seres humanos. &iquest;Por qu&eacute;? Un factor clave en esta historia es la diferente biolog&iacute;a entre dichos animales y nosotros. Algunos cient&iacute;ficos proponen que quiz&aacute;s los humanos ya contamos de por s&iacute; con una esperanza de vida bastante amplia, comparada con otras muchas especies, y, por tanto, el margen de maniobra que tenemos para expandir la vida humana es peque&ntilde;o. No obstante, esta posible explicaci&oacute;n es solo una peque&ntilde;a parte de los m&uacute;ltiples obst&aacute;culos en el camino para aumentar nuestra longevidad.
    </p><p class="article-text">
        La absoluta mayor&iacute;a de los diferentes tratamientos que se han aplicado a modelos animales para alargar de forma extraordinaria su vida son totalmente experimentales y su aplicaci&oacute;n en el ser humano no estar&iacute;a, hoy por hoy, justificada para este incierto fin. Muchas son terapias muy arriesgadas, con potenciales efectos adversos graves. Precisamente por eso, y porque estos tratamientos no se usar&iacute;an para tratar a personas que sufren enfermedades, sino a individuos sanos, los comit&eacute;s &eacute;ticos no aprobar&iacute;an a&uacute;n el uso de casi ninguno de ellos en ensayos cl&iacute;nicos. As&iacute;, las modificaciones gen&eacute;ticas para expandir los tel&oacute;meros (extremos de los cromosomas) o para activar o silenciar genes espec&iacute;ficos, que han tenido mucho &eacute;xito al alargar la vida de diversos animales, no son una opci&oacute;n, por ahora, en los humanos. Otras estrategias, como administrar ciertos f&aacute;rmacos que destruyen las c&eacute;lulas envejecidas (llamados f&aacute;rmacos senol&iacute;ticos) o que activan/inhiben ciertas rutas moleculares, tambi&eacute;n cosechan muy buenos resultados en los animales de laboratorio, pero a&uacute;n es pronto para trasladar muchas de sus aplicaciones a los humanos por las inc&oacute;gnitas que las rodean. No obstante, existen varias excepciones, entre las que destaca la rapamicina.
    </p><p class="article-text">
        La rapamicina es un f&aacute;rmaco muy peculiar descubierto en la isla de Pascua. Esta mol&eacute;cula inhibe una prote&iacute;na con multitud de funciones llamada mTOR y se ha usado ampliamente en medicina como f&aacute;rmaco inmunosupresor, para evitar el rechazo de &oacute;rganos trasplantados. Adem&aacute;s, m&uacute;ltiples investigaciones en el laboratorio han comprobado que la administraci&oacute;n cr&oacute;nica de rapamicina frena el envejecimiento y reduce el riesgo de c&aacute;ncer en animales. La larga experiencia de uso cl&iacute;nico de este f&aacute;rmaco y los alentadores resultados conseguidos en varias especies animales han permitido que se apruebe su uso en ensayos cl&iacute;nicos a dosis bajas con el fin de frenar el envejecimiento. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Alcanzar los 75 años depende, en un 70%, de nuestros hábitos. Pero la hazaña de convertirse en centenario es, sobre todo, responsabilidad de los genes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Todav&iacute;a es pronto para saber si la rapamicina es beneficiosa (los ensayos realizados cuentan con pocos participantes, son de corta duraci&oacute;n y est&aacute;n en fases 1 y 2), pero se trata de una de las mol&eacute;culas m&aacute;s prometedoras en la actualidad para frenar el envejecimiento. Muchos otros compuestos, como vitaminas y diferentes antioxidantes, han ido fracasando en los &uacute;ltimos tiempos a la hora de ofrecer beneficios para la salud a corto plazo, por lo que nada indica que vayan a ayudar frente al envejecimiento. Otros f&aacute;rmacos que tambi&eacute;n se est&aacute;n investigando para averiguar su efectividad cl&iacute;nica son la metformina (usada en medicina para tratar la diabetes), medicamentos senol&iacute;ticos como el dasatinib (empleado contra el c&aacute;ncer) y antioxidantes como la quercetina.
    </p><p class="article-text">
        Otro detalle pr&aacute;ctico que dificulta en gran medida conocer si una terapia es efectiva para retrasar el envejecimiento en el ser humano es precisamente nuestra larga esperanza de vida. En el laboratorio se emplean animales que suelen tener esperanzas de vida de semanas, meses o escasos a&ntilde;os, por lo que es sencillo y r&aacute;pido comprobar si una determinada estrategia tiene &eacute;xito en expandir su vida. En los humanos, que pueden vivir m&aacute;s all&aacute; de 70-80 a&ntilde;os, todo se vuelve irremediablemente lento y es mucho m&aacute;s complicado averiguar si algo es efectivo o no para retrasar el envejecimiento. De hecho, es posible que hoy contemos con medidas que podr&iacute;an ser &uacute;tiles para extender la vida en el ser humano, pero no podemos saberlo con certeza porque no ha pasado suficiente tiempo como para confirmarlo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestra larga esperanza de vida hace difícil saber si una terapia antienvejecimiento funciona: necesitamos muchos años para comprobarlo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Una estrategia que podr&iacute;a, quiz&aacute;s, resultar eficaz para retrasar hasta cierto punto el envejecimiento es la restricci&oacute;n cal&oacute;rica (reducci&oacute;n de las calor&iacute;as consumidas en comparaci&oacute;n con una dieta normal). Gracias a una ingesta cal&oacute;rica limitada, se ha conseguido que m&uacute;ltiples especies animales extiendan su vida de forma significativa. Sin embargo, los beneficios a largo plazo de restringir las calor&iacute;as de la dieta en humanos son un misterio, por la sencilla raz&oacute;n de que a&uacute;n no ha pasado suficiente tiempo en los ensayos cl&iacute;nicos que se est&aacute;n realizando para averiguarlo.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Las calor&iacute;as importan?</h3><p class="article-text">
        Aunque no sabemos todav&iacute;a si la restricci&oacute;n cal&oacute;rica u otras dietas restrictivas, como por ejemplo el ayuno intermitente, tienen alguna utilidad para frenar el envejecimiento, s&iacute; se est&aacute;n viendo en estudios cl&iacute;nicos ciertos indicios de beneficios para la salud. Por ejemplo: despu&eacute;s de reducir un 15% la ingesta cal&oacute;rica en individuos durante dos a&ntilde;os, se observ&oacute; que el estr&eacute;s oxidativo disminu&iacute;a. Este dato podr&iacute;a resultar importante, pues el estr&eacute;s oxidativo est&aacute; implicado en multitud de enfermedades asociadas al envejecimiento. Por otro lado, tambi&eacute;n se ha visto que este tipo de dieta era efectivo a la hora de reducir el riesgo de dep&oacute;sitos de l&iacute;pidos en los vasos sangu&iacute;neos (un proceso denominado aterosclerosis).
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, mientras las investigaciones con animales y los ensayos en humanos siguen su curso, las opciones que tenemos a nuestra disposici&oacute;n para poner freno al envejecimiento, o al menos envejecer con m&aacute;s salud, no son precisamente vanguardistas, pero s&iacute; ampliamente recomendadas: ejercicio f&iacute;sico frecuente, dieta saludable, limitaci&oacute;n del estr&eacute;s diario, buena calidad del sue&ntilde;o y nada de consumo de alcohol, tabaco y otras drogas. Puede que estas acciones no nos garanticen vivir m&aacute;s all&aacute; de los 110 a&ntilde;os (para ello, los genes tienen que estar de nuestro lado), pero s&iacute; incrementar&aacute;n las posibilidades de vivir m&aacute;s y mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Samper]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/gran-reto-extender-vida-humana-historia-avances-decepciones_1_9208529.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Aug 2022 19:15:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gran reto de extender la vida humana: una historia de avances y decepciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La revolución de los viejos,Ciencia,Personas mayores,Ancianos,Salud]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Crónicas desde la línea de meta: motivación, felicidad e inquietud en las etapas avanzadas de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/cronicas-linea-meta-motivacion-felicidad-e-inquietud-etapas-avanzadas-vida_1_9208243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e05e365-a283-42d1-8705-2758feef76a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crónicas desde la línea de meta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay muchas formas de vivir las etapas avanzadas de la vida, y estos testimonios son solo una pequeña muestra: seis hombres y mujeres (jubilados, trabajadores, estudiantes, artistas) relatan qué les motiva, qué les preocupa y qué les hace felices hoy, en sus años de madurez</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        Agust&iacute;n Zamarr&oacute;n, a sus 75 a&ntilde;os, vive una segunda vida, una segunda carrera, como dice, convertido en el imprevisto diputado m&aacute;s mayor del Congreso. Con la misma edad, la Tati, c&eacute;lebre bailaora flamenca de Madrid, sigue acudiendo a impartir clases a sus alumnas en la escuela Amor de Dios. Le queda un a&ntilde;o a&uacute;n para colgar los zapatos de baile, aunque no quiere retirarse. En cambio, Paulino Ramos, de 65, cuenta ya las horas para dejar por fin el restaurante al que ha dedicado su vida. Tiene tantas cosas pendientes por hacer que lo necesita; entre ellas, estudiar. Eso hace a diario Benedicta Mart&iacute;nez, de 70 a&ntilde;os, matriculada en la Universidad para Mayores. Las dos caras de la vejez las muestran Andr&eacute;s Jim&eacute;nez, de 82, un abuelo feliz con sus seis nietos, y Manuela del Castillo, de 92, con una cabeza y memoria prodigiosas que no le impiden reflexionar sobre lo sola que se siente. Seis realidades diferentes de una etapa de la vida que cuenta con muchas modalidades m&aacute;s&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Zamarr&oacute;n lleg&oacute; al Congreso hace dos a&ntilde;os, en tren, desde Miranda de Ebro, donde vive, atus&aacute;ndose su barba valleinclanesca y dejando atr&aacute;s, como dice &eacute;l, la vida monacal que hab&iacute;a hecho siempre. M&eacute;dico de carrera, su d&iacute;a a d&iacute;a fueron durante d&eacute;cadas sus pacientes, su familia y el estudio, siempre el estudio, pasi&oacute;n compartida con su esposa. En 2019 no es que decidiera presentarse en las listas por Burgos del PSOE, sino que &ldquo;acept&oacute; hacerlo&rdquo;, afirma, porque se lo propusieron y porque &ldquo;cuando a uno lo llaman para representar sus ideas no puede oponerse&rdquo;. Hoy, dos a&ntilde;os y medio despu&eacute;s, Zamarr&oacute;n, esdr&uacute;julo y did&aacute;ctico como un profesor de literatura, que cita reincidente y pasionalmente a Antonio Machado, afable y conversador vehemente, siente que ha vivido dos vidas. A sus 75 a&ntilde;os es el pol&iacute;tico de m&aacute;s edad del Congreso, y un hombre que considera que se le ha dado &ldquo;la oportunidad de vivir hechos nuevos en la vejez&rdquo;; tambi&eacute;n, la de jubilarse dos veces &ldquo;y rara vez la gente tiene esa suerte&rdquo;. Pero, sobre todo, ha tenido la oportunidad de volver &ldquo;a servir a mi naci&oacute;n&rdquo;, como dice que ya hizo en su juventud, en ese territorio hoy propiedad de la memoria que fue el servicio militar. Cuenta Zamarr&oacute;n, que preside la Comisi&oacute;n de Cultura de la c&aacute;mara, que sus compa&ntilde;eros de partido lo llaman &ldquo;don Agust&iacute;n&rdquo;. &Eacute;l les agradece el don, aunque le suena raro. Pero agradece m&aacute;s todav&iacute;a la &ldquo;condescendencia y el amor&rdquo; con los que lo tratan. &ldquo;Y que me escuchen y me soporten, porque son tolerantes con mi pesadez y con mis defectos&rdquo;, afirma con una sonrisa asomando bajo la tupida barba. &ldquo;Todos tenemos defectos, s&iacute; &ndash;reconoce&ndash;. Pero yo no los disimulo ya&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Zamarr&oacute;n no tiene colegas de su generaci&oacute;n en un hemiciclo en el que la edad media es inferior a 50 a&ntilde;os, pero confiesa sentirse igualmente representado all&iacute; porque &ldquo;la juventud o la vejez est&aacute;n en el esp&iacute;ritu, no en la cronolog&iacute;a. A lo mejor uno, por haber vivido, cree saberlo todo. Pero, como dijo don Antonio: en mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad&rdquo;. S&iacute; echa en falta, concede, un debate m&aacute;s amplio sobre las personas mayores; que no se quede todo en las pensiones. &ldquo;Se nos hace menores. La pensi&oacute;n est&aacute; bien, pero me suena a cuando, con siete a&ntilde;os, me daban la paguita, que tambi&eacute;n estaba bien. Hay que luchar para que lleguemos a edades mayores con mayor salubridad, salud y proyecci&oacute;n&rdquo;. Zamarr&oacute;n vive de martes a viernes en Madrid y regresa el fin de semana a Miranda, con su esposa, a su a&ntilde;orada y ahora aplazada vida monacal de la jubilaci&oacute;n y a esas lecturas con las que ha llenado, y sigue haci&eacute;ndolo, su vida. Recientemente, cuenta, ha rele&iacute;do al Arcipreste de Hita y esa idea de que el mayor vicio que existe es la codicia. Haci&eacute;ndolo, se ha percatado de que en su nueva vida en el Congreso, como en la anterior, ha mantenido siempre una &ldquo;carencia muy valorable: no he tenido nunca ambici&oacute;n&rdquo;. Eso le ha permitido siempre, cuenta tambi&eacute;n, encontrarse consigo mismo. 
    </p><p class="article-text">
        A sus 92 a&ntilde;os, Manuela del Castillo es un portento de memoria y de locuacidad. Sin pararse apenas a respirar, cuenta la historia de su familia, desde sus antepasados que llegaron de Sevilla a Madrid hasta el trabajo actual de sus nueve sobrinos; viaja a un Madrid, el de su infancia, que era todo campo, y a un Vallecas, el barrio donde naci&oacute; y donde sigue viviendo, en el que eran todos como familia; narra la vida de artistas que hoy son calle o estatua; y entrelaza, a pinceladas, los retales de una vida, la suya, en la que creci&oacute; pasando hambre pero odiando la fruta &ndash;a&uacute;n hoy la odia&ndash;, trabajando 40 a&ntilde;os como ayudante de cocina hasta que se jubil&oacute;, agotada, a los 60, y teniendo un novio, Paco, durante 12 a&ntilde;os, con el que finalmente, contra pron&oacute;stico, contra los tiempos, contra todo, parece, no se cas&oacute; para ser finalmente soltera y, como confiesa, nunca arrepentirse ni pensar demasiado en ello. Manuela se va por las ramas de su &aacute;rbol geneal&oacute;gico y de ah&iacute; salta a fechas, lugares, emociones y hechos en todas direcciones hasta que, sorprendentemente, como una equilibrista deslumbrante, termina aterrizando en el punto donde comenz&oacute; y cerrando el c&iacute;rculo del recuerdo. Pero hay en todos esos c&iacute;rculos que traza una idea recurrente y punzante que Manuela repite. Se siente, cuenta, muy sola. &ldquo;A todo el que he podido he echado una mano y durante a&ntilde;os he cuidado de much&iacute;sima gente, desde mi familia hasta, incluso, la de mi exnovio. Y no me pesa, pero no he recibido nada y ahora no tengo a nadie&rdquo;, se lamenta. 
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                &quot;Durante años cuidé de todos; ahora no tengo a nadie&quot;, Manuela del Castillo, 92 años. Jubilada.                            </span>
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        Se asoma al descansillo del piso donde vive &ndash;por el que paga 600 &euro; de los 900 que cobra de pensi&oacute;n, con la que llega a fin de mes gracias a la ayuda que le da un sobrino&ndash;; dice que no sabe qui&eacute;n vive alrededor ni a qui&eacute;n pedir ayuda si le pasa algo, porque ahora no solo no se conocen los vecinos, sino que ni siquiera le dan confianza. Manuela lleva una pulsera de asistencia, &ldquo;el bot&oacute;n&rdquo;, como lo llama, para pedir ayuda si la necesita. Lo ha pulsado en varias ocasiones porque se ha ca&iacute;do &ldquo;muchas veces&rdquo; y el bot&oacute;n palia el miedo a que vuelva a pasar. Cada semana recibe, adem&aacute;s, a Mayte, voluntaria de la ONG Grandes Mayores, que le hace una grieta a la soledad viscosa en la que vive. Manuela del Castillo, cuentan los responsables de la ONG, es un perfil recurrente en Espa&ntilde;a: una anciana que ha sobrevivido a todos y que vive sola, que ha cuidado toda su vida y que ahora se encuentra sin atenci&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; le hace feliz? &ldquo;Pensar en una muerte buena. Algo instant&aacute;neo. Porque con los a&ntilde;os que tengo pienso que me tengo que morir...&rdquo;. &iquest;Piensa mucho en ello? &ldquo;S&iacute;, porque son tantas horas sola...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es lunes, dos de la tarde, y Francisca Sadornil, &lsquo;la Tati&rsquo;, sale renqueante del estudio n&uacute;mero 2 de la escuela de baile flamenco Amor de Dios de Madrid. Acaba de impartir una clase de tres horas y est&aacute; agotada. El zapateo de las aulas contiguas atruena los pasillos. &ldquo;&iexcl;Esto parece una carpinter&iacute;a!&rdquo;, se queja. La Tati a&ntilde;ora ese flamenco, el suyo, el de siempre, el que aprendi&oacute; desde ni&ntilde;a en el barrio del Rastro, el que bail&oacute; durante d&eacute;cadas en tablaos y teatros por todo el mundo, que no era tanta &ldquo;gimnasia&rdquo;, como dice, tanto virtuosismo de piernas y pies. &ldquo;Yo soy una de las que empezaron a ense&ntilde;ar el flamenco agitanado, el del tablao. Antes era todo m&aacute;s de academia. Pero en mi &eacute;poca comenzamos a venir a dar clases los gitanos y los genuinos, los que ven&iacute;amos de los tablaos. Era siempre un flamenco m&aacute;s de inspiraci&oacute;n que de contar los n&uacute;meros del comp&aacute;s &ndash;cuenta&ndash;. A&uacute;n hoy, cada vez que bailo es diferente. Mira, yo si me miro al espejo y me veo dos d&iacute;as la misma cara, me aburro. Me tengo que pintar un ojo, cambiar el peinado, algo&hellip; &iquest;Por qu&eacute; te crees que estoy viva? Pues porque no me aburro&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">La Tati sigue bailando, pero no por el dinero, sino por necesidad espiritual: quiere saber que puede hacerlo, que aún puede dar algo a sus alumnas

</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La Tati anda pensando ya en &ldquo;cortarse la coleta&rdquo;, como dice. Quiere hacerlo el a&ntilde;o que viene, sobre los escenarios, con un espect&aacute;culo al que ya le da vueltas. Tambi&eacute;n se retirar&aacute; de las clases diarias, aunque planea seguir dando algunas especiales. &ldquo;Yo porque soy una superdotada, porque con mi edad no hay nadie bailando, al menos con mi cabeza, mi figura y mi equilibrio. Todos los dem&aacute;s se han muerto o se han ido&rdquo;, afirma orgullosa. La Tati es una leyenda del baile flamenco en Madrid. M&aacute;s que eso, casi un unicornio. A sus 75 a&ntilde;os sigue acudiendo a dar clase a Amor de Dios, donde empez&oacute; a ser maestra de otros bailaores en 1976. Desde entonces, dice, &ldquo;he trabajado much&iacute;simo, pero esta academia ha sido siempre mi cuartel general&rdquo;. La Tati se ha pasado seis d&eacute;cadas sobre los escenarios, pero hoy vive &ndash;y pide al periodista que lo escriba, para que se conozca la realidad del flamenco&ndash; gracias a su pensi&oacute;n de viudedad. De su trabajo, dice, nada. &ldquo;Casi nunca me cotizaron, ni siquiera con algunas giras de los a&ntilde;os 60 patrocinadas por el Gobierno&rdquo;. Sigue dando clase, pero no por el dinero, apunta. &ldquo;Lo hago porque lo necesito. El dinero es primordial, qu&eacute; tonter&iacute;a, pero es solo una ayuda&rdquo;. Su necesidad va m&aacute;s all&aacute;. &ldquo;Es espiritual, digamos. Por saber que puedo hacerlo y que todav&iacute;a puedo darles algo a mis alumnas. Porque yo no me quiero ir con equipaje encima. Yo quisiera irme de este mundo habiendo dado todo lo bueno que puedo: desde amor y baile hasta mi ropa de bailar o mis joyas. Libre y ligera como una lib&eacute;lula&rdquo;. 
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                &quot;No me quiero con equipaje encima; quiero darlo todo&quot;, Francisca Sadornil, &#039;la Tati&#039;, 75 años. Bailaora.                            </span>
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        Paulino Ramos no ha decidido a&uacute;n cu&aacute;l ser&aacute; el primer sitio al que viaje cuando se jubile, pero s&iacute; que necesita &ldquo;hacer cosas distintas, que me realicen&rdquo;. Ya tiene un listado, que parece confeccionado con tinta de a&ntilde;os y paciencia de santo: retomar el ingl&eacute;s que empez&oacute; a aprender mientras vivi&oacute; un a&ntilde;o en Inglaterra, tras estudiar Turismo (antes de que el restaurante donde creci&oacute;, Casa Paulino, lo abdujera para siempre); leer historia; dedicarse a la familia; ir a conferencias; hacer excursiones por la monta&ntilde;a... &ldquo;Hacer cosas que no he hecho nunca, que no he podido tener&rdquo;, resume, y suspira antes de dar un trago a la copa de vino con la que se ha sentado a charlar en una de las mesas de su restaurante. Son las seis de la tarde y este es el primer momento en que ha parado. Cuando termine la conversaci&oacute;n se levantar&aacute; a la carrera; a&uacute;n hay trabajo pendiente: recoger las mesas y preparar las cenas. A las ocho debe estar todo listo de nuevo. Segundo &lsquo;round&rsquo; del d&iacute;a. As&iacute;, siete d&iacute;as a la semana. &ldquo;Estoy &lsquo;aperreao&rsquo; &ndash;se resigna&ndash;. Como un perro, de asfixiado, de trabajo, de no llegar nunca a terminarlo&rdquo;. Paulino tiene 65 a&ntilde;os y una fecha en el calendario: el a&ntilde;o que viene. Entonces, por fin, se jubilar&aacute;. El punto y final a m&aacute;s de 40 a&ntilde;os tras la barra de la tasca que sus padres abrieron en Chamber&iacute; en 1954, y que &eacute;l convirti&oacute;, con esfuerzo y ganas de innovar, en uno de los primeros locales que empezaron a hacer comida diferente a precios populares. Cuando lo haga, dice, tratar&aacute; de que sus empleados sigan con el restaurante. Si no quieren o no funciona, lo traspasar&aacute;. La nostalgia no le ata. &ldquo;Pienso m&aacute;s en todas esas vivencias que quiero tener, porque las necesito&rdquo;, se justifica. Con Paulino, como ensalza &eacute;l, desaparecer&aacute; &ldquo;uno de los &uacute;ltimos hosteleros que quedan en Madrid&rdquo;. Uno de esos due&ntilde;os y cocineros, atentos, que dan todo lo que pueden al restaurante porque el restaurante ha sido y es toda su vida. Cuando finalmente lo haga, Paulino sabe ya que a&ntilde;orar&aacute;, si no las mesas, s&iacute; a sus inquilinos. A los clientes que durante a&ntilde;os se han convertido en amigos, &ldquo;lo mejor de este trabajo&rdquo;, y a los que ya ha propuesto seguirles cocinando para peque&ntilde;as celebraciones. As&iacute; &eacute;l podr&aacute; continuar haciendo lo que hace ahora: cocinar &ndash;su pasi&oacute;n&ndash;, ver c&oacute;mo disfrutan de sus platos y sentarse a las copas, como uno m&aacute;s, para charlar.
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        Benedicta Mart&iacute;nez confiesa, con su acento marcado de A Coru&ntilde;a, que no se le hizo raro el d&iacute;a que cambi&oacute;, casi una vida despu&eacute;s, la pizarra del profesor por la mesa de los alumnos. Benedicta pas&oacute; de ser maestra de primaria a alumna de la Universidad para Mayores de la Complutense. Desde 1999, esta divisi&oacute;n, como otras universidades en Espa&ntilde;a, ofrece cursos no oficiales, pero impartidos por profesores de la instituci&oacute;n. Inicialmente estaba abierta para mayores de 65, pero hace cuatro a&ntilde;os se rebaj&oacute; la edad de ingreso hasta los 50. Benedicta se apunt&oacute; en cuanto se jubil&oacute;. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a si no? &iquest;Me quedo en casa aislada? Quise hacerlo por retomar el ambiente de estudiante y porque es una forma, adem&aacute;s, de mejorar la memoria, de tener el cerebro m&aacute;s activo&rdquo;, explica. Benedicta tiene 70 a&ntilde;os y est&aacute; divorciada. Desde hace un a&ntilde;o, vive con uno de sus tres hijos en el pueblo madrile&ntilde;o de Pedrezuela, aunque confiesa que echa de menos la ciudad porque all&iacute; ten&iacute;a todo m&aacute;s a mano. Sobre todo, su universidad. Benedicta comenz&oacute; haciendo los estudios de primer ciclo, un curso de cuatro a&ntilde;os enfocado en las humanidades, con arte, literatura, historia, filosof&iacute;a... Luego sigui&oacute; con cursos monogr&aacute;ficos, desde el antiguo Egipto hasta la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX, al que est&aacute; apuntada este cuatrimestre, cuenta sacando del bolso una antolog&iacute;a de Luis Cernuda. La pandemia, sin embargo, trastoc&oacute; todo. Se suspendieron los cursos presenciales y Benedicta se qued&oacute; sin esa otra parte de su universidad que tanto le gusta, la de las relaciones sociales, las nuevas amistades y los viajes y excursiones culturales que se organizan. Desde que lleg&oacute; la pandemia, ha hecho dos cursos virtuales, pero ya espera impaciente, y as&iacute; lo dice varias veces, retomar los presenciales. La mayor&iacute;a de los cursos se aprueban con trabajos finales. Son pocos los profesores que ponen ex&aacute;menes. Pero aun as&iacute; &ndash;ciertas costumbres no se pierden nunca&ndash; algunos alumnos los plagian de internet. Benedicta no. A ella le gusta investigar. &ldquo;&iquest;Para qu&eacute;? Si me apunt&eacute; para eso. Si no estudias, la memoria no trabaja, y hay que tener el cerebro activo. Es una forma de mantenerte m&aacute;s joven&rdquo;.
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                &quot;Estudiar me mantiene más joven&quot;, Benedicta Martínez, 70 años. Universitaria.                            </span>
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        Vizmanos, Soria, donde Andr&eacute;s Jim&eacute;nez naci&oacute; y creci&oacute;, era un pueblo de menos de 300 habitantes. Se viv&iacute;a de la agricultura y la ganader&iacute;a, de la trashumancia, de lo que se pod&iacute;a. All&iacute; no hab&iacute;a siquiera carretera. La m&aacute;s cercana estaba a nueve kil&oacute;metros. La que hoy por fin existe, para un pueblo convertido ya en una aldea sin apenas vecinos, empez&oacute; a construirse en los a&ntilde;os 60, cuando comenz&oacute; tambi&eacute;n la gran ola de emigraci&oacute;n a las ciudades. Andr&eacute;s se fue en 1964, a Madrid. All&iacute; estudi&oacute; electricidad del autom&oacute;vil, all&iacute; hizo carrera en la f&aacute;brica de Pegaso, all&iacute; se jubil&oacute; con 54 a&ntilde;os y all&iacute; ha hecho su vida. Tiene 82 a&ntilde;os y cuando cuenta a alguno de sus seis nietos todo eso del pueblo, donde regresa cada primavera ansioso por echarse al campo a buscar perrechicos, ellos lo miran sin comprenderle bien. &ldquo;&iquest;Y no hab&iacute;a carretera? &ndash;le preguntan&ndash;. &iquest;Y ten&iacute;ais que ir a caballo?&rdquo;. Cuando naci&oacute; Marina, la mayor de sus nietos, que hoy tiene nueve a&ntilde;os, Andr&eacute;s a&uacute;n se echaba al suelo para jugar con ella. Con Juan, de cuatro, el &uacute;ltimo en llegar, ya no puede enredar tanto; pero a&uacute;n juega al f&uacute;tbol en el pasillo de su casa. Andr&eacute;s es, como lo describe su familia, un &ldquo;abuelo feliz&rdquo;, retrato de esos hombres y mujeres que llegan a esta etapa ya jubilados, con la vida hecha, los hijos &ldquo;colocados&rdquo;, como dice &eacute;l, y con nietos de los que disfrutar. Feliz o &ldquo;relajado&rdquo;, como lo describe Andr&eacute;s, con esa parquedad en las palabras y esa moderaci&oacute;n del norte. &ldquo;Nuestra vida no est&aacute; mal, es tranquila, tenemos lo suficiente para vivir decentemente. Eso es lo mejor de esta etapa. Las metas que ten&iacute;as est&aacute;n m&aacute;s o menos cumplidas y toca relax&rdquo;, explica. 
    </p><p class="article-text">
        Ni los achaques de las mu&ntilde;ecas y rodillas le impiden disfrutar de esos nietos, los hijos de sus tres hijos, a los que intenta ver al menos un d&iacute;a a la semana en sus casas y que cuando vienen a la suya entran en tropel buscando al abuelo, aunque la abuela, a veces, se ponga celosa. &ldquo;Y la entiendo&hellip; &ndash;concede Andr&eacute;s&ndash;, porque ella hace muchas m&aacute;s cosas que yo y tiene m&aacute;s dedicaci&oacute;n a ellos&rdquo;. Andr&eacute;s cuenta tambi&eacute;n que la llegada de esos nietos le cambi&oacute; la vida tras una jubilaci&oacute;n muy temprana. &ldquo;Est&aacute;s m&aacute;s pendiente de ellos. Al fin y al cabo son la prolongaci&oacute;n de tus hijos y sientes que tienes unas obligaciones tambi&eacute;n&rdquo;, afirma. Lo peor de esta etapa, sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de la rodilla pu&ntilde;etera, es que &ldquo;quieras o no, cada vez ves m&aacute;s cerca el final&rdquo;. Frente a eso, el presente absoluto de los ni&ntilde;os. Pocos d&iacute;as antes de recibirnos, Andr&eacute;s celebr&oacute; su cumplea&ntilde;os junto a uno de sus nietos. &Eacute;l cumpl&iacute;a 82 y El&iacute;as, ocho, pero le ha dicho el ni&ntilde;o que solo los separan dos a&ntilde;os. El abuelo se re&iacute;a. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; dices?&rdquo;, le preguntaba. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo va a ser?&rdquo;. El ni&ntilde;o retir&oacute; entonces la vela con forma de dos. &ldquo;&iquest;Lo ves?&rdquo;. Llevaba raz&oacute;n.
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                &quot;Las metas están cumplidas y ahora toca relax&quot;, Andrés Jiménez, 82 años. Abuelo.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[David López Canales]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/cronicas-linea-meta-motivacion-felicidad-e-inquietud-etapas-avanzadas-vida_1_9208243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Aug 2022 19:57:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Crónicas desde la línea de meta: motivación, felicidad e inquietud en las etapas avanzadas de la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La revolución de los viejos,Personas mayores,Ancianos]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La edad del estigma aceptado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/edad-estigma-aceptado_129_9205322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a15e515-2071-4350-88c4-ca02ab9ca8ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La edad del estigma aceptado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fin de la actividad laboral y la cercanía de la muerte expulsan a nuestros mayores al extrarradio de la relevancia social, sean cuales sean sus aptitudes (mentales, físicas, productivas) reales. Pero ¿qué dicen estas etiquetas de la sociedad que hemos construido?</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        No hay duda de que en estos tiempos que corren la vejez arrastra un estigma (como tantas otras cosas, pues vivimos en la era del estigma). A falta de una comprensi&oacute;n m&aacute;s cabal de los asuntos humanos, tendemos a imponer marcas dolorosas sobre aquello que se nos escapa, que no facilita la entrada a su entendimiento (a causa generalmente de su ambig&uuml;edad) o que por razones diversas se ha convertido en enemigo o adversario. Lo peor del estigma es sin embargo el autoestigma. Aqu&iacute; la v&iacute;ctima es tambi&eacute;n su verdugo. Es decir, y en este caso, el viejo siente sobre s&iacute;, y est&aacute; de acuerdo con ello, todas las carencias y pecados que la comunicaci&oacute;n y las relaciones sociales le adjudican: menoscabo f&iacute;sico y mental, marginaci&oacute;n, olvido, falta de competencia, sentimiento de falta de utilidad para los dem&aacute;s, conciencia de parasitismo, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        El autoestigma funciona en la direcci&oacute;n de convencerse uno mismo de que la realidad (es decir, el consenso p&uacute;blico) tiene raz&oacute;n. Y as&iacute; los viejos, mucho antes de ser objetivamente viejos o incluso si&eacute;ndolo, lo primero que padecen es una vejez emocional que se autoinflige sus propias limitaciones en todos los &oacute;rdenes se&ntilde;alados. He aqu&iacute; un acelerador efectivo de la decadencia de los individuos, m&aacute;s all&aacute; de la edad y de las lacras.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una autopersuasi&oacute;n psicol&oacute;gica que se nutre del medio, de argumentos ideol&oacute;gicos y culturales que circulan de manera impl&iacute;cita en la informaci&oacute;n y en la representaci&oacute;n. Y para esto no hay edad: sentirse viejo a partir de unos cuantos datos de la realidad convencionalmente adjudicada a la vejez puede suceder en cualquier periodo, entre m&aacute;rgenes por lo dem&aacute;s bastante amplios.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os he visto y tenido experiencia de amigos y conocidos con dificultades f&iacute;sicas que han sido atribuidas al paso del tiempo y aceptadas como tales. En los casos en que se han enfrentado abiertamente a estas cargas, b&aacute;sicamente con dieta, ejercicio y vigilancia m&eacute;dica, las han superado hasta niveles dif&iacute;ciles de creer. Hay uno en particular que comenz&oacute; a correr a los 60 a&ntilde;os de edad, cuando ya se ve&iacute;a postrado en el lecho hasta la hora final, y hoy, con 65, corre maratones. Y sin el sufrimiento que pudiera imaginarse.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, esto no siempre es as&iacute;. A veces hay da&ntilde;os que son irreparables, producto del desgaste o de una herida gen&eacute;tica que se aparece en cierto momento. A veces hay sencillamente enfermedades y accidentes que no est&aacute;n inscritos en el curso del tiempo, sino en el de la vida humana que hay que vivir con sus esperanzas y sus pegas.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo cierto es que las desgracias, los accidentes y las traiciones de la gen&eacute;tica no son exclusivos de la senectud. Pueden ocurrir en cualquier &eacute;poca de la vida y de hecho muchas personas arrastran cargas que vienen de muy atr&aacute;s. No hace falta ser viejo para que dejen de funcionar las rodillas o la memoria.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; una de las claves del asunto. La vejez es un periodo de la vida, del mismo modo que lo es la adolescencia (por citar uno especialmente peligroso y lamentable) o cualquiera de las otras &eacute;pocas en que convencionalmente dividimos la existencia. En cada una de ellas hay que disponerse a atravesarla con el equipaje que cada uno lleve en la mochila y con los recursos que le ofrezcan o que se le presenten. No existe ninguna &eacute;poca de la vida que est&eacute; exenta de dificultades, cuando no de graves temores, desesperaci&oacute;n y desorientaci&oacute;n. No se conoce ninguna en que no haya riesgo mortal, en que no se sufra, en que no se cometan errores cruciales y en que no nos sintamos disminuidos en nuestra capacidad de enfrentarnos a la fuerza de los acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, la vejez no se distingue en cuanto a retos y recursos de los otros momentos de la vida y, como en cualquiera de ellos, cabe la posibilidad de que no los superemos o de que no nos acompa&ntilde;en los elementos indispensables; o de que la estrategia empleada est&eacute; completamente equivocada y lleve izada la ense&ntilde;a del desastre. La vejez es todav&iacute;a la vida y, a pesar del estigma, ni es una antesala de la muerte ni es propia de los que se est&aacute;n despidiendo de la producci&oacute;n o del amor. Se trata sencillamente de una aventura como las otras, con los mismo d&eacute;ficits y apuestas.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, todos tenemos asumido que es una &eacute;poca que se aproxima a la muerte y cuyo horizonte es limitado. Este es uno de los t&oacute;picos m&aacute;s sobados de la cuesti&oacute;n. Sin embargo, todas las &eacute;pocas y todas las conciencias, desde que nacen, est&aacute;n oscurecidas por las sombras de la desaparici&oacute;n de este mundo. Somos mortales, pero no somos m&aacute;s mortales cuando somos viejos que cuando somos ni&ntilde;os. Somos mortales todo el tiempo y lo que compartimos es una certeza esencial de que no sabemos cu&aacute;ndo vamos a morir. Como dice el proverbio chino, nadie hay tan viejo que se vaya a morir en este mismo momento ni tan joven que no pueda morir en los pr&oacute;ximos cinco minutos. Somos mortales y cada acto que emprendemos lleva el sello de la mortalidad, de la incertidumbre, del absurdo.
    </p><p class="article-text">
        El que la vejez haya sido estigmatizada (e interiorizado el estigma) se debe a dos aspectos profundos que caracterizan nuestro mundo desde el punto de vista de la mentalidad colectiva: el trabajo y la percepci&oacute;n de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Pr&aacute;cticamente todas nuestras relaciones sociales y nuestros afectos se originan o desembocan en la vida laboral. El trabajo es la forma de socializaci&oacute;n de los individuos en nuestra sociedad y fuera de &eacute;l resulta complicado entablar relaciones y darles sentido. El tiempo que empleamos en la actividad productiva refleja la importancia que tiene en nuestras vidas y avisa tambi&eacute;n de sus consecuencias. Por otro lado, es la &uacute;nica v&iacute;a aceptada universalmente de sentirse &uacute;til a la comunidad, responsable con ella, asunto capital a la hora de encontrar la satisfacci&oacute;n personal dentro del grupo y de las instituciones que rigen la vida. La felicidad y lo contrario, en nuestro medio, tienen mucho que ver con lo que sucede con el trabajo. La figura central de nuestro mundo es sin duda el trabajador.
    </p><p class="article-text">
        La vejez supone la expulsi&oacute;n de esa red de relaciones y de sentido que da la actividad laboral. Fuera de ella, los individuos apenas pueden aspirar a tejer una red propia y a encontrar elementos de una nueva dignidad, m&aacute;s all&aacute; de las actividades para jubilados, que remarcan a su vez el car&aacute;cter alienado de los participantes. Algo parecido se observa entre los parados de larga duraci&oacute;n en lo que respecta a sus v&iacute;nculos y consideraci&oacute;n propia y ajena.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la muerte, nuestra cultura la ha expulsado al extrarradio de la existencia. El deterioro que la anuncia es una especie de lugar sagrado (es decir, intocable) y se lo ha rodeado de muros. La educaci&oacute;n y la socializaci&oacute;n han prescindido de la ense&ntilde;anza y comunicaci&oacute;n de los aspectos relacionados con la mortalidad, como el duelo, el cuidado, el consuelo o la despedida, de los que se encargan trabajadores especializados. La muerte no ocupa ning&uacute;n espacio en el aprendizaje social. Tampoco en las formas de relaci&oacute;n interpersonal. Es una sombra que se cierne sobre la existencia y a la que es mejor no mirar, convirti&eacute;ndose as&iacute; en el Gran Miedo y en el Gran Misterio. Los viejos ser&iacute;an, aqu&iacute;, los heraldos que traen noticias de ese otro lado cuya sola menci&oacute;n nos hace temblar. Mirar a un viejo no es mirar una panor&aacute;mica de la experiencia o escuchar las vicisitudes de una vida, sino mirar a los ojos de una muerte que aterroriza y cuyo pensamiento arrastra un sentimiento de absurdo.
    </p><p class="article-text">
        No resultar&aacute; sencillo que los viejos (por aceptar esa dudosa categor&iacute;a) se integren sin estigma en esta sociedad nuestra. A pesar de que la realidad demuestra una y otra vez (como en las &uacute;ltimas crisis econ&oacute;micas, cuando se convirtieron en el cr&eacute;dito de sus familias, o como en las listas de los m&aacute;s ricos del mundo) que siguen ocupando un sitio en el proyecto de todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Gándara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/edad-estigma-aceptado_129_9205322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Aug 2022 19:57:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La edad del estigma aceptado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La revolución de los viejos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cesteros, grabadores, el final inevitable de oficios en peligro de extinción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/cesteros-grabadores-final-inevitable-oficios-peligro-extincion_1_9208797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20105423-90fb-4b80-9e9b-b1b4a7d56a46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un final inevitable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con el declive de la generación más veterana, algunos oficios viven en inminente peligro de extinción: artesanos superados por los procesos industriales, fabricantes de utensilios obsoletos... Hablamos con los últimos representantes de estas profesiones que se aferran, contra viento y marea, al buril, la gubia o los juncos de cestería</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        Trabajando desde las nueve de la ma&ntilde;ana hasta las cuatro de la tarde &ldquo;incluidos los d&iacute;as nublados y lluviosos&rdquo;. Eso dice el anuncio del estudio fotogr&aacute;fico de Jos&eacute; P&eacute;rez Zafra incluido en el peri&oacute;dico. Nada le impedir&aacute; trabajar &ndash;hasta las cuatro de la tarde&ndash; todos los d&iacute;as, ni siquiera la falta de luz. Adem&aacute;s tiene precios populares: los retratos en tarjeta salen a 20 reales y las copias, m&aacute;s baratas, a cuatro. Si se quiere uno de grupo, con toda la familia, eso ya hay que negociarlo. Tambi&eacute;n si se pide una foto a color, porque Jos&eacute; lo hace a mano y lleva su tiempo y dedicaci&oacute;n. Pero es, sin duda, la tarjeta de visita el producto m&aacute;s demandado y los fot&oacute;grafos como Jos&eacute; aprovechan para hacerse publicidad en el reverso y los laterales. Jos&eacute; fue uno de los primeros retratistas que abrieron local en Almer&iacute;a, en 1864, y como tantos otros pintores a finales del siglo XIX se convirti&oacute; en fot&oacute;grafo ante el empuje popular de la nueva tecnolog&iacute;a que evolucionaba sin freno y que se presentaba como una gran oportunidad de asentar un negocio novedoso que acababa de nacer en Francia y se extend&iacute;a por todo el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Los daguerrotipistas franceses no tardaron en llegar a las ciudades espa&ntilde;olas. Jean Laurent se instal&oacute; en Madrid desde 1843; Charles Clifford, en 1850. Ten&iacute;an un pa&iacute;s virgen por fotografiar, como los fot&oacute;grafos ambulantes ten&iacute;an una poblaci&oacute;n por retratar. Arrastraban sus b&aacute;rtulos de pueblo en pueblo, como retratistas que acercaban a casa sus c&aacute;maras, tr&iacute;podes y decorados. Aunque no todos pod&iacute;an permitirse por entonces una foto, se presentaban ante sus clientes como fot&oacute;grafos capaces de hacerlo con la mayor brevedad y sin molestia alguna. Otros se ofrec&iacute;an para hacer todo tipo de trabajos de este nuevo arte &ldquo;dentro y fuera del taller&rdquo;, como ha investigado Donato G&oacute;mez D&iacute;az. 
    </p><p class="article-text">
        De ese mundo revolucionario y esas biograf&iacute;as futuristas que crearon un mecanismo de representaci&oacute;n que cambiar&iacute;a la historia de la humanidad apenas ha quedado nada. Acaso un &lsquo;smartphone&rsquo;, otra revoluci&oacute;n. Los oficios tradicionales responden a necesidades puntuales, que al desaparecer se llevan por delante todo y solo dejan un rastro de melancol&iacute;a. &ldquo;Aquello que ya no sirve, desaparece&rdquo;, dice el etn&oacute;grafo Juan Francisco Blanco, director del Instituto de las Identidades de Salamanca, dedicado a la protecci&oacute;n, recuperaci&oacute;n, conservaci&oacute;n y estudio de las se&ntilde;as de identidad salmantinas. 
    </p><p class="article-text">
        Aquello que era negocio y desaparece se transforma en documento, y el retrato en la tarjeta de visita, en testimonio de una &eacute;poca extinguida en la que hab&iacute;a serenos, aguadoras o fot&oacute;grafos ambulantes. Tampoco existen los la&ntilde;adores, que reparaban platos de cer&aacute;mica que ca&iacute;an al suelo o se descascarillaban. Ni los molineros, ni romaneros, ni aguardenteros. Todos oficios masculinos. &iquest;Y las mujeres no ten&iacute;an oficio? &ldquo;No ten&iacute;an beneficios. Ni remuneraci&oacute;n. Ellas se dedicaban a los cuidados y al servicio, repertorios que no se pagaban&rdquo;, apunta Paz G&oacute;mez, antrop&oacute;loga y responsable de las listas de los bienes del patrimonio cultural inmaterial de la Comunidad de Madrid. Hasta que lleg&oacute; el agua corriente hab&iacute;a aguadoras, que se acercaban a las fuentes con las tinajas y la llevaban a las casas; recuerda tambi&eacute;n las bordadoras de Lagartera (Toledo) y las guisanderas, como Carmen, de Venturada (Madrid). No cocinera, no, guisandera. Todo empez&oacute; por casualidad hace muchos a&ntilde;os, durante las fiestas. Se escap&oacute; una vaquilla y tuvieron que matarla. Para aprovechar la carne, el alcalde decidi&oacute; montar una caldereta para todos los vecinos del pueblo y all&iacute; estaban Carmen y su amiga Petra. Llevaba toda la vida trabajando en cocinas, para una familia muy rica de Madrid, dice. &ldquo;Empezamos as&iacute;, a lo tonto, y nos hemos tirado m&aacute;s de 20 a&ntilde;os haciendo la caldereta para los pueblos de Monterrey, Espartal y El Vell&oacute;n, adem&aacute;s de Venturada. Yo no he pedido nunca sueldo, aunque luego nos pagaban 300 &euro;&rdquo;, cuenta Carmen. Cocinaba tres calderetas para los m&aacute;s numerosos, con 380 kilos de patata, 300 kilos de carne y... el ingrediente secreto: Coca-Cola para ablandar la carne brava. &ldquo;Cocinera, cocinera, no. No tengo t&iacute;tulo. No estudi&eacute;. A m&iacute; me gusta guisar&rdquo;, resume en este autorretrato la cocinera, que se ha retirado y ha cedido su mando al frente de la caldereta popular.
    </p><h3 class="article-text">El legado femenino</h3><p class="article-text">
        Las mujeres, recuerda Paz G&oacute;mez, hac&iacute;an varias cosas a la vez, como atender el ganado y coser, pero esas tareas no las sacaban de la invisibilidad. El problema a&ntilde;adido es que si ellas no son reconocidas como propietarias de un oficio, no hay transmisi&oacute;n de saberes. No existen ni ellas ni sus conocimientos. &ldquo;La tradici&oacute;n es una continuidad cultural que la comunidad ha decidido mantener vigente, pero sin ellas no hay patrimonio&rdquo;, advierte G&oacute;mez. Por eso llama gratamente la atenci&oacute;n que Ervigio Jim&eacute;nez reconozca haber aprendido todo lo que sabe de su oficio de Carmen Rodr&iacute;guez. &ldquo;Es una persona entusiasta y apasionada&rdquo;, dice de su maestra este artesano de Granada dedicado a realizar moc&aacute;rabes y yeser&iacute;as, que estudia la historia del arte isl&aacute;mico en Espa&ntilde;a para conocer los or&iacute;genes de una de las t&eacute;cnicas decorativas m&aacute;s delicadas y bellas que existen. Ervigio ha cumplido ya 73 a&ntilde;os y no tiene a nadie que herede sus conocimientos. Falta vocaci&oacute;n, asegura, porque es muy dif&iacute;cil. &ldquo;Es que es un trabajo este muy complejo y dominarlo no es sencillo. Yo sigo intent&aacute;ndolo. No hay continuidad por una cuesti&oacute;n de actitud: se quiere ganar mucho y pronto, pero no se sabe hacer. Este trabajo tiene un proceso de aprendizaje muy lento y ni yo puedo permit&iacute;rmelo ni ellos est&aacute;n dispuestos a pasar por eso. Aqu&iacute;, en Granada, ya no queda nadie m&aacute;s que yo. Y en Sevilla hay una persona m&aacute;s joven que hace mi mismo trabajo, pero no conozco a nadie m&aacute;s&rdquo;, se&ntilde;ala el artesano, que no descansa en los festivos, ni tiene puentes. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si las mujeres no son reconocidas como propietarias de un oficio, no hay trasmisión de saberes: no existen, ni sus conocimientos </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lleva tiempo atareado con una obra de lujo que un matrimonio ingl&eacute;s se est&aacute; levantando en el que para la mayor&iacute;a es el barrio m&aacute;s bonito de Granada, el Albaic&iacute;n. Ah&iacute; han comprado una casa que da a la Alhambra y en la que quieren montar un rinc&oacute;n andalus&iacute; millonario. Ha hecho arcos, epigraf&iacute;as y frisos en escayola que decorar&aacute;n las estancias de la casa. Es la primera vez que no le contratan los propietarios, sino los arquitectos que se encuentran dise&ntilde;ando el proyecto. Tampoco es habitual que trabaje en Granada, los encargos suele recibirlos de afuera. Su tierra no demanda el producto t&iacute;pico. 
    </p><p class="article-text">
        Habla de la pasi&oacute;n por su trabajo. Estar apasionado y levantarse cada d&iacute;a as&iacute; para ir al taller a hacer los moldes de los moc&aacute;rabes o a dibujarlos. Porque sigue dibujando a mano y eso lo recalca. No quiere nuevas tecnolog&iacute;as y le cuesta que le llames artista. &ldquo;Me considero artesano&rdquo;, puntualiza. Lo prefiere. Tambi&eacute;n quiere que sepamos que ha trabajado en pa&iacute;ses como EEUU y en los decorados de series como &lsquo;Isabel&rsquo;, sobre la reina cat&oacute;lica. 
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                Ervigio Jiménez (Granada), artesano de mocárabes y yeserías.                            </span>
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        Mientras haya demanda hay vida, aunque en la era de la obsolescencia programada la tradici&oacute;n sea una carga. La artesan&iacute;a es una fuente de memoria y extinci&oacute;n, una m&aacute;quina de generar oficios extinguidos y patrimonio cultural inmaterial a proteger. La artesan&iacute;a es David frente a la industria, Goliat. Mientras Luis Velasco cobra dos euros por cada bolillo que hace en su torno, jug&aacute;ndose los dedos, los copiadores industriales los venden a 40 c&eacute;ntimos. &ldquo;No hay nada que hacer. Esto se acaba conmigo. No se paga como negocio&rdquo;, dice este tornero toledano, que empez&oacute; a los 14 a&ntilde;os y ah&iacute; sigue, en la carpinter&iacute;a que fue de su t&iacute;o y del que aprendi&oacute; el oficio, en la calle de la Merced. Tiene 65 a&ntilde;os y ni pizca de melancol&iacute;a en su tono, es pura impotencia; tambi&eacute;n indignaci&oacute;n por ver c&oacute;mo se ha degradado su oficio en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os. Antes trabajaban con &eacute;l otras dos personas y pod&iacute;an hacer frente a los encargos. Hoy est&aacute; solo y maldiciendo estos dichosos bolillos tan, tan finos donde ir&aacute;n enrollados los hilos para entretejerlos y hacer encajes, mantillas o lo que se tercie. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Luis Velasco cobra dos euros por cada bolillo que hace en el torno, jugándose los dedos; los industriales valen 40 céntimos: “No hay nada que hacer”, dice</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">El final de una era</h3><p class="article-text">
        Enfundado en su mono azul, rodeado de maderos y virutas, se acerca al torno y lo vuelve a poner en marcha. Se pone las gafas para ver bien d&oacute;nde sit&uacute;a las manos. La pieza de madera empieza a girar y entonces saca la gubia para tallarla y sacar la forma que hay debajo de ese tocho. Tambi&eacute;n usa el escoplo y los formones. Una vez tiene definida la forma, empieza con las lijas y afina el tacto. De ah&iacute; han salido balaustres y columnas de museos, conventos, paradores, patios y palacios. Las paredes del taller est&aacute;n forradas con sus herramientas. Es un museo olvidado, una esquina para el olvido. Cuando Luis no est&eacute; ya no habr&aacute; nada. Para que entendamos su decepci&oacute;n, compara su trabajo con el industrial: es como cosechar a mano mientras otro emplea un tractor. &ldquo;El progreso. Esa es la raz&oacute;n de la desaparici&oacute;n. Y tengo que dejarte que me espera un se&ntilde;or para un encargo&rdquo;, se despide. 
    </p><p class="article-text">
        Al oficio solo le queda la memoria. Y a duras penas. Llamamos al Museo Etnogr&aacute;fico de la Monta&ntilde;a Ria&ntilde;o, que dirige Pedro Luis Gonz&aacute;lez, para saber si en la zona queda alg&uacute;n oficio de los antiguos, de los que est&eacute;n al borde de la extinci&oacute;n. Pasa un rato largo y nos llama porque ha recordado que en Corniero (Le&oacute;n) hay un cestero llamado Jos&eacute; Mar&iacute;a, el &uacute;ltimo. Como a Jos&eacute; Mar&iacute;a no le gusta hablar nos despacha pronto. Que tiene cosas que hacer. En Corniero hay censadas 45 personas, pero viven muchas menos. All&iacute; antes todos los vecinos recurr&iacute;an a los cestos para almacenar las patatas o las labores. En realidad, pocos aperos han estado m&aacute;s presentes en la vida diaria durante d&eacute;cadas que esos cestos y canastos. &ldquo;Ahora nada&rdquo;, dice, parco. Jos&eacute; Mar&iacute;a empez&oacute; haciendo cestos para vender por los pueblos de la zona y ahora, a sus 73 a&ntilde;os, dice que va a dejarlo, que despu&eacute;s de la pandemia las cosas no han mejorado, claro. &ldquo;La gente no lo quiere&rdquo;. Hay muchos materiales que se pueden usar para hacer un cesto &ndash;en B&eacute;jar (Salamanca) utilizan el casta&ntilde;o&ndash;, pero &eacute;l prefiere los juncos del r&iacute;o. Antes bajaba a las orillas a por ellos, pero ahora los compra por encargo. 
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                José María, el último cestero de Corniero (León).                            </span>
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        La memoria del trabajo tambi&eacute;n se perder&aacute; con Jes&uacute;s Molero, cuarta generaci&oacute;n de una familia que se dedica desde 1888 a la incrustaci&oacute;n y el grabado del mueble. Le gustar&iacute;a montar una escuela para que el oficio que le ha llevado a montar una iglesia en Tokio (Jap&oacute;n) no desaparezca. 
    </p><p class="article-text">
        Su trabajo es paciencia, dise&ntilde;o, precisi&oacute;n y delicadeza en el trato con la madera para que todo encaje. Hay un retrato de su padre en el estudio donde dibuja, pero no olvida que fue su madre, Estrella Sabador, quien le ense&ntilde;&oacute; a grabar con el buril. De su padre, V&iacute;ctor Molero, aprendi&oacute; el tratamiento de la madera. Desde su taller en Peligros (Granada), ha trabajado para clientes de todo el mundo y le duele ver la falta de vocaci&oacute;n en las nuevas generaciones de una de las pocas tareas a salvo de la manufactura industrial china.
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                Jesús Molero, en su taller de grabado del mueble en Peligros (Granada).                            </span>
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        Usa las mismas maderas que usaban sus antepasados: &eacute;bano, palosanto, caoba y nogal, y tambi&eacute;n el hueso. Junto a &eacute;l trabaja su mujer, &Aacute;ngeles Osc&aacute;riz, que hace las labores de &lsquo;marketing&rsquo; y difusi&oacute;n: &ldquo;La artesan&iacute;a es un producto pero no es una industria&rdquo;, dice para explicar por qu&eacute; han estado trabajando m&aacute;s de dos a&ntilde;os en un encargo de &ldquo;una persona muy importante de Arabia Saudita&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Ángeles Oscáriz no cree que su taller de grabado del mueble dure mucho más: “Hay un ritmo vertiginoso que acaba con todo”, asegura</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La pandemia no ha tocado los cimientos del taller de Molero. &ldquo;Hemos estado al 120%&rdquo;. A Jes&uacute;s le gusta decir que sus capacidades virtuosas se basan en la gen&eacute;tica, en la investigaci&oacute;n y en la habilidad. Pero quiz&aacute; no sea suficiente para evitar el amargo final. Casi inevitable. &iquest;Por qu&eacute;? &ldquo;Porque la artesan&iacute;a est&aacute; basada en el buen trato de los materiales. Nadie los respeta m&aacute;s que un artesano. Hay un ritmo vertiginoso que acaba con todo, tambi&eacute;n con la intimidad: ya no se abren las puertas de la casa de uno, se recibe en otros lugares pero no en tu casa. La sociedad va hacia otro lugar&rdquo;. Y en la explicaci&oacute;n de &Aacute;ngeles Osc&aacute;riz est&aacute; la respuesta. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Peio H. Riaño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/cesteros-grabadores-final-inevitable-oficios-peligro-extincion_1_9208797.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Aug 2022 20:01:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cesteros, grabadores, el final inevitable de oficios en peligro de extinción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La revolución de los viejos,Jubilación,Oficios,Pensiones,Artesanía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Expertos retirados, pensionistas, jubilados: estos son los guardianes del conocimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/expertos-retirados-pensionistas-jubilados-son-guardianes-conocimiento_1_9208864.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b2ade2f-5e2d-4d5b-a886-dbbba3b46788_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los guardianes del conocimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En una sociedad que valora cada vez más el saber, se da la paradoja de que la experiencia acumulada por los trabajadores durante su vida laboral se desperdicia con su jubilación. Los eméritos, especialmente en el mundo universitario, tratan de evitar esa pérdida mientras navegan la fina línea entre aportar y taponar a los jóvenes</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        Tras una vida de dedicaci&oacute;n a la docencia universitaria y a la atenci&oacute;n sanitaria en el Hospital Cl&iacute;nico San Carlos de Madrid, Jos&eacute; Luis Carreras ten&iacute;a pensado jubilarse cuando le llegara el momento. &ldquo;Yo me iba a dedicar a mis cosas. A la naturaleza, la monta&ntilde;a, la caza, la pesca&rdquo;, cuenta. Pero la vida, caprichosa, ten&iacute;a otros planes para &eacute;l. La vida y tambi&eacute;n sus compa&ntilde;eras de hospital.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me dijeron que ten&iacute;a que seguir como fuera, echar una mano y aportar mi experiencia &ndash;no solo la cient&iacute;fica&ndash; en el saber hacer, aprovechar las relaciones que uno tiene...&rdquo;, recuerda. Tambi&eacute;n ten&iacute;a proyectos a medias que no quer&iacute;a abandonar. Entre unas y otras, la decisi&oacute;n se tom&oacute; casi sola. El &lsquo;deber&rsquo; le llamaba. A los 70 a&ntilde;os, seguir&iacute;a en activo.
    </p><p class="article-text">
        Carreras forma parte desde el pasado agosto del selecto grupo de em&eacute;ritos en Espa&ntilde;a. Una condici&oacute;n, esta, que el diccionario de la Real Academia define con un sencillo &ldquo;que se ha jubilado y mantiene sus honores y alguna de sus funciones&rdquo;, pero que viene acompa&ntilde;ada de un aura de sabidur&iacute;a y una trayectoria vital de &eacute;xito cada vez m&aacute;s apreciada &ndash;al menos sobre el papel&ndash; en la sociedad del siglo XXI, esa que transita desde la tecnolog&iacute;a hacia la informaci&oacute;n como eje de funcionamiento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El conocimiento y la experiencia son bienes valiosos en nuestra sociedad, bienes que cuesta mucho construir y conviene, por tanto, proteger y aprovechar&rdquo;, se&ntilde;alan los profesores Miguel &Aacute;ngel Zabalza, Ainhoa Zabalza Cerdeiri&ntilde;a, ambos de la Universidade de Santiago de Compostela, y Alfonso Cid, de la Universidade de Vigo, en su estudio &lsquo;Recuperaci&oacute;n del conocimiento experto de profesores em&eacute;ritos: c&oacute;mo han construido su visi&oacute;n de una docencia de calidad desde sus diferentes &aacute;reas cient&iacute;ficas&rsquo;, una de las pocas investigaciones sistematizadas que han tratado de recoger este conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Los em&eacute;ritos, ya lo dice la RAE, se pueden encontrar en cualquier profesi&oacute;n, pero su lugar natural es la Universidad. La p&uacute;blica, m&aacute;s espec&iacute;ficamente. En Espa&ntilde;a son 721 este a&ntilde;o 2021, todos ellos en centros del Estado. Tambi&eacute;n son caracter&iacute;sticos del &aacute;mbito eclesi&aacute;stico &ndash;famoso es en estos d&iacute;as el obispo em&eacute;rito de Solsona por su decisi&oacute;n de cambiar el h&aacute;bito por una mujer e hijos gemelos&ndash; o incluso en la monarqu&iacute;a, pero es en los campus donde m&aacute;s ejercen ese papel de sabios y pueden devolver a la sociedad en forma de conocimiento y experiencia todo lo que la sociedad ha invertido en ellos a lo largo de las d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Podemos aportar experiencia, reflexi&oacute;n... Puede servir para enlazar generaciones. Parte del trabajo que quiero desarrollar tiene mucho que ver con tener contacto con las nuevas generaciones de profesores, incardinarlos en la historia de la disciplina, la labor docente... Creo que es una labor de contribuci&oacute;n que puede ser muy &uacute;til en la universidad y en la sociedad&rdquo;, explica Antonio Campos, profesor em&eacute;rito de la Universidad de Granada y vicepresidente de la Real Academia Nacional de Medicina.
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                Antonio Campos, profesor emérito de la Universidad de Granada y vicepresidente de la Real Academia Nacional de Medicina.                            </span>
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        Tambi&eacute;n aportan su experiencia en la gesti&oacute;n, se&ntilde;ala Juan Manuel de Farami&ntilde;&aacute;n Gilbert, catedr&aacute;tico de Derecho em&eacute;rito de la Universidad de Ja&eacute;n. &ldquo;Yo acumulo 40 a&ntilde;os de universidad. He hecho de todo: vicerrector, decano, he investigado, dado docencia...&rdquo;, reivindica su trayectoria. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas de las cosas que ocurren en el &aacute;mbito universitario o acad&eacute;mico no son lo suficientemente divulgadas como para que se conozcan, pero creo que toda sociedad debe valorar la experiencia, la reflexi&oacute;n y el conocimiento&rdquo;, a&ntilde;ade Campos, refiri&eacute;ndose a lo que aportan los em&eacute;ritos.
    </p><h3 class="article-text">Cuatro de cada mil</h3><p class="article-text">
        La figura de los em&eacute;ritos se regula en el Real Decreto 898/1985, donde se lee que &ldquo;las universidades, previo informe de la Comisi&oacute;n Acad&eacute;mica del Consejo de Universidades, podr&aacute;n declarar profesores em&eacute;ritos a aquellos numerarios jubilados que hayan prestado servicios destacados a la Universidad espa&ntilde;ola, al menos durante 10 a&ntilde;os&rdquo; y se definen sus funciones, aclarando &ndash;este es un punto importante&ndash; que su nombramiento no podr&aacute; ocupar una plaza ni podr&aacute;n desempe&ntilde;ar ning&uacute;n cargo acad&eacute;mico universitario. A veces la l&iacute;nea entre echar una mano y ser un tap&oacute;n para otros es muy fina.
    </p><p class="article-text">
        Para pertenecer a este grupo primero hace falta querer, luego cumplir los requisitos acad&eacute;micos o de investigaci&oacute;n y finalmente ser aceptado. La falta de voluntad propia, no cumplir los m&iacute;nimos o las luchas cainitas que se dan en todos los campus dejan por el camino a 996 de cada mil profesores &ndash;aunque las normativas concretas dependen de las universidades, es habitual que la propuesta tenga que estar avalada por la facultad o departamento implicados, y ah&iacute; entran en juego rencillas internas&ndash;, que se marchan a su casa sin m&aacute;s y se llevan consigo todo el saber acumulado a lo largo de d&eacute;cadas de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay gente a la que a partir de los 70 les obligan a jubilarse [es la edad en la Universidad], son grandes catedr&aacute;ticos en &aacute;mbitos de pensamiento important&iacute;simos, pero en la madurez de su vida pasan a un segundo plano y se pierde todo lo que han aprendido&rdquo;, lamenta Ana Mendioroz, profesora de Did&aacute;ctica de las Ciencias Sociales y miembro del grupo de investigaci&oacute;n Aprendizaje a lo largo de la vida de la Universidad P&uacute;blica de Navarra.
    </p><p class="article-text">
        Para corregir lo que considera una disfunci&oacute;n, Mendioroz particip&oacute; en la elaboraci&oacute;n de un estudio que trataba de recoger este conocimiento. La investigaci&oacute;n &lsquo;Creencias impl&iacute;citas del profesorado em&eacute;rito espa&ntilde;ol: caracter&iacute;sticas de una buena praxis&rsquo; &ldquo;recupera, sistematiza y representa el conocimiento experto de 105 profesores em&eacute;ritos espa&ntilde;oles, con el objeto de hacerlo visible y &uacute;til para la universidad y la sociedad&rdquo;, seg&uacute;n recoge el propio documento y explica la profesora.
    </p><p class="article-text">
        No es la &uacute;nica investigaci&oacute;n en esta l&iacute;nea. Un enfoque similar realizaron los citados Zabalza y Cid, y tambi&eacute;n una investigaci&oacute;n de las universidades de Huelva y Sevilla, que tambi&eacute;n trat&oacute; de sistematizar la recogida de este conocimiento para darle un uso aplicado &lsquo;a posteriori&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay mucha gente en plena actividad intelectual [cuando alcanza la edad de jubilaci&oacute;n] y ser&iacute;a una pena que la universidad la perdiera&rdquo;, resume Carmen L&oacute;pez Alonso, doctora en Ciencias Pol&iacute;ticas y profesora em&eacute;rita de Historia del Pensamiento Pol&iacute;tico en la Universidad Complutense de Madrid.
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                Carmen López Alonso, doctora en Ciencias Políticas y profesora emérita de Historia del Pensamiento Político en la Universidad Complutense de Madrid.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Un perfil masculino</h3><p class="article-text">
        Alonso es una de las pocas profesoras em&eacute;ritas que hay en Espa&ntilde;a. Como en tantos &aacute;mbitos, y especialmente en el universitario &ndash;o, huelga decirlo, el religioso&ndash;, la mayor&iacute;a de los em&eacute;ritos son hombres. De los 721 em&eacute;ritos que campan por los campus espa&ntilde;oles hay en este 2021 un total de 545 varones frente a 176 mujeres (un 24,4%), un porcentaje coherente con la estructura de la educaci&oacute;n superior: cuanto m&aacute;s se sube por el escalaf&oacute;n docente, menos mujeres hay. Las cifras, al menos, parecen nivelarse ligeramente: hace 10 a&ntilde;os ellas eran poco m&aacute;s de una de cada cinco (el 21,6% de 689 personas), hoy son una de cada cuatro.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco est&aacute;n repartidos equitativamente entre los distintos &aacute;mbitos de conocimiento. Los em&eacute;ritos de ciencias, Ciencias de la Salud o Ingenier&iacute;a y Arquitectura est&aacute;n infrarrepresentados respecto a su proporci&oacute;n entre el profesorado general, mientras que las artes y humanidades duplican el porcentaje de em&eacute;ritos en relaci&oacute;n al de profesores respecto al total.
    </p><p class="article-text">
        Carreras explica que, al menos en Ciencias de la Salud, lo que ocurre es que &ldquo;es muy dif&iacute;cil acreditarse en la ANECA (la agencia que vela por la calidad del sistema universitario), posiblemente por los requisitos que piden&rdquo;. Para ser nombrado em&eacute;rito hay que ser excelso, lo cual en el &aacute;mbito acad&eacute;mico se entiende como investigar y publicar mucho, y si tu labor fundamental es atender pacientes y ejercer la docencia en un hospital, es complicado sacar el tiempo para hacerlo, aventura Carreras.
    </p><p class="article-text">
        Para solventar esta &ldquo;injusticia&rdquo;, hay comunidades que han creado un &ldquo;emeritazgo asistencial&rdquo;, pensando precisamente en este perfil, que se otorga por las consejer&iacute;as de sanidad, no las universidades, por m&eacute;ritos asistenciales principalmente, como es el caso de Carreras, que de hecho ha saltado de uno a otro.
    </p><p class="article-text">
        En este caso, estos emeritazgos s&iacute; est&aacute;n dirigidos a darle una salida espec&iacute;fica al talento. En la Comunidad de Madrid, el aspirante debe incluir en su solicitud un proyecto que querr&iacute;a realizar en el hospital en el que trabaja(ba). Una comisi&oacute;n valora la propuesta, el hospital la valida si lo considera oportuna, y el em&eacute;rito tiene cinco a&ntilde;os para desarrollar su proyecto. 
    </p><h3 class="article-text">Investigar, dar clases, conferencias</h3><p class="article-text">
        Los em&eacute;ritos universitarios comparten su saber habitualmente a trav&eacute;s de la docencia puntual, de impartir conferencias, dirigir tesis doctorales &ndash;acabando las que tienen abiertas cuando les llega la jubilaci&oacute;n, no pueden coger nuevos aspirantes&ndash;, con proyectos de investigaci&oacute;n o participando en institutos de estudios universitarios. Antonio Campos estaba en pleno proyecto de investigaci&oacute;n cuando le lleg&oacute; su turno. &ldquo;Me encontraba en activo, dirigiendo un grupo de investigaci&oacute;n de ingenier&iacute;a tisular, con proyectos en marcha, doctorandos... y en ese contexto pens&eacute; que no se pod&iacute;a cortar abruptamente &ndash;explica su paso al emeritazgo, tambi&eacute;n con la idea de gestionar el &lsquo;traspaso&rsquo;&ndash;. Otras personas van a continuar con el proyecto y estamos haciendo esa transici&oacute;n&rdquo;. Entre tanto, como Carreras, tambi&eacute;n ejerce de &lsquo;consultor&rsquo; interno.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de L&oacute;pez Alonso, lo que m&aacute;s la empuj&oacute; a seguir vinculada a la universidad es que estaba en pleno desarrollo de una asignatura que hab&iacute;a creado ella para un m&aacute;ster y no quer&iacute;a dejar la labor a medias, recuerda. 
    </p><p class="article-text">
        Antes de que nadie le pregunte, esta em&eacute;rita se&ntilde;ala el elefante en la habitaci&oacute;n de toda conversaci&oacute;n sobre em&eacute;ritos. &ldquo;Uno de los problemas que se pueden dar es que si das clase puedes resolverle problemas de trabajo a la universidad y quitar espacio a que otros entren&rdquo;, expone, pese a que esa pr&aacute;ctica est&aacute; espec&iacute;ficamente prohibida para los em&eacute;ritos. &ldquo;Yo creo que est&aacute; bien resuelto, aunque se dan casos&rdquo;, admite.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La &uacute;nica cr&iacute;tica posible &ndash;tercia Juan Manuel de Farami&ntilde;&aacute;n Gilbert&ndash; es porque se ocupe un despacho, pero hoy en d&iacute;a eso no supone un problema. Es al contrario, un em&eacute;rito puede promocionar, yo ayudo mucho a los j&oacute;venes para que no les cueste tanto como a otros nos ha costado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este catedr&aacute;tico de Derecho, que sigue lo que &eacute;l llama la teor&iacute;a de la bicicleta (&ldquo;si paras de pedalear te caes&rdquo;), es un ejemplo de la diversidad de cuestiones en las que puede ocuparse un em&eacute;rito: dirige la revista de estudios jur&iacute;dicos de su facultad, da cursos de oratoria, participa en congresos, publica &ldquo;mucho&rdquo;, asesora a gobiernos en derecho mar&iacute;timo, del que es experto, y participa en el Colegio de Abogados de Ja&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De Farami&ntilde;&aacute;n lamenta que en Espa&ntilde;a no haya un especial aprecio por los em&eacute;ritos. &ldquo;Depende mucho de las universidades. Pero en Estados Unidos o Reino Unido el em&eacute;rito es una figura respetable, a la que se acude para consultar&rdquo;, una cuesti&oacute;n en la que coinciden otros como Carreras: &ldquo;Me da la sensaci&oacute;n de que estamos un poco infravalorados como colectivo, en otros pa&iacute;ses se mantienen durante m&aacute;s tiempo que los tres a&ntilde;os de aqu&iacute; y tienen m&aacute;s funciones&rdquo;, explica en alusi&oacute;n a que originalmente los emeritazgos estaban limitados en el tiempo &ndash;tambi&eacute;n el suplemento econ&oacute;mico que los acompa&ntilde;aba, compatible con la pensi&oacute;n&ndash; y luego pasaron a ser honor&iacute;ficos y vitalicios en tanto en cuanto no est&aacute;n remunerados.
    </p><p class="article-text">
        En lo que todos est&aacute;n de acuerdo es en que parte fundamental de su labor es no molestar y que est&aacute;n a lo que puedan necesitar los que vienen por debajo. &ldquo;En la medida en que pueda colaborar como consultor lo har&eacute;&rdquo;, dice Campos. &ldquo;No ser&iacute;a correcto que asumiera la carga docente de una catedr&aacute;tica&rdquo;, se&ntilde;ala L&oacute;pez.
    </p><p class="article-text">
        Carreras, que en parte se qued&oacute; porque se lo pidieron, se alinea: &ldquo;Ya dije cuando me pidieron que me quedara que de acuerdo, pero sin molestar. No voy a dedicarme a mangonear, b&aacute;sicamente contesto a lo que me preguntan. No tengo vocaci&oacute;n de seguir hasta los 90&rdquo;, cierra. Solo mientras tenga algo que aportar.
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            <span class="title">
                Juan Manuel de Faramiñán Gilbert, catedrático de Derecho emérito de la Universidad de Jaén.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Daniel Sánchez Caballero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/expertos-retirados-pensionistas-jubilados-son-guardianes-conocimiento_1_9208864.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Aug 2022 19:41:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Expertos retirados, pensionistas, jubilados: estos son los guardianes del conocimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La revolución de los viejos,Pensionistas,Tercera edad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La crónica de nuestra vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cronica-vida_129_9205351.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81eceb62-045c-4921-b80d-0fa2605b0719_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La crónica de nuestra vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seguir luchando por un mundo mejor, quien se anime y tenga fuerzas. Atender a los seres queridos y a la familia social en un sentido amplio. Oponerse y denunciar con más brío lo intolerable</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'La revolución de los viejos' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        Tengo un jard&iacute;n que es un parque p&uacute;blico. Cumple perfectamente su cometido: anuncia la primavera con flores en los almendros, reverdece en verano, estalla en el oto&ntilde;o pleno de exuberancia y, a veces, hasta acoge nieve en invierno. Jard&iacute;n p&uacute;blico, mis cuadros favoritos colgados en el museo Thyssen &ndash;para m&iacute; y para otros&ndash;, todo el conocimiento a un clic si sabemos elegirlo. Y a estas alturas hemos aprendido mucho, eso es la experiencia. Solemos imaginar el paso del tiempo de forma diferente a como llega a ser. Y creemos necesitar mucho m&aacute;s de lo que en realidad precisamos.
    </p><p class="article-text">
        Nacimos a mitad de un siglo, el XX, repleto de transformaciones, que dio un salto espectacular en la historia. Crecer en Espa&ntilde;a entonces fue duro y m&aacute;s a&uacute;n siendo mujer. El dise&ntilde;o consist&iacute;a en casarse, formar una familia y perpetuar el modelo que impuso la dictadura cortando las alas de modernidades previas.
    </p><p class="article-text">
        Nos pill&oacute; de lleno, sin embargo, una &eacute;poca que abr&iacute;a horizontes en lugar de cerrarlos. Las ingenuas primaveras de las flores proclamaban una libertad real y los franceses se inventaron un mayo para llevar la imaginaci&oacute;n al poder. Fue una &eacute;poca expansiva en lo econ&oacute;mico hasta que dej&oacute; de serlo, como mandan los c&aacute;nones de la hegemon&iacute;a reinante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; a Espa&ntilde;a la democracia que disfrutaban otros. Lo hizo recortada por la mano que todo lo ensucia aqu&iacute;. Fue arduo tambi&eacute;n pero vali&oacute; la pena porque se alumbraron conquistas irrenunciables. Y luego la Europa so&ntilde;ada que se expand&iacute;a en innumerables caminos, aunque tampoco ella cumpli&oacute; todas las expectativas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vimos caer el Muro de Berl&iacute;n &ndash;en mi caso en primera fila&ndash; y engrosarse de inmediato el occidente capitalista. Espa&ntilde;a fue evidenciando que para edificar desde las cloacas hay que limpiar a fondo primero.
    </p><p class="article-text">
        A los viejos de hoy &ndash;ancianos, mayores, como quieran&ndash; no se les puede pedir m&aacute;s de lo que han dado. Si el desgaste del tiempo respeta capacidades esenciales y est&aacute;n cubiertas las necesidades suficientes, la autonom&iacute;a para disfrutar de la vida est&aacute; asegurada. Tienta menospreciar la vejez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pandemia aport&oacute; la dur&iacute;sima lecci&oacute;n de pol&iacute;ticos desaprensivos que priorizaban las vidas rentables como si de un mercado de piezas se tratara. Imperdonable error: esta es la generaci&oacute;n que rompi&oacute; todos los clich&eacute;s, sostuvo este pa&iacute;s, viaj&oacute; a conocer otros acentos, se apunt&oacute; a revoluciones hasta sin saberlo, a internet abraz&aacute;ndolo con pasi&oacute;n. La que invent&oacute; el rock que nos hizo de alguna forma inmortales. Y&nbsp;la que adem&aacute;s ayuda a los hijos, cuida a los nietos, y al tiempo disfruta de placeres anta&ntilde;o negados a esas edades como el sexo y vestir y vivir como les da la gana.
    </p><p class="article-text">
        Cierto que no todos. Algunos olvidan los sue&ntilde;os para aferrarse a una estabilidad ficticia cuando es la edad en la que apenas se tiene nada que perder por intentar nuevas aventuras. Ya no importan t&oacute;picos como que la arruga de la piel mata la belleza. Y emerge en cambio lo irrenunciable, lo que llena la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seguir luchando por un mundo mejor, quien se anime y tenga fuerzas. Atender a los seres queridos y a la familia social en un sentido amplio. Oponerse y denunciar con m&aacute;s br&iacute;o lo intolerable. Y sin privarse de continuar amando, sintiendo mariposas en el est&oacute;mago y el placer de los sentidos. Seguir viviendo hasta que el tiempo se acabe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa María Artal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cronica-vida_129_9205351.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Aug 2022 20:47:45 +0000]]></pubDate>
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