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    <title><![CDATA[elDiario.es - Tusquets]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/tusquets/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Tusquets]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El regreso de Fleur Jaeggy, la mujer discreta que escribe libros perversos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/regreso-fleur-jaeggy-mujer-discreta-escribe-libros-perversos_1_13402230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/098b6259-2f90-45cc-afe2-41c7b007279b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148057.jpg" width="2702" height="1520" alt="El regreso de Fleur Jaeggy, la mujer discreta que escribe libros perversos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tusquets recupera cuatro obras de la escritora suiza, una de las voces más importantes de la literatura europea contemporánea</p><p class="subtitle">‘La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas’: el libro de culto sobre niños salvajes, poder y sexualidad reprimida</p></div><p class="article-text">
        Los escritores m&aacute;s misteriosos no son los que se ocultan del todo (<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amiga-estupenda-mejor-libro-siglo-xxi-the-new-york-times_1_11539712.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">y que sin pretenderlo alientan la investigaci&oacute;n en torno a su identidad</a>), sino los que, sin dejar de dar sus se&ntilde;as biogr&aacute;ficas ni de mostrar el rostro, se apartan del foco para dejar que la literatura se abra camino, a su ritmo. La paciencia trae sus recompensas, al menos cuando la calidad de la obra avala la permanencia del autor en las librer&iacute;as. Al fin y al cabo, al final solo quedan los libros, no el n&uacute;mero de presentaciones ni de entrevistas de promoci&oacute;n. Los libros, lo &uacute;nico que importa al lector, lo &uacute;nico capaz de derrotar al tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Fleur Jaeggy, nacida en Z&uacute;rich (Suiza) en 1940, nadie que la haya le&iacute;do lo pone en duda: es lo que se llama una autora de culto, tal vez la &uacute;ltima de una estirpe, la de Ingeborg Bachmann, Marlen Haushofer, Unica Z&uuml;rn, escritoras centroeuropeas a las que se puede sumar la brasile&ntilde;a Clarice Lispector, todas ellas maestras del estilo, de la prosa concentrada y elusiva, especialistas en la recreaci&oacute;n de atm&oacute;sferas opresivas. En Espa&ntilde;a, la admiran escritores como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/enrique-vila-matas-ultimo-libro-busqueda-habitacion-propia-virginia-woolf_128_9282679.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Enrique Vila-Matas</a>, otro autor que se inscribe en una tradici&oacute;n transfronteriza, o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/pilar-adon-idealizamos-ninas-inocencia-quiero-retratar-tormenta-interior-brutal_128_12027394.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pilar Ad&oacute;n</a>.
    </p><p class="article-text">
        Fleur Jaeggy se estableci&oacute; en Italia tras completar sus estudios en Suiza, y all&iacute; desarroll&oacute; toda su carrera. Se cas&oacute; en 1968 con Roberto Calasso, escritor y editor de la prestigiosa Adelphi, la editorial donde ha publicado todos sus libros y para la que ella ha traducido al italiano a autores como Marcel Schwob, Thomas de Quincey y Robert Schumann. La muerte de su marido, en 2021, la convirti&oacute; en copropietaria de la editorial junto con los otros herederos. Adem&aacute;s de todo eso, su nombre est&aacute; detr&aacute;s de unas cuantas canciones de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/canciones-franco-battiato-hizo-historia-pop-mundial_1_7947631.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Franco Battiato</a>, con quien colabor&oacute; como letrista bajo el seud&oacute;nimo Carlota Wieck.
    </p><p class="article-text">
        Jaeggy escribe en italiano, pero su estilo se aleja tanto de la verbosidad a la que tienden las lenguas rom&aacute;nicas que se hace dif&iacute;cil considerarla &ldquo;literatura italiana&rdquo;. Tampoco su imaginario literario se corresponde con el usual en el sur de Europa, no por una cuesti&oacute;n geogr&aacute;fica, sino, y sobre todo, por un modo de mirar, de estar en el mundo. Su car&aacute;cter es m&aacute;s af&iacute;n a las culturas centroeuropeas, incluso n&oacute;rdicas, por su tono g&eacute;lido, punzante, y esas recreaciones sutiles de relaciones de dominaci&oacute;n y dependencia, de reclusi&oacute;n y de amenazas que no se anuncian pero se respiran, con los personajes siempre al borde de un abismo, de una tragedia silenciosa.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco en el ritmo de publicaci&oacute;n se asemeja a los escritores que copan las secciones de libros: cuenta con cinco novelas breves, dos libros de relatos y una obra de teatro; es una autora poco prol&iacute;fica. Y no es un nombre habitual en los medios, en cualquier caso; no se prodiga en entrevistas ni art&iacute;culos, ni ha tenido el af&aacute;n de erigirse en portavoz de los intelectuales o intervenir en la opini&oacute;n p&uacute;blica. Una mujer discreta, pero solo en lo extraliterario; en las p&aacute;ginas, la m&aacute;xima exigencia, como la buscaban <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/merce-ibarz-retrata-merce-rodoreda-escritora-punk-cruel-acusaron-cursi_1_11253865.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Merc&egrave; Rodoreda</a>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/virginia-woolf-diamante-bruto-sale-luz-vida-violet-texto-inedito-juventud_1_13243286.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a> o Thomas Bernhardt, la misma devoci&oacute;n por el lenguaje, por la voz. Ha publicado poco, pero nada que desmerezca, ni una sola palabra de m&aacute;s. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/21f530c8-2bfd-4c06-8355-8538fe162000_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Tiene, como m&iacute;nimo, una obra maestra, <em>Los hermosos a&ntilde;os del castigo</em> (1989), el relato de una joven en un internado de se&ntilde;oritas. Es una de esas novelas hipn&oacute;ticas, extra&ntilde;as, que envuelven al lector en una atm&oacute;sfera enrarecida, en medio de las relaciones entre las adolescentes, los juegos de dominio y dependencia, la sensualidad y la violencia reprimidas. No es amable; tampoco es tr&aacute;gica en el sentido de derramarse. Y, antes del hachazo, sabe hechizar como con un narc&oacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Tusquets est&aacute; publicando nuevas ediciones de sus libros: los dos primeros, <em>El dedo en la boca </em>(1968) y <em>Las estatuas de agua</em> (1980), en un solo volumen; <em>Proleterka</em> (2001), otra de sus mejores novelas, y una obra de teatro, <em>El &aacute;ngel de la guarda</em> (1971). Todas comparten ciertos rasgos, m&aacute;s all&aacute; de la brevedad y el estilo incisivo, a saber: los protagonistas ni&ntilde;os o adolescentes, la edad de tr&aacute;nsito, carne de descubrimientos que los hieren para siempre; el aislamiento, esa sensaci&oacute;n de vivir, m&aacute;s que en el margen de la sociedad, en una especie de limbo, un agujero con el tiempo suspendido, un espacio con sus propias din&aacute;micas; y las emociones de sospecha, miedo, inquietud, peligro.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El dedo en la boca</em>, sigue a una muchacha que ha pasado muchos a&ntilde;os encerrada en una cl&iacute;nica. Nos habla mientras pasea por la naturaleza, solitaria, entremezclando los recuerdos; con sus palabras desaf&iacute;a al lector, trata de inquietarlo: &ldquo;Tal vez el hecho de que me atasen me daba placer; imped&iacute;an que me asomara a ver qu&eacute; me rodeaba&rdquo;. <em>Las estatuas de agua</em>, por su parte, se vehicula en torno a la relaci&oacute;n entre un joven, con una singular fascinaci&oacute;n por las estatuas, y su criado, imitando a ratos el mon&oacute;logo teatral. Soledad, apegos, corrupci&oacute;n de la pureza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida en común acaba por eliminar esa especie de inocencia que tienen las personas solas”</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esos primeros textos son interesantes por cuanto contienen la semilla de todo lo que despliega despu&eacute;s. Y si <em>Los hermosos a&ntilde;os del castigo</em> es extraordinaria, <em>Proleterka</em>, la novela que public&oacute; posteriormente, no la desluce: el <em>Proleterka</em>, ese nombre raro para los oriundos de estas latitudes, es el barco en el que viajan un padre y su hija. Son, en realidad, dos desconocidos que viven su particular tira y afloja. Ella intenta llenar los huecos de su historia familiar, al tiempo que experimenta, a lo largo del crucero, entre sus pasajeros, lo que se conoce como iniciaci&oacute;n a la vida. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Jane y Rachel conversaban: otro juego de paciencia&rdquo;. As&iacute; se introduce la escena teatral en <em>El &aacute;ngel de la guarda</em>, la &uacute;ltima de las recuperaciones. De nuevo dos ni&ntilde;as, de nuevo un entorno aislado, de nuevo un mundo en el que la inocencia se ha corrompido. Ni&ntilde;as, con esa naturaleza extravagante de quien ha crecido solo, sin la presi&oacute;n de acompasarse con las normas sociales, que tan pronto da muestras de una fr&iacute;a madurez como de una inconsciencia temeraria. Hasta que la presencia de ese &aacute;ngel de la guarda resquebraja el equilibrio t&oacute;xico en el que han construido su jaula.
    </p><p class="article-text">
        Fleur Jaeggy no hace concesiones; es el lector quien tiene que darse entero, renunciar a la pretensi&oacute;n de entenderlo todo, renunciar a la complacencia, a la narrativa f&aacute;cil que lo da todo masticado y hasta regala sonrisas. Con ella, no. Ella no escribe para gustar; est&aacute; bien en sus confines, como lo est&aacute;n sus personajes, inmersos en un territorio donde el lector se mueve con paso titubeante. No parece que a estas alturas vaya a convertirse en protagonista de la escena literaria, aunque si le dieran el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/han-kang-nobel-mirada-insolita-cruda-violencia-humana_1_11724452.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Nobel</a> no le faltar&iacute;an aplausos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/regreso-fleur-jaeggy-mujer-discreta-escribe-libros-perversos_1_13402230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 20:46:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Suiza,Cultura,Novela,Tusquets,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Beatriz de Moura, la gran editora que nunca se dio importancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/beatriz-moura-gran-editora-dio-importancia_129_13156883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a0443b4-05a5-46b1-983f-e71667fcbbf1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Beatriz de Moura, la gran editora que nunca se dio importancia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pasado 17 de abril falleció a los 87 años la traductora y fundadora del sello Tusquets Editores</p><p class="subtitle">Muere Beatriz de Moura, fundadora de la editorial Tusquets</p></div><p class="article-text">
        Siendo la editora m&aacute;s notable, con m&aacute;s car&aacute;cter, m&aacute;s belleza y m&aacute;s vitalidad de los nuevos editores barceloneses de la muy bien llamada <em>gauche divine</em>, Beatriz de Moura habr&iacute;a podido participar del espect&aacute;culo, ser portada de revistas de moda y suplementos de cultura. Y no quiso. Nadie ten&iacute;a su sonrisa ni sus caderas, su listeza instintiva, su buen ojo editorial. Y sin embargo prefiri&oacute; estar casi siempre a la sombra, hasta que se nos fue el pasado fin de semana.
    </p><p class="article-text">
        Fuimos al Tanatorio de Les Corts apenas un pu&ntilde;ado de amigos y parientes, alg&uacute;n antiguo novio, una autora, incluso un cr&iacute;tico literario&hellip; Y un nonagenario al que no conoc&iacute;a nadie y que me cont&oacute; que era el impresor de Grafos, que trabaj&oacute; con enormes dificultades el oro y la plata de las dos colecciones memorables con las que Beatriz comenz&oacute; su carrera de editora, los Cuadernos &iacute;nfimos (plata) y la serie Marginales (oro), a partir de 1969. Tambi&eacute;n estaban las dos maravillosas mujeres que cuidaron de ella durante los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os de su vida, con sus maridos, los &uacute;nicos de riguroso y elegante negro, excepto por supuesto un beb&eacute;, el nieto de una de ella.
    </p><p class="article-text">
        Beatriz habr&iacute;a captado y re&iacute;do con sus poderosas carcajadas toda la iron&iacute;a, todas las ausencias, de aquel acto en el que solo Cristina Fern&aacute;ndez Cubas, a quien Beatriz public&oacute; toda su obra, estaba realmente adolorida, temiendo el momento en el que durante el funeral iba a tener que hablar, y sabiendo que no iba a poder hacerlo, que la voz se le iba a quebrar. No pudo estar Toni L&oacute;pez Lamadrid (falleci&oacute; hace unos a&ntilde;os), el hombre con el que Beatriz vivi&oacute; largu&iacute;simos a&ntilde;os, con el que tuvo tremendas peloteras (en las que al final ella acababa llam&aacute;ndole negrero, en alusi&oacute;n a la industria exportadora de carne africana hacia las Am&eacute;ricas con la que la familia de Toni hizo fortuna). Pero unidos por lazos invisibles y pasi&oacute;n compartida, y colaborando en la tarea com&uacute;n de hacer crecer una editorial que se lanz&oacute; a publicar novelas cuando esto estaba muy mal visto por la izquierda. Una editorial que era intuici&oacute;n pura, reflejo de una personalidad a contracorriente, la de Beatriz.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Reunión del jurado del premio La Sonrisa Vertical, de la editorial Tusquets, en los años ochenta. De izquierda a derecha: El actor Fernando Fernán Gómez, el escritor Juan Marsé, la editora Beatriz de Moura y Luis García-Berlanga"
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                Reunión del jurado del premio La Sonrisa Vertical, de la editorial Tusquets, en los años ochenta. De izquierda a derecha: El actor Fernando Fernán Gómez, el escritor Juan Marsé, la editora Beatriz de Moura y Luis García-Berlanga                            </span>
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        Tusquets editores se llam&oacute; as&iacute; porque Beatriz tuvo un primer matrimonio con &Oacute;scar, el hermano de Esther Tusquets (la editora de Lumen: admito que lo de los apellidos y nombres de editoriales es un trabalenguas), que fue el responsable junto con Clotet del dise&ntilde;o de esas colecciones que tra&iacute;a locos a los t&eacute;cnicos de Grafos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b1b809d3-a446-4ba0-a815-22048a734aa2_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Como los j&oacute;venes no lo saben, aclarar&eacute; que aquel grupo de hijos de familias con mucho dinero, empresarios que convivieron tranquilamente con el fascismo seg&uacute;n cont&oacute; con su notable sinceridad Esther Tusquets, y empresarios editoriales ellos mismos, eran gente viajada y no dispuesta a vivir con la mojigater&iacute;a impuesta por el r&eacute;gimen de Franco. Quer&iacute;an el amor libre, la copa llena, la m&uacute;sica a todo volumen. Aquella vida miserable y tontuna de sus mayores, donde todo se hac&iacute;a en secreto (amantes, negocios sucios&hellip;) no era para ellos porque prefer&iacute;an copiar las costumbres m&aacute;s liberales y muy visibles que ve&iacute;an en Par&iacute;s y Nueva York, en Roma y Frankfurt, ciudades que por ser de familias acomodadas no les estaban vedadas.
    </p><p class="article-text">
        Beatriz no se las daba de marxista ni de intelectual, por eso Tusquets fue desde el primer d&iacute;a un sello diferente de Anagrama, que dedic&oacute; el primer decenio de su historia casi exclusivamente a disciplinas como el estructuralismo. Tusquets public&oacute; apenas un a&ntilde;o y pico tras su nacimiento el primero de sus <em>best sellers,</em> aquel trabajo period&iacute;stico de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez que era tan bueno como sus novelas, <em>Relato de un n&aacute;ufrago</em>, un acierto que financi&oacute; la editorial una larga &eacute;poca.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3105d33b-2823-4ac2-8084-950486df7846_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Pero para que se comprenda mejor el m&eacute;rito editorial de Beatriz de Moura citar&eacute; unos pocos autores espa&ntilde;oles que marcaron &eacute;poca: Enrique Vila-Matas (que debut&oacute; con ella), Leopoldo Mar&iacute;a Panero (a quien public&oacute; su mejor libro en prosa, <em>En lugar del hijo</em>) y la ya mencionada Cristina Fern&aacute;ndez Cubas (con un libro de relatos, <em>Mi hermana Elba</em>, rechazado por varias editoriales). Tres autores que fundaron, sin que los autores y ni la editora se fijaran siquiera en el detalle, una nueva manera de escribir que en Espa&ntilde;a era radicalmente opuesta a las tendencias habituales desde Cela y compa&ntilde;&iacute;a: mucho acento en el casticismo y la palabrer&iacute;a, poco inter&eacute;s por las historias. Ese tr&iacute;o de autores lo cambi&oacute; todo. Luego lleg&oacute; lo que bautic&eacute; como Nueva narrativa Espa&ntilde;ola, como colaborador de Anagrama.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://m.media-amazon.com/images/I/61dP-0Um1BL._AC_UF1000,1000_QL80_.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Fueron esos los primeros pasos (con permiso del Seix Barral de don Carlos) que acercaron la edici&oacute;n espa&ntilde;ola a la europea, y en la vanguardia de todo aquello estuvo Beatriz, sin jam&aacute;s echarse faroles. Luego, porque ella era como era, lanz&oacute; muchos libros en el &aacute;rea de la acracia, y tambi&eacute;n en dos campos olvidados por las letras hispanas hasta que ella entr&oacute; con el br&iacute;o que la caracterizaba en la edici&oacute;n de obras que trataban sobre los placeres cotidianos (Los cinco sentidos) y la sexualidad prohibida (La sonrisa vertical).
    </p><p class="article-text">
        Luego se sum&oacute; a todo eso la publicaci&oacute;n de <em>El amante</em> de Marguerite Duras, la de <em>La insoportable levedad del ser</em> de Milan Kundera y la obra de Pynchon y todo lo que ustedes quieran. Su mano derecha, Juan Cerezo, contin&uacute;a esa labor, ahora con la empresa dentro del grupo Planeta.
    </p><p class="article-text">
        Otro apunte que define a la persona, y que este domingo me cont&oacute; uno de sus amigos: Beatriz firm&oacute; el primer manifiesto espa&ntilde;ol en favor de la despenalizaci&oacute;n de la eutanasia. Pero renunci&oacute; a que se la aplicaran cuando not&oacute; los primeros s&iacute;ntomas graves de la enfermedad de Alzheimer. Era demasiado vital para pedir que le quitaran la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Murillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/beatriz-moura-gran-editora-dio-importancia_129_13156883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 12:04:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Beatriz de Moura, la gran editora que nunca se dio importancia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Obituario,Tusquets,Editoriales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muere Beatriz de Moura, fundadora de la editorial Tusquets]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/muere-beatriz-moura-fundadora-editorial-tusquets_1_13152363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d88972e-4f76-40da-8ab2-575898f97154_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141087.jpg" width="1367" height="769" alt="Muere Beatriz de Moura, fundadora de la editorial Tusquets"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La editora tenía 87 años y durante más de 40 fue la directora editorial del prestigioso sello con sede en Barcelona</p></div><p class="article-text">
        La editora Beatriz de Moura ha fallecido este viernes. Ten&iacute;a 87 a&ntilde;os y su nombre estar&aacute; para siempre vinculado a Tusquets, el sello que fund&oacute; y en el que durante m&aacute;s de 40 a&ntilde;os ejerci&oacute; como directora editorial. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lamentamos comunicar que hoy nos ha dejado Beatriz de Moura (1939-2026). fundadora y directora literaria de Tusquets Editores, mujer brillante y desprejuiciada, cosmopolita y aguerrida, precursora de tantas cosas y alma de la editorial&raquo;, ha informado la editorial en un comunicado.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en R&iacute;o de Janeiro, lleg&oacute; a Barcelona siendo una adolescente.  Su padre era diplom&aacute;tico y antes de instalarse en la capital catalana vivi&oacute; en Bolivia, Chile o Ecuador, entre otros destinos. Beatriz de Moura aprendi&oacute; el oficio de editora en la Barcelona de los 60 hasta fundar su propio sello junto a su primer marido, &Oacute;scar Tusquets.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Empec&eacute; a trabajar en el mundo editorial, simultaneando colaboraciones con la Editorial Gili y la Editorial Salvat, hasta que en 1964 Esther Tusquets, para quien ya hab&iacute;a hecho algunas traducciones de libros infantiles, me ofreci&oacute; incorporarme a la Editorial Lumen que acababa de fundar. Fue una etapa muy interesante e instructiva. Mi colaboraci&oacute;n con Esther fue muy intensa, y acab&eacute; cas&aacute;ndome con su hermano, el arquitecto &Oacute;scar Tusquets, y junto a &eacute;ste fund&eacute; mi propia empresa editorial, Tusquets Editores&rdquo;, <a href="https://www.testimoniosparalahistoria.com/entrevista/beatriz-de-moura-editora/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">explicaba en una entrevista</a>.
    </p><p class="article-text">
        La editora reivindic&oacute; a menudo el papel de Barcelona como &ldquo;gran centro editor en lengua castellana y catalana&rdquo;, por una cuesti&oacute;n de &ldquo;tradici&oacute;n y de impulso cultural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De Moura tradujo personalmente desde los originales en franc&eacute;s <em>Los testamentos traicionados</em>, <em>La lentitud</em>, <em>La identidad</em> y <em>La ignorancia</em> del escritor checo y franc&eacute;s Milan Kundera. Entre otras distinciones, ha recibido la Cruz de Sant Jordi en el a&ntilde;o 2006. Tambi&eacute;n fue nombrada Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura franc&eacute;s (1998) y fue miembro del jurado del Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de Comunicaci&oacute;n y Humanidades y jurado del Premio Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Manuel Lara Hern&aacute;ndez. Don&oacute; su biblioteca particular a la Universidat Pompeu Fabra y, en 2017, el archivo de la editorial a la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es Catalunya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/muere-beatriz-moura-fundadora-editorial-tusquets_1_13152363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 17:10:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Muere Beatriz de Moura, fundadora de la editorial Tusquets]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tusquets,Barcelona,Libros]]></media:keywords>
    </item>
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