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    <title><![CDATA[elDiario.es - Memoria obrera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Memoria obrera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[1º de Mayo: Memoria obrera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/1o-mayo-memoria-obrera_132_13186992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/893b6705-455d-481c-b98b-9af2975a5f88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="1º de Mayo: Memoria obrera"></p><p class="article-text">
        Hace justo ahora ciento cuarenta a&ntilde;os, el 1 de mayo de 1886, se iniciaba la huelga de m&aacute;s de 200.000 trabajadores de Chicago en demanda de la jornada laboral de ocho horas. Tres d&iacute;as m&aacute;s tarde, al t&eacute;rmino de una manifestaci&oacute;n en Haymarket Square fueron detenidos varios militantes anarquistas, cinco de los cuales ser&iacute;an poco despu&eacute;s ahorcados, tras un juicio repleto de irregularidades.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, los nombres de aquellos <em>M&aacute;rtires de Chicago, </em>George Engel, Alolph Fischer, Louis Lingg, Albert Parsons y August Spies, presiden el pante&oacute;n de la memoria obrera y la fecha del 1&ordm; de Mayo fue declarada, a propuesta de la Internacional Socialista, como <em>Dia de los Trabajadores </em>y asumida como referente simb&oacute;lico por el sindicalismo mundial que, en su largo recorrido hist&oacute;rico, ha actuado entre la protesta y la propuesta como eficaz prescriptor social y factor de igualdad. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras que, por una parte, la lucha sindical ha logrado convertir en derechos consolidados lo que inicialmente se presentaban como ut&oacute;picas reivindicaciones obreristas (libertad de asociaci&oacute;n, de huelga, jornada de 8 horas, vacaciones pagadas&hellip;), por otra ha contribuido a reducir progresivamente la desigualdad mediante una distribuci&oacute;n m&aacute;s equitativa de los ingresos y una mayor re-distribuci&oacute;n por la v&iacute;a&nbsp;de las pol&iacute;ticas fiscales y de bienestar social (educaci&oacute;n, sanidad, pensiones&hellip;).
    </p><h2 class="article-text"><strong>Rutas de la memoria obrera-III</strong></h2><p class="article-text">
        Con objeto de seguir reivindicando el trabajo de las mujeres y hombres que, en la fase m&aacute;s dura de nuestra historia reciente, lucharon por los derechos laborales y la libertad de todos, la <em>Fundaci&oacute;n de Estudios e Iniciativas Sociolaborales </em>(FEIS) de Comisiones Obreras acaba de publicar, coincidiendo de nuevo con la conmemoraci&oacute;n del 1&ordm; de Mayo, un nuevo volumen de la serie <em>Rutas de la memoria obrera.</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta tercera entrega se dedica a analizar el importante movimiento huelgu&iacute;stico que, en los primeros meses de 1976, contribuy&oacute; a desbaratar el continuismo post-franquista, acelerando el ritmo de los cambios hacia la democracia y la configuraron, finalmente, de un nuevo sistema de relaciones laborales. Durante la primera mitad de 1976 fueron m&aacute;s de 3,7 millones de trabajadores (190.000, aproximadamente, en el Pa&iacute;s Valenciano) los que participaron en un amplio movimiento huelgu&iacute;stico en defensa de sus reivindicaciones salariales y exigencia de &ldquo;&hellip;<em>llibertat, amnist&iacute;a i sindicat obrer&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Los dos primeros textos incluidos en este volumen se centran en la contextualizaci&oacute;n de la etapa final de la dictadura, caracterizada por la confluencia de crisis econ&oacute;mica, incertidumbre pol&iacute;tica y creciente conflictividad social, con especial referencia a dos episodios significativos del emergente movimiento sindical valenciano: las huelgas en los sectores de la madera y la construcci&oacute;n que, en las peores circunstancias, demostraron su capacidad de presi&oacute;n y negociaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los cap&iacute;tulos 3 y 4 describen el proceso de reconstrucci&oacute;n del movimiento sindical en comarcas del interior de nuestra Comunidad (Vall d&rsquo;Albaida, La Costera y Canal de Navarr&eacute;s), tradicionalmente alejadas de los grandes focos fabriles pero en las que durante el &uacute;ltimo tercio del siglo pasado funcionaron algunas empresas importantes y din&aacute;micos distritos industriales (textil, piel, vidrio, papel&hellip;) en torno a los que se desarrollaron redes de resistencia y lucha obrera. Los textos que se incluyen son el resultado de una interesante experiencia de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica &ldquo;desde abajo&rdquo;, realizada en el marco del <em>Taller de memoria obrera y democr&aacute;tica </em>impulsado por la Escuela de Formaci&oacute;n de Personas Adultas de X&agrave;tiva y la Uni&oacute;n Comarcal de CC.OO., con la participaci&oacute;n directa y aportaciones documentales de mujeres y hombres que participaron en su momento en la construcci&oacute;n del nuevo sindicalismo en sus f&aacute;bricas y pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo se dedica a seguir la historia empresarial y obrera de MACOSA, la gran factor&iacute;a metal&uacute;rgica valenciana que desde finales del siglo XIX hasta principios del XXI en que es adquirida por una multinacional ha operado como un potente n&uacute;cleo industrial (calderer&iacute;a, material ferroviario, bienes de equipo&hellip;) y referente de la acci&oacute;n sindical en el Pa&iacute;s Valenciano. El texto ha sido elaborado por quien fuera durante muchos a&ntilde;os secretario general de la Secci&oacute;n sindical de CC.OO. en la empresa en un admirable ejercicio, en este caso, de &ldquo;historia desde dentro&rdquo; que contribuye no s&oacute;lo a salvar la memoria obrera de varias generaciones de trabajadores de dicha factor&iacute;a sino que aporta documentaci&oacute;n hist&oacute;rica y revisi&oacute;n cr&iacute;tica de la trayectoria empresarial de la misma.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Din&aacute;micas sociales y movimiento sindical</strong></h2><p class="article-text">
        Aun trat&aacute;ndose de estructuras empresariales y culturas sindicales diferentes, en todos estos casos podemos identificar factores y din&aacute;micas sociales comunes tales como el fuerte componente migratorio en la configuraci&oacute;n de la clase obrera valenciana y la construcci&oacute;n del nuevo sindicalismo, la influencia del obrerismo cat&oacute;lico y de la organizaci&oacute;n comunista en su desarrollo, el impacto de la(s) crisis econ&oacute;mica(s)&nbsp;sobre el modelo industrial tradicional y la composici&oacute;n de la propia clase trabajadora as&iacute; como la estrategia de protesta y propuesta del movimiento obrero, tanto en su dimensi&oacute;n colectiva como en la emergencia de nuevos liderazgos.
    </p><p class="article-text">
        Como se desprende claramente de estos y otros episodios de historia social que venimos documentando y que pueden consultarse en la nueva web <a href="http://www.memoriaobrera.org" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">memoriaobrera.org</a>, el componente migratorio result&oacute; decisivo, tanto en t&eacute;rminos cuantitativos como cualitativos, para la reconfiguraci&oacute;n demogr&aacute;fica de la poblaci&oacute;n valenciana, la transformaci&oacute;n socioecon&oacute;mica del Pa&iacute;s y, muy especialmente, la formaci&oacute;n de un nuevo sindicalismo de clase.
    </p><p class="article-text">
        A partir de los a&ntilde;os sesenta y procedentes de las zonas m&aacute;s pobres y explotadas de Andaluc&iacute;a y Castilla-La Mancha llegaron aqu&iacute;, en busca de trabajo y una vida digna, miles, cientos de miles de mujeres y hombres hasta representar en 1980 el 25,5% de la poblaci&oacute;n total, contribuyendo decisivamente al despegue econ&oacute;mico de este territorio e implic&aacute;ndose muy pronto en la lucha por sus derechos laborales y las libertades democr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        En el proceso de formaci&oacute;n de este nuevo sindicalismo operar&aacute;n como factor dinamizador dos culturas obreras, de matriz cristiano y marxista respectivamente, distantes cuando no enfrentadas hasta entonces, que acabar&aacute;n convergiendo en la lucha com&uacute;n por la dignidad del trabajo y de las personas trabajadoras. Comunistas del PCE y cat&oacute;licos de la JOC participar&aacute;n juntos en la construcci&oacute;n del nuevo sindicalismo, compartiendo valores y recursos organizativos, como puede constatarse en los casos que aqu&iacute; analizamos, con especial referencia a la importante aportaci&oacute;n del obrerismo cristiano articulado entorno a la primera USO que acabar&iacute;a integr&aacute;ndose mayoritariamente en CCC.OO.
    </p><p class="article-text">
        Atendiendo ahora a una perspectiva m&aacute;s estructural resulta significativo cuando no directamente impactante constatar que, 50 a&ntilde;os despu&eacute;s de los episodios de lucha obrera analizados en este libro, el escenario ha cambiado radicalmente, hasta el punto de que la pr&aacute;ctica totalidad de las f&aacute;bricas de referencia entonces han desaparecido y resultan incluso dif&iacute;ciles de ubicar ahora en la trama urbana de nuestras ciudades y pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Estamos, pues, ante un profundo cambio del modelo productivo valenciano y de la consiguiente transformaci&oacute;n morfol&oacute;gica de la clase obrera. Entre 1976 y 2026 se ha duplicado la poblaci&oacute;n ocupada en nuestra Comunidad, hasta alcanzar los 2,5 millones de personas trabajadoras, al tiempo que se modificaba radicalmente su distribuci&oacute;n sectorial: si hace 50 a&ntilde;os casi la mitad del empleo correspond&iacute;a a la industria/construcci&oacute;n hoy apenas llega al 24&rsquo;7%, mientras que ha aumentado considerablemente el adscrito al sector terciario (del 38,6 al 73,6 por cien), al tiempo que nos aproximamos a la paridad de g&eacute;nero en el conjunto de la poblaci&oacute;n ocupada, en t&eacute;rminos estad&iacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        La acumulaci&oacute;n de tantos y tan importantes cambios ha exigido del sindicalismo de clase la implementaci&oacute;n de un proceso continuado de renovaci&oacute;n de sus estructuras, estrategias y liderazgos que legitiman su funci&oacute;n como el mayor movimiento social de nuestro pa&iacute;s, tanto en t&eacute;rminos representativos (entre CC.OO. y UGT acumulan el 72% de los 35.487 delegados sindicales elegidos en los centros de trabajo) como de gesti&oacute;n de las relaciones laborales (ambos sindicatos negocian la pr&aacute;ctica totalidad de los convenios que regulan el empleo en nuestra Comunidad). 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la dimensi&oacute;n coral de la acci&oacute;n sindical consideramos necesario reivindicar tambi&eacute;n las trayectorias vitales, laborales y civiles de quienes, en los tiempos dif&iacute;ciles, lograron impulsar y representar amplios movimientos sociales a riesgo, en demasiadas ocasiones, de su propia libertad, por lo que incluimos en el libro las biograf&iacute;as de una veintena de sindicalistas,<span class="highlight" style="--color:white;"> muchos de ellos inmigrantes andaluces y castellanos que llegaron huyendo de la pobreza y la persecuci&oacute;n, vivieron, trabajaron y lucharon aqu&iacute; por los derechos laborales y la libertad de todos, dejando en sus f&aacute;bricas y pueblos la huella de su compromiso y dignidad.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/1o-mayo-memoria-obrera_132_13186992.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 21:53:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[1º de Mayo: Memoria obrera]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Las huelgas de 1976 III, la emergencia del movimiento obrero en el País Valenciano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/huelgas-1976-iii-emergencia-movimiento-obrero-pais-valenciano_132_12999136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab1fa39b-18b6-4a3a-beeb-8e29f48c053b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las huelgas de 1976 (III.- La emergencia del movimiento obrero en el País Valenciano)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las huelgas de 1976. (II.- Aquel invierno caliente)</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Las huelgas de 1976 III, a emergencia del movimiento obrero en el País Valenciano.                            </span>
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        Pese a la existencia de n&uacute;cleos fabriles dispersos por la geograf&iacute;a valenciana desde finales del siglo XIX (Alcoi) o primer tercio del XX (Vall d&rsquo;Uix&oacute;, Port de Sagunt, Bu&ntilde;ol, Val&egrave;ncia, Valls del Vinalop&oacute;&hellip;), la industrializaci&oacute;n del Pa&iacute;s ser&aacute; tard&iacute;a y desigual, lo que en su momento fue objeto de un largo y confuso debate nacionalista sobre el supuesto sujeto del cambio hist&oacute;rico y las consiguientes alianzas pol&iacute;ticas, que acabar&iacute;a resultando tan formalmente sofisticado como socialmente est&eacute;ril.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, durante la d&eacute;cada de los sesenta se registr&oacute; aqu&iacute; un acelerado proceso de cambio demogr&aacute;fico, econ&oacute;mico y laboral &nbsp;que acabar&iacute;a impugnando en la pr&aacute;ctica el fatalismo de la profec&iacute;a fusteriana&nbsp;seg&uacute;n la cual &nbsp;<em>&ldquo;&hellip;la valenciana ser&agrave; un societat rural, ac&egrave;fala i neutra.., (</em>en la que<em>) la mediocritat de la burgues&iacute;a local i la indefinici&oacute; del proletariat&hellip;salten a la vista&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, la inercia del agrarismo y la desvertebraci&oacute;n no se cumpli&oacute; y el Pa&iacute;s Valenciano &nbsp;se configurar&aacute; a partir de entonces como la tercera regi&oacute;n econ&oacute;mica de Espa&ntilde;a, con una estructura de clases y consiguiente conflicto de intereses propios de una sociedad capitalista desarrollada. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, mientras unos continuaban entretenidos <em>&ldquo;&hellip;&agrave; la recherche de la burgeoisie perdue&rdquo; </em>(nacional, <em>of course!</em>) y otros pontificaban sobre la imposibilidad de un aut&eacute;ntico movimiento obrero de masas debido al minifundismo productivo y la mentalidad menestral de los valencianos&hellip;, el <em>hilo industrial </em>que hab&iacute;a detectado Ernest Lluch fue tejiendo, de norte a sur del Pa&iacute;s, &nbsp;una amplia y compleja trama de peque&ntilde;as y medianas empresas articuladas en pujantes distritos sectoriales (cer&aacute;mica, metal, madera, textil, juguete, calzado&hellip;) en los que, junto a algunas grandes factor&iacute;as (Altos Hornos, Macosa, los astilleros&hellip;), trabajaba una nueva clase obrera, procedente en gran parte de la desagrarizaci&oacute;n valenciana y de la emigraci&oacute;n interior mayoritariamente andaluza de la que, en la fase final del franquismo, emerger&aacute; un potente movimiento obrero y sindical cuya intervenci&oacute;n resultar&aacute; clave en la transici&oacute;n a la democracia
    </p><p class="article-text">
        A mediados de la d&eacute;cada de los setenta, la poblaci&oacute;n asalariada en el Pa&iacute;s Valenciano era ya de 860.000 personas, de las que el 40% aproximadamente trabajaban en el sector secundario (industria y construcci&oacute;n) y algo m&aacute;s de la mitad en los servicios, mientras que el sector agrario apenas ocupaba al 8% del total.
    </p><p class="article-text">
        Tal era, en s&iacute;ntesis, la composici&oacute;n sociol&oacute;gica del proletariado valenciano que, tras un proceso de luchas parciales que fortalecieron su organizaci&oacute;n y conciencia de clase, protagonizar&aacute; las grandes huelgas de 1976, defini&eacute;ndose en la pr&aacute;ctica como motor real del cambio, al articular sus reivindicaciones socio-laborales con la demanda de libertades democr&aacute;ticas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Repertorios de acci&oacute;n colectiva</strong></h2><p class="article-text">
        La triple crisis (econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y social) del final de la dictadura, que analizamos en la <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/huelga-1976_132_12902076.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primera entrega de esta serie</a>&nbsp;coincidi&oacute; tambi&eacute;n aqu&iacute; con la negociaci&oacute;n de los principales convenios sectoriales que deb&iacute;an regular las condiciones laborales de la mayor&iacute;a de los trabajadores del Pa&iacute;s, en un contexto de paro creciente e inflaci&oacute;n muy alta que erosionaba el poder adquisitivo de sus salarios.
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez iba a ensayarse una nueva din&aacute;mica negociadora, con todas las caracter&iacute;sticas del sindicalismo de clase que emerg&iacute;a con fuerza real, pese a seguir siendo oficialmente ilegal. Se trataba de articular una nueva legitimidad basada en las asambleas de f&aacute;brica y de sector, con los representantes elegidos en las <em>candidaturas unitarias y democr&aacute;ticas</em> durante las &uacute;ltimas elecciones del Vertical y las organizaciones obreras a&uacute;n clandestinas que operaban como aut&eacute;nticos nodos de coordinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Durante los primeros meses de 1976 se registr&oacute; aqu&iacute; el mayor movimiento reivindicativo que pod&iacute;a recordarse, coincidiendo en intensidad y objetivos con las movilizaciones obreras del resto de Espa&ntilde;a. A un ritmo escalonado primero y casi general despu&eacute;s, 190.000 trabajadores valencianos fueron a la huelga en el marco de la negociaci&oacute;n de sus respectivos convenios colectivos, utilizando para ello los repertorios de acci&oacute;n colectiva propios del moderno sindicalismo de clase.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que en unos casos (construcci&oacute;n) la lucha por los convenios se impulsaba desde coordinadoras elegidas en asambleas multitudinarias, en otros (metal) se hac&iacute;a desde posiciones representativas conquistadas en las estructuras verticalistas, combin&aacute;ndose finalmente ambos modelos en los ramos de madera-mueble, textil, calzado, sanidad, etc., en funci&oacute;n de sus respectivas caracter&iacute;sticas. Tanto en un caso como en los otros, la presencia e intervenci&oacute;n de miembros de CC.OO. fue siempre hegem&oacute;nica, junto a grupos menores vinculados a USO, el obrerismo cristiano y una UGT en fase de reconstrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El proceso se iniciaba con la elaboraci&oacute;n de una plataforma reivindicativa que recog&iacute;a las demandas surgidas de las asambleas informales de f&aacute;brica, de car&aacute;cter tanto laboral (salario, jornada, vacaciones, horas extra&hellip;) como sociopol&iacute;tico (libertad, amnist&iacute;a, sindicato obrero), coordinada por los <em>enlaces sindicales</em> elegidos y presentada luego a los representantes empresariales del &aacute;mbito correspondiente que, en la mayor&iacute;a de los casos, carec&iacute;an de la m&aacute;s elemental cultura negociadora y se instalaban en posiciones intransigentes ampar&aacute;ndose en la burocracia verticalista y las apelaciones al orden p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        En una segunda etapa, se convocaban grandes asambleas para informar a los trabajadores del sector y elegir comisiones representativas para el seguimiento de las negociaciones. Ante la habitual negativa de los jerarcas verticalistas a utilizar las instalaciones oficiales, las asambleas multitudinarias se trasladaban a iglesias y plazas p&uacute;blicas concluyendo, generalmente, en manifestaciones por el centro de la ciudad, que aportaban visibilidad al conflicto y reforzaban la percepci&oacute;n social del proceso de cambio en curso.
    </p><p class="article-text">
        Ante el frecuente bloqueo de las negociaciones, la representaci&oacute;n obrera, compuesta mayoritariamente por militantes de las principales organizaciones sindicales, planteaba la posibilidad de huelga como medida de presi&oacute;n, sometiendo su convocatoria a la decisi&oacute;n de la asamblea, que operaba desde entonces como factor de difusi&oacute;n y coordinaci&oacute;n de la misma.
    </p><p class="article-text">
        Pese a las dificultades derivadas de las restricciones legales para el normal ejercicio de los derechos de asociaci&oacute;n, reuni&oacute;n y huelga, que tardar&iacute;an a&uacute;n m&aacute;s de un a&ntilde;o en reconocerse, aquella primera generaci&oacute;n de sindicalistas forjada en la clandestinidad y sin apenas experiencia fue capaz de gestionar un amplio movimiento huelgu&iacute;stico que concluy&oacute;, en muchos casos, &nbsp;con importantes acuerdos&nbsp;que satisfac&iacute;an, al menos en parte, las reivindicaciones presentadas al tiempo que generaban poder contractual y sentaban las bases para el posterior desarrollo de las organizaciones obreras.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se cumplen ahora 50 a&ntilde;os de aquel proceso, que contribuy&oacute; decisivamente a acelerar el cambio pol&iacute;tico y la conquista de las libertades, constituye un deber de justicia hist&oacute;rica reivindicar la memoria de las mujeres y hombres que lo hicieron posible. Tal es el compromiso que asume y desarrolla la <em>Fundaci&oacute;n de Estudios e Iniciativas Sociolaborales</em> (FEIS), promovida por CC.OO. en su proyecto editorial <em>Rutas de la Memoria Obrera </em>que trata de documentar y difundir los principales conflictos sociales en nuestra Comunidad durante el franquismo y la transici&oacute;n democr&aacute;tica, siguiendo el <em>hilo rojo</em> iniciado por las investigaciones y testimonios recopilados entonces por Josep Pic&oacute; (<em>El moviment obrer al Pa&iacute;s Valenci&agrave; sota el franquisme, </em>editorial E. Climent, 1976) y Jes&uacute;s Sanz (<em>El movimiento obrero en el Pa&iacute;s Valenciano, </em>Fernando Torres editor, 1976)
    </p><h2 class="article-text"><strong>Dial&eacute;ctica presi&oacute;n/negociaci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        El primer episodio importante de aquel <em>invierno caliente </em>en el Pa&iacute;s Valenciano fue protagonizado por m&aacute;s de 200 trabajadoras textiles de la factor&iacute;a COINTEX de Bu&ntilde;ol que manten&iacute;an, desde finales de diciembre, una serie de paros parciales contra el despido de una delegada sindical y en defensa de sus reivindicaciones salariales y de seguridad laboral. La noche del 9 de enero de 1976 la polic&iacute;a amenaz&oacute; con desalojarlas violentamente de su encierro en la iglesia se San Pedro. El toque de campanas alert&oacute; a la poblaci&oacute;n que acudi&oacute; masivamente en su apoyo, activando una oleada de solidaridad civil (dimisi&oacute;n del Ayuntamiento, presiones a la autoridad laboral, etc.) que oblig&oacute; a la empresa a negociar y evitar despidos y sanciones.
    </p><p class="article-text">
        Si el caso de Bu&ntilde;ol resulta cualitativamente significativo, la huelga de la construcci&oacute;n lo ser&aacute; en t&eacute;rminos cuantitativos tanto por su duraci&oacute;n (2 semanas) como por el n&uacute;mero de participantes (alrededor de 80.000 en las tres provincias) y los resultados conseguidos.
    </p><p class="article-text">
        El conflicto empez&oacute; el 14 de enero en Valencia, extendi&eacute;ndose poco despu&eacute;s a Castell&oacute;n, y se mantuvo hasta el d&iacute;a 27 con asambleas y marchas pr&aacute;cticamente diarias, coordinadas por la <em>Comisi&oacute;n de los 40 </em>que supo articular correctamente la presi&oacute;n con la negociaci&oacute;n, pese a las tensiones del proceso y el radicalismo de grupos minoritarios, hasta alcanzar finalmente un acuerdo que, entre otras mejoras, superaba ampliamente el tope salarial impuesto por el Gobierno. Apenas un mes despu&eacute;s, el 25 de febrero, arrancaba la huelga en la construcci&oacute;n de Alicante, con din&aacute;micas, duraci&oacute;n y resultados similares.
    </p><p class="article-text">
        La revisi&oacute;n del convenio valenciano del metal provoc&oacute;, asimismo, una importante respuesta obrera (30.000 trabajadores en huelga entre el 26 de enero y el 7 de febrero), caracterizada por haber sido gestionada desde dentro (y contra) las mismas estructuras verticalistas, a las que hab&iacute;an accedido militantes de CC.OO. con el apoyo electoral emitido desde muchas peque&ntilde;as y medianas empresas que, junto algunas grandes que dispon&iacute;an de convenio propio (MACOSA, Astilleros Elcano) consiguieron quebrar la resistencia patronal a la negociaci&oacute;n y lograron acuerdos satisfactorios.
    </p><p class="article-text">
        En las comarcas del sur, la tensi&oacute;n social latente estall&oacute; tambi&eacute;n durante aquellos meses en torno a las negociaciones colectivas en los sectores del calzado (Vinalop&oacute;) y del textil (Alcoi&agrave;-Comtat). En el primer caso, el asesinato policial del joven Te&oacute;filo del Valle, al t&eacute;rmino de una manifestaci&oacute;n en Elda el 24 de febrero, bloque&oacute; las demandas en curso para la renovaci&oacute;n del convenio que quedaron aplazadas al a&ntilde;o siguiente cuando, impulsadas por un amplio &nbsp;<em>movimiento asambleario, </em>alcanzaron su m&aacute;xima expresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;rea de Alcoi, de fuerte concentraci&oacute;n fabril y larga tradici&oacute;n de lucha sindical, se hab&iacute;an registrado dos importantes huelgas en los a&ntilde;os anteriores (abril de 1974 y octubre de 1975) con acuerdos positivos para los trabajadores del ramo de fibras de recuperaci&oacute;n textil, a cuya renovaci&oacute;n en 1976 se opuso la patronal de forma intransigente, pese a la huelga sostenida durante tres semanas, a partir de 31 de marzo, por m&aacute;s de 9.000 trabajadores que, a&uacute;n fracasando en sus reivindicaciones, <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-4_132_12513035.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">concitaron la solidaridad de gran parte de la poblaci&oacute;n</a>.
    </p><p class="article-text">
        Conclu&iacute;a as&iacute;, con victorias y derrotas, aquel primer trimestre de 1976 durante el que se registraron, tambi&eacute;n, importantes luchas en sectores de escasa tradici&oacute;n sindical hasta el momento (banca, ense&ntilde;anza privada, transportes&hellip;) y que el verano &nbsp;de aquel mismo a&ntilde;o demostrar&iacute;an una alta capacidad de movilizaci&oacute;n (huelgas en la industria de la madera y la sanidad p&uacute;blica), representando en su conjunto un importante salto cualitativo para el movimiento sindical de nuestro pa&iacute;s en su proceso de organizaci&oacute;n e interlocuci&oacute;n social en defensa y promoci&oacute;n de los intereses de la clase trabajadora y los derechos civiles de toda la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces y hasta la legalizaci&oacute;n de los sindicatos en abril de 1977 y las primeras elecciones libres del 15 de junio, se produjeron avances importantes en el proceso de ruptura democr&aacute;tica, para cuya consecuci&oacute;n resultar&aacute; decisiva la presi&oacute;n obrera y sindical, como tendremos ocasi&oacute;n de analizar en posteriores entregas de este blog.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/huelgas-1976-iii-emergencia-movimiento-obrero-pais-valenciano_132_12999136.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 22:01:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las huelgas de 1976 III, la emergencia del movimiento obrero en el País Valenciano]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las huelgas de 1976. (II.- Aquel invierno caliente)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/huelgas-1976-ii-invierno-caliente_132_12955065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aafad732-c1e0-43d6-a575-6f0aa937000d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las huelgas de 1976. (II.- Aquel invierno caliente)"></p><p class="article-text">
        En el proceso de aceleraci&oacute;n hist&oacute;rica que vivi&oacute; nuestro pa&iacute;s durante el per&iacute;odo comprendido entre la muerte del dictador y las primeras elecciones democr&aacute;ticas (<em>&ldquo;Hab&iacute;a semanas que parec&iacute;an a&ntilde;os&hellip;&rdquo;!</em>), la confluencia entre las crisis pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y social retroaliment&oacute; una din&aacute;mica de fuerte conflictividad laboral que, durante el primer trimestre de 1976, alcanz&oacute; niveles de movilizaci&oacute;n general.
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                Huelgas en Europa (1970-1980).                            </span>
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        Pese a sus l&iacute;mites y contradicciones, el inicio de la transici&oacute;n ampli&oacute; la estructura de oportunidades, generando grandes expectativas de cambio en todos los &aacute;mbitos lo que, en el caso de las relaciones laborales, coincidi&oacute; con la negociaci&oacute;n de miles de convenios colectivos en los que se dirim&iacute;an las condiciones laborales de m&aacute;s de ocho millones de trabajadores, en un contexto de inflaci&oacute;n creciente que erosionaba r&aacute;pidamente el poder adquisitivo de sus salarios. Mientras un decreto gubernamental fijaba en el 14% el tope m&aacute;ximo de los incrementos posibles la inflaci&oacute;n real rozar&iacute;a a finales del a&ntilde;o el 20%.
    </p><p class="article-text">
        Junto a las demandas salariales b&aacute;sicas, el movimiento sindical a&uacute;n <em>ilegal </em>planteaba reivindicaciones largamente aplazadas (reducci&oacute;n de jornada, vacaciones, seguridad laboral, derechos sociales&hellip;) ante gestores p&uacute;blicos y privados con escasa o nula cultura negociadora, acostumbrados al inapelable <em>ordeno y mando </em>con la represi&oacute;n y el despido como recurso habitual.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, a diferencia de los principales pa&iacute;ses democr&aacute;ticos de nuestro entorno en los que la institucionalizaci&oacute;n de las relaciones laborales hab&iacute;a aislado el conflicto pol&iacute;tico del social, aqu&iacute; operaba la tendencia contraria, de manera que la ausencia de libertades sindicales y civiles, la alta inflaci&oacute;n y baja cobertura de las prestaciones sociales junto a la persistencia de la represi&oacute;n empresarial, policial y judicial confer&iacute;an contenido pol&iacute;tico y potencialidad transformadora a la movilizaci&oacute;n obrera que adquir&iacute;a as&iacute; un fuerte componente expresivo y acreditaba su consolidaci&oacute;n como actor social clave en un contexto de crisis.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los datos</strong></h2><p class="article-text">
        Aunque la oleada de huelgas se hab&iacute;a iniciado incluso unos a&ntilde;os antes y se prolongar&iacute;a con algunas oscilaciones durante toda la d&eacute;cada, fue en 1976 cuando alcanz&oacute; una de sus mayores cotas: 3,7 millones de huelguistas y una media de 1.553 jornadas de huelga por cada mil asalariados, contribuyendo, decisivamente, a desbaratar primero las maniobras continuistas del r&eacute;gimen, a acelerar luego el ritmo de los cambios hacia la democracia y a configurar, finalmente, un nuevo sistema de relaciones laborales.
    </p><p class="article-text">
        Para dimensionar adecuadamente la magnitud del movimiento huelgu&iacute;stico desarrollado hace ahora 50 a&ntilde;os en nuestro pa&iacute;s, podemos plantear un doble an&aacute;lisis comparativo, tanto sincr&oacute;nico como diacr&oacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso, los datos de la OIT (v&eacute;ase la gr&aacute;fica) acreditan que Espa&ntilde;a fue, junto a Italia, el pa&iacute;s europeo que registr&oacute; un volumen de conflictividad laboral m&aacute;s alto en la d&eacute;cada de los setenta (un promedio anual de 864 d&iacute;as de huelga por cada 1.000 trabajadores), con la particularidad de que durante dos terceras partes de dicho per&iacute;odo en nuestro caso lo fue bajo un r&eacute;gimen no democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s significativo a&uacute;n resulta constatar c&oacute;mo en 1976, con 8,8 millones de trabajadores asalariados, se acumularon 13,7 millones de jornadas no trabajadas por motivos de conflicto laboral, lo que supone casi veinte veces m&aacute;s que las 703.178 registradas en 2024 (&uacute;ltimo a&ntilde;o del que disponemos de una estad&iacute;stica consolidada de huelgas), con el doble de poblaci&oacute;n asalariada, lo que demuestra que en condiciones de normalidad democr&aacute;tica son las relaciones laborales institucionalizadas las que, a trav&eacute;s del di&aacute;logo social y la negociaci&oacute;n permiten gestionar el conflicto de intereses, quedando la huelga como &uacute;ltimo recurso leg&iacute;timo en caso de bloqueo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los hechos</strong></h2><p class="article-text">
        El a&ntilde;o hab&iacute;a comenzado con el conflicto de los trabajadores del Metro madrile&ntilde;o (5 de enero), al que el gobierno de Arias Navarro respondi&oacute; con la militarizaci&oacute;n del servicio. Una semana m&aacute;s tarde, en una demostraci&oacute;n de su grotesco autoritarismo, ampli&oacute; dicho modelo a otras empresas p&uacute;blicas en huelga (Renfe, Telef&oacute;nica, Correos, Construcciones Aeron&aacute;uticas), de manera que a mediados de mes hab&iacute;a 120.000 trabajadores obligados a operar bajo control militar.
    </p><p class="article-text">
        Pese a todo, el paro en los servicios p&uacute;blicos tuvo efectos multiplicadores hacia otros sectores (metal, construcci&oacute;n, banca, taxis&hellip;) y grandes empresas (Standard El&eacute;ctrica, Chrysler, Siemens, Pegaso&hellip;) que ve&iacute;an bloqueada la negociaci&oacute;n de sus respectivos convenios, mientras el movimiento comenzaba a extenderse a otras regiones del pa&iacute;s (Andaluc&iacute;a, Asturias, Catalu&ntilde;a, Euskadi, Pa&iacute;s Valenciano&hellip;) en lo que un ministro de la &eacute;poca (Areilza) calificar&iacute;a, en un arrebato meteorol&oacute;gico, como <em>&ldquo;una galerna de huelgas&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        No se trataba, sin embargo, de una simple tormenta de invierno si no de un amplio y profundo movimiento social que combinaba la propuesta con la protesta, normalizando progresivamente la ocupaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico con manifestaciones y asambleas que reforzaban su legitimidad social al tiempo que erosionaban la del gobierno post-franquista, lo que habr&iacute;a de resultar clave en la conquista de la democracia, <a href="https://www.rtve.es/play/videos/la-conquista-de-la-democracia/conquista-democracia-capitulo-3-galerna-huelgas/16517413/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">como ha documentado una reciente serie de TVE</a>.
    </p><p class="article-text">
        En aquel primer trimestre de 1976 el n&uacute;mero total de trabajadores en huelga super&oacute; los dos millones (190.000 en el Pa&iacute;s Valenciano, como explicaremos en la siguiente entrega de esta serie), consiguiendo con su presi&oacute;n superar en muchos convenios los topes salariales impuestos y forzando al gobierno a aprobar, a primeros de abril, una Ley de Relaciones Laborales que sustitu&iacute;a a la vieja regulaci&oacute;n de Contratos de Trabajo de 1944, estableciendo importantes mejoras (jornada laboral de 44 horas semanales, 21 d&iacute;as de vacaciones) y ampliando las garant&iacute;as frente a la arbitrariedad patronal en materia de despido improcedente (el art&iacute;culo 35 reconoc&iacute;a al trabajador el derecho a optar&nbsp;entre la reincorporaci&oacute;n o la indemnizaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el gobierno Arias-Fraga segu&iacute;a instalado en la inercia represiva del franquismo (en 1976 hubo 4.795 procesos en el Tribunal de Orden P&uacute;blico), mostrando su rostro m&aacute;s brutal con los asesinatos de trabajadores en huelga como Te&oacute;filo del Valle (Elda, 24 de febrero) y los cinco muertos en Vitoria (3 de marzo).
    </p><p class="article-text">
        Tales eran las contradicciones de un tiempo y un pa&iacute;s que, como cantara Raimon&nbsp;en un multitudinario recital <a href="https://www.youtube.com/watch?v=mfEgou3a9js" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">celebrado en Madrid el 5 de febrero de aquel a&ntilde;o</a>, ven&iacute;a <em>d&rsquo;un silenci antic i molt llarg </em>que comenzaba entonces a romperse entre gritos corales de <em>&ldquo;Am-nis-t&iacute;a,</em> <em>Li-ber-tad!&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/huelgas-1976-ii-invierno-caliente_132_12955065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Feb 2026 21:07:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las huelgas de 1976. (II.- Aquel invierno caliente)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las huelgas de 1976]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/huelga-1976_132_12902076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d3a21cf-ac4b-4c67-88a0-bb44a0812de3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las huelgas de 1976"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">I.- Paisaje después de la dictadura</p></div><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del atractivo simb&oacute;lico de los aniversarios redondos, y este ciertamente lo es, recordar ahora lo que para la historia de nuestro pa&iacute;s supuso aquel 1976, situado en el gozne cr&iacute;tico entre la dictadura que se resist&iacute;a a morir y la democracia que pugnaba por nacer, resulta tan justo como necesario no s&oacute;lo como un deber de memoria sino para hacer frente al revival revisionista de blanqueamiento del franquismo y las renovadas campa&ntilde;as de odio contra la izquierda pol&iacute;tica y social de ayer y de hoy.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que, desde la modestia de nuestros medios, intentamos hacer en la <em>Fundaci&oacute;n de Estudios e Iniciativas Sociolaborales</em> (FEIS), promovida por Comisiones Obreras, documentando y difundiendo la intervenci&oacute;n decisiva del movimiento sindical durante la Transici&oacute;n en defensa de los derechos sociales de los trabajadores y las libertades pol&iacute;ticas de todos.
    </p><p class="article-text">
        Revisar ahora, desde el rigor cr&iacute;tico, la situaci&oacute;n del pa&iacute;s al final de la dictadura y la tensi&oacute;n dial&eacute;ctica entre continuismo, reforma y ruptura que se mantuvo desde la muerte del tirano hasta las primeras elecciones libres, constituye mucho m&aacute;s que un simple ejercicio de nostalgia generacional o de academicismo historiogr&aacute;fico. Se trata, pues, de poner de manifiesto el papel fundamental, del movimiento obrero y popular en la conquista de la democracia, impugnando, a un tiempo, los relatos que sobre aquel proceso se han construido desde perspectivas tanto elitistas como populistas que desprecian, cuando no ignoran, dicha contribuci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La agon&iacute;a biol&oacute;gica y pol&iacute;tica del franquismo coincidi&oacute; con el efecto aplazado de la crisis del petr&oacute;leo que, en los primeros meses de 1974 multiplic&oacute; por cuatro los costes energ&eacute;ticos, golpeando duramente a la econom&iacute;a espa&ntilde;ola, debido tanto a las debilidades estructurales que arrastraba como a la incompetente gesti&oacute;n realizada por el gobierno de Arias Navarro, provocando as&iacute; una dificultad a&ntilde;adida al proceso de transici&oacute;n democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pese al desarrollo ca&oacute;tico y desigual de los a&ntilde;os sesenta, la espa&ntilde;ola segu&iacute;a siendo una econom&iacute;a atrasada en relaci&oacute;n al contexto europeo, con una renta per c&aacute;pita de 2.325 d&oacute;lares al iniciar el a&ntilde;o 1976 (poco m&aacute;s de la mitad de la que registraban de media los nueve pa&iacute;ses que formaban entonces el Mercado Com&uacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Y es que, como ya denunciara entonces el tercer <em>Informe FOESSA</em>, el crecimiento de la d&eacute;cada anterior no se tradujo en una redistribuci&oacute;n de la riqueza que compensara el brutal retroceso padecido por las clases populares en los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta (hasta 1956 no recuperaron los trabajadores el nivel adquisitivo de 1935), pese al coste humano y social del desarraigo derivado de la emigraci&oacute;n, tanto interior (3,5 millones de personas abandonaron la Espa&ntilde;a rural hacia la periferia industrial) como exterior (2,1 millones), durante el per&iacute;odo 1962-1975, muchos de los cuales se vieron entonces obligados a regresar por efecto de la crisis en los pa&iacute;ses de destino, lo que supuso aqu&iacute; un r&aacute;pido crecimiento del desempleo.
    </p><p class="article-text">
        Una pol&iacute;tica fiscal regresiva (en 1975 el impuesto sobre la renta representaba s&oacute;lo el 14,3% de los ingresos del estado, cuando la media de la OCDE era ya del 26,4%) y un insuficiente gasto p&uacute;blico en protecci&oacute;n social (12&rsquo;3 y 24&rsquo;7 por cien, respectivamente) reflejaban la naturaleza clasista de la dictadura franquista y explican la brecha de desigualdad que presentaba en el momento de su colapso. Especialmente significativos resultan a este respecto los graves d&eacute;ficits en materia de educaci&oacute;n y sanidad p&uacute;blicas que en 1976 recib&iacute;an s&oacute;lo el 1,9 y 3,4 por cien, respectivamente, del PIB, valores inferiores en ambos casos a la mitad de la media comunitaria, lo que afectaba sobre todo a las clases populares (m&aacute;s de siete millones de personas no dispon&iacute;an de cobertura sanitaria a cargo de la Seguridad Social).
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, los empresarios que hab&iacute;an mantenido una relaci&oacute;n complaciente con la dictadura restring&iacute;an ahora la inversi&oacute;n productiva ante la incertidumbre de la situaci&oacute;n, mientras repercut&iacute;an los costes energ&eacute;ticos sobre los precios de mercado, con el consiguiente aumento del paro y la inflaci&oacute;n (el IPC empez&oacute; el a&ntilde;o en el 13,9 y lo termin&oacute; en el 19,8 por cien), que amenazaban la seguridad en el empleo y el poder adquisitivo de los&nbsp;ocho millones y medio de trabajadores que formaban la poblaci&oacute;n asalariada del momento y que, pese a las restricciones de una dictadura terminal, ven&iacute;an demostrando una creciente capacidad de protesta y reivindicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre 1973 y 1975 se registraron, seg&uacute;n datos oficiales, una media anual de 2.126 huelgas, con la participaci&oacute;n de m&aacute;s de medio mill&oacute;n de trabajadores y mill&oacute;n y medio de jornadas no trabajadas al a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Este ciclo de protestas, que se prolongar&aacute; durante hasta finales de la d&eacute;cada, se caracteriz&oacute; por la aparici&oacute;n de nuevos actores (representantes electos, comisiones de trabajadores), sectores (junto a los tradicionales de la industria y la construcci&oacute;n se incorporaban cada vez m&aacute;s profesionales bancarios, docentes, de la sanidad p&uacute;blica&hellip;) y formas de acci&oacute;n (asambleas, coordinadoras) vinculadas a la defensa de sus reivindicaciones laborales y a las demandas emergentes de otros movimientos sociales y pol&iacute;ticos para la conquista de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Especialmente significativa resulta la creciente participaci&oacute;n de mujeres trabajadoras en dichos procesos, lo que contribuy&oacute; progresivamente a superar su anterior invisibilidad y/o subsidiariedad en las luchas obreras, mediante un protagonismo activo en las huelgas de actividades feminizadas (textil, sanidad, cer&aacute;mica, limpieza&hellip;) y la renovaci&oacute;n de la cultura sindical tradicional a la que incorporaban,&nbsp;no sin dificultades y resistencias, valores y demandas feministas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el gobierno tardofranquista de Arias Navarro (ratificado entonces por el mismo Rey que ahora se presenta torpemente como hacedor de la democracia) mantuvo su programa continuista y represor, la desaparici&oacute;n del dictador destrab&oacute; energ&iacute;as y demandas largamente aplazadas, abriendo una ventana de oportunidad que desencaden&oacute; el proceso de cambio en el que la lucha obrera alcanzar&aacute; un importante protagonismo.
    </p><p class="article-text">
        Tal era el contexto en que se planteaba la necesaria renovaci&oacute;n de m&aacute;s de 2.000 convenios colectivos a principio de aquel a&ntilde;o, condicionada adem&aacute;s por la devaluaci&oacute;n monetaria y congelaci&oacute;n salarial impuestas por decreto del gobierno Arias unos meses antes y la pervivencia de una legislaci&oacute;n antisindical y represiva contra el movimiento obrero, cuya capacidad de resistencia qued&oacute;, pese a todo, acreditada por el triunfo de las <em>candidaturas unitarias y democr&aacute;ticas </em>en las &uacute;ltimas elecciones a enlaces y jurados de empresa, celebradas entre junio y octubre de 1975, como titulara gr&aacute;ficamente una semanario de la &eacute;poca (<em>&ldquo;Hemos ganao el equipo colorao!&rdquo;</em>).
    </p><p class="article-text">
        Aquella fue la demostraci&oacute;n pr&aacute;ctica de la <em>estrategia entrista </em>h&aacute;bilmente<em> </em>desarrollada por Comisiones Obreras y dirigida a forzar los l&iacute;mites del Sindicato Vertical para impulsar, desde sus estructuras de representaci&oacute;n formal, la coordinaci&oacute;n organizativa y potencial movilizador de los trabajadores en el proceso de negociaci&oacute;n colectiva que se inici&oacute; a principio de 1976 y durante el que se alcanzar&iacute;an los mayores niveles de conflictividad laboral jam&aacute;s registrados en nuestro pa&iacute;s, con importantes efectos tanto sociales como pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos del propio Ministerio de Trabajo, aquel a&ntilde;o se registraron 3.662 conflictos colectivos de car&aacute;cter laboral, con la participaci&oacute;n directa de 3.689.900 trabajadores en huelgas de duraci&oacute;n desigual que en c&oacute;mputo global superaron los 13,7 millones de jornadas no trabajadas, con un notable impacto tanto laboral como sociopol&iacute;tico que analizaremos con detalle en entregas posteriores de este blog.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute;, pues, la presi&oacute;n social &ldquo;desde abajo&rdquo;, ejercida por el movimiento obrero, en confluencia creciente con la oposici&oacute;n pol&iacute;tica unida (constituci&oacute;n de la <em>Platajunta</em> en marzo de 1976) y las reivindicaciones de car&aacute;cter vecinal, estudiantil y profesional, la que resultar&aacute; determinante para desbaratar primero las maniobras continuistas (Arias), acelerar m&aacute;s tarde las reformas (Su&aacute;rez) y llegar, en apenas a&ntilde;o y medio, a las primeras elecciones libres desde la &eacute;poca de la Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Y es ahora, cuando se cumple medio siglo de aquel proceso fundacional de nuestra democracia cuando creemos justo y necesario reivindicar la memoria, individual y colectiva, de quienes con su participaci&oacute;n en el movimiento obrero y sindical lo hicieron posible, impugnando con ello el relato elitista de la Transici&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/huelga-1976_132_12902076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 23:34:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las huelgas de 1976]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del barrio a la fábrica (y 3)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/barro-fabrica-3_132_12567804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5f9425e-1ac1-4ba4-803f-67995bb3a4be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del barro a la fábrica (y 3)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Del barrio a la fábrica (2)
</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Panfleto del Movimiento Democrático de Mujeres, convocando la Jornada de lucha obrera del 12 de noviembre de 1976 (Archivo FEIS).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la quiebra de la dictadura franquista y la conquista de la democracia, el protagonismo de las mujeres fue una realidad que atravesaba todo el activismo vecinal y merece un art&iacute;culo espec&iacute;fico. Obliga a adoptar una perspectiva que nos sit&uacute;a entre la paradoja y la contradicci&oacute;n sobre los roles de g&eacute;nero en las clases trabajadoras de la d&eacute;cada de 1970. El PCE y los dem&aacute;s partidos pol&iacute;ticos de la izquierda antifranquista pon&iacute;an en pr&aacute;ctica una divisi&oacute;n del trabajo pol&iacute;tico en funci&oacute;n del g&eacute;nero, que respond&iacute;a a una asignaci&oacute;n patriarcal de los espacios sociales: el laboral de la f&aacute;brica para los hombres y el vecinal del barrio para las mujeres. Era un reflejo del ideal del </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>bread winner</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">: los varones ganaban el pan para la familia mientras las mujeres cuidaban del hogar y la prole. Esta r&iacute;gida atribuci&oacute;n de roles era a su vez la proyecci&oacute;n de una divisoria secular que otorgaba a los hombres las funciones pol&iacute;ticas de la vida p&uacute;blica y a las mujeres el dominio de la privacidad dom&eacute;stica. Las pol&iacute;ticas de la Falange y la Iglesia nacionalcat&oacute;lica para las mujeres procuraban asegurar este encierro subordinado de las mujeres en el espacio dom&eacute;stico de los cuidados. Este encierro femenino en el espacio dom&eacute;stico de los cuidados generaba una profunda e injusta asimetr&iacute;a en las relaciones de g&eacute;nero. La antropolog&iacute;a cultural nos dice que el protagonismo femenino en el denso tejido de las relaciones cotidianas de barrio y, en consecuencia, en las asociaciones vecinales, nos sit&uacute;a en un terreno intermedio que facilita la transgresi&oacute;n de esta r&iacute;gida asignaci&oacute;n de roles. Otros y otras atribuyen ese protagonismo de las mujeres a una simple cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica: eran las mujeres las que dispon&iacute;an del tiempo y habilidades que requer&iacute;an las reuniones, campa&ntilde;as a domicilio, en los comercios y mercados, en las protestas ante las autoridades municipales. Las feministas de la d&eacute;cada de 1970 discrepaban: al utilizar asuntos inmediatos de los barrios que sufr&iacute;an y afectaban a las mujeres de clase trabajadora en el cuidado de ni&ntilde;os y ancianos, como los problemas de salubridad o seguridad, la falta de guarder&iacute;as o de sem&aacute;foros que evitasen atropellos, &iquest;no se estar&iacute;an reforzando los tradicionales roles de g&eacute;nero, en lugar de cuestionarlos? Manuel Castells (2008) habla en cambio de un &ldquo;feminismo pr&aacute;ctico&rdquo; en el movimiento vecinal:</span>
    </p><p class="article-text">
        &hellip; es decir, la verificaci&oacute;n en la lucha cotidiana de que, en muchos casos, eran las mujeres las que llevaban la organizaci&oacute;n, las que movilizaban, las que aseguraban las reuniones y llevaban las cuentas. En cierto modo, eran las verdaderas dirigentes del movimiento, aunque luego siempre aparec&iacute;an los hombres como l&iacute;deres (&hellip;). En muchos casos, observando la pr&aacute;ctica de las mujeres, los hombres cambiaron de actitud (&hellip;). En otros casos no cambiaron, e incluso enviaron a las mujeres a casa, lo cual trajo considerables problemas internos y buen n&uacute;mero de separaciones matrimoniales. En suma, la transformaci&oacute;n de la mentalidad de las mujeres, que hoy se manifiesta en todos los aspectos de la vida espa&ntilde;ola a trav&eacute;s de un cambio profundo en las relaciones de g&eacute;nero, empez&oacute; hace d&eacute;cadas en los movimientos sociales y muy particularmente en el movimiento ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Efectivamente, el activismo de las mujeres de los barrios de clase trabajadora en el movimiento vecinal posibilit&oacute; su acceso a nuevos aprendizajes y discursos considerados transgresores, la adquisici&oacute;n de un saber cr&iacute;tico y aut&oacute;nomo sobre el funcionamiento de las instituciones y la capacidad de expresarse sobre contenidos y formas de lucha. Tuvieron un protagonismo fundamental como hacedoras de los lugares de vida de los barrios, desarrollando un importante papel como agentes activos de la comunidad. Este protagonismo no suele reflejarse en las publicaciones ni documentos de la &eacute;poca, de modo que los testimonios orales de mujeres son una fuente imprescindible para escribir la historia y recoger toda la amplitud, complejidad y diversidad de experiencias que conformaron el movimiento vecinal en Valencia.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Las mujeres en el movimiento vecinal de Valencia</strong></span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En los a&ntilde;os setenta se conform&oacute; en muchas ciudades espa&ntilde;olas un movimiento ciudadano que nac&iacute;a de las reivindicaciones m&aacute;s elementales, por la mejora de la vida en los barrios y que adquiri&oacute; un alto contenido pol&iacute;tico de lucha antifranquista. En Valencia, la destrucci&oacute;n de viviendas por efecto de la riada de 1957 y la creciente inmigraci&oacute;n hab&iacute;an acelerado la construcci&oacute;n en la periferia de barrios como Fuente de San Luis, Benicalap, Rascanya, Torrefiel u Orriols, sometidos a la especulaci&oacute;n inmobiliaria, espacios sin infraestructuras, sin unas m&iacute;nimas condiciones de habitabilidad. Las Asociaciones de Vecinos pod&iacute;an constituirse con arreglo a la Ley 191/64 de 24 de diciembre, de Asociaciones. Otra de las v&iacute;as posibles era acogerse a la legislaci&oacute;n sobre Asociaciones de Cabezas de Familia, a partir de 1968. El movimiento vecinal valenciano inici&oacute; su andadura desde los n&uacute;cleos originales de estas &uacute;ltimas, donde la oposici&oacute;n democr&aacute;tica fue infiltr&aacute;ndose. Adem&aacute;s de las asociaciones de vecinos y de cabezas de familia, conformaban el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>movimiento ciudadano</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> otras formas organizativas como grupos de vecinos, asociaciones de calle, centros sociales, grupos parroquiales o comisiones de barriada promovidas por organizaciones de la izquierda. Los partidos de oposici&oacute;n a la dictadura, especialmente el PCE, impulsaron el activismo en el denominado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>frente de barrios</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Otros partidos como el Movimiento Comunista (MCE), la Organizaci&oacute;n Revolucionaria de Trabajadores (ORT), Bandera Roja (BR) o el Partido del Trabajo (PTE), as&iacute; como sectores cat&oacute;licos progresistas de las HOAC y las JOC, participaron en el movimiento vecinal. Se trataba de luchar por corregir carencias b&aacute;sicas e inmediatas, pero tambi&eacute;n por la democracia municipal y la descentralizaci&oacute;n del aparato del Estado, incluso por reivindicaciones como el uso normalizado del valenciano. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El movimiento vecinal estaba l&oacute;gicamente formado por organizaciones mixtas de hombres y mujeres, dificultando la </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>visibilidad</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> del activismo femenino en los barrios y contra la dictadura. Aunque se ha llegado a hablar de una naturaleza </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>matriarcal</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> del movimiento, el propio lenguaje oculta la participaci&oacute;n femenina, al servirse del neutro &ldquo;vecinos&rdquo; para referirse al sujeto de sus actividades. Precisamente promover la movilizaci&oacute;n femenina por la v&iacute;a de invitar a las mujeres de barrio, de familias obreras en su mayor&iacute;a, a participar en el movimiento vecinal, fue una de las herramientas y objetivos del Movimiento Democr&aacute;tico de Mujeres (MDM), una organizaci&oacute;n creada en el entorno del PCE a mediados de los a&ntilde;os sesenta y en Valencia en 1969. El activismo femenino en el denominado &laquo;frente de barrios&raquo; era un medio para la toma de conciencia sobre la capacidad de acci&oacute;n femenina en la sociedad, en un entorno cercano como el barrio, por unas condiciones de vida decentes. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El colectivo femenino, asignado por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>mandato de g&eacute;nero</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> a cuidar y proteger la vida, manten&iacute;a una estrecha relaci&oacute;n con los temas relacionados con el consumo, la carest&iacute;a, las condiciones de las viviendas, la falta de ambulatorios y plazas escolares, y otros muchos problemas que las clases populares sufr&iacute;an en los barrios. Una de las im&aacute;genes m&aacute;s repetidas durante la Transici&oacute;n fue la de las comisiones de mujeres de los barrios con los ni&ntilde;os dirigi&eacute;ndose al Ayuntamiento, demandando plazas escolares, guarder&iacute;as o servicios sanitarios. Con estas acciones se vinculaba el mundo de la pol&iacute;tica con la sociedad civil, iban m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito de lo privado y dom&eacute;stico. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde el merecido reconocimiento personal, pero sin olvidar que hablamos de un fen&oacute;meno colectivo de gran amplitud, podemos recordar la actuaci&oacute;n de mujeres como Josefina Arlandis y Teresa Maiques en Malvarrosa, Catalina Soc&iacute;as en Natzaret, Josefa Ortega en Burjassot, Amparo Mart&iacute;nez en Orriols, Encarna Moya en la Fonteta de Sant Llu&iacute;s, Asunci&oacute;n Marco en el barrio del Bot&aacute;nico, o Rosal&iacute;a Sender en el Distrito Mar&iacute;timo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los poblados mar&iacute;timos de Valencia (Nazaret-Grao-Cabanyal-Canyamelar-Malvarrosa) fueron desde el siglo XIX, adem&aacute;s de barrios de pescadores, el &aacute;rea industrial y comercial de Valencia por su vinculaci&oacute;n al puerto. Pero el movimiento vecinal de los a&ntilde;os 1970 no se localiza en estos barrios m&aacute;s tradicionales, sino en sus extremos Norte y Sur, en Malvarrosa y Natzaret. Ambos eran barrios de inmigraci&oacute;n con bloques de viviendas de regular calidad y tambi&eacute;n &aacute;reas de chabolas que fueron desapareciendo. En el movimiento vecinal de Malvarrosa han destacado Josefina Arlandis y Teresa Maiques. En el cap&iacute;tulo dedicado al barrio y la huelga de astilleros de 1974 de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Rutas de la Memoria Obrera</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (FEIS, vol. 1, 2023), dedicamos un apartado a la participaci&oacute;n de las mujeres en el conflicto con rese&ntilde;as biogr&aacute;ficas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nazaret es el barrio que surgi&oacute; en torno al antiguo Lazareto de la ciudad, ubicado junto a la playa al sur de la antigua desembocadura del Turia para recluir en cuarentena a los viajeros procedentes de zonas con epidemias end&eacute;micas. El Plan Sur tuvo consecuencias catastr&oacute;ficas para el barrio que contin&uacute;an en la actualidad, al quedar atrapado y supeditado a la ampliaci&oacute;n del puerto: perdi&oacute; la playa, qued&oacute; rodeado por v&iacute;as de transportes pesados y peligrosos, a la par que sufr&iacute;a la contaminaci&oacute;n del aire y las aguas por las industrias qu&iacute;micas cercanas. En este lugar condenado, con un importante aporte de poblaci&oacute;n migrada en los a&ntilde;os 60 y 70, surgi&oacute; un potente movimiento vecinal que no se resignaba a las habituales carencias de estos barrios de la periferia en la dictadura ni a perder su identidad. Una de las protagonistas de este activismo fue la mallorquina Catalina Socias Picornell, monja seglar que lleg&oacute; en 1973 al barrio con su hermano Dami&aacute;n, el cura del barrio. Su historia, que recoge el periodista Enric Llopis en su libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>&iexcl;A la huelga! </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">en 2023, cuando Catalina ten&iacute;a 87 a&ntilde;os, es un ejemplo de la actuaci&oacute;n de los &ldquo;cristianos de barrio&rdquo;, muy pegados al compromiso con las personas m&aacute;s pobres, viviendo sus experiencias y necesidades. Ha sido un compromiso, por otra parte, muy &ldquo;horizontal&rdquo; y refractario a entrar en organizaciones jerarquizadas como sindicatos o partidos. Curas obreros y monjas seglares encontramos en los barrios m&aacute;s marginales como Natzaret, Malvarrosa, Orriols, Sant Francesc en Manises o el Barrio del Cristo en Aldaia/Quart. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Josefa Ortega trabajaba en el ramo de la limpieza que dio inicio a la huelga general solidaria de los hospitales de Valencia en mayo y junio de 1976. La coordinadora de hospitales en huelga consigui&oacute; la adhesi&oacute;n de muchas asociaciones vecinales con el lema &ldquo;Una sanidad para el pueblo&rdquo;. La historia de Josefa Ortega muestra el tejido solidario y c&oacute;mplice entre mujeres que, en los intersticios entre la clandestinidad pol&iacute;tica y la privacidad de las historias familiares, se transmite de la generaci&oacute;n de posguerra a la m&aacute;s joven que podr&iacute;amos llamar &ldquo;del 68&rdquo;. Josefa formaba parte de una amplia familia matriarcal perseguida por colaboraci&oacute;n con la guerrilla en Ja&eacute;n, desde donde emigr&oacute; a Valencia en la d&eacute;cada de 1950. Fue &ldquo;mujer de preso&rdquo; pol&iacute;tico por la condena de su marido a pena de prisi&oacute;n en Burgos en 1959, fue emigrante durante cuatro a&ntilde;os en Francia y, a su vuelta, se emple&oacute; en la contrata de limpieza de la reci&eacute;n inaugurada Ciudad Sanitaria La Fe y, siguiendo las indicaciones del PCE, entr&oacute; con un peque&ntilde;o grupo de compa&ntilde;eras militantes en la Asociaci&oacute;n de Amas de Casa Tyrius de su pueblo, Burjassot. Tyrius respond&iacute;a a un concepto de mujer dedicada a &ldquo;sus labores&rdquo; que las comunistas trataron de cambiar hasta llegar a escindirse para  fundar la Asociaci&oacute;n Los Silos, con m&aacute;s de 300 socias. En las elecciones municipales de 1979, Josefa Ortega fue elegida teniente de alcalde por el PCE. </span>
    </p><p class="article-text">
        Amparo Mart&iacute;nez, militante del PCE, del Movimiento Democr&aacute;tico de Mujeres desde 1972 y activista vecinal en la Asociaci&oacute;n de Vecinos de Orriols, barrio del extrarradio de la ciudad que creci&oacute; en edificios de construcci&oacute;n barata para acogida de migraci&oacute;n interior. Las infraestructuras y servicios llegaron con las luchas y reivindicaciones por parte del activismo antifranquista en el movimiento vecinal. Como en casi todos los barrios perif&eacute;ricos de Valencia, faltaba transporte p&uacute;blico, escuelas, zonas verdes, centros de ocio, sem&aacute;foros, de mercados<sup>. </sup>El trabajo en barrios era espec&iacute;fico, relacionado con los problemas sentidos en los barrios. En Orriols, se desarrollaron luchas importantes, campa&ntilde;as sobre la carest&iacute;a de la vida, por la falta de escuelas, por instalaci&oacute;n de sem&aacute;foros. Tambi&eacute;n, se planteaba la necesidad de que las mujeres tuvieran voz, capacidad de decidir, independencia econ&oacute;mica, reivindicaciones espec&iacute;ficas de g&eacute;nero, por el derecho al aborto. Para Amparo, el trabajo en el movimiento vecinal ten&iacute;a una gran importancia, era un espacio que aglutinaba gente del barrio para luchar contra la dictadura y organizar frentes de trabajo en funci&oacute;n de j&oacute;venes, mujeres, estudiantes, etc. Adem&aacute;s, el barrio pod&iacute;a escapar del f&eacute;rreo control dictatorial, si se aprovechaban al m&aacute;ximo las posibilidades legales que existieran.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Rosal&iacute;a Sender milit&oacute; en la asociaci&oacute;n del Distrito Mar&iacute;timo que ten&iacute;a su sede, en la calle Marino Albesa. Rosal&iacute;a era hija de exiliados pol&iacute;ticos aragoneses en Francia, donde estudi&oacute; empresariales y empez&oacute; a militar primero en la JSU y luego en el PCE. Volvi&oacute; a Espa&ntilde;a a establecerse con sus dos hijos y su pareja Antonio Palomares, dirigente de los comunistas valencianos, en 1967. Rosal&iacute;a dedic&oacute; buena parte de su esfuerzo militante al Movimiento Democr&aacute;tico de Mujeres (MDM). Las militantes del MDM procuraron movilizar desde las asociaciones vecinales a las mujeres de los barrios. En su libro de memorias </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Luchando por la liberaci&oacute;n de la mujer, Valencia 1969-1981</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2006) cuenta el trabajo capilar de militancia, puerta por puerta en muchas ocasiones, haciendo encuestas sobre las necesidades del barrio o recogiendo firmas para reivindicaciones concretas, para implicar a las vecinas en las reivindicaciones de los barrios. La adquisici&oacute;n del llamado Jard&iacute;n de Ayora para uso p&uacute;blico fue la conquista en la que unieron al vecindario de su Distrito, en particular a las mujeres para disponer en &eacute;l de un parque y guarder&iacute;a. Resulta significativa en particular su explicaci&oacute;n sobre la formaci&oacute;n de Vocal&iacute;as y Comisiones de la Mujer, a la que se resist&iacute;an los compa&ntilde;eros. Alegaban que ser&iacute;a como crear una Secci&oacute;n Femenina en las asociaciones, a lo que respond&iacute;an Rosal&iacute;a y sus compa&ntilde;eras del MDM que s&oacute;lo as&iacute; entender&iacute;an como una </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>conquista propia como mujeres</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> las reivindicaciones por las que la asociaci&oacute;n las sacaba de casa y de su vida privada, lo que a su vez har&iacute;a que permaneciesen en la lucha. A d&iacute;a de hoy puede parecernos esta una extra&ntilde;a diatriba que solo se entiende si nos situamos en el contexto cultural de la d&eacute;cada de 1970, con la impronta de 40 a&ntilde;os de dictadura que, en una feroz reacci&oacute;n contra los avances republicanos, hab&iacute;a condenado a las mujeres a estar recluidas en el hogar y subordinadas a los varones de la familia. La participaci&oacute;n en la lucha de los barrios fue un factor de ruptura con esta pesada losa, de avance para ellas como protagonistas y para toda la sociedad.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenta Verdugo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/barro-fabrica-3_132_12567804.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Sep 2025 23:57:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del barrio a la fábrica (y 3)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Del barrio a la fábrica (2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/barrio-fabrica-2_132_12554916.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2c249f9-1dd7-418e-8992-284072e4b6d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del barrio a la fábrica (2)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Del barrio a la fábrica (1)
</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El &eacute;xito de la pel&iacute;cula </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El 47</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, en la que un convincente Eduard Fern&aacute;ndez representa a Manolo Vital, l&iacute;der sindical y militante de CC.OO. en el barrio barcelon&eacute;s de Torre Bar&oacute;, cabe interpretarlo tanto como un aval a su indudable calidad cinematogr&aacute;fica y tambi&eacute;n como la expresi&oacute;n del reconocimiento de muchos espectadores al valor simb&oacute;lico del episodio hist&oacute;rico que la motiva (la lucha de un barrio perif&eacute;rico por el acceso a servicios dignos, incluido el autob&uacute;s urbano) y del inter&eacute;s renovado por un cine pr&oacute;ximo a las luchas sociales. La afluencia a los cines creci&oacute; de una proyecci&oacute;n a otra. Puede ser adem&aacute;s una obra recomendable para un pedagogia en centros educativos sobre la lucha por la ciudad democr&aacute;tica en la Transici&oacute;n, siempre advirtiendo que actuaciones reales como la que relata no fueron iniciativas aisladas de individuos indignados sino el resultado de decisiones colectivas y organizadas. Hubo otros 47, anteriores y posteriores, porque la clandestinidad avivaba el ingenio para idear acciones que eludiesen la represi&oacute;n estructural del r&eacute;gimen, se difund&iacute;an y se aprend&iacute;a de otros &eacute;xitos y fracasos. As&iacute; est&aacute; grabado en la memoria de las personas que lo vivieron y as&iacute; lo demuestra la historiograf&iacute;a.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Clases trabajadoras, barrio y movimiento vecinal</strong></span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Manuel Castells (2008) sostiene que, en condiciones represivas, las asociaciones fueron </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>escuelas de democracia de base</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, ofreciendo a sectores sin experiencia de lucha pol&iacute;tica la vivencia cotidiana de &ldquo;plantear sus derechos sin pedir permiso a las autoridades&rdquo;. Quedaron convencidos de que la dictadura no pod&iacute;a seguir existiendo al experimentar que &ldquo;reunirse para alumbrar una calle o denunciar una estafa&rdquo; situaba a los vecinos al borde de la ilegalidad. Y as&iacute; &ldquo;de repente, la gente que no era </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>pol&iacute;tica</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> descubri&oacute; que la democracia era una necesidad, no una consigna de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>rojos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">.&rdquo; A su vez sus dirigentes, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>rojos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en su gran mayor&iacute;a, se cuidaron bien &ldquo;de parar los pies a los militantes que intentaban convertir la reparaci&oacute;n de un socav&oacute;n en el acceso al barrio en trinchera de la revoluci&oacute;n.&rdquo; En definitiva, Castells subraya el car&aacute;cter interclasista y transversal del movimiento, capaz de dar una participaci&oacute;n a profesionales (urbanistas, abogados, economistas), mujeres y j&oacute;venes que los grupos pol&iacute;ticos no ofrec&iacute;an. Las asociaciones promov&iacute;an acciones que eran pol&iacute;ticas en la pr&aacute;ctica siendo a la vez &aacute;mbitos despolitizados o prepol&iacute;ticos, promov&iacute;an un &ldquo;feminismo pr&aacute;ctico&rdquo; sin ser feministas, eran interclasistas aunque predominasen las clases trabajadoras entre las personas asociadas. En definitiva, ofrec&iacute;an una participaci&oacute;n muy abierta, efectiva y real, en contraposici&oacute;n a los partidos pol&iacute;ticos, que exig&iacute;an y exigen una adhesi&oacute;n ideol&oacute;gica, y a los sindicatos, que parten de intereses compartidos en un lugar de trabajo y sector laboral. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Al subrayar y loar la singularidad de un movimiento que no ten&iacute;a &ldquo;ni la fuerza ni el carisma del movimiento obrero&rdquo;, corremos el peligro de disociar y diluir sus conexiones con el mismo. La contraposici&oacute;n sociol&oacute;gica entre movimientos unidos por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>intereses</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, en particular el obrero o sindical, y aqu&eacute;llos m&aacute;s nuevos que responder&iacute;an a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>identidades</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (nacional o local, de g&eacute;nero u orientaci&oacute;n sexual, etc.), la historiograf&iacute;a m&aacute;s pr&oacute;xima a la comprensi&oacute;n de vivencias y experiencias locales, colectivas y personales, descubre una realidad compleja irreductible a esos dos vectores. As&iacute;, la clase obrera inmigrante lleg&oacute; a los nuevos barrios con un importante bagaje cultural y de experiencias que, unido a la vivencia de nuevas condiciones de vida y trabajo, dio lugar a culturas reivindicativas y de lucha social con una fuerte identidad local. El mapa de las asociaciones de barrio activas en Valencia en 1977, elaborado por la comisi&oacute;n del PCPV para el movimiento ciudadano, muestra una sustancial coincidencia con el de las nuevas barriadas de aluvi&oacute;n inmigratorio obrero que rodeaban la ciudad. M&aacute;s all&aacute; de esta contundente evidencia, a fin de ampliar nuestro horizonte para una perspectiva comparada, antes de volver a Valencia resulta interesante detenernos en las &aacute;reas metropolitanas de Barcelona, Madrid y Bilbao. Nos apoyamos en buena medida en el estudio contempor&aacute;neo de Jordi Borja (1977).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En 1976, Barcelona ten&iacute;a dos millones de habitantes y era el centro de un &aacute;rea de casi cuatro, con cinco ciudades de m&aacute;s de 100 mil y diez que superaban los 20 mil. Ten&iacute;a una gran tradici&oacute;n asociativa popular y de barrio,  arrasada por la dictadura tras la conquista franquista de Catalunya en febrero de 1939, hasta que en los a&ntilde;os 50 se fue recuperando con participaron de colegios profesionales y entidades culturales catalanistas. En la d&eacute;cada de 1960 y hasta 1975 hab&iacute;a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>asociaciones de calle</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> llamadas &ldquo;bombilleras&rdquo;, de comerciantes y vecinos de barrios tradicionales que se acogieron a la Ley de 1964 y colaboraban con el ayuntamiento; </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>asociaciones de vecinos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en barrios populares y de clases medias que ser&aacute;n legalizadas pero entrar&aacute;n en conflicto con los poderes franquistas; y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>comisiones de barrio</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en la periferia obreraimpulsadas por militantes de izquierdas, ilegales pero muy activas. En 1972, las asociaciones de barrio m&aacute;s reivindicativas se unieron en la Coordinadora de Sant Antoni, ligada a la Assemblea de Catalunya, y en 1974 entraron en la Federaci&oacute;n de Asociaciones de Vecinos de Barcelona, donde eran minoritarias pero pronto marcaron la agenda. Entre 1975 y 1976, la Federaci&oacute;n plante&oacute; la lucha contra el Plan Comarcal y por la dimisi&oacute;n del alcalde Viola, la campa&ntilde;a contra la represi&oacute;n y por la amnist&iacute;a, por la lengua y la cultura catalanas, las protestas contra la carest&iacute;a y la campa&ntilde;a &ldquo;Salvem Barcelona&rdquo; a finales de 1976. En los barrios perif&eacute;ricos y de la regi&oacute;n metropolitana, de inmigraci&oacute;n obrera y m&aacute;s d&eacute;bil tejido asociativo, las reivindicaciones eran m&aacute;s b&aacute;sicas y el desprestigio de las autoridades franquistas era a&uacute;n mayor, estableci&eacute;ndose una estrecha relaci&oacute;n entre el movimiento obrero y los barrios. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Madrid pas&oacute; en tan solo 30 a&ntilde;os de ser una ciudad de un mill&oacute;n de habitantes a formar un &aacute;rea metropolitana de casi cuatro. Era la capital pol&iacute;tica de una dictadura y un Estado muy centralista y sensible a cualquier irrupci&oacute;n de la protesta en la calle, lo que determinaba un poder municipal extremadamente d&eacute;bil y con poco margen negociador. El movimiento vecinal se abri&oacute; paso con m&aacute;s dificultades que en Barcelona o Bilbao, apoyado casi solo en los barrios perif&eacute;ricos y con un inevitable radicalismo social por falta de interlocutores. Pero en 1975 dio un gran salto adelante y en 1976, con una notable incorporaci&oacute;n de profesionales, se unieron en una federaci&oacute;n provincial 108 de las 138 asociaciones existentes, aunque s&oacute;lo 28 estaban legalizadas. La asamblea constitutiva fue prohibida en febrero, pero representantes de 91 asociaciones consiguieron realizarla en octubre y al mes siguiente lanzaron el llamamiento &ldquo;Los vecinos de Madrid por las Libertades&rdquo;. En muchos barrios o distritos se formaron </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>coordinadoras de zona</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de entidades ciudadanas y se establecieron lazos solidarios con el nuevo movimiento obrero, sobre todo en la lucha contra la carest&iacute;a. El movimiento destac&oacute; por sus respuestas innovadoras a la crisis urbana de la capital en la soluci&oacute;n al chabolismo, otorgando suelo urbano y nuevas viviendas en propiedad, en la creaci&oacute;n de mini parques y plazas para aliviar la extraordinaria densidad urbana de la ciudad, como tambi&eacute;n en la recuperaci&oacute;n de fiestas populares y la salvaci&oacute;n de patrimonio hist&oacute;rico en peligro. Para rememorar desde la ficci&oacute;n literaria el Madrid de barrio en la Transici&oacute;n recomendamos la lectura de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Nunca vol&oacute; tan alto tu televisor</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, de Silvia Nanclares (Lengua de Trapo, 2025 colecci&oacute;n Episodios Nacionales), protagonizada por una mujer de Moratalaz. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En diciembre de 1976 hab&iacute;a 65 asociaciones en Vizcaya, 50 en el Gran Bilbao, la mayor&iacute;a a&uacute;n entonces sin legalizar. Se reun&iacute;an peri&oacute;dicamente en una Asamblea de Asociaciones, tampoco legal. Agrupaban a unas 30 mil personas inscritas. Eran una parte de la abigarrada vida asociativa deportiva y cultural de los barrios populares caracter&iacute;stica de Bilbao. Muchas asociaciones se constituyeron a partir de n&uacute;cleos originarios del movimiento obrero golpeados por el ciclo represivo de 1967 a 1969, apoy&aacute;ndose a menudo en la Iglesia para obtener locales y cobertura legal. A la inversa, el movimiento obrero buscaba en los conflictos laborales la solidaridad de las asociaciones. La militancia pol&iacute;tica y sindical antifranquista se hizo presente cada vez m&aacute;s desde 1974, con campa&ntilde;as por la amnist&iacute;a y los ayuntamientos democr&aacute;ticos. </span>El Colegio Oficial de Arquitectos Vasconavarro (COAVN) puso su taller de arquitectura al servicio del movimiento.<span class="highlight" style="--color:white;"> En la quiebra de legitimidad de los ayuntamientos franquistas destac&oacute; la situaci&oacute;n de Euskadi con muchas dimisiones y la formaci&oacute;n del Grupo de Bergara, formado por 67 alcaldes. Hitos como el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Libro Negro de Recalde</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> fue la punta de lanza para la dimisi&oacute;n de la alcaldesa bilba&iacute;na Pilar Careaga en 1975. Puede consultarse con mucha otra y diversa documentaci&oacute;n en la </span><a href="https://bilbaobizkaiapeoplesmuseum.com/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">web del BBPM</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, una magn&iacute;fica iniciativa que presta especial atenci&oacute;n al activismo de las mujeres. En la introducci&oacute;n a esta web leemos:  </span>
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de la lucha de las mujeres al frente de las reivindicaciones ciudadanas en los duros a&ntilde;os del franquismo o de los trabajadores de &ldquo;Bandas&rdquo; que contaron con todo el apoyo popular de los barrios para desarrollar su hist&oacute;rica huelga, pero tambi&eacute;n de las mujeres &ndash; <em>amas de casa</em> les dec&iacute;an &ndash; que con su trabajo y actitud en el d&iacute;a a d&iacute;a sacaban/sacan adelante a sus familias, a veces trabajando en casa y, casi siempre, trabajando en casa y fuera. Tambi&eacute;n hablamos de los curas en los barrios obreros, que desde su compromiso cristiano cubrieron los d&eacute;ficits de la dictadura en el campo de la ense&ntilde;anza. Sin olvidarnos de los j&oacute;venes que dedican su tiempo libre a los dem&aacute;s como monitores de colonias o clubes juveniles &ndash; primeras escuelas de formaci&oacute;n antifranquista &ndash; o de la lucha de las madres contra la droga. &iexcl;Hay tantas, tantos de quien hablar!
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El historiador Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez se ha ocupado de recuperar la memoria de aquellas mujeres trabajadoras del Gran Bilbao en su aportaci&oacute;n al libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Del hogar a la huelga: trabajo, g&eacute;nero y movimiento obrero durante el franquismo </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(2007). </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Volvemos a Valencia. Seg&uacute;n Jordi Borja (1977), en 1974 exist&iacute;an solo 10 asociaciones de vecinos en Valencia y su provincia, en 1975 eran ya 25 y en 1976 llegaban a 100. La gran mayor&iacute;a estaban &laquo;en tr&aacute;mite&raquo; a fines de 1976, cuando se form&oacute; la Coordinadora de AAVV de l&rsquo;Horta, en la que participaban regularmente 55 AA.VV., 21 de Valencia ciudad, presidida por Marcial L&oacute;pez y con Just Ram&iacute;rez como vicepresidente. L&oacute;pez era un dominico de larga trayectoria plet&oacute;rica de iniciativas de compromiso social y Just Ram&iacute;rez era arquitecto urbanista y el dirigente del MC en Valencia. Junto a Just Ram&iacute;rez trabajaba Carles Dol&ccedil;, autor de una reciente monograf&iacute;a sobre la lucha por el Saler y el Turia (2021). La experiencia de vecinas y vecinos en el movimiento de barrios fue un aprendizaje. Carles Dol&ccedil; recoge por ejemplo el testimonio de Dolores Garc&iacute;a Cant&uacute;s, militante comunista en la asociaci&oacute;n de la Dehesa, sobre el uso de dos libros de actas, el oficial que se pasaba a visar por el Movimiento y el real que recog&iacute;a lo que de verdad se hablaba en las reuniones. 1976 fue el a&ntilde;o decisivo para la ruptura, la percepci&oacute;n de que se pod&iacute;a y se deb&iacute;a forzar e imponer el tr&aacute;nsito a un r&eacute;gimen de libertades. Se observa en el cambio de actitudes entre la campa&ntilde;a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El Saler per al poble</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que consigui&oacute; detener en el verano de 1974 los planes de privatizaci&oacute;n de la Dehesa, y la posterior campa&ntilde;a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El T&uacute;ria &eacute;s nostre i el volem verd</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que en 1976 le tom&oacute; el relevo. En la presentaci&oacute;n p&uacute;blica de candidatos de los partidos de izquierdas en las primeras elecciones de la democracia, la experiencia de la inmigraci&oacute;n y la represi&oacute;n, as&iacute; como la militancia en CC.OO. y en el movimiento vecinal, sol&iacute;an darse a conocer despu&eacute;s de a&ntilde;os de lucha clandestina. Las conexiones entre movimiento vecinal y obrero, entre el barrio y la f&aacute;brica, fueron m&uacute;ltiples e intensas. Lo muestra una simple lectura de los boletines de las asociaciones y un caso paradigm&aacute;tico podr&iacute;a ser el de la Malvarrosa, cuya asociaci&oacute;n fue clausurada por solidarizarse con los huelguistas de astilleros, vecinos del barrio en su mayor&iacute;a, en enero de 1974, episodio que ha explicado Jos&eacute; Durb&aacute;n en el volumen I de Rutas de la Memoria Obrera editado por la FEIS. </span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Gómez-Roda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/barrio-fabrica-2_132_12554916.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 23:09:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del barrio a la fábrica (2)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del barrio a la fábrica (1)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/barro-fabrica-1_132_12551344.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71afc33d-2240-4c85-9bf4-24b7870e9cf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre el barro y la fábrica (1)"></p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En el marco de las actividades y publicaciones del programa &ldquo;Espa&ntilde;a en libertad (1975-2025)&rdquo;, promovido por el Ministerio de Pol&iacute;tica Territorial y Memoria Democr&aacute;tica, en la Universidad del Pa&iacute;s Vasco se celebraron recientemente las Jornadas sobre &ldquo;Una sociedad en movimiento: la reorganizaci&oacute;n de la trama ciudadana desde los movimientos sociales&rdquo;, en las que participamos con una ponencia sobre el asociacionismo vecinal y sus conexiones con el movimiento obrero y el emergente feminismo social, de la que seguidamente presentamos las aportaciones m&aacute;s significativas, con especial referencia al &aacute;mbito valenciano.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las asociaciones de vecinos han recibido. frecuentemente, una consideraci&oacute;n secundaria en el contexto de los movimientos sociales de oposici&oacute;n a la dictadura de Franco. Mientras que el estudiantil ha sido reivindicado por sus propios protagonistas, todos muy letrados y el sindicalismo obrero sostiene una pol&iacute;tica activa de la memoria (en el caso de CCOO al menos desde 1986), el asociacionismo vecinal goza de peor fortuna. Ello puede tener que ver con el car&aacute;cter m&aacute;s prosaico, localista y circunstancial de sus reivindicaciones, a su funcionamiento en coordinadoras muy diversas y a un muy precario reconocimiento institucional en democracia. Lo cierto es que fue un movimiento protagonizado en gran medida por las mujeres de barrios obreros. Ofreci&oacute; espacios de actuaci&oacute;n a la militancia antifranquista, que estaba detr&aacute;s de muchas iniciativas asociativas, tambi&eacute;n a economistas y j&oacute;venes profesionales de la abogac&iacute;a y del urbanismo, puso contra las cuerdas a las &uacute;ltimas corporaciones franquistas y, ante todo, plante&oacute; una reapropiaci&oacute;n popular de la ciudad como bien com&uacute;n, con planes alternativos a los del capitalismo depredador en su versi&oacute;n franquista. En la d&eacute;cada de 1980, reivindicaciones del movimiento ciudadano quedaron en buena medida recogidas en los primeros planes de ordenaci&oacute;n urbana de la democracia. En Valencia debemos al movimiento vecinal y ciudadano de la Transici&oacute;n la quiebra de la &ldquo;ciudad monstruo&rdquo; desarrollista y su alternativa en el Plan General de 1988, con el Jard&iacute;n del Turia como eje vertebrador.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En esta primera entrega de la serie que hemos titulado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Entre el barrio y la f&aacute;brica, </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">nos ocuparemos del contexto y la historia del movimiento vecinal. En un segundo art&iacute;culo analizamos esta experiencia participativa como escuela de ciudadan&iacute;a y sus v&iacute;nculos con el movimiento obrero. En un tercer y &uacute;ltimo art&iacute;culo de la serie, la historiadora Vicenta Verdugo trata desde una perspectiva de g&eacute;nero de la implicaci&oacute;n de las mujeres en la lucha de los barrios. Frente la mercantilizaci&oacute;n de la ciudad y de todas las necesidades, que nos reduce a la condici&oacute;n de sujetos consumidores explotados por las oligarqu&iacute;as de los fondos de inversi&oacute;n y las redes sociales, el movimiento vecinal y ciudadano de los a&ntilde;os 1970 sigue siendo un referente de reapropiaci&oacute;n de la ciudad para el bien com&uacute;n.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Capitalismo urbano y excepci&oacute;n espa&ntilde;ola</strong></span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Entre los autores que fueron un referente en particular para los profesionales que militaron en el movimiento vecinal durante la Transici&oacute;n destacan Manuel Castells y Jordi Borja. Ambos han escrito sobre temas de sociolog&iacute;a, pol&iacute;tica y urbanismo hasta la actualidad. En 1986, a los 10 a&ntilde;os del inicio de la Transici&oacute;n, hicieron balance de la experiencia del movimiento vecinal y ciudadano en sendas publicaciones, Manuel Castells en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La ciudad y las masas. Sociolog&iacute;a de los movimientos sociales urbanos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Madrid, Alianza, 1986) y Jordi Borja en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Por unos municipios democr&aacute;ticos. Diez a&ntilde;os de reflexi&oacute;n pol&iacute;tica y movimiento ciudadano</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Madrid, Instituto de Estudios de Administraci&oacute;n Local, 1986). Respecto a la literatura m&aacute;s actual, debemos destacar dos obras colectivas: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Memoria ciudadana y movimiento vecinal</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">,</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">editada en 2008 por Vicente P&eacute;rez Quintana y Vicente y Pablo S&aacute;nchez Le&oacute;n sobre Madrid, y ya plenamente en el &aacute;mbito de la historiograf&iacute;a, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Construint la ciutat democr&aacute;tica</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, coordinada en 2010 por Carme Molinero y Pere Ys&agrave;s sobre el &aacute;rea de Barcelona. En general, el movimiento vecinal ha despertado un  creciente inter&eacute;s desde 2008 y es el &aacute;rea catalana la que, con diferencia, mayor atenci&oacute;n ha recibido. En la web del proyecto del Instituto de Historia del Tiempo Presente de la Universidad de Almer&iacute;a sobre el movimiento vecinal en esta ciudad y provincia andaluza encontramos una relaci&oacute;n de 249 publicaciones editadas entre 1972 y 2023 (</span><a href="https://movimientovecinal.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">https://movimientovecinal.es/</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">). Las &aacute;reas metropolitanas de la d&eacute;cada de 1970 son objeto de 39 publicaciones en el caso de Catalu&ntilde;a, 16 en el de Madrid y 11 para Euskadi. </span>
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                Portada del libro &#039;&#039;Construint la ciutat democràtica&#039;.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El movimiento vecinal fue parte central de un m&aacute;s amplio movimiento ciudadano, con un fuerte componente obrero pero tambi&eacute;n de clases medias y profesionales, no exclusivo de Espa&ntilde;a. La protesta, la reivindicaci&oacute;n y el asociacionismo urbano fueron un fen&oacute;meno com&uacute;n en la Europa capitalista de posguerra, impulsado en particular por las migraciones a &aacute;reas industriales en condiciones de falta de vivienda, infraestructuras y servicios. A estas carencias respondieron gobiernos y ayuntamientos con mejor o peor fortuna. Un ejemplo paradigm&aacute;tico son las </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>banlieues</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> francesas. La Italia de posguerra, con muchas comunas industriales gobernadas por el PCI, representa otra experiencia a la que prestaron atenci&oacute;n nuestros activistas vecinales. Lo espec&iacute;fico de ese fen&oacute;meno en la Espa&ntilde;a franquista viene dado por el r&eacute;gimen de dictadura centralista en que viv&iacute;amos: vigilancia y represi&oacute;n sobre las iniciativas asociativas de los vecinos, ayuntamientos sin recursos ni autonom&iacute;a, corporaciones locales conectadas con intereses especulativos a los que favorec&iacute;an y de los que se beneficiaban, etc. </span>
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, el movimiento vecinal creci&oacute; en Espa&ntilde;a a partir de la denuncia que entidades diversas, primero, y las asociaciones de vecinos, despu&eacute;s, hicieron de las precarias condiciones de las viviendas y de la inexistencia o insuficiencia de infraestructuras y de servicios p&uacute;blicos, una situaci&oacute;n que era resultado de las pol&iacute;ticas franquistas &ndash; o m&aacute;s bien de su ausencia &ndash; y de la especulaci&oacute;n desbocada que las autoridades consintieron y de la que muchas participaron, lo que apunta a la corrupci&oacute;n inherente a la dictadura, fundada en favores y privilegios entre franquistas desde tiempos del estraperlo, normalizada por la falta de transparencia y controles democr&aacute;ticos. A su vez, los ayuntamientos eran el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil del poder franquista, con alcaldes y corporaciones sin recursos, subordinados por completo al gobernador de turno, algo que, al igual que la tard&iacute;a convocatoria de las primeras elecciones municipales democr&aacute;ticas en la Transici&oacute;n, puede tener relaci&oacute;n con la mala experiencia que para la monarqu&iacute;a tuvieron las elecciones municipales de abril de 1931. 
    </p><p class="article-text">
        En su introducci&oacute;n de 2010 al libro colectivo sobre el movimiento vecinal barcelon&eacute;s <em>Construint la ciutat democr&agrave;tica</em>, los historiadores Carme Molinero i Pere Ys&agrave;s relacionan la eclosi&oacute;n de las reivindicaciones vecinales con las contradicciones de la din&aacute;mica pol&iacute;tica de la dictadura en los a&ntilde;os 60 y 70. La emigraci&oacute;n a Catalu&ntilde;a desde los a&ntilde;os 50, a pesar de los esfuerzos contrarios de la dictadura, se convirti&oacute; en una <em>espectacular oleada</em> que dio lugar a la formaci&oacute;n de barrios enteros sin previsi&oacute;n ni planificaci&oacute;n alguna, bien en forma de chabolas sin agua corriente, alcantarillado o electricidad como las de Torre Bar&oacute; que muestra la pel&iacute;cula <em>El 47</em>, o bien en forma de bloques de viviendas de construcci&oacute;n muy deficiente y sin dotaciones escolares o sanitarias. Era una situaci&oacute;n sorprendente, dada la orientaci&oacute;n intervencionista y controladora del Estado franquista.
    </p><p class="article-text">
        Como explica el historiador Ismael Saz, la dictadura se sosten&iacute;a desde sus or&iacute;genes sobre el arbitraje que ejerc&iacute;a Franco entre dos vertientes de la extrema derecha nacionalista espa&ntilde;ola: la autoritaria de los mon&aacute;rquicos golpistas de Acci&oacute;n Espa&ntilde;ola, por un lado, y la fascista pseudo-movilizadora de la Falange, por otro. La tensi&oacute;n entre el vector autoritario y el fascista otorg&oacute; una din&aacute;mica pol&iacute;tica a la dictadura, que buscaba sobrevivir a Franco, pero se estrell&oacute; con una fuerte contestaci&oacute;n social al agotarse los r&eacute;ditos de la terrible represi&oacute;n de los primeros a&ntilde;os. A resultas de la crisis de gobierno de 1957, el vector autoritario de los llamados &ldquo;tecn&oacute;cratas del Opus Dei&rdquo; esperaba obtener con el crecimiento econ&oacute;mico un amplio consentimiento. Por su parte los falangistas buscaron la adhesi&oacute;n popular mediante una cierta apertura muy controlada a la participaci&oacute;n, mediante la Ley de Asociaciones de 1964, la eliminaci&oacute;n de controles a la presentaci&oacute;n de candidatos en las elecciones sindicales de 1966 y la Ley de Prensa o &ldquo;Ley Fraga&rdquo;, tambi&eacute;n de 1966. Tecn&oacute;cratas y falangistas fracasaron en sus expectativas. Los tecn&oacute;cratas no realizaron la reforma fiscal que necesitaba el sistema para atender las demandas generadas por el aluvi&oacute;n de poblaci&oacute;n que se incorporaba a la industria y la vida urbana, el <em>verticalismo</em> vio crecer en su seno y en el mundo laboral el movimiento antifranquista de las CCOO, y la Ley Fraga cambi&oacute; de hecho la censura previa por la autocensura. En definitiva, no se alter&oacute; la esencia clasista y represiva del r&eacute;gimen. El estado de excepci&oacute;n de 1969 y la reacci&oacute;n contra CCOO que culmina en el Proceso 1001 muestran el agotamiento en la capacidad evolutiva de la dictadura. 
    </p><p class="article-text">
        El nuevo movimiento ciudadano encontr&oacute; cobertura legal en la Ley de Asociaciones de 1964, que buscaba regular el asociacionismo cultural, l&uacute;dico, deportivo y asistencial, permitido siempre que no fuese contrario &ldquo;a los Principios Fundamentales del Movimiento&rdquo;. Este &uacute;ltimo argumento fue muy utilizado para clausurar o  mantener a muchas asociaciones en la ilegalidad. A prop&oacute;sito de Madrid, Manuel Castells (2008) rememora las &ldquo;condiciones de libertad vigilada&rdquo; en que lleg&oacute; la democracia, con muchas asociaciones no autorizadas, sus militantes perseguidos y encarcelados, incluso asesinados, como sucedi&oacute; el 24 de enero de 1977 a los abogados de la calle Atocha que asesoraban al movimiento de barrios de la periferia obrera de la capital. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El movimiento vecinal eclosion&oacute; con fuerza entre 1974 y 1977, pero entr&oacute; en declive a partir de las primeras elecciones legislativas democr&aacute;ticas y m&aacute;s a&uacute;n desde las municipales de 1979. Este declive ha sido motivo de un cierto debate sobre la relaci&oacute;n con los partidos pol&iacute;ticos y el reconocimiento institucional que han recibido las asociaciones de vecinos en la actual democracia. Para unos era el resultado natural del cambio radical del marco pol&iacute;tico de actuaci&oacute;n del movimiento ciudadano: buena parte de sus activistas y l&iacute;deres lo eran por su militancia en partidos pol&iacute;ticos y abandonaron las asociaciones al ser cooptados en los nuevos ayuntamientos democr&aacute;ticos, desde los que actuaron como interlocutores para en gran medida hacer realidad las reivindicaciones vecinales. Para otros muy cr&iacute;ticos como M. Castells, el problema radicar&iacute;a, como tantas cosas que se atribuyen a herencias franquistas pero caen en el debe de la actual democracia, en cierta defensa o bloqueo practicado por los partidos respecto a una pol&iacute;tica m&aacute;s participativa de base representada por las asociaciones ciudadanas. Lo cierto es que incluso firmes adalides del movimiento ciudadano, entonces y ahora, como Jordi Borja (1977), reconoc&iacute;an ya a finales de 1976 el cambio radical de escenario pol&iacute;tico que se avecinaba con la llegada de la democracia, cambio que obligar&iacute;a al movimiento vecinal a reinventarse. El fuerte primer impulso del movimiento, que provoc&oacute; no pocas sonadas dimisiones de alcaldes franquistas, ten&iacute;a empuje propio en realidades vividas por los habitantes de la ciudad en su entorno inmediato, pero tambi&eacute;n era el reflejo de su funci&oacute;n vehicular del antifranquismo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde la historiograf&iacute;a, Carme Molinero y Pere Ys&agrave;s, en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>De la hegemon&iacute;a a la autodesctrucci&oacute;n: el PCE 1956-1982</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2017), a prop&oacute;sito del partido m&aacute;s organizado, con m&aacute;s militantes y mayor implicaci&oacute;n en los movimientos sociales del antifranquismo, fuese el vecinal o CCOO, advierten que al llegar la legalidad su direcci&oacute;n no busc&oacute; la desmovilizaci&oacute;n. M&aacute;s bien todo lo contrario, esa implicaci&oacute;n era un capital propio que quiso conservar e incrementar, indispensable antes y despu&eacute;s de 1977 para evitar su marginaci&oacute;n pol&iacute;tica, &ldquo;dando una relevancia especial a las asociaciones de vecinos, y profundizar en el papel de dichos movimientos para configurar formas de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>democracia de base</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> no contrapuestas a la democracia representativa para lograr una sociedad organizada y movilizada&rdquo;.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Gómez-Roda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/barro-fabrica-1_132_12551344.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Aug 2025 21:55:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del barrio a la fábrica (1)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (y 5)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-5_132_12529625.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43ef0fb8-d61a-4ed7-98a7-1bea45cbc69f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (y 5)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (4)</p></div><p class="article-text">
        A partir de la legalitzaci&oacute; dels sindicats i dels partits pol&iacute;tics, durant el primer trimestre de 1977, s&rsquo;acceler&agrave; el proc&eacute;s de canvi democr&agrave;tic, les principals fites del qual foren les primeres eleccions generals (15-06-77), la Llei d'Amnistia (15-10-77), els Pactes de la Moncloa (27-10-77) i el refer&egrave;ndum constitucional (06-12-78). I tot aix&ograve; en un context de forta conflictivitat laboral provocada per una inflaci&oacute; desbocada que erosionava aviat el poder adquisitiu dels salaris: la mitjana anual de vagues entre 1977 i 1979 va ser de 1.670, amb 2.280.000 participants i 15.390.000 jornades no treballades cada any.
    </p><p class="article-text">
        Entre gener i febrer de 1978 es van celebrar les primeres eleccions sindicals lliures a delegats i comit&egrave;s d'empresa que, en l&rsquo;&agrave;mbit estatal, van confirmar la vict&ograve;ria dels sindicats de classe: CC.OO. i UGT, amb el 34,5 i el 21,7 per cent, respectivament, dels gaireb&eacute; dos-cents mil electes. A Alcoi el resultat ser&iacute;a encara m&eacute;s contundent: es van triar un total de 478 delegats, dels quals el 61,5% pertanyien a CC.OO. i el 29,9% a UGT, que des de llavors no van deixar de reclamar la devoluci&oacute; del patrimoni sindical que, finalment, els hi va ser lliurat, ocupant actualment la Uni&oacute; General de Treballadors els vells locals de la CNS i Comissions Obreres els constru&iuml;ts de nova planta, en una demostraci&oacute; real i simb&ograve;lica de l'efic&agrave;cia de la seua lluita.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Canvi pol&iacute;tic i crisi econ&ograve;mica</strong></h2><p class="article-text">
        Aquells foren tamb&eacute; els anys de la segona crisi energ&egrave;tica, amb un fort impacte sobre l'economia i l'ocupaci&oacute; (deslocalitzaci&oacute; productiva, desregulaci&oacute; laboral, atur...), que s&rsquo;intent&agrave; gestionar des de les administracions p&uacute;bliques amb plans de reconversi&oacute; industrial de resultats desiguals.
    </p><p class="article-text">
        La del sector t&egrave;xtil, entre 1981 i 1986, va suposar el tancament de moltes de les grans empreses alcoianes (<em>Hipesa, Peralta, Matarredona</em>&hellip;), obligant als sindicats a un canvi d'estrat&egrave;gia des de posicions ofensives (reivindicaci&oacute; de millores salarials i nous drets) a altres de car&agrave;cter defensiu, tant dels llocs de treball (expedients de crisi, promoci&oacute; de cooperatives) com de la viabilitat de les mateixes empreses (el cas paradigm&agrave;tic de <em>Papereres Reunides</em>) i del propi sector (la campanya &ldquo;Salvar el t&egrave;xtil &eacute;s salvar Alcoi&rdquo;) 
    </p><p class="article-text">
        Malgrat les dificultats i la conflictivitat latent, durant aquest proc&eacute;s es va posar sovint de manifest la capacitat de di&agrave;leg i fins i tot mutu reconeixement entre els principals l&iacute;ders sindicals (Paco Molina) i empresarials (Rafael Terol) del moment, expressi&oacute; d&rsquo;una cultura de la negociaci&oacute; fortament arrelada en la comunitat local que la posterior desregulaci&oacute; productiva i laboral debilitaria notablement.
    </p><p class="article-text">
        Un dels efectes m&eacute;s negatius d&rsquo;eixe proc&eacute;s de desregulaci&oacute; laboral va ser l'externalitzaci&oacute;, via economia submergida, dels processos productius m&eacute;s intensius en m&agrave; d'obra, com el de l&rsquo;aerografia que durant 1992 va provocar la mort per fibrosi pulmonar de sis joves treballadores i m&eacute;s de cinquanta afectats en petites empreses de l'Alcoi&agrave;-Comtat pel conegut des de llavors com a <em>Sindrome Ardystil</em>, que fou denunciat pels sindicats i  acab&agrave; amb la condemna dels seus responsables, deu anys m&eacute;s tard, per sent&egrave;ncia de l'Audi&egrave;ncia d&rsquo;Alacant.
    </p><p class="article-text">
        Despr&eacute;s de la reconversi&oacute; del t&egrave;xtil, que supos&agrave; la desaparici&oacute; dels subsectors de la borra i filatura, va arribar la del metall, amb el tancament, entre altres, de les f&agrave;briques de <em>Francisco Blanes </em>i <em>Mir&oacute; Reig</em>, iniciant-se des de finals la d&egrave;cada dels noranta un proc&eacute;s de modernitzaci&oacute; i diversificaci&oacute; de la ind&uacute;stria alcoiana (noves mat&egrave;ries primeres, nous sistemes de producci&oacute;n i dsitribuci&oacute;) la consolidaci&oacute; de la qual explica que, malgrat les diverses crisis travessades, continue sent actualment la segona <em>&Aacute;rea Urbana Funcional</em> (AUF) amb major proporci&oacute; d'ocupaci&oacute; industrial (23,7%, gaireb&eacute; el doble que la mitjana espanyola), segons l'Institut Nacional d'Estad&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        Des de llavors, el sindicalisme ha consolidat -tant arreu de l&rsquo;Estat com a l&rsquo;&agrave;mbit local- la seua organitzaci&oacute; i capacitat d'interlocuci&oacute;, en un proc&eacute;s no exempt de dificultats, com  <em>actor social</em> (agregaci&oacute;, representaci&oacute; i promoci&oacute; dels interessos dels treballadors) i <em>factor d'igualtat</em>, actuant tant sobre la primera distribuci&oacute; de la renda (salaris, condicions de treball, regulaci&oacute; del mercat laboral) a trav&eacute;s de la negociaci&oacute; col&middot;lectiva, com sobre els mecanismes propis de la segona re-distribuci&oacute; (pol&iacute;tica fiscal, prestacions p&uacute;bliques) mitjan&ccedil;ant la pressi&oacute; social i la participaci&oacute; institucional.
    </p><p class="article-text">
        Tot aix&ograve; confirma la legitimitat del sindicalisme de classe, tant pel seu origen i traject&ograve;ria hist&ograve;rica (...eixe <em>fil roig</em> que, entre la protesta i la proposta, ha operat com un factor fonamental de progr&eacute;s social) com per la seua representativitat democr&agrave;ticament acreditada i pels resultats de la seua intervenci&oacute;, en l'exercici de les funcions negociadores i institucionals que li corresponen.
    </p><p class="article-text">
        Amb una taxa d'afiliaci&oacute; directa del 17% a nivell nacional, el sindicalisme espanyol aconsegueix ampliar notablement la seua representativitat indirecta mitjan&ccedil;ant mecanismes d'audi&egrave;ncia electoral (300.000 delegats electes en empreses, amb una cobertura superior al 65% de la poblaci&oacute; assalariada) i influ&egrave;ncia en la gesti&oacute; de les relacions laborals a trav&eacute;s de la negociaci&oacute; col&middot;lectiva (5.700 convenis per a m&eacute;s de 15 milions de treballadors).
    </p><p class="article-text">
        A l&rsquo;&agrave;mbit local, la taxa d'afiliaci&oacute; sindical &eacute;s actualment del 23% sobre el total dels 13.000 treballadors assalariats a la ciutat d'Alcoi que, en l'&uacute;ltim per&iacute;ode van triar un total de 680 representants (51,7% de CC.OO. i el 23,4% d&rsquo;UGT), que regularment atenen les demandes i reivindicacions dels seus companys, negocien amb els empresaris i les institucions, tramiten consultes jur&iacute;diques..., etc, en un exercici no per medi&agrave;ticament invisible menys necessari per a la defensa i promoci&oacute; dels drets de tots.
    </p><p class="article-text">
        Les importants crisis que s'han succe&iuml;t des dels inicis del segle XXI han posat de manifest, malgrat les seues diferents causes (financera, sanit&agrave;ria), el retorn de la <em>q&uuml;esti&oacute; social</em> (ocupaci&oacute;, salaris, prestacions, igualtat, drets...) que un discurs ideol&ograve;gic neoliberal tracta de presentar com superada per un model desregulat basat exclusivament en la m&eacute;s descarnada competitivitat.
    </p><p class="article-text">
         I &eacute;s en aquest context on estem assistint, paradoxalment, a una re-materialitzaci&oacute; del conflicte que, incorporant altres repertoris de protesta, fa possible la transici&oacute; cap a una necess&agrave;ria converg&egrave;ncia entre tots els que reclamen la dignitat del treball i la ciutadania, enlla&ccedil;ant la lluita per les velles reivindicacions del moviment obrer (treball decent i amb drets), de la que Alcoi ha estat capdavanter, amb la defensa de les demandes civils plantejades pels nous moviments socials (educaci&oacute;, sanitat, habitatge, igualtat de g&egrave;nere, qualitat democr&agrave;tica...).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-5_132_12529625.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Aug 2025 21:00:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (y 5)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (4)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-4_132_12513035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c09e5d17-7243-4726-b8c2-a334aeffbf5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (4)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (3)</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Butlletí de CC.OO. d&#039;Alcoi. Juliol de 1973. Arxiu FEIS."
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            <span class="title">
                Butlletí de CC.OO. d&#039;Alcoi. Juliol de 1973. Arxiu FEIS.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La llarga agonia biol&ograve;gica i pol&iacute;tica del franquisme, que es va iniciar amb la mort de Carrero Blanco al desembre de 1973, coincidir&agrave; amb la crisi econ&ograve;mica derivada de l'augment dels preus del petroli imposada pels pa&iuml;sos &agrave;rabs despr&eacute;s de la guerra del Yom Kippur, amb el conseg&uuml;ent increment generalitzat de la inflaci&oacute; que, en el cas espanyol, es complicar&agrave; per la incompet&egrave;ncia de la gesti&oacute; governamental, amb el resultat d'un dram&agrave;tic augment dels tancaments d'empreses, p&egrave;rdua del poder adquisitiu dels salaris, atur i precarietat contractual.
    </p><p class="article-text">
        Entre 1974 i 1977 Espanya registrar&iacute;a el volum m&eacute;s gran de vagues de tota la seua hist&ograve;ria, amb una mitjana anual de m&eacute;s de deu milions de jornades no treballades per conflictes laborals.
    </p><p class="article-text">
        Les restriccions derivades d&rsquo;una dictadura terminal conferien contingut pol&iacute;tic a la mobilitzaci&oacute; obrera que assolia aix&iacute; un fort component expressiu i acreditava la seua consolidaci&oacute; com a actor social rellevant en un context de crisi tant pol&iacute;tica com econ&ograve;mica i esdevenia en factor clau per a la conquesta de les llibertats.
    </p><p class="article-text">
        A Alcoi, la crisi es veur&agrave; agreujada per les defici&egrave;ncies estructurals que arrossegava el sector t&egrave;xtil (minifundisme, falta de renovaci&oacute; tecnol&ograve;gica i productiva...), aix&iacute; com per l'impacte negatiu derivat de l'estructura centralitzada de la negociaci&oacute; col&middot;lectiva dissenyada pel verticalisme.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Les vagues del final de la dictadura</strong></h2><p class="article-text">
        El cicle de les grans vagues obreres durant els anys de la Transici&oacute; es va iniciar ac&iacute; el juliol de 1973, en una coincid&egrave;ncia hist&ograve;rica amb el centenari de la revolta internacionalista del <em>petr&oacute;lio</em>, no per casual menys significativa. Foren les dones treballadores de la f&agrave;brica <em>Peralta</em> (les &ldquo;bobinadores&rdquo;) les primeres que es van plantar davant l'intent de l'empresa d'imposar un nou, i pretesament &ldquo;cient&iacute;fic&rdquo;, sistema de control de la producci&oacute; que incrementava el ritme de treball i absorbia els plusos salarials. 
    </p><p class="article-text">
        L&rsquo;acomiadament de Pilar Esteve, delegada sindical vinculada a CC.OO. i les sancions a 12 companyes m&eacute;s va generar una onada de solidaritat que amena&ccedil;ava amb una vaga de tota l&rsquo;empresa, d&rsquo;una plantilla de m&eacute;s de 200 persones, gran part de les quals eren xiques molt joves, i fou la seua resist&egrave;ncia la que, finalment, va fer recular a la direcci&oacute;, retirar les sancions i suspendre l&rsquo;aplicaci&oacute; del sistema de control, el que va constituir un exemple, tan simb&ograve;lic com real, de l'important paper de les dones treballadores en la hist&ograve;ria del moviment obrer alcoi&agrave;, mai prou valorat i que mereix, en just&iacute;cia, un reconeixement expr&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Aquell mateix any es va publicar per primera vegada el butllet&iacute; informatiu (clandest&iacute;, per descomptat!) de CC.OO. d'Alcoi, sota el t&iacute;tol de <em>Democr&agrave;cia Obrera</em>, que donaria compte, amb documentaci&oacute;n i an&agrave;lisi, de les grans vagues i mobilitzacions dels anys seg&uuml;ents.
    </p><p class="article-text">
        La primera, a principis de 1974, es produ&iacute; com a conseq&uuml;&egrave;ncia de la negativa patronal a negociar un nou conveni per al sub-sector de fibres de recuperaci&oacute; i la decisi&oacute;, per contra, de suspendre la prima de 350 pessetes que s&rsquo;havia aprovat l&rsquo;any anterior. Entre el 16 i el 17 de gener pararen la major part de les f&agrave;briques d&rsquo;Alcoi aix&iacute; com les de Cocentaina i Muro, pobles cap on des de feia un temps s&rsquo;havien adre&ccedil;at moltes empreses a la recerca de m&eacute;s s&ograve;l industrial i menys costos laborals. 
    </p><p class="article-text">
        A l&rsquo;endem&agrave;, 18 de gener, eren ja 120 f&agrave;briques i 4.100 els treballadors en vaga que, davant del tancament dels locals de la CNSi l&rsquo;assetjament de la policia, acabaren reunint-se en una gran assemblea al <em>Barranquet de Soler</em> on, en un exercici de democr&agrave;cia obrera real, aprovaren l'acord provisional subscrit a l'Ajuntament, per mediaci&oacute; de l'alcalde Jorge Silvestre, entre la patronal local i els l&iacute;ders de CC.OO. Linares i Llopis (presidents  aleshores de la Secci&oacute; Social i de la UTT del Sindicat T&egrave;xtil, respectivament) que recollia les reivindicacions inicialment plantejades i, en conseq&uuml;&egrave;ncia, posava fi a la vaga.
    </p><p class="article-text">
        No obstant aix&ograve;, en febrer comen&ccedil;aren les deliberacions del nou conveni dels sectors de g&egrave;nere de punt, cot&oacute; i llana, en el marc del qual la patronal intent&agrave; absorbir la prima de les 350 pessetes, oferint un augment salarial del 14% que els treballadors no accepten i contra el que plantegen una vaga d&rsquo;advert&egrave;ncia de dues hores per al 14 de mar&ccedil;. Com que la representaci&oacute; empresarial no fa cas, el 4 d&rsquo;abril s&rsquo;inicia la vaga que arribar&agrave; al dia 8 amb una xifra de 8.000 participants, incloent-hi alguns treballadors d&rsquo;altres sectors.
    </p><p class="article-text">
        En plena <em>Semana Santa</em> es mant&eacute; la vaga i, davant el nou tancament verticalista dels locals de la CNS es celebren diverses assemblees al pati del Col&middot;legi de San Roc, l'esgl&eacute;sia de Santa Rosa i, fins i tot, a la muntanya del Preventori. El<em> Dijous Sant</em>, en totes les parr&ograve;quies d'Alcoi es llegeix una homilia de suport a les reivindicacions obreres, instant el reconeixement dels drets laborals. Finalment, el 14 d'abril se signar&agrave; l'acord que posava fi a deu dies de vaga i fixava una gratificaci&oacute; de 3.000 pessetes per als treballadors adults i de 1.750 per als aprenents.
    </p><p class="article-text">
        La segona vaga important d&rsquo;aquest per&iacute;ode comen&ccedil;&agrave; el 22 de setembre de l&rsquo;any seg&uuml;ent (1975) en resposta al nou intent de la patronal d&rsquo;absorbir la prima de les 350 pessetes, cosa que suposava una disminuci&oacute; substantiva del salari real en uns moments de crisi galopant. A m&eacute;s a m&eacute;s, l&rsquo;acomiadament de diversos treballadors de l&rsquo;empresa <em>Pablo Dom&eacute;nech </em>i la detenci&oacute; del sindicalista Ricardo Llopis al final d'una assemblea enfront dels locals novament tancats de la CNS, agreujaran un conflicte que una setmana despr&eacute;s afectava ja m&eacute;s de 100 empreses i vora 2.800 treballadors. Finalment, el 3 d&rsquo;octubre els representants de la part social (Pep Linares) i econ&ograve;mica (Miquel Pay&aacute;) signaren un acord que suposava la retirada de les sancions, l&rsquo;alliberament de Llopis i el reconeixement parcial de les demandes obreres.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Aquell hivern </strong><em><strong>calent</strong></em></h2><p class="article-text">
        Entre setembre i desembre d'aquell any es celebraren les dues rondes de la que seria &uacute;ltima convocat&ograve;ria d&rsquo;eleccions sindicals de la CNS, amb el resultat d&rsquo;un important &egrave;xit de les <em>Candidatures Unit&agrave;ries i Democr&agrave;tiques</em> (&ldquo;Hemos ganao el equipo colorao&rdquo;, va publicar en portada una revista de l'&egrave;poca) i que, en el cas d'Alcoi consolidaren l'hegemonia de CC.OO.
    </p><p class="article-text">
        I mentrestant moria, per f&iacute;, l'&uacute;ltim dictador d'Europa occidental, la qual cosa va contribuir a accelerar el proc&eacute;s de canvi, caracteritzat en la seua primera fase per una gran incertesa pol&iacute;tica i institucional, agreujada per una profunda crisi econ&ograve;mica i social.
    </p><p class="article-text">
        Aquell hivern va registrar una aut&egrave;ntica onada de vagues en tot el pa&iacute;s, que es prolongaria, amb algunes oscil&middot;lacions, durant els anys centrals de la transici&oacute;, en els quals el volum de la conflictivitat laboral es multiplicar&agrave; pr&agrave;cticament per deu, passant del mig mili&oacute; de treballadors participants en 1975 als 5,7 milions de 1979, segons dades oficials del Ministeri de Treball.
    </p><p class="article-text">
        Va ser, precisament. la pressi&oacute; social des de baix, exercida pels moviments ve&iuml;nal, estudiantil, professional i, sobretot, obrer, la que al capdavall  resultar&agrave; determinant per a desbaratar primer les maniobres continuistes, accelerar m&eacute;s tard les reformes i for&ccedil;ar, finalment, la ruptura amb el franquisme.
    </p><p class="article-text">
        L'any 1976 va comen&ccedil;ar a Alcoi amb una manifestaci&oacute; per la llibertat i l'amnistia, el mateix 1 de gener, encap&ccedil;alada pels l&iacute;ders sindicals que a finals de mar&ccedil; convocaren la que ser&iacute;a la vaga general de m&eacute;s llarga durada (tres setmanes) i participaci&oacute; (9.000 treballadors t&egrave;xtils) de la hist&ograve;ria de la ciutat. 
    </p><p class="article-text">
        El motiu inicial va ser millorar a l&rsquo;&agrave;mbit local el que s'havia pactat a nivell nacional en el conveni de Fibres de Recuperaci&oacute; en mat&egrave;ria de salari (augment de 1.100 a 3.000 pessetes setmanals), vacances (de 20 a 25 dies per any), jornada (de 40 a 44 hores setmanals), aix&iacute; com el reconeixement dels representants sindicals recentment elegits.
    </p><p class="article-text">
        En aquesta ocasi&oacute;, la patronal va mantenir una posici&oacute; tan inflexible (adduint que el conveni estava ja signat) comagressiva, imposant sancions de suspensi&oacute; de contracte i sou a m&eacute;s de 2.000 treballadors, incrementant la tensi&oacute; del conflicte, agreujada aix&iacute; mateix per les c&agrave;rregues policials i els intents d'impedir les assemblees de treballadors que acabaven realitzant-se a les esgl&eacute;sies de Santa Rosa, Sant Francesc i Santa Maria, aix&iacute; com en el camp de futbol del Barranquet de Soler, en les quals s'informava dels intents de negociaci&oacute;, les mostres de solidaritat ciutadana (especialment emotiva fou la manifestaci&oacute; del 10 d&rsquo;abril de dones amb els sarnatxos de la compra buits) i es decidia democr&agrave;ticament sobre la continu&iuml;tat o no de la vaga, impugnant en la pr&agrave;ctica les acusacions de manipulaci&oacute; que difonia la premsa m&eacute;s reaccion&agrave;ria, especialment el diari local <em>Ciutat</em> dirigit per un vell falangista.
    </p><p class="article-text">
        Malgrat els intents de mediaci&oacute; d'una Comissi&oacute; integrada per qualificats professionals de la ciutat i pel nou alcalde, Rafael Terol, la patronal es va negar a negociar i nom&eacute;s accept&agrave; la retirada de les sancions, despr&eacute;s de que el dia 21 d'abril, la majoria dels treballadors decidiren desconvocar la vaga, el que es va considerar un frac&agrave;s laboral per&ograve;, malgrat tot, un &egrave;xit socio-pol&iacute;tic, en la mesura en qu&egrave; la massiva participaci&oacute; i solidaritat aconseguiren imposar la legitimitat del nou sindicalisme i l'exercici real dels drets de vaga, reuni&oacute; i manifestaci&oacute; encara no reconeguts legalment pel govern post-franquista d&rsquo;Arias Navarro, que acabaria dimitint a primers de juliol d'aquell mateix any, arrossegat per la protesta popular despr&eacute;s de la violenta repressi&oacute; de les mobilitzacions obreres d'Elda i Vit&ograve;ria.
    </p><p class="article-text">
        Des d&rsquo;aleshores s&rsquo;acceleraren tant els ritmes de canvi com l&rsquo;agreujament de la crisi econ&oacute;mica (l'any acabaria amb una inflaci&oacute; del 19%) que, junt amb la congelaci&oacute; salarial i un fort creixement de l'atur, convertiren la negociaci&oacute; col&middot;lectiva del primer trimestre de 1977 en l'escenari clau del conflicte social, en la fase central de la transici&oacute; pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-4_132_12513035.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Aug 2025 10:41:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (4)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (3)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-3_132_12476268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69b7d58f-7473-420d-9f4b-4146ddc30e01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (3)"></p><p class="article-text">
        Amb la derrota de la Rep&uacute;blica s&rsquo;inici&agrave; una llarga i fosca etapa de repressi&oacute; pol&iacute;tica i sindical, endarreriment econ&ograve;mic i social, por, fam, pobresa i corrupci&oacute; generalitzades. Mentre se suprimien totes les conquestes socials aconseguides durant el per&iacute;ode democr&agrave;tic, s'imposava un r&egrave;gim de terror cuartelero sota parafern&agrave;lia feixista i fracassava la pol&iacute;tica aut&agrave;rquica (el PIB espanyol no recuperaria fins a 1960 els nivells registrats abans de la guerra), amb el conseg&uuml;ent cost social per a la classe obrera (els salaris es van reduir en un 25% durant les dues primeres d&egrave;cades de la dictadura).
    </p><h2 class="article-text"><strong>Repressi&oacute; i autarquia en el primer franquisme</strong></h2><p class="article-text">
        D&rsquo;acord amb les dades registrades a l&rsquo;Arxiu de la Mem&ograve;ria de la Universitat d&rsquo;Alacant, despr&eacute;s de la guerra foren executades en Alcoi 55 persones, entre elles l&rsquo;alcalde republic&agrave; Evaristo Botella i el l&iacute;der anarquista Enrique Barber&agrave; (<em>Carrasca</em>); condemnades a diferents penes de pres&oacute; altres 270, aproximadament; inhabilitades i sancionades econ&ograve;micament unes 250 i acomiadats 200 funcionaris p&uacute;blics i un gran nombre, dif&iacute;cil de precisar, de treballadors industrials.
    </p><p class="article-text">
        En l&rsquo;&agrave;mbit laboral el moviment obrer va ser escap&ccedil;at i destru&iuml;t, prohibides les seues organitzacions i imposada per la for&ccedil;a l&rsquo;adscripci&oacute; obligat&ograve;ria al Sindicat Vertical (CNS), que en Alcoi s&rsquo;instal.l&agrave; en l&rsquo;antic xalet de Vicens a l&rsquo;Albereda, sota la <em>l&iacute;nea de mando </em>dels capitosts falangistes, entre el rebuig i la indifer&egrave;ncia de la majoria dels treballadors.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica de revenja i destrucci&oacute;, d&rsquo;espoli material i anihilament cultural posada en marxa contra el moviment obrer pel franquisme va tindre efectes duradors. Tot i les prec&agrave;ries condicions de vida, l&rsquo;activisme i la protesta suposaven un risc massa alt i, malgrat alguns intents inicials de resist&egrave;ncia i reconstrucci&oacute;, el silenci de les organitzacions sindicals tradicionals va crear, durant els anys quaranta i cinquanta, un buit ocupat tant sols per relacions de solidaritat prim&agrave;ria, especialment entre les dones treballadores. En el cas d&rsquo;Alcoi serien les <em>bambuneres </em>les que, al voltant de 1945, feren la primera vaga de bra&ccedil;os caiguts.
    </p><p class="article-text">
         L'esfor&ccedil; i la valentia de posar en marxa un nou moviment obrer, d'acumular nous recursos, estrat&egrave;gies i lideratges, trigaria encara anys a concretar-se, en un context de canvis sociodemogr&agrave;fics i productius.
    </p><p class="article-text">
        Cap a finals dels anys cinquanta, el frac&agrave;s del model aut&agrave;rquic va obligar la dictadura a donar un gir en la seua pol&iacute;tica econ&ograve;mica (Pla d'Estabilitzaci&oacute;) i de gesti&oacute; laboral (Llei de convenis col&middot;lectius) que, sense renunciar a l'autoritarisme original, contribu&iuml;ren a impulsar un desenvolupament productiu que implicava, entre altres canvis, la introducci&oacute; d'una certa bilateralitat en les relacions laborals que seria h&agrave;bilment aprofitada pels nuclis fundacionals del nou moviment obrer, en la mesura en qu&egrave; la negociaci&oacute; col&middot;lectiva obria una escletxa, fins aleshores inexistent, que possibilitava el conflicte, mentre que les eleccions a enlla&ccedil;os i jurats d&rsquo;empresa permetien acumular recursos organitzatius i d'intervenci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La nova fase de desenvolupament coincideix amb una s&egrave;rie de profunds canvis sociodemogr&agrave;fics en el m&oacute;n del treball, al qual s'incorpora la primera generaci&oacute; que no havia participat en la guerra, despr&eacute;s d'importants fluxos migratoris del camp a les ciutats, amb noves demandes salarials, d'acc&eacute;s a habitatge i b&eacute;ns de consum, etc., i que ser&agrave; la que protagonitze el seg&uuml;ent llarg cicle conflictivitat obrera.
    </p><p class="article-text">
        En el cas d&rsquo;Alcoi, el Cens de poblaci&oacute; registrar&agrave; un increment acumulat del 20%, fins a situar-se en 61.391 habitants en 1970, degut fonamentalment al saldo migratori positiu, alhora que s&rsquo;iniciava una traum&agrave;tica reconversi&oacute; industrial del sector t&egrave;xtil (entre 1963 i 1968 tancaren 57 empreses deixant al carrer a vora 1.500 treballadors), que arrossegava una llarga crisi (obsolesc&egrave;ncia tecnol&ograve;gica, manca d&rsquo;inversions, caiguda de la demanda&hellip;) i s&rsquo;orientar&agrave; progressivament des de les fibres de recuperaci&oacute; cap als productes t&egrave;xtils per a la llar.
    </p><p class="article-text">
        I &eacute;s que el que inicialment havia contribu&iuml;t al desenvolupament de la ind&uacute;stria t&egrave;xtil alcoiana, la seua concentraci&oacute; en els segments baixos del mercat en materials, qualitat i preu, esdevincr&agrave; despr&eacute;s el seu principal desavantatge quan la creixent demanda de qualitat en la draperia fa&ccedil;a que la ind&uacute;stria catalana aconsegueixca augmentar quota de mercat a les seues expenses. Fins a ben entrats els anys setanta, en qu&egrave; s'iniciar&agrave; un complicat proc&eacute;s de modernitzaci&oacute;, l'estructura empresarial i la dotaci&oacute; tecnol&ograve;gica del t&egrave;xtil alcoi&agrave; es demostraran incapa&ccedil;os de fer front als canvis necessaris per a la seua modernitzaci&oacute;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>L'emerg&egrave;ncia d'un nou sindicalisme</strong></h2><p class="article-text">
        &Eacute;s en aquest context on, malgrat les restriccions estructurals i la repressi&oacute; tant policial  com patronal, cal situar la progressiva configuraci&oacute; d'un sindicalisme de nou tipus, de voluntat assemble&agrave;ria, estructures flexibles als centres de treball, estrat&egrave;gia instrumental, orientaci&oacute; unit&agrave;ria i projecci&oacute; socio-pol&iacute;tica... que acabar&agrave; coneixent-se com el <em>moviment de les comissions obreres</em>, caracteritzant-se -des de meitat dels anys seixanta- per un significatiu canvi d'estrat&egrave;gia respecte del sindicalisme tradicional: de l'anarquisme apol&iacute;tic i de confrontaci&oacute; radical al sindicalisme possibilista (penetraci&oacute; en el Vertical, negociaci&oacute; de convenis) i plural (comunistes, cat&ograve;lics, socialistes i, fins i tot, antics cenetistes), desenvolupant un nou repertori d&rsquo;acci&oacute; col.lectiva que, tot i els entrebancs de la dictadura, combinaria des d&rsquo;aleshores la pressi&oacute; i, fins i tot, la vaga als centres de treball amb manifestacions puntuals, tancament a esgl&eacute;sies i actes de solidaritat que tractaven d&rsquo;implicar a professionals, estudiants i altres col.lectius, entre la protesta i la proposta.
    </p><p class="article-text">
        Des de llavors, la t&agrave;ctica entrista. rebutjada pels sindicats tradicionals (CNT, UGT), permetr&agrave; a les  Comissions Obreres el desenvolupament d'&agrave;mplies xarxes de coordinaci&oacute; i participaci&oacute; en la negociaci&oacute; dels convenis col&middot;lectius d'empresa i sector, generant una espiral de mobilitzacions que seguir&agrave; a un ritme creixent fins a la fase final de la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        En Alcoi, els primers indicis de l&rsquo;emerg&egrave;ncia d&rsquo;aquest nou moviment obrer es registraren a final de la d&egrave;cada dels cinquanta arran de l&rsquo;elecci&oacute; en diverses empreses d&rsquo;uns quants enlla&ccedil;os i jurats no verticalistes,  que acordaren nomenar com a president de la Secci&oacute; Social del Sindicat T&egrave;xtil a Josep Linares, un teixidor comunista de la f&agrave;brica <em>Mataix</em> que aviat esdevindr&agrave; en l&iacute;der reconegut pels treballadors locals i un interlocutor respectat per la mateixa patronal del sector.
    </p><p class="article-text">
        El nucli alcoi&agrave; de Comissions Obreres jugar&agrave; un paper clau en l&rsquo;articulaci&oacute; del moviment arreu del Pa&iacute;s, aportant els seus contactes i experi&egrave;ncia per a fer possible la reuni&oacute; fundacional de l&rsquo;11 de desembre de 1966 als locals de la societat cultural <em>Lo Rat Penat</em> situats al centre de Val&egrave;ncia en la que hi participaren, entre una cinquantena de sindicalistes, Josep Linares i Francisco Casta&ntilde;er.
    </p><p class="article-text">
        Poc despr&eacute;s, en el sal&oacute; d&rsquo;actes del Sindicat Vertical de l&rsquo;Albereda es celebr&agrave; una gran assemblea de suport als treballadors bascos de l&rsquo;empresa <em>Laminaciones de Bandas en Fr&iacute;o</em>, que duien mig any de vaga i per als qui es va realitzar una col&middot;lecta de solidaritat, el resultat de la qual (20.000 pessetes) va ser portat per Linares a Bilbao, i del que va conservar sempre el rebut datat el 27 d'abril de 1967 i signat pels representants d'aquells treballadors agra&iuml;ts.
    </p><p class="article-text">
        Durant els &uacute;ltims anys seixanta i primers setanta es registr&agrave; arreu una lenta per&ograve; sostinguda expansi&oacute; de les xarxes de protesta dels moviments obrer, estudiantil, ve&iuml;nal, professional i cultural que, amb les seves reivindicacions de llibertat, desafiaven els l&iacute;mits imposats per una dictadura anacr&ograve;nica, que nom&eacute;s sabia respondre amb la repressi&oacute; aconseguint a vegades obrir prec&agrave;ries per&ograve; importants zones de llibertat, com va ser a Alcoi el <em>Club d'Amics de la UNESCO</em> fundat en 1966 i que actuaria despr&eacute;s com a lloc d&rsquo;encontre i coordinaci&oacute; de l'oposici&oacute; democr&agrave;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pel que es refereix concretament al moviment sindical ser&agrave; llavors quan emergeixen vells i nous compromisos i lideratges, des d'alguns veterans militants de la CNT (Jos&eacute; Aparisi, Gonzalo Bernabeu) a joves de la JOC (Jos&eacute; Vidal, Jes&uacute;s Cascant), passant pels primers representants d'una renovada UGT (Sergio Ferri, Armando Garc&iacute;a Miralles) i, sobretot, del grup &agrave;mpliament hegem&ograve;nic de CC.OO. (Pep Linares, Ricardo Llopis, Emilio Olcina, Paco Valor&hellip;).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-3_132_12476268.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jul 2025 04:01:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (3)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-2_132_12446859.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6228f345-29bb-4628-9cdb-e2722f3982ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_1121312.jpg" width="2000" height="1125" alt="La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (2)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (1)</p></div><p class="article-text">
        El frac&agrave;s insurreccional de 1873 tingu&eacute; tamb&eacute;, a m&eacute;s de la repressi&oacute; policial i judicial, greus conseq&uuml;&egrave;ncies socials: la venjan&ccedil;a patronal retall&agrave; en un 20% els salaris, augmentaren els acomiadaments i les <em>llistes negres</em>, mentre empitjoraven encara m&eacute;s les condicions de vida (alimentaci&oacute;, salubritat, malalties&hellip;)  dels treballadors (fins al punt de que durant els 20 anys seg&uuml;ents es redu&iacute; la talla mitjana dels <em>quintos</em> alcoians!) i les seues organitzacions romandran ilegalitzades durant molt de temps, arran del col.lapse de la I&ordf; Rep&uacute;blica i la reinstauraci&oacute; canovista, mentre s&rsquo;eixamplava la divisi&oacute; entre els dos grans corrents del moviment obrer internacional (anarquistes i marxistes).
    </p><h2 class="article-text"><strong>Hegemonia anarquista</strong></h2><p class="article-text">
        Les associacions obreres romandran prohibides fins a 1887 i a l&rsquo;any seg&uuml;ent es crear&agrave; la UGT impulsada pels socialistes, la pres&egrave;ncia dels quals ser&agrave; per molt temps minorit&agrave;ria entre els treballadors alcoians, atesa l&rsquo;hegemonia que mantindr&agrave; l&rsquo;anarcosindicalisme durant les d&egrave;cades seg&uuml;ents, especialment a partir de 1910 en qu&egrave; es constitu&iacute; la CNT, al Congr&eacute;s fundacional de la qual hi participaren dos delegats locals (Rogelio Cant&oacute; i Rafael Bernabeu).
    </p><p class="article-text">
        D&rsquo;aleshores en&ccedil;&agrave;, el sindicalisme actuar&agrave; -malgrat les difer&egrave;ncies internes- com l&rsquo;expressi&oacute; m&eacute;s fefaent de la centralitat del treball i la urg&egrave;ncia de la q&uuml;esti&oacute; social que, des de 1890, far&agrave; del 1er de Maig una convocat&ograve;ria de solidaritat internacional i reivindicaci&oacute; obrera. En Alcoi aquella primera manifestaci&oacute; s&rsquo;ajorn&agrave; fins al dia 5 i en participaren vora 2.000 treballadors, confirmant l&rsquo;inici d&rsquo;un nou cicle de lluita obrera que assolir&agrave;, des d&rsquo;aleshores, alts nivells de conflictivitat laboral.
    </p><p class="article-text">
        Les dues primeres d&egrave;cades del segle XX seran les del creixement de la ind&uacute;stria alcoiana, per la utilitzaci&oacute; de l&rsquo;energia el&egrave;ctrica, el desenvolupament de nous productes i l&rsquo;obertura d&rsquo;altres mercats, la construcci&oacute; de grans factories (<em>Mataix, Matarredona, Carbonell, Terol, Bamb&uacute;</em>&hellip;), especialment a partir de 1914 a recer de la conjuntura favorable derivada de la I&ordf; Guerra Mundial, els contendents de la qual demandaren durant uns pocs anys un important volum de productes t&egrave;xtils i mec&agrave;nics.
    </p><p class="article-text">
        La fi del conflicte b&egrave;l.lic impactar&agrave; negativament en la ind&uacute;stria alcoiana, amb el tancament de nombroses empreses, l&rsquo;augment de l&rsquo;atur, la p&egrave;rdua de salaris i, fins i tot, problemes de subsist&egrave;ncia entre la poblaci&oacute; que provocaren un mot&iacute; protagonitzat per les dones al mercat de queviures, factors que junt amb els efectes de la pand&egrave;mia de grip de 1918 configuraven  l&rsquo;escenari d&rsquo;una pregona crisi social.
    </p><p class="article-text">
        Durant la dictadura primoriverista (1923-1930) tornar&agrave; la repressi&oacute; de les organitzacions obreres i el m&eacute;s descarat domini de classe de les elits locals, que es van demostrar incapaces de fer front a la greu crisi econ&ograve;mica que esclataria a finals de la d&egrave;cada.
    </p><p class="article-text">
        El triomf de la II&ordf; Rep&uacute;blica (1931-1936) va ser rebut com una oportunitat d'avan&ccedil;ar en la conquesta de les llibertats civils (sufragi universal, drets pol&iacute;tics, autonomies, divorci&hellip;) ireivindicacions socials llargament ajornades (regularitzaci&oacute; de contractes laborals, segur obligatori, jurats mixtes, negociaci&oacute; col.lectiva, jornada de 8 hores, &hellip;) encara que la gravetat de la crisi econ&ograve;mica i el bloqueig de les forces reaccion&agrave;ries dificultaren la seua consolidaci&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        El moviment anarquista articulat al voltant de la CNT va desplegar des del primer moment una constant activitat, tant en l'&agrave;mbit laboral (vagues, manifestacions...) com social (ateneus, publicacions, projectes culturals...) que consolidaren llur implantaci&oacute; entre el proletariat alcoi&agrave;, tot i que el seu abstencionisme electoral i impaci&egrave;ncia revolucion&agrave;ria contribu&iuml;ren, de fet, a afeblir el projecte republic&agrave;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Guerra i col.lectivitzacions</strong></h2><p class="article-text">
        En febrer de 1936 la vict&ograve;ria del Front Popular, que a Alcoi aconsegu&iacute; el 64,5% dels vots, acceler&agrave; la conspiraci&oacute; reaccion&agrave;ria que esclataria, finalment, el 18 de juliol i es perllongaria dram&agrave;ticament durant els tres anys seg&uuml;ents.
    </p><p class="article-text">
        Com en altres indrets del pa&iacute;s, aqu&iacute; fou tamb&eacute; la r&agrave;pida mobilitzaci&oacute; de les organitzacions obreres la que, despr&eacute;s de posar c&eacute;rcol a la caserna del regiment d'infanteria, va impedir que la seua guarnici&oacute; s&rsquo;adherira a la rebel&middot;li&oacute; militar, restant des d&rsquo;aleshores la ciutat sota el control d&rsquo;un Comit&egrave; Revolucionari,  presidit pel representant de la CNT C&aacute;ndido Morales, integrat pels partits d&rsquo;esquerra i els sindicats que, tot i organitzar el funcionament de la producci&oacute; i els serveis p&uacute;blics, no sempre aconseguiria garantir l&rsquo;aplicaci&oacute; de la legalitat republicana ni evitar esclats de viol&egrave;ncia radical contra representants de la burgesia i el clergat locals, objectius freq&uuml;ents de l'odi popular acumulat durant d&egrave;cades d'explotaci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Les necessitats d'una economia de guerra i l'oportunitat d'implantar el programa revolucionari expliquen la decisi&oacute; dels sindicats, especialment de la CNT, de socialitzar i col&middot;lectivitzar els mitjans de producci&oacute;, que havien estat pr&egrave;viament confiscats. Entre agost i octubre de 1936 la pr&agrave;ctica totalitat de les empreses alcoianes (t&egrave;xtils, metal.l&ugrave;rgiques, paperers, de la construcci&oacute; i, fins i tot, del comer&ccedil; i serveis&hellip;) quedaren sota control obrer i dedicades, en gran part, a la producci&oacute; de material b&egrave;l.lic i articles per al front.
    </p><p class="article-text">
        Les primeres empreses gestionades pels sindicats van ser les 30 del sector metal&middot;l&uacute;rgic amb vora 1.500 operaris, mitjan&ccedil;ant acord signat amb els seus propietaris, constituint-se com a <em>Ind&uacute;stries Metal&middot;l&uacute;rgiques Alcoianes Socialitzades</em> (ISMA), poc despr&eacute;s ho foren les del sector t&egrave;xtil (128 empreses i 6.000 treballadors) sota control de CNT i, finalment, les <em>Papereres Col.lectives CNT-UGT</em> (12 f&agrave;briques i 2.000 operaris),  aix&iacute; com les d'altres subsectors de menor entitat, completant aix&iacute; un proc&eacute;s que resultaria paradigm&agrave;tic entre les col.lectivitzacions industrials durant el conflicte arreu del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cal fer constar que la gesti&oacute; de les empreses socialitzades fou, en termes generals, econ&ograve;micament eficient, socialment equitativa i t&egrave;cnicament efica&ccedil;, malgrat el sabotatge dels quintacolumnistes i els bombardejos de l&rsquo;aviaci&oacute; italiana que causaren ac&iacute;  64 morts i afectaren a 22 empreses. Amb tot i aix&ograve;, en acabar la guerra les f&agrave;briques alcoianes col.lectivitzades foren entregades als antics propietaris en perfectes condicions operatives per a continuar treballant.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-2_132_12446859.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jul 2025 23:06:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (2)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (1)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-1_132_12428691.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7468b48-17c7-445c-a9ba-0a5817671200_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (1)"></p><p class="article-text">
        L&rsquo;endarrerit i feble proc&eacute;s d&rsquo;industrialitzaci&oacute; del Pa&iacute;s Valenci&agrave; va configurar una estructura empresarial majorit&agrave;riament minifundista, la qual cosa va representar, durant molt de temps,  una dificultat afegida a les ja dures restriccions imposades -primer per la guerra i despr&eacute;s per la dictadura- a l'emerg&egrave;ncia del nou moviment obrer i sindical, la intervenci&oacute; del qual hauria de resultar clau en la posterior conquesta de la democr&agrave;cia.
    </p><p class="article-text">
        Fins a finals dels anys seixanta del segle passat el segment majoritari de la poblaci&oacute; ocupada corresponia encara al sector primari, mentre que la industria-construcci&oacute; i els serveis a penes representaven, respectivament, el 30% de l'ocupaci&oacute; total.
    </p><p class="article-text">
        Ser&agrave;, doncs, des de nuclis dispersos territorialment (Vall d'Uix&oacute;, Port de Sagunt, Bunyol, Val&egrave;ncia, Alcoi, Elx-Elda&hellip;), caracteritzats unes vegades per la pres&egrave;ncia de grans empreses (Segarra, AHM, Cementera, Macosa, drassanes d&rsquo;AESA i UNL&hellip;) i, altres, per aglomeracions de car&agrave;cter sectorial (cer&agrave;mica, fusta-moble, t&egrave;xtil, cal&ccedil;at, construcci&oacute;&hellip;), des d'on comen&ccedil;ar&agrave;, de manera temptativa i fragment&agrave;ria, el proc&eacute;s de reconstrucci&oacute; de les xarxes de solidaritat i organitzaci&oacute; dels treballadors, en una din&agrave;mica inicialment multi-focal que, poc a poc, anir&agrave; articulant-se arreu de tot el Pa&iacute;s Valenci&agrave;, com estem documentant des de la FEIS en la col&middot;lecci&oacute; d'estudis sobre les <em>rutes de la mem&ograve;ria obrera</em>.
    </p><p class="article-text">
        La traject&ograve;ria d'Alcoi, considerat l'aut&egrave;ntic bressol del moviment obrer valenci&agrave;, resulta especialment significativa, puix que representa alhora tant l'excepci&oacute; hist&ograve;rica fundacional com llur posterior configuraci&oacute; com a paradigma sociol&ograve;gic del proc&eacute;s de desenvolupament socio-laboral i d&rsquo;intervenci&oacute; sindical. 
    </p><p class="article-text">
        En el primer cas, la intensa industrialitzaci&oacute; iniciada a principi del segle XIX el convertiria prompte en &ldquo;el &rdquo;<em>nostre Manchester</em>&ldquo;, com va dir m&eacute;s tard Joan Fuster. Sorgir&agrave; llavors un potent moviment sindical d'orientaci&oacute; anarquista (va ser la primera seu de l&rsquo;AIT a Espanya) i estrat&egrave;gia ocasionalment insurreccional, com ja explic&agrave;rem ac&iacute; <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/alcoi-memoria-petrolio_129_10759076.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un article anterior</a>, amb motiu del 150&egrave; aniversari dels  <em>fets del petr&oacute;lio</em> de juliol de 1873, hist&ograve;ricament considerats com un esclat de f&uacute;ria reivindicativa d&rsquo;un proletariat pobre i explotat que treballava i malvivia en condicions prec&agrave;ries i al qui tant sols arribaven les molles sobrants de la taula parada a la burges&iacute;a local pel creximent econ&ograve;mic acumulat durant d&egrave;cades, mentre secretament conreava el somni ut&ograve;pic de la revoluci&oacute; social.
    </p><p class="article-text">
        Malgrat el balan&ccedil; violent de la sublevaci&oacute; (16morts, entre ells l&rsquo;Alcalde Albors, <em>Pelletes</em>) i de la posterior repressi&oacute; (717 processats, dels quals 287 passarien anys de pres&oacute; sense judici), aquell episodi deixar&agrave; una petjada indeleble en l'imaginari col&middot;lectiu de la ciutat, condicionant aix&iacute; mateix el posterior desenvolupament del seu model sociol&ograve;gic de relacions laborals refor&ccedil;ant, per una banda, la din&agrave;mica col.lectiva entre els treballadors i conreant, per l&rsquo;altra, estrat&egrave;gies de control social i paternalisme empresarial (construcci&oacute; d&rsquo;Escoles Industrials, cases i ponts, suport a festes i activitats esportives&hellip;) per a evitar noves revoltes radicals del potent moviment obrer, mitjan&ccedil;ant la promoci&oacute; d&rsquo;una identitat local comunit&agrave;ria que, molt temps despr&eacute;s, actuar&agrave; sovint com  amortiguador extern del conflicte de classe que s&rsquo;esdevenia a l&rsquo;intern de les f&agrave;briques.
    </p><p class="article-text">
        En posteriors lliuraments de la s&egrave;rie que ara iniciem (1), analitzarem les principals etapes de l'evoluci&oacute; pol&iacute;tica, econ&ograve;mica i social d'Alcoi, com a escenari dels successius processos de crisis i renovaci&oacute; del seu moviment obrer, des de l'origin&agrave;ria hegemonia anarquista (2), que es prolongar&agrave; fins a  la guerra civil;  la posterior emerg&egrave;ncia d'un nou sindicalisme (3) en la segona meitat de la dictadura, que protagonitzaria les grans vagues dels anys setanta (4) que van establir les bases de l'actual model democr&agrave;tic de relacions laborals (i 5), a la configuraci&oacute; del qual el moviment obrer alcoi&agrave; faria  importants contribucions en mat&egrave;ria d'estrat&egrave;gia, lideratge i experi&egrave;ncies.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/reconstruccio-moviment-obrer-valencia-cas-d-alcoi-1_132_12428691.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Jul 2025 18:46:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La reconstrucció del moviment obrer valencià. El cas d’Alcoi (1)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (y 5)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-5_132_12367897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aad5b93c-9e82-4c30-bbaa-63bea31b1b15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El movimiento obrero en la conquista de la democracia (y 5)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El movimiento obrero en la conquista de la democracia (4)</p></div><p class="article-text">
        Con la aprobaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n, ampliamente refrendada en diciembre de 1978, se cerraba el ciclo de consenso inaugurado por los Pactos de la Moncloa y se iniciaba una nueva fase caracterizada por los reajustes estrat&eacute;gicos de los principales actores pol&iacute;ticos (elecciones generales de marzo de 1979) y sociales (nuevo modelo de concertaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Los sindicatos mayoritarios hab&iacute;an dado su apoyo a un texto constitucional que los reconoc&iacute;a como soporte esencial del Estado social (art. 7) y consagraba los derechos de asociaci&oacute;n y huelga (art. 28), negociaci&oacute;n colectiva y conflicto laboral (art. 37), as&iacute; como los de participaci&oacute;n en la empresa, las instituciones (art. 129) y en la planificaci&oacute;n econ&oacute;mica (art. 131.2), lo que constitu&iacute;a una clara ruptura con los principios del liberalismo cl&aacute;sico y del autoritarismo de la dictadura.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La construcci&oacute;n de un nuevo sistema de relaciones laborales</strong></h2><p class="article-text">
        En aplicaci&oacute;n de lo establecido en el art&iacute;culo 35.2 de la Constituci&oacute;n, en junio de 1979 se inici&oacute; la tramitaci&oacute;n parlamentaria del Estatuto de los Trabajadores (ET), lo que junto al Acuerdo B&aacute;sico Interconfederal (ABI) suscrito el 10 de julio de ese mismo a&ntilde;o por UGT y CEOE, constituye el origen, legal y social, del nuevo sistema de relaciones laborales basado en la concertaci&oacute;n corporatista que iba a desarrollarse durante la d&eacute;cada siguiente en un proceso no exento de problemas y contradicciones que provoc&oacute;, inicialmente, la ruptura del frente sindical.
    </p><p class="article-text">
        Y es que sobre las culturas sindicales diferentes de CC.OO. y UGT operaba, asimismo, la estrategia de sus, entonces, referentes pol&iacute;ticos (PCE y PSOE) de manera que mientras CC.OO. propugnaba negociaciones tripartitas que confirieran protagonismo al partido, UGT optaba por un modelo bilateral (sindicato/patronal) que no interfiriese en la estrategia socialista como alternativa de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        El ABI estableci&oacute;, por primera vez, el reconocimiento mutuo entre organizaciones sindicales y empresariales y su capacidad para el establecimiento de acuerdos de eficacia general, criterios ambos que se incorporar&iacute;an al ET en proceso de discusi&oacute;n parlamentaria, en lo que constituy&oacute; la primera muestra de legislaci&oacute;n negociada, siquiera sea por partidos afines interpuestos, cambiando asimismo el &aacute;mbito de definici&oacute;n de las relaciones laborales desde el marco pol&iacute;tico (Pactos de la Moncloa) al laboral (di&aacute;logo social y negociaci&oacute;n colectiva), protagonizado por los leg&iacute;timos agentes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Meses despu&eacute;s (el 5 de enero de 1980), la patronal y el &ldquo;sindicato socialista&rdquo; firmaban el Acuerdo Marco Interconfederal (AMI), como correlato pr&aacute;ctico de la declaraci&oacute;n de principios que hab&iacute;a sido el ABI, convirti&eacute;ndose desde entonces en el paradigma procedimental de la concertaci&oacute;n social. En cuanto a su contenido sustantivo, el AMI estableci&oacute; los criterios reguladores de la representatividad sindical para intervenir en la negociaci&oacute;n colectiva (acreditar un m&iacute;nimo del 10% de los delegados electos en el &aacute;mbito correspondiente), lo que ser&iacute;a posteriormente consagrado por la legislaci&oacute;n (art. 87 ET), incluyendo, asimismo, orientaciones en materia salarial, de jornada, productividad, absentismo, etc.
    </p><p class="article-text">
        La negativa de CC.OO. a suscribir el AMI ha sido considerada por muchos analistas como un error estrat&eacute;gico pues no s&oacute;lo no consigui&oacute; impedir su aplicaci&oacute;n en la negociaci&oacute;n colectiva posterior, sino que provoc&oacute; su aislamiento temporal y la progresiva p&eacute;rdida de su anterior hegemon&iacute;a electoral en beneficio de UGT que empatar&iacute;a en las elecciones de 1980 y ganar&iacute;a las realizadas entre 1982 y 1994, invirti&eacute;ndose desde entonces los resultados de ambas organizaciones.
    </p><p class="article-text">
        El Acuerdo Nacional de Empleo (ANE) fue el primero de car&aacute;cter tripartitosuscrito en junio de 1981 por Gobierno, patronal y sindicatos (incluyendo en este caso a CC.OO.), como expresi&oacute;n de cohesi&oacute;n democr&aacute;tica tras la intentona golpista del 23-F, y en &eacute;l se regulaba la participaci&oacute;n institucional de los agentes sociales junto a medidas de fomento del empleo, reforma de la Seguridad Social, etc., que se renovar&aacute;n regularmente en los pactos corporatistas de los siguientes a&ntilde;os de recesi&oacute;n ya con gobierno socialista, hasta el agotamiento  del modelo a partir de 1987 cuando una recuperaci&oacute;n sostenida justifique el cambio de estrategia de los sindicatos desde posiciones defensivas a otras de tipo propositivo, exigiendo un giro social que garantizase un mejor reparto del crecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Dicha secuencia parece confirmar para el caso espa&ntilde;ol la hip&oacute;tesis de que durante &eacute;pocas de crisis econ&oacute;mica los trabajadores prefieren una estrategia sindical de negociaci&oacute;n m&aacute;s que de confrontaci&oacute;n, que les permita mantener el trabajo actual a&uacute;n a costa de aplazar a futuro otras reivindicaciones, lo que se traducir&aacute; en una significativa evoluci&oacute;n de la actividad huelgu&iacute;stica que desciende en los primeros a&ntilde;os de concertaci&oacute;n (1980-1983) para repuntar cuando esta fracasa en la fase m&aacute;s dura de la reconversi&oacute;n industrial (1984), disminuyendo de nuevo con la aplicaci&oacute;n del Acuerdo Econ&oacute;mico y Social (1985-1986) y recuperando luego una  tendencia al alza que llegar&aacute; a su m&aacute;s alto nivel en 1988 con la huelga general del 14-D.
    </p><p class="article-text">
        Con car&aacute;cter complementario a los procesos de regulaci&oacute;n normativa (Estatuto de los Trabajadores de 1980, Ley Org&aacute;nica de Libertad Sindical de 1985) y desarrollo institucional (concertaci&oacute;n social, negociaci&oacute;n colectiva), durante estos a&ntilde;os clave en la construcci&oacute;n del nuevo modelo de relaciones laborales se consolid&oacute;, asimismo, la autonom&iacute;a sindical, recuper&aacute;ndose finalmente la unidad de acci&oacute;n entre sus organizaciones m&aacute;s representativas.
    </p><p class="article-text">
        Fue primero CC.OO. quien, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de que su secretario general dimitiese como diputado comunista, estableci&oacute; un r&eacute;gimen estricto de incompatibilidades de sus dirigentes respecto de cargos de representaci&oacute;n partidaria (art&iacute;culo 22 de los Estatutos aprobados en su III Congreso, de 1983), lo que contribuy&oacute; decisivamente a legitimar la estrategia de su organizaci&oacute;n y le salv&oacute; de la din&aacute;mica autodestructiva del PCE que se deslizar&iacute;a fatalmente desde entonces hacia posiciones tan radicales como marginales.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de UGT la ruptura de su dependencia org&aacute;nica y estrat&eacute;gica de la &ldquo;familia socialista&rdquo; tardar&iacute;a m&aacute;s en formalizarse, tras la primera crisis que represent&oacute; su oposici&oacute;n a la reforma de la Seguridad Social planteada en 1985 por el gobierno del PSOE y la posterior dimisi&oacute;n de Nicol&aacute;s Redondo como diputado (octubre de 1987), alcanzando su mayor punto de tensi&oacute;n en v&iacute;speras del 14-D. hasta ser finalmente aceptada por el propio partido que en su 32&ordm; congreso elimin&oacute; la doble afiliaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Fue precisamente la oposici&oacute;n sindical aut&oacute;noma a las medidas flexibilizadoras del mercado de trabajo impulsadas por el gobierno de Felipe Gonz&aacute;lez la que facilit&oacute; de nuevo la confluencia unitaria entre CC.OO. y UGT que, tras contribuir decisivamente al &eacute;xito del 14-D, se confirmar&iacute;a de forma permanente hasta la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Aquella gran huelga general fue seguida por nueve millones de trabajadores y la participaci&oacute;n en la misma excedi&oacute; con mucho el &aacute;mbito laboral, paralizando la actividad econ&oacute;mica y social del pa&iacute;s en un impresionante ejercicio de protesta c&iacute;vica, al tiempo que proyectaba una poderosa imagen, tan simb&oacute;lica como real, de la capacidad de respuesta colectiva frente a las imposiciones del poder p&uacute;blico que ignoraban las propuestas sindicales de &ldquo;giro social&rdquo;, tan necesario como posible, en un contexto en el que se consolidaba la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica y se asist&iacute;a a una exhibici&oacute;n obscena de la riqueza de unos pocos frente a las demandas de la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El 14-D represent&oacute;, asimismo, la normalizaci&oacute;n del conflicto social y la legitimidad de los sindicatos, como representantes institucionales del trabajo, para ejercerlo, as&iacute; como su capacidad de articular movimientos y reivindicaciones laborales y de ciudadan&iacute;a como las que promovi&oacute; posteriormente la &ldquo;Propuesta Sindical Prioritaria&rdquo; en las negociaciones de 1989-1990 con el gobierno de las que resultaron, entre otros importantes acuerdos de contenido claramente socialdem&oacute;crata, la Ley de Pensiones no contributivas, la universalizaci&oacute;n de la sanidad, las garant&iacute;as de acceso a la formaci&oacute;n profesional y la mejora de la cobertura de las prestaciones por desempleo
    </p><p class="article-text">
        Conclu&iacute;a as&iacute; el ciclo de <em>transici&oacute;n sindical</em> iniciado primero en la lucha contra la dictadura y desarrollado luego en el proceso de consolidaci&oacute;n democr&aacute;tica y regulaci&oacute;n normativa e institucional de las relaciones laborales en convergencia con los standares existentes en la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, el sindicalismo espa&ntilde;ol ha consolidado su representatividad y capacidad de interlocuci&oacute;n, en un proceso no exento de dificultades,  como <em>actor social</em> (agregaci&oacute;n, representaci&oacute;n y defensa de intereses de los trabajadores) y <em>factor de igualdad</em>, actuando tanto sobre la primera distribuci&oacute;n de la renta (salarios, condiciones de trabajo, regulaci&oacute;n del mercado laboral) a trav&eacute;s de la negociaci&oacute;n colectiva, como sobre los mecanismos propios de la segunda re-distribuci&oacute;n (pol&iacute;tica fiscal, prestaciones sociales, Estado de Bienestar) mediante la presi&oacute;n social y participaci&oacute;n institucional. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-5_132_12367897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jun 2025 21:01:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (y 5)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (4)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-4_132_12349072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3f95c61-6625-4b37-b5bd-e0dec158d77b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El movimiento obrero en la conquista de la democracia (4)"></p><p class="article-text">
        El multitudinario entierro de los abogados de Atocha, el 26 de enero de 1977, constituy&oacute; la mayor y mejor demostraci&oacute;n del compromiso del movimiento obrero y sindical en la lucha por la libertad, legitim&oacute; su intervenci&oacute;n y contribuy&oacute;, decisivamente, a acelerar los procesos de cambio.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en los tres meses siguientes, fueron legalizados partidos y sindicatos, liberados los presos pol&iacute;ticos, retornaron numerosos exiliados y se convocaron las primeras elecciones democr&aacute;ticas en cuarenta y un a&ntilde;os, abriendo paso a un aut&eacute;ntico proceso constituyente, lo que real y simb&oacute;licamente constitu&iacute;a una clara ruptura con el pasado.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La transici&oacute;n sindical</strong></h2><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito sindical los cambios se concentraron a lo largo del mes de abril, primero con la publicaci&oacute;n en el BOE de la Ley 19/1977 de Asociaci&oacute;n Sindical (LAS), que liquidaba cuatro d&eacute;cadas de verticalismo y reconoc&iacute;a el derecho de trabajadores y empresarios a desarrollar sus respectivas organizaciones, pasando luego por la ratificaci&oacute;n de los principales convenios de la OIT y terminando, el d&iacute;a 28, con el registro y legalizaci&oacute;n oficial de Comisiones Obreras, UGT y otras organizaciones menores.
    </p><p class="article-text">
        Se trataba, con todo, de una situaci&oacute;n precaria, tanto en t&eacute;rminos coyunturales (tres d&iacute;as despu&eacute;s de la legalizaci&oacute;n de los sindicatos, la manifestaci&oacute;n del 1&ordm; de Mayo por ellos convocada era duramente reprimida) como, sobre todo, estructurales (incertidumbre pol&iacute;tica, agravamiento de la crisis econ&oacute;mica, marco de relaciones laborales anacr&oacute;nico), configurando la &ldquo;anomal&iacute;a fundacional&rdquo; del sindicalismo espa&ntilde;ol que iniciaba as&iacute; su trayectoria en las m&aacute;s dif&iacute;ciles circunstancias, lo que retrasar&iacute;a su convergencia con las pautas de intervenci&oacute;n de sus hom&oacute;logos europeos, que se hab&iacute;an consolidado durante las tres d&eacute;cadas anteriores en un marco m&aacute;s propicio, caracterizado por sistemas de producci&oacute;n fordista, econom&iacute;a  keynesiana y desarrollo del Estado de Bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Pese a las grandes expectativas generadas, el desarrollo de los nuevos sindicatos pronto se ver&iacute;a limitado por diversos factores de car&aacute;cter tanto end&oacute;geno (fragilidad de sus estructuras organizativas y de encuadramiento) como ex&oacute;geno (agravamiento de la crisis econ&oacute;mica), lo que afectar&iacute;a a su capacidad organizativa y de intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso, el boom afiliativo inicial lleg&oacute; a situar las tasas correspondientes en niveles medio-altos, al menos en algunos sectores y regiones industriales, registrando en los dos a&ntilde;os siguientes una tendencia a la baja hasta estabilizarse, al comenzar la d&eacute;cada de los ochenta, en torno al mill&oacute;n de afiliados, equivalente al 13% de los asalariados.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el espectacular incremento de los cierres de empresa, expedientes de crisis y despidos provocaba, en ausencia de una regulaci&oacute;n legal y cobertura social adecuadas, tanta conflictividad en las protestas como impotencia en las propuestas, colocando a los sindicatos en posiciones socialmente defensivas y pol&iacute;ticamente subsidiarias, sobre todo tras las primeras elecciones democr&aacute;ticas de junio de 1977, que inauguraban un nuevo ciclo de consenso parlamentario y desarrollo institucional.
    </p><p class="article-text">
        El primer gran acuerdo de aquellas Cortes Constituyentes fue la Ley de Amnist&iacute;a 46/1977, de 15 de octubre, que ampliaba con car&aacute;cter general, incluida su dimensi&oacute;n laboral, el  decreto parcial de julio del a&ntilde;o anterior, siendo aprobada por todos los grupos de la C&aacute;mara, salvo Alianza Popular, y saludada emocionadamente, entre otros, por el l&iacute;der de Comisiones Obreras para quien representaba &ldquo;la forma m&aacute;s democr&aacute;tica y consecuente de cerrar un pasado tr&aacute;gico de guerras civiles y abrir la v&iacute;a de la paz y la libertad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Similar consenso partidario se alcanz&oacute; en los llamados Pactos de la Moncloa (27-10-77) que, en su vertiente pol&iacute;tica, sentaron las bases de la futura Constituci&oacute;n y en la socio-econ&oacute;mica trataron de hacer frente a una crisis que presentaba ya indicadores alarmantes (44% de tasa de inflaci&oacute;n, 11.000 millones de d&oacute;lares de d&eacute;ficit exterior, espectacular crecimiento del paro) mediante medidas de saneamiento, austeridad, fiscalidad, reformas estructurales (de la Seguridad Social, pensiones y cobertura del desempleo) y pol&iacute;tica de rentas (cambios en la indexaci&oacute;n salarial)
    </p><p class="article-text">
        Se trataba de un pacto pol&iacute;tico (en la l&iacute;nea del &ldquo;compromiso hist&oacute;rico&rdquo; propuesto unos a&ntilde;os antes en Italia por el secretario general del PCI, Enrico Berlinguer), en el que no participaron los sindicatos por razones imputables tanto a una &ldquo;cierta subordinaci&oacute;n partidaria&rdquo; como a su indeterminaci&oacute;n representativa (las primeras elecciones sindicales no se celebraron hasta unos meses despu&eacute;s), pese a lo que aportaron un posterior apoyo cr&iacute;ticono exento de dificultades y contradicciones. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de su indudable contribuci&oacute;n a la estabilizaci&oacute;n econ&oacute;mica y consolidaci&oacute;n democr&aacute;tica, los Pactos de la Moncloa indujeron a un cambio en la estrategia sindical que, superando inercias defensivas y viejos acordes de &ldquo;lucha final&rdquo; arrastrados desde la &eacute;poca de la clandestinidad, se orient&oacute; desde entonces hacia el reforzamiento de su poder contractual y representaci&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        El cambio de estrategia que representaba la posici&oacute;n del movimiento sindical respecto de los Pactos de la Moncloa y, posteriormente, de la Constituci&oacute;n, fue reiteradamente impugnado por las corrientes m&aacute;s radicales del mismo que insist&iacute;an en calificarla de claudicante y desmovilizadora ignorando, cuando no despreciando, tanto la grandeza del intento como las dificultades del momento en que se desarrollaron.
    </p><p class="article-text">
        Las elecciones sindicales y los convenios colectivos del a&ntilde;o siguiente se encargar&iacute;an de desbaratar tales descalificaciones, en la medida en que el primero de dichos procesos aclar&oacute; la representatividad de unos y de otros, mientras que el segundo demostr&oacute; la capacidad de di&aacute;logo y movilizaci&oacute;n de los sindicatos ya acreditados como mayoritarios.
    </p><p class="article-text">
        Reguladas provisionalmente por el Real Decreto-Ley 3.149 (que exclu&iacute;a a las microempresas y al sector p&uacute;blico), las primeras elecciones sindicales libres se celebraron entre el 16 de enero y el 26 de febrero de 1978, con la participaci&oacute;n de casi cuatro millones de trabajadores que eligieron a 191.041 delegados, cuya distribuci&oacute;n confirmaba a CC.OO. y UGT como las organizaciones m&aacute;s representativas (con el 42,2 y el 26,5 por cien, respectivamente, de los representantes electos), registrando asimismo el debilitamiento de USO tras la escisi&oacute;n sufrida  unos meses antes y situando en posiciones muy minoritarias a las opciones m&aacute;s radicales, tanto las hist&oacute;ricas (CNT) como las de trayectoria m&aacute;s reciente y ef&iacute;mera (CSUT-SU).
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la negociaci&oacute;n colectiva de 1978 y 1979 se desarroll&oacute; en un contexto extraordinariamente complicado, caracterizado por el agravamiento de la recesi&oacute;n econ&oacute;mica (segunda crisis del petr&oacute;leo) que se tradujo en un aumento sostenido del paro que se prolongar&iacute;a hasta finales de 1985, la ausencia de una legislaci&oacute;n adecuada, que no llegar&iacute;a hasta 1980 con el Estatuto de los Trabajadores, y la fijaci&oacute;n gubernamental de &ldquo;topes salariales&rdquo; en funci&oacute;n de los objetivos antiinflacionistas establecidos en los Pactos de la Moncloa.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, la intervenci&oacute;n de los sindicatos, que reci&eacute;n inauguraban el ejercicio pleno de sus funciones de representaci&oacute;n e intermediaci&oacute;n de los intereses de los trabajadores, consigui&oacute; articular un amplio movimiento de presi&oacute;n y negociaci&oacute;n que logr&oacute; importantes incrementos salariales y mejoras sociales (reducci&oacute;n de jornada, control de las horas extraordinarias, vacaciones, etc.), tras protagonizar los m&aacute;s altos niveles de conflictividad huelgu&iacute;stica hasta entonces registrados, desmintiendo en la pr&aacute;ctica las acusaciones de traici&oacute;n y liquidacionismo que entonces se hicieron, y a&uacute;n ahora se repiten de forma tan acr&iacute;tica como recurrente.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el recurso permanente al conflicto y la protesta era dif&iacute;cilmente sostenible por unos sindicatos aun d&eacute;biles, lo que requer&iacute;a su transformaci&oacute;n en poder contractual dentro y fuera de los centros de trabajo, dotando a sus representantes (Comit&eacute;s de Empresa, Secciones Sindicales, Federaciones sectoriales y Confederaciones generales) de competencias reales en materia de representaci&oacute;n e interlocuci&oacute;n (derechos de informaci&oacute;n, consulta, participaci&oacute;n y negociaci&oacute;n).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-4_132_12349072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jun 2025 22:21:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (4)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (3)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-3_132_12329633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3ec617b-47b2-48a4-bd20-2be4cc82e06f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El movimiento obrero en la conquista de la democracia (3)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El movimiento obrero en la conquista de la democracia (2)</p></div><p class="article-text">
        Tras la muerte del dictador a finales de 1975 se inici&oacute; una aut&eacute;ntica &ldquo;galerna de huelgas&rdquo; (Sartorius) que se prolongar&iacute;a, con algunas oscilaciones, durante los a&ntilde;os centrales de la Transici&oacute;n (v&eacute;ase tabla adjunta), durante los que el volumen de conflictividad laboral se multiplicar&iacute;a pr&aacute;cticamente por diez y resultar&iacute;a decisivo para bloquear los intentos continuistas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El franquismo muri&oacute; en la calle</strong></h2><p class="article-text">
        El ciclo de protesta se desarroll&oacute; aqu&iacute; con cierto retraso respecto de los principales pa&iacute;ses de nuestro entorno (mayo de 1968 en Francia, autunno caldo de 1969 en Italia) y presentaba, asimismo, una significativa diferencia: mientras que la institucionalizaci&oacute;n de las relaciones laborales en los pa&iacute;ses europeos democr&aacute;ticos hab&iacute;a aislado el conflicto pol&iacute;tico del social, en el nuestro operaba la tendencia contraria, de forma que las condiciones de la dictadura confer&iacute;an contenido pol&iacute;tico a la movilizaci&oacute;n obrera que alcanzaba as&iacute; un fuerte componente expresivo y acreditaba su consolidaci&oacute;n como actor social relevante en un contexto de crisis, tanto pol&iacute;tica como econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Fue, precisamente, la presi&oacute;n social &ldquo;desde abajo&rdquo;, ejercida por los movimientos vecinal, estudiantil, profesional y, especialmente, obrero, la que result&oacute; determinante para desbaratar primero las maniobras continuistas, acelerar m&aacute;s tarde las reformas y forzar finalmente la ruptura con el franquismo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Conflictividad laboral en España (1975-1980). Fuente - Ministerio de Trabajo."
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                Conflictividad laboral en España (1975-1980). Fuente - Ministerio de Trabajo.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En el primer caso, el proyecto del Gobierno Arias pretend&iacute;a alumbrar una supuesta &ldquo;democracia a la espa&ntilde;ola&rdquo; mediante la reforma de las Leyes Fundamentales del franquismo, lo que en el plano pol&iacute;tico se intent&oacute; con la Ley de Asociaci&oacute;n promovida por Fraga y en el sindical por una reforma de la OSE &ldquo;desde arriba&rdquo;, planteada por Mart&iacute;n Villa, con el objetivo declarado de hacer compatible el reconocimiento de un cierto pluralismo de las &ldquo;organizaciones profesionales de empresarios y trabajadores&rdquo; con el mantenimiento y control de las estructuras verticalistas.
    </p><p class="article-text">
        Ambos intentos continuistas habr&iacute;an de fracasar, tanto por las contradicciones internas del aparato postfranquista como por la oposici&oacute;n externa de las fuerzas democr&aacute;ticas y, especialmente, del sindicalismo obrero que en los primeros meses de 1976 manten&iacute;a un proceso de &ldquo;movilizaci&oacute;n casi permanente&rdquo;, siendo en muchos casos violentamente reprimidas sus acciones colectivas, como sucedi&oacute; en las huelgas del calzado en Elda-Elche y del metal en Vitoria, en las que la intervenci&oacute;n policial caus&oacute; varios muertos, lo que increment&oacute; el rechazo popular al gobierno de Arias Navarro, que acabar&iacute;a dimitiendo el 1 de julio de aquel mismo a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Dial&eacute;ctica reforma/ruptura</strong></h2><p class="article-text">
        Se iniciaba entonces un proceso de inflexi&oacute;n en los ritmos de transici&oacute;n pol&iacute;tica y sindical, pues mientras que en el primer caso el nuevo gobierno Su&aacute;rez recuperar&iacute;a la iniciativa reformista, en el &aacute;mbito laboral se aceleraba de hecho la ruptura y los sindicatos de clase&nbsp;&ndash;que segu&iacute;an siendo formalmente ilegales-&nbsp;lograban imponer su presencia e intervenci&oacute;n, tanto en t&eacute;rminos organizativos como de interlocuci&oacute;n social&nbsp;y pol&iacute;tica, bloqueando con ello los intentos verticalistas de promover una especie de UCD-sindical y consiguiendo, en octubre de 1976, la definitiva disoluci&oacute;n de la vieja OSE.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, en esta primera fase de la Transici&oacute;n el movimiento sindical demostr&oacute; una importante capacidad de movilizaci&oacute;n social, anticipando en su &aacute;mbito la ruptura con el pasado y contribuyendo a acelerar los cambios tambi&eacute;n en el escenario pol&iacute;tico, en un proceso no exento de contradicciones.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el agravamiento de la crisis econ&oacute;mica (el a&ntilde;o concluir&iacute;a con una inflaci&oacute;n del 19%, junto a un fuerte incremento del paro) y las medidas restrictivas impuestas por el Gobierno (congelaci&oacute;n salarial y abaratamiento del despido) convirtieron la negociaci&oacute;n colectiva en el escenario clave del conflicto social, ante la ausencia o debilidad de otras formas de redistribuci&oacute;n propias del estado de bienestar, con el consiguiente repunte de la conflictividad laboral, siendo la huelga de las tres semanas del textil alcoyano (abril de 1976) un ejemplo paradigm&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Durante dicho per&iacute;odo se ensayaron, asimismo, estructuras unitarias como la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS), constituida formalmente el 22 de julio de 1976 e integrada por CC.OO., UGT y USO, con el objetivo de articular la protesta obrera y representar al movimiento sindical en los &oacute;rganos de la oposici&oacute;n democr&aacute;tica, si bien tendr&iacute;a una vida ef&iacute;mera debido a las diferencias estrat&eacute;gicas entre sus miembros, que pugnaban ya por desarrollar sus respectivos proyectos aut&oacute;nomos.
    </p><p class="article-text">
        La huelga general convocada por la COS para el 12 de noviembre&nbsp;contribuy&oacute;, por una parte, a fortalecer las posiciones sindicales en las relaciones laborales (ruptura de los topes salariales), pero se demostr&oacute; incapaz de bloquear el proyecto pol&iacute;tico del gobierno Su&aacute;rez (su Ley para la Reforma Pol&iacute;tica fue ampliamente aprobada en el refer&eacute;ndum del 15 de diciembre siguiente), poniendo de manifiesto los l&iacute;mites de la tradicional estrategia resistencialista y&nbsp;planteando la necesidad de un nuevo modelo de alternativas proactivas que combinasen presi&oacute;n y negociaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n fue objeto, desde entonces, de importantes debates y tensiones org&aacute;nicas, que en muchos casos se prolongar&iacute;an durante a&ntilde;os, entre unidad y pluralidad sindical, tradeunionismo laboral y sindicalismo sociopol&iacute;tico, autonom&iacute;a de los movimientos sociales o subordinaci&oacute;n a las estrategias partidarias, movimiento asambleario o sindicato organizado&hellip;, cuyo progresivo decantamiento contribuir&iacute;a a configurar la estructura y estrategia de nuestro sindicalismo.
    </p><p class="article-text">
        Entre tanto, en el &aacute;mbito pol&iacute;tico se constataba la existencia de una &ldquo;correlaci&oacute;n de debilidades&rdquo; (V&aacute;zquez Montalb&aacute;n) entre las fuerzas del r&eacute;gimen y las de la oposici&oacute;n (ninguna de las partes se hallaba en condiciones de imponer al adversario la totalidad de sus planteamientos) lo que abri&oacute; paso a una progresiva &ldquo;metamorfosis de la ruptura&rdquo; (Juli&aacute;)&nbsp;que, superando algunos maximalismos, plante&oacute; el inicio de negociaciones formales con el gobierno Su&aacute;rez en torno a los objetivos centrales de la Transici&oacute;n democr&aacute;tica (libertad pol&iacute;tica y sindical, amnist&iacute;a general y convocatoria de elecciones), en un contexto especialmente dif&iacute;cil, caracterizado por las maniobras desestabilizadoras en las que parec&iacute;an coincidir el bunker franquista y un terrorismo desnortado.
    </p><p class="article-text">
        Especialmente dram&aacute;ticos fueron aquellos &ldquo;siete d&iacute;as de enero&rdquo; de 1977 en los que, mientras el GRAPO mataba a tres polic&iacute;as y manten&iacute;a secuestrados a un general y al presidente del Consejo de Estado, la represi&oacute;n policial causaba la muerte de dos manifestantes y un comando de extrema derecha, vinculado a la burocracia verticalista, asesinaba en Madrid a cinco abogados laboralistas de Comisiones Obreras en su despacho de Atocha-55.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-3_132_12329633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 May 2025 21:05:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (3)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-2_132_12316004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0c6983b-1bee-4975-8e74-8905ba3bf702_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El movimiento obrero en la conquista de la democracia (2)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El movimiento obrero en la conquista de la democracia (1)</p></div><p class="article-text">
        Hace ahora 50 a&ntilde;os que la agon&iacute;a (biol&oacute;gica y pol&iacute;tica) de la dictadura coincidi&oacute; con el agravamiento de la crisis econ&oacute;mica, al tiempo que la convergencia de la oposici&oacute;n democr&aacute;tica y el reforzamiento del movimiento sindical se tradujo en una extraordinaria eclosi&oacute;n de la conflictividad social (obrera, vecinal estudiantil&hellip;) que precipitar&iacute;a el final del franquismo y la transici&oacute;n hacia la democracia.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La larga noche de la dictadura</strong></h2><p class="article-text">
        Cualquier estudio sobre la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de la clase obrera y del movimiento sindical en nuestro pa&iacute;s requiere, para su adecuada contextualizaci&oacute;n, de una referencia previa al impacto de la derrota de la II&ordf; Rep&uacute;blica y la implantaci&oacute;n de una dictadura que habr&iacute;a de prolongarse durante cuarenta largos a&ntilde;os en los que el franquismo despleg&oacute; un potente aparato de represi&oacute;n y control de los trabajadores, en las esferas econ&oacute;mica, laboral y pol&iacute;tica, que desarticul&oacute; su resistencia y retras&oacute; su reconstrucci&oacute;n org&aacute;nica, pese a puntuales y heroicos episodios de protesta, como la del 1 de mayo de 1947 en Vizcaya, el boicot a los tranv&iacute;as de Barcelona en 1951 o la huelga de Euskalduna en 1953.
    </p><p class="article-text">
        Tras dos d&eacute;cadas de dictadura, durante las que se&nbsp;sumi&oacute; al pa&iacute;s en una larga noche de represi&oacute;n pol&iacute;tica, explotaci&oacute;n social y retraso productivo, el franquismo se vio forzado a dar un giro &ldquo;liberalizador&rdquo; en su estrategia econ&oacute;mica (Plan de Estabilizaci&oacute;n de 1959) y de gesti&oacute;n laboral (Ley de Convenios Colectivos de 1958), normas ambas que, sin renunciar al autoritarismo original, permitieron superar el fracaso del modelo aut&aacute;rquico e impulsar una nueva fase de desarrollo productivo que implicaba, entre otros cambios, la introducci&oacute;n de algunos elementos propios de la pol&iacute;tica empresarial neocl&aacute;sica que colisionaban con la teorizaci&oacute;n unitarista del verticalismo falangista, abriendo paso a una t&iacute;mida bilateralidad en el plano de las relaciones laborales, que pronto habr&iacute;a de ser h&aacute;bilmente utilizada por los n&uacute;cleos fundacionales del nuevo movimiento obrero, en la medida en que la negociaci&oacute;n colectiva abri&oacute; una brecha, con anterioridad inexistente, que posibilitaba el conflicto, mientras que las &ldquo;elecciones sindicales&rdquo; permit&iacute;an acumular recursos organizativos.
    </p><p class="article-text">
        El inicio del ciclo desarrollista coincidir&aacute; con una serie de profundos cambios sociodemogr&aacute;ficos en el mundo del trabajo, al que se&nbsp;incorporaba la primera generaci&oacute;n que no hab&iacute;a participado en la guerra, tras importantes flujos migratorios del campo a la ciudad, con nuevas demandas salariales, de accesos a vivienda y bienes de consumo, etc, y que ser&aacute; la que protagonice el despertar de una nueva conflictividad obrera durante la d&eacute;cada de los sesenta, cuyo inicio simb&oacute;lico podemos situar en las huelgas de 1962 en Asturias y el movimiento de solidaridad que convocaron.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Hacia un sindicalismo de nuevo tipo</strong></h2><p class="article-text">
        Es en este contexto en el que cabe situar la emergencia de un nuevo sindicalismo de car&aacute;cter asambleario, estructuras flexibles en los centros de trabajo, estrategia instrumental, orientaci&oacute;n unitaria y proyecci&oacute;n socio-pol&iacute;tica, conocido gen&eacute;ricamente como el movimiento de las comisiones obreras&nbsp;que pronto alcanzar&aacute; una amplia difusi&oacute;n mediante la utilizaci&oacute;n, a partir de 1966, de las instancias representativas&nbsp;de base del corporativismo oficial (enlaces y jurados de empresa) y su articulaci&oacute;n con la propia organizaci&oacute;n clandestina, especialmente tras la sentencia del Tribunal Supremo que en febrero de 1967 las declaraba ilegales.
    </p><p class="article-text">
        Dicha estrategia entrista, rechazada por los sindicatos tradicionales (UGT, CNT), permitir&aacute; a CC.OO. y, en menor medida, a USO, el desarrollo de amplias redes de coordinaci&oacute;n y participaci&oacute;n en la negociaci&oacute;n colectiva y la movilizaci&oacute;n social, combinando las reivindicaciones laborales con demandas pol&iacute;ticas m&aacute;s o menos expl&iacute;citas, generando un ciclo de protestas que seguir&aacute; un ritmo creciente hasta el final de la dictadura, impulsado por sindicalistas adscritos a diferentes corrientes de la izquierda y con la significativa participaci&oacute;n de grupos cristianos y curas obreros.
    </p><p class="article-text">
        Entre 1963 y 1973 se registraron, seg&uacute;n datos oficiales, una media de 786 huelgas &ldquo;ilegales&rdquo;, con la participaci&oacute;n de 232.800 trabajadores y un total de 681.500 jornadas no trabajadas por a&ntilde;o. Pese a las restricciones impuestas por la dictadura, dicha oleada de huelgas se caracteriz&oacute; por la aparici&oacute;n de nuevos actores (representantes electos, comisiones de trabajadores), sectores (junto a los tradicionales de la industria y la construcci&oacute;n se incorporaron profesionales bancarios, docentes, de la sanidad p&uacute;blica&hellip;) y formas de acci&oacute;n (asambleas, coordinadoras) vinculadas a la negociaci&oacute;n de los convenios colectivos.
    </p><p class="article-text">
        Especialmente significativa resultaba la creciente participaci&oacute;n de mujeres trabajadoras en dichos procesos, lo que contribuy&oacute; progresivamente a superar su anterior invisibilidad y/o subsidiariedad en las luchas obreras, mediante un protagonismo activo en las huelgas de sectores feminizados (textil, sanidad, cer&aacute;mica, limpieza&hellip;) y la renovaci&oacute;n de la cultura sindical tradicional a la que trataban de incorporar, no sin dificultades y resistencias, valores y demandas feministas.
    </p><p class="article-text">
        La evaluaci&oacute;n del impacto de dichas huelgas fue objeto de un interesante debate sociol&oacute;gico seg&uacute;n se apuntara a estrategias previas de creciente politizaci&oacute;n o consecuencias ex post de las mismas, pues si bien la mayor parte de tales conflictos se centraba, fundamentalmente, en demandas laborales, su pr&aacute;ctica y expansi&oacute;n constitu&iacute;an, de hecho, un desaf&iacute;o al r&eacute;gimen y cuestionaban su legitimidad, poniendo de manifiesto su car&aacute;cter&nbsp;antiobrero y represivo, como se demostr&oacute; dram&aacute;ticamente en las huelgas de la construcci&oacute;n de Granada (julio de 1970) y de la construcci&oacute;n naval en Ferrol (marzo de 1972), en las que fueron asesinados varios trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        La represi&oacute;n contra el movimiento sindical y la oposici&oacute;n democr&aacute;tica se hab&iacute;a institucionalizado a partir de 1963 con la creaci&oacute;n del Tribunal de Orden P&uacute;blico (TOP) que, en sus trece a&ntilde;os de actividad, inco&oacute; un total de 22.600 procedimientos que afectaron a 53.500 personas. De forma paralela y complementaria a la represi&oacute;n policial y judicial se ejerc&iacute;a otra de car&aacute;cter empresarial sobre los representantes elegidos por los trabajadores, de los que un diez por cien, aproximadamente eran destituidos/despedidos cada a&ntilde;o
    </p><p class="article-text">
        Las detenciones en febrero de 1972 del Secretariado de USO y en junio de la Coordinadora General de CC.OO. constituyeron el punto m&aacute;s &aacute;lgido de un ciclo represivo que se hab&iacute;a iniciado dos a&ntilde;os antes con el estado de excepci&oacute;n declarado con motivo del Juicio de Burgos, dejando pr&aacute;cticamente descabezadas a las dos principales organizaciones sindicales de la &eacute;poca, lo que junto al impacto de la crisis econ&oacute;mica que estallar&iacute;a al a&ntilde;o siguiente, provoc&oacute; un relativo estancamiento de la protesta obrera, inici&aacute;ndose a partir de entonces una trabajosa recomposici&oacute;n desde la base en la que desempe&ntilde;aron un papel fundamental los despachos laboralistas, en funciones tanto de asesor&iacute;a legal como de espacios de encuentro y coordinaci&oacute;n del nuevo movimiento sindical.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-2_132_12316004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 May 2025 21:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (2)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (1)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-1_132_12304403.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace ahora 50 a&ntilde;os, cuando la agon&iacute;a, biol&oacute;gica y pol&iacute;tica de la dictadura coincidi&oacute; con el agravamiento de la crisis econ&oacute;mica, la convergencia de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica y el reforzamiento de las organizaciones sindicales, impulsaron un notable incremento de la presi&oacute;n social que bloquear&iacute;a la estrategia continuista del franquismo, convirtiendo al movimiento obrero en factor clave de la conquista de la democracia.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los relatos (parciales) de la transici&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        Las fracturas provocadas por las diferentes crisis (econ&oacute;mica, social, pol&iacute;tica, territorial e, incluso, cultural) registradas en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, han generado relatos revisionistas y construcciones discursivas que no s&oacute;lo impugnan el anterior consenso narrativo sobre la Transici&oacute;n sino que intentan deslegitimar retrospectivamente aquel proceso hist&oacute;rico, proyectando sobre el pasado los problemas y frustraciones del presente.
    </p><p class="article-text">
        Previamente, importantes investigaciones sociol&oacute;gicas e hist&oacute;ricas (desde el trabajo pionero de Maravall a los estudios posteriores de Preston, Tu&ntilde;&oacute;n y Juli&agrave;) hab&iacute;an desmontado ya las versiones m&aacute;s elitistas de aquel proceso que enfatizaban de forma acr&iacute;tica su dimensi&oacute;n institucional (Tusell) y la presentaban, en unos casos, como la continuaci&oacute;n natural de un supuesto proyecto &ldquo;modernizador&rdquo; del franquismo (Payne) y, en otros, como resultado de un presunto dise&ntilde;o palaciego dirigido por el rey y gestionado por una minor&iacute;a reformista &nbsp;(Powell).
    </p><p class="article-text">
        Tan insostenibles como aquellas versiones complacientes resultan, en mi opini&oacute;n, las lecturas hipercr&iacute;ticas, de matriz populista, que califican despectivamente al sistema constitucional resultante de la Transici&oacute;n como r&eacute;gimen del 78, creador de una democracia de mala calidad (Iglesias), incurriendo de hecho en la paradoja de reforzar el discurso de quienes pretendieron en su momento imponer sin &eacute;xito un modelo continuista, mientras que se ignOra -cuando no se desprecia- la memoria y la historia de quienes, desde abajo, contribuyeron con su lucha al cambio democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La tesis que sostenemos aqu&iacute; define y reivindica la Transici&oacute;n como una obra coral (Tom&aacute;s y Valiente), que ni fue dise&ntilde;ada por ning&uacute;n oscuro leguleyo ni result&oacute; obra exclusiva de unos pocos, sino el trabajo y la ilusi&oacute;n de quienes -desde el movimiento obrero, vecinal, estudiantil, de mujeres, etc.- lucharon contra el continuismo postfranquista, forzaron los l&iacute;mites de la reforma y pugnaron por la ruptura con el -aqu&eacute;l s&iacute;- r&eacute;gimen totalitario, contribuyendo con ello a la configuraci&oacute;n de un nuevo sistema democr&aacute;tico, perfectamente homologable a los del entorno europeo que con, sus aciertos y errores, ha hecho posible la mayor y mejor etapa de libertad y progreso de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, nuestro objetivo es reivindicar la intervenci&oacute;n del movimiento obrero y sindical en la transici&oacute;n democr&aacute;tica, atendiendo tanto a su dimensi&oacute;n movilizadora (las grandes huelgas de 1976-79) como propositiva (la construcci&oacute;n de un nuevo modelo de relaciones laborales durante los a&ntilde;os 1980-86), frecuentemente ignoradas por los relatos dominantes, e incluso los alternativos, de dicho per&iacute;odo hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        A tal efecto, realizaremos una reconstrucci&oacute;n de las principales fases del proceso, analizando las caracter&iacute;sticas contextuales m&aacute;s relevantes, as&iacute; como los debates estrat&eacute;gicos del movimiento sindical, su evoluci&oacute;n organizativa y el impacto social e institucional de su intervenci&oacute;n, en una serie de cuatro nuevas entregas conforme al siguiente &iacute;ndice:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;2.- La larga noche de la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hacia un sindicalismo de nuevo tipo
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;3.- El franquismo muri&oacute; en la calle
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dial&eacute;ctica reforma/ruptura
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;4.- La transici&oacute;n sindical
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;5.- La construcci&oacute;n de un nuevo sistema de relaciones laborales
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere J. Beneyto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/movimiento-obrero-conquista-democracia-1_132_12304403.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 May 2025 04:01:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El movimiento obrero en la conquista de la democracia (1)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Memoria Obrera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/memoria-obrera_132_12304457.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En el blog que arranco en elDiario.es de la Comunitat Valenciana pretendo reivindicar la memoria obrera, sus luchas, organizaciones y protagonistas, desde el convencimiento de que el movimiento sindical fue clave en la reconstrucción de la razón democrática, articulando la defensa de sus demandas sociales y económicas con la exigencia de libertades civiles</p></div><p class="article-text">
        La Ley 20/2022, de Memoria Democr&aacute;tica, establece como un&nbsp;<em>deber ineludible&nbsp;</em>conocer y divulgar la trayectoria de los movimientos colectivos y personas individuales que participaron en la conquista de la libertad. Es en ese marco en el que pretende situarse el blog que abrimos hoy, 1&ordm; de Mayo, acogi&eacute;ndonos a la hospitalidad de&nbsp;<em>elDiario.es&nbsp;</em>y atendiendo al imperativo &eacute;tico de aquel hermoso verso de Cernuda:&nbsp;<em>Recu&eacute;rdalo t&uacute; y recu&eacute;rdalo a otros!.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de este espacio ser&aacute;, desde ahora, la&nbsp;<em>reivindicaci&oacute;n de la memoria obrera,&nbsp;</em>sus luchas, organizaciones y protagonistas, desde el convencimiento de que el movimiento sindical fue clave en la reconstrucci&oacute;n de la raz&oacute;n democr&aacute;tica, articulando la defensa de sus demandas sociales y econ&oacute;micas con la exigencia de libertades civiles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata, pues, de seguir el&nbsp;<em>hilo rojo&nbsp;</em>que une las reivindicaciones de ayer con los derechos de hoy y las esperanzas de ma&ntilde;ana en defensa de la dignidad del trabajo y de las personas trabajadoras, aportando informaci&oacute;n, testimonios y an&aacute;lisis procedentes tanto del &aacute;mbito acad&eacute;mico como del sindical, con especial referencia al Pa&iacute;s Valenciano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A tal efecto, constatamos que la producci&oacute;n historiogr&aacute;fica sobre el mundo del trabajo ha seguido en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os una l&iacute;nea discontinua y hasta hace poco decreciente, que ten&iacute;a su reflejo tambi&eacute;n en la producci&oacute;n cultural (ensayo, literatura, cine, periodismo, etc.), &aacute;mbitos en los que durante d&eacute;cadas no parec&iacute;a haber sitio para el trabajo y el conflicto social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la dictadura y los primeros de la democracia registraron un volumen significativo de estudios y publicaciones sobre los or&iacute;genes y reconstrucci&oacute;n del movimiento obrero. En el &aacute;mbito de nuestra Comunidad cabe destacar, entre otros, los excelentes trabajos de Ramiro Reig (<em>Obrers i ciutadans. Blasquisme i moviment obrer),&nbsp;</em>Xavier Paniagua y Jos&eacute; Antonio Piqueras (<em>Trabajadores sin revoluci&oacute;n: la clase obrera&nbsp;</em>valenciana), Josep Pic&oacute; (<em>El moviment obrer al Pa&iacute;s Valenci&agrave; sota el franquisme</em>) y Jes&uacute;s Sanz (<em>El movimiento obrero en el Pa&iacute;s Valenciano</em>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras esta primera fase caracterizada por la necesidad de documentar el pasado reciente y reivindicar la resistencia democr&aacute;tica a la dictadura, en la que el movimiento sindical tuvo un protagonismo decisivo, una oleada de fatuo desencanto y sedicente postmodernidad se ocup&oacute; -durante las tres d&eacute;cadas siguientes- de te&ntilde;ir displicentemente la investigaci&oacute;n e informaci&oacute;n sobre asuntos socio-laborales con tonos arcaizantes y vintage, al tiempo que los cambios en las estructuras de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n socio-econ&oacute;mica parec&iacute;an desplazar el conflicto desde el eje materialista (capital/trabajo) hacia entornos y din&aacute;micas post-materialistas (g&eacute;nero, medio ambiente, centro/periferia&hellip;), lo que se reflejar&aacute;, asimismo, en la producci&oacute;n intelectual de la &eacute;poca, tanto ensay&iacute;stica como narrativa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis econ&oacute;mica de 2008-2015 y sus devastadores efectos sociales, agravados por los recortes y reformas desreguladoras del mercado de trabajo, rompieron el espejismo autocomplaciente de una pretendida sociedad de clases medias aspiracionales, al tiempo que el incremento de la precariedad laboral y vital pon&iacute;a dram&aacute;ticamente de manifiesto el retorno de la cuesti&oacute;n social (paro, desigualdad, injusticias&hellip;)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces,&nbsp;y tras d&eacute;cadas de marginalidad, el mundo del trabajo (sus escenarios, actores y dramas) ha ido recuperando visibilidad medi&aacute;tica, generando una creciente producci&oacute;n sociol&oacute;gica, literaria y documental sobre sus luchas y esperanzas&hellip;, de la que &eacute;xitos recientes como la pel&iacute;cula&nbsp;<em>El 47&nbsp;</em>o series de televisi&oacute;n como&nbsp;<em>La conquista de la democracia&nbsp;</em>constituyen la prueba fehaciente de que el relato de la memoria obrera y la resistencia democr&aacute;tica no s&oacute;lo resultan justos y necesarios sino que comienzan a satisfacer demandas largamente aplazadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta inversi&oacute;n de la tendencia se registra tambi&eacute;n en el &aacute;mbito de los estudios hist&oacute;ricos y proyectos memorialistas, si bien de forma a&uacute;n insuficiente y un tanto dispersa. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han publicado importantes investigaciones y monograf&iacute;as sobre el movimiento obrero y sindical valenciano atendiendo a diferentes &aacute;mbitos (territorial, sectorial, de empresa, etc.) y perspectivas (g&eacute;nero, migraciones, salud laboral, etc.), al tiempo que se consolidaban instituciones y redes de documentaci&oacute;n y difusi&oacute;n de la memoria obrera y democr&aacute;tica, adscritas tanto a las Universidades como a asociaciones (<em>Instituto Obrero, Red XEIM, CAMDE</em>) y sindicatos (FEIS-CC.OO. y Fundaci&oacute;n Pascual Tom&aacute;s de UGT).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El blog que ahora inauguramos pretende contribuir a ese proceso de recuperaci&oacute;n y dignificaci&oacute;n de la memoria obrera, huyendo de la nostalgia paralizante que denunciaba Enzo Traverso en uno de sus mejores libros (<em>Melancol&iacute;a de izquierda</em>) y asumiendo el compromiso activo de documentar y difundir el relato coral de las luchas, proyectos y alternativas de quienes en los tiempos oscuros rompieron el silencio impuesto y se levantaron aqu&iacute; contra la injusticia y por la dignidad del trabajo, conquistando los derechos que hoy nos corresponde defender y ampliar.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-obrera/memoria-obrera_132_12304457.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Apr 2025 22:01:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Memoria Obrera]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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