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    <title><![CDATA[elDiario.es - Déborah García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/deborah-garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Déborah García]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[‘Suzanne et Louise’, el libro con el que Hervé Guibert interpeló nuestra mirada sobre la vejez, el cuerpo y la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/suzanne-et-louise-libro-herve-guibert-interpelo-mirada-vejez-cuerpo-memoria_1_12669195.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a6a0893-bc5d-45c3-bb50-21cc73b1f360_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Suzanne et Louise’, el libro con el que Hervé Guibert interpeló nuestra mirada sobre la vejez, el cuerpo y la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ediciones Comisura y los tres editores recuperan 45 años después el libro con el que Hervé Guibert retrató a sus dos tías abuelas</p><p class="subtitle">Javier Pérez Andújar y Raquel Gu le dan la vuelta al mito de los vampiros con un homenaje a los viejos tebeos juveniles
</p></div><p class="article-text">
        En 1980, Herv&eacute; Guibert public&oacute; <em>Suzanne et Louise</em>, un fotolibro en apariencia m&iacute;nimo: retratos de sus dos t&iacute;as abuelas en su apartamento parisino, en la quietud de la vida cotidiana. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/comics/todas-voces-abuelas-olvido-historico_1_2949258.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mujeres ancianas</a>, ajenas al centro de la vida cultural, convertidas en protagonistas de un relato visual &iacute;ntimo. En esas p&aacute;ginas, Guibert desplaz&oacute; la c&aacute;mara del yo &mdash;que luego dominar&iacute;a su escritura y sus autorretratos&mdash; hacia un n&uacute;cleo afectivo que lo hab&iacute;a acompa&ntilde;ado siempre: ese peque&ntilde;o refugio compuesto por las dos hermanas mayores.
    </p><p class="article-text">
        Cuarenta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, el libro vuelve a estar disponible gracias a Ediciones Comisura y los tres editores. Esta reedici&oacute;n no solo rescata un t&iacute;tulo dif&iacute;cil de conseguir, tambi&eacute;n reactiva la potencia pol&iacute;tica de un gesto que parec&iacute;a &iacute;ntimo y menor, pero que hoy se muestra profundamente contempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pod&iacute;a parecer un ejercicio de ternura dom&eacute;stica es, en realidad, un manifiesto. En cada imagen hay un pulso &eacute;tico: la decisi&oacute;n de fijar la mirada en cuerpos invisibles para la sociedad, en gestos repetidos, en la fragilidad de la vejez. La fotograf&iacute;a, en manos de Guibert, nunca es complaciente. Tiene algo de diario visual, pero de un diario que no disimula la crudeza, que monumentaliza lo banal y que coloca en el centro lo que suele quedar fuera de foco. Esa es ya una primera obscenidad: mostrar lo que normalmente se esconde, dejar entrar en la historia del arte a quienes estaban destinadas a la invisibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los pasajes m&aacute;s conmovedores aparece en el breve texto que acompa&ntilde;a las im&aacute;genes. Una de las t&iacute;as, cuenta Guibert, pas&oacute; diez a&ntilde;os en el Carmelo. El primer gesto de su ingreso fue el rapado del cabello: un acto de obediencia, de borrado del cuerpo. D&eacute;cadas despu&eacute;s, ya anciana y fuera de los muros del convento, se hab&iacute;a dejado crecer una melena largu&iacute;sima. Tan larga, dice Guibert, que resulta &ldquo;obscena en una mujer de su edad&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/cd75ed9e-0c9b-4fe5-ae93-7e70eea8d4b9_source-aspect-ratio_default_1127519.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El detalle parece anecd&oacute;tico, pero condensa todo un programa est&eacute;tico. El pelo anciano es obsceno porque desborda las normas de lo aceptable: es un signo de vitalidad en un cuerpo que el canon no asocia con deseo, una sensualidad que incomoda porque se sale de lugar. Es tambi&eacute;n un gesto de revancha &iacute;ntima contra la instituci&oacute;n religiosa que la rap&oacute;. La fotograf&iacute;a se convierte en la prueba de esa insurrecci&oacute;n tard&iacute;a, una memoria material de lo que se quiso cortar y reaparece como exceso.
    </p><p class="article-text">
        Ese cruce entre ternura y obscenidad es puro Guibert. Ya en <em>L&rsquo;image fant&ocirc;me</em> (<em>La imagen fantasma</em>) escribir&iacute;a que la fotograf&iacute;a siempre muestra demasiado, incluso lo que preferir&iacute;amos no ver. Lo obsceno no es solo lo indecente, sino la verdad de la imagen: el desborde que la hace insustituible. En <em>Suzanne et Louise</em>, ese desborde est&aacute; en un mech&oacute;n interminable de pelo, en un gesto repetido en una butaca, en un rostro dormitando. En sus autorretratos con el VIH, a&ntilde;os despu&eacute;s, lo obsceno ser&aacute; la piel marcada por la enfermedad, la carne deteriorada, lo que la sociedad aparta la vista para no tener que enfrentar. Entre las t&iacute;as ancianas y el propio Guibert frente al espejo enfermo se tiende un mismo hilo: la voluntad de hacer visible lo que se esconde y, en ese acto, encontrar una forma de amor.
    </p><p class="article-text">
        <em>Suzanne et Louise</em> es tambi&eacute;n un archivo afectivo. Guibert convierte la vida dom&eacute;stica en memoria pol&iacute;tica: rescata los cuerpos y los gestos de quienes nunca hubieran entrado en los libros de historia del arte. Esa operaci&oacute;n, poner en el centro lo marginal y sostener lo raro sin suavizarlo, conecta con su idea de la fotograf&iacute;a como &ldquo;arte del desvelo obsceno&rdquo;. Lo mismo que dec&iacute;a del autorretrato &mdash;&ldquo;mostrar lo que no deber&iacute;a mirarse&rdquo;&mdash; se aplica aqu&iacute; a los retratos de las t&iacute;as: el pelo largo que incomoda, la vejez que la cultura esconde, la fragilidad que se prefiere silenciar.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando la publicidad y el cine siguen obsesionados con cuerpos j&oacute;venes, cuando la representaci&oacute;n de la vejez se reduce a caricatura o a invisibilidad, el fotolibro de Guibert se lee como una intervenci&oacute;n urgente. Su ternura no es edulcorada: es pol&iacute;tica. Mostrar lo obsceno &mdash;el pelo demasiado largo de una anciana, la piel marcada por la enfermedad, lo &iacute;ntimo fuera de norma&mdash; es afirmar la vida all&iacute; donde otros ven verg&uuml;enza. La c&aacute;mara, en sus manos, es siempre un archivo de resistencia: nos recuerda que lo que incomoda a la mirada dominante es, justamente, lo que merece ser mirado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Déborah García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/suzanne-et-louise-libro-herve-guibert-interpelo-mirada-vejez-cuerpo-memoria_1_12669195.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Oct 2025 20:38:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Editoriales,Tercera edad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las crucificadas: de Santa Eulalia a Madonna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/crucificadas-santa-eulalia-madonna_1_8912457.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1343f2ca-acf6-4129-8bb5-6b45b77ab650_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las crucificadas: de Santa Eulalia a Madonna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde que la cruz se introdujo como parte de la simbología cristiana, lo que fue una forma de condena para criminales desde la antigua Roma, cuando se aplica a los hombres representa una imagen santificada y devocional pero si esa cruz acoge el cuerpo de una mujer, se convierte en blasfemia, ofensa o depravación</p><p class="subtitle">Antes y después de uno de los (supuestos) Caravaggios más eróticos</p></div><p class="article-text">
        Uno de los momentos cumbres de la imaginer&iacute;a religiosa cat&oacute;lica est&aacute; asociada a la crucifixi&oacute;n de Cristo. Ese momento en el que, seg&uacute;n los evangelios, las tinieblas se abren paso y Jes&uacute;s encomienda su alma a Dios. A lo largo de la Historia del Arte, este momento de tensi&oacute;n y patetismo ha sido a menudo representado, porque este y no otro, es el tema central de la religi&oacute;n cristiana y tambi&eacute;n de la eucarist&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El sufrimiento de Jes&uacute;s en la cruz hace referencia a los aspectos doctrinales m&aacute;s importantes de la teolog&iacute;a <a href="https://www.esglobal.org/las-raices-cristianas-de-la-europa-moderna/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">cristiana </a>como son la expiaci&oacute;n de los pecados, la salvaci&oacute;n y la muerte y resurrecci&oacute;n. Lo m&aacute;s interesante sobre este tema simb&oacute;lico de la crucifixi&oacute;n es que, asociado a los hombres, otorga poder y distinci&oacute;n: son los casos paradigm&aacute;ticos de Jes&uacute;s de Nazaret, San Pedro, que fue crucificado boca abajo en Roma, seg&uacute;n los evangelios ap&oacute;crifos y San Andr&eacute;s que fue martirizado en una cruz con forma de aspas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Martirio de Santa Eulalia&#039; de Bernat Martorell (hacia 1400)                            </span>
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        Resulta realmente interesante hacer un repaso a esas mismas representaciones surgidas en el mundo del arte pero cambiando el g&eacute;nero del sujeto representado. Cuando la crucificada es una mujer, es inevitable sentir c&oacute;mo la simbolog&iacute;a empleada estigmatiza y se&ntilde;ala la perversi&oacute;n por el mero hecho de ser mujer. <em>Martirio de Santa Eulalia</em> de Bernat Martorell, pintado a mediados del siglo XV, marca la tendencia iconogr&aacute;fica de las llamadas crucificadas. Una mujer amarrada o clavada a una cruz, con poca ropa, exhibida ante una audiencia que la condena.
    </p><p class="article-text">
        Santa Eulalia y las que le suceden ser&aacute;n representadas con los brazos bien abiertos, en actitud de entrega y sumisi&oacute;n, y a menudo desnudas o semidesnudas como si siempre se insinuara la promiscuidad de la condenada. En el siglo XIX, <em>Mujer crucificada</em> de Louis-Joseph-Rapha&euml;l Collin contin&uacute;a este mismo tipo de representaci&oacute;n de mujer desnuda sangrando crucificada, que en vez de apelar a la compasi&oacute;n parece estigmatizarla.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Mujer crucificada&#039; de Louis-Joseph-Raphaël Collin (1890)                            </span>
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        En este sentido, podemos destacar varios lienzos de F&eacute;licien Rops, tanto en <em>La tentaci&oacute;n de San Antonio</em> como en <em>Los sat&aacute;nicos</em>, el pintor y grabador belga representa a mujeres fatales en la cruz o al borde de la cruz. Son m&aacute;s bien el pecado y no penitentes que van a expiar sus pecados. Sus cuerpos aparecen provocativos, las formas no insin&uacute;an la sensualidad, sino que la apuntalan y la remarcan. En <em>La tentaci&oacute;n de San Antonio,</em><a href="https://www.avelinalesper.com/2013/03/crucificar-una-mujer.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">como indica la cr&iacute;tica de arte Avelina L&eacute;sper</a>, &ldquo;la mujer usurpa el lugar de la fe, la cruz se erige sobre el reclinatorio de San Antonio. Ella r&iacute;e divertida&rdquo;. La imagen deja de ser religiosa, Rops adentra al espectador en el mundo de la tortura y del dolor, pero tambi&eacute;n del crimen y placer. La mujer simboliza la provocaci&oacute;n y lo depravado, y merece ser castigada. El castigo, lejos de acercarla a la santidad, va a hacer hincapi&eacute; en su descaro sexual.
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                &#039;Los satánicos&#039;, de Félicien Rops                            </span>
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        <em>Los sat&aacute;nicos </em>de Rops es la que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n por su explicitud: en ella se ve a un hombre crucificado que ocupa la parte alta de la imagen. Un fondo rojo otorga a la escena un tono macabro y violento. El pene erecto y los test&iacute;culos del hombre se apoyan en el cuerpo desnudo de una mujer. La postura de ella con los brazos extendidos soteniendo un manto negro paralelo al tabl&oacute;n horizontal parecen convertirla en cruz a ella tambi&eacute;n. La escena remarca la lascivia de la mujer y, adem&aacute;s, la se&ntilde;ala como culpable del pecado del hombre. <em>Claro de luna</em> de Albert von Keller tambi&eacute;n se decanta hacia el erotismo y los placeres prohibidos. La mujer representada est&aacute; sobre una cruz pero todo su cuerpo parece estar en escorzo, como retorci&eacute;ndose hacia el espectador. Su cabeza ladeada sobre su brazo, al igual que su mano atada descolgada, parecen formar parte de una escena de sadomasoquismo m&aacute;s que de una escena de crucifixi&oacute;n. Tanto en Keller como en Rops, las mujeres parecen crucificadas para ser castigadas por sus deseos sexuales. Estas crucifixiones parecen ser la &uacute;ltima fase de una sesi&oacute;n de hipnosis o de psicoan&aacute;lisis, tan en boga durante aquel tiempo, en las que el deseo sexual de la mujer es calificado de anormal. La cruz, por lo tanto, no limpia sus almas: las enturbia a&uacute;n m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En el siglo XIX, Gabriel von Max representaba en <em>El martirio de Santa Julia de Cartago</em> a una m&aacute;rtir cristiana condenada a morir en la cruz. En el lienzo, la santa aparece clavada a la cruz con los brazos extendidos. Ella es quiz&aacute; una de las pocas excepciones en las cuales la mujer pintada aparece totalmente vestida. Una t&uacute;nica blanca plisada le cubre el cuerpo y deja tan solo al descubierto los brazos. Ni los pies aparecen desnudos.
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                &#039;Santa Julia&#039; de Gabriel Cornelius von Max (1866)                            </span>
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        Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, muchas representaciones surgidas en la televisi&oacute;n o desde la cultura pop han usado la crucifixi&oacute;n de Jes&uacute;s como met&aacute;fora del sufrimiento padecido por las mujeres a lo largo de la Historia. Madonna ha empleado a menudo en sus espect&aacute;culos la cruz como un s&iacute;mbolo de liberaci&oacute;n para la mujer. En el videoclip de <em>Like a Prayer</em> , acababa en un campo lleno de cruces ardiendo y lo hac&iacute;a para denunciar el racismo del Ku Klux Klan. En la gira <em>Confessions</em> del a&ntilde;o 2006, la artista escenificaba su propia crucifixi&oacute;n y se mostraba ajena a las cr&iacute;ticas de la prensa m&aacute;s conservadora y el Vaticano que la calificaron entonces de blasfema.
    </p><p class="article-text">
        La crucifixi&oacute;n tambi&eacute;n fue empleada como m&eacute;todo de protesta por parte de las activistas de Femen en un acto contra el sistema patriarcal en la catedral de Santa Sof&iacute;a de Kiev durante el a&ntilde;o 2010. Desde que la cruz se introdujo como parte de la simbolog&iacute;a cristiana, lo que fue una forma de condena para criminales desde la antigua Roma, aplicada a los hombres deviene en imagen santificada y devocional. Sin embargo, si esa cruz acoge el cuerpo de una mujer, la imagen es una blasfemia, una ofensa o una depravaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Déborah García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/crucificadas-santa-eulalia-madonna_1_8912457.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Apr 2022 20:43:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las crucificadas: de Santa Eulalia a Madonna]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Semana Santa,Pintura,Arte,Iglesia católica,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia (artística) de la lactancia materna: los cuadros que mostraron cómo es dar la teta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/historia-artistica-lactancia-materna-cuadros-mostraron-dar-teta_1_8657041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37ff0aeb-e7fe-4efc-abe7-0858048686d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1038764.jpg" width="2146" height="1207" alt="Historia (artística) de la lactancia materna: los cuadros que mostraron cómo es dar la teta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A lo largo de la Historia del Arte, dar el pecho ha sido tan representado que no hay momento en el que no encontremos una obra que explique cómo se percibía entonces</p><p class="subtitle">¿Darías de comer a tu bebé en un baño público? Las salas de lactancia, a debate</p></div><p class="article-text">
        Hay quien todav&iacute;a piensa que la lactancia debe ser un acto relegado al espacio dom&eacute;stico y muchos siguen llev&aacute;ndose las manos a la cabeza cuando ven a mujeres dando el pecho con naturalidad en el espacio p&uacute;blico. A lo largo de la Historia del Arte, dar el pecho ha sido tan representado que no hay momento en el que no encontremos una obra que explique c&oacute;mo se percib&iacute;a entonces. Una imagen cl&aacute;sica junto con una de car&aacute;cter religioso demarcan este tipo de representaciones.
    </p><p class="article-text">
        La primera es la de la loba capitolina amamantando a R&oacute;mulo y Remo, la segunda, la de <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/rezan-dia-virgen-migrantes-fallecidos-accidente-mexico_1_8572988.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Virgen </a>d&aacute;ndole el pecho al ni&ntilde;o Jes&uacute;s, en una iconograf&iacute;a llamada <em>Virgen de la leche</em>, pero ser&aacute; sobre todo a partir del siglo XIX cuando el hecho de amamantar comience a ser profusamente pintado. Durante los siglos XVII y XVIII, pocos cuadros son rese&ntilde;ables desde el punto de vista de la innovaci&oacute;n u originalidad. Menci&oacute;n especial para el cuadro no normativo de Jos&eacute; de Ribera, donde pinta a la mujer barbuda Magdalena Ventura dando de mamar a su hijo delante de su marido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La loba capitolina. Museos Capitolinos.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">El espacio dom&eacute;stico</h3><p class="article-text">
        Casi todas las escenas que la Historia del Arte ofrece a partir de este momento comparten varias caracter&iacute;sticas. Primero, son presentaciones &iacute;ntimas, asociadas a lo cotidiano, muy del gusto de las corrientes pict&oacute;ricas del momento. Dar el pecho era algo propio del espacio dom&eacute;stico y de la esfera de lo privado. La casa es el espacio asignado a las mujeres y por ende, para la maternidad. La mayor&iacute;a de las representaciones tienen como trasfondo el hogar y los patios traseros de las casas. El cuadro de Renoir en el que se ve a su esposa Aline amamantando a su hijo Pierre en el jard&iacute;n de su casa es arquet&iacute;pico.
    </p><p class="article-text">
        Para hallar durante el siglo XIX a otro tipo de mujeres dando el pecho en un espacio p&uacute;blico, debemos esperar a cuadros en las que son representadas mujeres no europeas, ni blancas. Esas son las representaciones de las mujeres llamadas &ldquo;ex&oacute;ticas&rdquo;, que viven en un estado pr&oacute;ximo al <em>primitivismo</em>, y en escenas como las que leg&oacute; Paul Gauguin. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Maternity II,</em> varias mujeres observan como otra da de mamar a un beb&eacute; en plena calle. Es en este cuadro de Paul Gauguin, marcado por todo el exotismo y por todo el prejuicio de qui&eacute;n representa a los &ldquo;salvajes&rdquo;, donde encontramos hoy algo de contemporaneidad. En este tipo de representaciones es tambi&eacute;n habitual encontrar a las mujeres desnudas o semidesnudas y el tratamiento es menos pudoroso y convencional.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Maternity II, de Paul Gauguin                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Autorretrato dando el pecho</h3><p class="article-text">
        Un caso digno de menci&oacute;n ser&iacute;a el de la artista alemana Paula Modersohn, que fue la primera pintora que dibuj&oacute; su autorretrato desnuda y lo hizo, adem&aacute;s y en varias ocasiones, dando el pecho. Tambi&eacute;n fue junto a Mary Cassatt, que lo hizo en 1906, una de las primeras mujeres en pintar a otra mujer amamantando. A diferencia de sus coet&aacute;neos, Modersohn no tiene reparos en situar las escenas al aire libre, en posturas nuevas para el arte pero no para las mujeres, escenas llenas de verdad y no puesta en escena. 
    </p><p class="article-text">
        Muy interesante es el cuadro <em>Madre y su hijo arrodillados</em>, en el que una mujer de formas pronunciadas, se arrodilla en un c&iacute;rculo blanco, rodeada de manzanas ca&iacute;das. Estar de rodillas no es una posici&oacute;n natural para amamantar: la pintura funciona en un orden simb&oacute;lico. La mujer sostiene a su hijo cerca de su pecho igual que el &aacute;rbol puede sostener sus manzanas: es un sistema de vida cerrado. El rostro de la madre est&aacute; en sombra, mientras que sus pechos est&aacute;n iluminados, lo que sugiere que lo que importa es su cuerpo separado de su individualidad.
    </p><p class="article-text">
        A menudo se dice y se repite que todo el siglo XIX est&aacute; marcado por ese car&aacute;cter &iacute;ntimo y privado de la mujer confinada que da de mamar en casa.
    </p><p class="article-text">
        Hacerlo en otro contexto es algo solo reservado a las llamadas &ldquo;salvajes&rdquo;, a los no-civilizados, o a mujeres como Paula Modersohn, que representan la maternidad de primera mano. No deja de ser curioso que este tipo de representaciones m&aacute;s libres hayan sido tachadas de primitivas, cuando no hacen sino mostrar un acto natural. Los colegas pintores hombres seguir&aacute;n asociando lactancia al espacio dom&eacute;stico y a lo primitivo. Los &uacute;nicos testigos de estos momentos suelen ser ni&ntilde;os, como se ve en el cuadro de Evert Pieters o en el de Konstantin Makovsky.
    </p><h3 class="article-text">Hombres que lactan</h3><p class="article-text">
        En el siglo XXI cuesta encontrar escenas y cuadros en los que otras realidades asociadas a la lactancia sean representadas. En el a&ntilde;o 2019, en el Times apareci&oacute; una de las primeras ilustraciones en abordar sin tapujos la lactancia masculina. El art&iacute;culo con la ilustraci&oacute;n de Eleanor Davis hac&iacute;a referencia a esas nuevas realidades: hombres trans que daban el pecho, hombres cis que tras hormonarse ser&iacute;an capaces de amamantar, o <a href="https://www.liebertpub.com/doi/10.1089/trgh.2017.0044" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el caso estudiado por Tamar Reisman</a> de una mujer trans que bajo su supervisi&oacute;n hab&iacute;a podido dar el pecho tras someterse a un tratamiento hormonal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Madre arrodillada y niño, de Paula Modersohn,                            </span>
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        Cuando se tuvo conocimiento del caso, otra vez aparecieron los sectores m&aacute;s cr&iacute;ticos y conservadores calific&aacute;ndolo de antinatural, pero no deja de ser curioso que algunas de las primeras im&aacute;genes que surgen en la Historia sobre lactancia alternativa se encuentren perfectamente descritas en los textos de Arist&oacute;teles, en el Talmud, o incluso la Biblia. En el siglo IV a.C., el fil&oacute;sofo Arist&oacute;teles observ&oacute; que algunos hombres pod&iacute;an producir leche apret&aacute;ndose los senos. En algunas traducciones de la Biblia, en el vers&iacute;culo de Job 21-24 los pechos del desnutrido Job se describen como llenos de leche. Y tambi&eacute;n, en el Talmud de Babilonia, encontramos la historia de un hombre viudo cuyos pechos se abrieron para amamantar a su hijo. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, una de las im&aacute;genes m&aacute;s potentes que ha legado la Historia del Arte relacionada con la lactancia y la piedad es la llamada Caritas romana que aparece a lo largo de los siglos como Cim&oacute;n y Pero. En estas representaciones, una mujer, por piedad da el pecho a su propio padre para evitar que muera de inanici&oacute;n. Este motivo ha sido encontrado tanto en los frescos de Pompeya como en las obras de artistas diversos como Rubens, Vermeer e incluso Caravaggio.
    </p><h3 class="article-text">Un dispositivo para dar la teta</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Tupperware Party, de Lexi Strauss                            </span>
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        Para terminar, hay que se&ntilde;alar dos obras que dialogan a la perfecci&oacute;n con las rupturas que se han dado en el contexto de la lactancia y de los roles asociados a la lactancia. La primera es la de Esther Sarto, que establece un contraste simb&oacute;lico entre el hecho de amamantar y la carne. Esa especie de fondo c&aacute;rnico, donde el rojo es protagonista y se opone al blanco puro y t&iacute;pico con el que es asociada la leche, reflexiona de manera genuina sobre la lactancia como una peque&ntilde;a muerte, quiz&aacute; para la madre, y que las aves colgadas y los cachos de carne no dejan de resaltar. Es fundamental tambi&eacute;n que se muestre el hecho de amamantar en un momento ordinario, parece que est&aacute; haci&eacute;ndolo durante la jornada laboral e intenta conciliar su maternidad con el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        El segundo cuadro, tambi&eacute;n muy revelador, es Tupperware Party de Lexi Strauss (2013). En el cuadro, un hombre oriental de mediana edad se dispone a amamantar a un beb&eacute; con unos pechos artificiales que lleva sujetos al cuello. Un cuadro que es ya una realidad y que la empresa japonesa <a href="https://www.dentsu.co.jp/en/showcase/sxsw2019_2.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dentsu ha comercializado.&nbsp;</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Déborah García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/historia-artistica-lactancia-materna-cuadros-mostraron-dar-teta_1_8657041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Jan 2022 21:33:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia (artística) de la lactancia materna: los cuadros que mostraron cómo es dar la teta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Lactancia,Crianza,Maternidad,Leche materna]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El autorretrato femenino reclama su lugar en el mundo del arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/autorretrato-femenino-reclama-lugar-mundo-arte_1_8509186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/94ee3967-e208-488e-99e0-713e6cf3a14d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El autorretrato femenino reclama su lugar en el mundo del arte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La inquietud ante la escasa obra autorrepresentativa de pinturas a lo largo de la Historia se explica haciendo las preguntas correctas: ¿Quiénes patrocinaban a los artistas? ¿Cuál era el papel de las academias? ¿Y de las instituciones?</p><p class="subtitle">El misterio de los cuadros dentro de cuadros</p></div><p class="article-text">
        Hace algunos a&ntilde;os la historiadora del arte Linda Nochlin se preguntaba ir&oacute;nicamente porqu&eacute; no hab&iacute;a habido a lo largo de la historia mujeres artistas &ldquo;genias&rdquo; indiscutibles. Ella misma respond&iacute;a que se estaban realizando las preguntas incorrectas. Su art&iacute;culo daba un giro que replanteaba la historiograf&iacute;a al considerar tambi&eacute;n los aspectos sociales o econ&oacute;micos que forman parte de la creaci&oacute;n de una obra. &iquest;Qui&eacute;nes patrocinaban a los artistas, o cu&aacute;l era el papel de las academias y de las instituciones? Para llegar a ser alguien en pintura era obligatorio dominar el dibujo del cuerpo humano: sus dimensiones, sus pliegues y su forma. Aquel aprendizaje pasaba por recibir clases de anatom&iacute;a a las que la mayor&iacute;a de las mujeres nunca tuvieron acceso. El de Nochlin fue un texto pionero que cuestion&oacute; los discursos can&oacute;nicos construidos al abrigo del mito del genio excepcional. 
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            <span class="title">
                &#039;Autorretrato con caballete de Sofonisba Anguissola (1556)                            </span>
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        En su <em>Autorretrato con caballete </em>de 1556, Sofonisba Anguissola se pint&oacute; a s&iacute; misma como la expresi&oacute;n m&aacute;xima de la mujer casta, vestida con modestia mientras pinta a la Virgen Mar&iacute;a y a Cristo. Anguissola no reh&uacute;ye a quien la mira, devuelve solemnemente la mirada. Anguissola decidi&oacute; representarse con las herramientas asociadas a su oficio, algo ins&oacute;lito para su &eacute;poca. Insertarse en el cuadro era una manera de visibilizar su invisibilidad como artista.
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            <span class="title">
                Autorretrato como alegoría de la pintura, Artemisa Gentileschi, 1639                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Artemisa Gentileschi fue un paso m&aacute;s all&aacute; durante el siglo XVII. No solo se pint&oacute;, sino que se convirti&oacute; en la alegor&iacute;a de la propia pintura. En el cuadro, demostraba sus grandes dotes para representarse en escorzo, dominando no solo la t&eacute;cnica, sino tambi&eacute;n lo que quer&iacute;a llegar a decir. En un mundo que decidi&oacute; ignorarla, ella se pint&oacute; dando carne a la pintura de una forma magistral.
    </p><p class="article-text">
        Durante el siglo XVIII las academias empezaron a aceptar alumnas y una de esas alumnas privilegiadas fue Adelaide Labille-Guiard, que tambi&eacute;n pint&oacute; su<em> Autorretrato junto a dos alumnas</em>. Vestida con las ropas t&iacute;picas de la &eacute;poca y una serie de detalles rom&aacute;nticos se percibe su deseo de insertarse en la larga tradici&oacute;n de pintoras que reclaman su lugar en la Historia del Arte. Este cuadro desaf&iacute;a al espectador al presentar sus habilidades profesionales junto con los adornos asociados a la feminidad. Al representarse a s&iacute; misma con dos alumnas, Labille-Guiard tambi&eacute;n declaraba su solidaridad con otras artistas mujeres y su importante papel como mentora. 
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                Autorretrato, Yayoi Kusama, 2010                            </span>
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        Fueron las artistas del siglo XIX y XX las que vieron c&oacute;mo las academias se iban abriendo para ellas muy lentamente, y una vez superada la desigualdad de condiciones para iniciarse en la pintura, debieron hacer frente a otras situaciones que a menudo les hac&iacute;a desarrollar lo que durante mucho tiempo la historiograf&iacute;a ha calificado como &ldquo;una carrera menor&rdquo;. La trayectoria de muchas artistas se trunc&oacute; tras casarse, como fue el caso de Marie Bracquemond, que fue obligada por su marido a abandonar los pinceles. La de otras fue eclipsada por sus compa&ntilde;eros sentimentales, perdieron su categor&iacute;a como artistas y fueron relegadas a ser musas. Miradas, pero no vistas, a menudo tras las llamadas musas exist&iacute;an mujeres que desarrollaron su propio lenguaje pict&oacute;rico como Jeanne H&eacute;buterne, Camille Claudel, Gabriele M&uuml;nter y ya en el siglo XX, Lee Krasner o Elaine de Kooning.
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                &#039;Autorretrato pintando&#039; de Marie Bracquemond                            </span>
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        En <em>El estudio </em>de Marie Bashkirtseff, la artista rusa representa a un grupo de pintoras en una clase de dibujo natural, mientras que un joven, semidesnudo, modela. A&uacute;n en el siglo XIX las mujeres no ten&iacute;an permitido pintar modelos completamente desnudos. Bashkirtseff muestra a este grupo de mujeres pintando con ah&iacute;nco y cuestiona el status quo imperante a la vez que exige una mayor visibilidad para sus compa&ntilde;eras. Ya en el siglo XX, la pintora brit&aacute;nica Laura Knight fue pionera al representarse a s&iacute; misma pintando a una modelo desnuda, la tambi&eacute;n artista, Ella Naper. Con este lienzo el desnudo femenino, y el concepto de musa dejan de estar asociados a la mirada masculina. Los cuerpos ya no est&aacute;n sexualizados, al insertarse ambas en los lienzos, la relaci&oacute;n entre los cuerpos representados pasa a ser una relaci&oacute;n de iguales.
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                El árbol de la esperanza, Frida Kahlo, 1946                            </span>
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        Durante el siglo XX el autorretrato se convierte en el territorio de la modernidad femenina en un proceso de recuperaci&oacute;n. En <em>&Aacute;rbol de la Esperanza</em> de 1946, Frida Kahlo utiliz&oacute; una doble imagen de s&iacute; misma para reflexionar sobre la enfermedad y el dolor, la fuerza y &#8203;&#8203;la feminidad. El desnudo en Kahlo ya no es er&oacute;tico, su cuerpo est&aacute; cubierto por s&aacute;banas blancas de hospital, y en &eacute;l, expresa el trauma m&eacute;dico que hab&iacute;a padecido. Con el lienzo, Kahlo parece sugerir desafiante, que ni sus cicatrices ni su enfermedad, disminuyen ni su arte ni su fuerza.
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                Autorretrato nº 5, Claude Cahun                            </span>
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        Imposible olvidar la forma en la que la pintora Lo&iuml;s Mailou Jones se representa en Autorretrato de 1940. En su manera de entender el autorretrato, Mailou Jones se inmortaliza con los pinceles declarando orgullosa que es una artista negra. Tras ella dos esculturas africanas la flanquean que reivindican la deuda con las artistas negras que la precedieron. Pero tambi&eacute;n fueron pioneras Claude Cahun en los a&ntilde;os 30 y Cindy Sherman desde los 70 hasta la actualidad, ambas hicieron del autorretrato la expresi&oacute;n m&aacute;xima de su obra. La primera explor&oacute; en su obra la idea de crear una identidad en oposici&oacute;n a un papel de g&eacute;nero fijo. Sus autorretratos son fundamentales por la forma en la que desafiaron las normas de g&eacute;nero. Sherman ironiza tambi&eacute;n sobre los estereotipos de g&eacute;nero y los t&oacute;picos estadounidenses. El arte abstracto tambi&eacute;n ha permitido a las artistas consolidar su lugar en el mundo y en el mundo del arte. Si bien Yayoi Kusama es mejor conocida por sus exploraciones del infinito con lunares, ha aplicado tambi&eacute;n el puntillismo a su propio rostro. En su autorretrato de 2010, parece transmitir la idea de que ella es una m&aacute;s en la estela de tantas artistas que la precedieron, su pintura de puntos en patrones amarillos y morados, parece indicar que Kusama se ve a s&iacute; misma como una m&aacute;s en el mundo y en el mundo del arte que la rodea.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Autorretrato, Loïs Mailou Jones, 1940                            </span>
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        Mirando su propio cuerpo y su propio rostro, algunas mujeres lograron hacerse un hueco en la Historia de la pintura. <em>En Seeing Ourselves: Women&rsquo;s Self Portraits</em>, la historiadora brit&aacute;nica Frances Borzello analizaba la historia del autorretrato de las mujeres a lo largo del tiempo. En el libro se&ntilde;alaba la importancia capital de este g&eacute;nero que permiti&oacute; a las pintoras mostrar su propia historia para el consumo p&uacute;blico. Una ruptura sin precedentes para las artistas pues de ser objetos pasaron por primera vez a ser sujetos que controlaban el relato.
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                Camille Claudel en el estudio, 1887                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Déborah García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/autorretrato-femenino-reclama-lugar-mundo-arte_1_8509186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Nov 2021 20:59:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El autorretrato femenino reclama su lugar en el mundo del arte]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El misterio de los cuadros dentro de cuadros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/misterio-cuadros-cuadros_1_8433161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06bdb434-e2ef-45df-95c9-3c9e826f9acd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El misterio de los cuadros dentro de cuadros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las intervenciones y la tecnología no dejan de revelar secretos pertenecientes a obras de arte que cuestionan los relatos clásicos en torno a cómo se han leído las obras y cómo han de leerse una pintura</p><p class="subtitle">La procacidad y la lascivia que la Iglesia no censura en el arte sacro</p></div><p class="article-text">
        La ni&ntilde;a de Johannes Vermeer leyendo una carta en una ventana abierta (1657-1659) estaba siendo restaurada recientemente cuando los expertos hicieron una revelaci&oacute;n revolucionaria. En 1979, los rayos X hab&iacute;an descubierto una versi&oacute;n anterior de la pintura, dominada por una gran imagen de Cupido que se presentaba en forma de cuadro dentro del cuadro. Se supuso entonces que el propio Vermeer hab&iacute;a pintado sobre la figura antes de que terminara el trabajo. Sin embargo, la tecnolog&iacute;a reciente ha demostrado que la imagen del dios del deseo amoroso fue pintada mucho despu&eacute;s de la muerte del artista. Los estudiosos de la obra siempre han pensado que el propio Vermeer hab&iacute;a borrado la imagen de Cupido, pero cuando se iniciaron los trabajos y la obra fue intervenida en 2017, el rect&aacute;ngulo donde estaba pintado respondi&oacute; al disolvente de manera diferente. Los an&aacute;lisis confirmaron que el dios de la pared fue un a&ntilde;adido inserto d&eacute;cadas despu&eacute;s de que Vermeer completara el trabajo. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que resulta fascinante a todas luces es que el Museo de Dresde determin&oacute; que la pintura fuera expuesta as&iacute;, ya que la obra hab&iacute;a ganado en t&eacute;rminos de composici&oacute;n, equilibrio y tambi&eacute;n con respecto al contenido. La lectura de la pintura siempre ha girado en torno al tema amoroso, bas&aacute;ndose, sobre todo, en el rubor de las mejillas de la joven. Sin embargo, el a&ntilde;adido donde el dios Cupido aparece pisoteando una m&aacute;scara podr&iacute;a significar que era un amor infeliz. Capas de barniz y a&ntilde;adidos que hacen reflexionar sobre la propia Historia del Arte y en c&oacute;mo se han levantado la disciplina y los museos sobre el fr&aacute;gil concepto de autor&iacute;a, significado de la obra e incluso sobre la cronolog&iacute;a.
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            <span class="title">
                Detalle de &#039;El grito&#039; de Munch con un mensaje oculto                            </span>
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        Hace tan solo unos meses, unos an&aacute;lisis realizados sobre el famoso <em>Grito </em>de Edvard Munch revelaron un mensaje escrito a l&aacute;piz en la esquina izquierda, el mensaje dec&iacute;a: solo pudo ser pintado por un hombre loco. Tras comparar la caligraf&iacute;a de sus cartas con la del cuadro, los expertos determinaron que la frase hab&iacute;a sido escrita por el pintor noruego despu&eacute;s de haber concluido la obra. Todo hace pensar que fue una reacci&oacute;n de Edvard Munch, que deprimido por las cr&iacute;ticas que recibi&oacute; el cuadro cuando fue expuesto, dej&oacute; el mensaje a modo de nota a pie de p&aacute;gina. 
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                    alt="Recuperación de &#039;Filosofía&#039; de Klimt mediante inteligencia artificial"
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                Recuperación de &#039;Filosofía&#039; de Klimt mediante inteligencia artificial                            </span>
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        La tecnolog&iacute;a se ha convertido en una aliada de los restauradores, como sucedi&oacute; con la espectacular intervenci&oacute;n de una de las obras maestras del arte, <em>La ronda de noche de Rembrandt,</em> que de noche no ten&iacute;a nada. Fue sometida a una exhaustiva limpieza porque las figuras apenas eran distinguibles. El cuadro estaba tan deteriorado y el barniz tan oxidado que el significado original no se ajustaba a la realidad del t&iacute;tulo que se le hab&iacute;a dado. Gracias a estas relecturas que permiten las intervenciones y la tecnolog&iacute;a se sabe que la acci&oacute;n se desarrolla dentro de un portal, a pleno d&iacute;a, y que el interior y la penumbra son suspendidos por un potente rayo de luz que ilumina con intensidad a los personajes de la composici&oacute;n. Tambi&eacute;n la inteligencia artificial juega a favor del arte y es que tan solo hace unos d&iacute;as el mundo de la cultura recibi&oacute; la noticia de que la IA hab&iacute;a sido capaz de devolver a la vida digitalmente, unas obras de Gustav Klimt que hab&iacute;an sido destruidas con la llegada de los nazis a Viena en 1945. Gracias al trabajo auspiciado por <a href="https://www.youtube.com/watch?v=1xYpIM_BVTI&amp;t=27s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Google Arts and Culture</a> y partiendo de unas fotograf&iacute;as en blanco y negro que se conservan <em>Filosof&iacute;a </em>(1899) ha recuperado todo su esplendor. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Restauración de &#039;Ronda de noche&#039;                            </span>
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        Cuadros descubiertos dentro de cuadros. Cuadros que gracias a las nuevas t&eacute;cnicas devienen en otros cuadros totalmente diferentes a los que conocimos. Cuadros que gracias a la inclusi&oacute;n de nuevos discursos y perspectivas historiogr&aacute;ficas apuntan de manera contundente contra la idea de relato, o de relato &uacute;nico. Es aquella idea tan repetida por John Berger de que las obras de arte no dejan de leerse y de releerse en tiempo presente y que sobre todo cuestionan los relatos alrededor de los que se ha levantado la disciplina art&iacute;stica. La importancia del relato es fundamental. En 1896 Toulouse Lautrec realiza una serie de litograf&iacute;as de gran belleza, Elles, en la que en vez de retratar a las mujeres lesbianas y prostitutas que &eacute;l conoc&iacute;a en poses sugerentes y er&oacute;ticas, las muestra en toda su cotidianidad. Hasta hace poco tiempo, <em>El beso, </em>perteneciente a la serie, era estudiado como un beso heterosexual. Hoy en d&iacute;a se sabe ya que aquellas dos figuras que se miraban con ternura eran dos lesbianas. Es importante recordar c&oacute;mo la historiograf&iacute;a se ha dedicado de manera consciente a ignorar narrativas existentes en los cuadros. Sirve el caso de Henri Toulouse-Lautrec para ejemplificar c&oacute;mo fue llamado el pintor de las prostitutas, sin tener en cuenta la forma en la que la historiograf&iacute;a y los que escrib&iacute;an sobre arte decidieron olvidar que fue de los primeros en representar a mujeres no heterosexuales liberadas de la mirada del <em>voyeur</em>, pero sobre todo, que en su obra Lautrec neutraliz&oacute; y marginaliz&oacute; esta mirada <em>voyeurista </em>del moderno <em>fl&acirc;neur</em>.
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                &#039;El beso&#039; de Toulouse-Lautrec                            </span>
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        La tecnolog&iacute;a y las intervenciones hablan de la importancia de las obras en tiempo presente, cuestionan la inmovilidad y la pasividad de las viejas narrativas y apelan continuamente a la necesidad de entender lo art&iacute;stico desde una mirada activa. Las obras se presentan ante las nuevas audiencias como rompecabezas capaces de soportar cualquier relato porque eso es precisamente lo que ha sucedido a lo largo de la Historia. La tecnolog&iacute;a hace posible que el cuadro hable despu&eacute;s de a&ntilde;os enmudecido. &iquest;No deber&iacute;an entonces, la historia del arte, y sobre todo sus instituciones dejar de despreciar las formas en las que se est&aacute;n llevando a cabo nuevas e importantes reflexiones sobre el arte y su proyecci&oacute;n en tiempo presente?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Déborah García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/misterio-cuadros-cuadros_1_8433161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Oct 2021 19:54:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El misterio de los cuadros dentro de cuadros]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La procacidad y la lascivia que la Iglesia no censura en el arte sacro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/procacidad-lascivia-iglesia-no-censura-arte-sacro_1_8406260.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9a57375-7e01-4d5a-bce9-26b53584faff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La procacidad y la lascivia que la Iglesia no censura en el arte sacro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">C. Tangana y Nathy Peluso bailando bachata en la catedral de Toledo es un escándalo para el clero, pero no es el primero al que se enfrentan por la representación de la sensualidad, incluso dentro de sus propios templos</p><p class="subtitle">La bachata de C. Tangana y Nathy Peluso enfrenta a las dos 'almas' de la Iglesia española... y los ultras van ganando</p></div><p class="article-text">
        Durante siglos, la Iglesia Cat&oacute;lica fue el principal mecenas de las artes. Gracias a ella, y para su esplendor, muchos artistas se consagraron con pasi&oacute;n, al menos aparentemente, a dar gloria a las Santas Escrituras a trav&eacute;s de su representaci&oacute;n en cuadros, esculturas y diferentes construcciones arquitect&oacute;nicas. Sin embargo, no debemos olvidar que, hecha la ley, hecha la trampa. <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/c-tangana-nathy-peluso-ateo-catedral-toledo-arzobispado-defiende-conversion_1_8380081.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los gestos de los protagonistas de Ateo de C. Tangana y Nathy Peluso</a> pueden encontrarse en la propia iconograf&iacute;a de la Catedral de Toledo y es que el artista no ha creado ning&uacute;n gesto nuevo; m&aacute;s bien, contin&uacute;a la estela de una larga tradici&oacute;n de personas que fueron capaces de usar a la Santa Madre para contar lo que quer&iacute;an contar. Catedrales, capiteles, misericordias, lienzos, esculturas, murales y frescos albergan material suficiente para convertir el videoclip de la discordia en un juego de ni&ntilde;os.
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                    alt="Dos cuadros de El Greco donde se han visto lecturas fálicas: &#039;Sagrada Familia con Santa Ana&#039; (izquierda) y &#039;Sagrada Familia con Magdalena&#039;"
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                Dos cuadros de El Greco donde se han visto lecturas fálicas: &#039;Sagrada Familia con Santa Ana&#039; (izquierda) y &#039;Sagrada Familia con Magdalena&#039;                            </span>
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        Por proximidad con la reciente pol&eacute;mica, el primero a destacar es El Greco. La obra del llamado pintor de lo religioso merece toda la atenci&oacute;n al tratarse de un autor cristiano patrocinado por las &eacute;lites eclesiales cultas de la Archidi&oacute;cesis de Toledo al servicio de la Contrarreforma en el siglo XVI. Su pintura ha sido objeto de numerosos estudios, algunos de ellos <a href="https://www.librosarcanos.es/resena-el-greco-de-fernando-arrabal/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">marcados por la extravagancia como el de Fernando Arrabal</a>, en la que se han llegado a ver innumerables penes y vulvas diseminados por algunos de sus lienzos m&aacute;s emblem&aacute;ticos. En <em>La Sagrada Familia con Magdalena, </em>el peque&ntilde;o Jes&uacute;s parece sostener una pera con forma de pene en su mano y en <em>Sagrada Familia con Santa Ana,</em> los genitales del beb&eacute; parecen castrados, seg&uacute;n se ha analizado <a href="https://publicaciones.uclm.es/el-greco-en-su-iv-centenario-patrimonio-hispanico-y-dialogo-intercultural/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en una investigaci&oacute;n de la Universidad de Castilla La Mancha</a>. Estudiosos de la obra del cretense como Somerset Maugham o Cocteau han se&ntilde;alado que gran parte de su producci&oacute;n tiene una vertiente homoer&oacute;tica que se vislumbra, por ejemplo, en la forma en la que El Greco deja caer a menudo el pa&ntilde;o que cubre los genitales de Cristo o de alg&uacute;n santo o m&aacute;rtir. Siempre ladea el pa&ntilde;o transparente por debajo de la cadera, formando una especie de tri&aacute;ngulo marcadamente er&oacute;tico que acent&uacute;a el pubis. Esto sucede en su cuadro <em>El martirio de San Sebasti&aacute;n, </em>expuesto en un lugar tan preeminente como es otra catedral, la de Palencia. Y tambi&eacute;n en sus obras<em> Crucifixi&oacute;n</em> o en <em>La Sant&iacute;sima Trinidad. </em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;El juicio final&#039;, de Miguel Ángel                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Miguel &Aacute;ngel es otro de los casos paradigm&aacute;ticos. Uno de sus grandes benefactores, el Pap&aacute; Clemente VII, le encarg&oacute; la obra m&aacute;s importante del programa iconogr&aacute;fico de la Iglesia Cat&oacute;lica: la Capilla Sixtina. La historiadora Elena Lazzarini se&ntilde;alaba en <em>Desnudo, Arte y decoro</em> (2011) que sus frecuentes visitas a prost&iacute;bulos y saunas, y los encuentros sexuales que presenciaba all&iacute;, inspiraron gran parte de los frescos de <em>El Juicio final.</em> Pr&aacute;cticas a las que <a href="https://twitter.com/vaticannews_es/status/1371419495357685760" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunas instituciones de la Iglesia siguen sin dar su bendici&oacute;n</a>, pueden verse en los muros del Vaticano. Los cuerpos viriles se enroscan unos con otros en una org&iacute;a de dimensiones desconocidas. Miguel &Aacute;ngel sinti&oacute; predilecci&oacute;n por la escultura y por su poder para dar forma en tres dimensiones. Eso se traduce en que los cuerpos esculpidos por &eacute;l, desde aquel primer Bacco, fueron sensuales, trabajados y a menudo andr&oacute;ginos. Su gran ruptura (para parte de la Iglesia, con Paulo III a la cabeza, que no aceptaba la representaci&oacute;n expl&iacute;cita de los genitales y por eso algunos fueron tapados o borrados) fue la representaci&oacute;n que hizo de Cristo en el Juicio Final: sin barba, rubio, musculoso y viril y lanzando una mirada intensa a San Bartolom&eacute;, que tom&oacute; prestado el rostro del amante de Miguel &Aacute;ngel en aquella &eacute;poca, Tommaso dei Cavalieri.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/ea3117fe-866a-4636-8cd4-1aee06ccf5e6_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="200" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Entre todas las obras del gran artista destaca por ambigua la de <em>El esclavo moribundo,</em> una obra concebida para formar parte de la tumba funeraria de Julio II y que es todo sensualidad. El <em>contrapposto</em>, la mano sobre la cabeza, el cuerpo arqueado, la ropa a medio subir sobre el pecho. El esclavo est&aacute; muriendo, pero su gesto facial y el lenguaje corporal nos transmiten algo m&aacute;s. Es esa ambig&uuml;edad propia de la iconograf&iacute;a religiosa en las escenas con figuras dando su &uacute;ltimo aliento o alcanzando el &eacute;xtasis. Sus gestos de dolor parecen transmutarse en algo m&aacute;s en <em>El &eacute;xtasis de Santa Teresa</em> de Bernini (en el interior de la iglesia de Santa Mar&iacute;a de la Victoria, en Roma), en <em>San Serapio</em> de Zurbar&aacute;n, o en casi todas las representaciones hechas del martirio de San Sebasti&aacute;n, como en la de Guido Reni. Todas parecen hacer dialogar el dolor con el placer.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;San Sebastián&#039; de Guido Reni                            </span>
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        Lo cierto es que los cuerpos monumentales y desnudos de los pintores y escultores del Renacimiento, no gustaron a la curia y a menudo fueron censurados. Es muy conocido el caso de Biagio de Cesana, totalmente escandalizado por la impudencia de los frescos de la Capilla Sixtina del Palacio del Vaticano. Cesana convenci&oacute; a Paulo III de que pintara velos para cubrir los genitales de las figuras. Miguel &Aacute;ngel se veng&oacute; dibujando a Cesana en el infierno como un condenado con orejas de burro y una serpiente enroscada a su cuerpo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Retrato de Cesana, de Miguel Ángel                            </span>
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        Pero sin duda uno de los que m&aacute;s escandaliz&oacute; a la Iglesia fue Caravaggio. Los cuerpos que pinta no tienen la voluptuosidad y erotismo de la que hacen gala las figuras de Rubens en el lienzo <em>Sans&oacute;n y Dalila.</em> Caravaggio, en cambio, puso a la Virgen moribunda el rostro de una prostituta y a menudo los santos que le encargaron pintar llevaron el rostro de los m&aacute;s humildes, pendencieros y borrachos. <em>La muerte de la Virgen</em> fue un encargo de un abogado papal que rechaz&oacute; quedarse con la obra cuando vio que el rostro de la virgen moribunda hab&iacute;a sido representado de manera realista: amoratado e hinchado. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Caravaggio se esforz&oacute; por dar realismo a los rostros y cuerpos de las figuras. Tanto en el c&eacute;lebre cuadro de <em>La vocaci&oacute;n de San Mateo, </em>expuesto en la Capilla Contarelli de la iglesia San Luis de los Franceses en Roma como en <em>La crucifixi&oacute;n de San Pedro</em> en la iglesia Santa Maria del Popolo,&nbsp;tambi&eacute;n en Roma<em>,</em> las figuras b&iacute;blicas son representadas con realismo. Algo que a la Iglesia no acababa de gustarle demasiado. Ese mezclar a los santos con el com&uacute;n, ese bajar al barro a las figuras. Es interesante la representaci&oacute;n de San Pedro: un simple hombre com&uacute;n y a su lado, su verdugo, con los pies sucios en primer plano. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;La conversión de Pablo&#039;, de Caravaggio                            </span>
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        No ser&iacute;a la &uacute;nica vez que Caravaggio consiguiera imponer su criterio en un encargo. <em>En La conversi&oacute;n de Pablo,</em> logr&oacute; romper con la cl&aacute;sica representaci&oacute;n de la escena al gusto de la Iglesia, otorg&aacute;ndole casi todo el protagonismo al caballo que ocupa la parte central del lienzo. Mientras San Pablo, figura fundamental para la Iglesia Cat&oacute;lica yace en el suelo. Caravaggio adem&aacute;s nos ense&ntilde;&oacute; que el cuerpo de Cristo es sobre todo cuerpo carnal en el que se puede entrar, como en la sugerente escena que recre&oacute; en <em>La incredulidad de Santo Tom&aacute;s</em>. Hay en los cuadros del pintor un subtexto que el historiador Graham L. Hammill ha identificado en su libro <em>Sexuality and Form: Caravaggio, Marlowe, and Bacon,</em> explicando que en algunos lienzos de Merisi el sexo est&aacute; a punto de suceder, esto ser&iacute;a as&iacute; en <em>El sacrificio de Isaac</em> o en <em>Siete obras de misericordia.</em> En este &uacute;ltimo, expuesto en la iglesia Pio Monte della Misericordia de Napoles, una mujer se sujeta un pecho que acerca a una ventana enrejada en la que asoma una cabeza barbuda que la lame.
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            <span class="title">
                Fragmento de &#039;Siete obras de misericordia&#039; de Caravaggio                            </span>
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        A lo largo de toda la historia del arte, en cuadros dedicados con extremada delicadeza a recrear motivos religiosos o b&iacute;blicos, aparece la impronta del artista, que de manera sibilina y sigilosa fue capaz de enga&ntilde;ar a su gran benefactor y dejar constancia, por los siglos de los siglos, de que el arte siempre es mucho m&aacute;s de lo que en apariencia nos muestra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Déborah García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/procacidad-lascivia-iglesia-no-censura-arte-sacro_1_8406260.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Oct 2021 20:38:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La procacidad y la lascivia que la Iglesia no censura en el arte sacro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Iglesia,C. Tangana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fotógrafo del Berlín sucio, gris y dividido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fotografo-berlin-sucio-gris-dividido_1_8332487.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e7eea36-7bf1-4ff6-94d6-a9100ff3349d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1029702.jpg" width="3769" height="2120" alt="El fotógrafo del Berlín sucio, gris y dividido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Museo Reina Sofía es el lugar elegido para realizar la primera retrospectiva tras la muerte del artista alemán Michael Schmidt en 2014</p><p class="subtitle">El flamenco encuentra su sitio entre las vanguardias del Museo Reina Sofía</p></div><p class="article-text">
        Es llamativo el contraste crom&aacute;tico que existe entre las primeras fotograf&iacute;as del alem&aacute;n Michael Schmidt y las &uacute;ltimas. A lo largo de cinco d&eacute;cadas, Schmidt rastre&oacute; las huellas de la sociedad contempor&aacute;nea, intercalando instant&aacute;neas del paisaje urbano y de sus habitantes en series como <em>Kreuzberg</em> (1969-1973), <em>Wedding</em> (1976-1978) o <em>Berlin nach 1945. </em>En las primeras destaca el poderoso blanco y el negro, aunque realmente como Smichdt afirm&oacute; durante su vida: &ldquo;Blanco y negro son siempre el gris m&aacute;s claro y el gris m&aacute;s oscuro&rdquo;; y en las &uacute;ltimas, de la serie <em>foodstuff</em>, las manzanas verdes ultraprocesadas que casi parecen estar dise&ntilde;adas digitalmente, o el rosa pl&aacute;stico de la carne cortada. Para Thomas Weski, comisario de la exposici&oacute;n que el<a href="https://www.eldiario.es/politica/reina-patronato-museo-sofia-patronos_1_4989005.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Museo Reina Sof&iacute;a </a>acaba de inagurar con m&aacute;s de trescientas obras, &ldquo;Schmidt cubre los temas m&aacute;s relevantes de su tiempo y de nuestro tiempo: desde el papel que cada persona asume en la sociedad hasta la  'inhospitalidad de nuestras ciudades'&rdquo;. &ldquo;Tambi&eacute;n la forma en la que lidiamos con nuestro legado hist&oacute;rico y nuestra forma de consumo de bienes y lo que esto hace con nuestro medio ambiente&rdquo;, explica a este diario. 
    </p><p class="article-text">
        Nacido en el Este de Berl&iacute;n pero criado en el Oeste, Michael Schmidt pas&oacute; su vida vagando por las calles de la ciudad dividida. Primero, ante la insistencia de sus padres, como oficial de polic&iacute;a, y luego, a partir de 1965, como fot&oacute;grafo. Hay algo de la Historia de Alemania en el siglo XX en esa intrahistoria de Schmidt, de ese hombre que ve una c&aacute;mara en la taquilla de un compa&ntilde;ero y decide que el arte es una manera m&aacute;s noble de hacer justicia. Autodidacta siempre plegado a Berl&iacute;n, tom&aacute;ndole el pulso y percibiendo casi intuitivamente los cambios que se avecinaban en una ciudad dividida y horadada. Una ciudad que jam&aacute;s abandon&oacute; hasta su muerte en 2014. Esta voluminosa exposici&oacute;n retrospectiva es la primera que se realiza tras su fallecimiento.
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            <span class="title">
                De la serie Berlin-Kreuzberg, Stadtbilder (Paisajes urbanos), sin título                            </span>
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        En 1976, el fot&oacute;grafo fund&oacute; el Werkstatt f&uuml;r Fotographie (Taller de fotograf&iacute;a), una importante escuela y galer&iacute;a que acerc&oacute; las innovaciones estadounidenses a la fotograf&iacute;a art&iacute;stica en Alemania. Schmidt fue, sin duda, una figura fundamental en el renacimiento de la ciudad de Berl&iacute;n como centro art&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Su trabajo de los a&ntilde;os 60 y 70 fueron encargos de las administraciones locales. Capturaba y describ&iacute;a los barrios destruidos del Berl&iacute;n occidental. Schmidt va mucho m&aacute;s all&aacute; del trabajo documental. En esa serie de fotos podemos ver un Berl&iacute;n lleno de agujeros, cabinas vac&iacute;as, &aacute;rboles que emergen verticales y apuntan al cielo. Una ciudad ca&oacute;tica, donde las hileras de edificios, pero tambi&eacute;n cada elemento urbano, nos hablan de un subconsciente que emerge lentamente aunque est&aacute; a punto de explosionar. En series como <em>Kreuzberg </em>pero sobre todo en <em>Wedding </em>acab&oacute; Schmidt por olvidar el estilo documental de encargo y, a partir de los a&ntilde;os 80, desarroll&oacute; un lenguaje visual m&aacute;s personal y m&aacute;s atrevido. Como destaca el comisario Thomas Weski, Schmidt actu&oacute; como autor de su obra desde muy temprano, &ldquo;editando, secuenciando, dise&ntilde;ando los libros, eligiendo su tama&ntilde;o y papel, supervisando la impresi&oacute;n y encuadernaci&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Detr&aacute;s de las im&aacute;genes topogr&aacute;ficas de los paisajes urbanos hay muchas decisiones de autor: una es imprimir muy gris, evitando fuertes contrastes y tratando de hacerse eco del invierno berlin&eacute;s&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Dos imágenes de la serie Waffenruhe (Tregua), fotografiada entre 1985 y 1987"
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            <span class="title">
                Dos imágenes de la serie Waffenruhe (Tregua), fotografiada entre 1985 y 1987                            </span>
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        En la excelente serie <em>Waffenruhe </em>(1985-1987), Schmidt usa el medio como herramienta para la expresi&oacute;n subjetiva, dando lugar al psicodrama de una ciudad a&uacute;n dividida, en plena Guerra Fr&iacute;a, que forma parte de una generaci&oacute;n alemana &ldquo;sin futuro&rdquo;. Pr&oacute;xima al expresionismo, las fotograf&iacute;as componen un proyecto denso y complejo.
    </p><p class="article-text">
        Es curioso que Schmidt no es tan conocido como otros grandes nombres de la fotograf&iacute;a alemana de la escuela de D&uuml;sseldorf, como Andreas Gursky &mdash;de qui&eacute;n fue maestro&mdash;, Candida H&ouml;fer o Thomas Ruff. Quiz&aacute; sea porque estos &uacute;ltimos se volcaron con el color y las fotograf&iacute;as a gran escala, as&iacute; como con la objetividad y la precisi&oacute;n. Schmidt, en cambio, se consagr&oacute; al gris y al momento arrebatado al tiempo, a la mirada furtiva y sorprendente. Primero fotografiaba y luego hac&iacute;a preguntas.
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                    alt="Una de las obras de la serie crítica con el proceso de la carne &#039;Lebensmittel&#039; (Alimentos) de Michael Schmidt, realizada entre 2006 y 2010"
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            <span class="title">
                Una de las obras de la serie crítica con el proceso de la carne &#039;Lebensmittel&#039; (Alimentos) de Michael Schmidt, realizada entre 2006 y 2010                            </span>
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        Otra de las cuestiones fascinantes de la obra de Schmidt es el car&aacute;cter dialogante de sus fotograf&iacute;as. A diferencia de los artistas antes citados, que entregan im&aacute;genes-t&oacute;tems, donde toda la informaci&oacute;n se concentra en ellas mismas, las de Schmidt tienen un car&aacute;cter org&aacute;nico, unas complementan a las otras. Recuerda Thomas Weski la m&aacute;xima del fot&oacute;grafo berlin&eacute;s de &ldquo;1+1=3&rdquo;, en clara referencia a que el contenido de sus proyectos fue creado para ver una im&aacute;genes capaces de transformarse al contacto de otras: &ldquo;Schmidt us&oacute; sus fotograf&iacute;as como im&aacute;genes &uacute;nicas v&aacute;lidas pero tambi&eacute;n como partes de un todo en sus combinaciones de fotograf&iacute;as, ya sea en la pared de una exposici&oacute;n o en el libro de artista&rdquo;.<em> </em>Con este m&eacute;todo, afirma Weski, &ldquo;Schmidt, extendi&oacute; la tradici&oacute;n del ensayo visual, como ya hiciera el fot&oacute;grafo estadounidense Walker Evans en su <em>American Photographs, 1938&rdquo;. </em>Esto se percibe muy bien en su serie <em>Disadvantages </em>(1980) en la que un hombre enfermo es fotografiado desde tres &aacute;ngulos diferentes, como si Schmidt quisiera expresar que ninguna de las im&aacute;genes es la imagen definitiva. El <em>storytelling</em> tambi&eacute;n est&aacute; presente en su trabajo, en la serie <em>Kreuzberg </em>los conjuntos de fotograf&iacute;as muestran, como si de un gui&oacute;n cinematogr&aacute;fico se tratara, la rutina de un obrero alem&aacute;n y una enfermera.
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                Otra imagen de la serie Berlin-Wedding, &#039;Schüler 4. Klasse Grundschule&#039; (Alumno de cuarto curso, escuela primaria), de Michael Schmidt, disparada entre 1976 y 1978                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Déborah García]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Sep 2021 20:08:51 +0000]]></pubDate>
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