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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ricard Gomà]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ricard-goma/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ricard Gomà]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Hacia un nuevo contrato ecosocial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/nuevo-contrato-ecosocial_129_13034233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1142ffa8-5a62-4901-aa06-23300b261efd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hacia un nuevo contrato ecosocial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es necesario defender logros sociales históricos. Pero la gramática que requiere el siglo XXI es de ambición transformadora, de construcción de utopías cotidianas, de horizontes de esperanza radical</p></div><p class="article-text">
        Tras la II Guerra Mundial, en la Europa democr&aacute;tica, el contrato social-keynesiano tradujo derechos b&aacute;sicos en pol&iacute;ticas de bienestar. M&aacute;s tarde, las revueltas del 68 detonaron la ampliaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a hacia nuevos derechos civiles y pol&iacute;ticas de reconocimiento. Tal conjunto de avances socioculturales solo fue posible en Espa&ntilde;a -al hilo de tantas luchas- tras la caida de la dictadura. Todos los reg&iacute;menes cl&aacute;sicos de bienestar se configuraron en un contexto industrial-fordista, con niveles bajos de incertidumbre y complejidad. En ese marco, redujeron desigualdades y desmercantilizaron educaci&oacute;n y salud. Las posteriores ofensivas neoliberales pretendieron restaurar &oacute;rdenes sociales basados en estructuras de privilegio y en el blindaje de sus dispositivos de reproducci&oacute;n. Se fueron desplegando, desde los a&ntilde;os 80, din&aacute;micas de concentraci&oacute;n de la riqueza, fragilizaci&oacute;n de capas medias y dispersi&oacute;n de riesgos de exclusi&oacute;n. Al cruzarse con variables de g&eacute;nero, edad y or&iacute;gen, resultaron unas estructuras sociales m&aacute;s polarizadas y fragmentadas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un escenario de cambio de &eacute;poca</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero las primeras d&eacute;cadas del s.XXI -esos a&ntilde;os de globalizaci&oacute;n, gran recesi&oacute;n, pandemia, emergencia clim&aacute;tica y nuevos repertorios de acci&oacute;n colectiva- lo cambian casi todo. Es cierto que los elementos de resiliencia del estado de bienestar (a pesar de todas las impugnaciones insolidarias) son relevantes: no es poco que redes de prestaciones y  servicios p&uacute;blicos universales sigan materializando hoy un espacio -colectivamente luchado y defendido- de ciudadan&iacute;a social. Este esquema de derechos, sin embargo, se inserta ahora en nuevas condiciones estructurales. Por un lado, parece insuficiente para embridar las mutaciones de fondo y simult&aacute;neas que han derivado en el actual capitalismo f&oacute;sil, financiarizado, rentista y digital. Por otro lado, las nuevas coordenadas de cotidianidad, con todas sus diversidades y discontinuidades vitales, dibujan escenarios muy diferentes a los entornos donde crecimos. El estado de bienestar hab&iacute;a articulado respuestas a una sociedad que ya no existe. Se abre un desencaje de &eacute;poca entre las viejas pol&iacute;ticas y las nuevas realidades: las soledades no deseadas, las altas tasas de pobreza infantil y en hogares monomarentales, la gentrificaci&oacute;n en los barrios, los elevados riesgos de pobreza y exclusi&oacute;n en colectivos migrantes, la superposici&oacute;n de vulnerabilidades sociales y clim&aacute;ticas... 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un nuevo contrato ecosocial</strong>
    </p><p class="article-text">
        En breve, el estado de bienestar que heredamos presenta, en la tercera d&eacute;cada del s.XXI, una arquitectura institucional tan insuficiente como anacr&oacute;nica. Emerge pues la necesidad de tejer un nuevo contrato ecosocial. Quiz&aacute;s hasta sea urgente: como mecanismo clave de respuesta al ciclo de odios, guerras y autoritarismos que intentan hoy romper los tejidos &eacute;ticos e institucionales de nuestras democracias. Las dimensiones de la transici&oacute;n ecosocial son m&uacute;ltiples, apuntamos algunos ejes que pueden esbozar mapas transitables.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos hoy, como punto de partida, un estado de bienestar que no ha generado un espacio de derechos universales en torno a las necesidades humanas fundamentales: un ingreso garantizado para existir; una casa y un planeta donde habitar; una comunidad donde vincularnos. Hoy la mercantilizaci&oacute;n de las bases materiales de la vida y de la vivienda, y la crisis de los cuidados, configuran el n&uacute;cleo de la emergencia social.  Podemos pensar, ante ello, en un nuevo entramado colectivo orientado a garantizar cuatro seguridades elementales: la seguridad econ&oacute;mica, a trav&eacute;s de una renta b&aacute;sica como herramienta para ayudar a trazar vidas emancipadas de precariedades laborales y dependencias patriarcales; la seguridad habitacional, por medio del acceso a casas asequibles, dignas y estables, frente al extractivismo de una minor&iacute;a; la seguridad relacional, a trav&eacute;s de la reconstrucci&oacute;n de l&oacute;gicas de reciprocidad y apoyo mutuo; y la seguridad clim&aacute;tica, por medio del abandono de las energ&iacute;as f&oacute;siles y la descarbonizaci&oacute;n del planeta. 
    </p><p class="article-text">
        En esas seguridades humanas anidan tambi&eacute;n las condicones de posibilidad para disputar la batalla cultural de la libertad. Es verdad que las pol&iacute;ticas sociales cl&aacute;sicas se han atrincherado a menudo en formas jer&aacute;rquicas y burocr&aacute;ticas, derivando en un esquema m&aacute;s protector que emancipador. Pero frente al espejismo neoliberal de la libertad conectada a marcos de individualismo que socavan lo com&uacute;n, y ante la concepci&oacute;n elitista traducida en la &lsquo;libertad&rsquo; para reproducir desigualdades, resulta fundamental rescatar esa otra libertad real de ra&iacute;ces te&oacute;ricas republicanas, entendida como ausencia de dominaci&oacute;n: para preservar, en clave individual, los espacios de autodeterminaci&oacute;n personal que dotan de sentido a cada proyecto de vida; y para remover, en clave colectiva, tanto las asimetr&iacute;as de renta y de poder en la esfera laboral, como el rentismo inmobiliario que favorece la creciente transferencia regresiva de riqueza de inquilinos pobres a propietarios ricos.
    </p><p class="article-text">
        Estas din&aacute;micas de desigualdad, adem&aacute;s, se interconectan hoy con fuerza a tendencias de segregaci&oacute;n social y desviculaci&oacute;n relacional. La segregaci&oacute;n dibuja una cotidianidad de lugares no compartidos y escasas interacciones entre diferentes. La desvinculaci&oacute;n apunta a la erosi&oacute;n de redes. Cuando la construcci&oacute;n de igualdad se frena, la segregaci&oacute;n se ensancha y los lazos se rompen. Sin mixturas ni v&iacute;nculos, las l&oacute;gicas de movilidad social dejan de funcionar: por un lado, en ausencia de experiencias compartidas se segregan tambi&eacute;n los horizontes aspiracionales; por otro lado, en ausencia de comunidades fuertes se fragilizan las capacidades de acci&oacute;n colectiva y deja de funcionar, por tanto, un motor hist&oacute;rico en la conquista de derechos sociales. Ante todo ello, resulta hoy fundamental trazar mapas de fraternidad, inserir la autonom&iacute;a personal en tramas colectivas. El giro comunal abre dos importantes ventanas de oportunidad. Permite -en tiempos de individualizaci&oacute;n- priorizar la reconstrucci&oacute;n de bases para la acci&oacute;n transformadora (pr&aacute;cticas de autogesti&oacute;n, estructuras p&uacute;blico-comunitarias...). Y permite -en tiempos de crisis clim&aacute;tica- ensamblar derechos sociales y transici&oacute;n ecol&oacute;gica. Posibilita, en concreto, reemplazar visiones colapsistas y gram&aacute;ticas de sacrificio por un nuevo marco de &lsquo;abundancia comunitaria&rsquo;. La transici&oacute;n ecosocial ha de reintegrar la economia en los l&iacute;mites del planeta, s&iacute;; pero sobre todo generar modelos de bienestar comunal en torno a viviendas cooperativas, comunidades energ&eacute;ticas o redes de soberan&iacute;a alimentaria.    
    </p><p class="article-text">
        <strong>Contra la reacci&oacute;n: horizontes de esperanza</strong>
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, erigir un proyecto que recupere la vieja pulsi&oacute;n humanista del estado de bienestar, en el marco del tiempo nuevo que vivimos, implica entrelazar l&oacute;gicas de ampliaci&oacute;n e innovaci&oacute;n de los derechos sociales: transitar hacia agendas de seguridad vital, hacia estructuras de libertad real y hacia formas m&aacute;s fratenales, ecol&oacute;gicas y feministas de lo com&uacute;n. Ser&iacute;a la urdimbre donde tejer el nuevo contrato ecosocial. M&aacute;s all&aacute; del ciclo reaccionario que hoy se despliega con contundencia, existen energ&iacute;as y pr&aacute;cticas emancipatorias que confieren fuerza a la transici&oacute;n ecosocial (programas de renta b&aacute;sica, ecosistemas de econom&iacute;a solidaria, sindicalismo habitacional, ciudades pioneras en neutralidad clim&aacute;tica, escuelas e infraestructuras comunitarias que fortalecen v&iacute;nculos y enlazan diversidades en barrios populares...). Claro que deber&iacute;an articularse amplias coaliciones de actores para escalar los cambios con todo el empuje posible. Y ah&iacute;, probablemente, existe un potencial en los espacios pol&iacute;ticos progresistas que no acaba de cristalizar. Es necesario defender logros sociales hist&oacute;ricos. Pero la gram&aacute;tica que requiere el siglo XXI es de ambici&oacute;n transformadora, de construcci&oacute;n de utop&iacute;as cotidianas, de horizontes de esperanza radical.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gemma Ubasart i Gonzàlez, Ricard Gomà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/nuevo-contrato-ecosocial_129_13034233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 08:14:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hacia un nuevo contrato ecosocial]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reconstruir ciudadanía desde lógicas más fraternales, democráticas y de proximidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reconstruir-ciudadania-logicas-fraternales-democraticas-proximidad_129_11863214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f28ab25-25d1-4fc0-bc62-4406481908e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reconstruir ciudadanía desde lógicas más fraternales, democráticas y de proximidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En una sociedad con diversas crisis en marcha y con políticas heredadas de un viejo contrato social, el mundo se hace nuevas preguntas que requieren nuevas respuestas</p></div><p class="article-text">
        Entre el mundo que va surgiendo de las grandes transiciones en marcha (clim&aacute;tica, cultural, demogr&aacute;fica, digital&hellip;) y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas heredadas del viejo contrato social (tambi&eacute;n en sus impugnaciones neoliberales) se produce un desencaje sist&eacute;mico. El estado de bienestar cl&aacute;sico fue la respuesta, pero el cambio de &eacute;poca altera las preguntas. 
    </p><p class="article-text">
        Las complejidades e incertidumbres radicales que enfrentamos requieren din&aacute;micas fuertes de acci&oacute;n y protecci&oacute;n colectiva. Los valores y las formas de instrumentar esa protecci&oacute;n, sin embargo, exigen transformaciones que pueden explorarse a partir de un triple eje: innovar, democratizar y territorializar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Innovar (construir fraternidad)</strong></h2><p class="article-text">
        En el n&uacute;cleo de un nuevo contrato ecosocial para el siglo XXI reside la articulaci&oacute;n de igualdad con diferencias, y de autonom&iacute;a personal con vinculaci&oacute;n comunitaria. Las brechas econ&oacute;micas y culturales interseccionan en desigualdades y discriminaciones. La superaci&oacute;n de ambas requiere enlazar pol&iacute;ticas de igualdad (predistributivas y redistributivas) con pol&iacute;ticas de reconocimiento de diversidades de origen, g&eacute;nero, edad o funcionales. 
    </p><p class="article-text">
        Los derechos colectivos, por otro lado, se reescriben desde gram&aacute;ticas de autodeterminaci&oacute;n personal; sin ellas, la igualdad esconde siempre relaciones de dominaci&oacute;n. Pero los procesos de autonom&iacute;a se inscriben en l&oacute;gicas de interdependencia, solo adquieren sentido en marcos de vinculaci&oacute;n colectiva. 
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, por tanto, afrontan el reto de construir comunidad, de tejer entornos cotidianos configurados por lazos de apoyo mutuo y redes de solidaridad. En la pr&aacute;ctica, transitar este eje de innovaci&oacute;n implicar&iacute;a construir una ciudadan&iacute;a social m&aacute;s fraternal, m&aacute;s republicana. Ello nos conduce a dos &aacute;reas paradigm&aacute;ticas del (nuevo) estado de bienestar. 
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la garant&iacute;a de rentas. En el marco de la sociedad industrial, el salario oper&oacute; como el gran dispositivo de distribuci&oacute;n de la riqueza. El cambio de &eacute;poca altera los par&aacute;metros: la generaci&oacute;n de valor deviene m&aacute;s social e inmaterial; la centralidad del trabajo pierde fuerza en clave cultural; y la transici&oacute;n ecol&oacute;gica fragiliza empleos y antiguos esquemas productivos. 
    </p><p class="article-text">
        Es aqu&iacute; donde <a href="https://www.eldiario.es/illes-balears/blogs/opinion/cami-cap-renda-basica-universal_132_10660914.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la renta b&aacute;sica</a> -una prestaci&oacute;n universal, individual e incondicional- podr&iacute;a jugar un papel clave en el camino hacia l&oacute;gicas innovadoras de ciudadan&iacute;a social. Se trata de una herramienta que desplaza el ingreso del mercado laboral al terreno de los derechos; ampl&iacute;a el per&iacute;metro de la desmercantilizaci&oacute;n hacia la garant&iacute;a de las bases materiales de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        La renda b&aacute;sica conecta ciudadan&iacute;a social con autonom&iacute;a personal, empodera frente a escenarios de dominaci&oacute;n y genera, a la vez, condiciones para la articulaci&oacute;n de v&iacute;nculos y redes de apoyo mutuo. 
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, los cuidados. La causa de la fraternidad se disputa, sobre todo, en el campo de los cuidados cotidianos y de las pr&aacute;cticas comunitarias de reciprocidad. En escenarios de innovaci&oacute;n social, el derecho a los cuidados deber&iacute;a adquirir un nivel de universalidad y garant&iacute;a equivalente a la salud y la educaci&oacute;n; y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de cuidados un grado de centralidad homologable a las pol&iacute;ticas cl&aacute;sicas del estado de bienestar. 
    </p><p class="article-text">
        En los instrumentos de acci&oacute;n se abre un abanico de posibilidades: desde prestaciones universales por crianza y redes socioeducativas de peque&ntilde;a infancia, hasta f&oacute;rmulas de articulaci&oacute;n comunitaria inscritas en agendas feministas (<a href="https://www.eldiario.es/catalunya/barcelona-deja-aire-servicio-cuidados-atiende-15-000-personas-espera-aprobar-presupuestos_1_10865889.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el programa municipal &lsquo;Vila Ve&iuml;na&rsquo; en Barcelona</a>&hellip;). 
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, derechos subjetivos, pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y pr&aacute;cticas colectivas de cuidados que reconocen vulnerabilidades e interdependencias, pero reducen riesgos de exclusi&oacute;n relacional y contribuyen a fortalecer estructuras de solidaridad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Democratizar (construir lo com&uacute;n)</strong></h2><p class="article-text">
        El estado de bienestar desarroll&oacute; un esquema burocr&aacute;tico de gesti&oacute;n p&uacute;blica de ra&iacute;z weberiana: estructuras administrativas r&iacute;gidas; estandarizaci&oacute;n de servicios; y paternalismo profesional que relega a los ciudadanos a roles pasivos. La ofensiva neoliberal dise&ntilde;&oacute; despu&eacute;s el modelo de la &lsquo;nueva gesti&oacute;n p&uacute;blica&rsquo; (NGP): transferencia de la l&oacute;gica mercantil al &aacute;mbito p&uacute;blico, externalizaciones y sustituci&oacute;n de ciudadanos por clientes. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, la redefinici&oacute;n del bienestar en clave democr&aacute;tica implica asumir el giro hacia lo com&uacute;n: superar tanto el monopolismo burocr&aacute;tico como la NGP y llevar la protecci&oacute;n colectiva a l&oacute;gicas de participaci&oacute;n ciudadana. Democratizar los derechos sociales supone articular lo institucional y lo comunitario: trabajar en las intersecciones entre el potencial universalista de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y el potencial cooperativo de las pr&aacute;cticas ciudadanas. 
    </p><p class="article-text">
        Supone construir una esfera compartida donde enlazar coproducci&oacute;n de pol&iacute;ticas, acuerdos p&uacute;blico-comunitarios y din&aacute;micas de acci&oacute;n colectiva vinculadas a la autogesti&oacute;n de derechos. Es un cambio de paradigma. Un estado de bienestar orientado a vertebrar lo com&uacute;n m&aacute;s que a gestionar burocracias: del <em>welfare</em> al <em>commonfare.</em>
    </p><p class="article-text">
        Y de la teor&iacute;a a la pr&aacute;ctica. En el doble contexto reciente de crisis y transiciones, surge un nuevo conjunto de iniciativas sociales que operan como motor democratizador de la esfera colectiva: conectan la movilizaci&oacute;n a la construcci&oacute;n de lo com&uacute;n. Adoptan formas de &lsquo;autonom&iacute;a&rsquo; urbana (viviendas recuperadas, escuelas populares, espacios autogestionados); innovaci&oacute;n social (crianza compartida, huertos vecinales, econom&iacute;a cooperativa); y apoyo mutuo (redes comunitarias ante vulnerabilidades relacionales o materiales). 
    </p><p class="article-text">
        La conexi&oacute;n entre pol&iacute;ticas sociales innovadoras y este tipo de acci&oacute;n colectiva permite superar el dilema cl&aacute;sico en t&eacute;rminos de institucionalidad versus resistencia; hace posible -m&aacute;s all&aacute; de ese binarismo- generar un espacio de articulaci&oacute;n de estructuras p&uacute;blico-comunitarias, tejidas en torno a tres posibles l&oacute;gicas. 
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica tem&aacute;tica: coproducci&oacute;n de pol&iacute;ticas sectoriales por medio de redes horizontales que suman recursos p&uacute;blicos e inteligencias colectivas (viviendas cooperativas, <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/barcelona-apuesta-comunidades-vecinos-generar-compartir-energia-verde_1_9048457.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comunidades energ&eacute;ticas locales</a>&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica infraestructural: programas de patrimonio ciudadano y gesti&oacute;n c&iacute;vica. Los equipamientos p&uacute;blicos de proximidad (ateneos, bibliotecas, escuelas infantiles&hellip;) han ido configurando la geograf&iacute;a f&iacute;sica del bienestar. La gesti&oacute;n c&iacute;vica (por medio del tejido asociativo del territorio) crea las condiciones para convertirlos tambi&eacute;n en su ecosistema comunal y democr&aacute;tico: de servicios p&uacute;blicos a lugares de creaci&oacute;n colectiva de ciudadan&iacute;a (<a href="https://www.eldiario.es/catalunya/eric-klinenberg-construir-plaza-parque-buena-manera-combatir-polarizacion_128_9557163.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los &lsquo;palacios del pueblo&rsquo; de Klinenberg</a>). 
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica vecinal: din&aacute;micas creadoras de barrios y comunidades fuertes, con capacidades para la resoluci&oacute;n de problemas y la mejora de condiciones de vida. Aqu&iacute;, la regeneraci&oacute;n de &aacute;reas vulnerables desde la acci&oacute;n sociocomunitaria, o el apoyo p&uacute;blico a ecosistemas territoriales de econom&iacute;a social (el programa de &lsquo;comunalidades urbanas&rsquo; en Catalunya), pueden considerarse estrategias de referencias. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Territorializar (construir arraigo)</strong></h2><p class="article-text">
        La sociedad industrial gener&oacute; marcos nacionales de gesti&oacute;n del conflicto de clases, el contrato social fragu&oacute; en el espacio de los estados. Los reg&iacute;menes de bienestar se construyeron bajo instituciones centralizadas. Hacia finales del siglo XX, el esquema territorial empieza a alterarse: irrumpe la reestructuraci&oacute;n en el espacio de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y pr&aacute;cticas colectivas. 
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades, en este proceso, mantienen abierta la ventana colectiva y democr&aacute;tica: la proximidad como espacio donde tratar de proteger sin cerrar; los gobiernos locales como palanca de protecci&oacute;n de derechos b&aacute;sicos y de empoderamiento comunitario. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de fijar la agenda urbana, el bienestar de proximidad y las estrategias locales de transici&oacute;n verde en el n&uacute;cleo del nuevo contrato ecosocial: retornar a las ciudades las l&oacute;gicas de emancipaci&oacute;n que el siglo XX hab&iacute;a reservado a los estados. Se dibujar&iacute;a, pues, el doble reto de reescribir lo com&uacute;n desde gram&aacute;ticas de proximidad, y de reubicar en el municipalismo las herramientas clave para hacerlo posible. En s&iacute;ntesis, m&aacute;s poder en los lugares, all&iacute; donde las cosas pasan, donde late el talento colectivo para abordarlas. 
    </p><p class="article-text">
        Conectar ciudadan&iacute;a y territorio, en la pr&aacute;ctica, implica construir un bienestar m&aacute;s arraigado, m&aacute;s sensible a la posibilidad de cotidianidades dignas. Y es aqu&iacute; donde operan con fuerza las pol&iacute;ticas vinculadas al derecho a la ciudad. Ya en 1968, Henry Lefebvre publicaba <em>Le droit &agrave; la ville. </em>Su propuesta implicaba inscribir la transformaci&oacute;n social en trazados urbanos: de calles, plazas y barrios. 
    </p><p class="article-text">
        Volvi&oacute; con David Harvey y su <em>Spaces of hope</em> (2000), en d&iacute;as de alternativas a la globalizaci&oacute;n salvaje. Y ha estallado con fuerza en la &uacute;ltima d&eacute;cada, al hilo de la acci&oacute;n colectiva urbana a escala global: la defensa de los h&aacute;bitats populares frente a din&aacute;micas de &lsquo;gentrificaci&oacute;n planetaria&rsquo; (Loretta Lees). 
    </p><p class="article-text">
        El derecho a la ciudad, como dimensi&oacute;n cotidiana y comunitaria de todos los derechos b&aacute;sicos, gana fuerza en tanto que proyecto de reconstrucci&oacute;n colectiva de una ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica para el siglo XXI. 
    </p><p class="article-text">
        Se concreta en una triple dimensi&oacute;n de pol&iacute;ticas entrelazadas: localizar derechos sociales (vivienda y barrios, procesos de acogida, v&iacute;nculos frente a soledades); generar transiciones ecol&oacute;gicas urbanas (soberan&iacute;as alimentaria y energ&eacute;tica, movilidades saludables) y forjar econom&iacute;as comunales (redes y territorios cooperativos). En su interacci&oacute;n, esos tres v&eacute;rtices tem&aacute;ticos pueden dar lugar a nuevas l&oacute;gicas de ciudadan&iacute;a: la prosperidad compartida y arraigada en entornos habitables.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, los procesos orientados a innovar, democratizar y territorializar lo colectivo pueden operar, en un contexto ya maduro de cambio de &eacute;poca, como rutas estrat&eacute;gicas hacia un nuevo contrato ecosocial superador del estado de bienestar cl&aacute;sico. El cruce de valores (intersecciones de fraternidad), las estructuras p&uacute;blico-comunitarias (espacios de lo com&uacute;n) y el derecho a la ciudad (procesos de arraigo) emergen como ideas-fuerza principales. 
    </p><p class="article-text">
        Se produce, a partir de ah&iacute;, la traducci&oacute;n a pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y a pr&aacute;cticas colectivas: renta b&aacute;sica y cuidados; l&oacute;gicas habitacionales alternativas, infraestructuras sociales y territorios cooperativos; planes de barrios y transiciones energ&eacute;ticas de proximidad&hellip; Un amplio abanico donde asentar las bases de una ciudadan&iacute;a social posible para el siglo XXI. Frente a la construcci&oacute;n reaccionaria de miedos y odios, una propuesta para explorar caminos de m&aacute;s democracia; para alzar -de forma discreta- utop&iacute;as cotidianas de esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gemma Ubasart i Gonzàlez, Ricard Gomà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reconstruir-ciudadania-logicas-fraternales-democraticas-proximidad_129_11863214.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Dec 2024 21:06:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reconstruir ciudadanía desde lógicas más fraternales, democráticas y de proximidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciudadanía,Economía colaborativa,Políticas públicas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Espacios y políticas para construir fraternidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/espacios-politicas-construir-fraternidad_129_8704388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5c32b272-b1f9-442f-b4a7-06d89711f9bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Espacios y políticas para construir fraternidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Construir ciudadanía social en el siglo XXI es tarea compleja y necesaria. Tejer un contrato social conectado a las nuevas realidades supone redibujar muchas coordenadas del viejo modelo de bienestar</p></div><p class="article-text">
        <strong>Desigualdades sociales y esferas de segregaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hacia finales de los a&ntilde;os 70 del siglo XX se produce una inflexi&oacute;n, a escala global, en la din&aacute;mica de distribuci&oacute;n social de la renta: se abre un ciclo de crecimiento intenso de las desigualdades en buena parte del mundo. Al entrecruzarse con variables de g&eacute;nero, edad, origen y residenciales, el incremento de la desigualdad da lugar a unas estructuras socioespaciales m&aacute;s complejas y fragmentadas. En la &uacute;ltima d&eacute;cada se han acelerado este tipo de procesos: primero como consecuencia de la gran recesi&oacute;n de 2008 y sus pol&iacute;ticas de austeridad; de forma m&aacute;s reciente, como consecuencia de la crisis sanitaria, social y econ&oacute;mica provocada por la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        El crecimiento reciente de las desigualdades se produce en un marco de fuertes interacciones con las din&aacute;micas de segregaci&oacute;n social, es decir, con la tendencia de distintos grupos a separarse en su cotidianidad, de manera que las vidas de unos y otros transcurren en espacios no compartidos, con interacciones escasas entre ellos. La segregaci&oacute;n resulta por tanto en la pr&aacute;ctica inexistencia de mixtura; expresa la fragilidad o ausencia de escenarios de mezcla, de comunidades con vinculaciones cruzadas. Sucede que cuando la construcci&oacute;n de igualdad se debilita, las segregaciones tienden a ensancharse; la cristalizaci&oacute;n progresiva de esferas segregadas genera entonces nuevas condiciones de ampliaci&oacute;n de desigualdades. En sentido opuesto, la existencia y la calidad de espacios de mixtura, de comunidades diversas con alta densidad relacional, opera como factor promotor de horizontes de equidad. Es el n&uacute;cleo de la tesis de Klinenberg en <em>Palacios del pueblo&rsquo;</em>: la construcci&oacute;n de valores compartidos requiere espacios compartidos. Una sociedad m&aacute;s igualitaria exige una infraestructura social que la sustente en t&eacute;rminos de cotidianidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Transitan nuestras vidas por esferas de segregaci&oacute;n, con mayor o menor intensidad seg&uacute;n en qu&eacute; &aacute;mbitos? &iquest;Operan estas fragmentaciones como motor de crecimiento de la desigualdad?. En <em>&iquest;Vidas segregadas?. Reconstruir fraternidad&rsquo;</em>, libro colectivo de pr&oacute;xima aparici&oacute;n, se exploran elementos de respuesta. Emergen los rasgos que caracterizan esas esferas de vida donde las desigualdades cristalizan en segregaciones, all&iacute; donde la cotidianidad se fractura. Son procesos de fragmentaci&oacute;n socioresidencial, junto a l&oacute;gicas de desvinculaci&oacute;n relacional y fragilidad comunitaria, as&iacute; como segregaciones con sesgos de clase y g&eacute;nero en las din&aacute;micas cotidianas de movilidad. Son escuelas y redes de escolarizaci&oacute;n segregadas, junto a espacios educativos extraescolares fuertemente excluyentes, as&iacute; como l&oacute;gicas fragmentadas de acceso y pr&aacute;ctica cultural. Son esferas segregadas de atenci&oacute;n sanitaria seg&uacute;n niveles de renta, y &lsquo;desiertos de alimentaci&oacute;n saludable&rsquo; en barrios de alta vulnerabilidad. Son finalmente capacidades institucionales y c&iacute;vicas en barrios de rentas medias, junto a &aacute;reas de alta vulnerabilidad privadas del capital relacional necesario para revertir sus m&uacute;ltiples desventajas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La acumulaci&oacute;n de este conjunto de dimensiones ofrece el mosaico de la segregaci&oacute;n cotidiana. Para superar esta l&oacute;gica, e impulsar transiciones hacia escenarios de mixtura igualitaria se hacen necesarias pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de nuevo tipo y pr&aacute;cticas de innovaci&oacute;n social, as&iacute; como pautas de interacci&oacute;n entre ellas: espacios de construcci&oacute;n de lo com&uacute;n, &lsquo;palacios del pueblo&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hacia un nuevo contrato social: pol&iacute;ticas para construir fraternidad</strong>
    </p><p class="article-text">
        El contrato social posb&eacute;lico implic&oacute; en la Europa democr&aacute;tica un amplio ejercicio colectivo de solidaridad. Las instituciones de bienestar, sobre todo las de car&aacute;cter universal, impulsaron el encuentro entre grupos sociales con independencia de sus niveles de renta y mantuvieron por tanto activas las condiciones cotidianas de la igualdad. Pero el estado de bienestar no s&oacute;lo ha actuado como palanca de igualdad y de mezcla. En ciertas circunstancias ha operado tambi&eacute;n como factor de segregaci&oacute;n. Cuando las pol&iacute;ticas sociales no son universales (por ejemplo, programas selectivos por niveles de renta), ni se incardinan en procesos de construcci&oacute;n de comunidad (por ejemplo, equipamientos p&uacute;blicos ajenos al tejido social del territorio) pueden contribuir a reforzar din&aacute;micas de fragmentaci&oacute;n. Un ejemplo hist&oacute;rico de este fen&oacute;meno, de n&iacute;tidas caracter&iacute;sticas socioespaciales, fue la construcci&oacute;n masiva de vivienda p&uacute;blica en las periferias de las grandes ciudades europeas: el derecho a la vivienda se hizo tangible en t&eacute;rminos de segregaci&oacute;n urbana.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en un contexto de cambio de &eacute;poca, la reconstrucci&oacute;n de ciudadan&iacute;a y sus coordenadas de debate deber&iacute;an situarse en el tipo de valores y pol&iacute;ticas necesarias para tejer igualdades y mezclas, para hacerlo respetando diferencias y autonom&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo erigir una dimensi&oacute;n de fraternidad potente en el n&uacute;cleo de una ciudadan&iacute;a social posible para el siglo XXI? &iquest;Puede dibujarse una agenda de transici&oacute;n hacia escenarios cotidianos de mixtura igualitaria? Emerge el reto de explorar pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas orientadas a rearticular espacios compartidos y v&iacute;nculos, a generar lugares y redes de mezcla e hibridaci&oacute;n de grupos y funciones. Parece evidente, adem&aacute;s, que la vertiente de fraternidad deber&iacute;a tejerse desde pol&iacute;ticas de proximidad y por tanto desde poderes locales m&aacute;s fuertes; as&iacute; como desde la profundizaci&oacute;n democr&aacute;tica y por tanto desde la cocreaci&oacute;n ciudadana de esas pol&iacute;ticas. Podemos considerar cinco ejes vertebradores. &Aacute;mbitos donde tejer el entramado pol&iacute;tico y comunitario de la mixtura: ese nuevo contrato social que, ahora s&iacute;, articule igualdad con fraternidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Regeneraci&oacute;n urbana. </strong>El conjunto de vulnerabilidades vinculadas a la segregaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n habitacional ganan centralidad en la estructura emergente de riesgos sociales. Frente a h&aacute;bitats fragmentados y desiguales, surge la necesidad de una bateria de pol&iacute;ticas urbanas por el derecho a la ciudad, como componente clave de la agenda de fraternidad: el acceso a la vivienda en todos los entornos urbanos; la seguridad residencial ante din&aacute;micas de gentrificaci&oacute;n; la mejora de barrios vulnerables ante din&aacute;micas de degradaci&oacute;n; y la configuraci&oacute;n de espacios urbanos para la movilidad saludable. Una agenda contrasegregadora orientada a crear cotidianidades compartidas en lugares de mixtura social y funcional. &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Inclusi&oacute;n social e interculturalidad. </strong>Los escenarios de fragmentaci&oacute;n desigual cristalizan en el espacio urbano, y lo hacen tambi&eacute;n en su geograf&iacute;a humana: interaccionan vulnerabilidad residencial y exclusi&oacute;n social. Las estrategias de inclusi&oacute;n deber&iacute;an desarrollarse en dos campos principales. <strong>a)</strong> La pobreza severa remite al fortalecimiento de las redes de servicios sociales. Frente a las fracturas en el tejido de la cohesi&oacute;n, resulta fundamental la existencia de unos servicios sociales universales, promotores de la autonom&iacute;a personal y los lazos comunitarios, con capacidad de impulsar l&oacute;gicas de empoderamiento que situen a personas y colectivos vulnerables como sujetos activos de sus propios itinerarios de inclusi&oacute;n. <strong>b)</strong> Las ciudades han ido transitando hacia la heterogeneidad de or&iacute;genes. La agenda de fraternidad remite al modelo intercultural, definido por la voluntad de generar simult&aacute;neamente condiciones de igualdad pol&iacute;tica, inclusi&oacute;n social y reconocimiento cultural. Y tanto m&aacute;s importante: sin coexistencias cotidianas en paralelo. Con reglas de juego acordadas que hagan posible la interacci&oacute;n, barrio a barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;Acci&oacute;n comunitaria. </strong>La segregaci&oacute;n comunitaria implica m&uacute;ltiples fragilidades en la esfera relacional: interacciones d&eacute;biles y lazos solidarios escasos; soledades forzadas y din&aacute;micas de aislamiento; vidas desvinculadas de sus entornos. La acci&oacute;n comunitaria como gram&aacute;tica de respuesta se orienta al empoderamiento personal y colectivo basado en la centralidad de los v&iacute;nculos y la densidad relacional. En sociedades complejas, la ciudadan&iacute;a -junto a componentes de justicia espacial e inclusi&oacute;n social- debe aportar anclajes comunitarios de vida cotidiana. En clave de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, la acci&oacute;n comunitaria puede desplegarse a trav&eacute;s de: <strong>a)</strong> la l&oacute;gica territorial: planes y marcos de gobernanza a escala de barrio como espacios de cooperaci&oacute;n p&uacute;blico-vecinal de car&aacute;cter integral; <strong>b)</strong> la l&oacute;gica del <em>commoning</em>: consolidaci&oacute;n del tejido de lo com&uacute;n por medio de articulaciones estables entre la acci&oacute;n colectiva y las instituciones de proximidad (cocreaci&oacute;n de pol&iacute;ticas, gesti&oacute;n comunitaria de servicios&hellip;); <strong>c)</strong> la l&oacute;gica infraestructural: acciones impulsadas desde las redes de servicios p&uacute;blicos (educaci&oacute;n, cultura, salud, cuidados&hellip;) para dotar de dimensi&oacute;n comunitaria al bienestar; l&oacute;gica que remite a los equipamientos de proximidad y a la necesidad de convertirlos en bienes comunes, como aportaci&oacute;n a la agenda de la fraternidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Territorios de educaci&oacute;n y cultura. </strong>La escuela p&uacute;blica constituy&oacute; un eje central de igualdad en el contrato social del siglo XX; la articulaci&oacute;n de educaci&oacute;n, cultura y comunidad podr&iacute;a construir una dimensi&oacute;n clave de la agenda de fraternidad en el contrato social del siglo XXI. Transitar hacia un escenario de educaci&oacute;n fraternal implica, en primer lugar, revertir el conjunto de factores que generan segregaci&oacute;n escolar: poner fin a esquemas duales (p&uacute;blica/concertada) que allanan los caminos de huida de las clases medias Pero la desegregaci&oacute;n educativa debe ir m&aacute;s all&aacute; de las escuelas. Ello conduce a dos ideas-fuerza. <strong>a)</strong> La ampliaci&oacute;n educativa hacia el conjunto de los ciclos de vida (universalizar los servicios educativos y de cuidados de 0 a 3 a&ntilde;os). <strong>b)</strong> La ampliaci&oacute;n educativa hacia el conjunto de entornos de vida cotidiana (revertir la segregaci&oacute;n en actividades extraescolares; conectar escuelas y barrios). La vinculaci&oacute;n cultura-educaci&oacute;n, finalmente, emerge como el marco b&aacute;sico donde ubicar la superaci&oacute;n de las segregaciones culturales. Los escenarios de fragmentaci&oacute;n se expresan hoy en circuitos de consumo, m&aacute;s que de participaci&oacute;n cultural; y de mercado, m&aacute;s que de derechos culturales. La transici&oacute;n deber&iacute;a articular un entramado de actividades culturales inclusivas y de proximidad, as&iacute; como dotar de centralidad a los espacios comunitarios&nbsp;y reconocer los activos culturales ciudadanos no formalizados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Barrios y vidas saludables. </strong>La conexi&oacute;n salud-alimentaci&oacute;n-ecolog&iacute;a aparece como pieza clave en la transici&oacute;n hacia nuevos escenarios cotidianos de mixtura. En el terreno de la salud puede plantearse por un lado un giro hacia la proximidad, fortaleciendo la red de centros de atenci&oacute;n primaria en los barrios. Y por otro lado un giro comunitario que permita forjar procesos de construcci&oacute;n colectiva de la salud entre recursos p&uacute;blicos y tejido vecinal-asociativo. En la dimensi&oacute;n alimentaria, priorizar la acci&oacute;n contrasegregadora implica reforzar de forma articulada el eje social: cobertura de necesidades alimentarias de personas y colectivos en riesgo de exclusi&oacute;n; el eje territorial: mejora de los entornos alimentarios locales en barrios de rentas bajas; y el eje comunitario: apoyo a iniciativas ciudadanas de solidaridad alimentaria y de consumo agroecol&oacute;gico. No podemos olvidar, por &uacute;ltimo, las segregaciones vinculadas a los determinantes ambientales de la salud. Los barrios fr&aacute;giles sufren de forma m&aacute;s intensa las consecuencias del cambio clim&aacute;tico y de la contaminanci&oacute;n. Es por ello que las pol&iacute;ticas urbanas de transici&oacute;n energ&eacute;tica y movilidad sostenible son relevantes en tanto que pol&iacute;ticas de salud y resultan adem&aacute;s fundamentales en su contribuci&oacute;n a la justicia socioespacial.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, construir ciudadan&iacute;a social en el siglo XXI es tarea compleja y necesaria. Las dimensiones del cambio de &eacute;poca nos ubican en transiciones vitales in&eacute;ditas. Tejer un contrato social conectado a las nuevas realidades supone redibujar muchas coordenadas del viejo modelo de bienestar. Implica, en todo caso, superar las relaciones contradictorias entre los reg&iacute;menes de bienestar cl&aacute;sicos y las esferas cotidianas de segregaci&oacute;n. Explorar caminos que hagan posible forjar una agenda de fraternidad como dimensi&oacute;n central de los procesos de innovaci&oacute;n y cambio; trazar geograf&iacute;as compartidas como infraestructuras cotidianas de emancipaci&oacute;n; dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de generaci&oacute;n de mixturas, y pr&aacute;cticas colectivas donde producir los v&iacute;nculos cotidianos de esas mixturas. Tal vez as&iacute; pueda reescribirse la gram&aacute;tica de la igualdad. Tal vez as&iacute; pueda tomar un nuevo sentido la pulsi&oacute;n humanista del viejo estado de bienestar.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ismael Blanco, Ricard Gomà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/espacios-politicas-construir-fraternidad_129_8704388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Feb 2022 06:55:10 +0000]]></pubDate>
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