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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laura Hojman]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laura-hojman/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laura Hojman]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Detrás de la nueva espiritualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/detras-nueva-espiritualidad_132_13150627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c7281ac0-da02-4029-b82e-08105a24d81c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Detrás de la nueva espiritualidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la comunidad desaparece nos quedamos a la intemperie, pero la necesidad de pertenencia es profundamente humana</p></div><p class="article-text">
        Cuenta la redactora del The New Yorker Jia Tolentino, en su libro Falso Espejo, que creci&oacute; en el seno de una iglesia evang&eacute;lica ultraconservadora en Houston. Describe la ciudad del estado de Texas como un lugar desmesurado, imposible de abarcar. M&aacute;s de diecis&eacute;is mil kil&oacute;metros cuadrados de &aacute;rea metropolitana, una extensi&oacute;n tan vasta que desactiva cualquier dimensi&oacute;n de lo colectivo. En Houston, cuenta, el espacio p&uacute;blico pr&aacute;cticamente no existe: &ldquo;<em>las autov&iacute;as son, a decir verdad, el &uacute;nico espacio p&uacute;blico real de la ciudad, el &uacute;nico lugar en el que la gente, fuera de sus enclaves personales, est&aacute; al lado de otros&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La ciudad crece a un ritmo impredecible y fren&eacute;tico, su poblaci&oacute;n se diversifica, pero lo hace en compartimentos estancos, con alta dependencia del coche y con una ausencia de espacios donde construir una vida comunitaria.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso, explica, tantas familias (como la suya, hija de inmigrantes filipinos), gravitaban hacia las megaiglesias. No tanto por una cuesti&oacute;n de fe como por la necesidad de una escala en la que se hiciera posible construir v&iacute;nculos sociales. Dentro de ellas, Houston dejaba de ser inabarcable y se volv&iacute;a, por fin, una ciudad de tama&ntilde;o humano.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en ello mientras me preguntaba por las causas de este repunte de lo espiritual y de los grupos religiosos entre los j&oacute;venes en Espa&ntilde;a. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, las iglesias evang&eacute;licas se han multiplicado en nuestro pa&iacute;s, los retiros espirituales viven un aut&eacute;ntico boom desde la pandemia, grupos de m&uacute;sica cristiana como Hakuna congregan a miles de fans en conciertos, y Rosal&iacute;a pone de moda la iconograf&iacute;a cat&oacute;lica mientras habla de la importancia de la fe y la oraci&oacute;n en su vida: <em>&ldquo;Ahora rezo m&aacute;s que ir a terapia&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en que quiz&aacute; no se trate tanto de un regreso a la fe sino de la necesidad de algo m&aacute;s b&aacute;sico, la comunidad. Me da la sensaci&oacute;n de que no es que los j&oacute;venes crean m&aacute;s, sino de que est&aacute;n m&aacute;s solos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestras vidas se han replegado hacia el interior y hacia las pantallas de nuestros teléfonos, agendar un encuentro con nuestros amigos se ha hecho casi más difícil que conseguir cita con el dermatólogo, los parques están cada vez menos poblados de niños y más por maletas rodantes, la militancia y la lucha colectiva ha devenido en poner tuits</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No caer&eacute; en idealizar mi infancia, ni mucho menos. Ser una ni&ntilde;a en los ochenta y noventa no fue un camino de rosas, pero s&iacute; recuerdo ese mundo pre redes sociales en el que bastaba tocar el timbre de tus amigos para que bajaran a jugar a la calle. Recuerdo tambi&eacute;n el cine de verano de mi barrio, la piscina p&uacute;blica, las vel&aacute;s (peque&ntilde;as ferias que montaban los vecinos), o los locales que ten&iacute;an los sindicatos y que aglutinaban la actividad vecinal.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso ha ido desapareciendo y, aunque no vivamos en Houston, nuestro modo de vida se parece cada vez m&aacute;s. Nuestras vidas se han replegado hacia el interior y hacia las pantallas de nuestros tel&eacute;fonos, agendar un encuentro con nuestros amigos se ha hecho casi m&aacute;s dif&iacute;cil que conseguir cita con el dermat&oacute;logo, los parques est&aacute;n cada vez menos poblados de ni&ntilde;os y m&aacute;s por maletas rodantes, la militancia y la lucha colectiva ha devenido en poner tuits.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la comunidad desaparece nos quedamos a la intemperie, pero la necesidad de pertenencia es profundamente humana, y ah&iacute; es donde las iglesias parecen haber sabido ver el hueco. No se trata solo de fe. Ofrecen una estructura, rituales, grupo, convivencia, sentido.
    </p><p class="article-text">
        Ayer escuchaba a Oliver Laxe decir que la modernidad y la ilustraci&oacute;n nos hab&iacute;an fallado, que necesit&aacute;bamos volver a la tradici&oacute;n y reespiritualizar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Creo que tiene raz&oacute;n en que algo est&aacute; fallando pero discrepo con la soluci&oacute;n propuesta. No creo que necesitemos espiritualidad sino comunidad: centros culturales, bibliotecas con presupuesto para actividades, cineclubs, parques, espacios p&uacute;blicos para hacer deporte, teatros, centros de salud, tiempo para vivir, ciudades que inviten a estar y no solo a consumir.
    </p><p class="article-text">
        Si no somos capaces de construir y defender estos espacios, no deber&iacute;a extra&ntilde;arnos que otros, m&aacute;s estructurados y h&aacute;biles, acaben ocup&aacute;ndolos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/detras-nueva-espiritualidad_132_13150627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Detrás de la nueva espiritualidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Creadores de contenido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/creadores-contenido_132_13118258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eed2875d-ed84-4f98-a6a9-e03c1d05cfbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Creadores de contenido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Estamos dejando de ser personas para convertirnos en productos de consumo? ¿Nos estamos convirtiendo en un anuncio de nosotros mismos? ¿Necesitamos serlo para que las marcas, las empresas o quien sea que maneja el capital invierta en nosotros?</p></div><p class="article-text">
        Mido 1,57, as&iacute; que he asumido, no sin frustraci&oacute;n, que mi visi&oacute;n en conciertos u otro tipo de eventos multitudinarios, ya no ser&aacute; la del artista en el escenario o lo que sea que est&eacute; pasando en ese lugar. Lo &uacute;nico que ver&eacute; ante mis ojos ser&aacute;n <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/historia-no-repita_132_13083924.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pantallas</a>, cientos de pantallas de tel&eacute;fonos m&oacute;viles alzadas sobre las cabezas de sus due&ntilde;os, grab&aacute;ndolo todo.
    </p><p class="article-text">
        A veces me pregunto a d&oacute;nde ir&aacute;n todos esos v&iacute;deos iguales, si a una especie de limbo digital en el que se amontonan como viejos espectros que deambulan sin rumbo una vez cumplida su funci&oacute;n de acumular unos cuantos <em>likes</em>.
    </p><p class="article-text">
        Desear&iacute;a que al menos, aquellos que han decidido dejar de vivir la vida para grabarla, lo hicieran a la altura de sus rostros. Pero m&aacute;s all&aacute; de la falta de consideraci&oacute;n hacia los dem&aacute;s, hay algo que me aterra todav&iacute;a m&aacute;s, y es que ese gesto se ha convertido en una forma de estar en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Las experiencias se han sustituido por la <em>performance </em>de las mismas. El sentido ha dejado de ser emocionarse, bailar, divertirse o sentir para transformarse en una necesidad de producir contenido listo para ser consumido y validado por los dem&aacute;s. &iquest;Para qu&eacute; pas&aacute;rtelo bien cuando puedes ficcionarlo para tus espectadores?
    </p><p class="article-text">
        Esta semana se ha hecho viral un v&iacute;deo de varias <em>influencers </em>en el concierto de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/rosalia-resucita-madrid-levitar-fans-concierto-apabullante_129_13110628.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rosal&iacute;a</a>. Todas apuntan la c&aacute;mara de su tel&eacute;fono hacia s&iacute; mismas mientras corean la letra de <em>La Perla</em> frente a la pantalla. Rosal&iacute;a queda fuera de plano y entonces me doy cuenta de que a&uacute;n pod&iacute;a ser peor. La evoluci&oacute;n de esa necesidad de registrarlo todo ha desplazado el foco de lo que ocurre fuera hacia uno mismo. El <em>yo </em>ocupa todo el encuadre y entonces todo se me hace mucho m&aacute;s inquietante.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Estamos dejando de ser personas para convertirnos en productos de consumo? &iquest;Nos estamos convirtiendo en un anuncio de nosotros mismos? &iquest;Necesitamos serlo para que las marcas, las empresas o quien sea que maneja el capital invierta en nosotros?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Observo a niños pequeños que reproducen gestos y frases de TikTok o que conocen perfectamente el mejor ángulo en el que colocarse para la cámara, a gente que elige sus destinos de vacaciones en función de lo bien que quedará ese escenario en las fotos y vídeos que después subirán a redes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esto, que hace unos a&ntilde;os parec&iacute;a posible solo en pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n, es ya una realidad para miles de personas que han hecho de su <em>yo </em>digital en las redes su modo de vida, su lugar de trabajo, su modo de relacionarse y hasta en su propia identidad. Y lo que realmente me perturba no son los &ldquo;<em>infuencers </em>profesionales&rdquo;, sino la aspiraci&oacute;n de tantas personas a serlo. El c&oacute;mo los c&oacute;digos de este tipo de conducta est&aacute;n penetrando en nuestra vida cotidiana y comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        Observo a ni&ntilde;os peque&ntilde;os que reproducen gestos y frases de TikTok o que conocen perfectamente el mejor &aacute;ngulo en el que colocarse para la c&aacute;mara, a gente que elige sus destinos de vacaciones en funci&oacute;n de lo bien que quedar&aacute; ese escenario en las fotos y v&iacute;deos que despu&eacute;s subir&aacute;n a redes, chicas j&oacute;venes que se someten a procedimientos est&eacute;ticos para que su cara se parezca m&aacute;s a la del filtro de Instagram, percibo cada d&iacute;a esa necesidad de convertir cualquier cosa, hasta la m&aacute;s &iacute;ntima, en contenido. Somos los protagonistas de <em>El Show de Truman</em> por voluntad propia.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto qu&eacute; tipo de memoria estamos construyendo con esta simulaci&oacute;n de la vida hacia fuera. Las experiencias generan recuerdos, y los recuerdos identidad, anclaje, v&iacute;nculos, emoci&oacute;n. Si estamos tan ocupados por registrar, editar y simular los momentos mientras estos pasan de largo ante nuestras narices &iquest;con qu&eacute; nutriremos nuestras vidas?
    </p><p class="article-text">
        Nuestros ojos pegados a las pantallas est&aacute;n atrofiando la capacidad del cuerpo para registrar emociones. Y entonces, &iquest;qu&eacute; nos quedar&aacute;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/creadores-contenido_132_13118258.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 20:02:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Creadores de contenido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conciertos,Cultura,Rosalía,Digitalización,Redes sociales,TikTok,Música,Festivales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que la historia no se repita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/historia-no-repita_132_13083924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd8a610e-32e2-4c7b-9aea-17fb07149863_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que la historia no se repita"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No, no es ninguna causalidad que esto coincida con el auge de la extrema derecha, con los discursos reaccionarios, con el Trumpismo, con la vuelta a los valores tradicionales</p></div><p class="article-text">
        Estoy enfadada, dolida, rabiosa. Lo estoy porque fui ni&ntilde;a en los ochenta y adolescente en los noventa. Y si son mujeres de mi generaci&oacute;n, sabr&aacute;n lo que eso significa: crecer odiando tu cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Odi&aacute;ndolo porque ten&iacute;a carne. Porque nunca se parec&iacute;a lo suficiente al modelo aspiracional que se nos impon&iacute;a desde la m&uacute;sica, la moda, el cine, los videoclips, las revistas y toda la cultura que nos rodeaba. El de chicas con cuerpos min&uacute;sculos, fr&aacute;giles, con huesos marcados, una delgadez extrema que no representaba solo un ideal de belleza, sino que era un signo de estatus, de encajar, justo en ese momento vital en el que todos necesitamos precisamente eso.
    </p><p class="article-text">
        Ser una adolescente en estos a&ntilde;os era comprar revistas que junto a la foto de tu grupo favorito en la portada llevaban titulares como: &ldquo;Pierde cinco kilos en una semana&rdquo;, &ldquo;elimina tu barriga&rdquo;, &ldquo;controla tu apetito en 10 pasos&rdquo;. Era que a Kate Winslet la llamaran gorda en Titanic, que se hicieran chistes sobre su peso en los principales programas, que llegaran a decirle que si no adelgazaba tendr&iacute;a que conformarse con papeles de gorda. (Busquen una foto de la actriz en Titanic y observen su delgada silueta y su estrecha cintura). Era que te escupieran a ti ese &ldquo;gorda&rdquo; como el peor de los insultos.
    </p><p class="article-text">
        El ideal de belleza de estos a&ntilde;os se llamaba &ldquo;heroin chic&rdquo;, es decir, una est&eacute;tica que imitaba las consecuencias del consumo de hero&iacute;na: cuerpos esquel&eacute;ticos, de aspecto fr&aacute;gil, enfermizo.
    </p><p class="article-text">
        Se nos ense&ntilde;&oacute; que nuestros cuerpos ten&iacute;an que menguar hasta casi desaparecer, la anorexia y la bulimia se dispararon entre adolescentes y mujeres j&oacute;venes, y a muchas, nos dej&oacute; una huella que nunca desapareci&oacute;. Una huella en forma de rechazo, de juicio, de culpa cuando todav&iacute;a hoy nos comemos una galleta de chocolate.
    </p><p class="article-text">
        Parec&iacute;a que ese horror hab&iacute;a pasado, que hab&iacute;amos superado todo aquello, que los cuerpos diversos estaban cada vez m&aacute;s representados, que la carne real con presencia, con celulitis, con volumen ya no era motivo de escarnio, que lo que quer&iacute;amos era estar fuertes y ocupar el espacio. Pero ver la alfombra roja de los &Oacute;scar el pasado fin de semana supuso la constataci&oacute;n de algo que ven&iacute;amos atisbando en los &uacute;ltimos tiempos: el regreso de la extrema delgadez como modelo est&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Me doli&oacute; como una herida sangrante.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me ha emocionado no verme sola en esto, leer a numerosas mujeres alzar la voz igual de escandalizadas que yo. Porque la adolescencia nos dejó una herida, pero también un conocimiento y una especie de legado para las nuevas generaciones. El de no dejar que vuelvan a pasar por lo mismo que nosotras. Esta vez no</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Es casualidad que justo ahora a las mujeres se nos lance ese mensaje? No. Es un signo de los tiempos que corren. Lo explic&oacute; Naomi Wolf en <em>'El mito de la belleza'</em>: cada avance feminista conlleva una reacci&oacute;n. Cuando las mujeres avanzan en derechos, en presencia p&uacute;blica, en autonom&iacute;a, el sistema encuentra nuevas formas de disciplinarlas. Y una de las m&aacute;s poderosas es esta: hacer que odien sus cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        El canon est&eacute;tico extremo funciona como un muro de contenci&oacute;n, porque una mujer que gasta todos sus recursos, energ&iacute;a y tiempo en intentar corregirse para ser digna de la aprobaci&oacute;n social, una mujer insegura, con la autoestima mermada, es una mujer mucho m&aacute;s inofensiva para el sistema. Los cuerpos disciplinados son d&oacute;ciles, est&aacute;n debilitados y no concentrar&aacute;n sus energ&iacute;as en cuestionar al poder.
    </p><p class="article-text">
        No, no es ninguna causalidad que esto coincida con el auge de la extrema derecha, con los discursos reaccionarios, con el Trumpismo, con la vuelta a los valores tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Pero al mismo tiempo, me ha emocionado no verme sola en esto, leer a numerosas mujeres alzar la voz igual de escandalizadas que yo. Porque la adolescencia nos dej&oacute; una herida, pero tambi&eacute;n un conocimiento y una especie de legado para las nuevas generaciones. El de no dejar que vuelvan a pasar por lo mismo que nosotras. Esta vez no.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo de poner el cuerpo cobre ahora m&aacute;s sentido que nunca. Utilizar nuestras cicatrices para frenar esta locura. Que la historia no se repita. Que no pasen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/historia-no-repita_132_13083924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 19:52:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Que la historia no se repita]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Anorexia,Obesidad,Mujer,Igualdad,Discriminación de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un sistema entero de referencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/sistema-entero-referencias_132_13066011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03a68a62-5470-4fb6-8e88-d4a2366be85b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un sistema entero de referencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo será ese mundo sin escenas a las que volver, canciones con las que llorar o historias en las que reconocernos cuando nos sentimos perdidos?</p></div><p class="article-text">
        Hay una escena en la pel&iacute;cula &ldquo;La peor persona del mundo&rdquo;, de Joachim Trier, que siempre me hace llorar. Aksel, visiblemente enfermo, le dice a Julie que siente que el mundo que conoc&iacute;a ha desaparecido:&nbsp;<em>&ldquo;Crec&iacute; en un mundo sin internet ni tel&eacute;fonos m&oacute;viles. Suena a queja de viejo pero pienso mucho en ello&rdquo;.&nbsp;</em>Le habla de una &eacute;poca en la que la cultura se transmit&iacute;a por los objetos:&nbsp;<em>&ldquo;Viv&iacute;amos rodeados de ellos. Pod&iacute;as cogerlos, tenerlos en las manos, compararlos. Pod&iacute;as mirar la portada de un disco durante horas. Leer los cr&eacute;ditos. Descubrir qui&eacute;n hab&iacute;a tocado la guitarra, qui&eacute;n hab&iacute;a producido el &aacute;lbum&hellip; y a partir de ah&iacute; encontrar otras cosas. Era un sistema entero de referencias&rdquo;.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como un vestigio de otro tiempo,<em>&nbsp;</em>Aksel recuerda una &eacute;poca en la que acumul&aacute;bamos conocimientos y experiencias a trav&eacute;s de discos, c&oacute;mics, libros, pel&iacute;culas...&nbsp;<em>&ldquo;Ahora siento que todo lo que tengo son conocimientos y recuerdos sobre cosas est&uacute;pidas y sin importancia&hellip; cosas de las que ya nadie se preocupa&rdquo;.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si como yo pasaron su adolescencia cogiendo el autob&uacute;s los s&aacute;bados para ir al cine, pasando horas en tiendas de discos donde pod&iacute;an ponerse unos auriculares y escuchar un &aacute;lbum completo, ahorrando para comprar el &uacute;ltimo de su grupo favorito y despu&eacute;s, en casa, abrirlo con emoci&oacute;n para leer las letras de las canciones; grabando cintas VHS cuando por fin pon&iacute;an en televisi&oacute;n esa pel&iacute;cula que tanto les gustaba y quer&iacute;an guardarla para verla una y otra vez y, maldita sea, la cinta se acababa justo antes del final. Si sus primeros gestos de amor fueron grabar una cinta de casete o un CD recopilatorio para la persona que les gustaba, si recuerdan las visitas al videoclub, supongo que las palabras de Aksel les ara&ntilde;an el pecho tanto como a m&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablan del final de un modo de construir nuestra identidad, de la obsolescencia de aquellas cosas que significaron algo importante para nosotros, que de alg&uacute;n modo, defin&iacute;an qui&eacute;nes &eacute;ramos.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me siento tan vieja como Aksel cuando caigo en la cuenta de que lo que construye el imaginario de estos jóvenes, su identidad, sus referencias, no son las películas, ni la música, ni quizá, las experiencias colectivas, sino el contenido viral de TikTok, los reels, los memes y aquello que dicte el algoritmo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pens&eacute; mucho en ellas tras el famoso episodio de la chica influencer de la alfombra roja del Festival de M&aacute;laga a la que le piden que recomiende una pel&iacute;cula. Tras un silencio inc&oacute;modo en el que la influencer no sabe d&oacute;nde meterse, pregunta: &ldquo;Pero una pel&iacute;cula... &iquest;qu&eacute; rollo?&rdquo;. La periodista le dice que una pel&iacute;cula espa&ntilde;ola, ya que estamos en un festival de cine espa&ntilde;ol. Y tras otros segundos que se hacen interminables mientras trata de solucionar la papeleta, por fin ve la luz diciendo: &ldquo;La nueva de ocho apellidos&rdquo;. No sabemos si se refiere a <em>Ocho apellidos catalanes</em>, 2015 o a <em>Ocho apellidos marroqu&iacute;s</em>, 2023. Lo que es seguro es que ninguna es nueva, que las ha visto en Netflix y que ir un festival de cine y que le preguntaran por una pel&iacute;cula se le hizo completamente extra&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la cuesti&oacute;n de si tiene sentido o no lo de los influencers en los festivales o galas de cine, lo que me cay&oacute; como una losa fue la evidencia de que hay generaciones para las que el cine es algo totalmente ajeno, lejano, prescindible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me siento tan vieja como Aksel cuando caigo en la cuenta de que lo que construye el imaginario de estos j&oacute;venes, su identidad, sus referencias, no son las pel&iacute;culas, ni la m&uacute;sica, ni quiz&aacute;, las experiencias colectivas, sino el contenido viral de TikTok, los reels, los memes y aquello que dicte el algoritmo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es una cr&iacute;tica hacia ellos, ni mucho menos, eso s&iacute; que ser&iacute;a de vieja. Al fin y al cabo viven el tiempo que les ha tocado, un tiempo marcado por la velocidad y el consumo r&aacute;pido. Hoy vemos m&aacute;s im&aacute;genes que nunca, pero desaparecen enseguida para ser sustituidas por otras nuevas, se venden libros, pero en las redes se presume de haber le&iacute;do cincuenta en un mes, cumpliendo alg&uacute;n objetivo que se me escapa, se consumen fragmentos de canciones en los pocos segundos que dura un TikTok.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, en este flujo fren&eacute;tico que no deja espacio para que nada se asiente, respire y deje alg&uacute;n poso duradero en nosotros, me pregunto c&oacute;mo se construye un sistema de referencias, una memoria colectiva. &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; ese mundo sin escenas a las que volver, canciones con las que llorar o historias en las que reconocernos cuando nos sentimos perdidos?
    </p><p class="article-text">
        El cine est&aacute; dejando de ser el lugar donde las personas construyen su imaginario. Y yo empiezo a sentirme como Aksel, fuera de una &eacute;poca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/sistema-entero-referencias_132_13066011.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 20:51:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un sistema entero de referencias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matar las buganvillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/matar-buganvillas_132_13027313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cbc4a13-6b49-4035-8791-2eba47ea4976_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matar las buganvillas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizá la democracia debería parecerse más a un prado que a un jardín versallesco con setos cuadriculados. Un ecosistema que funciona, que atrae a nuevas especies, que crece y varía, que requiere cuidado y no sometimiento</p></div><p class="article-text">
        Empezar&eacute; por las buganvillas.
    </p><p class="article-text">
        Imaginen una peque&ntilde;a urbanizaci&oacute;n de barrio de Sevilla o de cualquier ciudad, una urbanizaci&oacute;n impersonal, rodeada de esas vallas con pinchos que gritan amenaza. Tiene, sin embargo, un peque&ntilde;o parque en el que los ni&ntilde;os sol&iacute;an jugar y los vecinos m&aacute;s mayores sentarse a tomar el sol, y dentro del parque, una hermosa jacaranda de m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Cada primavera, cuando florece, el parque se recubre de una alfombra de flores violetas en un espect&aacute;culo de belleza de esos que hacen olvidar cualquier d&iacute;a duro de trabajo. Mi madre me manda fotos: &ldquo;mira qu&eacute; bonito, debajo de casa&rdquo;, porque esa urbanizaci&oacute;n es donde yo crec&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que los ni&ntilde;os sol&iacute;an jugar, en pasado, porque con los a&ntilde;os el parque se cerr&oacute;, se rode&oacute; de otra verja m&aacute;s y se le ech&oacute; la llave. Algunos vecinos comenzaron a protestar por el ruido, y el ruido se fue, y los juegos de los ni&ntilde;os, y la ruleta y los subibajas en los que hicimos amigos, y los buenos d&iacute;as, c&oacute;mo est&aacute;, qu&eacute; tiempo m&aacute;s bueno hace hoy, c&oacute;mo est&aacute; su madre que hace tiempo que no me la cruzo...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras a&ntilde;os de silencio, descampado y vallas con pinchos, un arquitecto ya retirado es nombrado presidente de la intercomunidad y decide devolver la vida a aquel lugar. El parque se vuelve a abrir y se plantan limoneros que tapan la visi&oacute;n de las rejas. Estos empiezan a crecer hermosos y dan exquisitos limones que los vecinos recogen. Tambi&eacute;n se plantan buganvillas que con los a&ntilde;os van creciendo y dotando al lugar de flores rosas, fucsias, moradas, anaranjadas...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero siempre que algo brota, aparece una resistencia que exige control, l&iacute;mite, disciplina. Y hay quien convierte en una cruzada personal el acabar con todo aquello que no puede uniformar ni someter. Y entonces se talan los &aacute;rboles alegando peligro, se cortan las ramas de los limoneros y se les intenta dar una absurda y artificial forma circular y se arrancan de ra&iacute;z las buganvillas hasta que no quede nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Confieso que me impact&oacute; la visi&oacute;n de las buganvillas arrancadas, pod&iacute;a sentir el odio en ese acto, el deseo macabro de matar lo que est&aacute; vivo y crece de forma desordenada. Me pregunt&eacute; por qu&eacute;, quien puede odiar tanto las buganvillas. Y entonces lo entend&iacute;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Les parecerá una tontería pero creo que las democracias necesitan árboles, parques y flores porque estos generan comunidad, mientras que los espacios duros nos aíslan. La visión de una valla provoca miedo, la de una jacaranda en flor, ganas de salir a la calle</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Existe una larga tradici&oacute;n de pensamiento autoritario relacionado con el orden, el control, la geometr&iacute;a, la uniformidad. Las dictaduras suelen ir acompa&ntilde;adas de una iconograf&iacute;a propia que responde a la necesidad de imponer, de someter, de construir un molde inflexible a lo que todo debe ajustarse. Lo vemos en sus arquitecturas rectas y geom&eacute;tricas, en sus materiales duros y sus superficies lisas y pulidas, en esa escenificaci&oacute;n del orden que impone el camino recto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la vida, la de las plantas, los animales y los seres humanos no tiene nada que ver con eso. Lo que est&aacute; vivo se mueve, crece, se mezcla, es imperfecto e imprevisible, es diverso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la novela El cordero carn&iacute;voro, Agust&iacute;n G&oacute;mez Arcos escribi&oacute; una frase que us&eacute; en mi documental: &ldquo;<em>Te quiero, porque eres el desorden, y a m&iacute; no me gusta el orden</em>&rdquo;. Creo que condensa perfectamente esa libertad de lo que est&aacute; vivo frente al orden asfixiante de la dictadura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la democracia deber&iacute;a parecerse m&aacute;s a un prado que a un jard&iacute;n versallesco con setos cuadriculados. Un ecosistema que funciona, que atrae a nuevas especies, que crece y var&iacute;a, que requiere cuidado y no sometimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Les parecer&aacute; una tonter&iacute;a pero creo que las democracias necesitan &aacute;rboles, parques y flores porque estos generan comunidad, mientras que los espacios duros nos a&iacute;slan. La visi&oacute;n de una valla provoca miedo, la de una jacaranda en flor, ganas de salir a la calle.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso creo que arrancar las buganvillas fue m&aacute;s que un acto contra las plantas, quiz&aacute; nos hable tambi&eacute;n de nuestro tiempo. Y entonces, defender las flores sea m&aacute;s importante de lo que pensamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/matar-buganvillas_132_13027313.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 21:19:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Matar las buganvillas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor de San Valentín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/favor-san-valentin_132_12988655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ce37a8b-1a0f-4f81-bb6c-ed69ea129579_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor de San Valentín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El odio cohesiona y moviliza pero sobre todo destruye. Y reivindicar la ternura, el amor, la comunidad, el cuidado, es disputar el relato, es una forma de resistir y de hacerle frente</p></div><p class="article-text">
        Ayer hice mi visita rutinaria a la florister&iacute;a del barrio. Siempre tiene flores preciosas y extra&ntilde;as entre las que descubro nuevas especies, pero ayer luc&iacute;a especialmente exuberante. Hab&iacute;a varias clases de rosas inglesas (mis favoritas), rosas de pitimin&iacute;, amapolas rojas, iris y todo un estallido de color que har&iacute;a las delicias de cualquier amante de las cosas bellas. &iquest;Y esto? Pregunt&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Es por San Valent&iacute;n, me contest&oacute; Ana, la florista. Yo, nada dada a celebrar esta fiesta porque ya todos sabemos que es una horterada y un invento de El Corte Ingl&eacute;s y blablabl&aacute;, hab&iacute;a olvidado por completo su cercan&iacute;a en el calendario. Por supuesto, le ped&iacute; a Ana que me hiciera un ramito para m&iacute;. &ldquo;Ponme todas las San Valent&iacute;n vibes, por favor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo tengo al lado mientras escribo estas l&iacute;neas y no puedo dejar de mirarlo. Mi escritorio huele a rosas.
    </p><p class="article-text">
        Mis padres llevan 46 a&ntilde;os casados, y desde que tengo uso de raz&oacute;n, siempre, siempre, siempre, el 14 de febrero mi padre le regala a mi madre un ramo de rosas. Y a m&iacute; me parece precioso, qu&eacute; quieren que les diga.
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos en los que el cinismo y el malotismo se consideran cool, en los que la frustraci&oacute;n encuentra refugio en tener alguien a quien odiar y a quien culpar de todo, en los que los discursos de odio son reproducidos con una facilidad terror&iacute;fica, detenerse a comprar flores para recordar el amor puede parecer un gesto ingenuo, pero &iquest;y si precisamente necesitamos recuperar un poco de esa ingenuidad?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nos hemos vuelto expertos en anticipar la decepción, la hemos sentido tantas veces que creemos que no hacernos ilusiones hará que después duela menos. Pero no es verdad, siempre acaba doliendo igual. Y esa anestesia nos ha robado algo enormemente valioso, las ganas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me refiero a esa que nos da la capacidad de creer, la que no anticipa que todo saldr&aacute; mal o ser&aacute; una decepci&oacute;n, la que por el contrario, nos regala el entusiasmo. &iquest;Conocen una sensaci&oacute;n mejor que el entusiasmo? Les ser&eacute; sincera, yo a veces lo echo de menos.
    </p><p class="article-text">
        Extra&ntilde;o esa electricidad vibrante que te impulsa a tirarte de cabeza hacia lo desconocido sin hacer miles de c&aacute;lculos previos, a confiar en las personas o en las ideas o en las promesas, esa que es el motor, el creer que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos vuelto expertos en anticipar la decepci&oacute;n, la hemos sentido tantas veces que creemos que no hacernos ilusiones har&aacute; que despu&eacute;s duela menos. Pero no es verdad, siempre acaba doliendo igual. Y esa anestesia nos ha robado algo enormemente valioso, las ganas.
    </p><p class="article-text">
        Si, como yo, han revisado unas cuantas veces la apote&oacute;sica actuaci&oacute;n de Bad Bunny en la Super Bowl, recordar&aacute;n el r&oacute;tulo con el que cerr&oacute; el show y que pudo verse en todo el estadio: &ldquo;Lo &uacute;nico m&aacute;s poderoso que el odio es el amor&rdquo;. Puede parecer un mensaje tontorr&oacute;n pero en el contexto social y pol&iacute;tico que vivimos, a m&iacute; me parece tremendamente potente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Puede que todo esto les suene a ñoñería pero yo me confieso, soy de las que lloran en las bodas o cuando miro bailar a una pareja de enamorados. Me emociona la gente que se quiere y la ilusión. Quizá necesitemos exhibir un poco más el amor, sin miedo y sin vergüenza, que lo sonrojante sea lo otro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con Trump y sus sangrientas pol&iacute;ticas migratorias, con l&iacute;deres europeos que emulan el trumpismo sin pudor y convierten el se&ntilde;alamiento del otro en estrategia electoral, este mensaje es una llamada de atenci&oacute;n. Porque s&iacute;, el odio cohesiona y moviliza pero sobre todo destruye. Y reivindicar la ternura, el amor, la comunidad, el cuidado, es disputar el relato, es una forma de resistir y de hacer frente a este clima.
    </p><p class="article-text">
        Puede que todo esto les suene a &ntilde;o&ntilde;er&iacute;a pero yo me confieso, soy de las que lloran en las bodas o cuando miro bailar a una pareja de enamorados. Me emociona la gente que se quiere y la ilusi&oacute;n. Quiz&aacute; necesitemos exhibir un poco m&aacute;s el amor, sin miedo y sin verg&uuml;enza, que lo sonrojante sea lo otro.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; denme florister&iacute;as repletas de rosas, corazones con purpurina y alguna dosis de cursiler&iacute;a. Un poco de espacio para el entusiasmo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/favor-san-valentin_132_12988655.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 20:03:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor de San Valentín]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[San Valentín]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[30 relaciones públicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/30-relaciones-publicas_132_12929714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49589f93-7616-4bce-b01c-c87d1bec74b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="30 relaciones públicas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esto no va de él, sino de tratar de señalar desde dónde se habla, porque si hay algo que me enfada, por lo general, es cuando se pasa por alto la condición de privilegio</p></div><p class="article-text">
        En el imaginario colectivo, en el m&iacute;o tambi&eacute;n hasta que empec&eacute; a trabajar en esto, los premios del cine celebran las mejores pel&iacute;culas. La realidad es bien distinta, detr&aacute;s de muchas nominaciones y premios, hay inversi&oacute;n, campa&ntilde;as de marketing, contactos, influencias y lo m&aacute;s importante: grandes empresas y posici&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        A veces ocurre que coincide que esas pel&iacute;culas que llegan son realmente buenas, incluso las mejores. Otras no. Otras ves a obras magn&iacute;ficas, emocionantes, bellas, honestas, interesantes, importantes, no encontrar un hueco en estos lugares y ser, en cierto modo, despreciadas por la industria. Y como dicen en mi tierra, me da coraje. Porque lo que les falta no es calidad, sino tener la capacidad y los recursos para moverse en ciertos c&iacute;rculos.
    </p><p class="article-text">
        Podr&aacute;n pensar que esto de los premios es una tontada. Pues no. Porque este sistema tiene algo perverso y es que dependemos de los puntos que dan las selecciones en determinados festivales y premios, para poder levantar los siguientes proyectos. Esto nos afecta, por supuesto, a las peque&ntilde;as productoras y creadores independientes, para las que algo as&iacute; puede determinar si seguimos trabajando o no. Para otros, ampliamente consolidados y sin ning&uacute;n problema para financiar sus pel&iacute;culas, quiz&aacute; sea m&aacute;s una cuesti&oacute;n de alimentar el ego. O no lo s&eacute;. Me lo pregunto muchas veces.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as, leo sobre la gran campa&ntilde;a que ha llevado a Sirat a los Oscar, con casi 30 relaciones p&uacute;blicas trabajando para ello. Leo tambi&eacute;n sus declaraciones sobre el cine de cereal puro (el suyo), frente al cine pan Bimbo (el de otros). Y observo el contraste con los textos de otros cineastas como Jota Linares o Jimina Sabad&uacute; que ponen palabras a la realidad que vivimos muchos en este sector y que tiene que ver con la precariedad, con la necesidad de hacer miles de trabajos a la vez para sostenernos, con el cansancio o con&nbsp;plantearse abandonar porque una no puede m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por si hace falta aclararlo, creo que Laxe es un gran cineasta y sus anteriores pel&iacute;culas, &ldquo;Mimosas&rdquo; y &ldquo;O que arde&rdquo;, me parecen unas obras bell&iacute;simas. Y de hecho, esto no va de &eacute;l, sino de tratar de se&ntilde;alar desde d&oacute;nde se habla, porque si hay algo que me enfada, por lo general, es cuando se pasa por alto la condici&oacute;n de privilegio. O peor a&uacute;n, cuando se nos intenta iluminar o dar lecciones desde las alturas. No, no se puede hablar de &ldquo;hackear al sistema&rdquo; cuando eres la personificaci&oacute;n del sistema.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Experimentar estética o artísticamente cuando cuando tienes una red económica que te sostiene y todo el tiempo del mundo, que viene a ser lo mismo, no es un acto de riesgo, sino, muchas veces, la seguridad de no tener nada (realmente importante) que perder</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esto me recuerda a cierto tipo de cine celebrado como autoral, comprometido y valiente, con tintes sociales, que sale desde mas&iacute;as en el Empord&agrave; o escuelas privadas imposibles de pagar para cualquier familia trabajadora. Claro que muchas de esas pel&iacute;culas son buenas, pero cuando son aplaudidas como arriesgadas, justo con esa palabra, &ldquo;riesgo&rdquo;, no puedo evitar que se me revuelva un poquito la conciencia de clase. Porque riesgo es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Experimentar est&eacute;tica o art&iacute;sticamente cuando tienes una red econ&oacute;mica que te sostiene y todo el tiempo del mundo, que viene a ser lo mismo, no es un acto de riesgo, sino, muchas veces, la seguridad de no tener nada (realmente importante) que perder.
    </p><p class="article-text">
        El cine, la cultura en general, tambi&eacute;n est&aacute; atravesada por la clase y ser&iacute;a un ejercicio de honestidad reconocerlo. Reconocer que no todos partimos desde el mismo lugar, que una pel&iacute;cula independiente, de bajo presupuesto y hecha fuera de Madrid o Barcelona, muy dif&iacute;cilmente podr&aacute; ocupar los mismos espacios, ni acceder a las mismas oportunidades, ni ser le&iacute;da con los mismos c&oacute;digos.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a tambi&eacute;n maravilloso que la industria y&nbsp;las instituciones que la conforman, dejaran de mirar &uacute;nicamente los relatos de &eacute;xito y de todo aquello que brilla, y se empezaran a preguntar por todo lo que no llega a existir, por las pel&iacute;culas que mueren antes de nacer, las que se quedan por el camino no por falta de talento o de ideas, sino por un sistema que no es igual de justo para todos ni ofrece las mismas herramientas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/30-relaciones-publicas_132_12929714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jan 2026 22:30:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[30 relaciones públicas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cineastas,Cine,Industria cultural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Películas de Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/peliculas-navidad_132_12860071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf76f195-d738-4407-a942-4a3a7b52be14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Películas de Navidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quiero creer en historias donde a la gente le pasan cosas. Donde la vida ocurre y no se observa a través de la pantalla de un móvil donde el mundo se ha vuelto pequeño y el pulgar desliza compulsivamente y los ojos se cansan</p><p class="subtitle">Cinco películas para defender la Navidad como la mejor época del año
</p></div><p class="article-text">
        Aqu&iacute; va una opini&oacute;n impopular. Adoro las pel&iacute;culas de navidad. Incluso esas a las que el tiempo no ha tratado bien y que se han quedado con tufo machistilla y rancio, me da igual. Me dan algo as&iacute; como esperanza, o quiz&aacute; no sea esa la palabra, esperen. Refugio. S&iacute;, eso es, refugio. Porque a veces necesito pensar que todo va a ir bien, meterme en un rinc&oacute;n calentito y blando de amistad, reencuentros y buenas intenciones en el que sabes que el final no te sorprender&aacute; porque acabar&aacute; inevitablemente bien. 
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute; bien as&iacute;, justo as&iacute;, porque las sorpresas y la incertidumbre pesan m&aacute;s a final de a&ntilde;o, porque te encuentras pensando: por favor, por favor, solo quiero algo seguro, una tabla s&oacute;lida que me sostenga un rato, dos horas, las que sean, y que ya despu&eacute;s, si quiere, se desvanezca.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta estar ah&iacute; aunque sepa que es una mentira, que volver&eacute; a sentirme sola y triste y desubicada, que volver&eacute; a maldecir las injusticias del mundo con la rabia que me quema el pecho, que volver&eacute; a sentirme afuera, ese afuera que te atenaza cuando observas la ligereza de los otros y no entiendes por qu&eacute;. Y te recuerda a esa herida de clase que a veces se te olvida pero que regresa y supura con cada golpe de la vida y del trabajo y entonces, el dolor del cuerpo y la asfixia.
    </p><p class="article-text">
        Por eso quiero ver de nuevo, aunque solo sea una vez al a&ntilde;o, el gran beso de Hugh Grant y Martine McCutcheon (Nathalie) en la funci&oacute;n escolar de la parte chunga de Wandsworth, aunque sea horrible que sus creadores quisieran hacernos creer que estaba gorda y colaboraran as&iacute; al odio hacia nuestros cuerpos con el que crecimos las j&oacute;venes de los noventa y los dos mil.
    </p><p class="article-text">
        Quiero ver a Harry besando a Sally en Nochevieja y enumerarle todos los peque&ntilde;os detalles y man&iacute;as que la hacen &uacute;nica. Quiero volver a llorar cuando Meg Ryan dice &ldquo;te odio, te odio, te odio&rdquo; y en realidad se le est&aacute; desbordando el amor. Quedarme tranquila cuando la peli nos cuenta que a&ntilde;os despu&eacute;s siguen juntos y felices aunque sepamos que en realidad no, que no iba a funcionar, tal y como Nora Ephron escribi&oacute; en el guion y c&oacute;mo despu&eacute;s lo cambi&oacute; porque Rob Reiner se hab&iacute;a enamorado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">
Dejo mi pensamiento crítico a un lado y me rindo, porque necesito ese trozo de azúcar, la certeza de que todo estará bien, la ficticia magia de las luces horteras de Navidad, como quien pide una tregua.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Quiero ir a la casita de ensue&ntilde;o de Kate Winslet en <em>The Holiday</em>, ver la nieve de Surrey, ir a un videoclub con Joe Black y que me parezca m&aacute;s atractivo que Jude Law. Sentir verg&uuml;enza ajena con el final y el tren del amor, pero qui&eacute;n no quiere un poco de verg&uuml;enza ajena en estas fechas. Yo s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Me recuerda al viejo p&oacute;ster de Mulder en <em>Expediente X</em>: <em>I want to believe</em>. Quiero creer en historias donde a la gente le pasan cosas. Donde se enamora, se desenamora, tiene amigos, discute, se cruza con alg&uacute;n cretino, se equivoca, se levanta y se acompa&ntilde;a. Donde la vida ocurre y no se observa a trav&eacute;s de la pantalla de un m&oacute;vil donde el mundo se ha vuelto peque&ntilde;o y el pulgar desliza compulsivamente y los ojos se cansan.
    </p><p class="article-text">
        Dejo mi pensamiento cr&iacute;tico a un lado y me rindo, porque necesito ese trozo de az&uacute;car, la certeza de que todo estar&aacute; bien, la ficticia magia de las luces horteras de Navidad, como quien pide una tregua.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/peliculas-navidad_132_12860071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Dec 2025 21:50:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Películas de Navidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Naturalezas vivas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/naturalezas-vivas_132_12825477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/715357ae-8fb6-45e1-8577-3da8f0d309cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Naturalezas vivas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue todo un grupo de mujeres que, por primera vez, mostraron de forma colectiva una visión del mundo desde la mujer moderna, activa, profesional y libre. Una visión que quedó expulsada de nuestro imaginario</p></div><p class="article-text">
        Cuando descubr&iacute; a Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, su escritos, sus ideas, su presencia en la cultura y la pol&iacute;tica de este pa&iacute;s, sent&iacute; un gran enfado, como si me hubieran robado una pieza del puzle. Una pieza, que de no haber sido sustra&iacute;da, habr&iacute;a configurado mi manera de entender el mundo. No me refiero a la pieza de Mar&iacute;a, en concreto, no a la suya individualmente, quiero decir, sino a la de todas esas autoras, escritoras, artistas, pensadoras que me habr&iacute;an ofrecido una mirada distinta sobre nuestra propia historia.
    </p><p class="article-text">
        Es la misma sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida que tuve hace unos d&iacute;as cuando visit&eacute; la exposici&oacute;n restrospectiva de Maruja Mallo que acoge el Museo Reina Sof&iacute;a. P&eacute;rdida mezclada con fascinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No es que su nombre me sea ajeno, ni mucho menos, de hecho es uno de los pocos (femeninos) que s&iacute; que estudi&eacute; en la Facultad de Historia del Arte. Pero su presencia siempre fue m&aacute;s como un apunte en el margen del retrato de los grandes hombres de la &eacute;poca, m&aacute;s como algo ex&oacute;tico que serio, un personaje secundario.
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que he llegado a entender que nuestra visi&oacute;n del mundo est&aacute; construida desde una perspectiva exclusivamente masculina, no dejo de asombrarme, y enfadarme, cuando se evidencian esos huecos de una forma tan clara. Porque la obra de Maruja Mallo, no solo completa un fragmento de nuestra propia historia, sino que hace tambalear la idea que ten&iacute;amos de un periodo fundamental en nuestro pa&iacute;s, pensamiento e identidad.
    </p><p class="article-text">
        Maruja Mallo nos muestra un territorio vitalista, el&eacute;ctrico, colorido, donde la calle se vuelve fiesta y posibilidad. Las mujeres ocupan el espacio p&uacute;blico no como musas, sino como protagonistas activas de un nuevo orden del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Me detengo ante el imponente &ldquo;La sorpresa del trigo&rdquo; y toda su serie de pinturas en las que las mujeres aparecen como diosas de la recolecci&oacute;n o la pesca. En estas se percibe una visi&oacute;n radicalmente nueva, la construcci&oacute;n del futuro deb&iacute;a pasar por la tierra, por la ecolog&iacute;a y, sobre todo, por las mujeres.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mientras recorro la exposición, no puedo evitar preguntarme cómo sería nuestra idea de la modernidad si estas imágenes hubieran formado parte de nuestra educación desde el principio. Qué otras formas de entender el cuerpo, la presencia, la ciudad, la naturaleza o la vida habríamos explorado si ellas hubieran estado ahí</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En otra sala observo sus incre&iacute;bles criaturas creadas con flores ex&oacute;ticas, conchas marinas y elementos que recuerdan formas femeninas radiantes de color. Es su propia versi&oacute;n de las cl&aacute;sicas naturalezas muertas o bodegones que tanto hemos estudiado. Pero aqu&iacute; la muerte y lo est&aacute;tico se transforma en vida: <em>&ldquo;De este alucinante oc&eacute;ano surgieron mis Naturalezas vivas, plastificaci&oacute;n de la flora y la fauna conjugadas: medusas y orqu&iacute;deas, estrellas de mar, caracolas y rosas. Naturalezas vivas rechazando a las naturalezas muertas&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Mientras recorro la exposici&oacute;n, no puedo evitar preguntarme c&oacute;mo ser&iacute;a nuestra idea de la modernidad si estas im&aacute;genes hubieran formado parte de nuestra educaci&oacute;n desde el principio. Qu&eacute; otras formas de entender el cuerpo, la presencia, la ciudad, la naturaleza o la vida habr&iacute;amos explorado si ellas hubieran estado ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de estos a&ntilde;os de estudio lo que vislumbro es que esta mirada no era una excepci&oacute;n. Fue todo un grupo de mujeres que, por primera vez, mostraron de forma colectiva una visi&oacute;n del mundo desde la mujer moderna, activa, profesional y libre. Una visi&oacute;n que qued&oacute; expulsada de nuestro imaginario.
    </p><p class="article-text">
        Mallo pint&oacute; la universalidad humana, la interconexi&oacute;n ecol&oacute;gica, la fuerza del arte como v&iacute;a para comprender lo desconocido... Temas que hoy nos parecen radicalmente actuales y que ella ya estaba exponiendo hace m&aacute;s de un siglo.
    </p><p class="article-text">
        Si quieren empezar a reconstruir el puzle con todas sus coloridas y diversas piezas, visiten la exposici&oacute;n. Y si quieren profundizar m&aacute;s en el pensamiento, los amigos o el mundo de esta maravillosa artista, no se pierdan el nuevo lanzamiento de Editorial Renacimiento: Cartas de Maruja Mallo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/naturalezas-vivas_132_12825477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 21:04:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Naturalezas vivas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lorca sonríe y saluda tras la ventana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/lorca-sonrie-saluda-ventana_132_12785754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d90c7f6c-51b5-4d45-b923-73a98ef90396_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lorca sonríe y saluda tras la ventana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Representaba todo lo que las dictaduras temen, la libertad de pensamiento que puede encender preguntas o crear conciencias. La cultura es ese arma que promueve todo lo contrario a la mentalidad sumisa, cerrada y uniforme</p></div><p class="article-text">
        Cuando el 26 de noviembre de 1922, el arque&oacute;logo Howard Carter acerc&oacute; sus ojos por primera vez&nbsp;al peque&ntilde;o agujero que hab&iacute;a logrado abrir en la tumba de Tutankhamon, se qued&oacute; en silencio durante unos interminables segundos. A su espalda, Lord Carnarvon, le pregunt&oacute; si ve&iacute;a algo, a lo que Carter finalmente respondi&oacute;:&nbsp;&ldquo;S&iacute;, cosas maravillosas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bien, algo as&iacute; es lo que imagino que debi&oacute; sentir el cineasta Manuel Mench&oacute;n al encontrar, en el archivo privado de la familia Men&eacute;ndez-Pidal, y dentro de una lata de bet&uacute;n, unas im&aacute;genes nunca vistas de Lorca en movimiento. Es un fragmento breve, en blanco y negro, pero se siente tan vivo como si hubiera abierto un agujero en el tiempo. Es el a&ntilde;o 1932 y Lorca viaja con su compa&ntilde;&iacute;a La Barraca a llevar el teatro a los pueblos y a las zonas rurales, un proyecto que se enmarcaba dentro del programa de las Misiones Pedag&oacute;gicas de la II Rep&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la ventanilla trasera del coche lo vemos feliz, sonriente, y nos saluda con una alegr&iacute;a limpia. El coraz&oacute;n se me acelera cuando observo estas im&aacute;genes, me aprieta un nudo en el pecho que me sube hasta la garganta, los ojos se me vuelven vidriosos. Ah&iacute; est&aacute;, con toda su belleza, como habl&aacute;ndonos a trav&eacute;s del tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso que Lorca nos emociona tanto porque nos recuerda a todo lo que pudo haber sido, porque en &eacute;l habitaban toda la vitalidad, la bondad, el compromiso y el pensamiento mutilados por la Guerra Civil y la dictadura.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Que no se nos olvide esa sonrisa bondadosa y radiante de Lorca desde la ventanilla de un coche que avanza hacia un país que perdimos. Que nos recuerde lo que se quiso silenciar, lo que se puede perder si no defendemos con firmeza la democracia, que nos guíe para proteger la memoria y la verdad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta misma semana, cuando se cumplen 50 a&ntilde;os de la muerte de Franco y del fin del periodo que dej&oacute; al pa&iacute;s paralizado, empobrecido y arrancado de su memoria y su imaginaci&oacute;n, asistimos tristemente a los nuevos intentos de blanqueamiento del franquismo. Surgen una y otra vez las teor&iacute;as que intentan culpar del asesinato de Lorca a las rencillas familiares o a los conflictos personales, como si una tragedia nacional pudiera explicarse desde lo anecd&oacute;tico. En aquellos tiempos de miedo y odio, siempre hab&iacute;a alguien que se&ntilde;alaba, que acusaba, que se chivaba, pero fue el aparato pol&iacute;tico y militar de los golpistas lo que alent&oacute; y ejecut&oacute; el asesinato. El mismo que mand&oacute; al exilio a Machado, a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, a Luis Cernuda, a Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, a Mar&iacute;a Zambrano y a los mejores pensadores de nuestro pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lorca no era solo un poeta, era tambi&eacute;n una amenaza. Un artista que hablaba de libertad, de igualdad, de deseo, que alentaba a la gente a pensar, a cuestionar las estructuras cerradas, a dejar volar la imaginaci&oacute;n. Representaba todo lo que las dictaduras temen, la libertad de pensamiento que puede encender preguntas o crear conciencias. La cultura es ese arma que promueve todo lo contrario a la mentalidad sumisa, cerrada y uniforme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se me vienen a la mente los versos de Machado en uno de los mejores poemas que se han escrito:&nbsp;<em>&ldquo;Se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo fr&iacute;o, a&uacute;n con estrellas de la madrugada. Mataron a Federico cuando la luz asomaba...&rdquo;</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que no se nos olvide esa sonrisa bondadosa y radiante de Lorca desde la ventanilla de un coche que avanza hacia un pa&iacute;s que perdimos. Que nos recuerde lo que se quiso silenciar, lo que se puede perder si no defendemos con firmeza la democracia, que nos gu&iacute;e para proteger la memoria y la verdad. Que nuestro gran tesoro, nuestras cosas maravillosas, nos mantengan despiertos y atentos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/lorca-sonrie-saluda-ventana_132_12785754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 20:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lorca sonríe y saluda tras la ventana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Federico García Lorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La piedra y la luz de una bibliotecaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/piedra-luz-bibliotecaria_132_12731148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/688425c0-22e2-44c5-bf34-8d0f16771eb8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La piedra y la luz de una bibliotecaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Recuerdo las palabras de Lorca: "Que esta biblioteca sirva de paz, inquietud espiritual y alegría". Que así sea, porque es el legado de una mujer buena, valiente y comprometida</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a que se inaugur&oacute; la Biblioteca P&uacute;blica de Fuente Vaqueros, Lorca pronunci&oacute; uno de los discursos m&aacute;s bellos que he le&iacute;do. <em>&ldquo;Muchas veces, un pueblo est&aacute; dormido como el agua de un estanque un d&iacute;a sin viento&rdquo;, </em>dijo.<em> Ni el m&aacute;s leve temblor turba la ternura blanda del agua.</em> <em>Pero arrojad de pronto una piedra. Ver&eacute;is una explosi&oacute;n de c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos, de ondas redondas que se dilatan atropell&aacute;ndose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Ver&eacute;is un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los p&aacute;jaros que dorm&iacute;an en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un d&iacute;a sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y ense&ntilde;arle nuevos horizontes de superaci&oacute;n y concordia&ldquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as observo a mi madre recoger sus cosas del que ha sido su puesto de trabajo durante casi cuarenta a&ntilde;os. He escrito &ldquo;puesto de trabajo&rdquo;, pero no encuentro t&eacute;rmino m&aacute;s err&oacute;neo para designar lo que mi madre deja all&iacute;. La Biblioteca Municipal de Tomares no ha sido su puesto de trabajo. Ha sido su sue&ntilde;o, su creaci&oacute;n, el lugar al que ha entregado su vida con la convicci&oacute;n de quien sabe que trabajar por la cultura es cuidar la vida de una comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la veo guardar carpetas, meter viejos papeles en cajas, me doy cuenta de algo en lo que nunca hab&iacute;a reparado. No soy hija &uacute;nica. Durante todos estos a&ntilde;os, mi madre ha tenido otra hija, su biblioteca, a la que ha cuidado como solo se hace con los seres vivos a los que de verdad se ama.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; a la localidad, en 1988, apenas exist&iacute;a m&aacute;s que la intenci&oacute;n de cumplir con la ley que obligaba a los municipios a tener una biblioteca. Se estaba llevando a cabo la rehabilitaci&oacute;n del edificio que la alojar&iacute;a pero no hab&iacute;a fondos ni presupuesto. Entonces ella, Isabel, mi madre, se encarg&oacute; de organizar una campa&ntilde;a de recogida de libros. Numerosos vecinos, amigos y conocidos, donaron sus propios ejemplares y as&iacute; la biblioteca pudo abrir sus puertas en 1995.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Vayan ustedes a un club de lectura, observen a los usuarios de una biblioteca pública, escuchen los comentarios y reflexiones que se comparten tras una obra de teatro, una película o un espectáculo de danza. Se les llenará el corazón de esperanza porque es el sonido de un pueblo despierto. Cuando todo parece oscuro y el odio y la cerrazón parecen imponerse, la cultura siempre enciende una luz</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al a&ntilde;o siguiente ya hab&iacute;a conseguido una dotaci&oacute;n presupuestaria para la compra de libros y al poco llegaron los cuentacuentos, los clubes de lectura, los talleres, las charlas, la vida.
    </p><p class="article-text">
        Tras unos a&ntilde;os, en los que compagin&oacute; el trabajo con la obtenci&oacute;n de una segunda carrera y un m&aacute;ster universitarios, se convirti&oacute; en t&eacute;cnica de cultura y desarroll&oacute;, por primera vez, una programaci&oacute;n cultural que, todav&iacute;a hoy, es una aut&eacute;ntica referencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo cuento con orgullo porque pienso en mi madre como en la arrojadora de esa piedra en la quietud del estanque. En las ranas saltarinas y los p&aacute;jaros que levantan el vuelo como en los pensamientos y las posibilidades generadas en tantas generaciones de asistentes a los espect&aacute;culos, al cineclub, a los talleres de pintura o escritura...
    </p><p class="article-text">
        Vayan ustedes a un club de lectura, observen a los usuarios de una biblioteca p&uacute;blica, escuchen los comentarios y reflexiones que se comparten tras una obra de teatro, una pel&iacute;cula o un espect&aacute;culo de danza. Se les llenar&aacute; el coraz&oacute;n de esperanza porque es el sonido de un pueblo despierto. Cuando todo parece oscuro y el odio y la cerraz&oacute;n parecen imponerse, la cultura siempre enciende una luz.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo de nuevo las palabras de Lorca: <em>&ldquo;Que esta biblioteca sirva de paz, inquietud espiritual y alegr&iacute;a&rdquo;. </em>Que as&iacute; sea, porque es el legado de una mujer buena, valiente y comprometida.
    </p><p class="article-text">
        Hoy una bibliotecaria se jubila, pero los c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos que provoc&oacute; no dejar&aacute;n nunca de expandirse. No te preocupes mam&aacute;, los mantendremos a salvo, seguiremos tirando piedras al estanque tal y, como nos ense&ntilde;aste, seguir&aacute;n tus p&aacute;jaros volando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/piedra-luz-bibliotecaria_132_12731148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Oct 2025 21:02:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La piedra y la luz de una bibliotecaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bibliotecarios,Bibliotecas públicas,Lectura,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recuperar el sentido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/recuperar-sentido_132_12691862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2eee7f19-c7c4-4787-ae65-edebcf337eea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128156.jpg" width="1134" height="638" alt="Recuperar el sentido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Crecí escuchando la clásica pregunta de “qué quieres ser de mayor”. Si me la hicieran ahora, mi respuesta sería que una persona feliz, tranquila, con tiempo para pasear y conversar con sus seres queridos</p><p class="subtitle">Vivir es político</p></div><p class="article-text">
        Podr&iacute;a pasar horas contemplando las rutinas del protagonista de Perfect Days, la hermosa pel&iacute;cula que Win Wenders estren&oacute; en 2023 y con la que rindi&oacute; un sentido homenaje a Yasujiro Ozu.
    </p><p class="article-text">
        Cada ma&ntilde;ana, Hirayama limpia los ba&ntilde;os p&uacute;blicos de Tokio. Lo hace meticulosamente, con la destreza y serenidad de quien realiza un antiguo ritual sagrado. Pasa el pa&ntilde;o con cuidado, mueve el cubo de lado a lado, repasa los peque&ntilde;os rincones con un cepillo, se asegura de que todo haya quedado limpio. Lejos de transmitir desgana o asco, Hirayama nos muestra la atenci&oacute;n y el cuidado de quien sabe que haciendo bien su trabajo est&aacute; aportando algo valioso a la comunidad. Puede que limpiar ba&ntilde;os p&uacute;blicos sea uno de los trabajos m&aacute;s desagradecidos e invisibilizados, pero precisamente suelen ser estos los que sostienen nuestra vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos a nuestro protagonista, porque lo que descubriremos a lo largo de la pel&iacute;cula (y esto no es esp&oacute;iler, no se preocupen) es que ha encontrado una forma de estar en el mundo con sentido, con prop&oacute;sito. Y esto me hace pensar en la que creo que es una de las grandes crisis de la sociedad actual, la p&eacute;rdida del sentido.
    </p><p class="article-text">
        Crec&iacute; escuchando la cl&aacute;sica pregunta de &ldquo;qu&eacute; quieres ser de mayor&rdquo;. Si me la hicieran ahora, mi respuesta ser&iacute;a que una persona feliz, tranquila, con tiempo para pasear y conversar con sus seres queridos. Sin embargo, en aquella &eacute;poca todos los ni&ntilde;os contest&aacute;bamos: maestra, bombero, m&eacute;dica, enfermera... El trabajo era algo que definir&iacute;a qu&eacute; tipo de persona ser&iacute;as, c&oacute;mo te situar&iacute;as en tu relaci&oacute;n con el mundo, qu&eacute; ofrecer&iacute;as a los dem&aacute;s.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me disculpo continuamente. Me disculpo con mis padres por no poder charlar con ellos ni verlos el domingo, me disculpo por los mensajes no respondidos a amigos o compañeros, me disculpo por no atender las llamadas, por no responder los mails, por no asistir a los cumpleaños, por estar cansada y no tener ánimos, por tener el cerebro frito o por solo ser capaz de desplomarme en la cama cuando al fin, al fin, termina la jornada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute; llegamos a la edad adulta, esforz&aacute;ndonos por encontrar una vocaci&oacute;n, escuchando eso de &ldquo;encuentra un trabajo que ames y no trabajar&aacute;s ni un solo d&iacute;a de tu vida&rdquo;, y nos dimos de bruces con la trampa, porque el amor no resiste a relaciones desiguales y de sometimiento.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la frase que m&aacute;s repita a lo largo de mis d&iacute;as sea &ldquo;no llego&rdquo;, o &ldquo;estoy desbordada&rdquo;, o &ldquo;no me da la vida&rdquo;, elijan la versi&oacute;n que prefieran. Me disculpo continuamente. Me disculpo con mis padres por no poder charlar con ellos ni verlos el domingo, me disculpo por los mensajes no respondidos a amigos o compa&ntilde;eros, me disculpo por no atender las llamadas, por no responder los mails, por no asistir a los cumplea&ntilde;os, por estar cansada y no tener &aacute;nimos, por tener el cerebro frito o por solo ser capaz de desplomarme en la cama cuando al fin, al fin, termina la jornada.
    </p><p class="article-text">
        Y si miro a mi alrededor, observo que no soy una excepci&oacute;n, tengo la impresi&oacute;n de pertenecer a la generaci&oacute;n del agotamiento. Y con este clima no es extra&ntilde;o que estemos viviendo un cambio de paradigma en nuestra relaci&oacute;n con el trabajo. De la vocaci&oacute;n hemos pasado a la desafecci&oacute;n, porque cuando nuestro trabajo no nos deja tiempo para vivir deja de ser una forma de estar en el mundo y se convierte en una forma de desaparecer de &eacute;l.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pienso en Hirayama, en la placidez con la que termina su jornada y riega sus plantas, escucha sus cintas de casete, revela sus fotografías analógicas o disfruta de un baño. E imagino que nuestros cuerpos exhaustos pudieran aspirar a eso. Necesitamos políticas que nos devuelvan el tiempo, que reconozcan que trabajar bien y vivir bien no son incompatibles, necesitamos un cambio profundo que nos devuelva el sentido</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s y sobre todo en las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes, se instala la idea del trabajo &uacute;nicamente como un medio para conseguir dinero, algo que hacemos para subsistir, pero que nos oprime y, por lo tanto, nos desvincula, una fuente de ansiedad que hace que perdamos el sentido. Ese sentido de formar parte de algo, de lo p&uacute;blico, de lo colectivo.&nbsp;Trabajamos para llegar al fin de semana y apagar el cerebro, y en esa supervivencia perdemos lo m&aacute;s valioso que tenemos, la relaci&oacute;n con los otros.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en Hirayama, en la placidez con la que termina su jornada y riega sus plantas, escucha sus cintas de casete, revela sus fotograf&iacute;as anal&oacute;gicas o disfruta de un ba&ntilde;o. E imagino que nuestros cuerpos exhaustos pudieran aspirar a eso.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos pol&iacute;ticas que nos devuelvan el tiempo, que reconozcan que trabajar bien y vivir bien no son incompatibles, necesitamos un cambio profundo que nos devuelva el sentido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/recuperar-sentido_132_12691862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 20:24:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Recuperar el sentido]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir es político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/vivir-politico_132_12655419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5819ddf-065f-4380-98e2-f65bc961995c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir es político"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay un discurso muy extendido que me molesta sobremanera, aquel que dice que los políticos son todos iguales, que da igual si están unos o si están otros porque total, en qué van a cambiar nuestras vidas</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as el Ayuntamiento de Madrid aprob&oacute; una medida que obliga a las mujeres que acuden a abortar a los hospitales a ser informadas, o m&aacute;s bien advertidas, de un s&iacute;ndrome inexistente, un supuesto trauma inventado que no cuenta con ning&uacute;n respaldo cient&iacute;fico. En otras palabras, mentir a las mujeres para amedrentarlas. Y lo que me parece a&uacute;n m&aacute;s grave: disponer que estas mentiras provengan del personal sanitario, de esos profesionales a los que confiamos nuestros cuerpos, nuestra salud, nuestra vida, lo m&aacute;s &iacute;ntimo y valioso que tenemos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tan solo un d&iacute;a despu&eacute;s, el propio alcalde de Madrid reconoci&oacute; p&uacute;blicamente que dicho s&iacute;ndrome no est&aacute; avalado por la ciencia y que, por tanto, la obligaci&oacute;n pasa a ser un &ldquo;ofrecimiento&rdquo;. Lo llaman cuidado, protecci&oacute;n, estar a favor de la vida. El supuesto trauma ha sido utilizado durante d&eacute;cadas por grupos ultracat&oacute;licos que se dedican a increpar y culpabilizar a las mujeres a las puertas de las cl&iacute;nicas. Y yo me pregunto: &iquest;qu&eacute; vidas protegen?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los mismos d&iacute;as hemos conocido en Andaluc&iacute;a un dato que me hiela la sangre. La Junta reconoce que unas 2.000 mujeres han recibido retrasos de hasta dos a&ntilde;os en sus diagn&oacute;sticos de c&aacute;ncer de mama. Estamos hablando de mujeres que han sido avisadas cuando el c&aacute;ncer estaba en un estado avanzado, mujeres que podr&iacute;an haber recibido un tratamiento temprano.
    </p><p class="article-text">
        No escuchamos a estos autodenominados grupos provida defender la &uacute;nica herramienta que realmente puede salvarla: la sanidad p&uacute;blica. No los vemos pidiendo una dotaci&oacute;n de recursos para la detecci&oacute;n precoz de enfermedades, para poder recibir tratamientos y cirug&iacute;as sin listas de espera interminables. No los o&iacute;mos alzar la voz cuando se desmantelan los servicios p&uacute;blicos y curarse o no, sobrevivir o no, pasa a ser una cuesti&oacute;n de capacidad econ&oacute;mica. &iquest;D&oacute;nde queda entonces la defensa de la vida?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No podemos desvincularnos de la política porque esta atraviesa lo más profundo de nuestra existencia. Está en nuestras casas, en nuestros cuerpos, en nuestras horas de trabajo y en las de descanso, en nuestros barrios, en nuestros paseos, en la sombra de nuestras calles, en la tienda de enfrente, en nuestra salud mental, en los colegios de nuestros hijos y las residencias de nuestros abuelos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Quiz&aacute; no tenga tanto que ver con esa supuesta defensa y s&iacute; con una palabra que parece haber quedado antigua, en desuso: ideolog&iacute;a. Escucho sin parar que eso no importa, que todo es una cuesti&oacute;n de buena o mala gesti&oacute;n, y, sin embargo, la ideolog&iacute;a es lo que marca la hoja de ruta de la pol&iacute;tica. Es lo que decide a qu&eacute; se destinan los recursos, qu&eacute; necesidades se atienden y cu&aacute;les se relegan, qu&eacute; derechos se reconocen y cu&aacute;les se cuestionan.
    </p><p class="article-text">
        Ver&aacute;n, hay un discurso muy extendido que me molesta sobremanera, aquel que dice que los pol&iacute;ticos son todos iguales, que da igual si est&aacute;n unos o si est&aacute;n otros porque total, en qu&eacute; van a cambiar nuestras vidas. Es un mantra antipol&iacute;tico que suena c&oacute;modo, como si nos liberara de implicarnos. Pero es falso. Nuestra vida misma es pol&iacute;tica, la posibilidad de sobrevivir a una enfermedad depende de decisiones pol&iacute;ticas, nuestra capacidad de decidir sobre nuestro cuerpo, de ser madres o no, tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No podemos desvincularnos de la pol&iacute;tica porque esta atraviesa lo m&aacute;s profundo de nuestra existencia. Est&aacute; en nuestras casas, en nuestros cuerpos, en nuestras horas de trabajo y en las de descanso, en nuestros barrios, en nuestros paseos, en la sombra de nuestras calles, en la tienda de enfrente, en nuestra salud mental, en los colegios de nuestros hijos y las residencias de nuestros abuelos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; vida merece ser defendida si no es la que habitamos cada d&iacute;a con nuestros cuerpos?
    </p><p class="article-text">
        Vivir es pol&iacute;tico, aunque intenten hacernos creer que no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/vivir-politico_132_12655419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Oct 2025 20:44:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivir es político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad pública,Cáncer de mama]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gimnasio 24 horas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/gimnasio-24-horas_132_12615943.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a43cb670-bae9-4699-9c81-f21a9ac00bf5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gimnasio 24 horas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo perverso es que esta tendencia se nos vende como amor propio, como gestos de autocuidado. Para qué exigir unas condiciones de trabajo más compatibles con la vida si podemos enfocar nuestra energía y el escaso tiempo libre en sacar el máximo rendimiento de nuestro cuerpo</p></div><p class="article-text">
        Es de noche y estoy agotada tras una largu&iacute;sima jornada de trabajo. Miro la pantalla del m&oacute;vil sin sentido alguno. Con la observaci&oacute;n he aprendido que es la forma que busca mi cerebro de ponerse un rato en blanco, de entrar en una especie de estado vegetativo en el que no tiene que realizar tarea alguna. Y ah&iacute;, en la pantalla, me aparece uno de esos art&iacute;culos patrocinados: &ldquo;Abre sus puertas en tu ciudad el primer gimnasio abierto 24 horas, todos los d&iacute;as del a&ntilde;o&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me detengo ante ese art&iacute;culo como una frenada en seco y, de inmediato, pienso qu&eacute; clase de personas van a un gimnasio a las tres, a las cuatro, a las cinco de la ma&ntilde;ana, en Navidad, en una noche de verano o en un domingo de abril.&nbsp;Como me dedico a esto del cine, enseguida me imagino la escena. Un travelling lateral, una ciudad nocturna iluminada por neones, calles vac&iacute;as, edificios de oficinas con ventanas encendidas y una fachada acristalada tras la que vemos a personas pedaleando como aut&oacute;matas bajo la luz fr&iacute;a del gimnasio 24 horas. Podr&iacute;a ser una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n, pero es un escenario real en muchas ciudades del mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los gimnasios 24 horas vienen de Estados Unidos, donde existen desde los a&ntilde;os 80 y se han extendido por toda Europa. Responden a una l&oacute;gica reconocible, la de la hiperproductividad y la b&uacute;squeda del m&aacute;ximo rendimiento, incluso de nuestros propios cuerpos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su libro&nbsp;<em>Desconexi&oacute;n</em>, Roisin Kiberd describe c&oacute;mo las horas de trabajo en el escritorio se compensan con horas de gimnasio, c&oacute;mo estos espacios aparecen incrustados en barrios de oficinas, en s&oacute;tanos o centros comerciales, como un eslab&oacute;n m&aacute;s de la cadena laboral:&nbsp;<em>&ldquo;Para alguien cuyo mundo ha quedado delimitado por un circuito que consiste en oficina, desplazamiento al trabajo y casa, el gimnasio brinda una experiencia ilusoria de espacio: ofrece un suministro infinito de terrenos donde correr, ir en bici o esprintar, contenido por arte de magia, en un solo sitio&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hacía un día precioso, los almendros estaban en flor y la luz caía sobre el verde del monte. Al girar la cabeza hacia mi derecha descubrí un gimnasio instalado sobre un supermercado. Tras el cristal, varias personas corrían en cintas y pedaleaban en bicicletas estáticas a un ritmo frenético. Me parecieron hámsters enjaulados en medio de un paisaje vivo y hermoso, y sentí tristeza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Recuerdo una imagen de la primavera pasada. Estaba en Oviedo y sub&iacute; a ver Santa Mar&iacute;a del Naranco. Despu&eacute;s decid&iacute; bajar caminando. Hac&iacute;a un d&iacute;a precioso, los almendros estaban en flor y la luz ca&iacute;a sobre el verde del monte. Al girar la cabeza hacia mi derecha descubr&iacute; un gimnasio instalado sobre un supermercado. Tras el cristal, varias personas corr&iacute;an en cintas y pedaleaban en bicicletas est&aacute;ticas a un ritmo fren&eacute;tico. Me parecieron h&aacute;msteres enjaulados en medio de un paisaje vivo y hermoso, y sent&iacute; tristeza.<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, Skims, la marca de Kim Kardashian, lanz&oacute; a la venta una especie de faja de compresi&oacute;n para la cara que promete reducir la papada y redefinir la mand&iacute;bula mientras duermes. Algo similar a un instrumento de tortura, una oportunidad de optimizarte y &ldquo;corregirte&rdquo; durante el sue&ntilde;o. Porque si no, qu&eacute; p&eacute;rdida de tiempo. El producto en cuesti&oacute;n, se agot&oacute; de inmediato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo perverso es que esta tendencia se nos vende como amor propio, como gestos de autocuidado. Para qu&eacute; exigir unas condiciones de trabajo m&aacute;s compatibles con la vida si podemos enfocar nuestra energ&iacute;a y el escaso tiempo libre en sacar el m&aacute;ximo rendimiento de nuestro cuerpo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as en los que el Congreso ha tumbado el proyecto de ley para la reducci&oacute;n de la jornada laboral, la trampa queda revelada. La misma ideolog&iacute;a neoliberal que convierte el tiempo en un recurso productivo que exprimir, que desplaza la responsabilidad colectiva hacia la autoexigencia individual o que nos hace creer que nos cuidamos cuando nos encerramos a sudar en un gimnasio a media noche o nos ponemos una banda compresora en la cara, nos niega el &uacute;nico y verdadero acto de cuidado: el derecho al tiempo para vivir. Que no se nos olvide.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/gimnasio-24-horas_132_12615943.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Sep 2025 21:03:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gimnasio 24 horas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El canto de las ballenas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/canto-ballenas_132_12581760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4e2cab4-bb5a-4001-905c-273ffaf49718_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El canto de las ballenas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Escucharlas es tomar conciencia de nuestra propia arrogancia, convencidos de ser el centro del universo, la única forma de inteligencia, la medida de todas las cosas</p></div><p class="article-text">
        Las ballenas jorobadas cantan. Sus canciones pueden durar hasta media hora y est&aacute;n organizadas como piezas musicales complejas, con frases, temas y repeticiones. Cada poblaci&oacute;n de ballenas tiene su propia canci&oacute;n, que aprenden todos los miembros de la comunidad, y que adem&aacute;s va cambiando con los a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1970, un disco de vinilo cambi&oacute; para siempre nuestra percepci&oacute;n del oc&eacute;ano y de las criaturas que lo habitan. <em>Songs of the Humpback Whale</em>, editado por el bi&oacute;logo ac&uacute;stico Roger Payne registr&oacute; los cantos de las ballenas, que hasta entonces permanec&iacute;an ocultos bajo el manto del agua. Escuchar aquella m&uacute;sica profunda, esos sonidos que parec&iacute;an venir de otro mundo, supuso todo un descubrimiento. All&aacute;, en el fondo del oc&eacute;ano, exist&iacute;a un universo sonoro sofisticado y misterioso, todav&iacute;a inexplicable para nosotros, los seres de la superficie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;cadas de estudio concluyeron que en esas canciones pod&iacute;a detectarse el rastro de algo que hasta el momento solo atribu&iacute;amos a los humanos: cultura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando lo pienso, me invade eso que el escritor franc&eacute;s Romain Rolland llam&oacute; &ldquo;sentimiento oce&aacute;nico&rdquo;, una especie de sensaci&oacute;n de unidad con el mundo, de pertenencia a algo mucho m&aacute;s grande que nosotros mismos. Mis preocupaciones cotidianas se me hacen peque&ntilde;as por un instante, el cuerpo se me aligera y los l&iacute;mites de mi piel desaparecen, como si pudiera formar parte del flujo de las mareas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algo as&iacute; fue lo que sent&iacute; hace unos d&iacute;as al visitar la exposici&oacute;n &ldquo;Ecos del oc&eacute;ano&rdquo;, comisariada por mi admirado Jose Luis de Vicente, que nos propone sumergirnos en las formas de percibir el mundo de los habitantes de las profundidades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ver&aacute;n, esto me parece importante y quiz&aacute; tenga que ver con mi fascinaci&oacute;n por las ballenas. Escucharlas es tomar conciencia de nuestra propia arrogancia, convencidos de ser el centro del universo, la &uacute;nica forma de inteligencia, la medida de todas las cosas. Acercarnos a su complejidad y a su belleza es cuestionar nuestro mundo autorreferencial y aprender a situarnos.
    </p><p class="article-text">
        Asumir que la forma en la que nos relacionamos con el planeta, la de la dominaci&oacute;n y la explotaci&oacute;n masiva de los recursos, est&aacute; agotada y nos ha dejado un mundo exhausto, al borde del colapso clim&aacute;tico y en el que nuestra supervivencia como especie est&aacute; seriamente amenazada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salir de nuestras cansadas rutinas atadas a pantallas y a listas de tareas, regalar a nuestros ojos secos la contemplaci&oacute;n de las estrellas, las aves o las monta&ntilde;as, asomarnos con curiosidad al universo de sonidos que late en el fondo del oc&eacute;ano, en aquellos lugares donde la luz no llega y la vida, la comunicaci&oacute;n, la memoria o los afectos se rigen por otros par&aacute;metros, quiz&aacute; nos ayude a recordar que no somos m&aacute;s que seres que cohabitan con otros en este lugar compartido, y que la &uacute;nica forma de salvarnos es aprender a convivir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La escucha, el cuidado o la interdependencia, actitudes hist&oacute;ricamente relegadas por el pensamiento patriarcal, son hoy m&aacute;s necesarias que nunca, justo cuando resurgen pol&iacute;ticas negacionistas y depredadoras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la exposici&oacute;n aprend&iacute; algo sobre el plancton que me emocion&oacute; profundamente. Ese conjunto de microorganismos diminutos y viajeros es lo que sostiene la vida en la Tierra. Cada respiraci&oacute;n que que tomamos proviene de &eacute;l, y sin embargo apenas lo vemos ni conocemos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me recuerda a que son los peque&ntilde;os gestos, los cuidados invisibles, la fragilidad o los susurros que solemos pasar por alto, los que realmente sustentan la vida. Que lo grande depende de lo diminuto. Que lo &uacute;nico que nos salvar&aacute; es reconocer que nos necesitamos los unos a los otros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/canto-ballenas_132_12581760.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Sep 2025 17:43:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El canto de las ballenas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ser excursionista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/excursionista_132_12492299.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35118183-ee9e-4c65-bd93-cfc52b8cd356_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser excursionista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ser excursionista no va de vagar sin rumbo, sino de sostener siempre ese candil, hasta en las zonas más oscuras, y dejarse asombrar</p><p class="subtitle">OPINIÓN - En medio de la tormenta
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Parece haber dos clases de cineastas: los obsesivos, los que ponen todo su empe&ntilde;o y su talento en lograr la reproducci&oacute;n exacta de su idea original, y los que prefieren ir descubriendo su pel&iacute;cula a medida que la hacen, los excursionistas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Subray&eacute; estas l&iacute;neas del hermoso libro de Jon&aacute;s Trueba, <em>El viento sopla donde quiere</em>, editado por Athenaica, y que no puedo dejar de recomendar a todos aquellos que amen el cine. Las subray&eacute;, no solo porque definan una manera de hacer cine que admiro, sino porque me dejaron una pregunta rondando en la cabeza: &iquest;Y si esa forma de hacer pel&iacute;culas fuera tambi&eacute;n una forma de vivir?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los excursionistas est&aacute;n alerta&rdquo;, dice Trueba, &ldquo;pero se dejan sorprender. Para lo bueno y para lo malo. Saben que no podr&aacute;n domar la realidad y entienden el cine como un camino de renuncias e imperfecciones. Su sabidur&iacute;a consiste en hacer de los defectos virtud, en incorporar los accidentes a la pel&iacute;cula, pero tambi&eacute;n en aguardar los regalos que ofrece de vez en cuando la vida cotidiana&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; sea ese el gran secreto para vivir. Ser un excursionista. Me digo, mientras llevo d&iacute;as flagel&aacute;ndome porque mi primera semana de vacaciones no est&aacute; cumpliendo las expectativas de bienestar y descanso que yo misma me hab&iacute;a impuesto.
    </p><p class="article-text">
        Maldita sea. &iquest;Puede ser que en esta din&aacute;mica de control absoluto sobre todo en la que estamos inmersos tambi&eacute;n pretendamos controlar el descanso como quien aprieta el bot&oacute;n de 'pausa' &iquest;Y que nos frustremos cuando el cuerpo nos dice que la cosa no funciona as&iacute;? Y tanto que puede ser.
    </p><p class="article-text">
        Por eso empec&eacute; a pensar que hay algo profundamente humano y pol&iacute;tico en resistir esa presi&oacute;n, la de un tiempo que impone la eficiencia, lo programado, los resultados. En intentar no dominar el relato y cultivar la mirada atenta y la escucha. En ser permeable y dejarse afectar. En entender que en la vida no existen los guiones cerrados ni las l&iacute;neas rectas y que, a veces, una solo tiene que ser capaz de improvisar cuando el paisaje cambia.
    </p><p class="article-text">
        En contra de lo que nos dicen esos discursos del &ldquo;si quieres, puedes&rdquo; y de las meritocracias en sus m&uacute;ltiples versiones, creo empezar a vislumbrar que vivir no va de ejecutar planes trazados sino de caminar atentos, que las renuncias no son un fracaso sino parte del viaje, que no todo depende de nuestra voluntad ni de nuestra constancia ni de hacerlo bien, y que desviarse es tambi&eacute;n una forma de inteligencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las mejores escenas, a veces, aparecen fuera del guión</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La escritora y poeta Maggie Smith comenz&oacute; a escribir <em>Podr&iacute;as hacer de esto algo bonito</em> (Libros del Asteroide), cuando se divorci&oacute; de su marido, y de pronto, perdi&oacute; el hilo de su narraci&oacute;n. Su conocimiento del futuro se desvaneci&oacute; por completo y qued&oacute; en la oscuridad, con un candil en la mano. Lo que me gusta del libro es que no hay un cl&iacute;max ni una resoluci&oacute;n al modo cl&aacute;sico, sino una aceptaci&oacute;n. La de que la vida no puede escribirse como una trama, porque todo siempre est&aacute; sucediendo ahora, en este momento, continuamente.
    </p><p class="article-text">
        Creo que ser excursionista no va de vagar sin rumbo, sino de sostener siempre ese candil, hasta en las zonas m&aacute;s oscuras, y dejarse asombrar.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, rodando <em>Antonio Machado. Los d&iacute;as azules</em>, planifiqu&eacute; concienzudamente la grabaci&oacute;n de la primavera en Soria. Planos rebosantes de verde, de flores. Quer&iacute;a representar la plenitud del poeta. Retras&eacute; meses esta parte del rodaje, esperando la &eacute;poca adecuada. Cuando llegamos, nos encontramos una ciudad helada y temperaturas bajo cero. No hab&iacute;a rastro de la primavera. De repente empez&oacute; a caernos encima una nevada impresionante. &iexcl;Coloquemos las c&aacute;maras! Grit&eacute;. Los copos ca&iacute;an redondos, hermosos, y nos regalaron algunos de los planos m&aacute;s bellos y emocionantes que hayamos hecho nunca.
    </p><p class="article-text">
        Cuando siento miedo hacia lo desconocido, cuando me aferro con demasiada fuerza a bases seguras, cuando me dejo arrastrar por esas l&oacute;gicas del dominio que convierten lo inesperado en amenaza, suelo recordar aquella nevada. Las mejores escenas, a veces, aparecen fuera del guion.
    </p><p class="article-text">
        Escribe en su libro Maggie Smith: &ldquo;He tenido que adentrarme en la oscuridad, atravesarla, para hallar la belleza. Spoiler: est&aacute; ah&iacute;. La belleza est&aacute; ah&iacute;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; ah&iacute;, solo hay que adentrarse en el bosque, con ojos de excursionista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/excursionista_132_12492299.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jul 2025 20:08:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ser excursionista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Vacaciones,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En medio de la tormenta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/medio-tormenta_132_12456947.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dcb6e121-f7ca-478e-a8f8-e226de69d632_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En medio de la tormenta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quería contar esto, Lucre, antes de que nos dejaras el pasado lunes con el corazón roto a todos los que tuvimos la inmensa suerte de conocerte y quererte. Yo quería contar esto y ahora no sé de qué escribir</p></div><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as que amanecen pesados, letargosos. Te arrastras con la cabeza gacha al trabajo, el tren llega tarde, el insomnio de la noche anterior te cae como un peso muerto sobre la espalda, todo parece apuntar a que ser&aacute; un d&iacute;a m&aacute;s, uno m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y de repente, como esas tormentas de verano que te sorprenden en medio de la calle y te mojan la cara, como esas olas que te tiran y te sacuden y te arrastran hasta a orilla, algo sucede. Algo que te despierta y te recuerda que estabas ah&iacute; y casi lo hab&iacute;as olvidado, con tus ojos de ni&ntilde;a asombrada ante el mundo. Y entonces te vuelven las ganas, las ganas de estar viva, de exprimir los segundos, de contar todas las cosas que guardas dentro, de re&iacute;rte fuerte, alto, de emocionarte sin pudor porque eso era. Eso era. Y ya no te acordabas.
    </p><p class="article-text">
        Y yo quer&iacute;a contar esto, Lucre, antes de que nos dejaras el pasado lunes con el coraz&oacute;n roto a todos los que tuvimos la inmensa suerte de conocerte y quererte. Yo quer&iacute;a contar esto y ahora no s&eacute; de qu&eacute; escribir.
    </p><p class="article-text">
        Me siento torpe y tecleo, y borro, y mido las palabras porque no s&eacute; a qu&eacute; vengo yo aqu&iacute; a hablar de chispazos de vida cuando has dejado un hueco tan grande.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso, seguramente, lo &uacute;nico que puedo o que quiero hacer ahora es aferrarme a los destellos. Porque el otro d&iacute;a fui al cine de verano, Lucre, y me acord&eacute; de lo que me gustan las pel&iacute;culas, las historias bien contadas, y mientras estaba sentada en la silla, mi cuerpo se mov&iacute;a despacio al son de la m&uacute;sica, pero yo sent&iacute;a que se elevaba por encima del resto de butacas en medio de aquella noche de verano del mes de julio que nos regal&oacute; un poco de viento fresco. Y quise seguir. Y quise no apagarme nunca.
    </p><p class="article-text">
        Y yo creo que t&uacute; esto lo sab&iacute;as, que sab&iacute;as que merec&iacute;a la pena y por eso nos contagiaste a todos las ganas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pienso en esa idea que dice que la vida no es una línea recta, sino todas esas cosas que la interrumpen y que nos obligan a parar y a mirar. Relámpagos que fulminan la lógica de lo predecible, tormentas, tormentas en una noche de verano. Grietas por las que se filtra la luz, y el dolor, y todas esas cosas complicadas a las que solemos retirar la mirada porque nos dan miedo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A ti, que gritaste de alegr&iacute;a cuando me propusiste escribir estas columnas y te dije &ldquo;s&iacute;&rdquo;, que me abriste las puertas de esta forma de contar en la que ahora me siento en casa, que creaste un equipo de buena gente, creo que el mejor homenaje que puedo hacerte es no dejar vencerme por el des&aacute;nimo, no perder la capacidad de asombro, seguir creyendo en ese hacer bien y hacer con honestidad.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en esa idea que dice que la vida no es una l&iacute;nea recta, sino todas esas cosas que la interrumpen y que nos obligan a parar y a mirar. Rel&aacute;mpagos que fulminan la l&oacute;gica de lo predecible, tormentas, tormentas en una noche de verano. Grietas por las que se filtra la luz, y el dolor, y todas esas cosas complicadas a las que solemos retirar la mirada porque nos dan miedo.
    </p><p class="article-text">
        Yo voy a intentar mirarlas, Lucre, voy a perseguir los destellos y el fuego y las tormentas, voy a dejar que me zarandeen, y cuando lo hagan, pensar&eacute; que era eso. Que era eso.
    </p><p class="article-text">
        Hablaba Machado de la vida militante, de vivir con los ojos abiertos, de que la poes&iacute;a no era el sue&ntilde;o, ni la evasi&oacute;n, sino la vigilia. Estar&eacute; despierta, Lucre, seguir&eacute; mirando, dejar&eacute; que la lluvia me moje la cara con fuerza. Y cuando lo haga, te lo escribir&eacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/medio-tormenta_132_12456947.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jul 2025 20:10:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En medio de la tormenta]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra el guion perfecto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/guion-perfecto_132_12420934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5c9603a-fc8a-4b46-bdab-aa3b0686d79d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra el guion perfecto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En estos tiempos de optimizarlo todo, de convertirnos en versiones corregidas de nosotros mismos, siento que algo se pierde</p></div><p class="article-text">
        Si hay algo que adoro de tener plataformas es la posibilidad de revisitar viejas pel&iacute;culas. A veces me hago mis propios ciclos: por autores, por tem&aacute;tica, por &eacute;pocas... &Uacute;ltimamente, me he reencontrado con algunas primeras pel&iacute;culas de autor. Obras hechas con pocos medios, pero con el coraz&oacute;n en llamas, con esa urgencia de quien filma porque no puede no hacerlo, pel&iacute;culas hermosamente imperfectas en las que late lo humano. Observo algunas escenas torpes, admiro los titubeos y las formas de resolver, los pasajes que se atascan y luego vuelan, todas esas cosas que te tocan porque en ellas est&aacute; la vida. Y de repente algo empieza a inquietarme: &iquest;Pasar&iacute;an estas pel&iacute;culas hoy un pitching? &iquest;Ser&iacute;an aceptadas en laboratorios de guion? &iquest;Podr&iacute;an hacerse?
    </p><p class="article-text">
        Si no est&aacute;n familiarizados con la industria del cine en Espa&ntilde;a, les contar&eacute; que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha consolidado un camino casi obligatorio para que una pel&iacute;cula pueda existir. Los guiones han de pasar a&ntilde;os en laboratorios donde ser&aacute;n mentorizados, tutorizados y corregidos, ser&aacute;n sometidos a procesos de pitching (una exposici&oacute;n de pocos minutos ante posibles inversores) en los que tendr&aacute;n que demostrar su valor, su eficacia, su viabilidad, sus posibilidades de ser premiado o seleccionado en festivales. En todo este proceso, a veces unos 6 o 7 a&ntilde;os, la pel&iacute;cula, antes de ser llevada a cabo, debe demostrar que es un valor seguro. Y mientras escribo &ldquo;valor seguro&rdquo; se me ponen los vellos de punta.
    </p><p class="article-text">
        No digo que no sea enriquecedor e interesante pasar por una mentor&iacute;a o un laboratorio, desde luego lo es. Pero &iquest;qu&eacute; pasa si en ese largo camino se pierde la urgencia, lo instintivo, lo que palpita? &iquest;Qu&eacute; parte de lo humano se sacrifica en pos de lo pulido, lo que encaja y lo que funciona? &iquest;Se pueden aplicar l&oacute;gicas de calidad a las historias que contamos?
    </p><p class="article-text">
        Mi impresi&oacute;n es que esto va en contra de la esencia del cine independiente, ese que contiene error pero tambi&eacute;n desgarro. En el cine, como en la vida, yo no quiero guiones perfectos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay una frase hermosa en la novela de Carmen Martín Gaite: &#039;Echaba de menos la luz, aunque fuera fugitiva, de un momento extraordinario&#039;. Creo que íntimamente, nos pasamos la vida persiguiendo esos instantes de verdad, de emoción auténtica que nos recuerdan que estamos vivos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Dec&iacute;a el fil&oacute;sofo Chul Han que la belleza contempor&aacute;nea es la belleza de lo liso, de lo que no genera fricci&oacute;n. Mientras las redes sociales nos bombardean con cuerpos, rostros y vidas perfectas, la IA genera textos precisos, bien estructurados, sin erratas y sin alma, el sistema capitaliza nuestras emociones y movimientos sociales para convertirlos en productos deseables y vendibles, y hasta nuestras man&iacute;as y rarezas tienen ya nombre cl&iacute;nico para poder ser tratadas y domesticadas, yo recuerdo el t&iacute;tulo de aquella novela de Carmen Mart&iacute;n Gaite: 'Lo raro es vivir'. Y pienso que s&iacute;, que vivir es rar&iacute;simo, y que la creaci&oacute;n nace justamente de esa sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza.
    </p><p class="article-text">
        Les confieso que la necesidad de encajar o de &ldquo;mejorar&rdquo; me ahoga muchas veces. En estos tiempos de optimizarlo todo, de convertirnos en versiones corregidas de nosotros mismos, siento que algo se pierde. Algo fr&aacute;gil, irrepetible. Algo que tiene que ver con el p&aacute;lpito, con la intuici&oacute;n. Algo que no busca ser perfecto, sino verdadero.
    </p><p class="article-text">
        Hay una frase hermosa en la novela de Carmen Mart&iacute;n Gaite: &ldquo;Echaba de menos la luz, aunque fuera fugitiva, de un momento extraordinario&rdquo;. Creo que &iacute;ntimamente, nos pasamos la vida persiguiendo esos instantes de verdad, de emoci&oacute;n aut&eacute;ntica que nos recuerdan que estamos vivos.
    </p><p class="article-text">
        Lo extraordinario, como lo verdadero, nunca sigue un guion perfecto. Y quiz&aacute; sea en ese desv&iacute;o, en esa imperfecci&oacute;n, donde todav&iacute;a podamos reconocernos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/guion-perfecto_132_12420934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2025 20:27:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra el guion perfecto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adiós a Guadalupe Tempestini, la maga que dio vida a los títeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/adios-guadalupe-tempestini-maga-dio-vida-titeres_132_12383973.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf9176ea-530b-4013-8a75-6a9988e5d955_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós a Guadalupe Tempestini, la maga que dio vida a los títeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Guadalupe fue maestra, antropóloga, gestora cultural, pero sobre todo una ferviente militante del arte para la infancia. Era la guardiana de un fuego antiguo cargado de futuro</p><p class="subtitle">OPINIÓN - Lo intento
</p></div><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;t&iacute;tere&rdquo; lleg&oacute; a mi vida de la mano de Guadalupe Tempestini. Tengo un recuerdo n&iacute;tido, de esos que el cerebro decide, por razones misteriosas, conservar para siempre. Soy una ni&ntilde;a muy peque&ntilde;a y estoy en el patio del Teatro Lope de Vega. Tengo telas de colores en las manos, pegamento, tijeras, botones, y estoy dando forma a una criatura inventada. A mi alrededor pululan figuras de madera, de papel, de cart&oacute;n; seres diminutos y expresivos que parecen compartir con nosotros, los ni&ntilde;os, un lenguaje secreto. Son los primeros a&ntilde;os de los ochenta y aquello son los comienzos de uno de los eventos culturales m&aacute;s hermosos que ha dado la ciudad de Sevilla: el Festival Internacional del T&iacute;tere, el m&aacute;s antiguo de Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Guadalupe hab&iacute;a llegado poco antes desde Rosario, Argentina, en 1981, huyendo de la sangrienta dictadura de Videla. Ya lo hab&iacute;a hecho su compa&ntilde;ero, Alcides Moreno, a quien la dictadura hab&iacute;a condenado al exilio mediante la llamada &ldquo;Ley de Prescindibilidad&rdquo;. Ambos tuvieron que dejar atr&aacute;s sus trabajos, amigos, familia y empezar de cero con dos hijos peque&ntilde;os y unas pocas maletas con t&iacute;teres y m&aacute;scaras. 
    </p><p class="article-text">
        En Sevilla encontraron una ciudad que a&uacute;n despertaba de su propia dictadura, pero tambi&eacute;n solidaridad y mano tendida. Unas de esas manos fueron las del gestor cultural Chus Cantero y el director teatral y dramaturgo, Pedro &Aacute;lvarez Osorio. Junto a ellos levantaron la primera edici&oacute;n de la Feria del T&iacute;tere en 1981. Contaba Guadalupe que como la gente hab&iacute;a olvidado los t&iacute;teres, tuvieron que disfrazarse y recorrer las calles de la ciudad para animar a los espectadores. Aquello acab&oacute; siendo uno de los festivales de artes esc&eacute;nicas m&aacute;s importantes de este pa&iacute;s, con 44 ediciones celebradas y habiendo acogido a 440 compa&ntilde;&iacute;as de 39 pa&iacute;ses y m&aacute;s de 800.000 espectadores. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Bajo su mirada sensible y rigurosa, el Teatro Alameda se convirtió en un espacio de referencia con una programación que no trataba a los niños con condescendencia, sino con respeto y curiosidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Guadalupe fue maestra, antrop&oacute;loga, gestora cultural, pero sobre todo una ferviente militante del arte para la infancia. Fue una mujer con una visi&oacute;n, de esas que tan raramente vemos en los &uacute;ltimos tiempos. Sab&iacute;a de la potencia po&eacute;tica y transformadora del teatro en la infancia. Y con esa visi&oacute;n dirigi&oacute; el Teatro Alameda desde 1990 y cre&oacute; el programa 'El teatro y la escuela', que durante d&eacute;cadas llev&oacute; a miles de ni&ntilde;os por primera vez al teatro. Muchos, despu&eacute;s de aquello, nos convertimos en espectadores para siempre. 
    </p><p class="article-text">
        Bajo su mirada sensible y rigurosa, el Teatro Alameda se convirti&oacute; en un espacio de referencia con una programaci&oacute;n que no trataba a los ni&ntilde;os con condescendencia, sino con respeto y curiosidad. Guadalupe siempre crey&oacute; en la cultura como forma de comunidad, de comunicaci&oacute;n, de expresi&oacute;n, de emoci&oacute;n. En su voz, la palabra &ldquo;t&iacute;tere&rdquo; adquir&iacute;a una dignidad y una dimensi&oacute;n que nunca jam&aacute;s le o&iacute; a nadie m&aacute;s. Era la guardiana de un fuego antiguo cargado de futuro. 
    </p><p class="article-text">
        Fue impulsora de redes internacionales como UNIMA y ASSITEJ, dise&ntilde;&oacute; pol&iacute;ticas culturales, recibi&oacute; el Premio Nacional de Teatro para la Infancia y la Juventud, y fue la promotora de nuevos festivales como Circada. El d&iacute;a que se jubil&oacute;, el Teatro Alameda coloc&oacute; una butaca con su nombre, para que siempre pudiera ir a ver los espect&aacute;culos a la que era su casa.  
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Guadalupe era la risa, la vitalidad en persona, la guerrillera lista y brillante, la única persona que me seguía llamando “Laurita” y sonaba igual que cuando lo hacía mi abuela</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me resulta extra&ntilde;o hablar de Guadalupe en pasado, se me hace rar&iacute;simo escribir sobre su dimensi&oacute;n profesional con una impuesta distancia para que el amor que sent&iacute;a, que siento, por ella no empa&ntilde;e el reconocimiento de todo lo que hizo esta incre&iacute;ble mujer por esta ciudad, y todo lo que sus habitantes le debemos. 
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, Guadalupe, mi t&iacute;a sin necesidad de consanguinidad, amiga &iacute;ntima de mis padres, familia elegida de esos argentinos que, como mi padre, como ella, dejaban con dolor una vida al otro lado del oc&eacute;ano y ten&iacute;an que recomenzar entre empanadas y tostadas con aceite de oliva, para m&iacute;, dec&iacute;a, Guadalupe era la risa, la vitalidad en persona, la guerrillera lista y brillante, la &uacute;nica persona que me segu&iacute;a llamando &ldquo;Laurita&rdquo; y sonaba igual que cuando lo hac&iacute;a mi abuela.
    </p><p class="article-text">
        Este s&aacute;bado sus amigos y familiares la despedir&aacute;n en Sevilla. Y me imagino que, de alguna manera, ah&iacute; estar&aacute;n los t&iacute;teres, sus viejos y queridos amigos, susurrando, cuid&aacute;ndola, d&aacute;ndole las gracias, haci&eacute;ndole la &uacute;ltima reverencia. Gracias Guadalupe, te extra&ntilde;aremos mucho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/adios-guadalupe-tempestini-maga-dio-vida-titeres_132_12383973.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jun 2025 20:25:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adiós a Guadalupe Tempestini, la maga que dio vida a los títeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tïteres,Sevilla,Teatro,Exilio,Argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo intento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/lo-intento_132_12345154.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2442229d-fabc-4c7f-9570-3c2310e8f569_16-9-discover-aspect-ratio_default_1118940.jpg" width="708" height="398" alt="Lo intento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay ninguna épica en las historias sobre intentarlo, no hay un sabor de victoria esperando al otro lado, no hay vítores ni aplausos ni promesas de felicidad ni epifanía. Hay solo el día siguiente, y hacerte un café, y volver al trabajo</p><p class="subtitle">Una habitación con vistas</p></div><p class="article-text">
        Reconozco que la primera vez que vi <em>Frances Ha</em> no me gust&oacute; mucho. Demasiado pizpireta y adorablemente torpe, esos personajes de chicas locuelas tan de moda en el cine independiente de los dos mil siempre me ponen un poco de los nervios. Y sin embargo, con los a&ntilde;os vuelven escenas a mi cabeza. Frances corriendo por Nueva York y David Bowie de fondo cantando <em>&ldquo;I'm standing in the wind but I never wave bye-bye. But I try. I try...&rdquo;. </em>Frances diciendo que es &ldquo;no funcional&rdquo;, Frances intent&aacute;ndolo todo el rato. 
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, dando una clase de guion, les planteaba a mis alumnos el cuestionamiento de las narrativas cl&aacute;sicas, esas en las que alguien debe enfrentarse a un conflicto, superar unas pruebas para llegar al final del arco narrativo m&aacute;s sabio, transformado, portando un conocimiento o una fuerza que antes no ten&iacute;a. Puede que esta sea una direcci&oacute;n, s&iacute;, pero es solo una de tantas posibles, les digo, porque creo que la vida no va tanto de pruebas que superar de forma lineal, sino de escenarios que habitar, de sobrevivir, de hacerlo con torpeza. A veces los conflictos no nos ense&ntilde;an absolutamente nada y las cosas simplemente pasan, y nos desordenan, nos cansan, nos desgastan. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;...But I try. I try&rdquo;. Tarareo este temazo de Bowie mientras yo tambi&eacute;n me muevo torpemente por la ciudad, intentando llegar a todo sin conseguirlo, intentando ser al menos una versi&oacute;n m&aacute;s disciplinada, organizada y emocionalmente estable de m&iacute; misma. Lo intento. Intento cumplir con mi trabajo, tachar la lista de tareas, poner la lavadora antes de quedarme sin ropa limpia, estar para los amigos, hacer la compra, ser sociable, reducir el gluten, respetar los ritmos circadianos, felicitar los cumplea&ntilde;os, hacer ejercicio, poner l&iacute;mites, tener conversaciones, regar las plantas, reciclar los envases, saber escuchar, responder los mails, sacar un rato para leer por placer, beber dos litros de agua, ir a terapia, no zombificarme durante horas haciendo 'scroll' con el m&oacute;vil, ser sociable, ser amable, ser interesante, ser organizada, ser puntual, ser cari&ntilde;osa, ser creativa. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creo que la vida no va tanto de pruebas que superar de forma lineal, sino de escenarios que habitar, de sobrevivir, de hacerlo con torpeza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>&ldquo;I know when to go out, and when to stay in&hellip; get things done.&rdquo; </em>Algunos d&iacute;as solo puedo intentar que la ansiedad no me coma y que las ganas de crear me esperen y no se esfumen. Soy un desastre, me digo. Pero lo estoy intentando. Y en realidad creo que la vida va de eso, de intentarlo. 
    </p><p class="article-text">
        No hay ninguna &eacute;pica en las historias sobre intentarlo, no hay un sabor de victoria esperando al otro lado, no hay v&iacute;tores ni aplausos ni promesas de felicidad ni epifan&iacute;a. Hay solo el d&iacute;a siguiente, y hacerte un caf&eacute;, y volver al trabajo, y re&iacute;rte con alguna chorrada, y que se te vuelva a olvidar contestar los whatsapp, y proponerte que te apuntar&aacute;s a pilates, y no hacerlo, y volver a irte a la cama tarde. 
    </p><p class="article-text">
        Hay una escena de <em>Frances Ha</em> que explica el nombre de la pel&iacute;cula. Frances se dispone a colocar la etiqueta con su nombre en el buz&oacute;n de la que ser&aacute; su casa, pero lo ha escrito con una letra tan grande que no cabe. Podr&iacute;a haber vuelto, coger otro papel y escribir su nombre m&aacute;s peque&ntilde;o, de manera que encajara en el hueco del buz&oacute;n. En cambio, ella dobla lo que sobra y lo mete igual. Y en lugar de Frances Halladay, lo que se lee es solo: Frances Ha.
    </p><p class="article-text">
        Ahora me emociona profundamente esta escena y quiero abrazar a Greta Gerwig. Doblar el papel y meterlo como sea, saber que las cosas no van a ser como las pens&aacute;bamos, habitar lo que nos toca como mejor podemos. Ese 'Ha' me parece una risa, un suspiro, una rendici&oacute;n y una victoria al mismo tiempo, un recordatorio de que intentarlo, a veces, es lo m&aacute;s que podemos hacer.
    </p><p class="article-text">
        Frances bailando sola, con la cara llena de luz y de duda. Qu&eacute; hermosa imagen y qu&eacute; valiente. Eso es. Seguir bailando, como una puede.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/lo-intento_132_12345154.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 May 2025 19:02:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo intento]]></media:title>
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