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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laura Hojman]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laura-hojman/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laura Hojman]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Quien más quería a España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/queria-espana_132_13592040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/adc7e46e-856a-4fb8-b8a1-8fee2115ddc5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quien más quería a España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El recuerdo de esos días me sobrecoge al conocer la decisión del Tribunal Supremo de suspender el derecho al voto en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre de miles de personas que obtuvieron la nacionalidad española en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática</p></div><p class="article-text">
        En febrero de 2019&nbsp;me encontraba en Collioure rodando el documental &ldquo;Antonio Machado. Los d&iacute;as azules&rdquo;. Solo un par de d&iacute;as antes, ya en carretera, hab&iacute;amos sabido que el presidente del Gobierno, Pedro S&aacute;nchez, acudir&iacute;a en visita oficial a rendir homenaje a la tumba de Machado cuando se cumpl&iacute;a el 80&ordm; aniversario de su muerte y del exilio republicano, ya que el poeta muri&oacute; pocos d&iacute;as despu&eacute;s de cruzar la frontera espa&ntilde;ola, como &eacute;l mismo hab&iacute;a presagiado.
    </p><p class="article-text">
        En aquella visita, la primera de un presidente del Gobierno espa&ntilde;ol en ejercicio tras m&aacute;s de 40 a&ntilde;os de democracia, una comitiva formada por representantes de la cultura, la memoria, la justicia, y el exilio espa&ntilde;ol lo acompa&ntilde;aba para ser testigo de un reconocimiento que llegaba demasiado tarde, pero que al fin llegaba.
    </p><p class="article-text">
        El mismo d&iacute;a, visit&oacute; la tumba de Aza&ntilde;a, en Montauban, y la playa de Argel&egrave;s-sur-Mer, donde miles de espa&ntilde;oles fueron hacinados en condiciones miserables tras huir de las tropas franquistas. (Mirar las fotograf&iacute;as de los espa&ntilde;oles muertos de hambre tras las alambradas y recordar c&oacute;mo fueron tratados como una amenaza por parte del Gobierno franc&eacute;s, deber&iacute;a hacernos reflexionar sobre ciertas cosas, pero qu&eacute; mal tratamos la memoria).
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, en ese lugar que sigue helando la sangre y que conserva el desgarro del desamparo y la p&eacute;rdida, se concentraron numerosos hijos, nietos y descendientes de aquellos hombres y mujeres. Algunos de ellos, ya viejecitos y con ojos vidriosos, eran ni&ntilde;os cuando cruzaron la frontera entre bombardeos y miseria.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a que estar all&iacute;. No puedo decir otra cosa a quienes, incluso ante un acto de justicia, dijeron que deb&iacute;a haberse hecho as&iacute; o as&aacute;. Hab&iacute;a que estar all&iacute;, junto a los que, por primera vez, escucharon un perd&oacute;n oficial por parte del Estado espa&ntilde;ol y sintieron que se reconoc&iacute;a la memoria de sus padres. Hab&iacute;a que ver sus l&aacute;grimas, sus abrazos emocionados, sus manos temblorosas.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, se escuch&oacute; un &ldquo;Viva Espa&ntilde;a&rdquo;. Un grito que para m&iacute; fue completamente nuevo, como si lo hubiera o&iacute;do por primera vez. En boca de la viejecita que lo hab&iacute;a entonado adquir&iacute;a un significado completamente distinto al que estaba acostumbrada. Ese tono agresivo, casi militar que parece arrojarse siempre contra alguien, no exist&iacute;a en su voz. Por el contrario, todo en aquella expresi&oacute;n era un profundo amor.
    </p><p class="article-text">
        He recordado hace un rato unas palabras de mi amigo Antonio Maestre: &ldquo;<em>Lo mejor de Espa&ntilde;a, quienes m&aacute;s quer&iacute;an a Espa&ntilde;a, eran quienes estaban fuera de Espa&ntilde;a&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Han pasado m&aacute;s de siete a&ntilde;os desde aquel reconocimiento a quienes tuvieron que salir por la fuerza de su pa&iacute;s y dejar atr&aacute;s toda una vida, y el recuerdo de esos d&iacute;as me sobrecoge al conocer la decisi&oacute;n del Tribunal Supremo de suspender el derecho al voto en las elecciones generales del pr&oacute;ximo 29 de noviembre de miles de personas que obtuvieron la nacionalidad espa&ntilde;ola en cumplimiento de la Ley de Memoria Democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La llamada &ldquo;ley de nietos&rdquo; reconoci&oacute; la nacionalidad espa&ntilde;ola a aquellos hijos o nietos de quienes tuvieron que abandonar Espa&ntilde;a a causa de la Guerra Civil o la dictadura franquista. Una medida de reparaci&oacute;n hist&oacute;rica que no solo restituye derechos a quienes fueron expulsados violentamente de su pa&iacute;s, sino que reconoce su lugar en nuestra historia y contribuye a reparar su dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Me parece una forma de violencia, otra m&aacute;s, a la que por desgracia, ya est&aacute;n acostumbrados los descendientes del exilio.
    </p><p class="article-text">
        Ahora los jueces del Tribunal Supremo, a ra&iacute;z de los recursos presentados por la ultraderecha, les piden que demuestren con papeles y documentaci&oacute;n los motivos de su exilio. Pruebas de las amenazas, de las persecuciones, de las represalias, del miedo. Lo hacen a sabiendas de que es imposible revisar los cerca de 163.000 expedientes afectados antes de las elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; verg&uuml;enza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/queria-espana_132_13592040.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2026 22:28:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quien más quería a España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gallo negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/gallo-negro_132_13575320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ae4181f-a16f-4819-9003-2d0cc139597f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1031y877.jpg" width="1200" height="675" alt="El gallo negro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Volveré a la calle con los míos y creeré que se puede. Lo creeré por todas las Maricarmen, por lo sufrido en carne propia, por mis abuelos, por mis padres y por todos los que lo intentaron. Lo creeré, porque no se rinde un gallo rojo más que cuando está ya muerto</p></div><p class="article-text">
        La casa de Isabel y David se encontraba en Vicente L&oacute;pez, una localidad ribere&ntilde;a al norte de Buenos Aires. Ella era hija del pintor granadino Manuel &Aacute;ngeles Ortiz y ahijada de Lorca. &Eacute;l, un jud&iacute;o b&uacute;lgaro de origen sefard&iacute; que hab&iacute;a acudido a Espa&ntilde;a a luchar con las Brigadas Internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Buenos Aires fue la ciudad donde pudieron volver a empezar tras a&ntilde;os de huidas, campos de concentraci&oacute;n y persecuciones. Mis abuelos, compa&ntilde;eros de militancia del Partido Comunista Argentino, fueron sus grandes amigos. Y aquella casa se convirti&oacute; en refugio y punto de encuentro de exiliados espa&ntilde;oles. Intelectuales, artistas, poetas y antiguos combatientes de la Guerra Civil se daban cita entre aquellas paredes y se juntaban para recordar.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre, que entonces era un ni&ntilde;o, atesora algunos recuerdos que siempre le pido que vuelva a contarme. Uno de ellos es de principios de 1964. &Eacute;l ten&iacute;a 12 a&ntilde;os y su padre le se&ntilde;al&oacute; a un hombre&nbsp;&nbsp;delgado que hablaba con los due&ntilde;os de la casa. Era el poeta Marcos Ana, que hab&iacute;a llegado en oto&ntilde;o del a&ntilde;o anterior a la ciudad tras su liberaci&oacute;n, tras pasar casi 23 a&ntilde;os en las c&aacute;rceles franquistas.
    </p><p class="article-text">
        Otro es del a&ntilde;o siguiente. Alguien apareci&oacute; con un disco que caus&oacute; un gran revuelo. R&aacute;pidamente, lo pusieron en el tocadiscos y de inmediato, comenzaron a sonar canciones que, por el acento, mi padre identific&oacute; como espa&ntilde;olas. Las canciones hablaban de mineros en huelga, de un hombre que, dirigi&eacute;ndose a una paloma, le contaba que, aunque su vida era el trabajo, estaba harto de que le pagaran mal y que las leyes favorecieran al patr&oacute;n. Otra hablaba de dos gallos, uno rojo y otro negro, que se enfrentaban en un combate a muerte.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la voz de Chicho S&aacute;nchez Ferlosio entonaba aquel &ldquo;<em>cuando canta el gallo negro es que ya se acaba el d&iacute;a...</em>&rdquo;, se hab&iacute;a formado un corro alrededor del tocadiscos. Aquellos republicanos, tras escuchar en silencio sepulcral, comenzaron a llorar. El ni&ntilde;o que era mi padre, y que nunca hab&iacute;a visto llorar a hombres curtidos, guard&oacute; en su memoria para siempre aquella canci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Yo ten&iacute;a escrita otra columna para hoy. Una en la que hablaba desde la rabia y el profundo dolor por los acontecimientos vividos estos d&iacute;as. No solo la terrible muerte de Maricarmen a manos del m&aacute;s violento capitalismo salvaje y de quienes lo anteponen ante la vida. Tambi&eacute;n por esa exhibici&oacute;n de maldad de agitadores, presentadores, pol&iacute;ticos, pseudomedios, columnistas...&nbsp;Aquellos que han hecho chistes y burlas de una mujer de 87 a&ntilde;os enferma en un hospital tras perderlo todo. Aquellos que no han tenido la decencia de guardar un m&iacute;nimo respeto por la dignidad humana. Aquellos que carecen de ella.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esa maldad parecía expandirse como un virus, la misma de quienes llamaron a cazar migrantes y a quemar sacos de dormir y tiendas de campaña de personas que intentan construirse un futuro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me sent&iacute; profundamente triste. Esa maldad parec&iacute;a expandirse como un virus, la misma de quienes llamaron a cazar migrantes y a quemar sacos de dormir y tiendas de campa&ntilde;a de personas que intentan construirse un futuro. El gallo negro era m&aacute;s m&aacute;s grande.
    </p><p class="article-text">
        La noche de la muerte de Maricarmen, aquella vieja canci&oacute;n volvi&oacute; a sonar en la plaza de mi ciudad. Desde las gargantas y los pechos doloridos de las personas que all&iacute; se congregaban, se entonaron esos versos: <em>&ldquo;El gallo negro era grande pero el rojo era valiente, el gallo negro era grande pero el rojo era valiente</em>&rdquo;. Y entonces, necesit&eacute; creer. Necesit&eacute; pensar que todav&iacute;a nos reconocemos como pueblo, que todav&iacute;a hay un &ldquo;nosotros&rdquo;, una conciencia hist&oacute;rica, una memoria compartida que nos recuerda quienes somos.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo que est&aacute; ocurriendo en las calles va mucho m&aacute;s all&aacute; de la vivienda. Es una respuesta colectiva a un sistema cruel que antepone el beneficio de unos pocos a la vida de las personas, es recuperar la buena pol&iacute;tica, la pol&iacute;tica de lo com&uacute;n, la que nos hace reconocernos en los problemas de los dem&aacute;s y luchar colectivamente por ellos. Es un grito de &ldquo;basta ya&rdquo; ante la deshumanizaci&oacute;n de un sistema que considera que hay vidas prescindibles. Es un zarandeo a aquellos que se han olvidado de a quienes representan. Y s&iacute;, es una lucha antifascista. Y es una lucha de clase.
    </p><p class="article-text">
        Volver&eacute; a la calle con los m&iacute;os y creer&eacute; que se puede. Lo creer&eacute; por todas las Maricarmen, por lo sufrido en carne propia, por mis abuelos, por mis padres y por todos los que lo intentaron. Lo creer&eacute;, porque no se rinde un gallo rojo m&aacute;s que cuando est&aacute; ya muerto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/gallo-negro_132_13575320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2026 20:40:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gallo negro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Movilización social,Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patricio Guzmán y los átomos de la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/patricio-guzman-atomos-memoria_132_13520249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b04d06b-f80c-44c2-bf91-d253610511a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x590y228.jpg" width="1200" height="675" alt="Patricio Guzmán y los átomos de la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es de extrañar que convirtiera su cine en memoria, en acto de resistencia, y en una forma de poder habitar, desde la distancia, el país que había perdido</p></div><p class="article-text">
        Ha fallecido el cineasta chileno Patricio Guzm&aacute;n. Desde que supe de la noticia hace unos d&iacute;as sent&iacute; como si hubiera perdido a un familiar muy querido, alguien a quien nunca conoc&iacute; personalmente y que, sin embargo, fue muy importante en mi vida.
    </p><p class="article-text">
        No se trata solo de la enorme influencia que tuvieron sus pel&iacute;culas en mi forma de entender el cine documental. Es algo m&aacute;s profundo y dif&iacute;cil de explicar. De alguna manera, sus obras me ayudaron a construir mi identidad, a situarme en el mundo y a aprender a mirarlo.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Guzm&aacute;n que la vida, la existencia, la realidad, est&aacute;n formadas por miles de &aacute;tomos dram&aacute;ticos que se desplazan flotando por el aire y que pasan delante de nuestros ojos. En la mirada de una mujer que se para en medio de la acera, en una pareja de enamorados que cruza la avenida, en un caj&oacute;n, en el viejo &aacute;rbol del patio, en cada lugar, en todas partes, miles de &aacute;tomos que reflejan una porci&oacute;n microsc&oacute;pica de vida. Esos &aacute;tomos son como las letras de un abecedario con las que el cineasta (el poeta, dec&iacute;a), construye palabras, y con esas palabras, frases, y con ellas, historias. Ese es el secreto documental, dijo. Y ese es.
    </p><p class="article-text">
        Patricio Guzm&aacute;n naci&oacute; en Santiago de Chile en 1941 y perteneci&oacute; a una generaci&oacute;n marcada para siempre por el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y la sangrienta dictadura de Pinochet. Cuando el golpe ocurri&oacute;, &eacute;l estaba filmando. Llevaba meses con su equipo registrando la vida pol&iacute;tica del pa&iacute;s y el proceso de la Unidad Popular de Salvador Allende. El resultado fue <em>La batalla de Chile</em>, una de las grandes pel&iacute;culas documentales de la historia del cine, un testimonio directo de un pa&iacute;s que estaba a punto de ser brutalmente masacrado y vendido al neoliberalismo norteamericano.
    </p><p class="article-text">
        Tras el golpe, fue detenido y secuestrado en el Estadio Nacional de Santiago, convertido en campo de concentraci&oacute;n y torturas. Durante su cautiverio, su equipo, con ayuda de familiares, consigui&oacute; esconder y salvar los rollos de la pel&iacute;cula, que fueron sacados del pa&iacute;s. Tras su liberaci&oacute;n, Guzm&aacute;n parti&oacute; de inmediato hacia el exilio. Su director de fotograf&iacute;a, Jorge M&uuml;ller Silva, fue detenido, desaparecido y asesinado junto a su mujer, la tambi&eacute;n cineasta Carmen Bueno Cifuentes. Ten&iacute;an 27 y 24 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        No es de extra&ntilde;ar que convirtiera su cine en memoria, en acto de resistencia, y en una forma de poder habitar, desde la distancia, el pa&iacute;s que hab&iacute;a perdido.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En tiempos difíciles como estos, pienso que el cine documental es más necesario que nunca. Desde la periferia de la industria cinematográfica, nuestras historias nos invitan a pensarnos desde otros lugares, despiertan ideas, arrojan luz sobre las sombras</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En febrero del a&ntilde;o 2015 me encontraba en la Berlinale, acompa&ntilde;ando a Guillermo Rojas, seleccionado como Berlinale Talent en aquella edici&oacute;n. Conseguimos sacar entradas para el estreno de <em>El bot&oacute;n de n&aacute;car</em>. Desde una butaca de la segunda planta del impresionante Palast, lo vi salir al escenario y presentar la pel&iacute;cula. No miento si digo que uno de esos recuerdos que atesoro como regalo de la vida.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula, que gan&oacute; el Oso de Plata a Mejor Guion y el Premio del Jurado, forma parte de imponente y hermosa trilog&iacute;a de la memoria chilena. Junto con <em>Nostalgia de la luz </em>y <em>La cordillera de los sue&ntilde;os</em>, los tres filmes nos ense&ntilde;an que la materia, el paisaje, las estrellas o los oc&eacute;anos son dispositivos de memoria, que conectan la historia &iacute;ntima con la colectiva, y que la violencia siempre deja huellas imborrables en los espacios, las personas, los gestos y la identidad de un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me impresion&oacute; su forma de hacer un cine pol&iacute;tico sin renunciar a la poes&iacute;a y la belleza. Es m&aacute;s, fue a trav&eacute;s de estas c&oacute;mo cre&oacute; un espacio cinematogr&aacute;fico propio en el que elementos aparentemente inconexos y lejanos, adquir&iacute;an nuevas relaciones y significados. Eran esos &aacute;tomos, esas letras que en manos del poeta formaban nuevas palabras y relatos que nos preguntaban, nos invitaban a mirar y nos hablaban de la necesidad de contar.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Patricio Guzm&aacute;n que el documental es un espacio de reflexi&oacute;n de una sociedad y que un pa&iacute;s sin cine documental es como una familia sin &aacute;lbum de fotograf&iacute;as. Escribi&oacute; tambi&eacute;n, que quien no tiene memoria, no habita en ning&uacute;n lugar.
    </p><p class="article-text">
        En tiempos dif&iacute;ciles como estos, pienso que el cine documental es m&aacute;s necesario que nunca. Desde la periferia de la industria cinematogr&aacute;fica, nuestras historias nos invitan a pensarnos desde otros lugares, despiertan ideas, arrojan luz sobre las sombras. Nos mueve el esp&iacute;ritu rebelde y la curiosidad porque como dijo tambi&eacute;n Guzm&aacute;n, tenemos la ambici&oacute;n de los poetas.
    </p><p class="article-text">
        El cine de Patricio Guzm&aacute;n se queda entre nosotros como sus &aacute;tomos de memoria, formando parte de lo que somos.
    </p><p class="article-text">
        Gracias, gracias inmensas por todo, querido y admirado Patricio Guzm&aacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/patricio-guzman-atomos-memoria_132_13520249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2026 18:12:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine documental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Perder el tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/perder-tiempo_132_13487326.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a88ea8b-7157-4e91-9106-f98999c0ad21_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perder el tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al tiempo de no producir o de no optimizarnos lo hemos llamado perder. Tenemos tan interiorizada la lógica productiva capitalista que al descanso lo hemos convertido en pérdida. El tiempo como algo que hay que invertir bien, rentabilizar y no despilfarrar</p></div><p class="article-text">
        En el mes de julio estuve enferma. Pas&eacute; varias veces por urgencias y mi dolor me fastidi&oacute; los d&iacute;as de vacaciones en la playa. De vuelta en la ciudad, aquello me concedi&oacute; cierta legitimidad para quedarme en casa descansando unos d&iacute;as y no volver inmediatamente al trabajo.
    </p><p class="article-text">
        El haber sufrido, f&iacute;sica y mentalmente, me otorgaba una especie de permiso del dios de los aut&oacute;nomos, una forma de autorizaci&oacute;n moral para dedicar mis horas del d&iacute;a a hacer nada.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que ah&iacute; me vi, tirada en el sof&aacute;, delante de la tele, trag&aacute;ndome alguno de esos programas horribles de la tarde que no sab&iacute;a ni que exist&iacute;an porque a esas horas suelo estar trabajando, programas que no me interesaban nada en absoluto, pero que me proporcionaban una olvidada sensaci&oacute;n tremendamente placentera, la de ser due&ntilde;a de mi tiempo  y tener el poder de no hacer absolutamente nada con &eacute;l. Qu&eacute; placer perder el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo entr&oacute; en estado de relajaci&oacute;n, mi angustia menguaba cada d&iacute;a un poquito m&aacute;s y comenc&eacute; a dar menos importancia a mis problemas, a ver las cosas de otra forma y tener ganas de comenzar los d&iacute;as. Incluso, y qu&eacute; paradoja, en mi cabeza comenzaron a aparecer ideas para mis guiones, soluciones a cosas que ten&iacute;a atascadas en el papel desde hac&iacute;a meses.
    </p><p class="article-text">
        Ese perder el tiempo desbloque&oacute; el recuerdo de los a&ntilde;os, quiz&aacute; d&eacute;cadas, en las que ese no hacer nada formaba parte de mi vida cotidiana. Me refiero a hacerlo sin culpabilidad, a estar sentada holgazaneando por que s&iacute;, porque pod&iacute;a, y hacerlo sin esa voz interior castigadora que me dice que deber&iacute;a estar trabajando, respondiendo mails, haciendo las tareas de la casa, haciendo ejercicio, resolviendo tr&aacute;mites o incluso realizando actividades de ocio, aprovechando el tiempo. Aprovechando. No perdiendo.
    </p><p class="article-text">
        Porque al tiempo de no producir o de no optimizarnos lo hemos llamado perder. Tenemos tan interiorizada la l&oacute;gica productiva capitalista que al descanso lo hemos convertido en p&eacute;rdida. El tiempo como algo que hay que invertir bien, rentabilizar y no despilfarrar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En mis días de no hacer nada, de tener el permiso que me había dado la enfermedad, recuperé una vitalidad y una motivación olvidadas, sepultadas bajo la lógica del rendimiento y del crecimiento continuo. Deseé charlar tranquilamente con mis amigos, pasear por el río, mirar las estrellas, recuperar mi pasión por la fotografía, abrazar a mis padres, escribir, aprender. No quise menos. Quise más. Más vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Uno de los libros que m&aacute;s he disfrutado este verano es JOMO, de Juan Evaristo Valls Boix. Si en su ensayo anterior, El derecho a las cosas bellas, ya desafiaba la tiran&iacute;a de la productividad y vindicaba una forma de vivir alineada con la belleza y no con la utilidad, en JOMO explora una redirecci&oacute;n del deseo como forma de resistencia.
    </p><p class="article-text">
        JOMO son las siglas de &ldquo;<em>The joy of missing out</em>&rdquo;, la alegr&iacute;a de perderse cosas, y surge en contraposici&oacute;n al t&eacute;rmino FOMO, que tanto nos hemos acostumbrado a escuchar y a sentir: el miedo a perdernos algo, a quedarnos fuera, a no aprovechar la oportunidad.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta sensaci&oacute;n angustiosa que nos lleva a correr, a llegar, a alcanzar siempre nuevas metas mientras por el camino nos ahogamos porque no hay cuerpo que lo aguante, el JOMO nos propone una peque&ntilde;a revoluci&oacute;n micropol&iacute;tica: el gusto de perder, el valiente deseo de no estar, de no competir, de no ganar. El descanso y la alegr&iacute;a de quedarse, de holgazanear, de divagar. Retirar nuestro deseo de la econom&iacute;a neoliberal de la excitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El JOMO</em>&rdquo;, escribe Valls, &ldquo;<em>no es una apolog&iacute;a del fracaso, sino una cr&iacute;tica radical a la ontolog&iacute;a de la ganancia&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En mis d&iacute;as de no hacer nada, de tener el permiso que me hab&iacute;a dado la enfermedad, recuper&eacute; una vitalidad y una motivaci&oacute;n olvidadas, sepultadas bajo la l&oacute;gica del rendimiento y del crecimiento continuo. Dese&eacute; charlar tranquilamente con mis amigos, pasear por el r&iacute;o, mirar las estrellas, recuperar mi pasi&oacute;n por la fotograf&iacute;a, abrazar a mis padres, escribir, aprender. No quise menos. Quise m&aacute;s. M&aacute;s vida.
    </p><p class="article-text">
        Record&eacute; entonces a aquellos hombres grises de Momo, la novela de Michael Ende, que convenc&iacute;an a la gente de que deb&iacute;a ahorrar tiempo en una especie de caja de ahorros, y de que el descanso, los amigos o el arte, eran un desperdicio de este codiciado bien. Despu&eacute;s se lo fumaban, convertido en humo gris, un humo que estos hombrecillos necesitaban para vivir. Hab&iacute;an conseguido que las personas entregaran su tiempo a cambio de la promesa de que alg&uacute;n d&iacute;a tendr&iacute;an una vida mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/perder-tiempo_132_13487326.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Sep 2026 20:45:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perder el tiempo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ocio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo estás haciendo mal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/haciendo-mal_132_13404956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/433216a3-e8fc-4514-98b5-16b510e46153_16-9-discover-aspect-ratio_default_1115633.jpg" width="4912" height="2763" alt="Lo estás haciendo mal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un sistema que consigue convencernos de que todo nuestro malestar se debe a nuestros propios fallos, no necesita defenderse. Se empodera mientras nos señala con el dedo y cambia la dirección de la vigilancia hacia nosotros mismos y hacia nuestros semejantes</p></div><p class="article-text">
        Mi madre tiene uno de esos relojes inteligentes (odio llamarlos as&iacute;) que te miden las horas de sue&ntilde;o, si has alcanzado los 10.000 pasos diarios y todas esas cosas. Si no ha cumplido los objetivos, le manda mensajes tipo: &ldquo;&iexcl;Todav&iacute;a est&aacute;s a tiempo de alcanzar tu meta diaria!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Vamos! Solo te quedan 2.000 pasos!&rdquo;, o &ldquo;tu calidad de sue&ntilde;o ha sido un poco peor que la de ayer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que acab&eacute; borrando la aplicaci&oacute;n de Duolingo porque el b&uacute;ho de las narices no paraba de darme la brasa con que no hac&iacute;a lo suficiente. Me recriminaba que llevaba tres d&iacute;as sin practicar mi ingl&eacute;s, que iba a perder mi racha, que as&iacute; no iba a subir de nivel. Lo que me faltaba. Por si no fuera suficiente con mi voz interior, ahora va a venir el b&uacute;ho a recordarme lo mal que lo estoy haciendo.
    </p><p class="article-text">
        Si abro Instagram, la historia se repite. Aqu&iacute; el lenguaje ya es pel&iacute;n m&aacute;s agresivo. Decenas de creadores de contenido: entrenadores <em>online</em>, nutricionistas, <em>influencers</em>, psic&oacute;logos, gur&uacute;s del bienestar, te lanzan un: &ldquo;Lo est&aacute;s haciendo mal&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Te sientes hinchada despu&eacute;s de comer? Est&aacute;s comiendo mal&rdquo;, &ldquo;&iquest;No puedes conciliar el sue&ntilde;o? Te est&aacute;s yendo a la cama mal&rdquo;, &ldquo;&iquest;Tienes ojeras hasta el suelo? Est&aacute;s usando el retinol mal&rdquo;, &ldquo;&iquest;Te duelen los lumbares, las caderas, las rodillas y sientes que tu cuerpo apenas puede sostenerte? Est&aacute;s entrenando mal. Mal. Mal. Mal. Prueba estos tres <em>tips</em>&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Por supuesto, también me culpo por su existencia, porque tengo que aprender a no exigirme tanto, a tratarme mejor. Resulta que esto también lo hago mal. Y en este bucle infinito, empiezo a pensar de dónde sale esa vocecilla, qué la alimenta</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mientras sube el nivel de las aguas negras del pozo de la culpa, convencida de que no duermo bien porque miro pantallas antes de irme a la cama, de que mi dermatitis cr&oacute;nica se debe a que no s&eacute; gestionar bien el estr&eacute;s o que me duele terriblemente la espalda porque no dedico tiempo a activar el <em>core</em>, me doy cuenta de que dentro de mi cabeza vive una peque&ntilde;a tirana. Una que me abronca constantemente. Incluso en los peores momentos, cuando estoy triste, agotada, o sobrepasada, me dice: &ldquo;Por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, tambi&eacute;n me culpo por su existencia, porque tengo que aprender a no exigirme tanto, a tratarme mejor. Resulta que esto tambi&eacute;n lo hago mal. Y en este bucle infinito, empiezo a pensar de d&oacute;nde sale esa vocecilla, qu&eacute; la alimenta. &iquest;Estuvo siempre ah&iacute;? &iquest;Y si no fuera m&iacute;a? &iquest;Y si es la voz de un sistema que nos hace creer que todo nuestro malestar es responsabilidad individual para que no nos d&eacute; por mirar hacia arriba?
    </p><p class="article-text">
        Porque claro, si mir&aacute;semos, aparecer&iacute;an los trabajos precarios, la inestabilidad laboral, la preocupaci&oacute;n por si el casero te subir&aacute; el alquiler el mes que viene, la falta de tiempo para pasear o estar con tus seres queridos, la hiperconectividad que nos hace tener que estar disponibles continuamente, la multitarea que merma nuestra capacidad de concentraci&oacute;n, la angustia por el auge del fascismo, el racismo y el machismo, el clima de violencia pol&iacute;tica y social...
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sospechar de la baja del compañero de trabajo en lugar de reconocernos en su dolor y unirnos para exigir unas condiciones más humanas, no solo nos convierte en una especie de policías del sistema, sino que acaba con la posibilidad de solidaridad y empatía</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y es que un sistema que consigue convencernos de que todo nuestro malestar se debe a nuestros propios fallos, no necesita defenderse. Se empodera mientras nos se&ntilde;ala con el dedo y cambia la direcci&oacute;n de la vigilancia hacia nosotros mismos y hacia nuestros semejantes. Sospechar de la baja del compa&ntilde;ero de trabajo en lugar de reconocernos en su dolor y unirnos para exigir unas condiciones m&aacute;s humanas, no solo nos convierte en una especie de polic&iacute;as del sistema, sino que acaba con la posibilidad de solidaridad y empat&iacute;a. Nos convierte en seres m&aacute;s solitarios y aislados.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta pensar que una peque&ntilde;a forma de rebeli&oacute;n pueda ser decirnos: &ldquo;Lo est&aacute;s haciendo bien. Haces lo que puedes. Intentas ser buena gente, ganarte la vida, cuidar y ser feliz. No es nada f&aacute;cil y ah&iacute; est&aacute;s, intent&aacute;ndolo. Est&aacute; bien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Contra la optimizaci&oacute;n constante de la vida, los contadores de pasos y horas de sue&ntilde;o o los algoritmos que nos exigen m&aacute;s, m&aacute;s y m&aacute;s, quiz&aacute; poder dedicarnos unas pocas palabras amables sea una acci&oacute;n m&aacute;s que significativa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que con estas palabras me despido hasta septiembre, queridos lectores. Descansen, manden a paseo al b&uacute;ho del Duolingo, paseen por el placer de hacerlo, perm&iacute;tanse no ser una mejor versi&oacute;n de s&iacute; mismos, r&iacute;an, coman rico, disfruten de la familia y los amigos. Lo est&aacute;n haciendo bien.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/haciendo-mal_132_13404956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 19:00:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo estás haciendo mal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Bienestar,Trabajo,Precariedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saca tu capitalismo de mi lucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/saca-capitalismo-lucha_132_13372076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a52824d-92e1-40bd-88ad-12b53fd6ded1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Saca tu capitalismo de mi lucha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las grandes corporaciones saben que hay un nicho de mercado para la memoria y no van a perder la ocasión de sacarle rentabilidad. Eso sí, pasando antes todos estos relatos por esos filtros de belleza que eliminan manchas, arrugas y fricciones</p></div><p class="article-text">
        No es ninguna sorpresa que el capitalismo lo absorbe todo. Vivimos un tiempo en el que todo se ha convertido en un producto consumible: nuestras vidas, los lugares a los que viajamos, la salud mental, la menopausia, la orientaci&oacute;n pol&iacute;tica, el malestar... Hagan la prueba y abran cualquier red social. El algoritmo, que les conoce mejor que su propia madre, les ofrecer&aacute;, con absoluta precisi&oacute;n, el contenido que mejor se ajuste a sus inquietudes. Si tienen insomnio porque viven asfixiados por la precariedad laboral, el precio de la vivienda, la falta de tiempo para mantener v&iacute;nculos sociales o la dificultad para conseguir asistencia m&eacute;dica, lo m&aacute;s probable es que terminen canalizando su angustia enganchados a un scroll infinito de reels que les hablar&aacute;n de cortisol, suplementos de magnesio, ritmos circadianos y pautas de alimentaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ese precioso tiempo de nuestra vida no lo dedicaremos a movilizarnos, y se lo regalaremos a Elon Musk, Mark Zuckerberg y todos estos se&ntilde;ores que sustentan los sistemas que nos oprimen. Les haremos m&aacute;s ricos con nuestra atenci&oacute;n. Y s&iacute;, tambi&eacute;n nos compraremos los suplementos, tengo toda una colecci&oacute;n en mi mesita de noche.
    </p><p class="article-text">
        Lo tengo m&aacute;s o menos asumido porque soy consciente de nuestra humanidad y vulnerabilidad. Sin embargo, hay algo que me resulta desolador por lo bien que funciona y lo peligroso que me parece, y es c&oacute;mo el capitalismo ha logrado hacerse tambi&eacute;n con nuestras luchas y movimientos sociales. Es toda una victoria, tomar aquello que era subversivo, que naci&oacute; para cuestionarlo y derribar sus estructuras, triturarlo y devolv&eacute;rnoslo en una forma domesticada, consumible e inocua.
    </p><p class="article-text">
        Lo vimos con el feminismo y el fen&oacute;meno &ldquo;girlboss&rdquo;. La protesta y la denuncia fueron sustituidas por la aspiraci&oacute;n individual a ser una jefaza, una triunfadora, una l&iacute;der emprendedora con &eacute;xito financiero. Para qu&eacute; destruir las estructuras si puedes formar parte de ellas mientras te pones una camiseta con el lema &ldquo;Girl Power&rdquo; fabricada bajo explotaci&oacute;n laboral.
    </p><p class="article-text">
        Como adolescente de los noventa, recuerdo perfectamente a las Spice Girls, abanderadas de ese lema y todav&iacute;a hoy, consideradas un icono cultural feminista, declararse admiradoras de Margaret Thatcher, a la que definieron como &ldquo;la primera Spice&rdquo;. (Breve recordatorio para lectores j&oacute;venes: su gobierno impuso un neoliberalismo salvaje, desmantel&oacute; el estado de bienestar, asfixi&oacute; a la clase trabajadora y apoy&oacute; dictaduras sangrientas).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hablaba Mark Fisher en su &#039;Realismo capitalista&#039; de esta absorción de la rebeldía. El mercado ya no trata de perseguir lo subversivo, sino de apropiárselo. Nos devuelve nuestra protesta envuelta en celofán y purpurina, atractiva, deseable, ligera, inofensiva. Lista para consumir. Así la desactiva</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo vemos en los &uacute;ltimos tiempos con la mercantilizaci&oacute;n del Orgullo (ahora Pride, que recuerda menos a lucha y m&aacute;s a marca global), con sus buenas dosis de pinkwashing, sus carrozas de Idealista y fiestas patrocinadas por grandes marcas que han sabido ver el negocio en lo que naci&oacute; como una manifestaci&oacute;n pol&iacute;tica por los derechos, la memoria y la dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;ltimo, y confieso que esto no me lo vi venir, es la mercantilizaci&oacute;n de la memoria democr&aacute;tica. La creaci&oacute;n de productos culturales blancos que toman historias o personajes marcados por el exilio o la violencia de la Guerra Civil y la dictadura, despoj&aacute;ndolos de toda la rabia pol&iacute;tica que les dio origen para convertirlos en productos de entretenimiento descafeinado.
    </p><p class="article-text">
        Las grandes corporaciones saben que hay un nicho de mercado para la memoria y no van a perder la ocasi&oacute;n de sacarle rentabilidad. Eso s&iacute;, pasando antes todos estos relatos por esos filtros de belleza que eliminan manchas, arrugas y fricciones. Calculando con exactitud el porcentaje de memoria que no cuestione demasiado.
    </p><p class="article-text">
        Hablaba Mark Fisher en su <em>'Realismo capitalista'</em> de esta absorci&oacute;n de la rebeld&iacute;a. El mercado ya no trata de perseguir lo subversivo, sino de apropi&aacute;rselo. Nos devuelve nuestra protesta envuelta en celof&aacute;n y purpurina, atractiva, deseable, ligera, inofensiva. Lista para consumir. As&iacute; la desactiva.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacer ante esto? No tengo ni idea. Supongo que mantener los ojos abiertos, no dejarnos cegar por el brilli brilli, seguir buscando y protegiendo la grieta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/saca-capitalismo-lucha_132_13372076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 20:06:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Saca tu capitalismo de mi lucha]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una carta al futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/carta-futuro_132_13334182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2fda29b3-382b-4d07-8e96-47c38c953079_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146129.jpg" width="1889" height="1063" alt="Una carta al futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Y entonces lo tuve claro. Le hablé de las palabras, de las historias, los cuentos y los relatos</p><p class="subtitle">Desdeelsur - Ágora</p></div><p class="article-text">
        El pasado mi&eacute;rcoles 24 de junio, la Caja de las Letras del Instituto Cervantes deposit&oacute; el legado in memoriam del escritor Agust&iacute;n G&oacute;mez Arcos. All&iacute; estuvimos sus descendientes, editores y personas vinculadas con &eacute;l de alguna u otra manera. Supongo que se imaginan la emoci&oacute;n que me provoca este hecho, el de que el legado de Agust&iacute;n, olvidado y expulsado de la memoria de su pa&iacute;s hasta hace unos pocos a&ntilde;os, descanse junto a los Machado, Miguel Hern&aacute;ndez, Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, Mar&iacute;a Zambrano o Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, personas que dejaron una huella en nuestra historia y nuestra cultura que nos inspir&oacute; y nos hizo mejores.
    </p><p class="article-text">
        Entre los objetos depositados en el buz&oacute;n, una copia del documental Un hombre libre, y una carta. Una carta personal que me pidieron que escribiera para las generaciones futuras. As&iacute; que un par de d&iacute;as antes, me vi con pluma en mano y folio en blanco escribiendo una carta a la antigua usanza, como aquellas que enviaba a mis amigos en los veranos de la infancia.
    </p><p class="article-text">
        De repente ca&iacute; en la cuenta de que cuando alguien leyera esa carta, muy probablemente yo ya no estar&iacute;a en este mundo, de que estaba escribiendo a una persona del futuro, que vivir&aacute; en un mundo del que no s&eacute; nada, y que mis palabras ser&aacute;n un vestigio de un tiempo antiguo. Sent&iacute; v&eacute;rtigo y una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n. Qu&eacute; podr&iacute;a yo decirle a mi amigo del futuro...
    </p><p class="article-text">
        Y entonces lo tuve claro. Le habl&eacute; de las palabras, de las historias, los cuentos y los relatos.
    </p><p class="article-text">
        Ver&aacute;n, uno de mis recuerdos m&aacute;s preciados es el de la voz de mi padre al borde de mi cama, ley&eacute;ndome cada noche un cap&iacute;tulo de La historia interminable. Yo tengo siete u ocho a&ntilde;os y escucho atenta sin apenas mover un m&uacute;sculo. Mi padre inventa las voces y la entonaci&oacute;n de Atreyu, de Bastian y del lobo Gmork.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No sé cómo será su mundo, no sé si las voces, las respiraciones y los cuerpos habrán sido sustituidos por inteligencias artificiales y algoritmos al servicio de las grandes empresas, no sé si nuestras tristezas, dolores, nostalgias y alegrías vivirán todavía en creaciones humanas, si seguiremos riendo o llorando en una sala de cine o en un teatro junto a desconocidos, no tengo ni idea</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En la historia de Michael Ende, el Reino de Fantas&iacute;a est&aacute; desapareciendo porque la gente ha dejado de creer en las historias. Ha perdido la capacidad de imaginar, de so&ntilde;ar y de contar cuentos a los otros. En su lugar, una masa blanca, la Nada, amenaza con destruirlo todo. Aquellas noches, sin ser muy consciente de ello, mi padre me estaba entregando algo de incalculable valor, el fuego alrededor del cual los humanos nos hemos sentado siempre a contarnos cuentos, y as&iacute;, entender el mundo a trav&eacute;s de la voz de los otros. Mi padre me estaba protegiendo contra la Nada.
    </p><p class="article-text">
        Si alguien sab&iacute;a de esto era Agust&iacute;n, que sufri&oacute; el asedio de la Nada a trav&eacute;s de la censura y el exilio. Para proteger la narraci&oacute;n, se aferr&oacute; a una lengua extranjera, la francesa, que le permiti&oacute; seguir poniendo voz, nombres y relatos a todas aquellas historias que su pa&iacute;s quer&iacute;a hacer desaparecer, como si nunca hubiesen existido. Sus libros fueron exactamente eso, testimonios de rebeld&iacute;a contra el silencio y la muerte. Fueron una llama viva.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que me atrev&iacute; a pedirle algo a mi lector del futuro. Entre otras muchas cosas, que se quedan para nuestra intimidad, le ped&iacute; que protegiera las historias. No s&eacute; c&oacute;mo ser&aacute; su mundo, no s&eacute; si las voces, las respiraciones y los cuerpos habr&aacute;n sido sustituidos por inteligencias artificiales y algoritmos al servicio de las grandes empresas, no s&eacute; si nuestras tristezas, dolores, nostalgias y alegr&iacute;as vivir&aacute;n todav&iacute;a en creaciones humanas, si seguiremos riendo o llorando en una sala de cine o en un teatro junto a desconocidos, no tengo ni idea. Pero por si acaso, se lo ped&iacute;, le ped&iacute; que protegiera uno de los bienes m&aacute;s preciados que tiene la humanidad, la capacidad de narrar.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute;, querido amigo del futuro, sea como sea el mundo que te ha tocado vivir, los humanos sigamos reuni&eacute;ndonos alrededor de una hoguera (virtual o real), para seguir contando y escuchando historias. Que no haya vencido la Nada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/carta-futuro_132_13334182.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 20:01:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una carta al futuro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ágora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/agora_132_13296461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6c1bd3a-7322-4c73-8134-4003c6e83e2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ágora"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez que cierren un cine, la plaza de su barrio se convierta en un parking, talen los árboles de su calle y los viejos comercios o cafés se conviertan en hoteles y pisos turísticos, recuerden esta palabra: ágora</p><p class="subtitle">DesdeelSur - Pillow shots</p></div><p class="article-text">
        Escribo desde Atenas, donde participo en el Festival LEA (Literatura en Atenas) y donde presento estos d&iacute;as mi documental <a href="https://www.academiadecine.com/2025/03/14/un-hombre-libre-en-la-academia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un hombre libre</em></a>, adem&aacute;s de participar en diversas charlas sobre creaci&oacute;n y cultura. 
    </p><p class="article-text">
        Entre las muchas cosas que me han emocionado estos d&iacute;as, sin duda, una de ellas es hablar sobre narraci&oacute;n, palabra y pensamiento en la ciudad que invent&oacute; el marco para hacerlo. Me impresiona tanto estar aqu&iacute;, que les confieso que las l&aacute;grimas me han ca&iacute;do en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n mientras paseo por este maravilloso lugar del mundo. 
    </p><p class="article-text">
        No les aburrir&eacute; cont&aacute;ndoles c&oacute;mo se estremeci&oacute; mi coraz&oacute;n hasta quedarme casi sin habla al subir a la Acr&oacute;polis y tener ante mis ojos uno de los mayores hitos de nuestra civilizaci&oacute;n. El Parten&oacute;n es un s&iacute;mbolo del pensamiento, de la belleza, las matem&aacute;ticas, el arte, la arquitectura, la raz&oacute;n&hellip; y eso me emociona. Eso, y que una estudi&oacute; Historia del Arte en la &eacute;poca pre internet y lo hab&iacute;a examinado hasta la saciedad a trav&eacute;s de fotocopias. 
    </p><p class="article-text">
        Pero como les dec&iacute;a, no les contar&eacute; batallitas de historiadora rom&aacute;ntica. Bajar&eacute; de la Acr&oacute;polis para hablarles de algo que ha llamado poderosamente mi atenci&oacute;n. Empezar&eacute; con tres ejemplos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En 1997, el Ministerio de Cultura declaró los cines de verano históricos como monumentos culturales protegidos, prohibiendo cambiar el uso comercial de sus edificios y espacios</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Uno. Los cines de verano. La ciudad est&aacute; plagada de ellos. Se encuentran en peque&ntilde;as azoteas, solares, plazas, parques, jardines&hellip; Algunos, como el Cine Par&iacute;s, donde, por cierto, se proyecta hoy <em>Amarga Navidad</em>, de Pedro Almod&oacute;var, tienen sus or&iacute;genes en los a&ntilde;os veinte y han sobrevivido a lo largo de las d&eacute;cadas, de las crisis econ&oacute;micas, del auge de las plataformas y de todo tipo de inclemencias. Dentro huele a jazm&iacute;n y a cerveza fr&iacute;a. Sus muros se recubren con buganvillas y los precios son populares. Est&aacute;n llenos de gente. Un dato. En 1997, el Ministerio de Cultura declar&oacute; los cines de verano hist&oacute;ricos como monumentos culturales protegidos, prohibiendo cambiar el uso comercial de sus edificios y espacios, impidiendo que estos solares puedan ser vendidos para construir hoteles, centros comerciales o bloques de pisos. 
    </p><p class="article-text">
        Dos. Los teatros. Atenas es la ciudad con m&aacute;s teatros por metro cuadrado de toda Europa. Son casi 300 los espacios dedicados a la escena teatral, contando las salas independientes. Es inevitable pensar que esta ciudad invent&oacute; el teatro tal y como lo conocemos hoy, y me vuelvo a emocionar recordando que hace dos d&iacute;as pis&eacute; el primer teatro del mundo, situado en la ladera de la Acr&oacute;polis. En el teatro de Dionisos se estrenaron <em>Lis&iacute;strata</em>, <em>Medea</em>, <em>Ant&iacute;gona</em>, <em>La Orestiada</em>&hellip; As&iacute; que podemos decir que el teatro est&aacute; en el ADN ateniense y no es entendido como un entretenimiento burgu&eacute;s sino como una necesidad social. Cuando este pa&iacute;s sufri&oacute; la brutalidad de los recortes en los peores momentos de la crisis econ&oacute;mica, Atenas, abri&oacute; m&aacute;s teatros. Las compa&ntilde;&iacute;as y salas independientes se multiplicaron. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el año 2009, los mismos vecinos ocuparon un aparcamiento abandonado, rompieron el asfalto con picos y plantaron árboles frutales, adelfas, olivos y huertos comunitarios</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tres. Los &aacute;rboles. Uno de mis barrios favoritos de la ciudad es Exarchia, un lugar con una fuerte tradici&oacute;n anarquista y de lucha vecinal. Una de las cosas que m&aacute;s me llaman la atenci&oacute;n al pasear por sus calles son los &aacute;rboles. Hay much&iacute;simos y sin ning&uacute;n criterio ni planificaci&oacute;n. Un naranjo al lado de un granado y al lado un eucalipto y as&iacute; hasta formar un hermoso paisaje desordenado que aporta sombra y un oasis de frescor en los casi cuarenta grados que alcanza la ciudad. Esto permite que la gente pueda estar en la calle, tomando algo en las numerosas terrazas de los caf&eacute;s, paseando, charlando. Un amigo del barrio me cuenta que son los propios vecinos los que plantan los &aacute;rboles cada vez que se queda un hueco. En el a&ntilde;o 2009, los mismos vecinos ocuparon un aparcamiento abandonado, rompieron el asfalto con picos y plantaron &aacute;rboles frutales, adelfas, olivos y huertos comunitarios. Crearon el parque Navarinou, un pulm&oacute;n verde autogestionado con juegos para ni&ntilde;os y espacio para reuniones comunitarias. 
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute;n notado un hilo com&uacute;n en estos ejemplos, el espacio comunitario, las plazas donde estar y encontrarse, la ocupaci&oacute;n de los lugares para la reuni&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La democracia naci&oacute; del &aacute;gora, la palabra viene del verbo griego <em>ageirein</em>, que significa &ldquo;reunirse&rdquo;. Cada vez que cierren un cine, la plaza de su barrio se convierta en un parking, talen los &aacute;rboles de su calle y los viejos comercios o caf&eacute;s se conviertan en hoteles y pisos tur&iacute;sticos, recuerden esta palabra: &aacute;gora. El espacio donde reside la democracia. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/agora_132_13296461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 20:45:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ágora]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pillow shots]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/pillow-shots_132_13242397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/662a605c-6ceb-4011-be47-72a230cab2c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pillow shots"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me recordé a mí, como si acabara de encontrarme con una vieja conocida a la que hacía años que no veía. Una que se levantaba un poco más contenta por las mañanas</p><p class="subtitle">Desdeelsur - La buena educación
</p></div><p class="article-text">
        Ha llegado el tiempo en el que el sol pega con fuerza en la ventana de mi estudio. El parte meteorol&oacute;gico amenaza con rozar los 40 grados esta semana pero no me importa porque me gusta esta &eacute;poca. Me gusta que el sol me d&eacute; en la cara o en el brazo mientras tecleo delante del port&aacute;til, interrumpi&eacute;ndome, sac&aacute;ndome de mi concentraci&oacute;n y mi prisa habituales, y oblig&aacute;ndome a mirar hacia la ventana, a pensar que tengo que echar la persiana. Son estas interrupciones las que, a veces, me recuerdan que soy una persona y no una m&aacute;quina de producir.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, cuando esto sucedi&oacute;, me di cuenta de que entraba una luz hermosa y se posaba sobre mi cuaderno de notas, sobre mi mesa de escritorio desordenada, y aquello me pareci&oacute; el espect&aacute;culo m&aacute;s bonito que me paraba a observar desde hac&iacute;a mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Record&eacute; entonces algo que me gusta mucho del cine de Ozu, esas interrupciones en medio de la trama que el cr&iacute;tico estadounidense No&euml;l Burch llam&oacute; &ldquo;pillow shots&rdquo; (planos almohada). El t&eacute;rmino lo tom&oacute; de un recurso de la poes&iacute;a tradicional japonesa, los &ldquo;makura kotoba&rdquo;, figuras ret&oacute;ricas que detienen moment&aacute;neamente el flujo del poema, pura musicalidad que, como almohadas, permiten que las siguientes palabras descansen sobre ellas.
    </p><p class="article-text">
        En las pel&iacute;culas de Ozu, estos <em>pillow shots</em> tienen forma de ropa tendida al viento, jarrones en la penumbra, v&iacute;as de tren detenidas en el paisaje o sombras sobre la ventana. Hay quien piensa que son simplemente transiciones entre unas escenas y otras, pero a m&iacute; me parece que es la vida filtr&aacute;ndose, como record&aacute;ndonos qui&eacute;nes &eacute;ramos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El encuentro se interrumpió por el pitido infernal del WhatsApp. En la pantalla, una nota de voz y varios mensajes: “perdona, pero es urgente. Necesito saber esto antes de la reunión, a ver si me puedes decir”</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me pregunto si est&aacute;n en v&iacute;as de extinci&oacute;n, en qu&eacute; lugares pueden sobrevivir todav&iacute;a los momentos para la contemplaci&oacute;n, la mirada, el detenimiento, la vagancia. De cuantas formas los rehuimos, los evitamos, porque lo urgente manda y nos lleva como en unos de esos toboganes con tirabuzones de parques acu&aacute;ticos de los noventa.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; el otro d&iacute;a unas palabras de Simone Weil sobre la alienaci&oacute;n. Escrib&iacute;a la fil&oacute;sofa, mientras trabajaba en la f&aacute;brica de Renault, que el verdadero horror de ciertos trabajos no era solo el cansancio f&iacute;sico, sino la manera en que terminaban expulsando el pensamiento de la vida. Para soportar el cansancio y la repetici&oacute;n, una solo pod&iacute;a dejar de sentir para hacer, hacer, hacer. Dejar de lado la propia alma, dec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y justo eso es lo que record&eacute; cuando la luz ayer me interrumpi&oacute; y me hizo mirar aquella naturaleza muerta de escritorio de aut&oacute;noma. Me record&eacute; a m&iacute;, como si acabara de encontrarme con una vieja conocida a la que hac&iacute;a a&ntilde;os que no ve&iacute;a. Una que se levantaba un poco m&aacute;s contenta por las ma&ntilde;anas.
    </p><p class="article-text">
        El encuentro se interrumpi&oacute; por el pitido infernal del WhatsApp. En la pantalla, una nota de voz y varios mensajes: &ldquo;perdona, pero es urgente. Necesito saber esto antes de la reuni&oacute;n, a ver si me puedes decir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escuch&eacute; el mensaje, resolv&iacute;, volv&iacute; a la pantalla del port&aacute;til a contestar emails.
    </p><p class="article-text">
        Sent&iacute; un horrible picor en la nuca. Me ha vuelto la maldita urticaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/pillow-shots_132_13242397.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2026 19:03:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pillow shots]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La buena educación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/buena-educacion_132_13187807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ead20a9-0b11-43ad-9991-5db68447b499_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La buena educación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entender que el mundo no es una prolongación de tu realidad, que no está hecho a tu medida, que hay familias distintas, casas distintas, entornos socio económicos diversos</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as escuch&eacute; al director de cine Victor Garc&iacute;a Le&oacute;n en el podcast <em>La cena de los idiot&eacute;s</em> plantear el siguiente dilema. Supongamos que eres una persona de izquierdas, tienes un hijo y quieres lo mejor para &eacute;l. A los seis a&ntilde;os tienes que mandarlo al colegio y entonces qu&eacute; haces: &iquest;Eliges un colegio privado, d&aacute;ndole todas las herramientas posibles para trabajar en un mundo hostil, o le metes en el cole p&uacute;blico de barrio y te f&iacute;as de su talento y capacidad para sobrevivir en un mundo hostil?
    </p><p class="article-text">
        El planteamiento me chirri&oacute; tanto que pens&eacute; que no pod&iacute;a ser, que quiz&aacute; era un fragmento descontextualizado. Tuve que escucharlo varias veces para comprobar que s&iacute;, que V&iacute;ctor Garc&iacute;a Le&oacute;n, hijo, por cierto, de dos referentes culturales de la izquierda, la cantautora Rosa Le&oacute;n y el director y guionista, Jose Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez, estaba diciendo lo que estaba diciendo.
    </p><p class="article-text">
        No se trataba del dilema, elegir entre la p&uacute;blica y la privada, all&aacute; cada uno, por supuesto, sino de la afirmaci&oacute;n que llevaba impl&iacute;cita el planteamiento: que la educaci&oacute;n p&uacute;blica no da las mejores herramientas, que si hablamos de calidad educativa, el colegio privado es la mejor opci&oacute;n y que si mandas a tus hijos a la p&uacute;blica, tendr&aacute;s que confiar en la suerte o en sus habilidades innatas para que sepan arregl&aacute;rselas en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Me da la sensaci&oacute;n de que tal desprecio hacia la educaci&oacute;n p&uacute;blica procede de un profundo desconocimiento de la misma.
    </p><p class="article-text">
        He estudiado toda mi vida en la p&uacute;blica y no lo cambiar&iacute;a por nada del mundo, por eso, cuando escucho que no ofrece &ldquo;las mejores herramientas&rdquo;, no puedo evitar preguntarme de qu&eacute; estamos hablando exactamente. &iquest;Cu&aacute;les son esas herramientas? &iquest;Qu&eacute; entendemos por una buena educaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Si entendemos la escuela como una f&aacute;brica de futuros l&iacute;deres del mercado laboral, como espacio que multiplica sus posibilidades de &eacute;xito econ&oacute;mico, como un networking temprano para ni&ntilde;os de seis a&ntilde;os destinados a alcanzar el &eacute;xito profesional, puedo ver la l&oacute;gica, pero no la comparto. Y sinceramente, me horroriza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La educación primaria no es, o no debería ser, la antesala del mercado laboral. La escuela es el primer lugar donde uno se encuentra con el mundo fuera de casa, donde empieza a hacerse preguntas y a construir una mirada propia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n primaria no es, o no deber&iacute;a ser,&nbsp;la antesala del mercado laboral. La escuela es el primer lugar donde uno se encuentra con el mundo fuera de casa, donde empieza a hacerse preguntas y a construir una mirada propia. Donde adquiere una cultura y tambi&eacute;n un modo de situarse ante la vida. Y en este aprendizaje hay algo mucho m&aacute;s valioso que instalaciones deportivas de primera o metodolog&iacute;as ultramodernas: la convivencia con otros que no se parecen a ti.
    </p><p class="article-text">
        Entender que el mundo no es una prolongaci&oacute;n de tu realidad, que no est&aacute; hecho a tu medida, que hay familias distintas, casas distintas, entornos socio econ&oacute;micos diversos. Pero que dentro de ese micromundo, que es el colegio p&uacute;blico, todos sois iguales y ten&eacute;is los mismos derechos.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute;a unas palabras de la tambi&eacute;n cineasta Lucrecia Martel que me parecieron de lo m&aacute;s reveladoras: &ldquo;<em>Cuando una familia decide frente dos posibilidades, entre la escuela p&uacute;blica y la privada &iquest;Qu&eacute; es lo que se privilegia eligiendo la privada? Una futura red de contactos. No se privilegia qu&eacute; va a aprender el chico sino a quien va a conocer. Uno sabe que a ese hijito lo va a sumergir en una red que le va a permitir resolver muchas cosas en la vida. Ese colegio al que asist&iacute;, que fue bastante in&uacute;til para mi en cuanto a formaci&oacute;n, me permite, en dos o tres llamadas, conseguir un abogado, un juez, un notario. La educaci&oacute;n genera una complicidad de clase que permite no ver el mundo.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;, la buena educaci&oacute;n, las mejores herramientas, no sean solo las que nos permitan acceder a una posici&oacute;n acomodada, resolver cosas con dos o tres llamadas, sino las que nos ense&ntilde;en a mirar el mundo con toda su complejidad y a no vivir en una burbuja, las que nos impulsen a cuestionarlo, y si es posible, transformarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/buena-educacion_132_13187807.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 19:30:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La buena educación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Detrás de la nueva espiritualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/detras-nueva-espiritualidad_132_13150627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c7281ac0-da02-4029-b82e-08105a24d81c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Detrás de la nueva espiritualidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la comunidad desaparece nos quedamos a la intemperie, pero la necesidad de pertenencia es profundamente humana</p></div><p class="article-text">
        Cuenta la redactora del The New Yorker Jia Tolentino, en su libro Falso Espejo, que creci&oacute; en el seno de una iglesia evang&eacute;lica ultraconservadora en Houston. Describe la ciudad del estado de Texas como un lugar desmesurado, imposible de abarcar. M&aacute;s de diecis&eacute;is mil kil&oacute;metros cuadrados de &aacute;rea metropolitana, una extensi&oacute;n tan vasta que desactiva cualquier dimensi&oacute;n de lo colectivo. En Houston, cuenta, el espacio p&uacute;blico pr&aacute;cticamente no existe: &ldquo;<em>las autov&iacute;as son, a decir verdad, el &uacute;nico espacio p&uacute;blico real de la ciudad, el &uacute;nico lugar en el que la gente, fuera de sus enclaves personales, est&aacute; al lado de otros&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La ciudad crece a un ritmo impredecible y fren&eacute;tico, su poblaci&oacute;n se diversifica, pero lo hace en compartimentos estancos, con alta dependencia del coche y con una ausencia de espacios donde construir una vida comunitaria.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso, explica, tantas familias (como la suya, hija de inmigrantes filipinos), gravitaban hacia las megaiglesias. No tanto por una cuesti&oacute;n de fe como por la necesidad de una escala en la que se hiciera posible construir v&iacute;nculos sociales. Dentro de ellas, Houston dejaba de ser inabarcable y se volv&iacute;a, por fin, una ciudad de tama&ntilde;o humano.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en ello mientras me preguntaba por las causas de este repunte de lo espiritual y de los grupos religiosos entre los j&oacute;venes en Espa&ntilde;a. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, las iglesias evang&eacute;licas se han multiplicado en nuestro pa&iacute;s, los retiros espirituales viven un aut&eacute;ntico boom desde la pandemia, grupos de m&uacute;sica cristiana como Hakuna congregan a miles de fans en conciertos, y Rosal&iacute;a pone de moda la iconograf&iacute;a cat&oacute;lica mientras habla de la importancia de la fe y la oraci&oacute;n en su vida: <em>&ldquo;Ahora rezo m&aacute;s que ir a terapia&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en que quiz&aacute; no se trate tanto de un regreso a la fe sino de la necesidad de algo m&aacute;s b&aacute;sico, la comunidad. Me da la sensaci&oacute;n de que no es que los j&oacute;venes crean m&aacute;s, sino de que est&aacute;n m&aacute;s solos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestras vidas se han replegado hacia el interior y hacia las pantallas de nuestros teléfonos, agendar un encuentro con nuestros amigos se ha hecho casi más difícil que conseguir cita con el dermatólogo, los parques están cada vez menos poblados de niños y más por maletas rodantes, la militancia y la lucha colectiva ha devenido en poner tuits</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No caer&eacute; en idealizar mi infancia, ni mucho menos. Ser una ni&ntilde;a en los ochenta y noventa no fue un camino de rosas, pero s&iacute; recuerdo ese mundo pre redes sociales en el que bastaba tocar el timbre de tus amigos para que bajaran a jugar a la calle. Recuerdo tambi&eacute;n el cine de verano de mi barrio, la piscina p&uacute;blica, las vel&aacute;s (peque&ntilde;as ferias que montaban los vecinos), o los locales que ten&iacute;an los sindicatos y que aglutinaban la actividad vecinal.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso ha ido desapareciendo y, aunque no vivamos en Houston, nuestro modo de vida se parece cada vez m&aacute;s. Nuestras vidas se han replegado hacia el interior y hacia las pantallas de nuestros tel&eacute;fonos, agendar un encuentro con nuestros amigos se ha hecho casi m&aacute;s dif&iacute;cil que conseguir cita con el dermat&oacute;logo, los parques est&aacute;n cada vez menos poblados de ni&ntilde;os y m&aacute;s por maletas rodantes, la militancia y la lucha colectiva ha devenido en poner tuits.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la comunidad desaparece nos quedamos a la intemperie, pero la necesidad de pertenencia es profundamente humana, y ah&iacute; es donde las iglesias parecen haber sabido ver el hueco. No se trata solo de fe. Ofrecen una estructura, rituales, grupo, convivencia, sentido.
    </p><p class="article-text">
        Ayer escuchaba a Oliver Laxe decir que la modernidad y la ilustraci&oacute;n nos hab&iacute;an fallado, que necesit&aacute;bamos volver a la tradici&oacute;n y reespiritualizar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Creo que tiene raz&oacute;n en que algo est&aacute; fallando pero discrepo con la soluci&oacute;n propuesta. No creo que necesitemos espiritualidad sino comunidad: centros culturales, bibliotecas con presupuesto para actividades, cineclubs, parques, espacios p&uacute;blicos para hacer deporte, teatros, centros de salud, tiempo para vivir, ciudades que inviten a estar y no solo a consumir.
    </p><p class="article-text">
        Si no somos capaces de construir y defender estos espacios, no deber&iacute;a extra&ntilde;arnos que otros, m&aacute;s estructurados y h&aacute;biles, acaben ocup&aacute;ndolos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/detras-nueva-espiritualidad_132_13150627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Detrás de la nueva espiritualidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Creadores de contenido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/creadores-contenido_132_13118258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eed2875d-ed84-4f98-a6a9-e03c1d05cfbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Creadores de contenido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Estamos dejando de ser personas para convertirnos en productos de consumo? ¿Nos estamos convirtiendo en un anuncio de nosotros mismos? ¿Necesitamos serlo para que las marcas, las empresas o quien sea que maneja el capital invierta en nosotros?</p></div><p class="article-text">
        Mido 1,57, as&iacute; que he asumido, no sin frustraci&oacute;n, que mi visi&oacute;n en conciertos u otro tipo de eventos multitudinarios, ya no ser&aacute; la del artista en el escenario o lo que sea que est&eacute; pasando en ese lugar. Lo &uacute;nico que ver&eacute; ante mis ojos ser&aacute;n <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/historia-no-repita_132_13083924.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pantallas</a>, cientos de pantallas de tel&eacute;fonos m&oacute;viles alzadas sobre las cabezas de sus due&ntilde;os, grab&aacute;ndolo todo.
    </p><p class="article-text">
        A veces me pregunto a d&oacute;nde ir&aacute;n todos esos v&iacute;deos iguales, si a una especie de limbo digital en el que se amontonan como viejos espectros que deambulan sin rumbo una vez cumplida su funci&oacute;n de acumular unos cuantos <em>likes</em>.
    </p><p class="article-text">
        Desear&iacute;a que al menos, aquellos que han decidido dejar de vivir la vida para grabarla, lo hicieran a la altura de sus rostros. Pero m&aacute;s all&aacute; de la falta de consideraci&oacute;n hacia los dem&aacute;s, hay algo que me aterra todav&iacute;a m&aacute;s, y es que ese gesto se ha convertido en una forma de estar en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Las experiencias se han sustituido por la <em>performance </em>de las mismas. El sentido ha dejado de ser emocionarse, bailar, divertirse o sentir para transformarse en una necesidad de producir contenido listo para ser consumido y validado por los dem&aacute;s. &iquest;Para qu&eacute; pas&aacute;rtelo bien cuando puedes ficcionarlo para tus espectadores?
    </p><p class="article-text">
        Esta semana se ha hecho viral un v&iacute;deo de varias <em>influencers </em>en el concierto de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/rosalia-resucita-madrid-levitar-fans-concierto-apabullante_129_13110628.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rosal&iacute;a</a>. Todas apuntan la c&aacute;mara de su tel&eacute;fono hacia s&iacute; mismas mientras corean la letra de <em>La Perla</em> frente a la pantalla. Rosal&iacute;a queda fuera de plano y entonces me doy cuenta de que a&uacute;n pod&iacute;a ser peor. La evoluci&oacute;n de esa necesidad de registrarlo todo ha desplazado el foco de lo que ocurre fuera hacia uno mismo. El <em>yo </em>ocupa todo el encuadre y entonces todo se me hace mucho m&aacute;s inquietante.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Estamos dejando de ser personas para convertirnos en productos de consumo? &iquest;Nos estamos convirtiendo en un anuncio de nosotros mismos? &iquest;Necesitamos serlo para que las marcas, las empresas o quien sea que maneja el capital invierta en nosotros?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Observo a niños pequeños que reproducen gestos y frases de TikTok o que conocen perfectamente el mejor ángulo en el que colocarse para la cámara, a gente que elige sus destinos de vacaciones en función de lo bien que quedará ese escenario en las fotos y vídeos que después subirán a redes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esto, que hace unos a&ntilde;os parec&iacute;a posible solo en pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n, es ya una realidad para miles de personas que han hecho de su <em>yo </em>digital en las redes su modo de vida, su lugar de trabajo, su modo de relacionarse y hasta en su propia identidad. Y lo que realmente me perturba no son los &ldquo;<em>infuencers </em>profesionales&rdquo;, sino la aspiraci&oacute;n de tantas personas a serlo. El c&oacute;mo los c&oacute;digos de este tipo de conducta est&aacute;n penetrando en nuestra vida cotidiana y comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        Observo a ni&ntilde;os peque&ntilde;os que reproducen gestos y frases de TikTok o que conocen perfectamente el mejor &aacute;ngulo en el que colocarse para la c&aacute;mara, a gente que elige sus destinos de vacaciones en funci&oacute;n de lo bien que quedar&aacute; ese escenario en las fotos y v&iacute;deos que despu&eacute;s subir&aacute;n a redes, chicas j&oacute;venes que se someten a procedimientos est&eacute;ticos para que su cara se parezca m&aacute;s a la del filtro de Instagram, percibo cada d&iacute;a esa necesidad de convertir cualquier cosa, hasta la m&aacute;s &iacute;ntima, en contenido. Somos los protagonistas de <em>El Show de Truman</em> por voluntad propia.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto qu&eacute; tipo de memoria estamos construyendo con esta simulaci&oacute;n de la vida hacia fuera. Las experiencias generan recuerdos, y los recuerdos identidad, anclaje, v&iacute;nculos, emoci&oacute;n. Si estamos tan ocupados por registrar, editar y simular los momentos mientras estos pasan de largo ante nuestras narices &iquest;con qu&eacute; nutriremos nuestras vidas?
    </p><p class="article-text">
        Nuestros ojos pegados a las pantallas est&aacute;n atrofiando la capacidad del cuerpo para registrar emociones. Y entonces, &iquest;qu&eacute; nos quedar&aacute;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/creadores-contenido_132_13118258.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 20:02:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Creadores de contenido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conciertos,Cultura,Rosalía,Digitalización,Redes sociales,TikTok,Música,Festivales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que la historia no se repita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/historia-no-repita_132_13083924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd8a610e-32e2-4c7b-9aea-17fb07149863_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que la historia no se repita"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No, no es ninguna causalidad que esto coincida con el auge de la extrema derecha, con los discursos reaccionarios, con el Trumpismo, con la vuelta a los valores tradicionales</p></div><p class="article-text">
        Estoy enfadada, dolida, rabiosa. Lo estoy porque fui ni&ntilde;a en los ochenta y adolescente en los noventa. Y si son mujeres de mi generaci&oacute;n, sabr&aacute;n lo que eso significa: crecer odiando tu cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Odi&aacute;ndolo porque ten&iacute;a carne. Porque nunca se parec&iacute;a lo suficiente al modelo aspiracional que se nos impon&iacute;a desde la m&uacute;sica, la moda, el cine, los videoclips, las revistas y toda la cultura que nos rodeaba. El de chicas con cuerpos min&uacute;sculos, fr&aacute;giles, con huesos marcados, una delgadez extrema que no representaba solo un ideal de belleza, sino que era un signo de estatus, de encajar, justo en ese momento vital en el que todos necesitamos precisamente eso.
    </p><p class="article-text">
        Ser una adolescente en estos a&ntilde;os era comprar revistas que junto a la foto de tu grupo favorito en la portada llevaban titulares como: &ldquo;Pierde cinco kilos en una semana&rdquo;, &ldquo;elimina tu barriga&rdquo;, &ldquo;controla tu apetito en 10 pasos&rdquo;. Era que a Kate Winslet la llamaran gorda en Titanic, que se hicieran chistes sobre su peso en los principales programas, que llegaran a decirle que si no adelgazaba tendr&iacute;a que conformarse con papeles de gorda. (Busquen una foto de la actriz en Titanic y observen su delgada silueta y su estrecha cintura). Era que te escupieran a ti ese &ldquo;gorda&rdquo; como el peor de los insultos.
    </p><p class="article-text">
        El ideal de belleza de estos a&ntilde;os se llamaba &ldquo;heroin chic&rdquo;, es decir, una est&eacute;tica que imitaba las consecuencias del consumo de hero&iacute;na: cuerpos esquel&eacute;ticos, de aspecto fr&aacute;gil, enfermizo.
    </p><p class="article-text">
        Se nos ense&ntilde;&oacute; que nuestros cuerpos ten&iacute;an que menguar hasta casi desaparecer, la anorexia y la bulimia se dispararon entre adolescentes y mujeres j&oacute;venes, y a muchas, nos dej&oacute; una huella que nunca desapareci&oacute;. Una huella en forma de rechazo, de juicio, de culpa cuando todav&iacute;a hoy nos comemos una galleta de chocolate.
    </p><p class="article-text">
        Parec&iacute;a que ese horror hab&iacute;a pasado, que hab&iacute;amos superado todo aquello, que los cuerpos diversos estaban cada vez m&aacute;s representados, que la carne real con presencia, con celulitis, con volumen ya no era motivo de escarnio, que lo que quer&iacute;amos era estar fuertes y ocupar el espacio. Pero ver la alfombra roja de los &Oacute;scar el pasado fin de semana supuso la constataci&oacute;n de algo que ven&iacute;amos atisbando en los &uacute;ltimos tiempos: el regreso de la extrema delgadez como modelo est&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Me doli&oacute; como una herida sangrante.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me ha emocionado no verme sola en esto, leer a numerosas mujeres alzar la voz igual de escandalizadas que yo. Porque la adolescencia nos dejó una herida, pero también un conocimiento y una especie de legado para las nuevas generaciones. El de no dejar que vuelvan a pasar por lo mismo que nosotras. Esta vez no</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Es casualidad que justo ahora a las mujeres se nos lance ese mensaje? No. Es un signo de los tiempos que corren. Lo explic&oacute; Naomi Wolf en <em>'El mito de la belleza'</em>: cada avance feminista conlleva una reacci&oacute;n. Cuando las mujeres avanzan en derechos, en presencia p&uacute;blica, en autonom&iacute;a, el sistema encuentra nuevas formas de disciplinarlas. Y una de las m&aacute;s poderosas es esta: hacer que odien sus cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        El canon est&eacute;tico extremo funciona como un muro de contenci&oacute;n, porque una mujer que gasta todos sus recursos, energ&iacute;a y tiempo en intentar corregirse para ser digna de la aprobaci&oacute;n social, una mujer insegura, con la autoestima mermada, es una mujer mucho m&aacute;s inofensiva para el sistema. Los cuerpos disciplinados son d&oacute;ciles, est&aacute;n debilitados y no concentrar&aacute;n sus energ&iacute;as en cuestionar al poder.
    </p><p class="article-text">
        No, no es ninguna causalidad que esto coincida con el auge de la extrema derecha, con los discursos reaccionarios, con el Trumpismo, con la vuelta a los valores tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Pero al mismo tiempo, me ha emocionado no verme sola en esto, leer a numerosas mujeres alzar la voz igual de escandalizadas que yo. Porque la adolescencia nos dej&oacute; una herida, pero tambi&eacute;n un conocimiento y una especie de legado para las nuevas generaciones. El de no dejar que vuelvan a pasar por lo mismo que nosotras. Esta vez no.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo de poner el cuerpo cobre ahora m&aacute;s sentido que nunca. Utilizar nuestras cicatrices para frenar esta locura. Que la historia no se repita. Que no pasen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/historia-no-repita_132_13083924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 19:52:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Que la historia no se repita]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Anorexia,Obesidad,Mujer,Igualdad,Discriminación de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un sistema entero de referencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/sistema-entero-referencias_132_13066011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03a68a62-5470-4fb6-8e88-d4a2366be85b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un sistema entero de referencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo será ese mundo sin escenas a las que volver, canciones con las que llorar o historias en las que reconocernos cuando nos sentimos perdidos?</p></div><p class="article-text">
        Hay una escena en la pel&iacute;cula &ldquo;La peor persona del mundo&rdquo;, de Joachim Trier, que siempre me hace llorar. Aksel, visiblemente enfermo, le dice a Julie que siente que el mundo que conoc&iacute;a ha desaparecido:&nbsp;<em>&ldquo;Crec&iacute; en un mundo sin internet ni tel&eacute;fonos m&oacute;viles. Suena a queja de viejo pero pienso mucho en ello&rdquo;.&nbsp;</em>Le habla de una &eacute;poca en la que la cultura se transmit&iacute;a por los objetos:&nbsp;<em>&ldquo;Viv&iacute;amos rodeados de ellos. Pod&iacute;as cogerlos, tenerlos en las manos, compararlos. Pod&iacute;as mirar la portada de un disco durante horas. Leer los cr&eacute;ditos. Descubrir qui&eacute;n hab&iacute;a tocado la guitarra, qui&eacute;n hab&iacute;a producido el &aacute;lbum&hellip; y a partir de ah&iacute; encontrar otras cosas. Era un sistema entero de referencias&rdquo;.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como un vestigio de otro tiempo,<em>&nbsp;</em>Aksel recuerda una &eacute;poca en la que acumul&aacute;bamos conocimientos y experiencias a trav&eacute;s de discos, c&oacute;mics, libros, pel&iacute;culas...&nbsp;<em>&ldquo;Ahora siento que todo lo que tengo son conocimientos y recuerdos sobre cosas est&uacute;pidas y sin importancia&hellip; cosas de las que ya nadie se preocupa&rdquo;.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si como yo pasaron su adolescencia cogiendo el autob&uacute;s los s&aacute;bados para ir al cine, pasando horas en tiendas de discos donde pod&iacute;an ponerse unos auriculares y escuchar un &aacute;lbum completo, ahorrando para comprar el &uacute;ltimo de su grupo favorito y despu&eacute;s, en casa, abrirlo con emoci&oacute;n para leer las letras de las canciones; grabando cintas VHS cuando por fin pon&iacute;an en televisi&oacute;n esa pel&iacute;cula que tanto les gustaba y quer&iacute;an guardarla para verla una y otra vez y, maldita sea, la cinta se acababa justo antes del final. Si sus primeros gestos de amor fueron grabar una cinta de casete o un CD recopilatorio para la persona que les gustaba, si recuerdan las visitas al videoclub, supongo que las palabras de Aksel les ara&ntilde;an el pecho tanto como a m&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablan del final de un modo de construir nuestra identidad, de la obsolescencia de aquellas cosas que significaron algo importante para nosotros, que de alg&uacute;n modo, defin&iacute;an qui&eacute;nes &eacute;ramos.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me siento tan vieja como Aksel cuando caigo en la cuenta de que lo que construye el imaginario de estos jóvenes, su identidad, sus referencias, no son las películas, ni la música, ni quizá, las experiencias colectivas, sino el contenido viral de TikTok, los reels, los memes y aquello que dicte el algoritmo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pens&eacute; mucho en ellas tras el famoso episodio de la chica influencer de la alfombra roja del Festival de M&aacute;laga a la que le piden que recomiende una pel&iacute;cula. Tras un silencio inc&oacute;modo en el que la influencer no sabe d&oacute;nde meterse, pregunta: &ldquo;Pero una pel&iacute;cula... &iquest;qu&eacute; rollo?&rdquo;. La periodista le dice que una pel&iacute;cula espa&ntilde;ola, ya que estamos en un festival de cine espa&ntilde;ol. Y tras otros segundos que se hacen interminables mientras trata de solucionar la papeleta, por fin ve la luz diciendo: &ldquo;La nueva de ocho apellidos&rdquo;. No sabemos si se refiere a <em>Ocho apellidos catalanes</em>, 2015 o a <em>Ocho apellidos marroqu&iacute;s</em>, 2023. Lo que es seguro es que ninguna es nueva, que las ha visto en Netflix y que ir un festival de cine y que le preguntaran por una pel&iacute;cula se le hizo completamente extra&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la cuesti&oacute;n de si tiene sentido o no lo de los influencers en los festivales o galas de cine, lo que me cay&oacute; como una losa fue la evidencia de que hay generaciones para las que el cine es algo totalmente ajeno, lejano, prescindible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me siento tan vieja como Aksel cuando caigo en la cuenta de que lo que construye el imaginario de estos j&oacute;venes, su identidad, sus referencias, no son las pel&iacute;culas, ni la m&uacute;sica, ni quiz&aacute;, las experiencias colectivas, sino el contenido viral de TikTok, los reels, los memes y aquello que dicte el algoritmo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es una cr&iacute;tica hacia ellos, ni mucho menos, eso s&iacute; que ser&iacute;a de vieja. Al fin y al cabo viven el tiempo que les ha tocado, un tiempo marcado por la velocidad y el consumo r&aacute;pido. Hoy vemos m&aacute;s im&aacute;genes que nunca, pero desaparecen enseguida para ser sustituidas por otras nuevas, se venden libros, pero en las redes se presume de haber le&iacute;do cincuenta en un mes, cumpliendo alg&uacute;n objetivo que se me escapa, se consumen fragmentos de canciones en los pocos segundos que dura un TikTok.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, en este flujo fren&eacute;tico que no deja espacio para que nada se asiente, respire y deje alg&uacute;n poso duradero en nosotros, me pregunto c&oacute;mo se construye un sistema de referencias, una memoria colectiva. &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; ese mundo sin escenas a las que volver, canciones con las que llorar o historias en las que reconocernos cuando nos sentimos perdidos?
    </p><p class="article-text">
        El cine est&aacute; dejando de ser el lugar donde las personas construyen su imaginario. Y yo empiezo a sentirme como Aksel, fuera de una &eacute;poca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/sistema-entero-referencias_132_13066011.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 20:51:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un sistema entero de referencias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matar las buganvillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/matar-buganvillas_132_13027313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cbc4a13-6b49-4035-8791-2eba47ea4976_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matar las buganvillas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizá la democracia debería parecerse más a un prado que a un jardín versallesco con setos cuadriculados. Un ecosistema que funciona, que atrae a nuevas especies, que crece y varía, que requiere cuidado y no sometimiento</p></div><p class="article-text">
        Empezar&eacute; por las buganvillas.
    </p><p class="article-text">
        Imaginen una peque&ntilde;a urbanizaci&oacute;n de barrio de Sevilla o de cualquier ciudad, una urbanizaci&oacute;n impersonal, rodeada de esas vallas con pinchos que gritan amenaza. Tiene, sin embargo, un peque&ntilde;o parque en el que los ni&ntilde;os sol&iacute;an jugar y los vecinos m&aacute;s mayores sentarse a tomar el sol, y dentro del parque, una hermosa jacaranda de m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Cada primavera, cuando florece, el parque se recubre de una alfombra de flores violetas en un espect&aacute;culo de belleza de esos que hacen olvidar cualquier d&iacute;a duro de trabajo. Mi madre me manda fotos: &ldquo;mira qu&eacute; bonito, debajo de casa&rdquo;, porque esa urbanizaci&oacute;n es donde yo crec&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que los ni&ntilde;os sol&iacute;an jugar, en pasado, porque con los a&ntilde;os el parque se cerr&oacute;, se rode&oacute; de otra verja m&aacute;s y se le ech&oacute; la llave. Algunos vecinos comenzaron a protestar por el ruido, y el ruido se fue, y los juegos de los ni&ntilde;os, y la ruleta y los subibajas en los que hicimos amigos, y los buenos d&iacute;as, c&oacute;mo est&aacute;, qu&eacute; tiempo m&aacute;s bueno hace hoy, c&oacute;mo est&aacute; su madre que hace tiempo que no me la cruzo...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras a&ntilde;os de silencio, descampado y vallas con pinchos, un arquitecto ya retirado es nombrado presidente de la intercomunidad y decide devolver la vida a aquel lugar. El parque se vuelve a abrir y se plantan limoneros que tapan la visi&oacute;n de las rejas. Estos empiezan a crecer hermosos y dan exquisitos limones que los vecinos recogen. Tambi&eacute;n se plantan buganvillas que con los a&ntilde;os van creciendo y dotando al lugar de flores rosas, fucsias, moradas, anaranjadas...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero siempre que algo brota, aparece una resistencia que exige control, l&iacute;mite, disciplina. Y hay quien convierte en una cruzada personal el acabar con todo aquello que no puede uniformar ni someter. Y entonces se talan los &aacute;rboles alegando peligro, se cortan las ramas de los limoneros y se les intenta dar una absurda y artificial forma circular y se arrancan de ra&iacute;z las buganvillas hasta que no quede nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Confieso que me impact&oacute; la visi&oacute;n de las buganvillas arrancadas, pod&iacute;a sentir el odio en ese acto, el deseo macabro de matar lo que est&aacute; vivo y crece de forma desordenada. Me pregunt&eacute; por qu&eacute;, quien puede odiar tanto las buganvillas. Y entonces lo entend&iacute;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Les parecerá una tontería pero creo que las democracias necesitan árboles, parques y flores porque estos generan comunidad, mientras que los espacios duros nos aíslan. La visión de una valla provoca miedo, la de una jacaranda en flor, ganas de salir a la calle</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Existe una larga tradici&oacute;n de pensamiento autoritario relacionado con el orden, el control, la geometr&iacute;a, la uniformidad. Las dictaduras suelen ir acompa&ntilde;adas de una iconograf&iacute;a propia que responde a la necesidad de imponer, de someter, de construir un molde inflexible a lo que todo debe ajustarse. Lo vemos en sus arquitecturas rectas y geom&eacute;tricas, en sus materiales duros y sus superficies lisas y pulidas, en esa escenificaci&oacute;n del orden que impone el camino recto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la vida, la de las plantas, los animales y los seres humanos no tiene nada que ver con eso. Lo que est&aacute; vivo se mueve, crece, se mezcla, es imperfecto e imprevisible, es diverso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la novela El cordero carn&iacute;voro, Agust&iacute;n G&oacute;mez Arcos escribi&oacute; una frase que us&eacute; en mi documental: &ldquo;<em>Te quiero, porque eres el desorden, y a m&iacute; no me gusta el orden</em>&rdquo;. Creo que condensa perfectamente esa libertad de lo que est&aacute; vivo frente al orden asfixiante de la dictadura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la democracia deber&iacute;a parecerse m&aacute;s a un prado que a un jard&iacute;n versallesco con setos cuadriculados. Un ecosistema que funciona, que atrae a nuevas especies, que crece y var&iacute;a, que requiere cuidado y no sometimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Les parecer&aacute; una tonter&iacute;a pero creo que las democracias necesitan &aacute;rboles, parques y flores porque estos generan comunidad, mientras que los espacios duros nos a&iacute;slan. La visi&oacute;n de una valla provoca miedo, la de una jacaranda en flor, ganas de salir a la calle.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso creo que arrancar las buganvillas fue m&aacute;s que un acto contra las plantas, quiz&aacute; nos hable tambi&eacute;n de nuestro tiempo. Y entonces, defender las flores sea m&aacute;s importante de lo que pensamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/matar-buganvillas_132_13027313.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 21:19:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Matar las buganvillas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor de San Valentín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/favor-san-valentin_132_12988655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ce37a8b-1a0f-4f81-bb6c-ed69ea129579_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor de San Valentín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El odio cohesiona y moviliza pero sobre todo destruye. Y reivindicar la ternura, el amor, la comunidad, el cuidado, es disputar el relato, es una forma de resistir y de hacerle frente</p></div><p class="article-text">
        Ayer hice mi visita rutinaria a la florister&iacute;a del barrio. Siempre tiene flores preciosas y extra&ntilde;as entre las que descubro nuevas especies, pero ayer luc&iacute;a especialmente exuberante. Hab&iacute;a varias clases de rosas inglesas (mis favoritas), rosas de pitimin&iacute;, amapolas rojas, iris y todo un estallido de color que har&iacute;a las delicias de cualquier amante de las cosas bellas. &iquest;Y esto? Pregunt&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Es por San Valent&iacute;n, me contest&oacute; Ana, la florista. Yo, nada dada a celebrar esta fiesta porque ya todos sabemos que es una horterada y un invento de El Corte Ingl&eacute;s y blablabl&aacute;, hab&iacute;a olvidado por completo su cercan&iacute;a en el calendario. Por supuesto, le ped&iacute; a Ana que me hiciera un ramito para m&iacute;. &ldquo;Ponme todas las San Valent&iacute;n vibes, por favor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo tengo al lado mientras escribo estas l&iacute;neas y no puedo dejar de mirarlo. Mi escritorio huele a rosas.
    </p><p class="article-text">
        Mis padres llevan 46 a&ntilde;os casados, y desde que tengo uso de raz&oacute;n, siempre, siempre, siempre, el 14 de febrero mi padre le regala a mi madre un ramo de rosas. Y a m&iacute; me parece precioso, qu&eacute; quieren que les diga.
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos en los que el cinismo y el malotismo se consideran cool, en los que la frustraci&oacute;n encuentra refugio en tener alguien a quien odiar y a quien culpar de todo, en los que los discursos de odio son reproducidos con una facilidad terror&iacute;fica, detenerse a comprar flores para recordar el amor puede parecer un gesto ingenuo, pero &iquest;y si precisamente necesitamos recuperar un poco de esa ingenuidad?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nos hemos vuelto expertos en anticipar la decepción, la hemos sentido tantas veces que creemos que no hacernos ilusiones hará que después duela menos. Pero no es verdad, siempre acaba doliendo igual. Y esa anestesia nos ha robado algo enormemente valioso, las ganas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me refiero a esa que nos da la capacidad de creer, la que no anticipa que todo saldr&aacute; mal o ser&aacute; una decepci&oacute;n, la que por el contrario, nos regala el entusiasmo. &iquest;Conocen una sensaci&oacute;n mejor que el entusiasmo? Les ser&eacute; sincera, yo a veces lo echo de menos.
    </p><p class="article-text">
        Extra&ntilde;o esa electricidad vibrante que te impulsa a tirarte de cabeza hacia lo desconocido sin hacer miles de c&aacute;lculos previos, a confiar en las personas o en las ideas o en las promesas, esa que es el motor, el creer que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos vuelto expertos en anticipar la decepci&oacute;n, la hemos sentido tantas veces que creemos que no hacernos ilusiones har&aacute; que despu&eacute;s duela menos. Pero no es verdad, siempre acaba doliendo igual. Y esa anestesia nos ha robado algo enormemente valioso, las ganas.
    </p><p class="article-text">
        Si, como yo, han revisado unas cuantas veces la apote&oacute;sica actuaci&oacute;n de Bad Bunny en la Super Bowl, recordar&aacute;n el r&oacute;tulo con el que cerr&oacute; el show y que pudo verse en todo el estadio: &ldquo;Lo &uacute;nico m&aacute;s poderoso que el odio es el amor&rdquo;. Puede parecer un mensaje tontorr&oacute;n pero en el contexto social y pol&iacute;tico que vivimos, a m&iacute; me parece tremendamente potente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Puede que todo esto les suene a ñoñería pero yo me confieso, soy de las que lloran en las bodas o cuando miro bailar a una pareja de enamorados. Me emociona la gente que se quiere y la ilusión. Quizá necesitemos exhibir un poco más el amor, sin miedo y sin vergüenza, que lo sonrojante sea lo otro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con Trump y sus sangrientas pol&iacute;ticas migratorias, con l&iacute;deres europeos que emulan el trumpismo sin pudor y convierten el se&ntilde;alamiento del otro en estrategia electoral, este mensaje es una llamada de atenci&oacute;n. Porque s&iacute;, el odio cohesiona y moviliza pero sobre todo destruye. Y reivindicar la ternura, el amor, la comunidad, el cuidado, es disputar el relato, es una forma de resistir y de hacer frente a este clima.
    </p><p class="article-text">
        Puede que todo esto les suene a &ntilde;o&ntilde;er&iacute;a pero yo me confieso, soy de las que lloran en las bodas o cuando miro bailar a una pareja de enamorados. Me emociona la gente que se quiere y la ilusi&oacute;n. Quiz&aacute; necesitemos exhibir un poco m&aacute;s el amor, sin miedo y sin verg&uuml;enza, que lo sonrojante sea lo otro.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; denme florister&iacute;as repletas de rosas, corazones con purpurina y alguna dosis de cursiler&iacute;a. Un poco de espacio para el entusiasmo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/favor-san-valentin_132_12988655.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 20:03:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor de San Valentín]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[San Valentín]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[30 relaciones públicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/30-relaciones-publicas_132_12929714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49589f93-7616-4bce-b01c-c87d1bec74b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="30 relaciones públicas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esto no va de él, sino de tratar de señalar desde dónde se habla, porque si hay algo que me enfada, por lo general, es cuando se pasa por alto la condición de privilegio</p></div><p class="article-text">
        En el imaginario colectivo, en el m&iacute;o tambi&eacute;n hasta que empec&eacute; a trabajar en esto, los premios del cine celebran las mejores pel&iacute;culas. La realidad es bien distinta, detr&aacute;s de muchas nominaciones y premios, hay inversi&oacute;n, campa&ntilde;as de marketing, contactos, influencias y lo m&aacute;s importante: grandes empresas y posici&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        A veces ocurre que coincide que esas pel&iacute;culas que llegan son realmente buenas, incluso las mejores. Otras no. Otras ves a obras magn&iacute;ficas, emocionantes, bellas, honestas, interesantes, importantes, no encontrar un hueco en estos lugares y ser, en cierto modo, despreciadas por la industria. Y como dicen en mi tierra, me da coraje. Porque lo que les falta no es calidad, sino tener la capacidad y los recursos para moverse en ciertos c&iacute;rculos.
    </p><p class="article-text">
        Podr&aacute;n pensar que esto de los premios es una tontada. Pues no. Porque este sistema tiene algo perverso y es que dependemos de los puntos que dan las selecciones en determinados festivales y premios, para poder levantar los siguientes proyectos. Esto nos afecta, por supuesto, a las peque&ntilde;as productoras y creadores independientes, para las que algo as&iacute; puede determinar si seguimos trabajando o no. Para otros, ampliamente consolidados y sin ning&uacute;n problema para financiar sus pel&iacute;culas, quiz&aacute; sea m&aacute;s una cuesti&oacute;n de alimentar el ego. O no lo s&eacute;. Me lo pregunto muchas veces.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as, leo sobre la gran campa&ntilde;a que ha llevado a Sirat a los Oscar, con casi 30 relaciones p&uacute;blicas trabajando para ello. Leo tambi&eacute;n sus declaraciones sobre el cine de cereal puro (el suyo), frente al cine pan Bimbo (el de otros). Y observo el contraste con los textos de otros cineastas como Jota Linares o Jimina Sabad&uacute; que ponen palabras a la realidad que vivimos muchos en este sector y que tiene que ver con la precariedad, con la necesidad de hacer miles de trabajos a la vez para sostenernos, con el cansancio o con&nbsp;plantearse abandonar porque una no puede m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por si hace falta aclararlo, creo que Laxe es un gran cineasta y sus anteriores pel&iacute;culas, &ldquo;Mimosas&rdquo; y &ldquo;O que arde&rdquo;, me parecen unas obras bell&iacute;simas. Y de hecho, esto no va de &eacute;l, sino de tratar de se&ntilde;alar desde d&oacute;nde se habla, porque si hay algo que me enfada, por lo general, es cuando se pasa por alto la condici&oacute;n de privilegio. O peor a&uacute;n, cuando se nos intenta iluminar o dar lecciones desde las alturas. No, no se puede hablar de &ldquo;hackear al sistema&rdquo; cuando eres la personificaci&oacute;n del sistema.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Experimentar estética o artísticamente cuando cuando tienes una red económica que te sostiene y todo el tiempo del mundo, que viene a ser lo mismo, no es un acto de riesgo, sino, muchas veces, la seguridad de no tener nada (realmente importante) que perder</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esto me recuerda a cierto tipo de cine celebrado como autoral, comprometido y valiente, con tintes sociales, que sale desde mas&iacute;as en el Empord&agrave; o escuelas privadas imposibles de pagar para cualquier familia trabajadora. Claro que muchas de esas pel&iacute;culas son buenas, pero cuando son aplaudidas como arriesgadas, justo con esa palabra, &ldquo;riesgo&rdquo;, no puedo evitar que se me revuelva un poquito la conciencia de clase. Porque riesgo es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Experimentar est&eacute;tica o art&iacute;sticamente cuando tienes una red econ&oacute;mica que te sostiene y todo el tiempo del mundo, que viene a ser lo mismo, no es un acto de riesgo, sino, muchas veces, la seguridad de no tener nada (realmente importante) que perder.
    </p><p class="article-text">
        El cine, la cultura en general, tambi&eacute;n est&aacute; atravesada por la clase y ser&iacute;a un ejercicio de honestidad reconocerlo. Reconocer que no todos partimos desde el mismo lugar, que una pel&iacute;cula independiente, de bajo presupuesto y hecha fuera de Madrid o Barcelona, muy dif&iacute;cilmente podr&aacute; ocupar los mismos espacios, ni acceder a las mismas oportunidades, ni ser le&iacute;da con los mismos c&oacute;digos.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a tambi&eacute;n maravilloso que la industria y&nbsp;las instituciones que la conforman, dejaran de mirar &uacute;nicamente los relatos de &eacute;xito y de todo aquello que brilla, y se empezaran a preguntar por todo lo que no llega a existir, por las pel&iacute;culas que mueren antes de nacer, las que se quedan por el camino no por falta de talento o de ideas, sino por un sistema que no es igual de justo para todos ni ofrece las mismas herramientas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/30-relaciones-publicas_132_12929714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jan 2026 22:30:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[30 relaciones públicas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cineastas,Cine,Industria cultural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Películas de Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/peliculas-navidad_132_12860071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf76f195-d738-4407-a942-4a3a7b52be14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Películas de Navidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quiero creer en historias donde a la gente le pasan cosas. Donde la vida ocurre y no se observa a través de la pantalla de un móvil donde el mundo se ha vuelto pequeño y el pulgar desliza compulsivamente y los ojos se cansan</p><p class="subtitle">Cinco películas para defender la Navidad como la mejor época del año
</p></div><p class="article-text">
        Aqu&iacute; va una opini&oacute;n impopular. Adoro las pel&iacute;culas de navidad. Incluso esas a las que el tiempo no ha tratado bien y que se han quedado con tufo machistilla y rancio, me da igual. Me dan algo as&iacute; como esperanza, o quiz&aacute; no sea esa la palabra, esperen. Refugio. S&iacute;, eso es, refugio. Porque a veces necesito pensar que todo va a ir bien, meterme en un rinc&oacute;n calentito y blando de amistad, reencuentros y buenas intenciones en el que sabes que el final no te sorprender&aacute; porque acabar&aacute; inevitablemente bien. 
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute; bien as&iacute;, justo as&iacute;, porque las sorpresas y la incertidumbre pesan m&aacute;s a final de a&ntilde;o, porque te encuentras pensando: por favor, por favor, solo quiero algo seguro, una tabla s&oacute;lida que me sostenga un rato, dos horas, las que sean, y que ya despu&eacute;s, si quiere, se desvanezca.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta estar ah&iacute; aunque sepa que es una mentira, que volver&eacute; a sentirme sola y triste y desubicada, que volver&eacute; a maldecir las injusticias del mundo con la rabia que me quema el pecho, que volver&eacute; a sentirme afuera, ese afuera que te atenaza cuando observas la ligereza de los otros y no entiendes por qu&eacute;. Y te recuerda a esa herida de clase que a veces se te olvida pero que regresa y supura con cada golpe de la vida y del trabajo y entonces, el dolor del cuerpo y la asfixia.
    </p><p class="article-text">
        Por eso quiero ver de nuevo, aunque solo sea una vez al a&ntilde;o, el gran beso de Hugh Grant y Martine McCutcheon (Nathalie) en la funci&oacute;n escolar de la parte chunga de Wandsworth, aunque sea horrible que sus creadores quisieran hacernos creer que estaba gorda y colaboraran as&iacute; al odio hacia nuestros cuerpos con el que crecimos las j&oacute;venes de los noventa y los dos mil.
    </p><p class="article-text">
        Quiero ver a Harry besando a Sally en Nochevieja y enumerarle todos los peque&ntilde;os detalles y man&iacute;as que la hacen &uacute;nica. Quiero volver a llorar cuando Meg Ryan dice &ldquo;te odio, te odio, te odio&rdquo; y en realidad se le est&aacute; desbordando el amor. Quedarme tranquila cuando la peli nos cuenta que a&ntilde;os despu&eacute;s siguen juntos y felices aunque sepamos que en realidad no, que no iba a funcionar, tal y como Nora Ephron escribi&oacute; en el guion y c&oacute;mo despu&eacute;s lo cambi&oacute; porque Rob Reiner se hab&iacute;a enamorado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">
Dejo mi pensamiento crítico a un lado y me rindo, porque necesito ese trozo de azúcar, la certeza de que todo estará bien, la ficticia magia de las luces horteras de Navidad, como quien pide una tregua.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Quiero ir a la casita de ensue&ntilde;o de Kate Winslet en <em>The Holiday</em>, ver la nieve de Surrey, ir a un videoclub con Joe Black y que me parezca m&aacute;s atractivo que Jude Law. Sentir verg&uuml;enza ajena con el final y el tren del amor, pero qui&eacute;n no quiere un poco de verg&uuml;enza ajena en estas fechas. Yo s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Me recuerda al viejo p&oacute;ster de Mulder en <em>Expediente X</em>: <em>I want to believe</em>. Quiero creer en historias donde a la gente le pasan cosas. Donde se enamora, se desenamora, tiene amigos, discute, se cruza con alg&uacute;n cretino, se equivoca, se levanta y se acompa&ntilde;a. Donde la vida ocurre y no se observa a trav&eacute;s de la pantalla de un m&oacute;vil donde el mundo se ha vuelto peque&ntilde;o y el pulgar desliza compulsivamente y los ojos se cansan.
    </p><p class="article-text">
        Dejo mi pensamiento cr&iacute;tico a un lado y me rindo, porque necesito ese trozo de az&uacute;car, la certeza de que todo estar&aacute; bien, la ficticia magia de las luces horteras de Navidad, como quien pide una tregua.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/peliculas-navidad_132_12860071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Dec 2025 21:50:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Películas de Navidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Naturalezas vivas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/naturalezas-vivas_132_12825477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/715357ae-8fb6-45e1-8577-3da8f0d309cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Naturalezas vivas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fue todo un grupo de mujeres que, por primera vez, mostraron de forma colectiva una visión del mundo desde la mujer moderna, activa, profesional y libre. Una visión que quedó expulsada de nuestro imaginario</p></div><p class="article-text">
        Cuando descubr&iacute; a Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, su escritos, sus ideas, su presencia en la cultura y la pol&iacute;tica de este pa&iacute;s, sent&iacute; un gran enfado, como si me hubieran robado una pieza del puzle. Una pieza, que de no haber sido sustra&iacute;da, habr&iacute;a configurado mi manera de entender el mundo. No me refiero a la pieza de Mar&iacute;a, en concreto, no a la suya individualmente, quiero decir, sino a la de todas esas autoras, escritoras, artistas, pensadoras que me habr&iacute;an ofrecido una mirada distinta sobre nuestra propia historia.
    </p><p class="article-text">
        Es la misma sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida que tuve hace unos d&iacute;as cuando visit&eacute; la exposici&oacute;n restrospectiva de Maruja Mallo que acoge el Museo Reina Sof&iacute;a. P&eacute;rdida mezclada con fascinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No es que su nombre me sea ajeno, ni mucho menos, de hecho es uno de los pocos (femeninos) que s&iacute; que estudi&eacute; en la Facultad de Historia del Arte. Pero su presencia siempre fue m&aacute;s como un apunte en el margen del retrato de los grandes hombres de la &eacute;poca, m&aacute;s como algo ex&oacute;tico que serio, un personaje secundario.
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que he llegado a entender que nuestra visi&oacute;n del mundo est&aacute; construida desde una perspectiva exclusivamente masculina, no dejo de asombrarme, y enfadarme, cuando se evidencian esos huecos de una forma tan clara. Porque la obra de Maruja Mallo, no solo completa un fragmento de nuestra propia historia, sino que hace tambalear la idea que ten&iacute;amos de un periodo fundamental en nuestro pa&iacute;s, pensamiento e identidad.
    </p><p class="article-text">
        Maruja Mallo nos muestra un territorio vitalista, el&eacute;ctrico, colorido, donde la calle se vuelve fiesta y posibilidad. Las mujeres ocupan el espacio p&uacute;blico no como musas, sino como protagonistas activas de un nuevo orden del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Me detengo ante el imponente &ldquo;La sorpresa del trigo&rdquo; y toda su serie de pinturas en las que las mujeres aparecen como diosas de la recolecci&oacute;n o la pesca. En estas se percibe una visi&oacute;n radicalmente nueva, la construcci&oacute;n del futuro deb&iacute;a pasar por la tierra, por la ecolog&iacute;a y, sobre todo, por las mujeres.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mientras recorro la exposición, no puedo evitar preguntarme cómo sería nuestra idea de la modernidad si estas imágenes hubieran formado parte de nuestra educación desde el principio. Qué otras formas de entender el cuerpo, la presencia, la ciudad, la naturaleza o la vida habríamos explorado si ellas hubieran estado ahí</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En otra sala observo sus incre&iacute;bles criaturas creadas con flores ex&oacute;ticas, conchas marinas y elementos que recuerdan formas femeninas radiantes de color. Es su propia versi&oacute;n de las cl&aacute;sicas naturalezas muertas o bodegones que tanto hemos estudiado. Pero aqu&iacute; la muerte y lo est&aacute;tico se transforma en vida: <em>&ldquo;De este alucinante oc&eacute;ano surgieron mis Naturalezas vivas, plastificaci&oacute;n de la flora y la fauna conjugadas: medusas y orqu&iacute;deas, estrellas de mar, caracolas y rosas. Naturalezas vivas rechazando a las naturalezas muertas&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Mientras recorro la exposici&oacute;n, no puedo evitar preguntarme c&oacute;mo ser&iacute;a nuestra idea de la modernidad si estas im&aacute;genes hubieran formado parte de nuestra educaci&oacute;n desde el principio. Qu&eacute; otras formas de entender el cuerpo, la presencia, la ciudad, la naturaleza o la vida habr&iacute;amos explorado si ellas hubieran estado ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de estos a&ntilde;os de estudio lo que vislumbro es que esta mirada no era una excepci&oacute;n. Fue todo un grupo de mujeres que, por primera vez, mostraron de forma colectiva una visi&oacute;n del mundo desde la mujer moderna, activa, profesional y libre. Una visi&oacute;n que qued&oacute; expulsada de nuestro imaginario.
    </p><p class="article-text">
        Mallo pint&oacute; la universalidad humana, la interconexi&oacute;n ecol&oacute;gica, la fuerza del arte como v&iacute;a para comprender lo desconocido... Temas que hoy nos parecen radicalmente actuales y que ella ya estaba exponiendo hace m&aacute;s de un siglo.
    </p><p class="article-text">
        Si quieren empezar a reconstruir el puzle con todas sus coloridas y diversas piezas, visiten la exposici&oacute;n. Y si quieren profundizar m&aacute;s en el pensamiento, los amigos o el mundo de esta maravillosa artista, no se pierdan el nuevo lanzamiento de Editorial Renacimiento: Cartas de Maruja Mallo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/naturalezas-vivas_132_12825477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 21:04:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Naturalezas vivas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lorca sonríe y saluda tras la ventana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/lorca-sonrie-saluda-ventana_132_12785754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d90c7f6c-51b5-4d45-b923-73a98ef90396_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lorca sonríe y saluda tras la ventana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Representaba todo lo que las dictaduras temen, la libertad de pensamiento que puede encender preguntas o crear conciencias. La cultura es ese arma que promueve todo lo contrario a la mentalidad sumisa, cerrada y uniforme</p></div><p class="article-text">
        Cuando el 26 de noviembre de 1922, el arque&oacute;logo Howard Carter acerc&oacute; sus ojos por primera vez&nbsp;al peque&ntilde;o agujero que hab&iacute;a logrado abrir en la tumba de Tutankhamon, se qued&oacute; en silencio durante unos interminables segundos. A su espalda, Lord Carnarvon, le pregunt&oacute; si ve&iacute;a algo, a lo que Carter finalmente respondi&oacute;:&nbsp;&ldquo;S&iacute;, cosas maravillosas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bien, algo as&iacute; es lo que imagino que debi&oacute; sentir el cineasta Manuel Mench&oacute;n al encontrar, en el archivo privado de la familia Men&eacute;ndez-Pidal, y dentro de una lata de bet&uacute;n, unas im&aacute;genes nunca vistas de Lorca en movimiento. Es un fragmento breve, en blanco y negro, pero se siente tan vivo como si hubiera abierto un agujero en el tiempo. Es el a&ntilde;o 1932 y Lorca viaja con su compa&ntilde;&iacute;a La Barraca a llevar el teatro a los pueblos y a las zonas rurales, un proyecto que se enmarcaba dentro del programa de las Misiones Pedag&oacute;gicas de la II Rep&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la ventanilla trasera del coche lo vemos feliz, sonriente, y nos saluda con una alegr&iacute;a limpia. El coraz&oacute;n se me acelera cuando observo estas im&aacute;genes, me aprieta un nudo en el pecho que me sube hasta la garganta, los ojos se me vuelven vidriosos. Ah&iacute; est&aacute;, con toda su belleza, como habl&aacute;ndonos a trav&eacute;s del tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso que Lorca nos emociona tanto porque nos recuerda a todo lo que pudo haber sido, porque en &eacute;l habitaban toda la vitalidad, la bondad, el compromiso y el pensamiento mutilados por la Guerra Civil y la dictadura.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Que no se nos olvide esa sonrisa bondadosa y radiante de Lorca desde la ventanilla de un coche que avanza hacia un país que perdimos. Que nos recuerde lo que se quiso silenciar, lo que se puede perder si no defendemos con firmeza la democracia, que nos guíe para proteger la memoria y la verdad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta misma semana, cuando se cumplen 50 a&ntilde;os de la muerte de Franco y del fin del periodo que dej&oacute; al pa&iacute;s paralizado, empobrecido y arrancado de su memoria y su imaginaci&oacute;n, asistimos tristemente a los nuevos intentos de blanqueamiento del franquismo. Surgen una y otra vez las teor&iacute;as que intentan culpar del asesinato de Lorca a las rencillas familiares o a los conflictos personales, como si una tragedia nacional pudiera explicarse desde lo anecd&oacute;tico. En aquellos tiempos de miedo y odio, siempre hab&iacute;a alguien que se&ntilde;alaba, que acusaba, que se chivaba, pero fue el aparato pol&iacute;tico y militar de los golpistas lo que alent&oacute; y ejecut&oacute; el asesinato. El mismo que mand&oacute; al exilio a Machado, a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, a Luis Cernuda, a Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, a Mar&iacute;a Zambrano y a los mejores pensadores de nuestro pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lorca no era solo un poeta, era tambi&eacute;n una amenaza. Un artista que hablaba de libertad, de igualdad, de deseo, que alentaba a la gente a pensar, a cuestionar las estructuras cerradas, a dejar volar la imaginaci&oacute;n. Representaba todo lo que las dictaduras temen, la libertad de pensamiento que puede encender preguntas o crear conciencias. La cultura es ese arma que promueve todo lo contrario a la mentalidad sumisa, cerrada y uniforme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se me vienen a la mente los versos de Machado en uno de los mejores poemas que se han escrito:&nbsp;<em>&ldquo;Se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo fr&iacute;o, a&uacute;n con estrellas de la madrugada. Mataron a Federico cuando la luz asomaba...&rdquo;</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que no se nos olvide esa sonrisa bondadosa y radiante de Lorca desde la ventanilla de un coche que avanza hacia un pa&iacute;s que perdimos. Que nos recuerde lo que se quiso silenciar, lo que se puede perder si no defendemos con firmeza la democracia, que nos gu&iacute;e para proteger la memoria y la verdad. Que nuestro gran tesoro, nuestras cosas maravillosas, nos mantengan despiertos y atentos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Hojman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/lorca-sonrie-saluda-ventana_132_12785754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 20:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lorca sonríe y saluda tras la ventana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Federico García Lorca]]></media:keywords>
    </item>
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