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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Becerra Mayor]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david-becerra-mayor/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David Becerra Mayor]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“Yo es un otro”, o cuando competimos contra nosotros mismos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/competimos_129_11823828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0644b5a-5122-4616-90c4-159eca0efcdb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Yo es un otro”, o cuando competimos contra nosotros mismos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor viaja a partir de la cita de Rimbaud hacia una reflexión sobre la fuerza del capitalismo para deslindarnos en dos, como a la protagonista de 'La sustancia'</p><p class="subtitle">Un grupo de figurantes se niega a que les escaneen en un rodaje sin avisar: “Querían ahorrarse esa jornada de trabajo”
</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Jean-Paul Sartre que el infierno son los otros. La poeta &Aacute;ngeles Mora discut&iacute;a la premisa del existencialista franc&eacute;s asegurando que el infierno, lejos de ser el otro, est&aacute; en nosotros. La poes&iacute;a, al menos aquella que quiere luchar contra el inconsciente que la produce, debe indagar en el interior del individuo para encontrar all&iacute; el infierno que nos constituye, el otro que nos habita. 
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad que en la poes&iacute;a aparezcan tantos sujetos escindidos &ndash;o tachados o barrados, dir&iacute;amos <em>&agrave; la</em> Lacan&ndash;: sujetos po&eacute;ticos que se desdoblan para dialogar con ese <em>otro </em>que vive en su interior y le impide decir <em>yo-soy</em>, presentarse como una subjetividad plena y aut&oacute;noma. <em>La intimidad de la serpiente</em>, de Luis Garc&iacute;a Montero (2003), se abre con un poema titulado <em>Cuarentena, </em>que escenifica un di&aacute;logo entre un poeta que ha alcanzado la madurez al cumplir los cuarenta a&ntilde;os y el joven que fue, de veinte a&ntilde;os, militante y comprometido, que impertinente le mira desde la fotograf&iacute;a y le sanciona la renuncia de los sue&ntilde;os por la mera supervivencia, la sustituci&oacute;n de la exclamaci&oacute;n de la protesta por la interrogaci&oacute;n de la duda, el cambio del coraz&oacute;n por la raz&oacute;n. En la conversaci&oacute;n se reprochan imposturas y traiciones. La presencia de ese otro que le habita genera malestar en un sujeto que sin embargo no puede sac&aacute;rselo de encima. No le queda otro remedio que convivir con &eacute;l. A la manera ilustrada, en lugar de batirse en duelo con el enemigo que lleva dentro, inician una negociaci&oacute;n para alcanzar consensos y lograr una convivencia pac&iacute;fica. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Casa de citas,</em> publicado en <em>Contradicciones, p&aacute;jaros </em>(2001), &Aacute;ngeles Mora tambi&eacute;n se desdobla. La poeta se mira desde afuera y descubre que su poes&iacute;a ha sido escrita por otra. Dictados por su inconsciente patriarcal, sus versos dialogaban con los grandes nombres de la literatura universal, &ldquo;casi siempre varones&rdquo;, que se daban cita en los paratextos. Si Walter Benjamin hablaba, en sus <em>Tesis sobre la historia</em>, del burdel del historicismo para referirse a la manera en que las clases dominantes acud&iacute;an a la historia para vaciarla, violarla y hacerle decir lo que legitimaba su posici&oacute;n en el poder, Mora describe en este poema el funcionamiento de un burdel literario, esa &ldquo;casa de citas&rdquo; en la que se configura una historia literaria &uacute;nicamente compuesta por ene hombres de prestigio que desplazan u opacan otras historias escritas desde fuera de los lugares prestigiados por la instituci&oacute;n de la literatura. A diferencia de lo que ocurre en <em>Cuarentena,</em> en <em>Casa de citas </em>el yo no quiere llegar a ning&uacute;n acuerdo con el otro del pasado, quiere extirparlo, establecer una ruptura en su inconsciente para, a partir de esa fisura, poder acaso alumbrar un inconsciente nuevo que sea capaz de rastrear las huellas de todas aquellas mujeres cuyas voces han sido borradas de la historia literaria.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El yo es un otro en la medida en que proyecta una imagen externa que no dice tanto lo que es como lo que quiere llegar a ser. Este desdoblamiento del sujeto está magníficamente narrada en la película &#039;La sustancia&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Je est un autre&rdquo;,</em> escrib&iacute;a, barrado, Arthur Rimbaud: &ldquo;Yo es un otro&rdquo;. No solo porque todos somos el otro de alguien, sino porque cobijamos un otro que determina nuestros pasos, nuestros gestos, nuestro lenguaje, y del que nos queremos desprender. Pero tambi&eacute;n el yo es un otro cuando se mira desde fuera, cuando la noticia que tiene de s&iacute; mismo es la imagen que le devuelve el espejo; el yo es un otro en la medida en que proyecta una imagen externa que no dice tanto lo que es como lo que quiere llegar a ser. Este desdoblamiento del sujeto entre lo que realmente es y la imagen que proyecta &ndash;desdoblamiento con constantes desajustes que inaugura una relaci&oacute;n problem&aacute;tica del sujeto consigo mismo&ndash; <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/demi-moore-venga-hollywood-presion-cuerpos-festin-sangre-sustancia_1_11725455.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute; magn&iacute;ficamente narrada</a> en la pel&iacute;cula <em>La sustancia, </em>escrita y dirigida por Coralie Fargeat y protagonizada por Demi Moore y Margaret Qualley. 
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula, una estrella de Hollywood en horas bajas es despedida nada m&aacute;s cumplir los cincuenta a&ntilde;os. La actriz, lejos ya de habitar los decorados de la ciudad del cine, presentaba un programa de televisi&oacute;n de aerobic. Pero la peque&ntilde;a pantalla requiere la presencia de un cuerpo m&aacute;s joven. La ideolog&iacute;a de la belleza expulsa del espacio p&uacute;blico a los cuerpos que no se ajustan a los c&aacute;nones dominantes. Hay vidas que no merecen ser contadas, dec&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/judith-butler-capitalismo-reiniciado-fuerza_1_8948386.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Judith Butler</a> en <em>Vida precaria</em>, como la de los sujetos racializados o migrantes, las sexualidades no heteronormativas o los cuerpos enfermos; pero tambi&eacute;n las de mujeres como Elisabeth Sparkle, que as&iacute; se llama la protagonista que encarna Demi Moore, que dejan de ser funcionales para el sistema cuando superan la franja de edad de los cincuenta a&ntilde;os y quedan fuera del marco de visibilidad para pasar a engrosar la lista de esas vidas invisibles que no merecen ser lloradas ni contadas. Hasta que llega a sus manos &ldquo;la sustancia&rdquo;, un suero que adquiere en el mercado negro y que al inyectarse genera una mejor versi&oacute;n de s&iacute; misma. Al inocularse el l&iacute;quido, Moore cae al suelo, se le abre la espalda y de la fisura sale una mujer joven y bella, un otro, representada por Margaret Qualley. 
    </p><p class="article-text">
        Las dos mujeres no son sino una, como as&iacute; se subraya en el prospecto que acompa&ntilde;a la sustancia que Moore consume. El yo y su otro mantienen una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica basada en un equilibrio que debe cumplirse escrupulosamente: cada siete d&iacute;as, sin excepci&oacute;n, deben transferirse la conciencia: mientras un cuerpo permanece inconsciente e inactivo, el otro lleva una vida normal. Sue, que es el nombre que se da el personaje encarnado por Margaret Qualley, reemplaza a Elisabeth en el programa de televisi&oacute;n y empieza su ascenso hacia el &eacute;xito, basado en un cuerpo bello, joven y siempre sexualizado por la industria de la imagen. 
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a Miyagi en <em>Karate Kid, </em>lo b&aacute;sico es mantener el equilibrio. La joven Sue, que en un principio solamente grababa sus programas en semanas alternas, para asegurar el equilibrio, de pronto se ve desbordada por el &eacute;xito er&oacute;tico y laboral, y la llegada de nuevos contratos y compromisos, pero tambi&eacute;n de relaciones sexoafectivas y un mundo de ocio, le impiden cumplir de manera precisa el acuerdo de turnarse con Elisabeth todas las semanas. El equilibrio se rompe y empiezan los problemas. Cada minuto robado implica un deterioro y envejecimiento radical del cuerpo de Elisabeth, que inicia su devenir-monstruo.
    </p><p class="article-text">
        Empieza la batalla contra s&iacute; misma. El yo y su otro empiezan a competir no solo por ocupar un mayor tiempo activo y de conciencia; sobre todo empieza la lucha contra la imagen del cuerpo joven y bello que es recuerdo de su expulsi&oacute;n del marco de visibilidad capitalista. En <em>Literatura, moda y erotismo: el deseo </em>(2003), Juan Carlos Rodr&iacute;guez se&ntilde;alaba que buena parte de los trastornos ps&iacute;quicos que la sociedad capitalista provoca no encuentran su causa en que hayamos interiorizado el capitalismo, como suele decirse, y gestionemos nuestra vida como si fuera una empresa, con constantes balances entre el debe y el haber; estos derivan, m&aacute;s bien, de la imposibilidad de exteriorizar la imagen que el espejo de la ideolog&iacute;a nos impone, interpel&aacute;ndonos como sujetos fuertes, plenos y aut&oacute;nomos, capaces de sobreponerse a cualquier adversidad que la vida presente, capaces de luchar y salir victoriosos de la competencia cotidiana capitalista. Cuando las condiciones reales de existencia entran en contradicci&oacute;n con la representaci&oacute;n imaginaria que los sujetos tienen de s&iacute; mismos, la imagen se resiente y el espejo se agrieta. A trav&eacute;s de esas grietas surgen las neurosis, la depresi&oacute;n y la ansiedad. No estamos a la altura de la imagen y nos vemos incapaces de decir <em>yo-soy</em>, de constituirnos como sujetos plenamente individualizados. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Buena parte de los trastornos psíquicos que la sociedad capitalista provoca no encuentran su causa en que hayamos interiorizado el capitalismo si no más bien en la imposibilidad de exteriorizar la imagen que el espejo de la ideología nos impone</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Elisabeth Sparkle, cuando su imagen ya no se ajusta a lo que el espejo quiere de ella y la despiden, se inyecta la sustancia para poder seguir exteriorizando la imagen del sujeto pleno, sac&aacute;ndola literalmente de su propio cuerpo. Sue supone la posibilidad de seguir alimentando esa representaci&oacute;n imaginaria y de desplazar lo real que la ha sacado del foco. Pero lo reprimido siempre vuelve y cuando Elisabeth mira por la ventana de su lujosa casa en Los &Aacute;ngeles y ve un cartel que anuncia su antiguo programa de televisi&oacute;n, ahora con una imagen de la joven y sensual Sue, retorna lo real de sus condiciones materiales de existencia, de su cuerpo no apto para la industria audiovisual. Como un espejo le devuelve la imagen que le recuerda que su fracaso se debe a que no est&aacute; a la altura de lo que la ideolog&iacute;a capitalista espera de ella. El otro-Sue que observa, y que la observa desde el cartel, es la representaci&oacute;n imaginaria que todo sujeto quiere proyectar pero no alcanza a hacerlo. Ese desajuste entre lo real y lo imaginario &ndash;esa competencia entre el yo y el otro&ndash; expulsa a Elisabeth definitivamente de la vida &ndash;laboral, pero tambi&eacute;n er&oacute;tica&ndash; erosionando su autoestima y conden&aacute;ndola a la soledad. Sin vida social, ya solo se dedica a esperar a que pase la semana para que su mejor versi&oacute;n, Sue, vuelva a cobrar conciencia y pueda disfrutar de una vida plena. La suya no cuenta ni merece ser vivida. Hasta que su cuerpo, cada vez m&aacute;s repugnante a causa la impertinencia y el deseo irrefrenable y ego&iacute;sta de la joven, que no respeta el equilibrio, anuncie el peligro de su aniquilaci&oacute;n total. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&#039;La sustancia&#039;, como buena parte de la literatura actual, habla de ese desdoblamiento y desajuste entre lo que realmente somos y la imagen que queremos proyectar para no ser condenados a la nada. Trata del malestar psíquico que genera el esfuerzo que conlleva tener que sostener la imagen cuando apenas nos queda ya nada –condiciones materiales– para hacerlo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>La sustancia, </em>como buena parte de la literatura actual, habla de ese desdoblamiento y desajuste entre lo que realmente somos y la imagen que queremos proyectar para no ser condenados a la nada. Trata del malestar ps&iacute;quico que genera el esfuerzo que conlleva tener que sostener la imagen cuando apenas nos queda ya nada &ndash;condiciones materiales&ndash; para hacerlo. El acierto de la pel&iacute;cula de Fargeat es que lo hace combinando el terror con la parodia de la est&eacute;tica del videoclip, saltando de manera abrupta de un estilo a otro, como pasa de la er&oacute;tica de los cuerpos bellos a lo monstruoso.<em> </em>Hay, en <em>La sustancia</em>, una pol&iacute;tica de lo abyecto, de la fealdad, del devenir-monstruo que desestabiliza y atenta directamente contra el coraz&oacute;n de la ideolog&iacute;a de la belleza del capitalismo avanzado y la mercantilizaci&oacute;n &ndash;y erotizaci&oacute;n&ndash; de los cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        Acaso esa sea la forma de narrar que el infierno est&aacute; en nosotros. El infierno es el otro que llevamos dentro y nos impide decir <em>yo-soy</em>, es el rastro que queda de la batalla perdida entre la imagen que proyecta el espejo de la ideolog&iacute;a y las condiciones reales de existencia de los sujetos vulnerables y solos, que necesitan el cuidado y lo com&uacute;n, y no la competencia diaria, er&oacute;tica y laboral, a la que somos abocados cotidianamente por el mercado capitalista.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/competimos_129_11823828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Nov 2024 21:10:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Cine,Literatura,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muere Fredric Jameson, uno de los grandes teóricos marxistas de la literatura y crítico de la posmodernidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/muere-fredric-jameson-grandes-teoricos-marxistas-literatura-critico-posmodernidad_1_11674430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3748590-ed01-48f3-b559-99bb54daef70_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere Fredric Jameson, uno de los grandes teóricos marxistas de la literatura y crítico de la posmodernidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La importancia de este teórico estadounidense, fallecido a los 90 años, ha sido esencial para los estudios culturales</p><p class="subtitle">Mari Trini: la voz que introdujo el discurso feminista en España cuando, de eso, tampoco se hablaba
</p></div><p class="article-text">
        Hay conferencias que hacen historia. En oto&ntilde;o de 1982, en el Whitney Museum of Contemporary Arts de Nueva York, el te&oacute;rico literario marxista Fredric Jameson (1934 - 2024), fallecido este pasado domingo, dict&oacute; una conferencia que pasar&iacute;a a ser parte nuclear de su aplaudido e influyente ensayo <em>Postmodernism &ndash; the Cultural Logic of Late Capitalism,</em> publicado en el n&uacute;mero de primavera de 1984 de la <em>New Left Review</em>, y despu&eacute;s convertido en libro (recientemente reeditado en espa&ntilde;ol por la editorial Verso Libros). En este ensayo Jameson sentar&iacute;a las bases de los estudios culturales sobre lo que, desde hac&iacute;a unos a&ntilde;os, se ven&iacute;a denominando posmodernidad.
    </p><p class="article-text">
        Jameson empezaba su conferencia/ensayo se&ntilde;alando la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n, o m&aacute;s bien convicci&oacute;n generalizada, de estar viviendo el fin de casi todo, desde la lucha de clases, la ideolog&iacute;a o el sue&ntilde;o de la revoluci&oacute;n hasta el Estado de bienestar, la democracia o el arte. Todo parec&iacute;a estar en crisis, a punto de alcanzar su fin. Poco despu&eacute;s, coincidiendo con la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n en 1989 y la posterior descomposici&oacute;n del campo socialista en 1991, el polit&oacute;logo Francis Fukuyama afirmar&iacute;a que con la hegemon&iacute;a de la democracia liberal la humanidad hab&iacute;a alcanzado el fin de la historia y, con ello, hab&iacute;a desaparecido todo horizonte vital de emancipaci&oacute;n por resultar innecesario: viv&iacute;amos en el mejor de los mundos posibles. Sin embargo, para Jameson, ese final no era motivo de celebraci&oacute;n, como lo era para los pensadores neoliberales.
    </p><p class="article-text">
        Para Jameson esa convicci&oacute;n posmoderna de fin de todo respond&iacute;a a una ruptura producida en el modo de producci&oacute;n capitalista. Siguiendo al economista alem&aacute;n Ernest Mandel, el capitalismo hab&iacute;a entrado en una nueva fase &ndash;el capitalismo avanzado o tard&iacute;o&ndash; que se distingu&iacute;a de la anterior no &uacute;nicamente por el proceso de sustituci&oacute;n de las f&aacute;bricas por centros financieros en el primer mundo, sino, y sobre todo, porque hab&iacute;a conseguido aniquilar sus antinomias: hab&iacute;an desaparecido del mapa los estados socialistas, pero tambi&eacute;n, por medio de pol&iacute;ticas neoliberales y mucha represi&oacute;n, los movimientos laborales fueron neutralizados y se logr&oacute; derrotar al proletariado con conciencia de clase y organizado pol&iacute;ticamente. Como dice Jameson en <em>Teor&iacute;a de la postmodernidad</em>, sin resistencia ni antinomia, la posmodernidad constituye, &ldquo;la forma m&aacute;s pura de capitalismo de cuantas han existido&rdquo;. En efecto, la posmodernidad representa el momento hist&oacute;rico en que el capital se totaliza, lo invade todo, satura cada uno de los poros de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Jameson entendi&oacute; la posmodernidad no como un mero cambio cultural, uno m&aacute;s entre tantos, como as&iacute; fue institucionalizado y canonizado el posmodernismo por la academia, como un &ldquo;modernismo sin esc&aacute;ndalo&rdquo;, como un estilo f&aacute;cilmente integrado en la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as y como objeto de patronazgo de multinacionales; Jameson entiende la posmodernidad como un producto del capitalismo avanzado, que funda una nueva l&oacute;gica o pauta cultural. De la misma manera que la producci&oacute;n se ha fragmentado y dispersado en el capitalismo avanzado, los sujetos posmodernos piensan el mundo de manera dispersa y fragmentada. El capitalismo avanzado constituye la matriz que produce formas y discursos radicalmente distintos en su significaci&oacute;n y funci&oacute;n social respecto a la modernidad. De esas formas y discursos hizo Jameson su objeto de estudio, que pod&iacute;a estar constituido tanto por una novela de Dos Passos como por un edificio de John Portman, una pel&iacute;cula de Coppola o Polanski, un cuadro de Van Gogh o un disco de David Bowie.
    </p><h2 class="article-text">Marco te&oacute;rico</h2><p class="article-text">
        Para llevar a cabo sus an&aacute;lisis sobre la posmodernidad &ndash;pero no solo&ndash;, Jameson construy&oacute; un marco te&oacute;rico muy s&oacute;lido que beb&iacute;a de la influencia de pensadores marxistas &ndash;algunos de ellos fueron objeto de sus estudios&ndash; como Louis Althusser, Walter Benjamin, Bertolt Brecht, Theodor Adorno o Jean-Paul Sartre. La obra que mejor representa ese esfuerzo por construir una teor&iacute;a literaria con la que leer desde el marxismo los textos literarios acaso sea <em>The Political Unconscious </em>(1981), traducido al espa&ntilde;ol por el poeta republicano y exiliado en M&eacute;xico Tom&aacute;s Segovia con el extra&ntilde;o y benjaminiano t&iacute;tulo &ndash;desconozco los motivos que le llevaron a traducirlo as&iacute;&ndash; <em>Documentos de cultura, documentos de barbarie</em>, publicado por Visor en 1989.
    </p><p class="article-text">
        En ese ensayo Jameson se propone el objetivo de construir una hermen&eacute;utica marxista que permita &ndash;y aqu&iacute; late el pensamiento de Walter Benjamin&ndash; rastrear las huellas del relato interrumpido por las luchas, la realidad reprimida y enterrada de la historia. Desde este punto de partida benjaminiano Jameson recoge todo el andamiaje te&oacute;rico sobre la noci&oacute;n de ideolog&iacute;a de Althusser &ndash;atravesada por el psicoan&aacute;lisis de Lacan&ndash; para elaborar el concepto de inconsciente pol&iacute;tico con el que pretende &ldquo;desenmascarar los artefactos culturales como actos socialmente simb&oacute;licos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jameson entiende que detr&aacute;s de lo simb&oacute;lico, del acto socialmente simb&oacute;lico que es la literatura, es posible encontrar, dir&aacute; con Spinoza, la &ldquo;causa ausente&rdquo; que produce el texto literario. Para Jameson, esa causa ausente es la historia, que, como &ldquo;lo real&rdquo; lacaniano, solo es posible leerlo en sus efectos &ndash;o en sus s&iacute;ntomas. De esta manera, como dice una de las m&aacute;ximas jamesonianas, hay que &ldquo;historizar, siempre historizar&rdquo;. Para Jameson, el an&aacute;lisis de la causa ausente es lo que permite restaurar el contenido pol&iacute;tico de un texto literario, romper su cosificaci&oacute;n como un todo unificado y coherente, su estructura est&aacute;tica. Un an&aacute;lisis marxista, para Jameson, encuentra el sentido del texto en las brechas y discontinuidades que existen dentro de la obra, entendida como un texto heterog&eacute;neo y esquizofr&eacute;nico.
    </p><h2 class="article-text">La causa ausente</h2><p class="article-text">
        <em>El inconsciente pol&iacute;tico </em>&ndash;me resisto a titulado de otra manera&ndash;<em> </em>es un ensayo fundamental para el an&aacute;lisis de la literatura como forma ideol&oacute;gica. Pero como sucede en buena parte del llamado marxismo occidental (es decir, anglosaj&oacute;n), el autor apenas dialoga con las teor&iacute;as literarias que, de manera paralela, se estaban produciendo en la periferia del imperio. Cuando Jameson publica su ensayo sobre el inconsciente pol&iacute;tico, en Espa&ntilde;a se hab&iacute;a publicado ya, en 1974, <em>Teor&iacute;a e historia de la producci&oacute;n ideol&oacute;gica </em>de Juan Carlos Rodr&iacute;guez, un ensayo que, tambi&eacute;n inscrito en la escuela de pensamiento althusseriana, elaboraba el concepto de &ldquo;inconsciente ideol&oacute;gico&rdquo; para el estudio de la literatura espa&ntilde;ola de la transici&oacute;n entre el feudalismo y el capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        Los conceptos de Rodr&iacute;guez y Jameson son ciertamente parecidos y responden a una misma l&oacute;gica de an&aacute;lisis de los efectos textuales de las relaciones sociales y de explotaci&oacute;n (esa &ldquo;causa ausente&rdquo; que en Rodr&iacute;guez se denomina &ldquo;radical historicidad&rdquo;). Sin embargo, tienen tambi&eacute;n sus diferencias radicales, que se localizan en el foco de an&aacute;lisis de uno y otro: mientras que Jameson lee los s&iacute;ntomas del inconsciente en el nivel simb&oacute;lico (y por eso es pol&iacute;tico), Rodr&iacute;guez centra su an&aacute;lisis de los s&iacute;ntomas en el nivel de lo imaginario (y en consecuencia, es ideol&oacute;gico). Ambos niveles desplazan lo real (la historicidad del texto), pero operan de distinta forma. La falta de di&aacute;logo entre los marxismos de centro y periferia nos ha impedido asistir a una discusi&oacute;n te&oacute;rica que hubiera sido sin duda muy productiva.
    </p><p class="article-text">
        Pero Jameson no dio del todo la espalda a la cr&iacute;tica y teor&iacute;a marxista que se estaba produciendo en el hispanismo. En uno de sus libros m&aacute;s recientes, <em>Antinomias del realismo</em>, donde el te&oacute;rico quiere escapar de las pol&eacute;micas apasionadas que entienden el realismo siempre en oposici&oacute;n a algo, como en un juego de contrarios, en el estudio de su emergencia o su disoluci&oacute;n, Jameson le dedica un brillante cap&iacute;tulo a Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s (&ldquo;El protagonismo menguante&rdquo;), en el que dialoga con otros te&oacute;ricos literarios marxistas que, como Juan Carlos Rodr&iacute;guez, nos dejaron recientemente, como son Julio Rodr&iacute;guez Pu&eacute;rtolas, Carlos Blanco Aguinaga e Iris M. Zavala, autores de la siempre imprescindible <em>Historia social de la literatura espa&ntilde;ola</em>.
    </p><h2 class="article-text">Una teor&iacute;a avivada</h2><p class="article-text">
        Fredric Jameson ha sido uno de los grandes te&oacute;ricos literarios y pensadores marxistas de la posmodernidad y en la posmodernidad. Adem&aacute;s de los libros citados, hay otros imprescindibles como <em>Forma e ideolog&iacute;a,</em> <em>Arqueolog&iacute;a del futuro </em>o <em>Los or&iacute;genes de la posmodernidad</em>, todos ellos publicados en Espa&ntilde;a por la editorial Akal; o <em>Brecht y el m&eacute;todo </em>o <em>Valencias de la dial&eacute;ctica</em>, publicados en Argentina. Resulta asimismo interesante el libro-conversaci&oacute;n con David S&aacute;nchez Usanos, <em>Reflexiones sobre la postmodernidad</em>, publicado en Abada en 2010.
    </p><p class="article-text">
        La importancia de Jameson ha sido enorme en los debates de est&eacute;tica y marxismo, m&aacute;s all&aacute; incluso de los c&iacute;rculos althusserianos, en un momento en que &ndash;cosas de la posmodernidad&ndash; el marxismo estaba en crisis y su lenguaje parec&iacute;a que ya no serv&iacute;a para nombrar el mundo, y no digamos para transformarlo. Sus reflexiones te&oacute;ricas y sus an&aacute;lisis cr&iacute;ticos sirvieron para avivar una teor&iacute;a que parec&iacute;a condenada a la insignificancia, o incluso a la desaparici&oacute;n. Con Jameson fue posible seguir poniendo lo pol&iacute;tico en el centro de las discusiones te&oacute;ricas y acaso tambi&eacute;n, aunque seguramente en menor medida, de las pr&aacute;cticas militantes. Pero tambi&eacute;n su influencia ha sido fundamental, y dir&iacute;a que incluso fundacional, entre los estudios culturales.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, 22 de septiembre de 2024, Fredric Jameson muri&oacute;, dejando el campo te&oacute;rico marxista un poco m&aacute;s hu&eacute;rfano. Quedan sus libros y sus ideas para mantener viva la conversaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/muere-fredric-jameson-grandes-teoricos-marxistas-literatura-critico-posmodernidad_1_11674430.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Sep 2024 10:54:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Muere Fredric Jameson, uno de los grandes teóricos marxistas de la literatura y crítico de la posmodernidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Obituario,Obituarios,Crítica,Marxismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ficciones del giro afectivo y la disciplina de las emociones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ficciones-giro-afectivo-disciplina-emociones_129_11626549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d8d3c1e-acfc-4c54-8e43-2693c55812c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ficciones del giro afectivo y la disciplina de las emociones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras que en 'Érase una vez… la vida', los personajes que participaban en la trama del funcionamiento del cuerpo humano eran los órganos y las células, en 'Del revés' son las emociones, una nueva perspectiva desde la que narrar la historia que se está imponiendo en la cultura contemporánea</p></div><p class="article-text">
        La manera en que representamos el mundo &ndash;con sus met&aacute;foras y prosopopeyas&ndash; es radicalmente hist&oacute;rica, lo que vale decir que responde a una matriz ideol&oacute;gica que produce tales representaciones. Sucede en la manera en que se representa el cuerpo humano y su funcionamiento, que se transforma al ritmo en que se transforman las relaciones sociales. En <em>&Eacute;rase una vez&hellip; la vida</em>, serie de dibujos animados con la que aprendieron sus primeras nociones de anatom&iacute;a los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as nacidos en los a&ntilde;os ochenta, el cuerpo era una representaci&oacute;n casi exacta del Estado moderno, o cualquier forma de organizaci&oacute;n social perteneciente a la modernidad, como la f&aacute;brica o el ej&eacute;rcito.
    </p><p class="article-text">
        De manera vertical, y siempre respondiendo a las &oacute;rdenes &uacute;ltimas de un capaz o supervisor, el cuerpo funcionaba de manera precisa si cada uno de los operarios cumpl&iacute;a con la funci&oacute;n que le hab&iacute;a sido asignada, sin salirse ni un &aacute;pice de su recorrido perfectamente delimitado por carriles y andenes. Si no ocurr&iacute;a as&iacute;, interven&iacute;a la polic&iacute;a, que llegaba al lugar con unas naves con fines correctivos. El funcionamiento del cuerpo, como el de la sociedad, depend&iacute;a del compromiso o el sentido del deber &ndash;esto es, el contrato social&ndash; de las partes que lo constitu&iacute;an, sometiendo la libertad individual al bien com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La representaci&oacute;n del cuerpo humano ha cambiado radicalmente. En la pel&iacute;cula <em>Del rev&eacute;s (Inside out)</em>, cuya segunda parte se ha estrenado este verano, como en <em>&Eacute;rase una vez&hellip; el cuerpo humano, </em>volvemos a adentrarnos en el interior del cuerpo para ver c&oacute;mo funciona. Sin embargo, ya no queda nada, en la representaci&oacute;n, de aquella f&aacute;brica, ej&eacute;rcito o Estado moderno. Ahora, en su lugar, el cuerpo se gestiona &ndash;la elecci&oacute;n del verbo no es inocente por mi parte&ndash; desde una suerte de Consejo de Administraci&oacute;n de empresa donde cada uno de los miembros que la conforman, como si fueran consejeros ejecutivos, deben dise&ntilde;ar estrategias y tomar decisiones para lograr el correcto funcionamiento de la empresa/cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de <em>&Eacute;rase una vez&hellip; el cuerpo humano,</em> en <em>Del rev&eacute;s </em>los operarios apenas aparecen como fondo, realizando tareas que garantizan el correcto funcionamiento del cuerpo, pero lo hacen de manera mec&aacute;nica, no por un sentido del deber. Como dir&iacute;a Juan Carlos Rodr&iacute;guez para definir la l&oacute;gica del capitalismo avanzado, hemos pasado del contrato social al consenso: ya no es necesario contrato porque todo el mundo asume que la vida que vivimos es la &uacute;nica posible. Y eso no se negocia, simplemente se hace. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La serie &#039;Érase una vez... el cuerpo humano&#039; creada por Albert Barillé en 1988"
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                La serie &#039;Érase una vez... el cuerpo humano&#039; creada por Albert Barillé en 1988                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Si en la modernidad el poder reside en el Estado, en la posmodernidad lo hace en la empresa. La transformaci&oacute;n de la representaci&oacute;n del cuerpo en estas dos ficciones responde, pues, a un cambio de las relaciones sociales y de poder en la sociedad contempor&aacute;nea. Pero hay otra diferencia radical, que tiene que ver con la desmaterializaci&oacute;n de la representaci&oacute;n. Si en <em>&Eacute;rase una vez&hellip; el cuerpo humano</em>, los personajes que participaban en la trama del funcionamiento del cuerpo humano eran los &oacute;rganos y las c&eacute;lulas, en <em>Del rev&eacute;s</em> son las emociones.
    </p><p class="article-text">
        Esta representaci&oacute;n responde al &ldquo;giro afectivo&rdquo; que est&aacute; experimentado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la cultura contempor&aacute;nea, que inaugura una nueva perspectiva desde la que narrar la historia desde las emociones. La teor&iacute;a/historia de los afectos/emociones abre todo un camino en el estudio de las sociedades, de sus fantas&iacute;as e imaginarios, de su relaci&oacute;n con los relatos fundacionales y la constituci&oacute;n de comunidades emocionales que se expresan m&aacute;s all&aacute; de lo estrictamente pol&iacute;tico o social. <em>Del rev&eacute;s</em> participa de este giro afectivo desde el momento en que concibe el individuo como algo m&aacute;s que una acumulaci&oacute;n de materia, como un sujeto que, adem&aacute;s de &oacute;rganos y c&eacute;lulas, posee memoria y sentimientos, que no solo le constituyen, sino que dictan sus pasos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La cuestión no está en la representación de las emociones, sino en la necesidad de identificar cada una de ellas para ser disciplinadas o controladas. Como buen sujeto neoliberal, el niño o la niña se debe convertir en un gestor de sí mismo para convertirse en un sujeto autónomo, libre y plenamente individualizado, capaz de sobreponerse a cualquier adversidad que la sociedad le presente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero la cuesti&oacute;n no est&aacute; en la representaci&oacute;n de las emociones, sino en la necesidad de identificar cada una de ellas para ser disciplinadas o controladas. Como buen sujeto neoliberal, el ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a se debe convertir desde edad temprana en un gestor de s&iacute; mismo para convertirse en un sujeto aut&oacute;nomo, libre y plenamente individualizado, capaz de sobreponerse a cualquier adversidad que la sociedad le presente.
    </p><p class="article-text">
        No se busca el bienestar en la relaci&oacute;n con el otro, en la b&uacute;squeda de v&iacute;nculos afectivos con los dem&aacute;s, sino que debe bucear en s&iacute; mismo, en las emociones que le constituyen, para llevar a cabo un aprendizaje que le permita responder a la imagen de sujeto que la sociedad le exige. Portarse bien y <em>dejar de joder con la pelota</em>. El p&uacute;blico infantil conoce sobradamente la proliferaci&oacute;n de cuentos que participan en este giro afectivo para identificar, gestionar y disciplinar sus emociones. La emoci&oacute;n que debe ser identificada casi siempre es la rabia, que es la que desencadena los problemas de comportamiento y conducta, y que por ello hay que aprender a gestionar. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/add7eb78-bded-45d6-aadd-5c057c8fbd78_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Hay que disputar la rabia, no hay que dejar que nos la arrebaten, que la repriman ni disciplinen, priv&aacute;ndonos de su potencial apertura hacia la rebeld&iacute;a, la contestaci&oacute;n y la resistencia. En esa disputa participan la novelista <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/belen-gopegui-hay-situacion-no-explotacion-domestica-escribir_128_8312449.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bel&eacute;n Gopegui</a> y la novelista e ilustradora <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/natalia-carrero-personaje-vida-papel-hay-respetar-si-fuera-carne-hueso_1_8881643.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Natalia Carrero</a> con <em>Las nubesfuria</em>, <a href="https://somoslibros.es/producto/las-nubesfuria/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un libro infantil, nada naif y con una enorme fuerza po&eacute;tica</a>, publicado en 2021 por la editorial Somos Libros. En este libro se invita a los ni&ntilde;os y a las ni&ntilde;as a que descubran una nueva emoci&oacute;n, estrechamente vinculada a la rabia: las <em>nubesfuria</em>.
    </p><p class="article-text">
        Es una rabia leg&iacute;tima que no nace de dentro del ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a, sino del afuera, del mundo mal hecho, lleno de injusticia y desigualdades que habitamos, que despierta nuestro malestar, que genera nuestro enfado. Es una rabia positiva que no debe reprimirse porque aparece en contacto con la indignaci&oacute;n ante lo que no es justo. Tampoco hay que aprender a gestionarla, porque aparece cuando menos te lo esperas. Y adem&aacute;s es colectiva. <em>Las nubesfuria </em>reivindica el derecho al enfado ante un mundo que no puede gustarnos como est&aacute; hecho y pretender convertir esa rabia en un instrumento de lucha para hacer del mundo un lugar mejor. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con mi hija hemos incorporado el concepto de &#039;nubesfuria&#039; a nuestro lenguaje cotidiano y las convocamos en múltiples situaciones del día a día. Por ejemplo, cuando alguien tira un papel o una colilla al suelo u ocupa con su mochila un asiento en el autobús, impidiendo sentarse a los demás pasajeros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con mi hija Giulia hemos incorporado el concepto de <em>nubesfuria </em>a nuestro lenguaje cotidiano y las convocamos en m&uacute;ltiples situaciones del d&iacute;a a d&iacute;a. Por ejemplo, cuando alguien tira un papel o una colilla al suelo u ocupa con su mochila un asiento en el autob&uacute;s, impidiendo sentarse a los dem&aacute;s pasajeros; o cuando alg&uacute;n ciudadano poco ejemplar le pega una patada a una paloma que se le cruza por la acera; pero lo que m&aacute;s <em>nubesfuria </em>nos despierta son los coches de polic&iacute;a cuando acceden, superando los l&iacute;mites de velocidad, a una zona peatonal en la que juegan los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as, sin que medie ninguna emergencia que les d&eacute; derecho a hacerlo, solamente para recordarnos que nos est&aacute;n vigilando. Parece que no les gusta que el barrio sea nuestro.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez seamos un poco gru&ntilde;ones, pero vamos a seguir reivindicando nuestro derecho al pataleo mientras el mundo siga estando mal hecho y seguiremos convocando nuestras <em>nubesfuria</em>, nuestra rabia pol&iacute;tica, para tratar de hacer de &eacute;l un lugar mejor.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ficciones-giro-afectivo-disciplina-emociones_129_11626549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Sep 2024 19:42:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ficciones del giro afectivo y la disciplina de las emociones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Literatura infantil,Inteligencia emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Miguel, la biopolítica y la ideología del alma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/luis-miguel-biopolitica-ideologia-alma_129_11494810.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc7977ca-67ae-41e4-8fdd-b41d8b1493f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1098233.jpg" width="1910" height="1074" alt="Luis Miguel, la biopolítica y la ideología del alma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En las canciones y videoclips del artista, que llega con su gira a Madrid, es posible leer los síntomas de las transformaciones políticas y sociales que se están dando en el momento de su producción
</p><p class="subtitle">La música gótica, la más oscura reacción a Margaret Thatcher
</p></div><p class="article-text">
        Amanece en una playa paradisiaca y graznan las gaviotas que surcan el cielo anaranjado. Cuerpos j&oacute;venes, posiblemente resacosos, se despiertan perezosamente, hasta que suenan los primeros acordes y una guerra de almohadas los desvela del todo. As&iacute; empieza <em>Cuando calienta el sol </em>(1987), una de las canciones m&aacute;s famosas &ndash;y posiblemente bailadas&ndash; de Luis Miguel. En ella se celebra el goce y la libertad, la juventud y la belleza. En los cuerpos, que se exhiben casi desnudos, al margen del pudor o el decoro, se registra su pretensi&oacute;n de ser naturaleza presimb&oacute;lica, anterior a toda forma de ley, norma o autoridad. Como si la juventud fuera un estado de excepci&oacute;n en el que toda obligaci&oacute;n quedara temporalmente suspendida. El cantante se atusa el pelo constantemente, como si su melena rubia despeinada, sacudida por el viento, quisiera representar esa vida libre y desatada, desvinculada de todo dispositivo normativo que fije a los individuos en un orden y en una jerarqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje cambia radicalmente con su balada m&aacute;s conocida,<em> La incondicional </em>(1988). Hay ideolog&iacute;a en el ritmo pausado, como lo hay en los cuerpos que dejan de danzar. Es tiempo para detenerse y reflexionar, pero sobre todo para sentar la cabeza, suspender el estado de excepci&oacute;n de la juventud. La narrativa se impone de forma expl&iacute;cita desde el videoclip. Un joven Luis Miguel, con melena ondulada y vestido a la moda de entonces, con camisa y pantalones vaqueros, se incorpora al servicio militar. Nada m&aacute;s entrar, le espera una silla y un peluquero.
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo franc&eacute;s Michel Foucault defin&iacute;a la biopol&iacute;tica como la dominaci&oacute;n a trav&eacute;s de los cuerpos, no &uacute;nicamente de la ideolog&iacute;a. Esta escena recrea a la perfecci&oacute;n la manera en que el poder disciplina a los sujetos a trav&eacute;s de sus cuerpos. El pelo que bailaba libre al ritmo del viento y de las olas de<em> Cuando calienta el sol </em>se disciplina para ser homogeneizado con el corte militar. Aquello que singulariza al sujeto queda diluido en la masa. La expresi&oacute;n de subjetividad no est&aacute; permitida en el orden militar: el <em>yo</em> queda fuera de las puertas de la academia, solamente pasa un cuerpo disciplinado que olvida qui&eacute;n es para fundirse en el <em>nosotros</em> militar. Las escenas sucesivas muestran a un nuevo Luis Miguel haciendo pr&aacute;cticas militares, como un nuevo sujeto que ha aprendido a actuar no &uacute;nicamente de acuerdo con sus deseos, sino sometido a un orden superior, la disciplina militar.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Aunque el videoclip hable de la mili de Luis Miguel, <em>La incondicional</em> trata en realidad de una ruptura amorosa. Pero las dos narrativas, la po&eacute;tica y la visual, la amorosa y la militar se vinculan a trav&eacute;s de la biopol&iacute;tica. La canci&oacute;n es una historia de amor que ha llegado a su fin y, desde su final, se narra con el arrepentimiento de no haber sido capaz de ver en su amada a la mujer de su vida. Ella era, como reza el t&iacute;tulo de la canci&oacute;n, incondicional, estaba siempre a disposici&oacute;n del amante. Pero &eacute;l no quiso ver ni encontrar ese amor de ternura y amistad que ella le ofrec&iacute;a e interpret&oacute; la relaci&oacute;n como espor&aacute;dica, carnal, reducida al goce del sexo: &ldquo;golpe de pasi&oacute;n, amor de madrugada&rdquo;, o: &ldquo;un hotel, un cuerpo y un adi&oacute;s&rdquo;. &Eacute;l solo ve&iacute;a el cuerpo/sexo donde ella le ofrec&iacute;a el alma/amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El estribillo dice: &ldquo;no supe amar, no s&eacute; por qu&eacute;&rdquo;. La presencia del verbo &lsquo;saber&rsquo; es clave. Los j&oacute;venes no saben amar y necesitan la tutela en el tr&aacute;nsito hacia la vida adulta, que les ense&ntilde;e a escuchar lo que les dice su alma y a dejar de conducirse &uacute;nicamente pasiones del cuerpo. A trav&eacute;s de la disciplina del cuerpo, se disciplina tambi&eacute;n la conducta, inscribiendo al sujeto en un orden basado en reglas, leyes y normas. Se disciplinan tambi&eacute;n las pasiones, que tienen que regularse y contenerse para vivir una vida ordenada ajustada a la moral y a las instituciones que la controlan. En aquel amor de madrugada &ldquo;no hubo promesas, ni juramentos, nada de nada&rdquo;, era un amor no institucionalizado y precisamente por eso termin&oacute; mal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La canci&oacute;n parece interpelar a una audiencia joven para advertirle que el tiempo del goce de juventud ha pasado y toca establecerse para que no les suceda lo mismo que a Luis Miguel, que por no <em>saber </em>amar ha perdido la oportunidad de pasar el resto de su vida con el amor de su vida, viviendo una &ldquo;historia de un amor que no fue nada&rdquo;. El instante del sexo le ha impedido disfrutar de la felicidad del amor eterno.&nbsp;De la misma manera que el ej&eacute;rcito y el servicio militar cumple la funci&oacute;n de disciplinar a la juventud y enderezarla, prepar&aacute;ndola para la vida adulta, ordenada y responsable, para servir a la patria, la canci&oacute;n popular hegem&oacute;nica disciplina a la juventud que bail&oacute; <em>Cuando calienta el sol </em>en su transici&oacute;n hacia la vida adulta, acompa&ntilde;&aacute;ndola en el paso que va del estado de excepci&oacute;n adolescente hacia la asunci&oacute;n de las reglas, leyes y normas de la vida adulta.
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            </figure><p class="article-text">
        Pero la canci&oacute;n no solo disciplina los cuerpos, sino que participa en la reproducci&oacute;n ideol&oacute;gica. A partir de este momento el cuerpo va a desaparecer del repertorio de Luis Miguel, tanto de sus canciones originales como de los boleros que va a versionar e incluir&aacute; en sus distintos <em>Romances</em>. La borradura del cuerpo y la preminencia del alma es un elemento caracter&iacute;stico de la ideolog&iacute;a de las burgues&iacute;as criollas de las independencias americanas, tanto para separarse de la sangre como categorizador social de los colonizadores espa&ntilde;oles, organicistas y feudalizantes, como para distinguirse de los ind&iacute;genas, percibidos &uacute;nicamente como cuerpos para el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Las burgues&iacute;as criollas elaboran y despliegan su sensibilidad para construir y legitimar una nueva jerarqu&iacute;a social basada en las almas, sensibles y privilegiadas. Frente a los cuerpos vulgares que solo obedecen al instinto y a la materia, las burgues&iacute;as criollas se elevan por medio de una sensibilidad superior. Porque pueden regular sus pasiones, controlar sus instintos, dominar el cuerpo hasta incluso borrarlo, se presentan como mejores y como leg&iacute;timos poseedores del poder pol&iacute;tico y social. Como si dijeran que solamente aquellos que pueden gestionar las pasiones del cuerpo pueden administrar tambi&eacute;n los litigios del Estado. La ideolog&iacute;a del alma legitima el asalto al poder de las burgues&iacute;as criollas en el momento hist&oacute;rico en que se configuran los nuevos estados independientes en Am&eacute;rica Latina.
    </p><p class="article-text">
        La po&eacute;tica de Luis Miguel se inscribe en esta ideolog&iacute;a del alma. Como intelectual hegem&oacute;nico de las burgues&iacute;as criollas de finales del siglo XX, Luis Miguel, tras <em>La incondicional</em>, se olvida del cuerpo y va a convertirse en el cantante del alma bella, de los sujetos sensibles que se comunican a trav&eacute;s de la mirada, por donde las almas viajan y se funden en el instante del amor eterno. No hay cuerpo, sexo, goce ni materia en las canciones de Luis Miguel, solamente la felicidad de las almas que se funden en un todo. Los discos de boleros, verdadero g&eacute;nero musical de la burgues&iacute;a criolla, se producen en esta etapa. 
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            </figure><p class="article-text">
        Pero pensemos en una canci&oacute;n original, como, por ejemplo, en <em>O t&uacute; o ninguna</em> (1999), una canci&oacute;n sobre el amor &uacute;nico y eterno que, a pesar de las dificultades del encuentro en las grandes urbes modernas, finalmente se produce porque las almas gemelas est&aacute;n predestinadas a encontrarse. Y si no se produjera, el sujeto no podr&iacute;a amar, porque su alma solo puede amar el alma de ella: &ldquo;O t&uacute; o ninguna, si no existieras, yo te inventar&iacute;a&rdquo;. Construida como ser angelical, casi divino, a la manera del amor cort&eacute;s, el amante se somete a la amada como el creyente a un dios: &ldquo;Esa cara que me obliga /a mirarla de rodillas&rdquo;. Y su perfecci&oacute;n le obliga a &eacute;l a tambi&eacute;n a adecuar su comportamiento a la norma, regulando nuevamente sus pasiones: &ldquo;Esa que de puro honesta / en el fondo te molesta; / esa que te admira tanto / que te obliga a ser un santo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la letra, que es expl&iacute;cita en su mensaje, es interesante una vez m&aacute;s analizar el videoclip, por donde asoma la ideolog&iacute;a del alma por todas partes. Primero, en la mirada, elemento constante a lo largo del v&iacute;deo, en los que abundan planos cortos sobre las miradas, tanto de Luis Miguel como la de la amada, que miran fijamente a la c&aacute;mara, como si estuvieran buscando ese encuentro. Esta atenci&oacute;n a la mirada contrasta con los pocos planos largos de cuerpo entero. La ideolog&iacute;a del alma tambi&eacute;n se manifiesta en la composici&oacute;n de la amada: una mujer rubia y en extremo delgada que cumple con el prototipo de la mujer renacentista: de tan blanca y fina es casi transparente, como si de su cuerpo trasl&uacute;cido asomara f&aacute;cilmente su alma. 
    </p><p class="article-text">
        Es tan bella su alma que casi no tiene cuerpo. Pero hay m&aacute;s: en esta borradura del cuerpo hay tambi&eacute;n una borradura de la mexicanidad. Lo que menos parece la amante es mexicana, parece m&aacute;s bien gringa o sueca (aunque creo que la actriz es argentina), y no es casualidad que el escenario del clip sea San Francisco y en &eacute;l se manifiesten algunos de los signos de la burgues&iacute;a global: moda italiana, coche alem&aacute;n, y rascacielos de los centros financieros del capitalismo avanzado. Las burgues&iacute;as criollas del fin de siglo, al tiempo que se desprenden del cuerpo, se sacuden de aquello que les aleja de sus referentes globales, interpretando lo popular y lo folcl&oacute;rico como un lastre para alcanzar la modernidad.&nbsp;
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                El cantante mexicano Luis Miguel en Madrid presentando su ronda de tres conciertos en 1999                            </span>
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        Sin embargo, se registra otro giro bien interesante en la carrera de Luis Miguel, que va a suponer el retorno del cuerpo y de lo popular. En ese asalto a la modernidad global, tan bien representado en el videoclip de <em>O t&uacute; o ninguna</em>, a punto estuvo Luis Miguel de grabar un disco de baladas en ingl&eacute;s, con el que conquistar al p&uacute;blico anglosaj&oacute;n, pero finalmente no se produjo porque se cruz&oacute; por su camino la verdadera canci&oacute;n popular mexicana, no la de la burgues&iacute;a criolla, sino la del pueblo, no ya el bolero, sino las rancheras. Y publica en 2004 <em>M&eacute;xico en la piel</em>. Es decir, no en el alma, sino en la superficie, en el cuerpo; una piel que ya no es trasl&uacute;cida, como la de la amada, sino bronceada como la de un pueblo racializado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de aparecer el cuerpo como materia, como lugar en el que se localizan las pasiones indomables, con la que el ser humano tiene que convivir, en las rancheras se dan cita amores que ya no son eternos, como ocurre en <em>Que seas feliz</em>, donde la voz po&eacute;tica se despide de su amada una vez que se asume que la historia ha llegado a su fin. Sin estridencias ni histerias, con normalidad: &ldquo;En vez de despedirnos / con reproche y con llantos / yo que te quise tanto / quiero que seas feliz&rdquo;. Aunque no desaparecen del todo los elementos de la ideolog&iacute;a del alma &ndash;los ojos de Luis Miguel siguen en primer plano, si bien ahora la amante los esquiva y en el fondo la canci&oacute;n es un canto a la regulaci&oacute;n de las pasiones&ndash;, se asume que las relaciones acaban, que no hay amores eternos, porque lo que se hace con el cuerpo perece como perece un cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por lo interesante aqu&iacute; es observar que el retorno del cuerpo supone asimismo un retorno a la mexicanidad, incluso de una mexicanidad &ldquo;orientalista&rdquo;, <em>&agrave; la </em>Said, que estalla por todas partes. El videoclip se abre con el plano de un paisaje de cactus y agave, por donde cabalga Luis Miguel a lomos de un caballo blanco; seguidamente, desfilan por la escena mariachis, hombres con bigote de Pancho Villa y sombreros mexicanos, que ahogan sus penas con tequila, y mujeres con trajes tradicionales con bordados de huipil; y todo se desarrolla en el t&iacute;pico pueblo de arquitectura colonial y calles estrechas que contrasta con las grandes avenidas de la ciudad global de <em>O t&uacute; o ninguna</em>. Por encima de todo destaca especialmente la presencia de cuerpos mexicanos, con la piel tostada, que figuran a lo largo del v&iacute;deo. El retorno de lo mexicano implica asimismo el retorno del cuerpo real, no idealizado, tambi&eacute;n en la imagen de la mujer, que ahora es morena y su cuerpo de caderas anchas se aleja de la delgadez de la mujer animista.&nbsp;
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            </figure><p class="article-text">
        El borrado del cuerpo de la balada y el bolero para disciplinar a la juventud a trav&eacute;s de la regulaci&oacute;n de las pasiones, pero tambi&eacute;n como operaci&oacute;n ideol&oacute;gica de la burgues&iacute;a criolla en su proceso de legitimar su asalto al poder y la configuraci&oacute;n de un nuevo Estado &ndash;y, en su actualizaci&oacute;n finales del siglo xx, para inscribirse en el marco de la burgues&iacute;a global&ndash;, parece entrar en crisis con la llegada del nuevo siglo y las resistencias antiglobalizaci&oacute;n que le acompa&ntilde;aron, con el repliegue nacional-popular que se produce en Am&eacute;rica Latina. Esta crisis, aunque aparece expl&iacute;citamente, permea las canciones y videoclips de Luis Miguel, donde es posible leer los s&iacute;ntomas de las transformaciones pol&iacute;ticas y sociales que se est&aacute;n dando en el momento de su producci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n/desaparici&oacute;n del cuerpo en las canciones no es una cuesti&oacute;n &uacute;nicamente tem&aacute;tica, o incluso est&eacute;tica, sino que est&aacute; determinada por las tensiones y contradicciones de un momento hist&oacute;rico espec&iacute;fico, es radicalmente hist&oacute;rica, y en esa direcci&oacute;n conviene leer sus s&iacute;ntomas que se despliegan en los textos. Las canciones de amor, incluso cuando no lo pretenden, son tambi&eacute;n, y en cierto sentido, pol&iacute;ticas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/luis-miguel-biopolitica-ideologia-alma_129_11494810.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jul 2024 20:38:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Luis Miguel, la biopolítica y la ideología del alma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conciertos,Música,México,Ideología,Canciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De 'Las Sinsombrero a 'Las Sin Amo': clase, género y canon literario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sinsombrero-amo-clase-genero-canon-literario_129_11388504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31c022c8-d4ca-4eac-a90c-a7b77deaa472_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1666y448.jpg" width="1200" height="675" alt="De &#039;Las Sinsombrero a &#039;Las Sin Amo&#039;: clase, género y canon literario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El historiador Antonio Orihuela publica un libro que ha de convertirse en referencia ineludible para el estudio de la literatura social escrita por mujeres durante la Segunda República, e inmediatamente antes</p><p class="subtitle">Karla Sofía Gascón, la española que ha triunfado en Cannes: “Nadie nos tiene que decir lo que hacer con nuestros cuerpos”</p></div><p class="article-text">
        El <em>acontecimiento</em>, seg&uacute;n lo teoriz&oacute; el fil&oacute;sofo franc&eacute;s Alain Badiou, tiene la capacidad de cambiar los nombres, perforar los saberes establecidos y transformar los c&oacute;digos de verdad. El <em>acontecimiento </em>nombra el vac&iacute;o y lo llena de plenitud. <a href="https://www.eldiario.es/politica/15m-diez-anos-movilizacion-social-marco-despues-politica-espana_129_7934651.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El 15M</a>, como <em>acontecimiento</em>, no solo tuvo efectos en la pol&iacute;tica, en la forma de entenderla y practicarla, sino tambi&eacute;n en el conjunto de una esfera p&uacute;blica que fue disputada para ser ensanchada. Los discursos que antes se escuchaban como ruido, dir&iacute;amos con Ranci&egrave;re, se empezaron a articular como voces. 
    </p><p class="article-text">
        Los efectos del <em>acontecimiento </em>15M se sintieron tambi&eacute;n en el campo cultural. Las voces privilegiadas y autorizadas del campo, aquellas que fijaban los relatos que circulaban y marcaban los l&iacute;mites de lo que pod&iacute;a ser y no ser dicho, empezaron a ser cuestionadas. La cr&iacute;tica empez&oacute; finalmente a ejercer su funci&oacute;n y ellos, que sent&iacute;an como por primera vez les tos&iacute;an, se autoproclamaron <em>cancelados</em>, cuando lo que se hizo no fue sino nombrar su vac&iacute;o. Tocaba llenar el vac&iacute;o de plenitud. Surgieron nuevas voces &ndash;nuevos textos&ndash; en el campo literario que quisieron hablar desde un lugar <em>otro </em>y un lenguaje <em>otro </em>con el que nombrar la crisis pol&iacute;tica y cultural que nos atravesaba. Pero tambi&eacute;n, en ese mismo momento, surgi&oacute; la necesidad de exhumar los discursos culturales enterrados e imposibles de recuperar &ndash;y de ser normalizadas&ndash; por el r&eacute;gimen de verdad constituido, el nacido de la Transici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno de Las Sinsombrero &ndash;fruto del proyecto transmedia de T&agrave;nia Ball&oacute;, que incluye el documental <em>Las Sinsombrero, </em><a href="https://www.eldiario.es/cultura/feminismo/sinsombrero-artistas-olvidadas-generacion_1_4136865.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estrenado en 2016</a>&ndash; puede leerse en esta l&iacute;nea de ensanchamiento de una esfera p&uacute;blica cultural en la que el ruido puede convertirse en voz. La denominaci&oacute;n de Las Sinsombrero deriva de una an&eacute;cdota protagonizada por <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/musa-surrealista-catalogo-maruja-mallo-acaba-leyenda_1_8481684.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Maruja Mallo</a> y por ella misma narrada y recogida al inicio del documental de Ball&oacute;. Mallo, paseando con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/poeta-nueva-york-lorca-transforma-obra-inmensa-vanguardista-destaca-nino-elche_129_11404790.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Federico Garc&iacute;a Lorca</a>, Salvador Dal&iacute; y Margarita Manso por la Puerta del Sol de Madrid, decidi&oacute; quitarse el sombrero, un gesto simb&oacute;lico que supon&iacute;a, en la &eacute;poca, una declaraci&oacute;n de rebeld&iacute;a, una forma de enfrentarse a los c&oacute;digos y las normas que dictaban su clase y g&eacute;nero. Al descubrir su cabeza, recibieron insultos por parte de los transe&uacute;ntes, e incluso fueron apedreadas. 
    </p><p class="article-text">
        La etiqueta, aunque ha sido criticada por considerarse una suerte de marca que responde m&aacute;s al m&aacute;rquetin que a la historicidad, es rica en significaci&oacute;n hist&oacute;rica y social: sit&uacute;a a estas intelectuales en una posici&oacute;n subversiva ante el g&eacute;nero como construcci&oacute;n social, como un dispositivo del que quieren liberarse, al tiempo que las inscribe en una posici&oacute;n de clase burguesa por el mero hecho de llevar un sombrero que quitarse. No es casualidad que entre las primeras Sinsombrero no se encontrara &ndash;aunque s&iacute; se incluy&oacute; despu&eacute;s en el documental sobre las intelectuales exiliadas&ndash; a Luisa Carn&eacute;s, una autora obrera que bien podr&iacute;amos definir como una &ldquo;sin-Sinsombrero&rdquo;, ya que mientras aquellas se rebelaban quit&aacute;ndose sus sombreros en la Puerta del Sol, la autora de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/desactivar-politicamente-tea-rooms-novela-obrera-revolucionaria-luisa-carnes-adaptarla-television_129_10578210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tea rooms</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/desactivar-politicamente-tea-rooms-novela-obrera-revolucionaria-luisa-carnes-adaptarla-television_129_10578210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>los fabricaba en una sombrerer&iacute;a muy pr&oacute;xima a la plaza madrile&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        La etiqueta de &ldquo;Las Sinsombrero&rdquo; ha permitido movilizar, hasta el momento, ciertos discursos y ha funcionado como un dispositivo de ampliaci&oacute;n del canon. Esta tarea, todav&iacute;a inconclusa, sigue dando sus frutos y hace apenas unos d&iacute;as se ha editado, de la mano de la profesora Ana Fern&aacute;ndez-Cebri&aacute;n, la antolog&iacute;a po&eacute;tica <em>Las Sinsombrero y un nuevo 27</em>. Con ella se desaf&iacute;a el estrecho canon construido por Gerardo Diego y la exclusiva &ldquo;generaci&oacute;n del 27&rdquo;, no solo para reparar el lugar de aquellas voces silenciadas por la historia literaria, construyendo, como se expone en el pr&oacute;logo, una &ldquo;casa com&uacute;n que puede recibir otros invitados que los lectores consideren&rdquo;, sino tambi&eacute;n para captar en los versos antologados esa &ldquo;imaginaci&oacute;n po&eacute;tica que activaba nuevas maneras de vivir, de pensar, de sentir: de relacionarse con los dem&aacute;s&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La exhumaci&oacute;n de las voces olvidadas ha permitido reconfigurar el canon literario en clave de g&eacute;nero, ampli&aacute;ndolo para justamente incluir a todas aquellas artistas e intelectuales que, m&aacute;s all&aacute; de cuestiones est&eacute;ticas y &uacute;nicamente por el mero hecho de no ser hombres, hab&iacute;an sido excluidas de la historia cultural de este pa&iacute;s. Pero aquella &ldquo;mitad ignorada&rdquo;, de la que hablaba Jairo Garc&iacute;a Jaramillo &ndash;tomando prestado un verso de Lorca&ndash; en su libro <em>La mitad ignorada. En torno a las mujeres intelectuales de la Segunda Rep&uacute;blica </em>(2013), inclu&iacute;a otra parte tambi&eacute;n sin-parte en el canon literario: las mujeres de clase obrera, militantes de movimientos pol&iacute;ticos revolucionarios, que ensayaban una literatura <em>otra</em>, desde abajo, que pretend&iacute;a subvertir las estructuras pol&iacute;ticas y sociales basadas en la explotaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Qui&eacute;nes son las Sin Amo</h3><p class="article-text">
        Para llenar este vac&iacute;o de plenitud radicalmente hist&oacute;rica, el poeta e historiador <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/antonio-orihuela-reune-antologia-unica-tres-decadas-servicio-poesia-conciencia_1_10468700.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Orihuela</a> acaba de publicar, en la editorial La Oveja Roja, un libro que ha de convertirse en referencia ineludible para el estudio y an&aacute;lisis de la literatura social escrita por mujeres en los a&ntilde;os de la Segunda Rep&uacute;blica, e inmediatamente anteriores: <em>Las Sin Amo. Escritoras olvidadas y silenciadas de los a&ntilde;os treinta</em>, donde se rastrean las novelas publicadas en la colecci&oacute;n La Novela Ideal, de la editorial anarquista Revista Blanca. Eran novelas breves, folletines de no m&aacute;s de 30 p&aacute;ginas, vendidas a precios asequibles y con tiradas de m&aacute;s de 10.000 ejemplares. Se publicaron, entre 1925 y 1938, m&aacute;s de un medio millar de novelas. Una revoluci&oacute;n editorial, tambi&eacute;n estudiada por Alejandro Civantos en <em>Leer en rojo </em>(2017) o <em>La Enciclopedia del obrero </em>(2022), que demuestra el inter&eacute;s del movimiento obrero por establecer lugares de transformaci&oacute;n pol&iacute;tica y cultural al margen de la instituci&oacute;n cultural burguesa, ensayando nuevas formas literarias, pero tambi&eacute;n nuevos modos de producir y difundir el libro entre la clase trabajadora. 
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            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/add20ddb-0824-481e-9bbb-4ea63bf5df2a_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En su ensayo, Antonio Orihuela recupera y repasa textos de autoras como Federica Montseny o Carlota O&rsquo;Neill, tal vez las m&aacute;s conocidas de su cat&aacute;logo, pero tambi&eacute;n de otras como &Aacute;ngela Graupera, Ada Mart&iacute;, Libertad Del Bosque, Regina Opisso o Antonia Maym&oacute;n, por nombrar solamente algunas de ellas. Las Sin Amo abordan en su literatura temas que les afectan directamente en tanto que mujeres y obreras. Cuestiones como la ley del divorcio o la violencia de g&eacute;nero est&aacute;n presentes en este tipo de novelas. <em>La alondra </em>(1927) o <em>El despertar </em>(1931), ambas de &Aacute;ngela Graupera, al tiempo que narran la violencia machista que sufren sus protagonistas describe tambi&eacute;n la toma de conciencia de estas mujeres que abandonan, como dice Orihuela, &ldquo;su categor&iacute;a de objetos y mercanc&iacute;as para afirmar su valor como sujetos conscientes, amorosos y entregados al Ideal&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el caso de las novelas que plantean el tema de la ley del divorcio, resulta interesante observar la manera en que la tensi&oacute;n entre Estado e individuo, propia del discurso anarquista, se afloja y resuelve para celebrar una ley que contribu&iacute;a a mejorar las vidas de las mujeres, permiti&eacute;ndoles ser m&aacute;s libres, incluso dentro de la institucionalidad burguesa. Como se&ntilde;ala Orihuela en <em>Las Sin Amo: </em>&ldquo;A pesar de la cr&iacute;tica que la moral anarquista hac&iacute;a de las leyes estatales en su af&aacute;n de inmiscuirse en asuntos de &aacute;mbito privado y el alegato del amor libre que est&aacute; presente en estas novelas, no hay que dejar de reconocer que la ley del divorcio tuvo una importancia fundamental desde el punto de vista ideol&oacute;gico, al presentarse como una defensa de la mujer y un paso adelante en el camino por la igualdad de derechos de los sexos, hasta el punto que fue considerada, en su &eacute;poca, como la ley m&aacute;s progresista de Europa&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Estas novelas no solo participan o intervienen en lo social retratando su funcionamiento, tambi&eacute;n activan una imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica que alumbra nuevos mundos posibles basados en el amor libre o en la b&uacute;squeda de nuevos lugares de sociabilidad obrera, como los ateneos obreros, retratados en <em>Como las abejas </em>(1929) o <em>La rom&aacute;ntica </em>(1934), ambas tambi&eacute;n de &Aacute;ngela Graupera, que muestran la funci&oacute;n l&uacute;dica e instructora de estos espacios en lo que los protagonistas se vuelven &ldquo;compa&ntilde;eros&rdquo;, o la nueva relaci&oacute;n que establecen los personajes de algunas novelas con la naturaleza, no ya como un recurso para la explotaci&oacute;n, no como un espacio que le pertenece al ser humano, sino como un espacio al que el ser humano pertenece. Esta nueva concepci&oacute;n de la naturaleza funda nuevas formas de vida basadas en el naturalismo y el vegetarismo, pr&aacute;cticas que reconfiguran el cuerpo como fuente de salud y placer, de libertad y felicidad. Novelas como <em>Flora </em>o <em>La perla</em>, de Joaquina Colomer y de Antonia Maym&oacute;n, respectivamente, son un ejemplo de ello. 
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                Federica Montseny, unas de las autoras cuyos textos se recuperan en &#039;Las Sin Amo. Escritoras olvidadas y silenciadas de los años treinta&#039;                            </span>
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        Estas novelas tambi&eacute;n abordan conflictos propios de la &eacute;poca, como la guerra colonial en el Rif, narrada en <em>Un drama que no es de amor </em>(1936), de Ada Mart&iacute;, que llama a la deserci&oacute;n de las fuerzas militares; o la huelga revolucionaria y los atentados como instrumento para la lucha revolucionaria, como aparece en <em>Un hombre</em> (1932), de <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/chamberi/almeida-no-encuentra-sitio-estatua-anarquista-federica-montseny-aprobada-chamberileros_1_11404674.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Federica Montseny</a>, que ficcionaliza un atentado contra un dictador, o en <em>La rebeli&oacute;n de los siervos, </em>tambi&eacute;n de 1932 y tambi&eacute;n de Montseny, novela que se hace eco de los conflictos del campo a causa de la insatisfactoria reforma agraria republicana.
    </p><p class="article-text">
        Estos son solo algunos ejemplos de las tem&aacute;ticas que estas novelas breves retratan. Sin embargo, como se&ntilde;ala tambi&eacute;n Antonio Orihuela en <em>Las Sin Amo</em>, en ocasiones estos temas nuevos arrastraban los residuos de la ideolog&iacute;a conservadora que, como no pod&iacute;a ser de otro modo, constitu&iacute;a tambi&eacute;n a estos sujetos femeninos y constru&iacute;a su mirada. Por esa raz&oacute;n, a estas novelas les cuesta romper con &ldquo;lo establecido, las normas o convencionalismos sociales&rdquo;. No basta con la descripci&oacute;n realista de la pobreza o la desigualdad para que una novela sea pol&iacute;tica o revolucionaria. 
    </p><p class="article-text">
        En algunas de estas novelas &ldquo;lejos de empoderar a la protagonista&rdquo; esta se convierte en ocasiones en &ldquo;sujeto paciente y resignado a su suerte, sin capacidad de respuesta, de plantar cara a la situaci&oacute;n, rebelarse o buscar alternativas&rdquo;. Como afirma Orihuela, &ldquo;los tonos mesi&aacute;nicos y redentores que en muchas ocasiones adquiere la narraci&oacute;n, frustra todo an&aacute;lisis materialista de los textos&rdquo;. Toda literatura <em>otra </em>choca con sus propios l&iacute;mites, que son los del inconsciente ideol&oacute;gico que la produce, y aunque pueda presentar elementos emergentes de un mundo que est&aacute; por construir o por ganar, inevitablemente este entrar&aacute; en contradicci&oacute;n con los residuos de la ideolog&iacute;a dominante con la que se pretende luchar pero que, sin embargo, la habita y la atraviesa, constituy&eacute;ndola. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, m&aacute;s all&aacute; de las contradicciones que todo texto contiene, lo interesante de la exhumaci&oacute;n literaria que lleva a cabo Antonio Orihuela en <em>Las Sin Amo </em>no es tanto que recupere del olvido a un conjunto de voces literarias de mujeres silenciadas, sino m&aacute;s bien el intento de devolverles su existencia hist&oacute;rica. Han existido y constatarlo nos permite reivindicar su importante papel en la obtenci&oacute;n de los derechos sociales y civiles que, mediante su lucha, se lograron. Su recuperaci&oacute;n &ndash;o como digo: el restablecimiento de su existencia hist&oacute;rica&ndash; nos permite saber hoy que las conquistas de derechos no son una concesi&oacute;n de la burgues&iacute;a, sino que fueron arrancadas por medio de la lucha de la clase obrera. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo dice Antonio Orihuela: &ldquo;Hubo otras luchas de mujeres, muchas, antes de que esta peque&ntilde;a facci&oacute;n de la burgues&iacute;a reclamara el sufragio y el acceso a la ense&ntilde;anza superior. Las mujeres ven&iacute;an desde hac&iacute;a tiempo luchando contra la miseria, contra el clericalismo, haciendo huelgas para la mejora de sus condiciones de trabajo y atacando a la autoridad cuando la injusticia se hac&iacute;a insoportable. Las mujeres llevaban tiempo movilizadas contra la carest&iacute;a de vida, el precio de los alquileres o el env&iacute;o de sus maridos y sus hijos a la guerra; es decir, mucho antes de que el movimiento sufragista existiera en nuestro pa&iacute;s, ya exist&iacute;a un sujeto femenino de cambio, radical y revolucionario&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Restituir las condiciones de legibilidad de estas novelas obreras, escritas desde abajo, no solo es una forma de discutir y disputar el canon o la historia literaria, sino tambi&eacute;n la manera en que se hace &ndash;y se deshace&ndash; la historia. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sinsombrero-amo-clase-genero-canon-literario_129_11388504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jun 2024 21:10:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De 'Las Sinsombrero a 'Las Sin Amo': clase, género y canon literario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Ensayos,Segunda República,Feminismo,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 15M de los tractores, o la ficción neorrural que nos aleja del campo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/15m-tractores-ficcion-neorrural-aleja-campo_129_10990320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50dd217f-6ccf-44be-8bfe-bf14db6efa7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 15M de los tractores, o la ficción neorrural que nos aleja del campo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Leer la tractorada desde esta otra óptica permitiría disputarle a la extrema derecha y a sus discursos esencialistas la narración de esta historia, impedirles que se apropien de una realidad que, aunque descrita como lejana, es también la nuestra</p><p class="subtitle">Luis Martín-Santos y su 'Tiempo de silencio': cómo la institución de la literatura te dice lo que (no) hay que leer</p></div><p class="article-text">
        Las cosas a veces resultan incomprensibles. No por su propia naturaleza, sino porque forman parte de una realidad que, aunque cercana, nos puede llegar a resultar ajena. Cuando los hechos parecen incomprensibles, se inscriben en un relato que les dan orden, forma e incluso coherencia. Acudimos al relato para organizar la complejidad de una realidad que se nos escapa. 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/centenares-tractores-catalunya-inician-marcha-lenta-barcelona_1_10902376.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La tractorada</a>, que ha recorrido la Espa&ntilde;a vaciada <a href="https://www.eldiario.es/economia/agricultores-protestan-madrid-tractores_1_10941442.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hasta darse cita en Madrid</a>, contiene una potencia disruptiva precisamente por su capacidad de generar desconcierto. Constituye un acontecimiento en la medida en que ha interrumpido la linealidad de un relato que hasta el momento hab&iacute;a tenido una direcci&oacute;n &uacute;nica. De la ciudad al campo. El de las clases medias acomodadas que se desplazan al campo para buscar su retiro espiritual, para pausar la temporalidad acelerada de una ciudad que siempre anda con prisas, para escapar del hormig&oacute;n y el cemento y reencontrarse con una naturaleza perdida y a&ntilde;orada.
    </p><p class="article-text">
        Pero en su reverso est&aacute; tambi&eacute;n el relato de las clases medias precarizadas por la crisis que, expulsadas de una ciudad que ya no les ofrece m&aacute;s que alquileres inaccesibles, buscan reiniciar su vida trabajando en el campo o teletrabajando desde una casa rural con conexi&oacute;n a internet. Movimientos en los que se encarna el s&iacute;ntoma de un malestar producido por la crisis y la alienaci&oacute;n urbana, pero que a su vez petrifican la noci&oacute;n de campo construida desde y por la ciudad como un espacio radicalmente separado y ajeno.
    </p><p class="article-text">
        En su ya cl&aacute;sico ensayo <em>El campo y la ciudad</em>, Raymond Williams discute la manera en que se ha representado la sociedad a partir de la dicotom&iacute;a campo/ciudad. Williams describe las dicotom&iacute;as tradicionales que han convertido el campo en naturaleza pura en oposici&oacute;n a lo artificial de la ciudad, en sost&eacute;n de las tradiciones que se diluyen en el espacio urbano y la cultura moderna. Williams discute tales dicotom&iacute;as, que presentan el campo y la ciudad como espacios separados, para proponer una relaci&oacute;n dial&eacute;ctica desde la que explorar la compleja interconexi&oacute;n entre el campo y la ciudad. 
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                Tractorada en Santander                            </span>
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        La tractorada desvela la complejidad de la relaci&oacute;n dial&eacute;ctica entre el campo y la ciudad. Con la tractorada se recorre el camino inverso que hab&iacute;an recorrido las clases medias y se recupera la trayectoria que nos permite reconstruir la interrelaci&oacute;n borrada. El campo regresa a la ciudad para devolverle lo real de su compleja interconexi&oacute;n: sin el campo la ciudad se muere de hambre, como puede leerse en algunas de las pancartas que portan los tractores. Sin embargo, la simbolizaci&oacute;n de lo real encuentra resistencia por parte de la ideolog&iacute;a/relato que ha construido sobre la dicotom&iacute;a campo/ciudad.
    </p><p class="article-text">
        No es de extra&ntilde;ar que las primeras lecturas que se hicieron de las protestas de los tractores subrayaran lo que podr&iacute;amos denominar su naturaleza presimb&oacute;lica, representando a sus protagonistas como pr&aacute;cticamente b&aacute;rbaros que cruzan la frontera de la civilizaci&oacute;n y la cultura para desestabilizar el orden y el progreso que estar&iacute;an representados en la agenda 2030, como conservadores enrocados en una tradici&oacute;n en riesgo de extinci&oacute;n a causa de las decisiones pol&iacute;ticas que provienen de la ciudad, como reaccionarios enemigos de la sostenibilidad y el cuidado del planeta enfrentados a un discurso ecologista y urbano que hace peligrar las formas de vida de su comunidad.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, campo y ciudad como dos espacios enfrentados, sin interrelaci&oacute;n alguna, imposibles de encontrarse. La presencia de algunas banderas fascistas o de Espa&ntilde;a (tanto monta, monta tanto) y <a href="https://www.eldiario.es/economia/campo-dividido-tractoradas-protestas-evidencian-discrepancias-representa-sector-agrario_1_10946011.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el intento de apropiaci&oacute;n de la tractorada</a> por parte de la extrema derecha &ndash;relato que desde parte de la izquierda se asumi&oacute;&ndash; no hizo m&aacute;s que reforzar esta visi&oacute;n dicot&oacute;mica entre la ciudad y el campo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Denis Ménochet y Marina Foïs en &#039;As bestas&#039;                            </span>
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        Pero no hay nada original en esta narraci&oacute;n de la tractorada y en la distribuci&oacute;n binaria de roles. Esta visi&oacute;n del campo est&aacute; arraigada en la cultura contempor&aacute;nea. Pel&iacute;culas tan aclamadas como <em>As bestas </em>o <em>Alcarr&agrave;s</em> <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/quimet-protagonista-alcarras-agricultura-quieren-desaparezcamos_1_10902541.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">retratan el rural como un sector efectivamente en crisis</a> que, sin embargo, se resiste a ser colonizado en nombre de pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas ecol&oacute;gicas, por mucho que estas puedan contribuir a reflotar el sector.
    </p><p class="article-text">
        En ambos filmes se establece una <a href="https://www.eldiario.es/economia/claves-economicas-alcarras-repiten-campo-espanol-viajan-oscar_1_9584074.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">oposici&oacute;n entre el campo y el ecologismo</a>, funcionando este &uacute;ltimo como un elemento externo que, de un modo u otro, interviene y modifica la vida en el campo. En <em>Alcarr&agrave;s </em>se debate la conveniencia de sustituir la recolecta de los melocotones, actividad en crisis, <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/sociedad/alcarras-no-cine-parques-agricultores-placas-solares-ponen-alerta-ecologistas_1_9187774.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por la instalaci&oacute;n de placas solares</a>. La entrada de las energ&iacute;as renovables en el sector rural supone la definitiva acta de defunci&oacute;n de un mundo que agoniza. Los discursos del progreso de la ciudad llegan al campo para salvarlo, o acaso para destruirlo. La compleja interrelaci&oacute;n entre el campo y la ciudad de la que nos hablaba Williams aparece aqu&iacute; representada como espacios diferenciados donde uno se termina imponiendo al otro. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>As bestas</em>, por su parte,<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/galicia/modelo-eolico-sorogoyen-critico-goya-aerogeneradores-150-metros-santuario-gallego-caballos-salvajes_1_9948120.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la instalaci&oacute;n de un parque e&oacute;lico</a> en las tierras de los habitantes de una aldea gallega pauperizada es vista como la soluci&oacute;n a sus problemas. La venta de las tierras les puede permitir escapar de un mundo que les asfixia y atrapa, reforzando lo rural como lugar presimb&oacute;lico del que hay que salir para acceder a la civilizaci&oacute;n. La encarnaci&oacute;n de sus habitantes como bestias consolida <a href="https://www.eldiario.es/galicia/as-bestas-sorogoyen-imagen-rural-gallego-peliculas-justas_1_9819048.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el prototipo del hombre de campo como bruto</a> y violento que se diferencia de los delicados y sensibles franceses que han llegado al campo para reconstruirlo y repoblarlo. La pel&iacute;cula nos aleja del campo, refuerza la idea de que nos es ajeno, por medio de una distribuci&oacute;n binaria de roles que coincide con la que ha operado en el relato de la tractorada. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/b029a0ea-20ec-43f6-90ed-d4ba4e1cc923_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Pero la descripci&oacute;n de lo rural como territorio asfixiante no tiene por qu&eacute; funcionar siempre como una representaci&oacute;n ancestral y ahist&oacute;rica del campo, esencialista. En <em>Panza de burro</em>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/andrea-abreu-escribir-canario-acto-politico-realidad-niega-cultura_1_6094030.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la excepcional novela de Andrea Abreu</a>, se describe un clima marcado por la violencia simb&oacute;lica, pero tambi&eacute;n f&iacute;sica, en una Canarias rural alejada de las playas y el turismo, a trav&eacute;s de la amistad de dos ni&ntilde;as en su infancia. Se respira un aire opresor en la novela. Pero este no es consustancial al campo. Las experiencias vitales de las protagonistas, narradas de manera tan inocente como salvaje, est&aacute;n ancladas en un orden social que admite y legitima la violencia sobre el cuerpo de esas ni&ntilde;as que viven en la cara b de las im&aacute;genes paradisiacas de las postales de Canarias. La violencia en el campo no se explica por su diferencia at&aacute;vica respecto a la ciudad, como un residuo de una modernidad no alcanzada, sino por su compleja interrelaci&oacute;n, por la manera en que la ciudad produce m&aacute;rgenes, se deshace de un exceso que no puede admitir dentro de sus confines. El campo, en <em>Panza de burro</em>, no constituye la barbarie en s&iacute;, m&aacute;s bien es una realidad hist&oacute;rica donde las fuerzas opresoras est&aacute;n radicalmente inscritas en la clase y el g&eacute;nero. 
    </p><p class="article-text">
        Las violencias de lo rural en Abreu se narran desde dentro, pero hay otras historias contadas por las reci&eacute;n llegados al campo. Es el caso de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amor-turbia-reinterpretacion-relato-pueblo-pequeno-convierte-infierno-grande_1_6256491.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un amor </em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/amor-turbia-reinterpretacion-relato-pueblo-pequeno-convierte-infierno-grande_1_6256491.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Sara Mesa</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/suro-recolecta-corcho-radiografiar-pareja-burguesa-moderna_1_9762730.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la pel&iacute;cula </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/suro-recolecta-corcho-radiografiar-pareja-burguesa-moderna_1_9762730.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Suro</em></a><em>. </em>En ellas hay un desplazamiento de la ciudad al campo. En la novela de Mesa el motivo del traslado se debe a un robo poco aclarado en la empresa de traducci&oacute;n en la que la protagonista trabajaba (en la excelente <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/isabel-coixet-presenta-amor-si-quedado-peliculas-son-escenas-sexo_1_10546021.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de Isabel Coixet</a>, acaso para darle mayor dignidad al personaje, esta abandona la ciudad porque no puede soportar el peso del violento relato de las refugiadas africanas de las que es int&eacute;rprete).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Laia Costa y Keuchkerian, en &#039;Un amor&#039; de Isabel Coixet                            </span>
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        El primer encuentro con la casa rural rompe con la imagen id&iacute;lica que desde la ciudad se puede tener del campo. Pero lo interesante de <em>Un amor </em>es la manera en que el texto se relaciona con lo presimb&oacute;lico, no para rechazarlo o tacharlo de barbarie, como hemos visto hasta ahora, sino para explorar desde all&iacute; una nueva forma de vida. No es casualidad que la protagonista sea traductora y que su herramienta de trabajo sea el lenguaje. Si quiere escapar del mundo que detesta lo primero que deber&aacute; hacer es atravesar el muro del lenguaje para acceder a lo real, para inaugurar experiencias y pr&aacute;cticas vitales <em>otras</em>, fuera del orden simb&oacute;lico y social que repudia y la repudia. Desaparece el dinero y se fundan relaciones de intercambio. El lenguaje se suspende en esa relaci&oacute;n sexual que mantiene con un vecino poco atractivo que le arregla las goteras a cambio de &ldquo;entrar en ti un rato&rdquo;. Pero no es narrado como sumisi&oacute;n o violencia, sino como fundaci&oacute;n de una pr&aacute;ctica nueva conectada con el goce m&aacute;s all&aacute; de la norma, la moral, los dispositivos rom&aacute;nticos de la seducci&oacute;n y los cuerpos normativos.
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                Vicky Luengo y Pol López, protagonistas de &#039;Suro&#039;                            </span>
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        En <em>Suro </em>un joven matrimonio de arquitectos de Barcelona se instala en una casa rural que ha heredado. Pueden reformarla como arquitectos que son y vivir en ella holgadamente, teletrabajando, pero tambi&eacute;n gracias a la saca del corcho (&ldquo;suro&rdquo;, en catal&aacute;n) de los alcornoques que se encuentran dentro de las hect&aacute;reas de la propiedad. La contrataci&oacute;n de una cuadrilla formada por inmigrantes marroqu&iacute;es sin papeles, que les permite extraer mayor beneficio que contratando a una cooperativa formada con gente del pueblo experimentada, les conecta con lo real de la explotaci&oacute;n capitalista, les hace c&oacute;mplices de un mundo que produce miseria y violencia. El bienestar de la familia &ndash;un matrimonio feliz con piscina y barbacoa, que celebra fiestas en el campo con amigos urbanitas que van a pasar el fin de semana con ellos al campo para alejarse del mundanal ruido&ndash; depende de la explotaci&oacute;n de sus trabajadores ilegales. Lo real no se puede simbolizar ni puede verse m&aacute;s que en sus s&iacute;ntomas. Y en <em>Suro </em>se leen en el cuerpo de la protagonista, donde se manifiesta la ansiedad que le provoca ser feliz a cambio de la explotaci&oacute;n de unos seres humanos que trata como ganado. 
    </p><p class="article-text">
        La tractorada se ha narrado como una ficci&oacute;n neorrural. Escrita desde una ciudad que no la comprende, o no termina de captar su complejidad, la describe insert&aacute;ndola en un relato. Aunque su eclosi&oacute;n recuerda al 15M, en la medida en que se organiza al margen de las organizaciones pol&iacute;ticas tradicionales, y claman contra pol&iacute;ticas en las que no se encuentran representados, as&iacute; como tambi&eacute;n protestan contra un sistema de distribuci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de sus productos que les convierte en el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil (y peor pagado) de la cadena, la manera en que se cuenta su lucha &ndash;leg&iacute;tima lucha&ndash; coincide en buena medida con esa narraci&oacute;n tradicional dicot&oacute;mica, descrita por Raymond Williams, que presenta el campo y la ciudad como espacios diferenciados y alejados entre s&iacute;, en un juego de oposiciones entre naturaleza y cultura, tradici&oacute;n y modernidad. Pero tambi&eacute;n existe otra narraci&oacute;n neorrural que nos conecta con lo real, con una realidad radicalmente hist&oacute;rica, que nos permite ver la estrecha relaci&oacute;n que existe entre esos dos mundos que no est&aacute;n tan alejados ni est&aacute;n tan opuestos. 
    </p><p class="article-text">
        Leer la tractorada desde esta otra &oacute;ptica permitir&iacute;a disputarle a la extrema derecha y a sus discursos esencialistas la narraci&oacute;n de esta historia, impedirles que se apropien de una realidad que, aunque descrita como lejana, es tambi&eacute;n la nuestra y dependemos de ella como el comer. Nunca mejor dicho.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/15m-tractores-ficcion-neorrural-aleja-campo_129_10990320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Mar 2024 20:14:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El 15M de los tractores, o la ficción neorrural que nos aleja del campo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Agricultores,Zonas rurales,Literatura,Protestas,Ecologismo,Ecología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Martín-Santos y su 'Tiempo de silencio': cómo la institución de la literatura te dice lo que (no) hay que leer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/luis-martin-santos-tiempo-silencio-institucion-literatura_129_10870195.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76e5399a-5548-4709-a5a7-69414e9021c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luis Martín-Santos y su &#039;Tiempo de silencio&#039;: cómo la institución de la literatura te dice lo que (no) hay que leer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este año se cumple el centenario del nacimiento de un autor de muerte prematura que legó una de las obras consideradas entre lo mejor de la novela española del siglo XX; un prestigio que, sin tener de ello el libro culpa alguna, desplazó y desprestigió la corriente del realismo social </p><p class="subtitle">El Último de la Fila, o hacia una ecología de la comunicación</p></div><p class="article-text">
        Se cumplen cien a&ntilde;os del nacimiento de Luis Mart&iacute;n-Santos, cuya muerte prematura en un accidente de tr&aacute;fico en 1964 no impidi&oacute; que nos legara<em> Tiempo de silencio</em>,<em> </em>una novela que ha sido considerada como una de las mejores obras literarias del siglo XX espa&ntilde;ol (y que Seix Barral reedita ahora, con pr&oacute;logo de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/enrique-vila-matas-ultimo-libro-busqueda-habitacion-propia-virginia-woolf_128_9282679.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Enrique Vila-Matas</a>). Y aqu&iacute; la palabra clave es &ldquo;considerar&rdquo;. Porque quiero detenerme en este art&iacute;culo en la manera en que se configura un canon por medio de la construcci&oacute;n de formas de prestigio y de valor literario, y en las operaciones que se dan en la instituci&oacute;n de la literatura para distinguir entre aquello que debe ser considerado literatura y lo que no.
    </p><p class="article-text">
        Tomo el concepto de &ldquo;instituci&oacute;n de la literatura&rdquo; de Jacques Dubois. En su libro <em>L&rsquo;institution de la litt&eacute;rature</em> (1978), el soci&oacute;logo literario belga define esta instituci&oacute;n como un conjunto de instancias y normas que validan, regulan y codifican como tal un discurso literario. La noci&oacute;n de &ldquo;instituci&oacute;n literaria&rdquo; comparte ciertas caracter&iacute;sticas con la noci&oacute;n de &ldquo;campo literario&rdquo; que elabor&oacute; m&aacute;s tarde Pierre Bourdieu en <em>Les r&egrave;gles de l&rsquo;art</em> en 1992 (si bien ya hab&iacute;a introducido el concepto en su art&iacute;culo <em>Le march&eacute; de biens symboliques</em> en 1971). La diferencia entre ambos t&eacute;rminos reside en que para Bourdieu el &ldquo;campo literario&rdquo; disfruta de cierta autonom&iacute;a, mientras que para Dubois, influenciado por la noci&oacute;n de &ldquo;ideolog&iacute;a&rdquo; de Louis Althusser, la instituci&oacute;n de la literatura funciona como un aparato ideol&oacute;gico que reproduce y legitima un orden social espec&iacute;fico. En este sentido, las diferentes instancias que conforman la instituci&oacute;n de la literatura &ndash;desde la industria editorial hasta la cr&iacute;tica acad&eacute;mica, que reconoce, consagra y clasifica las obras, pasando por el aparato jur&iacute;dico que interviene por medio de la censura&ndash; no solo contribuyen a definir lo literario, sino que adem&aacute;s participan en la puesta en circulaci&oacute;n de unas ideas que son funcionales al Estado. La clase dominante se apropia de un patrimonio cultural para elaborar y fijar unos valores y c&oacute;digos que perpet&uacute;an su posici&oacute;n de poder. Esos c&oacute;digos y valores est&eacute;ticos &ndash;y asimismo ideol&oacute;gicos&ndash; son cambiantes y dependen del &ldquo;grupo intelectual&rdquo; que logre hegemonizar la instituci&oacute;n literaria. 
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que <em>Tiempo de silencio</em> estableci&oacute; una ruptura con el realismo social espa&ntilde;ol del medio siglo y, en efecto, supuso una interrupci&oacute;n en el proceso de consagraci&oacute;n de un grupo literario que estaba hegemonizando, desde las letras, la oposici&oacute;n a la dictadura franquista. Me refiero a autores del realismo social como Jes&uacute;s L&oacute;pez Pacheco, Antonio Ferres o Armando L&oacute;pez Salinas, autores de <em>Central el&eacute;ctrica </em>(1958), <em>La piqueta </em>(1959) o <em>La mina </em>(1960), respectivamente. La novela de Luis Mart&iacute;n-Santos coincide, con los narradores del realismo social, en la representaci&oacute;n cr&iacute;tica de la sociedad espa&ntilde;ola. Protagonizada por un joven m&eacute;dico que encuentra serias dificultades para desarrollar su proyecto de investigaci&oacute;n sobre el c&aacute;ncer en la Espa&ntilde;a aut&aacute;rquica de posguerra, <em>Tiempo de silencio </em>retrata una Espa&ntilde;a anquilosada, en la que nunca pasa nada, atrasada e incapaz de alcanzar la modernidad cient&iacute;fica, pol&iacute;tica y cultural. Las condiciones materiales &ndash;y la mediocridad reinante&ndash; generan una crisis existencial en un protagonista que se ve obligado a situarse fuera de la ley para avanzar en su investigaci&oacute;n. Acude a los barrios de chabolas donde 'el Muecas'<em> </em>cr&iacute;a los ratones que su investigaci&oacute;n requiere, ya que los que llegan de Estados Unidos mueren en los laboratorios por la falta de recursos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&#039;Tiempo de silencio&#039;, con un componente asimismo crítico y de oposición, pero con una forma literaria radicalmente distinta, desestabilizó el campo literario. Después de esta novela, la literatura social va a sufrir un proceso de devaluación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El contacto con este lumpenproletariado le permite a la novela no &uacute;nicamente reflejar el pesimismo y el cansancio de un peque&ntilde;oburgu&eacute;s como es Pedro, el protagonista, que convive con otros tan exhaustos como &eacute;l en la pensi&oacute;n que habita, sino tambi&eacute;n retratar los m&aacute;rgenes de la sociedad y sus dramas (pobreza, falta de atenci&oacute;n m&eacute;dica, represi&oacute;n policial), cuyos protagonistas, aunque expulsados de la ciudad, son los que pueden hacer posible el desarrollo de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Pero no por la teor&iacute;a de la plusval&iacute;a. La novela de Mart&iacute;n-Santos, a diferencia de las novelas del realismo social, no busca objetivar la realidad hist&oacute;rica, sino ofrecer, como se&ntilde;alan los autores de la <em>Historia social de la literatura espa&ntilde;ola (en lengua castellana), </em>&ldquo;una visi&oacute;n del mundo radicalmente subjetiva que, l&oacute;gicamente, trat&aacute;ndose de un intelectual que incesantemente medita sobre s&iacute; mismo, es mucho m&aacute;s rica, mucho menos &lsquo;anodina&rsquo; que la de los personajes&rdquo; de clase obrera del realismo social o el objetivismo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Retrato del escritor y psiquiatra español Luís Martín Santos, autor de &#039;Tiempo de silencio&#039;                            </span>
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        <em>Tiempo de silencio</em>, con un componente asimismo cr&iacute;tico y de oposici&oacute;n, pero con una forma literaria radicalmente distinta, desestabiliz&oacute; el campo literario. Luis Mart&iacute;n-Santos<em> </em>cambi&oacute; las reglas del juego e impuso nuevas maneras de codificar lo literario: una &lsquo;buena&rsquo; novela ya no se pod&iacute;a definir &uacute;nicamente por su capacidad de denuncia o de representar la realidad tal y como era, hab&iacute;a ahora que incorporar nuevas t&eacute;cnicas narratol&oacute;gicas, romper con las estructuras narrativas convencionales, incorporar la iron&iacute;a, un lenguaje experimental y barroco, mon&oacute;logos interiores y muchas digresiones. Tras <em>Tiempo de silencio, </em>la literatura social va a sufrir un proceso de devaluaci&oacute;n, incluso en el propio campo. Se producen en su interior cambios de posiciones, acaso las m&aacute;s evidente sean las del editor Carlos Barral y la del cr&iacute;tico Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet, que de ser figuras fundacionales del realismo social y fundamentales en su publicaci&oacute;n, validaci&oacute;n y circulaci&oacute;n, pasaron, una vez proclamado su agotamiento, a denostarlo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El realismo social hace retornar la historia reprimida, aquella historia de los de abajo que nos recuerda quiénes son los que lucharon, los que murieron en las minas y en la construcción de las centrales eléctricas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las luchas internas en el campo literario se corresponden en cierta manera con las luchas que se producen fuera de &eacute;l. A causa de sus crisis internas, el PCE va perdiendo su hegemon&iacute;a en el terreno intelectual y, como se&ntilde;ala Constantino B&eacute;rtolo, se inicia un &ldquo;proceso de deslizamiento pol&iacute;tico de la burgues&iacute;a antifranquista hacia posiciones socialdem&oacute;cratas, es decir, de renuncia del horizonte revolucionario&rdquo;. Es en este contexto en el que se empieza a asistir &ldquo;a una criba en pretendida clave de &lsquo;calidad&rsquo; que en realidad ocultaba un cambio ideol&oacute;gico que afectaba como no pod&iacute;a ser menos a los juicios literarios&rdquo;, comenta B&eacute;rtolo sobre un momento en que &ldquo;la literatura deja de mirar la realidad para mirarse a s&iacute; misma y empiezan a circular lemas como el &lsquo;compromiso de la literatura con la literatura&rsquo; o &lsquo;la &uacute;nica revoluci&oacute;n v&aacute;lida para un escritor es la revoluci&oacute;n del lenguaje&rsquo;&rdquo;. Como dice Jo Labanyi, &ldquo;Susan Sontag sustituy&oacute; a Luk&aacute;cs como gur&uacute;&rdquo;. El realismo social va siendo desplazado paulatinamente del campo literario a favor de textos m&aacute;s acordes con la nueva bandera ideol&oacute;gica que enarbol&oacute; la intelectualidad burguesa antifranquista. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Tiempo de silencio </em>es, posiblemente sin quererlo, la novela que inaugura este proceso. Transforma los c&oacute;digos literarios y contribuye a elaborar el nuevo lenguaje que ha de servir para nombrar esa modernidad anhelada, literaria pero tambi&eacute;n pol&iacute;tica, al tiempo que renuncia a todo intento de simbolizaci&oacute;n de lo real de la explotaci&oacute;n como antesala para imaginar la posibilidad de la revoluci&oacute;n, como pretend&iacute;a el realismo social. Revoluci&oacute;n y realismo empiezan a percibirse como palabras antiguas y vulgares, incapaces de alumbrar la modernidad del nuevo mundo con el que sue&ntilde;a la burgues&iacute;a ilustrada.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La posición privilegiada en el canon de &#039;Tiempo de silencio&#039; ha servido para desprestigiar y desplazar una literatura que no encajaba en el relato que la burguesía ilustrada necesitaba para presentarse como la protagonista de la lucha antifranquista</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y, sin embargo, <em>Tiempo de silencio </em>es una novela excepcional, que en efecto puede leerse como s&iacute;ntoma de las transformaciones pol&iacute;ticas y sociales que se viven en los a&ntilde;os sesenta y que en cierta forma anticipan lo que fue la transici&oacute;n democr&aacute;tica, pero tambi&eacute;n como una novela que trata de inscribirse en un r&eacute;gimen est&eacute;tico, no representativo, dir&iacute;amos <em>&agrave; la</em> Ranci&egrave;re, con el fin de liberar potencia pol&iacute;tica a trav&eacute;s del extra&ntilde;amiento y la experimentaci&oacute;n. Pero en su reconocimiento y prestigio se ponen tambi&eacute;n de manifiesto las pr&aacute;cticas de su instrumentalizaci&oacute;n. Su apropiaci&oacute;n como patrimonio cultural &ndash;su canonizaci&oacute;n&ndash; por parte de la instituci&oacute;n literaria del franquismo tard&iacute;o y la transici&oacute;n cumple una funci&oacute;n: el desplazamiento y ocultaci&oacute;n de una parte de la historia social y cultural del siglo xx espa&ntilde;ol. 
    </p><p class="article-text">
        La posici&oacute;n privilegiada en el canon de <em>Tiempo de silencio </em>ha servido para desprestigiar y desplazar una literatura que no encajaba en el nuevo relato que la burgues&iacute;a ilustrada necesitaba para presentarse como la verdadera protagonista de la lucha antifranquista, como art&iacute;fice de la democracia. El realismo social hace retornar la historia reprimida, aquella historia de los de abajo que nos recuerda qui&eacute;nes son los que lucharon, los que murieron en las minas y en la construcci&oacute;n de las centrales el&eacute;ctricas, los desplazados por los pantanos y las chabolas derruidas para edificar en el suelo liberado viviendas asimismo precarias para los proletarios que el franquismo quiso convertir en propietarios. Esa literatura, hoy silenciada, narra tambi&eacute;n un tiempo de silencio. Pero <em>Tiempo de silencio </em>no tuvo en efecto la culpa, y conviene ser le&iacute;da para detectar el modo en que se despliegan los s&iacute;ntomas de la crisis existencial de las nuevas clases medias surgidas del desarrollismo econ&oacute;mico, pero su patrimonializaci&oacute;n la hace funcional a su discurso para ocultar una literatura y una historia escrita desde abajo. A veces, o acaso la mayor&iacute;a de las veces, el canon sirve precisamente para eso: para reprimir historias y poner en su lugar otras m&aacute;s conciliadoras; por radicales que parezcan. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/luis-martin-santos-tiempo-silencio-institucion-literatura_129_10870195.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jan 2024 22:16:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Novela,Historia de España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Último de la Fila, o hacia una ecología de la comunicación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/ultimo-fila-ecologia-comunicacion_129_10741166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de005d54-d866-4591-8d11-682fd9e8ae34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2192y834.jpg" width="1200" height="675" alt="El Último de la Fila, o hacia una ecología de la comunicación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay un exceso de ruido que impide toda forma de diálogo entre iguales, que interrumpe las miradas y los encuentros desde el lenguaje pero trascender el mundo prosaico y contaminado de palabras gastadas define el proyecto musical y la poética de El Último de la Fila que ha regresado 25 años después</p><p class="subtitle">Reescrituras de 'Pinocho', o por qué a la ideología no le crece la nariz </p></div><p class="article-text">
        Sucede incluso cuando se observa una vieja fotograf&iacute;a y no nos reconocemos en el rostro que aparece en ella. Se produce una distancia insalvable entre el yo del presente y aquel que retorna desconocido del pasado. Con &eacute;l regresan viejos fantasmas que cre&iacute;amos olvidados pero que nos siguen interpelando. Algo as&iacute; debe ocurrir en el momento en que los compositores revisan su viejo repertorio. La sociedad ha cambiado mucho, tambi&eacute;n su lenguaje y sensibilidad, y lo que entonces se consideraba visible, audible y decible puede resultar extra&ntilde;o con el paso del tiempo. No siempre envejecen bien las fotograf&iacute;as, como tampoco lo hacen algunas canciones, que tienen que modificar una palabra que ya no significa exactamente lo mismo que antes. Ha ocurrido &uacute;ltimamente y lo han llamado cancelaci&oacute;n, aunque m&aacute;s bien se trata de reconocer que las producciones culturales no son eternas ni universales, sino radicalmente hist&oacute;ricas, y no siempre van a encontrar la complicidad de sus interlocutores al otro lado de la partitura. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, con <em>Desbarajuste piramidal</em>, el disco de regreso de El &Uacute;ltimo de la Fila, donde Manolo Garc&iacute;a y Quimi Portet se reencuentran despu&eacute;s de su separaci&oacute;n hace 25 a&ntilde;os para volver a tocar algunas de las canciones m&aacute;s celebradas de su carrera, no se percibe un vac&iacute;o abisal entre esas canciones y nosotros. Seguramente esto ocurre porque El &Uacute;ltimo de la Fila quiso trascender su espec&iacute;fica realidad hist&oacute;rica &ndash;aunque la historia siempre termina permeando el texto, como se ver&aacute;&ndash;, construyendo un nuevo mundo a medida que lo imaginaba con sus canciones. Y sin embargo esta construcci&oacute;n de mundo nos dice mucho del momento hist&oacute;rico en que se escribieron tales canciones. Dec&iacute;a Juan Carlos Rodr&iacute;guez en <em>De qu&eacute; hablamos cuando hablamos de literatura</em> que en el capitalismo avanzado o posmoderno ya nadie vive &ndash;ni mucho menos muere&ndash; por la literatura. Ha desaparecido el <em>pathos</em> que hab&iacute;a definido hist&oacute;ricamente lo literario, fuera desde el compromiso o las vanguardias. Ahora nadie vive por la literatura, pero s&iacute; pretende vivir de la literatura, que se ha convertido en una mercanc&iacute;a m&aacute;s en el mercado capitalista. 
    </p><p class="article-text">
        El &Uacute;ltimo de la Fila, como &uacute;ltimo reducto de esa concepci&oacute;n de la literatura, muestra su resistencia a la mercanc&iacute;a configurando con sus canciones una esfera aut&oacute;noma regida por un lenguaje y unos c&oacute;digos propios, radicalmente diferenciada del campo cultural hegem&oacute;nico, que se basa en celebraci&oacute;n hedonista y narcisista del consumo que llega desde 'la movida'. &ldquo;Lejos de las leyes de los hombres&rdquo;, como reza el t&iacute;tulo de una de las canciones, la autonom&iacute;a de la literatura produce un lenguaje <em>otro, </em>alejado de la lengua prosaica de una sociedad gris que rechazan los poetas que la habitan y que buscan trascenderla por medio de la poes&iacute;a. Hay un compromiso con el lenguaje, una b&uacute;squeda de un nuevo lenguaje que sea capaz de simbolizar las verdades que se le escapan a la lengua cotidiana. En las canciones de El &Uacute;ltimo de la Fila opera esta l&oacute;gica que da lugar a letras ciertamente herm&eacute;ticas que invitan a m&uacute;ltiples lecturas e interpretaciones, &ldquo;suponiendo que haya algo que interpretar&rdquo;. Esta b&uacute;squeda de un lenguaje diferenciado se reconoce en la dimensi&oacute;n po&eacute;tica de sus letras &ndash;desde <em>Dulces sue&ntilde;os</em> hasta <em>L&aacute;piz y tinta</em> o <em>Sin llaves</em>&ndash; y en el alto contenido surrealista de otras composiciones &ndash;<em>Vestidos de hombres rana</em> posiblemente sea el ejemplo m&aacute;s claro de todos los temas que incluye <em>Desbarajuste piramidal</em>&ndash;, donde el referente de la met&aacute;fora se pierde y la relaci&oacute;n entre el significante y significado se vuelve del todo arbitraria.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Decía Juan Carlos Rodríguez que en el capitalismo avanzado ya nadie vive ni muere por la literatura. Ahora nadie vive por la literatura, pero sí pretende vivir de la literatura, que se ha convertido en una mercancía más en el mercado capitalista</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Este lenguaje <em>otro</em> que produce la literatura aut&oacute;noma requiere a la vez que construye un lector activo capaz de enfrentarse a ese nuevo lenguaje, que le incita a adentrarse a su mundo diferenciado y po&eacute;tico para refugiarse del mundo dominado por el discurso prosaico e inmediato de la canci&oacute;n comercial. Podr&iacute;a interpretarse como un gesto reaccionario, al expulsar de esa esfera restringida a aquellos lectores que carezcan de la sensibilidad suficiente para comprender su lenguaje. Pero parece desmentir esta hip&oacute;tesis el &eacute;xito interclasista de sus discos, especialmente celebrados en los desolados paisajes de las periferias urbanas de la reconversi&oacute;n industrial, golpeadas por la hero&iacute;na y el paro estructural, cuyas estrechas conexiones con la contracultura en el tardofranquismo ha analizado muy bien Germ&aacute;n Labrador en su <em>Culpables por la literatura</em>. Late en esta concepci&oacute;n de la poes&iacute;a una potencia pol&iacute;tica. Dir&iacute;amos con Jacques Ranci&egrave;re que esta poes&iacute;a se inscribe en un r&eacute;gimen est&eacute;tico que promueve un nuevo reparto de lo sensible. Es pol&iacute;tica, o tiene potencia revolucionaria, en la medida en que desestabiliza orden representativo, donde cada cosa no es sino lo que parece. M&aacute;s all&aacute; de la superficie de los objetos se halla un imposible que solamente con una imaginaci&oacute;n y una sensibilidad distintas es posible aprehender. Lograrlo, o al menos intentar su simbolizaci&oacute;n, ensancha el mundo a trav&eacute;s del lenguaje, de ese lenguaje nuevo que hay que inventar para narrarlo y construirlo. Lo que es restringido es el mundo constituido, la funci&oacute;n del lenguaje po&eacute;tico es ampliarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Hay una b&uacute;squeda constante de ese lenguaje <em>otro, </em>de ese lector c&oacute;mplice y de ese otro mundo posible en las canciones de El &Uacute;ltimo de la Fila. Esta b&uacute;squeda se genera desde una matriz animista de la literatura. Tal y como lo teoriz&oacute; Juan Carlos Rodr&iacute;guez en su <em>Teor&iacute;a e historia de la producci&oacute;n ideol&oacute;gica</em>, la matriz animista promueve la l&oacute;gica constitutiva de la literatura como encuentro y comunicaci&oacute;n entre dos almas libres que se dan cita en el texto literario; pero tambi&eacute;n del amor, que es asimismo el fruto de un encuentro de almas bellas que se vehiculan a trav&eacute;s de la mirada de los amantes. La matriz animista produce buena parte de la producci&oacute;n po&eacute;tica del grupo de rock catal&aacute;n: la mirada y la comunicaci&oacute;n son dos constantes en sus canciones. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Ser&aacute; a trav&eacute;s de la mirada, como ocurre por ejemplo en <em>Mar antiguo, </em>que se alumbrar&aacute;n nuevos mundos: &ldquo;No hay otros mundos, pero s&iacute; hay otros ojos&rdquo;. Los ojos hacen viable la posibilidad de escapar de un mundo dominado por el cansancio y la ansiedad (as&iacute; definido en la primera estrofa) y acceder a un &ldquo;futuro azul&rdquo;, como se dice m&aacute;s adelante. Los ojos son una apertura a un nuevo mundo que se habita al tiempo que se imagina, la mirada es constitutiva de otra vida posible. Pero, a la vez que constituyen mundo, constituyen tambi&eacute;n un nuevo sujeto con el alma despierta y encendida, con una sensibilidad para habitar ese mundo ahora dominado por el coraz&oacute;n: &ldquo;Tiro de fuego de tu mirada / ala de cuervo que me agita el alma&rdquo;, como clama un verso de <em>A veces se enciende. </em>
    </p><p class="article-text">
        La b&uacute;squeda de la comunicaci&oacute;n con el otro, para encontrar refugio en sus palabras, se encuentra en canciones escritas en forma de carta, como son <em>Llanto de pasi&oacute;n</em> y <em>Querida Milagros. </em>En la primera el sujeto po&eacute;tico recuerda su amor de adolescencia tras encontrarse por casualidad en el interior de un libro un viejo dibujo de ella, y piensa entonces en escribirle, despu&eacute;s de tanto tiempo. Es como si en el dibujo reposara todav&iacute;a, cuando los cuerpos llevan tanto tiempo separados, el alma y la voz de la amada, que reviven en la escritura &ndash;&ldquo;Casi te puedo imaginar / al ver tu firma en un papel&rdquo;&ndash; y le conducen de nuevo a ese viejo escenario habitado por los amantes: &ldquo;Hola, &iquest;qu&eacute; tal Lico Manuel? &iquest;Qu&eacute; tal? / Vamos, pero dando la vuelta. / Espera, no me abraces a&uacute;n / que est&aacute; mi madre en el balc&oacute;n&rdquo;. Sin embargo, la nueva carta no se escribe, ella no volver&aacute; jam&aacute;s y &eacute;l no experimenta sino cansancio en una nueva realidad hist&oacute;rica con un referente ahora claro, que permea el texto: el de la reconversi&oacute;n industrial que ha cambiado por completo el rostro del barrio. Aunque exista todav&iacute;a el bar donde escuchaban su canci&oacute;n, &ldquo;ahora ya no van a merendar / los de la f&aacute;brica de gas&rdquo;. Ese viejo mundo del trabajo, desaparecido con el desarrollo de las nuevas relaciones de producci&oacute;n del capitalismo financiero, deja un paisaje de ruinas modernas, como las que se narran en <em>Trabajo duro</em> &ndash;tema no incluido en <em>Desbarajuste piramidal</em>&ndash; en el que el sujeto po&eacute;tico habla con un interlocutor ausente y fantasmal, posiblemente su padre, sobre el trabajo oscuro y bajo tierra en los valles mineros. 
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            </figure><p class="article-text">
        <em>Querida Milagros,</em> por su parte, una canci&oacute;n de tem&aacute;tica antimilitarista, es una carta que el soldado Adri&aacute;n, muerto en el campo de batalla, le hab&iacute;a escrito a su novia antes de morir. La esperanza en el amor como v&iacute;a de escape del absurdo de la guerra y de tanta muerte, que nada tiene que ver con ellos, sirve para construir un mundo paralelo en el momento de la enunciaci&oacute;n, pero cuando la carta se recibe, ese mundo imaginario ya se ha derrumbado. Sin embargo, la muerte del cuerpo no implica la muerte del alma, inscrita en las palabras que la vehicular&aacute;n hasta llegar ante los ojos de la amada, haciendo posible la comunicaci&oacute;n despu&eacute;s de la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        En las letras de El &Uacute;ltimo de la Fila hay un intento constante por encontrar un interlocutor; sin embargo, las almas se topan en este mundo material con demasiadas interferencias, y el amor se vuelve imposible. Es lo que ocurre en canciones como <em>Aviones plateados</em> o <em>Sara. </em>En una habitaci&oacute;n desordenada, con libros y discos por el suelo, con barba de 15 d&iacute;as, sin comer y con un cansancio que provoca incluso la ca&iacute;da de la letra d intervoc&aacute;lica en los participios en la segunda parte de la canci&oacute;n, <em>Aviones plateados</em> nos presenta a un sujeto en fase depresiva ante la p&eacute;rdida del objeto amado: &ldquo;Siempre suelo querer lo que no tengo, / y ahora que ya no est&aacute;s aqu&iacute; / me voy consumiendo&rdquo;. El inconsciente capitalista provoca que cuando se cierra la posibilidad del consumo de los cuerpos al sujeto no le queda otra que consumirse. Pero en ese dejar de ser se aprecia asimismo la toma de conciencia, y aun la deconstrucci&oacute;n, de este sujeto que asume que el relato patriarcal en el que se mov&iacute;a, basado en la concepci&oacute;n de la mujer como posesi&oacute;n y conquista, empieza a disfuncionar con la constituci&oacute;n de las mujeres como sujetos libres que se han reapropiado de su cuerpo y de su deseo: &ldquo;Credenciales de posesi&oacute;n / qu&eacute; tonter&iacute;a. / Estos celos me han abrasao, /no s&eacute; qu&eacute; me cre&iacute;a&rdquo;. Pero el problema es la comunicaci&oacute;n y se condensa nuevamente en una carta y una mirada: &ldquo;Y tu carta me confundi&oacute;, / ahora lo entiendo. /Tu mirada me lo advirti&oacute;, / Tu 'jam&aacute;s vuelvo'&rdquo;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Parecido es lo que le ocurre al sujeto po&eacute;tico de <em>Sara, </em>que es incapaz de encontrar &ldquo;el secreto azul que se esconde en tus ojos tibios de animal. / Secreto suave que he perseguido / tantas noches en tu piel&rdquo;. La referencia a la condici&oacute;n animal no es balad&iacute;, m&aacute;s bien es otro de los elementos constitutivos de la po&eacute;tica de El &Uacute;ltimo de la Fila. Al no captar el secreto de sus ojos, al no producirse el encuentro entre las dos almas a trav&eacute;s de la mirada, el amor se vuelve imposible, y la humanidad de los amantes se degrada hasta la animalidad: &ldquo;Hubo un tiempo en que, sin quererlo, nos llegamos a odiar / como se odian dos animales, no dio para m&aacute;s&rdquo;. Y m&aacute;s adelante confirma: &ldquo;Sabes que solo soy un salvaje / y que nunca he dado para m&aacute;s&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Trascender el mundo prosaico y contaminado de palabras gastadas por medio de una ecología de la comunicación define a El Último de la Fila que ha regresado 25 años después para recordarnos que otro mundo y otro lenguaje es posible</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin comunicaci&oacute;n, no hay humanidad posible. Solamente la poes&iacute;a &ndash;y su lenguaje diferenciado&ndash; podr&aacute; redimir al ser humano, convertido en una bestia, como se dice en <em>Dios de la lluvia.</em> La poes&iacute;a, como el dios de la lluvia, podr&aacute; &ldquo;redimir / un mundo polvoriento y gris / hecho a medida / del triste reptil&rdquo;. A trav&eacute;s de la poes&iacute;a, que construye un lenguaje otro capaz de nombrar lo innombrable, se podr&aacute; recuperar la comunicaci&oacute;n, y con ella la humanidad y la posibilidad del amor. Frente a la palabra prosaica del mundo que promueve la incomunicaci&oacute;n, la poes&iacute;a despierta a las almas que podr&aacute;n entrar en comuni&oacute;n. 
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            </figure><p class="article-text">
        La mirada, cuando vehicula el amor, constituye mundo, pero tambi&eacute;n nuevas subjetividades plenas que trascienden lo animal y son capaces de crear lugares de existencia ajenos al mundo prosaico que habitan y rechazan. Se crea a trav&eacute;s de un lenguaje <em>otro,</em> que trasciende la utilidad, la inmediatez y la materialidad de la palabra de la lengua cotidiana (y del pop comercial), que promueve confusi&oacute;n y malentendidos, ruido e incomunicaci&oacute;n. Frente a las palabras gastadas de la lengua com&uacute;n el poeta busca la palabra precisa que permita explorar lo m&aacute;s profundo del ser. Como no siempre es posible, porque la palabra est&aacute; hecha de materia, interviene entonces lo que podemos denominar las ideolog&iacute;as de la m&uacute;sica y el silencio, que conciben que solo es posible situar la verdad fuera de los muros del lenguaje, que lo imposible solo puede ser dicho al prescindir &ndash;o al salirse&ndash; de lo simb&oacute;lico. Una melod&iacute;a o la ejecuci&oacute;n de un arpegio, como un suspiro o el silencio, puede decir m&aacute;s que un sustantivo acompa&ntilde;ado de un adjetivo. Como se dice en <em>Cuando el mar te tenga,</em> es necesario huir, perseguir el silencio, como un primer paso para restituir la posibilidad del entendimiento y el amor: &ldquo;Ah&oacute;rrate esas palabras de amor / que nadie va a comprender, / ni tan s&oacute;lo yo. / Si lo que vas a decir / no es m&aacute;s bello que el silencio, / no lo vayas a decir (&hellip;) Mientras todos duerman te amar&eacute;. / Cuando todos hablen huir&eacute;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hay un exceso de ruido, de contaminaci&oacute;n ac&uacute;stica, que impide toda forma de di&aacute;logo entre iguales, que interrumpe las miradas y los encuentros desde el lenguaje. Trascender el mundo prosaico y contaminado de palabras gastadas por medio de una ecolog&iacute;a de la comunicaci&oacute;n define el proyecto musical y la po&eacute;tica de El &Uacute;ltimo de la Fila que ha regresado 25 a&ntilde;os despu&eacute;s para recordarnos que otro mundo y otro lenguaje es posible para imaginarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/ultimo-fila-ecologia-comunicacion_129_10741166.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Dec 2023 21:37:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Último de la Fila, o hacia una ecología de la comunicación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pop,Cantautores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reescrituras de 'Pinocho', o por qué a la ideología no le crece la nariz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/reescrituras-pinocho-ideologia-no-le-crece-nariz_129_10694838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3474a6c7-b75b-4148-b301-91f96ae2cbe9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x519y486.jpg" width="1200" height="675" alt="Reescrituras de &#039;Pinocho&#039;, o por qué a la ideología no le crece la nariz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cuento de Carlo Collodi sirve como ejemplo de cómo cada época es capaz de reescribir un relato hasta el punto de transformarlo en una cosa bien diferente</p><p class="subtitle">Cómo desactivar políticamente 'Tea rooms', la novela obrera y revolucionaria de Luisa Carnés, para adaptarla a televisión </p></div><p class="article-text">
        Cada &eacute;poca lee los cl&aacute;sicos literarios a su manera y, en cierto modo, m&aacute;s que leerlos, los reescribe, adapt&aacute;ndolos a las preocupaciones de su tiempo y elaborando con sus lecturas textos <em>otros</em>. <em>Pinocho</em> sabe mucho de esto, ya que recientemente se han estrenado tres versiones cinematogr&aacute;ficas del cuento de Carlo Collodi con variaciones significativas respecto al texto original, pero tambi&eacute;n entre ellas. Me refiero a la de 2019 con Roberto Benigni en el papel de Geppetto y dirigida por Matteo Garrone; la de 2022, dirigida por Robert Zemeckis y con <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/tom-hanks-suelta-dan-brown_1_5807999.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tom Hanks</a> como Geppetto, y la versi&oacute;n en animaci&oacute;n <em>stop motion</em> de Guillermo del Toro, tambi&eacute;n de 2022.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de tachar de mentirosas estas adaptaciones porque supuestamente estar&iacute;an alej&aacute;ndose de la verdad del texto, sino de reconocer, en sus transformaciones, s&iacute;ntomas de un nuevo inconsciente ideol&oacute;gico, radicalmente hist&oacute;rico (dir&iacute;amos con Juan Carlos Rodr&iacute;guez) que escribe una obra nueva. Porque, a diferencia de lo que le ocurre a Pinocho, a la ideolog&iacute;a no le crece la nariz. La ideolog&iacute;a no miente y, cuando creemos que lo est&aacute; haciendo, en realidad nos habla, de manera encubierta, con sus silencios y titubeos, de las relaciones sociales y de producci&oacute;n que, aunque opacadas o desplazadas, la constituyen.
    </p><p class="article-text">
        De todas las versiones, la de Garrone y Benigni, y tal vez porque se trata de una producci&oacute;n italiana, es la que m&aacute;s fielmente reproduce el relato de Collodi. Cuando una obra se institucionaliza, se convierte en s&iacute;mbolo nacional y en consecuencia pasa a considerarse pr&aacute;cticamente como parte del patrimonio cultural de un pa&iacute;s, se le confiere un respeto casi sagrado que cierra posibles nuevas lecturas y acercamientos. Esta versi&oacute;n en lugar de ofrecernos su propia interpretaci&oacute;n del texto ha optado transportarnos &ndash;y, sin duda, lo logra de manera brillante&ndash; al universo oscuro y violento, sembrado por la muerte, del cuento de Collodi. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando una obra se institucionaliza, se convierte en símbolo nacional y pasa a considerarse prácticamente como parte del patrimonio cultural de un país, se le confiere un respeto casi sagrado que cierra posibles nuevas lecturas y acercamientos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La adaptaci&oacute;n de Zemeckis y Hanks, de la factor&iacute;a Disney, en tanto que pel&iacute;cula claramente dirigida a un p&uacute;blico infantil, endulza el relato, alej&aacute;ndolo del original. No hay espacio para la violencia ni para la muerte en este metraje. Su Pinocho es bueno, incluso demasiado bueno. No hay rastro de maldad en sus actos, ni siquiera en sus inocentes travesuras, que son m&aacute;s bien fruto de torpes accidentes ante la dificultad de controlar el cuerpo de madera ahora con vida, y no tanto acciones premeditadas para hacer el mal. De tan bueno, este Pinocho es ingenuo. Los dem&aacute;s se aprovechan de su ingenuidad para llevarle por el mal camino. Pero no es tentaci&oacute;n, simplemente enga&ntilde;o. Si Pinocho se desv&iacute;a de lo correcto no es porque se haya despertado en &eacute;l el goce del mal, sino porque se ha dejado manipular. As&iacute; es como entra a formar parte del espect&aacute;culo de marionetas del titiritero Comefuego, no para divertirse o por vanidad ante lo eventual de llegar a ser famoso, como ocurre en el relato original, sino porque, de llegar a serlo, su padre estar&iacute;a orgulloso de &eacute;l. 
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                El &#039;Pinocho&#039; de Robert Zemeckis                            </span>
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        Pinocho toma decisiones err&oacute;neas que le conducen a padecer situaciones adversas, pero siempre hay una buena causa que lo impulsa. Su secuestro por parte de Comefuego es una de ellas. Este Pinocho que no miente nunca solamente har&aacute; uso de la mentira para hacer crecer su nariz hasta alcanzar la llave de la jaula en la que est&aacute; encerrado y que cuelga de la pared situada al otro extremo de la habitaci&oacute;n. Miente conscientemente para hacer el bien y liberarse del titiritero que le quiere explotar. Incluso, en la Isla del Placer, donde no existen los l&iacute;mites y los ni&ntilde;os se divierten destrozando la escuela, saqueando tiendas, insultando y diciendo palabrotas, o bebiendo cerveza, Pinocho se mantiene en un discreto segundo plano, horrorizado ante el caos que esos ni&ntilde;os malos entienden por diversi&oacute;n. Pinocho solo piensa en su padre, en reencontrarse con &eacute;l, mientras se empieza a transformar en asno, como el resto de los ni&ntilde;os, antes de ser llevados a las minas de sal donde ser&aacute;n condenados a trabajos forzados. 
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                &#039;Pinocho de Guillermo del Toro&#039;                            </span>
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        Distinto es el Pinocho que nos trae la <em>stop motion</em> de Guillermo del Toro. De entrada, la pel&iacute;cula est&aacute; ambientada en la Italia fascista. Un Geppetto borracho y melanc&oacute;lico construye la marioneta con el tronco del &aacute;rbol en el que se encuentra enterrado su hijo Carlo, muerto tras ser bombardeada la iglesia en la que Geppetto estaba tallando un Cristo durante la Primera Guerra Mundial. El desplazamiento temporal va a ser clave en la reconfiguraci&oacute;n del sentido de la obra. Como en el relato original, Pinocho es desobediente, mentiroso y caprichoso y, aunque tampoco podr&iacute;a considerarse malo, solo piensa en jugar y divertirse. Su falta de disciplina le conduce al teatro de marionetas para cuyo titiritero Pinocho terminar&aacute; trabajando &ndash;y se embarcar&aacute; con &eacute;l en una gira por Italia con su espect&aacute;culo&ndash; para saldar la deuda que ha contra&iacute;do Geppetto con el titiritero, a causa de una trastada de Pinocho. Geppetto, enfadado, le dice a Pinocho que se ha convertido en una carga para &eacute;l y Pinocho, tras sufrir el agravio de ser constantemente comparado con el ejemplar Carlo, le responde que &eacute;l no es Carlo, ni quiere ser como Carlo. 
    </p><p class="article-text">
        El Pinocho de Del Toro abandona a su padre no para perseguir la diversi&oacute;n y el placer sin l&iacute;mites, como ocurre en el cuento original, sino para reafirmar su individualidad aut&oacute;noma y diferenciada y para reparar la relaci&oacute;n con su padre. Su gira le lleva a actuar ante el mismo Mussolini pero, tras boicotearlo desde dentro como forma de rebeld&iacute;a ante el titiritero explotador (la desobediencia es una forma de enfrentarse a la autoridad), terminan reclut&aacute;ndolo en la facci&oacute;n juvenil fascista. Pinocho es inmortal y puede convertirse en el soldado perfecto, en un h&eacute;roe de la patria del que cualquier padre estar&iacute;a orgulloso. Solo necesita aprender a obedecer.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El Pinocho dibujado por su primer ilustrador, Carlo Chiostri, en 1901                            </span>
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        En el relato original de <em>Pinocho</em>, como en la versi&oacute;n de Garrone y Benigni, la desobediente y traviesa marioneta nace con el mal en su interior y necesita someterse a una serie de correctivos que la disciplinen. La escuela y la familia funcionan como dispositivos que ense&ntilde;an a Pinocho a acatar &ndash;por su propio bien&ndash; la autoridad. Solo entonces la marioneta de madera se convertir&aacute; en un ni&ntilde;o de verdad. El <em>Pinocho </em>de Zemeckis y Hanks invierte por completo la estructura y advierte de la peligrosidad de la sociedad, capaz de corromper a un ni&ntilde;o bueno e inocente como es su Pinocho. El individuo, vulnerable, tiene que ser protegido por la instituci&oacute;n escolar y familiar y refugiarse en ellas para hacer de los valores que le ofrecen una coraza con la que protegerse del mundo despiadado y cruel que le corrompe. La amenaza es externa, no es inherente al sujeto, como ocurre en el relato original. Con este desplazamiento del lugar de procedencia del mal, se puede leer el s&iacute;ntoma de la ideolog&iacute;a peque&ntilde;oburguesa, muy presente en el universo Disney. Un mundo hostil empuja al sujeto a sobreponerse a toda adversidad reafirmando su individualidad plena a cada paso que da, olvidando de d&oacute;nde procede y qui&eacute;n es realmente, pero solo se resolver&aacute; imaginariamente el conflicto cuando reencuentre los puntos de fijaci&oacute;n en el orden social y se repliegue en la certeza y la seguridad que representan la familia y el hogar. 
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                El &#039;Pinocho&#039; de Matteo Garrone                            </span>
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        En las dos pel&iacute;culas anteriores, la obediencia y la disciplina salvan al sujeto del mal (sea este externo o interno), integr&aacute;ndole en el orden simb&oacute;lico y social, en el mundo de las normas, cuando aprende a respetar el nombre &ndash;y el no&ndash; del padre. Esta es la lecci&oacute;n. La diferencia radical se encuentra en el <em>Pinocho</em> de Guillermo del Toro. En ella se produce un desplazamiento en las nociones de obediencia y disciplina. Su funci&oacute;n positiva y necesaria para la inserci&oacute;n del sujeto en la sociedad, adquiere ahora un valor negativo: su expresi&oacute;n m&aacute;xima la encarna el fascismo, que destruye la subjetividad de los individuos al someternos a un orden militar que homogeniza a los sujetos en nombre de la patria. Pero la funci&oacute;n del fascismo &ndash;muestra el filme&ndash; no es muy distinta de la que ejerce el padre en tanto que significante autoritario que atraviesa al sujeto para disciplinar su conducta e integrarlo en el orden simb&oacute;lico. Esto parece aprenderlo Geppetto al final de la pel&iacute;cula. La lecci&oacute;n que se extrae es radicalmente distinta: a diferencia de las otras versiones, donde es Pinocho quien aprende a portarse bien, en la versi&oacute;n de Del Toro el aprendizaje &ndash;y la transformaci&oacute;n&ndash; se da en Geppetto, quien le reconoce al final a la marioneta: &ldquo;Intent&eacute; convertirte en alguien que no eras. Te quiero tal y como eres&rdquo;. La obediencia y la disciplina se descubren como dispositivos que aniquilan la subjetividad de los individuos, impidiendo su realizaci&oacute;n como sujetos plenos, aut&oacute;nomos y libres. Este desplazamiento en la connotaci&oacute;n de las nociones de obediencia y disciplina, responde a una ideolog&iacute;a burguesa que, en su fase neoliberal, no concibe m&aacute;s sujeto que aquel que, liberado de todo dispositivo, puede constituir su propia individualidad desanclada de todo punto de fijaci&oacute;n que, en la ideolog&iacute;a peque&ntilde;oburguesa, aporta seguridad y certezas. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En las tres relecturas que se han hecho en los mismos años de &#039;Pinocho&#039;, se localizan tres desplazamientos: del mal interior al exterior, en el significado de la obediencia y la disciplina, y el paso de la conciencia al corazón (o del deber ser al ser)</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero hay algo m&aacute;s. La significaci&oacute;n que adquiere, en cada una de las versiones, uno de los personajes centrales de la obra, como es Pepito Grillo, nos da una importante clave de lectura. En el <em>Pinocho</em> de Zemeckis y Hanks, el grillo parlante representa, como en el cuento original, la conciencia de Pinocho: define los l&iacute;mites, se&ntilde;ala las consecuencias de los actos y ense&ntilde;a el sentido de la responsabilidad. La conciencia es el recuerdo de la norma y, en cierta manera, la imagen de la autoridad integrada e interiorizada por y en el sujeto. El grillo le muestra a Pinocho el camino correcto que le conduce a lo que <em>debe ser</em>. Su identidad est&aacute; previamente dada, simplemente tiene que actuar correctamente para encontrarla. En la versi&oacute;n de Del Toro, el grillo parlante no representa la conciencia sino el coraz&oacute;n de Pinocho. No es el deber ni la responsabilidad, sino la emoci&oacute;n y la sensibilidad, y acaso tambi&eacute;n las pulsiones inconscientes, lo que determina su subjetividad. Estas no deben reprimirse para que emerja el sujeto responsable y disciplinado, plenamente integrado en el orden simb&oacute;lico, que la sociedad necesita. Al contrario, es en el coraz&oacute;n donde se halla su verdadero <em>ser</em>. En el desplazamiento de la conciencia al coraz&oacute;n se lee la concepci&oacute;n que esta nueva versi&oacute;n tiene de la noci&oacute;n de sujeto. Si la conciencia nos devuelve al universo del deber de la ideolog&iacute;a peque&ntilde;oburguesa, el coraz&oacute;n es una met&aacute;fora de la libertad del individuo, que no debe obedecer a nadie m&aacute;s que a s&iacute; mismo para elegir el camino correcto, que no es otro que <em>su </em>camino, libremente decidido por &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        En estas tres lecturas o relecturas que se han hecho m&aacute;s o menos en los mismos a&ntilde;os de <em>Pinocho, </em>se localizan tres desplazamientos &ndash;del mal interior al exterior, en el significado de la obediencia y la disciplina, y el paso de la conciencia al coraz&oacute;n (o del deber ser al ser)&ndash; donde se pueden leer los s&iacute;ntomas de un inconsciente ideol&oacute;gico habitado por contradicciones, por distintas maneras de concebir el mundo y de ser en &eacute;l. Cada &eacute;poca reescribe las obras cl&aacute;sicas a su manera, pero no lo hace en un &uacute;nico lenguaje, porque existen proyectos ideol&oacute;gicos en pugna que se viven inconscientemente y que se manifiestan en nuestros textos y gestos cotidianos. Y hasta que no haya otra alternativa, otro mundo posible que postule otras formas de ser en el mundo, en libertad y sin explotaci&oacute;n, en estos dos s&iacute;ntomas que despliega el inconsciente ideol&oacute;gico de la formaci&oacute;n social capitalista que habitamos se desvelan los estrechos l&iacute;mites de nuestro mundo: elegir entre conciencia y coraz&oacute;n, entre unas instituciones que nos protegen al tiempo que nos disciplinan o liberarse de todo dispositivo para entonar un c&aacute;ntico al individuo pleno y aut&oacute;nomo neoliberal. As&iacute; habla la ideolog&iacute;a a trav&eacute;s de estas reescrituras de <em>Pinocho</em>, y a la ideolog&iacute;a &ndash;ya lo hemos dicho&ndash; nunca le crece la nariz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/reescrituras-pinocho-ideologia-no-le-crece-nariz_129_10694838.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Nov 2023 22:17:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reescrituras de 'Pinocho', o por qué a la ideología no le crece la nariz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Italia,Cuentos infantiles,Ideología,Literatura,Literatura infantil]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Cómo desactivar políticamente 'Tea rooms', la novela obrera y revolucionaria de Luisa Carnés, para adaptarla a televisión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/desactivar-politicamente-tea-rooms-novela-obrera-revolucionaria-luisa-carnes-adaptarla-television_129_10578210.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c71dbb62-f0a0-4463-9123-d4a5531abae0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1082538.jpg" width="4392" height="2470" alt="Cómo desactivar políticamente &#039;Tea rooms&#039;, la novela obrera y revolucionaria de Luisa Carnés, para adaptarla a televisión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El modo en que se está produciendo la recuperación de esta obra literaria aleja, y en ocasiones neutraliza, el sentido político de la novela de Carnés</p><p class="subtitle"> El Nobel para Jon Fosse pone el foco en la voracidad del mercado editorial </p></div><p class="article-text">
        Desde que en 2016 la editorial Hoja de Lata rescatara la novela <em>Tea rooms. Mujeres obreras</em>, de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/luisa-carnes-republicana-escritora-comprometida_1_3376307.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luisa Carn&eacute;s</a>, no ha hecho m&aacute;s que cosechar &eacute;xitos. Adem&aacute;s de acumular ya diecis&eacute;is ediciones y m&aacute;s de 25.000 ejemplares vendidos &ndash;as&iacute; como una <a href="https://www.hojadelata.net/tienda/tea-rooms-ed-10-aniversario/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">edici&oacute;n conmemorativa</a>, con ep&iacute;logo de Marta Sanz&ndash;, <em>Tea rooms </em>ha sido <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/luisa-carnes-tea-rooms-coctel-molotov_1_8833755.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adaptada al teatro de la mano de Laia Ripoll</a> y se ha convertido en lectura obligatoria en uno de los itinerarios de lectura que propone la com&uacute;nmente llamada ley Cela&aacute;. Por si fuera poco, RTVE <a href="https://www.eldiario.es/vertele/entrevistas/helena-ezquerro-la-moderna-camino-noes-protagonista-estuve-cinco-anos-comerme-mojon-serie-la-1-tve-miryam-gallego_1_10563881.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acaba de estrenar la telenovela</a><a href="https://www.eldiario.es/vertele/series/salon-te-la-moderna-la-1-tve-guia-personajes-nueva-serie-diaria-promesa_1_10542664.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> Sal&oacute;n de t&eacute; La Moderna</em></a><em>,</em> una adaptaci&oacute;n de la novela de Carn&eacute;s, en horario de sobremesa. 
    </p><p class="article-text">
        La recuperaci&oacute;n de la obra de Luisa Carn&eacute;s es un acto de justicia y reparaci&oacute;n literaria, y todo lo que contribuya a su reconocimiento, difusi&oacute;n y socializaci&oacute;n, no puede sino ser celebrado. Sin embargo, el modo en que se est&aacute; produciendo tal recuperaci&oacute;n aleja, y en ocasiones neutraliza, el sentido pol&iacute;tico de la novela de Carn&eacute;s. En primer lugar, ha sido un lugar com&uacute;n anunciar a la autora de <em>Tea rooms </em>como la novelista olvidada de la &ndash;mal llamada&ndash; 'generaci&oacute;n del 27'. 
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que Carn&eacute;s comparti&oacute; &eacute;poca con los poetas del 27, pero su lugar de enunciaci&oacute;n era radicalmente <em>otro</em>; la suya es una literatura obrera y revolucionaria, una 'literatura desde abajo', escrita desde la explotaci&oacute;n y contra la explotaci&oacute;n. Esta literatura ocupaba una posici&oacute;n distinta en el interior del campo literario. Si la literatura del 27 ten&iacute;a entre sus &oacute;rganos de difusi&oacute;n de su po&eacute;tica pura y aut&oacute;noma la <em>Revista de Occidente</em>, la literatura social-revolucionaria publicaba en la editorial Oriente. La imagen no puede ser m&aacute;s clara ni la br&uacute;jula m&aacute;s precisa. Carn&eacute;s y su literatura ocupaban un lugar distinto y en conflicto con las po&eacute;ticas dominantes a las que ahora se la quiere adscribir. 
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            <span class="title">
                Imagen de Salón de te la moderna, la serie de La 1                            </span>
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        Seguir leyendo a Carn&eacute;s como la 'escritora olvidada de la generaci&oacute;n del 27' supone situarla en un lugar equivocado y negarle las condiciones de legibilidad que har&iacute;an posible entender su obra como una literatura <em>otra</em>, pensada y construida desde un lugar <em>otro</em>, distinto al lugar desde donde siempre se ha escrito la literatura: la ideolog&iacute;a y la cultura burguesa. La recuperaci&oacute;n por s&iacute; misma no vale nada: no solo hay que recuperar el texto sino restituir las condiciones de legibilidad que le dan sentido. Esto es lo que no est&aacute; ocurriendo. Tampoco con la adaptaci&oacute;n televisiva de <em>Tea rooms, </em>o al menos esa es la conclusi&oacute;n que podemos provisionalmente extraer una vez vistos los primeros cap&iacute;tulos emitidos. 
    </p><p class="article-text">
        No hace falta dejar transcurrir mucho tiempo para empezar a detectar s&iacute;ntomas de la despolitizaci&oacute;n que se lleva a cabo. De entrada, la trama se sit&uacute;a en el Madrid de 1930. Antes, pues, de la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica. Es curioso este desplazamiento temporal y tal vez habr&aacute; que esperar algunos episodios m&aacute;s para dar con la respuesta que lo explique. Pero llama la atenci&oacute;n, ya que uno de los aspectos hist&oacute;ricamente m&aacute;s interesantes de <em>Tea rooms </em>es que describe, desde la perspectiva de una mujer de clase trabajadora, la Espa&ntilde;a republicana como un lugar pol&iacute;tico en conflicto. 
    </p><p class="article-text">
        Esta visi&oacute;n se aleja de las elaboraciones posteriores que se har&iacute;an desde la historiograf&iacute;a franquista, que pretende dibujar una Rep&uacute;blica como sin&oacute;nimo de caos para legitimar un golpe de Estado que pacificar&iacute;a y volver&iacute;a a poner orden al pa&iacute;s, pero tambi&eacute;n de la imagen id&iacute;lica de una Rep&uacute;blica burguesa, de maestros, poetas e intelectuales, que se ve amenazada y atrapada por extremos que se tocan. La Rep&uacute;blica de Carn&eacute;s no es ca&oacute;tica ni ideal, sino conflictiva y atravesada por una lucha de clases.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Una escena de &#039;Tea Rooms&#039;, dirigida por Laia Ripoll"
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            <span class="title">
                Una escena de &#039;Tea Rooms&#039;, dirigida por Laia Ripoll                            </span>
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        Como novela obrera y revolucionaria, <em>Tea rooms </em>explica los conflictos desde la lucha de clases. En <em>La Moderna, </em>el antagonismo social brilla por su ausencia. Si en la novela de Carn&eacute;s la posici&oacute;n social de los individuos est&aacute; determinada por una estructura de explotaci&oacute;n, que divide el mundo en dos mitades, entre los que poseen los medios de producci&oacute;n y quienes los hacen funcionar con su fuerza de trabajo, estableciendo una relaci&oacute;n entre ellos que no puede ser sino conflictiva, en la serie de televisi&oacute;n lo real de la explotaci&oacute;n se desplaza a favor de una imagen en la que los conflictos se concilian y armonizan. 
    </p><p class="article-text">
        El personaje del due&ntilde;o del sal&oacute;n de t&eacute;, como un buen patr&oacute;n, comprensivo y justo, pero no caritativo (el jornal hay que merecerlo), cumple esa funci&oacute;n armonizadora, que hace del sal&oacute;n de t&eacute; un espacio libre de lucha de clases. El conflicto est&aacute; suspendido, y apenas surgen algunas fricciones entre una encargada demasiado severa y una Matilde, la protagonista, que en ocasiones &ndash;pero tampoco en demasiadas&ndash; se pasa de respondona, como as&iacute; se lo remarca la encargada. La Matilde de <em>Tea rooms</em>, sin embargo, no es una protestona: tiene conciencia de clase y en consecuencia habla, act&uacute;a y se moviliza para la emancipaci&oacute;n de la mujer trabajadora de la estructura de explotaci&oacute;n capitalista. 
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de la Matilde de Carn&eacute;s, la de <em>La Moderna </em>no es una explotada, es una mujer con problemas econ&oacute;micos que son fruto de la desgracia, de la mala suerte, de un accidente. Cuando era adolescente la Matilde de <em>La Moderna </em>presencia la muerte de su padre, que fue atropellado mientras paseaba por la calle. Con este accidente empieza una trama m&aacute;s propia de un follet&iacute;n decimon&oacute;nico protagonizado por una pobre hu&eacute;rfana que tiene que sobrevivir a la penuria que la muerte del padre le deja. Matilde tiene que ocupar el lugar patriarcal que deja vacante el padre muerto y sacar adelante, con su esfuerzo y constancia, la familia. Dif&iacute;cil para una mujer de su &eacute;poca &ndash;como as&iacute; se remarca constantemente&ndash;, pero la imagen de la mujer moderna se terminar&aacute; imponiendo a la realidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Uno de los aspectos históricamente más interesantes de Tea rooms es que describe, desde la perspectiva de una mujer de clase trabajadora, la España republicana como un lugar político en conflicto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Busca trabajo y finalmente lo encuentra en el sal&oacute;n de t&eacute; La Moderna, gracias a la benevolencia del buen patr&oacute;n, que la contrata ante a la desaprobaci&oacute;n de la encargada. Parece que la vida empieza a sonre&iacute;rle, pero a su casero se le acaba la paciencia y le exige a esta familia sin padre el pago inmediato de los retrasos del alquiler. Un gesto caritativo de una clienta de clase alta que frecuenta el sal&oacute;n de t&eacute; le permite a Matilde disponer del dinero que habr&iacute;a de evitar el desahucio. Sin embargo, le roban el sobre que conten&iacute;a el dinero en el metro cuando se cruza con una huelga de trabajadores cuyas demandas la serie no explicita. 
    </p><p class="article-text">
        Esta escena es crucial para entender el sentido de la serie en oposici&oacute;n a la novela. La huelga tiene en la trama un sentido negativo y termina provocando el desahucio de la protagonista y su familia. Mientras que en el siguiente cap&iacute;tulo, otro rico misericordioso les alquilar&aacute; su casa y se armonizar&aacute; nuevamente el conflicto gracias a la generosidad de los de arriba, la huelga refuerza el relato desgraciado, basado en la mala suerte, de la protagonista. En <em>Tea rooms</em>, la huelga es un mecanismo de respuesta social y no interfiere en la vida de Matilde como algo ajeno y pernicioso; la Matilde de <em>Tea rooms </em>secundar&iacute;a la huelga. 
    </p><p class="article-text">
        La reconstrucci&oacute;n del espacio cumple asimismo en la serie la funci&oacute;n ideol&oacute;gica de opacar la explotaci&oacute;n. Si bien en algunas escenas se muestra el improvisado vestuario de las empleadas del sal&oacute;n de t&eacute; en un viejo y sucio almac&eacute;n lleno de chinches &ndash;como sucede en la novela&ndash;, llama la atenci&oacute;n el obrador del pastelero italiano. En la novela se queda ciego por trabajar en una suerte de s&oacute;tano sin luz natural. En la serie la luz natural entra por unas ventanas que dan al patio de la finca. Las huellas de la explotaci&oacute;n sobre el cuerpo &ndash;dolorido, destrozado&ndash; tan presente en la novela, apenas tienen su eco en una serie donde en realidad se representa poco el trabajo y mucho la trastienda (donde la murmuraci&oacute;n anticipa los enredos que llegar&aacute;n). 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En &#039;Tea rooms&#039;, la huelga es un mecanismo de respuesta social y no interfiere en la vida de Matilde como algo ajeno y pernicioso; la Matilde de &#039;Tea rooms&#039; secundaría la huelga</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El lugar de la explotaci&oacute;n se convierte en un espacio donde es posible realizar el sue&ntilde;o del amor. Los tintes melodram&aacute;ticos de la serie se completan con la canci&oacute;n de la cabecera, interpretada por Pastora Soler. La Matilde de <em>La Moderna </em>se reencuentra con un amigo de la infancia, pero aquellos j&oacute;venes ahora ocupan lugares sociales muy distintos: ella es dependienta del sal&oacute;n de t&eacute;, mientras que &eacute;l es la mano derecha de un gran empresario que es due&ntilde;o de la galer&iacute;a en la que se encuentra el sal&oacute;n de t&eacute;. Seguramente aqu&iacute; surgir&aacute;n algunos enredos, pero lo que interesa observar es que Matilde, como un ingenuo personaje de novela rosa y sentimental, se enamora rom&aacute;nticamente de esta encarnaci&oacute;n de gal&aacute;n de cine de &eacute;poca. El enamoramiento de la Matilde televisiva contrasta con los discursos contra el amor rom&aacute;ntico y el matrimonio como instituci&oacute;n de la Matilde de la novela de Luisa Carn&eacute;s, que los describe y denuncia como mecanismos de dominaci&oacute;n patriarcal que impiden la emancipaci&oacute;n de las mujeres. En la tele, sin embargo, y como rezan los versos del estribillo de la canci&oacute;n, &ldquo;en La Moderna siempre es posible el amor&rdquo;. Pero no la explotaci&oacute;n, seg&uacute;n parece, siempre opacada o armonizada en el relato audiovisual. 
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Slavoj &#381;i&#382;ek, en uno de sus c&eacute;lebres chistes, que la posmodernidad nos ofrece constantemente, como significantes vaciados de significado, productos donde se ha eliminado lo real que lo constituye, como el caf&eacute; sin cafe&iacute;na, la cerveza sin alcohol o el helado sin az&uacute;car. A lo que podr&iacute;amos a&ntilde;adir: y la Historia sin historicidad. En efecto, y como dec&iacute;a Fredric Jameson, una de las caracter&iacute;sticas que define la posmodernidad es la liquidaci&oacute;n de la historicidad; entendida esta como conflicto y contradicci&oacute;n, como lucha de clases. En <em>La Moderna</em> la historicidad ha sido liquidada y en ella el t&eacute; se sirve sin te&iacute;na, no vaya a ser que nos pongamos de los nervios y empecemos a pensarnos hist&oacute;ricamente y a tratar de buscar en el mundo lo real de la explotaci&oacute;n. Es mejor reprimir esa visi&oacute;n y seguir vi&eacute;ndonos imaginariamente<em> </em>libres, y acaso un poco respondones, que siempre habr&aacute; alguien lo suficientemente misericordioso para darnos una propina. La lucha de clases ha sido suprimida. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/desactivar-politicamente-tea-rooms-novela-obrera-revolucionaria-luisa-carnes-adaptarla-television_129_10578210.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2023 20:26:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo desactivar políticamente 'Tea rooms', la novela obrera y revolucionaria de Luisa Carnés, para adaptarla a televisión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Política,Segunda República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Flamin’ Hot Cheetos', o el costumbrismo del subalterno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/flamin-hot-cheetos-costumbrismo-subalterno_129_10481972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1406ef71-1c72-49cb-8903-9a29733bba8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2668y753.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Flamin’ Hot Cheetos&#039;, o el costumbrismo del subalterno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay un tipo de narración, a la que no podemos denominar testimonio, en el que se pretende 'dar voz a los que no tienen voz' y contar las vidas precarias, pero la mirada confortable, desde arriba, les delata</p><p class="subtitle">Eva Longoria dirige la película sobre el chicano que inventó los Cheetos picantes: “Ojalá motive a los latinos en sus sueños” </p></div><p class="article-text">
        En su libro <em>Against Literature, </em>donde se sientan las bases del 'testimonio' &ndash;un g&eacute;nero literario <em>otro </em>que cuenta entre sus t&iacute;tulos m&aacute;s significativos <em>Cimarr&oacute;n, </em>del cubano Miguel Barnet (1966), o <em>Me llamo Rigoberta Mench&uacute; y as&iacute; me naci&oacute; la conciencia</em> (1983)&ndash;, John Beverly hace referencia a un tipo de narraci&oacute;n que denomina &ldquo;costumbrismo del subalterno&rdquo;. Se trata de un discurso que se produce en el interior de la instituci&oacute;n literaria, que pretende dar voz a aquellos &ldquo;que no tienen voz&rdquo; y contar sus vidas precarias; pero a diferencia del 'testimonio', donde la voz narrativa surge desde abajo y desde el conflicto, de la lucha contra el colonialismo y la explotaci&oacute;n, el costumbrismo del subalterno reproduce un modelo vertical de representaci&oacute;n que termina usurpando el lugar de enunciaci&oacute;n del sujeto representado. Como dec&iacute;a Gayatri Spivak, toda representaci&oacute;n no es sino de una forma de desplazamiento y de complicidad con la constituci&oacute;n del subalterno como <em>otro</em>, como sombra del <em>yo. </em>
    </p><p class="article-text">
        La desesperaci&oacute;n, la miseria y la lucha por sortear todo tipo de obst&aacute;culos que presenta cotidianamente la vida se cuentan desde arriba, desde el lugar confortable de quien no ha sufrido la experiencia narrada. Mientras que en el 'testimonio', el intelectual act&uacute;a apenas como mediador y le cede al subalterno sus privilegiadas condiciones de enunciaci&oacute;n, dando lugar a una solidaridad revolucionaria que nace de la alianza pol&iacute;tica entre el intelectual y el pueblo revolucionarios, en el costumbrismo del subalterno la solidaridad se sustituye por un gesto paternal y condescendiente que no busca la emancipaci&oacute;n sino naturalizar un relato de superaci&oacute;n, unificando y armonizando las contradicciones que determinan su existencia.
    </p><p class="article-text">
        La actriz <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/eva-longoria-dirige-pelicula-chicano-invento-cheetos-picantes-ojala-motive-latinos-suenos_1_10353802.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eva Longoria se ha estrenado en 2023</a> como directora con <em>Flamin&rsquo;Hot: la historia de los Cheetos picantes</em>, disponible en Disney+. Basada en hechos reales, la pel&iacute;cula cuenta la historia de Richard Monta&ntilde;ez, el conserje de la f&aacute;brica de Cheetos que impide, gracias a su ingenio, su cierre y termina ocupando un puesto, creado <em>ad hoc</em>, de director de marketing multicultural. Una infancia dif&iacute;cil, marcada por un padre violento y el acoso racista que recibe por parte de sus compa&ntilde;eros blancos de escuela, empuja a Monta&ntilde;ez al mundo del trapicheo. Su existencia es en todo momento problem&aacute;tica y conflictiva. No es aceptado por una sociedad que no le brinda m&aacute;s espacio habitable que el que se encuentra en sus m&aacute;rgenes. Hasta que un d&iacute;a le invade un sentido de responsabilidad patriarcal y decide asumir el rol de padre de familia que se le supone, salir de los m&aacute;rgenes y buscarse un porvenir como trabajador asalariado. Es entonces cuando entra a trabajar como bedel en la f&aacute;brica de Cheetos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">En el costumbrismo del subalterno la solidaridad se sustituye por un gesto paternal y condescendiente que no busca la emancipación sino naturalizar un relato de superación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa decisi&oacute;n no es solo fundamental para el devenir de la trama y del arco narrativo del personaje; en ella se anuncia el s&iacute;ntoma de la estructura ideol&oacute;gica constitutiva de la pel&iacute;cula. Una vez superado el naturalismo narrativo anterior, donde las condiciones ambientales conduc&iacute;an irremediablemente al personaje hacia la delincuencia, ahora el personaje se define desde su agencia, como si de una individualidad plena y aut&oacute;noma se tratara. Es due&ntilde;o de sus actos y de sus decisiones. Es un sujeto plenamente consciente de que su destino depende de los pasos que quiera dar. A diferencia de &ndash;por ejemplo&ndash; las pel&iacute;culas de <a href="https://www.eldiario.es/temas/ken-loach/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ken Loach</a>, que tan bien ha retratado <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ken-loach-esperanza-cuestion-politica-gente-pierde-vota-fascismo_1_10243093.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la historia de la clase obrera brit&aacute;nica</a>, donde las frases que m&aacute;s repiten sus personajes es que no tienen elecci&oacute;n, conscientes de estar insertados y aun atrapados en una estructura que reprime sus intereses de clase y sus deseos de una vida emancipada de la explotaci&oacute;n, el Monta&ntilde;ez de Longoria es due&ntilde;o de su destino. Tiene capacidad de decisi&oacute;n, no hay estructura que reprima su voluntad. Su fracaso o su &eacute;xito no dependen sino de &eacute;l y de las acertadas o desacertadas decisiones que <em>libremente</em> tome en cada momento. El acto de la decisi&oacute;n funciona como el ideologema neoliberal que articula el sentido de la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto, solamente &eacute;l, es responsable de su posici&oacute;n en el mundo. Las causas externas se nombran &ndash;se habla de la crisis de los 70 y de la presidencia de Reagan como elementos que desencadenan los descensos de las ventas (y de los beneficios) de Cheetos y los primeros despidos en la f&aacute;brica&ndash;, existen como obst&aacute;culo, pero no como estructura que determina su existencia. Como mucho operan para poner a prueba a los individuos en pugna, discriminando entre aquellos vulnerables e incapaces de resistir a los golpes que les da la vida y aquellos otros que, ante la adversidad, demuestran su &iacute;mpetu, su voluntad, su esp&iacute;ritu de superaci&oacute;n. Monta&ntilde;ez pertenece a estos &uacute;ltimos. 
    </p><p class="article-text">
        Monta&ntilde;ez ha decidido triunfar. No se conforma con pasar la fregona y limpiar la maquinaria. A diferencia de sus compa&ntilde;eros, que han asumido su lugar social como natural y carecen de sue&ntilde;os &ndash;de una subjetividad plena&ndash; para aspirar a metas m&aacute;s altas, Monta&ntilde;ez es curioso y quiere conocer el funcionamiento de las m&aacute;quinas y de la planta industrial. Saber es poder, y cuando llega la crisis que amenaza con el cierre de la f&aacute;brica, Monta&ntilde;ez ha adquirido un conocimiento que, junto con ese otro saber que acumula por pertenecer a una comunidad y a una cultura <em>otras</em>, dispone de unas herramientas con las que sobreponerse a la situaci&oacute;n. Se le ocurre una medida para incrementar las ventas conquistando un nuevo nicho de mercado. Por medio de lo que podr&iacute;amos denominar extractivismo cognitivo, Monta&ntilde;ez le usurpa un saber a su comunidad para entreg&aacute;rselo una empresa capitalista en crisis, reflot&aacute;ndola, a&ntilde;adi&eacute;ndole a los Cheetos las especias picantes de las salsas mexicanas. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Por medio de lo que podríamos denominar extractivismo cognitivo, Montañez le usurpa un saber a su comunidad para entregárselo una empresa capitalista en crisis, reflotándola, añadiéndole a los Cheetos las especias picantes de las salsas mexicanas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Su idea llega a o&iacute;dos de los directivos. Cuando tiene que presentar su idea ante la junta, Monta&ntilde;ez est&aacute; nervioso. Dir&iacute;amos, con Bourdieu, que carece de <em>habitus</em>, no tiene apenas formaci&oacute;n acad&eacute;mica y no sabe organizar un discurso, ni comunicar con el cuerpo. Ha memorizado algunas frases sentenciosas y lleva algunos datos en unas tarjetas, pero es incapaz de resultar convincente. Monta&ntilde;ez no pertenece a ese mundo y no tiene sentido seguir fingiendo que es como uno de aquellos directivos que, con m&aacute;s incredulidad que optimismo, se disponen a escuchar su propuesta. Solo podr&aacute; convencer cuando lo haga desde el lugar del subalterno. Cuando deja de lado la escenificaci&oacute;n, se sit&uacute;a fuera del discurso tecnocr&aacute;tico y de los estudios de mercado, y se muestra a s&iacute; mismo tal como es, natural y espont&aacute;neo, se manifiesta la verdad desnuda, lo puro, lo aut&eacute;ntico, que desbordar&aacute; la situaci&oacute;n y abrir&aacute; una realidad nueva, con el reconocimiento de nuevos sujetos y un nuevo lenguaje. 
    </p><p class="article-text">
        Monta&ntilde;ez clama, ante los directivos, que los Cheetos &ldquo;no nos representan&rdquo;&cedil; que cuando los miembros de su comunidad van a los supermercados no se reconocen en los productos que all&iacute; se venden y se sienten excluidos. Sus sabores, como su cultura, no est&aacute; representada en las estanter&iacute;as de los supermercados. En esta escena, en un momento clim&aacute;tico de la pel&iacute;cula, se lee otro s&iacute;ntoma del capitalismo avanzado que explica el inconsciente pol&iacute;tico de la pel&iacute;cula. El lugar de representaci&oacute;n ya no es la pol&iacute;tica (o el parlamento) sino el mercado. En el momento de la crisis, Monta&ntilde;ez, en lugar de constituirse en sujeto pol&iacute;tico, se reclama como sujeto de consumo. No exige derechos de ciudadan&iacute;a que permitan a su comunidad poder vivir su diferencia cultural sin la necesidad de ser barridos a los m&aacute;rgenes de la sociedad y de la ley; m&aacute;s bien reivindica derechos del consumidor para ver su diferencia reflejada en los estantes de los supermercados. La potencia pol&iacute;tica de la diferencia, que combate por la ampliaci&oacute;n de derechos para la comunidad migrante, se convierte en potencial de ventas para un mercado que se diversifica. En este pasaje opera el multiculturalismo definido por Slavoj &#381;i&#382;ek como la l&oacute;gica cultural del capitalismo avanzado: se consume la diferencia en forma de comida ex&oacute;tica y picante, al tiempo que se desactiva su potencial pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, sus Cheetos picantes no tienen el impacto en el mercado que Monta&ntilde;ez esperaba. No se ha invertido en publicidad y el producto no llega al conocimiento de los consumidores. Ante este fracaso Monta&ntilde;ez no solo no se rinde sino que se sirve de nuevo de su comunidad para salvar la empresa. Moviliza a sus familiares y amigos que, con sus est&eacute;ticas pretendidamente narcolatinas, irrumpen en la f&aacute;brica. En la mirada atemorizada del encargado se refleja un instante de potencia pol&iacute;tica, inmediatamente desactivada. Ante el inminente cierre por el descenso de las ventas, la resistencia de la comunidad a perder sus empleos podr&iacute;a provocar una acci&oacute;n revolucionaria, temida por el encargado: tomar la f&aacute;brica y colectivizar los medios de producci&oacute;n. Pero, en su lugar, se llevan el stock para ofrecer muestras a la comunidad migrante de la ciudad &ndash;interpelados como potenciales clientes y no como sujetos de revuelta&ndash; para dar a conocer el producto. Lo prueban, les gusta y por fin se incrementan las ventas. Monta&ntilde;ez ha salvado la f&aacute;brica y como recompensa es nombrado director de marketing multicultural. El puesto se lo ofrece el director general, migrante de segunda o tercera generaci&oacute;n, de origen italiano, afianzando, con esta escena, el relato progre de unos Estados Unidos multicultural cuya fortaleza reside precisamente en su capacidad de integrar al otro, haci&eacute;ndole part&iacute;cipe de su historia. El relato, como forma ideol&oacute;gica, opaca las contradicciones de una realidad hist&oacute;rica que no es tan lineal ni homog&eacute;nea como se cuenta. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Ante el inminente cierre por el descenso de las ventas, moviliza a sus amigos que irrumpen en la fábrica, no para colectivizar los medios de producción sino para llevarse el stock y ofrecer muestras a la comunidad migrante para dar a conocer el producto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El final feliz como acto ideol&oacute;gico refuerza el sentido de la narraci&oacute;n: el sujeto, aut&oacute;nomo y libre, puede alcanzar las metas que se proponga si dispone de voluntad, valor, ingenio y perspicacia. No hay obst&aacute;culo imposible de vencer. Este <em>biopic </em>no es sino una actualizaci&oacute;n de la ideolog&iacute;a de la burgues&iacute;a clase del <em>self made man</em>, pero reelaborada ahora con un sujeto perteneciente a una comunidad migrante. <em>Flamin&rsquo;Hot: la historia de los Cheetos picantes </em>puede leerse como una divertida historia de superaci&oacute;n de un sujeto subalterno que se integra, de forma exitosa, en las estructuras de la clase dirigente, gracias a su esfuerzo y a su imaginaci&oacute;n. En lugar de enfrentarse a la narrativa del hombre hecho a s&iacute; mismo, la pel&iacute;cula de Longoria inserta en este relato al sujeto subalterno, como si este tuviera tambi&eacute;n derecho a funcionar dentro de &eacute;l, a disfrutar del relato meritocr&aacute;tico del triunfador, como disfruta ahora del snack picante en los estantes del supermercado, aunque fuera siga existiendo, para la comunidad de <em>perdedores</em> &ndash;en la ideolog&iacute;a capitalismo no hay pobres sino <em>losers</em>&ndash;, desigualdad y explotaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No hay lucha por la emancipaci&oacute;n de una comunidad que es objeto de pol&iacute;ticas de exclusi&oacute;n social, apenas una lucha individual en la que un h&eacute;roe problem&aacute;tico, pero con una subjetividad plena, merece &ndash;y logra&ndash; ser salvado. La diferencia cultural no es m&aacute;s que un dispositivo que proclama la singularidad de ese sujeto especial. La l&oacute;gica vertical del costumbrismo del subalterno sutura las contradicciones de una existencia conflictiva, dando a entender que cualquiera puede escapar de ese mundo si se lo propone, a pesar de las estructuras de exclusi&oacute;n social y de explotaci&oacute;n capitalista. Desactiva lo pol&iacute;tico, el sue&ntilde;o de la emancipaci&oacute;n colectiva, para poner en su lugar el sue&ntilde;o del emprendedor individual y su talento al servicio de la diversificaci&oacute;n del mercado. 
    </p><p class="article-text">
        La comunidad de excluidos ya tiene a su representante, aunque no en el parlamento, en la f&aacute;brica de Cheetos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Becerra Mayor]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Sep 2023 20:26:42 +0000]]></pubDate>
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