<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Elena García Quevedo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elena-garcia-quevedo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elena García Quevedo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1048303/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudad que guarda los secretos de Goethe esconde también la colaboración de la Bauhaus con el nazismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ciudad-guarda-secretos-goethe-esconde-colaboracion-bauhaus-nazismo_1_11609232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c16e5c56-8798-432c-a5e7-b029eb48ebff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciudad que guarda los secretos de Goethe esconde también la colaboración de la Bauhaus con el nazismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La macroexposición 'Bauhaus y Nacionalsocialismo' que tiene lugar en Weimar explica por primera vez qué ocurrió con la influyente escuela de diseño con la llegada del régimen, una historia que hay que entender a la sombra de la correspondencia de Goethe, protegida y analizada en un archivo donde trabaja el documentalista español Héctor Canal Pardo</p><p class="subtitle">Ante el agotamiento de la autoficción, la literatura se encamina desde el presente hacia el pasado
</p></div><p class="article-text">
        Hay varias formas de contar una historia. La usual es comenzar por el final, por la actualidad. Por ejemplo: la exposici&oacute;n <a href="https://www.klassik-stiftung.de/en/your-visit/event/bauhaus-and-national-socialism/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Bauhaus y Nacionalsocialismo</em></a> plantea hasta el 15 de septiembre c&oacute;mo la escuela de arquitectura, artesan&iacute;a, dise&ntilde;o y arte, que renov&oacute; por completo la vida cotidiana se pleg&oacute;, muri&oacute; o se exili&oacute; con el dictador.
    </p><p class="article-text">
        Lo hace en tres museos de Weimar donde primero enfoca la lucha entre pol&iacute;tica y arte, despu&eacute;s se adentra en el arte confiscado, y, ya en el coraz&oacute;n de la ciudad, sigue la vida de quienes se formaron con la Bauhaus cuando el Nacionalsocialismo lleg&oacute; al poder; de quienes participaron del r&eacute;gimen, de quienes murieron, de quienes huyeron; de quienes optaron por sobrevivir de la forma m&aacute;s obvia y se adaptaron. Todos y todas bajo el paraguas de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/mil-objetos-bauhaus-expuestos-berlin_1_1333693.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una escuela artesana y art&iacute;stica</a> nacida en 1919 para, en palabras de Walter Gropius, su creador: &ldquo;Regresar al trabajo manual (&hellip;) libres de esa arrogancia que divide las clases sociales y busca erigir una barrera infranqueable entre los artesanos y los artistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La otra forma de contar una historia va al origen, a las ra&iacute;ces, analiza por qu&eacute; en una ciudad silenciosa de apenas 65.000 habitantes, situada en el estado de Turingia (Th&uuml;ringen), en el Este de Alemania, nace una escuela que revoluciona la vida a trav&eacute;s de la artesan&iacute;a, los muebles, el textil. Y por qu&eacute; el lugar donde nace la escuela es el objeto simb&oacute;lico que desea el dictador tanto o m&aacute;s como a la escuela misma; porque el lugar es el origen y tambi&eacute;n un s&iacute;mbolo del cual apropiarse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbb3ec11-f6dd-455f-a138-9a313341846d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbb3ec11-f6dd-455f-a138-9a313341846d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbb3ec11-f6dd-455f-a138-9a313341846d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbb3ec11-f6dd-455f-a138-9a313341846d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbb3ec11-f6dd-455f-a138-9a313341846d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fbb3ec11-f6dd-455f-a138-9a313341846d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fbb3ec11-f6dd-455f-a138-9a313341846d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Entrada a la exposición &#039;Bauhaus y nacionalsocialismo&#039;, en Weimar"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Entrada a la exposición &#039;Bauhaus y nacionalsocialismo&#039;, en Weimar                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Goethe es la causa de que todo pase aqu&iacute;&rdquo;, dice H&eacute;ctor Canal Pardo (Valladolid, 43 a&ntilde;os), investigador de la Academia de las Ciencias de Sajonia en el <a href="https://www.klassik-stiftung.de/goethe-und-schiller-archiv/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Goethe- und Schiller-Archiv</a>. &ldquo;En esa &eacute;poca, que hoy se conoce como la &Eacute;poca de Goethe <em>(Goethezeit),</em> Alemania supera su complejo de inferioridad respecto a Inglaterra y, sobre todo, a Francia. Autores como Goethe, que junto con Schiller convierte a Weimar en el centro del clasicismo alem&aacute;n, el c&iacute;rculo rom&aacute;ntico y los grandes fil&oacute;sofos son responsables del enorme despegue cultural en lengua alemana. La decisi&oacute;n de Goethe de permanecer en la provincia es paradigm&aacute;tica de ese intento de crear una potencia cultural que, a imagen de las <em>polis </em>griegas, no est&aacute; unida al poder militar de Roma&rdquo;, explica Canal Pardo quien, junto a una cuarentena de personas, es responsable de investigar la correspondencia del literato alem&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en lo m&aacute;s alto de la ciudad de Weimar, en uno de los pocos lugares desde donde obtener una visi&oacute;n id&iacute;lica y general, aqu&iacute; como en pocos puntos de Weimar se puede planear con la mirada sobre los tejados puntiagudos, las torres, los puentes, los jardines y estanques que dan una apariencia de cuento al lugar tan lleno de claroscuros como la historia misma. 
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora estamos en el interior de un edificio palaciego y, a la vez, inexpugnable, dise&ntilde;ado como c&aacute;mara acorazada para proteger del fuego, de la luz y los cambios de temperatura, de los golpes, inundaciones o de intentos de robo todos y cada uno de los documentos escritos o dictados por Goethe; para hacer de nave que pudiera llevar sus palabras y las de Schiller al futuro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41345488-23a2-4028-9802-140160c2e27e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41345488-23a2-4028-9802-140160c2e27e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41345488-23a2-4028-9802-140160c2e27e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41345488-23a2-4028-9802-140160c2e27e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41345488-23a2-4028-9802-140160c2e27e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41345488-23a2-4028-9802-140160c2e27e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/41345488-23a2-4028-9802-140160c2e27e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fotografías tomadas durante la visita al Goethe- und Schiller-Archiv"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fotografías tomadas durante la visita al Goethe- und Schiller-Archiv                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Estamos frente a un c&uacute;mulo de joyas en forma de papel que han cambiado la mente universal, y que a juzgar por la correspondencia de Goethe en gran parte se escribieron para hacerlo. Frente a nosotros se acumulan legajos como un pliego con un borrador original del <em>Fausto </em>escrito a l&aacute;piz y tachado por Goethe para marcar cada p&aacute;rrafo que fue transcrito exactamente como &eacute;l dispuso. &ldquo;&Eacute;l a&ntilde;ad&iacute;a texto que recortaba y superpon&iacute;a sobre el primer borrador&rdquo;, aclara Canal Pardo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ahora junto a la carpeta con el manuscrito que intentaba probar la existencia del hueso intermaxilar en los humanos, junto a los dibujos de cr&aacute;neos de distintos animales con los que Goethe prob&oacute; que los fetos humanos son semejantes a los de algunos animales, aunque fuese ignorado por los reputados cient&iacute;ficos a los que hizo llegar el manuscrito lujosamente decorado. Frente a nosotros est&aacute; el pliego.
    </p><p class="article-text">
        Mientras Canal Pardo comenta la importancia de una de las &uacute;ltimas cartas adquiridas por el archivo que habla del concepto de Literatura Universal. La carta en cuesti&oacute;n es tambi&eacute;n piedra roseta del pensamiento de Goethe. Interpreta Canal Pardo: &ldquo;No se trata de competir sino de compartir. No hay una literatura por encima de otra; cada obra contribuye al conocimiento colectivo&rdquo;. A&ntilde;ade: &ldquo;En la carta dice: estoy convencido de que se est&aacute; formando una literatura universal, y que todas las naciones tienden a ello y en este sentido avanzan amigablemente. El alem&aacute;n puede y debe poner en ello todo af&aacute;n&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89022867-0e17-439a-9e0c-916e8b645af5_source-aspect-ratio_50p_1100933.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89022867-0e17-439a-9e0c-916e8b645af5_source-aspect-ratio_50p_1100933.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89022867-0e17-439a-9e0c-916e8b645af5_source-aspect-ratio_75p_1100933.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89022867-0e17-439a-9e0c-916e8b645af5_source-aspect-ratio_75p_1100933.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89022867-0e17-439a-9e0c-916e8b645af5_source-aspect-ratio_default_1100933.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89022867-0e17-439a-9e0c-916e8b645af5_source-aspect-ratio_default_1100933.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/89022867-0e17-439a-9e0c-916e8b645af5_source-aspect-ratio_default_1100933.jpg"
                    alt="Héctor Canal Pardo muestra documentos de Goethe en el Goethe- und Schiller-Archiv"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Héctor Canal Pardo muestra documentos de Goethe en el Goethe- und Schiller-Archiv                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El investigador vallisoletano habla en la sala de lectura del archivo, con paredes color marfil, donde al acceder a la fuerza he cambiado la pluma por un l&aacute;piz para que nada pueda da&ntilde;ar los tesoros que muestran por qu&eacute; la ciudad es met&aacute;fora. Bajo nosotros, en las salas del archivo subterr&aacute;neo protegidas a cal y canto, est&aacute;n las pruebas de c&oacute;mo las palabras en forma de cartas sirvieron para que el autor de <em>Fausto,</em> tambi&eacute;n abogado y ministro, entretejiera la estrategia para crear la relevancia cultural de Weimar.
    </p><p class="article-text">
        La historia es como un r&iacute;o, que se sucede a si misma.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La puerta de la barbarie</strong></h2><p class="article-text">
        Fuera, ya en la calle, pero muy cerca de la casa de Goethe, una imagen dibujada del poeta apunta en una direcci&oacute;n. En la calle hay comercios con su nombre, chocolater&iacute;as, centros comerciales. En la plaza del teatro hay una enorme estatua con una imponente escultura de Goethe y Schiller, base tambi&eacute;n de la literatura alemana y del clasicismo, que vivi&oacute; en la ciudad y fue &iacute;ntimo amigo del autor de <em>La metamorfosis de las plantas.</em>
    </p><p class="article-text">
        Cerca est&aacute; la casa dedicada a la Rep&uacute;blica de Weimar, que a principios del siglo XX reconoce la igualdad, pone las bases del estado de bienestar y del constitucionalismo social; en torno a la cual las ideolog&iacute;as contrarias chocan como corrientes centr&iacute;fugas opuestas y de la que el polit&oacute;logo Giovanni Sartori, premio Pr&iacute;ncipe de Asturias, dijo que supuso uno de los momentos m&aacute;s polarizados de la historia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/448bbe0d-0066-4c0d-b507-a32e34cfddf4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/448bbe0d-0066-4c0d-b507-a32e34cfddf4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/448bbe0d-0066-4c0d-b507-a32e34cfddf4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/448bbe0d-0066-4c0d-b507-a32e34cfddf4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/448bbe0d-0066-4c0d-b507-a32e34cfddf4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/448bbe0d-0066-4c0d-b507-a32e34cfddf4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/448bbe0d-0066-4c0d-b507-a32e34cfddf4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Interior del edificio que alberga el Archivo de Goethe y Schiller"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Interior del edificio que alberga el Archivo de Goethe y Schiller                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Mira&rdquo;, dice Canal Pardo mientras apunta en direcci&oacute;n a una puerta met&aacute;lica que est&aacute; en medio de una plaza, junto al museo de Schiller. Sobre la puerta se lee una frase: <em>&ldquo;Jedem das Seine&rdquo;,</em> que se traduce como: &ldquo;A cada uno lo suyo&rdquo;. La expresi&oacute;n serv&iacute;a como lema de la Justicia, y tiene hoy d&iacute;a una tremenda carga negativa precisamente por el uso de esta misteriosa puerta. La puerta es met&aacute;lica; la puerta abre al otro mundo por qui&eacute;n fue su dise&ntilde;ador, por d&oacute;nde y para qu&eacute; se hizo. La puerta, una copia del original de 1938, parece imperfecta, pero si la abres con la imaginaci&oacute;n no hay vuelta atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de la puerta de Buchenwald, el campo de concentraci&oacute;n situado a media hora en autob&uacute;s desde la ciudad de Goethe, donde estuvo preso, entre otros, Jorge Sempr&uacute;n. Su dise&ntilde;ador, Fritz Ertl, perteneci&oacute; a la corriente Bauhaus, fue encarcelado por su activismo pol&iacute;tico, y despu&eacute;s de ser liberado trabaj&oacute; para las SS. Al terminar la guerra el artista y artesano adquiri&oacute; &eacute;xito y nombre en la RDA. En el campo de concentraci&oacute;n donde estuvo la puerta hab&iacute;a tambi&eacute;n un &aacute;rbol, un roble, que, seg&uacute;n dicen, Goethe plant&oacute;, al que fue a tumbarse y en el que tall&oacute; su nombre. All&iacute; debi&oacute; encontrar inspiraci&oacute;n para gran parte de sus obras porque fue su roble. Cuando alguien cay&oacute; en la cuenta de a qui&eacute;n perteneci&oacute; aquel &aacute;rbol, colocaron una valla para separarlo de la barbarie; pero ya era tarde. En el espacio donde estuvo el &aacute;rbol ahora hay un gigantesco monumento de memoria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena García Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ciudad-guarda-secretos-goethe-esconde-colaboracion-bauhaus-nazismo_1_11609232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Aug 2024 19:53:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c16e5c56-8798-432c-a5e7-b029eb48ebff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1177228" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c16e5c56-8798-432c-a5e7-b029eb48ebff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1177228" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La ciudad que guarda los secretos de Goethe esconde también la colaboración de la Bauhaus con el nazismo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c16e5c56-8798-432c-a5e7-b029eb48ebff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Alemania,Diseño,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hotel de Banksy o las cerámicas de Raúl, el arte que resiste en Palestina frente a la violencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/hotel-banksy-ceramicas-raul-arte-resiste-palestina-frente-violencia_1_11586852.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e290c225-478c-43e2-a50d-bc4394191888_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x102y185.jpg" width="1200" height="675" alt="El hotel de Banksy o las cerámicas de Raúl, el arte que resiste en Palestina frente a la violencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cultura es parte del 'sumud' palestino, la resistencia pacífica, un puente entre quienes buscan la convivencia desde Israel y Palestina</p><p class="subtitle">Silencio de Netanyahu y tensión en su Gobierno por los abusos a palestinos en el ‘Guantánamo’ israelí
</p></div><p class="article-text">
        Bel&eacute;n, domingo. Frente a la zona m&aacute;s visitada del muro que alcanza los ocho metros de alto, tiene 700 kil&oacute;metros de largo y separa Cisjordania entre s&iacute;, y de las zonas donde viven jud&iacute;os, Mohamed, que viste de marca, se detiene frente a la imagen de un campo de olivos dibujada en el muro.
    </p><p class="article-text">
        No est&aacute; solo, sino junto a una familia que habla &aacute;rabe e ingl&eacute;s. El joven, despu&eacute;s, se presenta con ojos llenos de brillo: &ldquo;Soy estadounidense y palestino. Mis abuelos viven aqu&iacute; y yo nac&iacute; en California. &iexcl;Esto es impresionante!&rdquo;. El hombre (22 a&ntilde;os) observa las pinturas hechas por Banksy, el an&oacute;nimo artista urbano brit&aacute;nico que estos d&iacute;as <a href="https://www.eldiario.es/cultura/banksy-suelta-animales-londres_1_11576793.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha sembrado Londres de animales 'escapados' del zoo</a>, que cada d&iacute;a atrae a decenas de visitantes hasta aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el muro puede verse la imagen de una ni&ntilde;a que salta sobre alambre de espinos, dos querubines que intentan abrir el cemento en la parte m&aacute;s alta, el rostro de una mujer bella que mide ocho metros; reproducciones de aviones en formaci&oacute;n antes de un bombardeo, hay inscripciones <em>(Make humus not walls).</em> Tambi&eacute;n, frente al muro, hay una gasolinera en torno a la cual llaman la atenci&oacute;n el retrato de la periodista palestina Shireen Abu Aqleh, de 51 a&ntilde;os, asesinada en Gaza, una tienda en la que se venden souvenirs o camisetas con las obras de Banksy.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9de4446c-e80f-4fb5-aaaf-ad33ad3af6ba_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9de4446c-e80f-4fb5-aaaf-ad33ad3af6ba_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9de4446c-e80f-4fb5-aaaf-ad33ad3af6ba_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9de4446c-e80f-4fb5-aaaf-ad33ad3af6ba_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9de4446c-e80f-4fb5-aaaf-ad33ad3af6ba_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9de4446c-e80f-4fb5-aaaf-ad33ad3af6ba_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9de4446c-e80f-4fb5-aaaf-ad33ad3af6ba_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Dos querubines intentan abrir con una palanca una rendija en el muro de Belén"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Dos querubines intentan abrir con una palanca una rendija en el muro de Belén                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, sobre los bloques (denominados New Jersey) de hormig&oacute;n previamente usados por el ej&eacute;rcito israel&iacute; y sobre las paredes de otros edificios por toda la manzana, aqu&iacute; y all&aacute;, hay m&aacute;s impactos en im&aacute;genes: un coraz&oacute;n con tiritas, la paloma blanca de la paz con chaleco antibalas, una ni&ntilde;a sentada. Cada imagen es aparentemente naif, pero no. Cada obra de arte urbano se&ntilde;ala un objeto del asedio, un punto de tragedia, un motivo de reflexi&oacute;n. Y una forma para enfrentar lo inenarrable: ni&ntilde;os que transforman el alambre de espino, que sue&ntilde;an, que abren muros. Entre la ciudad de Bel&eacute;n (aqu&iacute;, Betlehem) y el muro, como el coraz&oacute;n de una tela de ara&ntilde;a, est&aacute;<a href="https://walledoffhotel.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> The Walled Off Hotel;</a> que es hotel, es obra de arte y es punto de exposici&oacute;n para artistas palestinos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89e22707-47f3-48de-9055-9ac8b3eeaffb_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89e22707-47f3-48de-9055-9ac8b3eeaffb_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89e22707-47f3-48de-9055-9ac8b3eeaffb_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89e22707-47f3-48de-9055-9ac8b3eeaffb_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/89e22707-47f3-48de-9055-9ac8b3eeaffb_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/89e22707-47f3-48de-9055-9ac8b3eeaffb_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/89e22707-47f3-48de-9055-9ac8b3eeaffb_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los alrededores del hotel de Banksy, junto al muro cubierto de grafitis, en julio de 2024"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los alrededores del hotel de Banksy, junto al muro cubierto de grafitis, en julio de 2024                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        M&aacute;s conocido como <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/hotel-banksy-belen_1_3548918.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el hotel con las peores vistas del mundo</a>, fue creado en 2017 despu&eacute;s de que Banksy, el famoso artista an&oacute;nimo, visitara Bel&eacute;n y decidiera dejar su arte callejero sobre los muros y sobrecoger con su mensaje a la gente de la calle; obligar a la reflexi&oacute;n y a la acci&oacute;n. Fue con este hotel, situado junto al <em>check point</em> de control israel&iacute;, junto a la carretera que va directa a Jerusal&eacute;n y junto a la tumba de la matriarca Raquel &#8213;sagrada para religiosos musulmanes y jud&iacute;os&#8213; con lo que el an&oacute;nimo artista compuso su obra m&aacute;s efectiva y su regalo: por fuera podr&iacute;a confundirse con un hogar palestino acosado por el muro; por dentro produce la experiencia que no se olvida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/59739c3a-5cff-4c8e-9af5-3a7d5f177da1_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/59739c3a-5cff-4c8e-9af5-3a7d5f177da1_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/59739c3a-5cff-4c8e-9af5-3a7d5f177da1_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/59739c3a-5cff-4c8e-9af5-3a7d5f177da1_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/59739c3a-5cff-4c8e-9af5-3a7d5f177da1_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/59739c3a-5cff-4c8e-9af5-3a7d5f177da1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/59739c3a-5cff-4c8e-9af5-3a7d5f177da1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una imagen de archivo de The Wallef Off Hotel cuando se abrió, en marzo de 2017 MIDEAST PALESTINIANS BANKSY HOTEL"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una imagen de archivo de The Wallef Off Hotel cuando se abrió, en marzo de 2017 MIDEAST PALESTINIANS BANKSY HOTEL                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las ventanas de las habitaciones dan directas al cemento como la de tantas casas palestinas, pero contrastan con la decoraci&oacute;n colonial brit&aacute;nica que recuerda a otros hoteles coloniales de la zona, pero en este hay un museo y una sala de exposiciones que, ah&iacute; s&iacute;, est&aacute;n las obras del arte palestino. El sal&oacute;n de inspiraci&oacute;n brit&aacute;nica colonial est&aacute; adornado con pinturas que representan situaciones tan comunes de la ocupaci&oacute;n israel&iacute; como inimaginables para quien no lo conoce. Por ejemplo: un buld&oacute;cer derriba una casa, y una madre, vestida a la manera tradicional palestina, huye despavorida con su beb&eacute; sobre su regazo. Hay un piano que reproduce piezas tocadas para el lugar por m&uacute;sicos famosos, hay un dibujo de dos ni&ntilde;os que abren el muro con un martillo rojo. Abajo, las obras palestinas como <a href="https://tariqsalsa.info/product/yabous/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Yabous, </em></a><a href="https://tariqsalsa.info/product/yabous/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del palestino Tariq Salsa</a>, que representa a Palestina con un rostro viejo sobre madera de olivo.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, y pese a que el dinero que se ha sacado del hotel &ldquo;sirve para ayudar a causas palestinas&rdquo; explica uno de los trabajadores que en la ma&ntilde;ana de julio en el que se realiza la visita est&aacute; sentado a su puerta, &ldquo;el edificio no es del artista, y est&aacute; alquilado&rdquo;. El hotel fue acusado de usar en beneficio propio el drama palestino, <a href="https://www.eldiario.es/politica/80-muertos-deja-ataque-israeli-escuela-gaza-utilizada-refugio_1_11582048.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que casi alcanza ya los 40.000 muertos este a&ntilde;o</a> en Gaza, unos 10.000 desaparecidos bajo los escombros y m&aacute;s de 90.000 heridos palestinos; adem&aacute;s de los asesinados y secuestrados israel&iacute;es por parte de Ham&aacute;s. Y que a lo largo de los meses se traduce en constantes bombardeos sobre Gaza, cuya gente, encerrada tras las fronteras bloqueadas de Egipto e Israel, comienza a morir tambi&eacute;n de hambre y sed.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/85729635-b5db-4a92-a735-a722be8bd0fc_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/85729635-b5db-4a92-a735-a722be8bd0fc_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/85729635-b5db-4a92-a735-a722be8bd0fc_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/85729635-b5db-4a92-a735-a722be8bd0fc_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/85729635-b5db-4a92-a735-a722be8bd0fc_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/85729635-b5db-4a92-a735-a722be8bd0fc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/85729635-b5db-4a92-a735-a722be8bd0fc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fadi Kofaly posa apoyado junto al muro de Belén"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fadi Kofaly posa apoyado junto al muro de Belén                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, este hotel y las obras de arte que lo rodean son eslabones de algo mucho m&aacute;s s&oacute;lido y permanente a lo que hoy, a la puerta del hotel Banksy, pone voz Fadi Kofaly, un hombre de 25 a&ntilde;os que ha crecido en Bel&eacute;n con el muro siempre cerca, y tambi&eacute;n con una idea muy clara sobre el poder del arte: &ldquo;Mi gran sue&ntilde;o es contar las historias de aqu&iacute;. En Palestina estamos llenos de historias y las historias no tienen l&iacute;mites. No hay muros para ellas&rdquo;, dice.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi gran sueño es contar las historias de aquí. En Palestina estamos llenos de historias y las historias no tienen límites. No hay muros para ellas

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fadi Kofaly</span>
                                        <span>—</span> Trabajador del hotel The Walled Off
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Bel&eacute;n es una c&aacute;rcel, pero de cinco estrellas comparada con otros lugares en Palestina. Aqu&iacute; yo vivo bastante bien&rdquo;, a&ntilde;ade sentado a la puerta del hotel The Walled Off, donde trabaja, pero que est&aacute; cerrado a cal y canto desde octubre. Vestido de negro rotundo con pantal&oacute;n y camiseta en solidaridad con los muertos y, seg&uacute;n dice porque le gusta ir as&iacute;, Fadi estudia en la universidad, y para &eacute;l el arte es expresi&oacute;n y es resistencia; su forma de hacer <em>sumud.</em>
    </p><p class="article-text">
        En Palestina el arte es tambi&eacute;n <em>sumud, </em>pero tambi&eacute;n sobrevivir lo es. <em>Sumud</em> es un t&eacute;rmino propio que significa, seg&uacute;n Wikipedia, &ldquo;el valor cultural que nace como estrategia pol&iacute;tica del pueblo palestino&rdquo; y que surge tras la guerra de los seis d&iacute;as de 1967, cuando se organizan ante la ocupaci&oacute;n israel&iacute;. Se dicen que son &ldquo;firmes&rdquo; aquellos que &ldquo;exhiben <em>sumud&rdquo;.</em> O, en otras palabras, el <em>sumud </em>es lo que hace que &ldquo;a pesar del Gran Hermano que es Israel, todos sue&ntilde;an con un ma&ntilde;ana mejor&rdquo;, seg&uacute;n explicaba el escritor y periodista estadounidense-marroqu&iacute; Jordan Erglably en <a href="https://themarkaz.org/sumud-the-gazan-secret-to-survival/.-" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un reportaje publicado en The Markaz Rewiu</a>. &ldquo;Los gazat&iacute;es sobreviven gracias al <em>sumud&rdquo;,</em> a&ntilde;ad&iacute;a. El <em>sumud </em>hace que muchos palestinos, nacidos, crecidos y formados en las mejores universidades en Europa o Norteam&eacute;rica o Israel o cualquier lugar del mundo regresen para luchar o trabajar por Palestina.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36e109bf-e95b-4551-9880-cde824a96e6d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36e109bf-e95b-4551-9880-cde824a96e6d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36e109bf-e95b-4551-9880-cde824a96e6d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36e109bf-e95b-4551-9880-cde824a96e6d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36e109bf-e95b-4551-9880-cde824a96e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36e109bf-e95b-4551-9880-cde824a96e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/36e109bf-e95b-4551-9880-cde824a96e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Abdul y Josep en los pasillos de la universidad"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Abdul y Josep en los pasillos de la universidad                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>Sumud </em>es amor, resistencia sin armas, explica Abdul (nombre falso por seguridad). Es norteamericano de pasaporte, hijo de palestinos que emigraron en Intifada, trabaja en una organizaci&oacute;n humanitaria para la que interpreta el contexto del conflicto y se enfrenta a los colonos jud&iacute;os que ocupan tierras palestinas o a los soldados si es necesario. Abdul tiene 25 a&ntilde;os, vive con su abuela palestina en Jerusal&eacute;n Este, y hoy, como muchos d&iacute;as, acude a la Universidad Hebrea junto a su amigo Josep (nombre falso) que es artista del dise&ntilde;o e inform&aacute;tico, para ver la puesta de sol desde el lugar m&aacute;s alto de Jerusal&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de llegar a la azotea deja a un lado el ascensor que comunica el parking con los departamentos, camina junto a las paredes donde est&aacute;n expuestos los retratos de los secuestrados israel&iacute;es que Ham&aacute;s mantiene en paradero desconocido, camina a trav&eacute;s de los pasillos cubiertos de banderas israel&iacute;es y sale a la terraza donde hay un grupo de mujeres con la <em>kef&iacute;a,</em> el pa&ntilde;uelo musulm&aacute;n, que tambi&eacute;n observan el atardecer. De fondo, suena un peque&ntilde;o recital musical en hebreo que celebra una ceremonia de graduaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La ropa negra es una expresión de duelo, y moda</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Josep</span>
                                        <span>—</span> Estudiante
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para Josep, su amigo &iacute;ntimo, que se mueve con confianza en la universidad donde estudi&oacute; y a la que acude muy a menudo, la moda y el dise&ntilde;o tambi&eacute;n son formas de hacer arte y expresarse; de ser palestino. No es el &uacute;nico, de hecho, m&aacute;s all&aacute; del pa&ntilde;uelo palestino que todo el mundo conoce &#8213;y que ahora resulta dif&iacute;cil ver en las calles&#8213;, en Palestina la ropa es una expresi&oacute;n art&iacute;stica comunitaria y una forma de resistencia pasiva. Por ejemplo: la ropa negra con vaqueros y camisetas que usan la mayor&iacute;a de los adolescentes y j&oacute;venes palestinos es una manifestaci&oacute;n silenciosa y pac&iacute;fica. Tambi&eacute;n a veces la ropa es rotundamente blanca. De hecho, la mayor parte de los adolescentes y j&oacute;venes palestinos visten de negro, tambi&eacute;n llevan el mismo corte de pelo y la exacta misma barba para mostrar su unidad y expresarse como si fueran uno. &ldquo;Es una expresi&oacute;n de duelo, y moda&rdquo;, dice Josep.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca9c5517-e388-4f3a-944b-09b9dd9e547e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca9c5517-e388-4f3a-944b-09b9dd9e547e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca9c5517-e388-4f3a-944b-09b9dd9e547e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca9c5517-e388-4f3a-944b-09b9dd9e547e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca9c5517-e388-4f3a-944b-09b9dd9e547e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca9c5517-e388-4f3a-944b-09b9dd9e547e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ca9c5517-e388-4f3a-944b-09b9dd9e547e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Abdul y Josep miran las vistas desde la azotea del edificio universitario"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Abdul y Josep miran las vistas desde la azotea del edificio universitario                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ya en la azotea m&aacute;s alta de Jerusal&eacute;n, situada sobre el Monte Sion, cuando los &uacute;ltimos rayos de sol iluminan el domo dorado, Abdul pone palabras a la emoci&oacute;n: &ldquo;El trabajo que hacemos es proteger la tierra y a la gente. Somos guardianes de la tierra y de la gente, es la tierra de nuestros antepasados&rdquo;, dice Abdul. &ldquo;El <em>sumud </em>es amor, lucha sin armas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El arte, la cultura y tambi&eacute;n la artesan&iacute;a crea puentes a ambos lados: convivencia. En el interior de la zona musulmana de la Ciudad Vieja, Ra&uacute;l (nombre falso), de 55 a&ntilde;os, artesano, ha pasado parte de su vida modelando platos, vasos, tazas y, en los &uacute;ltimos meses, intentando quemarlas con su horno. Ahora Ra&uacute;l camina por la Ciudad Vieja &aacute;rabe y visita a un anciano palestino conocido, que es anticuario. Ra&uacute;l es chileno-israel&iacute; y artesano, lleg&oacute; a Israel porque se enfrent&oacute; al r&eacute;gimen de Pinochet en las calles de Santiago de Chile cuando era menor y su padre, que temi&oacute; por la vida de su hijo, crey&oacute; que en Israel se gestaba una sociedad alternativa en la que podr&iacute;a hacer realidad sus ideales sociales, y decidi&oacute; venir aqu&iacute; con toda la familia. Los padres de Ra&uacute;l enfermaron despu&eacute;s. Ra&uacute;l los cuid&oacute;. Primero a su madre y despu&eacute;s, a su padre. Tuvo un hijo, y tambi&eacute;n lo cuid&oacute;. Para Ra&uacute;l vivir en Jerusal&eacute;n y en Israel fue convivir.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1a9ba81-a1d3-4fa3-8a44-8ddb6bf9119f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1a9ba81-a1d3-4fa3-8a44-8ddb6bf9119f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1a9ba81-a1d3-4fa3-8a44-8ddb6bf9119f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1a9ba81-a1d3-4fa3-8a44-8ddb6bf9119f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1a9ba81-a1d3-4fa3-8a44-8ddb6bf9119f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d1a9ba81-a1d3-4fa3-8a44-8ddb6bf9119f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d1a9ba81-a1d3-4fa3-8a44-8ddb6bf9119f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&quot;Tenemos un paraíso, ¿por qué no podemos vivir en paz?&quot;, pregunta el palestino"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &quot;Tenemos un paraíso, ¿por qué no podemos vivir en paz?&quot;, pregunta el palestino                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Al llegar a la tienda palestina, cuando el anciano palestino le muestra unas monedas antiguas, ofrece t&eacute; y le invita a sentarse, ambos mantienen una conversaci&oacute;n sobre lo que est&aacute; ocurriendo y sobre la guerra en s&iacute;. Dice el anciano: &ldquo;Tenemos un para&iacute;so, una tierra bell&iacute;sima. &iquest;Por qu&eacute; no podemos vivir en paz?&rdquo;. &ldquo;Creo lo mismo que t&uacute;, pensamos lo mismo&rdquo;, responde el artesano israel&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Al salir, ya en la puerta de Damasco, Ra&uacute;l confiesa: &ldquo;Mi padre muri&oacute;. Yo estoy hu&eacute;rfano. Me abrir&iacute;a de aqu&iacute;. Pero mi hijo ha decidido ir al ej&eacute;rcito y no puedo o no se hacer nada para impedirlo. &iquest;C&oacute;mo ha podido pasar esto?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Comienza a caer la tarde y Ra&uacute;l se apoya en la pared. Cerca, los soldados israel&iacute;es armados vigilan. Al mismo tiempo, sentados sobre los escalones de la Puerta de Damasco, un grupo de j&oacute;venes palestinos practican<em> sumud:</em> visten de negro rotundo, llevan id&eacute;ntico corte de pelo y lucen una barba exactamente igual. Pese a las noticias nefastas de Gaza, ellos comen pipas, sonr&iacute;en ufanos; esperan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena García Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/hotel-banksy-ceramicas-raul-arte-resiste-palestina-frente-violencia_1_11586852.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Aug 2024 19:27:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e290c225-478c-43e2-a50d-bc4394191888_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x102y185.jpg" length="173927" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e290c225-478c-43e2-a50d-bc4394191888_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x102y185.jpg" type="image/jpeg" fileSize="173927" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El hotel de Banksy o las cerámicas de Raúl, el arte que resiste en Palestina frente a la violencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e290c225-478c-43e2-a50d-bc4394191888_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x102y185.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Palestina,Conflicto Palestina-Israel,Banksy,Jerusalén]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo la lengua, al igual que las especies, está siempre en evolución]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lengua-igual-especies-evolucion_1_11523843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d47d05f-1431-47ee-8a22-d48844a6b6d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo la lengua, al igual que las especies, está siempre en evolución"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Jose María Bermúdez de Castro, académico de la lengua y codirector de los yacimientos de Atapuerca hasta este año, observa lo mucho que tienen que ver ambas cuando se cumplen 30 años del descubrimiento del Homo antecessor
</p><p class="subtitle">Xavier Pla: “A la política catalana de hoy le vendrían bien unas buenas dosis del catalanismo pragmático de Josep Pla”
</p></div><p class="article-text">
        Con las manos sucias por la tierra, azad&oacute;n en mano para cavar unos tomates y pantalones cortos, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/2001-primera-pintora-historia_1_9240523.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Mar&iacute;a Berm&uacute;dez de Castro </a>(Madrid, 72 a&ntilde;os, codirector de los yacimientos<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/atapuerca-chueca-historia-espana-desviada-reprimida-no-sido-contada-libros_1_11475484.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> de Atapuerca</a> y acad&eacute;mico de la RAE en la silla K desde octubre de 2021)&nbsp;interrumpe el acto con el que toma br&iacute;o tras una ardua jornada de excavaci&oacute;n en los yacimientos pocos d&iacute;as antes de que se presente la exposici&oacute;n <em>Homo antecessor</em> en el Museo de la Evoluci&oacute;n Humana, en Burgos. Mientras, a petici&oacute;n de la que escribe, el cient&iacute;fico piensa en la evoluci&oacute;n del lenguaje y, despu&eacute;s, en la evoluci&oacute;n humana y la especie <em>Homo antecessor</em>, que &eacute;l mismo defini&oacute;. Y responde: &ldquo;La evoluci&oacute;n de la lengua y la evoluci&oacute;n de las especies tienen mucho que ver&rdquo; &mdash;dice con convicci&oacute;n y lo dice por algo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su condici&oacute;n de acad&eacute;mico y de cient&iacute;fico experto en evoluci&oacute;n humana hacen de &eacute;l una <em>rara avis</em> y, al mismo tiempo, un perfecto int&eacute;rprete de la evoluci&oacute;n en el lenguaje que, como la naturaleza hace con las especies, va dejando de usar palabras y expresiones hasta que caen en desuso y se olvidan (o todo lo contrario).&nbsp;El papel de la RAE y de los acad&eacute;micos y acad&eacute;micas es hacer de la lengua algo claro, que una y se entienda; mantener el lenguaje com&uacute;n &aacute;gil, hacerlo m&aacute;s directo, ir m&aacute;s lejos: &ldquo;Limpia, fija y da esplendor&rdquo;, se lee bajo en el logo que mantiene la instituci&oacute;n desde hace trescientos a&ntilde;os en su c&eacute;ntrica sede, situada en un&nbsp;palacete en el coraz&oacute;n de Madrid, entre el Parque de El Retiro y El Museo del Prado. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; es donde cada jueves los acad&eacute;micos y acad&eacute;micas se re&uacute;nen en diferentes grupos dependiendo del tema en el que trabajen. Berm&uacute;dez de Castro se ocupa de palabras cient&iacute;ficas, de la vida y de las especies. Su medio: escarbar indagando en la lengua, comparar, contrastar, discutir. Las comisiones de&nbsp;acad&eacute;micos y acad&eacute;micas discuten en cada sala, biblioteca o rinc&oacute;n. Por algo la lengua es la herramienta que usamos para entendernos y pensar tambi&eacute;n en com&uacute;n, pero tambi&eacute;n es la base de cualquier intercambio econ&oacute;mico, cualquier decisi&oacute;n pol&iacute;tica, personal o p&uacute;blica; la lengua es poder y&nbsp;ahora la lengua est&aacute; m&aacute;s determinada que nunca por la tecnolog&iacute;a. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d07a57af-ff58-450d-a0cd-25fb24150549_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d07a57af-ff58-450d-a0cd-25fb24150549_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d07a57af-ff58-450d-a0cd-25fb24150549_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d07a57af-ff58-450d-a0cd-25fb24150549_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d07a57af-ff58-450d-a0cd-25fb24150549_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d07a57af-ff58-450d-a0cd-25fb24150549_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d07a57af-ff58-450d-a0cd-25fb24150549_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Arqueólogos trabajan el el yacimiento de Gran Dolina en Atapuerca."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Arqueólogos trabajan el el yacimiento de Gran Dolina en Atapuerca.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;La lengua evoluciona muy r&aacute;pidamente por la tecnolog&iacute;a en la comunicaci&oacute;n. En este momento es m&aacute;s t&eacute;cnica y directa, pero est&aacute; en constante cambio. &iquest;C&oacute;mo evoluciona? &iquest;Te das cuenta de que la lengua que en la Edad Media se consideraba vulgar es la que se habla hoy en d&iacute;a? En ese tiempo la lengua culta era lat&iacute;n. La lengua que usamos hoy viene de lo que era el lenguaje vulgar. &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; la siguiente?&rdquo;, se pregunta el cient&iacute;fico que este a&ntilde;o dir&aacute; adi&oacute;s a su trabajo como codirector al frente de los yacimientos y al frente tambi&eacute;n de un equipo multidisciplinar con quien ha colaborado durante d&eacute;cadas, lo cual tambi&eacute;n puede ser un cambio radical para los t&eacute;rminos cient&iacute;ficos de nuestra lengua de los que se ocupa.
    </p><h3 class="article-text">Tiempo para un lenguaje claro</h3><p class="article-text">
        No est&aacute; solo, hay m&aacute;s focos de inter&eacute;s en el lenguaje; muchos m&aacute;s. Para enfrentar lo que parecen los dos grandes desaf&iacute;os del espa&ntilde;ol la RAE prepara una gu&iacute;a de espa&ntilde;ol claro, y hay un equipo de trabajo enfocado en el idioma que usa la IA. Son los proyectos conocidos como&nbsp;<em>Gu&iacute;a panhisp&aacute;nica de lenguaje claro y accesible y </em>LEIA -Lengua Espa&ntilde;ola e Inteligencia Artificial- para el uso del espa&ntilde;ol en el universo digital,<em> </em>respectivamente; ambos son punta del iceberg de una meta clave: &ldquo;El trabajo de la RAE es lograr mantener la unidad de la lengua. Para ello colaboran todas las asociaciones y academias, para ello ponemos en com&uacute;n nuestro trabajo; trabajamos en la misma direcci&oacute;n y en todos los pa&iacute;ses que hablan nuestra lengua eval&uacute;an todas las palabras. De lo contrario la lengua que compartimos acabar&iacute;a siendo diferente en cada pa&iacute;s. La meta es respetar las diferencias, pero mantener la unidad. No es un proceso r&aacute;pido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, a &uacute;ltima hora de la tarde y previa a la puesta del sol, el aire agita la copiosa hierba que este a&ntilde;o ha crecido con m&aacute;s fuerza porque no ha parado de llover, y la voz del cient&iacute;fico transmite paz, sosiego; el efecto del contacto directo con la tierra, pese al intenso trasiego que supone un d&iacute;a de campa&ntilde;a en los yacimientos. A&uacute;n m&aacute;s hoy, que ha sido el d&iacute;a en el que ha arrancado la excavaci&oacute;n en Gran Dolina, yacimiento al que m&aacute;s unido est&aacute; Berm&uacute;dez de Castro, y el lugar&nbsp;donde descubrieron <em>Homo antecessor</em> hace treinta a&ntilde;os, cuyo periplo puede seguirse a trav&eacute;s de una exposici&oacute;n en el Museo de la Evoluci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para entender lo mucho que tienen en com&uacute;n la evoluci&oacute;n de las lenguas y la evoluci&oacute;n de las especies hay que entender que, por ejemplo, las especies se convierten en diferentes si se separan, como ocurre con la lengua. Un buen ejemplo es lo que ocurri&oacute; con <em>Homo antecessor</em>, que lleg&oacute; a la pen&iacute;nsula de Europa. Aqu&iacute;, una poblaci&oacute;n de hom&iacute;nidos qued&oacute; aislada y evolucion&oacute; por su cuenta hasta transformarse en una especie distinta. Pues con las lenguas pasa lo mismo. En la tierra hay unas seis mil lenguas en constante evoluci&oacute;n. Hay un paralelismo obvio entre lo que ocurre con las especies y lo que ocurre con las lenguas&rdquo;, dice el acad&eacute;mico.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La evolución de las lenguas y la evolución de las especies tienen mucho en común. Las especies se convierten en diferentes si se separan, como ocurre con la lengua</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">José María Bermúdez de Castro</span>
                                        <span>—</span> Arqueólogo y miembro de la RAE
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mucho tienen en com&uacute;n tambi&eacute;n las excavaciones en los yacimientos con la b&uacute;squeda de las palabras. En el primer caso primero hay que ser estratega e investigar, luego hay que ir a la tierra, buscar con&nbsp;mucha atenci&oacute;n porque a veces los f&oacute;siles pueden ser peque&ntilde;os, pero importantes, como los dientes, y tener informaci&oacute;n suficiente como para reconstruir la forma de vida&nbsp;de un grupo humano o el ecosistema, o ser solo tierra. En el caso de la lengua los libros son un buen lugar para investigar, pero tambi&eacute;n la memoria o la escucha en la calle.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que estar atento al lenguaje real, de la calle. Yo me mantengo al d&iacute;a a trav&eacute;s de mi familia; de mis hijos. Por ejemplo, para buscar los diez dinosaurios m&aacute;s populares conocidos recib&iacute; la ayuda de Alex, mi hijo peque&ntilde;o, que tiene once a&ntilde;os y es un apasionado de los dinosaurios. Alex se tom&oacute; un tiempo para elaborar el listado con los nombres de los dinosaurios m&aacute;s conocidos. (&hellip;) Tambi&eacute;n hay muchas palabras que dejan de usarse; en otras hay que revisar las acepciones. (&hellip;) Con la palabra raza, por ejemplo, hice una propuesta para redactar una nueva acepci&oacute;n m&aacute;s acorde con lo que nos dice la ciencia. Pero el proceso es muy lento. Las palabras con las que trabaj&eacute; al llegar, hace dos a&ntilde;os, a&uacute;n no se han incluido en el diccionario&rdquo;, explica
    </p><p class="article-text">
        Berm&uacute;dez de Castro respira, olfatea la sierra que, tras las lluvias de junio y a principios de verano, es puro color, agua; la vida explota en Atapuerca. Lo que hay en torno a los yacimientos de Atapuerca es fuente de inspiraci&oacute;n para cualquiera, y aclara la mente. Como tambi&eacute;n lo es la biblioteca que&nbsp;tiene la RAE con libros que son joyas, como su obra m&aacute;s antigua, las <em>Etimolog&iacute;as</em> de San Isidoro del siglo XII, o los ejemplares prohibidos por la Inquisici&oacute;n y primeras ediciones de obras pilares del castellano.&nbsp;&ldquo;En la lengua que se hablar&aacute; en cien a&ntilde;os se habr&aacute;n introducido muchas palabras nuevas, tambi&eacute;n cambiar&aacute;n las expresiones. Las palabras no ser&aacute;n las mismas. Muchas quedar&aacute;n en el Diccionario hist&oacute;rico, otras desaparecer&aacute;n del lenguaje porque vivimos en el cambio&rdquo;, a&ntilde;ade sobre las palabras que usamos hoy, que son fruto de la evoluci&oacute;n del lenguaje, supervivientes a la quema de la propia vida, que deja lo que no sirve para seguir adelante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena García Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lengua-igual-especies-evolucion_1_11523843.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jul 2024 20:23:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2d47d05f-1431-47ee-8a22-d48844a6b6d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1586907" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2d47d05f-1431-47ee-8a22-d48844a6b6d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1586907" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cómo la lengua, al igual que las especies, está siempre en evolución]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2d47d05f-1431-47ee-8a22-d48844a6b6d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Atapuerca,Yacimientos arqueológicos,Lenguaje,RAE - Real Academia Española,Evolución humana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quiénes son los arhuacos, el pueblo indígena colombiano premiado en la COP28]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/son-arhuacos-pueblo-indigena-ganado-premio-clima-2023_1_10785891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cba2f85-9ffd-4638-a13f-bf7e101162ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quiénes son los arhuacos, el pueblo indígena que ha ganado el Premio del Clima 2023"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por su carácter inspirador frente al cambio climático, el pueblo arhuaco del norte de Colombia ha obtenido uno de los premios otorgados en la COP28</p><p class="subtitle">Participantes vigilados, trabajadores explotados y miedo a hablar: la COP28 en Emiratos Árabes Unidos</p></div><p class="article-text">
        A simple vista cualquier poblado arhuaco podr&iacute;a parecer cualquier pueblo tradicional de Colombia: hay un campo de f&uacute;tbol, una peque&ntilde;a tienda, las casas &ndash;de piedra, madera y paja&ndash; se levantan ordenadas una detr&aacute;s de la otra entre unas calles empedradas tras una tapia a la que hay que subir y bajar para entrar. De vez en cuando hay coches todoterreno que suben o bajan desde Pueblo Bello y descargan &ndash;personas, ruedas, paquetes, gallinas&ndash; a la entrada. Turismo. Tambi&eacute;n hay ni&ntilde;os y adolescentes que van y vienen con sus mochilas desde la escuela, hay ancianas vestidas con una ropa de lana blanca o perla que caminan mientras tejen, y ancianos que llevan entre las manos una peque&ntilde;a calabaza a la que llaman <em>poporo</em> que, dicen, representa la uni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero los cuatro grandes poblados arhuacos &ndash;Nabus&iacute;make, Sabana Crespo, Simonorma y Yeun&iacute;a&ndash; est&aacute;n situados en lo m&aacute;s alto de la Sierra Nevada de Santa Marta y sus habitantes trabajan y creen existir como pueblo para proteger el coraz&oacute;n del planeta y, con ello, a la humanidad. Por su car&aacute;cter inspirador frente al cambio clim&aacute;tico, Calixto Suarez, representante arhuaco, acudi&oacute; a la COP28 en nombre de su pueblo para recoger el Premio Agora por el Clima. &ldquo;Es tiempo de unirse y hacer la paz&rdquo;, dijo el l&iacute;der ind&iacute;gena. 
    </p><p class="article-text">
        El viaje para llegar de los picos nevados a Dub&aacute;i no fue f&aacute;cil ni r&aacute;pido, al igual que no es f&aacute;cil el viaje a la inversa. Para llegar hasta el coraz&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntimo de la Sierra un extranjero tiene que tener permiso o una causa importante que le lleve hasta all&iacute;. Para los arhuacos, uno de los cuatro pueblos ind&iacute;genas que viven en la sierra como descendientes de los taironas, trabajar para que este lugar sea preservado es una cuesti&oacute;n de vida o muerte, pero no solo para su pueblo o cultura sino para toda la humanidad y el planeta. Es exactamente aqu&iacute; donde, seg&uacute;n su credo, est&aacute; el coraz&oacute;n del mundo, que es un ser vivo y consciente de serlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc38d46-0a79-4dcd-b122-d729b2c2c73b_16-9-aspect-ratio_50p_1086905.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc38d46-0a79-4dcd-b122-d729b2c2c73b_16-9-aspect-ratio_50p_1086905.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc38d46-0a79-4dcd-b122-d729b2c2c73b_16-9-aspect-ratio_75p_1086905.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc38d46-0a79-4dcd-b122-d729b2c2c73b_16-9-aspect-ratio_75p_1086905.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc38d46-0a79-4dcd-b122-d729b2c2c73b_16-9-aspect-ratio_default_1086905.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0bc38d46-0a79-4dcd-b122-d729b2c2c73b_16-9-aspect-ratio_default_1086905.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0bc38d46-0a79-4dcd-b122-d729b2c2c73b_16-9-aspect-ratio_default_1086905.jpg"
                    alt="Una mujer arhuaca mientras teje una de las tradicionales mochilas."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una mujer arhuaca mientras teje una de las tradicionales mochilas.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Situadas en plena Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia, las monta&ntilde;as se alzan de forma abrupta desde el mar Caribe hasta los nevados, y el paisaje cambia cada pocos kil&oacute;metros. Hay unas 50 comunidades en toda la tierra arhuaca divididas en cuatro grandes centros pol&iacute;ticos cuyo acuerdo, junto al de los mamos &ndash;los l&iacute;deres de la comunidad&ndash;, es imprescindible para tomar cualquier decisi&oacute;n. Entre 30.000 y 40.000 personas est&aacute;n dedicadas tradicionalmente a la agricultura y ganader&iacute;a, que siguen haciendo trueque pero tambi&eacute;n usan dinero, y la necesidad de trabajar en comuni&oacute;n con los otros tres pueblos de la sierra &ndash;kankuamos, koguis, wiwa&ndash; con los que comparten semejantes credos. 
    </p><h3 class="article-text">La vida en la sierra</h3><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Ves este pasto? &iquest;Ves esta tierra? Pues todo lo que ves aqu&iacute;, aunque est&eacute; lejos de las ciudades, sufre tanto como lo que hay abajo. Nada se libra. En este momento la tierra es como una mujer que ha sido violada muchas veces&rdquo;, me dijo Juli&aacute;n, uno de los mamos u hombres sabios de la naci&oacute;n arhuaca, para intentar explicar su credo cuando viaj&eacute;  all&iacute; la primera vez. El anciano &ndash;cerca de 80 a&ntilde;os, mirada huidiza y manos duras&ndash; llevaba un hilo en torno a su mu&ntilde;eca, y fue educado en la soledad de las monta&ntilde;as. &ldquo;Lo que pasa a la tierra lo puedes sentir en tu cuerpo de mujer. Todos estamos unidos a ella&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;a minutos m&aacute;s tarde Mar&iacute;a, una mujer mayor.
    </p><p class="article-text">
        En torno a ambos, gallinas y ovejas, perros y mulas; tambi&eacute;n los caminos que unen los poblados en la monta&ntilde;a con las kankuamas, el lugar donde se educa a los ni&ntilde;os escogidos como l&iacute;deres a la manera tradicional. En torno a ellos el pueblo arhuaco ha conseguido sobrevivir pese a la colonizaci&oacute;n o la guerra librada entre la guerrilla y los paramilitares en su tierra, pese a la lucha por la explotaci&oacute;n de las riquezas minerales; pese a la expropiaci&oacute;n de tierras que a mediados del siglo XX se qued&oacute; con las zonas m&aacute;s ricas y que despu&eacute;s, gracias a la movilizaci&oacute;n del pueblo, tuvieron que ser devueltas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora algunos hijos de la comunidad arhuaca, tal vez al margen de los deseos mamos y de sus propias organizaciones, hacen llegar a trav&eacute;s de las redes su forma de vivir y tradiciones, sus credos y costumbres, que han propiciado su supervivencia. &ldquo;No olvides tus ra&iacute;ces. No olvides de d&oacute;nde vienes; eso te hace fuerte&rdquo;, dice un anciano mamo al instagramer 'Indigena arhuaco' en una entrevista r&aacute;pida para su canal. A lo que el joven, casi un ni&ntilde;o, responde: &ldquo;Estas palabras son muy importantes para m&iacute;&rdquo;. Y lo son. La imagen tradicional e inspiradora de la comunidad arhuaca no da la espalda al siglo XXI. Tal vez ah&iacute; &ndash;en la suma, esta vez de tradici&oacute;n y modernidad para proteger a la tierra&ndash; resida parte de su fuerza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena García Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/son-arhuacos-pueblo-indigena-ganado-premio-clima-2023_1_10785891.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Dec 2023 21:46:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0cba2f85-9ffd-4638-a13f-bf7e101162ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="42381" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0cba2f85-9ffd-4638-a13f-bf7e101162ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="42381" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Quiénes son los arhuacos, el pueblo indígena colombiano premiado en la COP28]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0cba2f85-9ffd-4638-a13f-bf7e101162ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Pueblos indígenas,Indígenas,COP28,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[David Cantero (MSF): “Todo el mundo tiene alguien que ha muerto"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/david-cantero-msf-mundo-alguien-muerto_128_10656815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10a5faee-2c74-4c1f-a6a9-5adf00c66861_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="David Cantero (MSF): “Todo el mundo tiene alguien que ha muerto&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los ataques solo generan más odio y más fanatismo. ¿Quién va a salir inmune de esto?", alerta el coordinador general de Medicos sin Fronteras en los territorios palestinos ocupados</p><p class="subtitle">Análisis - 'Los objetivos de Israel ante Gaza', por Olga Rodríguez</p></div><p class="article-text">
        Cuando hace menos de un a&ntilde;o un busto de Anat, diosa de la guerra y la fertilidad cananea, apareci&oacute; en un campo de Gaza nadie se extra&ntilde;&oacute;. En la franja &ndash;dos millones y medio de personas en 45 kil&oacute;metros de largo por diez de ancho&ndash; se construyeron viviendas sobre yacimientos milenarios; se usa cada rinc&oacute;n. Mohamed, por ejemplo, plantaba lechugas en su ba&ntilde;era, los grafiteros usaban las casas bombardeadas para pintar coloridas ventanas. Los ni&ntilde;os volaban las cometas junto al mar mientras sus padres tomaban t&eacute; de salvia. Ra&uacute;l Incertis, anestesista espa&ntilde;ol de la organizaci&oacute;n humanitaria M&eacute;dicos sin Fronteras que, atrapado en la franja durante semanas&nbsp;defini&oacute; la situaci&oacute;n como &ldquo;terrible&rdquo; ha logrado salir a Egipto junto a sus veinte compa&ntilde;eros. La pregunta ahora es por qu&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; el primer ministro israel&iacute;, Benjam&iacute;n Netanyahu, arrasa cueste las vidas que cueste? &iquest;Por qu&eacute; Ham&aacute;s, tras asesinar a 1.300 personas, mantiene secuestradas a 200 israel&iacute;es bajo los t&uacute;neles? Desde Jerusal&eacute;n, el coordinador general de M&eacute;dicos sin Fronteras para los territorios palestinos ocupados, David Cantero, analiza la situaci&oacute;n: &ldquo;Todo el mundo tiene alguien que ha muerto, todo el mundo est&aacute; atravesado por lo que pasa. &iquest;C&oacute;mo se puede olvidar esto?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es Gaza?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Gaza es una jaula humana. Antes entraba y sal&iacute;a personal humanitario tambi&eacute;n a Israel, personas de negocios, los gazat&iacute;es que salen a trabajar diariamente o semanalmente. Pero ahora los israel&iacute;es est&aacute;n deteniendo a los trabajadores de Gaza que est&aacute;n atrapados en Cisjordania y que no pueden volver por miles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde el 7 de octubre han detenido a miles de palestinos. Se dice que han doblado el n&uacute;mero de palestinos en las c&aacute;rceles de Israel. Si son de Gaza sospechan que son de Ham&aacute;s y los detienen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; Hamas hizo lo que hizo sabiendo que la respuesta de Netanyahu iba a ser brutal?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pusimos un anuncio para contratar una persona para la limpieza de la sede en Gaza y se presentaron 800 personas, muchos eran enfermeros y personal muy cualificado, pero quer&iacute;an ese puesto para limpiar. En Gaza entre el 70% y el 80% de la gente vive bajo el umbral de pobreza y recibe dinero de una organizaci&oacute;n humanitaria. La gente que trabaja en los hospitales para la Autoridad Palestina cobra solo el 60% de su sueldo y llevan dos meses sin cobrar. La tasa de desempleo de j&oacute;venes es del 70%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tiene alg&uacute;n sentido la respuesta de Netanyahu?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los ataques quir&uacute;rgicos son imposibles. Esto es una de las zonas m&aacute;s densamente pobladas del mundo. Los ataques solo generan m&aacute;s odio y m&aacute;s fanatismo. &iquest;Qui&eacute;n va a salir inmune de esto?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es la vida de una familia gazat&iacute; tipo? &iquest;C&oacute;mo vive uno de tus compa&ntilde;eros de all&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; tiene un hermano que habr&aacute; estudiado otra cosa, dos hermanas que quiz&aacute; hayan estudiado, pero las mayores se han quedado en casa para ayudar a su madre. Su abuelo puede ser un refugiado del 48 o del 67. Su padre ha luchado en alguna de esas guerras. Su hermano mayor o &eacute;l mismo sali&oacute; a tirar piedras en la gran marcha del retorno 2014 y los israel&iacute;es le reventaron la tibia; puede haber sufrido cinco operaciones en los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, y una ONG le da apoyo en salud mental. El siguiente hermano muri&oacute; en una guerra y es un m&aacute;rtir, &eacute;l tiene el p&oacute;ster de su hermano con la bandera porque para &eacute;l es un modelo a seguir, y quiz&aacute; quiere parecerse a &eacute;l porque no hay trabajo y la situaci&oacute;n es desesperada. A&ntilde;adimos dos hermanos m&aacute;s que fueron capturados por los israel&iacute;es. Uno lleva 20 a&ntilde;os dentro de la c&aacute;rcel y el otro, que ha salido, est&aacute; psicol&oacute;gicamente tocado. Mira: un chaval que naci&oacute; en el a&ntilde;o 1999 ha sufrido cinco guerras y no ha salido jam&aacute;s de Gaza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se cura el trauma de tanta violencia? &iquest;Se cura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;bamos haciendo un programa de salud mental con los amputados de la gran marcha del retorno. La salud mental en Palestina la necesita toda la poblaci&oacute;n. Tenemos que tratar a 2,2 millones de personas. &iquest;Por d&oacute;nde empiezas? &iquest;Padres que han perdido a los hijos? &iquest;Se cura con eso? La gente dice que ayuda a seguir. Hicimos un estudio y probaron que era efectivo. &iquest;Cura? En Gaza se necesitan camiones de ayuda humanitaria, equipos de psic&oacute;logos, payasos y gente que trabaje la salud mental en masa; hay cuatro generaciones afectadas por sucesivos traumas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ve a la gente en Israel? &iquest;C&oacute;mo est&aacute; afectando a la gente de a pie, a su poblaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Israel la gente ha perdido a sus familiares. La gente necesita el apoyo. S&iacute;, por supuesto. Pero no conozco a mucha gente, solo he intercambiado algunos mensajes con una mujer israel&iacute; que es incre&iacute;ble para saber si se encontraba bien. Me ha dicho:&nbsp;'mi marido ha sido llamado a filas y no puedo dejar a la ni&ntilde;a con nadie porque Ham&aacute;s ha degollado a mi nani'.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; ocurre en Cisjordania?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En estas dos semanas m&aacute;s de 500&nbsp;personas de 13 comunidades palestinas han dejado sus casas y sus tierras, han cogido lo que han podido y se han marchado con una mano por delante y otra por detr&aacute;s porque no pueden m&aacute;s. Cuando los palestinos se van ya no hay vuelta atr&aacute;s; Israel anexiona esa tierra y se acab&oacute;. Nadie vuelve sobre ella. Esa es la guerra de baja intensidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; se van los due&ntilde;os de las casas y las tierras? &iquest;C&oacute;mo consiguen que se vayan?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues haciendo de su vida un infierno. La violencia de los colonos es grav&iacute;sima. El a&ntilde;o 2023 ya bati&oacute; el r&eacute;cord de ataques de colonos a la poblaci&oacute;n palestina. Tienen permisos de armas, el apoyo de las fuerzas de seguridad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es lo que ahora est&aacute; pasando con los colonos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora todo el mundo mira a Gaza y lo que est&aacute; pasando en Cisjordania en comunidades del norte en Ramala o en el sur de Hebr&oacute;n como Masaffer Yatta: unas 500 personas palestinas han dejado sus tierras y casas. Les han ganado la batalla. Los israel&iacute;es lo anexionan; el tiempo est&aacute; de su parte. Y van a ganar. Si hoy son 13 comunidades en dos semanas es un r&eacute;cord.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; ha pasado en Hebr&oacute;n ahora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo de Hebr&oacute;n es brutal. Antes el mercado siempre estaba abierto excepto cuando hab&iacute;a enfrentamientos. Ahora ese mercado est&aacute; cerrado. Algunos soldados israel&iacute;es que han estado all&iacute; se han quedado tan tocados psicol&oacute;gicamente que han montado una organizaci&oacute;n de derechos humanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo transformar esto en algo para construir lo humano? &iquest;Qu&eacute; aprender de todo esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vaya. Uno no fracasa si se levanta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>En el tel&eacute;fono de Cantero suena un pitido que anuncia cohetes de Ham&aacute;s, y el sonido cesa. Pido que me mande su localizaci&oacute;n por WhatsApp. Clico y veo a Palestina e Israel, tambi&eacute;n Gaza: dividido cada frente en mil pedazos, recuerdan casillas de un complejo ajedrez. Quien juega debe mirar desde muy alto, porque no ve que las fichas que hay abajo &ndash;&iquest;de verdad no lo ve?&ndash; son personas.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://omny.fm/shows/un-tema-al-dia/la-nueva-ultraderecha-del-odio-al-jud-o-al-amor-po/embed" allow="autoplay; clipboard-write" width="100%" height="180" frameborder="0" title="La nueva ultraderecha: del odio al judío al amor por Israel"></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena García Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/david-cantero-msf-mundo-alguien-muerto_128_10656815.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Nov 2023 21:00:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/10a5faee-2c74-4c1f-a6a9-5adf00c66861_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="34905" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/10a5faee-2c74-4c1f-a6a9-5adf00c66861_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="34905" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[David Cantero (MSF): “Todo el mundo tiene alguien que ha muerto"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/10a5faee-2c74-4c1f-a6a9-5adf00c66861_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Israel,Conflicto Palestina-Israel,Asentamientos israelíes,Palestina,Gaza,Franja de Gaza,Cisjordania,Benjamin Netanyahu,Médicos Sin Fronteras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El reto ahora es recuperar lo humano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reto-ahora-recuperar-humano_129_10611064.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57ffbea4-d620-4e16-91eb-0b2abb0727b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El reto ahora es recuperar lo humano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando los civiles, personas como tú y yo, son objetivo militar, algo esencial se rompe para toda la humanidad. Lo heroico, el reto, como dijo Mandela, es construir paz real, parar esta locura; recuperar –desde donde cada quien está– lo que es ser persona</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Derribar y destruir es muy f&aacute;cil. Los h&eacute;roes son aquellos que construyen la paz.&rdquo;, dijo Mandela y no puedo evitar recordarlo cuando pienso en las familias y los j&oacute;venes, palestinos e israel&iacute;es, que han perdido sus vidas, est&aacute;n secuestrados o han dejado sus casas para buscar la esperanza. Pens&eacute; mucho en Mandela cuando viv&iacute; en Jerusal&eacute;n y, cada d&iacute;a, mientras visitaba un parque, observaba a los ni&ntilde;os &aacute;rabes y jud&iacute;os que se miraban a los ojos sentados en un columpio octogonal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso cuando le&iacute; &ndash;leo&ndash; el mensaje de David Cantero, coordinador general de M&eacute;dicos sin Fronteras en los Territorios Ocupados Palestinos, en el que me dijo &ndash;dice&ndash; v&iacute;a Whatsapp: &ldquo;Han muerto 500 personas. Han bombardeado un hospital en Gaza&rdquo;,&nbsp;poco despu&eacute;s de leer&nbsp;el mensaje de Ricardo, un amigo israel&iacute;, en el que me dijo que hab&iacute;a llorado, record&eacute; &ndash;recuerdo&ndash; a las mujeres que entrevist&eacute; hace un tiempo en Gaza y en Tel Aviv.
    </p><p class="article-text">
        La m&aacute;s joven tal vez se llamaba F&aacute;tima. Est&aacute;bamos en un centro de salud mental de Gaza porque hab&iacute;a sido v&iacute;ctima de maltrato e intentaba salir adelante aprendiendo el oficio de peluquer&iacute;a. La guerra, me cont&oacute;, trastorn&oacute; a su marido. La otra mujer era una anciana y apenas se pod&iacute;a mover. Ella viv&iacute;a en un campo de refugiados, y me habl&oacute; del pueblo donde naci&oacute;, muy cerca de lo que hoy es Tel Aviv. Me habl&oacute; de la noche que huy&oacute; de las bombas, del momento en el que cogi&oacute; a su hijo de la cuna y, presa del p&aacute;nico, corri&oacute; con el bulto de su beb&eacute; en su regazo.&nbsp;La anciana, entonces muy joven, se par&oacute; para coger aliento, mir&oacute; a su beb&eacute; y lo vio: lo que se hab&iacute;a llevado era la almohada; su beb&eacute; se qued&oacute; en aquella cuna. No pudo regresar.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, en Tel Aviv, repet&iacute; las mismas preguntas a mujeres israel&iacute;es que sufr&iacute;an depresi&oacute;n y malos tratos, se hab&iacute;an roto por dentro; ten&iacute;an que afrontar ansiedad, terror. Ellas eran v&iacute;ctimas de guerra; sus parejas o ellas mismas hab&iacute;an vivido o protagonizado asaltos forzados, bombardeos, y sus mentes se hab&iacute;an trastornado. La guerra siempre enferma; si es enquistada, m&aacute;s. Tambi&eacute;n entrevist&eacute; a mujeres israel&iacute;es muy viejas. Con una de ellas habl&eacute; en franc&eacute;s. Ella logr&oacute; sobrevivir en un campo de concentraci&oacute;n en la Alemania nazi, despu&eacute;s fue a vivir a Israel, su tierra prometida, y construy&oacute; su casa en un lugar donde conviv&iacute;an musulmanes y jud&iacute;os. Ella cada semana se vest&iacute;a de negro y acud&iacute;a a manifestarse con las Mujeres de Negro entre las calles King George y Azza, justo en el coraz&oacute;n de Jerusal&eacute;n, para pedir paz a su gobierno.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a &ndash;hay&ndash; organizaciones que trabajan en ambos frentes, personas que tejen redes entre personas y que ayudan a los campesinos palestinos a recoger sus cosechas de olivos. Organizaciones internacionales como The Elders que busca construir paz real.
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s de Israel es muy joven, naci&oacute; como tal en 1948 de la mano de Naciones Unidas como resultado de la Segunda Guerra Mundial. Ham&aacute;s es una facci&oacute;n radical que no representa a toda Palestina.
    </p><p class="article-text">
        No hay definici&oacute;n para lo que ocurre. Lo que Ham&aacute;s hizo contra la poblaci&oacute;n israel&iacute; es un acto abominable, una masacre sin justificaci&oacute;n.&nbsp;Y es imposible encontrar justificaci&oacute;n para lo que est&aacute; haciendo Israel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde M&eacute;dicos Sin Fronteras, David Cantero me dice v&iacute;a Whatsapp: &ldquo;Es una crisis humanitaria sin&nbsp;precedentes. La poblaci&oacute;n (de Gaza) no tiene d&oacute;nde ir. No hay electricidad, agua, combustible. Gaza es una jaula humana, hoy m&aacute;s cerrada que nunca.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Cuando los civiles, personas como t&uacute; y yo, son objetivo militar, algo esencial se rompe para toda la humanidad. Lo heroico, el reto, como dijo Nelson Mandela, es construir paz real, parar esta locura; recuperar &ndash;desde donde cada uno est&aacute;&ndash; lo que es ser persona. Cuando las m&aacute;s altas instituciones olvidan que se deben a cada individuo, es el tiempo de que cada persona &ndash;t&uacute; y yo&ndash; representemos la paz, el encuentro; lo humano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena García Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reto-ahora-recuperar-humano_129_10611064.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Oct 2023 20:34:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/57ffbea4-d620-4e16-91eb-0b2abb0727b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4221480" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/57ffbea4-d620-4e16-91eb-0b2abb0727b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4221480" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El reto ahora es recuperar lo humano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/57ffbea4-d620-4e16-91eb-0b2abb0727b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Conflicto Palestina-Israel,Gaza,Israel,Palestina]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
