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De Atapuerca a Chueca, la historia de la España “desviada” y reprimida que no ha sido contada en los libros

Portada de 'Sodomitas, vagas y maleantes: Historia de la España desviada de la Atapuerca a Chueca', de Mikel Herrán

Jaime Molero

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Un contagio social. Un peligro para la nación, la sociedad o el matrimonio. Un acto inmoral, corrupto, guiado por la moda. Así se ha (mal)contado la historia LGTBIQ+ de España o, mejor dicho por su autor, la Historia de la España “desviada”. Sodomitas, vagas y maleantes (Planeta), el nuevo libro del escritor Mikel Herrán, ilustra la historia de “lo desviado” y cómo, pese a la represión, han burlado las normas y han tejido redes y espacios propios. 

“Esta es una historia de desviados: del marica, de la lesbiana, del sodomita, del invertido, del travesti, del hermafrodita…; aquellos que desafiaban la norma del deseo, el género o el sexo”. Así describe su autor el relato que pretende contar, un viaje en la historia para conocer a quienes no han aparecido en los libros a través de una lectura queer de la historia tradicional.

Desde Atapuerca hasta Chueca, Herrán relata todo el proceso de represión que se ha ejercido sobre el colectivo LGTBIQ+ desde la prehistoria —antes incluso de la existencia de estas siglas— y explica lo que no se ha contado. “La (pre)historia tiene un sujeto asumido, y ese tiende a ser hombre, cis y hetero”, cuenta Herrán. 

Esta asunción de sexo quiere decir que, por ejemplo, ante el hallazgo de los restos de un homínido y pese a la dificultad de sexarlo, se suele determinar por defecto como un hombre. Un ejemplo claro es el famoso chico de la Gran Dolina que, después de recientes estudios anatómicos, se ha demostrado que “en realidad fue la chica de la Gran Dolina”. “El sexo y el género siempre han jugado un papel regulador de la sociedad. Por ejemplo, en la colonización de América se utilizó la disidencia sexual como justificación”, explica Herrán para elDiario.es.

Un repaso histórico a través de las distintas expresiones sexuales y de género que, por unos motivos o por otros, se han asumido de una manera concreta lejos de la realidad demostrada por la antropología feminista. Desde la presencia de mujeres en las pinturas rupestres hasta orientaciones sexuales e identidades de género desconocidas de algunos de los nombres más repetidos de la historia, todo esto ha sido omitido a lo largo de la humanidad, pese a existir evidencias.

La España “desviada”

Mikel Herrán es, además de escritor, doctor en Arqueología y divulgador de Historia a través de su perfil en redes @PutoMikel. Durante su libro y en sus propias palabras, prefiere utilizar el término “desviado” porque es una palabra fluida, no es una etiqueta estable ni una identidad. “Lo desviado siempre se ha entendido al margen de una norma cambiante. Nos permite entender cómo se ha construido la sexualidad”, cuenta Herrán.

En la prehistoria no todo era tal y como ha llegado a nuestros días. Si nos basamos en la cultura popular, la reconocida comedia Los Picapiedra no relataría la realidad de las relaciones familiares, solo “transporta nuestros estereotipos hasta el pasado”. “El género existía aplicado a la repartición de tareas, pero no como lo entendemos ahora, como mecanismo de poder”, dice Herrán.

Kinaidos, europroctos o malakos. Todas estas eran formas de hacer referencia a la homosexualidad en la Antigüedad. Una orientación sexual que, en función de la sociedad y cultura, era vista de manera distinta. En algunas, mantener relaciones con el mismo sexo era distinto y favorable a “comportarse como un homosexual o de manera afeminada”. Un concepto recogido hoy en día como plumofobia.

La palabra sodomía fue una creación de la Iglesia para establecer como pecado todo aquel encuentro sexual lejos del objetivo reproductivo. Mikel Herrán habla en su libro del sexo anal y como en muchas culturas fue una práctica que, en ciertos momentos y lugares de la historia, no estaba tan relacionada con la homosexualidad y el pecado, siempre y cuando respetase adecuadamente la posición y jerarquía social. Una práctica que podía ser entre personas del mismo sexo, pero también entre hombres y mujeres.

Los límites de la disidencia

Las grandes figuras de la historia de España no se escapan de entrar en las páginas de este libro. Mikel Herrán escribe sobre personajes como Francisco de Goya y cómo su sexualidad ha sido asumida pese a existir evidencias que pudiesen demostrar lo contrario. No obstante, el autor no pretende poner el foco en la sexualidad de las grandes figuras históricas, sino evidenciar la asunción que existe sobre encajar en la norma.

“A través de Goya, y las evidencias de su deseo hacia un hombre, podemos observar la represión que pudo sufrir. Lo que podía o no hacer en su época y los límites de la disidencia sexual. No obstante, no puedo decir que Goya era homosexual o bisexual, son etiquetas que no existían entonces”, señala Herrán.

Este libro nos lleva en un viaje hasta la actualidad, pasando por la época franquista y la transición democrática y los elementos que determinaron durante aquellos años la concepción del colectivo LGTBIQ+. La crisis del VIH, las apariciones de figuras transexuales como Cristina Ortiz 'La Veneno' en programas como Esta noche cruzamos el Mississippi o la creación de lugares seguros en el centro de varias ciudades, como el caso de Chueca, son las últimas pinceladas de un libro que traza una radiografía completa que pone la vista atrás en cómo la sexualidad y el género han sido instrumentos de represión.

Vagas y maleantes

El título, Sodomitas, vagas y maleantes, tiene sus antecedentes en una decisión política controvertida. La Ley de Vagos y Maleantes, originaria de 1933, fue una ley aprobada durante la Segunda República, que posteriormente sería modificada por la dictadura franquista para ejercer la represión frente a las personas homosexuales. Dos palabras que Herrán recupera como símbolo de la represión que el colectivo ha sufrido en diversos periodos históricos no tan lejanos a la actualidad.

De hecho, no fue hasta 1990 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de recoger a la homosexualidad dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) como una enfermedad mental. Sin embargo, pese al cese de esta consideración en la OMS, no podemos olvidar que la homosexualidad sigue siendo penada y motivo de persecución en decenas de países de todo el mundo. 

“Con vagas, maleantes, maricón o bollera, lo que intento es utilizar aquellos términos que se han utilizado tradicionalmente contra el colectivo y desde el poder. No somos un invento moderno, ni una moda. Estas acusaciones llevan lanzándose siglos, con distintas acepciones”, concluye Herrán.

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