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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jairo Vargas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jairo-vargas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jairo Vargas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[En uno de los hospitales secretos excavados por Ucrania cerca del frente: "Las paredes tiemblan, pero seguimos operando"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/hospitales-secretos-excavados-ucrania-cerca-frente-paredes-tiemblan-seguimos-operando_1_13115246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3c29bcb-e7ea-4df2-8753-71c802ded85d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139946.jpg" width="5386" height="3030" alt="En uno de los hospitales secretos excavados por Ucrania cerca del frente: &quot;Las paredes tiemblan, pero seguimos operando&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Crónica de una guardia en uno de los modernos centros médicos que Ucrania construye bajo tierra, donde los soldados heridos son evacuados directamente desde el campo de combate para ser tratados y operados de urgencia </p><p class="subtitle">La lucha de Ucrania contra los drones iraníes que ahora interesa a EEUU: de los interceptores low cost a la guerra electrónica</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Las paredes de pino encadenan temblores de los sucesivos impactos de cohetes Grad rusos. La consecuci&oacute;n de estallidos secos se sienten en el pecho adem&aacute;s de en los o&iacute;dos. Se nota tambi&eacute;n en los pies, cuando el suelo retumba despu&eacute;s del estallido y mueve la camilla sobre la que gime un soldado ucraniano con el est&oacute;mago abierto por el impacto de artiller&iacute;a, pero no interrumpe la cirug&iacute;a ni altera el pulso de los sanitarios que rodean al paciente. Mientras todo retumba, unos mantienen los ojos en la incisi&oacute;n, otros corren a por m&aacute;s material o barren la tierra desprendida por las botas de los pacientes reci&eacute;n llegados del frente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Al caer la noche, el eco de las detonaciones se transforma en sonido ambiente, pero todo sigue. Saben que, pese a estar a escasos kil&oacute;metros del frente, en una zona objetivo constante de artiller&iacute;a rusa, est&aacute;n seguros. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Nos encontramos en un hospital militar subterr&aacute;neo fortificado, localizado a una decena de kil&oacute;metros de un punto del frente que el Ej&eacute;rcito pide no detallar. Se trata del primero de una red de centros fortificados bajo tierra donde son atendidos los soldados directamente salidos del campo de batalla, </span>financiados por el empresario m&aacute;s rico de Ucrania, Rinat Ajm&eacute;tov.<span class="highlight" style="--color:transparent;"> La estructura, construida a prueba de bombas, protege varios quir&oacute;fanos con capacidad para realizar hasta cinco cirug&iacute;as simult&aacute;neas y trata de ser invisible desde el aire, para esquivar la permanente mirada de los drones rusos que rastrean la zona. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La cuesta que da acceso a uno de los hospitales subterráneos ucranianos."
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            <span class="title">
                La cuesta que da acceso a uno de los hospitales subterráneos ucranianos.                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El lugar es imperceptible a la vista, en el exterior solo puede observarse una cuesta de unos 40 metros por donde descienden las ambulancias a toda velocidad. Para acceder, como si de un garaje se tratase, los veh&iacute;culos recorren la pendiente y atraviesan una cortina de pl&aacute;stico que act&uacute;a de barrera ante cualquier intento de penetraci&oacute;n de los peque&ntilde;os drones invasores. </span>&ldquo;Las paredes tiemblan, pero seguimos operando. Hay constantes ataques, muchas veces muy cerca, pero nos sentimos seguros&rdquo;, describe Oleksandre Golovashenko, doctor al mando del hospital, mientras se&ntilde;ala uno de los quir&oacute;fanos de aspecto futurista, introducidos en una suerte de cilindros met&aacute;licos a prueba de bombas: &ldquo;Aqu&iacute; encima cay&oacute; un misil tipo Grad, nos llenamos de polvo, pero solo se rompieron las puertas&rdquo;, dice con cierto orgullo. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El hospital es uno de los llamados &ldquo;puntos de estabilizaci&oacute;n&rdquo; y evacuaci&oacute;n repartidos por las inmediaciones de la l&iacute;nea de combate entre Ucrania y Rusia donde son trasladados militares heridos desde el campo de combate. Lo m&aacute;s peligroso no es estar dentro, sino llegar; atravesar las carreteras y &aacute;reas colindantes bajo el enjambre de aeronaves no tripuladas con las que Rusia vigila los movimientos de las fuerzas ucranianas. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Los médicos militares reciben a Mykolav (nombre ficticio), antes de retirar el torniquete ambominal hecho por sus compañeros en el frente, tras un impacto de artillería que le provocó grandes heridas en el estómago."
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            <span class="title">
                Los médicos militares reciben a Mykolav (nombre ficticio), antes de retirar el torniquete ambominal hecho por sus compañeros en el frente, tras un impacto de artillería que le provocó grandes heridas en el estómago.                            </span>
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        &ldquo;Tranquilo. Ahora est&aacute;s seguro. Ya no est&aacute;s en el frente, est&aacute;s en un punto de estabilizaci&oacute;n&rdquo;, le dice uno de los cirujanos a Mykola (nombre ficticio del herido), con sus manos aun inspeccionando parte de sus tripas antes de entrar a quir&oacute;fano. El militar, herido en un ataque de misiles rusos durante una misi&oacute;n ucraniana de drones de combate, lleg&oacute; alrededor de las 21.00 horas, pero los m&eacute;dicos llevaban horas esper&aacute;ndole. 
    </p><p class="article-text">
        El doctor Golovashenko ya hablaba de &eacute;l con preocupaci&oacute;n nueve horas antes de poder atenderle, pues hab&iacute;an recibido la alerta en torno al mediod&iacute;a: &ldquo;Nos han avisado de un caso urgente. Un soldado con heridas en el est&oacute;mago, pierna y gl&uacute;teo. Parec&iacute;a grave, pero no hemos sabido nada m&aacute;s. Llegar&aacute; en cualquier momento&rdquo;, dec&iacute;a entonces a <a href="https://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> el m&eacute;dico, un pediatra reconvertido en m&eacute;dico militar tras el inicio de la invasi&oacute;n rusa.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo sacar a los soldados heridos del frente</h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Evacuar a un soldado del frente, o incluso en sus alrededores, no es sencillo, especialmente durante el d&iacute;a. Adem&aacute;s de los centros m&eacute;dicos de &ldquo;estabilizaci&oacute;n&rdquo; pr&oacute;ximos a la l&iacute;nea de batalla, los soldados sanitarios tambi&eacute;n se distribuyen por distintos puntos de evacuaci&oacute;n, donde aguardan recibir las alertas de militares ucranianos heridos en combate para tratar de responder en funci&oacute;n del caso. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">No siempre pueden ir a por ellos, depende del lugar donde se encuentren, el nivel de trabajo, de la situaci&oacute;n de seguridad y, en este momento especialmente, de la cantidad de drones rusos que planeen sobre sus cabezas. Es habitual que sean los propios militares heridos, acompa&ntilde;ados o no por otros compa&ntilde;eros, quienes tengan que alcanzar el punto de evacuaci&oacute;n m&aacute;s pr&oacute;ximo, por sus propios medios o con la ayuda de drones terrestres. </span>
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            <span class="title">
                Una ambulancia espera a varios soldados heridos para trasladarles a otro hospital una vez estabilizados.                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Ni ese herido ni otros llegaron al hospital durante las horas diurnas de la guardia y el personal solo pod&iacute;a esperar. Cuando no hay pacientes, la estancia, con sus paredes construidas a base de roble, adornadas con guirnaldas de luces no retiradas de la &uacute;ltima Navidad, se vuelve acogedora. Si no se observa el material m&eacute;dico, el espacio luce como una confortable caba&ntilde;a de madera, hasta que el rugido de la artiller&iacute;a recuerda de nuevo el lugar donde nos encontramos. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Varios enfermeros y m&eacute;dicos charlan en la sala de descanso, sobre las camillas militares desplegadas, mientras de fondo la televisi&oacute;n emite la telenovela de la tarde. El cocinero prepara unas costillas en salsa, que har&aacute; repetir a sus compa&ntilde;eros en un ambiente de extra&ntilde;a calma intercalado con la atenci&oacute;n constante a cada posible aviso. En sus m&oacute;viles, miran de tanto en tanto los sistemas con los que vigilan el tipo de armamento que sobrevuela en cada momento la zona. </span>
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                    alt="Médicos y enfermeras descansan en la zona reservada para el personal médico, mientras esperan la llegada de heridos del frente en un hospital subterráneo."
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            <span class="title">
                Médicos y enfermeras descansan en la zona reservada para el personal médico, mientras esperan la llegada de heridos del frente en un hospital subterráneo.                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; habr&aacute; podido pasar con aquel herido?&rdquo;, le preguntaba Golovashenko al traumat&oacute;logo con el que cenaba momentos antes de la esperada llegada. La calma tensa del hospital chocaba con la situaci&oacute;n que en esos momentos viv&iacute;a el soldado herido, seg&uacute;n relata Doc, alias del militar a cargo de su evacuaci&oacute;n, a </span><a href="https://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">elDiario.es</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">. Los m&eacute;dicos que lo acabar&iacute;an atendiendo a&uacute;n no lo sab&iacute;an, pero Mykola llevaba horas en un b&uacute;nker a unos tres kil&oacute;metros del frente a la espera de la evacuaci&oacute;n. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Fue all&iacute; donde sufri&oacute; el golpe de un ataque de artiller&iacute;a que impact&oacute; directamente en la posici&oacute;n donde pilotaba un dron FPV (peque&ntilde;os drones </span>controlados mediante unas gafas especiales que reciben v&iacute;deo en tiempo real desde una c&aacute;mara frontal) <span class="highlight" style="--color:transparent;">en una misi&oacute;n de ataque en zona ocupada. Estaba bajo tierra, pero los proyectiles lanzados por los destructores MLRS rusos y su onda expansiva alcanzaron a herir al piloto, cuyo est&oacute;mago result&oacute; especialmente da&ntilde;ado. Sus compa&ntilde;eros le aplicaron los primeros auxilios, insuficientes para sus lesiones abdominales. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">'Doc' estaba en el punto de evacuaci&oacute;n m&aacute;s pr&oacute;ximo, pero en un primer momento no pod&iacute;a llegar al lugar donde se encontraba. &ldquo;Yo estaba atendiendo otra evacuaci&oacute;n anterior, en la que hab&iacute;a un muerto y dos heridos&rdquo;, explica el militar, agotado, tras una dura jornada. &ldquo;Su b&uacute;nker fue golpeado por artiller&iacute;a directamente. Eran tres compa&ntilde;eros en esa posici&oacute;n y hab&iacute;a otra posici&oacute;n al lado, y fueron a ayudarle, pero necesitaba una serie de medicamentos&rdquo;, a&ntilde;ade. Durante ese momento del d&iacute;a, la vigilancia constante de las aeronaves no tripuladas rusas complicaba cualquier acercamiento para llevar a cabo la evacuaci&oacute;n supon&iacute;a un gran riesgo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Se opt&oacute;, cuenta Doc, por enviar un dron terrestre, una especie de robot con ruedas, con capacidad para transportar material o heridos a lugares m&aacute;s peligrosos a plena luz del d&iacute;a, cuando cualquier movimiento ucraniano puede ser detectado por los pilotos rusos. Pretend&iacute;an entregar el material sanitario m&aacute;s urgente y, cuando fuese posible, utilizar el mismo dron terrestre para evacuar al militar. Tampoco fue posible. </span>
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                    alt="Los militares &#039;Doc&#039; y Pavlo acompañan a un militar herido recién evacuado, tras sufrir un ataque ruso de artillería que impactó sobre el búnker donde se encontraba a unos dos kilómetros del frente."
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            <span class="title">
                Los militares &#039;Doc&#039; y Pavlo acompañan a un militar herido recién evacuado, tras sufrir un ataque ruso de artillería que impactó sobre el búnker donde se encontraba a unos dos kilómetros del frente.                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El primer dron que enviaron, cuenta Doc, fue disparado por un avi&oacute;n no tripulado ruso, lo que les oblig&oacute; a esperar a la ca&iacute;da del sol. Tras el atardecer, un segundo dron terrestre logr&oacute; evacuarle hasta el lugar donde Doc se encontraba. &ldquo;Mi trabajo es evacuar heridos o muertos. Me siento en un s&oacute;tano y espero el mensaje o la orden para evacuaci&oacute;n. Durante el d&iacute;a hab&iacute;a muchos drones y tuve que esperar a que el sol bajase. Cuando estaba oscuro, mandaron el siguiente dron, y esa misi&oacute;n fue exitosa&rdquo;, explica el militar. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;Cuando me avisaron, fui a buscarlo a las coordenadas indicadas para traerlo aqu&iacute;&rdquo;, detalla bajo la oscuridad del pasillo subterr&aacute;neo que divide el hospital, por donde las ambulancias entran y aparcan durante unos minutos antes de regresar a su posici&oacute;n m&aacute;s pr&oacute;xima del frente. </span>
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                    alt="Una enfermera sale de quirófano donde está siendo operado uno de los heridos en un hospital bajo tierra cerca del frente de la guerra de Ucrania."
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            <span class="title">
                Una enfermera sale de quirófano donde está siendo operado uno de los heridos en un hospital bajo tierra cerca del frente de la guerra de Ucrania.                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;Est&aacute; estable, pero la artiller&iacute;a hiri&oacute; la piel y las capas internas. Pens&aacute;bamos que no hab&iacute;a afectado a los &oacute;rganos, pero hemos visto algo que nos hace tener que comprobarlo. Han limpiado la herida y ahora han abierto para comprobarlo&rdquo;, sostiene el doctor jefe, mientras regresa el repetido trueno de los proyectiles m&uacute;ltiples cercanos. El quir&oacute;fano donde ha sido trasladado el herido cuenta con novedosa tecnolog&iacute;a y est&aacute; preparado para tratar de urgencia cualquier especialidad, excepto las neurol&oacute;gicas. Una vez estabilizado, el personal decide enviar al soldado atendido al siguiente punto en la cadena sanitaria un hospital regular donde el paciente ser&aacute; ingresado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Finalizada la operaci&oacute;n, pasada la una de la madrugada, la mayor&iacute;a del equipo m&eacute;dico se hace con alguna de las camillas militares para descansar el tiempo que permita la siguiente alerta. Mientras otros compa&ntilde;eros observan toda la noche las c&aacute;maras de seguridad que rodean su posici&oacute;n y los distintos mapas que dibujan los l&iacute;mites de las zonas ucranianas y las ocupadas, sobre los que pueden observarse los distintos tipos de drones o proyectiles que sobrevuelan la zona. Se apagan las luces, llegan los ronquidos, y ninguna alerta obliga a despertar a quienes duermen.</span>
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                    alt="Uno de los militares heridos tras un ataque de un dron FPV ruso contra su vehículo es atendido por el personal médico de un hospital subterráneo."
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            <span class="title">
                Uno de los militares heridos tras un ataque de un dron FPV ruso contra su vehículo es atendido por el personal médico de un hospital subterráneo.                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Pasadas las ocho de la ma&ntilde;ana, vuelve la actividad. Un veh&iacute;culo militar entra veloz al aparcamiento del hospital subterr&aacute;neo. El sonido del embrague avisa al personal m&eacute;dico de la aparente llegada de nuevos heridos. De la furgoneta blindada salen varios hombres magullados, alguno con el rostro y las manos ensangrentadas. Caminan con dificultad, baldados y entre quejidos de dolor, pero por su propio pie. Acaban de ser atacados por varios drones FPV. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;Un puto dron golpe&oacute; directamente mi coche. No s&eacute; de d&oacute;nde ha salido, no lo vio el detector, debi&oacute; de aparecer por detr&aacute;s&rdquo;, dec&iacute;a el conductor de uno de los veh&iacute;culos da&ntilde;ados, a&uacute;n sin entender bien lo ocurrido. Se toca la cabeza y mira su tel&eacute;fono, mientras otros compa&ntilde;eros est&aacute;n siendo atendidos en las camillas. &ldquo;Me he golpeado la cabeza en el coche, pero nada m&aacute;s. Tengo que descansar un poco y tengo que irme por la tarde&rdquo;, a&ntilde;ade con nerviosismo el joven, que pide pastillas para paliar el dolor. &ldquo;No s&eacute; qu&eacute; ha pasado. No hab&iacute;a nada delante de nosotros, nada a los lados, algo tuvo que venir por detr&aacute;s&rdquo;, repite con incredulidad.</span>
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                    alt="Uno de los soldados heridos, recién evacuado tras sufrir un ataque ruso con un dron FPV."
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            <span class="title">
                Uno de los soldados heridos, recién evacuado tras sufrir un ataque ruso con un dron FPV.                            </span>
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        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El veh&iacute;culo blindado que conduc&iacute;a fue sorprendido por el dron ruso cuando hab&iacute;an acudido al rescate de otros compa&ntilde;eros militares que acababan de ser atacados por otra aeronave no tripulada. No eran sanitarios ni militares de evacuaci&oacute;n, pero solo estaban ellos. &ldquo;</span>Llegaron a las unidades adyacentes por su cuenta y su comandante nos llam&oacute; directamente. Al ser estar m&aacute;s cerca, sal&iacute; inmediatamente para no retrasarnos Cuando llegu&eacute;, en qu&eacute; estado me los encontr&eacute;&hellip; Estaban en estado de shock, no me han reconocido hasta que han llegado aqu&iacute;&rdquo;, reflexiona el comandante.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se quedaron impactados porque la herida era grave. Ten&iacute;an las manos ensangrentadas, la cara llena de heridas de metralla&rdquo;, describe el militar. Los diminutos restos de metralla marcan la mitad izquierda de su rostro. &ldquo;Yo tambi&eacute;n estaba muy estresado, porque cuando &iacute;bamos en el coche a por ellos, tambi&eacute;n volamos. Otro dron nos dio, pero como nuestro veh&iacute;culo est&aacute; blindado era m&aacute;s robusto, no hubo bajas, solo algunos tienen conmoci&oacute;n por los golpes en el coche tras el impacto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras el ataque, continuaron para recoger a los otros heridos. &ldquo;&Iacute;bamos conduciendo hacia all&aacute;, yo solo miraba al cielo, con mi fusil en la mano, para estar preparado en caso de ver otro dron&rdquo;, recuerda el comandante. 
    </p><p class="article-text">
        Una ambulancia espera a los soldados heridos que, una vez atendidos de urgencia, requieren ser trasladados a otro centro hospitalario para una asistencia m&aacute;s especializada. &ldquo;Es la segunda vez que resulto herido, tambi&eacute;n por dron, pero hoy ha sido peor. Dicen que los ucranianos nos acostumbramos a la guerra, &iquest;c&oacute;mo vamos a acostumbrarnos a esto?&rdquo;, se pregunta otro militar, con un vendaje que oculta su ojo da&ntilde;ado durante la explosi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Durante el trayecto, en el que est&aacute; presente <a href="https://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a>, este &uacute;ltimo militar herido intercala reflexiones profundas con constantes bromas que destensan la r&aacute;pida carrera de la ambulancia, mientras el detector de drones avisa de la presencia de aviones no tripulados enemigos sobre nuestras cabezas. El conductor pisa el acelerador y tranquiliza a sus pasajeros: &ldquo;Parece que no est&aacute; muy cerca&rdquo;, dice a quienes han sido atacados horas antes por un dron indetectable, de fibra &oacute;ptica, que cay&oacute; de forma repentina sobre su veh&iacute;culo. &ldquo;De esta nos libramos&rdquo;. 
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                    alt="Soldados heridos son trasladados a un hospital más alejado del frente tras ser estabilizados en el centro médico subterráneo."
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                Soldados heridos son trasladados a un hospital más alejado del frente tras ser estabilizados en el centro médico subterráneo.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez, Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/hospitales-secretos-excavados-ucrania-cerca-frente-paredes-tiemblan-seguimos-operando_1_13115246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 19:32:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En uno de los hospitales secretos excavados por Ucrania cerca del frente: "Las paredes tiemblan, pero seguimos operando"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Guerras,Crisis Ucrania,Rusia,Drones,Emergencias,Sanitarios,Hospitales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pueblo de la retaguardia del Donbás que siente el frente cada vez más cerca: "Dormimos bajo el zumbido de los drones"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/pueblo-retaguardia-donbas-siente-frente-vez-cerca-dormimos-zumbido-drones_1_13028241.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66ab13da-d832-477b-9e26-8bbf1491e7ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pueblo de la retaguardia del Donbás que siente el frente cada vez más cerca: &quot;Dormimos bajo el zumbido de los drones&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Oleksandrivka se encuentra a unos 50 kilómetros de Kramatorsk y Sloviansk, los dos grandes bastiones ucranianos que Rusia ansía</p><p class="subtitle">Los drones ucranianos que detectan a soldados rusos: dentro de una misión de vigilancia a 15 kilómetros del frente</p></div><p class="article-text">
        La proporci&oacute;n de coches civiles frente a los militares se desploma una vez atravesada la frontera invisible que da paso a la regi&oacute;n del Donb&aacute;s. A los habituales blindados, se suman veh&iacute;culos preparados para la nueva guerra electr&oacute;nica: picks-ups con inhibidores de se&ntilde;al para evitar la aproximaci&oacute;n de drones regulares o todoterrenos encerrados en jaulas para tratar de reducir riesgos ante cualquier ataque de aparatos a&eacute;reos no tripulados de fibra &oacute;ptica, que resisten el bloqueo de las se&ntilde;ales.
    </p><p class="article-text">
        En el centro de Oleksandrivca, uno de los pueblos de la retaguardia del Donetsk, apenas se encuentran ciudadanos no uniformados, pero est&aacute;n. A medida que aumenta el n&uacute;mero de militares asentados en su localidad, muchos civiles reconocen sentir cierto miedo. No es la llegada de soldados en s&iacute; misma lo que les asusta, aclaran, sino el posible significado de su presencia: &ldquo;El frente cada vez se siente m&aacute;s cerca&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Una sucesi&oacute;n de decenas de retratos de soldados fallecidos en combate, con la bandera ucraniana a sus espaldas, informan de que nos encontramos en una de las localidades cuyos or&iacute;genes como retaguardia del Donb&aacute;s se remotan m&aacute;s all&aacute; de la invasi&oacute;n rusa iniciada por Vladimir Putin en 2022. Oleksandrivka se encuentra a unos 50 kil&oacute;metros de Kramatorsk y Sloviansk, los dos grandes bastiones ucranianos que Rusia ans&iacute;a pero no ha podido conquistar en cuatro a&ntilde;os de guerra en la regi&oacute;n de Donetsk (Donb&aacute;s) pero ambas ciudades cada vez est&aacute;n siendo m&aacute;s azotadas por permanente presencia de los drones tipo 'FPV' (Vista en Primera Persona) que aterrorizan a la poblaci&oacute;n local y a los militares presentes en la zona. 
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                    alt="Un blindado militar ucraniano, enjaulado para reducir riesgos ante impacto de dron ruso FPV, en las calles próximas a Oleksandrivska (Donetsk)"
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            <span class="title">
                Un blindado militar ucraniano, enjaulado para reducir riesgos ante impacto de dron ruso FPV, en las calles próximas a Oleksandrivska (Donetsk)                            </span>
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        Se trata de importantes centros log&iacute;sticos, y ambas localidades forman la mitad norte del &lsquo;cintur&oacute;n de fortalezas&rsquo; que Ucrania comenz&oacute; a construir tras el conflicto que estall&oacute; en 2014 y ha reforzado desde entonces, sin embargo, los drones han disparado el peligro en ambas localidades, por lo que han dejado de ser un lugar de descanso para las fuerzas ucranianos. Oleksandrivka, junto a Dobropillya, Bilozerske y Novodonetske, forma parte de una l&iacute;nea defensiva m&aacute;s occidental, que se extiende de norte a sur y que por el momento mantiene mayores condiciones de seguridad. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la poblaci&oacute;n local lleva meses observando el incremento de los bombardeos en la zona. Todas las semanas, cuentan sus vecinos, el intenso zumbido de los drones Shahed sobrevuela sus cabezas. Las calles casi vac&iacute;as, las ventanas de varias viviendas precintadas y protegidas con tablas de madera, un coche amarillo destartalado abandonado en medio de una de las calles cubiertas de barrio por el inicio del deshielo ucraniano describen noches de intensos ataques. La &ldquo;retaguardia m&aacute;s segura&rdquo; del Donb&aacute;s ha dejado de serlo. Iv&aacute;n lo comprob&oacute; el pasado mes de julio cuando, al tel&eacute;fono con su mujer, decidi&oacute; levantarse del sof&aacute; y tomar una cerveza. Se levant&oacute; y se dirigi&oacute; a la cocina, localizada en la esquina derecha de su vivienda. 
    </p><p class="article-text">
        Se recuerda con una lata de Obolon en la mano cuando un fuerte estruendo zarande&oacute; su alrededor. Despu&eacute;s todo eran escombros y los gritos de preocupaci&oacute;n de su esposa al otro lado del tel&eacute;fono. Le dijo que estaba bien y corri&oacute; a socorrer a su padre, que se encontraba en el ba&ntilde;o de la vivienda, del que ahora solo se reconoce una ba&ntilde;era cubierta de cascotes. Sobre ella salta un gato callejero y, a su alrededor, varios patos campan a sus anchas. Ya no hay rastro del sof&aacute; en el que deb&iacute;a haber estado de no haberse levantado minutos antes a la cocina. El hombre, de 30 a&ntilde;os, ironiza con lo sucedido: &ldquo;Ahora le digo a mis amigos: 'La cerveza salva vidas&rdquo;, bromea entre las ruinas. 
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            <span class="title">
                Ivan junto con el motor de uno de los dos dones Shahed que destrozaron su casa en julio del año pasado.                            </span>
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        Un hoyo excavado frente a la estructura de la vivienda marca el impacto del primer dron, ese tras el que Iv&aacute;n corri&oacute; a socorrer a su padre, ca&iacute;do  y ensangrentado entre los escombros. Minutos despu&eacute;s el sonido continuado y bronco caracter&iacute;stico de los shahed volvi&oacute; a rodearles. &ldquo;Acompa&ntilde;&eacute; a mi padre al s&oacute;tano, fui a por unos documentos y, cuando ya estaba bajando al refugio, impact&oacute; el segundo dron&rdquo;, recuerda el treintea&ntilde;ero, mientras se&ntilde;ala un segundo boquete en la zona trasera de la casa. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora vive junto a su mujer sus dos hijos mellizos de cinco a&ntilde;os en la casa prestada por una vecina. Iv&aacute;n se resiste a abandonar su pueblo, pero reconoce que quedarse cada vez es m&aacute;s complicado. Su mujer, Tatiana, admite cambiar de idea cada d&iacute;a. &ldquo;Los d&iacute;as tranquilos, estoy muy bien, y no me quiero ir. Pero cuando los drones vuelven, recuerdo todo lo que nos ha pasado, y pienso en irme cuanto antes&rdquo;, cuenta.
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            <span class="title">
                Una de las calles de Oleksandrivska, objetivo de ataques rusos recientes.                            </span>
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         &ldquo;A veces tengo miedo. Antes, cuando volaban esos drones, pensaba: 'Vale, no pasa nada, est&aacute;n pasando por aqu&iacute; y ya est&aacute;&rdquo;, reflexiona la mujer frente a su casa destruida por el imacto de una de esas m&aacute;quinas a las que trat&oacute; de restar importancia durante meses. &ldquo;Ahora, cada una de las madrugadas que empiezan a sonar, entramos en p&aacute;nico. Cogemos a nuestros hijos y bajamos al s&oacute;tano&rdquo;, a&ntilde;ade Tatiana,  parada en medio de la que fue su calle hasta que dej&oacute; de serlo. &ldquo;Lloro muchas veces porque hemos trabajado tanto, hemos dedicado tanto esfuerzo para consruir todo paso a paso... &rdquo;, lamenta, con las ruinas de su hogar a sus espaldas. 
    </p><p class="article-text">
        En otra de las calles enbarradas de Oleksandrivska, una mujer camina a toda prisa con una bolsa entre sus manos. &ldquo;Desde hace cuatro meses hay m&aacute;s militares aqu&iacute;. Puede ser que la l&iacute;nea de frente se acerca&rdquo;, dice Marian mientras se dirige a una de las viviendas donde asiste a personas mayores que viven solas. Cada vez tiene menos casas que visitar. Muchas de las mujeres a las que atend&iacute;a se han ido, pero otras no tienen a donde ir&ldquo;, lamenta la mujer. 
    </p><p class="article-text">
        Donetsk sigue siendo la zona m&aacute;s conflictiva del campo de batalla, ahora dominado por los drones. Pero, en su guerra de desgaste, el avance ruso es lento y costoso &ndash;se calcula que, en 2025, se apoder&oacute; de menos del 1% del territorio de Ucrania&ndash;. No lograron tomar la mayor parte de la ciudad de Pokrovsk hasta el pasado diciembre, 21 meses despu&eacute;s de iniciar su asalto. Se trataba de un importante centro log&iacute;stico, pero los ataques rusos negaron a las fuerzas ucranianas, condici&oacute;n que perdi&oacute; cuando las tropas de Mosc&uacute; intensificaron su impulso para capturar la ciudad en el invierno de 2025. Aunque el progreso es metro a metro, la presi&oacute;n es constante. En la parte central de la regi&oacute;n industrializada, las fuerzas de Putin continuaron adentr&aacute;ndose hacia el centro log&iacute;stico de Kostiantynivka y hacia Lyman desde el norte y el este. Los soldados de Zelenski tambi&eacute;n perdieron la asediada localidad de Siversk. Seg&uacute;n el Ej&eacute;rcito, Rusia pudo avanzar gracias a una importante ventaja num&eacute;rica y a la constante presi&oacute;n de peque&ntilde;os grupos de asalto. Mosc&uacute; presenta sus conquistas territoriales como una &ldquo;liberaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;Gran parte del frente es una zona gris, as&iacute; que muchas veces los analistas discrepan sobre c&oacute;mo evaluar el control territorial.
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                Tetyna Logvinenko, de 59 años, y  Oleksiy Logvinenko, de 64 años, frente a su vivienda en Oleksandrivska que evitan abandonar pese a los bombardeos rusos.                            </span>
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        Tetyna Logvinenko, de 59 a&ntilde;os, se pregunta cu&aacute;nto va a durar esto. &ldquo;Nadie lo sabe, pero ya se alarga demasiado&rdquo;, explica la se&ntilde;ora, cansada de las noches fr&iacute;as en el s&oacute;tona. &ldquo;Muchas noches completas dormimos bajo el sonido de los drones, aunque descansar es casi imposible&rdquo;, explica la se&ntilde;ora, agotada de este par&eacute;ntesis vital que siente interminable. Vive junto a su marido en la regi&oacute;n m&aacute;s caliente de Ucrania, en su retaguardia, pero siempre se negado a abandonar el hogar mimado durante d&eacute;cadas. Ahora, reconoce, empieza a plantearselo. &ldquo;El frente se siente cada vez m&aacute;s cerca. Cada vez que cae un pueblo m&aacute;s, cada vez que los rusos dan un paso m&aacute;s, las noches son m&aacute;s insoportables&rdquo;, reconoce la se&ntilde;ora. &ldquo;&iquest;Pero qu&eacute; vamos a hacer? A d&oacute;nde vamos a ir. Esta es nuestra casa, no quiero vivir en la calle o de la ayuda de otros. &iquest;A d&oacute;nde vamos a ir?&rdquo;, se pregunta. Su marido, Oleksiy Logvinenko 64 a&ntilde;os, suele mirar los escasos avances del frente de forma recurrente. &ldquo;Si se acercan los rusos, no vamos a estar aqu&iacute;. Yo quiero vivir en Ucrania&rdquo;, concluye. 
    </p><p class="article-text">
        El Donb&aacute;s es el territorio estrat&eacute;gico y densamente fortificado que el Kremlin quiere. El 20% de Donetsk que a&uacute;n est&aacute; en manos ucranianas y que a&uacute;n no ha podido arrebatarle por la v&iacute;a militar a Kiev. El mismo cuya defensa con u&ntilde;as y dientes ha costado la vida de miles de soldados. Los analistas creen que una cesi&oacute;n de las partes de la regi&oacute;n controladas por Ucrania, y de sus posiciones defensivas, colocar&iacute;a a las fuerzas rusas en zonas desde las que podr&iacute;an atacar con m&aacute;s ventajas otras regiones &ndash;en el caso de entregar Oleksandrivka, se acercar&iacute;an a Dnipropetrovsk&ndash;.&nbsp;
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                Varios militares salen de un restaurante del centro de Oleksandrivska, localidad de la retaguardia segura del Donbás                            </span>
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        Nadie en Oleksandrivska, de los ciudadanos y militares preguntados por elDiario.es, dice confiar en las negociaciones de paz. Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, EEUU ha intentado impulsar un proceso de negociaci&oacute;n con rondas de conversaciones que hasta ahora siguen encalladas en cuestiones espinosas. La principal es el control territorial. Rusia no ha dado muestras p&uacute;blicas de ceder en sus exigencias y pretende, entre otras cosas, controlar todo el Donb&aacute;s &ndash;las regiones de Donetsk y Lugansk&ndash;. Esto es algo que Ucrania no se muestra dispuesta a aceptar. En cambio, ha ofrecido repetidamente congelar la l&iacute;nea del frente como base de las conversaciones sobre el territorio. &ldquo;Estamos dispuestos a hablar de paz en este momento, sobre la base de quedarnos donde estamos. Este es un gran compromiso&rdquo;, reiter&oacute; Zelenski hace unos d&iacute;as. Las autoridades ucranianas tambi&eacute;n se han abierto a explorar soluciones como la creaci&oacute;n de una zona desmilitarizada.
    </p><p class="article-text">
        El minero Sergey Kovalenko conduce por otra de las v&iacute;as afectadas por un bombardeo ruso reciente. Trabaja en una mina cerca del frente, por eso cuenta con la exenci&oacute;n que le libra de la obligaci&oacute;n de prestar sevicio en base a la Ley Marcial de la se esconden otros hombres en edad militar. Sus ventanas est&aacute;n destrozadas por los ataques que hace &ldquo;dos semanas&rdquo; destrozaron la casa de sus vecinos. &Eacute;l trabajaba a las 13 horas cuando su mujer le llam&oacute; en p&aacute;nico para avisarle del &uacute;ltimo ataque de drones rusos. &ldquo;Menos mal que estaba bien&rdquo;, reflexiona el joven de 26 a&ntilde;os. &Eacute;l procede de una de las localidades de Donetsk que ya ha sido ocupada por las tropas rusas y, durante las sangrientas batallas previas, decidi&oacute; trasladarse a Oleksandrivska. Ahora vuelve a plantea mudarse de nuevo.
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                    alt="Sergey Kovalenko, desplazado de la zona ocupada de Donetsk, junto a la casa de sus vecinos, destrozada por el ataque de drones rusos hace dos semanas en Oleksandrivska."
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            <span class="title">
                Sergey Kovalenko, desplazado de la zona ocupada de Donetsk, junto a la casa de sus vecinos, destrozada por el ataque de drones rusos hace dos semanas en Oleksandrivska.                            </span>
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        &ldquo;El frente se acerca y, si sigue as&iacute;, no tendremos otra opci&oacute;n&rdquo;, sostiene. Kovalenko no quiere vivir bajo control ruso y por eso ha pasado los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida desplaz&aacute;ndose a medida que las batallas se aproximaban. Est&aacute; cansado, dice, y quiere paz cueste lo que cueste. &Eacute;l ya siente haber perdido su ciudad natal, el hogar en el que creci&oacute;, por lo que aprobar&iacute;a la cesi&oacute;n de la totalidad del Donb&aacute;s, si es a cambio de una paz con garant&iacute;as. &ldquo;Siempre hay que ceder y no podemos alargar m&aacute;s esta guerra. Hay que pararla&rdquo;, apunta el veintea&ntilde;ero, que cada d&iacute;a arriesga su vida en su camino al trabajo. &ldquo;Las minas son tambi&eacute;n objetivo de guerra, y la nuestra est&aacute; muy cerca del frente, pero de momento no hemos sufrido muchos ataques&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Su opini&oacute;n contrasta con la de la mayor&iacute;a de los vecinos de Oleksandrivska y de la totalidad de Ucrania. Seg&uacute;n la &uacute;ltima encuesta del Instituto Internacional de Sociolog&iacute;a de Kiev (KIIS), de enero, el 52% de los ucranianos rechaza la propuesta de transferir estas regiones orientales a Mosc&uacute; a cambio de garant&iacute;as, y otro 31% est&aacute; dispuesto a aceptarla como un compromiso dif&iacute;cil.&nbsp;Muchos se&ntilde;alan su casa para argumentar su respuesta.
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                    alt="Fenin Anatoly, de 58 años, trabaja reconstruyendo casas para una ONG de Jarkov, pero su casa familiar está en Oleksandrivska"
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                Fenin Anatoly, de 58 años, trabaja reconstruyendo casas para una ONG de Jarkov, pero su casa familiar está en Oleksandrivska                            </span>
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         &ldquo;Algunos ucranianos no se muestran solidarios con los vecinos del Donb&aacute;s y prefieren ceder la regi&oacute;n para conseguir la paz. Les dir&iacute;a que, si ceden Donetsk, me tendr&aacute;n que comprar una casa donde vivir. A m&iacute; y al resto de habitantes&rdquo;, responde resignado Oleg, un hombre de unos 60 a&ntilde;os que prefiere mantener su anonimato. Se&ntilde;ala su coche y aclara la raz&oacute;n de sus desperfectos: &ldquo;No es por un ataque, es por un accidente con soldados borrachos&rdquo;, zanja el hombre, mientras el humo del carb&oacute;n rodea toda su vivienda. &ldquo;En general no hay problemas, la convivencia entre los civiles y los militares es buena, pero algunos se emborrachan y molestan&rdquo;, a&ntilde;ade el hombre, quien prest&oacute; servicio militar en 2014 y, ahora, retirado se preocupa por las noticias que su hijo militar le cuenta desde Kramatorsk. &ldquo;All&iacute; los drones atacan todo el rato&rdquo;, comenta mientras muestra varias fotos un edifico destrozado en una zona de la ciudad que hasta ahora se consideraba m&aacute;s tranquila. &ldquo;All&iacute; ya no hay ning&uacute;n lugar seguro. Los drones FPV siempre est&aacute;n vigilando&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez, Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/pueblo-retaguardia-donbas-siente-frente-vez-cerca-dormimos-zumbido-drones_1_13028241.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 21:11:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pueblo de la retaguardia del Donbás que siente el frente cada vez más cerca: "Dormimos bajo el zumbido de los drones"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los drones ucranianos que detectan a soldados rusos: dentro de una misión de vigilancia a 15 kilómetros del frente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/drones-ucranianos-vigilan-soldados-rusos-zona-ocupada-mision-vigilancia-15-kilometros-frente_1_13024967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3f6025f7-883e-424b-8e6d-3e91559dc6a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137501.jpg" width="3284" height="1847" alt="Los drones ucranianos que detectan a soldados rusos: dentro de una misión de vigilancia a 15 kilómetros del frente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acompañamos una de las misiones de vigilancia de los soldados ucranianos a 15 kilómetros del frente en la región de Járkov, en la que buscan detectar las posiciones rusas en la zona ocupada </p><p class="subtitle">Agotada y amenazada por Trump, Ucrania entra en el quinto año de guerra sin esperanza</p></div><p class="article-text">
        La ciudad de J&aacute;rkov queda atr&aacute;s, los edificios desaparecen del paisaje para dar paso a los campos ucranianos cubiertos de hielo y solo las hileras de &aacute;rboles parecen interrumpir el blanco que todo lo cubre durante el invierno ucraniano. Entre las enredaderas de ramas secas, se intuyen monta&ntilde;as de nieve, proliferan los socavones en la tierra, se divisan las trincheras y los <em>check points</em> ucranianos interrumpen el paso. Cuando las redes antidrones envuelven la carretera, los coches aceleran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las mallas sobre nuestras cabezas confirman que nos acercamos a nuestro destino: la posici&oacute;n desde donde una unidad de las tropas ucranianas, la unidad de las fuerzas especiales Taifun, va a iniciar una nueva misi&oacute;n mediante el lanzamiento de un dron de reconocimiento para inspeccionar la zona ocupada por Rusia en el norte de la regi&oacute;n de J&aacute;rkov y localizar sus posiciones militares. Este tipo de misiones, realizadas por distintas unidades y en diferentes puntos pr&oacute;ximos al frente, se repiten cada d&iacute;a para recopilar informaci&oacute;n con la finalidad de organizar pr&oacute;ximos objetivos de ataque. Los grupos especializados en drones de reconocimiento se coordinan con los equipos de ataque. Unos observan y recogen coordenadas, los otros est&aacute;n preparados para disparar en caso de recibir la orden. &ldquo;Nosotros no matamos porque creemos en Dios&rdquo;, dice ir&oacute;nicamente uno de los mandos. 
    </p><p class="article-text">
        A medida que el frente se acerca, el riesgo de drones aumenta. A 15 kil&oacute;metros de la zona de batalla, los veh&iacute;culos a&eacute;reos no tripulados rusos tipo FPV (Vista en Primera Persona, observan con detalle cada movimiento y cuentan con una gran precisi&oacute;n de ataque) pueden alcanzar esa distancia, por lo que los veh&iacute;culos que circulan por las carreteras de su alrededor aumentan la velocidad para reducir riesgos. Nos adentramos en las extensiones de campo que divis&aacute;bamos por la ventana en el camino.&nbsp;Todo blanco, pocos &aacute;rboles donde intentar despistar a los drones rusos en caso de aparici&oacute;n. Nos escolta 'Barba', el comandante al mando que, como su pseud&oacute;nimo militar describe, posee una barba frondosa alrededor de su sonrisa socarrona. Sus ventanillas est&aacute;n bajadas y sobre sus piernas reposa una ametralladora preparada para utilizar ante el m&iacute;nimo zumbido, ese sonido caracter&iacute;stico de los peque&ntilde;os drones de ataque FPV, ese sonido que aterroriza a quien lo escucha; ese sonido que, dice, en ocasiones retumba en su cabeza. 
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                    alt="El comandante de la misión, Barba, se introduce en la trinchera."
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                El comandante de la misión, Barba, se introduce en la trinchera.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El zumbido de los drones se ha convertido en uno de los sonidos m&aacute;s persistentes de la guerra en Ucrania. Desde peque&ntilde;os aparatos comerciales adaptados hasta sofisticados sistemas militares, con su proliferaci&oacute;n se ampl&iacute;a la distancia f&iacute;sica entre quien observa y quien es observado. La contienda que antes se defin&iacute;a por la artiller&iacute;a y las formaciones mecanizadas ha evolucionado hacia una centrada en las capacidades de ataque de precisi&oacute;n, la guerra electr&oacute;nica y los drones, m&eacute;todos que Rusia tambi&eacute;n ha adoptado, seg&uacute;n explican los&nbsp;<a href="https://www.foreignaffairs.com/russia/ukraines-war-endurance" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">analistas</a>. En el terreno, en el frente y sus alrededores, todo ha cambiado. Mientras antes las operaciones de reconocimiento eran protagonizadas por soldados de infanter&iacute;a, ahora la mayor&iacute;a se realiza desde el interior de cuartuchos subterr&aacute;neos m&aacute;s alejados del frente. El riesgo puede parecer menor, si no fuese porque la peligrosidad se ha expandido mucho m&aacute;s all&aacute; de la habitual l&iacute;nea de batalla.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antes luch&aacute;bamos hombres contra hombres, ahora ya no&rdquo;, dice el comandante al mando. Si antes sol&iacute;a cumplir con sus turnos en l&iacute;neas de frente repletas de tanques y participaba en misiones de asalto, ahora pasa sus meses en esta peque&ntilde;a trinchera. &ldquo;Antes hab&iacute;a una l&iacute;nea clara donde estaba el peligro, hac&iacute;amos la operaci&oacute;n y luego pod&iacute;amos descansar tranquilamente en los alrededores, sin miedo de ser objetivo.  Ahora, con los drones, s&eacute; que me puede impactar en cualquier lugar, en la carretera, saliendo de la base, hasta en 30 kil&oacute;metros de distancia. Antes a esa distancia pod&iacute;as tener mala suerte en un ataque de artiller&iacute;a, pero ahora pueden observarnos y atacar posiciones alejadas&rdquo;, resume horas despu&eacute;s Aleman, otro de los soldados de la unidad. Es la llamada &ldquo;kill zone&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El dron de vigilancia preparado antes de su lanzamiento en la operación de la unidad Taifun, mientras el comandante Barba no se despega de su ametralladora, por si acaso se aproxima un dron ruso durante la operación."
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            <span class="title">
                El dron de vigilancia preparado antes de su lanzamiento en la operación de la unidad Taifun, mientras el comandante Barba no se despega de su ametralladora, por si acaso se aproxima un dron ruso durante la operación.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">El lanzamiento</h2><p class="article-text">
        Ya en las posiciones, los t&uacute;neles escarbados bajo tierra y nieve aportan el lugar seguro al que lanzarse en caso de peligro. Los militares de Tifoun caminan r&aacute;pido para lanzar su segundo dron de reconocimiento de la jornada. El veh&iacute;culo a&eacute;reo no tripulado espera colocado en direcci&oacute;n hacia el frente de guerra, mientras dos soldados realizan los &uacute;ltimos preparativos, agarrando el aparato con una suerte de cordones el&aacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos lo abraza por detr&aacute;s y, guiado por su compa&ntilde;ero a sus espaldas, da r&aacute;pidos pasos hacia atr&aacute;s, hasta alcanzar la m&aacute;xima tensi&oacute;n de las cuerdas que lo sujetan y, como si de una especie de tirachinas humano se tratase, suelta las gomas y el dron sale disparado hasta confundirse con el horizonte. Antes de desaparecer ante nuestros ojos, los militares empiezan a urgir correr hacia las trincheras tras escuchar el zumbido aterrador. &ldquo;&iexcl;Vamos, vamos!&rdquo;, dicen mientras se lanzan a la carrera a los pasillos subterr&aacute;neos, abren una compuerta en el suelo y se resguardan en un cuartucho bajo tierra, donde tres militares tienen los ojos pegados a las pantallas desplegadas sobre un escritorio ocupado por varios ordenadores y comandos para dirigir el veh&iacute;culo a&eacute;reo que a&uacute;n sobrevuela territorio ucraniano.
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                Un dron despega durante una misión de vigilancia de la unidad Taifun de las fuerzas especiales ucranianas                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">La vigilancia</h2><p class="article-text">
        &ldquo;El dron ahora vuela sobre nuestro territorio y queremos llevarlo a la zona ocupada para mostrar esa imagen a otros equipos de artiller&iacute;a y que ellos puedan decidir si hay necesidad de atacar&rdquo;, dice el comandante Barba, mientras sus compa&ntilde;eros contin&uacute;an concentrados frente a los ordenadores. Jajj (alias militar de otro de los miembros de la unidad) mantiene la mirada sobre toda la informaci&oacute;n trasladada por el dron, otro se&ntilde;ala el mapa para identificar el lugar exacto de su vuelo. Tienen dos horas para localizar las posiciones que buscan, el tiempo que dura la bater&iacute;a del veh&iacute;culo no tripulado. &ldquo;Buscamos cualquier cosa de los enemigos: sus soldados, sus drones, sus posiciones, artiller&iacute;a, o cualquier cosa importante para herir la guerra electr&oacute;nica&rdquo;, a&ntilde;ade el comandante de la misi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los ojos del dron observan desde el cielo las tierras ucranianas del norte de J&aacute;rkov durante los primeros minutos del vuelo. &ldquo;No grab&eacute;is hasta que no sobrepasemos el frente&rdquo;, dice uno de los militares, alegando razones de seguridad. Los miembros de Taifun permanecen pegados a cualquier movimiento del veh&iacute;culo a&eacute;reo, pendientes ante la posibilidad de cualquier fallo. Conectados a una videollamada con el control de mando, unas voces dan directrices y describen lo observado.
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                    alt="Tres miembros de la unidad Taifun observan el recorrido del dron de vigilancia que acaban de lanzar en la región de Jarkov para detectar posiciones de las tropas rusas desde una trinchera ubicada a unos 15 kilómetros del frente. "
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            <span class="title">
                Tres miembros de la unidad Taifun observan el recorrido del dron de vigilancia que acaban de lanzar en la región de Jarkov para detectar posiciones de las tropas rusas desde una trinchera ubicada a unos 15 kilómetros del frente.                             </span>
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        El dron atraviesa la l&iacute;nea imaginaria y los comentarios de los militares se aceleran, as&iacute; como las voces de quienes dirigen la operaci&oacute;n desde un ordenador. Las im&aacute;genes que proceden de los cielos de la tierra invadida por Rusia muestran varios edificios, a los que se&ntilde;alan mientras esperan el feedback de la videollamada. Quien dirige el aparato mueve los mandos para llevarlo a las coordenadas de una de las posiciones que hab&iacute;an empezado a localizar en misiones anteriores. Lo hace bajar, y la m&aacute;quina desciende hasta que la imagen cartogr&aacute;fica adquiere un sentido m&aacute;s real. 
    </p><p class="article-text">
        Se ven edificaciones, una zona arbolada, algunos caminos, y el nerviosismo de los miembros de la misi&oacute;n se acelera. Pasa un cami&oacute;n militar, observan un tanque que las tropas rusas han intentado ocultar sin &eacute;xito. &ldquo;Ese tanque lo detectamos ayer&rdquo;, dicen a trav&eacute;s de la videollamada. &ldquo;&iexcl;Mirad, hay un movimiento!&rdquo;, alerta Mayor, que env&iacute;a las coordenadas a sus compa&ntilde;eros. &ldquo;Hay gente. &iquest;Recibido?&rdquo;, insisten desde el habit&aacute;culo subterr&aacute;neo. Las pantallas muestran tres siluetas caminando entre los &aacute;rboles. &ldquo;Son tres orcos (una de las f&oacute;rmulas utilizadas por los ucranianos para insultar a los rusos)&rdquo;, explica otro de los soldados. &ldquo;Copy&rdquo;, responden al otro lado. 
    </p><p class="article-text">
        Pronto vuelven a elevar la voz y acelerar sus palabras. &ldquo;Hay un tanque, hay un tanque&rdquo;, advierten para activarse y enviar las coordenadas para que las unidades de ataque puedan tener la informaci&oacute;n en su pr&oacute;xima misi&oacute;n. &ldquo;Ya est&aacute; destruido, rel&aacute;jate. Pero posiblemente puede haber algo de artiller&iacute;a. Solo marca ese lugar y seguimos para adelante&rdquo;, aclaran al otro lado. El zoom se adentra en una zona arbolada y se divisa un camino. &ldquo;Vamos a verificar r&aacute;pido cada lugar y continuamos&rdquo;, urgen desde la unidad Taifun, conscientes del tiempo de bater&iacute;a con el que cuenta el dron para regresar a la base. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El lugar donde los soldados ucranianos de Taifun sospechan que está asentada una posición rusa en zona ocupada de Jarkov, visto desde la pantalla a través de las cámaras de un dron de vigilancia.                            </span>
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        &ldquo;Antes ve&iacute;amos a los rusos en la distancia, ahora los vemos, pero a trav&eacute;s de la pantalla&rdquo;, resume Barba mientras mira al cielo a cada peque&ntilde;o ruido, preparado para disparar en caso de escuchar el zumbido que alerta de la aproximaci&oacute;n de un dron enemigo.&nbsp;&ldquo;La guerra ha cambiado totalmente&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio de Transformaci&oacute;n Digital de Ucrania, a trav&eacute;s de la iniciativa &ldquo;Army of Drones&rdquo;, ha formado a m&aacute;s de 10.000 pilotos de drones. El despliegue, sin embargo, enfrenta un nuevo actor en combate: la guerra electr&oacute;nica (EW). El campo de batalla ahora es tambi&eacute;n un torrente de interferencias. Informes del Royal United Services Institute (RUSI) estiman que, en ciertos periodos de alta intensidad, Ucrania ha perdido cerca de 10.000 drones al mes debido a los sistemas rusos de interferencia como el Shipovnik-Aero, que cortan el v&iacute;nculo entre el piloto y la aeronave, convirtiendo en segundos la costosa tecnolog&iacute;a en deshechos de pl&aacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        En un conflicto que ya ha transformado la forma de combatir en Europa, los drones simbolizan tambi&eacute;n un dilema &eacute;tico cada vez m&aacute;s documentado por organismos independientes: la b&uacute;squeda de eficiencia militar frente a la protecci&oacute;n de la poblaci&oacute;n civil. La propia Misi&oacute;n de Observaci&oacute;n de Derechos Humanos de la ONU en Ucrania advierte que, aunque la tecnolog&iacute;a de los drones ha mejorado la precisi&oacute;n operativa, &ldquo;no ha aumentado la protecci&oacute;n de los civiles&rdquo; y, por el contrario, estos dispositivos se han convertido en una de las principales causas de muerte y heridas entre la poblaci&oacute;n en zonas pr&oacute;ximas al frente. 
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                    alt="Finalizada la misión, el dron regresa y desciende con la ayuda de un paracaídas naranja mientras dos miembros de la unidad Taifun se acercan a recogerlo."
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                Finalizada la misión, el dron regresa y desciende con la ayuda de un paracaídas naranja mientras dos miembros de la unidad Taifun se acercan a recogerlo.                            </span>
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        &ldquo;Tenemos que volver&rdquo;, anuncia Jajj a sus compa&ntilde;eros antes de ordenar a la m&aacute;quina su regreso. Cuando en las pantallas localizan su aproximaci&oacute;n, el equipo se moviliza y sale al exterior. Es otro momento peligroso. Del mismo modo que este grupo de soldados ucranianos vigilaba cada movimiento de una de las posiciones rusas, los desarrollados equipos de reconocimiento de Rusia pueden estar vigil&aacute;ndoles con el mismo detalle, preparados para atacar. En la superficie, en el horizonte se divisa el aparato lanzado un par de horas antes. Con el walkie en la mano, llega una orden, y el dron se despliega un peque&ntilde;o paraca&iacute;das naranja que lo ayuda a descender. Solo dos soldados toman el riesgo de acercarse a recogerlo. Mientras el resto del equipo est&aacute; pendiente para actuar con sus armas en caso del regreso del temido zumbido. 
    </p><p class="article-text">
        La misi&oacute;n finaliza con varias nuevas coordenadas trasladadas a la misi&oacute;n que organizar&aacute; a sus posiciones en los ataques en los pr&oacute;ximos d&iacute;as. En el camino de vuelta, el cielo est&aacute; despejado y los rayos de sol en contacto con las redes antidrones repletas de escarcha desprenden destellos de una belleza que embelesa, pero tambi&eacute;n enga&ntilde;a. La pureza del paisaje contrasta con el dolor provocado en cualquier frente de guerra, especialmente este, cuyos l&iacute;mites se desdibujan mientras se multiplica el &aacute;rea donde estas peque&ntilde;as m&aacute;quinas expanden el miedo entre la poblaci&oacute;n civil. 
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                Red antidrones en las carreteras próximas al frente de Járkov.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez, Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/drones-ucranianos-vigilan-soldados-rusos-zona-ocupada-mision-vigilancia-15-kilometros-frente_1_13024967.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 21:12:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los drones ucranianos que detectan a soldados rusos: dentro de una misión de vigilancia a 15 kilómetros del frente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Lo ha cambiado todo": cómo la guerra ha atravesado para siempre la vida de estos ucranianos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cambiado-guerra-atravesado-vida-ucranianos_1_13014738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cdb13f3d-82bf-4d65-85f5-6da2819ed600_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137245.jpg" width="1535" height="863" alt="&quot;Lo ha cambiado todo&quot;: cómo la guerra ha atravesado para siempre la vida de estos ucranianos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un técnico de instalación de fibra óptica que ahora fabrica la tecnología de drones de guerra, una diseñadora que ahora es sanitaria militar en el frente de guerra o una  universitaria que siente haber perdido su adolescencia son algunas de las vidas transformadas por la contienda </p><p class="subtitle">Ucrania se adentra en el quinto año de guerra con agotamiento y escepticismo sobre un acuerdo de paz</p></div><p class="article-text">
        La guerra no solo se mide en kil&oacute;metros de frente o cifras de destrucci&oacute;n, tambi&eacute;n en las vidas que acaban desviadas de su curso para siempre. En Ucrania, desde la invasi&oacute;n rusa, el d&iacute;a a d&iacute;a se ha reconfigurado en torno a sirenas, refugios y decisiones impensables hace apenas unos a&ntilde;os. Nos fijamos en aquellas elecciones tomadas en el contexto b&eacute;lico o aquellas situaciones que podr&iacute;an parecer temporales, pero que han acabado marcando cientos de miles de vidas para siempre. 
    </p><p class="article-text">
        Un t&eacute;cnico que instalaba fibra &oacute;ptica ahora fabrica drones, una estudiante que, tras haber perdido para siempre la adolescencia imaginada, ans&iacute;a la paz a cualquier precio para intentar recuperar la liviandad no disfrutada; una adolescente que vivi&oacute; bajo ocupaci&oacute;n rusa y ni la recuerda, porque entonces ten&iacute;a nueve a&ntilde;os y el miedo la protegi&oacute; con olvido. Una mujer que visita una vez por semana la tumba de su marido, porque ya no le importa la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Recopilamos las historias de ocho ucranianos que trazan el mapa personal de un pa&iacute;s donde la vida no se detiene, pero tampoco transcurre igual. 
    </p><h2 class="article-text">La guerra acab&oacute; para Victoria</h2><p class="article-text">
        Victoria Goborova retira con cuidado la nieve que tapa el rostro de su marido. Viene a verlo &ldquo;casi una vez por semana&rdquo;, dice al pie de su tumba, en el cementerio n&uacute;mero 18 de J&aacute;rkov, donde ondean centenares de banderas azules y amarillas que diferencian las parcelas donde yacen soldados de las que contienen a los civiles. Un d&iacute;a antes del cuarto aniversario de la guerra, siete agujeros en la tierra congelada y siete familias destrozadas esperan entre flores a sus nuevos ocupantes.
    </p><p class="article-text">
        Oleg Igor&oacute;vich naci&oacute; en 1997 en un pueblo cercano a Kupianks, en la regi&oacute;n de J&aacute;rkov, una ciudad que ha cambiado de manos cuatro veces desde la invasi&oacute;n rusa de Ucrania. Fue all&iacute; donde muri&oacute; en combate, en abril de 2025,meses antes de que las tropas de Kiev lograran retomar el control de este estrat&eacute;gico enclave, ahora reducido a escombros. &ldquo;Antes me daban miedo los cementerios, pero ahora que est&aacute; aqu&iacute; mi persona m&aacute;s cercana, en cierto modo me da calma, algo de paz&rdquo;, explica sin intentar contener unas l&aacute;grimas que no cambian su voz, como si se hubiera habituado a ellas.
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                Victoria Goborova junto a la tumba de su marido en un cementerio de Járkov (Ucrania).                             </span>
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        &nbsp;&ldquo;Paz, eso es lo que todos queremos&rdquo;, asegura sobre las negociaciones entre Ucrania y Rusia con mediaci&oacute;n de Estados Unidos. Aunque tiene poca fe, incluso poco inter&eacute;s. &ldquo;Para m&iacute; la guerra termin&oacute; el d&iacute;a que mataron a mi marido&rdquo;, reconoce. Solo hac&iacute;a ocho meses que se hab&iacute;an casado cuando muri&oacute;. Ahora, Victoria es oficialmente una de las incontables viudas para las que nada ser&aacute; igual en Ucrania aunque cesen las hostilidades. &ldquo;Ya ha pasado un tiempo, pero sigue siendo dif&iacute;cil. Intentas seguir adelante con tu vida de alguna manera, pero me tengo que esforzar. Lo hago porque s&eacute; que &eacute;l querr&iacute;a que me mantuviera fuerte&rdquo;, confiesa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora cobro la pensi&oacute;n correspondiente y tengo descuentos en servicios comunitarios. No puedo decir que las autoridades no me est&eacute;n apoyando, aunque durante mucho tiempo intent&eacute; saber qu&eacute; pas&oacute; exactamente. El comandante no lo cuenta todo. Solo s&eacute; que sali&oacute; en una misi&oacute;n con una unidad distinta a la habitual, que fue herido por un proyectil y que muri&oacute; desangrado cuando un dron FPV (vista en primera persona, por sus siglas en ingl&eacute;s) impact&oacute; contra el equipo que lo estaba evacuando&rdquo;, recuerda la mujer. &ldquo;Siempre me pregunto por qu&eacute; tuvo que pasar as&iacute;&rdquo;, dice. Oleg hab&iacute;a sobrevivido a medio a&ntilde;o de ocupaci&oacute;n rusa, hab&iacute;a logrado desplazarse a J&aacute;rkov con Victoria, pero volv&iacute;a a menudo para cuidar de sus abuelos, a los que tuvo que evacuar cuando sus casas fueron destruidas. &ldquo;Al final fue capturado y obligado a hacer el servicio militar en el frente. Su prioridad era tener d&iacute;as de permiso para venir a verme, por eso se ofrec&iacute;a voluntario para todas las misiones, pero no sirvi&oacute; ni un a&ntilde;o&rdquo;, concluye.
    </p><h2 class="article-text">De instalador Internet a mejorar drones de guerra</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El soldado, experto en instalación de fibra óptica en la unidad de las fuerzas especiales Taifun especializada en drones de guerra en Jarkov                            </span>
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        Cuando Vlad instalaba el cableado de fibra &oacute;ptica en las casas de Kiev, para instalar la conexi&oacute;n de Internet de la compa&ntilde;&iacute;a telef&oacute;nica en la que trabaja, nunca imagin&oacute; que su trabajo ser&iacute;a clave en una guerra. Mucho menos que esa guerra se producir&iacute;a en su pa&iacute;s y que el material con el que trabajaba desde hac&iacute;a a&ntilde;os iba a convertirse en una de las necesidades m&aacute;s urgentes en la l&iacute;nea de frente. Ni que &eacute;l se ofrecer&iacute;a voluntario para alistarse en un batall&oacute;n especializado en drones que se nutren de la tecnolog&iacute;a de la que &eacute;l tanto sabe. Pero Vlad aqu&iacute; est&aacute;, rodeado de ordenadores, pegado a los chips que dan vida a los drones en un s&oacute;tano cubierto por redes militares, en una antigua vivienda de ubicaci&oacute;n secreta, en la regi&oacute;n de Jarkov.  
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El enemigo utiliza una guerra electr&oacute;nica muy fuerte que impiden volar a los drones regulares y, con fibra &oacute;ptica, puedes atacar al enemigo f&aacute;cilmente, sin problemas de conexi&oacute;n&rdquo;, explica Vlad, t&eacute;cnico de fibra &oacute;ptica en una compa&ntilde;&iacute;a telef&oacute;nica que en 2024 decidi&oacute; incorporarse al batall&oacute;n Taifoun, unidad de fuerzas especiales de Ucrania dedicados exclusivamente a sistemas de veh&iacute;culos a&eacute;reos no tripulados. &ldquo;Un amigo me dijo que este equipo necesitaba un experto en fibra &oacute;ptica y decid&iacute; unirme&rdquo;, explica. 
    </p><p class="article-text">
        Su trabajo, dice, no es muy diferente al realizado en la instalaci&oacute;n de conexi&oacute;n a Internet en viviendas de Kiev. Lo que cambia es todo lo dem&aacute;s que gira a su alrededor. &ldquo;Hago cosas parecidas a novel t&eacute;cnico y me gusta. Pero lo que m&aacute;s me afecta es que no puedo ver a mi familia tanto como me gustar&iacute;a&rdquo;, lamenta el militar. 
    </p><h2 class="article-text">Mar&iacute;a y la adolescencia robada</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                María frente a la cafetería donde trabaja en Kiev.                            </span>
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        Mar&iacute;a atiende las peticiones de los clientes tras la barra de una conocida cafeter&iacute;a de Kiev. La joven, de 18 a&ntilde;os, ten&iacute;a solo 14 cuando la guerra empez&oacute;. Para ella la invasi&oacute;n rusa le ha arrebatado la adolescencia que empezaba a acariciar cuando, hace cuatro a&ntilde;os, Rusia comenz&oacute; su operaci&oacute;n especial sobre Ucrania. Los bombardeos, la incertidumbre y los r&iacute;gidos toques de queda le pill&oacute; en una mala edad. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os de estudios los curs&oacute; en remoto: &ldquo;Creo que afect&oacute; mucho mentalmente. Me volv&iacute; m&aacute;s retra&iacute;da, m&aacute;s callada, m&aacute;s encerrada en m&iacute; misma. No me comunicaba mucho con la gente durante esos primeros tiempos en los que apenas se pod&iacute;a salir&rdquo;, explica la chica, estudiante de Comercio en la Universidad. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que me han robado algunos a&ntilde;os felices, esos a&ntilde;os en los que nada importa y solo quieres divertirte&rdquo;, reflexiona la joven, que estudia por las ma&ntilde;anas <em>on line</em> y trabaja por las tardes. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre las negociaciones de paz, la joven ans&iacute;a el acuerdo que les devuelva las noches de sue&ntilde;o tranquilas, sin abruptos despertares ante las alertas ni peregrinajes a los refugios de madrugada. &ldquo;Estoy cansada de pasar tanto tiempo en esos s&oacute;tanos tan fr&iacute;os&rdquo;, dice Mar&iacute;a, que vive en una residencia para estudiantes en orilla izquierda del r&iacute;o Dnipro, una de las zonas m&aacute;s afectadas por los cortes de luz. 
    </p><h2 class="article-text">Olga, la profesora que quer&iacute;a volver al colegio</h2><p class="article-text">
        En la ciudad de Jarkov, los bombardeos rusos provocaron da&ntilde;os en los ventanales del colegio 'Liceo 17' donde Olga Nepluyeba impart&iacute;a clases de espa&ntilde;ol y alem&aacute;n durante 35 a&ntilde;os. Desde 2022, la direcci&oacute;n de la escuela decidi&oacute; regresar a las clases online como v&iacute;a para asegurar el avance acad&eacute;mico de sus alumnos en condiciones de seguridad. &ldquo;Funcionaba bien, pero ya eran muchos a&ntilde;os sin vernos, sin tocarnos, sin que los ni&ntilde;os se pudiesen comunicar con sus compa&ntilde;eros&rdquo;, reflexiona Nepluyeba. 
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=xa0lbq2" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        A las ganas del regreso a la presencialidad se sumaban las dificultades para conectarse debido a los frecuentes apagones o la necesidad de sus alumnos de desconectarse durante las clases para bajar a un refugio en caso de alarma antia&eacute;rea. En septiembre del a&ntilde;o pasado, la escuela abri&oacute; esta nueva versi&oacute;n de s&iacute; misma. Ahora, las clases se han trasladado un s&oacute;tano construido espec&iacute;ficamente para levantar una escuela desde cero. Nepluyeba recorre sus pasillos con energ&iacute;a y orgullo. Ha seguido de cerca la evoluci&oacute;n educativa de sus alumnos durante los a&ntilde;os en los que muchos huyeron de Ucrania al inicio del conflicto. &ldquo;D&aacute;bamos clases y est&aacute;bamos todos repartidos, no era f&aacute;cil. Y, los que se quedaban, no pod&iacute;an asistir muchas veces por los fallos de electricidad o las alarmas antia&eacute;reas... Ten&iacute;amos ganas de volver&rdquo;, dice la maestra. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, la profesora ha vuelto a ver a sus alumnos en persona, abrazarlos y a ense&ntilde;arles sin una pantalla como intermediario. &ldquo;Lo necesit&aacute;bamos&rdquo;, dice la mujer en la sala de estudios excavada bajo tierra. 
    </p><h2 class="article-text">Harta de ser refugiada, Nina se alist&oacute; en el Ej&eacute;rcito</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Nina se alistó voluntariamente en el Ejército hace unos meses, tras haberse ido a Noruega como refugiada."
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                Nina se alistó voluntariamente en el Ejército hace unos meses, tras haberse ido a Noruega como refugiada.                            </span>
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        Nina ten&iacute;a 26 a&ntilde;os cuando Rusia comenz&oacute; a atacar su pa&iacute;s por tierra mar y aire el 24 de febrero de 2022. Los ataques la despertaron en la ciudad de Dnipro, donde viv&iacute;a con su familia. D&iacute;as despu&eacute;s, la joven sali&oacute; del pa&iacute;s junto a su madre y sus hermanas, como lo hicieron cientos de miles de ucranianas en los primeros meses de la contienda. Se instalaron en Noruega, desde donde Nina sol&iacute;a trabajar en remoto como dise&ntilde;adora digital. Su empleo on line le permiti&oacute; viajar por distintos lugares. 
    </p><p class="article-text">
        Su Instagram muestra im&aacute;genes de paisajes paradisiacos durante los primeros a&ntilde;os de la guerra hasta que el a&ntilde;o pasado tom&oacute; la decisi&oacute;n de volver. &ldquo;Sent&iacute;a que no era mi lugar, necesitaba volver a mi pa&iacute;s y hacer lo que pueda para ayudar&rdquo;, explica la treinta&ntilde;era en una exposici&oacute;n de un conocido centro cultural de J&aacute;rkov. Nina regres&oacute; a Ucrania y se alist&oacute; voluntariamente en el ej&eacute;rcito como sanitaria militar. Tras meses de formaciones, ahora est&aacute; destinada en uno de los centros m&eacute;dicos de &ldquo;estabilizaci&oacute;n&rdquo;, uno de los espacios bajo tierra donde los combatientes heridos son enviados para la primera atenci&oacute;n sanitaria de urgencia cerca del frente, antes de ser derivados a un hospital oficial. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy viendo situaciones muy duras, cosas que nunca imagin&eacute; que iba a ver antes de la guerra, pero me hab&iacute;a preparado mucho para ello&rdquo;, a&ntilde;ade la mujer. &ldquo;Mi vida ha cambiado completamente&rdquo;, a&ntilde;ade. Sobre las negociaciones de paz, es tajante: &ldquo;No creo que sirvan de nada. Estoy convencida de que esta guerra se acabar&aacute; cuando uno de los dos la gane&rdquo;, sostiene la militar, quien rechaza la posibilidad de que 
    </p><h2 class="article-text">Los ni&ntilde;os que dejaron de serlo en la guerra</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Stanislav, de 14 años, en un vagón de tren habilitado en Kiev como punto de emergencia para calentarse"
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                Stanislav, de 14 años, en un vagón de tren habilitado en Kiev como punto de emergencia para calentarse                            </span>
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        Acaba de salir de la escuela y Stanislav se ha introducido en un tren parado en un barrio de la orilla izquierda de la ciudad de Kiev. No va a viajar, solo acude a calentarse. Es uno de los lugares habilitados de emergencia en la regi&oacute;n para paliar la crisis energ&eacute;tica. El adolescente, de 14 a&ntilde;os, solo tiene horas limitadas de luz al d&iacute;a y carece de calefacci&oacute;n.  El fr&iacute;o de menos 14 grados que congelaba Kiev la semana pasada le empuj&oacute; a hacer una parada junto a un amigo para templar sus cuerpos de camino a casa. 
    </p><p class="article-text">
        La invasi&oacute;n rusa empez&oacute; cuando solo ten&iacute;a 10 a&ntilde;os. Cuando se le pregunta c&oacute;mo le ha afectado la guerra, dice que apenas percibe el impacto de la contienda en su vida pero est&aacute; en un tren parado en medio de la nieve para calentar sus manos. Sus palabras evidencian que, m&aacute;s que no afectarle, percibe sus consecuencias como parte de su vida porque apenas conoce otra cosa. Ha crecido entre cortes de luz, sirenas antia&eacute;reas y bombardeos en una ciudad que no es de las m&aacute;s azotadas por el conflicto. &ldquo;Como he crecido cuando ya hab&iacute;a aguerra, a m&iacute; no me afecta mucho. Veo que lo pasan peor mis padres, porque tienen m&aacute;s problemas de dinero, temen que mi padre sea llamado al frente y les veo sufrir mucho cada d&iacute;a&rdquo;, explica el menor. &ldquo;Quiz&aacute; he tenido que crecer de repente&rdquo;, a&ntilde;ade el chaval, que en vez de hablar de s&iacute; mismo se preocupa por las consecuencias en la vida de sus familiares y de &ldquo;los otros ni&ntilde;os en las regiones m&aacute;s cercanas al frente&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Masha ten&iacute;a nueve a&ntilde;os cuando las tropas rusas ocuparon su ciudad. Dice no recordar el mes que pas&oacute; encerrada en casa durante el inicio de la guerra. &ldquo;Era una ni&ntilde;a&rdquo;, dice de lo ocurrido hace cuatro a&ntilde;os. &ldquo;Quiz&aacute; es el shock&rdquo;, a&ntilde;ade sin darle mucha importancia. Un tiempo despu&eacute;s, se traslad&oacute; con su familia a Kiev en busca de un lugar m&aacute;s tranquilo bajo control ucraniano. Tras la liberaci&oacute;n de su ciudad, Balaklia, regres&oacute; a casa. Desde entonces se ha adaptado a la vida en guerra, pero est&aacute; cansada de los constantes bombardeos de drones Sahed rusos que azotan su localidad y la despiertan por las noches. 
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                    alt="Masha vivió un tiempo bajo la ocupación rusa pero no lo recuerda porque tenía nueve años. Ahora quiere disfrutar de su adolescencia con más &quot;libertad&quot; pero los bombardeos de drones rusos no se lo permiten"
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                Masha vivió un tiempo bajo la ocupación rusa pero no lo recuerda porque tenía nueve años. Ahora quiere disfrutar de su adolescencia con más &quot;libertad&quot; pero los bombardeos de drones rusos no se lo permiten                            </span>
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        Quiere que llegue la paz, dice, para estudiar de manera tradicional, sentados con el resto de su clase en un aula en la que poder encontrarse cada d&iacute;a con sus compa&ntilde;eros. De momento, sigue siguiendo on line las asignaturas, aunque por las tardes acude a una escuela subterr&aacute;nea creada por sus profesores tras la destrucci&oacute;n de su anterior colegio con el impacto de dos drones rusos el pasado mes de marzo. Tambi&eacute;n desea el final de la guerra para sentir &ldquo;m&aacute;s libertad&rdquo;. &ldquo;Me gustar&iacute;a tener m&aacute;s libertad para ir a mis amigos, salir con ellos, hacer cosas, vivir experiencias... pero mis padres est&aacute;n muy preocupados por la guerra y tengo muchas restricciones&rdquo;, lamenta la chica, de 15 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        No se atreve a planear que querr&iacute;a ser de mayor. &ldquo;Prefiero pensar a corto plazo, por ejemplo, en aprobar mis pr&oacute;ximos ex&aacute;menes&rdquo;, dice entre risas. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://omny.fm/shows/un-tema-al-dia/la-guerra-fr-a-ii-igor-de-civil-a-soldado/embed?style=cover" allow="autoplay; clipboard-write" width="100%" height="180" frameborder="0" title="La guerra fría (II): Igor, de civil a soldado"></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez, Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cambiado-guerra-atravesado-vida-ucranianos_1_13014738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Feb 2026 21:40:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Lo ha cambiado todo": cómo la guerra ha atravesado para siempre la vida de estos ucranianos]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los colegios que Ucrania esconde bajo tierra: “Aquí estudiamos más seguros”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/colegios-ucrania-esconde-tierra-estudiamos-seguros_1_13010522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b8fdb32e-721f-46f6-a580-d67ae7984ea5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los colegios que Ucrania esconde bajo tierra: “Aquí estudiamos más seguros”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los bombardeos sobre infraestructuras educativas han empujado a las autoridades ucranianas y a profesores a llevar sus clases bajo tierra. Primero lo hicieron de manera improvisada, pero ahora se han creado modernos colegios subterráneos en algunas de las ciudades más azotadas por los bombardeos rusos, como Jarkov</p></div><p class="article-text">
        Los pupitres donde estudiaron Zhenya y Masha ahora se amontonan unos sobre otros. Algunas de las aulas que les vieron crecer solo guardan escombros y el recuerdo de lo que fueron: unas pizarras en el suelo, una cajonera destartalada cargada de carpetas de deberes que nunca fueron corregidos; el perchero con los maletines de colores que varios ni&ntilde;os decidieron dejar colgados la tarde del 8 de marzo de 2025 para recogerlos un d&iacute;a que nunca lleg&oacute;. Esa medianoche, dos drones rusos impactaron en el edificio del principal liceo de Balaklia (regi&oacute;n de Jarkov).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casi un a&ntilde;o despu&eacute;s, los maletines contin&uacute;an colgados entre los escombros. Aunque han empezado las obras para su reparaci&oacute;n, la escuela a&uacute;n no ha vuelto a ser escuela. El fr&iacute;o y algunos de copos de nieve atraviesan las ventanas fracturadas tras el ataque ruso. Los cascotes obstaculizan los pasillos y las estanter&iacute;as que cargaban decenas de libros ahora lucen vac&iacute;as. La vida escolar, las clases, los juegos infantiles o las conversaciones adolescentes que antes llenaban las distintas plantas del edificio ahora no est&aacute;n aqu&iacute;, sino bajo tierra.&nbsp;
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                    alt="Una mujer camina frente a la señal del refugio donde se ha creado una escuela o centro para que los estudiantes reciban clases no regladas que compatibilicen con sus clases on line, ante la destrucción del colegio de la licalidad en un bombardeo de drones rusos."
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            <span class="title">
                Una mujer camina frente a la señal del refugio donde se ha creado una escuela o centro para que los estudiantes reciban clases no regladas que compatibilicen con sus clases on line, ante la destrucción del colegio de la licalidad en un bombardeo de drones rusos.                            </span>
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        A unos 100 metros de distancia del colegio destruido hace casi un a&ntilde;o, un cartel amarillo y azul se&ntilde;ala la existencia de un refugio. Basta abrir su puerta met&aacute;lica, descender sus resbaladizas escaleras y volver a empujar un segundo port&oacute;n para chocarse con toda la actividad que en la superficie escasea. Por sus pasillos corren varios adolescentes minutos antes de una actuaci&oacute;n teatral, en una jornada especial para celebrar la antigua tradici&oacute;n eslava que celebra el final del invierno y la llegada de la primavera. Decenas de menores aplauden los bailes de sus compa&ntilde;eros y, durante horas, se olvidan del rugido de los ataques rusos que ya acostumbran a escuchar durante las noches en Balaklia, localidad localizada a unos 70 kil&oacute;metros del frente de Kupiansk (Jarkov), que durante los primeros meses de la guerra fue ocupada por las tropas rusas y vivi&oacute; encarnizadas batallas hasta su liberaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Las cicatrices del colegio en desuso tambi&eacute;n hablan de aquella etapa. Andriy Vasilyovich, profesor de educaci&oacute;n f&iacute;sica en este centro durante los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os, camina con precauci&oacute;n sobre los escombros de las zonas m&aacute;s da&ntilde;adas. &ldquo;Los rusos usaron uno de los edificios como almac&eacute;n militar. Cuando la ciudad fue liberada, nos encontramos tantas cajas de armas que llegaban hasta el techo&rdquo;, dice el hombre mientras abre una caja verde oscura, rectangular y alargada donde los soldados rusos acumulaban armamento durante la ocupaci&oacute;n. 
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                Andriy Vasilyovich, profesor de educación física en el colegio de Balaklia (Jarkov).                            </span>
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        &ldquo;Cuando la ocupaci&oacute;n termin&oacute;, lo primero que sent&iacute; fue una gran felicidad por volver a casa. He trabajado 35 a&ntilde;os en este colegio y lo es todo para m&iacute;. Pero, despu&eacute;s, la felicidad dej&oacute; paso a la preocupaci&oacute;n de arreglar y limpiar todos los destrozos de los primeros meses de la invasi&oacute;n&rdquo;, explica el profesor. &ldquo;Cuando el colegio ya funcionaba de nuevo para apoyar a los estudiantes, llegaron los drones y volvieron a destrozalo todo. Siento dolor cuando somos atacados todo el tiempo, pero otra vez tendremos que atravesar todo esto. Somos fuertes y lo haremos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ante la destrucci&oacute;n del colegio, la direcci&oacute;n del colegio y sus profesores han trasladado las principales asignaturas y clases extraescolares al principal s&oacute;tano de la ciudad, hasta convertirlo en la escuela de la que carecen.&nbsp;No imparten las clases oficiales, pues estas contin&uacute;an en la modalidad online, pero el espacio permite mantener un sistema mixto para alimentar el contacto directo entre los menores y sus profesores. 
    </p><p class="article-text">
        No es una decisi&oacute;n puntual. Otros centros educativos del pa&iacute;s de las regiones m&aacute;s azotadas por los bombardeos rusos han optado a esconderse las clases bajo tierra. Si en un primer momento se opt&oacute; por las clases online, ante los cientos de miles de familias que hab&iacute;an abandonado el pa&iacute;s o sus ciudades de origen, ahora algunos centros de la regi&oacute;n de Jarkov apuestan por la creaci&oacute;n de espacios seguros para que los alumnos puedan rozar un sistema educativo similar al recibido antes de la guerra y la pandemia. 
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                    alt="Una profesora del Liceo 17, colegio subterráneo ubicado de la ciudad de Jarkov, saca a la pizarra a una de sus alumnas."
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            <span class="title">
                Una profesora del Liceo 17, colegio subterráneo ubicado de la ciudad de Jarkov, saca a la pizarra a una de sus alumnas.                            </span>
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        En ese paisaje de alarmas antia&eacute;reas y aulas vac&iacute;as, Ucrania ha comenzado a excavar su derecho a la educaci&oacute;n. Bajo tierra, en ciudades castigadas por los ataques como J&aacute;rkov y Zaporiyia, se han levantado escuelas subterr&aacute;neas dise&ntilde;adas para resistir bombardeos y garantizar cierta continuidad educativa en medio de la guerra. Son espacios protegidos, sin ventanas, con paredes reforzadas y rutas de evacuaci&oacute;n, donde los ni&ntilde;os aprenden matem&aacute;ticas mientras, en la superficie, persiste el riesgo de un nuevo ataque ruso.
    </p><p class="article-text">
        En la ciudad de Jarkov, el colegio 'Liceo 17' tambi&eacute;n sufri&oacute; distintos da&ntilde;os en sus ventanales durante el inicio del conflicto. Desde 2022, la direcci&oacute;n de la escuela decidi&oacute; regresar a las clases online como v&iacute;a para asegurar el avance acad&eacute;mico de sus alumnos en condiciones de seguridad. &ldquo;Funcionaba bien, pero ya eran muchos a&ntilde;os sin vernos, sin tocarnos, sin que los ni&ntilde;os se pudiesen comunicar con sus compa&ntilde;eros&rdquo;, reflexiona Olga Nepluyeba, profesora de espa&ntilde;ol y alem&aacute;n. A las ganas del regreso a la presencialidad se sumaban las dificultades para conectarse debido a los frecuentes apagones o la necesidad de sus alumnos de desconectarse durante las clases para bajar a un refugio en caso de alarma antia&eacute;rea. En septiembre del a&ntilde;o pasado, la escuela abri&oacute; esta nueva versi&oacute;n de s&iacute; misma. Ahora, en un s&oacute;tano construido espec&iacute;ficamente para levantar una escuela desde cero. 
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                Olga Neplubeya, profesora de español y alamán en el Liceo 17 de Jarkov.                            </span>
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        Olena Dedyaeva, directora de Departamento de Educaci&oacute;n de Jarkov, gira con fuerza el volante amarillo que permite desbloquear la puerta blindada que protege a los menores durante sus clases. En su interior, los ni&ntilde;os se reparten por cursos y reciben la educaci&oacute;n reglada. Vlad est&aacute; en clase de ingl&eacute;s y levanta la mano para explicar a elDiario.es por qu&eacute; echaba de menos regresar al colegio, al de verdad, al presencial. &ldquo;En casa me aburr&iacute;a mucho y no me gustaba. Pero ahora es m&aacute;s divertido&rdquo;, explica el ni&ntilde;o de diez a&ntilde;os. &ldquo;Ahora podemos abrazar a nuestras profesoras&rdquo;, dice Marta, de nueve a&ntilde;os, antes de correr hacia su profesora para abrazarla. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos estudiantes han pasado a&ntilde;os alternando entre clases online, refugios y mudanzas forzadas, con conexiones inestables y contextos familiares marcados por el exilio y el duelo. En solo una clase de unas 20 personas, m&aacute;s de la mitad levanta la mano para explicar su paso temporal por otro pa&iacute;s: Holanda, Alemania, Turqu&iacute;a, Azerbaiy&aacute;n, Polonia... Vlad vivi&oacute; seis meses en Berl&iacute;n. &ldquo;Mi padre ten&iacute;a que quedarse en Ucrania -los hombres tienen prohibido salir del pa&iacute;s debido a la Ley Marcial- y le echaba mucho de menos&rdquo;, dice el menor. Una ni&ntilde;a menuda, de mirada t&iacute;mida, cuenta que su familia contin&uacute;a viviendo en un lugar que no es el suyo. Procede de Donetsk, una de las regiones m&aacute;s azotadas por la guerra. 
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                    alt="Varios niños de alrededor de nueve años levantan la mano en clase de matemáticas. La pequeña de la primera fila cuenta que su familia procede del Donbás y ahora vive como desplazada en Jarkov."
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                Varios niños de alrededor de nueve años levantan la mano en clase de matemáticas. La pequeña de la primera fila cuenta que su familia procede del Donbás y ahora vive como desplazada en Jarkov.                            </span>
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        Desde 2022, m&aacute;s de 2.800 centros educativos han sido da&ntilde;ados o destruidos y solo una parte de las escuelas ha podido mantener la ense&ntilde;anza presencial de forma estable, lo que obliga a millones de estudiantes a alternar entre clases online, h&iacute;bridas o en refugios. UNICEF advierte de que los ataques, los cortes de energ&iacute;a y la falta de refugios adecuados han interrumpido de forma continuada el acceso a la educaci&oacute;n, dificultando tanto el aprendizaje presencial como el digital y poniendo en riesgo el futuro acad&eacute;mico de toda una generaci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        La creaci&oacute;n de estas aulas bajo tierra responde a una realidad prolongada de ataques contra infraestructuras civiles, incluidas escuelas, que han obligado a miles de centros educativos a cerrar o a funcionar en modalidad <em>on line</em> durante largos periodos. Seg&uacute;n autoridades locales, el objetivo no es &uacute;nicamente garantizar la seguridad f&iacute;sica del alumnado, tambi&eacute;n evitar el abandono escolar en una generaci&oacute;n que ha crecido entre sirenas, desplazamientos y p&eacute;rdidas. 
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                    alt="Una adolescente baila con sus amigas en una fiesta organizada en la escuela subterránea alternativa de Balaklia."
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                Una adolescente baila con sus amigas en una fiesta organizada en la escuela subterránea alternativa de Balaklia.                            </span>
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        Ya hay varias generaciones de menores ucranianos cuya infancia ha estado atravesada por el conflicto en su pa&iacute;s. Marsha tiene 15 a&ntilde;os y ha vivido su paso de la ni&ntilde;ez a la adolescencia en plena guerra. Admite no recordar con detalle c&oacute;mo era la vida antes de la invasi&oacute;n rusa, pero s&iacute; echa en falta experimentar algunos de los anhelos de cualquier adolescente. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me gustar&iacute;a estudiar adecuadamente, y tambi&eacute;n me gustar&iacute;a tener m&aacute;s libertad. Por la guerra, mis padres son m&aacute;s estrictos. Tienen miedo de los ataques y no nos dejan salir con los amigos con normalidad. Tenemos m&aacute;s limitaciones. Nos gustar&iacute;a ser como cualquier otro adolescente&rdquo;, explica la menor, junto a su amigo Zenhya, con quien ha protagonizado una de las actuaciones en la escuela subterr&aacute;nea. &ldquo;Si no hubiese habido guerra tendr&iacute;amos muchas m&aacute;s opciones para hacer y, como otras personas de nuestra edad, no nos preocupar&iacute;amos de las cosas m&aacute;s b&aacute;sicas. Pero nosotros estamos cercas de la l&iacute;nea de frente, por lo que tenemos muchas restricciones. Me encantar&iacute;a tener m&aacute;s libertad&rdquo;, concluye el joven de 16 a&ntilde;os. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez, Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/colegios-ucrania-esconde-tierra-estudiamos-seguros_1_13010522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 20:55:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los colegios que Ucrania esconde bajo tierra: “Aquí estudiamos más seguros”]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Las brujas de Bucha: las ucranianas que derriban drones rusos para vengarse de la ocupación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/brujas-bucha-ucranianas-derriban-drones-rusos-vengarse-ocupacion_1_13009069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbab0d72-98d6-4270-a4d6-897be2e795e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137135.jpg" width="4077" height="2293" alt="Las brujas de Bucha: las ucranianas que derriban drones rusos para vengarse de la ocupación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Las Brujas de Bucha" son una unidad de defensa aérea voluntaria compuesta por mujeres ucranianas que protegen los cielos de Kiev de drones rusos, especialmente los tipo Shahed, utilizando ametralladoras antiaéreas</p><p class="subtitle">Los ataques rusos congelan a los ucranianos en su peor invierno: “Sin calefacción, el frío no se va del cuerpo”</p></div><p class="article-text">
        Nombrar el asesinato de su hermana a&uacute;n se le atraviesa en la garganta, pero es la raz&oacute;n que la empuj&oacute; a sustituir la toga por el uniforme militar que ahora viste. Es el motivo que la empuj&oacute; a abandonar el juzgado de Shevchenko (Kiev), tras 25 a&ntilde;os en la judicatura, por jornadas de 24 horas en busca de drones que derribar. Las tropas rusas la mataron durante los d&iacute;as de la ocupaci&oacute;n de Bucha, s&iacute;mbolo de las atrocidades cometidas durante los primeros d&iacute;as de la invasi&oacute;n de Ucrania. Y la jueza, con 52 a&ntilde;os, decidi&oacute; cambiar la justicia por la venganza. 
    </p><p class="article-text">
        Sanskia pas&oacute; a formar parte activa de &ldquo;Las Brujas de Bucha&rdquo;, una unidad de defensa a&eacute;rea voluntaria compuesta por mujeres ucranianas que protegen los cielos de Kiev de drones rusos, especialmente los tipo Shahed, utilizando ametralladoras antia&eacute;reas. &ldquo;Me duele recordar c&oacute;mo mataron a mi hermana. Por eso, tengo una cuenta que no est&aacute; cerrada. Ahora la quiero cerrar aqu&iacute;&rdquo;, dice para explicar su decisi&oacute;n de abandonar la judicatura para asumir m&aacute;s responsabilidad en este grupo 
    </p><p class="article-text">
        Pasadas las 8 de la ma&ntilde;ana, Sanskia y sus compa&ntilde;eras empiezan una guardia m&aacute;s en una de las casas donde el grupo de voluntarias est&aacute;n preparadas para actuar en caso de que un dron sobrevuele su &aacute;rea de responsabilidad en la ciudad ucraniana de Bucha (en la regi&oacute;n de Kiev). Hace casi cuatro a&ntilde;os, blindados rusos recorr&iacute;an estas mismas calles durante el primer mes de la invasi&oacute;n de Ucrania, mientras Sanskia pasaba las horas encerrada en casa para evitar cualquier contacto con los soldados ocupantes hasta lograr escapar de la localidad. Ahora rastrea esas mismas carreteras pero con la mirada pegada a la ametralladora antia&eacute;rea, en busca drones.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres llegan a la base y recogen sus armas para portarlas en caso de alerta. Si reciben un aviso, no tienen mucho tiempo: correr&aacute;n al veh&iacute;culo pick-up, donde cargan con una ametralladora con la que ya han derribado drones rusos. El &uacute;ltimo aparato vencido por el grupo, aseguran, se produjo en oto&ntilde;o del a&ntilde;o pasado. A cargo del operativo estaba Sanskia. 
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                Sanskia (nombre militar) quiere vengar el asesinato de su hermana durante la ocupación rusa.                            </span>
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        La exjueza, de 52 a&ntilde;os, desprende la autoridad caracter&iacute;stica de su oficio. Sus &oacute;rdenes son obedecidas por sus compa&ntilde;eras con rapidez. Su seguridad parece inquebrantable, hasta que nombra a su hermana. La exjueza refiere no detenerse en el recuerdo solo lo nombra, traga y devuelve a la tripa las im&aacute;genes m&aacute;s dolorosas de los d&iacute;as de la ocupaci&oacute;n rusa en Bucha. 
    </p><p class="article-text">
        Tras la liberaci&oacute;n de Bucha, cuando aparecieron decenas de cuerpos por las calles, patios y fosas comunes de la localidad ucraniana, decenas de mujeres v&iacute;ctimas de la ocupaci&oacute;n se ofrecieron voluntarias para reconstruir su ciudad. Recorr&iacute;an sus bosques en busca de minas, participaban en formaciones militares y en la b&uacute;squeda de posibles soldados rusos infiltrados. Se hicieron llamar las Brujas de Bucha.
    </p><p class="article-text">
        Sanskia a&uacute;n no estaba all&iacute;, pero sigui&oacute; de cerca la evoluci&oacute;n del grupo de mujeres del que ansiaba formar parte. Ahora es comandante en una de sus unidades. &ldquo;Al principio los voluntarios eran sobre todo hombres, pero cuando empez&oacute; la movilizaci&oacute;n ellos se fueron a las Fuerzas Armadas y las mujeres nos quedamos aqu&iacute;&rdquo;, explica la exjueza.
    </p><p class="article-text">
        Aunque intent&oacute; compaginar durante un tiempo las guardias en el tribunal con el trabajo en la unidad, era imposible responder a casos urgentes &mdash;especialmente los que solo puede asumir una jueza con amplia experiencia como ella era&mdash; mientras estaba de servicio operativo. &ldquo;No pod&iacute;a estar aqu&iacute; en la unidad y, al mismo tiempo, ir a ver un caso cuando me llamaban. Era incompatible&rdquo;, a&ntilde;ade la voluntaria. Cuando reuni&oacute; los a&ntilde;os necesarios para jubilarse anticipadamente, decidi&oacute; hacerlo: &ldquo;Podr&iacute;a haber seguido trabajando, pero entend&iacute; que aqu&iacute; tengo m&aacute;s oportunidades de proteger nuestros cielos&rdquo;, a&ntilde;ade. &ldquo;Tan pronto como tuve la oportunidad de renunciar, lo hice y vine aqu&iacute;&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Pegatina del grupo &quot;Las Brujas de Bucha&quot; en el vehículo con el que recorren Bucha ante una alerta de dron."
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                Pegatina del grupo &quot;Las Brujas de Bucha&quot; en el vehículo con el que recorren Bucha ante una alerta de dron.                            </span>
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        Con el paso del tiempo, la labor del grupo se fue adaptando al desarrollo del conflicto. Detalla que al inicio patrullaban la ciudad en busca de soldados rusos rezagados o grupos infiltrados y participaban en tareas de desminado y seguridad para proteger a los civiles. M&aacute;s tarde, cuando comenzaron a sobrevolar drones, el grupo se especializ&oacute; en su detecci&oacute;n y derribo: &ldquo;Al principio us&aacute;bamos ametralladoras antiguas, Maxims sovi&eacute;ticas, y funcionaban. Luego empezaron a volar m&aacute;s alto y tuvimos que aprender y cambiar de armas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Nika se uni&oacute; al grupo hace un a&ntilde;o. &ldquo;Quer&iacute;a hacer algo por nuestro pa&iacute;s. Quer&iacute;a saber si era capaz de utilizar un arma, de formarme, de disparar. Ahora s&eacute; que puedo hacerlo&rdquo;, dice la mujer, de 50 a&ntilde;os. El voluntariado le permite hacer una guardia y un entrenamiento a la semana. Con la certeza de verse capaz, le gustar&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; y hacer el servicio completo, pero de momento no puede conciliarlo con el cuidado de sus hijos. &ldquo;No doy el paso por mi hijo de 10 a&ntilde;os, que est&aacute; muy unido a m&iacute; y ser&iacute;a muy complicado&rdquo;, apunta. Tambi&eacute;n compagina sus guardias con su trabajo como m&eacute;dica en el departamento de riesgos laborales de una empresa. &ldquo;Tengo que trabajar fines de semana para recuperar el tiempo que dedico al servicio voluntario, pero no me importa&rdquo;, a&ntilde;ade.
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                Nika, miembro de Las Brujas de Bucha                            </span>
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        Tanto Nika como Sanskia huyeron de Bucha tras unos d&iacute;as bajo ocupaci&oacute;n rusa. La exjueza abandon&oacute; la ciudad antes de que existiera un corredor humanitario efectivo, despu&eacute;s de pasar horas esperando autobuses de evacuaci&oacute;n que &ldquo;nunca aparecieron&rdquo;. Recuerda que cientos de personas aguardaron desde primera hora de la ma&ntilde;ana hasta la tarde pero, ante la ausencia de ayuda, se organizaron por su cuenta. &ldquo;La columna estaba limpia, sin escolta, sin nada. &iquest;C&oacute;mo salimos? Todav&iacute;a no lo s&eacute;&rdquo;, explica. Describe escenas de confusi&oacute;n generalizada en los grupos de evacuaci&oacute;n posteriores, tras la ca&iacute;da de proyectiles en la zona y controles donde los militares rusos revisaban documentos y tel&eacute;fonos m&oacute;viles. 
    </p><p class="article-text">
        Volver a Bucha tras la liberaci&oacute;n no fue f&aacute;cil. La alegr&iacute;a de la retirada de las tropas rusas se un&iacute;a a la destrucci&oacute;n de la ocupaci&oacute;n. &ldquo;Vimos coches baleados con personas dentro que no hab&iacute;an podido ser enterradas, calles destrozadas, veh&iacute;culos aplastados y casas da&ntilde;adas, cuerpos en las calles...&rdquo;, lamenta Sanskia. Su hermana era una de las personas que se quedaron atr&aacute;s, que no lograron escapar con vida de Bucha. Casi cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, ya no pide justicia: &ldquo;Es mi propia venganza&rdquo;. 
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                Nika es médica pero hace guardias de 24 horas para apoyar a la defensa aérea de Kiev.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez, Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/brujas-bucha-ucranianas-derriban-drones-rusos-vengarse-ocupacion_1_13009069.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 21:26:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las brujas de Bucha: las ucranianas que derriban drones rusos para vengarse de la ocupación]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los ataques rusos congelan a los ucranianos en su peor invierno: "Sin calefacción, el frío no se va del cuerpo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ataques-rusos-buscan-congelar-ucranianos-peor-invierno_1_12999371.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2545147e-b349-4619-8710-00d55f371aea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2386y1062.jpg" width="1200" height="675" alt="Los ataques rusos congelan a los ucranianos en su peor invierno: &quot;Sin calefacción, el frío no se va del cuerpo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La capital ucraniana sufre su peor invierno, con temperaturas que bajan de los 10 grados bajo cero y problemas constantes de electricidad provocados por los ataques rusos sobre infraestructuras energéticas</p><p class="subtitle">Rusia lanza un nuevo ataque sobre Ucrania antes de la ronda de negociaciones de paz en Ginebra</p></div><p class="article-text">
        Ese fr&iacute;o que penetra hasta el mejor abrigo. Ese fr&iacute;o que atraviesa capa a capa, se cuela por los pies y se enreda en la garganta. Ese que enrojece la nariz, tensa el cuerpo y lo entumece; que muerde la mano en los escasos minutos en que se libera del guante para responder un mensaje. El fr&iacute;o que duele, enfada y desgana. Ese fr&iacute;o h&uacute;medo que cala y llega para quedarse; al que un caf&eacute; caliente parece enga&ntilde;ar pero no lo suficiente, porque no abandona el cuerpo, solo se duerme hasta rugir de nuevo con el siguiente contacto con el exterior.
    </p><p class="article-text">
        Ese fr&iacute;o; pero sin calefacci&oacute;n, con reiterados apagones y bajo la incertidumbre constante de un nuevo bombardeo ruso que arramble con la electricidad recuperada. Ese es el fr&iacute;o enraizado en Kiev en el invierno m&aacute;s duro desde el inicio de la invasi&oacute;n rusa de Ucrania, hace casi cuatro a&ntilde;os. Las temperaturas hab&iacute;an regresado a niveles algo m&aacute;s habituales en el pa&iacute;s -en torno a menos 10 grados- tras la ola de fr&iacute;o extremo -de hasta menos 20 grados- que congel&oacute; la capital hace unas semanas, pero la intensa nevada sufrida&nbsp;este lunes en la ciudad y la crisis energ&eacute;tica provocada por los ataques de Rusia sobre las infraestructuras el&eacute;ctricas impiden entrar en calor a miles de ucranianos de la ciudad que contin&uacute;an sin calefacci&oacute;n, especialmente en dos distritos de la orilla izquierda del r&iacute;o Dni&eacute;per. 
    </p><p class="article-text">
        Alrededor de 1.500 viviendas siguen sin calefacci&oacute;n en los distritos de Dnipro y Darnytsia, seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos de la Administraci&oacute;n Militar de la Ciudad de Kiev.  &ldquo;Siento que el fr&iacute;o no se va a acabar de irse de mi cuerpo&rdquo;, dice Victoria, mientras trata de calentarse en una de las tiendas de emergencia desplegadas por el Gobierno ucraniano por distintas zonas de la ciudad, puntos con calefacci&oacute;n y electricidad, donde los ciudadanos pueden calentarse, cargar sus tel&eacute;fonos y tomar un plato de comida caliente para paliar las temperaturas bajo cero. 
    </p><p class="article-text">
        Un problema surgido en el suministro del servicio de calefacci&oacute;n del edificio de Oksana fue empeorando a&uacute;n m&aacute;s tras el descenso de la potencia ligado a los ataques rusos a infraestructuras energ&eacute;ticas y el impacto de un dron en el vecindario, explica la ucraniana. As&iacute;, la mujer acumula m&aacute;s de un mes sin calefacci&oacute;n, durante los peores momentos del invierno, cuando las temperaturas han llegado a alcanzar los 20 grados bajo cero. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Decenas de personas en el interior de una carpa montada por los servicios de emergencia en
Kiev, ante la crisis provocada por los bombardeos rusos a infraestructuras energéticas que han dejado sin electricidad y calefacción a miles de viviendas en toda Ucrania."
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                Decenas de personas en el interior de una carpa montada por los servicios de emergencia en
Kiev, ante la crisis provocada por los bombardeos rusos a infraestructuras energéticas que han dejado sin electricidad y calefacción a miles de viviendas en toda Ucrania.                            </span>
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        Como muchos ucranianos, este invierno Victoria se ha convertido en experta en remedios caseros para intentar subir la temperatura de su vivienda durante los repetidos apagones. Agarra su m&oacute;vil y ense&ntilde;a varias im&aacute;genes que lo demuestran: de la peque&ntilde;a cocina de gas rodeada de ladrillos refractarios, que expanden el calor generado por el fuego; hasta la creaci&oacute;n de una suerte de botes de conservas de agua caliente, que introduc&iacute;a en la cama para tratar de calentarla por m&aacute;s tiempo. Acercar su gato a su regazo, cuenta, tambi&eacute;n le ayuda a disminuir el fr&iacute;o anclado en su cuerpo. Retrasar la ducha todo lo posible para evitar el momento de retirarse la ropa y mojar su cuerpo durante los d&iacute;as en que sus ventanas amanec&iacute;an congeladas no era una elecci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque calentemos el agua, si la casa est&aacute; bajo cero, se enfr&iacute;a y se pasa muy mal&rdquo;, a&ntilde;ade la mujer, que a&uacute;n no ha recuperado la calefacci&oacute;n pero s&iacute; ha logrado obtener un generador que nutre de energ&iacute;a a todo su edificio, lo que le permite calentar parte de su vivienda con calefactores el&eacute;ctricos. &ldquo;Ahora sigue haciendo fr&iacute;o en casa, pero se puede gestionar mejor&rdquo;, a&ntilde;ade cubierta en un abrigo rojo en el interior de una de las carpas de emergencia ubicadas frente al bloque de viviendas, que ya deja ver algo de luz detr&aacute;s de varias de sus ventanas. 
    </p><p class="article-text">
        Agencias de la ONU y las autoridades locales han alertado de que los cortes de energ&iacute;a en Kiev duran entre 8 y 16 horas diarias, dependiendo de la intensidad de los ataques y la temperatura. A finales de 2025 y principios de 2026, hasta el 50% de los consumidores en Kiev llegaron a quedarse sin energ&iacute;a al mismo tiempo, seg&uacute;n el Ministerio de Energ&iacute;a de Ucrania.
    </p><h2 class="article-text">Colas en puntos de emergencia</h2><p class="article-text">
        En otro barrio de la orilla este de Kiev, una caseta hinchable naranja, otra de las utilizadas para contrarrestar la crisis energ&eacute;tica, contrasta sobre el color de la nieve que ba&ntilde;a el distrito de Dnipro. En el exterior apenas algunos vecinos caminan con rapidez, cubiertos con su mejor ropa de abrigo, para evitar entretenerse demasiado. En el interior de la tienda, decenas de personas, la mayor&iacute;a de edades superiores a 60 a&ntilde;os, hacen fila para recibir una comida caliente. A la falta de calor en miles de casas, se suman los cortes constantes de electricidad que vive la ciudad, lo que empuja a los kievitas afectados, aquellos que carecen de generadores, a buscar la manera de calentar alimentos o recargar sus bater&iacute;as port&aacute;tiles y tel&eacute;fonos m&oacute;viles. 
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                Una mujer sale de una caseta hinchable naranja utilizada para contrarrestar la crisis energética en Kiev.                            </span>
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        Oksana Koslova, de 61 a&ntilde;os, es una de las personas que esperaba el momento de recoger un plato de comida caliente. Lo come enfundada en un gorro de lana rojo, sentada en el interior de la carpa que guarda un calor que no logra generar en su casa. Ni siquiera la vivienda donde duerme es su hogar, pues la suya propia qued&oacute; da&ntilde;ada tras &ldquo;un ataque de un dron ruso&rdquo; en las proximidades de su edificio, cuenta, que rompi&oacute; los cristales de sus ventanas. Para huir del fr&iacute;o, se mud&oacute; temporalmente a la casa de un familiar. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque sus ventanas s&iacute; a&iacute;slan del fr&iacute;o exterior, la vivienda tampoco obtiene el calor suficiente, desde el ataque ruso que hace menos de un mes impact&oacute; en la central t&eacute;rmica que abastec&iacute;a a buena parte de esta zona de la ciudad. &ldquo;Llevo tres semanas sin calefacci&oacute;n y sin agua caliente. Pero tengo al menos agua fr&iacute;a y algunas horas de electricidad&rdquo;, explica mientras introduce en su boca una nueva cucharada del guiso que templa su cuerpo. &ldquo;As&iacute; vivimos&rdquo;, dice con resignaci&oacute;n. 
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                Oksana, quien no tiene calefacción en casa, sale de una de las casetas de emergencia con varios tuppers de comida caliente                            </span>
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        Cuando se mete en la cama, Oksana no se quita el abrigo. Como no es suficiente para entrar en calor, ha ideado una estrategia para templar la casa antes de dormir. &ldquo;Cuando me acuesto, enciendo el fuego con el gas y caliento as&iacute; un poco el piso&rdquo;, reconoce mientras encoge los hombros, a sabiendas del riesgo que implica dormir con el gas encendido. A las 2 de la madrugada suena una alarma que cada noche programa para recordarse que debe apagar el gas. &ldquo;As&iacute; no estoy toda la noche con ello encendido, porque es muy peligroso, pero necesito calentar la casa de alguna manera&rdquo;, a&ntilde;ade. 
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                    alt="Decenas de personas hacen cola junto a una furgoneta de emergencias que lleva comida
caliente a los afectados por los cortes de energía en la periferia de Kiev."
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            <span class="title">
                Decenas de personas hacen cola junto a una furgoneta de emergencias que lleva comida
caliente a los afectados por los cortes de energía en la periferia de Kiev.                            </span>
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        &ldquo;Intento apagarlo antes de dormir pero a veces hace tanto fr&iacute;o que no lo apago. Me duermo pero pongo la alarma para despertarme de noche y apagar el gas&rdquo;, explica Oksana. 
    </p><p class="article-text">
        Al traj&iacute;n nocturno para templar la vivienda se suma el temor a los bombardeos rusos. &ldquo;Por la noche llegan los demonios&rdquo;, resume la se&ntilde;ora, quien asegura que duerme vestida para estar lista para bajar al s&oacute;tano y protegerse en caso de que suenen las alarmas de la ciudad. &ldquo;Cuando recibo la notificaci&oacute;n de que ya no hay riesgo, bajo al supermercado para estar all&iacute; un rato y calentarme. Luego, vengo a la carpa para recoger la comida que traen los voluntarios y cargar mi tel&eacute;fono&rdquo;, detalla la mujer sobre su rutina diaria durante este invierno. A las 18 horas, ya de noche, regresa a casa y enciende las velas colocadas estrat&eacute;gicamente por toda su vivienda. 
    </p><p class="article-text">
        La misi&oacute;n de Observaci&oacute;n de las Naciones Unidas en Ucrania ha llamado la atenci&oacute;n sobre algunos de los grupos de personas especialmente afectados por la suspensi&oacute;n prolongada de los servicios b&aacute;sicos. Los cortes de electricidad han obligado a las personas con movilidad reducida o nula a permanecer en sus hogares durante los cortes, cuando los ascensores dejan de funcionar, sostienen en un comunicado reciente. 
    </p><p class="article-text">
        Los ataques rusos contra infraestructura energ&eacute;tica da&ntilde;aron la planta t&eacute;rmica de Darnitsca (TEC 4 de Kiev). La enorme chimenea que antes abastec&iacute;a de agua caliente a 300.000 residentes, escuelas y hospitales en los distritos de Dnipro y Darnytsia de Kiev, sigue presentando tres semanas despu&eacute;s importantes destrozos, mordiscos provocados por los bombardeos masivos con los que Rusia ha provocado una crisis energ&eacute;tica que congela a la poblaci&oacute;n ucraniana. 
    </p><h2 class="article-text">&Uacute;ltimo ataque masivo</h2><p class="article-text">
        La nieve ca&iacute;a con fuerza en Kiev en las &uacute;ltimas 24 horas, los coches conduc&iacute;an con precauci&oacute;n tras la nueva tormenta y las temperaturas, despu&eacute;s de cierto respiro, volv&iacute;an a descender este lunes en la capital de Ucrania. &ldquo;Hace m&aacute;s fr&iacute;o, ha nevado, todo nos indica que habr&aacute; un nuevo ataque masivo&rdquo;, avisaba Igor, oficial del Ej&eacute;rcito ucraniano en Kiev. Horas despu&eacute;s, de madrugada, su pron&oacute;stico se cumpl&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Rusia perpetr&oacute; un nuevo ataque contra Ucrania <a href="https://www.eldiario.es/internacional/vladimir-medinski-ideologo-kremlin-vuelve-primera-linea-negociaciones-ucrania_1_12995259.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a pocas horas de que se reiniciaran los contactos para un acuerdo de paz entre ambos bandos en Ginebra, auspiciados por EEUU</a>. Durante la noche, las fuerzas de Mosc&uacute; lanzaron cerca de 400 drones y 29 misiles de diversos tipos, incluidos bal&iacute;sticos, seg&uacute;n ha informado el presidente Volod&iacute;mir Zelenski, quien ha denunciado que se ha tratado de un &ldquo;ataque combinado, calculado deliberadamente para causar el mayor da&ntilde;o posible&rdquo; al sector energ&eacute;tico del pa&iacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La chimenea de la planta de Darnitsca o TEC 4 de Kiev, destruida por bombardeos rusos
durante las últimas semanas"
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            <span class="title">
                La chimenea de la planta de Darnitsca o TEC 4 de Kiev, destruida por bombardeos rusos
durante las últimas semanas                            </span>
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        En total, 12 regiones del pa&iacute;s fueron atacadas este martes, seg&uacute;n Zelenski, que tambi&eacute;n indic&oacute; que m&aacute;s de diez edificios residenciales e infraestructura ferroviaria han resultado da&ntilde;ados. Varias personas han resultado heridas en diversos puntos del pa&iacute;s, de Jers&oacute;n a J&aacute;rkov, seg&uacute;n los diversos balances de las autoridades regionales. En Sumy, una mujer de 68 a&ntilde;os ha fallecido, seg&uacute;n la Fiscal&iacute;a, y otros tres trabajadores de la central t&eacute;rmica de Sloviansk, en la regi&oacute;n de Donetsk, tambi&eacute;n han perdido la vida tras el ataque de un dron ruso contra su veh&iacute;culo, seg&uacute;n el Ministerio de Energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La noche siguiente, durante la madrugada de este mi&eacute;rcoles, no han sonado las alarmas de la ciudad. Oksana no ha tenido que bajar al s&oacute;tano a toda prisa, Victoria no ha corrido hacia el pasillo, lo que s&iacute; habr&aacute;n notado al amanecer es m&aacute;s fr&iacute;o que ayer. Las temperaturas han bajado un poco m&aacute;s y lo seguir&aacute;n haciendo hasta el fin de semana, seg&uacute;n los pron&oacute;sticos. Y ese fr&iacute;o, adem&aacute;s de desganar y agarrotar, tambi&eacute;n activa la tensi&oacute;n de quienes aseguran conocer la estrategia b&eacute;lica de Rusia en un invierno en el que las condiciones meteorol&oacute;gicas tambi&eacute;n se han utilizado como arma de guerra. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hace menos grados que ayer. Esta noche puede haber un ataque m&aacute;s fuerte&rdquo;, vuelve a escucharse por Kiev, mientras miles ciudadanos ucranianos de la orilla este salen de casa un d&iacute;a m&aacute;s en busca de una taza de caf&eacute; caliente para enga&ntilde;ar al fr&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        Texto: Gabriela S&aacute;nchez. 
    </p><p class="article-text">
        Fotograf&iacute;a: Jairo Vargas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez, Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ataques-rusos-buscan-congelar-ucranianos-peor-invierno_1_12999371.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Feb 2026 21:33:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los ataques rusos congelan a los ucranianos en su peor invierno: "Sin calefacción, el frío no se va del cuerpo"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[José Carmona, periodista: “España y el PSOE tienen un papel importante en fomentar el olvido del Sáhara”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/jose-carmona-periodista-espana-psoe-papel-importante-fomentar-olvido-sahara_128_12871302.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5b6611d-3c46-430d-8de4-4fecfb2d8e25_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José Carmona, periodista: “España y el PSOE tienen un papel importante en fomentar el olvido del Sáhara”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista publica ‘Los despojados’, una crónica personal de sus viajes a los campamentos de refugiados saharauis y a los territorios ocupados por Marruecos medio siglo después del abandono español de su excolonia y de la Marcha Verde</p><p class="subtitle">Sánchez aplaude el aval del Consejo de Seguridad de la ONU al plan de “autonomía para el Sáhara” de Marruecos </p></div><p class="article-text">
        Medio siglo despu&eacute;s de la Marcha Verde marroqu&iacute; y del precipitado abandono espa&ntilde;ol de su colonia en el S&aacute;hara, el pueblo saharaui sigue atrapado en el desierto argelino o bajo la f&eacute;rrea ocupaci&oacute;n marroqu&iacute;. Salvo fugaces excepciones, el silencio pol&iacute;tico sobre el conflicto ha ido acompa&ntilde;ado de cada vez m&aacute;s respaldo internacional a Marruecos y del olvido de quienes no hace tanto portaban un DNI espa&ntilde;ol expedido en la que era la provincia n&uacute;mero 53 del pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        El periodista de <em>P&uacute;blico</em> Jos&eacute; Carmona (Madrid, 1992) ha querido actualizar la mirada a ese conflicto en su primer libro, <em>Los despojados. Medio siglo de lucha y exilio del pueblo saharaui</em> (Altamarea), en el que aborda el pasado, el presente y el incierto futuro del &uacute;ltimo territorio pendiente de descolonizar y de sus gentes. Una cr&oacute;nica llena de arena, silencios y amnesia, pero tambi&eacute;n de lucha y dignidad, que Carmona desgrana para elDiario.es coincidiendo con la noticia de la muerte de Robe, l&iacute;der de Extremoduro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al inicio del libro toma una cita de Robe Iniesta: &ldquo;Del tiempo perdido en causas perdidas nunca me he arrepentido&rdquo;. No s&eacute; si la causa saharaui est&aacute; perdida, pero al menos parece m&aacute;s ahogada que nunca en este &uacute;ltimo medio siglo. &iquest;C&oacute;mo se enfrenta a la escritura sobre el tema en un momento tan complicado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estos versos y, en general, c&oacute;mo se relaciona Robe con las derrotas encajan muy bien con los saharauis y avanzan al lector lo que va a encontrarse. Quer&iacute;a que el libro encajara para los que ya est&aacute;n interesados en el conflicto, pero tambi&eacute;n para que los no iniciados puedan indagar y descubrir lo que es el S&aacute;hara, porque ese es el gran problema: casi nadie sabe ni conoce esta historia. La cita de Robe ven&iacute;a bien para abrir la mente y buscar nuevas conexiones.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la debilidad de la causa, esa es de hecho la motivaci&oacute;n, aportar cosas nuevas a la causa porque, en Espa&ntilde;a, se ha quedado liderada por activistas y movimientos muy ligados a los a&ntilde;os 70 y 80, gente que vivi&oacute; la Marcha Verde, que hizo all&iacute; la mili y que poco a poco va envejeciendo. Mi primer viaje a los campamentos de Tinduf me marc&oacute; mucho y, muy entre comillas, he querido dar un poco el relevo a esa generaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, estamos ante el momento de mayor desinter&eacute;s por el S&aacute;hara, promovido en gran parte por el PSOE. Se ve en la actividad pol&iacute;tica cotidiana. Hace poco, Pedro S&aacute;nchez estuvo en la Cumbre Uni&oacute;n Africana - Uni&oacute;n Europea, donde tambi&eacute;n estaba Brahim Gali, l&iacute;der del Frente Polisario, y ni siquiera se encontraron o hablaron. Espa&ntilde;a y el PSOE juegan un papel muy importante en fomentar el olvido del S&aacute;hara, y eso hace muy complicado salir de esta din&aacute;mica. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La causa del Sáhara en España ha quedado liderada por activistas y movimientos muy ligados a los años 70 y 80, gente que vivió la Marcha Verde, que hizo allí la mili y que poco a poco va envejeciendo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El libro comienza con su visita a Dajla, una ciudad saharaui bajo ocupaci&oacute;n marroqu&iacute;. Un viaje que dur&oacute; apenas un d&iacute;a, acab&oacute; con 60 polic&iacute;as irrumpiendo en el sal&oacute;n de una casa y su expulsi&oacute;n de la ciudad. &iquest;C&oacute;mo ocurri&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue todo inesperado. Nuestro objetivo no era armar ruido ni mucho menos ser expulsados ni enfrentarnos a lo que pas&oacute;. Aprovechando el primer vuelo Madrid-Dajla que empez&oacute; a ofrecer Ryanair, CEAS [Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el S&aacute;hara] propuso a <em>P&uacute;blico </em>que un redactor los acompa&ntilde;ara para visibilizar la explotaci&oacute;n del turismo como nueva v&iacute;a para legitimar la ocupaci&oacute;n marroqu&iacute; de los territorios saharauis. Hay decenas de hoteles y muchos m&aacute;s en construcci&oacute;n en esa larga pen&iacute;nsula. Cada vez m&aacute;s turistas franceses y espa&ntilde;oles van all&iacute; a disfrutar de esa mezcla entre Benidorm y Jordania. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos reunimos con activistas saharauis de la ciudad y fue durante una entrevista en casa de uno de ellos cuando lleg&oacute; la polic&iacute;a y acabamos expulsados a Agadir, una ciudad a mil kil&oacute;metros al norte de Dajla. Es un resumen muy fiel de lo que significa ser activista por la independencia del S&aacute;hara bajo ocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuentas que uno de los entrevistados recibi&oacute; una paliza tras su marcha. &iquest;Ha habido m&aacute;s consecuencias despu&eacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por suerte seguimos en contacto y sus vidas siguen m&aacute;s o menos igual. Para ellos, que nosotros, activistas y un periodista espa&ntilde;ol, fu&eacute;ramos a verlos significaba una acci&oacute;n pol&iacute;tica muy importante. Intentamos ser discretos porque nos estuvieron vigilando desde que aterrizamos en Dajla, pero cuando nos encontramos en la calle con estos chicos ellos empezaron a grabar v&iacute;deos y hacer gestos a los coches que nos segu&iacute;an. Su vida es el activismo y tambi&eacute;n son las palizas continuas y la represi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Ser saharaui en los territorios ocupados significa que no tienen acceso normal al trabajo, que est&aacute;n estigmatizados por lo que son, que la polic&iacute;a les pare simplemente porque van en grupo por la calle. Se niegan a renunciar a la independencia del S&aacute;hara y asumen todos los costes, que podr&iacute;an ser mucho menores si no lo reivindicaran. Cuando lo ves de cerca percibes lo que es: un ejercicio de dignidad impresionante. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque esta expulsi&oacute;n tuvo gran impacto medi&aacute;tico, a nivel pol&iacute;tico no tuvo consecuencias. &iquest;Le sorprendi&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me encuadro en ese tipo de periodistas o de medios de comunicaci&oacute;n a los que siempre le va a costar un poco m&aacute;s que le hagan caso las instituciones. Ya sab&iacute;a que un gobierno socialista siempre va a querer evitar problemas con Marruecos. Pero s&iacute; fue muy sorprendente que desde el Gobierno nos dieran versiones contradictorias de por qu&eacute; no hab&iacute;an hecho nada. Primero dijeron que se enteraron tarde de la expulsi&oacute;n, luego la portavoz del Gobierno, Pilar Alegr&iacute;a, dijo que hab&iacute;an estado en contacto permanente con nosotros, algo que era falso y que luego atribuy&oacute; a un malentendido. 
    </p><p class="article-text">
        La jugada de Marruecos fue que no nos deportaron a Espa&ntilde;a, algo que s&iacute; podr&iacute;a haber generado un conflicto diplom&aacute;tico. Nos expulsaron de Dajla, pero nos dejaron en territorio marroqu&iacute;. Aun as&iacute;, perdimos nuestros billetes de vuelta desde Dajla porque ya no pod&iacute;amos volver. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sorprende la falta de memoria de las nuevas generaciones de saharauis de la que habla, ese tab&uacute; familiar de hablar de la guerra y la huida al desierto. &iquest;No es contradictorio en este caso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es algo parecido a lo que pasa en Espa&ntilde;a con la Guerra Civil. Cuando sacas el tema en una jaima cambia el ambiente y se producen momentos especiales. Las chicas de la casa en la que estuve en el &uacute;ltimo viaje a los campamentos, que ya eran madres de 22 y 23 a&ntilde;os, nunca hab&iacute;an o&iacute;do hablar de la traves&iacute;a por el desierto de su familia. Su abuelo no quer&iacute;a hablar de la guerra porque se le hab&iacute;a muerto un hermano. Hay una especie de tap&oacute;n que todav&iacute;a no se les ha quitado, en parte porque siguen en el mismo sitio desde 1976. Ya es casi la cuarta generaci&oacute;n de saharauis que nace en un campamento despu&eacute;s de la guerra. 
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; fue muy bonito vivir en primera persona cuando les ped&iacute; a estas chicas que me llevaran a hablar con los veteranos del campamento y ellas escucharon c&oacute;mo fue la huida por el desierto. Se quedaron muy sorprendidas con los relatos de los bombardeos marroqu&iacute;es a las columnas de refugiados que hu&iacute;an, sab&iacute;an que fueron expulsados, pero no en qu&eacute; circunstancias brutales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Uno de esos relatos son los bombardeos de Um Draiga, aut&eacute;nticos cr&iacute;menes de guerra de los que apenas se ha hablado en Espa&ntilde;a y, por lo que describe, tampoco en los campamentos saharauis.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me impact&oacute; mucho que Marruecos lanzara f&oacute;sforo blanco y napalm a la gente que hu&iacute;a por el desierto. Los testimonios de dos ancianas que recog&iacute; cuentan que la forma de reconocer a sus familiares eran las pulseras y los relojes, porque el resto se hab&iacute;a convertido en cenizas. Es alucinante y uno de los grandes cap&iacute;tulos olvidados de la historia del S&aacute;hara, incluso para los propios saharauis. Para m&iacute; es el cap&iacute;tulo m&aacute;s negro de la historia del pueblo saharaui, uno de los m&aacute;s terribles de Marruecos como agente represor, y ha ca&iacute;do en el olvido porque en Espa&ntilde;a no hay ninguna organizaci&oacute;n o ning&uacute;n partido pol&iacute;tico que lo evite, aunque muchas de las v&iacute;ctimas ten&iacute;an DNI espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es uno de los muchos paralelismos entre el conflicto saharaui y el palestino y, sin embargo, Espa&ntilde;a, con gran parte de la responsabilidad en la situaci&oacute;n del S&aacute;hara, ha mostrado posturas muy diferentes entre un caso y otro. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es esto que llaman <em>realpolitik</em>: puedes justificar cualquier crimen porque la pol&iacute;tica internacional es complicada y punto. No tengo ninguna duda de que si los espa&ntilde;oles tuvi&eacute;ramos la misma informaci&oacute;n sobre el S&aacute;hara que la que tenemos sobre Palestina, estar&iacute;amos igual o m&aacute;s volcados con el S&aacute;hara. Si el conflicto apareciese m&aacute;s en los medios, si el PSOE quisiese hablar del S&aacute;hara, habr&iacute;a cambios. El Gobierno espa&ntilde;ol prefiere ceder ante las exigencias de Marruecos, que es a la vez ceder a las posiciones de EEUU. 
    </p><p class="article-text">
        Con Palestina ha decidido no respetar ese consenso internacional de dejar morir a los palestinos porque en este tema ha encontrado un motor para su propia supervivencia electoral. Tambi&eacute;n es una realidad que Marruecos es la valla que regula el flujo de migrantes hacia Espa&ntilde;a y es fundamental mantener una relaci&oacute;n normalizada y sin conflictos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tras medio siglo, el Frente Polisario sigue siendo el representante leg&iacute;timo del pueblo saharaui, pero &iquest;c&oacute;mo lo perciben actualmente las nuevas generaciones de saharauis? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde la opini&oacute;n de un hombre blanco europeo, creo que su gran problema es la falta de relevo. Los chavales llaman dinosaurios a los actuales dirigentes, de los que muchos hicieron la guerra no ya contra Marruecos, sino contra Espa&ntilde;a. Creo que a los chicos de 25 o 30 a&ntilde;os es eso lo que m&aacute;s les quema; aunque reconozcan el m&eacute;rito del Frente Polisario, est&aacute;n desencantados. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La lucha armada es una opción para muchos jóvenes, pero es fruto de la desesperación y del fracaso de la diplomacia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los actuales l&iacute;deres entienden la no guerra como paz y no quieren ir a un conflicto armado para no exponer a su gente. Pero ning&uacute;n nieto se conforma con las victorias de sus abuelos, y los j&oacute;venes de los campamentos no ven como paz estar confinados en el desierto, mientras que en los territorios ocupados muchos j&oacute;venes ahorran para pagarse una patera a Espa&ntilde;a. La lucha armada es una opci&oacute;n para muchos, pero es fruto de la desesperaci&oacute;n y del fracaso de la diplomacia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo gestionan esa frustraci&oacute;n los j&oacute;venes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con la migraci&oacute;n o con desentenderse del conflicto. Los que pueden, se van a Espa&ntilde;a o a Francia para trabajar y enviar dinero a sus familias o intentan poco a poco llev&aacute;rselas con ellos. En los campamentos muchos intentan conseguir el pasaporte de ap&aacute;trida para irse a estudiar fuera, o por las v&iacute;as de las migraciones forzadas o incluso saliendo de los campamentos sin permiso del Polisario, que es reacio a que la gente se vaya. Pero si no les das alternativa y no hay &oacute;rganos diplom&aacute;ticos y pol&iacute;ticos en los que debatir, pues la alternativa es la desconexi&oacute;n total con la causa, en mi opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro habla de las cocinas de las </strong><em><strong>jaimas</strong></em><strong> como &ldquo;peque&ntilde;os espacios de libertad&rdquo; para las mujeres. &iquest;C&oacute;mo es la vida de las mujeres saharauis?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En los campamentos saharauis pas&oacute; lo mismo que en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, mientras los hombres hac&iacute;an la guerra, ellas tej&iacute;an la sociedad, constru&iacute;an los campamentos, organizaban la vida. Tienen tendencia a ser la cabeza de familia porque los hombres est&aacute;n m&aacute;s desconectados del d&iacute;a a d&iacute;a dom&eacute;stico. Ser saharaui no es f&aacute;cil, pero ser mujer saharaui es a&uacute;n m&aacute;s duro. No hay que mirarlo con la condescendencia de un hombre europeo blanco, pero es una realidad que no se han quitado la lapa del machismo, que en un campamento de refugiados todav&iacute;a se endurece m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hay mucha m&aacute;s reticencia a que sean ellas las que se marchen a trabajar a Europa, mientras que est&aacute; normalizado en el caso de los hombres. Su vida se resume en cuidar, cocinar y limpiar. Es cierto que cada vez hay m&aacute;s mujeres que quieren entrar en pol&iacute;tica o en el ej&eacute;rcito, es dif&iacute;cil, pero poco a poco va permeando el feminismo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El muro levantado por Marruecos es otro de los cap&iacute;tulos. &iquest;Qu&eacute; se siente al verlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que piensas es por qu&eacute; nadie me ha hablado de esto. Muy pocas personas en Espa&ntilde;a saben que el mayor muro del mundo est&aacute; ah&iacute; y que no tiene comparaci&oacute;n con el de Berl&iacute;n, el de Trump en M&eacute;xico e incluso con el de Adriano. Adem&aacute;s, da mucho v&eacute;rtigo pensar en la enorme cantidad de minas que lo preceden, que nunca se han terminado de contar. Aunque el S&aacute;hara se libere, seguir&aacute;n siendo un problema porque siempre van a estar ah&iacute; y se mueven cuando llueve. 
    </p><p class="article-text">
        He querido poner el foco en esto, porque conoc&iacute; a gente que hab&iacute;a trabajado desminando y ahora les faltan las manos por una explosi&oacute;n. Es espectacular poder ver y contar esto, porque no son agentes del TEDAX con protecciones y robots los que van a desactivarlas, sino gente que estudi&oacute; qu&iacute;mica en la antigua Yugoslavia que va con las manos desnudas. Muchas minas las pusieron los soldados espa&ntilde;oles para evitar la Marcha Verde, pero desde entonces, uno de los grandes negocios de empresas europeas ha sido venderle minas a Marruecos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muy pocas personas en España saben que el mayor muro del mundo está en el Sáhara y que no tiene comparación con el de Berlín, el de Trump en México e incluso con el de Adriano</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; ha lastrado m&aacute;s a la causa saharaui, los movimientos y presiones marroqu&iacute;es o la amnesia colectiva y el desconocimiento social sobre el tema?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Que apenas haya habido cambios en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os hace que el conflicto pierda inter&eacute;s en los medios y, por tanto, para la ciudadan&iacute;a. Marruecos ha pasado simplemente de lanzar napalm a conseguir que la misi&oacute;n de la ONU cambie algunas palabras en los acuerdos anuales para legitimar su postura. Juega con la ventaja de que a Pedro S&aacute;nchez no le pasa factura electoral ceder ante las posiciones marroqu&iacute;es en este tema, y si vuelve a gobernar el PP, no me cabe duda de que tambi&eacute;n asumir&aacute; estos postulados. 
    </p><p class="article-text">
        Si hubiera un chispazo que agitara la cuesti&oacute;n estoy seguro de que pasar&iacute;an cosas, como hemos visto con el conflicto palestino. Era impensable de la Comisi&oacute;n Europea se plantease embargos para Israel, y, sin embargo, lo hemos visto. Lamentablemente, la sociedad no est&aacute; en esas con el S&aacute;hara, pero se debe a la inacci&oacute;n premeditada del poder pol&iacute;tico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/jose-carmona-periodista-espana-psoe-papel-importante-fomentar-olvido-sahara_128_12871302.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Dec 2025 19:19:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Carmona, periodista: “España y el PSOE tienen un papel importante en fomentar el olvido del Sáhara”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conflicto saharaui,Sáhara,Marruecos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los saharauis afrontan el revés de la ONU tras 50 años de la Marcha Verde: "La única solución será la lucha armada"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/50-anos-despues-marcha-verde-saharauis-afrontan-reves-onu-unica-solucion-sera-lucha-armada_1_12744392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a18b629-b04c-401b-a8da-7bdcd73167c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los saharauis afrontan el revés de la ONU tras 50 años de la Marcha Verde: &quot;La única solución será la lucha armada&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La población saharaui llega al 50 aniversario de la Marcha Verde, con la que Marruecos ocupó ilegalmente la entonces provincia española número 53, con un nuevo golpe de la ONU, al defender la autonomía de territorio bajo soberaní marroquí como solución preferente</p><p class="subtitle">El Consejo de Seguridad prorroga la misión de la ONU para el referéndum del Sáhara Occidental “tomando como base la propuesta de autonomía de Marruecos”</p></div><p class="article-text">
        Cuando Bucharaya Bahi piensa en el 6 de noviembre de 1975, se traslada al aula del que era su colegio, La Paz, en El Aai&uacute;n (S&aacute;hara Occidental). En su mente aparece la cara de preocupaci&oacute;n de su &uacute;ltimo profesor espa&ntilde;ol, Don Ambrosio, y un transistor que informaba sobre la noticia de la que todos hablaban: la denominada &ldquo;Marcha Verde&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De madrugada, 350.000 civiles marroqu&iacute;es, la mayor&iacute;a campesinos, comenzaron a caminar desde Marruecos hacia el S&aacute;hara Occidental tras su reclutamiento por orden del rey Hassan II, quien aprovech&oacute; la inminente muerte de Franco para hacerse ilegalmente con el territorio colonial, administrado por Espa&ntilde;a. El objetivo era presionar hasta ocupar la que hasta entonces fue la provincia espa&ntilde;ola n&uacute;mero 53, con el fin de &ldquo;recuperar&rdquo; un territorio que, seg&uacute;n defend&iacute;a el monarca marroqu&iacute;, le pertenec&iacute;a antes de su colonizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Bucharaya, que apenas ten&iacute;a siete a&ntilde;os, no llegaba a descifrar la angustia de los rostros adultos que le rodeaban. A&uacute;n desconoc&iacute;a hasta qu&eacute; punto ese d&iacute;a marcar&iacute;a su futuro.  Tampoco lo sab&iacute;a Syed, que ni siquiera hab&iacute;a nacido. Lo hizo en 1976, pocos meses despu&eacute;s la Marcha Verde que cambiar&iacute;a el devenir de sus vidas. 
    </p><h2 class="article-text">Recuerdos del 6 de noviembre de 1975</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestros padres y maestros estaban preocupados. Ellos entend&iacute;an lo que estaba ocurriendo, pero nosotros &eacute;ramos demasiado peque&ntilde;os para comprenderlo&rdquo;, dice Bucharaya Bahi a elDiario.es por mensaje desde El Aai&uacute;n, capital de los territorios saharauis, ocupados por Marruecos desde aquel 6 de noviembre de 1975. Medio siglo despu&eacute;s, aquel ni&ntilde;o de casi siete a&ntilde;os roza los 57 y su vida ha estado atravesada, como la de todos los saharauis, por la invasi&oacute;n marroqu&iacute; del S&aacute;hara Occidental y el posterior abandono de Espa&ntilde;a de su colonia. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De repente, los tanques empezaron a rodear nuestros barrios, incluso el m&iacute;o, Colomina Vieja, cerca del aeropuerto&rdquo;, cuenta Bucharaya Bahi. Las fuerzas armadas militares se desplegaron de manera disuasoria por varios puntos para cerrar la capital por sus flancos, y los testimonios de los residentes de El Aai&uacute;n en la &eacute;poca hablan tambi&eacute;n de movilizaci&oacute;n repentina de tanques y<strong> </strong>veh&iacute;culos blindados espa&ntilde;oles dentro de la ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        Dos d&iacute;as antes, el entonces pr&iacute;ncipe Juan Carlos hab&iacute;a visitado la capital del S&aacute;hara Occidental para mostrar su respaldo a los militares espa&ntilde;oles. El Borb&oacute;n asegur&oacute; que Espa&ntilde;a &ldquo;cumplir&iacute;a sus compromisos&rdquo; con el territorio colonial, que esperaba la celebraci&oacute;n de un refer&eacute;ndum de autodeterminaci&oacute;n. &ldquo;Deseamos proteger tambi&eacute;n los leg&iacute;timos derechos de la poblaci&oacute;n civil saharaui, ya que nuestra posici&oacute;n en el mundo y nuestra historia nos lo exigen&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; en un discurso aplaudido por cientos de saharauis. 
    </p><p class="article-text">
        El peque&ntilde;o Bucharaya Bahi recuerda el revuelo generado en la ciudad por la visita del pr&iacute;ncipe espa&ntilde;ol. &ldquo;Con los a&ntilde;os, hemos comprendido que la visita de Juan Carlos a El Aai&uacute;n fue una maniobra para ocultar la realidad de lo que suced&iacute;a. Luego vinieron los Acuerdos de Madrid y, finalmente, el Real Decreto 2258/76, que nos arrebat&oacute; nuestra nacionalidad espa&ntilde;ola&rdquo;, lamenta. 
    </p><h2 class="article-text">Efectos para las nuevas generaciones</h2><p class="article-text">
        De la Marcha Verde, Syed sabe lo que ha le&iacute;do y lo que le contaron sus padres cuando era ni&ntilde;o. Pero tambi&eacute;n ha vivido los efectos de aquel abandono espa&ntilde;ol y de af&aacute;n expansionista de Marruecos durante todos sus 49 a&ntilde;os de vida. Despu&eacute;s de aquel d&iacute;a, su familia qued&oacute; separada para siempre. 
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as despu&eacute;s de la marcha, el 14 de noviembre de 1975, el chantaje marroqu&iacute; dio sus frutos y Espa&ntilde;a firm&oacute; los Acuerdos Tripartitos de Madrid, con los cedi&oacute; ilegalmente el S&aacute;hara Occidental a Marruecos y Mauritania. Tras su r&uacute;brica, Marruecos ocup&oacute; el territorio militarmente y, tiempo despu&eacute;s, estall&oacute; un conflicto con el Frente Polisario, a&uacute;n pendiente de resoluci&oacute;n definitiva. La ONU nunca ha reconocido dicho pacto y a&uacute;n considera al S&aacute;hara un territorio pendiente de descolonizar, bajo la potencia administrativa espa&ntilde;ola. 
    </p><p class="article-text">
        Syed prefiere ocultar su nombre real, aunque ya lleve 24 a&ntilde;os viviendo en Espa&ntilde;a, la mitad de su vida. Los 25 a&ntilde;os anteriores los pas&oacute; en los territorios saharauis ocupados ilegalmente por Marruecos, sobre todo en Dajla, la antigua Villa Cisneros espa&ntilde;ola, y en El Aai&uacute;n. Tambi&eacute;n se refugi&oacute; unos a&ntilde;os, los primeros tras la Marcha Verde, en la ciudad de Sidi Ifni, que fue entregada definitivamente por Espa&ntilde;a a Marruecos en 1969. Su vida es fiel al esp&iacute;ritu n&oacute;mada del pueblo saharaui, aunque en su caso, ha sido un continuo exilio forzado por la ocupaci&oacute;n primero y la represi&oacute;n despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La familia de Syed no tuvo otra que dividirse: unos acabaron en Dajla y El Aai&uacute;n, bajo la f&eacute;rrea ocupaci&oacute;n marroqu&iacute;, y otros en los campamentos de Tindouf, donde unos 170.000 saharauis siguen resistiendo medio siglo despu&eacute;s la dureza del desierto y la apatridia. &ldquo;Para nosotros no fue una marcha verde, sino una marcha negra. No fue una marcha civil pac&iacute;fica. La realidad, las masacres con napalm y f&oacute;sforo blanco que sufrieron los saharauis desplazados al desierto, est&aacute; tapada y escondida&rdquo;, afirma Syed.
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            <span class="title">
                Refugiadas saharauis en uno de los campamentos levanatdos en el desierto de Tindouf (Argelia) donde viven exiliados decenas de miles de saharauis.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En 1976,&nbsp;el Frente Polisario proclam&oacute; la Rep&uacute;blica &Aacute;rabe Saharaui Democr&aacute;tica (RASD), y comenz&oacute; la guerra con Marruecos y Mauritania. Posteriormente, el Gobierno mauritano decidi&oacute; abandonar sus pretensiones en la zona, pero el Reino marroqu&iacute; continu&oacute; hasta 1991, cuando se firm&oacute; el alto el fuego. La ONU cre&oacute; entonces la Misi&oacute;n de Naciones Unidas para el Refer&eacute;ndum en el Sahara Occidental (Minurso) con el objetivo de preparar una consulta prevista para 1992 y mantener la paz. El refer&eacute;ndum no lleg&oacute; a producirse. 
    </p><p class="article-text">
        Bahi tambi&eacute;n enumera los muchos cambios sufridos desde entonces, presenciados en primera persona. Su ciudad pas&oacute; de estar administrada por Espa&ntilde;a a pasar a control marroqu&iacute;:  &ldquo;De ni&ntilde;o estudiaba en un colegio espa&ntilde;ol, viv&iacute;amos en una sociedad conservadora, con respeto a nuestra religi&oacute;n y costumbres. Los maestros y comerciantes sol&iacute;an pasar los fines de semana en Canarias. En casi todas las casas se hablaba espa&ntilde;ol. Conviv&iacute;amos unos con otros&rdquo;, describe el saharaui. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy, todo eso ha cambiado. Nuestra sociedad, nuestra educaci&oacute;n y nuestra forma de vida se transformaron por completo. Lo que antes era cotidiano, ahora casi ha desaparecido&rdquo;. Tras la ocupaci&oacute;n, el saharaui nunca pudo recuperar su nacionalidad espa&ntilde;ola, pese a que su padre, como toda la poblaci&oacute;n del territorio colonial, contaba con DNI espa&ntilde;ol. 
    </p><h2 class="article-text">El &uacute;ltimo golpe</h2><p class="article-text">
        Syed, desde Espa&ntilde;a, denuncia la represi&oacute;n sufrida por los saharauis en los territorios ocupados del S&aacute;hara Occidental. Su activismo por la causa desde el interior de los territorios ocupados lo puso en busca y captura cuando no ten&iacute;a ni 30 a&ntilde;os. Su condici&oacute;n de saharaui le ocasion&oacute; el despido del pesquero ruso en el que trabajaba en Dajla. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No pod&iacute;a ser funcionario, no pod&iacute;a ser polic&iacute;a, no pod&iacute;a ser pescador en las flotas que expolian el pescado de mi tierra ni en las minas de fosfatos. Qu&eacute; otra cosa pod&iacute;a hacer. Me fui en patera y llegu&eacute; a Fuerteventura. Porque para nosotros no hay visados&rdquo;, resume. Pero &ldquo;incluso estando aqu&iacute;, en Espa&ntilde;a, sientes miedo de hablar sobre el conflicto saharaui. Hace a&ntilde;os sal&iacute; en un peri&oacute;dico y no par&eacute; de recibir amenazas. Y tambi&eacute;n me da miedo que mis palabras tengan consecuencias para mis familiares que siguen en el S&aacute;hara ocupado&rdquo;, explica por tel&eacute;fono desde Zaragoza, donde vive con su mujer y sus dos hijos.
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            <span class="title">
                Mliltares marroquíes en la ciudad de Dajla, ocupada por Marruecos.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Sobre todo ahora, con la &uacute;ltima noticia que ha salido&rdquo;, puntualiza. Se refiere a la renovaci&oacute;n del mandato de Naciones Unidas para la resoluci&oacute;n del conflicto del S&aacute;hara. La ONU nunca ha reconocido a Marruecos como potencia administradora del S&aacute;hara Occidental pero la &uacute;ltima <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/consejo-seguridad-prorroga-mision-onu-referendum-sahara-occidental-tomando-base-propuesta-autonomia-marruecos_1_12733077.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">resoluci&oacute;n </a>del Consejo de Seguridad, votada el pasado viernes, dio un &uacute;ltimo mazazo a la causa saharaui. Por primera vez, a propuesta de Donald Trump, el escrito insta a las partes a entablar negociaciones &ldquo;tomando como base la propuesta de autonom&iacute;a de Marruecos con miras a alcanzar una soluci&oacute;n pol&iacute;tica definitiva mutuamente aceptable que prevea la libre autodeterminaci&oacute;n del pueblo del S&aacute;hara Occidental&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que el borrador inicial presentado por EEUU eliminaba menci&oacute;n alguna al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminaci&oacute;n, &ldquo;derecho inalienable seg&uacute;n la Asamblea General de las Naciones Unidas, el documento aprobado la semana pasada por el Consejo de Seguridad acab&oacute; incluyendo de nuevo esa salvaguarda, pero por primera vez ha asentado como opci&oacute;n m&aacute;s viable la autonom&iacute;a saharaui bajo soberan&iacute;a marroqu&iacute;. El abogado y observador internacional de derechos humanos Sidi Talebbuia, saharaui y espa&ntilde;ol, considera que pese a suponer un &rdquo;espaldarazo al r&eacute;gimen de Marruecos y su presencia en el territorio&ldquo; el documento final pudo haber sido &rdquo;a&uacute;n peor&ldquo;, pues finalmente ha mantenido la menci&oacute;n al derecho a la autodeterminaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Viene a constatar el posicionamiento que ha tomado Francia y Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que apoya la ocupacion del territorio. Pero tambi&eacute;n en el a&ntilde;o 91 se dio un plazo de 6 meses para celebrar un refer&eacute;ndum que nunca ha sucedido&rdquo;, a&ntilde;ade el jurista. 
    </p><p class="article-text">
        El rey alau&iacute;, Mohamed VI, ha declarado fiesta nacional el 31 de octubre, cuando se aprob&oacute; esta resoluci&oacute;n, lo que da una idea del espaldarazo que el monarca ha sentido. &ldquo;Hay mucho miedo a hablar, ahora m&aacute;s todav&iacute;a. Si aparece mi nombre criticando al Estado marroqu&iacute; estoy seguro de que van a por mi familia. Ya se sabe lo que hay, detenciones, palizas, torturas o directamente desapariciones. Cu&aacute;ntos activistas saharauis est&aacute;n en paradero desconocido&hellip;&rdquo;, lamenta.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;La &uacute;nica v&iacute;a es la lucha armada&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Para Syed, el giro de la ONU a favor de la postura marroqu&iacute; es solo &ldquo;el &uacute;ltimo episodio&rdquo; de un declive de la causa que &ldquo;empieza con el alto el fuego de 1991&rdquo;, apunta. Un &ldquo;error de los l&iacute;deres pol&iacute;ticos saharauis&rdquo; que, en su opini&oacute;n, ahora est&aacute; pagando su pueblo a ambos lados del muro marroqu&iacute;. &ldquo;Ahora estamos dominados, totalmente, sobre todo en los territorios ocupados, pero tambi&eacute;n en los campamentos. La juventud quiere que se vuelva a la lucha armada, pero la situaci&oacute;n ahora es de mucha m&aacute;s debilidad en lo militar&rdquo;, apostilla. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchos lo tenemos claro. Lo que diga la ONU nos da igual. Aunque hubiera un refer&eacute;ndum, Marruecos nunca se va a ir del S&aacute;hara por voluntad propia. Ahora hablan de una autonom&iacute;a, pero ya sabemos lo que significa eso: nada. Lo que llega con violencia solo se saca con violencia. Por eso tengo claro que la &uacute;nica v&iacute;a para liberar mi tierra es la lucha armada, como la de los a&ntilde;os 80&rdquo;, asegura. &ldquo;Puede que haya inferioridad militar, pero los soldados saharauis combaten por su pa&iacute;s, mientras que los soldados marroqu&iacute;es son solo chavales que cobran 400 euros al mes&rdquo;, conf&iacute;a Syed. &ldquo;Estamos en la &uacute;ltima etapa de la causa saharaui, si resurge la lucha armada eso puede cambiar&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea se expresa Bahi. &ldquo;Los saharauis seguimos cada a&ntilde;o las resoluciones del Consejo de Seguridad, pero esta vez fue diferente: el contexto en Gaza, en Marruecos y las manifestaciones recientes generaban preocupaci&oacute;n. El primer borrador caus&oacute; miedo, porque muchos tem&iacute;an un cambio total a favor de Marruecos&rdquo;, sostiene desde la capital del S&aacute;hara. &ldquo;Al final, la resoluci&oacute;n sali&oacute; casi equilibrada, aunque contradictoria. Marruecos intent&oacute; presentarla como una victoria total, con festejos y manipulaci&oacute;n medi&aacute;tica, pero la realidad muestra que no todo sali&oacute; seg&uacute;n sus planes&rdquo;, apunta.
    </p><h2 class="article-text">Separaci&oacute;n de familias</h2><p class="article-text">
        Cuando los ataques marroqu&iacute;es contra la poblaci&oacute;n saharaui refugiada empezaron a arreciar, la madre de Sayed estaba embarazada de &eacute;l, &ldquo;por eso no huy&oacute; al desierto&rdquo;, apunta. &ldquo;Mi padre, que fue durante 26 a&ntilde;os sargento de la Polic&iacute;a Territorial en la Villa Cisneros espa&ntilde;ola, reuni&oacute; a sus hijos m&aacute;s peque&ntilde;os y busc&oacute; refugio en Sidi Ifni&rdquo;, explica. &ldquo;El resto de mis hermanos, primos y t&iacute;os huyeron al desierto y nunca han podido regresar a su tierra ni a visitar a su familia&rdquo;, lamenta. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo he tocado techo en cuanto a la realidad de esta separaci&oacute;n&rdquo;, confiesa. Syed conoci&oacute; a una de sus hermanas &ldquo;por pura casualidad&rdquo; despu&eacute;s de 30 a&ntilde;os sin siquiera haberse visto las caras. Ambos acudieron el mismo d&iacute;a y a la misma hora a la misma oficina de C&oacute;rdoba para pedir la nacionalidad espa&ntilde;ola. Cuando escuch&oacute; el nombre y sus mismos apellidos, le pregunt&oacute; si ten&iacute;a un hermano en Dajla al que no hab&iacute;a conocido. Ella respondi&oacute; que s&iacute; y &eacute;l le dijo: &ldquo;Pues aqu&iacute; est&aacute;, soy yo&rdquo;. &ldquo;Fue un momento de mucha emoci&oacute;n, de muchas l&aacute;grimas. Ella no me abrazaba, me mord&iacute;a. No se esperaba una sorpresa as&iacute;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de su hermana, &eacute;l s&iacute; ha logrado volver a su tierra, aunque lo que vio y vivi&oacute; no fue agradable. &ldquo;Me cost&oacute; 5.000 euros en sobornos a un juez marroqu&iacute; para que borrara mi expediente y dejara de estar buscado en Marruecos&rdquo;, explica. En 2010 acudi&oacute; al llamado &ldquo;campamento de la dignidad&rdquo; de Gdeim Izik, a unos 10 kil&oacute;metros de El Aai&uacute;n. Fue la mayor protesta saharaui desde el alto el fuego acordado entre Marruecos y el Frente Polisario en el 91. Decenas de miles de activistas acamparon durante m&aacute;s de un mes hasta que las fuerzas de seguridad marroqu&iacute;es asaltaron el campamento y detuvieron a m&aacute;s de 200 personas. Algunas siguen en prisi&oacute;n, cumpliendo condenas de hasta 20 a&ntilde;os de c&aacute;rcel o cadena perpetua.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esa es la respuesta a las protestas. Si preguntas, muchos saharauis que siguen bajo la ocupaci&oacute;n te dir&aacute;n que solo quieren vivir en paz, que no quieren problemas. Ese el resultado de todo este tiempo, del miedo y de la desprotecci&oacute;n que viven, porque nadie se preocupa del pueblo saharaui. Ni Espa&ntilde;a ni la ONU ni ning&uacute;n gobierno del mundo&rdquo;, lamenta. &ldquo;As&iacute;, qui&eacute;n va a salir a protestar en el S&aacute;hara ocupado despu&eacute;s de esta resoluci&oacute;n. Nadie. Saben que si lo hacen estar&aacute;n condenados de por vida. Si la gente est&aacute; tranquila es porque teme por su vida, por su libertad y por la de su familia&rdquo;, asevera.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en 50 a&ntilde;os, Marruecos ha conseguido un <em>impasse </em>pol&iacute;tico en el que ha sabido ara&ntilde;ar poco a poco avances que legitiman su ocupaci&oacute;n ilegal. Su acercamiento diplom&aacute;tico a Israel no solo le ha granjeado el respaldo de EEUU, sino tambi&eacute;n tecnolog&iacute;a militar punta israel&iacute;. Su chantaje migratorio continuo a Espa&ntilde;a ayud&oacute; a que el Gobierno de Pedro S&aacute;nchez aceptara la propuesta marroqu&iacute; de autonom&iacute;a controlada para el S&aacute;hara. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, ha sabido blanquear internacionalmente la ocupaci&oacute;n mediante el turismo de masas, con Dajla como perla del Atl&aacute;ntico. Si hoy Syed volviera a la ciudad en la que creci&oacute;, se encontrar&iacute;a un lugar en plena transformaci&oacute;n, donde camiones y excavadoras levantan cada cent&iacute;metro de acera para construirla de nuevo. Llena de hoteles de lujo a pie de mar en sus m&aacute;s de mil kil&oacute;metros de costa, pero en los que no trabaja ning&uacute;n saharaui. 
    </p><p class="article-text">
        Con vuelos diarios cargados de espa&ntilde;oles y franceses amantes de kitesurf que no saben o no quieren saber que esas olas y esos vientos les fueron arrebatados por las armas a un pueblo que mira en silencio el normalizado manto del expolio. Hechos consumados ante la inacci&oacute;n de la comunidad internacional que, seg&uacute;n Syed, ha llevado a la mayor&iacute;a de los saharauis que han podido a escapar de su propia tierra saqueada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez, Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/50-anos-despues-marcha-verde-saharauis-afrontan-reves-onu-unica-solucion-sera-lucha-armada_1_12744392.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Nov 2025 20:57:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los saharauis afrontan el revés de la ONU tras 50 años de la Marcha Verde: "La única solución será la lucha armada"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sáhara Occidental,Conflicto saharaui,Marruecos,España,Colonialismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La falta de citas para el asilo castiga a las refugiadas: “En pandemia y con tres hijos me echaron por no renovar los papeles”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/falta-citas-asilo-castiga-refugiadas-pandemia-tres-hijos-echaron-no-renovar-papeles_1_12724742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daf5ddfa-1611-4fbf-bb7e-5a0064070538_16-9-discover-aspect-ratio_default_1129226.jpg" width="5468" height="3076" alt="La falta de citas para el asilo castiga a las refugiadas: “En pandemia y con tres hijos me echaron por no renovar los papeles”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un informe de la Asociación de Mujeres de Guatemala denuncia la discriminación de solicitantes de asilo para acceder a la Administración y advierte del riesgo de exclusión social al que abocan a mujeres refugiadas y a sus hijos, pese a tener derecho a protección internacional</p><p class="subtitle">La venta ilegal de citas para extranjeros se dispara en Madrid: anuncios en Wallapop y trámites por hasta 400 euros </p></div><p class="article-text">
        El problema de las citas para los tr&aacute;mites de extranjer&iacute;a en las comisar&iacute;as espa&ntilde;olas sigue enquistado tras su primera explosi&oacute;n en 2018. Todav&iacute;a hoy pueden pasar meses o incluso m&aacute;s de un a&ntilde;o para que quien lo necesita desesperadamente logre acceder a la Administraci&oacute;n, lo que perjudica muy especialmente a las mujeres, seg&uacute;n el informe <em>Sin citas no hay derechos: refugiadas contra la discriminaci&oacute;n administrativa</em>, presentado esta semana en el Congreso de los Diputados por la Asociaci&oacute;n de Mujeres de Guatemala (AMG).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cientos de miles de personas que est&aacute;n trabajando, que hacen Espa&ntilde;a todos los d&iacute;as, est&aacute;n discriminadas. Tienen negado el derecho de acceso a la Administraci&oacute;n, y as&iacute; no se pueden ejercer derechos b&aacute;sicos como el trabajo, la vivienda, la atenci&oacute;n sanitaria o la autonom&iacute;a econ&oacute;mica&rdquo;, explica, Adilia de las Mercedes, abogada especializada en derechos humanos y derecho antidiscriminatorio, que dirige la AMG y es fundadora de DEMOS, Estudio Legal de Derechos Humanos. 
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de multitudinarias colas en la comisar&iacute;a madrile&ntilde;a de Aluche, hiciese fr&iacute;o o calor, las ataj&oacute; el Ministerio de Interior transformando la espera f&iacute;sica en virtual, pero sin solucionar el problema: disponer o no de cita marca la enorme diferencia entre estar condenado a la clandestinidad o poder buscar trabajo, alquilar un piso, abrir una cuenta bancaria o dar de alta el suministro el&eacute;ctrico, por ejemplo. 
    </p><p class="article-text">
        El mercado negro puso precio a un tr&aacute;mite que deber&iacute;a ser gratuito y de obligado cumplimiento para la Administraci&oacute;n, pero que en la pr&aacute;ctica es muy dif&iacute;cil: entre 50 y 600 euros por una cita. A d&iacute;a de hoy, pese a las reiteradas denuncias y con el triple de peticiones de asilo en Espa&ntilde;a que en 2018 (m&aacute;s de 167.000 en 2024, frente a 55.000 en 2018), hay solicitantes que echan de menos aquellas terribles e inciertas esperas en Aluche, porque al menos entonces hab&iacute;a una posibilidad peque&ntilde;a, pero real de acceder al sistema, recuerda De las Mercedes.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Durante la pandemia trabajaba en una residencia de ancianos. En la zona de la UCI, totalmente expuesta al virus y con mucho miedo de contagiar a mis tres hijos en casa</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Caliego</span>
                                        <span>—</span> refugiada
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta discriminaci&oacute;n <em>de facto </em>tiene, seg&uacute;n la experta, efectos mucho m&aacute;s profundos cuando la persona solicitante es mujer &mdash;muchas veces una madre que busca protecci&oacute;n para sus hijos, lo que no es tan habitual en el caso de los hombres&mdash;. El n&uacute;mero de solicitantes de asilo y el porcentaje respecto no han dejado de aumentar en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las causas comunes que las empujan a huir de sus pa&iacute;ses, tambi&eacute;n sufren tipos de persecuci&oacute;n y violencia espec&iacute;ficos por su sexo. Pero falta un &ldquo;enfoque de g&eacute;nero e interseccional&rdquo; que hace muchas de sus solicitudes sean rechazadas, muchas veces por culpa de &ldquo;estereotipos y prejuicios de g&eacute;nero, &eacute;tnico-raciales y nacionales, as&iacute; como clasistas, edadistas y capacitistas&rdquo;, a&ntilde;ade el informe, que recoge ocho testimonios de mujeres refugiadas que se han topado con este obst&aacute;culo administrativo. 
    </p><h2 class="article-text">Un efecto directo del retraso: el hambre</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Durante la pandemia trabajaba en una residencia de ancianos. En la zona de la UCI, totalmente expuesta al virus y con mucho miedo de contagiar a mis tres hijos en casa&rdquo;, recuerda Mar&iacute;a Caliego, una de las refugiadas que figura en el informe y cont&oacute; su caso durante la presentaci&oacute;n en el Congreso. 
    </p><p class="article-text">
        Guatemalteca de 57 a&ntilde;os, Caliego es de ascendencia maya y fue v&iacute;ctima del genocidio que el ej&eacute;rcito de Guatemala perpetr&oacute; contra la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena durante el conflicto armado que asol&oacute; el pa&iacute;s entre 1960 y 1996. Su padre sigue siendo uno de los desaparecidos, secuestrado y ejecutado por los militares. Su madre, Ana Calate, que falleci&oacute; hace poco, fue la primera v&iacute;ctima que consigui&oacute; iniciar la b&uacute;squeda de los represaliados y exhumar fosas comunes en Guatemala.
    </p><p class="article-text">
        La inseguridad por las pandillas y la preocupaci&oacute;n por sus hijos la llevaron a buscar una salida.&ldquo;Ten&iacute;a miedo de que fueran reclutados por las maras o que pudieran ser secuestrados o asesinados. Por eso empec&eacute; la migraci&oacute;n. Y ese proceso ha sido cuesta arriba&rdquo;, lamenta. Su primera solicitud de protecci&oacute;n en Espa&ntilde;a fue rechazada, pero gracias al apoyo de la AMG, logr&oacute; que se admitiera a tr&aacute;mite a la segunda. 
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                María Caliego, refugiada guatemalteca de origen maya, superviviente del genocidio en su país.                            </span>
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        As&iacute; pudo buscar y encontrar trabajo en una residencia de ancianos en, pero la lentitud administrativa la volvi&oacute; a condenar, en pleno apogeo de la COVID-19. &ldquo;Ten&iacute;a que renovar el permiso, pero era imposible conseguir una cita [...] Me despidieron porque no pod&iacute;an contratarme en situaci&oacute;n irregular. Despu&eacute;s de acompa&ntilde;ar a tantos abuelos que murieron, me qued&eacute; en la calle. No ten&iacute;amos qu&eacute; comer en casa&rdquo;, rememora. &ldquo;Si no pod&iacute;a pagar internet, c&oacute;mo iba a conseguir una cita&rdquo;, explica al elDiario.es. 
    </p><p class="article-text">
        Fueron meses de ansiedad que tambi&eacute;n afectaron a sus hijos. &ldquo;Al racismo se a&ntilde;ad&iacute;a el clasismo. Mi hija sufr&iacute;a acoso en el colegio, se met&iacute;an con su ropa, con la comida que llevaba. Todos lo pasamos muy mal&rdquo;, comenta. Tras una largo y extenuante periodo, Caliego ya tiene DNI y trabaja para que tambi&eacute;n lo tengan sus hijos. &ldquo;Lo que quiero dejar claro es que nosotros no queremos ayudas del Estado. Lo que queremos es poder trabajar, contribuir, para impuestos, pero no entiendo que tengamos tantas barreras&rdquo;, denuncia.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Tuve que buscar citas en el mercado de Telegram&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Nora Rugama, nicarag&uuml;ense de 40 a&ntilde;os, lleg&oacute; a Espa&ntilde;a en 2019 para estudiar. Cuando terminaba su formaci&oacute;n, ten&iacute;a que volver a una Nicaragua donde la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica a cualquier voz que el r&eacute;gimen de Daniel Ortega considerara cr&iacute;tica se hab&iacute;a recrudecido. En ese clima, Rugama, psic&oacute;loga y defensora de v&iacute;ctimas de violencia sexual en la infancia mediante su organizaci&oacute;n, Aguas Bravas, tuvo miedo de volver. &ldquo;La dictadura de Ortega y Murillo desde el inicio emprendi&oacute; una pol&iacute;tica de represi&oacute;n contra las mujeres. Todav&iacute;a hoy hay una pol&iacute;tica de castigo, de violencia directa, sexual, tortura, encarcelamiento pol&iacute;tico, exilio forzoso y cancelaci&oacute;n de organizaciones como la m&iacute;a, que fue cerrada oficialmente en 2024
    </p><p class="article-text">
        Ella no tuvo dificultades para iniciar sus tr&aacute;mites, reconoce, porque los hizo cuando todav&iacute;a se consegu&iacute;an citas haciendo cola en Aluche. Pero a la hora de renovar la autorizaci&oacute;n, le fue imposible conseguir cita. Tuve que recurrir al mundo de Telegram para que no caducaran mis permisos&ldquo;, apunta. Su cr&iacute;tica o &rdquo;aprendizaje&ldquo; es que &rdquo;el monopolio de las citas no puedo estar solo en manos de las mafias y de las grandes ONG&ldquo;.
    </p><h2 class="article-text">De la represi&oacute;n franquista al exilio cubano</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Mis bisabuelos eran republicanos, huyeron de Espa&ntilde;a y llegaron a Cuba por los mismos motivos por los que yo he llegado aqu&iacute; desde Cuba, la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica. No es f&aacute;cil dejar tu pa&iacute;s con 47 a&ntilde;os, sola con una hija peque&ntilde;a. Para m&iacute; era una especie de derrota tener que volver al lugar de donde mi familia fue expulsada. Y pienso que si mi familia hubiera sido recibida all&iacute; como me han recibido a m&iacute; aqu&iacute;, su historia de exilio no habr&iacute;a sido tan feliz&rdquo;. Marta Mar&iacute;a Ram&iacute;rez es periodista y activista pol&iacute;tica y feminista, exiliada por el acoso del r&eacute;gimen castrista. Tambi&eacute;n es solicitante de asilo en Espa&ntilde;a, pero hace tiempo que sus permisos est&aacute;n caducados porque no consigue cita para renovarlos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo el privilegio de haber encontrado a personas dentro de la Administraci&oacute;n que han entendido que somos garantes de derecho. Pero el asilo pol&iacute;tico no es algo que se puede dejar a la suerte del funcionario que te toque&rdquo;, denuncia. No puede depender de la suerte, lamenta, que se mantenga o pierda la cobertura sanitaria temporalmente cuando una hija con discapacidad necesita un tratamiento despu&eacute;s de una operaci&oacute;n complicada, por ejemplo. Pero adem&aacute;s de la falta de citas para renovar sus permisos, Ram&iacute;rez critica situaciones de riesgo derivadas de procesos administrativos que no valoran las dimensiones de cada caso. 
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                Marta María Ramírez, periodista y activista feminista cubana exiliada en España.                            </span>
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        &ldquo;Para pedir una beca comedor para mi hija me piden documentaci&oacute;n del padre, que est&aacute; en Cuba. Yo no puedo reclamar esa documentaci&oacute;n a un pa&iacute;s donde corro peligro&rdquo;, ilustra. &ldquo;O no puede ser que pida una tarjeta de cr&eacute;dito en el banco y me la env&iacute;en a mi direcci&oacute;n de Cuba, sin saber qu&eacute; efectos puede tener eso&rdquo;, a&ntilde;ade. &ldquo;Lo peor es la incertidumbre con la que vives, y eso se lo trasladas a tu hija, que entiende que algo ocurre. Sobre todo si tu situaci&oacute;n administrativa no te permite firmar un contrato de alquiler&rdquo;, apostilla.
    </p><p class="article-text">
        De las Mercedes lamenta que esta discriminaci&oacute;n &ldquo;se est&aacute; produciendo con el llamado Gobierno m&aacute;s progresista del mundo&rdquo; y hace un llamamiento para que el maltratado derecho de asilo sea defendido toda la sociedad. &ldquo;Nadie tiene seguro, y menos en este contexto mundial, que no va a ser perseguido por su g&eacute;nero, orientaci&oacute;n sexual o su procedencia, que no va a tener que huir de una guerra. El panorama en Espa&ntilde;a es cr&iacute;tico, ni siquiera sabemos si nosotros, los exiliados, nos vamos a tener que reexiliar. Por eso esta lucha es global&rdquo;, advierte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/falta-citas-asilo-castiga-refugiadas-pandemia-tres-hijos-echaron-no-renovar-papeles_1_12724742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Oct 2025 21:39:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La falta de citas para el asilo castiga a las refugiadas: “En pandemia y con tres hijos me echaron por no renovar los papeles”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Refugiados,Extranjería,Solicitantes de asilo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La rapera más famosa de Marruecos se vuelca con las protestas de la Generación Z: "Estos chavales son la voz de todos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rapera-famosa-marruecos-vuelca-protestas-generacion-z-chavales-son-voz_128_12711768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6018eac-5ddf-4264-833a-f37ae4bc2c96_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128827.jpg" width="5405" height="3040" alt="La rapera más famosa de Marruecos se vuelca con las protestas de la Generación Z: &quot;Estos chavales son la voz de todos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Houda Abouz, conocida como ‘Khtek’, es una las voces femeninas más influyentes de la música marroquí. Las detenciones de jóvenes en las protestas del pasado septiembre, entre ellas la de su amigo y también rapero Raid, la llevaron a convertir sus redes sociales en canales de denuncia y apoyo a los arrestados</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Al principio, desconfiaba. Cuando vi las primeras convocatorias de manifestaciones en Marruecos me reun&iacute; con varios amigos para comentarlo. &iquest;De d&oacute;nde sale todo esto? &iquest;De verdad se van a atrever? &iquest;Va a salir tanta gente a las calles? Era algo incre&iacute;ble&rdquo;. As&iacute; recuerda&nbsp;Houda Abouz (Khemisset, Marruecos, 1996) su primera reacci&oacute;n a <a href="https://www.eldiario.es/internacional/generacion-z-levanta-marruecos-piden-jovenes-protestas-han-saldado-decenas-arrestos_1_12645122.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las protestas que estallaron</a> en su pa&iacute;s el pasado mes de septiembre. La joven de menos de 30 a&ntilde;os responde a las preguntas de elDiario.es sin dejar de contestar mensajes en su m&oacute;vil. El ritmo es fren&eacute;tico y pide disculpas en varias ocasiones por interrumpir la entrevista en un moderno caf&eacute; del centro de Casablanca. &ldquo;Tengo que coger esta llamada, es un familiar de un chico detenido hace dos semanas que est&aacute; todav&iacute;a en la c&aacute;rcel. Es diab&eacute;tico y su salud ha empeorado mucho en este tiempo&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Abouz, m&aacute;s conocida por su nombre art&iacute;stico, &lsquo;Khtek&rsquo; ('tu hermana', en dialecto marroqu&iacute;, en el que tiene un cariz mis&oacute;gino y peyorativo) fue una de las primeras figuras relevantes del pa&iacute;s en posicionarse p&uacute;blicamente del lado de los manifestantes de la &lsquo;Generaci&oacute;n Z&rsquo;. &ldquo;Me considero desde siempre una militante por los derechos de las mujeres, por los derechos humanos y por las libertades. Y estos j&oacute;venes son un ejemplo para todo el pa&iacute;s. Se han organizado a trav&eacute;s de nuevas herramientas, tienen demandas leg&iacute;timas que siguen lo dictado por la Constituci&oacute;n y los discursos del Gobierno. Solo exigen que se cumpla con lo prometido y que haya mejoras en sanidad, educaci&oacute;n y libertad de expresi&oacute;n. Pero lamentablemente muchos van a pasar en la c&aacute;rcel una larga temporada&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estos jóvenes son un ejemplo para todo el país. Solo exigen que se cumpla con lo prometido y que haya mejoras en sanidad, educación y libertad de expresión. Pero lamentablemente muchos van a pasar en la cárcel una larga temporada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La suya no es una voz cualquiera. Graduada en cine por la Universidad p&uacute;blica Abdelmalek Essa&acirc;di de Tetu&aacute;n, es una de las raperas m&aacute;s famosas de Marruecos: en 2020, fue incluida por la BBC en su lista de las cien mujeres m&aacute;s influyentes; en 2024, gan&oacute; el premio a mejor artista femenina de hip-hop en &aacute;rabe de la prestigiosa revista musical <em>Billboard</em>. Su perfil en Instagram roza el medio mill&oacute;n de seguidores, supera los 140.000 en TikTok y los 190.000 en YouTube. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando vi todas esas detenciones, no lo dud&eacute; ni un momento y decid&iacute; utilizar esta plataforma como altavoz para apoyar las movilizaciones y exigir la liberaci&oacute;n de todos los detenidos&rdquo;, recuerda. En un v&iacute;deo de TikTok, con el mensaje #FREEKOULCHI ('libertad para todos', uno de los lemas del movimiento GenZ212), la artista se preguntaba si ten&iacute;a l&oacute;gica tal nivel de represi&oacute;n contra una generaci&oacute;n que expresaba pac&iacute;ficamente unas demandas sociales leg&iacute;timas. &ldquo;Se hizo viral enseguida&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La famosa rapera marroquí es conocida por su nombre artístico ‘Khtek’ (tu hermana)."
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                La famosa rapera marroquí es conocida por su nombre artístico ‘Khtek’ (tu hermana).                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Enlace entre detenidos, abogados y familias </h2><p class="article-text">
        Las primeras manifestaciones pillaron a Abouz en Par&iacute;s, donde llevaba tres meses trabajando en nuevos proyectos musicales, pero al tercer d&iacute;a de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/represion-aviva-protestas-generacion-z-marruecos-detuvieron-motivo_1_12655711.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">protestas, represi&oacute;n y violencia policial</a>, regres&oacute; a Casablanca. Ha acabado convertida en una especie de enlace entre abogados y familiares de j&oacute;venes detenidos que llevan semanas en prisi&oacute;n preventiva o, incluso, de manifestantes que han salido en libertad bajo fianza pero se enfrentan a duras penas de prisi&oacute;n. &ldquo;Tengo a m&aacute;s de 40 conocidos que han pasado por comisar&iacute;a o que tienen una causa judicial abierta por participar en las protestas&rdquo;, lamenta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo primero que not&eacute; fue una gran falta de informaci&oacute;n sobre los detenidos en prisi&oacute;n preventiva y una total falta de coordinaci&oacute;n entre los abogados que los atend&iacute;an y los familiares de los arrestados&rdquo;, dice. Por eso, junto a otros amigos, est&aacute; empleando sus redes sociales para paliar esa situaci&oacute;n. &ldquo;Consegu&iacute;a las listas de los abogados de los detenidos y las publicaba en mis redes para que quien las viera pudiera contactarme. Tambi&eacute;n escrib&iacute;a a la gente que publicaba sobre arrestos de conocidos o familiares, un d&iacute;a u otro, en una ciudad o en otra. Y as&iacute; pod&iacute;a intentar localizar a su familia&rdquo;. &ldquo;Si as&iacute; se consigue que, al menos, una pena de diez a&ntilde;os de prisi&oacute;n acabe en una de ocho, para m&iacute; significa mucho y para ellos y sus familias es un logro&rdquo;, reconoce. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si así se consigue que, al menos, una pena de diez años de prisión acabe en una de ocho, para mí significa mucho y para ellos y sus familias es un logro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El caso que le toca m&aacute;s de cerca y por el que not&oacute; esa falta de informaci&oacute;n es el de su amigo y tambi&eacute;n conocido rapero <a href="https://www.instagram.com/raidexact/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Hamza Raid</a>, detenido en dos ocasiones. &ldquo;La primera vez, lo soltaron enseguida, sin cargos. Pero a los dos d&iacute;as volvieron a detenerlo, junto a otro compa&ntilde;ero, cuando intentaba volver a casa tras una de las manifestaciones. Su detenci&oacute;n fue grabada y tuvo mucho impacto en medios y redes sociales, y eso le ha complicado mucho las cosas&rdquo;. &ldquo;Su caso es un ejemplo de la falta de libertad de expresi&oacute;n en Marruecos. A todos los detenidos los soltaron ese mismo d&iacute;a, pero &eacute;l pas&oacute; 48 horas en custodia policial y tuvo que declarar en el juzgado&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Abouz, su amigo Raid puede enfrentarse a una pena de c&aacute;rcel de entre un mes y cinco a&ntilde;os y a una multa de 11.000 euros. &ldquo;Es el equivalente a un a&ntilde;o de salario de un trabajador muy bien pagado en Marruecos&rdquo;, ilustra la artista. &ldquo;Y todo se basa en una publicaci&oacute;n en Instagram con las convocatorias de nuevas manifestaciones en la que dec&iacute;a que la represi&oacute;n de estos d&iacute;as, tarde o temprano, le puede afectar a cualquiera&rdquo;, expone. &ldquo;Lo que le imputan es serio: no solo la participaci&oacute;n en una protesta no armada, sino tambi&eacute;n la instigaci&oacute;n a cometer delitos u ofensas mediante canales electr&oacute;nicos&rdquo;. 
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                La rapera marroquí en una cafetería de Casablanca.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Choque generacional</h2><p class="article-text">
        A Raid le hubiera gustado hablar con elDiario.es sobre su caso, pero como tantos detenidos en las protestas y sus familiares, prefiere ser cauteloso con la prensa hasta que su situaci&oacute;n judicial se aclare. Abouz, en cambio, cree que la presi&oacute;n medi&aacute;tica es fundamental para que los procesos judiciales contra m&aacute;s de 400 j&oacute;venes se conozcan dentro y fuera de Marruecos, pero entiende a los que no lo ven as&iacute;. &ldquo;Es un gran choque generacional. Muchos j&oacute;venes con los que estoy en contacto quieren hablar, denunciar la situaci&oacute;n y que haya presi&oacute;n medi&aacute;tica dentro y fuera del pa&iacute;s. Pero sus padres han crecido con el miedo a expresarse y est&aacute;n impidiendo que sus hijos levanten la voz, creen que es lo mejor para ellos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo entiendo, porque mi <em>background</em> pol&iacute;tico es diferente, sobre todo, gracias al ejemplo de mi familia&rdquo;, sostiene la rapera. Su padre es abogado y milita en la Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos (AMDH) y el sindicato Union Marocaine du Travail (UMT). &ldquo;He crecido vi&eacute;ndole pelear por la verdad y por las libertades&rdquo;, incide. Por eso, ella particip&oacute; en las protestas sociales del Movimiento 20 de febrero, que estuvo detr&aacute;s de las movilizaciones que surgieron al calor de las revueltas &aacute;rabes en 2011. Abouz ten&iacute;a solo 15 a&ntilde;os, pero fue parte activa de las protestas dentro de la Uni&oacute;n de Estudiantes por el Cambio en el Sistema Educativo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchos jóvenes con los que estoy en contacto quieren hablar, denunciar la situación y que haya presión mediática dentro y fuera del país. Pero sus padres han crecido con el miedo a expresarse y están impidiendo que sus hijos levanten la voz</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que vi no es muy diferente a lo que ha pasado ahora. Vivimos una gran represi&oacute;n contra la gente que sal&iacute;a a la calle a pedir demandas b&aacute;sicas como educaci&oacute;n, sanidad o libertad de expresi&oacute;n&rdquo;. En aquel entonces, el contexto internacional llev&oacute; al rey Mohamed VI a dar un giro en su estrategia para evitar que Marruecos siguiera los pasos de pa&iacute;ses vecinos como T&uacute;nez, Egipto o Libia &ndash;donde reg&iacute;menes autoritarios que llevaban d&eacute;cadas en el poder fueron derrocados. Gracias a las movilizaciones en las calles, el r&eacute;gimen marroqu&iacute; elabor&oacute; una nueva Constituci&oacute;n, ampli&oacute; las libertades pol&iacute;ticas y los derechos civiles, aunque las actuales demandas de la GenZ212 demuestran que todav&iacute;a falta mucho para que aquellas reformas se conviertan en una realidad palpable.
    </p><p class="article-text">
        Fue durante su participaci&oacute;n en el Hirak de 2017, las protestas sociales en la maltratada regi&oacute;n del Rif, cuando Abouz confirm&oacute; que el Gobierno y la Casa Real marroqu&iacute;es no estaban dispuestos a cumplir sus promesas. Las demandas de m&aacute;s inversiones sociales, con el reclamo de un hospital oncol&oacute;gico en la regi&oacute;n rife&ntilde;a, fueron sofocadas con violencia policial, redadas y arrestos masivos de la c&uacute;pula del movimiento y decenas de condenas de hasta 20 a&ntilde;os de c&aacute;rcel. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ah&iacute; fue cuando muri&oacute; dentro de m&iacute; la esperanza de cambio. Lejos de mejorar, el sistema empeoraba, con cientos de compa&ntilde;eros en prisi&oacute;n o en el exilio&rdquo;, reconoce. &ldquo;He visto lo mismo ante cualquier cr&iacute;tica al sistema, ante cualquier manifestaci&oacute;n art&iacute;stica o cultural contraria al discurso oficial, incluso en la prensa. Hay periodistas que est&aacute;n cumpliendo decenas de a&ntilde;os de prisi&oacute;n despu&eacute;s de publicar opiniones o informaciones cr&iacute;ticas&rdquo;.
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                La rapera tiene menos de 30 años y muchos seguidores en redes sociales.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Protestas de cara al Mundial de 2030</h2><p class="article-text">
        Miedo, censura y autocensura, dice, van de la mano en un pa&iacute;s que se revuelve peri&oacute;dica e inevitablemente contra un r&eacute;gimen autoritario, violento y corrupto que, sin embargo, vende una imagen de prosperidad y progreso de cara al exterior. Hasta el punto de que ser&aacute; una e las sedes del Mundial de f&uacute;tbol de 2030, junto a Espa&ntilde;a y Portugal. Por eso la rapera conf&iacute;a en que las protestas resurjan y que m&aacute;s figuras p&uacute;blicas como ella se sumen al movimiento de los j&oacute;venes &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de posts y mensajes en redes sociales&rdquo;. &ldquo;Internet puede ser el motor de la movilizaci&oacute;n por un cambio, pero donde se cambian las cosas es en las calles y en el espacio p&uacute;blico&rdquo;, defiende.
    </p><p class="article-text">
        Sabe que no es f&aacute;cil, que las consecuencias de una significaci&oacute;n p&uacute;blica en Marruecos pueden afectar a una carrera personal, a la propia libertad o incluso a personas de tu entorno cercano; es consciente de que una opini&oacute;n cr&iacute;tica puede dejarla fuera de festivales de m&uacute;sica o de medios de comunicaci&oacute;n en su pa&iacute;s. Recuerda los numerosos casos de raperos marroqu&iacute;es que han sido detenidos &ldquo;por una canci&oacute;n, por una l&iacute;nea o, incluso, por una sola palabra en sus letras&rdquo;. &ldquo;Eso contribuye a un rap m&aacute;s fr&iacute;volo, a una pol&iacute;tica de borreguismo que hace que los chavales prefieran escuchar temas de rap que fardan de cochazos y de culos y tetas antes que de pol&iacute;tica y de la realidad social en la que viven&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Internet puede ser el motor de la movilización por un cambio, pero donde se cambian las cosas es en las calles y en el espacio público</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Mi estatus de artista conocida tiene privilegios, pero tambi&eacute;n responsabilidades ciudadanas, militantes y humanas. Yo puedo y debo elegir c&oacute;mo usar mis altavoces: si para vender un producto falso sobre mi pa&iacute;s o para ayudar y minimizar los da&ntilde;os que est&aacute;n sufriendo estos chavales. Lo mismo pueden hacer muchos otros artistas famosos&rdquo;, asegura &lsquo;Khtek&rsquo;. &ldquo;Claro que puedo sufrir una cancelaci&oacute;n oficial, una censura o un boicot. Pero el dinero que pueda perder porque no me llamen de un festival no es nada comparado con los riesgos a los que se enfrentan cientos de chavales detenidos. Lo &uacute;nico que me asusta es poder ir a prisi&oacute;n o que haya represalias contra mi familia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este movimiento ha sido liderado por j&oacute;venes, que son los que tienen el tiempo y la energ&iacute;a para ponerse al frente de las movilizaciones sociales y pol&iacute;ticas. Pero estos chavales son la voz de todo el mundo, del resto de marroqu&iacute;es que est&aacute;n contra la violencia, la marginalizaci&oacute;n social, la humillaci&oacute;n y la represi&oacute;n&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yousra El Otmany (intérprete), Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rapera-famosa-marruecos-vuelca-protestas-generacion-z-chavales-son-voz_128_12711768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Oct 2025 20:29:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La rapera más famosa de Marruecos se vuelca con las protestas de la Generación Z: "Estos chavales son la voz de todos"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marruecos,Protestas,Generación Z,Represión policial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“No sé qué va a pasar con mi hermano”: la represión de Marruecos para acallar las protestas de la generación Z]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/no-pasar-hermano-represion-marruecos-acallar-protestas-generacion-z_1_12702630.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc164202-62d7-4d4b-b06a-307befff598b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128481.jpg" width="5164" height="2905" alt="“No sé qué va a pasar con mi hermano”: la represión de Marruecos para acallar las protestas de la generación Z"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres semanas después de que los jóvenes tomaran las calles del país, más de 400 detenidos se enfrentan a penas de hasta 20 años de prisión. Younes Makout, de 21 años, denuncia el caso de su hermano y otros 23 arrestados en Casablanca el pasado 28 de septiembre
</p><p class="subtitle">La generación Z se levanta en Marruecos: qué piden los jóvenes en las protestas que se han saldado con decenas de arrestos</p></div><p class="article-text">
        Hace tiempo que ha ca&iacute;do la tarde en Casablanca y Younes Makout, de 21 a&ntilde;os, alto y espigado, se disculpa por el retraso. &ldquo;Volv&iacute; a casa para cambiarme la camiseta. Quiero salir con esta en la foto&rdquo;, explica. &ldquo;De momento es una edici&oacute;n limitada, solo tengo una, pero har&eacute; m&aacute;s para repartirlas y seguir denunciando, para que este caso y otros muchos parecidos se conozcan&rdquo;, dir&aacute; al finalizar la entrevista. Ser&aacute; la &uacute;nica broma que se permita, casi obligada para aliviar el peso de una conversaci&oacute;n que por momentos le lleva al borde del llanto. Porque el chaval que aparece estampado en la tela negra bajo el lema &ldquo;Free Mouhcine&rdquo; es su hermano mayor. 
    </p><p class="article-text">
        Mouhcine, su hermano, tiene 23 a&ntilde;os, es estudiante de Derecho y lleva en prisi&oacute;n preventiva desde el pasado 28 de septiembre, cuando fue detenido en Casablanca tras participar en una de las <a href="https://www.eldiario.es/internacional/generacion-z-levanta-marruecos-piden-jovenes-protestas-han-saldado-decenas-arrestos_1_12645122.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">protestas de la llamada &ldquo;Generaci&oacute;n Z&rdquo;</a>, que comenzaron a extenderse entre los j&oacute;venes de varias ciudades de Marruecos un d&iacute;a antes de su detenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta inicial de las autoridades fue la represi&oacute;n policial, a pesar del car&aacute;cter pac&iacute;fico de los manifestantes. Los j&oacute;venes participantes, que en su mayor&iacute;a no llegan a los 30 a&ntilde;os, reclamaban mejoras en la sanidad y educaci&oacute;n p&uacute;blica y una mayor lucha contra la corrupci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los primeros tres d&iacute;as de protestas fueron totalmente pac&iacute;ficos y sin incidentes, aunque las detenciones arbitrarias y los excesos policiales contra la juventud fueron la t&oacute;nica general. La reacci&oacute;n violenta acab&oacute; llegando con graves disturbios el cuarto d&iacute;a de manifestaciones, localizados en las periferias marginales de grandes ciudades. El episodio m&aacute;s grave se sald&oacute; con tres manifestantes muertos por disparos de la polic&iacute;a cuando un grupo de encapuchados atac&oacute; un puesto de la Gendarmer&iacute;a en una localidad cercana a la ciudad de Agadir, en el sur del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras cifras oficiales del Ministerio del Interior hablaban de 409 detenidos en prisi&oacute;n preventiva por su participaci&oacute;n en los disturbios, m&aacute;s de 260 agentes y 23 civiles heridos, unos 40 veh&iacute;culos policiales quemados o destruidos y da&ntilde;os en numerosos edificios oficiales y establecimientos privados. La Fiscal&iacute;a ha abierto procesos penales a unos 200 detenidos por delitos graves de &ldquo;violencia, destrucci&oacute;n e incitaci&oacute;n&rdquo;, con penas de c&aacute;rcel que van de 20 a&ntilde;os a cadena perpetua. Su advertencia era clara, &ldquo;m&aacute;xima firmeza&rdquo; contra los disturbios y previsibles &ldquo;condenas ejemplares&rdquo; que ya han empezado a dictarse. 
    </p><p class="article-text">
        La pasada semana, el Tribunal de Apelaci&oacute;n de Agadir sentenci&oacute; a 15 de los arrestados a penas de entre tres y 15 a&ntilde;os de c&aacute;rcel por su implicaci&oacute;n en actos de violencia que enmarca fuera de las protestas de la autodenominada &ldquo;GenZ212&rdquo;, que siempre se ha distanciado de los altercados. Fuentes de la Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos (AMDH) confirman otras seis condenas por los disturbios en la ciudad de Sal&eacute;, junto a la capital del pa&iacute;s, entre las que se cuentan una pena de 20 a&ntilde;os y otra de 15. Seg&uacute;n esta organizaci&oacute;n, la cifra total de detenidos rondaba el millar antes de cumplirse una semana de las protestas. 
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, previo a la violencia, se produjeron en Casablanca los arrestos de Mouhcine y otros 23 j&oacute;venes, entre ellos seis menores, acusados de cortar el tr&aacute;fico en una autopista de la ciudad durante una &ldquo;protesta no autorizada&rdquo;. Ahora, en la prisi&oacute;n de Oukacha, espera un juicio inminente tras el que podr&iacute;a ser condenado con hasta 10 a&ntilde;os de c&aacute;rcel. &ldquo;Mi hermano puede ir 10 a&ntilde;os a la c&aacute;rcel por cortar el tr&aacute;fico durante una protesta pac&iacute;fica&rdquo;, lamenta Younes. 
    </p><p class="article-text">
        Para la Fiscal&iacute;a de la corte de Casablanca, los presuntos delitos de Mouhcine y los dem&aacute;s arrestados son el de obstrucci&oacute;n del tr&aacute;nsito, con la intenci&oacute;n de bloquearlo y causar molestias. Unos actos que &ldquo;no guardan relaci&oacute;n con protestas pac&iacute;ficas, sino que constituyen delitos sancionados por la ley&rdquo; con prisi&oacute;n de cinco a diez a&ntilde;os. Teniendo en cuenta las penas que van saliendo a la luz cada semana entre los cientos de detenidos y procesados en todo el pa&iacute;s por estas manifestaciones, la posibilidad de cumplir una larga condena es muy grande, apuntan distintas fuentes jur&iacute;dicas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quiero confiar en el sistema judicial porque fue detenido de forma injusta. Iba con dos compañeros que también fueron detenidos y hay vídeos que prueban que fueron arrestados lejos de esa autopista”, responde Younes con el vértigo dibujado en la cara.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Younes, hermano de uno de los detenidos</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute; qu&eacute; va a pasar con mi hermano. Quiero confiar en el sistema judicial porque fue detenido de forma injusta. Iba con dos compa&ntilde;eros que tambi&eacute;n fueron detenidos y hay v&iacute;deos que prueban que fueron arrestados lejos de esa autopista&rdquo;, responde Younes con el v&eacute;rtigo dibujado en la cara. Ha medido bien sus palabras tras un largo silencio en el que se anudaban a su garganta demasiados temores: una pena m&aacute;xima para su hermano, una madre viuda y enferma que &ldquo;ha empeorado desde que Mouhcine est&aacute; en prisi&oacute;n&rdquo;, la posibilidad de tener que dejar sus estudios universitarios o, quiz&aacute;s, el miedo a represalias por hablar a cara descubierta con la prensa extranjera en un momento de convulsi&oacute;n en Marruecos.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todo, Younes ha sido el &uacute;nico familiar de un detenido que ha accedido a hablar con elDiario.es de la larga decena con los que este medio ha contactado. &ldquo;Es importante que se sepa que hay detenidos que pueden ir a la c&aacute;rcel sin cometer ning&uacute;n crimen&rdquo;, incide. Son muchos los que piensan lo mismo, pero muy pocos quienes lo denuncian.
    </p><h2 class="article-text">Apoyo de abogados voluntarios</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Hay mucho miedo a hablar porque cualquier cr&iacute;tica o denuncia p&uacute;blica puede influir durante los juicios que est&aacute;n por venir. De hecho, recomendamos a las familias que no hablen con la prensa mientras el proceso judicial est&aacute; en curso&rdquo;, advierte Yasmine Zaki, abogada de Casablanca y militante de las juventudes del izquierdista Partido del Progreso y el Socialismo (PPS). La secundan otros abogados que, como ella, se ofrecieron voluntarios para representar y defender de forma gratuita al aluvi&oacute;n de manifestantes que en pocos d&iacute;as llenaron las comisar&iacute;as marroqu&iacute;es.
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                Yasmine Zaki, abogada de Casablanca y militante de las juventudes del
izquierdista Partido del Progreso y el Socialismo (PPS).                            </span>
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        El miedo m&aacute;s extendido ahora entre activistas, abogados y familiares de los m&aacute;s de 400 j&oacute;venes encausados por las movilizaciones -m&aacute;s de 200 con cargos penales graves- es el riesgo a las llamadas &ldquo;sentencias ejemplarizantes&rdquo;. Es decir, temen recibir condenas m&aacute;s duras como estrategia para intentar conseguir que el miedo y el des&aacute;nimo ahoguen un movimiento que ha perdido intensidad en la &uacute;ltima semana, pero que el pasado s&aacute;bado volv&iacute;a a reunir a cientos de personas en varias ciudades.
    </p><p class="article-text">
        El pulso de los j&oacute;venes ha conseguido que los medios de comunicaci&oacute;n y las instituciones marroqu&iacute;es den legitimidad a sus demandas, que el rey Mohamed VI recoja veladamente algunas de las reivindicaciones durante su &uacute;ltimo discurso y que cese la represi&oacute;n. Pero no hay mucho optimismo entre los que, como Mouhcine, esperan el desenlace en prisi&oacute;n con la &uacute;nica ayuda de unos abogados voluntarios desbordados de casos, pero cuya labor est&aacute; siendo vital para los detenidos y sus familias.
    </p><p class="article-text">
        Younes y, sobre todo, su hermano lo corroboran. &ldquo;Gracias a ellos mi hermano puede intentar defenderse y presentar pruebas de que no cometi&oacute; los delitos que le imputan. Hay mucha gente que no tiene medios econ&oacute;micos o informaci&oacute;n para recibir asistencia legal. Gran parte de los detenidos son tan j&oacute;venes que ni siquiera sab&iacute;an el riesgo que pod&iacute;an conllevar ir a las manifestaciones&rdquo;, destaca. A eso se suma la falta de informaci&oacute;n por parte de las autoridades. &ldquo;Yo me pas&eacute; la noche recorriendo comisar&iacute;as para encontrar a mi hermano. Nadie nos avis&oacute; de la detenci&oacute;n, no tuvimos ninguna informaci&oacute;n, ni una sola llamada. Lo encontr&eacute; a las seis de la madrugada esa noche en una comisar&iacute;a, pero no me quisieron decir nada, ni siquiera por qu&eacute; estaba detenido&rdquo;, lamenta Younes.
    </p><h2 class="article-text">Violencia bajo custodia policial</h2><p class="article-text">
        Junto a su madre, vivi&oacute; con angustia las 48 horas de custodia policial de Mouhcine, su declaraci&oacute;n ante el Procurador, la presentaci&oacute;n de los cargos y, sobre todo, los diez d&iacute;as que tuvieron que pasar hasta que les permitieron visitarlo en la c&aacute;rcel. &ldquo;Lo vimos bien. Nos dijo que el trato en prisi&oacute;n era correcto, aunque otros presos han tenido que prestarle ropa y productos de aseo, porque nosotros no hemos podido llevarle nada en todo ese tiempo&rdquo;, explica. &ldquo;Parec&iacute;a estar bien de &aacute;nimo hasta que empez&oacute; a hablar de la violencia en comisar&iacute;a, de los golpes y los insultos de los polic&iacute;as&rdquo;, destaca. Prefiere no dar detalles, ni siquiera precisar si su hermano sufri&oacute; esos malos tratos o simplemente los presenci&oacute;, pero confirma el &ldquo;terror&rdquo; y el &ldquo;trauma&rdquo; que transmit&iacute;a al recordar aquellos momentos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los testimonios de violencia durante custodia policial han sido comunes, tanto con los detenidos en los primeros d&iacute;as de protestas pac&iacute;ficas como con los detenidos por participar en los disturbios&rdquo;, asegura desde el anonimato a elDiario.es un abogado de la Asociaci&oacute;n Marroqu&iacute; de Derechos Humanos (AMDH) que ha asistido a decenas de arrestados en Marraquech y alrededores. Seg&uacute;n este letrado, ha habido detenidos procesados sin presencia de abogado, procesos acelerados en pocos d&iacute;as, sin apenas instrucci&oacute;n y sin garant&iacute;as, arrestos de manifestantes en sus propios domicilios e incluso detenciones preventivas.
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                    alt="Un grupo de jóvenes, militantes del Partido del Progreso y el Socialismo,  viendo un discurso del rey Mohamed VI."
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                Un grupo de jóvenes, militantes del Partido del Progreso y el Socialismo,  viendo un discurso del rey Mohamed VI.                            </span>
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        Younes no comprende el trato que el r&eacute;gimen ha dado a estas protestas que, para &eacute;l, &ldquo;han demostrado el potencial de una generaci&oacute;n que sabe organizarse, debatir y exigir pac&iacute;ficamente demandas leg&iacute;timas que est&aacute;n recogidas en la Constituci&oacute;n&rdquo;. Pone como ejemplo la autoorganizaci&oacute;n horizontal y descentralizada de las manifestaciones a trav&eacute;s la plataforma digital Discord, un chat muy usado para juegos online que en las &uacute;ltimas semanas se ha convertido en el punto neur&aacute;lgico del movimiento. 
    </p><h2 class="article-text">Autoorganizaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Discord ha sido superefectivo. Ah&iacute; he podido ver de forma ordenada c&oacute;mo, cu&aacute;ndo y d&oacute;nde pasaban las cosas. Los debates sobre las reivindicaciones, la insistencia en que las protestas fueran totalmente pac&iacute;ficas, las im&aacute;genes de la brutal represi&oacute;n, las charlas online con activistas, expertos y expol&iacute;ticos que explicaban los problemas del pa&iacute;s&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        El servidor creado por el movimiento &ldquo;GenZ212&rdquo;, en referencia a los n&uacute;meros del prefijo telef&oacute;nico internacional de Marruecos, pas&oacute; de un millar de miembros cuando se hicieron los primeros llamamientos a manifestarse a m&aacute;s de 200.000 en la actualidad. &ldquo;Por eso creo que las protestas van a seguir hasta que se atiendan las demandas de m&aacute;s inversi&oacute;n en sanidad y educaci&oacute;n p&uacute;blica, m&aacute;s lucha contra la corrupci&oacute;n y la puesta en libertad de todos los detenidos en las protestas&rdquo;, opina Yousef.
    </p><p class="article-text">
        Durante la &uacute;ltima semana, las protestas han cesado y la respuesta a las nuevas movilizaciones no ha sido tan numerosa como en el inicio. Sin embargo, sus demandas han calado en el debate p&uacute;blico y, sobre todo, en una generaci&oacute;n que ve c&oacute;mo se levantan grandes estadios de f&uacute;tbol para albergar el Mundial de 2030 y la Copa Africana de Naciones en 2026 mientras en un hospital p&uacute;blico mueren ocho mujeres dando a luz el mismo d&iacute;a. Que sabe que la econom&iacute;a de su pa&iacute;s ha crecido un 22% desde 2019 al tiempo que los sistemas p&uacute;blicos de salud y educaci&oacute;n siguen siendo m&aacute;s que endebles. Que reciben en sus ciudades cada a&ntilde;o a m&aacute;s de 17 millones de turistas extranjeros cuyo gasto no ha evitado que miles de j&oacute;venes marroqu&iacute;es se suban a una patera para escapar de un desempleo juvenil que supera el 35%. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las razones est&aacute;n claras, las demandas sin leg&iacute;timas. Por eso seguir&eacute; protestando. Y para que mi hermano y otros detenidos puedan salir en libertad&rdquo;, concluye Younes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yousra El Otmany (intérprete), Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/no-pasar-hermano-represion-marruecos-acallar-protestas-generacion-z_1_12702630.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Oct 2025 20:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“No sé qué va a pasar con mi hermano”: la represión de Marruecos para acallar las protestas de la generación Z]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Los CIE encerraron en 2024 a migrantes con familia y fuerte arraigo en España, según un nuevo informe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cie-encerraron-2024-migrantes-familia-fuerte-arraigo-espana-nuevo-informe_1_12641510.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b20bae19-1aec-417c-82b3-123379e4f278_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los CIE encerraron en 2024 a migrantes con familia y fuerte arraigo en España, según un nuevo informe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El último informe sobre los Centros de Internamiento para Extranjeros del Servicio Jesuita al Migrante denuncia que “se priva de libertad a personas con largas trayectorias de arraigo, familia e inclusión” sin valorar otras alternativas</p><p class="subtitle">Feijóo plantea expulsar a migrantes legales “reincidentes” por delitos “aunque sean leves”</p></div><p class="article-text">
        La primera vez que Sami (nombre ficticio) fue encerrado en un <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/claves-cie_1_3481042.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centro de Internamiento de Extranjeros</a> (CIE), se trag&oacute; las pilas de un mando a distancia para ser hospitalizado y evitar su deportaci&oacute;n. Es de T&uacute;nez, ten&iacute;a 48 a&ntilde;os y llevaba dos d&eacute;cadas viviendo en Lugo (Galicia), donde tiene mujer y tres hijas de 15, 14 y 9 a&ntilde;os. Todas ellas tienen nacionalidad espa&ntilde;ola, aunque Sami solo pudo acceder a un permiso de residencia temporal como familiar de ciudadano de la UE durante cinco a&ntilde;os (desde 2014 hasta 2019). Su residencia permanente fue denegada por no cumplir los requisitos legales, ya que contaba con antecedentes penales hac&iacute;a una d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de estar en situaci&oacute;n irregular, su vida era, seg&uacute;n sus palabras, &ldquo;organizada y estable&rdquo;, trabajaba en el bar que su mujer regentaba, llevaba a sus hijas al colegio cada d&iacute;a y no le faltaban amigos en un vecindario que todav&iacute;a considera suyo y que le hab&iacute;a ayudado a superar sus dificultades personales y legales del pasado. Sin embargo, un delito contra la seguridad vial se convirti&oacute; en una orden de expulsi&oacute;n que recibi&oacute; en su casa en febrero de 2022. Eso fue lo que llev&oacute; a Sami al CIE de Aluche y a tragarse las pilas del mando de la tele. &ldquo;Cabe detenerse a pensar qu&eacute; puede llevar a una persona a tomar esa decisi&oacute;n&rdquo;, reflexiona el Servicio Jesuita al Migrante (SJM).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ese tipo de acciones, fruto de la desesperaci&oacute;n, ocurren en ocasiones puntuales en que el internamiento se alarga y se acerca al m&aacute;ximo legal de 60 d&iacute;as&rdquo;, apunta la organizaci&oacute;n, que acompa&ntilde;&oacute; a Sami durante este traum&aacute;tico proceso que, finalmente, concluy&oacute; con su expulsi&oacute;n del pa&iacute;s tres meses despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No fueron las pilas las que evitaron su deportaci&oacute;n, sino un cambio en los planes de los vuelos. Tras 57 d&iacute;as encerrado, alejado de su familia y de su entorno, Sami pudo volver a Lugo tras su puesta en libertad en Madrid, pero el alivio fue solo temporal, porque a los tres meses, Sami fue detenido despu&eacute;s de dejar a su hija en la puerta del colegio. En apenas dos d&iacute;as aterriz&oacute; en T&uacute;nez &ldquo;mediante un r&aacute;pido dispositivo de traslado hasta el aeropuerto de Barajas para poder ejecutar la repatriaci&oacute;n conforme a la ley, dentro del plazo m&aacute;ximo estipulado de 72 horas desde su detenci&oacute;n&rdquo;. No hizo falta que volviera a pasar por el CIE.
    </p><p class="article-text">
        Este es uno de los casos con el que el SJM ha ilustrado su informe anual sobre los CIE, titulado este a&ntilde;o &ldquo;Ra&iacute;ces tras los muros&rdquo;. En el documento, presentado este lunes en la sala Clara Campoamor del Congreso de los Diputados, la organizaci&oacute;n ha querido denunciar los dr&aacute;sticos efectos de la reclusi&oacute;n y la expulsi&oacute;n de migrantes en un momento en el que el discurso xen&oacute;fobo de la extrema derecha acapara el foco pol&iacute;tico y la pr&oacute;xima batalla electoral.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La privaci&oacute;n de libertad en CIE penaliza a personas migrantes con arraigo, familia y trayectorias de inclusi&oacute;n en Espa&ntilde;a, aplic&aacute;ndose a menudo de forma innecesaria y con liberaciones lejos de su lugar de residencia&rdquo;, se&ntilde;ala el informe.
    </p><p class="article-text">
        A falta de datos oficiales, el SJM ofrece algunas cifras basadas en el acompa&ntilde;amiento de los voluntarios de organizaciones sociales a m&aacute;s de 600 personas internadas en los diferentes CIE del pa&iacute;s, y concluye que &ldquo;las personas acompa&ntilde;adas contaban con largo tiempo de arraigo e inclusi&oacute;n en Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Casi un 60% de ellos llevaba de uno y siete a&ntilde;os en el pa&iacute;s antes de ser encerrados. Casi el 16% asegur&oacute; llevar m&aacute;s de 15 a&ntilde;os en el pa&iacute;s y un 13,5% llevar&iacute;a entre siete y 15 a&ntilde;os antes de pasar por este trance. Las edades m&aacute;s comunes de las personas internadas est&aacute;n entre los 25 y 46 a&ntilde;os, destacando las nacionalidades de Marruecos (30,4%) y, como novedad en el perfil, de Colombia (16%). &ldquo;Son datos extrapolables a todas las personas internadas&rdquo;, ha asegurado Iv&aacute;n Lendrino Tejerina, coordinador del programa CIE en SJM y Pueblos Unidos y autor de este informe.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;<strong>Sufrimiento in&uacute;til&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;La Ley de Extranjer&iacute;a establece que el internamiento debe ser una medida excepcional y no penitenciaria, concebida &uacute;nicamente para facilitar la repatriaci&oacute;n. No obstante, casos acompa&ntilde;ados por el SJM muestran que esta excepcionalidad no se respeta: se priva de libertad a personas con largas trayectorias de arraigo, sin valorar circunstancias personales ni contemplar alternativas legales ya previstas&rdquo;, denuncian.
    </p><p class="article-text">
        Con las deportaciones de migrantes y el p&aacute;nico migratorio en la espoleta de todo el arco pol&iacute;tico conservador, este informe trata de arrojar luz sobre unos de los procesos menos transparentes de la realidad migratoria espa&ntilde;ola: las detenciones, privaciones de libertad en los CIE y las repatriaciones de migrantes. Una realidad compleja sobre la que el Ministerio del Interior no da cuentas en ning&uacute;n informe ni balance oficial. Los datos llegan a cuentagotas, denuncia el SJM, gracias a solicitudes de las organizaciones al Portal de Transparencia.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n estos datos, se sabe que en 2024 fueron deportadas forzosamente 3.286 personas migrantes desde Espa&ntilde;a. De ellas, solo el 33% (1.037 personas) fueron repatriadas desde un CIE. Sin embargo, durante el pasado a&ntilde;o, un total de 1.863 personas migrantes fueron encerradas en uno de estos criticados centros, por lo que casi la mitad (55%) de los internamientos result&oacute; ser un &ldquo;sufrimiento in&uacute;til&rdquo;, ya que no concluyeron en una repatriaci&oacute;n efectiva.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todas las personas internadas y no repatriadas pueden pasar hasta dos meses para ser liberadas, en muchos casos, a 500 kil&oacute;metros de su hogar. Nadie repara ese internamiento, ni siquiera se les paga billete de vuelta a casa. Son internadas de forma in&uacute;til&rdquo;, ha denunciado Lendrino.
    </p><p class="article-text">
        El autor tambi&eacute;n pone el foco en las alrededor de 2.000 deportaciones realizadas desde fuera de los CIE. &ldquo;Si en los CIE se mantiene la falta de mecanismos efectivos de acceso a la defensa y tutela judicial y la ausencia de garant&iacute;as y acceso a abogados, &iquest;cu&aacute;les son las garant&iacute;as en esos otros procedimientos y centros&rdquo;, se pregunta Lendrino, que exige un monitoreo constante en los Centros de Atenci&oacute;n Temporal de Extranjeros (CATE), aeropuertos y comisar&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        El informe tambi&eacute;n cuestiona las condiciones de internamiento, con un &ldquo;limitado&rdquo; acceso a la comunicaci&oacute;n, con &ldquo;restricciones al uso de m&oacute;viles&rdquo; y &ldquo;obst&aacute;culos en las visitas familiares o de ONG&rdquo; a las personas internadas. La atenci&oacute;n sanitaria es &ldquo;insuficiente, con un pliego de subcontrataci&oacute;n denunciado por organizaciones como el SJM&rdquo;. En cuanto a la salud mental, &ldquo;gravemente deteriorada por la propia reclusi&oacute;n, carece de recursos y especialistas, a pesar de las demandas de los jueces de control&rdquo;, apuntan. A ello se suman &ldquo;entornos hostiles, la ausencia de canales de denuncia seguros y procedimientos de repatriaci&oacute;n con pr&aacute;cticas que contin&uacute;an presentando irregularidades&rdquo;, abunda el informe.
    </p><h2 class="article-text">Los CIE de Madrid y Barcelona</h2><p class="article-text">
        El 2024 termin&oacute; con 358 quejas presentadas por las personas internadas, de las que la gran mayor&iacute;a (266) se interpusieron en el CIE de Madrid, seguido del de Zona Franca en Barcelona (78). Una &ldquo;desproporci&oacute;n&rdquo; que para el SJM convierte a estos dos centros en &ldquo;lugares de especial preocupaci&oacute;n&rdquo; por el &ldquo;incremento de situaciones de violencia o tensi&oacute;n&rdquo;. El informe se basa en las cifras de separaciones preventivas y de aplicaci&oacute;n de protocolos de prevenci&oacute;n de suicidio y autolisis, que se elevaron a 67 en el de Barcelona y 89 en el de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todo, el informe advierte de que los CIE &ldquo;permanecen ausentes del debate social, p&uacute;blico y pol&iacute;tico&rdquo;, en un contexto decisivo tanto por <a href="https://www.eldiario.es/politica/feijoo-plantea-expulsar-migrantes-legales-reincidentes-delitos-sea-leves_1_12638795.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los discursos de odio contra las personas migrantes</a> como por los &ldquo;cambios normativos&rdquo; que se avecinan con la aplicaci&oacute;n del Pacto Europeo de Migraci&oacute;n y Asilo (PEMA), la reforma de la Ley de Extranjer&iacute;a. Entre los cambios que m&aacute;s preocupan est&aacute;n los posibles decretos de internamiento en CIE de personas solicitantes de asilo, incluso menores de edad, en determinados casos, incluso por periodos superiores a los 60 d&iacute;as m&aacute;ximos que hay actualmente. &ldquo;Resulta alarmante que el mismo reglamento avale un r&eacute;gimen de excepci&oacute;n, el cual permite prolongar &rdquo;por un per&iacute;odo adicional&ldquo; de seis semanas el internamiento cuando se entienda que se est&aacute; produciendo una situaci&oacute;n de crisis migratoria&rdquo;, alerta el SJM.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jairo Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cie-encerraron-2024-migrantes-familia-fuerte-arraigo-espana-nuevo-informe_1_12641510.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Sep 2025 12:53:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los CIE encerraron en 2024 a migrantes con familia y fuerte arraigo en España, según un nuevo informe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[CIE - Centro de Internamiento de Extranjeros,Inmigración,Ministerio del Interior]]></media:keywords>
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