Quién es Vladímir Medinski, el ideólogo del Kremlin que vuelve a la primera línea de las negociaciones con Ucrania
Cuando el año pasado Volodímir Zelenski se enteró de que Vladímir Putin enviaría a un exministro de Cultura, presidente de la Unión de Escritores, como principal negociador a las primeras conversaciones entre Rusia y Ucrania en tres años, sintió que le estaba tomando el pelo. Vladímir Medinski aparecía como un personaje de tercera categoría, un amante de la historia repudiado por los estudiosos rusos, impulsor del revisionismo histórico en el que actualmente se basa la ideología del régimen, además de un negacionista del Estado ucraniano.
Pocos sabían entonces que aquel hombre era una de las personas de mayor confianza de Putin: se había ganado una posición privilegiada en su círculo íntimo, había alimentado su espiral belicista en los meses previos a la invasión y el mismo presidente le había encargado la tarea fundamental de moldear la mente de las futuras generaciones de rusos.
Tras el fracaso de las conversaciones de la pasada primavera en Estambul, provocado en buena parte por la inflexibilidad de Medinski, su rol como negociador parecía haber quedado atrás. Sin embargo, su reaparición al frente de la delegación rusa que este martes se reunirá con representantes estadounidenses y ucranianos en Ginebra demuestra que el presidente ruso sigue valorando su talante.
Según escribe la analista Tatiana Stanóvaya en X, su retorno “significa que las demandas políticas vuelven a estar claramente encima de la mesa”, después de que en Abu Dabi la discusión se centrara en cuestiones de seguridad, principalmente en cómo poner en práctica un eventual alto el fuego.
Con “demandas políticas” la analista se refiere al objetivo último del Kremlin: echar a Zelenski del poder, vetar a los partidos nacionalistas e instalar un gobierno afín, además de proteger la lengua rusa y la rama de la Iglesia Ortodoxa rusa en Ucrania. “Los desacuerdos territoriales son menores en comparación con estas demandas políticas, la cual cosa tienden a subestimar los funcionarios norteamericanos”, concluye Stanóvaya.
Espía frustrado
Nacido en Ucrania circunstancialmente pero de familia rusa étnica, Medinski quiso seguir los pasos de su padre, oficial soviético. Tal y como relata él en varias entrevistas, no tuvo éxito en el intento de ser espía y no pudo hacer carrera militar por problemas de visión, así que estudió periodismo y, a principios de los 90, se dedicó, según contó a la revista Forbes, “a las relaciones públicas más negras”. Incluso admite haber difundido desinformación durante el intento de golpe de Estado de los sectores involucionistas del Ejército contra Gorbachov, en 1991.
Tras defender los intereses del lobby del tabaco, a finales de la década, entró a trabajar en la administración y, con la llegada de Putin al poder, en 2000, se convirtió en diputado y hombre de partido.
Obsesionado con reescribir la historia
Fue en aquella época cuando se obsesionó con la historia rusa, concretamente con la idea de refutar una determinada visión que él consideraba oscurantista del pasado de su país. Así, escribió una serie de libros titulada Mitos de Rusia en que desmontaba los supuestos prejuicios occidentales sobre Rusia y que vendió casi un millón y medio de ejemplares.
Según escribía el periodista ruso exiliado Mijaíl Zigar en el New York Times, Medinski se lanzó a “crear relaciones públicas históricas”, aprovechando una época en que “se empezaba a comerciar con el patriotismo”.
En un perfil reciente en el medio independiente ruso Vazhnie Istorii, un conocido del político asegura que fue aquella fijación la que lo hizo destacar. “Desde el principio, me impresionó profundamente su concepto tan original, entonces aparentemente marginal, de la historia rusa, según el cual Rusia siempre había sido jodida por los ingleses y todo lo que se decía de nosotros era un mito”, afirma esta fuente.
Desde las sombras, ha ayudado a construir el edificio ideológico e histórico sobre el que se asienta buena parte del régimen de Putin. Dada la obsesión del presidente con la historia y el uso que hace de ella para justificar su régimen, Medinski ocupa una posición importante en la Rusia actual
Desde el inicio, las obras de Medinski recibieron muchas críticas de la mayoría de los historiadores rusos. En 2016, un grupo de científicos pidió al Ministerio de Educación que se le retirara el título de doctor en Historia que se le había otorgado unos años antes. El motivo principal, según los académicos denunciantes, era que su tesis no seguía una metodología científica, sino que se trataba de un ensayo propagandístico.
El periódico independiente Meduza lo definía en aquel momento como “el peor historiador de la Rusia moderna”. Sin embargo, él nunca ocultó que su investigación no se basaba en la realidad. “Los hechos, por sí solos, no significan mucho. Todo empieza, no con los hechos, sino con las interpretaciones. Si amas a tu patria, a tu gente, entonces la historia que escribas siempre será positiva”, escribe en uno de sus libros.
El ministro más intervencionista
En 2012, su lealtad a Putin fue premiada con el Ministerio de Cultura, a pesar de no tener ninguna experiencia en el sector. Según Vazhnie Istorii, Vladislav Surkov, uno de los arquitectos del putinismo, lo propuso para el puesto porque tenía “el don de la palabra” y “hablaba de lo que le decían que hablara”. “Estos intérpretes valen su peso en oro”, añade una fuente.
Para Zigar, pronto quedó clara su tarea, “emprender la militarización de la sociedad rusa”. “Toda su política cultural se puede calificar de propaganda de guerra y de la violencia”, escribe.
Vazhnie Istorii destaca también que, durante su estancia al frente del ministerio, el departamento “interfirió activamente en todas las instituciones subordinadas” y trató de meter mano en todos los ámbitos de su competencia, llegando a censurar obras o a retirar fondos para proyectos que no se adecuaban a su concepción de “patriotismo cultural”.
Ideólogo de Putin
En 2020, tras una remodelación de Gobierno, Medinski fue destituido y se convirtió en asesor de Putin. Según Zigar, “fue un importante descenso de estatus, y la degradación le escoció”. Pero la pandemia le brindó una nueva oportunidad cuando el presidente ruso, preso de la hipocondría, se confinó en su residencia a las afueras de Moscú.
“Siempre le había interesado la historia [a Putin]; allí, donde tenía tiempo libre, se obsesionó notablemente con ella. Empezó a hablar sobre temas históricos, pero necesitaba un asesor, alguien que pudiese perfeccionar sus ideas y darles plena expresión. Medinski era la opción evidente”, apunta el periodista.
El exministro de Cultura se trasladó al Kremlin. Su concepción histórica, que 20 años atrás era marginal, se había convertido desde la anexión de Crimea, en 2014, en la corriente ideológica principal del putinismo.
“Desde las sombras, ha ayudado a construir el edificio ideológico e histórico sobre el que se asienta buena parte del régimen de Putin. Dada la obsesión del presidente con la historia y el uso que hace de ella para justificar su régimen, Medinski ocupa una posición importante en la Rusia actual”, añade Zigar.
Una de sus mayores contribuciones es el decreto presidencial sobre valores espirituales y morales tradicionales, de 2022. Este documento es la base del nuevo rumbo conservador de Rusia. Se utiliza como herramienta de censura: el Ministerio de Cultura exige a galerías, teatros y distribuidores de películas que trabajen solo con obras que reflejen los denominados “valores tradicionales”.
Artífice del adoctrinamiento en las aulas
Ahora bien, la obra magna de Medinski es la renovación de todos los libros de texto de las escuelas rusas. Desde 2016, es coautor de la mayoría de los materiales que utilizan los alumnos de todo el país en clase.
Zigar explica que en estos libros “no hay, por supuesto, historia alguna, sino solo propaganda descarada, un conjunto de clichés reciclados de la televisión rusa”. Y añade: “Llamarlo revisionismo se queda muy corto”.
Desde la invasión a Ucrania, Medinski se ha encargado de actualizar los libros de texto para incluir también los eventos más destacados de la “operación militar especial”. “Ucrania aparece como una formación artificial, accidental u hostil a Rusia. La agresión rusa se justifica y Rusia se presenta como un centro de civilización”, denuncia en Vazhnie Istorii la abogada ucraniana Daria Sviridova, que recuerda que, no solo los escolares rusos aprenden con estos contenidos, sino también los niños de los territorios ocupados de Ucrania.
Negacionista del Estado ucraniano
Uno de los textos que figura casi íntegro en los libros que leen los alumnos es el artículo de Putin Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos, donde, a la práctica, se niega el derecho de Ucrania a tener un Estado. Este documento sirvió como justificación teórica para la invasión rusa a gran escala y, según fuentes de inteligencia europeas, uno de sus autores fue Medinski.
El ensayo, publicado en 2021, se gestó durante el confinamiento autoimpuesto por Putin. Durante aquella época, su fascinación por las investigaciones pseudohistóricas del exministro de Cultura se combinó con el enclaustramiento con algunos de sus consejeros más radicales, entre ellos Medinski, y tal y como apunta el periodista Xavier Colás en su libro Putinistán, dio como resultado un cóctel en el que pudo germinar la idea de invadir Ucrania.
Negociador agresivo
Su posición claramente antiucraniana fue vista como una declaración de intenciones por parte de Kiev cuando, en 2022, Putin lo designó como jefe de la delegación rusa en las conversaciones de paz de Estambul. Tres años después, repetiría como emisario principal del Kremlin en lo que él siempre consideró una reanudación de aquella primera reunión fracasada, y ahora vuelve a la primera línea en Ginebra.
En Vazhnie Istorii, el exministro de Exteriores ucraniano Pavlo Klimkin cree que Medinski ejerce el rol de “negociador agresivo” y que se dedica a “presionar psicológicamente” a la parte ucraniana. “Putin entra en el proceso de negociación precisamente desde estas posiciones ideológicas”, apunta.
El ejemplo más claro de esta inflexibilidad ideológica se observó durante la primera ronda de conversaciones en Estambul del año pasado, en mayo. Tal y como narró después el periodista de The Economist Oliver Carrol, dirigiéndose a la delegación ucraniana, Medinski afirmó: “No queremos la guerra, pero estamos dispuestos a luchar durante un año, dos, tres, los que hagan falta. Luchamos con Suecia 21 años. ¿Vosotros cuánto tiempo estáis dispuestos a luchar?”.
Para el profesor británico Mark Galeotti, su elección fue una prueba de que Putin quiere pilotar personalmente las negociaciones. “La falta de autoridad personal de Medinski no es un menosprecio, sino más bien un signo de que Putin quiere gestionar cualquier proceso por control remoto, es un dron humano”, escribió. El analista Leonid Ragozin lo ve de un modo similar, según indica en X: “Algunos creen que la elección de Medinski es una degradación, pero yo no”.
Amigo de la hija de Putin
La investigación de Vazhnie Istorii también revela que Medinski es uno de los pocos miembros de la administración presidencial que puede concertar una reunión personal con Putin. Parte de esta cercanía se debe a que también forma parte del círculo íntimo de la hija del presidente, Katerina Tijonova.
Medinski, además, es amigo cercano de uno de los halcones de Putin, el jefe del Servicio de Inteligencia Exterior, miembro del Consejo de Seguridad, Serguéi Narishkin, gracias a su pasión compartida por la historia. E incluso mantiene una muy buena relación con el director de cine favorito de Putin, el oscarizado Nikita Mijalkov, ahora una de las voces más radicales del putinismo.
Pragmático sin principios
Algunas de las fuentes citadas por Vazhnie Istorii dudan de su amor por la historia y lo consideran un oportunista. Lo describen como un hombre “pragmático y cínico, sin una ideología firme”. “A Putin le gustan todas esas tonterías históricas y Medinski ha encontrado un buen nicho para sí mismo. Es plenamente consciente de que la historia solo es una herramienta para la manipulación propagandística”, asegura un exfuncionario del Gobierno ruso al medio.
Una fuente añade: “Es inútil discutir su ideología porque no la tiene. Si hay que ir a la derecha o a la izquierda, él va sin preguntar”. “Medinski es una persona desagradable, necesita aplastar y someter a los que le rodean”, concluye otra.
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