El Kremlin capta a jóvenes africanos con falsas promesas para usarlos como carne de cañón en la invasión de Ucrania
Tras cuatro años de una guerra que cuenta a sus víctimas por decenas de miles, Rusia se ha visto obligada a buscar soldados más allá de sus fronteras para alimentar su maquinaria militar. África ha sido uno de los objetivos del Kremlin, que ha construido una red de reclutamiento en el continente, explotando la desesperación de muchos jóvenes deseosos de un futuro mejor.
Por primera vez, una investigación del grupo INPACT —que nació para fiscalizar las actividades de los mercenarios de Wagner— ha puesto cifras a este fenómeno. En su informe, al que ha tenido acceso elDiario.es, documentan cerca de 1.500 casos de chicos africanos enviados a luchar a primera línea, aunque temen que sean muchos más. De estos, más de 300 murieron al poco de alistarse en el Ejército ruso.
Las historias son similares, independientemente del país de origen: un anuncio en redes sociales con promesas de dinero fácil, una misteriosa agencia de viajes y un billete gratis a Rusia. Sin embargo, lo que se presenta como una oportunidad hacia una nueva vida, a menudo acaba convirtiéndose en un infierno.
Carne de cañón
Gracias a la ayuda de Jochú Zhit (Quiero vivir), un proyecto del Gobierno ucraniano que da apoyo a soldados rusos que se quieren rendir, los investigadores han recopilado 1.417 nombres de africanos que firmaron un contrato con el Ministerio de Defensa ruso entre enero de 2023 y septiembre de 2025.
Tras indagar en sus historias, descubrieron que el grupo más numeroso era el de los jóvenes de entre 18 y 25 años. No consta que ninguno fuese menor. Los tres países con mayor representación eran Egipto, Camerún y Ghana, muy por encima del resto, y quedaba claro que el ritmo de reclutamiento había ido en aumento a medida que avanzaba la guerra. En los primeros nueve meses de 2025 se inscribieron 647 africanos, más del triple que en todo 2023, cuando lo hicieron 177.
“La lista no era exhaustiva, así que el número de nacionales africanos reclutados es probable que sea mayor”, alertan en su informe. Otro listado ofrecía una relación de los voluntarios muertos en combate respecto del total: 316 hombres, uno de cada cinco. La mayoría sobrevivieron solamente seis meses, si bien hubo 51 que perdieron la vida al mes de entrar en las Fuerzas Armadas.
Vincent, uno de los autores del estudio, asegura en declaraciones a elDiario.es que los reclutas son destinados a “sucesivas oleadas de asalto” con el objetivo de “desbordar las líneas ucranianas” en “las zonas de combate más intensas”. Todo ello les permite afirmar que son utilizados como “carne de cañón”.
Bueno sueldos y nacionalidad rusa
Algunos de los africanos acabaron en Ucrania conscientes de que habían sellado un compromiso con el Ejército, pero otros se vieron arrastrados a las puertas de la muerte sin saberlo, engañados por agencias de viaje y falsos empleadores.
Entre los reclutadores que no ocultan que trabajan para el Ejército, la mayoría de ofertas garantizan a los extranjeros un pago único de entre 2.000 y 30.000 dólares, y un sueldo mensual de 2.200 a 2.500 dólares, además de pasaje, alojamiento, traductor, seguro médico y entrenamiento militar.
Uno de los mayores atractivos es la posibilidad de conseguir la nacionalidad rusa al poco de firmar el contrato, en un plazo de entre tres y seis meses. Asimismo, el Ministerio de Exteriores ruso ha agilizado recientemente los trámites necesarios para los ciudadanos de países africanos que quieran obtener un visado de turista, facilitando todavía más su llegada.
Ahora bien, muchos de los africanos captados por las tropas ucranianos denunciaron que, en realidad, las promesas se desvanecieron rápidamente. Tuvieron que aceptar las condiciones del contrato, en cirílico, sin entenderlas y sin ayuda de ningún traductor, fueron desplegados en el frente con escasa preparación para el combate y en algunos casos ni siquiera les pagaron el dinero estipulado.
Falsas promesas y trata de personas
“Desde la perspectiva de los reclutas, el reclutamiento está impulsado por el deseo de movilidad social y geográfica, en un contexto marcado por la pobreza estructural, la inestabilidad política y las crisis recurrentes en el continente africano”, indican los investigadores. “Esta convergencia asimétrica de intereses constituye el objetivo principal de las campañas de reclutamiento observadas”, añaden.
En Egipto, por ejemplo, Equal Times alertó el pasado julio que varios estudiantes y trabajadores se habían desplazado a Rusia a través de una compañía de viajes y habían acabado luchando en el frente. Según INPACT, la empresa, Tasaheel Travel Agency, es propiedad de un ciudadano egipcio afincado en Rusia y trabaja con las autoridades rusas.
En Camerún, una red se dedicaba a publicar falsas ofertas de empleo para puestos poco cualificados. The Telegraph explicó el caso de una de sus víctimas, Jean Onana, un granjero que llegó a Moscú pensando que iba a fabricar jabón y fue enviado a las trincheras.
El reclutamiento está impulsado por el deseo de movilidad social y geográfica, en un contexto marcado por la pobreza estructural, la inestabilidad política y las crisis recurrentes en el continente africano
Detrás de estas víctimas, en algunas ocasiones se han destapado redes de tráfico de personas. En Kenia, dos empresas ofrecían vacantes inexistentes en Rusia y a los solicitantes se les prometía un pago de entre 13.000 y 18.000 dólares si firmaban un acuerdo. Todos ellos eran enviados a Ucrania.
La policía detuvo como cerebros de esta estafa a un ciudadano keniano y a otro ruso que fue expulsado del país. El martes, el ministro de Asuntos Exteriores de Kenia, Musalia Mudavadi, en declaraciones a la BBC, pidió explicaciones a Rusia por una práctica que calificó de “inaceptable y clandestina”. A pesar de las acciones del Gobierno africano, algunas de las ofertas ficticias siguen colgadas en la web de la administración keniana.
Más allá de las recientes quejas de Kenia, también Sudáfrica desmanteló en diciembre de 2025 una red de reclutamiento para las tropas rusas que incluía a un conocido presentador de radio. Togo y Zambia han sido otros de los pocos países que han levantado la voz ante el Kremlin después de que trascendiera que varios de sus ciudadanos habían muerto luchando contra Ucrania o habían sido capturados. Y, aun así, la mayoría de gobiernos se han mantenido en silencio.
‘Influencers’ y propagandistas
Encontrar información sobre cómo alistarse al Ejército ruso es muy fácil. INPACT ha comprobado que existen campañas destinadas específicamente a países del Sur Global. A veces, los mismos reclutas ejercen de señuelo para sus compatriotas, ya sea al explotar el éxito de su experiencia o como parte de las redes que se dedican a promocionar la cultura y el modo de vida rusos.
Rodolphe Makpode, originario de Benín y reclutado por el Ejército ruso, publicó un vídeo en Facebook en 2023 publicitando un servicio para conseguir visados para estudiar y trabajar en Rusia, sin advertir en ningún momento de su condición de soldado. Otro voluntario, Diallo Mamoutou, maliense, administra una página en esta misma red social llamada “Study in Russia” (Estudia en Rusia), dirigida a adolescentes y recién graduados que quieran seguir su formación “en las universidades más prestigiosas de Rusia”. Tampoco en su información personal detalla su participación en la invasión de Ucrania.
El reclutamiento de estudiantes atrae tanto a chicos como a chicas. Algunos se convierten en influencers, promueven discursos panafricanistas y narrativas del Kremlin, y pasan a formar parte de su ecosistema de propagandistas. Tal y como se recoge en el informe, todos ellos hacen hincapié también en “el acceso a una educación de calidad, la oportunidad de convertirse en la mejor versión de uno mismo y la inmersión en otra cultura”.
Redes de inmigración ilegal
Finalmente, Moscú también se aprovecha de un fenómeno ampliamente documentado desde 2024: la captación de inmigrantes ilegales detenidos en Rusia. Las autoridades les ofrecen dos salidas: la deportación o firmar un contrato con el Ejército. Según los investigadores, el Kremlin ha encontrado “una mina de oro” en este sistema.
“Los inmigrantes africanos llegan a Rusia con un visado de trabajo o de estudiante, se enfrentan a la burocracia rusa, pierden sus visados y son detenidos por la policía o reclutados por otros ciudadanos africanos que les recomiendan encarecidamente unirse al Ejército ruso”, explican los autores.
El reclutamiento de estudiantes atrae tanto a chicos como a chicas. Algunos se convierten en influencers, promueven discursos panafricanistas y narrativas del Kremlin, y pasan a formar parte de su ecosistema de propagandistas
Lamin Yatta, un ciudadano de Gambia, aterrizó en Bielorrusia en el verano de 2023 con un permiso de estudiante. Su intención era cruzar la frontera con Letonia para llegar a Alemania o a Países Bajos, pero decidió probar suerte en Rusia. En mayo de 2024 la policía lo detuvo, se alistó y en agosto murió.
La propaganda rusa también se dirige a africanos que viven de manera temporal en países del Golfo y a los que ofrecen huir de unas condiciones laborales pésimas. Marfo Nicholas Kawu, un profesor ghanés que trabajaba en Qatar en la construcción de los estadios para la Copa del Mundo de Fútbol de 2022, acabó aceptando la oferta de un reclutador ruso. A finales de abril de 2025, publicó una foto suya en una ciudad de la región de Yaroslavl, a 300 kilómetros de Moscú. Al cabo de dos semanas, tras recibir fotos suyas vestido de militar, su familia le perdió completamente la pista.
¿Por qué esto debe preocupar a Europa?
Para los autores de la investigación, en Occidente “no debe subestimarse el posible impacto a largo plazo” de una década de discreta influencia política, militar y mediática del Kremlin en el continente africano. Alertan de una posible “fuga de cerebros”. “El gran énfasis en promocionar a Rusia como un proveedor de oportunidades podría alterar profundamente la actitud hacia Rusia (y Occidente) entre los jóvenes africanos, quienes para 2050 representarán uno de cada tres habitantes del continente africano y una cuarta parte de la población mundial”, apuntan.
“Las facilidades para obtener un visado para Rusia contrastan de manera pronunciada con las dificultades para conseguir un permiso para los países europeos”, continúan. Es decir, Moscú aparece como una alternativa esperanzadora ante el cerrojo del viejo continente. Esto, en su opinión, es debido a la creciente retórica antimigración que explota la extrema derecha en Europa y que “Rusia se complace en destacar y contra la que se define”.
Desde su punto de vista, también cabe considerar “si las mismas redes y procesos, o similares, podrían utilizarse —o se están utilizando— para otros aspectos de la maquinaria bélica rusa, como el reclutamiento para operaciones híbridas en Europa”.
Recetas contra el reclutamiento
Según los investigadores, los esfuerzos occidentales hasta ahora se han centrado en desbaratar los programas rusos de reclutamiento en el extranjero y en concienciar sobre los riesgos de la “oportunidad rusa”. Sin embargo, advierten de la dificultad de contrarrestar las voces rusas y prorrusas en África.
Además, subrayan la fortaleza del ecosistema comercial que facilita el reclutamiento. “Es un sistema altamente descentralizado, con una multitud de personas, organizaciones y pequeñas agencias que operan a lo largo de la cadena, lo que lo hace resiliente y desafiante ante cualquier disrupción vertical”, plantean.
Su receta es “una mayor colaboración con los gobiernos” para visibilizar los casos e investigar las redes de reclutamiento, la opción de clasificar a Rusia como “un país de mayor riesgo para las agencias de contratación” y, de este modo, “reducir los cupos de vacantes en Rusia y obligar a las agencias a exigir estándares más altos para garantizar la legitimidad de las oportunidades que se ofrecen, así como la fiabilidad de los operadores de viajes y contratación”.
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