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    <title><![CDATA[elDiario.es - Paul Preston]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las memorias de Juan Carlos I de España. De rey del pueblo a héroe caído]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/memorias-juan-carlos-i-espana-rey-pueblo-heroe-caido_129_13188104.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6648bd89-0be9-44fe-9d3f-b2c84c9c30a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las memorias de Juan Carlos I de España. De rey del pueblo a héroe caído"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El historiador Paul Preston analiza en este texto, que elDiario.es publica en exclusiva, el libro de memorias de Juan Carlos I, 'Reconciliación'. El célebre hispanista hace un repaso de la figura del monarca emérito, en el que aborda la relación con Franco, los años de popularidad por su papel en la transición a la democracia y el hundimiento en el desprestigio por su propensión a los lujos y placeres</p><p class="subtitle">Juan Carlos I carga contra Sánchez en 'Le Figaro': “Con el Gobierno actual las cosas deben ser muy difíciles para mi hijo”</p></div><p class="article-text">
        El rey Juan Carlos de Espa&ntilde;a ascendi&oacute; al trono en noviembre de 1975, tras la muerte del general Francisco Franco. El dictador lo hab&iacute;a designado como su sucesor en 1969, tras una tortuosa pugna entre seis posibles candidatos de sangre real. Los seis eran: los dos candidatos &ldquo;leg&iacute;timos&rdquo; de la casa de Borb&oacute;n, descendientes del &uacute;ltimo rey, Alfonso XIII: el conde de Barcelona, don Juan de Borb&oacute;n y Battenberg, y su hijo, Juan Carlos de Borb&oacute;n y Dos Sicilias; Jaime de Borb&oacute;n y Battenberg, hermano mayor de don Juan, a quien se hab&iacute;a convencido de que renunciara a sus derechos en 1933 debido a sus dificultades auditivas y del habla, pero que los reactiv&oacute; en 1949 con la ayuda econ&oacute;mica de Franco; el hijo de don Jaime, Alfonso de Borb&oacute;n Dampierre; y dos candidatos de los pretendientes carlistas rivales al trono, don Javier de Borb&oacute;n-Parma y su hijo Carlos Hugo de Borb&oacute;n-Parma. De hecho, Franco hab&iacute;a descartado en secreto a don Juan por ser demasiado liberal y a los dos carlistas nacidos en Francia por ser extranjeros, aunque eso no le disuadi&oacute; en el caso de Juan Carlos, que hab&iacute;a nacido en Italia. La misi&oacute;n manifiesta del ganador elegido como jefe de Estado era la perpetuaci&oacute;n de la dictadura. En consecuencia, Juan Carlos fue recibido por la izquierda como un t&iacute;tere despreciable y por la extrema derecha como un liberal encubierto. Los temores de la derecha se hicieron realidad cuando, con considerable valent&iacute;a y determinaci&oacute;n, desempe&ntilde;&oacute; un papel clave en liberarse de las ataduras de las leyes e instituciones del Caudillo. Para llegar al trono, Juan Carlos tuvo que pasar los veinti&uacute;n a&ntilde;os comprendidos entre 1948 y 1969 actuando, o siendo manipulado, como uno de los peones en el juego de sucesi&oacute;n ideado por Franco y su <em>eminencia gris</em>, Luis Carrero Blanco. El origen del juego, la Ley de Sucesi&oacute;n de 1947, fue un artilugio para convencer a los Aliados victoriosos de que Franco estaba libre del estigma del Eje y de que era m&aacute;s mon&aacute;rquico que falangista. En t&eacute;rminos de pol&iacute;tica interna, el premio prometido de la sucesi&oacute;n ayud&oacute; a mantener unida la coalici&oacute;n de fuerzas de Franco. Para seguir contando con el apoyo de los falangistas antimon&aacute;rquicos era necesario humillar peri&oacute;dicamente a los mon&aacute;rquicos alfonsistas y carlistas, algo que ten&iacute;a la ventaja a&ntilde;adida de hacer las delicias del retorcido sentido del humor del Caudillo. Para Juan Carlos, todo el proceso supuso una infancia perdida y una adolescencia miserable cuando fue enviado a Espa&ntilde;a como reh&eacute;n, lo que en un principio parec&iacute;a asegurar el puesto de su padre en la competencia por la sucesi&oacute;n. Franco finalmente nombr&oacute; a Juan Carlos &ldquo;Sucesor con el t&iacute;tulo de Rey&rdquo; en 1969, tras desplazar gradualmente al leg&iacute;timo heredero al trono, su padre, Don Juan de Borb&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando fue proclamado rey en 1975, Juan Carlos despertaba una profunda desconfianza tanto en la derecha como en la izquierda. El hecho de que fuera rey &uacute;nicamente gracias a la Ley de Sucesi&oacute;n y de que su designaci&oacute;n tuviera por objeto garantizar la supervivencia del r&eacute;gimen franquista explicaba las sospechas de la izquierda y la creencia generalizada de que ser&iacute;a &ldquo;Juan Carlos el breve&rdquo;. Como hijo del angl&oacute;filo Don Juan de Borb&oacute;n, y debido a sus contactos con diplom&aacute;ticos brit&aacute;nicos, estadounidenses y alemanes, result&oacute; ser igualmente sospechoso para la derecha franquista. Sorprendentemente, logr&oacute; compaginar con &eacute;xito los objetivos aparentemente incompatibles de, por un lado, la fidelidad p&uacute;blica a los principios del Estado unipartidista franquista y, por otro, el compromiso t&aacute;cito con el establecimiento de una monarqu&iacute;a constitucional democr&aacute;tica. Desde su ascensi&oacute;n al trono hasta 1982, Juan Carlos I defendi&oacute; valientemente la democracia frente a la amenaza de una conspiraci&oacute;n militar. En consecuencia, se convirti&oacute; en un h&eacute;roe nacional y en una figura inmensamente popular tanto en Espa&ntilde;a como en el extranjero, hasta que una ca&iacute;da en desgracia le oblig&oacute; a abdicar en 2014.
    </p><p class="article-text">
        Para el nuevo rey, los seis meses posteriores a su ascensi&oacute;n al trono fueron angustiosos. Su primera tarea consisti&oacute; en neutralizar a los militares y otros partidarios de Franco, mientras su principal asesor, el brillante te&oacute;rico constitucional Torcuato Fern&aacute;ndez Miranda, preparaba un plan de reforma pol&iacute;tica dentro del marco legal de la dictadura. Esto supuso, en un primer momento, mantener en el cargo al presidente del Gobierno de Franco, Carlos Arias Navarro, con el fin de calmar los temores de la clase dirigente franquista. Al mismo tiempo, tuvo que intentar convencer a la izquierda de que estaba comprometido con la transici&oacute;n democr&aacute;tica. No fue hasta el verano de 1976 cuando el rey pudo elegir al joven y carism&aacute;tico Adolfo Su&aacute;rez como un presidente de Gobierno m&aacute;s af&iacute;n para que se hiciera cargo de la siguiente etapa del proceso. Torcuato Fern&aacute;ndez Miranda dijo una vez que Juan Carlos fue el empresario del drama de la Transici&oacute;n, del que &eacute;l mismo fue el guionista y, Adolfo Su&aacute;rez, el actor principal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras las elecciones democr&aacute;ticas de junio de 1977, los problemas que se avecinaban eran, en sentido estricto, competencia del Gobierno elegido, pero hab&iacute;a cuestiones pol&iacute;ticas inmediatas que resultaban imposibles de resolver sin la intervenci&oacute;n del rey. La violencia antidemocr&aacute;tica de los conspiradores militares decididos a reinstaurar la dictadura y las actividades terroristas de la organizaci&oacute;n separatista vasca ETA complicaron enormemente la tarea de construir un marco constitucional ampliamente aceptado. El apoyo del rey fue esencial para la consolidaci&oacute;n de la democracia, ya que el gobierno necesitaba su ayuda constante como comandante supremo de las Fuerzas Armadas. As&iacute;, tuvo que arriesgar constantemente su vida como una especie de bombero del inflamable sistema democr&aacute;tico. Juan Carlos se convirti&oacute; en el blanco de la hostilidad tanto de la extrema derecha como de ETA. Cuando Su&aacute;rez dimiti&oacute; a finales de enero de 1981, se ejerci&oacute; una intensa presi&oacute;n militar para que se formara una coalici&oacute;n pol&iacute;tica encabezada por un general. Los l&iacute;deres de los cuatro principales partidos &mdash;Leopoldo Calvo-Sotelo, de la UCD centrista; Felipe Gonz&aacute;lez, del PSOE socialista; Santiago Carrillo, del PCE comunista, y Manuel Fraga, de la Alianza Popular conservadora&mdash; se mostraron abiertos a esa soluci&oacute;n at&iacute;pica, pero Juan Carlos opt&oacute; por la v&iacute;a constitucional y nombr&oacute; a Calvo Sotelo presidente de Gobierno. En circunstancias complejas, el 23 de febrero, el teniente coronel Antonio Tejero, de la Guardia Civil, se hizo con el control del Congreso de los Diputados y, de hecho, mantuvo como reh&eacute;n a toda la clase pol&iacute;tica. La tarea de derrotar el golpe militar fue dirigida por el propio Juan Carlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En retrospectiva, el intento golpista del 23F marc&oacute; un punto de inflexi&oacute;n no solo en la transici&oacute;n a la democracia, sino tambi&eacute;n en el papel del rey. Su verdadera importancia en lo que respecta a la Corona se revel&oacute; el 27 de febrero. Tres millones de personas se manifestaron en las ciudades de toda Espa&ntilde;a en apoyo de la democracia y del rey. El estado de &aacute;nimo en la mayor parte del pa&iacute;s, sin embargo, <a href="https://elpais.com/diario/1981/03/08/sociedad/352854003_850215.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">lo resumi&oacute; el novelista republicano Francisco Umbral</a>, quien escribi&oacute; en <em>El Pa&iacute;s </em>dos semanas despu&eacute;s: &ldquo;Cuando los espa&ntilde;oles cre&iacute;amos merecernos algo mejor que un rey, resulta que tenemos un rey que no nos merecemos&rdquo;. La propia exasperaci&oacute;n de Juan Carlos era perceptible en su respuesta a los l&iacute;deres pol&iacute;ticos que se reunieron para expresarle su gratitud por lo que hab&iacute;a hecho. El texto que ley&oacute; [<a href="https://espacioseuropeos.com/2009/03/palabras-de-su-majestad-el-rey-a-los-lideres-politicos-al-dia-siguiente-del-23-f/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">aqu&iacute;</a> la versi&oacute;n &iacute;ntegra] iba m&aacute;s all&aacute; de los t&oacute;picos esperados: &ldquo;La Corona se siente orgullosa de haber servido a Espa&ntilde;a con firmeza y con la convicci&oacute;n de que la vida democr&aacute;tica y el respeto estricto de los principios constitucionales constituyen la voluntad mayoritaria del pueblo espa&ntilde;ol. Sin embargo, todos deben ser conscientes, desde sus propias responsabilidades, de que el rey no puede ni debe enfrentarse, de forma reiterada y bajo su responsabilidad directa, a circunstancias de tan considerable tensi&oacute;n y gravedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde <a href="https://www.elmundo.es/cronica/2003/388/1048432224.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">reconoci&oacute;</a> que lo que hab&iacute;a intentado decir era que &ldquo;mi papel no era el de un bombero, siempre listo para apagar un fuego&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La postura de Juan Carlos contra <em>el golpismo </em>hab&iacute;a dado a la democracia una segunda oportunidad. Tras la contundente victoria electoral socialista en las elecciones de octubre de 1982, Juan Carlos pudo dejar que el Gobierno de Felipe Gonz&aacute;lez se ocupara del problema de la subversi&oacute;n militar. A partir de entonces, se convirti&oacute; m&aacute;s en un jefe de Estado constitucional y tambi&eacute;n en una especie de embajador comercial itinerante. Su trayectoria en el trono entre 1975 y 1982 lo convirti&oacute;, sin duda, en uno de los mejores monarcas de Espa&ntilde;a. Ese notable logro no era algo que necesitara ser resaltado ni que pudiera realzarse con dignidad alguna en una autobiograf&iacute;a. Lo que le hab&iacute;a costado en t&eacute;rminos de juventud perdida y estr&eacute;s diario tal vez explique por qu&eacute; ahora comenzaba a dar prioridad a lo que podr&iacute;a llamarse &ldquo;el descanso del guerrero&rdquo;.&nbsp;
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                El Rey Juan Carlos, cazando elefantes en África                            </span>
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        Durante los treinta a&ntilde;os siguientes, la reputaci&oacute;n del rey se fue desvaneciendo en una b&uacute;squeda de placeres y beneficios. A lo largo de la d&eacute;cada de los noventa, al codearse con una serie de &ldquo;bucaneros capitalistas&rdquo; como Jos&eacute; Mar&iacute;a Ruiz-Mateos, Mario Conde o Javier de la Rosa, su imagen se vio mancillada por su relaci&oacute;n con los esc&aacute;ndalos financieros que asolaron la vida pol&iacute;tica espa&ntilde;ola. Las revistas del coraz&oacute;n sacaron mucho partido de su obsesi&oacute;n por la velocidad y los deportes caros en los que arriesgaba la vida y que con frecuencia le causaban lesiones graves. Esquiar, conducir coches de alta velocidad y motocicletas, pilotar helic&oacute;pteros y aviones, junto con las regatas de yates, eran actividades que realzaban su reputaci&oacute;n en algunos c&iacute;rculos y despertaban intensas cr&iacute;ticas en otros. Lo mismo ocurr&iacute;a con su entusiasmo por la compa&ntilde;&iacute;a de mujeres atractivas, que era objeto de gran atenci&oacute;n en algunos sectores de la prensa semanal. Los rumores sobre crisis matrimoniales surg&iacute;an con frecuencia. En 2012, mientras los espa&ntilde;oles de a pie hac&iacute;an frente a una dura crisis econ&oacute;mica, Juan Carlos afirm&oacute; que la preocupaci&oacute;n por el desempleo juvenil le quitaba el sue&ntilde;o. Sin embargo, el hecho de que hubiera estado en un safari en Botsuana, de un coste astron&oacute;mico, se hizo p&uacute;blico cuando fue trasladado en avi&oacute;n a Madrid para someterse a una operaci&oacute;n de cadera tras un accidente. Se vio obligado a pedir perd&oacute;n al pa&iacute;s despu&eacute;s de que los detalles de la escapada se hicieran p&uacute;blicos. Su acompa&ntilde;ante en ese viaje fue la empresaria germano-danesa Corinna Larsen, exmujer del pr&iacute;ncipe Casimir zu Sayn-Wittgenstein. El declive del rey se aceler&oacute; y, en junio de 2014, se vio obligado a abdicar en favor de su hijo, ahora rey Felipe VI. En agosto de 2020, Juan Carlos abandon&oacute; Espa&ntilde;a y se traslad&oacute; a Abu Dabi, capital de Emiratos &Aacute;rabes Unidos, en medio del esc&aacute;ndalo por la transferencia de unos 65 millones de euros a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, tras recibir pagos de un contrato de tren de alta velocidad en Arabia Saud&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de que el deterioro de su popularidad llegara al punto m&aacute;s bajo del exilio, en junio de 2016, Juan Carlos presidi&oacute; la presentaci&oacute;n de un libro en la Real Academia de San Fernando de Madrid, en la que su amigo el zar Sime&oacute;n II de Bulgaria, exiliado, present&oacute; su autobiograf&iacute;a, <em>Un destino singular</em>. Hacia el final del acto, un periodista le pregunt&oacute; a Juan Carlos si alguna vez se plantear&iacute;a escribir sus propias memorias, dada su agitada vida. Respondi&oacute; en t&eacute;rminos categ&oacute;ricos: &ldquo;&iexcl;No, nunca las voy a escribir! &iquest;Para qu&eacute;, para decir mentiras? La verdad no se puede contar, as&iacute; que <a href="https://www.elmundo.es/loc/2016/06/11/575add67e5fdeac3568b4618.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">me lo guardar&eacute;</a>&rdquo;.&nbsp;En ese momento, hizo un gesto como si se tragara sus secretos y, se&ntilde;alando al cielo, a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;Y me lo llevar&eacute; all&aacute; arriba&rdquo;. Sin duda, parec&iacute;a una decisi&oacute;n sensata. Su considerable contribuci&oacute;n a la transici&oacute;n de la dictadura a la democracia era tan conocida que solo podr&iacute;a verse menospreciada por unas memorias escritas a la defensiva. Al mismo tiempo, los esc&aacute;ndalos financieros y sexuales hab&iacute;an sido investigados con tal exhaustividad por medios serios y por la prensa m&aacute;s morbosa que apenas quedaba margen para posteriores intentos de lavado de imagen.
    </p><p class="article-text">
        La primera pregunta que suscit&oacute; el anuncio en 2025 de que, despu&eacute;s de todo, habr&iacute;a unas memorias es: &iquest;por qu&eacute; cambi&oacute; de opini&oacute;n? En los c&iacute;rculos editoriales espa&ntilde;oles corrieron rumores sobre la magnitud sin precedentes del anticipo que, al parecer, se pag&oacute; por la edici&oacute;n espa&ntilde;ola, <em>*Reconciliaci&oacute;n*</em>, y la francesa, <em>*R&eacute;conciliation</em>*. Seg&uacute;n el muy riguroso diario digital <em>elDiario.es</em>, es posible que la publicaci&oacute;n de las memorias estuviera relacionada con este <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">anticipo supuestamente cuantioso pagado por los derechos</a>. En Espa&ntilde;a se inform&oacute; de que Juan Carlos hab&iacute;a devuelto pr&eacute;stamos por importe de 4.395.901,96 euros, concedidos en 2021 por una docena de arist&oacute;cratas an&oacute;nimos y empresarios amigos, con el fin de regularizar su situaci&oacute;n con la Hacienda espa&ntilde;ola. Los pr&eacute;stamos deb&iacute;an devolverse en un plazo relativamente corto para que no se consideraran donaciones y, por lo tanto, estuvieran sujetos a impuestos adicionales. El reembolso de cuatro millones de euros o m&aacute;s en pr&eacute;stamos fue publicado en <a href="https://www.mundoamerica.com/celebrity/2025/08/06/689323a5e4d4d8977d8b4584.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El Mundo</em></a><em> </em>el 6 de agosto de 2025 y en <a href="https://www.thetimes.com/world/europe/article/spain-juan-carlos-tax-debt-zft9835q5" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>The Times</em></a><em> </em>el 7 de agosto de 2025. Las identidades de los prestamistas se publicaron en <a href="https://www.elconfidencial.com/empresas/2021-04-06/rey-emerito-empresarios-pagaron-millones-regularizacion-fiscal_3020931/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El Confidencial</em></a><em> </em>y <a href="https://www.eldiario.es/politica/empresarios-participaron-regularizacion-rey-emerito-empresario-naviero_1_7379394.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiario.es</em></a><em> </em>el 6 de abril de 2021, y las copias de los contratos de pr&eacute;stamo fueron publicadas por <a href="https://www.eldiario.es/politica/operacion-salvar-rey-banquillo-prestamos-evitaron-imputacion-juan-carlos-i-fraude-fiscal_1_12846492.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiario.es</em></a><em> </em>el 15 de diciembre de 2025 y en <a href="https://www.elperiodico.com/es/politica/20251217/salvaron-juan-carlos-empresarios-124891931" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El Peri&oacute;dico</em></a><em> </em>el 18 de diciembre de 2025.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la necesidad de un anticipo sustancial, resulta dif&iacute;cil discernir el prop&oacute;sito del libro. Para empezar, est&aacute; el t&iacute;tulo. &iquest;Con qui&eacute;n pretende Juan Carlos reconciliarse? <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Seg&uacute;n especulaban en The Times</a>, &ldquo;se dice que el t&iacute;tulo refleja el esp&iacute;ritu de la transici&oacute;n espa&ntilde;ola a la democracia que &eacute;l supervis&oacute; tras la muerte en 1975 del dictador Francisco Franco, quien lo prepar&oacute; para el poder&rdquo;. Refiri&eacute;ndose a sus declaraciones anteriores sobre no escribir nunca memorias, dice: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; he cambiado finalmente de opini&oacute;n? Tengo la sensaci&oacute;n de que me est&aacute;n robando mi historia&rdquo;. Dado que abundan las biograf&iacute;as que le son favorables, es m&aacute;s probable que busque la reconciliaci&oacute;n con el pueblo espa&ntilde;ol, cuya mayor&iacute;a en su d&iacute;a le adoraba, pero que ahora siente algo muy diferente. Sin embargo, el tono de estas memorias desmiente cualquier intenci&oacute;n de ese tipo por su parte. Con un tono que oscila entre la autosatisfacci&oacute;n de quien se cree merecedor de todo y la autocompasi&oacute;n, dif&iacute;cilmente contribuir&aacute;n a mejorar su imagen: &ldquo;Me hiere un sentimiento de abandono. No puedo contener la emoci&oacute;n cuando pienso en determinados miembros de mi familia para quienes ya no importo y, sobre todo, en Espa&ntilde;a, a la que tanto echo de menos. Hay d&iacute;as de abatimiento y de vac&iacute;o. Vivo sin perspectivas, sin saber si alg&uacute;n d&iacute;a podr&eacute; volver a establecerme en mi pa&iacute;s&rdquo;. Justifica la intensidad de este sentimiento de abandono con la extraordinaria afirmaci&oacute;n de que &ldquo;Devolv&iacute; la libertad al pueblo espa&ntilde;ol al instaurar la democracia, pero nunca pude disfrutar de esa libertad para m&iacute;&rdquo;. Cuesta creer que alguien conocedor de la historia de la Segunda Rep&uacute;blica, de la lucha de masas contra la dictadura franquista y de los pormenores de la transici&oacute;n a la democracia pudiera haber escrito esta frase (<em>Reconciliaci&oacute;n</em>, pp.15&ndash;16).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La indignaci&oacute;n popular en Espa&ntilde;a por sus actividades durante una grave crisis del coste de la vida no ha hecho m&aacute;s que intensificarse con algunas de sus justificaciones. Si uno de los objetivos no declarados de las memorias era limar asperezas con su propia familia, sin duda ha lanzado un mensaje conciliador a su esposa, de la que est&aacute; separado, la exreina Sof&iacute;a. La falta de armon&iacute;a en la pareja se remonta a la d&eacute;cada de 1970. Hay que reconocer que en las p&aacute;ginas de sus memorias aparecen muchos comentarios amables sobre ella; pero estos seguramente son insuficientes para compensar la bien documentada historia de sus infidelidades, a las que aqu&iacute; se refiere simplemente como &ldquo;mis deslices sentimentales&rdquo; (<em>Reconciliaci&oacute;n</em>, p. 408). Adem&aacute;s, su mal disimulado rechazo hacia la reina Letizia dif&iacute;cilmente habr&aacute; ayudado a las relaciones con su hijo. A pesar de expresar un vago arrepentimiento por sus aventuras amorosas en t&eacute;rminos generales, no menciona sus largas y muy publicitadas relaciones con tres mujeres cuyos nombres son bien conocidos en Espa&ntilde;a. Tampoco, en su relato en el que profesa un servicio desinteresado y poco apreciado a la naci&oacute;n, explica, y mucho menos justifica, el uso de fondos p&uacute;blicos para la lujosa remodelaci&oacute;n de La Angorrilla, un pabell&oacute;n de caza. Del mismo modo, no explica el uso del servicio secreto para impedir que salieran a la luz los excesos de su vida privada, incluyendo acuerdos econ&oacute;micos realizados para apaciguar y silenciar al menos a una de sus amantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como era de esperar, el texto de <em>Reconciliaci&oacute;n </em>elude los temas que han provocado la mayor hostilidad p&uacute;blica hacia Juan Carlos en Espa&ntilde;a. Simbolizados por el esc&aacute;ndalo de Botsuana, estos han sido, en conjunto, el despilfarro econ&oacute;mico y la matanza de varias especies en peligro de extinci&oacute;n en la que particip&oacute;. Quiz&aacute;s, m&aacute;s que la infidelidad conyugal que hizo posible, lo que m&aacute;s provoc&oacute; la indignaci&oacute;n p&uacute;blica fue el enorme coste del proyecto a gran escala en el Monte del Pardo, en los terrenos del Palacio de la Zarzuela, llevado a cabo en parte para facilitar una de sus relaciones extramatrimoniales, y lo que revel&oacute; sobre su pasi&oacute;n por la caza. El proyecto consisti&oacute; en la conversi&oacute;n de La Angorrilla, un antiguo pabell&oacute;n de caza construido inicialmente para Franco en los terrenos de El Pardo, en un lujoso pabell&oacute;n, con una planta baja de mil metros cuadrados y una planta superior de setecientos metros cuadrados. Tard&oacute; dieciocho meses en completarse y su coste final de 3,4 millones de euros fue sufragado por el Estado a trav&eacute;s de Patrimonio Nacional. En las paredes de diez metros de altura de la planta baja de esta monstruosidad se encontraban las cabezas disecadas de elefantes, rinocerontes y jirafas que hab&iacute;a abatido en safaris en el extranjero. El coste del transporte de los cad&aacute;veres de estos animales y la posterior taxidermia debi&oacute; de ser enorme. En otras partes del edificio hab&iacute;a espacio para sus trofeos de ciervos, jabal&iacute;es, lobos y cabras montesas que hab&iacute;a cazado en Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n hab&iacute;a una sala blindada destinada exclusivamente a albergar la gran colecci&oacute;n de valiosos rifles de caza del rey, algunos de los cuales, seg&uacute;n se dec&iacute;a, val&iacute;an centenares de miles de euros. Poco despu&eacute;s del accidente de Botsuana, Juan Carlos encarg&oacute; la fabricaci&oacute;n de una silla ergon&oacute;mica especial que le permitiera seguir disfrutando de su pasi&oacute;n por la caza, a pesar de sus lesiones. No fue hasta despu&eacute;s de esa crisis cuando el foco de la publicidad hostil en Espa&ntilde;a se centr&oacute; en la costosa reforma del <a href="https://www.elmundo.es/loc/2013/12/22/52b4a7d722601da12f8b4573.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">pabell&oacute;n de caza</a>, que tambi&eacute;n hab&iacute;a servido de <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">residencia para su amante en aquel momento</a>.&nbsp;
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        No hay nada en el libro que pueda conducir a una reconciliaci&oacute;n con su hijo. Es de suponer que ni el rey Felipe ni la reina Letizia apreciar&aacute;n el comentario de Juan Carlos sobre &ldquo;nuestro desencuentro personal&rdquo; ni lo que dice de ella en el libro: &ldquo;La entrada de Letizia en nuestra familia no ayud&oacute; a la cohesi&oacute;n de nuestras relaciones familiares&rdquo; (<em>Reconciliaci&oacute;n</em>, p. 41).
    </p><p class="article-text">
        En un primer momento, al recordar la disculpa televisada de Juan Carlos I a la naci&oacute;n cuando sali&oacute; del hospital tras el safari de Botsuana, podr&iacute;a pensarse que su intenci&oacute;n con las memorias era reconciliarse con el pueblo espa&ntilde;ol. Sin embargo, el texto plantea la pregunta de &iquest;con qu&eacute; espa&ntilde;oles querr&iacute;a reconciliarse? &iquest;Con los franquistas? Aunque quiz&aacute; la reconciliaci&oacute;n ni siquiera fuera posible con ellos. Al fin y al cabo, podr&iacute;an acusarle de traicionar a Franco al permitir la democratizaci&oacute;n de Espa&ntilde;a. En cualquier caso, el da&ntilde;o a su reputaci&oacute;n en 2012 causado por el episodio de Botsuana tuvo menos que ver con la revelaci&oacute;n de la infidelidad conyugal y mucho m&aacute;s con la aparente insensibilidad del rey ante la crisis del coste de la vida que sufr&iacute;an los espa&ntilde;oles de a pie. Si Juan Carlos hubiera querido utilizar este libro para reconciliarse con sus s&uacute;bditos en general, habr&iacute;a tenido que resistir la tentaci&oacute;n de quejarse de su supuesta penuria &mdash;o de su gran decepci&oacute;n porque las autoridades fiscales espa&ntilde;olas no le hubieran permitido quedarse con los dos Ferraris que el jeque Mohamed bin Zayed, de los Emiratos &Aacute;rabes Unidos, les regal&oacute; a &eacute;l y a su hijo. A&uacute;n m&aacute;s insensible resulta la inclusi&oacute;n en el libro de una queja sobre el hecho de que el exrey sea el &uacute;nico espa&ntilde;ol que no percibe una pensi&oacute;n de jubilaci&oacute;n. Dado su estilo de vida, ampliamente difundido, esto solo pod&iacute;a provocar la burla del espa&ntilde;ol medio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La coautora o escritora fantasma de las memorias de Juan Carlos I es su admiradora de toda la vida, Laurence Debray. De los cinco libros que ha publicado, incluido este, cuatro tratan sobre Juan Carlos. El otro es una autobiograf&iacute;a que aborda principalmente su relaci&oacute;n con sus padres, R&eacute;gis Debray y Elizabeth Burgos, quienes se consideraban revolucionarios. En octubre de 2021, en Par&iacute;s, public&oacute; un retrato excesivamente indulgente de Juan Carlos titulado '<em>Mon roi d&eacute;chu'</em> (<em>Mi rey ca&iacute;do</em>). Su tercer libro sobre Juan Carlos expresaba la angustia de la autora por su exilio (1). En algunos pasajes se lee casi como una extensa carta de amor. El tono de ese libro queda plasmado en la frase: &ldquo;<em>Il &eacute;tait une fois un prince. Qui fut charmant puis maudit</em>&rdquo; (&ldquo;&Eacute;rase una vez un pr&iacute;ncipe que fue encantador, pero luego maldito&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, escribi&oacute; sobre su &ldquo;relaci&oacute;n&rdquo; con &eacute;l:&nbsp;&ldquo;<em>Depuis plusieurs d&eacute;cennies, j&rsquo;&eacute;tudie, scrute, commente son destin. Une page se tourne aujourd&rsquo;hui. Il est temps de questionner cette relation si durable et structurante que j&rsquo;entretiens avec lui, cet attachement aussi platonique que fid&egrave;le. Qu&rsquo;est-ce qui peut bien r&eacute;unir &lsquo;une fille de r&eacute;volutionnaires&rsquo; et un roi?&rdquo;. </em>(&ldquo;Durante varias d&eacute;cadas, he estudiado, analizado y comentado su destino. Hoy se abre un nuevo cap&iacute;tulo. Ha llegado el momento de examinar este v&iacute;nculo duradero y fundamental que comparto con &eacute;l, este apego tan plat&oacute;nico como fiel. &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a unir a una &rdquo;hija de revolucionarios&ldquo; y a un rey?&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Sobre lo que ella percib&iacute;a como el v&iacute;nculo entre ellos, escribi&oacute;: &ldquo;<em>Sa vie est un roman; Juan Carlos est devenu &rdquo;mon&ldquo; roman. Il faut bien y mettre un point final. Puisqu&rsquo;il a d&eacute;cid&eacute; de s&rsquo;effacer avant de mourir, je dois moi aussi conclur</em>e&rdquo; (&ldquo;Su vida es una novela; Juan Carlos se ha convertido en &rdquo;mi&ldquo; novela. Hay que ponerle un punto final. Dado que &eacute;l ha decidido borrarse antes de morir, yo tambi&eacute;n debo concluir&rdquo;) (2).
    </p><p class="article-text">
        Ella ha declarado en entrevistas que, para recopilar material para el libro, pas&oacute; muchos meses en Abu Dabi entrevistando a Juan Carlos. Hay numerosos indicios de que fue ella, y no Juan Carlos, quien redact&oacute; la mayor parte de estas memorias. Hay incluso pasajes en el texto que casi invitan a preguntarse: si &eacute;l no escribi&oacute; el libro, &iquest;se molest&oacute; siquiera en leerlo? Aunque Debray se esfuerza por presentarlo bajo la luz m&aacute;s favorable, sus esfuerzos por hacerlo a veces tienen, sin quererlo, el efecto contrario. Para empezar, contiene muchos errores f&aacute;cticos y contradicciones. La forma en que el texto aborda los notorios esc&aacute;ndalos, tanto los suyos propios como los de su exyerno, I&ntilde;aki Urdangarin, es sesgada y parece contradecir gran parte de la informaci&oacute;n que ahora es de dominio p&uacute;blico. Tambi&eacute;n resulta chocante que, en un intento por generar simpat&iacute;a, la voz narrativa adopte con frecuencia un tono lacrim&oacute;geno. Por ejemplo, lo que se escribe sobre las supuestas penurias de su familia es demostrablemente falso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo llamativo es el relato de la vida de la familia real exiliada en Portugal. El 2 de febrero de 1946, Don Juan de Borb&oacute;n y su esposa, Do&ntilde;a Mar&iacute;a de las Mercedes, se trasladaron a la elegante pero tranquila localidad costera de Estoril, al oeste de Lisboa. Era una zona de casinos y espl&eacute;ndidas mansiones construidas para los banqueros y armadores millonarios de la cercana capital. Para su gran consternaci&oacute;n, Juanito, de ocho a&ntilde;os, se qued&oacute; atr&aacute;s en Suiza al cuidado de su austero tutor, el te&oacute;rico mon&aacute;rquico Eugenio Vegas Latapi&eacute;. En estas memorias no se menciona la inevitable sensaci&oacute;n de abandono por parte de sus padres que bien podr&iacute;a haber contribuido a crear el vac&iacute;o interior de Juan Carlos que explicar&iacute;a gran parte de su existencia en los a&ntilde;os posteriores a 1982. Los monarcas exiliados vivieron en tres mansiones diferentes, hasta que finalmente, a finales de 1948, se instalaron en Villa Giralda, que hab&iacute;a sido construida en 1936 como club de golf de Estoril. A pesar de quejarse constantemente de la pobreza, Don Juan de Borb&oacute;n hab&iacute;a sido capaz tanto de adquirir la lujosa residencia como de pagar una cantidad equivalente al precio de compra para que fuera completamente reformada y se le a&ntilde;adiera una tercera planta. El palacio resultante estaba rodeado de espl&eacute;ndidos jardines y en su sal&oacute;n se celebraban fiestas con cientos de invitados. Representantes de la nobleza espa&ntilde;ola se turnaban en Estoril como cortesanos. Do&ntilde;a Mar&iacute;a contaba con una dama de compa&ntilde;&iacute;a. En las memorias, sin embargo, Villa Giralda se describe como &ldquo;una casa de alquiler&rdquo; (p. 69) que su padre compr&oacute; a rega&ntilde;adientes. El lujoso yate, el <em>Saltillo</em>, que el millonario vasco Pedro Gal&iacute;ndez Vallejo prest&oacute; a la familia, se describe como un simple velero (&ldquo;velero&rdquo; [p. 69]), cuando en realidad era un gran buque oce&aacute;nico, provisto de tripulaci&oacute;n completa y con los gastos de funcionamiento cubiertos. Como marinero entusiasta y experimentado, Don Juan lo aprovech&oacute; al m&aacute;ximo. Adem&aacute;s, &eacute;l y Do&ntilde;a Mar&iacute;a, ambos aficionados a la caza mayor, <a href="https://www.larazon.es/la-razon-del-domingo/villa-giralda-amargo-paraiso-CA1763613/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">disfrutaban de costosos safaris</a>&nbsp;(3). Esto no pretende restar importancia al coste psicol&oacute;gico que supuso para Juan Carlos su infancia trastornada; pero la simpat&iacute;a de los lectores por las aut&eacute;nticas penurias emocionales que sufri&oacute; de ni&ntilde;o se ve mermada por el &eacute;nfasis que se da en las memorias a las dificultades econ&oacute;micas que supuestamente padeci&oacute; la familia.
    </p><p class="article-text">
        Un aspecto del libro que ha suscitado una gran pol&eacute;mica en Espa&ntilde;a ha sido la calidez con la que Juan Carlos habla de Franco. Sin embargo, es importante recordar que el propio padre de Juan Carlos lo trat&oacute; mal, m&aacute;s como un pe&oacute;n pol&iacute;tico que como un hijo. Esto ayuda a explicar por qu&eacute;, en muchas entrevistas, se ha referido a varias personas como si fueran &ldquo;como un padre&rdquo; para &eacute;l. Es plausible que Franco, que ten&iacute;a una hija, pero no un hijo, tambi&eacute;n llegara a sentir cierto afecto por Juan Carlos. Aun as&iacute;, esto apenas justifica la insistencia de Juan Carlos en que, a finales de la d&eacute;cada de 1960, el Caudillo ya hab&iacute;a llegado a la conclusi&oacute;n de que el pa&iacute;s necesitaba democratizarse y que Franco le dio permiso expl&iacute;cito para llevar a cabo esa reforma inevitable. Las pruebas en contra &mdash;de que Franco estaba decidido a bloquear la reforma&mdash; son abrumadoras. Para respaldar su punto de vista en las memorias sobre los deseos de Franco, Juan Carlos relata una visita a Franco en el hospital, d&iacute;as antes de su muerte:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tuve una &uacute;ltima conversaci&oacute;n con &eacute;l. Sentado a su lado en la cama del hospital, me tom&oacute; la mano y, como en un &uacute;ltimo aliento, me dijo: 'Alteza, le pido una sola cosa: mantenga la unidad del pa&iacute;s'. Esa fue su &uacute;ltima voluntad. No me pidi&oacute; mantener el r&eacute;gimen tal y como era, ni los principios del Movimiento Nacional. Ten&iacute;a, por lo tanto, las manos libres para poner en marcha las reformas siempre y cuando no se cuestionara la unidad de Espa&ntilde;a'' (203).
    </p><p class="article-text">
        El hecho es que, en ese momento, Franco estaba moribundo y era poco probable que fuera coherente. Incluso si lo hubiera sido, era improbable que hubiera contradicho sus propias leyes fundamentales y sus propias declaraciones, realizadas con vehemencia ante aquellos de sus ministros que le hab&iacute;an instado fren&eacute;ticamente a desconfiar de las tendencias democr&aacute;ticas de Juan Carlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 12 de febrero de 1974, cuando su primer ministro de l&iacute;nea dura, el que en su d&iacute;a fue conocido como &ldquo;el Carnicero de M&aacute;laga&rdquo;, Carlos Arias Navarro, pronunci&oacute; un discurso sobre una liberalizaci&oacute;n m&iacute;nima, el desconcertado Caudillo pidi&oacute; aclaraciones al ministro-secretario del Movimiento, Jos&eacute; Utrera Molina, con quien hab&iacute;a establecido una relaci&oacute;n paternal. Cuando Utrera le explic&oacute; lo que se hab&iacute;a aclamado como &ldquo;el esp&iacute;ritu del 12 de febrero&rdquo;, un Franco profundamente alarmado respondi&oacute;: &ldquo;Si el r&eacute;gimen permite que se ataque a su doctrina sustancial y sus servidores no aciertan a defender lo fundamental, habr&aacute; que pensar en una cobarde voluntad de suicidio&rdquo; (4). En julio de 1975, Franco, con el lenguaje beligerante propio de la d&eacute;cada de 1940, instaba a una delegaci&oacute;n de oficiales falangistas del ej&eacute;rcito a defender hasta la muerte su victoria en la Guerra Civil. El 1 de octubre de 1975, en el trig&eacute;simo noveno aniversario de su ascensi&oacute;n a la Jefatura del Estado, se present&oacute; por &uacute;ltima vez ante una multitud en el Palacio de Oriente. Apenas capaz de hablar, encorvado sobre el micr&oacute;fono, pronunci&oacute; con voz ronca los mismos clich&eacute;s paranoicos de siempre. El problema de Espa&ntilde;a se deb&iacute;a, declar&oacute;, &ldquo;a una <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">conspiraci&oacute;n mas&oacute;nico-izquierdista</a> de la clase pol&iacute;tica, en contubernio con la subversi&oacute;n terrorista-comunista en lo social&rdquo;. Ninguna de estas pruebas respalda el retrato del Franco liberal que se presenta en las memorias de Juan Carlos en <em>Reconciliaci&oacute;n</em>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En su afán por destacar su papel histórico, Juan Carlos acaba socavando no solo su propia legitimidad, sino también la de su hijo, Felipe</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero entonces, &iquest;por qu&eacute; insiste tanto Juan Carlos en que Franco no se opuso a la reforma que &eacute;l llev&oacute; a cabo? &iquest;Quiz&aacute;s est&aacute; tratando de legitimarse como dem&oacute;crata sin dar pie a que los franquistas lo acusen de traicionar al dictador? Es una idea razonable, aunque extra&ntilde;a, porque en otras partes del libro argumenta acertadamente que arriesg&oacute; su vida luchando por la democracia. Hubo numerosos complots militares que inclu&iacute;an el asesinato del rey. &iquest;Por qu&eacute; iban a querer matarlo los <em>golpistas </em>si &eacute;l simplemente estaba cumpliendo los deseos del dictador? De hecho, en lo que respecta a las cuestiones de legitimidad, el libro tiene un problema mucho mayor. En su af&aacute;n por destacar su papel hist&oacute;rico, Juan Carlos acaba socavando no solo su propia legitimidad, sino tambi&eacute;n la de su hijo, Felipe.
    </p><p class="article-text">
        Esto ocurre en un pasaje verdaderamente extraordinario del tercer cap&iacute;tulo. Juan Carlos relata que, en marzo de 2020, Felipe solicit&oacute; una reuni&oacute;n como parte del proceso que llev&oacute; a su padre a exiliarse. Cuando lleg&oacute; al despacho de su hijo, Juan Carlos se llev&oacute; una sorpresa al encontrar all&iacute; tambi&eacute;n al jefe de la Casa Real, Jaime Alfons&iacute;n. Felipe y Alfons&iacute;n le informaron de que su asignaci&oacute;n econ&oacute;mica ser&iacute;a recortada. Juan Carlos afirma entonces que le dijo a su hijo y futuro sucesor: &ldquo;No olvides que heredas un sistema pol&iacute;tico que yo forj&eacute;. Puedes excluirme personal y financieramente, pero no puedes rechazar la herencia institucional que te sustenta. Y solo hay un paso entre ambas cosas&rdquo; (38&ndash;39). En otras palabras, Juan Carlos le espeta a Felipe: &ldquo;Si eres rey, es gracias a m&iacute;. No pienses jam&aacute;s que eres rey porque perteneces a la dinast&iacute;a de los Borbones. Eres rey porque Franco me hizo rey&rdquo;. El error cometido por Juan Carlos aqu&iacute; es colosal. Franco siempre insisti&oacute; en que el nombramiento de Juan Carlos como sucesor no implicaba ninguna restauraci&oacute;n de la monarqu&iacute;a constitucional borb&oacute;nica, sino que se trataba de una monarqu&iacute;a del Movimiento de nueva instauraci&oacute;n, tal y como establec&iacute;a la Ley de Sucesi&oacute;n. Una vez que Franco muri&oacute;, ese fue el estigma deslegitimador del que Juan Carlos tuvo que deshacerse. Y, de hecho, lo consigui&oacute; el 17 de mayo de 1977, gracias al sacrificio que hizo su padre al abdicar en favor de Juan Carlos, otorg&aacute;ndole finalmente legitimidad din&aacute;stica. Sin embargo, es precisamente esa legitimidad la que Juan Carlos tira por la borda en este pasaje. Para cualquier mon&aacute;rquico, esa declaraci&oacute;n de Juan Carlos debe de ser un trago amargo.
    </p><p class="article-text">
        Juan Carlos desempe&ntilde;&oacute; un papel clave en la Transici&oacute;n. Por supuesto que s&iacute;. Aunque la Transici&oacute;n fue un esfuerzo colectivo de muchos espa&ntilde;oles, Juan Carlos nunca dej&oacute; de utilizar su posici&oacute;n como jefe de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas para promover la democratizaci&oacute;n del pa&iacute;s. Si puede considerarse un gran rey, y yo dir&iacute;a que s&iacute;, es por esa raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una cuesti&oacute;n clave que este libro no aborda es si Juan Carlos es, en lo personal, un dem&oacute;crata. De hecho, la respuesta apenas importa, ya que actu&oacute; como tal, pues pronto se dio cuenta de que no hab&iacute;a otra forma de garantizar la supervivencia de la monarqu&iacute;a. Aprendi&oacute; de la experiencia de la familia de la reina Sof&iacute;a en Grecia y escuch&oacute; los consejos que recibi&oacute; de diplom&aacute;ticos estadounidenses y brit&aacute;nicos. Sin embargo, como m&iacute;nimo, habr&iacute;a sido conveniente que se abordara este tema en el libro. Para que estas memorias fueran acogidas como una importante contribuci&oacute;n hist&oacute;rica, habr&iacute;an tenido que ofrecer un retrato de Juan Carlos I capaz de conciliar, por un lado, las aut&eacute;nticas dificultades de su infancia y adolescencia, y su inmensa contribuci&oacute;n al establecimiento de la democracia y, por otro, las revelaciones de conductas cuestionables que culminaron en la abdicaci&oacute;n del rey. El problema de esta &eacute;pica autobiograf&iacute;a de quejas es que es poco probable que genere la empat&iacute;a de cualquier espa&ntilde;ol que haya sido lector habitual de los peri&oacute;dicos durante los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os. Adem&aacute;s, si bien se espera que una autobiograf&iacute;a revele mucho sobre su autor y protagonista, en este caso puede que revele a&uacute;n m&aacute;s sobre su coautora que sobre Juan Carlos.
    </p><p class="article-text">
        -----------
    </p><p class="article-text">
        1 El primero fue 'La forja de un rey: Juan Carlos I, de sucesor de Franco a Rey de Espa&ntilde;a' (Sevilla: Fundaci&oacute;n El Monte, 2000). Le siguieron 'Juan Carlos de Espa&ntilde;a' (Madrid: Alianza, 2016) y 'Mon roi d&eacute;chu. Juan Carlos d&rsquo;Espagne' (Paris: &Eacute;ditions Stock, 2021).
    </p><p class="article-text">
        2 Debray, 'Mon roi d&eacute;chu', 8&ndash;10, amp. 13&ndash;14; todas las traducciones son de mi autor&iacute;a).
    </p><p class="article-text">
        3 V&eacute;ase Jos&eacute; Mar&iacute;a Zavala, 'El patrimonio de los Borbones. La sorprendente historia de la fortuna de Alfonso XIII y la herencia de Don Juan' (Madrid: La Esfera de los Libros, 2010), 111&ndash;13 &amp; 171; Jos&eacute; Mar&iacute;a Toquero, 'Don Juan de Borb&oacute;n, el Rey padre' (Barcelona: Plaza y Jan&eacute;s/Cambio 16, 1992), 58&ndash;61; Rebeca Quintans, 'Juan Carlos I. La biograf&iacute;a sin silencios' (Madrid: Akal, 2016), 71;
    </p><p class="article-text">
        4 Jos&eacute; Utrera Molina, Sin cambiar de bandera (Barcelona: Editorial Planeta, 1989), 103.
    </p><p class="article-text">
        --------
    </p><p class="article-text">
        Rese&ntilde;a de las memorias de Juan Carlos I (con la colaboraci&oacute;n de Laurence Debray), <em>Reconciliaci&oacute;n. Memorias</em> (Barcelona: Editorial Planeta, 2025), 507 pp; edici&oacute;n francesa: Juan Carlos I,<em> R&eacute;conciliation</em> (Pars: &Eacute;ditions Stock, 2025), 512 pp.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paul Preston]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/memorias-juan-carlos-i-espana-rey-pueblo-heroe-caido_129_13188104.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 19:53:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las memorias de Juan Carlos I de España. De rey del pueblo a héroe caído]]></media:title>
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