<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Trinidad Noguera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/trinidad_noguera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Trinidad Noguera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510477/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Usted sí tiene ideología]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/usted-ideologia_1_5842157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fcb7e511-435e-4f84-9d04-02fcb7e57ff3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Usted sí tiene ideología"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Hasta dónde llega el desprestigio de las ideologías? Trinidad Noguera defiende que la ideología es consustancial a la política, lo que choca directamente con la fascinación actual por la política "no ideológica", un populismo que presume de apoyarse en la teórica objetividad de los datos.</p></div><p class="article-text">
        La ideolog&iacute;a tiene mala fama. Hay mucha gente que afirma convencid&iacute;sima no tener &ldquo;de eso&rdquo;, con el mismo gesto que pondr&iacute;a para decir que no tiene piojos o tratos con la mafia. Pues bien: si est&aacute; usted entre esas personas, sepa que en realidad s&iacute; tiene ideolog&iacute;a, por poco articulada que est&eacute; y por escaso que sea el tiempo que dedique a pensar en ella. La tiene usted y la tiene todo el mundo. &iquest;Por qu&eacute;? Porque todos contamos con una escala de valores, una noci&oacute;n de c&oacute;mo deber&iacute;an ser las cosas y unos planteamientos m&aacute;s o menos elaborados sobre la sociedad en la que vivimos. Este conglomerado nos orienta a la hora de opinar y, aunque sea en un sentido muy b&aacute;sico, tiene contenido pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de este concepto difuso de ideolog&iacute;a, existe otro m&aacute;s concreto, que se refiere al conjunto de principios, valores e ideas que estructuran la visi&oacute;n del mundo de una determinada corriente pol&iacute;tica y ordenan el comportamiento y decisiones de los actores &ndash;partidos, representantes, militantes y simpatizantes- que se identifican con esa corriente. No se trata, como algunos sostienen, de una forma vulgarizada de filosof&iacute;a, sino de una herramienta distinta, que posee un cuerpo doctrinal y una orientaci&oacute;n esencialmente pr&aacute;ctica, que evoluciona a trav&eacute;s de su acci&oacute;n sobre la realidad en una interacci&oacute;n constante, y en la cual juegan un papel no despreciable los marcos narrativos y las emociones.
    </p><p class="article-text">
        La ideolog&iacute;a &ndash;difusa y concreta- es consustancial a la pol&iacute;tica. Por eso resulta chocante la recurrencia con la que muchos representantes p&uacute;blicos tachan de &ldquo;ideol&oacute;gica&rdquo; una determinada acci&oacute;n o afirmaci&oacute;n, abonando as&iacute; la idea de que la ideolog&iacute;a es <em>per se </em>una cosa rechazable. Es cierto que a menudo los motivos t&eacute;cnicos o econ&oacute;micos esgrimidos para defender ciertas decisiones son simples accesorios, concebidos para adornar lo que en realidad es fruto directo de un posicionamiento ideol&oacute;gico. La cuesti&oacute;n es que quien denuncia algo por ideol&oacute;gico, lanza su denuncia tambi&eacute;n desde una ideolog&iacute;a, de signo contrario o como m&iacute;nimo discrepante en ese punto. En lugar de calificar algo de ideol&oacute;gico sin m&aacute;s, ser&iacute;a clarificador se&ntilde;alar que lo que se agazapa tras ese algo es la ideolog&iacute;a fulanita o menganita, con sus nombres y apellidos; que al denunciante esa ideolog&iacute;a no le convence ni le gusta y por qu&eacute;. Es cierto que estas clarificaciones se omiten por mor de la brevedad o porque se consideran obvias, pero cada vez resulta m&aacute;s necesario especificar lo obvio, no sea que se nos olvide.
    </p><p class="article-text">
        Expresar las propias convicciones nunca es balad&iacute;, menos a&uacute;n en un contexto donde proliferan opinadores, representantes p&uacute;blicos y hasta partidos que se postulan como &ldquo;no ideol&oacute;gicos&rdquo; y dicen no ser &ldquo;ni de derechas ni de izquierdas&rdquo;, credencial con la cual parecen querer situarse por encima del bien y del mal. Esta tendencia se da en Espa&ntilde;a y fuera de Espa&ntilde;a; no es una rareza patria. Los portavoces de la misma a menudo insisten en proclamar la superioridad de la t&eacute;cnica sobre la pol&iacute;tica &ndash;o de los t&eacute;cnicos sobre los pol&iacute;ticos- y en presentarse como adalides de la racionalidad y el sentido com&uacute;n. Esta &uacute;ltima pretensi&oacute;n denota una cierta altaner&iacute;a; es como si insinuaran que todos aquellos que se autoubican abiertamente en la derecha o en la izquierda son unos descerebrados. Sin embargo, en realidad quien se posiciona con nitidez en el espectro pol&iacute;tico hace un servicio a la transparencia, y a los dem&aacute;s nos ahorra el esfuerzo de ubicarle a base de hermen&eacute;utica. Tampoco sobra recordar, por cierto, que quienes dicen estar por encima de las ideolog&iacute;as suelen mostrar una persistente tendencia a alinearse con posiciones propias de una de ellas: la derecha.
    </p><p class="article-text">
        La fascinaci&oacute;n por la pol&iacute;tica &ldquo;no ideol&oacute;gica&rdquo; &ndash;es decir, &ldquo;no pol&iacute;tica&rdquo;, si tal cosa es posible- florece con singular exuberancia en ese populismo que navega c&oacute;modamente de babor a estribor seg&uacute;n sople el viento, presumiendo incluso de apoyarse en la objetividad de los datos. Sin embargo, la selecci&oacute;n misma de los datos implica ya una preferencia, y tras cada preferencia hay un juicio de valor, una visi&oacute;n del ser y el deber ser que nunca es ideol&oacute;gicamente neutra. Los ladrillos de este populismo <em>new age</em> son tan ideol&oacute;gicos como los del m&aacute;s vetusto de los partidos tradicionales, s&oacute;lo que resulta m&aacute;s arduo verlos bajo las luces de ne&oacute;n y el decorado de dise&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Para mucha gente, vacunada por las historias de terror que el fanatismo escribi&oacute; durante el siglo XX, la palabra ideolog&iacute;a se asocia autom&aacute;ticamente con sectarismo e intransigencia. Esa experiencia l&uacute;gubre ha ocultado, sin embargo, que en esos mismos cien a&ntilde;os y tambi&eacute;n en nombre de ideolog&iacute;as, miles de hombres y mujeres lograron con gran esfuerzo romper las cadenas que les ataban o ataban a otras personas, ampliar los derechos humanos, civiles y pol&iacute;ticos, poner en marcha el motor del progreso y el bienestar en muchos pa&iacute;ses. Claro que se puede tener ideolog&iacute;a de forma consciente, convencida y activa sin ser un descerebrado, un fan&aacute;tico o un sectario, y mucho menos un criminal; lo que resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil es tenerla y no verse en la obligaci&oacute;n de explicarse y justificarse todo el rato.
    </p><p class="article-text">
        Entre otras razones porque, para terminar de emborronar el panorama, el siglo XX se cerr&oacute; con la euf&oacute;rica proclama del fin de las ideolog&iacute;as por parte de una derecha que ve&iacute;a en la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n la demostraci&oacute;n de su triunfo definitivo sobre cualquier otra interpretaci&oacute;n del mundo. No es que estuviera en lo cierto, pero en la pr&aacute;ctica tampoco parece que le saliera del todo mal la jugada. A fin de cuentas, las ideolog&iacute;as han acabado bastante desprestigiadas y el marcador de la valoraci&oacute;n ciudadana se aproxima al pol&iacute;tica 0, tecnocracia 1. Un tablero de resultados que perjudica especialmente a la izquierda, porque a la derecha no le disgusta el escenario tecnocr&aacute;tico postpol&iacute;tico. Pero ojo: el partido no ha terminado, y el marcador puede darse la vuelta si los jugadores -es decir, los ciudadanos- no abandonamos el terreno de juego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/usted-ideologia_1_5842157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Oct 2013 19:11:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fcb7e511-435e-4f84-9d04-02fcb7e57ff3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="28538" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fcb7e511-435e-4f84-9d04-02fcb7e57ff3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="28538" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Usted sí tiene ideología]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fcb7e511-435e-4f84-9d04-02fcb7e57ff3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El puchero de Castilla-La Mancha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/puchero-castilla-la-mancha_1_5073855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="http://www.eldiario.es/autores/fernando_mora_rodriguez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Fernando Mora</a> y <a href="http://www.eldiario.es/autores/trinidad_noguera/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Trinidad Noguera</a> analizan las principales novedades de la futura ley electoral de Castilla-La Mancha. Sus principal conclusi&oacute;n es que con el nuevo texto se reforzar&aacute; de forma excepcional el partido m&aacute;s votado haciendo m&aacute;s accesible la mayor&iacute;a absoluta.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El mes de julio pasado las Cortes castellano-manchegas aprobaron una reforma de Estatuto de Autonom&iacute;a con los votos del Partido Popular y la total disconformidad de la oposici&oacute;n, que se ausent&oacute; de la C&aacute;mara en se&ntilde;al de protesta. Hace algunos d&iacute;as &ndash;de nuevo con el apoyo del PP y el rechazo de la oposici&oacute;n- el Congreso complet&oacute; su tramitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de esta reforma estatutaria es hacer posible un cambio en la ley electoral de Castilla-La Mancha, que Mar&iacute;a Dolores de Cospedal justific&oacute; apelando a &ldquo;una nueva filosof&iacute;a&rdquo;. La filosof&iacute;a en cuesti&oacute;n tiene en realidad poco de nueva, porque recuerda al <em>gerrymandering</em>, vetusta t&eacute;cnica consistente en redise&ntilde;ar las circunscripciones de forma que el resultado de los comicios sea siempre el que a uno le conviene. En este caso, por una dr&aacute;stica reducci&oacute;n y redistribuci&oacute;n del n&uacute;mero de esca&ntilde;os. Dicho de otro modo, el fin perseguido es institucionalizar el pucherazo. &iquest;Por qu&eacute;? Veamos:
    </p><p class="article-text">
        Uno de los rasgos m&aacute;s comentados de la reforma del Estatuto y de la futura ley electoral &ndash;cuya concreci&oacute;n definitiva est&aacute; a&uacute;n por ver- es la disminuci&oacute;n del n&uacute;mero de parlamentarios de los 49 actuales a una horquilla de entre 25 y 35. Hace s&oacute;lo un a&ntilde;o la propia Cospedalya hab&iacute;a modificado el n&uacute;mero de diputados en un sentido contrario, elevando la cifra a 53 esca&ntilde;os. Poco despu&eacute;s aprovech&oacute; para eliminarles el sueldo (cuesti&oacute;n que merece reflexi&oacute;n aparte), de modo que la reducci&oacute;n de ahora no reporta ahorro alguno a las arcas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Mejora tal vez la representatividad? Para que &eacute;sta aumentase disminuyendo el n&uacute;mero de parlamentarios ser&iacute;a preciso establecer una circunscripci&oacute;n &uacute;nica. Pero la reforma no va en esa direcci&oacute;n. Todo lo contrario: se dividen la cifra de diputados que la ley electoral se&ntilde;ale (entre 25 y 35) entre las cinco provincias actuales, atribuyendo esca&ntilde;os pares o impares a cada circunscripci&oacute;n en funci&oacute;n de criterios por determinar (y mucho nos tememos que el criterio principal para otorgar m&aacute;s esca&ntilde;os a una provincia no ser&aacute; el poblacional, sino otro, digamos, menos objetivo, como ya hicieron en la anterior reforma).
    </p><p class="article-text">
        El efecto fundamental obvio de esta reforma ser&aacute; hacer m&aacute;s accesible la mayor&iacute;a absoluta al reducir el umbral necesario para obtenerla, reforzando desproporcionadamente al partido que obtenga mayor n&uacute;mero de votos y reduciendo la proporcionalidad del sistema.Para ello, la reforma podr&iacute;a alterar sensiblemente el peso de cada circunscripci&oacute;n electoral (si se trata de reforzar aquellas provincias donde el partido gobernante es m&aacute;s fuerte). 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, se incrementa el umbral efectivo en algunas circunscripciones (el porcentaje de votos m&iacute;nimo necesario para acceder a la representaci&oacute;n). Por ejemplo, en los distritos con menor n&uacute;mero de diputados, las fuerzas pol&iacute;ticas m&aacute;s peque&ntilde;as podr&iacute;an obtener porcentajes superiores al 19% de los sufragios y a&uacute;n as&iacute; quedar sin representaci&oacute;n parlamentaria. A menor tama&ntilde;o de las circunscripciones (menor n&uacute;mero de esca&ntilde;os en cada una), menores son las posibilidades de obtener esca&ntilde;o para los partidos peque&ntilde;os. El Parlamento resultante no ser&aacute; m&aacute;s representativo, sino menos.
    </p><p class="article-text">
        A falta de la aprobaci&oacute;n de la norma definitiva, hemos elaborado una proyecci&oacute;n hipot&eacute;tica de c&oacute;mo podr&iacute;a ser el futuro Parlamento castellano-manchego. Damos por buena nuestra sospecha de que en la nueva ley el PP se inclinar&aacute; por la combinaci&oacute;n de reglas que maximice sus posibilidades de mantenerse en el Gobierno y ponga m&aacute;s obst&aacute;culos a sus adversarios. Partimos as&iacute; de tres supuestos cuya combinaci&oacute;n resultar&iacute;a especialmente favorable a sus intereses:
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Un n&uacute;mero bajo de esca&ntilde;os (el ejemplo se calcula con 27 esca&ntilde;os).</li>
                                    <li>Asignaci&oacute;n de esca&ntilde;os impares a tres provincias (las que hasta ahora se han mostrado m&aacute;s proclives al Partido actualmente en el Gobierno).</li>
                                    <li>Un aumento sensible de los votos a los partidos peque&ntilde;os.</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Como puede apreciarse en el cuadro 1, aplicando esos supuestos y distribuyendo votos y esca&ntilde;os entre cuatro partidos (A, B, C y D), el primer partido disfrutar&iacute;a de mayor&iacute;a absoluta incluso empatando con el segundo en porcentaje de votos a nivel regional. En algunas provincias (donde hemos asignado s&oacute;lo tres esca&ntilde;os), las terceras y cuartas fuerzas podr&iacute;an necesitar un 33,3% de votos y nunca menos del 19% para obtener esca&ntilde;o, dependiendo de si la diferencia entre las dos primeras fuerzas es mayor o menor. La representaci&oacute;n de los partidos peque&ntilde;os en la C&aacute;mara auton&oacute;mica estar&iacute;a claramente sesgada a la baja.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49b963c-a3ac-4866-ba9d-edd6b351c1d7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49b963c-a3ac-4866-ba9d-edd6b351c1d7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49b963c-a3ac-4866-ba9d-edd6b351c1d7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49b963c-a3ac-4866-ba9d-edd6b351c1d7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49b963c-a3ac-4866-ba9d-edd6b351c1d7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49b963c-a3ac-4866-ba9d-edd6b351c1d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d49b963c-a3ac-4866-ba9d-edd6b351c1d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Fij&eacute;monos que en este caso, la representaci&oacute;n de algunas provincias quedar&iacute;a necesariamente perjudicada: as&iacute;, seg&uacute;n nuestra proyecci&oacute;n Cuenca o Guadalajara pasar&iacute;an de tener el 17% de esca&ntilde;os al 11%, mientras que Toledo pasar&iacute;a del 24,5% de esca&ntilde;os al 33,3%.
    </p><p class="article-text">
        A t&iacute;tulo comparativo, cabe se&ntilde;alar que dados los mismos porcentajes de voto, con los 53 esca&ntilde;os actuales y la distribuci&oacute;n de esca&ntilde;os por provincias que establece la ley vigente, el partido A seguir&iacute;a obteniendo mayor n&uacute;mero de esca&ntilde;os, pero no la mayor&iacute;a absoluta, y el esca&ntilde;o resultar&iacute;a proporcionalmente menos costoso para los partidos peque&ntilde;os:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d13eb7e6-57ae-4199-b502-7b5c990470f8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d13eb7e6-57ae-4199-b502-7b5c990470f8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d13eb7e6-57ae-4199-b502-7b5c990470f8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d13eb7e6-57ae-4199-b502-7b5c990470f8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d13eb7e6-57ae-4199-b502-7b5c990470f8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d13eb7e6-57ae-4199-b502-7b5c990470f8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d13eb7e6-57ae-4199-b502-7b5c990470f8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Resumiendo, el resultado hacia el que parece dirigirse el sistema electoral castellano-manchego, de la mano del PP de Cospedal, consiste en dejar sin representaci&oacute;n a un porcentaje alt&iacute;simo de la ciudadan&iacute;a, mientras se refuerza exageradamente la presencia parlamentaria del partido m&aacute;s votado. Un resultado que conculca el esp&iacute;ritu de los art&iacute;culos 23 de la Constituci&oacute;n y 10.2 del Estatuto de Autonom&iacute;a, si no directamente su letra. Y que supone adem&aacute;s una agresi&oacute;n para cualquier conciencia democr&aacute;tica. No obstante, convendr&iacute;a tener presente que el d&iacute;a de las elecciones los ciudadanos pueden desatar lo que sequiere atado y bien atado. Y de eso tambi&eacute;n hay experiencias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Mora Rodríguez, Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/puchero-castilla-la-mancha_1_5073855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jan 2014 19:05:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El puchero de Castilla-La Mancha]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Castilla-La Mancha,Reforma electoral,María Dolores de Cospedal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política y los consejos del dictador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/politica-consejos-dictador_1_5771927.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0df71e6-15dc-4162-a88a-8a27213ef3be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política y los consejos del dictador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Haga como yo, no se meta en política”, cuentan que dijo Franco en una ocasión.</p><p class="subtitle">Por cada político corrupto o incompetente, hay muchos más políticos honrados que hacen su trabajo con voluntad de servicio público</p><p class="subtitle">Sin políticos electos no hay democracia. Pero ojo, sin democracia sigue habiendo política. Si la ciudadanía no se mete en política, alguien se encargará de acapararla.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Haga como yo, no se meta en pol&iacute;tica&rdquo;, cuentan que dijo Franco en una ocasi&oacute;n. Curioso consejo viniendo de un dictador, alguien que por definici&oacute;n &ldquo;se mete&rdquo; en pol&iacute;tica a trav&eacute;s de su variante m&aacute;s brutal y descarnada: aquella que busca monopolizar el espacio p&uacute;blico &ndash;e incluso el privado- suprimiendo toda discrepancia y reduciendo los ciudadanos a s&uacute;bditos. Franco hac&iacute;a pol&iacute;tica; lo que no hac&iacute;a era pol&iacute;tica democr&aacute;tica. Y como buen aut&oacute;crata, prefer&iacute;a que no la hicieran tampoco los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ese consejo &ndash;con gran predicamento en Espa&ntilde;a ya antes del franquismo- sigue latente en nuestra cultura pol&iacute;tica tras 35 a&ntilde;os de democracia. Se aprecia su vigencia en lugares comunes como el cl&aacute;sico &ldquo;yo soy apol&iacute;tico&rdquo; (cuyo mensaje impl&iacute;cito es &ldquo;pol&iacute;tica igual a chanchullo&rdquo;) o en las distintas versiones del &ldquo;todos los pol&iacute;ticos son iguales&rdquo; (es decir, unos mangantes). Esos t&oacute;picos forman parte del marco discursivo de la antipol&iacute;tica, que es, en s&iacute; misma, una posici&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, la pol&iacute;tica es un instrumento: un proceso de toma de decisiones basado en ideas, valores y principios, mediante el cual se aspira a alcanzar el poder o a actuar desde &eacute;l con el fin de hacer realidad una determinada visi&oacute;n del mundo o proyecto de sociedad. Hay proyectos mejores y peores, y los m&eacute;todos para realizarlos pueden ser buenos y malos, leg&iacute;timos e ileg&iacute;timos, eficaces e ineficaces. Y luego, evidentemente, podemos compartir o no los planteamientos y fines de cada alternativa, en funci&oacute;n de nuestras propias preferencias y valores. En un r&eacute;gimen dictatorial, quien manda intenta que la &uacute;nica pol&iacute;tica posible sea la suya, no hay lugar &ndash;p&uacute;blico, al menos- para las preferencias. En uno democr&aacute;tico, la pol&iacute;tica aparece precisamente como juego entre preferencias, que da a los ciudadanos la oportunidad de elegir en qu&eacute; tipo de sociedad quieren vivir.
    </p><p class="article-text">
        Dentro del &aacute;mbito pol&iacute;tico se producen a veces abusos y malas pr&aacute;cticas que nos repugnan. Huelga decirlo en un pa&iacute;s que tiene el dudoso m&eacute;rito de contar con alg&uacute;n aeropuerto sin aviones, y cuyo Presidente del Gobierno acaba de comparecer casi a rastras ante el Parlamento para explicar la presunta trama de financiaci&oacute;n ilegal y cobro de sobresueldos operativa en su partido durante 28 a&ntilde;os (unas explicaciones que, seg&uacute;n las encuestas, no se ha cre&iacute;do casi nadie). La gravedad de los esc&aacute;ndalos que estamos conociendo nos hace pensar con indignaci&oacute;n que la vida p&uacute;blica espa&ntilde;ola se reduce a corrupci&oacute;n, arbitrariedad y chalaneo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, si esa fuera la normalidad, ni nos indignar&iacute;a ni nos repugnar&iacute;a, nos parecer&iacute;a casi un hecho natural. Hay pa&iacute;ses donde la corrupci&oacute;n y la incompetencia son parte del paisaje, as&iacute; que a nadie le sorprende que nada funcione y que si funciona, lo haga a base de &lsquo;mordidas&rsquo;. En esos contextos se asume que quien no est&aacute; comprado es porque no tiene nada que vender, desde el Presidente al &uacute;ltimo bedel, pasando por parlamentarios, jueces, sindicalistas o polic&iacute;as. No escandaliza que los puestos de funcionario se hereden de padres a hijos sin mediar oposici&oacute;n ni formaci&oacute;n espec&iacute;fica alguna, ni que se cambie de partido en funci&oacute;n de las ventajas materiales que cada uno ofrezca. Esto &uacute;ltimo se considera no s&oacute;lo esperable, sino incluso leg&iacute;timo, porque la corrupci&oacute;n, de tan extendida, deja de verse como irregularidad y constituye casi una idiosincrasia.
    </p><p class="article-text">
        La normalidad en Espa&ntilde;a no es esa. Ni la corrupci&oacute;n est&aacute; socialmente aceptada hasta ese punto, ni se trata de un fen&oacute;meno tan extenso (la tolerancia social y la incidencia del fen&oacute;meno se interrelacionan, y es dif&iacute;cil deslindar la causa de la consecuencia). Lo normal aqu&iacute; no son las &lsquo;mordidas&rsquo;, sino las horas interminables de esfuerzo guiadas por el compromiso honesto con un determinado proyecto (y porque es lo normal, no sale en la prensa). Por cada caso de &lsquo;politiqueo&rsquo; en este pa&iacute;s hay al menos otros tantos de pol&iacute;tica con may&uacute;sculas. Por cada pol&iacute;tico corrupto o incompetente, hay muchos m&aacute;s pol&iacute;ticos honrados que hacen su trabajo con voluntad de servicio p&uacute;blico: alcaldes que no cobran, concejales que estuvieron en la diana s&oacute;lo por serlo, diputados intachables que soportan el desprestigio que otros abonaron.
    </p><p class="article-text">
        Nadie les obliga a estar ah&iacute;, por supuesto, pero lo cierto es que alguien tiene que hacerlo, porque sin pol&iacute;ticos electos no hay democracia. Las descalificaciones generales son tan injustas dichas de ellos como dichas de cualquier otro colectivo. Es m&aacute;s, cort&aacute;ndoles a todos por el mismo patr&oacute;n, tiramos piedras contra nuestro propio tejado. Tengamos presente que ellos forman parte de la misma sociedad que los dem&aacute;s: ni aterrizaron aqu&iacute; procedentes del espacio exterior, ni la esfera pol&iacute;tica es tan distinta del resto de &aacute;mbitos sociales. Cuando decimos que todos son corruptos e incompetentes, &iquest;qu&eacute; es en realidad lo que estamos diciendo?
    </p><p class="article-text">
        Al calificar la pol&iacute;tica de actividad consustancialmente innoble e indigna o, en el mejor de los casos, de &ldquo;mal necesario&rdquo;, se comete el error l&oacute;gico de tomar la parte por el todo: se asume que la mala pol&iacute;tica es <em>toda </em>la pol&iacute;tica. Hay en ello, adem&aacute;s, un cierto cinismo trufado de resignaci&oacute;n, un bajar los brazos y admitir que la ciudadan&iacute;a no puede hacer nada por mejorar su destino. Ahora bien, la mezcla de cinismo y antipol&iacute;tica puede acabar predisponiendo el &aacute;nimo ciudadano para coronar de laureles al pr&oacute;ximo aspirante a salvador que prometa el para&iacute;so en la Tierra, y asegure ser capaz de poner fin a este valle de l&aacute;grimas mediante alguna f&oacute;rmula expeditiva. Los populismos que avanzan en otros pa&iacute;ses europeos se nutren de esa sabia, y no hay raz&oacute;n para creer que no pueda suceder aqu&iacute;, aunque por ahora &ndash;afortunadamente- no lo hayamos visto.
    </p><p class="article-text">
        Sin pol&iacute;ticos electos no hay democracia, dec&iacute;a. Pero ojo, sin democracia sigue habiendo pol&iacute;tica. El poder, que es uno de sus elementos consustanciales &ndash;y que puede ser bueno o malo en funci&oacute;n del uso que se haga de &eacute;l- tiene horror al vac&iacute;o. Si la ciudadan&iacute;a <em>&ndash;</em>por enfado, por hast&iacute;o, por desconocimiento- no<em> se mete </em>en pol&iacute;tica, alguien se encargar&aacute; de acapararla. Pol&iacute;tica seguir&aacute; habiendo; lo que no habr&aacute; ser&aacute; democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/politica-consejos-dictador_1_5771927.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Aug 2013 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c0df71e6-15dc-4162-a88a-8a27213ef3be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="76670" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c0df71e6-15dc-4162-a88a-8a27213ef3be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="76670" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La política y los consejos del dictador]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c0df71e6-15dc-4162-a88a-8a27213ef3be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vamos a contar mentiras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vamos-contar-mentiras_129_5757826.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobran los motivos para el rechazo y la indignación, pero lo cierto es  que sobraban ya antes, y aún así once millones de españoles votaron al  PP en las últimas elecciones. Hay que reconocer que, por escasas, zafias  o inverosímiles que fueran las explicaciones sobre la trama que dieron  los responsables del partido, los votantes se comportaron como si las  creyeran.</p></div><p class="article-text">
        Presuntamente, el PP lleva veinte a&ntilde;os financi&aacute;ndose de forma ilegal. Presuntamente, buena parte de sus altos cargos, incluido el actual Presidente del Gobierno, se embols&oacute; dinerito en sobresueldos. Presuntamente, tras pagar el impuesto popular &ndash;singular tasa que redistribuye hacia arriba- ciertas empresas obtuvieron d&aacute;divas, prebendas y mamandurrias, en un generoso toma y daca que fragu&oacute; amistades peligrosas, ciment&oacute; sustanciosos negocios y dio pie a que los espa&ntilde;oles exclam&aacute;ramos &ldquo;el cielo est&aacute; enladrillado&rdquo; cada vez que alz&aacute;bamos la vista. Siempre presuntamente.  
    </p><p class="article-text">
        Dicen en el PP que estas presunciones son infundios y calumnias de gentes malpensadas, picapleitos resentidos y rojos antipatriotas empe&ntilde;ados en desestabilizar el sistema. Que todo es falso (salvo alguna cosa). Que no hubo caja B, o que era una caja de chuches. Que los sobres no existieron, eran legales o eran felicitaciones navide&ntilde;as. Que hubo y no hubo contratos simulados y despidos en diferido. Que las donaciones fueron altruistas o fueron patra&ntilde;as. Que ni a Aznar, ni a Rajoy, ni a Cospedal, ni a Cascos, ni a Arenas, ni a Mato, ni a Esperanza Aguirre &ndash;no se escabulla, 'lideresa'- ni a la mism&iacute;sima Virgen del Roc&iacute;o les constaba nada de esto. Que nadie conoc&iacute;a a Correa y al Bigotes, y B&aacute;rcenas era un se&ntilde;or que casualmente pas&oacute; por G&eacute;nova 13 y se qued&oacute; alg&uacute;n tiempo. Y que ante la duda, &ldquo;t&uacute; m&aacute;s&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Los 'populares' han esgrimido un cat&aacute;logo de justificaciones tan complejo y variopinto como la propia trama, que unas veces llamamos 'caso G&uuml;rtel' y otras 'caso B&aacute;rcenas' porque a saber si fue antes la gallina, el huevo o ambos al mismo tiempo (ganar&iacute;amos en econom&iacute;a discursiva y claridad mental si habl&aacute;ramos de 'caso PP', y santas pascuas). Estrellas rutilantes como Floriano, Alonso, Gonz&aacute;lez Pons y la Se&ntilde;ora Presidenta de Castilla La Mancha nos han deleitado con sabrosas escaramuzas dial&eacute;cticas, contradicciones creativas aunque flagrantes y desmentidos que m&aacute;s bien parecen mentidos, dej&aacute;ndonos algunas piezas memorables de monologuismo patrio. Si no cre&iacute;bles, sus intervenciones son al menos de gran comicidad. L&aacute;stima que el asunto no sea para tom&aacute;rselo a broma.   
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, Rajoy, ni mu; de perfil como un bajorrelieve egipcio. A los medios, con cuentagotas y en presencia de l&iacute;deres extranjeros que le sirvan de pantalla. O literalmente detr&aacute;s de una pantalla, haciendo gala de un surrealismo virtual s&oacute;lo comparable con sus cuentas de Facebook y Twitter, que inducen a sospechar que el Presidente del Gobierno no vive en este pa&iacute;s, quiz&aacute;s ni en este planeta. Ha hecho falta una amenaza de moci&oacute;n de censura y la presi&oacute;n de toda la oposici&oacute;n, de la calle y de la prensa, medios extranjeros incluidos, para que Rajoy consienta en acudir al Parlamento que le invisti&oacute; &ndash;este detalle es importante- para dar explicaciones. Ya veremos si da las que esperamos o pretende una vez m&aacute;s surfear sobre alg&uacute;n presunto &eacute;xito para quedar por encima del bien y del mal, como si &eacute;l no fuera de este mundo. Cuesti&oacute;n aparte es si Espa&ntilde;a puede permitirse un Presidente empe&ntilde;ado en fingir que es extraterrestre.  
    </p><p class="article-text">
        Pero no nos enga&ntilde;emos nosotros, que ya es bastante con que haya quien trate &ndash;presuntamente, claro- de enga&ntilde;arnos. Avisos de estas cosas no faltaron, s&oacute;lo hab&iacute;a que seguir las noticias e ir atando cabos. Desde el remoto caso Naseiro &ndash;archivado por irregularidades sumariales pero nunca aclarado- hasta la aparici&oacute;n de los papeles de B&aacute;rcenas en 2013 ha corrido mucha tinta, y gran parte de ella revela la continuidad en las pr&aacute;cticas y protagonistas principales. A partir del estallido de G&uuml;rtel en 2009, la prensa hablaba casi a diario de comisiones y contratos irregulares, de sobresueldos a cargos del PP, de B&aacute;rcenas, sus cuentas en Suiza y sus intentos de chantaje a Rajoy, de las cajas que se llev&oacute; de G&eacute;nova, la minuta de sus abogados y el despacho, la secretaria y el acceso a las decisiones financieras del partido que conserv&oacute; incluso tras dejar la tesorer&iacute;a.  
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto es nuevo; ahora, si acaso, se acumulan m&aacute;s pruebas y la opini&oacute;n p&uacute;blica est&aacute; por fin reparando en ellas. Sobran los motivos para el rechazo y la indignaci&oacute;n, pero lo cierto es que sobraban ya antes, y a&uacute;n as&iacute; once millones de espa&ntilde;oles votaron al PP en las &uacute;ltimas elecciones. Hay que reconocer que, por escasas, zafias o inveros&iacute;miles que fueran las explicaciones sobre la trama que dieron los responsables del partido, los votantes se comportaron como si las creyeran. El PP ya hab&iacute;a testado con &eacute;xito esa estrategia en sucesivas elecciones municipales y auton&oacute;micas, lo cual debi&oacute; ser un poderoso incentivo para seguir comport&aacute;ndose del mismo modo.
    </p><p class="article-text">
           Seguramente convencido de que la fantas&iacute;a argumental era electoralmente rentable, el PP no dud&oacute; en presentarse a las generales con un programa electoral que no ten&iacute;a intenci&oacute;n de cumplir. Tambi&eacute;n de esto est&aacute;bamos avisados: en su debate televisivo con Rajoy, Rubalcaba enumer&oacute; las medidas que el PP tomar&iacute;a una vez al frente del Gobierno, todas ellas en evidente contradicci&oacute;n con su programa (y ya quisieran para s&iacute; los economistas y las pitonisas televisivas tal porcentaje de vaticinios acertados). &ldquo;Insidias&rdquo;, respondi&oacute; Rajoy; lo mismo que repiten ahora sus compa&ntilde;eros de partido sobre los papeles de B&aacute;rcenas. No s&oacute;lo Rubalcaba avis&oacute; de la que se avecinaba, otros representantes de la oposici&oacute;n tambi&eacute;n lo hicieron. Pero los ciudadanos estaban a otra cosa, as&iacute; que el programa electoral col&oacute;, o pareci&oacute; que colaba, como parecieron colar las sucesivas versiones del caso G&uuml;rtel-B&aacute;rcenas-PP que nos fueron dando. Los ide&oacute;logos populares sab&iacute;an que cuando la gente est&aacute; angustiada por la crisis y el paro busca desesperadamente una soluci&oacute;n, por improbable que sea, y todo lo dem&aacute;s pasa a segundo plano. En ese contexto, si hubieran encargado los argumentarios sobre corrupci&oacute;n a los guionistas de <em>Expediente X </em>hubiera dado casi lo mismo.  
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, siempre hay una gota que desborda el vaso, y parece que esa gota est&aacute; cayendo o est&aacute; a punto de hacerlo. La misma crisis que desvi&oacute; la atenci&oacute;n de la corrupci&oacute;n en el pasado la est&aacute; convirtiendo ahora en intolerable. Superado cierto nivel de hartazgo, la ciudadan&iacute;a se resiste a mirar hacia otro lado (lo cual, adem&aacute;s, permite mantener cierta esperanza en una futura regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica). No descartemos, sin embargo, que el PP todav&iacute;a no se haya dado cuenta. Lo comprobaremos la pr&oacute;xima vez que, preguntados sobre B&aacute;rcenas, respondan &ldquo;por el mar corren las libres, por el monte las sardinas&rdquo;. Tralar&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vamos-contar-mentiras_129_5757826.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jul 2013 18:05:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vamos a contar mentiras]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Transita que no es poco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/transita_1_5744451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/049e2485-0e90-43ba-9726-cd4dff498da6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Transita que no es poco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No  todo en política obedece a planes maquiavélicamente urdidos, a  estrategias racionales donde cada paso está calculado de antemano</p><p class="subtitle">Algunos de los defectos de nuestra democracia obedecen a causas independientes de aquel momento y aquellos actores</p><p class="subtitle">La crisis ha evidenciado problemas larvados desde hace tiempo, al menos una parte de los consensos y resultados  de la Transición acusan fatiga de materiales</p></div><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a se nos da bien subir santos a los altares para luego derribarles las peanas. En el discurso sobre la Transici&oacute;n se advierte uno de esos movimientos pendulares, de la idealizaci&oacute;n acr&iacute;tica al reproche m&aacute;s amargo. Pero como las cosas rara vez son blancas o negras, yendo de un extremo a su contrario descuidamos las partes de la realidad que se agazapan en los tonos grises.
    </p><p class="article-text">
        Aquel proceso tuvo sus gozos y sus sombras. Hubo imposiciones y acuerdos, elementos que se quer&iacute;an atados y bien atados y equilibrios inestables que fraguaron por una combinaci&oacute;n de generosidad, intereses particulares, habilidad pol&iacute;tica, errores de c&aacute;lculo y alguna que otra chapuza (pero no nos echemos las manos a la cabeza; la chapuza es patrimonio de la humanidad, no s&oacute;lo nuestro). Si en la Transici&oacute;n jugaron un papel relevante la personalidad de los actores y sus relaciones &ndash;simpat&iacute;as, odios, ideas, prejuicios-, tambi&eacute;n tuvieron mucho que decir las circunstancias del momento, y un tercer elemento que se destaca bastante menos: la casualidad. Para bien y para mal, no todo en pol&iacute;tica obedece a planes maquiav&eacute;licamente urdidos, a estrategias racionales donde cada paso est&aacute; calculado de antemano. Unas veces se hace lo que se quiere y otras lo que se puede, pero en la mayor&iacute;a de los casos se da una mezcla desigual de querer y poder, en la cual el azar tiene m&aacute;s influencia de la que suele creerse. 
    </p><p class="article-text">
        Quienes cuestionan la legitimidad de la Transici&oacute;n o de sus resultados destacan el condicionamiento ejercido por los llamados poderes f&aacute;cticos, que desde la &oacute;rbita franquista presionaban para mantener bajo control el proceso. Quienes la ensalzan, consideran un &eacute;xito haber pasado de la dictadura a la democracia pac&iacute;ficamente, y subrayan que gracias al consenso fraguado en torno a la Constituci&oacute;n o los Pactos de la Moncloa se fijaron unas reglas del juego que han funcionado de manera estable durante treinta a&ntilde;os. A esto, los cr&iacute;ticos responden que en el car&aacute;cter relativamente pac&iacute;fico del proceso tuvo mucho que ver el miedo, y que los consensos de entonces incluyeron demasiadas renuncias.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que hab&iacute;a miedo. Miedo a la guerra, que no quedaba tan lejos en el tiempo y que en la memoria estaba mucho m&aacute;s cerca de lo que est&aacute; ahora; miedo a una involuci&oacute;n provocada por el ej&eacute;rcito y los franquistas m&aacute;s recalcitrantes, y entre algunos sectores, miedo a una revoluci&oacute;n de izquierdas. Dado que a mitad del camino se produjo el golpe de Estado del 23 F, parece que exist&iacute;an buenas razones para algunos de esos miedos. Probablemente los fantasmas de unos y otros no fueron los mejores consejeros, pero era l&oacute;gico que los hubiera: no estaba escrito en ning&uacute;n sitio que las cosas tuvieran que salir como salieron. Uno de los ingredientes principales de los cambios de r&eacute;gimen es la incertidumbre, y Espa&ntilde;a no fue una excepci&oacute;n a esa regla.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto tambi&eacute;n que hubo renuncias. Las hay en toda negociaci&oacute;n. Por definici&oacute;n, el acuerdo se busca con aquellos de quienes se discrepa, y para lograrlo todas las partes tienen que ceder algo. Si una de ellas alcanza su programa de m&aacute;ximos seguramente las dem&aacute;s no obtienen ni sus m&iacute;nimos, el juego es de suma cero, y entonces estamos hablando de victorias y derrotas, no de acuerdos. Eso no fue lo que pas&oacute; en la Transici&oacute;n, aunque podemos discutir sobre qui&eacute;nes realizaron las mayores renuncias, porque posiblemente el saldo no est&eacute; equilibrado.
    </p><p class="article-text">
        La Transici&oacute;n espa&ntilde;ola no fue perfecta. En algunos aspectos nos fue mejor que a otros pa&iacute;ses que han recorrido el camino de la dictadura a la democracia; basta repasar distintos casos de Am&eacute;rica Latina, Europa del Este o las Primaveras &Aacute;rabes para hacerse una idea de que &ldquo;transitar&rdquo; no es precisamente tarea f&aacute;cil. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco la democracia resultante fue perfecta. Quedaron cabos sueltos y heridas mal suturadas; se iniciaron din&aacute;micas que han tenido consecuencias no deseadas a distintos niveles, desde el sistema de partidos a la organizaci&oacute;n territorial del Estado, el funcionamiento institucional o la cultura pol&iacute;tica. Pero ojo, no toda la culpa es de nuestros mayores: algunos de los defectos de nuestra democracia obedecen a causas independientes de aquel momento y aquellos actores.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, la crisis ha evidenciado problemas larvados desde hace tiempo, y agudizado el deterioro. Al menos una parte de los consensos y resultados de la Transici&oacute;n acusan fatiga de materiales. Lo l&oacute;gico en un pa&iacute;s avanzado ser&iacute;a impulsar un cambio de aquellas reglas del juego y elementos del sistema que ya no nos convencen, para adaptarlos a la sociedad de hoy, que desde luego no es la misma de 1978. 
    </p><p class="article-text">
        No obstante, estar&iacute;a bien no olvidar algunas cosas. En primer lugar, que todos los procesos son hijos de su contexto. Si sobre las decisiones de la Transici&oacute;n pesaron los fantasmas de la guerra civil o el golpe de Estado, sobre las nuestras pesar&aacute;n los de la crisis y el paro. Nuestro reto no ser&aacute; integrarnos en Europa y en el mundo, pero s&iacute; desenvolvernos entre las limitaciones y oportunidades que plantean la globalizaci&oacute;n o la pertenencia al euro y la UE. 
    </p><p class="article-text">
        Igual que los frutos de la Transici&oacute;n dieron pie a una serie de frustraciones, las transformaciones que abordemos ahora generar&aacute;n las suyas, por la sencilla raz&oacute;n de que cualquier cambio colma algunas expectativas mientras defrauda otras. En una sociedad compleja existen puntos de vista plurales e incluso contradictorios (mon&aacute;rquicos y republicanos, creyentes y no creyentes, federalistas, independentistas y centralistas, s&oacute;lo por citar algunos ejemplos), as&iacute; que no todo el mundo ver&aacute; satisfechas sus aspiraciones. Tendremos que integrar tanto como sea posible los distintos anhelos y gestionar lo mejor que podamos los descontentos que inevitablemente se produzcan.
    </p><p class="article-text">
        La esencia de estos desaf&iacute;os es similar a la que enfrentaron los protagonistas de la Transici&oacute;n. Resolverlos no es sencillo; ojal&aacute; nosotros seamos capaces de hacerlo mejor que ellos. Tendremos m&aacute;s probabilidades de &eacute;xito si lo intentamos desde la madurez pol&iacute;tica y no desde el adanismo, extrayendo lecciones de los errores y aciertos del pasado, y siendo conscientes de que ahora, como entonces, jugar&aacute;n su rol las causas, pero tambi&eacute;n los azares.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/transita_1_5744451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jul 2013 18:05:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/049e2485-0e90-43ba-9726-cd4dff498da6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="100833" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/049e2485-0e90-43ba-9726-cd4dff498da6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="100833" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Transita que no es poco]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/049e2485-0e90-43ba-9726-cd4dff498da6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudadanía y los viajes de San Pablo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/ciudadania-viajes-san-pablo_1_5718488.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a7722e2-6b32-4457-9a4b-5b32fefbf5f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciudadanía y los viajes de San Pablo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie nace sabiendo ser ciudadano, el conocimiento de los derechos y  deberes no se adquiere como consecuencia automática  de vivir en un Estado de derecho</p><p class="subtitle">Muchos ciudadanos perciben que les faltan claves sobre el funcionamiento del sistema y las buscan donde pueden</p><p class="subtitle">El propio Consejo de Europa ha recordado al Gobierno que corresponde al  Estado garantizar a todos los estudiantes la enseñanza de los valores  democráticos</p></div><p class="article-text">
        Hice mi primera y &uacute;nica &ldquo;chuleta&rdquo; a los doce a&ntilde;os, y en ella anot&eacute; los itinerarios de los viajes apost&oacute;licos de San Pablo. Por entonces &ndash;hace unos treinta a&ntilde;os- la religi&oacute;n era asignatura evaluable, aprobarla importaba tanto como aprobar todo lo dem&aacute;s y aquella lista de ciudades era materia de examen. En contraste, los libros escolares de la &eacute;poca dedicaban al estudio de los derechos humanos y los valores propios de la convivencia democr&aacute;tica poco m&aacute;s que menciones puntuales; no es que su aprendizaje fuera transversal, es que era pr&aacute;cticamente casual. Durante el bachillerato esos temas se abordaban en funci&oacute;n de las convicciones personales de los profesores de &eacute;tica, filosof&iacute;a o historia, ya que carec&iacute;an de espacio diferenciado en el temario. As&iacute; pues, hasta que empec&eacute; Ciencias Pol&iacute;ticas en la Universidad no recib&iacute; una explicaci&oacute;n m&iacute;nimamente sistem&aacute;tica de qu&eacute; es y c&oacute;mo funciona una democracia.
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre la Ley Wert me ha recordado esta experiencia, no s&oacute;lo porque ese proyecto devuelve a las ense&ntilde;anzas confesionales el estatus que una vez tuvieron y que la Iglesia cat&oacute;lica a&ntilde;ora desde hace a&ntilde;os, sino tambi&eacute;n porque no reserva espacio curricular concreto para ense&ntilde;ar a los ni&ntilde;os y j&oacute;venes en qu&eacute; consiste ser ciudadanos. Si la ley prospera, volveremos a la situaci&oacute;n de hace tres d&eacute;cadas: los valores religiosos muy claros y detallados; los valores c&iacute;vicos, dispersos y aprendidos a salto de mata.
    </p><p class="article-text">
        Nadie nace sabiendo ser ciudadano. El conocimiento de los derechos y deberes no se adquiere por ciencia infusa, como consecuencia autom&aacute;tica de vivir en un Estado de derecho. Mediante esa especie de &oacute;smosis las personas pueden formarse una noci&oacute;n aproximada de qu&eacute; es una democracia, pero todos necesitamos que nos expliquen adem&aacute;s c&oacute;mo funciona en la pr&aacute;ctica, el ideal al que aspira, sus principios e instituciones fundamentales. Ese aprendizaje es preciso para ejercer una ciudadan&iacute;a consciente, responsable y con capacidad cr&iacute;tica y prepararnos para decidir qu&eacute; tipo de pa&iacute;s y de sociedad queremos. Sin &eacute;l existe el riesgo de que los lugares comunes se transformen en criterio principal en la toma de esas decisiones y en la interpretaci&oacute;n de la informaci&oacute;n transmitida por los medios de comunicaci&oacute;n, que no siempre es completa ni desinteresada.
    </p><p class="article-text">
        Consciente de que en este terreno Espa&ntilde;a ten&iacute;a mucho que mejorar, el primer Gobierno de Zapatero cre&oacute; en 2006 la asignatura de educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a. Segu&iacute;a una recomendaci&oacute;n del Consejo de Europa, el cual se hab&iacute;a declarado preocupado &ldquo;por el nivel creciente de apat&iacute;a pol&iacute;tica y c&iacute;vica, la falta de confianza en las instituciones democr&aacute;ticas y el aumento de los casos de corrupci&oacute;n, racismo, xenofobia, nacionalismo agresivo, intolerancia con las minor&iacute;as, discriminaci&oacute;n y exclusi&oacute;n social&rdquo; y consideraba que el estudio de esta materia contribuir&iacute;a al desarrollo de ciudadanos m&aacute;s participativos y &ldquo;sociedades libres, tolerantes y justas&rdquo;. Dada la corta y algo azarosa experiencia de la educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a en Espa&ntilde;a, sus objetivos, pensados para el medio o largo plazo, no han tenido tiempo de materializarse.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los motivos de preocupaci&oacute;n que justificaron su creaci&oacute;n no s&oacute;lo siguen vigentes, sino que se han agudizado durante la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Todas las encuestas indican que en nuestro pa&iacute;s ha aumentado el malestar con la pol&iacute;tica y las instituciones. Pero, <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/interes-politica-espanoles_0_142436310.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tal como destacaba hace unos d&iacute;as Carol Galais</a> en Agenda P&uacute;blica, el descontento no ha producido un incremento autom&aacute;tico de la apat&iacute;a, sino que al menos parte de &eacute;l se ha traducido en inter&eacute;s creciente por la pol&iacute;tica. Un inter&eacute;s, eso s&iacute;, trufado de desconfianza y confusi&oacute;n. Demasiado a menudo nos resulta dif&iacute;cil discriminar entre mensajes contradictorios y distinguir, en medio de la avalancha diaria de noticias, entre mitos y realidades, informaciones sesgadas y datos fiables. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos ciudadanos perciben que les faltan claves sobre el funcionamiento del sistema y las buscan donde pueden; parte de las demandas de transparencia tienen este sentido. Sin embargo, a&uacute;n en un contexto donde triunfara el 
    </p><p class="article-text">
        paradigma de la transparencia, ser&iacute;a preciso contar con criterios fruto del conocimiento y la reflexi&oacute;n sosegada para organizar la informaci&oacute;n que recibimos y darle el mejor uso posible en democracia. Incluso en un mundo ideal necesitar&iacute;amos un bagaje c&iacute;vico que ordenara nuestras ideas a la hora de opinar, elegir, exigir y no dejarnos llevar ni por los vientos a favor, ni por aquellos que soplan sistem&aacute;ticamente en contra.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que no vivimos en un oasis de transparencia, sino en un pa&iacute;s golpeado por una crisis econ&oacute;mica que ha saltado a los &aacute;mbitos social, pol&iacute;tico e institucional, donde el &ldquo;ruido&rdquo; constante desv&iacute;a muchas veces nuestra atenci&oacute;n de asuntos cruciales y con frecuencia nos sentimos inermes ante la envergadura de los problemas. Una cultura c&iacute;vica m&aacute;s s&oacute;lida no bastar&iacute;a para resolver nuestras dificultades, pero con ella estar&iacute;amos mejor pertrechados para hacerles frente como sociedad y buscar colectivamente soluciones.
    </p><p class="article-text">
        Si entre los objetivos de la reforma educativa estuviera mejorar la calidad de nuestra democracia &ndash;objetivo que no parece insignificante ni despreciable- lo l&oacute;gico ser&iacute;a reforzar la educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a, dotando a nuestros hijos de esas herramientas que sus padres estamos echando en falta. Pero precisamente en este contexto, el Ministro Wert decide caminar en direcci&oacute;n contraria. El propio Consejo de Europa ha recordado al Gobierno que corresponde al Estado garantizar a todos los estudiantes la ense&ntilde;anza de los valores democr&aacute;ticos, y que transformar esa materia en optativa &ndash;como pretende el Ministerio- equivale a diluirla.
    </p><p class="article-text">
        Se han hecho muchas y bien fundadas cr&iacute;ticas a la Ley Wert; la m&aacute;s grave es que reduce la igualdad en el derecho a la educaci&oacute;n, cuesti&oacute;n que merece comentario aparte. Pero en cualquier caso, la suma de mayor desigualdad educativa y menores nociones de ciudadan&iacute;a sienta las bases de un determinado tipo de sociedad, que es a la que aparentemente &ndash;disc&uacute;lpenme la suspicacia- aspira este Gobierno: una sociedad sumisa, conformista, donde las personas se resignen al destino marcado por su origen social y cada cual se preocupe sobre todo por lo suyo y poco o nada por lo colectivo. Una sociedad menos ciudadana y m&aacute;s s&uacute;bdita. Puede que, gracias al Ministro Wert, sea tambi&eacute;n una sociedad m&aacute;s creyente. Aunque ni siquiera esto es seguro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/ciudadania-viajes-san-pablo_1_5718488.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jun 2013 18:49:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9a7722e2-6b32-4457-9a4b-5b32fefbf5f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74618" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9a7722e2-6b32-4457-9a4b-5b32fefbf5f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74618" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La ciudadanía y los viajes de San Pablo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9a7722e2-6b32-4457-9a4b-5b32fefbf5f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social,Leyes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nosotras decidimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/decidimos_132_5689936.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c7a3fd53-ff80-4663-9313-c1037e6c3832_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nosotras decidimos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La igualdad y la libertad no son opcionales en democracia, y sin derecho  a decidir sobre su maternidad, las mujeres ni son libres ni son iguales</p><p class="subtitle">La interrupción voluntaria del embarazo es un tema que evidencia que, como rezaba el eslogan feminista, lo personal es político</p><p class="subtitle">Aparece la tentación de imponer la norma moral al conjunto de la población, confundiendo incluso las categorías de pecado y delito</p></div><p class="article-text">
        La ropa de hombre no suele abrocharse por la espalda. La de mujer, s&iacute;. &iquest;Alguna vez se ha preguntado por qu&eacute;? La articulaci&oacute;n del codo de las mujeres funciona s&oacute;lo hacia delante, igual que la de los hombres, y las contorsiones necesarias para abrir y cerrar una larga fila de peque&ntilde;os botones o subir y bajar una cremallera posterior son tan dif&iacute;ciles para ellas como para ellos. As&iacute; pues, la explicaci&oacute;n de esta disparidad de confecci&oacute;n tan poco pr&aacute;ctica no est&aacute; en la naturaleza ni en la anatom&iacute;a, sino en la sociedad y en la cultura.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez sea un detalle nimio, pero es una nimiedad simb&oacute;lica, y con s&iacute;mbolos construimos nuestra concepci&oacute;n de la realidad. Los botones en la espalda nos dicen que aunque hoy las mujeres adultas se visten solas, lo c&oacute;modo, lo &ldquo;ideal&rdquo;, ser&iacute;a que alguien &ndash;una madre, una amiga, una doncella, un marido- las asistiese en esa tarea cotidiana. En cambio, la ropa masculina indica que los hombres adultos se visten siempre solos. Estos s&iacute;mbolos revelan que en nuestra sociedad los hombres son considerados aut&oacute;nomos por principio; las mujeres, depende. Si para ellos la autonom&iacute;a es un hecho incuestionable, para ellas es una carrera de obst&aacute;culos, sembrada unas veces de simples engorros y otras de aut&eacute;nticas murallas que les impiden vivir en libertad e igualdad.
    </p><p class="article-text">
        En ese marco de autonom&iacute;a o dependencia se inscribe el debate sobre la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo. Este tema evidencia con claridad meridiana que, como rezaba el eslogan feminista, lo personal es pol&iacute;tico. Nada hay m&aacute;s personal que el cuerpo y m&aacute;s &iacute;ntimo que la sexualidad; pocos acontecimientos marcan tanto la vida como tener un hijo, o no tenerlo. Por obvias razones biol&oacute;gicas, esto es especialmente cierto para las mujeres. Los t&eacute;rminos en que se regulan las decisiones sobre esta cuesti&oacute;n personal &ndash;qui&eacute;n, c&oacute;mo, cu&aacute;ndo, d&oacute;nde- son un asunto pol&iacute;tico, porque obligan a escoger entre distintas visiones del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Desde una visi&oacute;n laica vinculada a los valores ilustrados, el Estado debe ser neutral respecto a las opciones religiosas y morales de sus ciudadanos. As&iacute;, en un tema &eacute;ticamente controvertido como el aborto, ni obliga a ser madre ni a interrumpir el embarazo: deja un margen dentro del cual la mujer, como ciudadana de pleno derecho directamente afectada, elige aut&oacute;nomamente si quiere o no tener hijos y cu&aacute;ndo. Se reconoce pues el derecho a decidir sobre la maternidad, se pondera con el car&aacute;cter de bien jur&iacute;dico del <em>nasciturus</em> y se refuerza la salud sexual y reproductiva con el fin de prevenir embarazos no deseados y reducir el n&uacute;mero de abortos (un desenlace que, no nos enga&ntilde;emos, es siempre traum&aacute;tico). Esta es la posici&oacute;n que refleja la ley de plazos vigente en Espa&ntilde;a desde 2010, semejante a las que rigen en la mayor parte de pa&iacute;ses de nuestro entorno.
    </p><p class="article-text">
        Existen por otra parte las visiones pol&iacute;ticas confesionales, donde la separaci&oacute;n entre el Estado y un determinado culto tiende a difuminarse, al menos en los temas con implicaciones &eacute;ticas. Aparece la tentaci&oacute;n de convertir al Estado en agente secular del culto en cuesti&oacute;n e imponer la norma moral de &eacute;ste al conjunto de la poblaci&oacute;n, confundiendo incluso las categor&iacute;as de pecado y delito. Este proceder limita la autonom&iacute;a de todos los ciudadanos en lo que respecta a las preferencias religiosas. Pero para las mujeres la restricci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute;, si prospera un cierto relato sobre la vida humana en el que la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo es homicida siempre y en todo caso, y la maternidad aparece como verdadero horizonte &ldquo;natural&rdquo; &ndash;es decir, socialmente v&aacute;lido- de realizaci&oacute;n femenina. En coherencia con tal relato, estas visiones pol&iacute;ticas confesionales aspiran a prohibir la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo, convirti&eacute;ndola en hecho punible, o como m&iacute;nimo a limitarla severamente.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en contextos complejos &ndash;por ejemplo, una transici&oacute;n hacia la modernidad democr&aacute;tica- la correlaci&oacute;n de fuerzas sociales y pol&iacute;ticas puede dar lugar a que, aun sin reconocerse el derecho a decidir, se acepten algunos supuestos de despenalizaci&oacute;n del aborto. Este fue el tipo de contexto en el cual se aprob&oacute; la primera ley espa&ntilde;ola de interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo, en 1985.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado casi treinta a&ntilde;os desde entonces, la sociedad espa&ntilde;ola ha madurado y se ha modernizado. Sin embargo, parece que la reforma de la regulaci&oacute;n del aborto anunciada por el Ministro de Justicia &ndash;la selecci&oacute;n de este Ministerio como responsable del tema es ya toda una declaraci&oacute;n de principios- no se conformar&aacute; con retroceder hasta 1985, sino que dar&aacute; el salto hacia una apuesta netamente confesional, que nos acercar&aacute; m&aacute;s a Ir&aacute;n que a Alemania.
    </p><p class="article-text">
        Sustraer a las mujeres la capacidad de decidir sobre su maternidad, poniendo esa decisi&oacute;n en manos de otro<em> </em>&ndash;sea m&eacute;dico, juez, sacerdote o ministro- es cercenar su autonom&iacute;a ante una circunstancia que condicionar&aacute; el resto de sus d&iacute;as. S&oacute;lo se puede hablar de libertad e igualdad para las mujeres si se les reconoce el control sobre su cuerpo y su vida, dos cosas que &ndash;a veces es preciso repetir lo obvio- son suyas y s&oacute;lo suyas. De lo contrario se las convierte en una especie de ciudadanas de segunda, adultas s&oacute;lo a veces, aut&oacute;nomas a medias. Con voz y voto para elegir a quienes gobiernan el futuro de todos, pero sin ellos a la hora de escoger el suyo propio. Esta contradicci&oacute;n es insoportable en una sociedad avanzada. La igualdad y la libertad no son opcionales en democracia, y sin derecho a decidir sobre su maternidad, las mujeres ni son libres ni son iguales.
    </p><p class="article-text">
        Negar a las mujeres la capacidad de elegir en este campo no es crearles un engorro adicional, otra &ldquo;blusa con botones en la espalda&rdquo;. Es infinitamente m&aacute;s grave. Es imponer una camisa de fuerza &ndash;nunca mejor dicho- al 50% de la ciudadan&iacute;a espa&ntilde;ola, y reconstruir una muralla que ya hab&iacute;a ca&iacute;do. Se&ntilde;or Ministro, no se obstine en el dogmatismo y la hipocres&iacute;a. En esto, nosotras decidimos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Posts relacionados</strong>
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/mujer-sujeto-derechos_6_128847120.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La mujer, &iquest;sujeto de derechos?</em></a>, de <strong>Arg&egrave;lia Queralt</strong> y <strong>S&iacute;lvia Fern&aacute;ndez</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/decidimos_132_5689936.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 May 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c7a3fd53-ff80-4663-9313-c1037e6c3832_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="96845" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c7a3fd53-ff80-4663-9313-c1037e6c3832_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="96845" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Nosotras decidimos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c7a3fd53-ff80-4663-9313-c1037e6c3832_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Aborto,Leyes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Democracia sin partidos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/democracia-partidos_132_5678015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los partidos políticos articulan la pluralidad,  facilitando que un número razonable de opciones distintas compitan por  el apoyo ciudadano</p><p class="subtitle">Los mecanismos de representación y participación ciudadana deben mejorar en las democracias actuales, aunque no es tan evidente que los movimientos se basten solos para generar esos cambios</p><p class="subtitle">En una sociedad moderna debe haber espacio para partidos y movimientos, y canales de comunicación entre unos y otros</p></div><p class="article-text">
        Hace algunas semanas, la Cadena  SER difundi&oacute; un estudio seg&uacute;n el cual el 57% de los espa&ntilde;oles considera que la democracia podr&iacute;a funcionar sin partidos pol&iacute;ticos, mediante plataformas ciudadanas constituidas para la gesti&oacute;n de los asuntos p&uacute;blicos. Lo interesante del estudio no es la constataci&oacute;n del desapego a los partidos, ya recogida en otros sondeos, sino la tendencia de fondo que revela: por primera vez desde la Transici&oacute;n, los partidos dejan de percibirse como agentes imprescindibles en democracia, mientras avanza la idea de que sus funciones pueden ser desempe&ntilde;adas por movimientos ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        El desprestigio de los partidos se nutre de elementos coyunturales y de tendencias m&aacute;s constantes, que llevan d&eacute;cadas con nosotros. Como factores coyunturales, destacan la cascada de casos de corrupci&oacute;n conocidos en los &uacute;ltimos tiempos &ndash;aluvi&oacute;n que elev&oacute; la corrupci&oacute;n al segundo puesto entre las preocupaciones ciudadanas en el &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS- y la sensaci&oacute;n de que la pol&iacute;tica no est&aacute; siendo capaz de encontrar soluciones para la crisis ni de proteger a los ciudadanos de sus consecuencias negativas. La combinaci&oacute;n de falta de resultados con descr&eacute;dito moral erosiona la legitimidad de los partidos pol&iacute;ticos. Pero lo cierto &ndash;y este es el elemento constante- es que estos actores nunca han gozado de buena fama ni aqu&iacute; ni en otros lugares, por consider&aacute;rseles sin&oacute;nimos de divisi&oacute;n y confrontaci&oacute;n; no en vano &ldquo;partido&rdquo; viene de &ldquo;parte&rdquo;. La historia reciente de Espa&ntilde;a, donde se mezclan el conflicto extremo, el antipoliticismo atizado por la dictadura y una cierta mitolog&iacute;a del consenso, acent&uacute;a esa visi&oacute;n negativa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, no est&aacute; de m&aacute;s preguntarse qu&eacute; es un partido pol&iacute;tico y para qu&eacute; sirve. A grandes rasgos, un partido es una organizaci&oacute;n formal &ndash;es decir, dotada de una estructura estable, normas de funcionamiento interno y alg&uacute;n tipo de jerarqu&iacute;a en el liderazgo y la toma de decisiones- que posee una determinada visi&oacute;n del mundo y un proyecto global para la sociedad en la que act&uacute;a, y compite por alcanzar el poder con el fin de hacer efectivo ese proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos introducen un elemento de orden en la diversidad de proyectos y visiones del mundo posibles, al agrupar a quienes comparten concepciones m&aacute;s pr&oacute;ximas. De este modo articulan la pluralidad, facilitando que un n&uacute;mero razonable de opciones distintas compitan por el apoyo ciudadano, y evitando a la vez la imposici&oacute;n de una &uacute;nica visi&oacute;n a toda la comunidad. Adem&aacute;s, los partidos ejercen funciones de mediaci&oacute;n entre las demandas de los ciudadanos y las decisiones de las instituciones; de selecci&oacute;n y entrenamiento de candidatos para los cargos electivos; y de agilizaci&oacute;n del debate p&uacute;blico, puesto que presentan propuestas que son objeto de discusi&oacute;n ciudadana y medi&aacute;tica. Dando voz a una &ldquo;parte&rdquo; de la sociedad, los partidos canalizan el conflicto hacia v&iacute;as de resoluci&oacute;n pac&iacute;ficas, sin eliminarlo del todo: queda as&iacute; espacio para la discrepancia, pero tambi&eacute;n para el acuerdo. En definitiva, abren un camino intermedio entre la confrontaci&oacute;n extrema y la paz de los cementerios, o de las dictaduras.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os no ha habido democracias de masas sin partidos. No quiere esto decir que sean los &uacute;nicos actores pol&iacute;ticos v&aacute;lidos, pero s&iacute; que parecen los &uacute;nicos capaces de desempe&ntilde;ar a la vez todas esas funciones en las democracias representativas (la democracia directa, incluso en su versi&oacute;n cibern&eacute;tica, sigue ofreciendo serios inconvenientes pr&aacute;cticos en sociedades complejas con millones de ciudadanos, necesidades e intereses que es preciso armonizar). Por supuesto, los mecanismos de representaci&oacute;n y participaci&oacute;n ciudadana deben mejorar &ndash;y mucho- en las democracias actuales, particularmente en la nuestra. No es tan evidente, en cambio, que los movimientos se basten solos para generar esos cambios.
    </p><p class="article-text">
        Tradicionalmente, los movimientos sociales se orientaban hacia metas concretas (el ejemplo can&oacute;nico es la defensa del medio ambiente) y no elaboraban un proyecto global de sociedad (cuando lo hac&iacute;an se transformaban en partidos, como en el caso del Partido Verde). No obstante, est&aacute;n apareciendo en Espa&ntilde;a movimientos que desde su inicio tienden al desarrollo de un proyecto global de sociedad, si bien por ahora siguen rechazando los elementos organizativos &ndash;estructuras formales, staff profesional, liderazgos o portavoc&iacute;as estables- por considerarlos propios de los partidos pol&iacute;ticos, de los que intentan distanciarse. El problema es que sin esos elementos no pueden desempe&ntilde;ar todas las funciones de los partidos. Y sin embargo, esas funciones no han dejado de ser necesarias: seguiremos necesitando mediadores estables que articulen las demandas ciudadanas, compitan electoralmente y recluten posibles candidatos para los cargos electivos, puesto que de alg&uacute;n modo deberemos cubrirlos.
    </p><p class="article-text">
        Los movimientos actuales se enfrentan a un dilema cl&aacute;sico. Si no se institucionalizan, generando estructuras y otros elementos org&aacute;nicos, dif&iacute;cilmente lograr&aacute;n poner en pr&aacute;ctica su proyecto de sociedad. Pero hacerlo les obliga a renunciar a parte de su identidad &ndash;el elemento de espontaneidad y arraigo directo que son parte de su atractivo- para adquirir rasgos propios de los partidos tradicionales. Y ya se sabe: si nada como un pato y grazna como un pato, seguramente es un pato, aunque se resista a llamarse as&iacute;. Un movimiento que ejerza todas las funciones de un partido, ser&aacute; un partido en todo excepto el nombre. Si no las ejerce y tampoco hay partidos que lo hagan, esas funciones quedar&aacute;n vacantes, lo cual no es un avance democr&aacute;tico, sino un retroceso.
    </p><p class="article-text">
        La democracia espa&ntilde;ola requiere reformas importantes. Pero no est&aacute; claro que nuestros problemas se resuelvan sustituyendo partidos por plataformas creadas ad hoc para resolver asuntos concretos &ndash;que carecer&iacute;an de la visi&oacute;n de conjunto necesaria en una sociedad compleja y dejar&iacute;an un peligroso hueco a la demagogia populista- o por movimientos enfrentados a la disyuntiva de la institucionalizaci&oacute;n. En una sociedad moderna debe haber espacio para partidos y movimientos, y canales de comunicaci&oacute;n entre unos y otros (algo especialmente importante para las formaciones de izquierda). Se trata de sumar, no de restar. De multiplicar &aacute;mbitos de participaci&oacute;n, no de excluir a un tipo de actores pol&iacute;ticos, poniendo en riesgo el desempe&ntilde;o de funciones esenciales en democracia. No recortemos m&aacute;s cosas, que bastante recorta el Gobierno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/democracia-partidos_132_5678015.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 May 2013 18:02:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Democracia sin partidos?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Partidos Políticos,Movimientos sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Piensa mal y acertarás, o no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/piensa-mal-acertaras_132_5657873.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudadanía tiende a dar crédito a las informaciones que  encajan en el marco según el cual la política es puro despilfarro</p><p class="subtitle">Es un hecho que la democracia cuesta dinero, gastarlo con eficiencia y transparencia es un deber</p><p class="subtitle">Una democracia avanzada necesita ciudadanos exigentes con el control de  los gastos derivados de la actividad de sus representantes públicos</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Le indigna que todos los diputados y senadores tengan coche oficial? &iquest;Le parece mal que el n&uacute;mero de pol&iacute;ticos en Espa&ntilde;a supere los 400.000? Es posible que su respuesta a ambas preguntas sea afirmativa. El problema es que las dos contienen afirmaciones falsas que, al difundirse, mucha gente acaba asumiendo como ciertas.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, s&oacute;lo los miembros de la Mesa y los Portavoces de los Grupos Parlamentarios tienen derecho a veh&iacute;culo oficial pagado por las Cortes. Y la cifra de pol&iacute;ticos est&aacute; en torno a los 100.000, la mayor&iacute;a de los cuales ejerce adem&aacute;s en el &aacute;mbito local y lo hace <em>gratis et amore</em>, a veces poniendo dinero de su propio bolsillo. Insisto en el aspecto pecuniario porque la diana de esos mitos elevados a categor&iacute;a de verdad es siempre la misma: el coste econ&oacute;mico de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La ciudadan&iacute;a espa&ntilde;ola tiende a dar cr&eacute;dito a las informaciones que encajan en el marco seg&uacute;n el cual la pol&iacute;tica es puro despilfarro. Ante los abundantes casos probados de corrupci&oacute;n y derroche de dinero p&uacute;blico, es hasta cierto punto l&oacute;gico. Pero m&aacute;s all&aacute; de ese cierto punto, existe una suspicacia sistem&aacute;tica, un sustrato de antipoliticismo persistente en nuestra cultura pol&iacute;tica, en parte herencia de otras &eacute;pocas. Si la indignaci&oacute;n ante el mal uso del dinero p&uacute;blico es una reacci&oacute;n sensata en democracia, el puro &ldquo;piensa mal y acertar&aacute;s&rdquo;, que da por cierto el car&aacute;cter intr&iacute;nsecamente torticero de la pol&iacute;tica, puede reforzar lo peor del <em>statu quo </em>al asumirlo como inevitable, o bien avivar la tentaci&oacute;n de dar al traste con lo que hay, sin tener algo mejor para sustituirlo.
    </p><p class="article-text">
        Una democracia avanzada necesita ciudadanos exigentes con el control de los gastos derivados de la actividad de sus representantes p&uacute;blicos. A los efectos de transparencia y rendici&oacute;n de cuentas, Espa&ntilde;a deja a&uacute;n mucho que desear. Mejorar radicalmente esa situaci&oacute;n debe estar entre las prioridades de la agenda pol&iacute;tica, si queremos recuperar el prestigio que nuestras instituciones y nuestra vida p&uacute;blica nunca debieron perder. Y para lograrlo no basta con aprobar una ley de transparencia; es necesario adem&aacute;s que las decisiones, comportamientos y actitudes apoyen el proceso de relegitimaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los mensajes lanzados por el Gobierno de Espa&ntilde;a y por algunas Comunidades Aut&oacute;nomas insisten casi exclusivamente en reforzar el lugar com&uacute;n del despilfarro, extrayendo de &eacute;l el corolario menos sofisticado, que es tambi&eacute;n el menos democr&aacute;tico: reduzcamos el espacio de la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s claro de esta tendencia lo encontramos en Castilla La Mancha, donde el Partido Popular de Mar&iacute;a Dolores de Cospedal ha decidido eliminar los sueldos de los parlamentarios. Lo que se presenta como un necesario gesto de austeridad en tiempos de crisis, en realidad es un retroceso en el acceso igualitario al ejercicio de la pol&iacute;tica. Desde ahora, los castellano-manchegos que quieran ejercer ese derecho en su regi&oacute;n deber&aacute;n valorar si pueden permit&iacute;rselo laboral y econ&oacute;micamente, de modo que ser&aacute;n las personas con rentas altas quienes tengan m&aacute;s f&aacute;cil, o menos dif&iacute;cil, dar el paso. El resultado pr&aacute;ctico es semejante al de introducir un requisito censitario para el sufragio pasivo; de un salto, volvemos al siglo XIX. Por a&ntilde;adidura, esta medida da a entender que representar a la ciudadan&iacute;a es una tarea &ldquo;menor&rdquo; a la que basta con dedicar el tiempo libre. En un pa&iacute;s donde parte de la poblaci&oacute;n empieza a cuestionar el n&uacute;cleo mismo del sistema &ndash;seg&uacute;n algunos estudios, el porcentaje de espa&ntilde;oles que consideran que la democracia es el mejor sistema de gobierno ha registrado una ca&iacute;da de 24 puntos en poco m&aacute;s de tres a&ntilde;os&ndash; ese mensaje resulta demoledor, y lanzarlo es como m&iacute;nimo imprudente.
    </p><p class="article-text">
        La reducci&oacute;n del espacio de la pol&iacute;tica se aprecia tambi&eacute;n en el uso recurrente del decreto ley por parte del Gobierno de Espa&ntilde;a, mecanismo que permite sustraer del debate parlamentario cuestiones que afectan directamente a los intereses y derechos de la ciudadan&iacute;a. En este caso la asociaci&oacute;n funciona en sentido inverso: la sensaci&oacute;n de aislamiento y p&eacute;rdida de relevancia del Parlamento se incrementa, dando argumentos a quienes cuestionan la necesidad de seguir corriendo con los gastos que ocasiona y a quienes sostienen que los representantes electos en realidad no nos representan. Dos posiciones que, por cierto, a menudo se retroalimentan.
    </p><p class="article-text">
        Un tercer ejemplo es el anteproyecto de reforma local, que de nuevo con el pretexto de recortar el gasto, acaba recortando democracia. Habida cuenta de que buena parte de los alcaldes y concejales espa&ntilde;oles no cobran o cobran muy poco, reducir su n&uacute;mero &ndash;como pretend&iacute;a inicialmente el Gobierno- genera un ahorro muy escaso. Por eso ahora el anteproyecto se inclina por restringir los servicios que prestan los Ayuntamientos, mientras refuerza a las Diputaciones Provinciales (que son &oacute;rganos de elecci&oacute;n indirecta). Dado que eliminar un servicio no significa eliminar su demanda, la reforma crea de paso oportunidades de negocio en el &aacute;mbito municipal; eso s&iacute;, los beneficios ir&aacute;n a manos privadas.
    </p><p class="article-text">
        Aparte del probable efecto negativo sobre el empleo y la calidad de vida en las zonas rurales y del aumento del riesgo de exclusi&oacute;n en las ciudades, esta reforma abre una brecha en la autonom&iacute;a local de la que ha advertido el Comit&eacute; de las Regiones. Pero adem&aacute;s, desoye a los ciudadanos que exigen de la pol&iacute;tica horizontalidad y soluciones concretas para sus problemas. Los alcaldes y concejales son los representantes mejor posicionados para hacer ese tipo de pol&iacute;tica, puesto que est&aacute;n en contacto directo con sus vecinos y pueden rendir cuentas de forma cotidiana. Si la legitimidad de ejercicio est&aacute; en funci&oacute;n de la capacidad de responder a las necesidades y demandas ciudadanas, no deber&iacute;amos restringir esa capacidad en el &aacute;mbito local, sino incrementarla.
    </p><p class="article-text">
        Es un hecho que la democracia cuesta dinero, gastarlo con eficiencia y transparencia es un deber. Pero eliminar sueldos de parlamentarios y reducir la autonom&iacute;a municipal no nos sacar&aacute; de la crisis; en cambio, s&iacute; encoger&aacute; el margen de acci&oacute;n de la pol&iacute;tica y la capacidad de control de los ciudadanos, es decir, la democracia. Ojo pues con los mensajes que lanzamos, no sea que acabemos tirando al ni&ntilde;o con el agua del lavabo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/piensa-mal-acertaras_132_5657873.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Apr 2013 18:01:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Piensa mal y acertarás, o no]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quien parte y reparte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/parte-reparte_132_5633714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los partidos conservadores dependen mucho menos de la financiación pública que las opciones progresistas</p><p class="subtitle">Entre 1993 y 2011, los partidos conservadores españoles (PP, CiU y PNV)  recibieron más de 100 millones de euros en donaciones, frente a los  aproximadamente 22 que sumaron PSOE, PSC e IU</p><p class="subtitle">A juzgar por la experiencia de la España democrática, la fiscalización  de las donaciones privadas ha sido cualquier cosa menos sencilla y  transparente</p></div><p class="article-text">
        Invocando el pretexto de la crisis &ndash;como hace para muchas otras cosas&ndash; en s&oacute;lo dos ejercicios el Gobierno de Mariano Rajoy ha reducido la asignaci&oacute;n presupuestaria a los partidos pol&iacute;ticos en m&aacute;s del 40%. M&aacute;s all&aacute; de protestas puntuales de la oposici&oacute;n y de alg&uacute;n art&iacute;culo en prensa, la medida no ha hecho mucho ruido. No lo ha hecho, en parte porque los sucesivos mordiscos a esta partida han quedado disimulados entre los recortes en sanidad o educaci&oacute;n, y en parte porque pagar menos a los partidos goza de cierta popularidad. En un momento de crisis pol&iacute;tica, cuando los esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n se suceden d&iacute;a tras d&iacute;a, el aprecio ciudadano por los partidos &ndash;que nunca fue muy grande&ndash; est&aacute; bajo m&iacute;nimos. Para mucha gente, decirles &ldquo;no con el dinero de mis impuestos&rdquo; es una soluci&oacute;n tentadora. Tan tentadora como peligrosa, especialmente para quienes se consideran de izquierdas, porque desequilibra la balanza&hellip; y lo hace hacia la derecha.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, como en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses europeos, la financiaci&oacute;n a los partidos es mixta: adem&aacute;s de la dotaci&oacute;n p&uacute;blica, existen aportaciones privadas. Dentro de estas &uacute;ltimas, el montante cuantitativamente m&aacute;s significativo corresponde a las donaciones procedentes de particulares o de empresas. Cabe intuir que donan m&aacute;s quienes m&aacute;s tienen, y que la afinidad de quienes m&aacute;s tienen est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;xima a las formaciones pol&iacute;ticas conservadoras que a las progresistas. 
    </p><p class="article-text">
        Los datos del Tribunal de Cuentas confirman esa intuici&oacute;n. Entre 1993 y 2011, los partidos conservadores espa&ntilde;oles (PP, CiU y PNV) recibieron m&aacute;s de 100 millones de euros en donaciones, frente a los aproximadamente 22 que sumaron PSOE, PSC e IU. Si el PSOE ingres&oacute; unos 18 millones, el PP acumul&oacute; alrededor de 40; m&aacute;s del doble. La comparaci&oacute;n de esta &uacute;ltima cifra con la de IU, que no lleg&oacute; al medio mill&oacute;n, resulta a&uacute;n m&aacute;s chocante. Teniendo en cuenta el dato de CiU, que pese a concentrar su actividad en una sola Comunidad Aut&oacute;noma sum&oacute; m&aacute;s de 46 millones de euros (frente a los tres del PSC), podemos apreciar hasta qu&eacute; punto est&aacute; escorada la financiaci&oacute;n privada de los partidos pol&iacute;ticos. Contrariamente a lo que reza un coreado estribillo, los grandes donantes parecen saber bien que no todos los partidos son iguales, as&iacute; que optan abrumadoramente por dedicar su dinero a financiar a la derecha.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, los partidos conservadores dependen mucho menos de la financiaci&oacute;n p&uacute;blica que las opciones progresistas, y un eventual recorte de &eacute;sta no s&oacute;lo les afecta considerablemente menos, sino que se traduce en una clara ventaja comparativa a su favor. El principal objetivo de la financiaci&oacute;n p&uacute;blica es paliar este desequilibrio, proporcionando a todas las formaciones pol&iacute;ticas medios materiales suficientes para desempe&ntilde;ar las funciones que tienen reconocidas. Sin ella, los intereses de los menos pudientes, que la izquierda est&aacute; llamada a representar, quedan en situaci&oacute;n de desventaja. Como se se&ntilde;alaba hace algunos d&iacute;as desde un art&iacute;culo publicado en Agenda P&uacute;blica, nos guste o no, <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/democracia-gratis_6_113798625.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la democracia cuesta dinero</a>. Si no garantizamos desde lo p&uacute;blico unas condiciones econ&oacute;micas m&iacute;nimamente equitativas en la competici&oacute;n entre partidos, favoreceremos a quienes parten con mayor ventaja; en este caso, con mayor capital privado. Dicho de otro modo, si no queremos financiar a los partidos pol&iacute;ticos con nuestros impuestos, allanaremos el camino a la plutocracia.
    </p><p class="article-text">
        Hay una raz&oacute;n adicional para apoyar la financiaci&oacute;n p&uacute;blica de los partidos: resulta m&aacute;s f&aacute;cil controlarla. A juzgar por la experiencia de la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica, la fiscalizaci&oacute;n de las donaciones privadas ha sido cualquier cosa menos sencilla y transparente. En las aguas de las lagunas regulatorias han nadado c&oacute;modamente casos de corrupci&oacute;n y financiaci&oacute;n ilegal ya demostrados o a&uacute;n presuntos. Sin embargo, los ciudadanos espa&ntilde;oles estamos asistiendo casi sin inmutarnos a la siguiente paradoja: en el mismo momento en que nos indignamos por las revelaciones del esc&aacute;ndalo B&aacute;rcenas-G&uuml;rtel &ndash;tanto monta, monta tanto&ndash;, cuyos v&iacute;nculos con donaciones de empresas a un determinado partido pol&iacute;tico son cada vez m&aacute;s evidentes, la financiaci&oacute;n que ese mismo partido pol&iacute;tico recorta no es la privada, sino la p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        No nos enga&ntilde;emos. Cuando una empresa dona a un partido, suele esperar algo a cambio. Cuanto mayor es la donaci&oacute;n, mayor es la captura que los intereses empresariales pueden ejercer sobre la acci&oacute;n pol&iacute;tica de ese partido. Y tambi&eacute;n es mayor el bot&iacute;n a repartir entre quienes se asoman a la vida p&uacute;blica persiguiendo beneficios que de p&uacute;blicos no tienen nada. En el &uacute;ltimo Debate del Estado de la Naci&oacute;n, Alfredo P&eacute;rez Rubalcaba propuso una bater&iacute;a de medidas contra la corrupci&oacute;n, entre las cuales figuraba la prohibici&oacute;n de las donaciones a los partidos por parte de las empresas, que de manera expresa o t&aacute;cita ya existe en otros pa&iacute;ses europeos. Puede ser un buen paso, aunque debe venir acompa&ntilde;ado de una regulaci&oacute;n adecuada de las donaciones procedentes de particulares y de mecanismos de transparencia que permitan comparar la informaci&oacute;n sobre ingresos y gastos de los partidos pol&iacute;ticos y sus cargos sobre una base homog&eacute;nea. Y tambi&eacute;n del refuerzo &ndash;y probablemente de la reforma&ndash; del principal &oacute;rgano fiscalizador, el Tribunal de Cuentas.
    </p><p class="article-text">
        Poner trabas a la corrupci&oacute;n es un objetivo m&aacute;s que razonable. Tambi&eacute;n lo es salvaguardar el pluralismo democr&aacute;tico. Para lograr el primer objetivo, puede ser &uacute;til vetar ciertas formas de financiaci&oacute;n privada a los partidos; para lograr el segundo, tenemos que asegurarnos de que, aun con ese veto, todas las opciones pol&iacute;ticas representativas tengan acceso a una financiaci&oacute;n suficiente. A mi entender, conciliar ambos fines requiere garantizar una financiaci&oacute;n p&uacute;blica equitativa que impida distorsiones, evitando un desequilibrio del cu&aacute;l salen siempre peor paradas las formaciones de izquierdas, y por lo tanto los ciudadanos que se identifican con ellas.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno de Mariano Rajoy va exactamente en la direcci&oacute;n contraria. Coherente con el modelo que viene aplicando a la sanidad, la educaci&oacute;n o la justicia, est&aacute; haciendo cuanto est&aacute; en su mano por lograr que la democracia llegue solamente a quien pueda pag&aacute;rsela. Y de todos es sabido que quien parte y reparte, se asegura la mejor parte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Trinidad Noguera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/parte-reparte_132_5633714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Apr 2013 17:57:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Quien parte y reparte]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Financiación de partidos,PP - Partido Popular,PSOE]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
