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    <title><![CDATA[elDiario.es - Josué González Pérez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/josue_gonzalez_perez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Josué González Pérez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Otras verdades incómodas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/verdades-incomodas_129_1950461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/791974a0-8cfb-4803-8b15-5946fda83b4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otras verdades incómodas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde hace muchos años, las trabajadoras sexuales organizadas en todo el mundo han recogido las herramientas que el movimiento feminista –en el que se incluyen, guste o no– ha tejido desde su nacimiento</p><p class="subtitle">El Gobierno acusa de haberles colado un gol a las mujeres que, de forma valiente, dan la cara ante una sociedad capaz de decir sobre ellas las barbaridades que jamás le dirían a otro grupo social</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as, desde diferentes instancias se ha puesto el grito en el cielo ante la emergencia de una organizaci&oacute;n de prostitutas llamada OTRAS. Hemos recibido con gran sorpresa la reacci&oacute;n de un gobierno que se pretende feminista y que se entiende a s&iacute; mismo como heredero de los &uacute;ltimos acontecimientos protagonizados por tantas y tan distintas mujeres en los &uacute;ltimos tiempos. No es la primera organizaci&oacute;n de prostitutas que ve la luz pero s&iacute; es cierto que es la primera vez que nos encontramos ante un gobierno que, por un lado, desautoriza a un grupo de mujeres que alzan la voz para la defensa de sus derechos m&aacute;s b&aacute;sicos y que expulsa a las mujeres al lugar al que el patriarcado les ha asignado siempre, esto es, a la exclusi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde hace muchos a&ntilde;os, las trabajadoras sexuales organizadas en todo el mundo han recogido las herramientas que el movimiento feminista &ndash;en el que se incluyen, guste o no&ndash;&nbsp;ha tejido desde su nacimiento. Hablamos de acontecimientos pol&iacute;ticos como, entre otros, el encierro de cientos de prostitutas en las iglesias de Lyon en 1975 para protestar contra la violencia sexista; pero tambi&eacute;n de la configuraci&oacute;n de organizaciones sindicales, de corte feminista, en no pocos pa&iacute;ses del mundo, como EEUU&nbsp;con&nbsp;COYOTE o en Francia con STRASS, con el apoyo de prestigiosas feministas tales como Judith Butler, Raquel Osborne,&nbsp;Gayle Rubin, Silvia Federici o Angela Davis. Sin duda hablamos de la articulaci&oacute;n de identidades colectivas, de un poderoso <em>nosotras</em> que ha interpelado hist&oacute;ricamente a las instituciones, a las propias feministas y, en suma, a la sociedad en su conjunto. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este <em>nosotras</em> ha pretendido subvertir la estigmatizaci&oacute;n que recibe este colectivo y que ha apuntalado las formas de control y dominaci&oacute;n que se manifiestan en la vida de todas las mujeres: el miedo a ser llamada puta como dispositivo de control social contra las mujeres que rompen las normas que el machismo ha impuesto sobre nuestros cuerpos, nuestras sexualidades, nuestros deseos y nuestras vidas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Olvidar esta genealog&iacute;a, como ha hecho el Gobierno en los &uacute;ltimos d&iacute;as con su menosprecio a OTRAS, supone borrar de un plumazo las haza&ntilde;as de tantas mujeres que, de alguna manera, han construido hitos en su historia o, m&aacute;s bien, en LA HISTORIA, con may&uacute;sculas. Y con ello, despreciar experiencias de un potencial considerable para el empoderamiento de todas las mujeres en tanto que mujeres&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al enunciarse como &ldquo;organizaciones sindicales&rdquo;, en muchos casos y en concreto en el que nos compete, han redefinido no s&oacute;lo el concepto mismo de trabajo, harto androc&eacute;ntrico, sino tambi&eacute;n el de &ldquo;sindicalismo&rdquo; mismo. Es as&iacute; porque cuando se han nombrado como &ldquo;trabajadoras&rdquo; han desvelado las m&uacute;ltiples exclusiones que este concepto ha generado sobre las mujeres, al tiempo que han subvertido su significado para dignificar no s&oacute;lo su actividad sino tambi&eacute;n sus vidas, en la medida en que, con ello, han interpelado a una ciudadan&iacute;a que se pretende inclusiva. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno acusa de haberles colado un gol a las mujeres que, de forma valiente, dan la cara ante una sociedad capaz de decir sobre ellas las barbaridades que jam&aacute;s le dir&iacute;an a otro grupo social. No ha sido as&iacute; cuando la patronal, ANELA (Asociaci&oacute;n Nacional de Empresarios de Locales de Alterne), se inscribi&oacute; alegremente como asociaci&oacute;n empresarial, sin que ni un solo gobierno haya desautorizado sus negocios, mirando hacia otro lado cuando los empresarios, excus&aacute;ndose en que no existe una relaci&oacute;n laboral entre ellos y las mujeres, han impuesto sus condiciones de explotaci&oacute;n. A&uacute;n m&aacute;s, han facilitado la expulsi&oacute;n de las mujeres de las calles de este pa&iacute;s mediante la Ley de Seguridad Ciudadana y la proliferaci&oacute;n de ordenanzas criminalizadoras, lo que generado el aplauso de los empresarios. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dice Dolores Juliano que la estigmatizaci&oacute;n de las trabajadoras del sexo no es casual, que responde a la necesidad que tiene la sociedad de evitar la revelaci&oacute;n de ciertas verdades inc&oacute;modas. Seguramente, aqu&iacute; encontramos una de las claves para entender la irracionalidad con la que se ha respondido a OTRAS. Y es que, le pese a qui&eacute;n le pese, lo cierto es que numerosas organizaciones feministas y pro Derechos Humanos que trabajan con prostitutas recuerdan que si hay alguien que conoce perfectamente el mundo de las prostitutas son las propias mujeres. Son ellas las que saben qui&eacute;nes son los explotadores y donde est&aacute;n, las que muchas veces ayudan a esconderse y escapar a una v&iacute;ctima de trata que tiene miedo de acudir a la polic&iacute;a porque puede ser deportada. Adem&aacute;s, son ellas las que en numerosas ocasiones se&ntilde;alan a los distintos gobiernos como responsables de las pol&iacute;ticas que criminalizan la prostituci&oacute;n en sus paranoicas cruzadas contra la inmigraci&oacute;n irregular. Son ellas las que denuncian tantas violaciones de derechos cometidas impunemente por las fuerzas y cuerpos de seguridad que, a priori, deber&iacute;an estar m&aacute;s para garantizar su protecci&oacute;n que para atropellar su dignidad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los asesinatos a prostitutas siguen sin contar en las estad&iacute;sticas de violencia machista y sigue sin derogarse la <em>Ley Mordaza, </em>que persigue y multa a las trabajadoras sexuales y que las expone al peligro de ejercer en lugares m&aacute;s inseguros en los que la vulnerabilidad es mayor. Por lo dem&aacute;s, esperemos que el Gobierno ceda en sus pretensiones, que reoriente su pol&iacute;tica, que no refuerce la divisi&oacute;n entre &ldquo;buenas&rdquo; y &ldquo;malas mujeres&rdquo; y, en suma, que haga lo necesario para que act&uacute;e como un gobierno feminista digno de llevar ese nombre.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A este Gobierno no se le esperaba para reforzar la divisi&oacute;n entre las mujeres (ni entre las feministas), porque eso ya lo ha hecho el machismo imperante, sino m&aacute;s bien para dar respuesta a los anhelos de tantas mujeres que en los &uacute;ltimos tiempos han alzado la voz en aras del reconocimiento de sus m&uacute;ltiples y diferentes, e incluso contradictorias, realidades. A un gobierno progresista y feminista s&oacute;lo se le puede exigir cierta coherencia para que acompa&ntilde;e a las mujeres en la defensa de sus derechos, y no se ponga del lado de los empresarios del sexo, ya que de facto es as&iacute; desde el momento en el que pretenden anular una herramienta de organizaci&oacute;n que les podr&iacute;a hacer frente tanto a ellos en particular como a las pr&aacute;cticas machistas en general.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josué González Pérez, Alba Pez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/verdades-incomodas_129_1950461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Sep 2018 18:47:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Otras verdades incómodas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Prostitución]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qui té por de les prostitutes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/qui-prostitutes_132_4069757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cal preguntar-se què ha passat perquè el sector abolicionista de la prostitució no hagi emprès una campanya similar a l'actual i amb el mateixa acarnissament contra la violència de l'ordenança municipal del civisme vigent des de 2006</p></div><p class="article-text">
        Per b&eacute; o per mal, no sembla senzill evitar que els anomenats &ldquo;ajuntaments del canvi&rdquo; estiguin situats en el punt de mira dia s&iacute; i dia tamb&eacute;. Aquesta vegada, &eacute;s l'ajuntament de Barcelona per la decisi&oacute; valenta del seu equip de govern sobre la prostituci&oacute; al carrer. A difer&egrave;ncia de l'anterior govern de CiU, Barcelona en Com&uacute; trenca amb l'estigmatitzaci&oacute; en recon&egrave;ixer les treballadores sexuals com a subjectes pol&iacute;tics amb autonomia per decidir responsablement sobre les seves vides.
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute; doncs, la demanda dels col&middot;lectius de prostitutes contra un tracte de &ldquo;segona&rdquo; per part dels poders p&uacute;blics comen&ccedil;a a veure's satisfeta. &Eacute;s l&ograve;gic pensar que no hi ha raons reals per negar aquesta correspond&egrave;ncia, per&ograve; en determinats sectors socials subsisteixen posicions que tanquen aquestes dones en categories abstractes que, al final, acaben caricaturitzant-les fins al punt de la deshumanitzaci&oacute;. Bona part d'aquesta oposici&oacute; respon a enfocaments feministes coneguts habitualment com a &ldquo;abolicionistes&rdquo;. D'aqu&iacute; que algunes jutgem imperiosa la cr&iacute;tica al nucli del seu discurs, tot i que comptant amb alternatives al mateix.
    </p><p class="article-text">
        En aquestes &uacute;ltimes setmanes, la premsa ha disparat les alarmes: Ada Colau vol regular la prostituci&oacute;. I com sempre, el relat medi&agrave;tic dista bastant de les intencions reals de l'equip d'Ada Colau, m&eacute;s quan les compet&egrave;ncies per a aquesta tasca s&oacute;n inexistents. De moment, l'ajuntament &eacute;s contrari a la normativa actual que acull la criminalitzaci&oacute; de les treballadores sexuals, de manera que aposta per l'articulaci&oacute; d'un marc de protecci&oacute; per un exercici del treball sexual en millors condicions -d'higiene, per exemple- al mateix temps que procura alternatives sociolaborals dignes per aquelles dones que desitgin abandonar aquesta activitat.
    </p><p class="article-text">
        D'alguna manera, amb aix&ograve; es respon a les reclamacions dels col&middot;lectius de prostitutes que, d'altra banda, s'han resistit al silenci davant les primeres mobilitzacions de sectors abolicionistes pr&ograve;xims a CiU i al PSC, recordant-los la seva responsabilitat en l'empobriment i la precaritzaci&oacute; de les seves vides. En aquesta l&iacute;nia, la regidora de Feminismes, LGTBI i Cicle de la Vida, Laura P&eacute;rez, ha llan&ccedil;at un article molt valent on tra&ccedil;a una assenyada l&iacute;nia vermella alhora que marca una fita hist&ograve;rica: &ldquo;les putes tamb&eacute; s&oacute;n dones, tamb&eacute; s'organitzen , tamb&eacute; tenen veu&rdquo;. Touch&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Amb aquesta declaraci&oacute;, manifesta un gir radical respecte al tractament del govern de Xavier Trias i de les institucions i partits en general, sempre assumint que elles no tenen facultats per a decidir sobre les seves vides. Ben diferent &eacute;s el discurs pol&iacute;tic que acompanya la campanya amb la qual algunes alcaldesses de la zona metropolitana de Barcelona, Cristina Sim&oacute; -del PCE i Moviment Democr&agrave;tic de Dones- i alguns col&middot;lectius feministes propers al PSOE pretenen a afrontar l'ajuntament de Barcelona -curioses companyes de viatge, s&iacute;, tota una amalgama-.
    </p><p class="article-text">
        Amb seguretat, &eacute;s possible afirmar que no hi ha res de nou sota el sol a l'argumentaci&oacute; que dirigeixen cap al consistori, tot i que sorpr&egrave;n que s'agafin descaradament en tot el seu discurs a la &ldquo;possible regulaci&oacute;&rdquo;. De veritat ignoren que aix&ograve; &eacute;s impossible des d'una administraci&oacute; local? Grosso modo, la seva posici&oacute; pol&iacute;tica diguem que compta amb tres aspectes cardinals freq&uuml;ents en l'abolicionisme, a saber: a) la negaci&oacute; d'un estatus de subjecte per a les prostitutes, generant una evident discordan&ccedil;a respecte al criteri normatiu que mantenen per la resta de dones; b) l'articulaci&oacute; d'un relat sobre la migraci&oacute; femenina on s'anul&middot;la l'ag&egrave;ncia de les implicades, creant &ldquo;v&iacute;ctimes sense projecte migratori&rdquo;; i c) una concepci&oacute; de la sexualitat femenina i masculina en termes d'antagonisme.
    </p><p class="article-text">
        Per descomptat que es tracta d'una evident resurrecci&oacute; del feminisme cultural, liderat per Andrea Dworkin i Catherine Mackinnon en els seus or&iacute;gens, que ha ent&egrave;s la sexualitat com un espai marcat irremeiablement pel perill i com un mecanisme categ&ograve;ric per ratificar la subordinaci&oacute; als homes. &Eacute;s ver&iacute;dic que aquest paradigma ha tingut un impacte en el feminisme espanyol diferent al cas nord-americ&agrave;, encara que sembla que en ambd&oacute;s casos ha comptat amb posicions de privilegi en la mesura que circula c&ograve;modament tant pels mitjans de comunicaci&oacute; com per diferents inst&agrave;ncies governamentals , presentant-se, amb m&eacute;s o menys &egrave;xit, com la postura oficial del feminisme.
    </p><p class="article-text">
        D'altra banda, algunes pensem que aquest sector acostuma a manifestar-se sempre que percep cert perill per a la seva hegemonia. I aix&ograve; succeeix quan les putes aconsegueixen certa legitimitat i les seves veus deixen de ser definides com a &ldquo;mer soroll&rdquo; - parafrasejant Ranci&eacute;re-. Aquest cop no ha estat molt diferent ja que en les declaracions enviades a premsa no existeix ni una censura de les pol&iacute;tiques impulsades per l'anterior govern de CiU i molt menys cap al&middot;lusi&oacute; a les queixes de les dones. En canvi, &eacute;s per celebrar que la regidora Laura P&eacute;rez no dubti en expressar la seva condemna, subratllant alhora que la seva extinci&oacute; com a normativa municipal constitueix el nucli dur de les intencions del govern local.
    </p><p class="article-text">
        Despr&eacute;s, cal preguntar-se qu&egrave; ha passat en aquest temps perqu&egrave; aquest sector no hagi empr&egrave;s una campanya similar a l'actual i amb el mateixa acarnissament, contra la viol&egrave;ncia de l'ordenan&ccedil;a municipal del civisme vigent des de 2006. &Eacute;s que els freq&uuml;ents atropellaments que han patit les dones per part dels cossos i forces de seguretat no constitueixen agressions amb una motivaci&oacute; clarament patriarcal? Afortunadament, i sobretot a Barcelona, les treballadores sexuals s'han organitzat de diferents maneres no nom&eacute;s per oposar-se a aquestes pr&agrave;ctiques sin&oacute; a m&eacute;s per impedir la seva invisibilitat com a viol&egrave;ncia comptant, dit sigui de passada, amb el suport d'una part gens menyspreable del feminisme catal&agrave; .
    </p><p class="article-text">
        La campanya abolicionista que intenta subvertir la intenci&oacute; del govern municipal recorda al que Jeffrey Weeks, hist&ograve;ric activista i intel&middot;lectual gai, va encunyar com a &ldquo;p&agrave;nic moral&rdquo;. Amb aquest terme, nomena una operaci&oacute; pol&iacute;tica que, servint-se de les possibilitats materials que ofereixen els mitjans de comunicaci&oacute; de masses, construeix una amena&ccedil;a -sexual gaireb&eacute; sempre- per la pau social amb una presentaci&oacute; estigmatitzant dels actors implicats, els quals acaben patint la intervenci&oacute; de les pr&agrave;ctiques punitives necess&agrave;ries per generar un imaginari social que transmeti calma a costa, aix&ograve; s&iacute;, de fabricar o incrementar v&iacute;ctimes particulars.
    </p><p class="article-text">
        Si analitzem ara el discurs dominant sobre prostituci&oacute; femenina &eacute;s possible trobar en la sexualitat i en les migracions -dues realitats saturats per se d'elements farisaics i fant&aacute;sticos- articulant en un relat d'&egrave;poca que desperta totes les alarmes. De la seva reeixida construcci&oacute; dep&egrave;n l'acceptaci&oacute; social de les pol&iacute;tiques que, malgrat ser presentades com iniciatives contra el &ldquo;tr&agrave;fic i la tracta&rdquo;, criminalitzen tot l'entorn de la prostituci&oacute; i els fluxos migratoris no ordenats pels estats. I quina &uacute;til resulta simplificar tot amb una gram&agrave;tica emocional, amb termes com &ldquo;m&agrave;fies&rdquo; o &ldquo;tracta de blanques&rdquo;, per despolititzar les causes estructurals de la feminitzaci&oacute; de les migracions!
    </p><p class="article-text">
        Aquests discursos impugnen les posicions que moltes dones han ocupat hist&ograve;ricament en les cadenes migrat&ograve;ries per tal d'assentar una relaci&oacute; meton&iacute;mica entre tracta, tr&agrave;fic i prostituci&oacute;. &Eacute;s m&eacute;s greu encara quan en certs discursos feministes no hi ha cap judici cr&iacute;tic amb aquest tractament <em>mainstreaming</em> del tr&agrave;fic que, m&eacute;s que perseguir el delicte i protegir les dones supervivents, empr&egrave;n una croada contra la immigraci&oacute; irregular localitzada en diferents nivells de la ind&uacute;stria del sexe, carregant contra aquelles dones amb major autonomia migrat&ograve;ria sota la r&uacute;brica del delicte de tr&agrave;fic.
    </p><p class="article-text">
        La conseq&uuml;&egrave;ncia m&eacute;s evident &eacute;s la implantaci&oacute; d'un clima de por i desconfian&ccedil;a que fa que moltes persones migrants, moltes dones, no denunci&iuml;n situacions d'ab&uacute;s per la por de ser deportades als seus pa&iuml;sos d'origen. D'aqu&iacute; resulta imperiosa la necessitat del disseny d'altres pol&iacute;tiques que garanteixin abans de res els drets de les dones embolicades en situacions de tr&agrave;fic i viol&egrave;ncies diverses, la qual cosa suposa una ruptura amb el paradigma que impregna la campanya abolicionista amb un marcat car&agrave;cter punitiu i securitari propi del neoliberalisme actual i la seva corresponent &ldquo;racionalitat migrat&ograve;ria&rdquo;. L'adopci&oacute; d'una &ograve;ptica diferent obriria la porta a la reflexi&oacute; al voltant de preguntes com ara: per qu&egrave; no hem apostat en cap moment per entrenar a les pr&ograve;pies dones per a la identificaci&oacute; de v&iacute;ctimes de tracta? Podr&iacute;em imaginar alguna campanya que interpel&middot;li als clients perqu&egrave; aquests denunci&iuml;n si detecten que hi ha un delicte?
    </p><p class="article-text">
        En efecte, hem tocat la q&uuml;esti&oacute; del tr&agrave;fic perqu&egrave; aparenta ser un punt de consens entre les diferents posicions feministes, encara que no ha estat necess&agrave;ria una suspensi&oacute; del judici davant una metodologia clarament err&ograve;nia. Despr&eacute;s, la veritat &eacute;s que aquest &ldquo;marc interpretatiu&rdquo; mai hagu&eacute;s estat possible sense les experi&egrave;ncies, els &ldquo;coneixement situats&rdquo;, de les treballadores sexuals.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s m&eacute;s, aquest debat no floriria sense la influ&egrave;ncia de la lluita pol&iacute;tica de tantes dones que han enfrontat l'estigma i al&ccedil;at la seva veu en l'espai p&uacute;blic, lloc en el qual &eacute;s possible, segons el parer del pensament de Hannah Arendt, cobrar exist&egrave;ncia pol&iacute;tica sota la mirada de tots/es. Es podria dir, com es fa des d'alguns sectors, que el reconeixement de drets per a les prostitutes respon a interessos empresarials, poc lloables en suma, per&ograve; la veritat &eacute;s que resulta poc &egrave;tic negar la seva construcci&oacute; com a subjecte pol&iacute;tic que, al capdavall, &eacute;s el que motiva la discussi&oacute; en el pla institucional.
    </p><p class="article-text">
        Despr&eacute;s de tot, els &ldquo;ajuntaments del canvi&rdquo; mantenen la il&middot;lusi&oacute; amb la seva particular &ldquo;expansi&oacute; del camp del possible&rdquo;. A hores d'ara de la pel&middot;l&iacute;cula, de sobres coneixem que la gesti&oacute; institucional no &eacute;s &ldquo;bufar i fer ampolles&rdquo;, ja que la subversi&oacute; de l'statu quo per garantir una vida m&eacute;s digna col&middot;lectiva est&agrave; lluny de ser un proc&eacute;s lliure de conflictes, inherents a tot canvi social. Del que es dedueix que aquelles campanyes que utilitzen la prostituci&oacute; com a munici&oacute; en una bruta declaraci&oacute; de guerra contra el consistori catal&agrave; no constitueixen una rara avis.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s imprescindible el constrenyiment d'una societat civil organitzada i polititzada i d'aqu&iacute; la insist&egrave;ncia en el cas de les prostitutes. Per&ograve; no est&agrave; de m&eacute;s apel&middot;lar a la responsabilitat col&middot;lectiva en un moment on les necessitats i demandes de les dones van ocupant la &ldquo;centralitat&rdquo; de la pol&iacute;tica municipalista, i m&eacute;s si el contrari pot fer perillar un horitz&oacute; democr&agrave;tic i igualitari. De la mateixa manera, responsabilitat i tempran&ccedil;a en l'acci&oacute; institucional per esquivar qualsevol obstacle que pugui impedir una cosa tan b&agrave;sica en democr&agrave;cia com &eacute;s el reconeixement de drets per a totes les dones, fins i tot per aquelles que exciten tantes alarmes en certs sectors.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josué González Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/qui-prostitutes_132_4069757.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Apr 2016 08:37:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Qui té por de les prostitutes?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién teme a las prostitutas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/teme-prostitutas_132_4070904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Afortunadamente, y sobre todo en Barcelona, las trabajadoras sexuales se han organizado de diferentes formas no solo para oponerse a estas prácticas sino además para impedir su invisibilidad como violencia</p></div><p class="article-text">
        Para bien o para mal, no parece sencillo evitar que los llamados &ldquo;ayuntamientos del cambio&rdquo; sean situados en el punto de mira d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n. Esta vez, es el ayuntamiento de Barcelona por la valiente decisi&oacute;n de su equipo de gobierno sobre la prostituci&oacute;n callejera. A diferencia del anterior gobierno de CiU, Barcelona en Com&uacute; rompe con la estigmatizaci&oacute;n al reconocer a las trabajadoras sexuales como sujetos pol&iacute;ticos con autonom&iacute;a para decidir responsablemente sobre sus vidas. As&iacute; pues, la demanda de los colectivos de prostitutas contra un trato de &ldquo;segunda&rdquo; por parte de los poderes p&uacute;blicos comienza a verse satisfecha. Es l&oacute;gico pensar que no existen razones reales para negar esa correspondencia, pero en determinados sectores sociales subsisten posiciones que encierran a estas mujeres en categor&iacute;as abstractas que, al final, terminan caricaturiz&aacute;ndolas hasta el punto de la deshumanizaci&oacute;n. Buena parte de esta oposici&oacute;n responde a enfoques feministas conocidos habitualmente como &ldquo;abolicionistas&rdquo;. De ah&iacute; que algunas juzguemos imperiosa la cr&iacute;tica al n&uacute;cleo de su discurso, si bien contando con alternativas al mismo. 
    </p><p class="article-text">
        En estas &uacute;ltimas semanas, la prensa ha disparado las alarmas: Ada Colau quiere regular la prostituci&oacute;n. Y como siempre, el relato medi&aacute;tico dista bastante de las intenciones reales del equipo de Ada Colau, m&aacute;xime cuando las competencias para esa labor son inexistentes. Por el momento, el ayuntamiento es contrario a la normativa actual que cobija la criminalizaci&oacute;n de las trabajadoras sexuales, por lo que apuesta por la articulaci&oacute;n de un marco de protecci&oacute;n para un ejercicio del trabajo sexual en mejores condiciones &ndash;de higiene, por ejemplo- al mismo tiempo que procura alternativas socio-laborales dignas para aquellas mujeres que deseen abandonar esta actividad. De alguna manera, con esto se responde a las reclamas de los colectivos de prostitutas que, por otra parte, se han resistido al silencio ante las primeras movilizaciones de sectores abolicionistas pr&oacute;ximos a CiU y al PSC, <a href="https://prostitutasindignadas.wordpress.com/2016/03/19/no-somos-carne-de-vuestras-campanas-somos-mujeres-con-derechos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">record&aacute;ndoles su responsabilidad en el empobrecimiento y la precarizaci&oacute;n de sus vidas</a>. En esta l&iacute;nea, la concejala de Feminismos, LGTBI y Ciclo de la Vida<em>, </em><a href="http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/prostitucion-Barcelona-escenario-derechos_6_496660346.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura P&eacute;rez</a>, ha lanzado un art&iacute;culo muy valiente donde traza una sensata l&iacute;nea roja a la vez que marca un hito hist&oacute;rico: &ldquo;las putas tambi&eacute;n son mujeres, tambi&eacute;n se organizan, tambi&eacute;n tiene voz&rdquo;. <em>Touch&eacute;</em>. Con esa declaraci&oacute;n, manifiesta un giro radical respecto al tratamiento del gobierno de Xavier Tr&iacute;as y de las instituciones y partidos en general, siempre asumiendo que ellas carecen de facultades para decidir sobre sus vidas. Bien distinto es el <a href="http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/articulo-contra-regularizacion-prostitucion-como-profesion-ayuntamiento-barcelona-5008265" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">discurso pol&iacute;tico que acompa&ntilde;a la campa&ntilde;a </a>con la que algunas alcaldesas de la zona metropolitana de Barcelona, Cristina Sim&oacute; &ndash;del PCE y Movimiento Democr&aacute;tico de Mujeres- y algunos colectivos feministas cercanos al PSOE pretenden afrentar al ayuntamiento de Barcelona &ndash;curiosas compa&ntilde;eras de viaje, s&iacute;, toda una amalgama&ndash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con seguridad, es posible afirmar que no hay nada nuevo bajo el sol en la argumentaci&oacute;n que dirigen hacia el consistorio, si bien sorprende que se agarren descaradamente en todo su discurso a la &ldquo;posible regulaci&oacute;n&rdquo;, pues &iquest;de verdad ignoran que eso es imposible desde una administraci&oacute;n local? <em>Grosso modo</em>, su posici&oacute;n pol&iacute;tica digamos que cuenta con tres aspectos cardinales frecuentes en el abolicionismo, a saber: a) la negaci&oacute;n de un estatus de sujeto para las prostitutas, generando una evidente discordancia respecto al criterio normativo que mantienen para&nbsp;el resto de mujeres; b) la articulaci&oacute;n de un relato sobre la migraci&oacute;n femenina donde se anula la agencia de las implicadas, creando &ldquo;v&iacute;ctimas sin proyecto migratorio&rdquo;;&nbsp; y c)&nbsp; una concepci&oacute;n de la sexualidad femenina y masculina en t&eacute;rminos de antagonismo. Por supuesto que se trata de una evidente resurrecci&oacute;n del feminismo cultural, liderado por Andrea Dworkin y Catherine Mackinnon en sus or&iacute;genes, que ha entendido la sexualidad como un espacio marcado irremediablemente por el peligro y como un mecanismo categ&oacute;rico para ratificar la subordinaci&oacute;n a los hombres.&nbsp;Luego, es ver&iacute;dico que este paradigma ha tenido un impacto en el feminismo espa&ntilde;ol diferente al caso norteamericano, aunque parece que en ambos casos ha contado con posiciones de privilegio en la medida en que circula c&oacute;modamente tanto por los medios de comunicaci&oacute;n como por diferentes instancias gubernamentales, present&aacute;ndose, con mayor o menor &eacute;xito, como la postura oficial del feminismo. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, algunas pensamos que este sector acostumbra a manifestarse&nbsp;siempre que percibe cierto peligro para su hegemon&iacute;a. Y eso sucede cuando las putas logran cierta legitimidad y sus voces dejan de ser definidas como &ldquo;mero ruido&rdquo;- parafraseando a Ranci&eacute;re-. Esta vez no ha sido muy diferente pues en las declaraciones enviadas a prensa no existe ni una censura de las pol&iacute;ticas impulsadas por el anterior gobierno de CiU y mucho menos alusi&oacute;n alguna a las quejas de las mujeres. En cambio, es celebrable que la concejala Laura P&eacute;rez no dude en expresar su condena, subrayando a la vez que su extinci&oacute;n como normativa municipal constituye el n&uacute;cleo duro de las intenciones del gobierno local. Luego, cabe preguntarse qu&eacute; ha acaecido en este tiempo para que este sector no haya emprendido una campa&ntilde;a, similar a la actual y con la misma sa&ntilde;a, contra la violencia de la ordenanza municipal vigente desde 2006. &iquest;Acaso los frecuentes atropellos que han sufrido las mujeres por parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad no constituyen agresiones con una motivaci&oacute;n claramente patriarcal? Afortunadamente, y sobre todo en Barcelona, las trabajadoras sexuales se han organizado de diferentes formas no solo para oponerse a estas pr&aacute;cticas sino adem&aacute;s para impedir su invisibilidad como violencia contando, dicho sea de paso, con el apoyo de una parte nada despreciable del feminismo catal&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La campa&ntilde;a abolicionista que intenta subvertir la intenci&oacute;n del gobierno municipal recuerda a lo que Jeffrey Weeks, hist&oacute;rico activista e intelectual gay, acu&ntilde;&oacute; como &ldquo;p&aacute;nico moral&rdquo;. Con este t&eacute;rmino, nombra una operaci&oacute;n pol&iacute;tica que, sirvi&eacute;ndose de las posibilidades materiales que ofrecen los <em>mass media,</em> construye una amenaza &ndash;sexual casi siempre- para la paz social con una presentaci&oacute;n estigmatizante de los actores implicados, los cuales terminan sufriendo la intervenci&oacute;n de las pr&aacute;cticas punitivas necesarias para generar un imaginario social que trasmita calma a costa, eso s&iacute;, de fabricar o incrementar v&iacute;ctimas particulares. Si analizamos ahora el discurso dominante sobre prostituci&oacute;n femenina es posible encontrar a la sexualidad y a las migraciones -dos realidades saturadas <em>per se</em> de elementos farisaicos y fant&aacute;sticos- articul&aacute;ndose en un relato de &eacute;poca que despierta todas las alarmas. De su exitosa&nbsp; construcci&oacute;n depende la aceptaci&oacute;n social de las pol&iacute;ticas que, pese a ser presentadas como iniciativas contra el &ldquo;tr&aacute;fico y la trata&rdquo;, criminalizan todo el entorno de la prostituci&oacute;n y los flujos migratorios no ordenados por los estados. &iexcl;Y qu&eacute; &uacute;til resulta simplificar todo con una gram&aacute;tica emocional, con t&eacute;rminos como &ldquo;mafias&rdquo; o &ldquo;trata de blancas&rdquo;, para despolitizar las causas estructurales de la feminizaci&oacute;n de las migraciones!
    </p><p class="article-text">
        Estos discursos impugnan las posiciones que muchas mujeres han ocupado hist&oacute;ricamente en las cadenas migratorias a fin de asentar una relaci&oacute;n meton&iacute;mica entre trata, tr&aacute;fico y prostituci&oacute;n. Es m&aacute;s grave a&uacute;n si cabe cuando en ciertos discursos feministas no media juicio cr&iacute;tico alguno con ese tratamiento <em>mainstreaming</em> de la trata que, m&aacute;s que perseguir el delito y proteger a las mujeres supervivientes, emprende una cruzada contra la inmigraci&oacute;n irregular localizada en diferentes niveles de la industria del sexo, cargando contra aquellas mujeres con mayor autonom&iacute;a migratoria bajo la r&uacute;brica del delito de trata. La consecuencia m&aacute;s evidente es la implantaci&oacute;n de un clima de miedo y desconfianza que hace que muchas personas migrantes, muchas mujeres, no denuncien situaciones de abuso por el temor a ser deportadas a sus pa&iacute;ses de origen. De aqu&iacute; resulta imperiosa la necesidad del dise&ntilde;o de otras pol&iacute;ticas que garanticen ante todo los derechos de las mujeres envueltas en situaciones de trata y violencias varias, lo que supone una ruptura con el paradigma que impregna la campa&ntilde;a abolicionista con un marcado car&aacute;cter punitivo y securitario propio del neoliberalismo actual y su correspondiente &ldquo;racionalidad migratoria&rdquo;. La adopci&oacute;n de una &oacute;ptica distinta abrir&iacute;a la puerta a la reflexi&oacute;n en torno a preguntas tales como: &iquest;por qu&eacute; no hemos apostado en ning&uacute;n momento por entrenar a las propias mujeres para la identificaci&oacute;n de v&iacute;ctimas de trata? &iquest;Y podr&iacute;amos imaginar alguna campa&ntilde;a que interpele a los clientes para que estos denuncien si detectan que existe un delito?
    </p><p class="article-text">
        En efecto, hemos tocado la cuesti&oacute;n de la trata porque aparenta ser un punto de consenso entre las diferentes posiciones feministas, aunque no ha sido necesaria una suspensi&oacute;n del juicio ante una metodolog&iacute;a claramente err&oacute;nea. Luego, lo cierto es que este &ldquo;marco interpretativo&rdquo; nunca hubiera sido posible sin las experiencias, los &ldquo;conocimiento situados&rdquo;, de las trabajadoras sexuales. Es m&aacute;s, este debate no florecer&iacute;a sin la influencia de la lucha pol&iacute;tica de tantas mujeres que han enfrentado el estigma y alzado su voz en el espacio p&uacute;blico, lugar en el que es posible, a juicio del pensamiento de Hannah Arendt, cobrar existencia pol&iacute;tica bajo la mirada de todos/as. Podr&iacute;a decirse, como se hace desde algunos sectores, que el reconocimiento de derechos para las prostitutas responde a intereses empresariales, poco loables en suma, pero lo cierto es que resulta poco &eacute;tico negar su construcci&oacute;n como sujeto pol&iacute;tico que, a fin de cuentas, es lo que motiva la discusi&oacute;n en el plano institucional.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de todo, los &ldquo;ayuntamientos del cambio&rdquo; mantienen la ilusi&oacute;n con su particular &ldquo;expansi&oacute;n del campo de lo posible&rdquo;. A estas alturas de la pel&iacute;cula, de sobra&nbsp; conocemos que la gesti&oacute;n institucional no es &ldquo;coser y cantar&rdquo;, pues la subversi&oacute;n del <em>statu quo</em> para garantizar una vida m&aacute;s digna colectiva est&aacute; lejos de ser un proceso libre de conflictos, inherentes a todo cambio social. De lo que se deduce que aquellas campa&ntilde;as que utilizan la prostituci&oacute;n como munici&oacute;n en una sucia declaraci&oacute;n de guerra contra el consistorio catal&aacute;n no constituyen una <em>rara avis</em>. Es imprescindible el apremio de una sociedad civil organizada y politizada y de ah&iacute; la insistencia en el caso de las prostitutas. Pero no est&aacute; de m&aacute;s apelar a la responsabilidad colectiva en un momento donde las necesidades y demandas de las mujeres van ocupando la &ldquo;centralidad&rdquo; de la pol&iacute;tica municipalista, m&aacute;xime si lo contrario puede hacer peligrar un horizonte democr&aacute;tico e igualitario. De igual modo, responsabilidad y templanza en la acci&oacute;n institucional para sortear cualquier obst&aacute;culo que pueda impedir algo tan b&aacute;sico en democracia como es el reconocimiento de derechos para todas las mujeres, incluso para aquellas que excitan tantas alarmas en ciertos sectores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josué González Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/teme-prostitutas_132_4070904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Apr 2016 18:14:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Quién teme a las prostitutas?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viejas violencias y nuevas hegemonías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/viejas-violencias-nuevas-hegemonias_129_4269303.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace un tiempo en este mismo medio publiqu&eacute;&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/victimas-digamos-supervivientes_6_337776246.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un art&iacute;culo</a> sobre las agresiones a personas LGTBI (lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales). Insist&iacute;a en algo muy sencillo: la denuncia de la violencia que sufren nuestros vulnerables cuerpos debe ser articulada con una impugnaci&oacute;n de los asesinatos de mujeres por violencia de g&eacute;nero. Como feminista, me veo en la responsabilidad &eacute;tica de insistir en ese imperativo cuando nos encontramos con una situaci&oacute;n de alarma social por ese incesante n&uacute;mero de asesinatos machistas y que parece importarle bien poco a unas &eacute;lites que no gobiernan precisamente para garantizar el bienestar de las mayor&iacute;as sociales. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo, no recuerdo ni un solo d&iacute;a en las &uacute;ltimas semanas en el que hayamos obviado la lacra de la violencia machista. Nuestra sociedad sigue en su empe&ntilde;o por mantener una jerarqu&iacute;a entre los g&eacute;neros, entre hombres y mujeres, como efectos performativos de un orden social concreto. En otras palabras, se trata de papeles sociales, aparentemente &ldquo;naturales&rdquo;, que sostienen representaciones para una obra de teatro que funciona como si de una din&aacute;mica divina se tratase. Con cada agresi&oacute;n y cada asesinato, se renueva este orden que afianza el terror para m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n, recordando a todas las mujeres que ninguna est&aacute; a salvo de ser agredida por el mero hecho de ser mujer.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, afirmo la existencia de importantes conexiones entre la violencia de g&eacute;nero y las agresiones a gays, lesbianas, trans, bisexuales e intersex (en adelante LGTBi-fobia). Antes bien, soy consciente de las diferencias entre unas y otras, pues como marica a&uacute;n no vivo con el miedo a la violencia sexual en la madrugada aunque s&iacute; con ser apaleada por un grupo de varones que termina su fiesta demostrando lo &ldquo;machos que son&rdquo;. Ambas amenazas son entendidas como una llamada al orden para que todo siga igual, sin resistencias a la subordinaci&oacute;n. Conceptualizar el heteropatriarcado como un entramado de relaciones de poder, implica admitir que los mayores &iacute;ndices de violencia sobrevendr&aacute;n si se suscita una mayor insubordinaci&oacute;n. Si la resistencia a la subordinaci&oacute;n es menor, la necesidad de la coerci&oacute;n se esfuma. Aqu&iacute; entra en juego la famosa hegemon&iacute;a que, cuando es cuestionada, siempre deja paso a la fuerza. Esta &uacute;ltima puede expresarse, por ejemplo, con la violaci&oacute;n como pr&aacute;ctica performativa que inscribe en los cuerpos la sumisi&oacute;n aceptable para el var&oacute;n, pero igualmente con aquellas agresiones que resultan de la obsesi&oacute;n masculina por protegerse de lo homosexual, ya que en el fondo es bien sabido que no hay nada que tambi&eacute;n le impida serlo. Luego, &iquest;qu&eacute; se supone que ocurre con aquellas personas trans que desestabilizan tanto las normas de g&eacute;nero como las sexuales, aunque no sea de forma consciente? &nbsp;&iquest;El odio hacia las personas trans &ndash;la transfobia- podr&iacute;a ser entendido como el efecto de una pr&aacute;ctica en la que interviene tanto el sexismo como la homofobia?
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada, en el barrio madrile&ntilde;o de Tetu&aacute;n, una mujer trans de 26 a&ntilde;os fue brutalmente golpeada cuando se dirig&iacute;a a un bar sobre las seis de la ma&ntilde;ana. Seg&uacute;n la prensa, su cuerpo se convirti&oacute; en un &ldquo;campo de guerra&rdquo;, en un espacio donde se ejerci&oacute; la m&aacute;s brutal violencia. Lo corporal volvi&oacute; a constituirse como un territorio apropiado para portar mensajes cifrados para otros hombres. Tras conocer que recibi&oacute; insultos tales como &ldquo;puta&rdquo; y &ldquo;maric&oacute;n&rdquo; no parece descabellado interpretar este cometido como si de una advertencia para el resto de varones se tratase, al se&ntilde;alar el precio a pagar por ocupar esa feminidad tan repudiada -como deseada-.Confirma que la identidad masculina, al decir de Elisabeth Badinter, se hace posible negando lo femenino, lo infantil y, por supuesto, lo marica. &iquest;No parece innegable la conexi&oacute;n entre la sexualidad y el g&eacute;nero, entre la heterosexualidad como norma social hegem&oacute;nica y las coercitivas normas de g&eacute;nero? Las violencias mencionadas no parecen pr&aacute;cticas aisladas y radicalmente aut&oacute;nomas, pese a las particularidades de cada una, m&aacute;xime cuando la heterosexualidad, como norma sexual que se presenta como &ldquo;natural&rdquo;, parece depender del equilibrio de esas posiciones sociales que ocupan hombres y mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, la hora del suceso nos sugiere la posibilidad de especular con algunas de las motivaciones de esta agresi&oacute;n, extensible a tantas otras. Si &nbsp;hasta el momento la consigna &ldquo;la noche y las calles tambi&eacute;n son nuestras&rdquo; no ha podido ser archivada por las feministas en el fondo de un caj&oacute;n, es debido a que el espacio p&uacute;blico es uno de los terrenos donde los varones a&uacute;n demuestran su virilidad de diversas formas. Ya sea agrediendo a un marica que vuelve solo a su casa, ya sea apaleando a una trans mientras dos colegas les contemplan, como ocurri&oacute; en el caso que nos ata&ntilde;a seg&uacute;n la prensa. Tristemente, esos espectadores suelen ser necesarios para que la virilidad manifestada sea reconocida. Aunque no se haya recalcado en el espacio medi&aacute;tico, huelga decir que siempre se trat&oacute; de un caso de &ldquo;violencia de g&eacute;nero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una semana m&aacute;s tarde,&nbsp;<a href="http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/08/17/madrid/1439841676_047058.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta mujer superviviente</a> declaraba sentir miedo de salir a calle ante la posibilidad de toparse con aquellos que pretenden autodesignarse como sus &nbsp;&ldquo;due&ntilde;os&rdquo;. Este hecho refrenda la l&oacute;gica patriarcal del reparto de esferas, donde el espacio p&uacute;blico aparece como terreno de dominio masculino y heterosexual. Sin duda, todo un &eacute;xito patriarcal al lograrse el reclutamiento de s&iacute; en el espacio privado, all&iacute; donde no puede visible, mucho menos a una hora que no habr&aacute;n razonado demasiado digna para una &ldquo;se&ntilde;orita&rdquo;- por especular a trav&eacute;s del &ldquo;no-pensamiento&rdquo; mis&oacute;gino de los agresores-.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, estas violencias son contestadas desde la lucha pol&iacute;tica feminista, como exitosamente ha ocurrido con la violencia legal del proyecto de Gallard&oacute;n que pretend&iacute;a negar el derecho de las mujeres a su autonom&iacute;a corporal. La patologizaci&oacute;n de los cuerpos trans insiste en la negaci&oacute;n de esta misma potestad, siendo igualmente repudiada desde la acci&oacute;n pol&iacute;tica democr&aacute;tica en los feminismos y colectivos LGTBI. La importancia de estas haza&ntilde;as reside en su capacidad para desbaratar la nociva tentaci&oacute;n de encasillar a las mujeres en una r&iacute;gida posici&oacute;n de v&iacute;ctimas, incapaces de hacer frente a las m&uacute;ltiples violencias que reproducen un orden social incompatible con los valores democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        De las luchas contra la LGTBI-fobia y la violencia de g&eacute;nero puede vislumbrarse una posible l&oacute;gica de equivalencias &ndash;seg&uacute;n la pol&iacute;tica de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe- entre demandas disparejas susceptibles de ser articuladas en torno a esos &ldquo;puntos nodales&rdquo; que nos permiten hablar de &ldquo;hegemon&iacute;a&rdquo;. Hablamos de una operaci&oacute;n pol&iacute;tica que aglutina a diferentes demandas en equivalencia en torno identidades viables a partir de su relaci&oacute;n de oposici&oacute;n con un tercero que amenaza su existencia, como es el caso de la famosa &ldquo;casta&rdquo; y su mafioso modus operandi, o el de una jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica cuyo &ldquo;pensamiento&rdquo; hom&oacute;fobo y mis&oacute;gino es dif&iacute;cilmente digerido por unas maduras mayor&iacute;as sociales.
    </p><p class="article-text">
        Durante la celebraci&oacute;n de la primera Universidad de verano de Podemos, <a href="http://www.eldiario.es/autores/clara_serra/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Clara Serra</a>, querida amiga y diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, en su brillante intervenci&oacute;n remarc&oacute; el car&aacute;cter contingente de toda pr&aacute;ctica pol&iacute;tica feminista comprometida con la hegemon&iacute;a. Desde ah&iacute;, parec&iacute;a simpatizar con una posible articulaci&oacute;n entre las luchas contra la violencia de g&eacute;nero y aquellas que se alzan contra la violencia hacia personas LGTBI. Compartimos la propuesta, m&aacute;xime cuando ella misma resalta las equivalencias existentes entre s&iacute; y que se cristalizan en relaciones de antagonismo con una &ldquo;casta&rdquo; que solo ofrece parches para esta lacra. Esta proposici&oacute;n supone todo un reto para diferentes agentes sociales y de ninguna manera puede ser imaginado exento de conflictos pol&iacute;ticamente productivos.
    </p><p class="article-text">
        En la disputa por los &ldquo;los significados&rdquo;, por la hegemon&iacute;a, no puede faltar un combate por la apropiaci&oacute;n de la universalidad de conceptos pol&iacute;ticos que resultan clave para la transformaci&oacute;n, como la noci&oacute;n &ldquo;democracia&rdquo;. Conocidas feministas como Judith Butler suelen insistir en el potencial de las pr&aacute;cticas de resignificaci&oacute;n, recalcando la importancia que posee el pleito por los significados al no obviar lo que se juega en ello: tanto posible resulta reforzar un sentido com&uacute;n que naturalice la violencia como, en un sentido distinto, se le podr&iacute;a tachar como incompatible con los valores democr&aacute;ticos. Parafraseando otra vez a la colega Clara, el feminismo ganador, aquel en el que me incluyo, insiste en la imposibilidad de la democracia si el actual poder pol&iacute;tico desprecia las vidas de m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n. Lo anterior se corrobora cuando se omite la urgente prevenci&oacute;n de la homofobia y el sexismo, se prescinde de la ampliaci&oacute;n de derechos o se favorece la dependencia econ&oacute;mica de las mujeres. La democracia nunca ser&aacute; tal si cada d&iacute;a hay una menos. Solo aquel sistema pol&iacute;tico que priorice la financiaci&oacute;n de una educaci&oacute;n p&uacute;blica sensible con la igualdad y la diversidad frente a la tiran&iacute;a de una troika, que ahonda en las miserias de las mujeres en particular y de la sociedad en general, podr&aacute; ser digno de abanderarse como democr&aacute;tico. Por todo lo dicho, es obvio que tenemos el deber de apostar por una nueva hegemon&iacute;a para que esa vieja, aunque aggiornada, violencia machista no tenga raz&oacute;n de ser en una democracia cuyo significado estar&aacute; en conflicto permanente con aquellos que siempre han declinado, por ejemplo, el presupuesto de las normativas contra la violencia, renovando de paso un mis&oacute;gino orden social que, con toda seguridad, no amenaza ni sus vidas ni tampoco sus bolsillos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josué González Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/viejas-violencias-nuevas-hegemonias_129_4269303.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2015 19:03:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Viejas violencias y nuevas hegemonías]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con las putas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ciudadanos-prostitucion_129_2714205.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>La ignorancia de su misma historia de luchas y logros ha sido una de las principales formas de mantener a las mujeres subordinadas</em> (Gerda Lerner, 'La construcción del patriarcado', 1986).<br/><br/><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Puede que los motivos que han llevado a Rivera y Ciudadanos a proponer la regulaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n no sean los m&aacute;s loables &ndash;ni loables a secas&ndash;, pero al menos han contribuido a que se reabra un debate vital para muchas mujeres, que siempre se cierra en falso y con alguna que otra demonizaci&oacute;n extra.
    </p><p class="article-text">
        Decimos que los motivos de Ciudadanos no son inocentes porque, como buenos neoliberales, est&aacute;n motivados por lo exclusivamente econ&oacute;mico (&ldquo;con la regulaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n se podr&iacute;an recaudar 6.000 millones de euros&rdquo;, dec&iacute;a Albert Rivera) pero se disfraza de empat&iacute;a (&ldquo;estas personas parece que no existen, pero s&iacute; que est&aacute;n ah&iacute;, y tienen su sufrimiento y sus derechos&rdquo;) para humanizar su discurso y conmover a la opini&oacute;n p&uacute;blica, ara&ntilde;ando votos a la vez de dos grandes sectores del electorado: los m&aacute;s preocupados por la econom&iacute;a y los m&aacute;s preocupados por lo social.
    </p><p class="article-text">
        No es dif&iacute;cil ver la hipocres&iacute;a en su argumentario, ya que Ciudadanos no se ha preocupado hasta ahora de sectores oprimidos, m&aacute;s bien se desentiende de ellos: recordemos que ya se ha posicionado claramente en contra de la cobertura sanitaria de los sin papeles, apelando &ndash;c&oacute;mo no&ndash; a lo econ&oacute;mico. Una regulaci&oacute;n desde esta posici&oacute;n tendr&iacute;a el resultado holand&eacute;s: dura legislaci&oacute;n migratoria, correlaci&oacute;n de fuerzas favorable para la patronal y muchas mujeres a&uacute;n excluidas de las garant&iacute;as que otras ahora obtienen de forma parcial y precaria.
    </p><p class="article-text">
        Pero dejemos de lado el motivo medi&aacute;tico que ha reabierto el debate y centr&eacute;monos en las reacciones de unos y otros partidos (favorables al feminismo incluidos) que, por unanimidad, han negado la posibilidad de abrir la puerta de la ciudadan&iacute;a a las mujeres que comercian con servicios sexuales.
    </p><p class="article-text">
        De entrada, deber&iacute;amos resaltar que no parece muy feminista obviar el hecho de que las putas llevan d&eacute;cadas manifest&aacute;ndose y luchando contra las ordenanzas prohibicionistas y organiz&aacute;ndose en colectivos, como <a href="http://www.colectivohetaira.org/web/index.php" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hetaira </a>o <a href="https://prostitutasindignadas.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Prostitutas indignadas</a>, por todo el mundo, m&aacute;xime cuando la genealog&iacute;a feminista es un arma imprescindible para la transformaci&oacute;n que nos ocupa.
    </p><p class="article-text">
        Luego se pretende plasmar una postura m&aacute;s digna y realista resignificando un debate que hasta ahora no ha sido especialmente democr&aacute;tico ni saludable. Prueba de ello es que el grueso de los &ldquo;argumentos&rdquo; utilizados es un amalgama de falacias basadas en la apelaci&oacute;n a la misericordia &ndash;entre otras&ndash; a fin de remover sentimientos: <em>prostituidas, traficadas, comercio de &oacute;rganos, explotaci&oacute;n de ni&ntilde;as, prostituidores, venta del &ldquo;cuerpo&rdquo;</em>&hellip; Una bater&iacute;a de significantes negativos que hace que cualquiera que les contradiga parezca un monstruo sin sentimientos. Sin embargo, seguiremos intentando defender una posici&oacute;n que tome partido por ellas, que al fin y al cabo son las que tienen m&aacute;s que opinar.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/582563562981318656?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Ante la propuesta de Ciudadanos, el PSOE expuso que lo que ellos defienden &ldquo;son sueldos dignos y que nadie tenga la obligaci&oacute;n de prostituirse&rdquo; (como si en los a&ntilde;os de Gobierno del PSOE hubieran existido dichos sueldos y no la prostituci&oacute;n), reproch&aacute;ndole a Rivera su aprobaci&oacute;n para que &ldquo;se comercie con los cuerpos de las mujeres&rdquo; y a&ntilde;adiendo que ellos &ldquo;estar&aacute;n siempre a favor de la igualdad y de los derechos de las mujeres, especialmente de las m&aacute;s j&oacute;venes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es parad&oacute;jico que el PSOE, partido que redact&oacute; la Ley Integral contra la Violencia de G&eacute;nero y que dej&oacute; fuera de su definici&oacute;n &ndash;y, por lo tanto, de su cobertura&ndash; a las prostitutas y que les niega la posibilidad de otorgarles derechos, se agarre ahora al &ldquo;estamos a favor de la igualdad y de los derechos de las mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, resulta lamentable que haya sido Ciudadanos el que ocupe un lugar que deber&iacute;an estar ocupando fuerzas rupturistas, como IU, que han optado por ignorar siempre generando un <em>impasse</em> en su propia cultura pol&iacute;tica, que siempre intenta dar voz a los de abajo. Por esto &uacute;ltimo, resulta incomprensible su veto en el caso de las trabajadoras sexuales. Por lo dem&aacute;s, esperamos que, en el caso de Podemos, la ciudadan&iacute;a a la que apelan no quede obstruida para estas mujeres.
    </p><p class="article-text">
        El Partido Popular, en boca de su portavoz, Rafael Hernando, tambi&eacute;n se mostr&oacute; contrario, claro. El PP representa perfectamente a la derecha hip&oacute;crita que saca tajada de vincular prostituci&oacute;n con violencia de g&eacute;nero para sus intereses religiosos, alegando que regular la prostituci&oacute;n supone legitimar la violencia contra las mujeres o, en <a href="http://www.elconfidencial.com/espana/2015-04-15/botella-la-prostitucion-va-en-contra-de-la-dignidad-y-espero-un-futuro-para-las-mujeres_760251/)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">palabras de Ana Botella</a>, &ldquo;la prostituci&oacute;n va contra la dignidad del ser humano&rdquo;. Lo cierto es que, mientras el mensaje dominante incorpora tintes puritanos y esl&oacute;ganes liberales, la situaci&oacute;n de estas mujeres permanece igual: siguen siendo las de abajo, las grandes ignoradas.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/588695082934599680?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        La derecha siempre ha utilizado muy bien el discurso contra la violencia sobre las mujeres para, parad&oacute;jicamente, limitar su autonom&iacute;a, produciendo mayor violencia a&uacute;n sobre ellas. Recordemos las palabras de Gallard&oacute;n sobre el aborto: &ldquo;Existe una violencia estructural que obliga a las mujeres a abortar&rdquo;, y sustituyamos &ldquo;abortar&rdquo; por &ldquo;prostituirse&rdquo;. Su objetivo es negar la capacidad que tenemos las mujeres, las trabajadoras sexuales en este caso, para tomar las riendas de nuestra vida en un marco estructural no elegido, ya de por s&iacute; injusto y duro, que siempre ser&aacute; peor si se niega su capacidad de reflexionar y decidir sobre qu&eacute; hacer ante su propia realidad. Los discursos que quieren que sean vistas como v&iacute;ctimas irrecuperables son perfectos para desempoderar y negar su capacidad de acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de estas pol&iacute;ticas 'salvacionistas', tenemos las abolicionistas y prohibicionistas que ya se est&aacute;n aplicando en ciudades como Madrid, Barcelona, M&aacute;laga o Sevilla, donde se han impulsado todo tipo de atropellos: desde redadas, multas a clientes y a las chicas, restricci&oacute;n de la libre circulaci&oacute;n o agresiones por parte de una polic&iacute;a que no es denunciada porque posee los &ldquo;papeles&rdquo; que una ecuatoriana o tailandesa 'trans' no posee.
    </p><p class="article-text">
        Estas ordenanzas han sido contestadas desde colectivos como los ya mencionados, en alianza con otros colectivos feministas, sindicales, migrantes, LGTBI y con candidaturas de unidad popular, como Barcelona en Com&uacute;. All&aacute; donde hay una normativa de este tipo, es muy seguro que se pretenda gentrificar la zona: un invento neoliberal que consigue limpiar el &aacute;rea de aquello que se quiere invisibilizar y desplazarlo de forma silenciosa, 'adecentando' as&iacute; la zona para que la ocupen sectores de un mayor nivel adquisitivo. Es el caso del barrio del Raval en Barcelona o la trasera de Gran V&iacute;a, junto a la plaza de la Luna, en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        La prostituci&oacute;n no deja de ser un trabajo ejercido en su mayor&iacute;a por mujeres, muchas de ellas migrantes, que lo valoran como la mejor salida posible, nos guste o no, ante la feminizaci&oacute;n de la supervivencia. Pero no es un trabajo al uso; si as&iacute; fuera, no har&iacute;a falta este alegato, claro. Esta actividad, adem&aacute;s de situarse en la tradici&oacute;n patriarcal que minusvalora los trabajos femeninos, conlleva un estigma que prepara a las mujeres para la exclusi&oacute;n y la violencia, que facilita su explotaci&oacute;n y que acalla sus voces: relatos que pueden incluso poner en jaque el mito de la independencia masculina, ya que parece obvio que necesitan de sus servicios para tener compa&ntilde;&iacute;a, comunicaci&oacute;n, alg&uacute;n cari&ntilde;o y, en definitiva, los cuidados que sustraen de todas las mujeres, solo que en este caso ellas cobran por ellos. Posiblemente ese sea el gran delito: cobrar por algo que deber&iacute;a ser gratuito y por &ldquo;amor&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/572349419573653506?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        El estigma con el que cargan las prostitutas se crea al comp&aacute;s de la construcci&oacute;n social que se ha hecho de la sexualidad femenina, esa sexualidad con la que las mujeres debemos tener cuidado si no queremos ser acusadas de &ldquo;puta&rdquo; y que nos limita. &ldquo;Puta&rdquo; es la otra cara de la moneda del &ldquo;maric&oacute;n&rdquo; para los hombres &ndash;aquello que no &ldquo;deben ser&rdquo;&ndash;, una injuria que afecta a todas las mujeres cre&aacute;ndose un 'ellas' y un 'nosotras'. Quiz&aacute;s desde aqu&iacute; habr&iacute;a que pensar que las fracciones de las feministas en torno al trabajo sexual alguna relaci&oacute;n pueden tener con esa divisi&oacute;n 'ellas'-'nosotras'.
    </p><p class="article-text">
        Y al estigma anterior se a&ntilde;ade la caracterizaci&oacute;n de las mujeres como &ldquo;esclavas sexuales&rdquo;. Ante esta etiqueta, las profesionales del sexo apelan a su libertad, pero remarquemos que no 'libertad' en su sentido estricto: ninguna somos libres, ni siquiera aquella que cree serlo porque trabaja en el McDonald's de la calle Montera y no en las esquinas de la misma calle. Esta estigmatizaci&oacute;n es muy &uacute;til para la misoginia porque produce un efecto espejo invertido: define a las prostitutas como el paradigma del sometimiento patriarcal a diferencia de las que no ejercemos la prostituci&oacute;n, haci&eacute;ndonos creer que somos ajenas a la estructura de dominaci&oacute;n masculina. Esto dificulta la toma de conciencia de que la desigualdad nos afecta a todas las mujeres como <em>mujeres</em>.
    </p><p class="article-text">
        UPyD tambi&eacute;n rechaz&oacute; considerar la prostituci&oacute;n como trabajo, bas&aacute;ndose en conceptos igual de superficiales que el resto. Todos los partidos usaron los conceptos &ldquo;libertad&rdquo; e &ldquo;igualdad&rdquo; en funci&oacute;n de sus intereses, apropi&aacute;ndose de su universalidad. La libertad y la igualdad son un punto de llegada y no de partida, as&iacute; que deber&iacute;amos descartar cualquier apelaci&oacute;n a esos valores para justificar la existencia de cualquier trabajo, puesto que la articulaci&oacute;n misma de 'trabajo' en nuestras sociedades, adem&aacute;s de androc&eacute;ntrica, resulta antag&oacute;nica a la libertad misma. Aunque la industria del sexo es muy amplia y las mujeres pueden gozar de muchas condiciones diferentes entre ellas, hay una cosa que se hace com&uacute;n a todas: la necesidad de garantizar sus condiciones materiales de existencia.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, la trata tiene que ver &ndash;coincidiendo con el abolicionismo&ndash; con un sistema que empobrece a las mayor&iacute;as sociales, haciendo de las mujeres &ldquo;las m&aacute;s pobres entre los pobres&rdquo;, como dir&iacute;a Dolores Juliano. Esa &ldquo;feminizaci&oacute;n&rdquo; de la pobreza limita sus opciones de vida y, s&iacute;, es lo que las empuja a vender servicios sexuales pero tambi&eacute;n a fregar letrinas y/o limpiar miserias ajenas en unas condiciones que no alarman a nadie.
    </p><p class="article-text">
        La dominaci&oacute;n masculina persigue a las mujeres en todas las facetas de la vida que les coloca en situaciones de poder frente al colectivo femenino. Esta ideolog&iacute;a tambi&eacute;n niega nuestro estatus de seres sexuados, neg&aacute;ndonos una sexualidad propia. Reconocer esto &uacute;ltimo puede alejarnos de las posiciones feministas que entienden que las relaciones heterosexuales son siempre relaciones de subordinaci&oacute;n, donde las mujeres &uacute;nicamente ocupan una posici&oacute;n de objeto.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no es un ejemplo de ello, s&iacute; que <a href="http://www.eldiario.es/autores/beatriz_gimeno/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estas palabras de Beatriz Gimeno</a> van en dicha l&iacute;nea: &ldquo;Una relaci&oacute;n sexual necesita de dos o m&aacute;s personas y aqu&iacute; solo hay una parte, el hombre, teniendo sexo, mientras que la mujer est&aacute;, en el mejor de los casos, esperando a que &eacute;l acabe y en el peor, sufriendo&rdquo;. No nos parece que recuperar el t&oacute;pico de la sexualidad masculina siempre depredadora y la femenina siempre sumisa sea la mejor estrategia feminista, ya que no las reconoce como personas que intervienen en una realidad concreta con unos intereses propios, perdiendo as&iacute; un principio fundacional del feminismo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando magnificamos la instituci&oacute;n de la prostituci&oacute;n y la convertimos en el paradigma de la subordinaci&oacute;n, es interesante sacar a colaci&oacute;n a feministas como Simone de Beauvoir, Kollontai o Mary Wollstonecraft, que encontraban analog&iacute;as entre el matrimonio y la prostituci&oacute;n, como dos caras de la misma moneda dentro del sistema que subordina las mujeres a los hombres: &iquest;cu&aacute;nto de libres son las much&iacute;simas mujeres que llevan d&eacute;cadas casadas con hombres a los que no les une ya el amor pero s&iacute; deudas, hipotecas e hijos; hombres con los que ya solo tienen en com&uacute;n el nivel de pobreza?
    </p><p class="article-text">
        Otras posiciones se basan en la trata para defender su postura abolicionista, pero deber&iacute;amos optar por separar la trata de la prostituci&oacute;n porque, aunque permanece en el campo de la industria sexual, nos encontramos con dos realidades diferenciadas que necesitan respuestas espec&iacute;ficas, al igual que nunca ser&aacute; igual la actuaci&oacute;n pol&iacute;tica para el matrimonio &ldquo;voluntario&rdquo; que para los matrimonios forzosos. La posibilidad de ser objeto de trata representa, como toda violencia sexista, una forma de intimidaci&oacute;n que se traduce en la necesidad del patriarcado de colectivizar y explotar a las mujeres como una propiedad de los varones.
    </p><p class="article-text">
        Pero aun teniendo esto en cuenta, el discurso de la trata puede ser muy perverso, ya que se est&aacute; usando para camuflar la actuaci&oacute;n de todo un conjunto de pr&aacute;cticas represivas contra las mujeres inmigrantes que ejercen la prostituci&oacute;n: la legislaci&oacute;n migratoria (creada para combatir la inmigraci&oacute;n ilegal) es uno de los agentes que crea estas mafias de tratas, pero en vez de cambiarse esta legislaci&oacute;n para acabar con las mafias se decide perseguir la prostituci&oacute;n. No deja de ser un argumento hip&oacute;crita que, adem&aacute;s, nos recuerda todas las veces que hemos escuchado a pol&iacute;ticos proclamar que las famosas cuchillas o concertinas en Ceuta son un mecanismo para &ldquo;disuadir a las mafias de la inmigraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n es que no deber&iacute;amos comulgar con la filosof&iacute;a del polic&iacute;a en las espaldas de las prostitutas y s&iacute; apostar por su autoorganizaci&oacute;n. Reconocerles derechos desde su posici&oacute;n de trabajadoras no implica abrir paso a la mercantilizaci&oacute;n de la sexualidad: no estamos proponiendo inventar algo sino actuar sobre lo que ya existe. Nadie deber&iacute;a aprobar la idea imperante de que es mejor que est&eacute;n sin derechos que con ellos, m&aacute;s a&uacute;n sabiendo que las pol&iacute;ticas abolicionistas no acaban con la prostituci&oacute;n. Si a esto le a&ntilde;adimos, que no reconocer la prostituci&oacute;n como un trabajo con derechos supone enviar un mensaje a la sociedad que maquilla como &eacute;ticamente aceptable la situaci&oacute;n de marginaci&oacute;n y explotaci&oacute;n que sufren las trabajadoras sexuales (al final, son putas y ellas se lo buscan).
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Marx que los seres humanos hacemos nuestra propia historia a partir de unas circunstancias no elegidas, heredadas pero afrontables. La historia no deja de demostrar que cada colectivo oprimido tiene que edificar las condiciones de su propia liberaci&oacute;n a trav&eacute;s de su autoorganizaci&oacute;n y su articulaci&oacute;n como sujeto pol&iacute;tico. Y esto ocurre cuando ellas se reafirman como trabajadoras sexuales y no como mujeres &ldquo;prostituidas&rdquo;. Se tratar&iacute;a, en este caso, de luchar contra el trabajo desde el puesto de trabajo, a trav&eacute;s de pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas creadas en torno a colectivos sociales; un proyecto alternativo al neoliberalismo y al patriarcado. Solo as&iacute; se puede abolir no la prostituci&oacute;n en s&iacute;, sino las condiciones que consiguen que sea una actividad practicada masivamente.
    </p><p class="article-text">
        Al final, qu&eacute; cosas, las realmente abolicionistas vamos a ser nosotras, las que estamos con las putas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josué González Pérez, Barbijaputa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ciudadanos-prostitucion_129_2714205.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2015 18:43:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Con las putas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cs - Ciudadanos,Prostitución]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más que víctimas, digamos que somos supervivientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/victimas-digamos-supervivientes_129_4449105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Es imprescindible concienciar a todas las personas LGTB de lo que supone la LGTBifobia sobre nuestras vidas, como una cuestión repudiable y contestable políticamente, al mismo nivel que debemos hacerlo en el caso de la violencia contra las mujeres como mujeres cuyas cifras son absolutamente pavorosas.</p></div><p class="article-text">
        Con la besada en el Burguer King de Princesa (Madrid), el movimiento LGTBI triunf&oacute; al situar el asunto de las agresiones en la esfera p&uacute;blica, dada la enorme repercusi&oacute;n que la acci&oacute;n ha tenido en los medios de comunicaci&oacute;n, tanto a nivel nacional como internacional. Sin lugar a dudas, se trat&oacute; de un ejercicio democr&aacute;tico contestatario y de empoderamiento que logr&oacute; que la violencia que sufrimos no quedase silenciada.
    </p><p class="article-text">
        Dos semanas m&aacute;s tarde, un grupo de neonazis agredieron f&iacute;sicamente a dos chicos gays en el Templo de Debod de la capital, siendo tambi&eacute;n contestada exitosamente por otra convocatoria pol&iacute;tica, colectiva y democr&aacute;tica. Ambos casos se suman a una larga lista que, hasta el momento, hab&iacute;a quedado al margen de lo pol&iacute;tico. Una vez m&aacute;s, desde los colectivos sociales, desde la ciudadan&iacute;a, hemos convertido el espacio p&uacute;blico en un lugar disputado pol&iacute;ticamente cuando hacemos visibles aquellas agresiones que demuestran que a&uacute;n seguimos ancladas en una sociedad mis&oacute;gina y LGTBif&oacute;bica*  a transformar.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, qui&eacute;n escribe estas palabras siente optimismo, a pesar de lo terrible del escenario. No podr&iacute;a ser de otra manera si no obviamos el revuelo que han tenido las diversas acciones pol&iacute;ticas, irrumpiendo  en diversos espacios de los medios de comunicaci&oacute;n, en los partidos pol&iacute;ticos, las entidades sociales y en el seno de los poderes p&uacute;blicos. Si en estos d&iacute;as tanto Cristina Cifuentes como el Ministerio del Interior, han anunciado la ejecuci&oacute;n de determinadas medidas contra este tipo de delitos contra la democracia,  es el efecto de los movimientos sociales y de sus expresiones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo, las &eacute;lites pol&iacute;ticas reconocen que hemos abierto un conflicto que, hasta el momento, se encontraba hegemonizado a trav&eacute;s de pr&aacute;cticas asistenciales &mdash;de determinada pospol&iacute;tica recurriendo a Zizek&mdash;, necesarias pero insuficientes, que el Estado deber&iacute;a asumir como parte de las garant&iacute;as sociales de las personas y que manten&iacute;an, en cierta forma, censurado el conflicto: la violencia estructural se convierte en una fuerza antagonista en nuestras vidas, hasta el punto en el que nos puede convertir en muertas en vida o en muertas sensu stricto.
    </p><p class="article-text">
        Como la historia nos ha ense&ntilde;ado que no nos libraremos tan f&aacute;cilmente de aquello que nos atormenta, nosotras seguimos y seguiremos organizadas. Es imprescindible concienciar a todas las personas LGTB de lo que supone la LGTBifobia sobre nuestras vidas, como una cuesti&oacute;n repudiable y contestable pol&iacute;ticamente, al mismo nivel que debemos hacerlo en el caso de la violencia contra las mujeres como mujeres cuyas cifras son absolutamente pavorosas.
    </p><p class="article-text">
        El incremento de la cantidad de iniciativas pol&iacute;ticas, as&iacute; como de denuncias, debe revelarnos que nos encontramos ante las condiciones de posibilidad que nos permiten construir una respuesta colectiva contra las agresiones. Solo as&iacute;, el asunto en lo institucional tendr&aacute; m&aacute;s impulso, por lo que agrietar lo dado desde arriba y mantener un nivel de conflictividad social democr&aacute;tico, como con todo conflicto por la justicia, no resultan formulas nada incompatibles.
    </p><p class="article-text">
        Catalunya ha marcado un precedente con la aprobaci&oacute;n de una ley que vela por nuestra dignidad, pero todas conocemos que se ratific&oacute; &uacute;nicamente gracias un amplio trabajo pol&iacute;tico de los movimientos sociales del lugar. Andaluc&iacute;a ha hecho lo mismo gracias a la ley trans conquistada por los colectivos trans, incluso a trav&eacute;s de huelgas de hambre. Podr&iacute;amos extenderlo por el conjunto del Estado y a todos los niveles y sabemos que ser&aacute; posible si as&iacute; nos lo proyectamos. De la misma manera que sabemos que asistimos a una oleada de recortes en derechos y libertades, de pobreza y exclusi&oacute;n, que convierte en imposible la puesta en marcha de pol&iacute;ticas sociales que gocen de  capacidad real de transformar nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de desalentar, descubrimos una oportunidad favorable para construir una democracia donde las demandas feministas y LGTBI est&eacute;n en el centro de la pol&iacute;tica y en ning&uacute;n caso los dictados antidemocr&aacute;ticos de las &eacute;lites econ&oacute;micas que nos empobrecen ni de aquellos grupos fundamentalistas contrarios a los Derechos Humanos, como la Iglesia Cat&oacute;lica. Ni lo conseguido ser&aacute; totalmente real si no lo ejercemos, mediante los medios que tengamos a mano, ni lo ausente ser&aacute; posible si nos conformamos con lo que ya hay, si no seguimos extendiendo &ldquo;el campo de lo posible&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Existimos y existe un r&eacute;gimen que produce y reproduce injusticias, ergo existe un desencuentro, un conflicto entre qui&eacute;nes restringen la democracia y qui&eacute;nes pretendemos radicalizarla para que la igualdad y la libertad sea una realidad. Algunas ya encendimos la mecha desde el momento en el que dejamos de ser v&iacute;ctimas para ser supervivientes con ganas de vivir dignamente.
    </p><p class="article-text">
        *Llamamos LGTBifobia a la violencia sist&eacute;mica que se ejerce contra gays, lesbianas, trans, intersex , bisexuales y contra todas aquellas personas que no encajan en la norma heterosexual y en los r&iacute;gidos modelos de hombre/mujer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josué González Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/victimas-digamos-supervivientes_129_4449105.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Dec 2014 19:53:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Más que víctimas, digamos que somos supervivientes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Violencia,LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
