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Beatriz Gimeno

Responsable del área de Igualdad de Podemos en la Comunidad de Madrid y diputada en la Asamblea. Escritora, activista feminista y lesbiana, blogera, expresidenta de la FELGTB. 

El juicio contra la manada de San Fermín es histórico

La violación sexual de mujeres por parte de los hombres tiene una larga historia de legitimación en nuestra cultura. Muchos mitos fundacionales están basados en violaciones de mujeres, aunque lo cierto es que no han sido considerados tales hasta hace relativamente poco tiempo, como bien nos explicó Georges Vigarello en su Historia de la Violación. La función principal de la violación siempre es la misma, ser una fuente de intimidación permanente de las mujeres, ya que ningún sistema de dominación puede existir sin la violencia y el miedo. Vigarello nos enseña que la violación tiene una historia y que está sometida a cambios para ser siempre funcional al patriarcado. De estar completamente normalizada y ser considerada nada más que una expresión de las necesidades naturales de los hombres, siempre provocadas por la concupiscencia femenina (la simple presencia en el espacio público), a haberse convertido, como explica muy bien Rita Segato, en un mandato de masculinidad, muy necesario en una sociedad en la que las masculinidades tradicionales se encuentran cada vez más fragilizadas.

Y, además, como sigue explicando la antropóloga brasileña, a esta perentoria necesidad de reafirmar una masculinidad tradicional acosada en todos los espacios gracias al empuje del feminismo, se une ahora un determinado proyecto histórico muy vinculado al capitalismo. Dice Segato: "Para esta fase del capital es indispensable que las personas se vuelvan menos empáticas, que sean menos vinculadas. Que el sufrimiento del cuerpo que tengo al lado no vibre en mí. Que se anule la solidaridad que es consecuencia de la empatía. Nos están entrenando para ser menos empáticos y tolerar el presente". Si tenemos en cuenta que el patriarcado está basado en la consideración de las mujeres como esa Otra que nunca es igual, la suma de ambos sistemas de dominación da como resultado lo que Lagarde ha definido como un proceso de "brutalización del patriarcado".

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Vientres de alquiler y género

En la disputa sobre los vientres de alquiler y a pesar de que sólo se embarazan mujeres, ellas parecen estar ausentes. Cierto que a veces aparecen mujeres en algún reportaje, pero lo que sí parece ausente del debate es la cuestión del género, a tal punto que parece que todos y todas hablamos desde el mismo lugar.

El otro día en un debate político sobre el tema mencioné de pasada lo perturbador que resulta que de un asunto que afecta exclusivamente a los cuerpos de las mujeres sean mayoritariamente hombres los que se posicionan en una postura, y mayoritariamente mujeres las que se posición en la otra. Y todo el mundo dijo que eso no tenía nada que ver.

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Desinforma, que si es acerca de la prostitución seguro que cuela

El lunes pasado se publicó un artículo de Peter Singer a favor de la prostitución. El artículo iba de eso, de estar a favor de la prostitución, aunque, como ocurre tantas veces, dicho estar a favor de la prostitución se enmascarase en estar a favor de que las trabajadoras sexuales tengan más derechos, ¿quién puede estar en contra? Y como pasa siempre también, se puede decir cualquier cosa acerca de la prostitución, aunque sean mentiras, medias verdades o tonterías, que pasarán por ser cosas muy sesudas y pensadas a las que ese progresismo proprostitución se adherirá sin pensar; encantados ellos de que se pueda estar a favor de la prostitución y seguir pensándose como feminista o de izquierdas.

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¿Cómo nos quiere el patriarcado?

Hace unos días que la cara sonriente, feliz, ilusionada, de la adolescente Lucía Pérez me ronda por la cabeza. Hubiera preferido no ver su cara, ni su sonrisa. Hubiera preferido no poder imaginarla, no poder imaginar que estuvo viva, que sonreía, que era feliz (a ratos, supongo) y que le quedaba toda la vida por delante. Hubiera preferido no encarnar ese dolor, no ponerle cara, ni sonrisa al horror. Pero el horror nos llegó con la sonrisa de Lucía y ahora a mí me es imposible quitármela de la cabeza. Un hombre y su hijastro la raptaron, la drogaron, la violaron anal y vaginalmente y finalmente le metieron un palo por el ano. Ella murió de un paro cardíaco producido por el dolor y el miedo.

Y yo no soy capaz de quitarme de la cabeza ese dolor y ese miedo. No puedo. Me levanto y la veo, me siento a comer y la veo, la veo en toda esta semana en que se celebran manifestaciones en todo el mundo contra la violencia machista.

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El burkini o la complejidad

El debate del burkini no debería haberse producido tal como lo ha hecho por varias razones: creo que una forma muy extendida de racismo, de desprecio por culturas diferentes, es confundir todo lo que nos parece raro: todo es taparse, todo es lo mismo. Y así, lo mismo es el hiyab (pañuelo o velo) que el burka, todo es "velo". El hiyab no tiene que ver con el burka, sino que es un pañuelo que cubre la cabeza y con el que se puede hacer una vida completamente normal. Que las mujeres adultas tienen derecho a llevar hiyab, está fuera de dudas.

El derecho a llevar la cabeza cubierta y a ocultar las formas corporales, por más sexista que sea, está protegido por la libertad religiosa y por el derecho a la propia imagen. El burkini es un traje muy parecido a los que viste la gente que hace surf. Exactamente ¿qué derecho o que norma se está vulnerando al vestirse toda entera de neopreno al ir a la playa? La respuesta a esta pregunta creo que es importante.

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La ciudadanía que menstrúa, que pare, que cría

Las opiniones que expresó el otro día la diputada de la CUP Anna Gabriel sobre la crianza son perfectamente corrientes en el feminismo. Y las anteriores sobre la menstruación, también. Los medios se lanzaron a convertirlas en hilarantes como suelen hacer con las cuestiones feministas que no entienden o que rechazan de plano. Cuando hablo de feminismo hago referencia a un movimiento social del que se sienten partícipes millones de mujeres y que ha cambiado el mundo; hago referencia también una teoría crítica de la sociedad que se habla de tú a tú con otras teorías críticas como el marxismo o el ecologismo, que está presente en las universidades, en la política, en las instituciones, en la cultura. Y en la que discutir, teorizar, escribir, hablar, sobre los modelos de crianza es no sólo normal, sino necesario en tanto que éste es un asunto fundamental para las mujeres. Y además las mujeres somos más de la  mitad de la población  de cualquier país, por lo que los asuntos que afectan a nuestras vidas son, deberían ser, asuntos de consideración general para el conjunto de la ciudadanía. Naturalmente no es así.

Como ya han puesto de manifiesto las teóricas feministas el feminismo siempre ha estado en tensión con la democracia en tanto que desde su mismo origen el sujeto de la misma, que es el ciudadano, es eso, ciudadano,  y no ciudadana. El feminismo ha puesto de manifiesto que la ciudadanía que se construye en la Ilustración es una ciudadanía exclusivamente masculina (y blanca, y heterosexual, y capacitista…). La Ilustración, que proclamó la universalidad de los derechos del hombre, excluyó explícitamente de esta supuesta universalidad a la mitad de la humanidad, aunque fue, al mismo tiempo, la condición de posibilidad de su reivindicación. Quienes se atrevieron en aquel momento a hacer constar la paradoja y contradicción de la proclamación de unos derechos y de una ciudadanía vinculada a los mismos que se proclaman universales al tiempo que excluyen a la mitad de la humanidad, se dejaron mucho, incluso la vida, en el empeño.

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El sangrado libre de las feministas de la CUP

No se puede criticar a la prensa, nunca, en ningún caso, digan lo que digan. Lo mismo si dicen que las bombas del 11M las puso ETA que si dicen, como han hecho esta semana varios diarios, que la CUP quiere acabar con los tampones y las compresas. De este singular asunto me enteré cuando una señora en la peluquería dijo en voz alta que los catalanes querían ahora impedir que pudiéramos usar compresas. Eso es, no teníamos bastante con lo de la independencia como para que, además, nos quieran quitar las compresas. Y enseguida el PP, que no se salta una, añadió que “igual que en Venezuela”, sin compresas.

No hay mal que por bien no venga y corrí a ver a qué se debía esa repentina visibilidad que se daba en los medios a la menstruación, asunto tabú donde los haya. Porque las mujeres menstruamos cada mes y eso significa que sangramos y, significa también, que esa sangre es roja. Esto de que la sangre menstrual es roja lo digo aquí para combatir la desinformación, ya que los anuncios de compresas la muestran siempre azul. Yo aprovecho cualquier resquicio para hacer pedagogía.

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Gestación subrogada, una propuesta sensata

En Podemos consideramos que el debate sobre la maternidad subrogada es necesario y que los partidos y las asociaciones debemos encontrar una manera seria y razonable para dialogar y encontrar acuerdos acerca de algo que no puede permanecer en el punto ciego de la legalidad. Además de las implicaciones éticas y las puramente feministas (pues solo son mujeres las que se quedan embarazadas y paren) hay aquí un aspecto práctico, real, al que tenemos la obligación de enfrentarnos, y es que el resultado de cualquier proceso de gestación subrogada, legal o ilegal, ético o inmoral es un niño o una niña que no puede quedarse en un limbo legal ni en una situación de privación de derechos. Por eso pensamos que hay que regular esta cuestión, en un sentido u otro, pero es necesaria una regulación que deje claro en qué situación quedan esos niños/as y que contemple, además, otras muchas cuestiones importantes.

La preocupación por los y las menores, que compartimos todos, no puede llevarnos a no tener en cuenta otros derechos en juego y otras implicaciones éticas que no pueden obviarse en esta cuestión. Pero, además, la gestación se lleva a cabo siempre en el cuerpo de una mujer y esto no puede dejar de importarnos a las feministas. Cómo afecta esta práctica a los derechos de las mujeres, qué implicaciones tiene en la lucha por la igualdad, cómo afecta a la posición social de las mujeres más pobres, cómo afecta esta posibilidad a las políticas que los distintos países tienen respecto a esta misma igualdad; qué consecuencias va a tener para las mujeres, finalmente, que esta práctica se haya convertido en un gran negocio mundial. Surgen muchas más preguntas de las que cabrían en este artículo.

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'Igualdad' sin feminismo no es igualdad, es Partido Popular

Este gobierno, que esperamos que se vaya pronto, ha mantenido una guerra nada abierta y nada disimulada contra las mujeres. Eso sí, trufada toda ella de declaraciones enfáticas y completamente vacías.  Desde los gobiernos de Reagan y Thatcher, sabemos que el neoliberalismo tiene especial interés en combatir la igualdad de las mujeres. Desde que estoy en la Asamblea de Madrid veo cómo las diputadas del PP tienen como mantra permanente que esto de la igualdad no es un tema ideológico. Para ellas, nada es ideológico, ni la violencia machista, ni la brecha salarial, ni que los adolescentes sean cada vez más machistas, ni que las mujeres sean las que cuidan… nada tiene que ver con la ideología patriarcal. Todo es una cuestión de pura mala suerte, al parecer.

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Educación contra lgtbfobia

España es, según la mayoría de los estudios, el país menos homófobo del mundo. Eso dicen las cifras, pero lo dice también el sentido común y la percepción propia cuando se sale fuera. Por razones largas de explicar y que no caben aquí, España se ha convertido en unos pocos años en un lugar en el que las personas lgtb pueden vivir razonablemente seguras y con posibilidad de desarrollar vidas plenas. Por supuesto que la lgtbfobia existe, y es mucho mayor incluso de lo que parece. Y hay, además, momentos de la vida en los que esta lgtbfobia es mayor y más peligrosa, como en la adolescencia cuando las identidades relacionadas con el género están en formación, son más débiles y para asegurarse se aferran a estereotipos hegemónicos socialmente. Los adolescentes más inseguros o más dependientes de la aprobación ajena (casi todos en esta edad) buscan refugio y fortalecer sus frágiles identidades entre los pares, con sus iguales; y lo hacen, por lo general, mediante representaciones más o menos ritualizadas de los roles sexuales, de la masculinidad extrema, en este caso. La masculindad extrema se basa, entre otras cosas, en la exclusión radical de la homosexualidad. En la adolescencia, muchos adolescentes inseguros, obligados por la presión social a realizar constantes afirmaciones de su masculinidad heterosexual, pueden llegar incluso, si dicha presión no se rebaja, a agredir, a burlarse de, a reírse de la expresión de otras identidades sexuales. El chico o la chica que sea lesbiana, gay, bi o trans, no tendrá espacio social para fortalecerse, sino que, al contrario, se esconderá, sufrirá, buscará más bien hacerse invisible, mimetizarse en esa supuesta normalidad que le excluye. Y si no lo hace bastante bien es muy posible que sufra acoso, que sea agredido verbal o físicamente. Durante la adolescencia, los chicos y las chicas que por la razón que sea sientan que no forman parte de la mayoría son especialmente frágiles y van a necesitar ayuda de los profesores/as y de las instituciones educativas. Constituye una obligación de la escuela democrática ayudar a equiparar la diferencia de poder entre los chicos y chicas que ostentan la hegemonía social y cultural y aquellos que están en los márgenes. Es una obligación escolar que hay que cumplir en nombre de la construcción de una ciudadanía respetuosa con los otros y las otras, democrática, abierta e inclusiva.

Las agresiones por lgtbfobia están creciendo en Madrid. Los agresores son chicos jóvenes (menores de 20 años la mayoría) que han nacido cuando la igualdad legal era un hecho –o estaba a punto de serlo– en este país. Durante muchos años, los años de la lucha por la igualdad, los años en los que las reivindicaciones lgtb entraban en los informativos, los años en los que el gobierno y las instituciones se mostraban muy favorables a apoyar esa igualdad, las agresiones eran muy escasas. El efecto del cambio de ambiente político ha sido demoledor en este sentido. Los nuevos gobernantes no apoyan los derechos lgtb y eso se nota en la calle. Las instituciones educan, naturalmente; y su acción tiene un efecto performativo sobre toda la sociedad. Si quien gobierna no cree en la igualdad, aquellos que tampoco creen en ella, los que tienen dudas, en lugar de ocultarse por sentirse en minoría, se sienten más fuertes y legitimados en su rechazo. Un rechazo que, en el peor de los casos, puede llegar a la agresión.

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