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Elisa Beni

Con 23 años fui la directora más joven de un diario español y ahora escribo en el diario más joven. En medio he pasado por decenas de redacciones y aún así sigo amando el periodismo. Ahora vivo este periodo decisivo como analista y comentarista en Las Mañanas de Cuatro,El Gran Debate de T5, Julia en la Onda de Onda Cero, "Tiempo" y allí donde quieran una voz que cree en lo que dice.

Una rabia repentina

...”J’ai une rage soudaine/ l’État nous saigne et ça nous gêne”. Una rabia repentina, contra el Estado, contra su represión, contra esa forma de sangrar nuestra libertad. Yo, como el rapero francés El Matador, tengo una rabia repentina cuando veo cómo se cercenan los legítimos gritos de protesta y de rabia legítima y de odio controlado que mana en forma de palabras y no de violencia y que aun así es masacrado porque la diferencia y la protesta y la revuelta, aún pacífica, se quieren laminadas.

Me gusta el rap y me gusta el hip-hop. Tal vez porque son los herederos del rock y el heavy como géneros transgresores. Ahora el rock se ha travestido de taburete. El rap nace como una rebelión. La rebelión de los negros de los barrios americanos y más tarde la de los africanos franceses y después la de muchos jóvenes que denuncian la violencia a la que la sociedad que los bienpensantes aplauden les somete desde la infancia. Me gustan los rebeldes. Me gustan los que pelean por hacer oír sus voces minoritarias. Me gusta la libertad.

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Paraules d’amor

No sé si les he contado alguna vez que mi madre me dormía cantándome extrañas y dulces canciones en una lengua que luego supe llamar euskera, ni si les he dicho que la primera vez que sentí que ya no era una niña, estaban susurrándomelo al oído en gallego muy cerca de Riveira. Confieso que mi primer beso me lo dio un vasco pero que mi amor de instituto fue el de un catalán cuya familia me acogió de tal manera que consiguió que entendiera la lengua de aquella casa para siempre. Saben que estuve casada con un malagueño pero también con un riojano e ignoran que vivo con un vasco. Aún me llena de ternura recordar los cuentos en francés que me leía a la orilla de la cama mi Renée y sé que quise con todas mis fuerzas aprender esa lengua para que los secretos que mi padre traía en el doble fondo de la maleta desde París dejaran de serlo. He contado que decidí mi profesión básicamente para poder regodearme en la lengua que amo y que adoro Madrid como al oasis de libertad que nunca nos debemos dejar arrebatar. El problema reside en mi falta de empatía con lo anglosajón y, tras pasar por el British, sigo siendo modesta en su lengua como timorata es mi pasión por su cultura. Quizá me faltó un inglés... o un australiano.

No, no ha sido la cursilada esa de San Valentín la que ha desatado mis recuerdos. Ha sido la pugna voraz y antropófaga entre Rajoy y Rivera para llevarse una tajada electoral a costa de usar las lenguas como espadas y no como sogas húmedas. Hace ya unos meses que me contaron, en un castellano muy mesetario, que el futuro venía con recentralización, recogida de competencias y bocado a las lenguas autóctonas que, según dicen, adoctrinan y son culpables del crecimiento del independentismo. Ya ven. Aún recuerdo la sombra siniestra y negra que tendieron sobre las ikastolas, que querían hacer aparecer como campos de entrenamiento más que como centros educativos y hoy, que sus alumnos forman tejido productivo, los índices de independentistas activos en Euskadi son más bajos que nunca.

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Supremo modus operandi

No ha podido dictarse en mejor momento la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenando a España por tratos inhumanos y degradantes a los etarras Portus y Sarasola. Nos permite entender muchas de las cosas que están sucediendo ahora mismo. Es una sentencia absolutamente pedagógica para visualizar cómo actúan algunos tribunales de este país -en casos que afectan a la llamada razón de Estado- entre los que se encuentra el Tribunal Supremo. Y digo que se encuentra porque esta realidad también afecta a la Audiencia Nacional y al Tribunal Constitucional. Además, la Corte Europea nos permite ver cómo los jueces y tribunales de órganos territoriales han dado en estos casos una respuesta más ajustada a Derecho y a la protección de los derechos fundamentales.

La lectura de la sentencia de Estrasburgo - ¡quién me iba a decir que al final hablar francés serviría para algo! - deja meridianamente claro que el Tribunal Supremo del Reino de España casó una sentencia de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa de una forma anómala y bastante vergonzosa. Como dice la Corte: “el Tribunal Supremo no se ha limitado a realizar una interpretación diferente de las pruebas documentales” -que podría- “sino que ha reevaluado también la credibilidad de los testimonios de los dos denunciantes y de los tres testigos”. Esta nueva apreciación de la prueba sin inmediación y sin contradicción fue determinante para la anulación de la condena de los guardias civiles y, sin embargo, no es lícita. El rapapolvo de Estrasburgo al Supremo va más allá, ya que le dice que se ha limitado a descartar la versión de los etarras sobre las torturas sin llegar a establecer una versión alternativa que pueda casar con los informes medico forenses y las pruebas presentes en el procedimiento. O sea, que Saavedra, Martínez Arrieta, Soriano, Berdugo y Sánchez-Melgar, se fundieron todas las cuestiones vedadas a un tribunal de casación para salvar de la condena a los guardias civiles que maltrataron a los dos etarras. Por encima de ellos, el Tribunal Constitucional ni siquiera admitió los recursos de amparo, así que tal aberración quedó salvada.

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Cuncta ferit, dum cuncta timet

Cuncta ferit, dum cuncta timet. “Todo lo golpea pues todo lo teme”, según dijo Claudiano. El miedo como organismo vivo que anima a una sociedad. Los que lo estimulan y lo utilizan. A eso asistimos. La venganza como castigo y el miedo como refuerzo. Van a golpearlo todo. Van a derruirlo todo. No en busca de un mundo mejor sino en busca de mantenerse en el poder. Vomitivo. Real. Peligroso. Masivo.

No voy a pedir ningún tipo de disculpa, casi obligada en estos tiempos, para afirmar que las víctimas no están facultadas para marcar los designios en materia criminal de una sociedad democrática. Más allá: son los menos facultados. Late en ellas un humano, lógico y normal sentimiento de resarcimiento que no queremos que anime nuestras decisiones. No lo queremos. La locura de los tiempos lleva a pensar que prestar oído a esos instintos, comprensibles pero superados, es una forma de empatía. No lo es. Es una forma de azuzar nuestros miedos más irracionales, más animales, más primarios.

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¡Tirad la llave!

¡Encerradlo y tirad la llave! ¡Que no cause más daño! ¡Tirad la llave, que se pudra en la cárcel! Son ciudadanos de bien los que se enganchan a este discurso que les parece humanitario, empático y, sobre todo, protector. Ya expliqué en La ineficaz venganza los argumentos por los que esta campaña oportunista y manipuladora sobre la prisión permanente revisable no es necesaria, ya que nada va a solucionar. Quiero ir un poco más allá. Quiero ir a la hipocresía social, a la falsedad argumentativa y al fraude político que supone liberar las emociones colectivas y luego pasar la urna a hacer colecta.

Voy a hablar hoy de los guardianes de la llave. Esa llave que se quiere perpetua no irá al fondo del mar, sino que simbólicamente colgará del cinturón de funcionarios públicos que tendrían que hacer frente al problema de manejar a internos sin esperanza a los que la actitud positiva en prisión no les supondría mejora alguna, a los que cometer nuevos delitos no les perjudicaría nada. Trabajar con presos sin horizonte, ya lo ha dicho la ex directora general de Instituciones Penitenciarias, es un escenario que en nada se parece al existente actualmente. Y, a pesar del oscurantismo gubernamental, sabemos que el índice de agresiones sufridas ya por los funcionarios de prisiones sigue aumentando y se sitúa en torno a las 3.000 en los pasados diez años.

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Cerebros destruidos

Un sindicato quiere que se prohiban los disfraces sexys de enfermera. El sindicato mayoritario de la Enfermería ha pedido que se retiren de los centros comerciales. Una incautación masiva de batas desbocadas, faldas prietas y uniformes reventones. Una razia en busca de cualquier disfraz sanitario que pueda provocar calores morbosos en las frías noches de las carnestolendas. Atentan a la dignidad del colectivo, dicen, y oigo levantarse desasosegados a todos los colectivos que pueblan las fantasías lúdicas y eróticas de la humanidad entera. Los guerreros romanos, saliendo de sus tumbas. Las brujas volviendo de sus cenizas para exigir respeto y disfraces adecuados que no muestren una imagen erotizada de su exterminio. Los piratas. La pobre Caperucita, niña devorada por el lascivo lobo, exigiendo que la largura de las capas sea la adecuada a una tragedia de este tenor. Policías y militares en pie de guerra para requisar todo pantalón ceñido, guerrera entreabierta y esposa mal usada por la población en general. Vaqueros e indios, para los que hubiera sido imposible montar caballos desbocados con la piel rozando en la silla con esas faldas imposibles y esos calzones abiertos en demanda de pasión. Bomberos indignados, ante esos hombretones semidesnudos y con la piel brillante cuyos disfraces incitan a lanzarse a fuegos que sólo la saciedad extingue. Veo brigadas de inspectores de fantasías y deseos. Veo a la Santa Inquisición en busca de monjas desvestidas y provocadoras y de curas que apenas lucen alzacuellos.

Veo que nos hemos vuelto locos y que la espiral de represión y puritanismo, de estupidez y de sinsentido nos está alcanzando como una ola a la que no sólo no nos resistimos sino que amplificamos en una voluntaria ordalía de buenos ciudadanos contra nuestras propias libertades. Ya no estamos contentos con no preocuparnos de que nos las cercenen sino que les entregamos nuestra propia censura en bandeja de colectivo sensible. Lo machista, lo infumable, es que el capital obligue a trabajadoras de la sanidad o de cualquier otro colectivo a adoptar vestimentas determinadas que sexualicen la actividad para rentabilizarla. Eso es inaceptable. Que a la gente le ponga cachonda una cosa u otra eso, me van a perdonar, es libre. Se pongan como se pongan los de SATSE.

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Es un escándalo

España está a 8 décimas de despeñarse hacia el pelotón de democracias imperfectas. Los datos sobre nuestra calidad democrática lucidos por Felipe VI en Davos se han desplomado debido a la reacción y tratamiento dado a la crisis catalana. No vale desprestigiar al mensajero -The Economist Intelligence Unit- porque como queda dicho, hasta al Rey le parecía muy ecuánime cuando nuestra nota molaba. Cuando aún gobernaban los socialistas en 2008 nuestra calidad democrática era de 8,48 puntos, muy cerca de la alemana. Esto es lo que realmente nos importa a muchos de los que clamamos contra los inaceptables modos y maneras que están socavando el Estado de Derecho y los cimientos de la democracia. De poco nos sirve conservar tres provincias si perdemos las bases que nos convierten en una democracia avanzada. Al menos a mi así me lo parece.

Es absolutamente imposible tener la más mínima sensibilidad sobre cómo debe funcionar realmente el sistema y no acabar con arritmias a cada momento. Da igual, porque mientras la mierda resbale por la pendiente adecuada hay posibilistas, bienpensantes, ignorantes y malvados aplaudiendo sin querer entender que nos anegará a todos.

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La jueza Elósegui

No son las convicciones las que inhabilitan para juzgar sino la incapacidad para abstraerse de ellas a la hora de hacerlo. Los textos revelados por este diario, pertenecientes a la nueva magistrada electa del Tribunal de Estrasburgo en representación de España, han llevado a muchos a concluir que no es aceptable que una persona que tiene un pensamiento que se considera homófobo pueda defender adecuadamente los Derechos Humanos desde tal instancia. Como abogada de causas perdidas que saben que soy, yo quiero argumentar aquí que no son sus convicciones ortodoxas cristianas -o ultraortodoxas si quieren- las que tienen que preocuparnos sino su capacidad para juzgar aplicando la ley y sin mezclarlas en ello. María Elósegui es numeraria del Opus Dei, como otros jueces lo son en España. Nadie hace un examen ideológico a los jueces para ejercer su labor. Sólo se les exige que sus convicciones íntimas no tuerzan su mano al juzgar. Lo mismo le debe ser exigido a la nueva magistrada internacional.

Así que la pregunta que parece planear sobre la polémica es en realidad: ¿Es posible creer y defender los derechos humanos desde ciertas posiciones? Yo creo que, afortunadamente, sí. Creo que se llega a la defensa de esos valores fundamentales desde diversas ideologías o creencias y digo afortunadamente porque, en caso contrario, si sólo desde el laicismo se defendieran los principios fundamentales de nuestra convivencia, estos estarían demasiado solos y demasiado en peligro. Pero dejaré que sea la propia Elósegui quien conteste a eso: “Creo que hay unos valores comunes y universales entre todas las culturas, que se reflejan en los Derechos Humanos, y que estos deben enseñarse en las escuelas y a toda la ciudadanía. Hay una ética racional que nos une a todos. A pesar de que aumente el relativismo moral, cabe llegar a puntos comunes objetivos, que no son un mero consenso sino que forman parte del humanismo cívico”. Es algo que he comprobado en muchos debates y ocasiones. En muchos temas clave que afectan a la dignidad humana y a los derechos fundamentales del individuo, es más fácil confluir desde la izquierda con personas que proceden del humanismo cristiano que con los descarnados neoliberales. Estos creen, al final, que las leyes del mercado pueden regir también la vida humana y por eso apuestan por los vientres de alquiler, la prostitución como negocio,el capitalismo salvaje, la desigualdad o incluso en casos extremos la venta de órganos. Nunca encontrarás a un humanista cristiano en ese barco.

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Catalunya será nuestra Polonia

Sin ningún pudor y ningún rebozo el Gobierno ha dejado claro que el objetivo de impedir que Puigdemont y su equipo vuelvan a gobernar bajo ningún concepto en Catalunya no decaerá ni por el mantenimiento, no ya de la forma, sino del fondo democrático.

Aquí lo único que importa es cerrar el paso a un Gobierno de Catalunya integrado por las mismas personas que provocaron la entrada en vigor del 155 y sin ningún rebozo todos los poderes y los organismos constitucionales, el ESTADO con todas las mayúsculas, se ha puesto en marcha para impedirlo. No hay línea divisoria ya entre los poderes a estos efectos y es difícil deslindar cual es el designio del Ejecutivo y cuáles los instrumentos del Judicial para darle cumplimiento.

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La ineficaz venganza

El dolor que desgarra a los familiares de víctimas de crímenes atroces cursa de muy diversa manera. En España, desgraciadamente, tenemos una amplia experiencia. Hemos conocido a muchos padres coraje, que han adoptado una actitud combativa ante los crueles asesinatos de sus hijos, y hemos visto a personas que, como Irene Villa o el joven Utrera, que testificó en el juicio del 11M, consideran que una perpetua victimización no les ayuda a continuar. No nos corresponde indicar a nadie cómo afrontar estos golpes de la vida que casi nadie imaginamos como seríamos capaces de soportar.

Pero el dolor no es la Justicia. La Justicia en un Estado democrático no se hace desde el dolor ni desde la venganza. Mucho menos se puede articular en torno a una postura ventajista, como en estos últimos días está haciendo el Partido Popular que se ha asido a la desgracia de los Quer como un método para conseguir que la mayoría parlamentaria no derogue la llamada cosméticamente "prisión permanente revisable" que instauraron con sus solos votos. Ya no los tienen.

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