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Elisa Beni

Con 23 años fui la directora más joven de un diario español y ahora escribo en el diario más joven. En medio he pasado por decenas de redacciones y aún así sigo amando el periodismo. Ahora vivo este periodo decisivo como analista y comentarista en Las Mañanas de Cuatro,El Gran Debate de T5, Julia en la Onda de Onda Cero, "Tiempo" y allí donde quieran una voz que cree en lo que dice.

Casado o el divorcio del PP

Al día siguiente de que Rajoy anunciara que se iba y que no iba a usar de su dedazo para nombrar un sucesor, o ese mismo día, ya una ni se coloca en el tiempo, una cadena de tele me invitó a comentar “el duelo entre Cospedal y Soraya” que se avecinaba para alcanzar el máximo poder. “No desestiméis que se cuele un tercero, un hombre”, afirmé.

No lo hice porque en aquel momento supiera el potencial de respaldos que tenía Casado sino porque tenía serias dudas de que el Partido Popular fuera a ser el caldo de cultivo para hacer saltar el techo de cristal que sigue separando a una mujer del liderazgo de un partido con posibilidades de llegar al Gobierno. Siempre pensé que para Rajoy era muy cómodo mantener a dos mujeres que le sacaran las castañas del fuego en el segundo nivel, que le fueran fieles y no pensaran en hacerle la cama, y que estuvieran enfrentadas entre ellas para que así se controlaran la una a la otra y le fueran con el cuento al jefe, o sea a él. Un hombre ha sido elegido para liderar el PP y, échense encima los que deseen, así las cosas, se mantienen como estaban. El techo de cristal no es algo consciente ni palpable ni racional, es simplemente el fenómeno por el que se sigue confiando más en un hombre que en una mujer para determinadas posiciones de poder o responsabilidad y nada tiene que ver con la preparación o capacidad. No sé muy bien como ahora ese compañero periodista, forofo del PP de antaño, tan amigo de restregarnos lo preparados y lo opositados que estaban todos, va a defender el triunfo meritocrático del chico al que le costó 14 años sacarse la carrera de Derecho, y eso con toda la sospecha de que no lo hizo en buena lid, contra las abogadas del Estado. Casado completa así el cuarteto de líderes políticos del cambio generacional que sigue sin ser un cambio general, de género me refiero. Ya tenemos los destinos políticos de España copados por los treintañeros, a excepción del presidente del Gobierno que ya calza los cuarenta y, sin embargo, ninguna mujer se ha abierto paso en la primerísima fila del poder. Y no olvidemos que los cuadros orgánicos han rectificado la decisión de los militantes no sabemos si forzando un divorcio con muchos de sus votantes. Cosas.

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La España de Mr. Wonderful

No alcanzo a entender cómo puede ser este país nuestro un parque temático del fascismo, con tanta manita arriba, o una sociedad dividida y al borde de la fractura civil o un sindiós permanente del que es casi imposible escapar si, en realidad, España es el paraíso de Mr. Wonderful, ese mundo rosa y azul de nubecitas en el que navegan leyendas cursis de autoayuda junto a unicornios rosas. En una de ellas aparece el lema que debiera inscribirse en el escudo nacional y, sin ir más allá, sería el de “No hay nada imposible” esa frase “para recordar que los límites sólo te los marcas tú y que TODO, TODO, TODO es posible”.

Supongo que los inventores de la gallina de los huevos de oro que es la firma Mr. Wonderful no tendrían inconveniente en hacer grandes descuentos al Estado si se compraran millones de ellas para instalarlas convenientemente incluso en los centros oficiales junto a la fotografía del monarca. ¡Dónde mejor que junto a la fotografía del monarca! Aun así no bastaría. Harían falta copias para las capillas. Y también para los domicilios y los negocios particulares. Y sobre todo para las salas de vistas. No hay nada imposible. El lema que inspira y anima a tantos y tantos que se pasan el día haciendo lo que les sale de las meninges. Todos con corifeo que los aplaude, nutrido por millones de españoles admirados por el unicornio rosa que algunos lucen en la frente y que les permite hacer aquello que gusten. Sin mayor problema. A fin de cuentas siempre hemos sido un país de ácratas, aunque en algunos poderes a eso le llamen ser creativo.

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Vamos a contar mentiras...

Ahora que vamos despacio, ahora que el estío nos adormece y la galbana nos posee, vamos a contar mentiras. Tralará. Como ejercicio, como entretenimiento, como transgresión.

Vamos a contar que el atolladero en el que se halla sumido el magistrado Llarena, y el Tribunal Supremo entero con él, no es fruto de ninguna disfunción ni de un funcionamiento anómalo, desleal o inaceptable de ningún sistema. Contemos que es producto directo de la forma en la que se planteó la persecución judicial de la desobediencia catalana y que no podía tener otro final que el que ha tenido. Cada acción tiene su reacción y el forzamiento de las normas penales para conseguir encajar las conductas de los líderes independentistas en los tipos más graves -para lograr no sólo una mayor represión sino para poder llevar a cabo acciones de represalia con claros efectos políticos como el encarcelamiento preventivo y finalmente su inhabilitación como parlamentarios electos tras un procesamiento exprés- sólo podía funcionar en un tribunal que había hecho suyo el alto destino de salvar la unidad de España más allá de esos políticos inoperantes que no estaban dando la respuesta adecuada y en un país cuya opinión pública mayoritaria estuviese dispuesta a comprar de forma acrítica todo ante el atropello máximo que para ellos era la ruptura de su país. Si esto no hubiera sido así, si no hubiera sido obvio que solo con esas circunstancias concretas se podía comulgar con la desmesura jurídica, no hubiera sido posible prever que cualquier tribunal de cualquier otro país que no hubiera sido devorado por la fiebre nacionalista española no iba a tragar con las burdas maniobras para convertir una desobediencia civil de las instituciones catalanas en una rebelión violenta. Cualquiera no abducido por la finalidad de las maniobras era capaz de predecir que los ex miembros de la Generalitat que salieron de España no iban a ser entregados para ser juzgados por rebelión. Todo el que tenía esto claro lo vio desde que se descubrió la estrategia jurídica de las defensas. Lo dijimos. No porque los países sean malos y odien a España sino porque nadie es capaz de taparse las narices con tal ahínco en un tema que ni le va ni le viene. Bélgica no entregó y se dijo a gritos que era un estado fallido protector de terroristas para explicarlo. Alemania no entrega y ni siquiera fue un país elegido por los muñidores legales de los expatriados, sino que lo fue por el propio CNI. Escocia no va a entregar. Suiza tampoco lo hará. Todos antiespañoles, todos malos, todos conspiradores contra nuestros intereses y humilladores del Tribunal Supremo. Tal vez simplemente todos con la vista lo suficientemente limpia y sin ganas de fábulas. 

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El sí de las chicas

El sí. El sí es sí. El sí de las chicas siempre ha sido moldeado y moldeable. El sí de las chicas se pronunciaba por boca de otros, se transmutaba, se convertía en moneda de cambio del honor, de la costumbre, del bienestar de los demás, del orgullo de la familia, de la posición. De cualquier cosa que se considerara importante, porque el no de las chicas era una revolución. Ya Moratín se vio denunciado a la Inquisición cuando se le ocurrió cuestionar un problema que era cotidiano, como era el obligar a las jóvenes a casarse según el deseo de la familia aún contra toda razón. El reformista ilustrado que había en él fue considerado casi un delincuente social por ello. Estos mismos días se representa en Madrid Lucía de Lammermoor, otro sí forzado que acaba en muerte porque la vida de las mujeres quedaba sin sentido si pretendían imponer siquiera su elección y menos su felicidad.

El sí de las mujeres que aún hoy vuelve a crear zozobra y recelo. La sola expresión de la voluntad de reforzar la necesidad de ese consentimiento libre de la mujer, ese derecho de ser humano, produce escozores, malestares y una avalancha de razonamientos que se presentan como exclusivamente técnicos, racionales y, por tanto, inapelables. Como si de esa forma se pudiera volver a poner el corcho de ese poder femenino que ha estallado y burbujea en una sociedad a la que todavía le cuesta comprenderlo. Esa es la idiosincrasia de una estructura, la que define el conjunto de relaciones que mantiene en pie a un todo y que lo hace de forma interna, oculta o no visible; y una estructura es el patriarcado. Ha bastado que Carmen Calvo dijera que quiere establecer unas reformas para que "los tipos penales no se pongan en riesgo a través de la interpretación de los jueces" para que hayamos visto titulares acusándola de decir "barbaridades, según los juristas". Quiero recordar que ella también lo es, doctora en Derecho Constitucional para más señas. Y hay que decirlo porque estamos pasando de que nos digan que de estas cosas solo pueden opinar los juristas a que nos impongan que solo pueden hacerlo algunos juristas o los que algunos determinen.

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El riesgo de implosión del PP

En el a modo de primarias ha perdido el partirse la cara por defender lo indefendible del partido y ha ganado la imagen del gobierno que negó las evidencias y se encastillo en que toda la mierda que les rodeaba era un ejército de casos aislados que no iba con ellos. Ha emergido el rostro joven de los halcones, que parecen menos encarnizados cuando tienen la piel tersa que cuando apenas pueden moverla sobre el labio. De alguna manera, los únicos espectros vivos de la gran masa electoral fantasma han dejado sobre el tapete la opción de dos partidos y la dificultad de enjaretarlos. El duelo de damas ha escampado y es el duelo de las dos almas peperas el que se enfrenta a esa segunda vuelta de un sistema perverso pensado más para aclamar a los elegidos que para seleccionar a los que podrían serlo.

No tienen las cosas fáciles los populares. Se la juegan ahora a borrar la fachada democrática de un golpe de aparato o a respetar institucionalmente el resultado de sus urnas. Deberían sopesar si la muestra estadística de militantes, constituida en su mayor parte por cuadros del propio partido, tiene alguna sintonía con los votantes que son la única fuerza suficiente para volver a conseguir un partido unido en las lides del poder.

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Frenar a la ultraderecha

No se trata de los migrantes. No se trata de las mafias de la inmigración. No se trata de acoger más o menos migrantes o barcos que andan a la deriva en el Mediterráneo. Se trata de plantarle cara al avance de la ultraderecha en Europa. Así, sin paños calientes. Los gestos sólo denotan en qué lado se alinea cada gobierno, cada partido, cada ciudadano. Y no existe un lugar intermedio en el que posicionarse. La partida está tan avanzada que "buenistas" -odio la palabreja- sólo son los que piensan que nos estamos protegiendo de unos seres indefensos que huyen y que no son conscientes de que hay una fuerza terrible y destructiva para Europa y para nuestros principios a la que hay que plantar cara sin ambages.

La ultraderecha avanza en Europa y el tema de la migración es sólo un estandarte manipulado bajo el que cobijarse. La cumbre europea ha sido considerada la cumbre del vuelco hacia sus tesis por la derecha xenófoba y la extrema derecha nacionalista. Ahora, bajo la presidencia de Austria, la alianza con Italia y Hungría constituye un peligro para los principios que constituyen la forma de vida europea. Hay que plantarle cara a ese fantasma y eso supone plantarle cara a cada monigote engañabobos que esgriman ya sea de proteccionismo económico, de xenofobia, de restricción de derechos a cambio de seguridad o, como sucede ahora, el manipulado debate de la amenaza de los migrantes. Ahora, justo en el momento en el que el volumen de llegadas ha descendido de forma clara y sostenida en toda Europa. Ahora porque ahora es el momento político para ellos, porque les es útil a nivel interno y porque les hará ganar elecciones y avanzar hacia la destrucción de la Europa de los derechos y las libertades que tanto nos ha costado. En esa dinámica se enmarcan las presiones a Merkel por parte de sus socios.

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Nuestra intolerable libertad

Ayer descubrí en una avalancha en las redes sociales que hay jueces que consideran que las críticas contra la actuación de algunos de sus miembros que hemos llevado a cabo en eldiario.es personas de muy diversa condición y profesión son “exacerbadas” (irritantes, que causan enojo), “intolerables” (que no pueden ser permitidas) y, más aún, “dirigidas”. Es más, que creen que detrás de las críticas que ha sufrido el colectivo u alguno de sus miembros, maximizadas tras el caso de La Manada, hay una mano oculta, un patrón definido e indefinible que concierta nuestros esfuerzos con los de las turbas dirigidas en una dirección prefijada. Una conspiración, en suma. Incluso que detrás hay “antisistemas con título de periodismo” con una intención oculta “más sutil y dirigida” que la de ejercer nuestro trabajo.

El Código Escolar o el Código de Urías o el Código de Beni. Arcanos. Extraños diseños que coordinan nuestras fuerzas para desacreditar al Poder Judicial en una conjunción diabólica y astral con el Ejecutivo (¿cuál? ¿el de antes o el de ahora? ¿el Ejecutivo como ente abstracto del diseño constitucional?) para desacreditarles. Todo antes que reconocer que hay motivos para plantearse cuestiones, para buscar mejoras, para soslayar impedimentos. No, eso no. Y menos unos titulados de mierda sin oposición alguna que, no siendo técnicos en nada, hemos desarrollado la cultura necesaria para ejercer nuestro papel social de controladores del poder o lo que es lo mismo de los poderes. De todos sin excepción. Siempre hemos aspirado a ser muckrakers, periodistas de denuncia, rastrilladores de cieno, aunque Roosevelt nos llamara directamente “los que se revuelcan en la mierda”. Es una mierda que es preciso levantar a paletadas. No nos incomoda el trabajo. Alguien debe hacerlo.

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Sin miedo a las víctimas

Las víctimas, cualquier víctima, son merecedoras de respeto, compasión, apoyo, solidaridad, empatía además de justicia y de reparación. Las víctimas del terrorismo suman además la necesidad del agradecimiento por su digna y democrática contribución a que este país y este modelo de convivencia no saltara por los aires en los momentos más trágicos. En algún punto, que todos tenemos en la memoria, las víctimas del terrorismo, algunas víctimas, pasaron a convertirse en un ariete de la política antiterrorista de algún partido y ahora, vencida y disuelta la banda criminal, parece que no va a haber reparo en volver a hacerlo. No creo que sea ya posible. Las circunstancias han cambiado y el miedo ha sido vencido. El respeto y el agradecimiento no pueden maniatar las decisiones políticas coherentes ni el lento regreso a la normalidad democrática. Y tales decisiones deben tomarse basándose en los criterios de legalidad, de normalización y de pertinencia. Sin miedo ni a la utilización por la oposición del espantajo de la factura, pero también sin miedo a las víctimas, a algunas víctimas, y a su eventual reproche.

Cuando las posturas respecto a una realidad concreta son ya similares, no hay necesidad de pactar nada. Y retrotraer una decisión política y administrativa cuya única explicación entroncaba con el pragmatismo, cuando éste ya no es necesario, no constituye ningún pago. Ha pasado tanto tiempo que muchos necesitan refrescarse la memoria. También aquellos que acusan a Sánchez de “pactar” esta medida con los nacionalistas vascos en lugar de marchar de la mano del PP en esta cuestión. Lo cierto es que, incluso si fuera así, sería la combinación precisa puesto que fue el Partido Socialista, con el apoyo del PNV, quien puso en marcha en 1989 la entonces insólita política de dispersión de presos de la banda terrorista. Fueron Asunción y Múgica, con el pleno apoyo de Azkarraga y los nacionalistas vascos, quienes consideraron que era la única forma de acabar con la presión y el control que ETA realizaba sobre lo que denominaba “el frente de makos”. Desde el entorno abertzale se le ha reprochado a los jetzales durante décadas frases como “la dispersión de los presos vascos es pertinente porque no se puede permitir la utilización de los presos por determinados grupos como instrumentos de movilización política”. La dispersión se inicia justamente un mes después del fracaso de las conversaciones de Argel, en 1989.

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Disculpen, hay que sacudir las togas

Una de las reacciones que más me está pasmando en todo el asunto de “La Manada” no es precisamente las de las manifestantes - véase turbas enfervorecidas, según el presidente del TSJN- sino la de la propia judicatura y muchos otros togados que asisten con pasmo a un panorama que entienden peligroso. Argumentan que lo es para el Estado de Derecho y los derechos y libertades pero no voy a esconderles que, en el fondo, también es peligroso para ellos mismos y su hábitat natural y que eso les lleva a intentar hacernos comulgar con ruedas de molino.

Los jueces están asomando el hocico al siglo XXI de una forma abrupta y para la que no estaban preparados. No voy a cebarme con eso. Todas las profesiones y ámbitos sociales se han ido dando de bruces contra una realidad disruptiva que en algunos casos es prometedora pero que en otros ofrece graves dificultades para mantener en pie los principios, las libertades y los derechos, las virtudes que nos han traído hasta el presente. Nos ha pasado a los periodistas, a los políticos, a los empresarios, a los propios trabajadores, a los médicos, a los escritores, a los músicos,a los filósofos... nos ha ido pasando en todos los ámbitos y ahí andamos peleando por encontrar la salida que permita salvar los trastos de los valores y navegar por las aguas de las redes sociales, de la instantaneidad del conocimiento, de la posverdad, de la ausencia de valores o su alteración. Seguimos reacomodándonos, si es que fuera posible, a un cambio de paradigma que puede que acabe volando en mil pedazos el mundo que conocemos.

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Un tribunal roto, una magistrada veleta

¡Qué cruel ha sido el destino con C! ¡No sólo fue violada y humillada sino que ha tenido la desventura de topar con este extraño tribunal que ha convertido su procedimiento en una aventura jurídica cuyo último e inesperado episodio acabamos de conocer!

Explicar lo difícilmente explicable. Eso se nos pide hoy. La decisión de dejar en libertad provisional a los cinco hombres condenados a nueve años de prisión hasta que haya sentencia firme es posible y hay que acatarla, pero revela unas dinámicas internas que distan mucho de ser las habituales y las que hubiera cabido esperar. La justicia penal es justicia material pero también debe ser justicia segura, justicia esperable, justicia lógica, justicia explicable y comprensible, justicia que parezca justa.

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