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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marta Tafalla]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marta_tafalla/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marta Tafalla]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Macacos, crisis ecológica y el negocio de la experimentación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/macacos-crisis-ecologica-experimentacion-animal-maltrato-animal_132_10583394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/29463c97-ff3d-4896-8850-926afe09f552_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Macacos, crisis ecológica y el negocio de la experimentación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Denunciar la barbarie de la vivisección es racional y valiente; tanto desde la ética como desde la salud colectiva, la ecología o la economía, el futuro que necesitamos pasa por desarrollar métodos de experimentación sin animales, por los que deben trabajar una ciencia verdaderamente creativa y unas instituciones que se quieran innovadoras</p><p class="subtitle">CITES, mafias y tráfico de macacos en Tarragona</p></div><p class="article-text">
        La organizaci&oacute;n antiespecista Abolici&oacute;n Vivisecci&oacute;n acaba de publicar un <a href="https://www.abolicion-viviseccion.org/wp-content/uploads/2023/08/Camarney2023-es_compressed.pdf" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><strong>informe acerca de Camarney, el mayor centro de distribuci&oacute;n y experimentaci&oacute;n con primates no humanos de Europa</strong></a><strong>, que se encuentra en Camarles, Tarragona.</strong> Se ha elaborado con datos proporcionados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentaci&oacute;n sobre el n&uacute;mero y el origen de los primates importados y exportados por este centro, y con otras informaciones aportadas por la Generalitat de Catalunya acerca de las instalaciones que albergan a los animales.
    </p><p class="article-text">
        Este centro comenz&oacute; a operar en Camarles en 2003, en medio de la oposici&oacute;n vecinal y a pesar de que entidades antiespecistas y ecologistas trataron de impedirlo en los tribunales. Desde entonces, <strong>han pasado por Camarney unos 30.000 macacos de cola larga</strong><em> </em><a href="https://www.iucnredlist.org/species/12551/221666136" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>(Macaca fascicularis)</em></a><a href="https://www.iucnredlist.org/species/12551/221666136" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">, una especie que en 2022 fue declarada en peligro de extinci&oacute;n por la IUCN</a> y una de cuyas principales amenazas es precisamente su <a href="https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/macaco-cola-larga-experimentacion-cientifica-animal-en-peligro-de-extincion-primates_132_9191927.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">captura para experimentaci&oacute;n</a>. Hasta 2015, Camarney importaba los primates desde Mauricio y, a partir de entonces, lo hace tambi&eacute;n desde Vietnam.
    </p><p class="article-text">
        Durante 2022 y la primera mitad de 2023, Camarney import&oacute; 4.898 macacos de cola larga de Mauricio y Vietnam. En ambos casos, los viajes duran como m&iacute;nimo un d&iacute;a y medio. Los animales son transportados por carretera, luego en bodegas de aviones y luego por carretera de nuevo, encerrados en jaulas diminutas y en condiciones estresantes y peligrosas para su salud. Durante ese tiempo, apenas tienen acceso a comida ni agua, casi no pueden moverse y no entienden lo que est&aacute; sucediendo. Los animales que sobreviven a estos viajes son a menudo reenviados a laboratorios espa&ntilde;oles en otras ciudades o a diversos pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea. <strong>Durante 2022 y la primera mitad de 2023, Camarney export&oacute; 3.651 macacos a Francia, Reino Unido, Holanda y Alemania.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde 2020, Camarney no solo importa y exporta animales, sino que <strong>tambi&eacute;n realiza experimentaci&oacute;n en sus instalaciones</strong>, que actualmente est&aacute; ampliando para poder albergar m&aacute;s individuos. Camarney es propiedad de <strong>Noveprim</strong>, y el 49% de Noveprim pertenece a <strong>Charles River Laboratories</strong>, uno de los gigantes del sector. 
    </p><p class="article-text">
        La organizaci&oacute;n Abolici&oacute;n Vivisecci&oacute;n denuncia algunas <strong>irregularidades.</strong> Por ejemplo, que en los a&ntilde;os 2006, 2007, 2012, 2015 y 2022 la Generalitat de Catalunya no realiz&oacute; la inspecci&oacute;n anual obligatoria de Camarney. En los a&ntilde;os que s&iacute; realiz&oacute; la inspecci&oacute;n, detect&oacute; en algunas ocasiones que se hab&iacute;an hecho o se estaban haciendo <strong>obras sin pedir los permisos</strong> necesarios, incluso de edificios enteros que no aparec&iacute;an en los planos. Adem&aacute;s, se comprob&oacute; que algunos de <strong>los trabajadores encargados del &ldquo;cuidado y atenci&oacute;n&rdquo; de los animales carec&iacute;an de la titulaci&oacute;n exigida por la ley</strong>. Tambi&eacute;n se detect&oacute; en algunos casos que en el <strong>registro de los animales</strong> faltaban datos e incluso en alguna ocasi&oacute;n que si un animal fallec&iacute;a, no se anotaban las causas ni los resultados de las necropsias. A su vez, se comprobaron deficiencias en aspectos de &ldquo;bienestar animal&rdquo;, como la climatizaci&oacute;n de las jaulas y salas de experimentaci&oacute;n, los niveles de ruido y los ciclos de luz. Sin embargo, lo m&aacute;s preocupante no son estas irregularidades, sino el destino de los animales.
    </p><p class="article-text">
        Los macacos de cola larga son animales salvajes que <strong>sufren enormemente en cautividad</strong>, tanto si han sido secuestrados de su h&aacute;bitat como si han nacido en una jaula. Son <strong>animales con elevadas capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas</strong>, que viven en grupos y establecen lazos sociales complejos y profundos con otros individuos. Arrancarlos de su h&aacute;bitat, separarlos de su familia, encerrarlos en espacios diminutos y artificiales, impedirles tomar ninguna decisi&oacute;n sobre sus vidas, obligarles a reproducirse en esas condiciones y someterlos a experimentos dolorosos y estresantes, les causa un inmenso sufrimiento f&iacute;sico, emocional y mental.
    </p><p class="article-text">
        Cuando <strong>la pandemia de COVID-19</strong> se expandi&oacute; por el planeta en 2020, se experiment&oacute; con una gran diversidad de animales y sobre todo con primates no humanos de varias especies, lo que increment&oacute; <a href="https://www.nationalgeographic.es/animales/2023/07/ozempic-pruebas-laboratorio-monos-peligro-extincion-uicn" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">un comercio que ya llevaba a&ntilde;os al alza</a>. Se estima que <a href="https://ec.europa.eu/health/scientific_committees/opinions_layman/en/non-human-primates/index.htm" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><strong>m&aacute;s de 100.000 primates son explotados en laboratorios de experimentaci&oacute;n cada a&ntilde;o</strong></a>. En la b&uacute;squeda de vacunas contra la COVID-19, se usaron tantos macacos de cola larga<em> (Macaca fascicularis)</em> y macacos Rhesus <em>(Macaca mulatta)</em> que lleg&oacute; a haber escasez y <a href="https://www.nytimes.com/es/2021/02/28/espanol/monos-laboratorio-covid.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">los precios se dispararon</a>. Diversos pa&iacute;ses est&aacute;n literalmente <a href="https://www.elsaltodiario.com/maltrato-animal/experimentos-primates-vivos-europa-espana-nadie-quiere-ver" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">desvalijando sus propios ecosistemas salvajes</a> para hacer dinero con la venta de primates. Entre ellos, <a href="https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/macacos-cites-camarles-tarragona-experimentacion-animal_132_10154827.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">China, Camboya, Vietnam, Indonesia, Mauricio y Per&uacute;</a>.
    </p><p class="article-text">
        En momentos en que la sociedad estaba angustiada por la pandemia, <strong>los portavoces de los experimentadores </strong>aprovecharon para desfilar por todos los medios de comunicaci&oacute;n y defender la importancia del uso de animales. Sin embargo, no nos explicaron lo m&aacute;s importante: <a href="https://www.science.org/doi/full/10.1126/science.add8384" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">el covid es una enfermedad de origen zoon&oacute;tico</a>, que se origin&oacute; en un mercado de animales vivos. Los <a href="https://cnnespanol.cnn.com/2022/07/26/pandemia-covid-19-mercado-wuhan-animales-trax/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">mercados de animales vivos</a>, en los que se amontonan en malas condiciones animales de muchas especies, a menudo heridos y moribundos, sangrando, orinando y defecando unos encima de otros, son un infierno para los animales, pero son tambi&eacute;n un para&iacute;so para los pat&oacute;genos, que pueden saltar de una especie a otra y aprovechar que el estr&eacute;s de los animales debilita su sistema inmunitario. Muchos expertos hab&iacute;an advertido de que los mercados de animales vivos eran un riesgo para nuestra salud colectiva, especialmente despu&eacute;s del brote del SARS en 2002. Si se hubieran cerrado los mercados de animales vivos, no habr&iacute;amos tenido la pandemia de covid. 
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, <strong>los expertos no dejan de advertir del riesgo de </strong><a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2023/feb/08/next-pandemic-bird-flu-mink-farms-transmission" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><strong>una pandemia de gripe aviar, que podr&iacute;a surgir de las granjas de cerdos, pollos o visones</strong></a>. Recientemente ha habido brotes de gripe aviar en una <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/brote-gripe-aviar-granja-visones-galicia-acerca-transmision-humanos_1_9896320.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">granja de visones espa&ntilde;ola</a> y en <a href="https://www.euronews.com/2023/08/23/finland-starts-cull-of-120000-foxes-and-mink-to-stem-bird-flu-outbreak" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">granjas de visones y zorros finlandesas</a>, pero si finalmente acabamos sufriendo una pandemia de gripe aviar, <strong>los experimentadores nos dir&aacute;n que necesitan usar animales para encontrar una vacuna</strong>. Y as&iacute; es como los distintos negocios de explotaci&oacute;n animal se retroalimentan entre s&iacute; y nuestra salud colectiva queda atrapada en un bucle de maltrato animal.
    </p><p class="article-text">
        Ese bucle tiene dimensiones complejas, pues <strong>la mayor&iacute;a de nuestras enfermedades infecciosas son de origen zoon&oacute;tico y han surgido de pr&aacute;cticas como la ganader&iacute;a y la caza</strong>. Tambi&eacute;n podemos pensar en los problemas de salud que provocan la comida basura que abarrota los supermercados, la industria del tabaco y la contaminaci&oacute;n ambiental. Prevenir nos ir&iacute;a mejor, pero prevenir no es negocio.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Y así es como los distintos negocios de explotación animal se retroalimentan entre sí y nuestra salud colectiva queda atrapada en un bucle de maltrato animal.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por otro lado, el uso de macacos en experimentaci&oacute;n es da&ntilde;ino para nuestra salud. Los seres humanos estamos provocando una <strong>extinci&oacute;n masiva de especies que est&aacute; degradando todos los ecosistemas</strong> y es la principal amenaza para nuestra salud colectiva, juntamente con el caos clim&aacute;tico. En este contexto, el creciente comercio de primates para experimentaci&oacute;n est&aacute; vaciando los ecosistemas de estos animales. Pero <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3002262" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">los primates, como cualquier animal salvaje, realizan funciones ecol&oacute;gicas</a> que contribuyen al buen funcionamiento de la biosfera, e incluso ayudan a capturar carbono y mitigar el calentamiento global. Si de verdad nos importara nuestra salud, y aunque solo fuera por esta raz&oacute;n ego&iacute;sta, deber&iacute;amos dejar a los animales salvajes en paz. Y no, la cr&iacute;a en cautividad no resuelve el problema. Ya hemos visto casos de corrupci&oacute;n, de supuesta cr&iacute;a en cautividad que en realidad estaba blanqueando la captura de animales salvajes en <a href="https://www.nationalgeographic.es/animales/2022/11/detenido-un-alto-funcionario-camboyano-por-contrabando-de-monos" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Camboya</a>, <a href="https://www.sixthtone.com/news/1013062" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">China</a> y <a href="https://es.mongabay.com/2017/01/peru-monos-nocturnos-en-amenaza/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Per&uacute;</a>. Adem&aacute;s, la cr&iacute;a en cautividad ocupa territorio y consume recursos que se le roban a la vida salvaje. 
    </p><p class="article-text">
        Los lobbies de la vivisecci&oacute;n difunden la idea de que experimentar con animales tiene como objetivo mejorar la salud humana y que adem&aacute;s es imprescindible para conseguirlo. Sin embargo, nada m&aacute;s lejos de la realidad. <strong>La inmensa mayor&iacute;a de los experimentos ni siquiera tienen como objetivo mejorar nuestra salud</strong>: muchos de ellos son <strong>experimentos militares</strong> para el desarrollo de armamento, investigaciones al servicio de la industria ganadera y pisc&iacute;cola <strong>para aumentar la &ldquo;productividad&rdquo;</strong> o estudios de ciencia b&aacute;sica sin ninguna aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica a la vista, que a menudo solo sirven <strong>para mantener a flote la carrera acad&eacute;mica</strong> de los cient&iacute;ficos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuando los experimentos est&aacute;n relacionados con la salud, frecuentemente parten de un paradigma reduccionista y mecanicista</strong>. Pensar que entenderemos la drogadicci&oacute;n obligando a animales enjaulados a hacerse adictos a alguna sustancia y creer que curaremos la depresi&oacute;n maltratando a animales de formas brutales para que se depriman, es resultado de una visi&oacute;n muy superficial de la salud mental. En esas pr&aacute;cticas se gastan cantidades ingentes de dinero p&uacute;blico que se podr&iacute;an destinar a mejorar directamente las condiciones de vida de las personas que sufren drogadicci&oacute;n o depresi&oacute;n. Comprendemos a&uacute;n m&aacute;s la irracionalidad de todo esto cuando entendemos que una de las cosas que m&aacute;s ayuda a cuidar la salud mental es precisamente contemplar animales salvajes en una naturaleza sana o compartir la vida con animales domesticados. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, cada vez m&aacute;s cient&iacute;ficos est&aacute;n denunciando que experimentar con animales con el fin de desarrollar tratamientos para enfermedades humanas no es eficaz. <a href="https://doi.org/10.1186/s41231-019-0050-7" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Un 95% de los medicamentos que funcionan en otras especies no funcionan en humanos</a> y por tanto suponen una gran p&eacute;rdida de tiempo y dinero. Numerosos cient&iacute;ficos reclaman un cambio de paradigma hacia m&eacute;todos sin animales, y cada vez m&aacute;s centros y organizaciones se dedican a desarrollarlos y promocionarlos: <a href="https://intercids.org/episodio-68-fin-experimentacion-animales-con-guillermo-repetto/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><strong>Red Espa&ntilde;ola para el Desarrollo de M&eacute;todos Alternativos a la Experimentaci&oacute;n Animal (REMA)</strong></a>, Phyisicians Committee for Responsible Medicine, &Auml;rzte gegen Tierversuche, etc.
    </p><p class="article-text">
        Si estudiamos la historia de la experimentaci&oacute;n, como hace <strong>Anita Guerrini</strong> en su libro <em>Experimenting with Humans and Animals. From Aristotle to CRISPR</em>, veremos que esta pr&aacute;ctica fue, desde su origen en la Antigua Grecia hace tan solo unos 2.400 a&ntilde;os, y hasta hace pocas d&eacute;cadas, una actividad minoritaria y sin car&aacute;cter econ&oacute;mico. Las cosas cambiaron en la segunda mitad del siglo XX, cuando una serie de empresas la convirtieron en un nicho de negocio. Hoy en d&iacute;a, <strong>el entramado industrial de la vivisecci&oacute;n est&aacute; formado por una larga lista de empresas</strong>, algunas de ellas corporaciones muy poderosas, que se lucran vendiendo animales (muchos de ellos modificados gen&eacute;ticamente), experimentando por encargo, fabricando jaulas y todos los enseres necesarios para los experimentos, produciendo el alimento para los animales, desarrollando software para manejar los datos obtenidos, impartiendo cursos de experimentaci&oacute;n o transportando los animales de unos centros a otros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n deber&iacute;amos incluir a las revistas cient&iacute;ficas que cobran por publicar y/o leer los resultados</strong>. Para estas industrias, experimentar con animales no es un medio para lograr un fin como el conocimiento o la salud, sino que es un fin en s&iacute; mismo. Hoy en d&iacute;a, el viejo debate a favor o en contra de la experimentaci&oacute;n ya no es solo un debate entre cient&iacute;ficos, expertos en &eacute;tica, juristas y defensores de los animales, porque en el centro de todo est&aacute;n los intereses empresariales.
    </p><p class="article-text">
        La Sociedad Espa&ntilde;ola para las Ciencias del Animal de Laboratorio (SECAL) es la principal organizaci&oacute;n que re&uacute;ne a los experimentadores en este pa&iacute;s. En su p&aacute;gina <a href="https://secal.es/socios-benefactores/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">web</a> puede verse la lista de &ldquo;socios benefactores&rdquo;, empresas que se lucran con la experimentaci&oacute;n y que patrocinan sus congresos cient&iacute;ficos, en los que aprovechan para publicitar sus &ldquo;productos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <a href="https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=87541128012" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Documento COSCE sobre el uso de animales en investigaci&oacute;n cient&iacute;fica</em></a>, elaborado en 2015 por la Confederaci&oacute;n de Sociedades Cient&iacute;ficas de Espa&ntilde;a para defender esta actividad, est&aacute; firmado conjuntamente por cient&iacute;ficos y directivos de empresas que viven de la experimentaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las investigadoras <strong>N&uacute;ria Almiron y Natalie Khazaal</strong> publicaron un interesante trabajo analizando las estrategias de lobby de este sector de negocio y su capacidad para influir en la clase pol&iacute;tica y en la legislaci&oacute;n: <a href="https://doi.org/10.1177/0002764215613402" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>"Lobbying Against Compassion: Speciesist Discourse in the Vivisection Industrial Complex</em></a><a href="https://doi.org/10.1177/0002764215613402" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">&rdquo;</a>.&nbsp;Estas mismas cuestiones las examina tambi&eacute;n <a href="https://www.plazayvaldes.es/libro/los-verdes-somos-los-nuevos-rojos" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">el libro de </a><a href="https://www.plazayvaldes.es/libro/los-verdes-somos-los-nuevos-rojos" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><strong>Will Potter </strong></a><a href="https://www.plazayvaldes.es/libro/los-verdes-somos-los-nuevos-rojos" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Los verdes somos los nuevos rojos</em></a><a href="https://www.plazayvaldes.es/libro/los-verdes-somos-los-nuevos-rojos" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">, editado en espa&ntilde;ol por Plaza y Vald&eacute;s</a>.
    </p><p class="article-text">
        En la vivisecci&oacute;n, <strong>la ciencia y el negocio tienen relaciones demasiado estrechas</strong> que ponen en duda la objetividad y la imparcialidad que deber&iacute;an guiar la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. <strong>De la &eacute;tica, en cambio, no quieren saber nada</strong>: la &eacute;tica es esa materia que los grados de veterinaria y biolog&iacute;a no quieren en sus programas de estudios. Luego, parad&oacute;jicamente, en las instituciones que experimentan <strong>tienen comit&eacute;s de &eacute;tica, aunque la mayor&iacute;a de sus miembros est&aacute;n en ellos sin tener formaci&oacute;n en esta materia</strong>. La <em>Orden ECC/566/2015, de 20 de marzo, por la que se establecen los requisitos de capacitaci&oacute;n que debe cumplir el personal que maneje animales utilizados, criados o suministrados con fines de experimentaci&oacute;n y otros fines cient&iacute;ficos, incluyendo la docencia, </em>exige a los experimentadores realizar una formaci&oacute;n que incluye un m&iacute;nimo de dos horas o bien un m&iacute;nimo de diez horas de &eacute;tica seg&uacute;n las funciones que se vayan a realizar en el laboratorio, pero eso no es tener formaci&oacute;n en &eacute;tica, eso es un chiste malo. La &eacute;tica es una disciplina acad&eacute;mica que requiere a&ntilde;os de estudio, como el derecho, la qu&iacute;mica o la arquitectura. Ser&iacute;a impensable tener en las instituciones comit&eacute;s de geolog&iacute;a formados por gente que no hubiera estudiado geolog&iacute;a o comit&eacute;s jur&iacute;dicos compuestos por personas que no fueran juristas. &iquest;Por qu&eacute;, en cambio, se permite que haya comit&eacute;s de &eacute;tica cuyos miembros no tienen formaci&oacute;n en &eacute;tica? 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esta relaci&oacute;n tan estrecha entre la ciencia y el negocio explica lo que sucedi&oacute; tras el esc&aacute;ndalo de Vivotecnia</strong>. Vivotecnia es una empresa que realiza experimentaci&oacute;n por encargo para instituciones p&uacute;blicas y empresas de diversos pa&iacute;ses. En la primavera de 2021, una persona que hab&iacute;a trabajado en &nbsp;el laboratorio de esta empresa en Madrid durante m&aacute;s de dos a&ntilde;os, y cuya identidad est&aacute; protegida por el seud&oacute;nimo de Carlota Saorsa, denunci&oacute; a trav&eacute;s de Cruelty Free International que <a href="https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/cruelty-free-international-experimentacion-animal-crueldad-animal-laboratorio-vivotecnia-madrid_132_7389157.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>en el laboratorio se maltrataba a los animales de forma atroz y hab&iacute;a mala pr&aacute;ctica cient&iacute;fica</strong></a><strong>. </strong>Saorsa tiene muchas horas de grabaci&oacute;n con c&aacute;mara oculta, y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=QoJdbOSxBKM" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">una s&iacute;ntesis de nueve minutos</a> puede verse en el canal de YouTube de Cruelty Free International. Cuando las im&aacute;genes fueron publicadas desencadenaron una oleada de indignaci&oacute;n a nivel internacional.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a pesar de la evidencia, <strong>los animales no fueron decomisados y se permiti&oacute; a la empresa seguir experimentando</strong>. La organizaci&oacute;n Abolici&oacute;n Vivisecci&oacute;n ha denunciado que, despu&eacute;s de haberse visto las im&aacute;genes, y <strong>a pesar de que hay un procedimiento judicial abierto contra Vivotecnia, una serie de organismos p&uacute;blicos han seguido contratando a esta empresa</strong>. Seg&uacute;n puede comprobarse en la Plataforma de contrataci&oacute;n del sector p&uacute;blico, estas instituciones son: Universitat de Barcelona, Universitat Jaume I, Institut de Biomedicina de Val&egrave;ncia, Gerencia de Atenci&oacute;n Integrada de Albacete, Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas (CSIC), Centro Nacional de Investigaciones Oncol&oacute;gicas (CNIO) e Instituto Nacional de Investigaci&oacute;n y Tecnolog&iacute;a Agraria y Alimentaria (INIA). En total, casi seis millones de euros de dinero p&uacute;blico desde que estallara el esc&aacute;ndalo en la primavera de 2021 hasta el verano de 2023.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, cuando la diputada de Junts per Catalunya Pilar Calvo pregunt&oacute; al Gobierno <a href="https://www.lavanguardia.com/natural/20220411/8191833/gobierno-destino-17-millones-vivotecnica-experimentacion-animal.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">cu&aacute;nto dinero hab&iacute;a destinado al desarrollo de m&eacute;todos alternativos a la experimentaci&oacute;n con animales</a>, la respuesta fue que no lo sab&iacute;a, porque no existe una partida espec&iacute;fica para ello y no hay un seguimiento de esta materia.
    </p><p class="article-text">
        La inercia que mantiene la vivisecci&oacute;n no solo responde a los intereses econ&oacute;micos de unas empresas particulares, sino tambi&eacute;n a la manera como <strong>el capitalismo neoliberal ha transformado la investigaci&oacute;n</strong>. La productividad cient&iacute;fica se mide a trav&eacute;s de los <em><strong>papers</strong></em><strong> </strong>publicados, lo que obliga a los investigadores a publicar a tal velocidad que el tiempo para pensar es un lujo inaccesible. Adem&aacute;s, una <strong>competitividad </strong>malsana lleva a que varios equipos puedan estar haciendo los mismos experimentos, porque no comparten los datos. Igualmente, a menudo no se publican los resultados de una investigaci&oacute;n cuando son negativos, lo que impide compartir esa informaci&oacute;n y puede llevar a otros cient&iacute;ficos a <strong>repetir los mismos experimentos</strong>. A todo ello hay que a&ntilde;adir la <strong>precariedad laboral</strong> de muchos investigadores. Este c&oacute;ctel t&oacute;xico est&aacute; provocando, por un lado, una <strong>epidemia de salud mental en la comunidad acad&eacute;mica</strong> y, por otro lado, <strong>monta&ntilde;as de ciencia basura</strong>, es decir, <em>papers</em> que no aportan conocimiento, que no hacen m&aacute;s que repetir una y otra vez las mismas ideas. Los <em>papers</em> basura son un problema de todas las disciplinas, tambi&eacute;n en humanidades, pero al menos los <em>papers</em> basura de humanidades no se han cobrado la vida de animales maltratados. 
    </p><p class="article-text">
        Si en medio de toda esta irracionalidad sist&eacute;mica podemos mantener un cierto grado de optimismo es porque existen organizaciones como Abolici&oacute;n Vivisecci&oacute;n y Cruelty Free International, entre otras, y personas como Carlota Saorsa, que tienen la racionalidad y la valent&iacute;a de <strong>denunciar la barbarie de la experimentaci&oacute;n</strong>. Y porque hay tambi&eacute;n muchos cient&iacute;ficos creativos e instituciones innovadoras trabajando en el <strong>desarrollo de m&eacute;todos de experimentaci&oacute;n sin animales</strong>, que son el futuro que necesitamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Tafalla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/macacos-crisis-ecologica-experimentacion-animal-maltrato-animal_132_10583394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Oct 2023 04:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Macacos, crisis ecológica y el negocio de la experimentación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tarragona,Catalunya,Cataluña,Animales,Experimentación animal,Animales salvajes,Derechos animales,Protección animal,Ecología,Ecologismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No basta con indignarse en las redes porque una sentencia por maltrato animal te parezca insuficiente"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/indignarse-sentencia-maltrato-parezca-insuficiente_132_6015689.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8c00aa4f-74c9-4dba-aa48-2315a165c613_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Lucía, Matilda y Ché"></p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Arana, periodista de origen bilba&iacute;no, lleva muchos a&ntilde;os ejerciendo de comunicadora y <em>community manager</em> para varias ONG, as&iacute; como escribiendo en diversos medios. La defensa de los animales es un asunto que conoce en profundidad y sobre el que escribe en este mismo blog, demostrando siempre una gran habilidad para divulgar cuestiones complejas con claridad y debatir de manera serena y sensata.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, colabora con la <a href="https://coppaprevencion.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Coordinadora de Profesionales por la Prevenci&oacute;n de Abusos (CoPPA)</a> y con <a href="https://intercids.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">INTERcids, Operadores Jur&iacute;dicos por los Animales</a>. Precisamente para esta entidad Luc&iacute;a dirige y presenta un podcast titulado <a href="https://intercids.org/category/derecho-y-animales-el-podcast-de-intercids/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Derecho y Animales</em></a>, el primer podcast en espa&ntilde;ol sobre defensa animal desde una perspectiva jur&iacute;dica, en el que entrevista a expertas y expertos en protecci&oacute;n animal.
    </p><p class="article-text">
        El podcast ha sido premiado con una beca de la <a href="https://www.cultureandanimals.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Culture &amp; Animals Foundation (CAF)</a>, instituci&oacute;n con sede en Nueva York que promueve proyectos art&iacute;sticos, acad&eacute;micos y divulgativos para concienciar en materia de defensa animal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Luc&iacute;a, enhorabuena por el premio, es un gran espaldarazo a tu podcast. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Gracias, Marta, la verdad es que ya han pasado unos d&iacute;as y a&uacute;n no me lo creo. Es un reconocimiento muy importante, que nos motiva mucho a seguir informando sobre protecci&oacute;n animal desde una perspectiva desconocida para el gran p&uacute;blico, pero que nos afecta a todas en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Culture &amp; Animals Foundation fue creada por el fil&oacute;sofo Tom Regan y su esposa Nancy, dos pioneros en la defensa de los animales. Me imagino que esa conexi&oacute;n te habr&aacute; parecido especialmente gratificante.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues te puedes imaginar, las ideas de Tom Regan han marcado nuestra visi&oacute;n de los animales y le debemos mucho como movimiento. En cuanto al enfoque de la Fundaci&oacute;n, que gracias a la visi&oacute;n de su esposa Nancy combina la defensa animal con la creatividad, la investigaci&oacute;n y el arte, me parece sumamente inspirador. Nuestro proyecto, sin ser propiamente art&iacute;stico, ha entrado en la categor&iacute;a de creatividad.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es maravilloso para m&iacute; compartir beca con personas que admiro tant&iacute;simo, como la fot&oacute;grafa Jo-Anne McArthur, que tambi&eacute;n obtuvo este reconocimiento en ediciones anteriores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para las y los lectores que no lo conozcan, &iquest;podr&iacute;as contarnos qu&eacute; es INTERcids?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una entidad sin &aacute;nimo de lucro en la que diferentes operadores jur&iacute;dicos (abogados, jueces, fiscales, miembros de los diferentes cuerpos policiales, etc.) colaboran, cada uno desde su &aacute;mbito, para contribuir a la evoluci&oacute;n de la protecci&oacute;n animal en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Con qu&eacute; objetivos decidisteis en INTERcids crear este podcast?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues la verdad es que fue idea m&iacute;a, porque los operadores jur&iacute;dicos del colectivo suelen ser bastante discretos y modestos. Como periodista, yo les ve&iacute;a dejarse la piel tratando de sacar casos de maltrato animal adelante, redactando informes, elaborando propuestas, y me parec&iacute;a que quienes defendemos a los animales desde otros &aacute;mbitos no &eacute;ramos conscientes de su labor. Yo, desde luego, no lo era.
    </p><p class="article-text">
        Ellas y ellos te dir&iacute;an que simplemente est&aacute;n haciendo su trabajo, y es cierto, pero es un trabajo tan importante para obtener resultados reales para los animales, que creo que debemos visibilizarlo y valorarlo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, yo crec&iacute; escuchando la radio en mi casa familiar y desde hace a&ntilde;os soy una loca de los podcast, as&iacute; que lo propuse y me dieron luz verde. Estoy muy agradecida por la confianza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qu&eacute; p&uacute;blico va dirigido el podcast? &iquest;Est&aacute; pensado especialmente para juristas o para un p&uacute;blico m&aacute;s amplio? A las personas que no tenemos formaci&oacute;n en Derecho a menudo nos da un poquito de miedo el lenguaje jur&iacute;dico&hellip; </strong>
    </p><p class="article-text">
        Ya, y no me extra&ntilde;a que d&eacute; miedo. A veces las personas expertas, no solo en Derecho, hablan de una manera tan t&eacute;cnica que parece que est&eacute;n buscando que nadie les entienda, o solo unos pocos elegidos. Supongo que tiene que ver con la precisi&oacute;n del lenguaje, pero me temo que tambi&eacute;n es una forma de mantener el estatus. Personalmente me parece un problema que entorpece la comunicaci&oacute;n, porque estoy convencida de que se puede ser rigurosa y clara a la vez. Marta, con tu permiso, te voy a poner como ejemplo de lo que digo. T&uacute; profundizas en pensamientos filos&oacute;ficos complejos, pero lo haces con un lenguaje comprensible, cercano y en ocasiones muy emotivo. &iexcl;Es todo un arte!
    </p><p class="article-text">
        En la &eacute;poca de la posverdad y de la comunicaci&oacute;n r&aacute;pida y superficial, nuestro podcast busca ser un punto de encuentro para aquellas personas que queremos entender el mundo en el que viven los animales y saber qu&eacute; podemos hacer para cambiarlo. No basta con indignarse en las redes porque una sentencia por maltrato animal te parezca insuficiente, tienes que saber de d&oacute;nde viene y c&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los animales nos necesitan a todas bien informadas, desde la persona que oye c&oacute;mo su vecino maltrata al perro hasta el juez de instrucci&oacute;n, pasando por veterinarios, voluntarios de protectoras o activistas veganos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Crees que los operadores jur&iacute;dicos est&aacute;n bien formados en derecho animal? &iquest;Cu&aacute;l es tu impresi&oacute;n? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Estamos en ello. Han pasado muchas cosas en muy pocos a&ntilde;os y la sensibilidad por los animales ha crecido de forma exponencial. Yo no puedo ser objetiva, porque mis referencias son personas sensibilizadas con el tema, pero dir&iacute;a que se ha avanzado much&iacute;simo y tambi&eacute;n que queda mucho camino por recorrer.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, es importante que la sociedad en general tenga claro qui&eacute;n es el responsable de actuar y pierda el miedo o la verg&uuml;enza a exigir a las administraciones p&uacute;blicas que intervengan en casos de crueldad contra los animales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo est&aacute; siendo la recepci&oacute;n del podcast? &iquest;Qu&eacute; feedback recibes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Muy bueno, y m&aacute;s a&uacute;n desde la noticia de la beca. Estamos entre las novedades destacadas y entre los 'Top Programas' de Applepodcast, code&aacute;ndonos con los m&aacute;s grandes. Es muy ilusionante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para la primera entrevista elegiste a Mar&iacute;a Gonz&aacute;lez Lacabex, fundadora de Animalex, el primer despacho de abogados de nuestro pa&iacute;s dedicado en exclusiva al derecho animal, y el resultado fue una entrevista muy interesante y tambi&eacute;n muy emocionante. &iquest;Por qu&eacute; elegiste a esta jurista para comenzar tu podcast? </strong><a href="http://www.animalexabogados.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Animalex</a>
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a, tambi&eacute;n del Pa&iacute;s Vasco como yo, ha sido uno de mis referentes personales en defensa animal. La admiro much&iacute;simo por su rigor, por sus conocimientos y por su prudencia. Hay much&iacute;simos profesionales maravillosos donde elegir, as&iacute; que fue una decisi&oacute;n tambi&eacute;n ego&iacute;sta, ya que yo estaba algo nerviosa con el primer programa y necesitaba tener a alguien al otro lado del micro que me aportara sosiego. Y esa es Mar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Me parece que tu podcast podr&iacute;a ser &uacute;til e inspirador para estudiantes de Derecho, para esos y esas j&oacute;venes que ahora mismo se est&aacute;n formando y que ser&aacute;n los y las jueces, fiscales y abogados del futuro. Quiz&aacute;s estudiantes que no hab&iacute;an considerado en serio especializarse en Derecho Animal, al escuchar a los expertos que entrevistas, tomen esa decisi&oacute;n. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo tambi&eacute;n tengo la impresi&oacute;n de que ese colectivo es una parte importante de nuestros oyentes. Es necesario recordar que los casos en los que los animales son las v&iacute;ctimas deben tratarse con tanta seriedad y rigor como cualquier otro. Para ello, se deben dominar todas las herramientas jur&iacute;dicas y tener una visi&oacute;n global, ya que los animales, aunque invisibilizados, est&aacute;n presentes en todos los &aacute;mbitos de nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Has entrevistado al primer Director General de Derechos de los Animales del Gobierno de Espa&ntilde;a, Sergio Garc&iacute;a Torres. Estamos todos muy pendientes de en qu&eacute; medida ese nuevo cargo en el Gobierno se traducir&aacute; en avances en la defensa de los animales. &iquest;Qu&eacute; destacar&iacute;as de esa entrevista, qu&eacute; te parece lo m&aacute;s importante?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues la propia existencia de la Direcci&oacute;n General de Derechos de los Animales me parece un hito. Del episodio destacar&iacute;a dos cosas: la primera, que debemos celebrar los peque&ntilde;os pasos pero seguir empujando para los grandes y la segunda, que ya empezamos a ser una sociedad lo suficientemente madura como para exigir que cualquier decisi&oacute;n se tome con <em>perspectiva animal</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A pesar de la pandemia y el confinamiento has podido continuar con el podcast. La entrevista a la jurista Anna Mul&agrave; en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo la hicisteis a distancia. En vuestra conversaci&oacute;n intercambiasteis algunas reflexiones iluminadoras acerca de la pandemia, que se&ntilde;alaban conexiones entre la explotaci&oacute;n de los otros animales y la emergencia de enfermedades zoon&oacute;ticas tan terribles como la COVID-19. &iquest;Podr&iacute;as hablarnos de ello?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Parece que por fin la comunidad cient&iacute;fica est&aacute; empezando a ser clara a este respecto. Destruir la biodiversidad y comer animales est&aacute; en la base de las pandemias pasadas, presentes y, si no cambiamos, futuras. Hoy mismo acabo de leer que hay un nuevo brote de &eacute;bola en la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo.
    </p><p class="article-text">
        Me llama la atenci&oacute;n, sin embargo, que se ha hablado mucho de los mercados h&uacute;medos de China, y no tanto de nuestra ganader&iacute;a, que como t&uacute; siempre nos recuerdas es el origen de tant&iacute;simo sufrimiento para los animales y para el medio ambiente. Por eso, en mi opini&oacute;n y llegados a este punto de destrucci&oacute;n, ser vegana ya no es lo m&aacute;ximo, es lo m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Con Mul&agrave; abordaste el tema de las excepciones en las leyes de protecci&oacute;n de los animales. &iquest;Por qu&eacute; es importante?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es algo que a m&iacute; como activista me llam&oacute; much&iacute;simo la atenci&oacute;n la primera vez que lo escuch&eacute;. Hasta hace bien poco, hordas humanas pod&iacute;an linchar con lanzas a un animal indefenso en un pueblo de Espa&ntilde;a porque hab&iacute;a una excepci&oacute;n en la ley. Un se&ntilde;or puede grabarse torturando a un zorro hasta la muerte y la cosa se resuelve con una multa en el &aacute;mbito administrativo porque los animales silvestres siguen excluidos del C&oacute;digo Penal. Hay much&iacute;simas actividades que causan un sufrimiento atroz, y para las que existen alternativas m&aacute;s &eacute;ticas, que todav&iacute;a son legales porque el legislador hace un par&eacute;ntesis en la protecci&oacute;n de los animales.
    </p><p class="article-text">
        Desde mi punto de vista, esto es esperanzador, ya que es tanto como admitir que hay actividades que jam&aacute;s podr&aacute;n cumplir con la normativa sobre protecci&oacute;n animal. Desde una perspectiva &eacute;tica, ser&aacute;n legales, pero son indefendibles.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Puedes avanzarnos qu&eacute; temas tienes pensados para los pr&oacute;ximos cap&iacute;tulos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tenemos un mont&oacute;n de temas ya planificados, pero en los pr&oacute;ximos episodios analizaremos con Jorge Moradell, Fiscal de Medio Ambiente de Teruel, situaciones tan lamentables como la masacre de aves que se produce cada d&iacute;a en los tendidos el&eacute;ctricos de nuestro pa&iacute;s. Tambi&eacute;n hablaremos con la <a href="https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/Resulta-cuestionamiento-constante-esfuerzos-realizados_6_1031406874.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">jueza Pilar de Lara, a la que entrevist&eacute; para este blog</a>, sobre una de sus sentencias pioneras. Tenemos a&uacute;n much&iacute;simos casos que tratar y muchas experiencias interesantes que compartir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Muchas gracias por tu tiempo, Luc&iacute;a. Aprovecho para desearte muchos &eacute;xitos con el podcast, seguro que resultar&aacute; iluminador y esperanzador para muchas y muchos oyentes. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Much&iacute;simas gracias a ti, Marta. Estoy segura de que todas unidas, cada una desde nuestras disciplinas, como la filosof&iacute;a, el periodismo y el derecho, llegaremos cada vez m&aacute;s lejos en la defensa de los animales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Tafalla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/indignarse-sentencia-maltrato-parezca-insuficiente_132_6015689.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Jun 2020 20:15:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["No basta con indignarse en las redes porque una sentencia por maltrato animal te parezca insuficiente"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derechos animales,Maltrato animal,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Razones éticas para prohibir el uso de animales en circos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/razones-eticas-prohibir-animales-circos_132_2744649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2ed0838-23e9-4bf2-b308-807e6228c6d8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Niños fotografiándose junto a la osa explotada en el Circo Holiday, en 2016. Foto: Tras los Muros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la pista del circo los animales existen para ser dominados, para obedecer, para realizar nuestros deseos, por absurdos que sean, e incluso para ser ridiculizados</p><p class="subtitle">Los espectáculos de circo con animales no son un caso aislado, un problema particular, sino que son parte de un sistema, parte de las estrategias que emplea esta civilización para dominar la naturaleza y al mismo tiempo evitar que la defendamos</p><p class="subtitle">Este texto fue leído por la autora hace unos días en la jornada organizada en el Congreso de los Diputados por la APDDA para definir estrategias que permitan erradicar el uso de animales en los circos</p></div><p class="article-text">
        La celebraci&oacute;n de la jornada 'Hacia la prohibici&oacute;n del uso de animales en los circos en Espa&ntilde;a', organizada en el Congreso de los Diputados por la Asociaci&oacute;n Parlamentaria en Defensa de los Derechos de los Animales (<a href="http://www.apdda.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">APDDA</a>), coincide con el inicio del oto&ntilde;o. Quiero comenzar dici&eacute;ndolo, porque creo importante se&ntilde;alar y celebrar los ciclos de las estaciones, as&iacute; como en general los ciclos naturales, que ordenan el tiempo y nos ubican en los ritmos del planeta que habitamos.
    </p><p class="article-text">
        Y seguramente me dir&aacute;n: &iquest;y qu&eacute; tiene eso que ver con el uso de animales en los circos? Pues tiene mucho que ver. La civilizaci&oacute;n que hemos construido y en la que estamos atrapados, est&aacute; intentando con muchas estrategias distintas y complementarias que olvidemos la naturaleza. Y en gran medida lo est&aacute; logrando. Un ejemplo: la mayor&iacute;a de la gente ya no conocemos cu&aacute;les son las especies de animales y plantas con las que compartimos los ecosistemas. Al caminar por nuestro barrio en los quehaceres de la vida cotidiana, nos cruzamos con aves y reptiles, mam&iacute;feros e insectos, y seg&uacute;n donde vivamos tambi&eacute;n vemos anfibios y peces, pero a menudo no sabemos identificar qu&eacute; especies son, ni entendemos sus formas de vida, ni las funciones que realizan en los ecosistemas. Tampoco reconocemos las plantas que brotan de manera espont&aacute;nea, ni sabemos de d&oacute;nde proceden las plantas ex&oacute;ticas que se cultivan en parques y jardines. Supuestamente, vivimos en la era de la informaci&oacute;n y estamos todos conectados, y sin embargo, hemos desconectado de la comunidad multiespecie que conforma la biosfera, el mundo real al que pertenecemos y del que dependemos para tener una buena salud f&iacute;sica, emocional y mental.
    </p><p class="article-text">
        Los espect&aacute;culos de circo con animales sirven precisamente para eso, para que olvidemos la naturaleza real y pasemos a vivir en la burbuja antropoc&eacute;ntrica: un mundo imaginario donde la naturaleza no es m&aacute;s que materia inerte y pasiva, mera plastilina que nosotros podemos manipular a nuestro antojo y transformar en fantas&iacute;as caprichosas. En la pista del circo, el ser humano armado con su l&aacute;tigo se alza como domador, como dominador; y la naturaleza, y especialmente los animales, existen para ser dominados, para obedecer, para realizar nuestros deseos, por absurdos que sean, e incluso para ser ridiculizados. Voy a intentar explicar todo esto de manera m&aacute;s detallada.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h4 class="article-text">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; I</h4><p class="article-text">
        Los espect&aacute;culos de circo con animales son la celebraci&oacute;n de un ritual por el que los animales son forzados a rendirse y someterse a la voluntad del domador. Esa rendici&oacute;n consiste en reprimir su conducta natural y comportarse como el domador les ordena. Cuanto m&aacute;s consiga el domador que el animal act&uacute;e contra sus instintos, contra sus miedos, contra su salud, mayor ser&aacute; el triunfo humano.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los domadores logran que un tigre cabalgue sobre un caballo al ritmo de la m&uacute;sica y de los aplausos del p&uacute;blico. Los dos animales est&aacute;n aterrorizados, porque ese comportamiento va contra sus instintos y los pone en peligro, pero obedecen, porque el domador les ha causado tanto dolor y terror durante tanto tiempo, que se acaban comportando como les ordena. Con esa victoria, conseguida mediante la violencia, el domador logra que los animales hagan algo que jam&aacute;s har&iacute;an en la naturaleza. As&iacute;, ha transfigurado un tigre y un caballo en otra cosa: una fantas&iacute;a, un sue&ntilde;o. Y n&uacute;mero a n&uacute;mero, va creando un espect&aacute;culo on&iacute;rico e irracional, que nos seduce porque nos promete superar los l&iacute;mites de la naturaleza, nos promete un mundo que ya no se rige por las leyes naturales, sino por nuestros caprichos, deseos y fantas&iacute;as. El domador nos brinda la ilusi&oacute;n de la supremac&iacute;a humana.
    </p><p class="article-text">
        En el ritual de los espect&aacute;culos circenses, los animales son reducidos a meras marionetas que el domador manipula a su antojo. Los elefantes se sientan en taburetes, las focas lanzan pelotas, los leones atraviesan aros de fuego, los osos danzan, los loros van en bicicleta. Que los animales realicen esas actividades no tiene ninguna utilidad, pero en ello radica su valor simb&oacute;lico: no se trata de dominar a los animales para lograr algo concreto, sino simplemente de demostrar que podemos dominarlos, de celebrar el dominio. Ese dominio por el dominio justifica, a la par que nos acostumbra, a la explotaci&oacute;n que encontramos despu&eacute;s en muchos negocios altamente lucrativos: leones criados para la caza enlatada, chimpanc&eacute;s entrenados para actuar en pel&iacute;culas o publicidad, tigres enjaulados para que los turistas se fotograf&iacute;en con ellos, etc.
    </p><p class="article-text">
        Los espect&aacute;culos circenses con animales son el reino del capricho humano. En eso nos educan: en el car&aacute;cter sagrado de nuestros caprichos, que valen mucho m&aacute;s que la vida de los animales. Por eso la gente aplaude con tanto entusiasmo, con tanta alegr&iacute;a, los n&uacute;meros de circo con animales: aplauden que el domador ha logrado que un le&oacute;n no se comporte como un le&oacute;n, sino como a un humano le apetece que se comporte. Y eso les parece el triunfo de la libertad y la creatividad humanas, como si la libertad y la creatividad consistieran en crear esclavos.
    </p><p class="article-text">
        Los espect&aacute;culos de circo con animales est&aacute;n dirigidos especialmente a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as: para que aprendan desde la infancia el car&aacute;cter sagrado de los caprichos humanos. Porque si ven lo divertido que es convertir a un elefante en un ser de fantas&iacute;a para re&iacute;rnos de &eacute;l, no solo olvidar&aacute;n lo que es un elefante, sino que tambi&eacute;n les parecer&aacute; bien que se explote elefantes para pasear turistas o cargar con le&ntilde;a. Y les parecer&aacute; bien convertir los caballos en veh&iacute;culos de transporte, los perros en juguetes que se tiran cuando ya no son divertidos, los visones en f&aacute;bricas de pieles, las aves en f&aacute;bricas de plum&oacute;n para almohadas y cojines, los gansos en f&aacute;bricas de foie gras, los cocodrilos en bolsos&hellip; les parecer&aacute; bien convertir a los animales en todo aquello que nos apetezca. Por eso los espect&aacute;culos circenses con animales no son una estrategia &uacute;nica de nuestra civilizaci&oacute;n, sino que se complementan con otros espect&aacute;culos de maltrato animal, y con innumerables cuentos y pel&iacute;culas infantiles que fomentan esa misma visi&oacute;n antropoc&eacute;ntrica.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, muchos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, y tambi&eacute;n adultos, sufren lo que se ha venido a llamar transtorno por d&eacute;ficit de naturaleza: es decir, que la ausencia de contacto cotidiano con la naturaleza real los desorienta y los desubica. No entienden el mundo real en el que viven, y se pierden innumerables experiencias enriquecedoras, placeres f&iacute;sicos, emocionales y mentales. En consecuencia, sus vidas se empobrecen, y es m&aacute;s probable que sufran estr&eacute;s u otros estados emocionales negativos. As&iacute; lo ha mostrado Richard Louv en un libro impresionante: <em>Los &uacute;ltimos ni&ntilde;os en el bosque</em>, traducido al castellano por Bego&ntilde;a Valle y editado por Capitan Swing. Aunque no estoy de acuerdo con todas las soluciones que propone, su descripci&oacute;n del transtorno por d&eacute;ficit de naturaleza es muy l&uacute;cida. Esa desconexi&oacute;n de la naturaleza que describe Louv es la otra cara de los espect&aacute;culos de circo con animales. A medida que nos vamos a vivir a nuestros circenses mundos de fantas&iacute;a y so&ntilde;amos con que la naturaleza se prestar&aacute; a realizar todos nuestros caprichos, olvidamos la naturaleza real, pero eso solo empeora nuestra salud. Porque no necesitamos que se realicen todos nuestros caprichos, no necesitamos la supremac&iacute;a humana, no necesitamos que los animales nos obedezcan, pero s&iacute; necesitamos la naturaleza, s&iacute; somos ecodependientes. Somos un animal que habita este planeta, y tanto nuestra salud como nuestras posibilidades de tener una vida buena dependen de que sepamos cohabitar la Tierra con las otras especies.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h4 class="article-text">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; II</h4><p class="article-text">
        Los animales que tienen la desgracia de ser secuestrados por un circo pasan a tener una vida de sufrimiento. Los espect&aacute;culos de fantas&iacute;a que inventa el domador, en apariencia coloristas, alegres y festivos, son una realidad de dolor para los animales obligados a participar en ellos. Es importante resaltar que el dolor no es solo f&iacute;sico, sino tambi&eacute;n emocional y mental. Y es necesario igualmente subrayar que el dolor no es una mera suma de experiencias dolorosas puntuales. No es que el animal solo sienta dolor en el momento preciso en que es golpeado para que aprenda un n&uacute;mero contra su voluntad. Lo que los animales sufren son vidas enteras de frustraci&oacute;n, porque se les impide vivir en libertad en su h&aacute;bitat natural con los suyos, y se les encierra en un mundo artificial que no comprenden, donde est&aacute;n permanentemente enjaulados o encadenados, donde se les impide tomar ninguna decisi&oacute;n sobre sus propias vidas, y seres de otra especie les obligan a golpes a realizar actos que para ellos no tienen ning&uacute;n sentido. Su cuerpo, su tiempo, sus energ&iacute;as, su capacidad de reproducirse, se les roba. No pueden vivir para s&iacute; mismos, tienen que vivir para otros. As&iacute;, su memoria se llena de recuerdos dolorosos, tristes, deprimentes, frustrantes, que proyectan miedos hacia un futuro desesperanzador. A los animales se les roba su historia entera.
    </p><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, esos animales son obligados a participar en un ritual que traiciona a su propia especie y a la naturaleza. Esos elefantes, focas o leones usados en los espect&aacute;culos contribuyen sin quererlo a lanzar un mensaje contra su especie, contra la naturaleza salvaje y libre. Cada vez que un pobre elefante se somete y baila al son de la m&uacute;sica, le est&aacute; diciendo al p&uacute;blico que el ser humano ha triunfado sobre la naturaleza, que est&aacute; bien hacer bailar a los elefantes, que est&aacute; bien modelar la naturaleza a nuestro antojo. El elefante est&aacute; presente en la pista, pero no para representar y celebrar a su especie, sino para traicionarla en nombre del capricho humano.
    </p><p class="article-text">
        Para teorizar esta cuesti&oacute;n propongo el concepto de &ldquo;instrumento est&eacute;tico&rdquo;. Nuestra civilizaci&oacute;n instrumentaliza a los animales de muchas maneras, como han denunciado diversas teor&iacute;as &eacute;ticas y pol&iacute;ticas. Pero hay un tipo de instrumentalizaci&oacute;n menos estudiada, la instrumentalizaci&oacute;n est&eacute;tica, que consiste en convertir la apariencia de los animales en una herramienta para nuestros fines. Los humanos siempre nos hemos sentido atra&iacute;dos por las cualidades sensoriales de los animales, que nos atrapan los sentidos. Y la apreciaci&oacute;n est&eacute;tica de la belleza animal podr&iacute;a ser un camino para aprender a observar a las otras especies en su h&aacute;bitat de manera respetuosa y desarrollar una actitud &eacute;tica hacia ellas. Sin embargo, nuestra civilizaci&oacute;n nos educa en una est&eacute;tica muy superficial y utiliza la apariencia de los animales para explotarlos.
    </p><p class="article-text">
        La instrumentalizaci&oacute;n est&eacute;tica consiste en reducir los animales a simples adornos: por ejemplo, convertir zorros en abrigos de piel, o convertir p&aacute;jaros enjaulados en ornamentos de nuestras casas. Tambi&eacute;n consiste en convertir a los animales en met&aacute;foras o s&iacute;mbolos de ideas humanas. En ambos casos, lo que se est&aacute; haciendo es disociar la apariencia de los animales de su identidad, su conducta, su forma de vida. Apariencia y forma de vida est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionadas porque son el fruto conjunto de una evoluci&oacute;n de miles de a&ntilde;os en sus ecosistemas y en relaci&oacute;n con otros seres vivos. La apariencia que tienen los animales se explica por su forma de vivir en sus h&aacute;bitats. Sin embargo, cuando los humanos disociamos la apariencia y la forma de vida de las otras especies, convertimos su apariencia en un mero traje vac&iacute;o que podemos usar para vestirnos nosotros, adornar nuestras casas o revestir nuestras ideas. Eso lo hace de manera paradigm&aacute;tica la publicidad cuando toma el aspecto externo de los animales y lo usa para vender productos: un halc&oacute;n para vender perfumes, un le&oacute;n para vender seguros, una llama para vender coches. As&iacute; olvidamos c&oacute;mo son los animales, c&oacute;mo viven, y pasan a ser simplemente formas coloridas, movimientos graciosos o sonidos curiosos que podemos manipular para conseguir efectos llamativos. Olvidamos que los animales son sujetos, que perciben el mundo de manera subjetiva, que sienten dolor y placer, que tienen capacidades emocionales y cognitivas, que desarrollan v&iacute;nculos afectivos con otros animales, que poseen deseos e intereses. Lo olvidamos, porque pasan a ser meras apariencias atractivas que nos brindan placer. &Eacute;sa es la idea que nos venden los espect&aacute;culos de circo con animales.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h4 class="article-text">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; III</h4><p class="article-text">
        El capitalismo enloquecido que se est&aacute; adue&ntilde;ando de este planeta sabe hacer buen uso del ritual circense de sometimiento de los animales. Precisamente, lo que le conviene es que olvidemos la forma de vivir de las otras especies, que olvidemos el comportamiento de la naturaleza, y que veamos todo este planeta como simple plastilina con la que podemos fabricar todo lo que deseamos.
    </p><p class="article-text">
        Y esto tiene que ver con una cuesti&oacute;n fundamental. La cat&aacute;strofe ecol&oacute;gica que estamos provocando es el mayor problema que ha tenido nunca la humanidad. Estamos destruyendo ecosistemas, produciendo un exterminio global de especies, agotando los recursos naturales, y contaminando de tal manera nuestros suelos, oc&eacute;anos y atm&oacute;sfera que comenzamos a alterar peligrosamente el clima del planeta. Y sin embargo, la mayor&iacute;a de la gente no reacciona, poqu&iacute;simos pol&iacute;ticos se lo toman en serio, la prensa apenas informa, el mundo de la cultura no est&aacute; respondiendo y el sistema educativo se resiste a abordarlo. No hemos asumido como una prioridad detener la cat&aacute;strofe ecol&oacute;gica. &iquest;Por qu&eacute;? Pues porque hemos olvidado la naturaleza, porque hace tiempo ya que nos fuimos a vivir a la pista del circo, donde la naturaleza es plastilina y hace todo lo que nosotros queremos, porque nosotros somos los amos, y la vida es una fiesta inacabable de m&uacute;sica y color.
    </p><p class="article-text">
        Hemos olvidado d&oacute;nde vivimos. Paseamos por nuestras ciudades y no reconocemos el canto de los p&aacute;jaros. Vemos los mismos animales cada d&iacute;a, pero no sabemos de qu&eacute; especies son, ni qu&eacute; funciones realizan en los ecosistemas. A veces, ni siquiera percibimos a los animales que nos rodean. No entendemos que los ecosistemas son comunidades multiespecie, que tejen redes de relaciones sofisticadas, donde todos dependen unos de otros. Construimos nuestras ciudades en medio de los ecosistemas, pero nos creamos la ilusi&oacute;n de no tener nada que ver con ellos, de vivir por encima, en nuestro mundo imaginario, sin ra&iacute;ces.
    </p><p class="article-text">
        En oto&ntilde;o, hay propietarios de jardines que recogen las hojas que caen de los &aacute;rboles y las tiran a la basura como si fueran algo sucio, o incluso podan los &aacute;rboles antes de que les caigan las hojas para ahorrarse barrerlas. En los parques p&uacute;blicos, los servicios de limpieza barren las hojas y se las llevan &ldquo;para reciclar&rdquo;. No entienden algo tan fundamental como la relaci&oacute;n entre los &aacute;rboles y la tierra. Mirando compostadores en algunas tiendas, he encontrado un cliente que preguntaba si un compostador de lombrices gasta mucha electricidad, y otro que se quejaba de que su compostador se hab&iacute;a llenado de bichitos asquerosos y quer&iacute;a saber c&oacute;mo matarlos. Creo que la pregunta pertinente es &eacute;sta: &iquest;Cu&aacute;ndo nos volvimos tan est&uacute;pidos? En la universidad, he tenido alumnos que me han preguntado con desconfianza si de verdad estaba demostrado que los animales sienten dolor, y tengo colegas profesores que sostienen que los animales no son inteligentes &ldquo;porque no se les puede ense&ntilde;ar a leer&rdquo;, y que defienden el negacionismo del calentamiento global. Insisto: &iquest;Cu&aacute;ndo nos volvimos tan est&uacute;pidos? &iquest;Cu&aacute;ndo demonios dejamos de comprender la naturaleza? Una parte fundamental de la respuesta se halla en lo que implican los circos con animales: si en la infancia has aprendido que los osos tocan la trompeta y las focas juegan al f&uacute;tbol, que los animales salvajes viven en jaulas y sirven para divertirnos, &iquest;c&oacute;mo vas a comprender la naturaleza en la que vives?
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que al capitalismo enloquecido le conviene que no entendamos la naturaleza. Con ello consigue dos objetivos: por un lado, que no sintamos compasi&oacute;n hacia los animales, y por tanto no frenemos los negocios consistentes en explotarlos. Y por otro lado, nos puede enga&ntilde;ar sobre la supuesta sostenibilidad de nuestra civilizaci&oacute;n. Puede exterminar especies y destruir ecosistemas, puede contaminar r&iacute;os, mares, tierra y atm&oacute;sfera: la mayor&iacute;a de la gente ni siquiera se da cuenta de lo que todo eso implica. La ilusi&oacute;n de que no hay l&iacute;mites que puedan frenar los deseos humanos, de que el progreso nos conducir&aacute; a un para&iacute;so inagotable, se ha expandido como una creencia b&aacute;sica de nuestra sociedad al mismo tiempo que olvid&aacute;bamos los ciclos naturales y los nombres de los p&aacute;jaros.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra civilizaci&oacute;n nos vende cerezas en invierno, que han llegado en barco desde el otro lado del Atl&aacute;ntico, contribuyendo a contaminar los oc&eacute;anos por un capricho. Pero no nos damos cuenta, porque apenas comprendemos el ciclo de las estaciones. Nuestra civilizaci&oacute;n modifica los cuerpos de los animales para que las vacas den m&aacute;s leche, los pollos crezcan m&aacute;s r&aacute;pido, las ovejas den m&aacute;s lana. Y nos parece normal. Nuestra civilizaci&oacute;n intenta hacernos adictos al tabaco, al alcohol, a la comida basura, a las bebidas llenas de az&uacute;car, a los antidepresivos. Puede hacer todo eso con nosotros porque nuestra ignorancia nos deja indefensos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso es importante entender que los espect&aacute;culos de circo con animales no son un caso aislado, un problema particular, sino que son parte de un sistema, parte de las estrategias que emplea esta civilizaci&oacute;n para dominar la naturaleza y al mismo tiempo evitar que la defendamos. Los espect&aacute;culos de circo con animales son la otra cara del exterminio masivo de especies y de la cat&aacute;strofe ecol&oacute;gica. Cuando todos los tigres y chimpanc&eacute;s se hayan extinguido, quedar&aacute;n los que son explotados en los circos, que ya no se comportan como ellos mismos. Pero la gente tambi&eacute;n habr&aacute; olvidado qu&eacute; son los tigres y los chimpanc&eacute;s, as&iacute; que no les importar&aacute; que se extingan. Antes de extinguirse, las especies ya han desaparecido de nuestra memoria y por ello no las echamos en falta.
    </p><p class="article-text">
        Pero debo mencionar que los circos no solo explotan animales salvajes, sino tambi&eacute;n dom&eacute;sticos, y eso es igualmente grave. Cada vez que el domador obliga a un caballo a danzar al ritmo de la m&uacute;sica, nos est&aacute; diciendo que podemos usar caballos para pasear turistas, cargar pesos, competir en carreras. Y de paso olvidamos que una vez existieron caballos salvajes que viv&iacute;an en libertad. Hace meses, un estudio cient&iacute;fico revel&oacute; que ya no queda ning&uacute;n caballo salvaje. Algunas manadas que viven libres en la estepas de Asia central, los przewalski, <a href="http://science.sciencemag.org/content/360/6384/111" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no son animales salvajes como se cre&iacute;a</a>, sino caballos dom&eacute;sticos que en alg&uacute;n momento escaparon y se han hecho ferales. Ya no queda ni un solo caballo salvaje en la Tierra. &iquest;C&oacute;mo viv&iacute;an los caballos salvajes? Ya no nos importa. Para nosotros los caballos son seres que bailan al son de la m&uacute;sica o tiran de nuestros carros. Cumplen &oacute;rdenes, obedecen, encarnan fantas&iacute;as humanas.
    </p><p class="article-text">
        Para concluir, quiero hacer un par de aclaraciones. Con todo esto, no estoy diciendo, por supuesto, que la imaginaci&oacute;n sea algo malo. La imaginaci&oacute;n es un don fabuloso que nos permite crear arte, por ejemplo espect&aacute;culos de circo sin animales, y hay compa&ntilde;&iacute;as de circo que crean n&uacute;meros fant&aacute;sticos sin hacerle da&ntilde;o a nadie. La imaginaci&oacute;n tambi&eacute;n nos ayuda a hacer ciencia, porque resulta fundamental para plantear preguntas f&eacute;rtiles. Tampoco estoy afirmando, por supuesto, que todo lo natural sea bueno: a la naturaleza no hay que adorarla, hay que comprenderla y aprender a convivir con ella. Tampoco estoy sosteniendo que la naturaleza consista en esencias eternas e inmutables que nos encierran y frente a las cuales no podemos hacer nada. La naturaleza es din&aacute;mica, y la evoluci&oacute;n de las especies es el mejor ejemplo. Pero sobre todo es importante subrayar que naturaleza y libertad no son opuestos. No tenemos que escoger entre naturaleza y libertad. No tenemos que dominar la naturaleza para ser libres. Reconocer que somos animales y convivir con las dem&aacute;s especies no nos hace menos libres, simplemente nos ubica, nos enraiza en nuestro hogar, un hogar en el que tenemos un amplio margen de libertad que podemos ejercer sin causar da&ntilde;o a los dem&aacute;s ni a nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        La libertad no consiste en reducir la naturaleza a mera materia inerte y transformarla en lo que nos apetezca, la libertad no significa que no hay ning&uacute;n l&iacute;mite a lo que podemos hacer, que podemos imponer nuestras fantas&iacute;as a otros seres. La libertad no consiste en tener esclavos. La libertad no significa que no necesitemos la naturaleza. Esa falsa concepci&oacute;n de la libertad no nos har&aacute; libres, solo nos llevar&aacute; a devastar nuestro planeta, y con ello, a devastar nuestra salud. Esa falsa concepci&oacute;n de la libertad solo beneficia al capitalismo enloquecido, a quienes se lucran con nuestra ignorancia. Los espect&aacute;culos de circo con animales nos venden un ideal de libertad, pero basta con ver que llevan a los animales encadenados y enjaulados para descubrir que solo es un espejismo. El capitalismo enloquecido que nos promete libertad y prosperidad, que nos promete que no habr&aacute; l&iacute;mites a los deseos humanos, que nos promete la realizaci&oacute;n de todos y cada uno de nuestros caprichos, est&aacute; destruyendo el &uacute;nico hogar que tenemos, y nosotros no reaccionamos porque hemos olvidado que es nuestro hogar. Vuelvo a decir lo mismo que ya dije en el Parlament de Catalunya cuando se debati&oacute; el uso de animales en circos: no se puede defender la libertad e ir por el mundo arrastrando jaulas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Tafalla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/razones-eticas-prohibir-animales-circos_132_2744649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Oct 2018 18:32:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Razones éticas para prohibir el uso de animales en circos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derechos animales,Circo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las voces de los demás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/voces_132_1972802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b3654f8-82f4-4317-8a20-961a764c7729_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pelícanos en Viña del Mar, Chile"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Las voces de los demás' es un cuento acerca de nuestra relación con los otros animales y lo que significa cohabitar el mismo planeta</p><p class="subtitle">Los humanos tendemos a pensar que somos la especie más importante en la Tierra pero, ¿realmente es así? ¿tiene sentido la idea de que una especie es más importante que todas las demás?</p></div><p class="article-text">
        I
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a que aparecieron hab&iacute;a tormenta, el cielo estaba encapotado, y nos pareci&oacute; ver entre las nubes oscuras unos extra&ntilde;os reflejos. Al principio cre&iacute;mos que era alg&uacute;n efecto &oacute;ptico. Fue la luz de un rel&aacute;mpago la que nos alert&oacute;, porque lo vimos repetido por todo el firmamento, como si las nubes escondieran miles de espejos. La gente se paraba en las calles y se asomaba a las ventanas. Un nuevo rel&aacute;mpago nos permiti&oacute; volver a ver aquella imagen ins&oacute;lita. 
    </p><p class="article-text">
        En otros lugares del planeta era un mediod&iacute;a luminoso o una noche estrellada cuando llegaron, pero a la gente tambi&eacute;n les cost&oacute; verlos. Aquellos artilugios se mimetizaban de tal modo con el color y la luz del firmamento, que se hac&iacute;an casi imperceptibles. Tan solo cuando se desplazaban, de manera siempre lenta y silenciosa, era posible percibirlos con cierta claridad. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto comprendimos que hab&iacute;a alguien mir&aacute;ndonos desde el cielo, y supimos que estaban por todas partes, sobrevolando nuestras ciudades, nuestros bosques, desiertos y oc&eacute;anos, lleg&oacute; el p&aacute;nico. Alguna gente hu&iacute;a, aunque no hab&iacute;a a d&oacute;nde ir. Otros se escond&iacute;an en s&oacute;tanos, en los t&uacute;neles del metro, pero &iquest;cu&aacute;nto tiempo se puede aguantar bajo tierra sin desesperarse? En apenas un par de horas la muchedumbre vaci&oacute; supermercados que ya nadie vigilaba, y polic&iacute;as y ej&eacute;rcitos tomaron las calles para frenar el caos. Los aviones que se hallaban en el aire aterrizaron en el aeropuerto m&aacute;s cercano, y ning&uacute;n avi&oacute;n civil volvi&oacute; a despegar. El tr&aacute;fico a&eacute;reo qued&oacute; detenido en todo el planeta, y miles de pasajeros extraviados lejos de su hogar. Las l&iacute;neas telef&oacute;nicas colapsaron.
    </p><p class="article-text">
        No hubo una respuesta conjunta, sino varias, descoordinadas y precipitadas. Unos pocos pa&iacute;ses enviaron aviones militares a hacer exhibiciones de fuerza ante los artilugios, mientras el resto les exig&iacute;an que no lo hicieran. Finalmente, coordinados por la ONU, unos cuantos gobiernos se pusieron de acuerdo para lanzar al firmamento un haz de luz que, encendi&eacute;ndose y apag&aacute;ndose de manera r&iacute;tmica seg&uacute;n un c&oacute;digo num&eacute;rico, deb&iacute;a mostrar que los humanos &eacute;ramos seres inteligentes y pod&iacute;amos comunicarnos mediante el lenguaje universal de las matem&aacute;ticas. Durante tres d&iacute;as, el planeta estuvo en vilo mientras un equipo de cient&iacute;ficos lanzaban haces de luz, pero no hubo ning&uacute;n tipo de respuesta por parte de aquellas cosas, que se quedaron completamente inm&oacute;viles, y tan mimetizadas con el firmamento que apenas se las ve&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno indio organiz&oacute; otro intento. Durante una noche, orden&oacute; apagar todas las luces del pa&iacute;s, y en medio del silencio y la oscuridad, hizo sonar algunas melod&iacute;as combinadas con luces de colores. Fue todo un espect&aacute;culo, que no solo demostraba inteligencia sino tambi&eacute;n sentido de la belleza, pero el &eacute;xito fue nulo. En Kenia, un grupo de artistas pintaron sobre la tierra de una enorme extensi&oacute;n de sabana dibujos que quer&iacute;an ser un mensaje de bienvenida y una propuesta de paz, e incluso dibujaron una pista de aterrizaje que nadie us&oacute;. En Brasil, representantes de diversas culturas ind&iacute;genas organizaron una ceremonia conjunta e hicieron arder una hoguera en la que quemaron hierbas arom&aacute;ticas, cuyo humo deb&iacute;a ascender a los cielos y transmitir mensajes olfativos a los visitantes. Fue en vano. En Arabia, un grupo de cetreros soltaron a sus halcones y los hicieron volar bajo aquellas cosas para llamar su atenci&oacute;n. Pero no hubo respuesta.
    </p><p class="article-text">
        A medida que los d&iacute;as pasaban y no &eacute;ramos atacados, se extendi&oacute; un cierto alivio que permiti&oacute; recuperar un m&iacute;nimo de orden. Pero que aquellas cosas no dieran se&ntilde;al de comprender los mensajes enviados, ni ofrecieran muestra alguna de reacci&oacute;n, nos manten&iacute;a en una tensa espera. Nos levant&aacute;bamos cada ma&ntilde;ana sin saber si iba a ser el fin del mundo tal como lo hab&iacute;amos conocido. Nuestro futuro depend&iacute;a de ellos, y su inacci&oacute;n nos desconcertaba. &iquest;A qu&eacute; estaban esperando?
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        Un mes despu&eacute;s, casi nos hab&iacute;amos acostumbrado. Mientras los cient&iacute;ficos buscaban sin cesar modos de comunicarse y los ej&eacute;rcitos vigilaban cada movimiento de aquellas cosas, la mayor&iacute;a de la gente intent&aacute;bamos llevar una vida relativamente normal. Al fin y al cabo, no pod&iacute;amos pasarnos el d&iacute;a atemorizados y escondidos en alg&uacute;n rinc&oacute;n. Los hospitales ten&iacute;an que atender a los enfermos, las farmacias deb&iacute;an estar abiertas, los agricultores ten&iacute;an que cultivar alimentos, las tiendas necesitaban que los productos llegaran. No tuvimos otro remedio que retomar la vida cotidiana y asumir en ella la tensi&oacute;n de la espera. Nos volvimos m&aacute;s precavidos, todav&iacute;a m&aacute;s pendientes del tel&eacute;fono, m&aacute;s en contacto con los nuestros. Intercambi&aacute;bamos consignas de qu&eacute; hacer en caso de ataque. Almacen&aacute;bamos comida y medicamentos en las despensas. Procur&aacute;bamos no regresar tarde a casa. Al principio las actividades no imprescindibles cayeron en picado, pero con el paso de los d&iacute;as, mucha gente quer&iacute;a relajarse un rato en el cine o ir a nadar a la piscina, y volvieron a hacerlo. Algunos comenzaron a quedar para hablar de lo que suced&iacute;a, compartir sus temores, y conjurarlos con m&uacute;sica y fiestas. Las ceremonias religiosas se celebraban por doquier.
    </p><p class="article-text">
        A todos nos entraban dudas: &iquest;val&iacute;a la pena seguir trabajando, continuar pagando la hipoteca, insistir a los ni&ntilde;os para que hicieran los deberes? &iquest;Qu&eacute; pasaba con nuestros planes de futuro, con los estudios comenzados, los proyectos profesionales, los ahorros para las vacaciones de verano? &iquest;Ten&iacute;a sentido planificar algo m&aacute;s all&aacute; de la semana siguiente? Se dispararon las consultas a psic&oacute;logos, notarios, y la venta de armas. Alguna gente lo dej&oacute; todo, su casa, el trabajo, y se fueron a vivir a alg&uacute;n lugar remoto. Otros constru&iacute;an refugios. En algunos pa&iacute;ses donde hab&iacute;a guerra se detuvo, porque los soldados abandonaron el frente y volvieron a sus casas. En otros, en cambio, la violencia se recrudeci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o despu&eacute;s, aquellas cosas formaban parte de nuestras vidas. Ni se marchaban, ni se comunicaban con nosotros, ni interactuaban de ning&uacute;n modo. La mayor parte del tiempo permanec&iacute;an quietas y pr&aacute;cticamente imperceptibles; tan solo de vez en cuando se desplazaban, siempre de manera lenta y silenciosa. Los cient&iacute;ficos emplearon distintos m&eacute;todos para intentar captar informaci&oacute;n de lo que suced&iacute;a en su interior, pero aquel material reflectante que los envolv&iacute;a era infranqueable para la tecnolog&iacute;a humana; y por ello mismo comenzamos a llamarlos espejos. Pero eran espejos sofisticados: la parte inferior, que era la que nosotros pod&iacute;amos ver desde la superficie terrestre, no reflejaba lo que hab&iacute;a bajo ellos, sino que imitaba el firmamento y se confund&iacute;a con &eacute;l. En realidad, la parte inferior reflejaba lo que hab&iacute;a sobre ellos, y esa estrategia les permit&iacute;a mimetizarse en el entorno. Lo &uacute;nico que los cient&iacute;ficos pudieron comprobar, era que no hab&iacute;an alterado la composici&oacute;n de nuestra atm&oacute;sfera.
    </p><p class="article-text">
        Su presencia nos manten&iacute;a en vilo. Todo depend&iacute;a de ellos, de que en alg&uacute;n momento decidieran actuar, intervenir de alguna manera en nuestro mundo. Pero mientras permanec&iacute;an inactivos, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;amos hacer, sino continuar viviendo?
    </p><p class="article-text">
        Especulamos mucho acerca de si experimentar&iacute;an el tiempo como nosotros y si quiz&aacute;s para ellos ir&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pido. Tal vez, lo que para nosotros hab&iacute;a sido un a&ntilde;o, para ellos eran minutos. Tambi&eacute;n nos preguntamos qu&eacute; hac&iacute;an: &iquest;nos estaban estudiando? &iquest;Nos grababan? &iquest;Podr&iacute;an vernos dentro de los edificios? &iquest;Y de noche? &iquest;Nos escuchar&iacute;an, entender&iacute;an nuestras lenguas? Las inteligencias que imagin&aacute;bamos dentro de los artilugios, &iquest;eran seres vivos? &iquest;Cu&aacute;ntos alimentos se hab&iacute;an tra&iacute;do, para resistir tanto tiempo? &iquest;O ser&iacute;an robots?
    </p><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        De repente, un d&iacute;a, actuaron. Al principio pensamos que llov&iacute;a. Pero no era agua. Del cielo ca&iacute;an una especie de canicas recubiertas de espejo que parec&iacute;an planear en el aire. Cuando las vi, estaba sentada en la azotea de casa con mis animales, dos perros y una gata. Mientras me levantaba asustada y llamaba a los animales para escondernos dentro, tres de aquellas cosas comenzaron a revolotear a su alrededor. Cog&iacute; a la gata en brazos y trat&eacute; de hacer entrar a los perros, pero aquellas cosas no paraban de moverse en el aire ante nosotros, y los perros las segu&iacute;an con la vista, las olfateaban, y trataban de darles con la pata. Uno de los perros ladr&oacute;. No de forma amenazadora, sino con curiosidad. Ladr&oacute; de nuevo. Y de uno de aquellos artilugios surgi&oacute; en respuesta un ladrido. Mi perro respondi&oacute; a su vez, encantado, y ech&oacute; a correr tras aquella cosa por la terraza. El otro perro se sum&oacute;, y otra de aquellas cosas imit&oacute; su voz. Los cuatro comenzaron un juego de persecuciones por la azotea. La gata salt&oacute; de mis brazos, correte&oacute; tras los perros, y alz&oacute; la pata para darle a la tercera cosa que flotaba en el aire. Cuando mi gata maull&oacute;, la cosa le devolvi&oacute; un maullido. Durante un buen rato, mis animales estuvieron divertidos con aquellos objetos que no dejaban de intercambiar sonidos con ellos. Los observ&eacute; desconcertada. Los artilugios no se limitaban a reproducir los sonidos que captaban, a repetirlos como un eco, sino que parec&iacute;an procesarlos y aprender a usarlos. Cuando uno de los perros ladraba, aquellas cosas no repet&iacute;an exactamente el mismo sonido, sino que intentaban interactuar. Era como si estuvieran aprendiendo a comunicarse con mis perros. Y lo mismo hac&iacute;a el artilugio que jugaba con mi gata, que incluso reproduc&iacute;a sus bostezos y vibraba al imitar sus ronroneos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando mis animales se cansaron de jugar y se echaron en el sof&aacute; de la azotea, las tres cosas se quedaron quietas en el aire sobre ellos, como si los observaran. Entonces yo me acerqu&eacute; a ellas, muy despacio, y les habl&eacute; en voz baja y amable, pronunciando las palabras con claridad. No dieron muestras de percibirme. Les hice se&ntilde;as con las manos. Lo volv&iacute; a intentar. Les habl&eacute; de los animales, de m&iacute;, de todos nosotros, de lo que estaba sucediendo. Les hice preguntas. No hubo la menor reacci&oacute;n. Respir&eacute; hondo, me tragu&eacute; mi orgullo y ladr&eacute;. Ladr&eacute; otra vez. Imit&eacute; el ladrido de cada uno de mis perros. &ldquo;Venga, vamos, si hab&eacute;is respondido a mis perros, &iquest;por qu&eacute; no a m&iacute;?&rdquo; Luego maull&eacute;. Mi gata se despert&oacute;, abri&oacute; un ojo y me mir&oacute; con expresi&oacute;n de sorpresa. No funcion&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        En pocas horas, millones de v&iacute;deos circulaban por las redes sociales y llenaban las noticias. Aquella especie de canicas que flotaban en el aire reflejando la luz, cantaron a coro con los mirlos y los petirrojos de las calles arboladas de mi barrio y de muchas otras ciudades, y con los jilgueros enjaulados en los balcones. Repiquetearon con los p&aacute;jaros carpinteros que viven en el parque. Visitaron a las cotorras argentinas que se hab&iacute;an instalado en las palmeras del centro, y que tantos dolores de cabeza hab&iacute;an dado a los expertos en gesti&oacute;n de fauna ex&oacute;tica, e intercambiaron con ellas toda suerte de ruidos escandalosos. En las granjas, repitieron los sonidos de gallinas, ocas y cerdos. En los prados mugieron con las vacas mientras jugaban con sus cr&iacute;as. En los mataderos, repitieron los gritos de dolor. Reprodujeron las voces de los caballos atados a los carros, de burros agotados bajo el peso de la carga, de bueyes exhaustos tras un largo d&iacute;a de trabajo, de elefantes encadenados para pasear turistas, de camellos amarrados durante horas bajo el sol del desierto, de ponis atrapados en carruseles para ni&ntilde;os. Repitieron los sonidos de cada uno de los animales de los zoos y los acuarios, los circos y las h&iacute;picas. Repitieron los gemidos de los visones enjaulados en granjas peleteras, de los linces que mueren lentamente atrapados en lazos, de las cr&iacute;as de rinocerontes abatidos. Imitaron las voces de los zorros que se cuelan en las ciudades. Volaron con las grullas y los milanos en migraci&oacute;n, con las urracas en las urbes y los arrendajos en los bosques. Se hicieron eco de las voces de los halcones atados por los cetreros. Se sumergieron con los salmones en las piscifactor&iacute;as, con los cocodrilos en las granjas para hacer zapatos. Bucearon en r&iacute;os, lagos y mares, junto a peces, anfibios y cet&aacute;ceos. Respondieron a las voces de las manadas salvajes de carib&uacute;s, cebras y babuinos, las familias de hienas, gorilas y orcas. Cantaron con las ballenas. Imitaron los gru&ntilde;idos de los desmanes, los chillidos de las gardu&ntilde;as, los chasquidos de las ardillas, los chirridos de las salamanquesas, el croar de las ranas en sus charcas, las voces de iguanas y tortugas que nadan en mares llenos de pl&aacute;sticos, incluso zumbaron con las abejas e imitaron a grillos y chicharras. Escucharon todas las voces, y les respondieron. Y al atardecer, se iluminaron ante las luces de las luci&eacute;rnagas, volaron con los murci&eacute;lagos, aullaron con los lobos, y respondieron a b&uacute;hos, lechuzas y mochuelos. Aquellas cosas que no sab&iacute;amos c&oacute;mo llamar escucharon las voces de todas las especies animales del planeta y las imitaron. Parec&iacute;an estar aprendiendo a comunicarse con ellas.
    </p><p class="article-text">
        Los humanos observamos confusos aquel intercambio. Por alguna raz&oacute;n, nuestras voces no parec&iacute;an merecer respuesta. Esperamos que llegara nuestro turno, pero no lleg&oacute;. Esperamos que despu&eacute;s de todas y cada una de las especies nos tocar&iacute;a a nosotros. Y sin embargo, no fue as&iacute;. A lo largo de aquel d&iacute;a, muchos intentaron lo mismo que yo, imitar los sonidos de los animales, pero fue en vano. Comprobamos que eran capaces de articular palabras, porque cuando se acercaron a algunos loros, repet&iacute;an con ellos &ldquo;lorito bonito&rdquo;, &ldquo;dame m&aacute;s pipas&rdquo; y las t&iacute;picas tonter&iacute;as que los due&ntilde;os ense&ntilde;an a sus loros, y lo hicieron en lenguas diversas. Pero cuando los propietarios se acercaban y trataban de hablar con los artilugios, &eacute;stos hac&iacute;an caso omiso.
    </p><p class="article-text">
        Aquel mismo d&iacute;a, diversos gobiernos emitieron grabaciones de sonidos de animales, y contrataron con urgencia a expertos en imitar sus voces, que se acercaron a aquella especie de canicas intentando comunicarse con ellas. Pero no hubo la menor reacci&oacute;n. Luego, al d&iacute;a siguiente, tras 24 horas con nosotros, las canicas se elevaron en el aire y regresaron a los artilugios que segu&iacute;an presentes en nuestros cielos.
    </p><p class="article-text">
        V
    </p><p class="article-text">
        Comenzamos a pensar que ni nos ve&iacute;an ni nos o&iacute;an. Pero, &iquest;c&oacute;mo pod&iacute;an no vernos, si &eacute;ramos tantos y hac&iacute;amos tantas cosas? &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an no o&iacute;rnos, si ten&iacute;amos tantas lenguas, m&uacute;sica, literatura, filosof&iacute;a, ciencia, matem&aacute;ticas? Si desde el primer momento hab&iacute;amos intentado comunicarnos con ellos, hab&iacute;amos tomado la iniciativa y demostrado nuestra inteligencia. &iquest;De verdad no nos percib&iacute;an? &iquest;&Eacute;ramos transparentes para ellos?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an no vernos, si nosotros reg&iacute;amos el planeta? Ten&iacute;amos tanto poder, que hab&iacute;amos bautizado nuestra &eacute;poca como el Antropoceno. &iquest;No ve&iacute;an nuestras enormes construcciones, nuestras imponentes ciudades y poderosas obras de ingenier&iacute;a? &iquest;No ve&iacute;an las presas en los r&iacute;os, los pozos de petr&oacute;leo, las centrales nucleares?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; prestaban atenci&oacute;n a los animales, si ninguno empleaba un lenguaje racional, y deso&iacute;an nuestras lenguas llenas de conceptos complejos? Los cient&iacute;ficos se preguntaban en televisi&oacute;n si quiz&aacute;s aquellas cosas no eran tan inteligentes como hab&iacute;amos supuesto, si tal vez eran muy b&aacute;sicos, y no nos comprend&iacute;an porque nosotros &eacute;ramos demasiado sofisticados para ellos. Pero si eran tan poco inteligentes, &iquest;c&oacute;mo hab&iacute;an logrado aparecer en nuestros cielos y mantenerse all&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        El primer a&ntilde;o de espera hab&iacute;a sido un tiempo de incertidumbre, pero ahora continuar esperando se hac&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil. Si no nos ve&iacute;an, si no nos o&iacute;an, si no iban a interactuar con nosotros, entonces, &iquest;qu&eacute; iba a suceder? &iquest;Iban a tomar decisiones sobre el planeta sin tenernos en cuenta? &iquest;Estaba el futuro de la humanidad en manos de seres que no nos escuchaban?
    </p><p class="article-text">
        VI
    </p><p class="article-text">
        Una semana despu&eacute;s, aquellas cosas volvieron a descender y a pasar un d&iacute;a entero escuchando e imitando las voces de los animales. Esta vez fueron grabadas a conciencia y estudiadas por los cient&iacute;ficos, que no llegaron a ninguna conclusi&oacute;n especial, m&aacute;s all&aacute; de lo que todos pod&iacute;amos ver y o&iacute;r por nosotros mismos: que aquellas cosas estaban intentando aprender los lenguajes de los animales y comunicarse con ellos. Pero, &iquest;para qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute;? Algunos cient&iacute;ficos intentaron atraparlas con todo tipo de mecanismos, pero se mov&iacute;an demasiado r&aacute;pidas y parec&iacute;an anticipar los movimientos de los artilugios con que pretend&iacute;an cogerlas. Como aquellas cosas eran esf&eacute;ricas, estaban recubiertas de espejo y se dedicaban a reflejar e imitar, comenzamos a llamarlas lunas, a falta de un nombre mejor.
    </p><p class="article-text">
        Cinco d&iacute;as despu&eacute;s, las lunas regresaron de nuevo. Y repitieron a las dos semanas. No hab&iacute;a una frecuencia fija, pero cada pocos d&iacute;as descend&iacute;an, y pasaban una jornada entera interactuando con animales de todas las especies. Su presencia era inquietante y comenz&oacute; a resultar problem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A la cuarta vez que descendieron al matadero de mi ciudad, dos de los trabajadores sufrieron una crisis nerviosa. Uno dec&iacute;a que no pod&iacute;a trabajar con centenares de cosas que le observaban, y el otro estaba convencido de que aquellos intrusos eran esp&iacute;ritus malignos. La incomodidad se extendi&oacute; y todos los trabajadores acabaron amotinados. Se negaban a trabajar si la empresa no les garantizaba que aquellas cosas no volv&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Un camionero que transportaba cr&iacute;as de cerdos hacia una granja, detuvo el cami&oacute;n en un &aacute;rea de servicio y se neg&oacute; a seguir: &ldquo;No puedo conducir con todas esas cosas detr&aacute;s de m&iacute; haciendo ruido todo el tiempo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hubo que suspender la atracci&oacute;n tur&iacute;stica de coches de caballos en mi ciudad, porque los conductores no pod&iacute;an garantizar la seguridad de los pasajeros ni del tr&aacute;fico. Aquellas cosas distra&iacute;an a los caballos, que estaban m&aacute;s pendientes de los sonidos que hac&iacute;an, que no de seguir las &oacute;rdenes del conductor.
    </p><p class="article-text">
        Una lujosa cacer&iacute;a en honor de un importante pol&iacute;tico extranjero, con decenas de invitados y docenas de guardias de seguridad, fue tambi&eacute;n suspendida. Las lunas revoloteaban alrededor de los animales a abatir y alrededor de los perros; no solo hac&iacute;an ruido al repetir las voces de los animales, sino que al reflejar la luz y no parar de moverse, molestaban enormemente a la vista. &ldquo;Son un maldito incordio&rdquo;, declar&oacute; un cazador, &ldquo;peores que los mosquitos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hubo motines en varios barcos en medio del oc&eacute;ano que transportaban ganado. Los animales hacinados en cubierta hac&iacute;an mucho ruido, que era repetido insistentemente por las lunas. Cuanto m&aacute;s esc&aacute;ndalo hac&iacute;an las lunas, m&aacute;s hac&iacute;an los animales, y m&aacute;s a&uacute;n hac&iacute;an las lunas, en un c&iacute;rculo vicioso cada vez m&aacute;s ensordecedor. Los marineros dec&iacute;an que se estaban volviendo locos, y tem&iacute;an que aquellas cosas les hicieran naufragar. Varios barcos atracaron en el puerto m&aacute;s cercano, y no encontraron tripulaciones dispuestas a zarpar de nuevo.
    </p><p class="article-text">
        En los laboratorios de experimentaci&oacute;n, miles de lunas sobrevolaban las jaulas llenas de ratones, ratas, conejos, perros, gatos, cerdos, macacos o chimpanc&eacute;s. Algunas se colaban dentro de las jaulas, se dejaban olfatear, e incluso se posaban en las manos de los primates. Los experimentadores comenzaron a suspender sus estudios; afirmaban que aquellas cosas alteraban el comportamiento de los animales e invalidaban las investigaciones.
    </p><p class="article-text">
        Las lunas entraban en los edificios por puertas, ventanas o cualquier ranura; recorr&iacute;an pasillos, sub&iacute;an escaleras, bajaban a los s&oacute;tanos en busca de los animales. Muchas instituciones reforzaron sus sistemas de seguridad, pero ellas se acababan escurriendo por los conductos de ventilaci&oacute;n, o se colaban en las tuber&iacute;as y sal&iacute;an por los desag&uuml;es. Cada vez m&aacute;s negocios estaban desesperados con aquellas cosas que no paraban de entorpecer su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, mis animales se encari&ntilde;aron con sus tres visitantes. En cuanto las ve&iacute;an regresar, brincaban para saludarlas como si fueran viejas amigas, y cuando se marchaban, me dirig&iacute;an miradas tristonas. A los perros y gatos de mis vecinos les suced&iacute;a lo mismo. En los centros de acogida de animales dom&eacute;sticos abandonados, en los santuarios de animales de granja rescatados, y en los refugios donde atend&iacute;an fauna salvaje herida o enferma, se percataron de que las lunas hac&iacute;an compa&ntilde;&iacute;a a los animales, los animaban a jugar, a relacionarse unos con otros, y parec&iacute;an tener un efecto positivo en su &aacute;nimo. Algunos bi&oacute;logos se dedicaron a medir los niveles de estr&eacute;s de los animales antes y despu&eacute;s de las visitas, y constataron que, efectivamente, ten&iacute;an un efecto relajante para ellos. Lo comprobaron tambi&eacute;n con algunos animales salvajes en libertad que estaban siendo estudiados por bi&oacute;logos en sus ecosistemas. As&iacute;, algunos comenzamos a alegrarnos de las llegadas peri&oacute;dicas de las lunas, y nos sentimos por primera vez en mucho tiempo aliviados y reconfortados. Si aquellas cosas lograban que los animales se sintieran mejor, entonces no pod&iacute;an ser tan peligrosas y amenazadoras. Por muy extra&ntilde;as que fueran, por mucho que no logr&aacute;ramos comprenderlas ni comunicarnos con ellas, parec&iacute;an traernos alg&uacute;n tipo de beneficio. Pero quienes ten&iacute;amos esa opini&oacute;n &eacute;ramos minor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de actividades con animales se vieron entorpecidas, y en muchos sectores econ&oacute;micos creci&oacute; el malestar y surgieron protestas cada vez m&aacute;s airadas. Ganaderos, carniceros, cazadores, taxidermistas, pescadores, pescateros, propietarios de zoos y circos, domadores, experimentadores, criadores de mascotas, peleteros, jinetes, toreros, cetreros, y todos los negocios basados en productos animales, exigieron a sus gobiernos que actuaran de inmediato. Hubo manifestaciones en las calles, pancartas gigantes extendidas en las azoteas para que se vieran desde arriba, huelgas y conflictos. El malestar social aument&oacute;, y comenzamos a entrever una crisis econ&oacute;mica de dimensiones catastr&oacute;ficas.
    </p><p class="article-text">
        VII
    </p><p class="article-text">
        Un grupo de cient&iacute;ficos propusieron una idea desesperada. Si aquellas cosas solo iban a comunicarse con animales, entonces ten&iacute;amos que conseguir que algunos animales fueran nuestros embajadores. As&iacute; que pidieron a los propietarios de loros que los cedieran, y requisaron cuantos encontraron en tiendas, zoos y circos. Se los llevaron a varios laboratorios repartidos por todo el mundo y les hicieron aprender de memoria mensajes breves y claros dirigidos a las lunas. &ldquo;Por favor, hablad con los humanos&rdquo; y &ldquo;por favor, decidnos qu&eacute; quer&eacute;is&rdquo; eran algunas de las frases, que les fueron ense&ntilde;adas en multitud de lenguas. A mucha gente le pareci&oacute; una solemne estupidez, y otros lo denunciaron como una forma de maltrato. Pero no hab&iacute;a otras ideas m&iacute;nimamente viables sobre la mesa, as&iacute; que el proyecto sigui&oacute; adelante. Cuando las lunas bajaron la vez siguiente, y revolotearon alrededor de los loros, se limitaron a repetir con ellos &ldquo;por favor, hablad con los humanos&rdquo; y &ldquo;por favor, decidnos qu&eacute; quer&eacute;is&rdquo;, mientras intercalaban &ldquo;lorito bonito&rdquo;, &ldquo;r&aacute;scame m&aacute;s&rdquo; y &ldquo;a m&iacute; me gusta bailar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El problema&rdquo;, dec&iacute;a una bi&oacute;loga en una tertulia televisiva, &ldquo;es que no sabemos qu&eacute; capacidades cognitivas tienen esas cosas, no sabemos qu&eacute; entienden y qu&eacute; no, o a qu&eacute; velocidad aprenden. Su inteligencia parece radicalmente distinta de la nuestra. Necesitar&iacute;amos encontrar algo en com&uacute;n, pero por ahora no damos con ello.&rdquo; A su lado, un ganadero de toros de lidia sosten&iacute;a: &ldquo;Lo &uacute;nico que saben hacer es estorbar. Nos impiden hacer nuestro trabajo. Se meten en nuestras vidas, lo desordenan todo y ni siquiera nos responden. &iquest;Qui&eacute;nes se han cre&iacute;do que son? Tenemos que echarlos de una maldita vez. Nuestros gobiernos son unos in&uacute;tiles; si no van a defendernos, seremos la gente quienes tendremos que resolver este asunto por la fuerza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        VIII
    </p><p class="article-text">
        En las semanas siguientes, los acontecimientos se precipitaron. Algunos negocios que usaban animales no tuvieron otro remedio que cerrar, y el cierre de unos provoc&oacute; el de otros. Cada vez era m&aacute;s dif&iacute;cil encontrar productos de origen animal y sus precios se disparaban. Mucha gente se quedaba sin trabajo e inundaba las calles con sus protestas. El resentimiento crec&iacute;a y a la m&iacute;nima estallaban las trifulcas. Adem&aacute;s, las granjas que cerraban no sab&iacute;an qu&eacute; hacer con los animales. En algunos casos los ced&iacute;an a santuarios, pero eran tantos que se hac&iacute;a imposible reubicarlos a todos. Algunos propietarios optaron por la soluci&oacute;n m&aacute;s dr&aacute;stica, y gasearon miles de animales. Otros, en cambio, optaron por soltarlos en el campo y dejar que se asilvestraran, pese a las advertencias de los cient&iacute;ficos por los da&ntilde;os que pod&iacute;an causar a la fauna aut&oacute;ctona o los previsibles destrozos si se acercaban a las ciudades. Algunas empresas poderosas intentaron hacer negocio con la situaci&oacute;n, convirti&eacute;ndose en los &uacute;nicos que usaban animales, pero tuvieron que acabar cerrando porque no encontraban suficientes trabajadores que aguantaran la presi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El odio y la rabia se extendieron por amplios sectores; mucha gente se sent&iacute;a desubicada y desesperanzada, hasta el punto de que una oleada de suicidios se expandi&oacute; como una epidemia. Aumentaron las depresiones, el alcoholismo, la gente que deambulaba todo el d&iacute;a sin hacer nada y las peleas callejeras. Los gobiernos establecieron toques de queda rigurosos, y racionaron la comida y otros bienes de consumo.
    </p><p class="article-text">
        A medida que la situaci&oacute;n empeoraba y no se avistaba ning&uacute;n remedio, algunos gobiernos tomaron la decisi&oacute;n de atacar a los espejos. Lanzaron contra ellos varios misiles desde distintos puntos del planeta, pero explotaban mucho antes de llegar a los artilugios. Hubo oleadas de violencia, y algunos pa&iacute;ses quebraron. Cada vez hab&iacute;a m&aacute;s gobiernos que ya no pod&iacute;an garantizar el suministro de alimentos, la seguridad, o el funcionamiento de los servicios b&aacute;sicos. La gente dej&oacute; de ir a trabajar, dej&oacute; de respetar las leyes, pagar sus deudas y cumplir sus promesas. Hab&iacute;amos construido nuestra civilizaci&oacute;n sobre la explotaci&oacute;n de los animales, y cuando esa explotaci&oacute;n se hizo inviable, los cimientos de nuestro modo de vida y de nuestra organizaci&oacute;n social se desmoronaron. Bast&oacute; con que aquellos visitantes escucharan a los animales, simplemente con que los escucharan, para que nuestra civilizaci&oacute;n se derrumbara.
    </p><p class="article-text">
        Pasamos a vivir con muy poco, de maneras muy simples. Yo me traslad&eacute; a vivir al campo con mis animales. Volv&iacute; al pueblo de mis abuelos, una aldea en la monta&ntilde;a donde ya no viv&iacute;a nadie, rodeada de campos que ya no se cultivaban. El pueblo habitado m&aacute;s cercano estaba a media hora en bici. Cuatro amigas se vinieron conmigo y creamos nuestra peque&ntilde;a comunidad. Para sentirnos m&aacute;s seguras nos procuramos pastores alemanes, mastines y escopetas. Aprendimos a cultivar un huerto y producir nuestra energ&iacute;a con placas solares. Logramos aprender las cosas b&aacute;sicas antes de que cayera internet. Cuando cay&oacute;, nos quedamos muy solas. Lleg&oacute; un momento en que tan solo nos qued&oacute; la radio. Durante meses sentimos miedo y desesperanza. Hac&iacute;amos turnos para dormir. Viv&iacute;amos con las escopetas colgadas a la espalda.
    </p><p class="article-text">
        Las lunas segu&iacute;an descendiendo cada varios d&iacute;as. Cuando las ve&iacute;amos, no pod&iacute;amos dejar de culparlas por aquella situaci&oacute;n tan dif&iacute;cil, y sin embargo, sus visitas eran de las pocas alegr&iacute;as que ten&iacute;amos. Los perros y gatos se pasaban el rato jugando con ellas, y verlos nos contagiaba su buen humor. Tambi&eacute;n o&iacute;amos a los p&aacute;jaros que viv&iacute;an alrededor de la aldea intercambiando cantos con ellas, y escucharlos nos reconfortaba.
    </p><p class="article-text">
        A medida que los suicidios y las muertes violentas aumentaban, la poblaci&oacute;n de humanos decreci&oacute; muy deprisa. En menos de un a&ntilde;o, se redujo a la mitad. Luego dej&oacute; de haber recuentos oficiales.
    </p><p class="article-text">
        IX
    </p><p class="article-text">
        Durante tres a&ntilde;os, rein&oacute; el caos. Hab&iacute;a mucha violencia, y no solo f&iacute;sica. Gobiernos y grandes empresas se disputaban el control de los recursos y el poder, pretendiendo sacar partido del desastre, pero en una sociedad que se desmoronaba, ya nadie obedec&iacute;a sus leyes. Las reglas del juego que hab&iacute;an regido durante siglos ya no funcionaban, y gobiernos y empresas acabaron por caer tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El calentamiento global tra&iacute;a veranos cada vez m&aacute;s t&oacute;rridos, y desordenaba el r&eacute;gimen de lluvias. Aunque las emisiones de gases de efecto invernadero hab&iacute;an disminuido radicalmente, parec&iacute;a que la cat&aacute;strofe clim&aacute;tica era ya imparable. Con la alteraci&oacute;n de las temperaturas, algunas enfermedades tropicales se expandieron por buena parte del planeta. Una epidemia se c&oacute;lera se extendi&oacute; con rapidez por varios pa&iacute;ses, y con los sistemas sanitarios desmantelados, fue muy dif&iacute;cil combatirla. Por lo que o&iacute;amos en la radio, barri&oacute; ciudades enteras. Un par de centrales nucleares tuvieron fugas radioactivas, y detenerlas fue un esfuerzo que se cobr&oacute; innumerables v&iacute;ctimas; alrededor quedaron miles de hect&aacute;reas contaminadas. En algunos pa&iacute;ses, el calor extremo propici&oacute; incendios que quemaron durante meses, mientras que en otros, las inundaciones arrasaron pueblos y ciudades. Durante un tiempo pensamos que avanz&aacute;bamos hacia el fin de la humanidad. Pero luego, poco a poco, la situaci&oacute;n se estabiliz&oacute;. &Eacute;ramos muchos menos, viv&iacute;amos dispersos en comunidades peque&ntilde;as, y con aquella estructura, era dif&iacute;cil que un desastre acabara con todos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        En los conflictos violentos, la gente descubri&oacute; un truco: rodearse de animales. Si estabas en una zona insegura, lo m&aacute;s precavido era estar cerca de alg&uacute;n reba&ntilde;o de ciervos, renos o vacas asilvestradas. Cuantos m&aacute;s animales, mejor. Las lunas segu&iacute;an descendiendo cada varios d&iacute;as, y cuando aparec&iacute;an, incluso los tipos m&aacute;s violentos se pon&iacute;an nerviosos y se alejaban. Las lunas comenzaban a sobrevolar a los animales imitando sus voces, se mov&iacute;an sin cesar, y con su cobertura de espejo reflejaban la luz. Sus movimientos eran hipn&oacute;ticos, y mucha gente les ten&iacute;a p&aacute;nico. Aquel truco salv&oacute; bastantes vidas. Nosotras llegamos a vivir con una veintena de perros. De hecho, nuestra comunidad se convirti&oacute; en una manada de perros que acog&iacute;a a cinco humanas y un par de gatos.
    </p><p class="article-text">
        X
    </p><p class="article-text">
        Aunque la civilizaci&oacute;n ya era solo un recuerdo, la vida continuaba. Necesit&aacute;bamos productos b&aacute;sicos, y no pod&iacute;amos vivir para siempre de las sobras del mundo anterior, as&iacute; que la gente segu&iacute;a intentando producir los bienes necesarios. Y no hubo otro remedio que aprender a hacerlo sin usar animales. A mis amigas y a m&iacute;, nos sorprend&iacute;a cu&aacute;ntos productos y actividades de nuestra vida anterior hab&iacute;an estado basados en animales, y por tanto ten&iacute;amos que renunciar a ellos. Pero fuimos descubriendo, con la ayuda de otras gentes, que siempre hab&iacute;a alternativas. Comenzaron a aparecer negocios artesanales que no usaban animales, vend&iacute;an en mercados locales, y distribu&iacute;an a los alrededores en bicicleta. Encontramos un taller que confeccionaba ropa de algod&oacute;n a medida, y nos pod&iacute;amos comprar unas pocas mudas al a&ntilde;o. Nos re&iacute;amos al recordar cu&aacute;nta ropa hab&iacute;amos llegado a comprar y tirar en nuestra vida anterior.
    </p><p class="article-text">
        Nosotras nos especializamos en elaborar conservas y confituras con los productos de nuestro huerto y venderlos en los mercados cercanos. Era un trabajo duro, m&aacute;s de lo que imaginamos al comenzar, y lo que gan&aacute;bamos con las ventas era una cantidad irrisoria comparada con lo que hab&iacute;an sido nuestros sueldos, pero tambi&eacute;n descubrimos placeres sencillos que nos proporcionaban calma y alegr&iacute;a. Nos est&aacute;bamos inventando una sociedad que era una mezcla de conocimientos del siglo XXI y una simplicidad y austeridad casi medievales. Con el paso del tiempo, algunas personas inteligentes y entusiastas lograron salvar lo m&aacute;s valioso: volvieron a reconstruir los servicios m&eacute;dicos, aunque con infraestructuras humildes; mantuvieron escuelas abiertas; lograron restaurar algunos servicios b&aacute;sicos, y sobre todo pacificar conflictos. Aprendimos a gestionar con eficacia las energ&iacute;as renovables y a convertir cada edificio en productor de su propia energ&iacute;a, pero tambi&eacute;n a consumir menos. A tener menos cosas y cuidarlas m&aacute;s. Antes cambi&aacute;bamos de m&oacute;vil cada a&ntilde;o y de ordenador cada tres, y ahora simplemente los reparamos y duran d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        XI
    </p><p class="article-text">
        De repente, comenz&oacute; a circular una idea. Al principio nos pareci&oacute; extra&ntilde;a, y despu&eacute;s nos result&oacute; extra&ntilde;o que no se nos hubiera ocurrido antes. Aquellos artilugios parec&iacute;an haber venido de muy lejos, llevaban ya varios a&ntilde;os en los cielos de nuestro planeta, y todo cuanto hab&iacute;an hecho era observar a los animales, escuchar sus voces y tratar de entender sus lenguajes. &iquest;Por qu&eacute; segu&iacute;an haci&eacute;ndolo, una vez tras otra? &iquest;Qu&eacute; inter&eacute;s ten&iacute;an en ello? Quiz&aacute;s si logr&aacute;bamos comprender qu&eacute; les hac&iacute;a volver una y otra vez a escucharlos, sabr&iacute;amos finalmente por qu&eacute; segu&iacute;an all&iacute;, por qu&eacute; no se marchaban de vuelta.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, comenzamos a imitar lo que hac&iacute;an las lunas. Comenzamos a observar con atenci&oacute;n a los animales y escuchar sus voces. Tanto a los salvajes que encontr&aacute;bamos en entornos naturales, como a los dom&eacute;sticos que conviv&iacute;an con nosotros, como a los asilvestrados fruto de las sueltas masivas. Comenzamos a observar su comportamiento y tratar de entenderlo. Siempre hab&iacute;a habido gente que lo hac&iacute;a, en todas las &eacute;pocas y culturas. Siempre hab&iacute;a habido naturalistas, birdwatchers, gente que dibujaba o fotografiaba animales; siempre hab&iacute;a habido animalistas que los defend&iacute;an, y ecologistas que proteg&iacute;an especies y ecosistemas, pero eran minor&iacute;as, consideradas extravagantes por el resto de la sociedad. En nuestra civilizaci&oacute;n hab&iacute;a habido tant&iacute;simas cosas fascinantes para hacer, que nos parec&iacute;a anticuado y aburrido que alguien pasara el rato mirando bichos.
    </p><p class="article-text">
        Yo nunca hab&iacute;a sabido mucho de ellos, m&aacute;s all&aacute; de mis perros y gatos. En una casa de la aldea encontramos gu&iacute;as de fauna local y manuales de biolog&iacute;a, que nos empollamos, y gracias a unas libretas que se acumulaban en el s&oacute;tano de una vieja papeler&iacute;a, nos hicimos cuadernos de campo. Comenzamos a emprender rutas por los alrededores, a identificar las especies de animales que viv&iacute;an por all&iacute;, y tambi&eacute;n a reconocer a algunos individuos y ponerles nombre. Comenzamos a aprender sobre sus vidas, su comportamiento, a entender c&oacute;mo interactuaban unas especies con otras y con su entorno, a apreciarlos y admirarlos. Entonces entend&iacute; que aquellos artilugios venidos de otro mundo se hubieran fascinado con ellos, porque cada especie y cada individuo eran realmente admirables. Cada especie ten&iacute;a una forma de vivir diferente, y explorarla era un viaje inacabable, en el que aprend&iacute;amos sobre la inteligencia, la comunicaci&oacute;n, la empat&iacute;a, la alegr&iacute;a, el afecto, la amistad, la lealtad, la compasi&oacute;n, la generosidad, la ira, el miedo, la soledad, la tristeza, la muerte, la a&ntilde;oranza. Hasta la m&aacute;s peque&ntilde;a de las criaturas ten&iacute;a una forma de vida apasionante, que se entrelazaba con las formas de vida de las dem&aacute;s y con los procesos naturales como si conformaran una sociedad magn&iacute;ficamente organizada. Y cada individuo particular era un tesoro, que albergaba el misterio de la personalidad, del yo, de las infinitas maneras de estar en el mundo. Poco a poco se convirtieron en nuestra pasi&oacute;n y llenaron nuestros d&iacute;as. Comprendimos que observar animales y la naturaleza era, sencillamente, admirar la vida. Entendimos que alguien pudiera viajar desde los confines del universo tan solo para contemplar la riqueza de la Tierra.
    </p><p class="article-text">
        El conocimiento nos hizo m&aacute;s sensibles, y comenzamos a ayudar a animales heridos o enfermos lo mejor que supimos, usando libros de veterinaria y medicamentos que encontramos en una cl&iacute;nica abandonada. Instalamos bebederos alrededor de la aldea. Los animales nos dieron alegr&iacute;as, nos ense&ntilde;aron much&iacute;simas cosas, nos hicieron pensar, nos prestaron compa&ntilde;&iacute;a y nos regalaron belleza. Eran nuestros vecinos, nuestra comunidad. Con ellos dejamos de sentirnos solas. Por radio, habl&aacute;bamos con gente que estaba haciendo lo mismo. Aprend&iacute;amos unos de otros. Tambi&eacute;n comenzamos a observar de un modo nuevo a nuestros perros y gatos, a entender mejor la personalidad de cada uno. Comprendimos que no siempre hab&iacute;amos sabido tratarlos bien, e intentamos remediarlo. Aprendimos a escucharles.
    </p><p class="article-text">
        Comenzaron a gestarse proyectos para reintroducir especies que se hab&iacute;an extinguido en algunos ecosistemas. Otros procuraban retirar elementos peligrosos, por ejemplo destruyendo infraestructuras que interrump&iacute;an sus territorios, limpiando zonas contaminadas, retirando basuras. Otros simplemente les procuraban alimento y atenci&oacute;n veterinaria.
    </p><p class="article-text">
        Entre el descenso de la poblaci&oacute;n y la actividad humana, y la ayuda de alguna gente, la vida animal resurgi&oacute; con fuerza en el planeta. Algunas especies que estaban en riesgo de extinci&oacute;n pudieron ser salvadas. Otras especies que hab&iacute;an sufrido siglos de maltrato, recuperaron su libertad, pues muchos ejemplares de animales dom&eacute;sticos se asilvestraron. Al principio hubo un caos considerable, porque algunos animales asilvestrados se instalaban en ecosistemas que no eran los suyos, y eso gener&oacute; todo tipo de problemas, que se a&ntilde;ad&iacute;an a las alteraciones provocadas por la cat&aacute;strofe clim&aacute;tica. Pero algunas personas organizaron traslados de animales de unos ecosistemas a otros, y la naturaleza fue encontrando sus equilibrios.
    </p><p class="article-text">
        XII
    </p><p class="article-text">
        Ahora hace ya d&eacute;cadas que los espejos llegaron, y siguen todav&iacute;a en nuestros cielos. Las lunas contin&uacute;an bajando a escuchar a los animales. Pero todo ha cambiado. Ahora, tambi&eacute;n nosotros escuchamos a los dem&aacute;s animales.
    </p><p class="article-text">
        Los bi&oacute;logos han estudiado con detenimiento la inteligencia, las emociones, el lenguaje, las capacidades, las formas de vida de muchas especies, y compartido con el resto de la sociedad estudios fabulosos. Tambi&eacute;n han estudiado la variabilidad de personalidades en cada especie, y seguido muchas historias individuales. Cuando logramos recuperar internet de nuevo y pudimos volver a conectar nuestros viejos ordenadores, la red se llen&oacute; de estudios sobre animales, y tambi&eacute;n sobre plantas, microorganismos, sobre cada ecosistema, y en general sobre la naturaleza. M&aacute;s all&aacute; de los cient&iacute;ficos, mucha otra gente se han convertido en naturalistas aficionados y han acumulado multitud de observaciones. Ahora sabemos mucho m&aacute;s sobre las criaturas con las que compartimos el planeta, de lo que nunca hab&iacute;amos sabido antes. Tambi&eacute;n tenemos estudios sobre los animales dom&eacute;sticos que se han asilvestrado e ido recuperando comportamientos salvajes a&uacute;n mezclados con comportamientos adquiridos durante la domesticaci&oacute;n. Eso ha propiciado discusiones sobre si la domesticaci&oacute;n fue un completo error o hubo en ella elementos positivos, y en general, muchas discusiones sobre c&oacute;mo debemos relacionarnos con los dem&aacute;s animales. Todav&iacute;a no lo tenemos claro. A&uacute;n nos falta mucho por aprender.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos hemos hecho conscientes de cu&aacute;ntas heridas tiene la naturaleza por nuestra culpa; ahora entendemos los efectos terribles de la contaminaci&oacute;n, la deforestaci&oacute;n, y el agotamiento de los acu&iacute;feros y del suelo. En algunas zonas a&uacute;n hay minas antipersona de guerras pasadas, residuos nucleares y vertederos de productos t&oacute;xicos. Los mares est&aacute;n todav&iacute;a llenos de pl&aacute;sticos. Nos quedan muchos problemas por resolver. Tambi&eacute;n debemos aprender a organizarnos entre nosotros. Vamos a tener que construir una sociedad nueva, e inventar reglas de convivencia que a&uacute;n no sabemos cu&aacute;les ser&aacute;n. Pero el futuro comienza a resultar prometedor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Tafalla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/voces_132_1972802.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Aug 2018 18:00:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las voces de los demás]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derechos animales,Cuentos,Animales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro de seis delfines]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/futuro-delfines_132_3603552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54dd6727-53e1-4de8-8006-8a3d3d1a396d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Delfines cautivos y sometidos a duros adiestramientos para el entretenimiento humano. Foto: FAADA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Ayuntamiento de Barcelona no quiere mantener cetáceos en cautividad. Se convertirá en la primera ciudad de España que cierre su delfinario y busque un destino adecuado para los seis delfines que han sobrevivido al cautiverio en las pésimas instalaciones del Zoo de Barcelona</p><p class="subtitle">Tener delfines (y otros animales) en cautividad para exhibirlos por negocio es una profunda injusticia, que solo se explica por egoísmo e ignorancia</p><p class="subtitle">Para proporcionar a esos animales un futuro digno del siglo XXI son necesarias ciencia y ética: una ciencia autocrítica, que no evite las preguntas incómodas que la ética plantea sobre la justicia y la injusticia, la libertad y la cautividad, ni se conforme con un sucedáneo: el concepto de 'bienestar'</p></div><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, cuando era estudiante, me apunt&eacute; a un curso en el Zoo de Barcelona titulado 'Adiestramiento de mam&iacute;feros marinos' porque quer&iacute;a saber c&oacute;mo lograban los entrenadores que los delfines hicieran acrobacias, c&oacute;mo se comunicaban con ellos y, sobre todo, c&oacute;mo lograban que les obedecieran. Los profesores del curso eran dos de los entrenadores. Nos hablaban de los delfines como de individuos con personalidades distintas, y nos contaban los miedos y las preferencias de cada uno de ellos. Nos explicaban que hab&iacute;a cosas que les gustaba hacer y otras que no. A veces se estresaban o sent&iacute;an celos unos de otros. Manten&iacute;an relaciones sociales muy complejas entre ellos y tambi&eacute;n con los entrenadores, a los que trataban reconociendo sus diferentes personalidades.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, los entrenadores eran conscientes de la inteligencia y las emociones de los delfines y, sin embargo, les obligaban a actuar. Los delfines ten&iacute;an que aprender a obedecer. A obedecer a otra especie. A actuar para proporcionar placer a otra especie. A frenar sus propios deseos y servir a los deseos humanos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo lograban los humanos que los delfines les obedecieran? Es f&aacute;cil: los animales estaban prisioneros en una ba&ntilde;era y no ten&iacute;an modo de escapar. Depend&iacute;an para todo del personal del zoo. Depend&iacute;an del personal para comer.</strong> &iquest;Qu&eacute; otra cosa pod&iacute;an hacer sino obedecer? Los entrenadores que nos daban el curso estaban llenos de dudas respecto de si lo que hac&iacute;an era moralmente correcto. Eran conscientes de que los animales sufr&iacute;an. Tiempo despu&eacute;s, ambos abandonaron el zoo por motivos &eacute;ticos y se dedicaron a promover la observaci&oacute;n de cet&aacute;ceos en libertad.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de ese curso comenc&eacute; a leer sobre mam&iacute;feros marinos. Los delfines son animales que en libertad se desplazan continuamente y pueden nadar decenas de kil&oacute;metros cada d&iacute;a. Qu&eacute; frustrante debe de ser para ellos quedar atrapados en un espacio tan diminuto. Qu&eacute; frustrante, adem&aacute;s, un espacio en el que no hay otras formas de vida, en el que no hay nada que explorar, nada que hacer. Qu&eacute; horrible el ruido constante en el zoo, el griter&iacute;o de los ni&ntilde;os y la m&uacute;sica, y las bombas de agua de la piscina, para animales que son b&aacute;sicamente auditivos, que se escuchan entre s&iacute; a kil&oacute;metros de distancia y se orientan en el espacio gracias al sentido de la ecolocalizaci&oacute;n. Y qu&eacute; terrible, para un animal salvaje, no poder tomar ninguna decisi&oacute;n sobre su propia vida. Depender para absolutamente todo de otros seres, adem&aacute;s seres de otra especie, que pueden no entender sus necesidades o preferir no respetarlas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No es solo que pierdan la libertad de movimientos, de ir de aqu&iacute; para all&aacute;, es que pierden cualquier forma de autonom&iacute;a.</strong> No pueden decidir nada. No pueden dirigir el rumbo de sus vidas, porque han sido reducidos a meros instrumentos al servicio de los caprichos humanos. Les imponemos una forma de vida artificial, la que nos conviene a nosotros, y olvidamos que ellos ya ten&iacute;an su forma de vida, que les hemos arrebatado. Nosotros les damos nombres, pero olvidamos que los delfines se dan a s&iacute; mismos sus propios nombres. Incluso si los criamos en cautividad, si nacen en nuestras rid&iacute;culas ba&ntilde;eras, si crecen sin haber visto nunca el mar al que pertenecen, siguien siendo animales salvajes, que desean y merecen vivir sus propias vidas.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a sabemos perfectamente que nunca deber&iacute;amos haber encerrado delfines, ni en el Zoo de Barcelona ni en ning&uacute;n otro zoo ni acuario. <strong>Tener delfines (y otros animales) en cautividad para exhibirlos por negocio es una profunda injusticia, que solo se explica por el ego&iacute;smo y la ignorancia</strong> que caracterizan tantos comportamientos humanos. Los delfines (ni ninguna otra especie animal) no existen para servirnos a nosotros, para satisfacer nuestro capricho de verlos donde y cuando queramos, para ser nuestros juguetes y payasos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La civilizaci&oacute;n en que vivimos nos hace creer desde la infancia que los humanos somos los &uacute;nicos sujetos que existen en el planeta, y que el resto de formas de vida no son m&aacute;s que recursos a nuestra disposici&oacute;n, que podemos usar a nuestro criterio y de los que podemos abusar sin dar explicaciones. Nos ense&ntilde;an que los delfines, como el resto de animales, son objetos que podemos capturar, encerrar, vender, comprar, explotar, hacerles criar y separarlos de sus hijos, obligarles a actuar para nosotros, y matarlos cuando estorban.
    </p><p class="article-text">
        Pero si hacemos el esfuerzo de liberarnos de las muchas capas del discurso antropoc&eacute;ntrico que nos envuelve, comprenderemos que los delfines no son instrumentos para nuestros fines, ni son nuestras propiedades. Tampoco son inferiores a nosotros, pues ambas especies, como todas las dem&aacute;s, compartimos unos mismos or&iacute;genes: solo somos ramas diferentes del &aacute;rbol de la vida, resultados distintos del mismo proceso de evoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las especies m&aacute;s desarrolladas, como los delfines, son propiamente sujetos en sentido pleno, porque viven sus vidas desde su subjetividad, porque sienten dolor y placer, tienen deseos y temores, recuerdos y expectativas. <strong>Los delfines viven en familias</strong> <strong>en las que tejen intensas relaciones de afecto y ayuda mutua, desarrollan profundas relaciones de amistad y se entristecen</strong> <strong>cuando mueren</strong> <strong>sus seres queridos</strong>. <strong>Se llaman unos a otros por su nombre, las madres cantan a sus hijos y diferentes grupos desarrollan culturas distintas</strong>, que se diferencian por sus formas de comunicarse, por el uso de instrumentos o por las maneras de alimentarse.
    </p><p class="article-text">
        Son tan inteligentes que es razonable considerarlos &ldquo;personas no humanas&rdquo;, como a los grandes simios o a los elefantes. Y por todo ello, los delfines se merecen el reconocimiento de unos derechos b&aacute;sicos que los protejan del da&ntilde;o que nosotros mismos les causamos. Al menos, deber&iacute;amos garantizarles el derecho a la vida, a no ser torturados y a la libertad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nunca deber&iacute;amos haber encerrado delfines</strong>. <strong>Pero ahora nos encontramos con un problema: en el Zoo de Barcelona hay cuatro delfines mulares.</strong> Fruto de nuestros errores, ah&iacute; est&aacute;n, prisioneros en una ba&ntilde;era en la que es imposible que satisfagan sus necesidades, tanto f&iacute;sicas como mentales, ni que desarrollen con plenitud sus conductas y sus capacidades naturales. Dos m&aacute;s fueron trasladados el a&ntilde;o pasado al <strong>Oceanogr&aacute;fico de Valencia, otra ba&ntilde;era un poquito m&aacute;s grande</strong>, porque estaban tan estresados que su situaci&oacute;n era insostenible. El estr&eacute;s hizo que uno de ellos se volviera depresivo y no pudiera permanecer con los dem&aacute;s, por lo que ya los hab&iacute;an mantenido separados durante mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Las instalaciones del Zoo de Barcelona son tan diminutas e inadecuadas que la Asociaci&oacute;n Europea por los Mam&iacute;feros Acu&aacute;ticos ha dado un ultim&aacute;tum: o se redise&ntilde;an, o en 2019 el zoo dejar&aacute; de pertenecer a esta asociaci&oacute;n, por no cumplir con los est&aacute;ndares establecidos por la misma. Para hacerse una idea del problema, recomiendo ver esta <a href="http://www.tvanimalista.com/es/2012/07/04/entrevista-a-albert-lopez-ex-ensinistrador-de-dofins-i-orques/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista</a>.
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento de Barcelona ha sido valiente y ha decidido que cerrar&aacute; el delfinario, que no cometer&aacute; el error de ampliar un poco m&aacute;s la jaula. Nos ha mostrado un futuro digno del siglo XXI: buscar un destino mejor para estos animales. Es una decisi&oacute;n l&uacute;cida, que hay que admirar y agradecer. Y demuestra que a veces los humanos somos capaces de progresar. Confiamos que en un futuro pr&oacute;ximo Barcelona se declarar&aacute; libre de delfines en cautividad. Y ojal&aacute; que esa declaraci&oacute;n se ampl&iacute;e, m&aacute;s all&aacute; de los delfines, a todos los mam&iacute;feros marinos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora hay por delante una tarea dif&iacute;cil: buscar el mejor destino posible para esos seis delfines. Si queremos reparar la injusticia cometida con ellos, hay que comenzar por pensar en ellos. No se trata de elegir lo que sea mejor para los seres humanos o las instituciones implicadas, lo que satisfaga egos, orgullos, caprichos e intereses. Los delfines no son instrumentos para que alg&uacute;n cient&iacute;fico presuma de ser el gran experto en cet&aacute;ceos, para que algunos partidos pol&iacute;ticos se aticen entre ellos, para que algunos medios de comunicaci&oacute;n creen pol&eacute;micas vanas. Hay que pensar lo mejor para los delfines.
    </p><p class="article-text">
        Y adem&aacute;s, tener presente que otros zoos observan lo que sucede en Barcelona. Una buena soluci&oacute;n para los delfines de este zoo podr&iacute;a ser a la larga una buena soluci&oacute;n para otros delfines igualmente cautivos.
    </p><p class="article-text">
        Para decidir <strong>son necesarias dos disciplinas: ciencia y &eacute;tica</strong>. Comencemos por la ciencia: necesitamos los mejores conocimientos cient&iacute;ficos sobre los delfines mulares, sobre su anatom&iacute;a y fisiolog&iacute;a, sus necesidades alimentarias, su salud f&iacute;sica y mental, sus capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas, su comportamiento social, su memoria, todo lo que diferencia una vida buena de una vida mala para esta especie. Por fortuna, los expertos hace tiempo que nos est&aacute;n ense&ntilde;ando a comprender un poco a estos animales complejos y sofisticados. Vale la pena leer algunos de los trabajos de la especialista en cet&aacute;ceos Lori Marino, quien junto con Diana Reiss public&oacute; en 2001 la primera evidencia cient&iacute;fica de que los delfines mulares se reconocen en un espejo. Por ejemplo, echad un vistazo a esta <a href="https://www.youtube.com/watch?v=y-x9NgnZrdI" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">charla</a>.
    </p><p class="article-text">
        La ciencia es absolutamente fundamental para tomar la mejor decisi&oacute;n, pero hay que recordar que la ciencia no proporciona verdades absolutas, y que en el tema de los animales tiene una sospechosa tendencia a tropezar. De todos es sabido que la ciencia no comenz&oacute; a estudiar de manera sistem&aacute;tica el comportamiento animal hasta la segunda mitad del siglo XX, partiendo de los primeros hallazgos de algunos pioneros como Konrad Lorenz, Niko Tinbergen, Karl R. von Frisch, Jane Goodall, Dian Fossey o Birut&eacute; Galdikas (por cierto, a ellos tres les dieron el Premio Nobel en 1973, a ellas no). Es decir, hace muy pocos a&ntilde;os que la ciencia ha comenzado a estudiar el comportamiento de los animales. Se&ntilde;al de que no hab&iacute;a mucho inter&eacute;s ni mucha prisa en conocer a las otras especies animales con las que compartimos el planeta.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas <strong>hemos ido acumulando conocimiento sobre las capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas de diversas especies animales</strong>, sobre su habilidad para usar instrumentos y c&oacute;mo desarrollan culturas. Pero la etolog&iacute;a es una ciencia muy joven; de hecho, todav&iacute;a se discute cu&aacute;l ser&iacute;a el nombre m&aacute;s apropiado para denominarla. Y no est&aacute; claro que sus inicios hayan sido tan f&eacute;rtiles como cabr&iacute;a desear.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, dos cient&iacute;ficos con s&oacute;lidas trayectorias han publicado sendos libros que realizan una dura autocr&iacute;tica. El primero es un libro de 2016 del primat&oacute;logo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Frans_de_Waal" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Frans de Waal</a> titulado <em>Are We Smart Enough to Know How Smart Animals Are?</em>, traducido en Tusquets como <em>&iquest;Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales?</em> En &eacute;l denuncia, repasando decenas de ejemplos, que durante estas pocas d&eacute;cadas de estudio sobre comportamiento animal, <strong>la ciencia ha tendido sistem&aacute;ticamente a infravalorar la inteligencia de los animales</strong>, y que muchos experimentos se dise&ntilde;aban (consciente o inconscientemente) para demostrar que los animales no ten&iacute;an ciertas capacidades cognitivas, que a&ntilde;os despu&eacute;s estudios mejor dise&ntilde;ados han probado de sobra.
    </p><p class="article-text">
        El otro es un libro publicado en 2015 por el ec&oacute;logo <a href="http://carlsafina.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carl Safina</a> y titulado <em>Beyond Words: What Animals Think and Feel</em>, del que est&aacute; prevista una pr&oacute;xima traducci&oacute;n al castellano en Galaxia Gutenberg con el t&iacute;tulo <em>Mentes maravillosas: lo que piensan y sienten los animales</em>. El autor defiende que el prejuicio de nuestra superioridad ha influido en el dise&ntilde;o de muchos experimentos de laboratorio, y propone de forma m&aacute;s valiente que de Waal el camino m&aacute;s l&uacute;cido: <strong>comenzar a substituir los experimentos de laboratorio con animales en cautividad por la observaci&oacute;n de los animales en su h&aacute;bitat</strong>. Es decir, la ciencia nos ayuda de manera fundamental, pero tambi&eacute;n necesita grandes dosis de autocr&iacute;tica y un cambio urgente en sus procedimientos.
    </p><p class="article-text">
        Ambos autores sostienen que centenares de experimentos fallidos sobre comportamiento animal han acabado demostrando la incapacidad de muchos seres humanos para comprender a los animales. Carl Safina lo explica bien: a veces, las ideas preconcebidas que tenemos en mente, las sofisticadas teor&iacute;as que nos hemos inventado encerrados en nuestros despachos, y de las que nos sentimos tan orgullosos, no nos dejan percibir a los animales que tenemos delante, ni siquiera entender comportamientos que son del todo evidentes. As&iacute; que necesitamos ciencia, mucha m&aacute;s ciencia de la que tenemos, pero tambi&eacute;n <strong>una ciencia mucho m&aacute;s autocr&iacute;tica</strong>. Merece la pena ver la <a href="https://www.ted.com/talks/carl_safina_what_are_animals_thinking_and_feeling?language=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conferencia</a> de Carl Safina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo segundo que necesitamos es &eacute;tica</strong>. En algunos c&iacute;rculos cient&iacute;ficos y de los zoos se niega la necesidad de &eacute;tica, una disciplina que no suelen conocer y que no les interesa. Los cient&iacute;ficos que defienden los zoos afirman que no la necesitan, porque la ciencia les proporciona los conocimientos suficientes para mantener a los animales en cautividad, y ah&iacute; se acaba todo. <strong>Con el fin de evitarse las preguntas inc&oacute;modas que la &eacute;tica plantea sobre la justicia y la injusticia, la libertad y la cautividad, se han inventado un suced&aacute;neo: el concepto de 'bienestar'</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para entender en qu&eacute; consiste el bienestar, dejadme hacer una comparaci&oacute;n. Imaginemos un propietario de esclavos humanos, que los utiliza para hacer dinero. Ahora imaginemos que un grupo de defensores de los derechos humanos exige su liberaci&oacute;n. Y el propietario de esclavos humanos responde: &ldquo;Yo garantizo su bienestar, porque s&eacute; mucha biolog&iacute;a humana. De hecho, tengo aqu&iacute; al mejor experto en biolog&iacute;a humana, liderando un equipo de investigaci&oacute;n internacional. Es quien m&aacute;s sabe sobre humanos en todo el pa&iacute;s, y adem&aacute;s ha escrito un libro sobre la historia de la esclavitud humana. Los estudios cient&iacute;ficos realizados por su equipo, y publicados en las mejores revistas cient&iacute;ficas de la especialidad, con un alto &iacute;ndice de impacto, nos han permitido introducir elementos de enriquecimiento ambiental en los espacios donde tenemos recluidos a nuestros humanos. Hemos descubierto que si pintamos las paredes de verde, est&aacute;n m&aacute;s relajados que si las pintamos de rojo. Y hemos descubierto que si les damos un poco de paja para echarse en ella, est&aacute;n m&aacute;s c&oacute;modos que si han de dormir en el suelo de cemento. Adem&aacute;s, de tanto en tanto, hacemos una fiesta y les damos un trozo de pastel. Garantizamos su bienestar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, el grupo de expertos en derechos humanos podr&iacute;a responder: &ldquo;Es que no se trata de bienestar, se trata de &eacute;tica. Estos seres no son de tu propiedad, no tienes ning&uacute;n derecho a decidir sobre ellos, a mantenerlos cautivos. Estos seres tienen derecho a ser respetados como sujetos, a vivir su vida de manera aut&oacute;noma, a ser se&ntilde;ores de su propia vida&rdquo;. <strong>Esa es la diferencia entre bienestar y &eacute;tica</strong>. No se pueden substituir las preguntas fundamentales sobre la justicia por el tramposo concepto del bienestar. No se trata de que los delfines tengan bienestar, sino de que los reconozcamos como sujetos de sus propias vidas y les concedamos unos derechos b&aacute;sicos. No se trata de bienestar, sino de libertad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desgraciadamente, a los delfines del Zoo de Barcelona ya no les podemos devolver la libertad que les robamos</strong>. Es decir, no los podemos liberar en el oc&eacute;ano, porque no sabr&iacute;an sobrevivir en &eacute;l. De los seis delfines que posee el zoo, solo una naci&oacute; en libertad, y lleva demasiados a&ntilde;os encerrada. Los otros nunca han visto el mar.
    </p><p class="article-text">
        Que no los podamos liberar es precisamente consecuencia de lo terrible que es encerrar a un animal en un zoo. No solo se encierra su cuerpo en una prisi&oacute;n diminuta, sino que tambi&eacute;n se encierra su mente. Un zoo funciona como una m&aacute;quina del olvido: a medida que el animal pasa m&aacute;s tiempo en &eacute;l, va olvidando su esencia, su forma de vida natural, su propio ser. Es precisamente por eso que los zoos son tan da&ntilde;inos, porque son trampas mortales que roban vidas enteras. Cuando un animal lleva ah&iacute; un tiempo, est&aacute; perdido para siempre. Por eso la cautividad es tan profundamente injusta, porque crea injusticias que jam&aacute;s podremos reparar del todo. Y no hay concepto de bienestar capaz de suavizar esa injusticia.
    </p><p class="article-text">
        La cautividad jam&aacute;s puede justificarse por intereses humanos, por negocio, por nuestro placer. Tiene sentido tan solo de manera excepcional y temporal si es para beneficiar a los animales: o bien de manera individual (como se hace en centros de rescate de fauna herida o enferma) o bien a nivel de especie (en programas de cr&iacute;a para reintroducci&oacute;n de especies salvajes en su h&aacute;bitat). Pero ninguno de esos dos casos tiene nada que ver con un zoo: con sus instalaciones teatrales de cart&oacute;n piedra, su est&eacute;tica de parque de atracciones, con el griter&iacute;o ensordecedor de los ni&ntilde;os y la m&uacute;sica a todo trapo, con exhibir a los animales como en un circo para nuestro placer, con la gente golpeando los cristales tras los cuales se hallan los animales, con el puesto de helados y el restaurante, los columpios y toboganes, el trenecito que recorre las instalaciones, la tienda de <em>souvenirs</em> donde venden peluches de elefantes de color azul y dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ni animales heridos que se est&eacute;n recuperando, ni animales que vayan a ser reintroducidos en su h&aacute;bitat pueden ser mantenidos en tales condiciones, a no ser que deseemos que se vuelvan locos. Para entender hasta qu&eacute; punto un animal puede enloquecer en un zoo, recomiendo el documental <a href="http://www.blackfishmovie.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Blackfish</em></a>, que narra la historia de Tilikum, un macho de orca que fue secuestrado de su familia cuando era una cr&iacute;a y que estuvo prisionero en SeaWorld durante a&ntilde;os, donde falleci&oacute; recientemente. Conviene recordar que el Zoo de Barcelona tambi&eacute;n tuvo una orca, y que las orcas pertenecen a la familia de los delfines.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que ya no podemos liberar a estos seis delfines en el mar, porque el zoo los ha da&ntilde;ado. Pero s&iacute; debemos ofrecerles las mejores condiciones de vida posibles, que es lo m&iacute;nimo que podemos hacer para reparar la terrible injusticia que hemos cometido con ellos. No se merecen ir a otro zoo, una prisi&oacute;n un poco m&aacute;s grande.
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://faada.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">FAADA</a> ha ofrecido una propuesta innovadora y valiente: un santuario en el mar, una zona de mar cerrada y aislada para ellos, que permita ofrecerles lo que las instalaciones humanas jam&aacute;s podr&aacute;n recrear, un pedazo de naturaleza, un entorno de mar vivo, donde puedan vivir de una forma un poco m&aacute;s cercana a la que ser&iacute;a la forma de vida natural de los delfines. All&iacute; podr&iacute;an estar en el mar e interactuar con otras especies; tendr&iacute;an un espacio mucho m&aacute;s extenso y profundo para nadar y jugar, y tendr&iacute;an m&aacute;s silencio, que les permitir&iacute;a relajarse y comunicarse mejor entre ellos. Pero al mismo tiempo estar&iacute;an en un entorno controlado y protegido. El proyecto fue idea de la ONG griega <a href="http://archipelago.gr/en/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Archipelagos</a> y puede verse <a href="http://archipelago.gr/en/the-aegean-marine-life-sanctuary/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>. FAADA lleva un a&ntilde;o d&aacute;ndoles apoyo t&eacute;cnico y facilitando el contacto con el Ayuntamiento de Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Este proyecto vendr&iacute;a a ser el equivalente en el mar de los santuarios que ya existen para animales salvajes terrestres, como por ejemplo la <a href="http://fundacionmona.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute;n Mona</a> en Girona. Sin embargo, aunque la idea &eacute;tica de fondo es la misma, un santuario en el mar tiene una mayor complejidad, y no existen experiencias previas de las que aprender. El proyecto es, pues, sumamente innovador. Recomiendo consultar las webs <a href="http://www.adeudelfinari.org/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Adeu Delfinari</a> y <a href="http://sosdelfines.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">SOS Delfines</a>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando FAADA propuso el proyecto, a alguna gente le pareci&oacute; demasiado dif&iacute;cil y arriesgado. Las ideas innovadoras siempre generan miedo y extra&ntilde;eza. Sin embargo, FAADA y Archipelagos no son las &uacute;nicas instituciones trabajando en la idea de un santuario en el mar, sino que proyectos similares est&aacute;n surgiendo en otros lugares. El Acuario Nacional de Estados Unidos, ubicado en Baltimore, ha decidido crear un <a href="https://aqua.org/sanctuary/index.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">santuario en el oc&eacute;ano</a> para los ocho delfines que mantiene en sus instalaciones. Su plan es culminar el traslado para 2020, y ya est&aacute; buscando la ubicaci&oacute;n concreta.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, un equipo liderado por Lori Marino est&aacute; trabajando en un santuario para belugas y orcas. El proyecto puede verse en esta <a href="http://www.whalesanctuaryproject.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">web</a> y en esta <a href="https://www.youtube.com/watch?v=phg7av54TJ4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conferencia</a>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, quiz&aacute;s en un futuro cercano veamos tres santuarios en el mar ofreciendo una vida mejor a algunos cet&aacute;ceos. Es esperanzador que varios proyectos vayan a desarrollarse al mismo tiempo, por las posibilidades de aprendizaje compartido y de sinergias. Por ejemplo, los tres proyectos tienen en cuenta el deseo del p&uacute;blico de ver delfines, y para conciliar ese deseo con la intenci&oacute;n de no causar molestias a los animales, los tres apuestan por el uso de tecnolog&iacute;as audiovisuales con las que mostrar las vidas de los animales en el santuario a trav&eacute;s de internet, y por ofrecer experiencias virtuales. Con suerte, adem&aacute;s, estos proyectos inspirar&aacute;n otros similares.
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        La idea de un santuario es tambi&eacute;n defendida por la Fundaci&oacute;n Franz Weber y Libera!, quienes han dise&ntilde;ado un programa de transformaci&oacute;n de los zoos bautizado como ZOOXXI y expuesto en su <a href="http://zooxxi.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">web</a>. Lo que propone ZOOXXI de cara al futuro inmediato es dejar de una vez por todas de capturar delfines. Si alguien no sabe c&oacute;mo funciona la captura, le recomiendo el documental <a href="http://thecovemovie.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Cove</a>, que puede verse <a href="https://www.youtube.com/watch?v=v3XNjrgReHU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>.
    </p><p class="article-text">
        ZOOXXI tambi&eacute;n propone detener la cr&iacute;a en cautividad. Mientras tanto, con los que ya est&aacute;n cautivos, tenemos la obligaci&oacute;n moral de darles el mejor trato posible. Y es fundamental comunicar todo esto a la sociedad, explicar que los delfines no son nuestra propiedad, no existen para nosotros, no nos pertenecen. Explicar que si a la gente le gustan los delfines, deber&iacute;a saber que en los zoos solo hay animales deprimidos y estresados, que est&aacute;n dejando de ser ellos mismos.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, no muy lejos del Zoo de Barcelona, es posible ver cet&aacute;ceos en libertad, viviendo sus vidas en un entorno natural: basta con salir a navegar por la costa catalana, tener paciencia y un poquito de suerte. Pero aqu&iacute; tambi&eacute;n hay una cuesti&oacute;n importante: si salimos a ver animales a su medio natural, ya sea delfines o cualquier otra especie, hay que hacerlo de manera respetuosa y sin causar molestias a los animales ni contaminar su entorno.
    </p><p class="article-text">
        El ser humano es la especie con el mayor cociente de encefalizaci&oacute;n (el cociente entre la masa del cerebro que presenta una especie y la que ser&iacute;a esperable para una especie de ese tama&ntilde;o). Y en segundo lugar est&aacute;n los delfines, muy por delante de primates, elefantes, lobos, loros o c&oacute;rvidos, las otras especies que sabemos que son m&aacute;s inteligentes. Pero los delfines ya exist&iacute;an millones de a&ntilde;os antes que nosotros, y durante mucho tiempo han sido la especie m&aacute;s inteligente del planeta. Nosotros, en cambio, hemos tardado demasiado en darnos cuenta de lo inteligentes que son. Aunque algunas culturas tradicionales contaban historias acerca de la inteligencia de los delfines, la ciencia apenas hace algunos a&ntilde;os que ha comenzado a estudiar sus capacidades cognitivas.
    </p><p class="article-text">
        En el libro antes citado, Carl Safina nos recuerda que hace 25 millones de a&ntilde;os, el cerebro m&aacute;s inteligente de este planeta era el de los delfines. Y a&ntilde;ade que, en algunos aspectos, estar&iacute;a bien que siguiera siendo as&iacute;, porque mientras los delfines fueron el animal m&aacute;s brillante, no hubo conflictos pol&iacute;ticos, ni religiosos, ni &eacute;ticos, ni ecol&oacute;gicos. Y yo a&ntilde;adir&iacute;a: no tuvieron guerras mundiales, ni desarrollaron industrias del armamento, ni comerciaron con esclavos, ni contaminaron el planeta, ni extinguieron otras especies de animales o plantas, ni arrasaron ecosistemas. Llevan mucho m&aacute;s tiempo que nosotros siendo inteligentes y son mucho m&aacute;s beneficiosos que nuestra especie.
    </p><p class="article-text">
        Quiero creer que los seis delfines del Zoo de Barcelona ser&aacute;n afortunados y su situaci&oacute;n mejorar&aacute;. Y sin embargo, esa esperanza no debe hacernos olvidar al resto de animales que esperan su suerte en el mismo zoo. M&aacute;s de 2.000 individuos pertenecientes a m&aacute;s de 300 especies malviven en el Zoo de Barcelona, en condiciones que les impiden desarrollar con plenitud sus capacidades, que les impiden seguir la forma de vida de su especie; en definitiva, ser ellos mismos.
    </p><p class="article-text">
        Y el Zoo de Barcelona todav&iacute;a est&aacute; adquiriendo m&aacute;s animales: la Plataforma ZOOXXI ha denunciado que va a incorporar pr&oacute;ximamente tres leones marinos procedentes de otros zoos, perpetuando as&iacute; los problemas en vez de resolverlos. En el Zoo de Barcelona todav&iacute;a hay una vergonzosa atracci&oacute;n de ponis, en la que los animales son obligados a dar vueltas y m&aacute;s vueltas y m&aacute;s vueltas a un recinto, cargando sobre sus lomos el peso de los ni&ntilde;os, tratados como si no fueran m&aacute;s que juguetes. Tan solo esa atracci&oacute;n de ponis ya demuestra que los discursos del zoo acerca de su funci&oacute;n educativa no son m&aacute;s que palabrer&iacute;a hueca en busca de una justificaci&oacute;n imposible, porque la explotaci&oacute;n de animales por dinero no tiene ninguna legitimaci&oacute;n &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A los seres humanos, demasiado a menudo, nos ciegan el ego&iacute;smo y la ignorancia. Creemos que somos el centro del mundo, que todo gira a nuestro alrededor. Que los dem&aacute;s seres vivos existen para servirnos. Esa voluntad de dominio se excita cuando logra someter a los animales. Aumenta nuestra sensaci&oacute;n de superioridad. Qu&eacute; listos somos los humanos que logramos que los delfines hagan acrobacias. Con cada jaula crece nuestro orgullo. Hay gente que se construye su ego arrastrando jaulas llenas de animales cautivos. Hay gente que se siente superior porque ha logrado encerrar animales maravillosos en jaulas diminutas, porque los ha sometido, empeque&ntilde;ecido, reducido, recortando su vida y su mente, rob&aacute;ndoles su fuerza y su belleza. Hay gente que desea con tantas fuerzas que los animales sean inferiores, que los encierra y maltrata hasta robarles la &uacute;ltima brizna de salud mental, para entonces afirmar que son bestias irracionales y que no sabr&iacute;an hacer nada sin sus cuidadores humanos. Hay gente que quiere ser la cumbre de la creaci&oacute;n, y se erige en monarca de un manicomio lleno de animales enloquecidos de tristeza y sufrimiento. Nuestro deseo de dominio destruye las vidas de los animales e incrementa la estupidez de los humanos. Cuando un ser humano roba la vida y la libertad de otros animales no est&aacute; demostrando su superioridad, sino agrandando su ego&iacute;smo y su ignorancia.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos que aprender a bajarnos de nuestro ego. No somos m&aacute;s importantes ni mejores que los delfines, los leones marinos, las focas, los elefantes, los grandes simios, los caballos, los ponis, los lobos, los ciervos, las vacas, los cuervos, los loros... y podr&iacute;a hacer una lista muy larga. No somos mejores que ninguno de los animales que malviven encerrados en el Zoo de Barcelona o en cualquier otro zoo. De hecho, los zoos no son m&aacute;s que los templos que erigimos para celebrar el ego&iacute;smo humano, construidos sobre el dolor de los animales. Lo mejor que podemos hacer por los delfines, por los dem&aacute;s animales y por nosotros mismos, es bajarnos todos juntos de nuestros egos. Y m&aacute;s vale que nos demos prisa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Tafalla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/futuro-delfines_132_3603552.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Jan 2017 19:59:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El futuro de seis delfines]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Orcas,Ciencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reivindicación del diálogo entre ética y ciencia sobre experimentación con animales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/reivindicacion-dialogo-ciencia-experimentacion-animales_132_2342342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ecf6925d-99ed-4479-b50e-bd0aa27c90a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Criadero de macacos para experimentación animal en Camarles (Tarragona). Foto: Igualdad Animal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ética y ciencia son disciplinas complementarias, que se necesitan mutuamente y que pueden y deben trabajar de manera conjunta para propiciar el avance científico preservando la protección de los animales</p><p class="subtitle">Es esencial que las carreras de letras proporcionen una mayor formación científica y que los alumnos de ciencias reciban formación ética para no depender de sus intuiciones personales o del aprendizaje autodidacta al enfrentarse a problemas éticos</p><p class="subtitle">La experimentación con animales es un dilema moral al que Occidente ha dado una solución intermedia: sacrificar animales compensándolos con mayores garantías de bienestar. Pero el problema moral de fondo sigue sin resolverse, y por ello es necesario apostar por métodos alternativos</p></div><p class="article-text">
        La experimentaci&oacute;n cient&iacute;fica con animales es un tema de una enorme complejidad, y por ello quiero reivindicar aqu&iacute; un <strong>di&aacute;logo razonado, respetuoso y sereno</strong>. Un di&aacute;logo que deber&iacute;a desarrollarse ante todo entre &eacute;tica y ciencia, pero que tambi&eacute;n deber&iacute;a implicar a otras disciplinas como el derecho, a los movimientos animalistas, movimientos ecologistas, movimientos sociales interesados por la ciencia, divulgadores cient&iacute;ficos, asociaciones que re&uacute;nen a afectados por diversas enfermedades, y a toda la sociedad. El di&aacute;logo que necesitamos no son diez minutos en un plat&oacute; de televisi&oacute;n, sino una conversaci&oacute;n sin prisas, que ha de avanzar aclarando conceptos y perfilando argumentos, haciendo un esfuerzo por entender las posiciones de los dem&aacute;s, aprendiendo unos de otros. Aunque no lleguemos a ponernos de acuerdo, el mero hecho de generar un clima de di&aacute;logo ya ser&iacute;a una gran victoria.
    </p><p class="article-text">
        Como profesora de filosof&iacute;a en la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona, llevo a&ntilde;os trabajando en &eacute;tica aplicada a los animales y la naturaleza, y he tenido ocasi&oacute;n de hablar con bastantes cient&iacute;ficos que experimentan con animales. Pero este pasado mes de septiembre tuve una oportunidad especial. La Sociedad Espa&ntilde;ola de Neurociencia celebr&oacute; un <a href="http://www.senc2015.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">congreso</a> en la ciudad de Granada y tuvo la buena idea de organizar un debate, y la amabilidad de invitarme a participar. Pas&eacute; tres d&iacute;as escuchando excelentes ponencias cient&iacute;ficas, aprendiendo de investigadores que trabajan para conocer mejor el cerebro y hallar la cura de enfermedades terribles. El &uacute;ltimo d&iacute;a de congreso se celebr&oacute; el debate y, aunque formalmente dur&oacute; solo un par de horas, en realidad se prolong&oacute; durante el resto del d&iacute;a por los pasillos. Quiero agradecer a la Sociedad Espa&ntilde;ola de Neurociencia, a su presidenta, Mara Dierssen, y especialmente a Jos&eacute; Luis Trejo, organizador de la mesa redonda, su cordial invitaci&oacute;n. Tambi&eacute;n a todos los participantes en la discusi&oacute;n, por sus ideas y su entusiasmo. Con algunos de ellos el desacuerdo era profundo y, sin embargo, con otros hallamos sinton&iacute;a. Sinton&iacute;a no significa estar de acuerdo en todo, significa que hay un espacio com&uacute;n de encuentro, en el que cada uno se esfuerza por comprender las razones del otro. Me alegr&oacute;, sobre todo, que con alguna gente joven hab&iacute;a ideas compartidas y una sensibilidad similar.
    </p><p class="article-text">
        De entrada, sentar en una misma mesa a defensores a ultranza de la experimentaci&oacute;n con animales, como son los cient&iacute;ficos Juan Lerma, Antonio Armario y Fran&ccedil;ois Lachapelle, y a una fil&oacute;sofa animalista como soy yo misma, puede sonar a enfrentamiento. Sin embargo, lo que intent&eacute; exponer en el debate, y lo que vuelvo a explicar aqu&iacute;, es que <strong>la ciencia y la &eacute;tica no est&aacute;n enfrentadas, sino que se complementan y se necesitan</strong>. Cuando la &eacute;tica defiende que los animales son sujetos de una vida y merecen respeto y protecci&oacute;n, lo hace bas&aacute;ndose en conocimientos cient&iacute;ficos. Es la ciencia quien ha ido mostrando que los animales poseen capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas, poseen memoria y personalidad. Esas capacidades var&iacute;an seg&uacute;n las especies, pero est&aacute;n muy desarrolladas en mam&iacute;feros y aves, que son los animales m&aacute;s usados en experimentaci&oacute;n. En mi caso, yo comenc&eacute; a tener inquietudes acerca de c&oacute;mo deber&iacute;amos tratar a los animales cuando en los a&ntilde;os 80 y 90 le&iacute;a a cient&iacute;ficos que estudiaban la evoluci&oacute;n, el comportamiento y la inteligencia de los animales: Darwin, Lorenz, Tinbergen, von Frisch, Goodall, Fossey, K&ouml;hler, Morris, Wilson, Bekoff, Jay Gould... como hoy leo a de Waal, Sapolsky, Reiss, Hare, Patterson, Hancocks, Pepperberg, Damasio&hellip; A muchos de estos investigadores, los mismos conocimientos cient&iacute;ficos que aportaban les llevaban a plantearse cuestiones &eacute;ticas. El caso paradigm&aacute;tico es Darwin, quien nos leg&oacute; un brillante esbozo de una &eacute;tica aplicada a los animales.
    </p><p class="article-text">
        Esa complementariedad entre &eacute;tica y ciencia puede dar lugar a un trabajo en equipo en la protecci&oacute;n de los animales. En julio de 2015, el Parlament de Catalunya prohibi&oacute; los espect&aacute;culos de circo con animales salvajes y estableci&oacute; la creaci&oacute;n de un observatorio para estudiar c&oacute;mo afectan estos espect&aacute;culos a los animales dom&eacute;sticos, mediante la <a href="https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2015-9723" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ley 22/2015</a> del 29 de julio. El Parlament tom&oacute; esta decisi&oacute;n despu&eacute;s de escuchar los argumentos de bi&oacute;logos, veterinarios, juristas, especialistas en &eacute;tica y representantes del movimiento animalista. Fue ese trabajo en equipo lo que logr&oacute; convencer a los parlamentarios de que, aunque el circo es un arte maravilloso a defender y proteger, no deber&iacute;a incluir animales.
    </p><p class="article-text">
        Este trabajo en equipo entre diferentes disciplinas y movimientos sociales, que ya se ha dado en otras causas animalistas, me parece el camino a seguir. Espero que en el futuro sea cada vez m&aacute;s com&uacute;n que ciencia, &eacute;tica, derecho, otras disciplinas acad&eacute;micas y movimientos sociales sepan trabajar unidos para lograr una mejor protecci&oacute;n de los animales. Por supuesto, la cooperaci&oacute;n entre disciplinas diversas no es f&aacute;cil, pero cuando todos nos esforzamos por colaborar, se alcanzan resultados que ninguna disciplina puede lograr por s&iacute; sola.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, creo que buena parte de las dificultades para lograr un debate sereno y profundo sobre experimentaci&oacute;n con animales y otros dilemas &eacute;ticos relacionados con los animales, se debe a la separaci&oacute;n entre letras y ciencias. <strong>Todos saldr&iacute;amos ganando si en las carreras de letras se proporcionara una mayor formaci&oacute;n cient&iacute;fica</strong>. Nuestros alumnos de filosof&iacute;a en la UAB cursan un m&iacute;nimo de dos asignaturas de cultura cient&iacute;fica, pero es poco. <strong>Los alumnos de carreras cient&iacute;ficas no reciben en muchos casos ninguna formaci&oacute;n en &eacute;tica</strong>, y en otros casos tan solo una introducci&oacute;n demasiado breve, lo cual es problem&aacute;tico. Cualquiera que se forme como bi&oacute;logo, m&eacute;dico, veterinario, farmac&oacute;logo o psic&oacute;logo, va a encontrarse en el futuro con problemas &eacute;ticos. Al no poseer una formaci&oacute;n acad&eacute;mica en &eacute;tica, deben resolverlos con sus intuiciones personales, o adentrarse en la &eacute;tica de manera autodidacta. Algunos cient&iacute;ficos reivindican esta formaci&oacute;n, como hace el catedr&aacute;tico de veterinaria en la UAB Mart&iacute; Pumarola, quien est&aacute; introduciendo la &eacute;tica en el grado de veterinaria.
    </p><p class="article-text">
        La &eacute;tica es una disciplina acad&eacute;mica tan rigurosa y profunda como pueda serlo la biolog&iacute;a. Alguna gente cree que la &eacute;tica son meras opiniones subjetivas que cada uno tiene y sobre las que no se puede dialogar. O creen que estudiar &eacute;tica es adoctrinar. Pero la &eacute;tica filos&oacute;fica no es eso. Es una disciplina con 2.500 a&ntilde;os de antig&uuml;edad, que ense&ntilde;a a reflexionar de manera cr&iacute;tica sobre cuestiones relacionadas con la justicia, el da&ntilde;o o la libertad. Lo que se aprende estudiando &eacute;tica es a analizar los problemas &eacute;ticos de una manera sistem&aacute;tica y rigurosa, a definir conceptos con precisi&oacute;n, a razonar y argumentar. Con esa formaci&oacute;n, cada cual est&aacute; m&aacute;s capacitado para articular su propio discurso personal. <strong>Estudiar &eacute;tica no nos dir&aacute; lo que tenemos que pensar, sino que nos dar&aacute; los instrumentos para pensar mejor</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno estudia &eacute;tica, se da cuenta de que la discusi&oacute;n sobre c&oacute;mo hay que tratar a los animales es antiqu&iacute;sima. Alguna gente cree que el debate sobre la relaci&oacute;n con los animales surgi&oacute; en los a&ntilde;os 70. Pero, en realidad, Pit&aacute;goras y los pitag&oacute;ricos, en los mismos inicios de la filosof&iacute;a en la Grecia cl&aacute;sica, defend&iacute;an ya tesis animalistas, mientras que Arist&oacute;teles, uno de los grandes fil&oacute;sofos de la antig&uuml;edad, y tambi&eacute;n uno de los padres de la biolog&iacute;a, experiment&oacute; con animales y dio razones &eacute;ticas para ello. Y si uno sigue avanzando por la historia de la filosof&iacute;a, va resiguiendo siglo tras siglo la discusi&oacute;n sobre c&oacute;mo tratar a los animales, y la discusi&oacute;n m&aacute;s concreta sobre la experimentaci&oacute;n con animales. En todo este tiempo se han acumulado numerosas teor&iacute;as, que dotan al debate de una gran profundidad. Creo que a cualquier estudiante que se prepara para ser bi&oacute;logo o veterinario se le deber&iacute;a ofrecer esta formaci&oacute;n, de modo que cuando se le planteen problemas &eacute;ticos, sepa que tiene a su disposici&oacute;n una extensa bibliograf&iacute;a, y que puede pensar esos temas de la mano de autores que los analizaron con lucidez.
    </p><p class="article-text">
        Pongo un ejemplo sencillo. Durante el debate, algunos cient&iacute;ficos defendieron la experimentaci&oacute;n con animales con el siguiente argumento: &ldquo;los seres humanos estamos moralmente legitimados para usar animales (ya sea cazarlos, comerlos o experimentar con ellos) por la sencilla raz&oacute;n de que somos un animal m&aacute;s, y de que el resto de especies se devoran unas a otras para sobrevivir. Si las otras especies se devoran entre s&iacute;, est&aacute; justificado que nosotros hagamos lo mismo.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta idea es err&oacute;nea porque no alcanza a ver una diferencia fundamental entre el resto de especies animales y nosotros mismos. Cuando un le&oacute;n est&aacute; cazando una gacela no puede detenerse y pensar: &ldquo;&iquest;esto que estoy haciendo es moralmente correcto?, &iquest;quiz&aacute;s deber&iacute;a alimentarme de una forma m&aacute;s &eacute;tica?&rdquo;. El le&oacute;n no tiene la posibilidad de cuestionarse moralmente sus propias acciones. En cambio, los seres humanos s&iacute; podemos hacerlo, y por eso tenemos una responsabilidad moral que los otros animales no poseen. Por esa misma raz&oacute;n, cuando un ser humano mata a otro ser humano, entendemos que hay que llevarlo ante la justicia. En cambio, si un le&oacute;n mata a otro le&oacute;n, consideramos que ser&iacute;a absurdo juzgarlo por ello. As&iacute;, nuestro sistema judicial no juzga a los animales de otras especies cuando cometen actos que, si los cometieran seres humanos, ser&iacute;an considerados delitos. Los animales no tienen capacidades morales ni responsabilidad moral, porque no pueden preguntarse por qu&eacute; hacen lo que hacen. Aunque los animales realizan actos que nosotros podemos valorar como crueles o como compasivos, aunque las especies m&aacute;s desarrolladas poseen emociones y tienen relaciones sociales complejas, no son moralmente responsables de sus actos porque no pueden analizarlos de manera cr&iacute;tica, no pueden darse a s&iacute; mismos reglas morales. En cambio, nosotros podemos cuestionarnos por qu&eacute; actuamos como actuamos, y eso es lo que nos hace moralmente responsables de nuestros actos. As&iacute; pues, no vale decir: &ldquo;los humanos podemos cazar porque las otras especies tambi&eacute;n cazan&rdquo;. No, los seres humanos no podemos refugiarnos en esa excusa del &ldquo;los dem&aacute;s tambi&eacute;n lo hacen&rdquo;. Nosotros tenemos un don, la capacidad de hacernos preguntas, y es de ese don de donde surge la &eacute;tica y de donde surge nuestra responsabilidad. <strong>Nosotros somos seres racionales, y debemos dar buenas razones de por qu&eacute; hacemos lo que hacemos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Descartes lo explic&oacute; de forma brillante. En el siglo XVII, Descartes decidi&oacute; reiniciar la filosof&iacute;a, y se propuso fundamentarla sobre la idea m&aacute;s evidente que pudiera encontrar. Para hallar la idea m&aacute;s evidente, decidi&oacute; dudar de todo aquello que pudiera poner en duda. As&iacute; descubri&oacute; que pod&iacute;a dudar de todas las cosas, pero no pod&iacute;a dudar de que dudaba. Comprendi&oacute; que lo m&aacute;s fundamental del ser humano es su capacidad de dudar, su capacidad de pensar. De ah&iacute; el &ldquo;pienso, luego existo&rdquo;. Lo que nos hace humanos es hacernos preguntas, es poner en duda si lo que percibimos es real o es un sue&ntilde;o, es no creernos nada de lo que nos han ense&ntilde;ado. De ese cuestionarlo todo surge la &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, por otro lado, que los animales no puedan hacerse preguntas y por ello no sean moralmente responsables de sus actos, no quiere decir que no merezcan respeto y protecci&oacute;n. Deben ser respetados porque son seres con una vida subjetiva, que sufren f&iacute;sica y psicol&oacute;gicamente cuando son da&ntilde;ados. Y puesto que los seres humanos somos moralmente responsables, somos tambi&eacute;n responsables de c&oacute;mo los tratamos. Entender estas ideas b&aacute;sicas es fundamental para poder desarrollar un di&aacute;logo entre &eacute;tica y ciencia sobre nuestra relaci&oacute;n con los animales.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algunos cient&iacute;ficos presentes en el debate afirmaron que la ciencia debe guiarse exclusivamente por criterios cient&iacute;ficos, mientras que incluir criterios &eacute;ticos supondr&iacute;a la injerencia de otra disciplina, de un factor externo a la propia ciencia. Aunque entiendo perfectamente el temor a que se limite la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica por razones ideol&oacute;gicas, me alegr&oacute; ver que eran otros cient&iacute;ficos presentes en la sala quienes respond&iacute;an a ese argumento. <strong>Cualquiera que haga ciencia hoy ya est&aacute; tomando decisiones &eacute;ticas, con independencia de que las tome de manera m&aacute;s o menos consciente o reflexiva</strong>. El ejemplo m&aacute;s claro es que en experimentaci&oacute;n cient&iacute;fica hemos renunciado por razones &eacute;ticas a usar el mejor modelo animal para estudiar las enfermedades que afectan a los seres humanos: los mismos seres humanos. Por supuesto, estoy completamente de acuerdo con esa renuncia. Lo &uacute;nico que quiero es subrayar, como hicieron algunos cient&iacute;ficos durante el debate, que esa renuncia es ya una decisi&oacute;n &eacute;tica. Por tanto, si en la experimentaci&oacute;n animal ya se ha tomado una primera decisi&oacute;n &eacute;tica, no hay motivo para no continuar hablando de &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Os pongo otro ejemplo de la presencia de la &eacute;tica en la ciencia. La experimentaci&oacute;n con animales tal como se realiza hoy d&iacute;a en Europa y en buena parte de Occidente est&aacute; guiada por el principio de las 3R: reemplazo, reducci&oacute;n y refinamiento. Este principio tiene como objetivo reemplazar a los animales por m&eacute;todos alternativos siempre que sea factible y, cuando no lo sea, reducir su n&uacute;mero al m&iacute;nimo posible y refinar los procedimientos para causar el menor dolor. Al emplear este principio para dise&ntilde;ar sus experimentos, los investigadores ya est&aacute;n realizando reflexiones &eacute;ticas. Y, de hecho, sus experimentos deber&aacute;n ser aprobados por un comit&eacute; &eacute;tico. Por tanto, la &eacute;tica ya est&aacute; presente en la ciencia. Por eso es tan importante que los cient&iacute;ficos reciban una buena formaci&oacute;n acad&eacute;mica en &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Una vez realizada esta reivindicaci&oacute;n de la colaboraci&oacute;n entre &eacute;tica y ciencia, me gustar&iacute;a defender tres ideas m&aacute;s acerca de la experimentaci&oacute;n con animales.
    </p><p class="article-text">
        La primera idea es la siguiente. La experimentaci&oacute;n con animales es un dilema moral, porque en ella entran en conflicto dos bienes que deber&iacute;amos proteger, pero parece que no podemos protegerlos los dos a la vez. Por un lado, tenemos el avance del conocimiento y la esperanza de curar algunas enfermedades que afectan a seres humanos y tambi&eacute;n a otras especies de animales. Se trata de la esperanza de salvar vidas, como bien lo expres&oacute; en la mesa redonda Mar&iacute;a G&aacute;lvez, directora de la Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Parkinson. Para cualquier persona que sufra un problema de salud, y para sus familias, la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica es absolutamente prioritaria. Y sabemos que el uso de animales ha contribuido al avance de la medicina y tambi&eacute;n de la veterinaria. Juan Lerma ofreci&oacute; una lista de algunos de los progresos logrados gracias al uso de animales, que puede leerse en el <a href="http://www.cosce.org/pdf/Documento_COSCE_Comision_Animal_Research.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Documento COSCE sobre el Uso de Animales en Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica</strong></a>. (No voy a entrar aqu&iacute; en otra cuesti&oacute;n: los experimentos in&uacute;tiles, los experimentos que han causado dolor y matado a animales sin aportar ning&uacute;n avance cient&iacute;fico).
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tenemos las vidas de los animales que se usan en experimentaci&oacute;n cient&iacute;fica, que sufren y mueren para producir esos avances, y que no podr&aacute;n beneficiarse de ellos. &iquest;Es moralmente correcto sacrificar animales para lograr avances cient&iacute;ficos? Es una pregunta dif&iacute;cil, porque los animales no son seres que existan para nosotros, no son propiedad nuestra, no son meras herramientas que se reducen a su valor instrumental. Los animales son seres que existen para s&iacute; mismos, para vivir sus propias vidas, y a los que hay que reconocer un valor intr&iacute;nseco, como afirma la <a href="http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:L:2010:276:0033:0079:es:PDF" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Directiva 2010/63/UE del Parlamento Europeo</a> relativa a la protecci&oacute;n de los animales utilizados para fines cient&iacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        Lo terrible de este dilema es que parece que, tomemos la decisi&oacute;n que tomemos, siempre hay alguien que pierde. O bien sufren los animales, o bien no vamos a poder curar alguna enfermedad. Parece que no haya manera de proteger esos dos bienes al mismo tiempo. Precisamente por ello, la soluci&oacute;n que se ha adoptado en Europa y en buena parte de Occidente es una soluci&oacute;n intermedia: se acepta el uso de animales, pero garantiz&aacute;ndoles un cierto grado de bienestar. La clave es el principio de las 3R que explicaba anteriormente. En ese principio se basa la Directiva europea de 2010, y en ella a su vez se basa la <a href="http://www.magrama.gob.es/es/ganaderia/temas/produccion-y-mercados-ganaderos/bienestanimal/animales-de-laboratorio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>legislaci&oacute;n</strong></a> de los pa&iacute;ses europeos como Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Hay que reconocer que, en Europa, desde que en los a&ntilde;os 80 se comenz&oacute; a legislar sobre experimentaci&oacute;n con animales, hemos avanzado en bienestar. Varios investigadores de diferentes universidades espa&ntilde;olas me han contado que, antes de que existiera ninguna regulaci&oacute;n, era frecuente experimentar con perros y gatos abandonados cogidos directamente de la perrera o de la calle. Y como no exist&iacute;an comit&eacute;s &eacute;ticos, lo que uno hiciera con los animales quedaba oculto entre las cuatro paredes de su laboratorio. Actualmente, la experimentaci&oacute;n con animales se rige por reglamentos y protocolos estrictos. Los experimentadores reciben formaci&oacute;n espec&iacute;fica para poder trabajar con animales, y cada experimento ha de ser aprobado por un comit&eacute; de &eacute;tica. Adem&aacute;s, comenzamos a tener transparencia. El gobierno espa&ntilde;ol <a href="http://www.magrama.gob.es/es/ganaderia/temas/produccion-y-mercados-ganaderos/bienestanimal/en-la-investigacion/#para3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>informa</strong></a> sobre el n&uacute;mero de animales usados en investigaci&oacute;n y tambi&eacute;n ofrece res&uacute;menes de los procedimientos realizados con ellos. La situaci&oacute;n en Europa ha mejorado de forma notable respecto a los a&ntilde;os 70. Naturalmente, lo que pueda estar sucediendo en China, en Pakist&aacute;n o en Arabia Saud&iacute; es harina de otro costal.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, como dec&iacute;a antes, esta soluci&oacute;n intermedia de optar por el bienestar y el principio de las 3R se tom&oacute; partiendo de la base de que en este conflicto moral siempre ten&iacute;a que perder alguien. Se decidi&oacute; que los perdedores eran los animales, y que por ello hab&iacute;a que compensarles con un cierto grado de bienestar. Por supuesto, cada avance en bienestar es una victoria, y hay que agradecer a los experimentadores todas las medidas de bienestar que implementan. Y sin embargo, creo que haber tomado esta soluci&oacute;n intermedia no deber&iacute;a hacernos olvidar la pregunta fundamental, la pregunta de si ser&iacute;a posible resolver el conflicto moral sin que nadie saliera perdiendo.
    </p><p class="article-text">
        Y creo que hay que seguir planteando esta cuesti&oacute;n, por la raz&oacute;n de que <strong>el bienestar puede ser una soluci&oacute;n provisional al problema, pero no es la soluci&oacute;n definitiva</strong>. Conceder bienestar a los animales usados en experimentaci&oacute;n no resuelve el problema moral, porque lo que les sucede a los animales no es simplemente que tienen experiencias puntuales de dolor f&iacute;sico y psicol&oacute;gico. Lo que les sucede es que pierden completamente su vida, la oportunidad de vivir su propia vida en libertad. Los animales de experimentaci&oacute;n viven encerrados en espacios diminutos y artificiales, y no pueden tomar ninguna decisi&oacute;n sobre sus propias vidas. No pueden ir a donde quieren, comer lo que quieren, explorar un entorno natural, no pueden relacionarse con sus cong&eacute;neres cuando y como les apetece, no pueden huir de situaciones que les asustan, no pueden protegerse a s&iacute; mismos o a sus cr&iacute;as. No tienen ning&uacute;n poder de decisi&oacute;n, ning&uacute;n control sobre sus propias vidas. Muchos de ellos est&aacute;n condenados a sufrir c&aacute;ncer, alzheimer o cualquier otra enfermedad, porque los investigadores los usan como modelos de esas enfermedades. Esos animales no tienen la oportunidad de luchar por su salud, por su vida, porque est&aacute;n condenados a enfermar. Son prisioneros de sus propios cuerpos, que han sido convertidos en herramientas de experimentaci&oacute;n. La clave del da&ntilde;o que sufren no es el dolor, y por eso la soluci&oacute;n no es el bienestar. La clave es que han perdido su libertad. Es que no son due&ntilde;os de sus propias vidas.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, los cient&iacute;ficos suelen responderme: esos animales han nacido en cautividad y no conocen otra cosa, est&aacute;n acostumbrados a vivir as&iacute;. Pero que un rat&oacute;n, un perro, un cerdo o un macaco est&eacute; acostumbrado a vivir encerrado en un espacio diminuto y artificial, regido por las leyes que impone un grupo de humanos; que ese animal nunca pueda explorar y disfrutar de un entorno natural, que no pueda ver la luz del sol, que no tenga espacio suficiente para correr y jugar, que no tenga la oportunidad de disfrutar de buena salud, de ver a sus cr&iacute;as crecer sanas, no significa que no lo necesite. No significa que no lo prefiera. No significa que no sea lo mejor para ese animal, para que pueda realizar de manera plena sus capacidades. La costumbre, como la tradici&oacute;n, no son argumentos que sirvan para justificar ninguna conducta. Si la costumbre valiera como justificaci&oacute;n moral, entonces cualquier forma de maltrato estar&iacute;a justificada en cuanto la v&iacute;ctima &ldquo;se hubiera acostumbrado a ella&rdquo;, lo cual es una completa barbaridad. Bastar&iacute;a con realizar una conducta durante un per&iacute;odo de tiempo para que quedara moralmente justificada. Es decir, que el mero hecho de cometer una injusticia ya justificar&iacute;a esa injusticia, lo cual es absurdo. Que una injusticia se repita durante d&iacute;as, meses, a&ntilde;os o siglos, no justifica esa injusticia. Para justificar moralmente una acci&oacute;n hay que dar buenas razones, no un calendario.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; viene mi segunda idea. Si el bienestar no es la soluci&oacute;n, entonces &iquest;cu&aacute;l es? No he tenido que invent&aacute;rmela, porque ya la propone la <a href="http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:L:2010:276:0033:0079:es:PDF" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Directiva europea de 2010</a> cuando defiende que <strong>el objetivo final es el pleno reemplazo</strong>. Es decir, que el ideal que deber&iacute;a guiarnos es avanzar hacia la completa sustituci&oacute;n de los animales por m&eacute;todos alternativos. La Directiva no afirma que eso se deba conseguir en un a&ntilde;o, en diez o en cien. Pero s&iacute; marca un objetivo, nos da una br&uacute;jula que se&ntilde;ala el norte.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se avanza hacia el objetivo de pleno reemplazo? Creo que necesitamos m&aacute;s financiaci&oacute;n para el desarrollo de m&eacute;todos alternativos. Espa&ntilde;a no ofrece una financiaci&oacute;n espec&iacute;fica para ello, y ser&iacute;a una ayuda fundamental. Tambi&eacute;n lo ser&iacute;a financiaci&oacute;n privada, como la que ofrece la fundaci&oacute;n brit&aacute;nica <a href="http://www.drhadwentrust.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Dr. Hadwen Trust</strong></a>. Asimismo, ser&iacute;a necesario agilizar los procedimientos de validaci&oacute;n de los m&eacute;todos alternativos. Igualmente, deber&iacute;amos conceder mayor reconocimiento a aquellos cient&iacute;ficos que desarrollan m&eacute;todos alternativos, porque realizan una aportaci&oacute;n valiosa e innovadora a la comunidad cient&iacute;fica, y animar a cient&iacute;ficos j&oacute;venes a apostar por esa l&iacute;nea. Tambi&eacute;n podr&iacute;amos dar mucha m&aacute;s publicidad a cada nuevo hallazgo, pues buena parte de la sociedad lo celebrar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Soy de esas personas que conf&iacute;an en que <strong>la ciencia es capaz de resolver conflictos &eacute;ticos que parec&iacute;an irresolubles</strong>. Pongo un ejemplo. Desde que los seres humanos domesticaron a los caballos y los burros, uno de los conflictos morales m&aacute;s terribles ha sido el uso de estos animales como sistema de transporte. Durante siglos, los desplazamientos de personas y mercanc&iacute;as se realizaban gracias a la fuerza de caballos y burros, que eran sistem&aacute;ticamente maltratados, obligados a vivir sus vidas como meras herramientas, cargados con pesos muchas veces excesivos, mal alimentados, golpeados, sin tratamiento veterinario cuando enfermaban, y que en cuanto envejec&iacute;an eran matados sin compasi&oacute;n. Era normal ver animales golpeados por los cocheros en ciudades y caminos rurales. Eran frecuentes tambi&eacute;n los accidentes. El conflicto moral de usar a los caballos y burros como sistema de transporte parec&iacute;a irresoluble. Y sin embargo, la ciencia y la tecnolog&iacute;a lo resolvieron, inventando lo que podr&iacute;amos denominar &ldquo;m&eacute;todos alternativos al uso de animales&rdquo;. Hoy d&iacute;a, en Occidente, el uso de caballos y burros como medio de transporte es cada vez m&aacute;s residual. En otros pa&iacute;ses todav&iacute;a se los utiliza de manera sistem&aacute;tica y a menudo muy cruel, pero al menos tenemos la soluci&oacute;n, y diversos grupos animalistas trabajan para implementarla, como lo hace por ejemplo la Fundaci&oacute;n Franz Weber con la <a href="http://www.bastadetas.com/argentina/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">campa&ntilde;a</a> &lsquo;Basta de TAS (Tracci&oacute;n a Sangre)&rsquo;. De la misma manera en que la ciencia resolvi&oacute; el conflicto moral del uso de caballos y burros, tengo la esperanza de que sepa resolver el conflicto moral de la experimentaci&oacute;n con animales. De hecho, creo que los cient&iacute;ficos son una clave fundamental en la protecci&oacute;n de los animales.
    </p><p class="article-text">
        Mi &uacute;ltima idea es la siguiente. As&iacute; como tengo mis esperanzas puestas en la ciencia, tengo tambi&eacute;n una fuente de desesperanzas. Mi inquietud procede de haber comprobado durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os c&oacute;mo alrededor de la experimentaci&oacute;n con animales iba creciendo un <strong>pr&oacute;spero negocio</strong>. Nuestra sociedad hace negocio con cualquier cosa, ya lo sabemos, y esto no se les pod&iacute;a escapar. Son ya muchas las empresas internacionales que cr&iacute;an y venden animales de experimentaci&oacute;n, que proporcionan desde la comida de los animales hasta el instrumental necesario para los experimentos, y que en muchos casos realizan ellas mismas experimentos por encargo. Estas empresas no dejan de inventar nuevos productos, como jaulas inteligentes controladas por software cada vez m&aacute;s sofisticado que reconoce autom&aacute;ticamente las conductas de los animales y mide todo tipo de par&aacute;metros. As&iacute; que, ahora, en el debate sobre la experimentaci&oacute;n, nos encontramos con un nuevo agente social: las empresas que viven de la experimentaci&oacute;n con animales y que no tienen ning&uacute;n inter&eacute;s en que ese negocio desaparezca.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, se present&oacute; el mencionado <a href="http://www.cosce.org/pdf/Documento_COSCE_Comision_Animal_Research.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Documento COSCE sobre el Uso de Animales en Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica</a>. Su principal autor fue Juan Lerma, uno de los participantes en la mesa redonda. El documento lleva los nombres de diez personas que lo apoyan, y que representan a diversas entidades. De esos diez nombres, seis proceden del mundo de la investigaci&oacute;n, y otros dos representan a asociaciones de pacientes de enfermedades diversas. Sin embargo, los dos restantes son directivos de empresas dedicadas a la experimentaci&oacute;n con animales. Dado que se trata de un documento que pretende defender el uso de animales por razones cient&iacute;ficas, genera inquietud que dos de los firmantes sean directivos de empresas que tienen intereses econ&oacute;micos en la experimentaci&oacute;n con animales. En cierto sentido, es como si una empresa petrolera firmara un documento contra las energ&iacute;as renovables. Al mismo tiempo, para la redacci&oacute;n del documento no se consult&oacute; con ning&uacute;n especialista en &eacute;tica. Aunque dos de los firmantes participan en comit&eacute;s de &eacute;tica, ambos son cient&iacute;ficos, y no especialistas en &eacute;tica. Es decir, que se consider&oacute; m&aacute;s apropiado buscar el apoyo de empresas que tienen intereses econ&oacute;micos en la experimentaci&oacute;n con animales, que el asesoramiento de especialistas en &eacute;tica. Me preocupa profundamente que el desarrollo de la ciencia pueda verse influenciado, en este caso y en muchos otros, por motivos puramente econ&oacute;micos. (Tambi&eacute;n cabr&iacute;a se&ntilde;alar que, de los diez firmantes, nueve son varones y solo hay una mujer, pero &eacute;ste ya ser&iacute;a otro tema).
    </p><p class="article-text">
        Este mismo documento critica duramente a los movimientos animalistas, como si ellos fueran la causa del problema. Pero no, el problema no es que haya animalistas, ni que sean simp&aacute;ticos o antip&aacute;ticos. El problema es que la experimentaci&oacute;n con animales es un dilema moral que no podemos obviar, que exige reflexi&oacute;n. Es una pena que, en este documento, buena parte de las energ&iacute;as se pierdan en atacar al mensajero, cuando ser&iacute;a m&aacute;s provechoso canalizarlas para generar un di&aacute;logo razonable y sereno entre toda la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        En ese di&aacute;logo que necesitamos hay que escuchar todas las voces, aunque solo sea porque la investigaci&oacute;n p&uacute;blica la pagamos entre todos. A veces, para criticar a los movimientos animalistas, se dice: &ldquo;los animalistas est&aacute;n en contra de la experimentaci&oacute;n con animales, pero luego van al m&eacute;dico y se benefician de los tratamientos obtenidos con esa experimentaci&oacute;n&rdquo;. Sin embargo, la cuesti&oacute;n es m&aacute;s amplia: la investigaci&oacute;n p&uacute;blica la financiamos todos los miembros de la sociedad, tambi&eacute;n los animalistas. Y tanto si la investigaci&oacute;n genera buenos resultados y produce medicamentos eficaces, como si no los produce, eso nos afecta a toda la sociedad. Si la comunidad cient&iacute;fica decide, por ejemplo, no investigar enfermedades minoritarias porque no resulta econ&oacute;micamente rentable, eso nos afecta tambi&eacute;n a todos. Por eso mismo, somos todos los que debemos participar de ese di&aacute;logo, contrastar ideas y aprender unos de otros. Y, sobre todo, lograr que las decisiones se tomen por criterios cient&iacute;ficos y &eacute;ticos, y no por intereses econ&oacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        No quiero acabar sin mencionar un &uacute;ltimo aspecto que algunos cient&iacute;ficos comentaron durante el debate. Cualquier investigador que trabaje en una universidad o centro de investigaci&oacute;n se enfrenta cada d&iacute;a a una continua lucha contra el tiempo. Hay que compaginar la docencia con la investigaci&oacute;n, dirigir trabajos de fin de grado, trabajos de fin de master y tesis doctorales, e invertir incontables horas en todo tipo de burocracia. El nivel de exigencia no cesa de aumentar. Se trabaja con la presi&oacute;n de lograr un nuevo proyecto de investigaci&oacute;n, publicar un nuevo art&iacute;culo en una revista bien posicionada, mejorar el &iacute;ndice de impacto, conseguir m&aacute;s becarios. El email no deja desconectar ni en vacaciones ni en fines de semana. Los investigadores j&oacute;venes llegan a trabajar largos a&ntilde;os con becas y contratos precarios que generan una continua incerteza sobre el futuro profesional, mientras se les exige una dedicaci&oacute;n completa y un nivel excelente. S&eacute; que la vida acad&eacute;mica es muy estresante y exigente, porque a m&iacute; me sucede lo mismo. Entiendo que un cient&iacute;fico pueda llegar a pensar: &ldquo;con toda la presi&oacute;n que tengo, solo me faltaba la dichosa &eacute;tica&rdquo;. Por eso creo que debemos reinventar una universidad que trabaje con otro ritmo, lo que algunos defienden como <a href="https://www.academia.edu/12192676/For_Slow_Scholarship_A_Feminist_Politics_of_Resistance_through_Collective_Action_in_the_Neoliberal_University" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>slow academia</strong></a>. Pero uno de los cient&iacute;ficos lleg&oacute; a decir una frase que me result&oacute; reveladora: &ldquo;Con el trabajo que tenemos, <strong>pararnos a pensar es un lujo que no nos podemos permitir</strong>&rdquo;. Entonces lo entend&iacute; todo. &Eacute;se es quiz&aacute;s el problema m&aacute;s fundamental de la sociedad en que vivimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Tafalla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/reivindicacion-dialogo-ciencia-experimentacion-animales_132_2342342.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Nov 2015 18:15:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reivindicación del diálogo entre ética y ciencia sobre experimentación con animales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derechos animales,Ciencia,Experimentación animal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Proyecto Olvido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/proyecto-olvido_132_2536903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d304d704-6043-43a6-bd74-da21664bb986_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Entrenamiento de un chimpancé en un circo. Foto: Igualdad Animal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Obligamos a los animales a renunciar a sí mismos para encarnar nuestras fantasías, hacemos que se olviden de su propia identidad, de su naturaleza, y nosotros la olvidamos también.</p><p class="subtitle">Corremos el riesgo de desarrollar una terrible dictadura en la que solo la identidad humana será aceptada, y el resto de especies estarán abocadas a someterse o desaparecer. Cuando ningún animal viva libre habremos olvidado que existía la libertad.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; programas como '&iexcl;Vaya Fauna!' son tan da&ntilde;inos? &iquest;Por qu&eacute; los espect&aacute;culos de circo con animales son injustos? &iquest;Por qu&eacute; usar un tigre en un videoclip es cruel? La respuesta m&aacute;s inmediata es que <strong>todos estos espect&aacute;culos causan sufrimiento f&iacute;sico y psicol&oacute;gico a los animales</strong>, a los que se arranca de su h&aacute;bitat y de su familia para obligarles a malvivir en un espacio artificial en el que no pueden realizar sus conductas naturales. A estos animales se les fuerza a aprender una serie de ejercicios cuya finalidad no comprenden, y cuando se resisten a realizarlos se les infligen todo tipo de castigos, desde golpes hasta la privaci&oacute;n de comida y agua. Por ello, cada uno de estos chimpanc&eacute;s, osos o tigres usados en espect&aacute;culos sufren f&iacute;sica y psicol&oacute;gicamente de manera continuada. Y tambi&eacute;n lo hacen los animales dom&eacute;sticos como caballos o cerdos: aunque en su caso ya est&eacute;n habituados a convivir con seres humanos, no dejan de sufrir por la manera en que se les imponen unas conductas que van contra su naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que est&aacute; en juego en este tipo de espect&aacute;culos no es tan solo el terrible e injustificable sufrimiento de estos animales maltratados para divertir a la gente. Lo que est&aacute; en juego es todav&iacute;a m&aacute;s grave.
    </p><p class="article-text">
        Cada especie animal que habita este planeta desarrolla una forma distinta de vivir en el mundo, es decir, posee una identidad &uacute;nica e insustituible, fruto de una historia de evoluci&oacute;n milenaria, y de su adaptaci&oacute;n a un entorno determinado. Cada especie tiene un cuerpo distinto y una apariencia particular: existen 3.000 especies de lib&eacute;lulas, y no hay dos iguales. Adem&aacute;s, cada especie animal percibe la realidad de un modo diferente (los murci&eacute;lagos poseen el sentido de la ecolocaci&oacute;n, algunas aves perciben el campo magn&eacute;tico de la tierra, las ballenas se oyen entre s&iacute; a kil&oacute;metros de distancia, los perros tienen un olfato ortonasal mucho m&aacute;s fino que el nuestro, etc). No hay dos especies que posean la misma conducta, la misma forma de alimentarse, de reproducirse, de relacionarse con sus cong&eacute;neres, con otras especies y con su entorno. Cada una emplea una configuraci&oacute;n particular de capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas. Aquellas especies con capacidades cognitivas m&aacute;s complejas desarrollan culturas, y as&iacute;, madres y padres transmiten conocimientos y t&eacute;cnicas a sus hijas e hijos, y los grupos se distinguen por culturas diferentes. Las culturas animales m&aacute;s estudiadas son las de los grandes simios, pero tambi&eacute;n los cet&aacute;ceos las poseen, y parece que algunas otras m&aacute;s. En s&iacute;ntesis: <strong>cada especie animal es &uacute;nica y valiosa en s&iacute; misma</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La riqueza del planeta Tierra consiste, precisamente, en que la vida se manifiesta de maneras tan diversas. Su esencia es la pluralidad de formas de ser y de vivir, tanto de animales, como de plantas, como del conjunto de seres vivos. Su estructura es el &aacute;rbol de la vida, constituido por unas ra&iacute;ces comunes, de las que emergen tal cantidad de ramas, que todav&iacute;a no hemos acabado de contar cu&aacute;ntas especies de seres vivos comparten este planeta con nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Si los seres humanos sinti&eacute;ramos admiraci&oacute;n por la vida, disfrutar&iacute;amos con el privilegio de conocer esa diversidad, que nos regala placer est&eacute;tico, y nos ofrece una inagotable escuela donde aprender acerca de las diferentes maneras en que las especies logran resolver los problemas que se les presentan. La biodiversidad es el contexto en el que entendernos a nosotros mismos como una especie m&aacute;s entre otras, y en el que comparar nuestras habilidades con las de otras especies, lo que se convierte en una profunda lecci&oacute;n de humildad.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en nuestra sociedad existe una <strong>fuerte corriente que pretende acabar con esa diversidad</strong>, y de hecho, con las ideas mismas de pluralidad y diferencia. La extinci&oacute;n masiva que estamos provocando, con m&aacute;s de 20.000 especies de animales y plantas en peligro, es su manifestaci&oacute;n m&aacute;s evidente. Pero la extinci&oacute;n es solo una de las caras de este fen&oacute;meno. M&aacute;s all&aacute; de conseguir su desaparici&oacute;n material, <strong>lo que esa fuerza persigue es el olvido de estas especies</strong>: que ellas mismas se olviden a s&iacute; mismas, y que nosotros las olvidemos tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo que persigue el Proyecto Olvido es que solo admitamos una &uacute;nica identidad leg&iacute;tima: la humana</strong>. Y que concibamos el resto de identidades como subsidiarias, es decir, que entendamos que el resto de seres solo tienen valor en cuanto nos sirven a nosotros, y exclusivamente en aquellos aspectos en que nos sirven. Obligamos a esos animales a redefinir su ser, su identidad y su conducta para convertirse en nuestros instrumentos. Consideramos que los seres vivos solo tienen sentido cuando viven para nosotros, cuando son moldeados por nuestros deseos, caprichos y fantas&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        A muchas especies las reducimos a comida, transformando para ello su cuerpo y sus conductas. A otras tantas las convertimos en medios de transporte. A otras las modificamos gen&eacute;ticamente para que sus cuerpos sean herramientas de experimentaci&oacute;n. Otras m&aacute;s son objetos ornamentales en peceras y jaulas. Algunas son criadas y educadas para ser mascotas sumisas. Miles de ellas deben dar placer a los cazadores. Y otras tienen la funci&oacute;n de entretenernos y divertirnos, de ser nuestros bufones. Es en este &uacute;ltimo caso cuando se hace m&aacute;s evidente lo que sucede tambi&eacute;n en los casos anteriores: que <strong>obligamos a los animales a renunciar a s&iacute; mismos para pasar a encarnar nuestras fantas&iacute;as</strong>. Sus conductas desarrolladas en una evoluci&oacute;n milenaria deben desaparecer para dar lugar a las conductas que a nosotros nos apetezcan. Sus cuerpos, fruto de la misma evoluci&oacute;n, deben transformarse para servirnos mejor. Su identidad debe ser borrada para dejar lugar a aquella identidad que nosotros inventemos para ellos. Moldeamos a los animales como si no fueran m&aacute;s que dibujos animados en una pel&iacute;cula. Les borramos su identidad, les arrancamos su memoria, y les obligamos a convertirse en meros servidores.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, no caigamos en el error de creer que los espect&aacute;culos con animales son simplemente vulgares y zafios. No creamos que &uacute;nicamente le causan dolor a esa pobre osa que toca la trompeta o a ese desgraciado chimpanc&eacute; que baila al ritmo de la m&uacute;sica. Los espect&aacute;culos con animales son uno de los instrumentos fundamentales que emplea el Proyecto Olvido con una doble funci&oacute;n: que los animales olviden su propia identidad, y que nosotros la olvidemos tambi&eacute;n. El p&uacute;blico que ve esos espect&aacute;culos olvida a esos animales, olvida en qu&eacute; h&aacute;bitat viv&iacute;an, cu&aacute;les eran sus conductas naturales, cu&aacute;les sus capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas. <strong>No solo eliminamos especies de la faz de la tierra, tambi&eacute;n las eliminamos completamente de nuestro recuerdo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando imaginamos un caballo, ya no imaginamos un caballo libre, viviendo con su manada. Imaginamos un animal atado a un carro. Como si tirar de un carro fuera su esencia y su funci&oacute;n natural. Cuando imaginamos un cerdo, no imaginamos una criatura inteligente, afable y juguetona, sino &uacute;nicamente comida. Cuando imaginamos un chimpanc&eacute;, imaginamos un payaso de circo o una herramienta de experimentaci&oacute;n. Cuando imaginamos un oso, imaginamos un peluche. Y claro, resulta fabuloso que el peluche toque la trompeta. Obligamos a los animales a renunciar a sus vidas para realizar nuestras fantas&iacute;as, y somos cada vez m&aacute;s incapaces de imaginarlos viviendo para ellos mismos en libertad.
    </p><p class="article-text">
        El Proyecto Olvido, que tanta fuerza tiene en nuestra sociedad, no es m&aacute;s que un proyecto totalitario: la totalidad de todo cuanto existe debe someterse a la &uacute;nica identidad leg&iacute;tima, que es la nuestra. Y la forma m&aacute;s eficaz de lograr ese sometimiento es que las criaturas sometidas olviden su propia identidad, olviden qui&eacute;nes eran antes de convertirse en meros servidores, olviden que pod&iacute;an vivir para s&iacute; mismos. Y que los humanos lo olviden tambi&eacute;n, no fuera que a alguno se le despertara la empat&iacute;a o la compasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos resulta familiar este Proyecto Olvido? No es la primera vez que una sociedad lo aplica. Los seres humanos lo han aplicado innumerables veces entre s&iacute;, eliminando culturas, etnias y pueblos, eliminando las formas de vivir y de pensar de otros seres humanos. <strong>Exterminar culturas humanas y exterminar especies animales son dos proyectos que comparten un ideario com&uacute;n</strong>, un ideario totalitario que impone una &uacute;nica identidad como leg&iacute;tima, y no acepta la diferencia ni la pluralidad.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, insisto, cuando una osa toca la trompeta en un programa de televisi&oacute;n, lo que est&aacute; en juego no es solo el dolor terrible de ese pobre animal. Corremos el peligro de asumir que las otras especies solo existen para servirnos. Y esa idea, adem&aacute;s de lo perniciosa que resulta para los animales, se retroalimenta con otras ideas igual de peligrosas: que unas etnias existen para servir a otras, que las mujeres existen para servir a los hombres, que las clases sociales m&aacute;s humildes existen para servir a las clases sociales m&aacute;s poderosas.
    </p><p class="article-text">
        Si dejamos que estas ideas avancen, que echen ra&iacute;ces en las mentes de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os, que se cuelen en los libros de texto, que circulen a sus anchas por las redes sociales y por nuestras calles y plazas, estaremos alimentando el Proyecto Olvido. Si seguimos adelante, acabaremos viviendo en la dictadura m&aacute;s terrible que ha conocido este planeta, una dictadura en la que una &uacute;nica forma de vida ser&aacute; aceptada, y el resto de millones de especies que existen, y el resto de miles de formas de vida que los seres humanos pueden desarrollar, solo tendr&aacute;n dos opciones: o someterse o desaparecer. Meteremos a cada ser vivo en una jaula, nos meteremos a nosotros mismos en nuestra propia jaula, y <strong>cuando ya no quede ning&uacute;n ser que viva libre, se nos olvidar&aacute; para siempre que exist&iacute;a la libertad.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Tafalla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/proyecto-olvido_132_2536903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2015 18:49:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Proyecto Olvido]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cielo sin animales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/cielo-animales_132_4443085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed198d1f-d7ec-4f36-8197-29a967017f47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El Papa Francisco bendice a un perro. Foto: EFE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Papa Francisco dijo recientemente que nos reencontraríamos con los animales en la eternidad de Cristo y escribe una encíclica sobre medio ambiente que animalistas y ecologistas esperan con interés, pues la Iglesia lleva 2.000 años justificando la explotación de la naturaleza y de los animales.</p><p class="subtitle">En gestos desesperanzados, como el abrazo de Nietzsche al caballo de Turín, encontramos la semilla del único paraíso que merece la pena construir, un mundo de convivencia entre todos los animales</p></div><p class="article-text">
        D&iacute;as atr&aacute;s, nos sorprend&iacute;a la noticia, reproducida en diversos medios de comunicaci&oacute;n, de que el Papa Francisco le hab&iacute;a dicho a un ni&ntilde;o que lloraba por su perro muerto: &ldquo;<a href="http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-11-28/los-perros-van-al-cielo-el-papa-insinua-que-hay-paraiso-para-todos-los-animales_511788/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Un d&iacute;a volveremos a ver a nuestros animales en la eternidad de Cristo</strong></a>&rdquo;. Y algunos autores, <a href="http://www.psychologytoday.com/blog/animal-emotions/201412/did-pope-francis-open-the-pearly-gates-other-animals" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como el bi&oacute;logo Marc Bekoff</a>, ya han comenzado a reflexionar sobre tales palabras.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de si los perros van o no van al cielo puede parecer un asunto menor comparado con los profundos problemas que aborda la teolog&iacute;a, y, sin embargo, creo que <strong>es ah&iacute; donde el cristianismo se juega buena parte de su sentido</strong>. Dado que el Papa est&aacute; escribiendo una enc&iacute;clica sobre medio ambiente, animalistas y ecologistas han puesto sus esperanzas en que esa frase signifique un cambio de rumbo en las ideas de la Iglesia. Si finalmente el Papa evoca en esa enc&iacute;clica los valores de Francisco de As&iacute;s y muestra una m&iacute;nima sensibilidad con la naturaleza, podemos predecir el aluvi&oacute;n de elogios que le dedicar&aacute;n medios de comunicaci&oacute;n, intelectuales, cient&iacute;ficos, pol&iacute;ticos y movimientos sociales. Sin embargo, si al final se da el caso, a m&iacute; no me parece que los elogios sean la respuesta m&aacute;s adecuada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Iglesia lleva dos mil a&ntilde;os justificando ideol&oacute;gicamente la explotaci&oacute;n de la naturaleza y los animales</strong>, sin haber mostrado m&aacute;s que de forma muy excepcional un poco de sensibilidad por los otros seres vivos, y ha destacado por su extrema lentitud en aceptar descubrimientos cient&iacute;ficos como la evoluci&oacute;n de las especies. Si despu&eacute;s de este nefasto historial, ahora, cuando estamos con el agua al cuello, <strong>con una crisis ecol&oacute;gica terrible, con m&aacute;s de 20.000 especies en peligro de extinci&oacute;n</strong> y en medio de un cambio clim&aacute;tico, si ahora de repente el Papa dice algo as&iacute; como &ldquo;hay que respetar la naturaleza&rdquo;, lo que se merece no es precisamente un elogio. Felicitar al que se entera el &uacute;ltimo de algo tan fundamental no parece muy educativo. Dado que la Iglesia ten&iacute;a la pretensi&oacute;n de guiar a la humanidad, que se haya quedado dormida durante siglos en el vag&oacute;n de cola no resulta admirable.
    </p><p class="article-text">
        Durante mi infancia y adolescencia, me eduqu&eacute; en un colegio religioso. En &eacute;l viv&iacute; muy buenas experiencias y otras no tan buenas, pero recuerdo sobre todo un momento que fue absolutamente revelador. Yo asist&iacute;a a clase de religi&oacute;n con curiosidad, porque parec&iacute;a el espacio adecuado donde reflexionar sobre esas preguntas &uacute;ltimas que todos nos hacemos, y que en la adolescencia se nos plantean con fuerza: qu&eacute; hacemos aqu&iacute;, cu&aacute;l es el sentido de la vida. Pero un buen d&iacute;a, con doce o trece a&ntilde;os, mientras el profesor de religi&oacute;n nos hablaba de la vida eterna, de repente se me ocurri&oacute; una cuesti&oacute;n, as&iacute; que levant&eacute; la mano y pregunt&eacute;: &ldquo;&iquest;Los animales tambi&eacute;n van al cielo?&rdquo;. La respuesta del profesor de religi&oacute;n fue: &ldquo;No, porque los animales no tienen alma&rdquo;. Desde aquel d&iacute;a, para m&iacute;, la posibilidad de ir al cielo perdi&oacute; todo su inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El cristianismo nos pide que cumplamos una serie de normas resumidas en los diez mandamientos. Esas normas tienen que ver con la fe, con la conducta sexual y con la &eacute;tica. Si las cumplimos, el premio es la vida eterna en el cielo. Ahora bien, en ese cielo, seg&uacute;n se nos ha ense&ntilde;ado, no habr&aacute; animales, ni plantas, ni monta&ntilde;as, ni r&iacute;os, ni bosques, ni selvas, ni playas, ni puestas de sol, ni estrellas en el firmamento nocturno. Si &eacute;se es el premio, por m&iacute; ya se lo pueden quedar. La idea de pasarme la eternidad sin que haya gatos ronroneando a los que acariciar, ni perros con los que correr por el campo, ni mirlos cantando despu&eacute;s de la lluvia, ni lib&eacute;lulas de colores, ni zumbidos de abejas, ni saltamontes, ni lobos recorriendo los bosques, ni linces al atardecer, ni salmones remontando los r&iacute;os para desovar, ni ballenas comunic&aacute;ndose entre s&iacute; a kil&oacute;metros de distancia, ni vacas amamantando a sus cr&iacute;as, ni ranas croando en el estanque, ni &aacute;guilas aprendiendo a volar, ni bonobos educando a sus hijos, ni lagartijas al sol, ni jabal&iacute;s jugando en la playa&hellip; me parece m&aacute;s el infierno que el para&iacute;so.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ha podido el ser humano inventar la idea, y defenderla durante milenios, de que el para&iacute;so es un lugar exclusivamente humano y angelical, sin ninguna otra forma de vida?</strong> &iquest;En eso consiste la salvaci&oacute;n, en estar condenados a la m&aacute;s absoluta soledad durante toda la eternidad? &iquest;En no convivir con ninguna otra especie? Quiz&aacute;s entonces es ese deseo absurdo el que nos est&aacute; conduciendo a la p&eacute;rdida de biodiversidad: cuantas m&aacute;s especies eliminamos, m&aacute;s cerca estamos de hacer realidad ese club privado de uso exclusivo para humanos y &aacute;ngeles, donde el resto de seres vivos no tienen cabida.
    </p><p class="article-text">
        Pero si rechazo la idea de un cielo sin animales, no es solo porque los seres humanos nos ver&iacute;amos privados de su compa&ntilde;&iacute;a, sino sobre todo por los animales mismos. Si nosotros creemos merecer el premio de la eternidad, &iquest;por qu&eacute; no habr&iacute;an de merecerlo tambi&eacute;n los otros animales? &iquest;Es que no tienen emociones, alegr&iacute;as y miedos, a&ntilde;oranzas y deseos, igual que nosotros? &iquest;Es que no hay un 'yo' en cada uno de ellos, por diminuto que sea, que aspira a una buena vida? &iquest;Es que no pasan tambi&eacute;n muchos animales por un per&iacute;odo de duelo tras la muerte de sus seres queridos? &iquest;Es que no ser&iacute;an muchos de ellos profundamente felices si pudieran reencontrarse con familiares y amigos a los que han perdido? Decir que los animales no se merecer&iacute;an ese supuesto cielo y el reencuentro con los suyos, cuando hay perros que han muerto de pena tras el fallecimiento de un ser humano al que quer&iacute;an, <strong>es decir que sus tristezas y sus alegr&iacute;as no valen tanto como las nuestras</strong>. Que no merecen ser felices.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que maltratamos animales, reforzamos la idea de nuestra superioridad. Al criar animales para comer nos estamos diciendo: &ldquo;Yo no soy carne, yo no soy como ese cerdo o esa vaca, porque soy un ser racional, inteligente, espiritual. Yo no soy un animal. Yo no me defino por mi cuerpo, sino por mi alma, que me abre las puertas de un mundo superior.&rdquo; Al encerrar animales en un zool&oacute;gico nos estamos diciendo: &ldquo;Nosotros no somos as&iacute;, hay un abismo entre ellos y nosotros&rdquo;. Pero el &uacute;nico abismo que existe son esos barrotes del zoo que nosotros mismos hemos instalado. En una <strong>maniobra metaf&iacute;sica extrema</strong>, hemos tomado esos barrotes del zool&oacute;gico con los que forzamos la separaci&oacute;n, y hemos llegado a inventarnos otro mundo que ser&iacute;a solo para nosotros. Como ese adolescente que, ante la llegada de un nuevo hermano con el que tendr&aacute; que compartir su habitaci&oacute;n, se inventa un mundo de fantas&iacute;a donde nadie podr&aacute; robarle el protagonismo. Que el ser humano haya invertido tantas energ&iacute;as en construir otro mundo en su imaginaci&oacute;n, en vez de aprender a convivir mejor en &eacute;ste, demuestra que <strong>muy a menudo no hemos estado a la altura de esa racionalidad que la evoluci&oacute;n nos regal&oacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n del ser humano por definirse como un alma inmortal atrapada en un cuerpo mortal, que desde <strong>Plat&oacute;n</strong> ha estructurado buena parte de la historia de la filosof&iacute;a; la pretensi&oacute;n de separar con bistur&iacute; nuestro lado corporal corrupto y ese alma que contiene lo mejor de nosotros, como tanto se esforz&oacute; en hacer <strong>Descartes</strong>; el sue&ntilde;o de que la muerte es el momento en que el alma se desprende del cuerpo como si fuera una c&aacute;scara para elevarse a los cielos&hellip; son la otra cara de nuestro no querer aceptar que somos animales. <strong>Como nuestras semejanzas con los otros animales saltan a la vista, la &uacute;nica forma de defender la radical diferencia entre ellos y nosotros era precisamente afirmando que aquello que nos hace diferentes, el alma, no puede ser percibida</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, en la tradici&oacute;n religiosa de la que procede el cristianismo hay otras met&aacute;foras m&aacute;s interesantes. <strong>El Jard&iacute;n del Ed&eacute;n o el Arca de No&eacute;</strong>, a pesar de ser relatos breves y de interpretaci&oacute;n dif&iacute;cil, nos hablan de un ser humano que convive con las otras especies y de un Dios que quiere salvarlas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nietzsche</strong> fue uno de los fil&oacute;sofos que nos abri&oacute; los ojos. En el mismo siglo en que <strong>Darwin</strong> nos revel&oacute; nuestros or&iacute;genes, y nos mostr&oacute; que nuestra &uacute;nica familia son los otros animales, Nietzsche nos ayud&oacute; a emanciparnos de esa supuesta alma inmortal y ese supuesto cielo eterno que, fingiendo salvarnos, en realidad nos alejan de lo que somos. Nos ense&ntilde;&oacute; a aceptarnos como cuerpos, como seres vivos, como animales. Nos ense&ntilde;&oacute; que nuestro &uacute;nico hogar es la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Nietzsche llevaba un paso m&aacute;s all&aacute; las ense&ntilde;anzas de su maestro <strong>Schopenhauer</strong>, quien ya hab&iacute;a comenzado a romper con la metaf&iacute;sica tradicional, hab&iacute;a defendido una mejor relaci&oacute;n con los animales, y m&aacute;s a&uacute;n: nos hab&iacute;a mostrado que nuestra concepci&oacute;n del ser humano y la consideraci&oacute;n moral de los animales son dos caras de una misma cuesti&oacute;n. Nietzsche, abriendo de par en par las puertas que Schopenhauer hab&iacute;a comenzado a entreabrir, nos hizo ver que las preguntas filos&oacute;ficas y espirituales que nos planteamos no tienen su respuesta en otro mundo, sino en este mundo que es el &uacute;nico que tenemos.
    </p><p class="article-text">
        Pero Nietzsche es tambi&eacute;n interesante por otra raz&oacute;n. Visto el grado de crueldad que millones de animales sufren a causa de los seres humanos, se podr&iacute;a pensar que, para ellos, lo m&aacute;s parecido al para&iacute;so ser&iacute;a que los seres humanos nos march&aacute;ramos definitivamente al otro mundo y les dej&aacute;ramos vivir tranquilos en &eacute;ste. &iquest;Podr&iacute;a ser que nuestra &uacute;nica posibilidad de hacer real algo similar al para&iacute;so fuera con nuestra retirada, para que los animales pudieran gozar de &eacute;l? &iquest;Somos los seres humanos tan ego&iacute;stas y crueles que nuestra &uacute;nica forma de contribuir a crear el para&iacute;so fuese con nuestra ausencia?
    </p><p class="article-text">
        Como bien saben los lectores de este blog, una vez Nietzsche se abraz&oacute; a un caballo que estaba siendo apaleado en las calles de Tur&iacute;n. Fue probablemente un gesto desesperanzado y, por lo que sabemos, no logr&oacute; salvar al animal. A&ntilde;os despu&eacute;s, <strong>Walter Benjamin, que tanto admir&oacute; a Nietzsche, insistir&iacute;a en que la esperanza nace, precisamente, en esos gestos desesperanzados e in&uacute;tiles</strong>. En aquel abrazo de nuestro fil&oacute;sofo al caballo que no pudo salvar, encontramos la semilla del &uacute;nico para&iacute;so que merece la pena construir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Tafalla, Marta Tafalla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/cielo-animales_132_4443085.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Dec 2014 19:37:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un cielo sin animales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maltrato animal,Derechos animales,Papa Francisco]]></media:keywords>
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