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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marcos Pereda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marcos_pereda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marcos Pereda]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La mentira de la posverdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/mentira-posverdad_132_2998590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f065c3a8-85ce-470c-b77a-340224fdacc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mentira de la posverdad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Decimos “posverdad” porque decir “os estamos mintiendo en la puta cara y además os lo creéis” queda más feo</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La primera v&iacute;ctima cuando llega una guerra es la verdad&rdquo;. La frase se le atribuye a Esquilo, aunque yo no he sido capaz de encontrarla en ninguna de las siete obras que se conservan de este autor cl&aacute;sico. Podr&iacute;a haberla dicho, porque estuvo jug&aacute;ndose el pellejo en Marat&oacute;n, y deb&iacute;a de saber algo de lo que ocurre en esos momentos de sangre, v&iacute;sceras, mierda y miseria. Los hay que dicen que en 1917 Hiram Johnson, un senador aislacionista estadounidense, retom&oacute; la cita en 1917, cuando se debat&iacute;a sobre la entrada de los americanos en la guerra que iba a acabar con todas las guerras. Tan solo un par de d&eacute;cadas despu&eacute;s ese c&iacute;nico que fue Churchill dej&oacute; escrito que en tiempos de guerra &ldquo;la verdad es tan preciosa que deber&iacute;a ser protegida con guardaespaldas&rdquo;. Al parecer esta cita s&iacute; es certera, pero vamos&hellip; las quejas al traductor.
    </p><p class="article-text">
        Dijese quien dijese tales frases hoy en d&iacute;a deber&iacute;a estar mucho menos preocupado. Y es que la verdad ya no es tan perseguida, ya no mola tanto, ya no es cool, moderna, transgresora, juvenil. No, no, ahora lo que estremece el paladar de los membrillos m&aacute;s exigentes es un invento llamado posverdad. Invento valga la redundancia, deber&iacute;amos decir. Porque es precisamente de eso de lo que hablamos. Lo pueden ustedes decorar con los ornatos que les vengan en gana, pero estar&iacute;an enga&ntilde;&aacute;ndose. La posverdad es modular la informaci&oacute;n apelando a las emociones del receptor. La posverdad es identificar la realidad con una construcci&oacute;n individual y social que puede venir provocada &uacute;nicamente por la confluencia de factores objetivos y subjetivos. Bla, bla, bla. La posverdad es una mentira, y eso es lo &uacute;nico que debe importarnos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el cambio, entonces? &iquest;Por qu&eacute; inventarse t&eacute;rminos nuevos para esconder lo que otros antiguos ven&iacute;an a decir con igual precisi&oacute;n? Seguramente no haya necesidades concretas, sino una total y absoluta falta de principios que se va haciendo m&aacute;s y m&aacute;s evidente a lo largo del tiempo. En otras palabras, decimos &ldquo;posverdad&rdquo; porque decir &ldquo;os estamos mintiendo en la puta cara y adem&aacute;s os lo cre&eacute;is&rdquo; queda m&aacute;s feo. Pero es as&iacute;. Hay una tendencia generalizada a relativizar la verdad, lo emp&iacute;ricamente comprobable. A reducir su importancia. A, cada vez m&aacute;s, no tenerla en cuenta a la hora de articular movimientos, teor&iacute;as, incluso ideolog&iacute;as completas. Y esto es lo particular. Que cada vez nos asombra menos, que lo vamos asumiendo, que no nos indignamos ante algo que hace un tiempo ser&iacute;a, sencillamente, inconcebible. Nos ment&iacute;an igual que ahora, pero disimulaban porque sab&iacute;an que no lo &iacute;bamos a consentir (o que fingir&iacute;amos, en este juego de m&aacute;scaras, que no &iacute;bamos a consentirlo). Hoy en d&iacute;a ya no es necesario. De ah&iacute; a declarar que es la realidad la que, obstinada, niega nuestras certezas hay un peque&ntilde;o paso. Uno que, estoy seguro, no tardaremos mucho en ver.
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute;a hace unos meses Javier Mar&iacute;as que los sucesos pol&iacute;ticos de los &uacute;ltimos tiempos (y sigo resisti&eacute;ndome a hablar directamente de &ldquo;El Tema&rdquo;) se hab&iacute;an llevado por delante la exactitud en el lenguaje, debido a la sobreabundancia de palabras grandilocuentes usadas en t&eacute;rminos poco precisos (y aun menos preciosos) que muchos de los protagonistas han ido escupiendo aqu&iacute; y all&aacute;. Mar&iacute;as (que es un soberbio novelista y un excelente articulista que hay que leer aunque no se est&eacute; en muchas ocasiones de acuerdo con &eacute;l&hellip; ni falta que hace) apuntaba bien, pero quiz&aacute; su reflexi&oacute;n pueda ser considerada desde otro punto de vista. No es tanto que ya no manejemos palabras como &ldquo;dictadura&rdquo;, &ldquo;democracia&rdquo; o &ldquo;fascismo&rdquo; en su significaci&oacute;n precisa. O s&iacute;, pero no es solamente eso. Y quiz&aacute; ni siquiera es lo m&aacute;s grave. Eso, lo peor, es que sabiendo que una argumentaci&oacute;n basada en esos t&eacute;rminos se sostiene solamente hasta cierto punto de met&aacute;fora, la misma se ha ido imponiendo de forma totalmente generalizada. Es decir, que nos mienten a sabiendas. Y nosotros aceptamos el discurso asumiendo que una parte del mismo es falsa. Sin problemas. Como si fuese lo normal. Posverdad, lo llaman.
    </p><p class="article-text">
        Ya les digo, de aqu&iacute; a poco tiempo alguien nos dir&aacute; abiertamente que nos est&aacute; mintiendo. Que es por nuestra salud, por nuestro bien. Que aceptemos la mentira sin rechistar. Y lo haremos, vaya si lo haremos. Porque nos estamos acostumbrando. &iquest;Saben lo peor? Que nadie podr&aacute; quejarse de que no se ve&iacute;a venir.
    </p><p class="article-text">
        O, a lo mejor, todo lo anterior es mentira. O posverdad. Ustedes deciden.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/mentira-posverdad_132_2998590.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mentira de la posverdad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Comillas cambió]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/comillas-cambio_132_3027638.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f03911c-437d-49da-9f63-ac8f89c5b414_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A veces, el tópico (una verdad repetida muchas veces, que dijo Baudelaire) nos sirve, y un día, un día concreto, cambia para siempre la historia.</p></div><p class="article-text">
        Es frase repetida y (re)citada aquella de &ldquo;un d&iacute;a que cambi&oacute; para siempre la historia&rdquo;. Suena bien, tiene gancho y permite hacernos los listos, que es para lo que b&aacute;sicamente se invent&oacute; la comunicaci&oacute;n intraespec&iacute;fica, supongo. Pero es, con todo, falsa. Al menos, inexacta, porque (casi) siempre se pueden rastrear los pr&oacute;logos de cualquier situaci&oacute;n en los d&iacute;as, semanas e incluso a&ntilde;os anteriores a la fecha escogida como trascendental. Y, as&iacute;, nosotros no podemos llegar a entender (a entender en todas sus consecuencias, en toda su magnitud, en toda su polifac&eacute;tica maldad) una ma&ntilde;ana como la del 18 de julio de 1936 sin saber qu&eacute; se estaba gestando desde muchos meses antes. Y, de esa forma, el razonamiento se nos queda cojo, o al menos incompleto, y lo que escapa entre nuestros dedos es, s&iacute;, solamente una oraci&oacute;n vac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero a veces no. A veces, muy pocas veces pero esas veces justifican las dem&aacute;s, a veces, digo, s&iacute; que hay un d&iacute;a que cambia un destino. Un devenir. De una persona, de un grupo, incluso de una disciplina. Tambi&eacute;n, claro, de un pueblo. Y eso es precisamente lo que le pas&oacute; a la Villa de Comillas, que si hoy en d&iacute;a es lo que podemos ver se debe, en buena medida, a algo que ocurri&oacute; en una fecha muy concreta. El 6 de agosto de 1881, por m&aacute;s se&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Es que, ojo, aquel d&iacute;a visitaba Comillas nada menos que el rey de Espa&ntilde;a. Alfonso XII por m&aacute;s se&ntilde;as. El de d&oacute;nde vas triste de ti. El monarca, no Dolores la de Los Suaves. Culpable de ello (de la visita, no de la tristeza) fue Antonio L&oacute;pez L&oacute;pez, un comillano internacional que muy pronto salt&oacute; a Am&eacute;rica por hacer dinero (y por huir de ciertas pendencias, novios cornudos y dem&aacute;s), peg&oacute; un buen braguetazo all&aacute; por Cuba (con perd&oacute;n de la expresi&oacute;n), se puso a manejar mano de obra esclava con trazas de primor y, finalmente, se forr&oacute; lo que no est&aacute; en los escritos. Tanto que acab&oacute; siendo &iacute;ntimo del monarca, que para esto de jugar el mus la Corona siempre ha gustado de agenciarse a grandes fortunas. Y es este Antonio, ya nombrado por el Rey como Marqu&eacute;s de Comillas desde 1878, quien invit&oacute; al Borb&oacute;n a pasar unos d&iacute;as de asueto estival en la villa que lo vio nacer. Y aquello, claro, cambi&oacute; la faz del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Porque acoger al rey, a la familia real, al Gobierno en pleno (Comillas alberg&oacute; el 5 de septiembre de 1881 un Consejo de Ministros, lo que de facto la convirti&oacute; en capital del Reino, ah&iacute; es nada), y a cuantos industriales, ricachones, marquesitos, chisgarab&iacute;s, correveidiles y cantama&ntilde;anas iban aparejados a tales viajes no es moco de pavo. As&iacute; que Comillas se tuvo que poner bien guapa para contemplar paseos regios, ba&ntilde;ucos de ola o sesiones de casino y club social (prostitutas y pelis pornogr&aacute;ficas no, esas llegaron en el Santander de su hijo, el campechano Alfonso). Adecent&oacute; sus entradas con arcos de bienvenida, trajo a la pen&iacute;nsula la primera iluminaci&oacute;n artificial de car&aacute;cter p&uacute;blico (16 parejas de farolillos importadas directamente desde los laboratorios que Edison ten&iacute;a en Newcastle y Par&iacute;s), acondicion&oacute; calles y plazas, asfalt&oacute; caminos y hasta cre&oacute; una nueva carretera, la misma que aun hoy sigue rodeando la Villa y que tan hermosas vistas deja sobre el oc&eacute;ano y el vecindario. As&iacute; que el rey estuvo la mar de contento, y hasta repiti&oacute; al a&ntilde;o siguiente, cosa de destacarse sin duda.
    </p><p class="article-text">
        Pero, m&aacute;s all&aacute; de los aspectos m&aacute;s simb&oacute;licos, la Visita Real era la consagraci&oacute;n de una localidad que estaba viviendo toda una revoluci&oacute;n est&eacute;tica en el tr&aacute;nsito hasta el siglo XX. Ser&aacute; en el breve lapso de unos veinte a&ntilde;os cuando en Comillas surjan (siempre de la mano del Marqu&eacute;s y de sus allegados, parientes o adyacentes) una serie de obras que hoy en d&iacute;a la distinguen como la joya modernista que es. Una aut&eacute;ntica <em>rara avis</em>, un cachito de la Barcelona sofisticada y burguesa que se ha trasladado a orillas del Cant&aacute;brico. Surgen el Capricho, el primer edificio atribuido a un exc&eacute;ntrico arquitecto que ya hab&iacute;a colaborado dise&ntilde;ando una p&eacute;rgola para el jard&iacute;n del Marqu&eacute;s, y que respond&iacute;a al nombre de Antoni Gaud&iacute;. Se erige tambi&eacute;n el Palacio de Sobrellano, con plano de Joan Martorell y en cuya cripta colabor&oacute; tambi&eacute;n Gaud&iacute; con cierto mobiliario; la austera Casa Ocejo; se rehabilitan la Fuente de los Tres Ca&ntilde;os y el conocido Cementerio de Comillas, que toma trazas de la antigua iglesia parroquial de estilo g&oacute;tico (ambas obras de Dom&egrave;nech i Montaner), que es hoy uno de los s&iacute;mbolos de la Villa); y el muy particular monumento a Antonio L&oacute;pez, que ejecutar&aacute; definitivamente Montaner siguiendo las trazas de Cascante. Incluso se construye la Universidad Pontificia, que ser&aacute; un centro de enorme importancia desde el punto de vista educativo, religioso e ideol&oacute;gico en la Espa&ntilde;a del siglo XX, y refugio inicial de algunas ideas que m&aacute;s tarde se han venido mostrando como casi preponderantes (los Legionarios de Cristo entran en Europa a trav&eacute;s de Comillas).
    </p><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a seguir, porque hay m&aacute;s cosas. M&aacute;s palacios, palacetes y casonas en la propia Comillas. M&aacute;s villas en pueblos de alrededor, levantadas por aquellos &ldquo;adosados&rdquo; que quer&iacute;an acompa&ntilde;ar al rey en sus vacaciones pero no ten&iacute;an peculio suficiente para alojarse en el mismo lugar que Su Majestad (me imagino que hoy en Mallorca pasen cosas parecidas). Carreteras y escuelas, buques y peri&oacute;dicos. Una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n, vaya. Porque, a veces, el t&oacute;pico (una verdad repetida muchas veces, que dijo Baudelaire) nos sirve, y un d&iacute;a, un d&iacute;a concreto, cambia para siempre la historia. Como cambi&oacute;, aquel 6 de agosto de 1881, la de una peque&ntilde;a villa al borde la mar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/comillas-cambio_132_3027638.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Olvidando la Historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/olvidando-historia_132_3039972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aeb5b323-ea24-44c6-81af-51a1f724be38_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pablo Casado, portavoz del PP."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si es necesario recordar, estudiar y hasta asimilar la Historia es porque eso forma parte de la estructuración cultural de cada individuo.</p></div><p class="article-text">
        Pablo Casado es un se&ntilde;or mayor encerrado en el cuerpo de un fofisano treinta&ntilde;ero y paliducho. Uno se lo imagina perfectamente, porte decimon&oacute;nico, sentado en un sof&aacute; del casino de una peque&ntilde;a ciudad provinciana, leyendo la prensa con gesto levemente fruncido (aunque sin una preocupaci&oacute;n real&hellip; est&aacute; tan lejos eso de Cuba), mientras toma un jerez seco y observa sus finas manos, pregunt&aacute;ndose c&oacute;mo se pueden cuartear y engrandecer tanto a los jornaleros. Es antinatural. Si le pones en Vetusta ser&iacute;a de los que, media sonrisa y mirar cruzado, advertir&iacute;a que el nuevo cura tiene pinta de golfo. Ustedes ya me entienden, jiji, jaja. Todo lo cual no tiene la m&aacute;s m&iacute;nima importancia, por otra parte.
    </p><p class="article-text">
        Pero es que adem&aacute;s Pablo Casado es un est&oacute;lido.
    </p><p class="article-text">
        Con todas las letras, que adem&aacute;s tiene un ritmillo de lo m&aacute;s atractivo al decirlo, &iquest;verdad? Es-t&oacute;-li-do. No lo pienso, aclaro, por sus ideas pol&iacute;ticas, que no soy yo qui&eacute;n para andar censurando la ideolog&iacute;a ajena, ojo. Si le adjetivo as&iacute; es por mi amabilidad para con el sujeto. Parece majo, co&ntilde;o, uno de esos que te invita a algo de vez en cuando mientras te cuenta sus &eacute;xitos y te da muchas veces en la espalda, as&iacute;, m&aacute;s fuerte dependiendo de si en los alrededores hay p&uacute;blico o no. M&aacute;s o menos. Por eso digo que es un est&oacute;lido. Porque el resto de adjetivos son m&aacute;s denigrantes, y no tengo ganas de usarlos.
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a un hecho concreto, porque soy persona de entendederas cortas y no me alcanza para an&aacute;lisis sostenidos en el tiempo. Esta misma semana Pablo, nuestro Don Pablo, ha dicho, textualmente, que debemos &ldquo;olvidar la Historia&rdquo;. As&iacute;, sin ambages, y se ha quedado tan ancho. Qu&eacute; t&iacute;o, ya les digo. Bien es verdad que creo entender, aunque no compartir, el contexto en el cual emite esa frase, en una rueda de prensa durante el 20 de noviembre, que parece que es fecha de esas feas a olvidar (concretamente se quejaba Casado de que en las redes sociales se aprovechaba tal efem&eacute;ride para tildar al PP de &ldquo;facha&rdquo;). Insisto, el contexto es el contexto, y a ello debemos de remitirnos, y hasta, siendo generosos, entender la intenci&oacute;n de nuestro h&eacute;roe. Que en la misma rueda de prensa hablase, como por arte de birlibirloque, de Ecuador y Venezuela (cuya Historia, de Alonso de Ojeda en adelante, s&iacute; que interesa a Casado) es otro cantar. Pero vaya, que dijo lo que dijo. &ldquo;Hay que olvidar la Historia&rdquo;.&nbsp; Y sobre eso nos basamos para llamarle est&oacute;lido
    </p><p class="article-text">
        Porque es una aut&eacute;ntica chorrada, s&iacute;, pero tambi&eacute;n una idea peligrosa. Perniciosa. Por hacer de menos a la disciplina, por colocarla en el vag&oacute;n de los torpes, de los que sobran. Nunca se le hubiera ocurrido decir a Pablo Casado algo as&iacute; como &ldquo;hay que olvidar la Filosof&iacute;a&rdquo;. Claro que Pablo Casado y Filosof&iacute;a igual sea un ox&iacute;moron, como nieve negra y Borges pop (creo que el hallazgo es de Rodrigo Fres&aacute;n, pero dejo abierta la cita por si acaso). No, nadie se atrever&iacute;a a decir que debemos olvidarnos c&oacute;mo estructurar nuestros pensamientos, en base a qu&eacute; construir nuestras ideas. Aunque con el deterioro de la materia en la ense&ntilde;anza durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os para favorecer otras &aacute;reas (ora &uacute;tiles, ora imb&eacute;ciles) todo se andar&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo he pasado muchas horas de mi vida ense&ntilde;ando Historia, muchas m&aacute;s, claro, estudi&aacute;ndola y disfrut&aacute;ndola. Exactamente igual que disfruto cuando intento transmitirla, porque pienso que es una de esas cosas que si no se hace con vocaci&oacute;n mejor que no se haga. Te gusta o no (o, a lo mejor, no has sabido encontrar el punto adecuado para que te agrade, porque la Historia no son solo fechas, reyes y generales, sino tambi&eacute;n personas, noveler&iacute;as y an&eacute;cdotas), pero es siempre &uacute;til. M&aacute;s aun, es siempre necesaria, que es lo que parece olvidar el se&ntilde;or Casado. Es <em>adagio</em> casi com&uacute;n la frase aquella de &ldquo;pueblo que no conoce su historia est&aacute; condenado a repetirla&rdquo;. Tan manida que incluso es dif&iacute;cil encontrar su origen exacto, que algunos cifran en Confucio, otros en Lincoln y los de m&aacute;s ac&aacute; en Men&eacute;ndez Pelayo. No me importa, en realidad la considero poco menos que una herramienta gastada de tanto usarse y que apenas sirve ya para su cometido. Pero no deja de encerrar una gran verdad, una que se hace especialmente irritante si analizamos el contexto en el cual nuestro protagonista hace sus declaraciones. El 20 de noviembre. Apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s de hablar (con bastante poco tino) sobre el final de Companys. Y todo eso. Lo que antes era un recurso casi literario se convierte, ahora, en materia sobre la que indignarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, dec&iacute;a, no soy yo un gran creyente en esa frase. Porque termina por dejar a la Historia una labor utilitarista en la Sociedad, y yo hoy me he levantado la mar de antiutilitarista. Si es necesario recordar, estudiar y hasta asimilar la Historia es (aparte de porque resulta extremadamente divertido&hellip; en serio, cr&eacute;anme) porque eso forma parte de la estructuraci&oacute;n cultural de cada individuo. Una especie de m&iacute;nimos, si as&iacute; lo desean, que todos debemos de compartir y disfrutar, y sin los cuales un proyecto com&uacute;n de Sociedad basada en todas esas palabras tan bonitas que los pol&iacute;ticos repiten sin cesar es, sencillamente, inviable. Porque la Historia (como la Filosof&iacute;a, o el Arte, o un cierto conocimiento de la Literatura, entre otras) es pieza estructural de una civilizaci&oacute;n sana. M&aacute;s aun, es necesidad casi absoluta para cada uno de sus miembros. Olvidar eso es olvidar la Historia. Olvidar la Historia es enterrar el futuro, aunque parezca parad&oacute;jico.
    </p><p class="article-text">
        Siempre han existido intentos de terminar con la Historia. Qin Shi Huang (primer emperador chino) hizo eliminar todos los libros anteriores a &eacute;l, porque consider&oacute; que todo lo interesante de la Humanidad empezaba con su reinado. Los musulmanes quemaron libros en Serapeum y Alejandr&iacute;a, por no citar que en algunos lugares del orbe esta pr&aacute;ctica se sigue realizando con impunidad. Igual hicieron los nazis, o los golpistas en la Espa&ntilde;a del 36. Kenzaburo Oe escribi&oacute; una obra bell&iacute;sima que llevaba por t&iacute;tulo 'Arrancad las semillas, fusilad a los ni&ntilde;os'. Tambi&eacute;n &eacute;l habla, a su manera, de olvidar la Historia. Eso que nunca se deber&iacute;a de hacer, que jam&aacute;s debi&eacute;ramos permitir. Eso que es t&iacute;pico de est&oacute;lidos. O de fan&aacute;ticos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/olvidando-historia_132_3039972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Marcos Pereda,Pablo Casado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin cuadrigas de alta velocidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cuadrigas-alta-velocidad_132_3057158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e9225aa-9a84-4170-a5d4-fec79b52f2f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin cuadrigas de alta velocidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De nuestro enviado especial en la Tarraconense Marco Josefo Ombra</p></div><p class="article-text">
        Parece que la tierra de los c&aacute;ntabros, esos bastardos irreductibles que hace a&ntilde;os desvelaron el sue&ntilde;o de la inmortal capitolina, no tendr&aacute; definitivamente conexi&oacute;n por cuadrigas de alta velocidad para saltar hasta los mares de trigo del sur de Hispania. As&iacute; lo ha anunciado recientemente DelaSernum, c&oacute;nsul honorario de Roma.
    </p><p class="article-text">
        Pong&aacute;monos en antecedentes. Tras la conquista concluida en el a&ntilde;o 733 ab urbe condita, o en el a&ntilde;o 36 desde la reforma juliana, o en el a&ntilde;o octavo desde la llegada al poder del primer Augusto (escoja el lector la fecha que desee seg&uacute;n cuales sean sus preferencias pol&iacute;ticas), la cual supuso entre otras cosas el glorioso cierre de las puertas en el Templo de Jano, la empresa b&eacute;lica en Hispania se dio por concluida. Se iniciaba en ese momento lo que algunos perros llaman &ldquo;romanizaci&oacute;n&rdquo;, y que, como los ilustrados lectores de este medio saben, aqu&iacute; preferimos denominar &ldquo;civilizaci&oacute;n&rdquo;. Tender v&iacute;as por todo el territorio, mejorar el comercio, hacer que se hable en una lengua culta como el lat&iacute;n y no en esos borborigmos que manejan en tierras desnudas de pasado, poetas y moral. De eso debe preocuparse Roma, pues si ella, oh siempre serena y sensata, no lo hace nadie lo har&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Sucede que en ese proceso los agrimensores de la Rep&uacute;blica (denostamos a esos piojosos que se empe&ntilde;an en mostrar que lo que hoy disfrutamos es un imperio unipersonal, y no una l&oacute;gica y civilizada evoluci&oacute;n de las antiguas formas y modos del gobierno republicano, que como todas las instituciones debe de adaptarse a los nuevos tiempos) dejaron de lado la tierra de los c&aacute;ntabros, quiz&aacute; por lo fragoso del terreno, o por su escasa importancia econ&oacute;mica o porque alguno de ellos perdi&oacute; a familiares desollados vivos en las ya legendarias guerras contra aquellos belicosos b&aacute;rbaros. Y eso, que parec&iacute;a ser omisi&oacute;n temporal, ha acabado deviniendo en problema que llaman estructural en el septentri&oacute;n hisp&aacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        La implantaci&oacute;n de las cuadrigas de alta velocidad es uno de los proyectos estrella del Imperio (perd&oacute;n, Rep&uacute;blica) de Roma en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Mediante la conexi&oacute;n de diferentes puntos clave se logra un enorme avance en comodidad y tiempo empleado en tales trayectos. Es &eacute;ste segundo punto, el de la duraci&oacute;n del viaje, especialmente importante en la tierra de los c&aacute;ntabros, que aun sufren de infraestructuras anticuadas en cuanto a su conexi&oacute;n, v&iacute;a cuadriga, con centros tan importantes como Emerita Augusta, Pallantia, Septimanca o Toletum.
    </p><p class="article-text">
        Cabe recordar que a esa petici&oacute;n se sum&oacute;, hace alg&uacute;n tiempo, el hoy c&oacute;nsul DelaSernum, que en aquellos d&iacute;as ocupaba el cargo de duumviri en Portus Victoriae. Desempe&ntilde;o particular, adem&aacute;s, porque al sobrarle la cualidad de &ldquo;viri&rdquo; se hizo de menos la de &ldquo;duum&rdquo;, y terminaba ejerciendo en solitario lo que en otras circunstancias debi&oacute; de ser poder colegiado. Pero esa es otra historia y no hemos venido aqu&iacute; a hablar de aburridas municipalidades. El caso es que en aquellos a&ntilde;os el duumviri DelaSernum no dudaba en afirmar que la l&iacute;nea de cuadrigas de alta velocidad deb&iacute;a de llegar hasta la misma bah&iacute;a de Portus Victoriae, por ser &eacute;sta la m&aacute;s importante urbe de la zona, y adem&aacute;s haber mostrado siempre su lealtad para con el Imperio (perd&oacute;n, Rep&uacute;blica evolucionada), como bien atestiguan sus buenas costumbres, su estatua en honor del nunca suficientemente bien ponderado Octavio Augusto y la sobreabundancia de estandartes que muestra, gallarda, en sus balcones. Estandartes, aclaramos, de los decentes, y no esos espantajos con aires celtas que algunos b&aacute;rbaros portan ya hasta en las legiones romanas. Cosas del progreso mal entendido, del libertinaje, de la p&eacute;rdida de buenas costumbres. Pero de eso no hay, dec&iacute;a el DelaSernum duumviri, en Portus Victoriae, por lo que es totalmente indispensable que las cuadrigas de alta velocidad arriben hasta el mismo beso de las aguas.
    </p><p class="article-text">
        El c&oacute;nsul DelaSernum parece pensar diferente, lo que no es extra&ntilde;o, puesto que bien sabido es que los aires del Foro donan sapiencia a quienes los respiran, alej&aacute;ndoles de costumbres campesinas y visiones que parecen beneficiosas para un lugar concreto pero que, a la larga, se muestran perjudiciales para la evoluci&oacute;n de la gran Roma, invicta e inmortal, que es lo &uacute;nico que realmente importa. As&iacute; que, salvada ya ese enfoque rural del mundo, el hoy c&oacute;nsul honorario de Roma DelaSernum propone que las cuadrigas de alta velocidad no lleguen hasta Portus Victoriae, sino que se queden en Juli&oacute;briga. Y ya desde all&iacute; hasta el Cantabricus Oceanus a velocidad m&aacute;s normal, como hizo el inmortal Augusto en aquellas guerras de tan victorioso recuerdo. Tampoco hace falta tener prisa, parece contarnos. De esta forma se salva un espacio agreste, nuboso y complicado. Y, adem&aacute;s, se evitan tentaciones a los habitantes que aun hay, seg&uacute;n nuestras fuentes, en los muchos castra que recubren las monta&ntilde;as cercanas, y que qui&eacute;n sabe si, belicosos como son con el avance y la cultura, no acabar&iacute;an ocasionando problemas con los acaudalados patricios que acuden habitualmente desde el interior de Hispania hasta esas tierras bajas, y aun no del todo civilizadas, en busca peces en salmuera, hojaldres rellenos y un aire vivificante que llega por el inmenso mar.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta l&iacute;neas aplaudimos la postura del c&oacute;nsul honorario DelaSernum, como hemos hecho siempre al considerar que solamente atiende al bien com&uacute;n (al bien com&uacute;n de Roma, vaya) y que sus cambios de opini&oacute;n vienen provocados, &uacute;nicamente, por la mutaci&oacute;n en las condiciones objetivas para afrontar el problema de las cuadrigas de alta velocidad. O, en otras palabras, que hac&iacute;a lo correcto antes y ahora, aunque esas opiniones sean aparentemente contradictorias. Algo que son, pero solamente para las mentes limitadas de los b&aacute;rbaros, entre quienes no se han de contar nuestros lectores. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso aqu&iacute; reiteramos nuestro apoyo, incondicional y entregado, a la gesti&oacute;n del c&oacute;nsul honorario, y lamentamos profundamente que en otros foros (estos sin &ldquo;f&rdquo; may&uacute;scula) la misma sea objeto de cr&iacute;ticas. Invectivas que, por otra parte, vienen siempre de salvajes que parecen a&ntilde;orar los momentos previos a la muy gloriosa incorporaci&oacute;n al Imperio (perd&oacute;n, Rep&uacute;blica), y que seguramente sean de esos que se lavan los dientes con orines de sus caballos. Afortunadamente este corresponsal escribir&aacute; siempre sus cr&oacute;nicas en el diario (personal) con toda la honradez y civilizaci&oacute;n que su condici&oacute;n de romano (aun no honorario, pero todo se andar&aacute;) le permiten.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cuadrigas-alta-velocidad_132_3057158.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sin cuadrigas de alta velocidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palabras que andan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/palabras-andan_132_3072364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f507f399-eea6-4c9b-a04d-e252f448ae50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palabras que andan"></p><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a me cruc&eacute; con Marcos D&iacute;ez. Marcos D&iacute;ez es uno de los vecinos que habitan este simp&aacute;tico pueblo. Tiene su casita <a href="http://www.eldiario.es/autores/marcos_diez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los viernes</a>, y desde all&iacute; cuenta cosas bastante interesantes y, sobre todo, preciosamente escritas. Vamos, que si solo tienen tiempo para leer una columna semanal no pierdan el tiempo en la m&iacute;a. Tambi&eacute;n hay otros que la tocan bien en este pueblucho, pero a ellos no me los cruc&eacute; el otro d&iacute;a por la calle, y a Marcos D&iacute;ez s&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Iba, &eacute;l, caminando, leyendo un libro, totalmente abstra&iacute;do. Yo reconozco que ni salud&eacute;. De un lado porque marchaba en coche, y siempre hay un cierto aire de inferioridad filos&oacute;fica entre quien patea el mundo y los que van sobre ruedas. Tonter&iacute;as, seguramente, pero qu&eacute; quieren. Adem&aacute;s el ruido de las bocinas es uno de los m&aacute;s enervantes que conozco, y si pudi&eacute;semos erradicarlo por completo todos sonreir&iacute;an m&aacute;s. O mejor. Pero hab&iacute;a otra raz&oacute;n para el silencio (como si el silencio necesitase razones). Y es que transitaba &eacute;l tan concentrado, tan absorbido por las palabras (media sonrisa, rostro encorvado, un poco dudosos los pasos) que no me atrev&iacute; a romper el sortilegio. Porque eso era. Magia.
    </p><p class="article-text">
        Yo tambi&eacute;n leo cuando camino. Si estoy paseando no, porque ah&iacute; la gracia est&aacute; en el instante. Pero caminando leo mucho. En la mano siempre llevo un libro (por si las esperas, por si los pesares) y soy incapaz de no empezar oje&aacute;ndolo t&iacute;midamente y despu&eacute;s, m&aacute;s y m&aacute;s confiado, lanzarme a sus p&aacute;ginas. As&iacute; que si alguna vez ven por la calle un tipo alto y con pinta de despistado, uno que avanza despacito para no pegarse con las farolas, ojos so&ntilde;adores brincando de frase en frase, ese soy yo. Sal&uacute;denme, suelo ser majo.
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, me lo han dicho un mont&oacute;n de veces, eso de que es peligroso, y que da mala imagen, y que hasta puedo tener (o, peor, provocar) un accidente. Y yo asiento, callo, disiento. Porque si ustedes reparan en la muchedumbre un enorme porcentaje de ellos van leyendo. Solo que, en lugar de p&aacute;ginas, posan sus mirares en las pantallas del m&oacute;vil. Y escriben, oigan, escriben, que eso a m&iacute; ya me parece una locura. Pero ah&iacute; est&aacute;n. Y nadie se extra&ntilde;a por ello, ni les acusa de falta de civismo, ni les llama bachi-buzuk o merluzo con acento cazallero de viejo capit&aacute;n. Otros tiempos, supongo.
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; meses atr&aacute;s que en algunos institutos estadounidenses hab&iacute;an abierto dos &ldquo;carriles&rdquo; en los pasillos: uno para muchachos que iban toqueteando el m&oacute;vil y otro para los que no. La idea era concienciar de la cantidad de horas que se pasa con el aparatito de marras, o alguna excusa parecida. Lo que ocurre es que todos se lo tomaron en serio, y al final hab&iacute;a un carril vac&iacute;o y otro lleno de hipertecnificados adolescentes que avanzaban r&iacute;tmicamente a golpe de click como si fuesen los martillos de Pink Floyd.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En el fondo es, quiz&aacute;, una forma de ir tejiendo palabrejas en la realidad. Lo de leer mientras caminas, digo. O puede que sea m&aacute;s apropiado hablar de lo diferentes que son las frases iguales dependiendo del espacio donde las desgranes. Que no es lo mismo juguetear con &ldquo;infinito&rdquo; en un metro abarrotado o mirando a la mar. Eso u otra forma de justificarnos quienes tenemos un vicio (que, como todos los vicios, debe de minusvalorarse, relativizarse y desdibujarse entre otros parecidos). Letraheridos, les llaman. Qu&eacute; bonita palabra. Qu&eacute; pavorosa realidad.
    </p><p class="article-text">
        Lean mientras caminen. Ya es tarde para cambiar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/palabras-andan_132_3072364.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Palabras que andan]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donde se escondía la patria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/escondia-patria_132_3087193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a88eec7c-95d9-4b59-a05f-597d9314444d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Marcos Pereda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Uno se va haciendo mayor cuando la única primera vez que le queda es la primera en que recuerda todas sus primeras veces. Tiene la ventaja de que en lugar de nervios afloran, ahora, sonrisas a los labios.</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente, ustedes lo habr&aacute;n notado, se alude bastante en los medios de comunicaci&oacute;n al t&eacute;rmino &ldquo;Patria&rdquo;. Y se hace no solamente en relaci&oacute;n a la (fallida) novela del (muy apreciable novelista) Fernando Aramburu, sino en otros contextos. Aburridos unos, sentimentales otros, desaforados (valga la redundancia) los de m&aacute;s all&aacute;, descontextualizados casi todos. Un sinvivir, vaya, un aut&eacute;ntico monopolio de la informaci&oacute;n, el debate, las reflexiones. Tranquilos, no les voy a cascar otro art&iacute;culo sobre el &ldquo;Tema&rdquo;. Tienen de sobra en los lugares donde habitualmente picoteen. Algunos incluso son interesantes y aportan ideas no repetidas mil veces. Pero como el m&iacute;o no ser&iacute;a de esos&hellip; pasaremos a otros asuntos.
    </p><p class="article-text">
        Les dec&iacute;a que lo de patria se repite como un mantra (y, como todos los mantras, la m&iacute;mesis sincopada del t&eacute;rmino lo desviste de cualquier significado, pasando a ser un <em>ommmm</em> cualquiera) y ya nos parece hasta de la familia. Quiz&aacute; por eso sorprende que nadie venga a acordarse de Rilke. Sorprende relativamente, vaya, porque remembrar es volver a vivir, y me temo que muchos de los que escriben, varios de los que hablan y casi todos los que pontifican piensen que esto del Rilke es un medicamento. Y, oigan, no.
    </p><p class="article-text">
        Dej&oacute; escrito Rilke, entre otras bastantes cosas, que la verdadera patria del hombre es la infancia. Y es una idea, como les digo, que se encuentra ausente de toda esta aliteraci&oacute;n con la palabrita. Puede que porque reconocer ese reducto vital, ese instante de aut&eacute;ntica identidad, supone de facto cargarnos el resto de los rebuznos preparados para la ocasi&oacute;n. Pero vaya. Ya saben.
    </p><p class="article-text">
        A mi patria el otro d&iacute;a le arrancaron uno de sus elementos fundamentales, una parte ineludible de su paisaje, casi los limes que separaban la ni&ntilde;ez infantil de la mo&ntilde;ez adulta. Poca cosa, apenas una an&eacute;cdota. Unas vallas que se sustituyen por banquitos de madera. Ya ven, queda mucho mejor. Pero, joder, esas eran mis vallas. Las nuestras. Donde nos sent&aacute;bamos, esper&aacute;bamos, ve&iacute;amos pasar los coches en la carretera nacional. Tonter&iacute;as. Pero te tocan, al final.
    </p><p class="article-text">
        Uno se va haciendo mayor cuando la &uacute;nica primera vez que le queda es la primera en que recuerda todas sus primeras veces. Tiene la ventaja de que en lugar de nervios afloran, ahora, sonrisas a los labios. Pero, a la larga, no deja de ser un poco amarga. Los parajes de la ni&ntilde;ez permanecen, siempre, inalterables e inalterados. Aunque ya no existan, aunque ya no sean. Cierras los ojos y as&iacute;, de un momento al siguiente, se cierra la serrer&iacute;a, asfaltan los caminos, desaparecen las zarzas grandes como personas que escond&iacute;an miseria y secretos. Visto as&iacute; quiz&aacute; no afecta. La metamorfosis es lenta, pero resulta fugaz si no se sigue desde el momento en que se empieza a formar el capullo. Por eso, a lo mejor, toca tanto lo de las vallas. Por no suponer un cambio radical, sino algo m&aacute;s tenue, m&aacute;s sutil. Como la espita de una cuba. Al final acaba por vaciarla&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Enti&eacute;ndanme bien. Esas vallas ten&iacute;an que desaparecer. Eran poco funcionales. Eran feas, estaban desconchadas, dejaban marcas de pintura roja y herrumbre oxidada en las manos. Resultaban incomodas, delimitaban en demas&iacute;a lo que deber&iacute;a ser un espacio abierto. Eran, s&iacute;, rescoldos de otros tiempos en los que los barrios eran <em>barrios</em> (y dibujen ustedes sus propios recuerdos en las cursivas). Pero, co&ntilde;o, eran nuestras. Ahora hay bancos de madera comod&iacute;simos, y mucho m&aacute;s &uacute;tiles, y m&aacute;s modernos, y m&aacute;s adaptados a todo lo adaptable. Pero, ya ven&hellip; no son nuestros.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, en esas vallas, se erig&iacute;a el final de la plaza donde estuvo toda nuestra patria, que dir&iacute;a Rilke. Donde alcanzaban el mirar y las horas (tampoco de forma estricta, que antes no se sobreproteg&iacute;a tanto a los ni&ntilde;os, &iquest;saben?). Un rect&aacute;ngulo, como si fuese bolera. Un par cientos de metros. A un lado un muro, al otro las vallas. Delimitando, paredes altas de ladrillo rojo. All&iacute; se jugaba, se viv&iacute;a. A veces hasta sue&ntilde;o que se so&ntilde;aba, pero seguramente sean solo enso&ntilde;aciones, porque los ni&ntilde;os no andan a esas frusler&iacute;as. Hoy no hay muro, no hay vallas, no hay ladrillos y s&iacute; escaparates. El mundo es un lugar m&aacute;s grande, sin mojones limit&aacute;ndolo. Hay m&aacute;s colores, s&iacute; que los hay, pero la mayor&iacute;a brillan menos. O no. Y es solo el recuerdo del recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        De cualquier forma, ya no hay vallas. Hoy la plaza est&aacute; mejor, pero no igual. Es otro lugar, son otros tiempos. Se fue la patria, que es &uacute;nicamente, ahora, el temblor de un pesta&ntilde;eo y el olor de trementina cuando pintaban aquellos trozos de metal, tan feos, que se descascarillaban apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s y te dejaban escamas rojas y blancas bajo las u&ntilde;as. Esa es, s&iacute;, la Patria, y no la otra. Aquella de la que ustedes, aburridos, tanto leen estos d&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/escondia-patria_132_3087193.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Medio milenio arriba o abajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/medio-milenio-arriba-abajo_132_3115295.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38df174b-1c5b-4a3d-baa7-a8257cb4d2f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Carlos I y su esposa Isabel."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace exactamente 500 años cruzaba las tierras de las Asturias de Santillana y Campoo quien, poco tiempo después, sería jurado como Carlos I.</p></div><p class="article-text">
        Ustedes ya saben, porque van cogiendo el hilo, que a m&iacute; me gusta menos la Historia que las historias. Que prefiero los relatos peque&ntilde;os que las grandes epopeyas, que cuento con m&aacute;s gusto el d&iacute;a a d&iacute;a en una peque&ntilde;a aldea que los fechos celeb&eacute;rrimos de reyes y generales. Lo que reviste cierta l&oacute;gica, si lo reflexionan, porque aquello que podemos llamar el relato oficial no deja de ser una biograf&iacute;a cruzada de quienes representan a una diminuta, infinitesimal, fracci&oacute;n de todos los hombres y mujeres que han vivido. Y que, por eso mismo, pareciera albergar cierta l&oacute;gica el que posemos al menos por un rato nuestra atenci&oacute;n en los ritos, rutinas y experiencias de quienes, en esta y todas las &eacute;pocas, han constituido la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Y por eso hablo tanto de molinos, y de vacas, y del ma&iacute;z, y de caminos, sendas o veredas.
    </p><p class="article-text">
        Pero se pueden hacer excepciones, &iquest;no? M&aacute;s bien, deber&iacute;an hacerse. Cosas que pasaron y que tuvieron la suficiente importancia como para recordarse hoy en d&iacute;a. Que est&aacute;n, adem&aacute;s, rodeadas de color, de elementos sobre los que reflexionar y solazarse. Historia contada en historias, vamos. De esa que no leer&aacute;n por ah&iacute;. Por ah&iacute;. Pongan ustedes el nombre adecuado a ese &ldquo;ah&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre todo en fechas redondas. Como el medio milenio, &iquest;se les ocurre data m&aacute;s llamativa? Hace exactamente 500 a&ntilde;os cruzaba las tierras de las Asturias de Santillana y Campoo quien, poco tiempo despu&eacute;s, ser&iacute;a jurado como Carlos I. El t&iacute;o que m&aacute;s tarde acabar&aacute; siendo el m&aacute;s poderoso de Europa. El joven aquel de barbilla pronunciada y gesto algo adusto, que apenas hablaba castellano y, la verdad, ten&iacute;a pocas ganas de venirse a este p&aacute;ramo de b&aacute;rbaros atrasados, con lo a gustito que se est&aacute; en Flandes, co&ntilde;o, ya. Ese mismo. Poca cosa.
    </p><p class="article-text">
        La cosa es que de este viaje conocemos hasta los m&aacute;s &iacute;ntimos detalles desde su misma llegada al peque&ntilde;o pueblecito asturiano de Tazones, donde al futuro emperador lo reciben a hostia limpia, lanz&aacute;ndole todo lo que tuviesen a mano. Imaginen una aldea de pescadores que ve aparecer a lo lejos un mont&oacute;n de naves, m&aacute;s de cuarenta, engalanadas con un mont&oacute;n de pendones. Se acojonaron pensando que eran piratas y bueno&hellip; ya saben&hellip; a luchar por la propia vida. Pero luego ya s&iacute;, luego rindieron pleites&iacute;a al majete aquel que miraba con aire aburrido y no pod&iacute;a cerrar la boca.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a, tenemos toda la informaci&oacute;n necesaria sobre este paso como para trenzar un relato sostenido, minucioso y, por qu&eacute; no decirlo, sumamente divertido de tal peregrinar. Estamos en deuda con Laurent Vital, un ayudante de c&aacute;mara del Habsburgo, que lo fue anotando todo con oficio de notario pero esp&iacute;ritu de literato. Porque el sinverg&uuml;enza tiene gracia, aunque sus ojos y sus palabras abusen en ocasiones de lo sical&iacute;ptico. En exceso, digo.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos, as&iacute;, que el tal Carlos se puso malito porque le cogi&oacute; un chaparr&oacute;n entre Unquera y San Vicente de la Barquera, y que hubo de guardar cama all&iacute;. Que lo intentaron curar con lo m&aacute;s avanzado para la &eacute;poca, que era el polvo de aut&eacute;ntico cuerno de unicornio. Diluido en agua, ojo. Que durmi&oacute; en Trece&ntilde;o, luego en Cabu&eacute;rniga y m&aacute;s tarde en Los Tojos, donde a la comitiva les pas&oacute; de todo, desde una tormenta republicana que se llev&oacute; por delante terciopelos y donosuras hasta un ataque de pulgas y chinches que se cebaron con la muy blanquita carne del Habsburgo, oblig&aacute;ndole a tomar viaje en plena madrugada. Cosas veredes, vaya. El &uacute;ltimo sitio de la actual Cantabria donde estuvo unos buenos d&iacute;as durmiendo fue Reinosa, alojado en una aut&eacute;ntica casa de los l&iacute;os, con piadosos anfitriones que libraban de tal condici&oacute;n (la p&iacute;a, no la generosa) una vez a la semana.
    </p><p class="article-text">
        Como les digo el relato es fascinante, entretenido y delicioso, lleno de giros, de comentarios sobre el humor y la naturaleza de las gentes de estas tierras (algunos poco amables, por si piensan lo contrario), y con descripciones que son oro puro en manos del curioso. Pero, sobre todo, el relato fija con precisi&oacute;n unos hechos de los que ahora se cumplen, como dijimos, medio milenio. Y llama poderosamente la atenci&oacute;n la poca importancia que est&aacute; teniendo tal conmemoraci&oacute;n en prensa o instituciones. Vamos, que no veo yo por ah&iacute; libros, o charlas, o ciclos de conferencias. Con las excepciones habidas, que las hay y ante quienes me disculpo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pues de eso era de lo que querr&iacute;a hablarles hoy. De los fastos culturales que no se celebrar&aacute;n, de las celebraciones que no se har&aacute;n, de tantas posibilidades como tiene esta tierra que, a veces, nos empe&ntilde;amos en despreciar. O, al menos, en desconocer. O, oigan. Es una pena. Una pena enorme.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/medio-milenio-arriba-abajo_132_3115295.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Oct 2017 09:01:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Medio milenio arriba o abajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Asubiaderos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/asubiaderos_132_3135279.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92b5e041-c4e6-42cc-bd0d-0ba379e901cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Eran espacios funcionales, bien construidos, incluso con un cierto sentido estético. Lugares cumplidores tan exitosamente de su cometido que muchos años después la inmensa mayoría siguen en pie.</p></div><p class="article-text">
        En Cantabria llueve, llueve mucho. O llov&iacute;a. O llovi&oacute;, vaya. Dej&eacute;moslo en que en Cantabria antes llov&iacute;a un mont&oacute;n, &iquest;s&iacute;? Esto es algo que ya hab&iacute;a dicho en algunas otras ocasiones, pero merece la pena abundar sobre la idea, por si me est&aacute; leyendo alg&uacute;n <em>millennial</em>, que bien podr&iacute;a pensar que vive en un lugar con t&oacute;rrido clima mediterr&aacute;neo. Y no. O antes no, dec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pues eso, que en Cantabria llov&iacute;a mucho. De cojones, escribir&iacute;a, si no estuviera en un medio serio. De cojones significa que ca&iacute;a agua y agua durante d&iacute;as y d&iacute;as. Y vuelta a empezar despu&eacute;s de unos t&iacute;midos rayos de sol. Llov&iacute;a, adem&aacute;s, de muchas formas distintas, y esto es una particularidad que otorga cierto pedigr&iacute; dentro de las clasificaciones de pluviosidad. Que al Pas no llegan los monzones, pero tambi&eacute;n tiene su punto. 
    </p><p class="article-text">
        A veces eran chaparrones cortos, intensos, con gotas gordas como garbanzos que hasta llegaban a hacerte da&ntilde;o en los brazos, en la cabeza, en los hombros (por cierto, &iquest;por qu&eacute; cuando llueve levantamos los hombros?, no lo entiendo). Otras era una lluvia constante, fina y densa, que se quedaba a vivir con nosotros durante horas, que cubr&iacute;a por completo los cristales, que hac&iacute;a brillar la hierba. Una de esas que parece arrojada art&iacute;sticamente contra las ventanas, pintura transparente en jilas y trisquidos del fuego. De vacas tumbadas todas mirando en la misma direcci&oacute;n, evitando que la tormenta se les meta en los ojos. Y de vez en cuando ca&iacute;a mi preferida, que es la lluvia que llega de costado, la que te cala en cualquier situaci&oacute;n. No hay remedio posible. Esto de la lluvia de costado, por cierto, es algo que all&aacute; afuera, al sur de Valderredible, entienden regular. Supongo que porque hay que vivirlo. Mojarse con ello.
    </p><p class="article-text">
        Como llov&iacute;a mucho en esta tierra fueron apareciendo a lo largo de la historia muchas y muy diferentes formas de asubiarse. Lo del asubio es una de esas <em>palabrucas</em> que tenemos aqu&iacute; y en ning&uacute;n otro lugar, y que como no salen en la tele ni en las letras de canciones tontas pues poco a poco se va perdiendo. Sospecho de que de forma irremediable. Modernidad, lo llaman. Pues eso, que aqu&iacute; han surgido muchos asubiaderos a lo largo de la historia. Hemos tenido escurrideras, que no es lo mismo pero que suelen incluir un lugar donde guarecerse. Tenemos portales, cornisas, &aacute;rboles, atrios de iglesias. Tenemos socarre&ntilde;as y cuevas. Hasta tenemos paraguas, que en los pueblos se llevan siempre colgados del cuello de la camisa, posados sobre la espalda. Estampa cl&aacute;sica, advierto. Y hay tambi&eacute;n distintos asubiaderos en la Cantabria m&aacute;s rural que databan de los a&ntilde;os setenta y ochenta y hac&iacute;an labor inicial de parada de autob&uacute;s. Espacios de piedra con un asiento dentro (en Campoo, por aquello del fr&iacute;o, incorporan un peque&ntilde;o hogar donde encender un fuego diminuto y titilante donde calentar las manos) que aparec&iacute;an rematados con las palabras (o el logo) &ldquo;Caja de Ahorros de Santander y Cantabria&rdquo;. No lo lean en voz alta, porque esa instituci&oacute;n ya no existe y su mera menci&oacute;n est&aacute; vedada&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Eran espacios funcionales, bien construidos, incluso con un cierto sentido est&eacute;tico. Lugares cumplidores tan exitosamente de su cometido que muchos a&ntilde;os despu&eacute;s la inmensa mayor&iacute;a siguen en pie. Incluso en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han surgido otros, de madera y cristal, que parecen adaptar a los nuevos tiempos las viejas misiones. El no mojarnos, vaya. Como digo, una constante en los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no en todos. Yo vivo en un pueblo, en uno no demasiado rural por cercan&iacute;a con  centros m&aacute;s grandes y para nada aislado por la misma raz&oacute;n. No voy a decir cu&aacute;l es, pero tiene una costa con Urros, ustedes saben. All&iacute; hab&iacute;a un asubiadero que hac&iacute;a de parada de autob&uacute;s, color marr&oacute;n oscuro. Para que nos hagamos una idea, cuando llueve en mi pueblo suele arreciar bastante, por aquello del viento que viene de la mar y esas cosas que tampoco vas a andar explicando por ac&aacute;. As&iacute; que tener un sitio donde guarecerte era bastante importante. Era.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace unos meses ha desaparecido. No tengo ni idea de lo que ha pasado, de la raz&oacute;n. Es m&aacute;s, como no soy habitual usuario del transporte p&uacute;blico (y aqu&iacute; entono el mea culpa) ni siquiera me hab&iacute;a dado cuenta hasta que me lo han se&ntilde;alado. Que sigue habiendo parada de autob&uacute;s pero no un lugar a cubierto donde esperarlo. Porque all&iacute;, realmente, no hay nada. Ni cornisas, ni portales, ni socarre&ntilde;as. Nada. Bueno, s&iacute;, gente esperando, chavales que van al instituto, otros que acuden cada ma&ntilde;ana al trabajo rodando con ojos de sue&ntilde;o y la cabeza un poco ca&iacute;da contra el cristal del autocar. Esos. Los que, parece, van a chupar fr&iacute;o y agua como campeones a nada que se nos meta el invierno. Que ni s&eacute; cu&aacute;ndo llegar&aacute;, pero acabar&aacute; haci&eacute;ndolo. Espero.
    </p><p class="article-text">
        Esto puede parecer asunto menor, quiz&aacute; poco menos que una an&eacute;cdota que no merece mayor atenci&oacute;n, que no justifica un art&iacute;culo. A lo mejor es as&iacute;. Pero tambi&eacute;n pienso que es en cosas como esa donde se ve una mejora en el bienestar de una poblaci&oacute;n. En obras peque&ntilde;as o medianas, pero que inciden directamente sobre la vida de las personas. La de cada d&iacute;a, la que cala y tiene rostro somnoliento y pocas ganas de ir a trabajar. Desconozco cu&aacute;l puede ser el coste de una obra como esa (apenas un cajet&iacute;n, no piensen en algo enorme) pero no me entra en la cabeza que no se afronte. He llegado a plantearme que igual han cerrado la f&aacute;brica que hac&iacute;a asubiaderos, f&iacute;jense ustedes&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Entre medias, entre s&iacute;es y noes, entre que llega y que se retrasa, entre que se instala y se deja apoyado sobre un murete, acabar&aacute; arribando el invierno. El del viento y la lluvia. Porque en Cantabria llueve, llueve mucho. O llover&aacute;. Y moja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/asubiaderos_132_3135279.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Asubiaderos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Motas sobre verde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/motas-verde_132_3144239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/903a8be7-543e-4cd0-b18b-fcf289c9ca97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un ganadero ordeñando a mano una de sus vacas en el Mercado Nacional de Ganados de Torrelavega (Cantabria) | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me han cambiado las vacas de enfrente de casa</p></div><p class="article-text">
        Como saben este es mi primer art&iacute;culo despu&eacute;s del largo verano, as&iacute; que seguro que esperaban algo especial. Yo tambi&eacute;n ven&iacute;a dispuesto a hacerlo. Un tema serio, digo, con sesudas reflexiones, con ponderaci&oacute;n de pros y contras, con una conclusi&oacute;n clara, di&aacute;fana y una alternativa absolutamente v&aacute;lida y certera sobre c&oacute;mo solucionar en diez minutos problemas que personas mucho m&aacute;s listas que yo se ven incapaces de afrontar desde hace a&ntilde;os. Escojan la tem&aacute;tica, hay varias. Ya saben, un texto dif&iacute;cil de afrontar, espeso, de los de leer con el ce&ntilde;o fruncido, levantar de vez en cuando los ojos de las letras, asentir con gravedad y esbozar una leve sonrisa. Este t&iacute;o s&iacute; que sabe, co&ntilde;o. Y luego compartir en redes sociales. T&uacute; me representas, joder, pones en mi boca palabras bonitas para expresar mis pensamientos. Todo muy cu&ntilde;ado, vaya. Que es lo que se lleva.
    </p><p class="article-text">
        Pero es que esta semana me han cambiado las vacas de enfrente de casa. Y claro, le ten&iacute;a que contar a alguien el asunto.
    </p><p class="article-text">
        Bien, yo desde mi casa pod&iacute;a ver un peque&ntilde;o prado donde hab&iacute;a sueltas un pu&ntilde;ado de vacas frisonas. Una veintena, m&aacute;s menos, vacas gordas y bien alimentadas, que cada noche paseaban morosas, deteniendo gozosamente las prisas de los coches m&aacute;s estresados, para ir a dormir a un peque&ntilde;o establo situado a unos cientos de metros. Yo me quedaba como un tonto mir&aacute;ndolas durante horas, porque igual tienen algo de tel&uacute;ricos los bovinos en esta tierra, y porque las manchas de blanco y negro sobre verde h&uacute;medo es algo que siempre acaba por agradarme. Pueden llamarme simple, si quieren, pero a m&iacute; me gusta.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que ahora bastantes de esas vacas se han marchado, y han sido sustituidas por otras, grises y achocolatadas. Y parece como si le hubiesen desgajado una parte al paisaje, y &eacute;ste ahora fuera menos arm&oacute;nico, tuviese un retinglar m&aacute;s grave. Que no es cosa balad&iacute;, claro, si nos ponemos a pensarlo. A m&iacute;, desde que ocurri&oacute;, hasta me salen m&aacute;s raras las frases, m&aacute;s ca&oacute;ticos los art&iacute;culos.
    </p><p class="article-text">
        En realidad soy v&iacute;ctima de un h&aacute;bito adquirido. Y es que si el paisaje es un ente en continua formaci&oacute;n, algo vivo y cambiante que poco tiene que ver con el que disfrutaron (o no) nuestros mayores, tanto desde un punto de vista objetivo como desde otro, mucho m&aacute;s importante en este caso, meramente objetivo, nuestra percepci&oacute;n sobre el mismo ser&aacute;, tambi&eacute;n, cultural. Cronol&oacute;gica, incluso, por cuanto tiene mucho de conocimiento adquirido desde tiempo inmemorial. Pero, en este caso, tomamos la expresi&oacute;n en su sentido estricto, porque tiempo inmemorial es aquel del que no se guarda memoria. Tres generaciones, vaya.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a lo de h&aacute;bito adquirido porque, en realidad, lo que pensamos que siempre estuvo ah&iacute; formando parte de la estampa t&iacute;pica en Cantabria (la vaca frisona, la blanca y negra) en realidad lleva poco m&aacute;s de un siglo. Ni siquiera las vacas fueron durante mucho tiempo los animales m&aacute;s numerosos en nuestras bra&ntilde;as, aunque a alguno le parezca imposible.
    </p><p class="article-text">
        La cosa viene de finales del siglo XIX. En Espa&ntilde;a se ha producido un salto demogr&aacute;fico brutal (las d&eacute;cadas de 1860 y 1870 fueron especialmente llamativas) y se hac&iacute;a complicado alimentar a tantas bocas con los sistemas de producci&oacute;n preexistentes. En otras palabras, que se buscaba una forma nueva de enga&ntilde;ar al hambre, sobre todo al hambre de los ni&ntilde;os. Y all&iacute; es donde a alguien se le ocurri&oacute; que el tema de la leche pod&iacute;a ser una buena soluci&oacute;n. Que igual no llena mucho, pero alimenta, vaya. Y todo empez&oacute; a cambiar.
    </p><p class="article-text">
        Cambi&oacute;, por ejemplo, la ordenaci&oacute;n f&iacute;sica del territorio en Cantabria. Se llev&oacute; por delante la vaca un mont&oacute;n de peque&ntilde;os bosques aut&oacute;ctonos, sobre todo en zonas bajas cercanas a la mar. La idea era tener cada vez m&aacute;s prados verdes donde pudieran pastar los animales. As&iacute; que esa fotograf&iacute;a tan monta&ntilde;esa de las fincas casi colgadas sobre los acantilados con reses pastando sobre ellas es, parad&oacute;jicamente, moderna. Incluso artificial.
    </p><p class="article-text">
        Pero hubo otra consecuencia, una quiz&aacute; menos evidente a simple vista. Las propias vacas cambiaron. Donde antes exist&iacute;an solamente (o principalmente, no se me pongan exquisitos) razas aut&oacute;ctonas, ahora hay, sobre todo, razas importadas que ten&iacute;an una mayor producci&oacute;n de leche. Y as&iacute; las frisonas, las vacas blancas y negras, fueron sustituyendo poco a poco a las tudancas, a las pasiegas, incluso a las campurrianas y lebaniegas, de las que ya no queda, cuentan, ning&uacute;n ejemplar.
    </p><p class="article-text">
        Eran las de aqu&iacute; razas fuertes, adaptadas a climas de monta&ntilde;a, que pod&iacute;an vivir durante mucho tiempo en prader&iacute;as de monta&ntilde;a, respetando as&iacute; las viejas formas de aprovechamiento comunal que se ven&iacute;an practicando desde, al menos, la Edad Media. Pero eran, tambi&eacute;n, animales que no produc&iacute;an leche en mucha cantidad. Hay por ah&iacute; un viejo dicho seg&uacute;n el cual las vacas de Cantabria &ldquo;dan m&aacute;s patadas que leche&rdquo;. Algo as&iacute;, vaya. Y tiene mucho de cierto. Eran animales pensados para el trabajo, para su consumo como carne, y solo de forma muy subsidiaria para el aprovechamiento l&aacute;cteo.
    </p><p class="article-text">
        Inciso. Dicen que la vaca pasiega proporciona una leche de calidad excelente, y que es la base tradicional, claro, de productos como el sobao y la quesada. Y que nada tiene que ver el resultado final de estos dulces us&aacute;ndose tal materia prima u otra. Dicen, &iquest;eh?, el escribano ni quita ni pone ripio&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Retomo. Es por eso, la diferencia morfol&oacute;gica entre razas aut&oacute;ctonas y las frisonas, por lo que se rotur&oacute; buena parte de la Cantabria &ldquo;m&aacute;s baja&rdquo; para que animales menos resistentes pudiesen soportar inclemencias y lluvias sin disminuir en su producci&oacute;n lechera. O, dicho de otra forma, se cambi&oacute; la postal en todos los sentidos, en el tel&oacute;n de fondo y en los animalitos que se ven en primer plano&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, a lo mejor, no deber&iacute;a estar tan sorprendido cuando miro por mi ventana y no veo brochazos de blanco y negro mugiendo all&iacute; abajo. Porque, en realidad, esto, lo de los cambios y dem&aacute;s, ya ha pasado antes, y en realidad no hace mucho tiempo que ocurri&oacute;. Pero a m&iacute;, de primeras, no pudo por menos que impactarme. Porque soy, de natural, f&aacute;cil de impactar, aclaro. As&iacute; que quer&iacute;a venir aqu&iacute;, y cont&aacute;rselo a ustedes. Y ya si quieren la semana que viene empezamos con cosas m&aacute;s serias y con reflexiones y con el mal humor y con la exigencia de emborronar en gris la realidad polarizada. Pero eso ser&aacute; dentro de unos d&iacute;as. O no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/motas-verde_132_3144239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Oct 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Motas sobre verde]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Animales,Leche,Ganadería]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La carcundia y el Centro Botín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/carcundia-centro-botin_132_3303581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cea528a0-012f-493e-b470-b4f6a5b4068e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Luz, baile, color, con guiños al mar, animan al público con el Centro Botín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La carcundia acude a los toros en la Feria de Santiago porque hay que mantener las tradiciones, pero llamará cateto a todo aquel que lleve albarcas. O pito y tambor.</p></div><p class="article-text">
        Anda estos d&iacute;as la carcundia santanderina escandalizada porque les han quitado no s&eacute; qu&eacute; de unas vistas. Que posee su iron&iacute;a, oigan. A muchos niveles. Ya ver&aacute;n, ya.
    </p><p class="article-text">
        La carcundia santanderina es que tiene estas cosas. Ustedes seguro que les conocen, porque incluyen una serie de caracter&iacute;sticas que los pinta como inconfundibles. Ellos pasean, nunca caminan. Escrutan y desaprueban, jam&aacute;s miran. Gafas de sol, jersey al hombro, caracolillos (si queda pelo) en la nuca. Siempre de punta en blanco, por el qu&eacute; dir&aacute;n. Pulseras, muchas, alguna cadena incluso. Saludando con gesto torvo, serio, salvo que deseen hablar con una de esas personas-a-las-que-hay-que-conocer, entonces todo efusividad, sonrisas blancas, arruguitas alrededor de los ojos.
    </p><p class="article-text">
        La carcundia acude a los toros en la Feria de Santiago porque hay que mantener las tradiciones, pero llamar&aacute; cateto a todo aquel que lleve albarcas. O pito y tambor. O camiseta, vaya. De vez en cuando regalan una mirada nost&aacute;lgica al Palacio de La Magdalena, por si sorprendiesen de nuevo al rey Alfonso XIII persiguiendo a alguna se&ntilde;orita del servicio. Aquellos s&iacute; eran buenos tiempos, co&ntilde;o, visionando porno de calidad junto al egregio coronado. Ojal&aacute; volviesen. Y as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, muchos de esos (tampoco todos, no es cosa de generalizar, ejem) andan pel&iacute;n escocidos porque donde antes hab&iacute;a vista di&aacute;fana de la Bah&iacute;a (principio y final de Cantabria, alfa y omega, eje vertebrador de una forma de entender el universo) se alza ahora la casa de los ligues del entra&ntilde;able Troy McClure, ese simp&aacute;tico personaje animado de los Simpson a quien recordar&aacute;n de otros art&iacute;culos como 'Cuando tu atractivo ya no te basta, Quimby'. Lo llaman el Centro Bot&iacute;n, y cuentan que ha venido desde un futuro mejor para llevar la vida cultural de la zona hasta niveles jam&aacute;s imaginados.
    </p><p class="article-text">
        Aclaremos un par de puntos. El que es escribe es un completo, y gozoso, ignorante de eso que llaman arte contempor&aacute;neo. Cuando le da por ponerse c&iacute;nico incluso afirma, sin atisbo alguno de rubor, que el mundo ser&iacute;a un lugar m&aacute;s agradable (o, como poco, tendr&iacute;a menos imb&eacute;ciles) si el idiota de Andy Warhol hubiese dedicado su vida a&hellip; no s&eacute;, el macram&eacute;. Claro que al menos &eacute;l hizo lo de Lou Reed. Punto para Andy. Lo que quiero decir es que a m&iacute; el edificio, de por s&iacute;, me parece feo, y creo que en relaci&oacute;n a lo que le rodea es como si pusieran ustedes una caba&ntilde;a pasiega en mitad de Manhattan. Raro, aunque podr&iacute;a funcionar si enga&ntilde;an a un n&uacute;mero suficiente de <em>snobs</em> para que la visiten. Todo es probar.
    </p><p class="article-text">
        Y no tengo claro que la impresi&oacute;n mejore con las obras expuestas en el interior, aunque ojal&aacute; me equivoque. Porque al final, como todos, acudir&eacute; a ver algo en alg&uacute;n momento, &iquest;no? Algo acabar&aacute; interes&aacute;ndome, e incluso algo aprovechar&eacute; aunque de primeras no me llame (la sorpresa es un enorme placer). Solo espero que cuando ocurra no tenga que aguantar demasiados discursos pedantes y vacuos. O una cosa o la otra, pero las dos no, por favor&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pero a lo que &iacute;bamos de la carcundia, porque termino divagando. Que les quitan las vistas, a los mi pobres. Y luz, un mont&oacute;n de luz, toneladas de luz (&iquest;la luz se mide en toneladas?). Lo relajante que era aquella visi&oacute;n anta&ntilde;o, y lo que estresa ahora. Y ya no se puede mirar a gusto todo el asunto de la mar brava en d&iacute;as de sur, ni la otra orilla, ni el Picu Llen. O Pe&ntilde;a Cabarga, vaya. Nos roban nuestros paisajes, lo &uacute;nico que nos queda a estas alturas. Lo que siempre estuvo ah&iacute;, desde que el mundo es mundo y en Portus Victoriae desembarc&oacute; Augusto.
    </p><p class="article-text">
        Solo que no, curiosamente. Que el aspecto de la Bah&iacute;a ha mutado mucho en los &uacute;ltimos tiempos, aun m&aacute;s si nos vamos un par de siglos atr&aacute;s. Como que antes era el doble de grande, y donde hoy hay prados anta&ntilde;o hubo, sobre todo, bosques. Pero vayan a explicarle eso a la carcundia. Si ya Gerardo Diego (que era un gran pusil&aacute;nime, seguramente el mayor pecado en el que puede caer un poeta) se quejaba de que le hab&iacute;a erizado Pe&ntilde;a Cabarga y no era tan bonita como antes. Si vuelve Gald&oacute;s qu&eacute; se va a pensar al ver ese horror all&iacute;. O Alfonso XIII, vaya. Ni porno ni nada. Toda una verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        En su descargo hay que decir que la opini&oacute;n sobre los &ldquo;elementos externos que surgen del agua y me arruinan la bonita vista&rdquo; no es siempre la misma. Aun se recuerda c&oacute;mo puso el grito en el cielo el anterior m&aacute;ximo cargo de la ciudad (hoy fomentado en Madrid, aunque no es descartable que lo estiben de vuelta un d&iacute;a de estos) cuando alg&uacute;n ayuntamiento de la parte sur de la Bah&iacute;a os&oacute; plantear la posibilidad de colocar aerogeneradores en su t&eacute;rmino territorial. Anatema, locos, bachi-buzuk, insensatos. Ah&iacute; s&iacute; que importaba la est&eacute;tica, mira t&uacute;, que no me vas a comparar el atardecer con aspas de molino al fondo. Y nosotros vivimos del turismo, joder, que a veces no queremos entenderlo. Igual hasta ni vienen los del barco.
    </p><p class="article-text">
        Y lo mismo cuando se plantea la (peri&oacute;dica) cuesti&oacute;n del puente que comunique Santander con Cudeyo. Tambi&eacute;n acusaciones de insania absoluta. Claro que si el asunto es hacer un enorme dique para que el mar (ese intr&eacute;pido enemigo) no se lleve arena de una playa que ya no es playa (porque las playas tienen arena, y si te tienen que reponer tan sagrado material a&ntilde;o tras a&ntilde;o es que ni tienes ni vas a tener esa condici&oacute;n de cara al futuro) entonces, pues oigan, ah&iacute; no hay est&eacute;tica que valga. Que ser&aacute; m&aacute;s importante el tema de la playita, &iquest;no? Aunque desgraciemos la biolog&iacute;a del lugar, y las corrientes y todas esas cosas tan de <em>hippies</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero vamos, que la cosa es quejarse. Y que bien har&iacute;a la carcundia en acostumbrarse al asunto, porque no parece que haya marcha atr&aacute;s. Claro que esos mismos ser&aacute;n quienes, en diez a&ntilde;itos, digan que el Centro Bot&iacute;n estuvo ah&iacute; de toda la vida, y que c&oacute;mo ha mejorado la ciudad, y que esto ya no es lo que era. Y mirar&aacute;n, nost&aacute;lgicos, a La Magdalena. Ojal&aacute; volviese. Ojal&aacute;&hellip; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/carcundia-centro-botin_132_3303581.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jul 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La carcundia y el Centro Botín]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Centro Botín,Santander]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre los carriles-bici]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/carriles-bici_132_3348681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/889dca2e-5c80-468c-982d-db5641e82b57_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las bicis tienen ya un lugar por donde circular. Se llama carretera, y, paradójicamente, lleva allí menos años que las propias bicicletas.</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas estuve hablando <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/bicis_6_645395495.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute; mismo</a> de seguridad vial, y m&aacute;s concretamente de la convivencia entre bicicletas y veh&iacute;culos a motor en carretera. Esa que debe de estar basada (como todo, vamos) en un respeto mutuo que, creo, se est&aacute; perdiendo poco a poco. Lo hice al hilo del monopolio informativo que durante varias jornadas tuvieron los atropellos a ciclistas, y que desataron una psicosis alarmista poco acorde con la realidad. Por cierto, &iquest;se han fijado que ya no atropellan bicis en las noticias de la televisi&oacute;n? Modas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En aquel momento dej&eacute; esbozada la idea para una segunda reflexi&oacute;n, basada en los carriles-bici, su idoneidad, su misma naturaleza. Y es algo que, parece, interesa, porque varias personas (lo de miles de <em>fanes</em> lo dejamos para otros lares) me han indicado que ahonde en el tema. As&iacute; que, sumiso y obediente, lo hago. Y dejo claro, desde el principio, que si cuando hablaba de los atropellos lo hac&iacute;a bas&aacute;ndome en datos oficiales adem&aacute;s de en mi propia experiencia (es decir, intentaba proporcionar una idea objetiva-subjetiva sobre el asunto) aqu&iacute; &uacute;nicamente voy a emitir una opini&oacute;n. Y, por lo tanto, nadie debe estar de acuerdo con ella, ni siquiera respetarla, porque las dem&aacute;s son tan v&aacute;lidas como la m&iacute;a. Pero ahora escribo yo, as&iacute; que all&aacute; va.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; no me gustan los carriles-bici. Y no me gustan por diversas razones, que voy a exponer m&aacute;s abajo. Pero es que, adem&aacute;s, uno de los problemas viene cuando llamamos carril-bici a algo que no lo es. Lo que sucede con mucha frecuencia aqu&iacute;, solo hay que darse una vuelta por Santander, poniendo un ejemplo cercano. Un carril bici no es una acera pintada de diferente color (hay que ser muy necio para pensar que la pintura roja puede transformar, por arte de birbirloque, un espacio en otro completamente diferente, espantando con sus efectos m&aacute;gicos a coches y peatones), como tampoco lo es una cuneta pintada de otro color (quiero decir, si la bici tiene que ir por la cuneta <em>per se</em>, &iquest;qu&eacute; diferencia hay entre la misma cuneta y el carril bici?).
    </p><p class="article-text">
        Huelga decir que el carril-bici es un sitio para bicis y no para patinadores, perros, ni&ntilde;os, pelotas, pijos con jersey al hombro y gomina, encorbatados, familias numerosas o veraneantes ocasionales. As&iacute; las cosas, si pensamos que el carril-bici debe de estar segregado de la acera y de la v&iacute;a, separado con alguna medida de seguridad (no con andas sonoras, que no detienen al autom&oacute;vil que invade el espacio de la bicicleta&hellip;), asfaltado y con comunicaci&oacute;n directa a otros espacios donde puedan rodar las bicicletas (es decir, que no acaben en mitad de la nada o desemboquen en una autopista)&hellip; si tenemos todo eso en cuenta&hellip; pues veremos que aqu&iacute; carriles-bici, lo que se dice carriles-bici&hellip;no hay. As&iacute; que la reflexi&oacute;n siguiente va a estar sostenida en las nubes, en el aire&hellip; porque carecemos de un ejemplo concreto.
    </p><p class="article-text">
        Pero como somos as&iacute; de salerosos, haremos como si hubiese, y argumentaremos de esa forma. As&iacute; que, primera idea, soy contrario a los carriles-bici. Con muy pocas excepciones, como la existencia de estas v&iacute;as alternativas para salir de grandes ciudades solo accesibles mediante autov&iacute;as o autopistas (que tambi&eacute;n habr&aacute; que pensar qu&eacute; tipo de concepto de ciudad se vende cuando solo se puede acceder mediante carreteras mastod&oacute;nticas). En esos casos, justificados, s&iacute; son de utilidad. Imprescindibles, incluso. Como tambi&eacute;n lo pueden ser los que est&aacute;n bien hechos, segregados con respecto a la carretera, y componen una &ldquo;v&iacute;a de servicio&rdquo; exclusiva para bicicletas paralela a otras sendas con mucho tr&aacute;nsito. De estas he visto hace poco fotograf&iacute;as que sac&oacute; Ander Izaguirre (un muy buen escritor que a veces emborrona cuartillas sobre ciclismo) en un reciente viaje al norte de Italia. Pero, ya les digo, son excepciones.
    </p><p class="article-text">
        Si no me gustan los carriles-bici es porque ya existen lugares donde pedalear. Se llaman carreteras y las bicicletas han circulado por ellas desde hace siglo y medio. S&iacute;, tambi&eacute;n por las ciudades, o donde hay mucho tr&aacute;fico. Si al coche le molesta que el ciclista vaya a una velocidad inferior a la suya es culpa del conductor, y no de quien pedalea tranquilamente all&iacute; por donde siempre lo hizo. Respeto, ya les digo. Y un poco de empoderamiento, que es palabra muy usada en otras (importantes) reivindicaciones, y que quiz&aacute;s deber&iacute;amos empezar a hacer nuestra tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Porque llevar las bicis al carril-bici es segregarlas del lugar que naturalmente ocupan. Y lo de segregar algo por su propio bien, separarlo del espacio que siempre hab&iacute;a usado solo porque es &ldquo;mejor para todos&rdquo; y as&iacute; &ldquo;estar&aacute;s m&aacute;s contento&rdquo; tiene un tufillo que no me agrada nada. No les quiero contar si adem&aacute;s lo que hacemos es trasladar las bicis a las aceras, donde se reproduce el problema anterior, solo que con los peatones caminando despacio y los veloc&iacute;pedos circulando m&aacute;s deprisa. Con el consiguiente mosqueo de unos y otros. Totalmente normal, en este caso, porque las bicicletas no deben ir por ah&iacute;, ya tienen su lugar.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a una comparaci&oacute;n que hice en el anterior art&iacute;culo&hellip; nadie se imagina un tractor obligado a ir por la acera, &iquest;verdad? Como mucho existir&aacute;n caminos rurales propios&hellip; Si a eso le sumamos perros, ni&ntilde;os circulando a baja velocidad y sin el adecuado equilibrio sobre la bici (porque est&aacute;n aprendiendo, que es algo que todos lo hemos hecho), padres hist&eacute;ricos (de estos hay cada vez m&aacute;s, y m&aacute;s molestos), piedras, baches, matorrales&hellip; bueno, es una gymkana. Una que, en lugar de diversi&oacute;n, garantiza un cierto peligro. Bastante, en ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s pegas de los carriles-bici&hellip; dificultan el aprendizaje. A no ser que usted sea un urbanita ac&eacute;rrimo y jam&aacute;s vaya a salir de las lindes de su ciudad (en Cantabria hay unos cuantos de estos) tarde o temprano tendr&aacute; que abandonar la falsa seguridad de su carril-bici y compartir v&iacute;a con autom&oacute;viles y motos. Y entonces no sabr&aacute; qu&eacute; hacer. O, peor aun, se aterrorizar&aacute;, tomar&aacute; las rotondas acojonado, crear&aacute; el caos. Porque en un carril-bici se desatiende todo lo que tiene que ver con las normas viales, con la adecuada convivencia dentro de una carretera, con los c&oacute;digos (escritos y no escritos) del respeto mutuo. Eso que se aprende poco a poco hasta conseguir controlar el miedo, prever las reacciones de los dem&aacute;s, actuar con eficacia en poco espacio y tiempo. Eso que es imposible lograr si solamente transitamos por los carriles-bici. Por cierto, ocurre lo mismo con los coches, que se acostumbran a ver que las bicis van por las aceras (ejem) y cuando una est&aacute; circulando por la calzada se dejan llevar por sus demonios internos pensando que hace lo que no puede hacer. Tengo varias an&eacute;cdotas sobre la situaci&oacute;n, muy graciosas. O no, en realidad est&aacute;n llenas de hijos de puta. Pero para otro d&iacute;a quedan&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Que, adem&aacute;s (ojo a la paradoja) resulta que estos espacios ciclistas est&aacute;n pensados para los coches y no para las bicis. Porque cada vez que un carril-bici tiene un cruce con una carretera siempre, indefectiblemente, la preferencia es del autom&oacute;vil. Lo cual crea situaciones potencialmente peligrosas en casos de giro a la derecha del turismo, por ejemplo. &iquest;Han probado a frenar en seco una bicicleta que circula a, digamos, 30 kil&oacute;metros por hora? No es tan f&aacute;cil, no es nada seguro. Pero as&iacute; est&aacute;n dispuestas las cosas. Mal. Ya si ustedes son unos <em>hipsters</em> con &iacute;nfulas que llevan una bici <em>fixie</em> sin tener ni idea de usarlas con eficacia (que es algo extremadamente complicado de aprender, que lleva tiempo, ca&iacute;das y muchos sustos) entonces el peligro se va a multiplicar. Pero en ese caso parte de la culpa es suya. Por ser tan idiota. H&aacute;gase cargo.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que en muchos lugares de Europa los carriles-bici est&aacute;n muy extendidos. Aunque quiz&aacute; muchos desconozcan la tendencia a eliminarlos, entendidos tal y como los hemos descrito m&aacute;s arriba, y a sustituirlos por otros segregados (de peatones y veh&iacute;culos). Pero esa no es la discusi&oacute;n. La cosa es que querer equipararnos con Holanda o Dinamarca as&iacute; de primeras (lugares donde la cultura de la bici est&aacute; muy extendida, con todas las consecuencias que ello acarrea) es peligroso. Ojo, que no todo es jolgorio por all&iacute; arriba: en Suecia hay un movimiento muy extendido de conductores que arrollan deliberadamente a ciclistas para quejarse por la lentitud que supone su presencia en las carreteras. Lo juro, busquen noticias. Vamos, que a veces nos quedamos solo con lo bueno.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiero decir es que proponer que el carril-bici es la soluci&oacute;n al problema circulatorio entre bicis y coches parte de dos falacias. La primera es la propia existencia de tal problema, que no es tal, sino una convivencia ancestral que debe ser respetada por ambas partes. La segunda es el pensar (cuidado, porque esta idea es muy nuestra) que trasladar el problema a otro sitio es eliminarlo, sin tener en cuenta que, quiz&aacute;, lo que provocamos es su duplicidad. Lo que hemos hecho en este caso, a veces al amparo de modas m&aacute;s o menos superfluas que durar&aacute;n unos a&ntilde;os. Y eso es un error. Porque las bicis tienen ya un lugar por donde circular. Se llama carretera, y, parad&oacute;jicamente, lleva all&iacute; menos a&ntilde;os que las propias bicicletas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/carriles-bici_132_3348681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jun 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre los carriles-bici]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bicicletas,Ciclismo,Deportes,Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De arozas y camaraos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/arozas-camaraos_132_3361863.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0fb7745a-cc6f-4e06-b437-435d1b337b57_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De arozas y camaraos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La aparición de numerosas ferrerías en prácticamente todos los cursos de agua de Cantabria tenía una gran importancia, que podía incluso llegar a modificar toda la vida de un valle.</p></div><p class="article-text">
        Es algo, creo, connatural al ser humano. Pero vamos, que aqu&iacute; ocurre con mayor frecuencia, en un porcentaje m&aacute;s alto, parece. Dependiendo, tambi&eacute;n, del origen de cada cual, que no es lo mismo si eres urbanita (ejem). Pero ustedes me entienden. Lo de hacer fuera las cosas que no har&iacute;amos en casa. No piensen mal, me refiero a ir a museos, tener vida cultural, visitar lugares diferentes. Todo eso. Aqu&iacute; en Cantabria hay una cierta oferta al respecto. Pero pasamos de ella. Ya estudiaremos etnograf&iacute;a cuando vayamos el fin de semana al Pa&iacute;s Vasco. O cuando estemos en Madrid, joder, que hay que ver eso&hellip;el sitio ese donde tienen muchos cuadros&hellip;el que sale siempre en la tele&hellip;s&iacute; hombre, ya saben ustedes de cu&aacute;l hablo.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente me hablaban el otro d&iacute;a de uno de esos espacios, uno que recuerda, adem&aacute;s, cierta actividad econ&oacute;mica de gran importancia en estas tierras desde, al menos, la Edad Media. Hablo de la Ferrer&iacute;a de Cades, que busca reproducir una antigua ferrer&iacute;a del siglo XVIII sobre el edificio original. Y que, parece, lo hace con bastante acierto y buen gusto, que son dos cosas que no siempre van de la mano.
    </p><p class="article-text">
        Pero habl&aacute;bamos de las ferrer&iacute;as en general, y yo creo que merece la pena conocer un par de cosas sobre esa labor casi olvidada, para muchos incomprensible desde el punto de vista actual, pero que proporcion&oacute; riqueza en muchas partes de Cantabria durante siglos. Especialmente a aquellos pueblos que ten&iacute;an acceso cercano y sencillo a vetas de mineral ferroso, claro.
    </p><p class="article-text">
        Algo que no tenemos en cuenta hoy en d&iacute;a, que nos pasa desapercibido, es la importancia que tradicionalmente tuvieron los cursos de agua. Importancia econ&oacute;mica, que provocaba torrentes de pleitos por su mala utilizaci&oacute;n. En otras palabras, si el vecinos decide abrirnos un molino de agua unos cientos de metros m&aacute;s arriba de donde nosotros tenemos el nuestro est&aacute; claro que sufrimos un perjuicio econ&oacute;mico, &iquest;no? Y eso habr&aacute; de cuantificarse. Primero se intentaba hacer con palabras, despu&eacute;s a hostias, y m&aacute;s tarde, si se terciaba, recurr&iacute;amos a la justicia. El orden es ese, y no otro.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto la aparici&oacute;n de numerosas ferrer&iacute;as en pr&aacute;cticamente todos los cursos de agua de Cantabria ten&iacute;a una gran importancia, que pod&iacute;a incluso llegar a modificar toda la vida de un valle, al ser una actividad mucho m&aacute;s lucrativa que las tradicionales en el medio rural. Tradicionales que, por otra parte, ven&iacute;an limitadas en la mayor&iacute;a de las ocasiones al aspecto pecuario y, muy secundariamente, agr&iacute;cola.
    </p><p class="article-text">
        En aquel momento exist&iacute;an dos tipos de ferrer&iacute;as. Las menores, que se ocupaban de producir todo tipo de piezas peque&ntilde;as, desde clavos hasta herramientas; y las ferrer&iacute;as mayores, que eran las que generaban el metal en barras.
    </p><p class="article-text">
        El funcionamiento era com&uacute;n a ambas, y depend&iacute;a del acceso a una corriente fluvial m&aacute;s o menos estable. As&iacute;, el agua del r&iacute;o se represaba y se encauzaba a la antepara, donde exist&iacute;a un dep&oacute;sito (llamada camarao, existe el top&oacute;nimo en recuerdo a este tipo de lugares en muchos sitios de Cantabria), desde donde se le daba salida a capricho con un desnivel de unos cinco metros. Esa ca&iacute;da mueve una rueda de palas que est&aacute; sujeta a la cabeza de una gran viga llamada &ldquo;&aacute;rbol mayor&rdquo;, en cuyo extremo opuesto exist&iacute;an unas levas de madera que levantaban el &ldquo;&aacute;rbol menor&rdquo;. &Eacute;ste, a su vez, sujetaba en su extremo un enorme martillo de hierro que ca&iacute;a sobre un yunque para moldear el metal. Llegaban a descargarse entre 100 y 125 golpes cada minuto&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Dentro de la ferrer&iacute;a los fundidores o hundidores se hac&iacute;an cargo del horno, azuz&aacute;ndolo con enormes fuelles o barquines, que estaban insuflados tambi&eacute;n, en parte, por la fuerza hidr&aacute;ulica. En las ferrer&iacute;as grandes exist&iacute;an dos barquines, que soplaban alternativamente para mantener el fuego siempre en su punto adecuado.
    </p><p class="article-text">
        El personal que trabajaba en las ferrer&iacute;as se contrataba por campa&ntilde;as, puesto que el caudal de nuestros r&iacute;os no es suficientemente estable como para poder trabajar todos los meses. Eso s&iacute;, su devenir r&aacute;pido, a veces furioso, torrencial, los convert&iacute;a en perfectos para cumplir esta labor. Estos trabajadores toman el nombre de aguaderas, siendo aguadas cada una de las campa&ntilde;as (normalmente de finales de invierno a mediados de verano) en las que desempe&ntilde;aban su labor.
    </p><p class="article-text">
        En realidad todo esto es lo general, lo que podemos saber hoy. Porque los detalles concretos que ayudaban a terminar cada pieza, a darle el golpe definitivo, el toque maestro, a cada encargo&hellip;esos se los ha llevado el tiempo. Permanec&iacute;an an&oacute;nimos, susurrados apenas entre maestros y aprendices, en un momento en el cual el conocimiento era poder, y el poder no se compart&iacute;a. Igual hoy, con al sobreexposici&oacute;n informativa que nos presta internet nos pueda parecer extra&ntilde;o, pero era as&iacute;. &iquest;Saben lo de los masones y todos esos secretos relacionados con la construcci&oacute;n de edificios? Pues algo parecido.
    </p><p class="article-text">
        Esos encargados de cada ferrer&iacute;a eran los arozas. Los grandes maestros, los que controlaban todo. En establecimientos de gran tama&ntilde;o lo habitual es que la propiedad fuera de una persona ajena al mismo, que llevaba por nombre ferr&oacute;n. En Cantabria suced&iacute;a en muchas ocasiones que ferrones vizca&iacute;nos combinaban la propiedad de ferrer&iacute;as en las Encartaciones, por ejemplo, y los valles m&aacute;s orientales de la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de estas ferrer&iacute;as eran variadas. No solo tra&iacute;an riqueza a propietarios (mucha), arozas (bastante) y aguaderas (escasa) sino que acarreaban una deforestaci&oacute;n intensa en los concejos donde estuvieran enclavadas, por depender totalmente del carb&oacute;n vegetal para el horno. Y no hace falta decir en qu&eacute; ingentes cantidades se consum&iacute;a madera en ese tipo de construcciones. Algo que cambi&oacute;, a su manera, el perfil y el paisaje de muchos sitios para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Pero esa es, seguramente, otra historia. Ahora nos quedamos, solo, con la descripci&oacute;n de qu&eacute; eran y c&oacute;mo funcionaban esas ferrer&iacute;as. Con la certeza de su importancia. Con la posibilidad de ver una, casi perfectamente restaurada, aun en activo hoy.
    </p><p class="article-text">
        Ah, ya me acord&eacute;. Era el Museo del Prado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/arozas-camaraos_132_3361863.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jun 2017 07:11:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De arozas y camaraos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo de las bicis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/bicis_132_3388664.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b44b5a92-ab3f-4a5d-a7da-43e6ea4cae45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo de las bicis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La solución pasa por un cambio en la conceptualización de la educación, por la implantación innegociable de un primer principio que debe regir siempre: el respeto a los demás.</p></div><p class="article-text">
        Ellas eran dos, muy jovencitas, veinte a&ntilde;os, primavera arriba o abajo. Una llevaba la voz cantante, era la que m&aacute;s hablaba, la que lo hac&iacute;a en un tono m&aacute;s desagradablemente alto, como si quisiera que toda la cafeter&iacute;a se enterase de lo que sal&iacute;a por aquella boquita. Que ya eran ganas, oigan, con las barbaridades que brotaban. Ten&iacute;a un mirar bovino, de apacible estolidez. Y luego mov&iacute;a la mand&iacute;bula tambi&eacute;n con ritmo de vaca pastando, as&iacute;, haciendo mucho ruido, dejando ver en cada mordisco hasta la epiglotis, e impregnando todo el local con el olor dulz&oacute;n, nauseabundo, de su muy repugnante chicle. Una joya, vamos. Y lo peor estaba por llegar.
    </p><p class="article-text">
        Sucedi&oacute; har&aacute; unas semanas. Yo estaba tranquilamente tomando un caf&eacute; a media tarde, ellas estaban tranquilamente jodi&eacute;ndome el d&iacute;a. La televisi&oacute;n atronaba noticias de ciclistas atropellados, que es la moda. Y entonces el infraser habl&oacute;, con tono aguardentoso y acento de gran ciudad. Y lo dijo textualmente, juro que no me lo invento. Que era culpa de las bicis, que si exist&iacute;an vel&oacute;dromos y parques a santo de qu&eacute; ten&iacute;an que salir a las carreteras. Que, ojo, ella ten&iacute;a muy claro lo que escoger&iacute;a entre dar un golpe a su coche y atropellar a un ciclista. Pero que muy claro.
    </p><p class="article-text">
        Yo soy de natural pac&iacute;fico (ya me desahogo por aqu&iacute;, como pueden apreciar) as&iacute; que venc&iacute; mis deseos naturales para con aquel esperpento (jaleado por unos cuantos parroquianos, por cierto, que cu&ntilde;adeaban con ligereza sobre el asunto) y me fui del lugar. Para no volver, claro. Pero se me qued&oacute; dentro, ya ven. Y ven&iacute;a a contarlo.
    </p><p class="article-text">
        El que escribe es habitual de las bicis. De andar con ellas, digo. Uno de esos que llevan casco y ropa apretada como si fueran un grupo heavy ochentero. De la que sienta fatal si tienes talla de escritor. As&iacute; que, como comprender&aacute;n, las &uacute;ltimas semanas han venido jodidas. No por m&iacute;, sino por los que me rodean. Porque viendo los informativos parec&iacute;a que en lugar de ir hasta Alisas a trepar echando las tripas, me fuese a una mina de colt&aacute;n en el Congo. Ya saben, las modas en los medios.
    </p><p class="article-text">
        Planteemos un par de datos b&aacute;sicos. En relaci&oacute;n al n&uacute;mero total de federados las cifras de siniestros con ciclistas en las carreteras llevan m&aacute;s de un lustro en claro descenso. Y este a&ntilde;o apunta que se mantendr&aacute; la tendencia, aunque a ustedes les suene sorprendente. Evidentemente sigue habiendo accidentes (y los habr&aacute;) y sigue habiendo miserables homicidas (que es otra cosa diferente a la anterior), y cada p&eacute;rdida es un drama, y el objetivo es la mortalidad cero y esos buenos deseos. Pero, hablando en abstracto, estamos mejor de c&oacute;mo est&aacute;bamos.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;problema&rdquo; es que ciertos medios (un abrazo a Pedro Piqueras, que puede transformar la elaboraci&oacute;n de un caldo de pollo en un acto de maldad escalofriante gracias a su tono de voz&hellip;r&iacute;ete t&uacute; de Vincent Price) han visto el fil&oacute;n de la moda, y nos van a in-formar durante alg&uacute;n tiempo de hasta el &uacute;ltimo accidente en el que est&eacute; implicado alg&uacute;n cicloturista (al menos hasta que surja otra tendencia similar, como las altas temperaturas, los perros asesinos, o los jugadores de rol enajenados). Ojo, esto no es malo en esencia (s&iacute;, me temo, en esp&iacute;ritu de cosificaci&oacute;n de las noticias) porque ha permitido abrir un cierto debate a muchos niveles (la mayor&iacute;a de ellos movi&eacute;ndose entre lo pueril y lo puramente repugnante, como en la historia del principio) sobre la indefensi&oacute;n de las bicis en las carreteras.
    </p><p class="article-text">
        He usado el t&eacute;rmino indefensi&oacute;n de forma deliberada, porque es lo que resulta. Pensemos que una bicicleta m&aacute;s un ciclista pesa unos cien kilos en total (si tienen talla escritor seguramente superar&aacute;n esa media), mientras que los coches pesan por s&iacute; solos m&aacute;s de mil kilos. Si a eso le a&ntilde;adimos la diferencia de velocidad y el hecho de que el metal sea m&aacute;s resistente que la carne (normalmente, que los hay con cara de cemento armado) concluiremos que resulta sencillo adivinar cu&aacute;l es la parte menos protegida en este &ldquo;enfrentamiento&rdquo;, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;c&oacute;mo acabar con los accidentes que se producen en carretera? En principio hay que se&ntilde;alar que nunca se va a terminar del todo con ellos, porque las desgracias ocurren, y hasta los m&aacute;s cuidadosos pueden desencadenar en un momento dado la tragedia. Es m&aacute;s, ni siquiera voy a hablar espec&iacute;ficamente de los criminales que cogen el coche s&aacute;bados y domingos por la ma&ntilde;ana borrachos o drogados, porque eso no es un problema espec&iacute;fico para los ciclistas. Quiero decir, si la indeseable de Valencia (esa que atropell&oacute; de frente a un grupo de ciclistas, en mitad de una recta, invadiendo el carril contrario, que iba mamada y dio positivo por consumo de coca&iacute;na) se hubiese cruzado con una pareja que paseaba al perro, o con un autob&uacute;s del Imserso el resultado hubiera sido id&eacute;ntico. Lo que intento explicar es que ese tipo de gente (cabrones homicidas) no amenazan solo mi salida dominguera con la bici, sino la adecuada convivencia en sociedad. Y en estos casos s&iacute; que las consecuencias penales y administrativas (retirada de carnet por un per&iacute;odo de tiempo rid&iacute;culamente corto en proporci&oacute;n al da&ntilde;o causado) parecen demasiado leves si tenemos en cuenta los actos que pueden desencadenar. Seguramente al calor del ruido medi&aacute;tico se proceda a una revisi&oacute;n del C&oacute;digo Penal y del C&oacute;digo de Circulaci&oacute;n para agravar tales penas, porque aqu&iacute; funcionamos as&iacute;. Seguramente, como todo lo hecho de forma apresurada y tribunera, buscando el aplauso f&aacute;cil, sea poner un parche sin resolver el problema. Pero al menos tendremos el parche&hellip;
    </p><p class="article-text">
        No, yo de lo que ven&iacute;a a escribir era de la convivencia en carretera entre el conductor &ldquo;normal&rdquo; (es decir, el que no va drogado ni bebido&hellip;hay que joderse que tengamos que aclarar estas cosas) y el ciclista. Y aqu&iacute; lo que subyace es un problema de educaci&oacute;n. Ojo, en Cantabria por lo general tenemos un cierto respeto, no es el sitio m&aacute;s peligroso en este sentido. Pero hay problemas, claro. Los derivados de quienes no entienden que las bicis estaban all&iacute;, en la carretera, antes que los coches. Que tienen tanto derecho como ellos a circular por las v&iacute;as asfaltadas. Quienes pasan rozando (sin dejar el, aun escaso, metro y medio de distancia entre auto y ciclista) porque llegan tarde a&hellip;bueno, a donde vaya esa gente (seguramente no a una biblioteca). Quienes abroncan a los ciclistas cuando van de dos en dos (permitido) o cuando adelantan en v&iacute;as urbanas por la derecha (permitido) o cuando circulan por la carretera teniendo al lado un carril bici (permitido) o cuando ruedan por la calzada en lugar de por el arc&eacute;n si &eacute;ste presenta deficiencias de conservaci&oacute;n (permitido). Ya les digo, es un problema de educaci&oacute;n, ni siquiera de educaci&oacute;n vial, sino de educaci&oacute;n c&iacute;vica. Y de abuso de poder, si se permite la expresi&oacute;n, porque jam&aacute;s vi a ning&uacute;n coche adelantar rozando a un tractor (que normalmente va m&aacute;s lento que las bicis). Ser&aacute; por miedo a la hostia, supongo. Y en cambio con el cicloturista no ocurre lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Inciso: tambi&eacute;n hay cicloturistas imb&eacute;ciles que no respetan a los dem&aacute;s, que van, por ejemplo, hablando con el m&oacute;vil en marcha (lo juro, les he visto), para quienes no existen los sem&aacute;foros, ni las se&ntilde;ales, ni las limitaciones. Gilipollas los hay en todos los gremios, y los m&iacute;os me suelen doler incluso m&aacute;s que los otros, por lo de la familiaridad. Pero hoy ven&iacute;a a contar otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Lo soluci&oacute;n, desde mi punto de vista, no es segregar, no es limitar, no es endurecer. O no solo. La soluci&oacute;n, la &uacute;ltima, la &uacute;nica, pasa por un cambio en la conceptualizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n, por la implantaci&oacute;n innegociable de un primer principio que debe regir siempre: el respeto a los dem&aacute;s. Y eso no se consigue (solo) en las leyes, ni (solo) en las autoescuelas, ni (solo) en el colegio, ni (solo) en la familia), ni (solo) en los medios de comunicaci&oacute;n. Es algo que marca una tendencia como sociedad. Es labor de todos.
    </p><p class="article-text">
        Ya otro d&iacute;a, si quieren, les hablo de la inutilidad de los &ldquo;carriles-bici&rdquo; (falsos carriles-bici) que estamos construyendo por ac&aacute;, y c&oacute;mo su uso va creando m&aacute;s problemas, concretos y potenciales, de los que quiere resolver.
    </p><p class="article-text">
        Ah. Ojal&aacute; a la simp&aacute;tica del principio se le atragantase el chicle. O le echasen laxante en el gintonic.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/bicis_132_3388664.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 May 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo de las bicis]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pero, ¿quién fue ese tal Beato?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/beato_132_3400655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e43e4dc1-3fcc-4f7b-a513-71aa0a34b509_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Proyecciones del Beato de Liébana sobre el Monasterio."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta figura, que hoy es (casi) totalmente desconocida, fue nada menos que el primer escritor de Cantabria y tuvo un alcance en vida y tras su muerte de magnitud europea.</p></div><p class="article-text">
        Pas&oacute; el comienzo del A&ntilde;o Lebaniego, con el publicitad&iacute;simo y medi&aacute;ticamente agotador concierto de Jean Michel Jarre, que es un se&ntilde;or que iba vestido con chaqueta de cuero negro y hac&iacute;a un mont&oacute;n de cosas as&iacute; como modernas en mitad de los Picos de Europa. Oigan, para gustos los colores, qu&eacute; conste.
    </p><p class="article-text">
        Al final me puse a verlo por la tele, porque para una vez que hablan de Cantabria en la caja tonta (no la busquen, por ejemplo, en la informaci&oacute;n meteorol&oacute;gica, porque ah&iacute; no&hellip;) hab&iacute;a que aprovechar. Todo muy bonito y muy espectacular y muy <em>cool</em> y muy eso. Ah&iacute; no me meto, que no tengo ni idea y no es mi labor. Pero al final uno es como Chejov, que si met&iacute;a una pistola en un caj&oacute;n era para usarla m&aacute;s tarde. Y servidor andaba con el cuchillo reci&eacute;n afilado, que es cosa fina y elegante. Y all&iacute; acab&oacute; por surgir el motivo de mi indignaci&oacute;n. Sonre&iacute; un poco, porque ya me lo imaginaba, y siempre da gustito tener raz&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El protagonista es el tipo que &iquest;retransmit&iacute;a? el concierto, cuyo nombre desconozco y que tampoco me he molestado en buscar. Ya no es solo que dijese en varias ocasiones que el acto se realizaba en Potes (que, oye, igual cuentas por ah&iacute; que el Monasterio de Santo Toribio est&aacute; en el municipio de Camale&ntilde;o y algunos c&aacute;ntabros te miran como si estuvieras chiflado), o que el tono fuese monocorde tirando a plomo. Lo peor lleg&oacute; al final, cuando el &iacute;nclito Jean Michel proyect&oacute; im&aacute;genes de Beatos sobre la fachada del edificio, y el comentarista dijo que eran los dibujos que hab&iacute;a hecho el monje Beato para ilustrar su obra. Y all&iacute; ya se me hinch&oacute; la vena. Porque viene ya de lejos lo de escuchar estas cosas. Que parece que el tal Beato fuese una especie de Francisco Ib&aacute;&ntilde;ez medieval. Y ya, nada m&aacute;s. Y oigan, no.
    </p><p class="article-text">
        La cosa es que este Beato de Li&eacute;bana (Beato es nombre, que tambi&eacute;n es algo que no todo el mundo tiene claro) fue algo m&aacute;s que un caricaturista de su &eacute;poca. Mucho m&aacute;s. De hecho estamos ante uno de los grandes pensadores en la Europa altomedieval, el autor del libro peninsular m&aacute;s influyente de toda la Edad Media (junto con las Siete Partidas). Y todo ello, oh sorpresa, sin dibujar nunca nada. O, al menos, sin que tengamos constancia de que dibujase nunca nada.
    </p><p class="article-text">
        Veamos. Hay que situarse en la segunda mitad del siglo VIII. Los musulmanes han invadido la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica y en las monta&ntilde;as del norte (por razones que ahora no vienen al caso) se ha establecido un foco de resistencia. Foco que acabar&aacute; siendo el germen del Reino de Asturias, pero que por aquel entonces aun no est&aacute; conformado como Monarqu&iacute;a. Hay l&iacute;deres (princeps), hay clases dirigentes, pero no hay incardinaci&oacute;n institucional aut&eacute;ntica. M&aacute;s aun, los cristianos que all&iacute; estaban se llevan bastante mal entre ellos (la convivencia entre los grandes potentados visigodos huidos a esas tierras y los habitantes tradicionales de las mismas no deb&iacute;a resultar f&aacute;cil), e incluso aparec&iacute;an enfrentados con la Iglesia &ldquo;oficial&rdquo; que aun segu&iacute;a establecida en Toledo. En este contexto (complicado, ca&oacute;tico, y del que realmente sabemos muy poco por la falta de documentos) es donde va a destacar la figura de Beato.
    </p><p class="article-text">
        De &eacute;l desconocemos el origen (aunque hay, a partes iguales, teor&iacute;as y leyendas), e ignoramos casi todo sobre su vida. Pero s&iacute; manejamos un dato fundamental: en la d&eacute;cada del 780 su obra va a resultar un punto de apoyo important&iacute;simo para la naciente Monarqu&iacute;a. Y lo ser&aacute;, adem&aacute;s, desde varios criterios diferentes.
    </p><p class="article-text">
        El primero de ellos es el puramente religioso. Beato de Li&eacute;bana (que era monje en el monasterio de San Mart&iacute;n de Turieno, lo que hoy en d&iacute;a es Santo Toribio) se enzarza en una pol&eacute;mica acerada contra Elipando, arzobispo de Toledo. La causa fue que &eacute;ste &uacute;ltimo hab&iacute;a adoptado el credo adopcionista, que no vamos a andar describiendo aqu&iacute; pero que, en pocas palabras, le permit&iacute;a mantener buenas relaciones con los musulmanes y seguir ocupando la poltrona toledana sin problemas. El intercambio de pareceres (no piensen en un debate educado y respetuoso&hellip; entre ellos se lanzan lindezas como &ldquo;ant&iacute;frasis&rdquo;, &ldquo;boca hedionda&rdquo; o, mi preferida, &ldquo;test&iacute;culos del diablo&rdquo;) hace que la figura de Beato trascienda a estas apartadas monta&ntilde;as. Porque lo del adopcionismo es un problema a nivel europeo, que es lo mismo que decir, en aquel momento, que era un problema para Carlomagno, quien llegar&aacute; a convocar un Concilio en Frankfurt para discutir, y condenar, lo que hoy es considerado como herej&iacute;a. Utilizando (por boca de Alcuino de York) un argumentario que en buena medida era el mismo que el de Beato. Huelga decir la importancia que tuvo eso, a nivel de relaciones institucionales pero, sobre todo, desde un punto de vista simb&oacute;lico, para quienes quer&iacute;an llamarse &ldquo;reyes&rdquo; de un peque&ntilde;o &ldquo;Re&iacute;no&rdquo; aun balbuceante. No solo Carlomagno miraba aqu&iacute; (aun en el plano espiritual) sino que lo que acabar&aacute; siendo &ldquo;Reino de Asturias&rdquo; se sit&uacute;a por encima, a nivel especulativo y te&oacute;rico en este campo, de lo que terminar&aacute; por convertirse en &ldquo;Imperio Carolingio&rdquo;. Es un detalle, uno muy peque&ntilde;o, pero que bien nos hace ver la importancia del momento&hellip; y del tipo.
    </p><p class="article-text">
        Por esas mismas fechas, y nuevamente desde este rinc&oacute;n tan apartado, tan aislado (pensemos en las comunicaciones que pudieran existir en pleno siglo VIII), Beato de Li&eacute;bana va a realizar sus 'Comentarios al Apocalipsis'. Es una obra densa, espesa, donde intenta compilar cuanto sobre este cr&iacute;ptico libro hab&iacute;an escrito los padres de la Iglesia hasta entonces. Vers&iacute;culo a vers&iacute;culo, Beato recoge la opini&oacute;n sobre el contenido simb&oacute;lico de cada expresi&oacute;n, de cada imagen.
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n de la obra no es casual. Primero porque Beato era un pel&iacute;n milenarista (dicen que lleg&oacute; a reunir a sus fieles en una monta&ntilde;a para esperar el fin del mundo, y que cuando vieron que no llegaba se lanzaron a &ldquo;satisfacer sus apetitos&rdquo;, ponga aqu&iacute; el lector la interpretaci&oacute;n que desee), algo bastante habitual en un tiempo en el que la creencia sobre &ldquo;La Semana Celeste&rdquo; estaba m&aacute;s que arraigada. Y en segundo lugar porque el arrianismo, antiguo credo de los visigodos, no reconoc&iacute;a el Apocalipsis como libro sagrado, como tampoco lo hac&iacute;a el adopcionismo. En otras palabras (y este es un concepto clave que se suele olvidar) Beato de Li&eacute;bana, persona con cierta presencia en la Corte seg&uacute;n nos legan las cr&oacute;nicas, hace todo lo posible por abstraer el nuevo territorio que se est&aacute; conformando en los valles del norte a la herencia visigoda. De hecho, en el siglo VIII quienes se intitulaban como herederos de los visigodos eran los musulmanes, que tampoco se suele contar esto. Dicho de otra forma&hellip; que estos &ldquo;Comentarios&rdquo; son una aportaci&oacute;n fundamental para fijar la estructura de lo que aun estaba por nacer. Nada menos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; esta obra la que, en sus ediciones miniadas, haya pasado a la posteridad con el nombre de &ldquo;Beatos&rdquo;. Es decir, que esos &ldquo;Beatos&rdquo; no son sino copias de los 'Comentarios al Apocalipsis' que fueron iluminados con miniaturas, dibujos. Evidentemente no conservamos la copia original, y no hay constancia alguna de que Beato mismo &ldquo;pintase&rdquo; nada en ella (aunque s&iacute; parece que la obra est&aacute; orientada a incluir estas explicaciones gr&aacute;ficas, lo que no era extra&ntilde;o en la &eacute;poca). &Eacute;l era &uacute;nicamente (y ese &uacute;nicamente lleva todas las comillas del mundo) el autor del texto. A&ntilde;adimos: del texto de uno de los libros m&aacute;s influyentes de toda la Edad Media.
    </p><p class="article-text">
        Lean ahora 'El nombre de la rosa' y seguro que ven la referencia a Beato de Li&eacute;bana que all&iacute; se hace de otro modo. Por cierto, el propio Eco ha declarado m&aacute;s de una vez que la idea para la novela le surge contemplando una de las miniaturas que adornan estos Beatos, concretamente el de T&aacute;bara.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiero decir es que esta figura, que hoy es (casi) totalmente desconocida, fue una de las fundamentales de su tiempo. Que es, como dijo Gonz&aacute;lez Echegaray, nada menos que el primer escritor de Cantabria. Y que tuvo un alcance en vida y tras su muerte de magnitud europea.
    </p><p class="article-text">
        Ah, y que no tiene nada, pero nada que ver, con el A&ntilde;o Jubilar. Pero eso lo dejamos para otro d&iacute;a&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/beato_132_3400655.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 May 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Camino al Elíseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/camino-eliseo_132_3446667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00d08dfb-3df3-4f2a-bc1f-454bb013d7fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Marine Le Pen dice que la UE &quot;morirá&quot; si es elegida presidenta de Francia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No sé si ustedes están al tanto de lo que se cuece en el Hexágono, pero yo estoy de lo más acojonado…</p></div><p class="article-text">
        Uno lleva desde que tiene uso de raz&oacute;n siendo un afrancesado de carnet, con todas las consecuencias que ello acarrea. Principalmente por el tema cultural, el asunto este de la literatura, los simbolistas, la <em>Nouvelle Vague</em>, la <em>Noveau Roman</em>, el Par&iacute;s de entreguerras, esa forma entre ir&oacute;nica y esnob de mirar la vida. Qu&eacute; se le va a hacer, es demasiado tarde para cambiar. Pero tambi&eacute;n me seduce todo lo de la <em>Republique</em>, la <em>Revoluci&oacute;n</em>, <em>le jour de gloire </em>y esos asuntillos de la <em>egalit&eacute;</em>, <em>fraternit&eacute;</em>, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. 
    </p><p class="article-text">
        A lo que &iacute;bamos. Que quiz&aacute; por esta raz&oacute;n (tan peregrina como son todas las razones, no se crean) estoy siguiendo con gran inter&eacute;s lo de las elecciones francesas, cuya primera vuelta va a tener lugar en unas horas. Bueno, por eso, y por constatar tendencias, giros ideol&oacute;gicos, vuelcos sociales. No s&eacute; si ustedes est&aacute;n al tanto de lo que se cuece en el Hex&aacute;gono, pero yo estoy de lo m&aacute;s acojonado&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Veamos. Lo primero que hay que se&ntilde;alar es que el franc&eacute;s es un sistema presidencial, y no parlamentarista como el espa&ntilde;ol. En otras palabras, que al Presidente de la Rep&uacute;blica lo eligen directamente los ciudadanos, y no los parlamentarios, como ocurre aqu&iacute;. Aunque, la verdad, tengo ciertas dudas de que todo el mundo sepa que cuando vota mansamente cada cuatro a&ntilde;os no est&aacute; votando a Rajoy o a Iglesias o a Rivera o a qui&eacute;n tenga a bien presentar el PSOE, sino a los candidatos por Cantabria de sus respectivos partidos. Que yo entiendo que es un baj&oacute;n andar regalando participaciones ciudadanas a Felisuco o a B&aacute;rcenas en su momento, pero, sinti&eacute;ndolo mucho, les tengo que decir que es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Francamente, creo que es preferible el sistema parlamentario, por muy afrancesado que se haya confesado uno al principio del texto. M&aacute;s pol&iacute;tico, m&aacute;s representativo. Pero eso es otro debate. Que al final no contamos lo que hemos venido a contar.
    </p><p class="article-text">
        Lo segundo que debemos indicar es que al Presidente de la Rep&uacute;blica se le elige en dos vueltas. La primera sirve para dejar la lucha en dos candidatos &uacute;nicamente, y la segunda para designar qui&eacute;n de ellos llegar&aacute; al El&iacute;seo (que, como pueden apreciar, suena mucho m&aacute;s glamouroso que La Moncloa). Es decir, que buena parte de la estrategia pol&iacute;tica francesa radica en ver hacia donde se van a volcar en la segunda vuelta los votos de quienes, en primera instancia, escogieron a otros candidatos. Cu&aacute;ntos de ellos acudir&aacute;n de nuevo a las urnas, c&oacute;mo se repartir&aacute;n sus apoyos en este nuevo panorama. Y es ah&iacute; donde est&aacute; el intr&iacute;ngulis. El que me tiene con dificultades para abotonarme el &uacute;ltimo bot&oacute;n de la camisa por la repentina aparici&oacute;n de dos bultos all&iacute; del tama&ntilde;o de test&iacute;culos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pong&aacute;monos en contexto. Esta primera vuelta la va a ganar Marine Le Pen. S&iacute;, s&iacute;, no me miren de esa forma, cuanto antes lo asumamos, mejor. Marine Le Pen, como saben, representa al Frente Nacional, un partido que surgi&oacute; en los a&ntilde;os setenta y que tiene ideolog&iacute;a, por decirlo de forma sutil, de extrema derecha. Y ahora me le ponen todos los adjetivos y sutilezas que quieran, pero es as&iacute;. Que Marine es una cara m&aacute;s amable que su padre, Jean-Marie Le Pen, significa solamente que no le gusta sacar a pasear el brazo derecho extendido, y que aboga por no dejar entra a los inmigrantes en Francia en lugar de tirar bombas en el Magreb. Pero vamos, que todo ese rollo de antisistema, antiglobalizaci&oacute;n, antieuropeismo, patriotismo, etc&eacute;tera no son sino palabras que esconden lo esencial. Extrema derecha, de la de toda la vida, de la que tiene pedigr&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esa se&ntilde;ora es la que va a ganar la primera vuelta de las elecciones francesas, y va a concurrir, por tanto, con casi total seguridad a la definitiva carrera por la Presidencia. Algo que ya hizo el inefable (en el mal sentido) de su padre en 2002. Y es aqu&iacute;, precisamente, donde viene el problema.
    </p><p class="article-text">
        Aquel a&ntilde;o los votantes de la socialdemocracia francesa, despu&eacute;s de darse un costalazo de los buenos (con todo, menor del previsto en estas elecciones), votaron masivamente a favor de Sarkozy en esa definitiva segunda vuelta. Aun se recuerdan las fotos de ciudadanos (y eso en Francia es una categor&iacute;a sacra) depositando su papeleta en las urnas con manos enguantadas. Una especie de objeci&oacute;n de conciencia doble, por as&iacute; decir. Una que no tengo claro que se produzca este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Sencillamente porque las condiciones son diferentes. De los otros tres candidatos con posibilidades de pasar a la segunda vuelta, dos tienen perfiles (relativamente) similares. Fillon es el hombre de la democracia cristiana, el Sarkozy de este a&ntilde;o, para entendernos. Macron, por su parte, es un tipo que representa a un partido que se define como socio-liberal, y con eso est&aacute; todo dicho (o no, porque aun estoy esperando a que alguien me explique ese concepto tan genuinamente pol&iacute;tico como pudiera ser la nieve negra, el hielo caliente o el agua que no moja&hellip;una delicia de ox&iacute;moron, vamos). Este Macron es jovencito, bien parecido, juvenil, moderno, cool. No s&eacute; si les suena de algo el molde. Es, tambi&eacute;n, un hombre procedente de la Banca, amigo de pol&iacute;ticas liberales, del control presupuestario, de privatizar, de ese tipo de asuntos. Un tipo que recuerda en sus discursos a De Gaulle, como si a De Gaulle no se lo hubiesen calzado en su d&iacute;a por ser &ldquo;tibiamente democr&aacute;tico&rdquo;. En fin&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El tercero en discordia es diferente. Jean-Luc M&eacute;lenchon asciende con fuerza en las encuestas, parece despertar tantas simpat&iacute;as como odios y se ha convertido en la gran esperanza de cierta izquierda de cara a estas elecciones. Ya solo por eso deber&iacute;amos temernos lo peor, a la vista de los &uacute;ltimos antecedentes (donde pone el ojo la izquierda el pol&iacute;tico en cuesti&oacute;n puede darse por sodomizado), pero no lo dir&eacute;, para que no me llamen cenizo. Desde luego es el que plantea las pol&iacute;ticas m&aacute;s &ldquo;sociales&rdquo;, pero tiene sobre &eacute;l la carga de sus anti: anti-europeo, anti-vieja pol&iacute;tica, anti-pol&iacute;ticos profesionales. Anti, anti.
    </p><p class="article-text">
        Vale. &iquest;Por qu&eacute; digo que estoy acojonado (s&iacute;, al final vuelve la palabrita) de cara a la segunda vuelta de estas elecciones?. Porque uno, que a veces peca de pesimista, ve a la Le Pen ganando en todos los duelos directos. Y Le Pen, h&aacute;ganme caso (ojal&aacute; me equivoque) va a estar en ellos.
    </p><p class="article-text">
        Recuerden lo que dijimos arriba sobre la importancia del reparto de votos &ldquo;perdedores&rdquo; de cara a una segunda vuelta. Comencemos con las opciones &ldquo;cl&aacute;sicas&rdquo;. No parece tan claro que en esta ocasi&oacute;n los votantes No-FrenteNacional acudan a votar en masa en la segunda vuelta a Fillon o Macron. En primer lugar porque parte del voto &ldquo;obrero&rdquo; cl&aacute;sico franc&eacute;s vota ahora a Le Pen (de esto, de las causas para que ocurra esto, hablamos otro d&iacute;a, si quieren). En segundo lugar porque a Fillon y Macron se les ve como genuinos representantes de la &ldquo;casta pol&iacute;tica&rdquo; (chupito por decir la palabra) que ha llevado a Francia a la crisis. Porque ellos parecen &ldquo;aliados con los poderosos&rdquo; en lugar de mirar hacia el pueblo. As&iacute; que el movimiento en este caso no ser&aacute;, desde luego, tan masivo como en 2002. Queda por ver si ser&aacute; lo suficientemente movido, siquiera.
    </p><p class="article-text">
        Resta la opci&oacute;n m&aacute;s clara. Si pasa a la segunda vuelta M&eacute;lenchon, Le Pen gana el El&iacute;seo. Sin pa&ntilde;os calientes. Ya se ha ocupado cierta oficialidad francesa (no masivamente en el plano de la intelectualidad, pero s&iacute; de forma muy clara en el aspecto medi&aacute;tico) de se&ntilde;alar que, de hecho, M&eacute;lenchon y Le Pen son lo mismo. Porque los dos quieren salir de Europa, porque los dos critican a los pol&iacute;ticos tradicionales. El mensaje, me temo, ha calado hondo, o al menos lo suficiente como para tenerlo claro. Las fuerzas de la derecha francesa, desde luego, no van a acudir a votar con guantes al tipo del <em>Parti de Gauche</em>. Es as&iacute;. Ojo, no estoy diciendo que votar a M&eacute;lenchon suponga darle la presidencia a Le Pen (no lo digo en absoluto, pero prefiero aclararlo, que aqu&iacute; hay gente con la piel muy fina y a la m&iacute;nima te llaman faccioso) sino analizando las posibles situaciones. Solo eso.
    </p><p class="article-text">
        Y no deber&iacute;a ser indiferente esta lucha, no deber&iacute;amos caer en el error del &ldquo;todos son iguales&rdquo;, o &ldquo;si no es el m&iacute;o, me da igual quien gobierne&rdquo;. Esa es la salida f&aacute;cil, oigan, la sencilla, la na&iuml;f. Pero tambi&eacute;n es la err&oacute;nea. &ldquo;Nada puede ir peor de como va ahora&rdquo;, es un pensamiento escapista, cuando si algo nos ha ense&ntilde;ado la Historia (aparte de que se puede matar a cualquiera, como bien dice Michael Corleone) es que todo, absolutamente todo, es susceptible de empeorar <em>ad infinitum. </em>Y si la situaci&oacute;n ahora es jodida, si la tensi&oacute;n social es alta, si los derechos humanos andan bajo m&iacute;nimos&hellip;si pensamos que todo eso no puede ir a peor, y por lo tanto no importa qui&eacute;n est&eacute; en el El&iacute;seo, que no es trascendente si se aposenta all&iacute;, en la Presidencia de Francia, de la <em>Republique</em>, un partido de, s&iacute;, extrema derecha, es que nos merecemos lo que nos pase. Todo. As&iacute; de claro, as&iacute; de triste.
    </p><p class="article-text">
        Por cierto, nada me agradar&iacute;a m&aacute;s que recibir en los morros este art&iacute;culo dentro de unos d&iacute;as cuando mis elucubraciones se hayan mostrado erradas. En serio, ser&iacute;a feliz. Hasta entonces seguir&eacute; angustiado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/camino-eliseo_132_3446667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Apr 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Camino al Elíseo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Cantabria,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera de sal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/primavera-sal_132_3461592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/683a731a-e306-4cc6-be37-4836475ba605_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Barcos pesqueros en el puerto de Santoña. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es difícil crear un sustrato de memoria que sea algo más que imágenes, unos recuerdos que sepan azules, que se vistan de color salado o que suenen con tactos quebradizos de hojas recién caídas.</p></div><p class="article-text">
        Durante muchos a&ntilde;os la llegada de la primera fue, para m&iacute;, olor a sal y viento fresco azot&aacute;ndome en el rostro. En un lugar concreto, con unas sensaciones precisas. Cada cual tendr&aacute; su ritual&iacute;stica, sus ejes de paso anuales. Este es el m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Durante todo el invierno, que aqu&iacute; tra&iacute;a lluvias, y fr&iacute;o, y a veces d&iacute;as de esos donde el cielo est&aacute; tan bajo que, de hecho, no llega a amanecer nunca, los recuerdos eran de color fundamentalmente gris. Y se combinan colores, aromas, tactos, y la memoria juguetea a ser sinest&eacute;sica, y as&iacute; consigue aprehender lo que la misma realidad jam&aacute;s logr&oacute; ser del todo.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que el invierno eran grises, y olores ocres, porque cuando sal&iacute;a a andar en bici en esos meses en muchas ocasiones acababa dando vueltas en el vel&oacute;dromo que hay enfrente de la f&aacute;brica de Sniace, en Torrelavega, y all&iacute; el aliento era a industria, y un poco a ceniza de la antigua pista de atletismo, y hasta a eucalipto, cuando corr&iacute;a el viento de surada.
    </p><p class="article-text">
        Pero en primavera era diferente. La primavera llegaba cuando ol&iacute;a a mar. Y a mar ol&iacute;a en un sitio muy determinado, en la cima de La Hayuela, justo cuando deten&iacute;a los pedales y me dejaba caer, tranquilo y resoplante, hasta Comillas. Ah&iacute; entra, siempre, la brisa del mar, que viene espesa y salobre, que es aire que sabe m&aacute;s que olerse. Es pescado, y arena, y bufones llenos de gotitas. Y en ese momento, justo cuando esa sensaci&oacute;n de sensaciones chocaba contra mi rostro, empezaba la primavera.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s se repet&iacute;a mil veces el recorrido. Uno que en meses m&aacute;s oscuros no se pod&iacute;a hacer, porque la noche ca&iacute;a pronto, y porque la carretera entre Comillas y Santillana del Mar mordisquea con fuerza las piernas cuando hace fr&iacute;o. Se repet&iacute;a mil veces, como digo, hasta casi hacerlo de memoria. El retinglar de la respiraci&oacute;n en Quijas, justo al lado de la fuente donde parabas a echar agua. El erizarse el vello bajando hasta Golbardo, siempre en umbr&iacute;a; la enorme recta de Caranceja, que te parece eterna, que te resulta tan aburrida. Si te pasa un cami&oacute;n, aprovechar el rebufo de aire que te deja, durante un par de segundos, con la sensaci&oacute;n de ser mucho m&aacute;s ligero de lo que eres.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os m&aacute;s tarde llegas a pedalear en Castilla, y te das cuenta que aquella recta interminable es solo una m&aacute;s, ni siquiera una especialmente extensa, y que en Cantabria, en realidad, no tenemos tramos sin curvas, que el asfalto aqu&iacute;, como la vida, es bastante m&aacute;s complicado, bastante m&aacute;s retorcido. Y luego subir hasta La Hayuela, el frescor cuando entras en las sombras del Corona, el olor a petricor si por la noche ha helado un poco. Bajar a Comillas, zambullirte en agua que es aire. Llegar hasta Santillana, apretar mientras zigzagueas en direcci&oacute;n al barrio de Torriente, sufrir siempre un poco de m&aacute;s en El Bosco. Y al fin mecerte, cuesta abajo, otra vez hasta Torrelavega.
    </p><p class="article-text">
        Eso era el comienzo de la primavera. Un olor, una sensaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Luego hay otras. En bici o andando, que en coche no se pueden apreciar. El tono salado en el viento que viene desde Santo&ntilde;a, el mismo que te hace salivar sin casi darte cuenta. El olor a tierra h&uacute;meda, a setas y hongos reci&eacute;n cogidos, mientras paseas por los cajigales del Saja. El toque achocolatado, dulz&oacute;n, si ruedas hacia La Penilla. El casta&ntilde;eteo tr&eacute;mulo camino de Vega de Pas. La bolsa de aire c&aacute;lido que espera, agazapada, en Estacas de Trueba. Madera quem&aacute;ndose, que anuncia el oto&ntilde;o, por entre las casas de Esles. Casta&ntilde;as asadas, lares que casi asfixian, luces titilando. Vuelta a empezar.
    </p><p class="article-text">
        A lo mejor el problema es que ya no somos los que fuimos, y que por eso las cosas tampoco son las que fueron. O a lo mejor es que, realmente, ya nada tiene aromas, ni sabores, ni tactos particulares, empezando por los tomates y acabando por (la mayor&iacute;a de) los libros. Incluso los paisajes. Y as&iacute; es dif&iacute;cil crear un sustrato de memoria que sea algo m&aacute;s que im&aacute;genes, unos recuerdos que sepan azules, que se vistan de color salado o que suenen con tactos quebradizos de hojas reci&eacute;n ca&iacute;das. Igual es todo eso. O igual, casi seguro, es solo cosa m&iacute;a&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/primavera-sal_132_3461592.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Apr 2017 08:55:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Primavera de sal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Son que no llega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/llega_132_3470902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3d3c357-6c67-4eb7-b386-81ab82a4c1f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Son que no llega"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El idioma de las campanas ya no repica, no informa, ni trasciende, ni prescribe y está por perderse, o aparece ya totalmente olvidado, en la mayoría de los pueblos</p></div><p class="article-text">
        Fue el tiempo, claro. El pasar de los a&ntilde;os, tambi&eacute;n de los siglos, que va a arrasando lo que toca, condenando al olvido lo que fueron lugares comunes hasta donde alcanza la memoria. Fue el tiempo, la evoluci&oacute;n que es, en ocasiones, abandono. La mirada extra&ntilde;a ante el elemento anta&ntilde;o habitual. El fruncir del ce&ntilde;o. La alteridad. Por el tiempo, creo.
    </p><p class="article-text">
        Se pierden, por ejemplo, idiomas, formas de comunicarse, sones que anta&ntilde;o decodificaban realidades y que hoy en d&iacute;a nos parecen todos iguales. O parecidos, al menos. Extra&ntilde;os, sin significado. Es lo que ha sucedido con el hablar de las campanas, que tanta importancia ten&iacute;a antiguamente en los pueblos de Cantabria, y que actualmente va camino de quedar como reducto del pasado. Uno de esos que se mantienen, corrompidos, solamente con la intenci&oacute;n de no perderlos, desnaturaliz&aacute;ndolos, dom&aacute;ndolos. Porque era m&aacute;s, mucho m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las campanas tuvieron una enorme importancia en la Cantabria hist&oacute;rica. En primer lugar desde un punto de vista estrictamente econ&oacute;mico. Campaneros de esta tierra, sobre todo trasmeranos, desempe&ntilde;aron su oficio por toda la Corona de Castilla en &eacute;poca medieval y moderna, consiguiendo mantener a lo largo de los siglos una bien ganada fama de artesanos perfeccionistas y h&aacute;biles que acab&oacute; trascendiendo las fronteras del terru&ntilde;o. Era &eacute;ste un trabajo normalmente estacional, con aut&eacute;nticas cuadrillas desplaz&aacute;ndose hasta el lugar donde se les hiciese el encargo (usualmente las campanas se fabricaban en espacios creados a tal efecto al pie de las torres) y manteniendo en la m&aacute;s estricta intimidad los secretos de su oficio, que &uacute;nicamente eran transmitidos de padres a hijos, de maestro a aprendiz. Hombres cultos (la mayor&iacute;a sab&iacute;an leer y escribir, algo en modo alguno habitual en la &eacute;poca), que tomaban solamente los apuntes m&aacute;s imprescindibles (medidas, pesos) y que depend&iacute;an para el resto de aquella tradici&oacute;n secular que garantizaba, llegado el caso, una campana &ldquo;buena, sana, sin pelo ni raza&rdquo;, del tama&ntilde;o y son acordados. Si les suena esta forma de trabajar, este secretismo casi trascendente, a historias engoladas de masones est&eacute;n tranquilos&hellip;hablamos de lo mismo. Eso s&iacute;, quiten todo el componente absurdamente esot&eacute;rico de noveler&iacute;as malas, por favor&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pero dec&iacute;amos que no solamente era lo econ&oacute;mico. Que las campanas ten&iacute;an, en cada peque&ntilde;o pueblo, otro componente que mezclaba el d&iacute;a a d&iacute;a y los elementos m&aacute;s simb&oacute;licos. Escuchar las campanas supon&iacute;a mucho m&aacute;s que ahora. Entre otras cosas porque &ldquo;hablaban&rdquo;, y dependiendo del toque, del repique concreto, nosotros pod&iacute;amos saber qu&eacute; nos estaban contando. Y no me refiero solamente a situaciones relacionadas con la religiosidad y la iglesia como bautizos, bodas o entierros (que eso aun se sigue haciendo, aunque en ocasiones las campanas no se repiquen manualmente, sino que se recurra a poner una as&eacute;ptica grabaci&oacute;n en su lugar), sino a otras vinculadas con la sociedad civil, con ese esp&iacute;ritu de comunitarizaci&oacute;n que exist&iacute;a en los concejos rurales de la Cantabria hist&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Me refiero, por ejemplo, a campanas que avisan de que all&aacute;, a lo lejos, llegan nubes negras, de esas que traen pedrisco y nos pueden echar a perder toda la cosecha en unos pocos minutos. Y nosotros, que escuchamos esa amenaza, sabemos lo que tenemos que hacer, las jaculatorias a rezar, los rituales paganos a realizar. Sabemos, claro, que hay que pronunciar cierta oraci&oacute;n concreta, pero que tambi&eacute;n hay que acabar de quemar una de las peque&ntilde;as ramitas que quedaron chamuscadas en navidad junto al estero. Y tambi&eacute;n nos pueden avisar las campanas de lluvias, de un incendio en el monte o en el pueblo, pueden llamar a concejo, pueden dar noticia de que comienzan las derrotas, de que las veces suben a puertos. Un idioma propio, particular, que todos conoc&iacute;an entre otras cosas porque en la mayor&iacute;a de los pueblos el propio toque de campana estaba regido por vez. O lo que es lo mismo, se llevaba a cabo cada d&iacute;a por un vecino diferente, en riguroso orden&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ese idioma, ese repicar concreto que informa, trasciende y prescribe, est&aacute; por perderse, o aparece ya totalmente olvidado, en la mayor&iacute;a de los pueblos. Reducto del pasado, de momentos en los que no hab&iacute;a tele, ni tel&eacute;fonos, ni todos est&aacute;bamos todo el tiempo mirando las redes sociales, no vaya a ser que al gato del vecino le salga una verruga y no nos enteremos. &Eacute;pocas en que los barrios aparec&iacute;an api&ntilde;ados, pero a su alrededor brotaban, como manchas de blanco sobre verde, casas aqu&iacute; y all&aacute;, casi incomunicadas, tomando al pie de la letra la expresi&oacute;n. Que solamente sab&iacute;an lo que estaba ocurriendo gracias al repicar de campanas. De esas que hoy no entendemos. De esas que, hoy, dibujan solamente ecos apagados, sordos. Los de lo que fue y ya no es.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/llega_132_3470902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Apr 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Son que no llega]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La obra más importante de la Historia de Cantabria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/obra-importante-historia-cantabria_132_3488907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09c0cd6c-4e25-4973-9503-613974ee79bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Vista del Camino Real"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora que a Cantabria le ha tocado (o le va a tocar en breve) el premio gordo de las inversiones, cabe recordar aquella que, seguramente, fue la obra pública más importante en la historia de estas tierras</p></div><p class="article-text">
        Ahora que a Cantabria le ha tocado (o le va a tocar en breve) el premio gordo de las inversiones p&uacute;blicas en materia de comunicaciones (se habla de hacer un AVE hasta el mism&iacute;simo Sardinero, de soterrar la v&iacute;a f&eacute;rrea desde Reinosa a Requejada, de construir escaleras mec&aacute;nicas que lleven directamente, y con cierta comodidad, de Torrelavega a Madrid&hellip;todo ello adornado con infograf&iacute;as, colorines y esas cosas tan modernas) no est&aacute; de m&aacute;s recordar aquella que, seguramente, fue la obra p&uacute;blica m&aacute;s importante en la historia de estas tierras. Una cuyos restos, adem&aacute;s, aun se pueden ver y visitar y caminar con facilidad si uno pone algo de su parte, que tampoco pedimos imposibles. Hablamos del Camino Real de Reinosa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Exagerado? Veamos.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que escuchen ese brocardo tan sostenido que dice que &ldquo;el mejor rey de Espa&ntilde;a fue Carlos III&rdquo; les invito a indignarse. Frusler&iacute;as centralistas que encumbran a quien embelleci&oacute; la capital. Porque realmente el apreciable fue su antecesor, y medio hermano, Fernando VI. Bueno, al menos hasta que acab&oacute; por chiflarse del todo, repartir hostias a diestro y siniestro entre sus asistentes, y mordisquear todo lo que se pusiera a su alcance (y no solamente a las doncellas, como era tradici&oacute;n en la monarqu&iacute;a de la &eacute;poca). Pero hasta entonces, y aun con ciertas tachas (que tampoco vamos a andar ocultando, estamos a mediados del siglo XVIII) Fernando VI hizo las cosas con bastante seso, y con un puntito ilustrado de lo m&aacute;s reconfortante.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;amos, el tipo se propuso sacar a sus posesiones del pertinaz atraso en el que viv&iacute;an. Lo que era realmente dif&iacute;cil, porque era pertinaz de narices, vaya. Con esa idea en mente, uno de los primeros proyectos que emprendi&oacute; fue el de comunicar la costa cant&aacute;brica con la Villa y Corte, para despu&eacute;s continuar al sur y desembocar en Sevilla y C&aacute;diz, los puertos por donde entraba el tr&aacute;fico desde Am&eacute;rica. As&iacute; las cosas fueron surgiendo caminos aqu&iacute; y all&aacute; que aun hoy se siguen por algunas de nuestras modernas autopistas. Y brot&oacute; uno, de gran importancia, en el norte, que sirvi&oacute; para salvar el estado de aislamiento poco menos que generalizado de estas zonas con respecto a la meseta. Antes de la obra que vamos a describir solo exist&iacute;an caminos de herradura, que eran exactamente lo que su propio nombre indica&hellip; sitios por donde subir y bajar con mulas, alforjas y, como mucho, un peque&ntilde;o carromato. El Camino Real lo cambi&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a varios elementos a discernir. Como, por ejemplo, cu&aacute;l iba a ser la villa a la que le tocase la loter&iacute;a de ser el puerto de inicio escogido para esta &ldquo;autopista&rdquo;. En principio la opci&oacute;n m&aacute;s l&oacute;gica parec&iacute;a Laredo: importante, bien situada y con una salida a la meseta y Madrid casi en l&iacute;nea recta, pasando, adem&aacute;s, por la importante ciudad de Burgos, a cuyo consulado estaban adscritas las villas marineras. Pero esa salida, lo que hoy es el Puerto de Los Tornos, presentaba un problema: pasaba por Lanestosa. Es decir, por el Se&ntilde;or&iacute;o de Vizcaya. Es decir, por puerto seco, fielato, aduana, pongan el nombre que quieran. En otras palabras, algo dif&iacute;cilmente comprensible para una mentalidad centralizada como la que se trajeron los Borbones tras la Guerra de Sucesi&oacute;n. As&iacute; que, descartado Laredo por motivos econ&oacute;micos, la elecci&oacute;n recay&oacute; en Santander, y en la subida a trav&eacute;s de la cuenca del Besaya. Aunque muchos lo desconozcan es, quiz&aacute;, el momento m&aacute;s importante de la Historia de Santander.
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        Porque el Camino Real lo va a cambiar todo. Se termina la obra en un tiempo muy breve, menos de cinco a&ntilde;os. Un ingeniero franc&eacute;s importado directamente para la causa, Sebastien Rodolphe, y una apuesta decidida por la inversi&oacute;n directa destinada a obtener el mejor resultado, fueron elementos claves en esta rapidez. El Camino Real levant&oacute; puentes de piedra con s&oacute;lidos cimientos (en 1748 el &uacute;nico que exist&iacute;a con esas caracter&iacute;sticas entre Santander y Reinosa era el de Puente Arce&hellip; imaginen la situaci&oacute;n), estableci&oacute; una anchura m&iacute;nima que permitiese el tr&aacute;nsito c&oacute;modo de carromatos, incorpor&oacute; guardaruedas en los lugares m&aacute;s complicados (nuestros modernos guardarrailes, que aun se pueden contemplar en el tramo que se conserva entre B&aacute;rcena de Pie de Concha y Pesquera) o present&oacute; accesos a cursos de agua y fuentes con la suficiente frecuencia como para que el tr&aacute;fico fuese frecuente, r&aacute;pido, eficaz. Era una obra a la altura de las mejores de Europa, una aut&eacute;ntica autopista &ldquo;de peaje&rdquo; que, adem&aacute;s, deb&iacute;a invertir en su mantenimiento aquello que recaudase. Nada se dej&oacute; al azar, como vemos.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias fueron inmediatas, y no se limitaron a lo econ&oacute;mico. Un ejemplo: en toda la cuenca del Besaya se empez&oacute; a criar un enorme n&uacute;mero de bueyes que sirvieran de &ldquo;acarreo&rdquo; para carreteros provenientes de toda Castilla. La caba&ntilde;a ganadera de la zona mut&oacute; para siempre. Reinosa se convierte en un centro fundamental del comercio harinero, lo que influir&aacute; de forma decisiva en su futuro administrativo. Se abren f&aacute;bricas y ventas aqu&iacute; y all&aacute;. Pero la gran beneficiada fue Santander. Hemos dicho antes que en 1749 le toc&oacute; la loter&iacute;a&hellip; volver&iacute;a a ocurrir en 1754 y 1755. Ni los m&aacute;s afortunados pol&iacute;ticos del Levante, oigan. Porque Santander ser&aacute; elegido sede episcopal, y despu&eacute;s se le conceder&aacute; el t&iacute;tulo de ciudad. M&aacute;s aun, en 1765, el puerto de Santander obtendr&aacute; autorizaci&oacute;n para comerciar directamente con algunos de los de Am&eacute;rica. Es el momento definitivo. Entre 1762 y 1768 el tr&aacute;fico mar&iacute;timo en Santander se ha multiplicado por veinte&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Hoy el Camino Real se puede rastrear en diversos lugares. Hay en Las Caldas del Besaya, por ejemplo, un moj&oacute;n leguario. Hay un tramo perfectamente conservado entre B&aacute;rcena de Pie de Concha y Pesquera. Hay puentes, partes de la v&iacute;a que asoman aqu&iacute; y all&aacute;, carteles explicativos (pocos), mapas (menos). Hay, tambi&eacute;n, cambios en la geograf&iacute;a que han quedado para siempre. Con todo, resulta imposible, en base a estos (casi exiguos) restos aprehender la verdadera importancia que tuvo el Camino Real, o Camino de las Harinas, o Camino de Reinosa. La obra p&uacute;blica m&aacute;s importante de la Historia de Cantabria&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/obra-importante-historia-cantabria_132_3488907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Apr 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La obra más importante de la Historia de Cantabria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De sombras, pueblos y miedos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sombras-pueblos-miedos_132_3507533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc05532d-9697-44bb-9c6f-db59ff351579_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo del éxodo rural es una evidencia. Que cada vez haya más pueblos sin bar (con lo que eso significa de comunitarización de la sociedad) es dato incontrovertible.</p></div><p class="article-text">
        Andaba yo el otro d&iacute;a paseando por el interior de Cantabria, despreocupado, feliz en esa ignorancia de quien ver pero no mira. Totalmente absorto, en definitiva. No iba solo, claro, pero las palabras iban apagando pensamientos aqu&iacute; y all&aacute;, as&iacute; que prefiero no culpar al resto de nuestra sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que estaba por el interior de Cantabria, en uno de esos valles que se van estrechando cada vez m&aacute;s hasta que no queda otra que remontar las monta&ntilde;as. Esas cosas que hay en La Monta&ntilde;a, digo, cuando se deja atr&aacute;s el azul (y, m&aacute;s frecuentemente, el gris). No voy a decir en cu&aacute;l, por no dar mala publicidad, nada m&aacute;s lejos de mi intenci&oacute;n. Solo deseo ponerles en situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Contaba que and&aacute;bamos por un sitio de esos, y que, adem&aacute;s, hab&iacute;amos parado en un pueblo, un pueblo peque&ntilde;ito, diminuto, uno de esos que crecen alrededor de una iglesia que lleva all&iacute; toda la vida y que despu&eacute;s se va dispersando en manchitas hechas de casas y vacas aqu&iacute; y all&aacute;. De los que tienen la misma entrada que salida, por all&iacute; la carretera acaba, y los sue&ntilde;os se empenachan por entre las ramas del bosque, de tan cercano. Creo que todos nos hacemos una idea.
    </p><p class="article-text">
        Pues eso, que nos decidimos a parar all&iacute;, que era lugar conocido, acogedor. Y entonces pas&oacute;, sin saber muy bien c&oacute;mo. El sol ya se hab&iacute;a escondido tras las monta&ntilde;as y estaba oscureciendo a pasos agigantados, porque cuando las cumbres est&aacute;n cerca la noche llega antes, y parece como si alguien apagase la luz. Y lo mismo con el fr&iacute;o, que antes hab&iacute;a un solecito de lo m&aacute;s agradable, y ahora todos ten&iacute;amos las manos metidas en los bolsillos y cuando habl&aacute;bamos empezaba a salir vaho de nuestras bocas. Aunque cada vez menos, porque el silencio se estaba apoderando de aquello. Y el vello de la nuca se me eriz&oacute;, y supe que no era por el viento, y empec&eacute; a tener una vaga sensaci&oacute;n de inseguridad, de desconocimiento, que resultaba inquietante.
    </p><p class="article-text">
        Nadie sab&iacute;a muy bien qu&eacute; estaba ocurriendo. Lo que antes era un vecindario recogido, detenido en el tiempo como un barco dentro de una botella, un sitio por el que hab&iacute;amos cruzado caminares en el pasado, tornaba ahora en espacio ignoto. Sombras apagadas surg&iacute;an aqu&iacute; y all&aacute;, por el rabillo del ojo, por el sentir a la espalda. La brisa ya no acariciaba las ramas de los casta&ntilde;os, sino que les arrancaba gemidos sordos, ahogados. Un aullido de lobo rasg&oacute; lo que ya era un silencio inc&oacute;modo y todos nos acongojamos un puntito m&aacute;s. Bueno, en realidad, era un ladrido de un perruco diminuto que llevaba una amiga m&iacute;a, pero en aquellas situaciones la sugesti&oacute;n hace milagros, oigan.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, sin saber la raz&oacute;n, todos nos detuvimos, asustados. Ligeramente acojonados, vaya. Nos miramos fijamente, sin cruzar palabras. Las pupilas titilantes que sorprend&iacute;an, aqu&iacute; y all&aacute;, a figuras sin forma, entes que sin duda encerraban cosas. Cosas malas. Est&aacute;bamos frente a una casa enorme, una de piedra, con ventanas sucias y la puerta cerrada a cal y canto. De su muro frontal sobresal&iacute;a un cartel cuadrado, de colores desva&iacute;dos, blanco y rojo, ajado por el paso del tiempo, por el abandono, por los inviernos que juegan a deslucir la vida.
    </p><p class="article-text">
        Todos los que all&iacute; nos encontr&aacute;bamos nos pusimos en c&iacute;rculo, a estas alturas era in&uacute;til fingir que nada pasaba. Algunos se cogieron de las manos, uno apret&oacute; contra su pecho al chucho, que gru&ntilde;&oacute; agobiado. &iquest;Qu&eacute; ocurre?, dije con voz chillona, &iquest;qu&eacute; est&aacute; pasando aqu&iacute;? Y solo silencio. Hasta que alguien, no recuerdo qui&eacute;n, respondi&oacute;. La tragedia. Y los peores temores, los m&aacute;s profundos, los m&aacute;s ancestrales, se hicieron realidad en aquel pu&ntilde;ado de palabras.
    </p><p class="article-text">
        <em>- Han cerrado el bar del pueblo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Dice Xoan Tall&oacute;n, parafraseando a Men&eacute;ndez Pelayo (aunque en ese giro de citas cruzadas, existentes o inventadas, que son los art&iacute;culos del gallego ya no sabe uno bien qui&eacute;n cita a qu&eacute; autor y qui&eacute;n es citado) que el pueblo que cierra sus bares est&aacute; condenado al olvido. Y es verdad. Reconozco que lo anterior est&aacute; tratado de una forma un poco fr&iacute;vola, deliberadamente exagerada. Pero encierra, creo, una gran verdad. Y es que en los peque&ntilde;os concejos rurales del interior de Cantabria han ido cerrando, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, multitud de establecimientos. Que no eran solamente bares, sino tambi&eacute;n tienda, centro de reuni&oacute;n, de esparcimiento, noticiero de lo que acontece en el valle, refugio en invierno, olor a le&ntilde;a en chimenea, caf&eacute; bien cargado, matarratas en vaso fino con hielo, por favor. Puede parecer banal, algo sin importancia, pero no lo es. Porque la realidad que encierra es bastante m&aacute;s dram&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Se ha hablado bastante durante los &uacute;ltimos meses de un meritorio ensayo de Sergio del Molino titulado 'La Espa&ntilde;a vac&iacute;a'. Al margen de ciertos errores incomprensibles (como decir que el trece&ntilde;&eacute;s Fray Antonio de Guevara era asturiano) y de algunas faltas de contextualizaci&oacute;n a nivel hist&oacute;rico, el libro bien merece una lectura, y una reflexi&oacute;n. Porque trata de lo que su nombre indica, de la desertizaci&oacute;n de pr&aacute;cticamente todo el interior de la pen&iacute;nsula. Y porque, a menor escala, causas y consecuencias parece que se pudieran trasladar al caso de Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo del &eacute;xodo rural es una evidencia. Que cada vez haya m&aacute;s pueblos sin bar (con lo que eso significa de comunitarizaci&oacute;n de la sociedad) es dato incontrovertible. Y, al final, se concentran recursos, servicios y posibilidades en un espacio geogr&aacute;fico cada vez m&aacute;s y m&aacute;s reducido, abandonando consecuentemente otro que aumenta en igual medida su tama&ntilde;o. Y es eso lo que acarrea el final de un pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, eso y cerrar el bar, vaya. Que nos tuvimos que ir a otro pueblo un poco m&aacute;s abajo. A hacer gasto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sombras-pueblos-miedos_132_3507533.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Mar 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De sombras, pueblos y miedos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Celebrando la sinrazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/celebrando-sinrazon_132_3520606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/223002a4-2ca7-41e4-9356-3b6df27a2671_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, y el del Partido Popular por la Libertad y la Democracia, Geert Wilders, en La Haya en 2013."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se deja de lado que amplias masas de la población están optando por propuestas que se basan en el miedo al otro, el odio al otro, el desprecio al otro.</p></div><p class="article-text">
        Esta semana, y despu&eacute;s de varios reveses muy serios, Europa ha podido, al fin, tomarse un respiro. En las elecciones generales de los Pa&iacute;ses Bajos, el llamado Partido por la Libertad (por la de unos pocos, se entiende), liderado por ese histri&oacute;n <em>davidlynchizado </em>de Geert Wilders, ha alcanzado solamente el segundo puesto, muy lejos de la formaci&oacute;n vencedora y aun m&aacute;s de las previsiones que hasta hace solo unos d&iacute;as ten&iacute;an. Es m&aacute;s, ni siquiera ha sido la formaci&oacute;n que m&aacute;s ha crecido all&iacute;, porque Izquierda Verde ha logrado una enorme pujanza que, curiosamente, pasa casi desapercibida en los medios.
    </p><p class="article-text">
        En parte con raz&oacute;n, claro. Y es que se ven&iacute;a de unos momentos muy oscuros para el movimiento europeo. Con lo del Brexit, con el crecimiento indisimulado de partidos antieurope&iacute;stas por todo el continente, con la alargada sombra de Marine Le Pen nada menos que en Francia. Es por eso por lo que la &ldquo;discreta&rdquo; subida de Wilders se ha tomado pr&aacute;cticamente como una victoria y as&iacute; ha sido celebrada en canciller&iacute;as (&iquest;siguen existiendo las canciller&iacute;as?) y redacciones. Olvidando, por dem&aacute;s, la misma ra&iacute;z del problema.
    </p><p class="article-text">
        Porque en un lugar como los Pa&iacute;ses Bajos, tradicionalmente uno de los puntos de mentalidad m&aacute;s abierta del mundo (y viene siendo as&iacute; desde hace 500 a&ntilde;os, no es cosa de d&eacute;cadas) la extrema derecha ha quedado segunda en unas elecciones. Y aunque resulta comprensible el suspiro de alivio al ver que no se convert&iacute;a en fuerza mayoritaria, las alabanzas y el alborozo est&aacute;n de m&aacute;s. Sobre todo teniendo en cuenta que dentro de unas semanas la ya citada Le Pen va a conseguir unos resultados hist&oacute;ricos en el Hex&aacute;gono, seguramente como la fuerza m&aacute;s votada, y solamente la particularidad del sistema presidencialista franc&eacute;s va a alejarla del Eliseo en una segunda vuelta que parece tener asegurada&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Hablamos m&aacute;s arriba de extrema derecha. E igual ese es, precisamente, uno de los problemas. Porque por sus actos los reconocer&aacute;s. Huyan de quienes hablan de populismos, de partidos del pueblo, de ultranacionalistas. Huyan de los eufemismos. Hoy ya ninguno va a levantar el brazo, ni tampoco recoger&aacute;n simbolog&iacute;a fascista evidentes en su est&eacute;tica, en sus discursos, en sus programas. Bueno, igual los chiflados de Amanecer Dorado, o el tarado ese polaco, el del bigote, que m&aacute;s parecer&iacute;a una caricatura que algo digno de ser tomado en serio si no fuera por el cargo que ostenta, por el eco que tienen as&iacute; ideas y palabras.
    </p><p class="article-text">
        No, la cosa es ahora m&aacute;s sutil. La propia Marine Le Pen aprendi&oacute; viendo a su padre, este s&iacute; un filonazi sin cortapisas, que esa no era la imagen que podr&iacute;a ganar. Y hoy los gestos son m&aacute;s sibilinos, las palabras m&aacute;s medidas, las promesas m&aacute;s vagas, disfrazado todo de esl&oacute;ganes f&aacute;ciles, de los de corear como borregos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Borregos? Quiz&aacute; no, y ese es el problema que parece no hemos entendido aun, el que nos hace tropezar una y mil veces en la misma piedra. Porque equivocamos el tiro, erramos el an&aacute;lisis. Nos fijamos en las consecuencias, o en los hechos concretos. Individualizamos en los pol&iacute;ticos, en las figuras visibles, dejando de lado que quienes las visibilizan son millones de personas que los siguen, que los votan. En otras palabras, analizamos exhaustivamente las consecuencias (Wilders) sin tener en cuenta las causas.
    </p><p class="article-text">
        Nadie (casi nadie) se preocupa sobre cuestiones que parecen poner en jaque al Estado Social de Derecho, y que son, que vienen siendo, las mismas que ya eran se&ntilde;aladas en Mayo del 68. La partitocracia, la p&eacute;rdida de legitimidad parlamentaria, la burocratizaci&oacute;n. Medio siglo despu&eacute;s se siguen apuntando las mismas taras del sistema, sin haber avanzado nada, pr&aacute;cticamente, en su soluci&oacute;n. Ni siquiera parece buscar una explicaci&oacute;n esa socialdemocracia europea (o quienes se dicen herederos de la socialdemocracia) que avanza de derrota en derrota hasta la hostia final.
    </p><p class="article-text">
        Se deja de lado que amplias masas de la poblaci&oacute;n est&aacute;n optando por propuestas que se basan, sobre todo, en la alteridad. El miedo al otro, el odio al otro, el desprecio al otro. Un razonamiento b&aacute;sico, en blanco y negro, que permite cargar todas las culpas en un sector de la sociedad diferente. Sin entrar en m&aacute;s an&aacute;lisis, que podr&iacute;a ser largu&iacute;simos, y a lo mejor hasta resultaban sorprendentes. Pero tampoco los necesitan estos partidos, que hacen que simplificar el medio acabe convirti&eacute;ndose en el contenido del mensaje.
    </p><p class="article-text">
        Mientras nos felicitamos de que en Holanda <em>solamente</em> sean la segunda fuerza pol&iacute;tica, la extrema derecha sigue a lo suyo. Impasible. Sabe que si los problemas estructurales siguen existiendo y las opciones &ldquo;tradicionales&rdquo; no los abordan de forma directa ellos tienen las de ganar. El tiempo est&aacute; de su parte, lo que no deja de ser una paradoja en movimientos que defienden ideas que pens&aacute;bamos el tiempo hab&iacute;a arrasado hace d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Han llegado para quedarse, no es una moda coyuntural que pasar&aacute; dentro de unos a&ntilde;os. Y la &uacute;nica forma de hacerles frente (si es que realmente se les desea hacer frente) es obviar la excitaci&oacute;n de victorias p&iacute;rricas (analicen lo que significa en origen la expresi&oacute;n) y emprender el an&aacute;lisis, la cr&iacute;tica y la posibilidad de soluci&oacute;n de las causas que preceden a su ascenso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Mar 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Celebrando la sinrazón]]></media:title>
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