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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marcos Fernández Gutiérrez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marcos_fernandez_gutierrez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marcos Fernández Gutiérrez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Reforma fiscal de Cantabria: las cartas sobre la mesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/reforma-fiscal-cantabria-cartas-mesa_129_10560483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76975b51-5856-405c-a7f6-8160a0778b1d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reforma fiscal de Cantabria: las cartas sobre la mesa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cantabria cuenta con unos ingresos totales de unos 3.500 millones de euros, de los cuales alrededor de 920 proceden de impuestos sobre los que tiene competencias. Reducir la capacidad recaudatoria de estos impuestos en alrededor de un 10% es un cambio importante.</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/pp-presenta-reforma-fiscal-cantabria-reduce-impuestos-cedidos-comunidad-autonoma_1_10551600.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La reforma fiscal anunciada por el Gobierno de Cantabria ha sido la noticia econ&oacute;mica de la semana</a> (y, probablemente, del a&ntilde;o) en nuestra comunidad. Aparecen estos d&iacute;as argumentos en uno u otro sentido, que tratan de justificar posturas muy diferentes. M&aacute;s all&aacute; de ese ruido, cabe preguntarse, &iquest;qu&eacute; consecuencias tendr&aacute; esta reforma?
    </p><p class="article-text">
        Es destacable, como elemento inicial, que se trata de una reforma ambiciosa. Afecta a todos los impuestos sobre los que Cantabria tiene competencias y tendr&aacute; un impacto, seg&uacute;n las cifras del Gobierno auton&oacute;mico, de m&aacute;s de 90 millones de euros al a&ntilde;o. Para hacerse una idea de lo que supone esta cifra, Cantabria cuenta con unos ingresos totales de unos 3.500 millones de euros, de los cuales alrededor de 920 proceden de impuestos sobre los que tiene competencias. Reducir la capacidad recaudatoria de estos impuestos en alrededor de un 10% es un cambio importante.
    </p><p class="article-text">
        El primer efecto ser&aacute; precisamente ese: la reducci&oacute;n de los ingresos. L&oacute;gicamente, si bajan los tipos de gravamen, y si no se produce ning&uacute;n otro cambio (en el lenguaje que usamos los economistas, <em>ceteris paribus</em>), se recaudar&aacute; menos; por el contrario, si subieran los tipos se recaudar&iacute;a m&aacute;s. Es cierto que hay tambi&eacute;n otro efecto en sentido contrario: la bajada de impuestos, al estimular algo la econom&iacute;a, permitir&aacute; recuperar algo de recaudaci&oacute;n. Insisto en lo de &ldquo;algo&rdquo;, porque el efecto de mayor magnitud es el primero. El argumento de la Curva de Laffer, seg&uacute;n el cual una bajada de impuestos puede estimular la econom&iacute;a tanto que acabe aumentando la recaudaci&oacute;n, solo se dar&iacute;a con un nivel de impuestos desorbitado, no con los niveles que tenemos en Espa&ntilde;a. Por tanto, la reforma reducir&aacute; los ingresos p&uacute;blicos y, dado que no es previsible que se relajen los l&iacute;mites al d&eacute;ficit presupuestario (m&aacute;s bien lo contrario), requerir&aacute; una reducci&oacute;n de los gastos p&uacute;blicos (dos tercios de los cuales una CCAA como la nuestra destina a sanidad, educaci&oacute;n y servicios sociales, las pol&iacute;ticas en las que se concentran las competencias auton&oacute;micas). La reducci&oacute;n de gasto p&uacute;blico tambi&eacute;n tendr&aacute; cierto impacto negativo sobre la actividad econ&oacute;mica, evaporando el efecto estimulante que pueda tener la bajada de impuestos. Laffer ni est&aacute;, ni se le espera. Eso s&iacute;, el impacto sobre los gastos, al menos en apariencia, no se notar&aacute; tanto si la econom&iacute;a sigue creciendo y, con ello, lo siguen haciendo las bases impositivas, amortiguando la bajada de los tipos. Hasta que la econom&iacute;a deje de crecer, claro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El segundo efecto es la otra cara de la moneda: habr&aacute; menos ingresos p&uacute;blicos, pero una mayor proporci&oacute;n de la renta quedar&aacute; en manos de los contribuyentes. Estos tendr&aacute;n, en consecuencia, m&aacute;s recursos para destinar a consumo o a inversi&oacute;n privados. Se mover&aacute;, por tanto, la frontera entre lo p&uacute;blico, que perder&aacute; peso, y lo privado, que lo ganar&aacute;. Algunas actividades econ&oacute;micas (en particular, las m&aacute;s basadas en el consumo privado) se ver&aacute;n beneficiadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tercer efecto, tambi&eacute;n muy relevante, ser&aacute; sobre la distribuci&oacute;n de la renta. Como es sabido, no todos los ciudadanos pagamos los mismos impuestos. Existen, a ese respecto, distintos tipos de impuestos. Los impuestos denominados progresivos son los dise&ntilde;ados de tal forma que los ciudadanos con m&aacute;s renta no solo pagan m&aacute;s, sino que pagan una mayor proporci&oacute;n de su renta (esto es, un mayor porcentaje de la misma). As&iacute;, los impuestos progresivos tienen tambi&eacute;n como efecto una reducci&oacute;n de la desigualdad. El grueso de los impuestos sobre los que una comunidad como Cantabria tiene competencias son de este tipo: el IRPF (el m&aacute;s relevante por su capacidad recaudatoria), Sucesiones y Donaciones y Patrimonio; solo el impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jur&iacute;dicos Documentados (que grava, fundamentalmente, la compraventa de viviendas) tiene, entre los principales impuestos con competencias auton&oacute;micas, una tipolog&iacute;a diferente. El grueso de la reforma fiscal de Cantabria afecta, por tanto, a impuestos progresivos. Al reducir su capacidad recaudatoria, la capacidad redistributiva del sistema se reducir&aacute; tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mejor ejemplo se observa con el IRPF, que es el principal de estos impuestos y, tambi&eacute;n, en el que la reforma fiscal tendr&aacute; un mayor impacto sobre la recaudaci&oacute;n: 46 millones de euros (en torno a la mitad del impacto total de la reforma), seg&uacute;n los datos facilitados por el Gobierno. La tabla incluida a continuaci&oacute;n muestra c&oacute;mo es la actual tarifa auton&oacute;mica del impuesto y c&oacute;mo quedar&aacute; con la reforma. Un error habitual es pensar que se paga lo que indica el tipo aplicable: por ejemplo, que actualmente una renta de 12.000&euro; ha de pagar un 9,5% por la tarifa auton&oacute;mica; una renta de 34.000&euro;, el 18,5%; y una renta de 60.000&euro;, el 24,5% (m&aacute;s otro tanto por la tarifa estatal). No funciona as&iacute;. Es un impuesto que funciona por tramos: la renta de 34.000&euro;, por ejemplo, ha de pagar un 9,5% por los primeros 12.450&euro;; un 12% por los siguientes 7.750&euro;; un 15% por los siguientes 13.800&euro;; y pagar&iacute;a un 18,5% por cada euro que sobrepasara los 34.000&euro;, si aumentan sus ingresos. Adem&aacute;s, hay diversas reducciones, por lo que la base liquidable (la cuant&iacute;a por la que se tributa) es en realidad menor que los ingresos que ha obtenido el contribuyente. Por ejemplo, con un salario bruto de 65.000&euro;, la base liquidable ser&iacute;a de unos 60.000&euro;. Y, lo que es m&aacute;s importante aun, por efecto de las reducciones existentes, las rentas inferiores a 15.000&euro; en la pr&aacute;ctica no pagan IRPF.
    </p><p class="article-text">
        De esta forma, aplicando los cambios previstos en la tarifa de Cantabria entre 2023 y 2024, las rentas inferiores a 15.000&euro; (de acuerdo con los datos de la Encuesta de Estructura Salarial del INE, el salario del 25% de los trabajadores c&aacute;ntabros que menos ganan) no se beneficiar&aacute;n de la rebaja del IRPF. Tampoco se beneficiar&aacute;n de las m&uacute;ltiples deducciones anunciadas, las cuales minoran la cuant&iacute;a a pagar por el impuesto (a los contribuyentes a los que les corresponde hacerlo). Una renta de 21.000&euro; (la mediana de la distribuci&oacute;n) o una renta de 31.000&euro; (que marca el l&iacute;mite del 25% de trabajadores c&aacute;ntabros que m&aacute;s gana) se beneficiar&aacute;n, pero relativamente poco: un punto porcentual de reducci&oacute;n en lo que les toque de los dos primeros tramos, ya que la bajada del tipo en el tercer tramo, para los que lo alcancen, tendr&aacute; un impacto m&iacute;nimo. Las rentas superiores a unos 50.000&euro; ser&aacute;n las que m&aacute;s se beneficien, y lo har&aacute;n en mayor medida cuanto mayor sea dicha renta, dado que les afectar&aacute; no solo la reducci&oacute;n de los tipos de los primeros tramos, sino tambi&eacute;n la reducci&oacute;n de los tipos que gravan los tramos m&aacute;s elevados.
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                Reforma fiscal: las cartas sobre la mesa. MARCOS FERNÁNDEZ GUTIÉRREZ                            </span>
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        En fiscalidad, como en muchos aspectos de la econom&iacute;a, no hay una &uacute;nica opci&oacute;n ideal para todos. Hay m&uacute;ltiples opciones posibles, y todas pueden llegar a ser v&aacute;lidas para unos, a la vez que inadecuadas para otros. Las preferencias por cada una de estas opciones depender&aacute;n de las prioridades y los valores de cada uno: qu&eacute; peso considera que ha de tener lo p&uacute;blico y lo privado en la econom&iacute;a y en la sociedad, y qu&eacute; nivel de desigualdad considera como el m&aacute;s adecuado. Esta reforma da pasos decididos en relaci&oacute;n a ambas cuestiones. Se puede estar de acuerdo con el rumbo que fija o no, pero lo que no hay duda es de que se trata de una reforma ambiciosa e importante. Las cartas est&aacute;n sobre la mesa.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/reforma-fiscal-cantabria-cartas-mesa_129_10560483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Oct 2023 20:45:55 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Tiempos interesantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tiempos-interesantes_132_8827540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d88f475f-e48d-4bbc-8bfc-9ad0b3a2793c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiempos interesantes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Urgen soluciones para que la economía no afronte una espiral inflacionista que acabe poniendo en grave peligro la recuperación. Urgen también para los consumidores domésticos, los hogares, que comienzan a sufrir las consecuencias de un desorbitado aumento de los precios de la energía</p></div><p class="article-text">
        Vivimos tiempos convulsos. Est&aacute;bamos aun saliendo de una pandemia de una magnitud desconocida desde hace m&aacute;s de un siglo -desde la gripe de 1918- cuando llega, de repente, otra calamidad excepcional: una guerra, que en territorio europeo no sufr&iacute;amos desde la II Guerra Mundial con la excepci&oacute;n, importante, de las guerras de los Balcanes. 
    </p><p class="article-text">
        La guerra, como la pandemia, adem&aacute;s de constituir un enorme desastre humano, est&aacute; trayendo notorias y repentinas consecuencias econ&oacute;micas. Los precios, impulsados por el coste de la energ&iacute;a, se est&aacute;n disparando. La inflaci&oacute;n ha alcanzado, en febrero, el 7,6% interanual en Espa&ntilde;a (en Cantabria, el 7,7%), unos niveles que no se ve&iacute;an desde hace m&aacute;s de 35 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        La entrada en escena de la inflaci&oacute;n es una noticia muy preocupante. Hasta ahora, las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas en Espa&ntilde;a y, lo que es a&uacute;n m&aacute;s importante, en Europa, estaban teniendo un car&aacute;cter expansivo: se estaba tratando de ayudar a la econom&iacute;a a recuperarse del shock ocasionado por la pandemia. Un acierto, reflejo de que s&iacute; hemos aprendido algo de los errores con los que se abord&oacute; la anterior crisis.
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora, el escenario puede cambiar. Si la situaci&oacute;n de inflaci&oacute;n excesiva se prolonga, y si se traslada al conjunto de la econom&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de los precios de la energ&iacute;a, las pol&iacute;ticas podr&iacute;an cambiar de signo y orientarse a frenar la econom&iacute;a o, al menos, dejar de estimularla, para contener la inflaci&oacute;n. Crucemos los dedos para que no aparezca ese escenario, que complicar&iacute;a mucho el panorama econ&oacute;mico y la recuperaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        De momento, ya comienza a haber se&ntilde;ales preocupantes: la inflaci&oacute;n subyacente (que descuenta del c&aacute;lculo los productos energ&eacute;ticos y los alimentos no elaborados), muy baja hasta hace pocos meses, ha subido en febrero hasta alcanzar el 3% en Espa&ntilde;a (en Cantabria tambi&eacute;n se ha situado en el 3%), por encima del umbral del 2% en el que la inflaci&oacute;n comienza a preocupar en Europa. Veremos en los pr&oacute;ximos meses qu&eacute; ocurre.
    </p><p class="article-text">
        La causa &uacute;ltima de estos problemas es la guerra. No obstante, el mecanismo que est&aacute; actuando como correa de transmisi&oacute;n son los precios de la electricidad, cuyo sistema de fijaci&oacute;n est&aacute; revelando unos problemas que hasta ahora se ignoraban. 
    </p><p class="article-text">
        Este sistema tiene un funcionamiento que se denomina marginalista. Existe un mercado diario, en el que los precios de la electricidad fluct&uacute;an en funci&oacute;n de la oferta y la demanda prevista. Cada d&iacute;a, las empresas lanzan sus ofertas para el d&iacute;a siguiente y se realiza una subasta, en la cual primero se tienen en cuenta las ofertas m&aacute;s baratas. Estas son las derivadas de fuentes de energ&iacute;a con bajos costes variables. 
    </p><p class="article-text">
        Es el caso de la energ&iacute;a nuclear, cuyos costes son fundamentalmente fijos (mantener en funcionamiento una central), mientras que los costes variables de producir un poco m&aacute;s o un poco menos de electricidad una vez la central est&aacute; en funcionamiento son relativamente bajos; en consecuencia, una unidad de electricidad producida de esta forma puede venderse tambi&eacute;n a un precio bajo. 
    </p><p class="article-text">
        Algo similar ocurre con las energ&iacute;as renovables, que tambi&eacute;n cubren, con precios bajos, los primeros tramos de la subasta. La subasta se completa, hasta que se cubre toda la demanda prevista, con las ofertas m&aacute;s caras. Estas proceden de fuentes de energ&iacute;a con mayores costes variables (esto es, para las que producir una unidad adicional s&iacute; repercute notoriamente en el coste), como son el gas y el carb&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La clave del sistema radica en que el precio de la electricidad lo marca el precio marginal: el precio de la oferta m&aacute;s cara que entra dentro de la subasta. Esto es, el precio de la fuente de energ&iacute;a m&aacute;s cara que entra en el sistema se aplica no solo a ella, sino al conjunto de la electricidad del d&iacute;a. Es un funcionamiento que no es exclusivo de Espa&ntilde;a, sino que es similar al de los dem&aacute;s pa&iacute;ses europeos. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en las actuales circunstancias, se est&aacute; revelando como muy problem&aacute;tico: el gas, en la mayor parte de los pa&iacute;ses de Europa, tiene una fuerte dependencia de las importaciones procedentes de Rusia, con lo cual su precio est&aacute; sufriendo una enorme subida. Al ser esta la fuente de energ&iacute;a m&aacute;s cara acaba siendo, tambi&eacute;n, debido al sistema de fijaci&oacute;n de precios marginalista, la que determina el precio de toda la electricidad. 
    </p><p class="article-text">
        Urgen soluciones. Urgen, para que la econom&iacute;a no afronte una espiral inflacionista que acabe poniendo en grave peligro la recuperaci&oacute;n. Urgen tambi&eacute;n para los consumidores dom&eacute;sticos, los hogares, que comienzan a sufrir las consecuencias de un desorbitado aumento de los precios de la energ&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        El ahorro de energ&iacute;a ha de ser una pr&aacute;ctica imperiosa, no ya por esta crisis, sino por un problema m&aacute;s de fondo: el cambio clim&aacute;tico y la necesidad de reducir nuestras emisiones de los gases que lo generan. Sin embargo, el ahorro energ&eacute;tico en los hogares tiene sus l&iacute;mites, especialmente a corto plazo, y no se puede olvidar que se trata de productos b&aacute;sicos: la electricidad, y la calefacci&oacute;n son indispensables para las necesidades vitales; pero, con estos precios, las personas con un bajo nivel de renta tendr&aacute;n graves dificultades para pagar la electricidad y la calefacci&oacute;n que necesitar&iacute;an. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es imprescindible que lleguen pronto soluciones. Para eso ha de servir la política económica. Y, aunque no dependa de la política económica (o no del todo, ya que también influye), es vital que pare también pronto la guerra y el drama humano que supone</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y urgen soluciones, asimismo, para los sectores econ&oacute;micos m&aacute;s sensibles a los precios de la energ&iacute;a. Y, dentro de ellos, muy particularmente, para un sector de especial importancia para la econom&iacute;a de Cantabria: la industria electrointensiva. 
    </p><p class="article-text">
        Se denomina industria electrointensiva a aquella industria para la que los costes de la energ&iacute;a suponen un porcentaje elevado de los costes totales de producci&oacute;n, que puede ser muy superior, por ejemplo, al coste de la mano de obra. Es el caso de ramas de la industria b&aacute;sica, tales como la siderurgia, la industria qu&iacute;mica y la metalurgia, que en Cantabria contin&uacute;an teniendo un peso muy relevante en el tejido productivo y en el empleo. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de la patronal de la industria electrointensiva, el precio al que pagaron la electricidad en el mercado diario oscil&oacute; en torno a los 40-50 euros el MWh entre 2014 y 2019, mientras que habr&iacute;a subido por encima de los 200 euros/MWh actualmente, y podr&iacute;a situarse en torno a los 400 en los pr&oacute;ximos trimestres, de acuerdo a la cotizaci&oacute;n del mercado de futuros. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras la industria electrointensiva haya podido comprar la energ&iacute;a anticipadamente, sin acudir al mercado diario, habr&aacute; esquivado el problema. Sin embargo, a medida que dichos contratos se agotan, y la industria tiene que recurrir al mercado diario, el problema eclosiona. No ya solo por el elevado precio, que repercutir&aacute; enormemente en sus costes y, con ello, en su rentabilidad, sino tambi&eacute;n por la incertidumbre: no es solo que la industria tendr&aacute; que pagar un precio caro por la energ&iacute;a que necesita, sino que desconoce hasta qu&eacute; punto ese precio se puede disparar la pr&oacute;xima semana. 
    </p><p class="article-text">
        En esa situaci&oacute;n, muchas f&aacute;bricas comienzan a optar por parar temporalmente la producci&oacute;n. La preocupaci&oacute;n y el miedo por su futuro se extienden entre los trabajadores, y entre los habitantes de las comarcas cuyo tejido productivo depende fuertemente de estas industrias.
    </p><p class="article-text">
        Es imprescindible que lleguen pronto soluciones. Para eso ha de servir la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Y, aunque no dependa de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica (o no del todo, ya que tambi&eacute;n tiene su influencia), es vital que pare tambi&eacute;n pronto la guerra y el drama humano que supone. &ldquo;Ojal&aacute; vivas tiempos interesantes&rdquo;, dice una maldici&oacute;n inglesa que algunos atribuyen, por lo visto sin un fundamento probado, a un origen chino. Vivimos tiempos interesantes, s&iacute;. Apasionantes para estudiarlos en un futuro. Pero ya nos merecemos un poco de tranquilidad, &iquest;no?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tiempos-interesantes_132_8827540.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Mar 2022 21:28:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tiempos interesantes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Volver]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/volver_132_5956481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a424ab9-7e2c-43a3-accc-065a8323d500_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los economistas no hemos vivido nada parecido. No es una crisis económica al uso, porque no hay, al menos en origen, un elemento económico real causándola.</p></div><p class="article-text">
        Ayer volv&iacute; a salir a la calle. Es una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a volver a encontrarse con ella, aunque sea en peque&ntilde;as dosis. Cuesta reconocer los paisajes cotidianos, y cuesta tambi&eacute;n reconocerse a uno mismo. Al caminar por el parque encuentro la hierba alta, salvaje; mientras, flores de todos los colores salpican el prado, que muestra un color verde tan profundo que ni las retinas ni la memoria lo recordaban. Las calles, vac&iacute;as de coches muestran un silencio inc&oacute;modo, estremecedor, una se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que algo pasa. Da miedo. Hasta que escuchas a los p&aacute;jaros.
    </p><p class="article-text">
        En estas duras semanas de confinamiento me ha hecho sentir bien asomarme a la ventana y sorprenderme con el canto de los p&aacute;jaros, en plena ciudad. Siempre estuvieron all&iacute;, al parecer, pero no los escuch&aacute;bamos. O, si los escuch&aacute;bamos, no los hac&iacute;amos caso. Mezcla de sensaciones, en definitiva, al volver a pisar el mundo que hay detr&aacute;s de las paredes de casa.
    </p><p class="article-text">
        La mirada hostil, desconfiada, de esos ojos, al borde de una mascarilla, que huyen desde el otro extremo de la acera. Y poco despu&eacute;s, la sonrisa amable del conductor de un autob&uacute;s, acompa&ntilde;ada del sonido de la bocina, ambos dedicados al ni&ntilde;o que va de mi mano, aprendiendo a caminar y asombr&aacute;ndose al descubrir esa realidad que hab&iacute;a ah&iacute; fuera. Un momento en el que es inevitable preguntarse, &iquest;c&oacute;mo ser&aacute; el mundo cuando pase todo esto?
    </p><p class="article-text">
        Me pregunta alg&uacute;n amigo, alg&uacute;n familiar, estos d&iacute;as, qu&eacute; pasar&aacute; con nuestra econom&iacute;a. C&oacute;mo saldremos de esto. No lo s&eacute;. Una combinaci&oacute;n de palabras impensable, m&uacute;sica celestial cuando, por fin, la escucho pronunciada por un experto. &ldquo;No lo s&eacute;&rdquo;, responde Fernando Sim&oacute;n, tranquilo, con naturalidad, gan&aacute;ndose sin duda mi simpat&iacute;a y, posiblemente, incluso, mi confianza. Porque decido que, a partir de ahora, dejar&eacute; de dedicar horas a seguir las noticias sobre la evoluci&oacute;n de la pandemia, y me bastar&aacute; con lo que este hombre vaya diciendo.
    </p><p class="article-text">
        En alguien has de confiar, en este momento de zozobra, m&aacute;xime si las religiones y las patrias te resultan algo lejano y lo m&aacute;s parecido a ello que encuentras, el f&uacute;tbol, est&aacute; suspendido. &ldquo;No lo s&eacute;&rdquo;. Cu&aacute;nta honradez en esa frase, cu&aacute;nta sabidur&iacute;a desprende de quien es consciente, antes de nada, de sus limitaciones. Cu&aacute;nta confianza me da esa frase, frente a tanto experto en todo, y frente a tanto vendedor de peines, un perfil que, como las setas de este mes de abril tan at&iacute;pico, prolifera en toda crisis.
    </p><p class="article-text">
        Ante las preguntas sobre qu&eacute; pasar&aacute; con nuestra econom&iacute;a, mi respuesta es esa. No lo s&eacute;. Los economistas no hemos vivido nada parecido. No es una crisis econ&oacute;mica al uso, porque no hay, al menos en origen, un elemento econ&oacute;mico real caus&aacute;ndola. No es, tampoco, algo similar a una guerra. En una guerra hay grandes da&ntilde;os materiales. Aqu&iacute; no. Cuando regresemos al trabajo, nuestras f&aacute;bricas, nuestras oficinas, nuestras aulas, estar&aacute;n ah&iacute;, al menos f&iacute;sicamente. Esa es una enorme ventaja. Pero, por otro lado, en las guerras gran parte de la actividad productiva contin&uacute;a, e incluso se intensifica, estimulada por las necesidades de suministros. En ese sentido, esto, desde el punto de vista econ&oacute;mico, es peor.
    </p><p class="article-text">
        Para la salida de esta crisis, desde el punto de vista econ&oacute;mico, podemos dibujar dos escenarios diferentes. Uno, el m&aacute;s optimista, ser&iacute;a una salida en forma de V: una ca&iacute;da muy pronunciada, seguida de una recuperaci&oacute;n relativamente r&aacute;pida (en aproximadamente dos a&ntilde;os), tras lo cual volver&iacute;amos a una situaci&oacute;n parecida a la anterior a la crisis. Para ello, har&iacute;a falta un est&iacute;mulo p&uacute;blico muy importante. Un s&iacute;mil sanitario ser&iacute;a el esfuerzo por reanimar a un paciente (en este caso, nuestra econom&iacute;a) al que se le ha inducido una parada cardiorrespiratoria.
    </p><p class="article-text">
        En ello est&aacute;n nuestros gobiernos. Primero, amortiguando el impacto del golpe: dando inyecciones de ox&iacute;geno (en forma de dinero) a trabajadores (por ejemplo, mediante los ERTES) y a empresas para evitar que el shock pase de temporal a definitivo. Despu&eacute;s, ser&aacute; necesario impulsar la actividad econ&oacute;mica. Un esfuerzo costoso, que habr&iacute;a de iniciarse pronto y prolongarse durante una buena temporada. Es importante ser conscientes de que todo ese esfuerzo no ofrece una garant&iacute;a absoluta de &eacute;xito. Porque eso, en econom&iacute;a, no existe. Aun as&iacute;, hay que intentarlo.
    </p><p class="article-text">
        El otro escenario, m&aacute;s pesimista, dibujar&iacute;a una crisis en forma de U: esto es, la ca&iacute;da que ya estamos viviendo, muy pronunciada, pero seguida de una recuperaci&oacute;n mucho m&aacute;s dilatada en el tiempo. Esto podr&iacute;a ocurrir si no se hacen los esfuerzos suficientes por reactivar la econom&iacute;a, o si la situaci&oacute;n se prolonga tanto tiempo que se genera un da&ntilde;o econ&oacute;mico real. Un problema econ&oacute;mico que, a diferencia de otras crisis, no estaba en el origen de &eacute;sta, pero que podr&iacute;a acabar gener&aacute;ndose como consecuencia de la misma. Por ejemplo, si un n&uacute;mero significativo de empresas no resiste, cierra y ello se traduce en la p&eacute;rdida de empleos; o si los ingresos de los trabajadores, por ese u otros motivos, sufren un deterioro que acaba traslad&aacute;ndose al consumo; o si el Estado se queda sin capacidad econ&oacute;mica para apoyar el est&iacute;mulo, porque la situaci&oacute;n se prolonga demasiado o, como ocurri&oacute; en 2010, porque llegan perturbaciones en los mercados y la solidaridad europea vuelve a no estar a la altura.
    </p><p class="article-text">
        Este escenario negativo, en forma de U, podr&iacute;a aparecer tambi&eacute;n si el problema sanitario causado por el virus se prolonga, o rebrota. Si, debido a ello, las restricciones han de prolongarse, o han de volver. Podr&iacute;amos dibujar incluso, como una variante, un escenario en forma de W, con la ca&iacute;da pronunciada que ya hemos vivido, el inicio de una recuperaci&oacute;n y una nueva reca&iacute;da. &iquest;Puede algo de esto ocurrir? Vuelvo a mi respuesta inicial: no lo sabemos. No podemos saberlo.
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico que podemos hacer es asumir un nivel de riesgo, sanitario y econ&oacute;mico y, como ciudadanos, acostumbrarnos a vivir con ese riesgo, con esa incertidumbre. Sabiendo, por tanto, que el riesgo cero no va a existir, &iquest;cu&aacute;l ser&aacute; el nivel de riesgo que estaremos dispuestos a asumir? A esa pregunta habr&aacute; respondido el Gobierno al dise&ntilde;ar el plan de desescalada. En unos meses sabremos si fue un acierto o no. De momento, no nos queda mucho m&aacute;s que confiar, respetar las normas, colaborar en que el plan funcione&hellip; y cruzar los dedos para que as&iacute; sea.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, no solo eso. Nos queda, y que no suene a t&oacute;pico, algo muy importante: valorar todo lo que tenemos en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Todo aquello que antes era normal y con lo que ahora, al cerrar los ojos, sue&ntilde;o. Ese fin de semana en el pueblo con mi pareja y mi hijo, frustrado por el Estado de Alarma. Esas vacaciones y ese viaje, no s&eacute; a d&oacute;nde, no me importa. Probablemente no ser&aacute; lejos, pero ser&aacute; un sitio nuevo. Ese abrazo con mis padres, esa caminata pendiente con mi padre, esa mirada de mi madre, y la de mi abuela. Ese d&iacute;a compartido con mis amigos. Ese ba&ntilde;o en el mar, y esas vistas desde lo alto de esa monta&ntilde;a que a&uacute;n no s&eacute; cu&aacute;l es, pero que pronto subir&eacute;. Porque esta crisis, si para algo ha servido, es para hacernos conscientes de nuestra enorme fragilidad. De la fragilidad de todo lo que nos rodea, de todo lo que nos hace felices y que una ma&ntilde;ana, con un soplo de viento, podemos perder. Y que, ahora, so&ntilde;amos con recuperar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/volver_132_5956481.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el Norte los problemas también existen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/norte-problemas-existen_132_1438682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b74c512b-6434-4fda-9209-2645b2d53bb3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="En el Norte, los problemas también existen. Por Marcos Fernández Gutiérrez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reproducción del giro del empleo hacia un modelo orientado a los servicios de bajo valor añadido que se ha producido a nivel estatal ha tenido en Cantabria consecuencias particularmente perniciosas sobre el deterioro de la productividad, de los salarios y de la calidad del empleo.</p></div><p class="article-text">
        Parece que ya ha terminado (o, al menos, eso espero) el periodo de m&uacute;ltiples elecciones que hemos vivido en los &uacute;ltimos meses. Es tiempo, por tanto, de poner encima de la mesa algunos de los problemas que los nuevos gobiernos habr&iacute;an de abordar. Uno de ellos es, sin duda, el paro: el problema que, seg&uacute;n indican las encuestas del CIS, es se&ntilde;alado por la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola como el m&aacute;s grave de nuestro pa&iacute;s. El indicador m&aacute;s habitualmente utilizado para medir este problema es la tasa de paro, cuyos datos aparecen frecuentemente en los medios. Este indicador, no obstante, puede dar lugar a equ&iacute;vocos importantes. Por ejemplo, a infravalorar la magnitud del problema en CCAA como la nuestra. Lo explico con m&aacute;s detalle a continuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la tasa de paro por CCAA, tomando la media del &uacute;ltimo a&ntilde;o completo (2018). Como se observa, las mayores tasas de paro se detectan en las CCAA del Sur de Espa&ntilde;a: en Extremadura y en Andaluc&iacute;a, adem&aacute;s de en Canarias, el paro se sit&uacute;a por encima del 20%. Por el contrario, las menores tasas de paro se observan al Norte y Noreste del pa&iacute;s: el Pa&iacute;s Vasco, Navarra, La Rioja y Arag&oacute;n rondan el 10%. Tambi&eacute;n Cantabria destaca positivamente: con un 10,7%, 4 puntos y medio por debajo de la media espa&ntilde;ola, nuestra Comunidad fue la quinta con menor tasa de paro en 2018. CCAA de nuestro entorno como Castilla y Le&oacute;n y Asturias tambi&eacute;n contaron con una tasa de paro inferior a la media estatal. Si se mira &uacute;nicamente este indicador, podr&iacute;a pensarse que el paro es un problema enquistado en la mitad Sur de Espa&ntilde;a, mientras que las CCAA del Norte estar&iacute;an ajenas al mismo y gozar&iacute;an, en general, de una buena situaci&oacute;n econ&oacute;mica. Sin duda, una imagen enga&ntilde;osa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La tasa de paro se calcula como el cociente entre el n&uacute;mero de parados (esto es, las personas que se encuentran buscando activamente un empleo) y el n&uacute;mero de activos (las personas que est&aacute;n activas en el mercado laboral, bien porque tienen un empleo o bien porque se encuentran busc&aacute;ndolo activamente). El n&uacute;mero de parados y, con ello, la tasa de paro, puede disminuir fundamentalmente de dos formas. Una es que personas que est&eacute;n buscando un empleo lo encuentren y pasen, de esta forma, a estar ocupados. Otra, no necesariamente positiva, es que quienes buscan activamente empleo en el territorio dejen de hacerlo sin haber encontrado dicho empleo: bien porque emigren a otro lugar o bien porque pasen a situaci&oacute;n de inactividad (jubilados y prejubilados, estudiantes, personas dedicadas a las tareas del hogar o al cuidado de familiares, personas desanimadas de continuar buscando un empleo, etc.). En cualquiera de estas situaciones, estas personas dejar&iacute;an de computar como parados en el territorio en cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, tener muchos parados es un problema, dado que refleja un desajuste entre el n&uacute;mero de personas que desean trabajar y el n&uacute;mero de puestos de trabajo disponibles. Dejar de tener parados, en cambio, no siempre es positivo. En ciertos casos puede estar reflejando un problema a&uacute;n mayor: que los parados dejan de buscar empleo o se van del territorio. Esto es lo que, de hecho, suele ocurrir en regiones o comarcas particularmente deprimidas. Por ejemplo, en Campoo, la comarca c&aacute;ntabra m&aacute;s castigada por la crisis industrial de los 80, la tasa de paro es inferior a la media de nuestra Comunidad y a la media estatal. Pero ello no significa que los problemas econ&oacute;micos de esta comarca hayan desaparecido, sino que buena parte de sus habitantes (en particular, los parados) se han ido, desesperanzados ante la escasez de oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        Es por ello que analizar la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de un territorio solamente a partir de su tasa de paro puede resultar muy enga&ntilde;oso. Desde mi punto de vista, resulta conveniente prestar atenci&oacute;n a otro indicador m&aacute;s directo: el n&uacute;mero de ocupados. Esto es, cuantas personas tienen un empleo en el territorio, y su evoluci&oacute;n. Aqu&iacute;, las cifras tienen menos trampa, aunque no se libran del todo de ello: la precarizaci&oacute;n del empleo y, en especial, la creciente rotaci&oacute;n de los contratos hacen cada vez m&aacute;s necesario no solo mirar a la cantidad de empleo, sino tambi&eacute;n a la calidad del mismo. Sin embargo, para no extenderme demasiado, esto &uacute;ltimo lo dejar&eacute; para otro art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, a partir del gr&aacute;fico 2, analizo la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero de ocupados por CCAA, para un periodo lo suficientemente largo de tiempo (1976-2018) como para detectar tendencias estructurales. En el gr&aacute;fico est&aacute; representada la evoluci&oacute;n del empleo en todas las CCAA espa&ntilde;olas. He marcado algunas de ellas en color, que me sirven como ejemplos particularmente ilustrativos.
    </p><p class="article-text">
        En funci&oacute;n de la evoluci&oacute;n del empleo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, las CCAA se pueden dividir en cuatro grupos. En primer lugar, las CCAA insulares (Baleares, en color amarillo, con su caracter&iacute;stica estacionalidad del empleo, y Canarias), junto con Madrid (en color negro) y Murcia, han duplicado sus niveles de empleo en el periodo analizado. En segundo lugar, con una evoluci&oacute;n mejor que el promedio estatal, aunque no tan positiva como las anteriores, Andaluc&iacute;a (color verde oscuro) y Catalu&ntilde;a (en color naranja), al igual que la Comunidad Valenciana y Navarra, han aumentado su n&uacute;mero de ocupados en m&aacute;s de un 50% en las cuatro &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En tercer lugar se encuentra un grupo de CCAA en las que ha aumentado el empleo en el periodo analizado, pero lo ha hecho bastante menos que la media nacional. Entre ellas se sit&uacute;a Cantabria (en color rojo), con un aumento del empleo del 34%, junto con otras CCAA como el Pa&iacute;s Vasco (en color verde claro), La Rioja y Arag&oacute;n. Por &uacute;ltimo, en un cuarto grupo de CCAA el empleo se ha mantenido pr&aacute;cticamente estancado en las cuatro &uacute;ltimas d&eacute;cadas (casos de Castilla y Le&oacute;n, en color morado, y Extremadura) o incluso ha disminuido (Asturias, en color azul, y Galicia contaban con m&aacute;s personas trabajando en 1976 que en la actualidad).
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                </figure><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 sirve tambi&eacute;n para ilustrar dos etapas muy diferenciadas en la evoluci&oacute;n reciente de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola. Una primera, desde mediados de los 70 hasta principios de los 90, con un gran deterioro del mercado laboral y marcada por la crisis industrial, que afect&oacute; especialmente a las CCAA del Norte. Y una segunda, desde mediados de los 90 hasta la actualidad, en la que, salvo la brusca interrupci&oacute;n que supuso la crisis, se ha vivido un gran crecimiento del empleo, pero muy desigual entre CCAA: la creaci&oacute;n de empleo se est&aacute; concentrando fundamentalmente en Madrid, en las islas y en el arco mediterr&aacute;neo, mientras que el Norte y el Oeste del pa&iacute;s se han ido quedando atr&aacute;s. Es, ni m&aacute;s ni menos, que la consecuencia territorial del giro del modelo econ&oacute;mico espa&ntilde;ol, de una econom&iacute;a anteriormente liderada por la industria a otra orientada al turismo y la construcci&oacute;n, con una &ldquo;isla&rdquo; enfocada a los servicios de alta cualificaci&oacute;n como es Madrid. En este modelo, las CCAA del Norte salimos perjudicadas, con una evoluci&oacute;n del empleo netamente peor que la media nacional. En Cantabria, el empleo ha evolucionado algo mejor que en las CCAA lim&iacute;trofes; sin embargo, como reflej&eacute; en un reciente art&iacute;culo, la reproducci&oacute;n del giro hacia un modelo orientado a los servicios de bajo valor a&ntilde;adido que se ha producido a nivel estatal ha tenido, en nuestra Comunidad, consecuencias particularmente perniciosas sobre el deterioro de la productividad, de los salarios y de la calidad del empleo. En este contexto, nuestra baja tasa de paro (inferior a las de Madrid o Baleares, por ejemplo) es, al igual que en casos como los de Asturias, Castilla y Le&oacute;n y Galicia (todas ellas por debajo de la media estatal), un espejismo. Se trata de una imagen enga&ntilde;osa, que oculta una insuficiencia de oportunidades de empleo y, ligado a ello, un escaso dinamismo de la poblaci&oacute;n, reflejado en la escasa natalidad y la emigraci&oacute;n de j&oacute;venes. Los problemas del mercado laboral, en definitiva, existen y persisten, tambi&eacute;n en el Norte. Y, vinculados a ellos, problemas sociales muy serios, como el envejecimiento y la despoblaci&oacute;n. El gran reto para los economistas es medirlos adecuadamente para, con ello, poder ofrecer pistas sobre c&oacute;mo abordarlos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/norte-problemas-existen_132_1438682.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jul 2019 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el Norte los problemas también existen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[CIS - Centro de Investigaciones Sociológicas,Paro,Empleo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuándo se fastidió Cantabria?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fastidio-cantabria_132_1869793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25959a2b-44eb-4ead-9ade-7930e5f4a0b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fuente: 1950-1990, &#039;Estadísticas históricas de España&#039; (Fundación BBVA); 1995-2017, Contabilidad Regional del INE."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las causas del declive de Cantabria son profundas, se remontan a hace más de medio siglo y se encuentran en las carencias de nuestra estructura productiva.</p><p class="subtitle">La comunidad autónoma ha perdido, en los últimos 50 años, alrededor de una cuarta parte de su peso en la economía española.</p></div><p class="article-text">
        Hace tiempo escuch&eacute; a un amigo argentino decir que, en el mundo, existen cuatro tipos de pa&iacute;ses: los pa&iacute;ses desarrollados, los subdesarrollados, los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo&hellip; y Argentina, que ser&iacute;a un pa&iacute;s en v&iacute;as hacia el subdesarrollo. Esta ocurrente frase (que, no obstante, no era original suya) hace referencia, con mucha sorna, al declive econ&oacute;mico sufrido por Argentina. Un pa&iacute;s que, tras una interminable sucesi&oacute;n de crisis econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y sociales, pas&oacute; de contar con uno de los niveles de vida m&aacute;s altos del planeta, hace apenas cien a&ntilde;os, a ser superado por decenas de naciones europeas, asi&aacute;ticas y latinoamericanas. Ante ello, en aquel pa&iacute;s, parafraseando el inicio de una novela de Mario Vargas Llosa, han sido numerosas las reflexiones que han planteado la pregunta: &iquest;Cu&aacute;ndo se jodi&oacute; la Argentina?
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria, sin llegar, ni mucho menos, al grado de deterioro econ&oacute;mico que ha sufrido Argentina, tambi&eacute;n tenemos una cierta sensaci&oacute;n de declive. Un lamento, muy extendido, por un esplendor que perdimos un d&iacute;a, arrastrado por el viento de alguna borrasca. Lo que no nos ponemos de acuerdo es en precisar cu&aacute;ndo ocurri&oacute; ese declive, ni en a qui&eacute;n culpar. En esta historia, como casi siempre, parecen existir tantas versiones como visiones pol&iacute;ticas. Ante ello, me parece oportuno realizar un an&aacute;lisis a largo plazo de la trayectoria econ&oacute;mica de nuestra comunidad, con el objetivo de responder, con datos, a la pregunta de: &iquest;En qu&eacute; momento se fastidi&oacute; Cantabria?
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la evoluci&oacute;n, desde 1950, del PIB por habitante de Cantabria, en comparaci&oacute;n con dos&nbsp;comunidades aut&oacute;nomas&nbsp;de nuestro entorno (Asturias y Navarra) y con la media espa&ntilde;ola (que, para mayor simplicidad, se hace equivaler a 100 durante todo el periodo). El PIB por habitante mide el volumen de actividad econ&oacute;mica en relaci&oacute;n al tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n de un territorio; refleja, de esta forma, cu&aacute;l es el nivel de vida medio en dicho territorio.
    </p><p class="article-text">
        A mediados del&nbsp;siglo XX, Cantabria, Asturias y Navarra ten&iacute;an un PIB por habitante muy similar: aproximadamente, un 15% por encima de la media estatal. Desde entonces, sin embargo, Cantabria y Asturias han experimentado un prolongado declive en relaci&oacute;n a la media espa&ntilde;ola. En 1990, el PIB por habitante de Cantabria hab&iacute;a pasado a ser un 6% inferior al promedio estatal; el de Asturias, por su parte, hab&iacute;a ca&iacute;do hasta 12 puntos por debajo de dicho promedio. Navarra, en cambio, hab&iacute;a mejorado su posici&oacute;n y se encontraba un 23% por encima de la media espa&ntilde;ola. Desde 1990, estas cifras no han experimentado grandes cambios. La distancia entre Cantabria y la media espa&ntilde;ola ha aumentado algo, hasta alcanzar el 10% en 2017. Asturias y Navarra se sit&uacute;an, respectivamente, un 12% por debajo y un 24% por encima del promedio estatal.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 muestra c&oacute;mo ha evolucionado en estas d&eacute;cadas el peso de Cantabria, Asturias y Navarra en el PIB de Espa&ntilde;a. Esto es, c&oacute;mo ha ido variando, en este tiempo, lo que representa cada una de estas autonom&iacute;as&nbsp;en relaci&oacute;n al total de actividad econ&oacute;mica existente en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Asturias supon&iacute;a, a mediados del&nbsp;siglo&nbsp;XX, el 3,2% del PIB estatal. Desde entonces, su peso ha sufrido una enorme disminuci&oacute;n, cayendo hasta el 1,95% en 2017. La trayectoria seguida por Cantabria ha sido similar, aunque con un declive no tan pronunciado. A mediados del&nbsp;siglo XX, nuestra comunidad representaba el 1,4% del PIB estatal. Tras una sustancial ca&iacute;da en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, dicha cifra es actualmente del 1,07%. Cantabria ha perdido, en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os, alrededor de una cuarta parte de su peso en la econom&iacute;a espa&ntilde;ola. Si la econom&iacute;a c&aacute;ntabra hubiera evolucionado al mismo ritmo que la estatal, contar&iacute;a actualmente con unos 4.000 millones de euros m&aacute;s de actividad al a&ntilde;o; esto es, con nuestra actual cifra de productividad, lo necesario para generar cerca de 70.000 puestos de trabajo. Esta enorme p&eacute;rdida es lo que representa, para Cantabria, habernos quedado descolgados durante tanto tiempo. Navarra, por el contrario, ha ganado peso: de suponer el 1,41% del PIB espa&ntilde;ol en 1960 al 1,76% en 2017. De haber seguido el ritmo de Navarra, Cantabria contar&iacute;a actualmente con 8.500 millones de euros m&aacute;s de actividad econ&oacute;mica al a&ntilde;o.
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        &iquest;Cu&aacute;les son las claves que explican esta evoluci&oacute;n? Cantabria ten&iacute;a, a mediados del siglo&nbsp;XX, un modelo productivo que, para aquella &eacute;poca, era relativamente exitoso. Pivotaba en torno a la industria, con una clara especializaci&oacute;n en dos sectores: el metal y la industria qu&iacute;mica. Cantabria era, tras el Pa&iacute;s Vasco y Catalu&ntilde;a, y al nivel de Asturias, el territorio donde un mayor porcentaje del PIB se obten&iacute;a de la industria. La nuestra era, tambi&eacute;n, una industria muy concentrada en un pu&ntilde;ado de grandes empresas, y orientada a un mercado nacional entonces muy protegido de la competencia exterior.
    </p><p class="article-text">
        A partir de los a&ntilde;os 60, Espa&ntilde;a experiment&oacute; un intenso desarrollo econ&oacute;mico, acompa&ntilde;ado de la apertura al exterior. Surgieron nuevos sectores industriales, o se potenciaron algunos ya existentes (por ejemplo, la industria del autom&oacute;vil), sobre los que pasar&iacute;a a pivotar la econom&iacute;a. Se desarrollaron tambi&eacute;n los servicios y, dentro de ellos, actividades intensivas en conocimiento, que en d&eacute;cadas posteriores han liderado la creaci&oacute;n de empleo en las comunidades aut&oacute;nomas m&aacute;s avanzadas. El Pa&iacute;s Vasco, Catalu&ntilde;a, Madrid y Navarra han sido, desde entonces, capaces de adaptar sus estructuras productivas a los nuevos tiempos, profundizando su liderazgo econ&oacute;mico. Cantabria, en cambio, al igual que Asturias, perdi&oacute; paulatinamente su posici&oacute;n ventajosa. Se fue quedando descolgada ya durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de la dictadura: no estuvo, ni de lejos, a la vanguardia en el desarrollo de las actividades m&aacute;s prometedoras, y tampoco recibi&oacute; el apoyo de las pol&iacute;ticas de la &eacute;poca, que trataron de ayudar a regiones rezagadas (y Cantabria, en aquel entonces, a&uacute;n no lo era). A ello se sum&oacute; el gran abandono de la inversi&oacute;n estatal en nuestras infraestructuras, que se prolongar&iacute;a durante todo el&nbsp;siglo XX, y que a&uacute;n perdura.
    </p><p class="article-text">
        Aislada del resto del mundo y carente de las actividades m&aacute;s din&aacute;micas, Cantabria se enfrentar&iacute;a, durante los a&ntilde;os 70 y 80, a graves problemas. La Crisis del Petr&oacute;leo primero, y la incorporaci&oacute;n al Mercado &Uacute;nico europeo despu&eacute;s, afectaron de lleno precisamente al tipo tejido productivo (por sectores, tama&ntilde;o de las empresas y orientaci&oacute;n al mercado nacional) en el que estaba especializada nuestra comunidad. Entre mediados de los 70 y mediados de los 90, Cantabria perdi&oacute; en torno a 20.000 empleos industriales, aproximadamente un tercio de los que ten&iacute;a. Pas&oacute; de tener una docena de empresas industriales con m&aacute;s de 1.000 trabajadores a apenas tres. Lo peor fue, no obstante, que el modelo previamente existente se desmoron&oacute; sin que hubiera un relevo que estuviera a su altura. Y sigue, de hecho, sin haberlo. El peso de la industria en el empleo de nuestra comunidad ha ca&iacute;do hasta el 13,7%, frente al 25,3% en Navarra; la mayor diferencia, adem&aacute;s, radica en las actividades industriales m&aacute;s din&aacute;micas, las de intensidad tecnol&oacute;gica media-alta. El valor que generaba la industria navarra era, hace 60 a&ntilde;os, la mitad que el de Cantabria; actualmente, es m&aacute;s del doble. Nuestro modelo productivo ha girado hacia el sector servicios pero, dentro del mismo, predominan las actividades de baja productividad; en cambio, los servicios intensivos en conocimiento suponen menos del 36% del empleo, 4 puntos menos que en la media de la UE. Ya hace d&eacute;cadas, muchos quisieron vender que nuestro nuevo man&aacute; lo encontrar&iacute;amos en la construcci&oacute;n y en el turismo. Los resultados ya se han visto: poco valor a&ntilde;adido y empleo de mala calidad.
    </p><p class="article-text">
        La causa del declive econ&oacute;mico de Cantabria, por tanto, no es el actual Gobierno auton&oacute;mico, ni el anterior, ni tampoco los gobiernos previos. Se les puede achacar a todos ellos, eso s&iacute;, que no hayan servido como revulsivo. Tampoco puede echarse la culpa a la creaci&oacute;n de la autonom&iacute;a: su estreno, a principios de los 80, coincidi&oacute; con el momento de mayor deterioro de la econom&iacute;a c&aacute;ntabra, pero ello no implica que existiera una relaci&oacute;n causa-efecto. Las causas del declive eran, y siguen siendo, m&aacute;s profundas, y se encuentran en las carencias de nuestra estructura productiva. Se remontan a hace m&aacute;s de medio siglo. A ese momento clave en el que comenzamos a quedarnos descolgados. A ese momento en el que nuestro &uacute;ltimo modelo productivo relativamente exitoso comenz&oacute; a agrietarse, para despu&eacute;s desmoronarse. Han pasado varias d&eacute;cadas, pero en nuestra comunidad siguen escaseando las empresas con capacidad de vender en el exterior, siguen escaseando las actividades industriales y de servicios de alta productividad y siguen escaseando los empleos con salarios decentes. Sin ese motor, el conjunto de la actividad languidece, y los j&oacute;venes contin&uacute;an march&aacute;ndose a centenares, en busca de mejores oportunidades. Cantabria necesita un modelo productivo mejor. Una estructura productiva que haga posible que muchas m&aacute;s personas puedan vivir bien sin tener que salir huyendo de aqu&iacute;. Llevamos m&aacute;s de medio siglo necesit&aacute;ndolo. Pero los cambios no llegar&aacute;n solos. Necesitan una estrategia adecuada y actuaciones que tengan en mente el futuro de nuestra tierra, sin mirar exclusivamente al corto plazo. &iquest;Tendremos que esperar otro medio siglo, o m&aacute;s, para verlo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fastidio-cantabria_132_1869793.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Oct 2018 18:36:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuándo se fastidió Cantabria?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cantabria es la quinta comunidad con menor número de hijos por mujer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sociedad-necesita-renovarse_132_1947571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a499d4c4-c64b-4e6a-ae7e-3fa435e13557_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="(AMP) La Seguridad Social destinó 1.919 millones a prestaciones de maternidad y paternidad en 2017"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El número medio de hijos por mujer se ha situado en 1,31 en España, y en 1,17 en Cantabria, lo que supone menos de la mitad que hace 40 años</p><p class="subtitle">Esta tasa está muy por debajo del umbral de 2,1, considerado como el necesario para posibilitar el reemplazo generacional</p><p class="subtitle">Más de una veintena de municipios cántabros perderán al menos una cuarta parte de su población en las dos próximas décadas</p></div><p class="article-text">
        Hace cinco meses, la vida me regal&oacute; la maravillosa experiencia de ser padre. Pronto, me di cuenta de que estoy, sin duda, ante el reto m&aacute;s importante y, a su vez, el m&aacute;s bonito de mi vida. En estos meses, las tareas que conlleva la paternidad me han requerido casi todo mi tiempo y mi esfuerzo. Me han faltado ideas, y tambi&eacute;n horas, para reflexionar sobre los temas de&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/autores/marcos_fernandez_gutierrez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Econom&iacute;a Cercana&rdquo;</a> que abordo en mi art&iacute;culo mensual en este medio. No es de extra&ntilde;ar, tampoco, que este art&iacute;culo que ahora escribo, el primero tras esta pausa, aborde precisamente un problema relacionado con esta cuesti&oacute;n: el de la escasa natalidad.
    </p><p class="article-text">
        En estos meses, he conocido de primera mano la enorme alegr&iacute;a que aporta un ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido. A sus padres y a su entorno m&aacute;s inmediato, por supuesto, pero tambi&eacute;n a otras personas sin esa vinculaci&oacute;n tan cercana: vecinos, compa&ntilde;eros de trabajo o, incluso, desconocidos que, en la calle, en un comercio o en el autob&uacute;s, responden a la presencia del ni&ntilde;o contagi&aacute;ndose de su felicidad. Es tremenda la capacidad que tiene un ni&ntilde;o para transmitir sensaciones positivas. Para sacar lo mejor de cada uno: su lado m&aacute;s amable y m&aacute;s humano. Y para romper, durante unos instantes m&aacute;gicos, con dos de los grandes males que aquejan a nuestras sociedades, tan urbanas y tan modernas: el excesivo individualismo y la frialdad en las relaciones interpersonales.
    </p><p class="article-text">
        Resulta, pens&aacute;ndolo bien, muy l&oacute;gico que, como individuos sociales que somos, demos esa importancia al nacimiento de nuevos ni&ntilde;os. &Eacute;stos son, realmente, la &uacute;nica forma de renovarnos y de sobrevivir como sociedad (y como especie), ante un fen&oacute;meno inevitable como es el paso del tiempo. Sin ni&ntilde;os, todo desaparecer&iacute;a tras nosotros. Sin embargo, observo una triste incoherencia entre esas intensas emociones en el plano individual y, por contra, la escas&iacute;sima prioridad que, como sociedad, otorgamos a favorecer la natalidad. Basta dar un paseo por el centro de Santander, o por el de casi cualquier otra ciudad de nuestra comunidad, para constatar la absoluta escasez de ni&ntilde;os. Tambi&eacute;n en la periferia, barrios anta&ntilde;o llenos de vida se encuentran cada vez m&aacute;s envejecidos. Y el problema es, si cabe, a&uacute;n mayor en nuestras zonas rurales, que se desangran desde hace d&eacute;cadas ante la despoblaci&oacute;n y la falta de recambio generacional. Y, frente a ello, &iquest;qu&eacute; hacemos como sociedad? Bastante poco, en realidad, m&aacute;s all&aacute; de reaccionar con indiferencia o, si acaso, con resignaci&oacute;n. A continuaci&oacute;n, analizo algunos datos que ilustran la magnitud del problema.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra c&oacute;mo ha evolucionado, entre 1975 y 2017, el n&uacute;mero medio de hijos por mujer en Cantabria, en otras CCAA cercanas y a nivel estatal. Como se observa, a mediados de los 70, la media de hijos por mujer en Espa&ntilde;a era cercana a 2,8, mientras que en Cantabria se aproximaba a 2,7. En los veinte a&ntilde;os siguientes, estas cifras sufrieron una enorme ca&iacute;da. A mediados de los 90, el dato en nuestro pa&iacute;s se encontraba por debajo de 1,15; en nuestra comunidad, lleg&oacute; a rondar los 0,9. Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os del S. XX y los primeros del XXI, estas cifras remontaron algo, impulsadas por la llegada de poblaci&oacute;n inmigrante (m&aacute;s joven que la media de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola). Sin embargo, a partir de la crisis, la natalidad se ha vuelto a resentir. En 2017, &uacute;ltimo dato disponible, el n&uacute;mero medio de hijos por mujer se ha situado en 1,31 en Espa&ntilde;a, y en 1,17 en Cantabria. Menos de la mitad que hace 40 a&ntilde;os, y muy por debajo del umbral de 2,1, considerado como el necesario para posibilitar el reemplazo generacional. Un nivel del cual estamos, ya desde principios de los a&ntilde;os 80, muy alejados.
    </p><p class="article-text">
        El problema, aunque no es exclusivo de Cantabria, s&iacute; es particularmente grave en nuestra comunidad. Cantabria es la quinta CCAA con menor n&uacute;mero de hijos por mujer y, tambi&eacute;n, la quinta en la que m&aacute;s ha ca&iacute;do este indicador en las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas (a mediados de los 70, nuestra comunidad se encontraba en una posici&oacute;n intermedia). De las CCAA de nuestro entorno, solo Asturias se encuentra ahora claramente por debajo. En Castilla y Le&oacute;n, otra CCAA con una p&eacute;sima evoluci&oacute;n demogr&aacute;fica, la cifra es similar a la nuestra. Por el contrario, Navarra (desde finales de los 80) y el Pa&iacute;s Vasco (desde hace una d&eacute;cada) han pasado a superar claramente a Cantabria e, incluso, a la media espa&ntilde;ola de fecundidad. Son, sin duda, dos ejemplos interesantes, que habr&iacute;an de analizarse m&aacute;s a fondo.
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        Para completar este an&aacute;lisis, el gr&aacute;fico 2 muestra la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero de hijos por mujer en Espa&ntilde;a y en otros pa&iacute;ses de Europa Occidental. Se observan, claramente, dos grupos de pa&iacute;ses. Por un lado, los del Sur de Europa (Espa&ntilde;a, Portugal, Grecia e Italia), junto con Irlanda, que part&iacute;an de un mayor atraso econ&oacute;mico y de una configuraci&oacute;n muy tradicional de las familias y del papel de las mujeres. En estos pa&iacute;ses, la fecundidad era muy elevada hasta mediados de los 70: m&aacute;s de 2 hijos por mujer en Italia y en Grecia, m&aacute;s de 2,5 en Portugal y en Espa&ntilde;a y cerca de 3,5 en Irlanda. En los veinte a&ntilde;os siguientes, sin embargo, la ca&iacute;da de la natalidad en todos estos pa&iacute;ses fue enorme, y sus cifras no han remontado desde entonces. Actualmente, los pa&iacute;ses del Sur de Europa muestran la menor fecundidad del continente, y una de las m&aacute;s bajas del mundo, con menos de 1,5 hijos por mujer. En el lado contrario, la mayor parte de pa&iacute;ses del Norte y el Centro de Europa contaban a mediados de los 70 con cifras m&aacute;s modestas (entre 1,5 y 2 hijos por mujer). Sin embargo, casi todos estos pa&iacute;ses han mantenido ese nivel desde entonces, o incluso algunos lo han aumentado. Suecia y Francia, por ejemplo (con cerca de 2 hijos por mujer), constituyen ejemplos que demuestran que una sociedad moderna no deber&iacute;a estar re&ntilde;ida con la natalidad, como parece que tenemos asumido en el Sur de Europa.
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        De acuerdo con las proyecciones de poblaci&oacute;n del INE, de continuar las din&aacute;micas demogr&aacute;ficas actuales, Espa&ntilde;a perder&aacute; cerca de 1 mill&oacute;n de habitantes en los pr&oacute;ximos 20 a&ntilde;os. Habr&aacute;, adem&aacute;s, casi 2 millones menos de ni&ntilde;os de entre 0 y 15 a&ntilde;os y, en cambio, unos 4 millones m&aacute;s de mayores de 65. En 50 a&ntilde;os, el pa&iacute;s habr&iacute;a perdido m&aacute;s de 5 millones de habitantes. Seg&uacute;n las proyecciones del ICANE, en 20 a&ntilde;os, Cantabria habr&aacute; perdido m&aacute;s de 50.000 habitantes, con un ritmo de reducci&oacute;n de la poblaci&oacute;n (en t&eacute;rminos relativos) casi 5 veces superior al estatal. M&aacute;s de una veintena de municipios de nuestra comunidad perder&aacute;n al menos una cuarta parte de su poblaci&oacute;n en las dos pr&oacute;ximas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        La escas&iacute;sima natalidad y, como consecuencia de ello, el envejecimiento y la despoblaci&oacute;n, no son, por tanto, problemas irrisorios, ante los que quepa la indiferencia. No son, tampoco, una maldici&oacute;n b&iacute;blica, contra la que solo quepa la resignaci&oacute;n. La experiencia reciente de pa&iacute;ses o CCAA cercanas demuestra que es factible lograr un moderado repunte de la natalidad, que permita modificar estas tendencias.
    </p><p class="article-text">
        La resoluci&oacute;n del problema, sin embargo, se enfrenta a tres obst&aacute;culos de gran trascendencia. En primer lugar, el fomento de la natalidad requiere recursos, pero solo ofrece soluciones a largo plazo. Es exactamente el tipo de actuaciones de las que tienden a huir nuestros pol&iacute;ticos, obsesionados con horizontes electorales a mucho m&aacute;s corto plazo. En segundo lugar, las pol&iacute;ticas de natalidad, al menos en nuestro pa&iacute;s, se han quedado hu&eacute;rfanas. Durante d&eacute;cadas, la dictadura franquista abus&oacute; en su ret&oacute;rica de la exaltaci&oacute;n de la natalidad. Como con tantas otras cuestiones, ello acab&oacute; contribuyendo a desgastar el tema. A&uacute;n hoy, para buena parte de nuestra sociedad, la preocupaci&oacute;n por la natalidad tiende a sonar como algo demasiado antiguo o rancio como para incluirlo entre nuestras prioridades.
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        A todo ello habr&iacute;a que sumar un tercer factor, a&uacute;n m&aacute;s importante. La natalidad es una cuesti&oacute;n muy relacionada con otras dimensiones fundamentales de nuestra organizaci&oacute;n social, como el modelo de empleo y de uso del tiempo, las oportunidades para las mujeres y la red de protecci&oacute;n social existente. Por ello, la natalidad no se va a recuperar solo con instrumentos modestos, como peque&ntilde;as subvenciones, sino que se requerir&iacute;an tambi&eacute;n cambios sociales de gran calado en estas dimensiones. La desaparici&oacute;n de la discriminaci&oacute;n que sufren las mujeres, que a&uacute;n se ven obligadas a elegir entre tener una familia o desarrollar una carrera profesional exitosa, como reflejan las preguntas sobre su vida privada en entrevistas de trabajo. El desarrollo de una red p&uacute;blica de centros educativos para ni&ntilde;os de 0 a 3 a&ntilde;os, que evite que todo el peso de atender a sus necesidades siga recayendo en las familias. Y, muy especialmente, el cambio del modelo de empleo y de relaciones laborales que se est&aacute; consolidando en nuestro pa&iacute;s. Es una urgencia social erradicar la falta de trayectorias profesionales estables, la absoluta incertidumbre laboral o los salarios de miseria que sufren millones de j&oacute;venes, porque coartan sus oportunidades de vida y, con ello, est&aacute;n tambi&eacute;n empezando a poner en riesgo el futuro de nuestras sociedades. Necesitamos, tambi&eacute;n, empleos compatibles con la vida familiar, evitando las jornadas maratonianas, y enfoc&aacute;ndose m&aacute;s hacia la productividad que hacia la mera presencia f&iacute;sica. M&aacute;s y mejores oportunidades laborales, menos incertidumbre, m&aacute;s tiempo libre, menos discriminaci&oacute;n de las mujeres y m&aacute;s Estado del bienestar, en definitiva, como ocurre en los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados de nuestro entorno, y a los que les va mejor que a nosotros, tambi&eacute;n, en materia de natalidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Abordaremos de una vez la necesidad de impulsar el reemplazo generacional en nuestro pa&iacute;s y, en particular, en comunidades particularmente amenazadas como la nuestra? &iquest;Podremos los j&oacute;venes optar por ser padres, libres de trampas como la precariedad laboral o la falta de oportunidades para la conciliaci&oacute;n? &iquest;Nos detendremos a reflexionar sobre qu&eacute; estamos haciendo mal al elegir nuestras prioridades colectivas, hasta el punto de (como tambi&eacute;n est&aacute; ocurriendo con los problemas medioambientales) hacer que nuestras propias sociedades puedan llegar a ser insostenibles? &iquest;Seguiremos pensando que estos problemas se arreglar&aacute;n solos, o que ya los resolver&aacute;n pr&oacute;ximas generaciones en el futuro, cuando ya las soluciones lleguen demasiado tarde? Son preguntas que, en este momento de mi vida, no puedo evitar hacerme. Me pregunto, tambi&eacute;n: &iquest;soy el &uacute;nico en hac&eacute;rmelas?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sociedad-necesita-renovarse_132_1947571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Sep 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cantabria es la quinta comunidad con menor número de hijos por mujer]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Y qué está pasando con la calidad del empleo en Cantabria?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pasando-calidad-empleo-cantabria_132_2184620.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25ccc8d1-ac04-470c-9b22-aaa6928b5200_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fuente: cálculos propios a partir de datos del INE y EUROSTAT."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una especialización en actividades de baja productividad implica menores ingresos para los trabajadores y menor valor añadido para las empresas</p><p class="subtitle">También supone una menor capacidad de consumo y, con ello, menor recaudación impositiva y menor capacidad para financiar políticas públicas</p></div><p class="article-text">
        En <a href="https://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/pasando-realmente-empleo-Cantabria_6_744435571.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mi art&iacute;culo del mes pasado</a>&nbsp;analic&eacute; c&oacute;mo ha evolucionado el empleo en Cantabria en la &uacute;ltima d&eacute;cada, en comparaci&oacute;n con otras comunidades aut&oacute;nomas. Varios lectores me comentaron, con mucha raz&oacute;n, que dicho an&aacute;lisis estaba incompleto: faltaba analizar la calidad de ese empleo, el tejido productivo. Ocurre que, para no extenderme demasiado, he de acotar su contenido. Hay cuestiones, adem&aacute;s, que tienen tanta entidad que requieren un an&aacute;lisis propio. Este es uno de esos casos.
    </p><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo, como complemento al del mes pasado, analizo c&oacute;mo ha evolucionado la calidad del tejido productivo de Cantabria. Lo hago, adem&aacute;s, al hilo del buen dato que, para nuestra comunidad, ha reflejado la Contabilidad Regional del INE: en 2017, el crecimiento de Cantabria super&oacute; (en una d&eacute;cima) a la media nacional, algo que no ocurr&iacute;a desde 2001. Se trata, por tanto, de un buen dato dentro de una mala tendencia previa. Y es esto, precisamente, lo que pretendo analizar.
    </p><p class="article-text">
        Centrar&eacute; mi an&aacute;lisis en un indicador clave: la productividad del trabajo. &Eacute;sta se calcula como el valor medio de la producci&oacute;n por trabajador. Por tanto, un mayor nivel de productividad indica un mayor valor a&ntilde;adido medio de los puestos de trabajo existentes; una mayor calidad del tejido productivo, en definitiva.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la evoluci&oacute;n, desde el a&ntilde;o 2000, de la productividad por trabajador, a precios reales (esto es, descontando el incremento de los precios) en Cantabria y las comunidades m&aacute;s cercanas, as&iacute; como en el conjunto de Espa&ntilde;a y de la UE-28. Como se observa, la productividad en Espa&ntilde;a ha crecido, en el conjunto del periodo, bastante menos que la media europea, de forma que la distancia entre ambas ha aumentado de 5,6 puntos a 9,3. En Cantabria, la evoluci&oacute;n de la productividad ha sido a&uacute;n peor: mientras la brecha entre nuestra comunidad y la media europea era de solo 3,8 puntos en el a&ntilde;o 2000, ha crecido hasta los 12,3 en 2017.
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de siglo, la productividad de la econom&iacute;a c&aacute;ntabra se encontraba casi 2 puntos por encima de la media espa&ntilde;ola; ahora, est&aacute; 3 puntos por debajo. Durante el periodo previo a la crisis, la productividad en Espa&ntilde;a se mantuvo estancada, mientras que en Cantabria incluso disminuy&oacute;. El crecimiento se basaba en la creaci&oacute;n de empleo de baja calidad, muy propicio a evaporarse bruscamente, como ocurri&oacute; despu&eacute;s. Tras la crisis, el error va camino de repetirse.
    </p><p class="article-text">
        Algunas autonom&iacute;as cercanas, en cambio, muestran una mejor evoluci&oacute;n de la productividad. Pa&iacute;s Vasco, ya por encima de la media europea en el a&ntilde;o 2000, ha sido incluso capaz de aumentar esa diferencia. Navarra, por su parte, que inici&oacute; el siglo claramente por debajo de la media europea, ha sido capaz de alcanzarla. Castilla y Le&oacute;n, mientras, ten&iacute;a en el a&ntilde;o 2000 la menor productividad de todas las comunidades de nuestro entorno, pero fue en los primeros a&ntilde;os del siglo capaz de alcanzar a Asturias y a Cantabria. La comunidad asturiana muestra, junto con la nuestra, el mayor estancamiento de la productividad de entre todas las cercanas.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra comunidad, en definitiva, ten&iacute;a en el a&ntilde;o 2000 un tejido productivo comparable, en cifras de productividad, al de Navarra; en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, Cantabria se ha quedado claramente rezagada de dicha autonom&iacute;a, ha sido alcanzada por Castilla y Le&oacute;n y ha visto distanciarse a otras dos referencias clave como la media europea y la vecina comunidad del Pa&iacute;s Vasco.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Lo ocurrido con la productividad tiene una gran relaci&oacute;n con la composici&oacute;n del tejido productivo. El gr&aacute;fico 2 muestra el valor medio de la productividad por sectores, en Cantabria, Espa&ntilde;a y la media de la UE-28. Los datos hacen referencia al a&ntilde;o 2016, el &uacute;ltimo para el que est&aacute;n ya disponibles cifras desagregadas por sectores.
    </p><p class="article-text">
        De este gr&aacute;fico destaco dos cuestiones. Una, que el sector m&aacute;s productivo de la econom&iacute;a c&aacute;ntabra es, con diferencia, la industria. La productividad de nuestra industria es, incluso, casi 5 puntos superior a la media de la industria europea. El segundo elemento a destacar hace referencia a los servicios, donde ocurre justo lo contrario: su productividad en Cantabria es inferior a la media de la econom&iacute;a y, lo que es m&aacute;s importante, casi 15 puntos inferior a la que tiene el sector a nivel europeo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Para completar el diagn&oacute;stico, el gr&aacute;fico 3 muestra c&oacute;mo han evolucionado, en Cantabria, el empleo (las l&iacute;neas discontinuas) y la productividad (las l&iacute;neas continuas) de cada sector desde el a&ntilde;o 2000, tomando los datos de dicho a&ntilde;o como referencia (igual a 100).
    </p><p class="article-text">
        La industria (en color rojo) muestra, en el conjunto del periodo, el mayor aumento de la productividad: en torno a un 20%. Sin embargo, la productividad en la industria solo aument&oacute; desde 2009, coincidiendo con una notoria destrucci&oacute;n de empleo en el sector. Nuestra industria no ha sido, en lo que llevamos de siglo, capaz de compatibilizar el crecimiento de su productividad con el aumento del empleo (y ni siquiera con el mantenimiento del mismo). Pese a ser nuestro mejor sector en cuanto a productividad, tenemos actualmente un 12% menos de empleo industrial que en el a&ntilde;o 2000.
    </p><p class="article-text">
        En los servicios (en color amarillo), el empleo ha crecido sustancialmente en el conjunto del periodo: m&aacute;s de un 30%. En cambio, la productividad del sector no solo no ha aumentado, sino que, incluso, ha decrecido. Los servicios concentran ya tres cuartas partes de los puestos de trabajo existentes en Cantabria. El problema es que su crecimiento, a diferencia de que ocurre en las regiones m&aacute;s avanzadas de Europa, se basa en actividades de baja productividad.
    </p><p class="article-text">
        Completan el tejido productivo, por un lado, el sector primario, en el que durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha reducido enormemente el empleo y, en menor medida, la productividad, de forma que su peso en nuestra econom&iacute;a ha ca&iacute;do sustancialmente. Y, por otro lado, la construcci&oacute;n, cuyas cifras han venido marcadas por la burbuja inmobiliaria: notable crecimiento del empleo durante el apogeo de &eacute;sta y desplome tras su estallido.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En definitiva, los problemas de nuestra econom&iacute;a se resumen en que tenemos, por un lado, una industria que, a pesar de ser bastante productiva, ha perdido peso; y, por otro lado, un sector servicios que concentra la creaci&oacute;n de empleo, pero dentro del cual predominan (y, adem&aacute;s, de manera creciente) las actividades de baja productividad. Este modelo, caracter&iacute;stico de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, pero que se dibuja con particular crudeza en Cantabria, solo se sostiene condenando a cada vez un mayor porcentaje de la poblaci&oacute;n a la precariedad laboral y a un bajo nivel de ingresos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el ICANE, el a&ntilde;o pasado se registraron en Cantabria casi 257.000 contratos, mientras que el n&uacute;mero de afiliados a la Seguridad Social aument&oacute; en unas 5.800 personas (esto es, unos 44 contratos por cada empleo creado). Seg&uacute;n<a href="http://documentos.fedea.net/pubs/eee/eee2017-25.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> un estudio de FEDEA</a>, el n&uacute;mero de contratos de menos de una semana de duraci&oacute;n ha pasado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en Espa&ntilde;a, del 15% del total a cerca del 30%. En Cantabria, seg&uacute;n <a href="https://www.eldiario.es/norte/cantabria/ultima-hora/contratos-registrados-verano-Cantabria-UGT_0_691181028.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un informe de UGT</a>, casi el 38% de los contratos firmados el pasado verano tuvieron una duraci&oacute;n inferior a una semana.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la &uacute;ltima Encuesta Cuatrienal de Estructura Salarial, en Cantabria, el 25% de los trabajadores peor pagados del sector servicios ganaba menos de 11.027&nbsp;euros brutos al a&ntilde;o; el 10% peor pagado, menos de 6.189&nbsp;euros (a nivel nacional, 12.279 euros y 6.983 euros, respectivamente). El salario mediano (esto es, el situado en el punto medio de la distribuci&oacute;n) en los servicios es, en nuestra Comunidad, de 17.061 euros, 1.400 por debajo del promedio estatal; en cambio, el de la industria es de 25.000 euros, unos 1.700 por encima de la media espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Una especializaci&oacute;n en actividades de baja productividad implica menores ingresos para los trabajadores, a la vez que menor valor a&ntilde;adido para las empresas; menor capacidad de consumo de la poblaci&oacute;n y, con ello, menor actividad en otros sectores; menor recaudaci&oacute;n impositiva y, con ello, menor capacidad para financiar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en el territorio. Dicho modelo implica, en definitiva, vivir peor. Lo contrario de lo que deber&iacute;a perseguir la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Cantabria, sin embargo, tiene mimbres para hacer las cosas mejor. Los datos muestran que la receta para ello deber&iacute;a tener dos ingredientes: por un lado, incrementar el peso de nuestro sector industrial, sin perder su relativamente elevada productividad; y, por otro lado, cambiar profundamente el foco de nuestro sector servicios, orient&aacute;ndolo a actividades de m&aacute;s valor a&ntilde;adido y mayor productividad. Para estos retos, tenemos que mirar hacia dentro: por ejemplo, al potencial que tenemos en los cientos de j&oacute;venes altamente formados que se nos van cada a&ntilde;o; o a averiguar qu&eacute; factores hacen que una industria tan productiva haya menguado en lugar de crecer. Pero, sobre todo, tenemos que mirar de una vez hacia fuera, dejando de creer que somos el centro del universo: &iquest;Qu&eacute; estrategias y qu&eacute; actividades est&aacute;n funcionando en otras regiones europeas? &iquest;Por qu&eacute; nuestra econom&iacute;a, a diferencia de lo que ocurre en el resto de Europa, lleva tantos a&ntilde;os sin abrirse al exterior e incrementar el peso de las exportaciones?
    </p><p class="article-text">
        El dato de crecimiento de Cantabria en 2017 es, al menos, un motivo para la esperanza. Vino liderado por la industria, que creci&oacute; en torno a un 7%. &iquest;Ser&aacute; este crecimiento flor de un d&iacute;a, un mero efecto rebote derivado de la recuperaci&oacute;n posterior a la crisis? &iquest;O estaremos ante el punto de inflexi&oacute;n que marcar&aacute; un cambio de tendencia? De momento, a la espera de pr&oacute;ximos datos, m&aacute;s nos valdr&iacute;a tomarnos todos en serio estas cosas porque las mejoras, si llegan, dif&iacute;cilmente lo har&aacute;n por casualidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pasando-calidad-empleo-cantabria_132_2184620.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Apr 2018 17:39:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Y qué está pasando con la calidad del empleo en Cantabria?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Empleo,Trabajo,Paro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué está pasando, realmente, con el empleo en Cantabria?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pasando-realmente-empleo-cantabria_132_2251732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/439f82c1-a2d8-4c33-b0f3-61e778c4d68c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fuente: cálculo propio a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos siguen faltando cerca de 25.000 puestos de trabajo para alcanzar el nivel que teníamos en 2007. Además, como en el resto del Estado, los empleos que se están creando son, en general, inestables y de baja remuneración.</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos nos estamos acostumbrando, en Cantabria, a que las noticias sobre la marcha de nuestra econom&iacute;a y nuestro mercado laboral nos trasladen emociones fuertes. Cada vez que sale el dato de paro o de afiliaci&oacute;n a la Seguridad Social en el &uacute;ltimo mes, o la Encuesta de Poblaci&oacute;n Activa del &uacute;ltimo trimestre, parece que nos hemos convertido en los campeones de Espa&ntilde;a o, por el contrario, en un desastre sin paliativos que se encamina al naufragio. Llegamos incluso a pasar, en d&iacute;as, de una de esas sensaciones a la opuesta. Tampoco ayuda a aclarar la confusi&oacute;n el discurso pol&iacute;tico, propenso a marear las cifras hasta que dibujen la mejor o la peor de las realidades posibles, seg&uacute;n la conveniencia de cada uno. Ni los medios de comunicaci&oacute;n: obviamente, un titular como &ldquo;un mes m&aacute;s, continuamos en la mediocridad&rdquo; resultar&iacute;a mucho menos atractivo que otro como &ldquo;nos situamos a la cabeza en&hellip;&rdquo; o &ldquo;nos hundimos en los &uacute;ltimos puestos de&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de este art&iacute;culo es contribuir a dar una respuesta lo m&aacute;s clara y realista posible a la pregunta inicial: &iquest;c&oacute;mo le est&aacute; yendo, m&aacute;s all&aacute; de los juegos dial&eacute;cticos, al empleo en Cantabria? Para el an&aacute;lisis, parto de dos premisas que lo simplificar&aacute;n mucho. Primero, hemos de ponernos las gafas de ver de lejos. Esto es, no obsesionarnos con el dato del &uacute;ltimo trimestre, mes, semana o minuto, sino tratar de entender cu&aacute;les son las tendencias existentes a m&aacute;s medio y largo plazo. Esto es especialmente importante en una comunidad con un modelo econ&oacute;mico excesivamente basado en el turismo y la hosteler&iacute;a donde, como detall&eacute; en&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/Actividad-verano-desierto-invierno-Cantabria_6_567003304.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro&nbsp;art&iacute;culo</a>, se est&aacute; creando mucho empleo en verano, el cual se destruye r&aacute;pidamente despu&eacute;s. Y segundo, voy a preferir analizar el n&uacute;mero de ocupados al n&uacute;mero de parados. Este &uacute;ltimo y, con ello, la tasa de paro, se puede reducir fundamentalmente por dos v&iacute;as: una, positiva, porque los parados encuentren un empleo; la otra, negativa, porque se cansen de intentarlo y abandonen el mercado laboral, o se vayan a vivir a otro sitio. Como esta segunda circunstancia, lamentablemente, ha sido muy frecuente en Espa&ntilde;a (y en Cantabria) en los &uacute;ltimos tiempos, prefiero utilizar el otro indicador: el n&uacute;mero de ocupados; esto es, cuantas personas, realmente, tienen un empleo. El n&uacute;mero de ocupados tambi&eacute;n tiene sus limitaciones, dado que no permite analizar la calidad del empleo: los salarios, el tipo de contrato, el n&uacute;mero de horas trabajadas, la discontinuidad&hellip; Se trata de temas tan relevantes que les dedicar&eacute;, de manera espec&iacute;fica, un pr&oacute;ximo art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Me centro aqu&iacute;, por tanto, solo en la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero de ocupados. El gr&aacute;fico 1 recoge c&oacute;mo ha evolucionado entre 2007 y 2017, en Cantabria y en Espa&ntilde;a, la media anual de ocupados, de acuerdo con la Encuesta de Poblaci&oacute;n Activa. Para facilitar la comparaci&oacute;n, se toma como referencia el dato de 2007, que se hace equivaler, en ambos casos, a 100. Como se observa, en la &uacute;ltima d&eacute;cada se distinguen dos fases muy diferenciadas: hasta 2013 tuvo lugar una intensa destrucci&oacute;n de puestos de trabajo; mientras, desde 2013 se viene produciendo un crecimiento del empleo que, no obstante, sigue siendo claramente insuficiente como para recuperar todo lo perdido con anterioridad.
    </p><p class="article-text">
        En la primera fase, a Cantabria, como al resto de Espa&ntilde;a, le fue muy mal en lo que respecta al empleo. No obstante, a nuestra comunidad le fue un poco menos mal: entre 2007 y 2013, en Cantabria se destruy&oacute; un 15% de los puestos de trabajo existentes, mientras que a nivel estatal la destrucci&oacute;n fue de cerca del 17%. En cambio, a partir de 2013, la recuperaci&oacute;n le est&aacute; yendo peor a Cantabria: en los &uacute;ltimos 4 a&ntilde;os, en nuestra comunidad el empleo ha crecido alrededor de un 5,5%; a nivel nacional, lo ha hecho m&aacute;s de un 8%. Si se suman las dos fases, la evoluci&oacute;n en el conjunto de la d&eacute;cada ha sido bastante similar: el conjunto de Espa&ntilde;a tuvo, en 2017, un 8,5% menos de ocupados que hace 10 a&ntilde;os; en Cantabria la ca&iacute;da ha sido ligeramente mayor, un 9,4%.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 ofrece una perspectiva adicional, que confirma el mismo diagn&oacute;stico. Dicho gr&aacute;fico representa la tasa de variaci&oacute;n interanual (en porcentaje) del n&uacute;mero de ocupados en Cantabria y en Espa&ntilde;a. Sin haber grand&iacute;simas diferencias, si se observa c&oacute;mo, en general, entre 2008 y 2012 el empleo mostr&oacute; mejores resultados en nuestra comunidad que los del conjunto del Estado; mientras, desde 2013 ha tendido a ocurrir lo contrario.
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        Pero, m&aacute;s all&aacute; de la comparaci&oacute;n con la media nacional, &iquest;qu&eacute; tal le ha ido al empleo en Cantabria, en la &uacute;ltima d&eacute;cada, en comparaci&oacute;n con otras comunidades? La tabla 1 muestra, tomando datos de 2017, cu&aacute;nto empleo le falta a cada autonom&iacute;a&nbsp;para recuperar el nivel que ten&iacute;a en 2007, expresado tanto en porcentaje como en n&uacute;mero de puestos de trabajo (en miles).
    </p><p class="article-text">
        Como se observa, Cantabria ocupa una posici&oacute;n media-baja en esa tabla: es la&nbsp;d&eacute;cima comunidad&nbsp;que m&aacute;s empleo ha perdido, en t&eacute;rminos porcentuales, en la &uacute;ltima d&eacute;cada (un 9,4%). No obstante, se observa tambi&eacute;n c&oacute;mo dicho porcentaje no es muy distinto al de las comunidades de nuestro entorno: Asturias (tambi&eacute;n un 9,4%), el Pa&iacute;s Vasco (un 9,6%) o Castilla y Le&oacute;n (un 10,2%). Junto a Baleares, que ya ha superado el nivel de ocupaci&oacute;n que ten&iacute;a en 2007, solo Canarias, Navarra y Madrid est&aacute;n al menos un punto m&aacute;s cerca de hacerlo que Cantabria.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No tiene Cantabria, en definitiva, una situaci&oacute;n mucho m&aacute;s grave que otras autonom&iacute;as,&nbsp;una tendencia particularmente negativa que nos est&eacute; encaminando hacia el hundimiento irremediable. Los datos de nuestra comunidad, no obstante, tampoco son buenos. Durante los peores a&ntilde;os de la crisis sufrimos, en l&iacute;nea con lo ocurrido en el resto de Espa&ntilde;a (aunque con algo menos de virulencia que en otras zonas), los efectos del descarrilamiento de un modelo econ&oacute;mico con pies de barro, excesivamente basado en actividades de baja productividad como la construcci&oacute;n, en la especulaci&oacute;n con el precio del suelo y en la creaci&oacute;n de empleos precarios y temporales, que desaparecieron con el primer vendaval fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, desde que en 2013 comenzara la recuperaci&oacute;n de la econom&iacute;a, las cifras de nuestra comunidad han tendido a situarse sistem&aacute;ticamente por debajo de la media estatal. Parece como si no acab&aacute;ramos de encontrar nuestro sitio. Ni el turismo, por mucho que nos empe&ntilde;emos, es nuestro punto fuerte (como mucho, nos mostramos capaces de atraer a turistas nacionales, y durante un corto periodo del a&ntilde;o), ni nuestra hist&oacute;rica fortaleza industrial amaga siquiera con reverdecer, ni avanzamos tampoco en el desarrollo de actividades de servicios intensivas en conocimiento, que constituyen el mayor nicho de creaci&oacute;n de empleo en Europa.
    </p><p class="article-text">
        A Cantabria le siguen faltando cerca de 25.000 puestos de trabajo para alcanzar el nivel que ten&iacute;a en 2007 (en Espa&ntilde;a, faltan m&aacute;s de 1,7 millones); adem&aacute;s, como en el resto del Estado, los empleos que se est&aacute;n creando son, en general, inestables y de baja remuneraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n, por tanto, supone una se&ntilde;al de atenci&oacute;n, que requiere reflexionar muy seriamente acerca de c&oacute;mo podemos mejorar los resultados de nuestra econom&iacute;a: crear m&aacute;s empleo pero, tambi&eacute;n, crear empleo de m&aacute;s calidad y m&aacute;s estable. No hay justificaci&oacute;n, en cambio, para pensar que los problemas generados por la crisis (ni tampoco otros ya existentes con anterioridad a la misma) han quedado solventados, como tampoco para entrar en un estado de p&aacute;nico o de des&aacute;nimo absoluto. No deber&iacute;amos pensar que estamos tan arriba, ni tan abajo, y tampoco pensar una cosa una semana y lo contrario la siguiente. Lo que s&iacute; creo que tenemos que pensar es que depende de nosotros, en parte, que el futuro sea al menos algo mejor que el presente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/pasando-realmente-empleo-cantabria_132_2251732.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Mar 2018 19:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué está pasando, realmente, con el empleo en Cantabria?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Cantabria,Empleo,EPA - Encuesta de Población Activa,Paro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y si no volvieran solo por Navidad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/volvieran-solo-navidad_132_2973009.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8f03dc2e-b0f3-4b0c-818c-88372fad180a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fuente: Cálculo propio a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística (INE)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los datos de migraciones dibujan una realidad preocupante en varias comunidades y, entre ellas, en Cantabria. Estamos perdiendo población y, más grave aún, perdemos particularmente mucha población joven.</p></div><p class="article-text">
        Todos los a&ntilde;os, por estas fechas, sucede. Te los encuentras por la calle, una y otra vez. Escriben a tu tel&eacute;fono m&oacute;vil. Algunos, incluso, quedan contigo para tomar una ca&ntilde;a, o coincid&iacute;s en una cena. Dan lugar a momentos alegres, pero con un fondo melanc&oacute;lico. Son arquitectos, ingenieros de todo tipo, economistas, cient&iacute;ficos, creativos publicitarios&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Tienen en com&uacute;n, al menos, cuatro cosas. La primera es que nacieron y, en muchos casos, se formaron aqu&iacute;. La segunda es que son excelentes profesionales, capaces de desarrollar tareas que pocos pueden hacer. La tercera es que son j&oacute;venes, con ganas y con tiempo por delante para desarrollar una buena carrera profesional. Y la cuarta es que, para poderlo hacer, se han tenido que ir a otros lugares. Algunos, porque as&iacute; lo han querido; pero los m&aacute;s, porque no han tenido otra opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Son nuestros primos, nuestros amigos o los de nuestras parejas, nuestros antiguos vecinos, nuestros compa&ntilde;eros de estudios. Para los que somos profesores, son tambi&eacute;n muchos de nuestros antiguos alumnos. Son, en definitiva, buena parte de las personas con m&aacute;s talento y conocimientos nacidas en Cantabria durante varias generaciones. Y constituyen, sin duda, uno de los principales potenciales econ&oacute;micos de nuestra comunidad y, a la vez, seguramente el m&aacute;s desaprovechado.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Existen cifras que reflejen este fen&oacute;meno? &iquest;Cu&aacute;ntas personas y, en particular, cu&aacute;ntos j&oacute;venes abandonan cada a&ntilde;o Cantabria en busca de mejores oportunidades laborales? Para responderlo,&nbsp;es preciso revisar los datos sobre migraciones del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, en el gr&aacute;fico 1&nbsp;se representa el saldo migratorio de Cantabria (esto es, la diferencia entre las personas que han llegado a nuestra comunidad y las que se han ido) tanto con otras&nbsp;autonom&iacute;as espa&ntilde;olas (en color rojo) como con el extranjero (en color azul), entre 2008 y 2016. Hacen referencia a los datos de las personas con nacionalidad espa&ntilde;ola, para distinguir la cuesti&oacute;n a analizar de otra que requerir&iacute;a un estudio espec&iacute;fico: las personas de otras nacionalidades que han retornado a sus lugares de origen como consecuencia de la crisis. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los datos muestran que, en relaci&oacute;n a otras comunidades, Cantabria cont&oacute; entre 2008 y 2010 con un saldo migratorio positivo (esto es, fueron m&aacute;s las personas que llegaron que las que se marcharon); dicho saldo se volvi&oacute; negativo entre 2012 y 2015, y ha vuelto a ser positivo en 2016. En relaci&oacute;n al extranjero, el saldo de Cantabria fue pr&aacute;cticamente cero hasta 2010, mientras que se torn&oacute; claramente negativo a partir de entonces. En el conjunto del periodo 2008-2016, siempre considerando solo las personas con nacionalidad espa&ntilde;ola, llegaron a Cantabria desde otras&nbsp;comunidades unas 550 personas m&aacute;s de las que se fueron; al extranjero, se fueron unas 2.100 m&aacute;s de las que llegaron.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Estos datos resultan mucho m&aacute;s preocupantes si se desagregan por grupos de edad (gr&aacute;fico 2): el saldo migratorio para los grupos de mayor edad (de 50 a 64 a&ntilde;os y, en especial, el de los mayores de 64) ha sido en Cantabria, en el periodo analizado (2008-2016), claramente positivo; por el contrario, para los grupos de adultos j&oacute;venes (de 20 a 29 a&ntilde;os y de 30 a 39), el saldo es, a&uacute;n de manera m&aacute;s intensa, notoriamente negativo.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos nueve a&ntilde;os, como consecuencia de estos flujos, nuestra comunidad gan&oacute; unos 600 habitantes de entre 50 y 64 a&ntilde;os y unos 1.000 de m&aacute;s de 64 a&ntilde;os; en cambio, perdi&oacute; unas 1.800 personas de 20 a 29 a&ntilde;os, y cerca de 1.500 de entre 30 y 39 a&ntilde;os. Cantabria, en definitiva, se muestra capaz de atraer poblaci&oacute;n de avanzada edad, en particular procedentes del resto de Espa&ntilde;a. Sin embargo, cuenta con una dificultad a&uacute;n m&aacute;s marcada para retener a su poblaci&oacute;n m&aacute;s joven, que se va tanto a otras autonom&iacute;as como al extranjero.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Es la p&eacute;rdida de poblaci&oacute;n joven un problema particular de Cantabria o compartido con otras comunidades? El gr&aacute;fico 3 muestra el saldo migratorio acumulado por cada&nbsp;autonom&iacute;a espa&ntilde;ola en el periodo 2008-2016, para las personas de nacionalidad espa&ntilde;ola de entre 20 y 39 a&ntilde;os, expresado en relaci&oacute;n a su poblaci&oacute;n total (en tanto por mil).
    </p><p class="article-text">
        Respecto al extranjero, el saldo de todas las comunidades ha sido negativo. En un contexto de fuerte crisis econ&oacute;mica, las&nbsp;autonom&iacute;as espa&ntilde;olas han perdido, debido a migraciones al extranjero, en torno a&nbsp;3&nbsp;j&oacute;venes por cada 1.000 habitantes totales. En Cantabria, la p&eacute;rdida por este factor ha sido similar a la media.
    </p><p class="article-text">
        Las mayores diferencias se observan al analizar las migraciones de j&oacute;venes entre comunidades. Dos de ellas aparecen como claramente receptoras de j&oacute;venes de otros lugares del Estado: Baleares y Madrid. En mucha menor medida, tambi&eacute;n Catalu&ntilde;a y Navarra atraen a m&aacute;s j&oacute;venes de los que expulsan. Cantabria, en cambio, se encuentra entre las comunidades con un saldo negativo respecto al resto de Espa&ntilde;a: en el periodo analizado, nuestra comunidad perdi&oacute; por este factor alrededor de 2,7 personas de 20 a 39 a&ntilde;os por cada 1.000 habitantes (una p&eacute;rdida similar a la de los flujos con el extranjero).
    </p><p class="article-text">
        El dato de Cantabria es el sexto peor de todas las comunidades, a un nivel similar al de Castilla La Mancha, la Comunidad Valenciana y Galicia. Mucho peores, no obstante, son los datos de p&eacute;rdida de poblaci&oacute;n joven con destino a otras autonom&iacute;as en Andaluc&iacute;a, Asturias y, especialmente, Extremadura y Castilla y Le&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La movilidad laboral de los j&oacute;venes se puede entender mejor analizando el tipo de oportunidades laborales que les ofrece cada territorio. El gr&aacute;fico 3 muestra tambi&eacute;n, referenciado al eje de la derecha, el salario medio anual de los trabajadores de entre 25 y 34 a&ntilde;os en cada comunidad. En l&iacute;neas generales, el salario medio de los j&oacute;venes en las autonom&iacute;as de donde estos est&aacute;n saliendo ronda los 16.000-17.000&nbsp;euros brutos anuales (en Cantabria, unos 16.800&nbsp;euros). Mientras, en tres comunidades receptoras es sensiblemente superior: Madrid, 20.900&nbsp;euros; Navarra, 20.500 euros; y Catalu&ntilde;a, 19.900&nbsp;euros.
    </p><p class="article-text">
        Estas tres comunidades aut&oacute;nomas, por su especializaci&oacute;n productiva, son capaces de atraer a muchos j&oacute;venes cualificados, con una remuneraci&oacute;n superior a la media. Madrid es la principal beneficiaria: en los &uacute;ltimos nueve a&ntilde;os atrajo, en t&eacute;rminos netos, a unos 82.500 j&oacute;venes de otras&nbsp;comunidades espa&ntilde;olas, muchos de ellos altamente cualificados. El caso de Baleares es diferente: la atracci&oacute;n de trabajadores j&oacute;venes est&aacute; vinculada a las oportunidades de empleo que ofrece all&iacute; la hosteler&iacute;a, no orientadas particularmente a personas cualificadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los datos de migraciones dibujan una realidad preocupante en varias comunidades&nbsp;y, entre ellas, en Cantabria. Estamos perdiendo poblaci&oacute;n y, m&aacute;s grave a&uacute;n, perdemos particularmente mucha poblaci&oacute;n joven. En consecuencia, nos enfrentamos a un serio problema de envejecimiento y despoblaci&oacute;n que, como ha puesto de manifiesto un reciente estudio del ICANE, afecta especialmente al interior de nuestra comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Un elemento de preocupaci&oacute;n adicional es que buena parte de los j&oacute;venes que emigran son personas altamente cualificadas. La emigraci&oacute;n de j&oacute;venes cualificados implica que, mientras que la comunidad ha realizado una inversi&oacute;n en la formaci&oacute;n de esa persona, los beneficios de esa inversi&oacute;n ir&aacute;n a otra comunidad (generalmente, m&aacute;s rica y din&aacute;mica) donde desarrolle su carrera profesional.
    </p><p class="article-text">
        Las personas m&aacute;s cualificadas tienden a tener mayores salarios y, con ello, mayores niveles de consumo, lo cual impulsa la actividad y el empleo en otros sectores; asimismo, por su mayor renta, pagan m&aacute;s impuestos, lo que incrementa los recursos para financiar los servicios y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas; y, muy importante, generan tambi&eacute;n efectos positivos sobre la capacidad del territorio para atraer nuevas actividades de elevada productividad y, con ello, a m&aacute;s personas altamente cualificadas.
    </p><p class="article-text">
        La comunidad de origen, adem&aacute;s de perder estos beneficios, se queda con una poblaci&oacute;n con mayor peso de las personas de edad avanzada, que requieren un mayor gasto para atender necesidades de cuidados sanitarios y de dependencia. Estas necesidades ser&aacute;n m&aacute;s dif&iacute;ciles de cubrir con los impuestos de unos trabajadores cada vez m&aacute;s escasos y con bajos salarios relativos, y dejar&aacute;n menos recursos para destinar a pol&iacute;ticas que puedan contribuir a revertir la situaci&oacute;n (educaci&oacute;n, infraestructuras, innovaci&oacute;n, empleo, etc&eacute;tera).
    </p><p class="article-text">
        Si esto ocurre as&iacute;, y no existen mecanismos compensatorios suficientes, el proceso se retroalimentar&aacute;: las comunidades menos din&aacute;micas se ir&aacute;n quedando cada vez m&aacute;s atr&aacute;s, mientras que las m&aacute;s din&aacute;micas concentrar&aacute;n de manera creciente la actividad productiva y la poblaci&oacute;n. Estos efectos fueron descritos ya hace d&eacute;cadas por el economista sueco Gunnar Myrdal, Premio Nobel de Econom&iacute;a, que defendi&oacute; un papel activo del sector p&uacute;blico para compensarlos. Algo que se est&aacute; dejando de hacer tanto en Espa&ntilde;a como a nivel europeo, dando lugar a tendencias preocupantes.
    </p><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de j&oacute;venes cualificados es, por tanto, un desastre a largo plazo. Cantabria no es la &uacute;nica comunidad que sufre este problema, ni tampoco la que lo sufre en mayor medida, pero ello no implica que no sea una cuesti&oacute;n esencial. Hemos de ser conscientes de su importancia. Por supuesto, no basta con ello, sino que necesitamos actuar decididamente para mejorar las oportunidades de vida de los j&oacute;venes, tratando de que no se marchen tantos y de que retornen parte de los que se fueron.
    </p><p class="article-text">
        Para ello, es fundamental mejorar las oportunidades y condiciones laborales, pero tambi&eacute;n otras cuestiones que inciden en la decisi&oacute;n de vivir en un lugar, como el acceso a la vivienda, la conciliaci&oacute;n laboral y familiar, la red de servicios p&uacute;blicos y las alternativas para el ocio y las relaciones sociales. La mejora de las comunicaciones y de las facilidades para el trabajo a distancia son factores que favorecen que, cada vez m&aacute;s, vivir en un lugar como Cantabria pueda ser una opci&oacute;n para muchas personas. Habr&aacute; que contar tambi&eacute;n con la inmigraci&oacute;n, que ser&aacute; necesaria para compensar parte de nuestra enorme carencia de poblaci&oacute;n joven.
    </p><p class="article-text">
        Es importante se&ntilde;alar, finalmente, que no estamos ante un problema exclusivamente de algunas comunidades, sino colectivo. Se requieren, por tanto, soluciones colectivas y coordinadas, en relaci&oacute;n a lo cual el Estado no deber&iacute;a obviar su capacidad para introducir mecanismos compensatorios. El modelo de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, actualmente objeto de debate, deber&iacute;a desempe&ntilde;ar un papel clave para ayudar a solventar este tipo de desequilibrios y fomentar la cohesi&oacute;n territorial.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n a nivel europeo deber&iacute;a actuarse m&aacute;s decididamente para abordar estas cuestiones. Mientras tanto, un persistente goteo de j&oacute;venes abandona cada a&ntilde;o los pa&iacute;ses y las regiones que ofrecen menos oportunidades laborales, dej&aacute;ndolos, con ello, cada vez m&aacute;s abandonados a su (mala) suerte. Ante esta realidad, cada a&ntilde;o, cuando llegan estas fechas, me pregunto si, en Cantabria, seremos capaces de conseguir que nuestras actuales y nuestras futuras generaciones de j&oacute;venes no vuelvan solamente por Navidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/volvieran-solo-navidad_132_2973009.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jan 2018 19:21:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Y si no volvieran solo por Navidad?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Jóvenes,Cantabria,Empleo,Financiación autonómica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Presupuestos de Cantabria: ¿Cuánto se gasta realmente?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/presupuestos-cantabria-gasta-realmente_132_3017858.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca3c1aa7-7f76-45c0-8a14-4b5b43d13306_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fuente: Cálculo propio a partir de datos del ICANE, el Gobierno de Cantabria, la Contabilidad Regional del INE y las previsiones económicas de FUNCAS."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El objetivo es responder a esta pregunta, describiendo, además, cómo han evolucionado los ingresos y los gastos de Cantabria en los últimos años.</p></div><p class="article-text">
        En estas semanas se debate en el Parlamento de Cantabria el proyecto de Presupuestos de la Comunidad Aut&oacute;noma para el pr&oacute;ximo a&ntilde;o, que ha presentado el Gobierno auton&oacute;mico. Son, por ello, fechas en las que proliferan las cifras y las valoraciones acerca de las pol&iacute;ticas que presta nuestra autonom&iacute;a, marcadas por las alabanzas de unos y las cr&iacute;ticas de otros.
    </p><p class="article-text">
        Los Presupuestos recogen los planes de un Gobierno acerca de los ingresos con los que contar&aacute; en el pr&oacute;ximo ejercicio y los gastos a los que destinar&aacute; esos recursos. No obstante, es importante puntualizar que son ni m&aacute;s ni menos que eso: un compendio de previsiones, que pueden luego distar, en mayor o menor medida, de lo que se lleve a cabo realmente. Entonces, &iquest;cu&aacute;nto ingresa y cu&aacute;nto gasta realmente nuestro Gobierno? El objetivo de este art&iacute;culo es responder a esta pregunta, describiendo, adem&aacute;s, c&oacute;mo han evolucionado los ingresos y los gastos de Cantabria en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
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        El gr&aacute;fico 1 muestra la evoluci&oacute;n de los ingresos no financieros contemplados en el Presupuesto de Cantabria (la l&iacute;nea azul discontinua) y de los que finalmente tuvieron lugar de acuerdo con la liquidaci&oacute;n presupuestaria (la l&iacute;nea azul continua), la cual recoge la magnitud de los ingresos y los gastos una vez finalizado el a&ntilde;o. Para los ingresos presupuestados la &uacute;ltima cifra que se conoce corresponde a 2018, mientras que para los liquidados se limita a 2016 (el &uacute;ltimo a&ntilde;o completo). El gr&aacute;fico muestra tambi&eacute;n, como elemento de comparaci&oacute;n, la evoluci&oacute;n del PIB de nuestra comunidad (referenciado al eje de la derecha). Todas las cifras se expresan a precios constantes de 2008 (esto es, descontando el efecto de la inflaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        De este gr&aacute;fico pueden extraerse tres conclusiones. En primer lugar, los ingresos reales de Cantabria se han situado sistem&aacute;ticamente por debajo de los contemplados en el Presupuesto. Este desfase ha rondado, en general, los 100-120 millones de euros (M&euro;), aunque lleg&oacute; a acercarse a los 150 en 2011. La diferencia se ha debido, fundamentalmente, al incumplimiento de las previsiones de recaudaci&oacute;n de algunos impuestos propios (en especial, los ligados a la compraventa de vivienda, muy afectados por la crisis del sector), a determinadas transferencias del Estado y a ingresos contemplados por venta de inmuebles que luego no se han llevado a cabo. La estimaci&oacute;n al alza de los ingresos es una pr&aacute;ctica habitual de las administraciones, dado que les sirve para permitirse incluir un mayor nivel de gastos en los Presupuestos. Sin embargo, una desviaci&oacute;n importante respecto a las previsiones de ingresos llevar&aacute; a que, a lo largo del ejercicio, los gastos no alcancen tampoco lo que figura en el Presupuesto.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el gr&aacute;fico muestra tambi&eacute;n c&oacute;mo, a pesar de la recuperaci&oacute;n que viene produci&eacute;ndose desde 2014, los ingresos no financieros del Presupuesto de Cantabria contin&uacute;an, en t&eacute;rminos reales (esto es, descontando el efecto de la inflaci&oacute;n), sensiblemente por debajo de los valores previos a la crisis. En concreto, a precios equivalentes, los ingresos presupuestados en 2018 se encontrar&aacute;n unos 170 millones de euros&nbsp;por debajo de los de 2008. Con lo observado en a&ntilde;os anteriores, adem&aacute;s, es muy improbable que la liquidaci&oacute;n final de ingresos que efectivamente se produzca en el pr&oacute;ximo a&ntilde;o permita reducir esta brecha. Cantabria, por tanto, seguir&aacute; contando en 2018 con menos recursos, en t&eacute;rminos reales, de los que ten&iacute;a hace 10 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, los ingresos de nuestra Comunidad han evolucionado, en estos 10 a&ntilde;os, peor de lo que lo ha hecho nuestra econom&iacute;a (medida a trav&eacute;s del PIB). Como se observa, con el estallido de la crisis los ingresos de Cantabria cayeron sustancialmente m&aacute;s, incluso, de lo que lo hizo el PIB. Esto se debi&oacute;, fundamentalmente, a la conjunci&oacute;n de una fiscalidad insuficiente y demasiado dependiente del sector inmobiliario con la entrada en vigor del nuevo sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, que conllev&oacute; una sensible disminuci&oacute;n de las transferencias procedentes del Estado. Desde 2014, aunque los ingresos de Cantabria se est&aacute;n recuperando, no lo est&aacute;n haciendo a un ritmo superior al del PIB, por lo que la distancia entre ambas variables generada con la crisis persiste.
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                </figure><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 reproduce la misma informaci&oacute;n, pero en lo que respecta a los gastos no financieros: la l&iacute;nea roja discontinua, los contemplados en los Presupuestos (hasta 2018); la l&iacute;nea roja continua, los efectivamente liquidados a cierre del ejercicio (hasta 2016); y la l&iacute;nea gris, el PIB. En este segundo gr&aacute;fico se observa, primero, que los gastos liquidados se han encontrado sistem&aacute;ticamente, como ocurr&iacute;a con los ingresos, por debajo de lo presupuestado (salvo en 2012, por un elemento puntual como fue el plan de pago a proveedores).
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la desviaci&oacute;n en los gastos ha tendido a ser algo menor que la de los ingresos, rondando los 80 millones de euros desde 2010 (con un pico de unos 110 en 2014). Las desviaciones han afectado especialmente a pol&iacute;ticas fuertemente basadas en la inversi&oacute;n p&uacute;blica, un tipo de gasto que es m&aacute;s f&aacute;cil cancelar que otros m&aacute;s ligados al funcionamiento ordinario de la administraci&oacute;n. Por ejemplo, entre 2010 y 2014, el gasto final en infraestructuras fue unos 48&nbsp;millones de euros menor que lo presupuestado; en agricultura, ganader&iacute;a, pesca y alimentaci&oacute;n, en industria y energ&iacute;a y en comercio y turismo la diferencia entre lo presupuestado y lo gastado fue de unos 11, 9 y 7 millones de euros, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Las desviaciones tambi&eacute;n han afectado a otras pol&iacute;ticas: empleo, donde se han gastado una media de 10&nbsp;millones de euros menos de lo presupuestado; cultura y vivienda, donde la diferencia ha sido, en promedio, de unos 9 y unos 7 millones de euros, respectivamente; y, en determinados a&ntilde;os, a los servicios sociales (donde la diferencia entre el gasto liquidado y el presupuestado super&oacute; los 20&nbsp;millones de euros en 2013 y 2014), la educaci&oacute;n y la I+D+i (donde super&oacute; los 30 y los 11 millones de euros, respectivamente, en 2012). En algunos casos, por tanto, el incumplimiento de los Presupuestos ha hecho que los recortes hayan sido, en realidad, incluso m&aacute;s graves de lo contemplado en los mismos.
    </p><p class="article-text">
        La segunda conclusi&oacute;n que se desprende del gr&aacute;fico 2 es que los gastos no financieros, a precios equivalentes, tambi&eacute;n contin&uacute;an por debajo de los niveles de 2008, incluso si lo que se analizan son los contemplados en el Presupuesto. No obstante, si se toma el conjunto de la &uacute;ltima d&eacute;cada, la evoluci&oacute;n de los gastos no ha sido tan mala como la de los ingresos: en t&eacute;rminos reales, los gastos previstos para 2018 se encuentran unos 90&nbsp;millones de euros por debajo de los de 2008, mientras que la ca&iacute;da de los ingresos es de unos 170 millones.
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima d&eacute;cada, de hecho, los gastos de nuestra comunidad han seguido una evoluci&oacute;n similar a la del PIB, mientras que la de los ingresos ha sido peor. Si los gastos no han ca&iacute;do m&aacute;s ha sido por el recurso al endeudamiento, al que se han visto abocadas las&nbsp;comunidades aut&oacute;nomas&nbsp;durante los peores a&ntilde;os de la crisis. Sin embargo, una vez finalizada la crisis, dado que la insuficiencia de ingresos persiste, acompa&ntilde;ada de las crecientes limitaciones al endeudamiento impuestas por el calendario de reducci&oacute;n del d&eacute;ficit, la recuperaci&oacute;n del gasto no est&aacute; alcanzando, como se comprueba en el gr&aacute;fico, el ritmo que muestra la recuperaci&oacute;n del conjunto de la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        De los datos analizados en este art&iacute;culo se deduce que, presumiblemente, casi todo lo que figura en los Presupuestos que se aprueben en el Parlamento de Cantabria se cumplir&aacute;. No obstante, ese &ldquo;casi&rdquo; introduce un matiz importante. Sistem&aacute;ticamente, ni los ingresos ni los gastos de nuestra comunidad (al igual que ocurre habitualmente con casi todas las administraciones) alcanzan lo previsto en los Presupuestos. No obstante, la desviaci&oacute;n en los primeros (que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha rondado los 120 millones de euros, el 6% del Presupuesto) ha sido generalmente inferior a la de los segundos (en torno a los 80 millones, el 4% del Presupuesto). Ello explica el reiterado incumplimiento del objetivo de d&eacute;ficit presupuestario, calculado como la diferencia entre ingresos y gastos no financieros (junto con una serie de ajustes en t&eacute;rminos de Contabilidad Nacional).
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, no deber&iacute;a preocuparnos tanto el incumplimiento del dichoso objetivo en s&iacute; (el cual recibe una excesiva, y casi obsesiva, atenci&oacute;n pol&iacute;tica y medi&aacute;tica), sino las causas que subyacen: la insuficiencia cr&oacute;nica de recursos de nuestra comunidad, en particular, y del grueso de autonom&iacute;as&nbsp;espa&ntilde;olas, en general, que genera un estrangulamiento de la financiaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas que prestan. Y que son, fundamentalmente, las correspondientes a los servicios p&uacute;blicos del Estado del bienestar (sanidad, educaci&oacute;n y servicios sociales, que suponen en torno a tres cuartas partes del presupuesto auton&oacute;mico), junto con otras importantes competencias en lo que respecta a pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y sectoriales o materias como las infraestructuras y la I+D.
    </p><p class="article-text">
        Los ingresos p&uacute;blicos auton&oacute;micos no est&aacute;n recuperando el terreno perdido durante la crisis al ritmo suficiente como para permitir que los gastos puedan recuperarse, al menos, al mismo ritmo que la econom&iacute;a sin tener que recurrir al endeudamiento. Por ello, en un momento en el que ya ha comenzado a discutirse la reforma de la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica (y, de momento, con expectativas no demasiado positivas, precisamente, para Cantabria), hemos de reflexionar acerca de tres preguntas. Primero, &iquest;queremos una administraci&oacute;n auton&oacute;mica m&aacute;s peque&ntilde;a (esto es, que haga menos cosas, o que las haga de manera menos ambiciosa)? Y, si es as&iacute;, &iquest;qu&eacute; cuestiones vamos a recortar? Segundo, &iquest;estamos dispuestos a pagar m&aacute;s impuestos en nuestra comunidad? Y, si es as&iacute;, &iquest;qui&eacute;nes, y c&oacute;mo, lo van (lo vamos) a pagar? Y tercero, &iquest;queremos una financiaci&oacute;n auton&oacute;mica m&aacute;s dependiente del Gobierno central, o de las autonom&iacute;as m&aacute;s ricas? Y, si es as&iacute;, de nuevo, &iquest;qui&eacute;nes, y c&oacute;mo, lo van a pagar? (y c&oacute;mo vamos a convencerles para que lo hagan).
    </p><p class="article-text">
        En el actual escenario, estas tres preguntas no admiten tres 'no' por respuesta. Ser&aacute; necesario responder 's&iacute;' a al menos una de ellas o, incluso, un 's&iacute;' parcial a dos de ellas, o a una combinaci&oacute;n de las tres. De qu&eacute; decidamos depende no solo la sostenibilidad de nuestras autonom&iacute;as, sino tambi&eacute;n nuestro modelo de sociedad, de Estado y de convivencia. No es poca cosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/presupuestos-cantabria-gasta-realmente_132_3017858.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los Presupuestos de Cantabria: ¿Cuánto se gasta realmente?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Presupuestos 2018,Cantabria,Economía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tamaño (de las empresas) sí importa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tamano-empresas-importa_132_3071822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0db7b98c-460e-4fe7-b3a9-e53ba838fe3a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Archivo."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este artículo me centraré en describir dos cuestiones: en primer lugar, la capacidad de las empresas de Cantabria para vender en el exterior; y, en segundo lugar, la relación entre dicha capacidad y el tamaño de nuestras empresas</p></div><p class="article-text">
        En&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/queremos-mayores-Educacion-innovacion_6_694740526.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mi art&iacute;culo del mes pasado</a> hice referencia a algunos resultados del estudio sobre la internacionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a de Cantabria que, por iniciativa de la C&aacute;mara de Comercio y en el marco de un proyecto europeo, hemos elaborado un grupo de profesores de la Universidad de Cantabria.&nbsp;<a href="https://www.interregeurope.eu/fileadmin/user_upload/tx_tevprojects/library/file_1507554477.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Este estudio</a> analiza una serie de claves de la situaci&oacute;n y las perspectivas econ&oacute;micas de nuestra comunidad. De ellas, en este art&iacute;culo me centrar&eacute; en describir dos cuestiones: en primer lugar, la capacidad de las empresas de Cantabria para vender en el exterior; y, en segundo lugar, la relaci&oacute;n entre dicha capacidad y el tama&ntilde;o de nuestras empresas.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la evoluci&oacute;n, desde 2001, de las ventas al exterior (las exportaciones) en Cantabria y en las CCAA m&aacute;s cercanas, como porcentaje del PIB respectivo. Del gr&aacute;fico pueden extraersedos conclusiones. En primer lugar, se diferencian dos CCAA con una elevada capacidad para vender sus productos al exterior (Navarra, cuyas exportaciones suponen casi el 45% de su PIB, y el Pa&iacute;s Vasco, donde superan el 30%) y otras tres con resultados sustancialmente m&aacute;s modestos (Cantabria y Castilla y Le&oacute;n, que rondan el 19%, y Asturias, que se queda en el 16%). En segundo lugar, en cuanto a la evoluci&oacute;n del indicador, nuestra comunidad muestra, en lo que llevamos de siglo, el menor incremento de las exportaciones en relaci&oacute;n al PIB: apenas 1,2 puntos (del 17,5% en 2001 al 18,7% en 2016), frente a 7,4 en Navarra, 5,4 en el Pa&iacute;s Vasco, 4,5 en Castilla y Le&oacute;n y 5,9 en Asturias.
    </p><p class="article-text">
        En lo que llevamos de siglo, seg&uacute;n datos del Banco Mundial, la actividad econ&oacute;mica en Espa&ntilde;a ha crecido un 22%; a nivel mundial, lo ha hecho casi un 52% (m&aacute;s del doble), mientras que las exportaciones mundiales han aumentado casi un 87%.M&aacute;s del 40% de la nueva actividad econ&oacute;mica generada en el mundo, en estos a&ntilde;os, est&aacute; ligada al comercio. Para adaptarnos a un escenario cada vez m&aacute;s globalizado, es fundamental (aunque no es lo &uacute;nico) tener la capacidad para vender nuestros productos en el exterior. Los datos de Cantabria, sin embargo, reflejan que no se est&aacute; aprovechando lo suficiente el potencial que el sector exterior ofrece. Si las exportaciones de nuestra comunidad hubieran crecido, desde 2001, al mismo ritmo que en Navarra, nos habr&iacute;an aportado unos 800 millones de euros m&aacute;s de lo que han hecho; de haber crecido al mismo ritmo que la media espa&ntilde;ola, habr&iacute;an supuesto unos 400 millones m&aacute;s. Esto &uacute;ltimo es, por hacernos una idea, el equivalente a la actividad econ&oacute;mica anual en municipios del tama&ntilde;o de Pi&eacute;lagos o El Astillero, o la suma de Reinosa y Cabez&oacute;n de la Sal. Nada desde&ntilde;able, en definitiva.
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        La capacidad de exportar de una econom&iacute;a est&aacute; muy relacionada con su estructura productiva y, tambi&eacute;n, con el tama&ntilde;o de sus empresas. Con car&aacute;cter general, cuanto menor sea el tama&ntilde;o de una empresa, mayores dificultades tendr&aacute; para desarrollar las capacidades y contar con los recursos necesarios para exportar. De hecho, seg&uacute;n datos de la OCDE, las empresas grandes concentran m&aacute;s del 60% de las exportaciones espa&ntilde;olas, y las empresas medianas un 20% adicional, mientras que las m&aacute;s peque&ntilde;as contribuyen a apenas el 10%.
    </p><p class="article-text">
        Ese tipo de empresas, grandes y medianas, constituyen la principal carencia del tejido productivo de Espa&ntilde;a y, en particular, del de Cantabria. El gr&aacute;fico 2 muestra el n&uacute;mero de empresas existentes en Cantabria y en las CCAA m&aacute;s cercanas, en relaci&oacute;n a su n&uacute;mero de habitantes, para cinco tipolog&iacute;as de empresas, seg&uacute;n su tama&ntilde;o (de acuerdo con la clasificaci&oacute;n oficial que hace la Uni&oacute;n Europea): las denominadas grandes empresas, que ser&iacute;an aquellas de m&aacute;s de 249 trabajadores; las medianas empresas, aquellas con entre 50 y 249 trabajadores; las peque&ntilde;as empresas, entre 10 y 49 trabajadores; las microempresas, entre 1 y 9 trabajadores; y las empresas sin empleados. Todos estos datos se representan en relaci&oacute;n a la media espa&ntilde;ola (que, para mayor simplicidad, se hace equivaler siempre a 100).
    </p><p class="article-text">
        Como se observa, para las dos categor&iacute;as de menor tama&ntilde;o (las empresas sin empleados y las microempresas), el n&uacute;mero de empresas con el que cuenta Cantabria es, en relaci&oacute;n a su poblaci&oacute;n, similar al de las CCAA cercanas y al promedio estatal. Las diferencias comienzan a aparecer en las denominadas peque&ntilde;as empresas (las que tienen entre 10 y 49 trabajadores) cuyo n&uacute;mero en relaci&oacute;n a la poblaci&oacute;n es, en nuestra comunidad, solo ligeramente superior al de Asturias y Castilla y Le&oacute;n, casi un 15% inferior a la media espa&ntilde;ola y un 30-40% inferior al del Pa&iacute;s Vasco y Navarra. Para las medianas empresas (de 50 a 249 trabajadores), Cantabria est&aacute; alrededor de un 20% por debajo del promedio estatal, y un 60% por debajo del Pa&iacute;s Vasco y Navarra. En el caso de las grandes empresas, el dato de Cantabria es un 25% m&aacute;s bajo que la media espa&ntilde;ola y tambi&eacute;n claramente inferior a los de Navarra y el Pa&iacute;s Vasco, si bien superior a los de Asturias y Castilla y Le&oacute;n. Esta distribuci&oacute;n de las empresas por tama&ntilde;o explica que, seg&uacute;n datos del ICEX, el &uacute;ltimo a&ntilde;o solo una de cada 32 empresas c&aacute;ntabras export&oacute; (a nivel estatal, una de cada 22); de ellas, adem&aacute;s, apenas el 28% (poco m&aacute;s de 300 empresas) lo hizo por un valor superior a los 50.000&euro;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En Espa&ntilde;a, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha insistido continuamente en la importancia del apoyo al &ldquo;emprendimiento&rdquo;. Ello, de manera equivocada, se ha trasladado al objetivo de tratar de crear el mayor n&uacute;mero posible de las denominadas microempresas, lleg&aacute;ndose a argumentar que ello permitir&iacute;a solucionar nuestro grav&iacute;simo problema de desempleo. Sin embargo, la creaci&oacute;n de m&aacute;s microempresas, aunque haya podido ser interesante para algunas personas, no es, ni mucho menos, la soluci&oacute;n general a los problemas de nuestro pa&iacute;s. El tejido productivo espa&ntilde;ol no necesita m&aacute;s microempresas: su peso en el empleo en Espa&ntilde;a es, ya, casi el doble del existente en Francia y m&aacute;s del doble del de Alemania; los esfuerzos en relaci&oacute;n a estas microempresas habr&iacute;an de centrarse no en crear m&aacute;s, sino en solventar determinadas dificultades que padecen las que ya existen. En cambio, lo que s&iacute; necesitamos es m&aacute;s empresas grandes (que, en nuestro pa&iacute;s, solo suponen el 27,2% del empleo, frente al 38,6% en Francia y el 37,1% en Alemania) y medianas (el 13,3% en Espa&ntilde;a, por el 15,6% en Francia y el 20,1% en Alemania). Las empresas m&aacute;s grandes tienen, en general, una mayor productividad y generan un tejido productivo s&oacute;lido, algo que las microempresas, por si solas, no son capaces de hacer. Ilustrativamente, en Espa&ntilde;a, el salario medio de los trabajadores de empresas grandes fue, en 2016, de 2.641&euro; mensuales, y el de los de empresas medianas, 2.253&euro;; mientras, el de las microempresas fue de 1.363&euro;. Un modelo productivo m&aacute;s avanzado, con m&aacute;s empleo de calidad y, tambi&eacute;n, con mayores niveles de internacionalizaci&oacute;n, necesitar&aacute;, sin duda, m&aacute;s empresas de las denominadas &ldquo;grandes&rdquo; y &ldquo;medianas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria, dada la peque&ntilde;a escala de nuestra comunidad, la clasificaci&oacute;n de las empresas por su tama&ntilde;o que utiliza la Uni&oacute;n Europea puede resultar llamativa, e incluso dar lugar a confusiones. Lo que la UE llama &ldquo;peque&ntilde;as&rdquo; empresas (de 10 a 49 trabajadores) son, para nosotros, empresas de un tama&ntilde;o importante, cuyo n&uacute;mero en nuestra comunidad ronda las 1.300. Lo que denomina &ldquo;medianas&rdquo; empresas (de 50 a 249 trabajadores) son, para Cantabria, empresas bastante grandes (de hecho, solo tenemos 191 de estas caracter&iacute;sticas). Y lo que llama empresas &ldquo;grandes&rdquo; (m&aacute;s de 249 trabajadores) son, para nosotros, m&aacute;s grandes a&uacute;n (solo tenemos 37 de estas). La atracci&oacute;n de empresas de las denominadas &ldquo;grandes&rdquo;, aunque obviamente es muy deseable, no es sencilla, m&aacute;xime en un contexto en el que la creaci&oacute;n de este tipo de empresas no abunda, y el tama&ntilde;o relativamente peque&ntilde;o de nuestra comunidad. Por ello, gran parte de nuestras oportunidades, tanto presentes como futuras, se basar&aacute;n en las denominadas &ldquo;peque&ntilde;as&rdquo; y &ldquo;medianas&rdquo; empresas (que, para Cantabria, como he se&ntilde;alado, no ser&iacute;an ni tan &ldquo;peque&ntilde;as&rdquo; ni tan &ldquo;medianas&rdquo;). A este tipo de empresas habr&aacute;, por tanto, que prestar especial atenci&oacute;n. A tratar de atraer m&aacute;s y, tambi&eacute;n, a impulsar el desarrollo de las ya existentes, en particular en aquellas cuestiones que, como la internacionalizaci&oacute;n, tengan un mayor potencial para el futuro de nuestra comunidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tamano-empresas-importa_132_3071822.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El tamaño (de las empresas) sí importa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Empresas,Exportaciones,Importaciones,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Educación e innovación en Cantabria: ¿dónde estamos en España y Europa?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/queremos-mayores-educacion-innovacion_132_3143009.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8f4bcabf-9fa5-420d-8765-0d9567e7b307_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cantabria, como el grueso de las comunidades españolas, se sitúa en el furgón de cola europeo en materia de educación e innovación, los dos elementos clave para hacer compatible el progreso económico y social y la competitividad internacional</p></div><p class="article-text">
        Parece dif&iacute;cil, estos d&iacute;as, escribir sobre alguna cuesti&oacute;n diferente a la del monotema de Catalu&ntilde;a. Sin embargo, me gusta siempre escribir desde la reflexi&oacute;n, y me resulta imposible no hacerlo desde la emoci&oacute;n al referirme a un lugar en el que he pasado dos grandes a&ntilde;os de mi vida y al que sigo vinculado con tantos buenos momentos. Es, adem&aacute;s, un tema sobre el que ya se est&aacute;n escribiendo bastantes cosas. Para reflejar c&oacute;mo me siento, me basta con remitirme a lo que est&aacute;n diciendo autores como Jordi &Eacute;vole, I&ntilde;aki Gabilondo, Ignacio Escolar, Roger Senserrich y Javier Gallego, por ejemplo. No he podido omitir una referencia al (mono)tema que m&aacute;s me preocupa, para pedir a los pol&iacute;ticos de uno y de otro lado, y a las personas que los ponemos ah&iacute;, que no nos lleven al conflicto. Pienso, en todo caso, que no podemos dejar de hablar tambi&eacute;n de otros temas importantes, a lo cual dedicar&eacute; el resto de mi art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Porque, a pesar de todo, la vida ha continuado. Esta semana, present&aacute;bamos el informe que he elaborado, junto con los profesores Daniel D&iacute;az y Julio Revuelta, sobre la internacionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a de Cantabria. El estudio, desarrollado por iniciativa de la C&aacute;mara de Comercio, se enmarca dentro de un proyecto financiado por la Uni&oacute;n Europea, en el que participan otras seis regiones del continente. En un pr&oacute;ximo art&iacute;culo sintetizar&eacute; los principales resultados del informe, puesto que se&ntilde;ala algunas de las claves para poder mejorar la econom&iacute;a de Cantabria. Hoy, pondr&eacute; el acento en una cuesti&oacute;n previa, que surgi&oacute; al iniciar el an&aacute;lisis. &iquest;Con qu&eacute; factores contamos, en Cantabria, para tener &eacute;xito en la internacionalizaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Ser una econom&iacute;a competitiva es, ni m&aacute;s ni menos, estar integrado en los circuitos econ&oacute;micos internacionales de comercio e inversi&oacute;n y ser capaz de vender tus productos fuera de tu territorio. Esto se puede lograr, b&aacute;sicamente, por tres v&iacute;as (o mediante una combinaci&oacute;n de ellas): una, hacer las cosas m&aacute;s barato que otros; dos, hacer las cosas mejor que otros; y tres, hacer cosas diferentes. Las estrategias para conseguirlo son muy diversas. Una opci&oacute;n que puede venir f&aacute;cilmente a la cabeza es la de reducir los salarios, poniendo el acento exclusivamente en la primera v&iacute;a (la de abaratar costes). Tiene como ventaja que puede ofrecer resultados a m&aacute;s corto plazo que otras alternativas. Sin embargo, su gran inconveniente es que lleva al empobrecimiento de los trabajadores (la gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n) y, con ello, de la demanda interna que sustenta a las empresas y a las econom&iacute;as en su conjunto. Es, por tanto, una v&iacute;a inadecuada, que confunde los medios (la competitividad) con los fines (la calidad de vida de la poblaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos otras alternativas si, efectivamente, nuestro objetivo es vivir cada vez mejor. La estrategia econ&oacute;mica de la Uni&oacute;n Europea, con la pretensi&oacute;n de conjugar la competitividad internacional con un modelo avanzado tanto econ&oacute;mico como social, pone el acento en dos cuestiones: la educaci&oacute;n y la innovaci&oacute;n. La educaci&oacute;n permite avanzar en la segunda v&iacute;a para ser competitivos (hacer las cosas mejor), e incluso puede ayudar en la tercera (hacer cosas diferentes) y en la primera (hacerlas con menor coste). La innovaci&oacute;n, por su parte, puede servir para avanzar en cualquiera de las tres v&iacute;as, o en varias a la vez. El problema de la educaci&oacute;n y la innovaci&oacute;n es que sus resultados no se ven de manera inmediata, sino a largo plazo. El esfuerzo en innovaci&oacute;n, en particular, tampoco garantiza el &eacute;xito: algunos proyectos saldr&aacute;n bien, y otros no. Pese a todo, con car&aacute;cter general, la inversi&oacute;n en estas dos cuestiones suele valer la pena. Educaci&oacute;n e innovaci&oacute;n son, de hecho, las claves que caracterizan a las econom&iacute;as m&aacute;s avanzadas de Europa.
    </p><p class="article-text">
        La siguiente pregunta a resolver es saber c&oacute;mo estamos en Cantabria en relaci&oacute;n a estas dos cuestiones. El gr&aacute;fico 1 muestra la situaci&oacute;n de nuestra comunidad (en color rojo) y de las dem&aacute;s comunidades aut&oacute;nomas espa&ntilde;olas (en color naranja), en cuanto a dos indicadores clave relativos a la educaci&oacute;n (el porcentaje de ocupados con al menos educaci&oacute;n secundaria superior, en el eje horizontal) y la innovaci&oacute;n (el gasto total en I+D en el periodo 2011-2014, como porcentaje del PIB, en el eje vertical); el tama&ntilde;o de las burbujas representa el tama&ntilde;o de la econom&iacute;a de cada comunidad (el PIB). El gr&aacute;fico 2 muestra esta misma informaci&oacute;n, pero comparando Cantabria y las dem&aacute;s autonom&iacute;as espa&ntilde;olas (en rojo y en naranja, respectivamente) con todas las regiones europeas (en azul).
    </p><p class="article-text">
        Si se compara con el resto de comunidades espa&ntilde;olas, la situaci&oacute;n de Cantabria en lo que respecta al nivel educativo de su poblaci&oacute;n es bastante buena: el porcentaje de ocupados con al menos educaci&oacute;n secundaria superior en nuestra comunidad es del 70,5%, solo por detr&aacute;s del Pa&iacute;s Vasco, Madrid, Navarra y Asturias. Aqu&iacute; tenemos una fortaleza interesante, al menos dentro del contexto de Espa&ntilde;a: nuestros niveles de lo que se denomina capital humano son suficientes como para tratar de enfocarnos m&aacute;s hacia actividades de mayor valor a&ntilde;adido, lo cual ser&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil en comunidades cuya poblaci&oacute;n tenga un menor nivel educativo. En materia de innovaci&oacute;n, en cambio, nuestra posici&oacute;n es m&aacute;s mediocre: solo Pa&iacute;s Vasco, Navarra, Madrid y, en menor medida, Catalu&ntilde;a, destacan con valores de gasto en I+D m&aacute;s elevados, mientras que Cantabria se sit&uacute;a, con un 0,99%, en l&iacute;nea con el grueso de las comunidades espa&ntilde;olas.
    </p><p class="article-text">
        La valoraci&oacute;n de la posici&oacute;n de Cantabria y la del resto de comunidades espa&ntilde;olas es mucho m&aacute;s negativa si se comparan con el conjunto de las regiones europeas. En lo que respecta a educaci&oacute;n, en 222 de las 271 regiones para las que existen datos, el porcentaje de ocupados con al menos educaci&oacute;n secundaria superior es mayor que el de Cantabria; en 182 de ellas, de hecho (dos tercios del total), supera el 80%. En cuanto a la innovaci&oacute;n, Cantabria ocupa el puesto 162 de las 269 regiones europeas para las que existe informaci&oacute;n. En 66 regiones el gasto en I+D supera el 2% del PIB, trat&aacute;ndose de un grupo en el que se sit&uacute;an, con car&aacute;cter general, las econom&iacute;as m&aacute;s avanzadas del continente. En cambio, las regiones donde este indicador muestra valores m&aacute;s bajos se encuentran, en general, entre las m&aacute;s atrasadas de Europa.
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        Por tanto, Cantabria, como el grueso de las comunidades espa&ntilde;olas, se sit&uacute;a en el furg&oacute;n de cola europeo en materia de educaci&oacute;n e innovaci&oacute;n, los dos elementos clave de la estrategia europea para tratar de hacer compatible el progreso econ&oacute;mico y social y la competitividad internacional. Solo Pa&iacute;s Vasco, Madrid y Navarra se sit&uacute;an en par&aacute;metros m&aacute;s semejantes a los de las regiones europeas m&aacute;s exitosas. No por casualidad son, con diferencia, las tres comunidades con mayores niveles de actividad econ&oacute;mica por habitante. El resto de autonom&iacute;as, si no corregimos esta situaci&oacute;n, nos vemos abocados a una especializaci&oacute;n en actividades de valor a&ntilde;adido relativamente bajo, con la cual solo seremos capaces de competir internacionalmente por la v&iacute;a de los bajos costes y, en concreto, de los bajos salarios.
    </p><p class="article-text">
        Educaci&oacute;n e innovaci&oacute;n, m&aacute;s que los ingredientes de una receta m&aacute;gica (que no existe), son un excelente term&oacute;metro de la salud del tejido productivo. El futuro va por ah&iacute;, si pretendemos seguir abri&eacute;ndonos cada vez m&aacute;s al mundo y, a su vez, continuar mejorando nuestros actuales niveles de bienestar econ&oacute;mico y social. Tratar de hacer las cosas mejor y, si es factible, ser capaces tambi&eacute;n de hacer cosas que otros no puedan hacer. Es por lo que decidieron apostar hace d&eacute;cadas en las regiones m&aacute;s avanzadas de Europa. Y son los frutos que, espero, podremos cosechar nosotros tambi&eacute;n, dentro de varias d&eacute;cadas, si apostamos por ello ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/queremos-mayores-educacion-innovacion_132_3143009.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Oct 2017 18:38:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Educación e innovación en Cantabria: ¿dónde estamos en España y Europa?]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cantabria, ¡qué hermosa eres!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cantabria-hermosa_132_3266749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que está en juego no es llenar los hoteles el próximo fin de semana, sino favorecer nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos en esta tierra. Con ese objetivo, hemos de mirar más hacia arriba y, con ello, cambiar nuestra perspectiva.</p></div><p class="article-text">
        A finales de los noventa, Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola sol&iacute;a emitir una gala denominada &ldquo;Murcia, &iexcl;qu&eacute; hermosa eres!&rdquo;, que muchos recordamos haber visto durante escasos minutos, antes de optar por cambiar de canal. Se trataba de un programa de variedades, al m&aacute;s puro estilo de Jos&eacute; Luis Moreno, que giraba en torno a las actuaciones de cantantes famosos y presentadores igualmente famosos, y que ten&iacute;a como finalidad la promoci&oacute;n tur&iacute;stica de la comunidad murciana. Pagado (y ah&iacute; radicaba la principal diferencia con los programas de Jos&eacute; Luis Moreno) con dinero p&uacute;blico murciano. Cuando observo determinadas actuaciones con las que, desde Cantabria, se est&aacute; poniendo especial &eacute;nfasis en la promoci&oacute;n tur&iacute;stica de nuestra Comunidad (sirva como ejemplo el reciente concierto de Enrique Iglesias), me vienen a la cabeza aquellas galas murcianas. No dudo de las buenas o malas intenciones de estos esfuerzos, como tampoco de los que previamente hicieron desde Murcia. Lo que pretendo con este art&iacute;culo es responder a dos preguntas m&aacute;s concretas: &iquest;qu&eacute; tal le ha ido a Murcia con su modelo de desarrollo econ&oacute;mico?; &iquest;es el modelo murciano una buena referencia para Cantabria?
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la evoluci&oacute;n del PIB por habitante de Murcia desde el a&ntilde;o 2000 a la actualidad, tomando como referencia la media espa&ntilde;ola (igual a 100). El PIB por habitante es el indicador m&aacute;s habitual para medir el nivel de actividad econ&oacute;mica en un territorio. Como se observa, Murcia ten&iacute;a en el a&ntilde;o 2000 un PIB por habitante alrededor de un 16% m&aacute;s bajo que la media estatal; desde entonces, la diferencia se ha profundizado, alcanzando el 19% en 2016. El gr&aacute;fico muestra tambi&eacute;n el dato para Cantabria, donde la tendencia ha sido similar. Nuestra Comunidad part&iacute;a en el a&ntilde;o 2000 de un nivel econ&oacute;mico inferior a la media espa&ntilde;ola, aunque a mucha menor distancia que Murcia (menos de un 7%); en lo que llevamos de siglo, la brecha se ha incrementado hasta m&aacute;s de un 10%. En cambio, en el Pa&iacute;s Vasco, cuyo dato tambi&eacute;n muestra el gr&aacute;fico, se observa justamente lo contrario: ten&iacute;a inicialmente un PIB por habitante un 22% por encima de la media estatal y, desde entonces, la diferencia ha aumentado hasta acercarse al 33%.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los resultados descritos anteriormente para Cantabria no se limitan a la comparaci&oacute;n con estas dos comunidades en un periodo concreto. Los mapas 1 y 2, incluidos a continuaci&oacute;n, muestran a todas las CCAA espa&ntilde;olas seg&uacute;n su PIB por habitante en 1980 (izquierda) y en 2016 (derecha), en relaci&oacute;n al promedio estatal. En color verde, se representan aquellas con una renta superior a la espa&ntilde;ola (con una tonalidad m&aacute;s oscura, cuanto m&aacute;s ricas); y, en color naranja, las situadas por debajo de la media (con una tonalidad m&aacute;s oscura, las m&aacute;s alejadas).
    </p><p class="article-text">
        Cantabria ten&iacute;a, hasta hace pocas d&eacute;cadas, un nivel econ&oacute;mico notablemente superior a la media espa&ntilde;ola. En 1980, a pesar de llevar ya varias d&eacute;cadas de declive relativo, su PIB por habitante era a&uacute;n casi un 8% superior al promedio estatal, mientras que actualmente estamos un 10% por debajo. Esa ca&iacute;da de 18 puntos supone que Cantabria es la CCAA que menos actividad econ&oacute;mica ha generado en los &uacute;ltimos 36 a&ntilde;os en relaci&oacute;n a su poblaci&oacute;n, seguida por Canarias, la Comunidad Valenciana, Murcia y Baleares. Por el contrario, entre las CCAA que m&aacute;s han aumentado su actividad econ&oacute;mica destacan Madrid y el Pa&iacute;s Vasco, que ya part&iacute;an de niveles muy altos, junto con Arag&oacute;n; otras CCAA como Extremadura, Galicia y Castilla y Le&oacute;n, partiendo de niveles bajos (en mayor medida la primera), se han acercado notablemente al promedio.
    </p><p class="article-text">
        Desde mediados del S. XX, Cantabria fue perdiendo su fortaleza en los sectores industrial y primario, con un declive que se acentu&oacute; en la d&eacute;cada de los ochenta. Posteriormente, nuestra Comunidad no ha sido capaz ni de revitalizar sus sectores otrora punteros ni de encontrar otros nuevos que le permitan recuperar el terreno perdido (algo que, por ejemplo, s&iacute; ha hecho el Pa&iacute;s Vasco, que tambi&eacute;n pas&oacute; por una severa crisis industrial), de forma que ha seguido perdiendo posiciones respecto a la media estatal. Si nuestra actividad econ&oacute;mica hubiera crecido desde 1980 al ritmo al que lo ha hecho en el conjunto de Espa&ntilde;a, ser&iacute;a actualmente casi 4.300&euro; por habitante m&aacute;s alta que la que tenemos; si hubi&eacute;ramos mantenido la distancia que ten&iacute;amos entonces con el Pa&iacute;s Vasco, el incremento ser&iacute;a de casi 4.800&euro;. El modelo econ&oacute;mico que surgi&oacute; del declive de nuestros tradicionales motores no est&aacute; funcionando. Y no lo hace porque los motores que han tomado el relevo son demasiado d&eacute;biles. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El gr&aacute;fico 2 describe el peso que tienen en el empleo los sectores de la industria (en color azul, m&aacute;s oscuro cuanto mayor sea su intensidad tecnol&oacute;gica) y los servicios (en color morado, m&aacute;s oscuro los m&aacute;s intensivos en conocimiento y m&aacute;s claro los restantes), en Cantabria, el Pa&iacute;s Vasco y Murcia. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la industria, mientras la de intensidad tecnol&oacute;gica muy alta tiene en general escaso peso, los resultados m&aacute;s interesantes se observan para la de tecnolog&iacute;a media-alta: su peso en el empleo en Cantabria es del 3%, muy alejado del 9,1% en el Pa&iacute;s Vasco, y mucho m&aacute;s cercano al 2,4% en Murcia. Para la industria de tecnolog&iacute;a media-baja, nuestra comunidad (5,8%) se encuentra en un punto intermedio entre la vasca (7,7%) y la murciana (3,3%). Finalmente, el mayor peso de la industria de intensidad tecnol&oacute;gica baja se observa en Murcia (6,2%), seguida de Cantabria (5,2%) y el Pa&iacute;s Vasco (3,6%). 
    </p><p class="article-text">
        Los servicios, por su parte, tienen un peso mayor en la econom&iacute;a de Cantabria que en las otras dos CCAA. Sin embargo, en lo que respecta a las ramas intensivas en conocimiento, su peso en nuestra comunidad (34,1%) es inferior al del Pa&iacute;s Vasco (36,2%), aunque notablemente superior al de Murcia (28,8%). Mientras, el peso de las ramas de servicios menos intensivas en conocimiento en Cantabria (40,1%) es muy superior al que tienen en el Pa&iacute;s Vasco (34,7%), y similar al de Murcia (39,7%).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La estructura productiva y los resultados econ&oacute;micos de Cantabria, en resumen, se parecen mucho m&aacute;s a los de Murcia, una comunidad lejana y econ&oacute;micamente modesta, que a los del Pa&iacute;s Vasco, comunidad vecina y mucho m&aacute;s boyante. Y lo hacen cada vez m&aacute;s. Cantabria, como Murcia, y al contrario que el Pa&iacute;s Vasco, muestra un predominio de actividades de servicios poco intensivas en conocimiento, junto con una carencia de industria de intensidad tecnol&oacute;gica media-alta. Esta estructura inadecuada explica nuestra p&eacute;rdida de posiciones en materia de actividad econ&oacute;mica. Los servicios intensivos en conocimiento y la industria de intensidad tecnol&oacute;gica media-alta son actividades con alto valor a&ntilde;adido, en las que se basa la econom&iacute;a y la creaci&oacute;n de empleo en las regiones m&aacute;s exitosas de Europa. La cuesti&oacute;n del valor a&ntilde;adido es esencial porque las actividades que generan m&aacute;s valor permiten repartir m&aacute;s: salarios m&aacute;s altos, que a su vez refuerzan el consumo y la actividad en otros sectores (por ejemplo, el comercio); y mayores beneficios empresariales, con capacidad para traducirse en m&aacute;s inversi&oacute;n y, con ello, para sostener el crecimiento. En cambio, las actividades de bajo valor a&ntilde;adido, como las que est&aacute;n liderando la creaci&oacute;n de empleo en Cantabria, tienden a basarse en puestos de trabajo precarios y mal remunerados para generar un beneficio empresarial que, adem&aacute;s, suele ser limitado e insuficiente para dinamizar la actividad en el territorio. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestro modelo econ&oacute;mico, por tanto, no habr&iacute;a de ser el murciano. Primero, porque no es un modelo exitoso. Y segundo, porque nuestras caracter&iacute;sticas y capacidades son muy distintas. Por ejemplo, el clima y la temperatura del mar no son favorables para un turismo de sol y playa, condenado en Cantabria a un car&aacute;cter extremadamente estacional. Tampoco nuestro relieve agreste y la singularidad de nuestro paisaje se prestan a la construcci&oacute;n masiva de viviendas utilizadas como segunda residencia, puesto que limita enormemente otros usos alternativos como el industrial o el disfrute de la naturaleza. En cambio, tenemos otras fortalezas, con las que no todas las regiones espa&ntilde;olas o del mundo cuentan: el elevado nivel educativo de nuestra poblaci&oacute;n, que merecer&iacute;a un mucho mayor esfuerzo para evitar la fuga de j&oacute;venes en busca de oportunidades de empleo; nuestra herencia industrial, que habr&iacute;a que reformular para tratar de adaptarla al S. XXI; nuestra fortaleza en el sector servicios, donde habr&iacute;an de potenciarse actividades intensivas en conocimiento (sin que ello signifique que tengan que desaparecer las restantes); o nuestra buena posici&oacute;n geogr&aacute;fica, cercana al n&uacute;cleo de la econom&iacute;a europea y muy pr&oacute;xima a un polo de desarrollo como es el Pa&iacute;s Vasco. La comunidad vecina es, precisamente, un buen ejemplo al que mirar, al que tratar de aproximarse. No necesitamos, para ello, ni traer a cantantes famosos ni inventarnos galas televisivas. No necesitamos vender lo que no tenemos, sino creer en lo que s&iacute; tenemos y, sobre todo, en lo que podemos llegar a tener. Lo que est&aacute; en juego no es llenar los hoteles el pr&oacute;ximo fin de semana, sino favorecer nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos en esta tierra. Con ese objetivo, hemos de mirar m&aacute;s hacia arriba y, con ello, cambiar nuestra perspectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cantabria-hermosa_132_3266749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Jul 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cantabria, ¡qué hermosa eres!]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Murcia,Euskadi,PIB,Turismo,Empleo,Industria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los servicios bancarios como servicio de interés general]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/servicios-bancarios-servicio-interes-general_132_3317785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39ef279a-d3cc-4c1c-ab91-472e57736a12_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fuente: elaboración propia a partir de datos del Eurobarómetro (2016)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me preocupa que estemos dejando de ser "ciudadanos", con sus derechos y sus deberes, para convertirnos en "consumidores", en "contribuyentes" o en "emprendedores".</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Y ahora, &iquest;de vacaciones hasta septiembre?&rdquo;. Es la pregunta que, estos d&iacute;as, me hacen reiteradamente. Como respuesta, trato de explicar que el trabajo de un profesor universitario tiene dos componentes. Uno, el m&aacute;s conocido, es la docencia, que impartimos a lo largo del curso acad&eacute;mico. El otro, no menos importante, y que no se limita al periodo lectivo, es la investigaci&oacute;n: el desarrollo de trabajos en profundidad sobre temas muy espec&iacute;ficos, que acaban plasm&aacute;ndose en publicaciones cient&iacute;ficas, y que tienen como objetivo contribuir al avance del conocimiento en nuestra disciplina.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os he participado en varios proyectos de investigaci&oacute;n centrados en evaluar la provisi&oacute;n de servicios p&uacute;blicos desde la perspectiva de los ciudadanos. Los servicios p&uacute;blicos (o servicios de inter&eacute;s general, de acuerdo con la terminolog&iacute;a europea) se definen como aquellos servicios que cumplen funciones destacadas de inter&eacute;s social. Estos servicios (entre los que se encuentran la electricidad, la telefon&iacute;a, internet, el agua y el transporte) tienen en com&uacute;n que, con independencia de que su provisi&oacute;n sea p&uacute;blica o privada, el sector p&uacute;blico ha de encargarse de garantizar los objetivos de inter&eacute;s general ligados a dichas funciones. Ejemplos de actualidad ser&iacute;an el acceso a internet en zonas rurales, o evitar los cortes de electricidad para las familias con menos recursos.
    </p><p class="article-text">
        En un proyecto reciente, hemos extendido este enfoque al caso de los servicios bancarios, tambi&eacute;n entendidos como servicios de inter&eacute;s general. Los resultados de esta investigaci&oacute;n, que he desarrollado junto con las profesoras Judith Clifton y Myriam Garc&iacute;a Olalla, han dado lugar a un art&iacute;culo publicado hace unas semanas en la revista Journal of Economic Policy Reform el cual, por gentileza de la editorial, <a href="http://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/17487870.2017.1308866" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se puede consultar libremente</a>. El punto de partida de nuestro trabajo son los graves problemas, puestos de manifiesto con la crisis, que han afectado a los ciudadanos como consumidores de servicios bancarios, dando lugar a una profunda p&eacute;rdida de confianza en el sector. Entre ellos, en Espa&ntilde;a han destacado casos como el de la comercializaci&oacute;n de participaciones preferentes y el de las cl&aacute;usulas suelo de las hipotecas. Estos problemas han sido particularmente relevantes para determinados grupos &ldquo;vulnerables&rdquo;. Como la vulnerabilidad es un concepto dif&iacute;cil de medir, en nuestros an&aacute;lisis utilizamos caracter&iacute;sticas tales como contar con un bajo nivel de estudios, tener una edad avanzada, encontrarse en desempleo o vivir en una zona rural, como indicadores de una &ldquo;potencial vulnerabilidad&rdquo;, o un mayor riesgo de afrontar situaciones de desventaja que requieran ser objeto de atenci&oacute;n por parte de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra c&oacute;mo, a nivel de la UE, el uso de los servicios bancarios entre estos grupos potencialmente vulnerables est&aacute; menos extendido que en el conjunto de la poblaci&oacute;n. Mientras el 85,7% de los europeos mayores de 14 a&ntilde;os utiliza alg&uacute;n servicio bancario, y el 76% tiene una cuenta bancaria, las cifras son menores entre los que cuentan con estudios b&aacute;sicos o inferiores, los mayores de 64 a&ntilde;os, los parados y los residentes en zonas rurales. &iquest;Es esto un problema? No necesariamente. No lo ser&aacute; si se debe a motivos voluntarios. S&iacute;, en cambio, al menos desde el punto de vista de la igualdad de oportunidades, si se debe a motivos como que no pueden acceder a estos servicios, no pueden pagarlos o no pueden entender las condiciones que requieren, por ejemplo.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Analizar estas cuestiones se ha vuelto enormemente dif&iacute;cil, no ya solo para los servicios bancarios, sino para el conjunto de los denominados servicios de inter&eacute;s general. Las estad&iacute;sticas al respecto pr&aacute;cticamente han desaparecido, a nivel europeo, en la &uacute;ltima d&eacute;cada. Esto refleja el cambio en la orientaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas que se est&aacute;n aplicando en la UE y en muchos de los estados que formamos parte de ella: el &eacute;nfasis en los derechos de la ciudadan&iacute;a en relaci&oacute;n a la provisi&oacute;n de estos servicios, previamente central, ha perdido mucha fuerza, dejando paso a pol&iacute;ticas m&aacute;s enfocadas hacia el individualismo y la competitividad, que conciben a las personas m&aacute;s como consumidores que como ciudadanos. Sobre esta cuesti&oacute;n estoy, precisamente, preparando otro art&iacute;culo de investigaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para encontrar datos sobre los problemas de los ciudadanos para acceder o para pagar los servicios p&uacute;blicos es necesario remontarse hasta el Eurobar&oacute;metro del a&ntilde;o 2006 (el &uacute;ltimo de una serie de ellos que analiz&oacute; estas cuestiones). El gr&aacute;fico 2 muestra estos datos, en t&eacute;rminos porcentuales y para distintos grupos socioecon&oacute;micos, para el caso de los servicios bancarios.
    </p><p class="article-text">
        Los servicios bancarios presentaban problemas de accesibilidad para el 11,7% de los europeos. Estos problemas est&aacute;n ligados, fundamentalmente, a la lejan&iacute;a f&iacute;sica, pero tambi&eacute;n a otros factores como la falta de horarios adecuados, la incomprensi&oacute;n de los servicios existentes o la falta de medios de transporte. Los problemas de accesibilidad eran, como se observa, notablemente m&aacute;s frecuentes entre personas con bajo nivel educativo (16,6%), mayores de 64 a&ntilde;os (15,5%), parados (14,9%) y residentes en zonas rurales (15,5%). En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la tendencia al cierre de oficinas presumiblemente habr&aacute; agravado estos problemas en casos como el de las zonas rurales, un tema que merecer&iacute;a ser analizado en profundidad.&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el 25,6% de los europeos se&ntilde;alaba que el precio de los servicios bancarios no era asequible o era excesivo. La cifra ascend&iacute;a hasta el 30,1% para los que ten&iacute;an &uacute;nicamente estudios b&aacute;sicos, el 29,1% para los mayores de 64 a&ntilde;os y el 34,7% para los desempleados. En general, cuanto menor es el nivel de recursos econ&oacute;micos de un ciudadano, m&aacute;s probable es que aparezca este tipo de problemas, bien porque las comisiones o tarifas resulten m&aacute;s dif&iacute;ciles de asumir o bien porque las condiciones ofrecidas por las entidades sean menos atractivas para ellos, una pr&aacute;ctica bastante frecuente en otros pa&iacute;ses y que ha tendido tambi&eacute;n a proliferar en Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los problemas de acceso y de precio excesivo dificultan, o incluso llegan a impedir, el uso de los servicios de inter&eacute;s general. No obstante, tambi&eacute;n se detectan problemas de gran relevancia para los ciudadanos una vez usan dichos servicios. La detecci&oacute;n de estos problemas, en el caso de los servicios bancarios, es, de hecho, el elemento central de nuestro art&iacute;culo antes mencionado, aprovechando que, para los usuarios de los servicios, s&iacute; disponemos de fuentes de informaci&oacute;n m&aacute;s recientes. En nuestro art&iacute;culo, nos centramos en dos grupos sociales particularmente vulnerables: las personas de edad avanzada y aqu&eacute;llos que cuentan con un bajo nivel de estudios. Tomando una serie de indicadores desde el punto de vista de los usuarios de la banca (satisfacci&oacute;n, confianza o facilidad para comparar ofertas, entre otros), tratamos de detectar, con datos a nivel europeo, d&oacute;nde existe una relaci&oacute;n entre un peor resultado en estos indicadores y alguna de esas dos caracter&iacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados obtenidos, descritos en detalle en el art&iacute;culo, se resumen en el gr&aacute;fico 3. Para las personas de edad avanzada, los mayores problemas se detectan en lo que respecta a productos de inversi&oacute;n: los mayores de 64 a&ntilde;os tienen un 34,5% m&aacute;s de probabilidad de haber sufrido un problema reciente con alguno de estos productos, un 6,9% menos de satisfacci&oacute;n y un 7,4% menos de confianza en la protecci&oacute;n de los consumidores ante los mismos. Los mayores de 64 tienen tambi&eacute;n dificultades particularmente destacadas con las cuentas bancarias, donde su satisfacci&oacute;n es un 4,6% m&aacute;s baja y su dificultad percibida para cambiar de entidad, un 6,2% mayor. Finalmente, los problemas para las personas con un bajo nivel educativo se manifiestan especialmente con las hipotecas, donde su confianza en la protecci&oacute;n de sus derechos es un 8,2% m&aacute;s baja y su dificultad para comparar distintas ofertas, un 5,4% m&aacute;s alta.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los resultados de esta investigaci&oacute;n reflejan que los ciudadanos ni somos iguales, ni tenemos las mismas dificultades de cara a la provisi&oacute;n de servicios de inter&eacute;s general. Somos heterog&eacute;neos, en gran medida debido a circunstancias como nuestros recursos econ&oacute;micos o cognitivos o nuestro lugar de residencia. Al tratarse de servicios con una gran relevancia social, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas han de tener tambi&eacute;n en cuenta esta heterogeneidad. En el caso de los servicios financieros, la nueva directiva europea MiFID II es un paso positivo en esta direcci&oacute;n. Esta directiva va a requerir que los productos financieros est&eacute;n mejor adaptados al perfil de los consumidores y a prohibir la comercializaci&oacute;n de productos particularmente complejos o de riesgo. Veremos, no obstante, hasta qu&eacute; punto es exitosa en la reducci&oacute;n de los problemas que, en este sector, hemos sufrido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En otros servicios, sin embargo, no se observan avances de este tipo. Al contrario, la crisis ha servido para acrecentar una tendencia hacia la p&eacute;rdida de derechos de los ciudadanos ante servicios como la sanidad y la educaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n otros como el transporte y el agua, y su desatenci&oacute;n en el caso de nuevos servicios clave para la igualdad de oportunidades, como internet. Me preocupa el abandono progresivo del tradicional concepto de &ldquo;servicios p&uacute;blicos&rdquo;, y de su m&aacute;s reciente suced&aacute;neo europeo (&ldquo;servicios de inter&eacute;s general&rdquo;). Me preocupa que, con ello, estemos dejando de ser &ldquo;ciudadanos&rdquo;, con sus derechos y sus deberes, para convertirnos m&aacute;s bien en &ldquo;consumidores&rdquo;, en &ldquo;contribuyentes&rdquo; o en &ldquo;emprendedores&rdquo;, en individuos cada vez m&aacute;s aislados de la sociedad de la que forman parte. Me preocupa la excesiva confianza en la mano m&aacute;gica (que ya no solo &ldquo;invisible&rdquo;) del mercado como soluci&oacute;n de todos los problemas, como me preocupar&iacute;a una excesiva confianza en la del Estado. Son, todas ellas, cuestiones en las que los servicios p&uacute;blicos desempe&ntilde;an un papel central, y que me interesa analizar en mi faceta investigadora. Aunque, volviendo a la pregunta con la que inici&eacute; este art&iacute;culo, ese inter&eacute;s no impide que, como casi todo el mundo, est&eacute; tambi&eacute;n deseando que lleguen mis vacaciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/servicios-bancarios-servicio-interes-general_132_3317785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jun 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los servicios bancarios como servicio de interés general]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Consumo,Mercados,Servicios públicos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poder vivir bien a partir de nuestro trabajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/poder-vivir-bien-partir-trabajo_132_3375469.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5cd801e-ed36-4710-85cf-071c4ced0225_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fuente: elaboración propia a partir de la Contabilidad Regional y Nacional del INE y EUROSTAT."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un funcionamiento equilibrado de la economía requiere que los aumentos de la productividad se trasladen a incrementos salariales, además de actuar para reducir la desigualdad</p></div><p class="article-text">
        No son buenos tiempos para las personas que vivimos de nuestro trabajo. Cantabria cont&oacute; en 2016 con casi 30.000 empleos menos que 8 a&ntilde;os atr&aacute;s, seg&uacute;n la EPA. A pesar de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, que cumple su tercer a&ntilde;o, en nuestra comunidad hay actualmente un 11% de puestos de trabajo menos que en 2008. A nivel estatal, se han perdido alrededor de 2,1 millones de empleos este periodo (un 10%, en t&eacute;rminos porcentuales). Adem&aacute;s, en l&iacute;neas generales, se han deteriorado notablemente las condiciones de los puestos de trabajo existentes, en particular de los ingresos que reportan (los salarios).
    </p><p class="article-text">
        La ca&iacute;da de los salarios ha sido m&aacute;s notoria entre los segmentos de menor renta: como describ&iacute; en otro art&iacute;culo en este medio, uno de cada cuatro trabajadores c&aacute;ntabros gana menos de 12.700&nbsp;euros brutos al a&ntilde;o; uno de cada diez, menos de 7.200. En un momento en el que los salarios vuelven a situarse en el centro del debate p&uacute;blico y la negociaci&oacute;n colectiva, en este art&iacute;culo dedico mi atenci&oacute;n a describir cu&aacute;l ha sido su evoluci&oacute;n reciente, en Cantabria y en Espa&ntilde;a, y cu&aacute;les son las claves para favorecer su incremento sostenible a largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la evoluci&oacute;n, entre 2000 y 2015, de la remuneraci&oacute;n media por cada hora de trabajo en Cantabria, Espa&ntilde;a y la Uni&oacute;n Europea (UE). La remuneraci&oacute;n de los asalariados se define como el total de pagos recibidos por los trabajadores, en salario o en especie, incluyendo tambi&eacute;n todas las cotizaciones a la Seguridad Social. Para calcular el indicador representado, lo divido entre el total de horas trabajadas en el a&ntilde;o; y corrijo tambi&eacute;n el efecto de la evoluci&oacute;n de los precios (esto es, lo expreso en su valor equivalente a precios actuales, lo que se denomina en t&eacute;rminos reales).
    </p><p class="article-text">
        En el conjunto de la UE, en el a&ntilde;o 2000 un trabajador recib&iacute;a, en promedio, el equivalente a 15,8&nbsp;euros actuales por cada hora de trabajo. Como se observa, a nivel europeo dicha remuneraci&oacute;n se ha incrementado de manera continuada, durante todo lo que llevamos de siglo, a un ritmo de aproximadamente el 1% anual. Un trabajador europeo medio gan&oacute; en 2015, en t&eacute;rminos reales, casi un 17% m&aacute;s que 15 a&ntilde;os atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, la evoluci&oacute;n de los ingresos de los trabajadores en Espa&ntilde;a y en Cantabria ha sido mucho menos positiva. Como recoge tambi&eacute;n el gr&aacute;fico, &uacute;nicamente se incrementaron de manera destacada entre 2007 y 2009, coincidiendo (parad&oacute;jicamente) con el estallido de la crisis. Esto se debi&oacute; fundamentalmente a un efecto estad&iacute;stico: en esos a&ntilde;os se destruy&oacute; mucho empleo, en gran medida ligado a contratos temporales y con salarios inferiores al promedio, por lo cual la media de los salarios creci&oacute;. Pero m&aacute;s all&aacute; de este periodo excepcional, los ingresos reales de los trabajadores se han mantenido pr&aacute;cticamente estancados tanto en Cantabria como en Espa&ntilde;a: no aumentaron en los a&ntilde;os de crecimiento previos a la crisis, ni tampoco lo est&aacute;n haciendo en la actual fase de recuperaci&oacute;n, tras haber ca&iacute;do notoriamente en la segunda parte de la crisis. En consecuencia, la brecha entre los ingresos/hora de un trabajador medio espa&ntilde;ol y uno europeo se ha profundizado sensiblemente. A&uacute;n mayor es la diferencia en la remuneraci&oacute;n por hora entre un trabajador c&aacute;ntabro y la media de la UE, que ha pasado del 13% en el a&ntilde;o 2000 a m&aacute;s del 17% en 2015.
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        Por tanto, en Espa&ntilde;a y, en particular, en Cantabria, a diferencia de lo que se observa en buena parte de Europa, no solo las oportunidades de empleo escasean, sino que los salarios apenas crecen. No es, seguramente, el escenario que so&ntilde;aron nuestros abuelos para el futuro, ni el que desear&iacute;amos nosotros para nuestros nietos. En la senda del progreso econ&oacute;mico y social estamos m&aacute;s bien estancados e, incluso, algo perdidos. &iquest;Cu&aacute;les pueden ser las claves para retomar dicha senda con paso decidido?
    </p><p class="article-text">
        Un concepto clave para el an&aacute;lisis econ&oacute;mico es la productividad. La productividad mide cu&aacute;l es el valor de lo que se produce en relaci&oacute;n a los recursos empleados. Aqu&iacute; me centrar&eacute; en la productividad por hora trabajada: el valor de la producci&oacute;n obtenida por cada hora de trabajo. El gr&aacute;fico 2 muestra la evoluci&oacute;n reciente de la productividad media por hora trabajada en Cantabria, en Espa&ntilde;a y en la UE, entre 2000 y 2015 (al igual que con los salarios, en t&eacute;rminos reales). A medio y largo plazo, la evoluci&oacute;n de la productividad est&aacute; muy ligada a la de los salarios: en la medida en que aumente el valor de lo producido (porque se trabaje de manera m&aacute;s eficiente, con una mejor tecnolog&iacute;a o, mejor a&uacute;n, porque se dedique el tiempo a actividades m&aacute;s productivas), ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil y sostenible lograr incrementos de la remuneraci&oacute;n obtenida con ese trabajo. A este respecto, es ilustrativo que, en el conjunto de la UE, el ritmo de crecimiento de la productividad real por hora trabajada desde el a&ntilde;o 2000 ha sido pr&aacute;cticamente id&eacute;ntico al de los salarios: en torno al 1,1% anual, aumentando un total de un 18% en el conjunto del periodo. Estos datos reflejan que, a nivel europeo, el aumento de la productividad es el elemento que impulsa el incremento de los salarios.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, como se observaba tambi&eacute;n con los salarios, tanto en Espa&ntilde;a como en Cantabria la productividad real por hora trabajada ha permanecido estancada durante la mayor parte del periodo. Solo aument&oacute; durante la crisis, debido fundamentalmente a que la destrucci&oacute;n de empleo se concentr&oacute; en actividades de productividad inferior a la media, como la construcci&oacute;n. En cambio, cuando la econom&iacute;a crece, la productividad no lo hace. Ni lo hac&iacute;a antes de la crisis ni lo hace ahora. Esto es, el valor de lo que se obtiene por cada hora de trabajo no aumenta, a pesar de las mejoras de la tecnolog&iacute;a, de la formaci&oacute;n, de las comunicaciones, del comercio, de la organizaci&oacute;n de las empresas&hellip; &iquest;C&oacute;mo es posible? La explicaci&oacute;n radica en el modelo de crecimiento econ&oacute;mico, orientado fundamentalmente a la potenciaci&oacute;n de actividades de poco valor a&ntilde;adido, con menor productividad que la media y que, al ganar peso, hacen que dicha media caiga. Y si la evoluci&oacute;n a nivel estatal es preocupante, el caso de Cantabria es paradigm&aacute;tico: en lo que llevamos de siglo, la productividad en nuestra&nbsp;comunidad ha crecido poco m&aacute;s de la mitad que a nivel nacional, y pr&aacute;cticamente lo ha hecho solo en los a&ntilde;os del estallido de la crisis. La productividad real de un trabajador c&aacute;ntabro en 2006 era, en promedio, inferior a la de 2000; en 2015, pr&aacute;cticamente la misma que en 2012. Como resultado, la diferencia entre el valor medio de una hora de trabajo en Cantabria y en el conjunto de la UE, e incluso tambi&eacute;n respecto a la media estatal, se ha disparado en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os.
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El actual modelo de crecimiento econ&oacute;mico espa&ntilde;ol y, en particular, su aplicaci&oacute;n en Cantabria, son la v&iacute;a hacia el estancamiento econ&oacute;mico y social y hacia el atraso en relaci&oacute;n a las regiones m&aacute;s exitosas de Europa. El modelo, basado en el desarrollo de actividades de bajo valor a&ntilde;adido (tales como la construcci&oacute;n y la hosteler&iacute;a) en periodos positivos del ciclo econ&oacute;mico, lleva a un estancamiento de la productividad y, con ello, de los ingresos de los trabajadores. Es un modelo muy rentable en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, dado que permite la creaci&oacute;n de un gran n&uacute;mero de puestos de trabajo cuando la econom&iacute;a marcha con el viento a favor y, de esta forma, ganar votos y elecciones a corto plazo. Se trata, sin embargo, en gran medida de un empleo inestable y muy vulnerable ante las crisis econ&oacute;micas, como hemos comprobado reiteradamente cada vez que hemos tenido que afrontar alguna.
    </p><p class="article-text">
        La clave para reorientar el modelo pasa por aumentar la productividad por hora de trabajo, para lo cual es fundamental incrementar el peso en la econom&iacute;a de las actividades m&aacute;s productivas: la industria y los servicios intensivos en conocimiento. No obstante, adem&aacute;s de aumentar la productividad, necesitamos crear puestos de trabajo, dado que nuestra tasa de paro es descomunal. Para conjugar ambos objetivos, la reducci&oacute;n del desempleo habr&iacute;a de basarse no en la creaci&oacute;n de empleo de baja calidad, sino en la disminuci&oacute;n del tiempo de trabajo: que los que tenemos un empleo trabajemos menos, para que trabajen m&aacute;s personas; y que la p&eacute;rdida de salario derivada de la menor duraci&oacute;n de la jornada laboral pueda compensarse gracias a la mayor productividad por hora. Puede sonar ut&oacute;pico, pero no lo es. Es lo que se hace en pa&iacute;ses como Alemania, Holanda y Dinamarca, donde hay pr&aacute;cticamente pleno empleo, pero cada ocupado trabaja alrededor de 250 &oacute; 300 horas menos al a&ntilde;o que en Espa&ntilde;a, seg&uacute;n datos de la OCDE, y tanto la productividad por hora como los salarios son muy superiores a los de nuestro pa&iacute;s. Es lo que los economistas y los trabajadores m&aacute;s l&uacute;cidos defendieron a lo largo del siglo XX que nos habr&iacute;a de traer el progreso econ&oacute;mico, como refleja la importancia que tuvieron las reivindicaciones para reducir la jornada laboral a 8 horas diarias: m&aacute;s puestos de trabajo, m&aacute;s rendimiento del tiempo dedicado a la producci&oacute;n y, a la vez, m&aacute;s tiempo para disfrutar de la vida (y gastar nuestro salario). Justo lo contrario de lo que estamos haciendo en el siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, aunque en este art&iacute;culo no he entrado en cuestiones distributivas, un funcionamiento equilibrado de la econom&iacute;a requiere que los aumentos de la productividad se trasladen a incrementos salariales (lo cual no puede darse por garantizado), adem&aacute;s de actuar para reducir la desigualdad. En ello juegan un papel fundamental los sindicatos, a trav&eacute;s de la negociaci&oacute;n colectiva y del di&aacute;logo social, puesto que los trabajadores, salvo en casos excepcionales, no tenemos capacidad para lograrlo si actuamos de manera individual y aislada. En mi opini&oacute;n, es el momento de pensar ya en todo ello. En reorientar el modelo econ&oacute;mico para reorientar tambi&eacute;n el modelo de sociedad. En poner la pol&iacute;tica econ&oacute;mica al servicio de un futuro mejor, y no simplemente al del objetivo de ganar las pr&oacute;ximas elecciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/poder-vivir-bien-partir-trabajo_132_3375469.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 May 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Poder vivir bien a partir de nuestro trabajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Cantabria,Salarios,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cambiar el modelo, reducir los desequilibrios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cambiar-modelo-reducir-desequilibrios_132_3469405.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09ce0f77-e0f1-49de-95f6-5768aa194ff8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La factoría de Saint Gobain en Vioño cierra después de casi un siglo de actividad en el pueblo."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Cantabria, la industria solo ha contribuido a crear el 0,1% de los nuevos empleos. La comunidad necesita algo más que mes y medio al año de avalancha de turistas, chalets inundando la costa y jóvenes cualificados haciendo las maletas</p></div><p class="article-text">
        La recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica ha llegado ya a Cantabria, por fin. Seg&uacute;n la Contabilidad Regional, que acaba de publicar el INE, la actividad econ&oacute;mica en nuestra Comunidad creci&oacute; un 1,2% en 2014, un 2,6% en 2015 y un 2,3% en 2016. Estas cifras, sin embargo, son bastante inferiores a las del conjunto de Espa&ntilde;a, que creci&oacute; dos d&eacute;cimas m&aacute;s que Cantabria en 2014, seis m&aacute;s en 2015 y nueve m&aacute;s en 2016. La diferencia supone unos 210 millones de euros menos de actividad econ&oacute;mica en nuestra Comunidad (el equivalente a una d&eacute;cima parte de nuestro PIB industrial). Lo preocupante, no obstante, no es el dato, sino la tendencia: como explicar&eacute; a continuaci&oacute;n, la falta de dinamismo de nuestra econom&iacute;a est&aacute; vinculada a la profundizaci&oacute;n de nuestros desequilibrios productivos y territoriales.
    </p><p class="article-text">
        Empezar&eacute; por estos &uacute;ltimos. El mapa 1 muestra la creaci&oacute;n de empleo en Cantabria entre 2013 y 2016, por municipios. En color verde se representan aquellos donde el empleo se ha incrementado de manera importante, con una tonalidad m&aacute;s oscura cuanto mayor haya sido dicho incremento; en amarillo, aquellos donde no ha habido variaciones destacadas; en naranja, los municipios donde ha disminuido el empleo; y en rojo, aquellos donde lo ha hecho con particular intensidad. Como se observa, la creaci&oacute;n de empleo se est&aacute; concentrando enormemente en torno a Santander y los municipios m&aacute;s pr&oacute;ximos. Aparte de ello, casi todos los dem&aacute;s municipios donde se ha creado empleo de manera significativa se encuentran en la costa, en particular en la Oriental.
    </p><p class="article-text">
        En sentido contrario, entre los municipios que lideran la p&eacute;rdida de empleo en los tres &uacute;ltimos a&ntilde;os destacan Torrelavega (junto con otros cercanos como Reoc&iacute;n y San Felices de Buelna) y Reinosa, adem&aacute;s de Marina de Cudeyo. Se encuentran en este grupo, y no es un hecho a pasar por alto, las dos ciudades que, hasta hace pocas d&eacute;cadas, lideraban un potente eje industrial en nuestra Comunidad. Por otro lado, en pr&aacute;cticamente todo el interior de Cantabria son muy pocos los municipios donde se ha creado empleo de manera significativa; de hecho, en muchos de ellos incluso se han perdido puestos de trabajo desde 2013, en gran medida por la crisis de uno de sus tradicionales recursos, como es la ganader&iacute;a.
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        El gr&aacute;fico 1, donde agrupo los municipios de Cantabria en grandes &aacute;reas, muestra el peso de cada una de ellas tanto en los nuevos empleos creados en los tres &uacute;ltimos a&ntilde;os (la barra verde) como en el empleo total existente en la Comunidad (el cuadrado rojo). Como se observa, de los alrededor de 10.000 puestos de trabajo netos creados en Cantabria desde 2013 (una cifra a&uacute;n muy insuficiente para revertir los alrededor de 45.000 perdidos en los cinco a&ntilde;os anteriores), casi la mitad se concentra en la capital; otra cuarta parte corresponde a la franja de municipios pr&oacute;ximos a la costa que va desde Miengo y Polanco hasta Astillero y Penagos (que denomino Costa central). Tanto Santander como la Costa central tienen un mayor peso en los nuevos empleos creados que en el total de los existentes, lo cual refleja que la preponderancia de estas dos &aacute;reas en la econom&iacute;a regional se est&aacute; incrementando notoriamente. Trasmiera y la Costa oriental (con el 17,1% de los nuevos empleos) y la mucho m&aacute;s modesta en su dimensi&oacute;n econ&oacute;mica Costa occidental (con el 5,7%) tambi&eacute;n est&aacute;n ganando algo de peso. Por el contrario, Torrelavega y la Cuenca del Besaya y el resto del interior de la regi&oacute;n est&aacute;n perdiendo cada vez m&aacute;s importancia. Estas dos &aacute;reas solo est&aacute;n aportando, respectivamente, uno de cada 50 y uno de cada 20 nuevos empleos creados en Cantabria, muy por debajo de lo que les corresponder&iacute;a de acuerdo con su peso.
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a de Cantabria, por tanto, se est&aacute; inclinando cada vez m&aacute;s hacia la costa y, dentro de ella, hacia el centro. Es como si tuvi&eacute;ramos dos Cantabrias: una, por encima de la Autov&iacute;a del Cant&aacute;brico y sin alejarse mucho de la A-67 o la S-10, donde la actividad reverdece tras la crisis; otra, el resto de la Comunidad (donde a&uacute;n vive m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n y cuyo territorio representa nada menos que el 95% de la superficie regional), que muestra un estancamiento o, en determinados casos, un declive que se profundiza. El creciente desequilibrio territorial de Cantabria lleva consigo, adem&aacute;s, un no menos preocupante desequilibrio productivo, el cual explicar&eacute; a continuaci&oacute;n.
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        El gr&aacute;fico 2 muestra el peso de varios sectores de actividad en los nuevos empleos creados en Cantabria en los tres &uacute;ltimos a&ntilde;os (la barra roja) y en el empleo total existente en la Comunidad (el cuadrado verde). Hay dos sectores cuya contribuci&oacute;n a los nuevos puestos de trabajo es claramente muy superior a la que les corresponder&iacute;a de acuerdo con su peso en el empleo existente: la hosteler&iacute;a, con el 17,7% de los empleos creados desde 2013; y las actividades administrativas y servicios auxiliares, con el 16,1%. Son, por tanto, los dos sectores hacia los que se orienta exageradamente la actividad econ&oacute;mica que se est&aacute; generando en Cantabria. Actividades, por lo general, con baja productividad y valor a&ntilde;adido. Por el contrario, otras actividades con elevada productividad como son la industria y los servicios incluidos en la categor&iacute;a denominada otros servicios privados (que recoge, en general, actividades que requieren una elevada cualificaci&oacute;n) est&aacute;n perdiendo peso.
    </p><p class="article-text">
        La industria y los servicios intensivos en conocimiento son las actividades que lideran las econom&iacute;as de las regiones m&aacute;s exitosas de Europa. En cambio, en Cantabria, la industria solo ha contribuido a crear el 0,1% de los nuevos empleos; es decir, pr&aacute;cticamente nada. Algo mejor le ha ido a la rama donde se incluyen los servicios de mayor productividad, que ha aportado el 12,8% de los nuevos puestos de trabajo, si bien por debajo de su peso en la econom&iacute;a regional. Por otro lado, el sector primario, otro de los puntales tradicionales de nuestra econom&iacute;a, aunque muy venido a menos desde hace d&eacute;cadas, no solo no est&aacute; contribuyendo a la creaci&oacute;n de puestos de trabajo, sino que los est&aacute; perdiendo. En el &uacute;ltimo a&ntilde;o, el valor medio de la producci&oacute;n de un trabajador espa&ntilde;ol (la productividad) aument&oacute; un 0,5%, lo cual es muy poco. Pues bien, en Cantabria no solo no aument&oacute; sino que se redujo un 0,4%. Esto no significa que los c&aacute;ntabros con un empleo trabajemos menos, sino que nuestra econom&iacute;a se est&aacute; orientando cada vez m&aacute;s hacia actividades que aportan menos valor, llevan asociada una menor remuneraci&oacute;n y, con ello, tienen menor capacidad para impulsar otras actividades y el conjunto de la econom&iacute;a.
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        Los datos reflejan, en resumen, que el crecimiento econ&oacute;mico que est&aacute; teniendo lugar en Cantabria est&aacute; profundizando los preocupantes desequilibrios territoriales y productivos existentes en nuestra Comunidad. Llevamos d&eacute;cadas perdiendo lo que en su momento fueron los buques insignia de nuestra econom&iacute;a y que la situaban tradicionalmente entre las m&aacute;s avanzadas de Espa&ntilde;a: la industria y el sector primario. El problema es que no se est&aacute; produciendo un relevo adecuado, el cual deber&iacute;a estar liderado por actividades de alta productividad y valor a&ntilde;adido tanto en los servicios como en la industria, como ocurre en todas las regiones avanzadas de Espa&ntilde;a y de Europa. Nuestra econom&iacute;a, que hace 30 a&ntilde;os contaba con una producci&oacute;n por habitante un 5% inferior a la media estatal, est&aacute; ahora un 10% por debajo. En este tiempo, Cantabria se ha inclinado demasiado hacia la costa y, en paralelo, ha otorgado un protagonismo excesivo a los sectores hacia los que esta se ha orientado, como el turismo, la construcci&oacute;n y, en general, actividades de bajo valor a&ntilde;adido. Mientras, el interior ha quedado cada vez m&aacute;s vac&iacute;o de actividad econ&oacute;mica, de empleo y de poblaci&oacute;n joven, y nuestro otrora potente eje industrial Besaya-Campoo ha sufrido un tremendo declive. Santander y los municipios de su entorno han quedado como pr&aacute;cticamente el &uacute;nico polo relevante de actividad econ&oacute;mica, no por su capacidad para atraer actividades de alto valor a&ntilde;adido en la industria y los servicios de alta cualificaci&oacute;n (claramente insuficiente), sino por la ausencia de otros polos siquiera remotamente comparables.
    </p><p class="article-text">
        Los vientos de la econom&iacute;a soplan ahora favorables. Es buen momento para repensar los cimientos de nuestra estructura productiva, con un horizonte a largo plazo. Para que no vuelva a derrumbarse con el primer temporal. Para tratar de potenciar una especializaci&oacute;n m&aacute;s en l&iacute;nea con la de las regiones m&aacute;s avanzadas de Espa&ntilde;a y de Europa, en lugar de caminar hacia la de las m&aacute;s atrasadas. Para impulsar la existencia de m&uacute;ltiples ejes de actividad econ&oacute;mica en nuestra Comunidad en lugar de uno solo, y para favorecer con ello tambi&eacute;n una mayor diversidad productiva, aprovechando m&uacute;ltiples potenciales. Para evitar que el interior de la regi&oacute;n se convierta en uno de los desiertos m&aacute;s verdes y m&aacute;s bonitos del mundo. Es importante plantearse todo ello porque Cantabria necesita algo m&aacute;s que mes y medio al a&ntilde;o de avalancha de turistas, chalets inundando la costa y j&oacute;venes cualificados haciendo las maletas. Somos capaces de hacer cosas m&aacute;s valiosas, actividades con mucho m&aacute;s potencial para impulsar el empleo y la calidad de vida en nuestra Comunidad. &iquest;Por qu&eacute; no intentarlo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cambiar-modelo-reducir-desequilibrios_132_3469405.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Apr 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cambiar el modelo, reducir los desequilibrios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Desempleo,Paro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las cifras de la pobreza en España y en Cantabria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cifras-pobreza-espana-cantabria_132_3548455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La crisis ha tenido un mayor impacto sobre los hogares cántabros que a nivel nacional: la renta media ha caído más que en el conjunto del Estado, y la tasa de pobreza ha aumentado más.</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tiene un grave problema de desigualdad y exclusi&oacute;n social. Seg&uacute;n datos de Eurostat, nuestro pa&iacute;s es ya el m&aacute;s desigual de Europa occidental, tras experimentar en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el mayor incremento de la desigualdad de todos los pa&iacute;ses de nuestro entorno. Como consecuencia, 13,2 millones de espa&ntilde;oles se encuentran en riesgo de pobreza o exclusi&oacute;n social, 2,8 millones m&aacute;s que antes de la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Datos como estos, que peri&oacute;dicamente aparecen en los medios de comunicaci&oacute;n, despiertan una honda preocupaci&oacute;n a muchos, la incredulidad de algunos y la curiosidad de otros. &iquest;A qu&eacute; se deben estas cifras, y qu&eacute; suponen en nuestro entorno m&aacute;s cercano? &iquest;C&oacute;mo se mide la pobreza? &iquest;C&oacute;mo hemos de interpretar estos datos? Este art&iacute;culo pretende dar respuesta a estas preguntas, a partir de una descripci&oacute;n de los &uacute;ltimos datos disponibles para Espa&ntilde;a y para Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista econ&oacute;mico, se definen como personas en riesgo de pobreza a aquellas cuya renta disponible equivalente (esto es, considerando las prestaciones recibidas, descontando los impuestos pagados y ajustando todo ello por el tama&ntilde;o y composici&oacute;n del hogar) se encuentra por debajo de un determinado nivel, que se denomina la l&iacute;nea o umbral de pobreza. En Europa, el umbral de pobreza m&aacute;s habitual es el 60% de la renta mediana a nivel nacional (siendo &eacute;sta el nivel de renta para el que hay tantos hogares por encima como por debajo). Adem&aacute;s de este componente monetario, Eurostat considera como personas en riesgo de exclusi&oacute;n social a los residentes en hogares con una serie de carencias materiales o con baja participaci&oacute;n en el mercado laboral. No obstante, en este art&iacute;culo me ce&ntilde;ir&eacute; &uacute;nicamente a analizar el componente monetario de la pobreza.
    </p><p class="article-text">
        En el gr&aacute;fico 1, incluido a continuaci&oacute;n, las barras verticales representan la evoluci&oacute;n, entre 2007 y 2015, del umbral de pobreza en Espa&ntilde;a (corregido por el incremento del IPC), para dos tipolog&iacute;as de hogares: en color m&aacute;s claro, aquellos en los que reside &uacute;nicamente un adulto; en color m&aacute;s oscuro, aquellos en los que residen dos adultos y dos menores de 14 a&ntilde;os. Como se observa, a partir de 2009 (para el c&aacute;lculo, se utiliza la renta del a&ntilde;o anterior), al caer notablemente la renta de los hogares y, con ello, la mediana de su distribuci&oacute;n, el umbral de pobreza se ha ido reduciendo tambi&eacute;n. De este modo, la crisis ha llevado tambi&eacute;n, por un efecto estad&iacute;stico, a disminuir el list&oacute;n de acuerdo con el cual se considera a una persona en riesgo de pobreza. Actualmente, en Espa&ntilde;a se consideran en riesgo de pobreza a las personas que viven solas con una renta disponible inferior a unos 8.000&nbsp;euros anuales, o a los residentes en hogares con dos adultos y dos ni&ntilde;os cuya renta disponible no supere los 16.800&nbsp;euros.
    </p><p class="article-text">
        Como muestra tambi&eacute;n el gr&aacute;fico 1, el 22,1% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola cuenta con una renta inferior a dichos umbrales, casi 5 puntos m&aacute;s que en el conjunto de la UE (17,3%). A nivel estatal, cerca de 10,2 millones de personas se encuentran en riesgo de pobreza (medida exclusivamente por su componente monetario). De ellas, m&aacute;s de 2,1 millones son ni&ntilde;os menores de 16 a&ntilde;os, y casi 1,9 millones son j&oacute;venes de entre 16 y 29 a&ntilde;os, dos grupos entre los que el n&uacute;mero de pobres ha crecido m&aacute;s de un 20% y un 25%, respectivamente, con la crisis. A&uacute;n peor le ha ido al segmento de entre 30 y 64 a&ntilde;os, en el que las personas en riesgo de pobreza han aumentado m&aacute;s de un 40%, alcanzando los 5,1 millones. &Uacute;nicamente entre los mayores de 65 a&ntilde;os la pobreza se ha reducido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. Evoluci&oacute;n de la tasa de pobreza (%) en Espa&ntilde;a y la UE (eje derecho) y del umbral de pobreza (en &euro; actuales) en Espa&ntilde;a para distintas tipolog&iacute;as de hogares (eje izquierdo)</strong>
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                </figure><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2, que muestra la evoluci&oacute;n de la pobreza en Espa&ntilde;a seg&uacute;n la actividad principal, resulta clave para sintetizar lo ocurrido. Como se observa, el grupo con mayor riesgo de pobreza son los desempleados, donde la tasa alcanza el 46,5%. El paro es la mayor causa de pobreza en Espa&ntilde;a, puesto que nuestra tasa de desempleo contin&uacute;a duplicando con creces el promedio europeo. La situaci&oacute;n entre los parados espa&ntilde;oles, adem&aacute;s, se ha agravado con la crisis: seg&uacute;n datos del Ministerio de Empleo, en 2014 apenas el 45% de los desempleados cobr&oacute; una prestaci&oacute;n o subsidio (frente al 70% de 2008), mientras que la cuant&iacute;a por beneficiario se ha reducido alrededor de un 18% en este periodo.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, los desempleados no son los &uacute;nicos afectados por el riesgo de pobreza. Un fen&oacute;meno de creciente importancia es el de la pobreza laboral: personas que tienen un empleo pero que, pese a ello, cuentan con una renta inferior al umbral de pobreza. En 2015, el 13,1% de los trabajadores espa&ntilde;oles se encontraba en riesgo de pobreza por sus bajos ingresos, la tercera mayor tasa de toda la UE (solo por detr&aacute;s de Ruman&iacute;a y Grecia). La pobreza laboral afecta especialmente a los trabajadores con contratos temporales (23,3%) y a los que llevan menos de un a&ntilde;o en la empresa (22,4%), atrapados en una espiral de empleo precario, ingresos insuficientes y carreras profesionales inestables que dificulta la realizaci&oacute;n de sus proyectos vitales.
    </p><p class="article-text">
        Destaca, por el contrario, el pronunciado descenso del riesgo de pobreza entre los jubilados, que ha pasado del 20,3% al 10,2% actual. Este grupo no ha sufrido el dur&iacute;simo impacto de la crisis en el mercado laboral. Adem&aacute;s, las pensiones no se han visto afectadas, a corto plazo, por las pol&iacute;ticas de austeridad aplicadas (s&iacute;, en cambio, a medio y largo plazo, como ya ha comenzado a apreciarse con el reciente repunte de la inflaci&oacute;n). No es de extra&ntilde;ar, por tanto, que los jubilados se hayan convertido en el principal sustento econ&oacute;mico de muchas familias espa&ntilde;olas. Y, como reflejan las encuestas, tambi&eacute;n en el principal granero de votos del partido gobernante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2. Variaci&oacute;n (2007-2015) de la tasa de pobreza (%) en Espa&ntilde;a, seg&uacute;n actividad</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Encuesta de Condiciones de Vida, de donde se obtienen estos datos, ofrece tambi&eacute;n informaci&oacute;n por autonom&iacute;as&nbsp;aunque, lamentablemente, el tama&ntilde;o de la muestra es demasiado peque&ntilde;o como para realizar un an&aacute;lisis detallado de la pobreza a nivel de Cantabria. No obstante, s&iacute; es posible obtener algunas conclusiones relevantes para nuestra comunidad. El gr&aacute;fico 3 muestra la evoluci&oacute;n de la renta media disponible corregida por la tipolog&iacute;a de hogar (la cual determina los umbrales de pobreza) y de las tasas de pobreza, tanto para Cantabria (en color rojo) como para el conjunto de Espa&ntilde;a (en color naranja).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el &uacute;ltimo dato disponible, en torno al 15% de la poblaci&oacute;n c&aacute;ntabra (alrededor de 85.000-90.000 personas) se encuentra en riesgo de pobreza como consecuencia de su baja renta. Esta cifra resulta inferior al promedio estatal, un dato positivo que se puede explicar por la confluencia de una serie de factores: una tasa de paro inferior a la media espa&ntilde;ola; pensiones de jubilaci&oacute;n, en promedio, algo superiores a la misma (seg&uacute;n datos de la Seguridad Social), lo cual reduce la incidencia de la pobreza en este grupo; y un nivel de desigualdad menor que el nacional (seg&uacute;n c&aacute;lculos del ICANE), lo que permite que haya menos personas que queden por debajo de los umbrales de pobreza.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, los datos muestran tambi&eacute;n una serie de elementos preocupantes para Cantabria. La crisis ha tenido un mayor impacto sobre los hogares c&aacute;ntabros que a nivel nacional: como se observa en el gr&aacute;fico, la renta media ha ca&iacute;do m&aacute;s que en el conjunto del Estado, y la tasa de pobreza ha aumentado m&aacute;s. Por otro lado, est&aacute;n apareciendo nuevas formas de pobreza, como la pobreza laboral, que son especialmente notorias en nuestra comunidad. A diferencia de lo que ocurr&iacute;a en el pasado (como muestra la mayor renta media de nuestros pensionistas), los salarios en Cantabria son actualmente inferiores a la media espa&ntilde;ola: como describ&iacute; en <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/realidad-salarios-Cantabria_6_540056012.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un reciente art&iacute;culo en este medio</a>, el salario mediano en nuestra comunidad es unos 750&nbsp;euros anuales menor que el estatal, mientras que un 10% de los trabajadores c&aacute;ntabros gana menos de 7.135&nbsp;euros brutos al a&ntilde;o. La escasez de buenas oportunidades de empleo tambi&eacute;n est&aacute; alentando la emigraci&oacute;n, lo cual permite reducir las cifras de desempleo y de pobreza a corto plazo, pero genera un empobrecimiento del territorio a medio y largo plazo, m&aacute;xime cuando muchas de las personas que lo abandonan son las m&aacute;s formadas. El relativamente buen dato de Cantabria en materia de tasa de pobreza, en definitiva, no ha de ocultar la existencia de todos estos retos, que son clave para mejorar las oportunidades y la calidad de vida, la inclusi&oacute;n social y la equidad en nuestra Comunidad. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 3. Evoluci&oacute;n de la tasa de pobreza (%) (eje derecho) y de la renta media por unidad de consumo (en &euro; actuales) (eje izquierdo), en Cantabria y en Espa&ntilde;a</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cifras-pobreza-espana-cantabria_132_3548455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Mar 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las cifras de la pobreza en España y en Cantabria]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Pobreza,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuántos trenes más vamos a perder?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/trenes-vamos-perder_132_3660315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7dd44223-c9c0-4d7b-86cd-9bfac0aae73d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hemos ido dejando morir al tren, poco a poco, como aquel medio de transporte vertebrador de nuestra sociedad que nunca tendría que haber dejado de ser.</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas hemos ido dejando morir al tren, poco a poco, como aquel medio de transporte vertebrador de nuestra sociedad que nunca tendr&iacute;a que haber dejado de ser. Se ha ca&iacute;do en una obsesi&oacute;n por crear grandes infraestructuras, a un enorme precio, centradas exclusivamente en conectar todas las capitales de provincia con Madrid en el menor tiempo posible. En cambio, hemos abandonado todas las dem&aacute;s funciones que cumpl&iacute;a el tren, olvidando aprovechar toda su potencial rentabilidad econ&oacute;mica, ecol&oacute;gica y social.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria nos hemos visto tambi&eacute;n envueltos en esa fiebre, con la particularidad de que (y no es la primera vez), volvemos a ser los &uacute;ltimos en la construcci&oacute;n de las infraestructuras, despu&eacute;s de haber pagado la parte que nos corresponde de las de los dem&aacute;s. Mientras, utilizar alguno de los trenes que cruzan nuestra comunidad constituye una experiencia semejante a viajar en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas tuve la ocasi&oacute;n de viajar en tren de Santander a Torrelavega. Como casi siempre, fue muy puntual. Iba bastante lleno. No vi a ninguna persona atendiendo ante cualquier duda o necesidad, ni pas&oacute; tampoco el revisor. Supongo que, con esta pol&iacute;tica, se dejan de obtener muchos ingresos: nadie controla y, en muchas estaciones, tampoco hay tornos. Tal vez es un buen motivo para argumentar que el medio no es rentable y dejar de invertir en &eacute;l, para que languidezca poco a poco.
    </p><p class="article-text">
        La velocidad no es mala: tarda 34 minutos entre el centro de las dos ciudades, cuando en coche se tardar&iacute;an al menos 25 o 30 minutos. Incluso hay trenes que hacen el recorrido en 20 minutos, si bien solo con unas pocas frecuencias al d&iacute;a. La frecuencia es, de hecho, el principal elemento negativo. Seg&uacute;n el momento en el que llegues, puedes tener hasta 30 o 45 minutos de espera. La gente utiliza masivamente trenes que comunican ciudades cercanas cuando, si lo pierdes, tienes otro no mucho despu&eacute;s, dado que al tiempo de viaje se le suma el tiempo de espera.
    </p><p class="article-text">
        Un tren que comunique las dos principales ciudades de Cantabria, con parada en los principales pueblos y barrios intermedios, con una velocidad y una frecuencia competitivas frente al coche ha de ser perfectamente factible; de hecho, algunos trenes ya lo hacen cada d&iacute;a. En los que conectan Santander con otras importantes poblaciones cercanas, como Malia&ntilde;o, Astillero y Solares, la situaci&oacute;n es similar: el tren es bastante r&aacute;pido, pero la frecuencia le resta mucha competitividad.
    </p><p class="article-text">
        Falta tambi&eacute;n una buena conexi&oacute;n con otros medios de transporte, una verdadera red que permita llegar a otros lugares (por ejemplo, desde las Estaciones de Santander) de manera m&aacute;s c&oacute;moda y m&aacute;s r&aacute;pida que con el coche. Decenas de miles de personas se desplazan cada d&iacute;a entre estos municipios, la mayor&iacute;a para ir a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no desarrollar una red potente de transporte p&uacute;blico, como existe en otros pa&iacute;ses europeos o en otras &aacute;reas metropolitanas espa&ntilde;olas? El grueso de la infraestructura ya existe, y potenciarla ofrecer&iacute;a importantes ahorros de tiempo, contaminaci&oacute;n, accidentes y atascos, as&iacute; como de construcci&oacute;n de nuevas infraestructuras que dejar&iacute;an de ser necesarias (como nuevas autov&iacute;as o la ampliaci&oacute;n de las existentes). Permitir&iacute;a, adem&aacute;s, cohesionar el territorio y potenciar la actividad econ&oacute;mica en el mismo (por ejemplo, el comercio del centro de las ciudades).
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s recientemente, he utilizado tambi&eacute;n el tren de media distancia de RENFE, que cruza Cantabria uniendo las ciudades que forman su 'columna vertebral', y todas ellas con Castilla. El tren va pr&aacute;cticamente vac&iacute;o&nbsp;y no me extra&ntilde;a. Tarda m&aacute;s de media hora en llegar de Santander a Torrelavega, m&aacute;s de hora y media a Reinosa y 4 horas a Valladolid. En coche se pueden hacer esos recorridos en poco m&aacute;s de la mitad de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Hay tambi&eacute;n tres Alvias al d&iacute;a, m&aacute;s caros, capaces de recortar el tiempo hasta la capital castellana en una hora; no obstante, a&uacute;n muy lejos del coche, y eso suponiendo que las escasas frecuencias te encajen. Otra novedad de estos Alvias es que no admiten bicis. Mientras en toda Europa se apuesta por la combinaci&oacute;n de tren y bicis como medios de transporte del futuro, en Espa&ntilde;a eso se ve como algo anticuado y, si acaso, con un punto entre rom&aacute;ntico y extravagante.
    </p><p class="article-text">
        En el viejo tren de RENFE, al menos, es posible encontrar a un trabajador que atiende a los viajeros (y les cobra). Es posible tambi&eacute;n encontrar con qui&eacute;n hablar de c&oacute;mo la v&iacute;a sigue siendo la misma que se construy&oacute; en el siglo XIX (una &eacute;poca en la que mucha gente del interior de Cantabria mor&iacute;a sin conocer el mar), y c&oacute;mo apenas se ha invertido en mejorar la infraestructura desde hace d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        El tren sube dando vueltas interminables en lo que, en su d&iacute;a, fue una gran obra de ingenier&iacute;a. De vez en cuando, como es de v&iacute;a &uacute;nica, para un rato para que pase otro tren. Este medio, que fue durante muchos a&ntilde;os el preferido para viajar entre las principales ciudades de Cantabria, o para llegar hasta Castilla, ha pasado a utilizarse solo de manera excepcional.
    </p><p class="article-text">
        Pero a&uacute;n contamos con trenes peores. Trenes que raramente vale la pena coger. El que une Santander y Oviedo tarda nada menos que 5 horas. El que lleva de Santander a Bilbao, 3 horas, el triple que un coche. Cuando uno viaja a cualquier ciudad europea, es fundamental el tiempo que tarda desde el aeropuerto al que llega y su destino final, un viaje que se hace habitualmente en tren o, en ausencia del mismo, en autob&uacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Cantabria, est&aacute; bien tratar de potenciar nuestro aeropuerto, lo cual se ha podido hacer fundamentalmente atrayendo a compa&ntilde;&iacute;as de bajo coste, y que ha servido para acercar nuestra comunidad al resto de Europa. Pese a ello, el aeropuerto de referencia para llegar desde, o viajar a, casi cualquier lugar de Europa sigue y seguir&aacute; siendo el de Bilbao. A apenas 100 kil&oacute;metros de Santander, cuenta con conexiones a casi todas las principales ciudades europeas, lo cual es posible fundamentalmente porque atiende a una poblaci&oacute;n cuatro veces la de nuestra comunidad.Sin embargo, llegar a Cantabria desde ese aeropuerto, o viceversa, es una aut&eacute;ntica odisea si no se utiliza o no se dispone de veh&iacute;culo privado: el tren queda descartado y autob&uacute;s directo tampoco existe, por lo que el trayecto se hace interminable.
    </p><p class="article-text">
        La falta de conexi&oacute;n con Bilbao y con su aeropuerto, adem&aacute;s, acaba tambi&eacute;n limitando enormemente el desarrollo del Aeropuerto de Santander, dado que dificulta que nuestros vecinos (importantes usuarios potenciales debido a su n&uacute;mero) puedan llegar hasta &eacute;l. Con ello, nos situamos de espaldas a nuestra principal &aacute;rea de influencia econ&oacute;mica por cercan&iacute;a geogr&aacute;fica y vecindad (que, dejando a un lado filias y fobias, no cabe duda que es el Pa&iacute;s Vasco), y nos aleja del resto de Europa, que es donde tendr&iacute;amos que concentrar nuestras miradas. El volumen de actividad econ&oacute;mica en toda Europa, medido a trav&eacute;s del PIB, es 71 veces el de la Comunidad de Madrid. &iquest;Por qu&eacute; esa obsesi&oacute;n, en exclusiva, con conectarnos con la capital del Estado?
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, un ferrocarril que suponga una buena conexi&oacute;n con Madrid y, a trav&eacute;s de &eacute;l, tambi&eacute;n con Castilla, es un elemento importante para Cantabria. Para toda la comunidad, por cierto. Hace un par de a&ntilde;os, a alguien se le ocurri&oacute; reducir en unos minutos el tiempo de viaje entre Santander y Madrid suprimiendo paradas como las de Reinosa. Para eso ya est&aacute; el avi&oacute;n. Por el contrario, el proyecto de mejorar la infraestructura para disponer de un tren r&aacute;pido (denominado &ldquo;de altas prestaciones&rdquo;) que pretende unir Santander con Madrid en apenas 3 horas, en lugar del AVE y con un coste muy inferior, me parece muy interesante.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me pregunto es por qu&eacute; proyectos de este tipo, eficaz a la vez que razonable desde el punto de vista de su coste econ&oacute;mico, no se han implementado tambi&eacute;n para la conexi&oacute;n de otras comunidades con Madrid, en lugar de dilapidar miles de millones de euros en costos&iacute;simas infraestructuras que en la mayor&iacute;a de los casos no son rentables. Por qu&eacute; no se ha dedicado ese dinero a mejorar la red de transporte ferroviario de mercanc&iacute;as, que en nuestra comunidad hubiera sido esencial para reforzar el eje industrial Santander-Besaya-Campoo y el Puerto de Santander. Por qu&eacute; no se ha invertido en comunicaciones transversales (esto es, las que no pasan por la capital del Estado), como la que nos conectar&iacute;a con Bilbao y, a trav&eacute;s de ello, con el resto de Europa. Por qu&eacute; no se han destinado muchos m&aacute;s recursos a crear una buena red de transportes de cercan&iacute;as, en torno al tren, como la que conectar&iacute;a Santander, el Arco de la Bah&iacute;a y Torrelavega.
    </p><p class="article-text">
        El libro del profesor y economista Germ&agrave; Bel 'Espa&ntilde;a, capital Par&iacute;s', cuya lectura recomiendo a los interesados en profundizar en este tema, da una serie de claves para entender estas cuestiones, desde una &oacute;ptica muy cr&iacute;tica con el centralismo de las pol&iacute;ticas de infraestructuras en Espa&ntilde;a. Volver a viajar en los viejos trenes que a&uacute;n recorren Cantabria permite reflexionar sobre estas y algunas otras cuestiones. Permite darse cuenta de que es imprescindible cambiar nuestra pol&iacute;tica de infraestructuras para que deje de estar exageradamente al servicio de las &eacute;lites que viajan en los costos&iacute;simos AVES, o que se enriquecen construy&eacute;ndolos. Y que hay que hacerlo poniendo la l&oacute;gica econ&oacute;mica al servicio de las necesidades reales, actuales y futuras, de las personas que mantenemos la osad&iacute;a de querer continuar viviendo en lugares como este.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/trenes-vamos-perder_132_3660315.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Jan 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuántos trenes más vamos a perder?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trenes,Renfe,Cantabria,Cercanías,Ferrocarriles,Economía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Presupuestos de Cantabria. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/presupuestos-cantabria-llegado_132_3739279.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El margen de Cantabria para actuar, aunque existe, no es mucho: sus políticas incidirán sobre el crecimiento económico, pero este depende fundamentalmente de factores nacionales y externos.</p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, el Gobierno de Cantabria prev&eacute; presentar sus presupuestos para el a&ntilde;o 2017, los cuales concentrar&aacute;n muchas discusiones pol&iacute;ticas durante las pr&oacute;ximas semanas. Los presupuestos son el documento central de la acci&oacute;n de un Gobierno. Reflejan sus planes o previsiones acerca de los recursos con los que contar&aacute; en el pr&oacute;ximo a&ntilde;o y el destino al que los dedicar&aacute;. Este art&iacute;culo analiza la evoluci&oacute;n de los presupuestos de Cantabria desde 2008 a 2016, con el fin de ofrecer una visi&oacute;n de c&oacute;mo se ha llegado hasta aqu&iacute; y, con ello, de las perspectivas para 2017 y a&ntilde;os venideros.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 recoge la evoluci&oacute;n de los ingresos y gastos no financieros en el presupuesto de Cantabria (l&iacute;neas continuas) y en el total de comunidades aut&oacute;nomas espa&ntilde;olas (l&iacute;neas discontinuas), en millones de euros reales (esto es, descontando el incremento de los precios). Los ingresos y los gastos no financieros indican la magnitud de los recursos y de sus empleos, respectivamente, una vez descontadas las operaciones financieras (tales como la emisi&oacute;n y amortizaci&oacute;n de deuda o pr&eacute;stamos). A partir de la diferencia entre ellos, tras los ajustes pertinentes, se calcula el saldo presupuestario y se eval&uacute;a el cumplimiento de los objetivos de d&eacute;ficit.
    </p><p class="article-text">
        Los ingresos de Cantabria, como se observa, se hundieron entre 2008 y 2010; durante los siguientes a&ntilde;os continuaron a la baja, y solo a partir de 2014 han comenzado a recuperarse, si bien a un ritmo claramente insuficiente para revertir la p&eacute;rdida anterior. Los ingresos no financieros de nuestra comunidad son, en t&eacute;rminos reales, unos 300 millones de euros (M&euro;) inferiores a los de hace 8 a&ntilde;os. En este periodo se produjo un cambio del modelo de financiaci&oacute;n de las autonom&iacute;as, que ha disminuido el peso de las transferencias del Estado y ha aumentado el de los ingresos derivados de la recaudaci&oacute;n de impuestos en cada territorio.
    </p><p class="article-text">
        Ante el hundimiento de las bases imponibles derivado de la crisis econ&oacute;mica (con la ca&iacute;da de los salarios, el consumo y la compraventa de viviendas), ni la recaudaci&oacute;n impositiva ni las subidas de tasas y precios p&uacute;blicos han podido compensar la p&eacute;rdida de recursos procedentes del Estado (para Cantabria, el equivalente a 420 millones de euros&nbsp;desde 2008). La evoluci&oacute;n de los ingresos de Cantabria ha sido similar a la del total de comunidades aut&oacute;nomas, si bien en nuestra comunidad se est&aacute;n recuperando de manera m&aacute;s lenta.
    </p><p class="article-text">
        Los gastos, por su parte, se mantuvieron bastante estables hasta 2010, a pesar de la ca&iacute;da de los ingresos, dado que las autonom&iacute;as&nbsp;recurrieron al endeudamiento. En los a&ntilde;os siguientes, sin embargo, ante los l&iacute;mites al mismo y la profundizaci&oacute;n del deterioro de los ingresos, los gastos sufrieron una intensa ca&iacute;da. A partir de 2013 han experimentado una ligera recuperaci&oacute;n, algo m&aacute;s notoria en el caso de nuestra comunidad. Pese a ello, los gastos no financieros de Cantabria para 2016 son, en t&eacute;rminos reales, unos 165 millones de euros&nbsp;inferiores a los de 2008; al ritmo de crecimiento de los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, su nivel anterior a la crisis no se recuperar&iacute;a hasta 2024.
    </p><p class="article-text">
        No todos los gastos se han visto igualmente afectados por esta reducci&oacute;n. Buena parte de los gastos de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, los denominados gastos corrientes, est&aacute;n ligados a su funcionamiento habitual (gastos de personal, materiales, etc.) y es dif&iacute;cil que experimenten grandes modificaciones. El grueso de la reducci&oacute;n presupuestaria se ha concentrado en los restantes cap&iacute;tulos: las inversiones, que han perdido el equivalente a casi 220 millones de euros; y las transferencias de capital, destinadas fundamentalmente a financiar proyectos de otras entidades, como ayuntamientos y empresas, que han perdido unos 145 millones de euros. La disminuci&oacute;n de la inversi&oacute;n p&uacute;blica, t&oacute;nica dominante tanto en Cantabria como en el resto de comunidad&nbsp;para afrontar las restricciones presupuestarias, ha tenido graves repercusiones sobre la actividad econ&oacute;mica y el empleo, contribuyendo a profundizar y a alargar la crisis.
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                </figure><p class="article-text">
        Las reducciones sufridas por el Presupuesto seg&uacute;n el tipo de gasto tienen su reflejo tambi&eacute;n en su distribuci&oacute;n por pol&iacute;ticas (gr&aacute;fico 2). Sanidad y educaci&oacute;n, las pol&iacute;ticas con mayor peso en el presupuesto (unos 1.400 y 900 euros por habitante, respectivamente), fundamentalmente basadas en gasto corriente, han mantenido su asignaci&oacute;n total bastante estable, aunque han sufrido algunos recortes importantes: en sanidad, las inversiones se han reducido el equivalente a unos 35 millones de euros, mientras que han aumentado los gastos destinados a materiales y suministros; en educaci&oacute;n, desde 2010 se han reducido los gastos de personal el equivalente a unos 9 millones de euros, los gastos de funcionamiento de los centros en unos 5 millones de euros, las transferencias a la Universidad en unos 4 millones de euros&nbsp;y las inversiones en unos 11 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Dos pol&iacute;ticas destacan por haber incrementado su asignaci&oacute;n entre 2008 y 2016: los servicios sociales, un 32,8%, debido al desarrollo de la Ley de Dependencia, si bien muy por debajo de las expectativas iniciales; y las pol&iacute;ticas de empleo (fundamentalmente, programas y subvenciones para la contrataci&oacute;n y la formaci&oacute;n), un 32%, aunque resulta insuficiente para las necesidades de un n&uacute;mero de desempleados que se ha m&aacute;s que duplicado.
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas m&aacute;s focalizadas en proyectos de inversi&oacute;n son las que han sufrido las mayores reducciones presupuestarias: infraestructuras, que ha perdido el equivalente (siempre, calcul&aacute;ndolo a partir de la evoluci&oacute;n del gasto real por habitante) a unos 179 millones de euros&nbsp;(el 48,1% de su asignaci&oacute;n inicial); sector primario y desarrollo rural, que ha perdido unos 60 millones de euros&nbsp;(el 57,2%); industria y energ&iacute;a, unos 33 millones de euros&nbsp;(el 55,5%); cultura, unos 36 millones de euros&nbsp;(el 59,4%); comercio y turismo, unos 22 millones de euros&nbsp;(el 57%); vivienda, unos 17 millones de euros&nbsp;(el 44,2%); e I+D+i, casi 9 millones de euros&nbsp;(el 67,9%).
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                </figure><p class="article-text">
        La debilidad de la recaudaci&oacute;n impositiva y las insuficiencias de la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica han dado lugar a una escasez de recursos de las comunidades aut&oacute;nomas espa&ntilde;olas que amenaza con hacerse cr&oacute;nica. Es tambi&eacute;n el caso de Cantabria, cuya administraci&oacute;n cuenta actualmente apenas con los recursos m&iacute;nimos para cubrir los gastos ordinarios de unos servicios del Estado del bienestar venidos a menos, implementar contadas inversiones y programas de empleo y satisfacer los pagos correspondientes a la amortizaci&oacute;n y los intereses de la deuda (que pr&aacute;cticamente se han triplicado desde 2008). Los presupuestos, adem&aacute;s, sufren restricciones adicionales en su ejecuci&oacute;n durante el ejercicio: por ejemplo, en 2014 (&uacute;ltimo a&ntilde;o con informaci&oacute;n disponible), el incumplimiento de las previsiones de ingresos provoc&oacute; que 85 millones de euros&nbsp;inicialmente presupuestados en los principales cap&iacute;tulos finalmente no se gastaran.
    </p><p class="article-text">
        El escenario actual presenta la disyuntiva entre mantener bajo m&iacute;nimos la financiaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas que presta la administraci&oacute;n auton&oacute;mica o tratar de recuperar el volumen de recursos previo a la crisis, existiendo tambi&eacute;n un abanico de opciones intermedias. El incremento de los recursos puede abordarse fundamentalmente por tres v&iacute;as: uno, la recuperaci&oacute;n de las bases imponibles a partir de la consolidaci&oacute;n del crecimiento de la econom&iacute;a; dos, cambios en la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica que favorezcan la suficiencia de nuestra comunidad; y tres, reformas fiscales que incrementen la recaudaci&oacute;n impositiva. Una recuperaci&oacute;n decidida de los ingresos p&uacute;blicos requerir&aacute; abordar no solo una de las v&iacute;as, sino todas o, al menos, varias de ellas. Pero, por ejemplo, si se aprovecha el crecimiento de la econom&iacute;a para reducir impuestos, los ingresos se mantendr&aacute;n en niveles bajos.
    </p><p class="article-text">
        El margen de Cantabria para actuar, aunque existe, no es mucho: sus pol&iacute;ticas incidir&aacute;n sobre el crecimiento econ&oacute;mico, pero este depende fundamentalmente de factores nacionales y externos; puede hacer llegar sus demandas sobre la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, pero nada garantiza que se vaya a mejorar su situaci&oacute;n; y puede utilizar sus competencias para incrementar la recaudaci&oacute;n por sus impuestos propios y algunos de los cedidos, sin perjuicio de que el mayor potencial en este sentido radica en reformas implementadas o coordinadas a nivel estatal.
    </p><p class="article-text">
        En este escenario, aunque las restricciones vayan poco a poco alivi&aacute;ndose, la escasez de recursos persistir&aacute; al menos varios a&ntilde;os. No por ello, sino como un principio general, aunque con m&aacute;s urgencia en este contexto, es importante que los recursos disponibles se empleen adecuadamente, dedic&aacute;ndose a la atenci&oacute;n de necesidades y demandas sociales reales y a las inversiones que ofrezcan una mayor rentabilidad a la comunidad. Es decir, no solo hemos de pensar en gastar m&aacute;s (o menos), sino tambi&eacute;n en gastar bien. Ante los retos existentes, es importante que los gobiernos, as&iacute; como los ciudadanos (y, dentro de ellos, los empleados p&uacute;blicos tambi&eacute;n en lo que nos corresponde como tales), pensemos en qu&eacute; tipo de administraci&oacute;n p&uacute;blica queremos y seamos consecuentes con las l&iacute;neas de actuaci&oacute;n que, en su caso, sean necesarias para ello. Si este art&iacute;culo puede ser parte de esa reflexi&oacute;n, habr&aacute; cumplido su objetivo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/presupuestos-cantabria-llegado_132_3739279.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Nov 2016 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los Presupuestos de Cantabria. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Actividad en verano, desierto en invierno. ¿Un modelo para Cantabria?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/actividad-verano-desierto-invierno-cantabria_132_3796190.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e99499c-0511-449d-9486-38f6586a54c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Actividad en verano, desierto en invierno. ¿Un modelo para Cantabria?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cantabria es, con diferencia, una de las comunidades con mayores oscilaciones estacionales en términos de empleo. Por delante solo se encuentra Baleares</p><p class="subtitle">El modelo hacia el que nos encaminamos, si no se corrige, constituye un grave obstáculo para el progreso económico de nuestra comunidad</p></div><p class="article-text">
        Los datos de desempleo de septiembre, <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/ultima-hora/Cantabria-lidera-aumento-mensual-septiembre_0_565893466.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que acaban de publicarse</a>, han hecho saltar de nuevo todas las alarmas en Cantabria: volvemos, otra vez, a liderar el incremento del paro en Espa&ntilde;a. Es un titular que nos suena, porque viene repiti&eacute;ndose durante muchos de los &uacute;ltimos meses. Sin embargo, el verano parec&iacute;a haber sido muy bueno, con unas cifras que invitaban al optimismo. Esa proliferaci&oacute;n de datos contradictorios invita a la confusi&oacute;n, a un sentimiento bipolar que nos lleva pronto de la euforia a la depresi&oacute;n, y viceversa, al pensar en el futuro de nuestra tierra.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, el debate pol&iacute;tico sobre el tema se enfrasca en una mara&ntilde;a de argumentos partidistas, con los que cada cual trata de dibujar la realidad que m&aacute;s se ajuste a sus pretensiones. Pero, &iquest;qu&eacute; est&aacute; ocurriendo realmente? &iquest;Nos hundimos o estamos saliendo a flote?
    </p><p class="article-text">
        Con objeto de responder a estas preguntas, el gr&aacute;fico 1, incluido a continuaci&oacute;n, muestra la evoluci&oacute;n, mes a mes, del empleo en Cantabria y en Espa&ntilde;a, a partir del n&uacute;mero de afiliados a la Seguridad Social y tomando, en cada caso, el dato de enero de 2009 como referencia (igual a 100). La tendencia general que se observa es similar: una intensa destrucci&oacute;n de puestos de trabajo hasta 2013, y un incremento del empleo a partir de entonces, aunque insuficiente para recuperar los niveles iniciales.
    </p><p class="article-text">
        Existen, no obstante, dos diferencias importantes entre Cantabria y Espa&ntilde;a. Una primera, muy llamativa, son las pronunciadas oscilaciones del empleo que se observan en nuestra Comunidad, pero no en el conjunto del Estado: puestos de trabajo que se crean en primavera y, sobre todo, verano, pero que se destruyen en oto&ntilde;o y en invierno. La segunda diferencia es que la recuperaci&oacute;n tras la crisis est&aacute; llegando con menos fuerza en Cantabria. Las dos cuestiones est&aacute;n muy relacionadas. Como se observa, en el conjunto de Espa&ntilde;a, desde 2014 est&aacute; aumentando el n&uacute;mero de afiliados a la Seguridad Social en primavera y verano, mientras que m&aacute;s o menos se mantiene en oto&ntilde;o y en invierno. Es una evoluci&oacute;n que podr&iacute;amos asemejar a una escalera. En Cantabria, el empleo se est&aacute; incrementando cada primavera y verano incluso m&aacute;s que a nivel estatal; sin embargo, gran parte de lo que se gana en esos meses se pierde en oto&ntilde;o e invierno. La evoluci&oacute;n, m&aacute;s que a una escalera, se parece a unos dientes de sierra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. Evoluci&oacute;n mensual del n&uacute;mero de afiliados a la Seguridad Social en Cantabria y en Espa&ntilde;a (Enero 2009 = 100).</strong>&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Es este comportamiento del empleo en Cantabria com&uacute;n al de otras comunidades aut&oacute;nomas&nbsp;espa&ntilde;olas? El gr&aacute;fico 2 muestra, para todas las comunidades&nbsp;y el periodo de 2009 a 2016, el crecimiento medio del empleo entre los meses en los que toca m&iacute;nimos (enero y febrero) y m&aacute;ximos (julio y agosto) (en color verde); y la media de destrucci&oacute;n de empleo entre julio-agosto y enero-febrero del a&ntilde;o siguiente (en amarillo).
    </p><p class="article-text">
        A nivel estatal, en el periodo analizado, el empleo ha variado una media de alrededor de un 2% entre los meses de verano y los de invierno. Cantabria es, con diferencia, una de las comunidades&nbsp;con mayores oscilaciones estacionales, que han rondado una media del 6% en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Por delante solo se encuentra Baleares, con una econom&iacute;a basada en un turismo fuertemente estacional. En ninguna otra regi&oacute;n las oscilaciones superan el 4%. Comunidades de nuestro entorno, como Asturias, Castilla y Le&oacute;n, Galicia y Navarra, rondan el 2-3%, en l&iacute;nea con el promedio estatal. En otras, el empleo apenas var&iacute;a entre el invierno y el verano: Pa&iacute;s Vasco y Madrid, con econom&iacute;as basadas en actividades industriales y/o de servicios de alto valor a&ntilde;adido que mantienen una solidez todo el a&ntilde;o; o la Comunidad Valenciana y Andaluc&iacute;a, con un clima que posibilita un turismo alejado de la estacionalidad.
    </p><p class="article-text">
        La estacionalidad, adem&aacute;s, es un fen&oacute;meno que est&aacute; yendo a m&aacute;s en nuestra Comunidad. El gr&aacute;fico 3 muestra la evoluci&oacute;n en Cantabria y en Espa&ntilde;a, desde 2001, de las variaciones estacionales del empleo entre el m&iacute;nimo (enero-febrero) y el m&aacute;ximo (julio-agosto). Al iniciarse la pasada d&eacute;cada, las oscilaciones estacionales en el empleo rondaban, a nivel estatal, el 2%, una cifra que ha mantenido una tendencia (recogida por la l&iacute;nea de puntos) bastante estable desde entonces. En cambio, en Cantabria la estacionalidad muestra una clara tendencia a incrementarse: mientras durante la d&eacute;cada pasada las variaciones estacionales en el empleo rondaron, con car&aacute;cter general, el 5-6%, actualmente alcanzan o incluso superan frecuentemente el 7%.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2. Variaciones estacionales del empleo, por comunidades.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>Gr&aacute;fico 3. Evoluci&oacute;n (2001-2016) de las variaciones estacionales del empleo en Cantabria y en Espa&ntilde;a</strong>
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        La econom&iacute;a de Cantabria es cada vez m&aacute;s estacional porque, <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/capital-humano-frente-declive-economico_6_514508583.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como reflej&eacute; en un art&iacute;culo que publiqu&eacute; hace unos meses en este medio</a>, nuestra creaci&oacute;n de empleo est&aacute; siendo liderada por sectores de baja productividad y poco valor a&ntilde;adido, basados en puestos de trabajo que exigen una escasa cualificaci&oacute;n. Entre enero y agosto de este a&ntilde;o, m&aacute;s del 45% de los nuevos afiliados a la Seguridad Social en Cantabria corresponden a la hosteler&iacute;a; en este sector se han creado casi 1.000 puestos de trabajo en relaci&oacute;n al a&ntilde;o anterior, m&aacute;s del doble que en la industria y cinco veces m&aacute;s que en las actividades de servicios profesionales, cient&iacute;ficos y t&eacute;cnicos. La hosteler&iacute;a y el turismo son sectores que, con car&aacute;cter complementario, tienen un papel importante en una econom&iacute;a desarrollada. Sin embargo, es una mala se&ntilde;al que constituyan su principal y casi &uacute;nico motor, como ocurre en nuestra Comunidad, ocupando el papel de liderazgo que en todas las regiones m&aacute;s exitosas de Europa, y tambi&eacute;n de Espa&ntilde;a, desempe&ntilde;an los sectores con mayor potencial para generar valor a&ntilde;adido, como la industria y los servicios basados en el conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria, adem&aacute;s, esa apuesta es especialmente peligrosa: por nuestro clima, el turismo se concentra enormemente en una peque&ntilde;a &eacute;poca del a&ntilde;o, dando lugar a una actividad econ&oacute;mica muy limitada en el tiempo, a puestos de trabajo estacionales y a ingresos relativamente escasos considerando el conjunto del ciclo anual. El modelo hacia el que nos encaminamos, si no se corrige, constituye un grave obst&aacute;culo para el progreso econ&oacute;mico de nuestra Comunidad.
    </p><p class="article-text">
        En resumen, evitando caer en un pesimismo exagerado, los datos de empleo no indican que se est&eacute; produciendo un hundimiento de la econom&iacute;a de Cantabria. S&iacute;&nbsp;se observa, sin embargo, una falta de consolidaci&oacute;n de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica en nuestra regi&oacute;n, que no est&aacute; siendo capaz de generar empleos estables, ni actividad en los sectores de mayor potencial. El oto&ntilde;o y el invierno, muy probablemente, nos traer&aacute;n malos datos para nuestro mercado laboral. No es lo preocupante, aunque cope los titulares de prensa. El problema clave no es coyuntural, sino estructural, de fondo. Requiere soluciones a medio y largo plazo, que permitan evitar que nuestras cosechas veraniegas, cada a&ntilde;o, se evaporen ante la llegada de los rigores invernales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Fernández Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/actividad-verano-desierto-invierno-cantabria_132_3796190.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Oct 2016 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Actividad en verano, desierto en invierno. ¿Un modelo para Cantabria?]]></media:title>
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