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Actividad en verano, desierto en invierno. ¿Un modelo para Cantabria?

Cantabria es, con diferencia, una de las comunidades con mayores oscilaciones estacionales en términos de empleo. Por delante solo se encuentra Baleares

El modelo hacia el que nos encaminamos, si no se corrige, constituye un grave obstáculo para el progreso económico de nuestra comunidad

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Cataluña, Madrid y Andalucía liderarán el nuevo empleo en 2016, según un informe

EFE

Los datos de desempleo de septiembre, que acaban de publicarse, han hecho saltar de nuevo todas las alarmas en Cantabria: volvemos, otra vez, a liderar el incremento del paro en España. Es un titular que nos suena, porque viene repitiéndose durante muchos de los últimos meses. Sin embargo, el verano parecía haber sido muy bueno, con unas cifras que invitaban al optimismo. Esa proliferación de datos contradictorios invita a la confusión, a un sentimiento bipolar que nos lleva pronto de la euforia a la depresión, y viceversa, al pensar en el futuro de nuestra tierra.

Mientras, el debate político sobre el tema se enfrasca en una maraña de argumentos partidistas, con los que cada cual trata de dibujar la realidad que más se ajuste a sus pretensiones. Pero, ¿qué está ocurriendo realmente? ¿Nos hundimos o estamos saliendo a flote?

Con objeto de responder a estas preguntas, el gráfico 1, incluido a continuación, muestra la evolución, mes a mes, del empleo en Cantabria y en España, a partir del número de afiliados a la Seguridad Social y tomando, en cada caso, el dato de enero de 2009 como referencia (igual a 100). La tendencia general que se observa es similar: una intensa destrucción de puestos de trabajo hasta 2013, y un incremento del empleo a partir de entonces, aunque insuficiente para recuperar los niveles iniciales.

Existen, no obstante, dos diferencias importantes entre Cantabria y España. Una primera, muy llamativa, son las pronunciadas oscilaciones del empleo que se observan en nuestra Comunidad, pero no en el conjunto del Estado: puestos de trabajo que se crean en primavera y, sobre todo, verano, pero que se destruyen en otoño y en invierno. La segunda diferencia es que la recuperación tras la crisis está llegando con menos fuerza en Cantabria. Las dos cuestiones están muy relacionadas. Como se observa, en el conjunto de España, desde 2014 está aumentando el número de afiliados a la Seguridad Social en primavera y verano, mientras que más o menos se mantiene en otoño y en invierno. Es una evolución que podríamos asemejar a una escalera. En Cantabria, el empleo se está incrementando cada primavera y verano incluso más que a nivel estatal; sin embargo, gran parte de lo que se gana en esos meses se pierde en otoño e invierno. La evolución, más que a una escalera, se parece a unos dientes de sierra.

Gráfico 1. Evolución mensual del número de afiliados a la Seguridad Social en Cantabria y en España (Enero 2009 = 100). 

Gráfico 1. Evolución mensual del número de afiliados a la Seguridad Social en Cantabria y en España (Enero 2009 = 100)

Elaboración propia a partir de datos de la Seguridad Social

¿Es este comportamiento del empleo en Cantabria común al de otras comunidades autónomas españolas? El gráfico 2 muestra, para todas las comunidades y el periodo de 2009 a 2016, el crecimiento medio del empleo entre los meses en los que toca mínimos (enero y febrero) y máximos (julio y agosto) (en color verde); y la media de destrucción de empleo entre julio-agosto y enero-febrero del año siguiente (en amarillo).

A nivel estatal, en el periodo analizado, el empleo ha variado una media de alrededor de un 2% entre los meses de verano y los de invierno. Cantabria es, con diferencia, una de las comunidades con mayores oscilaciones estacionales, que han rondado una media del 6% en los últimos años. Por delante solo se encuentra Baleares, con una economía basada en un turismo fuertemente estacional. En ninguna otra región las oscilaciones superan el 4%. Comunidades de nuestro entorno, como Asturias, Castilla y León, Galicia y Navarra, rondan el 2-3%, en línea con el promedio estatal. En otras, el empleo apenas varía entre el invierno y el verano: País Vasco y Madrid, con economías basadas en actividades industriales y/o de servicios de alto valor añadido que mantienen una solidez todo el año; o la Comunidad Valenciana y Andalucía, con un clima que posibilita un turismo alejado de la estacionalidad.

La hostelería y el turismo son sectores que, con carácter complementario, tienen un papel importante en una economía desarrollada. Sin embargo, es una mala señal que constituyan su principal y casi único motor, como ocurre en nuestra comunidad

La estacionalidad, además, es un fenómeno que está yendo a más en nuestra Comunidad. El gráfico 3 muestra la evolución en Cantabria y en España, desde 2001, de las variaciones estacionales del empleo entre el mínimo (enero-febrero) y el máximo (julio-agosto). Al iniciarse la pasada década, las oscilaciones estacionales en el empleo rondaban, a nivel estatal, el 2%, una cifra que ha mantenido una tendencia (recogida por la línea de puntos) bastante estable desde entonces. En cambio, en Cantabria la estacionalidad muestra una clara tendencia a incrementarse: mientras durante la década pasada las variaciones estacionales en el empleo rondaron, con carácter general, el 5-6%, actualmente alcanzan o incluso superan frecuentemente el 7%.

Gráfico 2. Variaciones estacionales del empleo, por comunidades. 

Gráfico 2. Variaciones estacionales del empleo, por comunidades.

Elaboración propia a partir de datos de la Seguridad Social.

Gráfico 3. Evolución (2001-2016) de las variaciones estacionales del empleo en Cantabria y en España

Gráfico 3. Evolución (2001-2016) de las variaciones estacionales del empleo en Cantabria y en España. Fuente: elaboración propia a partir de datos de la Seguridad Social

Elaboración propia a partir de datos de la Seguridad Social.

La economía de Cantabria es cada vez más estacional porque, como reflejé en un artículo que publiqué hace unos meses en este medio, nuestra creación de empleo está siendo liderada por sectores de baja productividad y poco valor añadido, basados en puestos de trabajo que exigen una escasa cualificación. Entre enero y agosto de este año, más del 45% de los nuevos afiliados a la Seguridad Social en Cantabria corresponden a la hostelería; en este sector se han creado casi 1.000 puestos de trabajo en relación al año anterior, más del doble que en la industria y cinco veces más que en las actividades de servicios profesionales, científicos y técnicos. La hostelería y el turismo son sectores que, con carácter complementario, tienen un papel importante en una economía desarrollada. Sin embargo, es una mala señal que constituyan su principal y casi único motor, como ocurre en nuestra Comunidad, ocupando el papel de liderazgo que en todas las regiones más exitosas de Europa, y también de España, desempeñan los sectores con mayor potencial para generar valor añadido, como la industria y los servicios basados en el conocimiento.

En Cantabria, además, esa apuesta es especialmente peligrosa: por nuestro clima, el turismo se concentra enormemente en una pequeña época del año, dando lugar a una actividad económica muy limitada en el tiempo, a puestos de trabajo estacionales y a ingresos relativamente escasos considerando el conjunto del ciclo anual. El modelo hacia el que nos encaminamos, si no se corrige, constituye un grave obstáculo para el progreso económico de nuestra Comunidad.

En resumen, evitando caer en un pesimismo exagerado, los datos de empleo no indican que se esté produciendo un hundimiento de la economía de Cantabria. Sí se observa, sin embargo, una falta de consolidación de la recuperación económica en nuestra región, que no está siendo capaz de generar empleos estables, ni actividad en los sectores de mayor potencial. El otoño y el invierno, muy probablemente, nos traerán malos datos para nuestro mercado laboral. No es lo preocupante, aunque cope los titulares de prensa. El problema clave no es coyuntural, sino estructural, de fondo. Requiere soluciones a medio y largo plazo, que permitan evitar que nuestras cosechas veraniegas, cada año, se evaporen ante la llegada de los rigores invernales.

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