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Sobre este blog

'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.

La vida cotidiana de los nazis en Santander tras la toma de la ciudad en la Guerra Civil

Oficiales alemanes con jóvenes de Cantabria en el aeródromo de Pontejos en 1937.
21 de febrero de 2026 21:55 h

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Gracias a los archivos militares y diplomáticos, y a sus diarios, correspondencia y álbumes privados de fotos, resulta posible conocer cómo era la vida cotidiana de los miembros de la Legión Cóndor en Santander, su visión de la Guerra Civil española, su percepción del enemigo, y sus expectativas personales, así como el impacto que produjo en ellos el choque cultural con la población de un país atrasado y, para ellos, exótico, como era la España de 1936.

Los legionarios eran exponentes de la nueva élite alemana. Se trataba de jóvenes nazis con una clara sensación de superioridad. Las perspectivas de ascensos en la nueva Luftwaffe, y la buena paga, facilitaron su alistamiento. España aparecía en su imaginario como un lugar pintoresco y soleado en el cual volcar sus fantasías épicas y vivir aventuras, ganar dinero, conquistar mujeres y alcanzar la gloria.

Se trató de una suerte de turismo bélico que muchos practicaron acompañados de sus flamantes cámaras Leica III, uno de los objetos habituales en el equipaje de guerra de los alemanes, hasta el punto de que el lenguaje popular español la bautizó como el “fusil alemán”. Gracias a esa afición por la fotografía han llegado hasta esta época numerosas imágenes, procedentes de archivos privados, que muestran, con un desacostumbrado realismo, la crudeza de la vida cotidiana en la Cantabria ocupada.

Los legionarios eran exponentes de la nueva élite alemana. Se trataba de jóvenes nazis con una clara sensación de superioridad

La mirada de los legionarios alemanes se centró en los niños, hasta el punto de que sus imágenes constituyen documentos de un excepcional valor histórico que reflejan, tanto la miseria y la escasez de la población civil, como su despreocupada vida militar cuando estaban fuera de servicio. Una percepción muy alejada del triunfalismo que trataban de trasmitir las edulcoradas fotografías y reportajes patrióticos suministrados por la prensa oficial, bajo el control de la censura falangista.

Soldados de la Legión Cóndor comparten mesa en el aeródromo de Pontejos en otoño de 1937.

Durante sus periodos de descanso los alemanes trataron de causar buena impresión entre la población civil, aunque se mostraron distantes debido a su desconocimiento del idioma. Sobre el terreno fueron unos privilegiados que vivieron una especie de dolce vita en medio de territorios recién ocupados, devastados y hambrientos. Aunque muchos expresaron sus quejas por el “maldito aceite de oliva” y el propio Von Richthofen aseguró que “la vida, el entorno, la comida, la gente, el país: todo es repugnante”, la comida no escaseaba (ni la bebida, sobre todo la importada desde Alemania y consumida de forma abundante) y se les procuraron acogedores lugares de residencia en hoteles y viviendas particulares. Los alemanes llegaron además con muchas expectativas de “chicas de miradas ardientes endiabladamente hermosas”, pero se encontraron con la “inaccesibilidad de las españolas”, lo cual les llevó a contratar prostitutas. 

Los pilotos y las tripulaciones alojadas en Santander organizaron excursiones por la región, celebraron fiestas, se aburrieron bebiendo en grupo, pasearon y sorprendieron a la población civil con sus maneras y sus extraños atuendos

Los pilotos y las tripulaciones alojadas en Santander organizaron excursiones por la región, celebraron fiestas, se aburrieron bebiendo en grupo, pasearon y sorprendieron a la población civil con sus maneras y sus extraños atuendos. Durante sus periodos de descanso y vacaciones oficiales, visitaron las capitales turísticas del norte como San Sebastián, y fue habitual verlos por las calles de Santander, Torrelavega, Santillana del Mar o Comillas.

Oficiales de la Legión Cóndor en la terraza de una cafetería de Santander en 1937.

Klaus Köhler, miembro de la unidad antiaérea apuntó en sus memorias la impresión que le causaron las mujeres santanderinas: “Caminamos por el gran paseo con nuestros uniformes recién lavados y planchados, con los zapatos relucientes y perfumados, y no nos cansamos de admirar a las ardientes españolas, pero ellas también nos contemplan. Estos alemanes altos y rubios son ahora los leones de Santander. Todas las chicas nos miran con ojos interrogantes. Los rostros morenos y afilados son de nobles proporciones, los cabellos, que caen con exuberancia, son de un negro azulado, y los grandes ojos irradian una calidez luminosa e intensa”.

Aunque los militares nazis fueron tratados de forma cordial en casi todas las poblaciones donde residieron, durante la ofensiva del Norte hay constancia -incluso en libros de la época nacionalsocialista- de una actitud extremadamente hostil por parte de un sector población civil; posiblemente relacionada con el recuerdo de sus salvajes ataques aéreos sobre las poblaciones vascas. Por ello, los legionarios fueron siempre cautelosos y precavidos, y más de uno durmió con un revólver bajo la almohada.

La Legión Cóndor tuvo unos 300 muertos a lo largo de la Guerra Civil, un 58% de ellos a consecuencia de la acción directa del enemigo, y el resto debido a accidentes de tráfico en coches y motocicletas (no pocas veces provocados por los excesos del alcohol). En el caso de Cantabria, los alemanes perdieron más aviones y pilotos por accidentes que a causa del acierto republicano. Según rezaba una lápida colocada en el Norte, “murieron como héroes por una España nacional”, aunque las víctimas causadas por sus bombardeos multiplicaron con creces el número de bajas propias.

Piloto alemán herido en combate en el frente de Asturias y atendido en Valdecilla.

La mayor parte de los miembros de la Legión Cóndor que regresaron a Alemania (casi el 80%) murieron en la II Guerra Mundial, y los que sobrevivieron se encontraron con la sorpresa de que, en la posguerra, estuvo mal visto haber combatido en España. La Legión Cóndor arrastró siempre la carga del brutal bombardeo a la población de Gernika, aunque aquel crimen no fuera más que una leve muestra de la destrucción que la aviación nazi ocasionó, poco más tarde, sobre innumerables ciudades europeas.

El 19 de mayo de 1939, la Legión Condor desfiló sobre una inmensa alfombra de flores que cubría el paseo de la Castellana, cerrando los actos conmemorativos de la Victoria. Tres días más tarde se organizó en León una fastuosa despedida (precedida la noche anterior por un desfile de antorchas al más puro estilo nazi) en el aeródromo de La Virgen del Camino. El acto contó con la presencia de Franco; el jefe del Ejército del Aire, Alfredo Kindelán, y el obispo Carmelo Ballester.

El dictador agradeció a los 5.000 legionarios formados la ayuda de las legiones alemanas para derrotar a la “escoria comunista” de Europa en territorio español y recalcó su importancia decisiva para la victoria. El 24 de mayo salieron de España desde el puerto de Vigo, desfilando por las calles de la ciudad en otro espectacular desfile militar. Después de abandonar la península a bordo de varios buques, tuvieron un gran recibimiento en Alemania, incluyendo una parada militar el 6 de junio a la que asistió el propio Hitler.

La ayuda alemana no le resultó gratis a Franco. Los nacionalsocialistas cifraron los costes materiales y de personal en la guerra en 275 millones de marcos, que el nuevo régimen devolvió generosamente en forma de materias primas y minerales como el hierro, la pirita y el wolframio, recursos estratégicos para la industria bélica nazi, que continuaron saliendo de las minas y los puertos españoles hasta que el curso desfavorable de la II Guerra Mundial aconsejó a Franco su distanciamiento de Hitler y su progresivo acercamiento a las potencias aliadas.

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'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.

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