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Sobre este blog

'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.

Presencia y mirada de La Legión Cóndor en el Frente Norte durante la Guerra Civil

Bombardero Junkers JU 52 sobrevolando los cielos de Cantabria durante la Guerra Civil.

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La pronta intervención de la Alemania nazi en la Guerra Civil española obedeció a diferentes intereses de carácter político y estratégico. Hitler trató de hacer pasar la ayuda militar a los sublevados como una mera reacción ante el peligro de la expansión comunista dentro del Gobierno republicano; con ello intentó tranquilizar a Francia y a Gran Bretaña, que confiaron hasta el último momento en la eficacia de su táctica de apaciguamiento de las pretensiones anexionistas del Tercer Reich.

En realidad, Alemania mantuvo otros objetivos ocultos. Por una parte, alterar el equilibrio de fuerzas en Europa occidental, privando a Francia de un aliado en su flanco sur. Por otra, acceder a los recursos necesarios para el programa de rearme que estaba preparando en secreto; fundamentalmente piritas, wolframio y hierro, minerales abundantes en España. Finalmente, el país era un escenario ideal para poner a prueba la tecnología y las tácticas de la nueva arma aérea alemana. En suelo español los nazis tuvieron la oportunidad de entrar en combate real, acumulando experiencia para aplicarla posteriormente dentro de sus planes de invasión de países vecinos.

El primer logro del contingente aéreo alemán fue garantizar, tras el pronunciamiento de Franco, el traslado a la Península de las tropas acantonadas en Marruecos mediante la organización de un eficaz puente aéreo. Pocos días más tarde del inicio de la sublevación, salió secretamente del puerto de Hamburgo el primer envío marítimo de material militar con rumbo a Cádiz. Estaba compuesto de seis cazas Heinkel 51, diez Ju-52 de transporte desmontados, una batería antiaérea de 88 mm, veinte cañones antiaéreos de 20 mm, emisoras de radio, medicamentos, municiones y diversos repuestos, además de unos noventa voluntarios vestidos de civiles, que viajaron camuflados como un grupo turístico perteneciente a la Organización nazi del Frente del Trabajo.

Hasta el otoño de 1936, la ayuda alemana se centró en la coordinación del puente aéreo y en labores de instrucción y enseñanza de manejo del material entregado. A finales de octubre, el almirante Canaris se reunió con Franco en Salamanca, planteando el incremento del apoyo mediante el envío de una fuerza voluntaria, fundamentalmente aérea, a cambio de contrapartidas económicas y acceso a los recursos mineros de los territorios bajo su control. Franco aceptó, y a pesar de que Alemania había suscrito el 24 de agosto el Tratado de No Intervención, el 30 de octubre Berlín ordenó constituir el llamado Winterübung Rügen, Ejército de invierno de la isla Rugen, nombre oficial de la fuerza que nada más llegar a España fue conocida como Legión Cóndor. De esa manera cobró carta de naturaleza la más famosa de las unidades militares extranjeras del bando franquista.

A partir de ese momento, los puertos de La Coruña, Lisboa y Cádiz, junto a Pasajes tras la derrota republicana en Guipúzcoa, y los de Bilbao y Santander, tras su ocupación en el verano de 1937, se convirtieron en los puntos de llegada de la ayuda militar alemana. Los buques descargaban tropas, medios terrestres (blindados, camiones y artillería) y aéreos (transportes, cazas y bombarderos), y regresaban al puerto de Hamburgo portando en sus bodegas los estratégicos minerales españoles.

El puerto de Santander fue testigo de un intenso tráfico militar, con el desembarco de vehículos de transporte y material de guerra para abastecer a las diversas unidades de la Legión Cóndor distribuidas por la provincia en 1937.

La experiencia adquirida en la Guerra Civil fue muy importante para que Wólfram von Richthofen, el arrogante jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor, convirtiera a la Luftwaffe en la implacable fuerza aérea que demostró todo su potencial destructivo en los primeros compases de la segunda Guerra Mundial. Sus diarios permiten conocer con detalle el modo de operar de la Legión Cóndor. En ellos se mostraba orgulloso de poder usar el territorio de la España republicana como un campo de pruebas para comprobar la eficiencia de los ataques en picado de sus cazas Stuka, y los devastadores efectos de los bombardeos en alfombra; destrucciones que se fotografiaron y documentaron minuciosamente: “Poder arrojar por fin nuestras bombas sobre verdaderas ciudades permitirá averiguar sus efectos ya que, dado que los pueblos están muy cerca del frente y su conquista es inminente, es de suponer que podremos examinarlas”, señaló.

Cuando las tropas sublevadas fueron detenidas por las defensas republicanas ante Madrid, el Estado Mayor Alemán comenzó a inmiscuirse en la planificación de Franco, influyendo en un cambio de estrategia que favoreció sus intereses: en lugar de seguir arremetiendo contra la capital se optó por atacar el norte del país, que era militarmente débil, pero rico en recursos mineros. En su diario, Wolfram von Richthofen afirmó que, durante toda la ofensiva en el norte, “en la práctica dirigimos todo el cotarro sin tener realmente responsabilidad. Los objetivos estratégicos son la conquista de Bilbao y después la de Santander y Asturias”.

En una carta del 28 de marzo, Richthofen explicó con toda su crudeza el procedimiento a seguir en la campaña del Norte: “Los acuerdos sobre el procedimiento de las fuerzas aéreas recogen de forma inequívoca que esto se llevará a cabo sin miramientos hacia la población civil”. La estrategia alemana fue secundada totalmente por las tropas franquistas. En un informe enviado por el general Mola a diferentes departamentos alemanes, apuntaba los objetivos de la misión en el Norte: “fábricas de armas y de munición, instalaciones portuarias, depósitos de alimentos y, si fuera necesario, ataques que causen terror para hacer presión en las negociaciones”.

La franja norte republicana conformaba un territorio aislado, pequeño, montañoso y de difícil acceso, que permitió a los alemanes, no solo ejercitar y perfeccionar la coordinación aeroterrestre, sino también continuar con los bombardeos experimentales que ya habían ensayado en Andalucía, y hacerlo en una zona en la que -como se describió en un informe interno de la Legión Cóndor- el tipo de construcción era “similar al que predomina en las pequeñas ciudades de los países que nos son vecinos”, en una clara referencia a Polonia.

Bombardero Heinkel HE 111 en el aeródromo de Pontejos preparado para despegar en 1937.

Dado que, durante el primer año, la moral en el bando republicano era elevada, muchos observadores alemanes dudaron de la capacidad de sus aliados 'nacionales' para ganar la guerra. En el País Vasco, Santander o Asturias, los nazis se toparon sorprendentemente “con gente dura, obstinada, de una calidad excelente”, con hombres que querían conservar su independencia. Particularmente impresionados quedaron por el arrojo y la decisión de los dinamiteros asturianos, “audaces y atrevidos”, especialmente aptos para llevar a cabo las voladuras de calles, puentes, túneles y casas, cosa que hacían del modo más eficaz, según describió la prensa alemana.

Cómo esto resultaba incompatible con la imagen de la “chusma roja”, los alemanes optaron por una explicación racista del fenómeno. Ya fuera por la “herencia nórdica” o por la sangre “celta y goda”, estaba claro que en el norte se enfrentaban a un enemigo dispuesto a luchar hasta el último aliento por su libertad. El propio general Erwin Jaenecke fue muy explícito al respecto, y en una carta a la central de la Wehrmacht aseguró: “Los rojos luchan con entusiasmo por una idea, es decir, contra la Iglesia, los latifundios y el capitalismo, que desde hace siglos oprimen y atormentan al pueblo de manera atroz. En cambio, no está claro por qué lucha realmente la mayoría de la población en territorio blanco, pero resulta muy dudoso que todos sean adeptos de los blancos: si por la Iglesia y las grandes propiedades de órdenes religiosas, por la monarquía y la restauración del viejo orden social o quizá por la Falange”.

La campaña en el frente Norte, iniciada a finales de marzo de 1937, contó con el concurso de más de 4.000 alemanes de la Legión Cóndor, en su mayor parte del contingente aéreo, además de algunas fuerzas terrestres: unos pocos centenares de hombres pertenecientes a las baterías artilleras de 88 mm, instructores de la compañía de carros Panzer I, y fuerzas de transmisiones encargadas de coordinar las comunicaciones en los puestos de mando de las Brigadas navarras, así como el enlace entre las mismas y sus escuadrillas aéreas.

Con sus 150 aviones, entre ellos, los últimos modelos de cazas y bombarderos, la Legión Condor, junto a la aviación legionaria italiana, mantuvieron en todo momento una intensa presión aérea constante que facilitó el avance al ejército sublevado mediante sus rápidos ataques contra las concentraciones de tropas, las vías de comunicación y las ciudades bajo control republicano.

Von Richtofen se mostró en su diario muy satisfecho del éxito alcanzado con sus tácticas de terror para quebrar la moral de la población civil y destruir los núcleos urbanos y poblaciones de Vizcaya, Santander y Asturias. “Estupendos efectos del bombardeo y de los cazas […]. Por todas partes muertos y mutilados, camiones pesados que llevaban parte de su munición, explotados. [El pueblo de] Ochandiano muy destruido, con muchos muertos”, escribió.

En la campaña de Santander, los mecánicos alemanes llegaron a experimentar con una versión rudimentaria de la bomba de napalm (naphta-palm oil) consistente en un depósito de gasolina y aceite al que ataban una bomba incendiaria y otra explosiva. Era un procedimiento primitivo, pero enormemente efectivo.

El poderío aéreo de los sublevados vino acompañado de una superioridad táctica indiscutible, basada en la coordinación aeroterrestre con la artillería y la infantería, en una guerra que el ejército republicano había concebido hasta entonces bajo las doctrinas militares de la Primera Guerra Mundial y las tácticas de la guerra de trincheras. Así se fueron abriendo paso hacia el oeste: despacio, pero sin interrupciones; capturando, pieza a pieza, cada porción del territorio republicano hasta el desmoronamiento completo de la bolsa del Norte.

El propio Richtofen resumió de forma concisa los efectos de la estrategia seguida durante los siete meses que duró la ofensiva del norte, y también dejó constancia de sus críticas por la lentitud en los avances de las tropas franquistas: “Los rojos retroceden paso a paso con grandes pérdidas personales y morales y pérdidas materiales algo menores. Resisten y se defienden con tesón, cada paso que avanzamos hay que arrancárselo a la fuerza. Como algunas infanterías solo avanzan cuando el adversario ya no dispara, y la artillería española dispara demasiado tarde, despacio y mal como para derrotar al enemigo, el peso de la batalla recae sobre la aviación, que primero desmoraliza a los adversarios causándoles bajas y luego los mantiene en movimiento, les quita las ganas e impide los suministros y la circulación; y recae también sobre las dos baterías situadas en la avanzadilla, cuyos disparos obligan a los enemigos a salir de sus trincheras y los dispersan conforme avanzamos. Podemos hacer todo esto porque el enemigo no tiene aviación. Los pocos cazas que tenían han sido derribados o destruidos en sus puestos”.

Grupo de pilotos de la escuadrilla de reconocimiento A/88 de la Legión Cóndor, posan en La Albericia delante de un Dornier DO-17, popularmente conocidos como 'Bacalao'.

La ocupación de la provincia de Santander fue muy rápida, y las tropas de la la Legión Cóndor se fueron instalando progresivamente en el aeródromo de Orzales, en Campoo, en el de Torrelavega, capturado el día 26 de agosto, y en los de La Albericia y Pontejos, abandonados precipitadamente por la aviación republicana solo unas horas antes de la caída de la capital. Desde allí continuaron sus operaciones sobre Asturias a lo largo del otoño de 1937.

En La Albericia, que había sido la base principal de las escuadrillas republicanas, se ubicaron los cazas Messerschmitt BF-109 de la Jagdgruppe J 2/88 de la Legión Cóndor (cuyo emblema era un sombrero de copa), las unidades de bombarderos ligeros, de reconocimiento, meteorológicas, y de enlace. El campo de aterrizaje había sido destrozado por sus propios bombardeos y estaba lleno de embudos que, paradójicamente, provocaron diversos accidentes en las siguientes semanas. Por su parte, los aparatos de bombardeo Heinkel He-111 y Dornier Do-17 fueron ubicados en el aeródromo de Pontejos, y protegidos por un equipo antiaéreo instalado en El Astillero.

El personal de vuelo de la Legión Cóndor se alojó en el Hotel Real, y el de tierra en los hoteles Hoyuela, París, Roma e Inglaterra de El Sardinero, así como en Solares. En el chalet conocido como Villa Abarca se instaló el cuartel del Grupo de Caza Jagdgruppe J88, y en un barracón del barrio de Tetuán se habilitó un taller para la reparación de los vehículos que componían su moderno y numeroso parque móvil.

El Estado Mayor Alemán se trasladó el 1 de septiembre desde Reinosa a Torrelavega, pasando con posterioridad a Comillas donde, el 20 de octubre de 1937, el general Hugo Sperrle fue relevado oficialmente del mando de la Legión Cóndor por el general Helmut Volkmann.

Desde finales de agosto, los aviones de la Legión Cóndor participaron en la ofensiva sobre Asturias desde sus bases en Cantabria. Sus misiones se centraron en el bombardeo incesante de los puertos, especialmente los de Gijón y Avilés, para impedir que las tropas republicanas recibieran ayuda, o, en última instancia, pudieran escapar. El 27 de octubre de 1937 toda Asturias quedó bajo control franquista, dando fin así a la Campaña del Norte iniciada siete meses antes.

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'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.

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