La escuela de comisarios políticos del Norte en Santander
El Comisariado General de Guerra había sido creado en octubre de 1936 por Largo Caballero, institucionalizando así una función que existía en las columnas milicianas ligadas al PCE desde el comienzo del conflicto. Nació con el propósito de “imprimir la máxima eficacia militar, ejercer sobre la masa de combatientes constante influencia y establecer una corriente espiritual y social entre los jefes, oficiales y clases del ejército leal y los soldados y milicianos”.
A los comisarios políticos se les encomendó la vigilancia de la moral de los milicianos, así como el control de posibles “actitudes desleales” por parte de la oficialidad. Para ello, dispusieron de numerosos recursos: periódicos, revistas y financiación para actividades formativas. Su trabajo —para cuyo desempeño bastaba con saber leer y escribir, y haber sido militante antes del golpe de julio de 1936— debía centrarse en convencer a los voluntarios para que se mantuviesen disciplinados y obedeciesen las órdenes de los oficiales que habían permanecido leales a la República.
En realidad, con la irrupción de los comisarios se introdujo en el seno del ejército republicano un servicio de control político-social en las unidades, que no tardó en generar recelos. Muchos militares profesionales comenzaron a sentirse fiscalizados y bajo sospecha permanente. A pesar de los esfuerzos de Largo Caballero, que trató en todo momento de justificar la utilidad de la nueva institución, las fricciones e injerencias en la toma de decisiones fueron constantes, y numerosos los casos de cuestionamiento de la jerarquía militar.
La Escuela de Comisarios del Norte nació con el objetivo básico de aleccionar a los miles de reclutas forzosos que llegaban a los batallones, a menudo reticentes al combate y, con frecuencia, poco afectos a la República, tratando de hacer de ellos un ejército razonablemente eficaz y disciplinado. Para su dirección se eligió a Antonio Berna, que había sido responsable del grupo escolar Ramón Pelayo de Santander, fundador de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (UGT) y director de la Prisión Provincial hasta que se incorporó al ejército republicano.
Los requisitos para ser nombrado comisario político eran ser militante de una organización del Frente Popular desde antes del golpe de julio de 1936 y haber luchado en el frente de batalla durante más de seis meses. Además, era necesario saber leer y escribir. La mayoría de ellos fueron trabajadores con una cierta cualificación
La sede de Santander tuvo una efímera vida. En una asamblea celebrada el domingo 25 de abril de 1937 —el acto público más visible de los organizados por la Escuela— el comisario general, Antonio Somarriba, aseguró ante medio centenar de comisarios políticos que su papel resultaba “básico” para reforzar el espíritu de combate de los soldados. A lo largo de la jornada, cada comisario explicó el estado de ánimo que se vivía en las diferentes unidades destacadas en el frente de la provincia, y se debatió sobre el trato de respeto y consideración que debían tener los prisioneros, cuyas vidas debían ser garantizadas.
El rápido colapso de la defensa republicana en la provincia de Santander y el desmoronamiento del Ejercito del Norte, con la caída de Asturias a finales del mes de octubre de 1937, acabó con la actividad de la Escuela.
Sobre este blog
'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.
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