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Entrevista

David Uclés: “Los mismos que me apoyaron al principio me han hecho luego la zancadilla por vender mucho”

El escritor David Uclés, autor de 'La ciudad de las luces muertas'

Laura García Higueras

6 de febrero de 2026 22:03 h

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El turismo masivo, la gentrificación y el fascismo componen la oscuridad que sume a la Barcelona de La ciudad de las luces muertas (Destino) imaginada por David Uclés en un gran apagón. El autor de La península de las casas vacías vuelve a acudir al realismo mágico para reivindicar el poder del arte, de los artistas y de la palabra como arma para generar cambios, para dar esperanza y devolver una luz que, en realidad, nunca ha dejado de estar, pero que no siempre hemos sido ni somos capaces de ver.

El autor ganó el Premio Nadal con esta novela recién llegada a las librerías, en una semana en la que el escritor ha copado más titulares de los que le hubiera gustado, por no estar necesariamente relacionados con su nueva obra, sino por su retirada de unas jornadas sobre la Guerra Civil, materia que conoce a fondo, por no querer compartir cartel con Aznar y Espinosa de los Monteros; ni estar de acuerdo con su entonces título, La guerra que perdimos todos. “No hay que tener miedo a tomar decisiones que te puedan cerrar alguna puerta”, asegura.

En la Barcelona de su libro conviven artistas como Gaudí, Lorca, Carmen Laforet y Ana María Matute, pero Carlos Ruiz Zafón recibe un homenaje especial, ¿por qué?

Al principio no le incluí, pero al terminar dije: “¿Cómo no has metido al mayor embajador de la ciudad, que es el segundo autor español que más ha vendido en todo el mundo, y cuya impronta y huella nos marcó a muchos?”. Encima murió joven, y ahora no está teniendo el homenaje que debería en la celebración de los primeros 25 años de literatura del siglo.

Es curioso que vendiera tanto y parezca que es un autor menor.

Con él pasa una cosa muy simple, y es que buena parte de la crítica literaria de este país es muy esnob, como en todos los países. Cuando un libro vende muchísimo, o a lo mejor no tiene una estructura puramente literaria y críptica, sino que la lectura es un poco más facilita, lo meten en un saco de comercial. Si vende mucho ya es bestseller y es algo negativo. Y un libro debería ser juzgado por lo que es y lo que contiene, pero también por lo que provoca, por la huella que deja. Es muy injusto no valorar las dos cosas. Los críticos pueden decir misa en este país respecto a Zafón, pero que pregunten en el extranjero que cualquiera le diga un autor sobre Barcelona, a ver qué nombre dan.

Parece que tienen que pedir perdón por vender libros.

Sí, a mí también me ha pasado con lo de mainstream y comercial por vender mucho. Los mismos que me apoyaron al principio, luego me han hecho la zancadilla por vender mucho o me han señalado como demasiado comercial. Salgo en una lista en el número dos de lo mejor del año y al siguiente me defenestran probablemente porque ahora ya soy comercial, cuando los dos textos se escribieron al mismo tiempo, antes del boom de La península de las casas vacías. Para mí, la crítica es ver una librería llena. Cuando estén medio vacías tendré que ponerme frente al espejo a decir: “¿Merece la pena? ¿Tendré que cambiar algo?”. Pero por ahora me voy a centrar en los lectores, que son lo importante.

En la novela hay homenaje, pero también reivindicación del arte.

Sí, pero no era el objetivo. Cuando empecé a escribirla, hace cinco años, no pensé en la oscuridad, porque entonces no éramos tan conscientes de que todo podía ir tan rápido, cuesta abajo. Pero en este momento sí. Hay una oscuridad en ciernes, amenazándonos. Es una lectura que nos puede servir en la actualidad. La novela muestra cómo en el pasado, mediante la palabra y el arte, porque los protagonistas no son políticos sino artistas e intelectuales; consiguieron luchar contra esa oscuridad arrimando el hombro. Crear un poco de esperanza, creerse que podían cambiar el mundo y su sociedad. Y podemos hacerlo, hace falta que nos lo creamos un poco más.

¿Qué identifica como oscuridad?

El turismo masivo y la gentrificación; la propia condición humana, la muerte; y una muy obvia, el mal contra el que luchamos en el siglo XX, que es el fascismo. Ya fuera en la Guerra Civil, la posguerra o incluso luego en la Transición. Casa muy bien con la actualidad, porque la mayor amenaza política en este país ahora mismo es la fuerza de la ultraderecha teniendo cada vez más aliento y ganas de derribar derechos ya logrados.

¿Confía en que hay cosas por hacer para revertir esta situación, también desde la Cultura?

Y sobre todo desde la cultura, como medio que provoca una catarsis emocional en el otro, le hace reflexionar, le desarrolla el pensamiento crítico analítico. Con esta lectura viajas al pasado y al ver de lo que fueron capaces siendo cuatro gatos, ¿cómo no vamos a poder ahora que estamos mucho más conectados?

Lo que pasa es que estamos dormidos con el individualismo de las redes sociales y de los teléfonos. Y pensamos que cambiar el mundo consiste en escribir un tuit. Y no, para cambiar el mundo, para mejorar la situación de tu barrio, tienes que quedar con tus amigos en los bares, hacer juntas vecinales, empezar por lo local, no publicar un tuit aunque tenga 200 me gusta. Eso no provoca nada, un ruido momentáneo, y ya está. La vida real es otra cosa. Quizás el libro puede despertar eso porque todas las luchas existieron en la vida real, cuerpo a cuerpo.

Para cambiar el mundo, para mejorar la situación de tu barrio, tienes que quedar con tus amigos en los bares, hacer juntas vecinales, empezar por lo local; no publicar un tuit aunque tenga 200 me gusta. Eso no provoca nada, un ruido momentáneo, y ya está. La vida real es otra cosa

David Uclés Escritor

En su novela aparecen artistas que fueron exiliados por su ideología, ¿teme ser penalizado por expresar su opinión?

Sí. La censura, que te boicoteen, que saquen tus palabras de contexto para hacerte daño. Eso lo he sufrido estos últimos días, por ejemplo. Cierto escarnio público. Y todo partía por haber manifestado no mi ideología, sino la visión que tengo del mundo que me rodea más inmediato. Quizás ahora tienen más valentía al arrojarte esos dardos que antes. Hace unos años no se basaban solamente en el titular sin contexto, había un periodismo más riguroso. Creo que esto está cambiando, con la posverdad. Ponemos en titular con negrita algo que parece verosímil y la gente va a pensar que es real. Y no, que sea verosímil no significa que sea real. Hay que contrastarlo, mirar el contexto.

La mayor amenaza política en España es la fuerza de la ultraderecha con cada vez más aliento y ganas de derribar derechos logrados

David Uclés Escritor

Decidió retirarse de unas jornadas sobre la Guerra Civil para no compartir cartel con Aznar y Espinosa de los Monteros, pero también por el título ‘La guerra que todos perdimos', ¿qué fue lo que le motivó a tomar esta decisión?

Tal y como muestro en mis dos últimas novelas, los personajes sufren en un determinado momento el exilio. Son los perdedores de la guerra. Se tienen que ir, tienen que dejar sus casas. Eso es un trauma enorme. No se ha dudado de eso hasta hace muy poco, y ahora de repente hay ciertos lemas que son peligrosos. La guerra la perdimos todos en cuanto a sociedad, sí, pero sin un contexto, también puede entenderse como un lema equidistante. De decir que los unos y los otros se enfrentaron e hicieron cosas malas. En las disputas hay que tener en cuenta quién la empieza y quién la acaba. No hay interpretación posible sobre eso, es algo claro, es la historia. La empezaron unos y la terminaron los mismos. Por eso insisto en la necesidad de un contexto, de no tomar las cosas solamente para un titular de manera literal, porque eso al final se puede malinterpretar.

Se ha intentado hacer creer que había defendido que la guerra la perdimos todos en la presentación del libro de Julio Llamazares, que lo dedicó “a los que perdieron la vida, de un bando y del otro”.

No, ahí hay un contexto. Estamos hablando de las víctimas. Yo honro a todas. Me ha pasado mucho de ir a presentaciones de libros en los que los autores decían: “Va solo por las víctimas caídas de la República”, y me he levantado y me he ido. Las víctimas son todas, quiero honrarlas a todas. Quiero luchar porque los muertos de las cunetas tengan un sepelio digno, pero también los que están enterrados en el Valle de los Caídos, y absolutamente todos. Eso no tiene nada que ver. Una frase se puede usar en muchos contextos. Pero bueno, aquellos que te quieren hacer daño y lanzar dardos, van a coger frases sueltas, y ya está.

Su novela aborda problemas actuales como el de la vivienda que, lejos de parecer que se esté resolviendo, parece que vamos a peor.

Pero eso es una perspectiva. Los que tenemos voz, que también los periodistas la tenéis, debemos intentar cambiarlo poco a poco. La esperanza es un valor humano, no existe fuera de nosotros. Tenemos que crearla, hay que inventársela para creérsela. Está bien que digamos que vamos cuesta abajo, pero ya, porque el mantra nos lo vamos a acabar creyendo más nosotros que los que lo provocan. Yo tengo el chip optimista ahora, y aunque todo apunte a que no, me lo quiero creer

Y también, hay que opinar y no hay que tener miedo a tener una opinión sincera, siempre desde el respeto. Y tomar decisiones que te pueden conllevar que te cierren alguna puerta, que te critiquen durante un tiempo, que puedas perder algunos lectores, tanto de artículos como de libros, pero es que si no... Hay que romper ese silencio.

No hay que tener miedo a tomar decisiones que te puedan cerrar alguna puerta

David Uclés Escritor

Seguramente quien lo mantiene lo hará por miedo.

Sí, miedo a perder cosas. Pierdes individualmente, pero colectivamente, pierdes si no lo haces. Tienes que ver si prevalece tu yo o tu sociedad. Y ahí ya el sacrificio que tú quieras tener. Entiendo que no todo el mundo puede permitírselo, porque le ha costado mucho llegar a una estabilidad tranquila como para ahora echarlo todo a perder por defender un ideal común.

Yo con mi arritmia que me da muchos sustos y que vivo mucho en el día a día, sí que quiero hacer cosas por mi grupo y mi sociedad. Y como he vivido con una mano delante y otra detrás durante muchos años, y he sido feliz, pues si esto me conlleva volver a lo mismo, no pasa nada porque sé que voy a poder sobrevivir ahí. Pero hombre, si tengo voz la voz usar. No todo el rato. Pero si defiendo unos valores en el libro, los voy a señalar. Y si me atacas, me voy a defender. Y si veo que algo en la sociedad aflige a mi generación, y me preguntan por mi generación, o tengo delante a un líder que maneja la política de mi generación, pues se lo voy a decir. El arte, ¿qué es si no? Es emocionar, pero también catalizar.

Siendo alguien que ha escrito y hablado tanto sobre la Guerra Civil, ¿cómo siente que convivimos con ella a nivel social?

El hecho de que vayan creo que 350.000 ejemplares vendidos de La península de las casas vacías, y que sea de los libros más vendidos del país, dos años después, significa que es un tema que interesa. Siempre está bien hablar del pasado. No son guerras del abuelo como dicen algunos, son guerras que nos afectan porque todavía son heridas abiertas.

En cualquier caso, lo que sí que es necesario, es que se vea en los institutos, en primero de bachillerato, durante al menos, un mes. Y no en mayo para las pruebas de la EvAU, tiene que darse cuando todavía tienen ganas de comprender el mundo; no de memorizar y soltar en un examen. Eso es fundamental, debería estar ya en un debate en el Congreso, e implantarse.

Y a lo mejor, cuando lo hagamos, ya sí pasamos página. Para los grandes cambios hay que centrarse siempre en la educación y en las nuevas generaciones. A veces ponemos el foco en los mayores. Vete a un colegio y pregúntales qué saben de lo que pasó, mira si han recuperado consignas fascistas. Ahí es donde hay que actuar. Los demás poco vamos a cambiar ya. Preocuparse por la sociedad significa preocuparse por cómo están aprendiendo nuestros adolescentes los valores, la moral, todo, la historia.

Vídeo de la entrevista completa

Vídeo: Adrián Torrano, Lluna Bartual, Álex Corral

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