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Cuatro historias de afectados por el caos de Rodalies en Catalunya: “Adif, devuélveme mi vida”

Cuatro testimonios afectados por el caos de Rodalies, en diversas estaciones de tren

Sandra Vicente / Helena Sala Gallardo / Mariona Jerez

Barcelona —
6 de febrero de 2026 22:05 h

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Miles de usuarios están llamados a salir a la calle este sábado para reclamar, otra vez, trenes dignos. Se cumplen 18 días desde el inicio de la mayor crisis en la historia de Rodalies, que ha puesto patas arriba la movilidad de 400.000 personas.

“Hacía mucho tiempo que avisábamos, si ha explotado es porque no estábamos bien. No hay ni información ni personal suficiente”, alerta Anna Gómez, portavoz de Dignitat a les Vies, la plataforma que ha llamado a la manifestación a las cinco de la tarde en Barcelona. Al mediodía, hay otra protesta por el mismo motivo, pero convocada por entidades independentistas.

Gómez remarca que en la protesta de los usuarios “todo el mundo es bienvenido, excepto la extrema derecha”, y remarca que la confrontación partidista distrae la atención del verdadero problema: “El desbarajuste de los servicios públicos”. Mientras, miles de usuarios ven alterados su día a día por el caos de Rodalies. elDiario.es ha hablado con cuatro de ellos, todos de diversos lugares de Catalunya, pero con el mismo problema.

Virgina posa para elDiario.es en la estación de Sants de Barcelona

Virginia, con miedo a perder su trabajo

Virgina tiene 51 años y vive en Cardedeu (Barcelona), pero trabaja en la capital catalana. Depende de Rodalies para poder llegar y volver a su casa. Las últimas semanas han sido un constante “sufrimiento” para esta mujer que, justo ahora, lleva cinco meses en un nuevo puesto, aún en periodo de prueba, y teme perderlo. “Ha sido desesperante, angustiante… No puedo ni describirlo. Hace más de 25 años que cojo la R2 y esto que estamos viviendo es increíble”, recuerda.

No tiene coche y por horario no puede llegar a Barcelona de ninguna otra forma. “El primer autobús que sale de Cardedeu es a las 8 de la mañana y llega a las 10, pero yo entro a las 9. Aun así hoy he tenido que coger el autobús y, claro, he llegado tarde”, explica a elDiario.es. Aunque su empresa ofrece dos tardes de teletrabajo, asegura que no puede aprovecharlas porque no sabe a qué hora llegará a su casa para reenganchar y acaba quedándose en la oficina.

“Duermo poquísimo”, asegura. Tiene que coger tres trenes antes de lo que le correspondería para estar segura de llegar a tiempo al trabajo, y por las noches vuelve tan tarde que sus horas de sueño se han reducido mucho. “Siempre me duelen las piernas, estoy muy cansada… Tengo unas ojeras que antes no tenía…”.

Extracto de mensajes de un grupo de usuarios de la R2 de Rodalies.

Estas dos semanas de crisis, explica la usuaria, han sido una pesadilla para la conciliación familiar. “Perdí una cita médica por los trenes”, relata. Y lo mismo le pasó a su hija de 14 años, quien tenía hora para vacunarse, pero su madre no llegó a tiempo para acompañarla y, como necesitaba que hubiera un tutor presente, perdió el turno.

Como muchos usuarios, Ruíz critica la actuación de los maquinistas y la huelga convocada para la próxima semana: “Me parece muy bien que protesten por la seguridad, pero creo que están aprovechando para llevar este caos a otro contexto”.

Otra queja recurrente de Ruíz es la desinformación permanente del servicio. “Es un maltrato”, sentencia. Ante esta falta de comunicación que, según los usuarios se remonta a bastante antes de la situación actual, muchos de ellos han creado comunidad en un grupo de WhatsApp de más de 1.000 personas donde reportan, a tiempo real, si los trenes funcionan y hasta ofrecen sus coches cuando no queda alternativa. “Nos ayudamos entre nosotros”, afirma.

Lorena se sube a un tren de la R15 camino a Reus sin saber cuándo llegará a su casa

Lorena, teletrabajo por obligación

Lorena tiene 49 años y hace cinco que llegó a Barcelona desde su País Vasco natal. No duró mucho en la capital catalana porque, a su edad, se vio condenada a seguir compartiendo piso debido a los altos precios del alquiler. Así que decidió mudarse, una vez más, a una localidad asequible. Y puso la vista en Reus (Tarragona), una ciudad a una hora y media de su trabajo, en Barcelona. En principio.

“Pasé un año sufriendo retrasos constantes, el tren iba mal o, directamente, no venía. Así que decidí pedir el teletrabajo. No lo hice por gusto, porque odio estar aislada en mi casa, pero era necesario”, relata. Ella es usuaria de la R15, una de las redes con más incidencias y que, como recorre localidades costeras, suele ir saturado de gente durante los meses de verano.

Ahora asegura que se siente “encerrada” en su casa, de donde hay semanas que no sale. Quiere cambiar de trabajo, pero todo lo que encuentra es en Barcelona, y no se quiere arriesgar. Cuenta que el trayecto podía llegar a durar el doble de lo establecido, incluso antes de estas semanas de crisis en Rodalies. Así que salía de su casa para tomar el primer tren, a las seis de la mañana, y solía llegar pasadas las 19 horas cuando, en principio, debería llegar antes de las 18h. “Eso con suerte. He llegado a entrar por la puerta casi a media noche”.

“Todo esto son derechos vulnerados. Los usuarios de Rodalies pagamos impuestos. ¿Para qué?”, se pregunta Lorena, que afea a los sindicatos, maquinistas, Adif y Govern que hayan convertido la situación en “un conflicto político”.

Esta mujer, que sigue teniendo que desplazarse a Barcelona por trabajo de vez en cuando, asegura que le dan igual las bonificaciones del servicio y el levantamiento de las Zonas de Bajas Emisiones. “¿De qué me sirve viajar gratis si no hay trenes? Entonces, ¿qué? ¿Cojo el coche? Se suponía que éramos ecologistas, ¿no?”, ironiza.

Esta mujer reconoce que, aunque pueda parecer menor, depender de Rodalies le está afectando. Y remite a la investigación que está realizando la Universitat Rovira i Virgili sobre los efectos psicológicos de la “crisis ferroviaria” en los usuarios. “Acabaremos todos locos. Yo sólo pido una cosa: Adif, devuélveme mi vida”, zanja.

Jofre, en la estación de Rodalies de la Universitat Autònoma de Barcelona, en Cerdanyola del Vallès

Jofre y los accidentados viajes hasta La Cerdanya

Hace más de tres meses que Jofre no utiliza Rodalies. Usaba el tren semanalmente para ir, cada fin de semana, desde Barcelona, donde trabaja, a Puigcerdà (Girona), municipio en el que se crió y todavía vive su familia. Hace años que cubre esa distancia en tren, pero ha ido buscando alternativas tras los habituales incidentes de Rodalies de los últimos años.

Jofre realizó su último viaje en tren a principios de octubre de 2025, en víspera del inicio de las obras de desdoblamiento entre La Garriga y Montcada Bifurcació de la R3, que han dejado esta línea sin funcionamiento. Ese día, el tren salió con 45 minutos de retraso, sin previo aviso, y acumuló varias incidencias a lo largo del trayecto. Los pasajeros se vieron obligados a cambiar dos veces de vehículo por averías: primero fueron trasladados a otro tren y, tras averiarse también este segundo convoy, acabaron en un autobús.

Durante el trayecto por carretera, explica Jofre, el conductor se saltó algunas paradas y tuvo que retroceder para recoger a los pasajeros. Finalmente, llegaron a Barcelona cerca de la una y media de la madrugada, casi tres horas más tarde de lo previsto. A ello se sumó que, una vez llegado a Barcelona, el autobús decidió finalizar el trayecto antes de llegar a la última parada. Eso retrasó una hora más la llegada a su casa.

“La necesidad de este transporte público existe para ir de La Cerdanya a Barcelona. El problema es que es ultradeficitario y no te puedes fiar”. Para los habitantes de esta comarca del Pirineo catalán que cada vez depende más del turismo, es habitual que los jóvenes se trasladen a ciudades más grandes para estudiar o trabajar. Y él, como muchos de sus vecinos, se niega a recurrir al coche. “Durante la semana, en Barcelona, no lo necesitas. Y luego no quieres sufrir el tráfico de entrar y salir de la ciudad. Eso, además del coste de los peajes y la gasolina”, explica.

A estas incidencias, que Jofre asegura que son habituales, se suma que en ocasiones los retrasos se registran de forma incorrecta, lo que dificulta reclamar el importe de los billetes. En este contexto, cada vez más usuarios de la comarca optan por otras opciones para llegar a Barcelona. El problema es que su alternativa es tomar la R4 en Manresa o un autobús en Berga, lo que supone que alguien tenga que conducir casi una hora para dejarle en la estación.

Anna Gómez, usuaria de Renfe y portavoz de Dignitat a les Vies, en la estación de Sants de Barcelona

Anna Gómez, activista y afectada

Anna Gómez es portavoz de Dignitat a les Vies, entidad a la que se acercó después de “sufrir” durante años los retrasos de Rodalies. “Igual la gente no lo entiende, pero va mucho más allá de que el tren vaya tarde”, resalta. Y pone un ejemplo: esta mañana ha perdido sus auriculares inalámbricos, sin darse cuenta. “Iba muy, muy dormida y, aunque pueda parecer una tontería, no lo es. Es una frustración terrible”, cuenta.

Estos días de retrasos y frecuencias afectadas, cuando se apea de su estación de tren, en Tarragona, después de salir del trabajo en Barcelona, mira el reloj y ve que solo le quedan seis horas para que le suene el despertador. “Mi vida es ir a trabajar, y ya está. No es sólo que no puedo quedar con amigos, sino que por no poder, no puedo ni ir a comprar”, se lamenta.

Y lo mismo le sucede en el trabajo, al que casi cada día, apunta, llega una media hora tarde. “Los compañeros saben que no te pueden echar la bronca, pero es que ya son muchos días. Y claro, hay malas caras”, dice Gómez.

Reconoce que muchas de estas incidencias responden a la negativa de los maquinistas a prestar servicio, algo que le parece “frustrante, pero necesario”. “Se quejan de cosas que, igual, no son tan graves, pero ahora que se ha torcido todo, aprovechan para hacer reclamaciones y se les tienen que entender. Han llegado al límite”, concluye.

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