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Gerardo Pisarello: “La izquierda no puede llamar a la movilización solo cuando gobierna la derecha”

Gerardo Pisarello, diputado y candidato en las primarias de Barcelona en Comú, posa para elDiario.es en la capital catalana

Sandra Vicente

Barcelona —
2 de febrero de 2026 21:27 h

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Gerardo Pisarello (San Miguel de Tucumán, 1970) es uno de los fundadores de Barcelona en Comú, ese partido nuevo que dio la sorpresa en 2015 y llevó a Ada Colau a la alcaldía durante ocho años. Pisarello fue su primer teniente de alcaldía en la primera legislatura para luego irse de diputado al Congreso. Una década después y tras la renuncia tanto de Colau como de Janet Sanz -quien debía sucederla-, el partido ha echado mano de Pisarello, una cara conocida, para las elecciones de 2027.

Quiere ser alcalde, a pesar de que las encuestas auguran que el partido puede perder hasta el 42% de los apoyos. Pero antes de ello, deberá enfrentarse a Bob Pop, el escritor, crítico y actor que también quiere encabezar la candidatura y gobernar la capital catalana.

Debutó en política con las elecciones municipales de 2015, pero después de la primera legislatura de Ada Colau se fue al Congreso. ¿Por qué vuelve a la política local ahora?

Echaba mucho de menos mi ciudad y siempre he sido un municipalista convencido. En toda la Península, los grandes avances democráticos han venido siempre de la mano del municipalismo. Fue así durante la Primera y Segunda República y durante el franquismo. Y ahora, el municipalismo es más necesario que nunca. Confío que, a pesar de los tiempos reaccionarios que vivimos, en 2027 tendremos una nueva primavera republicana en el conjunto del Estado.

Antes de ser candidato a la alcaldía deberá pasar por las primarias, en las que se enfrentará a Bob Pop. A quien sea que salga ganador le tocará liderar la nueva etapa de los Comuns tras Colau. Cuando ella anunció que dejaba la política institucional, ¿se vio como su sucesor?

Ada es muy difícil de reemplazar. Fue una lideresa popular, con un enorme carisma, una mujer de condición modesta que lo dejó todo por sus convicciones. Primero estuvo en la PAH y luego en el Ayuntamiento, donde pagó un precio muy alto. Yo la admiro mucho, es una buena amiga, y estoy seguro que seguirá en política de alguna manera. No me esperaba sucederla, pero estoy contento de asumir el reto.

Tengo muchas ganas porque, a diferencia de lo que pasa en Madrid, donde estamos encerrados en ese palacio monárquico que es el Congreso y todo es agrio, la política municipal es más intensa y agradecida, porque te permite hablar con la gente. Estoy recuperando contacto con los activistas de mi espacio político y visitando asambleas de barrio.

Su contrincante en las primarias, Bob Pop, le afea que haya perdido el contacto con la gente y dice que usted representa la “opción conservadora” y la “teoría”, mientras que él representa “la práctica”. ¿Está de acuerdo con quienes dicen que los Comuns, un partido que nació de los movimientos, ha perdido el contacto con la calle?

Siempre he sido antiestablishment. Soy hijo de un abogado modesto, asesinado durante la dictadura argentina, y de una maestra rural. Todo lo que he conseguido ha sido gracias a las becas. Mis hijos han ido a la escuela pública y soy usuario de la sanidad púbica. Vivo en un barrio popular. Y, desde ahí, hago política contra el poder económico concentrado. Por eso, no puedo estar de acuerdo con quien diga que hemos perdido contacto con la calle, porque todo lo que hacemos es para que la gente común pueda disfrutar de sus derechos.

Tras la marcha de Colau, su número dos y quien tenía que asumir el liderazgo era Janet Sanz. Cuando dimitió, se postuló usted. Son dos personas que fundaron el partido. Dice que su candidatura busca volver a los orígenes de la formación, ¿es eso o es que falta sangre nueva en los Comuns?

Queremos volver al 2015, pero adaptándonos a la nueva realidad. No en vano hemos pasado una pandemia y estamos viviendo la digitalización de la sociedad. Hay retos nuevos, pero queremos recuperar el espíritu de entonces y de aquellas luchas para trasladarlo a las nuevas generaciones. Por eso, en nuestra lista hay gente joven que podrá conectar mejor con los nuevos tiempos.

Me gusta recordar a Salvador Allende que, salvando evidentemente las enormes distancias y con todo el respeto, empezó en política a los 30 años. Y no fue hasta 1973 cuando, de la mano de Unidad Popular, consiguió la presidencia de Chile. A nosotros, de manera mucho más modesta, nos toca garantizar una unidad popular de nuevo tipo. Creo que el entendimiento entre las izquierdas es la única manera de frenar a la ultraderecha.

Antes le preguntaba si faltaba sangre nueva y no me ha respondido. Se lo decía porque Bob Pop apuntó en una entrevista con elDiario.es que el mayor problema del partido fue el “hiperliderazgo de Ada Colau”, algo que habría “eclipsado” voces nuevas en los Comuns. ¿Coincide?

Estoy en completo desacuerdo con la definición de Ada como una hiperlideresa. Viene de tradición libertaria y fue una lideresa popular que consiguió sintetizar los anhelos de las clases populares. Y su ejercicio de la autoridad, para mí y comparado con lo que he visto después en política, fue enormemente respetuoso. Me ha tocado ser su número dos y aunque hemos tenido y tenemos discusiones, nunca ha impuesto sus puntos de vista. Algo de lo que a veces se arrepiente.

Pero sí que es verdad que ahora toca que aparezcan nuevas voces, que se reactiven las bases. Cuando gobernábamos, las asambleas de partido estaban más dormidas, pero ahora que tenemos la posibilidad de volver a ganar Barcelona y de hacer cosas que vayan más allá de lo que hace Jaume Collboni, hay que activar procesos nuevos.

Las primarias son una buena muestra de eso. Es impresionante cómo la gente se está volviendo a acercarse a los Comuns. Conseguir eso en un momento de antipolítica y desafección es fundamental. En este sentido, ojalá Ada Colau siga cerca nuestro porque es una referencia importantísima. No solo debemos reivindicar su legado, sino que lo tenemos que mantener de cara al futuro. Soy un continuista, sin ningún tipo de dudas.

Estoy en completo desacuerdo con la definición de Ada Colau como una hiperlideresa. Viene de tradición libertaria y fue una lideresa popular que consiguió sintetizar los anhelos de las clases populares

Afirma que las primarias están siendo buenas para el partido, pero usted propuso a Bob Pop que se uniera a su lista. ¿Por qué intentó evitar la votación?

No fue por eso para nada. Conversamos con él para saber qué idea tenía, si quería ser concejal y si se veía teniendo algún tipo de responsabilidad en el Ayuntamiento. Y lo que nos dijo es que quería ser candidato a la alcaldía. Siempre hemos sido respetuosos con esta decisión y cuando me pregunta por él, sólo puedo tener palabras elogiosas. Y estas primarias, que nos obligan a bajar más a la calle y a reconectar con la gente, son muy positivas.

Si gana usted, ¿le volvería a proponer que se sumara a su lista?

Estoy abierto. Hay mucha gente trabajando con él que son amigas e, independientemente de lo que pase, si gano, priorizaré la unidad del espacio. Soy un defensor de la unidad de las izquierdas y eso implica defender unos Comuns fuertes, diversos, donde el nervio democrático sea fuerte. Nuestra organización no se puede permitir perder a ningún activista, hemos de darle a la gente razones para mantener la ilusión y volver a batallar por el bien común. Y hacerlo por convicción, no por dinero ni a cambio de un cargo.

Reivindica la unidad de las izquierdas. ¿Cómo pretende hacerlo? Porque en Barcelona la relación con ERC no es buena desde que Colau le arrebató la alcaldía a Ernest Maragall, quien ganó las elecciones en 2019. Y su partido decidió romper con el PSC en el congreso del pasado verano.

Siempre he hecho política 'frenteamplista' y ahora, con la extrema derecha creciendo, lo hago más convencido. He participado en diversas iniciativas de unidad como Procés Constituent, Barcelona en Comú, Podemos o Sumar. Tengo amistad con la gente de EH Bildu, ERC y la CUP. Incluso con gente que vota al PSC y que siento que también es mi gente.

La pregunta es si este 'frenteamplismo' se puede traducir en fórmulas electorales. Se debe intentar que sea así, pero si no es posible, tiene que haber es máxima cooperación y entendimiento entre las izquierdas para tener un programa común en materia, por ejemplo, de vivienda o transporte público. Eso es lo que estamos haciendo en la Generalitat y en el Estado. Desde fuera del Gobierno y desde dentro.

Dice que cree que los Comuns tienen posibilidades de volver a gobernar Barcelona, pero para ello sería seguramente necesario un pacto. ¿Usted estaría dispuesto a volver a gobernar con el PSC?

Salimos a ganar las elecciones, pero sabemos que las mayorías absolutas no volverán a la política municipal, a la catalana ni, seguramente, a la estatal. Será necesario hablar. Y quiero que la ciudadanía vote por las izquierdas, por las que quieran y consideren, porque creo que es la única manera de producir transformaciones de fondo.

Esa es una de las lecciones que aprendimos en 2015: si te vota un 25% de la población, es muy difícil hacer cambios profundos si no eres capaz de hacer alianzas amplias para las izquierdas. El problema que tengo con el PSC de Jaume Collboni es que no le veo valentía para hacer eso.

¿Cree que Jaume Collboni está haciendo una política más conservadora y que hace menos concesiones a las peticiones de los Comuns que Pedro Sánchez, con quien gobiernan en coalición, o con Illa, con quien tienen acuerdo de investidura?

Absolutamente. Sin ninguna duda. Por una razón muy sencilla: Pedro Sánchez no habría sobrevivido sin el apoyo de los Comuns, de Sumar, de Podemos, de ERC y de EH Bildu. De las izquierdas estatales, independentistas y no independentistas. Republicanas todas en general. Creo que una de nuestras grandes aportaciones a la vida pública ha sido convertir a Pedro Sánchez en una persona que no era. Las izquierdas le hemos obligado a cambiar y a asumir una conciencia, no por convicción propia sino por supervivencia.

En Catalunya pasa lo mismo con Salvador Illa, que tiene a ERC y a los Comuns presionando, por ejemplo, para que se regulen los alquileres de temporada o los alquileres de habitaciones. Pero creo que Jaume Collboni se ha acomodado demasiado y se siente protegido.

¿Gobernando en minoría?

Se siente protegido por determinados lobbies en la ciudad. Pero es cierto que gobierna en minoría y no puede llegar a pactos ni aprobar presupuestos. El resultado es un gobierno poco innovador.

Pero insisto: ¿qué diferencia hay entre Illa y Sánchez, a quienes dice que los Comuns han forzado a moverse a la izquierda, y Collboni, con quien su partido decidió que no iba a volver a pactar?

Le hemos ofrecido muchas oportunidades para llegar a acuerdos. Hemos puesto muchas posibilidades, pero hay cosas en las que el PSC no se ha movido y, al contrario, hay desinversiones en programas muy innovadores que se habían hecho anteriormente en el Ayuntamiento. Y, por contra, Collboni se está aprovechando de los avances que consiguen Pedro Sánchez y Salvador Illa a consecuencia de las alianzas con las izquierdas.

Yo tengo vocación de mayoría y no me equivoco de adversario. Ahora bien, salgo a ganar. Porque necesitamos alternativas. Queda claro en Estados Unidos, donde la alternativa a las políticas desatadas de Trump no puede ser Joe Biden.

¿Está comparando a Jaume Collboni con Joe Biden?

Sí, exacto. El suyo es un PSC ‘bidenizado’ y nosotros necesitamos a Zohran Mamdani. Gente valiente y no sectaria. Yo puedo tener muchos defectos, pero nadie me puede echar en cara que no haya plantado cara a la derecha ni estado con las clases populares. Me gustaría un PSC que estuviera en esta posición. Y sé que es posible porque veo a muchos votantes del PSC en barrios populares a quienes siento míos.

Eso puede ser porque hay muchos votantes del PSC en barrios populares que en pasadas elecciones votaron a los Comuns. En cambio, las encuestas dicen que su partido perdería el 42% de los apoyos respecto a los comicios de 2023. ¿Qué han hecho mal?

Creo que no hemos hecho alianzas lo suficientemente fuertes. Deberíamos haber construido más unidad entre nosotros. Y eso nos ha perjudicado, porque mucha gente de origen popular que nos apoyó en 2015 ahora escoge al PSC como mal menor, una alternativa no suficientemente valiente, pero sí mínimamente sólida. Debemos reconectar con esa gente.

Hablemos de propuestas: dice que, si se convierte en alcalde, prohibirá la compra especulativa de viviendas. Eso es algo que el Ayuntamiento ya aprobó hacer y está estudiando la manera desde octubre. Entonces, ¿qué propone? ¿Ya ha encontrado cómo hacerlo?

Para simplificar: hay tres temas que para mí son importantes. La vivienda, el transporte público y abaratar el coste de vida en Barcelona. A pesar de los avances que conseguimos cuando gobernábamos la ciudad, esta se ha encarecido. Por eso queremos prohibir las compras especulativas. Incluso Donald Trump, condicionado por la victoria de Mamdani en Nueva York, está diciendo a los fondos buitre que no hagan compras especulativas.

Pero ¿cómo propone hacerlo desde las competencias de un Ayuntamiento?

Se puede hacer perfectamente. Tenemos estudios jurídicos que así lo dicen. Pero también lo estamos batallando en la Generalitat y en el Estado. La ventaja de tener una fuerza política que pueda actuar a diferentes niveles es esa. En el Estado lo podemos hacer porque tenemos las alianzas. Y, desde el Ayuntamiento haremos también todo lo posible.

Muchos de los cambios que no pudimos aplicar en 2015 fue porque teníamos a Rajoy y al señor Montoro como ministro de Hacienda en Madrid y tampoco había un gobierno de izquierdas en la Generalitat.

Hubo políticas en materia de vivienda que sí se hicieron, pero no consiguieron los resultados esperados. Por ejemplo, muchos de los hoteles cuya construcción se paró se han convertido en fincas de lujo o alquiler temporal. La norma para reservar el 30% de las nuevas promociones para vivienda social tampoco ha funcionado como se creía. ¿Qué hará diferente?

Muchas de las cosas que no han funcionado fue por culpa de la oposición feroz de los lobbies, no por problemas en el diseño de la política. Los lobbies nos atacaron, nos presentaron querellas. Recuerdo más de 20, que se dice fácil. ¿Eso es una prueba del fracaso de la política o de que la política iba en la buena dirección? Yo creo que es lo segundo.

Pero los lobbies siguen ahí.

Exactamente, pero la lección que nosotros sacamos de estos años y de mi experiencia en Madrid es que no puede ser que la izquierda llame a la movilización sólo cuando gobierna la derecha. Cuando llegas al gobierno no llegas al poder, porque el poder auténtico es el económico, que está concentrado en pocas manos y amenaza a quien quiera cambiar las cosas a través del poder judicial y de los medios.

La gente tiene que entender que deben dedicar parte de su tiempo a la vida pública porque para limitar la compra especulativa no es suficiente una norma que se publique en un boletín oficial. Hay que manifestarse en defensa de esa política, porque sólo una ciudadanía movilizada es garantía contra el retroceso. Quizás eso no lo hicimos lo suficientemente bien en 2015, pero hemos aprendido la lección.

También dice que trabajará para que el transporte público sea gratuito. ¿Para quién? ¿Para los turistas también o sólo para los residentes en Barcelona?

Evidentemente sólo para los residentes. En las políticas de derecho siempre pienso en la residencia. Por ejemplo, en la regularización de personas migradas que se ha conseguido ahora, el criterio ha sido la residencia. Es gente que vive y trabaja con nosotros y se merece estas políticas.

Entonces, una persona que no vive en Barcelona pero viene a trabajar todos los días ¿por qué no podría aprovecharse de la gratuidad?

Depende, porque la gente que vive fuera de Barcelona sigue viviendo en el país y Barcelona es parte de ese país. Así que habrá que ver como se coordina. Esa gente es nuestra gente, de eso no hay dudas, pero todas las políticas públicas introducen algún criterio de residencia. Los avances se deben conseguir poco a poco.

Dice que sus principales propuestas van en la línea de lo que preocupa a la ciudadanía. Hemos hablado de vivienda y del encarecimiento de la vida pero, actualmente, la segunda preocupación de los barceloneses es la inseguridad. A pesar de que se cometen menos delitos que en 2020, el miedo no deja de crecer. ¿Qué haría para reducir la sensación de inseguridad?

No haría lo que está haciendo Jaume Collboni. No me gusta que confunda seguridad con civismo, que se apoye en la derecha para diseñar sus políticas de seguridad que, efectivamente, responden a percepciones y a cosas que circulan por redes, pero que no tienen a ver con la realidad. No me gusta el Pla Endreça [la normativa que aborda la seguridad y la limpieza] porque no se trata de multar a la gente por hacer uso del espacio público, sino de tener lavabos públicos en los espacios comunes.

Yo me tomo muy en serio la seguridad porque si no estás tranquilo, si eres mujer y no puedes caminar por la calle porque no hay espacios amables y protegidos, no puedes tener una vida libre. Pero creo más en la seguridad comunitaria que en la mirada punitivista que sólo se basa en sanciones y multas que, muchas veces, van a parar a unos jóvenes que quieren disfrutar del espacio público mientras que al turismo, que es lo que causa la inseguridad, no se le hace nada.

¿A qué se refiere?

A que la principal razón de la inseguridad en Barcelona es la especulación. No saber si te aumentarán el precio del alquiler y tu vida cambiará radicalmente es lo que causa inseguridad. Lo que pasa en la calle también se debe abordar, pero esa seguridad no depende de más policías sino de que los juzgados funcionen bien y de que haya más recursos judiciales. Por eso no me gusta nada que el PSC de Collboni compre la mirada de la derecha en materia de seguridad.

¿No se quedraría con nada del Pla Endreça de Barcelona?

Evidentemente puede tener cosas concretas que sean buenas, pero no me gusta la filosofía que hay detrás. La seguridad ciudadana es que no te roben por la calle, pero también evitar que haya inmobiliarias asediando a los vecinos para echarlos de sus casas. Cuando nosotros gobernábamos, conseguimos que la Guardia Urbana detectara e impidiera estas coacciones.

Creo que es así como se debería enfocar la seguridad: es el derecho a caminar tranquila por la ciudad, pero también a que haya contundencia contra quienes de verdad ejercen violencia contra la ciudadanía a diario.

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