“Verte, aunque fuese un minuto de lejos”: las cartas secretas de Pedro Salinas a Katherine R. Whitmore desde Santander
Pedro Salinas se encontraba en Madrid en el verano de 1932, ocupado en el diseño de la estructura de la Universidad Internacional de Verano de Santander, un encargo de Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública. El objetivo del proyecto era generar una imagen exterior positiva del nuevo régimen republicano, mediante un programa de cursos de verano,centrados en la literatura y la cultura españolas y destinados a universitarios y profesores extranjeros. Una apuesta ambiciosa, cuya sede iba a estar en el Palacio de La Magdalena en Santander, la antigua residencia de verano de la familia real, incautada por las nuevas autoridades republicanas.
Además de trabajar en el diseño de la nueva Universidad, aquel verano Salinas dirigió un seminario sobre la generación del 98 en la Residencia de Estudiantes. El primer día de clase, una profesora estadounidense procedente del Smith College de Massachusetts llegó con retraso, y el poeta le llamó la atención públicamente delante del resto de alumnos.
Se trataba de Katherine R. Whitmore, una mujer con un enorme carisma personal e intelectual. Salinas tenía entonces 40 años, un matrimonio estable, y una existencia burguesa bastante previsible, pero el magnetismo de aquella joven estadounidense y la irrupción en su vida durante aquel verano transformaron por completo el rumbo de su escritura. De repente, Salinas, el autor de mayor edad de la Generación del 27, se sintió joven de nuevo, y aquella pasión se transformó en el combustible que necesitaba para su nueva etapa como poeta.
Al concluir el curso, Katherine regresó a Estados Unidos, pero entre ambos se estableció un vínculo epistolar que hizo de Santander el escenario de sus siguientes encuentros secretos, inspiradores de los que, posiblemente, fueron los mejores versos de Pedro Salinas.
El poeta, incapaz de abandonar a su esposa Margarita, optó por crearse un mundo idílico en el que se sintió a gusto; un “amor en vilo”, un “castillo de cartas en el aire”, como él lo denominó. Un vínculo idealizado, clandestino, poco carnal y lleno de complicidades, que el poeta logró solapar con el mundo real de sus ocupaciones como impulsor de la Universidad Internacional de Verano Santander, de la que fue secretario general entre 1933 y 1936.
La correspondencia oculta
Pedro Salinas vivió en medio de una encrucijada entre los veranos de 1932 y 1933, mientras compartía dos pasiones que agotaban todas sus energías: la creación en Santander de uno de los principales proyectos educativos y culturales de la República, y su amor por la joven profesora del Smith College.
Durante décadas, la crítica literaria española consideró que la destinataria de los intensos poemas de Salinas carecía de existencia real; una opinión que fue desmentida en el año 2002, con la sorpresiva publicación del epistolario que mantuvo con Katherine entre 1932 y 1947. Una colección de 354 cartas, 144 poemas y un texto mecanografiado de nueve páginas en el cual ella evocaba su complicada relación con el poeta madrileño.
A través de sus cartas se puede conocer el proceso de gestación de la Universidad Internacional de Verano, y adentrase en los dilemas e incertidumbres del poeta, las tensiones administrativas, políticas, culturales y emocionales que se cruzaron en aquel periodo agitado de su vida y su obra.
[Postal] [Santander] 11 [de diciembre de 1932] noche
Esto es lo que veía (sin el barco) esta mañana. ¡Delicia mía!, ¿lo verás tú a mi lado? ¡Verano, verano! ¿Suerte, desgracia? ¿Qué me traerá? Amor de mi Katherine, sea como sea, eso quiero. Adiós, vida. Voy a acostarme. Estoy muerto de fatiga del terrible día de hoy. Te hablaré en mi sueño.
Pedro
Salinas resolvió el diseño de los contenidos propiamente académicos de la Universidad con razonable agilidad; pero también se ocupó de las tareas de acondicionamiento del Palacio de La Magdalena, cuya ejecución experimentó considerables obstáculos administrativos, lo cual obligó al poeta a realizar constantes viajes a Santander en su famoso coche 'Fidelio'.
En su correspondencia amorosa dio rienda suelta, tanto a sus sentimientos más íntimos y furtivos, como a las dificultades y tensiones inherentes a la propia gestación de la Universidad. Salinas le contó a Katherine sus incertidumbres ante el inminente comienzo del primer curso y las, para él, incomprensibles trabas burocráticas con las cuales se topó, tanto en Madrid como en Santander, a pesar de la ayuda prestada por el arquitecto y concejal republicano del Ayuntamiento, Deogracias Mariano Lastra.
Madrid, 23 de febrero de 1933
Estoy cansado, Katherine, mucho. Ese conflicto mío interior, esa disociación entre mi destino verdadero y mi mundo exterior me pesan cada día más. Lo de Santander viene a agravarlo todo. No puedes figurarte lo difícil que es hacer algo, ejecutar algo en España, sobre todo si se trata de la Administración. En mi país todo está organizado para no trabajar. ¡Ay del que se lanza a hacer algo! No conoces ni conocerás en tu vida nada más estúpidamente minucioso, más retardatario que la Administración española. Parece china. Para las cosas de la Universidad Internacional tengo que entenderme (?) con tres departamentos: Negocios Extranjeros, Instrucción y Hacienda. Pues bien, cualquier pequeña cosa que haya que resolver por vía administrativa y que en un banco o en una empresa privada sería cuestión de diez minutos se complica, se demora y dilata indefinidamente (…). Yo acepté este cargo para hacer una Universidad, para pensar en su problema, pero no para perder el tiempo en minucias necias en los ministerios. Es muy bonito inventar, idear una cosa, pero la realización luego, en España, es terrible. Todo el entusiasmo y la fe con que se concibe algo se va perdiendo poco a poco en este penoso avanzar entre obstáculos estúpidos.
Con motivo del acto de entrega oficial del Palacio de La Magdalena, en el invierno de 1933, Salinas dejó patente en una carta a su amada su gran desprecio por la ineptitud y el bajo nivel de la clase política con la cual tuvo que relacionarse en Santander durante todo aquel tiempo.
Santander, 30 enero [de 1933]
Días cansados éstos de Santander. Y es lástima, porque después de atravesar ayer una España nevada y hostil, nos encontramos aquí con un sol hermoso y una temperatura espléndida, bien dignas de ser disfrutadas. Hoy será más cansado aún. Es la entrega oficial del Palacio a la Universidad Internacional. Yo, con otro miembro del Patronato, recibiremos a esa arrepentida Magdalena que después de pecar con la Monarquía se enmienda ahora con la República.
Estaré todo el día entre ese elemento odioso llamado las autoridades y que denota lo fácil que es gobernar un país cuando se deja regir por semejantes idiotas. De lejos le parece a uno, al cándido vulgo, que su gobernador, su alcalde, son seres infinitamente sabios y capaces, alumbrados de todas las virtudes.
De cerca se ve que son pobres gentes mediocres abrumadas por un nombre. No es mi género. Prefiero cien veces la gente del pueblo, no adulterada, ignorante, espontánea, si tiene finura natural, a estos pseudo-todo: pseudo intelectuales, pseudo educados, pseudo gobernantes. Nunca escogeré mis amigos ni mis compañías por el lugar social ni por el renombre.
Durante aquellos meses, cruciales para la puesta en marcha de la Universidad Internacional, Salinas pensó que su presencia en Santander era la excusa perfecta para propiciar nuevos encuentros con Katherine, y la propuso verse de nuevo en el verano, ofreciéndose a financiar el viaje de su propio bolsillo, y planteando como coartada para su estancia la realización de un supuesto proyecto de investigación en la Biblioteca Menéndez Pelayo.
[Madrid] 21 enero [de 1933]
(…) ¡Tú, hecha para gozar lo exterior, sensible a la belleza del mundo externo, con hermosos ojos, hermosos oídos, labios sin igual, estás amando a un ser que no puedes ver, ni oír, tienes que besarle en el aire! Y lo aceptas, con esa franca alegría y decisión tan tuyas, tan juveniles. Y aún me dices que eso no es nada. ¡Y yo, yo que no quiero ser sombra, ni recuerdo, sino hombre de carne y hueso y alma, para ti, teniendo que ofrecerte esto: letras, cartas, amor por el aire! Katherine, si vieras, esto me lleva a hablarte del verano, de nuestro (?) verano. Confío en ti totalmente: sé que vendrás si puedes, lo sé. Pero no tengo más remedio que insistir en algo que te he dicho ya (…) me sobra dinero este año: tengo un sueldo nuevo, el de la Universidad de Santander, tengo además unos miles de pesetas totalmente míos, en mi cuenta corriente. No lo necesito para nada, me molesta ahorrar, y ese dinero me daría asco y vergüenza si llegara el caso de que por él no vinieras tú (…).
Mira mi plan. Tú pasarías ocho días en Santander «trabajando en la Biblioteca Menéndez Pelayo», en julio. Nos veríamos mucho (¿mucho?, todo sería poco). Y después yo me tomaría mis diez días de vacación, y nos iríamos donde tú quisieras, como tú quisieras. Yo lo veo así, empalmando tus días de Santander con nuestros días de vacación donde tú escogieras o donde escojamos. No tengas miedo de la gente, todo irá bien. Yo lo arreglaré todo. Tú serás una señorita americana que trabaja en la Biblioteca, nada más. Yo seré el Secretario de la Universidad. Pero por la mañana y por la tarde y cuando sea necesario, esa señorita y ese señor tendrán horas libres, y serán las mismas horas. Ya pienso hasta en los sitios adonde iríamos, alma. Luego, después de ocho días así, yo tomaría mi vacación de diez días. Y pensaríamos cuál sitio es mejor: sur de Francia, Pirineos, Galicia, Mediterráneo. O París. Y podría dejarte en el barco (…).
Pedro
[En los márgenes]
Un ruego: no me contestes inmediatamente a esto. Piénsalo bien, alma, y si no puedes decidir ahora déjalo para más tarde. No me digas nada en firme -sobre todo si es no-. Dime simplemente que has recibido esta carta, para saberlo. No es necesario decidir ahora.
Alma, comprendes bien mi carta, ¿verdad? Verte, aunque fuese un minuto ¡de lejos!
Katherine accedió a los deseos de Pedro Salinas y viajó a Santander para encontrarse con él y asistir a aquella primera edición de la flamante Universidad republicana de verano. Lo que claramente era una actividad privada (y clandestina) del secretario general de la Universidad, tuvo un claro impacto en el devenir de su inauguración, ya que Salinas, eufórico tras recibir su respuesta afirmativa, modificó las fechas oficiales de apertura de los cursos para acomodarlos al calendario del viaje de su amante desde Estados Unidos.
[Madrid] 10 febrero [de 1933]
Cumplo mi promesa. Hechos. ¡Pero qué gusto hablar de estos hechos por hacer, por venir! Has intervenido, sin saberlo, poderosamente en la marcha de la Universidad de Santander. Debían comenzar los cursos, así estaba acordado por el Comité de Estudios, el 28 de junio. Pero al saber yo que tu vapor llegaba a Europa el 21 o el 20, he cambiado la fecha, retrasándola hasta el 1 o el 3 de julio. De otro modo era totalmente imposible que te pudiera ver algunos días, solos los dos, en Francia. Mi plan es el siguiente: arreglarme una conferencia en Zurich, el 18 o el 19. Con ese pretexto saldría de España, sólo porque es un viaje rápido, y al regreso detenerme en París el mayor número posible de días. Claro es que lo que haré será irme Zurich-Cherbourg, a esperarte como ya te esperé una vez en Tarragona, pero con más amor y alegría aún que entonces. Cherbourg, 20 de junio. Éstas son para mí por el momento las cuatro palabras más hermosas del diccionario. Iremos donde tú quieras: París es quizá lo mejor para estar solos. Yo tengo que estar en Santander dos días antes, por lo menos, de empezar el curso, esto es el 1, si empieza el 3. Y antes tengo que dar una vuelta por Madrid, de dos días, para dejar las cosas del Índice Literario arregladas. Podemos volver a España juntos. El día 3 empieza la Universidad. Ya entonces todo depende de ti. En Santander podrías trabajar en la Biblioteca Menéndez Pelayo. Yo tendré siempre horas para nosotros en el día, estate segura. Podríamos vernos a diario, y la Universidad y la Biblioteca te ofrecerían excelente pretexto para pasar allí una temporada. Yo estaré solo, y acaso pase por allí posiblemente alguna de mis benditas cuñadas, pero no me estorbarán, ya lo arreglaré yo. Mi mujer no va a Santander porque en julio da a luz su hermana en Madrid, y se queda para acompañarla. Luego, ¿cuándo podré yo tomarme esa semana de vacación? Ya es más difícil de prever, y no lo creo posible antes de la segunda semana de agosto, del 7 al 13. Pero además de poder vernos a diario en Santander, los sábados y domingos serían excelentes para coincidir, casualmente, en algún sitio cercano. Desde el 4 de septiembre estaré libre y pasaré entonces ocho días, del 4 al 10, en Madrid, que serían totalmente nuestros. Pero me temo que sea ya muy tarde para ti. Tú acomoda éstas a tus posibilidades lo mejor posible para ti (…)
En las siguientes cartas de Salinas a Katherine quedaron en evidencia todas las tensiones e incertidumbres que rodearon los meses previos a la inauguración de la Universidad, y cómo las playas de Santander, y los baños de sol y mar junto a sus amigos, lograron apaciguar su ansiedad.
[Santander,] 20 mayo [de 1933]
(…) Este viaje a Santander está resultando el más fatigoso de todos. Yo que he traído poemas en borrador para terminar y cartas de alguna persona para no terminarlas, para seguirlas, no he podido tocar a esta hora ni uno de esos papeles. Se echa ya encima la inauguración. Son tantas y tantas las cosas que hay que tener previstas que no da de sí el tiempo. Tengo el mismo miedo de un explorador que de lejos encuentra accesible la montaña a la que ha de subir pero conforme se acerca a ella se da cuenta de su magnitud. Tú acaso no comprendas bien esto porque en tu país el trabajo está organizado de un modo más racional y eficaz, pero en España y para una obra como ésta no se puede hacer de otro modo. Tengo a dos personas conmigo, aquí en Santander, y sin embargo de poco me sirven. Y hoy he hecho una tontería más. Dormí mal y me encontraba ya cansado pero hacía un día tan hermoso que no pude resistir a la tentación, y me fui a la playa con Caneja, el médico director del hospital Valdecilla, que es del Patronato, me di un baño de sol y de mar soberbio y como hacía frío para estar inmóvil jugamos en la playa a la pelota a pala. Delicioso, no había casi nadie y pasé el rato muy bien. Me acordé, naturalmente de mi nadadora, de su ritmo inolvidable, de aquel brazo entrando y saliendo, de la luz en un rostro, de un castillo en la arena, de Franklin, de no sé cuántas cosas más. De una sobre todas. De que era el día 20 y de un mes, ese enorme abismo de un mes es lo que me separa de la nadadora mía. ¿Será este mes castillo en la arena? Tendido al sol, en la playa, te viví con una intensidad feroz, unos momentos. Ésos son los que valen por la carta de hoy (…).
El primer curso de verano llegó a su fin y Salinas, en una nueva carta a Katherine, se muestra satisfecho de su gestión, y admite abiertamente a Katherine que su encuentro en Santander ha tenido un impacto determinante en el tono de su escritura. Aquellas jornadas de estío junto a ella inspiraron el contenido del primer volumen de su trilogía de poesía amorosa, 'La voz a ti debida'.
Santander, 7 de septiembre de 1933
Ya se cerró la Universidad Internacional. La clausura fue sencilla, sin pompa ni solemnidad. El Presidente del Consejo Nacional de Cultura pronunció unas palabras de despedida. Yo no pensaba hablar, pero los estudiantes reclamaron con grandes aplausos mi intervención, y tuve que decir unas cuantas tonterías que fueron ovacionadas. My dear dearest quizá se hubiese emocionado un poco al ver a su dear lamb (corderito) aclamado, pero el dear lamb no se emocionó, te lo aseguro. Era poca compensación y harto ruidosa, para los muchos disgustos que me han dado estos bergantes. Hoy, al ver La Magdalena casi desierta ya no he podido por menos de sentirme poseído por una emoción rara. ¿Sabes? Como de incredulidad ante lo pasado. ¿Es posible que aquel proyecto mío haya sido esta realidad? Me he acordado de una tarde de junio, 1932, en la Sierra de Guadarrama. Cinco personas sentadas en la yerba a la sombra de los pinos. Una de ellas el Ministro. Otra tu dear lamb (que aún no lo era). Y yo leyendo una hoja de papel, en la que cabía todo el proyecto de la U.I. Lo que yo leía entonces acaba de ser realizado ahora. Y yo siento como una sorpresa de que lo que nació en mí como un capricho más de la fantasía [se] haya plasmado en lo de este verano. ¿Orgullo? No. Me conoces lo bastante para saber que no van mis flechas a esos blancos. Pero, hoy, al acabar, cuando veo que no ha fracasado la U.I., disgusto ni indiferencia tampoco, te lo confieso. Vuelvo los ojos atrás, miro lo que hemos hecho este verano, recuerdo los elogios y alabanzas y me digo: ¿Pero es obra mía, esto? Y lo ha sido, ¿por qué negármelo? No la vanidad, sino un elemental deber de justicia conmigo mismo me dice que yo soy el autor, el inventor de esta realidad recién acabada. Y recuerdo Barcelona, mi nombramiento hecho, cuando estaba allí, contigo, y quiero creer que tú me trajiste suerte, que te unías ya al destino de la obra (…)
Porque con un raro azar, paralelamente a la U.I. se iba haciendo mi libro de versos (La voz), el que más contento me tiene, el que más directa y hondamente me expresa. Ahí sí que me encuentro, ése sí que soy yo, sin dudar. Y ese yo es el que quiero, el que deseo que viva, porque es el tuyo, el que tú suscitaste, el que has sacado de mí, amor de mi vida. El otro será o no será, vivirá o no, pero éste es el que ansío ver vivo, el que pide prolongación, aumento, eternidad, el que quiere salvarse de lo mortal con tu nombre.
Pedro
Finalizado el verano, recurrieron a la relación epistolar, y Katherine regresó a Santander en el curso académico 1934-1935 como responsable de un grupo de estudiantes del Smith College que participaron en un programa de inmersión en la cultura hispánica. La ciudad fue de nuevo el escenario donde compartieron fugazmente espacio íntimo y tiempo.
Fue precisamente entonces cuando Margarita Bonmatí acabó descubriendo la infidelidad de su marido y, sumida en una profunda depresión, se arrojó al río, aunque lograron rescatarla del agua y llevarla a casa. Ese intento de suicidio fue el detonante para que Salinas interrumpiera la relación con Katherine.
Con el inicio de la guerra civil, Salinas abandonó España y se fue a Estados Unidos, en una especie de autoexilio, mientras su esposa y sus hijos se refugiaron en Argel en casa de los padres de Margarita. Tras un tiempo de separación, Salinas logró el reagrupamiento familiar en Estados Unidos.
Mientras tanto, Katherine se había casado con un compañero de departamento, el profesor Brewer Whitmore, que murió poco tiempo después tras un accidente de coche. Salinas y Katherine recuperaron el contacto epistolar, y se volvieron a ver una sola vez más, ya en Estados Unidos, en un encuentro difícil. Al poeta lo habían diagnosticado un cáncer, pero no le dijo nada a Katherine, y falleció en Boston el 4 de diciembre de 1951, acompañado de su esposa.
Tras su muerte comenzaron a surgir rumores sobre la existencia de una amante. Otro compañero de la generación del 27, Jorge Guillén, conocedor de la historia, logró convencer a Katherine para que hiciese pública la correspondencia que había mantenido con Salinas. Ella tenía ya 87 años y accedió a donarla a la Universidad de Harvard en 1979 con una única condición: que no se diesen a conocer hasta que no hubieran pasado dos décadas.
Con esa decisión, Katherine trató de darse un margen lo suficientemente amplio como para no estar viva cuando se desvelara la verdad de su historia de amor con Salinas. Gracias a ello, hoy se sabe que el poemario 'La voz a ti debida', una de las cimas de la poesía amorosa contemporánea, fue inspirado por Katherine en el verano santanderino y, además, se comprende mejor el sentido de versos como este: “Sólo muere un amor que ha dejado de soñarse hecho materia y que se busca en tierra”.
Sobre su relación con el poeta, Katherine escribió años después de su conclusión: “Fue emocionante, alegre, devastador y triste para ambos. Verdaderamente tenía ”'Beauty, and Wonder, and Terror', cita del Epipsychidion de Shelley que sirve de prefacio en 'La voz a ti debida'. Cuando releo sus cartas después de tantos años y paso las páginas de los exquisitos volúmenes que encuadernó especialmente para mí, me pregunto cómo el destino pudo ser tan amable conmigo“.
Sobre este blog
'Crónicas secretas de la Guerra Civil en Cantabria' propone un acercamiento a uno de los momentos socialmente más traumáticos y disruptivos de la historia reciente, y lo hace mediante un puzle de secuencias históricas reforzadas por abundante documentación gráfica y visual, en muchos casos totalmente inédita. Estos artículos abordan numerosos acontecimientos y situaciones que nos ayudan a entender una etapa tan cercana como oscura, todavía hoy llena de episodios desconocidos y poco explorados, y forman parte de un extenso trabajo de investigación en formato de libro firmado por el sociólogo, editor y escritor Esteban Ruiz.
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