Los excesos y los asesinatos de Minneapolis exhiben la debilidad de Trump
El 15 de enero, Donald Trump se levantaba con una amenaza a las 08.04 de la mañana: “Si los políticos corruptos de Minnesota no obedecen la ley y detienen a los agitadores profesionales y a los insurrectos que atacan a los patriotas de ICE, que solo intentan hacer su trabajo, aplicaré la ley contra insurrecciones”.
Habían pasado ocho días del asesinato de Renee Good en las calles de Minneapolis a manos de agentes federales. Y faltaban nueve para morir de 10 disparos a bocajarro por agentes del CBP el enfermero Alex Pretti.
Entre una muerte y otra, Donald Trump y su Administración siguieron pisando el acelerador represivo en Minneapolis. El comandante jefe de la Patrulla de Fronteras, Greg Bovino, se paseaba por Minneapolis como si estuviera en un saloon del viejo Oeste: se sabía protegido por su jefa, la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y el propio presidente, que no dejaba de amenazar a las autoridades locales y estatales de Minnesota, así como a la comunidad somalí y a la congresista Ilhan Omar.
Tanto es así, que tanto Bovino como Noem y el subjefe de Gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, replicaron el relato del asesinato de Renee Good tras el tiroteo a Alex Pretti: “Era un terrorista interior” y “amenazaba la vida de los agentes”.
En un comunicado al Washington Post, Miller declaró que la información inicial que recibió sobre el tiroteo del Departamento de Seguridad Nacional se basaba en informes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). Es decir, Miller culpó al equipo de Noem.
Con Renee Good, además, dijeron que era lesbiana, como si eso fuera un ingrediente más que justificara su asesinato.
Pero los vídeos pusieron en duda muy rápido la versión de la Administración Trump, y la propia secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, apartó a Trump de las afirmaciones de su equipo.
Aquello supuso una primera muestra de que la crisis estaba haciendo mella en un Trump que quiere mostrarse imbatible, pero que 48 horas después del asesinato de Pretti ya sabía que la posición más ultra tenía un recorrido muy corto.
Noem pidió una reunión con Trump el lunes por la noche, después de que el presidente anunciara que Homan asumiría las operaciones en Minnesota. La reunión duró varias horas y se habló de Minneapolis, según una de las fuentes. Por separado, Lewandowski y Homan, quienes ya habían tenido desacuerdos en el pasado, hablaron y acordaron trabajar juntos, añadió la misma fuente.
Trump ya había tomado una decisión: mandar a su zar fronterizo, Tom Homan, tan amante de la mano dura como Bovino, pero con unos aspavientos menos propios de la Europa de los años 30. Bovino era relevado –y, al tiempo, el Departamento de Seguridad Nacional–, en lo que el comentarista MAGA Steve Bannon calificó como “retirada”.
“Este es un punto de inflexión: si cedes ahora, cederás para siempre. Si te arrodillas ahora, te arrodillarás para siempre”, añadió Bannon, exasesor de Trump, en su programa del miércoles: “No me importa cuántas personas tenga que deportar. No me importa en absoluto”.
El mundo MAGA empezaba a leer los movimientos de Trump como un paso atrás. Así, Homan, en su comparecencia en Minneapolis el pasado jueves, intentó navegar entre la mano izquierda –“vamos a hacer mejoras”, “los agentes se tienen que centrar en los objetivos” y “estamos haciendo un plan para reducir el despliegue”– y la mano derecha –“esto no es un repliegue en las políticas de Trump”, “la desescalada dependerá de la colaboración local y estatal”–.
Y en ese zigzaguear, el martes se produjo el ataque a la congresista Ilhan Omar, la persona más insultada y odiada por Donald Trump. Homan, quien no tuvo un solo gesto en su comparecencia para con Renee Good y Alex Pretti, acusó a la narrativa contra el ICE de alentar actos violentos contra los agentes. Pero no hizo la misma reflexión sobre la agresión a Omar.
Es más, el presidente de EEUU afirmó que fue la propia Omar quien tramó el ataque. En declaraciones a la ABC, Trump dijo que no había visto el video de la agresión y agregó: “No pienso en ella. Creo que es una farsante. Conociéndola, es probable que se haya hecho rociar a propósito”.
En una reunión del Gabinete este jueves, Donald Trump evitó dar la palabra a Kristi Noem, quien se encuentra en medio de las críticas por haberse lanzado contra Pretti en contra de lo que evidencian todos los vídeos publicados del asesinato. Y Noem se está enfrentando a una gran oposición en el Congreso, con la financiación de su departamento cuestionada por los demócratas, que están pidiendo su dimisión o censura.
En realidad, el presidente de EEUU sí se abonó a la teoría de que Pretti era “un pistolero” dispuesto a “causar el mayor daño posible”, algo que evidentemente desmienten los vídeos. Pero no llegó a calificar a Pretti de “terrorista”. Y este viernes ha vuelto a menospreciar al enfermero asesinado el sábado pasado a cuenta de un vídeo de hace unas semanas en el que se le ve dando una patada a un coche del ICE, como si esa agresión a un vehículo hace semanas fuera acreedora de diez disparos a bocajarro: a las 01.26 de la mañana ha publicado un Truth Social en el que decía: “Alex Pretti, agitador y hasta instigador de disturbios, ha visto su reputación caer en picado tras la publicación de un video en el que aparece gritando y escupiendo en la cara de un agente de ICE que se mantenía muy tranquilo y sereno, para luego patear con furia un vehículo oficial nuevo y muy caro, con tanta violencia que la luz trasera se hizo añicos. Fue una muestra de agresión y rabia descontrolada, a la vista de todos”.
Pero esa reacción agresiva de días atrás no tiene que ver con la acción de los dos agentes que asesinaron a Pretti, hasta el punto de que el Departamento de Justicia ha abierto una investigación federal de derechos civiles sobre su muerte. “Estamos examinando todo lo que pueda arrojar luz sobre lo sucedido ese día y en los días y semanas previos”, ha declarado el fiscal general adjunto, Todd Blanche, este viernes.
Blanche no explicó por qué el Departamento de Justicia decidió abrir una investigación sobre la muerte de Pretti, pero afirmó que no se justifica una investigación similar en el caso de la muerte de Renee Good, ocurrida el 7 de enero, quien recibió un disparo de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Minneapolis.
Blance se ha limitado a decir que la División de Derechos Civiles no investiga todos los tiroteos en los que participan agentes, y que deben existir circunstancias y hechos que “justifiquen una investigación”.
El Departamento de Seguridad Nacional también informó el viernes que el FBI dirigirá la investigación federal, pero no concretó si el FBI compartiría información y pruebas con los investigadores estatales de Minnesota, quienes hasta el momento han sido excluidos de la investigación federal en otra muestra de la forma de gobernar autoritaria de Donald Trump.
Preguntado este viernes si creía que los enfrentamientos entre manifestantes y agentes federales en Minnesota eran el preludio de una suerte de guerra civil, a raíz de una indirecta del gobernador Tim Walz, Donald Trump ha dicho: “Son insurrectos y agitadores, y están pagados, y se nota por muchas razones. En primer lugar, son profesionales. Y sabemos, o casi sabemos, quién está financiando todo esto. Son insurrectos pagados, alborotadores pagados. Pero fui elegido por una victoria aplastante. Fui elegido por la ley y el orden. Fui elegido por una frontera fuerte. Y solo puedo decir, y lo diremos muy claramente: las elecciones tienen consecuencias. La gente quiere ley y orden, y tenemos una mayoría silenciosa que no sale a manifestarse ni a causar disturbios, pero le gusta lo que estamos haciendo”.
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