Los policías que dispararon la táser contra Haitam no se lo dijeron a los sanitarios que intentaban evitar su muerte
Los agentes que participaron en la intervención policial que acabó con la muerte de Haitam Mejri en un locutorio de Torremolinos ofrecieron un relato incompleto de lo sucedido a los miembros del servicio de emergencias que trataban de reanimar al hombre, quien fue electrocutado entre ocho y diez veces, golpeado, rociado con spray irritante e inmovilizado por el cuello, todo ello mientras ya estaba en el suelo. Así se desprende de los vídeos a los que ha tenido acceso elDiario.es, grabados por dos cámaras instaladas en el local. En ellos no se escucha que los agentes adviertan a los sanitarios del uso de las pistolas táser.
Haitam estaba muerto cuando llegaron al lugar los servicios de emergencias, que no se explicaban lo sucedido, porque lo que le contaban los agentes no encajaba con la primera exploración del cadáver. Así se refleja en los vídeos grabados por la cámara del local, que ha sido incorporado a las diligencias abiertas por el juzgado de instrucción 1 de Torremolinos, que investiga cómo y por qué el pasado 7 de diciembre Haitam murió en un locutorio de la localidad.
La jueza dispone de este vídeo, de los grabados por las cámaras asociadas a las dos pistolas táser utilizadas en la intervención y los registrados desde el exterior por vecinos y curiosos, a todos los cuales ha tenido acceso elDiario.es Andalucía. Desde distintos ángulos, componen una escena en la que el hombre, que ha entrado al locutorio buscando un cargador muy alterado y ha quedado encerrado por el dueño tras forcejear con él, manifiesta a la Policía su voluntad de cooperar, suelta unas pequeñas tijeras escolares, da la mano al agente y, entonces, es tirado al suelo y electrocutado.
A partir de ese momento los agentes le disparan entre siete y nueve veces más, le insultan, le golpean con un cartel metálico, le rocían con spray irritante y le aplastan piernas, cuello y tórax, mientras él grita y les pide que sean conscientes de que todo se está grabando, según se observa en las imágenes. Veinte minutos después muere.
El Gobierno respaldó la actuación policial en una respuesta escrita a los diputados de Sumar Enrique Santiago y Toni Valero. En ella se asegura que los dos agentes que usaron las pistolas táser “cumplieron escrupulosamente” con las directrices para su uso, y se dice que cumple los criterios de “congruencia, oportunidad y proporcionalidad” atendiendo al “tipo de situación”, la “forma” en que se usó (“descarga por contacto”, la menos lesiva según se dice) y las zonas del cuerpo donde el hombre recibió las descargas, hombro y pierna. Preguntado tras la publicación del vídeo de la intervención, el Ministerio del Interior ha evitado valorar la actuación o la respuesta, alegando que el asunto está judicializado.
“Se ha caído al suelo”
La llegada de los servicios de emergencia se produce 26 minutos después de que comenzara la intervención policial, apenas tres minutos después de que un agente informe de la parada cardiorrespiratoria.
Mientras hacen un último intento por reanimarlo, los técnicos de emergencias quieren saber qué ha pasado allí. “El tío estaba fuera de sí, con cosas en las manos”, les explica a un agente. Se refiere a dos móviles y unas tijeras infantiles. Haitam soltó las tijeras cuando se lo pidieron, pero se resistía a dejar los móviles. Los vídeos muestran a Haitam nervioso pero cooperativo. “Voy a cooperar con vosotros”, les dice varias veces.
Un agente explica a los sanitarios que el hombre “se ha caído al suelo” cuando intentaba reducirlo. Lo que se observa en los vídeos es que entre cinco agentes lo reducen hasta tirarlo al suelo, no que se caiga. El agente no menciona a los técnicos de emergencias las descargas táser, entre ocho y diez según ha podido contar este medio. El sanitario se da cuenta de que la versión policial no encaja con los signos mortuorios del cadáver, y cuando los agentes salen comenta a su compañera: “Me ha engañado”.
“Es importante saber qué ha pasado”, le piden luego a los agentes, que comentan a los sanitarios que “en ningún momento” le habían presionado tórax o cuello. Para explicar la supuesta resistencia del fallecido, de quien dicen que estaba fuera de sí y con una fuerza descomunal, aseguran que entre seis no habían sido capaces de reducirlo y que había pegado “guantazos”.
Según se observa en los vídeos, Haitam recibió la primera descarga en la zona lumbar, mientras intentaban reducirlo, cayó al suelo y ya no volvió a levantarse, aunque en los primeros minutos trató de zafarse de la sujeción que le hacían.
Cuando certifican la muerte del hombre los sanitarios abandonan la escena. “Dicen que no le han presionado el cuello ni nada”, comenta uno.
“Claro retraso diagnóstico y terapéutico”, según un informe
Un informe médico-legal encargado por la familia concluye que se produjo un “claro retraso diagnóstico y terapéutico de la parada cardiorrespiratoria sufrida (como se objetiva en el vídeo analizado)”, y un “retraso en la asistencia prestada por los agentes que produjo un claro empeoramiento del pronóstico de la misma”. El hombre acabó falleciendo.
Haitam recibió las descargas en un lapso de unos diez minutos, y luego quedó ya vencido, pese a lo cual un agente siguió de pie encima de sus piernas otros diez minutos más, según se observa en los vídeos.
En ellos no se ve que los agentes mostraran alarma mientras el hombre se desvanecía. Durante la intervención, y en los primeros minutos después de lograr la reducción del hombre, uno de ellos comenta que “ya está muerto”, y otro comenta la posibilidad de que ahora vayan a aparecer en una página de Facebook de quejas vecinales o en los periódicos.
Tras varios minutos agonizando, y transcurridos 23 desde que entraron en el local y más de 20 desde que las descargas del táser, los agentes empiezan a practicar maniobras de reanimación, y piden que se avise a una ambulancia ante la probable parada cardiorrespiratoria del hombre. “Escúchame, este está muerto”, dice un agente, antes de pedir una ambulancia.
Le toman el pulso veinte por primera vez veinte minutos después de las primeras descargas táser, y luego comentan en qué posición colocarlo, si sentarlo o no, porque “a más no va a ir”.
“Mala suerte”
Minutos más tarde llegan los forenses y dos miembros del grupo de Homicidios. Son conscientes de que lo que había ocurrido era “un marrón del bueno”, según dice uno de ellos mientras su compañera toma fotos y escucha a los agentes que intervinieron, que nuevamente justifican su actuación: “Se me resbalaba la mano, nos arrastraba a los seis”, destaca el primero en intervenir. Otro hombre presente en la escena califica el asunto de “mala suerte”, “cosas que pasan”, y advierte de que ahora llegarán “la gente, los medios y eso”.
Minutos después el inspector llama por teléfono, presumiblemente a un superior. No cree que haya mucho más que inspeccionar, insiste en que todo quedará bastante claro con las grabaciones, así que le dice: “Vamos a hacer el paripé”. “No hay mucho más que hacer, pero lo voy a hacer más que nada por que luego no digan que se ha hecho a medias”. Cree que le ha dado un infarto, aunque también comenta que la víctima tenía algún “golpecillo, un roce, arañazo…”, pero no “golpes fuertes” y que “iba hasta arriba de lo que fuera”. “Aquí hay una cámara, no sé si funciona o no”.
Los agentes que redujeron a Haitam hasta la muerte elaboraron un primer atestado en el que escribieron que consiguieron “quitarle las tijeras”, abonando la hipótesis de una resistencia violenta por su parte. Sin embargo, en los vídeos se ve que fue el hombre quien las soltó cuando se le pidió en una primera fase amistosa de la intervención.
En el documento describen el primer disparo del táser (entre 1.000 y 2.000 voltios) como una “pequeña descarga”, pese a la cual “el hombre ni se inmuta” (aunque lo cierto es que suelta alaridos cada vez que las recibe) y hacen referencia a que seguía “soltando patadas”, algo que tampoco se percibe en las imágenes.
A la vista de las incongruencias que presentarían los vídeos, las declaraciones de los policías y el atestado, los abogados de la familia no descartan solicitar que se investiguen también posibles delitos de omisión del deber de socorro y falsedad documental.
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