Los vídeos de la muerte de Haitam tras ocho descargas de táser de la Policía en Torremolinos: “Ya ha muerto, ¿no?”
La investigación de cómo y por qué Haitam Mejri murió en un locutorio de Torremolinos cuando era reducido por seis agentes de Policía está paralizada en un juzgado de Málaga tres meses después. La jueza espera el informe definitivo de la autopsia, y hasta que no lo reciba ha decidido archivar provisionalmente las actuaciones: prefiere no llamar a ningún testigo y no practicar ninguna de las diligencias solicitadas por los abogados de la familia.
Entre tanto, la familia ha encargado y recibido otro informe pericial, que concluye que el hombre falleció por una insuficiencia cardiorrespiratoria severa causada por la presión que ejercieron los agentes sobre cuello y tórax, unida al uso de gas irritante y una decena de descargas eléctricas con pistolas táser.
En el sumario constan ya las grabaciones registradas por dos de las cámaras del local (desde uno de los extremos y tras el mostrador) y las vinculadas a las táser que usaron los agentes. Esos vídeos, que elDiario.es en Andalucía ha podido visionar sin restricciones, confirman lo que ya se deducía de las grabaciones de algunos curiosos desde el exterior del local: Haitam habría entrado al local muy alterado y forcejeado con el dueño, pero no amenazó a los policías ni manejaba ningún elemento peligroso. Recibió al menos entre ocho y diez descargas eléctricas en diez minutos (todas estando ya en el suelo) y falleció después de que varios agentes pasasen varios minutos sobre él.
Haitam Mejri, de 35 años y padre de un niño de siete, murió el pasado 7 de diciembre en un pequeño locutorio de Torremolinos. La jueza dispone desde hace dos meses de la secuencia desde que Haitam está sólo hasta que retiran el cadáver, más de tres horas y media grabadas por una cámara del local; también tiene dos vídeos de unos diez minutos cada uno grabados por las cámaras que se activan al usar las pistolas táser.
El vídeo incluido en esta información ha sido elaborado a partir de las imágenes registradas desde una cámara situada en altura en uno de los rincones del local, lo que ofrece una perspectiva más amplia de la escena, así como del grabado al activarse la cámara de una de las pistolas táser.
“Voy a colaborar”
Las imágenes desmontarían la hipótesis de que Haitam amenazase a nadie, como divulgaron algunos sindicatos policiales. Lo que se ve y oye es una intervención en la que varios agentes golpean, gasean, sujetan y disparan al hombre cuando este ya está en el suelo y engrilletado, mientras este se resiste, les insiste en que sean conscientes de que las cámaras están grabando y grita de dolor y rabia.
En el vídeo se observa que el hombre habría entrado muy alterado pidiendo un cargador para recargar la batería del móvil, llegando a desencajar la mampara tras la que estaba el dueño. Tras forcejear con él y salir a la carrera, este lo encerró y llamó al 112. La Policía envió un Zeta (dos agentes) ante el aviso de un supuesto robo. Luego llegaron cuatro policías más.
Al llegar lo encontraron con dos móviles en la mano derecha y unas tijeras escolares (de unos ocho centímetros y punta redonda) en la izquierda, mientras intentaba extraer el cargador de su envoltorio. Registrada por varias cámaras, es una escena que no anticipa lo que va a ocurrir. “Amigo, ponte al suelo”, se presenta el primer agente que entra al local. Lleva ya la pistola en la mano, lo que activa la cámara vinculada. Haitam no se tumba, señala a las cámaras del local y dice: “Voy a trabajar con vosotros”. Mientras, les muestra repetidamente los móviles, aparentemente satisfecho de que ya están cargando. Los agentes no muestran signos de que perciban riesgo grave. Haitam suelta las tijeras e insiste en retener los móviles.
El agente se le acerca mientras le apunta con el táser, cuya cámara graba a pocos centímetros: Haitam suda profusamente, está nervioso, se mueve, balbucea mientras mira los teléfonos, pero no amenaza. “Voy a empezar a rezar”, dice. “Perfecto”, le dice el agente. “Voy a colaborar”, insiste Haitam, que trata de explicarles por qué está allí y llega a decirles: “No quiero morir”. “Si vas a colaborar, dame la mano”, le dice el agente. Es cuando estrechan las manos cuando todo cambia: cuando el policía le alcanza, trata de tumbarlo con la ayuda de otros dos compañeros, uno de los móviles cae y comienza el forcejeo que acabará con Haitam en el suelo y, tras unos minutos agónicos, con su muerte. Seis agentes habrían participado.
“¡Soltadme! ¡Soltadme!”, grita, cuando está en el suelo. Entre tres agentes le acaban de tumbar. El primer disparo de táser lo recibe en la zona lumbar. “¡Quieto o te pego otro!”, le advierte un agente repetidamente, mientras el otro lo engrilleta y él se dirige a quienes observan desde el exterior: “¿Estáis viendo lo que me están haciendo? ¿Lo estáis viendo todos? ¡Hay cámaras ahí!”.
Un agente se sube en las piernas y permanece allí durante varios minutos, mientras otro lo sujeta por el cuello. Los refuerzos se incorporan a la escena, y el vídeo muestra a tres agentes sujetando al hombre, que está en el suelo y no puede mover las manos, mientras los agentes tienen dificultades para amarrarle también los pies. Uno le golpea la cabeza repetidamente pateando un cartel metálico. “Hijo puta, la que ha liado”. “Tráete el táser, tráete el táser”, reclama uno. “¡No me vais a matar!”, se escucha a Haitam, que grita, jadea y tiene ya dificultades para respirar. Otro anima a seguir usando la táser. “Dale, dale”, dicen. “¡Métele!”.
Con la situación ya bajo aparente control, un agente sugiere: “Métele más táser”. “No, porque ya está ahí todo el mundo mirando”, replica otro, según se escucha en uno de los vídeos de las táser. Han pasado siete minutos desde que lo han tumbado y el hombre ha quedado completamente reducido. “Hay que aguantar, ten fe, ten fe”, masculla. Un agente presiona con la pierna en el tronco y otro sigue de pie sobre las piernas.
“¿Esto cómo para de grabar?”, pregunta entonces uno de los agentes. La grabación de las dos táser se corta simultáneamente segundos después, pero siguen grabando las cámaras del local.
“En Torremolinos Se Queja ya se ha publicado”
En total recibe entre ocho y diez descargas (este medio no puede determinar si varias de ellas son diferentes o una prolongada), todas en el suelo y tres de ellas cuando ya está engrilletado de manos, según dicen los propios agentes (“hala, engrilletado”) pasados varios minutos del forcejeo inicial, mientras otro agente está subido sobre sus piernas.
Durante los diez minutos siguientes lo siguen sujetando y los policías entran y salen comentando su actuación. Uno de ellos reconoce el uso de un spray irritante: “Se lo he echado en la boca y lo ha escupido”. Mientras Haitam respira entre estertores, cada vez más débil, se escuchan también estas dos frases: “Bueno, ya ha muerto, ¿no?”, dice alguien. “En Torremolinos Se Queja ya está publicado”, ironiza otro. Con la comprobación de que su respiración es ya muy débil, alguien comenta que “se ha venido abajo”.
Sólo entonces llaman a la central, a la que dan una información que no refleja lo que está ocurriendo: “Aquí hay un detenido bastante agresivo, llama a una ambulancia. Vamos a inmovilizarlo”. Pero Haitam ya llevaba varios minutos inmovilizado. También explican el origen de la trifulca: “Un móvil, quería cargarlo”.
Los agentes empiezan a ser conscientes de lo que puede haber ocurrido. “A ver si le pillas el pulso”. “Le damos la vuelta que no se vea”. “Creo que le ha dado una sobredosis”. “Vamos a sentarlo en la silla”. “Una ambulancia, parece que este hombre ha entrado parada. Estamos realizando RCP [Reanimación Cardiopulmonar]”, dice un agente, ya por último. Cuando comienzan, pasan 23 minutos desde que la Policía llegó al locutorio, y Haitam probablemente ya está muerto.
“Elevada presión a nivel de cuello y tórax”
La familia denuncia que a Haitam lo mató la fuerza excesiva empleada por los seis agentes. El abogado Samuel Tejada cree que concurren los elementos para imputar un presunto asesinato, y no sólo una imprudencia mortal.
El informe que han encargado, firmado por el forense Aitor Curiel, sostiene esa conclusión. Se trata de una segunda opinión técnica, que se añade a la que aún debe entregar el Instituto de Medicina Legal, que está a la espera del análisis toxicológico.
“La elevada presión a nivel de cuello y del tórax, la inmovilización y sujeción junto con la utilización de un gas/gel irritante y la realización de múltiples descargas eléctricas con TASER produjeron una insuficiencia cardiorrespiratoria severa y la posible producción de arritmias cardiacas letales en un corazón con patología cardiaca previa no mortal a corto plazo y no conocida”, señalan las conclusiones del informe encargado por la familia, a las que este medio ha tenido acceso.
El documento observa que padecía arterioesclerosis coronaria severa y otras patologías coronarias, pero concluye que no hubiera fallecido “en ese momento ni en esa forma” de no haber sido golpeado, presionado, inmovilizado, gaseado y electrocutado reiterada y prolongadamente.
La familia cree que la muerte de Haitam no fue el resultado de una actuación meramente imprudente, sino de un uso “desproporcionado y excesivo” de la fuerza con plena consciencia de lo que podía ocurrir. “Sabían que había un riesgo y aun así se emplearon unos medios que pueden causar la muerte”, señaló su abogado en una rueda de prensa a finales de diciembre.
La familia está muy dolida con versiones apócrifas difundidas en prensa por sindicatos policiales, en las que se imputaba a Haitam agresividad, un intento de robo, amenazas en árabe o el uso de “tijeras de grandes dimensiones”, que los vídeos desmentirían. La muerte de Haitam ha originado varias manifestaciones denunciando el “abuso policial” y el “racismo institucional”.
11