Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

Un radiólogo, sobre la radiación de las mamografías: “Equivale a un vuelo transoceánico y nadie deja de viajar a Nueva York por ello”

Revisión de una mamografía en la sanidad valenciana.

Paloma Martínez Varela

0

La era de la sobreinformación es también la de la desinformación y las redes sociales se han convertido en altavoz para numerosos bulos. En una búsqueda sencilla resulta inevitable toparse con quienes afirman que las mamografías pueden ser las causantes del cáncer debido a la radiación que emiten. Estas afirmaciones carecen de base científica y generan un miedo innecesario que puede alejar a las mujeres de una prueba vital. 

“Hay mucho mito sobre la radiación. Vamos a ser claros: la radiación de una mamografía moderna es bajísima”, aclara el doctor José Manuel Felices, especialista en Radiología, divulgador en la cuenta @doctorfelices y que este mes publica Radiografía de una vida sana. “Para que te hagas una idea, equivale a la radiación cósmica que recibes en un vuelo transoceánico de ida y vuelta. Nadie deja de viajar a Nueva York por miedo a la radiación, ¿verdad?”, ejemplifica.

Los contenidos que culpan a las mamografías y a las campañas de prevención de ser el verdadero origen del cáncer de mama no se apoyan en ningún tipo de evidencia científica. Varios estudios demuestran que, al contrario, el riesgo de cáncer que pueden provocar estas pruebas es muy bajo en comparación con la reducción de la mortalidad que logran gracias a la detección temprana.

“El verdadero riesgo del exceso de pruebas no es tanto la radiación, sino los falsos positivos y el sobrediagnóstico”, asegura el doctor Felices. “Hacerse mamografías ‘por si acaso’ cada tres meses en la sanidad privada solo genera ansiedad. Puede que veamos una sombra que no es nada, te hagamos una biopsia, pases dos semanas sin dormir pensando lo peor, y al final sea benigno. A eso lo llamamos ‘el coste emocional del cribado”, explica. 

En el sistema público estas pruebas se realizan generalmente cada dos años. “Este intervalo no es caprichoso, se basa en el tiempo medio que tarda un tumor en crecer lo suficiente para ser visto pero sin llegar a ser peligroso”, aclara el especialista. “Más no siempre es mejor. Hay que buscar el equilibrio entre no dejar pasar nada y no vivir angustiada en la sala de espera de radiología”, destaca.

En radiología no existen las ‘tallas únicas’

En cuanto al uso de las ecografías, el doctor detalla que ambas pruebas se realizan de manera complementaria y no excluyente: “Si una mujer tiene las mamas muy densas, una mama densa es como intentar buscar una bola de nieve en una tormenta de nieve, a veces sugerimos en la consulta privada o en seguimientos específicos hacerlas anualmente o complementarlas con ecografía”. “No significa que hayamos visto algo malo, sino que no nos queremos dejar ni un rincón sin ver”, tranquiliza Felices.

“Entonces, ¿por qué no ecografía de primeras? Porque no consigue ver las microcalcificaciones, signo típico asociado al cáncer de mama, que la mamografía detecta con facilidad”, aclara el experto, que pide confiar en los profesionales.

“Para la población general, cada dos años es un ritmo seguro y eficaz que nos permite mantener la vigilancia sin agobiar al cuerpo ni a la mente”, sostiene el médico. “Sé que la sala de espera de Radiología asusta, a veces digo que se reza más aquí que en las iglesias, pero recordad que detrás de cada imagen en blanco y negro vemos una vida a todo color que merece ser cuidada”, asegura.

Etiquetas
stats