El dolor (solo a veces) también les pertenece
La patria, el himno, la bandera, la Constitución, las instituciones, el poder… Y el dolor de las víctimas. Bueno, solo el de algunas. A otras las insultan, las desprecian y las humillan. El caso es que todo les pertenece por derecho. El dolor también. Nadie siente, llora, gime, honra, reza o se da golpes de pecho como esta derecha española que carece de memoria y se olvida de lo que pesa la viga en el ojo propio. La aflicción depende de cómo, quiénes y qué gobierno está al frente cuando se produce la tragedia. Porque las de las residencias de mayores de Madrid, las de Angrois, las del Yak-42, las del 11M o las del metro de Valencia no merecieron ni sus misas, ni sus exigencias de dimisiones, ni sus comparecencias en las Cortes Generales.
Tras el accidente de Adamuz, pidieron que Óscar Puente no acudiera este jueves al funeral de Huelva organizado por la Diócesis de la provincia y al que acudirán los Reyes, porque agravaría el sufrimiento de las familias y sería un insulto, además de una provocación. Sabían de antemano que el ministro de Transportes no estaría, pero no porque ellos lo exigieran sino porque el mismo día tenía que comparecer en el Senado, a petición expresa de los populares para explicar lo ocurrido en el accidente de ferrocarril.
El colmo de la incoherencia de los de Feijóo no está en la profecía autocumplida de que Puente no estuviera en misa, ya que entre sus habilidades no parece que esté aún el don de la ubicuidad, sino en pedirle que no fuera por respeto a las víctimas y a la vez criticar que Sánchez no asistiera. El uno y el otro, según el relato del PP, son culpables de lo ocurrido. Y el uno y el otro se tienen que marchar a su casa por responsabilidad política. Doble dimisión. ¿En qué quedamos? ¿La presencia de Puente es una provocación y la ausencia de Sánchez una cobardía?
El presidente del Gobierno no acude a actos religiosos, pero en todo caso Puente ya le adelantó al PP en el Senado que “no tiene nada que ocultar”, que “tiene la conciencia limpia” y que ni los populares representan a las víctimas, “no son nadie para decir quién puede ir o no a un funeral”. Y añadió: “Cuando sea el homenaje de Estado, estaré allí porque ni en mil vidas encontrarán en mí un parecido con ese que estaba escondido en ‘El Ventorro’ informando en tiempo real a su jefe. Yo no me he escondido en el reservado de un restaurante”.
¿Desprecio a las víctimas?, se preguntó también Puente para acto seguido recordar a los de Feijóo que desdén es llamarlas “plataforma de frustrados”. Expresión que ha salido por boca de la reina del verbo florido Isabel Díaz Ayuso para referirse a las familias de los fallecidos durante la pandemia en las residencias de mayores de Madrid como consecuencia de los llamados protocolos de la vergüenza con los que se les negó la atención hospitalaria. 7.291 muertos, a cuyas familias el PP además de no pedirles perdón les insulta.
El mismo maltrato con el que Mazón despachó a las víctimas de la Dana y a sus familias: 237 muertos. Idéntico patrón al que aplicó el exministro de Defensa Federico Trillo con los familiares de los 62 militares fallecidos en 2003 en el accidente del Yak-42, la mayor tragedia de las Fuerzas Armadas españolas en tiempos de paz y la posterior falsificación de las identidades de 30 de ellos. Hubo familias que jamás pudieron enterrar a sus muertos. La misma línea que siguieron los populares en 2006 con las víctimas del accidente del Metro de Valencia que dejó 43 muertos y 47 heridos y tuvieron que esperar, después de soportar el desprecio y los insultos del PP valenciano hasta que, catorce años después, cuatro directivos de Ferrocarriles de la Generalitat (FGV) reconocieron su responsabilidad y fueron condenados a 22 meses de cárcel y tres años de inhabilitación. Y qué decir de las víctimas del accidente de tren en Angrois (2013), con 80 fallecidos y más de 140 heridos, que denunciaron durante años sentirse “humilladas” y desamparadas por el Estado y por la Justicia. 17 años después han conocido este mismo mes la absolución del exdirector de seguridad de Adif.
Hay todo un histórico reciente y remoto que acredita que el PP utiliza a las víctimas y su dolor en beneficio propio. Las del franquismo, las del 11M, las de la Dana, las de Angrois, las de las residencias de Madrid, las del Yak-42 o las del Metro de Valencia no merecen su consideración, ni sus rezos, ni su indignación. La aflicción y la exigencia de responsabilidades políticas, para los populares y sus voceros habituales, se aplica solo a conveniencia.
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