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¿Pedir perdón por la conquista? ¡Que nos lo pidan ellos a nosotros!

El rey Felipe VI visita el Museo Arqueológico Nacional este lunes.
17 de marzo de 2026 22:08 h

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Por veinticinco pesetas la respuesta, díganme razones por las que España no debería pedir perdón por la conquista de América. Un, dos, tres, responda otra vez: Son cosas de hace cinco siglos… Los pueblos precolombinos eran peores que los conquistadores españoles… También participaron indígenas en la conquista… Les llevamos la civilización, salieron ganando… Los actuales gobernantes mexicanos son herederos de los criollos, ellos también mataron… Otros imperios exterminaron más… Hay mucha leyenda negra, inventada por enemigos de España… No podemos juzgar el siglo XV con valores del XXI… No caigamos en el presentismo… ¿Va a pedir perdón Italia por el Imperio Romano?… ¿Nos han pedido perdón los franceses por invadirnos en 1808?

Como ves, sobran las razones para no pedir perdón por el “mucho abuso” de nuestro pasado imperial. Tenemos tantas razones, que deberíamos ser nosotros los que reclamásemos el perdón, sí, pero el de ellos hacia nosotros por ofendernos. Si nos ponemos, nos ponemos, no nos quedemos en el mimimí de cuestionar el perdón usando argumentos históricos más o menos serios: tengamos el valor de decir que estamos orgullosos de lo que hicimos, y que volveríamos a hacerlo. Claro que sí.

Porque además, lo de menos son los argumentos del primer párrafo, ya que esto no es un debate historiográfico, sino político. Tanto de España con México, como de política interna española. En cuanto a lo primero, precisamente porque es un asunto entre gobiernos y no una disputa entre historiadores, España podría perfectamente tener un gesto de acercamiento y hermandad con México, y hacer en público el mismo gesto reconciliador que tantos países ya han tenido con sus antiguas colonias, sin que por ello se sintieran humillados, al contrario: sirvió para una mejor relación, como sucedería hoy si España diese el paso. Pero haciéndolo de verdad, de manera formal, no un comentario del rey haciendo como que no sabe que hay un micrófono.

En cuanto a lo segundo, la política interna, el pasado imperial es otra de nuestras guerras culturales, cuya bandera agarró con fuerza la derecha hace ya unos años. Apoyada en una abundante producción historiográfica más o menos seria que cuestiona la “leyenda negra” y blanquea lo mismo la conquista de América que la Inquisición (“no fue para tanto”) o la expulsión de los judíos (“otros países también los echaron”); la derecha política, mediática y cultural, el nacionalismo español, y más recientemente la ultraderecha, han convertido el pasado imperial en otro campo de batalla (cultural).

Y no rendirán esa plaza, porque esto, insisto, no va de historia sino de política. La heroica y ejemplar conquista de América está en el mismo paquete que otras gestas hispanas hasta nuestros días, pues para estos patriotas la historia de España es desde Atapuerca un continuo que no admite discusión: la tomas o la dejas. Si cuestionas alguna de sus partes, eres un mal español, la Antiespaña de toda la vida.

Cuando el entonces presidente mexicano envió aquella carta al rey de España, en marzo de 2019, apenas había comenzado nuestro revival nacionalcatólico. La ultraderecha ni siquiera había entrado en el Congreso (lo haría un mes después), el antisanchismo era todavía anecdótico, no se había desatado el boom editorial de historiadores revisionistas; y aun así, nadie acusó recibo de la carta, nada que perdonar por nuestra parte. Hoy, en 2026, la resistencia nacionalcatólica a tocar ni un pelo del pasado es total. Por eso el rey lo ha dicho con la boca pequeña, como probando, para ver qué respuesta recibe. Y ya la sabe.

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