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Cómo saber cuándo es el momento de dejarlo con tu pareja o lo que aprendimos de Javier Ambrossi en 'La Revuelta'

Javier Ambrossi, en 'La Revuelta' de La 1.

Paloma Martínez Varela

29 de enero de 2026 21:39 h

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“Quiero animar a la gente que no es feliz en su relación, a que lo deje. Solo se vive una vez”, aseguró Javier Ambrossi este martes en La Revuelta. El cineasta no solo se mostró seguro de su decisión durante todo el programa, sino también liberado: “Ya no sabía ni quién era yo, ni dónde acababa yo y empezaba él, no teníamos espacio para nada y empezó a poder con mi salud mental. Tuvimos una conversación y él sentía lo mismo (...). Algo ha vuelto a nacer en mí que necesitaba”.

El amor no funciona como un interruptor que un día se apaga, y tomar la decisión de dejar a una pareja suele ser un proceso complejo y doloroso. Pero entre aguantar por miedo y marcharse por impulso existe un espacio incómodo que casi nunca se nombra: el de no saber qué hacer con una relación que no va bien, pero tampoco ha terminado del todo. 

“Desenamorarse suele ser más un proceso que una conclusión inmediata. Rara vez aparece de un día para otro, normalmente es algo que se va gestando cuando ciertas necesidades emocionales dejan de estar cubiertas y no se encuentran vías de reparación”, señala la psicóloga Adela Mas, experta en terapia de pareja. “A veces el ‘desamor’ es un síntoma de otra cosa, por ejemplo, de una crisis vital, un duelo no elaborado, una depresión, una etapa de gran exigencia personal o profesional... En esos casos, la sensación de vacío o desconexión puede proyectarse sobre la relación, cuando en realidad el malestar es mucho más amplio”, explica Mas, que aclara que en una crisis vital, cuando la persona se reencuentra a sí misma, el vínculo de la pareja puede recuperarse. 

No existen datos de las parejas que rompen cada día, pero unos 83.000 matrimonios se divorciaron y 3.600 se separaron en España en 2024, último año del que hay cifras disponibles. Desde la aprobación de la ley del divorcio en 1981, tras su prohibición durante la dictadura, el pico de divorcios en nuestro país se alcanzó en 2006 (con más de 126.000), después de que en 2005 se eliminara el requisito de la separación previa a la demanda de divorcio, que facilitó y abarató el proceso. La duración media de los matrimonios divorciados es de 16,4 años y la mayoría de los divorcios tienen lugar cuando los cónyuges tienen entre 40 y 49 años, es decir, no todas las rupturas ocurren de forma impulsiva. Muchas parejas llegan a ese punto después de décadas de historia compartida, lo que añade capas de complejidad emocional y familiar a la decisión de terminar.

Cuando una persona ya no sabe qué desea, qué necesita o quién es fuera de la relación, algo importante se ha ido diluyendo. Es fundamental que la pareja no sustituya a la identidad individual, sino que la acompañe

Adela Mas psicóloga

Para discernir si el amor se ha terminado, las expertas coinciden en la necesidad de hacer un ejercicio de honestidad profunda. “Es fundamental salirnos del ruido externo y atender nuestras emociones. No evitarlas, buscar dar pasos a favor de ellas y lograr congruencia entre lo que sentimos y lo que hacemos”, enfatiza la psicóloga Laura Ibarburu, especializada también en terapia de pareja.

Pérdida de identidad

“Perder la noción del ‘yo’ es una señal de alarma clara. Cuando una persona ya no sabe qué desea, qué necesita o quién es fuera de la relación, algo importante se ha ido diluyendo”, apunta Adela Mas sobre el discurso de Ambrossi. “Es fundamental que la pareja no sustituya a la identidad individual, sino que la acompañe”, aclara la psicóloga, que recomienda mantener espacios propios y vínculos externos, así como intereses personales diferenciados. “En terapia veo que muchas rupturas no vienen por falta de amor, sino por una fusión excesiva que acaba asfixiando: amar no debería implicar desaparecer”, resume. 

El malestar como norma

Las expertas consideran que un vínculo ha llegado a su fin cuando ya no existe el deseo de construir o reparar, sino únicamente de “resistir”. “En mi experiencia en terapia de pareja como psicóloga, una crisis de pareja puede resolverse cuando hay apertura y disposición al cambio”, aporta Ibarburu. 

“Una relación debe ser un refugio, no una carga”, explica Mas. Para ella, “una relación puede considerarse acabada cuando, aun habiendo intentado comprender, comunicar y poner medios, lo que queda ya no es vínculo, sino inercia”. Además, otros signos de que la relación es insostenible incluyen el hartazgo, el desprecio, las faltas de respeto, las discusiones constantes, la apatía o indiferencia hacia el otro y, por supuesto, la tensión o la agresividad. 

La desconexión emocional

Sentirse solo estando en pareja es una de las manifestaciones más claras de la desconexión emocional. “No sentirse visto ni valorado y la falta de contacto, no solo en la intimidad sexual sino en los pequeños gestos, agravan esa desconexión”, destaca Ibarburu. 

El enamoramiento inicial se transforma inevitablemente con el tiempo y la felicidad no puede ser un criterio absoluto para evaluar vínculos que, por su propia naturaleza, atraviesan etapas muy distintas. Un indicador revelador que presentan las psicólogas es la reacción ante la idea de la separación: “Si al imaginar una vida lejos de tu pareja sientes alivio en lugar de miedo o tristeza, es una señal potente de que el vínculo está agotado”, apunta Mas.

No sentirse visto ni valorado y la falta de contacto, no solo en la intimidad sexual sino en los pequeños gestos, agravan esa desconexión

Laura Ibarburu terapeuta de pareja

La comunicación como frontera

Antes de tomar una decisión definitiva, las psicólogas aseguran que una comunicación sincera puede ser reveladora. “Normalmente, tratamos de resolver los problemas por nuestra cuenta, sin hablar con nuestra pareja, ya sea por miedo, ‘a ver si se me pasa...’, ‘por los niños...’ o ‘por no preocupar’, pero esto genera mucho desgaste, aguantar sin decir nada es doloroso”, advierte Laura Ibarburu. “La comunicación en pareja es clave. Muchas veces el hecho de poder expresarse genera alivio e incluso puede ayudar a reconectar. Da la oportunidad de hablar a cada uno sobre cómo se siente, qué le gustaría cambiar y mejorar y de poder plantear diferentes opciones, entre ellas también acudir a una terapia de pareja”, destaca la psicóloga. 

La renuncia silenciosa

En respuesta a quienes evitan afrontar una separación surge el fenómeno conocido como ‘divorcio silencioso’ o ‘renuncia silenciosa’ (‘quiet quitting’ en inglés), que describe la situación en la que uno o ambos miembros de la pareja se desconectan emocional y físicamente, pero evitan una ruptura formal. “Por desgracia, hay gente que permanece en situaciones donde no es feliz. Muchas mujeres de generaciones anteriores han tenido que permanecer en situaciones así por dependencia económica. Por suerte, esto ha cambiado mucho”, valora Ibarburu. 

Si al imaginar una vida lejos de tu pareja sientes alivio en lugar de miedo o tristeza, es una señal potente de que el vínculo está agotado

Adela Mas psicóloga

Esta “renuncia silenciosa” se traduce en parejas que comienzan a hacer vidas separadas, que rebajan sus expectativas para reducir la decepción y centran su energía en sus hijos, amigos, trabajo o aficiones personales. “Veo situaciones de dependencia emocional, de miedo a la soledad, que llevan a permanecer en relaciones así, pero sin duda en la mayoría de los casos lo veo cuando hay hijos en común: el miedo a dañarles, a cómo les pueda afectar, a perder la proximidad y el vínculo con ellos”, señala la psicóloga, que recomienda buscar ayuda profesional para entender cada caso. 

De los 83.000 divorcios que se firmaron en 2024, el 54% tenían hijos, según datos del INE. “Hay que entender a cada persona con su situación concreta, con sus miedos, con las resistencias que se encuentra y los recursos de los que dispone... Pero es importante dar pasos hacia el bienestar personal, sintiendo menos culpa, menos vergüenza y sabiendo que si se sienten bien, sus hijos también se sentirán bien”, sugiere la experta, que cree que las palabras de Javier Ambrossi, “exponiéndose con valentía e incertidumbre”, dejan un buen aprendizaje: “Aceptar el dolor y dejarnos transformar por él”. “Ningún vínculo debería sostenerse a costa del bienestar personal”, concluye la psicóloga Adela Mas.

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