Cómo aplicar el método de la relajación progresiva, según una psicóloga: “Muchas personas acumulan tensión física sin ser plenamente conscientes”

El método sirve para diferenciar entre tensión y relajación.

Marta Chavarrías

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El estrés y la ansiedad no solo son algo que sufrimos mentalmente. Nuestro cuerpo también reacciona a las distintas amenazas que percibe y muchas veces lo hace con la tensión muscular. Lo sentimos en el cuerpo. Y es que nuestra mente y cuerpo están estrechamente conectados. Cuando sentimos ansiedad, el cuerpo puede tensarse casi sin darnos cuenta. Con el tiempo, esta tensión puede aumentar la sensación de fatiga y malestar. 

Y aquí es donde entra a jugar la relajación muscular progresiva, una técnica de reducción de la ansiedad que introdujo el médico estadounidense Edmund Jacobson en la década de 1930 y que implica alternar tensión y relajación en todos los grupos principales del cuerpo. 

Cómo diferenciar entre tensión y relajación

La relajación muscular progresiva es una técnica de relajación mente-cuerpo que puede ayudarnos a disipar esta tensión y aliviar el estrés. Como nos explica Isabel Espeso Curto, psicóloga del Centro de Psicología Psania, se trata de una “técnica psicológica que consiste en tensar y relajar de forma consciente distintos grupos musculares del cuerpo con el fin de aprender a reconocer la diferencia entre estar en tensión y estar relajado”. En esencia, implica trabajar los principales grupos musculares del cuerpo, tensándolos y relajándolos, y notando la diferencia con esta sensación. 

Es importante distinguir entre el estado tenso y el relajado, lo que nos ayuda a liberar la tensión de los músculos e identificar los puntos problemáticos a los que podemos prestar más atención. La psicóloga explica que, cuando estamos preocupados o estresados, “el cuerpo tiende a mantenerse en un estado de alerta: aumenta la tensión muscular, la respiración se acelera y resulta más difícil relajarse”. Espeso admite además que incluso en ocasiones probamos a “relajarnos mentalmente, pero cuerpo sigue activado”. 

“En consulta vemos con frecuencia que muchas personas acumulan tensión física sin ser plenamente conscientes: hombros encogidos, mandíbula apretada o rigidez en la espalda. Los ejercicios del método ayudan a tomar conciencia del cuerpo y a reducir gradualmente esa activación física”, reconoce Espeso.

“El objetivo principal de esta técnica es disminuir el nivel de activación del organismo y favorecer un estado de calma física”, admite la especialista, ya que lo que se persigue precisamente es “interrumpir ese círculo de tensión, aprendiendo a relajar de forma voluntaria el cuerpo”. La psicóloga admite que, con la práctica, es posible que “muchas personas empiecen a identificar antes las señales de tensión y a aplicar estrategias para reducirla”. Al tensar y relajar de manera consciente varios músculos se logra un equilibrio saludable entre las distintas partes del cuerpo.

Beneficios de la relajación progresiva

La relajación progresiva ofrece varios beneficios relacionados con el estrés. De acuerdo con esta investigación, practicar esta técnica durante 20 minutos diarios, de lunes a viernes, a lo largo de seis meses, reduce de manera significativa los niveles de cortisol, un indicador de estrés. Esto nos lleva a poder hablar de varios beneficios, que Espeso enumera en:

  • Disminución de la tensión muscular acumulada: esta técnica puede ayudar a aliviar el dolor y la tensión muscular al activar la respuesta de relajación del cuerpo, lo que estimula el flujo sanguíneo a las zonas tensas, y puede reducir la rigidez muscular.
  • Reducción de la sensación de estrés o nerviosismo: lo demuestran investigaciones como este estudio según el cual se produce una disminución notable en los marcadores de estrés después de la práctica regular.
  • Mayor conciencia de las señales corporales: al centrarnos en cada grupo muscular, esta técnica promueve la conciencia de las sensaciones físicas, lo que puede mejorar la conciencia corporal.
  • Mejora de la capacidad para relajarnos de forma voluntaria.

Además de todos estos beneficios, también podemos hablar de una mejor calidad del sueño y un mayor descanso. La técnica, reconoce Espeso, “favorece que el cuerpo pase de un estado de activación a uno más compatible con el sueño”. 

Practicar esta técnica antes de acostarnos puede ayudarnos a conciliar el sueño porque le dice al cuerpo que es hora de relajarse: al aliviar la tensión muscular y calmar la mente, la técnica facilita conciliar el sueño y reducir la inquietud. “Muchas personas sienten que su mente sigue ‘en marcha’ y el cuerpo continúa en tensión, de ahí que practicar esta técnica pueda ayudar a disminuir esta activación física y a que el organismo entre en un estado más propicio para dormir”, afirma Espeso.

Esto no significa, sin embargo, que cuando la dificultad para conciliar el sueño es frecuente o genera malestar sea recomendable “consultar con un profesional para valorar qué factores pueden estar influyendo”, advierte la psicóloga.

Cómo aplicar la relajación progresiva paso a paso 

La técnica consiste en liberar tensión adicional creándola primero, lo que ayuda a activar la respuesta de relajación. Se trabaja con un grupo muscular a la vez, de manera que cada grupo se tensa y se relaja varias veces. “En la práctica, la persona va recorriendo distintas zonas del cuerpo —manos, brazos, hombros, cara, abdomen o piernas—, tensando los músculos durante unos segundos y soltándolos después, prestando atención a la sensación de relajación que aparece”, explica Espeso.

¿Cómo podemos llevar a la práctica esta técnica? Para la psicóloga, una forma sencilla sería incorporar estos pasos: 

  • Buscar un lugar tranquilo donde podamos sentarnos o tumbarnos cómodamente durante unos minutos.
  • Realizar respiraciones lentas y naturales para que el cuerpo vaya reduciendo, de forma lenta, el nivel de activación.
  • Recorrer varios grupos musculares del cuerpo, empezando por las manos o los pies. 
  • Tensar los músculos durante unos cinco segundos y parar si sentimos dolor.
  • Soltar la tensión lentamente y observar la sensación de relajación.
  • Seguir con otras partes del cuerpo como brazos, hombros, cara, cuello, abdomen, espalda y piernas.

Cuando hayamos completado esta serie, “puede ser útil quedarnos unos instantes observando cómo sentimos el cuerpo y permitir que la sensación de relajación se mantenga”, reconoce Espeso, que admite que, al iniciarnos, puede ayudar “seguir una grabación guiada o dedicar unos minutos al día a practicar. Con el tiempo, muchas personas aprenden a aplicar este tipo de estrategias de forma más rápida cuando detectan que su cuerpo empieza a tensarse”.

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