Una experta en sueño, sobre la hora para tomar el último café del día: “Aumenta el estado de alerta y fragmenta el descanso”
El café puede ser un aliado imprescindible para empezar la jornada, pero también puede convertirse en el principal enemigo de una noche reparadora si se consume de manera tardía. En el Día Internacional del Sueño analizamos este hábito cotidiano que repercute directamente sobre nuestro descanso.
“La cafeína es un estimulante del sistema nervioso central. Su principal mecanismo es bloquear los receptores de adenosina, una molécula que se acumula a lo largo del día y genera presión de sueño”, explica la doctora María José Martínez Madrid, coordinadora del grupo de trabajo de Cronobiología de la Sociedad Española del Sueño (SES).
“Al bloquear esa señal, la cafeína reduce la sensación de cansancio y aumenta el estado de alerta”, advierte Martínez Madrid, lo que puede “retrasar la conciliación del sueño y reducir la profundidad del descanso”.
La regla de las ocho horas
A pesar de que para la doctora no existe una hora exacta universal a la que tomar el último café del día, sí hay una pauta clara basada en la biología. “Como orientación general, suele recomendarse evitar la cafeína al menos entre seis y ocho horas antes de acostarse”, aconseja.
Esto implica que, si una persona tiene planeado irse a la cama a las 23 horas, “lo prudente sería evitar café a partir de media tarde”, según Martínez Madrid. Esta recomendación de la experta se fundamenta en la farmacocinética de la sustancia: “La cafeína tiene una vida media aproximada de cuatro a seis horas, lo que significa que pasado ese tiempo todavía queda la mitad de la dosis en el organismo”.
Es importante destacar que se dan diferencias significativas al comparar cómo diferentes cuerpos reaccionan a la cafeína. “Factores como la genética, la edad, el embarazo, el consumo habitual de café, el tabaquismo o algunos medicamentos pueden hacer que el cuerpo la metabolice más rápido o más lento”, asegura la doctora. Así, algunas personas pueden ser más sensibles y notar los efectos incluso al consumir el café cumpliendo con ese margen de ocho horas.
Cantidad o calidad
Un error común es pensar que si logramos dormirnos rápido tras un café es porque no nos ha afectado. Sin embargo, Martínez Madrid advierte que “la cafeína puede reducir el sueño profundo y fragmentar el descanso”, lo que se traduce en un sueño mucho menos reparador.
Si tú también afirmas que duermes igual tras consumir cafeína, la experta te invita a poner el foco en valorar si también descansas igual, ya que la calidad estructural del sueño suele verse afectada. La recomendación es clara: vigilar el reloj antes de pedir la última taza del día para asegurar que nuestro cerebro realmente pueda desconectar y recuperarse.
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