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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Montero]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - David Montero]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La danza andaluza muestra su talento en el Maestranza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/danza-andaluza-muestra-talento-maestranza_1_8952758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ed8973c-9e9e-43e1-a2e9-747c643ce75c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1046737.jpg" width="3791" height="2132" alt="La danza andaluza muestra su talento en el Maestranza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La PAD quien organiza Vertebración que tendrá lugar en la Sala Manuel García del Teatro Maestranza de Sevilla los días 29 y 30 de abril con dos propuestas concebidas e interpretadas por mujeres: Rocío Barriga y Laila Tafur</p><p class="subtitle">Réquiem por el Mes de Danza: 26 años de una aventura que se perdió en el laberinto burocrático</p></div><p class="article-text">
        La danza contempor&aacute;nea en Andaluc&iacute;a vive un buen momento. Hay una variedad de artistas y propuestas que est&aacute;n cosechando &eacute;xitos y reconocimiento dentro y fuera de nuestra comunidad aut&oacute;noma. Iniciativas como los tristemente desaparecidos Mes de Danza en Sevilla o la MUDA en M&aacute;laga espolearon la creatividad y crearon redes que han dejado una herencia que prosigue su andadura. En este camino, es ejemplar la labor de la PAD (<a href="https://www.danza.es/danza.es/guia-danza/asociaciones/asociacion-andaluza-profesionales-companias-pad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asociaci&oacute;n de Profesionales y compa&ntilde;&iacute;as para el desarrollo de la danza en Andaluc&iacute;a</a>), que sigue, contra viento y marea, proponiendo iniciativas para vindicar y desarrollar el sector.
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                Rocío Barriga 2. Identidad Cuerpo Tierra EODS141                            </span>
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        Es precisamente la PAD quien organiza <em>Vertebraci&oacute;n </em>que tendr&aacute; lugar en la Sala Manuel Garc&iacute;a del <a href="https://www.teatrodelamaestranza.es/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Teatro Maestranza de Sevilla</strong></a> los d&iacute;as 29 y 30 de abril, llegando as&iacute; a su edici&oacute;n n&uacute;mero doce. Se mostrar&aacute; una propuesta cada d&iacute;a, las dos concebidas e interpretadas por mujeres: <strong>Roc&iacute;o Barriga</strong> y <strong>Laila Tafur</strong>. Ambas nos volver&aacute;n a demostrar que el cuerpo y su movimiento son elementos centrales de cualquier discurso esc&eacute;nico y que, m&aacute;s all&aacute; de prejuicios, asomarse a lo que la gente andaluza de la danza est&aacute; haciendo guarda gratas sorpresas para el p&uacute;blico no habitual: belleza y placer, humor gamberro, cuestionamiento y reinvenci&oacute;n de las formas de comunicar y contarse, calidad t&eacute;cnica y desobediencia. Esto parece un llamamiento al p&uacute;blico que no suele asistir a espect&aacute;culos de danza. Y lo es. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Dos miradas</strong></h3><p class="article-text">
        Con la idea de mostrar piezas que llevan un largo recorrido de ensayos e investigaci&oacute;n internos, pero no necesariamente terminadas, esta edici&oacute;n nos ofrece el viernes <em>Todo esto no es tradici&oacute;n</em><strong>,</strong> de la creadora sevillana Roc&iacute;o Barriga. Roc&iacute;o comenz&oacute; un proceso de investigaci&oacute;n sobre su linaje femenino, para &ldquo;entenderlas y entenderse a s&iacute; misma&rdquo;. En esa b&uacute;squeda se topa con que casi toda la informaci&oacute;n que encuentra es de sus antepasados masculinos y nada o casi nada de los femeninos. Descubre, adem&aacute;s, que hay una larga tradici&oacute;n militar en su familia. A partir de ah&iacute;, se plantea c&oacute;mo trasladar esa investigaci&oacute;n privada a la escena: &ldquo;encarnar lo militar, la ausencia y el dolor&rdquo;, pero no en busca del drama sino asumiendo el pasado y la herencia visible e invisible, bailando con ellas para &ldquo;transformar y transformarse&rdquo; a partir de ello. 
    </p><p class="article-text">
        En una fase posterior del trabajo, Roc&iacute;o trabaja con Sara S&aacute;nchez para hacer dialogar su cuerpo con la c&aacute;mara de la segunda, tambi&eacute;n muy interesada en los temas centrales de la investigaci&oacute;n: cuerpo, memoria, tradici&oacute;n, identidad. Adem&aacute;s, sigue desarrollando la investigaci&oacute;n sobre este Todo esto no es tradici&oacute;n en el m&aacute;ster en investigaci&oacute;n en danza del <a href="https://ap-arts.be/en/royal-conservatoire-antwerp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Royal Conservatoire de Antwerp</a> y de Singel en B&eacute;lgica. Y ahora siente que ha llegado el momento de compartir su trabajo con el p&uacute;blico, arropada por un equipo art&iacute;stico de confianza, pero sola en escena. Bueno, sola no, la acompa&ntilde;ar&aacute;n &ldquo;sus ancestros&rdquo;. &nbsp;
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        El s&aacute;bado, Laila Tafur nos muestra <em>Carne de canci&oacute;n</em>. La artista granadina, de la que hemos hablado <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/eldiario-espectador-solo-ver-danza_1_3069823.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>, est&aacute; desarrollando un trabajo sorprendente y gozoso a partir de subvertir ret&oacute;ricas, de desobedecer los caminos establecidos. Para ello, trastoca el formato habitual de la pieza de danza y nos sumerge en un concierto porque desea &ldquo;que al p&uacute;blico le pase lo mismo que cuando va a un concierto&rdquo;, que no se preocupe tanto de entender la historia o los conceptos de la propuesta, para lo que parece que hay que ser un entendido, sino de fluir y vibrar con lo que pasa en la escena. Para ello, empez&oacute; a jugar con teclados Casio y, sin una formaci&oacute;n reglada en m&uacute;sica, ha ido desarrollando un lenguaje personal en el que se mezclan la m&uacute;sica que ella hace con lo que &ldquo;a ella&rdquo; le hace la m&uacute;sica. El juego no est&aacute; re&ntilde;ido con el rigor art&iacute;stico, de hecho, Laila trata de romper esa disyuntiva en su trabajo: todos somos todo a la vez y tras las separaciones siempre laten los intereses del poder. 
    </p><p class="article-text">
        En esta pieza, Tafur sigue escapando de lo que ahora se llama zona de confort (y toda la vida se ha llamado rutinas, inercias) y, lejos de acomodarse en su s&oacute;lida t&eacute;cnica corporal y coreogr&aacute;fica, se arriesga a habitar lugares que la hacen vulnerable, a &ldquo;titilar entre el saber y no saber&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;amos, <em>Vertebraci&oacute;n </em>es un ejemplo m&aacute;s de que hay un plural y f&eacute;rtil abanico de personalidades en la danza andaluza que demuestra que, m&aacute;s all&aacute; de insuficiencia de los apoyos p&uacute;blicos, la obstinaci&oacute;n y el talento combinados con la solidaridad entre esa gran familia siguen dando hermosos frutos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/danza-andaluza-muestra-talento-maestranza_1_8952758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Apr 2022 18:50:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Danza,Andalucía,Sevilla,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un canto al teatro y a la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/canto-teatro-vida_1_8926515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49bbf99b-84e6-4b4c-83af-1055b0330938_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un canto al teatro y a la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'El público' es un texto, aún hoy, endiabladamente complejo de llevar a escena; pero la compañía, con Alfonso Zurro a los mandos, vuelve a demostrar que, desde la iniciativa privada, siguen dando ejemplo de lo que podría (y debería) ser un teatro público andaluz: rigor, buen hacer y ambición artística</p><p class="subtitle">Alfonso Zurro: “A los dramaturgos no nos tenía que dar miedo entrar en grandes temas históricos”</p></div><p class="article-text">
        El<a href="http://www.clasicodesevilla.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Teatro Cl&aacute;sico de Sevilla</a> contin&uacute;a su f&eacute;rtil y brillante trayectoria con una nueva incursi&oacute;n en un texto escrito en el siglo XX, tras su propuesta de <em>Luces de bohemia</em>. Se trata de<em> El p&uacute;blico </em>de <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/habitacion-no-pudo-encerrar-federico-garcia-lorca_1_8220012.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Garc&iacute;a Lorca,</a> fechado en 1930 e incluido en su &ldquo;teatro imposible&rdquo;. La compa&ntilde;&iacute;a ha aceptado el reto y ha hecho &ldquo;posible&rdquo; ese supuesto imposible, como ya hicieron Lluis Pasqual (1986-87), Ricardo Iniesta (2002) o Alex Rigola (2015). Se trata de un texto, a&uacute;n hoy, endiabladamente complejo de llevar a escena; pero la compa&ntilde;&iacute;a, con Alfonso Zurro a los mandos, vuelve a demostrar que, desde la iniciativa privada, siguen dando ejemplo de lo que podr&iacute;a (y deber&iacute;a) ser un teatro p&uacute;blico andaluz: rigor, buen hacer y ambici&oacute;n art&iacute;stica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La homosexualidad, tema central de la obra, es mirada aquí de frente y, por ello, se convierte en metáfora de todos los anhelos que pueblan la escena y, por tanto, la vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El impresionante despliegue de imaginaci&oacute;n visual que nos plantea la propuesta busca hacer accesible la pieza sin traicionar su aliento po&eacute;tico surrealista. El p&uacute;blico obliga a tomar mil decisiones dramat&uacute;rgicas y esc&eacute;nicas a quien decida montarla. Zurro recoge el guante que lanz&oacute; Lorca en 1930 y construye una pieza en la que el imaginario del dramaturgo granadino resplandece justamente porque el director lo hace suyo y se sumerge en sus propias fantas&iacute;as para extraer la belleza y el v&eacute;rtigo de abrir el escenario a la vida: amor, deseo, represi&oacute;n, violencia, miedo, plenitud y vac&iacute;o. La homosexualidad, tema central de la obra, es mirada aqu&iacute; de frente y, por ello, se convierte en met&aacute;fora de todos los anhelos que pueblan la escena y, por tanto, la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Un tel&oacute;n de flecos que se mueve por la escena adelante y atr&aacute;s y sobre el que se proyectan audiovisuales, dos practicables que son tumbas y peque&ntilde;os escenarios en el escenario y una mesa met&aacute;lica con ruedas son los elementos esc&eacute;nicos. Curt Allen, y Leticia Ga&ntilde;&aacute;n son capaces de hacer una propuesta escenogr&aacute;fica que a&uacute;na belleza y polivalencia, sin caer en la tentaci&oacute;n del exceso. Un impresionante trabajo de vestuario y caracterizaci&oacute;n sostiene la propuesta y los int&eacute;rpretes se entregan en una espiral de cambios que funcionan como un mecanismo de relojer&iacute;a para recorrer la amalgama de situaciones y personajes del original lorquiano. A ellos, se suman un espacio sonoro que va conduci&eacute;ndonos por el entramado de emociones y sensaciones que se despliegan, unos audiovisuales que refuerzan y desbordan la simbolog&iacute;a lorquiana y un portentoso trabajo de iluminaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un elenco sobresaliente</strong></h3><p class="article-text">
        El elenco al completo raya a gran altura y muestra cohesi&oacute;n y compromiso para transitar el viaje alucinante y alucinado que es <em>El p&uacute;blico</em>. Desde el sobresaliente trabajo de Juan Motilla como el director atrapado en su dualidad (miedo y deseo de libertad art&iacute;stica y vital), pasando por la descarnada interpretaci&oacute;n de Santi Rivera y Luis Alberto Dom&iacute;nguez, la contundencia y versatilidad de Piermario Salerno, &Iacute;&ntilde;igo N&uacute;&ntilde;ez, Raquel de Sola, Silvia Beaterio y Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo, hasta la preciosa fragilidad y el magnetismo esc&eacute;nico de Lorea &Aacute;vila, los int&eacute;rpretes hacen posible que este viaje nos interpele y nos emocione. Todo ello, como dec&iacute;amos m&aacute;s arriba, conducido con mano maestra por <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/alfonso-zurro-dramaturgos-grandes-historicos_1_5619012.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alfonso Zurro</a>, que sigue reinvent&aacute;ndose en cada nuevo proyecto y se enfrenta a<em> El p&uacute;blico</em> con la sabidur&iacute;a de un maestro y, al tiempo, con la pasi&oacute;n de un reci&eacute;n llegado. Su labor combina leves intervenciones textuales y un ingente (e invisible) trabajo dramat&uacute;rgico para navegar sobre el caudal surrealista sin sucumbir a lo arbitrario.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El p&uacute;blico, no el del t&iacute;tulo de la obra sino las personas que llenaron el <a href="https://icas.sevilla.org/espacios/teatro-lope-de-vega" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lope de Vega</a> en su cuarto d&iacute;a de representaci&oacute;n (otra virtud de este Teatro Cl&aacute;sico es haber creado un p&uacute;blico que colma el aforo de sus propuestas), aplaudi&oacute; en pie largamente al final de la funci&oacute;n en reconocimiento a un trabajo de muchos quilates. &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/canto-teatro-vida_1_8926515.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Apr 2022 07:45:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un canto al teatro y a la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Federico García Lorca,Sevilla,Andalucía,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lugar de las preguntas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/lugar-preguntas_1_8757932.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/01a95a42-1a2d-42c5-b7d8-c72c434de714_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El lugar de las preguntas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">elDiario de un espectador - El "espectador" David Montero ha visto 'Renacimiento' y 'Woolf'</p></div><p class="article-text">
        La tristura vuelve a Sevilla con su nueva propuesta, 'Renacimiento', concebida antes de la pandemia, pero estrenada inmediatamente despu&eacute;s y, por tanto, contagiada (valga la expresi&oacute;n) por ella. Seguro que algo cambi&oacute; en el espect&aacute;culo entre el 17 de abril de 2020 en que estaba previsto su estreno y julio de ese mismo a&ntilde;o en que finalmente se comparti&oacute; con el p&uacute;blico. El valor de un abrazo (darlo y recibirlo, pero tambi&eacute;n contemplarlo), la (im)posibilidad de acompa&ntilde;ar a tus seres queridos en sus &uacute;ltimos momentos, el sentido mismo de lo colectivo, sufrieron una sacudida y, con ellos, 'Renacimiento' se carg&oacute; de nuevos sentidos para quienes lo hacen y tambi&eacute;n para quienes nos sentamos en un patio de butacas a vivirlo. No es que todo se haya dado la vuelta como un calcet&iacute;n, pero hemos sido m&aacute;s conscientes de las grietas que ya estaban ah&iacute; y, aunque este tiempo sigue su carrera loca hacia ninguna parte, hemos visto las orejas del lobo. Lo que no est&aacute; tan claro es qu&eacute; vamos a hacer con ello. 
    </p><p class="article-text">
        Renacimiento es, al mismo tiempo, ahondamiento y variaci&oacute;n en la senda de la compa&ntilde;&iacute;a. Ahondamiento porque sigue trazando puentes entre la historia y la intrahistoria, entre lo &iacute;ntimo y lo p&uacute;blico, entre el ansia de revoluci&oacute;n y la complejidad del hacer en lo colectivo. Variaci&oacute;n porque, como el propio t&iacute;tulo de la obra indica, hay una reinvenci&oacute;n de lo que son y de lo que ser&aacute;n, una fe en que vivir es un continuo renacer. Permanecen la fricci&oacute;n entre un naturalismo radical (situaciones cotidianas y &ldquo;situacionismos&rdquo;) y su representaci&oacute;n, fricci&oacute;n inevitable en el teatro de nuestro tiempo; pero aqu&iacute;, m&aacute;s all&aacute; de la desconfianza por la vieja m&aacute;quina, por el bello animal aristot&eacute;lico, se impone un canto al oficio de la escena como imprescindible reliquia anal&oacute;gica entre tanta digitalizaci&oacute;n y virtualidad, como apuesta por lo humano frente a la deshumanizaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Paralelismos</strong></h3><p class="article-text">
        La dramaturgia nos propone un paralelismo entre varios momentos paradigm&aacute;ticos de nuestra historia democr&aacute;tica y el proceso de desmontaje de una obra y creaci&oacute;n de la siguiente. No hay, afortunadamente, alegor&iacute;a porque <em>los tristura</em> saben que la escena es el lugar de las preguntas y no de las respuestas simplificadoras; pero s&iacute; hay &nbsp;afirmaciones porque tambi&eacute;n saben que la escena es el lugar del deseo y los deseos colectivos, de la fe. Desde el arranque shakesperareano: si Ricardo III es el tirano, Richmond es el nuevo orden que cierra pero no necesariamente cura las heridas, hasta el final &eacute;pico y fr&aacute;gil a un tiempo, pasando por las conversaciones en medio de la oscuridad y la asamblea en la que se tratan de dirimir algunos asuntos inaplazables pero quiz&aacute; irresolubles, 'Renacimiento' parece asomarse a una de las grandes preguntas de nuestro tiempo. En palabras de Amador Fern&aacute;ndez Savater, &ldquo;entre el presente sin pasado (de la comunicaci&oacute;n) y el pasado sin presente (de la melancol&iacute;a), &iquest;c&oacute;mo escapar?&rdquo;. Una fe, quiz&aacute; ingenua pero tambi&eacute;n muy valiente, se impone al final del viaje en que los cuerpos de la veintena de int&eacute;rpretes se abrazan en c&iacute;rculo. 
    </p><p class="article-text">
        Este viaje, contrapunteado por las reflexiones en los textos proyectados de un &ldquo;yo&rdquo; nacido justo en el 75, se inserta en un prodigioso trabajo visual y de movimiento que extrae belleza de los procesos: las coreograf&iacute;as de la recogida de telones, los ensayos con la luz, etc. La caja teatral luce hermosa en su desnudez y acoge los movimientos de los int&eacute;rpretes y la maquinaria, revelando el milagro del hacer colectivo, el esplendor de ver a un grupo de personas, con sus heridas y sus dudas, colaborando para regalarle algo a los dem&aacute;s. El elenco, en el que se integran int&eacute;rpretes locales, parece llevar meses trabajando junto, y todos defienden sus roles con convicci&oacute;n (ejemplar la asamblea en la que replican el pulso real con sus interrupciones, ardor y momentos de silencio). 
    </p><p class="article-text">
        'Renacimiento' es una invitaci&oacute;n a seguir creyendo en que fundar un nosotros, aunque sea fr&aacute;gil y precario, es mejor que se&ntilde;alar un ellos que destruir; en que hay una esperanza que late en medio de la vida, porque es vida, a la que agarrarnos para seguir confiando en que otro mundo es posible y, quiz&aacute;, est&aacute; ya en &eacute;ste. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Una caligraf&iacute;a propia</strong></h3><p class="article-text">
        Entre la f&eacute;rtil y milagrosa (por la falta de apoyos) cosecha de la danza contempor&aacute;nea sevillana y andaluza actual hay una pluralidad de formas y sentires. Hay quienes han re(in)ventado los modelos de representaci&oacute;n mezclando alta y baja cultura, quienes han encontrado en el concepto un trampol&iacute;n para fundar un movimiento propio, quienes habitan las reformulaciones de la danza-teatro. Natalia Jim&eacute;nez, en cambio, ha trazado un viaje hacia la esencializaci&oacute;n de sus propuestas, ahondando en su propio movimiento hasta generar una caligraf&iacute;a singular. Woolf es un paso m&aacute;s en ese camino en el que la core&oacute;grafa jiennense parte del famoso ensayo de Virginia Woolf<em> Una habitaci&oacute;n propia</em> para desarrollar una indagaci&oacute;n f&iacute;sica y sonora sobre tensi&oacute;n y distensi&oacute;n y, a partir de ella, viajar al coraz&oacute;n del coraz&oacute;n de su danza. 
    </p><p class="article-text">
        Un piano sin tapa y unas telas de encaje que cuelgan son los &uacute;nicos elementos esc&eacute;nicos en, entre y con los que juegan las dos int&eacute;rpretes: la propia Jim&eacute;nez y la pianista Jordina Mill&aacute;. A ellos se suma el impecable trabajo de iluminaci&oacute;n de Irene Cantero y la dramaturgia del habitual colaborador de Natalia, Jos&eacute; Luis de Blas. A partir de ellos y de ellas, 'Woolf' es una llamada a ver la quietud que hay en el centro de todo movimiento y el movimiento que hay en el centro de toda quietud. O lo que es lo mismo, la vida que late en la muerte y viceversa. Hay algo de indagaci&oacute;n en el propio acto de moverse, de b&uacute;squeda del n&uacute;cleo &uacute;ltimo de la presencia. La creadora sigue desarrollando esa caligraf&iacute;a propia de la que habl&aacute;bamos m&aacute;s arriba a trav&eacute;s de diagonales (idas y vueltas al piano) en lo que se refiere a su relaci&oacute;n con el espacio y, en contraste, un movimiento en el que creemos ver el predominio de la espiral. 
    </p><p class="article-text">
        La belleza surge del sosiego, de la observaci&oacute;n de las tensiones y distensiones f&iacute;sicas y esc&eacute;nicas, de las transiciones entre dos islas que se miran (el movimiento de Jim&eacute;nez y el sonido de Mill&aacute;) y que, a veces, se hacen un solo ser.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/lugar-preguntas_1_8757932.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Feb 2022 16:58:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El lugar de las preguntas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El horror y la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/horror-memoria_1_8703338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af661ae9-2759-4a56-aff3-52baa069d08f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El horror y la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antonio de la Torre y uno de sus más habituales colaboradores en cine, el director andaluz Manuel Martín Cuenca, eligen ese tema para el regreso a las tablas del actor</p></div><p class="article-text">
        El exterminio por parte de los nazis de millones de jud&iacute;os y -en menor n&uacute;mero, pero proporcionalmente igual de aterrador- de gitanos, homosexuales y personas con capacidades diversas en campos de concentraci&oacute;n permanece como uno de los grandes temas de la literatura, al arte y el pensamiento a d&iacute;a de hoy. No es el &uacute;nico genocidio, ni siquiera el m&aacute;s numeroso, pero sus especiales caracter&iacute;sticas lo convierten en paradigma del horror y la inhumanidad.
    </p><p class="article-text">
        Antonio de la Torre y uno de sus m&aacute;s habituales colaboradores en cine, el director andaluz Manuel Mart&iacute;n Cuenca, eligen ese tema para el regreso a las tablas del actor nacido en M&aacute;laga. Parten de la entrevista que en 1976 Claude Lanzmann hace a&nbsp;Maurice Rossel, delegado de la Cruz Roja Internacional durante la Segunda Guerra Mundial. La conversaci&oacute;n no se incluy&oacute; el documental que el cineasta preparaba sobre el holocausto, la m&iacute;tica <em>Shoa,</em> que estren&oacute; en 1985; pero Lanzmann la estren&oacute; como una pel&iacute;cula independiente en 1996 y tambi&eacute;n public&oacute; en libro la transcripci&oacute;n de la entrevista. A partir de ellos, Felipe Vega realiza una dramaturgia en la que combina a un personaje ficticio, una periodista italiana, con dos reales: el propio Rossel y Primo Levi, jud&iacute;o superviviente de un campo de concentraci&oacute;n y que fue uno de los primeros y m&aacute;s importantes narradores del horror nazi. 
    </p><p class="article-text">
        El dispositivo es el mismo del original: la periodista ha citado a Rosell a&ntilde;os m&aacute;s tarde para preguntarle sobre sus informes, en especial, el que hizo tras visitar el campo de Theresienstadt. La diferencia es que ha querido que Primo Levi est&eacute; presente en la entrevista. La propuesta esc&eacute;nica respeta el original y sit&uacute;a la entrevista en la cafeter&iacute;a del Hotel Roma (lugar en que se suicid&oacute; Cesare Pavese). Un &uacute;nico espacio, un tiempo que transcurre sin elipsis, y se concentra en el combate verbal de los tres reputados int&eacute;rpretes. Esa es la apuesta de la pieza: no hay grandes efectos ni giros dram&aacute;ticos espectaculares, sino tres personas tratando de entenderse entre ellos y a s&iacute; mismas. Un sutil espacio sonoro, una iluminaci&oacute;n tenue y que juega con el claroscuro, y una escenograf&iacute;a hermosa y funcional (mesas y sillas de caf&eacute; centroeuropeo, un ne&oacute;n en el que se lee Hotel Roma, un tocadiscos y espejos que, quiz&aacute;, son met&aacute;fora de la dualidad ilusi&oacute;n-realidad). 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Tres miradas</strong></h3><p class="article-text">
        Cada uno de los personajes representa una postura ante lo ocurrido: la periodista que no vivi&oacute; el holocausto, pero que tiene claro todo lo que ocurri&oacute; gracias al minucioso estudio de la informaci&oacute;n hist&oacute;rica que maneja y, por tanto, desde el rigor, posee una verdad a la que quiere llegar; Primo Levi es la v&iacute;ctima que sobrevive de milagro al horror, lo cuenta y anda entre la desesperanza que le ha dejado ese horror y cavilaciones sobre qu&eacute; es la memoria; y Rosell, el hombre neutral que ten&iacute;a que dar informes en el momento y que, a toro pasado, se enfrenta a la acusaci&oacute;n de tibieza y hasta benevolencia con el r&eacute;gimen nazi. Sin llegar a los extremos de lo que Hanna Harendt bautiz&oacute; como la banalidad del mal en referencia al juicio de Eichmann (algunos individuos act&uacute;an dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos), Rosell se muestra como un hombre que sigue defendiendo el contenido de sus informes, lo que nos hace reflexionar sobre la actitud que adoptamos ante el horror cuando no nos toca directamente y lanza la pregunta de hasta qu&eacute; punto la neutralidad o cierta ceguera (voluntaria o involuntaria) son c&oacute;mplices de ese horror. 
    </p><p class="article-text">
        Los tres int&eacute;rpretes resuelven con solvencia sus roles. Mar&iacute;a Morales dota de emoci&oacute;n la b&uacute;squeda de la verdad de su personaje, Juan Carlos Villanueva encarna con solemnidad a Primo Levi y Antonio de la Torre propone un Rosell simp&aacute;tico y, sin embargo, herm&eacute;tico. El director de la pieza, a lo Hitchcock, se reserva un cameo como <em>hombre de paso</em> en los primeros minutos de la funci&oacute;n, sin que ello tenga incidencia sobre la acci&oacute;n. Primo, en el rato que se ausenta de la conversaci&oacute;n, permanece en la escena como s&iacute;mbolo de la conciencia imborrable del horror. La obra solo rompe la cuarta pared en los minutos finales, los int&eacute;rpretes se dirigen al p&uacute;blico para darnos un mensaje que, creo, ya estaba contenido en la propia pieza. 
    </p><p class="article-text">
        Segu&iacute; la funci&oacute;n con inter&eacute;s. La sutil amplificaci&oacute;n con micros de las voces de los int&eacute;rpretes les permit&iacute;a una dicci&oacute;n natural sin necesidad de esfuerzos. El di&aacute;logo fluye y evita el peligro de sonar &ldquo;a escrito m&aacute;s que hablado&rdquo; al jugar sabiamente los int&eacute;rpretes, en especial de la Torre, con intencionadas interrupciones y sutiles balbuceos que se parecen m&aacute;s al hablar coloquial que la emisi&oacute;n del texto impoluto. Sent&iacute; una leve desilusi&oacute;n en el cl&iacute;max por estar, desde mi punto de vista, atenuado: no hay enfrentamiento directo entre las dos fuerzas centrales de la obra, los dos testigos directos. Quiz&aacute; esa atenuaci&oacute;n es intencionada y pretende decirnos que no hay respuesta clara al asunto del que se trata. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un hombre de paso</strong> ha contado con la colaboraci&oacute;n en la producci&oacute;n del teatro Lope de Vega de Sevilla, que ha acogido su estreno absoluto, agotando las localidades en todas sus representaciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/horror-memoria_1_8703338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Jan 2022 10:55:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El horror y la memoria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Antonio de la Torre,Holocausto,Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menos opiniones y más canciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/opiniones-canciones_1_8614513.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e32b3eae-9135-4677-9a70-04a4077d421a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Menos opiniones y más canciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">elDiario de un espectador - Queremos reducir la realidad a algo simple, porque nos aterra su complejidad o somos ya incapaces de verla. Y no. Podemos contarnos simplificaciones, pero esas simplificaciones no van a cambiar la horrible y milagrosa complejidad de la vida colectiva</p></div><p class="article-text">
        Escribir implica proponer un peque&ntilde;o manual instrucciones de la vida, ya que propone un lugar desde el que mirar. Y eso hago en cada cr&iacute;tica que escribo. Aunque a m&iacute; no me gusta llamarlas as&iacute;, prefiero el nombre que, como me dijo Manuel Llanes, les daba Santiago Fontdevilla, cr&oacute;ticas (un mixto entre cr&iacute;tica y cr&oacute;nica). Este medio en el que escribo y me lees me ha permitido no tener que apresurarme a dar la opini&oacute;n de lo que veo, he podido dejar que lo vivido desde el patio de butacas se asimile. Creo que escribir sobre teatro as&iacute; es una apuesta de elDiario.es Andaluc&iacute;a por bajar un poco el volumen de decibelios en que la realidad parece estar instalada: todo el mundo tiene una opini&oacute;n de todo inmediatamente, esa opini&oacute;n es visceral y dibuja inevitablemente un nosotros y un ellos, un si no est&aacute;s conmigo est&aacute;s contra m&iacute;. Encima, todo lo que ocurre (el fallo de un juez, el suicidio de una famosa y, a veces, hasta una obra de teatro) es s&iacute;ntoma inequ&iacute;voco de un mal social y se usa como bandera ideol&oacute;gica de reivindicaciones que duran lo que dure el enfado o la tristeza por la &uacute;ltima noticia que sale a la palestra. Queremos reducir la realidad a algo simple, porque nos aterra su complejidad o somos ya incapaces de verla. Y no. Podemos contarnos simplificaciones, pero esas simplificaciones no van a cambiar la horrible y milagrosa complejidad de la vida colectiva.
    </p><h3 class="article-text">La memoria de la gente corriente</h3><p class="article-text">
        Es desde este lugar de sosiego que hablo de las cosas esc&eacute;nicas que he visto en el &uacute;ltimo mes. Y empiezo por el final. Por lo que vi el 17 de diciembre en la Sala B del Teatro Central. 'Una Playlist: Memoria de lo cantado'. Nunca aspiro a ser objetivo en lo que escribo. Es mi experiencia de ese d&iacute;a con la pieza y el poso que me deja luego lo que comparto. Pero aqu&iacute; a&uacute;n menos, porque las personas que estaban trabajando encima y alrededor del escenario son muy queridas para m&iacute;. Aunque, pens&aacute;ndolo bien, no ser&iacute;a la primera vez que me siento en un patio de butacas con deseo de que me encante la propuesta de gente a la que quiero y salgo escaldado. No fue el caso.&nbsp;
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                Una Playlist                            </span>
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        Una Playlist propone partir de la memoria de las canciones para dejar que en ella se cuele esa complejidad de la vida de quienes cuentan y recuerdan. Sin la necesidad actual de enarbolar banderas que simplifiquen las cosas de la que m&aacute;s arriba hablaba, la obra tiene una mirada feminista porque se&ntilde;ala el sordo estrago de los roles de g&eacute;nero en las vidas reales y concretas; y, adem&aacute;s, vindica la memoria de una generaci&oacute;n que ha atravesado y sostenido el v&eacute;rtigo de empezar viviendo una posguerra y su atroz dictadura hasta llegar a este presente loco en que la gente mira m&aacute;s las pantallas que a la vida. La memoria de la gente corriente cristaliza en la pieza, con ese toque machadiano que tanta falta nos hace reivindicar en esta Espa&ntilde;a de hoy: &ldquo;Son buenas gentes que viven, / laboran, pasan y sue&ntilde;an, /y en un d&iacute;a como tantos, / descansan bajo la tierra.&rdquo; O, en preciosas palabras de Santiago Alba: &ldquo;No puede ser noticia que una madre ha cambiado a rega&ntilde;adientes, sin un gramo de optimismo, los pa&ntilde;ales de su hijo y luego le ha besado el ombligo. La normalidad, que es bonachona, no est&aacute; en la historia y no hace la historia; remienda sus desaguisados y sostiene sus ruinas. Hace falta mucha ingenuidad para volver a empezar todos los d&iacute;as en un mundo tan malo; hace falta mucha ingenuidad para volver a encender el fuego, regar las flores, velar al enfermo.&rdquo;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La canci&oacute;n como m&aacute;quina del tiempo</h3><p class="article-text">
        No es que la obra hable <em>de</em> esa gente, sino que<em> en</em> la obra habla esa gente. Y uno de sus mayores aciertos es que Mercedes, Isa y Violeta se abren para contarnos siendo tambi&eacute;n gente, contituyen un nosotros fr&aacute;gil y precario y, desde &eacute;l, nos hablan.
    </p><p class="article-text">
        Los v&iacute;deos de las entrevistas (de Javi Vila / Pasolargo) son un prodigio de montaje que dialoga con la escena y la hace resplandecer. La fragilidad que trasminan los int&eacute;rpretes (las tres citadas y Javi y Raquel) nos reconcilia con este mundo loco. El espacio esc&eacute;nico convoca a la belleza de la sencillez y es muchos espacios sin ser ninguno (marca de las mejores escenograf&iacute;as, como &eacute;sta firmada por Julia Rodr&iacute;guez y Fran P&eacute;rez Rom&aacute;n), y recoge el eco de una de las m&aacute;s bellas im&aacute;genes que la obra nos regala: un grupo de personas bailando felices en una piscina vac&iacute;a, un adelanto del para&iacute;so y/o de la revoluci&oacute;n. Y ese es el final: el magn&iacute;fico Jos&eacute; Guapach&aacute;, Sebasti&aacute;n Orellana y Javier Delgado nos hacen un precioso bolero y, tras &eacute;l, todo el elenco queda bailando en ese azul claro (by Carmen Mori), que es agua y es cielo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al salir, tan machadiano como me puso el espect&aacute;culo, habl&eacute; para mis adentros con Don Antonio y le dije: a veces, adem&aacute;s de cantar lo que se pierde, se canta lo que se gana.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Hoy no es el d&iacute;a</h3><p class="article-text">
        Una semana antes vi 'Chapter 3: The Brutal Journey of the Heart', de la core&oacute;grafa Sharon Eyal. Ah&iacute; viv&iacute; la paradoja del espectador. Mi acompa&ntilde;ante, E, vivi&oacute; una hora de aut&eacute;ntico gozo, se contagi&oacute; del hermoso viaje sensual y festivo que la pieza propon&iacute;a. La miraba de reojillo y la sent&iacute;a temblar como s&oacute;lo se tiembla con la alegr&iacute;a de una obra que te maravilla. Yo, en cambio, apreciaba la belleza y la precisi&oacute;n t&eacute;cnica de la obra, pero no viajaba con ella. Quiz&aacute; no me cogi&oacute; un buen d&iacute;a: demasiadas cosas me ten&iacute;an preso y no pude dejarme llevar. Como advert&iacute;a en el principio de este art&iacute;culo, no es un nosotros contra ellos, no es un juicio taxativo de es bueno, es malo. Hay d&iacute;as que se da el milagro y hay otros que no. La culpa no es de la obra, no es m&iacute;a. Simplemente, ese d&iacute;a yo no era espectador para esa funci&oacute;n. Mejor rendirse al misterio, aceptar que, como cantaba Diego Carrasco, &eacute;se no fue el d&iacute;a de la buler&iacute;a y esperar mejor ocasi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La g&eacute;nesis del ballet flamenco</h3><p class="article-text">
        La semana anterior, es decir, el 3 de diciembre, fui al Lope de Vega a ver 'El sombrero', de Est&eacute;vez &amp; Pa&ntilde;os. Un ballet flamenco a partir de la vida de F&eacute;lix el Loco y su importancia en la creaci&oacute;n de El sombrero de tres picos, que fue uno de los primeros acercamientos entre el ballet cl&aacute;sico y la danza flamenca del siglo XX, por mor del empe&ntilde;o de Di&aacute;guilev y Massine, para el que reclutaron a Manuel de Falla. A partir de ello, se establece un di&aacute;logo entre ese primer abecedario que mezcla ambos lenguajes (ballet y flamenco) y todos los recursos coreogr&aacute;ficos y esc&eacute;nicos que ha acumulado el g&eacute;nero desde entonces.
    </p><p class="article-text">
        La obra va desgranando la peripecia de F&eacute;lix el Loco: desde su &ldquo;fichaje&rdquo; por los ballets rusos para nutrirse de su conocimiento del flamenco y el cl&aacute;sico espa&ntilde;ol hasta su enajenaci&oacute;n mental, precipitada seguramente por la frustraci&oacute;n de no actuar en El sombrero de tres picos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Disfrut&eacute; con el despliegue de recursos esc&eacute;nicos y coreogr&aacute;ficos. No hay escena que se resuelva rutinariamente, a todas se le saca el jugo. Menci&oacute;n especial en ello merece la incansable imaginaci&oacute;n en las propuestas de la iluminaci&oacute;n. Lo mismo ocurre con el trabajo musical. Es marca de la compa&ntilde;&iacute;a el cuidado y la coherencia hist&oacute;rica no s&oacute;lo del repertorio elegido sino de la manera de ejecutarlo. Hay muchas horas de escucha y estudio, mucha y buena documentaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El elenco al completo raya a gran altura; pero es inevitable destacar el trabajo de los propios Est&eacute;vez y Pa&ntilde;os, entregados y aportando cada uno lo mejor que tiene (esa danza vers&aacute;til, precisa y apasionada de Pa&ntilde;os; el carisma y dominio r&iacute;tmico y esc&eacute;nico de Est&eacute;vez) y, sobre todo, el absoluto compromiso del bailaor Alberto Sell&eacute;s con su personaje, F&eacute;lix, al que regala su prodigiosa t&eacute;cnica y, a&uacute;n mejor, una fragilidad que va haciendo veros&iacute;mil su camino hacia la locura y nos ayuda a empatizar con &eacute;l: esa inocencia que es vidrio que se va quebrando hasta romperse en mil pedazos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La figura de F&eacute;lix el Loco ya sirvi&oacute; de inspiraci&oacute;n a una propuesta de Javier Latorre, Mauricio Sotelo y Juan Manuel Ca&ntilde;izares en 2004 y, a&uacute;n antes, fue referente central en el primer espect&aacute;culo en solitario de Israel Galv&aacute;n, Los zapatos rojos.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/opiniones-canciones_1_8614513.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Dec 2021 04:30:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Menos opiniones y más canciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[elDiario de un espectador | Like a virgin (si una noche de otoño un espectador)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/eldiario-espectador-like-virgin-si-noche-otono-espectador_1_8542540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe7e17cb-ad61-4c38-b8f1-dc6d7edfe903_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="elDiario de un espectador | Like a virgin (si una noche de otoño un espectador)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">David Montero ha estado viendo las obras 'La Plaza' y 'Los Remedios'. De un "primer encuentro" al "constumbrismo sin contexto constumbrista"</p></div><p class="article-text">
        <strong>23.34 h. </strong>Has tomado unas cervezas en el bar del <strong>Teatro Central</strong> despu&eacute;s de ver La plaza de <strong>El Conde de Torrefiel</strong>. Te has encontrado con gente querida de la profesi&oacute;n (G, L, C, A, F, JL, N,&hellip;) y os hab&eacute;is puesto una mijita al d&iacute;a. Todos hab&eacute;is venido deseosos de ver por primera vez en Sevilla (ya era hora) a una de las compa&ntilde;&iacute;as m&aacute;s importantes del panorama esc&eacute;nico espa&ntilde;ol y europeo. Algunos, con suerte, ya la hab&iacute;an visto en Madrid, Barcelona o donde fuere. Otros, como t&uacute;, hab&iacute;ais le&iacute;do con admiraci&oacute;n 'Mierda bonita', la recopilaci&oacute;n de textos de <strong>Pablo Gisbert</strong> para la compa&ntilde;&iacute;a que comanda a medias con <strong>Tania Beyeler</strong> y hab&iacute;ais visto en v&iacute;deo sus trabajos. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora caminas de vuelta a casa y repasas el poso que te ha dejado la obra. Pasando por el puente de la Barqueta se te viene un t&iacute;tulo para resumir lo que has vivido: <em>Like a virgin</em>. S&iacute;, es la canci&oacute;n de Madonna del a&ntilde;o 84 que habla de una muchacha que atraves&oacute; un desierto (metaf&oacute;rico) y encontr&oacute; el amor, un amor que la hace sentir como una virgen a la que tocan por primera vez. T&uacute; escuchabas esa canci&oacute;n sin entender la letra y bailabas solo en el sal&oacute;n familiar con la m&uacute;sica <em>a toda hostia</em>. As&iacute;, y casi solo as&iacute;, sent&iacute;as algo parecido a una reconciliaci&oacute;n con la vida. Y no es que 'La plaza' te reconcilie con la vida, hay otras obras que s&iacute; lo hacen. Es m&aacute;s bien que durante los casi noventa minutos de funci&oacute;n, te has sentido como tocado por primera vez, descubriendo que este encuentro al que llamamos teatro o artes vivas o lo que sea sigue guardando posibilidades que no esperabas y te recuerda que cada encuentro verdadero es un primer encuentro. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.07 h.</strong> Tel&oacute;n echado. T&uacute; sentado para ver la funci&oacute;n. Llega G. Habl&aacute;is un poco. Tiene la butaca de justo delante. Cuando se est&aacute; haciendo el oscuro, aprovechas que no hay nadie y te sientas a su lado. El tel&oacute;n se levanta despacio, muy despacio. Hay un rect&aacute;ngulo perfecto de luces y flores en el escenario. Te resuenan en la memoria esos homenajes a v&iacute;ctimas en ciudades: tu salida a Sol desde el metro cuando hac&iacute;as un curso de teatro y no hab&iacute;as visto las noticias (a&ntilde;o 4 a. m: antes de tener m&oacute;vil), flores y velas pidiendo que no asesinaran a <strong>Miguel &Aacute;ngel Blanco</strong> y t&uacute; creyendo que estabas en una enso&ntilde;aci&oacute;n quijotesca (demasiado teatro); <strong>Lady Di</strong>; aquel bolo en Almer&iacute;a en que las mujeres con las que ibas lloraron ante el gran pescado que se construy&oacute; en memoria de <strong>Gabriel Cruz</strong>. Una lista de duelos fugaces por gente que no conocimos. La instalaci&oacute;n va teniendo sutiles transformaciones de luz. Tres o cuatro cosas te ocurren a la vez (por lo menos): tu cat&aacute;logo de recuerdos, el texto proyectado que te incluye en una ficci&oacute;n que es y no es lo que ves, el placer est&eacute;tico de mirar. Adem&aacute;s, los est&iacute;mulos escasos y espaciados te regalan la suavidad de abandonar el ritmo fren&eacute;tico de eso que llamamos vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.26 h. </strong>El tel&oacute;n baja, pero esto no es el final. El relato que arranc&oacute; con textos proyectados sobre el fondo prosigue pero ahora sobre el propio tel&oacute;n. Tras &eacute;l, adivinas una actividad fren&eacute;tica de gente retirando flores y luces. El ambiente sonoro que comenz&oacute; con la pieza no cesa, ni lo har&aacute; hasta el final; pero va mutando, provoc&aacute;ndote distintos estados. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.29 h. </strong>Se abre de nuevo el tel&oacute;n y aparecen personas sin rostro y el relato sigue. Os habla a todos, pero solo como si os hablara a cada uno de vosotros. Esa segunda persona tan dif&iacute;cil de sostener, de hacer cre&iacute;ble, se convierte en una de las dos voces de tu conciencia. Esa, que viene desde fuera, y otra que t&uacute; aportas, bailan un paso a dos. A veces, agarradas, otras cada una en su rinc&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.48 h.</strong> El relato que lees y lo que ves no guardan relaci&oacute;n directa. No hay ilustraci&oacute;n de los que se dice, no hay sincron&iacute;as. Bueno, s&iacute;. La hay fugazmente cuando se cita la m&uacute;sica que suena en tus/sus cascos. El paso a dos muta en paso a tres: tu voz, tu voz prestada (ese t&uacute; del texto), lo que ocurre en escena (ritmo lento, suave, hipn&oacute;tico, escenas cotidianas). Somos animales en busca de sentido y t&uacute; tratas de recomponer el puzle, de que las tres voces sean una. No lo son. Te pasa como en muchas <em>pelis</em> de <strong>Godard</strong>: la banda sonora y la visual no est&aacute;n de acuerdo y ese desacuerdo es provocaci&oacute;n para que tu lectura vaya m&aacute;s all&aacute; y tambi&eacute;n es met&aacute;fora de la lucha imposible por recuperar un sentido, creer en Dios o en los hombres y las mujeres, en un futuro, en que esto que vivimos es digno de llamarse vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.11 h.</strong> El discurso de tu voz prestada habla de porno, de un ni&ntilde;o muerto a martillazos en la escena, de un futuro que es este presente. Una escena te aterra. La chica dormida en medio de la calle y el peligro de su cuerpo ofrecido al capricho de quien pase y, por tanto, al horror. No hay morbo. No hay sensacionalismo. Solo el miedo espeso de la amenaza: el hombre es un lobo para el hombre, el hombre es dos lobos para la mujer.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
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                La Plaza&#039;, foto de ©brunosimao                            </span>
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        <strong>22.25 h</strong>. La pieza termina. No digas c&oacute;mo. Aqu&iacute; no cabe spoiler. No hay un desenlace que desvelar. Pero prefieres que quien te lee lo viva en la propia plaza. Se espera una conclusi&oacute;n tras el viaje, pero (afortunadamente) no la hay. Al menos, no como t&uacute; la esperabas. Tampoco hay ese rito del aplauso. Lo que ha pasado, te ha pasado solo a ti y te ha pasado por primera vez. Eras virgen y no lo sab&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>23.17 h. </strong>Cruzas la Alameda de H&eacute;rcules. Est&aacute; llena de personas que buscan desesperadamente la diversi&oacute;n, que quieren sentirse vivas y, otro s&aacute;bado m&aacute;s, sospechan que no lo van a conseguir. Las miras sinti&eacute;ndote levemente superior pero, sobre todo, lejos, muy lejos de sus afanes. El fin de semana que viene o el otro, t&uacute; ser&aacute;s uno de ellos y alguien te mirar&aacute; como t&uacute; los miras.
    </p><p class="article-text">
        23.57 h. Te has metido en la cama y lees esto: &ldquo;Ahora tengo, sin embargo, algo que decir: &iquest;S&eacute; acaso si esto es de la misma clase que lo dicho por otros? No lo s&eacute;. A cierto nivel, lo que yo digo no es lo mismo. A otro nivel, es definitivamente lo mismo, y no existe diferencia alguna entre lo que yo digo y lo que dicen los dem&aacute;s. Sea como sea, perm&iacute;teme que intente decirte lo que pienso&rdquo;<strong> .</strong>
    </p><h3 class="article-text"><strong>Viernes, 26 de noviembre</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>19.30 h. </strong>Te sientas a ver<a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/remedios-obra-viaja-anos-50-sevilla-triunfa-madrid-asoma-max_1_8203402.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> 'Los Remedios' </a>en un patio de butacas lleno de gente de Los Remedios. Por si alguien leyera este diario, est&aacute; bien que aclares que Los Remedios es una obra de la <strong>Compa&ntilde;&iacute;a Exl&iacute;mite</strong> y tambi&eacute;n (y no es casualidad) un barrio sevillano. Piensas que esto es como la ratonera de Hamlet, pero sin asesinatos (&iquest;o s&iacute;?). Empieza la funci&oacute;n. Calla, atiende y luego cuentas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.57 h.</strong> Ya es luego. Por eso cuentas que la obra es una autoficci&oacute;n que trata de hacer las paces con un pasado en el barrio que sus int&eacute;rpretes vivieron y no saben d&oacute;nde colocar. Y, en ese pasado, cristalizan sus linajes. Hay generosidad y valent&iacute;a para nombrar. Hay dos actores entregados y estupendos. Hay emoci&oacute;n que traspasa al patio de butacas. Piensas que la apuesta de usar elementos del costumbrismo (parodias de profesores del colegio en que estudiaron, reconstrucci&oacute;n de peleas familiares dom&eacute;sticas) en un contexto no costumbrista les ha salido de maravilla. 'Los Remedios' es un fen&oacute;meno que no para de crecer desde su estreno. El Premio Max Revelaci&oacute;n es la prueba, no la conclusi&oacute;n. A ti te gustaron especialmente el empe&ntilde;o por poner el cuerpo en el centro de ese asunto de la herencia familiar, la suavidad de Pablo en algunos matices de su interpretaci&oacute;n, la entrega a tumba abierta de Fernando, el compromiso de ambos en la impecable composici&oacute;n de los m&uacute;ltiples personajes, el uso de los elementos identitarios andaluces (sevillanos) sin solemnidad ni parodia. Adem&aacute;s, por el precio de una obra, te viviste tambi&eacute;n una especie de psicomagia colectiva (la mitad de los nombrados en la obra estaban en el patio de butacas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>23.12 h. </strong>Camino de casa, piensas que t&uacute; naciste en Triana, justo a lado de &ldquo;sus&rdquo; Remedios, quince a&ntilde;os antes. Como eres un pedantillo sensiblero, te acuerdas de un verso de Vallejo y lo parafraseas en voz alta: &ldquo;Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama teatro. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/eldiario-espectador-like-virgin-si-noche-otono-espectador_1_8542540.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Dec 2021 11:54:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[elDiario de un espectador | Like a virgin (si una noche de otoño un espectador)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Andalucía,Sevilla,Crítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El naufragio cotidiano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/naufragio-cotidiano_1_8471862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8e54d44-12bc-4877-8789-f696e8ea78c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1033854.jpg" width="3297" height="1855" alt="El naufragio cotidiano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Lo nunca visto' junta, por mor de las hipotecas y su sombra perversa -los desahucios-, a tres mujeres náufragas de sus propias vidas. La isla en la que se convierte el estudio de danza, que intentan que no cierre, será testigo de su lucha por seguir disfrutando de esto de la vida</p></div><p class="article-text">
        La Estampida es una compa&ntilde;&iacute;a que se est&aacute; labrando un camino singular en el panorama esc&eacute;nico nacional que ha sido reconocido por el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica, y con premios como El ojo cr&iacute;tico de Teatro 2020 o la nominaci&oacute;n al Max Revelaci&oacute;n. La inclusi&oacute;n de uno de sus espect&aacute;culos m&aacute;s exitosos en la programaci&oacute;n del Lope de Vega de Sevilla es una muestra m&aacute;s de la apertura que est&aacute; propiciando su director a otras voces y otras formas de hacer en la escena y sus alrededores. Una apertura a nuevos p&uacute;blicos y a que los asiduos del hist&oacute;rico teatro sevillano tengan oportunidad de asistir a propuestas de calidad y que escapan a lo que acostumbran. Y eso se respiraba el d&iacute;a que yo asist&iacute; a la funci&oacute;n: un p&uacute;blico diverso de habituales y menos habituales del Lope atentos a lo que La Estampida nos iba a proponer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        'Lo nunca visto' es el tercero de los cinco espect&aacute;culos que la compa&ntilde;&iacute;a ha estrenado hasta la fecha. Hay una apuesta com&uacute;n a todos ellos: &ldquo;Dar luz a los olvidados en la fiesta de los invisibles&rdquo;. Hay mucho de teatro popular en el doble sentido, sobre y para la gente llana: personajes e historias del pueblo que, adem&aacute;s, adoptan una apariencia sencilla. Ya se ha dicho muchas veces: alcanzar la sencillez implica un desaf&iacute;o t&eacute;cnico de altura, porque hay que esconder las costuras del traje que es todo artefacto teatral para que parezca natural. Esto es lo que pretenden, y consiguen, las tres actrices comandadas por Jos&eacute; Troncoso, que firma la dramaturgia y direcci&oacute;n, ayudados por el resto del equipo: mod&eacute;licos el trabajo de iluminaci&oacute;n, escenograf&iacute;a y vestuario.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las hipotecas y su sombra</strong></h3><p class="article-text">
        'Lo nunca visto' junta, por mor de las hipotecas y su sombra perversa -los desahucios-, a tres mujeres n&aacute;ufragas de sus propias vidas. La isla en la que se convierte el estudio de danza, que intentan que no cierre, ser&aacute; testigo de su lucha por seguir disfrutando de esto de la vida, aunque &eacute;sta a veces se pone bien <em>puta.</em> La cosa es que, para salvar su academia y tratar de ganas dinero, la maestra hace un llamamiento entre sus exalumnas. Se le ha ocurrido montar una obra con ellas y, as&iacute;, conseguir dinero. El problema es que solo aparecen dos, tan baqueteadas por la vida como ella (o m&aacute;s). Aun as&iacute;, inasequible al desaliento, tira <em>palante</em> con su obra, en la que se contar&aacute; al p&uacute;blico &ldquo;lo nunca visto&rdquo;: la vida de las tres. A trav&eacute;s de esa obra, conocemos los detalles de sus naufragios. Me viene otra vez el arranque de Ana Karenina: &ldquo;Todas las familias felices se parecen, las infelices lo son cada una&nbsp;a su manera&rdquo;. Pues algo as&iacute;: todas las vidas que flotan se parecen, pero las que naufragan lo hace cada cual a su manera. 
    </p><p class="article-text">
        Hay, inevitablemente, teatro dentro del teatro y tr&aacute;nsitos, a veces suave, otras seco, entre el drama y la comedia. Las actrices, bien dirigidas por Troncoso, evitan la tentaci&oacute;n del sketch que funciona pero mata la escena, de la risa que brota fuerte pero debilita el conjunto.&nbsp;No es f&aacute;cil hacerlo, porque cada una de las tres tiene recursos c&oacute;micos de sobra para&nbsp;tirar por la calle de en medio. Pero esa contenci&oacute;n es una forma de respetar a sus personajes. 
    </p><p class="article-text">
        'Lo nunca visto' entronca con lo mejor de teatro popular andaluz, pero encuentra un camino propio en esa mezcla de lo grotesco y lo tierno, en esos bucles de la palabra dicha que se desboca (que ya estaba en La Zaranda, pero tambi&eacute;n en Beckett), en una puesta en escena cuidada y precisa, que se&ntilde;ala sin subrayar las met&aacute;foras centrales de la funci&oacute;n: cuando m&aacute;s buscamos la luz, m&aacute;s nos hundimos en las sombras; todo parece teatro, pero duele como solo puede doler la vida. Como dej&oacute; dicho Foster Wallace &ldquo;toda historia de amor es una historia de fantasmas&rdquo;&ldquo;. Pues esta es una historia de tres mujeres que aman la vida, pero &eacute;sta no parece corresponderles. Quiz&aacute; te parezcan fantasmas, pero no lo son m&aacute;s que t&uacute; o yo. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las trampas de la identidad </strong></h3><p class="article-text">
        Como premio por haber ganado el pasado CENIT, se volv&iacute;a a presentar en TNT 'La tribu', obra del Colectivo Fango. Segunda parte de una trilog&iacute;a, 'La tribu' es una investigaci&oacute;n en torno a la identidad y la memoria. Cinco amigos se re&uacute;nen para comer juntos al aire libre y la conversaci&oacute;n, aparentemente banal, se va cargando hasta acabar por dejar caer las m&aacute;scaras de lo social y hacer emerger eso que nos ocultamos hasta a nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Los cinco int&eacute;rpretes se comprometen con el viaje que la pieza propone: desde un naturalismo dificil&iacute;simo de conseguir, y que logran sin duda, hasta la destrucci&oacute;n del lenguaje y las convenciones. Los relatos de violencia que se van colando durante la cena van cargando de tensi&oacute;n la cosa hasta el escalofr&iacute;o. Hay algo de bu&ntilde;ueliano del siglo XXI en la pieza: esa burgues&iacute;a atrapada en su propio reflejo, que se est&aacute; devorando a s&iacute; misma porque cree, ingenua, haber borrado la violencia y el horror en su entorno y no sabe que la verdadera y m&aacute;s aterradora violencia est&aacute; dentro de cada uno.
    </p><p class="article-text">
        Antes de terminar,<a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/eldiario-espectador-bello-animal_1_8383033.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> en la anterior entrega de este diario</a> os habl&eacute; de una pieza, 'Reestructuraci&oacute;n', y os adelantaba que en esta nueva entrega os contar&iacute;a m&aacute;s de &eacute;l. Ah&iacute; voy. Se trataba de un reto que me plante&oacute; <strong>Jorge Barroso &ldquo;Bifu&rdquo;</strong> dentro de su proyecto <em>Reestructurando los m&eacute;todos esc&eacute;nicos</em> incluido en el Banco de Proyectos Interregionales Magallanes ICC del ICAS. Me propuso participar en una comida en el restaurante Abantal de <strong>Julio Fern&aacute;ndez</strong>, el &uacute;nico restaurante de Sevilla con Estrella Michelin. Yo ten&iacute;a que tratar esa comida como si fuera un espect&aacute;culo esc&eacute;nico. Eso hice en la cr&oacute;nica que se public&oacute; hace poco m&aacute;s de un mes. Fue una experiencia muy nutritiva en todos los sentidos (los gastron&oacute;micos y los esc&eacute;nicos), ejemplo de una generaci&oacute;n de artistas de la escena sevillana que est&aacute;n ampliando y revisando las formas de hacer artes vivas. Que siga la fiesta. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/naufragio-cotidiano_1_8471862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Nov 2021 08:09:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El naufragio cotidiano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Sevilla,Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[elDiario de un espectador: El bello animal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/eldiario-espectador-bello-animal_1_8383033.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/575ab1a3-c24d-44ca-a71a-99834ea9e08c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="elDiario de un espectador: El bello animal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">David Montero celebra la vuelta de la escena con 100% de aforo y la nueva temporada del Teatro Lope de Vega de Sevilla, entre otras muchas cosas</p></div><p class="article-text">
        La temporada teatral sevillana est&aacute; arrancando y este a&ntilde;o hay un no s&eacute; qu&eacute; de alegr&iacute;a porque se ha vuelto a permitir el 100% del aforo y las medidas sanitarias por la COVID se van relajando. En ese contexto, el <strong>Teatro Lope de Vega</strong> estrena primera temporada &iacute;ntegramente dise&ntilde;ada por su <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/entrevista-carlos-forteza-teatro-no-debe-entretener-inspirar-transformar_1_6482561.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevo director, Carlos Forteza</a>. Ese teatro fue mi escuela como espectador. En su para&iacute;so, yo me enamor&eacute; de la cosa esc&eacute;nica, de ese milagro que es que unas personas se pongan frente a otras y les expliquen la vida y la muerte, aunque ellas tampoco la entiendan. Por eso, he vivido con especial tristeza la inercia que se instal&oacute; en &eacute;l durante demasiados a&ntilde;os: desde que abandon&oacute; el cargo <strong>Antonio &Aacute;lamo</strong> (con &eacute;l vi un <strong>Peter Brook</strong> y un <strong>Luca Ronconi</strong>) hasta que, al fin, y por concurso p&uacute;blico, ha asumido la direcci&oacute;n Forteza. Su programaci&oacute;n pinta muy bien. No solo por los nombres que incluye y su mirada sobre &ldquo;las artes esc&eacute;nicas como espacio de conflicto, de confrontaci&oacute;n proactiva y positiva de pensamientos&rdquo;, sino, sobre todo, porque hay alguien al mando con un criterio propio. Los mejores deseos, porque lo bueno que le ocurra a ese teatro ser&aacute; bueno para las artes esc&eacute;nicas de esta ciudad. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un paseo esc&eacute;nico</strong></h3><p class="article-text">
        Ahora s&iacute;, la inauguraci&oacute;n del Lope, su carta de presentaci&oacute;n en esta nueva etapa, ha sido una pieza de <strong>Emilio Rivas</strong> a la que el propio artista define como &ldquo;pieza en trayecto que se reinventa y cobra nuevo significado cada vez que llega a un lugar diferente&rdquo;. Se trata de un paseo por el edificio del teatro y sus alrededores en el que vamos con cascos y &eacute;l, su cuerpo y su voz, nos acompa&ntilde;an. A trav&eacute;s de este dispositivo, Rivas establece un di&aacute;logo a tres bandas (el espacio, el resto de los participantes y &eacute;l mismo) en el que somos testigos y c&oacute;mplices. 
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        Conozco la pieza y he visto alguna versi&oacute;n m&aacute;s de ella. Y me llama la atenci&oacute;n que, justo ahora, cuando Emilio Rivas nos confiesa una crisis personal y creativa que le hace dudar de si tiene sentido esto del teatro, este <em>Take a walk</em> se convierte en un canto hermoso y desgarrado a eso que solo el teatro puede ser: una belleza a mitad de camino entre la presentaci&oacute;n y la representaci&oacute;n. La obra se articula en varias escenas-paradas. Os cuento las que m&aacute;s han perdurado en m&iacute;: una ni&ntilde;a en el marco neobarroco del Casino leyendo el mon&oacute;logo de Hamlet (ser o no ser); Emilio vestido de monstruo a lo <strong>Maurice Sendack</strong> nos cuenta su tentaci&oacute;n de marcharse de la fiesta de la vida (eco del ser o no ser) en ese mismo para&iacute;so en el que yo me enamor&eacute; de esto del teatro; todos en el escenario escuchando que <strong>Jordi Farn&eacute;s</strong>, director t&eacute;cnico del Lope desde finales de los ochenta, elige como recuerdos perdurables los peque&ntilde;os momentos de encuentro con otras personas antes que las gestas art&iacute;sticas; el alzarse lento del tel&oacute;n y temblar con la belleza de ver, desde el escenario, la l&aacute;mpara del teatro a ras de suelo mientras suena L&acute;animale de <strong>Franco Battiato</strong>; la vida casi pura en el escenario, con alumnas de una escuela de voleibol entrenando con pelotas y red, y c&oacute;mo una bater&iacute;a va marcando un ritmo al que se integran los movimientos de las jugadoras: la vida se pauta al subir a escena para ser m&aacute;s viva; otra ni&ntilde;a, hermana de la que ley&oacute; a Hamlet, sosteniendo el miedo del monstruo que jugaba a ser el propio artista.
    </p><p class="article-text">
        Cuando todo termin&oacute;, entre los aplausos, hab&iacute;a un temblor de emoci&oacute;n, de agradecimiento por la generosidad de Emilio (vivir no es muy complicado, si puedes renacer despu&eacute;s), por su apuesta de mirar el animal que todos llevamos dentro y su fe en que encontrar&aacute;, encontraremos, motivos para seguir bailando en la fiesta de la vida.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las primeras preguntas&nbsp;&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        <em>Reestructuraci&oacute;n</em> cuestiona el concepto de lo esc&eacute;nico desde el primer momento. Esta tabula rasa es la mejor manera de acercarse a esto del teatro. Cuando digo teatro, digo escena, cuando digo escena, digo encuentro en y con lo colectivo. Si embargo, la pieza tiene una estructura clara: pr&oacute;logo, cuatro actos y ep&iacute;logo; pero aqu&iacute; se desprecian algunos de los recursos habituales de la escena (apagar la luz en el p&uacute;blico y encenderla en otro lugar, disuadir a los espectadores de que hablen durante la funci&oacute;n, los espectadores dejan de ser un todo indiferenciado y se dividen en peque&ntilde;os grupos a raz&oacute;n de sus afinidades). A cambio, cada escena es un est&iacute;mulo que se presenta para disparar la conversaci&oacute;n en esas peque&ntilde;as pandillas. Esta conversaci&oacute;n puede girar sobre la escena, dispararse a partir de ella o generar un par&eacute;ntesis de silencio. No importa. La obra contin&uacute;a con el peso de lo real, lo palpable.
    </p><p class="article-text">
        Esas presentaciones le dan un tono brechtiano a lo que vemos: un maestro de ceremonias que no siempre es el mismo (tres personas comparten ese rol) nos informa de lo que va a suceder a continuaci&oacute;n. Ese juego de anticipaci&oacute;n s&iacute; que entronca con uno de los n&uacute;cleos duros del drama, la iron&iacute;a tr&aacute;gica. Cuento lo que es eso para las no iniciadas: el p&uacute;blico sabe m&aacute;s que todos o algunos de los personajes. Es el recurso de todas las pelis de miedo en las que nos ense&ntilde;an d&oacute;nde est&aacute; escondido el asesino para que luego suframos cuando la v&iacute;ctima se acerca a ese lugar.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de ello, esta pieza me lleva inevitablemente a las primeras preguntas, esas que siempre nos acompa&ntilde;an, aunque las respuestas que les damos vayan cambiando: &iquest;qu&eacute; es teatro?, &iquest;qu&eacute; estoy realmente seguro de que no lo es?, &iquest;para qu&eacute; sirve si es que a&uacute;n sirve para algo? Me acuerdo de unas palabras de Pedro G. Romero que me he tenido que aprender hacer poco: &ldquo;Recuerda a &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez diciendo que el &uacute;nico arte, la &uacute;ltima situaci&oacute;n que nos queda es una buena comida y unas copas con los amigos.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        He sido intencionadamente ambiguo con este espect&aacute;culo. En la pr&oacute;xima entrega de este diario os cuento m&aacute;s de &eacute;l y os desvelo alguna sorpresa.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Antes todo este campo era campo</strong></h3><p class="article-text">
        Casi fuera de espacio y tiempo, no me resigno a dejar fuera el concierto de Isabel do Diego (heter&oacute;nimo del artista Juan Diego Calzada) en el Teatro Central dentro del ciclo Flamenco viene del Sur. Es una magn&iacute;fica noticia que este ciclo se abra a otras est&eacute;ticas y p&uacute;blicos dentro de ese caj&oacute;n desastre (a mucha honra) que es lo flamenco. Eso s&iacute;, el nombrecito me sigue dando repeluco: el flamenco no viene, m&aacute;s bien va, y no s&eacute; bien qu&eacute; sea el sur al que mientan. 
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, la propuesta de Isabel do Diego me entusiasm&oacute; ya al escucharla: coger elementos del folklore y el flamenco, mezcl&aacute;ndolos con electr&oacute;nica y arte sonoro en una reelaboraci&oacute;n que escapa (gracias Dios y su <em>cu&ntilde;ao</em> Lorenzo) a cualquier orgullo identitario andaluz. Ahora, la puesta en escena amplifica el discurso porque encarna y pone en la grieta los conceptos que la artista maneja: g&eacute;nero, ciudad, tradici&oacute;n&hellip; Porque en toda ciudad hay un campo, en toda tradici&oacute;n vanguardia, en todo centro una periferia, en toda mujer un hombre, en toda vida una muerte. Y <em>viceversas</em>.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/eldiario-espectador-bello-animal_1_8383033.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Oct 2021 17:14:35 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dame una F y dame una E]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/dame-f-dame-e_1_7275526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3975b4ef-ffc6-45ce-85d2-3ca425a013a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dame una F y dame una E"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vuelve 'elDiario de un espectador' de David Montero "como primer peldaño para la recuperación de la fe y homenaje a quienes, en mitad del naufragio que está siento esta pandemia, han seguido cuidando y sosteniendo los cuerpos y las almas"</p></div><h3 class="article-text"><strong>17 de febrero</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>17.47 h. </strong>Hace un a&ntilde;o justo a esta misma hora escrib&iacute; mi &uacute;ltima entrada de 'elDiariodeunespectador'. Dec&iacute;a: &ldquo;He buscado la etimolog&iacute;a de espectador y dice que viene del lat&iacute;n spectare (observar, esperar). &iquest;Qu&eacute; observo? &iquest;Qu&eacute; espero?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, no pod&iacute;a imaginar lo que iba a observar y esperar semanas despu&eacute;s. &iquest;Qu&eacute; os voy a contar que no sep&aacute;is? Pandemia, confinamiento, normalidades raras, curva de contagios, miedo y cosas as&iacute;. Desde entonces, mi diario y el espectador que soy quedamos en una extra&ntilde;a suspensi&oacute;n. Luego, los teatros reabrieron y yo volv&iacute; a ser espectador. Sin embargo, hasta hoy, hab&iacute;a guardado silencio al respecto. Me he dado cuenta de que lo he hecho porque estaba perdiendo la fe. Escribir es siempre una tentativa de rescatar cosas del naufragio de lo cotidiano, y este diario era un acto de fe en la escena y en la vida, en ti y en m&iacute;, en que es posible el encuentro, en que existe un nosotros que el teatro funda o inventa. As&iacute; que vuelvo a escribir este diario. Valga este peque&ntilde;o recopilatorio como primer pelda&ntilde;o en la recuperaci&oacute;n de mi fe y homenaje a quienes, en mitad del naufragio que est&aacute; siento esta pandemia, han seguido cuidando y sosteniendo los cuerpos y las almas, invent&aacute;ndose la fe aunque no la tuvieran, obstin&aacute;ndose en seguir con la vida mientras todo pasa. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>19.12 h. </strong>Me siento en mi sill&oacute;n amarillo y me acuerdo de '<strong>Mi madre muerta'</strong>. Era el trabajo de la bailarina y core&oacute;grafa <strong>Greta Garc&iacute;a</strong> y su madre, la escultora <strong>Anna Jonsson</strong>. La obra es un paso a dos entre una gigantesca escultura (obra de Anna) y Greta. Vemos un duelo que la protagonista necesita y se niega a hacer al mismo tiempo. Hay guasa, danza, gru&ntilde;idos, negaci&oacute;n, rituales inventados que no parecen aliviar el dolor. Al final, las m&aacute;scaras caen y Greta canta con un hilo de voz una canci&oacute;n de Elvis y parece rendirse a la tristeza de la p&eacute;rdida.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>21.12 h. </strong>Estoy batiendo un huevo en la cocina mientras me hago otro viaje en el tiempo y el espacio hasta llegar al 7 de febrero a las 12h de la ma&ntilde;ana en la sala B del Central. Acaba de terminar '<strong>Desayuna conmigo' de Iv&aacute;n Morales</strong>. La obra me ha dado una de cal y otra de arena. Los personajes se mueven en el l&iacute;mite entre el absurdo y la ternura. Y me parece que, a veces, no acierta en el tono. Otras, da en la tecla y me hace sentir que est&aacute;n hablando de nosotros, de nosotras, y de este lugar raro en el que estamos tantos: no nos han funcionado los modelos de amor que aprendimos y estamos inventando otros nuevos. Y, a veces, los nuevos tienen todo lo malo de los de antes y una mijita de consumismo. Los cuatro int&eacute;rpretes son generosos y se entregan a la emoci&oacute;n sin freno de mano. Son valientes y talentosos. Y ante eso, yo me rindo y aplaudo. 
    </p><h3 class="article-text">21 de febrero</h3><p class="article-text">
        <strong>16.03 h.</strong> Estoy esperando a A en plaza de San Marcos. Ambos somos dramaturgos y residentes en Sevilla; pero no vamos a un apartamento en Torrevieja, do&ntilde;a Maira. No. Hemos quedado para ver en <strong>La Fundici&oacute;n</strong> la pieza de otro dramaturgo, &eacute;ste no reside en Sevilla: <strong>Paco Zarzoso</strong>. Por el camino, hablamos de dramaturgia, o sea, de la vida. De eso va la dramaturgia. &iquest;Qu&eacute; os pensabais? 
    </p><p class="article-text">
        <strong>17.12 h. </strong>Paco est&aacute; en escena. Normalmente, escribe y dirige, pero no interpreta. Pero aqu&iacute;, en '<strong>La piedra y la encrucijada'</strong> s&iacute; lo hace. Es entra&ntilde;able y honesto. No se disfraza de actor ni es autocomplaciente. Su mujer, que s&iacute; es actriz, aparece por sorpresa y le dice verdades de las que duelen e iluminan. Hay que ser muy valiente para abrirse as&iacute; en canal delante de nosotros (las verdades que ella le dice son las que &eacute;l escribi&oacute;, claro). Por eso y porque Zarzoso escribe muy bien y se arriesga a inventar un lugar propio, esa diatriba de ella se transforma en un canto de amor a este oficio extra&ntilde;o de la escena, a su voluntad de resistir en mitad de la ruina o la desesperanza. La obra termina. A y yo aplaudimos con ganas porque hemos visto teatro de verdad. Y eso no es f&aacute;cil. 
    </p><h3 class="article-text">25 de febrero</h3><p class="article-text">
        <strong>17 h. </strong>X y yo nos sentamos en la Sala B del Central a ver el pen&uacute;ltimo ensayo de '<strong>El ardor'</strong>, lo nuevo de <strong>Alberto Cort&eacute;s</strong>. Creo que Alberto es una de las mejores cosas que le ha pasado a la escena andaluza en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Y esta pieza es la primera en la que estar&aacute; solo (o casi) en escena. Pens&aacute;ndolo bien, en escena nunca se est&aacute; solo. Como m&iacute;nimo, te acompa&ntilde;an tus fantasmas, tu deseo de ser amado, tu memoria y tu miedo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>17.46 h.</strong> El ardor invoca a la gente que la sociedad orilla o ignora: adolescentes y ancianas. Esa misma gente a la que la pandemia ha se&ntilde;alado: a los segundos por ser los m&aacute;s vulnerables a la enfermedad, a los primeros porque las restricciones nunca piensan en ellos y se les acusa de irresponsables. As&iacute;, Alberto se hace su profeta y trata de darles voz. Clama por la inmortalidad y contra la socialdemocracia. Hay humor y discursos y Alberto pone el cuerpo siempre para no estar nunca por encima del bien y del mal. Es un profeta herido, un hombre que es tambi&eacute;n mujer y adolescente y anciano, que es inmortal y est&aacute; muriendo en este instante. Hay verdiales y travestismo, hay poes&iacute;a y silencio, hay un vampiro y un ni&ntilde;o de primera comuni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;18.02 h.</strong> Alberto y su equipo han depurado los elementos hasta ir al tu&eacute;tano del asunto. No hay adornos ni concesiones. Por eso, 'El ardor' es un concentrado que te llega directamente a las venas, como un chute de los que cantaba Burroughs. Y ah&iacute; se queda para seguir haciendo su tarea. Y es que cuando la escena es digna de ese nombre, se derrama en la vida &nbsp;y la intoxica para transformarla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>18.24 h.</strong> X y yo cruzamos el puente de la Barqueta. Deseamos muchas cosas que no son para este diario, pero una que s&iacute; lo es: que 'El ardor' se vea en muchos escenarios porque <span class="highlight" style="--color:white;">tiembla de preguntas, fe y heridas. Y para eso existen la escena, el patio de butacas y la vida. Miro a X, miro el r&iacute;o. Siento nacer dentro algo parecido a la fe y lo dejo crecer.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/dame-f-dame-e_1_7275526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Mar 2021 19:19:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dame una F y dame una E]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Sevilla,Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contagio 2: mientras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/contagio_1_1222002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5bdec727-dcff-44e3-990e-be9a4f84d386_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contagio 2: mientras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si no contextualizamos los procesos de aprendizaje y el entorno en que la gente vive y ha vivido, si no somos capaces de entender lo que pasa mientras a nosotros nos pasa lo que nos pasa, estaremos errando el juicio. También agrandaremos las brechas y, por tanto, la discriminación por raza, sexo y condición económica y social. Y, tras eso, asoman peligros y abusos terribles.</p></div><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana, mientras tend&iacute;a ropa, se me ha ocurrido este t&iacute;tulo para lo que estamos viviendo: <em>&Aacute;spera primavera sin lujuria y (casi) sin azoteas.</em> Y despu&eacute;s me he sentado a escribir esto. Ten&iacute;a pensado hablar de mi cotidianidad: la alegr&iacute;a de leer e inventar a tiempo completo, el hablar solo y re&iacute;rme de mis idioteces m&aacute;s que nunca, de mis pintas en calzones frente a la pantalla haciendo ejercicios aer&oacute;bicos de tutoriales que nunca pens&eacute; seguir. Tambi&eacute;n iba a hablar de mi incertidumbre y mi precariedad; de c&oacute;mo las ayudas que plantea el Gobierno me dejan fuera porque no he perdido el trabajo <em>directamente</em> por el coronavirus, ya lo hab&iacute;a perdido antes (y a ver qui&eacute;n es el guapo o la guapa que encuentra ahora trabajo); de que mi madre est&aacute; comiendo un poco m&aacute;s. Pero no lo voy a hacer porque he le&iacute;do algunas palabras que no me quito de la cabeza. Las he le&iacute;do en las redes, mis redes, ese lugar en que s&oacute;lo hay gente que piensa como yo. All&iacute; donde nos reafirmamos o indignamos juntas. Seguro que alguien sentado ahora mismo en una habitaci&oacute;n parecida a la m&iacute;a teclea un art&iacute;culo en las ant&iacute;podas de &eacute;ste que t&uacute; lees. Ese alguien piensa distinto a nosotras -para empezar no entiende por qu&eacute; escribo nosotras si soy un hombre- y habr&aacute; encontrado en las redes, sus redes, las mismas palabras que a m&iacute; me indignaron y pensar&aacute; que son necesarias.
    </p><p class="article-text">
        Esas palabras resultan contagiadas de estupidez (torpeza notable en comprender las cosas, seg&uacute;n la primera acepci&oacute;n de la RAE) y de una interesada simplificaci&oacute;n de las complejidades de la realidad. Por eso, no quiero reproducirlas. Es como si fueran a contagiarme. Y no son las &uacute;nicas. El asunto es la dificultad de que en ciertos barrios se respete el confinamiento y qu&eacute; hacer con eso. Las cosas que he le&iacute;do me han llevado a la indignaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, mientras rumiaba mi indignaci&oacute;n, escuch&eacute; un fandango de <strong>Sordera de Jerez</strong> que dice: <em>&ldquo;En el Barrio de Santiago, / dicen que han puesto un letrero./ Como yo no s&eacute; leer,/ ni hago caso ni me entero; / por qu&eacute; pintan la pared.&rdquo;</em>&nbsp; Las leyes las escriben quienes deciden y no todo el mundo las sabe -ni las tiene que saber- leer. <strong>Todo centro inventa una periferia, para idealizarla o culpabilizarla. Toda periferia inventa un centro al que oponerse y del que defenderse.</strong>
    </p><h3 class="article-text">Agrandar la brecha</h3><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as recuerdo mucho un poema de <strong>G&uuml;nter Eich</strong> que me descubri&oacute; <strong>Juan Antonio Berm&uacute;dez</strong>: &ldquo;<em>Los casta&ntilde;os florecen./ Tomo nota,/ pero me abstengo de opinar&rdquo;.</em> Me recuerda que, mientras estoy aqu&iacute; tecleando, un p&aacute;jaro estar&aacute; polinizando un arbusto, cisnes pasean por los canales de Venecia, un lobo estar&aacute; desgarrando el cuello de un conejo, una mujer construye un parque imaginario para su hija, alguien muere solo en un hospital. Quiz&aacute; por eso, pienso que mientras yo iba al colegio y aprend&iacute;a ciertas normas de comportamiento y convivencia, mi madre me preparaba la comida; pero tambi&eacute;n, otro ni&ntilde;o tan ni&ntilde;o como yo, se buscaba la vida para llenar el est&oacute;mago porque en su casa no hab&iacute;a para comer. No quiero tocar la fibra sensible. No hablo desde la indignaci&oacute;n -ya la rumi&eacute;- ni quiero provocar l&aacute;stima. Lo que quiero decir es que,<strong> si no contextualizamos los procesos de aprendizaje y el entorno en que la gente vive y ha vivido, si no somos capaces de entender lo que pasa mientras a nosotros nos pasa lo que nos pasa, estaremos errando el juicio</strong>. Tambi&eacute;n agrandaremos las brechas y, por tanto, la discriminaci&oacute;n por raza, sexo y condici&oacute;n econ&oacute;mica y social. Y, tras eso, asoman peligros y abusos terribles.
    </p><p class="article-text">
        Soy indulgente con quienes est&aacute;n teniendo que tomar decisiones estas semanas. Buscar un equilibrio razonable entre salud p&uacute;blica, seguridad y libertad me parece casi imposible porque todo es dif&iacute;cil, nuevo, incierto. Pero insinuar una especie de cord&oacute;n sanitario en ciertos lugares, impermeabilizar una parte de las ciudades respecto a otra,<strong> cerrar a&uacute;n m&aacute;s el gueto es, no s&oacute;lo irresponsable, sino como esta crisis sanitaria est&aacute; demostrando, imposible.</strong> Todas (las personas) estamos juntas en esto. Nosotras y ellas. Las del centro y las de la periferia, las del primer mundo y las del quinto piso, las privilegiadas (aunque precarias) como yo y las que no lo son, las que le&eacute;is este art&iacute;culo y las que nunca lo har&aacute;n. No es buenismo, no.&nbsp; Se llama humanidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/contagio_1_1222002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2020 19:15:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contagio 2: mientras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contagio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/contagio_1_1008814.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6770133-6593-4fa8-9f88-e2fd3c574107_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contagio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Anoche fui a casa de mi madre a intentar que comiera. Está en la cama y, cuando llego, me mira entre perpleja, resignada y guasona. Tras darle un beso, le expliqué lo que está ocurriendo: "Mamá, no sabes la que hay liada ahí fuera. Hay una pandemia y estamos todos encerrados en nuestras casas" Mi madre, por primera vez en semanas, empezó a reír.</p></div><p class="article-text">
        La &uacute;nica persona a la que toco desde que se decret&oacute; el estado de alarma no sabe qu&eacute; es el Coronavirus, ni siquiera que hay estado de alarma y puede que no tenga demasiado claro qui&eacute;n soy. Esa persona es mi madre y no vive en la misma casa que yo. Mi madre, ya lo he dicho en estos diarios, tiene alzh&eacute;imer y necesita que la cuiden, que la cuidemos. Por eso, me est&aacute; permitido salir de mi casa, coger la bici y atravesar calles desiertas hasta llegar a la suya.
    </p><p class="article-text">
        Dos semanas antes de que esto empezara, me pas&eacute; toda la tarde y parte de la noche con mi madre en urgencias. Acababa de tener un desmayo con convulsiones y hab&iacute;a que hacerle pruebas. Mi idea era contaros en mi diario de un espectador sobre ese d&iacute;a: lo que pens&eacute; y sent&iacute;, lo que pas&oacute; y lo que no pasaba. De hecho, estaba cansado de ir a los teatros, de hablar de ellos. Y me hab&iacute;a prometido darme el mes de marzo de descanso teatral y contaros en este diario del teatro de la enfermedad, el de la alegr&iacute;a, el desconcierto: el de la vida en s&iacute; misma. Y la vida, esa humorista sin piedad, nos sorprende con un estado de alarma. As&iacute; que ya no es voluntaria mi ausencia de los teatros, ni original. Y esas agotadoras doce horas en urgencias est&aacute; tan lejos que casi parecen inventadas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, este diario, como todos, es el diario de un n&aacute;ufrago, porque todos lo somos y estamos en islas (quienes tenemos un techo) o en trozos de nada a la deriva (a quienes no lo tienen). El paso del tiempo nos hace sentir las islas cada vez m&aacute;s peque&ntilde;as y las derivas cada vez m&aacute;s inciertas.&nbsp; &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Anoche fui a casa de mi madre a intentar que comiera. Est&aacute; en la cama y, cuando llego, me mira entre perpleja, resignada y guasona. Tras darle un beso, le expliqu&eacute; lo que est&aacute; ocurriendo:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Mam&aacute;, no sabes la que hay liada ah&iacute; fuera. Hay una pandemia y estamos todos encerrados en nuestras casas.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>Mi madre, por primera vez en semanas, empez&oacute; a re&iacute;r.</strong> No olvido que sus reacciones est&aacute;n condicionadas m&aacute;s por la enfermedad que por los est&iacute;mulos exteriores, pero, aunque fuera por azar, esa respuesta era la adecuada. &iquest;Qu&eacute; le importa a ella la prohibici&oacute;n de salir de casa si lleva semanas casi sin salir de su cuarto? &iquest;Qu&eacute; le importa que los dem&aacute;s echemos de menos salir y vernos y tocarnos? A ella lo que le importa es acumular pa&ntilde;uelos de papel en bolsos, bolsillos y cajones; que la cama donde duerme est&eacute; bien hecha; que el agua sepa a agua y no a medicina.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">En busca del sentido</h3><p class="article-text">
        Cuando se qued&oacute; dormida, pens&eacute; que cuidar a una persona con alzh&eacute;imer es como hacer un velatorio que se derrama por el tiempo, una muerte a plazos, un duelo que nunca termina de llegar y por eso cuesta tanto que se vaya. Pens&eacute; que el estado de alarma no interrumpe la vida (interrumpir viene de rumpere, romper); la trastoca, la vuelve extra&ntilde;a pero no la rompe. Pens&eacute; que la muerte se nos acerca, tan callando. Mi madre me lo recuerda cada d&iacute;a. Pero tambi&eacute;n su enfermedad, su necesidad de cuidados me recuerdan que esta sociedad funciona por protocolos, cuotas y que busca disipar los s&iacute;ntomas aunque sea posponi&eacute;ndolos. Para mi madre, la soluci&oacute;n m&eacute;dica es una residencia y para m&iacute; antidepresivos y ansiol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Como todas ustedes, ando en busca del sentido de esta crisis, del lugar desde el que atravesarla y entenderla. A ratos, me contagio de la esperanza de estar ante la oportunidad de que cambien las cosas (para bien), otros me contagio de mi propio desasosiego; hay veces que me pongo &ldquo;conspiranoico&rdquo; o rebelde o echo de menos tocar a alguien que s&iacute; sepa que hay estado de alarma. Una monta&ntilde;a rusa de pensamientos y emociones, casi igual que las vuestras. Esta ma&ntilde;ana le&iacute; un par de art&iacute;culos de Giorgio Agamben y me contagi&oacute; el miedo de que la alarma sea un paso m&aacute;s en la normalizaci&oacute;n del estado de excepci&oacute;n: una legislaci&oacute;n que ya da por hecho que todos somos terroristas, ahora suma dar por hecho que todos somos portadores. Entre tantos contagios, s&oacute;lo uno prevalece porque estaba ya en m&iacute; mucho antes de todo esto: nos hemos equivocado en demasiadas cosas y hay que desandar mucho camino; para empezar, instaurar la renta b&aacute;sica universal. A partir de ah&iacute;, repensar y rehacerlo todo es la &uacute;nica salida digna para seguir llamando vida a esto que hacemos encerrados y seguiremos haciendo cuando volvamos a salir.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/contagio_1_1008814.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2020 19:15:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contagio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19,Alzheimer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez recomendaciones para el marzo escénico en Sevilla (más 1)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/recomendaciones-marzo-escenico-sevilla_1_1047470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a801716-cd54-4b2e-9d9c-2a16973181ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez recomendaciones para el marzo escénico en Sevilla (más 1)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vanguardias europeas, clásicos o propuestas arriesgadas. Estas son nuestras recomendaciones escénicas en Sevilla para marzo de la mano de David Montero</p></div><h3 class="article-text">Para&nbsp;las que buscan la vanguardia europea (o lo que llega de ella)</h3><p class="article-text">
        <strong>Dark Field Analysis </strong>(13 y 14 de marzo en la Sala B del <a href="https://www.juntadeandalucia.es/cultura/teatros/teatro-central/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Central de Sevilla</a>). Vuelve el joven core&oacute;grafo holand&eacute;s <strong>Jefta van Dinther</strong> del que ya pudimos ver <em>Protagonist.</em> Si aquella hablaba sobre la necesidad de cambio y estaba protagonizada por un grupo de catorce bailarines y bailarinas, &eacute;sta habla del encuentro y tiene s&oacute;lo dos int&eacute;rpretes. En su anterior pieza pude apreciar, a parte de unos bailarines excelentes y un potente trabajo coreogr&aacute;fico, interrogantes sobre la necesidad de la revoluci&oacute;n, mezclada con el miedo a &eacute;sta. Van Dinther es uno de los m&aacute;s reconocidos core&oacute;grafos europeos de la nueva generaci&oacute;n (naci&oacute; en 1980), sus piezas rezuman fisicidad y, desde ella, abordan asuntos del presente. Si tienes una opini&oacute;n sobre &eacute;l, quedar&aacute;s muy bien en las abundant&iacute;simas tertulias de danza contempor&aacute;nea que hay en Sevilla.&nbsp;
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         Y si quieres ser ya el no va m&aacute;s de cool, tienes que ir los dos fines de semana siguientes al mismo Teatro Central a ver: lo nuevo de <strong>Martin Zimmerman</strong> y de<strong> Eun-Me Ahn</strong>. Del primero es <em>Eins Zwei Drei</em><strong>, </strong>un espect&aacute;culo que parte del clown desde una perspectiva contempor&aacute;nea (si es que eso existe: el clown y la perspectiva contempor&aacute;nea); de la core&oacute;grafa surcoreana ver&aacute;s <em><strong>North Korea Dance</strong></em>, una reinterpretaci&oacute;n de la artista de las danzas de ese pa&iacute;s tan nombrado y tan desconocido.
    </p><p class="article-text">
        Y, ya puestas a hacerte un intensivo de danza, as&oacute;mate al estreno de Luc&iacute;a V&aacute;zquez (tambi&eacute;n en el Central, s&iacute;): <em><strong>Hasekura Project. </strong></em>Se trata de una pieza que recorre la relaci&oacute;n entre Espa&ntilde;a y Jap&oacute;n, partiendo&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/andalucia/japones-sur-Europa_0_143136348.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de esa colonia que hace siglos se instal&oacute; en el pueblo pr&oacute;ximo a Sevilla (Cor&iacute;a del R&iacute;o).</a>
    </p><p class="article-text">
        Si te ves todo esto, te doy un carnet de entendida en danza contempor&aacute;nea. Palabrita.
    </p><h3 class="article-text">Para las que quieren valores seguros</h3><p class="article-text">
        Marchando una de cl&aacute;sicos: <em>Esperando a Godot,</em><strong>Esperando a Godot</strong> ese cl&aacute;sico del siglo XX que a m&iacute; no me apetecer&iacute;a ver ahora, pero que hay gente que s&iacute; y va a estar en el <a href="http://teatrolopedevega.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lope de Vega </a>del <strong>5 al 8 de marzo.</strong> Cuenta, adem&aacute;s de con el atractivo del texto, con la baza de estar protagonizada por el magn&iacute;fico Pepe Viyuela. Es una producci&oacute;n de Pentaci&oacute;n dirigida por Antonio Sim&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Del<strong> 27 al 29 de marzo</strong> estar&aacute;<em> Viejo amigo Cicer&oacute;n,</em><strong>Viejo amigo Cicer&oacute;n</strong> un texto de Ernesto Caballero que dirige Mario Gas e interpreta Josep Mar&iacute;a Pou. No se trata de un cl&aacute;sico estrictamente, el texto est&aacute; escrito en la actualidad, pero tanto el tema como la mirada lo ser&aacute;n. Adem&aacute;s, sus tres nombres son ya cl&aacute;sicos vivos de la escena contempor&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, uno de los grandes textos de finales del siglo XX en Espa&ntilde;a, <em><strong>Ay, Carmela,</strong></em> de Jos&eacute; Sanchis Sinisterra llega a&nbsp;<a href="https://www.fundiciondesevilla.es/web/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro La Fundici&oacute;n</a> del <strong>6 al 8 de marzo</strong>. La pieza es sobradamente conocida por la pel&iacute;cula que protagonizaron Carmen Maura y Andr&eacute;s Pajares, pero creo que siempre brilla m&aacute;s en el lugar para el que fue concebida, un teatro. La interpretan Alicia Moruno y Jos&eacute; Ch&iacute;a; dirige Antonio Rinc&oacute;n-Cano.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n <strong>La se&ntilde;ora Dalloway </strong><em>La se&ntilde;ora Dalloway</em>est&aacute; en el Central (<strong>6 y 7&nbsp; de marzo</strong>) interpretado por el terror de las taquillas y los escenarios, Blanca Portillo. S&iacute;, dirigida por Carme Portacelli, adaptan el cl&aacute;sico de Virginia Wolf. Todo tan atractivo que, como no te aligeres, te quedas sin entradas.
    </p><p class="article-text">
        Y para valores seguros, las risas con <em><strong>Estocolmo </strong></em>de los S&iacute;ndrome, que estar&aacute;n todo el mes de marzo en la <a href="https://salacero.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sala Cero</a>. Esta vez cogen como pretexto los cuentos de Chejov y vuelven a formarla. Tan asegurado que ya no hay entradas, as&iacute; que estate pendiente para la pr&oacute;xima.
    </p><h3 class="article-text">Para las que buscan teatro de autora de hoy</h3><p class="article-text">
        <em><strong>Canci&oacute;n para volver a casa</strong></em>, de Denise Despeyroux para T de Teatre. La dramaturga y directora nacida en Uruguay cruza su camino con la compa&ntilde;&iacute;a catalana que ha forjado una carrera s&oacute;lida y llena de &eacute;xitos. Si no me equivoco, han llamado por primera vez a una mujer para que escriba y dirija su pieza. Esa mujer es la Despeyroux, que hace comedia de la dif&iacute;cil, o sea, mezclando g&eacute;neros y siendo libre y tierna y c&iacute;nica a la vez. Dan ganas de ver lo que ha salido de esta mezcla en el Central.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Antes de que tir&eacute;is mis cosas </strong></em>tiene pinta de joyita: lectura esc&eacute;nica del poemario de Violeta Gil (La tristura) acompa&ntilde;ada por la m&uacute;sica de Abraham Boba (Le&oacute;n Benavente). Prometen performance, intimismo y delicadeza.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Para las que quieran arriesgar y conocer gente o espacios distintos:</h3><p class="article-text">
        <strong>Salir de fiesta de viernes a domingo. </strong><em>Salir de fiesta de viernes a domingo</em>Es la propuesta que estar&aacute; todos los jueves y viernes de marzo en la&nbsp;<a href="https://www.facebook.com/salaelcachorro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sala El Cachorro</a> (Triana). Un solo de Esteban Garrido dirigido por Antonio Hen&aacute;ndez-Centeno. Una pieza &iacute;ntima en un espacio peque&ntilde;o en el que la relaci&oacute;n p&uacute;blico-int&eacute;rprete se intensifica.
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s, claro. Siempre hay m&aacute;s. Si en esta lista no est&aacute; tu obra de marzo, busca que seguro que alguna encuentras. Pero estas son en las que yo he puesto los ojos para este mes.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/recomendaciones-marzo-escenico-sevilla_1_1047470.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Mar 2020 20:20:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo también tengo un grupo de Whattsapp en el que estoy solo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/grupo-whattsapp-solo_1_1122425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/643c1a99-cc9a-4043-943b-62f7885857b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo también tengo un grupo de Whattsapp en el que estoy solo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">David Montero recorre en su Diario de un espectador:</p><p class="subtitle">Palabras vividas</p><p class="subtitle">de Quique González +</p><p class="subtitle">Recreativos Federico</p><p class="subtitle">de Alex Peña + El gran teatro de la salud y al enfermedad</p></div><h3 class="article-text">Lunes, 17 de febrero</h3><p class="article-text">
        <strong>16.25 h.</strong> Este art&iacute;culo fue abandonado por urgencias que no son de este diario. O s&iacute;. Porque si esto es el diario de un espectador (yo), habr&iacute;a que aclarar de qu&eacute; soy espectador. Lo soy de los teatros, o sea, de lo que pasa en ellos, claro. &iquest;Y eso es todo? Y no estoy hablando de las cosas esc&eacute;nicas que ocurren fuera de los teatros. Por primera vez, me pregunto de qu&eacute; quiero ser espectador. No voy a dejar de serlo de los teatros: me ayudan a estar m&aacute;s cerca de la vida, a entenderla mejor. Pero quiero serlo de m&aacute;s cosas, de m&aacute;s vida y m&aacute;s vidas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>17.47 h.</strong> He buscado la etimolog&iacute;a de espectador y dice que viene del lat&iacute;n <em>spectare</em> (observar, esperar). &iquest;Qu&eacute; observo? &iquest;Qu&eacute; espero?
    </p><h3 class="article-text">S&aacute;bado, 8 de febrero    </h3><p class="article-text">
        <strong>23.57 h.</strong> Llego a casa de mi madre. Lleva d&iacute;as llorando casi sin parar. Los que la queremos hacemos lo que podemos, pero es dif&iacute;cil saber qu&eacute; podemos: ni sabe explicar lo que le pasa (no dice apenas palabras comprensibles), ni entiende los consuelos verbales ni acepta los f&iacute;sicos. De vez en cuando, se revuelve con furia y mira con odio. Con odio. Es ella y no es ella. El alzh&eacute;imer es como una escalera que se va bajando poco a poco. Hay escalones en los que la enferma puede pasar semanas, meses, a&ntilde;os. Y, de repente, el escal&oacute;n desaparece bajo sus pies y cae al siguiente. Mi madre acaba de bajar otro escal&oacute;n. Todo lo que hab&iacute;a tenido que aprender para estar en el escal&oacute;n anterior, me es in&uacute;til en &eacute;ste: la forma de comunicarme y de cuidar, las bromas para entretenerla, las estrategias para que se tome la medicaci&oacute;n. Pero todo eso es lo de menos. Lo de m&aacute;s es que el caparaz&oacute;n que me cre&eacute; para minimizar el dolor es ahora in&uacute;til, y todo vuelve a doler como al principio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>01.23 h.</strong> Llegan del 061 y nos dan Diazepam. Ellos me hablan de protocolos y recursos apropiados. Ya s&eacute; que esto no es una urgencia como la de una persona con una pierna rota o un ataque de apendicitis, pero que una mujer est&eacute; llorando d&iacute;as y d&iacute;as casi sin parar es una urgencia para ella y para todos los que la quieren. Desisto de explicarles. Me quedo con las c&aacute;psulas de Diazepam, confiando en que le hagan alg&uacute;n efecto a mi madre y deje de llorar y duerma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>02.34 h.</strong> Mientras pedaleo de vuelta a casa, pienso en los protocolos. Los m&eacute;dicos los aplican y as&iacute; es posible manejar la salud p&uacute;blica: un entramado de s&iacute;ntomas y enfermedades de tanta gente que hay que clasificar y curar o, al menos, calmar. Ahora que mis padres son viejos, es rara la semana que no voy a un m&eacute;dico o al hospital.<strong> As&iacute; que tambi&eacute;n soy espectador del gran teatro de las enfermedades,</strong> un teatro inc&oacute;modo de mirar, pero tan cierto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>03.12 h.</strong> Me estoy metiendo en la cama. Antes de apagar la luz, una cosita sobre protocolos y otra sobre contrataciones. Entre tantos protocolos, echo de menos uno que d&eacute; algo de acompa&ntilde;amiento y consejos en esta escalera que es el alzh&eacute;imer. Los escalones son los que son, lo que no est&aacute; claro es cu&aacute;ndo se van a bajar. Pero un poco de informaci&oacute;n sobre los siguientes escalones y qu&eacute; hacer en ellos nos ahorrar&iacute;a mucha angustia. M&aacute;s all&aacute; de las citas semestrales con el neur&oacute;logo para revisar dosis de medicaci&oacute;n y el trabajo encomiable del m&eacute;dico de atenci&oacute;n primaria, hay huecos y necesidades que estar&iacute;a bien contemplar. Tambi&eacute;n resulta que hay no s&eacute; qu&eacute; con los expedientes de los trabajadores sociales que tienen que contratar el Ayuntamiento y no est&aacute;n contratados (hola qu&eacute; tal, estamos en febrero) y, por tanto, todo hay que gestionarlo en la central (alias horror y masificaci&oacute;n).      
    </p><h3 class="article-text">(Vuelta al) Lunes, 17 de febrero</h3><p class="article-text">
        <strong>17.13 h.</strong> Voy a copiar fragmentos del diario que quedaron relegados por esta urgencia.
    </p><h3 class="article-text">Martes, 28 de enero</h3><p class="article-text">
        <strong>20.33 h.</strong> Estoy llegando al concierto de <strong>Quique Gonz&aacute;lez</strong> y estoy una mijita nervioso porque yo lo que m&aacute;s escucho y, por tanto, de lo que puedo hablar con cierta propiedad es de flamenco, de polifon&iacute;a religiosa renacentista y otras cosas muy alejadas de la m&uacute;sica de este madrile&ntilde;o.    
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.07 h.</strong> Para seguir bien el hilo del concierto, he decidido escribirme a un grupo de whattssap que tengo y al que pertenezco yo solo. Es como un cuaderno de notas del 2020. Es raro, s&iacute;. Tanto como que la gente ya no encienda mecheros en los conciertos sino la linterna del m&oacute;vil. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.26 h.</strong> Quique Gonz&aacute;lez cae bien. Tiene una banda que suena a gloria y cuenta y canta historias de amor y desamor como si fuera un amigo que hace tiempo al que no ves y te pone al d&iacute;a. Hay algo suave y alejado de cualquier pretensi&oacute;n en todo lo que hace. Dan ganas de irse a tomar una cerveza con &eacute;l. Habla desde un lugar honesto, porque ha atravesado dolores y alegr&iacute;as sin dejarse atrapar por el cinismo; pero sabe que nada es para siempre y que casi nada es para nunca. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.43 h.</strong> No me s&eacute; sus canciones, pero miro cantar a la chica que est&aacute; a mi lado y la veo feliz, y eso me contagia felicidad. Esta felicidad es una brizna de hierba que cualquier viento puede desmenuzar, pero ahora es tan cierta que parece que puede durar siempre. Quiz&aacute; eso es lo que espera el espectador, una brizna de hierba que pueda durar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.32 h.</strong> Leo lo que me he ido enviando a m&iacute; mismo durante el concierto. Es como un poema de una Safo del futuro, del que s&oacute;lo se conservan fragmentos o pintadas de un ba&ntilde;o levemente pedante. Rescato esto: &ldquo;S.M.P: la soledad del m&uacute;sico profesional. Todo se acaba, todo me duele a puerta cerrada. Las canciones son tristes cuando pierden su due&ntilde;a. Tocaba con mi banda y la quer&iacute;a, no pod&iacute;a quejarme de nada&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Martes, 7 de enero 2020</h3><p class="article-text">
        <strong>20.57 h.</strong> Me estoy apurando un vino antes de entrar a ver <em><strong>Recreativos Federico</strong></em> de <strong>Alex Pe&ntilde;a</strong> en el <a href="https://www.juntadeandalucia.es/cultura/teatros/teatro-central/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Central</a> y estoy otra mijita nervioso. Como Pe&ntilde;a me ha ido contando de su proyecto en momentos diversos, yo me lo he ido imaginando en mi cabeza. Me gustaba lo que me imaginaba. Ahora voy a verlo de verdad. &iquest;Se parecer&aacute; a lo que me he imaginado? &iquest;Me sorprender&aacute;? &iquest;Me defraudar&aacute;? Esto es como una cita en un Tinder de instalaciones art&iacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.24 h.</strong> La gente se arremolina alrededor de los recreativos. Yo me acuerdo de cuando ten&iacute;a once a&ntilde;os y me iba a jugar con mis amigos a un local que estaba en Triana, en calle San Jacinto casi esquina con Pag&eacute;s del Corro. Hab&iacute;a m&aacute;quinas recreativas (&ldquo;de marcianitos&rdquo;, de carreras de coches, etc) y, al fondo, unas cuantas mesas de pin pon. All&iacute; ech&aacute;bamos las tardes de s&aacute;bado. Estoy hablando de 1984, estoy hablando de qu&eacute; hacemos con el tiempo, de c&oacute;mo aceptamos que pasa y que no va a dejar de pasar, de qu&eacute; hacemos para llenarlo o vaciarlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.31 h</strong>. El escenario del Central se ha convertido en una m&aacute;quina del tiempo y yo soy ese ni&ntilde;o que fui y este hombre que soy. As&iacute;, <em>Recreativos Federico</em> es guasa y reflexi&oacute;n, chiste y denuncia, pregunta y<em> deja vu</em>. Por detr&aacute;s del juego intelectual que propone Pe&ntilde;a (&ldquo;cuando el legado art&iacute;stico se convierte en souvenir, la literatura dram&aacute;tica se transforma en juego&rdquo;) siento latir una emoci&oacute;n, la de estar inventando todo de nuevo, esa mirada de Ulises que adopta Alex, entendiendo la creaci&oacute;n art&iacute;stica como una continua tabula rasa en la que no dar nada por hecho. Todo es susceptible de ser repensado, cuestionado, digerido por el imaginario Pe&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.46 h.</strong> Ven&iacute;a con X y ahora no s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;. Me siento como <strong>Pepe Isbert</strong> en La gran familia y estoy a punto de llamarla a voces como quien llama a Chencho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.03 h.</strong> Me salgo a la puerta como quien se fuma un cigarro; pero hace casi dos a&ntilde;os que no fumo. Pienso cosas profundas: toda obra que se define a s&iacute; misma como arte est&aacute; en un aprieto porque o bien trata de responder a qu&eacute; es el arte hoy o ignora esa pregunta. Ambas soluciones son fallidas<strong>. Alex Pe&ntilde;a</strong> y su propuesta se colocan justo en ese lugar de conflicto: ni responde a la pregunta ni la ignora. Quiz&aacute; se r&iacute;e de ella. Lo mejor de Recreativos Federico es que, sin embargo, no ignora la contradicci&oacute;n que habita en el centro de s&iacute; misma: la cr&iacute;tica del souvenir deviene souvenir. Esta paradoja me parece inherente a una parte fundamental de creaci&oacute;n contempor&aacute;nea. Habitar esa paradoja es el &uacute;nico modo de evitar la par&aacute;lisis (no hacer) o la desactivaci&oacute;n del poder cr&iacute;tico del trabajo (hacer obras complacientes).
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.07 h.</strong> <em>Recreativos Federico</em> es muchas cosas, pero no es ingenua ni complaciente. A partir de ah&iacute;, esta obra, como todas, es tantas obras como personas las miran y las viven. Yo la miro como un cuestionamiento de la escena y sus materiales, pero tambi&eacute;n como una m&aacute;quina del tiempo, como una reivindicaci&oacute;n del placer de crear y, sobre todo, como una brizna de hierba a la que me agarro por si pudiera durar.   
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/grupo-whattsapp-solo_1_1122425.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Feb 2020 10:34:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yo también tengo un grupo de Whattsapp en el que estoy solo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siete recomendaciones escénicas para este mes de febrero que sí te puedes perder, pero que a mí me apetece ver (o lo tontas que son las listas)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/recomendaciones-escenicas-febrero-puedes-apetece_1_1147138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a00c2a8-8ba4-4024-a66d-4c248f9f36c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Siete recomendaciones escénicas para este mes de febrero que sí te puedes perder, pero que a mí me apetece ver (o lo tontas que son las listas)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me caen mal las listas. Por eso voy a hacer una. La voy a hacer de las cosas escénicas que me apetece ver en este febrero bisiesto. ¿Contradictorio? Lo sé. Como yo, como tú, como el capitalismo. Aquí van unas cuantas cosas escénicas que quiero ver</p></div><p class="article-text">
        Las listas de cosas son una cosa muy rara. Diez discos que tiene que escuchar antes de morir, veinte pel&iacute;culas para trabajar la resiliencia con tus alumnos, once libros que cambiar&aacute;n tu vida, veinticuatro&nbsp;series&nbsp;de suspense a las que engancharte ya. &iquest;En serio? S&iacute;, t&iacute;a; en serio. Gente supuestamente lista elabora esas listas para orientar a otra gente que no es que sean tontas pero. Que por qu&eacute;. Qui&eacute;n no tiene un disco duro &ldquo;peta&iacute;to&rdquo; de m&uacute;sica y pel&iacute;culas que nunca ver&aacute;. Pues eso: hay demasiado donde elegir. Y s&iacute;, has acertado. Me caen mal las listas. Por eso voy a hacer una. La voy a hacer de las cosas esc&eacute;nicas que me apetece ver en este febrero bisiesto. &iquest;Contradictorio? Lo s&eacute;. Como yo, como t&uacute;, como el capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; van unas cuantas cosas esc&eacute;nicas que quiero ver en las pr&oacute;ximas semanas. Cuando las vea, algunas me gustar&aacute;n m&aacute;s de lo que pensaba, otras menos y otras nada. Eso es lo que hay: ser espectador es convivir con el fracaso, la frustraci&oacute;n y el aburrimiento. Pero cuando surge ese no s&eacute; que queda balbuciendo y sales del teatro tocado, estremecido, la vida es m&aacute;s amable y menos puta. Por eso no dejo de ir a los teatros.
    </p><h3 class="article-text">Soufflette, de&nbsp;Francois Chaignaud</h3><p class="article-text">
        <em>Soufflette, </em><strong>Teatro Central. 7 y 8 de febrero, Sevilla</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vi al cantante, core&oacute;grafo y bailar&iacute;n en el impulso que comparti&oacute; con <strong>Roc&iacute;o Molina</strong> en el pasado <a href="http://www.festivalitalica.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Festival de It&aacute;lica</a>. Me enamor&oacute; y me dio de eso que hablaba m&aacute;s arriba: toque, estremecimiento. As&iacute; que no quiero perderme esta propuesta que trae el pr&oacute;ximo fin de semana, que combina danza, cantos polif&oacute;nicos franceses de los siglos XII y XIII. Ikebana (arte floral japon&eacute;s), raves,&hellip; Apunta a ser una pieza tan libre y personal como lo es &eacute;l mismo en escena. Me intriga y me seduce la frase con que concluye el texto de presentaci&oacute;n de <em>Soufflete</em>: &ldquo;Un espect&aacute;culo que se convierte en un primer intento de crear una comunidad a trav&eacute;s del arte&rdquo;. &iquest;Y a ti?
    </p><h3 class="article-text">Quej&iacute;o, de&nbsp;Salvador T&aacute;vora</h3><p class="article-text">
        <em>Quej&iacute;o, </em><strong>Teatro T&aacute;vora. 7 de febrero, Sevilla</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vuelve la pieza fundacional de La Cuadra de Sevilla. <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/Quejio-arma-cargada-presente_0_617688449.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Quej&iacute;o</a>&nbsp;no s&oacute;lo invent&oacute; un lenguaje esc&eacute;nico absolutamente original a partir de los cantes y los bailes andaluces, sino un alfabeto nuevo. Este alfabeto permiti&oacute; (y permite) decir, desde Andaluc&iacute;a,&nbsp;la denuncia de la miseria y la explotaci&oacute;n que casi siempre aumentan cuando se desciende hacia el&nbsp; sur. Un alfabeto que cristaliz&oacute; en 1972 en este espect&aacute;culo que est&aacute; hoy tan vivo como entonces y sigue denunciando la explotaci&oacute;n del hombre por el hombre, de la mujer por el hombre. Teatro que ha atravesado el tiempo y sigue vivo y coleando y metiendo el dedo en los ojos. T&uacute; misma&hellip;
    </p><h3 class="article-text">Trigo sucio, de David Mamet y Juan Carlos Rubio</h3><p class="article-text">
        <em>Trigo sucio</em><strong>Teatro Cervantes. 8 febrero, M&aacute;laga. Teatro Lope de Vega. 13 al 16 de febrero, Sevilla</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que me cuesta encontrar cosas que me interesen, me pongan, me motiven en la programaci&oacute;n del <a href="http://teatrolopedevega.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lope de Vega</a>. No soy p&uacute;blico para ese teatro. Yo comprendo y respeto que tiene que cuidar a su p&uacute;blico. Pero me digo yo que un poquito de riesgo, de abrirse a p&uacute;blicos nuevos no estar&iacute;a mal.&nbsp; A ver si con el esperado relevo en su direcci&oacute;n y la reciente incorporaci&oacute;n de <strong>Getseman&iacute; San Marcos</strong> se le da un meneo a la cosa. Mientras tanto, me encantar&iacute;a ver esta pieza de <strong>Mamet</strong> porque Mamet para m&iacute; es un dios. En esta pieza, vuelve la vista hacia los excesos de un productor cuyos abusos hacia las actrices acaba arruinando su carrera. &iquest;A qu&eacute; te suena? Efectivamente, la sombra de<strong> Harvey Weinstein</strong> y el #Metoo est&aacute;n ah&iacute;.
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                </figure><h3 class="article-text">Los &aacute;rboles, de Jos&eacute; Luis de Blas/Teatro Resistente</h3><p class="article-text">
        <em>Los &aacute;rboles,</em><strong>Teatro Central. 14 y 15 de febrero, Sevilla</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si tuviera que tatuarme algo alguna vez, me tatuar&iacute;a <strong>Anton Chejov</strong> en cir&iacute;lico en el hombro izquierdo (&#1072;&#1085;&#1090;&#1086;&#769;&#1085; &#1087;&#1072;&#769;&#1074;&#1083;&#1086;&#1074;&#1080;&#1095; &#1095;&#1077;&#769;&#1093;&#1086;&#1074;). El escritor ruso es uno de mis favoritos del mundo mundial porque su piedad por los asuntos de los hombres y las mujeres trasmina en cada una de sus piezas mayores. Uno de esos textos (<em>El jard&iacute;n de los cerezos</em>) fue el catalizador de un laboratorio en el que un grupo de locos espl&eacute;ndidos se han rebelado contra la precariedad y la resignaci&oacute;n a la que parecemos condenados en el teatro andaluz. El resultado de ese laboratorio (o una sesi&oacute;n m&aacute;s de su trayecto) es ahora una de las piezas elegidas para el ciclo &ldquo;Andaluc&iacute;a. Nuevos trayectos&rdquo; en el que el Teatro Central est&aacute; apostando por nuevas voces. Larga vida al ciclo y paciencia con &eacute;l, pol&iacute;ticos de ayer y hoy: las cosas no caen del cielo, brotan desde el suelo con tiempo, cari&ntilde;o y buen abono. La pieza propone un Chejov andaluz y se trae la historia a los a&ntilde;os 80 en Espa&ntilde;a. Son 11 int&eacute;rpretes en escena (2 m&uacute;sicos y 9 actores y actrices), de distintas est&eacute;ticas y generaciones. Alrededor, mucha m&aacute;s gente talentosa. Promete tela.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La plaga, de Caramala/Chiqui Carabante</h3><p class="article-text">
        <em>La plaga,</em><strong>Teatro la Fundici&oacute;n. 26 de febrero al 1 de marzo, Sevilla</strong>
    </p><p class="article-text">
        El director Chiqui Carabante se ha aliado con las Caramala. Barrunto que la vis c&oacute;mica de las tres actrices y su capacidad para enjaretar textos desde lo m&aacute;s cotidiano se han ennegrecido con la capacidad del director para la s&aacute;tira descarnada. O sea, las mismas risas de siempre pero el triple de mala leche. Vuelven la vista hacia un suceso real: una plaga de piojos en un colegio dispara el p&aacute;nico y, con &eacute;l, el disparate entre los adultos. Vaya punto de partida guapo. Yo creo que es un planazo.
    </p><h3 class="article-text">Ser m&aacute;s hombre, de Una cuesti&oacute;n musical. Los blandengues/ Alberto Cort&eacute;s</h3><p class="article-text">
        <em>Ser m&aacute;s hombre</em><a href="https://cicus.us.es/el-auditorio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Auditorio Cicus</strong></a><strong>. 21 de marzo, Sevilla.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javi Parra y Javi Fava</strong> se preguntan por la masculinidad, esa cosa que queda tan balbuciendo como yo cuando veo una cosa esc&eacute;nica de &eacute;sas que me dejan del rev&eacute;s. Se asociaron con el dramaturgo, agitador y pensador <strong>Alberto Cort&eacute;s</strong> y han hecho una pieza que tiene pinta de ser muchas cosas en una: genuina sesi&oacute;n de karaoke ib&eacute;rico, muro de lamentaciones, pa&ntilde;o de l&aacute;grimas, taller de nuevas y viejas y medianas masculinidades, propaganda de la buena y de la mala. No s&eacute;, cosas as&iacute;. Eso es lo que me da a m&iacute; en la nariz. Comprender&eacute;is que estoy deseando verlo.
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                </figure><h3 class="article-text">Ciclo Ahora danza</h3><p class="article-text">
        <em>Ahora danza</em><strong>(Casi todos) los jueves de febrero.</strong> <strong>Auditorio Cicus, Sevilla</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vuelve la programaci&oacute;n de danza al Cicus. Por all&iacute; pasar&aacute;n<strong> Luc&iacute;a V&aacute;zquez, Miguel Mar&iacute;n, &Aacute;lvaro Copado o Melisa Calero</strong>, entre otras. Ver danza contempor&aacute;nea es una inversi&oacute;n dabuten: da ganas de bailar, hace pensar y te conecta con lo &uacute;nico que te acompa&ntilde;ar&aacute; siempre, tu cuerpo. Le tengo ganas especialmente a lo nuevo de Luc&iacute;a y la nueva entrega de los retru&eacute;camos flamencos de Melis Calero. Pero como la programaci&oacute;n de <em>Ahora danza</em> suele estar hecha con cari&ntilde;o y conocimiento, yo me los ver&iacute;a todos.
    </p><h3 class="article-text">Bonus track: Ocho. Carnavales a tutti plan</h3><p class="article-text">
        <strong>Teatro Falla y las calles de C&aacute;diz, Huelva, Mor&oacute;n, &uacute;beda, Chipiona e Isla Cristina</strong>
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; es una cosa esc&eacute;nica. &iquest;Una cosa que ocurre en un escenario o una cosa hecha para que la gente la contemple <em>manque</em> sea en la calle? Yo creo que las dos cosas y alguna m&aacute;s. Este mes, desde el escenario del Teatro Falla en C&aacute;diz hasta las calles de Huelva, Mor&oacute;n de la Frontera, &Uacute;beda, Chipiona, Isla Cristina se convierten en contenedores de cosas esc&eacute;nicas. V&iacute;vete los que puedas y quieras.
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s. Carnavales y cosas esc&eacute;nicas. Pero las listas, como la vida, se terminan. &Eacute;sta (lista, que no vida) acaba aqu&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/recomendaciones-escenicas-febrero-puedes-apetece_1_1147138.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Feb 2020 10:13:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Siete recomendaciones escénicas para este mes de febrero que sí te puedes perder, pero que a mí me apetece ver (o lo tontas que son las listas)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El problema no son los besos sino la velocidad que traen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/problema-besos-velocidad-traen_1_1242754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21d2d7cc-e0a2-41ce-9e78-a67d8fff9e52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El problema no son los besos sino la velocidad que traen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Y yo, claro, el problema siempre soy yo (y también la solución). Ya sólo tomo 5 mg de escitalopram (y bajando)</p></div><h3 class="article-text">Martes 5 de noviembre.</h3><p class="article-text">
        18,50h &nbsp;Estoy en el pasillo de la Facultad de Filolog&iacute;a esperando para ver Aula, la nueva propuesta de <strong>Natalia Jim&eacute;nez</strong> para <strong>Mes de Danza</strong>. Me encuentro con J en la puerta. J es, por obligaci&oacute;n profesional pero tambi&eacute;n por pasi&oacute;n, espectadora habitual de danza. Casi nunca estamos de acuerdo y casi siempre el elemento de conflicto es el viejo debate de que en la danza contempor&aacute;nea no se baila. Ella necesita ese &ldquo;bailar&rdquo; m&aacute;s reconocible, yo no.
    </p><p class="article-text">
        19,15h La pieza me enganch&oacute; al arranque: un discurso en el que Leonor Leal asume el rol de profesora y nos convierte en sus alumnos. Hay guasa y ese algo de unilateral que tiene a veces la educaci&oacute;n: las cosas son como son, o sea, las reglas las marca el profesor/a. Luego, la palabra desaparece y el movimiento &ldquo;manda&rdquo;. Ambas bailan bien, muy bien, de maravilla, pero me cuesta ese encuentro entre el vocabulario flamenco de <strong>Leonor Leal</strong> y el contempor&aacute;neo de Natalia. No puedo evitar leer que la ret&oacute;rica flamenca es lo que la contempor&aacute;nea intenta aprender sin conseguirlo. Cada uno es esclavo de sus prejuicios y &eacute;ste es uno de los m&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        19,27h J se r&iacute;e a mi lado, creo que hasta se emociona. No s&oacute;lo ella. Todo el p&uacute;blico ha conectado a tope con la propuesta. Yo tambi&eacute;n quiero. Quiero pero no puedo. Esta es una de las experiencias m&aacute;s inc&oacute;modas en un patio de butacas: ser el excluido de la comunidad que funda el acto esc&eacute;nico, ser el raro de la tribu. Acepto que el yo que soy hoy no es p&uacute;blico para esta pieza. Quiz&aacute; ma&ntilde;ana o ayer s&iacute;, pero no hoy.
    </p><h3 class="article-text">Mi&eacute;rcoles, 6 de noviembre</h3><p class="article-text">
        20,02h Acaba de empezar V&aacute;rvara. A mi lado X, una de las personas con las que m&aacute;s feliz y m&aacute;s triste he sido en un patio de butacas (y fuera de &eacute;l). Ambos atravesamos el dolor y el tiempo se puso de nuestra parte.
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        20,09h Estoy dici&eacute;ndole oles muy bajitos a <strong>B&aacute;rbara S&aacute;nchez</strong>. Est&aacute; sentada con una peluca, de perfil. Se habla y nos habla a trav&eacute;s de un micr&oacute;fono. Lo que dice duele y emociona y divierte a la vez.
    </p><p class="article-text">
        20,17h La artista est&aacute; en su p&uacute;lpito rodeada por &ldquo;cacharros&rdquo; con los que manipula la m&uacute;sica (bacalao). Es la suma sacerdotisa y la v&iacute;ctima sacrificial. Dice frases sueltas, que siguen siendo jondas y certeras; se baila y nos baila. Borra los l&iacute;mites entre el yo y el nosotras. Abandona el p&uacute;lpito para ser una danzante en mitad de una multitud invisible pero palpable. Yo sigo emocionado.
    </p><p class="article-text">
        20,45h Con una t&uacute;nica de terciopelo roja, la bailarina reproduce gestos y expresiones que parecen copiadas literalmente de la iconograf&iacute;a barroca de la Pasi&oacute;n: <strong>Zurbar&aacute;n, Rivera, Mart&iacute;nez Monta&ntilde;&eacute;s</strong>,&hellip; Esa exaltaci&oacute;n del dolor que es ansia de consuelo y trascendencia, disoluci&oacute;n del uno en el todo. Las muecas son histri&oacute;n y verdad, iron&iacute;a y herida. Antes de esto, ha desmontado el set completo ante nuestros ojos como si lo hubiera derribado un terremoto.
    </p><p class="article-text">
        21,15h Me paro en la puerta del Central, miro al r&iacute;o y le digo: lo que B&aacute;rbara S&aacute;nchez est&aacute; haciendo (para mi gusto y entender) es una de las propuestas m&aacute;s s&oacute;lidas de las artes vivas de esta ciudad. Este V&aacute;rvara tiene lo que ten&iacute;an sus anteriores creaciones (riesgo, compromiso, temblor, luz y oscuridad) pero, adem&aacute;s, aqu&iacute; hay esa factura esc&eacute;nica impecable. Iluminaci&oacute;n, dramaturgia, puesta en escena y coreograf&iacute;a cabales para dar cuerpo y discurso a ese maravilloso hallazgo: buscar la m&iacute;stica en la ruta del bacalao. Esta joya no es casualidad, es fruto de la obstinaci&oacute;n y el talento de su creadora, de unos colaboradores de altura (<strong>Jaime Conde Salazar,&nbsp; Alberto Cort&eacute;s, Benito Jim&eacute;nez</strong>) y el apoyo material de algunas administraciones que deber&iacute;an tomar nota de que el crecimiento art&iacute;stico no ocurre por milagros sino cuando se sostienen programaciones y criterios estables de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        22,47h No se me quita del cuerpo la sensaci&oacute;n de peligro que ten&iacute;a durante todo el espect&aacute;culo. Y ya no quiero estar m&aacute;s en un patio de butacas sin esa sensaci&oacute;n de peligro, o sea, de inmimencia, o sea, de muerte, amor, sexo y fluidos. La escena no debe hablar de la vida, tiene que ser vida.
    </p><h3 class="article-text">Viernes, 8 de noviembre</h3><p class="article-text">
        20,12h Arranc&oacute; <strong>El fest&iacute;n de los cuerpos</strong>. M&uacute;sica en directo, seis bailarines. Los bailarines arrancan en ropa interior y se exhiben en una danza imaginativa y amable que nos introduce en esta reivindicaci&oacute;n del placer f&iacute;sico en todas sus variantes. Los cuerpos se muestran en su pluralidad que es milagro y fiesta para y en todos los sentidos.
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        20,37h Un mon&oacute;logo dicho por <strong>Arturo Parrilla</strong> sobre la teor&iacute;a plat&oacute;nica de la media naranaja y, por tanto, sobre el amor, da paso a la escena m&aacute;s larga de la obra, la m&aacute;s teatral tambi&eacute;n: uno a uno van llegando todos a una misteriosa fiesta en la que no saben qui&eacute;n les invit&oacute; ni para qu&eacute;. El juego de atracciones cruzadas se va complicando hasta descembocar en una celebraci&oacute;n hedonista del placer.
    </p><p class="article-text">
        21, 12h A&uacute;n con ese escozor del anhelo de placer en el cielo de la boca, salgo a la calle. He quedado con X para tomar algo. Me dan ganas de darle un beso, quiz&aacute; como uno de los efectos secundarios de lo que he visto.
    </p><h3 class="article-text">S&aacute;bado, 9 de noviembre</h3><p class="article-text">
        20,12h <strong>Janet &nbsp;Nov&aacute;s</strong> y <strong>Mercedes Pe&oacute;n</strong> son pura tierra y pura vida. Hay sosiego, espasmo y escucha. El espect&aacute;culo tiene la sutileza de lo inevitable: no hace falta empujar ni subrayar.
    </p><p class="article-text">
        20,37h Mercedes es un descubrimiento para m&iacute;. Quiero a gente que haga eso con nuestros folklore, que no aflamenque, que sea radical en el sentido etimol&oacute;gico de la palabra. Y, para m&iacute;, esa ra&iacute;z est&aacute; en el canto popular ib&eacute;rico, en el repertorio andaluz que late bajo ese tsunami glorioso pero acaparador que fue y es el flamenco. Ya hay alguien, <strong>Roc&iacute;o Guzm&aacute;n</strong>, pero quiero m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        20,43h Janet baila como una salvaje, como una abuela, como una ni&ntilde;a. Ella est&aacute; de acuerdo con el todo y, por eso, nos ayuda a estarlo nosotros; se trasnmuta en nada y denuncia&nbsp; nuestra nada; celebra y encarna la tierra y la memoria, el deseo de seguir vivas y perdurar. El material de este espect&aacute;culo, en otras manos, habr&iacute;a sido panfleto o sensibler&iacute;a. Sin embargo, aqu&iacute; no hay rastro de ellos. Doy gracias a Dios o a su cu&ntilde;ada.
    </p><p class="article-text">
        23,30h Comienza el finde fiesta del Mes de Danza con un show de las <strong>Gestrings</strong> en la Holiday. Cantan, bailan, son gamberras, desprecian el autotune porque la vida a pelo siempre es mejor, porque la cirug&iacute;a est&eacute;tica est&aacute; sobrevalorada. Nos vacilan, nos vac&iacute;an y nos llenan. Yo me r&iacute;o mucho y bailo. Con lo poco que yo era de bailar; pero me toca poner el cuerpo en el centro de la vida, arriesgar y aceptar. &nbsp;A los platos, creando <em>sabrosura</em> o, como dir&iacute;a Linde, dando y puliendo cera, Polen Ralph (<strong>Lorenzo Soria</strong>).
    </p><h3 class="article-text">S&aacute;bado, 16 de noviembre</h3><p class="article-text">
        21,06h Salgo de ver Trans en el Central. Salgo conmovido y feliz. He visto una de las piezas m&aacute;s sencillas y hermosas que recuerdo: seis personas que cambiaron su sexo van cont&aacute;ndonos su proceso de aceptaci&oacute;n, sus perplejidades, sus torpezas, su dolor y sus alegr&iacute;as. S&oacute;lo eso. Nada menos que eso. Otra vez sin subrayados ni grandilocuencias, poniendo el cuerpo en el centro (esos segundos que hay siempre por delante y detr&aacute;s de sus intervenciones en los que miran al p&uacute;blico sin m&aacute;s: no hay reto, no hay exhibici&oacute;n, hay la contundencia de estar y ser).
    </p><p class="article-text">
        00,27h No s&eacute; si estos cuadernos los leer&aacute; alguien, alguna vez. Si lo hace, decirle un par de cosas. La primera es que si no quieres besar a alguien, no digas que es porque no quieres que se estropee lo vuestro. Es el peor argumento de la historia de las excusas. Todos los hemos usado, pero ya estamos en 2019 y hay que ir renovando el armario. &nbsp;La segunda es que hac&iacute;an tiempo que no daba besos que me dieran cosquilllas en los labios y escozor en el cielo de la boca. El problema no eran los besos, el problema era la velocidad que tra&iacute;an, y yo, claro, el problema siempre soy yo (y tambi&eacute;n la soluci&oacute;n). Ya s&oacute;lo tomo 5 mg de escitalopram (y bajando).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/problema-besos-velocidad-traen_1_1242754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Nov 2019 20:38:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El problema no son los besos sino la velocidad que traen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando despertó, el resfriado todavía estaba allí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/teatro-mes-de-la-danza-nebraska-remon-alberto-cortes-eldiario-de-un-espectador_1_1273622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09a1c881-6623-4e0d-9c67-67ef16e4f973_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando despertó, el resfriado todavía estaba allí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">David Montero nos relata su diario de un espectador en el nuevo espectáuclo de Pablo Remón (teatro), en la performance para presentar el cartel de la bienal de flamenco (Rocío Molina y Lilita Cabellut) y en lo nuevo de Alberto Cortés (mes de danza)</p></div><p class="article-text">
        <strong>Viernes, 25 de octubre</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>20.47 h.</strong>&nbsp;Centauro llegando al&nbsp;<a href="https://www.juntadeandalucia.es/cultura/teatros/teatro-central/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Central.</a> Vengo a ver lo &uacute;ltimo de <strong>Pablo Rem&oacute;n</strong>. Ganas de Rem&oacute;n, ganas de empezar la temporada en el Central.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.05 h.</strong> Un tipo habla con otro tipo al que no vemos. La comunicaci&oacute;n es circular y, al mismo tiempo, ambigua. Uno acaba de ser abandonado por su mujer, el otro sufre por la procesi&oacute;n de cabezudos de su pueblo. Luego, descubrimos que son dos hermanos y que hay un tercero que tambi&eacute;n anda por all&iacute;. Por all&iacute; es en alg&uacute;n lugar de La Mancha, en la casa del primo que vive en Madrid. Los tres hermanos se terminan metiendo unas rayas en el retrato de la abuela. Justo entonces, llega el primo madrile&ntilde;o, que ha sido portada de todos los peri&oacute;dicos por corrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.57 h.</strong> Me estoy riendo tela.
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        <strong> 22.27 h.</strong> El final quiebra el humor en herida. Hay una conversaci&oacute;n entre un padre (el primo, el mariachi, el pol&iacute;tico corrupto) y su hijo. En su deriva le dice a su hijo cosas que no deber&iacute;a decir ning&uacute;n padre. Mi psic&oacute;loga dir&iacute;a que le est&aacute; asegurando un sistema de apego da&ntilde;ado. Justo esa mezcla de ego&iacute;smo y generosidad en un mismo gesto explica mucho de lo que Espa&ntilde;a fue y sigue siendo: gente de pueblo que se ha disfrazado de urbanita, que quieren enterrar lo que fueron; pero lo llevan en la sangre, en la mirada y los ademanes. Esa huida y el desprecio de eso que fueron, que fuimos, es una (parte de) la explicaci&oacute;n de la corrupci&oacute;n end&eacute;mica de este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lunes, 28 de octubre</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>12.03 h</strong>. Estoy en la F&aacute;brica de Artiller&iacute;a para ver la <em>performance</em> que culminar&aacute; la confecci&oacute;n del cartel de la pr&oacute;xima Bienal de Flamenco. Pol&iacute;ticos y artistas, en esa extra&ntilde;a simbiosis de los lenguajes art&iacute;sticos con prestigio de identitarios: ay, mis gitanos, os recibimos con alegr&iacute;a. Me presentan a la nueva Directora de Programas del<a href="http://www.icas-sevilla.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> ICAS,</a>&nbsp;<strong>Getseman&iacute; de Marcos</strong>. Le pregunto que cu&aacute;nto lleva aqu&iacute;, me dice que una semana. Entonces todav&iacute;a le caer&aacute;s bien a todo el mundo, le respondo. Medio sonr&iacute;e. Ojal&aacute; le vaya bien y meta dos o tres cosicas en verea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>12.12 h.</strong> Se me ha ocurrido pensar que, ya que se ha montado este tinglado para una sola vez, se pod&iacute;an haber sorteado un pu&ntilde;ado invitaciones entre personitas normales, a las que seguro que les har&iacute;a mucha ilusi&oacute;n. Es populista s&iacute;, pero al menos habr&iacute;a diluido una mijita este microclima de elitismo de alcanfor, esta sensaci&oacute;n de que los pol&iacute;ticos y las ma&ntilde;anas han sustituido a los se&ntilde;oritos y la madrugada. M&iacute;ralo, David. Es venir a estos sitios sin desayunar y nada m&aacute;s que ves lo negativo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>12.17 h.</strong> Aparecen Roc&iacute;o y Lilita. Descuelgan el &oacute;leo que estaba en un bastidor y se acercan a dejarlo en el escenario. Roc&iacute;o zapatea en los alrededores del lienzo. Cada vez tiene menos miedo al silencio y al vac&iacute;o. Se me viene una palabra: post-virtuosismo. Se me viene una expresi&oacute;n: la bailaora dej&oacute; de buscar el ole del p&uacute;blico, esa adrenalina, esa confirmaci&oacute;n, y espera el ole interno. Un ole silencioso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>12.34 h.</strong> La bailaora y la artista ponen bocabajo el lienzo. Roc&iacute;o zapatea sobre &eacute;l, lo pliega intentando no interrumpir su danza. Yo quisiera verla suspender la danza para ir hacia esa performatividad que se promete, no ser la bailaora sino la <em>rompeora</em>. Se detiene. Yo no puedo evitar sentir que esta<em> performance</em> tiene algo de anacr&oacute;nico, de remake del expresionismo abstracto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>12.55 h.</strong> Roc&iacute;o y Lilita le dan la vuelta al lienzo y lo contemplan. Lilita no est&aacute; contenta totalmente con el resultado y le indica a Roc&iacute;o la zona por donde quiere que zapatee. Ser&aacute; porque no he desayunado, pero yo creo que una <em>performance</em> es una <em>performance</em>. Si te entregas al azar, aceptas su veredicto, no lo corriges. Eso s&iacute;, gracias a eso, me vivo el mejor momento de la pieza: la Molina con el rostro en el suelo, el &oacute;leo desquebrajado por sus tacones adherido a su cara. Hay algo carnal en ese momento, inevitable y, por tanto, real.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>13.03 h.</strong> Aparece por el fondo <strong>Juana la del Pipa</strong> y canta seguiriyas y remata por buler&iacute;as con el baile entregado y atento de la bailaora malague&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>13.20 h.</strong> Lilita y Roc&iacute;o nos cuentan. La pintora dice que el cartel tendr&aacute; dos partes: el lienzo intacto y despu&eacute;s de la intervenci&oacute;n de Roc&iacute;o. Ser&aacute; as&iacute; para, seg&uacute;n ella, defender que el flamenco es tradici&oacute;n y modernidad. Para m&iacute;, decir estas dualidades es lo mismo que no decir nada. Me declaro queer de lo flamenco, cuestiono esta cosa binaria, no soy ni antigua ni moderna. Me voy a desayunar o a tomarme un <em>brunch</em> o un lo que sea.&nbsp;&nbsp;
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        <strong>Martes, 29 de octubre</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>20.43 h.</strong> Con un resfriado de los de quiero dormir hasta que haya Gobierno, voy camino del <a href="http://teatroalamedasevilla.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Alameda </a>a ver la nueva propuesta de <strong>Alberto Cort&eacute;s</strong> que inaugura el Mes de danza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.07 h.</strong> Toso. Arranca <em>Masacre en Nebraska</em> con el patio de butacas hasta la corcha. La pieza tiene tres int&eacute;rpretes fijos: Alberto, <strong>Andrea Quintana y Rebeca Carrera</strong>. En cada sitio que se representa incorpora, adem&aacute;s, a voluntarios no profesionales como int&eacute;rpretes y co-creadores. Vuelvo a toser.
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        &nbsp;<strong>21.57 h.</strong> La obra es la reconstrucci&oacute;n de una supuesta pieza esc&eacute;nica que hizo historia en el teatro sevillano que es, en realidad, una combinaci&oacute;n de recuerdos de obras emblem&aacute;ticas de la escena contempor&aacute;nea. Hay guasa y retranca. Tras la guasa, late un deseo de cuestionar esa jerarqu&iacute;a art&iacute;stica o, al menos, se&ntilde;ala su peligro de paralizarnos, de convencernos de que es mejor <em>que inventen ellos. </em>Y no, nosotras tambi&eacute;n tenemos cosas que contar y maneras de hacerlo. <em>Masacre en Nebraska</em> es un dispositivo que trastoca el lugar de emisor y receptor en la comunicaci&oacute;n esc&eacute;nica, la rigidez de esos roles.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.07 h.</strong> Pienso que en la obra de Cort&eacute;s est&aacute;n cada vez m&aacute;s presentes dos elementos: remezcla y pueblo. Esos dos vectores centran el discurrir de la obra, m&aacute;s all&aacute; de su contenido. Lo que se masacra aqu&iacute; es el escenario como lugar en el que unos profesionales comunican una verdad al p&uacute;blico. Pero el malague&ntilde;o no se conforma con la destrucci&oacute;n. Tras ella, se reconstruye el teatro (esa vieja palabra que define a un edificio en que se junta la gente) como asamblea en la que todas somos protagonistas y todas tenemos que aportar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.35 h.</strong> Salgo corriendito del teatro casi sin decir adioses porque ya no aguanto m&aacute;s de pie. No voy a dormir hasta que haya Gobierno, que no quiero ser la nueva bella durmiente. Bueno, o fea durmiente, eso ya va en los gustos. Pero s&iacute; que voy a dormir hasta ma&ntilde;ana.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/teatro-mes-de-la-danza-nebraska-remon-alberto-cortes-eldiario-de-un-espectador_1_1273622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Nov 2019 20:19:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando despertó, el resfriado todavía estaba allí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Nebraska]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tú qué haces cuando estás sola]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/rocio-guzman-flamenco-cante-cultura_1_1295103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a22bba1-5e44-4d4a-bb86-126191ea8828_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tú qué haces cuando estás sola"></p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Me voy a ver a&nbsp;Roc&iacute;o Guzm&aacute;n, que presenta en el&nbsp;<a href="http://teatroalamedasevilla.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Teatro Alameda</a>&nbsp;su primer disco con temas propios al que ha titulado&nbsp;<em>Sonada</em></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>Mi&eacute;rcoles</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>19.23 h.</strong> Me estoy estudiando unos textos de <strong>Fernando Mansilla</strong> que dije el viernes en Cieza (Murcia) en el espect&aacute;culo Libertino de <strong>Marcos Vargas</strong> y <strong>Chlo&eacute; Br&ucirc;l&eacute;</strong>. Fue la primera funci&oacute;n que se haga despu&eacute;s de que Fernando se fuera, as&iacute; que la sentimos homenaje a su obra y su ser. Ese d&iacute;a a casi la misma hora, en La bicicleter&iacute;a, tambi&eacute;n se leeyeron versos de Mansilla como forma de homenaje. Y la semana siguiente, m&aacute;s. El lunes 14 a las 20h se present&oacute; el libro/cd <em>La gram&aacute;tica parda + Lucy</em> y el mi&eacute;rcoles 16 a las 21h en el <strong>Teatro Central </strong>hubo un espect&aacute;culo con entrada libre en el quienes le quer&iacute;amos y admir&aacute;bamos estuvimos arriba y abajo del escenario para recordarlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>20.45 h.</strong> Me voy a ver a <strong>Roc&iacute;o Guzm&aacute;n</strong>, que presenta en el&nbsp;<a href="http://teatroalamedasevilla.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Alameda</a> su primer disco con temas propios al que ha titulado <em><strong>Sonada</strong></em>. Su personalidad &uacute;nica, su bagaje heterodoxo, su hacer desprejuiciado y su amor por lo tradicional y lo popular, hacen de ella una artista que sigo y admiro. No hay vez que la haya visto y o&iacute;do que no me haya hecho vibrar, que no me haya dado un escalofr&iacute;o en la espalda por lo menos. As&iacute; que voy a la presentaci&oacute;n de <em>Sonada</em> con ganas y la espaldita preparada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.20 h.</strong> Cerveza pre-concierto con S. Se apunta Alex Pe&ntilde;a que acaba de presentar en el <strong>Centro Federico Garc&iacute;a Lorca</strong> de Granada <em>Recreativos Federico. </em>Los papeles dicen que<em> &ldquo;</em>es un dispositivo a medio camino entre la performance, la instalaci&oacute;n y la representaci&oacute;n (&hellip;) Una suerte de sal&oacute;n recreativo que incluye siete m&aacute;quinas expendedoras y de juego creadas en torno al imaginario de Lorca y que se articulan ante un eje central en palabras de su creador:&nbsp;<em>&rdquo;cuando el legado art&iacute;stico se convierte en souvenir, la literatura dram&aacute;tica se torna en juego&ldquo;.&nbsp;</em>Yo, que he ido sabiendo de esas m&aacute;quinas en encuentros callejeros con Alex, estoy deseando verla en directo. Hay en la obra de Pe&ntilde;a una mezcla entre lo conceptual y lo l&uacute;dico, entre el humor gamberro y la cr&iacute;tica radical, que destila en un discurso irreverente y que te da de pensar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.37 h.</strong> Comienza <em>Sonada</em>. Un despliegue de luces, mapping y m&uacute;sica electr&oacute;nica arropa la voz de la cantante que parece m&aacute;s una aparici&oacute;n que una presencia. Est&aacute; y no est&aacute;. Esa sensaci&oacute;n et&eacute;rea es como un halo mariano que nos hace sentirnos sus fieles. El hombre es un animal de costumbres (y la mujer tambi&eacute;n), y mis orejas no est&aacute;n muy acostumbradas a la electr&oacute;nica, as&iacute; que me piden un reajuste mental. Me pongo a ello.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.52 h.</strong> Me siento en un lateral al lado de R. Estar con ella es &ldquo;casa&rdquo; y ambos lo sabemos: una camaronera y un morentiano, el ying y el yang, Apolo y Dionisos. La simbiosis perfecta. Ambos nos vamos embelesando con el concierto, poco a poco.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.06 h.</strong> Confirmado: estoy embelesado y tocado y feliz. Roc&iacute;o Guzm&aacute;n ha conseguido algo que llevo esperando hace mucho: ser tradici&oacute;n y ser pueblo sin ser museo; coger ese legado espl&eacute;ndido como algo que seguir desarrollando, no algo que repetir. Adem&aacute;s, las influencias que maneja son muchas, m&aacute;s all&aacute; de los conceptos de alta o baja cultura, m&aacute;s all&aacute; de prestigios y jerarqu&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.37 h.</strong> Estamos en lo alrededores del Teatro Alameda, tomando algo tras el concierto. T me cuenta que el disco saldr&aacute; en breve. Yo lo quiero porque necesito volver a escuchar todas las canciones. Las que me encantaron: Rumbita del tarareo, Si, Ch&aacute;ndal, Oh (he sufrido de m&aacute;s), Que no; pero tambi&eacute;n las dem&aacute;s, porque estoy seguro que en una segunda o tercera escucha me cautivar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>23.12 h.</strong> Sigo ah&iacute; cavilando de lo vivido en el concierto mientras me tomo algo en El Corto con S. En la voz de Roc&iacute;o, en su presencia, est&aacute; el eco de esas voces de mujer que acompa&ntilde;aron mi educaci&oacute;n sentimental y que escucho y canto cuando estoy sola: <strong>la Jurado, Teresa Valle, Valentina la de Sabinosa, la Ni&ntilde;a de la Puebla, la Piri&ntilde;aca, Amaya</strong> (Mocedades), <strong>Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Mu&ntilde;oz</strong> (Camela),&hellip; Est&aacute;n el drama desatado de los amores imposibles y tambi&eacute;n la guasa y la alegr&iacute;a de vivir. Pienso en las madres, claro, en la m&iacute;a y en las vuestras; en esa l&iacute;nea ininterrumpida de mujeres que retrocede en el tiempo y llega hasta donde cada cual quiera (Eva, Lilith o Athenea); veo a las Venus paleol&iacute;ticas mezcladas con La Macarena. <em>Lo madre </em>(que dice mi amiga <strong>Silvia Nanclares</strong>) arrebuja&iacute;to con el eterno femenino y lo queer. O sea, un cantar del presente y presente (el cuerpo que lo canta nunca se ausenta).
    </p><p class="article-text">
        <strong>23.47 h.</strong> De vuelta a casa, miro el libreto de Fernando y lo abro para darle un &uacute;ltimo repaso antes de dormir: &ldquo;<em>Yo cuando estoy solo/ me pongo la m&uacute;sica alta hasta reventar/ y bailo y salto y hago el mongolo/ hasta darme verg&uuml;enza de m&iacute; mismo./ Yo, cuando estoy solo,/ escucho a esos negrazos cantando blues/ y me digo, por esta vez pase,/ por esta vez vale la pena/ la vida al lado de los monstruos&rdquo;.</em>&nbsp;Intento pensar como yo, pero pienso con su voz porque cuando lees a Fernando es inevitable pensar un poco como &eacute;l. As&iacute; que me rindo: &iquest;Y t&uacute;? &iquest;T&uacute; qu&eacute; haces cuando est&aacute;s sola? Yo me pongo el disco de Roc&iacute;o Guzm&aacute;n que a&uacute;n no ha salido y grito esas canciones fantasmas (porque s&oacute;lo est&aacute;n en mi memoria) como himnos a la vida y la muerte, como odas al que fui y a la que soy y al que ser&eacute; y me digo que, por esta vez, vale la pena el desconcierto, las torpezas, las heridas y la fugacidad. Veo a todos los hombres y todas las mujeres que nos antecedieron como un milagro m&aacute;s que como una carga. Apago los ojos y cierro la luz. Hace tiempo que no necesito un ansiol&iacute;tico para dormir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/rocio-guzman-flamenco-cante-cultura_1_1295103.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Oct 2019 16:37:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tú qué haces cuando estás sola]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Flamenco,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una obra mayor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/romeo-y-julieta-teatro-andalucia-teatro-clasico_1_1319045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/115fb10e-2bd1-4c2c-b83f-67ae347de657_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una obra mayor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alfonso Zurro coloca en el centro de la trama el odio, en vez del amor. El odio como un personaje más que se va imponiendo y alentando a la destrucción</p></div><p class="article-text">
        <a href="http://www.clasicodesevilla.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Cl&aacute;sico de Sevilla</a>&nbsp;ha ido dibujando una trayectoria s&oacute;lida y coherente, avalada por infinidad de premios y que le ha permitido ser una excepci&oacute;n de estabilidad en la casi siempre fugaz vida de las compa&ntilde;&iacute;as andaluzas. Tras <em>Hamlet,</em> &eacute;ste es su segundo encuentro con una obra de <strong>Shakespeare</strong>. La mano de <strong>Alfonso Zurro</strong>, director y responsable de la versi&oacute;n de los textos desde hace unos a&ntilde;os, vuelve a proponernos una lectura de la pieza que la acerca al espectador del hoy (los cl&aacute;sicos, dec&iacute;a <strong>Luis de Tavira</strong>, son aquellos que no ha terminado de decir lo que ven&iacute;an a decirnos) y que pueda satisfacer por igual a todo tipo de p&uacute;blico. Para ello, coloca en el centro de la trama el odio, en vez del amor. El odio como un personaje m&aacute;s que se va imponiendo y alentando a la destrucci&oacute;n. Y elige como marco, no la Verona del original, sino la Espa&ntilde;a de la Guerra Civil. Esta decisi&oacute;n es uno de los grandes hallazgos de la funci&oacute;n porque hace que en cada giro de la trama vivamos la angustia de una doble inevitabilidad: la muerte de ambos j&oacute;venes y el estallido de la guerra fratricida cuya sombra sigue siendo demasiado alargada. Estos d&iacute;as parece que, <a href="https://www.eldiario.es/politica/Tribunal-Supremo-exhumacion-Franco_0_950505069.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por fin se va a sacar a Franco del Valle de los Ca&iacute;dos </a>mientras alg&uacute;n pol&iacute;tico dice&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/politica/Trece-Rosas-Asturias-Ortega-Smith_0_950855672.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">disparates sobre las Trece Rosas.</a> Y es este extra&ntilde;o presente en el que parece que la p&aacute;gina no se termina de pasar el que amplifica y hace que nos duela m&aacute;s este <em>Romeo y Julieta,</em> esta historia de un amor devastado por el odio que lo rodea.
    </p><p class="article-text">
        La brillantez de la decisi&oacute;n implica, sin embargo, un reto dramat&uacute;rgico y esc&eacute;nico que, como acostumbra, Zurro resuelve con maestr&iacute;a: va sembr&aacute;ndola lentamente con proclamas y referencias a los sublevados a y los fieles a la Rep&uacute;blica en la guerra, ironiza arrancando con los personajes disfrazados al modo del Renacimiento italiano; para ir haciendo calar la amenaza preb&eacute;lica se apoya en un atinado espacio sonoro de<strong> Jasio Velasco,</strong> en la progresi&oacute;n del vestuario de los personajes firmado por <strong>Carmen y Flores de Giles</strong>, y la eficaz y hermosa iluminaci&oacute;n de <strong>Florencio Ortiz.</strong>
    </p><h3 class="article-text">Una apuesta por la juventud</h3><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n de la pieza, por su reparto, ha implicado la apertura a una nueva generaci&oacute;n de int&eacute;rpretes. Siempre es bienvenida una apuesta por la juventud teatral y es valiente correr el riesgo de hacer esta pieza de Shakespeare que exige, para su credibilidad, unos int&eacute;rpretes j&oacute;venes a los que, sin embargo, obliga aun reto actoral may&uacute;sculo. Romeo y Julieta lidian con unos parlamentos y unos cambios de estado de &aacute;nimo endiablados. Claro que en alg&uacute;n momento se les ven fisuras, pero yo no he visto nunca Romeos ni Julietas perfectos, y <strong>Lara Grados y &Aacute;ngel Palacios</strong> encarnan su respectivos roles con entrega absoluta y salen ilesos del reto. Junto a ellos, <strong>Santi Rivera</strong> es un Mercucio que mezcla ligereza y poes&iacute;a;<strong> Luis Alberto Dominguez</strong> un Benvolio fr&aacute;gil y, por tanto, cercano; <strong>Jos&eacute; Luis Bustillo</strong> sobresale en su doble car&aacute;cter: un Paris tir&aacute;nico pero enamorado y un inquietante Tebaldo; <strong>Rebeca Torres y Antonio Campos</strong> son los padres de Julieta, s&oacute;lidos como suelen en toda la pieza, y que emocionan en dos de las mejores escenas de la funci&oacute;n (la casi paliza a Julieta y su muerte, ambas son muestra del talento excepcional de Zurro); <strong>Amparo Mar&iacute;n</strong>, esta vez en registro c&oacute;mico, nos regala un Ama entra&ntilde;able y, al tiempo, c&oacute;mplice del horror; <strong>Manuel Monteagudo</strong> es el criado y el Fraile, rayando al alt&iacute;simo nivel a que nos tiene acostumbrados. As&iacute;, todo el elenco, los veteranos del Teatro Cl&aacute;sico y los reci&eacute;n llegados, empastan su trabajo y hacen de la propuesta un ejemplo del talento que hay en la escena sevillana y andaluza hoy.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Un muro que es todos los muros</h3><p class="article-text">
        El trabajo escenogr&aacute;fico, ese muro de dos caras que marca los diversos espacios interiores y exteriores por los que transita la pieza es, quiz&aacute;, menos espectacular que las dos &uacute;ltimas propuestas que hizo <strong>Curt Allen</strong> para el Teatro Cl&aacute;sico (<em>Hamlet </em>y<em> Luces de bohemia</em>), pero hace resaltar el trabajo actoral y, en su austeridad y desnudez, va contagi&aacute;ndonos el escalofr&iacute;o de una guerra que se acerca. Ese muro es todos los muros donde fueron fusilados inocentes, ese muro que se abre en dos durante la funci&oacute;n es cada una de nuestras familias, rotas por el enfrentamiento y el odio. Ya es hora de que se cierren las heridas, que se llame a las cosas por su nombre y termine esta eterna posguerra.
    </p><p class="article-text">
        La obra, eso s&iacute;, tard&oacute; un poco en atraparme. No s&eacute; si porque la trama amorosa de arranque no est&aacute; del todo conseguida todav&iacute;a (la funci&oacute;n se acaba de estrenar) o porque &eacute;sta es una obra que necesita empezar demorada para ir calando poco a poco. Es cierto, en cualquier caso, que en ese arranque est&aacute; una de las grandes dificultades del original: c&oacute;mo mostrar a dos chicos j&oacute;venes e inocentes que, casi inmediatamente, van a tomar una decisi&oacute;n que les har&aacute; mirar de frente a la muerte.&nbsp; En cualquier caso, la funci&oacute;n no tard&oacute; en calarme. Y al final termin&eacute; hasta los huesos, feliz de ver teatro de tal calidad hecho por gente de aqu&iacute;. Para mi cat&aacute;logo de heridas esc&eacute;nicas que se me har&aacute;n cicatrices, cuatro momentos sublimes: esa pelotita votando tras la muerte de Mercurio que escapa hacia el patio de butacas, el citado conato de paliza a Julieta, la muerte de &eacute;sta (escalofriante la reacci&oacute;n del Ama y los padres) y el final que se distancia del original de Shakespeare y que no cuento para que os deje tan removido como a m&iacute;. En definitiva, <em>Romeo y Julieta</em> es, para m&iacute;, una de las obras mayores de un director y dramaturgo que, en su trayectoria lleva ya un buen pu&ntilde;ado de ellas; y tambi&eacute;n la obra de una compa&ntilde;&iacute;a que es ejemplo de buen hacer y supervivencia en medio del desierto que sigue siendo la escena andaluza. Vale.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/romeo-y-julieta-teatro-andalucia-teatro-clasico_1_1319045.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Oct 2019 14:24:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una obra mayor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Andalucía,Teatro Clásico]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El algoritmo no tiene ritmo y dormir es una utopía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/festival-de-italica-teatro-danza-flamenco-critica-utopia_1_1420514.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fea711af-353b-4209-b021-f5acbab3841c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El algoritmo no tiene ritmo y dormir es una utopía"></p><p class="article-text">
        <strong>Martes, 16 de julio</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.45 h.</strong> Recojo a P de sus clases de yoga. Las da, no las toma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.25 h.</strong> Hay cuatro o cinco personas disfrazadas de romano. Piden firmas para declarar <a href="http://italicapatrimoniomundial.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">It&aacute;lica Patrimonio de la Humanidad</a>. Pedir firmas, hacer crowdfoundings, apuntarse a una ONG o a tres, firmar protestas en redes, emergencias humanitarias: la utop&iacute;a es un jarr&oacute;n roto y multiplicamos las formas de comprar un cachito. Me acuerdo de las bulas y la indulgencias que los ricos compraban. Firmo el papel que me da una romana de Santiponce.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.45 h.&nbsp;Patricia Guerrero</strong> y el resto de la compa&ntilde;&iacute;a est&aacute;n sentados en sillas con sus mesas respectivas delante, a modo de aula. Van golpeando la mesa y creando ritmos. Muestran la uniformidad que impera en ese tiempo y lugar dist&oacute;pico en que estaremos todo el espect&aacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.51 h.</strong> P me dice que se ha enamorado de Patricia, de su movimiento. La entiendo. A m&iacute; me pas&oacute; lo mismo cuando la vi por primera vez. La bailaora granadina es un prodigio t&eacute;cnico capaz de ser suave y salvaje, de incorporar a su baile influencias diversas y seguir siendo ella misma. El t&aacute;ndem que ha hecho con el director de escena <strong>Juan Dolores Caballero</strong> ha entregado dos espect&aacute;culos hasta la fecha, <em>Catedral</em> y este <em>Distop&iacute;a</em>, que han consagrado a la Guerrero como una de las figuras fundamentales del flamenco contempor&aacute;neo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>00.09 h.</strong> Acaba de terminar <em>Distop&iacute;a</em> y el p&uacute;blico aplaude entusiasmado a todo el elenco y especialmente a Patricia Guerrero. Estamos ante un gran &eacute;xito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>00.13 h.</strong> Mientras vemos a la gente salir, P me pregunta que qu&eacute; tal. Yo le digo que muy bien con sus cosas. Me explico: Patricia es una bailaora superdotada, consciente de su belleza y su poder&iacute;o t&eacute;cnico y art&iacute;stico. Los comparte con nosotros y se mide en una danza generosa y perfect&iacute;sima. Al mismo tiempo, se faja con una propuesta dramat&uacute;rgica y coreogr&aacute;fica compleja. Compleja por su necesidad de crear una cierta forma de relato y por sostener un personaje durante toda la funci&oacute;n. Hay pues dos personajes en escena: la bailaora y esa mujer que trata de seguir siendo ella en una sociedad que la quiere id&eacute;ntica a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>00.27 h</strong>. Sigo pensando para dentro sobre <em>Distop&iacute;a</em>, pero ya con una cervecita en la mano. Creo que este trabajo es un excelente ejemplo de la madurez del flamenco esc&eacute;nico. Antes, en la mayor&iacute;a de los casos, la idea esc&eacute;nica se suspend&iacute;a o desaparec&iacute;a durante los bailes. Ahora, en &eacute;ste y otros ejemplos, la idea permanece. Los distintos elementos est&aacute;n trenzados ejemplarmente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>00.32 h.</strong> &iquest;Pido otra cerveza? No que me l&iacute;o. Le digo a P que tiremos. En el coche, sigo cavilando sobre lo visto. En lo coreogr&aacute;fico, la artista granadina propone un c&oacute;digo de movimiento mec&aacute;nico y casi rob&oacute;tico como met&aacute;fora de esa uniformidad de la sociedad que inventa, al que contrapone el vocabulario flamenco como forma de libertad. La idea es clara y eficaz. Reconozco, eso s&iacute;, que yo no conecto mucho con este tipo de dicotom&iacute;as porque las siento gastadas (flamenco o contempor&aacute;neo, tradici&oacute;n o vanguardia, etc). A veces, tambi&eacute;n creo ver que, ante la duda, la Guerrero antepone el despliegue que le pide su danza al arco del personaje (quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s elocuente una inmovilidad final que la locura).
    </p><p class="article-text">
        <strong>00.46 h.</strong> Baj&aacute;ndome del coche pienso que una distop&iacute;a, como cualquier relato de ciencia ficci&oacute;n, habla m&aacute;s del presente que del futuro. Y no termino de entender qu&eacute; nos viene a decir <em>Distop&iacute;a</em> de este presente en que vivimos. M&aacute;s bien lo que entiendo (uniformidad, eliminaci&oacute;n de la individualidad) me resulta demasiado gen&eacute;rico. Tambi&eacute;n me cuestan las letras populares porque sus referentes me alejan de ese futuro que trata de crear la propuesta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>00.49 h.</strong> Abro la puerta de casa. El pasillo me sonr&iacute;e. Me acuerdo de los brazos de la bailaora, de su derroche, de la precisi&oacute;n de sus movimientos. Cojo el m&oacute;vil y miro Facebook. Me acuesto y rezo: <em>Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro algoritmos que se las guardan</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Viernes, 19 de julio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.25 h.</strong> Estoy tomando una cerveza con B y nos estamos poniendo al d&iacute;a. B baila y piensa. Yo pienso y bailo. Me acuerdo de lo que escrib&iacute; un d&iacute;a: mi plan es solucionar hasta que todo baile. Pues eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>21.55 h.</strong> P yo vamos otra vez en el coche camino de It&aacute;lica. Estoy seguro de que veremos romanos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.12 h</strong>. Estoy viendo de lejos a los romanos. &iquest;Firmo otra vez? &iquest;Pongo un nombre falso as&iacute; descaradamente tipo Elvis Presley? Mejor lo voy a dejar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.37 h.</strong> Empieza <em>La cocina de los &aacute;ngeles.</em> Suelo blanco y espacio vac&iacute;o. Vamos, todo lo vac&iacute;o que puede estar este teatro tan romano. Los locos a los que<strong> Juan Dolores Caballero</strong> es tan aficionado pululan por la escena. Cada cual tiene su tic, su extra&ntilde;a manera de ser normal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22.49 h.</strong> Me acuerdo del deslumbramiento que me supuso ver una de las primeras piezas del director, <em>El recreo</em>. Esa recreaci&oacute;n del <em>Edipo rey</em> en el patio de un psiqui&aacute;trico. Y creo ver algo de eso en estos &aacute;ngeles. Est&aacute;n juntos, pero solos. Son fr&aacute;giles, pero crueles.
    </p><p class="article-text">
        <strong>23.02 h.</strong> Estos &aacute;ngeles bailan y, as&iacute;, son. No hay conflicto evidente ni un desarrollo dram&aacute;tico al uso. Sospecho que esto es intencionado, aunque yo a veces lo echo en falta. La m&uacute;sica es a ratos inc&oacute;moda, a ratos bella. El elenco demuestra su solvencia t&eacute;cnica y se entrega a la propuesta con generosidad. A m&iacute; me seduce especialmente el carisma de<strong> In&eacute;s Garc&iacute;a</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>23.12 h.</strong> Acaba de terminar el estreno una de las producciones propias de este <a href="http://www.festivalitalica.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Festival de It&aacute;lica</a>. A ver si estos &aacute;ngeles vuelan alto, lejos y mucho. Mientras lo pienso, caigo en la cuenta de que hace calor hasta en It&aacute;lica, que suele estar fresquita. Me temo que esta noche dormir va a ser una utop&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>23.25 h.</strong> P pide sin alcohol, yo con. Cervezas, digo. P sonr&iacute;e y saluda a sus colegas, algunos de ellos parte de la compa&ntilde;&iacute;a. La miro. Los miro. La felicidad de los estrenos es una maravilla. Esa descarga de adrenalina, esa alegr&iacute;a colectiva. Quienes nos dedicamos a esto estamos muy locas y pasamos quinarios, pero tambi&eacute;n somos &aacute;ngeles y volamos. Eso no hay quien no los quite. &iquest;O s&iacute;?&nbsp; &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/festival-de-italica-teatro-danza-flamenco-critica-utopia_1_1420514.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jul 2019 20:53:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El algoritmo no tiene ritmo y dormir es una utopía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Danza,Flamenco,Crítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La belleza de lo que está pasando justo ahora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/teatro-italica-danza-rocio-molina-cultura_1_1436758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4c90ec1-42a4-44b6-bee2-e98b448a62f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La belleza de lo que está pasando justo ahora"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">David Montero ha estado en el espectáculo</p><p class="subtitle">Impulsos</p><p class="subtitle">de Rocío Molina, dentro del Festival Internacional de Danza de Itálica</p></div><p class="article-text">
        En el marco de esta edici&oacute;n del <a href="http://www.festivalitalica.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Festival Internacional de Danza de It&aacute;lica,</a> <strong>Roc&iacute;o Molina</strong> ha presentado tres piezas que forman parte del proceso de creaci&oacute;n e investigaci&oacute;n de su siguiente espect&aacute;culo. Los llama <em>Impulsos</em> y son encuentros con distintos artistas en los que la bailaora va dejando aparecer un universo simb&oacute;lico, coreogr&aacute;fico y esc&eacute;nico que luego cristaliza en el espect&aacute;culo en cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el primero, la artista malague&ntilde;a comparti&oacute; escenario con el sublime guitarrista <strong>Rafael Riqueni</strong>; en el segundo, con la bailarina y core&oacute;grafa <strong>Elena C&oacute;rdoba</strong>; en el de este fin de semana, con el core&oacute;grafo, bailar&iacute;n y cantante <strong>Fran&ccedil;ois Chaignaud</strong>. Cada <em>Impulso</em> es parte de un proceso de b&uacute;squeda e indagaci&oacute;n art&iacute;stica y personal, al mismo tiempo que es acontecimiento esc&eacute;nico que se agota en s&iacute; mismo. Esa doble y parad&oacute;jica caracter&iacute;stica es parte del atractivo que la propuesta genera. Como el propio programa afirma, &ldquo;el laboratorio de Roc&iacute;o Molina se abre al p&uacute;blico&rdquo;, pero ya han advertido unas cuantas fil&oacute;sofas que quien observa modifica lo observado. As&iacute; que el p&uacute;blico que llenaba el patio de butacas del <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Monasterio_de_San_Isidoro_del_Campo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Convento de San Isidoro del Campo</a> colabor&oacute; en la creaci&oacute;n de una pieza irrepetible y, para m&iacute;, excepcional.
    </p><h3 class="article-text">El v&eacute;rtigo de lo vivo</h3><p class="article-text">
        La obra arranca con irrupciones de ambas artistas que atraviesan la escena en solitario, sus presencias se van solapando, desaparecen y reaparecen por lugares insospechados, oblig&aacute;ndonos a mirar y admirar todos los rincones del bell&iacute;simo Claustro de los Muertos. En escena, permanecer&aacute; toda la funci&oacute;n el magn&iacute;fico contrabajista <strong>Pablo Mart&iacute;n Caminero</strong>. Desde muy pronto, Fran&ccedil;ois Chaignaud me conquista con su fluir libre por el espacio que cuestiona y difumina los c&oacute;digos: toca al p&uacute;blico, resuella, se despoja de ropa, es puro presente, o sea, no hay en &eacute;l el m&iacute;nimo &eacute;nfasis o manierismo. Por su parte, la Molina arranca muy suave. Agradezco y disfruto esa suavidad, esa reducci&oacute;n de la energ&iacute;a y del n&uacute;mero de gestos que hace resplandecer esa otra cara de la int&eacute;rprete (sutileza, fragilidad, ternura) otras veces eclipsadas por su enorme poder&iacute;o f&iacute;sico y t&eacute;cnico.
    </p><p class="article-text">
        Cada aparici&oacute;n crea un personaje distinto, una mujer nueva que se pasea por la escena, con su drama y su comedia a cuestas, su risa y su destrucci&oacute;n. Hay batas de cola blanca, ropa anacr&oacute;nica (invierno moscovita en pleno verano sevillano), vestidos y pl&aacute;sticos. Tras ese poner las cartas sobre la mesa, un primer encuentro entre ambas. Las dos personas descalzas (como todas), las dos con batas de cola (blanca Fran&ccedil;ois, negra Roc&iacute;o). Fran&ccedil;ois mantiene la cosa siempre en el filo de la navaja, lo hace no dejando morir nada, suministrando riesgo, temblor y alegr&iacute;a a cada momento. Estamos ante un improvisador avezado y encantado de serlo, ante un ilustre gamberro, ante alguien que sabe que estar en la escena es estar en la cuerda floja: si no hay v&eacute;rtigo, se acaba lo vivo. Roc&iacute;o, inteligente y generosa, es toda escucha. No esconde su desconcierto cuando &eacute;ste aparece. No tira de t&eacute;cnica. Y ya sabemos que no es porque est&eacute; falta de ella. Surgen fragmentos del vocabulario de la core&oacute;grafa. Est&aacute; el suelo que conquist&oacute; en <em>Ca&iacute;da del cielo</em>, est&aacute;n sus pase&iacute;llos y sus marcajes, su r&iacute;tmica personal y exacta, est&aacute;n los cr&oacute;talos a lo <strong>Fernanda Romero</strong> (hipn&oacute;tico el momento en que sus manos asoman por las ventanitas de la torre y los hacen sonar); pero todo eso est&aacute; a girones, como el vestido de los traspasados por invento lorquiano del duende (quien quiera comprobarlo que lea el delicioso libro de <strong>Jos&eacute; Javier Le&oacute;n</strong> <em>El duende: hallazgo y clich&eacute;</em>). 
    </p><h3 class="article-text">La muerte del personaje </h3><p class="article-text">
        Luego Fran&ccedil;ois queda solo en la escena. Cada momento de su trabajo sigue respirando verdad y vida. Sigue gamberro y en peligro. Para mi &aacute;lbum de momentos que se me har&aacute;n cicatriz esc&eacute;nica, queda su reguincharse en el cig&uuml;e&ntilde;o de hierro del pozo en el que todos temimos por su integridad f&iacute;sica. Una lecci&oacute;n de improvisador: si propongo algo, lo defiendo hasta que se agota; ni me quedo cuando ha terminado ni huyo porque se complica. Tambi&eacute;n zapate&oacute; en puntas, cant&oacute;, bail&oacute;, respir&oacute;, comi&oacute; e hizo una foto con su m&oacute;vil. Hay otra aparici&oacute;n de la bailaora sola que nos cita y excita con su zapateado made in Molina. La irrupci&oacute;n de Fran&ccedil;ois les hace enredarse en un divertido barullo en el que el artista franc&eacute;s descalza a la bailadora. Molina acepta el reto y el juego, insiste en ser ella sin dejar de estar con el otro, la otra, lo otro y los otros. Sigue marcando el ritmo con sus nudillos en el suelo, se r&iacute;e y le dice &ldquo;vaya nochecita que me est&aacute;s dando&rdquo;. Este <em>Impulso</em> est&aacute; siendo puro terrorismo art&iacute;stico en el sentido que lo plantea <strong>Giorgio Agamben.</strong> Y eso es una magn&iacute;fica noticia.
    </p><p class="article-text">
        Cada artista forja inevitablemente un personaje, es lo que ahora se llama &ldquo;crear una marca&rdquo;. Ese personaje es su libertad, pero tambi&eacute;n su condena. Roc&iacute;o Molina es desde sus comienzos lo que en el argot flamenco se llama un bicho, o sea, una superdotada t&eacute;cnica que deslumbra y seduce haciendo posible lo imposible. Su indagaci&oacute;n en los l&iacute;mites t&eacute;cnicos y expresivos del vocabulario flamenco han sido imprescindibles en el nacimiento de una nueva generaci&oacute;n que ahora copa los escenarios. Pero ella parece estar sugiriendo para s&iacute; misma un nuevo lugar. Por eso, en este<em> Impulso</em> no hubo exhibici&oacute;n t&eacute;cnica ni despliegue de facultades. Habr&aacute; quien eche de menos eso que Roc&iacute;o les daba, pero pueden estar tranquilas: lo seguir&aacute; dando, simplemente ahora se compromete con su b&uacute;squeda incondicionalmente. Es signo de valent&iacute;a y madurez. Yo disfruto y revindico esta fragilidad de la Molina.  Los lectores habituales de autoayuda hablar&iacute;an de que ha abandonado su zona de confort. Yo digo que le ha prendido fuego y busca el camino con el resplandor de esas llamas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Montero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/teatro-italica-danza-rocio-molina-cultura_1_1436758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Jul 2019 18:53:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Italia,Danza]]></media:keywords>
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