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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luis Miller]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luis_miller/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luis Miller]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La política como identidad dominante en la sociedad española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politica-identidad-dominante-sociedad-espanola_132_12469585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2ec4c79-c1f6-4cca-90ff-1a68be03958c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política como identidad dominante en la sociedad española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La media de los sentimientos hacia nuestro partido se sitúa en ochenta puntos, la más alta entre los sentimientos positivos, mientras que la media de los sentimientos hacia el partido que más odiamos baja de los diez, la más baja entre los sentimientos negativos</p></div><p class="article-text">
        &laquo;<a href="https://www.eldiario.es/politica/vox-plantea-abiertamente-proceso-expulsion-masiva-migrantes_1_12445840.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Migrantes</a>&raquo;, &laquo;<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/musulmanes-seis-comunidades-autonomas-no-enterrar-muertos-derecho_1_11557342.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">musulmanes</a>&raquo;, &laquo;<a href="https://www.eldiario.es/catalunya/grupo-ecologista-empapela-barcelona-carteles-greenwashing-industria-turistica_1_12370780.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ecologista</a>&raquo;, &laquo;<a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/internacional/baloncestistas-shatila-revolucion-feminista-campo-refugiados-beirut_1_12408585.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">feminista</a>&raquo;, &laquo;<a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/politica/teniente-alcalde-vox-guadalajara-rechaza-companero-partido-llamase-tontos-votantes-pp-psoe_1_12336777.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">votantes de PP y PSOE</a>&raquo;, &laquo;<a href="https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/cabalgata-reividicativa-colectivo-lgtb-cartagena_1_2594088.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">colectivo LGTB</a>&raquo; son categor&iacute;as que aparecen con regularidad en la prensa y en el debate p&uacute;blico. Estas, en concreto, han aparecido recientemente en este mismo diario. Todas hacen referencia a identidades sociales o grupales, que no son m&aacute;s que la forma en que las personas nos identificamos a nosotros mismos y a los dem&aacute;s con un colectivo. En las ciencias sociales, la teor&iacute;a dominante para entender c&oacute;mo funcionan estas categor&iacute;as es la &laquo;teor&iacute;a de la identidad social&raquo;, desarrollada por psic&oacute;logos sociales como <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Tajfel" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Henri Tajfel</a> y John Turner. Seg&uacute;n esta teor&iacute;a, la identidad social se refiere a la categorizaci&oacute;n social de uno mismo y de los dem&aacute;s; es decir, nos identificamos como pertenecientes a un grupo o categor&iacute;a social al que atribuimos valor y emociones, y hacemos lo mismo para el resto de personas, contraponiendo nuestro grupo a otros. Un componente importante de esta teor&iacute;a es que las identidades resultantes nos inducen sentimientos positivos hacia aquellas personas que son como nosotros, con las que compartimos categor&iacute;a, y sentimientos negativos hacia los que son diferentes, y que situamos fuera.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sentimientos nos suscitan identidades como las mencionadas anteriormente en Espa&ntilde;a? Hace nueve a&ntilde;os, <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-partidista-discriminacion-politica_132_3733879.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este blog</a>, ya coment&aacute;bamos que las identidades pol&iacute;ticas eran las que generaban sentimientos m&aacute;s extremos, tanto hacia los nuestros como hacia los otros. Entonces, descubrimos que, tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, B&eacute;lgica y el Pa&iacute;s Vasco, la discriminaci&oacute;n basada en el partido pol&iacute;tico con el que uno se identifica era mayor que la discriminaci&oacute;n racial en Estados Unidos, religiosa en el Reino Unido, regional en B&eacute;lgica y la basada en el origen (ascendencia aut&oacute;ctona o no) en el Pa&iacute;s Vasco. &iquest;Sigue siendo as&iacute;? &iquest;Nos genera la pol&iacute;tica unos sentimientos de hostilidad mayores que cualquier otra identidad?
    </p><p class="article-text">
        Para responder a estas preguntas, los cient&iacute;ficos sociales utilizamos un instrumento llamado term&oacute;metro de sentimientos. Este term&oacute;metro funciona de manera muy sencilla. Preguntamos a los participantes de una encuesta c&oacute;mo se sienten con respecto a una serie de grupos de personas. Para expresar sus sentimientos, deben situarse en una escala &laquo;t&eacute;rmica&raquo; de 0 a 100, donde 0 grados significa que se sienten lo m&aacute;s fr&iacute;os y negativos posible, y 100 grados significa que se sienten lo m&aacute;s c&aacute;lidos y positivos posible. Un <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0261379421000524" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> realizado en los Pa&iacute;ses Bajos, que utilizaba veintisiete categor&iacute;as (votantes, actitudes frente a la inmigraci&oacute;n o hacia los roles de g&eacute;nero, etc.), conclu&iacute;a que las categor&iacute;as que generaban mayores divisiones eran pol&iacute;ticas, seguidas de las actitudes hacia los roles de g&eacute;nero y las actitudes hacia los refugiados. Este trabajo es uno de los pocos realizados en el contexto europeo midiendo la &laquo;primac&iacute;a del partidismo&raquo; sobre otras divisiones sociales, un fen&oacute;meno que se ha <a href="https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/00031224221135797" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">replicado</a> en innumerables ocasiones en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Hace un a&ntilde;o, decidimos estudiar este fen&oacute;meno en Espa&ntilde;a en el marco del proyecto NORPOL, financiado por la Agencia Estatal de Investigaci&oacute;n. En una muestra representativa de 3000 personas de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola, incluimos un term&oacute;metro de sentimientos con veinticinco categor&iacute;as. Nuestro term&oacute;metro tiene dos peculiaridades que complementan los resultados obtenidos hasta la fecha en otros pa&iacute;ses. En primer lugar, garantiza que para cada categor&iacute;a haya al menos otra que se contrapone, permitiendo agrupar categor&iacute;as o identidades excluyentes que delimitan un grupo propio y un grupo ajeno. Por ejemplo, introducimos &laquo;ecologistas&raquo; y &laquo;negacionistas del cambio clim&aacute;tico&raquo; como identidades contrapuestas. En segundo lugar, varios conjuntos de identidades incluyen m&aacute;s de dos categor&iacute;as. Por ejemplo, en t&eacute;rminos de religi&oacute;n incluimos &laquo;cat&oacute;licos&raquo;, &laquo;musulmanes&raquo;, &laquo;jud&iacute;os&raquo; y &laquo;ateos&raquo;. Todos los datos del proyecto estar&aacute;n disponibles de forma abierta en breve en el <a href="https://digital.csic.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">repositorio institucional del CSIC</a>. 
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra nueve conjuntos de identidades y el sentimiento que despiertan los miembros de nuestro grupo (punto azul) y los de otros grupos (punto rojo). Si hay varios grupos, se muestra tanto el sentimiento hacia el grupo que genera m&aacute;s hostilidad (punto rojo) como la media de los sentimientos hacia los grupos que no son el nuestro (punto gris). Por ejemplo, para un cat&oacute;lico, el punto azul representa el sentimiento hacia otras personas cat&oacute;licas, el punto gris recoge el sentimiento medio hacia musulmanes, jud&iacute;os y ateos, y el punto rojo el sentimiento m&aacute;s negativo (o de valor m&aacute;s bajo) hacia uno de esos grupos externos.
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            <span class="title">
                Gráfico 1: Termómetro de sentimientos                            </span>
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        Los resultados se alinean con los obtenidos hasta la fecha en otros pa&iacute;ses. El sentimiento hacia nuestro grupo (azul) casi siempre se sit&uacute;a por encima del sentimiento hacia otros grupos (gris y rojo). Adem&aacute;s, se observan diferencias significativas entre los distintos conjuntos. En el caso de la educaci&oacute;n (estudios superiores y estudios bajos) y la regi&oacute;n (comunidad aut&oacute;noma y Espa&ntilde;a), las diferencias son m&iacute;nimas. En el caso del colectivo LGTB y los heterosexuales, las diferencias tambi&eacute;n son muy peque&ntilde;as, reflejando el gran consenso que sobre este tema muestran las encuestas en Espa&ntilde;a. Otros conjuntos muestran una hostilidad moderada hacia los dem&aacute;s, como las categor&iacute;as &eacute;tnicas (personas migrantes de distintos or&iacute;genes y poblaci&oacute;n gitana), f&uacute;tbol (aficionados del Real Madrid y FC Barcelona), roles de g&eacute;nero (&laquo;feministas&raquo; y &laquo;personas con una idea tradicional de las mujeres&raquo;), religi&oacute;n y ecologismo.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna categor&iacute;a provoca sentimientos tan extremos como la pol&iacute;tica. La media de los sentimientos hacia nuestro partido se sit&uacute;a en ochenta puntos, la m&aacute;s alta entre los sentimientos positivos, mientras que la media de los sentimientos hacia el partido que m&aacute;s odiamos baja de los diez, la m&aacute;s baja entre los sentimientos negativos. En concreto, el sentimiento m&aacute;s positivo se da entre los votantes de VOX, que valoran a otros votantes de VOX en media con 83 puntos; y el m&aacute;s negativo es de 8 puntos y se da entra los votantes de SUMAR y VOX. 
    </p><p class="article-text">
        No es de extra&ntilde;ar que los conflictos raciales y los avances y retrocesos de las agendas verde y feminista est&eacute;n &iacute;ntimamente ligados a las disputas partidistas. Como no nos cansamos de decir, la pol&iacute;tica es el espacio social que permite canalizar los sentimientos y comportamientos m&aacute;s extremos de las sociedades contempor&aacute;neas. Hace algo m&aacute;s de un a&ntilde;o, <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/causa-ultima-polarizacion-politica_132_10826746.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">intent&aacute;bamos explicar</a> por qu&eacute;. Cont&aacute;bamos que las normas sociales contra la discriminaci&oacute;n son m&aacute;s d&eacute;biles en el terreno pol&iacute;tico y que, independientemente de si siempre ha sido as&iacute; o no, conviene reforzar las normas que han hecho posible la convivencia en otros &aacute;mbitos sociales. Hoy no traemos soluciones milagrosas, solo el compromiso de intentar seguir entendiendo este auge incontrolado del partidismo en las sociedades contempor&aacute;neas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller, Isabel Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politica-identidad-dominante-sociedad-espanola_132_12469585.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jul 2025 04:00:45 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quiénes forman hoy las dos Españas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/forman-hoy-espanas_132_12905777.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Sigue teniendo sentido hablar de las dos Españas? Un análisis empírico de valores, estilos de vida y actitudes políticas muestra una división nítida entre dos grandes bloques sociales y culturales.</p></div><p class="article-text">
        Cada cierto tiempo, alguien en la esfera p&uacute;blica espa&ntilde;ola recurre al mito de las dos Espa&ntilde;as para explicar el presente. La &uacute;ltima ocasi&oacute;n fue este mismo lunes, cuando el exministro socialista Jordi Sevilla apel&oacute; a &eacute;l en el <a href="https://x.com/SevillaJordi/status/2010644917169893518/photo/1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">manifiesto Socialdemocracia 21</a>, recurriendo a la imagen del duelo a garrotazos goyesco: &ldquo;Un proyecto que huya del mito de las dos Espa&ntilde;as condenadas a relacionarse a garrotazos&rdquo;. No es una met&aacute;fora menor. Sobre las dos Espa&ntilde;as se han escrito tratados acad&eacute;micos de referencia, como la <a href="https://www.penguinlibros.com/es/historia/38737-libro-historias-de-las-dos-espanas-9788430617142/fragmento?srsltid=AfmBOore794ze0G9Fj4CTrsIHIx002BRWGD4hMBN2Id1F6-206rVykOA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Historia de las dos Espa&ntilde;as</a> de Santos Juli&aacute;, que enlaza el mito con dos siglos de debates intelectuales sobre la centralizaci&oacute;n y la autonom&iacute;a territorial, el papel de la Iglesia, el alcance de los derechos individuales o el ritmo de la modernizaci&oacute;n cultural. Pero m&aacute;s all&aacute; de su potencia simb&oacute;lica y de su arraigo hist&oacute;rico, cabe preguntarse si hoy tiene sentido seguir hablando de dos Espa&ntilde;as como algo m&aacute;s que un recurso ret&oacute;rico: &iquest;existe realmente una fractura social profunda que se exprese en la vida cotidiana, en los valores, los gustos y los estilos de vida de la ciudadan&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        Esa es precisamente una de las preguntas que nos planteamos en el marco del proyecto NORPOL, del que ya he ido comentando algunos resultados en Piedras de Papel (<a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/amor-tiempos-polarizacion_132_11515065.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>, <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/moralidad-universal_132_11856533.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> y <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politica-identidad-dominante-sociedad-espanola_132_12469585.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). Lo que traigo hoy es un <a href="https://osf.io/preprints/socarxiv/axgq2_v1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevo estudio</a> que presenta el an&aacute;lisis m&aacute;s completo hasta la fecha de la encuesta principal del proyecto, dise&ntilde;ada para caracterizar c&oacute;mo se estructuran actualmente las tendencias pol&iacute;ticas y culturales en Espa&ntilde;a. El estudio se apoya en m&aacute;s de doscientas variables que recogen preferencias, gustos, actitudes y creencias de la poblaci&oacute;n adulta, y cuyos datos pueden consultarse en abierto en el repositorio de <a href="https://digital.csic.es/handle/10261/398753" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">DIGITAL.CSIC</a>. A partir de este material, el objetivo es evaluar hasta qu&eacute; punto las divisiones ideol&oacute;gicas contempor&aacute;neas se reflejan tambi&eacute;n en formas diferenciadas de vivir, consumir cultura y relacionarse con el mundo social.
    </p><p class="article-text">
        La encuesta se organiz&oacute; en seis grandes bloques tem&aacute;ticos: aficiones, movilidad y transportes, relaciones afectivas, valores morales, actitudes y sentimientos pol&iacute;ticos, y variables sociodemogr&aacute;ficas. El primer paso del an&aacute;lisis consisti&oacute; en reducir las decenas de variables incluidas en los cinco primeros bloques a un n&uacute;mero manejable de dimensiones sint&eacute;ticas. En concreto, constru&iacute; ocho &iacute;ndices que permiten caracterizar a la poblaci&oacute;n en funci&oacute;n del tipo de ocio que practica, sus gustos musicales, su relaci&oacute;n con la actividad f&iacute;sica, sus concepciones sobre el amor y la familia, sus valores morales, sus preferencias pol&iacute;ticas y sus sentimientos hacia distintos grupos sociales.
    </p><p class="article-text">
        Como han mostrado otros trabajos para distintos pa&iacute;ses &mdash;especialmente para <a href="https://www.journals.uchicago.edu/doi/10.1086/681254" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estados Unidos</a>&mdash;, en Espa&ntilde;a estas dimensiones no aparecen aisladas, sino estrechamente relacionadas entre s&iacute;. La figura 1 resume estas asociaciones mediante una matriz de correlaciones entre los distintos &iacute;ndices. El color verde indica una relaci&oacute;n positiva entre dos dimensiones, mientras que el rojo se&ntilde;ala una relaci&oacute;n negativa; la intensidad del color refleja la fuerza de esa asociaci&oacute;n. Se observa, por ejemplo, que los valores morales conservadores &mdash;que incluyen actitudes como la valoraci&oacute;n del m&eacute;rito, la autoridad o la lealtad&mdash; est&aacute;n fuertemente vinculados a una concepci&oacute;n rom&aacute;ntica y tradicional del amor. De forma paralela, el apoyo a pol&iacute;ticas progresistas &mdash;como el control del precio del alquiler o el derecho al aborto&mdash; se asocia positivamente con sentimientos favorables hacia minor&iacute;as religiosas, nacionales o sexuales. En sentido contrario, los valores morales conservadores muestran una relaci&oacute;n negativa clara tanto con el apoyo a pol&iacute;ticas progresistas como con las actitudes positivas hacia las minor&iacute;as, lo que apunta a la existencia de paquetes coherentes de valores, creencias y sensibilidades culturales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Figura 1: Matriz de correlación entre los índices de estilo de vida y actitudinales.                            </span>
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        Una vez comprobado que los distintos &iacute;ndices est&aacute;n relacionados entre s&iacute;, el siguiente paso fue utilizar varios algoritmos de clasificaci&oacute;n para explorar cu&aacute;l es la forma m&aacute;s adecuada de agrupar a la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola en funci&oacute;n de sus estilos de vida y actitudes. El resultado principal de este ejercicio es contundente: la soluci&oacute;n que mejor se ajusta a los datos distingue exactamente dos grandes grupos. Como muestra la figura 2, el grupo progresista se caracteriza por una alta participaci&oacute;n en ocio cultural, el consumo tanto de m&uacute;sicas cultas como alternativas, una mayor pr&aacute;ctica deportiva, un amplio apoyo a pol&iacute;ticas progresistas y sentimientos positivos hacia las minor&iacute;as. En contraste, el grupo conservador destaca por la centralidad de valores morales conservadores y por actitudes m&aacute;s favorables a una concepci&oacute;n rom&aacute;ntica y tradicional del amor. La separaci&oacute;n entre ambos perfiles sugiere que las divisiones ideol&oacute;gicas en Espa&ntilde;a no se limitan a la pol&iacute;tica electoral, sino que estructuran conjuntos coherentes de pr&aacute;cticas culturales, valores y sensibilidades sociales.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos grupos tambi&eacute;n difieren de forma muy marcada en sus caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas. El perfil conservador est&aacute; compuesto, en promedio, por personas de mayor edad, con mayor probabilidad de vivir en pareja y de tener hijos, con niveles m&aacute;s bajos de educaci&oacute;n e ingresos y una menor concentraci&oacute;n en entornos urbanos. En t&eacute;rminos ocupacionales, predominan los empleos medios y bajos, especialmente en sectores como la hosteler&iacute;a, la seguridad o los trabajos administrativos y de ventas. El grupo progresista, por el contrario, presenta una mayor presencia de ocupaciones cient&iacute;ficas y profesionales, as&iacute; como una proporci&oacute;n significativamente m&aacute;s alta de personas no heterosexuales. Resulta llamativo que, pese a estas diferencias, exista una variable que no distingue en absoluto entre ambos grupos: el g&eacute;nero, con una presencia pr&aacute;cticamente id&eacute;ntica de hombres y mujeres en cada uno de ellos.
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            <span class="title">
                Figura 2: Puntuaciones medias estandarizadas por grupo en ocho índices                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a no hemos dejado de hablar de polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os. Sin embargo, casi todo el foco se ha puesto en su <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizar-negando_132_10881247.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dimensi&oacute;n afectiva</a>: los sentimientos negativos, la desconfianza y los comportamientos hostiles que hoy despierta la pol&iacute;tica. Mucho menos nos hemos preguntado por las diferencias de fondo. Si los dos grandes bloques que dividen actualmente a la sociedad espa&ntilde;ola no solo discrepan en sus posiciones pol&iacute;ticas, sino que est&aacute;n asentados sobre visiones del mundo profundamente contrapuestas &mdash;en valores, estilos de vida y formas de entender las relaciones sociales&mdash;, entonces las consecuencias del cambio pol&iacute;tico pueden ser mucho m&aacute;s profundas y duraderas de lo que suele asumirse.
    </p><p class="article-text">
        Puede que exista una versi&oacute;n contempor&aacute;nea de las dos Espa&ntilde;as, adaptada al siglo XXI y alejada ya de sus formulaciones hist&oacute;ricas. Pero, si es as&iacute;, m&aacute;s nos vale conocerla con precisi&oacute;n emp&iacute;rica, para que el debate p&uacute;blico se apoye en diferencias reales &mdash;de valores, pr&aacute;cticas y modos de vida&mdash; y no se limite a reproducir un mito secular convertido en atajo ret&oacute;rico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/forman-hoy-espanas_132_12905777.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jan 2026 05:01:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Quiénes forman hoy las dos Españas?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Existe una moralidad universal?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/moralidad-universal_132_11856533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/369a1922-0ac0-4af1-9616-c8b6f21d6a33_16-9-discover-aspect-ratio_default_1101280.jpg" width="3965" height="2231" alt="¿Existe una moralidad universal?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La relación entre moralidad e ideología nos puede ayudar a entender por qué muchos conflictos actuales se dan en el interior de las sociedades y no entre países</p></div><p class="article-text">
        El discurso pol&iacute;tico suele adoptar un lenguaje moral, una divisi&oacute;n del mundo entre buenos y malos. Algunos se refieren a esta moralizaci&oacute;n como <a href="https://www.science.org/doi/10.1126/science.abe1715" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sectarismo</a> y lo definen como la tendencia a adoptar una identificaci&oacute;n moralizada con un grupo pol&iacute;tico y en contra de otro. Lo hemos visto recientemente en la campa&ntilde;a de las elecciones estadounidense o en la comunicaci&oacute;n de la crisis provocada por la DANA en Valencia. Esta moralizaci&oacute;n puede generar divisi&oacute;n social si los grupos pol&iacute;ticos adoptan valores morales distintos. El mayor problema se da cuando esta divisi&oacute;n deriva en <a href="https://theconversation.com/efectos-negativos-de-la-moralizacion-en-la-politica-99127" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">intolerancia</a> acerca de c&oacute;mo piensan los otros. Pero, &iquest;realmente los valores morales dependen de nuestra ideolog&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        Algunas investigaciones recientes nos pueden dar pistas sobre esta pregunta. La l&iacute;nea que seguir&eacute; aqu&iacute; es la que ha popularizado el psic&oacute;logo moral Jonathan Haidt y sobre la que se pueden encontrar multitud de referencias en su web <a href="https://moralfoundations.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">MoralFoundations.org</a>. El subt&iacute;tulo del celebrado libro de Jonathan Haidt <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-mente-de-los-justos/283152" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La mente de los justos</em></a><em> </em>era: <em>por qu&eacute; la pol&iacute;tica y la religi&oacute;n dividen a la gente sensata</em>. Una respuesta r&aacute;pida es porque la pol&iacute;tica tiene mucho que ver con la religi&oacute;n o, dicho de otro modo, porque las dos comparten las mismas bases morales. La teor&iacute;a de los fundamentos morales de <a href="https://direct.mit.edu/daed/article/133/4/55/27470/Intuitive-ethics-how-innately-prepared-intuitions" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Haidt</a> y <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/B9780124072367000024?via%3Dihub" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Graham</a> sostiene que, a pesar de las grandes diferencias entre culturas, podemos encontrar elementos comunes en la moralidad de poblaciones diversas alrededor del mundo. Esto se debe a que los humanos disponemos de sistemas psicol&oacute;gicos innatos que dan lugar a intuiciones &eacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        La teor&iacute;a de los fundamentos morales tiene apenas dos d&eacute;cadas y, hasta hace muy poco, la mayor&iacute;a de estudios emp&iacute;ricos sobre la misma se centraban en Estados Unidos. Sin embargo, en 2023 se public&oacute; una <a href="https://psycnet.apa.org/record/2023-99083-001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n sobre 19 poblaciones</a> alrededor del mundo y este a&ntilde;o en el <a href="https://ipp.csic.es/es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">IPP-CSIC</a> hemos realizado un estudio dentro del proyecto <a href="https://www.d-labsite.com/projects" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">NORPOL</a> que nos permite disponer de los primeros resultados sobre esta teor&iacute;a en una muestra representativa de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola. En esta entrada presentar&eacute; de forma sucinta la versi&oacute;n m&aacute;s reciente de la teor&iacute;a de los fundamentos morales de Haidt y Graham, mostrar&eacute; datos de su estudio internacional reciente y terminar&eacute; centr&aacute;ndome en la relaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a y moralidad en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        En su formulaci&oacute;n m&aacute;s reciente Haidt y Graham se refieren a seis fundamentos morales presentes en mayor o menor medida en la mayor&iacute;a de sociedades: el cuidado, la igualdad, la proporcionalidad, la lealtad, la autoridad y la pureza. El cuidado se relaciona con el apego y la capacidad para sentir el dolor ajeno; es la base de las virtudes de la bondad, la amabilidad y la protecci&oacute;n. La igualdad tiene que ver con las intuiciones sobre la igualdad de trato y de resultados entre personas. La proporcionalidad se refiere a las intuiciones sobre la recompensa a los individuos en proporci&oacute;n a sus m&eacute;ritos o contribuciones. La lealtad se activa siempre que se dan situaciones de &ldquo;uno para todos y todos para uno&rdquo;; subyace a las virtudes de patriotismo y abnegaci&oacute;n por el grupo. La autoridad es la base de las virtudes de liderazgo y seguimiento, incluida la deferencia hacia figuras de autoridad y el respeto a las tradiciones. Finalmente, la santidad o pureza se fundamenta en las virtudes de autodisciplina, superaci&oacute;n, naturalidad y espiritualidad. 
    </p><p class="article-text">
        En distintas investigaciones anteriores, los valores de cuidado e igualdad han sido identificados como valores &ldquo;individualizadores&rdquo; y est&aacute;n m&aacute;s presentes en las <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20550733/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">poblaciones WEIRD</a> (blancas, educadas, industrializadas, ricas y democr&aacute;ticas, por sus siglas en ingl&eacute;s). Los valores de lealtad, autoridad y santidad est&aacute;n m&aacute;s presentes en poblaciones que no comparten algunas de estas caracter&iacute;sticas. Tambi&eacute;n existen diferencias por religiones. Las poblaciones donde predomina el islam punt&uacute;an de forma m&aacute;s alta en todos estos fundamentos morales y las que no profesan ninguna religi&oacute;n de forma m&aacute;s baja, situ&aacute;ndose las cristianas en una posici&oacute;n intermedia.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las diferencias entre grupos, resulta especialmente interesante que el ranking de importancia de estos 6 fundamentos morales es muy estable en distintas sociedades. Para poder comparar el estudio de <a href="https://psycnet.apa.org/record/2023-99083-001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Atari y otros</a> y el nuestro, en la Figura 1 utilizamos las mismas medidas de encuesta para ambos. En concreto, presentamos tres conjuntos de datos: los referidos a los 19 pa&iacute;ses del estudio internacional (puntos amarillos), la media de los pa&iacute;ses europeos (B&eacute;lgica, Francia y Suiza) incluidos en esa muestra (punto azul) y los datos que nosotros hemos obtenido para Espa&ntilde;a (punto rojo).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Figura 1: Fundamentos morales en distintas poblaciones                            </span>
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         Fuente: Elaboraci&oacute;n propia a partir de <a href="https://psycnet.apa.org/record/2023-99083-001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Atari y otros</a> y del proyecto NORPOL del IPP-CSIC.
    </p><p class="article-text">
        En los tres conjuntos de datos observamos un ordenamiento de principios morales similar: cuidado/autoridad, proporcionalidad, lealtad, igualdad y pureza. En el caso de los tres primeros las diferencias entre grupos de pa&iacute;ses son min&uacute;sculas. Se trata de tres principios compartidos y altamente valorados por estas sociedades. En los principios menos valorados encontramos algunas diferencias. La igualdad es m&aacute;s importante en pa&iacute;ses del centro de Europa que en Espa&ntilde;a o el conjunto de la muestra y la lealtad y pureza son mucho menos importantes en Espa&ntilde;a.
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                Figura 2: Fundamentos morales e ideología política en España                            </span>
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        Fuente: Elaboraci&oacute;n propia a partir de <a href="https://psycnet.apa.org/record/2023-99083-001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Atari y otros</a> y del proyecto NORPOL del IPP-CSIC.
    </p><p class="article-text">
        Los datos de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola de la Figura 2 muestran algunos patrones similares a los observados en otros lugares del mundo, como Estados Unidos, y otros que son diferentes. Entre las similitudes encontramos que las personas de derechas valoran m&aacute;s la autoridad y la proporcionalidad como principio de justicia. Las personas de izquierdas tienen como valor principal el cuidado. Sin embargo, este &uacute;ltimo valor tambi&eacute;n es bastante valorado por las de derechas. En cuanto a lealtad y santidad, aparecen como menos valorados por el conjunto de la sociedad, aunque bastante mejor puntuados para los de derechas. En este sentido, se cumple el hecho, observado en otros pa&iacute;ses, de que la izquierda es monocrom&aacute;tica en cuanto a valores, valorando muy positivamente s&oacute;lo el del cuidado y la derecha es m&aacute;s poli-crom&aacute;tica, uniendo al cuidado las cuestiones de autoridad y proporcionalidad.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los resultados concretos, resulta fascinante que las diferencias morales tengan que ver m&aacute;s con caracter&iacute;sticas individuales como la religi&oacute;n o la ideolog&iacute;a pol&iacute;tica que con el pa&iacute;s donde uno vive. Por supuesto, separar a la persona de su contexto no es completamente posible y las influencias mutuas son enormes. Aun as&iacute;, que la moralidad est&eacute; tan relacionada con nuestra ideolog&iacute;a puede ayudarnos a entender por qu&eacute; muchos conflictos sociales actuales no se producen entre pa&iacute;ses, sino en el interior de cada sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/moralidad-universal_132_11856533.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Nov 2024 13:23:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Existe una moralidad universal?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor en tiempos de polarización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/amor-tiempos-polarizacion_132_11515065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Como ocurre en otros ámbitos de la vida, nuestras creencias sobre el amor y las relaciones afectivas están relacionadas con nuestra ideología.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Queda algo que decir sobre la polarizaci&oacute;n en Espa&ntilde;a? En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os hemos escrito tanto sobre el tema que uno pensar&iacute;a que ya no queda nada nuevo que aportar. Sin embargo, hay toda un &aacute;rea de investigaci&oacute;n de la que apenas tenemos informaci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s: la polarizaci&oacute;n social o cotidiana. Con este concepto me refiero a la diferenciaci&oacute;n social, demogr&aacute;fica y geogr&aacute;fica creciente de los votantes de los diversos partidos. En nuestro d&iacute;a a d&iacute;a (de ah&iacute; lo de cotidiana) vivimos en burbujas rodeados de personas que son y piensan como nosotros. Sobre este tipo de polarizaci&oacute;n a&uacute;n disponemos de pocos estudios, especialmente fuera de Estados Unidos, pero probablemente sea la que tenga una mayor influencia en el futuro de nuestras sociedades. La divisi&oacute;n entre personas y grupos con distinta afinidad partidista trasciende lo ideol&oacute;gico o emocional y alcanza cuestiones como los gustos, los estilos de vida y los lugares de residencia. En Estados Unidos se asocia una bebida como el <em>caf&eacute; latte</em> con la ideolog&iacute;a progresista y se habla del <a href="https://www.journals.uchicago.edu/doi/full/10.1086/681254" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>liberal latte</em></a>. El estilo de vida urbano, la alimentaci&oacute;n ecol&oacute;gica o ir en bicicleta se asocian al progresismo, mientras que la m&uacute;sica country o moverse en un SUV se asocian a la ideolog&iacute;a conservadora.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sabemos sobre la polarizaci&oacute;n cotidiana en Espa&ntilde;a? Gracias al proyecto <a href="https://www.d-labsite.com/projects" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">NORPOL</a> financiado por la Agencia Estatal de Investigaci&oacute;n, en el mes de junio finalizamos una encuesta online a una muestra representativa de 3.000 espa&ntilde;oles mayores de edad sobre distintos aspectos relacionados con la polarizaci&oacute;n, especialmente en su vertiente cotidiana. Algunos resultados se ajustan a los estereotipos que muchos podemos tener. Por ejemplo, los votantes de partidos de izquierda declaran realizar m&aacute;s actividades culturales, como ir a conciertos o museos. Por otra parte, los votantes de VOX tienden a practicar m&aacute;s actividades como el boxeo, la caza o los deportes de motor que el resto de votantes. Existen numerosas otras diferencias, especialmente a medida que nos movemos de las pr&aacute;cticas cotidianas pol&iacute;ticamente neutras a cuestiones de opini&oacute;n o que han sido politizadas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, como ser vegetariano. Pero hoy quiero detenerme en un tema concreto y poco explorado desde la l&oacute;gica de la ideolog&iacute;a o el partidismo: el amor.
    </p><p class="article-text">
        La primera de las figuras que incluyo en esta entrada muestra el porcentaje de votantes de cuatro grupos pol&iacute;ticos que est&aacute;n bastante o muy de acuerdo con cuatro afirmaciones sobre el amor: &ldquo;el amor verdadero lo puede todo&rdquo;, &ldquo;para cada persona existe alguien que es una media naranja&rdquo;, &ldquo;se puede estar enamorado/a de varias personas al mismo tiempo&rdquo; y &ldquo;se pueden tener relaciones sexuales con alguien sin querer a esa persona&rdquo;. En las barras verticales muestro el porcentaje del total de personas encuestadas que est&aacute;n bastante o muy de acuerdo con cada afirmaci&oacute;n (barra gris) y el porcentaje de votantes de cada grupo pol&iacute;tico que lo est&aacute; (barras de colores). &nbsp;Con respecto a las cuatro afirmaciones encontramos un patr&oacute;n similar: una diferencia clara en la postura de los votantes del PP y los de las formaciones m&aacute;s a la Izquierda (SUMAR y Podemos) y posiciones intermedias entre los votantes del PSOE y VOX. As&iacute;, los votantes del PP destacan por creer en el amor para toda la vida; creen que el amor verdadero es todopoderoso y que existen las medias naranjas. Por otra parte, los votantes de la Izquierda destacan por desvincular relaciones afectivas y sexuales y tambi&eacute;n por ser los que m&aacute;s creen en el poliamor. Las posiciones de los votantes del PSOE y VOX est&aacute;n muy cerca entre s&iacute; en cada una de las frases. Estos resultados no cambian si restringimos la muestra a menores de 35 a&ntilde;os; cambian los porcentajes totales, pero no la posici&oacute;n relativa de los votantes de los cuatro grupos pol&iacute;ticos.
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        En la segunda figura muestro tanto el uso de aplicaciones de citas tipo Tinder como dos preguntas que proceden de una bater&iacute;a sobre cuestiones morales. Seg&uacute;n nuestra encuesta, los votantes de las formaciones que se encuentran en los extremos ideol&oacute;gicos est&aacute;n m&aacute;s en Tinder que los votantes de PP y PSOE. De nuevo, si restringimos a menores de 35 a&ntilde;os, el uso de este tipo de aplicaciones pasa del 15% al 33%; sin embargo, el ranking se mantiene. Se igualan PSOE y VOX, pero sigue habiendo casi 20 puntos entre PP y la Izquierda.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, tenemos datos de dos afirmaciones relacionadas con cuestiones afectivas que se suelen preguntar junto a otras cuestiones morales. La primera es la importancia de la virtud de la castidad. El 20% de los votantes de PP y VOX creen que la castidad es una virtud importante, un porcentaje que baja a la mitad en el caso del PSOE y a&uacute;n m&aacute;s, por debajo del 5%, en el caso de la Izquierda. Por &uacute;ltimo, utilizamos una pregunta que tambi&eacute;n se incluyen recurrentemente en cuestionarios internacionales sobre moralidad. En concreto, la afirmaci&oacute;n es: &ldquo;si descubriera que un conocido tiene un fetiche sexual inusual pero inofensivo, me sentir&iacute;a inc&oacute;modo&rdquo;. Algo m&aacute;s del 15% de los votantes de PP, PSOE y VOX se sentir&iacute;an inc&oacute;modos con dicha informaci&oacute;n, mientras que apenas el 5% de los votantes de la Izquierda se sentir&iacute;a de ese modo.
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                </figure><p class="article-text">
        La existencia de diferencias ideol&oacute;gicas y partidistas en temas como las relaciones afectivas seguro que tiene implicaciones importantes para la vida de muchas personas. Pero estas diferencias tambi&eacute;n nos informan sobre patrones m&aacute;s amplios de creencias, actitudes y comportamientos de diferentes grupos sociales. Aunque nos falta mucha informaci&oacute;n al respecto, en la sociedad espa&ntilde;ola, como en cualquier otra sociedad, existen grupos que comparten gustos, estilos de vida y aficiones. En la &uacute;ltima d&eacute;cada hemos repetido que las redes sociales han creado <a href="https://elpais.com/proyecto-tendencias/2023-12-13/saliendo-de-la-camara-de-eco.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&aacute;maras de eco</a>, donde los algoritmos nos muestran informaci&oacute;n que confirma nuestras creencias. Sin embargo, las verdaderas c&aacute;maras de eco siempre han sido y ser&aacute;n nuestra familia, nuestro grupo de amigos, nuestros vecinos o los clubes y asociaciones a los que pertenecemos, independientemente de si tienen un trasfondo pol&iacute;tico o no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/amor-tiempos-polarizacion_132_11515065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jul 2024 19:30:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El amor en tiempos de polarización]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Son las élites políticas culpables de erosionar la democracia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/elites-erosionar-democracia_132_11278324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d22ac967-486a-44d2-bcf3-5e87bb23c146_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077503.jpg" width="8188" height="4606" alt="¿Son las élites políticas culpables de erosionar la democracia?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudadanía española se ha vuelto más favorable a la inmigración y a la integración europea en los últimos veinte años. Sin embargo, la pérdida de confianza institucional y el aumento de la polarización ideológica amenazan la salud de la democracia española.</p></div><p class="article-text">
        La crisis de la democracia en las sociedades occidentales se ha convertido en un lugar com&uacute;n. En la versi&oacute;n m&aacute;s extendida en este siglo, especialmente durante los a&ntilde;os de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Recesi%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gran Recesi&oacute;n</a> de 2008, habr&iacute;an aumentado los sentimientos &ldquo;anti-&eacute;lites&rdquo;, &ldquo;anti-<em>establishment</em>&rdquo; o &ldquo;populistas&rdquo;. Esto ha llevado a muchos a hablar de una &ldquo;<a href="https://dobetter.esade.edu/es/triada-oscura-tormenta-perfecta-populismo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ola de populismo</a>&rdquo; o de una &ldquo;<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-explosion-populista/252154" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">explosi&oacute;n populista</a>&rdquo;, que estar&iacute;a poniendo en jaque a las democracias representativas que han dominado el panorama pol&iacute;tico europeo durante d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el origen de esta supuesta ola populista? La respuesta a esta pregunta ya no genera tanto consenso. Una primera interpretaci&oacute;n <em>popular</em>, posiblemente la m&aacute;s extendida, es que en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os se habr&iacute;a producido un cambio fundamental en la opini&oacute;n p&uacute;blica de las sociedades democr&aacute;ticas. Ese cambio, agravado durante el per&iacute;odo 2008-2012 y la <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/american-political-science-review/article/does-exposure-to-the-refugee-crisis-make-natives-more-hostile/3E66D9B39336C652F9EF6D7EF9DF0735" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">crisis de los refugiados sirios de 2015</a>, consistir&iacute;a en un mayor rechazo hacia la inmigraci&oacute;n y una cr&iacute;tica al <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/europeismo-elitista_1_1099113.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proyecto elitista</a> y excesivamente tecnocr&aacute;tico de integraci&oacute;n europea. En esta interpretaci&oacute;n popular, los l&iacute;deres y partidos pol&iacute;ticos s&oacute;lo estar&iacute;an subi&eacute;ndose a la gran ola populista impulsada por el cambio de opini&oacute;n de la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Existe una segunda interpretaci&oacute;n <em>elitista</em>, formulada por el polit&oacute;logo Larry Bartels en su libro reciente <a href="https://press.princeton.edu/books/hardcover/9780691244501/democracy-erodes-from-the-top" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Democracy erodes from the top</em></a>. La tesis de Bartels es que la culpa de la actual crisis de la democracia europea recae mayoritariamente sobre las &eacute;lites pol&iacute;ticas. Su principal l&iacute;nea de defensa es que la opini&oacute;n p&uacute;blica europea apenas ha cambiado durante los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os en relaci&oacute;n con los supuestos desencadenantes de la &ldquo;ola populista&rdquo;. En esta entrada, repasar&eacute; los argumentos de Bartels, replicar&eacute; sus an&aacute;lisis para Espa&ntilde;a y los extender&eacute; hasta el a&ntilde;o 2022 (los suyos terminan en 2019). Adem&aacute;s del foco espec&iacute;fico en nuestro pa&iacute;s, el an&aacute;lisis nos permitir&aacute; ver los cambios en la opini&oacute;n p&uacute;blica tras la pandemia y el inicio la guerra de Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        Bartels tiene en cuenta seis indicadores para evaluar si la opini&oacute;n p&uacute;blica europea ha cambiado durante los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os: las actitudes frente a la inmigraci&oacute;n, el apoyo a la integraci&oacute;n europea, la <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consensos-hemos-llegado_132_10056920.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica</a>, la satisfacci&oacute;n con la democracia y la confianza en los partidos pol&iacute;ticos y en los parlamentos nacionales. Para medir estos indicadores utiliza las nueve primeras olas de la <a href="https://www.europeansocialsurvey.org/about/country-information/spain/spanish" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Encuesta Social Europea</a>, que van desde 2003 hasta 2019. Cuando analiza estos indicadores encuentra que las opiniones en 2019 en todos estos temas eran sorprendentemente similares a las de 2003. La Gran Recesi&oacute;n de 2008 produjo un empeoramiento temporal de estas actitudes &ndash; mayor rechazo a la inmigraci&oacute;n y la integraci&oacute;n europea, mayor polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica y menor satisfacci&oacute;n con la democracia y menor confianza pol&iacute;tica &ndash;, pero la salida de la crisis hizo que estos indicadores volvieran a su posici&oacute;n de comienzos de siglo. De ah&iacute; su rechazo a la interpretaci&oacute;n <em>popular</em> de la crisis de la democracia y su apuesta por culpar a las &eacute;lites. &iquest;Ha ocurrido lo mismo en Espa&ntilde;a?
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                Gráfico 1: Evolución de la opinión pública en España (2003-2022)                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la evoluci&oacute;n de los seis indicadores propuestos por Bartels para Espa&ntilde;a incluyendo, adem&aacute;s, la d&eacute;cima ola de la Encuesta Social Europea, cuyo trabajo de campo se realiz&oacute; en Espa&ntilde;a en 2022. El resultado principal de este ejercicio es que, por una parte, la opini&oacute;n p&uacute;blica sobre la inmigraci&oacute;n y la integraci&oacute;n europea no s&oacute;lo se ha mantenido estable, sino que ha mejorado sustancialmente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, despu&eacute;s de la ca&iacute;da que se produjo en torno a la Gran Recesi&oacute;n. En 2003, menos de la mitad de los espa&ntilde;oles (44%) estaban de acuerdo en que se deber&iacute;a permitir que vinieran &ldquo;muchas&rdquo; o &ldquo;unas cuantas&rdquo; personas de pa&iacute;ses pobres de fuera de Europa. Este porcentaje baj&oacute; al 40% en 2009, pero se ha disparado hasta el 74% en 2022. En Espa&ntilde;a no existe un sentimiento generalizado anti-inmigraci&oacute;n. Lo mismo ocurre con el apoyo a la integraci&oacute;n europea. En una escala de 0 a 10, donde 0 significa que la &ldquo;integraci&oacute;n ha ido demasiado lejos&rdquo; y 10 que &ldquo;la integraci&oacute;n europea deber&iacute;a ir m&aacute;s lejos&rdquo;, los espa&ntilde;oles puntuaban 5,97 en 2003. Esta media cay&oacute; a un 5,27 en 2009 y ha aumentado hasta un 6,74 en 2022. Si hubo cierto cuestionamiento de la integraci&oacute;n europea hace quince a&ntilde;os, hoy somos m&aacute;s europe&iacute;stas que a principio de siglo.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; las buenas noticias. En la parte inferior del gr&aacute;fico 1 vemos que las actitudes relacionadas con la pol&iacute;tica no se recuperaron completamente despu&eacute;s de la Gran Recesi&oacute;n, e incluso han empeorado en la &uacute;ltima ola de la encuesta. La satisfacci&oacute;n con la democracia y la confianza en el parlamento han ca&iacute;do un punto entero en la &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas y la confianza en los pol&iacute;ticos ha ca&iacute;do a&uacute;n m&aacute;s, un punto y medio en una escala de 0 a 10. La polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica es un caso aparte. De 2003 a 2019 aument&oacute; un 10%, pero es que de 2019 a 2022 aument&oacute; un 30% adicional.
    </p><p class="article-text">
        En resumen, mientras que la media de la poblaci&oacute;n europea en estos seis indicadores ha vuelto en 2022 a los niveles de principios de siglo, en Espa&ntilde;a se ha abierto una brecha entre las actitudes sociales y las m&aacute;s marcadamente pol&iacute;ticas. De hecho, las actitudes a favor de la inmigraci&oacute;n no son una excepci&oacute;n; cuando se pregunta si &ldquo;los gays y lesbianas deber&iacute;an tener libertad para vivir como quieran&rdquo;, en Espa&ntilde;a hemos pasado de un 80% a m&aacute;s de un 90% de apoyo en 20 a&ntilde;os. Este apoyo casi un&aacute;nime se da independientemente de la ideolog&iacute;a o identificaci&oacute;n pol&iacute;tica de los encuestados. Sin embargo, a pesar de la mejora de estos indicadores sobre cuestiones sociales, tenemos un problema muy serio con la pol&iacute;tica. La confianza en los partidos se sit&uacute;a ya por debajo de 2 en la escala utilizada y la polarizaci&oacute;n se est&aacute; disparando a un ritmo no antes visto en este siglo. En cierto modo, lo que est&aacute; pasando en Espa&ntilde;a vendr&iacute;a a ser una versi&oacute;n agravada de la tesis de Bartels: no hay un cambio populista en la opini&oacute;n p&uacute;blica, pero s&iacute; un deterioro muy importante de la percepci&oacute;n de las instituciones y la pol&iacute;tica. Lo que vemos podr&iacute;a deberse a una sobrerreacci&oacute;n de los ciudadanos al comportamiento de las &eacute;lites, pero una reacci&oacute;n que deja verse con fuerza en los datos de opini&oacute;n p&uacute;blica m&aacute;s recientes. Puede que la democracia espa&ntilde;ola se est&eacute; erosionando desde arriba, pero empieza a notarse desde abajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/elites-erosionar-democracia_132_11278324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Apr 2024 12:16:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Son las élites políticas culpables de erosionar la democracia?]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[¿Cuál es la causa última de la polarización política?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/causa-ultima-polarizacion-politica_132_10826746.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9f4a362-43df-4e40-bb7c-a8cda8864ad8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x909y237.jpg" width="1200" height="675" alt="Polarización, palabra de 2023 elegida por la FundéuRAE."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La psicología y la sociología llevan décadas investigando la tendencia humana al tribalismo. Actualmente, este tribalismo tiene especial reflejo en la política y la explicación puede estar en las normas sociales
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; causa la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica? Cuando intentamos responder a esta pregunta normalmente nos detenemos en las causas pr&oacute;ximas de la polarizaci&oacute;n, sus desencadenantes inmediatos. Entre &eacute;stas se suelen mencionar las estrategias de los partidos, la sucesi&oacute;n continua de elecciones o el papel de los medios de comunicaci&oacute;n y redes sociales. Uno de los problemas de estas explicaciones pr&oacute;ximas es que no suelen tener en cuenta la extensi&oacute;n del fen&oacute;meno, que afecta a la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses democr&aacute;ticos de un modo sorprendentemente similar. Por eso merece la pena detenerse en las causas &uacute;ltimas, o razones profundas, de la polarizaci&oacute;n. Si uno busca estas razones en las decenas de libros que se han escrito sobre el tema, se encontrar&aacute; con la referencia a un experimento cl&aacute;sico de la psicolog&iacute;a social. 
    </p><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de medio siglo, el psic&oacute;logo Henry Tajfel mostr&oacute; que es posible crear artificialmente identidades de grupo y que estos entren en conflicto. En su experimento m&aacute;s conocido ped&iacute;a a sus estudiantes que eligieran entre dos cuadros de pintores famosos, Paul Klee y Vasili Kandinsky, y los asignaba a dos grupos distintos dependiendo del cuadro que hab&iacute;an elegido. Esta agrupaci&oacute;n arbitraria hac&iacute;a que los estudiantes desarrollaran comportamientos positivos hacia su propio grupo y hostiles hacia el otro. Sorprendido por los resultados, en otro experimento asignaba a los estudiantes de un modo completamente artificial y encontraba los mismos resultados. Daba igual c&oacute;mo se formaban los grupos, una vez formados, el conflicto estaba servido. Este resultado ha sido replicado por cientos de estudios en todo el mundo durante el &uacute;ltimo medio siglo. La interpretaci&oacute;n m&aacute;s habitual de estos estudios es que los humanos tenemos una tendencia natural al <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0963721419862289" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tribalismo</a>. Los humanos evolucionamos en un contexto de intenso conflicto grupal y eso ha equipado nuestra mente con la tendencia a favorecer y ser leales a nuestro grupo y hostiles a los grupos con los que competimos. La polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica no ser&iacute;a sino una forma moderna de tribalismo. El problema de esta explicaci&oacute;n es que sirve para explicar el conflicto en cualquier esfera de la interacci&oacute;n entre grupos humanos, est&eacute;n definidos estos por cuestiones &eacute;tnicas, religiosas, nacionales o de otra &iacute;ndole. Para explicar la prominencia de las hostilidades en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica en las sociedades contempor&aacute;neas necesitamos algo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        De ese algo m&aacute;s habl&aacute;bamos <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-partidista-discriminacion-politica_132_3733879.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> hace siete a&ntilde;os, justo despu&eacute;s de las elecciones que condujeron a la presidencia de Donald Trump. Habl&aacute;bamos entonces de la primac&iacute;a del partidismo a partir de un estudio internacional que mostraba que la discriminaci&oacute;n basada en el partido pol&iacute;tico con el que te identificas era mayor que la discriminaci&oacute;n racial en EEUU, la basada en la religi&oacute;n en el Reino Unido, la regi&oacute;n en B&eacute;lgica o el origen (vasco o no) en el Pa&iacute;s Vasco. Es decir, los humanos seremos tribales por naturaleza, pero ese tribalismo encuentra su forma de expresi&oacute;n m&aacute;s clara en la pol&iacute;tica en las sociedades contempor&aacute;neas. Pero, &iquest;por qu&eacute; la pol&iacute;tica? En aquella entrada del blog plante&aacute;bamos una hip&oacute;tesis que entonces circulaba en los art&iacute;culos acad&eacute;micos sobre la materia: &ldquo;al contrario de lo que ocurre con la discriminaci&oacute;n racial o de g&eacute;nero, que est&aacute;n fuertemente sancionadas por normas sociales, no existen las correspondientes presiones sociales en el caso de la discriminaci&oacute;n partidista.&rdquo; Siguiendo la larga tradici&oacute;n de experimentos de laboratorio inaugurada por Henri Tajfel, en un <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0014292123002891" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio reciente</a> junto con <a href="https://www.ncl.ac.uk/business/people/profile/tomlane.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tom Lane</a> (Universidad de Newcastle) e <a href="https://cchs.csic.es/es/personal/isabel-rodriguez-marin" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isabel Rodr&iacute;guez </a>(IPP-CSIC) hemos puesto a prueba esta hip&oacute;tesis sobre la ausencia de normas sociales en la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El estudio fue realizado en los laboratorios de econom&iacute;a experimental de las universidades de Nottingham y Jaume I de Castell&oacute;n y en &eacute;l participaron m&aacute;s de 400 personas. Estos participantes ten&iacute;an que realizar dos tareas muy simples. La primera consist&iacute;a en repartir 16 libras (o euros) entre dos personas an&oacute;nimas. De las dos posibles receptoras del dinero, una ten&iacute;a la misma identidad grupal que la persona que repart&iacute;a el dinero y la otra no. Esa identidad, seg&uacute;n el tratamiento experimental, correspond&iacute;a a la identificaci&oacute;n religiosa, a la simpat&iacute;a pol&iacute;tica o a una identidad artificial creada en el laboratorio, como en el ejemplo original de Tajfel. Por ejemplo, en el tratamiento pol&iacute;tico en Castell&oacute;n un simpatizante de VOX repart&iacute;a dinero entre otro de VOX y uno del PSOE, del PP o de Unidas Podemos, y as&iacute; todas las combinaciones posibles. Del mismo modo, en el tratamiento religioso en Nottingham, un hind&uacute; ten&iacute;a que repartir entre otro hind&uacute; y un cristiano, un musulm&aacute;n o un ateo, y as&iacute; con todas las combinaciones.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico de m&aacute;s abajo muestra c&oacute;mo fueron estos repartos. En media, m&aacute;s del 60% de los participantes realizaron repartos igualitarios, no discriminando a ning&uacute;n participante. Adem&aacute;s, los que se desviaban de la igualdad casi siempre lo hac&iacute;an hacia la izquierda del gr&aacute;fico, es decir, a favor del participante con el que compart&iacute;an identidad. Pero lo interesante del caso son las diferencias entre tratamientos. En el de la identidad artificial, un 33% de los participantes favorecieron a los suyos. Este porcentaje se reduce al 24% en el tratamiento de religi&oacute;n, pero aumenta al 48% en el tratamiento de identidad pol&iacute;tica. El estudio confirma la facilidad con la que se pueden crear identidades que resulten en comportamientos discriminatorios, pero, adem&aacute;s, muestra que esto es especialmente grave en el caso de la pol&iacute;tica. &iquest;Por qu&eacute;? La respuesta la ofrece la segunda tarea que ten&iacute;an que realizar los participantes. En la misma, ten&iacute;an que predecir cu&aacute;l era la norma social en cada situaci&oacute;n de laboratorio, es decir, qu&eacute; comportamiento esperaban que fuera aceptado socialmente en cada situaci&oacute;n. El estudio muestra que el comportamiento de los participantes se ajustaba a lo que consideraban socialmente apropiado. En concreto, en el tratamiento de identidad pol&iacute;tica se consideraban los comportamientos discriminatorios como m&aacute;s socialmente apropiados que en el tratamiento artificial y, sobre todo, en el de la religi&oacute;n, donde la norma casi un&aacute;nime era la no discriminaci&oacute;n.
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                Gráfico 1. Decisiones de reparto en función de la identidad, compartida u otra                            </span>
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        El estudio supone un avance en la comprensi&oacute;n de hasta qu&eacute; punto la fortaleza o debilidad de las normas sociales nos ayudan a explicar los comportamientos hostiles o discriminatorios en diferentes &aacute;mbitos sociales. Al mismo tiempo, los resultados plantean varias preguntas que seguimos investigando. La principal es por qu&eacute; las normas sociales contra la discriminaci&oacute;n son m&aacute;s d&eacute;biles en el terreno de la pol&iacute;tica. Aqu&iacute; surgen dos hip&oacute;tesis alternativas. Podr&iacute;a ser que, como anticip&aacute;bamos al principio, en la pol&iacute;tica nunca se hubieran desarrollado este tipo de normas, como s&iacute; ha ocurrido en el &aacute;mbito de otras identidades sociales, como la religiosa. Pero tambi&eacute;n podr&iacute;a ser que las normas democr&aacute;ticas s&iacute; que existieran en el pasado y que a lo que estuvi&eacute;ramos asistiendo fuera a un deterioro de estas normas, como tambi&eacute;n se ha discutido en <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/existe-espana-norma-social-extrema-derecha_132_9794111.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este blog</a> recientemente. La pelota est&aacute; en el tejado de la investigaci&oacute;n social y en este blog lo seguiremos contando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/causa-ultima-polarizacion-politica_132_10826746.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jan 2024 05:01:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuál es la causa última de la polarización política?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vox,Podemos,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Hay margen para una sorpresa en la participación este 23J?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/hay-margen-sorpresa-participacion-23j_132_10391887.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0129d7c4-0ae8-4634-935d-635855624169_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Hay margen para una sorpresa en la participación este 23J?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Varios indicadores muestran que la intención de participar en estas elecciones podría estar entre las más altas de los últimos treinta años, aunque las empresas demoscópicas pronostican lo contrario</p></div><p class="article-text">
        Si estas fueran unas elecciones normales, esta entrada ir&iacute;a sobre si el 23 de julio estar&iacute;amos cerca del m&aacute;ximo hist&oacute;rico de participaci&oacute;n. Hay motivos para pensar que podr&iacute;amos estarlo. Eso fue precisamente lo que hicimos en este blog hace cuatro a&ntilde;os. Unos d&iacute;as antes de la elecciones del 10 de noviembre de 2019 nos pregunt&aacute;bamos <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/batira-record-historico-abstencion_132_1279668.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> si se batir&iacute;a el r&eacute;cord hist&oacute;rico de abstenci&oacute;n desde 1977, predijimos que &eacute;sta estar&iacute;a entre el 30% y el 35% y, efectivamente, el r&eacute;cord se bati&oacute; y la abstenci&oacute;n estuvo cerca del 34%. En aquel momento ten&iacute;amos buenas razones, y datos, para anticipar una participaci&oacute;n tan baja. Era la segunda repetici&oacute;n electoral consecutiva y sab&iacute;amos que en la anterior hab&iacute;a bajado la participaci&oacute;n. Adem&aacute;s, las solicitudes de voto por correo hab&iacute;an disminuido con respecto a las elecciones de abril de ese mismo a&ntilde;o y todav&iacute;a cont&aacute;bamos con el <a href="https://www.eldiario.es/politica/ultima-hora-actualidad-politica_6_9021710_1090434.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">voto rogado</a> que dificultaba la participaci&oacute;n desde el exterior.
    </p><p class="article-text">
        Por todas esas razones, se pod&iacute;a adivinar que millones de personas se quedar&iacute;an en su casa el 10 de noviembre. El dato de abstenci&oacute;n declarada en la encuesta preelectoral del CIS anterior al 10 de noviembre as&iacute; lo atestiguaba. Casi un 12% de entrevistados aseguraban que no votar&iacute;an, cuando antes de unas elecciones este dato suele estar bien por debajo del 10% en media. En las elecciones de abril de 2019, que tuvieron una participaci&oacute;n bastante alta, s&oacute;lo el 7% de los encuestados aseguraba en la encuesta que no votar&iacute;a. En las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas la abstenci&oacute;n declarada en el CIS ha predicho bastante bien la abstenci&oacute;n que despu&eacute;s se ha producido el d&iacute;a de las elecciones. Esto no es sorprendente. Se trata de una cuesti&oacute;n que el CIS pregunta a decenas de miles de personas s&oacute;lo unos d&iacute;as antes de la elecci&oacute;n. Aqu&iacute; no hay cocina, s&oacute;lo la proyecci&oacute;n que hacen las propias personas encuestadas sobre lo que estar&aacute;n haciendo unos d&iacute;as m&aacute;s tarde.
    </p><p class="article-text">
        Si tenemos un indicador adelantado de calidad, y lo podemos complementar con otros indicadores como los mencionados m&aacute;s arriba, &iquest;qu&eacute; participaci&oacute;n tendremos el 23 de julio? Pues si las elecciones fueran normales, y definir&eacute; lo que quiero decir por normal un poco m&aacute;s adelante, la participaci&oacute;n deber&iacute;a ser muy alta. El gr&aacute;fico de m&aacute;s abajo muestra el nivel de abstenci&oacute;n declarada en los bar&oacute;metros del CIS desde hace 30 a&ntilde;os. Como he explicado en otras ocasiones, la mayor abstenci&oacute;n suele coincidir con el punto medio del ciclo electoral, a partir del cual la poblaci&oacute;n se va activando hasta llegar a un m&iacute;nimo de abstenci&oacute;n declarada justo antes de las elecciones. Esta legislatura ha sido diferente; no ha habido tregua. A partir de mediados de 2021 el indicador ya se sit&uacute;a consistentemente por debajo del 10% (como en per&iacute;odo preelectoral) y a partir de mediados de 2022 por debajo del 8% (como en per&iacute;odo preelectoral de elecciones con participaci&oacute;n muy alta). La poblaci&oacute;n no ha dejado de estar muy movilizada en toda la legislatura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico</strong>
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            <span class="title">
                Gráfico. Abstención declarada.                            </span>
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        No s&oacute;lo la movilizaci&oacute;n era potencialmente alta durante los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, sino que conforme se fueron acercando las elecciones de municipales y auton&oacute;micas de mayo y, especialmente, las del 23 de julio la abstenci&oacute;n declarada ha seguido decreciendo. En el bar&oacute;metro de mayo era del 7% y en el de julio se sit&uacute;a en el 6%. Este dato es el segundo m&aacute;s bajo de la serie, tras el 5,4% de la encuesta preelectoral anterior a la victoria de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar el marzo de 1996; unas elecciones que tuvieron la participaci&oacute;n m&aacute;s alta de los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, situ&aacute;ndose por encima del 77%. Si esta fuera una elecci&oacute;n normal, ese ser&iacute;a el punto de comparaci&oacute;n, y estar&iacute;amos afirmando que tenemos datos de sobra para anticipar una participaci&oacute;n bien por encima del 75%. Algo que no pronostica ninguna empresa demosc&oacute;pica.
    </p><p class="article-text">
        Por si fuera poco, el voto por correo est&aacute; desatado y las solicitudes doblan las realizadas en elecciones anteriores. Tambi&eacute;n son las primeras elecciones sin voto rogado desde que &eacute;ste se instaurara en 2011, lo que deber&iacute;a aumentar la participaci&oacute;n de ciudadanos en el exterior. Todo ello aderezado por lo que hizo incrementar la participaci&oacute;n en 1996 y lo estar&iacute;a haciendo ahora: la competici&oacute;n electoral y las din&aacute;micas de polarizaci&oacute;n. Aquellas elecciones fueron muy ajustadas; el PP gan&oacute; al PSOE por un solo punto y si sumamos el porcentaje de votos que sacaron los partidos que apoyaron la investidura apenas sobrepasaba &eacute;ste el 45%. Casi todas las encuestas muestran hoy que el bloque de la derecha se mueve en un porcentaje s&oacute;lo algo superior, en torno al 47%. Los bloques y din&aacute;micas son distintos, pero la competici&oacute;n por los apoyos necesarios para formar gobierno es tan elevada como entonces. Por otra parte, cada vez tenemos m&aacute;s evidencia acerca del incremento de la <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-polarizados/373061" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">polarizaci&oacute;n en Espa&ntilde;a</a> y de c&oacute;mo &eacute;sta aboca a un <a href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/13608746.2022.2047541?journalCode=fses20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">incremento de la participaci&oacute;n electoral</a>.
    </p><p class="article-text">
        Si estas fueran unas elecciones normales, podr&iacute;amos estar en m&aacute;ximos de participaci&oacute;n, al menos desde mediados de los noventa. Sin embargo, podr&iacute;a no ser as&iacute;. Cuando escribo estas l&iacute;neas, las principales empresas demosc&oacute;picas estiman una participaci&oacute;n algo por encima del 70%, desde luego muy lejos del 77% de 1996 y m&aacute;s en l&iacute;nea con el casi 72% de abril de 2019. Eso no es lo que indican los datos que he mostrado m&aacute;s arriba, pero las elecciones se producen por primera vez a finales de julio, entre olas de calor, con millones de personas fuera de sus domicilios habituales y con un aumento del voto por correo que est&aacute; poniendo a prueba la log&iacute;stica de nuestro sistema electoral. En estas condiciones tan poco normales, resulta dif&iacute;cil hacer predicciones. A&uacute;n as&iacute;, personalmente sigo pensando que la participaci&oacute;n ser&aacute; muy alta. Si acaba estando varios puntos por encima de lo que vienen estimando las encuestas, podremos tener sorpresas durante la noche electoral.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/hay-margen-sorpresa-participacion-23j_132_10391887.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jul 2023 04:00:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Hay margen para una sorpresa en la participación este 23J?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin de los consensos, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consensos-hemos-llegado_132_10056920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ae89ddb-caac-4017-8140-f25a787217c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin de los consensos, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Puede que la democracia española haya madurado y más que consensos lo que necesitemos es repensar nuestras instituciones para que convivan opciones cada vez más diversas y plurales</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica espa&ntilde;ola ha pasado en pocos a&ntilde;os de generar frustraci&oacute;n por la ausencia de opciones que representaran las preferencias de la ciudadan&iacute;a a provocar rechazo por la creciente polarizaci&oacute;n entre un abanico cada vez mayor de opciones pol&iacute;ticas. &iquest;C&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;? Los diferentes <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajos</a> que est&aacute;n apareciendo este a&ntilde;o acerca de c&oacute;mo nos hemos polarizado coinciden en algunos diagn&oacute;sticos y, le&iacute;dos conjuntamente, proporcionan un relato cada vez m&aacute;s claro de la evoluci&oacute;n de la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a. En el libro <a href="https://www.amazon.es/Polarizados-pol%C3%ADtica-que-divide-Deusto/dp/8423435504/ref=sr_1_1?crid=120M00QXFASV5&amp;keywords=polarizados+libro&amp;qid=1679483951&amp;sprefix=%2Caps%2C77&amp;sr=8-1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Polarizados. La pol&iacute;tica que nos divide</em></a>, que estar&aacute; disponible en unos d&iacute;as, doy cuenta del aumento de las divisiones en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola poniendo el foco en tres puntos de inflexi&oacute;n. En este post repaso brevemente c&oacute;mo han evolucionado las diferentes caras de la polarizaci&oacute;n en cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a entr&oacute; en el siglo XXI en plena resaca del <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/El_fin_de_la_historia_y_el_%C3%BAltimo_hombre" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fin de la historia</a> anunciado por Fukuyama. Podr&iacute;amos decir que el gobierno de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar es el primero que arranca en un contexto post-ideol&oacute;gico donde las formaciones pol&iacute;ticas centrales del sistema apenas se diferencian entre s&iacute;. Un cuarto de siglo de desarrollo econ&oacute;mico y democr&aacute;tico enterr&oacute; las hachas de guerra ideol&oacute;gica en nuestro pa&iacute;s y la gesti&oacute;n parec&iacute;a inundar cualquier aspecto de la pol&iacute;tica. Hab&iacute;a un objetivo compartido, adem&aacute;s, que no era otro que cumplir con los requisitos de Bruselas y ahondar en la construcci&oacute;n europea. El reformismo moderado en lo ideol&oacute;gico campaba a sus anchas. Sin embargo, los designios del pueblo son inescrutables y, contradiciendo a Fukuyama y al mism&iacute;simo <a href="https://www.revistadelibros.com/jose-maria-aznar-espana-la-segunda-transicion-y-ocho-anos-de-gobierno/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Aznar</a>, la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola de cambio de siglo comenzaba un lento, pero creciente, proceso de vuelta a la ideolog&iacute;a. Si miramos los estudios del CIS, durante este siglo la separaci&oacute;n ideol&oacute;gica entre los partidos no ha dejado de crecer en ninguna de las elecciones generales desde el a&ntilde;o 2000. La polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica en Espa&ntilde;a ha aumentado de dos formas que son complementarias y dibujan la misma tendencia. Por una parte, crece la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica entre los votantes de cada partido, es decir, hasta qu&eacute; punto las personas que dicen haber votado al PP, por ejemplo, se sit&uacute;an en la escala ideol&oacute;gica de un modo muy distinto a donde se sit&uacute;an las que dicen haber votado al PSOE. Por otra, se distancia la percepci&oacute;n que tienen los ciudadanos de d&oacute;nde se sit&uacute;a cada partido pol&iacute;tico. Ambas medidas muestran un aumento de alrededor de un 40% de la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica durante este siglo. Algo que ha ocurrido de forma similar en otros pa&iacute;ses occidentales. Esta vuelta a la ideolog&iacute;a tambi&eacute;n ha alimentado cierto extremismo. En el a&ntilde;o 2000 un 8% de los ciudadanos se identificaba con posiciones ideol&oacute;gicas extremas, en 2022 eran m&aacute;s del 20%.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la primera d&eacute;cada del siglo la divisi&oacute;n ideol&oacute;gica fue aumentando, tanto en el eje izquierda-derecha, como en lo que se refiere a la cuesti&oacute;n territorial. Sin embargo, los votantes de los dos grandes partidos nacionales (a los que votaban el 80% de los espa&ntilde;oles) segu&iacute;an teniendo preferencias pol&iacute;ticas muy parecidas a final de la d&eacute;cada, en el a&ntilde;o 2010. As&iacute;, la inmensa mayor&iacute;a de votantes del PP se declaraban cat&oacute;licos, los del PSOE tambi&eacute;n; no ten&iacute;an unas preferencias muy marcadas en temas de fiscales, los del PSOE tampoco; los del PP no ten&iacute;an una preferencia tan clara por la recentralizaci&oacute;n del Estado como hoy y los del PSOE no apostaban tanto por la descentralizaci&oacute;n. La misma tendencia se observa con muchas otras variables. No solo los votantes de PP y PSOE empezaron a mostrar preferencias distintas durante la segunda d&eacute;cada del siglo, sino que surgieron opciones pol&iacute;ticas competidoras en sus respectivos espacios, Podemos en la izquierda y Ciudadanos en la derecha, que hicieron que en la mayor&iacute;a de preferencias pol&iacute;ticas aumentara a&uacute;n m&aacute;s la divisi&oacute;n. Por primera vez en mucho tiempo en Espa&ntilde;a, las diferencias no eran solo en t&eacute;rminos de identidad e ideolog&iacute;a, sino que los votantes de diferentes partidos empezaban a mostrar preferencias por pol&iacute;ticas muy distintas. Adem&aacute;s, la d&eacute;cada larga que empieza con la crisis financiera tambi&eacute;n aumenta la denominada polarizaci&oacute;n afectiva, la separaci&oacute;n emocional entre los votantes de los distintos partidos. Desde el a&ntilde;o 2011, ha aumentado la diferencia entre los sentimientos positivos que tenemos hacia los l&iacute;deres de los partidos con los que nos identificamos y los sentimientos negativos que nos despiertan los l&iacute;deres de otros partidos con los que no nos identificamos. En concreto, esta diferencia aument&oacute; un 30% entre 2011 y 2015 y, aunque en 2019 hab&iacute;a bajado algo este <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/13608746.2022.2044236" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">indicador de polarizaci&oacute;n</a>, segu&iacute;a siendo m&aacute;s de un 20% mayor que en 2011.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos al final de la segunda d&eacute;cada del siglo, por tanto, m&aacute;s separados ideol&oacute;gica y afectivamente y se empezaban a ver diferencias importantes entre el tipo de demandas que ped&iacute;an los distintos electorados. El tercer punto de inflexi&oacute;n comienza con la constituci&oacute;n del bloque de izquierdas y nacionalista que apoy&oacute; la moci&oacute;n de censura de 2018 y el gobierno de coalici&oacute;n de 2020, que no hace sino acelerar estos procesos y dibujar el escenario de polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica y afectiva en el que hoy nos hallamos. Quiz&aacute; la consecuencia m&aacute;s importante de este &uacute;ltimo momento es que se rompen los supuestos consensos acerca de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a llevar a cabo. Desde 2018, han aumentado de forma ininterrumpida las diferencias entre lo que los votantes de izquierda y de derecha le piden a la pol&iacute;tica, una divisi&oacute;n que ha quedado m&aacute;s clara a partir del 2021 con la pr&aacute;ctica desaparici&oacute;n de Ciudadanos y el establecimiento de dos bloques ideol&oacute;gicos entre los que ya no existen puentes. Hoy, el 80% de los votantes de VOX demandan menos impuestos y el 80% de los de PSOE y Unidas Podemos no piensan que paguemos mucho en impuestos. La ideolog&iacute;a ha vuelto, y lo ha hecho sobre todo en el plano econ&oacute;mico. Los partidos y bloques ideol&oacute;gicos ofrecen hoy unos men&uacute;s de pol&iacute;ticas cada vez m&aacute;s distintos. Ya no es tan cierto aquello de que est&aacute;bamos <a href="https://www.esade.edu/ecpol/es/publicaciones/esdeecpol-insight-polarizacion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s divididos por ideolog&iacute;a e identidad que por pol&iacute;ticas p&uacute;blicas</a>. Cada pol&iacute;tica que entra en el debate, por concreta que sea, acaba polariz&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo equilibrio de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola supone no ya una lucha por el centro, sino la oferta de paquetes de pol&iacute;ticas diferenciados. Esto no es necesariamente malo. Primero, porque hace m&aacute;s transparente la oferta de los partidos y, por tanto, los ciudadanos pueden decidir de forma m&aacute;s clara. Adem&aacute;s, esto anima la participaci&oacute;n, y todo hace indicar que los niveles de abstenci&oacute;n en los comicios que se avecinan ser&aacute;n relativamente bajos. Quiz&aacute; sea el momento de dejar de lamentarnos por el aumento de la polarizaci&oacute;n y recoser las costuras de una pol&iacute;tica espa&ntilde;ola que hoy es m&aacute;s diversa, e incluso entretenida, de lo que lo era a principios de siglo. El objetivo ya no puede ser buscar el acuerdo en todo, sino la convivencia pac&iacute;fica entre opciones pol&iacute;ticas que ofrecen visiones y propuestas distintas. Puede que la democracia espa&ntilde;ola haya madurado y m&aacute;s que consensos lo que necesitemos es repensar nuestras instituciones para que convivan opciones cada vez m&aacute;s diversas y plurales. En definitiva, una vuelta a los fundamentos m&aacute;s b&aacute;sicos de la democracia representativa. En <em>Polarizados</em> ofrezco algunas pinceladas acerca de c&oacute;mo emprender este camino.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consensos-hemos-llegado_132_10056920.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Mar 2023 22:05:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin de los consensos, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Creer en la meritocracia es de derechas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/creer-meritocracia-derechas_132_9828886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df1317b0-f8d3-4d5c-9213-674361e54e03_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Creer en la meritocracia es de derechas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace tan solo doce años los votantes de izquierda y derecha pensaban prácticamente lo mismo acerca del origen de la posición económica de las personas en España, hoy ya no.</p></div><p class="article-text">
        Creer que uno puede alcanzar lo que se proponga en la vida a trav&eacute;s de su talento y esfuerzo tiene profundas consecuencias sobre nuestras decisiones. Por ejemplo, uno puede decidir estudiar m&aacute;s, entrenar m&aacute;s o practicar m&aacute;s con un instrumento musical si cree que eso le garantiza cierto &eacute;xito. Lo contrario tambi&eacute;n se da. Uno puede pensar que su fortuna m&aacute;s bien tiene que ver con las loter&iacute;as de la vida, con la familia que le ha tocado o el barrio donde ha nacido. Por supuesto, tambi&eacute;n hay personas, muchas, que creen que tanto el esfuerzo personal como la situaci&oacute;n de partida importan. Donde se sit&uacute;a cada uno, &iquest;tiene algo que ver con su ideolog&iacute;a pol&iacute;tica? Si nos fijamos en el discurso de los partidos pol&iacute;ticos, parece que s&iacute;. Por ejemplo, la oposici&oacute;n conservadora en Espa&ntilde;a suele achacar al Gobierno que mediante su intervenci&oacute;n, en la educaci&oacute;n en este caso, <a href="https://twitter.com/ppmadrid/status/1331213068567793665" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;acaba con principios fundamentales como el m&eacute;rito, la capacidad o la excelencia&rdquo;</a>. Por el contrario, El Gobierno de izquierdas motiva muchas de sus decisiones con argumentos a favor de compensar las <a href="https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2020-17264" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;desigualdades personales, culturales, econ&oacute;micas y sociales&rdquo;</a>, como se puede leer en la ley de educaci&oacute;n aprobada esta legislatura. Es decir, los primeros ponen el foco en los valores de m&eacute;rito y capacidad y los segundos en la compensaci&oacute;n de las desigualdades de origen. &iquest;Qu&eacute; piensan sus votantes? En su estudio anual sobre pol&iacute;tica fiscal, el CIS ha hecho la siguiente pregunta a los espa&ntilde;oles durante los &uacute;ltimos trece a&ntilde;os:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hay quienes piensan que la posici&oacute;n econ&oacute;mica de las personas depende casi exclusivamente de su esfuerzo, educaci&oacute;n y val&iacute;a profesional (en una escala de 0 a 10 se situar&iacute;an en el punto 0). Otras piensan que lo que realmente importa es el origen familiar, los contactos o simplemente la suerte (estas se situar&iacute;an en el punto 10). &iquest;Qu&eacute; cree Ud. que influye m&aacute;s en la posici&oacute;n econ&oacute;mica que alcanzan las personas en Espa&ntilde;a?&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la evoluci&oacute;n de la opini&oacute;n media de los votantes de los cuatro principales partidos espa&ntilde;oles. En el lejano a&ntilde;o 2010, en plena Gran Recesi&oacute;n y justo antes de que los dos partidos mayoritarios espa&ntilde;oles pactaran cambiar la Constituci&oacute;n para <a href="https://elpais.com/diario/2011/08/24/espana/1314136801_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">calmar a los mercados</a>, los votantes de PP y PSOE pensaban lo mismo, en media, sobre el origen de la posici&oacute;n econ&oacute;mica. No pod&iacute;an estar m&aacute;s en el centro, situ&aacute;ndose en una posici&oacute;n de 5 en la escala de 0 a 10. Digamos que, en el conjunto de estos electorados, que supon&iacute;an m&aacute;s del 80% del total de votantes, la creencia en el esfuerzo y las habilidades, por una parte, y el origen familiar y los contactos, por otra, pesaban lo mismo. Pero Espa&ntilde;a ha cambiado mucho desde 2010 y, en la mayor&iacute;a de variables pol&iacute;ticas, el pa&iacute;s se ha polarizado de dos modos: los partidos m&aacute;s moderados se han ido separando ideol&oacute;gicamente y los extremos son hoy m&aacute;s extremos. En primer lugar, si la diferencia entre los votantes de PP y PSOE no llegaba a una d&eacute;cima en 2010, hoy es de m&aacute;s de un punto. En cuanto a los extremos, la diferencia ha pasado del medio punto entre IU y el PP en 2010 hasta los m&aacute;s de dos puntos entre UP y VOX del 2022. Esta diferencia entre extremos, que suele ser una de las medidas que utilizamos cuando hablamos de polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, se ha multiplicado por cinco. Otra forma de ver esta radicalizaci&oacute;n de las posturas es que, mientras en el a&ntilde;o 2010 solo el 15% mostraba preferencias que podr&iacute;amos llamar extremas (0-1 y 9-10 en la escala), en el 2022 este porcentaje se ha m&aacute;s que duplicado y ahora alcanza el 31%. Es decir, hoy d&iacute;a uno de cada tres espa&ntilde;oles cree que la posici&oacute;n econ&oacute;mica se debe solo al esfuerzo o las habilidades o solo a la familia o los contactos. Por supuesto, en el primer caso predominan los votantes de partidos de la derecha y en el segundo los de izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1: &iquest;De qu&eacute; depende la posici&oacute;n econ&oacute;mica de las personas?</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fuente: CIS, Estudios de Opinión Pública y Política Fiscal 2010-2022                            </span>
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        El incremento de la polarizaci&oacute;n partidista en torno a la creencia en el esfuerzo es solo una muestra m&aacute;s de una tendencia general de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola. Se pueden revisar otras preferencias (como el pago de impuestos) o creencias (como la religi&oacute;n) y la divisi&oacute;n entre votantes de los partidos no ha dejado de crecer. &iquest;Deber&iacute;a preocuparnos esta creciente divisi&oacute;n? Por una parte, nos podr&iacute;a preocupar en tanto que un diagn&oacute;stico distinto del origen de las desigualdades hace m&aacute;s dif&iacute;cil alcanzar acuerdos transversales. La profunda divisi&oacute;n partidista de la &uacute;ltima d&eacute;cada hace cuestionarse si aquel acuerdo de reforma expr&eacute;s de la Constituci&oacute;n en 2011 ser&iacute;a hoy posible. Muchos afirmar&aacute;n que no solo no ser&iacute;a posible, sino tampoco deseable. En la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola hay hoy m&aacute;s ideolog&iacute;a que en 2010, pero eso no es un problema en s&iacute; mismo. C&oacute;mo gestionemos esas diferencias ideol&oacute;gicas y la relaci&oacute;n de estas con los bloqueos pol&iacute;ticos actuales s&iacute; que deber&iacute;a preocuparnos, pero eso es harina de otro costal.
    </p><p class="article-text">
        La tendencia que he mostrado no es &uacute;nica de Espa&ntilde;a. En los Estados Unidos la lucha por la justicia social y contra las desigualdades injustas fue la base del movimiento <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/occupy-wall-street-10-anos-despues-paso-sido-legado_1_8308026.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Occupy Wall Street</a>, coet&aacute;neo de nuestro 15-M. El libro que con m&aacute;s fuerza ha denunciado la supuesta falacia de la meritocracia es <a href="https://www.penguinlibros.com/es/filosofia/11241-libro-la-tirania-del-merito-9788418006340" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La tiran&iacute;a del m&eacute;rito</a> de Michael Sandel. En Espa&ntilde;a los ecos de ese debate se pueden encontrar en el libro <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-contra-la-igualdad-de-oportunidades/318192" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Contra la igualdad de oportunidades</a> de C&eacute;sar Rendueles, e incluso en la reciente puesta de largo del <a href="https://www.futurepolicylab.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Future Policy Lab</a>, cuyo primer informe intenta desmontar el &ldquo;mito de la meritocracia&rdquo;. Las reacciones intelectuales a esta apuesta de la izquierda en nuestro pa&iacute;s han sido t&iacute;midas, pero si nos atenemos al debate que se produjo en los Estados Unidos, llegar&aacute;n. En este pa&iacute;s, el psic&oacute;logo moral <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jonathan_Haidt" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jonathan Haidt</a>, partiendo de una posici&oacute;n progresista, ha criticado la deriva de la izquierda que se centra casi exclusivamente en el principio de igualdad e ignora el poder de persuasi&oacute;n moral que tienen las ideas de m&eacute;rito y esfuerzo. Curiosamente, tanto Haidt como el propio Sandel han mostrado que el presidente Barack Obama sol&iacute;a combinar ambos tipos de apelaciones en sus discursos con frases como &ldquo;si trabajas duro y asumes la responsabilidad, puedes salir adelante en Am&eacute;rica&rdquo;, combinadas con muchas otras denunciando la falta de igualdad de oportunidades. Pero eso eran otros tiempos y la sucesi&oacute;n de crisis econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas no hacen presagiar una vuelta a esos discursos h&iacute;bridos. Cuando en pleno a&ntilde;o electoral, el CIS vuelva a hacer la misma pregunta en el verano de 2023, seguramente la diferencia entre las creencias de unos votantes y otros habr&aacute; aumentado de nuevo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/creer-meritocracia-derechas_132_9828886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Dec 2022 21:24:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Creer en la meritocracia es de derechas?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Condiciones laborales,Igualdad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajar impuestos ya no es de izquierdas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/bajar-impuestos-no-izquierdas_132_9555892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70837938-e867-45cb-b0e8-0cfadb32f3bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bajar impuestos ya no es de izquierdas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España se están consolidando dos posturas claras ante los impuestos: mientras que una inmensa mayoría de votantes de derechas los rechazan, el porcentaje de partidarios de izquierda que lo hacen ha disminuido considerablemente</p><p class="subtitle">ANÁLISIS | La curiosa solidaridad fiscal de las élites españolas, por Alejandro Inurrieta</p></div><p class="article-text">
        En mayo de 2003, un a&ntilde;o antes de las elecciones que le llevar&iacute;an a la presidencia del Gobierno, el presidente Rodr&iacute;guez Zapatero afirmaba que &ldquo;<a href="https://elpais.com/diario/2003/05/16/portada/1053036106_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bajar impuestos es de izquierdas</a>&rdquo;. Catorce a&ntilde;os m&aacute;s tarde eran los presidentes socialistas de Andaluc&iacute;a y Extremadura los que, frente al gobierno central de Mariano Rajoy, propon&iacute;an <a href="https://www.eldiario.es/economia/vuelve-izquierdas-bajar-impuestos_1_3168011.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acabar con el impuesto de sucesiones</a>. Esta semana hemos vuelto a la carga con el tema, pero ahora se han dado la vuelta las tornas. El lunes, el presidente popular de la Junta de Andaluc&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/moreno-suprime-impuesto-patrimonio-pagan-16-700-andaluces-ricos-atraer-contribuyentes-rentas-altas_1_9543103.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">anunciaba</a> la supresi&oacute;n del impuesto de patrimonio y animaba a empresarios de otras comunidades aut&oacute;nomas a tributar en Andaluc&iacute;a. La presidenta de la Comunidad de Madrid aplaud&iacute;a la decisi&oacute;n y apostaba por seguir bajando impuestos. El martes, el ministro Jos&eacute; Luis Escriv&aacute; <a href="https://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/carlos-alsina-entrevista-jose-luis-escriva_202209206329641a60c19f00019b69bc.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">respond&iacute;a</a> afirmando que &ldquo;habr&iacute;a que reducir el margen de las comunidades para decidir la pol&iacute;tica fiscal.&rdquo; Tanto &eacute;l como el resto del Gobierno han calificado la declaraci&oacute;n como una opini&oacute;n personal y no una postura del Ejecutivo. &iquest;Qu&eacute; pasa con los impuestos? Lo que ocurre es que en este a&ntilde;o preelectoral los pol&iacute;ticos saben muy bien de la capacidad polarizadora de los impuestos. Nunca antes los votantes espa&ntilde;oles hab&iacute;an estado tan divididos en sus preferencias fiscales. 
    </p><p class="article-text">
        Desde 1985 el CIS hace cada a&ntilde;o a los espa&ntilde;oles la siguiente pregunta: &ldquo;&iquest;Dir&iacute;a Ud. que lo que los/as espa&ntilde;oles/as pagamos en impuestos es mucho, regular o poco?&rdquo;. En realidad, aunque hay tres posibles respuestas, muy pocos entrevistados a lo largo de casi 40 a&ntilde;os sol&iacute;an responder que pagamos &ldquo;poco&rdquo; en impuestos. Como muestra el gr&aacute;fico 1, en la mayor&iacute;a de a&ntilde;os solo en torno a un 2% de espa&ntilde;oles lo pensaba. Para los defensores de los impuestos hay que reconocer que este porcentaje ha crecido t&iacute;mida pero constantemente durante los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os, situ&aacute;ndose en este 2022 cerca del 10%. Pero sigue siendo bajo. El porcentaje que s&iacute; ha ido fluctuando, aunque con una cierta tendencia hist&oacute;rica a la baja es el de personas que piensan que pagamos &ldquo;mucho&rdquo; en impuestos. El gr&aacute;fico 2 muestra dicho porcentaje desde el a&ntilde;o 2004 para los votantes de los grandes partidos espa&ntilde;oles. Me detendr&eacute; en dos tendencias generales y una an&eacute;cdota sobre el a&ntilde;o 2021.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1: Valoraci&oacute;n de los ciudadanos de la presi&oacute;n fiscal&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fuente: CIS, Estudios de Opinión Pública y Política Fiscal 1985-2022                            </span>
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        La primera tendencia, que se remonta a los a&ntilde;os ochenta como mostr&eacute; en un an&aacute;lisis <a href="https://itemsweb.esade.edu/research/EsadeEcPol-insight-polarizacion.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">anterior</a>, es que los votantes del PP suelen pensar que se pagan muchos impuestos cuando gobierna el PSOE. La l&iacute;nea azul est&aacute; por encima de la roja hasta 2012 y a partir de 2018. La sensibilidad de los votantes del PP a que los impuestos los recaude el PSOE es tremenda. Tanto es as&iacute; que en 2018 aumenta sustancialmente su percepci&oacute;n de que se pagan muchos impuestos en una encuesta cuyo trabajo de campo tuvo lugar en la primera semana de julio, solo un mes despu&eacute;s de que triunfara la moci&oacute;n de censura contra Mariano Rajoy. No ser&aacute; el &uacute;nico momento donde los votantes del PP reaccionen con presteza al contexto electoral al pensar en los impuestos. Pero los del PSOE no les quedan a la zaga. De 2011 a 2012 aumenta casi un 20% el porcentaje de votantes socialistas que consideran que se paga mucho en impuestos, y este porcentaje se mantiene alto hasta 2018.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2: Valoraci&oacute;n de la presi&oacute;n fiscal seg&uacute;n recuerdo de voto</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fuente: CIS, Estudios de Opinión Pública y Política Fiscal 2004-2022                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La segunda tendencia es m&aacute;s importante desde mi punto de vista. Desde mediados de la d&eacute;cada pasada ha disminuido de forma r&aacute;pida y constante el porcentaje de votantes de izquierda que piensa que se pagan muchos impuestos, situ&aacute;ndose este a&ntilde;o apenas por encima del 20%. Al mismo tiempo los votantes de PSOE y UP que piensan que se pagan &ldquo;pocos&rdquo; impuestos se sit&uacute;an ya en el 14% y en el 18%, respectivamente. Esto s&iacute; que parece un cambio estructural hacia una tendencia m&aacute;s genuina en la izquierda a querer m&aacute;s impuestos. En el otro extremo, desde su irrupci&oacute;n en 2019, el porcentaje de votantes de VOX que creen que se pagan muchos impuestos no ha dejado de crecer y hoy ya est&aacute; por encima del 80%. Donde hace solo una d&eacute;cada apenas hab&iacute;a diferencias, hoy la distancia entre los votantes de Unidas Podemos y Vox se sit&uacute;a en torno a los 60 puntos, un mundo. Por tanto, volviendo a la cuesti&oacute;n que motivaba esta entrada, parece que en Espa&ntilde;a se est&aacute;n configurando finalmente dos bloques con preferencias econ&oacute;micas, fiscales en este caso, muy distintas. Mientras que antes la actitud ante los impuestos parec&iacute;a oportunista (&ldquo;solo quiero impuestos si los recaudan los m&iacute;os&rdquo;), hoy parece que responde a preferencias genuinas por un tipo concreto de pol&iacute;tica fiscal. Al menos est&aacute; claro que los dos partidos del gobierno de coalici&oacute;n tienen un electorado potencial que no reacciona tan negativamente a los impuestos y hay un sector de la oposici&oacute;n que tiene muy claro que hay que bajarlos.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, quer&iacute;a detenerme en una an&eacute;cdota que puede tener m&aacute;s enjundia de lo que parece en principio. Resulta que en el a&ntilde;o 2021 aument&oacute; el porcentaje de las personas que pensaban que se pagan muchos impuestos en todos los partidos, incluidos los de izquierda. La subida (espacio sombreado) de PP, Ciudadanos, incluso PSOE, es especialmente llamativa. &iquest;Qu&eacute; estaba pasando en el verano de 2021 para que hasta la izquierda aumentara su negatividad frente a los impuestos? Pues que Isabel D&iacute;az Ayuso hab&iacute;a ganado contundentemente las elecciones a la Comunidad de Madrid con un discurso claramente a favor de la bajada de impuestos. El efecto se ha corregido en 2022 y solo entre los votantes de Vox han aumentado los contrarios a los impuestos. Este tipo de efectos en las encuestas son frecuentes y nos ayudan a entender qu&eacute; est&aacute; pasando en la opini&oacute;n p&uacute;blica del pa&iacute;s, como ya mostramos algunas entradas anteriores sobre el <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/influencia-cis-participacion-electoral-abril_132_7240932.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">efecto de la publicaci&oacute;n de las encuestas</a> o de la <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/batira-record-historico-abstencion_132_1279668.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proximidad de las elecciones</a>.
    </p><p class="article-text">
        De los datos que he mostrado se desprenden dos conclusiones a las que habr&iacute;a que prestar atenci&oacute;n en el pr&oacute;ximo a&ntilde;o electoral. Por una parte, los impuestos van a ocupar un espacio en la competici&oacute;n electoral que no hab&iacute;an ocupado en ocasiones anteriores. Parece que en Espa&ntilde;a las posturas ideol&oacute;gicas con respecto a este tema se est&aacute;n consolidando y la polarizaci&oacute;n no dejar&aacute; de aumentar. El segundo es el efecto que los discursos de los l&iacute;deres pol&iacute;ticos tienen sobre las actitudes de los ciudadanos. Es una pena que no tengamos una encuesta para medirlo, pero seguro que, tras las pol&eacute;micas fiscales de esta semana, las actitudes de los ciudadanos se han movido algo hacia posturas m&aacute;s a favor o en contra de los impuestos, seg&uacute;n uno apoye o no al Gobierno. Es lo que nos queda hasta las pr&oacute;ximas elecciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/bajar-impuestos-no-izquierdas_132_9555892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Sep 2022 20:59:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bajar impuestos ya no es de izquierdas]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Elecciones a la vista… vuelve la polarización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-elecciones-andalucia_132_8965356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6f12e78-4775-49ba-85b1-588ebdbe167e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elecciones a la vista… vuelve la polarización"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ciclo electoral que comenzó con las andaluzas de 2018 y culminó en la repetición de las generales de 2019 aumentó la polarización política. Con una cita autonómica en unas semanas, regionales y municipales en un año y unas reñidas generales en el horizonte, no parece que vayamos a tener un respiro</p></div><p class="article-text">
        Esta semana se est&aacute;n despejando las &uacute;ltimas dudas sobre las formaciones pol&iacute;ticas que concurrir&aacute;n a las elecciones andaluzas del 19 de junio. A partir de aqu&iacute; nos queda un mes intenso de precampa&ntilde;a y dos semanas de campa&ntilde;a electoral que empezar&aacute; el 3 de junio. Se abren muchas inc&oacute;gnitas, y lo que nosotros nos preguntamos es: &iquest;cu&aacute;nto aumentar&aacute; la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica en ese periodo? Porque la pregunta no es si los ciudadanos andaluces, y los espa&ntilde;oles en general, se polarizar&aacute;n, esto d&eacute;moslo por descontado, sino cu&aacute;nto. Las campa&ntilde;as electorales polarizan, est&aacute;n dise&ntilde;adas para eso, pero unas lo hacen m&aacute;s que otras. Y diferentes campa&ntilde;as pueden polarizar m&aacute;s a diferentes grupos. Cuando hablamos de polarizaci&oacute;n y elecciones nos vienen a la cabeza las elecciones <em>a la madrile&ntilde;a</em> de mayo de 2021, con su &ldquo;comunismo o libertad&rdquo; o sus balas en sobres, pero el efecto polarizador de las elecciones y su influencia en la movilizaci&oacute;n de votantes propios y extra&ntilde;os va mucho m&aacute;s all&aacute; de la M-30. En <em>Votes and Violence</em>, un libro ya cl&aacute;sico sobre la movilizaci&oacute;n electoral, el polit&oacute;logo norteamericano Steven Wilkinson contaba c&oacute;mo, para movilizar a los votantes, los partidos pol&iacute;ticos en la India instigaban conflictos violentos entre diversas etnias durante la campa&ntilde;a para que la identidad &eacute;tnica, y no los conflictos socioecon&oacute;micos, por ejemplo, fueran el eje en torno al que se polarizaban las campa&ntilde;as electorales. Por tanto, la pregunta es: &iquest;cu&aacute;nto nos polarizaremos?
    </p><p class="article-text">
        Dos estudios recientes han respondido a esta pregunta con los mejores datos de los que disponemos. En el primer <a href="https://doi.org/10.1016/j.electstud.2020.102203" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo</a> se estudia el efecto de las elecciones en la polarizaci&oacute;n analizando 99 casos de 42 pa&iacute;ses entre 1996 y 2016. La evidencia se&ntilde;ala que, efectivamente, los momentos de mayor polarizaci&oacute;n afectiva, de mayor fractura sentimental, coinciden con las campa&ntilde;as electorales y la celebraci&oacute;n de elecciones. Adem&aacute;s, destacan que esta polarizaci&oacute;n se reduce significativamente tras pasar las elecciones. Aproximadamente cuatro meses despu&eacute;s de la cita electoral, las personas reducen su polarizaci&oacute;n en unos 0,33 puntos en una escala de 0 a 10. Puede no parecer mucho, pero es un efecto mayor que el de la edad o el nivel educativo, factores de demostrada influencia sobre lo polarizada que est&aacute; una persona.
    </p><p class="article-text">
        En el segundo <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/13608746.2022.2038492" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo</a>, realizamos un estudio longitudinal siguiendo el ciclo electoral que comenz&oacute; precisamente con las anteriores elecciones auton&oacute;micas en Andaluc&iacute;a en diciembre de 2018, y cubriendo las elecciones nacionales de abril de 2019 y las auton&oacute;micas, municipales y europeas de mayo del mismo a&ntilde;o. Estas citas electorales fueron las primeras tras la moci&oacute;n de censura contra el gobierno de Rajoy y tambi&eacute;n las primeras en las que Vox obtuvo representaci&oacute;n parlamentaria. Los resultados de este estudio se resumen en el gr&aacute;fico siguiente, donde podemos ver la valoraci&oacute;n media, en una escala de 0 a 10, que las personas encuestadas dan a los votantes de su partido preferido y a los votantes del resto de partidos, a lo largo de varios meses y en cuatro oleadas. El primer valor de referencia, antes de las andaluzas de 2018, muestra un nivel de polarizaci&oacute;n moderado, que incluso se reduce ligeramente, aunque de forma no significativa, dos meses despu&eacute;s de las elecciones andaluzas. Sin embargo, coincidiendo con las campa&ntilde;as electorales de las dos citas nacionales, observamos un aumento claro de la polarizaci&oacute;n, llegando hasta un diferencial de casi 1,5 puntos. Un aspecto a tener en cuenta m&aacute;s all&aacute; del aumento de la polarizaci&oacute;n es que este se ve empujado principalmente por una mejora de la valoraci&oacute;n de aquellos que votan lo mismo que nosotros. Habitualmente asociamos la polarizaci&oacute;n a emociones negativas, y si bien es cierto que empeora la valoraci&oacute;n de los oponentes, el efecto m&aacute;s marcado es una intensificaci&oacute;n de los sentimientos positivos con el propio partido y sus votantes. Por otro lado, en nuestro trabajo medimos tambi&eacute;n que, durante esas dos campa&ntilde;as electorales, las personas que m&aacute;s incrementaron su polarizaci&oacute;n se posicionaban ideol&oacute;gicamente en la izquierda y el centro. Esto podr&iacute;a relacionarse con los resultados electorales, ya que precisamente fueron PSOE y Ciudadanos los partidos que obtuvieron unos mejores resultados comparativamente en la cita electoral de abril de 2019.
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            <span class="title">
                Evolución de la polarización                            </span>
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        Volviendo a la pr&oacute;xima cita electoral andaluza, quedan varios interrogantes por despejar. &iquest;Nos polarizaremos m&aacute;s que hace tres a&ntilde;os? &iquest;Ha alcanzado la polarizaci&oacute;n un m&aacute;ximo o seguir&aacute; creciendo? &iquest;Se diluir&aacute; el efecto a lo largo del verano o continuar&aacute; con las nuevas convocatorias electorales que tendremos en los pr&oacute;ximos meses? &iquest;Habr&aacute; grupos que consigan polarizar m&aacute;s que el resto y se beneficien de ello movilizando m&aacute;s a los suyos?
    </p><p class="article-text">
        Se ha dicho que una de las principales causas del aumento de la polarizaci&oacute;n en los pa&iacute;ses occidentales es la continua exposici&oacute;n a campa&ntilde;as electorales. Las campa&ntilde;as agudizan nuestros sentimientos partidistas, haciendo a la vez que incrementen nuestros afectos hacia aquellos con los que compartimos voto y nuestra a animadversi&oacute;n a los que percibimos como oponentes. De hecho, podr&iacute;a decirse que ese es justo el objetivo que persiguen las campa&ntilde;as electorales. Sin embargo, ese clima polarizado tiene efectos m&aacute;s all&aacute; de la cita electoral, condicionando la formaci&oacute;n de acuerdos o la aprobaci&oacute;n de pol&iacute;ticas. He aqu&iacute; la paradoja: la acumulaci&oacute;n de procesos electorales, centrales en las democracias representativas contempor&aacute;neas, puede acabar incrementando la polarizaci&oacute;n y socavando, de este modo, la legitimidad del propio sistema democr&aacute;tico. Y con una cita auton&oacute;mica en unas semanas, regionales y municipales dentro de un a&ntilde;o y unas re&ntilde;idas elecciones generales en el horizonte, no parece que vayamos a tener un respiro pr&oacute;ximamente. Agarr&eacute;monos que vienen curvas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller, Isabel Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-elecciones-andalucia_132_8965356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 May 2022 20:57:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elecciones a la vista… vuelve la polarización]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Optimismo y segunda ola del virus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/optimismo-segunda-ola-virus-europa_132_6267845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/487232e4-1f85-490d-b4f4-74e6f44ebe30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Optimismo y segunda ola del virus"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los países europeos donde más creció el porcentaje de personas optimistas durante el verano son también los que lideran la tabla de contagios en la segunda ola del virus</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas numerosos art&iacute;culos est&aacute;n intentando explicar por qu&eacute; Espa&ntilde;a se ha situado, de nuevo, a la cabeza del n&uacute;mero de contagios en Europa. Se hace referencia a importantes <a href="https://theconversation.com/covid-19-diez-razones-para-explicar-como-hemos-llegado-a-esta-situacion-147020" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">causas estructurales</a>, como una desescalada precipitada, la falta de datos y de rastreadores o un sistema sanitario debilitado. Posiblemente estas causas estructurales sean las m&aacute;s importantes, pero tambi&eacute;n suelen aparecer explicaciones relacionadas con las actitudes de los espa&ntilde;oles en la salida del confinamiento y el verano. Por ejemplo, se ha hablado de <a href="https://elpais.com/sociedad/2020-09-27/espana-se-enfrenta-al-fracaso-de-la-nueva-normalidad.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exceso de confianza</a> en la &ldquo;nueva normalidad&rdquo;. &iquest;Existen datos que nos permitan validar este segundo tipo de explicaciones? Si existieran, idealmente nos gustar&iacute;a tener datos sobre estas actitudes antes de la desescalada y ya en la nueva normalidad y, adem&aacute;s, tener las mismas medidas en un conjunto amplio de pa&iacute;ses que han tenido una incidencia distinta del virus. Pues eso es precisamente lo que ofrece la encuesta de <a href="https://www.eurofound.europa.eu/es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eurofound</a> <a href="https://www.eurofound.europa.eu/es/publications/report/2020/living-working-and-covid-19" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Living, working and COVID-19</a> que vio la luz la semana pasada (observaci&oacute;n: se trata de una encuesta online en los 27 pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea. La muestra no es probabil&iacute;stica, pero los resultados han sido ponderados por caracter&iacute;sticas de cada uno de los pa&iacute;ses para hacerlos lo m&aacute;s representativos posibles).
    </p><p class="article-text">
        El estudio consta de dos rondas de encuestas online, una primera que coincide con las semanas en las que la mayor parte de pa&iacute;ses europeos alcanzaron el pico de contagios de la primera ola (9 abril &ndash; 1 mayo) y una segunda ronda que empieza al d&iacute;a siguiente del comienzo oficial de la nueva normalidad en Espa&ntilde;a y que se extiende hasta finales de julio (22 junio &ndash; 27 julio). Por tanto, podemos comparar las actitudes y expectativas de una Europa confinada (en abril) con otra que ve&iacute;a los pocos &ldquo;rayos de luz&rdquo; que nos ha dado este a&ntilde;o (en julio). Para intentar ver si los espa&ntilde;oles se &ldquo;confiaron&rdquo; m&aacute;s que otros europeos, voy a comparar los niveles de optimismo entre las dos rondas, en concreto la pregunta &ldquo;Soy optimista acerca de mi futuro&rdquo;, y los datos que mostrar&eacute; se refieren al porcentaje de personas que est&aacute;n de acuerdo o muy de acuerdo con tal afirmaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra la diferencia entre el porcentaje de ciudadanos optimistas durante la &ldquo;nueva normalidad&rdquo; y el confinamiento en Europa. Mientras que muchos ciudadanos escandinavos (Finlandia y Suecia) se volvieron m&aacute;s pesimistas con respecto al futuro, muchos franceses y espa&ntilde;oles recuperaron el optimismo. En media, los europeos (EU) incrementaron moderadamente su optimismo como cabr&iacute;a esperar con el paso del confinamiento a una situaci&oacute;n de cierta normalidad. Adem&aacute;s, es importante tener en cuenta que los cambios en el porcentaje de optimistas no coinciden con el nivel de optimismo o pesimismo durante el confinamiento. As&iacute;, por ejemplo, Portugal y Croacia eran de los pa&iacute;ses con menos optimistas en abril y a&uacute;n aumentaron su nivel de pesimistas en julio. Por el contrario, Austria estaba entre los m&aacute;s optimistas en abril y aument&oacute; a&uacute;n m&aacute;s su optimismo en la segunda ronda. Espa&ntilde;a se encontraba a mitad de la tabla en el confinamiento, con un porcentaje de optimistas id&eacute;ntico a la media europea (49%) y, sin embargo, es el segundo pa&iacute;s donde m&aacute;s aument&oacute; el optimismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s interesante del gr&aacute;fico anterior es precisamente que los dos pa&iacute;ses donde m&aacute;s se increment&oacute; el porcentaje de optimistas son tambi&eacute;n los dos que lideran la tabla de contagios en la segunda ola del virus. Con objeto de comprobar si esta relaci&oacute;n es m&aacute;s general, en el gr&aacute;fico 2 muestro la relaci&oacute;n entre el cambio en el optimismo (recordemos, medido en julio) y el nivel de contagios por 100.00 habitantes en cada pa&iacute;s en la segunda ola del virus (desde el 1 de agosto al 1 de octubre). En el gr&aacute;fico vemos una relaci&oacute;n moderada entre el aumento del porcentaje de optimistas y los contagios desde agosto. Espa&ntilde;a y Francia suponen un ejemplo muy claro del aumento en estas dos medidas y Finlandia el caso contrario. Tambi&eacute;n hay bastantes pa&iacute;ses cercanos a la l&iacute;nea de tendencia y, por supuesto, algunos (como Alemania e Italia) que muestran que esta relaci&oacute;n est&aacute; lejos de ser perfecta. Por tanto, tenemos evidencia basada en una encuesta europea que indica que all&iacute; donde creci&oacute; m&aacute;s el n&uacute;mero de optimistas acerca del futuro han aumentado tambi&eacute;n m&aacute;s los contagios. Por supuesto, para dar esta explicaci&oacute;n por v&aacute;lida necesitar&iacute;amos saber m&aacute;s del comportamiento de esas personas que se volvieron optimistas y si esto est&aacute; relacionado con la propagaci&oacute;n de contagios. Por ahora solo tenemos una correlaci&oacute;n sugerente en este sentido.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo interpreto el aumento de n&uacute;mero de optimistas en Espa&ntilde;a (y Francia) y su posible relaci&oacute;n con los contagios? Probablemente esta medida de optimismo nos dice algo de varios fen&oacute;menos que estaban pasando al mismo tiempo. El optimismo, por s&iacute; mismo, no contagia el virus y, si es cierto que los dos fen&oacute;menos est&aacute;n relacionados, seguramente lo est&aacute;n a trav&eacute;s de otros factores estructurales como los mencionados al comienzo de esta entrada. Por ejemplo, el exceso de optimismo podr&iacute;a haber hecho que ciudadanos y administraciones se relajaran en los preparativos para la siguiente ola. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ser&iacute;a interesante estudiar qu&eacute; caus&oacute; el aumento de optimistas en Espa&ntilde;a. Aqu&iacute; van un par de hip&oacute;tesis por las que empezar. Por una parte, para mantener un confinamiento estricto como el que se dio en Espa&ntilde;a, tanto administraciones p&uacute;blicas como empresas privadas lanzaron campa&ntilde;as publicitarias cargadas de optimismo. Por otra parte, el intento de tener una temporada tur&iacute;stica lo m&aacute;s normal posible hizo que la vuelta a la normalidad (justo en el momento donde se pasa la segunda ronda de encuestas) fuese muy r&aacute;pida. Todo ello es lo que ha llevado a bastantes expertos a hablar del exceso de confianza o de relajaci&oacute;n y, ahora podr&iacute;amos decir, de optimismo por parte de los espa&ntilde;oles. Por tanto, con los datos que vamos teniendo, mi interpretaci&oacute;n de lo que ocurri&oacute; en la desescalada y ef&iacute;mera &ldquo;nueva normalidad&rdquo; en Espa&ntilde;a es que aquel incremento del optimismo pudo ser tambi&eacute;n el caldo de cultivo de una segunda ola que est&aacute; golpeando con especial dureza a Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/optimismo-segunda-ola-virus-europa_132_6267845.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2020 20:26:30 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué esperar de las aplicaciones de rastreo de contagios?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/aplicaciones-rastreo-contagios-covid19_132_6023027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4a339a2-61f5-4b49-ab14-8fec268bb796_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué esperar de las aplicaciones de rastreo de contagios?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para que la aplicación de rastreo que prepara el Gobierno sea efectiva, tiene que proporcionar información clara, ser fácil de usar y aportar algún valor a los usuarios</p></div><p class="article-text">
        La respuesta r&aacute;pida es que han sido poco &uacute;tiles en otros pa&iacute;ses que las han probado con anterioridad. La respuesta un poco m&aacute;s elaborada, de la que me ocupar&eacute; en esta entrada, es que, tambi&eacute;n como en otras experiencias, se est&aacute; poniendo todo el foco en el problema tecnol&oacute;gico y apenas se est&aacute; trabajando sobre el problema fundamental para el &eacute;xito de estas tecnolog&iacute;as: que sean adoptadas por un n&uacute;mero suficiente de usuarios. Lo bueno es que empezamos a tener <a href="https://www.technologyreview.com/2020/05/07/1000961/launching-mittr-covid-tracing-tracker/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">evidencia</a> de otros pa&iacute;ses que podr&iacute;a dar pistas al Ministerio de Econom&iacute;a, que anunci&oacute; hace algunos d&iacute;as que realizar&iacute;a un piloto de la nueva aplicaci&oacute;n espa&ntilde;ola en <a href="https://elpais.com/tecnologia/2020-05-20/espana-lanzara-en-junio-en-canarias-el-piloto-para-la-app-de-rastreo-de-contactos-contagiados.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Canarias</a>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos de experiencias anteriores, hay dos pa&iacute;ses que destacan: Islandia y Australia. El caso island&eacute;s es interesante, y potencialmente informativo para el piloto canario, porque se llev&oacute; a cabo en una isla con una poblaci&oacute;n relativamente peque&ntilde;a (364.000 personas) y homog&eacute;nea. Aunque ha sido considerado como el caso de m&aacute;s &eacute;xito, menos del <a href="https://www.technologyreview.com/2020/05/11/1001541/iceland-rakning-c19-covid-contact-tracing/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">40% de islandeses</a> usan la aplicaci&oacute;n. El caso australiano tambi&eacute;n es interesante porque proporciona <a href="https://www.abc.net.au/news/2020-06-02/coronavirus-covid19-covidsafe-app-how-many-downloads-greg-hunt/12295130" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos diarios</a> de descargas de la aplicaci&oacute;n, lo que nos permite entender mejor los patrones de difusi&oacute;n de esta tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que se observa en el caso australiano (figura 1) es que se produjo una adopci&oacute;n muy r&aacute;pida al principio, pero despu&eacute;s &eacute;sta se fren&oacute; en seco. En concreto, en tres d&iacute;as se alcanzaron los tres millones de descargas, pero hizo falta un mes entero para aumentar otros tres millones. Curiosamente, hay 16,4 millones de adultos con smartphone en Australia, lo que significa que la adopci&oacute;n actual de la aplicaci&oacute;n estar&iacute;a por debajo del 40%; un porcentaje casi id&eacute;ntico al caso island&eacute;s. En los dos casos, las autoridades p&uacute;blicas reconocen que, aunque tienen cierta utilidad, estas aplicaciones no han cubierto las expectativas depositadas en ellas por no alcanzar un mayor nivel de adopci&oacute;n entre la poblaci&oacute;n. Hay que tener en cuenta que, incluso en estos casos exitosos, el hecho de que casi cuatro de cada diez usuarios descargue la aplicaci&oacute;n no quiere decir que &eacute;se sea el porcentaje de uso de la misma. En realidad, los mayores problemas para los gobiernos que las lanzan vienen despu&eacute;s de la descarga, ya que para que sean efectivas los usuarios deben mantenerlas activas. Pero, &iquest;por qu&eacute; es tan dif&iacute;cil la extensi&oacute;n de una tecnolog&iacute;a tan prometedora?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Figura 1: Evoluci&oacute;n de las descargas de app de rastreo en Australia</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Fuente: <a href="https://www.abc.net.au/news/2020-06-02/coronavirus-covid19-covidsafe-app-how-many-downloads-greg-hunt/12295130" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ABC News Australia</a>
    </p><p class="article-text">
        La aplicaci&oacute;n de rastreo es un ejemplo claro de &ldquo;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Juego_de_bienes_p%C3%BAblicos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">juego de bien p&uacute;blico</a> con umbral&rdquo;. La aplicaci&oacute;n, como las vacunas, las mascarillas o el distanciamiento f&iacute;sico, es un bien p&uacute;blico en tanto que su adopci&oacute;n individual beneficia al resto de la sociedad. Descargar la aplicaci&oacute;n, como llevar mascarilla, es algo costoso desde un punto de vista individual, pero contribuye a la disminuci&oacute;n del contagio, lo que supone una ganancia colectiva. Y es esta tensi&oacute;n entre los costes individuales de un comportamiento y los beneficios colectivos lo que explica que muchos bienes p&uacute;blicos que consideramos esenciales (reducir las emisiones contaminantes) cueste tanto alcanzarlos. Pero la aplicaci&oacute;n, como hemos visto m&aacute;s arriba, es un tipo de bien p&uacute;blico especial, &ldquo;con umbral&rdquo;, en el que el beneficio del bien solo se obtiene si un n&uacute;mero m&iacute;nimo de personas contribuyen al mismo (se descarga la aplicaci&oacute;n y la usa). Esto hace que conseguir este bien p&uacute;blico sea incluso m&aacute;s dif&iacute;cil. Pero, &iquest;por qu&eacute; las personas no contribuimos a los bienes p&uacute;blicos? Y, &iquest;qu&eacute; pueden hacer los gobiernos para incrementar la contribuci&oacute;n a los mismos?
    </p><p class="article-text">
        La insuficiente contribuci&oacute;n a bienes p&uacute;blicos es el problema que m&aacute;s han estudiado economistas y otros cient&iacute;ficos sociales experimentales, tanto en el laboratorio como en situaciones de interacci&oacute;n cotidiana. Los miles de estudios realizados pueden resumirse en esta famosa figura del <a href="https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.90.4.980" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> de Ernst Fehr y Simon G&auml;chter sobre contribuci&oacute;n a bienes p&uacute;blicos (figura 2). En el eje vertical vemos el porcentaje de contribuci&oacute;n al bien p&uacute;blico y en la parte inferior el paso del tiempo. Si nos fijamos en los diez primeros per&iacute;odos (puntos blancos), podemos observar algo muy similar al proceso de adopci&oacute;n de la aplicaci&oacute;n australiana. Al principio la contribuci&oacute;n es relativamente alta, muchos contribuyen al bien p&uacute;blico (se descargan la aplicaci&oacute;n) por curiosidad, porque creen que es lo que hay que hacer o por otros motivos. Pero conforme pasa el tiempo, la contribuci&oacute;n decae con fuerza. Ya no nos pica tanto la curiosidad, observamos que otras personas no la usan o creemos que no nos sirve para nada. &iquest;C&oacute;mo puede revertirse esta tendencia negativa? Una forma simple, como nos contaba Jos&eacute; A. Noguera <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/virus-dilema-Foucault_6_1028607185.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> hace poco, es mediante sanciones. Como vemos en la segunda parte del gr&aacute;fico, cuando introducimos sanciones todo el mundo acaba cooperando. Esta ser&iacute;a la din&aacute;mica que est&aacute; ocurriendo con las mascarillas: al hacerlas obligatorias y sancionar su no uso, acaban utiliz&aacute;ndose de forma masiva.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Figura 2: El problema de la contribuci&oacute;n a bienes p&uacute;blicos</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Fuente: <a href="https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.90.4.980" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fehr y G&auml;chter (2010)</a>
    </p><p class="article-text">
        El problema con las aplicaciones es que no podemos obligar a que se usen. India ha experimentado con esa posibilidad, obligando a los trabajadores a usar la aplicaci&oacute;n, y ha recibido <a href="https://www.bbc.com/news/world-asia-india-52659520" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">numerosas cr&iacute;ticas</a> por ello. Por tanto, nos encontramos ante el complicado problema de la contribuci&oacute;n voluntaria a un bien p&uacute;blico. Un bien p&uacute;blico que, adem&aacute;s, necesita un m&iacute;nimo de contribuciones (umbral) para ser efectivo. Descartadas las sanciones, &iquest;qu&eacute; podemos hacer? Hay tres estrategias en las que el ministerio deber&iacute;a estar trabajando: informaci&oacute;n, facilidad en el uso e incentivos individuales. El lanzamiento de la aplicaci&oacute;n tiene que venir precedido de una campa&ntilde;a publicitaria masiva, como la de los estrenos de Hollywood o el comienzo de La Liga de f&uacute;tbol. Es necesario generar un efecto como el australiano, donde en pocos d&iacute;as millones de personas la hayan descargado. Esto es fundamental porque el patr&oacute;n de difusi&oacute;n de una tecnolog&iacute;a como &eacute;sta tiene forma de S, como se ve en la figura 3. Es decir, tiene un &ldquo;problema de inicio&rdquo;, hasta que un n&uacute;mero suficiente de personas se une a la tecnolog&iacute;a. Una vez que esto ocurre, la contribuci&oacute;n o adopci&oacute;n es muy r&aacute;pida, hasta que llega a un punto donde se estabiliza. Por tanto, la campa&ntilde;a de informaci&oacute;n masiva debe solucionar el problema de inicio. Pero esto no es suficiente.
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        Fuente: <a href="/content/edit/revintsociologia.revistas.csic.es/index.php/revintsociologia/article/viewFile/267/282" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Miller (2004)</a>
    </p><p class="article-text">
        Para que la aplicaci&oacute;n no sea flor de un d&iacute;a, el ministerio tendr&aacute; que trabajar sobre los costes individuales de usarla, fundamentalmente a trav&eacute;s de un dise&ntilde;o sencillo, y sobre los beneficios individuales de utilizarla. Este &uacute;ltimo punto es donde m&aacute;s est&aacute;n fallando los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados en el uso de las aplicaciones de rastreo. Por ello, voy a terminar con dos propuestas acerca de qu&eacute; incentivos podr&iacute;an utilizarse para que la mayor&iacute;a de personas utilicen la aplicaci&oacute;n. La primera la propuso el premio Nobel Richard Thaler en el debate en torno al caso australiano. Se tratar&iacute;a de que todo el que se descargara/usara la aplicaci&oacute;n entrara en una loter&iacute;a para recibir un premio. Ese premio ser&iacute;a financiado por las multas impuestas a aquellos que se saltan comportamientos de prevenci&oacute;n de la COVID-19. Puede parecer algo extra&ntilde;o, pero la ciudad de <a href="https://medicalfuturist.com/swedish-speed-camera-lottery-healthy-living/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estocolmo</a> ha puesto en marcha una loter&iacute;a muy parecida para aquellos que no se saltan los l&iacute;mites de velocidad. En mi opini&oacute;n, el ruido medi&aacute;tico que generar&iacute;a una campa&ntilde;a como &eacute;sta podr&iacute;a incrementar los millones de descargas de la aplicaci&oacute;n de forma significativa.
    </p><p class="article-text">
        Pero si el ministerio considera una estrategia experimental como la anterior algo muy arriesgado en este clima de polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica extrema, me atrevo a sugerir otra idea mucho m&aacute;s conservadora. Se tratar&iacute;a de combinar dos aplicaciones en una. Por una parte, una aplicaci&oacute;n donde se explique la &ldquo;nueva normalidad&rdquo; de forma simple y atractiva, vamos, que traduzca el BOE de forma que incluso a los ni&ntilde;os les resulte interesante. En esa misma aplicaci&oacute;n informativa y gratuita, se integrar&iacute;a la de rastreo de casos. Se trata de &ldquo;crear valor&rdquo; para el usuario de la aplicaci&oacute;n, es decir, ofrecerle un incentivo individual, en este caso en forma de informaci&oacute;n y entretenimiento, para que adopte un comportamiento beneficioso desde el punto de vista colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo contado en esta entrada respecto a las aplicaciones de rastreo puede extenderse a otro tipo de medidas no coercitivas que van a ser necesarias en los pr&oacute;ximos meses y a&ntilde;os. Los gobiernos deber&iacute;an invertir en herramientas que consigan un seguimiento masivo de las recomendaciones de salud p&uacute;blica sin recurrir continuamente a las leyes y sanciones. Nos va la vida en ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/aplicaciones-rastreo-contagios-covid19_132_6023027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2020 20:12:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué esperar de las aplicaciones de rastreo de contagios?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiempo de volver a la escuela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/tiempo-volver-escuela_132_5965363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97b966e6-2509-4527-b88f-0e3276bd945e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiempo de volver a la escuela"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escuela se enfrenta al mismo dilema que otros sectores sociales y económicos que están teniendo que tomar decisiones de reapertura sin tener una solución óptima a su disposición</p></div><p class="article-text">
        Nos enfrentamos a una crisis de salud global, que ha afectado a la pr&aacute;ctica totalidad del planeta y ante la que los pa&iacute;ses est&aacute;n actuando con medidas similares. Una de estas medidas ha sido el cierre de los colegios que, como indica la <a href="https://en.unesco.org/news/reopening-schools-when-where-and-how" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">UNESCO</a>, fueron cerrados de forma inmediata en m&aacute;s de 190 pa&iacute;ses. Una vez que esta primera ola de la pandemia est&aacute; empezando a ser controlada en muchos lugares y una vez que hay planes espec&iacute;ficos sobre c&oacute;mo reabrir otros sectores de la sociedad de forma escalonada y segura, la pregunta que se hacen muchos padres es c&oacute;mo y cu&aacute;ndo abrir&aacute;n las escuelas. En aproximadamente la mitad de los pa&iacute;ses afectados, los escolares y sus familias no tienen a&uacute;n una respuesta definitiva, otros (65 seg&uacute;n la UNESCO) han elaborado planes de reapertura total o parcial y una minor&iacute;a (32) ha tomado la decisi&oacute;n de terminar el curso de forma virtual. Espa&ntilde;a se est&aacute; situando en este &uacute;ltimo grupo.
    </p><p class="article-text">
        La escuela se enfrenta al mismo dilema al que se enfrentan otros sectores sociales y econ&oacute;micos que est&aacute;n teniendo que tomar decisiones de reapertura sin tener una soluci&oacute;n &oacute;ptima a su disposici&oacute;n. Estamos ante el peor escenario posible para decidir: la reapertura entra&ntilde;a riesgos de posibles brotes de contagio, pero la no apertura supone otros muchos riesgos muy conocidos sobre las consecuencias a medio y largo plazo para los escolares y sus familias, especialmente para los m&aacute;s vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Como en tantas otras situaciones, el objetivo tendr&iacute;a que ser entender la evidencia disponible en ambos casos y tomar una decisi&oacute;n equilibrada. En ning&uacute;n otro caso se est&aacute;n tomando decisiones basadas en un solo criterio y la escuela no deber&iacute;a ser una excepci&oacute;n. A continuaci&oacute;n, vamos a resumir brevemente d&oacute;nde se encuentra el debate cient&iacute;fico en este momento y repasar algunas de las medidas que se est&aacute;n explorando en otros pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        El debate social sobre la relaci&oacute;n entre los ni&ntilde;os y el coronavirus estuvo viciado desde el primer momento. En una primera etapa se <a href="https://elpais.com/elpais/2020/03/30/eps/1585580459_468155.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afirmaba</a> repetidamente que los ni&ntilde;os podr&iacute;an suponer un elevado riesgo de propagaci&oacute;n de la enfermedad al contagiarse igual que los adultos, pero con una sintomatolog&iacute;a mucho menor, con lo que resultar&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil identificar los casos de forma r&aacute;pida. Pero esta hip&oacute;tesis ha sido ampliamente cuestionada en las &uacute;ltimas semanas, una vez que se han empezado a publicar los resultados de investigaciones cient&iacute;ficas sobre el tema.
    </p><p class="article-text">
        Como se afirma en este <a href="https://adc.bmj.com/content/early/2020/05/05/archdischild-2020-319474.long" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a>, se est&aacute; empezando a acumular evidencia (en China, Jap&oacute;n, Australia, Italia, Holanda) de que el contagio de la enfermedad en ni&ntilde;os es muy bajo. &iquest;De d&oacute;nde ven&iacute;a entonces la idea original de que las escuelas y parques estaban llenas de <a href="https://www.eldiario.es/zonacritica/ninos_vectores_de_transmision_coronavirus_6_1016708367.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vectores de contagio</a>? Pues de tratar al nuevo coronavirus como una gripe donde, <a href="https://journals.plos.org/plosone/article/file?type=printable&amp;id=10.1371/journal.pone.0154418" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">efectivamente</a>, los ni&ntilde;os suponen un importante agente en la transmisi&oacute;n de la enfermedad. Es decir, aquella hip&oacute;tesis de los vectores de transmisi&oacute;n, y las pol&iacute;ticas basada en la misma, se difundi&oacute; antes de que tuvi&eacute;ramos evidencia del contagio en ni&ntilde;os de la nueva enfermedad. La evidencia cient&iacute;fica nunca es definitiva y el debate seguir&aacute; abierto, pero si de algo no tenemos pruebas por el momento es de que los ni&ntilde;os desempe&ntilde;en un papel especialmente importante en el contagio de esta enfermedad. Al contrario que sobre la evidencia del papel de los ni&ntilde;os en la transmisi&oacute;n del COVID-19, sobre las consecuencias a corto, medio y largo plazo de tener cerradas las escuelas tenemos evidencia variada y robusta acumulada a lo largo de d&eacute;cadas de estudio.
    </p><p class="article-text">
        Si nos remitimos, de nuevo, a la posici&oacute;n de la<a href="https://en.unesco.org/covid19/educationresponse/consequences" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> UNESCO</a>, esta identifica hasta trece grupos de consecuencias, tales como: la interrupci&oacute;n del aprendizaje (que afecta especialmente a los menos privilegiados), una peor nutrici&oacute;n (recordemos el debate sobre comedores escolares durante la &uacute;ltima crisis econ&oacute;mica), confusi&oacute;n y estr&eacute;s por parte de los profesores, padres no preparados para la docencia a distancia y la ense&ntilde;anza en casa, retos derivados de la novedad de la propia ense&ntilde;anza a distancia, falta de una atenci&oacute;n adecuada de los menores y un alto coste econ&oacute;mico para las familias donde padres y madres trabajan, consecuencias sobre los trabajadores esenciales con ni&ntilde;os (en algunos pa&iacute;ses las escuelas no cerraron para ellos), riesgo de aumento del abandono escolar, ausencia del contacto social tan necesario para el desarrollo de los ni&ntilde;os o los retos que la educaci&oacute;n a distancia suponen para el seguimiento y la validaci&oacute;n del aprendizaje, entre otras.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, si la evidencia sobre el papel de los menores en la transmisi&oacute;n del COVID-19 es, como m&iacute;nimo, discutible y las consecuencias de mantener las escuelas cerradas son tan graves y variadas. &iquest;C&oacute;mo podemos reabrir las escuelas ya, manteniendo cierta prudencia? Pues distintos pa&iacute;ses de nuestro entorno est&aacute;n experimentando con varias medidas que podr&iacute;an aplicarse en Espa&ntilde;a. En la mayor&iacute;a de estos pa&iacute;ses la idea general que subyace a los planes de reapertura de las escuelas es la misma que en otros sectores: planificaci&oacute;n de la reincorporaci&oacute;n de forma escalonada y mantenimiento de las medidas de precauci&oacute;n una vez en la escuela.
    </p><p class="article-text">
        Si la postura es, por ejemplo, que la ense&ntilde;anza se debe producir en grupos reducidos, por el momento, &iquest;por qu&eacute; no organizar grupos peque&ntilde;os de entre 5 y 10 alumnos que acudan al colegio dos o tres ma&ntilde;anas o tardes a la semana? Con la tecnolog&iacute;a y la forma de comunicaci&oacute;n actual, se tratar&iacute;a de una soluci&oacute;n relativamente f&aacute;cil de implementar.
    </p><p class="article-text">
        En general, la idea deber&iacute;a ser, como lo est&aacute; siendo en todos los &aacute;mbitos, una transici&oacute;n que combine el aprendizaje a distancia que ya hemos comenzado con una incorporaci&oacute;n paulatina a las escuelas desde ya. Cuanto antes empecemos, m&aacute;s tiempo tendremos para experimentar con distintas medidas y aprender colectivamente acerca de los m&eacute;todos m&aacute;s efectivos para afrontar un problema nuevo y de la magnitud del que nos enfrentamos. Como en el caso confinamiento, el cierre total de las escuelas es una medida extrema que debe utilizarse solo en momentos cr&iacute;ticos y acotados en el tiempo, no una respuesta de car&aacute;cter indefinido hasta que no haya o no percibamos el riesgo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/tiempo-volver-escuela_132_5965363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2020 20:18:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tiempo de volver a la escuela]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Barrios ricos, barrios pobres y ciudades desiguales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/barrios-barrios-pobres-ciudades-desiguales_132_1002714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El nuevo Atlas de distribución de renta de los hogares del INE nos ofrece el ingreso per cápita por sección censal. Los datos nos permiten calcular la desigualdad</p></div><p class="article-text">
        La preocupaci&oacute;n social por la desigualdad se ha disparado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, especialmente tras el aumento de la misma que produjo la crisis que comenz&oacute; en 2008. A esta preocupaci&oacute;n social le ha seguido un importante crecimiento de las investigaciones acad&eacute;micas que se dedican a su estudio. Los conocidos estudios de autores como&nbsp;<a href="https://nadaesgratis.es/bagues/el-capital-en-el-siglo-xxi" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Thomas Piketty</a> o&nbsp;<a href="http://glineq.blogspot.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Branko Milanovic</a> as&iacute; lo atestiguan. Una de las consecuencias m&aacute;s positivas de este inter&eacute;s renovado por la desigualdad es que cada vez disponemos de mejores datos y herramientas para estudiarla. Por ejemplo, en muchos pa&iacute;ses, como Espa&ntilde;a, los investigadores van teniendo acceso a los datos de declaraciones de la renta directamente, lo que supone una gran ventaja a la hora de calcular las desigualdades de ingresos reales. En este sentido, la&nbsp;<a href="https://www.fedea.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute;n Fedea</a> viene realizando un c&aacute;lculo de los principales&nbsp;<a href="https://www.fedea.net/renta/desigualdad.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">indicadores de desigualdad</a> para un conjunto de los municipios espa&ntilde;oles. Este c&aacute;lculo se realiza a partir de las declaraciones individuales de la renta y, por tanto, nos muestra una panor&aacute;mica de las desigualdades entre los declarantes en un municipio. Pero los habitantes de un municipio con distintas rentas no se distribuyen de forma homog&eacute;nea por todo el territorio, sino que suelen agruparse en distintos barrios o distritos seg&uacute;n su renta. En esta entrada vamos a fijarnos en las desigualdades de ingresos, no entre personas, sino entre secciones censales de un municipio (que agrupan a una poblaci&oacute;n de entre 1.000 y 2.500 habitantes).
    </p><p class="article-text">
        Para saber c&oacute;mo de desigual se distribuye la renta entre las secciones de los municipios en Espa&ntilde;a hemos utilizado el <a href="https://www.ine.es/experimental/experimental.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Atlas de Distribuci&oacute;n de Renta de los Hogares</a>, una base de datos experimental que ha puesto en abierto recientemente el&nbsp;<a href="https://www.ine.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">INE</a> y que ofrece el ingreso per c&aacute;pita por secci&oacute;n censal. Por ejemplo, el ingreso medio en la secci&oacute;n que incluye la urbanizaci&oacute;n de La Moraleja, en el t&eacute;rmino municipal de Alcobendas, es superior a 29.300 euros (cota m&aacute;xima que ofrece el INE como resultado del secreto estad&iacute;stico), mientras que la secci&oacute;n censal que coincide con el centro del mismo municipio (Alcobendas) tiene una renta media por persona en torno a los 8.500 euros. Pues bien, lo que vamos a hacer a continuaci&oacute;n es calcular el conocido&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Coeficiente_de_Gini" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coeficiente de Gini</a> para cada municipio en el que hay m&aacute;s de una secci&oacute;n -en este coeficiente, 0 significa igualdad absoluta y 1 desigualdad absoluta- tomando como datos las medias de renta de cada secci&oacute;n y ponderando por la poblaci&oacute;n. De este modo, medimos c&oacute;mo de dispares son las secciones censales de un determinado municipio en cuanto a su renta. Por regla general, cuanto m&aacute;s peque&ntilde;os son los municipios y menos secciones tienen, m&aacute;s bajo ser&aacute; este valor y, por eso, m&aacute;s abajo vamos a mostrar los resultados para municipios mayores de 50.000 habitantes y para capitales de provincias. Pero, como veremos, incluso entre los municipios de menor tama&ntilde;o tambi&eacute;n hay algunos resultados interesantes.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra que la desigualdad calculada a partir de las rentas medias de las secciones para municipios de m&aacute;s de 50.000 habitantes va desde 0,05 hasta 0,28. Esto no nos dir&aacute; demasiado, solo que la desigualdad entre secciones es solo una parte de la desigualdad entre todas las personas de un municipio, que en algunos casos supera el coeficiente de 0,5, seg&uacute;n los datos de la renta de 2014 utilizados por Fedea. Es decir, la desigualdad espacial de la renta que hemos calculado es solo una parte de la desigualdad total de renta. El resto corresponde a la desigualdad entre las personas que viven en la misma secci&oacute;n censal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. Distribuci&oacute;n de municipios por la desigualdad entre la renta media de sus secciones censales</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Quiz&aacute; resulte m&aacute;s interesante el gr&aacute;fico 2 donde mostramos la relaci&oacute;n entre la desigualdad calculada a partir de las declaraciones de la renta individuales y la desigualdad de renta entre las secciones censales para la mayor&iacute;a de capitales de provincia. En el eje horizontal representamos la desigualdad de renta entre personas calculada por Fedea con datos de 2014 y en el vertical, la desigualdad entre secciones que hemos calculado con datos de renta de 2016. &iquest;Qu&eacute; observamos? Pues lo m&aacute;s interesante bajo nuestro punto de vista es que hay ciudades que, con un mismo nivel de desigualdad entre personas, tienen distinto nivel de desigualdad espacial (entre secciones). Algunos ejemplos nos pueden ayudar a entender esta relaci&oacute;n. Uno llamativo son las tres capitales de provincia de la Comunidad Valenciana, que tienen un mismo nivel de desigualdad de renta entre personas (0,49), pero niveles relativamente diferentes de desigualdad espacial, siendo Alicante la capital con la mayor desigualdad entre secciones censales, seguida de Valencia y, por &uacute;ltimo, Castell&oacute;n con el nivel m&aacute;s bajo. Esto no quiere decir que Castell&oacute;n sea una ciudad con m&aacute;s igualdad, sino precisamente que la misma desigualdad se distribuye de forma m&aacute;s homog&eacute;nea, por lo que las secciones tienen una renta media m&aacute;s cercana. En Alicante, por el contrario, la poblaci&oacute;n se agrupa m&aacute;s en funci&oacute;n de sus ingresos, de modo que obtenemos secciones censales con datos de ingresos medios m&aacute;s dispares entre s&iacute;. Este es tambi&eacute;n un buen ejemplo para mostrar que la desigualdad de renta por secciones no tiene necesariamente que ver con el tama&ntilde;o, ya que de las tres ciudades es Valencia la m&aacute;s poblada, y Alicante, la m&aacute;s segregada espacialmente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2. Desigualdad de renta entre personas y entre secciones censales</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Por &uacute;ltimo, &iquest;cu&aacute;les son los municipios espa&ntilde;oles con una mayor desigualdad de renta entre secciones? &iquest;Coinciden con los m&aacute;s desiguales entre personas? La tabla 1 muestra los diez municipios m&aacute;s desiguales seg&uacute;n la distribuci&oacute;n entre secciones. Llama la atenci&oacute;n que esta lista no sigue claros patrones geogr&aacute;ficos o de tama&ntilde;o, y ni siquiera estos municipios son los m&aacute;s desiguales al calcular la desigualdad entre personas. As&iacute;, en la tabla est&aacute;n representadas hasta siete comunidades aut&oacute;nomas, hay dos municipios peninsulares con menos de 25.000 habitantes y grandes capitales como Madrid o Sevilla, adem&aacute;s de las dos ciudades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n, cada vez disponemos de mejores datos que nos permiten dise&ntilde;ar intervenciones espec&iacute;ficas dirigidas a colectivos o, en este caso, territorios distintos. En esta entrada solo hemos mostrado algo que podemos hacer con estos datos: entender mejor las desigualdades de renta entre secciones, lo que nos da una idea de c&oacute;mo se agrupa la poblaci&oacute;n por renta en distintos pueblos y ciudades. Este an&aacute;lisis descriptivo puede complementar los an&aacute;lisis m&aacute;s complejos que ge&oacute;grafos, soci&oacute;logos y antrop&oacute;logos urbanos vienen realizando desde hace d&eacute;cadas acerca de c&oacute;mo se distribuyen las personas en el territorio seg&uacute;n sus caracter&iacute;sticas, como la renta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tabla 1. Municipios con mayor desigualdad de renta entre secciones censales</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller, Isabel Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/barrios-barrios-pobres-ciudades-desiguales_132_1002714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Feb 2020 20:42:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Barrios ricos, barrios pobres y ciudades desiguales]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Desigualdad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y si negarse a saludar a un rival político fuera malo para la democracia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/negarse-saludar-rival-politico-democracia_132_1195516.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00e6ecd0-72db-4791-a605-31da8365fa7c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y si negarse a saludar a un rival político fuera malo para la democracia?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ausencia de relaciones informales entre políticos de distintos partidos puede aumentar la polarización partidista.</p><p class="subtitle">El partidismo es la explotación por parte de los partidos políticos de la tendencia social a identificarnos grupalmente.</p><p class="subtitle">El aumento de las hostilidades entre líderes políticos puede aumentar la polarización entre simpatizantes de distintos partidos.</p><p class="subtitle">En España aún tenemos muy pocos datos sobre polarización partidista y su reflejo en las actitudes y comportamientos de la ciudadanía.</p></div><p class="article-text">
        Cuenta el psic&oacute;logo Jonathan Haidt en su libro <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/La_mente_de_los_justos" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La mente de los justos </a>una an&eacute;cdota que conecta muy bien con la tan comentada conversaci&oacute;n entre Pablo Iglesias, In&eacute;s Arrimadas e Iv&aacute;n Espinosa de los Monteros el pasado d&iacute;a de la Constituci&oacute;n. En 1994, el republicano Newt Gingrich, reci&eacute;n elegido presidente de la C&aacute;mara de Representantes de los Estados Unidos, puso en marcha una serie de reformas para cohesionar el Partido Republicano y dificultar la colaboraci&oacute;n entre republicanos y dem&oacute;cratas que hab&iacute;a sido habitual hasta la fecha. Entre otras medidas, cambi&oacute; el calendario de sesiones para que estas tuvieran lugar a mediados de semana y anim&oacute; a los congresistas a no trasladarse con sus familias a Washington, vivir permanentemente en sus respectivos estados y viajar a la capital solo unos d&iacute;as a la semana para las sesiones. Una de las consecuencias de estas y otras medidas fue que los pol&iacute;ticos dem&oacute;cratas y republicanos dejaron de interactuar de forma cotidiana con pol&iacute;ticos del partido opuesto, algo que s&iacute; hac&iacute;an cuando pasaban m&aacute;s tiempo en Washington. Seg&uacute;n Haidt y otros analistas, esta menor interacci&oacute;n entre pol&iacute;ticos de distinto signo ha podido contribuir al aumento de la polarizaci&oacute;n partidista en los Estados Unidos, que en &uacute;ltima instancia ha desembocado en el clima hostil de la actual legislatura de Donald Trump.
    </p><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n se ha convertido en el fen&oacute;meno politol&oacute;gico del momento. Los estudios que se ocupan de ella empiezan a multiplicarse, aunque a&uacute;n disponemos de poca informaci&oacute;n sobre Europa en general, y sobre Espa&ntilde;a en particular, en comparaci&oacute;n con la evidencia que tenemos acerca de los Estados Unidos. Pero alguna evidencia s&iacute; que tenemos. Cuando hablamos de polarizaci&oacute;n hay que distinguir entre dos fen&oacute;menos distintos. Por un lado, hay un tipo de polarizaci&oacute;n que ha sido estudiada durante d&eacute;cadas por la ciencia pol&iacute;tica y que denominamos <em>polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica</em>. Sobre todo cuando se acercan unas elecciones, los ataques entre partidos pol&iacute;ticos de ideolog&iacute;as distintas se incrementan y las tensiones aumentan, llegando a veces a extremos como la provocaci&oacute;n de disturbios entre distintos grupos &eacute;tnicos para movilizar a las bases electorales, como muestra este estudio en la <a href="https://www.cambridge.org/core/books/votes-and-violence/DED9BA09D07210B27297837295115753" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">India</a>. Pero no es esta polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica cl&aacute;sica de la que hablan cada vez m&aacute;s los medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un segundo tipo de polarizaci&oacute;n m&aacute;s preocupante es la denominada <em>polarizaci&oacute;n afectiva</em> o <a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2536084" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">partidismo</a>. Cuando nos referimos al componente afectivo de la polarizaci&oacute;n nos estamos refiriendo a las evaluaciones que realizamos acerca de los miembros de otros grupos (votantes o simpatizantes de determinados partidos pol&iacute;ticos) y a las actitudes que desarrollamos con respecto a estos por el mero hecho de su pertenencia a un grupo (ideol&oacute;gicamente) distinto al nuestro. Estas evaluaciones y actitudes impregnar&iacute;an aspectos relacionados con la vida cotidiana. As&iacute;, investigaciones recientes han puesto de manifiesto que una mayor&iacute;a de personas (en los Estados Unidos) prefiere vivir en un lugar donde la mayor&iacute;a de la gente comparta sus ideas pol&iacute;ticas y un porcentaje nada desde&ntilde;able de la poblaci&oacute;n se sentir&iacute;a mal si un familiar se casara con alguien que no tuviera su misma ideolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; evidencia tenemos del partidismo de base afectiva en Espa&ntilde;a? En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os se han publicado dos estudios experimentales que tratan el caso espa&ntilde;ol. En uno, que ya fue discutido en <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-partidista-discriminacion-politica_6_580301983.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este blog</a> en 2016, mostr&aacute;bamos que la discriminaci&oacute;n entre miembros de distintos partidos pol&iacute;ticos era mayor que entre personas de distintas razas en los Estados Unidos, de distintas religiones en el Reino Unido, de distintas regiones en B&eacute;lgica o de distinto origen geogr&aacute;fico en el Pa&iacute;s Vasco. El <a href="https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1354068816685933" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">segundo estudio</a> se ocupa de los casos de Espa&ntilde;a y Portugal y, con una metodolog&iacute;a parecida, llega a las mismas conclusiones: los mayores niveles de discriminaci&oacute;n se dan entre simpatizantes de distintos partidos pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde hunde sus ra&iacute;ces el partidismo? La causa &uacute;ltima del partidismo tiene que ver con algo que ha sido ampliamente estudiado en la psicolog&iacute;a social y la sociolog&iacute;a: la identificaci&oacute;n grupal. Los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Paradigma_del_grupo_m%C3%ADnimo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios cl&aacute;sicos</a> mostraban que las personas tendemos a desarrollar actitudes y comportamientos positivos hacia los miembros del grupo propio y a desarrollar hostilidad y prejuicio hacia los miembros de otros grupos. Esto sucede, adem&aacute;s, incluso en situaciones donde la identidad grupal es m&iacute;nima o incluso arbitraria. Las sociedades actuales est&aacute;n llenas de ejemplos, como el hooliganismo en el f&uacute;tbol y otros deportes. En &uacute;ltima instancia, el partidismo no es sino la explotaci&oacute;n por parte de los partidos pol&iacute;ticos de esta tendencia social a identificarnos grupalmente.
    </p><p class="article-text">
        Si bien la identidad grupal puede ser la causa &uacute;ltima, la mayor&iacute;a de estudios recientes sobre polarizaci&oacute;n partidista hacen referencia a una causa m&aacute;s cercana: el aumento de las hostilidades entre los l&iacute;deres pol&iacute;ticos. Y es aqu&iacute; donde negarle el saludo a un rival pol&iacute;tico y utilizar un lenguaje abiertamente hostil puede incrementar la polarizaci&oacute;n y, en &uacute;ltimo extremo, los enfrentamientos entre simpatizantes de distintas causas pol&iacute;ticas. Aunque negarse a hablar con un adversario pol&iacute;ticos nos pueda parecer un acto de coherencia, una de las consecuencias de la negaci&oacute;n del otro como interlocutor v&aacute;lido puede ser el aumento de la polarizaci&oacute;n.          
    </p><p class="article-text">
        Desafortunadamente en Espa&ntilde;a tenemos muy pocos datos sobre polarizaci&oacute;n partidista y su reflejo en las actitudes y comportamientos de la ciudadan&iacute;a. Adem&aacute;s de los trabajos de ciencia pol&iacute;tica mencionados m&aacute;s arriba, varios grupos de fil&oacute;sofos pol&iacute;ticos en Espa&ntilde;a est&aacute;n trabajando sobre <a href="https://theconversation.com/efectos-negativos-de-la-moralizacion-en-la-politica-99127" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">moralidad y polarizaci&oacute;n</a>. Sin embargo, ning&uacute;n centro de investigaci&oacute;n se ha decidido a realizar un estudio sobre la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica como el que de forma peri&oacute;dica realiza el <a href="https://www.pewresearch.org/topics/political-polarization/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pew Research Center</a> estadounidense. Esta ausencia de datos nos impide medir con fiabilidad hasta qu&eacute; punto el clima de hostilidad y desacuerdo que se ha instalado entre los l&iacute;deres pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles en los &uacute;ltimos a&ntilde;os est&aacute; polarizando las actitudes pol&iacute;ticas y sociales de la ciudadan&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/negarse-saludar-rival-politico-democracia_132_1195516.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Dec 2019 20:37:13 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[¿Se batirá el récord histórico de abstención el 10N?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/batira-record-historico-abstencion_132_1279668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La reciente encuesta preelectoral del CIS muestra los datos más altos de abstención declarada en una encuesta anterior a unas elecciones generales</p><p class="subtitle">La recogida de datos del CIS se produjo con anterioridad a las recientes movilizaciones en Cataluña y al traslado de los restos de Franco</p><p class="subtitle">Aún con un repunte de la participación en las últimas semanas, todo hace pensar que esta será baja y próxima a la registrada en junio de 2016, la más baja hasta la fecha</p></div><p class="article-text">
        Nunca antes tantas personas hab&iacute;an dicho que no iban a votar en una encuesta preelectoral del CIS anterior a unas elecciones generales. Para hacernos una idea, en la encuesta preelectoral anterior a las elecciones de junio de 2016, en las que se dio la participaci&oacute;n m&aacute;s baja del actual per&iacute;odo democr&aacute;tico, un 11% de las personas entrevistadas indicaba que &ldquo;no votar&iacute;a&rdquo; cuando se le preguntaba por su intenci&oacute;n de voto. En los datos que el CIS present&oacute; ayer este porcentaje era del 11,8%. Del mismo modo, en aquella repetici&oacute;n electoral del 2016, un 8,5% indicaba que no ir&iacute;a a votar &ldquo;con toda seguridad&rdquo;, mientras que en esta segunda repetici&oacute;n ese porcentaje ha subido al 10,3%. Por tanto, todo har&iacute;a pensar que estas elecciones podr&iacute;an batir el r&eacute;cord negativo de abstenci&oacute;n y situar esta en torno al 35%, muy por encima del 28% registrado en abril de este a&ntilde;o. A la participaci&oacute;n electoral parece sentarle mal las repeticiones electorales. Sin embargo, esto podr&iacute;a cambiar algo con todo lo sucedido en la segunda mitad de octubre y lo que pueda pasar de aqu&iacute; al 10 de noviembre. En esta entrada voy a situar primero la evoluci&oacute;n de la abstenci&oacute;n declarada en las encuestas del CIS en perspectiva hist&oacute;rica y, a continuaci&oacute;n, revisar&eacute; dos estudios que nos pueden dar pistas de c&oacute;mo podr&iacute;a remontar la baj&iacute;sima participaci&oacute;n que el reciente CIS hace presagiar.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra el porcentaje de personas que indican que &ldquo;no votar&iacute;an&rdquo; en 124 encuestas del CIS desde mediados de 1993. La abstenci&oacute;n declarada en cada encuesta viene representada por un punto. Adem&aacute;s, se muestran las nueve elecciones generales que han tenido lugar desde entonces, incluyendo las pr&oacute;ximas elecciones del 10N. Hasta el 2015 se dan ciclos electorales normales de cuatro a&ntilde;os y lo que vemos es que, en cada ciclo, la abstenci&oacute;n va subiendo a medida que nos alejamos de las elecciones anteriores hasta llegar a un punto m&aacute;ximo desde el que va descendiendo a medida que se acercan las siguientes elecciones. Lo interesante es que, excepto en las dos elecciones repetidas, el punto m&aacute;s bajo de la abstenci&oacute;n declarada siempre coincide con la encuesta inmediatamente anterior a las elecciones. Este parece que era el comportamiento &ldquo;regular&rdquo; de la abstenci&oacute;n declarada hasta el 2016. El caso del ciclo electoral 2011-2015, que coincidi&oacute; con los peores momentos de la crisis econ&oacute;mica y el cambio en el sistema de partidos resulta especialmente interesante. La abstenci&oacute;n declarada subi&oacute; hasta cotas del 25%, lo que hubiera supuesto una abstenci&oacute;n de m&aacute;s del 50% en unas hipot&eacute;ticas elecciones generales. Sin embargo, llegadas las elecciones de 2015 las aguas volvieron a su cauce y las &uacute;ltimas encuestas antes de las mismas ya mostraban una abstenci&oacute;n declarada muy normalita. En el ciclo 2016-2019 el patr&oacute;n fue muy similar a los anteriores.
    </p><p class="article-text">
        Si nos fijamos ahora en las dos repeticiones electorales, vemos que no da tiempo a que se repita la subida y posterior bajada de la abstenci&oacute;n de otros ciclos y lo que ocurre es que las elecciones coinciden con el momento ascendente de la desmovilizaci&oacute;n. Pas&oacute; en junio de 2016 y est&aacute; pasando en este momento. Todos los indicadores apuntan a que la abstenci&oacute;n estar&iacute;a ahora incluso por encima del 33% de aquella cita. Pero el trabajo de campo del reciente bar&oacute;metro preelectoral del CIS tuvo lugar antes del anuncio de la sentencia del juicio contra los dirigentes independentistas catalanes, las movilizaciones posteriores y la exhumaci&oacute;n de Franco y el debate p&uacute;blico que gener&oacute;. &iquest;Podr&iacute;a cambiar esto la tendencia negativa de participaci&oacute;n que anticipa el bar&oacute;metro?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1: Evoluci&oacute;n de la abstenci&oacute;n declarada en encuestas del CIS (1993-2019)</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Numerosos estudios en la ciencia pol&iacute;tica han tratado de entender el efecto que determinados sucesos singulares de especial relevancia pueden tener sobre la participaci&oacute;n electoral. Sin embargo, aislar el efecto de un suceso concreto no resulta sencillo. En Espa&ntilde;a tenemos dos ejemplos que nos pueden dar pistas de cu&aacute;l ser&iacute;a el alcance de un posible efecto movilizador de todo lo ocurrido en las &uacute;ltimas semanas. En primer lugar, tenemos el caso del incremento de la participaci&oacute;n que los atentados del 11M habr&iacute;an tenido sobre la participaci&oacute;n en las elecciones del 14 de marzo de 2004. Los atentados se produjeron solo tres d&iacute;as antes de las elecciones y fueron seguidos de multitudinarias movilizaciones. Pues bien, Jos&eacute; Garc&iacute;a Montalvo estima en <a href="http://jgmontalvo.com/wp/restat2011.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este conocido estudio</a> que la participaci&oacute;n habr&iacute;a aumentado en 2,7 puntos porcentuales como consecuencia de los atentados. En <a href="http://www.pnas.org/content/115/42/10624" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro estudio</a> reciente sobre el efecto de los atentados terroristas de ETA sobre la participaci&oacute;n declarada en encuestas del CIS, Laia Balcells y Gerard Torrats-Espinosa han mostrado que las personas entrevistadas despu&eacute;s de un atentado de ETA ten&iacute;an entre un 2% y un 3% m&aacute;s de probabilidad de declarar que ir&iacute;an a votar. Un porcentaje muy similar al estimado para el caso de los atentados del 11M. Esto quiere decir que, en casos bastante extremos como son los atentados terroristas, el aumento de la participaci&oacute;n es bastante modesto.
    </p><p class="article-text">
        La combinaci&oacute;n de los datos mostrados ayer por el CIS y de la evidencia que tenemos acerca del limitado efecto movilizador de sucesos de gran impacto medi&aacute;tico hace que la expectativa de participaci&oacute;n se sit&uacute;e entre un nuevo r&eacute;cord de la abstenci&oacute;n en el peor de los casos (por encima del 35%) y una participaci&oacute;n relativamente baja en el mejor (por encima del 30%). Una mayor participaci&oacute;n romper&iacute;a los patrones que hemos observado hasta la fecha y ser&iacute;a digna de estudio. Para despejar dudas ya solo quedan apenas once d&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/batira-record-historico-abstencion_132_1279668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Oct 2019 22:30:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Se batirá el récord histórico de abstención el 10N?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones 10N 2019]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué consecuencias sociales puede tener el procés?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consecuencias-sociales-puede-tener-proces_132_3185804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Vivimos tiempos convulsos en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola y catalana. Los acontecimientos pol&iacute;ticos se suceden a tal velocidad que cualquier an&aacute;lisis que se realice tiene el riesgo de quedar obsoleto en cuesti&oacute;n de horas. La mayor&iacute;a de ciudadanos asiste expectante a este juego de estrategia que han emprendido los gobiernos catal&aacute;n y espa&ntilde;ol y cuyo resultado es tan incierto. En este contexto parece del todo l&oacute;gico estar pendiente del corto, a veces cort&iacute;simo, plazo y no tanto de cu&aacute;les son las consecuencias a m&aacute;s largo plazo de una movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica como la que se est&aacute; produciendo en Catalu&ntilde;a. Sin embargo, las consecuencias sociales de un proceso de secesi&oacute;n como este pueden ser muy importantes.
    </p><p class="article-text">
        Numerosos estudios desde la ciencia pol&iacute;tica comparada han analizado procesos recientes de secesi&oacute;n, tales como el de Sud&aacute;n del Sur, Kosovo, o los intentos secesionistas en Escocia o Quebec. A partir de estos trabajos sabemos que los procesos secesionistas en democracias son habitualmente pac&iacute;ficos, como es el caso de la movilizaci&oacute;n a favor de la independencia en Catalu&ntilde;a. Lo que ha sido menos analizado son las consecuencias sociales que la intensa movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica vinculada a un proceso de secesi&oacute;n puede acarrear.&nbsp;<a href="https://roesslerphilip.files.wordpress.com/2015/08/beber_scacco_roessler_jop.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un estudio internacional reciente</a> muestra precisamente esos efectos sociales en un caso relevante de secesi&oacute;n, el de la Rep&uacute;blica de Sud&aacute;n del Sur, que proclam&oacute; su independencia en 2011. Pues bien, en el citado estudio los investigadores muestran que la participaci&oacute;n en los disturbios que tuvieron lugar en la capital de Sud&aacute;n (Jartum) influy&oacute; en el apoyo de los ciudadanos de lo que luego ser&iacute;a Sud&aacute;n del norte sobre la independencia de lo que luego ser&iacute;a Sud&aacute;n del sur.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tenemos evidencia de que el proceso independentista catal&aacute;n est&eacute; teniendo consecuencias sociales? En un&nbsp;<a href="http://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0022002717723433" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> publicado recientemente intentamos contestar esta pregunta. En concreto, nos preguntamos si el <em>proc&eacute;s</em> puede hacer que personas con distintas identidades (catalana o espa&ntilde;ola) conf&iacute;en m&aacute;s o menos entre s&iacute;. Para responderla, partimos de un&nbsp;<a href="http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1467-9248.12168/abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> anterior, realizado en el a&ntilde;o 2012, en el que analiz&aacute;bamos en qu&eacute; medida los conflictos pol&iacute;ticos en Euskadi y Catalu&ntilde;a pod&iacute;an haber dejado un legado de desconfianza en las relaciones entre los ciudadanos vascos y catalanes. Para ello, llevamos a cabo un experimento conductual en el que estudi&aacute;bamos cu&aacute;les eran las din&aacute;micas de confianza y reciprocidad entre ciudadanos vascos y catalanes de diferentes or&iacute;genes e identidades.
    </p><p class="article-text">
        El experimento consist&iacute;a en un &ldquo;juego de confianza&rdquo; que se jugaba en parejas (jugadores A y B). Ambos jugadores ten&iacute;an asignados inicialmente 50 euros. El jugador A ten&iacute;a que decidir cu&aacute;ntos de estos 50 euros enviaba al jugador B. Cualquier cantidad que enviase era entonces multiplicada por dos. El jugador B, finalmente, ten&iacute;a que decidir cu&aacute;nto dinero enviaba a A. As&iacute;, por ejemplo, si A enviaba 20 euros a B, este recibir&iacute;a 40, y ahora B ten&iacute;a que decidir cu&aacute;nto enviaba a A de sus 50 euros iniciales. De modo que el dinero que A enviase a B medir&iacute;a el grado de confianza que tendr&iacute;a en B, mientras que el dinero que enviaba B medir&iacute;a el grado de reciprocidad que B mostraba hacia A. En el estudio, se emparejaba a los participantes teniendo en cuenta el idioma que hablaban. De este modo, pod&iacute;amos analizar si exist&iacute;a alg&uacute;n patr&oacute;n de discriminaci&oacute;n entre participantes que empleaban idiomas distintos en su vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores sociales siempre so&ntilde;amos con que los grandes cambios sociales nos pillen haciendo trabajo de campo y eso fue lo que nos ocurri&oacute; con el experimento mencionado. Meses despu&eacute;s de nuestro experimento, en concreto el 11 de septiembre de 2012, se produjo la importante manifestaci&oacute;n en Catalu&ntilde;a que, bajo el eslogan &ldquo;Catalu&ntilde;a, un nuevo estado de Europa&rdquo; supuso el pistoletazo de salida para la movilizaci&oacute;n independentista que ha ocupado el centro de la pol&iacute;tica catalana en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Dado el efecto que tal movilizaci&oacute;n pod&iacute;a tener sobre la confianza entre catalanes de distintas identidades, decidimos volver a hacer el mismo estudio a principios del a&ntilde;o 2015. Y, como muestra el gr&aacute;fico 1 de m&aacute;s abajo, entre los dos experimentos mucho hab&iacute;a cambiado en la sociedad catalana, por ejemplo el apoyo a la independencia y, curiosamente, pr&aacute;cticamente nada hab&iacute;a ocurrido en el Pa&iacute;s Vasco en este sentido.
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        Los resultados de ambos experimentos muestran un efecto inesperado del <em>proc&eacute;s</em> sobre la confianza entre distintos grupos de personas (definidos por el idioma que hablan en su vida cotidiana) en Catalu&ntilde;a. En el gr&aacute;fico 2 vemos el nivel de confianza&nbsp; en el Pa&iacute;s Vasco (izquierda de cada gr&aacute;fico) y Catalu&ntilde;a (derecha), en cada uno de los a&ntilde;os (2012 en gris claro y 2015 en gris oscuro), dependiendo del idioma habitual del que conf&iacute;a y del depositario de dicha confianza. As&iacute;, por ejemplo, el gr&aacute;fico superior izquierdo muestra la confianza entre los hablantes de castellano en el Pa&iacute;s Vasco y Catalu&ntilde;a, en los a&ntilde;os 2012 y 2015. Por su parte, el gr&aacute;fico inferior izquierdo muestra la confianza depositada por los hablantes de castellano en los hablantes de catal&aacute;n (en Catalu&ntilde;a) o Euskera (en el Pa&iacute;s Vasco) en los dos a&ntilde;os considerados. &nbsp;
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        &iquest;Qu&eacute; observamos en los distintos gr&aacute;ficos? Pues en todos los tipos de parejas, excepto uno, la confianza cae entre los a&ntilde;os 2012 y 2015. Que la confianza interpersonal caiga entre esos dos a&ntilde;os en Espa&ntilde;a no es sorprendente. Entre ambos a&ntilde;os se estaba produciendo en Espa&ntilde;a un deterioro de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica (al menos a nivel subjetivo) y pol&iacute;tica. Sin embargo, la confianza aumenta de forma marcada entre los hablantes de castellano en Catalu&ntilde;a entre los dos a&ntilde;os. En concreto, este grupo pasa de ser el que mostraba menor confianza en el a&ntilde;o 2012 a situarse en niveles similares al resto en el 2015.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; podemos concluir de este estudio experimental? Pues parece que la etiqueta &ldquo;hablante de castellano&rdquo; ten&iacute;a connotaciones negativas (al menos en lo relativo a la confianza) para los propios hablantes de castellano antes de la parte m&aacute;s intensa del proceso independentista. Sin embargo, a&ntilde;os despu&eacute;s de la intensificaci&oacute;n del proceso, dicha connotaci&oacute;n negativa parece haber dejado de existir y ahora la confianza entre hablantes de castellano en Catalu&ntilde;a est&aacute; al mismo nivel o por encima de la que se observa en los dem&aacute;s grupos ling&uuml;&iacute;sticos en Catalu&ntilde;a y en el Pa&iacute;s Vasco. Este hecho constituir&iacute;a una de las paradojas que genera una movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica tan intensa como la actual: podr&iacute;a estar aumentando los lazos afectivos de aqu&eacute;llos que, en principio, no suponen el destinatario privilegiado de la movilizaci&oacute;n, sino m&aacute;s bien, los posibles damnificados del propio proceso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Henar Criado, Francisco Herreros, Luis Miller, Paloma Ubeda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consecuencias-sociales-puede-tener-proces_132_3185804.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Sep 2017 19:13:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué consecuencias sociales puede tener el procés?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la polarización partidista a la discriminación política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-partidista-discriminacion-politica_132_3733879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33033639-ac00-4f49-bdf0-61f7bfef9061_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la polarización partidista a la discriminación política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué evidencia académica tenemos acerca del partidismo en los EEUU? ¿Se trata sólo de un fenómeno estadounidense o podríamos extrapolarlo a otros sistemas políticos?</p></div><p class="article-text">
        Uno de los argumentos que han sido empleados para tratar de explicar la elecci&oacute;n de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es la creciente&nbsp;<a href="http://agendapublica.es/por-que-donald-trump/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">polarizaci&oacute;n</a> partidista que se viene produciendo en este pa&iacute;s. En este sentido, la&nbsp;<a href="http://www.centerforpolitics.org/crystalball/articles/donald-trump-partisan-polarization-and-the-2016-presidential-election/?upm_export=print" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lealtad</a> al propio partido pol&iacute;tico (y el rechazo al contrario) ha podido ser m&aacute;s importante para el votante que el candidato que cada partido pon&iacute;a en liza. El partidismo (<a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2536084" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">partyism</a>) ha sido recientemente definido como la hostilidad o el prejuicio que se da entre los votantes o simpatizantes de diferentes partidos pol&iacute;ticos. En los Estados Unidos, la&nbsp;<a href="http://www.people-press.org/2016/04/26/a-wider-ideological-gap-between-more-and-less-educated-adults/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">antipat&iacute;a</a> entre republicanos y dem&oacute;cratas ha alcanzado los niveles m&aacute;s altos de las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, llegando a tener efectos en aspectos de la vida cotidiana que, en principio, poco tendr&iacute;an que ver con la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, una mayor&iacute;a de personas prefiere vivir en un lugar donde la mayor&iacute;a de gente comparta sus ideas pol&iacute;ticas. Del mismo modo, una de cada cuatro personas que se definen como claramente liberales o claramente conservadoras se<a href="http://www.people-press.org/2014/06/12/section-3-political-polarization-and-personal-life/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> sentir&iacute;a mal </a>si un familiar se casara con alguien que no tuviera su ideolog&iacute;a. Pero, m&aacute;s all&aacute; de estos datos generales, &iquest;qu&eacute; evidencia acad&eacute;mica tenemos acerca del partidismo en los EEUU?, y, &iquest;se trata s&oacute;lo de un fen&oacute;meno estadounidense o podr&iacute;amos extrapolarlo a otros sistemas pol&iacute;ticos? Con esta entrada trataremos de dar algunas respuestas a estas dos preguntas.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los polit&oacute;logos Shanto Iyengar y Sean Westwood han realizado&nbsp;<a href="http://www.dartmouth.edu/~seanjwestwood/papers/partisanAffectAPSA.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">varios estudios experimentales</a> donde ponen a prueba la hip&oacute;tesis del partidismo en la sociedad estadounidense. Uno de sus experimentos utiliza el denominado &ldquo;<a href="https://en.wikibooks.org/wiki/Bestiary_of_Behavioral_Economics/Trust_Game" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">juego de la confianza</a>&rdquo;, un juego experimental en el que participan dos jugadores (A y B). El jugador A tiene asignados inicialmente 10 d&oacute;lares y tiene que decidir cu&aacute;ntos de estos 10 d&oacute;lares env&iacute;a al jugador B. Cualquier cantidad que env&iacute;e es entonces multiplicada por tres. El jugador B, finalmente, tiene que decidir cu&aacute;nto dinero devuelve a A. As&iacute;, por ejemplo, si A env&iacute;a 5 d&oacute;lares a B, este recibir&aacute; 15, y de esos 15 tiene que decidir cu&aacute;nto env&iacute;a de vuelta a A. De modo que el dinero que A env&iacute;e a B medir&iacute;a el grado de confianza que tendr&iacute;a en B (es decir, el grado en el que A se f&iacute;a de que B le devuelva parte del dinero entregado).
    </p><p class="article-text">
        A partir de una muestra representativa de la sociedad estadounidense, estos autores encuentran que los participantes conf&iacute;an menos (env&iacute;an menos dinero en el juego) en participantes con distinta ideolog&iacute;a (dem&oacute;crata o republicana) que en aquellos con los que s&iacute; comparten voto. Y mientras la divisi&oacute;n partidista tiene un efecto significativo sobre la confianza, estos autores no encuentran que interactuar en este juego con personas de origen racial distinto afecte a la confianza. De aqu&iacute; concluyen que la animadversi&oacute;n hacia personas opuestas ideol&oacute;gicamente es mayor a la profesada hacia personas de distinta raza.
    </p><p class="article-text">
        En un&nbsp;<a href="http://www.dartmouth.edu/~seanjwestwood/papers/crossnationalTrust.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> reciente, hemos replicado el estudio sobre la primac&iacute;a del partidismo de Iyengar y Westwood en otras tres sociedades con sistemas pol&iacute;ticos distintos al estadounidense. En concreto, encontramos que tanto en los Estados Unidos, como en el Reino Unido, B&eacute;lgica y Euskadi la discriminaci&oacute;n basada en el partido pol&iacute;tico con el que te identificas es mayor que la discriminaci&oacute;n racial en los Estados Unidos, la basada en la religi&oacute;n en el Reino Unido, la regi&oacute;n en B&eacute;lgica o el origen (ascendencia aut&oacute;ctona o no) en el Pa&iacute;s Vasco. El caso vasco tiene especial relevancia por varios motivos y por eso nos vamos a detener en el mismo y lo vamos a utilizar para ilustrar la primac&iacute;a de ese partidismo al que venimos haciendo referencia.
    </p><p class="article-text">
        El electorado vasco se ha dividido tradicionalmente en cuatro compartimentos (desiguales en tama&ntilde;o) resultantes del doble eje izquierda-derecha, nacionalista-constitucionalista. En cada uno de estos compartimentos exist&iacute;a, adem&aacute;s, un partido dominante (y &uacute;nico en el momento que realizamos nuestro estudio, finales de 2014): PNV (derecha nacionalista), PP (derecha constitucionalista), Izquierda Abertzale (izquierda nacionalista) y PSE (izquierda constitucionalista).
    </p><p class="article-text">
        Utilizando el mismo juego de la confianza empleado por Iyengar y Westwood en los Estados Unidos, estudiamos si los participantes en el juego discriminaban m&aacute;s a los simpatizantes de otros partidos pol&iacute;ticos que a los que ten&iacute;an un origen (apellidos) distinto. Encontramos que la discriminaci&oacute;n basada en el criterio &eacute;tnico (apellidos) era muy peque&ntilde;a y, sobre todo, mucho menor que la producida por la simpat&iacute;a hacia distintos partidos pol&iacute;ticos. As&iacute;, un/a Urrutikoetxea conf&iacute;a lo mismo en un/a Etxebarria que en un/a L&oacute;pez y viceversa. Sin embargo el criterio partidista parece clave. Por poner un ejemplo, los votantes de la izquierda abertzale entregaban de media 5,02 euros a quienes votaba a su mismo partido y solo 2,68 a los del PP. As&iacute;, de media los votantes de un partido entregaban m&aacute;s dinero a quienes hab&iacute;an votado lo mismo que ellos.
    </p><p class="article-text">
        El caso vasco tambi&eacute;n resultaba especialmente interesante por un segundo motivo. Encontramos que la cercan&iacute;a ideol&oacute;gica entre partidos en alguno de los ejes modera el efecto negativo del sesgo partidista. As&iacute;, simpatizantes de partidos que comparten alguno de los ejes (como el PNV y la Izquierda Abertzale) se discrimina menos entre s&iacute; que simpatizantes de partidos antag&oacute;nicos en los dos ejes (Izquierda Abertzale y PP).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hace que la discriminaci&oacute;n partidista siga en aumento cuando hemos asistido a importantes avances en la reducci&oacute;n de otros tipos de discriminaciones? Nuestra interpretaci&oacute;n es que, al contrario de lo que ocurre con la discriminaci&oacute;n racial o de g&eacute;nero, que est&aacute;n fuertemente sancionadas por normas sociales, no existen las correspondientes presiones sociales en el caso de la discriminaci&oacute;n partidista. Como nos demuestran a diario los debates y tertulias pol&iacute;ticas en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses de nuestro entorno, la hostilidad y el prejuicio hacia los que no comparten nuestras ideas pol&iacute;ticas est&aacute;n plenamente aceptados socialmente y apenas nos provocan sonrojo.
    </p><p class="article-text">
        Un simple ejercicio mental es muy revelador a este respecto. Imaginemos por un momento que los calificativos que nos permitimos emplear para calificar a los votantes de Donald Trump, Mariano Rajoy o Pablo Iglesias fueran utilizados para hablar de los &ldquo;hombres&rdquo;, las &ldquo;mujeres&rdquo; o los &ldquo;musulmanes&rdquo;. Resultar&iacute;an socialmente muy inapropiados (y en algunos casos susceptibles incluso de constituir delito de odio) y, sin embargo, no lo resultan para calificar al adversario pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hay dos motivos adicionales que hacen que la polarizaci&oacute;n partidista siga en aumento. Por un lado, la ret&oacute;rica de los l&iacute;deres de los partidos hace que parezca perfectamente aceptable despreciar a los oponentes pol&iacute;ticos. La reciente campa&ntilde;a electoral estadounidense supone un ejemplo de libro de este argumento. Por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n se ha asociado la creciente polarizaci&oacute;n con la exposici&oacute;n continuada a campa&ntilde;as electorales. La sucesi&oacute;n de elecciones regionales, nacionales e incluso supranacionales hace que los partidos no abandonen el lenguaje agresivo propio de las campa&ntilde;as electorales. El ciclo electoral que comenz&oacute; en Espa&ntilde;a en 2014 y que ha mantenido al pa&iacute;s en un estado continuo de campa&ntilde;a electoral tiene mucho que ver, sin duda, con la creciente polarizaci&oacute;n que tambi&eacute;n se observa en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller, Rafael Leonisio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-partidista-discriminacion-politica_132_3733879.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Nov 2016 20:22:39 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Las consecuencias morales del desempleo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consecuencias-morales-desempleo_132_4053748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd5be89c-b18a-459f-9389-710c0761848d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las consecuencias morales del desempleo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo cambian los ciudadanos sus preferencias por políticas sociales cuando caen en el desempleo?</p><p class="subtitle">En un estudio experimental reciente intentamos diferenciar el efecto del desempleo sobre, por un lado, la necesidad o el propio interés, de, por el otro, un cambio de los ideales de justicia distributiva de las personas</p><p class="subtitle">En nuestro estudio mostramos que cuando las personas no se han</p><p class="subtitle">ganado</p><p class="subtitle">los recursos de los que disponen por su propio mérito, la inmensa mayoría de los ciudadanos proponen un reparto igualitario</p><p class="subtitle">En cambio, los ciudadanos están dispuestos a asumir cierto nivel de desigualdad si ésta es percibida como producida de modo justo</p></div><p class="article-text">
        Las consecuencias econ&oacute;micas y sociales del desempleo son devastadoras. El desempleo suele venir acompa&ntilde;ado de una importante p&eacute;rdida de poder adquisitivo de las personas que lo padecen y supone uno de los mayores gastos sociales para un estado. Adem&aacute;s, el desempleo ha sido relacionado con problemas de salud como el estr&eacute;s, la depresi&oacute;n, la ansiedad o, comparando pa&iacute;ses, con un aumento de los suicidios, los homicidios o las muertes relacionadas con el alcohol. Y el desempleo no solo se padece en primera persona, sino que tambi&eacute;n tiene efectos sobre la salud f&iacute;sica y mental de otros miembros de la familia.
    </p><p class="article-text">
        Por si fueran pocos todos estos efectos negativos, recientemente los cient&iacute;ficos sociales han puesto su lupa sobre otra consecuencia del desempleo: un cambio de los valores o preferencias sociales y pol&iacute;ticas de las personas que lo sufren. Lo que economistas, polit&oacute;logos y soci&oacute;logos, entre otros, han empezado a preguntarse es si, al quedarse desempleadas, las personas cambian sus valores morales y sus demandas pol&iacute;ticas. Un <a href="http://journals.cambridge.org/action/displayAbstract?fromPage=online&amp;aid=8842915&amp;fileId=S0003055412000603" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>&nbsp;reciente realizado en EEUU muestra que tras quedarse desempleadas las personas demandan m&aacute;s pol&iacute;ticas sociales. Sin embargo, se trata de un efecto pasajero. Cuando la situaci&oacute;n laboral de las personas mejora, &eacute;stas vuelven a apoyar las pol&iacute;ticas sociales que apoyaban antes de quedarse desempleadas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; se produce este cambio de preferencias? &iquest;Por qu&eacute; el desempleo hace que las personas demanden m&aacute;s pol&iacute;ticas sociales? Hay al menos dos posibles respuestas a estas preguntas. La primera es que los desempleados experimentan una p&eacute;rdida de poder adquisitivo y por tanto <em>necesitan</em> m&aacute;s al Estado. Y hasta cierto punto esto es lo que han asumido los <a href="http://www.nber.org/papers/w14825" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">economistas</a>&nbsp;hasta tiempos recientes. Pero hay una segunda posibilidad: puede que al quedarse desempleadas, las personas cambien sus preferencias o valores m&aacute;s all&aacute; de su propio inter&eacute;s. Claro, simplemente pregunt&aacute;ndoles a las personas, incluso a lo largo del tiempo, sobre sus opiniones pol&iacute;ticas no podemos distinguir entre las dos explicaciones planteadas. Es en estos casos donde los cient&iacute;ficos sociales hemos comenzado a utilizar <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_experimental" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">experimentos conductuales</a>, similares a los que desde hace d&eacute;cadas se llevan a cabo en psicolog&iacute;a, para intentar distinguir entre diversas explicaciones de un fen&oacute;meno social.
    </p><p class="article-text">
        En un <a href="http://www.pnas.org/content/early/2016/04/05/1521250113.abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>&nbsp;experimental reciente intentamos diferenciar el efecto del desempleo sobre la necesidad o el propio inter&eacute;s, de un cambio de los ideales de justicia distributiva de las personas. Este tipo de estudios tienen dos dificultades. Una es c&oacute;mo medimos los valores, al menos hasta que la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Neuroeconom%C3%ADa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">neurociencia nos permita escanearlos directamente</a>. Un segundo problema es c&oacute;mo medimos el <em>cambio</em> de valores. En nuestro estudio, intentamos salvar la primera dificultad con un experimento conductual bastante simple y, la segunda, haciendo que los participantes tomen parte en el estudio dos veces, antes y despu&eacute;s de quedarse desempleados. Si solo las que se han quedado desempleadas cambian sus valores diremos que el desempleo es el causante. Pero antes de contar qu&eacute; resultados obtuvimos, vamos a detenernos un poco en qu&eacute; consist&iacute;a ese experimento que pretend&iacute;a medir los valores de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Lo que sabemos por <a href="http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0167268115000475" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a>&nbsp;anteriores es que las personas tienden a distinguir entre dos tipos de desigualdades: aquellas que no estamos dispuestos a aceptar bajo ning&uacute;n concepto y aquellas que consideramos que aceptamos hasta cierto punto. Entre las primeras se encuentran todas las desigualdades que hoy en d&iacute;a consideramos arbitrarias e injustas, como las diferencias salariales entre hombres y mujeres, entre personas de distinto origen &eacute;tnico, etc. Entre las segundas se encontrar&iacute;an desigualdades que hasta cierto punto aceptamos al estar relacionadas con el m&eacute;rito o el esfuerzo, como que un m&eacute;dico gane m&aacute;s que un enfermero o que la estrella de un equipo de f&uacute;tbol gane m&aacute;s que el utillero. Lo que hacemos en el laboratorio es generar de forma artificial estos dos tipos de desigualdades. &iquest;C&oacute;mo? Pues primero hacemos que todos los participantes realicen una tarea productiva y, despu&eacute;s, les pedimos que decidan c&oacute;mo quieren repartir lo producido en grupos de cuatro personas. El truco (experimental) est&aacute; en que en algunas sesiones del experimento, los participantes se han <em>ganado</em> lo que van a repartir luego y en otras lo que tiene cada uno nada tienen que ver con el desempe&ntilde;o en la tarea productiva.
    </p><p class="article-text">
        Lo que observamos es que cuando las personas no se han <em>ganado</em> los recursos de los que disponen, la inmensa mayor&iacute;a de los participantes proponen un reparto igualitario. La diferencia viene cuando nos fijamos en la condici&oacute;n experimental en la que se transmite un cierto sentido de que las personas se lo han <em>ganado</em>. En este caso es donde encontramos nuestro resultado principal: las mismas personas que estando empleadas o estudiando respetaban hasta cierto punto lo que cada uno se hab&iacute;a <em>ganado</em>, pasan a proponer distribuciones igualitarias despu&eacute;s de quedarse desempleadas. Lo importante del resultado es que es la misma persona la que pasa de reconocer lo que otras se han <em>ganado</em> a no hacerlo tras quedarse desempleada. Adem&aacute;s, el dise&ntilde;o de este experimento permite ver si las personas se han vuelto m&aacute;s ego&iacute;stas, simplemente observando si se quedan con m&aacute;s dinero en el reparto tras quedarse desempleadas. Y esto no es as&iacute;. Los nuevos desempleados realizan repartos m&aacute;s igualitarios, sin que esto suponga quedarse con m&aacute;s dinero respecto al a&ntilde;o anterior. Nosotros interpretamos este hecho como un cambio genuino en los valores de las personas, que pasan de reconocer y recompensar el esfuerzo a proponer repartos m&aacute;s igualitarios una vez que se han quedado desempleadas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; efectos pr&aacute;cticos tiene el cambio de valores que hemos identificado? Aqu&iacute; podemos distinguir entre efectos directos y efectos indirectos. De forma directa, este cambio de valores implicar&iacute;a la p&eacute;rdida de una de las motivaciones para buscar trabajo, en concreto, la p&eacute;rdida de la motivaci&oacute;n de trabajar por el hecho de <em>ganarse</em> el sustento con tu propio esfuerzo, m&aacute;s all&aacute; de la compensaci&oacute;n material que te da el trabajo. Sin esta motivaci&oacute;n es probable que la reincorporaci&oacute;n al mercado de trabajo sea m&aacute;s lenta y menos efectiva. Esto es algo que ya estamos estudiando, analizando el efecto que tienen sobre los valores las intervenciones p&uacute;blicas, como las acciones de orientaci&oacute;n o el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Coaching" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>coaching</em></a>. Entre los efectos indirectos, y aunque es algo que va mucho m&aacute;s all&aacute; de nuestro estudio, siempre acabamos d&aacute;ndole vueltas a los efectos del cambio de valores identificado sobre la participaci&oacute;n pol&iacute;tica. Un reciente <a href="http://www.eldiario.es/theguardian/Corbyn-Sanders-desesperacion-alimentando-izquierda_0_480852451.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a>&nbsp;nos hace pensar que el cambio de valores que provoca el desempleo, la pobreza y la desigualdad tiene tambi&eacute;n su reflejo en la arena pol&iacute;tica. Sobre esto todav&iacute;a queda mucho que investigar y que decir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Apr 2016 18:10:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las consecuencias morales del desempleo]]></media:title>
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