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    <title><![CDATA[elDiario.es - Larry Elliott]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/larry_elliott/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Larry Elliott]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El adiós de George Soros, el financiero que apostó contra la libra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/adios-george-soros-financiero-aposto-libra_1_10289894.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe243cb9-e3f0-4dd3-968b-8e6104e569e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El adiós de George Soros, el financiero que apostó contra la libra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El multimillonario cede el control de su firma Open Society Foundations a su hijo Alex. Su respaldo a los Demócratas en EEUU y sus posiciones progresistas han devenido en teorías antisemitas de la conspiración cada vez más alocadas</p></div><p class="article-text">
        Fil&aacute;ntropo, intelectual, y un firme cr&iacute;tico del totalitarismo. George Soros es todo eso. A sus 92 a&ntilde;os, no ha perdido capacidad de generar titulares, como demuestra su decisi&oacute;n de ceder el control de su multimillonaria Open Society Foundations a su hijo Alex, en contra de la promesa que hab&iacute;a hecho de no pasar la fundaci&oacute;n a ninguno de sus hijos.
    </p><p class="article-text">
        Ha pasado mucho desde sus a&ntilde;os como inversor en activo. Un tiempo en el que Soros se ha ocupado de invertir la fortuna amasada en sus principales &aacute;reas de inter&eacute;s: apoyando a los derechos humanos y el fortalecimiento de los sistemas democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Pero siempre ser&aacute; recordado como el financiero que hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os quebr&oacute; al Banco de Inglaterra liderando un ataque especulativo contra la libra esterlina. Y con raz&oacute;n. El Mi&eacute;rcoles Negro, como se termin&oacute; conociendo, fue un momento seminal que demostr&oacute; el poder del mercado financiero, llev&oacute; a un replanteamiento integral de la estrategia econ&oacute;mica brit&aacute;nica y trajo el r&eacute;gimen de objetivos de inflaci&oacute;n a&uacute;n vigente.
    </p><p class="article-text">
        Soros tiene muchos enemigos. Los asistentes a su cena anual en el Foro Econ&oacute;mico Mundial de Davos le han escuchado decir en estos a&ntilde;os que la invasi&oacute;n de Ucrania por Vlad&iacute;mir Putin puede ser el comienzo de una tercera guerra mundial y que el presidente chino Xi Jinping se va a valer de la inteligencia artificial para cimentar un Estado de un solo partido.
    </p><p class="article-text">
        Muchos republicanos de Estados Unidos detestan a Soros. Se debe, en parte, a que nunca le ha simpatizado Donald Trump. Pero tambi&eacute;n a que es un multimillonario de origen jud&iacute;o que defiende la globalizaci&oacute;n y apoya a los Dem&oacute;cratas, carne de ca&ntilde;&oacute;n para una serie de teor&iacute;as antisemitas de la conspiraci&oacute;n cada vez m&aacute;s alocadas.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que Soros es mucho m&aacute;s complejo de lo que sugiere esa imagen de hombre del saco y financiero plut&oacute;crata. En su &eacute;poca de estudiante en la London School of Economics fue muy influido por las ideas de Karl Popper, para el que la certeza absoluta era algo imposible de alcanzar. Seg&uacute;n el fil&oacute;sofo austr&iacute;aco, las ideolog&iacute;as que afirman haber encontrado la verdad universal est&aacute;n sosteniendo una falsedad. Dec&iacute;a Popper que la mentira en que est&aacute;n basadas estas ideolog&iacute;as, tanto las de izquierdas como las de derechas, hace que solo puedan imponerse por la fuerza y terminan en reg&iacute;menes tir&aacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        A partir de la visi&oacute;n de Popper, Soros desarroll&oacute; su cr&iacute;tica de los mercados financieros conocida como reflexividad: lejos de ser perfectamente racionales, los inversores fundamentan sus decisiones en su percepci&oacute;n de la realidad, pero estas decisiones a su vez alteran la realidad generando un bucle de retroalimentaci&oacute;n. Seg&uacute;n Soros, si &eacute;l predijo con &eacute;xito la crisis financiera mundial de 2008 fue gracias a su teor&iacute;a de la reflexividad.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, el pelotazo financiero por el que es m&aacute;s conocido Soros se produjo cuando los mercados se comportaron con lucidez y racionalidad. Como otros operadores de divisas, Soros hab&iacute;a advertido la tensi&oacute;n evidente entre el calamitoso estado de la econom&iacute;a brit&aacute;nica de finales de 1992 y la determinaci&oacute;n del gobierno de John Major de sostener el valor de la libra dentro del Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio (MTC).
    </p><p class="article-text">
        Gran Breta&ntilde;a no llevaba ni dos a&ntilde;os adherida al MTC y se hab&iacute;a comprometido a mantener dentro de una banda al tipo de cambio entre la libra esterlina y el marco alem&aacute;n. La forma ortodoxa de sostener el precio de una moneda es subiendo los tipos de inter&eacute;s, pero ya hab&iacute;an llegado al 10% y el desempleo brit&aacute;nico superaba los 3 millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        Soros y otros colegas especuladores apostaron a que la libra terminar&iacute;a devalu&aacute;ndose porque sab&iacute;an que el gobierno brit&aacute;nico no podr&iacute;a hacer sufrir sin l&iacute;mite a sus propios ciudadanos. Su apuesta se demostr&oacute; acertada. Tras el anuncio de llevar los tipos hasta el 15% (una decisi&oacute;n que nunca se puso en pr&aacute;ctica), el gobierno brit&aacute;nico termin&oacute; cediendo y anunci&oacute; la salida brit&aacute;nica del MTC. Soros recogi&oacute; sus ganancias.
    </p><p class="article-text">
        El Mi&eacute;rcoles Negro fue un episodio doloroso y humillante, pero tambi&eacute;n una bendici&oacute;n inesperada para la econom&iacute;a brit&aacute;nica. La brusca depreciaci&oacute;n de la libra fue buena para las exportaciones y la reducci&oacute;n de tipos trajo una larga expansi&oacute;n de 16 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero por otro lado, y aunque Soros era un firme partidario de la Uni&oacute;n Europea, su apuesta contra la libra hab&iacute;a encendido la larga mecha del euroescepticismo que finalmente condujo a la victoria del refer&eacute;ndum por el Brexit en 2016.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Francisco de Zarate.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Larry Elliott]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/adios-george-soros-financiero-aposto-libra_1_10289894.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Jun 2023 16:23:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El adiós de George Soros, el financiero que apostó contra la libra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[George Soros,Teorías de la conspiración,Antisemitismo,Inversión,Libra]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué hacer para que los "felices años 20" que nos prometíamos no sean solo un sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/felices-anos-20-prometiamos-no-sean-sueno_129_9188760.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15635d1a-558d-4f0d-9161-e331cf91a95d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué hacer para que los &quot;felices años 20&quot; que nos prometíamos no sean solo un sueño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La década de los años 20 del siglo pasado también empezó de manera sombría. Pero para que ocurra una cuarta revolución industrial, se debe hacer mucho más</p><p class="subtitle">ENTREVISTA - Christopher Clark, historiador experto en la Primera Guerra Mundial: “No hay analogía alguna entre 1914 y la guerra en Ucrania”</p></div><p class="article-text">
        Cuando se acercaba el final de 2019, hab&iacute;a mucho optimismo. Si los 2010 hab&iacute;an sido una d&eacute;cada perdida, con un crecimiento d&eacute;bil y est&aacute;ndares de vida estancados, los a&ntilde;os siguientes ten&iacute;an que ser mucho mejores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se hablaba de unos nuevos &ldquo;felices a&ntilde;os 20&rdquo;, una repetici&oacute;n de la d&eacute;cada que sigui&oacute; a la <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/christopher-clark-historiador-experto-primera-guerra-mundial-no-hay-analogia-1914-guerra-ucrania_1_9123858.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Primera Guerra Mundial</a>. Hasta hab&iacute;a elegantes fiestas inspiradas en <em>El Gran Gatsby</em> para celebrar los buenos tiempos venideros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy todo eso parece en extremadamente prematuro. Hasta ahora, los 2020 han sido de todo menos felices. La <a href="https://www.eldiario.es/temas/pandemia/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pandemia</a> que se extendi&oacute; en todo el mundo a principios de 2020 est&aacute; lejos de haber terminado y su impacto sigue propag&aacute;ndose en la econom&iacute;a global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En China, donde se detect&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/anos-despues-tension-politica-sigue-dificultando-rastreo-exito-origen-coronavirus_1_8627648.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por primera vez la COVID-19</a>, las autoridades han aplicado <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/omicron-cuestiona-estrategia-zero-covid-china_1_8849621.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">draconianas cuarentenas</a> para eliminar el virus. Como resultado, la econom&iacute;a pr&aacute;cticamente <a href="https://www.theguardian.com/business/2022/jul/15/chinas-quarterly-economic-growth-slumps-sharply-after-covid-lockdowns" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">se ha paralizado</a> (si creemos en los n&uacute;meros oficiales del a&ntilde;o pasado), o se ha contra&iacute;do (si no los creemos).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las noticias de los otros dos grandes motores de la econom&iacute;a global no son mejores. La <a href="https://www.eldiario.es/politica/debate-nacion-directo_6_9166554_1092294.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tasa de inflaci&oacute;n</a> anual en Estados Unidos es del 9,1%, la m&aacute;s alta en 40 a&ntilde;os, y eso hace que crezca la preocupaci&oacute;n en Wall Street a la espera de que el banco central del pa&iacute;s adopte una perspectiva m&aacute;s agresiva con las tasas de inter&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si hay temores de recesi&oacute;n en la mayor econom&iacute;a del mundo, esos temores son a&uacute;n m&aacute;s pronunciados en Europa, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/occidente-condenar-ucrania-guerra_1_9124145.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que tiene una guerra en su flanco este</a>, un <a href="https://www.eldiario.es/economia/bruselas-preve-racionamientos-reduccion-obligatoria-15-consumo-gas-caso-putin-cierre-grifo_1_9185561.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escenario de escasez de energ&iacute;a para este invierno</a> y una <a href="https://www.eldiario.es/internacional/draghi-tira-toalla-e-italia-encamina-elecciones-otono_1_9188649.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revuelta pol&iacute;tica en Italia</a> con los que lidiar. No fue una gran sorpresa ver, la semana pasada, c&oacute;mo el euro ca&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/economia/eeuu-japon-acuerdan-acciones-concertadas-frenar-baile-divisas_1_9175812.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por debajo de la paridad</a> con el d&oacute;lar estadounidense por primera vez en dos d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los problemas tampoco se limitan a las principales econom&iacute;as del mundo. Sri Lanka -por una combinaci&oacute;n de la pandemia, la guerra en Ucrania y una muy mala gesti&oacute;n- es un pa&iacute;s <a href="https://www.theguardian.com/world/2022/jul/21/sri-lanka-unrest-new-president-crackdown-protests" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">al borde del colapso</a> y ser&iacute;a audaz asumir que no ocurrir&aacute; lo mismo con otros. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial son conscientes de los riesgos de nuevas crisis de deuda y hambre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras, la amenaza existencial que supone el <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/ola-calor-acabado-idea-pequenos-cambios-aplacar-clima-extremo_129_9185836.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">calentamiento global contin&uacute;a</a>. Se dijo mucho que &ldquo;construir mejor&rdquo; despu&eacute;s de la pandemia tambi&eacute;n implicar&iacute;a construir de manera m&aacute;s verde, pero esta ret&oacute;rica en general no ha ido acompa&ntilde;ada de acciones. Y el reloj no para de correr.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Motivos para la esperanza</h3><p class="article-text">
        Entonces, desde la perspectiva de mediados de 2022, la idea de unos nuevos &ldquo;felices a&ntilde;os 20&rdquo; parece disparatada, y los alardes de 2019 han sido expuestos como lo que eran: una ilusi&oacute;n. La idea era que las cosas solo pod&iacute;an mejorar y, en realidad, empeoraron mucho. Esta parece ser una era de crisis permanentes y sucesivas: con la pandemia, seguida de la inflaci&oacute;n y la guerra. A menos que cambie nuestra suerte, luego vendr&aacute; la recesi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para quienes piensan que los 2020 todav&iacute;a pueden recuperarse, hay motivos para tener esperanza. La d&eacute;cada de los 20 del siglo pasado tambi&eacute;n tuvo un comienzo deprimente. Hubo una pandemia, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/lecciones-espanola-pueden-aplicar-coronavirus_1_1041634.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bajo la forma de la gripe espa&ntilde;ola</a>. Hubo una guerra civil (y una intervenci&oacute;n militar extranjera) en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Es m&aacute;s, los cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial estuvieron marcados por turbulencias econ&oacute;micas que culminaron en la hiperinflaci&oacute;n alemana de 1923. La segunda mitad de la d&eacute;cada fue mucho m&aacute;s tranquila que la primera &mdash;al menos hasta que lleg&oacute; el crac de Wall Street de finales de 1929.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La posibilidad de una nueva revoluci&oacute;n industrial tambi&eacute;n ofrece motivos de esperanza. Cuando lleg&oacute;, la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica de los a&ntilde;os de entreguerra se bas&oacute; en la extendida disponibilidad de tecnolog&iacute;as desarrolladas a finales del siglo XIX y principios del XX: los coches, los viajes a&eacute;reos y la radio entre ellas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo se ha hablado mucho de una cuarta revoluci&oacute;n industrial basada en avances en gen&oacute;mica, inteligencia artificial, impresiones 3D y energ&iacute;as renovables. Pero seguimos esperando el empuj&oacute;n que estos desarrollos supuestamente dar&aacute;n a una econom&iacute;a global en dificultades.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Qu&eacute; hacer para mejorar</h3><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la historia se repita, y sea solo cuesti&oacute;n de tiempo hasta que el nuevo rango de tecnolog&iacute;as florezca del todo. Pero si eso ocurre, debe hacerse mucho m&aacute;s para acelerar una transici&oacute;n que, en la primera mitad del siglo XX, fue retrasada por dos guerras mundiales y una Gran Depresi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay cuatro cosas que pueden ayudar. La primera es un contexto econ&oacute;mico estable pero de expansi&oacute;n en el que los pol&iacute;ticos consigan una combinaci&oacute;n adecuada de inflaci&oacute;n baja y un fuerte crecimiento del empleo. Como muestran los esfuerzos actuales de la Reserva Federal de Estados Unidos y otros bancos centrales importantes, esto no es f&aacute;cil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ambiente macroecon&oacute;mico benigno es solo el comienzo. Se necesitan mayores inversiones en las tecnolog&iacute;as de la cuarta Revoluci&oacute;n Industrial para llevarlas a la escala necesaria, en particular innovaciones con neutralidad de carbono. Si el sector privado no provee estas inversiones, entonces los gobiernos deben prepararse para involucrarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Enfrentarse a la desigualdad es el tercer paso. Solo cuando los trabajadores tuvieron empleos y poder de compra en los a&ntilde;os posteriores a 1945 se cosecharon los beneficios de los avances tecnol&oacute;gicos anteriores. Y lo mismo se aplica ahora. Hace tiempo que es necesario un reajuste de la relaci&oacute;n entre capital y trabajo, como tambi&eacute;n es necesario repensar el sistema impositivo para volverlo m&aacute;s progresivo. Las enormes ganancias obtenidas por personas con propiedades y activos financieros como resultado de tipos bajos de inter&eacute;s y la pol&iacute;tica monetaria expansiva ha vuelto m&aacute;s convincente el argumento para los impuestos al patrimonio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, debe haber una mayor cooperaci&oacute;n internacional, en lugar de la fragmentaci&oacute;n y la hostilidad que existen actualmente. Los pa&iacute;ses pobres deben ser parte de la lucha contra el cambio clim&aacute;tico, pero solo ser&aacute;n capaces de serlo si hay alguna forma de redistribuci&oacute;n global, empezando por un alivio de deuda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo esto puede parece extra&ntilde;o, pero tambi&eacute;n ser&iacute;a extra&ntilde;o un regreso a los felices a&ntilde;os 20. La suposici&oacute;n de que es solo cuesti&oacute;n de tiempo hasta que llegue una &eacute;poca feliz es un delirio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Patricio Orellana
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Larry Elliott]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/felices-anos-20-prometiamos-no-sean-sueno_129_9188760.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Jul 2022 20:53:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué hacer para que los "felices años 20" que nos prometíamos no sean solo un sueño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Desigualdad económica,Innovación,Economía,Pandemia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Brexit no es el mayor problema al que se enfrenta la Unión Europea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/brexit-menor-problemas-union-europea_129_1631144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8af734c3-fced-4fcd-a238-e2488d688f86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Brexit no es el mayor problema al que se enfrenta la Unión Europea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La próxima recesión hará evidente el problema de la moneda única, un proyecto a medias necesitado de integración política</p></div><p class="article-text">
        A medida que el reloj cuenta los minutos hacia el Brexit, el inter&eacute;s por el estado de Reino Unido ha crecido por encima de lo habitual. Tanto los partidarios del Brexit como los de quedarse en la Uni&oacute;n Europea han exprimido hasta la saciedad los datos oficiales y las&nbsp; encuestas sobre&nbsp;el clima empresarial.
    </p><p class="article-text">
        Como es natural, ha habido mucho menos inter&eacute;s en saber por lo que est&aacute; atravesando el resto de la UE, un tema poco cubierto en las &uacute;ltimas noticias. Si los l&iacute;deres de los restantes 27 pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n est&aacute;n cansados de Theresa May es porque Europa tiene muchos otros problemas para solucionar. El Brexit ni siquiera figura entre los m&aacute;s acuciantes.
    </p><p class="article-text">
        La principal dificultad de la UE reside en su modelo econ&oacute;mico, tan viejo como su poblaci&oacute;n. Si bien muchas de las empresas europeas compiten a nivel mundial, la diferencia con Estados Unidos es que ninguna de ellas fue creada en los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os. En la &eacute;poca dorada de Europa, Volkswagen compet&iacute;a con Ford, y Siemens pod&iacute;a medirse cara a cara con General Electric. Pero no hay un Google, Facebook o Amazon europeo.
    </p><p class="article-text">
        Europa tampoco aparece por ning&uacute;n lado cuando se habla de las tecnolog&iacute;as emergentes en la cuarta revoluci&oacute;n industrial, como la inteligencia artificial. China est&aacute; avanzando m&aacute;s r&aacute;pido que Europa en t&eacute;cnicas de aprendizaje autom&aacute;tico y ya tiene varias empresas amenazando a los gigantes de Silicon Valley. Por eso es China, y no Europa, el principal objetivo de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/cena-medio-billon-dolares_0_841316764.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la guerra arancelaria de Donald Trump</a>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hace treinta a&ntilde;os comenzaron los planes para el euro, el objetivo era mejorar la eficiencia del mercado &uacute;nico con una sola divisa que acelerara el crecimiento. No ha sido as&iacute;. El rendimiento de los pa&iacute;ses de la Eurozona empeor&oacute; en vez de mejorar. El problema es que hay tanto capital pol&iacute;tico invertido en el proyecto de una uni&oacute;n monetaria que nadie quiere asumirlo.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada, tres acontecimientos separados dejaron en evidencia la importancia de los desaf&iacute;os econ&oacute;micos que enfrenta Europa. En primer lugar, el dato de la producci&oacute;n industrial en la Eurozona demostr&oacute; que el crecimiento&nbsp;<a href="https://www.theguardian.com/business/2019/mar/22/eurozone-suffers-sharp-decline-manufacturing-activity" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sigue siendo cr&oacute;nicamente d&eacute;bil.</a> Italia sufre su quinta recesi&oacute;n en 20 a&ntilde;os, mientras que Alemania, sostenida por las exportaciones, se ve gravemente afectada por la desaceleraci&oacute;n de la econom&iacute;a mundial.
    </p><p class="article-text">
        Alemania escap&oacute; de la recesi&oacute;n por los pelos en la segunda mitad de 2018 y el panorama no ha mejorado mucho en los primeros meses de 2019. Parece que el conjunto de los pa&iacute;ses de la Eurozona podr&iacute;a crecer 0,2% en los tres primeros meses del a&ntilde;o, lo mismo que en el &uacute;ltimo trimestre del 2018.
    </p><p class="article-text">
        Durante un breve per&iacute;odo, los fuertes est&iacute;mulos del Banco Central Europeo (BCE) lograron elevar la tasa de crecimiento en la Eurozona. Pero los tipos de inter&eacute;s al cero y el proceso de creaci&oacute;n de dinero conocido como 'expansi&oacute;n cuantitativa' (quantitative easing, QE) ya no son lo que eran. Como ha sido evidente desde que la crisis financiera estall&oacute; hace diez a&ntilde;os, para solucionar de verdad los problemas de crecimiento en Europa hay que corregir los defectos de dise&ntilde;o de la uni&oacute;n monetaria.
    </p><p class="article-text">
        En 2008 y 2009 sali&oacute; caro no tener un poder pol&iacute;tico central al cargo de la moneda &uacute;nica europea. Estados Unidos y Reino Unido se apresuraron a recortar los tipos y a comenzar las pol&iacute;ticas monetarias no convencionales (como el QE), pero la Eurozona tard&oacute; demasiado en reaccionar. Se debi&oacute;, en parte, a la naturaleza ultraconservadora del BCE (una cultura que hered&oacute; del Bundesbank alem&aacute;n), pero no fue el &uacute;nico factor. Sin un verdadero mecanismo para tomar decisiones r&aacute;pidas como en Washington y Londres, la Eurozona se ve obligada a moverse al ritmo de su miembro m&aacute;s lento, como ocurre con cualquier caravana.
    </p><p class="article-text">
        Esa falta de poder central ha generado dos consecuencias importantes. Por un lado, a la Eurozona le ha llevado mucho m&aacute;s tiempo volver a la senda del crecimiento. Por otro, sus bancos se han visto abrumados por una gran cantidad de pr&eacute;stamos incobrables. Mientras en Estados Unidos se socializaban las deudas de los grandes bancos para que pudieran prestar de nuevo, en Europa los bancos siguieron d&eacute;biles y muy vulnerables ante otra recesi&oacute;n econ&oacute;mica. De ah&iacute; la relevancia de otra noticia de la semana pasada: <a href="https://www.eldiario.es/economia/Deutsche-Bank-Commerzbank-peligro-empleos_0_879112197.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las negociaciones de una posible fusi&oacute;n entre el Deutsche y el Commerzbank</a>, dos de los mayores bancos de Alemania.
    </p><p class="article-text">
        Italia est&aacute; harta de esperar a que la Uni&oacute;n Monetaria funcione. Sus bancos est&aacute;n en peor forma que los alemanes, no tiene ning&uacute;n control sobre la pol&iacute;tica monetaria y las estrictas normas fiscales de la UE le impiden estimular el crecimiento con d&eacute;ficit presupuestarios. La semana pasada, el gobierno italiano anunci&oacute; que ser&iacute;a el primero de la UE en participar del 'Cintur&oacute;n y Ruta de la Seda' de China, un intento de unir Asia, Oriente Medio, &Aacute;frica y Europa con puertos, ferrocarriles, puentes y otros proyectos de infraestructura. El deseo del gobierno italiano de participar en esta recreaci&oacute;n de la antigua ruta de la seda habla de lo desesperado que est&aacute; por reactivar la econom&iacute;a, sea como sea, y del menor peso de Europa en la jerarqu&iacute;a mundial.
    </p><p class="article-text">
        Emmanuel Macron est&aacute; convencido de que para solucionar los problemas econ&oacute;micos de Europa hace falta una integraci&oacute;n mayor. El presidente de Francia quiere un ministro de Hacienda de la Eurozona, responsable de los impuestos y del gasto p&uacute;blico en los pa&iacute;ses de la moneda &uacute;nica. El problema es que para hacerlo realidad necesita el apoyo de Alemania y a Angela Merkel no parece entusiasmarle la idea. Es f&aacute;cil entender por qu&eacute;. A los exportadores alemanes les ha ido bien con la uni&oacute;n monetaria y Merkel sabe que los contribuyentes alemanes terminar&iacute;an financiando el gasto de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres en la Eurozona.
    </p><p class="article-text">
        El plan de Macron tiene l&oacute;gica: la Eurozona es un proyecto a medias. Le falta una estructura pol&iacute;tica para que funcione. Si el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de Europa sigue siendo insuficiente, la alternativa a una mayor integraci&oacute;n es la desintegraci&oacute;n. No ocurrir&iacute;a autom&aacute;ticamente, porque es muy dif&iacute;cil volver a las monedas nacionales o pasar a un escenario con dos tipos de euro (uno duro y otro blando). En cualquier caso, la hora de la verdad llegar&aacute; con la pr&oacute;xima recesi&oacute;n. Es posible que no falte mucho.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Francisco de Z&aacute;rate
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Larry Elliott]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/brexit-menor-problemas-union-europea_129_1631144.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Mar 2019 19:33:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Brexit no es el mayor problema al que se enfrenta la Unión Europea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[The Guardian,UE - Unión Europea,Brexit]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez años después de la crisis financiera, la tímida izquierda tiene mucho que reprocharse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/eeuu-europa-capitalismo_129_1963693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4688db5-6074-4d74-811e-a873d24beebf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez años después de la crisis financiera, la tímida izquierda tiene mucho que reprocharse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las finanzas internacionales son ahora tan poderosas como antes de 2008 y el poder empresarial está aún más concentrado</p><p class="subtitle">Los partidos socialdemócratas fracasaron de forma vergonzante a la hora de plantear una respuesta progresista a la crisis y fueron tímidos en vez de valientes</p></div><p class="article-text">
        Ya est&aacute;n preparando los carteles. Las <em>photo-opportunities</em> est&aacute;n siendo organizadas. Una coalici&oacute;n de grupos de presi&oacute;n, sindicatos y ONG redactan <a href="http://positivemoney.org/2018/07/10-years-on-and-weve-had-enough/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una lista de demandas</a>. Los preparativos est&aacute;n en marcha para ocuparse el pr&oacute;ximo mes del 10&ordm; aniversario del colapso de Lehman Brothers, el momento decisivo en la crisis financiera global. 
    </p><p class="article-text">
        No se equivoquen. El hecho de que se vayan a celebrar actos en todos los centros financieros del mundo no es motivo de celebraci&oacute;n. Por el contrario, es un s&iacute;mbolo del fracaso. Los bancos no vieron reducido su tama&ntilde;o. Los planes para una tasa de las transacciones financieras s&oacute;lo acumulan polvo. Los pol&iacute;ticos especularon con la idea de un New Deal ecologista y luego la olvidaron r&aacute;pidamente. Nunca hubo un cambio radical desde la ortodoxia dirigente, s&oacute;lo un breve impulso que fue anulado de inmediato. El hecho brutal es que la izquierda tuvo una oportunidad y la desperdici&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, las finanzas internacionales son tan poderosas como antes. S&oacute;lo ha habido una reforma cosm&eacute;tica de la industria bancaria. El poder empresarial est&aacute; a&uacute;n m&aacute;s concentrado. Los beneficios de la recuperaci&oacute;n global m&aacute;s d&eacute;bil que se recuerda tras la recesi&oacute;n han sido acaparados por una peque&ntilde;a minor&iacute;a. Los salarios y el nivel de vida en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses desarrollados han crecido s&oacute;lo de forma modesta, y eso los que lo han hecho. 
    </p><p class="article-text">
        Septiembre de 2008 fue una experiencia casi mortal para el capitalismo global. En un momento, hubo un serio temor por todo el sistema bancario occidental. Cuando la recesi&oacute;n estaba en su momento m&aacute;s grave, la producci&oacute;n industrial sufri&oacute; un colapso m&aacute;s intenso que la que hab&iacute;a padecido en los primeras etapas de la Gran Depresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Fue as&iacute; de grave. El momento era perfecto para los pol&iacute;ticos lo bastante valientes como para anunciar algo obvio: que la crisis era el resultado de eliminar todos los obst&aacute;culos colocados al capitalismo financiero global con buenas razones en los a&ntilde;os 30.
    </p><p class="article-text">
        Pero los partidos socialdem&oacute;cratas fracasaron de forma vergonzante a la hora de plantear una respuesta progresista a la crisis que hubiera supuesto afrontar el desequilibrio entre capital y trabajo. Fueron t&iacute;midos cuando deb&iacute;an haber sido valientes y pagaron un duro precio por ello. Los partidos tradicionales aplicaron algunos parches en el sistema y prestaron escasa atenci&oacute;n a la furia de aquellos que se sent&iacute;an ignorados. El malestar se dispers&oacute; y termin&oacute; encontrando otras formas de manifestarse.
    </p><p class="article-text">
        En el invierno de 2008-2009, existi&oacute; una presunci&oacute;n inocente en la izquierda de que el <em>shock</em> de Lehman hab&iacute;a sido tan profundo que el cambio era inevitable. Si las crisis del petr&oacute;leo de los a&ntilde;os 70 hab&iacute;an sido el catalizador de la imposici&oacute;n de un programa derechista, la crisis de las hipotecas subprime har&iacute;a lo mismo por la izquierda. Pero no fue tan sencillo, porque los que hab&iacute;an prosperado en las d&eacute;cadas posteriores a la revoluci&oacute;n de Thatcher-Reagan utilizaron todo su poder, influencia y capacidad de enga&ntilde;o para resistirse al cambio. Se llevaron a cabo algunos repliegues t&aacute;cticos para asegurar la permanencia del <em>statu quo</em>. 
    </p><p class="article-text">
        El contraste entre Franklin Roosevelt en los a&ntilde;os 30 y Barack Obama es revelador. Ambos llegaron a la Casa Blanca en tiempos desesperados. Ambos contaban con un mandato para el cambio. Roosevelt pensaba que las reformas eran necesarias para salvar al capitalismo de s&iacute; mismo. Fue el marco intelectual que <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/jun/16/case-glass-steagall-act-ganesh-sitaraman" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">provoc&oacute; la Ley Glass-Steagall</a> para separar la banca de inversiones de la banca comercial, las inversiones en infraestructuras para dar empleo a los parados, y las leyes que facilitaban la implantaci&oacute;n de los sindicatos. 
    </p><p class="article-text">
        Obama, como muchos de los pol&iacute;ticos de centroizquierda de hace diez a&ntilde;os, era un tecn&oacute;crata que aceptaba el <em>statu quo</em> en sus principios generales y que nunca contempl&oacute; seriamente hacer frente al sistema financiero. Wall Street detestaba a Roosevelt. A Obama lo ve&iacute;a como alguien mucho m&aacute;s d&oacute;cil. 
    </p><p class="article-text">
        Obama merece algo de comprensi&oacute;n. Cada periodo radical necesita tener un <em>rey fil&oacute;sofo</em> que ayude a presentar un marco legal para la acci&oacute;n. Para la primera generaci&oacute;n de liberales de la econom&iacute;a de mercado, los gur&uacute;es eran Adam Smith y David Ricardo. Para Lenin, fue Karl Marx. En los a&ntilde;os 30, fue John Maynard Keynes. Y en los 70, lo fueron Milton Friedman y Friedrich Hayek. Hace diez a&ntilde;os, no hab&iacute;a nadie. 
    </p><p class="article-text">
        El proceso de desafiar el estado de las cosas careci&oacute; de un an&aacute;lisis completo sobre lo que hab&iacute;a causado la crisis. Hab&iacute;a un discurso ecologista, un discurso keynesiano y un discurso marxista, y todos ten&iacute;an sus m&eacute;ritos y sus partidarios. El problema es que los progresistas fueron cada uno por su lado. Eso abri&oacute; la puerta a un discurso que pocos pensaron que saldr&iacute;a victorioso en septiembre de 2008: el que dec&iacute;a que la crisis se origin&oacute; porque los gobiernos hab&iacute;an gastado demasiado. 
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas lecciones que aprender. Una es que los progresistas tienen que ganar la batalla de las ideas, y que eso significa recuperar el control de la ense&ntilde;anza de la econom&iacute;a. Se han dado algunos pasos sobre este asunto desde la crisis financiera, como la financiaci&oacute;n por George Soros del Institute for New Economic Thinking, un foro <a href="https://www.ineteconomics.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para el pensamiento heterodoxo</a>. Pero incluso aunque el colapso de 2008 fue el resultado del fracaso de unas ideas econ&oacute;micas, los responsables de esas teor&iacute;as in&uacute;tiles contin&uacute;an estando bien colocados en los campus universitarios. El progreso ha sido lento.
    </p><p class="article-text">
        Una segunda lecci&oacute;n es que un programa pol&iacute;tico progresista empieza desde arriba, con una cr&iacute;tica panor&aacute;mica general, y de ah&iacute; baja a las pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas. Eso fue lo que funcion&oacute; en los a&ntilde;os 40, cuando el consenso de posguerra se basaba en un simple concepto: nunca m&aacute;s. El control de la econom&iacute;a y la gesti&oacute;n de la demanda partieron de ah&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        La tercera lecci&oacute;n es que los progresistas deben tener claro qu&eacute; es lo que quieren. La izquierda permanece dividida entre los que piensan que la &uacute;nica opci&oacute;n es trabajar dentro del capitalismo global &ndash;como hicieron Bill Clinton y Tony Blair&ndash;, los que como Roosevelt pensaban que se necesita un enfoque m&aacute;s radical, y aquellos que creen que el capitalismo est&aacute; tan podrido que ya no puede salvarse. 
    </p><p class="article-text">
        La cuarta es que se necesita algo de humildad. No hay duda de que la naturaleza del debate ha cambiado desde la crisis, en parte a causa de la austeridad, en parte por la actitud indulgente ante los bancos. Pero hay cosas sobre la vida moderna que gustan a la gente: la facilidad para comunicarse y para viajar; el hecho de que por el mismo dinero de hace diez a&ntilde;os se puede conseguir un tel&eacute;fono m&oacute;vil m&aacute;s sofisticado o una mejor comida en el restaurante. Cuando la izquierda radical ha llegado al poder, no se ha cubierto siempre de gloria. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hubo un corto periodo de tiempo en que los grandes poderes estuvieron a la defensiva&rdquo;, dice David Hillman, director de <a href="https://www.stampoutpoverty.org/about-us/our-staff/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stamp out Poverty</a> y uno de los organizadores de las protestas en la City de Londres del pr&oacute;ximo mes. &ldquo;Las fuerzas progresistas no pudieron aprovecharlo. No ha cambiado nada sustancial y vamos como son&aacute;mbulos hacia otra crisis&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eso lo resume todo. En realidad, los progresistas no se merecen una segunda oportunidad, pero es posible que la tengan. La duda es si esta vez estar&aacute;n mejor preparados. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Larry Elliott]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/eeuu-europa-capitalismo_129_1963693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Aug 2018 18:18:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diez años después de la crisis financiera, la tímida izquierda tiene mucho que reprocharse]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Europa,Capitalismo,Crisis financiera,Bancos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rescate de Grecia llega a su fin: la historia de un fracaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/rescate-grecia-llega-historia-fracaso_129_1971771.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a6590fd-7572-4853-8225-71a121c402d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rescate de Grecia llega a su fin: la historia de un fracaso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La austeridad tendrá consecuencias de largo plazo en toda Europa</p></div><p class="article-text">
        Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s del lanzamiento del programa internacional de rescate, Grecia ser&aacute; considerada este lunes lo suficientemente fuerte como para valerse por s&iacute; misma: <a href="https://www.bbc.co.uk/news/business-45186511" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el apoyo financiero de emergencia para Atenas llega a su fin</a>. Aunque los griegos seguir&aacute;n al menos otros diez a&ntilde;os bajo duras normas presupuestarias, el lunes podr&aacute;n decirle adi&oacute;s a los empleados del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Uni&oacute;n Europea. La llamada Troika que, en los hechos, ha dirigido el pa&iacute;s desde 2010.
    </p><p class="article-text">
        Mucho cuidado con el bombo y platillo que se prepara para anunciar el caso de Grecia como un &eacute;xito, un tributo a la solidaridad y un enfoque de sentido com&uacute;n que devolvi&oacute; la estabilidad econ&oacute;mica a Grecia y evit&oacute; que fuera el primer pa&iacute;s en abandonar el euro. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. Grecia ha sido un fracaso estrepitoso. Una historia de incompetencia, dogmatismo y retrasos innecesarios en la que los intereses de los bancos se antepusieron a las necesidades de las personas. Las consecuencias se sentir&aacute;n a largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Grecia recibi&oacute; ayuda por primera vez en 2010, el plan era devolverle el acceso a los mercados en un plazo de dos a&ntilde;os. Hicieron falta seis a&ntilde;os y otros dos paquetes de rescate para que eso ocurriera.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la econom&iacute;a griega ha crecido &uacute;ltimamente, a&uacute;n le queda mucho por recuperar, tras una contracci&oacute;n de casi un tercio en el Producto Interior Bruto (PIB). La p&eacute;rdida de tanta producci&oacute;n podr&iacute;a haberse evitado pero Grecia, igual que el resto de Europa, estaba sometida a la idea de que lo prioritario, tras la crisis financiera m&aacute;s grave en cien a&ntilde;os, era que los Gobiernos equilibraran sus cuentas usando la deflaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los problemas de Grecia estallaron cuando Atenas anunci&oacute; que su d&eacute;ficit presupuestario se hab&iacute;a disparado hasta llegar al 13% del PIB en 2009, un porcentaje mucho mayor al estimado hasta entonces. Los mercados entraron en p&aacute;nico y Atenas se vio obligada a buscar ayuda internacional. <a href="https://www.theguardian.com/business/2010/may/18/greece-gets-first-bailout-cash" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El programa de rescate original otorg&oacute; 110.000 millones de euros en ayuda financiera</a> a cambio de que Grecia redujera el d&eacute;ficit hasta un 7,5% del PIB en 2010.
    </p><p class="article-text">
        Era un objetivo absolutamente imposible que se basaba en lo que llaman la Contracci&oacute;n Fiscal Expansiva (EFC, por sus siglas en ingl&eacute;s), una teor&iacute;a seg&uacute;n la cual el compromiso para reducir los d&eacute;ficits y la deuda p&uacute;blica hacen que aumente la confianza de los mercados financieros. De acuerdo con esa teor&iacute;a, gracias a esa confianza ganada los inversores exigir&iacute;an una prima de riesgo m&aacute;s baja por la deuda soberana, lo que a su vez reducir&iacute;a los tipos de inter&eacute;s a largo plazo. Y si los intereses a largo plazo bajan, se fomenta el crecimiento. En los a&ntilde;os posteriores a la crisis financiera, la idea de que se pod&iacute;a regresar a la prosperidad a base de recortes estaba de moda en Europa. Fue un completo fracaso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Los partidarios de la EFC cre&iacute;an que el Estado pod&iacute;a terminar desplazando al sector privado. Su idea era que los est&iacute;mulos al crecimiento y a la creaci&oacute;n de puestos de trabajo derivados de un mayor gasto p&uacute;blico &ndash;en reparaciones de puentes, por ejemplo&ndash; se ver&iacute;an neutralizados por el aumento en los tipos de inter&eacute;s necesarios para financiar el d&eacute;ficit resultante. Las empresas ver&iacute;an encarecida su financiaci&oacute;n por culpa del gasto p&uacute;blico y se reducir&iacute;a as&iacute; la inversi&oacute;n privada.
    </p><p class="article-text">
        Pero el llamado &lsquo;efecto desplazamiento&rsquo; no aplicaba en los a&ntilde;os posteriores al estallido de la crisis financiera porque los bancos no estaban cumpliendo con su funci&oacute;n, el cr&eacute;dito se hab&iacute;a cortado y no hab&iacute;a demanda que justificara inversiones privadas. En aquellas circunstancias, el Gobierno era el &uacute;nico con capacidad de actuar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso los recortes en la inversi&oacute;n p&uacute;blica tuvieron el efecto contrario al deseado. Los consumidores y las empresas ya estaban reduciendo sus gastos, y la EFC termin&oacute; de anular la demanda que quedaba en la econom&iacute;a. Recortar los salarios del sector p&uacute;blico y reducir las prestaciones sociales hizo que los consumidores gastaran menos y provocaron una ca&iacute;da a&uacute;n mayor en la inversi&oacute;n privada.
    </p><p class="article-text">
        En Grecia, el enfoque provoc&oacute; una espiral descendente: los ingresos fiscales se reduc&iacute;an al mismo ritmo que los puestos de trabajo. En lugar de bajar, la deuda p&uacute;blica sub&iacute;a, lo que a su vez exig&iacute;a nuevos recortes.
    </p><p class="article-text">
        Aunque de forma m&aacute;s suave, la din&aacute;mica se repiti&oacute; en otros lugares. En Irlanda, donde se insisti&oacute; en que fueran los contribuyentes (y no los due&ntilde;os de los bonos) los que pagaran por los pr&eacute;stamos irresponsables de los bancos, el Estado redujo las prestaciones por discapacidad. Tambi&eacute;n en Italia, donde entre 2010 y 2012 no hubo ning&uacute;n intento real por parte de Roma de usar la pol&iacute;tica fiscal para mitigar los efectos de la crisis financiera. Y por supuesto en Gran Breta&ntilde;a, donde el Gobierno de coalici&oacute;n ni siquiera ten&iacute;a el argumento de estar sujeto a la camisa de fuerza del euro para excusar la est&uacute;pida decisi&oacute;n de asfixiar la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica de 2009-10 con recortes excesivos del gasto y <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2010/jun/23/budget-2010-george-osborne-editorial" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aumentos de los impuestos</a>. El ministro de Finanzas George Osborne era un firme creyente de la EFC.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;alar al regreso del crecimiento como una prueba de que la austeridad funciona no es un argumento v&aacute;lido. Antes o despu&eacute;s, todas las econom&iacute;as se recuperan. &iquest;Pero se pod&iacute;a haber adoptado un enfoque menos perjudicial? La respuesta es s&iacute;. Con otras pol&iacute;ticas, la recuperaci&oacute;n de la profunda recesi&oacute;n de 2008-09 habr&iacute;a sido m&aacute;s r&aacute;pida y sostenible.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como han ocurrido las cosas, los da&ntilde;os son amplios y duraderos. En primer lugar, por el coste social tras una d&eacute;cada de austeridad fallida: las bibliotecas cerradas; los centros de salud inactivos o el aumento en el n&uacute;mero de bancos de alimentos.
    </p><p class="article-text">
        En segundo, por el coste de oportunidad de toda la infraestructura que se pod&iacute;a haber construido o reparado si los gobiernos hubieran aprovechado las tasas de inter&eacute;s, hist&oacute;ricamente bajas. Son las consecuencias de recortar gastos para ahorrar.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, la econom&iacute;a global est&aacute; lejos de haber sanado. De hecho, esta ha sido la recuperaci&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil desde la Segunda Guerra. A Estados Unidos le ha ido mejor que al resto de econom&iacute;as desarrolladas porque la EFC fue una influencia pero nunca se casaron con la idea.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, pero no por ello menos importante, el contrato social entre los l&iacute;deres y el pueblo est&aacute; al l&iacute;mite. Antes los votantes cre&iacute;an que si trabajaban duro, ganar&iacute;an un salario decente y el Estado se ocupar&iacute;a de ellos en los tiempos dif&iacute;ciles. Si esa creencia ya no se tiene en pie se debe, en gran parte, a lo que ha ocurrido en Grecia en los &uacute;ltimos ocho a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Francisco de Z&aacute;rate
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Larry Elliott]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/rescate-grecia-llega-historia-fracaso_129_1971771.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Aug 2018 18:25:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El rescate de Grecia llega a su fin: la historia de un fracaso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[The Guardian,Crisis económica,Europa,Grecia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Llegó la hora de resucitar la economía keynesiana?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/llego-hora-resucitar-economia-keynesiana_1_3686725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2d54ae5-2280-4c4a-b554-b62b111027e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Llegó la hora de resucitar la economía keynesiana?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">John Maynard Keynes escribió su</p><p class="subtitle">Teoría General</p><p class="subtitle">en 1936. Si lo hubieran congelado para despertarlo hoy, ¿qué diría sobre este convulso 2016?</p></div><p class="article-text">
        Imaginemos este escenario: a finales de 1936, poco despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de la <em>Teor&iacute;a General</em>, su cl&aacute;sico,&nbsp;<a href="https://www.theguardian.com/business/john-maynard-keynes" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Maynard Keynes</a> es congelado criog&eacute;nicamente para ser devuelto a la vida 80 a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El panorama en ese momento era desalentador. Empezaba la Guerra Civil en Espa&ntilde;a, las purgas de Stalin estaban a toda marcha y Hitler hab&iacute;a desobedecido el Tratado de Versalles remilitarizando la regi&oacute;n de Renania. La recuperaci&oacute;n de la Gran Depresi&oacute;n a&uacute;n era fr&aacute;gil, era el a&ntilde;o de la marcha de Jarrow en Reino Unido y Franklin D. Roosevelt ganaba por segunda vez las elecciones presidenciales en EEUU.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se despierta en 2016, Keynes quiere saber qu&eacute; ha ocurrido en las &uacute;ltimas ocho d&eacute;cadas. Le dicen que el desempleo masivo de los a&ntilde;os treinta se resolvi&oacute; por fin pero solo porque las grandes potencias redoblaron la producci&oacute;n militar mientras se lanzaban a la guerra por segunda vez en 25 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        La buena noticia, se entera Keynes, es que las lecciones de los a&ntilde;os treinta fueron aprendidas. Los gobiernos se comprometieron a mantener la demanda en un nivel alto para lograr el pleno empleo. Adem&aacute;s, reciclaron los impuestos acumulados durante los a&ntilde;os de crecimiento s&oacute;lido y los convirtieron en mayor inversi&oacute;n en infraestructuras p&uacute;blicas. Tambi&eacute;n tomaron medidas para asegurarse de que la brecha entre ricos y pobres fuera cada vez menor. 
    </p><p class="article-text">
        La mala noticia es que lo aprendido un d&iacute;a se olvid&oacute;. El per&iacute;odo entre la reelecci&oacute;n de Roosevelt y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se puede dividir en dos partes: los 40 a&ntilde;os hasta 1976 y los 40 siguientes. 
    </p><p class="article-text">
        Keynes descubre que los gobiernos se han apartado de sus ideas. En lugar de registrar super&aacute;vit presupuestarios cuando tienen viento a favor y d&eacute;ficits en las &eacute;pocas de vacas flacas, funcionan con d&eacute;ficit todo el tiempo. Los gobiernos no saben distinguir entre inversi&oacute;n y gastos corrientes. 
    </p><p class="article-text">
        En el Reino Unido, diciembre de 1976 marca un punto de inflexi&oacute;n. A principios de ese mes se produjo un momento cr&iacute;tico cuando el Consejo&nbsp;de Ministros, dividido y sumido en el caos, acord&oacute; adoptar la austeridad a cambio de devolver un pr&eacute;stamo del Fondo Monetario Internacional, necesario para apoyar a una libra en ca&iacute;da libre. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de eso, le dicen a Keynes, ha habido un cambio de paradigma. Los miembros del Partido Laborista hab&iacute;an sido monetaristas a su pesar; los fieles de Thatcher que llegaron despu&eacute;s eran fieles creyentes. Levantaron los controles al movimiento de capitales, abandonaron el pleno empleo como objetivo principal de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, redujeron el poder de los sindicatos, recortaron los impuestos para los que m&aacute;s ten&iacute;an, y permitieron que se profundizara la desigualdad y que las finanzas crecieran a medida que bajaba la producci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Ni una palabra m&aacute;s, dice Keynes, ya s&eacute; qu&eacute; pas&oacute; despu&eacute;s. La embestida contra las organizaciones de trabajadores y los recortes en el gasto p&uacute;blico achicaron la demanda efectiva, disimulada por la baja en las tasas de inter&eacute;s. El dinero barato caus&oacute; un peque&ntilde;o aumento de inversiones productivas aunque menor comparado con la especulaci&oacute;n en la bolsa de valores y el mercado de propiedades. Finalmente, la burbuja explot&oacute; y, igual que en 1929, se desencaden&oacute; una terrible crisis econ&oacute;mica. 
    </p><p class="article-text">
        Eso explica por qu&eacute; los titulares de los peri&oacute;dicos que Keynes lee en el a&ntilde;o 2016 se parecen tanto a los de 1936 con las altas tasas de desempleo y la falta de crecimiento que entonces y ahora generaron un enorme resentimiento. Eso explica tambi&eacute;n los resultados de los&nbsp;<a href="https://www.theguardian.com/politics/eu-referendum" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">referendos en el Reino Unido</a> y en Italia, los de las elecciones presidenciales en EEUU y el creciente apoyo a los partidos de la extrema derecha en Francia y Alemania. 
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, Keynes se sorprende al descubrir que la crisis no ocurri&oacute; ni en 2016 ni en 2015, sino ocho a&ntilde;os antes. &iquest;Qu&eacute; ha pasado durante todo ese tiempo?, se pregunta el economista brit&aacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Le explican que, en un primer momento, los bancos centrales rebajaron las tasas de inter&eacute;s a niveles nunca vistos. En el Reino Unido, los costes de endeudamiento se redujeron hasta 0,5%, un porcentaje a&uacute;n m&aacute;s bajo que el m&iacute;nimo de 2% con el que la libra sali&oacute; del patr&oacute;n oro en 1931. No fue todo. Los bancos centrales tambi&eacute;n compraron bonos del sector privado con el objetivo de aumentar el suministro de dinero y reducir as&iacute; el tipo de inter&eacute;s del mercado (tambi&eacute;n llamados tipo de inter&eacute;s a largo plazo). 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.theguardian.com/business/economics-blog/2016/feb/07/keynes-helped-us-through-the-crisis-but-hes-still-out-of-favour" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las dos iniciativas merecen la aprobaci&oacute;n de Keynes</a>. En su trabajo aconsejaba pol&iacute;ticas monetarias agresivas para que las tasas de inter&eacute;s m&aacute;s bajas estimulasen las inversiones del sector privado: en la mayor&iacute;a de los casos, es lo que saca a las econom&iacute;as de la recesi&oacute;n. 
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; han hecho los gobiernos?</h3><p class="article-text">
        Pero, dice Keynes, la pol&iacute;tica monetaria tal vez no sea suficiente si la ca&iacute;da es grave. Hay ocasiones en que no importa lo bajas que est&eacute;n las tasas de inter&eacute;s, las empresas privadas no invierten porque ven el futuro como demasiado incierto. La gente ahorra el dinero en lugar de gastarlo. Las pol&iacute;ticas monetarias se vuelven como el soma, la droga del libro <em>Un mundo feliz</em>, de Aldous Huxley: calma los &aacute;nimos y oculta el hecho de que algo raro est&aacute; sucediendo. 
    </p><p class="article-text">
        A Keynes le cuentan que se necesitaron dosis cada vez m&aacute;s grandes de soma para que la econom&iacute;a global siguiera funcionando, con bajas inversiones que derivaron en una pobre productividad y con tasas de crecimiento muy por debajo de las registradas en los a&ntilde;os previos a la crisis. Keynes hace la pregunta obvia: si las pol&iacute;ticas monetarias dejaron de ser efectivas, &iquest;qu&eacute; han hecho los gobiernos para ayudar?
    </p><p class="article-text">
        Es obvio poner el tema sobre el tapete. La <em>Teor&iacute;a General</em> de Keynes puntualiza que el deseo de invertir del sector privado se ve afectado por &ldquo;esp&iacute;ritus animales&rdquo;. Cuando est&aacute;n bajos, los gobiernos deber&iacute;an interceder con inversi&oacute;n p&uacute;blica, incluso a costa de crear un d&eacute;ficit presupuestario m&aacute;s elevado: gracias al mayor crecimiento que resultar&aacute; de esta medida, la inversi&oacute;n se pagar&aacute; a s&iacute; misma con creces. 
    </p><p class="article-text">
        Keynes se horroriza cuando le dicen que, salvo un breve est&iacute;mulo colectivo en el a&ntilde;o 2009, no se sigui&oacute; este enfoque. Los gobiernos empezaron a preocuparse enseguida por el tama&ntilde;o de los d&eacute;ficits &nbsp;y recortaron la inversi&oacute;n p&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        Pero un bajo crecimiento significa que la reducci&oacute;n del d&eacute;ficit llevar&aacute; m&aacute;s tiempo del esperado y las tasas de inter&eacute;s ultra bajas durante gran parte de la d&eacute;cada han vuelto a derivar en burbujas en el precio de los activos. Los niveles de endeudamiento del sector privado est&aacute;n subiendo. Para Keynes, todo es predecible de&nbsp;una forma deprimente. Hora de volver a 1936.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de que regrese a su tiempo, le piden a Keynes un consejo para los legisladores de 2016. El economista dibuja tres alternativas al estado actual de las cosas. Los planes de recortar los impuestos y gastar en infraestructura de Trump producir&aacute;n a&nbsp;corto plazo un gran crecimiento, pero Keynes no est&aacute; muy entusiasmado. Teme que la inversi&oacute;n en el tipo de infraestructura p&uacute;blica que EEUU necesita verdaderamente no sea mucha y que el est&iacute;mulo est&eacute; mal enfocado. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda opci&oacute;n ser&iacute;a abusar de las tasas de inter&eacute;s, en m&iacute;nimos, y lanzarse a pedir pr&eacute;stamos para proyectos de inversi&oacute;n a largo plazo. Seg&uacute;n Keynes, los gobiernos podr&iacute;an hacerlo sin alarmar a los mercados mientras sigan sus ense&ntilde;anzas y los pr&eacute;stamos sean solamente para invertir. 
    </p><p class="article-text">
        La tercera opci&oacute;n requiere m&aacute;s creatividad con la expansi&oacute;n cuantitativa (QE, por sus siglas en ingl&eacute;s), dice Keynes. En lugar de usar el dinero s&oacute;lo para el juego de la especulaci&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; los gobiernos no lo aprovechan para financiar la infraestructura? Construir viviendas con la QE tiene sentido; inflar el valor de las viviendas, no. 
    </p><p class="article-text">
        Hay otra salida, a&ntilde;ade Keynes, a la que nos est&aacute;bamos acercando poco a poco en 1936. Lleg&oacute; tres a&ntilde;os despu&eacute;s. No la recomiendo.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Francisco de Z&aacute;rate
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Larry Elliott]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/llego-hora-resucitar-economia-keynesiana_1_3686725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 18:02:12 +0000]]></pubDate>
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