<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Albert Naya]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/albert_naya/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Albert Naya]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/515701/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Bombardeados en Siria, abandonados por Turquía, gaseados en Grecia: Europa vuelve a fallar a los refugiados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-atrapados-frontera-turquia-grecia-enganados_1_1049047.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6053f064-4e83-4826-9c02-6548c7496646_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bombardeados en Siria, abandonados por Turquía, gaseados en Grecia: Europa vuelve a fallar a los refugiados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Erdogan abandona la vigilancia de las fronteras y los refugiados llegan en masa a la frontera terrestre entre Turquía y Grecia</p><p class="subtitle">Grecia suspende durante un mes el derecho a pedir asilo</p></div><p class="article-text">
        El viernes estall&oacute; la estampida de refugiados hacia Grecia, fruto del anuncio de Recep Tayyip Erdogan de no vigilar la frontera Occidental turca, y desde entonces las autoridades helenas han intentado contener las llegadas por la fuerza. Mientras el r&eacute;gimen sirio intensificaba sus ataques en Idlib contra posiciones turcas, Erdogan convocaba una reuni&oacute;n urgente que acabar&iacute;a en una apertura de la frontera Occidental y la consecuente ruptura del pacto con la Uni&oacute;n Europea firmado en 2016.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n griega a la crisis ha sido implacable, teniendo en cuenta las im&aacute;genes que empezaban a llegar a los despachos de Atenas. El mismo viernes por la ma&ntilde;ana, horas despu&eacute;s que 34 soldados turcos perdieran la vida en Idlib, decenas de autobuses sal&iacute;an del barrio de Fatih, en Estambul, hacia la frontera con Grecia. Lo hac&iacute;an llenos de refugiados que, a trav&eacute;s de las redes sociales, conoc&iacute;an la situaci&oacute;n: Turqu&iacute;a abrir&iacute;a las fronteras y podr&iacute;an pasar a territorio heleno.
    </p><p class="article-text">
        Al convoy de autobuses, gratuito para los refugiados, se sumaban taxis y veh&iacute;culos particulares que sub&iacute;an al norte del pa&iacute;s. Poco a poco, miles de refugiados se iban acumulando en la frontera. Al principio lo hac&iacute;an en el paso fronterizo de Pazarkule, a pocos kil&oacute;metros de la ciudad de Edirne. M&aacute;s tarde, el lado turco del r&iacute;o Evros se ir&iacute;a llenando hasta alcanzar los cerca de 13.000 refugiados que la Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones contabiliza.
    </p><p class="article-text">
        En Pazarkule, las hogueras son la &uacute;nica fuente de calor para contrarrestar las g&eacute;lidas temperaturas nocturnas. Si en la primera noche la mayor&iacute;a de los refugiados eran hombres j&oacute;venes, al d&iacute;a siguiente, por la ma&ntilde;ana, el espacio se llen&oacute; de familias y ni&ntilde;os. Todos quer&iacute;an pasar a Grecia, lo que alert&oacute; a las autoridades helenas cuando los miles de refugiados all&iacute; acumulados se decidieron a reclamar su entrada en Grecia. Como respuesta, recibieron gas pimienta y bombas de sonido.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los damnificados, Dahi, fue de los primeros en llegar. Sus ojos a&uacute;n lloraban: &ldquo;Hemos intentado cruzar por aqu&iacute;, pero nos han tirado gas y hemos retrocedido&rdquo;, aseguraba. La represi&oacute;n policial griega, a veces interrumpida por r&aacute;fagas al aire de fuego real por parte del cuerpo militar turco &ndash;presente en su respectivo lado del paso fronterizo&ndash; provoc&oacute; varios heridos de poca gravedad, pero auguraba lo que muchos empezaban a sospechar: &ldquo;Nos han tra&iacute;do aqu&iacute; y las puertas est&aacute;n cerradas, nos han enga&ntilde;ado&rdquo;, dec&iacute;a Abdulhamid, refugiado afgano, junto a toda su familia. Esas puertas, que siguen cerradas, provocan la rabia de los refugiados que duermen a la intemperie sin servicios, sin comida y sin agua. El s&aacute;bado por la noche, muchos empezaban a pensar que lo mejor era cruzar por el r&iacute;o Evros.
    </p><h3 class="article-text">Deportaciones en caliente y robos</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Nos lo han robado todo y nos han devuelto a Turqu&iacute;a&rdquo;, dec&iacute;a un refugiado afgano mientras caminaba, junto a otros dos compa&ntilde;eros, cerca del r&iacute;o Evros. Las deportaciones en caliente por parte de Grecia son m&uacute;ltiples estos d&iacute;as. &ldquo;Ayer pasamos a las nueve de la noche. Nos pidieron 100 liras [15 euros] a cada uno por subir a las barcas y cruzar, pero los griegos nos atraparon y nos lo quitaron todo&rdquo;, explica Masud, nacido en Siria. &Eacute;l es uno de los miles de refugiados que la semana anterior lo abandonaron todo y ahora ya no tiene nada que perder. &ldquo;Dijeron que la puerta [de Grecia] estaba abierta y dejamos el trabajo y la casa, pero la puerta sigue cerrada. Ahora mismo ya no tenemos nada &rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l, que ya no tiene nada en Turqu&iacute;a, no tiene nada que perder. Otros, en cambio, han querido iniciar el camino de vuelta a casa, pero han chocado con un problema inesperado. &ldquo;Volv&iacute;amos en un convoy de taxis, junto a 15 familias, pero la polic&iacute;a de tr&aacute;fico nos par&oacute; y nos devolvieron a la frontera&rdquo;, afirma Zekerya, de Iraq. Seg&uacute;n los testimonios de los refugiados, el modus operandi de la polic&iacute;a griega pasa por las deportaciones en caliente; el de Turqu&iacute;a, por su parte, hasta el domingo era mantener a los refugiados en los puntos fronterizos.
    </p><p class="article-text">
        Cerca del paso de Ipsala, una estaci&oacute;n de autobuses est&aacute; totalmente cerrada a los refugiados que quieren -o quer&iacute;an- sumarse al tren de Grecia. Pero en la estaci&oacute;n hay buses que salen hacia Estambul. De hecho, entrar en la estaci&oacute;n es f&aacute;cil, pero salir se presenta complicado: s&oacute;lo lo pueden hacer aquellos que se dirijan hacia Estambul o Ankara. Un joven afgano afirma que tambi&eacute;n salen otros buses, pero estos lo hacen hacia la frontera griega, ante la mirada y el control de la misma polic&iacute;a turca.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;No toleraremos ninguna entrada ilegal&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El primer ministro Kiryakos Mitsotakis fue claro desde el primer d&iacute;a en que la crisis empez&oacute;. &ldquo;No toleraremos entradas ilegales&rdquo;, dijo a trav&eacute;s de Twitter. Despu&eacute;s de ver que los disturbios en su frontera no mermaban durante el fin de semana, convoc&oacute; una reuni&oacute;n de seguridad urgente donde decidi&oacute; anular el proceso de peticiones de asilo. &ldquo;A partir de ahora, no vamos a aceptar ninguna solicitud durante un mes&rdquo;, dijo. La mano de hierro de la Administraci&oacute;n griega tambi&eacute;n pas&oacute; por se&ntilde;alar a Turqu&iacute;a. &ldquo;En lugar de reducir redes de contrabandistas, Turqu&iacute;a se ha convertido en un contrabandista&rdquo;, dijo el portavoz del Gobierno heleno, Stelios Petsas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No cerraremos estas puertas y esto continuar&aacute;. &iquest;Por qu&eacute;? Porqu&eacute; la Uni&oacute;n Europea debe mantener sus promesas. No debemos cuidar de estos refugiados, ni alimentarlos nosotros &rdquo;, dijo la semana pasada Erdogan. El presidente turco se queja de que los fondos para apoyar a los refugiados transferidos a Turqu&iacute;a desde Bruselas llegan demasiado lento y tambi&eacute;n ha pedido a la canciller alemana Angela Merkel que el dinero vaya directamente a las arcas del Gobierno turco.
    </p><p class="article-text">
        Mientras Erdogan lleva al plano diplom&aacute;tico esta batalla, lo que empez&oacute; con simples amenazas se ha convertido en la mayor crisis migratoria desde 2015.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-atrapados-frontera-turquia-grecia-enganados_1_1049047.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Mar 2020 06:56:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6053f064-4e83-4826-9c02-6548c7496646_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="69039" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6053f064-4e83-4826-9c02-6548c7496646_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="69039" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Bombardeados en Siria, abandonados por Turquía, gaseados en Grecia: Europa vuelve a fallar a los refugiados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6053f064-4e83-4826-9c02-6548c7496646_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Grecia,Refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grecia vuelve a ser el primer punto de entrada irregular a la Unión Europea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/grecia-llegadas-irregulares-union-europea_1_1579464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d7c5ffd-9994-417e-a478-a512098f58e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Grecia vuelve a ser el primer punto de entrada irregular a la Unión Europea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los primeros meses de 2019, la ruta que atraviesa España ha dejado de ser la más transitada, aunque se encuentran en niveles similares</p><p class="subtitle">Según apunta ACNUR, un total de 9,981 personas llegaron a tierras helenas en lo que va de año</p><p class="subtitle">"Nos preocupan las condiciones de los centros de detención, donde muchos refugiados no reciben el asesoramiento legal necesario para pedir el asilo", dicen desde HRW</p></div><p class="article-text">
        Grecia vuelve a ser en 2019 el primer pa&iacute;s de recepci&oacute;n para los refugiados e inmigrantes que intentan alcanzar Europa. Seg&uacute;n apunta ACNUR, un total de 9,981 personas llegaron a tierras helenas en lo que va de a&ntilde;o.&nbsp;Por&nbsp;la ruta que atraviesa&nbsp;Espa&ntilde;a, la m&aacute;s transitada hasta en 2018, han pasado 7.986 personas en&nbsp;el mismo periodo de tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de llegadas a Grecia se producen por mar: un total de 6,313 migrantes llegaron en precarias embarcaciones, mientras que 3,668 lo hicieron por la v&iacute;a terrestre. El paso del Evros, r&iacute;o que separa Turqu&iacute;a y Grecia, es la ruta m&aacute;s utilizada para los que no quieren embarcarse en el Egeo. Seg&uacute;n han afirmado en diversas ocasiones las principales organizaciones humanitarias, la zona del Evros est&aacute; cada vez m&aacute;s concurrida: en 2017 cruzaron 6,592 personas, mientras que en 2018 se triplic&oacute; y alcanz&oacute; la cifra de 18,014.
    </p><p class="article-text">
        En estos casos, los migrantes que consiguen alcanzar Grecia, lo hacen directamente al continente, esquivando as&iacute; los efectos del acuerdo UE-Turqu&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eva Coss&eacute;, especialista en Grecia de Human Rights Watch,&nbsp;explica&nbsp;que las m&aacute;ximas preocupaciones en esa zona son las deportaciones en caliente. &ldquo;La polic&iacute;a griega les expulsa de forma violenta&rdquo;, afirma&nbsp;a eldiario.es. Tambi&eacute;n destaca que las condiciones en los campos de registro no son adecuadas y fija su atenci&oacute;n en las mujeres. &ldquo;Nos preocupan las condiciones de los centros de detenci&oacute;n, donde muchos refugiados no reciben el asesoramiento legal necesario para pedir el asilo y hay una gran falta de informaci&oacute;n. Tambi&eacute;n vimos que algunas mujeres embarazadas no recib&iacute;an la atenci&oacute;n m&eacute;dica necesaria al llegar o las separaban de sus maridos durante d&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En las islas, la situaci&oacute;n tampoco mejora. En<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Lesbos-Grecia-refugiados-atiborrado-Samos_0_870713591.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Samos</a>, la saturaci&oacute;n ha deteriorado de manera dr&aacute;stica las condiciones del principal campo, Vathy, donde malviven 3.200 personas en un espacio de 648. Anna Pantelia, trabajadora de M&eacute;dicos Sin Fronteras, destaca que recientemente pudieron abandonar el campo alrededor de mil personas, pero &ldquo;la situaci&oacute;n es la misma, nada ha cambiado&rdquo;, reitera.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp;Moria, principal campo de refugiados de la isla de Lesbos, las condiciones son similares: 5.000 personas para un campo con capacidad para poco m&aacute;s de 3,000. Leonidas Alexakis, doctor para M&eacute;dicos Sin Fronteras, describe desde el terreno para eldiario.es los n&uacute;meros que ya se conocen, pero subraya que &ldquo;poco a poco ir&aacute;n aumentando m&aacute;s debido a las condiciones meteorol&oacute;gicas&rdquo;.&nbsp; Cuanto m&aacute;s c&aacute;lidos son los meses, mayor suele ser el n&uacute;mero de embarcaciones que llegan a las costas.
    </p><p class="article-text">
        A las&nbsp;preocupaciones se suman, a&ntilde;ade Alexakis, todo tipo de enfermedades que &ldquo;nunca ver&iacute;amos si estuvi&eacute;semos en sitios limpios o en casas, aqu&iacute; hay muchos problemas de higiene&rdquo;, denuncia.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima situaci&oacute;n&nbsp;denunciada por MSF en Lesbos es el caso de un refugiado con visibles problemas de salud mental. &ldquo;Lo deportaron a Turqu&iacute;a el pasado 18 de abril&rdquo;, afirma la trabajadora de MSF, Anna Pantelia. &ldquo;Como organizaci&oacute;n m&eacute;dica no podemos opinar sobre un procedimiento legal, pero podemos afirmar que esta persona no tiene la salud para ser detenida ni deportada&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n concluye&nbsp;MSF en un comunicado, &ldquo;este tipo de situaciones ilustra perfectamente las brechas en el procedimiento de asilo para reconocer vulnerabilidades&rdquo;. Los colectivos vulnerables suelen tener altas probabilidades, no solamente de resolver el proceso de asilo con mayor rapidez, sino tambi&eacute;n de abandonar las islas e ir a un lugar mejor en tierra firme. Su caso, aunque es extremo, no es aislado. Alexakis denuncia que &ldquo;algunos pacientes no pueden hacerse pruebas m&eacute;dicas de importante calibre que demostrar&iacute;an que se encuentran en situaci&oacute;n de vulnerabilidad&rdquo;. Pero Lesbos no goza de estas instalaciones y muchos deben seguir en precarias condiciones en los campos.
    </p><h3 class="article-text">El a&ntilde;o de la crisis de acogida</h3><p class="article-text">
        En 2015 el pa&iacute;s heleno fue puerto de llegada de m&aacute;s de un mill&oacute;n de refugiados, un escenario que desbord&oacute; al pa&iacute;s. &nbsp;&ldquo;Las llegadas eran masivas, los habitantes de la isla se tiraban al mar para salvarlos&rdquo;, afirmaba para eldiario.es&nbsp;Theodoros Alexellis, coordinador de ACNUR en la isla de Lesbos. Pero el objetivo de la mayor&iacute;a de los migrantes no era permanecer en Grecia, sino&nbsp;dirigirse hacia los Balcanes para continuar la ruta&nbsp;a pa&iacute;ses del centro de Europa.
    </p><p class="article-text">
        Los interminables corrillos humanos huyendo de la conflicto y persecuci&oacute;n sufrida&nbsp;en Irak, Siria o Afganist&aacute;n ya eran una realidad dentro de suelo europeo. De tal forma, las fronteras de pa&iacute;ses como Bulgaria o Macedonia se reforzaron y la situaci&oacute;n, si ya era dif&iacute;cil para Grecia, empeor&oacute; hasta dejarla aislada: los migrantes llegaban y no pod&iacute;an salir.
    </p><p class="article-text">
        Fue entonces cuando Bruselas&nbsp;ratific&oacute; el pacto UE-Turqu&iacute;a, con el objetivo de frenar las llegadas a las islas griegas. El acuerdo supon&iacute;a que aquellos refugiados que llegaran a las islas no podr&iacute;an continuar su camino. Por lo tanto, quedar&iacute;an varados en un campo de refugiados hasta que las autoridades griegas decidiesen darles luz verde para viajar a tierra continental.
    </p><p class="article-text">
        Muchos lo siguen sufriendo hoy en d&iacute;a en campos como Moria o Vathy, donde las condiciones insalubres y la sobresaturaci&oacute;n ha sido constante desde que Jean-Claude Juncker y Ahmet Davuto&#287;lu, representando a la UE y Turqu&iacute;a, respectivamente, se estrecharon la mano para firmar el documento. M&aacute;s tarde, se congratularon: las llegadas al conjunto insular decrecieron y Turqu&iacute;a absorbi&oacute; casi la totalidad de refugiados que utilizaban esa ruta. Grecia dej&oacute; de ser el pa&iacute;s de la Uni&oacute;n Europea&nbsp;por la que m&aacute;s migrantes entraban de forma irregular a la Uni&oacute;n Europea.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La Italia con y sin Salvini</h3><p class="article-text">
        Cerrado el paso por Grecia, Italia&nbsp;era el principal punto de entrada a Europa durante&nbsp;2016 y 2017. Lampedusa o Sicilia, entre otros, eran el nuevo foco. M&aacute;s de siete mil personas murieron en dos a&ntilde;os. Durante ese tiempo, alcanzaron el 181,436 y 119,369 inmigrantes y refugiados (respectivamente).
    </p><p class="article-text">
        Durante este tiempo, aunque a&nbsp;gran distancia de las cifras registradas en Italia, el flujo migratorio por la ruta que atraviesa Espa&ntilde;a presentaba aumentos significativos a&ntilde;o tras a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Eva Coss&eacute;, de HRW, no quiere especular sobre los motivos que provocan un aumento o descenso en el n&uacute;mero de llegadas. &ldquo;Cada zona es diferente y recibe personas de distintas procedencias dependiendo de lo que ocurra en sus pa&iacute;ses de origen&rdquo;, destaca.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de que Matteo Salvini adquiriese la cartera como ministro del Interior&nbsp;la situaci&oacute;n dio un giro: puertos cerrados y negativas al&nbsp;auxilio de aquellos que llegaban. Meses despu&eacute;s, lleg&oacute; la nueva ley de seguridad promulgada por el ultraderechista, por la que muchos inmigrantes, pese a contar con un permiso de residencia, no pod&iacute;an vivir en sus centros de acogida y muchos se quedaron en la calle. En 2018, a&ntilde;o en que tom&oacute; posesi&oacute;n, la bajada en las llegadas se confirm&oacute;: 23,370.
    </p><h3 class="article-text">Espa&ntilde;a pacta con Marruecos</h3><p class="article-text">
        Con Italia y Grecia blindadas gracias a los acuerdos europeos, Espa&ntilde;a pas&oacute; a encabezar el n&uacute;mero de entradas clandestinas en 2018: M&aacute;s de 65,000 personas llegaron de forma irregular, una cifra inferior a las registradas en Italia y Grecia en a&ntilde;os anteriores.&nbsp;Poco despu&eacute;s, las autoridades europeas pactaron con Marruecos un control m&aacute;s exhaustivo de las fronteras a cambio de 140 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Durante el verano, el Gobierno reactiv&oacute; un acuerdo con Marruecos que permanec&iacute;a pr&aacute;cticamente guardado en un caj&oacute;n desde 1992, por el que permit&iacute;a&nbsp;expulsar a quienes salten las vallas de Ceuta y Melilla en 24 horas: las llamadas &ldquo;devoluciones expr&eacute;s&rdquo;. S&aacute;nchez mantuvo la pr&aacute;ctica de las devoluciones en caliente de migrantes (inmediatas, realizadas a&nbsp;pie&nbsp;de valla y sin procedimiento previo) en sus fronteras terrestres a pesar de haberse comprometido a su derogaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, los operativos policiales en Marruecos se fortalecieron tras la promesa de la Uni&oacute;n Europea de aprobar m&aacute;s fondos para el Reino alau&iacute;. A su vez, el Gobierno espa&ntilde;ol est&aacute; apoyando al pa&iacute;s vecino en la creaci&oacute;n de un &ldquo;servicio de rescate&rdquo; basado en el salvamento mar&iacute;timo espa&ntilde;ol, para lo que <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Salvamento-Maritimo-embarcaciones-Marruecos-naufragos_0_885061648.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Ejecutivo de S&aacute;nchez&nbsp;ha ofrecido barcos y programas formaci&oacute;n</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un informe reciente realizado por el CSIC y ACNUR revela que&nbsp;<a href="https://www.refworld.org/docid/5c667adc7.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 58% de los migrantes llegados a Espa&ntilde;a</a> a trav&eacute;s de Marruecos o Argelia aseguran haber sufrido abusos y m&aacute;s de la mitad denuncian que los perpetradores fueron la polic&iacute;a y las fuerzas de seguridad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2019, y hasta el d&iacute;a de hoy, a Espa&ntilde;a&nbsp;ha llegado un total de 7.986 migrantes por la v&iacute;a irregular, seg&uacute;n los datos de ACNUR. Mientras, Grecia ha recibido&nbsp;9.981 personas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/grecia-llegadas-irregulares-union-europea_1_1579464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Apr 2019 19:44:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4d7c5ffd-9994-417e-a478-a512098f58e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="104904" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4d7c5ffd-9994-417e-a478-a512098f58e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="104904" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Grecia vuelve a ser el primer punto de entrada irregular a la Unión Europea]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4d7c5ffd-9994-417e-a478-a512098f58e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Grecia,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los refugiados que inician el camino de vuelta a Siria desde Turquía: "No sabemos si mi casa seguirá en pie"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-vuelven-siria-dios-proveera_1_1655345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbb9a566-1991-407f-8b24-d5f139a46866_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los refugiados que inician el camino de vuelta a Siria desde Turquía: &quot;No sabemos si mi casa seguirá en pie&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen ocho años del comienzo de la guerra en Siria, adonde la ONU estima que este año pueden regresar 250.000 personas que huyeron a Turquía y ahora se enfrentan un futuro incierto</p><p class="subtitle">Los territorios de Afrin, Jarabulus y Azaz, donde se dirigen los convoyes turcos, siguen sufriendo ataques</p><p class="subtitle">El Gobierno de Ankara incentiva su regreso, mientras la crisis económica que sufre el país eurasiático y el rechazo que enfrentan los refugiados va en aumento</p></div><p class="article-text">
        A pocos kil&oacute;metros del centro de Estambul, el barrio de Esenyurt despierta mientras la niebla matutina alza el vuelo. En una peque&ntilde;a zona ajardinada situada a poca distancia del ayuntamiento municipal, una docena de sacos blancos y varias maletas se amontonan. Dos autobuses y una camioneta que saldr&aacute;n en direcci&oacute;n a la frontera con Siria aguardan.
    </p><p class="article-text">
        Para algunos refugiados es un gran d&iacute;a, vuelven a casa. Para otros, en cambio, se abre otra traves&iacute;a por el desierto que no finalizar&aacute; hasta volver a crear un hogar donde vivir. Al subir al autob&uacute;s dejar&aacute;n atr&aacute;s la etiqueta de 'refugiados' que les ha perseguido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os para pasar a ser, otra vez, ciudadanos de pleno derecho. Son algunas de las 315.000 personas que, seg&uacute;n los datos m&aacute;s recientes del Gobierno turco, han regresado a Siria. 
    </p><p class="article-text">
        Turqu&iacute;a ha acogido desde que empez&oacute; la guerra en Siria hace 8 a&ntilde;os <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Anclados-Turquia-refugiados-llegaron-UE_0_720928703.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a 3,6 millones de personas procedentes de este pa&iacute;s, seg&uacute;n cifras gubernamentales.</a> Todas ellas huyeron de sus casas en busca de una vida y un lugar donde empezar de nuevo, pero ahora muchas han decidido regresar a su tierra.
    </p><h3 class="article-text">Un destino dif&iacute;cil</h3><p class="article-text">
        Turqu&iacute;a inici&oacute; a finales de 2016 su primera incursi&oacute;n militar individual al norte de Siria para &ldquo;librar la zona de terroristas&rdquo;, seg&uacute;n afirm&oacute; Ankara. De la bautizada Operaci&oacute;n Escudo Protector del &Eacute;ufrates se pas&oacute; a la pol&eacute;mica Operaci&oacute;n Rama de Olivo, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Afrin_0_805619777.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">efectuada en las tierras kurdas de Afrin</a> y con la ayuda de las fuerzas del Ej&eacute;rcito Libre Sirio [ELS].
    </p><p class="article-text">
        Los ataques se saldaron con la muerte de 200 civiles, seg&uacute;n el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, y 137.000 desplazados, de acuerdo con la ONU. Aunque la zona haya sido estabilizada a la fuerza, las denuncias por parte de organizaciones como Human Rights Watch alertan sobre el intercambio poblacional que existe: de la mayor&iacute;a kurda se ha pasado a una mayor&iacute;a &aacute;rabe. Este enero, los ataques con coche bomba en las poblaciones de la devastada regi&oacute;n de Afrin fueron continuos.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al noreste del pa&iacute;s, Estados Unidos, en combate contra el ISIS, ha anunciado que da por cumplida su misi&oacute;n y retirar&aacute; sus tropas en un plazo que no se han aventurado a desvelar y que ya empieza a crear divisi&oacute;n en el seno de la Casa Blanca, puesto que el grupo terrorista est&aacute; acabado territorialmente, pero sus ataques contin&uacute;an.
    </p><p class="article-text">
        En el caso en que los estadounidenses abandonen Siria, sus aliados, las Fuerzas Democr&aacute;ticas Sirias [FDS], se topar&aacute;n de bruces contra un Ej&eacute;rcito turco dispuesto a seguir con su incursi&oacute;n en el norte del desmembrado pa&iacute;s. Ankara les acusa de tener a terroristas entre sus filas, concretamente a los kurdos de las Unidades de Protecci&oacute;n del Pueblo (YPG), acusados de ser el brazo sirio del tambi&eacute;n catalogado terrorista PKK.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo anunci&oacute; el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en diciembre: entrar&iacute;an en Manbij, zona protegida por las YPG. La medida no es del agrado de Donald Trump: &ldquo;Si atac&aacute;is a nuestros aliados kurdos destrozar&eacute; la econom&iacute;a turca&rdquo;, afirm&oacute; el mandatario norteamericano en enero. Con Turqu&iacute;a vislumbrando el desfile de sus militares, otra vez, hacia tierras sirias, los combates parecen eternizarse.
    </p><p class="article-text">
        De esta forma, la zona &ldquo;protegida&rdquo; por Turqu&iacute;a puede aumentar y los autobuses cargados de sirios provenientes del pa&iacute;s eurasi&aacute;tico est&aacute;n enfilando una regi&oacute;n que sigue en pie de guerra, mientras los convoyes de refugiados sirios se dirigen hacia el enclave kurdo de Afrin, controlado por el ELS.
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;mero de regresos a esta destartalada &aacute;rea se cuenta por centenares de mil. Seg&uacute;n el Ministerio del Interior turco hasta 291.790 refugiados regresaron en 2018, mientras que la ONU prev&eacute; que en 2019 lo hagan cerca de 250.000. No todos finalizar&aacute;n su camino en el norte de Siria, algunos seguir&aacute;n hasta Damasco sorteando todos los peligros que conlleva la situaci&oacute;n de conflicto. Entre los obst&aacute;culos que enfrentan, seg&uacute;n Naciones Unidas, est&aacute; los problemas con la documentaci&oacute;n, sus propiedades confiscadas, el reclutamiento forzado y la presencia de minas y dispositivos sin explotar en &aacute;reas civiles.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Dios proveer&aacute;&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En Turqu&iacute;a, la crisis econ&oacute;mica ha encarecido el nivel de vida y muchos refugiados del pa&iacute;s vecino no pueden permitirse el lujo de seguir viviendo aqu&iacute;. La presi&oacute;n y el aumento del racismo por parte de la propia poblaci&oacute;n turca tampoco es un mito: el barrio de Esenyurt vivi&oacute; a principios de febrero una pelea entre turcos y sirios que acab&oacute; con varios heridos.
    </p><p class="article-text">
        Partidos como el nacionalista IYI Parti han contribuido a crear el caldo de cultivo. Su l&iacute;der, Meral Aksener, ya lo dijo en su fallida campa&ntilde;a por la presidencia: &ldquo;Devolver&eacute; a los cuatro millones de sirios a su pa&iacute;s&rdquo;. El presidente Erdogan ha pasado de la acogida en sus inicios a fomentar su vuelta. Lo hace con las incursiones militares en el norte sirio y con los m&uacute;ltiples autobuses que, como el de Esenyurt, se dirigen a la frontera cargados de sirios hacia un futuro incierto. Sus integrantes niegan cualquier pago por parte del Gobierno turco, pero no esconden las facilidades que les dan por subir en uno de esos convoyes.
    </p><p class="article-text">
        Bedrik es natural de Manbij, localidad donde los atentados contin&uacute;an ocurriendo con frecuencia. El 16 de enero murieron cuatro efectivos del Ej&eacute;rcito estadounidense, mientras que 15 civiles perecieron en el ataque reivindicado por ISIS. Manbij, moment&aacute;neamente controlado por las YPG, es tierra de nadie y los que vuelven lo saben perfectamente.
    </p><p class="article-text">
        Ali es otro de los refugiados que integran un convoy cuyos viajeros son, mayoritariamente, hombres. Tambi&eacute;n retorna, pero lo har&aacute; a Alepo. &ldquo;Mi plan es ir all&iacute; y encontrar trabajo&rdquo;, afirma. Su idea representa toda una haza&ntilde;a: de las l&iacute;neas del ELS pasar&aacute; a las de las YPG, y de all&iacute; deber&aacute; entrar en la zona controlada por el Gobierno de Bashar al Assad. Pero Ali, que en Turqu&iacute;a se dedicaba a la venta ambulante de rosarios, confiesa que no quer&iacute;a seguir viviendo en una casa junto a otras 12 personas.
    </p><p class="article-text">
        Yaman cuenta una historia similar. Tambi&eacute;n viajar&aacute; a Alepo. Subraya que quiz&aacute; encuentre su casa hecha cenizas: &ldquo;No sabemos si seguir&aacute; en pie&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Turqu&iacute;a no conduce a los refugiados m&aacute;s all&aacute; de su &ldquo;zona protegida&rdquo;. De hecho, no lo hace m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras. El alcalde de Esenyurt, Ali Murat, lo reafirma: &ldquo;Llevamos a los refugiados hasta la frontera y de all&iacute; nos coordinamos con la Media Luna Roja, que los llevar&aacute; hasta Afrin, Jarabulus o Azaz&rdquo;. Una vez all&iacute;, cada uno inicia su camino bajo su responsabilidad. &ldquo;Nuestra intenci&oacute;n para finales de 2019 es llegar a los 20.000 retornos voluntarios&rdquo;, destaca.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Cu&aacute;ntos refugiados viven en esta regi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Cerca de 65.000 &mdash;responde el edil. Sus pretensiones pasan por fomentar la vuelta de casi el 30% de los sirios que habitan en Esenyurt antes de que finalice el presente a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        En plena lucha dentro de la azotada Siria, la poblaci&oacute;n civil sigue llev&aacute;ndose la peor parte. En diciembre, la oficina humanitaria de la ONU recalcaba que a pesar de que la intensidad de la violencia ha disminuido, los civiles segu&iacute;an muriendo por ataques a&eacute;reos y terrestres. &ldquo;Si las cosas no est&aacute;n tranquilas, iremos a Jarabulus&rdquo;, destaca el joven Bedrik. Dicha localidad est&aacute; bajo control turco, pero sigue siendo blanco de ataques de milicias kurdas.
    </p><p class="article-text">
        Bedrik solamente se aferra a la idea de volver a pisar su pa&iacute;s, a pesar de la incertidumbre y de los riesgos. Repite lo &uacute;nico que ronda su cabeza cuando sube al autob&uacute;s del silencio: &ldquo;Dios proveer&aacute;, Dios proveer&aacute;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-vuelven-siria-dios-proveera_1_1655345.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Mar 2019 20:57:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dbb9a566-1991-407f-8b24-d5f139a46866_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="8931753" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dbb9a566-1991-407f-8b24-d5f139a46866_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="8931753" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los refugiados que inician el camino de vuelta a Siria desde Turquía: "No sabemos si mi casa seguirá en pie"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dbb9a566-1991-407f-8b24-d5f139a46866_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Siria,Guerra de Siria,Turquía,Refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Madres del Sábado: la lucha contra el olvido de las familias de los desaparecidos en Turquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/madres-sabado-lucha-silencio-turquia_1_1730451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/382be875-4d41-426d-b630-4fbc9110b72e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las Madres del Sábado: la lucha contra el olvido de las familias de los desaparecidos en Turquía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde hace dos décadas, el colectivo de familiares de víctimas de desapariciones forzadas, en su mayoría kurdas, protesta cada semana en Estambul para exigir justicia</p><p class="subtitle">Una de ellas es Zübeyde, que perdió a su hijo en los años noventa: "Apareció en una fosa común, junto a otros 20 desaparecidos"</p><p class="subtitle">La policía desalojó en 2018 de la plaza Galatasaray al colectivo, que ahora se concentra en una calle menos concurrida y siempre con presencia de antidisturbios</p></div><p class="article-text">
        Han pasado 25 a&ntilde;os, pero Z&uuml;beyde se sigue haciendo las mismas preguntas que el primer d&iacute;a: &ldquo;Si cometi&oacute; un crimen, &iquest;por qu&eacute; no le arrestaron? &iquest;Era culpable de algo?&iquest;Por qu&eacute; le mataron?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su hijo Ferhat desapareci&oacute; una calurosa ma&ntilde;ana de julio de 1993 delante de su casa, en Bitlis, una regi&oacute;n kurda del sudeste de Anatolia que&nbsp;encarnaba muchas de las desavenencias pol&iacute;ticas y sociales de la d&eacute;cada de los 80. Desde hace dos d&eacute;cadas, cada semana ha acudido&nbsp;a la plaza Galatasaray de Estambul para exigir justicia&nbsp;junto a&nbsp;decenas de familiares de desaparecidos tras el golpe militar de 1980.
    </p><p class="article-text">
        Z&uuml;beyde describe que por aquellos d&iacute;as el clima era hostil, dominado por los tent&aacute;culos del Estado profundo y las fuerzas paramilitares turcas, por una fachada democr&aacute;tica que escond&iacute;a cr&iacute;menes que nunca se han resuelto y desapariciones. Ferhat Tepe es uno de sus tristes protagonistas: fue asesinado cuando ten&iacute;a 19 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se lo llevaron en un Renault blanco&rdquo;, afirma su madre a eldiario.es. El tipo de coche se convirti&oacute; en un tenebroso s&iacute;mbolo: muchos desaparecidos vieron su &uacute;ltimo amanecer despu&eacute;s de montar en ellos, que eran ampliamente utilizados por los servicios secretos turcos. Ahmet Davuto&#287;lu, primer ministro entre los a&ntilde;os 2014 y 2016, hizo referencia al veh&iacute;culo mientras ostentaba el cargo: &ldquo;Si el AKP (Partido Justicia y Desarrollo) es expulsado de esta zona, volver&aacute;n los Beyaz Toro&rdquo;, dijo en referencia a la vuelta de la denominada &ldquo;guerra sucia&rdquo; en caso de que&nbsp;la formaci&oacute;n&nbsp;del actual&nbsp;presidente Recep Tayyip Erdogan no gobernase.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los padres de&nbsp;Ferhat denunciaron su desaparici&oacute;n, recibieron una llamada donde ped&iacute;an una considerable cantidad de dinero y el cierre inmediato del Partido de la Democracia del Pueblo (HADEP) en la zona si quer&iacute;an salvarle la vida. Su progenitor, &#304;shak Tepe, era el presidente provincial de la formaci&oacute;n pol&iacute;tica pro-kurda, actualmente denominada Partido Democr&aacute;tico de los Pueblos (HDP) y votada en las &uacute;ltimas elecciones turcas por el 11% de la poblaci&oacute;n mientras su candidato presidencial, Selahattin Demirta&#351;, permanece en la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pudimos reunir algo de dinero, pero la petici&oacute;n de cerrar el partido no depend&iacute;a de nosotros&rdquo;, lamenta Z&uuml;beyde, ataviada con una camiseta descolorida con la foto estampada del joven, de rostro juvenil e imberbe. Dejaron el caso en manos de la Polic&iacute;a, pero al ver que su denuncia no daba resultado decidieron iniciar una huelga de hambre que dur&oacute; 12 d&iacute;as. A ello se sumaron misivas enviadas a la primera ministra del momento, Tansu &Ccedil;iller, o al jefe militar de Bitlis, a quien acusan de ordenar la desaparici&oacute;n de Ferhat: &ldquo;&Eacute;l sab&iacute;a quien ten&iacute;a a mi hijo y era responsable de ello&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al d&eacute;cimo tercer d&iacute;a de huelga, recibieron la llamada de las autoridades confirmando que el joven estaba muerto. &ldquo;Ya lo hab&iacute;an enterrado, el juez nos ense&ntilde;&oacute; una foto para reconocerlo&rdquo;. Ferhat compart&iacute;a fosa com&uacute;n junto a otros 20 cuerpos que en su d&iacute;a tambi&eacute;n desaparecieron. Su entierro reuni&oacute; a miles de personas, pero no estuvo exento del intento reiterado, por parte del Estado, de sabotear el evento.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Si buscas, t&uacute; mismo puedes ser el siguiente&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El crimen de Ferhat, a ojos de su madre, fue escribir en la publicaci&oacute;n pro-kurda <em>&Ouml;zg&uuml;r G&uuml;ndem</em>, famosa por sus reportajes de denuncia de la llamada &ldquo;guerra sucia&rdquo; y acusada de propagar el mensaje del Partido de los Trabajadores de Kurdist&aacute;n (PKK). Otros periodistas de este medio, adem&aacute;s de pensadores y empresarios, tambi&eacute;n fueron asesinados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s de la muerte de Ferhat, la polic&iacute;a arrest&oacute; a mi marido&rdquo;,&nbsp;narra Z&uuml;beyde. Cuenta que el primo de Ferhat, Sadettin Tepe, tambi&eacute;n sigui&oacute; sus mismos pasos por sus art&iacute;culos inc&oacute;modos en el mismo diario: &ldquo;Lo torturaron y mataron un a&ntilde;o despu&eacute;s&rdquo;. Contaba solamente con 28 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        28 tambi&eacute;n fueron los periodistas de <em>&Ouml;zg&uuml;r G&uuml;ndem</em>&nbsp;'silenciados' entre los a&ntilde;os 1993 y 1995. Todos acabaron hacinados en una fosa. El abogado del joven Ferhat, &#350;evket Ep&ouml;zdemir, tampoco se salv&oacute; del castigo. &ldquo;Le arrestaron y amenazaron con matarlo si segu&iacute;a investigando el caso, sin embargo, no se detuvo&rdquo;, explica la madre. El cuerpo sin vida de Ep&ouml;zdemir&nbsp;acab&oacute; apareciendo a escasos kil&oacute;metros de sus gafas, que yac&iacute;an sin due&ntilde;o cerca de una base militar de la zona.
    </p><p class="article-text">
        Sin defensor legal y perseguidos decidieron publicar un libro sobre la corta vida de Ferhat que fue censurado y prohibido por el Gobierno. Finalmente, sola y rodeada, la familia Tepe huy&oacute; de su amada Bitlis. &ldquo;Fue una migraci&oacute;n forzada, nos obligaron a marcharnos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero Z&uuml;beyde es solamente una persona m&aacute;s en el&nbsp;gran &eacute;xodo de ciudadanos que se vieron obligados a escapar hacia las grandes ciudades. Cerca de un mill&oacute;n huyeron fruto de los combates y la pol&iacute;tica de tierra quemada. Estambul fue, en adelante, su hogar, y el colectivo de las Madres del S&aacute;bado se convirti&oacute; en su esperanza para dar visibilidad a los cr&iacute;menes que se hab&iacute;an producido y continuaban produci&eacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Hasan Karako&ccedil; fue uno de sus impulsores. Tambi&eacute;n perdi&oacute; a su hermano Ridvan en 1995 y decidi&oacute; que investigar era perder el tiempo, o peor aun, la vida. &ldquo;Si buscas en las regiones kurdas, t&uacute; mismo puedes ser el siguiente&rdquo;, afirma. Las Madres del S&aacute;bado empezaron a ser una realidad inc&oacute;moda para los Gobiernos que han ido sucedi&eacute;ndose y Hasan se autoconvence de que, con las protestas, empezaron a descender el n&uacute;mero de asesinatos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo encontramos en un bosque 14 d&iacute;as despu&eacute;s de desaparecer, fue torturado hasta la muerte&rdquo;, recuerda sobre el asesinato de su hermano.
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s de dos d&eacute;cadas en Galatasaray</h3><p class="article-text">
        Hasta el d&iacute;a 25 de agosto el bullicio de la plaza de Galatasaray, en la concurrida calle Istiklal de Estambul, cesaba los s&aacute;bados por la ma&ntilde;ana y daba pie a un silencio sepulcral. Aunque sus protestas, inspiradas en las Madres de la Plaza de Mayo que tambi&eacute;n buscan a sus hijos en Argentina, empezaron cuando se fund&oacute; el colectivo en 1995, tuvieron que interrumpir sus encuentros cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde por las detenciones que sol&iacute;an producirse.
    </p><p class="article-text">
        En 2009, a&ntilde;o en que salt&oacute; a la luz medi&aacute;tica el caso Ergenekon, donde se juzgaron a varios personajes que formaban parte del llamado &ldquo;Estado profundo&rdquo;, volvieron a la plaza para dar visibilidad a su causa. El a&ntilde;o pasado, el mismo d&iacute;a que cumpl&iacute;an 700 encuentros, medio centenar de familiares de desaparecidos volvieron a ser detenidos y nunca m&aacute;s pudieron volver a alzar la voz donde sol&iacute;an hacerlo.&nbsp;La protesta, parad&oacute;jicamente, tuvo lugar pocos d&iacute;as antes del D&iacute;a Mundial de los Desaparecidos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/65ef0f6e-3f3e-4625-8299-443f89188d50_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/65ef0f6e-3f3e-4625-8299-443f89188d50_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/65ef0f6e-3f3e-4625-8299-443f89188d50_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/65ef0f6e-3f3e-4625-8299-443f89188d50_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/65ef0f6e-3f3e-4625-8299-443f89188d50_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/65ef0f6e-3f3e-4625-8299-443f89188d50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/65ef0f6e-3f3e-4625-8299-443f89188d50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Debido a la persistente acci&oacute;n policial,&nbsp;los familiares deben protestar ahora en una calle estrecha y poco concurrida. El n&uacute;mero de manifestantes siempre es significativamente menor al de polic&iacute;as antidisturbios. Pero los desaparecidos siguen ganando la batalla de las cifras: m&aacute;s de 700 personas con nombre y apellido, seg&uacute;n el mismo colectivo, se evaporaron en una guerra que se sald&oacute; con miles de aldeas quemadas y m&aacute;s de 20.000 personas torturadas, seg&uacute;n estimaciones de diferentes organizaciones civiles.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la organizaci&oacute;n&nbsp;insiste en que se desconoce la cifra real de muertos, la mayor&iacute;a de los que desaparecieron ya han pasado al olvido. En 2011, siendo ya primer ministro, el presidente Erdo&#287;an se reuni&oacute; con algunos familiares de desaparecidos. Prometi&oacute; que su Ejecutivo investigar&iacute;a esta mancha en la convulsa historia de Turqu&iacute;a, que abrir&iacute;a la caja de los truenos, que se encarar&iacute;a con la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Pero no cumpli&oacute;. Y hoy, Ayse, hermana del desaparecido Ferhat, abraza a su madre sin la esperanza de consolarla. Porque Z&uuml;beyde solo&nbsp;busca respuestas que nadie dar&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/madres-sabado-lucha-silencio-turquia_1_1730451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jan 2019 20:40:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/382be875-4d41-426d-b630-4fbc9110b72e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7103062" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/382be875-4d41-426d-b630-4fbc9110b72e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7103062" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las Madres del Sábado: la lucha contra el olvido de las familias de los desaparecidos en Turquía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/382be875-4d41-426d-b630-4fbc9110b72e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Desaparecidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La inauguración en Estambul del "mejor aeropuerto del mundo" esconde un número desconocido de muertes durante la construcción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/inauguracion-aeropuerto-eclipsa-incierto-turquia_1_1819255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9bcecb2-f1db-40b4-8b6a-613051126704_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La inauguración en Estambul del &quot;mejor aeropuerto del mundo&quot; esconde un número desconocido de muertes durante la construcción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sindicatos y opositores denuncian la opacidad que existe en torno a las muertes de trabajadores en las obras del nuevo aeropuerto de Estambul</p><p class="subtitle">"Tenemos contabilizadas hasta 117 muertes, pero creemos que pueden llegar a 400", dice un representante sindical, mientras el Gobierno reconoce la muerte de una treintena de empleados</p><p class="subtitle">31 obreros continúan encarcelados tras una protesta en la que exigían mejoras en sus condiciones de vida y en seguridad laboral</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestro reto es el m&aacute;s grande y el mejor&rdquo;. Con estas palabras, Recep Tayyip Erdogan inauguraba&nbsp;el pasado octubre el que deber&iacute;a ser el aeropuerto m&aacute;s grande y avanzado del planeta. La construcci&oacute;n, de proporciones fara&oacute;nicas, incluir&aacute; 22.000 c&aacute;maras de seguridad, tendr&aacute; el mayor <em>Duty Free</em>&nbsp;[tienda libre de impuestos] del mundo, transportar&aacute; el equipaje de forma individualizada y tendr&aacute; capacidad para m&aacute;s de 160 millones de pasajeros anuales para el a&ntilde;o 2025.
    </p><p class="article-text">
        Turqu&iacute;a se postular&aacute; as&iacute; como una de las capitales mundiales del transporte y har&aacute; frente a gigantes del sector como Hong Kong o Qatar. Seg&uacute;n el director de la constructora del nuevo aeropuerto, Kadri Samsunlu, el coste total ha sido, hasta el momento, de 7.500 millones de euros. Se calcula que tendr&aacute; un coste final de 10.500 millones. Para el Gobierno turco y los promotores de la construcci&oacute;n, el importe se contar&aacute; en ceros. Para muchos de los trabajadores que han participado en ella se contabilizar&aacute; en vidas humanas que, denuncian, se perdieron por el camino.
    </p><p class="article-text">
        Nihat Demir habla con eldiario.es en nombre de &Ouml;zg&uuml;r Karabulut, presidente de la Uni&oacute;n de Trabajadores de la Construcci&oacute;n, uno de los sindicatos que alz&oacute; su voz&nbsp;el pasado septiembre en contra de las condiciones en las que trabajaban los obreros del aeropuerto, lo que se sald&oacute; con 400 detenciones.
    </p><p class="article-text">
        Karabulut es uno de los 31 que siguen encarcelados. Ante su ausencia, Nihat Demir, secretario de la organizaci&oacute;n, ejerce ahora de altavoz y denuncia una situaci&oacute;n que se agrava. &ldquo;Estamos cada vez peor, nos tratan como si estuvi&eacute;semos en la &eacute;poca de los faraones&rdquo;, asegura Demir,&nbsp;en referencia a&nbsp;la construcci&oacute;n de las pir&aacute;mides egipcias.
    </p><p class="article-text">
        El sindicalista denuncia condiciones insalubres y un n&uacute;mero &ldquo;considerable&rdquo; de trabajadores fallecidos en accidentes durante las obras. &ldquo;A uno de los trabajadores lo encontramos tres d&iacute;as despu&eacute;s de que muriese. El Gobierno no dio parte del fallecimiento a la familia hasta semanas m&aacute;s tarde y quisieron encubrirlo&rdquo;, asegura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1634ae11-1ec3-4208-b29a-172ceb7a89cd_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1634ae11-1ec3-4208-b29a-172ceb7a89cd_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1634ae11-1ec3-4208-b29a-172ceb7a89cd_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1634ae11-1ec3-4208-b29a-172ceb7a89cd_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1634ae11-1ec3-4208-b29a-172ceb7a89cd_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1634ae11-1ec3-4208-b29a-172ceb7a89cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1634ae11-1ec3-4208-b29a-172ceb7a89cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El hecho no es anecd&oacute;tico, pero la cifra exacta sobre estos casos se desconoce. Mientras la empresa constructora del aeropuerto, IGA, y el Gobierno turco reconocen la muerte de una treintena de trabajadores, los n&uacute;meros que dan los propios obreros son muy superiores. &ldquo;Tenemos contabilizados hasta 117, pero creemos que pueden llegar a 400&rdquo;, sostiene el representante sindical. La cifra, publicada por&nbsp;<a href="http://www.cumhuriyet.com.tr/haber/turkiye/929457/3._havalimani_iscisi__Olumler_nedeniyle_psikolojim_bozuldu__isten_ayrilacagim.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el diario Cumhuriyet</a> a principios de 2018, rebasa todos los c&aacute;lculos.
    </p><p class="article-text">
        Samsunlu&nbsp;niega estos datos. Lamenta los fallecimientos confirmados por las autoridades, pero le resta responsabilidad a su empresa: &ldquo;A los trabajadores se les est&aacute; formando continuamente y deben ir con m&aacute;s cuidado&rdquo;. Por su parte, el Gobierno tambi&eacute;n rechaza&nbsp;la cifra aportada por un diario, <em>Cumhuriyet,&nbsp;</em>que est&aacute; en el punto de mira de Erdogan y que acumula decenas de periodistas investigados o encarcelados.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Tienen miedo de que los trabajadores hagan fotos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n denuncia el mismo secretario del sindicato, los empleados no pueden llevar tel&eacute;fonos mientras trabajan y son vigilados por guardias de seguridad en todo momento. &ldquo;Tienen miedo de que hagan fotos&rdquo;, asegura Demir. Un obrero del aeropuerto corrobora la versi&oacute;n del sindicalista: &ldquo;La mayor parte del tiempo no puedo contactar con mi familia, a ellos les afecta profundamente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los familiares de los trabajadores se llevan una de las peores partes de la construcci&oacute;n del mayor aeropuerto del mundo. En el mismo informe publicado por <em>Cumhuriyet</em>, tambi&eacute;n se denuncia el pago de hasta 400.000 liras turcas [alrededor de 65.000 euros] a los familiares de los fallecidos. Seg&uacute;n&nbsp;informa el peri&oacute;dico, este importe busca comprar el silencio en torno a los sucesos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/63bbd876-a951-4bf8-90aa-a7d9fb7a9d9e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/63bbd876-a951-4bf8-90aa-a7d9fb7a9d9e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/63bbd876-a951-4bf8-90aa-a7d9fb7a9d9e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/63bbd876-a951-4bf8-90aa-a7d9fb7a9d9e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/63bbd876-a951-4bf8-90aa-a7d9fb7a9d9e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/63bbd876-a951-4bf8-90aa-a7d9fb7a9d9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/63bbd876-a951-4bf8-90aa-a7d9fb7a9d9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Sindicatos y opositores denuncian la &ldquo;opacidad&rdquo; que existe en torno a estas muertes. Pocos d&iacute;as antes de la inauguraci&oacute;n, se cancel&oacute; un tour programado por las instalaciones para los&nbsp;profesionales&nbsp;de la prensa &ldquo;por cuestiones de seguridad&rdquo;.&nbsp;Algunos parlamentarios que han solicitado acceder a las obras, no han podido entrar.&nbsp;El mismo trabajador, que habla&nbsp;bajo condici&oacute;n de anonimato, tambi&eacute;n critica&nbsp;las prisas por acabar la obra y asegura&nbsp;que ciertos materiales deben reposar durante d&iacute;as antes de seguir con la estructura, algo que, seg&uacute;n denuncia, no se respeta. &ldquo;Ser&aacute; un problema para los pasajeros, este aeropuerto no se est&aacute; construyendo bien&rdquo;,&nbsp;defiende.
    </p><p class="article-text">
        El pasado mes de septiembre los trabajadores dijeron basta. Desde 2015, a&ntilde;o en que se inici&oacute; la construcci&oacute;n, aseguran que han experimentado condiciones infrahumanas en los barracones donde se alojan y han visto morir a muchos de sus compa&ntilde;eros. Sus demandas pasaban por obtener mejoras en la comida que se les distribuye, en el &aacute;rea donde viven o en la seguridad laboral. La protesta finaliz&oacute; con 400 detenidos. &ldquo;Estoy abierto a las demandas, pero deben ser pac&iacute;ficas&rdquo;, asegura el director ejecutivo de IGA.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://media.hrw.org/preview/2211/turkey-workers-behind-bars-as-airport-opens/eng?fbclid=IwAR3LwExniSFYYZyt3grA60j3E7sRbv1joI-P1RBeZP_f3mjOjXmbwnk50GA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Human Rights Watch</a>&nbsp;ha&nbsp;exigido la liberaci&oacute;n de los 31 obreros que aun siguen bajo custodia policial. &ldquo;Los&nbsp;empleados encarcelados deben ser liberados y los que fueron despedidos por protestar deben ser readmitidos en sus puestos de trabajo&rdquo;, pidi&oacute; la directora de HRW en Turqu&iacute;a Emma Sinclair-Webb.&nbsp;&ldquo;Es imperativo que las autoridades mejoren las condiciones de trabajo e investiguen las muertes y lesiones en lugar de utilizar a la Polic&iacute;a y los tribunales para reprimir las demandas de los trabajadores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 29 de octubre, ante una gran expectaci&oacute;n, Erdogan mostr&oacute; su nueva obra al mundo. Quer&iacute;a demostrar que Turqu&iacute;a est&aacute; preparada para competir con cualquier pa&iacute;s. Mientras, los ciudadanos, denuncian,&nbsp;pagan el coste.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/inauguracion-aeropuerto-eclipsa-incierto-turquia_1_1819255.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Nov 2018 20:32:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a9bcecb2-f1db-40b4-8b6a-613051126704_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="64024" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a9bcecb2-f1db-40b4-8b6a-613051126704_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="64024" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La inauguración en Estambul del "mejor aeropuerto del mundo" esconde un número desconocido de muertes durante la construcción]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a9bcecb2-f1db-40b4-8b6a-613051126704_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Aeropuertos,Estambul,Turquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Afrin: los restos del éxodo kurdo siete meses después de la ofensiva turca en Siria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/afrin_1_1972920.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b7e967b-a12b-40a8-a9aa-6d33a2143350_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Afrin: los restos del éxodo kurdo siete meses después de la ofensiva turca en Siria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los combates por el control del enclave kurdo han dejado 137.000 desplazados, que se han visto forzados a seguir viviendo lejos de la violencia y las vejaciones</p><p class="subtitle">AI acusa a Turquía de "mirar a otro lado" mientras grupos sirios cometen graves abusos y HRW acusa al Ejército Libre Sirio de saquear y destruir casas</p><p class="subtitle">La población de Afrin, antes de mayoría kurda, ha cambiado: las fuerzas que controlan la zona promueven la llegada de árabes suníes de otras partes de siria</p></div><p class="article-text">
        Las calles del centro lucen llenas, pero el panorama cambia en los suburbios o en los pueblos de alrededor. Muchas tiendas, casas y negocios permanecen bajo llave debido al vac&iacute;o de poblaci&oacute;n que dej&oacute; la batalla por el control de la ciudad. Hace siete meses, Afrin vivi&oacute; sus peores d&iacute;as cuando Erdogan y su aliado, el grupo opositor Ej&eacute;rcito Libre Sirio, lanzaron una ofensiva contra este enclave kurdo al norte del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 20 de enero, milicias anti-Assad y Turqu&iacute;a se adentraron desde el pa&iacute;s anatolio hacia tierras sirias con el objetivo de &ldquo;expulsar de la zona&rdquo; a las YPG (Unidades de Protecci&oacute;n Popular), grupo al que acusan de ser el brazo sirio del PKK, la guerrilla kurda.
    </p><p class="article-text">
        La misi&oacute;n, adem&aacute;s, ten&iacute;a como objetivo, dec&iacute;an, &ldquo;proteger las fronteras&rdquo;, que hasta el momento estaban parcialmente controladas por el grupo armado. Los combates se saldaron con la muerte de m&aacute;s de 200 civiles, seg&uacute;n el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, y 137.000 desplazados, seg&uacute;n Naciones Unidas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los peligros se han esfumado y continuaremos aqu&iacute; hasta que acabemos nuestro trabajo&rdquo;. Con estas palabras, el ministro de defensa turco, Nurettin Canikli, dejaba clara la presencia de Turqu&iacute;a en la zona, mientras el presidente Recep Tayyip Erdogan anunciaba el 18 de marzo que las fronteras &ldquo;estaban protegidas&rdquo;. Los que hab&iacute;an tenido que huir de sus casas ya pod&iacute;an volver. Pero un gran n&uacute;mero de ellos ha decidido que no vale la pena.
    </p><p class="article-text">
        Siete meses despu&eacute;s de la ofensiva, Amnist&iacute;a Internacional <a href="https://www.amnesty.org/es/latest/news/2018/08/syria-turkey-must-stop-serious-violations-by-allied-groups-and-its-own-forces-in-afrin/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha acusado a las fuerzas turcas de &ldquo;mirar hacia otro lado&rdquo;</a> mientras grupos armados sirios cometen &ldquo;graves abusos&rdquo; contra la poblaci&oacute;n civil, entre las que se incluyen detenciones arbitrarias y  desapariciones forzadas. 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, Human Rights Watch describe un &ldquo;ciclo de abusos&rdquo; por parte del ELS contra el extenso colectivo de kurdos que habitaba la zona, entre ellos <a href="https://www.hrw.org/news/2018/06/14/syria-turkey-backed-groups-seizing-property" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la &ldquo;confiscaci&oacute;n, la destrucci&oacute;n y el saqueo&rdquo; de casas y establecimientos, algo prohibido por el derecho internacional humanitario.</a> &ldquo;Destruir o mudarse a la propiedad de personas que han tenido que huir de los combates no es lo que deber&iacute;an hacer los combatientes del ELS cuando lleguen a una zona&rdquo;, ha afirmado Priyanka Motaparthy, directora interina de emergencias de HRW. 
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n, muchos de los antiguos habitantes han decidido buscar otro lugar para vivir, lejos de la violencia y vejaciones hacia su grupo. Muchos no quieren volver a su hogar o, directamente, han tenido que buscarse otra vivienda. Turqu&iacute;a niega las acusaciones. &ldquo;Todos los habitantes que vuelven lo hacen a sus casas, los que llegan nuevos van a un campo de refugiados&rdquo;, explica un portavoz del Gobierno turco en Afrin.
    </p><p class="article-text">
        Pero el relevo poblacional es un hecho. La mayor&iacute;a kurda siente miedo al pensar en volver a su hogar en medio de la destrucci&oacute;n de todo s&iacute;mbolo kurdo. Nada m&aacute;s conquistar el centro de la ciudad de Afrin, el ELS destruy&oacute; la estatua de Kawa, s&iacute;mbolo de la resistencia kurda, pero nadie dijo nada. Muchos ya hab&iacute;an huido. 
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo las calles de Afrin se llenar&aacute;n otra vez, pero la mayor&iacute;a de los nuevos habitantes ser&aacute;n de otras partes de Siria o refugiados que han decidido abandonar Turqu&iacute;a. Los &aacute;rabes sun&iacute;es se sienten seguros en la zona y las fuerzas que controlan el enclave promueven su llegada. Y ante el evidente relevo poblacional y la presencia del gigante turco, imperan los cambios: la antigua plaza Seray de Afrin recibe desde principios de agosto el nombre de Recep Tayyip Erdogan.
    </p><p class="article-text">
        La presencia de mujeres en la calle tampoco es abundante y los transe&uacute;ntes que se dejan ver no se oponen a las directrices de los milicianos del ELS y Turqu&iacute;a. Entre la multitud, dos chicas cruzan la calle de forma acelerada: &ldquo;No queremos hablar, tenemos miedo&rdquo;, dice una de ellas. &ldquo;Ellos son nuestro problema&rdquo;, sostiene su compa&ntilde;era mientras se&ntilde;ala a un soldado del ELS.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/378321e2-1f29-48cd-a2a4-2fcc03137dcb_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/378321e2-1f29-48cd-a2a4-2fcc03137dcb_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/378321e2-1f29-48cd-a2a4-2fcc03137dcb_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/378321e2-1f29-48cd-a2a4-2fcc03137dcb_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/378321e2-1f29-48cd-a2a4-2fcc03137dcb_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/378321e2-1f29-48cd-a2a4-2fcc03137dcb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/378321e2-1f29-48cd-a2a4-2fcc03137dcb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Las j&oacute;venes se pierden en el nido de calles que conforma el centro urbano. Los relatos entre gran parte de la poblaci&oacute;n coinciden. Algunos viv&iacute;an en Afrin antes de que las YPG controlaran la zona y despu&eacute;s tuvieron que huir: &ldquo;Escap&eacute; del PKK y fui a Idlib. Despu&eacute;s de la guerra volv&iacute; a Afrin&rdquo;, destaca Muhammad Khaled. Este ciudadano defiende que &ldquo;Turqu&iacute;a no ha invadido nada&rdquo;, ante las cr&iacute;ticas que ha recibido el pa&iacute;s eurasi&aacute;tico por parte de la comunidad internacional. &ldquo;Las YPG nos obligaban a luchar con ellos, nos robaban y arrestaban a gente&rdquo;, denuncia otro habitante mientras camina por la calle.
    </p><p class="article-text">
        Afrin, habitada antes por una mayor&iacute;a kurda, ahora es una zona que acoge a refugiados de todas partes. Uno de ellos cuenta que tuvo que huir de Irak cuando el ej&eacute;rcito estadounidense lleg&oacute; su pueblo. Huy&oacute; a Siria, pero la guerra le volvi&oacute; a alcanzar. Ahora vive en Idlib y se traslada cada d&iacute;a a Afrin para abrir su negocio. Aunque haya sido objeto de batallas, la zona tiende a la estabilidad, a la paz tensa controlada por milicianos del ELS y supervisada por Turqu&iacute;a. Sin embargo, los ataques de las YPG contra el poder establecido se siguen produciendo y los abusos de grupos leales al Ej&eacute;rcito Libre Sirio contra la poblaci&oacute;n kurda, tambi&eacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Bajo el control de la Polic&iacute;a local </h3><p class="article-text">
        Turqu&iacute;a defiende que Afrin posee un gobierno local votado en abril por el pueblo y que tambi&eacute;n est&aacute; formado por kurdos. Despu&eacute;s de haber expulsado a las YPG, el pa&iacute;s anatolio ha comenzado una transici&oacute;n para dejarla en manos de la Polic&iacute;a local. &ldquo;Ya hay dos mil polic&iacute;as operando y estamos entrenando a otros dos mil&rdquo;, destaca un portavoz del Gobierno turco. Algunos miembros de esta misma Polic&iacute;a formaron parte de las filas del ELS, el mismo ej&eacute;rcito acusado de perpetrar abusos contra los kurdos. Ellos ser&aacute;n los encargados de brindar seguridad a los habitantes de Afrin.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/71663a7c-f479-4a81-981b-fd3f1dc64fe9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/71663a7c-f479-4a81-981b-fd3f1dc64fe9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/71663a7c-f479-4a81-981b-fd3f1dc64fe9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/71663a7c-f479-4a81-981b-fd3f1dc64fe9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/71663a7c-f479-4a81-981b-fd3f1dc64fe9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/71663a7c-f479-4a81-981b-fd3f1dc64fe9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/71663a7c-f479-4a81-981b-fd3f1dc64fe9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Turqu&iacute;a paga bien y da servicios&rdquo;, dice un agente. Tambi&eacute;n admite haber luchado en el ELS durante toda la guerra para poder mantener a sus nueve hijos. La misma milicia, que surgi&oacute; en 2011 para derrocar a Al-Assad,<a href="http://world.time.com/2012/12/11/why-the-u-s-has-designated-one-anti-assad-group-as-terrorist/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> ha sido acusada por Washington de luchar junto a grupos extremistas</a> como Jabhat Fateh al-Sham, antiguo Frente Al-Nusra y conocido por ser el brazo de Al-Qaeda en Siria.
    </p><p class="article-text">
        En lo alto de un edificio gubernamental, el viento sacude las banderas de Turqu&iacute;a y del ELS. La turca aparece izada por encima. Mientras, millones de personas siguen desplazadas dentro de Siria y m&aacute;s de 5,6 millones de personas han huido del pa&iacute;s de Oriente Medio, seg&uacute;n la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/afrin_1_1972920.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Aug 2018 18:02:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2b7e967b-a12b-40a8-a9aa-6d33a2143350_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="15800275" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2b7e967b-a12b-40a8-a9aa-6d33a2143350_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="15800275" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Afrin: los restos del éxodo kurdo siete meses después de la ofensiva turca en Siria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2b7e967b-a12b-40a8-a9aa-6d33a2143350_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Siria,Guerra de Siria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la acogida al racismo: la otra cara de Lesbos, tierra histórica de refugiados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/lesbos-historica-refugiados-expandiendo-discurso_1_2012019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99ee9a5c-af16-4f2a-8eed-869fdddc4277_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la acogida al racismo: la otra cara de Lesbos, tierra histórica de refugiados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la isla griega, donde conviven refugiados del pasado y del presente, hay quienes temen que el racismo aumente entre población local desde el ataque ultra del pasado abril a un grupo de solicitantes de asilo</p><p class="subtitle">Otros aseguran que se trata de un "incidente aislado" y recuerdan la solidaridad de los habitantes de la isla: "La gente se lanzaba al mar para salvar a los refugiados"</p></div><p class="article-text">
        A escasos metros de la orilla, la estatua Madre de Asia Menor recuerda a sus habitantes el pasado de la isla griega de Lesbos. El monumento, escrupulosamente tallado, da forma a una madre y a sus tres hijos observando, situados frente al antiguo puerto, la isla que se alza a sus pies.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que ese trozo de tierra se ve inmersa en la llegada de migrantes. En 1922, Mustafa Kemal Atat&uuml;rk destruy&oacute; Esmirna y otros centros urbanos con poblaci&oacute;n griega: miles tuvieron que huir hacia las islas que ten&iacute;an enfrente. Finalmente, un total de un mill&oacute;n y medio de personas se refugiaron en Grecia, un intercambio con la poblaci&oacute;n turca que increment&oacute; en un 25% los habitantes de aquel momento. Lesbos no fue menos y se calcula que, actualmente, un 60% de sus ciudadanos tiene antepasados que, en su d&iacute;a, fueron refugiados.
    </p><p class="article-text">
        Emmanuel Chatzichalkias es uno de ellos. Su tarea como abogado es imprescindible para que muchos de los que han llegado recientemente logren obtener el asilo. &ldquo;Los primeros a&ntilde;os no hab&iacute;a problemas porque una gran mayor&iacute;a de la gente de aqu&iacute; son descendientes de refugiados, por eso se comportaron bien. Ahora, la gente parece ser xen&oacute;foba y racista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Emmanuel se refiere<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Varias-decenas-refugiados-Lesbos-atacados_0_763973647.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> al ataque del mes de abril en que una simple reivindicaci&oacute;n, la de un grupo de personas que ped&iacute;a que se agilizaran sus tr&aacute;mites de asilo, degener&oacute; en una batalla salvaje</a> contra los refugiados que se encontraban acampando en una c&eacute;ntrica plaza de Mitilene en protesta por las condiciones en las que viven. Decenas de migrantes resultaron heridos por un grupo de ultras. No era la primera vez que se produc&iacute;an ataques ultras en la isla.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Quemadlos, no me importa&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Quemadlos, no me importa&rdquo;, berreaba uno de ellos, un recuerdo que Lena Altinoglou, habitante del pueblo, tiene grabado a fuego. Es profesora y cuenta que un chico al que anteriormente hab&iacute;a defendido cuando sus compa&ntilde;eros se met&iacute;an con &eacute;l se mostraba especialmente participativo en el ataque contra los refugiados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Eacute;l era uno de los que lanzaban objetos&rdquo;, relata. Pero no era solamente un atacante, sino dos centenares. &ldquo;A uno de los que protagonizaban los ataques le hab&iacute;a comprado unas gafas en su tienda. Las hubiese roto en ese mismo momento&rdquo;, recalca. Mitilene cabe en la palma de cualquier mano. La isla, m&aacute;s dividida que nunca, vivi&oacute; uno de los peores episodios desde que empez&oacute; la llamada 'crisis de refugiados' en 2015. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En los siguientes d&iacute;as tuvimos miedo&rdquo;, dice Altinoglou. El ataque, seg&uacute;n destaca, no fue improvisada. &ldquo;Lo que ocurri&oacute; no es el reflejo de la gente de aqu&iacute;, fue orquestado. Est&aacute;n expandiendo el miedo y es muy f&aacute;cil que el discurso xen&oacute;fobo cale en la poblaci&oacute;n&rdquo;. Chatzichalkias est&aacute; de acuerdo con la teor&iacute;a: &ldquo;Es un juego pol&iacute;tico. El a&ntilde;o que viene tenemos elecciones y aqu&iacute; escogemos a tres parlamentarios. Amanecer Dorado est&aacute; intentado arrebatar a uno de los diputados, por esto se ha incrementado el racismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el m&aacute;ximo responsable de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) en Lesbos, Theodoros Alexellis, tambi&eacute;n reflexiona sobre el sentimiento de la poblaci&oacute;n. &Eacute;l mismo es aut&oacute;ctono. &ldquo;Hay frustraci&oacute;n en la isla, todos quieren lo mismo: los refugiados se quieren ir de Lesbos y los griegos quieren 'normalidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s heleno vivi&oacute; sus &uacute;ltimos d&iacute;as de tranquilidad cuando estall&oacute; la crisis econ&oacute;mica en 2009. &ldquo;La poblaci&oacute;n local se resinti&oacute; mucho&rdquo;, asegura. Pocos a&ntilde;os antes, entre 15 y 20 refugiados provenientes de la guerra de Irak llegaban diariamente a las islas. Una cifra &iacute;nfima si se compara con la existente a d&iacute;a de hoy.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los d&iacute;as de crisis econ&oacute;mica se consum&iacute;an y se divisaba cierta recuperaci&oacute;n en el horizonte, la llegada de refugiados empez&oacute; a incrementar. Las grandes llegadas de 2015 y principios de 2016 representaron un reto de solidaridad. &ldquo;La gente local se lanzaba al mar para salvar a los refugiados, pod&iacute;an llegar a desembarcar 200 botes diarios&rdquo;, recuerda el trabajador de Acnur.
    </p><p class="article-text">
        Pero esos migrantes pronto eran transferidos al continente para enfilar hacia los Balcanes. Despu&eacute;s del acuerdo UE-Turqu&iacute;a de marzo de 2016, que seg&uacute;n Bruselas ha sido el art&iacute;fice del descenso en las llegadas, los refugiados no pueden ser transferidos a tierra continental hasta resolver sus tr&aacute;mites de asilo o, en el peor de los casos, la deportaci&oacute;n a tierras turcas. Como resultado quedan atrapados en las islas y la larga estancia cansa. &ldquo;El incidente fue algo aislado. No digo que las cosas no vayan a ir a peor, la tolerancia est&aacute; agot&aacute;ndose en ambos lados&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Quienes dicen que se deteriora la econom&iacute;a, mienten&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Lesbos, tierra hist&oacute;rica de refugiados, tiene ahora m&aacute;s entradas que salidas. Los que llegan se quedan. Miles siguen esperando, pero no todos sufren en los campos. Acnur aloja a 500 personas en apartamentos en la isla y 23.000 en toda Grecia, algo que quieren expandir a 27.000, seg&uacute;n palabras del organismo. Algunas ONG han pedido al Gobierno griego que acelere los traslados al continente y han criticado lo que consideran &ldquo;una pol&iacute;tica de contenci&oacute;n&rdquo; en las islas.
    </p><p class="article-text">
        La Agencia de la ONU ha ideado un programa en el que los alojados en apartamentos reciben 550 euros al mes por familia o 90 euros por individuo, en un proyecto financiado por la Comisi&oacute;n Europea. Pero es una cifra muy peque&ntilde;a comparada con la totalidad de aquellos que se han visto forzados a dejar su destino en manos de las decisiones de los Gobiernos europeos.
    </p><p class="article-text">
        Algunos han conseguido un trabajo, lo que permite mejorar su &ldquo;inclusi&oacute;n&rdquo; en la sociedad. &ldquo;Los que dicen que el fen&oacute;meno de los refugiados ha deteriorado la econom&iacute;a, mienten. La isla se ha visto beneficiada&rdquo;, asegura Emmanuel Chatzachalkias. Sobre el turismo, Chatzachalkias a&ntilde;ade que la isla nunca ha tenido predilecci&oacute;n por este factor. &ldquo;Hace cuatro a&ntilde;os ven&iacute;an cruceros los s&aacute;bados o domingos con miles de turistas y todos los locales estaban cerrados&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Este uno de los argumentos que ha esgrimido un grupo de vecinos y hoteleros que han emprendido <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/autoridades-Pikpa-refugiados-autogestionado-Lesbos_0_789871937.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un proceso judicial contra el campo asambleario y autogestionado de Pikpa</a>. Seg&uacute;n dijo la portavoz de Lesvos Solidarity a eldiario.es, &ldquo;se quejaban de perder turistas&rdquo; y aseguraban &ldquo;sentirse inc&oacute;modos&rdquo; con la presencia del campo de refugiados en la zona. El juez dio la raz&oacute;n al campo el pasado 16 de julio, seg&uacute;n inform&oacute; Lesvos Solidarity, pero a&uacute;n se enfrenta a las trabas de la administraci&oacute;n, que amenazan con echar el cierre de las instalaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n afirma, desde la nueva llegada de migrantes se han creado nuevos puestos de trabajo. &ldquo;&iquest;Tu sabes cu&aacute;ntos amigos m&iacute;os han encontrado trabajo en ONG o en puestos relacionados con la llegada de migrantes? Muchos. Ahora seguro que estar&iacute;an desempleados por la crisis que hemos tenido aqu&iacute;&rdquo;. Con la llamada 'crisis de los refugiados' el Gobierno ha destinado a la isla m&aacute;s polic&iacute;as y efectivos. Tambi&eacute;n han llegado trabajadores de la Agencia de la UE de Fronteras (Frontex), voluntarios o trabajadores de ONG, entre otros. 
    </p><p class="article-text">
        Los argumentos dejan entrever que una parte de la poblaci&oacute;n rechaza a los refugiados y que utilizan cualquier excusa para expresarlo. A medio camino quedan los habitantes que, sin ocultar cierta frustraci&oacute;n, un d&iacute;a se lanzaron al agua para salvar las vidas de las personas que trataban de llegar.
    </p><p class="article-text">
        Los dos a&ntilde;os que Europa se dio de plazo para acoger a 160.000 refugiados expiraron en septiembre del a&ntilde;o pasado. Solamente se acogi&oacute; a uno de cada cuatro migrantes. En cuanto a Espa&ntilde;a, de los 17.337 que se comprometi&oacute; a acoger, hasta esa fecha solamente llegaron a la pen&iacute;nsula 1.983 refugiados. Ahora, un fallo del Tribunal Supremo le ha condenado por este incumplimiento.
    </p><p class="article-text">
        Ante el recuerdo de aquellos que se arrojaron al mar para honrar a los que lo hicieron por sus antepasados, el trabajador de la ONU lanza un dardo: &ldquo;Hay una gran solidaridad por parte de los habitantes de Lesbos no comparable con lo que ha demostrado Europa&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/lesbos-historica-refugiados-expandiendo-discurso_1_2012019.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Jul 2018 19:01:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/99ee9a5c-af16-4f2a-8eed-869fdddc4277_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1376171" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/99ee9a5c-af16-4f2a-8eed-869fdddc4277_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1376171" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[De la acogida al racismo: la otra cara de Lesbos, tierra histórica de refugiados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/99ee9a5c-af16-4f2a-8eed-869fdddc4277_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Lesbos,Racismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turquía acaba con el estado de emergencia después de siete prórrogas en dos años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/turquia-acaba-emergencia_1_2015992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/47908304-7774-46ab-94a9-46c91861d858_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Turquía acaba con el estado de emergencia después de siete prórrogas en dos años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">150.000 personas han llegado a estar detenidas desde entonces, según las estimaciones aparecidas en medios de comunicación turcos, mientras que los purgados de sus puestos de trabajo han sido 110.000</p></div><p class="article-text">
        Turqu&iacute;a deja de estar bajo un estado de emergencia prorrogado durante casi dos a&ntilde;os. En este tiempo, la poblaci&oacute;n anatolia ha vivido en un clima de detenciones e inseguridad jur&iacute;dica, y con el peligro de ser despedidos de su trabajo bajo acusaciones de terrorismo. Con la reelecci&oacute;n del presidente Erdogan y su mayor&iacute;a en el Parlamento gracias a una coalici&oacute;n con el partido ultranacionalista MHP, se ha decidido no volver a extender la herramienta m&aacute;s utilizada para &ldquo;proteger&rdquo; al pa&iacute;s del &ldquo;terrorismo&rdquo;, dos palabras ampliamente utilizadas por el Ejecutivo.
    </p><p class="article-text">
        Turqu&iacute;a ha vivido con miedo tras el 15 de julio de 2016, fecha del intento de golpe de Estado. Cuatro d&iacute;as despu&eacute;s de la fallida asonada, el estado de emergencia entr&oacute; en vigor y dio lugar a un mar de purgas laborales y detenciones. La excepcionalidad, convertida en normalidad por sus m&uacute;ltiples pr&oacute;rrogas, daba luz verde al Estado turco para actuar contra los <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Turquia-ciudadanos-terrorismo-denuncian-persecucion_0_764324288.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;sospechosos de pertenecer a banda terrorista&rdquo;</a>.
    </p><p class="article-text">
        150.000 personas han llegado a estar detenidas desde entonces, seg&uacute;n las estimaciones aparecidas en medios de comunicaci&oacute;n turcos, mientras que los purgados de sus puestos de trabajo han sido 110.000. Turqu&iacute;a alega que 40.000 personas est&aacute;n en proceso de volver a sus puestos de trabajo, otros no tendr&aacute;n tanta suerte.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la agencia Kamu, a fecha de 29 de diciembre de 2017, el desglose de despidos era el siguiente: 4.284 jueces y fiscales, 7.295 militares, 23.095 polic&iacute;as, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Hambre-experiencia-profesores-Turquia-Erdogan_0_740876853.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">5.827 trabajadores acad&eacute;micos en universidades, 33.629 trabajadores educativos</a>, 7.659 trabajadores de la sanidad, 6.165 trabajadores judiciales y 4.170 de administraciones locales. A las purgas personales se suman las institucionales. M&aacute;s de 3.000 escuelas, residencias estudiantiles o universidades han sido clausuradas.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los medios de comunicaci&oacute;n, la <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/origen-ofensiva-Erdogan-diario-Cumhuriyet_0_774123381.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">persecuci&oacute;n de los periodistas del diario Cumhuriyet</a> representa solamente la punta de un iceberg. Cerca de 200 medios han vivido el precinto de su redacci&oacute;n y su posterior cierre. En cuanto a empresas privadas, tambi&eacute;n objeto de persecuci&oacute;n, hay m&aacute;s de mil compa&ntilde;&iacute;as expropiadas, ahora bajo la tutela del Estado turco.
    </p><h3 class="article-text">Procesos electorales &ldquo;no cre&iacute;bles&rdquo;</h3><p class="article-text">
        De la misma manera, Turqu&iacute;a ha vivido dos procesos electorales bajo este estado: el refer&eacute;ndum para la reforma constitucional para pasar a un sistema presidencialista, y las elecciones del 24 de junio, donde Erdogan obtuvo la reelecci&oacute;n y gan&oacute; la mayor&iacute;a en el Parlamento.
    </p><p class="article-text">
        Ante el anuncio anticipado de los comicios, la ONU pidi&oacute; la derogaci&oacute;n del estado de emergencia con el objetivo de celebrar un proceso electoral &ldquo;cre&iacute;ble&rdquo;. Derechos fundamentales como la libertad de asociaci&oacute;n, expresi&oacute;n o reuni&oacute;n se han visto afectados por decisiones del Gobierno. &ldquo;Las restricciones duraderas son incompatibles con un proceso electoral&rdquo;, rezaba el comunicado emitido d&iacute;as antes de sacar las urnas a la calle.
    </p><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n para la Seguridad y Cooperaci&oacute;n en Europa (OSCE) acudi&oacute; como observadora y resalt&oacute; la misma situaci&oacute;n: a pesar de que no hab&iacute;a rastro de fraude, el proceso electoral result&oacute; ser desigual por las condiciones en que los partidos de la oposici&oacute;n afrontaron los comicios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47ac555a-624e-4bcc-bda1-929f27be0afc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47ac555a-624e-4bcc-bda1-929f27be0afc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47ac555a-624e-4bcc-bda1-929f27be0afc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47ac555a-624e-4bcc-bda1-929f27be0afc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47ac555a-624e-4bcc-bda1-929f27be0afc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47ac555a-624e-4bcc-bda1-929f27be0afc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/47ac555a-624e-4bcc-bda1-929f27be0afc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Con menor presencia en los medios de comunicaci&oacute;n, el principal candidato opositor Ince fue claramente derrotado por Erdogan. La misma OSCE tambi&eacute;n resalt&oacute; ciertas dificultades para ir a votar en las zonas del sudeste del pa&iacute;s, donde el prokurdo y opositor HDP tiene un amplio apoyo.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el Gobierno alej&oacute; las urnas de los colegios clave para dificultar el voto alegando temas de seguridad, miles de aldeanos kurdos <a href="https://www.eldiario.es/internacional/kurdos-definiran-futuro-Erdogan_0_784971680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tuvieron que caminar horas para poder ejercer su derecho</a>. Gracias a ellos, el HDP entr&oacute; en el Parlamento, incluso con su candidato Selahattin Demirtas entre rejas.
    </p><h3 class="article-text">La Segunda Rep&uacute;blica</h3><p class="article-text">
        La promesa electoral de retirar el estado de excepci&oacute;n fue ofrecida por el AKP, el partido de Erdogan y exigida por las formaciones opositoras. El nuevo sistema presidencial, criticado por el mismo Erdogan hace 15 a&ntilde;os, y su mayor&iacute;a parlamentaria dotan al m&aacute;ximo mandatario de amplios poderes. Seg&uacute;n dijo el periodista Murat Yetkin, &ldquo;la capacidad del presidente para designar a altos jueces en el Tribunal Constitucional y otros a trav&eacute;s de su poder parlamentario debilita el sistema de separaci&oacute;n de poderes&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el nuevo sistema, los ministros no pueden ocupar un esca&ntilde;o en el Parlamento, medida que Erdogan ha resaltado para &ldquo;asegurar la separaci&oacute;n de poderes&rdquo;. Una de las cabezas visibles del Gobierno ser&aacute; su yerno, nombrado ministro de Hacienda. Berat Albayrak, casado con la hija mayor del presidente, fue nombrado ministro de Energ&iacute;a en 2015 y ahora ser&aacute; el encargado de encarrilar la debilitada econom&iacute;a turca.
    </p><p class="article-text">
        La ca&iacute;da libre de la divisa nacional y la inflaci&oacute;n son sus prioridades. En cuanto a las relaciones internacionales, no hay cambios. Mevlut Cavusoglu seguir&aacute; al frente del Ministerio de Exteriores.
    </p><h3 class="article-text">Despedida del estado de emergencia</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El estado de emergencia finalizar&aacute; en pocos d&iacute;as&rdquo;, dijo Abdulhamit G&uuml;l, ministro de Justicia. A d&iacute;a 18 de julio de 2018 se deber&iacute;a prorrogar por octava vez para seguir vigente. Pero nadie dir&aacute; nada, simplemente desaparecer&aacute; en silencio. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque el estado de emergencia tenga las horas contadas, el mismo ministro de Justicia dijo que &ldquo;la lucha contra el terrorismo seguir&aacute;&rdquo;. Ideado para luchar contra el movimiento Hizmet, cofrad&iacute;a del autoexiliado Fetull&aacute; G&uuml;len y acusado de perpetrar el intento de golpe de Estado, ha servido de excusa para silenciar a la oposici&oacute;n que tambi&eacute;n fue derrotada en las urnas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/turquia-acaba-emergencia_1_2015992.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Jul 2018 18:25:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/47908304-7774-46ab-94a9-46c91861d858_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="27581" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/47908304-7774-46ab-94a9-46c91861d858_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="27581" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Turquía acaba con el estado de emergencia después de siete prórrogas en dos años]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/47908304-7774-46ab-94a9-46c91861d858_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Recep Tayyip Erdogan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los países de la UE encaran la reforma migratoria con Lesbos saturada ante las nuevas llegadas de refugiados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/lesbos_1_2050413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0fedcb3-cd9d-4389-951c-ee390a3a6292_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los países de la UE encaran la reforma migratoria con Lesbos saturada ante las nuevas llegadas de refugiados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los dirigentes reunidos este jueves en el Consejo europeo abordarán el futuro del sistema de asilo y la propuesta de crear "centros cerrados" mientras el reparto de refugiados desde Grecia se consuma a cuentagotas</p><p class="subtitle">La isla está desbordada: miles de personas permanecen atrapadas a la espera de que se resuelva su solicitud y las llegadas se han multiplicado en los últimos meses</p><p class="subtitle">Lesbos registró en abril una media diaria de llegadas de 78 refugiados frente a los 17 contabilizados en el mismo periodo del año pasado</p></div><p class="article-text">
        Ba&ntilde;ada en las aguas del mar Egeo y a tiro de piedra de tierras anatolias, la isla de Lesbos se divisa perfectamente desde la costa turca y su silueta ejerce de gu&iacute;a para cualquier nav&iacute;o: es Europa. Sin perderla de vista en ning&uacute;n momento, cientos de miles de refugiados se han lanzado al mar para dar el &uacute;ltimo paso hasta el ansiado continente.
    </p><p class="article-text">
        La ilusi&oacute;n por pisarlo pronto queda reducida a una precaria tienda de campa&ntilde;a y, quiz&aacute;, a a&ntilde;os de espera. Acaban de desembarcar en la &ldquo;gran c&aacute;rcel&rdquo; en la que, dicen, se ha convertido Lesbos para quienes han llegado a las costas helenas desde la firma del acuerdo entre la UE y Turqu&iacute;a, que supon&iacute;a la devoluci&oacute;n de todas aquellas personas que alcanzasen sus playas de forma irregular.
    </p><p class="article-text">
        Este jueves dar&aacute; comienzo a miles de kil&oacute;metros de all&iacute;, en Bruselas, el Consejo Europeo, en el que est&aacute; previsto que los dirigentes aborden, entre otros asuntos, la reforma del sistema europeo asilo, que establece que el primer estado que pisen los demandantes debe tramitar su solicitud de protecci&oacute;n internacional. Tambi&eacute;n vendr&aacute; marcado por el fracaso los compromisos de reubicaci&oacute;n pactados por los pa&iacute;ses en 2015: de los 160.000 refugiados que acordaron acoger desde Grecia e Italia, apenas han recibido a un 21% de las personas comprometidas.
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;deres de Francia, Espa&ntilde;a y Alemania llegar&aacute;n, adem&aacute;s, con la propuesta bajo el brazo de crear &ldquo;centros de desembarco cerrados&rdquo; para los migrantes en suelo europeo desde los que se gestione su situaci&oacute;n y su repartan a los diversos pa&iacute;ses de la UE. Mientras, en las islas griegas, miles de personas siguen esperando que se resuelva su petici&oacute;n de asilo y poder salir de all&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Y siguen llegando. El flujo de refugiados que arriban a la isla ha aumentado enormemente en las &uacute;ltimas semanas. Sirios, iraqu&iacute;es, afganos, somal&iacute;es, egipcios, congole&ntilde;os o bangladesh&iacute;es, entre otras tantas nacionalidades, comparten espacio en una isla donde existen tantas vidas como historias de huida.
    </p><p class="article-text">
        Caminando por la peque&ntilde;&iacute;sima ciudad de Mitilene, capital de Lesbos, no es complicado ver a numerosos grupos de refugiados. Una experiencia les une: todos, sin excepci&oacute;n, se lanzaron al mar y sobrevivieron.
    </p><h3 class="article-text">Las llegadas a la isla se multiplican</h3><p class="article-text">
        Entre abril y mayo de 2017, cada d&iacute;a llegaban a las costas de Lesbos una media de 17 refugiados. La cifra de este a&ntilde;o en el mismo periodo se ha multiplicado hasta alcanzar una media de 78 migrantes diarios. &ldquo;No podemos saber el por qu&eacute;, pero en mi opini&oacute;n hay una correlaci&oacute;n con los conflictos o las acciones de los traficantes&rdquo;,  sostiene Theodoros Alexellis, el m&aacute;ximo responsable de Acnur en la isla griega.
    </p><p class="article-text">
        El organismo ha constatado que en mayo llegaron a las islas griegas 2.900 personas. La cifra de abril fue de 3.000 llegadas, superior a la de marzo, que fue de 2.400, y que a su vez fue mayor que las 1.250 registradas en febrero. La isla est&aacute; desbordada y existen pocos indicios de que la situaci&oacute;n mejore. &ldquo;No importa lo bien que respondas, hay una capacidad limitada&rdquo;, admite. Solo en Lesbos, la isla que m&aacute;s refugiados recibe, las llegadas en mayo ascendieron a cerca de 1.500. La cifra, seg&uacute;n destaca, es &ldquo;inasumible&rdquo; teniendo en cuenta que en mayo solo hubo 1.100 transferencias a tierra firme, lejos de las 1.600 de abril.
    </p><p class="article-text">
        El flujo, sin embargo, se ha visto reducido considerablemente despu&eacute;s del acuerdo entre la UE y Turqu&iacute;a, y el escenario actual es distinto al que hab&iacute;a en 2015 y 2016. Seg&uacute;n recuerda Alexellis, &ldquo;en esa &eacute;poca las islas griegas registraban la llegada de hasta 200 botes al d&iacute;a&rdquo;. Los refugiados que llegaban en ese momento no ten&iacute;an pensado quedarse, por lo que segu&iacute;an su camino realizando la ruta de los Balcanes y muchos pon&iacute;an su meta en los pa&iacute;ses del norte de Europa.
    </p><p class="article-text">
        Lesbos, que solamente era una sitio de paso, ahora se ha convertido en una ratonera en la que miles de migrantes se encuentran atrapados. Muchos est&aacute;n en el centro de Moria, donde seg&uacute;n las ONG, cerca de 6.000 refugiados se hacinan en &ldquo;condiciones deplorables&rdquo; en un lugar preparado para recibir solo a tres mil.
    </p><p class="article-text">
        Las restricciones geogr&aacute;ficas del acuerdo son el principal motivo por el que las islas est&aacute;n saturadas. Recientemente, el Tribunal Supremo de Grecia ha fallado a favor de anular esta restricci&oacute;n, por lo que los refugiados que lleguen a partir de ahora a las islas griegas no tendr&aacute;n que quedarse. A falta de ver si realmente se cumple, el fallo no se aplica a los miles de refugiados que llegaron despu&eacute;s del 20 de marzo de 2016, cuando entr&oacute; en vigor la declaraci&oacute;n, hasta abril de 2018.
    </p><h3 class="article-text">Lentitud en los procesos</h3><p class="article-text">
        En 2017 hubo 7.000 traslados, mientras que hasta la fecha del 2018 la cifra se aproxima a los 4.000. &ldquo;Las transferencias al continente dependen de la disponibilidad de hogares para vivir&rdquo;, alega Alexellis. Con un pa&iacute;s al l&iacute;mite, dice, la posibilidad de que se realicen miles de nuevos traslados a la Grecia continental se presenta complicada. Las fronteras de Macedonia, Albania y Bulgaria tambi&eacute;n cerraron sus puertas hace dos a&ntilde;os, por lo que no existe opci&oacute;n alguna. La desesperaci&oacute;n pesa y algunos deciden escapar de forma irregular.
    </p><p class="article-text">
        En caso de que sus solicitudes sean denegadas, los refugiados pueden apelar para no ser inmediatamente deportados a Turqu&iacute;a. El caso pasa a un comit&eacute; independiente: hay doce en toda Grecia y el proceso puede llevar meses. Ante la lentitud en estos casos concretos, el Gobierno quiere ampliar el n&uacute;mero de comit&eacute;s. Para el trabajador de Acnur, la rapidez en los tr&aacute;mites es clave para mejorar las condiciones de vida en las islas: &ldquo;Si esto se acelera, la cosa mejorar&aacute; sustancialmente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el abogado griego Emmanouil Chatzachalkias, &ldquo;el proceso se limita a preguntar por qu&eacute; se ha solicitado el asilo en Grecia, en lugar de hacerlo en Turqu&iacute;a&rdquo;. Seg&uacute;n asegura, las deportaciones a Turqu&iacute;a no son comunes: &ldquo;A diferencia de lo que se piensa, no se suele denegar el asilo en Grecia&rdquo;. La principal raz&oacute;n es, una vez m&aacute;s, en la lentitud. &ldquo;No es que el Gobierno griego no est&eacute; realizando deportaciones a Turqu&iacute;a, es que los procesos para aceptar o denegar la solicitud no se est&aacute;n terminando&rdquo;, asegura el letrado.
    </p><p class="article-text">
        En mayo, 29 migrantes fueron deportados a Turqu&iacute;a, cifra que ya asciende a 1.630 desde que se firm&oacute; el acuerdo. La mayor&iacute;a son de nacionalidad paquistan&iacute;, mientras que los sirios ocupan el segundo lugar.
    </p><p class="article-text">
        El Parlamento de Grecia ha aprobado un proyecto de ley para simplificar y agilizar los procedimientos de asilo y aliviar la superpoblaci&oacute;n en los campamentos de refugiados. Ante dicha aprobaci&oacute;n, &ldquo;hay que ver si realmente agiliza el proceso y si no afecta a los derechos humanos&rdquo;, afirma el abogado, quien insiste: &ldquo;No son n&uacute;meros, son personas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o han llegado a Grecia m&aacute;s de 18.000 refugiados. Cerca de 7.200 lo han hecho a trav&eacute;s del r&iacute;o Evros entre enero y mayo, cifra muy superior a las 5.600 llegadas de todo el a&ntilde;o 2017. La ruta tiene un alto &iacute;ndice de mortalidad y Frontex afirma que cada vez es m&aacute;s utilizada. Muchos pescadores de la zona divisan cada d&iacute;a cuerpos sin vida de quienes han intentado cruzar.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, las islas de Lesbos, Chios o Samos, entre otras, han registrado la llegada de m&aacute;s de 11.000 migrantes. Mientras el reparto de refugiados a pa&iacute;ses europeos se consuma a cuentagotas, el flujo de personas que huyen de sus pa&iacute;ses de origen y se juegan la vida para alcanzar el continente sigue activo. Y lo hacen pese a los intentos de la UE de frenar su llegada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/lesbos_1_2050413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Jun 2018 20:03:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b0fedcb3-cd9d-4389-951c-ee390a3a6292_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="58460" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b0fedcb3-cd9d-4389-951c-ee390a3a6292_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58460" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los países de la UE encaran la reforma migratoria con Lesbos saturada ante las nuevas llegadas de refugiados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b0fedcb3-cd9d-4389-951c-ee390a3a6292_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Lesbos,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lesbos, la isla sin salida para miles de refugiados: "Preferiría haber muerto en la guerra que haber venido aquí"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/lesbos-salida-refugiados-preferiria-muerto_1_2065436.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69830455-3a9c-4aeb-bc93-643d62dc2166_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lesbos, la isla sin salida para miles de refugiados: &quot;Preferiría haber muerto en la guerra que haber venido aquí&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 20 de junio se celebra el Día Mundial del Refugiado: en el centro de Moria, muy por encima de su capacidad, miles de personas llevan esperando dos años para poder iniciar una nueva vida en Europa</p><p class="subtitle">"Lo peor de todo es que nos estamos acostumbrando a tener a los refugiados pasándolo mal en campos y a pocos kilómetros de nuestras casas. Pero nos da igual"</p><p class="subtitle">Médicos Sin Fronteras denuncia que la situación en los campos está llegando a un "punto de no retorno"</p></div><p class="article-text">
        Cuando Ahmet lleg&oacute; a Europa, la primera imagen que tuvo del continente fue la de un campo de refugiados. Es lo que, todav&iacute;a dos a&ntilde;os despu&eacute;s, sigue viendo al despertarse. Lleg&oacute; a la isla griega de Lesbos en 2016 tras jugarse la vida en el mar y a&uacute;n sigue all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Son muchos los refugiados que llevan a sus espaldas un largo periplo hasta pisar el continente europeo. El caso de Ahmet no es diferente. Es de origen egipcio y se march&oacute; a Libia cuando no le quedaba nada: &ldquo;No tengo familia&rdquo;. All&iacute; vivi&oacute; durante 15 a&ntilde;os hasta que estall&oacute; la guerra. Combati&oacute; en ella, pero pronto decidi&oacute; intentar cruzar el Mediterr&aacute;neo. &ldquo;Lo intent&eacute; a trav&eacute;s de T&uacute;nez, pero no pude&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cogi&oacute; un billete de avi&oacute;n desde El Cairo hasta Estambul, epicentro de todas las llegadas de refugiados por v&iacute;a a&eacute;rea y con visado. El &uacute;ltimo paso fue adentrarse al mar y acabar en Lesbos. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, sigue en la misma tienda de campa&ntilde;a del Olive Grove, campo anexo a Moria que suple la carencia de espacio de unas instalaciones abarrotadas que actualmente albergan a miles de personas en precarias condiciones.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;parche&rdquo; de Olive Grove es, dicen, denigrante, inseguro y carece de infraestructuras necesarias como agua corriente y electricidad. Ahmet vive con otros refugiados que est&aacute;n en la misma situaci&oacute;n que &eacute;l, han llegado solos. Su condici&oacute;n de solteros haciendo este camino sin familia les convierte en el &uacute;ltimo colectivo en recibir asilo o, siquiera, una respuesta acerca de su estatus.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Preferir&iacute;a haber muerto en la guerra que haber venido aqu&iacute;&rdquo;, sostiene Ahmet. La larga espera se traduce en desesperaci&oacute;n. Es otro de los miles de refugiados atrapados en el pa&iacute;s heleno tras el acuerdo que firm&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/anos-acuerdo-UE-Turquia_0_751725641.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Uni&oacute;n Europea con Turqu&iacute;a en marzo de 2016</a> con el objetivo de frenar las llegadas de miles de personas al continente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En un principio el Gobierno construy&oacute; el campo de Moria para 750 personas&rdquo;, recuerda Theodoros Alexellis, responsable de Acnur en Lesbos. M&aacute;s tarde, y ante la llegada de miles de personas, se dijo que el espacio pod&iacute;a albergar un m&aacute;ximo de entre 2.000 y 3.000 personas. Hoy en d&iacute;a, Acnur y Grecia no se ponen de acuerdo en el n&uacute;mero de personas que se encuentran all&iacute;. El Gobierno dice que hay 8.000 personas, mientras que la ONU rebaja la cifra a 6.000. Todas las estimaciones superan la capacidad m&aacute;xima.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Esto es inhumano&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Eric es de Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. &ldquo;Aqu&iacute; nos tratan como animales y la comida es muy mala&rdquo;, denuncia. Sus quejas no solamente las expresan los refugiados. Las organizaciones que trabajan en el campo tambi&eacute;n denuncian la mala calidad de los alimentos. &ldquo;Muchas veces son la causa principal de malnutriciones, sobre todo en ni&ntilde;os&rdquo;,  afirma Luca Fontana, coordinador de M&eacute;dicos Sin Fronteras en el campo de Moria. Condiciones como estas est&aacute;n llevando al campamento, seg&uacute;n la ONG, &ldquo;al punto de no retorno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las organizaciones sociales llevan meses denunci&aacute;ndolo. &ldquo;Esto es inhumano&rdquo;, afirma Fontana. &ldquo;Estas personas tienen que luchar por ver a un m&eacute;dico, por ir al ba&ntilde;o, por tener comida. Se pasan casi dos a&ntilde;os esperando y luchando, sin tener informaci&oacute;n sobre lo que va a ser de ellos en el futuro y con miedo a ser deportadas. Con el miedo de levantarte una ma&ntilde;ana y que te digan con un papel que ni entiendes que debes volver a Turqu&iacute;a, sabiendo lo que esto presupone. Es normal que todo esto alimente mucha tensi&oacute;n&rdquo;, sostiene. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a0b92a3-bdbb-4b56-80f7-1f5c8b95ea5f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a0b92a3-bdbb-4b56-80f7-1f5c8b95ea5f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a0b92a3-bdbb-4b56-80f7-1f5c8b95ea5f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a0b92a3-bdbb-4b56-80f7-1f5c8b95ea5f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a0b92a3-bdbb-4b56-80f7-1f5c8b95ea5f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a0b92a3-bdbb-4b56-80f7-1f5c8b95ea5f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9a0b92a3-bdbb-4b56-80f7-1f5c8b95ea5f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Una ducha para cada 50 personas, un ba&ntilde;o para 100 y colas interminables para comer. En los improvisados contenedores viven 20 refugiados, lo que se traduce en dos metros cuadrados por habitante. Ante esta situaci&oacute;n, se pregunta: &ldquo;&iquest;Podr&iacute;ais vivir as&iacute; durante dos a&ntilde;os?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En la cl&iacute;nica de MSF en Moria ofrecen atenci&oacute;n primaria para menores y cuidado pre y post parto para mujeres. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n hay un servicio m&eacute;dico especializado en caso de violaciones. &ldquo;Los abusos sexuales son relativamente comunes en Moria o en los pa&iacute;ses de origen&rdquo;, denuncia Fontana. El simple hecho de ir al ba&ntilde;o por las noches expone a las mujeres a sufrir una agresi&oacute;n sexual.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n se vuelve cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil por un aumento de llegadas que, dice,  supera sus recursos. En total, seg&uacute;n Acnur, casi 7.000 personas han arribado a la isla este a&ntilde;o. &ldquo;Ahora tenemos una media de 60 ni&ntilde;os al d&iacute;a, en marzo eran entre 25 y 30&rdquo;, afirma Carola Buscemi, pediatra de MSF en Moria.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor, asegura, no es la saturaci&oacute;n, sino las visitas que no se pueden hacer. En las &uacute;ltimas semanas, seg&uacute;n admite la organizaci&oacute;n, se han tenido que dejar de atender una media de 15 menores al d&iacute;a. Durante los fines de semana, acceder a la atenci&oacute;n sanitaria es casi imposible aqu&iacute;. Ellos se encargan de suplir esta necesidad, pero a duras penas lo consiguen.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Nos estamos acostumbrando a que lo pasen mal&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Mientras el n&uacute;mero de refugiados, la desesperaci&oacute;n y la tensi&oacute;n aumentan, la transferencia de personas a Atenas es muy limitada. &ldquo;El mes pasado no transfirieron ni a 800 y llegaron m&aacute;s de 2.000&rdquo;, destaca el coordinador de MSF. Acnur lo atribuye a la dificultad para encontrar alojamiento para tantas personas en la Grecia continental.
    </p><p class="article-text">
        Una ciudadana de la isla resume en pocas palabras lo que muchos piensan: &ldquo;Lo peor de todo es que nos estamos acostumbrando a tener a los refugiados pas&aacute;ndolo mal en campos y a pocos kil&oacute;metros de nuestras casas. Pero nos da igual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El pol&eacute;mico acuerdo entre la UE y Turqu&iacute;a ha tenido como efecto el descenso del flujo de refugiados, pero ha colapsado las islas griegas. Luca Fontana no puede evitar la indignaci&oacute;n cuando se refiere al documento: &ldquo;Esto es lo que la pol&iacute;tica de migraci&oacute;n de la UE est&aacute; haciendo&rdquo;, afirma se&ntilde;alando a un grupo de ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos atrapando a esta gente en un campo inhumano y quit&aacute;ndoles el futuro de sus manos. Esto no puede ser la soluci&oacute;n, debemos tomar medidas alternativas y que esta gente no pague la cuenta&rdquo;. Se retira para continuar con su labor. Pocos d&iacute;as antes hab&iacute;an llegado m&aacute;s de 900 personas a las islas. M&aacute;s de 400 lograron alcanzar Lesbos. Muchos acabar&aacute;n en Moria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/lesbos-salida-refugiados-preferiria-muerto_1_2065436.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Jun 2018 20:41:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/69830455-3a9c-4aeb-bc93-643d62dc2166_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="119979" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/69830455-3a9c-4aeb-bc93-643d62dc2166_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="119979" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lesbos, la isla sin salida para miles de refugiados: "Preferiría haber muerto en la guerra que haber venido aquí"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/69830455-3a9c-4aeb-bc93-643d62dc2166_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Lesbos,Refugiados,Grecia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los periodistas turcos perseguidos por Erdogan: "No nos arrepentimos de nada"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/origen-ofensiva-erdogan-diario-cumhuriyet_1_2107301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/535e2e54-ad3d-42a6-8a0d-d65e7552d03f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los periodistas turcos perseguidos por Erdogan: &quot;No nos arrepentimos de nada&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Gobierno turco inició en 2015 una batalla contra el medio laico y de centro-izquierda</p><p class="subtitle">Cumhuriyet</p><p class="subtitle">por publicar las imágenes que demostraban la ayuda turca a grupos insurgentes sirios</p><p class="subtitle">Su exdirector, ahora exiliado, sufrió un intento de asesinato al grito de "traidor" después de ser condenado a más de cinco años de cárcel</p></div><p class="article-text">
        En enero de 2014, unos camiones fueron intervenidos por fuerzas policiales cerca de la ciudad de Adana, al sur de Turqu&iacute;a. &ldquo;No me toques, ahora te ense&ntilde;ar&eacute; mi identificaci&oacute;n, no me trates como a un terrorista&rdquo;, exclam&oacute; uno de sus conductores al agente que le hizo bajar del veh&iacute;culo. Despu&eacute;s de unas palabras, el cargamento&nbsp;prosigui&oacute; y se alej&oacute; rumbo al sur, pero las im&aacute;genes de la operaci&oacute;n quedaron registradas.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 2015, el diario turco <a href="http://www.cumhuriyet.com.tr/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cumhuriyet</em></a>&nbsp;las hizo p&uacute;blicas. Ejercer el periodismo en Turqu&iacute;a es un deporte de alto riesgo, ya lo era antes de que el director del peri&oacute;dico, Can D&uuml;ndar, diera luz verde a la publicaci&oacute;n de un v&iacute;deo donde se apreciaba un cargamento de armas y munici&oacute;n en direcci&oacute;n a Siria. Seg&uacute;n denunci&oacute; el diario, los camiones, del Servicio de Inteligencia Turco, se dirig&iacute;an hacia posiciones con presencia de los grupos armados anti-Asad.
    </p><p class="article-text">
        Tras&nbsp;la publicaci&oacute;n, un enfadado Erdogan carg&oacute; contra el supuesto &ldquo;Estado paralelo&rdquo; que, dec&iacute;a, le intenta debilitar, y afirmaba que el convoy transportaba &ldquo;material humanitario&rdquo; para los turcomanos sirios. Pero lo peor a&uacute;n estaba por llegar. &ldquo;Pagar&aacute;n un precio muy alto&rdquo;, declar&oacute; el presidente. El director del peri&oacute;dico, Can D&uuml;ndar, y&nbsp;su jefe en Ankara, Erdem Gul, fueron condenados a cinco a&ntilde;os de prisi&oacute;n por &ldquo;revelaci&oacute;n de secretos de Estado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mismo d&iacute;a del juicio, un ciudadano turco dispar&oacute; en la puerta de los juzgados de Estambul&nbsp;al grito de&nbsp;&ldquo;traidor&rdquo; y un periodista result&oacute; herido en la pierna. La bala iba destinada al director del rotativo opositor insignia del pa&iacute;s. &ldquo;En dos horas hemos tenido dos intentos de asesinato. El primero ha sido con una pistola; el segundo, en los juzgados&rdquo;, afirm&oacute; D&uuml;ndar. No hubiese sido el primero en morir: entre 1979 y 1999, siete redactores del mismo peri&oacute;dico hab&iacute;an sido asesinados por sus ideales de centro-izquierda y laicos.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, existe un pulso entre Erdogan y los responsables de la publicaci&oacute;n, que no solamente representan a un simple peri&oacute;dico, tambi&eacute;n ejercen de embajadores a favor de la libertad de expresi&oacute;n. D&uuml;ndar lo hace alejado de Turqu&iacute;a, exiliado despu&eacute;s de una sentencia que le dejaba en libertad provisional. Mientras, su&nbsp;esposa se encuentra&nbsp;atrapada en el pa&iacute;s porque se le ha retirado el pasaporte.
    </p><p class="article-text">
        El presidente del consejo editorial del diario, Akin Atalay, regres&oacute; al pa&iacute;s expresamente para ser&nbsp;encarcelado en 2016. Tras m&aacute;s de un a&ntilde;o en prisi&oacute;n preventiva, pudo volver a abrazar a sus familiares&nbsp;hasta que la sentencia&nbsp;judicial alcanzada en abril le vuelve&nbsp;a situar entre rejas. El responsable editorial ha impuesto un recurso de apelaci&oacute;n que mantiene sus esperanzas. &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">14 trabajadores sentenciados</h3><p class="article-text">
        La purga no solamente se limita a perseguir a los responsables editoriales, como se ha denunciado en numerosas ocasiones.&nbsp;Dos periodistas del <em>Cumhuriyet</em>, cuyas identidades no pueden ser reveladas por miedo a represalias, han contado su experiencia a eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos relata el &ldquo;sinvivir&rdquo; que significa formar parte de la plantilla de este diario opositor, al que no solamente&nbsp;se enfrenta el Gobierno, sino muchas veces la&nbsp;propia poblaci&oacute;n. La bala disparada en el Palacio de Justicia de Estambul es un resumen de los insultos que llegan a recibir. &ldquo;La poblaci&oacute;n turca prefiere ver series de televisi&oacute;n que enterarse de las cosas que ocurren&rdquo;, afirma uno de&nbsp;los redactores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/10907a0b-0585-48a6-ab0d-14522071f2fd_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/10907a0b-0585-48a6-ab0d-14522071f2fd_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/10907a0b-0585-48a6-ab0d-14522071f2fd_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/10907a0b-0585-48a6-ab0d-14522071f2fd_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/10907a0b-0585-48a6-ab0d-14522071f2fd_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/10907a0b-0585-48a6-ab0d-14522071f2fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/10907a0b-0585-48a6-ab0d-14522071f2fd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Otro de los periodistas asegura que su familia le pide cada d&iacute;a que deje la profesi&oacute;n, algo que le impide su obstinaci&oacute;n con el oficio en un pa&iacute;s &ldquo;lleno de noticias falsas&rdquo;. La alteraci&oacute;n de la verdad es, dicen, el ant&iacute;doto que utilizan muchos redactores para evitar tener problemas: &ldquo;Muchos de los periodistas del pa&iacute;s no tienen derecho a llamarse a s&iacute; mismos periodistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El caro precio que Erdogan anunci&oacute; para los trabajadores de este medio se empieza a manifestar en forma de a&ntilde;os entre rejas. La sentencia de abril resolvi&oacute; dudas sobre el posicionamiento del Gobierno turco hacia los que ejercen la actividad period&iacute;stica: un total de 14&nbsp;empleados de <em>Cumhuriyet</em> fueron sentenciados. Entre todos suman 50 a&ntilde;os de c&aacute;rcel&nbsp;por &ldquo;ayudar a organizaciones terroristas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la humareda por las &uacute;ltimas sentencias, aun existen casos que el Gobierno no da por cerrados. &ldquo;Yo tengo una investigaci&oacute;n abierta&rdquo;, destaca uno de los redactores. Algunos ni siquiera tienen relaci&oacute;n con la actividad period&iacute;stica: un contable del&nbsp;peri&oacute;dico ha sido sentenciado a tres a&ntilde;os y un mes de prisi&oacute;n por hacer &ldquo;propaganda terrorista&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Lo volver&iacute;a a hacer&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Aunque su caso es simb&oacute;lico, los redactores de&nbsp;<em>Cumhuriyet</em>&nbsp;no han sido los &uacute;nicos. M&aacute;s de 120 periodistas&nbsp;siguen en prisi&oacute;n desde el intento de golpe de Estado de 2016,&nbsp;seg&uacute;n Amnist&iacute;a Internacional. &ldquo;Todos viven bajo la amenaza permanente de la detenci&oacute;n arbitraria, el enjuiciamiento y la sentencia condenatoria solo por hacer su trabajo o por expresar opiniones pac&iacute;ficas&rdquo;, denuncia&nbsp;la ONG. De acuerdo con el&nbsp;<a href="https://cpj.org/reports/2017/12/journalists-prison-jail-record-number-turkey-china-egypt.php" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Comit&eacute; para la Protecci&oacute;n de Periodistas (CPJ)</a>,&nbsp;Turqu&iacute;a fue en 2017, por segundo a&ntilde;o consecutivo, el pa&iacute;s del mundo que m&aacute;s reporteros&nbsp;encarcel&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n que ejerce el Gobierno hacia los periodistas se extiende, seg&uacute;n los trabajadores de <em>Cumhuriyet</em>, al control en&nbsp;actos pol&iacute;ticos. &ldquo;Estuve en el sudeste del pa&iacute;s cubriendo un mitin y la Polic&iacute;a identific&oacute; a todos los periodistas presentes. Hace dos a&ntilde;os esto no ocurr&iacute;a&rdquo;, se&ntilde;ala uno de ellos.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n se extiende m&aacute;s all&aacute; del Gobierno. La poblaci&oacute;n y muchas fuentes con las que deben contactar&nbsp;se niegan a hablar con ellos por oposici&oacute;n al diario o, simplemente, por miedo. &ldquo;Cada d&iacute;a se hace m&aacute;s complicado contrastar una informaci&oacute;n y muchas veces nos ignoran&rdquo;, afirman.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/31276e5e-24ea-4426-a8f3-0d5fcd1bdbbf_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/31276e5e-24ea-4426-a8f3-0d5fcd1bdbbf_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/31276e5e-24ea-4426-a8f3-0d5fcd1bdbbf_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/31276e5e-24ea-4426-a8f3-0d5fcd1bdbbf_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/31276e5e-24ea-4426-a8f3-0d5fcd1bdbbf_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/31276e5e-24ea-4426-a8f3-0d5fcd1bdbbf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/31276e5e-24ea-4426-a8f3-0d5fcd1bdbbf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Nunca hab&iacute;amos experimentado un momento tan malo para los periodistas&rdquo;,&nbsp;afirma a eldiario.es Tora Pekin, una de las abogadas del <em>Cumhuriyet</em>. En los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os, un total de 45 periodistas del medio han pasado por los tribunales. Para la letrada, se trata de imputaciones &ldquo;arbitrarias y abstractas&rdquo;, puesto que el Gobierno &ldquo;no tiene respuesta alguna&rdquo; cuando los periodistas preguntan qu&eacute; ayuda han prestado a las organizaciones de G&uuml;len, el Partido de los Trabajadores del Kurdistan (PKK) o el Partido Revolucionario de Liberaci&oacute;n del Pueblo (DHKP-C).
    </p><p class="article-text">
        Pekin destaca que la libertad de expresi&oacute;n &ldquo;solamente existe&rdquo; cuando el discurso es af&iacute;n a Erdogan. &ldquo;El Gobierno defiende su propia libertad de expresi&oacute;n&rdquo;. Si las palabras vienen en forma de cr&iacute;ticas hacia el Ejecutivo, sostiene la letrada, se convierten en crimen. &ldquo;Nunca se hab&iacute;an producido detenciones por insultar al presidente, incluso en redes sociales, hasta que ha llegado Recep Tayyip Erdogan&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante unas elecciones que pueden destronar al l&iacute;der del pa&iacute;s,&nbsp;la abogada considera que el recorrido de las sentencias podr&iacute;a dar un giro. &ldquo;Si el Gobierno cambia, la persecuci&oacute;n dejar&aacute; de existir, pero esto es una opini&oacute;n personal&rdquo;. <em>Cumhuriyet</em>, a ojos de algunos, hace &ldquo;propaganda terrorista&rdquo;, raz&oacute;n por la que todos sus trabajadores sufren las consecuencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ellos lo tienen claro: &ldquo;Nos sentimos orgullosos de haber escogido esta profesi&oacute;n y de hacerlo para este diario, no nos arrepentimos de nada&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/origen-ofensiva-erdogan-diario-cumhuriyet_1_2107301.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 May 2018 18:48:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/535e2e54-ad3d-42a6-8a0d-d65e7552d03f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="80452" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/535e2e54-ad3d-42a6-8a0d-d65e7552d03f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="80452" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los periodistas turcos perseguidos por Erdogan: "No nos arrepentimos de nada"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/535e2e54-ad3d-42a6-8a0d-d65e7552d03f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Periodistas,Libertad de prensa,Recep Tayyip Erdogan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una app y una hipoteca han puesto a una pareja turca en el punto de mira de Erdogan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/turquia-ciudadanos-terrorismo-denuncian-persecucion_1_2153725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef22d646-2cb3-4fa5-a269-a985d9bd051f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una app y una hipoteca han puesto a una pareja turca en el punto de mira de Erdogan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como miles de turcos, Melike y Nihat han sido apartados de sus trabajos y sometidos a juicio por supuestos vínculos con la cofradía del clérigo Fetullah Gülen (FETÖ), acusada de perpetrar el fallido golpe de Estado de julio de 2016</p><p class="subtitle">Bank Asya, entidad bancaria, y ByLock, app de mensajería instantánea, son elementos ampliamente utilizados para señalar a los gulenistas</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="//#ancla" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">ACTUALIZACI&Oacute;N: la Justicia turca ha condenado a Melike y Nihat a seis de a&ntilde;os de c&aacute;rcel por pertenencia a FET&Ouml;</a> </li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &ldquo;Golpeaban la puerta sin parar, mi hija peque&ntilde;a se asust&oacute;, todos est&aacute;bamos asustados&rdquo;. Ante la fuerza de los golpes, Melike y Nihat abrieron la puerta. Con ello, su vida cambi&oacute;. Aquella madrugada, que comenz&oacute; como otras muchas m&aacute;s y concluy&oacute; con un calvario que a&uacute;n se prolonga cada vez que asisten a una nueva declaraci&oacute;n ante el juez o son interceptados por la Polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El matrimonio, cuyos nombres no quieren revelar por miedo a represalias, vive en alg&uacute;n lugar de la profunda Anatolia. La joven habla en primera persona porque su marido lleva meses en prisi&oacute;n: &ldquo;A m&iacute; me dejaron libre para poder cuidar de mi hija, pero tambi&eacute;n ser&eacute; juzgada por lo mismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que miles de personas en Turqu&iacute;a, han sido acusados de &ldquo;pertenecer al grupo terrorista&rdquo; FET&Ouml;, siglas que apuntan a la cofrad&iacute;a de Fetullah G&uuml;len, acusada de instigar el intento de golpe de Estado de 2016. Ambos se enfrentan a penas de c&aacute;rcel de hasta seis a&ntilde;os y ser&aacute;n juzgados pr&oacute;ximamente. 
    </p><h3 class="article-text">Purgados por Erdogan</h3><p class="article-text">
        Eran unos ni&ntilde;os cuando se vieron por primera vez. Se casaron y tuvieron una hija. La familia, de clase media, gan&oacute; lo suficiente como para poder pagar una vivienda y tener una vida sin sobresaltos. Eran felices viviendo en su pueblo natal y ejerciendo sus respectivas profesiones. &Eacute;l era polic&iacute;a y ella, profesora. En pasado, porque como cientos de miles de turcos m&aacute;s, fueron purgados.
    </p><p class="article-text">
        A partir del 15 de julio de 2016, el d&iacute;a del golpe fallido, vieron los esfuerzos de toda una vida reducidos a un controvertido proceso que les ha llevado a perder el trabajo y a remar a contracorriente para evitar el ingreso en prisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En este pa&iacute;s, el grupo de G&uuml;len y el Gobierno de Erdogan estaban juntos, pero todo el mundo sab&iacute;a que muchos de los que ostentaban los cargos claves eran integrantes de FET&Ouml;&rdquo;, explica Melike. El mayor deseo de Nihat era entrar a formar parte del cuerpo de Polic&iacute;a, instituci&oacute;n con un amplio n&uacute;mero de integrantes del Cemaat &ndash;FET&Ouml; para sus detractores&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n asegura la mujer, &ldquo;todo el mundo sab&iacute;a que si quer&iacute;as ser polic&iacute;a y eras integrante de FET&Ouml;, lo ten&iacute;as mucho m&aacute;s f&aacute;cil&rdquo;. A d&iacute;a de hoy, el Gobierno pone parte de su foco en la instituci&oacute;n policial para encerrar a miles de turcos, entendiendo que FET&Ouml; infiltr&oacute; a muchos de sus miembros en la Polic&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Los nombres ya estaban escritos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/internacional/Turquia-militares-detenidos-Erdogan-preparando_0_537896630.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Poco despu&eacute;s del fallido golpe de Estado</a>, Nihat caminaba por la calle hacia su trabajo cuando unos hombres se lo llevaron. Tres d&iacute;as despu&eacute;s, tras comparecer ante el juez, pudo volver a abrazar a su esposa e hija. &ldquo;&iquest;Te comunicaste con FET&Ouml;?, &iquest;qu&eacute; peri&oacute;dicos comprabas?, &iquest;ibas a sus cursos?, &iquest;te dieron alguna beca?, &iquest;te has casado con alguna chica que FET&Ouml; te ha buscado?, &iquest;eres cliente de sus bancos?, &iquest;utilizas alguna aplicaci&oacute;n tecnol&oacute;gica como ByLock?&rdquo;, le preguntaron.
    </p><p class="article-text">
        Las dos &uacute;ltimas preguntas desencadenaron unas acusaciones que derivaron en un proceso judicial a&uacute;n en curso. &ldquo;Todo el interrogatorio era un mero tr&aacute;mite&rdquo;, asegura, &ldquo;los nombres ya estaban escritos en alguna lista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La aplicaci&oacute;n de mensajer&iacute;a instant&aacute;nea ByLock, similar a Whatsapp, fue ampliamente usada, seg&uacute;n el Gobierno de Erdogan, por el colectivo gulenista. Hoy sirve como prueba para encarcelar a sus supuestos miembros, los cuales niegan haber descargado la aplicaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fe79add-1ff2-4aaf-9fae-4b9b83c0e549_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fe79add-1ff2-4aaf-9fae-4b9b83c0e549_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fe79add-1ff2-4aaf-9fae-4b9b83c0e549_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fe79add-1ff2-4aaf-9fae-4b9b83c0e549_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fe79add-1ff2-4aaf-9fae-4b9b83c0e549_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fe79add-1ff2-4aaf-9fae-4b9b83c0e549_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7fe79add-1ff2-4aaf-9fae-4b9b83c0e549_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Nihat y Melike tambi&eacute;n lo niegan, al igual que en su d&iacute;a lo hizo el presidente de Amnist&iacute;a Internacional en Turqu&iacute;a, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/autoridades-mantienen-detenido-presidente-AI_0_735626594.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Taner Kili&ccedil;, acusado de pertenecer a FET&Ouml; por la misma raz&oacute;n</a>. A pesar de que cuatro ex&aacute;menes periciales del tel&eacute;fono determinaron que nunca hubo instalada tal aplicaci&oacute;n en el aparato, su condena podr&iacute;a llegar a 15 a&ntilde;os de c&aacute;rcel y ya lleva m&aacute;s de 300 d&iacute;as encerrado.
    </p><p class="article-text">
        La otra acusaci&oacute;n sobre la joven pareja vino motivada por la entidad bancaria que utilizaban. En 2012, acudieron a Bank Asya, entidad que brindaba cr&eacute;ditos a unos atractivos intereses. &ldquo;Pedimos un pr&eacute;stamo para comprarnos una casa&rdquo;, cuenta Melike, que a d&iacute;a de hoy observa ese sue&ntilde;o convertido en crimen.
    </p><p class="article-text">
        Bank Asya estaba estrechamente relacionado con la cofrad&iacute;a de Fetullah G&uuml;len, y era en gran medida su brazo financiero, algo que nunca fue motivo de temor, pues hasta 2013 G&uuml;len y Erdogan ten&iacute;an un trato cercano. A partir de ese a&ntilde;o, la guerra entre ambos se hizo patente por una operaci&oacute;n anticorrupci&oacute;n desvelada por fiscales g&uuml;lenistas que salpicaba a los m&aacute;s altos cargos del Ejecutivo. Entonces, Erdogan culp&oacute; a G&uuml;len de haber perpetrado un golpe de Estado judicial.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, Bank Asya sufri&oacute; una fuga de capitales que hizo que G&uuml;len efectuase un llamamiento a sus seguidores para que la entidad no cayese en bancarrota. Algunos obedecieron: las arcas de la entidad recibieron una inyecci&oacute;n de grandes cantidades de liras turcas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, Melike y Nihat se esforzaban por pagar un pr&eacute;stamo del que se liberaron justo antes del intento de golpe militar. Cuando el Gobierno acus&oacute; al grupo de perpetrar la asonada, las represalias hacia el banco y sus usuarios se incrementaron: no solamente fueron se&ntilde;alados como una de las bases de financiaci&oacute;n de FET&Ouml;, tambi&eacute;n se realiz&oacute; una persecuci&oacute;n hacia todos los ciudadanos que hubiesen realizado pagos a la entidad despu&eacute;s del llamamiento de G&uuml;len en 2014.
    </p><p class="article-text">
        Exactamente, Melike y Nihat hab&iacute;an participado, seg&uacute;n el juez, en tal financiaci&oacute;n de forma mensual. &ldquo;Nosotros lo llamamos hipoteca&rdquo;, afirma ella en modo sarc&aacute;stico. Por aquel entonces, en 2014, G&uuml;len no era considerado un terrorista y muchos turcos eran usuarios del banco en cuesti&oacute;n. A d&iacute;a de hoy, el gigante bancario est&aacute; confiscado por el Gobierno de Erdogan.
    </p><h3 class="article-text">Despido, tortura y marginaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Junto a la acusaci&oacute;n de ser miembros de FET&Ouml;, llegaron las represalias civiles. Nihat fue despedido del cuerpo de polic&iacute;a y ella, del centro educativo donde impart&iacute;a sus clases: &ldquo;En mitad de la clase me dijeron que estaba despedida porque hab&iacute;an descubierto que mi marido era un terrorista&rdquo;. A la carga judicial se le sumaron las consecuencias econ&oacute;micas. Salieron adelante gracias a la compra de una camioneta de reparto que les ha ayudado a sobrevivir de forma aut&oacute;noma. No hab&iacute;a otra opci&oacute;n: ninguna empresa se arriesgaba a contratar a un presunto gulenista.
    </p><p class="article-text">
        La angustia segu&iacute;a cuando ca&iacute;a la noche y ciertas visitas se presentaban a las cinco de la ma&ntilde;ana golpeando reiteradamente su puerta. &ldquo;Entraron seis polic&iacute;as, me arrastraron por el suelo delante de mi hija, tuve una crisis de ansiedad y me administraron un medicamento&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n su testimonio, en comisar&iacute;a continuaron las vejaciones y presuntas pr&aacute;cticas que, seg&uacute;n las convenciones internacionales, podr&iacute;an constituir la tortura. &ldquo;Me desnudaron delante de las c&aacute;maras de seguridad para registrarme y tambi&eacute;n me ahogaron continuamente bajo el agua en el lavabo&rdquo;. Su relato prosigue: &ldquo;Terroristas. T&uacute; y tu marido sois unos terroristas. No llores. No grites&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d33723de-170b-4728-aa1c-bb343346aaa1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d33723de-170b-4728-aa1c-bb343346aaa1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d33723de-170b-4728-aa1c-bb343346aaa1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d33723de-170b-4728-aa1c-bb343346aaa1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d33723de-170b-4728-aa1c-bb343346aaa1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d33723de-170b-4728-aa1c-bb343346aaa1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d33723de-170b-4728-aa1c-bb343346aaa1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s y sin darle explicaciones, la dejaron libre: &ldquo;&iquest;Y ahora por qu&eacute; me solt&aacute;is?&rdquo;. La pregunta, dice, le cost&oacute; una bofetada y una escueta respuesta: &ldquo;Ha sido un error, ya te puedes ir&rdquo;. Melike cuenta que desde entonces debe frecuentar la consulta de un psic&oacute;logo para cicatrizar un da&ntilde;o que no se limita a los golpes y moratones: &ldquo;Me he intentado suicidar dos veces&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Meses m&aacute;s tarde, sin ninguna novedad en el proceso judicial que ya ten&iacute;an abierto ni algo que lo hiciese presagiar, Nihat fue definitivamente encarcelado y su camioneta no volvi&oacute; a salir del garaje. &ldquo;Al ser llevado ante el mismo juez que anteriormente hab&iacute;a determinado su libertad a la espera de juicio, le pregunt&oacute; por qu&eacute; no estaba en la c&aacute;rcel con sus amigos&rdquo;, afirma Melike.
    </p><p class="article-text">
        Ella se libr&oacute; para poder cuidar de su hija, con quien ahora debe vivir bajo el techo de sus padres sexagenarios por razones econ&oacute;micas. Despu&eacute;s de ser purgada de su trabajo, se resigna a malvivir impartiendo algunas clases particulares. Su madre no trabaja, mientras su padre se enfrenta a largas jornadas laborales para sostener el peso de esta nueva vida.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;La ley se mezcla con la pol&iacute;tica&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Nihat y Melike defienden su inocencia. La vista oral ha sido pospuesta en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, la &uacute;ltima hace escasos d&iacute;as. En uno de los juicios tuvo lugar un suceso que a&uacute;n les inquieta. &ldquo;Est&aacute;bamos todos en el juzgado menos el abogado que nos defiende a m&iacute; y a mi marido&rdquo;, destaca la acusada. Al parecer, el letrado recibi&oacute; una llamada an&oacute;nima argumentando que Melike hab&iacute;a sido arrestada, raz&oacute;n por la que retras&oacute; su comparecencia en los tribunales. Cuando el abogado contact&oacute; con Melike, acudi&oacute; al juicio, pero no le dejaron entrar. Mientras, el juez interrog&oacute; a los acusados sin la presencia de ning&uacute;n abogado. El juicio fue pospuesto otra vez a petici&oacute;n del mismo abogado defensor cuando pudo acceder, finalmente, a la sala.
    </p><p class="article-text">
        El letrado, que tampoco quiere revelar su identidad, asegura llevar cerca de 150 casos de la misma naturaleza. &Eacute;l mismo tambi&eacute;n fue purgado cuando ocupaba un cargo p&uacute;blico pocos d&iacute;as despu&eacute;s del intento de golpe. No esconde su deseo de la justicia finalmente se imponga en su pa&iacute;s, pero lo ve complicado: &ldquo;Desafortunadamente la ley se mezcla con la pol&iacute;tica. Si esto funciona as&iacute;, no hay posibilidades de ganar&rdquo;, argumenta en referencia a los clientes que representa.
    </p><p class="article-text">
        Melike y Nihat pronto volver&aacute;n a ser interrogados por el juez, al igual que miles de turcos que desean despertar de una pesadilla cuyo final puede ser la c&aacute;rcel, que les ha arrebatado sus respectivos trabajos, les ha condenado a la marginaci&oacute;n social y, en muchos casos, tambi&eacute;n se traduce en negar el derecho a abrazar a sus hijos m&aacute;s de una vez por semana. Erdogan, por su parte, se someter&aacute; a su propio juicio el 24 de junio, d&iacute;a en que millones de turcos est&aacute;n llamados a las urnas para reafirmar o rechazar la Turqu&iacute;a del presente. 
    </p><p class="article-text">
        <span id="ancla"></span>
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        ACTUALIZACI&Oacute;N: la Justicia turca ha condenado finalmente a Melike y Nihat a seis de a&ntilde;os de c&aacute;rcel para cada uno por pertenencia al &ldquo;grupo terrorista&rdquo; FET&Ouml;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/turquia-ciudadanos-terrorismo-denuncian-persecucion_1_2153725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Apr 2018 18:57:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ef22d646-2cb3-4fa5-a269-a985d9bd051f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="47651" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ef22d646-2cb3-4fa5-a269-a985d9bd051f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47651" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una app y una hipoteca han puesto a una pareja turca en el punto de mira de Erdogan]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ef22d646-2cb3-4fa5-a269-a985d9bd051f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Recep Tayyip Erdogan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Séptimo aniversario de la guerra siria: "Mi vida finalizó hace siete años"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiadas-siria-turquia_1_2225996.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/252e93a3-4601-4b53-a6bb-47c37faac870_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Séptimo aniversario de la guerra siria: &quot;Mi vida finalizó hace siete años&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este jueves se cumplen siete años del inicio del conflicto en Siria, que ha forzado a huir de sus hogares a más de cinco millones de refugiados a países de la región, como Turquía</p><p class="subtitle">Desde Ankara, Fatma y Hanan, refugiadas sirias, cuentan su lucha por salir adelante estos años: "Mi vida se vino abajo, me quedé sola con dos niños"</p><p class="subtitle">Tras escapar de la guerra, las mujeres están expuestas a mayores riesgos por el hecho de serlo: "Les dicen que las ayudarán con comida y luego las violan"</p></div><p class="article-text">
        La guerra en Siria ya suma siete a&ntilde;os, los mismos que Fatma acumula sin Aziz, su marido. &ldquo;Ten&iacute;amos una vida c&oacute;moda en Alepo y mi marido trabajaba en una f&aacute;brica de zapatos&rdquo;, recuerda la mujer, ahora refugiada junto a sus dos hijos en Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En junio de 2011, cuatro meses despu&eacute;s de las primeras protestas contra el Gobierno, Aziz cerr&oacute; los ojos por &uacute;ltima vez. &ldquo;El peque&ntilde;o no se acuerda de &eacute;l&rdquo;, afirma Fatma mirando fijamente a su hijo menor.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda como si fuera ayer ese caluroso d&iacute;a de junio. &ldquo;No me dijo que se iba a una manifestaci&oacute;n, dijo que ten&iacute;a trabajo por hacer&rdquo;. Seg&uacute;n relata, &eacute;l se encontraba en la primera l&iacute;nea de manifestantes y la violencia ya hab&iacute;a alcanzado niveles insospechados. &ldquo;Fue apu&ntilde;alado por los hombres de Assad&rdquo;, asegura. Una estampida le dej&oacute; solo y herido en el suelo, donde falleci&oacute; poco despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este jueves se cumplen siete a&ntilde;os desde el inicio de la guerra en Siria, que se ha cobrado cientos de miles de vidas y ha obligado a 5,6 millones de refugiados a huir a los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n como Turqu&iacute;a, que alberga a algo m&aacute;s <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Anclados-Turquia-refugiados-llegaron-UE_0_720928703.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de 3 millones de desplazados sirios. Estas cifras contrastan con los 180.000</a> refugiados que la UE acord&oacute; acoger en 2015, un compromiso que los Estados europeos han incumplido.
    </p><p class="article-text">
        La guerra en el pa&iacute;s &aacute;rabe ha provocado, denuncia la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), &ldquo;una colosal tragedia humana&rdquo;, recrudecida en las &uacute;ltimas semanas con la ofensiva del Gobierno sirio sobre Guta Oriental (Damasco), que ha dejado centenares de muertos.
    </p><p class="article-text">
        La contienda iniciada en 2011 deriv&oacute; en un conflicto internacional en el que intervienen Rusia, Estados Unidos, Francia y Turqu&iacute;a. ONG como Amnist&iacute;a Internacional llevan a&ntilde;os alertando de que las fuerzas gubernamentales, y tambi&eacute;n grupos insurgentes, est&aacute;n <a href="https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/noticias/noticia/articulo/siria-los-crimenes-de-guerra-agravan-el-sufrimiento-de-la-poblacion-civil-bombardeada-y-asediada/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">perpetrando cr&iacute;menes de guerra</a> como bombardeos indiscriminados contra la poblaci&oacute;n civil. 
    </p><h3 class="article-text">Las trabas para iniciar una nueva vida lejos de Siria</h3><p class="article-text">
        El d&iacute;a de la muerte de Aziz fue un punto de inflexi&oacute;n en la complicada vida de la joven de 30 a&ntilde;os, que dej&oacute; los estudios hace 15 para sumergirse en un matrimonio concertado. &ldquo;A los 19 ya ten&iacute;a dos hijos&rdquo;, explica con una sonrisa, la misma que se apag&oacute; cuando Aziz muri&oacute; y emergieron las consecuencias del abandono de los estudios tras su boda prematura. &ldquo;Mi vida se vino abajo. Todos mis hermanos ten&iacute;an que cuidar de su propia familia y yo me qued&eacute; sola con dos ni&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sus ra&iacute;ces turcomanas y el conocimiento de la lengua la empujaron a tomar la decisi&oacute;n de alcanzar Turqu&iacute;a en busca de un futuro mejor para sus hijos. La negativa de sus progenitores a emprender el largo viaje hacia zona turca no evit&oacute; que cruzara, de la mano de un grupo de traficantes, la frontera con destino a Gaziantep, una ciudad del sur de Anatolia que hoy acoge a 400.000 refugiados con el recelo de parte de la poblaci&oacute;n local.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        All&iacute; vivi&oacute; en un espacio min&uacute;sculo con diez sirios m&aacute;s, entre los que se encontraba su hermana, pero opt&oacute; por trasladarse a la capital poco despu&eacute;s. En Ankara, trabaja actualmente para sacar adelante a sus hijos. Su biling&uuml;ismo &aacute;rabe-turco le permite trabajar como int&eacute;rprete en un hospital atendiendo a otros refugiados. &ldquo;A veces tambi&eacute;n voy a los juzgados u otros lugares para ayudarlos&rdquo;, destaca.
    </p><p class="article-text">
        Fatma puede desenvolverse en turco, pero otros muchos refugiados se encuentran con un problema ling&uuml;&iacute;stico que les impide desenvolverse con normalidad. Como consecuencia, reconstruir su vida en una nueva sociedad resulta aun m&aacute;s dif&iacute;cil, a lo que se une la escasez de programas y servicios en su idioma que algunas voces han denunciado. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas ONG de mujeres carecen de los recursos financieros necesarios para contratar int&eacute;rpretes. Las instituciones p&uacute;blicas importantes tampoco emplean traductores y esto se usa generalmente como una excusa para no proporcionar servicios a las mujeres refugiadas sirias&rdquo;, se&ntilde;ala Yelda &#350;ahin Ak&#305;ll&#305;, activista turca de la Foundation for Women's Solidarity, <a href="http://eca.unwomen.org/en/news/stories/2018/01/take-five-yelda-sahin-akilli-services-for-refugees-in-turkey" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en una entrevista a ONU Mujeres</a>.
    </p><p class="article-text">
        El idioma es una barrera para Hanan, cuyo esposo falleci&oacute; hace cuatro a&ntilde;os en un bombardeo. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo voy a aprender turco? No s&eacute; leer ni escribir, dej&eacute; el colegio a los 14 a&ntilde;os&rdquo; se pregunta esta refugiada siria. A esa edad, al igual que Fatma y miles de mujeres sirias, se cas&oacute; y comenz&oacute; a tener hijos.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta que, tras la muerte de su marido, su primog&eacute;nito se enrol&oacute; en el Ej&eacute;rcito Libre Sirio y ella cocin&oacute; para sus combatientes. Con ese dinero, explica, pudo mantener a sus otras tres hijas y aguant&oacute; en Alepo hasta hace tres meses, momento en que la familia puso rumbo a Ankara.
    </p><p class="article-text">
        Hanan explica que, adem&aacute;s de tener pocas opciones de trabajar, sufre las presiones del machismo en el seno de su conservadora familia: &ldquo;&Eacute;l es el hombre de la familia y me impide tener un empleo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para esta familia, la capital turca es solamente una parada en este largo viaje de ida y vuelta: &ldquo;No nos planteamos llegar a Europa ni quedarnos en Turqu&iacute;a, cuando acabe la guerra volveremos a Siria&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Un camino minado para las mujeres</h3><p class="article-text">
        Las mujeres refugiadas sirias est&aacute;n expuestas a mayores riesgos por el hecho de ser mujeres durante todas las etapas de su viaje, tambi&eacute;n en suelo europeo. El duro camino hasta zona denominada &ldquo;segura&rdquo; conlleva episodios de violencia sexual y de g&eacute;nero que tambi&eacute;n se producen en el destino.
    </p><p class="article-text">
        El informe <a href="https://www.humanitarianresponse.info/sites/www.humanitarianresponse.info/files/documents/files/2017-12_voices_from_syria_2nd_edition.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Voces de Siria</em></a>, editado por el Fondo de Poblaci&oacute;n de la ONU, recoge testimonios de chicas que denuncian haber sido forzadas a realizar &ldquo;servicios&rdquo; sexuales a trabajadores de organizaciones humanitarias a cambio de pan en campos de refugiados sirios. El alto &iacute;ndice de violencia sexual en estos espacios es una amenaza para mujeres y ni&ntilde;os que huyen de las zonas devastadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d1e39c0-056b-45e4-ac7f-0bb52398b9f1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d1e39c0-056b-45e4-ac7f-0bb52398b9f1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d1e39c0-056b-45e4-ac7f-0bb52398b9f1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d1e39c0-056b-45e4-ac7f-0bb52398b9f1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d1e39c0-056b-45e4-ac7f-0bb52398b9f1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d1e39c0-056b-45e4-ac7f-0bb52398b9f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1d1e39c0-056b-45e4-ac7f-0bb52398b9f1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Cuando salen de ellos, Turqu&iacute;a no es el mejor destino para las mujeres. En 2017, fueron asesinadas 409 mujeres en el pa&iacute;s, 81 m&aacute;s que en 2016. Es decir, m&aacute;s de un asesinato machista al d&iacute;a, seg&uacute;n la plataforma turca 'We Will Stop Feminicide'.
    </p><p class="article-text">
        Fatma niega haber vivido episodios de violencia machista, pero denuncia su existencia en Ankara. &ldquo;Les dicen a las refugiadas que las ayudar&aacute;n con comida. Luego las violan&rdquo;, dice. Pero el silencio se impone y pocas mujeres denuncian al agresor, un dato que tambi&eacute;n recoge el informe Voces de Siria. &ldquo;Es raro que hablen de ello abiertamente por razones culturales, religiosas y zona geogr&aacute;fica&rdquo;. El Gobierno turco instruye a polic&iacute;as especializados en situaciones donde hay refugiados y, seg&uacute;n defiende, pone especial &eacute;nfasis en el conocimiento de la lengua &aacute;rabe.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, en Turqu&iacute;a, Hanan vive gracias a la caridad de una ONG local y el trabajo de su hijo mayor. Fatma reconoce sentir una mayor libertad: &ldquo;En Siria las familias no permiten que te puedas mover sola&rdquo;. Aqu&iacute; no tiene a nadie m&aacute;s con quien hacerlo, solamente a sus hijos preadolescentes.
    </p><p class="article-text">
        Afronta el d&iacute;a a d&iacute;a mirando de reojo las &uacute;ltimas noticias de su desmembrado pa&iacute;s. Pero no quiere volver. Los &uacute;ltimos ataques sobre Ghuta y Afrin alimentan una guerra que creen sin horizonte, al igual que la vida de Fatma: &ldquo;Trabajo para dar un futuro a mis hijos. Yo no lo tengo, mi vida finaliz&oacute; hace siete a&ntilde;os&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiadas-siria-turquia_1_2225996.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Mar 2018 09:37:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/252e93a3-4601-4b53-a6bb-47c37faac870_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="43557" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/252e93a3-4601-4b53-a6bb-47c37faac870_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="43557" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Séptimo aniversario de la guerra siria: "Mi vida finalizó hace siete años"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/252e93a3-4601-4b53-a6bb-47c37faac870_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Refugiados sirios,Guerra de Siria,Turquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hambre y cárcel: la experiencia de dos profesores purgados en la Turquía de Erdogan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/hambre-experiencia-profesores-turquia-erdogan_1_2787845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e7de6cc-32dc-487c-891f-4c51a2e55b5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hambre y cárcel: la experiencia de dos profesores purgados en la Turquía de Erdogan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los profesores retirados de sus puestos que hicieron un pulso con el gobierno abandonan la huelga de hambre después de diez meses</p><p class="subtitle">Denuncian los malos tratos sufridos en la cárcel: "Era como un campo de concentración, me golpeaban y no me dejaban hablar con nadie"</p><p class="subtitle">Las protestas se siguen produciendo cada día en la misma calle, bajo la estatua "encarcelada" de los derechos humanos</p></div><p class="article-text">
        Caras p&aacute;lidas y cansancio. La resistencia de los purgados por&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/internacional/Turquia-militares-detenidos-Erdogan-preparando_0_537896630.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Ejecutivo turco tras el intento de golpe de Estado</a> sigue su curso, pero lo har&aacute; sin la herramienta m&aacute;s poderosa que hab&iacute;an tenido hasta el momento, jugar con la vida de dos personas. &ldquo;El gobierno usa nuestro hambre para amenazarnos, nosotros lo usamos como arma&rdquo;, afirmaba Semih &Ouml;zak&ccedil;a un mes antes de acabar con el martirio que le ha mantenido, junto a Nuriye G&uuml;lmen, 324 d&iacute;as sin comer. Lo que algunos entienden como el final de un chantaje al Gobierno, otros lo consideran el acto m&aacute;s valiente de los dos s&iacute;mbolos de la purga. Semih y Nuriye no morir&aacute;n por su causa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Amamos nuestra resistencia, cada d&iacute;a nos hemos sentido m&aacute;s liberados. La resistencia vino para proteger nuestro honor y lo hemos recuperado&rdquo;. Con estas palabras, Nuriye justific&oacute; el final de su lucha el pasado 26 de enero. Para ellos no es un derrota, aunque seguro que Erdogan est&aacute; degustando una nueva victoria. Otra m&aacute;s en su haber, otra m&aacute;s que arrastra historias personales llenas de &eacute;pica.
    </p><p class="article-text">
        Nuriye era profesora de la Sel&ccedil;uk University de Konya, ciudad conservadora de la profunda Anatolia. Respetada entre acad&eacute;micos y alumnos, sus clases bastaban para enmudecer a una tribuna entera. Pero el Gobierno apreci&oacute; m&aacute;s bien &ldquo;lazos con organizaciones terroristas&rdquo; para expulsarla de las aulas. Semih, por su parte, era profesor en una escuela de educaci&oacute;n primaria en Mardin, ciudad del sureste de Turqu&iacute;a situada a escasos kil&oacute;metros de la frontera con Siria.
    </p><p class="article-text">
        Junto a su mujer, Esra, que tambi&eacute;n fue purgada del mismo trabajo y que inici&oacute; una huelga de hambre cuando &eacute;l fue encarcelado, construy&oacute; una vida articulada entre el colegio donde impart&iacute;a clases y su familia. Pero la rutina de la pareja se trunc&oacute; con uno de esos decretos del Gobierno que han dejado a m&aacute;s de 150.000 anatolios privados de sus trabajos.
    </p><p class="article-text">
        Esos mismos decretos supusieron a su vez la uni&oacute;n de Nuriye y Semih, que decidieron luchar en Ankara por todos los purgados. Luego se uni&oacute; Esra, que tambi&eacute;n fue purgada. Todos estaban en Ankara y, pese a que la protesta se hizo notoria, el Gobierno de Erdogan mir&oacute; a otro lado inflexible ante &eacute;ste y otros casos similares. Nuriye y Semih decidieron cambiar de estrategia: en un nublado 9 de marzo se sumergieron en una huelga de hambre.
    </p><p class="article-text">
        Sus cuerpos fueron perdiendo la movilidad en un proceso en el que solamente se nutr&iacute;an con agua azucarada o salada, t&eacute; y comprimidos de tiamina (vitamina B1). Su cerebro tambi&eacute;n se resinti&oacute;. &ldquo;Mantener el cerebro funcionando era lo m&aacute;s importante&rdquo;, admite Semih, que hoy apenas supera los 40 kilos, una decena m&aacute;s que su amiga Nuriye.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La lucha por la justicia se convirti&oacute; en su nueva vida. Cuando llevaban 75 d&iacute;as en huelga de hambre junto a la estatua de los Derechos Humanos de Ankara, en la peatonal calle Y&uuml;ksel, fueron encarcelados y acusados de pertenencia al DHKP-C [Partido Revolucionario de Liberaci&oacute;n Popular]. A dicho grupo, de ideolog&iacute;a marxista-leninista y contrario a la OTAN, se le atribuyen varios atentados, entre ellos el que se llev&oacute; la vida del magnate &Ouml;zdemir Sabanci en 1996.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la Ley Antiterrorista turca, uno de los grandes escollos del congelado proceso de adhesi&oacute;n turco a la Uni&oacute;n Europea, asemeja simpatizante y militante. &iquest;Es cierta esa vinculaci&oacute;n? &ldquo;Yo no lo s&eacute;, preg&uacute;ntale a la Polic&iacute;a&rdquo;, responde ir&oacute;nicamente Nuriye. Semih, por su parte, r&iacute;e al ser interrogado por la misma cuesti&oacute;n: &ldquo;nunca me pudieron relacionar con el DHKP-C&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El ex profesor de Primaria puntualiza que su ideolog&iacute;a anti-imperialista le puede llevar a coincidir con tal grupo, pero deja claro que &ldquo;el DHKP-C tiene armas, yo solo soy un profesor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las acusaciones se basaron en hechos como la posesi&oacute;n de una pancarta de color rojo: &ldquo;nosotros somos socialistas, es nuestro color y no nos escondemos de ello. En la pancarta pon&iacute;a que &lsquo;el estado de emergencia ataca nuestros derechos y queremos recuperar nuestro trabajo&rsquo;. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el DHKP-C?&rdquo;. Esra sintetiza el motivo del ingreso penitenciario alegando que obedec&iacute;a a aspectos m&aacute;s estrat&eacute;gicos que judiciales: &ldquo;No quer&iacute;an que la protesta creciese&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El recuerdo de Gezi, aquellas protestas que en 2013 incendiaron las principales ciudades del oeste de Anatolia y que dejaron 8.000 heridos, ha creado una profunda cicatriz en el seno de un Gobierno irascible ante cualquier conato de resistencia popular. En esta atm&oacute;sfera represiva el tiempo parec&iacute;a una eternidad para Nuriye y Semih. En la calle, cada d&iacute;a a las 13:30 y 18 horas, varias decenas de purgados y otros simpatizantes protestaban ya no s&oacute;lo por su trabajo, sino por sus dos compa&ntilde;eros encarcelados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos llevaron a un tipo de c&aacute;rcel reservada para terroristas&rdquo;, denuncia Semih al hablar del apogeo que signific&oacute; para &eacute;l estar encerrado. Las c&aacute;rceles turcas catalogadas como Tipo-F son de alta seguridad y est&aacute;n integradas por presos acusados de terrorismo. All&iacute; pasaron meses incomunicados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Era como un campo de concentraci&oacute;n, me golpeaban y no me dejaban hablar con nadie&rdquo;, denuncia. Seg&uacute;n recuerda, recibi&oacute; un castigo por hablar con un recluso que consisti&oacute; en permanecer en pie durante dos horas. En esos d&iacute;as Semih ya acumulaba meses en huelga de hambre. Nuriye cuenta una experiencia similar: &ldquo;me arrastraron hasta mi celda y me intentaron convencer de que abandonara mi lucha. Eso ya supone una forma de tortura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El 20 de octubre Semih fue liberado. Se traslad&oacute; a vivir a la casa en la que su mujer y otros afectados conspiraban contra el poder establecido. No estaban solos, y como s&iacute;mbolo de la nueva resistencia, las visitas eran constantes. En esos escasos ochenta metros cuadrados, los peregrinos deb&iacute;an acceder bajo estrictas normas de higiene: un peque&ntilde;o virus pod&iacute;a significar la muerte para Semih y su mujer Esra. En cuanto a Nuriye, su liberaci&oacute;n se produjo el d&iacute;a 2 de diciembre. Al igual que su compa&ntilde;ero, fue hallada inocente.
    </p><h3 class="article-text">Cazar al &ldquo;terrorista&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El caso de Semih y Nuriye no es m&aacute;s que otra mota negra en el expediente de Erdogan. Desde que estallara la trama de corrupci&oacute;n de diciembre de 2013, que salpic&oacute; a importantes cargos del Gobierno, el giro autoritario del presidente se comenz&oacute; a evidenciar. Ya se atravesaba una cr&iacute;tica situaci&oacute;n social antes incluso del fallido golpe de Estado.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, a comienzos de 2016 m&aacute;s de mil profesores firmaron un manifiesto a favor de una soluci&oacute;n dialogada al conflicto kurdo, revivido seis meses antes. El grupo de docentes, denominado &lsquo;Acad&eacute;micos por la Paz&rsquo;, despu&eacute;s de firmar el documento, entendieron lo que se avecinaba en Turqu&iacute;a: una purga de voces contrarias al Ejecutivo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He firmado cientos de documentos sin que ocurriese nada, pensaba que este ser&iacute;a uno m&aacute;s, pero posteriormente ocurrieron muchas cosas&rdquo;, afirma Halil Ibrahim Yenig&uuml;n, exprofesor de la Istanbul Commerce University que firm&oacute; la petici&oacute;n. &Eacute;l pudo huir del pa&iacute;s a tiempo y ahora imparte clases en los Estados Unidos, pero otros no tuvieron la misma suerte y se han quedado sin pasaporte, sin la posibilidad de trabajar en el sector p&uacute;blico y vi&eacute;ndose repudiados del sector privado.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, decenas de miles de profesores han sido purgados de los centros educativos por real decreto, consecuencia del estado de emergencia que a&uacute;n est&aacute; en vigor. &ldquo;Son unos traidores&rdquo;, destac&oacute; el presidente en su momento.
    </p><p class="article-text">
        Con el discurso polarizante, caracter&iacute;stico de sus &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, m&aacute;s de la mitad de los turcos aprueban su gesti&oacute;n, como refleja el 51% de apoyo que obtuvo el presidente en el refer&eacute;ndum de abril de 2017. Los m&aacute;s fan&aacute;ticos opinan en la misma l&iacute;nea o, incluso, van un poco m&aacute;s all&aacute;: idam [pena de muerte] era una m&aacute;xima que resonaba en la conmemoraci&oacute;n de la fallida asonada.
    </p><p class="article-text">
        Desde aquella noche en la que los militares fracasaron, las decisiones de Erdogan han ido enterrando cada uno de los grandes avances democr&aacute;ticos de sus primeras legislaturas y la esperanza de la comunidad internacional. Gracias a &eacute;l se comenz&oacute; a hablar en el mundo acad&eacute;mico anatolio del genocidio armenio.
    </p><p class="article-text">
        Pero el pa&iacute;s de hoy es diferente, y un adjetivo ben&eacute;volo para la &ldquo;Nueva Turqu&iacute;a&rdquo; es el de &ldquo;d&eacute;bil&rdquo; democracia. Emma Sinclair-Webb, directora de Human Rights Watch en Turqu&iacute;a, as&iacute; lo sustenta con la continuidad del estado de emergencia y con &ldquo;los encarcelamientos arbitrarios hacia los m&aacute;s cr&iacute;ticos con el Gobierno&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La batalla sigue</h3><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s donde alzar la voz en contra del gobierno puede llevarte a la c&aacute;rcel bajo acusaciones de terrorismo, muchos sindicatos y sus miembros se encuentran bajo el punto de mira gubernamental o han sido directamente clausurados.
    </p><p class="article-text">
        El pueblo turco, con una larga tradici&oacute;n de resistir ante adversas circunstancias, sigue la lucha en la misma estatua donde Nuriye comenz&oacute; a protestar, pero con un ligero matiz: el espacio dedicado a los derechos humanos se encuentra delimitado por unas vallas que impiden al pueblo acercarse.
    </p><p class="article-text">
        Decenas de polic&iacute;as armados hacen guardia las 24 horas y la jerga callejera de la ciudad define la situaci&oacute;n como &lsquo;el encarcelamiento de los Derechos Humanos&rsquo;. Ni siquiera el arresto de los profesores amedrent&oacute; a una sociedad que sigui&oacute; protestando. Cada d&iacute;a la tensa calma de Yuksel rompe en disturbios.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy la comisi&oacute;n ha rechazado nuestra apelaci&oacute;n, pero la llevaremos a los juzgados. A partir de hoy, terminamos nuestra huelga de hambre, pero nuestra resistencia continuar&aacute;&rdquo;, concluye el comunicado que pone fin a casi un a&ntilde;o de sufrimiento. En la calle Y&uuml;ksel ya esperan la llegada de Nuriye y Semih, s&iacute;mbolos de un coraje que pocos se atreven hoy a mostrar en la Turqu&iacute;a de Erdogan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/hambre-experiencia-profesores-turquia-erdogan_1_2787845.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Feb 2018 19:56:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0e7de6cc-32dc-487c-891f-4c51a2e55b5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2213343" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0e7de6cc-32dc-487c-891f-4c51a2e55b5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2213343" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hambre y cárcel: la experiencia de dos profesores purgados en la Turquía de Erdogan]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0e7de6cc-32dc-487c-891f-4c51a2e55b5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Educación,Recep Tayyip Erdogan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El colectivo LGTBI, la última víctima de Erdogan: "No tenemos miedo, pero deberíamos tenerlo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/colectivo-lgtbi-victima-erdogan-deberiamos_1_2976754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd4de749-fc67-4b22-93bd-1b57fde50310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El colectivo LGTBI, la última víctima de Erdogan: &quot;No tenemos miedo, pero deberíamos tenerlo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Turquía, la prohibición de las movilizaciones y la represión desatada tras el intento del golpe de Estado se extiende al movimiento LGTBI "para proteger la salud pública y la moral"</p><p class="subtitle">Los estudiantes estallan ante la negativa de celebrar un festival de cine homosexual y se movilizan con diferentes protestas en las universidades</p><p class="subtitle">"No tenemos derecho a la protesta y tampoco existen reglas contra la violencia hacia los homosexuales", denuncia uno de los líderes del movimiento LGTBI</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No tenemos miedo, pero deber&iacute;amos tenerlo&rdquo;.&nbsp;Ozg&uuml;r G&uuml;r tiene 23 a&ntilde;os y estudia en la Universidad T&eacute;cnica de Medio Oriente (ODT&Uuml;), uno de los centros educativos m&aacute;s prestigiosos de Turqu&iacute;a. Desde que empez&oacute; su andadura en el movimiento LGTBI, no hab&iacute;a vivido un momento tan determinante para reivindicar&nbsp;los derechos del colectivo, dice en una conversaci&oacute;n con eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        El veto a las movilizaciones &ldquo;por razones de seguridad&rdquo;, seg&uacute;n el Gobierno turco, se sigue extendiendo hacia<a href="http://www.eldiario.es/desalambre/defensores-derechos-humanos-Turquia-Erdogan_0_667383749.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> los grupos m&aacute;s molestos para el presidente,</a> Recep Tayyip Erdogan. La &uacute;ltima v&iacute;ctima ha sido&nbsp;la comunidad LGTBI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales), que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha ganado una fuerza considerable y se opone a las directrices de los sectores m&aacute;s conservadores del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El episodio que hizo estallar la ira tuvo lugar en noviembre, cuando Ankara prohibi&oacute; la celebraci&oacute;n de una festival de cine LGTBI alem&aacute;n. Si hace unos meses trascend&iacute;a la noticia de la prohibici&oacute;n de cualquier manifestaci&oacute;n p&uacute;blica en la capital turca, ahora ya se persigue la celebraci&oacute;n de reuniones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En los d&iacute;as previos a la prohibici&oacute;n del festival, el ambiente se hizo extra&ntilde;o y algo cambi&oacute;&rdquo;, resume G&uuml;r. Junto a muchos activistas, lidera el movimiento LGTBI estudiantil en un pa&iacute;s con&nbsp;sectores conservadores poco receptivos a estas causas&nbsp;y, en ocasiones,&nbsp;agresivos con ciertos colectivos. Hasta el momento, la homosexualidad era ligeramente tolerada en suelo turco.&nbsp;Aunque no existen leyes espec&iacute;ficas contra el colectivo ni est&eacute;n criminalizados ante los tribunales, la realidad social es distinta.
    </p><h3 class="article-text">La represi&oacute;n crece&nbsp;desde el intento de golpe de Estado</h3><p class="article-text">
        &ldquo;No tenemos derecho a la protesta y tampoco existen reglas contra la violencia hacia los homosexuales&rdquo;, se&ntilde;ala el activista. Esta situaci&oacute;n, lejos de arreglarse al ver que el mundo avanza en la conquista de derechos para el colectivo, empeora d&iacute;a tras d&iacute;a en un pa&iacute;s que, seg&uacute;n alertan numerosas voces, ha dado un giro antidemocr&aacute;tico en los &uacute;ltimos meses. Aunque no quiere dar m&aacute;s detalles de sus experiencias personales, G&uuml;r relata que no lo ha tenido f&aacute;cil: &ldquo;Dentro de la universidad me siento seguro, pero fuera&nbsp;corro el riesgo&nbsp;de ser atacado por los sectores m&aacute;s conservadores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante la presi&oacute;n del Gobierno, tampoco siente tranquilidad por figurar, dice, en una disuasoria 'lista negra'. Entiende que Ankara pretende frenar una posible oleada de protestas y se muestra firme, pero no oculta que la realidad puede llegar a ser&nbsp;dura con ellos: &ldquo;No tenemos miedo, pero deber&iacute;amos tenerlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el joven,&nbsp;el colectivo LGTBI &ldquo;se gan&oacute; la enemistad&rdquo; del&nbsp;Ejecutivo despu&eacute;s de las&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/internacional/Estambul-despues-barricadas-acampada-Gezi_0_139986031.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">protestas del parque Gezi</a> (Estambul), en 2013, &ldquo;debido al enorme peso del colectivo para movilizar a las masas&rdquo;. Aunque las discrepancias fuesen en aumento, no pasaron a la represi&oacute;n hasta hace un a&ntilde;o, seg&uacute;n relata.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef4e1b42-ff0b-4650-9b4b-c6c75b3143c7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef4e1b42-ff0b-4650-9b4b-c6c75b3143c7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef4e1b42-ff0b-4650-9b4b-c6c75b3143c7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef4e1b42-ff0b-4650-9b4b-c6c75b3143c7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef4e1b42-ff0b-4650-9b4b-c6c75b3143c7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef4e1b42-ff0b-4650-9b4b-c6c75b3143c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ef4e1b42-ff0b-4650-9b4b-c6c75b3143c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s del intento de<a href="http://www.eldiario.es/internacional/golpe-fallido-Turquia-deja-muertos_0_537896370.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> golpe de Estado [15 de julio de 2016]</a>, Erdogan act&uacute;a con decretos y puede cerrar organizaciones sin previo aviso ni leyes que lo sustenten&rdquo;, lamenta.&nbsp;Por esta raz&oacute;n, se&ntilde;ala, las principales agrupaciones LGTBI del pa&iacute;s, como Kaos o Pink Life, no alzan la voz con contundencia ni movilizan a la poblaci&oacute;n. &ldquo;Temen que les cierren la organizaci&oacute;n&rdquo;, explica G&uuml;r.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, los partidos de izquierdas han&nbsp;optado&nbsp;por reivindicar la presencia del colectivo en sus filas, una postura que les hace ganar apoyo ante unas futuras elecciones y que Erdogan ya ha criticado. &ldquo;El partido que se hace llamar el principal de la oposici&oacute;n [CHP] se ha alejado tanto de la naci&oacute;n que ahora en las elecciones a comit&eacute;s locales est&aacute;n poniendo una cuota de homosexuales, en proporci&oacute;n de uno de cada cinco&rdquo;, dijo el presidente<a href="http://www.eldiario.es/politica/Erdogan-ataca-oposicion-incluir-homosexuales_0_706229988.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> en un discurso el pasado noviembre</a>. Y finalmente exclam&oacute;: &ldquo;&iexcl;Que venga Dios y lo vea! Nosotros somos los que defendemos la moral&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El festival prohibido</h3><p class="article-text">
        Cuando el coche se detiene, dos chicas se besan apasionadamente en la parte trasera del veh&iacute;culo, ante la mirada de Lukas y Favio desde la parte delantera. Finalmente, ellas se marchan y ocurre lo mismo entre ellos. La escena pertenece a la pel&iacute;cula <em>Romeos</em>, uno de los largometrajes que se iban a emitir en el Festival de Cine Alem&aacute;n LGTBI, prohibido por el Gobierno de Ankara.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a antes de&nbsp;las proyecciones, trascend&iacute;a la denegaci&oacute;n para celebrar el evento. Las autoridades locales&nbsp;se defendieron mediante un comunicado afirmando que los actos&nbsp;&ldquo;podr&iacute;an incitar deliberadamente a un segmento de la sociedad con caracter&iacute;sticas diferentes contra otro segmento de la sociedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De tal forma, se pretendi&oacute; frenar un supuesto enfrentamiento prohibiendo al colectivo LGBTI reivindicar sus derechos, alegando que pod&iacute;a haber &ldquo;reacciones y provocaciones contra los grupos e individuos que participan en la organizaci&oacute;n debido a ciertas sensibilidades sociales&rdquo;. Alertaron de que &ldquo;podr&iacute;a conducir a un peligro inminente con respecto a la seguridad p&uacute;blica, y tambi&eacute;n puede da&ntilde;ar la protecci&oacute;n de los derechos y libertades de otras personas, la salud p&uacute;blica y la moral&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En sus comunicados, las principales organizaciones LGTBI del pa&iacute;s condenaron los hechos y avisaron que tomar&iacute;an medidas legales contra un acto &ldquo;discriminatorio y arbitrario&rdquo;. Las agrupaciones prosiguieron acusando al Gobierno de atentar contra &ldquo;la libertad de expresi&oacute;n y de reuni&oacute;n&rdquo;, derechos recogidos en los tratados internacionales que Turqu&iacute;a ha ratificado.
    </p><h3 class="article-text">La comunidad universitaria&nbsp;desaf&iacute;a a Erdogan</h3><p class="article-text">
        Los preparativos para la celebraci&oacute;n del festival se suced&iacute;an: mientras las asociaciones se juntaban para organizar los eventos, la embajada alemana participaba, en mayor medida, para facilitar la concesi&oacute;n de los derechos de las pel&iacute;culas.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de que Ankara impidiese oficialmente su celebraci&oacute;n, las universidades decidieron acoger los actos. El estudiante de la ODT&Uuml; afirma que en los d&iacute;as anteriores a la prohibici&oacute;n el ambiente no era el habitual. G&uuml;r mantiene una relaci&oacute;n fluida con el rectorado debido a su condici&oacute;n de l&iacute;der estudiantil y afirma que &ldquo;en las dos &uacute;ltimas semanas algo se rompi&oacute; y ya no contestaban&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se dispon&iacute;an a realizar una reuni&oacute;n rutinaria con estudiantes para discutir temas que conciernen al grupo LGTBI, se&ntilde;ala,&nbsp;les&nbsp;&ldquo;impidieron&rdquo; reunirse&nbsp;&ldquo;por primera vez&rdquo;. Desde entonces, seg&uacute;n explica, su nombre figura en una lista, al igual que el de un docente. &ldquo;A m&iacute; no me investigaran por ser estudiante, pero tengo miedo de que lo hagan con el profesor&rdquo;, destaca. Turqu&iacute;a<a href="http://www.elperiodico.com/es/internacional/20160719/los-profesores-ultimo-objetivo-de-las-purgas-en-turquia-5278312" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> ha purgado a miles de acad&eacute;micos </a>tras el intento de golpe de Estado.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la negativa, los estudiantes sab&iacute;an que el &uacute;nico lugar donde la polic&iacute;a no pod&iacute;a entrar era en las universidades, que tienen cuerpos de seguridad propios y donde no les est&aacute; permitido actuar. <em>Romeos </em>deb&iacute;a ser visionada en el interior de la Middle East Technical University. Ante la presi&oacute;n de la polic&iacute;a esperando&nbsp;en las puertas, la seguridad interna opt&oacute; por entrar en la sala, medida que no funcion&oacute; porque los estudiantes hab&iacute;an instalado barricadas&nbsp;con sillas y mesas. Finalmente, cortaron la electricidad, pero tampoco dio resultado: &ldquo;Instalamos unos generadores y pudimos ver la pel&iacute;cula&rdquo;,&nbsp;relata G&uuml;r.
    </p><p class="article-text">
        La resistencia no solamente se ejerce en esta Universidad. Otras como Hacettepe, tambi&eacute;n en Ankara, o la de Bo&#287;azi&ccedil;i, en Estambul, tienen un alto poder de movilizaci&oacute;n y se coordinan para llevar a cabo las acciones. El Gobierno, afirma G&uuml;r, &ldquo;no quiere que la protesta se extienda, pero ya lo est&aacute; haciendo en Estambul&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d78540fd-b1d3-46a7-8b35-5e4aea2b888e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d78540fd-b1d3-46a7-8b35-5e4aea2b888e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d78540fd-b1d3-46a7-8b35-5e4aea2b888e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d78540fd-b1d3-46a7-8b35-5e4aea2b888e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d78540fd-b1d3-46a7-8b35-5e4aea2b888e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d78540fd-b1d3-46a7-8b35-5e4aea2b888e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d78540fd-b1d3-46a7-8b35-5e4aea2b888e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La ciudad m&aacute;s grande de Turqu&iacute;a tiene experiencia en esta lucha y celebra por sus calles el d&iacute;a del Orgullo LGTBI desde hace 15 a&ntilde;os. El pasado mes de junio, las autoridades disolvieron la marcha por tercer a&ntilde;o consecutivo y lo que deb&iacute;a ser un acto reivindicativo se convirti&oacute; en una batalla campal entre activistas y polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2003, la marcha se hab&iacute;a celebrado sin incidentes y fue ganando adeptos hasta reunir a m&aacute;s de 15.000 personas en 2014, a pesar de las amenazas de los sectores m&aacute;s conservadores. Esto incit&oacute; a las autoridades a prohibir los actos el a&ntilde;o siguiente &ldquo;por razones de seguridad&rdquo;. A&nbsp;pesar de la falta de autorizaci&oacute;n, la gente ha continuado asistiendo a unas&nbsp;manifestaciones que, desde entonces, han&nbsp;venido acompa&ntilde;adas&nbsp;de intervenciones policiales, con empleo de gases lacrim&oacute;genos y ca&ntilde;ones de agua.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy y despu&eacute;s de un largo mes de protestas, &ldquo;todos los actos y reuniones han sido prohibidos&rdquo;, lamenta el activista. El colectivo LGTBI, dice, ha sido la &uacute;ltima v&iacute;ctima de un Gobierno turco volcado en debilitar a todo aquel que represente un problema para sus intereses.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/colectivo-lgtbi-victima-erdogan-deberiamos_1_2976754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jan 2018 19:25:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cd4de749-fc67-4b22-93bd-1b57fde50310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="76561" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cd4de749-fc67-4b22-93bd-1b57fde50310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="76561" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El colectivo LGTBI, la última víctima de Erdogan: "No tenemos miedo, pero deberíamos tenerlo"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cd4de749-fc67-4b22-93bd-1b57fde50310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[LGTBI,Turquía,Recep Tayyip Erdogan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anclados en Turquía: la vida de los refugiados que nunca llegaron a la UE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/anclados-turquia-refugiados-llegaron-ue_1_2986200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anclados en Turquía: la vida de los refugiados que nunca llegaron a la UE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Miles de refugiados sirios malviven en el barrio de Altındağ, al noreste de Ankara, ante las difíciles condiciones del invierno y sin esperanzas de llegar a Europa</p><p class="subtitle">El plan de remodelación del barrio mejora las condiciones en las que viven, pero obliga a muchas familias a abandonar su hogar</p><p class="subtitle">Ante las pocas esperanzas que ofrece el distrito algunos ya se replantean volver a Siria, pero otros no pueden: "Si vuelvo me matan"</p></div><p class="article-text">
        El olor a madera quemada avisa que el invierno se empieza a asomar, y con &eacute;l, los problemas que afrontan los m&aacute;s desafortunados. La ciudad de Ankara viste de negro ante las dificultades que sufren los refugiados en las fechas que se avecinan, unas circunstancias que alcanzan su m&aacute;xima expresi&oacute;n en el barrio de Alt&#305;nda&#287;, bautizado como 'La peque&ntilde;a Alepo'.
    </p><p class="article-text">
        No es dif&iacute;cil encontrarlo, solamente hace falta seguir la niebla. El denso humo que se acumula en sus calles a primeras horas de la ma&ntilde;ana, d&oacute;nde el fr&iacute;o alcanza su apogeo, revela con creces la cara m&aacute;s amarga de esta estaci&oacute;n del a&ntilde;o. Sin dinero y poca ropa, las temperaturas les obligan a quemar todo cuanto encuentren a su paso y la nube t&oacute;xica se alza a medida que pasan las horas para indicar que un nuevo d&iacute;a acaba de empezar, otra jornada en el barrio donde malviven los que tuvieron que abandonar Siria forzosamente.
    </p><p class="article-text">
        La huida precipitada es el denominador com&uacute;n en todas las historias que se cruzan en 'La peque&ntilde;a Alepo'. Amani, una joven siria, lleg&oacute; a la comunidad hace pocas semanas desde Idlib, primera parada despu&eacute;s de partir desde Alepo. All&iacute; creci&oacute; y se licenci&oacute; en Farmacia mientras la guerra se produc&iacute;a a pocos kil&oacute;metros de su facultad. No acusa la dif&iacute;cil situaci&oacute;n: &ldquo;Mi barrio estaba controlado por las tropas de Assad y reinaba la normalidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una vez acabada la universidad, la falta de oportunidades laborales la obligaron a dejar su ciudad, un paso que su padre ya hab&iacute;a emprendido antes. Al tener familiares en Idlib, al oeste del pa&iacute;s, decidi&oacute; trasladarse a esta ciudad, ahora controlada por Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde all&iacute;, seg&uacute;n afirma, &ldquo;pagu&eacute; 1.500 d&oacute;lares a los traficantes para poder llegar a Ankara&rdquo;, ciudad donde la farmac&eacute;utica malvive a d&iacute;a de hoy. Ahora espera con ansias poderse juntar con su padre en Alemania mediante el programa de reasentamiento de la Uni&oacute;n Europea. &ldquo;Mi t&iacute;o se ir&aacute; pronto a los Estados Unidos, pero ha estado dos a&ntilde;os esperando&rdquo;, afirma.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be217ac8-07a9-4229-bff9-0b02cf3d3cfc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be217ac8-07a9-4229-bff9-0b02cf3d3cfc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be217ac8-07a9-4229-bff9-0b02cf3d3cfc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be217ac8-07a9-4229-bff9-0b02cf3d3cfc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/be217ac8-07a9-4229-bff9-0b02cf3d3cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/be217ac8-07a9-4229-bff9-0b02cf3d3cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/be217ac8-07a9-4229-bff9-0b02cf3d3cfc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Es consciente de que la demora siempre se puede alargar y por ello tambi&eacute;n estudia alem&aacute;n para probar suerte con un visado de estudiante. El programa de reunificaci&oacute;n familiar, en su caso, no es posible porque ya cumple con la mayor&iacute;a de edad, por lo que la opci&oacute;n m&aacute;s r&aacute;pida es la que muchos acaban realizando: &ldquo;Podr&iacute;a hacer como mi padre y llegar ilegalmente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su progenitor tuvo que cruzar el Mar Egeo en patera y aventurarse por la ruta de los Balcanes hasta llegar a suelo alem&aacute;n. &ldquo;No estoy segura, camin&oacute; unos tres o cuatro pa&iacute;ses&rdquo;. Ese padre, a d&iacute;a de hoy y despu&eacute;s de dos a&ntilde;os, espera que su hija pueda llegar a Europa sin tener que arriesgar su vida lanz&aacute;ndose al mar y caminando a trav&eacute;s de pa&iacute;ses como Bulgaria, Serbia, Croacia y Austria.
    </p><p class="article-text">
        En 2017, Alemania recibi&oacute; con el programa de reasentamiento a un total de 2.232 refugiados sirios que se encontraban en Turqu&iacute;a, seg&uacute;n datos de la UNHCR, la agencia para los refugiados de la ONU. Por su parte, Espa&ntilde;a alcanz&oacute; el escaso n&uacute;mero de 147 personas. En esas cifras no se contabilizan los que no pueden esperar m&aacute;s y deciden cruzar fronteras sin el 'permiso' de las instituciones.
    </p><h3 class="article-text">Demoliciones forzadas</h3><p class="article-text">
        Los sirios de Alt&#305;nda&#287; llegaron ligeros de peso y sin dinero. Su &uacute;nica esperanza era ocupar los edificios antiguos, algunos de ellos abandonados, y sin acceso a los servicios b&aacute;sicos, como luz y agua. Aun as&iacute;, y despu&eacute;s de haber visto sus casas en Siria reducidas a escombros, dieron una oportunidad al nuevo futuro que les esperaba. No obstante, las condiciones insalubres obligaron al gobierno a tomar partido y decidieron demoler esos hogares en el marco de un ambicioso plan de reurbanizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Horoz explica el sentimiento que tuvieron las familias al ver su casa destruida por segunda vez: &ldquo;Para ellos ya fue duro tener que abandonar su hogar o ver c&oacute;mo era bombardeado, as&iacute; que imagina que te ocurre lo mismo hasta en dos ocasiones&rdquo;. El proyecto dej&oacute; a familias enteras en la calle buscando un techo en condiciones.
    </p><p class="article-text">
        El barrio, al noreste de la capital turca, est&aacute; en constante crecimiento, aunque ahora se encuentra delimitado por una alambrada que separa el territorio civil del militar. &ldquo;Se supone que no se puede construir all&iacute; porque el terreno pertenece al ej&eacute;rcito&rdquo;, destaca Serkan Horoz, responsable de una ONG local que ayuda a los refugiados que acaban de llegar.
    </p><p class="article-text">
        Sin la valla espinada, muchos decidir&iacute;an improvisar su nuevo hogar a bajo coste. La poblaci&oacute;n de sirios en la barriada se cuenta por millares y va en aumento. Aunque no existen cifras exactas ni est&aacute;n segregadas por nacionalidad, en 2015 el gobierno turco contabiliz&oacute; cerca de 365.000 habitantes en el empobrecido vecindario, la mayor&iacute;a de ellos de nacionalidad siria y, en su mayor&iacute;a, de la ciudad de Alepo.
    </p><h3 class="article-text">El camino de vuelta a la guerra siria</h3><p class="article-text">
        Con pocas perspectivas de prosperar, algunos tambi&eacute;n deciden regresar al pa&iacute;s del que huyeron. Gadir malviv&iacute;a junto a sus tres hijos en las calles de Alt&#305;nda&#287; hasta que decidi&oacute; emprender el camino de vuelta &ldquo;para honrar la memoria de su marido fallecido&rdquo;, seg&uacute;n destaca su familia que aun vive en Ankara. La sorpresa de esta madre de tres ni&ntilde;os fue observar que su hogar segu&iacute;a en pie, rodeado de casas en ruinas. Decidi&oacute; quedarse y construir un futuro poco prometedor, pero en casa, su Siria natal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ace934da-98d9-4b65-98be-e56a4cb574cc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ace934da-98d9-4b65-98be-e56a4cb574cc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ace934da-98d9-4b65-98be-e56a4cb574cc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ace934da-98d9-4b65-98be-e56a4cb574cc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ace934da-98d9-4b65-98be-e56a4cb574cc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ace934da-98d9-4b65-98be-e56a4cb574cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ace934da-98d9-4b65-98be-e56a4cb574cc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Su hermano no podr&iacute;a regresar aunque quisiese. Muhammed, adem&aacute;s de ser refugiado, es un proscrito. Una vez acabado el servicio militar, quiso concentrarse en un futuro lejos de las armas, pero justo despu&eacute;s Assad comenz&oacute; la represi&oacute;n contra su propia poblaci&oacute;n y &eacute;l fue llamado a filas, asegura. Su negativa por acudir le vali&oacute; una orden de arresto que a&uacute;n recae sobre sus espaldas: &ldquo;Si vuelvo a Siria, me matan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin posibilidades de hacer un camino de vuelta que muchos ya se plantean, s&oacute;lo le queda la opci&oacute;n de aceptar trabajos precarios en este barrio de la capital. Seg&uacute;n Horoz, muchos empresarios turcos han reflotado sus empresas gracias a la mano de obra barata de los sirios que han llegado sin educaci&oacute;n previa y desesperados por sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        Los &ldquo;intelectuales&rdquo;, tal como los denomina el joven cooperante, tienen m&aacute;s posibilidades de ser reasentados en pa&iacute;ses europeos, a los que acusa de aceptar en mayor medida las solicitudes de los refugiados que gozan de una carrera universitaria o una educaci&oacute;n s&oacute;lida: &ldquo;Los peores se quedan en Ankara&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras el sol se apaga, miles de familias encienden una hoguera que ahuyentar&aacute; al invierno hasta el d&iacute;a siguiente. Su humo cubrir&aacute; la totalidad de las calles de la capital turca, pero la densa niebla solamente se manifestar&aacute; en 'La peque&ntilde;a Alepo' para indicar que los desafortunados siguen en Ankara. Otros volver&aacute;n a su Siria natal y solamente los 'escogidos' abandonaran la densa nube de humo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/anclados-turquia-refugiados-llegaron-ue_1_2986200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Dec 2017 20:19:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1515329" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1515329" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Anclados en Turquía: la vida de los refugiados que nunca llegaron a la UE]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b6b0c3c4-96d0-445e-b831-a7ea6d23db39_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Refugiados,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turquía juzga a once activistas detenidos en la purga tras el golpe de Estado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/turquia-juzga-activistas-detenidos-verano_1_3109526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Turquía juzga a once activistas detenidos en la purga tras el golpe de Estado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los defensores de derechos humanos son acusados de "mantener vínculos con el terrorismo" e intentar sembrar "el caos total", entre ellos están la directora y el presidente de Amnistía Internacional en Turquía</p><p class="subtitle">La Fiscalía ha pedido hasta 15 años de cárcel por todos ellos</p><p class="subtitle">Andrew Gardner, trabajador de AI: "El juicio no se basa en nada, deben ser puestos inmediatamente en libertad"</p></div><p class="article-text">
        Amnist&iacute;a Internacional quiere olvidar el pasado 5 de julio, cuando diez defensores de los derechos humanos fueron arrestados en un hotel de la isla de B&uuml;y&uuml;kada, en Estambul. Quiere hacer lo mismo con el 6 de junio, cuando el presidente de la misma organizaci&oacute;n, Taner Kili&ccedil;, fue arrestado en su casa de Esmirna. Mientras el cautiverio de los activistas contin&uacute;a, <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Consejo-Europa-Turquia-Amnistia-Internacional_0_667034023.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gobiernos y figuras medi&aacute;ticas han pedido su liberaci&oacute;n</a>, incluidos &oacute;rganos de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        El desenlace podr&iacute;a comenzar este mi&eacute;rcoles y jueves, cuando se enfrentaran a un juicio que les puede dejar en libertad, o la pesadilla seguir&aacute; para demostrar que defender los derechos fundamentales en Turqu&iacute;a es significado de delito.
    </p><p class="article-text">
        La vida de Taner Kili&ccedil;, presidente de AI en Turqu&iacute;a, se detuvo la madrugada del 6 de junio cuando la Polic&iacute;a le arrest&oacute; en su casa de Esmirna, localidad mediterr&aacute;nea al oeste del pa&iacute;s. La detenci&oacute;n, junto a 22 abogados, del m&aacute;ximo responsable de la organizaci&oacute;n supuso un golpe para Amnist&iacute;a y el presagio de que <a href="http://www.eldiario.es/internacional/Turquia-militares-detenidos-Erdogan-preparando_0_537896630.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la purga de Erdogan se iba a extender</a> hacia l&iacute;mites insospechados.
    </p><p class="article-text">
        La acusaci&oacute;n que recae sobre esta figura ligada a AI desde 2002 es la relaci&oacute;n con la cofrad&iacute;a de Fethullah G&uuml;len, acusada de instigar el fallido golpe de Estado de julio de 2016. Su crimen, haberse descargado una aplicaci&oacute;n de mensajer&iacute;a instant&aacute;nea que se ha relacionado con los miembros de un grupo que es considerado terrorista. Si la justificaci&oacute;n resulta poco sostenida, los informes periciales de su tel&eacute;fono indican que Kili&ccedil; nunca llego a descargar ByLock, la app &lsquo;gulenista&rsquo; que seg&uacute;n la Fiscal&iacute;a utilizan cerca de 215.000 personas en Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Menos de un mes despu&eacute;s, la directora de AI en Turqu&iacute;a, Idil Eser, se reun&iacute;a con nueve activistas en un hotel de Estambul para realizar un taller rutinario. Pero la mala suerte quiso que un ciudadano turco denunciase a las autoridades el encuentro y un total de diez activistas fuesen arrestados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ae839b7-78f1-45b2-8250-e1017ca1262d_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ae839b7-78f1-45b2-8250-e1017ca1262d_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ae839b7-78f1-45b2-8250-e1017ca1262d_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ae839b7-78f1-45b2-8250-e1017ca1262d_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ae839b7-78f1-45b2-8250-e1017ca1262d_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1ae839b7-78f1-45b2-8250-e1017ca1262d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1ae839b7-78f1-45b2-8250-e1017ca1262d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Se les acusaba de conspiraci&oacute;n y &ldquo;delinquir en nombre de una banda terrorista&rdquo;. Ocho de los acusados, entre ellos el inform&aacute;tico alem&aacute;n Peter Steudtner, el sueco Ali Gharavi y la directora de Amnist&iacute;a se encuentran en prisi&oacute;n preventiva.
    </p><p class="article-text">
        En total, los once defensores de los derechos humanos afrontan una acusaci&oacute;n por parte de la Fiscal&iacute;a de hasta 15 a&ntilde;os de prisi&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Sembradores del caos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Los diez de Estambul&rdquo;, en referencia a los diez activistas que se reunieron, fue el nombre con los que la prensa af&iacute;n a Erdogan les denomin&oacute;, demoniz&aacute;ndolos y haci&eacute;ndose eco de las acusaciones que recib&iacute;an por parte del Gobierno. &ldquo;Se hab&iacute;an reunido con la intenci&oacute;n de continuar el golpe del 15 de julio. Fueron detenidos siguiendo informaci&oacute;n de inteligencia que recibimos&rdquo;, argument&oacute; Erdogan.
    </p><p class="article-text">
        El hotel Ascot, escenario de las detenciones, se convert&iacute;a en el espacio funesto de la reuni&oacute;n &ldquo;conspiranoica&rdquo; que realizaban personajes, descritos por el diario Takvim, como &ldquo;El Hacker&rdquo; o &ldquo;La que siembra el caos&rdquo;. Tambi&eacute;n se les relacionaba con el PKK (Partidos de los Trabajadores del Kurdistan) o FET&Ouml;, organizaci&oacute;n de Fethullah G&uuml;len. Seg&uacute;n afirma la acusaci&oacute;n, &ldquo;ha quedado claro que el objetivo de los sospechosos eran marchas similares a las de Gezi [unas notorias revueltas en el a&ntilde;o 2013] , bajo el nombre de 'Adalet' (Justicia), que se convertir&iacute;an en violentas y crear&iacute;an el caos social&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La visita a la directora de AI</h3><p class="article-text">
        El secretario general de Amnist&iacute;a Internacional, Salil Shetty, ha sido de las pocas personas que ha podido acceder a la prisi&oacute;n de alta seguridad donde se encuentran los activistas detenidos en Estambul. Seg&uacute;n indica, visitar a Idil Eser no fue f&aacute;cil. &ldquo;Hab&iacute;a intentado visitarla en cuanto llegu&eacute; a Turqu&iacute;a, unos d&iacute;as antes, pero me hab&iacute;an impedido el paso en las puertas de la prisi&oacute;n. Tras reunirme con el ministro de Justicia, Abd&uuml;lhamit G&uuml;l, en Ankara, para reiterar nuestra solicitud de que se nos concediera una visita, pude verla por fin&rdquo;, admite Shetty.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n indica el activista de AI Andrew Gardner a eldiario.es, la situaci&oacute;n, lejos de ser normal, se ha vuelto com&uacute;n. &ldquo;Bajo el estado de emergencia solamente pueden visitar a los presos familiares o abogados una vez por semana&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        A ra&iacute;z de esa visita, el secretario general describi&oacute; que el aislamiento que reciben es total. &ldquo;Aunque comparte celda con otra mujer, no ha podido siquiera hablar con los dem&aacute;s defensores y defensoras de los derechos humanos, como &Ouml;zlem Dalk&#305;ran, a la que detuvieron al mismo tiempo&rdquo;, afirma. Eser describi&oacute; tal cuarentena destacando que &ldquo;&Ouml;zlem est&aacute; a solo tres puertas, pero si quiero saber algo de ella tengo que buscarlo en los peri&oacute;dicos.&rdquo;
    </p><h3 class="article-text">Reacciones en todo el mundo</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea6a153e-3f73-4046-97eb-12d24d5d2358_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea6a153e-3f73-4046-97eb-12d24d5d2358_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea6a153e-3f73-4046-97eb-12d24d5d2358_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea6a153e-3f73-4046-97eb-12d24d5d2358_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea6a153e-3f73-4046-97eb-12d24d5d2358_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea6a153e-3f73-4046-97eb-12d24d5d2358_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ea6a153e-3f73-4046-97eb-12d24d5d2358_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Una larga lista de gobiernos, instituciones y figuras medi&aacute;ticas han instado a que sean puestos en libertad. Entre ellos figuran la Comisi&oacute;n Europea, el Departamento de Estado de Estados Unidos, funcionarios de la ONU, <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Consejo-Europa-Turquia-Amnistia-Internacional_0_667034023.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Angela Merkel</a> y el gobierno alem&aacute;n, as&iacute; como los gobiernos de Austria, Irlanda, Espa&ntilde;a o B&eacute;lgica.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Edward Snowden, exiliado por sacar a la luz el espionaje masivo y sistem&aacute;tico por parte de los Estados Unidos, se sum&oacute; a la causa destacando en un v&iacute;deo que &ldquo;Amnist&iacute;a luch&oacute; por mi cuando los necesit&eacute;, ahora es momento de dar la cara por ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gardner, que trabaja para la organizaci&oacute;n sobre el terreno, destaca que &ldquo;el juicio no se basa en nada y deben ser puestos inmediatamente en libertad&rdquo;. &Eacute;l vivir&aacute; en primera persona las vistas y no conf&iacute;a mucho en un final feliz. &ldquo;Est&aacute; claro que es una persecuci&oacute;n pol&iacute;tica, no tiene nada que ver con la justicia&rdquo; y por ello sentencia que &ldquo;desafortunadamente es imposible recibir un juicio justo&rdquo;. Aun as&iacute;, las pocas esperanzas que alberga se basan en la naturaleza de estos activistas: &ldquo;Son personas que no han hecho nada malo, es frustrante que sigan en la c&aacute;rcel&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Naya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/turquia-juzga-activistas-detenidos-verano_1_3109526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Oct 2017 17:59:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="44809" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="44809" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Turquía juzga a once activistas detenidos en la purga tras el golpe de Estado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7631cb77-37ee-4c15-8816-c6e90b45bf54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turquía,Golpe de Estado en Turquía,Recep Tayyip Erdogan,Activismo,Amnistía Internacional]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
