<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - María Montesino]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria_montesino/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Montesino]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/517893/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Decrecimiento. ¿Cómo pasar de la teoría a la acción?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/decrecimiento-pasar-teoria-accion_132_10535114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/164bdded-32eb-46d6-9394-d06019848fea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Decrecimiento. ¿Cómo pasar de la teoría a la acción?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El decrecimiento es una apuesta que afecta a lo micro y a lo macro, a las instituciones, a la política, a la economía y a la vida cotidiana de las personas</p><p class="subtitle">Entrevista - Adrián Almazán: La crisis económica es una forma de gestionar el empobrecimiento de la sociedad”</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Por decrecimiento entendemos un proyecto político en positivo capaz de aunar estas nuevas condiciones planetarias con horizontes de igualdad, justicia y autonomía para todas y todos (humanos y no humanos)</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Adrián Almazán</span>
                                        <span>—</span> Doctor en Filosofía
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Acabo de leer una noticia donde se habla de que <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/santander-no-implantara-zona-bajas-emisiones-si-no-necesario_1_10532890.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Santander no implantar&aacute; una zona de bajas emisiones &ldquo;si no es necesario&rdquo;</a> y me ha recordado (de nuevo) la necesidad urgente que tenemos de plantearnos otros modelos posibles de ciudad, de vida, de relacionarnos con los lugares que habitamos. Aprovecho el debate que generan estas cuestiones como excusa para hablar de otra cosa, de otro concepto, de otra posibilidad, de otra sensibilidad de la cual partir: el decrecimiento.
    </p><p class="article-text">
        A este concepto se llega desde diferentes aproximaciones, para muchos autores es considerado un t&eacute;rmino paraguas que integra una diversidad de movimientos sociales a la izquierda y a muchas de las luchas ecologistas, sociales, econ&oacute;micas, feministas y pol&iacute;ticas de nuestro tiempo. A mi entender, decrecer es un proceso abierto (obviamente, no el &uacute;nico), un movimiento en marcha, un intento por hacer frente al modelo hegem&oacute;nico del crecimiento y el desarrollismo para desacelerar la producci&oacute;n y el consumismo, a la vez que&nbsp;se ponen en el centro el bienestar de los seres humanos, animales y ecosistemas del planeta. Nada que ver con las teor&iacute;as que lo sit&uacute;an como una especie de regreso a las cavernas.
    </p><p class="article-text">
        El decrecimiento es una apuesta que afecta a lo micro y a lo macro, a las instituciones, a la pol&iacute;tica, a la econom&iacute;a y a la vida cotidiana de las personas. Una posibilidad, dentro de un pluriverso, de muchas otras propuestas que tratan de plantear, dise&ntilde;ar, pensar y hacer a partir de otras l&oacute;gicas, m&aacute;s all&aacute; de la acumulaci&oacute;n de capital como &uacute;nica manera de estar en el mundo. Tarea pendiente de los pa&iacute;ses del Norte global, cuyos modelos extractivistas y contaminantes son incompatibles con la vida, por eso creo que es tan urgente pensar otras v&iacute;as posibles de habitar. No se trata de perder bienestar, sino de todo lo contrario, se trata de que todas las personas puedan tener una buena vida y no solo unos pocos, se trata de potenciar lo p&uacute;blico, lo com&uacute;n, la redistribuci&oacute;n de la riqueza, la justicia social, frenar la privatizaci&oacute;n de la sanidad y la educaci&oacute;n, cuidar de la biodiversidad y de los ecosistemas, entre otras muchas cuestiones.
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de junio de este a&ntilde;o tuve la oportunidad de participar en un encuentro sobre antropolog&iacute;a y decrecimiento en la Facultad de Antropolog&iacute;a de la London School of Economics en Londres. Una oportunidad para compartir junto a colegas de distintas universidades (University College of London, University of Cambridge, Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona, University Western Australia&hellip;) y pa&iacute;ses (Canad&aacute;, M&eacute;xico, Chile, Italia, Holanda, India, Inglaterra...) y poner en com&uacute;n nuestras investigaciones. Present&eacute; parte de mi trabajo en contextos rurales c&aacute;ntabros para hablar de montes comunales, transici&oacute;n ecosocial, agroecolog&iacute;a, mujeres rurales, democracia directa, conflicto y mediaci&oacute;n cultural. Y lo hice intentando articular un discurso donde el decrecimiento pueda estar situado como hilo conductor de fondo, como alternativa deseable. Uno de los debates m&aacute;s interesantes (sobre todo para un entorno acad&eacute;mico) surgi&oacute; a partir de la pregunta: &iquest;c&oacute;mo convertir el conocimiento en acci&oacute;n? Es decir, de todo lo que se habla, teoriza, investiga, publica: &iquest;qu&eacute; llega realmente a la pr&aacute;ctica, c&oacute;mo contribuye a mejorar la vida de las personas, c&oacute;mo se convierte en un conocimiento &uacute;til para la sociedad? &iquest;C&oacute;mo aterrizar?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es necesario bajar al barro, conocer y practicar desde el cuerpo, integrando en el debate la diversidad existente de contextos, también el ámbito rural</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde mi punto de vista es necesario bajar al barro, conocer y practicar desde el cuerpo, integrando en el debate la diversidad existente de contextos, tambi&eacute;n el &aacute;mbito rural. No es tan habitual que se hable de decrecimiento desde perspectivas que atraviesan las ruralidades, aunque ya se trabaja en esta l&iacute;nea (investigadoras como Luc&iacute;a Mu&ntilde;oz Sueiro o Donatella Gasparro lo hacen), a mi juicio, imprescindible si queremos pensar en alternativas para los pa&iacute;ses del Norte global desde los pa&iacute;ses del Norte global. Se trata de conocer ejemplos, maneras de hacer, de organizarse, de producir alimentos, de convivencia con los ecosistemas que pueden ser (re)aprendidas, reinventadas, adaptadas a las necesidades actuales. Hay muchos saberes y pr&aacute;cticas que se est&aacute;n perdiendo en los pueblos porque poca gente mira hacia ese lugar o miran de determinada forma, con prejuicios, desde arriba. La mayor&iacute;a de las propuestas parten de una mirada urbanoc&eacute;ntrica que sit&uacute;a a la ciudad como el espacio donde suceden casi todas las cosas y donde se produce conocimiento, nada m&aacute;s lejos de la realidad. 
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria estamos viviendo en la actualidad la emergencia de procesos que reflejan grandes temas (tambi&eacute;n actuales y universales) como el cambio clim&aacute;tico, la turistificaci&oacute;n, la gentrificaci&oacute;n (urbana y rural), la privatizaci&oacute;n o el extractivismo, entre otros. Pero tambi&eacute;n se est&aacute;n articulando respuestas desde otras l&oacute;gicas. Por ejemplo, desde el sector agroalimentario que es, sin duda, uno de los ejes fundamentales a la hora de pensar sobre posibles transiciones ecosociales km 0. Frente a las pol&iacute;ticas que se resisten a entender el contexto medioambiental actual, este territorio tiene mucho que aportar al debate, a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y social y a la propia vida en com&uacute;n. Hay algunos ejemplos de enorme relevancia en lo que a producci&oacute;n de alimentos se refiere y otros modelos posibles de agricultura y ganader&iacute;a regenerativa, de desperdicio 0, de aprovechamiento de recursos, de econom&iacute;a circular, de reducci&oacute;n de la huella de carbono e h&iacute;drica. Desde aqu&iacute;, tenemos la posibilidad de potenciar los sistemas alimentarios territorializados, cadenas productivas que tengan una vinculaci&oacute;n con el ecosistema natural, social y cultural que habitamos, &iquest;por qu&eacute; no comenzar poni&eacute;ndolos como ejemplo? &iquest;No es una buena oportunidad de pasar del conocimiento a la acci&oacute;n, de la teor&iacute;a a la pr&aacute;ctica?
    </p><p class="article-text">
        Si regresamos al concepto, hay muchas publicaciones que hablan de decrecimiento desde diferentes aproximaciones: <em>Nuevos comunalismos. Una hip&oacute;tesis pol&iacute;tica para el decrecimiento</em>, <em>El decrecimiento explicado con sencillez</em>, <em>Ecofeminismo y decrecimiento</em>, <em>The future is degrowth. A guide to a World beyond Capitalism</em>, son solo algunos ejemplos. Tambi&eacute;n activistas, colectivos, cooperativas y grupos de investigaci&oacute;n cuyo trabajo, reflexiones y pr&aacute;cticas tienen mucho que ver con una apuesta por otros modelos posibles al desarrollismo. Este viernes 22 de septiembre a las 19.30 Adri&aacute;n Almaz&aacute;n <a href="https://lavoragine.net/eventos/decrecimiento-del-que-al-como-propuestas-para-el-estado-espanol/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">presentar&aacute; en la librer&iacute;a La Vor&aacute;gine</a> el libro <em>Decrecimiento: del qu&eacute; al c&oacute;mo</em>. <em>Propuestas para el Estado espa&ntilde;ol</em>,<em> </em>una publicaci&oacute;n junto a Luis Gonz&aacute;lez Reyes en la que aportan posibles hojas de ruta para transformar sectores como la energ&iacute;a, la gesti&oacute;n de materiales, la alimentaci&oacute;n, la industria, la construcci&oacute;n, las finanzas o el turismo. Una magn&iacute;fica oportunidad para adentrarse en el debate de la mano de una de las mentes m&aacute;s brillantes del pensamiento cr&iacute;tico actual, y hacerlo, no solo en torno al decrecimiento, sino tambi&eacute;n sobre c&oacute;mo pasar de la teor&iacute;a a la acci&oacute;n.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/decrecimiento-pasar-teoria-accion_132_10535114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Sep 2023 20:05:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/164bdded-32eb-46d6-9394-d06019848fea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="165626" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/164bdded-32eb-46d6-9394-d06019848fea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="165626" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Decrecimiento. ¿Cómo pasar de la teoría a la acción?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/164bdded-32eb-46d6-9394-d06019848fea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Árboles en resistencia frente a las políticas del hormigón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/arboles-resistencia-frente-politicas-hormigon_132_10240743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dadceac2-9ee8-4f72-85a1-3746e60847be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Árboles en resistencia frente a las políticas del hormigón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siguen haciendo falta propuestas alternativas a las políticas del hormigón, también pedagogías interdisciplinares críticas desde la política, la arquitectura, la biología, la antropología, las artes, etc. que incorporen otras sensibilidades hacia el resto de seres vivos</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El reto filos&oacute;fico consiste en hacer sensible y evidente que s&iacute; que hay algo que ver y unos significados ricos que traducir en los entornos vivos que nos rodean. (...) No era 'mejor antes', por fuerza, y no se trata de volver a una vida de corretear desnudos por los bosques. El desaf&iacute;o estriba, precisamente, en que se trata de&nbsp;inventar&nbsp;esas otras vidas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Baptiste Morizot
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al pie de una monta&ntilde;a peque&ntilde;a hay una finca enorme rodeada de &aacute;rboles, en ella, un chopo inmenso observa los cambios de estaci&oacute;n desde el centro del prado. Y lo hace desde hace a&ntilde;os, basta con observar su tama&ntilde;o y su presencia, como si estuviera resistiendo en mitad de aquel terreno al invierno y a los a&ntilde;os de soledad. En primavera, cobijando a potrillos y terneros a los pies de su tronco, protegiendo a quien se quisiera alejar del sol del verano, siempre con pajarillos que van y vienen a un ritmo fren&eacute;tico entre sus ramas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas me par&eacute; a observar ese &aacute;rbol (como tantas otras veces). Me llam&oacute; much&iacute;simo la atenci&oacute;n porque lo hab&iacute;an podado hasta convertirlo en una figura alargada, en un gran palo desnudo. Aquellas ramas que se extend&iacute;an primero de manera irregular hacia todos los lados de la finca, como si se tratase de ra&iacute;ces que crecen alborotadas hacia las nubes y tambi&eacute;n hacia los lados intentando alcanzar a otros &aacute;rboles, se hab&iacute;an convertido ahora en una especie de mu&ntilde;ones que terminaban en desesperanzadores c&iacute;rculos negros.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que observo este fen&oacute;meno. Cada a&ntilde;o, llegan las podas municipales (agresivas, exageradas) en distintas localidades y siempre se repite la misma imagen, series de &aacute;rboles convertidos en palos, incrustados en peque&ntilde;as parcelas de tierra rodeadas por hormig&oacute;n. Pol&iacute;ticas municipales que prefieren el cemento a las zonas verdes, a la biodiversidad que favorece la vegetaci&oacute;n en todas sus formas. Basta con salir a dar un paseo por Santander para comprobar c&oacute;mo se han reducido y arrinconado sus zonas verdes, pero no hace falta irse al entorno urbano para ver este tipo de pr&aacute;cticas que se han extendido tambi&eacute;n a los pueblos y ayuntamientos peque&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Estas pol&iacute;ticas no se improvisan, responden a imaginarios y concepciones muy concretos de la naturaleza, de los ecosistemas y de los seres vivos que los habitan, entendiendo que las zonas verdes han de ser siempre, por decirlo de alguna manera &ldquo;domesticadas&rdquo;, reducidas al protagonismo de las carreteras y el hormig&oacute;n, relegadas a un segundo plano. &iquest;Por qu&eacute; no transitar hacia otros modelos? La arquitecta Izaskun Chinchilla habla de algunos en su libro&nbsp;<em>La ciudad de los cuidados</em>, y hay muchos otros ejemplos de acciones para potenciar la biodiversidad en las ciudades, no solo para contrarrestar los efectos de la contaminaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no favorecer y priorizar la presencia de &aacute;rboles, diferentes especies de plantas, arbustos y flores para proteger la biodiversidad? Hasta la PAC (Pol&iacute;tica Agraria Com&uacute;n) parece que ha incorporado el concepto de islas de biodiversidad en el manejo de fincas y pastizales, veremos qu&eacute; resultados arroja una vez aterrice en las pr&aacute;cticas y manejos locales. Se trata por lo visto de que se respeten determinadas zonas sin segar o pastar durante ciertas &eacute;pocas del a&ntilde;o, para que aves e insectos puedan habitarlas. Qu&eacute; iron&iacute;a, las mismas pol&iacute;ticas europeas que apoyaron la intensificaci&oacute;n de la producci&oacute;n ahora nos piden que dejemos crecer la hierba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Coincide que estoy leyendo estos d&iacute;as el libro de Baptiste Morizot&nbsp;<em>Maneras de estar vivo. La crisis ecol&oacute;gica global y las pol&iacute;ticas de lo salvaje</em>. El autor comenta que algunas personas cuando &ldquo;van a la naturaleza&rdquo; se encuentran con un &ldquo;silencio apacible&rdquo;. Morizot reflexiona sobre c&oacute;mo esta visi&oacute;n surge de una p&eacute;rdida de sensibilidad hacia las maneras de habitar de otros seres vivos (con sus sonidos, olores, cuerpos, colores&hellip;). Explica que, qui&eacute;n quiera intentar traducir los sonidos (y sacarlos de su condici&oacute;n de ruido blanco), puede encontrar en una peque&ntilde;a pradera florida conversaciones multiespecie repletas de intimidaciones, juegos, negociaciones territoriales, conflictos y conversaciones sin palabras. Muchos&nbsp;<em>modus vivendi</em>&nbsp;en ebullici&oacute;n, sin embargo, el ser humano, desde su antropocentrismo, solo escucha silencio. Para Morizot, la crisis ecol&oacute;gica de la actualidad: &ldquo;m&aacute;s que una crisis de las sociedades humanas&nbsp;<em>por un lado</em>, o de los seres vivos&nbsp;<em>por otro</em>, es una crisis de nuestras&nbsp;<em>relaciones</em>&nbsp;con los seres vivos.&rdquo; No puedo estar m&aacute;s de acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no iban los seres humanos a necesitar, tambi&eacute;n, esas &ldquo;islas&rdquo; de biodiversidad en lugar de m&aacute;s cemento? Es interesante, en este sentido, ver c&oacute;mo las distintas sensibilidades generan tambi&eacute;n diferentes formas de habitar, imaginarios y pr&aacute;cticas concretas. Lo vemos en el surtido de programas pol&iacute;ticos que llegan a nuestros buzones, pero tambi&eacute;n en las conversaciones a pie de calle. A mi juicio, la propuesta partir&iacute;a de preguntas previas, &iquest;c&oacute;mo articular una escucha sensible a trav&eacute;s, no solo del o&iacute;do, sino de la lectura, de la conversaci&oacute;n, del paseo, del disfrute, del habitar, de la reflexi&oacute;n compartida? &iquest;C&oacute;mo vivir una vida que puede ser vivida desde otra mirada, otro lugar, otra sensibilidad?
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, siguen haciendo falta propuestas alternativas a las pol&iacute;ticas del hormig&oacute;n, tambi&eacute;n pedagog&iacute;as interdisciplinares cr&iacute;ticas desde la pol&iacute;tica, la arquitectura, la biolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a, las artes, etc. que incorporen otras sensibilidades hacia el resto de seres vivos. Y que lo hagan en toda su complejidad, no solo de manera cosm&eacute;tica, hablando de la vida, pero tambi&eacute;n de la muerte y de los procesos culturales y pol&iacute;ticos que hay detr&aacute;s de estas relaciones. Es, precisamente, esta visi&oacute;n de la naturaleza como algo &ldquo;natural&rdquo;, la que facilita que todo se resuma al consumo de naturaleza como paisaje vaciado, como tel&oacute;n de fondo donde poder incidir cuando sea necesario, como qui&eacute;n enciende y apaga la luz o pone un bonito fondo de pantalla en su ordenador. Creo del mismo modo, que es necesario el acercamiento a estos ecosistemas en su complejidad pol&iacute;tica, social, ecol&oacute;gica y cultural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n no se ha encontrado alguna vez con &aacute;rboles y vegetaci&oacute;n &ldquo;en resistencia&rdquo;, por decirlo de alg&uacute;n modo, contra las pol&iacute;ticas del cemento? Aceras levantadas por sus ra&iacute;ces, muros resquebrajados por la hiedra, hierbas que brotan entre los baldosines de las ciudades, florecillas que nacen de las grietas del alquitr&aacute;n en una carretera o cunetas repletas de amapolas. Yo, al igual que muchas antiguas alumnas y alumnos del colegio Verdemar, recuerdo siempre las historias en torno al roble y la encina que ve&iacute;amos desde las aulas. Un &aacute;rbol caducifolio y otro perenne que parec&iacute;an brotar de la misma ra&iacute;z, como si estuvieran abrazados (al menos as&iacute; lo entend&iacute;a mi recuerdo infantil), desaparecidos en la actualidad por las urbanizaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; el ejemplo de la finca, al pie de la monta&ntilde;a, rodeada de &aacute;rboles, donde habita (o habitaba, veremos) ese chopo, un &aacute;rbol que se hab&iacute;a convertido para m&iacute; en s&iacute;mbolo de la resistencia de este tipo de fincas con &aacute;rboles (no hay tantas). Parcelas heterog&eacute;neas, irregulares, con laberintos de caminos de hierba alta, de setales de verde intenso, atravesadas por las marcas en el terreno de las rutas del ganado cuando va a beber, de los excrementos de distintas especies dom&eacute;sticas (y salvajes) y de las florecillas que brotan entre ellos. Ecosistemas locales que defendemos quienes trabajamos (en lo te&oacute;rico y en lo pr&aacute;ctico) a partir de modelos agroecol&oacute;gicos y regenerativos. Invitaciones, en definitiva, a habitar el mundo desde otros lugares, miradas y sensibilidades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/arboles-resistencia-frente-politicas-hormigon_132_10240743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 May 2023 17:19:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dadceac2-9ee8-4f72-85a1-3746e60847be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4532862" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dadceac2-9ee8-4f72-85a1-3746e60847be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4532862" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Árboles en resistencia frente a las políticas del hormigón]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dadceac2-9ee8-4f72-85a1-3746e60847be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una vez cada cuatro años no es suficiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/vez-cuatro-anos-no-suficiente_132_9899082.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20d87fd3-0dc4-4afa-a895-990e655342de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una vez cada cuatro años no es suficiente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es necesario articular nuevas formas de gestión “comunitaria” y democrática de los recursos comunes (culturales, naturales, del conocimiento, tecnológicos...) más responsable, duradera y justa</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El movimiento de los comunes responde a uno de los aspectos más chocantes del neoliberalismo: el “pillaje” del Estado y los oligopolios privados de lo que pertenecía al dominio público, al Estado social o seguía en control de las comunidades locales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Christian Laval y Pierre Dardot</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o hay elecciones municipales&nbsp;y se nota, en los pueblos no iba a ser diferente. Cuatro a&ntilde;os de legislatura dan para mucho, pero siempre es m&aacute;s eficaz dejar &ldquo;lo bueno&rdquo; para el final, que los electores tengan presente antes de ir a las urnas todo lo que se est&aacute; haciendo en los ayuntamientos mostrando cambios que se materialicen en acciones concretas. Hay tantas versiones como podamos imaginar, lo importante es que sea algo f&aacute;cilmente identificable y que se lleve a cabo en los &uacute;ltimos meses de la legislatura para que los votantes lo tengan fresco en la memoria. Alquitranar las calles, construir parques infantiles, cambiar las farolas, asistir a eventos de las asociaciones locales o hacerse fotos sacando al santo en las fiestas de los pueblos. 
    </p><p class="article-text">
        Lo importante es contarlo en los medios de comunicaci&oacute;n locales, generar p&iacute;ldoras informativas de cada peque&ntilde;o gesto, alimentar la imagen del buen hacer y barrer debajo de la alfombra todo aquello que no interesa: invisibilizarlo, ignorarlo, hacer como si nunca hubiera ocurrido. A esto se le suma el hecho de que hace tiempo que estamos acostumbrados a que las redes sociales sean aut&eacute;nticos escaparates promocionales para muchos pol&iacute;ticos, unos son m&aacute;s de Facebook, otros de Twitter, pero el objetivo final siempre es el mismo: obtener seguidores que se puedan convertir en posibles votantes. La l&oacute;gica de los p&uacute;blicos, las audiencias y la construcci&oacute;n social de la propia imagen como marca. A veces da la sensaci&oacute;n de que es m&aacute;s importante contarlo que hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, la participaci&oacute;n ciudadana en la vida pol&iacute;tica no deber&iacute;a reducirse a una vez cada cuatro a&ntilde;os. Adem&aacute;s del derecho a ejercer el voto, hay muchas ocasiones en las que fomentar v&iacute;as de participaci&oacute;n de la vida en com&uacute;n. Si bien el medio rural se ha visto afectado por los mismos procesos hist&oacute;ricos que el urbano y se halla inmerso en un mismo contexto hist&oacute;rico, social y econ&oacute;mico, se puede desarrollar una mirada situada que nos permita atender cuestiones particulares, como es el caso de los &ldquo;comunes&rdquo; vinculados a la toma de decisiones y a la participaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Los t&eacute;rminos &ldquo;comunes&rdquo; o &ldquo;bienes comunes&rdquo; se han utilizado, no solo para referirse a los terrenos comunales, sino tambi&eacute;n para traducir luchas, pr&aacute;cticas, derechos y formas de resistencia que se oponen a los procesos de privatizaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n que se han desarrollado desde finales del siglo XX. El movimiento de los comunes es tambi&eacute;n una respuesta al neoliberalismo y la apropiaci&oacute;n de los oligopolios y del Estado de lo que hasta ahora pertenec&iacute;a al dominio p&uacute;blico o segu&iacute;a en control de las comunidades locales. Este paradigma de los comunes toma una especial fuerza simb&oacute;lica y pr&aacute;ctica en el &aacute;mbito rural en nuestros d&iacute;as ya que, todav&iacute;a hoy, en muchos pueblos se siguen administrando bienes y terrenos comunales. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque sabemos que no se convocan muchos Concejos en Cantabria (algunos de ellos ya sustituidos por Juntas Vecinales o directamente administrados por los ayuntamientos debido, entre otras cosas, a la p&eacute;rdida de poblaci&oacute;n), siguen constituyendo una potencia para el di&aacute;logo. En la &uacute;ltima d&eacute;cada he escuchado todo tipo de argumentos sobre este tema: &ldquo;al concejo solo se va a discutir&rdquo;, &ldquo;no se arregla nada&rdquo;, &ldquo;nadie quiere conflictos con los vecinos&rdquo;. Pero, &uacute;ltimamente, tambi&eacute;n escucho muchos otros a favor de convocarlos: &ldquo;lo mejor es que hablemos todos en el concejo sobre el tema&rdquo;, &ldquo;no vale resolver los problemas en la barra de un bar, hay que ir a concejo y decirlo all&iacute;&rdquo;, &ldquo;si vamos a concejo nos enteramos todos a la vez de las cosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no reinventar estos espacios de gesti&oacute;n de lo com&uacute;n? Quiz&aacute;s como espacios y tiempos para la transparencia, la escucha, el di&aacute;logo y tambi&eacute;n, por qu&eacute; no, para el conflicto. No tenemos que estar todos de acuerdo, esto es evidente, pero s&iacute; deber&iacute;amos de tener la oportunidad de poder expresarnos y poner sobre la mesa aquellas cuestiones que nos afectan. En cualquier caso, independientemente de los partidos pol&iacute;ticos, las personas se siguen organizando de manera m&aacute;s o menos informal para canalizar sus reivindicaciones. 
    </p><p class="article-text">
        En este &uacute;ltimo tiempo, encontramos algunos ejemplos con la oposici&oacute;n ciudadana a los pol&iacute;gonos e&oacute;licos en Cantabria. En el caso de la zona donde vivo, cuyo puerto de monta&ntilde;a se vio afectado por el proyecto del <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/cantabria-suma-proyecto-eolico-fallido-parque-coteruca-no-obtiene-informe-ambiental-favorable_1_9882077.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pol&iacute;gono e&oacute;lico La Coteruca que acaba de obtener un informe ambiental desfavorable</a>, fuimos un grupo de vecinas y vecinos de los pueblos afectados los que recogimos firmas para poder presentar alegaciones en tiempo y forma. Lo hicimos cuando nuestro ayuntamiento a&uacute;n no se hab&iacute;a posicionado, cuando algunas de sus Juntas Vecinales favorec&iacute;an las charlas de las empresas promotoras y no las de las plataformas ciudadanas. &iquest;C&oacute;mo les vamos a hablar de comunidades energ&eacute;ticas donde un pueblo pueda autogestionar su energ&iacute;a limpia sin pasar por la especulaci&oacute;n de estas empresas? Sigo pensando que es necesario articular nuevas formas de gesti&oacute;n &ldquo;comunitaria&rdquo; y democr&aacute;tica de los recursos comunes (culturales, naturales, del conocimiento, tecnol&oacute;gicos, etc.) m&aacute;s responsable, duradera y justa.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchos proyectos que est&aacute;n trabajando en este sentido en las zonas rurales en Cantabria, facilitando la participaci&oacute;n de las y los habitantes del territorio que es un primer paso, ah&iacute; est&aacute; la asociaci&oacute;n juvenil <a href="https://labardal.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Bardal</a> por ejemplo, abriendo v&iacute;as para trabajar con j&oacute;venes rurales en cuestiones que les importan como la vivienda, la red de transportes p&uacute;blicos o la contaminaci&oacute;n de los r&iacute;os de sus pueblos. Una instituci&oacute;n educativa como <a href="https://unate.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Unate</a> es un claro referente de c&oacute;mo trabajar procesos abajo arriba junto a personas mayores rurales, para que opinen sobre temas que les atraviesan como el envejecimiento activo, la soledad (deseada y no deseada) o las redes de cuidados a partir de una visi&oacute;n compleja del territorio. Desde hace muchos a&ntilde;os que conozco de primera mano la implicaci&oacute;n en el &aacute;mbito rural de <a href="https://laortigacolectiva.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Ortiga Colectiva</a>, facilitando talleres en torno a la cultura comunitaria y las ruralidades, espacios para compartir ideas, debates y proyectos junto a personas que no tienen nada que ver (o s&iacute;) con nuestra experiencia, trabajo, grupo de edad, ideolog&iacute;a o procedencia. Todas ellas pr&aacute;cticas horizontales que facilitan, no solo el contacto y la comunicaci&oacute;n entre instituciones y habitantes, sino tambi&eacute;n la constancia necesaria para mantenerlas vivas m&aacute;s all&aacute; de una vez cada cuatro a&ntilde;os.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/vez-cuatro-anos-no-suficiente_132_9899082.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Jan 2023 20:02:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/20d87fd3-0dc4-4afa-a895-990e655342de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="388939" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/20d87fd3-0dc4-4afa-a895-990e655342de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="388939" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una vez cada cuatro años no es suficiente]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/20d87fd3-0dc4-4afa-a895-990e655342de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por unos terrenos comunales ecológicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/terrenos-comunales-ecologicos_132_8645047.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a23b582-138a-4fbf-ae87-3c28ac59ffa4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por unos terrenos comunales ecológicos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los consumidores quieren conocer cómo se produce un alimento, cuáles son las formas de ganadería más respetuosas con el medio ambiente, que cuidan del bienestar animal, que generan menor impacto en los ecosistemas, que ofrecen unas condiciones dignas de trabajo y unos precios justos para productores y consumidores.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El retrato que el pueblo hace continuamente de sí mismo es mordaz, franco, exagerado a veces, raramente idealizado o hipócrita. La importancia de esto es que la hipocresía y la idealización zanjan todas las cuestiones; la franqueza las deja abiertas
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">John Berger, escritor</span>
                                        <span>—</span> &#039;Puerca tierra&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el campo se ha convertido en el centro de muchos debates medi&aacute;ticos, sociales y ambientales. Se multiplican los foros para buscar estrategias contra la despoblaci&oacute;n, fomentar la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Tanto el &aacute;mbito rural como el urbano son reflejo de reivindicaciones sociales relacionadas con la tierra, con el territorio, con el patrimonio cultural, con la producci&oacute;n de alimentos, con las energ&iacute;as renovables o con el medio ambiente, por poner algunos ejemplos. Si bien es cierto que muchas de estas luchas aterrizan con mayor intensidad en los pueblos y llegan a sus habitantes de forma m&aacute;s directa, ya que habitan los propios territorios afectados por estos procesos. 
    </p><p class="article-text">
        Los comunales simbolizan muchas de estas tensiones en un &ldquo;pedazo de tierra&rdquo; donde se entrelazan diferentes usos y se construyen muchos s&iacute;mbolos a diario, s&iacute;mbolos que responden a unos imaginarios concretos, a unos modelos, a un sistema de organizaci&oacute;n social, cultural, econ&oacute;mica y tambi&eacute;n de poder. En el valle de Campoo donde vivo actualmente hay mucho monte comunal, normalmente cada pueblo tiene su propio terreno, propiedad del Concejo abierto o de la Junta Vecinal. La mayor&iacute;a de las entidades locales tienen sus correspondientes Ordenanzas de pastos que se pueden conocer en la p&aacute;gina del Bolet&iacute;n Oficial de Cantabria. El objeto de estas Ordenanzas suele ser regular el aprovechamiento y explotaci&oacute;n racional de montes y pastos p&uacute;blicos o comunales, de forma acorde a los usos actuales y la legislaci&oacute;n vigente en esta materia. Para ello, establecen una serie de requisitos que se han de cumplir para tener derecho al aprovechamiento de estos terrenos, tambi&eacute;n las Ordenanzas contemplan sanciones aplicables en caso de incumplir alguna de las bases establecidas en ellas.
    </p><p class="article-text">
        Por estas fechas se cumple un a&ntilde;o de mi solicitud de hect&aacute;reas de terreno comunal a la Junta Vecinal de Fresno del R&iacute;o (Ayuntamiento de Campoo de Enmedio), pueblo donde resido durante todo el a&ntilde;o desde hace muchos a&ntilde;os. Mi solicitud dec&iacute;a: &ldquo;...solicito el uso de pastos comunales mediante la adjudicaci&oacute;n individual de superficies forrajeras de titularidad p&uacute;blica y uso en com&uacute;n en la proporci&oacute;n que corresponda en el a&ntilde;o 2021&rdquo;. A partir de ese momento, se me fueron comunicando diferentes motivos por los cuales no se resolv&iacute;a la adjudicaci&oacute;n de hect&aacute;reas de pastos comunales a mi ganader&iacute;a. Afortunadamente, fue el Juzgado de lo Contencioso Administrativo n&ordm; 3 de Santander en octubre de 2021, el que me dio la raz&oacute;n con sentencia firme al cumplir con la totalidad de requisitos para tener derecho a pastos comunales en el pueblo donde resido. Una de las consecuencias de la mala gesti&oacute;n por parte de la Junta Vecinal fue que, durante todo el a&ntilde;o 2021, nuestros animales no pudieron disfrutar de pastos comunales, oblig&aacute;ndonos a hacer un esfuerzo econ&oacute;mico extraordinario para poder continuar con nuestra actividad. No tenemos propiedad de la tierra y el garantizar el disfrute de terrenos comunales es fundamental para que nuestra ganader&iacute;a ecol&oacute;gica sea viable.
    </p><p class="article-text">
        Resulta curioso pero, en la actualidad, con el foco de atenci&oacute;n puesto en los retos ecosociales, el colapso energ&eacute;tico o la necesidad de plantearse cambios en la manera de producir alimentos, nuestra ganader&iacute;a ecol&oacute;gica ha sido la &uacute;nica que no pudo disfrutar de los terrenos comunales porque, entre otras razones, los suelos se hab&iacute;an tratado con productos no autorizados para este tipo de producci&oacute;n. Es decir, si una Junta Vecinal decide utilizar productos no autorizados para la producci&oacute;n ecol&oacute;gica en un monte p&uacute;blico puede hacerlo, pero las ganader&iacute;as ecol&oacute;gicas no podr&aacute;n disfrutar de estos terrenos comunales. &iquest;Este es el modelo que queremos de ganader&iacute;a? &iquest;Este es el modelo que queremos de gesti&oacute;n de montes comunales? &iquest;Se est&aacute;n adaptando las formas de hacer a los nuevos escenarios y retos ecosociales? &iquest;Por qu&eacute; no se facilitan los manejos ecol&oacute;gicos en extensivo? &iquest;Qu&eacute; papel tienen las instituciones en todo esto? 
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que los consumidores finales quieren conocer c&oacute;mo se produce un alimento, cu&aacute;les son las formas de ganader&iacute;a m&aacute;s respetuosas con el medio ambiente, que cuidan del bienestar animal, que generan menor impacto en los ecosistemas, que ofrecen unas condiciones dignas de trabajo y unos precios justos para productores y consumidores. Nuestra ganader&iacute;a es pionera en Cantabria en la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de carne ecol&oacute;gica con base 100% en pastos, es decir, animales que no se engordan mediante piensos de ning&uacute;n tipo, sino que solo se alimentan de pastos, por eso comercializamos solo carne en determinadas &eacute;pocas del a&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Es importante matizar las cosas, entender que tienen diferentes aristas que responden a procesos complejos, por eso es necesario explicarlas en diferentes contextos. Este motivo me llev&oacute; a presentar en unas jornadas acad&eacute;micas en la Universidad del Pa&iacute;s Vasco mi propio estudio de caso, para poderlo debatir junto a expertos de distintas disciplinas. Matizar las cosas cuesta un esfuerzo que muchas personas no est&aacute;n dispuestas a hacer, basta con ver el revuelo que se ha montado por las declaraciones de Alberto Garz&oacute;n sobre las macrogranjas. Mejor generar ruido que estudiar las diferencias entre las formas de producci&oacute;n c&aacute;rnica, &iquest;por qu&eacute; no piensan en las diferencias entre las macrogranjas y las ganader&iacute;as familiares? Que tomen conciencia de c&oacute;mo son los procesos de producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de cada modelo, que lean estudios cient&iacute;ficos sobre las distintas calidades de la carne en relaci&oacute;n al manejo, que aprendan lo que es extensivo e intensivo, que busquen matices entre las propias producciones ecol&oacute;gicas. Lo que no se puede es discernir con el &uacute;nico objetivo del <em>clickbait&nbsp; </em>en la cabeza o bajo los mantras de un partido pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Desde mi punto de vista, la producci&oacute;n de alimentos locales deber&iacute;a de partir de una conciencia de Sistema Alimentario Territorializado, es decir, de un conjunto de cadenas productivas agroalimentarias, iniciativas que trabajan desde lo local en la transformaci&oacute;n del sistema alimentario hacia un modelo m&aacute;s sostenible ambiental, social y econ&oacute;micamente. Estos modelos contribuyen a fijar poblaci&oacute;n en las zonas rurales, generan m&aacute;s servicios ecosist&eacute;micos, reducen la huella de carbono e h&iacute;drica, contribuyen al mantenimiento de especies aut&oacute;ctonas en peligro de extinci&oacute;n y son m&aacute;s respetuosos con los ecosistemas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo vamos a hablar de conceptos como &ldquo;ecodependencia&rdquo; si no somos capaces de gestionar un com&uacute;n ecol&oacute;gico?
    </p><p class="article-text">
        La energ&iacute;a y el tiempo de vida que se pierde en estas reivindicaciones invisibilizadas desde lugares peque&ntilde;os es inmenso. Es urgente afrontarlas desde colectivos y redes de apoyo mutuo para conseguir un control transparente de la gesti&oacute;n de los comunales que, m&aacute;s all&aacute; de idealizaciones te&oacute;ricas, est&aacute;n repletos de conflictos a diario. Aterrizar conceptos que manejamos habitualmente en la teor&iacute;a desde muchas disciplinas (sociolog&iacute;a, antropolog&iacute;a, filosof&iacute;a, ciencia pol&iacute;tica, geograf&iacute;a, econom&iacute;a, arqueolog&iacute;a&hellip;) y aplicarlos a casos concretos, con nombres y apellidos detr&aacute;s de las siglas de una instituci&oacute;n, puede ayudar a resolver sin miedo muchos de estos problemas &ldquo;a pie de campo&rdquo; para construir un com&uacute;n democr&aacute;tico e inclusivo.
    </p><p class="article-text">
        Es una buena noticia que la justicia nos diera la raz&oacute;n, nos alienta y nos dignifica, pero es una suerte tambi&eacute;n poder visibilizarlo para que se pueda analizar desde una sociolog&iacute;a de la vida cotidiana y as&iacute; entender algunas claves que van m&aacute;s all&aacute; (m&aacute;s ac&aacute; en realidad), directamente al plano de las relaciones humanas (y no humanas) de la vida en com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/terrenos-comunales-ecologicos_132_8645047.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Jan 2022 12:45:08 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2a23b582-138a-4fbf-ae87-3c28ac59ffa4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="681890" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2a23b582-138a-4fbf-ae87-3c28ac59ffa4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="681890" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Por unos terrenos comunales ecológicos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2a23b582-138a-4fbf-ae87-3c28ac59ffa4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esas montañas, nuestras montañas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/montanas-montanas_132_8075437.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1a7b4f6-81ee-4eab-9b57-e5a0a18853d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esas montañas, nuestras montañas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Nada más agotador, nada más fatal, en efecto, que esta política clásica con sus resecos rituales, su pensamiento que no piensa y su pequeño mundo cerrado"
Comité Invisible</p></div><p class="article-text">
        Recuerdo la primera vez que llegu&eacute; al pueblo donde vivo actualmente, Fresno del R&iacute;o (Ayuntamiento de Campoo de Enmedio, Cantabria). Yo ten&iacute;a 8 a&ntilde;os, mis padres acababan de restaurar una casa campurriana donde &ldquo;sub&iacute;amos&rdquo; desde Santander los fines de semana y las vacaciones de verano. Lo primero que recuerdo es a algunos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as con los que jugar&iacute;a durante toda mi infancia que se arremolinaban con curiosidad por descubrir qui&eacute;n era su nueva compa&ntilde;era de juegos. Recuerdo c&oacute;mo enseguida les pregunt&eacute; c&oacute;mo se llamaban algunos lugares del entorno, lo primero que hicimos fue subir a un montecito que hay cerca de mi casa 'Padruno', desde donde se ve 'La Dehesa' y tambi&eacute;n 'Los Pe&ntilde;os'. Fue f&aacute;cil familiarizarse con aquellos nombres porque cada lugar ten&iacute;a uno y siempre jug&aacute;bamos al aire libre, hac&iacute;amos casetas imaginarias por todas partes, merendolas en el nacimiento del r&iacute;o Besaya cuando no hab&iacute;a altares ni nada alrededor, solo el agua brotando de la monta&ntilde;a. Tambi&eacute;n excursiones debajo de la pe&ntilde;a La Milana y jug&aacute;bamos al rastro por todo el pueblo: 'La Pastiza', 'Pedr&iacute;o', 'Santa Mar&iacute;a'... nos encantaban los lavaderos y los pilones para enredar con los renacuajos.
    </p><p class="article-text">
        En aquella &eacute;poca viv&iacute;a mi abuela Mar&iacute;a, campurriana del pueblo de Soto (Campoo de Suso) aunque llevaba ya muchos a&ntilde;os en Torrelavega. Recuerdo c&oacute;mo hablaba de las monta&ntilde;as, relatos de trabajo (y de miedo), de subirlas y de bajarlas andando, de los inviernos en Campoo, de las heladas, de la nieve: &ldquo;la nieve es muy blanca, pero muy negra&rdquo;. Siempre me fascin&oacute; la forma de narrar de los campesinos, con todo lujo de detalles sobre el lugar, sobre el tiempo que hac&iacute;a cuando suced&iacute;a algo, la &eacute;poca del a&ntilde;o, las historias de vida de los protagonistas, los colores, los olores, los sabores. La infancia potencia de alg&uacute;n modo todos esos recuerdos y relatos. Si pienso en mi infancia recuerdo siempre la mar y las monta&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, han pasado 30 a&ntilde;os y esa casa de las vacaciones familiares a la que nos refer&iacute;amos siempre como 'La Casa de Fresno' es mi propia casa, donde llevo viviendo diecis&eacute;is a&ntilde;os. Las monta&ntilde;as que rodean este valle se han convertido en un lugar familiar para m&iacute;, no solo como espacio de ocio o tel&oacute;n de fondo, sino tambi&eacute;n como espacio de trabajo gracias al proyecto agroecol&oacute;gico que comparto con mi compa&ntilde;ero de vida, Lucio Gonz&aacute;lez, una peque&ntilde;a ganader&iacute;a familiar de vacas y yeguas.
    </p><p class="article-text">
        Siempre recomiendo acercarse a conocer en alg&uacute;n momento una ganader&iacute;a extensiva y aprender de las formas tradicionales de manejo del ganado que merecen ser escuchadas frente a otras formas intensivas de producci&oacute;n de alimentos que no tienen en cuenta el territorio que habitan, ni las razas de animales mejor adaptadas al medio. Modelos que utilizan fitosanitarios y productos qu&iacute;micos en el manejo de suelos y fincas, que entienden el bienestar animal de la estabulaci&oacute;n permanente y las macrogranjas. Es una pena que la nueva PAC no se haya tomado en serio nada de esto y sigan beneficiando a los ganaderos y agricultores de sof&aacute;, a las ganader&iacute;as intensivas y a los grandes terratenientes. &iquest;Qu&eacute; sucede con las personas que producimos alimentos y no tenemos propiedad de la tierra? Que nuestra econom&iacute;a depende en gran parte del acceso a terrenos comunales para poder desarrollar nuestra actividad y ser sostenibles (social, econ&oacute;mica y ambientalmente). Muchos de esos comunales atraviesan monta&ntilde;as, puertos de monta&ntilde;a y de alta monta&ntilde;a, donde nuestros animales pasan gran parte del a&ntilde;o contribuyendo a generar una gran diversidad de servicios ecosist&eacute;micos gracias a un manejo extensivo y respetuoso con el ecosistema.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente es, en las monta&ntilde;as, donde se est&aacute;n viendo &ldquo;oportunidades de negocio2 (esa palabra, ese discurso, esa excusa) para las grandes empresas energ&eacute;ticas. Al mismo tiempo y como respuesta, est&aacute;n surgiendo una gran diversidad de iniciativas contra la proliferaci&oacute;n de pol&iacute;gonos e&oacute;licos en Cantabria, precisamente este viernes 25 de junio a las 19.00 hay un encuentro en la Casa de Cultura S&aacute;nchez D&iacute;az de Reinosa, desde el 16 hasta el 26 de junio se puede visitar la exposici&oacute;n 'El grito de la monta&ntilde;a' en La Casona de Reinosa, propuestas todas ellas de la Plataforma Comarcal por la Defensa del Territorio Sur de Cantabria y Monta&ntilde;a Palentina. Adem&aacute;s, el s&aacute;bado 26 a las 11.00 horas est&aacute; convocada una manifestaci&oacute;n contra los pol&iacute;gonos e&oacute;licos en la Plaza Mayor de la misma localidad organizada por diferentes movimientos sociales de Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        Creo que una de las cuestiones fundamentales en torno a la lucha contra este modelo que impone unas determinadas formas de hacer y de entender las renovables, pasa por poder decidir c&oacute;mo queremos vivir. Este es un problema, no solo ambiental, econ&oacute;mico o jur&iacute;dico, sino tambi&eacute;n de soberan&iacute;a, de activaci&oacute;n de canales de participaci&oacute;n p&uacute;blica m&aacute;s all&aacute; de votar cada cuatro a&ntilde;os porque eso no es suficiente, queremos poder ser escuchados a la hora de pensar y decidir sobre aquello que nos afecta directamente. No resulta extra&ntilde;o que ahora las mismas empresas que han especulado con otro tipo de energ&iacute;as sean las que nos venden las energ&iacute;as renovables como la soluci&oacute;n a los retos que presenta una crisis energ&eacute;tica sin precedentes. Esto no significa que no haya que hacer una transici&oacute;n hacia energ&iacute;as renovables y generar debate sobre otro tipo de energ&iacute;as, pero no bajo las reglas de este capitalismo verde feroz y del <em>green new deal.</em>
    </p><p class="article-text">
        Creo que parte de la soluci&oacute;n probablemente pase por recuperar soberan&iacute;a, por activar espacios p&uacute;blicos para el di&aacute;logo y tambi&eacute;n para los conflictos, no se pueden intentar &ldquo;tapar&rdquo; continuamente porque existen y es, precisamente ah&iacute;, desde donde pueden surgir soluciones y preguntas compartidas. Sin embargo, hoy todo parece estar por encima de nosotros, all&aacute; arriba, como los buitres: los pol&iacute;gonos e&oacute;licos, las grandes empresas que especulan, los pol&iacute;ticos, los alcaldes caciques, los planes de desarrollo, las agendas, los pactos. Como si habl&aacute;ramos otro idioma que nunca llega a ser escuchado, entendido, sino que siempre se prejuzga y se ve como una amenaza. Y lo es en realidad, una amenaza a su poder, un intento de plantar cara al chantaje y a las redes clientelares, a las pr&aacute;cticas abusivas y extractivistas.
    </p><p class="article-text">
        Una posici&oacute;n f&aacute;cil ser&iacute;a argumentar que los habitantes de los pueblos estamos m&aacute;s implicados en denunciar este tipo de pol&iacute;ticas como la nueva Ley del Suelo o la proliferaci&oacute;n de proyectos de parques e&oacute;licos en Cantabria porque estamos m&aacute;s afectados, pero no es cierto, aunque la movilizaci&oacute;n est&aacute; siendo extraordinaria. Esta es una lucha que re&uacute;ne personas y colectivos de muchos lugares en la defensa de modelos de comunidades energ&eacute;ticas no especulativas, vivir en un pueblo no nos convierte en defensores de nada, no podemos seguir alimentando este imaginario simplista y reaccionario porque se nos vuelve en contra, sino hacer el ejercicio de entender las ruralidades desde la diversidad y complejidad que requieren. Es m&aacute;s, muchas de las personas que ven oportunidades en este tipo de pol&iacute;ticas (renovables, turistificaci&oacute;n, suelos&hellip;) son habitantes de n&uacute;cleos rurales, &iexcl;cu&aacute;ntos de ellos &ldquo;alcaldilllos&rdquo; con delirios de grandeza! Por tanto, este es tambi&eacute;n un problema pol&iacute;tico, que se combate visibilizando y denunciando estas formas de hacer pol&iacute;tica, cuyas decisiones nos afectan a todos. Es necesario recuperar espacios de gesti&oacute;n de lo com&uacute;n que sean participativos y abiertos, donde poder escuchar y ser escuchados y tambi&eacute;n exigir transparencia a nuestros pol&iacute;ticos en primera persona. La mejor herramienta a largo plazo es una educaci&oacute;n emancipatoria que nos libere de un orden social (y moral) perverso que nos convierte en meros instrumentos para sostener a los pol&iacute;ticos (y sus sueldos) en el poder, donde (todav&iacute;a hoy) muchos de ellos van contando votos por las cocinas de las casas.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo que se est&aacute; moviendo desde debajo, que merece ser escuchado y atendido, que tambi&eacute;n nutre la complejidad del pensamiento rizom&aacute;tico y de aquello que se escapa a lo institucionalizado. Muchas peque&ntilde;as historias que se juntan y, aunque repletas de singularidades, emergen como algo colectivo. Hay un sonido, un ritmo, un tono, que vincula a muchas personas que vivimos en los pueblos y tenemos este paisaje monta&ntilde;oso de fondo, con aquellos que tambi&eacute;n se sienten apelados, un sentido solidario que nos conmueve. Esa es la fuerza de muchas peque&ntilde;as historias que se entrelazan para defender algo en com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a, al mirar alrededor y ver las monta&ntilde;as del valle donde vivo, recordaba cuando de ni&ntilde;a desde mi casa ve&iacute;a las monta&ntilde;as por encima de la bah&iacute;a y parec&iacute;an estar muy cerca, incluso brotar de la mar los d&iacute;as de calima. Esa experiencia infantil de inventar nombres para ellas y de imaginar viajes... Cuando ahora se&ntilde;alo con el dedo y hablo de &ldquo;esas monta&ntilde;as&rdquo; o &ldquo;estas monta&ntilde;as&rdquo; las reconozco como &ldquo;nuestras monta&ntilde;as&rdquo;, las de todos y todas, no en el sentido de apropiarnos de ellas, sino de entenderlas como espacios comunes (compartidos adem&aacute;s con otros seres vivos), porque tenemos la obligaci&oacute;n de defenderlas como parte de nuestra manera de estar en el mundo y tambi&eacute;n el derecho de <em>habitarlas</em> porque forman parte de nuestro paisaje cotidiano y de nuestra forma de vida. Quiz&aacute;s sea m&aacute;s necesario que nunca defender una libertad libertaria, emancipada, que entienda la vida desde las soberan&iacute;as, energ&eacute;tica, alimentaria&hellip; sin olvidarnos nunca de la soberan&iacute;a del tiempo y de la alegr&iacute;a (de vivir).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/montanas-montanas_132_8075437.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jun 2021 12:22:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f1a7b4f6-81ee-4eab-9b57-e5a0a18853d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="137644" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f1a7b4f6-81ee-4eab-9b57-e5a0a18853d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="137644" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Esas montañas, nuestras montañas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f1a7b4f6-81ee-4eab-9b57-e5a0a18853d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ponerse en la piel del otro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/ponerse-piel_132_7219859.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20b66775-e35f-4621-8b4c-b741b46ed380_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ponerse en la piel del otro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez desconfío más de los discursos que tienen soluciones para todo, que saben siempre lo que hay que hacer, que solo se sienten cómodos hablando a los “suyos” como si fueran una caja de resonancia y un eco amable.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Miro en otros lugares y de forma distinta, allí donde no hay espectáculo

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Hélène Cixous</span>
                                        <span>—</span> Escritora, poeta, dramaturga y filósofa
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En no pocas ocasiones he pensado en las fronteras, los imaginarios que las rodean, siempre me ha interesado lo fronterizo como espacio f&iacute;sico y simb&oacute;lico, como&nbsp;lugar donde se mezcla &ldquo;lo de un lado&rdquo; y &ldquo;lo del otro&rdquo;, donde las personas van y vienen, donde los idiomas y los acentos se encuentran, donde no todo es blanco o negro. Lo fronterizo, que puede ser una barrera cultural, geogr&aacute;fica y pol&iacute;tica, pero tambi&eacute;n es una posibilidad de encuentro, de hibridaci&oacute;n, de mezcla. Y una buena oportunidad de observar el otro lado, de ponerse en el lugar de las otras, de ver qu&eacute; hay ah&iacute;, qu&eacute; se hace, c&oacute;mo se vive, qu&eacute; se come, qu&eacute; idioma se habla, c&oacute;mo se percibe el mundo y qu&eacute; conflictos le afectan.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos recoger aqu&iacute; muchas perspectivas sobre las fronteras, pero me interesa destacar la idea de lo fronterizo como espacio habitable, lo que est&aacute; en medio de dos lados, de dos mundos, de dos territorios, de dos formas de vida. Lo fronterizo como espacio mestizo, h&iacute;brido, abigarrado, donde lo puro y sus purezas no encuentran terreno f&eacute;rtil, donde tenemos m&aacute;s preguntas que respuestas. Como espacio de reflexi&oacute;n liberado de las tensiones y prejuicios que nos condicionan a la hora de ejercitar el pensamiento cr&iacute;tico, mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de practicar si pretendemos situarnos siempre en un lado s&uacute;per definido, con im&aacute;genes y pr&aacute;cticas preconcebidas que se suelen reproducir sin capacidad cr&iacute;tica alguna, como un eco que se repite para provocar autosatisfacci&oacute;n y reconocerse semejante al resto. Muy t&iacute;pico de colectivos y grupos que se repiten a s&iacute; mismos, que s&oacute;lo reconocen el sonido de su voz y que no se arriesgan a hablar de determinados temas porque est&aacute;n pensando en sus p&uacute;blicos, en elaborar discursos a medida para una audiencia domesticada.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me han ayudado a pensar y plantearme cosas las situaciones cotidianas con quienes son diferentes a m&iacute;, normalmente en contextos donde no estoy c&oacute;moda del todo, porque creo que cuando estamos siempre con personas que piensan igual que nosotras, nos volvemos m&aacute;s duros de mollera, menos flexibles y mucho m&aacute;s intolerantes. Habitar el conflicto requiere escuchar a las personas a las que no escuchar&iacute;as de otro modo si no existiera esa tensi&oacute;n, personas que, seguramente, no piensan como t&uacute;. El ejercicio de intentar ponerse en la piel de los otros es m&aacute;s necesario que nunca, intentar comprender y entender aquello que nos es m&aacute;s dif&iacute;cil digerir. Lo dem&aacute;s se parece m&aacute;s a repetir una doctrina, a seguir incrustado en un discurso con las orejeras puestas, hay miles de ejemplos cada d&iacute;a en las redes sociales y en la vida misma.
    </p><p class="article-text">
        La frontera (cultural, simb&oacute;lica) de la que me gustar&iacute;a hablar hoy es la que dibuja a <em>lo rural</em> de un lado y a <em>lo urbano</em> del otro. Tengo la sensaci&oacute;n de que esta divisi&oacute;n sigue viva y operativa (independientemente de lo que pensemos algunas), en ocasiones es peque&ntilde;ita, apenas tiene altura, como cuando saltamos sin esfuerzo un hilo de agua en el camino; pero en otras ocasiones, es como intentar escalar la monta&ntilde;a m&aacute;s alta para llegar a la cima y ver que del otro lado, hay una ladera imposible de descender.
    </p><p class="article-text">
        Hay algunos ejemplos de situaciones o contextos donde se entiende mejor lo que quiero expresar. Por ejemplo, es m&aacute;s com&uacute;n de lo que parece que determinadas escenas incomoden a las personas que vienen a pasar unos d&iacute;as al pueblo, desde el gallo que les despierta con su canto matutino a los campanos de las vacas y yeguas por la noche o el rastro de abono que dejan los animales al ir a beber al pil&oacute;n. A este respecto, Francia acaba de proteger lo que ha llamado &ldquo;patrimonio sensorial&rdquo; del campo, donde incluye aquello que hace referencia a los sonidos y los olores que encontramos en el medio rural, ya sea el canto de los gallos o el olor a esti&eacute;rcol en los prados. Este patrimonio sensorial est&aacute; directamente relacionado con la actividad humana y, por tanto, cultural. Creo que tendr&iacute;amos que plantearnos si queremos realmente un campo &ldquo;envasado al vac&iacute;o&rdquo;, un campo donde no se tengan en cuenta las formas de vida de muchas de las personas que lo habitan. 
    </p><p class="article-text">
        Creo que nunca es tarde para (re)pensar c&oacute;mo queremos habitar el campo y qu&eacute; tipo de relaci&oacute;n queremos tener con los seres vivos que lo habitan, especies vegetales y animales que forman tambi&eacute;n parte de nuestras vidas. Este formar parte, para muchas de nosotras es tambi&eacute;n habitar f&iacute;sicamente, porque vivimos a diario en ese medio y parte de nuestra actividad est&aacute; directamente relacionada con &eacute;l en los montes, puertos de monta&ntilde;a, dehesas y comunales que son, al mismo tiempo, el hogar de animales (no s&oacute;lo dom&eacute;sticos) sino tambi&eacute;n salvajes como venados, jabal&iacute;es, lobos, buitres, corzos o zorros, por citar algunos. Es decir, mantenemos una relaci&oacute;n directa y cotidiana con el medio y los animales que lo habitan. Y, como en cualquier relaci&oacute;n directa y continuada, existe tambi&eacute;n el conflicto. Creo que ese habitar en com&uacute;n es conflictivo por definici&oacute;n, porque no es un habitar donde solo estamos con los que piensan como nosotros y act&uacute;an como nosotros, sino que tenemos que convivir tambi&eacute;n con aquellos diferentes a nosotros. Esto incluye una convivencia real, no s&oacute;lo con las personas, sino con los animales: con aquellos con los que he elegido estar (los dom&eacute;sticos) y con los que no (los salvajes, no porque no elija que est&eacute;n, sino porque estar&aacute;n independientemente de lo que yo elija), que forman parte del ecosistema y a los que tendr&eacute; que tener en cuenta como actores implicados en la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Algo parecido est&aacute; pasando en los &uacute;ltimos a&ntilde;os cuando se habla del lobo, mejor dicho, del conflicto que se ha generado en torno al lobo, convertido en s&iacute;mbolo m&aacute;ximo de una &ldquo;lucha&rdquo; en la que, con argumentos que en ocasiones alcanzan una enorme violencia simb&oacute;lica (a su favor o en su contra), se est&aacute; construyendo socialmente un s&oacute;lido muro que impide que algunas personas se sit&uacute;en en lo fronterizo como espacio de reflexi&oacute;n, que se quieran acercar a &ldquo;mirar desde el otro lado&rdquo;, a &ldquo;ponerse en la piel del otro&rdquo;. Merece la pena leer a Julio Majas Andray en su <a href="https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/70-numero-35/675-el-conflicto-del-lobo?fbclid=IwAR0JU4gJ8ZwEPKT0c0rYduvcEHpuBJ6EakC5m-f6R76-2Pa9_18ieKSNZ0c" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> 'Una oportunidad para desmontar t&oacute;picos' publicado en la revista <em>Soberan&iacute;a Alimentaria</em> explicando c&oacute;mo se reproducen los estereotipos, donde tambi&eacute;n destaca la importante labor de la <a href="https://www.entretantos.org/proyectos-entretantos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute;n Entretantos</a> en la mediaci&oacute;n en el conflicto del lobo. 
    </p><p class="article-text">
        He visto y vivido muchas situaciones donde me siento privilegiada por poder tener &ldquo;un pie a cada lado&rdquo; de ese muro imaginario, por haber podido escuchar a personas muy diferentes a m&iacute;, con las que no comparto pr&aacute;cticamente nada, m&aacute;s all&aacute; de vivir en el mismo trocito de tierra. Cada vez desconf&iacute;o m&aacute;s de los discursos que tienen soluciones para todo, que saben siempre lo que hay que hacer, que solo se sienten c&oacute;modos hablando a los &ldquo;suyos&rdquo; como si fueran una caja de resonancia y un eco amable. Yo no tengo respuestas al conflicto del lobo, ni puedo brindar titulares sensacionalistas. S&iacute; puedo intentar explicar otros modos de habitar ese conflicto que no alimenten el odio hacia uno y otro lado. Solo puedo hacerlo desde lo fronterizo, desde un espacio mestizo, que se puede ver atravesado por ambas maneras de estar en el mundo. Desde una perspectiva que es, a la vez, parte afectada por los ataques del lobo como cualquier otra ganader&iacute;a extensiva y defensora de un modelo de convivencia con la fauna salvaje radicalmente agroecol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Es necesario tambi&eacute;n en este proceso una transici&oacute;n hacia un modelo de econom&iacute;a que haga entender al consumidor final que no es lo mismo producir carne en un territorio donde los animales mantienen la relaci&oacute;n con su ecosistema, que lo habitan y pueden ser alimento de la fauna salvaje, que en un cebadero. Un cambio de modelo en la producci&oacute;n de alimentos, donde no se produzca mucho, sino que se produzca mejor, donde no haya que comer todos los d&iacute;as prote&iacute;nas animales, pero tampoco tengamos que ver c&oacute;mo se cultiva carne en un laboratorio. Un cambio de modelo donde la turistificaci&oacute;n y la pol&iacute;tica del cemento no asfixie los modos de vida que muchas personas han decidido tener en el campo. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se puede habitar la frontera, ese espacio <em>entre</em>, ese imaginario mestizo, ese l&iacute;mite de l&iacute;mites, esa incertidumbre? Quiz&aacute;s prefiramos seguir levantando un muro imaginario construido sobre la ignorancia, el miedo, el &ldquo;siempre se hizo as&iacute;&rdquo;, el conservadurismo, la &ntilde;o&ntilde;er&iacute;a o el temor hacia lo desconocido. He escrito este art&iacute;culo desde ese pie en cada lado, desde esa mirada de 360 grados, desde una reflexi&oacute;n que no busca respuestas, sino que se plantea muchas dudas y desde una huida de los discursos sensacionalistas que se utilizan como arma arrojadiza o para obtener alg&uacute;n tipo de rendimiento pol&iacute;tico o econ&oacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias a una investigaci&oacute;n en la que estoy participando sobre espacios art&iacute;sticos en el medio rural, estos d&iacute;as he descubierto un proyecto cultural que se llama &ldquo;Azala&rdquo;, una palabra en euskera (que se pronuncia &ldquo;asala&rdquo;) y significa piel, dicen en su web: &ldquo;una membrana permeable que permite al organismo mantener &iacute;ntegras sus estructuras al tiempo que comunicarse con el entorno. &rdquo;Azala&ldquo; tambi&eacute;n significa superficie en euskera, aquello que hace referencia a la extensi&oacute;n de un territorio&rdquo;. Mi lugar de partida para pensar este texto ha tenido mucho de &ldquo;azala&rdquo;, de di&aacute;logo con el entorno. Tambi&eacute;n de superficie (no entendida como algo superficial), sino como esa piel que se expone al contexto, que se nutre de &eacute;l y que tambi&eacute;n es atravesada y, en ocasiones, puede ser herida.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/ponerse-piel_132_7219859.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Feb 2021 08:36:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/20b66775-e35f-4621-8b4c-b741b46ed380_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3726397" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/20b66775-e35f-4621-8b4c-b741b46ed380_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3726397" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ponerse en la piel del otro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/20b66775-e35f-4621-8b4c-b741b46ed380_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiempo de emboscarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tiempo-emboscarse_132_6668418.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78f26188-2f09-4e7e-aa04-63e48009a7b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiempo de emboscarse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En invierno tengo esa sensación de regreso al tiempo cíclico de los campesinos, profundamente relacionado con los ritmos de la naturaleza.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No vamos a dar recetas ni soluciones listas para aplicar. Tan solo procuramos ser bosques. Como una fuerza que crece, raíz a raíz, tallo a tallo, hoja a hoja. Hasta las copas exuberantes, entre el cielo y la tierra. Volvernos ingobernables

 

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jean-Baptiste Vidalou</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es tiempo de invierno, de solsticio, de a&ntilde;o viejo. Cuando se acerca el 31 de diciembre &iquest;qui&eacute;n no ha hecho alguna vez un balance de todo lo que ha vivido durante el a&ntilde;o? en estos d&iacute;as quiz&aacute;s somos m&aacute;s conscientes de que el tiempo pasa aunque, en realidad, los que nos pasemos seamos nosotros. Este a&ntilde;o de pandemia ha subrayado todas las injusticias, ha aumentado las distancias econ&oacute;micas y polarizado la vida a&uacute;n m&aacute;s de lo que estaba. Afortunadamente, tambi&eacute;n han surgido redes de apoyo mutuo y proyectos que defienden la cooperaci&oacute;n entre personas en lugar de la competencia. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s sea el momento de &ldquo;emboscarse&rdquo; como manera de estar en el mundo &iquest;hay alg&uacute;n lugar mejor que la espesura hoy en d&iacute;a? Un lugar donde escapar a la saturaci&oacute;n de informaci&oacute;n y desinformaci&oacute;n, al mundo hiperconectado, hiperactivo, hiperconsumista (m&aacute;s a&uacute;n en estas fechas). Huir de tantas luces y de tanto resplandor. Cambiar el foco de atenci&oacute;n y la mirada. Entiendo ese imaginario-bosque como constelaci&oacute;n de relieves, como ecosistema de resistencias desde un punto de vista individual, colectivo, social, cultural y pol&iacute;tico. Una idea de bosque que parte de su propia complejidad, de los ecosistemas culturales y naturales que en &eacute;l habitan, de espacios de hibridaci&oacute;n y de convivencia de diferentes animales humanos y no humanos, plantas, &aacute;rboles, tiempos, contextos, acciones, luchas, conflictos. Pienso ese complejo bosque imaginario como anhelo de muchas vidas dignas, de vidas que quieren ser vividas de forma emancipada donde la libertad sea libertaria, una libertad de ser y no de tener, donde cualquier arraigo sea en realidad un brote (o un rebrote) y no una bandera m&aacute;s. Un bosque donde poder despojarse de prejuicios, de identidades r&iacute;gidas, del control y de la presencia autoritaria. Un bosque que represente la ausencia de fronteras porque los &aacute;rboles no entienden de mapas ni de trapos de colorines, pero s&iacute; hablan lenguajes universales.
    </p><p class="article-text">
        Ese olor a rancio que nos llega &uacute;ltimamente de la violencia simb&oacute;lica de los fascismos de baja intensidad se podr&iacute;a comparar, siguiendo la met&aacute;fora del bosque, con la tala masiva de todo aquello que no responde a un orden social determinado (el suyo, el que ellos dictan). El fascismo va de erradicaci&oacute;n, no de convivencia, y mucho menos de cultura, de sensibilidad, de empat&iacute;a o de vida. Podr&iacute;amos decir que aqu&iacute; estamos 26 millones de &aacute;rboles (o de &ldquo;hijos de puta&rdquo;, como prefir&aacute;is) <em>siendo</em> bosque. &iquest;Por qu&eacute; no entienden que nuestras vidas, las de cualquiera de nosotros, habitan ese mismo bosque? ll&aacute;malo planeta, barrio, clase, sociedad, comunidad o pueblo. Ser conscientes de nuestra interdependencia como seres humanos, como seres sociales, como seres pol&iacute;ticos, como cuerpos, quiz&aacute;s sea un buen comienzo para combatir los fascismos y defender la vida de todas. Y esta es una resistencia diaria, una <em>emboscada</em> cotidiana que no deje pasar estas se&ntilde;ales, que ponga nombre y apellidos a los responsables y que frene esta escalada de violencia simb&oacute;lica y estructural que se est&aacute; normalizando. 
    </p><p class="article-text">
        Es tiempo de invierno. El sol entra por las ventanas en esta &eacute;poca del a&ntilde;o con sigilo, ligeramente ladeado y con poca fuerza a&uacute;n, pero ilumina el interior de las casas de una manera muy especial. Soy una privilegiada porque vivo en un valle donde se notan los cambios de estaci&oacute;n. Ahora es &eacute;poca de acebos y de coger mu&eacute;rdago, de heladas blancas y negras, de nieve, del olor a le&ntilde;a de las chimeneas invadiendo las calles. Al otro lado de la ventana algunos pajarillos se arremolinan entre las ramas desnudas de los &aacute;rboles. Las yeguas de monte hace tiempo que echaron el pelaje que las proteger&aacute; del fr&iacute;o durante estos meses. Cambios sutiles que se van sucediendo a medida que avanza la estaci&oacute;n, la vida misma que se impone con ciclos que nos preceden y que nos sobrevivir&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si de vez en cuando levantamos la vista de la pantalla de nuestros dispositivos m&oacute;viles y miramos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que los d&iacute;as comenzar&aacute;n a alargarse paulatinamente a partir de ahora hasta que llegue el solsticio de verano y con &eacute;l la noche m&aacute;s corta del a&ntilde;o. Siempre me ha gustado pensar en <em>tiempos de</em>, no solo en d&iacute;as, meses o a&ntilde;os. De esta forma creo que se entienden mejor los procesos y sus relaciones entre ellos, no como algo fijo o lineal, sino complejo y din&aacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        Es tiempo de mascaradas de invierno, aunque a principios de 2021 no haya Vijanera en Sili&oacute;, la conexi&oacute;n con los elementos de la naturaleza y la potencia de este ritual pagano cobra fuerza en estos d&iacute;as. Nos vienen a la memoria los campanos de los zarramacos, el Oso, el Zorrocloco, la Pepa, los trapajones o los danzarines blancos. Tambi&eacute;n los trajes de los &ldquo;naturales&rdquo; hechos con musgo, hojas, cortezas de abedul o &ldquo;garabojos&rdquo;. Y, por supuesto, las coplas sat&iacute;ricas que repasan con ese humor ingobernable lo acontecido durante el a&ntilde;o. Peque&ntilde;as (y grandes) transgresiones del orden social establecido que se rompe simb&oacute;licamente para ponerlo todo al rev&eacute;s, para recordarnos la relaci&oacute;n de los pueblos con su monte-bosque, con los animales de su entorno y con el resto de vecinos y poblaciones lim&iacute;trofes.
    </p><p class="article-text">
        En invierno tengo esa sensaci&oacute;n de regreso al tiempo c&iacute;clico de los campesinos, profundamente relacionado con los ritmos de la naturaleza. Este a&ntilde;o nos hemos acordado mucho de los productores de alimentos locales ya que hemos sido conscientes m&aacute;s que nunca de la importancia de su trabajo. Recuerdo especialmente en estos d&iacute;as una conversaci&oacute;n con un amigo agricultor, que me cont&oacute; en una ocasi&oacute;n que se ve&iacute;a como un hombre viejo encerrado en el cuerpo de uno joven, porque el mundo en el que se hab&iacute;a criado ya no exist&iacute;a. &Eacute;l sigue trabajando con las manos, al igual que lo hicieron sus padres, en su huerta ecol&oacute;gica. Es un artesano de la tierra: siembra, cuida, recoge y vuelta a empezar al a&ntilde;o siguiente. Conoce bien ese tiempo c&iacute;clico: siempre mirando al cielo, siempre adapt&aacute;ndose, siempre viviendo para la tierra o los animales. No hay diferencia entre su trabajo y su vida porque son la misma cosa. Es el tiempo de la tierra misma y de los animales. Un tiempo que no nos pertenece del todo y, sin embargo, nos da m&aacute;s libertad que otras formas de trabajo y de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Tengo una sensaci&oacute;n parecida, a veces de cierta extra&ntilde;eza, como si yo tambi&eacute;n perteneciera a un mundo que ya no existe. Me he criado rodeada de gente mayor, especialmente con mi abuela Mar&iacute;a, una mujer de pueblo (ahora dir&iacute;amos rural), peque&ntilde;a, t&iacute;mida, con los dedos retorcidos como las ra&iacute;ces de un espino. Con ella aprend&iacute; a compartir habitaci&oacute;n, mesa, tareas dom&eacute;sticas y tiempo. Tambi&eacute;n a desarrollar la paciencia, a caminar despacito a su lado, a tratar con personas mayores y a hacer preguntas sobre artritis, hernias y difuntos. Mi abuela conoc&iacute;a remedios caseros para muchas enfermedades y dolencias, era la memoria viva de una etnomedicina popular que se ha perdido en nuestros pueblos. Infusiones, cremas, ung&uuml;entos, hierbas medicinales&hellip; no exist&iacute;a la brecha que hay hoy en d&iacute;a entre las personas y el conocimiento de los entornos que habitan y de sus recursos. No solo el despoblamiento de las zonas rurales, sino la desaparici&oacute;n de estas personas y, con ellas, la p&eacute;rdida de sus conocimientos campesinos, dificultan ese di&aacute;logo de saberes tan necesario para frenar algunos de los problemas que nos afectan hoy en d&iacute;a, entre ellos, la crisis clim&aacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Finaliza el a&ntilde;o y nadie tiene tiempo de nada, reenviamos mensajes de WhatsApp con felicitaciones, pero no nos escuchamos. Nos preguntamos c&oacute;mo estamos o c&oacute;mo nos va la vida pero no nos dedicamos un tiempo. Yo tengo la costumbre desde hace a&ntilde;os de enviar una tarjeta de fin de a&ntilde;o en papel, es una forma (probablemente muy ilusa), de reivindicar <em>un tiempo</em> no mediatizado por las pantallas. Es tambi&eacute;n una invitaci&oacute;n a compartir <em>un tiempo diferente</em> al de la inmediatez digital. Y, por &uacute;ltimo, un intento de habitar <em>otros tiempos compartidos</em>, donde el sol de invierno no sea un filtro de Instagram, sino la luz que nos acompa&ntilde;e durante un paseo por el monte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tiempo-emboscarse_132_6668418.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Jan 2021 10:55:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/78f26188-2f09-4e7e-aa04-63e48009a7b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="9633527" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/78f26188-2f09-4e7e-aa04-63e48009a7b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9633527" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tiempo de emboscarse]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/78f26188-2f09-4e7e-aa04-63e48009a7b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer la vida, habitar los libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/leer-vida-habitar-libros_132_6440112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9b21b29-2bb7-4c71-bd1e-346931d2cc46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Leer la vida, habitar los libros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace falta tomar conciencia, como en todo, de los enormes esfuerzos por sobrevivir que hacen las editoriales pequeñas en estos tiempos. Editoriales y librerías que se necesitan, que nos necesitamos.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Desde el paradigma del habitar se trata sobre todo de engendrar y crear realidad, a&ntilde;adir m&aacute;s y m&aacute;s pedazos al patchwork infinito de posibilidades que es el mundo com&uacute;n, multiplicar las relaciones y las conexiones. Dicho m&aacute;s concretamente: extender y hacer m&aacute;s densa, m&aacute;s rica y m&aacute;s compleja la telara&ntilde;a de la autoorganizaci&oacute;n. Habitar plenamente. Poblarlo todo.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Amador Fern&aacute;ndez-Savater</em>
    </p><p class="article-text">
        Leer, en realidad, es tambi&eacute;n una forma de <em>habitar</em>. El libro se mira, se toca, se huele. Se devora. Se disfruta como objeto, se contempla su edici&oacute;n, el tipo de letra, la portada, las im&aacute;genes. Se trastea por sus p&aacute;ginas. Se lleva y se trae con una misma. Se subraya en l&aacute;piz, se toman apuntes. Se deja caer sobre nuestro pecho. El libro nos acompa&ntilde;a durante un tiempo o para siempre. Se regala. Se lee a otros. Se comparte o se libera en un parque.
    </p><p class="article-text">
        El mismo acto de leer implica dedicar una atenci&oacute;n, un tiempo, una pausa, una interrupci&oacute;n. Un estar junto al otro al que se lee y, a la vez, junto a otros a los que se evoca, se piensa o se trae al recuerdo mientras leemos. Un libro es en s&iacute; mismo un comienzo y un final. No solo se leen los libros, tambi&eacute;n se leen los cuerpos, los espacios, las ciudades, los mapas, los s&iacute;mbolos. Leer nos hace mirarnos al espejo a nosotros mismos y otras realidades.
    </p><p class="article-text">
        Luego est&aacute; el ritmo, de gran importancia a lo largo de la lectura, no se trata solo de leer frases y p&aacute;rrafos, sino de entender los ritmos de la lectura, la intenci&oacute;n del autor o autora, la cadencia, la m&uacute;sica del texto. Hay obras que nos agitan, que nos revuelven, que nos quitan el sue&ntilde;o (o que nos permiten so&ntilde;ar), hay textos que nos conmueven, que nos llevan al impulso de intentar cambiarlo todo. Hay lecturas que nos aburren y lecturas que nos revolucionan.
    </p><p class="article-text">
        El 13 de noviembre se celebraba el D&iacute;a de las Librer&iacute;as. La librer&iacute;a La Vor&aacute;gine de Santander realiz&oacute; una acci&oacute;n colectiva en la que varias personas se turnaban para leer en su escaparate, donde hab&iacute;an colocado previamente un sof&aacute; y una l&aacute;mpara. Situaron unos amplificadores en la calle por donde se pod&iacute;a o&iacute;r lo que iba leyendo la persona que estaba en ese sof&aacute;. Me pareci&oacute; una expresi&oacute;n muy potente de lo que significa habitar las cosas, compartir lo cotidiano colectivo. M&aacute;s all&aacute; de lo que se estaba leyendo (que tambi&eacute;n tiene su importancia), estaban practicando una manera de estar en el mundo, de habitarlo, de proponer lenguajes diversos que se convierten en un lenguaje universal: el de la vida en com&uacute;n. Y para ello ponen sus cuerpos junto a otros cuerpos, se exponen <em>encarnadamente</em> y de viva voz.
    </p><p class="article-text">
        Juntarse para hacer cosas en com&uacute;n nos cohesiona, crea comunidad (de afinidad). Hablando de habitar, en muchos pueblos del valle de Campoo se contin&uacute;a repartiendo la le&ntilde;a de los comunales entre los vecinos que lo soliciten. Se llama &ldquo;adra&rdquo; a la le&ntilde;a del monte comunal a la que un vecino o vecina tiene derecho, por el hecho de habitar en un pueblo. Este derecho no se basa solamente en el empadronamiento como cuesti&oacute;n meramente administrativa, sino en la propia idea de habitar. Hay que habitar la casa, al menos, durante algo m&aacute;s de medio a&ntilde;o para poder tener ese derecho. Se da aqu&iacute; una conexi&oacute;n y una relaci&oacute;n pragm&aacute;tica relacionada con habitar (la casa) y el aprovechamiento del monte comunal como recurso que forma parte de nuestra ecolog&iacute;a km 0.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, esa le&ntilde;a que nos calentar&aacute; parte del invierno proviene de la dehesa de robles, hayas y avellanos que vemos desde la ventana de la galer&iacute;a. Los &aacute;rboles son marcados por los guardas forestales y las juntas vecinales o concejos los sortean entre los vecinos que hayan solicitado adras. Hasta hace unos pocos a&ntilde;os, sub&iacute;an todos los vecinos al monte y preparaban entre todos la le&ntilde;a marcada, despu&eacute;s se hac&iacute;an montones que se sorteaban entre los interesados. Ahora se marca el &aacute;rbol, se sortea y cada vecino sube, hace su le&ntilde;a y la baja a casa. Tambi&eacute;n estas formas de gesti&oacute;n de los bienes comunales est&aacute;n cambiando. Volviendo a los libros, en una ocasi&oacute;n me dijo un campesino: &ldquo;los libros pesan como madera, porque madera son&rdquo;. Siempre recuerdo esta frase porque me parece que tiene algo de verdad rotunda. Es una afirmaci&oacute;n que destaca el propio proceso de creaci&oacute;n del libro: sin papel no hay libro, sin &aacute;rboles no hay papel, sin bosque no hay &aacute;rboles y sin &aacute;rboles no hay vida. Todo ese peso de madera transformada (real y metaf&oacute;ricamente) habita en el libro en cierta medida. Y pesa. Y nos calienta como lo hace la le&ntilde;a en una chimenea. Algunos libros son como fueguitos necesarios para la vida, nos encienden, nos calientan, nos perturban y nos dan un calor especial, amable. Son libros que queman, frente a los que pasan por nuestras manos como cenizas.
    </p><p class="article-text">
        Tuve la suerte de crecer rodeada de libros, de habitar en una biblioteca con ba&ntilde;o y cocina, m&aacute;s que un piso, era una biblioteca inmensa que llenaba todas las paredes de la casa. Tal cual. Hab&iacute;a libros por todas partes, no solo en las estanter&iacute;as del despacho, con dos filas de libros y algunos colocados en horizontal sobre estas hileras, sino que las estanter&iacute;as en el pasillo, de las habitaciones y del sal&oacute;n llenaban las paredes de lomos de colores de todos los tama&ntilde;os y una gran variedad de tipos de letra. El olor de mi casa era caracter&iacute;stico (lo sigue siendo), huele a libros, m&aacute;s que a ninguna otra cosa, huele a librer&iacute;a, a polvo posado sobre libros, a biblioteca. Y la sensaci&oacute;n es similar a la de entrar en cualquiera de estos espacios.
    </p><p class="article-text">
        El despacho de mi casa era tambi&eacute;n el despacho de Editorial L&iacute;mite, la peque&ntilde;a editorial familiar que mis padres fundaron a principios de los 90. Entonces no hab&iacute;a muchas editoriales independientes en Cantabria. L&iacute;mite fue la responsable de editar la revista de arte, literatura y pensamiento La Ortiga, sus colecciones de poes&iacute;a y ensayo, los Libros del Laberinto que recog&iacute;an los encuentros del Foro C&iacute;vico &ldquo;Leer y debatir crean ciudadan&iacute;a&rdquo; y muchas otras ediciones. Recuerdo las pruebas de imprenta y el olor a tinta, las l&aacute;minas de papeles verjurados, los pantones de colores. Las cartas postales de los autores de muchos libros que se publicaron entonces. A mi madre corrigiendo las erratas de todas y cada una de las publicaciones, a mi padre maquetando y dise&ntilde;ando los ejemplares. Hab&iacute;a un revuelo propio previo, desde que se traduce el cuerpo del texto original al formato que dar&aacute; vida al libro, un caos controlado de im&aacute;genes y tipos de letra, de papeles y fotograf&iacute;as, un ambiente de entusiasmo al ir a ver las pruebas de imprenta y despu&eacute;s de las primeras tiradas.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo tambi&eacute;n los viajes durante el verano, sol&iacute;amos visitar librer&iacute;as de viejo en Inglaterra y Francia para comprar libros y l&aacute;minas de grabados antiguos, de fotos surrealistas, de im&aacute;genes y bocetos de finales del XIX y principios del siglo XX. Todo aquel material contribuy&oacute; a crear ese concepto est&eacute;tico tan propio de la revista La Ortiga. El a&ntilde;o que viene ser&aacute; el 25 aniversario de la revista, hablaremos de Editorial L&iacute;mite, de las actividades de este &uacute;ltimo tiempo, celebraremos junto a amigos, compa&ntilde;eros de viaje y otros colectivos con los que compartimos maneras de estar en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Todos podemos ser, en cierto modo, editores. Siempre se pueden editar cosas interesantes, no hacen falta grandes medios, solo ganas de compartir, de multiplicar algo. Recuerdo mucho en mi adolescencia los fanzines, sobre todo los de la universidad en Bilbao, tambi&eacute;n la radio pirata del barrio en el que viv&iacute;a y c&oacute;mo nos daban instrucciones para coger la sinton&iacute;a haciendo antena con un tenedor. Pobre del que vaya a la universidad solo para estudiar. Pocas cosas hay m&aacute;s poderosas en el ambiente universitario (al menos en el que yo conoc&iacute;) que los fanzines, las revistas grapadas y fotocopiadas, los cuadernillos de cap&iacute;tulos de libros. Publicaciones independientes que surgen an&aacute;rquicamente desde abajo, mezclando c&oacute;mics, art&iacute;culos de esos pensados para que los entienda todo el mundo y entrevistas a grupos de punk o lo que surja. Todo ello con una perspectiva antipoder, l&uacute;dica, irreverente. Una indisciplina maravillosa, ingobernable, donde el conocimiento no est&aacute; limitado ni encasillado.
    </p><p class="article-text">
        Hace falta tomar conciencia, como en todo, de los enormes esfuerzos por sobrevivir que hacen las editoriales peque&ntilde;as en estos tiempos. Editoriales y librer&iacute;as que se necesitan, que nos necesitamos. El otro d&iacute;a descubr&iacute; la plataforma www.todostuslibros.com donde varias librer&iacute;as se han unido para vender online frente a las grandes plataformas de distribuci&oacute;n. Deber&iacute;amos de ser conscientes de que cuando compramos tomamos tambi&eacute;n decisiones pol&iacute;ticas. &iquest;C&oacute;mo queremos que sean nuestros pueblos y ciudades? no podemos dejar morir las librer&iacute;as independientes, asociativas, de barrio, cooperativas. No podemos convertir los centros de las ciudades en espacios gentrificados vaciados de vida. Leamos la ciudad con otros ritmos, alejados de la compra compulsiva y del consumismo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la gracia se encuentre en habitar los espacios, practicar los lugares, ser red, poner la atenci&oacute;n en las peque&ntilde;as constelaciones de vidas, imaginarios y cercan&iacute;as. Todo nos afecta: la tienduca del barrio donde ir a hacer la compra, el bar de la esquina, la mercer&iacute;a de la calle de al lado, el kiosko de Luc&iacute;a o esa librer&iacute;a asociativa con la que tanto tenemos en com&uacute;n. Cuando se habita algo, ese algo nos afecta, cada cosa con sus propios ritmos, sus pausas, sus silencios. Somos entonces capaces de leer las cosas con el cuerpo, una lectura que nos atraviesa el cuerpo, desarrollamos una cultura de lo sensible hacia lo que sucede a nuestro alrededor.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de los a&ntilde;os, me he ido dando cuenta de que tambi&eacute;n hay una forma de leer las bibliotecas como unidad repleta de sentidos, cada una con su historia, su recorrido, dependiendo de las personas que la fueron dando forma, de sus vidas, de sus inquietudes, de sus pasiones. Una biblioteca es tambi&eacute;n un contenedor de muchas vidas que se entrelazan en un mismo lugar. Queda la huella de los que alg&uacute;n d&iacute;a la habitaron. Uno de mis proyectos futuros es que mi propia biblioteca pueda convertirse en una biblioteca rural especializada en antropolog&iacute;a, sociolog&iacute;a, filosof&iacute;a, pol&iacute;tica y artes. Un espacio vivo que pueda ser consultado, visitado, habitado. Un <em>fueguito</em> m&aacute;s para leer la vida y habitar los libros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/leer-vida-habitar-libros_132_6440112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Nov 2020 06:00:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d9b21b29-2bb7-4c71-bd1e-346931d2cc46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="8445732" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d9b21b29-2bb7-4c71-bd1e-346931d2cc46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="8445732" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Leer la vida, habitar los libros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d9b21b29-2bb7-4c71-bd1e-346931d2cc46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manos que cultivan la tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/manos-cultivan-tierra_132_6302073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b9a1d15-8d96-4d69-af53-c9c5575fc308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manos que cultivan la tierra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vida (rural, urbana) son tensiones y procesos que se escapan a nuestros intentos de categorizar y encerrar bajo conceptos e identidades rígidas lo que sucede.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Existe un vínculo directo entre la degradación ecológica que históricamente se ha producido en el medio rural y las élites de poder

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name"> Marc Badal</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as se celebraba el D&iacute;a Internacional de las Mujeres Rurales y se han realizado homenajes y conmemoraciones a lo largo y ancho del Estado. Hay muchos colectivos de mujeres que hacen una labor imprescindible durante todo el a&ntilde;o en el medio rural. Sin embargo, tengo la sensaci&oacute;n de que, en muchas ocasiones, se siguen alimentando determinado tipo de imaginarios sobre las mujeres rurales para mantener una foto fija que ya no existe y que es muy dif&iacute;cil que regrese. Sobre todo cuando hay que rentabilizar pol&iacute;ticamente lo femenino y lo rural. La vida pol&iacute;tica (la de los pol&iacute;ticos), ahora m&aacute;s que nunca, se ha convertido en esa escenificaci&oacute;n forzada, en esa necesidad de presencia constante en medios y redes sociales, esa persecuci&oacute;n por tener m&aacute;s 'followers' y decir o hacer aquello que m&aacute;s llame la atenci&oacute;n, sea o no necesario, est&eacute; o no justificado. Una pol&iacute;tica que, como instituci&oacute;n, cada vez est&aacute; m&aacute;s alejada de las personas y de sus problemas reales.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, creo que se aportar&iacute;a mucho si se reflexionara sobre algunas cuestiones antes de reproducir discursos y pr&aacute;cticas que no nos llevan a&nbsp;ning&uacute;n sitio. &iquest;Qui&eacute;nes son las mujeres rurales? &iquest;Las que nacen en los pueblos? &iquest;Las que viven en los pueblos? &iquest;Las que tienen un modo de vida campesino? Lo mismo sucede con &ldquo;lo rural&rdquo;. En estos momentos, vivimos en un contexto de cambio de paradigmas donde ya no se puede entender lo rural sin hablar de las nuevas ruralidades o nuevas ideas y pr&aacute;cticas de la ruralidad (algunas no tan nuevas ciertamente) en torno a las que hay un debate complejo y a la vez muy interesante en el &aacute;mbito cultural, sociol&oacute;gico o ecol&oacute;gico, por citar algunos ejemplos. 
    </p><p class="article-text">
        Se tiende a mezclar lo rural con lo agrario y, no en menor medida, a las mujeres rurales con mujeres que se dedican exclusivamente al sector primario. Estos imaginarios sobre las mujeres rurales contribuyen a alimentar esa idea preconcebida de un mundo rural exclusivamente agrario y campesino. Nada m&aacute;s alejado de la realidad. Los trabajos en el medio rural en Cantabria est&aacute;n cada vez m&aacute;s diversificados, con muchas personas trabajando en servicios o industria y muchas otras siendo &ldquo;mixtas&rdquo;, es decir, personas que tienen un salario m&aacute;s o menos estable de otra actividad y mantienen peque&ntilde;as ganader&iacute;as para tener unos ingresos extras. Los modos de vida en el medio rural son cada vez m&aacute;s parecidos a los urbanos, las formas de consumir, las formas de relacionarse, las formas de ocupar el espacio p&uacute;blico. Mucho m&aacute;s parecidas de lo que la gente cree, incluso en aquello que pudiera aparentar ser m&aacute;s tradicional o propio de lo rural. Si bien es verdad que dentro de la diversidad de escenarios en el medio rural, la falta y reducci&oacute;n de servicios, la despoblaci&oacute;n o el aislamiento hacen que los contextos no sean del todo iguales. A la vista est&aacute; que mucha gente solo se ha acordado del medio rural despu&eacute;s de la experiencia de estar confinados en pisos peque&ntilde;os en ciudades demasiado grandes. 
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a hablar de mujeres que viven <em>del campo</em>, un campo en el que abunda la presencia femenina, como en cualquier otro sector precarizado. Tambi&eacute;n aqu&iacute; hay brecha de g&eacute;nero, pero de esto y de la precariedad del sector primario se suele hablar menos porque &ldquo;encaja&rdquo; mejor el relato del emprendimiento, del luchador o de lo que Foucault llam&oacute; ser &ldquo;empresario de s&iacute; mismo&rdquo; donde las l&oacute;gicas de la econom&iacute;a atraviesan por completo la vida de las personas. Un &ldquo;emprendedor&rdquo; que, despu&eacute;s de superar adversidades, se autoexplotar&aacute; como vienen haciendo los campesinos a lo largo de la historia para adaptarse y sobrevivir. A diferencia del campesino, el emprendedor, que ya habr&aacute; interiorizado el discurso neoliberal a la perfecci&oacute;n, estar&aacute; orgulloso de s&iacute; mismo y hablar&aacute; de su ejemplo en charlas y conferencias. Incluso alguno se har&aacute; &ldquo;coach&rdquo; y animar&aacute; a otros a seguir sus pasos.
    </p><p class="article-text">
        Desde que se desarticul&oacute; la sociedad tradicional a mediados del siglo pasado ya no existe el campesinado como tal, vivimos en una sociedad posindustrial con un perfil de trabajadores y trabajadoras en el sector primario fundamentalmente &ldquo;mixto&rdquo;. Precisamente como estrategia para no poner todos los huevos en la misma cesta y poder seguir viviendo en un mundo en el que es cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil resistir. Muchas de estas mujeres que viven del campo tienen que tener, a su vez, otras peque&ntilde;as fuentes de ingresos. Hay ejemplos de mujeres que se incorporan a la actividad agraria con propuestas arriesgadas de transformaci&oacute;n de los modelos de negocio y no tienen menos problemas para mantener sus proyectos y su forma de vida. Existe una sobrerregulaci&oacute;n en el medio rural que es incompatible con la innovaci&oacute;n social, queda mucho trabajo por hacer en este sentido.
    </p><p class="article-text">
        Las rentas de las tierras son cada vez m&aacute;s caras (por el contrario, los precios de la leche y los terneros contin&uacute;an bajando), las personas que no tienen la propiedad del terreno necesitan poder acceder a ellos para cultivarlos o para alimentar a sus animales si queremos que sigan produciendo alimentos km 0. Producir con criterios respetuosos con los animales y con el medio ambiente requiere una relaci&oacute;n estable con el medio (huertas, praderas, montes, fincas, dehesas), precisamente para facilitar esos servicios ecosist&eacute;micos de los que tanto se habla, que contribuir&aacute;n a fijar carbono en el suelo y no a liberarlo al ambiente como sucede con los modelos intensivos de producci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Producir alimentos con criterios respetuosos (tambi&eacute;n con las personas) requiere pol&iacute;ticas que incentiven unas condiciones de trabajo dignas, una fiscalidad flexible y el apoyo a las formas de vida agrarias y no solo tur&iacute;sticas. Tambi&eacute;n una sociedad dispuesta a consumir productos de cercan&iacute;a agroecol&oacute;gicos y sostener a largo plazo a los peque&ntilde;os productores a trav&eacute;s de cooperativas, redes de consumo y mercados locales. Es cada vez menos viable vivir <em>del campo </em>en un mundo pensado para los intermediarios, donde muchas peque&ntilde;as explotaciones familiares tienen que competir con la gran industria de la leche y de la carne y su especulaci&oacute;n. Y lo mismo sucede con las huertas, los &aacute;rboles frutales, las colmenas&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Afianzar redes de productores estables requiere apoyo desde la base, facilitar el acceso a tierras para uso agrario a precios justos y hacerlo favoreciendo los modelos productivos que generen menos huella de carbono e h&iacute;drica. Una buena gesti&oacute;n de los terrenos comunales es fundamental para ello, atendiendo las necesidades de vecinos y vecinas del pueblo de forma equitativa y priorizando a los agricultores a t&iacute;tulo principal. La gentrificaci&oacute;n rural ya est&aacute; llegando con los modelos de turistificaci&oacute;n actuales y los que vendr&aacute;n &iexcl;ojo con la liberalizaci&oacute;n de suelo r&uacute;stico! 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n al hablar de mujeres rurales, se suele recurrir a la imagen de la mujer rural joven y emprendedora, que apuesta por las nuevas tecnolog&iacute;as sin las que ya no podr&aacute; atender adecuadamente a los animales, ahora se necesita tenerlos controlados con c&aacute;maras, dispositivos GPS en los collares de las vacas y avisadores de partos en los rabos que nos enviar&aacute;n mensajes cuando la vaca tenga contracciones. Muchos conocer&eacute;is ganader&iacute;as con robots de orde&ntilde;o donde los animales no salen nunca a pacer y a desarrollar sus instintos naturales porque est&aacute;n en un circuito cerrado donde entran &ldquo;a voluntad&rdquo; al orde&ntilde;o. Este es el <em>welfare</em> animal, camas de paja sobre hormig&oacute;n y nuevas tecnolog&iacute;as. El discurso de las nuevas tecnolog&iacute;as como soluci&oacute;n a muchos de los problemas de los ganaderos, tambi&eacute;n responden a un modelo de producci&oacute;n de todo lo <em>smart</em>. 
    </p><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente tengo contacto habitual con muchas mujeres rurales, pero mayores. Hace unos d&iacute;as hablaba con una de ellas sobre la necesidad de salir de casa, me comentaba que &ldquo;se le ca&iacute;a el techo encima&rdquo; ahora que se hab&iacute;an suspendido las actividades en el centro social al que suele acudir. Ten&iacute;a miedo por el Covid, pero m&aacute;s miedo ten&iacute;a a morirse de la pena ahora que en el oto&ntilde;o se acortan los d&iacute;as y anochece antes. Ve&iacute;a c&oacute;mo el teleclub del pueblo segu&iacute;a abierto, c&oacute;mo los hombres (en su mayor&iacute;a) segu&iacute;an acudiendo a diario para echar la partida y, sin embargo, las asociaciones de mujeres locales y centros sociales no estaban realizando actividades por prudencia a la hora de frenar la transmisi&oacute;n del Covid. 
    </p><p class="article-text">
        Tenemos que defender que la vida cultural no se estigmatice y con vida cultural no me refiero solo al cine, al teatro, las exposiciones o los conciertos, sino tambi&eacute;n a la vida cultural que promueven muchas peque&ntilde;as asociaciones locales. Ah&iacute; tambi&eacute;n hay brecha de g&eacute;nero, y no solo de g&eacute;nero, sino edadista ya que estos espacios son frecuentados en su mayor&iacute;a por mujeres mayores. Deber&iacute;an ser escuchadas sus demandas y estar entre las prioridades de los ayuntamientos, mujeres mayores que piden poder disfrutar de un tiempo y espacio para la sociabilidad y la cultura con las condiciones sanitarias adecuadas. Han sido invisibilizadas en esta crisis sanitaria, relegadas a un segundo plano en muchas ocasiones, infantilizadas y tratadas con paternalismo en muchas otras. 
    </p><p class="article-text">
        Volviendo al mundo campesino, todav&iacute;a hoy sigue habiendo un poso de todo ello en el patrimonio inmaterial, pero ese mundo ya no existe, apenas queda su reflejo. Bien es verdad que hay formas de hacer campesinas que se pueden aprender y recuperar, Jaime Izquierdo lo llama &ldquo;innovaci&oacute;n retroprogresiva radical&rdquo; traer al presente ese &ldquo;saber hacer&rdquo; campesino, sobre todo el que est&aacute; en sinton&iacute;a con las necesidades que nos impone la crisis clim&aacute;tica actual.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, y no digo nada nuevo, los medios rurales son contextos atravesados (al igual que los urbanos) por el capitalismo neoliberal: las casas, las cuadras, las tierras, los alimentos, los montes y tambi&eacute;n las personas. No hay un mundo rom&aacute;ntico id&iacute;lico por aqu&iacute;, eso es cosa de las escapadas de fin de semana. Tampoco &ldquo;pureza&rdquo; cultural, la invenci&oacute;n de la tradici&oacute;n es un proceso sociocultural vivo, cambiante y cada vez m&aacute;s mestizo (afortunadamente). Lo mismo sucede con lo natural, precisamente eso que llamamos naturaleza es uno de los espacios donde m&aacute;s se ve el impacto de nuestra cultura, por eso habitamos paisajes culturales, ya no tenemos otros. La comunidad <em>practicada</em> no tiene nada que ver con la <em>imaginada</em>, basta con vivir en un pueblo para darse cuenta. 
    </p><p class="article-text">
        La vida (rural, urbana) son tensiones y procesos que se escapan a nuestros intentos de categorizar y encerrar bajo conceptos e identidades r&iacute;gidas lo que sucede. Es necesario aterrizar esos procesos y contextualizarlos para poder vivir una vida en com&uacute;n, donde se tenga en cuenta a las otras y a los otros, donde se integre el conflicto, la complejidad y diversidad de las formas de habitar lo rural. Nada que no se pueda aprender junto a pastores trashumantes o leyendo un buen libro de antropolog&iacute;a: itinerancias necesarias para la vida, cambios de perspectiva, hibridaci&oacute;n cultural, resistencia comunitaria. Hacen falta m&aacute;s manos dispuestas a cultivar la tierra y tambi&eacute;n el pensamiento emancipado.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/manos-cultivan-tierra_132_6302073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Oct 2020 04:30:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6b9a1d15-8d96-4d69-af53-c9c5575fc308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="60405" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6b9a1d15-8d96-4d69-af53-c9c5575fc308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="60405" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Manos que cultivan la tierra]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6b9a1d15-8d96-4d69-af53-c9c5575fc308_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Revolver el cole]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/revolver-cole_132_6205192.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b23ee05-6f57-4b8a-a694-cf23f19960b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Revolver el cole"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Imagino una escuela (y un instituto y una universidad) que no confunda rigor con disciplina, que no se reduzca a un trámite, a un título, a un negocio, a una nota, a una repetición de conceptos, a un mero ejercicio de poder</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nunca es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">H.D. Thoreau</span>
                                        <span>—</span> Escritor, poeta y filósofo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as cercanos al comienzo del curso escolar creo que somos muchas las madres y los padres que sentimos esa incertidumbre del inicio de las clases, de c&oacute;mo ser&aacute; este regreso despu&eacute;s de tanto tiempo, con todos esos &ldquo;escenarios&rdquo; posibles, las mascarillas en las aulas, las entradas y salidas escalonadas, ese no poder compartir almuerzo, materiales, cercan&iacute;as. &iquest;Cre&eacute;is que la Administraci&oacute;n est&aacute; dotando de los medios necesarios para que todos los centros tengan el personal suficiente y el espacio necesario para poder cumplir las medidas que se est&aacute;n, a la vez, exigiendo? 
    </p><p class="article-text">
        Estoy segura de que estas preguntas son similares entre el profesorado que va a estar conviviendo con los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y que ya se est&aacute; movilizando para exigir m&aacute;s contrataciones para poder atenderles en mejores condiciones. Este regreso a los coles no puede planificarse solo con protocolos (aunque el papel lo aguante todo). Dif&iacute;cilmente se podr&aacute; llevar a cabo en las aulas si no se cuenta con los profesionales y los espacios adecuados. No se est&aacute;n contratando bastantes profesores y personal de apoyo para dar respuesta a la complejidad de la situaci&oacute;n actual, y ah&iacute; es donde habr&iacute;a que poner el acento, en enfocar las inversiones hacia la educaci&oacute;n o la cultura que son procesos a largo plazo y no tanto al cortoplacismo de siempre.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n no se ha hecho preguntas en estos &uacute;ltimos meses? Este virus nos ha acercado al ejercicio filos&oacute;fico m&aacute;s que nada &uacute;ltimamente, a una filosof&iacute;a viva, de la que plantea preguntas que tienen que ver con su tiempo y con la vida de las personas. A la hora de (re)pensar esta vuelta a las aulas, hay algunas ideas que me gustar&iacute;a compartir que, a modo de reflexiones, y que me acompa&ntilde;an estos d&iacute;as. La primera de ellas surge de la lectura de la transcripci&oacute;n <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/invencion-realidad-disminuida_132_6187886.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del coloquio de Amador Fern&aacute;ndez-Savater</a> en el espacio La Atenea en Madrid el pasado mes de julio. Plantea la necesidad de compartir dudas y preguntas para responder de forma conjunta a la incertidumbre que nos genera este mundo despu&eacute;s de la pandemia, sin tener miedo de inventar otras formas de hacer las cosas, de exponerlas, de buscar alternativas, de mirar a trav&eacute;s de las grietas del sistema. En sus propias palabras: &ldquo;C<span class="highlight" style="--color:white;">omo nunca, este presente nos exige un esfuerzo de invenci&oacute;n. Si no hay invenci&oacute;n, vamos a vivir tristemente en una realidad devaluada, que va a ser lo mismo, pero menos. A no ser que creemos otra realidad, que no sea igual a la anterior, sino que sea distinta y m&aacute;s&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es el momento de</span> encauzar la incertidumbre, de encontrar formas de organizarse en com&uacute;n para vivir una vida compartida, donde no nos quede solo la productividad neoliberal y sus tareas imperativas como se quedan los posos del caf&eacute; en una taza. Una vida que pueda seguir siendo vivida desde los cuerpos que comparten y conviven, desde el encuentro y desde una pol&iacute;tica <em>domestizada</em>, que ponga la vida cotidiana en el centro del hacer y pensar pol&iacute;tico. C&oacute;mo repensar la vuelta al cole es tambi&eacute;n una ocasi&oacute;n para replantear e inventar nuevas formas de organizarnos sin perder la presencialidad, sin olvidarnos de ese estar juntos. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda cuesti&oacute;n que me gustar&iacute;a compartir tiene mucho que ver con las 'escuelas bosque'. No voy profundizar en el concepto en s&iacute; (hay una amplia bibliograf&iacute;a para aquellas personas interesadas en conocer m&aacute;s sobre este tipo de educaci&oacute;n en la naturaleza, en Cantabria la <a href="https://enboscados.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">asociaci&oacute;n En-boscados</a> hace un gran trabajo que os invito a conocer) pero s&iacute; me gustar&iacute;a traerlo a nuestro imaginario. Quiz&aacute;s lo que yo quiera expresar no tiene tanto que ver con una escuela-bosque entendida como concepto cerrado, sino m&aacute;s bien con la posibilidad de salir de las aulas y de que ese gesto pueda ser tambi&eacute;n mental. Si bien cambiar de lugar no tiene por qu&eacute; suponer un cambio en nuestra manera de mirar las cosas o nuestro enfoque, creo que es siempre interesante hacer el ejercicio de cambiar de perspectiva para ver c&oacute;mo se ve esa realidad desde otros prismas.
    </p><p class="article-text">
        En ese proceso de reinventarse en com&uacute;n, de pensar nuevas formas de hacer, la educaci&oacute;n fuera de las aulas puede contribuir, por un lado, a habitar espacios al aire libre y, por otro lado, suponer un aliciente para muchas &aacute;reas de conocimiento. &iquest;Y si hace &ldquo;malo&rdquo; y llueve? &iquest;Y si hace fr&iacute;o? Precisamente se trata de eso, de no pensar que el hecho de que llueva o haga fr&iacute;o sea que hace &ldquo;malo&rdquo;. Dec&iacute;a la madre de una amiga: &ldquo;No hay mal tiempo, sino ropa inadecuada&rdquo;. Esto no quiere decir que cuando llueva a jarros pongamos a los ni&ntilde;os a remojo, sino quiz&aacute;s entender que la lluvia no tiene por qu&eacute; ser un impedimento para estar al aire libre. Mojarse bajo la lluvia y saltar en los charcos tambi&eacute;n es educaci&oacute;n, aprendizaje, diversi&oacute;n, juego. Todos ellos, aspectos muy necesarios en la vida de los m&aacute;s peque&ntilde;os. Permanecer en espacios abiertos permite que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as desarrollen su psicomotricidad y comiencen a relacionarse con su entorno m&aacute;s cercano de forma temprana. Y todo esto no es incompatible con la lectoescritura, por cierto.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso de aprender fuera de las aulas no es nuevo, hay experiencias en otros pa&iacute;ses como Suecia o Reino Unido, normalmente asociadas a las primeras etapas educativas. &iquest;Y si nos planteamos que estar todo el tiempo &ldquo;dentro&rdquo; (f&iacute;sica y mentalmente) del aula no es el &uacute;nico espacio pedag&oacute;gico posible? Podemos compaginar tiempos en las aulas con tiempos en espacios exteriores cercanos que, l&oacute;gicamente, variar&aacute;n seg&uacute;n el colegio y su ubicaci&oacute;n (patios, calles, playas, bosques, parques, huertas, barrios, dehesas, prados, mercados&hellip;) donde los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as puedan relacionarse con el medio natural, social y cultural de sus entornos y habitarlos de otro modo, m&aacute;s all&aacute; de sus propios contextos familiares. Esto dotar&iacute;a de otros sentidos al propio espacio p&uacute;blico, sin olvidar que este es tambi&eacute;n producto de desigualdades y conflictos, por lo que su ocupaci&oacute;n f&iacute;sica implica tambi&eacute;n la construcci&oacute;n social de un lugar habitado, practicado, de un espacio relacional, comunicacional, donde la presencia de los cuerpos importa, m&aacute;s a&uacute;n ahora.
    </p><p class="article-text">
        Imagino una escuela sin muros (sobre todo mentales), donde el conocimiento no est&eacute; enclaustrado, donde no se pierda el tacto con la vida y sus dilemas. Donde se pueda leer debajo de un &aacute;rbol y aprender ciencias sociales yendo a la compra, una escuela donde no importe tanto el qu&eacute; sino el c&oacute;mo. Una escuela que fomente un conocimiento transdisciplinar sin prejuicios, donde se tengan en cuenta maneras muy diferentes de hacerse preguntas y de responderlas.
    </p><p class="article-text">
        Imagino una escuela donde los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as puedan salir a pasear por los senderos de la costa mientras aprenden sobre la mar y sus literaturas, donde se escuche el oleaje y se sue&ntilde;en viajes desde sus casas, aunque vivan tierra adentro. Una escuela donde los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as no tengan que estar todo el rato sentados. Imagino una escuela donde se observe el entorno m&aacute;s cercano y se aprenda de la diversidad de otras latitudes, de las formas de hacer de otros lugares. Una escuela que no tema a las personas autodidactas, que entienda que no todas las formas de aprendizaje pasan por sus aulas, que hay muchas pedagog&iacute;as y no todas tienen por qu&eacute; encontrarse en un programa de una consejer&iacute;a o de una universidad. La educaci&oacute;n es esa herramienta que deber&iacute;a de dar la oportunidad de situarse en otro lugar distinto a lo que uno trae puesto de casa. Imagino una escuela (y un instituto y una universidad) que no confunda rigor con disciplina, que no se reduzca a un tr&aacute;mite, a un t&iacute;tulo, a un negocio, a una&nbsp;nota, a una repetici&oacute;n de conceptos, a un mero ejercicio de poder. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Podremos imaginar juntos un ecosistema cultural habitable, desde el que articular las necesidades educativas, psicosociales y emocionales de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as? En esta tarea creo que nadie tiene las respuestas correctas, ni se puede resumir la vida en un protocolo o en las opiniones de los expertos. Ese pensar compartido es aprender a mirar a trav&eacute;s de las grietas del sistema para inventar nuevas maneras de vivir juntos.
    </p><p class="article-text">
        Y los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as &iquest;qu&eacute; piensan de la vuelta al cole? &iquest;Qu&eacute; anhelos tienen? &iquest;Y qu&eacute; temores? Habr&iacute;a que contextualizar cada caso personal, repleto de historias familiares y de matices, seguro que obtendr&iacute;amos respuestas muy diversas que nos hablar&iacute;an de singularidades. La tercera de las cuestiones -y no por ello la menos importante- es una conversaci&oacute;n con mi hija Candela de 6 a&ntilde;os sobre la vuelta al cole. Os relato parte de ella, es un peque&ntilde;o gesto que ha de ser entendido simplemente como un ejemplo m&aacute;s de voz infantil, entre otras muchas voces, de las que se oir&aacute;n estos d&iacute;as en muchas de nuestras casas y que creo que merecen toda nuestra atenci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-Candela, &iquest;te apetece volver al cole?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>S&iacute;, sobre todo a ver a Manuela y que venga a casa para comer espaguetis a la bolo&ntilde;esa, que es su comida preferida.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Hay algo que te de miedo de volver al cole?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>S&iacute;, un poco&hellip; porque no podr&eacute; guardar la distancia con los compa&ntilde;eros.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Por qu&eacute; crees que no podr&aacute;s?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>Porque me gusta darles besos y abrazos, sobre todo a Manuela, que es mi mejor amiga. </em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;En tu cole hac&eacute;is actividades al aire libre? </strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>A veces vamos al parque a dar clase y tambi&eacute;n a la playa. Y en las excursiones.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Te gusta dar clase al aire libre?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>S&iacute;, mucho.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Recuerdas cuando sub&iacute;amos a &ldquo;dar clase&rdquo; a la dehesa de al lado de casa?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>S&iacute;, fue cuando encontr&eacute; la pluma de urraca.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-S&iacute;, lo recuerdo. &iquest;Aprendes cosas cuando salimos a dar paseos?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>Aprendo cosas sobre la naturaleza como nombres de &aacute;rboles... a distinguirlos por las hojas: avellano, roble, haya, espino&hellip; oigo cantar al cuco, la cig&uuml;e&ntilde;a, las ranas, los campanos, los </em>		<em>zumbidos de las abejas&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Te gustar&iacute;a que en tu cole hubiera m&aacute;s clases al aire libre?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>S&iacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Por qu&eacute;?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>Porque el aire libre es muy bueno para respirar, los &aacute;rboles nos dan ambiente.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Ambiente?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>Ambiente, que huelen bien. Que nos dan respiraci&oacute;n. El aire fresco es muy bueno, la verdad&hellip; porque es bueno estar fuera. Hay muchos juegos: puedes jugar al escondite, al pilla pilla, a hacer comiditas con las plantas, buscar tr&eacute;boles de 4 hojas, buscar caracoles, intentar coger saltamontes... Puedes jugar a muchas cosas.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Y con esos juegos puedes aprender cosas como en el cole? &iquest;A sumar por ejemplo?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>S&iacute;. En oto&ntilde;o sumando hojas que se caen de los &aacute;rboles, en primavera sumando p&eacute;talos de flores y en invierno... contar las pisadas en la nieve. En verano&hellip; en verano lo que m&aacute;s me gusta es ir a la playa y darme un chapuz&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-Oye, &iquest;qu&eacute; te parece la mascarilla?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>La mascarilla me parece mal porque se me empa&ntilde;an las gafas, me da cosquillas y se llena de mocos. Hay tres cosas que no me gustan este a&ntilde;o: mascarillas, lo de la distancia y el virus. </em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Te gustar&iacute;a que las clases fueran en el bosque, en la playa o en la huerta, por ejemplo?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>S&iacute;, llevar&iacute;a un cuaderno para escribir lo que veo y podr&iacute;amos leer debajo de un &aacute;rbol.</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em><strong>-&iquest;Te preocupa que llueva, que nieve o que haga fr&iacute;o para salir a la calle a dar clase?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>No, porque llevar&iacute;a un jersey y un buzo de nieve. Y tambi&eacute;n botas de nieve. Los paraguas son un rollo, cuando llueve en el cole salimos a saltar en los charcos y no pasa nada. </em>
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, como nos recordaba hace unos d&iacute;as <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cronica-pifostio-veraniego-fallido_129_6189195.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en uno de sus art&iacute;culos</a> Antonio Maestre: &ldquo;Llega un septiembre lleno de incertidumbres y con una &uacute;nica certeza: que, si estamos mal, es por tu culpa&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/revolver-cole_132_6205192.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2020 04:30:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2b23ee05-6f57-4b8a-a694-cf23f19960b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="150135" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2b23ee05-6f57-4b8a-a694-cf23f19960b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="150135" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Revolver el cole]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2b23ee05-6f57-4b8a-a694-cf23f19960b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por una despedida real]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/despedida-real_132_6150522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1fd0f2e4-faa0-4257-b33d-4af3553bf74d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por una despedida real"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya va siendo hora de que se celebre un referéndum donde se pueda votar sobre la forma de Estado en la que queremos vivir.</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Seamos utópicos: luchemos por lo invisible</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Antonio Montesino</span>
                                        <span>—</span> Antropólogo, editor y poeta
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las familias reales me suelen resultar c&oacute;micas, con toda esa parafernalia que les rodea, saludando con la mano r&iacute;gida, luciendo uniformes y siempre rodeados de gente agitando banderitas. Me reir&iacute;a si no fuera porque est&aacute;n representando y encarnando un poder real gestado en distinciones, jerarqu&iacute;as, desigualdades y que reproduce un orden simb&oacute;lico autoritario, basado en la herencia y no en los procesos democr&aacute;ticos. Por mucho que nos hayan inculcado aquello de la monarqu&iacute;a parlamentaria y tal, que el rey reina pero no gobierna, que todos somos iguales ante la justicia&hellip; la experiencia nos aporta otros matices.
    </p><p class="article-text">
        Ya va siendo hora de que se celebre un refer&eacute;ndum donde se pueda votar sobre la forma de Estado en la que queremos vivir. Seguir sosteniendo una monarqu&iacute;a -no solo econ&oacute;micamente- sino social, simb&oacute;lica y culturalmente, me parece del todo absurdo en nuestros d&iacute;as, m&aacute;s a&uacute;n cuando estamos viviendo en una &eacute;poca caracterizada por la (re)precarizaci&oacute;n, las crisis econ&oacute;micas, energ&eacute;ticas, sociales&hellip; pero esto no va del todo con los reyes y reinas. Hacer una gira por el pa&iacute;s y mostrar su real &ldquo;empat&iacute;a&rdquo;, agradeciendo a los ciudadanos el esfuerzo realizado durante el confinamiento, se parece m&aacute;s a una campa&ntilde;a publicitaria que a otra cosa. 
    </p><p class="article-text">
        A Cantabria vinieron para &ldquo;apoyar&rdquo; al sector primario, y una de sus paradas fue el ferial de ganados de Torrelavega, donde lo que vieron <em>realmente</em> poco tiene que ver con el ferial de los mi&eacute;rcoles, pero ya sabemos que, en general, en las visitas del monarca siempre se muestra una realidad edulcorada, despojada de aquello que pueda resultar inc&oacute;modo, pol&iacute;ticamente incorrecto o simplemente demasiado realista para que suene bonito. Se parece m&aacute;s a un escenario <em>folclorizado</em> que a la vida cotidiana de las gentes de un lugar, pero se trata precisamente de eso, de una actuaci&oacute;n m&aacute;s ante un poder, una instituci&oacute;n, un s&iacute;mbolo. Y detr&aacute;s de los reyes, el s&eacute;quito, siempre buscando una imagen que rentabilizar social o pol&iacute;ticamente. 
    </p><p class="article-text">
        En este pa&iacute;s no hubo una ruptura <em>real</em> con el r&eacute;gimen del 36 sino una &ldquo;transici&oacute;n&rdquo; blanda que, entre otras cosas, nos dej&oacute; incrustada esta monarqu&iacute;a con la disculpa de la cohesi&oacute;n social. As&iacute;, tal cual, sin reparaci&oacute;n, sin justicia, sin condenar la dictadura franquista, cubriendo todo con esa equidistancia de &ldquo;las dos Espa&ntilde;as&rdquo; y &ldquo;los dos bandos&rdquo; (como si no hubiera habido un gobierno leg&iacute;timo antes de la guerra civil). Siempre escuchando el discurso amenazante de que, si no fuera por la monarqu&iacute;a, podr&iacute;a volver a estallar otro enfrentamiento armado. Ya sab&eacute;is, la monarqu&iacute;a: esa instituci&oacute;n integradora, inclusiva y democr&aacute;tica que nos protege continuamente con su buen hacer ejemplificante. Va a ser que Valt&ograve;nyc ten&iacute;a raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No se deja espacio para otras maneras de enfocar estas cuestiones pol&iacute;ticas y sociales, m&aacute;s all&aacute; de la herencia de la transici&oacute;n que encuentra en una Constituci&oacute;n &ldquo;intocable&rdquo; su m&aacute;s preciado tesoro. &iquest;C&oacute;mo se puede sostener una democracia sin herramientas democr&aacute;ticas participadas? Si para poder votar sobre la forma de Estado en la que queremos vivir se tiene que cambiar la Constituci&oacute;n, esto no puede suponer un problema. El m&uacute;sculo democr&aacute;tico se ejercita us&aacute;ndolo, los textos legales han de ser revisados, entre otras cosas, para poder adaptarse a nuevos contextos hist&oacute;ricos. 
    </p><p class="article-text">
        La historia no es algo lineal, est&aacute; repleta de tensiones y conflictos, de discursos enfrentados, de pugnas por el poder. Sucede algo parecido con las tradiciones, en el momento que se hace referencia a algo &ldquo;tradicional&rdquo; como disculpa para no cambiarlo, como si hacerlo fuera un pecado. Cuando se cree que algo, aparentemente, &ldquo;siempre fue as&iacute;&rdquo; o &ldquo;siempre se hizo as&iacute;&rdquo;, se est&aacute; obviando que los procesos de construcci&oacute;n social (de cualquier tradici&oacute;n) tambi&eacute;n son cambiantes, permeables, h&iacute;bridos, abigarrados. Y, por supuesto, son tambi&eacute;n luchas entre poderes. Dejemos de sacralizar textos que no deber&iacute;an de ser sacralizados, porque nada tienen que ver con lo sagrado y simb&oacute;licamente &ldquo;intocable&rdquo;, sino todo lo contrario, tendr&iacute;an que ver con la vida cotidiana de las personas, con sus necesidades reales, con la manera de tener una convivencia libre, democr&aacute;tica y participativa. 
    </p><p class="article-text">
        Este art&iacute;culo estaba pensado, en un principio, para hablar de las despedidas, de la forma de despedirse de una persona o de un lugar. Mientras comenc&eacute; a escribirlo, vi la noticia de la carta del ex-rey, muy adornada de respeto hacia el trabajo de su hijo y a la propia instituci&oacute;n mon&aacute;rquica y me pareci&oacute; interesante hablar de una despedida <em>real</em> y, quiz&aacute;s so&ntilde;ar, con que el viaje hubiera sido familiar y no individual. Pero no ha sido as&iacute;, este rey se va, precisamente, para proteger la corona, para no ser juzgado, para no rendir cuentas, un rey que huye para salvar la monarqu&iacute;a. Resultar&iacute;a parad&oacute;jico, pero no es m&aacute;s que otra nueva estrategia para seguir manteniendo el poder y los privilegios de la familia real. Y ya van unas cuantas. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre estamos barriendo debajo de la alfombra. En este país se siguen alimentando instituciones retrógradas como la monarquía o la iglesia con discursos y prácticas que pretenden blanquear sus trapos sucios y tratar de forma paternalista a la ciudadanía</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No hay espacios para la ruptura y el cambio, siempre estamos barriendo debajo de la alfombra. En este pa&iacute;s se siguen alimentando instituciones retr&oacute;gradas como la monarqu&iacute;a o la iglesia, por poner dos buenos ejemplos, gracias a discursos y pr&aacute;cticas que pretenden blanquear sus trapos sucios y tratar de forma paternalista a la ciudadan&iacute;a, como si fu&eacute;ramos herramientas &uacute;tiles para mantener sus privilegios (&iquest;lo somos?). &iquest;No tendr&iacute;amos que estar creando espacios y tiempos para articular maneras de estar en el mundo que puedan sostener la vida? Una vida digna, donde no haya sangres azules, donde no se mezclen las religiones con las cuestiones de Estado, donde no tengamos que sostener privilegios, cuando lo que tendr&iacute;amos que estar sosteniendo con nuestros impuestos es la sanidad p&uacute;blica y la educaci&oacute;n, sin condiciones, sin recortes, sin fisuras. &iexcl;Qu&eacute; ser&iacute;a de nosotros sin sanidad p&uacute;blica! No podemos cansarnos de repetir y defender el derecho a recibir una atenci&oacute;n m&eacute;dica universal, independientemente de nuestro origen, de nuestra renta, de nuestra edad. 
    </p><p class="article-text">
        Es inevitable para m&iacute; recordar en estos d&iacute;as otra despedida, que nada tiene que ver con la del em&eacute;rito. Esta fue una despedida real, de las de verdad, no de la realeza. Se acerca el aniversario de la muerte de mi padre, el antrop&oacute;logo, editor y poeta Antonio Montesino que nos dej&oacute; hace cinco a&ntilde;os. Me he acordado mucho de &eacute;l durante el confinamiento y cada vez que escuchaba que los enfermos de COVID no pod&iacute;an despedirse de sus familiares y seres queridos. Yo tuve la suerte de poder despedirme de mi padre en la UCI del Hospital Universitario Marqu&eacute;s de Valdecilla de Santander. 
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que tuve que ponerme la ropa de protecci&oacute;n adecuada para no contaminar la habitaci&oacute;n: una bata, fundas en los zapatos, guantes, un gorrito que me recog&iacute;a el pelo y una mascarilla. Sudaba tanto que se me ca&iacute;an las gotas de sudor por la nariz. Mi padre ten&iacute;a los ojos cerrados, pero me o&iacute;a y apretaba mi mano para que yo pudiera estar segura de que &eacute;l era consciente cuando le hablaba. Durante su estancia en el hospital, siempre me dec&iacute;a que la mano para un enfermo de c&aacute;ncer es el alma, que todo se transmit&iacute;a por ah&iacute;. La mano como ap&eacute;ndice &uacute;ltimo de la vida. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces he imaginado las miles de historias de despedidas que no pudieron ser! 
    </p><p class="article-text">
        La despedida, en este caso, una despedida para siempre, forma parte de un ritual terriblemente humano que nos sit&uacute;a en un profundo respeto mutuo y en un tiempo y espacio para la dignidad de las personas que se est&aacute;n diciendo adi&oacute;s. Es una especie de acto universal, de algo que nos trasciende. Pienso hoy en las despedidas que no pudieron ser, no tanto por razones sanitarias, sino pol&iacute;ticas y sociales, pienso en las fosas comunes de la guerra o en los migrantes ahogados en la mar, en todas esas familias que no pueden recordar a sus muertos con la dignidad que merecen, aunque se agarren a la memoria de sus vidas y de sus cuerpos. No podemos olvidarlos, no debemos olvidarlos. Dec&iacute;a Adorno que <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;as&iacute; como los muertos est&aacute;n entregados inermes a nuestro recuerdo, as&iacute; tambi&eacute;n es nuestro recuerdo la &uacute;nica ayuda que les ha quedado&rdquo;.&nbsp;</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/despedida-real_132_6150522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2020 07:03:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1fd0f2e4-faa0-4257-b33d-4af3553bf74d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="45529" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1fd0f2e4-faa0-4257-b33d-4af3553bf74d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="45529" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Por una despedida real]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1fd0f2e4-faa0-4257-b33d-4af3553bf74d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De animales y distancias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/animales-distancias_132_6089699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d997e40-ee9f-45b7-b21d-f14ea29af8a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De animales y distancias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La distancia, no solo física, sino entendida como desconocimiento y desprecio, sobre las formas de vida rurales es más habitual de lo que parece</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con sus vidas paralelas, los animales nos ofrecen un tipo de compañía diferente de todas las que puede aportar el intercambio humano. Diferente porque es una compañía ofrecida a la soledad del ser humano como especie</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">John Berger</span>
                                        <span>—</span> Escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay distancias que van m&aacute;s all&aacute; de los kil&oacute;metros que separan un espacio de otro, hay distancias que son mentalidades, ideolog&iacute;as, falta de empat&iacute;a. Hay una distancia necesaria para tener perspectiva, hay distancias que muestran desprecio y hay distancias de seguridad que nos salvan en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n de un choque innecesario. La tensi&oacute;n entre distancias y cercan&iacute;as en un debate, enriquece nuestra perspectiva y es donde se encuentran los matices y la posibilidad de pensar (nos) diferente. 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, m&aacute;s a&uacute;n en este &uacute;ltimo tiempo de postconfinamiento, el medio rural se ha puesto de moda como destino tur&iacute;stico, como espacio id&iacute;lico donde refugiarse y tomar aire fresco. Sobre todo despu&eacute;s de pasar un encierro que ha visibilizado que nuestras ciudades no est&aacute;n dise&ntilde;adas a la medida de lo humano y que nos ha recordado (de nuevo) que necesitamos tener contacto con la naturaleza. El campo, para gran parte de la poblaci&oacute;n, sigue estando empapado de esa visi&oacute;n rom&aacute;ntica, asociada a una imagen de naturaleza pura, de espacio &ldquo;natural&rdquo;, como si fuera algo alejado de la mano del ser humano. Sin embargo, el campo es profundamente cultural y est&aacute; atravesado por relaciones e interdependencias culturales que se pueden &ldquo;leer&rdquo; de muchas formas, por ejemplo, en el paisaje de un territorio. De esto sabe mucho Jaime Izquierdo, de la construcci&oacute;n cultural de la naturaleza, de las interacciones necesarias urbano-rurales, de ah&iacute; su &ldquo;ciudad agropolitana&rdquo; y su &ldquo;aldea cosmopolita&rdquo;, t&eacute;rminos que os invito a conocer en profundidad en su obra y que nos acercan a un futuro deseable para la convivencia entre seres humanos, animales y ecosistemas. 
    </p><p class="article-text">
        A estas alturas, m&aacute;s a&uacute;n en una comunidad peque&ntilde;a como Cantabria, el v&iacute;nculo urbano-rural creo que deber&iacute;a de tener muchas lecturas transversales, no solo la tur&iacute;stica. En este sentido, me gustar&iacute;a hablar de un tipo de distancia que vengo observando hace tiempo y nada tiene que ver con esa &ldquo;distancia social&rdquo; de la que tanto se habla estos d&iacute;as, sino de una distancia m&aacute;s profunda. Algunas de las personas que viven en los pueblos (s&iacute;, de las que viven todo el a&ntilde;o) y algunas de las que llegan para pasar el verano, incluso aquellas que tienen un origen rural, suelen mostrar muy a menudo esa &ldquo;distancia&rdquo; de la que os hablo. El caso del gallinero y el hotel rural en Asturias el a&ntilde;o pasado fue un ejemplo muy claro del desconocimiento, los prejuicios y la intolerancia hacia la vida campesina. Alguien alojado en una casa rural denunci&oacute; que el gallo del vecino no le dejaba dormir por las ma&ntilde;anas porque cantaba al alba. Estas escenas se repiten cuando una caba&ntilde;a de vacas cruza por las calles del pueblo, por delante de la vivienda donde est&aacute; aparcado un coche que tendr&aacute;, tarde o temprano, que pasar por encima de alguna que otra mo&ntilde;iga. Conozco casos de personas que se quejan por el sonido de los campanos por la noche y tambi&eacute;n de otras que les han dado galletas a perros pastores porque creen que pasan hambre. Nada sorprendente en una sociedad que trata a los animales cada vez m&aacute;s como mascotas, como si ese fuera el &uacute;nico buen trato posible, el que los urbanitas de clase media les pudieran ofrecer, olvidando otro tipo de necesidades etol&oacute;gicas y de h&aacute;bitats.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La distancia, no solo f&iacute;sica, sino entendida como desconocimiento y desprecio, sobre las formas de vida rurales es m&aacute;s habitual de lo que parece. Por ejemplo, cuando se habla del cambio clim&aacute;tico y de la contaminaci&oacute;n de la atm&oacute;sfera, en seguida se se&ntilde;ala a la ganader&iacute;a como una de las principales causantes, metiendo en el mismo saco todas las formas de cr&iacute;a de ganado, como si la intensiva y la extensiva fueran la misma cosa, como si las macrogranjas se pudieran comparar con las peque&ntilde;as explotaciones familiares. Hay iniciativas y movimientos que est&aacute;n haciendo un trabajo impresionante para defender las formas tradicionales de ganader&iacute;a y pastoreo, que han sobrevivido durante d&eacute;cadas respetando la biodiversidad. Entre ellas, me quedo con las que, adem&aacute;s, lo hacen desde una perspectiva de g&eacute;nero reivindicando el papel de las mujeres rurales y el feminismo como Ganaderas en Red o Ramaderes de Catalunya. 
    </p><p class="article-text">
        Una gran parte de esta sociedad cada vez m&aacute;s anestesiada, ya sea urbana o rural, ignora las luchas cotidianas en el campo (no digamos las de los campesinos de otras latitudes del planeta), como si la comida apareciera por arte de magia en la balda del supermercado, como si no hubiera conflictos por la propiedad de la tierra, por la especulaci&oacute;n, por unos precios justos en origen. Hay muchas historias detr&aacute;s de un alimento. La mejor clase de agroecolog&iacute;a me la dio una pastora de ovejas en Etxarri-Larraun (Navarra) hace unos a&ntilde;os, explicando c&oacute;mo la gente ya no quiere comer &ldquo;comida que huele&rdquo; refiri&eacute;ndose a la leche y el queso de oveja. Una mujer acostumbrada a manejar las ovejas, a orde&ntilde;ar, a viajar y a mantener una mirada &aacute;gil y viva hacia lo que la rodea: &ldquo;Yo voy a Francia y aprendo, bajo al mercado a vender quesos y aprendo, cuido mi reba&ntilde;o y aprendo&rdquo;. Dec&iacute;a que practicaba una &ldquo;ganader&iacute;a con afecto&rdquo;, mientras se&ntilde;alaba los montes que ten&iacute;a cerca de su caser&iacute;o: &ldquo;Cuando te vendo un queso te estoy vendiendo parte de mi vida, de mi tiempo, de la historia de mi familia, de esos &aacute;rboles que ves ah&iacute; enfrente, de este territorio, adem&aacute;s de un queso bueno y rico&rdquo;. La gente quiere el queso, pero no quieren que se les recuerde que ese queso es posible gracias a pastores y pastoras, una ganader&iacute;a extensiva que saca los animales a las monta&ntilde;as, que vive en unos tiempos y ritmos diferentes a los urbanos. &iquest;C&oacute;mo van a tolerar la presencia de los animales, si los animales huelen? &iquest;C&oacute;mo van a aceptar que el gallo cante al alba?
    </p><p class="article-text">
        Se pone de moda la visita al campo y a la granja, pero no todas las formas de vida se pueden plegar al turismo. La turistificaci&oacute;n del medio rural no es una soluci&oacute;n a medio y largo plazo, sino temporal y estacional. &iquest;Queremos que el campo se convierta en una urbanizaci&oacute;n m&aacute;s, en una aldea dormitorio, en un espacio vac&iacute;o de relaciones comunitarias? &iquest;Queremos ser los actores y actrices de un parque tem&aacute;tico de experiencias rurales donde ya todo es un bien de consumo m&aacute;s? La diversificaci&oacute;n de la actividad agraria, que entiendo como un recurso m&aacute;s para las peque&ntilde;as econom&iacute;as familiares, no deber&iacute;a de dejar de lado los procesos de producci&oacute;n de alimentos relacionados con una actividad econ&oacute;mica y de comercializaci&oacute;n real, de la que permite el relevo generacional y el futuro de la vida en los pueblos. 
    </p><p class="article-text">
        La v&iacute;a campesina lleva a&ntilde;os luchando por la soberan&iacute;a alimentaria. Fij&eacute;monos en c&oacute;mo se pueden hacer las cosas de otra manera, creando redes cooperativas con otros productores, en equilibrio con la flora y fauna locales. Otra ganader&iacute;a es posible. Hay muchas personas y colectivos que se dedican a trabajar la tierra y a producir sus alimentos que tienen claro que su manera de estar en el mundo es algo pol&iacute;tico, cultural, econ&oacute;mico, no algo &ldquo;natural&rdquo; y mucho menos inocente. El problema no son los campesinos, sino los explotadores de personas, de la tierra y de los animales. El capitalismo es el problema. Todos estos modelos intensivos de producci&oacute;n son el resultado de un sistema salvaje y extractivista que est&aacute; acabando, precisamente, con los campesinos, con las familias que producen alimentos a peque&ntilde;a escala, que sustentan el comercio local, que producen con criterios agroecol&oacute;gicos y que viven en nuestros pueblos durante todo el a&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Creo que nos sigue costando mucho ponernos en el lugar del otro, tenemos que pensar nuevas miradas hacia los seres <em>sintientes</em>. No todo vale, no puede valer todo. Se habla mucho de una transici&oacute;n ecol&oacute;gica, de objetivos de desarrollo sostenible, de bienestar animal&hellip; &iquest;C&oacute;mo pueden ser compatibles las corridas de toros con los controles sobre bienestar animal a cualquier ganader&iacute;a? Nadie deber&iacute;a sentirse indiferente ante el sufrimiento de un animal, m&aacute;s a&uacute;n las personas que los tenemos, los criamos y somos responsables de su buena vida (y de su buena muerte). Habito dos mundos que aparentemente no tienen nada que ver y, sin embargo, tienen mucho en com&uacute;n, el cultural y el agroecol&oacute;gico, ambos esenciales porque producen alimentos necesarios para la vida. No concibo una cultura (ni una producci&oacute;n agroecol&oacute;gica) que defienda el sufrimiento animal. 
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as ve&iacute;a en este medio las im&aacute;genes de la foca de la Magdalena, una foca cubierta de algas, &iquest;qu&eacute; discurso puede justificar y naturalizar algo as&iacute;? He vivido hasta los 18 a&ntilde;os en Santander y llevo viendo los animales de ese recinto desde ni&ntilde;a: leones, ping&uuml;inos, osos polares, focas&hellip; recuerdo tambi&eacute;n cuando hab&iacute;a camellos para dar paseos por el pinar. No encuentro ning&uacute;n motivo a d&iacute;a de hoy para seguir manteniendo esos animales ah&iacute;, no tiene sentido, menos a&uacute;n educativo. &iquest;Qu&eacute; modelo de bienestar animal, de respeto, de convivencia, se est&aacute; defendiendo al no entender que hacer vivir en esas condiciones no es un modelo de vida digna para los animales?
    </p><p class="article-text">
        No podemos perder la sensibilidad hacia lo que sucede a nuestro alrededor y nos afecta. El mundo es un lugar lo suficientemente complejo, como para seguir pensando que nuestra existencia es imprescindible. La pandemia ha puesto el acento en los cuerpos, en el ser humano como otro ser vivo m&aacute;s, al igual que animales y plantas, afectado tambi&eacute;n por plagas o pandemias. 
    </p><p class="article-text">
        Hay distancias que son desgarradoras y que nos apelan. Tenemos que ser capaces de entendernos para poder convivir, sea cual sea nuestro origen, nuestra ideolog&iacute;a, nuestro trabajo, nuestra identidad. Una vida en com&uacute;n, no puede dejar a las personas de lado, ni a los animales y ecosistemas. Tendremos que encontrar la forma de poder generar espacios de convivencia respetuosa entre seres vivos, entendiendo que esa naturaleza (h&iacute;brida, cultural) que tanto nos fascina, de la que formamos parte y nos nutrimos, es en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, la &uacute;nica casa que tenemos. Y solo somos invitados en ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/animales-distancias_132_6089699.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2020 07:59:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2d997e40-ee9f-45b7-b21d-f14ea29af8a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="692264" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2d997e40-ee9f-45b7-b21d-f14ea29af8a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="692264" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[De animales y distancias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2d997e40-ee9f-45b7-b21d-f14ea29af8a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desescalando que es gerundio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/desescalando-gerundio_132_5971904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ceacf46c-5edc-4d2e-8246-b02b9f28747f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un gallo en una ventana. "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿No es un buen momento para entender que deberíamos de plantearnos seriamente el decrecimiento como alternativa?</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>"Las necesidades tienen, característicamente, una doble dimensión: carencia y potencia, privación y capacidad. Privación, carencia, dependencia, insatisfacción por un lado; potencialidad, capacidad de cumplimiento y de florecimiento por otra parte".</em><br/><br/><strong><em>Jorge Riechmann</em></strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        La desescalada avanza, como si estuvi&eacute;ramos bajando una monta&ntilde;a. Aquella idea de que la naturaleza hab&iacute;a recuperado espacio en las ciudades poco a poco se ir&aacute; disipando y el ritmo de una &ldquo;nueva normalidad&rdquo; se ir&aacute; imponiendo al igual que la vieja. Porque &ldquo;nuevo&rdquo; y &ldquo;viejo&rdquo; aqu&iacute; significan lo mismo, pero el relato se construye con otra palabra para hacer como si no lo fuera, dando esa sensaci&oacute;n de oportunidad de cambio, de transici&oacute;n, de renovaci&oacute;n. Cada vez parece m&aacute;s claro que estamos viviendo un tiempo de pocas certezas y muchas incertidumbres, donde quiz&aacute;s lo m&aacute;s sensato sea poder plantearnos preguntas juntos y compartirlas.
    </p><p class="article-text">
        Al reflexionar sobre c&oacute;mo deber&iacute;a de ser esa &ldquo;nueva normalidad&rdquo;, en muchas ocasiones, se habla de poner la vida en el centro, &iquest;la vida de qui&eacute;n, de qui&eacute;nes? Si no somos capaces de articular modelos de convivencia que impliquen una mirada no antropoc&eacute;ntrica de la vida, seguiremos en la escalada acelerada de este modelo de capitalismo extractivista que nos ha tra&iacute;do hasta aqu&iacute;. Acabar con la biodiversidad de los ecosistemas no puede ser una opci&oacute;n en nombre de ninguna idea de progreso o desarrollo, explotar a personas, animales y ecosistemas no puede seguir siendo la din&aacute;mica habitual, (re)precarizar la vida para que un sistema que no respeta los ritmos de la propia existencia contin&uacute;e acumulando riqueza mediante la dominaci&oacute;n y la violencia (m&aacute;s o menos disimulada) no puede ser una opci&oacute;n. No podemos sostener un sistema insostenible.
    </p><p class="article-text">
        Ya nos ir&aacute;n llegando las campa&ntilde;as de blanqueamiento del capitalismo verde, que en nombre de una supuesta &ldquo;transici&oacute;n ecol&oacute;gica&rdquo; van a seguir fomentando el consumismo y los modelos intensivos de producci&oacute;n y no apoyando los procesos necesarios para una transici&oacute;n agroecol&oacute;gica real. &iquest;No es un buen momento para entender que deber&iacute;amos de plantearnos seriamente el decrecimiento como alternativa? La masificaci&oacute;n del turismo, las formas intensivas de producci&oacute;n de alimentos, el consumismo y la productividad como medida de todos los &aacute;mbitos de la vida (esa idea de producir a cualquier precio, de explotar personas, recursos, animales&hellip; para continuar esta rueda imparable de gasto) van a ir, progresivamente, acabando con todo aquello que sostiene la vida. No se trata de reciclar (que tambi&eacute;n) sino de no consumir, de no generar residuos, de distinguir lo esencial de lo superfluo.
    </p><p class="article-text">
        Durante este confinamiento las grandes distribuidoras online se han puesto las botas, el hecho de estar encerrados en casa no solo no ha impedido que se siga consumiendo, sino que la gran mayor&iacute;a de este consumo se ha realizado a trav&eacute;s de estos grandes canales de comercializaci&oacute;n y distribuci&oacute;n. Modelos de empresa que hacen mucho da&ntilde;o al comercio local, a las tiendas del barrio o a las librer&iacute;as de tu ciudad. Hacer la compra tambi&eacute;n es un acto pol&iacute;tico, de la pol&iacute;tica cotidiana que organiza la vida en com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo queremos vivir junto a los dem&aacute;s? &iquest;C&oacute;mo queremos relacionarnos? &iexcl;Qu&eacute; importante y necesaria la presencia del cuerpo en nuestra relaci&oacute;n con otras personas! la vida mediatizada por la virtualidad no puede convertirse en algo deseable. Entiendo que la tecnolog&iacute;a sea un medio en muchos casos: &iexcl;Cu&aacute;ntas personas mayores (y no tan mayores) se han sentido acompa&ntilde;adas por sus familias durante este confinamiento! Pero esto no puede convertirse en un fin, en un modelo que contemple un escenario de vida <em>digitalizada</em>, donde las interacciones humanas se reduzcan a levantar el icono de la manita cuando quieras hablar por videoconferencia. Hablar sin mirar a los ojos, relacionarse a trav&eacute;s de la pantalla, resulta muy dif&iacute;cil&nbsp; intentar fijar la vista en el agujero de la c&aacute;mara de un port&aacute;til. &iquest;Hemos pensado de verdad a cu&aacute;nta gente se deja fuera de esta vida digital? &iquest;Cu&aacute;nto aumentan las brechas (de g&eacute;nero, educativas, econ&oacute;micas, digitales&hellip;) con este planteamiento de futuro hipertecnologizado que se nos presenta, donde toda salida efectiva y eficaz a la crisis ha de pasar por la tecnolog&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa la deriva hacia un mundo digital como soluci&oacute;n a los problemas actuales de movilidad, sanitarios, etc&eacute;tera, y a otros viejos problemas relacionados con el an&aacute;lisis de datos, el trabajo, el consumo, las tendencias&hellip; una biopol&iacute;tica que se materializa en nuestros dispositivos m&oacute;viles y que traduce la vida en cifras, bajo la doctrina del shock digital y el data&iacute;smo. N&uacute;meros e indicadores sin cuerpo, sin materialidad, sin expresi&oacute;n, sin voz, sin emociones. N&uacute;meros que bailan, dicen todo y no dicen nada, deshumanizan, alejan. Datos que se usan indistintamente como un bistur&iacute;, como un escudo, como un arma arrojadiza.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s sea el momento de improvisar (en este mundo de planes, protocolos, fases, y datos), de comenzar una escapada paulatina, un proceso de desapego de la vida digital, que nos permita articular la necesidad de presencia y cercan&iacute;a de los cuerpos con la posibilidad de conectarse con las personas que est&aacute;n lejos y tambi&eacute;n forman parte de nuestro mundo.
    </p><p class="article-text">
        Durante el confinamiento y la desescalada estamos continuamente redefiniendo las nociones de espacio y tiempo, sigo con esa sensaci&oacute;n de aceleraci&oacute;n en todo, la misma que hab&iacute;a antes de estar confinados. Una prisa que antepone los ritmos de la econom&iacute;a y las urgencias de consumo a cualquier otra necesidad. Una sensaci&oacute;n de que parar o desconectar no era (no es) lo oportuno y que ten&iacute;amos que estar (y mostrar) actividad continuamente. Una especie de ser social digital de alta intensidad, que lleva a exponer la vida a lo digital con el objetivo de tranquilizar audiencias.
    </p><p class="article-text">
        Para las personas que vivimos en el campo, la desescalada probablemente no est&eacute; siendo igual que para las que vivan en la ciudad. Para las que, adem&aacute;s, vivimos <em>del </em>campo, tampoco lo fue el confinamiento. En cualquier caso, generalizar y establecer dicotom&iacute;as entre las formas individuales o colectivas de vivir esta situaci&oacute;n, me sigue resultando absurdo. La desescalada es como bajar del monte, subir la ladera de una monta&ntilde;a cuesta un esfuerzo importante, pero no menos esfuerzo cuesta bajarla. Si alguna vez os veis en la situaci&oacute;n de tener que bajar una monta&ntilde;a, pod&eacute;is hacerlo siguiendo los senderos que hacen los animales en sus movimientos diarios, suelen ir en zig zag y por tramos de menor dificultad. Cualquier campesino lo sabe: los animales siempre buscan el mejor lugar para subir y bajar una ladera. No es mala comparaci&oacute;n a la hora de plantearse la desescalada, sin miedo, pero con atenci&oacute;n y teniendo en cuenta a todos y todas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se aprende a mirar a los animales y a observar c&oacute;mo interact&uacute;an con el medio. Todas las ma&ntilde;anas viene un gallo a la ventana de mi cocina. Es una ventana a pie de calle, creo que se acerca porque se ve reflejado en el cristal. Cada d&iacute;a repite el mismo ritual: una serie de movimientos espasm&oacute;dicos como si se estuviera retando a s&iacute; mismo, mirando de reojo y agitando las alas. El pico alto, el cuello erguido, la cresta reluciente... entonces rompe a cantar con chuler&iacute;a y autom&aacute;ticamente se asusta de su reflejo y escapa con disimulo y la vista baja, picoteando el suelo, como si nada. &iquest;Hab&eacute;is visto desde vuestras ventanas esos otros gallos que, con el meg&aacute;fono en mano, se desga&ntilde;itan por las calles de la ciudad subidos a un descapotable? A veces van envueltos en banderas para reconocerse los unos a los otros, repitiendo movimientos espasm&oacute;dicos y mir&aacute;ndose de reojo, a ver qui&eacute;n grita m&aacute;s alto. <em>Otro gallo cantar&iacute;a</em> si hubiera que coger el meg&aacute;fono para defender la sanidad y la educaci&oacute;n p&uacute;blicas, la regularizaci&oacute;n de migrantes o denunciar las violencias machistas. Yo, sin duda, me quedo con el gallo cantar&iacute;n que me da los buenos d&iacute;as cada ma&ntilde;ana, que de pollos y aguiluchos ya estoy bien harta.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/desescalando-gerundio_132_5971904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2020 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ceacf46c-5edc-4d2e-8246-b02b9f28747f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="112992" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ceacf46c-5edc-4d2e-8246-b02b9f28747f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="112992" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Desescalando que es gerundio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ceacf46c-5edc-4d2e-8246-b02b9f28747f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Cantabria,Capitalismo,Consumo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amasar el confinamiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/amasar-confinamiento_132_2719342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6497e8bc-a71e-4df9-8c4d-5a53cfd805c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se nos pretende mostrar continuamente "el confinamiento" como realidad uniforme y homogénea, como si hubiera una única forma de estar confinado, como si todos y todas estuviéramos viviendo el confinamiento de la misma manera.</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>"Nuestros comportamientos padecen al mismo tiempo una dispersión que impide toda reflexión profundizada: nos agitamos más que actuamos. Y no llegamos a tomar conciencia del presente. (...) ¿Vamos hacia una mutación, una metamorfosis, una regresión?".</em><br/><br/><em>Edgar Morin</em><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Estoy escuchando la radio mientras cocino, tengo una sensaci&oacute;n de estar amasando el confinamiento, como si fuese la masa de un pan casero. Si nunca hab&eacute;is hecho pan en casa, quiz&aacute;s &eacute;ste sea un buen momento, cuando amasas por primera vez, la sensaci&oacute;n en los dedos es pegajosa aunque muy agradable (al menos para m&iacute;), vas notando c&oacute;mo, a medida que la masa coge consistencia, cuesta recogerla, envolverla y estirarla de nuevo. Trabajan las mu&ntilde;ecas y los dedos, tambi&eacute;n los brazos. Mi sensaci&oacute;n desde hace unos d&iacute;as es la de estar amasando pensamientos como si fuera masa de pan. Todo en ellos me huele &aacute;cido como el fermento natural. Ahora que escucho en la radio que han pintado en el coche de una sanitaria &ldquo;rata contagiosa&rdquo;, comienza a oler a rancio y a caverna.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupan los discursos de odio que se est&aacute;n generando hacia algunas personas que, debido a sus trabajos, exponen sus cuerpos al contagio del coronavirus: personal sanitario, trabajadores de supermercados, repartidores, etc. Mensajes que comenzaron desde algunos balcones, donde personas con af&aacute;n delator se&ntilde;alaban con el dedo e insultaban a aquellas otras personas que ten&iacute;an que salir a la calle para trabajar. El balc&oacute;n, esa nueva proa de barco, desde donde se expresan todo tipo de emociones. Balcones como la vida misma, ventanas abiertas a diferentes formas de estar en el mundo, hay quienes tocan m&uacute;sica o cantan y quienes delatan y se&ntilde;alan.
    </p><p class="article-text">
        La demostraci&oacute;n perfecta de c&oacute;mo la pedagog&iacute;a del miedo contribuye a que algunas mentalidades mezquinas vayan construyendo sus discursos de odio hacia los que consideran que est&aacute;n incumpliendo las normas, o que les vean directamente como &ldquo;apestados&rdquo;. Y c&oacute;mo el germen del cultivo del fascismo est&aacute; en nuestra vida cotidiana. Primero el lenguaje que nombra, luego el discurso que justifica y por &uacute;ltimo el estigma que reduce todo al s&iacute;mbolo. Mensajes escritos por algunos de los vecinos del personal sanitario o cajeras de supermercado para invitarles a abandonar sus casas o directamente insultarles. Afortunadamente, por cada uno de estos energ&uacute;menos hay m&aacute;s de una demostraci&oacute;n de solidaridad y afecto solidario.
    </p><p class="article-text">
        En estos momentos, cuando las actividades ahora llamadas &ldquo;esenciales&rdquo; (parece que ha tenido que llegar una pandemia para que algunas personas se den cuenta) se visibilizan m&aacute;s que nunca, es una buena ocasi&oacute;n para reflexionar sobre los modelos sociales, econ&oacute;micos o productivos que nos afectan. En este sentido, hay un buen surtido de an&aacute;lisis sist&eacute;micos en 'Apocaelipsis, un espacio para el pensamiento cr&iacute;tico ante el p&aacute;nico, los virus y otras coyunturas' un espacio impulsado por el colectivo La Vor&aacute;gine, que es ox&iacute;geno durante este confinamiento para (re)pensar muchos de los procesos en los que estamos inmersos. Tendremos que llevar mascarillas, pero no bozales. No dejemos de pensar, de debatir, de denunciar abusos o de defender a las personas en situaci&oacute;n de vulnerabilidad o exclusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente tengo la sensaci&oacute;n de que se nos pretende mostrar continuamente &ldquo;el confinamiento&rdquo; como realidad uniforme y homog&eacute;nea, como si hubiera una &uacute;nica forma de estar confinado, como si todos y todas estuvi&eacute;ramos viviendo el confinamiento de la misma manera. Como si, de pronto, en esta nueva situaci&oacute;n, en la que tambi&eacute;n se est&aacute;n <em>normalizando </em>h&aacute;bitos que eran algo nuevo hace unos d&iacute;as, todo el mundo hiciera lo mismo, o existiera una sola manera de hacer las cosas, de practicarlas, de interpretarlas, de sentirlas, sufrirlas o de enfrentarse a ellas. Como si el confinamiento nos igualara&hellip; nada m&aacute;s lejos de la realidad. El confinamiento no es igual para todas las personas ni lo es tampoco la exposici&oacute;n al virus. Si bien el hecho de poder contagiarse nos hace ver nuestra propia vulnerabilidad como seres humanos, esta situaci&oacute;n de exposici&oacute;n tiene matices sociales, econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y culturales. Por eso es tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica y social, no solo sanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Que la sanidad p&uacute;blica es esencial lo tenemos claro (&iquest;lo tenemos claro?), pero igual de esencial es garantizarla y esto tambi&eacute;n es una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica. Defender nuestro derecho a una sanidad p&uacute;blica universal donde todas las personas puedan recibir atenci&oacute;n m&eacute;dica, independientemente de sus ingresos econ&oacute;micos, edad o lugar de origen. Necesitamos fortalecer el estado de bienestar, malherido por las pol&iacute;ticas neoliberales de privatizaci&oacute;n y recortes, no podemos estar esperando a que al millonario de turno se le ocurra donar material sanitario. Necesitamos m&aacute;s justicia social y menos limosnas, m&aacute;s bien com&uacute;n y menos capitalismo. M&aacute;s cuidados y menos explotaci&oacute;n. Que el lenguaje de lo pol&iacute;ticamente correcto no le quite contundencia a la defensa de lo esencial. La mejor mascarilla es la que nos protege a medio y largo plazo, y pasa (no solo por concienciarnos de forma individual y solidaria) sino tambi&eacute;n por garantizar una sanidad p&uacute;blica fuerte, con profesionales que puedan desempe&ntilde;ar su trabajo en condiciones dignas, con hospitales que cuenten con suficientes camas y medios y no sean v&iacute;ctimas de los recortes. La sanidad p&uacute;blica no se vende, se defiende. Y a todas aquellas personas que la hacen posible tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al sector alimentario, tambi&eacute;n clave estos d&iacute;as (y siempre), &iquest;hemos pensado alguna vez qu&eacute; modelo de producci&oacute;n estamos favoreciendo con nuestra cesta de la compra? En Cantabria hay muchas personas y colectivos que llevan tiempo defendiendo los canales cortos de comercializaci&oacute;n y las formas de producir agroecol&oacute;gicas (no hablo de sellos ahora), aquellas que respetan la biodiversidad y los ecosistemas y reducen la huella de carbono e h&iacute;drica. Esto no se improvisa, es fruto del trabajo diario en el campo y en las redes colaborativas. Si los modelos de comercializaci&oacute;n mayoritarios se siguen basando en los intermediarios especulativos y la sobrerregulaci&oacute;n al peque&ntilde;o productor, las econom&iacute;as familiares no podr&aacute;n resistir. Se trata de generar redes de comercio justo km 0, donde el consumidor pueda comprar alimentos de cercan&iacute;a a precios justos en ambos lados de la cadena. Permitir que se pueda vender en mercados de proximidad, (&iquest;no est&aacute;n abiertos los supermercados?) ayuda (y mucho) a que los peque&ntilde;os productores, sobre todo aquellos con productos perecederos como verduras o l&aacute;cteos, puedan dar salida a su producci&oacute;n. Impulsar las cooperativas locales permite que los propios productores controlen todo el ciclo de comercializaci&oacute;n, se creen modelos compartidos de gesti&oacute;n de los recursos y se fomente el trabajo colaborativo.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana he entregado un estudio de caso para una investigaci&oacute;n de la Universidad de Oviedo en la que tuve la oportunidad de participar el a&ntilde;o pasado, un proyecto sobre j&oacute;venes en situaci&oacute;n de exclusi&oacute;n social y procesos de reenganche socioeducativo. Me interesaban especialmente los procesos de resiliencia comunitaria que tejen estos j&oacute;venes para resistir. Normalmente cuando escucho hablar de resiliencia suele ser refiri&eacute;ndose a la resiliencia individual, no comunitaria. Las personas y comunidades resilientes no son h&eacute;roes o hero&iacute;nas, son personas que, ante situaciones de adversidad (l&oacute;gicamente una adversidad muy diferente seg&uacute;n los contextos y los casos) se unen para resistir. Y lo hacen para llevar de la mejor forma posible una situaci&oacute;n complicada, para unir voluntades y ayudarse mutuamente. En Cantabria, al igual que en otras comunidades del Estado, estamos viendo c&oacute;mo surgen iniciativas de ayudas mutuas para hacer la compra, coser y repartir mascarillas y pantallas a la poblaci&oacute;n o compartir el wifi entre vecinos. Se ha creado una Red C&aacute;ntabra de Apoyo Mutuo, que est&aacute; consiguiendo que muchas de estas propuestas lleguen a todos los puntos de la regi&oacute;n contando con colectivos locales que las hacen posibles. Proyectos surgidos desde redes compartidas desde abajo, de forma an&oacute;nima, pensando en el bien com&uacute;n. Que este confinamiento no nos arrebate la voluntad de (re)pensar el mundo y c&oacute;mo vivimos junto a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a la masa del pan, me vienen a la mente algunas de las frases que escucho &uacute;ltimamente, ese mensaje-masaje tranquilizador del &ldquo;todo va a ir bien&rdquo;, ese &ldquo;volver a la normalidad&rdquo;, ese discurso patriarcal de h&eacute;roes, ese seguir los consejos de los expertos para manejar la ansiedad (como si la ansiedad fuera solo un problema individual y no una consecuencia encarnada de este sistema violento). Si est&aacute;is nerviosos seguramente es que est&eacute;is pensando mal, tranquilos, que el pensamiento positivo nos dar&aacute; herramientas para pensar bien. Yo, por el momento, me arropo con un poema de Paca Aguirre, justamente esta semana que hace un a&ntilde;o que nos dej&oacute;, un 13 de abril, la v&iacute;spera del d&iacute;a de la Rep&uacute;blica. &iexcl;Salud y larga vida!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/amasar-confinamiento_132_2719342.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2020 04:30:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6497e8bc-a71e-4df9-8c4d-5a53cfd805c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1675563" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6497e8bc-a71e-4df9-8c4d-5a53cfd805c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1675563" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Amasar el confinamiento]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6497e8bc-a71e-4df9-8c4d-5a53cfd805c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tejiendo redes feministas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tejiendo-redes-feministas_132_1002050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d444b00-b358-4a0a-af51-2d7a589a484c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="ALMAZUELA 8M de La Ortiga Colectiva en proceso."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Redes colectivas que están tejiendo resistencias feministas de mujeres que saben que la teoría necesita de la acción, de los cuerpos que tejen, de nuestra presencia física en las manifestaciones, en la vida cotidiana y en sus luchas</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;(...) 'domestizar' supone aplicar a lo pol&iacute;tico, poni&eacute;ndolos en valor, los criterios relacionales que hasta la fecha hemos considerado privativos del &aacute;mbito dom&eacute;stico: cuidados, valor de las retaguardias, atenci&oacute;n a la materialidad de la vida, valor de uso, reproducci&oacute;n&hellip;&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Patricia Manrique
    </p><h3 class="article-text">Manos que tejen</h3><p class="article-text">
        Si pienso en tejer, suelo tener muy presentes a mis dos abuelas, ambas de origen campesino, mujeres a las que les toc&oacute; sostener la vida familiar a trav&eacute;s de sus cuidados diarios en todo tipo de labores dom&eacute;sticas. Las dos sab&iacute;an coser, bordar y hacer punto: hac&iacute;an tapetes, mantelitos con flores de hilos de colores, bordaban s&aacute;banas y pa&ntilde;uelos con sus iniciales, hac&iacute;an gorros, bufandas y escarpines. Me parec&iacute;a curioso c&oacute;mo remendaban los calcetines con un &ldquo;huevo&rdquo; de madera con el que me encantaba jugar de ni&ntilde;a. Eran maestras reciclando y administrando la escasez, con una l&oacute;gica econ&oacute;mica del ahorro impresionante, de la que tendr&iacute;amos mucho que aprender para generar otras din&aacute;micas a la hora de relacionarnos con el planeta. Recuerdo sus manos, peque&ntilde;as, h&aacute;biles, con la aguja bailando entre los dedos y el dedal siempre al toque preciso.
    </p><p class="article-text">
        Tengo un recuerdo muy intenso del d&iacute;a en el que tuve el placer (y la suerte) de acompa&ntilde;ar, junto a otras personas, a la tejedora alemana Andrea Milde, durante el corte de uno de sus tapices. Fue en el espacio La Redonda de Vio&ntilde;o de Pi&eacute;lagos, hace ahora tres a&ntilde;os. Andrea nos invit&oacute; a participar a los presentes en el acto de cortar el tapiz para separarlo del telar, independizarlo, para poder admirarlo como obra acabada, como unidad, como creaci&oacute;n. Lo que un d&iacute;a fue una trama en la urdimbre del telar, gracias a las manos de la tejedora, a su conocimiento, capacidad creativa y atenci&oacute;n, se hab&iacute;a convertido en un tapiz maravilloso. Nos hab&iacute;a regalado parte de su tiempo de vida convertido en una obra textil que nos observaba por ambos lados del telar. Aquello me pareci&oacute; una de las m&aacute;s hermosas demostraciones de lo que es para m&iacute; tejer redes de lo personal a lo com&uacute;n, ese tejer junto a otras personas, ese tejer que nos alimenta y nos relaciona y forma parte de la vida. &iexcl;Cu&aacute;nto te echamos de menos Andrea!
    </p><h3 class="article-text">Almazuelas 8M</h3><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o las Asambleas Abiertas Feministas de Cantabria han convocado una huelga de cuidados y de consumo para hoy, 8 de marzo, bajo el lema &ldquo;Revuelta feminista para el cuidado de nuestros cuerpos y el planeta&rdquo;, con la idea de visibilizar la importancia del trabajo dom&eacute;stico de las mujeres para sostener la vida y con la invitaci&oacute;n a romper con el modelo de consumo capitalista-extractivista que no sit&uacute;a a las personas en el centro, sino el beneficio econ&oacute;mico. Un sistema que ejerce m&uacute;ltiples violencias sobre los cuerpos, los animales y el medio ambiente.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana se han realizado todo tipo de actividades en relaci&oacute;n al D&iacute;a Internacional de la Mujer, me gustar&iacute;a destacar la iniciativa de las compa&ntilde;eras de Colectiva La Ruda y las Asambleas Feministas Abiertas de Cantabria y su proyecto de creaci&oacute;n textil colectiva 'Almazuelas 8M'. Se trata de una invitaci&oacute;n a bordar, coser y tejer utilizando retales como soporte. Creaciones textiles libres que se han unido en una gran almazuela, es decir, en una sola pieza donde se han incorporado cosiendo sus cuatro lados a otros retales y as&iacute;, hasta dar forma a una &uacute;nica pieza de tela.
    </p><p class="article-text">
        Vincular esas distintas singularidades en un todo com&uacute;n y cambiante, donde siempre podr&iacute;an unirse nuevas piezas. Telas donde se plasman mensajes feministas diversos, dibujos bordados que invitan a la huelga, mensajes en hilos de colores: &ldquo;lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;, &ldquo;saca tus rosarios de mis ovarios&rdquo; o &ldquo;quienes no se mueven no notan sus cadenas&rdquo;. <em>Collages</em> feministas donde se mezclan todo tipo de materiales: hilos, lanas, botones, cadenetas hechas a ganchillo, puntillas. Telas que nos invitan a una militancia donde no solo importan los qu&eacute;s, sino tambi&eacute;n los c&oacute;mos.
    </p><p class="article-text">
        Redes colectivas que est&aacute;n tejiendo resistencias feministas de mujeres que saben que la teor&iacute;a necesita de la acci&oacute;n, de los cuerpos que tejen, de nuestra presencia f&iacute;sica en las manifestaciones, en la vida cotidiana y en sus luchas. La diversidad de lo singular como parte del com&uacute;n, siempre sumar&aacute; en esa gran almazuela viva y colectiva. Sobre lo com&uacute;n sentido y &ldquo;domestizar&rdquo; lo pol&iacute;tico nos hablar&aacute; Patricia Manrique el d&iacute;a 12 de marzo en La Vor&aacute;gine en la presentaci&oacute;n de su libro 'Lo com&uacute;n sentido como sentido com&uacute;n', tendr&eacute; el placer de acompa&ntilde;arla ese d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Una almazuela que genere ese sentimiento de pertenencia transfronterizo, fuera de la l&oacute;gica de las banderas del moderno estado-naci&oacute;n. Una almazuela que nos con-mueva y que tambi&eacute;n genere conflicto, lo pol&iacute;ticamente correcto no puede destruir nuestra capacidad de debatir y de pensar diferente. Lo com&uacute;n tambi&eacute;n es un espacio inc&oacute;modo, no por ello menos necesario. No hay que tener miedo a ir a la ra&iacute;z de las cosas, al modelo, a lo que se naturaliza, a entender que es esa estructura patriarcal la que nos oprime, el sistema autoritario y asesino que est&aacute; dejando morir todo aquello que no le es rentable. Ah&iacute; est&aacute;n (tambi&eacute;n) los feminismos: en la autodefensa feminista contra cualquier forma de violencia machista, con las personas refugiadas a las que esta Europa est&aacute; dejando morir, en las reivindicaciones ecofeministas de un planeta que nos pide a gritos un cambio de vida... Cu&aacute;nto tenemos que (des)aprender con los feminismos del sur global, al menos yo, desde este rinc&oacute;n desde el que escribo. Cuestionar nuestras certezas...&iexcl;qu&eacute; espl&eacute;ndido primer paso!
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de a&ntilde;o desde La Ortiga Colectiva, decidimos celebrar el 2020 y la vida con un poema de Antonio Orihuela que comparto aqu&iacute; al hilo de aquello que estamos tejiendo y como colof&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Almazuela,
    </p><p class="article-text">
        una palabra casi olvidada,
    </p><p class="article-text">
        coser piezas diferentes entre s&iacute; por los bordes,
    </p><p class="article-text">
        reciclar retazos, unir retales
    </p><p class="article-text">
        qu&eacute; buen comienzo,
    </p><p class="article-text">
        qu&eacute; espl&eacute;ndido primer paso.&ldquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tejiendo-redes-feministas_132_1002050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2020 09:04:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2d444b00-b358-4a0a-af51-2d7a589a484c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1104546" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2d444b00-b358-4a0a-af51-2d7a589a484c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1104546" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Tejiendo redes feministas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2d444b00-b358-4a0a-af51-2d7a589a484c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Cantabria,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujeres mayores que caminan juntas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/mujeres-mayores-caminan-juntas_132_1002872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba0abde6-fe6a-4ded-92bd-13359f25372e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una mujer pasea con un carrito de bebé. | ALMA CAMACHO"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Caminar, ese caminar no productivo y junto a las otras, es uno de los mayores actos de resistencia que se pueden realizar en nuestros días.</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"Cuando una se para y mira alrededor es cuando realmente aprende a mirar de forma diferente. A reconocer lo que está y lo que no se ve, pero que también existe".<br/><br/><strong>María Sánchez</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Hace poco he rele&iacute;do el libro 'Andar. Una filosof&iacute;a' de Fr&eacute;d&eacute;ric Gros. Siempre me han gustado los libros sobre el paseo, bien sean relatos, poemas, ensayos o novelas. &Uacute;ltimamente observo mucho a la gente que camina, que sale a andar, por la ciudad o por el campo. En los entornos urbanos cada vez son m&aacute;s habituales las &ldquo;rutas del colesterol&rdquo;, esos espacios donde es muy normal ver personas haciendo ejercicio, equipadas con ropa t&eacute;cnica, caminando en&eacute;rgicamente, corriendo unas, patinando otras. Tambi&eacute;n forma parte de nuestro d&iacute;a a d&iacute;a el andar cotidiano relacionado con el &ldquo;tiempo productivo&rdquo; donde impera el ritmo de trabajo, que no brinda espacio alguno al <em>flaneur</em>, no hay lugar para la contemplaci&oacute;n, ni se percibe con detalle, ni se est&aacute; atento a lo que nos rodea, sino que normalmente se va y se viene de forma mec&aacute;nica de un lado a otro. Un piloto autom&aacute;tico que, en la mayor&iacute;a de los casos, es un movimiento que ni siquiera sucede andando, sino en coche o en transporte p&uacute;blico. Movimientos con otros sentidos, basados en las leyes productivas del mercado que visibilizan un importante indicador de la precariedad actual: la falta de tiempo. Todo nos urge, todo ha de ser resuelto con inmediatez, no hay lugar ni tiempo para la observaci&oacute;n y la calma.
    </p><p class="article-text">
        Mirando hacia los universos rurales, encontramos otros tantos ejemplos de formas de caminar: cada vez hay m&aacute;s carriles de paseo que facilitan ir andando de un pueblo a otro, las rutas por el monte, incluso las marchas en raquetas de nieve o en skis de fondo, si te encuentras en alta monta&ntilde;a. Luego est&aacute; el caminar bien diferenciado de los campesinos, de los que un d&iacute;a trabajaron el campo o, simplemente, crecieron en un medio rural donde se caminaba para todo, para ir al mercado o a la f&aacute;brica, para subir al monte a por le&ntilde;a o para trashumar con el ganado. Un andar ligero y vivo, muchas veces acompa&ntilde;ado de una vara de avellano para apoyarse, un andar que se adapta al monte y al asfalto sin dificultad. En fin, tantas formas de caminar como situaciones y actores puedan encontrarse en ellas.
    </p><p class="article-text">
        La itinerancia siempre form&oacute; parte del mundo rural, aunque ahora parezca que es algo nuevo, mujeres y hombres iban y ven&iacute;an andando de sus casas al campo, a las f&aacute;bricas, a los n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n m&aacute;s grandes. De hecho, conectar estos espacios dispersos es uno de los retos vigentes en las zonas rurales, para aportar soluciones a la movilidad, especialmente a la de nuestros mayores (y tambi&eacute;n a su soledad), con la idea de poder generar un modelo de transporte p&uacute;blico sostenible y seguro, no solo para fijar poblaci&oacute;n, sino para cuidar a la poblaci&oacute;n que ya habita estos espacios. Lo rural, ahora tan de moda por cuestiones como la despoblaci&oacute;n o los problemas del sector primario, es tambi&eacute;n un espacio, a su vez, de multiplicidad de medios rurales, con caracter&iacute;sticas comunes y diferencias.
    </p><p class="article-text">
        En la zona donde vivo, en el valle de Campoo al sur de Cantabria, hay muchos &ldquo;andarines&rdquo; y &ldquo;andarinas&rdquo;, es muy com&uacute;n ver personas solas caminando, tambi&eacute;n en pareja o en grupo. A veces por los carriles de paseo, otras por la orilla izquierda de la carretera o por los senderos de los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque aqu&iacute; caminan mucho los hombres (solos o en grupo), me siguen llamando la atenci&oacute;n las mujeres que caminan, solas o acompa&ntilde;adas y, m&aacute;s a&uacute;n, las mujeres mayores. Normalmente caminan por la tarde y, dependiendo de la estaci&oacute;n del a&ntilde;o, adem&aacute;s de pasear, recogen moras, avellanas o manzanillas. Un caminar juntas que es espacio de sociabilidad, de cuidados y de afecto, un tiempo para ellas, donde se cuentan sus vidas y sus estados de &aacute;nimo, sus alegr&iacute;as y sus penas. Un caminar despojado de uniformes y competencias, alejado de la idea del movimiento como discurso de poder &ldquo;moralizante&rdquo; sobre los cuerpos. Un caminar acompa&ntilde;adas que sigue, hoy en d&iacute;a, visibilizando a las mujeres mayores rurales, a trav&eacute;s de la ocupaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, no siempre en la misma ruta, no siempre las mismas personas, no siempre haciendo lo mismo. Lazos informales y cambiantes que generan una cohesi&oacute;n muy potente y que muestran esa met&aacute;fora viva y encarnada de c&oacute;mo las mujeres mayores tienen un papel imprescindible a la hora de poner la vida en el centro y prevenir la soledad durante el envejecimiento en los peque&ntilde;os n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n. Aqu&iacute; no se esconde la vejez, se muestra y se convive con ella, los lazos intergeneracionales tambi&eacute;n se visibilizan, tanto en el tiempo cotidiano como en el festivo.
    </p><p class="article-text">
        Disfruto mucho charlando con las mujeres mayores con las que me encuentro a menudo paseando, partiendo de conversaciones sobre el tiempo, la familia o los a&ntilde;os, acabamos hablando de la memoria de los lugares, de c&oacute;mo eran antes los caminos, los montes, los pueblos. Hablamos de los cambios de estaci&oacute;n y de sus peculiaridades, recuerdan juntas las escuelas rurales, las tareas que comenzaron a realizar desde ni&ntilde;as, hablan con melancol&iacute;a de las personas que ya no est&aacute;n y de la libertad que tienen ahora para tantas cosas. Explican c&oacute;mo ahora se reparten las tardes para cuidar de los nietos y ayudar a sus hijos, les preocupan las pensiones, los achaques de la edad&hellip; unas necesitan estar muy activas y participativas, otras prefieren estar m&aacute;s tranquilas, todas ellas son mujeres mayores que caminan juntas. En el movimiento colectivo est&aacute; el v&iacute;nculo. Muchas de estas mujeres han hecho frente a su propia soledad, uni&eacute;ndose y saliendo a ocupar tiempos y espacios comunes. Y no solo en movimiento, tambi&eacute;n en los bancos de piedra, en sillas delante de sus casas, en los cobertizos y en los centros culturales de su localidad.
    </p><p class="article-text">
        En diciembre del a&ntilde;o pasado tuve el placer de participar como ponente a las I Jornadas Mujer y Envejecimiento en Cantabria organizadas por Unate, un encuentro en el que se pudieron escuchar diferentes enfoques sobre los aspectos espec&iacute;ficos del envejecimiento en mujeres, todos ellos aportaron luz a la perspectiva de g&eacute;nero sobre la vejez. Sabemos que no se deber&iacute;a&nbsp; hablar de un solo tipo de mujer mayor o de mujer mayor rural, sino que es necesario tener en cuenta la diversidad de mujeres mayores. Sin embargo, s&iacute; que podr&iacute;amos afirmar que la biograf&iacute;a de cada una de ellas condiciona la forma en la que envejecen. Cumplir a&ntilde;os no es entrar en una edad invalidante. La construcci&oacute;n social de la vejez est&aacute; sesgada por estereotipos paternalistas y rom&aacute;nticos, ah&iacute; es donde la biograf&iacute;a cumple su papel m&aacute;s determinante, cuerpos distintos con vivencias no comparables que modelan las historias de vida de estas mujeres. Diferentes formas de vivir su propia libertad, de convivir con sus familias, de enfrentarse a la enfermedad o la viudedad, de practicar su sociabilidad, de escribir o de narrar sus memorias.
    </p><p class="article-text">
        En muchos pueblos peque&ntilde;os se contin&uacute;a se&ntilde;alando todo aquello que se sale de la norma, una norma generalmente m&aacute;s conservadora y alejada de esa idea de libertad que brinda el anonimato en las grandes ciudades. Probablemente, muchas de estas mujeres no acudir&aacute;n a las reivindicaciones feministas del 8 de marzo, otras s&iacute; lo har&aacute;n. Lo que s&iacute; tengo claro es que el resto del a&ntilde;o seguir&aacute;n caminando juntas. Y, caminar, ese caminar no productivo y junto a las otras, es uno de los mayores actos de resistencia que se pueden realizar en nuestros d&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/mujeres-mayores-caminan-juntas_132_1002872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Feb 2020 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ba0abde6-fe6a-4ded-92bd-13359f25372e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="11547411" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ba0abde6-fe6a-4ded-92bd-13359f25372e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="11547411" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Mujeres mayores que caminan juntas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ba0abde6-fe6a-4ded-92bd-13359f25372e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Envejecimiento,Despoblación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Campoo no se hunde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/campoo-hunde_132_1154732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bec5bcba-6e60-4512-b9ab-3fe6e76a4598_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Efectos de las inundaciones del pasado mes de diciembre en Campoo. | ALMA CAMACHO"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Han surgido todo tipo de iniciativas solidarias para ayudar a las personas afectadas, redes de apoyo mutuo que han surgido de una ciudadanía que se ha autoorganizado para responder ante una situación de emergencia.</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>"¿Puede volver a convertirse el espacio público en un lugar de participación duradera más que de encuentros casuales y breves?"</em><br/><br/><strong><em>Zygmunt Bauman</em></strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        El pasado mes de diciembre se desbordaron los r&iacute;os H&iacute;jar y Ebro en el valle de Campoo, inundando algunas zonas de Reinosa, Ca&ntilde;eda o Matamorosa y afectando tambi&eacute;n a otros pueblos de la comarca. Muchos vecinos y vecinas de la zona han visto c&oacute;mo sus casas, negocios o garajes se inundaban. Algunas de estas personas tuvieron que ser evacuadas, otras muchas han pasado momentos de angustia al no poder acceder a los domicilios donde se encontraban familiares y amigos, otras observaban desde las plantas superiores de los edificios sin poder hacer nada. Fueron una tarde y noche realmente angustiosas para mucha gente. A medida que se ten&iacute;an las primeras im&aacute;genes en prensa digital y redes sociales, iba creciendo la alarma social en todo el valle ante la magnitud de la riada.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de los d&iacute;as siguientes, todos intent&aacute;bamos buscar una explicaci&oacute;n convincente, comenzaban a surgir las teor&iacute;as, las apreciaciones, los tecnicismos, las cr&iacute;ticas, las culpas. Probablemente, en un af&aacute;n de que no se vuelvan a repetir este tipo de situaciones. En otros casos, para escurrir el bulto y buscar un chivo expiatorio. Yo no estoy cualificada para emitir juicios t&eacute;cnicos respecto a la riada en s&iacute;, c&oacute;mo ha de ser el mantenimiento de los r&iacute;os o c&oacute;mo se ha de construir en las zonas de ribera, por poner algunos ejemplos. En mi opini&oacute;n, son temas complejos que requieren propuestas y soluciones pensadas a largo plazo, con puestas en com&uacute;n a trav&eacute;s de grupos de trabajo transdisciplinares y abiertos a la ciudadan&iacute;a, no soluciones cortoplacistas que vuelvan a generar el mismo problema dentro de unos a&ntilde;os. Pero el sentido de este art&iacute;culo no es ese, me gustar&iacute;a poner el foco de atenci&oacute;n en otro aspecto de las inundaciones, para ver c&oacute;mo la respuesta social se despierta en momentos de conmoci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Ayudas mutuas</h3><p class="article-text">
        Me parece oportuno destacar la respuesta social colectiva, m&aacute;s all&aacute; del obligado apoyo institucional que, en teor&iacute;a, deber&iacute;a de atender las necesidades b&aacute;sicas de las personas afectadas en una l&oacute;gica democr&aacute;tica de respeto a la vida y a la dignidad como prioridad a cualquier otro criterio pol&iacute;tico o econ&oacute;mico. No podemos olvidar aqu&iacute;, nuestro derecho (y deber) de exigir a nuestros pol&iacute;ticos que trabajen para que se cumplan estas premisas ya que, en su caso, hablamos de una obligaci&oacute;n y responsabilidad p&uacute;blica con la ciudadan&iacute;a, no de una cuesti&oacute;n de imagen corporativa. Volviendo al hilo, son las propias personas afectadas y vecinos de la comarca los que se han autoorganizado inmediatamente para poner soluciones a sus problemas comunes. Se ha creado una plataforma en redes sociales donde poder compartir informaci&oacute;n relevante, comunicar demandas y donaciones, solicitar ayuda para distintas labores u ofrecer tiempo y ganas de ayudar en lo que sea necesario.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dac3b007-2200-4719-babd-561f1d3b4907_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dac3b007-2200-4719-babd-561f1d3b4907_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dac3b007-2200-4719-babd-561f1d3b4907_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dac3b007-2200-4719-babd-561f1d3b4907_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dac3b007-2200-4719-babd-561f1d3b4907_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dac3b007-2200-4719-babd-561f1d3b4907_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dac3b007-2200-4719-babd-561f1d3b4907_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Han surgido todo tipo de iniciativas solidarias para ayudar a las personas afectadas: sorteos de cestas, conciertos, exhibiciones y competiciones deportivas, comidas ben&eacute;ficas y donaciones. Redes de apoyo mutuo que han surgido de una ciudadan&iacute;a que se ha autoorganizado para responder ante una situaci&oacute;n de emergencia. Vecinos y vecinas volcados en ayudar a limpiar, donar ropa, muebles, prestar todo tipo de aparatos de limpieza, ofrecer su tiempo, su conocimiento y su trabajo en favor del bien com&uacute;n. Dedic&aacute;ndose a ayudar activamente a los afectados, independientemente de su edad, origen o nivel econ&oacute;mico. Se ha tejido una especie de red colaborativa que, en semejanza con las de la sociedad tradicional, surgen de ese necesitar de los otros para la propia supervivencia, de esa respuesta compartida ante situaciones o problemas similares. Aliarse para buscar soluciones conjuntamente. Rompiendo as&iacute;, la inercia de las interacciones sociales habituales que responden m&aacute;s a una din&aacute;mica neoliberal de la vida que a una sociedad donde se cuide a las personas.
    </p><h3 class="article-text">Con-moverse</h3><p class="article-text">
        Es, en momentos de conmoci&oacute;n, donde todos nos sentimos especialmente apelados ante el sufrimiento de los otros y donde hay m&aacute;s probabilidades de que emerjan iniciativas solidarias. Ser&iacute;a interesante analizar c&oacute;mo se sit&uacute;a esa conmoci&oacute;n, esa idea de (re)acci&oacute;n ante lo sucedido, quiero decir: &iquest;Ante qu&eacute; nos sentimos apelados? &iquest;Qu&eacute; nos <em>con-mueve</em>? &iquest;Cu&aacute;ndo estamos dispuestos a actuar? &iquest;Por qu&eacute; nos autoorganizamos ante determinadas situaciones? Si bien esta sociedad individualista es capaz de soportar anestesiada una gran carga de informaci&oacute;n sobre hechos tr&aacute;gicos a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n (basta con conectarse a la red para comprobarlo), cuando el &ldquo;all&iacute;&rdquo; se convierte en &ldquo;aqu&iacute;&rdquo;, cuando los &ldquo;otros&rdquo; se convierten en &ldquo;nosotros&rdquo; se impone un nuevo terreno de (re)acci&oacute;n. Un ejercicio interesante de empat&iacute;a ser&iacute;a &ldquo;ponerse en el lugar del otro&rdquo;, incluso romper la propia definici&oacute;n de otro como alguien ajeno, cuando, en este mundo globalizado, los problemas nos afectan a todos y son, desde hace d&eacute;cadas, problemas glocales: &ldquo;Yo soy el otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de tener una visi&oacute;n rom&aacute;ntica o paternalista, no puedo olvidar un escenario que ha de tener en cuenta la <em>espectacularizaci&oacute;n </em>de lo tr&aacute;gico imperante en muchos de los imaginarios que nos rodean, el blanqueamiento de la clase pol&iacute;tica o la rentabilidad social de lo solidario. Por eso considero necesario destacar, m&aacute;s a&uacute;n si cabe, la respuesta social colectiva y autogestionada de muchas personas &ldquo;normales&rdquo; poni&eacute;ndose de acuerdo para actuar, para con-moverse juntas. Siempre les (nos) acompa&ntilde;ar&aacute; una teor&iacute;a de la sospecha cuando la ciudadan&iacute;a se autoorganiza, entre otras cosas, porque es menos controlable y manejable. El poder no lleva bien los procesos cambiantes, necesita concretar y acotar para entender y controlar. Somos muchos los colectivos y personas individuales que estamos colaborando de muy distintas formas con los afectados por las inundaciones, los medios suelen publicar las diferentes iniciativas para darles difusi&oacute;n. Tengo la sensaci&oacute;n, de que se proyecta socialmente cierto halo de heroicidad en algunos de estos relatos, como si el acento estuviera ah&iacute;. Con este art&iacute;culo, pretendo poner toda la atenci&oacute;n en las personas &ldquo;normales&rdquo;, cuyos nombres desconozco, que no tienen necesariamente que pertenecer a partidos pol&iacute;ticos, asociaciones, representar unas siglas (o s&iacute;), sino simplemente se han sentido apeladas, con-movi&eacute;ndose como ciudadanos y han contribuido (y lo siguen haciendo) a tejer este proceso. Un peque&ntilde;o ejemplo de c&oacute;mo se puede desarrollar la vida de otra manera. Un gran ejemplo de que Campoo no se hunde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/campoo-hunde_132_1154732.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jan 2020 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bec5bcba-6e60-4512-b9ab-3fe6e76a4598_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="494445" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bec5bcba-6e60-4512-b9ab-3fe6e76a4598_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="494445" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Campoo no se hunde]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bec5bcba-6e60-4512-b9ab-3fe6e76a4598_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo es tu cesta de la compra?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cesta-compra_132_1195556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f1d8d58-beed-4e55-b6e7-f61c395d149d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Finca agroecológica de alta montaña."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Están surgiendo iniciativas en Cantabria que trabajan de forma colectiva para facilitar las conexiones entre los productores de alimentos y los consumidores, propuestas que demandan cambios estructurales en el modelo de producir, en un contexto de justicia social y colapso energético.</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>"No ha sido, pues, el Estado, sino el binomio Estado-empresa capitalista, el principal responsable de las agresiones medioambientales. Pues tales agresiones encuentran un sólido soporte en la conjunción de esas dos instituciones cortadas por el mismo patrón organizativo -jerárquico y centralizado, burocrático y coercitivo- que se atiene al principio de que el fin justifica los medios. Ambas buscan acrecentar su poder o su riqueza a costa del entorno en el que se desenvuelven otros Estados, empresas o individuos, recurriendo para ello a prácticas tanto más lucrativas y eficaces cuanto menos globalmente recomendables".</em><br/><br/> <strong>José Manuel Naredo</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Las posibilidades que hoy nos brinda la tecnolog&iacute;a para consumir a trav&eacute;s de dispositivos tecnol&oacute;gicos son realmente eficaces, la compra virtual nos llama por todas partes en forma de clics. Simplemente con &ldquo;a&ntilde;adir a la cesta&rdquo; o &ldquo;a&ntilde;adir al carrito&rdquo; un producto podemos tenerlo en la puerta de nuestro domicilio en pocos d&iacute;as, una vez hayamos realizado la transacci&oacute;n correspondiente. Solo apretando un bot&oacute;n, sin salir de casa, sin hablar con nadie, sin esperar. Ropa, libros, alimentos, juguetes, herramientas&hellip; todo tiene cabida en ese templo del consumo perfectamente construido en el interior de nuestras viviendas. Y permanentemente abierto.
    </p><p class="article-text">
        Si tuviera que narrar una evoluci&oacute;n de las distintas cestas de la compra que han pasado por mi vida, en primer lugar, no puedo evitar acordarme de aquellas bolsas de tela que llevaba mi abuela al mercado. Cuando ten&iacute;a que traer mucho peso, usaba un carrito de tela a cuadros donde colocaba los alimentos unos sobre otros, con sumo cuidado: las patatas y legumbres abajo, luego las frutas y verduras y los huevos o pescado arriba para no aplastarlos, el pan sobresal&iacute;a por uno de los laterales cuando el carrito ven&iacute;a lleno. Esas fueron mis primeras ideas de cesta y carrito de la compra, todas ellas, principalmente, vinculadas a los alimentos y a los cuidados, alimentar(nos) como acto cotidiano de cuidado, la cocina como espacio de convivencia, donde compartir tareas y conocimientos, donde aprender recetas y tambi&eacute;n donde debatir en las sobremesas. Un tiempo para aprender de la maestr&iacute;a de mi abuela en el arte de la econom&iacute;a del aprovechamiento (tan caracter&iacute;stica en las comunidades campesinas), un aut&eacute;ntico manual pr&aacute;ctico de protocolos desperdicio 0, de c&aacute;lculo de raciones y de inventiva a la hora de redefinir platos de temporada.
    </p><p class="article-text">
        Fui tomando conciencia del proceso de hacer la compra en s&iacute;, al bajar con ella al mercado de Puertochico, ir a la Plaza de La Esperanza o a una tienda de comestibles que hab&iacute;a cerca de casa. M&aacute;s adelante lleg&oacute; el contacto con los productores y artesanos, me refiero al contacto directo, no solo con sus productos expuestos en las baldas. Las visitas a los Valles Pasiegos, especialmente a La Vega, fueron muy habituales en mi infancia, tambi&eacute;n al valle de Campoo y Li&eacute;bana. Tuve la oportunidad de conocer peque&ntilde;os obradores familiares de sobaos, quesadas y galletas de mantequilla; carnicer&iacute;as con ganader&iacute;a propia, queser&iacute;as, panader&iacute;as con horno de le&ntilde;a, apicultores, lecher&iacute;as. Visitar y conocer los lugares donde se produc&iacute;an alimentos, el proceso que hab&iacute;a detr&aacute;s y, sobre todo, poner cara a las personas que hac&iacute;an los quesos, el pan o los sobaos, era algo muy atractivo para mi curiosidad infantil. Entre semana com&iacute;a en el colegio, tuve la suerte de ir a un cole con cocina, donde se elaboraba cada d&iacute;a un men&uacute; y en los &uacute;ltimos cursos nos tocaba poner las mesas del comedor, servir a los m&aacute;s peque&ntilde;os y recoger los platos.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que el hipermercado supuso un contraste, los pasillos, las luces, los colores, la cantidad de productos y precios, una sensaci&oacute;n de aturdimiento y ganas de salir a la calle.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante, en alguna clase de econom&iacute;a lleg&oacute; el concepto de &ldquo;cesta de la compra&rdquo; como &iacute;ndice para medir el coste de bienes y servicios, el &ldquo;coste de la vida&rdquo; para una familia determinada, donde se pueden cruzar variables, medir, comparar y analizar resultados. Y, ya en la universidad, la experiencia pr&aacute;ctica de que llenar la cesta resultaba cada vez m&aacute;s caro para cuatro estudiantes en un piso compartido y gestionar nuestras comidas una asamblea diaria.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La responsabilidad compartida de alimentar(nos)</h3><p class="article-text">
        En esta etapa de mi vida, desde que estoy implicada activamente en proyectos agroecol&oacute;gicos como productora y cooperativista, mi idea de cesta de la compra es la del carrito, pero &ldquo;de combate&rdquo;, donde parto de la base de que comprar es un acto pol&iacute;tico (en el sentido amplio del t&eacute;rmino) que afecta directa e indirectamente a personas, colectivos, ecosistemas y a la sociedad en su conjunto. Ahora m&aacute;s que nunca tendr&iacute;amos que defender una cesta de la compra basada en la soberan&iacute;a alimentaria y en el comercio justo. Creo que la venta directa, eliminando intermediarios especulativos, es una de las v&iacute;as para que los peque&ntilde;os productores puedan (podamos) resistir frente a la gran industria alimentaria que produce de forma intensiva, ejerciendo sus m&uacute;ltiples violencias sobre personas, animales y ecosistemas. Y creo que la mejor manera de producir es la que se basa en los modelos agroecol&oacute;gicos que respetan la biodiversidad, la ausencia de productos qu&iacute;micos o antibi&oacute;ticos en el manejo y la que genera redes de cooperaci&oacute;n entre personas. Que todos estos procesos sean transparentes es fundamental. Los productores ecol&oacute;gicos estamos sometidos a controles de trazabilidad en todas las fases de la producci&oacute;n, desde el manejo a la comercializaci&oacute;n. Comer bien (alimentos sanos a precios justos) no puede ser un lujo, deber&iacute;a de ser un derecho y as&iacute; hay que reivindicarlo.
    </p><p class="article-text">
        Replantearnos el c&oacute;mo consumimos alimentos: cu&aacute;les, c&oacute;mo se producen, c&oacute;mo su modelo productivo afecta a las personas que los producen y al medio ambiente, es una de las claves para poder ser conscientes de nuestra responsabilidad a la hora de comprar comida y cubrir una necesidad b&aacute;sica. No se trata de culpabilizarse (ya nos culpabilizan los grandes capitales para desviar la atenci&oacute;n de los verdaderos problemas que genera el sistema economicista que re-producen), se trata de implicarse en conocer d&oacute;nde empieza y d&oacute;nde acaba el proceso de producci&oacute;n de los alimentos que comemos y c&oacute;mo afecta directamente a nuestra econom&iacute;a y a nuestra salud.
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo verde siempre ha utilizado (con gran eficacia) determinados conceptos para apropiarse de los discursos y las luchas reales de muchos movimientos agroecol&oacute;gicos, ecofeministas y campesinos a escala planetaria. As&iacute; sucede con conceptos como &ldquo;sostenibilidad&rdquo;, &ldquo;ecol&oacute;gico&rdquo; o &ldquo;cambio clim&aacute;tico&rdquo;. Una manzana envuelta en pl&aacute;stico sobre una bandeja de poliestireno no puede ser nunca ecol&oacute;gica, aunque lleve el sello oficial. No todo son sellos. Si no cruzamos m&aacute;s variables a las certificaciones de alimentos (como por ejemplo: km 0, condiciones justas para el productor o trabajador, desperdicio 0, huella de carbono generada) para decidir qu&eacute; compramos y en qu&eacute; condiciones, olvidamos una parte muy importante de lo que significa alimentarnos.
    </p><p class="article-text">
        Sigue existiendo una brecha de desconocimiento notable entre consumidores y productores locales en Cantabria. Aunque se pueden encontrar productos ecol&oacute;gicos certificados por el C.R.A.E. (Consejo Regulador de la Agricultura Ecol&oacute;gica), alimentos I.G.P. (Indicaci&oacute;n Geogr&aacute;fica Protegida), D.O.P. (Denominaci&oacute;n de Origen Protegida) en supermercados y ferias agroalimentarias, creo que muchas veces se genera una sensaci&oacute;n &ldquo;homogeneizadora&rdquo; entre estos y otros sellos, muchos de ellos creados por las propias empresas para blanquear su imagen. No todo es lo mismo, ni est&aacute; producido de la misma manera, ni se comercializa por el mismo canal, ni su producci&oacute;n afecta por igual al medio ambiente, ni a las personas que lo producen.
    </p><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo mis planteamientos hacen referencia a sociedades como la nuestra, pero las consecuencias del modelo de alimentaci&oacute;n intensivo capitalista llegan con enorme violencia a muchos pa&iacute;ses, donde no se puede acceder al agua o a los alimentos b&aacute;sicos para cubrir una necesidad de primer orden como es alimentarse. Todos conocemos qu&eacute; empresas alimentarias controlan el negocio global de los alimentos, tienen nombre y apellidos, las grandes marcas y sus marcas blancas derivadas, conocemos sus producciones intensivas, sus modelos contaminantes y su falta de escr&uacute;pulos a la hora de arrasar con los ecosistemas y explotar a sus trabajadores.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Pensarnos en com&uacute;n</h3><p class="article-text">
        Est&aacute;n surgiendo iniciativas en Cantabria que trabajan de forma colectiva para facilitar las conexiones entre los productores de alimentos y los consumidores: grupos de consumo, redes de productores locales, asociaciones, cooperativas, proyectos de restauraci&oacute;n. Propuestas que demandan cambios estructurales en el modelo de producir, en un contexto de b&uacute;squeda de justicia social y colapso energ&eacute;tico. No hablamos de reciclar, sino de no generar residuos, no se trata de hacer informes que blanqueen la realidad de las empresas contaminantes en una supuesta transici&oacute;n ecol&oacute;gica, sino de acabar con las producciones intensivas. &iquest;Por qu&eacute; se contin&uacute;an produciendo alimentos utilizando qu&iacute;micos que sabemos que nos enferman, destrozando ecosistemas, ejerciendo m&uacute;ltiples violencias? El fin no puede justificar los medios.
    </p><p class="article-text">
        De estas cuestiones hablaremos el pr&oacute;ximo martes 17 de diciembre a las 18:30 en La Caseta de Bombas, donde tendr&aacute; lugar la mesa de debate abierta a la ciudadan&iacute;a '&iquest;C&oacute;mo es tu cesta de la compra?' para hablar de soberan&iacute;a alimentaria, canales cortos de comercializaci&oacute;n, alimentos agroecol&oacute;gicos, km 0, grupos de consumo, redes cooperativas y restauraci&oacute;n. Nos acompa&ntilde;ar&aacute;n productores de Cantabria, t&eacute;cnicos agr&oacute;nomos y representantes de asociaciones y colectivos vinculados a la alimentaci&oacute;n y sus procesos. Este texto es una invitaci&oacute;n a (re)pensarnos como consumidores para ser conscientes de algunas de las problem&aacute;ticas que nos atraviesan en nuestras decisiones a la hora de llenar la cesta de la compra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cesta-compra_132_1195556.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Dec 2019 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1f1d8d58-beed-4e55-b6e7-f61c395d149d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="6282501" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1f1d8d58-beed-4e55-b6e7-f61c395d149d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6282501" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[¿Cómo es tu cesta de la compra?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1f1d8d58-beed-4e55-b6e7-f61c395d149d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Alimentación,Soberanía alimentaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["A por ellos": Odiar, prohibir, aniquilar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/odiar-prohibir-aniquilar_132_1259865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdab1ae0-5506-483b-8257-5baaaf48e9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Abascal llama al voto masivo porque &quot;votar a Vox es echar a Sánchez&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El bricolaje social de una democracia como la nuestra, heredera de una transición donde no hubo una ruptura real con el régimen franquista, está permitiendo que el fascismo habite nuestra vida cotidiana, sea blanqueado y naturalizado continuamente</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"Aquellos que, por una u otra razón, conocen el horror del pasado tienen el deber de alzar su voz contra otro horror, muy presente, que se desarrolla a unos cientos de kilómetros, incluso a unas pocas decenas de metros de sus hogares. Lejos de seguir siendo prisioneros del pasado, lo habremos puesto al servicio del presente, como la memoria -y el olvido- se han de poner al servicio de la justicia".<br/><br/><strong>Tzvetan Todorov</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo son palabras. Aparentemente todo es inocente. Comienza con la palabra, con el relato, con la historia narrada desde los espacios de poder simb&oacute;lico, pol&iacute;tico, econ&oacute;mico. Un emisor (individual o colectivo) que act&uacute;a como &ldquo;sujeto&rdquo; de la acci&oacute;n y un p&uacute;blico que act&uacute;a como &ldquo;reproductor&rdquo; del mensaje, como una audiencia que lo asume y difunde. Una parte significativa del tejido social que legitima ese discurso, esa historia, esos lemas. Y los repiten, multiplicando sus voceros y el efecto reproductor de su ideolog&iacute;a. Cuando lo simb&oacute;lico se hace palpable a trav&eacute;s del voto, celebran los resultados electorales cantando, saltando, coreando: &ldquo;&iexcl;A por ellos!&rdquo;. Su eficacia se basa en utilizar todo tipo de s&iacute;mbolos nacionalistas, aquellos que hablan directamente a las tripas, a la esencia conservadora del viejo estado-naci&oacute;n (a la madre patria, a dios, al rey, al orden establecido).
    </p><p class="article-text">
        Pero hay mucho m&aacute;s que comunicaci&oacute;n y audiencias en esta nueva vuelta de tuerca del fascismo. Un fascismo que ha sabido canalizar la frustraci&oacute;n colectiva para responder golpeando &ldquo;hacia abajo&rdquo; (hacia los pobres, los migrantes, las v&iacute;ctimas de la crisis econ&oacute;mica, etc) y no &ldquo;hacia arriba&rdquo; (las multinacionales, los grandes capitales, el sistema neoliberal) como pudo hacer en su d&iacute;a el movimiento social del 15M que, en palabras de Amador Fern&aacute;ndez-Savater, tuvo un efecto de re-sensibilizaci&oacute;n social: &ldquo;Donde la crisis pon&iacute;a en el centro la victimizaci&oacute;n, el resentimiento, la competencia y el s&aacute;lvese quien pueda, el 15M puso la activaci&oacute;n social, el empoderamiento, la empat&iacute;a y la solidaridad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esta ultraderecha envalentonada y pistolera no hay escucha, no hay di&aacute;logo, no se comparte un &ldquo;nosotros&rdquo; democr&aacute;tico (abierto a la complejidad de <em>habitar el com&uacute;n</em>, que va m&aacute;s all&aacute; de habitar lo p&uacute;blico), no hay lugar ni tiempo para la reflexi&oacute;n. Simplemente una pegajosa baba de odio fascista que se extiende r&aacute;pido, impregnando varias capas del tejido social. Parte de su &eacute;xito radica, precisamente, en que han sabido leer entre l&iacute;neas el potencial de los efectos sociales de lo que Bauman llam&oacute; sociedad l&iacute;quida: la incertidumbre, la continua (re)adaptaci&oacute;n al cambio o la inseguridad creciente en nuestras sociedades. Miedo al mestizaje, miedo a la diversidad, miedo a la libertad.
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha ha sabido captar perfectamente la atenci&oacute;n y las subjetividades de muchas personas de rentas bajas, afectadas por la crisis econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica. Este movimiento no ha surgido alejado de la gente, todo lo contrario, se mueve (&aacute;gil y fluido) en los espacios de sus vidas cotidianas, en lo aparentemente irrelevante (no por no ser importante, sino por estar <em>naturalizado</em>). Ha acompa&ntilde;ado, desde el contexto de los afectos, la agresividad y el miedo de una parte importante de la poblaci&oacute;n, ante los efectos de un sistema que nos somete a las leyes del economicismo global y sus violencias estructurales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff47c4a1-652e-4a8f-8ef9-43f7584ad02d_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff47c4a1-652e-4a8f-8ef9-43f7584ad02d_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff47c4a1-652e-4a8f-8ef9-43f7584ad02d_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff47c4a1-652e-4a8f-8ef9-43f7584ad02d_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff47c4a1-652e-4a8f-8ef9-43f7584ad02d_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff47c4a1-652e-4a8f-8ef9-43f7584ad02d_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ff47c4a1-652e-4a8f-8ef9-43f7584ad02d_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La historia se repite. Todo comienza con el proceso de estigmatizaci&oacute;n, como base de la creaci&oacute;n de unas pol&iacute;ticas de identidad fuertes, caracterizadas por parapetarse en lo propio y negar al otro. La construcci&oacute;n social de &ldquo;los otros&rdquo; fundamenta su discurso en una pedagog&iacute;a del miedo que utiliza el&nbsp; lenguaje y lo simb&oacute;lico para definir a las personas <em>estigmatizables</em>, bas&aacute;ndose en una dicotom&iacute;a simplista que establece qu&eacute; es lo bueno y qu&eacute; es lo malo, lo ordenado y lo desordenado, lo normal y lo anormal; para luego cargar contra todos aquellos que no entre en su peculiar definici&oacute;n del mundo. Hay un ejemplo muy claro en los &uacute;ltimos d&iacute;as con la utilizaci&oacute;n reiterada del acr&oacute;nimo MENA (Menor Extranjero No Acompa&ntilde;ado) para estigmatizar a los j&oacute;venes migrantes y reproducir un discurso de odio basado en datos falsos y prejuicios sociales. En el mensaje &ldquo;a por ellos&rdquo; est&aacute; la expresi&oacute;n &uacute;ltima de la aniquilaci&oacute;n de cualquier otredad (migrantes, homosexuales, feministas, pobres, republicanos, ecologistas&hellip;), dentro de una l&oacute;gica violenta de odio-prohibici&oacute;n-aniquilaci&oacute;n. La dictadura franquista es un ejemplo claro de la pol&iacute;tica del exterminio social, de acabar con &ldquo;los otros&rdquo; llevado a &uacute;ltimo t&eacute;rmino: acabaron con sus obras, con sus espacios simb&oacute;licos y con sus cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        El bricolaje social de una democracia como la nuestra, heredera de una transici&oacute;n donde no hubo una ruptura real con el r&eacute;gimen franquista, est&aacute; permitiendo que el fascismo habite nuestra vida cotidiana, sea blanqueado y naturalizado continuamente. Acompa&ntilde;ado de un discurso de victimizaci&oacute;n por parte de estos grupos ultras que pretenden encarnar el papel de salvadores de la patria y rescatadores del pensamiento &uacute;nico como verdad universal. Precisamente es, en lo cotidiano, donde podr&iacute;amos (y deber&iacute;amos) responder socialmente, m&aacute;s all&aacute; de los recuentos de votos, los &ldquo;pact&oacute;metros&rdquo; y las dial&eacute;cticas electoralistas. Para Foucault los cuerpos no solo eran atravesados por el poder para convertirse en cuerpos d&oacute;ciles o domesticados, sino que tambi&eacute;n eran <em>sujetos de resistencia</em>. El deseo inmanente de la extrema derecha es acabar con los derechos y libertades conseguidos hasta ahora por muchos movimientos sociales que se han expuesto como sujetos de resistencia en nuestro habitar com&uacute;n. Acabar, en definitiva, con &ldquo;los otros&rdquo;, con esa construcci&oacute;n diversa e inclusiva del &ldquo;nosotros&rdquo;, en permanente di&aacute;logo con la vida y sus matices.
    </p><p class="article-text">
        Somos muchas las personas y los colectivos que estamos a pie de calle, desde lo local y tambi&eacute;n desde lo global, para construir juntos espacios de resistencia habitables, alejados de la verticalidad y el encorsetamiento institucional. Creo que una de las claves de los movimientos antifascistas actuales pasa por recuperar los procesos de autoorganizaci&oacute;n colectiva basados en la solidaridad, la diversidad, la inclusi&oacute;n, las redes de cuidados y la emancipaci&oacute;n. Poner la vida en el centro para responder al desencanto con la pol&iacute;tica actual y reivindicar una acci&oacute;n directa (social, cultural, econ&oacute;mica, pol&iacute;tica) de la conciencia y del compromiso que se convierta en una manera de estar en el mundo. Aprovechar el potencial de situaci&oacute;n de la vida cotidiana, de sus espacios invisibilizados, de sus <em>habitus</em>, tejer redes informales de resistencia, de ayudas mutuas, de convivencia plural y diversa. Y resistir, desde abajo, desde lo com&uacute;n, desde el barro en el que nos encontramos en estos tiempos de miradas excluyentes.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Montesino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/odiar-prohibir-aniquilar_132_1259865.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Nov 2019 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bdab1ae0-5506-483b-8257-5baaaf48e9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="29486" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bdab1ae0-5506-483b-8257-5baaaf48e9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="29486" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA["A por ellos": Odiar, prohibir, aniquilar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bdab1ae0-5506-483b-8257-5baaaf48e9a1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Fascismo,15M]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
